Señalar y Suponer – La Desintegración de la Comunicación-

El concepto mismo de la verdad objetiva se está desvaneciendo del mundo”, George Orwell.
Por lo tanto, la significación es anterior a la suposición. Tampoco pertenecen a la misma cosa. Porque significar pertenece a un enunciado, pero suponer ya pertenece a un término, por así decirlo, ya elaborado a partir de un enunciado y un significado”, Pedro de España.
La suposición simple ocurre cuando un término supone una intención del alma, pero no se toma de manera significativa”, Ockham.
Describir el universo únicamente mediante palabras sería como describir una sinfonía de Beethoven como una variación en la presión de una onda auditiva”, Einstein.
Es fácil engañar a la gente cuando ya se está engañando a sí misma”, Spider-Man: Far from Home.
Ninguna idea es simple cuando necesitas plantarla en la mente de otra persona”, Inception.


Este escrito lo voy a conducir sin manos, a ver dónde me lleva.

Ayer al ampliar mi gráfica de la condición y el cerebro humano añadí el concepto “creer” en la parte de la razón, del mentalés, de las propiedades del prefrontal y más concretamente el hemisferio izquierdo. Lo añadí a Twitter y quise explicar que creer en esa zona es distinto a fe, mientras que en el lenguaje común creencia y fe son sinónimas. Para hacer ver la distinción, mi cerebro (en background) buscó un sinónimo y puse que es más bien parecido a suponer. A la vez había leído un artículo sobre señalar con el dedo en animales. Puse un pequeño añadido en el escrito anterior sobre el concepto señalar, pues era muy significante lo que había tras él. Amplié información de ambos conceptos. Esto es lo que desarrollado de mis lecturas (y/o se ha unido en mi cerebro por sí solo).

Detalle de la gráfica. La distribución normalizada agrupa a los humanos en lo emocional/social.

Significado proviene de signo y este de señal, pero que si recurrimos al proceso evolutivo proviene de señalar algo con un dedo. Llevándolo más lejos, la palabra “sentido”, sinónima de significado, igualmente ha de provenir de señalar. Cuando un cerebro (persona) señala algo, no hay duda qué quiere señalar y qué intención tiene al señalar el objeto. Por ejemplo, si un humano de la prehistoria viese una serpiente sobre una rama y un compañero estuviese cerca, haría un sonido gutural de peligro y señalaría a la serpiente. El significado -cargado con una intención significativa- en su cerebro profundo es unívoco, e igualmente lo sería para su compañero en cuanto girase su cabeza para mirar a qué señalaba su amigo. Detengámonos en el cerebro del receptor del mensaje. En un primer proceso, o en el cerebro profundo, se crearán las “órdenes” o disposiciones para girar la cabeza lo más adecuadamente posible en la dirección a lo que el dedo señala, pero los procesos en el cerebro son lo suficientemente rápidos para que lleguen al prefrontal y este trate de “buscar” su propio “significado”. O sea, el prefrontal crea suposiciones de lo que esté tratando de comunicar la otra persona.

Así vemos tres posiciones de tal acto. 1. la claridad prístina del locutor (emisor del mensaje) que es el cerebro profundo del que ve la serpiente cerca del rostro de su amigo. 2. la necesidad de comunicar ese hecho con un medio: sonido gutural y señalización con el dedo. 3. el receptor trata de decodificar el mensaje, que en un primer momento se divide en dos subprocesos: 3a. hay algún peligro en una dirección concreta -esto lo capta su cerebro profundo-, 3b. el prefrontal trata de avanzar el proceso conjeturando, suponiendo, 3b1. qué señala y 3b2. cuál es la dirección exacta de la señalización. En el lenguaje moderno el punto 1 es el referente en Peirce, significante en Lacan, significado en Saussure (perro como animal real), el punto 2 es el signo o significante en Saussure (la palabra perro). El humano en el punto 3 conoce los signos, pero en un primer momento no sabe el significado/significante “real”, si bien su cerebro profundo “sabe” por el uso de los signos que hay un peligro en cierta dirección. En ese sentido los dos cerebros profundos se han comprendido por la claridad unívoca del lenguaje de los signos, provenientes de la carga intencional y reductora de los signos. Lo unívoco es la emoción, que en definitiva son las que son universales, como el miedo. El sonido gutural anuncia un peligro, le “dice” al receptor: “ten miedo”; mientras que el dedo que señala no es emocional y sólo un signo ambiguo (pues en otro caso anunciará un fruto en un árbol). En cuanto el receptor ve la serpiente, su cerebro “comprende” a qué tiene que temer, y “entiende” en qué dirección señalaba. Lo que trato de hacer ver, de fondo, es que señalar, y por ello después cualquier signo, como lo es una palabra, no suelen ser unívocas, excepto -quizás- por el cerebro profundo del emisor, y en donde es necesario el aprendizaje. Así si escribo “apropiado”, sin un contexto, y al igual que ocurre con señalar, sólo es un signo ambiguo (homógrafo), pues puede querer decir o ser sinónimo de: 1. adecuado, o 2. objeto con el que uno se hace y que no era suyo. El cerebro profundo tiene que “leer”, así, el contexto, el signo o la señalización, ignorando o rechazando, lo no adecuado dentro de cada situación. En este proceso no siempre “funciona” como decodificador la cognición implícita, puesto que todos los cerebros son distintos y tienen su propio “lenguaje”, y en ese caso es necesario usar las capacidades analíticas del prefrontal, cuyo pre-requisito o esencia es la duda y la suposición. Fijarse que incluso si dijera: “lo que has dicho no es apropiado”, sigue siendo ambiguo, puesto que he querido decir: “lo que has dicho es muy original”, propio, no apropiado. Casi todo el proceso de decodificación lo hace la cognición implícita, y bajo mi punto de vista si el papel del prefrontal es necesario, es que se ha producido una “interferencia” (ruido), una situación donde el hilo de la información se pierde. Igualmente sostengo que toda xenofobia u sensación de otredad vienen dadas por una constante interferencia -falta de comprensión, haciendo llamada al entendimiento- que un otro nos produce a nivel del cerebro profundo. Esto se entiende mejor teniendo en cuenta que, bajo mi punto de vista, todo mensaje tiene una identidad interna, en tanto que información de una realidad, que se trata de “comunicar” -o crear una reacción- con la cognición implícita del receptor; en busca de analizar o crear una comunión a nivel profundo (conectar, se dice ahora, “bailar” al mismo ritmo la misma canción de vida), de que tanto receptor como emisor hablan un mismo “lenguaje” y por ello son de la misma identidad. Cultura, así y en esta metáfora y simplificación, es la “canción” que un país “baila” a un mismo ritmo sincronizado. Bajo estos supuestos casi toda comunicación trata de crear una conexión a modo de un “tu y yo” (o su plural) donde tal dualidad implica una identidad, y donde ya sea de forma implícita o explícita habrá un él o ellos, fuera de dicha realidad e identidad, a modo de referencia o negación de lo que no es un nosotros o como pertenecientes a dicha identidad. Teniendo en cuenta todo lo dicho, y puesto que somos seres sociales, se entenderá que toda comunicación se trate de hacer con un lenguaje lo más común y coloquial posible, para de esa forma crear sentido grupal o de pertenencia al grupo. Lo viral, tendencias, influencias, convenciones y los memes “funcionan” por dichas premisas. En definitiva, tratamos de nadar al compás del banco de peces al que pertenecemos o queremos pertenecer. (Que cada uno, a modo de ejercicio cognitivo, analice el feminismo -o cualquier otro movimiento o ideología- bajo estas premisas: el feminismo crea -a modo de incentivo perverso- un “ellos” que son los hombres. Toda creación de una identidad implica unos referentes u otredad, y toda identidad implica una definición…, que a la vez puede implicar una ideología que aplique un ajuste y “uso correcto” apropiado de dicho concepto de identidad. Si no es de manera explícita y programada, sí lo será de forma implícita, inconsciente y simbólica a nivel del cerebro profundo. Esto se entiende si se tiene en cuenta que no todo humano occidental se siente parte del etnocentrismo, pero tal concepto existe y es aplicable a todo occidental por parte de un no-occidental, en donde tal identidad se referencia por la partícula de negación de tal concepto.) Esto se nos dice en el artículo sobre el campo deíctico -posición en el mundo del locutor: el yo- en la Wikipedia:

El centro deíctico, a veces llamado “origo” o punto cero, representa la fuente de origen en relación con la cual las expresiones deícticas adquieren su significado dependiente del contexto. A menudo, el centro deíctico es el hablante: por lo tanto, cualquier señal de “yo” en el discurso del hablante debe referirse de nuevo al hablante como centro; asimismo, la palabra “usted” debe proyectarse hacia afuera desde este centro hacia el destinatario. Cualquier participante que no forme parte de este canal comunicativo será referido en tercera persona. La teoría de la deixis es, por lo tanto, egocéntrica en que el anclaje indexical de las expresiones deícticas es una función de este punto cero de subjetividad. El centro “YO” sirve como el punto de vista perceptivo que examina las relaciones entre entidades y eventos contextuales relevantes. Tal centro, por lo tanto, determina qué expresiones deícticas tienen licencia pragmática por un contexto que se ha delimitado naturalmente a través de este locus perceptivo y evaluativo. Por lo tanto, la idoneidad de un “esto” proximal sobre un “que” distal está determinada por la proximidad de un objeto o una ubicación en relación con el punto cero deíctico.”

Vemos por lo dicho arriba que el nacimiento del lenguaje tenía una triple carga, con un “peso” distinto de cada uno de sus componentes, pero a la vez vemos que nació bajo el signo de ser conciso y claro, en situaciones que requerían comunicar hechos que para todos eran comunes, a partir de emociones que todos sentían y compartían, como el miedo, la alegría, la ira, etc. No sé si primero fue el sonido gutural o si primero fue la expresión de miedo. Hay pocos rostros tan plásticos como lo es el del ser humano, tan dúctiles y multifacéticos a la hora de expresar. En un ciervo no parece haber signos de “ira” cuando lucha contra otro macho, presuponemos una emoción similar por sus acciones. Bajo esta apreciación es de suponer que primero fue lo gutural, y que la expresión vino más tarde, cuando perdiésemos el vello facial, como para tener una mayor claridad y posibilidades de gesticular. O sea, que es posible que el rostro de miedo fuera un signo más rápido de comunicar que el sonido gutural, y en donde tenía la ventaja de no delatar la posición a un depredador, y la evolución tendió en esa dirección más ventajosa y rápida. La tripe carga es: 1. la intención del cerebro profundo, que su peso se volvió liviano cuando tales signos se expresaban en el rostro (con el miedo, por ejemplo). 2. un signo ambiguo, como es señalar -puede ser complejo saber qué señala un dedo desde una perspectiva distinta del señalador-, 3. un significante: lo que el dedo señala, que sólo sabe qué señala el que hace uso de tal signo. Tememos así que el significante se divide en dos significados: 1. una posible carga emocional/intencional universal: miedo y 2. qué es en concreto lo que produce dicha emoción. Emerge así un doble problema en el lenguaje, en la comunicación: 1. que emisor y receptor tienen que tener el mismo lenguaje intencional/emocional, y 2a. que el receptor tiene que decodificar la intención del receptor, y 2b que tiene que decodificar los signos. Como todo humano es a la vez emisor y receptor en distintos tiempos, el punto 2 es igualmente un problema que se da en el propio cerebro del emisor, mientras que el punto 1 puede serlo o no serlo. Este último punto se entiende mejor en un ejemplo: un niño puede ver una culebra y poner el rostro de miedo, pero un adulto no comparte esta intención/emoción pues sabe que es inofensiva: no se manifiesta en su rostro el miedo, pues su cerebro profundo ya sabe distinguir entre una culebra y una serpiente.

Vemos que la cuestión se va complicando, que el aprendizaje repercute en el cerebro profundo. Hay que recordar que el primer modo de aprendizaje -y el más antiguo- es el motriz, la memoria implícita. Esto implica a la vez el proceso relatado en el párrafo anterior de no asustarse ante una culebra, que en definitiva es memoria motriz: no retroceder, no soltar cortisol, no mostrar rostro de miedo. También hay que traer a colación aquí cómo se construye un miedo. Es de abajo hacia arriba, desde las capas profundas del cerebro a la corteza cerebral, como así lo es la corteza prefrontal. En la prehistoria y durante la evolución y por ello en la actualidad construimos emociones de arriba hacia abajo. Una persona con aracnofobia el sólo nombre de araña, sin ninguna imagen, ya le crea la emoción de miedo (de arriba, hacia abajo). Para cualquier persona tal tipo de “construcción” -de fobia- es “errónea”, y si al parecer lo tenemos tan claro… ¿por qué la evolución nos llevó a este estado actual con tantos “errores”?, y abriendo nuevos frentes argumentativos y volviendo al tema de la herencia dual humana (social y evolutiva), tal proceso… ¿fue evolutivo o social?, y si es social: ¿proviene del estado primitivo o es una condición nueva -moderna-?

Uno de mis paradigmas es que no existe libertad, que sólo existe complejidad. El humano primitivo “construyó” las expresiones emocionales universales y no eran ambiguas o interpretables, pero tales emociones hoy en día sólo son unos ingredientes -especias- que se han añadido dentro de una comida con multitud de ingredientes. Cada humano prepara dicha comida bajo sus gustos y criterios, con sus propios trucos o secretos, que un otro tiene que tratar de adivinar o suponer bajo los conocimientos que tenga sobre los ingredientes que pueda haber usado. En mis escritos se pueden deducir ira, miedo, frustración, etc., pero quizás sea sólo que cada cual me esté midiendo bajo sus propias iras, miedos y frustraciones. La totalidad que soy -como cualquier otra individualidad- es irreductible. “He hecho” el “plato” que soy por la suma de ingredientes que me componen que ya no hay que “saborearlo” por sus partes, sino por su todo. El pisto, una comida de origen extremeño, son casi exclusivamente tres ingredientes: cebolla, tomate y pimientos -más aceite y sal-, pero la “reacción química” de lo que es el pisto se debe en qué momento se echa cada ingrediente a la sartén: cambia los tiempos y no se crearán las reacciones adecuadas para que sea “pisto pisto” (ideal, su esencia). Todo humano, y siguiendo la misma analogía, es unos componentes “cocinados” o echados en la sartén a distintos tiempos: 1. heredado genéticamente, 2. los años claves de la infancia, que crean improntas (primera experiencia buena o traumática sobre cualquier cosa), 3. la adolescencia y la juventud que terminan de romper el cordón umbilical -de la identidad- con los ancestros y 4. el largo proceso de “madurar” una identidad propia. Si en la infancia no se tienen traumas, los daños en la adultez no suelen crear traumas; si hubiera traumas previos, estos se agrandan o se pronuncian más. O sea, no es lo mismo curar una herida, que curar una herida donde ya hubiera tejido cicatricial. Igualmente no es lo mismo un trauma en un cerebro con un tipo de genética que otro distinto con ciertas predisposiciones como para que tal trauma se quede más prefijado. Un niño -tipología 1-que nace con cierta genética que le predispone a ser más sensible al daño, y que tiene traumas en la niñez y que en su madurez sigue en tipo de vida negativo, no puede ser analizado por una persona -tipología 2- con una buena genética, sin traumas y una vida muy resuelta. Las dos personas tienen un “sabor distinto”, raramente se podrán comunicar, comprender o entender. Por lo general las personas adineradas tienen las ventajas de la segunda posición, mientras que los menos pudientes tienen más predisposiciones para tener uno, varios o todos los factores del primer tipo. Bajo esta rúbrica la primera tipología es de un “perdedor” para los de las segunda tipología. ¿Es justo este análisis?, ¿es justo que exista esa distancia que se ha ido pronunciando a lo largo de la historia? Suena a darwinismo social, ya sé los dilemas y problemas de sostener tal idea reduccionista, pero si es “aplicable” tal visión, algo tiene que haber tras ello.

Vuelvo arriba, a tratar de seguir el rastro de la comunicación.

Pongamos el caso que un niño quiere algo que está viendo, y de repente la madre le cambia de lugar y le queda oculto. El niño en ese caso trata de señalar esa cosa que está detrás de otra. La madre mira lo que señala el niño y no comprende por qué señala una mochila puesta sobre la mesa, pues la intención/emoción del niño es que en realidad quiere un dulce, que ahora ha quedado oculto por la mochila. En ese caso el significado -a lo que señala el niño- ha quedado ofuscado, ocultado para el receptor. Se deduce así que un segundo proceso evolutivo fue el tratar de hallar lo oculto tras lo comunicado. La desambiguación del significado de los signos. Si volvemos al ejemplo de la madre y el niño, la cuidadora no sabe el significado del signo, y puesto que si señala a la mochila y se la ofrece al niño este se enfada o refunfuña, la madre se da cuenta que esa no es la intención del niño al señalar. A esto se llama leer la mente de los otros o teoría de la mente, el tratar de desambiguar la intención del otro a través de una situación, y unos medios que son del todo claros. Señalar, así y a la vez, se divide en indicativo, cuando indica algo claro, como una serpiente en un arbusto, y declarativo o enunciativo en tanto que implica no tratar de leer lo que indica el dedo, la mochila en el caso del niño, sino tratando de leer la mente de lo que el niño (“de lo que el…”, tan complejo de significantes y tan vacío de significado) quiere decir. En definitiva, de tratar de leer su intención/emoción. De paso vemos que al final las emociones básicas no cubrían todas las necesidades y complejidades que se pueden dar en un cerebro y en lo social, y estas se empezaron a volver más complejas. Bajo mi punto de vista la cara, y el propio cuerpo, sigue comunicando toda esa complejidad. Muchas conversaciones, sin ver un rostro haciendo sus propias “connotaciones” (atención que el prefijo nos hace ver que son notas al lado de notas), son más robóticas, frías y carentes de significados. Esta “distancia” y diferencia es algo que tienen que solucionar los creadores de una inteligencia artificial . Vuelvo a uno de mis referentes: los autistas ni saben reproducir tales gestos sutiles, ni saben “leerlos” en las personas (la película “El turista accidental” muestra una familia disfuncional que no se comunica con las emociones, es un buen referente de lo que quiero decir en este párrafo). El “encanto” de una persona, entre otras posibles causas, es el tener una gran cantidad de sutiles y finos micro-gestos que acompañen a sus charlas, y que sean únicos y no estereotipados (memes gestuales en lo social, como el renqueo de cabeza a modo de negación, pero llevado a cabo por el cuello y manteniendo inmóvil la propia cabeza, propio del hip-hop).

Si ya hemos entendido qué es indicativo y declarativo, ahora pongámosle el prefijo “proto-” a los dos términos/conceptos. Entiendo que se pueda decir protodeclarativo, pero no sé si tengo tan claro que se pueda decir proto-indicativo. Toda indicación simple implica al cerebro profundo sin ambigüedades. Quizás se pueda aplicar a los estudios del psicoanálisis, pues las fobias y las manías “indican” no lo que ellas mismas señalan: a sí mismas como comportamiento, sino a una proto-indicación que queda vedada a simple vista. Igualmente proto-indicativo puede usarse en casos del mundo moderno -léase distinto al primigenio, del nacimiento del lenguaje, que no tenía como fin el ocultamiento o el engaño-, donde señalar en otra dirección se usa con fines de desviar la atención de una persona o sociedad (a los políticos les “interesa” el feminismo, porque desvían la atención del público sobre los problemas irresolubles que tienen ellos entre las manos: son su distracción de “magos” para que el público mire en otro lado, mientras ellos esconden sus trucos). Por otro lado, protodeclarativo quiere decir el mensaje implícito, que se expresa por un medio que puede no revelar su “verdadero” sentido, y a la vez puede usarse como la verdadera intención, frente a la intención que parece creer la persona que es. La teoría del psicoanálisis , sobre todo en Lacan que se ve “contagiado” por la dualidad de significado y significante de Saussure, es protodeclarativa en la medida que, por ejemplo, un lapsus puede expresar la proto-intención de la persona (un grito de ayuda desde lo profundo), cuando la persona se revela al exterior de otra forma. Por eso se ha vuelto tan crucial en la actualidad, en las distintas ciencias del comportamiento, saber leer las posturas del cuerpo y los micro-gestos, pues son proto-declaraciones que se manifiestan al exterior sin el conocimiento de la razón o prefrontal. O sea, comunicación del cerebro profundo sin las censuras y los sesgos sociales y evolutivos. Dos reglas que se siguen de todo esto es que 1. el prefrontal no sabe de sus intenciones profundas y 2. lo que llamamos o creemos ser un yo, no lo es, pues sólo es la punta del iceberg (lo que se asoma a la superficie), como les gusta decir a los psicoanalistas.

Voy concluyendo. A veces no recuerdo las preguntas que he dejado en el aire en los escritos. En realidad mi cerebro tiene un saber profundo, que emerge de las entrañas, y tengo un prefrontal “torpe”, pues tengo problemas con la memoria de trabajo, que debe de estar muy por debajo del promediado siete. Sí puedo releer, pero de nuevo la tara de la memoria de trabajo se manifiesta, por eso enumero ideas aquí y allá, porque me remito a ellas con la vista. Recordemos que el prefrontal cuantifica, por ello la numeración. Las preguntas eran dos y eran referentes a si los trastornos mentales (fallas evolutivas en su manifestación), fueron evolutivas o sociales -dentro de la teoría de la herencia dual-; y de ser sociales: ¿provienen del estado primitivo o es una condición moderna? La primera pregunta se contesta sola: es indiscernible si es evolutivo o es social, pues un “mecanismo” actúa -por retroalimentaciones en las dos direcciones- sobre el otro, de tal manera que se vuelven unidad. Un trastorno, según la idea más sencilla de expresarla por los medios psicoanalíticos, son comunicación proto-indicativa de una proto-declaración que la sociedad debería de saber leer. Un mensaje o grito de ayuda que se manifiesta a través de un comportamiento extraño, “desviado”, y tratando de no ser directo para la mente del propio “enunciante”: es un “pido ayuda, pero ‘yo’ no tengo que saber que estoy pidiendo ayuda, ni sobre qué pido ayuda”. Es un mensaje de un ente social, en un medio social, valga la obviedad. Sin sociabilidad no hay trastornos, los animales “aquejados” de ciertas fobias y manías similares a las humanas son animales sociales; exceptuando cuando a un animal no social se le saca de su entorno natural y se le cierra en jaulas o sistemas no naturales, en cuyo caso sigue siendo “expresión” proyectada de una situación no deseada hacia un “otro”.

¿Es un proceso moderno o viene de la prehistoria?, es del prefrontal y el sistema límbico o emerge de lo profundo. No tiene una respuesta clara. El cerebro -la vida- no sabe de la realidad, la interpreta simbólicamente, la vuelve metáfora. Cuando un niño quiere llamar la atención sobre sí, hace uso de un “símbolo molesto”: el llanto, un sonido persistente, alto, quebrado, arrítmico…, en definitiva: de ruido. Ruido en teoría de la comunicación se da cuando la señal no es clara o tiene información que ya no es recuperable como tal. Tal concepto viene de lo físico como la capacidad o no de que dos componentes puedan interactuar entre sí. Todo componente altamente interactivo con otros han creado la vida. Luego a ese nivel la materia se “comunica” en sus reacciones químicas. Los aminoácidos se pueden formar de distintas formas de manera muy regular: crearon una especie de alfabeto que sería el que más tarde uso el ADN para guardar información, para tener un lenguaje, que formaban “palabras”, “oraciones” y “textos complejos”, como lo es hoy un ser humano. Si el niño llora -hace ruido- es una llamada de atención, un signo, que la madre tiene que tratar de leer. En este primer proceso ya se ha creado la metaforización de la comunicación. El niño hace uso de un símbolo sin saber de tal símbolo y su porqué. Para el proto-humano, aún sin conciencia, el mundo era un medio simbólico en la medida que “estaba hecho” para ser leído bajo los parámetros de su propio cerebro. Todo era símbolo, metáfora…, emergió el pensamiento mágico: todo tenía un significado para ese cerebro profundo. “Maravillarse” no quiere decir que algo te impacte visualmente (o por medio de cualquier otro sentido), sino que quiere decir que ese medio te está hablando al cerebro profundo, que en el fondo tiene un mismo lenguaje, pues -como hemos visto- la vida se basa en ese lenguaje de la materia, de la realidad. Con todo, no quiero decir que toda “traducción” o lectura lea la realidad tal cual es, o vea la “verdad”, quiero decir que se comunican en un aspecto muy profundo, y que lo importante es el sentimiento que surge de tal comunicación, que de alguna forma sigue siendo comparable y reducible a una reacción química. En este caso mental o emocional.

En otro ejemplo distinto al lloro del niño… ¿hay una erótica de los gestos? Qué nos enamora en muchos casos sino el cómo se manifiesta dicha persona a través de los micro-gestos y posturas que le hacen únicas. Alguien soso/a es alguien que nos parece aséptico en su modo de interactuar en sociedad. Cuanto más cantidad de gestos sea capaz de “gestionar” un cerebro, sin caer la “contradicción gestual”, en lo teatral, lo superficial o lo cómico, más atractivo nos parecerá. Arriba puse que uno es su totalidad, que no se le puede desgranar a sus componentes. La totalidad de los gestos es la manifestación de la totalidad de esa persona, de su “alma” o esencia. Única en cómo crea las distintas micro-variaciones de los gestos universales (a veces dado simplemente por la estructura craneal, todo hay que decirlo). Por otro lado lo que hace única a esa persona es el no tratar de caer en los gestos de moda. Tal proceder puede gustar en la juventud, en donde aún se busca la identidad propia y se busca la pertenencia a un grupo, pero no es algo que se mantenga si se quiere tender a la identidad propia y “genuina”.

Con el nacimiento de la conciencia esos procesos del lenguaje profundo  -y lo que conllevaban- se fueron al traste. Volvamos a los primeros párrafos. La comunicación, las señales honestas y las emociones básicas, te unían a cualquier otro ser humano, se sentía esa comunicación metafórica y simbólica sin fisuras de la que he hablado en el anterior párrafo. El problema no estaba en la emoción (que todos compartían), sino en la señalización con el dedo. Aquello que se señala depende de la perspectiva del que mira al que señala: es interpretable. Se llegó a la teoría de la mente, a leer la intención del otro para solventar esa rotura en la claridad del mensaje. A la vez todo dependía de la edad y el aprendizaje: un niño no ha aprendido la diferencia entre una culebra y una serpiente. En ese proceso las mentes se empezaron a distanciar, pues no todos los cerebros profundos hablaban la misma lengua, pues intervenían factores como la edad y el aprendizaje. Al leer la mente del otro se tenía que tener en cuenta esos factores: “es un niño, es asustable”, pero ya no se hacía a nivel del cerebro profundo, sino de lo aprendido: información que se guardaba en la corteza cerebral y temporal, izquierda sobre todo. En la medida de crear un lenguaje pactado para todos y que se leyesen las distintas posibilidades que podían entrar en juego, se fueron creando las capacidades de la memoria semántica, que son la base de la corteza prefrontal o conciencia. En ese estadio tal conciencia aún estaba supeditado al pensamiento mágico, que era el que aún tenía la capacidad de hacer de directriz en la comunicación, pero por cambios paulatinos y durante un largo proceso -de cientos de miles de años-, por la complejidad de dicha zona, esta se fue distanciando del cerebro profundo, creando al final un abismo insalvable, que es lo que notamos (sentimos) hoy: que las razón ha creado un divorcio con aquella otra realidad primigenia, simbólica y metaforizante. Que en definitiva ya no somos naturaleza: que somos razón. Habría que considerar si el cerebro, en el fondo y de alguna manera, no siente esta rotura como la sensación que se produce a una persona al que se le ha amputado alguna extremidad: la sensación del miembro fantasma. El cerebro anhela -tiene como referente o busca- su estado primigenio, aquel que le procuraba aquella sensación de “entereza” y unidad. Acallar la conciencia, o la rumia propia de este módulo.

Del párrafo anterior se deduce una cuestión a tener en cuenta con respecto a los sexos. En otro lado apuntaba la posibilidad de que la sociabilidad naciera, evolutivamente hablando, a partir de la maternidad: que los peces alevines se quedasen cerca de su madre para que los guiase y los protegiese. El cerebro femenino está más estructurado para leer otras mentes, a partir de que tiene que leer la mente de un bebé, un humano sin apenas comunicación externa, un cerebro enclaustrado en sí mismo. También dije que el macho humano tuvo que “echar mano” del emergente prefrontal, que es principalmente inhibitorio, para frenar su tendencia a la impulsividad, a su ira, a su deseo sexual ciego y su agresividad. Por otro lado su cerebro está menos preparado para leer la mente de los otros, en esa dirección usó el prefrontal para suplir algo en lo que era más torpe de manera natural: entender la realidad social que no comprendía. Repito, para toda feminista que se eche las manos a la cabeza por tales ideas, que la feminista Almudena Hernando también argumenta que el macho es sobre todo cálculo y reflexión, mientras que la mujer es más cohesión y emoción. Igualmente la antropóloga Anna Machin deduce que la evolución es “vaga” para repetir roles, que hombre y mujer, como padres, tenían que tener distintos comportamientos (roles) para distintos fines. La madre “porta” al hijo en su etapa más vulnerable, necesitada y que se expresa bajo las emociones básicas; el padre toma el “testigo” en la siguiente etapa, que vinculará al hijo a la sociedad mediada por la razón.

Por otro lado las filósofas Christine Daigle y Christinia Landry (descargar escrito traducido; que al leerlas me ha resultado paradójico que acepten “tan a las buenas” arquetipos tan cuestionables como “agujero” -contenedor- y “tapa agujeros” para mujer y hombre) contrastan el sentido no inmanente de Sartre, frente al de Beauvoir -feminista y compañera del primero- que sí lo es . Si se sigue la lógica de mis escritos no es que uno u otro estén “equivocados”. Sus “verdades” -las premisas con lo que sus razones “trabajan”- surgen del cerebro profundo y dado que hay diferencias esenciales entre los sexos, Sartre halla o “siente” un tipo de “verdad”, mientras que Beauvoir piensa y “siente” otra. Lo que vienen a decir las filósofas es que los planteamientos de Beauvoir emanan desde la idea de que todo humano es unidad con su cuerpo -y este en la medida que se manifiesta como emoción o ente sintiente-, y en tanto que este siente al otro con esa misma propiedad indivisible, mientras que Sartre -como yo y posiblemente como todo hombre-, no sentimos esa densidad de ser en nuestras “carnes”, sino desde una fisura en donde la conciencia está desligada de la carne. ¿Este divorcio, no será entonces, por la cuestión que yo planteo de que el hombre está más unido a lo instintivo, que es sobre todo ira y sexo en él, y tuvo que “forzar” a que su prefrontal se desligase de tal entidad, corporiedad, y en ese proceso perdiese su estado inmanente con el cuerpo? Esto nos dicen las filósofas de su análisis de, existencialista francés: “La lectura del cuerpo de Sartre problematiza su noción de sexualidad. Al mismo tiempo que quiere explicar cómo, en el deseo sexual, la trascendencia anhela a los inmanentes, paradójicamente insiste en los aspectos negativos y amenazantes de este deseo. Parece como si Sartre lo quisiera en ambos sentidos: una conciencia encarnada que implica una mezcla de inmanencia y trascendencia, y una conciencia que busca evadir a su ser carnoso, es decir, una transcendencia radicalmente separados de la inmanencia. En ‘Ser y Nada’, Sartre discute cómo el cuerpo es una cosa carnosa que la conciencia puede usar de una manera instrumental. Además, explica que uno puede incluso ignorar el ser encarnado”. Por otro lado, ven negativa la visión en la que para Sartre todo encuentro con un otro se basa en el conflicto, haciéndonos ver que para él: “no somos absolutamente libres porque siempre estamos arraigados en nuestras relaciones con el mundo y con otros agentes libres”, pero de nuevo… ¿no ha de ser esta la visión de un ente -el macho- evolucionado para la lucha y el conflicto?, el cuál emerge a la existencia con la cautela de dudar de las intenciones de cualquiera que tenga frente a sí. El estado inmanente de la mujer, en definitiva, es estable y ‘positivo’ en la medida que es el necesario para vincularlo a un “otro” muy especial: su hijo; esta estructura se “convierte” es su modo de proyectarse al mundo y “sentirlo/razonarlo”. Ese proceso se lleva a cabo durante su embarazo, en la poda neuronal -ya analizado en otros escritos-, proceso por el que no pasa el padre.

Hagamos el ejercicio de desarrollar y entrecruzar las ideas que van surgiendo. Por un lado hablo de los problemas del lenguaje y que su estructura inicial nació de lo que ahora para nosotros es el cerebro profundo, por otro lado he hablado de la otredad. ¿Por qué la forma de conjugar los verbos es a través de las tres personas?, yo, tu, él y sus plurales. La realidad y cómo es el humano determina el lenguaje; los tres pronombres se deben por un lado por el campo deíctico: quien está cerca (tú, nosotros) del emisor u origen (origo) y quién está lejos (él, ellos). Pero a la vez ese cerca y lejos pasa a ser metáfora significativa en tanto que el que esté cerca sea a nivel familiar, de ideas, de forma de ser, de la misma tribu, raza, religión, etc. Si se piensa bien un animal eusocial no tendría la conjugación de la tercera persona, y ni siquiera el de la primera. Para este tipo de ente todo es nosotros. Hago un desvío. En mis escritos hablo del problema de las personas egotistas, y que balancearon el mundo y sus valores a partir de sus puntos de vista, hacia un mundo jerarquizado, pero no hablo de las personas parásitas u holgazanas que se puedan aprovechar de que el resto de humanos “tiren del carro” en el que ellos están subidos (1). Si uno es curioso sobre la naturaleza, y yo lo soy, se analiza que las hormigas a veces se separan del grupo y se encuentran con comida. En muchos casos esta es de tal proporción y peso que es una hazaña increíble que tal hormiga no se cuestione si no sería mejor dejarla, e ir por otro alimento que sea menos voluminoso y pesado. Eso es lo que haría un humano medio, eso o ir a buscar a otros humanos que le ayudasen. En esa dirección la tan “alabada” generosidad humana es muy discutible. Si con tan sólo fuésemos más semejantes a las hormigas las cosas nos irían mejor. Ante todo esto, el problema de los inicios humanos tenía esa doble vertiente: que unos fueran muy egoístas y que otros hicieran el menor esfuerzo posible a la hora de “arrimar el hombro” en alguna labor comunal (escaquearse, se dice coloquialmente en España). Había que estar detectando los dos casos y llamarles la atención. Vuelvo al tema del párrafo. Las pensadoras Christine Daigle y Christinia Landry se equivocan en ciertas cuestiones en su escrito vinculado arriba, y como siempre es porque ignoran lo que dice la ciencia. Es muy posible que sea cierto que al hombre le cueste más crear un nosotros, pues es más individualista, pero la distinción entre el nosotros y el ellos, y por ello la otredad, es femenino. Las teorías de la actitud inclusiva y del cultivo del parentesco nos dicen que todo animal tiende a favorecer a los de su sangre: a su ascendencia/descendencia y aquellos que son cercanos en la tribu, la ideología, etc. En el humano es igual, los padres lucharan por que sus hijos puedan tener ciertos privilegios a tenor de que quizás perjudiquen a otros niños. Esta es la actitud de todas las hembras del reino animal, actitud a la que se adaptó el hombre cuando en la evolución “asumió” un papel más paternal. De hecho el humanismo surgido a partir de la Ilustración, que se supone una “creación” del patriarcado, es más razón -propio de las capacidades del prefrontal- que emoción, más una actitud lógica que una sentida, pues ha de luchar contra la inclusividad que viene dictada por los instintos y las emociones. (Léase este párrafo bajo la idea de que “ni lo malo es tan malo, ni lo bueno tan bueno”. La vida está llena de ambigüedades, de grises).

  No quiero detenerme de si un estado intermedio fue el de la mente bicameral, y cómo se llegó a ese divorcio. La conciencia es posicional, tiene como objeto aquello que contiene. Es una copa que contiene líquidos, pero que no es los líquidos. La copa sin líquidos no se entiende, lo es por su funcionalidad: contener -mi última conclusión es que la conciencia es pantalla: si está sin mostrar nada, apagada, es “negra”, vacía-. En el estadio anterior el cerebro profundo era la realidad y no eran separables. Una palabra (signo) no era distinto de lo que designaba: eran unidad. La conciencia sabe que perro es un signo (palabra) que designa a un animal: rompe con la unidad. Si se entiende lo dicho, los trastornos siguen siendo metaforizantes, porque siguen la estela de aquel lenguaje en donde no existía el divorcio: que era simbólico y metaforizante, y donde signo y significante no eran dos entidades distintas. De esta manera, para alguien fóbico, nombrar a la araña es estar en presencia de una araña, pues signo y significante no tienen ninguna distancia. En definitiva, es el pensamiento mágico -toda emoción es una expresión mágica del mundo, diría Sartre-, aun hablando con su propio lenguaje, e ignorando la existencia -y la naturaleza- de la conciencia y el prefrontal. Un paso para toda “curación” mental es “provocar” que dicha persona cree ese “divorcio necesario” entre signo y significante, que en el caso de un esquizofrénico consiste en hacerle ver que esa voz que oye en su interior, no es de alguien “real” -pensamiento mágico-, sino sólo un proceso en su cerebro llevado a cabo por procesos químicos, en partes cerebrales que están “funcionando mal”.

Por otro lado, todo trastorno es social y moderno, solo que está “escrito” con el lenguaje primitivo propio del pensamiento mágico. Lo que quiero decir es que en cada época humana han entrado en juego nuevos lenguajes de uso, que han creado nuevos trastornos. Ahí está como ejemplo la anorexia. En los cazadores-recolectores -o el humano primitivo- tal cosa no se podía dar, puesto que su alimentación era escasa e hipocalórica por igual en todos. La anorexia se llevó a su límite por una retroalimentación entre las modelos y las personas que “ingerían” tal imagen como la más deseable. En el fondo llama a los cánones de belleza, donde tal entidad es un constructo evolutivo de aquello que era deseable para el otro sexo y con la finalidad de reproducir. Todo trastorno ha de ser un libro que ha de ser leído desde el final hacia su principio. Buscando sus orígenes y su lenguaje profundo. Cosa que no parece hacer el feminismo, que parece creer que todo es construcción “moderna” bajo los estereotipos “implantados” e impuestos por el patriarcado.

Conclusiones finales -llevadas a mi terreno-.

No hay progreso, hay tendencia a la complejidad, en donde como subproceso no deseado (incentivo perverso), el humano conoce mejor la realidad a costa de haber perdido contacto con aquel sentimiento primigenio de unión con lo natural. Vamos a los conciertos, o a ver a un cómico, para sentirnos unidos a través de las emociones primarias y básicas, pues el resto del constructo social y cerebral tan sólo nos divide y nos individualiza. Internet, y los medios de comunicación masivos, tienen la paradoja que no nos unen, sino que nos individualizan aún más. Un medio camino es unirse a grupos con tipologías e ideologías similares, pero donde tales tipos de uniones crean “guerras” virtuales entre las distintas partes. Une más un concierto que Internet, pero la repercusión de Internet ha provocado que los humoristas sean susceptibles de ser parte de un colectivo, en donde llegado a ese caso es que es susceptible de ser “enemigo” de su contraparte. Hoy hay humor feminista y contra-feminista, intelectual y contra-intelectual, friki y contrafriki, etc. En definitiva, un camino más para las “guerras” que no existían hace treinta años (o estaban encubiertas: recordar la premisa de la película “origen” de crear una idea o implantar una duda), en los “dorados” años ochenta, en donde sólo se manifestaban escarceos de guerras en las modas…, en los superficial, no en lo profundo.

El cerebro profundo guarda dos semillas en su vientre: que todos tenemos el mismo lenguaje, pero que todos tenemos pequeñas diferencias que nos individualizan. Toda época pasada humana ha estado enfocada en minimizar las diferencias a favor de lo que nos unía. La época actual se está centrando en lo que nos individualiza. Hoy la voz de los intelectuales, otrora punto de reunión, ya no cuentan porque cada persona sólo “(per)sigue” su propia voz. Las feministas son una muestra de ese paradigma, pues han hecho de la violencia de género y las violaciones un tema que sólo les ha de incumbir a ellas, y en donde el “otro” y ajeno es el hombre. Sus mensajes en la Red como “basta ya” y “ni una más” van dirigidos no a algunos hombres, una minoría muy reducida, sino al hombre, como ente genérico, no femenino. En todas las direcciones bajo lo que se manifiesta el feminismo, no crea o trata de crear unidad, sino división: que hay un nosotras y en donde lo otro, extraño y ajeno, es el hombre. Lo mismo con cualquier otra ideología o tipología que va naciendo en los nuevos tiempos: todas nacen bajo la semilla de que existe una némesis, un antagonista…, en definitiva: un villano, y por consiguiente un posible futuro chivo expiatorio. No dudo que el feminismo radical será uno de los chivos expiatorios, si se da el caso que el humano llegue al colapso, o crisis muy profunda, de su civilización (creerlo no es desearlo).


(1) Estoy tratando de no poner notas, pero si este texto lo pusiera arriba rompería la línea argumental. Yo, como muchos, estoy en una posición en teoría parasitaria. Una sociedad en crisis crea este tipo de situación y en ese caso… ¿quién es el culpable? En los trabajos en los que estaba motivado daba más de lo que me pedía el jefe. No por “trepa”, no por hacerme imprescindible, sino porque esa es mi naturaleza. Llevo escribiendo desde hace más de diez años sin ninguna ganancia, y sin ninguna necesidad de ánimo, pues no sé de nadie cercano que me lea. Escritos en los que he tenido que investigar y he profundizado mucho y que me han llevado más de una vez a la fatiga mental, con riesgos para mi salud. Mi núcleo cerebral es obsesivo. Hace unas noches me desperté por que este “se percató” que en este escrito había usado en un lugar el concepto de significado, cuando tendría que ser significante (a veces incluso por fallos gramaticales u ortográficos). La conciencia -el prefrontal- de alguna forma tiene un “almacén” de “hechos a recordar” que no encaja con ninguna de las teorías de la memoria, pues me volví a dormir, pero al despertarme lo recordaba. Es como si la cognición implícita tuviera que despertar al prefrontal para que esta “escribiese” algo en sus módulos y a su manera, que de otra forma no se podría dar. Estas noches sueño con partes del siguiente escrito, sueños un poco “raros”, pues se da con una cognición lógica y formal, no con la del lenguaje de los sueños. Tampoco descarto que sea una forma de sueño lúcido a un nivel menos consciente, lo que pone a estos en distintos niveles de consciencia y con respecto a las capas más superficiales o profundas.


En vez de poner enlaces en el escrito, que es muy rutinario y pesado, pongo las referencias más importantes al final.

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Bosquejo Para una Teoría de la Sociabilidad III

Somos lo que somos porque nuestros cerebros son lo que son.” Richard Wiggins
La intuición es una emoción, las decisiones de peso se razonan”, en la película “The architect”
Confusión, vivís en la confusión”, en la película “Instinto”
Cocodrilo Dandy llegando a New York:
“Tenéis que ser unas personas muy buenas para querer vivir todas juntas.”
“- Pareces tan humano.
– ¡Eh, no me insultes!”
, en la serie “Alf
Todavía no somos humanos.” Eudald Carbonell, arqueólogo y antropólogo

Preámbulo

Este escrito cierra la serie de una teoría de la sociabilidad. Trata básicamente sobre esa intuición de la que hablé en el primero de los tres escritos. La idea fue sencilla, se trató sobre qué es el ser y qué aparecer a partir de ampliar e introducir un concepto en un mapa mental que he ido desarrollando durante bastante tiempo. Un mapa no es el territorio. Todos los mapas suelen ser simplificaciones de la realidad y en la dirección de tratar de hacer sobresalir ciertos criterios, conceptos o ideas. Cuando se crea un mapa pones ante la vista algo que antes sólo era mental, de tal manera que entra en un proceso de retroalimentación. Lo miras, pones la atención en ciertas partes, y “mueves” o cambias ciertos conceptos dentro del mapa para adaptarlos mejor a la realidad. Se corre el peligro, así, que algo como la estética pueda alterar el mapa. En otro lado ya he dicho que el humano crea jardines, que no dejan de ser otra cosa que un bosque ordenado. Al hacerlo ya no recrea la naturaleza, la realidad: le da un nuevo orden y ya es otra cosa, que hay que denominar con otro nombre: jardín o parque. En esa medida mi “jardín” partía del cerebro trino: instintos, cerebro mamífero y cerebro humano, pero no traté de encajar todo dentro de dicha trinidad, y en muchos casos hay cinco divisiones y en uno de ellos seis. Tal división vino dada por encajar el concepto de mentalés de Fodor y en contraposición al emocionalés que yo he creado. En esa medida puse estos dos conceptos en las zonas medias del estado trino, ya que el emocionalés ha de ser una estructura o interface que comunique los instintos con el cerebro mamífero, en tanto que el mentalés es esa misma interface entre las emociones o sistema límbico y la razón o prefrontal. Tal inserción se debía al hecho de que, según Fodor, el mentalés no es el lenguaje, en donde este es la razón o el lenguaje del prefrontal, sino que es el lenguaje del cerebro, que tiene la misma estructura gramatical que la palabra, pero que no es esta. Siguiendo la lógica de este discurso, entonces, no es que tuviese una intuición. Lo que realmente sucedió fue que al tratar de colocar ciertos conceptos dentro del mapa, ahora y por retroalimentación positiva, era capaz de visualizar mejor las ideas que son la base de mis escritos, desde hace por lo menos dos años. Esto es: la distinción entre ser y aparecer, y cómo encaja lo masculino y lo femenino dentro de esta trama o mapa mental. Esto es lo que mostraré en el siguiente escrito, con algún desvío que otro.

En la primera parte del presente tema empezaba el escrito sobre la constante universal de que el cerebro maneja siete item’s (+/- dos) en la memoria de trabajo. ¿De dónde viene dicho límite? Seguramente es dada una interacción entre un límite físico del cerebro y por la evolución de los comportamientos humanos. Una gran parte de la evolución humana ha consistido en hacer herramientas y cocinar. Es posible que ese límite de siete venga dado por el número de elementos que un humano tuviese alrededor para hacer dichas herramientas o cocinar. O sea, qué cosas se tenían a mano, ya fuera para hacer una herramienta o cocinar, en definitiva para laborar, para accionar sobre el mundo. A la vez es posible que dicho límite viniese dado por la palabra. Pensemos a nivel económico en los procesos que se requieren al tratar de evaluar la siguiente jugada en el ajedrez. El siguiente movimiento requiere poca energía mental, pero el siguiente requiere algo más, y así sucesivamente, seguramente de manera exponencial. Cuando estamos hablando sucede un proceso similar. La presente palabra tiene en cuenta la previa y la siguiente, para que guarden una estructura gramatical significativa, que a la vez ha de tener en cuenta la anterior a la previa y la posterior a la siguiente. En ese anidamiento, en teoría y siguiendo mi propuesta, el cerebro sólo trabaja con las tres palabras previas, las tres posteriores y la actual, lo que da como total el enigmático siete. Es una idea germinal, hay que tener en cuenta que las proposiciones, y los artículos, no caen dentro de esa estructura, pues no son realmente significativas. Son “aparatos” formales, o andamiajes, que se han ido añadiendo en los dos últimos milenios, con el avance de las civilizaciones complejas. Es posible que la estructura del cerebro sobre la palabra parta de la triada de toda acción de 1. alguien, 2. hace algo, 3. con algo o hacia alguien. En la actualidad, en sistemas cada vez más complejos, se va en la dirección de minimizar las interfaces de comunicación entre ordenador (pantalla) y usuario, pues “presentar” o poner todas las opciones a la vista del usuario confunden de manera extrema. En esa dirección el móvil tiene más éxito que el ordenador, por atenerse a esta regla de forma más clara.

Ser y Aparecer

Este ejemplo viene al caso, de nuevo, para tratar de mostrar que todo tiene un porqué, y ese porqué está en sus orígenes. Hoy en día necesitaríamos “desesperadamente” que ese límite no fuese siete, pero la evolución es lenta y una vez que asentó dicha regla o armazón, construye el resto de la “edificación” a partir de dicha estructura. Como todo constructor sabe, una vivienda la puedes cambiar todo lo que quieras: tirar tabiques, poner nuevos, pero lo que nunca se puede hacer es tirar un muro estructural o una columna. Cuando una persona habla o escribe ha de tener en cuenta ese proceso de retención de la información y el número siete. La escritura de alguien como Hemingway es accesible a todos porque sus frases son cortas y hacía mucho uso del punto, mientras que la lectura de Kant es tortuosa y difícil de seguir. Un exceso de comas, y frases anidadas en dichas comas (como lo es esta), requieren un gasto cerebral mayor, pues “interrumpen” el significado de dicha frase, y en donde el cerebro ha de retener o tratar de analizar cuál es el significado de la frase, sin dichas irrupciones. De nuevo aquí vemos que lo que puedan hablar para comunicarse dos cazadores-recolectores es lo “idóneo” con respecto a la estructura cerebral humana, pero que dicha estructura o límites son una traba para seguir el discurso o el diálogo entre dos filósofos, por ejemplo. O sea, que es otra regla que yo tengo como base y sale por deducción: no es que la conversación de dos filósofos esté más evolucionada o se le pueda aplicar el concepto de ser más progresiva, es sólo más compleja. La comunicación humana se creó para lo que lo usan los cazadores-recolectores, es (era) de uso práctico. Filosofar no es un estado más evolucionado o en donde en la comunicación se haya dado un progreso, pues como ha sucedido al final se perdía el contacto con la realidad. “Realidad” que está tratando de volver a retomar la ciencia. Fijarse que una forma que tiene la ciencia de “tomar” tierra es no “perderse” en el lenguaje. La ciencia “cierra” un término a un sentido lo más estricto posible como para que no quepa la interpretación. Cuestión compleja que sólo se da en las ciencias positivas, y a veces ni eso.

Del párrafo anterior se sigue esa regla de cuál es el mensaje intrínseco, qué está de más y que se centra en dicho mensaje. La capacidad para retener tres mensajes previos y tres mensajes posibles, con respecto a la idea central, debería ser el límite dentro de un párrafo, al igual que lo debe hacer el cerebro cuando está hablando y tratando de crear un diálogo inteligible. Se sigue así que la escritura, la hija bastarda de la palabra, tiene una “lógica” interna que provenía del habla, pero como todo escritor sabe, tiene la capacidad de que el autor, su atención, ahora pueda analizar lo previo para corregirlo y añadir ideas o depurarlas, con lo cual se crea una estructura nueva y más compleja que con el simple diálogo, a sabiendas que el propio lector pueda hacer el mismo ejercicio, de ir una frase atrás o un párrafo atrás para recomponer su propio mapa mental (recorrido) y así “revisar” si ha seguido los hitos o los caminos “correctos” que estarían en la mente del escritor.

