Hacia una Comprensión Unificada del Ser Humano

Resumen en “La destrucción como origen del devenir” por Sabina Spielrein, (traducción Viviana Ruth Johanis, leer escrito completo.)


Todo contenido que aparece en la conciencia es un producto diferenciado, derivado de otros contenidos psicológicamente más antiguos. Este contenido es adaptado al presente y recibe un matiz específico inmediato que le otorga el carácter de la relación con el yo. Existe por lo tanto en nosotros una tendencia a la diferenciación. Cuando queremos hacer comprensible, es decir, accesible a otros este contenido específico que sólo lo es a nuestro alcance, hacemos una diferenciación hacia atrás: despojamos al contenido de lo específicamente personal y lo expresamos en la forma simbólica, universalmente válida para la especie. Con ello seguimos la segunda tendencia en nosotros, la tendencia de asimilación o disolución que está en oposición con la primera. La asimilación hace que de una unidad válida para el “yo” se forme la unidad que sirva al “nosotros”. La disolución y asimilación de una vivencia personal en la forma de una creación artística, de un sueño o de una simbología patológica, transforma a esto en una vivencia de la especie y hace del “yo” un “nosotros”. La aparición del placer o displacer está vinculada con el establecimiento o desaparición de la relación con el yo. Si la vivencia personal ya está transformada en una de la especie, entonces nos comportamos con respecto a ella como espectadores, quienes sólo participan de sus afectos cuando pueden ponerse en la situación de la representación. Tales espectadores son los enfermos de demencia precoz (esquizofrenia en su nomenclatura actual) y nosotros en nuestros sueños.

Al instinto de autoconservación en nosotros corresponde la tendencia a la diferenciación y la perduración de una partícula del yo cristalizada o de toda la personalidad del yo. El instinto de conservación de la especie es un instinto de procreación y también se exterioriza psíquicamente en la disolución y en la tendencia de asimilación (transformación del yo en un nosotros) con la sucesiva nueva diferenciación desde la “substancia originaria”. “Donde reina el amor muere el yo, el déspota tirano”. En el amor, la disolución del yo en el amado es a la vez la más fuerte autoafirmación, una nueva vida del yo en la persona del amado. Si falta el amor, entonces la idea de una transformación del individuo psíquico o corporal bajo la influencia de una fuerza extraña es, como en el acto sexual, una idea de destrucción o de muerte.

El instinto de autoconservación es un instinto simple, que sólo consta de un elemento positivo; el instinto de conservación de la especie, que tiene que matar lo viejo para que surja lo nuevo, consta de un componente positivo y de uno negativo. El instinto de conservación de la especie es ambivalente en su esencia, por eso la excitación del componente positivo provoca a la vez la excitación del componente negativo, y viceversa.

El instinto de autoconservación es un instinto “estático”, en la medida que defiende al individuo ya existente de influencias extrañas. El instinto de conservación de la especie es un instinto “dinámico” que pretende la transformación, la “resurrección” del individuo en una forma nueva. Ninguna transformación puede darse sin una destrucción del antiguo estado.”