Con esto vuelvo al mapa mental sobre la estructura del cerebro y los nuevos añadidos que hice. Cuando mi cerebro trató de encajar el mapa ya construido con la nueva información a incorporar, entonces al visualizar mentalmente dicho mapa, es cuando se dio ese momento de insight (comprensión), que previamente no estaba allí o si lo estaba era de forma difusa, en la neblina de lo complejo que es el lenguaje cerebral. O sea, en realidad no hallé una “verdad”, sino que la podía poner en la gráfica para que todo fuera más claro para un posible lector. Hallé una forma de comunicar el cómo yo-cerebro entendía la realidad. Quizás aquí esté hablando del problema de qué es una “verdad” cerebral (intuición) y el problema de comunicar a otros esas “verdades”. La filosofía en muchos casos son “discusiones” no sobre las “verdades”, sino el cómo comunicarlas y qué lenguaje utilizar. El cómo sacar esas “verdades” fuera para que otro las comprenda. Aquí me tengo que detener en una problemática que hay de fondo sobre todo este tema, y que es otro de mis referentes. La distinción entre entender y comprender. Yo puedo entender qué es un parto, pero sólo una mujer que haya pasado por un parto puede comprender en qué consiste. De esto se deduce que no hay “verdades” universales en lo humano y que por ello no pueda haber una verdadera “comprensión” hacia unas “verdades universales”, válidas para todos. Esta distinción es vital para entender el feminismo, y casi toda mujer comete este error. La “diferencia” hombre y mujer nunca será salvable pues aunque haya entendimiento nunca habrá realmente comprensión. Y de aquí igualmente se deduce otra problemática y su solución. No hay algo así como la mujer y el hombre en términos universales, es cierto, pero una mujer que no pueda tener hijos está más cerca de comprender a otra mujer que es madre, que un hombre. ¿Por qué?, porque está más cerca de su estructura “física-química-hormonal” que un hombre. Con todo, esta estructura falla si se analizan los géneros. Lo más cercano a un homosexual masculino pasivo es otro igual. Tiene algo más de distancia con respecto a un homosexual activo, y quizás más distancia del macho que de otra mujer (no lo sé, lo deduzco, pero puedo fallar). En definitiva que los sexos y los géneros son sus estructuras mentales que son las que le hacen comprender el mundo de una manera concreta. Mientras que el entendimiento sí es universal. Para todos dos más dos son cuatro (entender, usar la razón), pero un hombre no puede comprender un embarazo y su entendimiento no rompe la barrera entre el entendimiento y la comprensión. Bajo ese punto de vista, lo que yo pido -o trato de hacer ver- al feminismo es que no pueden llegar a comprender al hombre, y por ello que traten de usar la razón para por lo menos entendernos, pues ahora mismo se han cegado en ciertas ideas reduccionistas y bajo mi punto de vista (y de la mayoría de los hombres) erradas. El feminismo se ha cerrado de forma hermética a ciertos “dogmas” (dado que son temas intocables e incuestionables), pues si se quitasen dichos dogmas tal edificio se vendría abajo, y no es algo que quieran aceptar de buena gana. No parecen querer un diálogo. Toda idea que provenga de un hombre es censurable. Que un hombre contrargumente sus ideas es tachado de ataque y en algunos casos de machismo. Como no nos pueden hacer callar, están al tanto que uno pueda cometer un “error” que pueda ser clasificado como incitación a la violencia de género, para denunciarnos y de esa forma silenciarnos.

Ya me centro y voy al tema. La idea nuclear de la gráfica, y de este escrito, es tratar de asentar que mientras lo más antiguo de lo humano es universal y nos comunica, en tanto que nos hace iguales, y como pertenecientes a un mismo “banco de peces”, en el cual fluimos y en donde nos sentimos en unidad o en un todo, cuanto más se va desarrollando el cerebro humano en complejidad y en sucesivas capas, más tiende hacia las emociones individuales, y por ello únicas e intransferibles, de tal manera que aunque las puedas explicar y hacerte entender, no por ello se va a lograr una comprensión. Hecho que hace que ya no es que no nos sintamos dentro del banco de peces, es que además cada vez se vuelve más universal el sentirse como “pez fuera del agua”. En esa medida los ritos, lo cultural, la replicación de formas de hacer, han ido tratando de mantener el cerebro humano dentro del banco de peces, en la doble dirección de que esa rotura no se sienta a nivel individual (sentimiento de soledad), y en la de tratar de mantener la cohesión grupal dentro de unos medios y fines comunes a todos. Cuestión que  durante el último siglo, y sobre todo en las dos últimas décadas, se ha vuelto un imposible.

  Hay unas emociones universales (bajo las restricciones del párrafo anterior) que son las que están asentadas a nivel más primitivo: la risa, el miedo, la ira… que a la vez conllevan unas reacciones que se manifiestan en el cuerpo y la cara. En ese sentido eran comunicación intragrupal, dentro de nuestra especie, y son clasificadas como señales honestas: señales que se expresan en el cuerpo para que otro humano las entienda. Hay que tener en cuenta que provenimos, que en nuestros orígenes, éramos apenas unos pocos miles de homínidos en una región muy concreta de África, en una situación muy precaria, y en donde éramos la presa de los otros animales. En ese escenario tan reducido lo más idóneo era la comunicación honesta. No voy a tratar de analizar paso por paso la evolución, pues además todo serían conjeturas. Lo que sí ha de quedar claro es que en algún momento evolutivo, y por procesos sucesivos, dejó de ser “interesante” ser tan transparentes para los otros, todo ello “aderezado” por la evolución social y la tendencia a establecer normas. En ese proceso hay dos tipos de sonrisas, la “sincera”, en la que intervienen los ojos, aparte de la boca, y la mera “mueca” de alzar las comisuras de los labios. Salen así dos estructuras iniciales: la de las señales honestas, que son instintivas, y las señales sociales, que están en el sistema límbico, más evolutivo/cultural. Entre medias de esos dos procesos se crea una estructura, una interface, que por un lado ha de ocultar las señales honestas, y otra solaparlas con las culturales. En dicha zona intermedia es donde están los mecanismos de defensa que se analizarán más adelante.

Por procesos evolutivos no toda tendencia instintiva la tendría que aceptar uno mismo a nivel individual. Lo que quiero decir es que lo que nos hace (hizo) humanos fue la aceptación e ignorar ciertas propensiones instintivas a favor de lo normativo. Emerge así la identidad social o la identidad individual como no distinta de nuestra identidad social. Hay una aparente contradicción que sale en el escrito. Por un lado digo que las emociones son universales y forman parte de lo instintivo, y por otro lado que hay instintos (propensiones básicas) que nos individualizan. Las emociones tienen dos lados, la interna y la externa. Son universales hacia afuera, como comunicación, pero no a nivel interno. Se lee el miedo en el rostro del otro y lo comprendemos, pero no llegamos a saber cómo es esa emoción en su interior. A estos niveles no son lo mismo todos los machos. El alfa cuenta con su estatus para poder copular, pero aquel individuo que estuviese en la escala más baja del escalafón tendría o jugaría con otras cartas, que o bien pudo ser el engaño, o bien la cópula forzada (vuelvo a esto en el siguiente párrafo). En ese sentido, ciertas “reglas” evolutivas que se dan en casi toda especie compleja, se “negaron” en lo social y durante la creación de la identidad social, a favor del grupo. Este proceso durante milenios es el que nos ha “hecho” humanos y es lo que nos define (definía). Visto en perspectiva operaban mecanismos de defensa a nivel de especie (social), para negar ciertas propensiones (tabús) que fueron tomadas como fuera de lo que ha de ser lo humano. De fondo, por ejemplo, se negaba ciertas cosas de cada uno de los dos sexos: que el hombre podía forzar el sexo, y que la mujer podía hacer un uso interesado del sexo. Dichos dilemas nunca se han llegado a resolver, pues al modo que opera un mecanismo de defensa en el cerebro, en lo social nunca ha habido una mirada “honesta” sobre dichos temas. Me centro en esta cuestión, pero podrían ser otras, como las jerarquías. El cazador-recolector, la apuesta tribal humana de agrupaciones pequeñas, “resolvió” tales problemas a través de los tabús, y en el caso de las jerarquías con la inversión de la dominancia, pero tales temas no se habían “resuelto” en lo evolutivo, sino en lo evolutivo social. O sea, se quedaron como “temas pendientes”. Con la llegada de las grandes poblaciones y el anonimato volvieron a surgir.

He afirmado que en algún estadio previo al humano el macho forzaba la cópula, y uso este concepto pues es el usado en etología con respecto al comportamiento sexual en los animales, y en la presunción que proviene de nuestra condición animal. Ayer paré el tema y traté de documentarme qué dice la ciencia al respecto. No se ha escrito mucho, y como digo arriba es un tema “delicado” que nadie parece querer tocar. Existe un libro, titulado con el “inflamatorio” -tal como lo ha tildado alguien- título de “historia natural de la violación – Bases biológicas de la coerción sexual”. Por otro lado hay un libro escrito por una feminista: “En contra de nuestra voluntad – Hombre, mujer y violación”. La verdad es que no tengo ganas de leer unos libros que en realidad se basan en conjeturas tan “válidas”, quizás, como lo puedan ser la de cualquier persona que tenga conocimientos generales de etología, antropología y psicología evolutiva. Está claro que ahora hay violaciones, el caso es si es un comportamiento moderno -del humano ya siendo sapiens-, o es anterior. El feminismo, y lo que se dice en ciertas películas y es en cierta forma lo que ha calado en la cultura, se atiene a lo que dice Susan Brownmiller al afirmar que toda violación es antes que nada un deseo de dominación, de tener poder. No es lo que defienden Randy Thornhill y Craig T. Palmer en su libro, más en la dirección de hacer un análisis antropológico y bajo los puntos de vista de la psicología evolutiva. Bajo mi propio criterio proviene de nuestro estado previo de homínidos. Los primates no son un género especialmente “benévolo y pacífico”. Sobre el 50% de las cópulas de los orangutanes son forzadas, el chimpancé también recurre a la coerción; otras especies de monos matan a las crías del macho alfa derrocado. Tampoco es “normal”, aunque sí más deseable, la apuesta a la que han llegado los bonobo, teniendo sexo entre todos, ignorando edades, parentescos y géneros.

Para mis “fines”, y siendo cínico, es indiferente si es un comportamiento “nuevo” y bajo el prisma de la dominación o si es antiguo y puramente evolutivo. En el primer caso sería una demostración de lo falaz del concepto de progreso, en el segundo que provenimos de una especie con ciertas taras o tendencias a lo agresivo. Pero me atengo a que proviene de un estadio previo, pues es bastante común en el reino animal. Por lo demás una teoría sobre el emparejamiento, o tendencia a la monogamia del humano, dice que la hembra humana (o prehumana) optó por que un macho concreto le protegiese del resto. Es una teoría muy plausible porque se sigue en el reino animal. El macho alfa suele hacer ese papel en especies de harenes. Las hembras de los geladas en cierta forma escogen y mantienen el macho alfa de su “gusto”, uniéndose en luchar contra aquellos machos que no sean los que ellas eligen. Con respecto a hacer uso del sexo por bienes, otra teoría dice que las hembras homínidas tenían sexo con aquellos machos que les traían carne. Este comportamiento es una constante entre los primates y por eso se ha llegado a esa “conclusión”; esto nos dice la Wikipedia sobre los babuinos:

El comportamiento de apareamiento del babuino varía mucho dependiendo de la estructura social de la tropa. En los grupos mixtos de babuinos de sabana, cada macho puede aparearse con cualquier hembra. El orden de apareamiento entre los machos depende en parte de su clasificación social, y las peleas entre machos no son inusuales. Hay, sin embargo, posibilidades más sutiles; En grupos mixtos, los hombres a veces intentan ganarse la amistad de las hembras. Para obtener esta amistad, pueden ayudar a acicalar a la hembra, ayudar a cuidar a su cría o suministrarle comida. La probabilidad es alta de que esos jóvenes sean su descendencia. Algunas mujeres claramente prefieren machos amigables como compañeros. Sin embargo, los machos también llevarán bebés durante las peleas para protegerse del daño. Una hembra inicia el apareamiento presentando su grupa hinchada en la cara del macho.”

Qué hace un cam girl sino cambiar sexo por bienes -y se está volviendo cada vez más generalizado-, qué solían hacer algunas mujeres durante las guerras o las hambrunas…, porqué rechazar este tipo de ideas. En todas las tribus de cazadores-recolectores existentes las hembras alientan a los hombres para que salgan a cazar, ellas se dedican más a la recolección de raíces, frutos y la pesca. En el caso de los bosquimanos, llamados el pueblo del león, incluso se atreven a ir directamente hacia el león cuando ha cazado, para ahuyentarlo y robarles la comida. La teoría más extendida es que previamente éramos carroñeros, y es muy posible que el segundo proceso es que hicieran comportamientos intimidatorios para ahuyentar a los depredadores sobre sus presas ya muertas. El león de Kalahari parece tener de forma instintiva dejar la presa cuando los bosquimanos van hacia él. Por lo demás, todas estas teorías encajan con mi punto de vista de que el macho humano es a la vez instinto y razón de manera bastante bipolar. Un macho que se atenga a lo instintivo es aquel denominado como subcontrolado, que se manifiesta en comportamientos antisociales, impulsivos y disfóricos. En esa dirección el macho se atuvo a controlar la tendencia a la ira, propio de la testosterona, y con el paso de los milenios, en algunos individuos, los llevó al extremo opuesto: al hipercontrol, un rasgo característico de la psicopatía, más propio del hombre. Según esta dicotomía, los dos libros pueden tener razón, ya que el subcontrolado lo hará por instinto y placer, mientras que el hipercontrolado lo podrá hacer para ejercer su dominio y poder. Ciertas críticas contra las teorías de la psicología evolutiva, sobre el primer libro, no tienen en cuenta algo tan básico como que la evolución creó el orgasmo en la dirección de buscar el placer a ciegas, ateniéndose a que el azar y las probabilidades ya harían el resto. Hoy en día una alta tasa de nacimientos se dan por fallos en los sistemas anticonceptivos. La evolución alentó al macho a buscar sexo por mediación de la testosterona, si lo hace con la mujer de la edad adecuada -pues es una de las críticas para dicha teoría-, sería un factor que la evolución dejó como variable sin relevancia. Todo esto lo apoya el hecho de que en Estados Unidos el 80% de delincuentes sexuales reinciden cuando vuelven a salir de la cárcel, frente tan solo el 5% de los que han sido castrados químicamente. Dichos números pueden encajar con la mayor cantidad de hombres subcontrolados frente a los pocos que pueda haber como hipercontrolados y que además tengan la tendencia hacia la violación. A un hipercontrolado no le hace falta la parte física de lo sexual para querer ejercer control sobre sus víctimas.

Vuelvo a la gráfica. El estadio social o medio, el sistema límbico, crea comunión, pero a la vez es lo que crea la identidad, nacional, religiosa, etc. O sea, fue un paso hacia la desintegración de la unidad, puesto que ciertos gestos, posturas e incluso la distancia entre dos personas ya no fueron universales, sino propio de cada cultura, nación, región o pueblo. Esto proviene de la oxitocina, que si bien es altruista lo es con respecto a los de la propia sangre, a lo propio, y por extensión al pueblo al que se pertenece, que más adelante era los que mantenían unas mismas convenciones, convicciones, religión y forma de gobierno, en definitiva a una nación. ¿Qué es el nacionalismo sino la defensa a ultranza de lo propio frente a lo ajeno?

Hay que hacer un alto. Pocas veces hago un escrito de “carrerilla”, de una sola vez, como así fue el anterior. En muchos casos me atasco porque veo que me he metido en laberintos sin salida, o acumulo demasiadas inconsistencias, o porque tengo que analizar más al detalle alguna idea “suelta”. Ahí me puedo llegar a perder en laberintos de investigaciones, donde el leer una cosa me lleva a varias, que a la vez me lleva a otras y así sin fin. En un momento dado tengo que frenar y volverme a centrar reduciendo las búsquedas. A veces me vale una sola noche para que el cerebro me devuelva a una línea argumental que me saque del atolladero. En este caso he de desglosar dos ideas que doy por asumidas cuando en realidad no lo están. 1. ¿la hembra aceptó de forma masiva alimento por sexo o la protección de un solo macho y ese proceso llevó a la aparente monogamia que se ha mantenido por varios milenios?; lo mismo para los que usaban la coerción sexual. 2. Cómo se llegó a la identidad nacional, y ¿al 100%?

¿Quién baila al son del grupo y quién no está tan convencido?

Es complicado sacar patrones absolutos de la naturaleza. Cada especie se adapta a su manera a la vida, a su ambiente, y se dan miles de diferencias. Pero se pueden deducir reglas generales. Si estas no “existiesen” la evolución no hallaría soluciones similares a problemas similares una y otra vez, como lo muestra la concurrencia evolutiva. Esto nos dice la Wikipedia parafraseando a Schneider (1972), y que es lo mismo que yo aduzco al decir que la evolución trabaja con conceptos (símbolos en Schneider, arquetipos en Jung) :

“…los elementos biológicos tienen un significado simbólico. Constituyen un conjunto integrado de símbolos en el sentido de que son un modelo de cómo se constituye y debe vivir la vida, en algunos de sus aspectos. Los símbolos son ‘biológicos’ en el sentido de que la definición culturalmente dada del sistema de símbolos es que se deriva de los hechos de la biología como un proceso de la naturaleza misma. Pero es fundamental para nuestra comprensión que apreciemos que estos elementos biológicos son símbolos y que sus referentes simbólicos no son la biología como un proceso natural en absoluto.

Incluso es una cuestión discutible si los símbolos se derivan de los hechos de la naturaleza y los hechos de la biología, ya que estos pueden determinarse científicamente. Lo que es indiscutible es que los símbolos están formados por elementos que en la cultura nativa se definen como biológicos, particularmente como aspectos del proceso reproductivo. Lo que es discutible es si de hecho se derivan o reflejan o son modelos formados a partir de los hechos científicos de la biología. No creo que lo sean, pero es mejor dejar este tema para otro momento.”

 En el primer escrito de la serie hablé que muy posiblemente los peces fueron de los primeros animales en ser sociales. Cuando se tratan de deducir reglas de las especies lo mejor que se puede hacer es analizar la vida bajo la teoría de sistemas. En un banco de peces todo individuo que nazca con alguna variable que lo haga menos social va a fracasar, porque en cuanto se salga del banco de peces va a ser presa fácil y ya no se reproducirá como para que su individualidad se mantenga. En cierta forma este tipo de apuesta, la de los bancos de peces -que hoy en día es presa fácil tanto para los depredadores como para los pescadores humanos-, por lo dicho en mi premisa, se metió en una encerrona, porque una vez que entró en dicho tipo de apuesta ya no tenía salida. Una regla que se deduce de la sociabilidad es que recurren a ella los animales que son presa, mientras que la apuesta individualista suele ser de los depredadores. Sólo hay que pensar en un tiburón frente a los bancos de peces. Los tiburones llevan en la evolución millones de años: les ha ido bien. Una apuesta intermedia es llegar a la depredación a partir de una especie que en un principio era presa. En ese caso entra en juego si se mantiene la sociabilidad o no. Todo depredador mamífero nace bajo el concepto de la maternidad (cuidado de la madre y aprendizaje durante la niñez), luego por un tiempo es social. Después se dan distintas apuestas. Las hembras leonas, las hermanas, se suelen mantener juntas, mientras que el león ha de tratar de hacerse con un harén, mantenerse solitario o agrupado con otros leones. En otras especies, como el guepardo, la apuesta es hacia la individualidad. El humano es una especie que era presa y poco a poco se fue haciendo depredadora. Ha habido muchos homínidos durante la evolución, es de suponer que quizás alguno de ellos tendió a ser menos social y se extinguió. Tampoco hay que analizar que la sociabilidad es la mejor apuesta, es sólo que quizás las apuestas individualistas homínidas se dieron en “el lugar equivocado y en el momento equivocado”. No es un signo de nada. No hay que tratar de sacar conclusiones morales de la vida. Tales visiones son antropocentristas. De cualquier manera el equivalente de los bancos de peces en tierra son los herbívoros gregarios, mientras que un guepardo sería el equivalente de un tiburón.

Otra regla que se deduce de la evolución es que el gregarismo no procura demasiada inteligencia individual, nada más tonto que una oveja. Otra regla es que los más inteligentes son los más oportunistas, los que de alguna forma se mantienen en algún equilibrio evolutivo precario, ya sea a nivel del ambiente en el que vive, ya sea por las especies de las que esté rodeada. Los homínidos de repente se vieron sometidos a una presión evolutiva cuando cada vez quedasen menos árboles en los que refugiarse de los depredadores. En tal tipo de presión la evolución “juega” con las variaciones, con las individualidades, para ver cuál de esas variaciones se llega a validar o crea un sistema estable. En termodinámica se hace uso del principio de la acción estacionaria o mínima, que de alguna forma se en siguen los sistemas vivos. Todo sistema no hace cambios extremos, sino que crea pequeñas variaciones que se pueden volver estacionarias si el medio cambia como para que se vuelva estable (basado en el principio de Hamilton).

Pensemos en el comportamiento del gato. Un gato reconoce el terreno cercano en el que está, y cuando ya sabe que es seguro expande el terreno a reconocer. En el caso que en unas de esas salidas se encuentre con un depredador vuelve a su zona más cercana reconocida como segura. Ese estado es al que yo he denominado como hogar, que quizás en el concepto en el que quede más claro sea en el de querencia, lugar donde el toro suele tratar de volver una y otra vez en el ruedo, durante una corrida. Tal lugar, o la querencia, se convierte así en un concepto metafísico o esencia de la vida. El hogar humano, su querencia, es la madre, el amor maternal, al que la mujer vuelve cuando ella se vuelve madre. Volvamos al gato. El punto cero desde el cual el gato explora suele ser uno en el que le ha dejado la madre, cuando al final opta por separarse de ella. En su huida de un depredador, así, no busca tanto el punto cero, sino en tanto que -y metafóricamente- lo que realmente busca es el resguardo de su madre. Recordar que en situaciones de miedo extremo el humano se pone en posición fetal.

Lo mismo que se ha dicho para un gato individual y los procesos termodinámicos vale para la evolución de una especie. Dicha especie se mantiene estable a su propio principio estacionario. Aquella posición válida dentro de su entorno. Las pequeñas variaciones se mantienen en tanto que no estén demasiado alejadas de esa posición estable, o en tanto que sean tan mínimas (pocas) como para que no perjudiquen al sistema. Tal regla ya se analizó escritos atrás, es la regla Spandrel, la de “aceptar” ciertas variaciones fenotípicas siempre y cuando no “rompan” con la estabilidad del sistema que es una especie. Al olvidar o ignorar estos principios se cae en inconsistencias argumentales. Yo he defendido que todo individuo tiende hacia lo autopoiético, hacia lo igual, pues se rige por la tendencia hacia la invarianza, que como vemos está incluso en lo inerte, en la materia a través del principio de Hamilton; pero a la vez “acepta” o mantiene las variaciones. ¿Cómo y cuándo? Un gato expande su exploración cuando se siente seguro qué hay tras de él: que tiene una ruta segura para volver a su estado seguro, a su “hogar” o querencia. En épocas de paz y bonanza el humano se expande y explora nuevas posibilidades, explora esas variaciones o variables que se mantienen al margen; mientras que en épocas de “vacas flacas”, de crisis, vuelve a lo conocido y estable. En lo individual una persona puede querer conocer personas muy distintas a su tipología, a su variación fenotípica (ya sea en rasgos o en comportamientos), cuando está en un momento expansivo, pero tratará de buscar algo parejo a sí mismo cuando se siente débil o vulnerable. Bajo esta simple regla uno busca un igual, lo autopoiético, en situaciones poco estables o dudosas (lo más parecido al padre o la madre), y busca lo exótico y acepta lo extraño en buenas épocas, en las que por ejemplo, se siente seguro de sí mismo. Lo mismo para un país: se vuelve aperturista en épocas de riqueza y se cierra a los extranjeros en épocas de crisis. Vemos la misma estructura en distintos sistemas: en lo físico, en lo  evolutivo, en la identidad nacional y en lo individual. Pero esta regla no lo explica todo, pues uno tiende a moverse de su zona estable si esta ha cambiado tanto como para que ya no sea “cómoda”. En ese caso el ambiente, los cambios climáticos y los cataclismos, cambian las reglas. Quizás unos de los pocos individuos que tenían ciertas variaciones sean los que al final se adapten a dichos nuevos cambios (recordar películas como “Guerra mundial Z”: no “detectaban” como extraños a los enfermos, o “28 días después”, la hija del protagonista era inmune porque había pasado por una meningitis. A veces las películas, sus guionistas, “leen” reglas de los sistemas, pues las apre(he)nden en las noticias científicas). Según mi punto de vista este “motivo” es por lo que la evolución mantiene ciertas variaciones, aunque a nosotros ahora nos parezcan como erradas o enfermas.

Y cómo cambia algo en lo evolutivo o en lo social, en la herencia dual. Aquí hay que agarrarse a otro concepto que tiene varios nombres: normalización progresiva, rebanado fino, paradoja de Sorites… Fijémonos en el momento actual. Hace un siglo o así los tatuajes eran una seña de identidad de los individuos que vivían al margen, de presos o marineros. En la actualidad, por un rebanado progresivo, se va normalizando. Ya no tiene el componente de “persona liminal” o que viva a los márgenes de lo social, pero no se normaliza lo suficiente como para que se vuelva norma. En algunos casos algunos tipos de comportamientos al final se vuelven tan masivos como para que sean la norma dentro de una cultura. En ese caso entra el concepto de Sorites, en el cual al poner un grano más de arena se produce un desprendimiento (efecto de pendiente resbaladiza). En física es un cambio de estado, como cuando hierve el agua. En todo caso siempre hay un límite en donde emerge un nuevo sistema. En lo social, cuando algo se normaliza, aquel que antes era la norma se vuelve la variable. Si todo es transgresor, al final lo transgresor será la normalidad. Pongamos el caso que todo el mundo se tatuase: lo raro, la variable sería aquel que no se tatuase. En todo esto a la vez tiene que ver la presión de grupo. Toda sociedad mete presión a los individuos que viven en los márgenes, que son sus variables, para que se “normalicen”. Y de vuelta a la regla explicada arriba: cuanto más en crisis esté una sociedad más tenderá a erradicar a los que viven en los márgenes, y por el contrario, cuanto más segura y cómoda esté una sociedad más permisiva se volverá con los que viven en los márgenes. Llegado el momento que la crisis sea muy aguda se buscará los chivos expiatorios (cabezas de turco), aquellos de poder haber sido los que han propiciado, alentado o acrecentado la tendencia hacia la crisis. En ese sentido la sociedades humanas son como un globo: se hinchan en exceso en épocas de expansión, con su consiguiente riesgo a que explote, y se deshincha el globo cuando se analiza el riesgo o se entra en crisis. Recordar el concepto de burbuja tan de uso común en la actualidad.

Con todos estos datos a tener en cuenta volvamos a cuando la hembra humana aceptó (o pidió) carne a cambio de sexo. En ese estadio seguramente aún no tendríamos conciencia, en ese caso sólo actuaban las reglas evolutivas. Aquellas hembras que optasen por esta regla sobrevivían, y lo más importante: podían sacar adelante su prole como para que tal comportamiento se heredase o normalizase. Toda hembra que no optase por esta nueva regla moriría. Lo mismo para la coerción sexual. La monogamia se volvió la opción más estable en nuestra especie porque el macho proveía de alimento a la hembra, a la vez que evitaba que otros la forzasen a tener sexo. Una vez que la monogamia se normalizó ya no era distinguible que fuera sexo por bienes, pues es algo que se daba por supuesto (fijarse que hasta hace poco a una primera cita era buena idea llevar un presente a las mujeres, por otro lado un mito en la cultura de la violación es que si se paga la cena se tiene “derecho a sexo”…, ¿de dónde han de venir cosas así?). Aun así el que la mujer pueda jugar con la baza de que el sexo le provea de bienes, en situaciones extremas o de escasez, se quedó como una variable del comportamiento. De igual forma la coerción sexual no se anuló como variable dentro del sistema porque era una variable mínima, y porque a la vez tenía cierto éxito reproductivo. Vuelvo al tema del tabú. Usar la lógica de la evolución o de los sistemas complejos en estos temas no está bien visto, porque pareciera que se defendiera o se justificara tales acciones. No es así. Dar una explicación científica no es excusa para que tales actos sean aborrecibles. O sea que no por tratar sobre el tema se cae en el sesgo o falacia naturalista. Lo natural no es lo moral, donde dicho concepto es exclusivo del humano, pues en definitiva este es el único ser vivo que ha tratado de crear unas normas y modo de vida fuera de las reglas naturales (animales) del comportamiento. Retomo el tema. Piénsese sino en la actualidad. Un Incel (célibe no por elección) es una persona que por su condición física (alta fealdad, deformidades…) o psíquica no tiene posibilidades de tener sexo o pareja. Es más probable que tenga descendencia un violador, pues muchas mujeres no abortan en esos casos, y en donde además no se han usado medios anticonceptivos, que un Incel. Si hay descendencia de violadores se mantiene su genética, que da dicha predisposición a su descendencia. ¿Por qué habría de ser distinto a lo largo de la evolución humana?

Creo que he cerrado temas, vuelvo al proceso desde una posición en donde las emociones y comportamientos eran usadas como señales honestas, al siguiente paso de la identidad de grupo (que más adelante llegaría a ser la nacional). Toda la parrafada de lo escrito previamente me vuelve a servir ahora. No todo humano se adaptaba al cien por cien a su grupo. Había variables, humanos que quizás se cuestionaban ciertas reglas o normas: esa ha sido la tónica durante toda la historia humana. La teoría de la inversión de la dominancia se validó sobre tres reglas: 1. el avergonzamiento como medio para que todo humano aceptase las reglas o se mantuviese en lo reglado o normalizado, 2. el ostracismo, el ser expulsado del grupo si su comportamiento se repetía una y otra vez, 3. la muerte del individuo que infringiese una acción demasiado transgresiva. No es muy distinto de cómo ha sido hasta hace poco, hasta que se abolió la pena de muerte, si bien el ostracismo y la expulsión se cambió por la cárcel cuando ya no había forma de expulsar al individuo fuera del grupo, cuando empezó a haber fronteras. Bajo esta tendencia de nuestra especie una regla que se volvió invariante fue la del seguimiento de la mayoría, del comportamiento más aceptado por todos. En definitiva, que había que nadar en el banco de peces  y moverse en su eterno flujo rítmico y danzarín. Ser humano significaba que se era de la misma identidad que aquella existente allí donde uno naciera. Se era la identidad nacional, que a la vez implicaba una identidad ideológica y por ello religiosa. En esta larga edad, de los inicios del ser humano, nació el ocultamiento y el engaño. O sea, ya no era tan “interesante” o importante que las emociones se vieran: había que falsearlas u ocultarlas. Pensemos por ejemplo en la condición del macho. Si había que cazar y enfrentarse a fieras, pues no sólo de ello dependía la propia supervivencia, sino además tener pareja y descendencia, ya no era primordial mostrar miedo, sino al contrario: ocultarlo. En esa situación hacer uso o no de las emociones primarias dependía de uno mismo. Se podían exagerar si así era conveniente (teatralización) o se podían ocultar. En esa dirección las emociones dejan de ser universales y señales honestas para pasar a ser una construcción mediada por la conciencia emocional. La mujer es mejor detectora de imposturas que los hombres (y también falseadora según el conocimiento tácito de lo social) , de alguna forma, quizás, porque en ellas era más innato detectar los estados emocionales de sus hijos. Un hijo al principio no habla, sólo se tienen sus gestos faciales para tratar de detectar qué le sucede. En consecuencia y en resumida, que tales estados honestos, con el tiempo, había que diferenciarlos de los impostados, de los falseados. Sea como fuere se creó un divorcio entre lo instintivo y lo aceptado socialmente, en donde tales procesos tenían sus propias capas, y en donde entre medias se crearon mecanismos de defensa y otras estructuras contra aquello que era meramente instintivo, pero que en definitiva era donde estaban las “verdades” de las emociones. Una teoría sobre la inteligencia dice que cuanto más social y compleja sea dicha especie más inteligente serán sus individuos. Ello se debe a ese doble y eterno juego de estar “jugando al ratón y al gato” con el resto de los individuos, para detectar los estados reales y los falsos, a la vez que nosotros mismos jugamos con las mismas cartas.

La palabra y concepto “moderno” es un verdadero caos. En antropología comportamiento moderno se refiere a la condición de sapiens, mientras que en historia se refiere a las condiciones que se propiciaron a partir de la Ilustración, que de alguna forma llevaron a las distintas revoluciones. En la actualidad es distintos ser de un país que de una ideología o una religión, todo ello se inició con la ilustración. Se puede decir así que la Ilustración fue la semilla hacia la individuación. Pero volvamos a la teoría de sistemas. Ahora, o a partir de la Ilustración, ¿qué es lo estable en el sistema de nuestra especie? En los párrafos previos el humano se mantenía estable en la medida que lo normativo era tan estricto como que de salirse fuera de las reglas de lo social, en las que uno nacía, significaban el destierro o la muerte. Una teoría dice que Constantino adoptó el cristianismo porque previó que podría tener una mayor capacidad cohesiva que el pluralismo religioso. En definitiva que quizás no fuese tan buena idea el pluralismo que existía en ese momento en el Imperio Romano, y que quizás la unificación hacia una sola religión sería la mejor medida para mantener estable el Imperio. Que fuera consciente o no de este hecho puede estar de más, pues al final es lo que implicó. La conciencia cristiana se mantuvo como “pegamento” en la región frente a lo que era de afuera, cuando al final cayó el Imperio. El cristianismo actuó de principio de la acción estacionaria o mínima (posición estable u homeostática) para las sociedades europeas, que poco a poco fueron absorbiendo (convirtiendo al cristianismo) a los pueblos que no llegó a conquistar el Imperio. Situación que se mantuvo hasta la llegada de Lutero y las distintas cismas de los protestantes.

Si se analiza la historia bajo mi gráfica, se puede concluir que la evolución dual humana (evolutivo y social) va poniendo el protagonismo en una zona del cerebro, a otra que está en un orden superior y “acalla”, o ya no tiene tanto en cuenta la previa, y en la única dirección de ir hacia las capacidades del prefrontal y la individuación. De abajo hacia arriba en las capas. En cierta forma porque los estados previos ya no eran válidos para mantener la estabilidad del sistema. Ya no servían como las variables mediadas -o atractores del caos- dentro de los nuevos sistemas. Con todo la humanidad siguió dos rumbos. O una quedó estable en uno de sus estadios porque el sistema seguía funcionando y operando, el sistema de los cazadores-recolectores, frente a ese otro sistema que al ir agrandando sus ciudades y culturas siguieron su propio curso, que era mantenerse en un eterno cambio sin llegar a una posición estable, pues todo cambio implicaba adaptaciones tanto en lo social como en lo individual. Con esto llegamos a la identidad narrativa. Este módulo siempre ha debido de estar ahí, pero no tenía el protagonismo que tiene en la actualidad. En la inversión de la dominancia se trató de contrarrestar la individualidad a través de la vergüenza, y en la dirección de que lo importante fuera el grupo o la identidad del grupo. El cristianismo siguió la misma estela, pues al orgullo, que era lo que trataba de allanarse con la vergüenza, además se le unieron otros pecados en la misma dirección de hacer que todo humano siguiese unas normas y reglas, o en definitiva, que se normalizasen a dichos mandamientos. Con el Renacimiento, y más tarde con la Ilustración, el individuo empezó a cobrar importancia, con lo cual los pecados y las reglas se empezaron a cuestionar. Ahí está como signo que en un anterior estadio las catedrales  y las obras de arte eran anónimas, cuando en el Renacentismo el nombre y el autor sí fueron relevantes.

He perdido la idea central del presente escrito…, después de tantos días, y tantas idas y venidas en los temas. Me voy a releer (frase ambigua donde el verbo puede querer decir dos cosas). ¡Ah, ya! La finalidad del escrito era doble, por un lado explicar la gráfica, en tanto que proceso evolutivo por capas, y en segundo lugar tratar de diagnosticar el presente.

Tendría que explicar que es la identidad narrativa bajo todos estos nuevos puntos de vista. Si lo hiciera me estaría repitiendo en demasía para mis lectores habituales, pero si no lo hago un lector nuevo no entenderá el “chiste”, la metáfora, el sentido o significado tras el presente escrito. Hago un resumen. La identidad narrativa es un medio paso, o paso falseado, entre lo que uno es a nivel más primario o instintivo (la identidad o carácter que nos da el ADN), que contiene a la vez a la identidad nacional, pues uno “bebe” de las aguas de su país de nacimiento sin que lo quiera, pues todo aprendizaje en la niñez te inculca directamente o implícitamente dicha cultura, en donde a la vez es una zona de conflicto entre lo que uno es a nivel instintivo y lo que habría de ser a nivel social, y donde dicha identidad la creó la evolución como mecanismo, o estructura, reguladora para la estabilidad cerebral, dada la presencia de la conciencia (podría seguir con las comas, pero dado el límite del espacio de trabajo y la memoria de trabajo hace falta un punto). O sea, la conciencia, en su forma más llana, es una mirada hacia dentro del cerebro, una mirada de sí, hacia sí. En ese sentido es un espejo que refleja al cerebro, pero ¿qué ocurre si se pone un espejo frente a otro espejo? No habrá nada. La autoconciencia, en su estado más puro (puto), es ese espejo sobre sí. Es esa nada de la que nos habla Sartre en su libro “El Ser y la nada”. Esa situación crea angustia, según nos decía Kierkegaard, puesto que esa nada está sustentada por la realidad de la que se siente presa, pero de la que, a la vez, depende. A este sentimiento le contesta Sartre con su: “estamos condenados a elegir”. En esa dirección el cerebro, como mecanismo vivo y creado para la supervivencia, se evade de esa nada, de esa eterna libertad e indeterminación, apostando por ser lo dado. Crea una identidad sobre lo que ella se cuenta de sí misma (lo que niega o afirma de sí), y cuenta a los demás. O sea, la memoria -el pasado- está llena de infinitos detalles. El cerebro tiene sus propios mecanismos de qué olvida y qué mantiene, pero el humano, por medio de la palabra, es capaz de retener cierta información frente a otra. A esa doble tendencia de la necesidad de un ente que conduzca la máquina y que no sea la nada, y que dicho ente cuente y retenga unas historias frente a otras, y que en definitiva es lo que dicho ente cree que es, es a lo que se le llama identidad narrativa. No es exclusivamente el carácter, ese que está en la primera capa y es ADN. Tampoco la identidad social (cultural, religiosa, lengua…), ni siquiera es los distintos mecanismos de defensa y sesgos que salgan al paso. Sino que es la suma de todo ello visionado (u ocultado de forma implícita, Sartre decía que la falsa fe de lo que uno es, en primer lugar es fe -conocimiento cegado a una creencia falsa-) por la conciencia que tiene uno de sí mismo. En ese sentido si uno es histriónico o teatrero, o se ha distanciado de las emociones reales, se valida tal identidad en tal módulo. Sea que este proceso se dé de buena fe (a sabiendas) o por mala fe (autoengaño).

Mi análisis y la gráfica dicen que lo más real de lo humano quedó hace mucho tiempo atrás, y las emociones primarias son su vestigio. Mientras tanto el humano ha ido creando capas de complejidad a su cerebro y en lo social, donde cada vez es más confuso saber que es real o no lo es. En otro lado ya he atacado a conceptos como el de autenticidad o la “verdadera” intención (vuelvo a ello más abajo). Sólo en la primera capa está la realidad evolutiva, mientras que en el resto de las capas solo hay “verdades” humanas, verdades truncadas. Yo sólo estoy seguro de cuándo tengo hambre o ganas de orinar o cuestiones similares, de lo demás no estoy seguro. Ni siquiera del dolor, sí quizás de un dolor de muelas o el de una herida, pero dado que el cerebro puede “construir” dolores de la nada, y con unos fines que yo no conozco, no estoy seguro si ciertos dolores son reales o recreados. Cuando me levanto por las mañanas, algunos días me siento bien, sin entender por qué, y otro días mal, igualmente ignorándolo. Puede que si te levantas bien una mañana sea por alguna vitamina faltante que has ingerido el día anterior, y el cuerpo te está recompensando con dopamina por el “trabajo bien hecho”, cuando en realidad no te dice por qué y a nivel de conciencia no lo llegas a saber. Si me “interrogo” mucho puede ser peor. En muchos casos lo mejor es ignorar los estados internos pues de lo contrario los retroalimentas a nivel de conciencia. Entonces cuál es la clave, ¿no ser muy consciente de uno mismo? (eso es lo que dice el protagonista de la película “Ad astra”. Dejo esta idea en el aire que no da para un escrito, y no puedo encajar en ninguna otra parte:  ¿no será que la bajada actual de la inteligencia sea debido a que no se deja rumiar al cerebro?; en conclusiones de otros escritos digo que es una parte esencial del cerebro: en sus rumiaciones une ideas y crea nuevas), o llegar a tal nivel de conciencia que nada se te escape, como así lo hacen los budistas. La evolución, la vida, te relata cuentos sin moraleja, de los cuales cada uno saca su propia enseñanza, no siendo ninguna conclusión más válida que otra, pues como en la dualidad entendimiento y comprensión, dichas narraciones y sus conclusiones van dirigidas (en realidad no) a las emociones, a la comprensión.

  Retomo el tema de las emociones básicas, que en la gráfica tienen como sus opuestos -u oposición individual- a las emociones construidas y a las qualias. La paradoja de la teoría de las emociones construidas nos dice que, aparentemente, no existen tales emociones universales, y que puede por ello que no estén en la primera capa y que no sean instintivas. Esto nos dice la Wikipedia:

La paradoja de la emoción es la siguiente. Las personas tienen experiencias vívidas e intensas de emoción en la vida cotidiana: informan haber visto emociones como “enojo”, “tristeza” y “felicidad” en los demás, e informan haber experimentado “enojo”, “tristeza”, etc., en sí mismos. Sin embargo, la evidencia psicofisiológica y neurocientífica no ha logrado brindar un apoyo constante a la existencia de categorías de experiencia tan discretas. En cambio, la evidencia empírica sugiere que lo que existe en el cerebro y el cuerpo es el afecto, y las emociones son construidas por múltiples redes cerebrales que funcionan en conjunto.

A pesar de esta evidencia, la mayoría de las otras teorías de la emoción asumen que las emociones están genéticamente dotadas, no aprendidas, y son producidas por circuitos dedicados en el cerebro: un circuito de ira, un circuito de miedo, etc. Este punto de vista está muy en línea con las concepciones de sentido común de la emoción. La teoría de la emoción construida cuestiona esta suposición. Sugiere que estas emociones (a menudo llamadas “emociones básicas”) no están biológicamente conectadas, sino que son fenómenos que emergen en la conciencia “en el momento”, a partir de ingredientes más fundamentales.”

Yo soy más conservador. El humano, al final, es la suma de todas las capas, a la vez que es el que dé cierta prioridad a ciertas de ellas sobre las otras. Con todas las variables que pueden entrar en juego, de sus prioridades, y de lo que uno mismo crea sobre dichas prioridades, cada humano es único. Lo que le individualiza a la fuerza. Cuanto más complejas sean las culturas más individualizados estaremos, con lo cual más infranqueable será librarse del sentimiento de soledad que otorga tal capacidad. Qué humano es el más evolucionado, el actual, el primitivo o el de hace seis siglos. Es una pregunta trampa que carece de sentido. El humano era más fiel a otro ser humano, más cooperativo, cuando sólo estaban las emociones básicas y como señales honestas. El resto de la evolución ha sido un camino hacia la individuación, hacia el ocultamiento y el engaño, y por ello hacia lo mimético para sentirse como perteneciente a algún grupo. Quien no comprenda esta verdad y aún luche por crear unidad, aún puede evadirse del sentimiento de soledad. Pero quien vea esta realidad está perdido, pues o bien luchará solo por sí mismo, o bien luchará por algún grupo, con lo cual en cierta medida se estará traicionando a sí mismo, pues al pertenecer a un grupo tendrá que cercenar partes de sí mismo, y por ello de su identidad individualizada “real”, frente a una quimera grupal que puede que al final le defraude o le traicione. ¿Quién a estas alturas moriría por cualquiera de los líderes de las últimas décadas?, tan terrenales, tan falseados, tan falibles (¡bueno sí, fanáticos como los Estados Unidos). En nuestra condición de animales con conciencia, hemos nacido para defraudarnos, cuando en nuestro fuero interno y en lo social se nos pide que no lo hagamos. El momento actual es equivalente al que le ocurre a un adolescente cuando deja de mitificar a sus padres y estos se vuelven humanos, vulnerables y erráticos. Ya no hay ningún valor, narración, ideología, grupo social… tan transcendentales como para que sean salvables, a tener en cuenta. Pedimos una democracia “real” cuando esta, al igual que los derechos humanos, nunca han existido. Arrastramos “errores” de base que no queremos admitir, creyendo, cual niños, que al dejar de verlos ya dejan de existir. Según la gráfica nuestro siguiente paso es el hipercontrol, la hiperracionaliad, pero ¿a qué nivel? En lo social, y en la actualidad, se manifiesta de momento a este nivel, puesto que los que tienen el control del mundo, el Mercado y sus “discípulos”, esos que calculan todo tan sólo por números y se han puesto a sí mismos sueldos millonarios, los CEOs, son seres liminales, sociópatas más cercanos a lo robótico que al anterior humano emocional. Más sociopáticos que empáticos. Si lo principal es el éxito y este se mide por números, todo humano tratará de seguirles las huellas -que es la actual tendencia-, volviendo así, por normalización progresiva, la ausencia de empatía como la seña de identidad de lo humano. ¿Ocurrirá?, o antes explotará el sistema en pedazos por sus fallas internas.

Algunas reflexiones sobre lo antedicho. Habrá quien diga que el humano es ese punto intermedio en la gráfica, que esa es su variable reguladora del principio de la acción estacionaria o mínima, o estado homeostático. Pero el humano, durante su evolución e historia, no ha hecho otra cosa que dirigirse al punto actual, por mera dinámica (inercia) del propio sistema. Al romper con la identidad social (ideología, religión, cultura), de la capa previa, no hay nada más allá que la hipostática identidad narrativa, que es pura máscara, o la hiperrealidad de la razón fría y del número. Fijarse que cuando se llama a emergencias, al 091, estas personas han sido enseñadas a no emocionarse, a mantener el control y la frialdad propia de una máquina. La razón de tal comportamiento es con fines de ser más eficaces, pues dos emociones que consonasen, o que empatizasen, se retroalimentarían una a la otra y les podría llevar a un ataque de ansiedad a ambas partes, que de nada les “serviría”. El big data “funciona” o está hecho para anular y prescindir de la conciencia individual. No hay contradicción: yo soy muchas variables juntas, que son las que me individualizan, al Big data le interesan dichas variables para llegar a mí, no tratar de discernir cómo es la suma de las variables que crean un solo individuo, que es lo que soy yo (recordar la muerte del androide en “Blade runner”). Lo emergente surge en cualquier condición, este escrito, al igual que cualquier otro individuo, es único, y si se borrara por accidente o por un virus no creo que fuese capaz de repetirlo como para que fuera lo mismo. En el fondo el big data es como su padre, el humano…, es esencialista.

Expliquemos más cosas de la gráfica en distintos apartados.

Motivación

Bajo mi punto de vista el sentido de la vida es sencillo y está escrito en el ADN y las estructuras más antiguas del cerebro. De allí nace la verdadera motivación, la que tiene la energía necesaria para vivir con ímpetu. Un niño, con un cerebro aún por desarrollar, es más vital que el humano a cualquier otra edad. En ese sentido, y posiblemente sólo en ese, cobra importancia aquello de mantenerse niño: curioso, inocente, impetuoso, vital. ¿Cómo se detecta que esta premisa es así? Qué clama más la atención, todos los recursos del cerebro, que el miedo, porque pueda estar en peligro la propia vida. Aquello a lo que el cerebro pone atención por sí sólo, no la atención dirigida -aquella requerida por los profesores-, suelen dar signos de cuáles son las motivaciones de la vida. Si estamos en una conversación y nuestro cerebro se evade de ella, es que o esa persona no es de nuestro interés, o lo que dice no va dirigido a nuestro cerebro motivacional, al cerebro emotivo, al que otorga la comprensión; sino que va dirigido al prefrontal, a la razón, a nuestro entendimiento. En caso de poner en juego en el discurso la elección, que es una segunda capa, si te dan a elegir y no te “nace” una elección de lo más profundo del cerebro, es que en realidad no nos estará tocando ninguna fibra, y en el proceso el cerebro profundo cederá el “turno” a la razón, que en muchos casos, y si la elección es muy compleja, se saturará en dicho intento de hacer una elección. Una regla que ha aprendido la psicología es que “menos es mejor”. Las compañías y el marketing saben de esa regla y la aplican con astucia y engaño, para que el que decida sea el cerebro profundo y no la razón. Si un anuncio trata de llamar a la razón, seguramente te estén engañando, pues están vendiéndote una motivación camuflada de razón, para que de esa forma además no te sientas culpable a nivel de razón y no se cree ningún tipo de disonancia cognitiva. Es más, tratan de saltarse todos los mecanismos de defensa para que en ninguna de las capas pueda darse algún sentimiento o pensamiento doble o cruzado que pueda arruinar la venta. En algunos casos, frecuentemente, llaman a los alief, sobre todo en los anuncios visuales, a las contradicciones vitales de la primera capa con respecto a las siguientes. Llaman a lo contraintuitivo, a lo extraño, a lo irracional, pues el cerebro humano está ávido de hacer uso de su curiosidad, de poder aplicar el pensamiento mágico si se diese el caso, y usar la imaginación y la creatividad. En vista de todas estas conclusiones: ¿no se deduce que el humano medio no sabe nada de sí y su cerebro, y sólo se estén usando esos conocimientos a nivel de la productividad y el beneficio para “manejarnos” y manipularnos?

Intención

En mi libro “la imposibilidad de la razón” fui tras el rastro de la intención. La intención no es aquella que cree saber cada persona a nivel consciente, aquella que es la usada en las leyes y que en teoría dice que sin intención la culpa es menor. Regla que no sigue el feminismo, pues la dirección del hombre hacia el patriarcado y el dominio nunca fue su intención (ya que además habría que discernir qué es una conciencia colectiva -que es lo que es el patriarcado- y si en tal tipo de “inteligencia” cabe usarse el concepto de intención). No rebato su postulado, pues yo mismo no me siento cómodo con el actual uso de intención. Una regla que sigue la psicología, a la que se suma el marketing y las multinacionales, es no tratar de hallar alguna “verdad” en las palabras de las personas (o los usuarios), sino usar distintos métodos para llegar a saber qué desean sus cerebros profundos. Las personas no se suelen conocer, y lo que muestran es aquello que ellos creen de sí mismos, a través de su identidad narrativa. No creo que tenga que sustentar esta regla con más pruebas. Un bipolar en su lado maniaco negará su condición, un neurótico justificará su rumiación sin fin por algún motivo que parezca racional, ningún gobernador déspota se sentirá como un tirano… El “yo creo” se tiene en cuenta a nivel profesional, pero para ver o detectar la distancia que tiene dicha persona con respecto a la realidad. Una persona que sepa de sus males está a una distancia menor de la realidad que otra que no lo sepa, los ignore o se los oculte con algún mecanismo en alguna de las capas. El profesional tratará de detectar si meramente es una doble creencia que la persona nunca ha confrontado, si es una disonancia cognitiva, que es bastante salvable, o si es debido a algún mecanismo de defensa y en ese caso está en las capas más profundas, y la persona (su cerebro en realidad) las ha enterrado allí porque implican a las estructuras más profundas del cerebro. La conclusión a la que llegué es que la “intención” o el impulso de toda acción motivada se encuentra en el locus coeruleus, que “es un núcleo en la protuberancia del tronco encefálico involucrado con las respuestas fisiológicas al estrés y al pánico. Es una parte del sistema de activación reticular.” :

Está relacionado con muchas funciones a través de sus proyecciones generalizadas. El sistema LC-NA modula los circuitos corticales, subcorticales, cerebelosos, del tronco encefálico y de la médula espinal. Algunas de las funciones más importantes influenciadas por este sistema son:

El locus coeruleus es parte del sistema de activación reticular y se inactiva casi por completo en el sueño de movimiento ocular rápido.”

Tal sistema es el que primero toma el control, aquel que va hacer que te sientas enfadado -si llegase el motivo- o que va hacer la acción debida si ve que tu hijo se va a caer. El que “decide” que “da igual” que dejes la plancha tal cual está encima de una prenda, por evitar que tu hijo se vaya al suelo. En definitiva que ha “decidido” que la vida de tu hijo es más importante que una prenda. Si a esta región le irrita la contestación o la acción de una persona, te “hará saltar”, si bien dependiendo de cómo te motive o te implique lo dicho o hecho, actuará sin recurrir a otras partes del cerebro y en caso de no implicarte demasiado cederá el control al sistema reticular, que de nuevo si no te implica demasiado cederá el control al prefrontal, o el cerebro lo ignorará por inane. De nuevo aquí hay que volver a los mecanismos de defensa y los sesgos. El cerebro ha tendido a través de la evolución al optimismo, a preferir la felicidad a la verdad. Para el cerebro es muy importante la auto-imagen, de la que depende el amor propio. En ese caso puede que a esa persona que nos ha irritado (motivado, movernos por dentro) le podríamos contestar con cinismo o acritud, pero en caso que dicha persona se sienta dañada y nos lo haga saber, le diremos que “no fue mi intención hacerte daño”, pues el sesgo de la buena imagen que hemos de tener de nosotros mismos no se tiene que ver dañada a nivel interno o incluso a nivel externo, en lo social.

El principal componente del locus coeruleus es la noradrenalina, que es a la vez una hormona y un neurotransmisor, o sea, hace cambios y toma el control de las reacciones del cuerpo y además trata de tomar el control del cerebro. Es un segundo paso a la reacción más instintiva que está mediada por el cortisol. Una vez que la primera reacción de alarma, más instintiva o incluso refleja, se da cuenta del estado de la situación como para que la vida de la persona no esté en peligro, cede el control al sistema noradrenalérgico, que es una toma del control que aún está con cierto nivel de alerta. El cortisol es de acción instantánea y se desactiva rápidamente, en un segundo proceso la noradrenalina mantiene y toma el control de la situación, no dejando que se baje la guardia, como quien dice. El estrés prolongado, el que es de uso común en el lenguaje, se refiere a este componente. Si este estado permanece latente, hará que ciertas acciones o aparentes decisiones sean tomadas por la razón, cuando no es así, sino que son tomadas por ese estado en el que existe algún peligro sobre algo de nosotros mismos, aunque sea algo tan superficial (no vital) como es el hecho de que nuestra imagen o reputación la esté cuestionando alguien fuera de nosotros. Y vuelvo a repetir: el prefrontal, la identidad narrativa, se negará a aceptar que se esté obrando mal o bajo dicha condición (estar a la defensiva en el lenguaje común) y en caso que en alguna acción o con alguna palabra se dañe al otro, el prefrontal, la autoconciencia, no ha de “saber” de dónde parte la intención, y se excusará de no ser consciente de dicha intención de hacer daño.

Identidad personal y teatralidad

La vida es teatro, argumentaba Shakespeare (no sé si es legítima esta referencia), a lo que Calderón contestaría que la vida es sueño, o el poeta León Felipe sentenciaría que son cuentos. En la reciente película, de la vuelta de Brad Pitt, “Ad astra”, en uno de sus monólogos dice: “me veo a mí mismo desde afuera; sonrío, pongo buena cara. ¡Es una actuación!”. Arriba dejaba una pregunta en el aire: ¿el cien por cien de las personas, en la prehistoria, creían en su identidad social? O sea, la condición es que uno nace en una cultura con ciertas directrices de cómo actuar y de comportarse, que a la vez implican unas emociones y unos pensamientos (cognición). El pensamiento mágico devino en tabús y religiones para solventar esta posible tara. La conciencia, o la toma de conciencia, hace que nos distanciemos de las acciones y de nuestros propios impulsos. No como no siendo ellas, que es inevitable escapar de dichas condiciones y es lo que trato de mostrar en estos escritos, sino simplemente creando la falsa sensación o la doblez a que somos un ente distinto que esos afectos y pasiones. O sea, se cuela que durante la autoconciencia, que es un mero efecto de retroalimentación, como el que se produce al acercar una guitarra a un altavoz, se crea, en este ejemplo, un doble sonido que se acopla al primero y lo amplifica y lo alarga. En el caso de la conciencia el humano cree que dicho “doble sonido” es su identidad, y que lo dado, el sonido origen, puede ser cambiado por el acople. Voy a seguir con este ejemplo a ver dónde me lleva. Dicho acoplamiento no altera la “realidad” de que el guitarrista esté dando una nota concreta, si el guitarrista deja de mantener la presión sobre la cuerda al final el acople se apaga. Si este proceso se lleva a una mesa de mezclas, o mejor a un ordenador, el acople se vuelve realidad en la medida que es una información que el ordenador ahora puede manejar.  Siendo ahora una identidad en sí misma el ordenador puede generar a partir de dicho acople distintos nuevos sonidos, o si quiere lo puede mantener como melodía de fondo o convertirlo en un ritmo. En el cerebro y con el paso de los milenios con la identidad de la conciencia sucedió otro tanto. Era una resonancia, un eco, pero al final la evolución lo moduló para que existiese como una identidad por sí misma.

Con todo,  tal sonido, y por ello la conciencia, depende de lo dado, de un “sonido” desde el fondo del cerebro que es esa realidad que se motiva por sí misma, como he tratado de mostrar en los dos puntos anteriores. Vuelvo a la identidad cultural o social. Sigo con las analogías con los sonidos. Si la identidad social, sonido que viene desde fuera, es armónico con el sonido que viene desde dentro, no se da una disonancia, no se manifiesta como ruido, como contradicción interna, pero si ambos sonidos no son armónicos, algo fallará en esa persona (cerebro) al tratar de ajustarlos. En cierta forma un tabú actúa a modo de hacer sentir a dicha persona como que si siente algo diferente de lo que dice el tabú, el que está equivocado es él mismo, y entonces tendrá que hacer su sonido interno que se armonice con el sonido externo. Ahora volvamos a la coerción sexual. Si un individuo “nace” con esa condición en el pasado (que se mantiene), por medio del tabú se tendrá que reajustar a lo social como para no validar dicha pulsión interna (impulso motivado). Pero no todas las normas de una cultura son tan claras. Habría algunas más cuestionables. En caso que tal individuo no se pudiera “ajustar” al sonido de afuera, o bien se iría de ese grupo o al final sería expulsado. Repite este proceso miles de millones de veces y llegaremos al momento actual, en donde en cada cultura habría humanos que se disgregasen por no armonizar con la cultura en la que nacían, y creaban o se unían a una que les fuera más propia. Si se elimina el ruido de fondo de tal regla, lo que se deduce es que no había forma de frenar el tender al momento actual, donde sólo oímos nuestro propio sonido interno, y ya no somos capaces de hacer que se armonice con un sonido externo. En definitiva, que las premisas por cómo está construido el cerebro humano nos llevarían tarde o temprano a las sociedades de las individualidades. Los tabús primero, las religiones después y al final las leyes, tratan de crear un estado armónico entre lo social y el sonido interno de cada persona. Pero nunca han funcionado realmente. De hecho funcionaban mejor los dos estados previos, de los tabús y la religión, que las leyes y las reglas sociales. ¿Quién creé que ninguna ley es cuestionable?, todas lo son en unos u otros tipos de cerebros.

Lo antedicho era el precedente para entender la siguiente cuestión. Dado que por un lado está el sonido interno y por otro el sonido al que hay que unirse y con el que consonar, entonces la identidad social es esa que emerge como identidad hacia fuera de nosotros y que no tiene por qué ser nuestra propia identidad, no tenemos por qué coincidir con ella al cien por cien. En la medida que estas dos identidades estén en conflicto se crea una nueva capa que media para tratar de equilibrar todas las capas previas. No sólo la social y la interna, sino todos los mecanismos y sesgos existentes en el cerebro. La “finalidad” de dicha identidad es la de recrear un estado lo más equilibrado posible entre el sonido interno y el externo. Cuanto menos armonicen más teatralizada será dicha identidad, más falseada será. O sea, que puede ser más teatral que alguien que nos quiera timar. Su realidad es: “te voy a tratar de sacar dinero a cambio de nada, sirviéndome de ciertos rasgos negativos de la condición humana”. Pero si tal persona te dice tal cosa desde el principio ya no caerás en su trampa. Falsea su intención y su identidad en una nueva que es la que se muestra en el exterior. Fuera de este claro ejemplo… ¿cree alguien que en ningún momento es o ha sido máscara? Pongamos el caso de las convenciones sociales. Alguien que no las cuestiona no teatraliza, es parte de su identidad. Pero si sonríes, como nos dice Brad Pitt arriba, de cara a una finalidad que no es la interna (el sonido interior no armónico al exterior), entonces estás teatralizando.

La identidad narrativa consiste en un subterfugio evolutivo en donde uno mismo no lo tiene que ver como subterfugio. O sea, es una identidad que es la “requerida” para armonizar en lo social y sin que uno mismo sienta o piense que es una máscara. Es un poco como la paradoja que de fondo plantea la película “Matrix”, que por lo demás es un referente dentro del pensamiento filosófico (la cueva de Platón). Matrix plantea a Neo, a través de elegir la pastilla roja (rojo sangre, lo prohibido) que la realidad bajo la que ha estado viviendo hasta ese momento es falsa, y que una vez que la tome dejará de creer en dicha realidad. Muchos grandes pensadores han “tomado” la pastilla y ya no pueden volver al estado anterior (como los autores arriba mencionados a modo de ejemplo), mientras que por norma (y hasta ahora), las personas creen de forma firme en su identidad narrativa. De cierta manera era el último tabú (o trampa evolutiva) a quebrantar, por parte del humano.

¿Qué somos?

Según cree el feminismo ha tomado la pastilla roja y ahora ve la realidad con unos ojos nuevos o tal como es. Pero ¿realmente lo han hecho? La conciencia, como proceso de retroalimentación, “funciona” y opera con un sonido de base al que hace eco. Pero la conciencia sobre sí es nada: recordar el experimento mental de poner un espejo frente a otro espejo. El eco es un sonido que rebota, pero por cada rebote va perdiendo volumen y nitidez. La conciencia sobre sí, sin un sonido previo, es nada. Sí es cierto que en lo “falso” que pueda darse en lo social se ha creado los estereotipos. El feminismo no ha visto la realidad, lo único que ha visto es que los estereotipos son cuestionables y son construcciones, y se ha quedado en ese paradigma sin buscar más allá. Más allá de los estereotipos se encuentran los roles. Indiferentemente de los sexos un recién nacido necesita un cuidador. Ese papel o función es un rol, y como este ejemplo hay miles. Aún más allá de los roles están los arquetipos. Arquetipo, y esencia (esencialismo) beben de las mismas aguas. Masculinidad y femineidad son arquetipos. Indiferentemente de quien haga el rol de cuidador, lo femenino está estructurado mejor, a nivel evolutivo, para hacer el rol de cuidador. Cierto feminismo, el más radical, echa por tierra la existencia de los arquetipos como construcciones sociales. Pero en muchas ocasiones esas personas radicales “coincide” que son lesbianas masculinizadas. O sea, que no tienen por qué sentir que si tienen ovarios, matriz y vagina, ese hecho tenga que coincidir con el arquetipo de femenino. Está claro, en realidad es porque coinciden más con el masculino. Dicho de otra forma, no han derrumbado el concepto esencialista, es sólo que en ellas esta esencia no encaja al cien por cien, pero dado que cerebralmente son más bien de la esencia masculina.

Con esto vuelvo a los números a nivel evolutivo. Según la teoría spandrel, o la propia lógica del principio de Hamilton, la evolución se permite ciertas (y pocas) variables fuera de la norma, en la medida que no alteren la invarianza requerida en la especie. Los humanos que terminan de no “creer” que su identidad narrativa sea “real” son tan pocos que no afecta a que el mecanismo funcione y opere en lo social. Las homosexuales masculinizadas son tan pocas que no alteran el concepto de femineidad dentro de la especie humana (en teoría…, y en la práctica: al feminismo radical le sigue “molestando” que las heterosexuales se muestren en sus modas y comportamientos como muy femeninas).

Para el caso. He puesto el ejemplo del feminismo pero podría haber puesto cualquier otro. Un Líder no tiene que cuestionar (no tiene que ver que se engaña) que puede crear cambios positivos en cadena. Yo no puedo ser líder porque sé que todas las acciones que se puedan dar en cadena no están en mis manos, o en manos del primero que puso la cadena en marcha. Esto replantea la figura de Jesucristo y si era Dios. Como ha demostrado la historia, el cristianismo llevó a procesos catastróficos y abominables como la “conquista” del nuevo mundo, con una finalidad noble: cristianizar, o llevó a los desmanes de la inquisición, y llevó, en fin, a innumerables guerras (que no han acabado). Si Dios lo sabe todo ¿no habría de saber que no se puede crear una cadena de acontecimientos sin que ocurran efectos indeseables por el camino? Por lo demás vamos a la laicidad o a la espiritualidad “a la carta”… tal como era antes de las religiones monoteístas, luego Jesucristo ha “fracasado” (los creyentes pensarán que aún falta la jugada final, claro). Retomo, que me he desviado. Lo dado, siempre ha de ser y tener más peso que lo que la conciencia (la nada) crea, pues si todos fuésemos tan cínicos -divorciados de la realidad- como lo pueda ser yo, la humanidad pulsaría al unísono el botón de la autodestrucción. Ese es el sino del nihilismo y el cinismo: el ser aborrecible para todos y por el bien común. Una variable que ha de tener poca gravitación en lo social. Sólo ha de servir de límite al que no llegar.

Lo que quiero decir, que parece que perdiese el rumbo una y otra vez, es que si bien el prefrontal, razón o conciencia tiene la capacidad de cuestionar todo, nunca tiene que hacerlo en tal desmedida como para que la realidad se vuelva nada. Por otro lado no es posible. Si yo me mantengo fuera de lo social es bajo la premisa que esta no me envuelva como para meterme en sus tramas (es imposible, pues mi posición actual es tomada como la de un perdedor). Si sales a un ruedo y hay un toro, te metes en la trama de tratar de salir de allí. Si a ese escenario le añades público, ya caes en la trama de si quieres y tolerarás o no el poder parecer un cobarde. Un medio camino sería el tratar de parecer valiente, pero que sales del ruedo por cautela, en cuyo caso ya has entrado en la máscara social. Yo, en soledad, al salir al ruedo no soy una conciencia, soy un cuerpo vulnerable de ochenta kilos ante una mole de puro músculo de seiscientos kilos. El instinto de supervivencia manda y te hará correr. Como somos seres de herencia dual, y somos evolución y cultura, en cada persona pesará más una u otra, pero la herencia cultural igualmente tiene su propio peso y realidad. Pongamos que en el ruedo ha salido mi hipotético hijo pequeño, entonces ya no es sólo mi supervivencia frente a un toro, sino además el salvaguardar la vida de mi hijo. ¿En qué medida es herencia o es cultural?, sean del grado que sean las equivalencias, los dos tienen el suficiente peso como para que yo tenga que saltar al ruedo para salvar a mi hijo. ¿O creemos que sólo es una cuestión de la conciencia frente a sí misma, con su propia libertad, como único baremo?  En otros escritos he dicho que la mujer tiende a no ser violenta, pero si lo que está en juego es la vida de sus propios hijos sí lo puede llegar a ser. ¿Cree el feminismo que se puede analizar esta realidad como una mera construcción social? Es una máxima en todo el reino animal o lo más promediado. La esencia (o arquetipo) sobre lo que significa qué es la maternidad, es aquello que se promedia (y se deduce como esencia) al analizar a todas las madres del reino animal. Ninguna mujer, por muy feminista que sea, puede ignorar dicha realidad o cuestionarla (excepto, claro, la homosexual masculinizada, y otras posibles y pocas variables). O sea, un arquetipo (o esencia) no es una construcción social, sino que son aquello que las estadísticas hayan al sacar promedios en un sistema como lo es la vida, y dado que como en toda estadística, pueden darse excepciones.

Resumiendo, entre el humano solitario que de repente se encuentra con un toro y sale corriendo, que es lo instintivo, y el humano en la misma situación con personas que trata de no parecer cobarde, la identidad narrativa es esa que sale al ruedo, que es la vida, y “torea” un poco para mantener el tipo (la imagen). Bajo la concepción de que al final dicha estructura existe en el cerebro, y tiene sus propias taras y límites. Creer que esa identidad, que se cree construir a sí misma -y que incluso tiene la osadía de concebir que el cuerpo y ella no tienen ninguna relación (concepto de alma)-, que es la propia esencia humana, es estar equivocado, es seguir dentro de Matrix. La posición fuera de Matrix es no creer en nada, y de ser ese el caso, y en el ejemplo del hijo en medio del ruedo frente al toro, no saltaría al ruedo para salvarlo, o se pondría a calcular fríamente las distintas variables en juego, para tratar de llevar a cabo la acción más racional (instrumental, utilitaria). ¿Qué puede ser ese ser si no un psicópata o un robot? “Somos” nuestra identidad narrativa que es la que trata de mediar entre lo social y lo instintivo, y bajo el doble parámetro evolutivo de que tal identidad calma nuestra ansiedad latente de la falta de control, a la vez que forja una sociedad -no alienada en los extremos: ni lo puramente instintivo, ni lo robótico y frío de la razón- lo más estabilizada posible a un centro homeostático.

Sé que quizás mi mensaje siga sin quedar claro. Si estuviera en un campo de batalla, a quién me gustaría tener a mi lado. Si me dan a elegir, como prototipos conocidos, entre Woody Allen y  Sigourney Weaver, elegiría a la segunda. Si la elección fuera entre Sigourney Weaver y Sylvester Stallone (de sus épocas), el segundo. Si me dan a elegir entre una soldado profesional y Sylvester Stallone elegiría a la soldado. Y si la elección fuera entre dos soldados profesionales de los dos sexos, en donde la mujer fuera claramente muy femenina (ausencia o poca cantidad de testosterona) elegiría al hombre (si claramente tuviese rasgos muy masculinos, marcados por su alta carga de testosterona). Intuyo que esa sería la elección de cualquier mujer, llegado el caso que su vida estuviese en peligro, por muy feminista que se crea. Sé que el cerebro de un hombre arquetípico está más templado para la lucha, la ira y la transgresión de no derramar sangre o matar. Es una construcción evolutiva que heredamos desde los momentos más remotos de la vida. Excepto pocos casos, los machos en la naturaleza tienen esos rasgos que en su suma (para bien o para mal) se llaman masculinidad. El humano yerra si se piensa que ese proceso de millones de millones de años se puede haber revertido en los últimos diez mil años (+/-) que llevamos de historia de las civilizaciones.

Resumiendo lo anterior con respecto a la gráfica. El peso está en lo primitivo, más antiguo a arquetípico, que a la vez está mediado por lo emocional (empatía versus egoísmo), que es lo que se expresa en lo social. Egoísmo sí, y en lo social, puesto que provenimos o somos un medio camino entre un depredador y un animal gregario, como se ha explicado arriba. La base “depredadora” es más propia del macho, y la gregaria -y lo tendente a la paz ante el enfrentamiento- es más femenina. El macho proviene de la estirpe de tener que luchar por las hembras y los territorios, y la mujer proviene del concepto de maternidad de preservar y empatizar con sus hijos, y por extensión hacia cualquier otros ser vivo. Sé que la tendencia es hacia el “borrado” de esa huella génica. Que en el humano se dan hombres como Woody Allen, alejados por kilómetros del arquetipo del macho, y mujeres muy masculinizadas, alejadas de lo femenino. Pero el as bajo la manga de la evolución, sus esencias o arquetipos, son los estrógenos y los andrógenos, que puesto que el humano cada vez se aleja más de los juegos evolutivos, se vuelven borrosos y confusos de ver, pero no porque no se vean con claridad siguen dejando de tener y portar las mismas esencias.

Me parece estúpido tener que decir a veces cosas tan evidentes. Nuestro cerebro profundo, cuando tenemos frente nosotros a alguien delante, lo evalúa según las directrices que yo he mostrado. Verbalmente lo analizará bajo la presunción de masculinidad y femineidad, y tratará a dicha persona bajo esa presunción, que en la mayoría de los casos no es desacertada. El cerebro es un sistema que trata de crear un mapa del mundo a nivel interno, y si no lo hiciera no estaría funcionando bien. Esto nos dice la Wikipedia parafraseando a George Kelly : “los procesos psicológicos únicos de una persona se canalizan por la forma en que anticipa los eventos. Kelly creía que la anticipación y la predicción son los principales impulsores de nuestra mente. «Cada hombre es, a su manera particular, un científico», dijo Kelly, en el sentido de que siempre está construyendo y refinando teorías y modelos sobre cómo funciona el mundo para poder anticipar los eventos. Comenzamos con esto desde el nacimiento (por ejemplo, un niño descubre «si lloro, vendrá la madre») y continuamos refinando nuestras teorías a medida que crecemos.” El feminismo dice que no hay esencias, pero por otro lado dice que desconfíes de los hombres…, el feminismo más radical incluso dice que desconfíes de todos los hombres, que todos somos violadores en potencia. ¿Hay esencias o no las hay? ¿o el hombre que viola y hace maltrato de género es una construcción social?, de ser así tendrían que operar en política y ese no parece ser el caso. ¿Woody Allen es una construcción social o es simplemente que no ha de portar una alta carga de testosterona? Al final tuvo relaciones sexuales con su hijastra y se casó con ella… ¿por ser hombre o por construcción social?

Bajo la consigna que todo es construcción el feminismo actual está dando palos de ciego -y errados- al influenciar en el papel que hacen, por ejemplo, las mujeres en el cine y las series, que son los medios más miméticos que pueda haber. Si la realidad fuera como es lo que se muestra en el cine habría más casos en donde el agresor y homicida de las víctimas de género morirían al defenderse estas. No es lo mismo empoderamiento, que se supone que ha de ser mental, que fortaleza y tendencia al lado más primitivo e instintivo que pueda haber en lo humano. Analicemos los siguientes datos:

Según el modelo de Holzworth-Munroe y Stuart, la mayoría de Los maltratadores internados en el HPPA pertenecen al subtipo disfórico (37,5%), siendo los antisociales el 29,1%, mientras que en el subtipo normalizado y en el mixto (en el que se incluyen aquellos que no se ajustan a ninguno de los subtipos anteriores) pueden ser clasificados el 16,7% de los casos respectivamente. En relación con el tipo de violencia ejercida, según el modelo de Dutton, el 78,8% llevaron a cabo una violencia de género de tipo impulsiva y subcontrolada, un 12,5% lo hicieron de manera instrumental e hipercontrolada, mientras que la violencia de los restantes (16.7 %) no pudo ser clasificada en ninguno de los tipos propuestos.”

El 78,8% fueron en arrebatos de ira y fueron llevados a cabo por personas que “pueden ser clasificado en el grupo de los disfóricos/borderline o patológicos, es decir aquellos en los que la inestabilidad emocional es una variable determinante de su actividad delictiva, con un consumo elevado de drogas, y elevadas distorsiones cognitivas respecto de la violencia en general y la violencia contra las mujeres en particular”. Si tales tipos de comportamientos no vienen dados por la naturaleza, las cifras no serían tan claras. Pero otra cuestión se deduce. A este estudio le hace falta tratar de diagnosticar de dónde provienen que dichos individuos (hombres) se manifiesten con ese tipo de comportamientos. Ya analicé de forma extensa lo vulnerable que es el hombre para heredar una psicopatía o un trastorno de personalidad antisocial o un trastorno límite de la personalidad (borderline), a través de la impronta genética (durante el embarazo, y no con tales “nombres”, sino como un cambio en el sistema dopaminérgico que se manifiesta de distintas formas, en patologías y trastornos del comportamiento, de las emociones y la personalidad, dependiendo de cada individuo y sus vulnerabilidades génicas). De ser así se deduciría una doble vertiente: el papel de sus padres y el papel de la sociedad. En algunos casos ciertas patologías vienen dadas desde el útero, ya sea por madres altamente estresadas, o por madres drogadictas. Ya en vida una mala o ausente educación por parte de los padres predisponen a que dicho hijos no logren madurar un prefrontal (que en la última parte en formarse), o dicho de otra forma: que no lleguen a desarrollar plenamente un sistema ejecutivo que controle sus tendencias más instintivas, o dicho de otra forma: disfuncional. Por otro lado está el papel social. Este tipo de personas se detectan desde que tienen pocos años. La sociedad los tendría que reorientar como para que llegasen a tener un buen control de sus impulsos. En todo esto tienen que ver las clases sociales: tales individuos están en las clases más bajas. Bajo todos estos puntos de vista: ¿quién incurre en el maltrato de género?, no tiene igualmente culpa los padres, y en ese caso una mujer, y la sociedad en su conjunto?

Vuelvo arriba, a la distorsión en la que está cayendo el feminismo. Ahora se está haciendo un cine que revisa la historia y sus personajes, bajo el tinte actual feminista. No es ético cuestionar a ciertas personas embebidas en sus épocas bajo el punto de vista de la actualidad, aparte de ser totalmente anacrónico. Por otro lado hay más heroínas de las deseables y se les pone en unos papeles totalmente chauvinistas, o sea, macarras, tal como supuestamente es deplorable en un hombre. ¿No se tiende a analizar la realidad bajo un doble rasero según el sexo? En una noticia, que ha llegado a los medios de comunicación como curiosa, graciosa y anecdótica, a una mujer se le pilló masturbándose mientras el actor Tom Hiddleston actuaba en el teatro. Si hubiera sido un hombre y el motivo de tal acto hubiera sido una mujer habría sido un escándalo.

Lo que quiero dar a entender en los últimos párrafos es que el feminismo está alterando la realidad social, y no para bien. Una joven inexperta de la vida puede creer que una mujer es igual de fuerte y violenta como un hombre, como para salir bien del paso, cuando se tenga que enfrentar a un hombre iracundo, dado el tema recurrente en las películas de mujeres en casos de supervivencia extrema y usando como medio la violencia. ¿A qué llama este tipo de mensajes?, ¿a qué no son tan débiles físicamente como ellas mismas creen? A que se defiendan llegado el caso. Que respondan a la violencia con violencia. Si fuera cierto no tendría nada en contra, pero por los resultados de las estadísticas no parece que dichas premisas sean las acertadas. En definitiva, que sí existen unas diferencias que vienen de lo evolutivo, que no hay que ignorarlas y que dar mensajes erróneos, como lo está haciendo el cine, y que este medio puede ser en cierto grado el culpable de ciertas agresiones. En las redes sociales se sigue el meme de que es factible responder a la violencia de un hombre con la violencia, o sea el mensaje del cine va calando.

Una última cuestión, que ya he dicho muchas veces, es que el feminismo cree “efectos perversos” de la forma que tiene de actuar en la actualidad. Efectos no esperados y colaterales. Si la mujer propició o alentó la sexualidad abierta, la liberación sexual, su efecto perverso es el porno altamente desagradable y denigrante hacia la mujer. Bajo mi punto de vista, y me da igual en qué categoría se me ponga por esta idea, la “guardiana” de la sexualidad es un papel de la mujer, y si ella se retira de la puerta, como su cancerbera, allí ya no habrá límites. La hembra en el reino animal es la negadora de sexo, la que pone los límites, la que elige. Ese es uno de sus poderes. Si tiene sentido el concepto de la coerción sexual como una tendencia a tomar el control de la mujer, lo es en la medida que el hombre sabe que no tiene tal poder sobre dicho tema y lo tiene la mujer. Con la liberación sexual se retiraron de la puerta y ya no habían ningún límite entre la normalidad y lo sexualizado. Fue un error de apreciación, quizás pensaron que si se liberaba, en su normalización, dejaría de tener la pesada carga que conllevaba. Que si se trataban de poner a la misma altura que el hombre, el terreno se allanaría hacia una indeferenciación sexual. Pero las cosas no han sido así. Las consecuencias finales las muestra el porno más radical y el actual problema del “no es no”, del consentimiento verbal, que proviene de la mujer y tal problema no lo suele tener el hombre. En definitiva, que las sexualidades de los géneros no son iguales y no se pueden llegar a igualar, y que estaba “contenido” seguramente por muy buenas razones, y porque los problemas y errores que vemos hoy, habrán sido esa piedra con la cual tropieza una y otra vez el humano a lo largo de la historia de forma estúpida, porque no trata de sacar lecciones. El feminismo cae en errores tan claros, como así lo es el eslogan “la revolución ha de ser femenina o no será”. ¿Qué es lo que dice tal mensaje si no una llamada al supremacismo de un sexo?, creerse tan superiores al hombre que resolverán ellas solas los problemas de la humanidad (en esa radicalización y supremacismo, unos movimientos u otros del feminismo, se cuestionan si un trans de hombre a mujer, hay realmente que considerarla o aceptarla como mujer o no). Tampoco deberían de crear tal pánico social con la violencia de género, y creer que dicho problema es exclusivamente femenino. Si fuera el caso que dicha llamada de atención tuviese alguna repercusión sobre la violencia sería noble, pero las estadísticas dicen que no se da tal influencia, y que la violencia tiene sus propios ciclos, que están solapadas a las crisis sociales. Otra cuestión es el alto proteccionismo al que están llegando, amparadas por las leyes. Hace unos días se leía la noticia de que la exmujer de Miki Nadal (arquetipo de tío de buen rollo y bonachón) ha sido condenado a 21 días de trabajos en la comunidad, por insultar a su mujer -ante su infidelidad-, por el Juzgado de Violencia contra la mujer (no voy a ser cínico con esto por cautela). Muchas mujeres, sobre todo de colectivos latinoamericanos, piden que no tienen por qué estar tan superprotegidas, que ellas mismas -por no sentirse inferiores- ya se valen para tales casos, que en definitiva tales tendencias están mostrando una mujer débil que se las atiene a la ley a la menor, dada dicha “debilidad”. Otra consecuencia perversa es que el feminismo está creando una guerra cada vez menos encubierta entre los dos sexos: están creando lo que en teoría trataban de mitigar, las diferencias y que tales diferencias creen conflictos. Muchas películas de corte feminista -o en sus personajes-, se vuelven abiertamente insultantes contra los hombres, cuando no hay un equivalente de películas por parte de los hombres, aunque entiendo que muchas de las que ha habido a lo largo de la historia lo han sido de alguna manera de forma implícita. Series como “The i-land” o  (se me ha olvidado el nombre) sólo hacen hincapié en lo negativo del macho, sin que haya en apariencia ningún hombre salvable, mínimamente moral y digno, entre sus personajes masculinos. Resumiendo a todo lo dicho, y como ya dijera arriba, no es el macho el que mata, tan sólo es un 0,001 de la población y debido en un alto grado a la desintegración familiar y social. Si nos atuviésemos a hombres que han calculado su crimen, el índice aún sería menor. Por lo demás, como ya dijera en otro escrito, tanto la tipología subcontrolada como la hipercontrolada, en un alto grado, suelen venir dados por cambios epigenéticos durante el embarazo.

La lectura, que se sigue de fondo de todos estos datos, en una idea conspiratoria, es que el feminismo más radical, en muchos casos con las homosexuales menos femeninas de fondo, aquel que odia de forma visceral al macho pues le es totalmente ajeno, llevan a unos pasos cada vez más radicalizados al grueso de las filas de mujeres, hasta que tales ideas se generalizan por normalización progresiva, para arremeter en el siguiente paso con una idea más radical y distorsionada de la realidad. Se llega a decir que no existe algo así como el feminismo moderado y que la tendencia será hacia la radicalidad. En el fondo tiene que ver con la economía del comportamiento, pues lo moderado no llega a la prensa, y lo que era radical ayer se vuelve moderado hoy y en la dirección de seguir “haciendo ruido”, de mantenerse en el candelero, tienen que dar un paso más hacia la radicalidad. ¿Exageración? Susan Brownmiller cerró el tema sobre la violación en su libro como un tema actual y sólo dirigido a la dominación del hombre sobre la mujer. Un documental reciente, en el que sólo salen mujeres y feministas, argumenta que no existe algo así como el instinto maternal, no tratando de basar sus conclusiones en ninguna ciencia o estudio sobre el tema. Según la feminista Shulamith Firestone, “habría que liberar a las mujeres de ser amadas”. En la película “Uncanny Annie” estando una chica con tres chicos les dice: “¿sabéis que estadísticamente hablando uno de vosotros es un violador?”. Es un tipo de argumentación un tanto chouvinista que simplemente busca “provocar” la controversia en los espectadores, y por lo demás fuera de lugar: una película de terror. Por lo demás no verificable por medios científicos. Tal afirmación viene dada por una tergiversación de un estudio llevado a cabo en una tesis doctoral en la Universidad de Rennes por Massil Benbouriche, en donde quería analizar el nivel de distorsión del alcohol con respecto a la cultura de la violación; el mismo autor dijo que se necesitarían más estudios. Decir algo no implica llevarlo a cabo, casi todo humano a deseado la muerte o matar a algún otro en casos extremos, pero tales pensamientos no implican que si tuvieran un arma y esa persona delante -y a sabiendas que nunca serían enjuiciados por ello-, le llegase a matar. El cerebro recrea posibilidades internamente -imaginativamente- a modo de liberar el estrés, o en el caso del pensamiento de violación, a modo de liberación sexual, pero es un proceso interno funcional -como lo son las lágrimas- que no implica llegar a tales acciones en la realidad. Como ya dijera en otro lugar, el cerebro profundo trabaja con los arquetipos (quieran las feministas o no) y este imbrica simbólicamente los distintos conceptos como enmarañados e indiscernibles dentro de una red difusa. Ver los vídeos porno de actos sexuales con las madres no implican que uno desee a la propia madre. La madre representa los arquetipos del hogar, la protección, el contenedor que sirve para guarecerse. Al unir sexo y estos arquetipos es algo así como una liberación de la pulsión sexual que desea desprenderse de la propia identidad, hacia aquel estado donde uno era un todo con la madre, con el otro sexo y por ello liberarse de la masculinidad, “poseyendo” la femineidad. No sé si es así, no he tenido en cuenta el arquetipo de tabú o prohibido y por ello que sea una forma de rebeldía contra la sociedad -que igualmente es otro arquetipo-; deducir qué trata de hacer el cerebro profundo y desenmarañar los símbolos es muy complejo. Freud se “equivocó” en sus especulaciones por dicha complejidad. A poco que uno se informe se encuentra con más y más casos de este tipo en donde el feminismo distorsiona la “verdad” a su conveniencia. ¿Cuándo ha pasado el humano por un proceso similar?, durante la Alemania de los treinta. En el alarmismo de las redes sociales no se “lee” que ciertos hombres, una cantidad ínfima, y dadas unas condiciones de vidas y pasados deplorables, han matado a su pareja. A quién va dirigido su “¡basta ya!”, ¿a todo macho, al violento, a la sociedad?, en ningún caso a la mujer, que en definitiva forman parte de dicha sociedad, sus orígenes y sus taras. Crean la falsa alarma e idea de que el macho es un animal violento que ha matado a otra mujer (por odio implícito a tal sexo), y que tal ente es aquel que en algún momento “decidió intencionadamente” (racionalmente, maquinó) dominar a la mujer bajo el yugo del patriarcado. Ignoran por completo que uno de los mecanismos de la evolución es la selección sexual, y que eso ha estado por siempre en manos de las hembras. Que en definitiva el “producto” de lo que es el macho actual no es totalmente propia, sino que es un “producto” del que es responsable igualmente la mujer. Ignoran, en fin, el peso de la genética, pues para ellas todo es construcción social, de lo que se ha de seguir que si el hombre es violento es porque él quiere serlo, ignorando por completo lo que dicen todas las ciencias sobre los distintos determinantes y sus variables.

Últimas cuestiones sobre la gráfica.

El sentido de la vida es sencillo y sigue los simples parámetros de la vida de la supervivencia y la replicación. Tal sentido se proyecta hacia arriba en las capas y se entrecruza con sus propias “verdades” (parámetros). El cómo depende del medio en el que vive cada humano, que dado que en los últimos milenios ha sido fuera de la naturaleza, el cómo se está volviendo cada vez un tema más complicado, pues el sentido era natural. ¡Atención, posible spoiler! La película “Ad Astra” es una gran metáfora de ciertos temas que he tratado. Brad Pitt es un cínico, que está de vuelta de todo, que ha perdido toda motivación. Cuando finalmente se encuentra con su padre, su misma genética pero extralimitada, le sirve de advertencia de que la “verdad” de la vida se reduce a sus mínimos, al contacto real, con las personas reales. ¡Fin del Spoiler! En ese sentido el prefrontal es esa eterna pregunta que se proyecta hacia lo profundo del cerebro, y a la propia vida -grito en el vacío del espacio que nada sabe del sonido-, sobre el porqué de las cosas, pues el prefrontal es sólo pregunta amocional, que sin los afectos no puede comprender la vida, por mucho que la entienda al tratar de reducirla a datos y números. El humano es posible porque siente, no porque sepa. Por sus emociones, no por su inteligencia, que por lo que se deduce de la historia, y nuestro actual presente, parece no habernos servido para ser más felices, y sí para todo lo contrario y para llevar al planeta al borde de una nueva extinción. 

Autoeficacia

Tenía pendiente de analizar la autoeficacia y la situación actual, pero no tiene tanto tema como para hacer un escrito. El estado “ideal” de un ente vivo es el de la autodeterminación, el estado autopoiético. El animal social perdió dicha capacidad en tanto que dependía totalmente del grupo. En esa nueva disposición contaba más la eficacia en el grupo, que ha sido la regla que ha sido mantenida en lo humano hasta la actualidad, que el valor interno, que el amor propio. Según estadísticas, las generaciones actuales, los milenial, son las más solitarias (30%) que se han dado en lo humano. En lo social el valor te lo tiene que dar los otros, mientras que el sentimiento de la autoeficacia depende totalmente de uno mismo. Si se deja de dar importancia a lo social, y por ello sus formas de valorar, lo que queda es el valor que se da uno a sí mismo. En un mundo que ha dejado de creer en lo social, y en donde no hay nada fuera, que sea fidedigno y mínimamente creíble y respetable, solo queda el yo frente a sí mismo. Hemos creado una sociedad con este tipo de valores y orgullo de sí, preparada más para alentar la autoestima que cualquier valor de lo social, de afuera. En esa situación el móvil, las pantallas, las redes sociales, al laborar en ellas en pequeñas cosas como tutoriales, búsquedas, autoaprendizaje…, han hecho que el sentimiento de autoeficacia quede suplido. En esa dirección, en cierta forma, y bajo la regla de la autodeterminación, las nuevas generaciones ya no tienen que buscar nada más fuera de ellos mismos. El mundo, las personas, son “pantalla”, son engranajes dentro de esa nueva dimensión que son las redes sociales, no son entes corpóreos, sino realidades virtuales que no necesitan ser “alimentadas” en sus emociones. Cada uno busca por sus propios medios las pequeñas recompensas de dopamina que el cerebro necesita. Un like o una interacción parece equivaler a una caricia, y en ese simple proceso no se ha “tocado” ni alterado a otra alma, pues en definitiva tampoco es deseable que nada ni nadie toque o altere la propia, bajo el nuevo signo de sentirse autoeficaz. Todo esto se puede corroborar por el hecho que según el estudio el 27% se sienten bien solos. Engaño o realidad… ¿qué lo ha sido hasta ahora? Sin valores estables y fiables no existe ningún baremo con lo qué medir lo propio o la situación actual. Ese estado… ¿es un escondite, una querencia mal suplida?, ¿es una sociedad demasiado miedosa de la realidad, y lo virtual y el sentimiento de autoeficacia son sus cuevas? Hacen decir al personaje de “Ad astra” que: “Tiene miedo. La mayoría de las personas se pasan la vida escondiéndose”.  Creo que me he proyectado a mis mismo en toda esta perspectiva de los milenials. Dejo a otra persona desarrollar más el tema.


(Pequeña y última aclaración de la gráfica. Representa el cerebro. Un análisis sencillo sería pensar que los instintos corresponden a las partes más profundas del cerebro, y la última capa es la corteza del prefrontal. En principio sí, analizando el cerebro de perfil, pero a la vez hay que tener en cuenta que la palabra -y por ello la razón- tiene predominancia en el hemisferio izquierdo. Luego, en una vista desde arriba del cerebro, las capas más profundas estarían en el hemisferio derecho, que es donde está el pensamiento mágico, y las capas más nuevas serían el hemisferio izquierdo.)

-Gráfica de la Condición Humana-

Breve Historia de la Condición Humana

Nuestro cerebro ha evolucionado para reconocer como  propio lo cercano y como ajeno lo lejano”
Fernando Moya
Cuando se habla de evolución y selección, no estamos  hablando de rasgos individuales, sino de un paquete, que la selección acepta o rechaza. Genes, caracteres anatómicos, procesos fisiológicos, moléculas, son componentes que van todos enlazados. Con lo cual, si cambia una cosa, otras  cambiarán como consecuencias secundarias.”
Emiliano Bruner
Nos estamos volviendo serios, y déjame decirte que ese es el siguiente paso para ser aburridos”
Joseph Addison
Desde el punto de vista genético, los seres humanos de hoy somos cazadores-recolectores desplazados a través del tiempo, a un mundo distintos de aquel para el que fuimos hechos.” Francisco Giner Abati, antropólogo.

    Este es un subcapítulo dentro de “el sentido está en las primitivas“, dentro del libro “Primitivas, inclusividad y reacción” y segunda parte del “nacimiento de la identidad narrativa“, donde se había dejado temas pendientes.

   ¿Qué estoy haciendo al dividir capítulos en subcapítulos y estos en varias partes?, me adapto a la situación actual de la sociedad, donde las personas son reacias a ocupar mucho tiempo y su atención en un escrito muy largo. En su momento no me ocupaba de esta problemática, pues tenía una página web mantenida por el gestor de contenidos Joomla, que lleva implícito ser indexada por los motores de búsqueda. Ignoraba a las personas y la situación actual, y me limitaba a escribir. Tenía más visitas en esa situación, que en la actual de escribir en Blog’s, que no te posicionan en los buscadores. También hay que tener en cuenta que la anterior generación era de ordenador y la actual es de móvil, que dado que se mueven por app’s estas han filtrado todo los procesos hacia sí mismas, ignorando el resto de modos de interactuar en Internet. Se puede apreciar en que casi cualquier vídeo de YouTube tiene una gran cantidad de comentarios y respuestas a comentarios (conversaciones que se van por la tangente), aunque el autor del vídeo ya no se implique en ellos, mientras que si se llega a un blog casi no los tiene o son menores. A la vez todos estos procesos han llevado al concepto de pantalla y la captura de la atención de los usuarios, que cada vez es más corta. Recurrí a hacer algo de publicidad, pero tampoco quiero entrar en la dinámica de las redes sociales, con lo cual casi no tengo visitas. ¿Qué muestra este ejemplo?, que toda ruta alternativa de crear contenidos se están cerrando y ahora casi sólo quedan la redes sociales. Una autovía que te “obligan” a usar si quieres tener algún movimiento. Por mi forma de ser y pensar no es esa la dirección que yo vaya a usar. Prefiero ser un peatón, y mantenerme al margen. Todas estas “decisiones” que he tenido que tomar están enmarcadas dentro de la situación actual de sobrecarga informativa, falsas noticias y el tender a las noticias o los títulos sensacionalistas en la dirección de atraer la atención. Este largo ejemplo viene al caso para hacer ver que eso no es un proceder humano, es generalista de la vida, y la dirección humana a la previsibilidad, que es sobre lo que trata el presente escrito de fondo, se enmarca dentro de una estructura más amplia por capas.

   La máxima de la vida es el oportunismo, el buscar la más mínima oportunidad para hacerse un hueco en un hábitat, o en una manada. A la vez puede venir dado por el “horror vacui“, a que la propia materia y la energía parezcan ocupar los espacios vacíos (el calor de un café no se queda en él: se va repartiendo en su entorno hasta desaparecer), y que a la vez la conglomeración sea propicia para crear moléculas complejas, como para que al final llevasen a la vida. Se parte de una ausencia de intención de la materia, de ciertas leyes físicas, hasta llevar a la optimización de un hábitat por ciertas reglas provenientes de los límites de energía de dicha zona, creando en su proceso cerebros que asienten esas reglas en el ADN y los instintos, hasta terminar por llegar a la intención porque la vida ha “comprendido” (el proceso evolutivo de prueba y error lo ha hecho) que si todo es azar y conviene “leer” con más rigurosidad ese medio, se necesita de un cerebro que no sea tan rígido como lo son los instintos, y por ello llegue al aprendizaje durante una vida, que requiera neuroplasticidad, pero a la vez “entendiendo” que eso creará un nuevo sistema competitivo por la energía, en donde el más inteligente o animal más neuroplástico u oportunista individual será el que más ventaja tendrá sobre el resto. Esto a la vez implica que una especie no tiene que competir sólo contra otras especies, sino que tiene que crear una competición interna, con unas nuevas reglas, que por un lado no acaben con la propia especie en sus luchas internas, pero que tiendan a optimizarlas. En esa medida las competiciones por acceder a tener sexo entre los machos -o por la territoriedad– no tienen que acabar en la muerte, o se tiene que evitar en lo posible. Lo que al final llevó a la metáfora conceptual de “hacer la pantomima” de mostrarse contumaz y enérgico en dichas luchas, sin por ello perder la vida. Esa metáfora creó el juego de la infancia como forma de aprendizaje para esa edad adulta, y eso llevó al final a que el juego crease un lenguaje inclusivo, en donde quien no jugaba a sus reglas -o las conociese- no era parte del juego y al no ser parte del juego no lo era de esa familia o grupo. Las crías del mundo animal complejo, en su impertérrita curiosidad de tratar de comprobar quién juega o no, tantea cualquier objeto que se mueva o pueda ser movido y a otras especies, con el peligro de poder morir si se equivocan y tienen “mala suerte”. Delimitan quiénes son parte de su grupo y juegan su mismo juego. De la misma forma tantean sobre los de su misma especie para ver con quién pueden jugar y están interesados en jugar, y si lo hacen “saben” que son parte de su mismo grupo inclusivo, que ha sido aceptado.

   El precedente párrafo es un breve resumen del capítulo sobre el juego del presente libro, para tener en cuenta ciertos conceptos que he venido manejando, pero ahora hay que avanzar. Vuelvo a lo mismo del principio. ¿Qué tiene éxito ahora, cuando han emergido las redes sociales? En YouTube el tener una buena voz y fluido verbal, la buena imagen, tener conocimientos sobre un tema, algo de desparpajo y humor, y buena apariencia física. Quien sume todo llega a ser un YouTuber de éxito. Resta componentes y se restará prominencia. Pero sobre lo que quiero poner la atención es que se dio un nuevo medio (hábitat, para el caso) y fue el oportunismo el que operó en todo ello. Hay que descargar las posibles connotaciones negativas de tal concepto, lo uso bajo el prisma de la ciencia, de la etología, del comportamiento animal. Si es así ahora, ¿por qué habría de ser distinto en otras épocas de la larga evolución humana? La ciencia a veces se cierra en ciertas teorías, invalidando otras, cuando si se tiene en cuenta el concepto de oportunismo, todas pueden ser válidas. Cuando sólo ocupábamos la sabana africana, de donde surgió nuestra especie, tal ancestro sería un grupo pequeño y homogéneo, y las oportunidades serían pocas. Después se dieron varios grupos de homínidos, que emergerían de ese estado previo al moverse a distintas zonas y alejarse en el espacio y el tiempo, con lo cual al final y al encontrarse esos distintos grupos compitieron entre ellos y contra el resto de los animales de su propio hábitat. Lo curioso es que en África, al final, sólo sobrevivió uno, que debió de ser el más oportunista. De ese grupo, algunos de ellos salieron de África y crearon o llegaron a las dos subespecies euroasiáticas de neandertales y denisovanos. Pero con la llegada del sapiens y por competencia por los hábitat, se validó o se mantuvo la especie más oportunista, que es la que somos hoy.

    En otro lado he dicho que por la regla de la invarianza las especies tratan de mantener su identidad. Es una extraña y poco comprendida regla de la evolución. La especiación, por medio de la selección estabilizadora, “frena” los cambios aleatorios que llevarían a más especies de las que hoy conocemos, seguramente porque de no existir tal freno eso podría llevar a que una especie al final no podría reproducirse, cuando al aislarse y al llegar a un cuello de botella en cierto hábitat, no encontrara con quién reproducirse en otra zona. O sea, toda especie que no tuviese esa regla fue más susceptible para la extinción, y las que tuviesen esa regla es la que se ha mantenido viva en la tierra. Es muy posible que durante la explosión cámbrica aún no existiese la regla de la especiación y ello llevó, en parte, a la posterior extinción de la mayoría de todas esas variaciones de animales. Lo convulso de los cambios climáticos y demás catástrofes naturales del planeta “ayudaron” a crear la regla de la especiación. Por esa misma regla el homo sapiens, al salir de África, se pudo reproducir con los neandertales y los denisovanos, con la ventaja que “adoptaron” su sistema inmune y se pudieron adaptar mejor a los distintos hábitat, y además porque se quiera o no, el sapiens debió de aprender de las técnicas de caza y otros procedimientos culturales de los habitantes del continente euroasiático. Pero saco a colación la regla de la especiación porque el cerebro lo tiene como base para tratar de atenerse a una identidad, que en el caso humano es la identidad con el grupo o la cultura. En un grupo cultural hay dos fuerzas en lucha, la que les lleva a la coalición y aquella otra que hace que sea inevitable la rotura. En muchos casos los humanos se separarían por tratar de ocupar dos zonas distintas, pero en otros casos por las diferencias internas del grupo, por que les harían comprender que no podían convivir juntas. Muy posiblemente el grupo de humano que se fue de África se debió a una escisión, en donde el grupo dividido apostó en desplazarse hacia el norte, atravesando el difícil desierto del Sáhara. Quizás llevaban la llama de la rotura, de la escisión, frente a lo cohesivo de las tribus que permanecieron de África (otra opción sería que la hibridación con Neandertales y Denisovanos produjera una especie con tendencia hacia la segregación transgresora, más competitiva y agresiva ante la escasez). En lo genético se dan cuellos de botella, hay más variaciones genéticas en África que el resto del mundo, por el hecho que sólo un grupo pequeño de humanos (que no tuvo que ser en una sola oleada, sino varias en distintas épocas), con unas variaciones genéticas concretas, y que es la que ha heredado el humano del resto del mundo. Lo cohesivo de África, e igualmente la abundancia de alimento de la zona ecuatorial, les mantuvo sin necesidad de crear grandes cambios a lo largo de los milenios, de mantener la cohesión en los grupos como la regla más fundamental.

   Trato de establecer que la escasez es la que “obliga” a un individuo o a una especie a que se propicie más el oportunismo. Cuando el humano llegó a otras zonas ecuatoriales -o ricas en alimentos- se mantuvieron bajo la regla de la cohesión, de no luchar y no tratar de romper el grupo, manteniéndose con sus reglas y un mismo lenguaje, que ya a esas alturas de la evolución tenían que ver con las palabras y los tabús. Con todas estas premisas retomo en donde había dejado el tema anterior. La temporalidad en el cerebro humano. La forma más común de gobierno de las tribus existentes es la falta de un jefe o autoridad (acéfalas). O sea, que la humanidad se mantuvo con las reglas de la inversión de la dominancia, que bajo mi punto de vista obedece a la regla de la vida hacia la autodeterminación, a que nadie tenga el “control” sobre tu propia vida. En la dirección de mantener el grupo, los tabús o reglas culturales, y no una persona, eran las que ponían los límites a las que se tenían que atener los individuos. Se llegó al concepto de tabú en la medida que un individuo tenía que tener en cuenta de tal forma los límites de cohesión del grupo, como para interiorizarlos a nivel cerebral e individual. El tabú era la frontera de la propia identidad grupal, de su propio lenguaje interno, e interiorizado en cada individuo. Un límite invisible como igualmente lo es el de la especiación, pero igual de fuerte y consistente.

    Detengámonos en el tabú, pero dando un largo rodeo. Cuando se dio la capacidad hacia la neuroplasticidad, hacia el aprendizaje, se volvió a caer en el peligro de que los individuos se distanciasen tanto como para tener unos comportamientos totalmente distintos. En la lectura de este párrafo hay que tener siempre presente el concepto de especiación, el mantenimiento de la identidad de una especie. Entre la total plasticidad y el comportamiento prefijado que son los instintos se dan los patrones de comportamiento, que en muchos casos hay que aprenderlos durante la vida. El saltarín colilargo en Costa Rica, el ave de más edad y experiencia enseña a un joven la técnica de bailar, pues el protocolo de cortejo de la hembra requiere que sean dos los que lleven el baile a cabo en total sincronía. Al final la hembra sólo se aparea con el maestro, pero en ese proceso el aprendiz ha pasado a la siguiente etapa: escoger su propio aprendiz para volver a empezar el mismo rito; entre el primer proceso de aprender y el siguiente de enseñar se pueden llegar a sumar diez años de ensayos. Un patrón de comportamiento, en tanto que se repite dentro de una especie, y entre los grupos y los individuos, es sinónimo de rito. Se puede decir así que un rito trata de suplir un instinto dentro de una especie con neuroplasticidad, en donde en etología y sociología es llamado y estudiado con el concepto de ritualización. Esto nos dice la teoría estructural de la ritualización en la Wikipedia:

Cuatro factores juegan un papel esencial en la reproducción estructural que involucra a los RSP -por su siglas en inglés- Incluyen repetitividad, prominencia, homologación y recursos. La repetitividad implica la frecuencia con la que se realiza un RSP. La prominencia involucra el grado en que se percibe que un RSP es central para un acto, secuencia de acción o conjunto de actos interrelacionados. La homologación implica una similitud entre los diferentes RSP. Los recursos son materiales necesarios para participar en los RSP que están disponibles para los actores. Cuanto mayor sea la disponibilidad de recursos, más probable es que un actor participe en un RSP.”