  • Adaptación de las ideas arriba expuestas a mi gráfica y visión de la condición humana.
  • Para el psicoanálisis, y este es el aporte de Sabrina Spielrein, toda vida implica una muerte, ya sea esta simbólica o real.
  • Al nacer lo hacemos con la estructura de la especie a modo de primitivas, instintos y conceptos (círculo verde de arriba).
  • En la adolescencia y juventud “matamos” tal entidad para crear la individualidad (círculo verde de abajo, “diferenciación” en el lenguaje de la psicoanalista). Un proceso necesario para “saltar del nido”, rompiendo con los credos de los padres y por ello con lo propio de la especie. Este estado crea desunión -rotura, muerte- con la integridad que somos como ente de una especie.
  • El siguiente proceso hacia la madurez es forjar nuestra identidad buscando a nuestros “iguales”, aquellas personas con las que conectamos, pero que inevitablemente tiene como “carga” de nuevo la identidad de especie, que dentro de la teoría dual es una simbiosis entre lo evolutivo y lo social (forma roja que se cruza en los social, en el centro de los dos estados opuestos).
  • Cada persona y época se “diferencia” de otra con respecto en dónde se intersepciona la forma roja. Más arriba es más tradicional y más abajo más individualista. En la actualidad la intersección apunta a la identidad narrativa (más hacia abajo), que se centra en el yo creado o cristalizado.
  • En la madurez y al llegar a la mediana edad se llega a una posición más holista y abarcadora (forma azul), que trata de conciliar lo individual y la tradición -en realidad se termina por comprender- , al yo y la identidad de la especie, y que lo importante y el motor evolutivo/social es la especiación, cambio que se toma como si uno se volviera más de derechas.
  • A ese estado se llega normalmente al ser padres, en donde la disolución del yo emerge en la dualidad unificada de hombre/mujer, en la pareja vinculada a través de la unión de ambos en el ADN del hijo, que porta la identidad de la especie y el principio de la vida, que es en lo que consiste -y lo que simboliza- la reproducción.
  • Estos últimos argumentos explican la situación actual, pues las nuevas generaciones están hoy más desligadas del “saber” de los adultos que nunca, pues “creen” que al no estar estos conectados con las tecnologías en igual grado, no los pueden comprender y a la inversa. Se ha producido un divorcio generacional, en donde la juventud no quiere tomar el relevo de los adultos.
  • Otra cuestión a tener en cuenta es que en la antigüedad esas muertes y renacimientos simbólicos se llevaban a cabo por medio de los ritos de paso. Hoy tal concepto no existe y las muertes y renacimientos simbólicos son más difusos o invisibles, con lo que ciertas personas son proclives a quedarse atrapadas o estancadas en estadios previos. En las generaciones actuales, donde se está dando más importancia a las identidades de género o perdedor/ganador, e identidades ya no ancladas en lo fenotípico sino en las ideas (razón), no hay un paso definitivo de la forma verde inferior (individualista) a la forma roja que es la vinculación en lo social. Te quedan atrapados en lo liminal, en la frontera de los dos estados.
  • La curva estadística, con una gráfica de distribución normal, muestra que la tendencia generalizada es hacia lo social, si bien hay que tener en cuenta que en la actualidad está descentralizada hacia abajo, hacia la individualidad y la razón.
  • Una última cuestión que nos dice Sabina Spielrein, y yo he dicho en otros escritos, es que los trastornos mentales, donde su límite es la esquizofrenia, el individuo se “desliga” de lo social y ve esa estructura desde fuera. “Mata” tal identidad sin ser capaz de renacer en una nueva, quedándose atrapado en el desierto de esa zona fronteriza. El psicópata vivencia esa exterioridad en lo emocional (forma verde llevada al límite inferior – hipercontrolado), y los borderline con respecto a lo social (forma verde llevada al límite superior – subcontrolado), mientras que las personas con el espectro autista pierden el vínculo social, pero en ellos se manifiestan las reglas de la especie, si bien desde la razón en los casos de síndrome Savant (genios/idiotas, término en desuso por lo inconveniente de uno de ellos.)
  • Lo mismo que he dicho para el individuo es aplicable a las culturas, y las generaciones y épocas de la historia, se han de mover por los tres círculos de la gráfica: más individualistas, más integradas en los social, o más holistas, ya que una sociedad es las suma de sus individuos. Individuo y sociedad, así, se retroalimentan para “matar” y renacer a nuevos estados. Los individuos “matan” las culturas previas masificándose, y los culturas “matan” lo liminal para mantener su identidad
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El Sexo Débil (el Hombre)

Quien rehúsa a la aventura de vivir tiene que apagar en sí mismo el deseo de vida, incurrir en una especie de suicidio.” Jung


Cuando doy mis largas caminatas, por la estructura que es mi tipo de cerebro, no trato de hacer el camino más fácil y que todo humano con su paso ha trazado. En las últimas épocas los campos cada vez se abandonan más y por ello los caminos alternativos -por ser más dificultosos y/o peligrosos- se van cerrando. Yo los trato de volver a abrir, despejando la maleza y los arbustos que los cierran. Me pregunto si en mis escritos no hago lo mismo.