   A un ojo avizor le saltará a la atención mental que los ritos son un tema serio con respecto al juego que se da durante el aprendizaje de la infancia. Así, por ejemplo, los rituales litúrgicos requieren solemnidad, ¡recordar que no hay que reírse en la iglesia y durante las misas! Parte del éxito del cristianismo proviene de sus orígenes judíos, y su acatamiento a los ritos: en esa dirección el catolicismo se afianzó sobre todo en la alta transcendencia y seriedad de sus ritos litúrgicos (off topic: una de las frases más repetidas de Jesucristo es “haced esto en conmemoración mía”, de ser cierto que era hijo de Dios y que tal Ser exista, entonces Su “deseo” era el mantenimiento de las ritualizaciones). También hay que recordar que el actual modo de vida es sobre todo de origen anglosajón y por lo tanto Protestante, y en donde tal dirección del cristianismo optó por desacralizar los ritos litúrgicos. Bajo las perspectivas, arriba indicadas, llegar a la adultez implica dejar el juego como proceso mental para aceptar la ritualización. En muchos casos ese proceso ocurre con algún rito de paso o de iniciación, proceso por el cual se deja de ser niño. ¿Por qué me detengo en todo esto?, porque el cerebro humano al ser el más neuroplástico de todos los animales “necesita” imponerse de forma más contundente los ritos que tengan que implicar la pertenencia a un grupo, a un género o a una edad. En esa dirección los tabús en la prehistoria y en las tribus son normas que no pueden ser trasgredidas de ninguna de las maneras, o dicho de otra manera: eran las más serias…, y aunque sea redundante decirlo, era aquel tipo de rito o práctica donde no cabía el juego y por ello la risa. Cualquier trasgresión implicaba ser castigado, matado o expulsado de la tribu. Huelga decir que un tipo concreto de ritos y tabús marcan a qué tribu o grupo perteneces. Luego, al igual que la especialización lo hace a través de los patrones prefijados en el ADN y los instintos, los ritos, tabús, costumbres, convenciones y normas son las que dan a un individuo parte de su identidad, ya sea la étnica, la tribal, cultural, grupal, de género o la nacional.

formas alométricas del carbono

    Vayamos aún más lejos en esta abstracción, para englobarla a nivel más físico y químico. La vida se basa en el carbono, que en sus distintas manifestaciones alotrópicas crea patrones regulares y simétricos. En un nivel superior, cuando la vida emergió lo hizo repitiendo la simetricidad del carbono y creando patrones iterativos para elaborar partes complejas del ser vivo. Este rasgo se ha ido repitiendo a lo largo de la evolución. Por otro lado hay que recordar la aleatoriedad, y los procesos estocásticos, donde ciertos errores dentro de las iteraciones pueden crear malformaciones en los patrones, que pueden llevar a una nueva subespecie y que en definitiva al final pueden llevar, por distintos procesos, a una nueva especie. Lo que me interesa hacer ver es que todo tiene un origen y un porqué. Cuando hoy nos saludamos dándonos la mano estamos siguiendo una convención que es un patrón del comportamiento, que forma parte del proceso de ritualización de la vida, que son un sustituto de los instintos en cerebros adaptados para el aprendizaje, que estaban englobados dentro de las reglas de la especiación, que a la vez tiene que ver con la tendencia de la vida hacia la iteración y la creación de patrones, que proviene de la química del carbono y de la física de la regla del octeto.

Formas Iterativas de la Vida

    Para cerrar este tema he de llamar la atención de que el baile es un proceso intermedio entre los serio y la diversión, un medio paso entre el rito y el juego. Si para el humano tiene tanta importancia este acto es por su alto contenido simbólico, pues si bien hemos de ser una especie basada en reglas y normas, que tienden a la seriedad, por otro lado hay que tener en cuenta que somos una especie infantilizada -recordemos que el estadio infantil es creativo y reglado por la dopamina, por el principio del placer-, que ha tratado de mantener el juego como parte de su idiosincrasia, y en esa dirección el baile suple las dos direcciones: la ritualización y la diversión.

    Retomo el tema de arriba sobre los orígenes humanos. Por lo general en Eurasia no se daba la abundancia, sino todo lo contrario. En esa dirección lo propicio no era el tabú y las normas, sino el oportunismo, el permanente cambio. Volvamos al tema de porqué yo divido capítulos. Lo que está claro es que estoy analizando y calculando cómo “funcionarán” mis escritos en Internet. Estoy adelantándome a los acontecimientos, haciendo previsiones de futuro. Esta es la función que nos hace humanos, y que más usamos en tiempos de escasez (hoy escasez de tiempo y atención). Todo humano que tuviese esta capacidad tenía más probabilidades de sobrevivir y reproducirse, frente a los que no la tuviesen. En esa dirección es el tipo de humano que prosperó en las difíciles condiciones del Eurasia. Pongamos más atención en este proceso a nivel de cerebro. Por un lado hace uso del prefrontal, que es una parte relativamente nueva y que tiene un gran gasto de energía, y por otro lado está que si uno se cierra en ese módulo puede tender a concebir que toda previsión es huera, que carece de validez y llegar a la ansiedad, a la angustia y al pesimismo. En esa dirección la evolución tenía que validar que se hiciese uso de tal capacidad, pero no en exceso. Sigue en su prueba y error, porque en realidad es una situación que sobre todo tiene su prominencia en los últimos seis o diez mil años, un lapsus o mero aliento en la evolución, con lo cual aún no se ha “validado” o promediado ninguna apuesta concreta. En ese proceso hoy en día hay infinidad de apuestas que están en una lucha evolutiva invisible, por lo desapercibida que llega a ser. Hay personas que no nacen con esa capacidad de analizar en profundidad un tema, por el alto gasto energético, que en su condición genética no tienen, por otro lado otras personas nacen siendo más impulsivos, analizando las acciones a posteriori, -si es que lo llegan a hacer-. A todo esto se une la capacidad de una persona para tratar de mantener la cohesión y no destacar, o la contraria de sobresalir; de tender al respeto a las normas y por ello a la normalización, o el contrario de querer salir de las normas y la normalización. En definitiva, que los cerebros humanos ya no parecen hablar un mismo lenguaje, que una vez que está activado la propensión al oportunismo, que a la vez implica romper con la cohesión, el humano entonces ya no juega a un solo juego, sino a muchos a la vez. Cada humano ya no se identifica con lo familiar que era la raíz de un mismo juego, sino con aquellos que tengan que ver más con su propia distinción entre cohesión y oportunidad, en un mundo con cientos y miles de variaciones que hacen que sea imposible encontrar a alguien que juegue a tu mismo juego (misma disposición cerebral).

    Sin tratar de ser exhaustivo he sacado cuatro factores que crean variaciones humanas. En mi caso tenía la tendencia de ser espontáneo, que es lo mismo que decir impulsivo; una de las formas de llegar a preconcientes es comprobar que la espontaneidad no es “válida” en la sociedad actual, y como contramedida ser más racional de lo debido para contrapesar, lo que me ha hecho ser “expontáneo” 😉. En esa dirección tengo las dos tendencias, una “natural” y otra adaptada. Por otro lado no trato de ganar, creo más en el concepto del juego -que vengo manejando-, de no competición, de no querer ganar, o cuanto menos no ser un mal ganador. La suma es que no lucho por propósitos, porque aunque podría prever posiciones futuras, hacer planes, mi tendencia “natural” es la de vivir el momento de forma espontánea y no tratar de ganar posiciones. Cuando he estado en posiciones estables las he sentido como una cárcel, pues te aplastan en una rutina que siento que encierran mi cerebro en la lasitud y el aburrimento, o sea que tampoco es que tenga porque desear ni siquiera un trabajo estable, como “exigen” las circunstancias y la sociedad actual (provengo de la mentalidad de los 80, en donde si no te gustaba un trabajo te cambiabas a otro: ahora ya no se puede). La cuestión no es tan fácil como “adaptarse o morir”, y/o que todo humano sienta esa “muerte” en un trabajo. Hay una teoría sobre la baja producción de la dopamina que predice que ciertos tipos de humanos se tienen que sobre-estimular para sentir lo mismo que una persona “normal” o promediada; tal estructura se cree que está detrás de las personas con déficit de atención e hiperactividad, que siento que debo de “padecer”. Tiendo al desencanto, al aburrimiento, a sobre-estimularme, pues en mi estado “normal” me siento como muerto. Pongo mi caso para tratar de mostrar que toda reducción es imposible; que la normalización social siempre discrimina ciertas tipologías humanas. Que todo humano es una mezcla de su genética, con su construcción durante la infancia y la situación en la que vive, y cuantas más variables entren en juego más tipos de humanos y lenguajes se darán. Aun así se puede deducir a grandes rasgos que el que no quiere mandar, y en las sociedades actuales, va ser mandado. Una postura fuera de ese rango es el rebelde, que puede que llegue por ese camino a la delincuencia. En definitiva, que al nacer el humano está impelido a adaptar su genética al momento social.

   Pero he dado un salto a la actualidad sin explicar en realidad nada sobre los cambios sociales y cerebrales del pasado. En la zona ecuatorial es donde más vida hay. En todo momento puede haber árboles frutales, tubérculos o raíces de los que alimentarse. Cuando se salió de dicha zona se perdió esa abundancia. Fuera del ecuador, y cuanto más al norte, más se depende de las estaciones del año. En esa dirección el humano tuvo que adaptarse a prever dichas estaciones y guardar reservas o pensar en algún tipo de estrategia para sobrevivir a los duros inviernos. No creo que tenga que redundar demasiado en el tema, creo que el cuento de la cigarra y la hormiga, u otros de ese tipo nos dicen que el humano ya no debería de vivir simplemente al día, sino prever con cada vez una mayor capacidad de antelación lo que ocurrrirá después de un tiempo, ya fuera unos meses, y al pensar en sus hijos, en años.

   De nuevo otro largo inciso. En la actualidad convivimos humanos tribales de cazadores-recolectores y el típico urbanita que nada sabe de la naturaleza. ¿Caben dos posturas tan opuestas para un solo tipo de cerebro?, un urbanita moriría en la sabana africana (cuando a veces veo de pasada un tramo de “supervivencia al desnudo” me dan lástima y siento vergüenza ajena de lo torpes -y engreídos- que son), y un cazador no sería capaz de vivir y a adaptarse a la vida de una gran ciudad; estoy seguro que si se pudiera traer a un humano de la prehistoria a la actualidad permanecería en un estado constante de ataques de pánico, y terminaría en pocos días con ansiedad, si no con un trastorno de estrés postraumático. Hemos de volver al concepto de caos y orden. Por decirlo de alguna manera la vida es de formas curvas mientras que el humano actual es cuadriculado. Sólo hace falta pensar en la diferencia de un bosque y un parque o jardín. En el bosque se sigue la máxima del horror vacui, cada centímetro tratara de ser ocupado por una planta, mientras que el humano tiende a colocar los árboles o arbustos con cierta distancia, y no deja que salgan ramas en las partes bajas, “obligando” al árbol a crecer hacia arriba. El humano tribal y primitivo aceptaba el caos y convivía en sus hábitat sin cambiarlo demasiado, el actual no. Las religiones antiguas, y muchas de las que hoy subsisten no dividían de manera maniquea el bien y el mal, la propia mitología griega va en esa misma dirección. Muchos animales tienden a usar una de sus patas o manos de forma preferencial y suele ser la derecha. En el humano no es distinto. Eso llevó a que el lenguaje se asentara en el lado de la mano preferente, por ser la que más usaba. Según proponen muchos científicos e infinidad de teorías, el hemisferio izquierdo (que controla el lado derecho) es el que trata de poner orden al mundo y es el cuadriculado, mientras que el derecho se mantiene bajo las premisas de aceptar el caos, el azar y lo sinuosamente curvo de la vida. Un humano que se desarrolle aislado en un bosque o selva, como así ha sucedido con los distintos casos de niños ferales, no desarrollarán las capacidades del hemisferio izquierdo, incluso se adaptarán a vivir a cuatro patas. Una persona analfabeta, sin especial desarrollo de las “habilidades” del hemisferio izquierdo, es capaz de reconocer una persona en una fotografía que esté girada, mientras que una persona cultivada (ajardinada) no. Los niños son capaces de resolver ciertos problemas visuales de forma más rápida y eficiente que el adulto.

    Lo que quiero hacer ver es que es la palabra, y el alto desarrollo de esta capacidad, en la actualidad, la que vuelve el mundo “cuadriculado”, cuando el hemisferio derecho sigue viéndolo como siempre. Desde el neolítico hemos forzado al cerebro para las propiedades que emergen desde el lado izquierdo, y que trata de calcular todo y ponerlo bajo algún orden. Eso no quiere decir que el derecho no encuentre orden, la vida trata de poner orden al caos, de crear estructuras regulares, no es lo mismo una planta que una roca. Pero la propia vida está más apegada al desorden que a la regularidad en su conjunto, como se puede apreciar en un bosque. Aún esto tiene su complejidad, porque hoy hemos comprendido que todo caos en realidad son hábitat muy equilibrados. Lo que hemos comprendido hoy bajo la ciencia el humano primitivo y de las tribus de cazadores-recolectores, lo “saben” de forma implícita, aunque no lo puedan explicar.

   Como conclusión a lo dicho se sigue que el hemisferio izquierdo y la palabra es sólo una potencialidad que puede estar más o menos afinada y potenciada, pero no hace especial falta para sobrevivir. En una analogía, un ordenador de la actualidad lo puede usar un niño simplemente para jugar, o lo puede tener un científico para desarrollar sus complejas teorías sobre matemática o física. Lo mismo viene a ocurrir con las capacidades del prefrontal izquierdo: un occidental lo puede llevar hasta la matemática pura, pero un humano cazador-recolector apenas le dará uso. El problema de fondo del hemisferio izquierdo es que al final “obstruye” u obstaculiza la forma “natural” que debería de tener el cerebro para funcionar. Bajo mi punto de vista todo trastorno mental, que no sea especialmente físico, es debido a una falta de adaptación a la situación actual humana, porque hemos forzado el mundo para ser sólo vivido (analizado, sentido, comprendido) bajo las premisas cuadriculadas del hemisferio izquierdo. De hecho hay una propuesta que dice que los obsesivos-compulsivos tienen su raíz en quedarse anclados en las ritualizaciones como forma de frenar sus ansiedades, frente a un mundo que exige y nos impone orden. Se ha comprobado que los animales también se comportan con esta peculiaridad obsesiva compulsiva cuando en uno de sus rituales (patrones de comportamiento) se les resta algo que debería estar allí.

    No hay mucho más que decir. La vida está creada para tratar de sacar partido de las oportunidades. Cada humano y cultura, y a partir de salir de la zona ecuatorial y vivir en situaciones de escasez, ha tratado de tomar ventaja sobre su vecino, o sobre la cultura cercana. Eso llevó a una carrera armamentista, a un proceso de constante y desenfrenado retroalimentación positiva, a nivel de dar uso de las capacidades del hemisferio izquierdo para poner orden al mundo. Un caso conocido es la optimización de la agricultura que llevaban los Romanos a las regiones que conquistaban, y otro ejemplo es el orden en los ejércitos, que llegó a su máxima con ellos. El hemisferio izquierdo se concentra a buscar el orden natural, por ser el controlable, y trata de sacar provecho de sus hallazgos sobre sus vecinos. El que tenga un mayor control de algún medio tiene una ventaja sobre el resto, que lo capacitará para vencerlo o conquistarlo (o estar en un nivel superior de la jerarquía). En esa dirección el control temporal se volvió vital cuando llegamos a la agricultura, y cuándo más tarde había que enseñar ciertas artes a los hijos, que requerían cada vez más tiempo de aprendizaje. Las ritualizaciones cada vez tenían menos un sentido “espiritual” o mágico, y se mantuvieron aquellas que eran “útiles” para mantener el orden social. El tabú pasó a ser ley, que al principio era sobre todo moral y religioso, para al final quedarse en lo que tenemos hoy: meras leyes que ponen orden a la sociedad, con más y más reglas que tratan de controlar hasta lo más mínimo, para que sirvan de mediadoras cuando haya un conflicto entre dos humanos, y que no puedan resolver ellos mismos con palabras.

Creación de Pez Globo Japones (1)

    Primeras conclusiones. Arriba decía que el aprendizaje, la neuroplasticidad, tenía el peligro de la individuación, que iba contra la regla superior de la especiación. Para reglarlo hizo uso de los patrones de comportamiento. En cierta medida para el fin de la replicación, para la reproducción. Las hembras de alguna forma, en la abstracción de todas las formas complejas de la vida, son capaces de captar qué macho se atiene mejor a los patrones de comportamiento de dicha especie, para seleccionarlo para la procreación. En dicha abstracción y en los animales más complejos, y que mayor hagan uso del aprendizaje, eso ya no iba dirigido a seleccionar patrones de la especie, sino del grupo, de la cultura (efecto Baldwin). En el humano ese efecto se multiplicó y llegamos a Babel, a la Babel de la multiplicidad de las formas de entender la vida, las ritualizaciones y los juegos. Qué era serio y que no lo era. En cierta forma es como si la evolución perdiese su control, que si bien “quiso” mantener el principio de la especiación y puso varios medios para ese propósito, al final ya no le pudo poner freno en el humano. Si la ritualización fue el marchamo de las tribus en África, para mantenerlas estables en sus posiciones, en Eurasia, en donde primaba la escasez, dejó de tener cabida frente a la necesidad y los beneficios que conllevaban el oportunismo. La actualidad se puede diagnosticar como el momento más álgido de esa pérdida de control, y en donde lo que impera ahora es casi el total individualismo. En Estados democráticos, con la libertad como base, todo está permitido siempre que no vaya contra las propias leyes. El humano, en esa nueva disposición, cada vez oye menos al hemisferio derecho y se tiene que adaptar a su lado izquierdo, a lo promediado en la sociedad. No porque lo sienta, sino porque lo razona. Llegamos así a esa metáfora de la posmoderna película “el club de la lucha”, de la escena del avión y las porciones racionales de contacto humano. Ahora todo es susceptible de ser analizado por alguna regla, todo puede ser compendiado para hacer un libro útil de autoayuda… ahora todo está cuadriculado, y quien vea lo curvo y sinuoso del mundo es un inadaptado que terminará con algún trastorno mental. ¿Quieres mantenerte sano?, adáptate a la cuadrícula, a la matriz de la sociedad actual. ¿Se puede?

Espíritu de la Seriedad

   Conclusiones finales. Se analiza, por las premisas de este escrito, que la lucha de los contrarios de seriedad y humor (juego) es uno de los constructos humanos de base. Una cultura ponía como serio su credo, su mito fundacional, sus dioses, su lengua…, en donde muchas de esas reglas y credos se volvían tabú. Quien se riese o no mantuviese la seriedad de dicho núcleo, que en definitiva era la identidad tribal, era un sacrílego, alguien ajeno a dicha identidad que debía de ser expulsado. A nivel individual cada uno tiene sus “temas” serios y aquello que no lo es: aquello que se puede tomar como “juego”, con humor. Somos una especie jerárquica, luego el cerebro siempre tratará de tomar ventaja sobre el otro en cuanto se dé la ocasión. Si dos cerebros comparten qué es serio y qué humor no tendrán conflictos, pues se reirán y se pondrán serios ante las mismas cosas; pero en el momento que no sea así, uno de los cerebros se reirá sobre aquello que tiene como serio el otro cerebro, en la medida que quiera tomar alguna ventaja sobre él, ya sea para avergonzarlo o para “sacarlo de sus casillas”. Bajo esta premisa nació la vergüenza como sistema de controlar los grupos pequeños. Pero, ¿quién la sentía?, quien estuviera en minoría dentro de un grupo. O sea, las ritualizaciones humanas llevaron a lo moral -y en algunos casos al tabú-, en la medida que alguien del grupo era minoritario y tenía alguna peculiaridad sobre la que el resto del grupo se podía reír, mientras que para él era serio. Esto tiene su equivalente en la evolución: “la koinofilia es una hipótesis evolutiva que propone que durante la selección sexual, los animales buscan preferentemente parejas con un mínimo de características inusuales o mutantes, incluida la funcionalidad, la apariencia y el comportamiento”. Como se puede ver no es distinto en el humano, si bien se “usó” este principio para regular la estabilidad en las tribus, que más tarde sería llevado a las culturas y ahora en los grupos (o en las reglas a seguir en una red social). La diferencia humana sobre la koinofilia es que nosotros la dirigimos al concepto de exclusión y vergüenza, y usamos esta emoción básica (casi exclusivamente humana) para regular la estabilidad en los grupos.

    Lo demás se sigue de lo precedente. Uno se “cuadricula” a la sociedad en la que nace, y eso lo “sostiene” la identidad narrativa. Creer en la identidad narrativa es quizás el substrato que más se ha validado en lo evolutivo, en la medida que hay que tomarse dicha identidad en serio (como un tabú) o en su posición contraria: nadie tiene que reírse de la identidad narrativa del otro. Dicha identidad no es un constructo individual, sino la promediada como válida dentro de una sociedad dada. Respetar esa identidad es hacer respetar la tuya propia, pues es la que igualmente tienes. En la actualidad, en un mundo globalizado, esa identidad implica la permisividad de otras culturas (o modos de ser no ya tan promediados: minoritarios), pero si se comprende bien la construcción de la identidad narrativa, que se asienta en la identidad nacional, la cultural y la étnica, tal permisividad es un “parche” que en realidad es contrario a la propia idea de la identidad narrativa. Se cae así, inevitablemente, en lo políticamente correcto. Bajo mis ideas, los seres liminales, los divergentes, no creen de ninguna manera en dicha identidad, como en ningún otro tipo de identidad “creada” desde la capacidad de generar orden del hemisferio izquierdo. Esos tipos de seres son los que llevan la semilla de la individuación.

Huevo de mariposa niña celeste

   Bajo estas conclusiones, no hay ninguna simetría que ajuste o equilibre todas estas reglas. La evolución tendió a la especiación para que fuera posible la replicación de iguales. Dos especies que se distancien terminan por no poderse reproducir entre ellas. Cuando esta regla se “debilitó”, con el aprendizaje, la evolución validó los patrones de comportamiento. Como en el humano esos patrones eran endebles, por su multiplicidad, usaron la vergüenza para prefijar a los liminales dentro de un orden preestablecido. Al final eran expulsados y creaban sus propios grupos, pero siempre se daban las posturas liminales que disgregaban más y más a los grupos. Los Judíos “ajustaron” sus reglas y se acogieron, de otras religiones, a dividir el mundo en dos lados opuestos (maniqueísmo), de tal manera que todo lo liminal era parte del mal. El cristianismo optimizó todo lo proveniente de los judíos, como para crear una religión basada en las ritualizaciones y donde toda salida de la ritualización era no ya vergonzoso, sino pecado (sociedad de la culpa), “infestado” por el mal y carne del infierno. El protestantismo se “libró” de la “cárcel” de lo ritualizado -y ciertas otras coerciones del catolicismo-, y propició de nuevo lo liminal. Con el descubrimiento del nuevo mundo otra vez, como ya pasara al salir de África, el humano cribó lo más oportunista al nuevo mundo (más en el norte de corte protestante que el sur, que era católico y más ritualizado), y eso nos llevó al imperialismo cultural que emergió dentro de ese nuevo poder, que había conseguido ventaja sobe el resto de culturas, más cerradas o menos oportunistas.

    La simetría no es posible porque la identidad narrativa nos prefijaba, mientras que la total individualidad, el reírse uno de sí mismo y que la vergüenza ya no sea una moneda de cambio, nos lleva a la total dependencia del hemisferio izquierdo del cerebro, en donde ya no tiene que escuchar nada del lado opuesto, y en donde ni siquiera el constructo de la identidad narrativa, que era su propia creación, sirvan para regular ni la sociedad, ni a cada individuo. En esa dirección, si se tiende a librar a la identidad narrativa de toda otra identidad, como vacía y sin sentido, entonces se queda sólo dicha identidad ante sí, sin ninguna otra identidad a la que ajustarse y acomodarse. En ese vacío, dicha identidad no se tendrá más que a sí misma, cerrada sobre su propia realidad y sin tener que dar ninguna explicación a nada ni a nadie. Cerrada sobre sí, cual serpiente que se muerde la cola, él será el único sujeto en un mundo de objetos, u otros seres que ofrecerán una resistencia para dignificar su valor…, en definitiva se tenderá a lo individualizado y en esa dirección a lo sociopático. En un mundo así, y para aquel que tenga poder, su único límite serán las leyes, no ya las personas ahora carentes de alma. Si una ley no está de su lado intentará retorcerla a su conveniencia. ¿Acaso no es lo que está pasando ahora mismo con las corporaciones? Por ello, y por otro lado, no es que la libertad lleve al libertinaje, como siempre se ha temido, sino que el cerebro al haber evolucionado para adaptarse a lo curvo y sinuoso de la vida, no está preparado para la sociedad actual -donde sólo gobierna la ley-, la cual crea un mundo cuadriculado y en donde todo ha de estar previamente calculado y previsto. Quien no quiera “forzar” a su cerebro a esa cuadriculación, no es ya que no encaje, es que no tendrá capacidad para seguir viviendo, primero porque será proclive a algún trastorno mental, y segundo porque será catalogado con “mentalidad” de perdedor, por el simple hecho de no querer jugar al único juego que existe en la actualidad: el de la utilidad, el cálculo y la producción. En definitiva, muere la espontaneidad, muere ese ser que nos habita, ese niño que sólo quiere jugar, el lado derecho cada vez más arrinconado a no tener voz en el cerebro, ni en el mundo, en una sociedad que se está volviendo muy seria, y en donde el humor es igualmente algo a calcular.

   ¡A todo esto…!, si he afirmado que las hembras seleccionaban la ritualización en los machos, ¿qué puede seleccionar ahora la mujer? Yo no lo sé, ¿alguien cree saberlo?, ¿acaso la evolución ya no tiene cabida en lo humano?, o en realidad no ha cambiado el paradigma, pero los cambios son inapreciables, pues la evolución va lenta.


Páginas de las láminas dibujadas por Ernst Haeckel‘s para el libro “Kunstformen der Natur”, que muestran estructuras regulares y geométrica (iterativas) de la naturaleza:

La imagen del huevo de mariposa es National Geographic.

La Coalición Cosmética Femenina

     El presente escrito empezó por la intención de agrupar los ocho gráficos provenientes del artículo de la Wikipedia sobre la hipótesis de la coalición cosmética femenina, en el que quería poner unas notas al pie del gráfico, pero se fueron alargando y al final opté por transcribirlos aquí, por la consiguiente ventaja de poderles poner enlaces. (Son capturas de pantalla sobre página traducida por Google, luego no tengo que ver con la traducción. Google suele cometer el fallo de que ante la duda pone los pronombres y los artículos en masculino, como poner género masculino en sustantivos y adjetivos.)

  • Los tres primeros puntos A, B, C, son generales y se refieren al reino animal en general.
  • La figura A es una estrategia que mantiene al macho alfa, pues los machos tienen que competir entre sí (Lekking).
  • Eso lleva a B, a que las hembras sincronicen sus ciclos (y relacionado con la sincronización de la reproducción). Es una estrategia débil, pues no implica que desaparezca el macho alfa o se tienda a los harenes, pero sí propicia para que todas las hembras se quedasen embarazadas. El defecto de esta estrategia es el abandono de las hembras por parte del macho después de la monta (Figura C).
  • Figura D, la hembra humana (y creo que sólo hay otra especie que recurra a la misma estrategia) oculta sus ciclos, no hay signos externos de que esté receptiva. Se desconoce cuándo se dio este paso. Debió de ser largo, pues son cambios físico/anatómicos que requieren de mucho tiempo evolutivo, (quizás no, si se tiene en cuenta que sólo se requiere “bloquear” la hormona que implicase el inicio de ese proceso y pudo ser debido a una mutación que prosperó). Según Desmond Morris estos pasos se debieron a la bipedación, a que la monta cambio a ser por delante, y a que la vagina quedaba escondida y sin espacio para abultamientos u otro tipo de señales. Los pechos abultados y como sustitución del agrandamiento vaginal (ninguna hembra animal los tienen abultados, excepto cuando tiene que dar de mamar) suplían las señales de estar receptivas. Todo conflagró como para que la carga del dimorfismo sexual (señales externas de belleza, como los rostros más aniñadosredondeados y de rasgos suaves-) recayese sobre las mujeres, el humano es de las pocas especies donde se da tal inversión.
  • Pero ¿siempre y todas? En este proceso ya cambia la organización y es un primer control contra el macho alfa, su dominación y los harenes. Con la bipedación, y el acortamiento del tiempo de embarazo, se alarga la niñez y la hembra necesita más ayuda. Dos posibles estrategias: 1. cooperar entre ellas (las chimpancés no lo hacen), 2. necesitar la ayuda del macho. Pienso que se dieron los dos procesos. La evolución tiende al oportunismo, a sacar ventaja de cualquier opción posible.
Himba-tribe-women-in-Damaraland-Namibia
  • Los siguientes puntos son exclusivos de la hipótesis de la coalición. Figura E, el sangrado es una señal que puede ver el hombre, y el hombre puede calcular su periodo alto, y sigue siendo una tara al monopolizar la atención de todos los hombres. La mujer, en ese momento más cooperativa, pintaba de rojo ocre a la mujer en periodo de ovulación, para ponerse de acuerdo a protegerla del acceso de los hombres (figura F). Tampoco sería descartable que fuera un tipo de control pactado entre ellas y que todas supiesen cuándo una de ellas estaba ovulando, como para no competir entre ellas (o tampoco se puede descartar el pensamiento mágico y de que creyesen que al pintarse una de ellas, cuando menstruaba, se sincronizasen sus ciclos).
  • Figura G, en un proceso evolutivo/social todas las mujeres se pintaban para crear desconcierto (Figura H, “coalición cosmética femenina“), y que de esa forma los hombres perdiesen el control de sus procesos ovulatorios.
  • La hipótesis no tiene en cuenta que quizás el embellecimiento corporal fue una “distracción” de las señales y en la dirección de que no hubiera una preferencia hacia la belleza, que igualmente monopolizaba la atención de los hombres y podía tender a la desigualdad y la dominancia, por ser una señal honesta de buenos genes. U otra opción es que algunas quisiesen competir contra las mujeres bellas adornándose (teoría no colaborativa, tendente al engaño y con similitudes al  comportamiento deimático), y llevó a una escalada de ornamentación, que aún hoy perdura. Otra teoría sería que la ornamentación daba señas sociales del estado civil de la mujer, pues hoy en día en las tribus se siguen usando este tipo de señales ornamentales. Dichos signos en la pintura corporal y los ornamentos propiciaban qué mujeres estaban dispuestas para el cortejo (ritualización proveniente del cortejo animal, que ya conllevaba el dimorfismo sexual, pero en el macho), que por otro lado creaba un proceso largo para conocerse, con la consiguiente posibilidad para un emparejamiento de larga duración.
  • Puede que la “verdad” sea la unión de todas las ideas planteadas. La pintura sobre el cuerpo propició y se inició como colaboración y propició la inversión de la dominancia. Pero a la larga tomó los dos caminos de la señalización social y la competencia entre las mujeres (maquillaje), sobre todo cuando se llegó al neolítico, las grandes ciudades y se perdió el control de la inversión de la dominancia.
  • Las ideas generales de dicha hipótesis son dos: 1. la mujer es la que llevó al “derrocamiento” del macho alfa y su dominancia, y esto fue un incentivo para la inversión de la dominancia (controlar que nadie tomase el poder); 2. el embellecimiento corporal de la mujer fue el primer signo de arte, y lo inició. No es una hipótesis muy apoyada, y ha creado mucha controversia y disputas entre los científicos (y en lo social).

Algunas conclusiones previas después de una noche de sueño.

   En la vida natural se despliegan todas las posibles estrategias y comportamientos animales. La hembra más colaborativa en la naturaleza es la elefanta. La humana dista mucho de ser igual a ellas, pues de haber sido así no hubieran “necesitado” del hombre, ya que entre las elefantas no recurren al macho más que para el apareamiento, y mientras tanto lo tienen al margen. Pienso que la “mirada feminista”, que no la de la mujer, “perjudica” los análisis científicos, ya que en la teoría de la coalición cosmética hay una mujer. En otro caso y estudio dicen que durante el embarazo se da una poda neuronal, pero no en los padres (aunque en ellos se da un cambio químico: mayor cantidad de oxitocina y prolactina, en donde la segunda baja la cantidad de testosterona y sus “nefastos” efectos hacia la dominancia y la tendencia a la ira), igualmente hay científicas, sin llegar a conclusiones más allá de ese simple hecho cerebral. Si yo voy a la nevera alguien me va a decir: “vas a comer o a beber algo”, siempre hay un porqué de una acción. En ese caso…, una poda neuronal para qué. Se sabe que se optimizan rutas o se hacen más directas, como cuando hacemos una autovía y evitamos ir por carreteras nacionales y comarcales, pero siempre habrá un para qué. A mi parecer el estudio confunde la premisa con la conclusión. Otro caso de poda neuronal se da durante la adolescencia. Nadie dudará que ahí se da un para qué. Se entra en la edad sexual, que a la vez implica que cobre importancia la auto-identidad, que a la vez implica restar importancia a la identidad de los padres. O sea, va encaminado a que el cerebro tienda a la autodeterminación frente a la dependencia. ¿Qué necesita un hijo?, la abnegación de un cuidador. Luego la madre, o la poda neuronal tiene que reconstruir un cerebro que se había reconstruido para la autodeterminación, a un cerebro abnegado y cuidador, sólo así se puede entender dicha poda: hay un cambio de identidad, de ser, si se quiere.

    Los científicos no están exentos de sesgos (yo tampoco me excluyo y que se me achaque el sesgo naturalista), y hay un comité feminista que “vigila” los sesgos de géneros y sexistas de los hombres, pero no creo que “miren” cuando los sesgos los hagan mujeres, o se estén haciendo en la dirección de “dar la razón” a las posturas feministas y por lo tanto identitarias. Hace falta un comité de científicos de hombres que “vigilen” que las científicas no cometan los “fallos” de los sesgos propios del feminismo, como el de tender al autoservicio, a “evidencias” que les puedan dar la razón o que mejore la imagen de la mujer durante la evolución humana.

    Vuelvo a la teoría de la alianza cosmética. El estudio ignora hechos como el de la competencia del esperma e ignora o tiene el punto flaco del porqué al final el hombre se implicó en la cuida de su descendencia. En esos juegos y estrategias que se despliegan entre los animales, uno de los factores por los que un padre (macho) se implica algo o hace uso del reconocimiento Kin (de parentesco) es entre los leones, y se da por la cuestión que no quiere que la camada de otro macho prospere, y por ello tiene el comportamiento de matar a las crías ajenas. Ha de reconocer a las suyas para protegerlas de otros leones y para no cuidar las crías de otros. Entre los primates los langures siguen esa misma estrategia de reconocer su propia camada y matar la de otros machos. No es casualidad que las dos especies sean de tipo harén: un macho, muchas hembras. Se supone que nuestro pariente más cercano son los chimpancés y los etólogos, primatólogos y antropólogos tratan de sacar conclusiones a partir de sus comportamientos, pero ¿por qué el comportamiento del actual chimpancé tiene que ser igual que el de sus ancestros de hace dos millones de años? Quizás el ancestro común del humano y el chimpancé era de tipo harén, y el chimpancé fue variando su comportamiento hasta llegar al actual, y los ancestros  de los humanos tomaron otro camino. Más si se tiene en cuenta que el árbol genealógico de los homínidos tomó varias ramas, con distintos comportamientos e incluso tipos de alimentación.

Árbol de la Evolución de la Hominoidea

    Quizás la antecesora humana partió de una construcción social de tipo harén (la rama de la que partimos, y de la que el gorila se separó, este tiene sociedades de tipo harén) a, y trató de cambiarlo hasta llegar a la actual, pero no nació bajo un concepto de unión o cooperación entre las hembras de forma inicial, o simplemente hubieran llegado a la posición de las elefantas, pues en esta especie igualmente se da una infancia muy larga. El macho estaba ahí y ya debería de tener el reconocimiento del parentesco, luego debió de partir del concepto de harén. ¿Cómo si no se han dado sociedades humanas de harenes a lo largo de la historia, y aún hoy la mujer trata de luchar contra este tipo de dominio y poder desigual en lo sexual? Otra cuestión es que el humano actual es el cruce con neandertales y denisovanos, pero con predominancia de los homo sapiens. Posiblemente los dos primeros no tuvieran un comportamiento social muy distinto entre ellos, pues eran “vecinos” en el continente euroasiático, pero no tenían por qué ser igual al del homo sapiens africano de los cuales se separaron hacía más de 300.000 años. Por la diferencia en los tamaños de los penes se sabe que los africanos debieron de pasar un mayor tiempo por la competencia del esperma, luego las sociedades de los africanos y los homínidos euroasiáticos debieron de ser distintos (la ciencia dice que los promedios del tamaño no son evidentes, quizás no en los promedios pero sí en las excepciones, por lo que se deduce de las películas pornográficas; otra cuestión a tener en cuenta es si se ha tendido a promediarse en los últimos 15.000 +/- años, pues el humano, en ese momento ya de piel más clara, se asentó en el delta del Nilo y tenía contacto con los africanos del nacimiento del río -los nubios-). Más de tipo harén posiblemente entre los denisovanos, pues las culturas asiáticas han tendido más a la sumisión femenina, y se supone que tienen el pene promedio (o en excepción) más pequeño de los humanos. Oriente Medio, que se supone que es la zona más “machista” y más tendente a la relegación femenina a un papel sumiso en la actualidad, se da el caso que fue la primera zona en donde neandertales y homo sapiens se cruzaron; mucho antes de la gran salida de África, hace unos cien mil años. Comprendo que estoy usando correlación: tres especies que se mezclaron, y tres tamaños de penes y posibles comportamientos, e igualmente comprendo que correlación no implica evidencia.

    Para evitar posibles malinterpretaciones (y suspicacias) dejo aquí lo que se puede encontrar en la Wikipedia sobre estos dimorfismos, lo que sí está claro y en lo que están de acuerdo los científicos es sobre el tamaño del pene humano con respecto al gorila o el chimpancé, el del gorila es menor en proporción pues al ser su relación con el otro sexo de tipo harén no tiene que competir de otros modos y la evolución se “ahorra” en el tamaño y la energía necesaria para la cópula. En el hombre, en proporción es mayor por la competencia sexual y del esperma, en hembras que se supone que han sido más proactivas sexualmente a lo largo de la evolución:

  “La teoría de la selección sexual se ha utilizado para explicar una serie de características anatómicas humanas. Estos incluyen los pechos redondeados, pelo facial , pelo púbico y el tamaño del pene. Los pechos de los primates son planos, sin embargo, son capaces de producir suficiente leche para alimentar a sus crías. Los pechos de las hembras humanas no lactantes están llenos de tejido graso y no leche. Así, se ha sugerido que los pechos femeninos redondeadas son señales de la fertilidad. Richard Dawkins ha especulado que la pérdida del hueso del pene en el hombre, cuando está presente en otros primates, puede deberse a la selección sexual por parte de las mujeres que buscan un claro signo de buena salud en posibles parejas. Puesto que una erección humana se basa en un sistema hidráulico de bombeo, una erección insuficiente es una sensible advertencia temprana de determinados tipos de mala salud física y mental.
  EHumano tiene un pene más grueso que los otros grandes simios, aunque en promedio no es mucho más allá del chimpancé. Se ha sugerido que la evolución del pene humano hacia el tamaño más grande fue el resultado de la elección femenina en lugar de la competencia del esperma, que por lo general favorece a los grandes testículos. Sin embargo, el tamaño del pene puede haber estado sujeta a la selección natural, en lugar de la selección sexual, debido a la eficiencia de un pene más grande en desplazar el esperma de los machos rivales durante las relaciones sexuales. Un estudio modelo mostró que el desplazamiento de semen era directamente proporcional a la profundidad del empuje pélvico, como un dispositivo de desplazamiento de semen eficiente.”

   Lo que quiero decir es que se analizan las actuales tribus africanas en busca de ese pasado común (o de Sudamérica, como lo hizo Almudena Hernando), y se crean hipótesis como la de la coalición cosmética, pero se ignoran posibles pasados alternativos de los neandertales y los denisovanos, que se quiera o no pudieron modificar la genética y los comportamientos de las sociedades humanas posteriores.

   Un paso decisivo humano fue la ocultación de la ovulación y por otro lado que se tuviera doce ciclos al año. Otras especies que sincronizan su periodos de ovulación lo hacen con respecto a la sincronización de la reproducción, pero con doce ciclos al año en las hembras humanas ya no era posible la sincronización en la reproducción. La clave está aquí, y repercutió en dos sentidos. Las hembras ya no podían ser tan colaborativas, o no fue ese el camino que tomaron. Lo que “asusta” a la persona media sobre la ciencia es cuando los científicos hablan con sus términos, por parecerles muy fríos y en apariencia usar un lenguaje tan inhumano, pero no es su lenguaje: hablan con el lenguaje de la naturaleza y la evolución. Todo en la evolución tiene que ver con lo económico, con costo/beneficio, con lo práctico, y a la vez el analizar la posición inicial o anterior a un cambio y su posible coste y beneficio ulterior. ¿Por qué no podían ser colaborativas?, porque colaborar en criar o a ayudar a otra hembra le hacía gastar un tiempo que perdía en tener sus propios hijos. Posiblemente el que se tuviese tantos ciclos en un primer momento repercutió a que colaborasen, ya que había muchas oportunidades de quedarse embarazadas y podían ayudar a criar durante un tiempo a una hermana, con la ventaja que tendrían ese mismo comportamiento con ellas. Eso de nuevo lleva a que al final hubieran prescindido del macho, y que se debía de partir de una posición inicial de tipo harén para que ya estuviese así y luchar por mantener su posición como para contrarrestar la colaboración de las hembras. Por otro lado hay que tener en cuenta que éramos una especie de baja estatura y sin demasiadas armas naturales para la lucha, luego éramos un animal de presa. Más teniendo en cuenta que vivimos en una sabana, sin ninguna forma de escondernos. El macho debió de tomar el papel de guardar el territorio de depredadores, luchando contra ellos o ahuyentándolos (acoso defensivo animal (mobbing), tal como hacen hoy los búfalos africanos, pero igualmente animales pequeños), pues las hembras tendrían sus brazos y atención ocupados en cuidar a las crías. En ese papel los machos serían los que más muriesen (en esos inicios nuestros antecesores apenas medía un metro), con lo cual habría pocos machos para la reproducción, y fue en ese lapso temporal evolutivo donde se debieron de invertir los roles en ciertas cuestiones, como que las hembras compitiesen entre ellas para acceder a esos pocos machos restantes, y por ello a que fueran las hembras las que debieran de tener -y mostrar- atributos sexuales para la monta (y uno de los cuales al final y a la larga fuera la pintura), y en esa dirección ya no pudieran llegar a ser tan colaborativas -y sí competitivas- como para prescindir del macho, dada la escasez de estos. Se me ocurre, que ya desde esa etapa nace la idea del sacrificio y se asienta en el pensamiento mágico a lo largo de cientos de miles de generaciones, dado que entonces estábamos más cerca del animal que del humano, y además iría emergiendo la figura arquetípica del héroe, igualmente desde la capacidad aún mágica y de asombro de concebir el mundo de ese animal carente de la palabra. Con todo, esa etapa -aunque larga- acabaría cuando el humano empezó a dominar el fuego y a elaborar herramientas y por ello armas de defensa y ataque. De una forma u otra en ningún momento llegaría a desaparecer del todo el concepto de macho alfa, si bien debió de llegar a calar la idea de que las agrupaciones debieran de formarse a partir de la igualdad, y desde entonces se iría de un tipo de sociedad a otra, dependiendo de las circunstancias, las culturas y las regiones.

    En ese interín es donde se debió de dar la primera inversión de la dominancia, pues por un lado el macho alfa ya no podía existir o permanecer durante mucho tiempo, en la medida que morirían demasiados en manos de los depredadores (según un estudio científico los machos de distintas especies tienden al cuidado parental cuando su número es menor que el de las hembras, –descargar PDF-), y puesto que la hembra debió de jugar la baza de una alta sexualidad (similar a las de las bonobos) que debió de repercutir en que los machos ya no podían estar seguros de su descendencia, y se tuvieron que atener a la nueva realidad de colaborar con el cuidado de todas las crías a la vez, o tender a la monogamia. Si se unen unas teorías y otras se puede entender la inversión del rol de competir por los machos, esto nos dice la Wikipedia:

En las especies donde existen sesgos de apareamiento, las hembras suelen ser el sexo selectivo porque proporcionan una mayor inversión parental que los machos. Sin embargo, hay algunos ejemplos de inversión de roles sexuales en los que las hembras deben competir entre sí por oportunidades de apareamiento con los machos. Las especies que exhiben cuidado parental (por parte del macho) después del nacimiento de su descendencia tienen el potencial de superar las diferencias de sexo en la inversión parental (la cantidad de energía que cada padre aporta por descendencia) y conducir a una inversión en los roles sexuales.” 

    Una de las hipótesis barajada para la ovulación oculta (Heistermann y col.) es que de esta manera ya no se darían los infanticidios, pues el macho al no estar seguro de quién podía ser la descendencia, podría matar a la suya. Otra suposición es que la falta de evidencia de estar en periodo de ovulación evitaba la confrontación entre machos y eso llevaba a la armonía grupal. Unas y otras teorías no son excluyentes, puede que se dieran a la vez varios factores. Es de suponer que esta larga etapa acabó o deterioró el reconocimiento del parentesco, si bien la similitud del rostro fue el que sustituyó cualquier otra forma de similitud familiar. Unos cambios y otros fue llevando a las sociedades tribales, y el precario y variado comportamiento de las distintas tribus de todo el planeta actuales: cada una adaptada a las distintas necesidades a las que les fue llevando su hábitat. En américa del sur hay tribus que no tienen en cuenta quien es el padre, los inuit compartían las pocas mujeres existentes, o en otros casos y culturas, como las de las estepas asiáticas, una mujer tiene a varios hombres. En toda esta teoría no hay que ignorar que puesto que se perdió la anterior alta colaboración de las hembras, estas se vieron “obligadas” (coste/beneficio) a seleccionar un tipo de hombre más apegado y colaborativo en el cuidado de las crías. Tampoco hay que ignorar la baza que jugó la evolución en el papel de la liberación de ciertas sustancias durante el enamoramiento, que por lo que se sabe tienen una caducidad de dos años, que curiosamente es el mismo tiempo que duran los cambios en la mujer sobre los efectos de la poda sináptica. ¿Por qué dos años?, quizás fue el valor que la evolución promedió para que el niño fuera algo autónomo (hoy en día ese promedio es inválido, lo que “demuestra” lo lenta que es la evolución para cambiar sus disposiciones), como para a la vez “liberar” a los padres de la “carga” de la sobreprotección, y de paso “liberarlos” el uno del otro. El amor, más social, espiritual y humano, es ese tiempo más allá de esos dos años prefijados en la “trampa evolutiva” del enamoramiento (idealización y devaluación). Tal “trampa” nos dice que el humano no es monógamo, o sólo el tiempo necesario para que el niño llegue a una edad algo más autónoma; el resto del tiempo es literatura e interpretación humana.

   En los siguientes párrafos, extraídos de la Wikipedia, habla sobre todos estos temas, si bien mi forma de ver las cosas es que no se tendió a ninguna apuesta concreta, dada las distintas variaciones de los hábitat a los que nos hemos adaptado, pues cada uno puede requerir una adaptación distinta, y teniendo en cuenta que tanto en mujeres como en hombres se dan distintas apuestas que aún “compiten” por que se mantenga la suya:

Las mujeres solo pueden quedar embarazadas mientras ovulan. La ovulación humana está oculta o no se indica externamente. La ovulación oculta disminuye la certeza de paternidad porque los hombres no están seguros cuando las mujeres ovulan. Se ha teorizado que la evolución de la ovulación oculta es el resultado de la altricialidad (recién nacido indefensos y sin autonomía), y la mayor necesidad de inversión paterna. Hay dos formas en que esto podría ser cierto. Primero, si los hombres no están seguros del momento de la ovulación, la mejor manera de reproducirse con éxito sería aparearse repetidamente con una mujer a lo largo de su ciclo, lo que requiere la unión de la pareja, lo que a su vez aumenta la inversión paterna. La segunda teoría afirma que una certeza de paternidad disminuida aumentaría la inversión paterna en grupos polígamos, porque más hombres pueden invertir en la descendencia. La segunda teoría se considera mejor hoy en día, porque todos los mamíferos con ovulación oculta son promiscuos, y los hombres muestran un comportamiento relativamente bajo de protección de pareja, como lo requiere la monogamia y la primera teoría.
(…)
Los humanos tienen los niveles más bajos de dimorfismo sexual de cualquier especie de primates, lo que indica que hemos evolucionado a niveles decrecientes de poliginia. La disminución de la poliginia (harén, en definitiva) se asocia con una mayor inversión paterna.
(…)
Esto vincula la teoría de la inversión parental (PIT) con la selección sexual : donde la inversión parental es mayor para un macho que para una hembra, generalmente es la hembra la que compite por una pareja, como lo demuestran Phalaropidae y las especies de aves poliandrosas. En estas especies, las hembras suelen ser más agresivas, de colores brillantes y más grandes que los machos lo que sugiere que el sexo más inversor tiene más opciones al seleccionar una pareja en comparación con el sexo que participa en la selección intrasexual.

   El último párrafo no habla de la mujer, pero está claro que sí entró en una competencia, entre ellas, sobre las características dismórficas (ya sea porque hubiera pocos hombres o porque hubiera pocos que tomasen el camino de la inversión parental), pues tienen más rasgos de belleza (cara aniñada, pechos, glúteos, cabello) que con respecto al hombre. Por otro lado, a nivel de números, pongamos que hay tres tipos de hombres: 1. no le interesa el cuidado de la descendencia, 2. le interesa, pero no le preocupa que sean sus hijos y se implica en el cuidado, 3. le interesa que sea su descendencia y quiere participar en el cuidado. La opción 1 a la larga se replicará menos en tanto que la descendencia tiene más probabilidades de no salir adelante, con lo cual habrá menos hombres que hereden dicha estrategia. Los segundos en muchos casos criarán de los tres tipos, de esa manera su tipo de “apuesta” será la menos numerosa (para el caso es como si tuviera un mazo de cartas y echara cartas a los otros dos mazos, mientras que los otros dos sólo se echan cartas a su propio mazo). El tercer tipo cuida que la hembra no tenga sexo con los del tipo 1 y 2, luego es la apuesta que con más probabilidad se replicará y pasará a la descendencia. Sólo es un factor entre tantos. Incluso las Bonobos tienen sexo con todos, pero cuando ovulan escogen al mejor y el más “oportunista” macho, según se ha estudiado. Las Chimpancés hacen uso del sexo para ganar favores y privilegios, pero de igual forma cuando están ovulando seleccionan a los mejores machos. Las mujeres hoy en día pueden nos ser muy selectivas con quien tienen sexo, pero sí lo son para elegir con quien van a compartir su vida y que ese hombre sea el padre de sus hijos.

    (Off Topic. ¿No encajan tres apuestas con los tres tipos de hombres estereotipados de la actualidad?: cabrón (canalla), “pagafantas” y promediado. Se puede analizar cuál es más “útil”, cuál el más deseado y cuál es el más fácil de “dominar”. La misma lógica y juego se ha seguido a lo largo de la evolución. También hay tres tipos de mujeres promedio, que son los equivalentes al de los hombres o a la inversa. Se deducen por tres tipologías o formas de comportamiento general: alfas, oportunistas, y generalistas o promediados de las dos primeras tipologías.)

     He tratado de ser objetivo, y partir de los conocimientos científicos. Uso de referencia la Wikipedia, pero a la vez esta hace uso y remite a estudios científicos recientes y comprobados, y en caso de ser controvertidos lo hace saber. Uno de los “fallos” de ciertos científicos es cerrarse sobre una hipótesis, descartando el resto. La teoría de la coalición cosmética cae en ese error, así como crear un eje temporal central, hace unos 300.000 años, cuando debió de haber otros cambios más sustanciales y de mayor importancia que debieron de venir de mucho más atrás. Hay que mirar las cosas con distancia y tener una mentalidad holista del conjunto para llegar a conclusiones más abarcadoras, complejas y completas. Quizás, como es mi caso, porque no tengo tantos pequeños detalles, mirar a los árboles, que me impidan ver el bosque. No pongo fechas y eras de la evolución porque ahí sí tendría que meterme en detalles e imprecisiones. Mis ideas son generalistas y no tienen en cuenta esas eras, aunque las tengan como base. Bajo mi punto de vista de la evolución emergen conceptos y esta no hace tanto uso del detalle, como un neurotransmisor concreto, sino de la meta a la que trata de llegar a partir de dichos conceptos (organización biológica). Leyendo artículos y libros científicos se dice por ejemplo que si los humanos que habitaban en África ya eran hombre modernos, porqué fue el caso que no fuera allí donde emergió las grandes innovaciones del neolítico. Un concepto evolutivo que es extrapolable a la típica frase de “si funciona no lo trates de arreglar”, es aplicable a lo evolutivo. Las tribus africanas se estabilizaron en un modo de hacer las cosas, dado que en su mundo no había escasez (ver estrategia evolutivamente estable y ecología del comportamiento). La evolución aplica la retroalimentación negativa para estabilizar una especie que sobrevive en un ecosistema estable. El humano que salió de África se vio sometido a la presión de unos nuevos ecosistemas nada acogedores y con unos climas para los que el humano no estaba preparado. En esa situación la evolución hace “uso” de la retroalimentación positiva, mete presión a dicha especie, para que se adapte al medio o adapte el medio dicha especie. El encuentro con Neandertales y Denisovas nos ayudó, pues al cruzarnos con ellos aceleró ese proceso de adaptación, puesto que dichas especies ya estaban adaptadas a esos medios. Aún hoy los europeos tienen bastante bello corporal, seguramente fruto de que fue un rasgo que se mantuvo de los Neandertales y en la dirección de tener algo más de protección contra el frío. También hay que tener en cuenta que todo cruce con especies lejanas, toda hibridación, crea especies en donde se incrementan (vigor híbrido) ciertos rasgos fenotípicos, y por ello comportamientos. Es de suponer que entre esos rasgos estarían los de ser más creativos y simbólicos. Bajo mi punto de vista esas tendencias eran fruto de una retroalimentación positiva sin freno, de la que hoy, con el cambio climático y la superpoblación, queda demostrado que fue una cuestión errada. La aceleración a la que nos sometimos crearon cambios en nuestros cerebros, para los que este no estaba preparado físicamente. Dichos cambios, junto a la falta de estabilidad en las culturas, son los que crean todos los tipos de trastornos mentales humanos.

   Conclusiones finales. La mujer de la actualidad tiene en su mano el futuro de la humanidad, siempre ha sido así, puesto que uno de los motores de la evolución es la selección sexual y ese “poder” siempre lo suelen tener las hembras. Hoy en día la mujer puede ser autónoma y no necesitar demasiada ayuda o colaboración en la crianza de un sólo hijo o dos, (y hoy de nuevo ponen en juego el sexo como factor a su favor, quieran o no las feministas). De prescindir del macho como propone el feminismo separatista. Ahora puede retomar aquella independencia que alguna vez “deseó” o tuvo. Si como se ha dicho arriba sobre las mujeres, hay una etapa de autodeterminación entre la juventud y el primer hijo, por el cual el cerebro cambia en la futura madre para ser una protectora abnegada, hay en lo general dos tipos de feministas, y las que están creando más revuelo son las de las jóvenes, dentro del feminismo de la cuarta ola (con las redes sociales e Internet como medio). Cuando se es madre se cambia de actitud, pues si tiene un varón ya no puede tener una mirada tan dura hacia el hombre sin contradecirse. Yo a las que más cuestiono son a las feministas de la cuarta ola. El presente libro tiene la finalidad de llevar a un último capítulo que tendrá como título el “sexo débil”, y en donde tal sexo es el hombre (era al capítulo que igualmente llevaba el anterior mini-libro de “Primitivas, conceptos y Conciencia”, pero que por fallas estructurales abandoné). Por qué y en qué me baso para tal afirmación, eso queda pendiente de escribir en dicho capítulo. En realidad la idea es sencilla y ya está siendo perfilada en mi lenguaje, pero me he de guardar esa carta bajo la manga, para que se lea el resto del escrito sin esa lente, pues dicha conclusión podría alterar su lectura.


   El presente escrito no tiene en cuenta la conciencia (así como en otros que trato sobre estos temas). Como no se sabe en qué momento emergió, a nivel evolutivo, no está claro en que situación de las descritas arriba hombre y mujer eran conscientes de sus actos, o dicho de otra forma, en que momento eran acciones dentro del estadio de animales, y en qué momento eran acciones humanas y por lo tanto con conciencia. De cualquier forma los primeros humanos sustituyeron los instintos por ritos y tabús, y en esa medida tampoco se pueden analizar o cuestionar a través de la mirada del humano actual. Tal diatriba viene a colación por el hecho que bajo la teoría de la señalización la hembra humana, en un estadio seguramente previo a la conciencia, hizo “trampas” -en varias direcciones-, para redirigir el comportamiento del macho para sus propios fines, o si se quiere para equilibrar la balanza de los costes de la reproducción. Esto nos dice la Wikipedia según dicha teoría:

“Dentro de la biología evolutivala teoría de la señalización es un cuerpo de trabajo teórico que examina la comunicación entre individuos , tanto dentro de las especies como entre especies. La pregunta central es cuándo se debe esperar que los organismos con intereses en conflicto, como en la selección sexual, proporcionen señales honestas (sin presunción de intención consciente) en lugar de hacer trampaLos modelos matemáticos describen cómo la señalización puede contribuir a una estrategia evolutivamente estable.”


Temas de interés en la Wikipedia a tener en cuenta:

El Nacimiento de la Identidad Narrativa

Prefiero ser oportunista y flotar, que irme al fondo con mis principios alrededor del cuello.” Stanley Baldwin

   Arrastro varios temas pendientes de escritos atrás. El presente trata de solventarlo, así como crear una hipótesis del nacimiento de la identidad narrativa.

   Según transcribí en el artículo anterior, Christopher Boehm argumenta que durante la evolución social se dio una inversión de la dominancia, en donde principalmente por medio de infundir vergüenza, el poder pasó del macho alfa a la sociedad, de tal forma que tal situación llevó a las sociedades acéfalas (sin mando), y según Boehm tendió a las sociedades igualitarias. Como ya dije en el escrito, eso no quiere decir que el espíritu o la condición humana sea la igualdad, sino no desear estar al mando de nadie; por orgullo (egotismo), por el implícito ímpetu que todo individuo -o vida- conlleva de querer ser el mejor, tal condición es propia de todo animal: los animales complejos dentro de sociedades no tratan tanto de mandar, como de no ser mandados. Piénsese bien, las luchas por dominar sólo pueden generar violencia, quedaba  el otro camino, que nadie tratase de dominar. De fondo, además, tal tendencia lleva implícita la autopoiesis: la autodeterminación propia de toda vida. Retomo ese tema para hacer ver dos cosas evidentes: 1. la “regla de oro“, aquella que dice que “no hay que desear a nadie algo que uno no quiera para sí mismo”, no nació de lo positivo como tal regla es, sino que nació a partir de asentar la vergüenza como base de la vida en sociedad: nació de lo negativo, de no desear caer en desgracia para el resto, y en esa medida congraciarse y tender a la regla de oro con el resto de las personas, en la medida de temer y evitar la vergüenza. 2. la sociedad actual -por medio de la educación- trata de crear unos individuos que se sientan seguros de sí mismos, de su condición y sus acciones. Tal tendencia lleva implícito poner en jaque al concepto que era el baremo del comportamiento social, hasta ahora, de sentir vergüenza: ¿qué implica tal cuestión? Los dos puntos hacen referencia a la teoría del posthombre de Nietzsche (que no superhombre, como quiso dejar escrito su hermana) pero, ¿tal tendencia es la acertada según el concepto de familia y juego, en donde tal juego -como hemos visto en el escrito anterior– dice que no hay que desear ganar dentro de una misma identidad? Dejo de momento tal pregunta en el aire, voy primero al tema del nacimiento de la identidad narrativa.

   En escritos anteriores he dicho que la vida, la evolución, “sabe” que no se puede tener el control del medio, que lo que prima en la realidad es el azar. El universo está reglado por el segundo principio de la termodinámica, por el caos, por el desorden, por la complejidad. La vida trata de ser un sistema cerrado que se libre de tal ley: genera orden, y lo hace a través del control interno y en la medida de lo posible de lo externo. ¿Me he ido demasiado atrás?, trato de hacer ver que todo tiene un porqué, que el desarrollo del universo, y por ello la vida, trata de “contestar” preguntas pendientes, o mejor dicho, se atiene a las reglas de los sistemas previos sin poder cambiarlos (teoría de la superveniencia). Toda la vida se las aviene a las reglas de la gravedad, de las leyes del electromagnetismo y las leyes de la termodinámica. La vida “funciona” por la química de la regla del octeto para crear moléculas complejas estables. El mismo cerebro es un laboratorio de química donde los neurotransmisores -y por “dictados” del ADN- parten de las monoaminas elementales para crear moléculas más complejas, con funciones igualmente más complejas. Estas moléculas terminan por degradarse y son vueltas a componentes básicos para volver a crear otras moléculas complejas. De hecho se cree que ciertos trastornos son debidos a las monoaminas oxidasas (MAO),  “una familia de enzimas que catalizan la oxidación de las monoaminas , empleando oxígeno para eliminar su grupo amina”, en donde no hace su labor de la “inactivación de los neurotransmisores”Se sigue -por todo lo dicho igualmente- que es un sistema cerrado que trata de reciclar en la medida de lo posible y en esa dirección no tratar de depender del medio. Eso es la vida: un sistema cerrado que trata de ser autopoiético: autosuficiente y autodeterminado. El humano, como se ha dicho arriba sobre su condición, hereda esas reglas de un sistema anterior.

Biosistesis de la Naradrenalina   Crear movimientos óptimos es el sistema nervioso más antiguo de la naturaleza, el segundo lo es a partir de saber del medio a través de los sentidos. En eso consiste el crear conexiones entre el aparato locomotor y el sensor. El medio ofrece una resistencia, por ejemplo el agua, y el sistema motor se adapta a ese medio. Tal tipo de memoria es la llamada procedimental. La mayoría de la vida nace con esos movimientos programados en el ADN, pues son reglas que llevan millones de años, pero en los sistemas vivos complejos esas reglas se ponen en suspenso en la medida de tratar de aprender de manera más afinada sobre cómo es el medio. ¿Por qué la vida sabe del caos y el azar?, piénsese en uno de los más antiguo modos de reproducirse: poner huevas en el mar. Cuando se dieron los depredadores la mayoría de esas huevas eran ingeridas por dichos animales. La vida toma dos vías a partir de estos hechos: 1. poner huevas en exceso o 2. poner más cuidado sobre ellas. Las dos apuestas se mantienen, pero la segunda es la que tendió a los animales complejos y por ello a los cerebros más complejos. Una regla que se deduce de esta anterior es que la evolución “resuelve” un tema, para inmediatamente encontrase con nuevos problemas, o crearlos ella misma. O sea, el exceso de huevos “creo” un tipo de alimento -energía- y por ello un tipo de animal oportunista, que se aprovechó de tal energía de fácil acceso: creó el depredador. Por otro lado al tender a la segunda apuesta, la de poner cuidado de las huevas, creó el problema de la dedicación de los individuos por esas huevas: creó el concepto de maternidad, que era más propio de uno de los sexos. Solución al que el feminismo hoy en día da vueltas, olvidando o ignorando esos inicios tan elementales y prácticos. Si se piensa en esos inicios, la maternidad sólo le podía tocar al que estuviese en el momento del parto: la madre. En esos tiempos evolutivos tan remotos el macho fecundaba y desaparecía para siempre. La situación se mantuvo así por millones de años, a la fuerza los sexos han de diferir.

    Creemos una capa de abstracción sobre todo esto. Toda diferenciación crea identidad, y en la medida de que existe eso diferente a mis propósitos se crea el concepto de otredad. Uno de los sistemas más antiguos de la vida son estas dos reglas. Como el ADN básicamente es información que se transmite, el ADN tenía que influir en la detención de identidad y otredad entre los individuos: tal proceso es la base de la comunicación. La vida es azar y control, y la evolución trata de mediar entre esas dos fuerzas. Entre medias de esos dos procesos nace el concepto de lo estocástico, de pequeñas variaciones para crear o tratar de controlar qué es una identidad. En animales complejos el hecho que toda cebra sea diferente, o las de que no haya dos huellas digitales iguales entre los humanos, obedecen a las reglas de lo estocástico: se trata de mantener la identidad, pero a la vez se “acepta” el azar. Esta nueva regla, además, tenía mucho sentido cuando se dio el sexo, pues la evolución cogió un atajo, en cuanto rapidez para llegar a posiciones óptimas, en tanto que la alta variabilidad conllevaba la multiplicidad de las diferenciaciones, que al ponerse en juego se validaban o sólo se reproducían aquellas que más éxito tenían, en tanto que adaptadas al medio. Se siguen dos reglas de todo este entramado: 1. cada individuo es un ser único en la medida que sus variaciones estocásticas crean un tipo de diferenciación que tiene como propósito tratar de sobrevivir y propagar su variación. 2. había que mantener la identidad de la especie: que muchos cambios estocásticos no generasen infinidad de especies. Esas dos reglas son las que saca a relucir Jacques Monod y su concepto de teleonomía. La vida es azar, pero sigue el plan de tratar de mantener identidades: especies (invariancia).

    Vemos, así, que el azar está implementado en el sistema que es la vida y lo “asume”. Por otro lado, y ya en los animales complejos, creó cierta disponibilidad en sus cerebros para aprender del medio, en vez de atenerse a reglas asentadas como instintos. Esa neuroplasticidad implica “saber” que el medio es complejo y caótico. Estoy dando un largo rodeo para hacer ver que la mayoría de animales complejos “saben” de una forma implícita que la realidad es caótica y llena de desorden, pero no saben que lo saben, cuestión que es diferente en el humano. La conciencia implica un sistema de retroalimentación por el cual un aprendizaje no es meramente procedimental, que es un circuito o rotonda cerrada, sino que el sistema complejo que es el cerebro humano implica que lo que ocurre en esa rotonda está siendo observado por una cámara (no siempre), de tal forma que tal cámara o nueva rotonda, tiene un conocimiento tácito de lo que ocurre en la primera rotonda. Tal concepto se expresa y es expuesto en la teoría del doble bucle del aprendizaje. La mayoría de los animales complejos tienen este sistema, tienen cierto nivel de consciencia (doble circuito), pero sin un sistema o lenguaje complejo de análisis, no llegan al nivel de conciencia simbólica humana. Me detengo a explicar mejor esto.

   Ya hemos visto en un escrito anterior que el aprendizaje se da en tres capas: 1. la muscular o del movimiento (procedimental), 2. la de las emociones y 3. la semántica o altamente simbólica que solo tienen los humanos. Todo animal tienen a las emociones como juego simbólico y como capa de abstracción para diferenciar dos memorias procedurales distintas. Si la emoción implicada es el miedo, la memoria procedimental se adapta o se escribe en el cerebro con dicho “símbolo” que está diciendo algo concreto del medio. Tal tipo de aprendizaje se llama condicionamiento clásico, es el más estándar o validado por la evolución, y lo tiene el propio hombre. Si se entiende bien la forma de proceder, tal tipo de memoria trata de volverse o se comporta como un instinto, en la medida que cuanto mayor haya sido la posibilidad de morir en tal situación, más se asentará tal aprendizaje y repercutirá con mayor fuerza en las nuevas situaciones iguales o similares. Se ha comprobado recientemente que este tipo de aprendizaje, sin supervisión del prefrontal o conciencia, es de los más fuertes que quedan implementados, frente a todo aprendizaje en el que medie la razón o conciencia (atención) y que no implique tanto a las emociones. El síndrome de estrés postraumático tiene su “solidez” en dicho tipo de regla, pero además sale a colación a lo que quiero llegar. Un perro, por ejemplo, con un condicionamiento clásico, huirá de aquello que le provoca miedo, y una vez que se haya alejado vuelve a su estado de tranquilidad u homeostático. Pero por la alta capacidad simbólica humana, el prefrontal puede volver a recuperar ese episodio y mantenerse en estado de pánico, sin necesidad de estar frente al “objeto” del miedo.

     Estoy dando muchas vueltas al tema porque es complicado tratar de fundamentar que la vida “sabía” del azar y la falta de control, pero tal hecho no creaba angustia en los animales, mientras que en el humano ese proceso es distinto. La teoría del doble bicle se puede aplicar igualmente al miedo en tanto que el segundo circuito “sabe” del problema del primer circuito, pero no tiene un medio directo para frenarlo; más bien al contrario: tal parece que retroalimenta el primer circuito de manera que se incrementa el miedo, con el consiguiente estado de ansiedad mantenida no ya por el objeto del terror, sino por la imaginación de tal objeto. A nivel de química es distinto el proceso llevado por el cortisol y la adrenalina, que es una hormona que hace que el sistema entre en alarma de forma momentánea y rápida, el idóneo para la lucha o la huida, que el siguiente estado de alerta de larga duración que es mantenido por la noradrenalina. El mantenimiento de tal estado es al que se le llama de estrés, y tal estado lleva o bien a la ansiedad o a la depresión, o va de un estado a otro, que a  nivel de excitación es perder el equilibrio al centro, e ir periódicamente arriba y abajo. Este “problema” repetido por cientos de miles de años tenía que “resolverse” a nivel de evolución, de que se validase algún promedio, que era el que más se terminase por reproducir. Todo humano que se mantuviese permanentemente ansioso o deprimido no se reproducía, ya que tal estado repercute en el sistema parasimpático y en todo lo relacionado a la reproducción. Es ahí donde nace la identidad narrativa.

    Como ya he dicho otras veces, un infante pasa por las distintas etapas de la evolución, varias de ellas nos dan pistas sobre la creación y el uso complejo del lenguaje humano (sistema simbólico complejo), que es la base o el motor de la conciencia. Muchos niños tienen amigos imaginarios, ¿cómo y por qué? Según la teoría de la mente bicameral el humano en un principio no tenía capacidad de usar el lenguaje de forma privada e interna, sino que era un acto social y por lo tanto un tipo de acción meramente muscular entre otros, aunque con una alta capacidad de comunicación. En tal estado el humano aún no tenía conciencia, excepto la que pudiera compartir con el resto de animales. Según dicha teoría hubo un momento en que alguna mutación, recordar los cambios estocásticos, en donde en el cerebro de algún individuo se creó internamente la activación de las neuronas motoras del habla, sin por ello hablar; o sea, se creó la capacidad de la voz interior. En ese momento, y según propone la teoría, esa voz no fue tomada como la propia, sino como de alguien que le hablaba en el interior, y que además era la voz de alguien que le trata de guiar o aconsejar. Esa segunda voz fue tomada como la de un ángel, duende, dios o alguien externo al propio individuo. Esto encaja con una nueva teoría que dice que la voz interior es procesada por la circunvolución temporal transversal izquierda (hemisferio del lenguaje), un área que forma parte de la corteza auditiva, y que además procesa el significado (semántico) de lo escuchado. Tales teorías encajarían con la fase en algunos niños del amigo imaginario, que aún se manifiesta de vez en cuando. También cobra sentido en ciertos casos en donde alguien en peligro parece escuchar una voz que le dice como salir del apuro: en tal estado esa vía parece activarse en el caso que la conciencia esté tan colapsada por el peligro y el miedo, como para que el antiguo sistema haga uso de ese modo de comunicación interna. Lo importante aquí es hacer ver que tal voz parecía “tener ciertas opiniones” que el propio individuo no parecía discernir de dicha situación. Bajo mi punto de vista eran las primitivas, el aprendizaje implícito o inconsciente, que haciendo uso del lenguaje, hacía llegar al prefrontal una información en la que el área de trabajo no tenía puesta la atención. El cerebro trabaja con la atención, y esta es la llamada conciencia que tienen todos los animales, y a la vez procesan el resto del mundo a través de la vista periférica. Si tal sistema secundario detecta un peligro, se lo hace saber al área de trabajo y este sistema pone la atención en el peligro. En el humano ese tipo de aviso, en situaciones menos acuciantes o instintivas, activó un tipo de vía que era a través del habla, a modo de una voz interior. A la larga anuló tal distancia -dejó de ser tomada como ajena- y esa voz era a la vez parte del área de trabajo, que es a la que hoy conocemos como conciencia. Aparte del amigo imaginario y en las situaciones de peligro en las que se oye una voz, esa etapa puede ser evidente en el hecho que en ciertos trastornos, como en la esquizofrenia,  en donde esa voz se vuelve a separar y es tratada por el individuo como ajena. En un caso más grave, el trastorno de la inserción del pensamiento nos dice que la persona que lo padece ni siquiera siente una voz que le habla en el interior, sino que lo que toma como intrusivo son los propios pensamientos, que cree que son de otra persona. Otro caso es que las persona suelen repetir varias veces sobre lo que quieren dar énfasis, que a la vez implica que en algunos casos se dé un tipo de trastorno que consiste en repetir las últimas palabras de lo que dice la otra persona, a modo de eco (ecolalia) y en la dirección de que el cerebro refuerce el aprendizaje. Dos casos más, extraídos del escrito sobre el narrador interior, son que 1. en casos de estrés, como cuando tenemos que preparar una entrevista de trabajo o la primera cita con una posible pareja, recurrimos más a usar la voz interior, o incluso exterior, a modo de entrenamiento, frente al mero pensamiento; 2. y que en casos que se trate de medir la capacidad para recordar, leyendo o pensando en listas a la vez, la voz tiene primacía sobre el pensamiento, solapando y obstruyendo la capacidad de pensar y por ello de recordar. Por último, están las pruebas neurológicas que nos dicen que las decisiones son tomadas a nivel de las primitivas, del aprendizaje implícito y profundo del cerebro, unas décimas de segundos previos a ser conscientes de dicha decisión, cuando uno mismo cree que tal hecho ha sido deliberado a nivel de la conciencia.

   Retomemos el dato principal: un animal no tiene a la temporalidad como parte central del cerebro y vive una situación de miedo pasada como algo actual en cuanto se da la misma situación. Todos los datos del pasado conviven amalgamados e indiferenciados en sus cerebros como puntos o eventos indeterminados del pasado (grises), su baremo o el valor lo da el lenguaje de las emociones, que no son tantas como para crear un lenguaje ni memorias complejas, aunque sí lo suficientes como para diferenciar lo estocástico en cierta medida, las individualidades, y como para saber quién es aliado o enemigo dentro de su propio grupo. El humano, por medio del lenguaje y la transmisión de la información, llegaron a un tipo de conocimiento del medio que sí incluía al tiempo a nivel consciente y simbólico. Los ciclos de la luna fueron esa primera toma de contacto con la dimensión temporal. Si un humano tenía una cicatriz sabía que fue debido al encuentro con un depredador hacía seis lunas. Las vivencias ya no eran datos anónimos apilados aleatoriamente en la memoria. Ahora tenían otra dimensión que les proporcionaba más colores o nuevas tonalidades, mediados por el lenguaje. Para usar una metáfora, aunque quizás tosca, las memorias de los animales son como los sonidos de distintos tambores, mientras que por medio del lenguaje el humano volvió a su memoria y cerebro como los sutiles y armónicos sonidos de un afinado violín.

Tipos de Memorias

   Lo que he tratado hasta ahora son datos comprobados, si bien unidos o tejidos aquí hacia una finalidad. Ahora me toca hacer suposiciones, que por lo demás los baso en actuales evidencias. Se sabe que la subvocalización, el hacer que los músculos implicados en el habla se muevan sin emitir sonido, crean una mayor capacidad de aprendizaje que sin ella. Por otro lado la mayoría de las personas hacen uso de lo que se llama auto-mensaje o auto-declaración, a modo de reafirmarse ante cierta duda interior o a modo de auto-convencerse. Estos dos principios conllevaron al 1. automonitoreo, el analizarse uno a sí mismo como si desde fuera se hiciera; 2. la autosugestión y además 3. la tendencia de autodirigirnos. Eso en definitiva va encaminado al autocontrol, que nos lleva a la autoeficacia, la auto-autoría, la autocensura, crítico interior, etc., e igualmente a cosas menos óptimas como el autoengaño o al autodesprecio. De vuelta la ruta evolutiva y que es por la que pasan los niños: una gran mayoría de infantes tienen charlas consigo mismos, lo que se llama “habla privada” (autoinstructiva), que va en la misma dirección de autodirigirse. Es de suponer que la conciencia, antes de llegar a ser lo que es hoy, pasó por tres etapas evolutivas: 1. voz externa dirigida a uno mismo y en la dirección de hacer de automonitoreo y autodirigirse, como voz externa y habla privada, -el típico monólogo de “mira que te lo he dicho otras veces: ¡no seas tan inocente!” o cuestiones similares-; 2. voz interna bajo la teoría bicameral, en donde el proceso del primer punto se llevó a cabo a nivel interno, pero creando en un principio cierta ambigüedad; 3. voz interna y en la comprensión que era la de uno mismo, y que es la que conocemos hoy en día como conciencia. En el niño, no en la evolución, se pasa por una etapa anterior, según el psicoanálisis, y más concretamente por Lev Vygotsky, en la que esa voz de autoridad es externa -y que guía, y quizás de ahí que aparezca con ese cariz en casos de peligro- y es la de los padres. El cerebro del niño en los primeros años no tiene una voz interior propia, y esa voz es la de los padres o cuidadores. El siguiente paso es el habla privada del punto uno: sustituir la voz de los padres por la propia. El resultado final es que tal proceso sea tan rápido y silencioso, que ya ni siquiera sea tomado como una voz interior, sino como una parte integrante del pensamiento o procesamiento mental, integradas en nuestra percepción del yo. Osea, tal sistema se vuelve invisible. La finalidad evolutiva fue a que dicha voz lo era en la medida de hacer de sistema de retroalimentación, en tanto que un tipo de monitoreo y autodirección y con la finalidad de crear estabilidad en el cerebro. En definitiva un sistema de autocontrol. Ese sistema es tan invisible hoy en día, lo somos tan sin distancia, valga el oxímoron, que nos puede parecer mentira que pudiera haber tenido unos inicios tan erráticos y sin una finalidad definida desde su principio. Pero hay que recordar que la evolución es tanteo de errores y que al final llega a alguna meta, más o menos acertada, bajo alguna de sus premisas. Una evidencia de estos hechos es que hay una terapia y técnica de aprendizaje llamada de “sombreado del habla“, que consiste en repetir a viva voz lo que se trata de corregir o aprender. En otro caso, hablar en tercera persona (illeismo), es cognitiva(mente) un “mejor” proceso para aprender y el auto-control emocional y la creación de sentido (ver documento PDF sobre el estudio). Bajo mi punto de vista, y deduciendo de lo escrito, hablarse en tercera persona es un modo de hacer de la voz de los padres o tutores, para que de esta forma el cerebro siga sus instrucciones, por lo tanto como auto-instrucción; no en vano a este modo de proceder siempre se le ha visto como aniñado. De fondo lleva implícito que en dichos procesos se hace uso de la memoria procedimental, la muscular, que por ser la más antigua es la que más huella deja como memoria, y la más válida para crear autosugestión y control de uno mismo.

Subvocalización

   Sólo queda unir puntos. Cada vez que contamos algo de nuestro pasado a alguien, estamos haciendo uso de todos los procesos analizados arriba, ya que se reescribe ese hecho y al hacerlo a voz viva se hace uso de la memoria procedimental. Por otro lado reafirmamos la temporalidad, en que fueran llevados a cabo tal día o tal año, de tal manera que generamos orden en el caos que debería de ser la memoria. El resultado final es que damos orden allí donde quizás no lo había, pues al contar una y otra vez ciertos sucesos los alteramos para adaptarlos a historias más congruentes o menos caóticas. En definitiva le damos el marchamo de la narrabilidad: historias con un principio, un desarrollo y un final (arco narrativo); igualmente durante esos relatos nos las tenemos que ver con dar continuidad a las historias, así como que no haya agujeros argumentales. Cada vez que contamos la historia habrá sido mejorada en alguna forma. A la vez ese proceso de repetir una y otra vez ciertas historias, frente a otras, nos proporciona cierto control sobre quiénes somos y como actuamos ante la vida, lo que nos da la identidad narrativa. Este proceso individual fue llevado a cabo por cientos de miles de años, y la evolución validó o promedió a aquellas personas que daban más fe de este tipo de identidad, pues en definitiva les hacían más actos para la vida al hacerlos creer que su automonitoreo y su autodirección les hacía tener control sobre ellos y en definitiva de la vida. La evolución no está exenta de hacer uso de las metáforas, de contarse chistes cínicos, de abstraer resultados a sus mínimos, en donde dichos resultados crean nuevas funciones. Si el cerebro era caos, si todas esas conexiones entre neuronas seguían un simple orden, dentro de las funciones “mecánicas” de las propias neuronas, y de las emociones, centralizadas en las amígdalas, al crear la identidad narrativa, la conciencia, se creó ese conductor o estructurador del caos interior. Paradójicamente no porque ordenase el caos y la complejidad, o no del todo, sino porque se formaba a sí mismo como ente con cierto orden que hacía de pantalla o traje visible o presentable para sí mismo (el nuevo traje del emperador), que tenía cierta estructura y orden. Se volvió, en definitiva, en su mismo propósito, desarrollo y finalidad, en donde en esa función, azarosamente, a veces, ponía cierto orden dentro del cerebro. La moraleja es que no es la postura más “real”: los individuos que creen más en sí mismos, en su identidad narrativa, en ese chiste cósmico, no son los que menos se engañan, sino todo lo contrario: son los que tienen más mecanismos y sesgos implícitos para el autoengaño, y en la dirección de hacerlos creer que tienen un mayor control sobre sus vidas y con la finalidad de hacer que se sientan más felices. No redundo sobre este tema, en el escrito “Caos: sin sentido o sentido” ya dejé dicho que tal capacidad viene dada por la edad, pues cuantas más vivencias se acumulen más complejo se vuelve mantener congruente la historia personal y a la inversa: los jóvenes tienen más probabilidades de creer en sí mismos y su identidad narrativa. Aquí se da una inversión del cuento de (el nuevo traje del emperador), pues si bien los jóvenes ven “desnudos” (sin sentido o muertos de sentido) a sus mayores, estos, sobre todos los ancianos más cínicos -o si se quiere amargados-, recuerdan a los jóvenes que su apariencia y su edad, su sentido y densidad de ser, terminará por desintegrarse y desaparecer, dejándolos a ellos desnudos igualmente ante la vida y los demás. El chiste cínico de la evolución es que la identidad narrativa sólo es visible o funciona, como traje ante los otros, durante la juventud, época adecuada para buscar pareja y tratar de formar una familia, y llevar el plan maléfico y sencillo de la evolución, que es la de replicarse…, tener descendencia.

   Puede que además del factor de una mayor cantidad de experiencias, dicho arriba, pueda repercutir la falta de memoria a medio plazo de las personas de la mediana y tercera edad. Sin capacidad para retener la información les es imposible hilar una historia coherente dentro de su flujo de vida. Bajo mi lenguaje, tienen una menor pegajosidad neural, los eventos no buscan entrelazarse entre ellos, porque ni siquiera terminan por mantenerse en la memoria, quizás por esa incapacidad de buscar los entrelazamientos con otras experiencias iguales o similares. De nuevo, no está claro si es simple deterioro del cerebro o es otro plan macabro de la evolución, como para que nos sintamos “desnudos” y en ese proceso no tratar de procrear, por sus altas probabilidades de que se den malformaciones.

    Puede que esté demás, pero conviene recordarlo. Lo que he plasmado sobre el individuo es igualmente válido para la sociedad y sus culturas. La identidad nacional, la étnica, la del sexo, o cualquier otra de la dimensión social, es la identidad narrativa de una cultura. El etnocentrismo dominante cree en el concepto de progreso, ignorando que cada adelanto lleva parejo nuevos problemas. El humano no tiene más control del medio, como ha demostrado el calentamiento global, sino que está creando un sistema tan complejo y caótico que ya no hay ninguna mente individual que lo pueda pensar y encajar a ninguna idea globalizadora coherente, y mucho menos “controlar”. En esa dirección muere la narrabilidad y muere más fácilmente la capacidad individual para dar sentido al mundo. Esto es lo que quiere decir la muerte del metarrelato del posmodernismo: ya no tenemos fe en ninguna persona, en ningún credo, en ningún relato del mundo, en una inteligibilidad del fluir de la historia. Si no hay un origen, un porqué y un fin sólo queda vivir el momento, sin contar demasiado con los valores, que se vuelven moneda de cambio. Al igual que la identidad narrativa individual, la “narración” que haga una cultura sobre ella misma es un intento vano de dar sentido al mero azar de los eventos históricos, y dar la falsa ilusión a sus gobernantes, intelectuales, Estados o potencias de creer que tienen control sobre el mundo y lo social. El movimiento hippy, que trató de invalidad el concepto de jerarquía; o el feminismo, que trata de igualar a los dos sexos (en comportamientos, en lo sexual y la estructuración cerebral); o la teoría Queer, que trata de desdibujar las tendencias amistosas y lo sexual hacia un nuevo mundo sin órganos sexuales, son vanos y azarosos intentos de dar ciertos tipos de orden al mundo, cuando la realidad es que el mayor peso es lo promediado por la evolución, y este proceso es lento… ¡muy lento! No ha habido grandes cambios en nuestros cerebros y nuestros cuerpos en los últimos cien mil años, desde que saliésemos de África. Por el contrario lo social está llevando a paradojas como la hiper-obesidad, las enfermedades autoinmunes, y una mayor tasa y complejidad de los trastornos mentales. No porque haya algún cambio en lo evolutivo, sino porque no sabemos “leer” lo que nos dice la evolución, y creamos sociedades a partir de los errores de dichas lecturas.

   Todo esto nos lleva a una segunda dimensión del tema. La temporalidad, en concreto del futuro, pasó a formar parte del ser humano, y aquel que tuviera más control sobre su futuro, en la doble dimensión del automonitoreo y la autodirección, tenían ciertas ventajas sobre aquellos que no las tuviesen. En el libro “la imposibilidad de la razón” ya argumentaba que la previsión del futuro era uno de los componentes centrales para entender al ser humano.


   (De momento dejo de escribir por hoy, que cuanto más escriba más endeble se vuelve el texto. Temas a tratar: 1. ¿la previsión de futuro no implica algo de sociopatía, en tanto que controlar las emociones? (las típicas historias de las películas de dejar un amor por los estudios o los negocios). 2. La mujer no se vio más obligada a la previsión de futuro dada la larga infancia de sus hijos. 3. No “eligieron” a los hombres que más capaces eran de prever el futuro, a la vez aquellos que manifestasen ingenio, pues conllevaba adaptarse a situaciones complejas de esos posibles futuros. 4. La auto-domesticación humana pasó por dar validez a ese tipo de persona. 5. No se creó una jerarquía en donde los que estaban en la cabecera del tren tenían esa disposición y los que estaban al final del tren eran los menos previsores. 6. Tal disposición ¿la ha dispuesto lo social o la evolución?, tal parece que la evolución, ya que por la prueba de la demora de la gratificación (tentar a niños con un dulce ahora, o dos cuando vuelva el científico –ver vídeo-) parece programado en el ADN. 7. ¿Cómo son los preconcientes bajo esa medida de previsión del tiempo?, no será el bipolar alguien incapaz de encontrar una situación estable entre esos dos opuestos.)

-La metáfora, o más bien analogía, del tren es la que usó Jacques Lob en su novela “Le Transperceneige”, aunque me imagino que viene de antiguo bajo otras metáforas posibles (tirar de carro: caballería frente al conductor). De tal novela se hizo la película “Rompenieves” (descargar Torrent) de agrio, contradictorio y esperanzador final.

El Sentido Está en las Primitivas: El Juego

El hombre busca su bien a costa del mundo entero.” Robert Browning
El ridículo es el arma más potente del hombre.” Saul Alinsky

    He de recordar que este escrito y dos de los precedentes son parte de un libro o tema mayor, desgranado por temas. El presente es la continuación de “el sentido está en las primitivas”, donde trato de asentar lo que el título afirma, y frente a la aparente pérdida de sentido de las nuevas sociedades y humanos.

    No sé porque me complico las cosas, cuando son o deberían de ser evidentes. Pensemos por ejemplo en el sabor dulce. No es que tal propiedad -el dulzor- exista en la naturaleza, existe porque una gran mayoría de los animales tienen como fuente de su energía a los carbohidratos, y han evolucionado para detectarlos y buscarlos. En el caso de animales complejos, como el humano, con ciertas células en las papilas gustativas. Para algunos extremófilos el dulzor no tiene sentido o significado, y para ellos algo con buen sabor es algo ácido. En definitiva el sentido está en lo que está implementado de forma más rutinaria y primitiva en nuestro ADN y el cerebro. Como el dulzor lo es, cuando una persona nos cae bien por lo buena que es, decimos que es una persona dulce. El cerebro ha creado tal correlación porque parte de la primitiva de que su alimentación principal son los carbohidratos y el azúcar es su forma más “pura”. Se podría hacer este mismo ejercicio mental con cualquier otro comportamiento humano y de su cerebro. E incluso aquellos actos que parecen ir contra dichas reglas (como el suicidio), es posible que guarde alguna relación primitiva, que aún no hemos descubierto. En esa dirección estoy buscando parte de la esencia humana y cómo esta se corrompió o cambió de rumbo, como para llevarnos a la sociedad y el humano actual, que parece que ya no comprendemos, o la cual ya no parece ser susceptible de ser reducida bajo unas pocas reglas o estructuras, como lo hemos hecho con el dulzor.

Este es el plan del tercer capítulo en el que estamos:

El juego es una forma de comunicación en donde hay un desplazamiento de los signos. En esa medida su base es metafórica.
Hacia un nuevo concepto del aprendizaje (que ya se ha adelantado en el escrito anterior).
Qué es o no es juego viene dado por pertenecer a una misma familia (con un mismo lenguaje o signos) y por ello incluye los conceptos de identidad y otredad.
Cuando fue imposible determinar el juego, por haber demasiadas familias o signos, se estructuró de una nueva forma lo social.
Ciertas fallas en el establecimiento de esas reglas dio posibilidad y legitimización a ciertos humanos a jugar a jugar, a crear interpretaciones de los juegos en tanto que ocultación o engaño.
Esa estructura social creó a su vez una estructura mental.
Creación de grupos en sustitución a la pertenencia y la familia.
Hacia un nuevo concepto del efecto Baldwin, la evolución y los preconcientes.

A Su vez está dentro de un libro que trata los siguientes puntos:

Azar y determinación. (Pendiente de publicar).
Caos: sin sentido o sentido.
El sentido está en las primitivas. (Dividido en dos partes)
• ¿Hacer algo o no hacer nada?
Reacción frente a acción.
Las capas de la historia.


 

  El juego en los animales proviene de su estadio infantil, en el cual se aprende -por medio de él- los comportamientos que se tendrán de adultos. En esa medida son simulaciones en donde los implicados saben que es un juego. En este componente entra en baza lo que Bateson llama opuestos, y de igual forma nos dice que en esa dimensión -la comunicación que se da entre esos dos individuos- es metafórica. Se sigue entonces que durante el juego se aprende además el lenguaje que va ser de uso en la edad adulta. También nos encontramos con un posible porqué el cerebro y el lenguaje tienen de base la metáfora. En un primer estadio el juego se daba entre hermanos, e hijos y padres, y seguramente después formó parte de los adultos con los que se tuviera alguna afinidad, como es el caso de la familia extendida. Pero quizás doy demasiadas cosas por sentadas, demos unos pasos atrás.

   A qué se puede reducir la vida: a que es transmisión de información. Cuando dicha estructura implica dos actores/agentes o más, entonces estamos hablando de comunicación. La información entra en un proceso de retroalimentación de expresar/mirar, decir/oír (o cualquier otro método como el olor) en la medida que esos agentes tienen que ponerse de acuerdo en un lenguaje. Dos agentes o más que usen señales honestas (no falseadas y egotistas) se supone que tienen una mayor ligazón que otro/s agente/s que o bien no entienden ese lenguaje o que no lo usan bajo las normas de las señales honestas. Esta regla es universal, el problema se da cuando un agente tiene que determinar si realmente “pertenece” o ha identificado un lenguaje, como para saber si se trata de señales honestas o no con respecto a su propia identidad. La desambiguación de un ente con respecto a ese lenguaje le da una referencia de su identidad. Esta abstracción se entiende mejor en varios ejemplos. Las moreras de arbustos dan frutos para ser consumidos, pero a la vez tiene pinchos. Es un doble mensaje, que implica que esos frutos sean alcanzables para ciertas aves, pero no para animales terrestres como los mamíferos. Cierto colorido exuberante implica a la vez estar dotado de veneno que avisa sus depredadores, pero a la vez puede servir para que dos individuos se identifiquen como de la misma identidad. El sexo femenino, en animales complejos, tienden a sincronizar sus menstruaciones; una de las teorías es que este proceso se lleva a cabo por medio de las feromonas, que son detectadas por otras hembras, pero no por los machos. En unos casos u otros, es deducible pero hay que concretarlo, cuando una comunicación no obedece a las reglas de las señales honestas, son susceptibles de servir para la ocultación -con fines egotistas- o para el engaño. En el caso de la sincronización menstrual, y en el caso de la mujer, sirve para propósitos de no competición interna entre hembras, pero a la vez de ocultación de tales ciclos a los hombres. Tiene tanto el componente de ocultación, como el del engaño.

    Volvamos al juego bajo estas reglas básicas. El juego predatorio, el que emplean las crías de depredadores, tiene varias funciones: 1. que los movimientos implicados de la lucha creen rutas neuronales en el cerebro, que se asentarán como memoria muscular. 2. Determina, sin riesgos, la jerarquía entre hermanos, puesto que ya han medido sus fuerzas. 3. Establecer el lenguaje que se tendrá de mayor, en donde uno tiene que saber determinar cuándo retirarse de una lucha sin poner en peligro su propia vida. 4. Crear una ligazón entre individuos que se han criado juntos, como pertenecientes a una misma manada o con un mismo lazo. Entre los hermanos o amigos humanos, durante la infancia, se dan luchas en donde se sabe que no son reales, y en ese proceso se crea una ligazón entre esos individuos y establecen entre ellos quien tiene más fuerza. Otra implicación es que dicha lucha/juego implica un lenguaje, que es en tanto que niega (lo opuesto de Bateson) lo que es: es una lucha, tiene finalidades como la jerarquización y la lucha entre adultos, puede implicar la muerte, luego es lo contrario a nivel del establecimiento de “su” lenguaje interno: somos amigos, y entre nosotros no nos podemos/debemos matar, más adelante en los humanos a ese opuesto se le añadió el “no te pueden matar, te defenderé”. Algo que sale a colación durante este proceso, si se quiere como epifenómeno, es que los implicados en el juego no han de querer ganar, que a la vez, como consecuencia lógica, quiere decir: no hay perdedores o nadie pierde. De nuevo como parte del mismo proceso, cuanto más se juega y se mantienen dichas reglas, crean una mayor capacidad para la cohesión y la creación de sólidos y fuertes lazos. Como el juego de lucha ha sido sobre todo un lenguaje entre los hombres, es por esto que de todos estos procesos nace el concepto de hermano de sangre o “mano derecha”; conceptos que son estudiables por infinidad de casos que se han dado durante la historia.

   Retrocedamos un paso. No es posible que la evolución ponga sobre la mesa cuatro cartas a la vez, alguna tuvo que ser la primera y las siguientes son sus consecuencias. Durante el juego el componente cerebral que regula ese tipo de acción es la dopamina. En otros lados ya he cuestionado el porqué del placer, si dolor y placer no es un sistema redundante, puesto que el no-dolor ya debería de implicar por sí mismo una forma de premio. También propuse que posiblemente ese fue su origen, si ciertas moléculas del no-dolor se especializaron como siendo signos de bienestar y más tarde de placer. En todo ello es muy posible que el estómago fuese el que empezó a cambiar esos procesos. Si se tiene hambre el cuerpo avisa con dolor, o malestar, y al llenar el estómago avisa con un dispositivo de saciedad, en donde entra en juego la serotonina, de hecho la mayor cantidad de este neurotransmisor se encuentra en el estómago. No en vano al estómago se le llama el segundo cerebro. Otro dato a tener en cuenta es que la serotonina necesita del triptófano, que no es una molécula que el propio cuerpo pueda sintetizar, y se encuentra en alimentos como el huevo, la carne o la leche. O sea: “mantén el cuerpo alimentado y podré producir serotonina, como premio para el estado saciado”, es lo que la evolución dice al animal. Otro hecho “extraño” es que el acto sexual es fatigoso, es causante de dolor, más si se tiene que competir contra otros machos. El “premio” del orgasmo fue un dispositivo de la evolución para paliar tal proceso del cual el propio cuerpo, por su regla de tender al mínimo esfuerzo y mantener la homeostasis, tendría que evitar. No se puede rastrear mucho más sobre todo este tema, pero lo que sí se deduce es que fue la dopamina la que fue “usada” posteriormente como sistema de premio para el juego. Con esto entramos en un posible porqué del placer, que es fácilmente deducible por las pocas reglas que he expuesto. Se sabe que el dolor es el sistema más efectivo para el aprendizaje, en la medida que algo que produce dolor es algo a evitar una segunda vez. El cerebro crea más conexiones o recuerdos durante situaciones de estrés moderado, que sin ningún estímulo o un premio, y dentro de esas disposiciones y frente a ningún estímulo, el premio es el segundo motor de la neurogénesis y producción de conexiones entre neuronas para crear aprendizaje o recuerdos. Bajo esta lógica es de suponer que la primera carta, puesta sobre la mesa por la evolución, fuese “crear” el juego predatorio como sistema de aprendizaje motor y en su sentido más amplio.

   He usado el juego predatorio por ser el más claro, pero el resto de los animales no predatorios hacen uso del juego infantil para sus propios fines. Los animales arbóreos, juegan saltando entre las ramas; los antílopes usan las cabriolas y las carreras como juego. ¿A qué juego recurre el humano? Entre las crías de chimpancés hay una mezcla de juego entre predatorio y de saltar entre las ramas. El juego “declara” cuáles van a ser los roles y los comportamientos de los adultos, luego el chimpancé sí tiene como parte de su juego la lucha, y en ese caso cuando el humano bajó de los árboles (o estos dejaron de estar ahí), el juego era sobre todo de tipo predatorio y en la dirección de marcar las posiciones jerárquicas, y dado que en esos primeros estadios aún existía el macho alfa, y era el “premio” por el que luchar de adulto.

   Ahora ya tenemos más despejado el panorama, volvamos a tratar de entender el juego en sus otras disposiciones. Tenemos a la dopamina como intermediaria del juego predatorio, a modo de reforzar el aprendizaje. A su vez este componente resta el cortisol, u hormona del estrés: es un doble mensaje de no-dolor y sí placer. De forma más abstracta se puede decir que el juego es allí donde la seriedad (cortisol) sale de la ecuación. A la larga esta regla es la que se estableció dentro de individuos que jugasen al mismo juego: la no seriedad, la de que el estrés no existía entre ellos, que la seriedad estaba fuera del establecimiento de su grupo. Esa es la disposición de los animales gregarios, puesto que no son jerárquicos y entre ellos no se dan los juegos predatorios (excepto en los machos durante el celo): la carencia de cortisol, de estrés, es la tónica de su existencia. Pero el humano no es gregario, y se basaba en los machos alfa, luego era jerárquico y predatorio. En esa dirección el juego se empezó a manifestar en otra de sus facetas: establecía quién era parte de tu grupo y quién estaba fuera. Con quien existía estrés, dopamina o serotonina. La falta de estrés produce serotonina, y durante el juego predatorio existía la dopamina, pero no el cortisol. Cualquier estado o individuo que provocase la activación del cortisol, del estrés, era un estado fuera del juego, o serio. Estoy siendo reduccionista y tratando de asentar qué se validó en la evolución como lo promediado. Sé que la vida es mucho más compleja, y llena de “arrugas” fuera de esa uniformidad, pero lo que la evolución mantiene es aquellas reglas que se repiten una y otra vez. O sea, que en el fondo la evolución es reduccionista en la medida que las “arrugas”, lo aislado y menos repetido, no llega a formar reglas asentadas en el ADN.

   A lo que quiero llegar es a la reducción y contraposición de juego y seriedad, o allí donde no hay juego es una situación en la cual puede surgir la seriedad (estrés) y que por lo tanto la familia -de manera reduccionista e idealizada- es esa disposición donde no se tiene que dar la seriedad. O dicho de otra forma: no se ha de dar lo jerárquico y por ello no tienen que tratar de ganar durante el juego. Las madres forman parte de los juegos, aunque en muchos casos, como en las leonas, de manera desganada: o sea que no parece darse el premio, pero no existe el cortisol. Los machos leones, por otro lado, no aceptan el juego, pero no se ponen “serios” con sus propias crías, pues aunque no conviven con ellas las reconocen. Se sigue que los adultos reconocen el juego, no lo juegan, pero lo aceptan como lo que es: como falta de seriedad. Bajo otro paradigma, se usa un tipo de signos, que crean un tipo de lenguaje, del cual se deduce que el cerebro “entiende” todo lenguaje que hable su mismo “idioma” como juego, en el caso de los hermanos, o como no-serio entre sus adultos. No voy a afirmar que el juego formase el concepto de familia, pero lo que sí hizo fue conformarla de una nueva manera, con unas nuevas reglas, componentes o funciones: dentro de un lenguaje de signos, dentro de un nuevo tipo de comunicación.

   Las premisas afirmadas arriba ahora tienen más sentido. Incluso en los animales gregarios la lucha se da entre los machos, y por motivo del sexo. En animales como los chimpancés -nuestro ancestro común- se sigue manteniendo esa misma regla de la lucha por el sexo, luego el sexo más propio para la lucha predatoria son los machos, de lo que se sigue que al final el establecimiento de no-lucha entre dos individuos se daba por un pacto de no agresión, que a su vez producía un tipo de relación especial, como la que hoy entendemos como hermanos de sangre, que igualmente se deduce de ciertos “pactos” que se dan hoy en día entre los chimpancés machos. Me centro en esto por tratar de determinar la creación de grupos no consanguíneos. Ya tenemos claro que en la familia se crea un tipo de lazo de no-agresión o no tratar de ganar, pero hay que tratar de deducir el por qué ese mismo patrón o regla se trató de extrapolar a un grupo que no era parte de la familia. He de aclarar que ahí se da un vacío en las ciencias positivas. No hay forma de tratar de saber cuáles fueron esos pasos y los porqués. Uno de ellos sí está claro: las agrupaciones son una ventaja contra los depredadores. Cuantos más ojos colaboren, más fácil será avistar a un depredador y ponerse a salvo. El que promueve al cortisol o la seriedad es el depredador, y mientras tanto en dicho grupo reina la tranquilidad y por ello la serotonina. Una gran mayoría de monos usan el grito a modo de aviso en cuanto ven a un depredador. Los grandes simios provienen de esos pequeños monos colaborativos, luego heredaron ciertas necesidades y la tendencia a la agrupación no relacionada con la familia. Sobre lo que mayor vacío hay, es a la hora de establecer qué pasos siguió el humano hasta llegar a lo que somos ahora. Tenemos dos momentos claros: 1. el que se ven entre los grandes simios: los machos alfas y la lucha por esa posición, y 2. el actual humano estratificado y más tendente a lo igualitario. ¿Cómo se dio esa transición? Algunos antropólogos han apostado por un estado intermedio de sociedades igualitarias, que igualmente tratan de ver en tribus que aún existen. Pero por otro lado la mayoría dicen que tal cosa no existe, que como mucho existen las tribus acéfalas, sin cabeza sobresaliente, pero nunca igualitarias, sobre todo las antropólogas feministas que siempre ponen el punto sobre la desigualdad sobre las mujeres en dichas tribus. Yo siempre he pensado que el alfa nunca ha dejado de existir, si bien ese papel se fue adaptando a cada época y situación. Hoy en día, sobre todo en Estados Unidos (menos en Europa diría yo), el presidente aún tiene esa carga o aura de persona especial al que hay que respetar, oír y seguir (si el cine muestra el ideario inconsciente, piensesé entonces en todas aquellas películas en donde el presidente hace del clásico héroe, como es el caso de “Air Force One” con Harrison Ford). Sobre todo en épocas de crisis, en donde se incrementa el populismo y los presidentes carismáticos. Como si tal mecanismo se despertase cuando las personas se sintiesen en peligro, y como así sucede entre los chimpancés cuando son atacados por otro grupo foráneo, donde el grupo mira al alfa para que este restablezca la situación al estado anterior. O sea, es el mismo lenguaje de no-cortisol igual a paz o no serio, y miedo igual a cortisol y serio, y buscar que el alfa vuelva a restablecer el equilibrio: que vuelva a restablecer el grupo a un nivel de uso de los mismos signos y por ello del mismo juego.