Nietzsche no acabó el libro que trataba del superhombre por las contradicciones implícitas irresolubles de tal concepto. Al final venció la locura a la capacidad de poder fundamentar tal idea con la razón. Yo estoy estancado en lo mismo para determinar sobre que el sexo débil es el hombre. El trabajo es doble, pues ciertas premisas las debería de basar en estadísticas, pero realmente es un trabajo que me parece rutinario y demasiado largo y complejo dado que real y paradójicamente en Internet no hay demasiada información, o es arduo llegar a ella pues no se posiciona en las primeras páginas de las búsquedas. Por todo lo he dicho he optado por “tirarme al agua” y exponer mis ideas, y ya más adelante iré ampliando el escrito con estadísticas, referencias o con algo más de profundidad. Por lo mismos argumentos comprendo que salgan a colación distintas contradicciones que espero que durante el proceso de la escritura se “resuelvan”. Aclarar que uso macho y hembra ante el problema que hombre designa de forma genérica a la especie y en la dirección que los términos se vean libres de ambigüedad.

Mi idea sobre la debilidad del macho con respecto a la hembra es sencilla: el hombre carece del sentido de la vida, mientras que la mujer no. Con esto me topo ante la primera dificultad, desentrañar qué quiere decir “sentido de la vida”. Los distintos escritos que preceden al actual han tratado de ir despejando dilemas y problemas con el lenguaje. En el escrito “señalar y suponer” trataba de dilucidar la diferencia entre el qué significa algo para el cerebro profundo con respecto a lo que pueda querer decir para la conciencia y la palabra. De esta manera cuando hago uso del “sentido de la vida” lo trato de hacer con respecto a cómo está asentado en el cerebro profundo, y no lo que se pueda querer decir en cada cultura y según una etimología de las palabras usadas. Sentido, como dije, ha de venir de signo y este de señalar, pues sentido es sinónimo de significado. Pero a la vez dije que señalar tiene la doble vertiente de ser un signo establecido en lo social y por otro lado como un significante en el cerebro profundo. En ese caso he de despejar cuál es el significante dentro del cerebro profundo.

Bajo mi punto de vista el cerebro es metaforizante, pues hereda conceptos que maneja la evolución. En un ejemplo infectarse viene dado porque el origen de la vida fue por pequeños microorganismos en donde algunos de ellos se especializaron en ingerir a los otros, en vez de alimentarse del medio. Esto a la vez puede venir de aún más lejos, pues el ADN son cadenas de instrucciones que pueden verse afectadas en las replicaciones o en donde ciertos otros factores, como los virus, tiene la capacidad de “colocar” sus propias instrucciones en dicha cadena. En ese momento evolutivo no tenía sentido o existía el concepto “infección”, este emergió cuando esos pequeños microorganismos eran capaces de penetrar las defensas de los animales pluricelulares. Una vez que se “conoce” o emerge en la evolución un concepto, nacen a la vez unas contramedidas, si así fuera la necesidad. El sistema inmune “nace” en los seres pluricelulares dada la posibilidad de las infecciones; este sistema se basaba en las propias defensas de ciertos microorganismos a la depredación, que a la vez se basaba en sistemas que pueda implicar el ADN para no “aceptar” modificaciones externas. Damos un salto evolutivo y nos encontramos que el ser madre implica mantener “limpio” el lugar donde se pondrán los huevos o vivirán las crías. Y llegamos al humano en donde por norma general las mujeres suelen ser más meticulosas y escrupulosas con los temas de la limpieza que el hombre. ¿He dado algún salto argumentativo errático?, pienso que no. La maternidad es un concepto evolutivo que implica el cuidado por un tiempo de las crías, diferente a ese otro anterior en donde en las aguas de los océanos se liberaban las huevas sin ningún control. Ese mismo proceder aún subsiste, y un ejemplo claro son la suelta de huevas por parte del coral. Así tenemos que una madre pez limpia y mantiene dicha limpieza sobre el lugar donde deposita las huevas sin que tal madre sepa de qué se trata tal cuestión, pero es innegable que en algún lado de su ADN y en su comportamiento “existe” el concepto de “infección”.