   En esas investigaciones, sobre ese posible estadio intermedio de comunidades igualitarias, llegué a Christopher Boehm y su concepto de la “inversión de la dominancia” (Descargar escrito y traducción automática). Tal teoría viene a decir, a grandes rasgos y por no alargarme, que el concepto de alfa fue cuestionado por todo el grupo, y en esa dirección fue este el que tomó el “mando”, o sea se invirtió el dominio hacia el propio grupo y sus reglas. Las ideas de Boehm no han tenido mucha aceptación, sobre todo al tratar de deducir que tal disposición llevó a unas sociedades igualitarias (sí por las feministas, por “convenirles”), pero mirada al detalle es una idea a tener en cuenta. Propone que la vergüenza fue la moneda por la cual los individuos cuestionaron la posición del alfa. Hoy en día, entre las tribus que aún quedan, se sigue manteniendo dicha regla. Cuando una persona quiere sobresalir sobre el grupo, todos hacen uso de la vergüenza para volverlo a su sitio. En algunos casos incluso la misma persona se humilla para congraciarse con el grupo (auto-persuasión). Se dice que las culturas orientales lo son de la vergüenza, mientras que las occidentales lo son de la culpa. A mí esta división nunca me ha convencido. Toda la humanidad es un sociedad de la vergüenza, pues la culpa, bien analizada proviene de un estado previo que suele implicar la vergüenza o el autorreconocimiento de haber cometido una falta o falla. La diferencia es muy sutil, y sin el componente de tratar de ganarse el cielo, propia de las culturas occidentales, la culpa es aún más reducible a la vergüenza.

   Me toca unir puntos, tratar de crear una hipótesis que englobe tanto mi visión del juego como la teoría de la vergüenza de Boehm. Bajo mi punto de vista -siendo reduccionista e ignorando las “arrugas” para ver más claro el panorama-, los grupos, bajo la idea de mantener la homeostasis propia de usar un mismo lenguaje, a través de ese estadio de juego o lenguaje dentro del mismo grupo (y de donde de fondo está el lenguaje de la neuroquímica), la vergüenza nace en aquella situación en la que uno de los jugadores se sale de las reglas de no tratar de ganar y es visto bajo esa mirada por los otros, que al no aceptarlo lo “expulsan” del juego. O sea, ha sido “pillado” haciendo trampas o saliéndose del juego. En ese momento el equilibrio en los neurotransmisores cambian en ese individuo, y pasa por un breve estrés, que se revela con el típico sonrojo y nerviosismo, y en la dirección de tratar de reestablecer la posición anterior. Bajo esta simplificación de nuevo se deduce una sociedad igualitaria, ya que emerge dentro de una sociedad en donde todos forman parte de un mismo lenguaje o reglas del juego, en tanto que tendentes a mantener al grupo fuera de las luchas “serias” de ganar y perder, y tendentes a crear jerarquías. O sea, más parecido a los animales gregarios que a los propios chimpancés. Pero, de ser así, cómo el humano llegó a la clara estratificación actual en donde ya no hay un mismo lenguaje, y sí las diferenciaciones y los conflictos más propios de los sistemas jerárquicos.

   Boehm estaba sobre las pistas de las soluciones a dicho dilema, pero reconoce que como ha de mantener sus puntos de vista bajo su análisis antropológico (positivistas y basados en los casos de tribus estudiadas), no podía deducir como sucedió tal situación. Apunta a que pudiera darse el caso que al crecer una población hasta ciertas dimensiones se pudieran haber dado otras reglas, pero como los límites antropológicos sobre las tribus actuales no permiten ese análisis, no lo pudo comprobar. Pienso que está en lo cierto, y sobre todo si se tiene en cuenta las reglas de los sistemas complejos y de los estados emergentes. En una tribu pequeña es casi imposible salirse de sus pequeñas reglas. Y si una de ellas, como lo es la vergüenza, depende de ser visto o cuestionado por todos, llegado el caso que una población creciese a un número de individuos muy alto, sería más complicado o más fácil salirse de sus reglas sin que uno fuese pillado, y por ello humillado y pasar por el proceso de la vergüenza. Hoy en día el refrán “pueblo pequeño, infierno grande” nos habla de esa condición de no poderse salir de las reglas (la situación actual es tan nueva que ya ni siquiera es vigente tal refrán). En concursos como “Gran hermano” vemos que el cerebro humano se rige por las reglas de las que nos habla Boehm y otros antropólogos, pues los individuos no aceptamos a las personas soberbias y con algún grado de humildad…, en definitiva que traten de ganar y de esa forma salirse de las reglas del juego al creerse superiores que el resto. En cuanto es detectada una persona así, va a ser el primero en ser expulsado en cuanto esté nominado (a no ser que la audiencia lo quiera mantener por algún tipo de morbo).

   Creo que ya están todas las bases a tener en cuenta, como para deducir un porqué la sociedad humana llegó hasta donde ahora estamos. No es que hubiera un proceso por el cual estuviésemos en un estadio que se pudiera llamar como sociedad igualitaria: eso es confundir los términos y qué estaba implicado bajo todo este juego. A nivel evolutivo cada individuo quiere sobresalir y ser el mejor, pero esa regla queda supeditada a las reglas del grupo, lo que no exime que cada individuo no tenga esa regla implícita de querer sobresalir, y que por ello se manifieste en cuanto la situación lo requiera, o se exprese si algún proceso social no frene tal potencialidad. Las pequeñas sociedades se basan en el juego o lenguaje de no ganar, que es el implícito dentro de la familia y en la medida que esas pequeñas comunidades tienen como base cierto grado de consanguinidad y familiaridad. O sea, que siguen las reglas que tienen como fundamento el concepto de juego (unos mismos signos o lenguaje), de falta de seriedad y de no querer ganar. En cuanto la sociedad tuvo la capacidad de llegar a cierto número grande, como para que no se desgranara y se mantuviese estable por vivir en la abundancia, la regla de la vergüenza tuvo una menor capacidad de hacer presión, de tal manera que algunas personas empezaron a salirse del lenguaje originario, como para querer ganar y mantener de forma legítima, con nuevas reglas, tal distancia o dicha nueva disposición. Tratar de buscar cómo lo hicieron cae fuera de este escrito y pienso que no creo que se diese una regla universal, sino que cada población y cultura halló sus propios caminos. Lo que sí hay que tener en cuenta, y creo que es claro, es que cuando las sociedades llegaron a cierto número, emergió un nuevo sistema con unas nuevas reglas, que eran simplemente económicas (cuantificables a la lógica de lo óptimo en números): aquellas sociedades grandes y estables engullían a las pequeñas, ya fuera por la fuerza o por verse seducidas estas por el nuevo modo de vida. Ese primer estadio fue el comercio y la explotación de los recursos mineros. Aquellas sociedades que vivían en una zona con recursos crecían y ganaban poder. Otros grupos eran o pertenecían a otros lenguajes y en ese caso no tenían porqué mantener las reglas del juego y no tratar de ganar, es más era necesario ganar al resto de grupos para que su linaje, cultura y lenguaje fuese el que predominase sobre el resto. Dominar a otro grupo significaba volverlo al lenguaje propio (en su sentido más amplio: leyes, cultura, religión, idioma…). Hoy en día aún no hemos escapado de dicho paradigma, pues la propagación de la propia cultura es la nueva forma de dominación para hacer que el resto de humanos hablen tu mismo lenguaje. La vergüenza sigue dominando las relaciones personales pequeñas, en la familia, el grupo de amigos o comunidades pequeñas, pero cuanto más se universaliza y se tiende a una aldea global más queda desvirtuada dicha regla, sobre todo porque la cultura y paradigma que hoy domina -proveniente de la mentalidad o lenguaje de los protestantes de que el trabajo es el mayor valor- , es la de que hay que ganar y luchar por ello, y si no es así, y no asumes dicha regla, eres un perdedor y es cuando sí caes en la vergüenza. Aún esto no está claro, porque hoy en día el “ojo público” (opinión pública), tiene más fuerza que nunca en la medida que quedar en vergüenza, ya no ocurrirá en un ámbito pequeño, sino a nivel mundial; sino piénsese en casos en la Red como el “Me Too” (“yo también”, denuncias públicas de abusos sexuales) promovido por las feministas.

   Me queda hacer un pequeño recorrido de todos estos procesos a nivel individual, a nivel de cerebro. Cada vida es un mutante, o variación génica que trata de imponerse como la más válida dentro de su especie, esa es la teoría del gen egoísta, y parece la más deducible si se analiza la evolución a grandes rasgos. Pero como la evolución está dentro de la teoría de sistemas, se las aviene a reglas más amplias. Los animales sociales no obedecen a reglas muy distintas a las dispuestas a las células que forman un solo individuo. Cada célula “hace lo mejor posible su trabajo”, pero no ve el plan general que es el cuerpo al que pertenece. Trata de ser la mejor, sin darse cuenta que tan sólo es una célula más dentro de un cuerpo con sus propios planes. Un animal social tiene esa misma doble dimensión. Indiferentemente a estas coyunturas, lo que mantiene una “lógica” o plan general es la unificación a usar una información de una misma manera y por ello a mantener en alguna medida alguna comunicación para reglar qué idioma se está hablando. Esta idea sencilla se vuelve compleja cuanto más complejo sea un animal y cuanto más compleja sea una sociedad. Lo humano es lo más complejo que la evolución ha logrado mantener estable, pero cada capa del sistema se subsume a la capa superior. El problema del humano es que tomó conciencia, y en esa medida tiene la capacidad de ver y cuestionar todas las capas, y en la medida de percatarse que no tiene ningún control del sistema, se siente infeliz. No asumimos fácilmente ser una simple célula en un cuerpo. No asumimos que fuerzas mayores, como las naturales y las azarosas, nos pongan y nos releguen a una posición pequeña. Uniendo ideas con escritos anteriores; en algún nivel entre las primitivas y el “aparato emocional” de los animales complejos, el sistema “comprendió” que la vida es azar; el sistema cerebral “asumió” de forma implícita su nulidad, lo nimio que es tratar de controlar los actos y la vida, sin que por ello el animal cargase con dicha asunción de manera explícita. Pero el humano, por medio de la palabra, tomó conciencia de tal estado y se sintió desdichado e infeliz. Todo animal de cerebro complejo es susceptible de sentir el dolor por la muerte de un ser querido, en el humano ese dolor se multiplica de manera infinita. La identidad narrativa, el pensamiento mágico, y el sesgo optimistas coalicionaron para que el humano no viese tal despropósito. El pensamiento mágico creó a los dioses, los renacimientos y los cielos para hacer que la vida fuera más justa y no tan cruel en su azarosidad. El sesgo optimista nos hace olvidar lo negativo, para que la conciencia no rumie eternamente sobre el miedo que da esa negatividad. Como si estas dos reglas no fuesen suficientes, el cerebro y la evolución crearon la identidad narrativa, por la cual uno no es lo que realmente es, sino lo que uno quiera o trate de creer que es. Nos inventamos una identidad, inventamos los relatos y a los héroes para ponérnoslos como metas a seguir. En esa dirección cada individuo es susceptible de querer ser o creer ser individualista, de no querer jugar a los juegos de los otros, a tratar de ganarlos. Los otros, así, son a la vez una resistencia y alguien a quien ganar. Cuando emergió esta mentalidad lo hizo bajo las reglas del grupo, que se suponían que debían de hablar un mismo lenguaje. Las dos ideas luchaban en cada espíritu. La evolución sólo sabe de aquello que funciona, no es moral. Cuando se dio la posibilidad de la explotación minera y el comercio, se validó lo individual en la medida que era “vencer” a otro grupo. Me imagino que el propio grupo validó a aquellos de su grupo que se volvían individualistas para el bien de la propia comunidad: emergía así la idea del héroe, o se retomó de otro más antiguo que luchaba contra bestias míticas o fuerzas de la naturaleza, y este de otro que en definitiva era el antiguo y modesto alfa, en tribus más allegadas a lo animal que a lo humano.

   Lo que quiero dar a entender es que la evolución tiene esos dos idiomas o dialectos: cada individuo es una mutación de lo que puede ser el humano futuro, y lo social se rige por unas reglas que en cierta medida ignoran lo individual, y en tanto que lo “individual” es un grupo que tiene un mismo lenguaje y sigue unos mismos fines, que tratan de ser mejores que otros grupos y en donde el propio lenguaje (en sentido extenso como he dicho arriba) sea el que se valide a nivel universal. La paradoja es la nueva situación global y en el momento histórico en el que se ha dado, donde la fuerza y el paradigma que estaba en boga en ese momento era el protestantismo y la lucha individual como regla. Quizás no se hubiera dado de otra forma; las potencias orientales vivían cómodas en sus identidades cerradas. En la medida que todos nos volvamos individualistas, bajo el predominio de la cultura del sueño americano, perdemos de perspectiva la unidad que deberíamos de ser. Bajo mi punto de vista, que cree más en la aleatoriedad que en el control, como propongo en el escrito “Sentido y sin sentido”, todo obedece a pequeñas reglas que se van sumando sin ningún control ni orden. Una pequeña diferencia es la que crea grandes cambios a lo largo de los siglos y los milenios. Esa pequeña diferencia, que era la de luchar por el sexo con otros machos, creó una niñez distinta entre niños y niñas en sus juegos, que a la vez cada mujer asumió como normal o como la norma, y que al final creó una sociedad en donde la mujer no tenía casi ningún papel central, excepto el de la maternidad. En otro caso el juego, y de entender mi escrito, es muy “serio”, en el sentido de que no había que salirse de sus reglas y que uno no tenía que verlo como unas reglas, sino como parte de la identidad. En algún momento la recién “estrenada” identidad narrativa se percató que podía jugar el juego de los otros, sin creer en esos juegos, de tal manera que tenía la capacidad de crearse una identidad a medida. O sea, y para ser más claro, que me pierdo en mis caminos: vio la posibilidad de engañar sin ser detectado. En ese sentido el juego es como la fe. Uno no puede tratar de tener fe: o se tiene o no se tiene, no hay posturas intermedias y el que crea estar en esa postura se engaña y en realidad no tiene fe. Si juego no he de cuestionar el juego, yo y juego somos unidad, sin dobleces. En cuanto cuestiono el yo (identidad narrativa) o el juego, se rompe la fe de dicha unidad y entonces ya no juego, sino que juego a jugar…, al juego de hacer creer a los otros que creo en el juego y no tengo tal doblez o se ha producido en mí tal división. ¿Acaso este divorcio con el juego no es lo más antiguo de la humanidad?, había que hacer creer a los otros que uno mismo creía en Dios, ante el peligro de ser echado de la comunidad, o de creer en otro Dios, con el peligro de ser asesinado. La identidad o lenguaje dentro de un grupo nunca tenía que ser cuestionado, aquel que perdía la fe era aquel que era susceptible de traer un mal a la comunidad: el chivo expiatorio al que había que matar para equilibrar las fuerzas, para que todas hablasen un mismo lenguaje, para que jugasen al mismo juego, para que no lo cuestionasen, para que tuviesen fe en él.

   Esta extraña y no equilibrada división entre los humanos es a la que se puede reducir toda la historia. Las culturas primero, las religiones después y ahora las derechas dicen que hay un juego que preservar, que es un juego al que hay que tener fe. Cada juego (cultura) tiene su propio juego que no se pueden mezclar. Las izquierdas dicen que no hay juegos, que los juegos los hacemos nosotros y hay que buscar un juego nuevo. Pero la derecha, o ciertos humanos, trataron de ganar una posición elevada con el pretexto de que eran los portadores para mantener el juego, cuando iban contra las propias reglas del juego y no deberían de tratar de ganar. Las mentes divergentes, por otro lado, las que se suponen más de izquierdas, no creen en los juegos, pero sí creen en el juego de una sociedad igualitaria, al modo que lo tratan de ser las comunidades pequeñas, basadas en un mismo lenguaje. En cierta medida ellos fueron los primeros en romper con el pacto del primer juego, por cuanto no tenían fe con aquel juego inicial, y en la medida que esas mentes divergentes eran las que hacían los descubrimientos artísticos o científicos que diferenciaban a una cultura frente a su vecina. No hay una postura que salve las contradicciones implícitas dentro de estas dos posturas opuestas. Ninguna puede ganar, ninguna tiene que perder: han de mantenerse en liza. Y de ser así: ¿quién crea esa regla?, no el humano, ni el individual ni el social. Obedece a reglas de los sistemas y por lo tanto obedece a reglas que tal parece no puede dominar. Creemos tener el control, pero no tenemos el control de nada. Resolvemos temas concretos, pero no resolvemos o logramos entender o controlar esos sistemas mayores. Somos meras hojas al viento, aunque nuestro pensamiento mágico y nuestra identidad narrativa no lo trate de ver o lo niegue.

   Resumiendo y para poner en claro los puntos del inicio. El juego infantil creaba un marco temporal en donde las reglas de los adultos quedaban suspendidas. Por distintos factores evolutivos y azarosos el humano alargó el tiempo de la infancia o la llegada a la madurez, de tal manera que el juego formó parte de su estructura mental. Siempre estaba jugando, siempre estaba aprendiendo. El juego por otro lado diferenciaba seriedad frente a juego. En un inicio ese componente era dentro de una misma familia, pero en el humano tendió hacia la familia extendida, al grupo o tribu, y finalmente una cultura o nación: cada país tiene su humor, sus juegos, y qué es juego y qué es serio, como para no tomárselo como juego. El miedo a la vergüenza creó la “inversión en la dominancia” que mantuvo a los grupos cerrados a las normas de sus propios juegos, pero cuando se dió la posibilidad de las grandes ciudades, la vergüenza empezó a perder su papel rector, con lo que se apostó por las religiones y sus leyes. En la medida que el humano tendió cada vez más a un eterno aprendizaje, un tipo de cerebro, el de los divergentes o creativos, más preparado para ese propósito, obtuvieron cierta ventaja, pero bajo el sacrificio de usar la duda para todo y por ello perder el contacto con la fe. Nada se daba por sentado, todo era cuestionable. Los juegos perdieron su inocente legitimidad. Emergen dos fuerzas: los defensores de los juegos y los que los cuestionan, que han ido luchando a lo largo de la historia, si bien el cristianismo hizo de freno en todo lo que pudo. En tanto que lo que estaba de fondo en juego eran las ideas, las ideologías y las culturas, el efecto Baldwin -la tendencia a procrear con personas con tus mismas ideas, propósitos y finalidades-, es la que ha ido dando forma al mundo humano.

   Queda tratar de contestar o dar un porqué del título. Uno puede llegar a pensar que el humano es aquel ser que tiene la capacidad de cuestionar su ser. O dicho de otra forma: las células del propio ser humano tienen unas reglas sencillas de las que no son conscientes: en el humano se dio la posibilidad de ver esos sentidos, pero ¿es el poder tener esa mirada su sentido?, no. Las sociedades son ciegas porque no son autoconscientes y por ello no pueden llegar a un propósito común. No basta que cada humano sea autoconsciente para que el sistema lo sea. Para que tal cosa fuera posible tendríamos que crear un sistema autónomo de cada célula (persona), que tuviese su propia conciencia, independientemente de las consciencias individuales de las personas. Al igual que lo es la conciencia con respecto a las células. ¿Qué sería tal conciencia?, ¿lo es un Estado o una organización mundial como la ONU?, no, no emerge tal sistema y son tan sólo individuos tomando sus propias decisiones o las decisiones de su cultura. ¿Lo puede llegar a ser Internet?, no, porque igualmente no emerge una conciencia. ¿Lo podría llegar a ser una futura IA?, tal vez, pero, ¿estaríamos dispuestos a ponernos en manos de esa conciencia e ignorar nuestras conciencias individuales? Una conciencia como la humana tal parece que tiene la capacidad de acabar consigo misma, independientemente del deseo de vivir de cada una de sus células. ¿Estamos seguros que tal conciencia no haría lo mismo con el humano?, que decidiese que es mejor aniquilar las células erráticas y “libres” que son los humanos, frente a otras células más predecibles y con un solo lenguaje: el de las máquinas.

   Queda sin contestar la pregunta. La sociedad occidental hace alardes de poseer los derechos humanos, cuando muchas pequeñas tribus, sin apenas reglas, las llevan mejor a cabo que la propia cultura occidental. La conciencia no es un estado mejor o más evolucionado de la vida, por cuanto implica ese divorcio con las propias reglas sencillas de la vida. Las reglas para ser feliz están en las pequeñas reglas de la vida, el humano al perder de vista esas reglas no es más feliz, sino más infeliz. Lo dulce es agradable no porque lo quiera o no lo quiera la conciencia, sino porque es una regla de los sistemas vivos basados en los carbohidratos. Esa tendencia y fuerte deseo estaba mediado por la escasez, pero las sociedades de la abundancia se olvidan que debe ser tomada bajo ese principio de escasez, y en ese proceso llega a la obesidad y sus consiguientes problemas para la salud. Arriba he puesto el caso de la sincronización de los ciclos menstruales. Ninguna mujer a nivel de conciencia sabe que está llevada por ese proceso, a no ser que se lo pregunte a las mujeres con las que se sincroniza. La razón, el sentido, lo sabe la evolución y el ADN, y hoy los científicos postulan varias hipótesis, sin que ninguna nos parezca más convincente que las otras. Esos sentidos y significados se han ponderado durante cientos de miles de años y hoy el humano, a través del prefrontal y la razón, cree ignorarlos todos y que no tienen ningún peso, cuando la realidad no es así. Todo humano que se atenga a esas “razones” básicas será más feliz que aquel otro que trate de ignorar todas. Algunas de esos significantes carecen de sentido en el plano existencial del humano actual, como la sincronización de las menstruaciones, pero otras como que todo aprendizaje tiene que conllevar memoria procedimental, de movimientos, las ignoramos al poner a los alumnos en un pupitre, y lo más quietos y callados posibles, cuando algo como la subvocalización (hacer que los músculos implicados al leer se activen sin crear sonido, durante la lectura), nos dice que lo estamos haciendo mal. Con respecto a la vergüenza y los dos sexos: las clases mixtas son una desventaja frente a los que no lo son, por cuanto se teme más quedar en vergüenza delante del otro sexo que del propio; las estadísticas dicen que es peor para los hombres. Otro claro ejemplo es la motivación, esa gran desconocida. Si se comprende su mecanismo se logra entender que en el aprendizaje, que en toda acción, tiene que existir el componente de la dopamina, pero este componente químico no en su estructura química, si no en su “estructura espiritual”. En el juego infantil (predatorio) se unen los cuatro puntos analizados arriba. Una motivación tiene que cargar todos los puntos posibles analizados: lo físico o muscular; comunicar algo que engrandezca y expanda el lenguaje interno; entrar en competición, pero sin la alta carga opresiva de caer en poder ser catalogado como perdedor; y sentirse unido e integrado en una comunidad. El deporte, la ciencia y el arte son quizás allí donde todos los puntos se unen. El resto de la vida adolece de carencias que creen una verdadera motivación. Un claro ejemplo es el trabajo: ganar dinero no tendría que ser una motivación; ganar dinero para comprar o poseer cosas tampoco, y por desgracia es en lo que se basa la sociedad actual. Ganar y poseer, además y como forma de tomar distancia del resto de humanos, para tener un alto nivel de estatus, cosa que en la prehistoria -y en las tribus actuales- trataban de evitar -por medio de dejar en vergüenza- a quien se guiase por ese propósito, no debería haber sido nunca una motivación. La sociedad actual está obsesionada con que crezca la economía, sólo tienen esa visión y se supone que el resto se sigue de ese crecimiento, pero dicho crecimiento económico quiere decir producir y consumir más, en un planeta de recursos limitados, y en donde producción quiere decir contaminación y cambio climático. Nos deberíamos centrar en el nivel de los alimentos, y hoy por hoy hay los suficientes para que nadie pasase hambre o muriese por esa causa, cuando la realidad es la contraria. Aunque, claro, en el humano siempre queda el loco orgullo de Ícaro de luchar contra los mandatos de los dioses, que bien entendido es luchar contra las reglas y las limitaciones de la naturaleza (comer del árbol de bien y del mal -y posiblemente otras leyendas- tienen de fondo la misma metáfora). Los divergentes están inyectados con ese inane desenfreno, ese mirar al abismo para desafiarlo de Nietzsche, y los conservadores los tratan de frenar.  Sé que en otros escritos he postulado que los preconcientes hacen de freno en los avances humanos. La verdad es más compleja y ambigua, parece una regla y una maldición: son todo o nada, son pura desesperación y desencanto de lo actual, y pueden tender a retroceder mil pasos, o bien ir -en su locura- mil pasos más allá que el resto de humanos.

    Una madre, si se lo cuestiona, no va a ser más feliz que una simple gata que nada sabe de tomar conciencia de su maternidad. Ahora sabemos que de fondo a ese sentimiento se encuentra la oxitocina. ¿Creemos que si no fuera por esta molécula, y otras que han variado de funciones a lo largo de la evolución, la vida tendría sentido? La oxitocina no sólo es la hormona que hace que se tienda a favorecer a los de la propia familia, si no que consecuentemente tiende a ponerlos frente a los otros. Es la hormona que crea la frontera entre lo propio y lo ajeno, la identidad frente a la otredad. Por esta hormona podemos comprender que la mujer sea más empática y social (a nivel evolutivo es de lo femenino, de los procesos del parto, lleva más tiempo en sus cerebros y evolución), más tendente a mantener y sustentar las reglas del juego de no competencia y no querer vencer, lo que a su vez conlleva que la mujer haya tendido por miles de milenios a ser menos competitiva, indiferentemente que en los últimos siglos traten de cambiar esas reglas. Vuelvo al concepto de las pequeñas diferencias. Alguno/as pensadore/as no terminan de comprender y fijarse en esa regla de las pequeñas diferencias a la hora de crear sus teorías o hipótesis. Se supone que por la dominancia, y quizás una mayor fuerza de la pierna derecha, aún tratando de andar recto, a lo largo de kilómetros uno tiende a andar en círculos (por experimentos llevados a acabo por Jan L. Souman, psicólogo alemán, así es). ¿Qué vemos cada día en un hogar?, la mujer tiende a callarse en ciertas situaciones intranscendentales porque para ella es más importante mantener el juego, la armonía en el hogar, que tratar de ganar esa pequeña batalla sin ninguna importancia. Su sensación mental es que está haciendo las cosas bien. Por lo general (diría yo, me guío por lo que observo de mi entorno) vigila no caer en la iluminación de luz de gas, en una posible lenta pero constante manipulación que le lleve a una posición sumisa, pero en su mente o para su cerebro implícito, lo que le dice las primitivas, es que tiene que ser fiel al concepto del juego. Ha de recordarse que la mayoría de las hembras de la naturaleza (menos entre las aves, más entre los mamíferos), cuidan por sí solas de las crías. Si el hombre se ha unido a ese proceso ha sido, evolutivamente hablando, un proceso nuevo, que no ha creado grandes cambios en sus cerebros dominados por la competencia. La suma de esos dos factores, junto a esas pequeñas diferencias en el hogar, repetidas por cientos de miles de años, fue lo que creó la brecha que ahora denuncian las feministas como una posición de dominancia por parte del hombre o patriarcal. Yo no cuestiono la igualdad social, no cuestiono la lucha contra la violencia de género, cuestiono a las feministas que no analizan con objetividad estas reglas evolutivas, y cuestiono que no parece que traten de entender que quizás cada mujer es feliz sabiendo esa “verdad”, de que no hay que luchar por cada batalla dentro del nosotros, de la familia, y que la mujer tiene un cerebro más preparado para la conciliación, el perdón, en definitiva para mantener la teoría de lo que debe ser el juego propuesto en este escrito, ese que dice que no hay que tratar de ganar dentro de los de tu propio “clan”. Cuestiono si eso no llevará al fin del intento de la mujer para hacer que el hombre forme parte de la unidad de la familia, y el macho no volverá a su posición inicial, propia de la mayoría de los mamíferos, de no (querer) tener que ver con la crianza. Las últimas décadas parecen hacernos pensar que tal es la dirección que están tomando las cosas. Fijarse que algunos machos (hombres) matan a sus hijos a modo de ganar en su loco juego, no muy diferente de lo que hacen los leones al matar a las crías ajenas. Hago ver esta cruel realidad para tratar de asentar lo que el título reza, que el sentido está en las primitivas, en lo más asentado por la evolución, es lo instintivo. La razón tiene su propia lógica, y la sociedad analiza como “bestial” ciertos actos, pero no estamos haciendo ningún favor a la humanidad si nos negamos a aceptar que la conciencia tan sólo es una capa moral, evolutivamente reciente, que no ha creado grandes cambios en nuestros cerebros, sino tan sólo a nivel del pacto social.

(Esta visión no me pone ni al lado de los hombres, que tampoco estarán de acuerdo en mi visión sobre la macho, ni de la mujeres; de cualquier forma la visión más extrema del feminismo tampoco “vencerá” -mi “alarmismo” sólo tiene sentido si “venciesen”-, y las aguas seguirán el cauce de lo promediado por la evolución y lo social.)

   Detrás de cada agradable sensación hay un porqué evolutivo y reducible a unos componentes o funciones físicas. Si ahora el feminismo se impone una agenda con la que quiere cumplir, “exige” en cierta manera que toda mujer se cuestione y/o elija entre ser madre o seguir de forma plena una carrera. Pongo este dilema como ejemplo y por actual, para hacer ver que el humano ha pasado una y otra vez por este tipo de dilemas, que le han hecho irse alejando más y más de las cosas sencillas, de las reglas sencillas de la naturaleza y la vida. La filósofa Almudena Hernando nos dice que el macho humano tendió a la razón instrumental, puenteando las emociones y dejándolas para las mujeres, y en ese proceso perder el contacto con la realidad, que es que somos seres sintientes, y creados para relacionarnos y confiar los unos en los otros. Yo le preguntaría si no parece ser el nuevo fin de las feministas, y en ese sentido si toda la humanidad no se volverá una especie fría e altamente individualista, en donde se pierda todo propósito común y último. Un hombre occidental divergente, tipología neurótica en la teoría O.C.E.A.N., cuyo aparato neuronal se basa en la duda, no es más infeliz, aún con toda su alta capacidad de conciencia, que un sencillo humano de una tribu con cuatro verdades, que quizás sean simplemente mitos o creencias que le haya proporcionado su mentalidad mágica. La complejidad mental no crea felicidad, sino todo lo contrario. La conciencia si lo es de un acto feliz duplica esa sensación de felicidad, pero a la vez por ese mismo juego de espejos lo es para el dolor, multiplicando hasta el infinito cualquier daño. Todo animal de cerebro complejo crea traumas y trastornos, el humano gana a todos también en esto, por cuanto tiene el cerebro más complejo. Sufre y además sufre porque no puede compartir con nadie su sufrimiento, porque en definitiva la conciencia es un aparato de divorcio, de separación, de duda, de aislamiento, de soledad, cuando la base es que somos animales sociales basados en la empatía, la conexión y la sincronización con el resto de humanos. La sociedad actual cada vez está más lejos de aquel otro equilibrio que les procuró el pertenecer a una pequeña tribu, y cierto mantenimiento de un código interno dentro de la familia (lenguaje interno que se está perdiendo), y en donde el dolor y el placer también estaba compartido, y en donde por medio de rituales y el pensamiento mágico todo atisbo de soledad se terminaba por disipar. No vamos hacia una aldea global, que no nos engañe aquí el uso del concepto de aldea, vamos hacia una soledad global.

    He estado tentado de tratar de encajar las ideas del presente escrito con los juegos de lenguaje y la familiaridad de Wittgenstein, pero si fuera el caso que el autor en realidad hiciera uso de metáforas, más que de términos a tener en cuenta, caería en tratar de hacer metáforas sobre metáforas, perdiendo todo contacto con la realidad. Pienso que Wittgenstein arrastró su enfado con Russell durante toda su vida y atacaba la filosofía analítica en cuanto podía. En ese caso sus dos términos tan sólo trataban de decir que el “mapa no es el territorio“, y que no se podía positivar el lenguaje. En mi caso hablo de juego y del lenguaje que cierta familia o cultura posee y en donde por estar sus cerebros en cierta medida “cableados” igual, unos y otros se entienden y tienen una mayor capacidad de comprenderse dada esa familiaridad y esas mismas estructuras mentales. O sea, cada cerebro individual dentro de una familia, y aunque no tenga esas palabras o conceptos, tiene más probabilidades de buscar las palabras o los equivalentes dentro de su propio lenguaje que otra persona que no es de la familia o de la misma cultura. Bajo ese aspecto usó Wittgenstein el concepto de familiaridad, en parecidos no definibles pero sí deducibles en el lenguaje y durante la comunicación, como cuando vemos a dos personas juntas y deducimos que son hermanos o tienen alguna relación familiar. En su punto §67 nos dice:

No se me ocurre mejor expresión para caracterizar estas similitudes que “semejanzas familiares”; para las diversas semejanzas entre los miembros de una familia: estructura, rasgos, color de los ojos, marcha, temperamento, etc., se superponen y se entrecruzan de la misma manera. – Y diré: los “juegos” forman una familia.”

   ¿Cómo el cerebro hace ese tipo de análisis de hallar parecidos familiares?, y ¿acaso nuestros demás esquemas racionales y que tienden a crear y buscar estructuras, patrones y reglas del mundo no provendrán de este mismo mecanismo, que debe de ser de los más antiguos en la evolución? Un pingüino es capaz de reconocer entre cientos y miles de graznidos el de su pareja; las cebras se reconocen fácilmente. Por esa misma paradoja de lo familiar las personas de otras raza nos parecen más iguales o menos distinguibles (efecto otra raza). Cuando decimos que algo es familiar no es por un sólo rastro, por ejemplo los ojos, sino por una suma de cosas indefinibles que la razón no puede explicar, porque ese proceso lo ha llevado a cabo una parte del cerebro demasiado antigua como para que sea  comunicable con palabras. En teoría musical existe el mismo concepto, equiparable al de familiaridad (no conozco el término, lo muestra el vídeo abajo enlazado, donde todas las canciones cantadas por el autor, le tienen obsesionado porque tienen el mismo aire familiar), en donde una melodía o frase es familiar a otra, aunque no use las mismas notas o en las mismas posiciones y vayan a distinto tempo. Como cuando en el ejemplo del escrito anterior usé las frases: “detrás de esa elevación de tierra hay caza” y “después de esa elevación de tierra hay posiblemente carne”, para dar a entender que significativamente son lo mismo. Wittgenstein argüía que las estructuras de las frases y las palabras seleccionadas no tenían nada tras de sí, eran un juego de lenguaje, y que si tales frases o palabras guardaban alguna relación serían tan sólo por su familiaridad. Nos encontramos así que el cerebro, quizás, busca significantes en la medida que busca o trata con entes mentales. Me explico. En el lenguaje básico de los animales un solo fonema, un tipo de chillido, nomina un ente en el mundo. Más tarde el humano con el lenguaje unió varios fonemas para nombrar a personas, cosas en el mundo o acciones. Seguramente unía significantes. Así si usaba el chillido “iiih” para león, “muiiih” podría ser para un búfalo. Unía la familiaridad del peligro del león con el mugido del búfalo, que era peligroso, pero no tanto. En el juego “Craft the world”, por mis problemas con la memoria a corto plazo, no era capaz de recordar tres símbolos para abrir las puertas, y al final se me ocurrió buscarles una familiaridad con las letras del abecedario, ahora ya no tengo problemas. Los primeros nombres se ponían buscando la familiaridad del recién nacido con algún evento cercano o similar (familiar), estrella dorada, por ejemplo, por sus brillantes ojos. De ser así se deduce que lenguaje nació como metafórico, pero a la vez buscando relaciones familiares…, de concordancia ambigua pero deducible al modo que el cerebro haya familiaridad entre los rostros. Parece ser que el cerebro tiene un fuerte empuje cognitivo y de memoria trabajando con las familiaridades, cuestión que habrá que tener en cuenta para alguna teoría evolutiva de la inteligencia; igualmente como proceso de aprendizaje y truco mnemotécnico.

    Terminando de unir ideas con el escrito anterior, en este caso con los divergentes y los esquizofrénicos, pienso que este tipo de cerebros al ser más capaces de hallar patrones y regularidades, son más capaces de encontrar la familiaridad de los rostros, incluso cuando son de otras razas (yo a veces reduzco a que sólo hay unas diez o doce tipos de personas con variaciones, ¡veo familiaridad en todo!), lo que les lleva a ser menos xenófobos y más de izquierdas, por seguir viendo que la humanidad está unida o es una misma familia, y, en definitiva, que todos estamos jugando el mismo juego, aunque no nos demos cuenta.

    Finalizar diciendo que no creo en soluciones, que todas mis propuestas, y mis llamadas de atención sobre ciertos temas, los creo vanos (vendrá un escrito sobre tal tema, o sea que de momento no profundizo). Bien entendido el concepto de torre de Babel no viene a decir que sea la dispersión de las lenguas la culpable de que la humanidad dejase de entenderse, sino la disparidad de juegos o formas de entender los juegos…, en definitivas la disparidad de las culturas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿El Gusto Musical está Unido al Nivel de Inteligencia?

La libertad nació de la alienación y viceversa.” Gehlen
La conciencia del espacio, que es la de los reptiles; la conciencia de la relación con otros, que es la de los mamíferos, animales sociales por excelencia; y la conciencia del tiempo, que es la de los humanos terrícolas, capaces de adelantarse al presente imaginando el futuro y por tanto haciendo planes.” Michio Kaku
Él intenta dar sentido a su ser, ¿no es lo que hacemos todos?”, en la película “Glass”

 

   Breve historia de este escrito. Partía de una idea sencilla, sostenida en su momento por Virgil Griffith, que viene a decir que el tipo de música que se escucha viene dado por el nivel de inteligencia. La idea, y la gráfica distribuida, se volvió viral en su momento, pero su autor no redundó en el tema, pues si bien podía ser una idea positiva para las personas que tenían gustos muy “exquisitos” en música, por otro lado, y dado que vivimos en la época de los “ofendiditos”, aquellas otras personas que tenían unos gustos tendentes al pop y los números 1, sintieron que se les estaban llamando estúpidos. El propio autor, ante el ataque por parte de algunas personas, colgó en su página una excusa y un ruego: “Sí, soy consciente de la correlación≠causalidad. Los resultados encarnan la hilaridad (sólo quieren ser anecdóticos, me imagino que quiere decir) sin tener en cuenta la causalidad. Puedes dejar de enviarme un correo electrónico sobre esta distinción. Gracias.” El autor se encaminó por otros derroteros, como la programación de vida artificial en informática, y dio carpetazo al asunto.

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   Como yo me he interesado por las neurociencias, y había encontrado una vía de esta ciencia que trata de encaminar en qué medida el cerebro trabaja por la sincronización de las ondas cerebrales entre individuos, intuí un posible porqué de la “correlación” encontrada por Virgil Griffith. Por otro lado, y dado que mi último escrito es sobre los esquizofrénicos, y puesto que uno de sus posibles daños son en el habla, pudiendo llegar a ser tan grave como para expresarse al modo al que se refiere el concepto de “ensalada de palabras” (en el vídeo de abajo, de la película “el solista”, basada en hechos reales, es un buen ejemplo de dicho (d)efecto), el presente escrito igualmente viene a reflejar unos posibles porqués de esos daños. De esta forma tiene dos cometidos: 1. tratar de dar un porque o causalidad del gusto con respecto a la inteligencia, 2. mostrar todas aquellas investigaciones de las distintas ciencias sobre cómo se produce una frase y por ello el habla…, en definitiva en qué medida y de qué modo trabaja el cerebro a la hora de comunicarse con otros cerebros por medio de los lenguajes complejos.

    En este caso yo no trato de llamar a nadie estúpido, o sea, si acaso trato de mostrar que lo que llamamos una “persona normal” es aquello promediado por la evolución y lo social, como la forma más “correcta” que ha encontrado o promediado la evolución para que un cerebro opere de la forma más correcta u homeostática, ya que como decía en el escrito anterior la evolución no descarta nada, y promedia otras formas de “crear” un cerebro, en donde cada generación tiene que ver qué se valida o no, por ser una apuesta más o menos adecuada para su nuevo entorno. De forma curiosa, y de forma global, la esquizofrenia se da tan sólo en un 1% de la población, como si fuese un caso tan improbable de funcionar que la evolución haya apostado a que tal expresión génica se dé tan sólo en ese porcentaje tan bajo en cada generación. Otros “trastornos” más “conservadores”, como la bipolaridad, se dan en un porcentaje mayor: sobre un 2,4% (es deducible pensar que la evolución sigue distribuciones normales, que visualmente están representas por la campana de Gauss -ver gráfica de ventana Overton, abajo-, y los esquizofrénicos están en uno de sus bordes). Se deduce, por las sentencias previas, que concibo a los trastornos mentales no como tales, sino como distintas apuestas evolutivas con respecto a cómo tiene que ser un cerebro. Finalizando y sentenciando el párrafo: el presente escrito tan sólo trata de decir que lo que “descubrió” Virgil Griffith era un índice de normalidad, de forma de operar el cerebro como el más promediado o validado por la evolución, y que por lo tanto normalidad≠estupidez.

    El cerebro ha evolucionado a través de tres estadios de cómo guardar la información. La primera, la muscular, asentada sobre todo en el núcleo caudado, es la necesaria para sincronizar movimientos para una sola acción, es la más antigua y es la llamada procedural (montar en bicicleta, por ejemplo); la segunda es la emocional, asentada en las amígdalas cerebrales, y es aquella en la que se pueden dar tres estados: neutros, dañinos, placenteros; y la tercera, y ya en los animales complejos y asentada sobre todo en el hipocampo, es la declarativa, aquella que está sostenida por una retroalimentación, en donde el animal en cuestión verifica en algún nivel de consciencia que la acción ha sido válida, y tal estado consciente se suma a la memoria. En el humano este tipo de memoria está “apoyado” por el habla o cualquier otro lenguaje complejo de señales (un semáforo, por ejemplo). Hay que fijarse que cuando se aprende algo los tres modos de memorias pueden guardar información, y no tiene porqué ir a la par, sino que pueden mantener ciertos conflictos. Por ejemplo, un perro apedreado en cierto lugar no volverá a ese lugar, pero un humano sí puede “superar” -revisionar la memoria emocional- el que se haya caído de forma repetida con la bicicleta. Las tres áreas nombradas interactúan de forma constante y son un todo que ha de tratar de ser armónico, no hay que analizarlas como parte que tienen cada una su propia función aislada, eso sí, como se ha dichos arriba, no están libres de conflicto, en donde dichos conflictos generen trastornos, como es el caso del síndrome de estrés postraumático, donde la amígdala -el miedo- “secuestra” al resto de cerebro y su comportamiento.

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    Para explicar una jugada, en este caso sobre mis propuestas, hay que poner sobre la mesa las cartas que entran en juego, vayamos a ello. Primera carta: así que tenemos al humano con estos tres módulos, y lo que me interesa es centrarme en el lenguaje, al que primero hay que “desnudar” o desmitificar de toda su complejidad. Es de imaginar que el lenguaje se originó como una forma de comunicación, y con unas oraciones imperativas sencillas, como “tú ve por la izquierda”, a la hora de cazar, que a la vez dio paso a su función declarativa, como “detrás de esa colina hay caza”. Este tipo de frases -y lenguaje- tiene que estar libre de ambigüedades. Si durante la caza se daba un mensaje ambiguo o no claro era tendente a que alguien pudiera perder la vida o la caza fracasase. Lo que trato de mostrar es que la evolución validó una forma de estructurar las frases, que a la vez creó estructuras en el cerebro para formar dichas frases. Es a esa forma promediada, y bien adaptada, a la que llamo “normal”, y que es la que ha de operar en un cerebro humano de forma mayoritaria. Segunda carta: la neuronas espejos funcionan bajo la base de ver a la otra persona accionado sobre el mundo, de tal manera que en el propio cerebro, y sin que uno se mueva, se activan las mismas neuronas que se activan en la otra persona que tenemos enfrente. Es a esto que se llama sincronización, inducción o arrastre neural. Tercera carta: el cerebro es predictivo, tiene una versión del mundo interiorizada, dada la demora de sus procesos, en donde su propio mundo se adelanta a lo que puede venir de afuera. Cuarta carta (o la misma en su reverso): en esa dirección el cerebro preactiva las neuronas de la siguiente acción; este tipo de proceso se llama cebado -como cuando pisamos un rato el acelerador del coche porque está frío-, y en la dirección de adelantar el proceso de activar dichas neuronas. Quinta carta: está claro que ante un cebado se pueden dar dos situaciones, 1. que haya acertado en la predicción, o 2. que haya fallado. Las dos respuestas tienen dos tipos de gráficas distintas en un encefalograma. O sea, que el cerebro humano, de forma universal, tiene las mismas respuestas y funcionamiento durante estos procesos. Cuando no falla en su predicción se activa el efecto N400, donde 400 se refiere al retardo en milisegundos y N a negativo, en tanto que hay un pico hacia abajo sobre la media en la gráfica del encefalograma.

Cuando una palabra está precedida por un contexto semántico, la amplitud del N400 está inversamente relacionada con el grado de congruencia semántica entre la palabra y el contexto semántico precedente. El procesamiento de casi cualquier tipo de información semánticamente significativa parece estar asociado con un efecto N400.”

    Ya tenemos todas las cartas sobre la mesa, si bien primero mostraré su relación con la música, para después centrarme en el lenguaje. Las presentes deducciones, y afirmaciones por parte de los científicos, por otro lado, van en la dirección de tratar de asentar una de mis hipótesis: que lo que el cerebro “busca” en la realidad, en el mundo, son “identidades”, en donde por identidades aquí hay que entender realidades llenas de significado, y en donde significado tiene una estructura en triada -a modo de proceso narrativo (narrabilidad)- en un “cómo”, un “porqué” y un “para qué”. Dicha estructura están asentadas en el cerebro -y la evolución- desde los primeros pasos de la vida, y han ido creando las siguientes estructuras, si bien hay que tener en cuenta que la conciencia no siempre es consciente de dicha estructura y no siempre se pregunta o a atiene a saber de un cómo, un porqué o un para qué. Dicho “conocimiento”, de cualquier forma, se da de forma implícita. Esto lo digo porque en lo que me voy a detener del lenguaje es en la semántica, en la búsqueda del significado de las palabras o las frases. Tras esta breve digresión volvamos al tema. Stefan Koelsch, en su estudio “música, lenguaje y significado: firmas cerebrales del procesamiento semántico“, nos dice que la música sigue las mismas reglas que el lenguaje. Esto nos afirma en su estudio:

La semántica es una característica clave del lenguaje, pero no se conoce si la música puede activar o no los mecanismos cerebrales relacionados con el procesamiento del significado semántico. Comparamos el procesamiento del significado semántico en el lenguaje y la música, investigando el efecto de cebado semántico indexado por las medidas conductuales y por el componente N400 del potencial cerebral relacionado con eventos (ERP) medido por electroencefalografía (EEG). Los sujetos humanos fueron presentados visualmente con palabras objetivo después de escuchar una frase hablada o un extracto musical. Las palabras objetivo que no estaban relacionadas semánticamente con las oraciones principales provocaban un N400 más grande que las palabras de destino que estaban precedidas por oraciones relacionadas semánticamente. Además, las palabras objetivo precedidas por primos musicales semánticamente no relacionados mostraron un efecto N400 similar, en comparación con las palabras de destino precedidas por primos musicales relacionados. El efecto de cebado N400 no difirió entre el lenguaje y la música con respecto al curso del tiempo, la fuerza o los generadores neuronales. Nuestros resultados indican que tanto la música como el lenguaje pueden preparar el significado de una palabra, y que la música puede, como lenguaje, determinar los índices fisiológicos del procesamiento semántico.”

    Voy a enlazar estas afirmaciones a mis escritos previos, para después volver al tema (a nivel de desarrollo del escrito estoy en un paréntesis dentro de otro paréntesis). En otro lugar ya expuse el hecho de que cuando estamos escuchando a alguien se da ese proceso de adelantarnos a sus palabras (cebado cerebral: inducción léxica y predicción en la comprensión del lenguaje), de tal manera que si el interlocutor dice algo no esperado a esa respuesta, se da un N400 menos elevado en nuestros cerebros, proceso por el cual nos “desconectamos” de su flujo de pensamiento (piénsese en el caso de ser una mujer y que la otra persona diga algo sexista). Los extranjeros, y los inmigrantes, nos crean de esa forma una constante falta o ausencia de conexión, en la medida que no hacen un uso “correcto” de nuestro lenguaje (o acento), proceso por el cual y de haberla- se puede incrementar la xenofobia (por desgracia también se da el mismo efecto entre latinoamericanos y españoles, y la lucha evidente de si ver o no una película en latino o castellano, que generan tantas discusiones y salidas fuera de tono en los foros de Internet).

   Un hecho que parece mostrar lo dicho arriba sobre la xenofobia y la sincronización o la falta de ella, es deducible en los experimentos llevados a cabo por la psicóloga experimental Laurel Trainor con niños, y en la dirección de comprobar si es algo instintivo o aprendido. En sus experimentos varios cuidadores seguían ritmos sincronizados o desincronizados con respecto al bebé, y más tarde estos se mostraban más dispuestos a ayudar a aquellas personas que habían seguido su propio ritmo, frente a las que no (ver vídeo). El cerebro humano está creado para favorecer lo inclusivo, lo familiar, y de alguna forma la sincronización esa algo asumible entre familiares, ya que su estructura cerebral es bastante igual. En esta misma dirección se cree que el autismo es una desincronización o problema de las ondas cerebrales Mu, que son las generadas por las neuronas espejo: “un grupo de investigadores creen que el trastorno del espectro autista (ASD) está fuertemente influenciada por un sistema de neuronas espejo alterada y que la supresión de la onda mu es una indicación del flujo de la actividad de neuronas espejo.”

    Cierre del primer paréntesis, vuelvo al estudio de la música. Al proceso descubierto por Stefan Koelsch se le llama “semántica musical“, predice que si nos ponen cierto tipo de música nos encajarán más ciertas palabras con respecto a otras. Así si escuchamos “la cabalgata de las valquirias” de Wagner el cerebro creará un efecto N400 más significativo si la palabra es heroicidad, frente a que la palabra sea pulga. Demos unos pasos atrás para entender toda esta cuestión. En estudios cruzados de antropología, etología y teoría de la comunicación, sobre las señales honestas, se da por entendido que los animales producen ciertos sonidos para avisarse entre ellos. En el caso de los primates suelen hacer uso de sonidos bajos, con la base del fonema U cuando en un tipo de mensaje (amenaza entre los chimpancés) y un sonido alto de base fonética I, cuando es otro tipo de mensaje (de peligro entre los chimpancés). La teoría de la ideastesia, antes llamada sinestesia, nos dice que en un principio todas las percepciones estaban más unidas o entrelazadas, y más tarde de fueron distanciando, especializándose, y tomando distintas partes de los cerebros, con sus distintas funciones. Donde mejor se aprecia este hecho es en tratar de asociar la dos figuras de abajo con las palabras, sin significado, de “buba” y “Kiki” y en donde casi la totalidad de las personas asocian la forma redondeada con buba y la estrellada con kiki.

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    Está claro que el habla está ligado a lo musical, pues ambos son sonidos, pero una de las teorías del lenguaje humano propone que este provino de algún tipo de canto o sonido más musical que el actual. La poesía, al igual que los refranes, podría ser uno de esos remanentes. Bateson llegó a sentenciar que: “la poesía no es una especie de prosa distorsionada y ornamentada, sino que más bien la prosa es una poesía que ha sido despojada de sus indumentos y atada al lecho de Procusto de la lógica”. Se aprenden mejor las cosas con rima, por ello que suelan usar ese recurso los refranes; por otro lado las persona con tartamudez pueden tener cierta mejoría, o que no se pronuncie su trastorno, al cantar. Para el cerebro, y según el artículo sobre la semántica musical, una frase como “Sissy sings a song” (Cosme canta una canción, sería una traducción a desear para mantener la rima) tiene una menor carga cognitiva, pues de alguna forma el cerebro la “predice” mejor que si en esa misma frase se usase la palabra carpet (alfombra). Por este hecho traté al principio sobre los tres tipos de memorias. La memoria más antigua, la procedimental, es sobre todo muscular, y hay que recordar que al hablar se hace uso de distintos músculos. O sea, y para el caso, las neuronas motoras, y en donde en la frase del ejemplo las que se activan más son las de la S, y puesto que el cerebro trabaja con el cebado, dichas neuronas ya están preactivadas y por ello requieren de una menor energía en el gasto neuronal. En un segundo proceso las madres (y no es sexismo, son mejores las madres para tal acto, o el cuidador con más estrógeno o con menos testosterona, si se prefiere; no en vano las mujeres tienen menos probabilidades a padecer esquizofrenia) al usar sonidos expresivos con sus hijos están más interesadas en dar sus connotaciones prosódicas (emocionales, simbólicas), que en las palabras y sus significados. En este proceso los bebés asocian sonidos, melodías o ritmos a la inducción neural o la semántica musical. Si se capta la idea de fondo se activa la memoria emocional, a la que se va sumando poco a poco la procedimental, al asociar sonidos y la imitación que trata de hacer el bebé de su cuidador. Bajo este proceder la memoria declarativa, la del significado de cada palabra, es la última en emerger, como así fue durante la evolución. Con esto cierro el segundo paréntesis y vuelvo al tema del lenguaje.

     Vuelvo a la frase que usé arriba “detrás de esa colina hay caza”. El cerebro, cuando quiere comunicar algo, parte de un estado cero a nivel lingüístico, en él no existe la palabra, sino el deseo de comunicar algo que en un principio no tiene palabras. Para usar un símil, ese deseo es un dardo y la oración es la diana. Sin diana no tiene sentido el dardo y a la inversa. No se puede tratar de decir algo sin un propósito. El propósito precede a la palabra (somos mentes intencionales). Si una pareja está sentada en la oscuridad, viendo una película, y de repente uno de ellos dice: “alubias mojado entrando”, el otro pensará que se ha quedado dormido y que está hablando en sueños (pues los sueños son así de paradójicos). De igual forma cuando se  construye una frase como: “detrás de esa colina hay caza” en el cerebro del oyente se produce la predicción en la comprensión del lenguaje, en parte porque puede que los dos estén mirando dicha colina, de la que el hablante vuelve. Se produce un efecto N400 menos elevado si la frase fuese “detrás de esa elevación de tierra hay caza” y aún mucho menos significativo si la frase fuese “después de esa elevación de tierra hay posiblemente carne”. Con esto vuelvo al tema de la esquizofrenia, pues ahora se podrá comprender mejor.

Según los estudios neurológicos: “Los subconjuntos de interneuronas, que son anormales en la esquizofrenia, son responsables de la sincronización de los conjuntos neuronales que es necesario durante las tareas de memoria de trabajo, un proceso que se refleja en la frecuencia electrofisiológica gamma (30-80 Hz) oscilaciones. Ambas tareas de memoria de trabajo y oscilaciones gamma se vean afectados en la esquizofrenia, lo que puede reflejar la funcionalidad anormal de las interneuronas.”

    Dos datos a tener en cuenta de esta cita referenciada, proveniente del artículo en la Wikipedia sobre la esquizofrenia. 1. durante la construcción de una frase se activa el espacio global de trabajo, donde uno de sus componentes es la memoria de trabajo. En los esquizofrénicos, al tener afectada la sincronización neuronal, repercute en su memoria de trabajo, lo que implica que tengan una peor capacidad para construir una oración en orden, siguiendo las reglas gramaticales y siguiendo una estructura semántica comprensible para el oyente. 2. El cerebro no sólo se sincroniza con otros cerebros, sino que la propia sincronización es una parte de su forma de trabajar (esta premisa tiene que ser ampliada, pero de hacerlo me saldría sobre lo que he estudiado y profundizado). Breve digresión, ya en otros lados he asociado el mapa mental que hace el cerebro sobre un terreno y la forma que tiene el cerebro de trabajar con el resto de sus procesos. Tal idea al final está sustentada por la ciencia en la llamada teoría ventajosa. Ahora es verano y de nuevo doy largas caminatas. Un día me di cuenta de otro patrón que emergía en el cerebro al deambular. Yo puedo haberme hecho un mapa mental de una ruta, pero cuando voy caminando de repente veo que es más óptimo cierto camino frente al planificado, y en ese momento tomo el camino óptimo. Es muy posible que el cerebro parta de esta misma premisa o constructo. Cuando emerge la intención de comunicar algo, la frase se construye en primer lugar con una idea previa, a partir de un plan general optimizado a través de años de “prueba y error”, a la hora de construir ideas con palabras, pero a la vez cuando se encuentra en cierta parte de la frase, puede encontrar más óptimo coger tal o cual atajo que se le presenta en ese momento en el espacio de trabajo. Aquí nos encontramos con dos procesos: 1. atenerse a lo aprendido, 2. capacidad para improvisar sobre la marcha. Una frase hecha o una de moda, o un dicho o refrán se atienen a mantenerse en el plan del camino elegido, mientras que cuanto más divergente sea el cerebro más tenderá a improvisar, a salirse del camino trazado. En lo cotidiano las personas en verano salen a pasear, siguiendo siempre un mismo camino (dato curioso… lo que eran caminos alternativos los están volviendo a “cegar” la naturaleza, como si la humanidad sólo buscase los caminos más trillados, sencillos y deseados). Yo por el contrario no salgo a pasear, y en mis rutas raramente sigo el camino trazado: se manifiesta mi cerebro divergente (cierta vez, en la sierra de Béjar, cambié de camino, y ese cambio me llevó a otro, y al final subí a la parte más alta de la montaña; sin darme cuenta se me hizo de noche y tuve que bajar a oscuras, la luna me fue propicia, iluminándome con el móvil en casos extremos). En otro caso sobre mis caminatas, me di cuenta que en rutas nuevas, con un destino concreto, a veces se separaban en dos caminos y yo tiendo a coger uno sin analizar si será el “correcto” o no. Tiendo a “apresurarme” o a intuir u dar por válido uno de los caminos sin comprobaciones en el programa de mapas del móvil. “Prefiero”, o en realidad mi cerebro ha heredado esa forma de proceder, aventurarme a coger un camino y rectificar si se llega el caso, que estar revisando constantemente el mapa digital. Puede ser una tendencia a confiar en mis intuiciones, pero también se podría analizar con lo poco práctico y costoso en tiempo y energía el estar revisando el móvil. Yo tengo muchos problemas con el lenguaje, y se me ocurrió que al hablar o escribir mi cerebro tenía esa misma forma de proceder: se trata de basar en intuiciones en donde en cierta bifurcación de un discurso apuesta por un camino que no conoce -frente al conocido o trillado-, reculando si llegase el caso que se encontrase que ese no era el camino. Quizás parte de lo que se conoce como “inteligencia” sea esta forma de proceder, pues se llega a posiciones nuevas -nuevos pensamientos- por mero azar de salirse del camino y confiar en las intuiciones. Con todo, mi hablar en muchos casos, sobre todo cuando estoy cansado o enfermo, no es fluido y va a “trompicones”, si bien cuando mi estado es el óptimo me “presento” como recurrente, original y “encantador”. De fondo se encuentra la tendencia a la neofilia o la neofobia, lo primero es más propio de los amantes al cambio y las novedades (adrenalina), el segundo es el miedo al cambio y la posible ansiedad de no seguir unas expectativas previamente trazadas y bien controladas (miedo, cortisol). De seguir la misma lógica, un esquizofrénico es tan divergente que no se traza una ruta al hablar. Todo esto no es una metáfora, si uno se atiene a la teoría ventajosa. El cerebro procedimental, motor, del movimiento, creó las siguientes estructuras del aprendizaje y la memoria a partir de sus reglas, y el movimiento sobre todo depende de tener un mapa mental del entorno, como para saberse mover por él (predictabilidad). Si un animal está siendo perseguido por un depredador, le conviene recordar qué opciones tiene desde esa posición para llegar al primer escondite o lugar de protección. Esa misma estrategia la usa tanto una cucaracha como un conejo, en cuanto se sienten en peligro saben en qué dirección ir de forma inmediata. Pero además hay otra cuestión a tener en cuenta. La orientación depende de que conozcas el lugar, pero en cuanto uno está desorientado o perdido ya de nada valen los puntos de referencia o casi ninguna estrategia. De ser así… ¿no será que un esquizofrénico haya perdido todo punto de referencia en la vida como para saberse conducir a sí mismos?, como para que su cerebro ya no pueda partir de sus propios mapas mentales y no los pueda dar como válidos, ni siquiera al hablar en algunos casos. La vida actual tiene pocos o ningún punto de referencia, es fácil sentirse perdido o por lo menos desorientado, pues ya nada está donde debería de estar con respecto a lo que el cerebro y las primitivas cerebrales tienen como mapa mental de las motivaciones más profundas y arraigadas en lo humano. Los divergentes al no atenerse a planes, a rutas prefijadas, y ser tendentes a la improvisación, tienen un mayor riesgo para perderse en la vida actual. Si les sale bien alguna de sus “jugadas” terminarán en alguna posición privilegiada, pero lo más fácil es que terminen perdidos y como perdedores (mi vida ha sido la típica de haber ido dando tumbos y no haber llegado a ningún final “claro”). Fin de digresión.

Tenía pendiente la búsqueda de la parte implicada en tales procesos para poner en enlace, y al final en el artículo de la Wikipedia sobre el giro hipocampal, que tiene la función de “codificar y reconocer las escenas ambientales”, se nos dice que “Se ha observado asimetría en la esquizofrenia.” Tal cuestión apunta a que mi hipótesis puede ser acertada.

Teoría de la Ventaja    La frase “Sissy sings a song” es como un proceso en donde, y si cada fonema es un ritmo distinto (onda sonora en el mundo, pero frecuencia neuronal interior en realidad), el cerebro volviese una y otra vez a la tonadilla y el ritmo de la S. Es fácil deducir que la propia frase invita a bailar, o sea que el cuerpo, y desde su origen sinestésico, asimila ese vaivén con la S a cierto movimiento rítmico del cuerpo (a mí me induce a un vals). De hecho, en la dirección de acabar con el estigma que implica la propia palabra esquizofrenia, que quiere decir metafóricamente “persona rota o dividida” (cuando en realidad tendría que querer decir “división de las funciones mentales”), países como Corea hacen uso del concepto Johyeonbyung (desorden de sintonía) o Japón el concepto de Togo Shitcho Sho (trastorno de integración). Ambos términos, sobre todo el coreano, tiene la doble función de explicar qué sucede dentro de sus cerebros, así como qué le sucede a esas personas en sociedad. Unas de mis propuestas más remotas, en el tiempo, es asociar ciertos trastornos con la arritmicalidad y la amusia. En un estudio llevado a cabo por J. T. Kantrowitzt y otros, se ha encontrado una relación entre la percepción emocional de la música y los esquizofrénicos. Si volvemos a la tres memorias, la memoria motora tiene dos formas de proceder, en los movimientos finos (sostener un tenedor) y los “gruesos” (andar), es de suponer que el esquizofrénico es como si no tuviese o hubiera perdido la capacidad “fina” de captar la realidad, la sociedad y las personas, tanto a nivel emocional, como a nivel del lenguaje. Conoce a nivel “primitivo” los ritmos (movimiento grueso), pero ha perdido la melodía (movimiento fino) que les conectase a la sociedad y el resto de las personas. Saben lo que quieren decir (movimiento grueso), pero no saben cómo decirlo y qué palabras usar.

Melodía    Pienso que ya he expuesto todos los datos a tener en cuenta para relacionar música con “normalidad” frente a divergencia, que sería lo más correcto con respecto a estupidez e inteligencia. Todo trastorno, que no lo son bajo la crítica a la neuro-normatividad, son tipos de apuestas evolutivas de cerebros que tienen a divergir sobre lo promediado o normalizado en lo social/evolutivo, que son de cerebros convergentes (unidos a un mismo ritmo de fondo). Aquí viene una propuesta más arriesgada y menos pensada o desarrollada. ¿En qué medida la normalidad es como los armónicos tonales en el sonido y la música? En teoría musical la tonalidad implica que a cada nota hay algunas otras que le hacen mantener un “mensaje” tonal o melodía (el típico tararán), mientras que otras notas “rompen” con dicha estructura jerárquica (este recurso de desincronización de los tonos se usa en las películas de miedo para crear y sumar el malestar en los espectadores). Fijarse que cuando alguien reacciona de manera exabrupta decimos que ha tenido una salida de tono. Divergente, por otro lado, es sinónimo de discordante, que a la vez proviene de romper con lo (el) acorde. Las palabras de la misma familia: acorde (estar de acuerdo), acordar, y recordar  provienen del latín cordis (corazón), que implica como que tiene un ritmo que se asume como con acorde, pero a la vez por el equívoco de que en la antigüedad pensaban que en el corazón estaban los sentimientos y los recuerdos (recordar a alguien querido conlleva a la vez sentir).

    Si volvemos a las frases del ejemplo de arriba: “detrás de esa colina hay caza”, dicha construcción de la frase guarda una armonía tonal o no rompe con la inducción predictiva léxica del oyente, mientras que “después de esa elevación de tierra hay posiblemente carne” rompe con dicha inducción y por ello con la armonía melódica. Todo éxito musical lo suele ser porque tiene una melodía clara, definida, y que por lo tanto es recordable por todos. En la música pop el estribillo, sobre el que se vuelve una y otra vez, tiene que tener una melodía o frase distinguible y que se mantenga dentro de las reglas de la tonalidad, que implican acordes, intervalos y los armónicos, y que siguen las reglas de la teoría musical, que a la vez pueden reducirse o implican una semántica musical, en donde de fondo implican a los tres tipos de memorias y sus reducciones: 1. procedimental o muscular que es reducible a los ritmos (corazón) y los distintos osciladores neuronales, que a la vez obedecen a las reglas de los “osciladores biológicos”, que a la vez operan bajo los ciclos de noche y día, y estaciones del año; 2. la memoria emocional, por la cual la música triste y alegre son claramente identificables, y 3. la memoria declarativa, por la cual ponemos letras a las canciones que tienen que tener algo de rima y consonancia. Si una melodía o frase musical es más recordable que otras es porque se atiene, de la manera más concisa posible, a la forma de operar de las tres clases de memoria. Cuanto más se acerque y sume -una melodía, frase o estribillo-, a cada una de las tres memorias -ritmo, emocional, frase musical clara-, de forma más permanente se guardará como memoria en el cerebro (el vídeo enlazado abajo, de “The white Stripes”, sigue las tres reglas, pues el ritmo a la vez es la frase o melodía -se estructura alrededor del bajo-, es emocionalmente melancólica, y mantiene su “frase” durante toda la canción). En estudios sobre el tratamiento con personas mayores que padecen Alzheimer o demencia senil, la música de sus épocas sirven de detonantes para volver a recuperar recuerdos hasta ese momento inaccesibles, y por los cuales dichas personas tienen alguna mejoría de recuperar su identidad narrativa y un mejor nivel de conciencia de su yo (identidad).

   Hasta ahora el escrito ha seguido una misma línea de pensamiento, una melodía si se quiere…, si la vida fuera así de sencilla perdería la profundidad y complejidad, como así es la vida y el cerebro humano. Ahora me toca enredar un poco ese mensaje claro, y en la medida que es necesario para entender la condición humana y su cerebro de manera más completa.

    El primer enredo proviene de lo social. ¿Por qué la vida está “contagiada” de la belleza? En psicología evolutiva se deduce que la belleza es una señal honesta cuyo mensaje es “tengo buenos genes”. Además, otra de las reglas del atractivo es que tiene señales redundantes, o sea que una persona bella además tiene un buen cabello, huele bien y tiene una piel fina, uniforme y tersa. ¿Por qué la redundancia?, porque se pueden dar apuestas que “simulen” algunas partes de ese atractivo (tramposas) y no portar buenos genes, pero la suma de todas ellas “demuestran” que no son una “trampa”, pues conllevan un alto coste de gasto de energía. Por esta redundancia, quizás, se dé el efecto de los supra-estímulos, aquel que nos dice que los machos se dejan confundir (seducir) por el exceso de los estímulos, como así lo son los pechos enormes entre los humanos. Esta breve digresión, que valdrá para el siguiente enredo de la linealidad de mi mensaje, viene al caso para tratar de exponer la idea de que seguir la norma de la mayoría es más acorde o armónico en lo social, y eso lleva implícito el ser una “bella persona” (bellísima, exageramos en España) y en donde bella quiere decir buena. Al igual que hay que ir a la moda, hay que ir con los tiempos con respecto al uso del lenguaje. En este campo semántico se encuentran las frases hechas, la jerga, los modismos, las locuciones, los clichés y los memes. En España ahora, por ejemplo, está de moda decir “la compro” o “te la compro”, cuando una idea nos gusta tanto y nos convence como para hacerla propia. Volviendo a las frases bien construidas, si usamos muchos clichés y frases de moda hechas, ya no hace falta que el cerebro gaste más energía, pues va de frase en frase como si fuera de liana en liana en la selva, al modo de tarzán. Dicha forma de operar funciona en los dos sentidos: desde el receptor al oyente, y desde el oyente al receptor. El flujo de la información es rápida y fluida y no se produce ninguna desincronización.

 Otro hecho a tener en cuenta, sobre lo dicho con anterioridad, es que no sólo va encaminado ha crear una mayor fluidez en la comunicación, sino que además y es quizás más importante, implica sumarse a lo social, a aceptar sus reglas y ser parte de la comunidad, encaminadas al fin y al cabo a la interacción, a la creación de grupos y la facilización social. En esa dirección hay personas más tendentes a la conformidad, que se atienen más a las reglas y las convenciones, frente a otras que se muestran algo más rebeldes, en tanto que pueden tender a hacer lo contrario a la norma. Es de hacer notar que la esquizofrenia es concebida como una enfermedad propia de la juventud: “la esquizofrenia a veces también se conoce como hebefrenia, derivada en la etimología del dios griego Hebe, que estaba asociado con la adolescencia y, como se pensaba, el inicio de la esquizofrenia se produjo en la adolescencia.” Se puede pensar que puesto que la propia juventud implica una rotura mental con los padres programada por el ADN, en la dirección de “abandonar el nido“, es posible que a aquellos que se les manifieste la esquizofrenia, de alguna forma es como si en su “desconexión temporal”, al final no fueran capaces de volverse a conectar con la media social. Por otro lado, uniendo ideas y con respecto a la teoría ventajosa de la que he hablado arriba sobre que los divergentes tienden a crear sus propios caminos, la juventud es una edad tendente a la neofilia, lo que de nuevo es otro posible concadenante.

    El segundo enredo creo que se deduce del anterior párrafo. Lo que puede parecer una virtud a la vez puede parecer o ser un defecto. La atracción entre sexos (o géneros) obedece a que el otro sobresalga de la media, se tiende a mejorar en la medida de lo posible la propia apuesta, al mezclar genes. Si se “entra” (tratar de ligar, no sé si el “entrar” se entiende en latinoamérica) a la otra persona con clichés, frases hechas o memes se empieza con mal pie (estoy cansado, pues llevo horas escribiendo y mi cerebro recurre a frases hechas o peor estructuradas; tampoco puedo dejar de terminar el escrito, pues no dormiría). Cuando una chica dice “es gracioso” no quiere decir chistoso, quiere decir ocurrente de forma no pedante o seria. Aquí, en esta trama, entra en juego el porqué de la neurodiversidad. La evolución tiene varios motores, y uno de ellos es la sexualidad. Cuando lo relevante de lo humano empezó a dejar de ser la fuerza, lo empezó a ser las capacidades que tenía el cerebro para salirse de la norma, de lo establecido, de pensar de forma divergente. ¿Por qué?, porque ese tipo de cerebro estaba mejor estructurado para ver más posibilidades en situaciones adversas. En otro caso he usado el ejemplo del personaje de DiCaprio en la película “Titanic”. Era un cerebro divergente, era artista, pero a la vez ese tipo de cerebro fue más óptimo para ver distintas alternativas, con respecto a la media, a la hora de enfrentarse al hundimiento del barco. La misma forma estructural que vale para resolver situaciones complejas, vale a la hora de crear frases y usar el procesamiento semántico. Cuando se crea una frase el hemisferio izquierdo procesa el lado lógico y significativo con respecto a las reglas gramaticales, pero a la vez entra en juego el hemisferio derecho en su pensamiento mágico, y más creativo e imaginativo. Esa “lucha” ha de ser equilibrada, y tal equilibrio también es a la vez una muestra de buena salud y buenos genes. En la nueva película sobre Hellboy hay una de esa respuestas ocurrentes que demuestra muy bien lo que quiero decir. Hellboy se encuentra con la bruja Nimue, la cual trata de hacer que se ponga de su lado:

  • Sé mi Rey. Y sé venerado por lo que realmente eres. Tú y yo somos el uno para el otro.
  • ¡Así es! Pero no va a funcionar, sabes, porque yo soy capricornio, ¡y tú estás muy loca!

    La última frase no es la esperable después de “yo soy capricornio”, donde sí sería de esperar que él dijese el signo de ella, por su posible incompatibilidad, y según la reglas de la estructura semántica y musical, pero sin embargo se sale por la tangente, como se suele decir, demostrando que su cerebro no funciona bajo las reglas de la media y tiene algo “especial”.

    No quiero alargarme más, creo que todas mis premisas han quedado aclaradas. Es hora de rematar y encajar lo dicho con respecto a los gustos musicales (si no se deduce ya). El promedio de los cerebros prefieren y están creados para entender el lenguaje sencillo y bien estructurado. De igual forma prefieren la música que está creada con las mismas reglas claras y sencillas. La música que implica de forma más plena esta estructura cerebral es la música pop y gran parte de la música rock (sobre todo el norteamericano). Cuanto más se aleje un grupo o estilo de esa media, más divergente será y conectará con una menor cantidad de personas. Aquellas personas que capten o sigan el proceso mental de dichas estructuras musicales es porque dicha forma estructural forma parte de sus propios procesos mentales. Quizás una de las canciones más significativas, que demuestran qué es lo que quiero decir sobre la tendencia a la “divergencia musical”, sea la canción “Fell off the floor, man” del grupo dEUS; cambia constantemente de ritmo, lo que no llama al baile y la memoria procedimental, tampoco tiene ningún matiz emocional claro, lo que no llama a la memoria emocional, y sus voces, distorsionadas, tampoco llaman a la memoria declarativa.

    David Bowie usaba mucho el recurso de saltarse la nota esperada después de una frase musical, y dejaba en suspenso dicha nota hasta llegar a algún final o frase catártica, como así sucede con la canción “China girl“. Lo que quiero dar a entender, con este ejemplo, es que tampoco hay que llegar a unos límites en donde una canción pueda parecer que ya no es música. La divergencia, de forma genérica, quiere decir que salirse de lo establecido, encontrando algo nuevo de muy diversas formas. En la canción “Child of vision” de Supertramp, su teclista usa el teclado casi como lo que es: un instrumento de percusión, ya que no crea frases largas, que es lo propio del piano, sino frases sencillas y rítmicas. La música pop tiene que basarse en un ritmo lo más estable posible. La mayoría de las personas no se sienten cómodas ante los ritmos cambiantes. En ese sentido no entienden las canciones largas y con cambios de ritmos bruscos, y en donde además se les cambia la “frase” de fondo. Ese es el caso de canciones como “The poet and the pendulum” del grupo Nightwish, escrita con una estructura clásica de cinco partes bien diferenciadas. ¿No será que este tipo de canciones es más propia de personas tendentes a los cambios de humor?, entre las que se encuentran los bipolares. ¿Y no será que el cerebro medio trata de mantener un humor equilibrado a una media? La música clásica es una música profunda, sus compositores partían de un mapa mental muy completo y lleno de referencias culturales históricas. De esa manera sus composiciones eran la suma de todas las mentes de la cultura occidental. Cuando escribían sobre sus pentagramas, cada composición pasaba por distintos estadios mentales sin agotarlos, y evitaban centrarse de forma plena en una sola emoción o estado mental…, como si quisieran revelar la estructura de una vida al completo, con todos sus altibajos, crisis y momentos de gloria en unos minutos o una hora, o revelasen la esencia de la condición humana o de la vida. El rock progresivo, con su álbumes conceptuales, y más tarde el épico y el gótico -cuyas cantantes suelen tener grandes voces par la lírica- heredan esa misma estructura difícilmente reducible y asimilable para la mayoría de los cerebros, que viven en sus “aquí y ahora” y que son felices con su música pop, sobre todo si les quitan las penas o les hablan a sus corazones heridos. No en vano pop quiere decir música popular, la que quiere la mayoría de las personas, esa media promediada por la evolución. Otro dato curioso es que durante la crisis del petróleo, en la década de los 70, casi los únicos grupos que se mantuvieron editando discos fueron aquellos dentro del denominado movimiento de “rock progresivo”, como si el alto coste de las ventas sólo lo pudieran pagar las personas con gustos más excéntricos, que en muchos casos son los más adinerados.

Ventana Overton Extrapolada 2    Tres últimas reflexiones. 1. El humano no sobresale entre las especies que se atengan a las señales honestas, más bien lo contrario: hay demasiado engaño y pose. Hay personas que tienden a parecer que tienen gustos extraños en la música, pero es posible que sea por mera pose; que traten de ser locuaces, cuando sus cerebros no los son. Todo lo divergente, vanguardia y/o liminal suele terminar por ser engullido por la masa, al simplificarlas a sus propias estructuras sencillas y armónicas. 2. Las vanguardias, sobre todo en música, no vende y tal postura no se la puede permitir un compositor o grupo, de tal forma que suelen bajar sus expectativas y su creatividad a una zona promediada más vendible (hoy en día, con el declive de la venta de discos, hay más música alternativa e indie, pero la mayoría de sus “quiebros”, y disonancias están bien estudiadas por los que crean los arreglos en los estudios; o sea, siguen siendo en su gran mayoría “música enlatada”). 3. Finalizo con los “protagonistas” del escrito, los esquizofrénicos. En sus manifestaciones más leves pueden dar genios o ideas o arte geniales, pero siempre están en la cuerda floja de caer en sus manifestaciones más trágicas como el delirio, el trastorno del pensamiento y el descarrilamiento del habla. Tal como lo he transcrito aquí se puede comprender que no son enfermos mentales, que más bien son la diana de la rueda numerística que es la evolución y dentro de una sociedad que no ha sabido hacerles el hueco que les corresponde, o sea que su principal mal no es que hayan tenido esa lógica macabra de la genética, sino que su mal es nacer dentro de una sociedad, que bajo la rúbrica de tal nombre o estigmatizados a no ser acogidos en lo social, terminan manifestándose en ellos las peores partes de su condición. En definitiva, que de nacer en una sociedad que los aceptase y acogiesen como lo que son, y dentro de las ideas conceptuales de la neurodiversidad, podrían vivir con cierta paz y dentro de unos márgenes aceptables.

   (Una conversación, o un escrito como el presente, son claras pruebas del cebado léxico y semántico. Cuando se está escribiendo se hace uso de un lenguaje a partir de unos pocos términos que permanecen cebados, ignorando a su vez otros que quizás vendrían mejor al caso. Una clara evidencia de cebado es repetir palabras en una misma frase o párrafo; error que en segundas lecturas hay que corregir. Por otro lado durante una conversación los lenguajes de los hablantes tiende a “mimetizarse”, usando unas mismas palabras o conceptos por “contagio”. En ese proceso se sigue el concepto de inducción léxica. Igualmente si de lo que se trata es de una discusión, donde se evita la sincronización, la empatía, se trata de evitar el lenguaje del otro, o usarlo en sus términos.)


    Off topic: ¿escuchar música “compleja” puede forzar al cerebro a salir de los armónicos y lo estructural?, a ser, en definitiva, más creativo e imaginativo. Estoy creando una lista de canciones en YouTube, dentro de lo que yo entiendo que son creaciones divergentes en algún aspecto. Son parte de las canciones que yo escucho a diario y en mis largas caminas. Muchas de mis ideas nacen paralelas a la escucha de dichas canciones…, pero ya sé: correlación≠causalidad.

Lista de música para expandir la mente.

 

El Sentido Está en las Primitivas

  El hombre se toma como materia incluso a sí mismo, y se construye (…) como una casa.” Luigi Pirandello
La conciencia es la conducta de las conductas.” Sartre
Significado puede considerarse un sinónimo aproximado de patrón, redundancia, información y “restricción.” Bateson

   Estoy leyendo “pasos hacia una ecología de la mente” de Gregory Bateson, con el cual coincido en una gran cantidad de cuestiones, quizás por esa mezcla de sus especialidades entre la antropología y la psiquiatría, en donde trata de fundar lo segundo a partir de lo primero. Este autor a su vez hace mención a ciertas ideas de Aldous Huxley, que a la vez menciona o se basa en Walt Whitman, (ir a Tuit de referencia al texto). Con este autor llegué a la corriente llamada transcendentalismo. En esa dirección tengo que hacer ver que mi concepto del “el niño que siempre nos habita“, aunque se acerca a las ideas que sostenían los trascendentalistas, sobre un momento en el pasado en donde el humano era más cercano a la inocencia o “gracia” propia de los animales, en ningún caso trato de sostener ninguna idea, a su vez, sobre la espiritualidad. Más bien me baso en el concepto de los dos hemisferios del cerebro descrito en el libro de Iain McGilchrist “el maestro y su emisario“, en donde el derecho aún mantiene en cierto grado el pensamiento mágico y por ello la conexión con las primitivas, mientras el izquierdo ha tendido a la razón y por ello a la instrumentalidad. En esa misma dirección apunta el concepto del intérprete del hemisferio izquierdo de Michael S. Gazzaniga, e igualmente el de la identidad narrativa, que al ser principalmente verbal de nuevo nos remite al hemisferio izquierdo. La idea de la humanidad corrompida, en tanto que concepto idealizado y en cierta forma pueril, viene de antiguo, donde el concepto del “buen salvaje” de Rousseau es quizás el referente (otras fuentes, la película “Avatar” se fundamenta en el principio del “buen salvaje”, más conectado con la mentalidad mágica y la naturaleza). No hace falta críticas a las consideraciones más nuevas, Rousseau ya las tuvo en su momento y a posteriori, cuando sus ideas quedaron en entredicho dada la evidente violencia de muchos pueblos de cazadores-recolectores.


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   De cualquier forma yo pienso que si alguna vez se dio ese estadio, puede que incluso fuese previo al homo sapiens. Las ideas expuestas en “caos: sin sentido o sentido“, sobre las señales honestas que son las emociones básicas, también puede ser corroborada por la hipótesis cooperativa del ojo. En ningún animal la esclerótica, el blanco del ojo, es igual que la del humano. La hipótesis, propuesta conjuntamente por H. Kobayashi y S. Kohshima sostiene que tiene la función de indicar, a los otros humanos, hacia dónde se mira y en la dirección de cooperar, cosa que no sucede en otros animales, que han de ocultar dónde miran. Todas estas ideas, tanto las de las emociones como la del blanco de los ojos, tienen de fondo la teoría de la comunicación. En el reino animal todo tiene un porqué, un juego evolutivo. El engaño por medio del camuflaje es donde mejor se entiende su entramado. Un animal se puede camuflar para esconderse o para atacar; a la vez otros animales usan los colores para avisar que son venenosos, mientras otros -con la misma base- engañan haciendo creer que son venenosos. Este lenguaje es universal, ya que se da incluso entre las plantas y los hongos. Bajo estas reglas el humano se pone en evidencia con la esclerótica, puesto que un depredador podría percatarse cuándo mira para otro lado, y en ese lapsus atacarle. Ha de suponerse que en el momento que se dio ese cambio evolutivo el humano (o prehumano) ya era un cazador respetable y temido, y que dicho cambio era un mensaje interno hacia los propios humanos. De una u otra forma lo que nos dice, tanto las emociones básicas como el blanco de los ojos, es que el humano proviene de una especie que se basaba en la cooperación y en donde no se daba en ese momento el engaño. De cualquier forma la dirección del presente escrito es la de tratar de demostrar lo contrario: que el humano tal como lo concebimos y es hoy en día fue a causa no de la cooperación, sino de la otredad, y por ello la ocultación y el engaño. Si se quiere, un posible porqué se “corrompió” o se desvió de aquel inicio. Antes que nada se ha de tener en cuenta que el presente escrito trata de mostrar que indiferentemente a lo que creamos, y sobre que la mejor cualidad humana es la razón y que es esta la que ha de buscar el sentido de la vida, y las motivaciones; la realidad es que las bases de dichas motivaciones y un posible sentido de la vida tienen sus bases en las primitivas, mientras que las zonas más nuevas, y las nuevas disposiciones de las sociedades humanas actuales han perdido -o están perdiendo- dicho sentido.

    La teoría de la evolución humana parte de la idea de que un antecesor nuestro, y común con el chimpancés, fue posible por la sequía del este o cuerno de África. No es una región tan grande como para que hubiese demasiada variedad o familias , y se supone que sobrevivieron porque se basaron en una fuerte colaboración. Antes de leer a Bateson ya tenía planeado este escrito, pero después de leerlo me he cuestionado si hacerlo, pues venimos a decir más o menos lo mismo. También me hace cuestionarme el para qué escribir, si no hay ya suficientes libros y redundar, como para saturar aún más el panorama actual y su exceso de información. Al fin y al cabo ciertas “verdades” no transcienden a la masa, pues toda verdad que no sea optimista o sea útil, no la digiere la cultura popular. No sé, entonces, si en cierta forma el presente escrito es divulgativo y sobre las bases ya planteadas de Bateson. De cualquier forma he de afirmar que yo las llevo más allá y las trato de unir a otras ideas o conceptos claves en mi “filosofía” (forma de ver/sentir/entender el mundo).

Breve resumen de lo que viene a continuación:

  • El juego es una forma de comunicación en donde hay un desplazamiento de los signos. En esa medida su base es metafórica.
  • Hacia un nuevo concepto del aprendizaje.
  • Qué es o no es juego viene dado por pertenecer a una misma familia (con un mismo lenguaje o signos) y por ello incluye los conceptos de identidad y otredad.
  • Cuando fue imposible determinar el juego, por haber demasiadas familias o signos, se estructuró de una nueva forma lo social.
  • Ciertas fallas en el establecimiento de esas reglas dio posibilidad y legitimización a ciertos humanos a jugar a jugar, a crear interpretaciones de los juegos en tanto que ocultación o engaño.
  • Esa estructura social creó a su vez una estructura mental.
  • Creación de grupos en sustitución a la pertenencia y la familia.
  • Hacia un nuevo concepto del efecto Baldwin, la evolución y los preconcientes.

    Empecemos sobre el concepto clave que quiero introducir en el escrito, pues es posible que este proporcione más coherencia y sentido al resto. Qué debería entenderse por aprendizaje.

   Hace unas semanas vi un documental sobre competiciones y competidores sobre la memoria. Todos ellos, claro está, usan trucos nemotécnicos para memorizar y recordar. Pero ¿recordar es inteligencia? En cierta película de los 90, “Magnolia“, uno de sus personajes (¡agüita!, cómo conjugar verbos aquí: el cerebro se bloquea por unos segundos) era el que había sido un concursante de un programa de televisión de gran éxito, que para hacernos a la idea venía a ser como alguien que hubiera durado mucho tiempo en el programa español de “saber y ganar”. El personaje se muestra deprimido y acabado, ante un mundo que hace ya tiempo que le ha olvidado y al que él trata de hacerles recordar su gloria. Tiene una gran cantidad de conocimientos, pero sólo son datos como las capitales del mundo, citas, datos de fechas históricos y cuestiones similares. “¡Niños!”, tienen la cabeza llena de datos innecesarios”, se dice a sí mismo de forma retórica, quizás recordando algún reproche que alguien le dijo alguna vez. Bajo mi punto de vista el sistema nervioso, y por ello el cerebro, los ha “creado” la evolución para crear identidad, para tener la posibilidad de crear ser, en la dirección de interiorizar el mundo, hacerlo predictivo, y con la doble meta de sobrevivir y ser la mejor apuesta evolutiva. O sea, crear posibles cambios que sean los que permanezcan en un futuro humano. Aprender datos en bruto, aprender a aprender o crear sistemas nemotécnicos no es algo que se transfiera a nivel evolutivo. Todos ellos hay que aprenderlos durante la vida individual, o sea, no crean cambios permanentes y disponibles para la evolución.

     Qué sí mantiene. El prefrontal con su circuito de revisión de la información, a través de un sistema codificador complejo, es algo que la evolución validó. O sea la capacidad de analizar la información, una vivencia, con el lenguaje, con las palabras. En la actualidad está haciendo ese mismo proceso con el lenguaje matemático, pero tal parece que al ser el más novedoso tarda en implementarlo, pues tiene que “verificar” que realmente sea “útil” a nivel de coste/pérdida, en verificar qué se gana y qué se pierde. Los grandes matemáticos suelen ser personas retraídas y con problemas de integración en lo social; la evolución está evaluando si el coste de una posible desintegración social se suple con algún beneficio sobre dicha adquisición.

     Esta idea sencilla y evidente lleva implícito una gran cantidad de detalles, que es lo que me interesa exponer. Cómo funciona el cerebro y sus entresijos es sobre lo que lleva las cuentas la evolución. Qué tenemos, a grandes rasgos: un sistema de aprendizaje basado en el premio y el castigo; la larga y alta dependencia de la infancia, que a su vez remite a algo externo como uno o varios cuidadores/enseñadores, que a la vez cuentan y han de partir del premio y castigo; la necesidad de volverse adulto e independiente para al final volver a crear una familia, con sus consiguientes procesos cerebrales de rebeldía para romper con los cuidadores, para al final frenar; todo ello aderezado que es a partir de un sistema complejo de codificación, que es el lenguaje. Puesto que la base es el premio, la evolución hace tiempo que asentó la estructura que es el juego, como base del aprendizaje. Estos procesos remiten a partes, funciones y sistemas del cerebro que se dan gracias a un fino y precario equilibrio, en donde si algo falla lleva al cerebro a distintos trastornos, ya sea a nivel individual, o a nivel social. Mi propuesta es que no es un proceso acabado, que la evolución no tiene aún una regla válida para tal estado, y que con cada individuo y generación reevalúa sus “tácticas”. ¡Ya sé, no es un ente que aprende y de forma tan rápida!, depende de largos procesos de cientos o miles de generaciones, pero la evolución parece tener “ciertos trucos” para paliar con dicha lentitud. Por un lado tenemos los cambios epigenéticos, por los cuales ciertos genes se expresan, mientras que otros no. Dichos cambios se mantienen, en un primer momento, durante tres generaciones. O sea, que la cuestión ya no es lo que hagas con tu vida: si vas a tener hijos, ciertas decisiones o rumbos de tu vida, es posible que repercutan sobre tus hijos y tus nietos…, si llegase el caso que se produjesen cambios epigenéticos. Se sabe que la evolución igualmente consiste en mantener y “recordar” esos cambios epigenéticos , lo que viene a querer decir que si dichos cambios son como un “guardarse un as bajo la manga” para ser usados en las situaciones adecuadas, así como que al final dichos cambios pueden hacerse permanentes para una especie o subespecie. Por otro lado existe otro extraño mecanismo, llamado “asimilación genética“, que de nuevo repercute a muy corto plazo. En la dirección de ahorrarme de pensar y procesar, y poder caer en errores en mis explicaciones remito a un ejemplo expuesto por Bateson:

Waddington trabaja con una fenocopia del fenotipo generado por el gene bitoráxico. Este gene tiene efectos muy profundos sobre el fenotipo adulto. En su presencia, el tercer segmento del tórax se modifica para asemejarse al segundo, y los pequeños órganos de equilibrio, o alteres, que están en este tercer segmento, se convierten en alas. El resultado es una mosca de cuatro alas. Esta característica de cuatro alas puede producirse artificialmente en moscas que no portan ese gene bitoráxico si se somete a las ninfas a un período de intoxicación mediante éter etílico. Waddington trabaja con grandes poblaciones de moscas Drosophila derivadas de una estirpe silvestre, de la que se cree que está exenta del gene bitoráxico. Waddington somete a las crías de esta población durante sucesivas generaciones al tratamiento mediante el éter, y de los adultos resultantes elige para criarlos aquéllos que muestran la aproximación óptima al bitórax. Prosigue este experimento durante muchas generaciones, y ya en la generación vigesimoséptima encuentra que la apariencia bitoráxica es lograda por un número limitado de moscas, cuyas ninfas fueron retiradas del tratamiento experimental y no sometidas al éter. Cuando se reproducen estos ejemplares, resulta que su apariencia bitoráxica no se debe a la presencia del gene bitoráxico específico, sino que resulta de una constelación de genes que colaboran para producir ese efecto.”

     Un problema sobre los genes, y su modificación, así como cuando se afirma que tal o cual trastorno es debido a tal o cual gen, es que las cosas no son tan sencillas, sino que suelen obedecer a un conjunto de genes, sin estar claro cuántos o cómo interactúan a la vez. En el caso de arriba, lo que nos dice es que no se creó un cambio en el gen implicado, sino que el ADN y sus mecanismos “copió” los procesos -y por medio de otros genes- para crear tal mutación. En otros casos la mariposa Vanessa, por fenocopia, tiene distintos tipos de la coloración y geometría de sus alas dependiendo de la región del mundo a la que es llevada, asimilándose a las coloraciones y geometrías de la región. Es como si la evolución ya supiese de aquello de “donde fueres haz lo que vieres”. “Lee” el ambiente y sus “contenidos” físicos y químicos (calidad y horas de luz, alimentación, ecosistema, presas/depredadores, sus “vecinos”, etc.) para “favorecer” una mutación u otra. Por otro lado está el efecto Baldwin, ya analizado en otro escrito, por el cual la evolución tiene a favorecer ciertos rasgos frente a otros, al hacer que los individuos “prefieran” procrear con los que portan dichos rasgos, frente a los que son sus “opuestos”.Mariposa Vanessa    Volvamos arriba, a los procesos cerebrales. No pienso que la evolución, ya en lo humano, tenga una sola regla de cómo tiene que operar el cerebro, de cómo adquiere información del medio y cómo la procesa en la dirección que el medio sea predecible, sino que existen “varias versiones” y mantiene una de ellas que es la más promediada como la válida. Sigue creando distintas apuestas y la vida, cada sociedad y cada generación, son el campo de batalla de dichas apuestas. Lo que Bateson a descubierto, con la teoría del doble vínculo, es la activación o puesta en juego de todas las apuestas. Doble vínculo o doble mensaje es el hecho que alguien te de dos mensajes contradictorios entre sí, en donde uno suele operar de castigo y otro de premio, y en donde de cualquier forma con cualquiera de los dos “pierdes”, (el típico “te voy a azotar porque te quiero y es por tu bien”). En ese dilema el cerebro no crea ningún tipo de aprendizaje, o no crea aserción, debilitando la capacidad del cerebro para volverse autónomo o con aprendizajes válidos para la vida. En definitiva, y según Bateson, el doble vínculo está detrás de una gran mayoría de los casos de las esquizofrenias.

    He profundizado en el tema (dentro de unos márgenes de tiempo, mis necesidades y mis límites) y al final he leído que tal teoría ha sido invalidada, pues la mayoría de los síntomas de los esquizofrénicos se resuelven con medicación, o sea, equilibrando la química cerebral, lo que lleva a que tal trastorno es provocado por tal desequilibrio. Tal afirmación no me convence. Primero porque lo que “arregla” son los cambios más evidentes, como los delirios, el escuchar voces y síntomas de este tipo, y porque está claro que si a alguien le duele la pierna y se la cortas le deja de doler, pero eso no quiere decir que le hubieras “arreglado” el problema. La medicina actual adolece de este mal: solucionar los problemas más evidentes, sin ir a la raíz de los problemas subyacentes. Al final, para solucionar otros problemas, hay que recurrir a otras terapias, en donde todas ellas, “terapia familiar, tratamiento comunitario asertivo, empleo con apoyo, remediación cognitiva” (fuente Wikipedia), van en la dirección de hacer que dicha persona esté bien insertada en su familia y la sociedad. O sea, a fortalecer y validar su ego, pues en definitiva y como dice la teoría del doble vínculo, con la educación dentro de un ambiente de dobles mensajes, el cerebro sólo es capaz de crear un “ego debilitado” (ego weakness) que no puede “crear” un adulto preparado para la vida y la sociedad.

    Bajo mi punto de vista, el planteado arriba, no es que una familia o sociedad cuestione a un individuo concreto, que también, sino que hace que el ADN se “replanteé” si la “programación”, tal como está expresada y que es la mediada por la evolución, no sea la válida y por ello creará cambios en cadena, en cómo el cerebro ha de recoger la información del medio y en cómo procesarla. En un ejemplo de Bateson:

Es corriente afirmar que los esquizofrénicos tienen “un yo débil”. Por mi parte, definiré esa debilidad como una perturbación que impide identificar e interpretar aquellas señales que deberían servir para decir al sujeto qué clase de mensaje es un mensaje por él recibido, es decir una perturbación en la interpretación de señales que son del mismo tipo lógico que la señal: “esto es un juego”. Por ejemplo, un paciente ingresa en el bar del hospital, y la empleada que está detrás del mostrador le pregunta: “¿en qué le puedo servir?”. El paciente experimenta la duda de qué clase de mensaje es éste: ¿es un mensaje que se refiere a asesinarlo?, ¿es una indicación de que ella quiere acostarse con él?, ¿o le está ofreciendo una taza de café? Escucha el mensaje y no sabe a qué clase o a qué orden pertenece ese mensaje. Es incapaz de seleccionar aquellos rótulos más abstractos que la mayoría de nosotros podemos usar de manera convencional pero que la mayoría de nosotros somos incapaces de identificar, en el sentido de que no sabemos qué cosa nos hizo conocer de qué tipo de mensaje se trata. Es como si, de alguna manera, nosotros hiciéramos una conjetura acertada. De hecho, tenemos poca conciencia de recibir esos mensajes que nos dicen qué clase de mensaje estamos recibiendo.”

    Analicemos la cuestión más al detalle. Hemos acordado a lo largo de los escritos que la mayoría de los aprendizajes son implícitos, no sabemos cómo y qué aprende el cerebro, pues en realidad la sociedad está llena de dobles vínculos o mensajes (las mujeres y el feminismo los da con respecto a lo sensual, el macho ya no sabe si le tiene que gustar o no, y si tiene que decir algo o no, al modo de un esquizofrénico para el caso). Una persona nos puede decir en su discurso que todo está bien, pero el cerebro implícito capta microexpresiones que contradicen sus palabras. Una persona normal -la promediada por la evolución- tiene el cerebro conectado para ignorar las microexpresiones y no “leer” los dobles mensajes. Quizás ni lea esas microexpresiones de forma implícita, pues su sistema ha bajado o filtrado la latencia de sus sentidos. Me explico, el sistema simpático, el que suele estar activo de forma constante, trata de ahorrar energía (inhibición latente), y en esa dirección capta menos información del medio. Cuando algo nos asusta, se activa el sistema parasimpático, de tal manera que captamos más detalles del medio. Se supone que tras de la mayoría de los trastornos (desórdenes) mentales hay un humano dominado por el miedo, que le hace permanecer con ansiedad y estrés, de tal manera que tiene una baja inhibición latente, o dicho de otra forma, su cerebro capta más cosas del medio, como las microexpresiones. Esto por el lado de la captación de la información.

   Por otro lado está el procesado. Se dice sobre el porno e Internet que si es posible pensarlo o que alguien lo haya imaginado (regla 34), existe en el porno de Internet. La mayoría de las personas -lo promediado por la evolución- tienen poca imaginación o ninguna, alarmándose con lo que puedan llegar a pensar ciertas personas (la película “el ciempiés humano” o el director Lars von Trier son odiosos para la gran mayoría de las personas). Un artista, científico o pensador poseen cerebros divergentes que parecen estar diseñados con una fuerte capacidad para unir puntos remotos del conocimiento y la naturaleza. Un neuronormal tiende a “olvidar” y no procesar lo negativo, mientras que otras apuestas cerebrales analizan las dos: las negativas o limítrofes y las positivas. ¿Qué tipo de cerebro está más acorde con la realidad?, uno que analiza todo el espectro social u otro que sólo analiza la mitad o incluso menos? Como se suele decir “el hambre agudiza el ingenio”, o “la necesidad es la madre de la inventiva”, bajo mi punto de vista, el analizado en este escrito, el “miedo” o estado de alerta es la madre de la inventiva o agudiza el ingenio, en la dirección que procesa toda la información proveniente de la sociedad y no las anula en el cerebro. Volviendo al caso de los esquizofrénicos, es cierto que ven cosas que pueden que no estén allí, pero también es verdad que analizan el medio sin ninguna atadura y sin dar nada por supuesto. El problema del cerebro, y la evolución, es que están constantemente evaluando hasta dónde afinar, filtrar, y olvidar la información que recogen del medio, de tal forma que esa regulación y afinamiento la lleva a cabo en los individuos, las culturas y las generaciones.

Implicaciones del Sesgo OptimistaEl sesgo optimista implica una forma de funcionar del cerebro.

   En resumen. Bajo las reglas del aprendizaje hay varios niveles: 1. aprendizaje automático; 2. supervisión de lo aprendido (doble bucle), los dos previos nos dan el pensamiento rápido y lento de Kahneman; y 3. aprendizaje sobre el aprendizaje (meta-aprendizaje o triple bucle). Sólo los dos primeros están implementados en la evolución, en el cerebro; el segundo sólo es llevado bajo ciertos criterios (errores claros o que nos hacen ver los otros), y el tercero es social y de la actualidad. La esquizofrenia se da en la medida que esa persona, y por una educación con mensajes de doble vínculo, no ha creado un prefrontal lo suficientemente activo como para supervisar su alto nivel sensorial y de procesado mental (no tener filtros al hablar y al actuar: no les funciona o tienen la autocensura). El prefrontal es un “cajón desastre” que tiene una gran cantidad de funciones, todas ellas catalogadas bajo el concepto de sistema ejecutivo. Es a esta propiedad y función que llamamos razón y sede de la conciencia. En realidad se creó, como he dicho muchas veces, como esa última rotonda en los procesos mentales que detecta posibles errores (doble bucle): si no hay errores no se activa, si los detecta se pone en marcha. En esa dirección es, sobre todo, inhibitorio de la mayoría de los impulsos. Por otro lado es el sistema que crea los planes de futuro (memoria prospectiva), acorde a los propios medios y potencialidades. Este segundo rasgo es más nuevo y la verdad es que en tiempos como los actuales, nos suele fallar a todos (vuelvo a esto más adelante). La suma de estos mecanismos es lo que falla en el caso de los esquizofrénicos y en otros o la mayoría de los trastornos.

El Auto-monitoreo como Control CerebralEl auto-monitoreo llevado a cabo por el prefrontal, y por medio de la palabra, equilibra el cerebro.