Cuando yo afirmo que la mujer tiene “un” sentido de la vida más sólido lo hago bajo estas premisas. Su cerebro maneja unos conceptos de los cuales el hombre carece, pues la evolución da dichos conceptos con respecto a los sexos. Los machos del reino animal sí han de tener el concepto de infección, pero sobre sí, no sobre otros peces como así lo es la madre con respecto a sus huevas y descendencia. Bajo todos estos aspecto sentido de la vida, en lo evolutivo, es sinónimo de funcionalidad. Se me podrá decir que he caído en la idea más vieja del mundo y por ello en un reduccionismo (y machismo para el feminismo), al basar mi idea de que la mujer lo es por su capacidad de ser madre, cuando no todas lo desean o lo llegan a ser. Pero si se entiende bien la evolución, no “usar” una función no implica que tal función no esté de base como para cambiar la estructura de dicho ser. Si yo tengo un móvil con una batería de larga duración a la vez implica que cuando está en su 10% sigue siendo más operativo que un móvil con una batería de mala calidad que esté en su 20% de carga, pues las aplicaciones y el sistema operativo funcionan y se acomodan a los criterios de la carga de la batería. En otro ejemplo quizás más claro: un infectado por el virus VIH (sida) ha perdido una función que otro humano tiene por defecto, lo que le posiciona fuera de la “verdadera” funcionalidad del sistema autoinmune. Lo que trato de hacer ver es que en cierta forma es como si el hombre careciera de unas “defensas” estructurales que la mujer sí posee con respecto a la solidez de un sentido de la vida. Eso es lo complicado de defender, pues se me dirá que el macho humano al final también ha asumido la paternidad y que por ello ya ha de tener esa misma propiedad o función que las mujeres. Bajo mi punto de vista el macho hizo la pose del papel paterno para ganarse a la hembra, pero tal “pose” no ha llegado a asentarse en su genética. Eso no quiere decir que la paternidad sea pose, quiere decir que esa primitiva, tan antigua en la hembra, no es igual en el macho. Veamos si es así.

Freud creó la división y dualidad de eros y tánatos, de impulso de vida y de muerte, pero no quiero adentrarme en la simbología psicoanalista. Aclaremos un porqué. Recordemos que el humano tiene una herencia (identidad) dual, en donde lo evolutivo y lo social interactúan por retroalimentación. Bajo mi punto de vista lo que el psicoanálisis trata como símbolos del inconsciente yo lo trato como conceptos evolutivos “escritos” en el ADN y que se manifiestan en el cerebro profundo. El psicoanálisis no trata de “leer” los conceptos evolutivos, sino sus manifestaciones en lo social. El cómo el humano ha manifestado y manifiesta dichos conceptos en sus mitos y leyendas. En esa medida hasta el último libro -excepto la ciencia más rigurosa y analítica- pueden ser analizados simbólicamente a través de la herencia de los mitos, si bien lo “correcto” sería tratar de dilucidar los conceptos evolutivos. Lo que me interesa de la dualidad eros y tánatos es que son una representación de los instintos de supervivencia y procreación por un lado, y el instinto de muerte por otro. ¿Por qué de muerte? La vida debería clamar lo que es: vida, existencia. Algunos psicoanalistas coetaneos, como Jung, o posteriores no creen que la muerte sea un instinto o pulsión, pero las ciencias nos puede decir o demarcar mejor si tal concepto es válido o no.

En sus formas de operar, como la apoptosis, la trama de la vida se entiende mejor. En el desarrollo del bebé este pasa por una fase en donde sus dedos están unidos por membranas (palmeadas) y este tejido tiene programada su muerte para terminar de formar al humano. La apoptosis es una de las formas de muerte programada, junto a la necroptosis y la autofagia. Nuestras células están constantemente muriéndose y siendo sustituidas por unas nuevas. La vejez “consiste” en que el nivel de muertes sube y el de nacimientos baja. Esto a la vez proviene de una etapa de la evolución en donde la constante replicación en un ser unicelular implicaba errores de transcripción de la información del ADN. La evolución optó por la muerte programada para subsanar ese problema. Lo importante era mantener la información del ADN lo más intacta posible. Hay que contextualizar cómo uso el lenguaje. La evolución no es un ente inteligente detrás de la trama de la vida. Los números y lo promediado como “válido” es lo que llamamos evolución. La especiación -que una especie mantenga su identidad aunque se den cambios estocásticos (azarosos) en los individuos- es posible por ese otro proceso más antiguo que era mantener la “identidad” de una cadena de ADN, en lo posible, “intacta”. La “lógica” debe de ser que sólo algunas formas estables de ADN eran las que se replicaban, y que dicha estabilidad era la que sobrevivió con respecto a otras que no lo fueran; para mantener dicha estabilidad tenía que “programar” cuántas copias eran posibles a partir de la primera. Con la sexualidad las reglas cambiaron ligeramente, una vez que se daba la reproducción los progenitores eran “prescindibles” y podían morir. De nuevo surgía el mismo problema. Los padres adultos eran más proclives para crear mutaciones del ADN en su descendencia, luego se “programó” cuánto -a qué edad- era viable la reproducción sin fallas. La muerte de los individuos era la “solución” más óptima. Bajo estas primeras conclusiones se determina que la muerte es parte de la trama de la vida.