    Con esto retomo los primeros supuestos, sobre qué es memoria. Cuando la evolución -o el medio- hace cambios en un cerebro, como es el de los esquizofrénicos, está tratando de evaluar si su apuesta evolutiva es la más válida. Cada individuo en su forma de estructurar su cerebro, a través de cómo recibe la información y cómo la procesa, está tratando de crear una identidad, de crear ser, en la dirección de que ese sea el humano del futuro. No cuenta tanto el saber mucho o tener muchos datos inconexos en el cerebro; es hacer que tales datos alteren su cerebro como para crear un tipo de cerebro a la hora de percibir el medio y a la hora de procesar los datos. En otro lado decía que inteligencia es la capacidad de encontrar algo del medio y percatarse que esa “novedad” le va a hacer “crecer” (atajos mentales, hábitos, creencias positivas…); en definitiva una gran mayoría de sesgos cognitivos y emocionales, y modos de proceder de la memoria, son ahora parte de la estructura cerebral, y alguna especie, o ya una persona o una sociedad fue la primera en adquirirla y usarla. Propiamente el lenguaje -o incluso el mentalés-, con una base metafórica, partió seguramente por algún fuerte vínculo entre los primeros actos comunicativos y al relacionarlos con el propio nomadeo en el mundo, en un cerebro que ya tenía la estructura en la memoria de guardar hitos y rutas, de tal manera que todo habla era una ruta con un rumbo y un propósito. Todo acto instintivo, como buscar alimento y comer, a su vez, debió de “contaminar” el propio nomadeo con la falsa idea de que toda ruta ha de tener una finalidad, como así ha de ser una historia bien contada, cuando la mayoría de las veces tan sólo se vagabundea. Fijarse que vagabundo -vagar por el mundo- proviene o da la idea de que es andar en la vida sin rumbo o propósito…  ¡como si en contraposición el tener un trabajo rutinario y en algunos casos humillante sí tuviese algún sentido!, (este es un claro -e invisible- ejemplo de neuro-normatividad). Quizás, en cierta medida, algunas formas de proceder de los llamados trastornos, son unas tendencias de la evolución para crear nuevas estructuras, como ese tercer nivel en el aprendizaje, y donde ya no haya que dar nada por sentado, aún a coste de gastar mucha energía, como así les sucede a ciertos tipos de esquizofrénicos (tampoco hay que descartar que vuelva a “viejas fórmulas” y las ponga de nuevo en juego). Una teoría nos dice que hay un punto en común entre la esquizofrenia y el autismo, un mismo origen y problema en su etapa como nonatos; en los segundos podemos ver el caso de los genios savant, autistas de alto rendimiento, como el protagonista de “Rain man“, basado en Kim Peek, o en el otro caso a científicos revolucionarios como el caso de John Forbes Nash (una mente maravillosa), tratado como esquizofrénico, donde sus búsquedas de patrones van más allá de los límites “normales”, como si en ellos la evolución tantease otras formas de crear la identidad o el ser del humano del futuro.

   Aún queda ciertas conclusiones, pero primero vayamos a los otros puntos a tener en cuenta, para tener una panorámica más amplia. Adelanto que esta forma de analizar todo en detalle, va pareja a las corrientes intelectuales que argumentan que las etiquetas de las enfermedades mentales, como el autismo o la esquizofrenia, son constructos sociales neuronormativos, y en donde tales humanos son tan sólo personas con una idiosincrasia muy particular que viven de forma inadaptada a un medio social, que no le son nada propicio.

Caos: Sin Sentido o Sentido

Ese es el problema de ser invisible: acaba uno muy solo.” en la serie “Trinkets”
El demonio de la exigencia reside en el detalle exasperante.” Kevin McCloud
“…la mayoría de las cosas sin resolver, sin reparación, mascullando que es todo un caos. Y por mucho que comprendamos que todo es caos, esa comprensión es una negación del caos y por lo tanto debe ser ilusoria.” Bryan Stanley Johnson
El sentido de las acciones, «en el acto», se configura por su relación con el propósito.” Peter Berger

 

(El presente escrito es parte de otro mayor donde se tratan los temas siguientes:

Azar, libertad y determinación.
Caos: sin sentido o sentido.
El sentido está en las primitivas.
• ¿Hacer algo o no hacer nada?
Reacción frente a acción.
Las capas de la historia.

   El primero “azar, libertad y determinación” estaba escrito, pero era bastante personal y he optado por buscar otro ejemplo distinto mío; en principio para ir contra la auto-creación de la identidad -que siempre es susceptible de crear autosugestión- como lo describe el presente escrito. Tampoco hay que olvidar y menospreciar aquello de “por la boca muere el pez”. En azul, y por si no está claro, spoiler de una serie.)

Caos: sin sentido o sentido

   Tratando de buscar el concepto de situación de Sartre, diferente en su uso con respecto a otros pensadores y la versión mundana, para ponerlo como enlace a la gráfica sobre el mapa de lo que es el cerebro con respecto a las primitivas, indagué en la Wikipedia sobre el teatro de situación, y de allí me remitió al teatro del absurdo. Me encontré que en su momento había habido cierta polémica entre Sartre e Ionesco, uno de los representantes del teatro del absurdo. Se me antojó que dicho debate daba para un escrito y para explicar uno de mis conceptos centrales. Traté de investigar sobre el tema, para usarlo de núcleo y base del escrito, pero no encontré demasiado. No digo que no exista algún escrito o que no se pueda profundizar en ello si así se desea, pero estaba fuera de mis deseos hacerlo, pues no era la base del tema que quería tratar. La idea de fondo me valía. Como el cerebro queda anclado a ciertas ideas como pendientes (pregunta abierta), y rápidamente detecta del medio todo aquello relacionado con dichos anclajes -es a lo que yo llamo pegajosidad neural- al empezar a emitir la serie “Catch-22“, al poco me di cuenta que me venía muy bien para asentar y explicar aquello que trataba de mostrar, sobre a qué me refiero con absurdo y porqué en cierta forma me posicionaba al lado de Ionesco con respecto a Sartre . Vayamos a ello.

   Tratemos primero de la diferenciación entre el teatro del absurdo y el de situación. El último, propio del existencialismo y sobre todo de Sartre, crea una trama muy elaborada donde cada acción tiene sentido con respecto a un final. Es la típica estructura de principio, nudo y desenlace. El autor crea el esqueleto desde ese final, de tal manera que tiene que encajar cada parte para que todo lleve a la última acción. De fondo la cuestión lleva solapado preguntas esenciales con respecto al sentido de la vida, el significado de todo, en donde la narrabilidad y lo teológico es lo que hace que todo tenga una trama bien trazada. En algún escrito yo he usado la metáfora de una linterna que alumbra hacia atrás en un túnel. Imagina encontrarte al final de un largo y oscuro túnel y ver la luz de la salida, por el medio vas tropezando y esquivando las cosas que vas encontrándote por el camino, al final, en la salida, te encuentras una linterna y la enfocas hacia el túnel para ver con qué te chocabas. Sin la linterna el “sentido” no se ve, está en la oscuridad, y al enfocar con la linterna es cuando podemos ver cada detalle con los que nos hemos ido encontrando. Las obras de crímenes, como las de Agatha Christie, tienen esta estructura: sólo al final tiene sentido cada detalle. Un buen escritor de dicho estilo ha de cuidar cada detalle y ha de revisar una y otra vez que cada nuevo acto o situación no contradiga o vaya contra ese final. A la mente me viene de igual forma la película “el sexto sentido” o “sospechosos habituales”, los flashback finales van pasando por distintas partes de los films, para mostrarnos que ahora tienen un nuevo sentido, a partir de unas últimas informaciones que “rematan” las obras. Toda la narrativa, todo arte, tiene que estar inmerso dentro del sentido, y por ello de las finalidades. Esa es la estructura que explica lo humano. El cerebro está construido con dicha estructura, de tal manera que está ávido de sentido, de finalidades, de porqués. Es, en un lenguaje que yo usaba antes, un patrón enquistado, lo que yo llamaba narrabilidad. Cada acción se empieza porque hay una finalidad que le marca la ruta a seguir. Si tengo hambre, y en la actualidad, me dirijo a la nevera para saciar mi hambre. Esa estructura, basado en actos sencillos, después es la que tiene que encajar para explicar varias acciones a lo largo de meses o años, o toda una vida. Pero, ¿tiene sentido que tengamos que usar dicha estructura para todo?, en definitiva: para dar sentido a nuestra vida, a la vida sobre el planeta, y a que exista algo -el universo- en vez de nada.

Estructura Aristotélica de la trama trágica

   Con esto llegamos al teatro del absurdo, que por no divagar y ahorrarme trabajo dejo la definición hecha por la Wikipedia:

Aunque el término se aplica a una amplia gama de obras de teatro, algunas características coinciden en muchas de las obras: comedia amplia, a menudo similar al vodevil, mezclada con imágenes horribles o trágicas; personajes atrapados en situaciones desesperadas, obligados a realizar acciones repetitivas o sin sentido; diálogo lleno de clichés, juegos de palabras y tonterías; parcelas que son cíclicas o absurdamente expansivas; ya sea una parodia o rechazo del realismo y el concepto de obra bien hecha.”

   Su obra más célebre es “esperando a Godot”, en donde ciertos personajes dicen esperar al nombrado en el título, sin que este nunca llegue. La obra parece como el típico reloj estropeado, que queda anclado en que su minutero avanza un paso, e inmediatamente vuelve a la posición anterior. “Nada sucede, dos veces. Y entonces algo sucede, y te hace desear que no vuelva a pasar nada”, llegó a decir el crítico Vivian Mercier. A la mente nos puede venir igualmente, por tener algún vínculo o guardar cierto talante, el propio Kafka, o escritos como “Ulises” de Jamen Joyce. El primero ha sido, superficialmente, calificado de surrealista, en donde el sentido es aquel que puedan tener los propios sueños y por ello su posible simbología, sentido que el propio autor negó. El segundo -la obra de Joyce- de un escrito que sólo puede ser llevado a cabo una vez, y no se le permitirá a ningún escritor más crear tal “monstruosidad sin sentido”. De fondo igualmente uno puede pensar en la música dodecafónica, aquella que no trata de atenerse a armonía, ritmo, melodías, ni ningún tipo de patrón finamente estructurado. Qué tienen todas estas manifestaciones en común: que carecen de sentido, del componente teleológico y narrativo. No hay finales que alumbren o den un sentido a dichas obras. Finalmente el cerebro se rinde a la evidencia que no hay que preguntarse, que allí (no) hay nada. La palabra y el concepto de nihilismo emerge sin que uno lo pueda evitar.

¡Spoiler, sobre la serie Catch-22!, aunque no me voy a meter en detalles.

    La serie “Catch-22” se basa en un soldado, bombardero, que trata de evitar su cometido, pues en definitiva trata de mantenerse vivo. Durante la serie lo vemos hacer una y mil artimañas para “escaquearse”, en donde algunas funcionan y otras no. Desde el primer capítulo sobresale un concepto, que es el que trata de mostrar la serie o el escritor: la banalidad y lo fortuito de la muerte de sus compañeros y amigos. El propio título explica su propia trama. Catch-22 es un concepto del ejército que viene a decir que si tratas de argumentar que estás loco para librarte de ir al frente, es que estás lo suficientemente cuerdo para no estarlo, y que los que están locos son los soldados que no hacen nada para ir al frente, pero en el momento que traten de alegar que sí lo están dejan de estarlo. Una trampa argumental de la que uno no tiene escapatoria o es posible un contraargumento. La serie redunda en muertes, actos y situaciones sin sentido, o en las que intervienen más el azar que unas causaciones o en vistas a un final. Nos trazan personajes como el soldado que trata de hacer negocios en medio de la guerra, y embauca al personal al mando o al propio enemigo para crear una empresa que reparte beneficios entre todos sus asociados; o ese otro personaje que no trata de ver que la prostituta con la que se encuentra y paga sólo trata de sacarle el dinero, mientras él cree que están enamorados y en espera para casarse. No se atiene a ningún argumento disuasor, mientras que para el resto de los personajes es algo evidente y claro.

Fin de spoiler.

    Entonces… ¿cómo es la vida? El problema de los escritores de novelas de crímenes es el alto coste que requiere mantener la trama con cierto sentido, sin que nada la contradiga. Cuanto más larga sea una de dichas novelas, y cuantos más personajes introduzca, más complicado se vuelve mantener el sentido de cada acción. Por ello este tipo de obras se cierran en unos pocos personajes y se centran en ellos. En muchas series largas, donde han introducido muchos personajes y tramas, el final suele ser decepcionante o en alguna medida fallido, porque los guionistas se ven abocados a cerrar la serie por lo que les dicta la historia, sin tener demasiadas opciones de cambios, perdiendo todo el clima que se había tratado de mantener hasta ese momento. Así sucede en series como “Lost”, Rubicon”, “Years and years” o el propio “Juego de tronos”. Otro caso son las novelas de espionaje. A menudo uno se dice: por qué cuando sucede algo clave, y se encuentran dos de los personajes, no le cuenta uno al otro el descubrimiento o el suceso que le ha ocurrido al detalle…, porque de ser así la trama se volvería más previsible y los finales más insulsos: se rompería el ritmo en crescendo. Lo mismo ocurre con una vida normal. Cuanto menos años se tenga todo se mantiene con cierta linealidad y sentido, pero con cada año que se cumple se vuelve cada vez más complicado que todo sea posible que “encaje” o cuadre con un sentido y/o finalidad. La mayoría de las veces, yo diría que un número cercano al 100%, según se llega a los 40 años uno queda “derrotado” por la vida, al ver que es imposible de buscarle un sentido y finalidad, donde en nuestras tramas han sucedido tantas cosas, tan variadas y contradictorias, que se nos hace inútil crear una posible narración a dicho desbarajuste. Es muy posible que la crisis de los cuarenta, y más tarde la de los cincuenta -de la mediana edad-, tengan de fondo esta sensación de la pérdida de sentido. Yo recuerdo que a los veinte años aún podía encajar con una historia -narración- mi vida, como si ese momento o situación a la que había llegado diese sentido a todo el pasado…, diese sentido a cada una de las penurias y calamidades por las que había pasado. Lo mismo -casi puedo asegurar- a que esa fuese mi sensación a los 34 años, con otro acontecimiento clave de mi vida. Los actos y las decisiones en las que había hecho algo “mal”, ya fuera contra mí mismo u otras personas, aún cobraban cierto sentido, mirados desde ese final. Hoy sin embargo puedo decir (y asegurar) que nada tiene o tuvo sentido. Estamos “condenados” a crear una trama de nuestras vidas que den sentido a nuestro actual presente, al modo de la linterna que alumbra al fondo del túnel. Pero mirado desde mi actual edad comprendo que el cerebro estaba en la trampa de crear sentido, cuando en realidad la mayoría de los actos eran fortuitos o sin ningún sentido. Si como reza el paradigma actual, el cerebro crea un mapa del mundo, que es del que parte para su comportamiento, llega un momento que el cerebro por sí sólo, por conocimiento implícito de ir evaluando y promediando la sociedad, la vida y a las personas, se percata que  no vale ninguna regla, que todo es demasiado caótico como para encajarlo a estimaciones, historias y patrones.  Fijarse que un joven ya tiene toda la estructura cerebral “montada”, y sin embargo están llenos de vida, energía y esperanza…, les faltan experiencias que terminen de dibujar su mapa, y les falta el descubrimiento de que la vida es un valle de árido sentido;  y de ser así, ¿en qué momento te “rindes”?, o como se le quiera llamar. No tengo claro cuál fue ese momento, y si se dio algún tipo de insight (compresión nítida) o solamente ha sido una progresión muy difuminada. Lo que está claro es que al final he dejado de dar sentido a todo.

    Pero las cosas son así y no son tan sencillas a la hora de buscar los porqués. ¿En qué medida a veces tratas de dar sentido a tu propia vida para hacer que los sentidos de los otros sean vacíos? O sea, y no es una cuestión cargada de moralina y de venganza, en qué medida en toda historia siempre al haber varias versiones y validar la tuya lleva implícito invalidar la de los otros. Dos versiones o sentidos es algo incongruente, como si al final una novela negra tuviese dos criminales con un porqué cada uno, cuando sólo hubo una arma y herida de muerte, y no es que fueran compinches. Dos historias montadas en paralelo, con dos tramas posibles y dos motivos distintos, en donde los indicios a la vez encajasen en las dos tramas (se puede hacer como sentido de la obra, claro). Lo que quiero decir, de fondo, es que la existencia humana sólo puede darse desde un sentido. Desde que nacemos, y seguramente porque esté implementado en el ADN, empezamos una narración, en donde cada acto, pensamiento, sensación, sentimiento y suceso tuvieran que encajar dentro de una trama y una finalidad. Pero he ahí que el otro está haciendo lo mismo y yo soy parte de su trama y sentido. El juego de la libertad, como conflicto sartriano de la existencia del otro, cobra así otro sentido. Igualmente la dualidad sujeto/objeto. En mi trama los otros son los actores secundarios, que en tanto que “perfilan” mi trama no tienen que tener la suficiente potestad como para desbastarla o contradecirla. En ese sentido todos son objetos de nuestras tramas o historias, partes del decorado, que puedes quitar o poner a conveniencia, dependiendo de la trama que estés creando para ese presente. Si para el trama actual no encaja cierta parte de la vida, se “olvida” o se ignora. Si de repente alguien del pasado da más sentido a nuestro presente, lo ponemos como parte importante de nuestra nueva visión. ¿Estoy siendo demasiado cínico? Tratemos el tema más detenidamente.

    Por qué alguien que nos da todo el sentido a la vida, como pueda ser la pareja o esposa, de repente se vuelve tan “odiosa” al separarte o divorciarte. Porque su historia, o su propia visión de lo acontecido, es en muchos casos diametralmente opuesta a nuestra propia visión de lo acontecido. Antes del amargo final ha habido una gran cantidad de discusiones y noches en vela para hacer valer nuestra propia historia, decisiones y puntos de vista. En cada una de esas situaciones alguien cree haber derrotado al otro: ha tratado de validar su propio punto de vista o su propia historia. Pero al final los puntos son tan dispares, se tienen unas versiones tan distintas de todo, que se hace inevitable la rotura. Desde el momento que eso sucede has de reinventarte y reconstruir tu propia vida con una trama y con un sentido, en la que esa persona que fue “el alma de tu vida”, de repente es todo lo contrario. En esa disposición nace la amargura y el posible odio hacia el(la), puesto que tiene su propia versión de todo lo acontecido y eso sólo puede ser así, si tu propia visión está “equivocada”. Lo mismo para cada situación en donde ha habido varios puntos de vista y varias versiones que se invalidan la una a la otra.

   ¿Qué hay de fondo para no aceptar tan de buena gana las tramas de esas otras personas? La cuestión viene dada por la estructura del propio cerebro. Lo que yo en su momento llamaba narrabilidad, al final encontré que era tratado bajo el concepto de “identidad narrativa”. El cerebro guarda el pasado como memoria episódica, pero nos son archivos que permanezcan inmutables, al igual que cuando en un visor ves una imagen de un directorio, y donde tal visualización no hace ningún cambio real en el archivo del ordenador. No. En el cerebro cuando el prefrontal “trae” -ya sea por recuperación o por recuerdo y sea por un monólogo interior o por hablar con alguien- un dato del pasado, lo altera con las sensaciones que se tengan en ese momento (y las apreciaciones que haga el cerebro sobre cómo el otro acoge tal historia). Lo mismo ocurre al soñar con alguien o algo del pasado: el recuerdo está siendo alterado. Se crean nuevas conexiones con otros recuerdos (neuronas o grupo de ellas) o con las nuevas sensaciones, de tal manera que cada vez que es traído al presente se le ha añadido nuevos “datos” (puntos de vista, sensaciones, emociones, cogniciones, razones). Esta forma de proceder, de contarnos o contar nuestra propia vida, es la llamada memoria autobiográfica. La identidad narrativa es la visión que nosotros tenemos de nosotros mismos a través de ese “movimiento” de la información en bruto, dentro de nuestro cerebro. Lo que queda en juego, por lo tanto, cuando hay dos versiones de una misma historia, es nuestra propia identidad: la narrativa, aquella que nos da un sentido y una finalidad en la vida. Libertad -en tanto que ente que se construye-, identidad, y vida y sentido, todo es una y la misma cosa bajo distintas formas de verlas. Son distintas caras de una misma figura geométrica. Distintos filósofos y pensadores han visto a la misma figura, y sus refracciones, a partir de distintos ángulos o caras, pero de fondo son la misma “cosa”, la misma figura. En definitiva, y bajo el punto de vista que mantengo en el presente escrito: mi vida y todo en ella tiene que cobrar sentido a partir de la historia que cuente sobre ella, en este momento dado, puesto que están en juego mi libertad y mi propia identidad.

   Encontré que tal idea la ha recogido el mundo anglófono como “face” a partir del concepto chino 臉面. Ante la imposibilidad de ser traducido correctamente, y que el propio inglés sabe de dicha tara, es preferible dejarlo sin traducir. Quizás sería semejante al concepto español de semblante, en tanto que aparecer o representar, y en donde la expresión “compón tu semblante” quiere decir mostrar seriedad y modestia, o serenar la expresión (Drae), o sea no mostrar la emoción real, si no la requerida para la situación. Vuelvo a recurrir a la Wikipedia para explicar el concepto chino de face:

Face es una imagen de uno mismo, delineada en términos de atributos sociales aprobados.
Face es la respetabilidad y/o deferencia que una persona puede reclamar para sí mismo de los demás.
Face es algo la que se invierte emocionalmente, y que se puede perder, y es mantenida o mejorada, y debe ser atendida en numerosas ocasiones de la interacción.
Face es un sentido de valor que proviene de conocer el propio estado y que refleja la preocupación por la congruencia entre la propia actuación o la apariencia y el valor real de uno.
Face significa “valoración socio-dinámico”, un hipónimo léxico de palabras que significan “prestigio; dignidad, el honor, el respeto; status”.

    Fijarse que el rostro humano es comunicación. Hasta cierto momento de la prehistoria debió de ser comunicación interna (entre humanos) y no era para falsear, al modo de avisos: si se le veía cara de susto a alguien te ponía sobre aviso, si de asco igualmente, pero para la comida. Las emociones básicas son un lenguaje universal de hacernos entender nuestro estado interior a otros, que solían ser los de tu familia o grupo. Pero por procesos evolutivos y sociales, al final el lenguaje de la cara tomó otras dos direcciones: ocultar (no dejar ver la emoción interna por propio interés) y engañar (poner ciertas “caras” con ciertos fines egotistas o de intereses propios: “poner cara de pena”, que es distinto que tener/sentir pena). Al igual que la mano y otras partes del cuerpo, la palabra cara en español, tiene una gran cantidad de frases hechas, como: “tener mucha cara”, para hacer ver que alguien es muy egoísta, o decimos “se te tendría que caer la cara de vergüenza”, “cara de perro”, “no dar la cara” y un largo etcétera. Lo que quiero dar a entender es que el lenguaje se creó a partir del lenguaje del propio cuerpo y es muy posible que ciertos conceptos naciesen a partir de los propios gestos y emociones marcadas en la cara. En el chino, así face, es posible, que designase la imagen que uno ha de dar hacia lo social e igualmente que ha de cuidar. Es por lo tanto una extensión del honor y el prestigio. Pero, ¿qué relación tiene con la historia personal? El prestigio y honor de una persona ha de ser coherente con sus acciones y su vida. Si de lo que se trata es de hacer ver que se es una persona confiable se ha de hacer tal tipo de acciones, y toda posible acción que contradiga dicha cualidad va en detrimento de ser aplicable a esa persona. En definitiva, que tu propia historia te da la posibilidad de mantener y ser fiel a una identidad narrativa (face en definitiva), que es la que a la vez te puede dar prestigio y cierto honor. De esa manera, de nuevo, lo teleológico marca cómo ha de ser una vida, no porque ese sea su sentido, sino porque ese es el sentido que uno mismo se trata de trazar como plan de vida. Quienquiera que trate de mostrar que ese no es tu “verdadero ser”, con ejemplos de hechos o palabras de tu vida y pasado, es potencialmente tu enemigo, pues derrumbará la imagen que te habrías creado para ti y para los demás, en definitiva tu prestigio o tu face.

    Con estas últimas afirmaciones se llega a otra futilidad, fatalidad y facticidad (las tres efes) de nuestro ser y nuestro sentido en la vida: ¿uno es o se hace ser?, ¿esas dos entidades hablan de un mismo ser?, y ¿en qué medida nos “programamos” a nosotros mismos en ciertas afirmaciones o bajo ciertos fines?; por ejemplo, si alguien redunda, por narcisismo de las pequeñas diferencias, en que tiene dificultad cuando le dicen a derecha a o la izquierda, al final el cerebro se “ejercita” en ofuscarse en tal tarea. ¿En qué medida nos programan los otros al no dejarnos “mover” de nuestro papel?, el típico “te creía más serio” o frases similares. El humano se ha concedido a sí mismo el derecho de “hacerse” a sí mismo, tratando de salvar toda posible predisposición dada por el ADN, ¿o es una falacia?, ¿qué es autenticidad? Si se analiza la vida desde la perspectiva de que somos nuestra propia memoria autobiográfica, que como hemos visto es maleable y alterable, en la medida que al traer cada dato de nuestro pasado lo cambiamos… qué dice eso de dicha identidad, ¿no nos dice que es una construcción? Se me puede contraargumentar que en la medida que uno se construye a la fuerza termina siendo dicha construcción, pero siempre nos olvidamos del azar, los otros, los errores, y cómo no: lo que el cerebro olvida u oculta bajo sus mecanismos defensivos. En la serie “Rubicon” (este dato es marginal y no es spoiler) cierto día al protagonista -cerrado en sí mismo por una pérdida- le saluda un mujer desde su ventana, en lo que se supone que es un patio interior; insolentemente y con frialdad no le devuelve el saludo y se va. Días después, inyectado de optimismo y de forma aperturista, la espera para saludarla, siendo en este caso despreciado por ella (“donde las dan las toman”, reza el dicho popular). A este tipo de cosas me refiero. De haberla saludado quizás hubieran iniciado una relación, que a su vez habría evitado otras, y así en un juego de carambolas en cadena. ¿Hay realmente un ser al mando en todo este proceso?, como analizamos el túnel con la linterna -desde el presente y hacia el pasado-, lo observamos a partir de ciertos tropiezos dentro de él, y así diremos: “ah, eran unas ramas en las derruidas paredes del túnel aquello que me rozó la cara”, pero quizás no fueron esas ramas, sino unas telarañas que la linterna no alcanza a distinguir. Se ha comprobado que los psicólogos pueden alterar los recuerdos más lejanos y menos nítidos de las personas, hasta llegar a implantar un suceso que nunca existió (ver vídeo). Freud es muy seguro que hizo pasar por esos procesos a sus pacientes. Cuanto más lejano en el tiempo sea el suceso más susceptible es de ser alterado o creado.

    Si se analiza cualquier vida individual el proceso viene ser más o menos igual a lo dicho arriba sobre las tres efes. Pedro Almodóvar, por poner un ejemplo, era un “hijo” de la movida madrileña que tanteó varios derroteros, entre ellos el de cantante, para terminar siendo director. Su “genialidad” a la vez era su ingenuidad, que al final, por ponerse “serio” con su “face”, con mantener y alimentar su prestigio, perdió el encanto y la frescura que emanaban sus primeros trabajos. Algo similar se puede decir de Woody Allen. “No es el mismo” director el de sus primeras obras, que las posteriores en donde su puso “muy serio” (o se tomó a sí mismo más en serio). En los dos casos vemos que en cierta forma su público, críticos y su “face” les exigió tratar dar más de sí mismos, volviéndose al final “otros” distintos a sí mismos, lo que no deja de ser paradójico y muestra la maleabilidad de ese ente que se aparece o “semblante” ante los otros. Lo que trato de mostrar es que todo individuo es una construcción a tres bandas, de 1. las circunstancias (“yo soy yo y mis circunstancias”, diría Ortega y Gasset adelantándose al existencialismo), 2. lo que él mismo pretende y 3. lo que las otras personas ven o le exigen, en un circuito de retroalimentación en donde uno mismo no es el verdadero o auténtico “motor” de lo que acaece. Se ha comprobado que un alto porcentaje, cercano al 100%, del aprendizaje de la vida, de lo social, es cognición implícita, o sea, que el cerebro lo hace sin la supervisión del prefrontal y la razón: se autoconstruye siguiendo promedios de los éxitos o fracasos de las acciones y por ello igualmente de las expresiones faciales (actitudes) propias y de los otros. Ese esquema analizado sobre Almodóvar y Woody Allen se repite una y otra vez tanto en directores como en actores, así como en los grupos musicales o los escritores. Pink Floyd, por ejemplo, dejó de ser “Pink Floyd” y al final sus fans le exigieron volver a sus raíces, pero por lo normal esos intentos terminan en fracasos, pues sus cerebros ya han sido moldeados en sus propias autobiografías neuronales, de tal manera que aquellos procesos mentales del inicio ya no se pueden volver a recuperar, al igual que una información borrada por un fogonazo en una fotografía ya no deja indicios de qué había allí y en el original. Un dato a tener en cuenta con respecto a los grupos musicales es que cuando hay dos representantes de fuertes egos sus “divorcios” producen los mismos efectos que con las parejas: que terminan negándose el uno al otro. David Gilmore, de Pink Floyd, no acepta hablar de buen grado sobre el LP “The wall”, el producto clave de Roger Waters, su “némesis”, cuando los fans lo consideran clave, para él es un álbum menor y fallido. De nuevo renegar al “otro” para validarse a uno mismo: somos igualmente aquello de lo que renegamos, pues es susceptible de mostrar alguna debilidad; debilidades que el semblante no tiene que mostrar: el error de Aquiles no era tener un punto débil, sino que su enemigo (y todo humano es un probable enemigo futuro), conociese ese punto débil. ¿Quién duda que a veces dicen más de nosotros nuestros secretos que aquello que mostramos al exterior? En la juventud se pide a las parejas y los amigos no tener secretos. En la madurez se termina por comprender, la mayoría de las veces de manera egotista, que es mejor tener secretos, y por ello respetar los de los otros.

    Si todo humano es susceptible de un “quitarse la máscara”, la cara, de ser su semblante, ¿quiénes están fuera de ese rango? La propia familia de sangre (o por lo menos lo que venía siendo una familia antes de la “hecatombe” actual, e igualmente tu compañero/a de vida: “dos que duermen en un colchón, se vuelven de la misma condición”). Los hijos son la historia y parte de la historia de los propios padres. Compartiendo el ADN comparten a la vez muchas de las predisposiciones y modos de hacer, de tal manera que lo que suela hacer un hermano suele estar dentro de lo que uno mismo concibe de sí mismo. “Mantenemos un mismo espíritu, por eso somos una familia”, afirman en la serie “Big love”. En la prehistoria contar la vida de los ancestros era parte de la rutina familiar, de tal manera que predisponía, al modo como lo he relatado arriba, a la propia memoria autobiográfica intrafamiliar. Antes era más normal frases como “eres como tu abuelo” o “como tu tío-abuelo” del tal forma que uno se veía tentando a preguntar por él como para al final forjar ciertas maneras que eran de dicho ancestro, pero quizás no tan propias. Esos narraciones forjaban una identidad familiar que más tarde sería lo que hoy entendemos por cultura y que se ha extendido a una región o incluso a un país. De nuevo facticidades, cosas que nos vienen dadas desde que nacemos sin que las hayamos elegido. El secreto sucio del concepto de cultura es que en su base sólo trata de ser instinto. Las tribus que aún subsisten en el planeta no creo que diferencien entre instinto y cultura, pues todo acto propio de su tribu es tan ancestral que ha perdido la línea divisoria entre esos dos actos y conceptos. Hay que recordar que el primer tipo de utensilio de piedra, a modo multiusos, se repitió por cientos de miles de años en nuestro antepasado antecesor. Llamamos cultura al hecho que diferentes grupos de una misma especie tenga hábitos diferentes, como así sucede entre los chimpancés que cazan termitas con una rama o aquellos otros que parten nueces con piedras, y la posibilidad de incorporar dichos saberes del otro grupo dentro del propio acerbo del grupo. De nuevo aquí se aplican las tres efes. Se supone que la identidad de un grupo no ha de tener que ver con nada externo, cuando el concepto de cultura implica la posibilidad de incorporar el saber de otras culturas y/o versionarlas para al final volverlas propias. De ahí la falacia y la vacuidad del concepto de identidad nacional, pues “lo propio” carece de un significado “real” y pleno, pues la ausencia de influencias son imposibles. Lo valida -y mantiene- cada humano que nace en dicho país como propio, al igual que lo hace con cualquier otro aspecto de lo que venimos llamando “face” o semblante (el lenguaje, por lo demás, se va por los lados más extraños y contraviene ciertos conceptos culturales -de nuevo los juegos de retroalimentación-, como en la expresión “no te pongas flamenco“, ponerse chulo, soberbio).

(Aquí ha de venir una gráfica sobre relicarios de absurdos de la sociedad actual, como comprender que el exceso de limpieza es un precursor para las enfermedades autoinmunes y no se trata de ser tan limpios por cuestiones sociales (conformidad, al fin y al cabo). O una ley inglesa ecológica en donde al construir una vivienda y si no llegas a ciertos puntos, no puedes vivir en ella, cuando parte del daño ya está hecho con su construcción y cuando el 99% de las viviendas bajo ese baremo no deberían de habitarse. O que el Estado de trabajo públicos por puntos, y dos personas del mismo núcleo familiar sean funcionarios, cuando en otros núcleos familiares no trabaja ninguno. O que te quiten la antigüedad en el INEM por no sellar, cuando has podido tener causas mayores, y entonces a nivel estadístico baje la cifra de personas paradas de larga duración. Si todo esto, además cuestiones que se le puedan ocurrir a cualquier persona bajos sus perspectivas, fuesen planteadas bajo el teatro del absurdo, ¿qué nombre tendría que tener tal tipo de teatro?, tal sólo teatro de la vida.)

    Con esto volvemos atrás, a la disputa entre Ionesco y Sartre y la serie “catch-22”. En realidad no tenían razón ni uno ni otro, o la tenían los dos. El mundo tiene un orden implícito -subterráneo, plagado de primitivas- que escapa del concepto de absurdo, pero sus “razones” no son las “razones” que están establecidas en lo social. Tan absurda puede ser cualquiera de las acciones sin sentido mostradas por el teatro del absurdo, como muchas de las rutinas y hábitos que adquieren y mantiene ciertas culturas como parte de su identidad, o como absurdas son las creencias y las acciones más recónditas, escondidas y secretas de la mayoría de los humanos. Por lo que algo deja de ser absurdo es porque es parte de nuestra identidad, mientras que sí lo pueden ser otros hábitos similares de otras culturas o identidades. En definitiva que absurdo o sentido sólo son puntos de vista desde una identidad o cultura, y en esa medida todo es absurdo y tiene sentido a la vez. Ritualizamos ciertos procesos no porque sean parte del prefrontal y la razón, sino porque emergen de lo más subterráneo del cerebro bajo la simple premisa de buscar sus equilibrios homeostáticos. Si el cerebro de un obsesivo compulsivo “necesita” cerrar y abrir tres veces la cerradura de la puerta no es demasiado distinto de otros hábitos como darse la mano o los buenos días. Como nos dice Bateson el cerebro “funciona” con opuestos (es similar a mi concepto de ser identidad a partir de lo que no se es): mostrar la dentadura fue una forma disuasoria de avisar que se podía atacar, pero al final funcionó como lo opuesto: “no te voy a hacer nada, estoy bien contigo”, hoy a esa acción la llamamos sonreír. Dar la mano tiene un inicio similar: era mostrar que no tenías nada en la mano que atentase contra la vida del otro. Si hubiera unos extraterrestres que analizasen esos comportamientos, los analizarían como absurdos, pero como son parte de nuestra identidad humana tienen sentido.

Spoiler sobre la serie Catch-22

   Con esto llegamos al final de esta sección y volvemos con las tribulaciones del protagonista de la serie Catch-22. Desde niños, como no recuerda el poeta “nos adormecen con cuentos”, vivimos rodeados de narrativas que están construidas desde el final para darles todo su sentido. Cada relato, película o historia que contamos a otro está contagiado del concepto de narrabilidad. Este proceso repetido una y otra vez terminan por forjar la identidad narrativa y la ilusión de que hemos de tener control de nuestra vidas. Aquí de nuevo volvemos al conflicto Ionesco/Sartre. Bajo mi punto de vista el “primer Sartre” es posible que hubiera dado la razón a Ionesco, pues sus bases eran la facticidad, la contingencia, los otros y la situación: Conceptos todos que implican que somos “hojas llevadas al viento”. Pero por el proceso mostrado arriba de los virajes personales en cuanto uno se vuelve público, Sartre cambió al hacer del concepto de libertad su bandera: uno tenía que accionar en la vida, a partir de decisiones, de elecciones, para dirigirla. Y eso hace nuestro protagonista en la serie: trata de mantenerse vivo, tratando de manipular y alterar todo posible acontecimiento que pusiese en peligro su vida, cuando de una manera u otra siempre le salían todos sus planes mal. Es más, ciertas de sus decisiones o dubitaciones “provocaron” que ciertas personas terminase por morir, de tal manera que además de no llevar a cabo sus fines, le perjudicaban aún más. El último capítulo, en una de estas garrafales desventuras, colapsa y termina por rendirse a la evidencia: él no tiene control de sus vida y es mejor no tratar de alterar nada. En ese proceso encuentra su paz interior.

Fin de spoiler.

    (Contiene “trazas” de spoiler). El presente escrito no está exento de narrabilidad y de estar construido desde un final (teleológicamente), con lo cual según sus propias premisas no es fiable, y sí tendente a querer influenciar y por ello a “manipular”. La vida no puede ser ni tener un control completo de ella, ni abandonarse a su suerte. De fondo la primitiva que emerge es el locus de control, que a su vez se basa en reducir el miedo y la ansiedad, pues dichos estados mantienen el sistema nervioso simpático activo, que en definitiva repercute en la salud y por ello lleva a la muerte. Si la premisa de la vida es la autopreservación, no le “interesa” mantener el sistema nervioso simpático activo, y por ello recurre a la ilusión del control, para “apagar” dicho sistema y volver al parasimpático. La identidad narrativa está construida desde dos lados extremos, desde las primitivas como la mostrada arriba, y desde la razón, que trata de analizar la vida de forma fría y analítica. Se es susceptible de parecer un trastorno tanto si se quiere tener demasiado control (o creer en ello: como el exceso de soberbia y de narcisismo) de la vida, como si se trata de no decidir nada. El humano, por procesos culturales, “inventó” la fortuna y a través de este primer concepto, sobrevino la buena o mala y al final los distintos dioses. En esta estructura vemos que algo cultural se vuelve instinto en el transcurso de cientos de milenios, pues ciertas personas nacen con dicha capacidad hacia la espiritualidad -y tiene una zona “dedicada” en el cerebro-, mientras otros no. Evolutivamente hablando es más “conveniente” la espiritualidad, pues beneficia y alarga la vida, ya que si “se deja hacer a la vida”, no es tal que estar en manos del azar, sino de alguna fuerza que tiene unos “planes” y tanto uno mismo como el “mal” forman parte de dicho plan. La cuestión, que es lo que he tratado de mostrar en este complejo escrito -sin tratar de ser un consejo para nadie-, es cómo ha de tomarse la vida alguien que no tiene nada de espiritualidad. Mi punto de vista, realista (realismo depresivo), es que la vida carece de sentido, y todo en ella es absurdo. Tanto los actos y lo que creen las personas como el comportamiento social. Se habla de la despersonalización como un trastorno, pero según mi escrito ¿no debería de ser la norma?, ¿acaso el error humano no fue tender hacia la identidad narrativa y la social la de mantener la face? No digo nada extremo, lo mismo que argumento yo se sigue en la estructura de fondo del budismo, sólo que el budismo está bañado de misticismo y pensamiento mágico. Ahora mismo, en mi situación actual, ni he alcanzado la paz del protagonista de la serie Catch-22 (o la budista), ni quiero tomar el control de mi vida. Vivo en un limbo, en donde no quiero ocuparme de la vida, pues toda decisión implica siempre mantener el estatus quo de lo establecido en lo social como “valores” por los que luchar; cuando yo no creo en ninguno de esos valores. Conformidad, como la de la actitud final del protagonista de la serie, quiere decir hacer tu papel dentro de lo social sin cuestionar nada…. en ese caso, y como paradoja, ¿tratar de ser inconformista es no tratar de ir con la corriente?, y en ese caso no hacer nada. Ya no creemos en las revoluciones. De nada sirve cambiar la forma del bigote o depilarse las cejas: la cara, la realidad humana, es lo que subyace bajo esta y su estructura nunca cambia. Somos una especie inclusiva y jerárquica, y estos rasgos no se pueden ocultar o minimizar. Por lo demás, el paradigma actual, del capitalismo, se basa en esa lucha individualizada, en ese forjarse uno su propia vida, a expensas que otros como yo no quieran hacerlo y terminen, bajos sus conceptos, siendo unos perdedores. Lo siento, soy como los balineses, alguien que no comprende, y le resulta inverosímil y absurdo (retrotraer el concepto de absurdo tratado en el escrito) que la cultura occidental deje que alguien se muera de hambre, mientras otros viven en el exceso. ¿Y qué hacer, además, si el trabajo, como dice Baudrillard, se ha vuelto un bien escaso que no está al alcance de todos?, ¿Ni comes, ni puedes llegar a trabajar para poder comer? Toda esta lógica intelectiva, en la vida, tiene sus contradicciones, pues la vida no es lógica, sino emocional. No hay que pensarla, sino vivirla, pero esa regla no vale para los que sólo son pensamiento, y viven desde el prefrontal y la razón.

Las conclusiones a los escritos, a veces, vienen de donde menos te lo esperas… He visto la película “Los vengadores – fin de juego” y me ha sorprendido su tono melancólico y derrotista. Igualmente la conclusión de Thor, semidiós venido a menos, cuando dice: “para mí es hora de ser quien soy, y no quien debería de ser”.

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El Nacimiento de un Preconciente (a Nivel Fisiológico)

La conciencia es “un conjunto de bucles retroalimentados necesario para crear un modelo de nuestro lugar en el espacio en relación a otros y en relación al tiempo”. Michio Kaku
El empleo incomprendido de la palabra se interpreta como expresión de un proceso extraño.” Wittgenstein
Si el niño no recibe respuestas que sean razonablemente coherentes a la pregunta «¿quién soy yo?» que se expresa a través de su conducta, entonces le resultará muy difícil asumir la responsabilidad de sí mismo.” Berger Peter y Thomas Luckmann

   Título alternativo: la muerte prematura de la inocencia o el nacimiento de un preconciente.

   No quiero alargarme demasiado. Expongo las ideas de forma escueta (explicaré esta “actitud” en un escrito próximo). Los escritos entre paréntesis se han sacado del artículo de la Wikipedia sobre el fascículo uncinado.

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   Dentro del conectoma humano o vías nerviosas, que parece mostrar un mapa muy interconectado, existe una vía asociativa entre el frontal y el temporal llamada fascículo uncinado (uncinate fasciculus) “que conecta partes del sistema límbico como el hipocampo y la amígdala, en el lóbulo temporal, con la corteza frontal, como la corteza orbitofrontal”, que parece estar fuera de esa alta interconexión. Aunque se desconoce con exactitud todas sus funciones, parece tener una relación directa con la memoria autobiográfica (memoria explícita) y por lo tanto con la identidad narrativa. Es una de las rutas que más tardan en terminar su desarrollo, sobre los 30 años -parece una edad adecuada para hacernos pensar que tal circuito es para crear una identidad-. Es muy vulnerable durante su desarrollo, llevando a distintos trastornos: bipolardepresiónansiedad socialdesrealización -que puede implicar tendencia a la despersonalización (“desapego de uno mismo”)-, esquizotipia, y anomalías y patologías del habla.

fibras

   En cuanto he encontrado este haz de fibras y sus funciones he “comprendido” o intuido que es en esta zona donde se produce los “daños” para crear a un preconciente. “En los niños de 10 años que han sufrido una privación socioemocional, el fascículo izquierdo uncinate muestra una anisotropía fraccional reducida en comparación con la de otros niños, y esto podría subyacer en sus dificultades cognitivas, socioemocionales y de comportamiento.” Este haz de fibras, que es posiblemente que fuera uno de los pasos evolutivos importantes que nos llevó hasta el ser humano actual, es asociativa entre el habla y las propias vivencias. Recordar que el asentamiento de la memoria explícita se da en un juego retroalimentativo entre las propias vivencias como datos en bruto, y el cómo contamos a través del lenguaje y las palabras tales vivencias. Esa estructura de hacernos Ser (memoria) a través del lenguaje crea la identidad narrativa. Dicho circuito (amígdala=emociones, hipocampo=memoria episódica y hablar de sí=cortezas prefrontal y temporal) es la que engloba el haz de nervios asociativos de interneuronas llamada fascículo uncinado. Si no se “daña” (por medio de traumas, situaciones complejas durante la infancia o apegos defectuosos o deficientes) es aquella estructura que nos crea una identidad personal, que se expresa a través de la identidad narrativa: aquella que mostramos y construimos a través de lo que contamos de nosotros mismos. En ese sentido crea “seriedad” (termino Sartriano) con respecto a dar fe a que ese ente o identidad narrativa es lo que somos (mala fe en Sartre).

   En un preconciente este ente deja de tener legitimidad. De dónde proviene la “caída”… ¿de afuera, de los otros?, ¿o es interno y de uno mismo? Puede que se deje de legitimar a los otros (por un trauma o daño en donde alguien o algunos nos ha(n) defraudado y nos hemos sentido gravemente -nuclearmente- engañados), de creer en ellos -y por lo tanto de su aparecer- o lo que cuentan de sí mismos y por lo tanto su identidad narrativa; y en la medida que deja de ser legítimo afuera, por “coherencia” (lógica en los procesos mentales), tenga que dejar de ser legítimo para uno mismo. O sea, que si se sabe que lo social es “máscara” y (a)parecer, uno no puede “construir” una identidad narrativa de sí mismo sin caer en la contradicción estructural con tal creencia. Al ser “dañada” la percepción hacia los otros, en la distancia entre su ser y su aparecer, queda “dañada” o tocada la propia estructura de la conciencia autonoética, de la representación que se tiene uno de sí mismo y de sí mismo en el mundo. Incluso se manifiesta en que son menos tendentes al “mero efecto de propiedad“, de ver con “buenos ojos” sus bienes, demostrando su desapego hacia las cosas y lo terrenal. En esa medida uno tiende a mantener un “perfil bajo”, no ser muy público, por no entrar en el mismo juego de máscaras. Puede que las tres últimas premisas sean demasiado autorreferenciales.

   Si se analiza los distintos daños dan indicios sobre estos presupuestos: depresión, introversión, ansiedad social, bipolaridad (que puede manifestarse como una lucha interna entre tratar de “creer” y dejar de “creer” en lo social y las identidades). Se pueden dar distintos daños a nivel del pensamiento o el lenguaje, por una falta de fe (nihilismo esencial del sentido o significado de las palabras), que puede llevar a trastornos del pensamiento (descarrilamiento, ideas y delirios referenciales, tangencialidad, pobreza en el lenguaje, bloqueos del pensamiento, centrarse a hablar de sí mismo, caer en lo ilógico -no tengo claro si ilógico como rebeldía a lo normativo-). O sea, la desconfianza que ha generado una persona o grupo, a través de su aparecer y falta de correspondencia con su ser, se vuelve a la vez una “desconfianza” (ilegitimidad, falta de fe) hacia el propio lenguaje, pues es la base por la que se construye la identidad narrativa y por ello lo social.

   Fijarse que la psicología y las neurociencias construyen el edificio al revés de como lo construyo yo (y fijarse que en esto mi diferencio de los divulgadores científicos, que se atienen exclusivamente a la ciencia -por atenerse a lo legítimo, miedo o falta de imaginación). Para la ciencia ciertos daños físicos causan efectos o trastornos. Bajo mi punto de vista todo es más esencialista y por lo tanto es lo inverso. Un daño vivencial (trauma) crea a partir de ese momento una nueva visión del mundo, que a la vez hará que cambie la fisionomía y el comportamiento del cerebro. Es como si tal proceso estuviese escrito en el ADN: sin daño seguir el curso evolutivo, con un daño “crear” o activar un preconciente. La finalidad es para lo social: para que hagan de “freno” a cierta dirección que está tomando la historia. Para que hagan de dialéctica negativa en lo social. En ese sentido su tendencia a unir mentalmente (pensamiento holista “desorganizado”) todo aquello que no parecería proclive para dichas uniones, o no dentro de los neuronormales, de nuevo hay que verlo por su propósito: buscar soluciones (conclusiones) allí donde nadie las busca… ¡claro, que con el consiguiente peligro de caer en trastornos maniaco-persecutorios y de delirios! Tales ideas pueden sustentarse según el concepto del fenotipo extendido, propuesto por Richard Dawkins, en la medida que hay dos prototipos humanos, que pueden reducirse a optimistas y pesimistas, y en donde cada uno de los fenotipos trata de expandirse y contrarrestar al otro. Bajo mi punto de vista eso tiende a llevar a que se equilibren las “fuerzas”, y que de alguna manera la sociedad “necesite” las dos tipologías.

   Terminar diciendo, y puesto que mantengo mi idea de que los artistas, entre los que se encuentran los actores, son tendentes a ser de izquierdas y que cuestionan las identidades, los preconcientes son seres que lo que “puentean” es ese paso evolutivo por el cual el humano tornó a ser aquello que contaba de sí mismo y por lo tanto su identidad narrativa. En los humoristas se hacen patentes ciertos de sus rasgos, como ese poner en duda el lenguaje, como en las dobles lecturas de las palabras, el uso común y serio que hace de él las personas, y el efímero sentido de sus significados; en esa medida el lenguaje se vuelve un juego del que reírse y hacer reír, y del qué ser irónico e incluso cínico. Se mantienen en entes-niños, o anclados en esa etapa de la muerte prematura de la inocencia, por cuanto no la “superan” de forma natural. Quieren, en definitiva, que la sociedad se “cure” a través de su apuesta como dialéctica negativa, y en ese proceso de mentalidad mágica, que ellos mismos vuelvan al estado no dañado o anterior al daño. Quieren lo imposible, y ese es su sino, su “todo o nada” como ya dijera Stefan Zweig en su libro “La lucha contra el demonio” sobre los artistas. De una forma u otra, los daños o alteraciones en el fascículo uncinado “crean” individualidades, frente aquellas otras que crean su identidad y propósito con respecto a la sociedad. Son entes aislados de la masa, “obligados” a buscar el sentido de la vida no en lo social, sino en ellos mismos. En un cerebro de “desarrollo normal” el sentido nace de lo social (familia, comunidad, religión, país) pues así lo “sienten”, y el sentido y la vida antes que entenderla (entendimiento) hay que comprenderla (sentirla, “empatizarla”); mientras que los preconcientes se ven “expulsados” de ese sentido al poner en duda toda emoción social y mirarla casi exclusivamente desde la razón. Pierden, en definitiva, la conexión o el tacto con la vida (bajo estas conclusiones hay que entender a la drogadición -para dar sentido a que la fotografía de la cabecera del escrito es de la serie “euphoria”- como el acto de “obligar” al cuerpo a sentir, a la vez que se acalla a la razón). El preconciente, así, pone su propia libertad como regla para la vida, al individuo como base de lo social, el humano (individual) como medida de todas las cosas, y eso explica su tendencia a las izquierdas -con todo lo que estas conllevan: libertad de expresión, un individuo un voto-, frente a la rigidez de la identidad social basada en lo permanente y lo establecido. En el preconciente se cumple, así, la máxima de Gehlen al afirmar que “la libertad nació de la alienación y viceversa”.

   Vídeo relacionado sobre el nacimiento de una preconciente: https://www.ok.ru/video/1195885595355


   (Offtopic: para los que me siguen y quizás se pregunten cuál fue mi “daño”, mi herida, no fue algo claro y achacable a nadie. A la edad de entre los 4 y los 5 me llevaron interno -por falta de dinero y al ser gratuita- a una institución (antiguo hospicio) bastante dura en su trato. Me quedé aislado incluso de mis hermanos mayores que estaban dentro, por ser de una edad menor (el mismo proceso para una de mis hermanas). Esa dureza (crueldad en ciertos momentos) y frialdad rompieron con el proceso del apego, que por lo demás ya estaba “mal” por provenir de una familia numerosa -hay ciertas anécdotas, por otro lado, de mi más alejada infancia, que me han recordado todos, que me hacen diferente del resto de hermanos-. No culpo a nadie, ni juego el papel de víctima, simplemente me cambió el cerebro, tal como lo “predice” la teoría del apego: asumo quien soy, estoy conforme con mi “pellejo”.)