Otro análisis, paralelo al anterior, es que puesto que lo social -como nuevo sistema complejo- emerge de la vida, si entonces “heredó” ciertas reglas como la “utilidad” de la muerte. Pienso que el concepto de sacrificio y de chivo expiatorio son parte de ese sistema, pero ¿son sólo una analogía posible o es algo que “existe” como parte del sistema?, para alguna función o finalidad. El problema de los sistemas complejos subsumidos en otros es que abstraen lo conceptos básicos iniciales y estos se vuelven más conceptuales y abstractos. En un burdo ejemplo: es fácil explicar una reacción química, pero ¿cómo explicar la función de la respiración? El humano cuando fue capaz de pensar en tales temas no los entendía y simplificó algo tan complejo y abstracto en ideas como el alma, como el hálito de vida y que al morir abandonaba el cuerpo de esa persona. Así que nos encontramos con la madre pez que limpia sin saber qué son las bacterias y los parásitos, y el humano de la prehistoria que no sabe del oxígeno y de las células que necesitan de tal energía. ¿No nos encontramos hoy igualmente perdidos al tratar de entender cosas tan conceptuales y abstractas como el sacrificio y el chivo expiatorio? En el escrito “Hacer algo o no hacer nada” traté de dar una hipótesis sobre que puede significar a nivel evolutivo/social el chivo expiatorio, en la dirección de tratar de encontrar un porqué evolutivo, que más tarde al final se hizo social. Mi intención era hacer ver que todo lo social seguramente tenga un porqué evolutivo. En definitiva, la vieja y perenne idea de que nada nace de la nada, que todo es causación en donde el azar puede transmutar algo a modo de cambio evolutivo.

Volvamos a la reproducción sexuada. El ancla que guía estas “investigaciones” es el tratar de determinar cómo son la pulsión de vida y de muerte. Una apuesta evolutiva alterna a poner una gran cantidad de huevas y que el azar hiciera el resto fue la maternidad: el cuidado por parte de uno de los progenitores. Desde los inicios la idea era “machista” -según el lenguaje reduccionista del feminismo- pues aquella que portaba los huevos en su interior era la hembra. El macho en su momento le puso el esperma y desapareció en el banco de peces (por hacer ver que se desaparece en la “multitud” y el anonimato). Aquí nace una consecuencia a partir de esa otra consecuencia del hipotético anonimato del padre: el macho ya no hace falta, y sin embargo sí es necesario que la hembra perdure. Lo que trato de hacer ver es que de haber un instinto o pulsión de muerte y otro de supervivencia y reproducción, no es igual en los dos sexos y que en ese caso el macho es el más prescindible y por ello el que menos porta el instinto de supervivencia, y que por ende se pueda manifestar en él,  y en su defecto, más el de muerte. ¿Como se manifiesta y/o se evidencia esta hipótesis? Se pueden hacer dos tipos de estudios: sobre el macho de forma abstracta y generalizada en el reino animal, o sobre el propio hombre. Esto es por lo que dije arriba que este escrito no me apetecía escribirlo, por documentar esas dos direcciones de tal hipótesis. Detengámonos, de momentos sin datos, a lo que acontece con el macho humano:

  1. El hombre tiene una media de vida menor que la mujer.
  2. Tiene más probabilidades de accidentarse y morir en dichos eventos.
  3. Mayor probabilidad de matarse entre sí.
  4. Más probabilidades para ciertas enfermedades mentales graves y por ello incapacitantes.
  5. Para suicidarse.
  6. Para abandonarse hasta tal grado como para llegar a volverse un sin techo.

Partamos bajo la idea que los puntos expuestos son ciertos (y en tanto que pendientes de basarlos en estadísticas, y bajo la idea que se me esté olvidando algún otro tema; ciertas premisas sé que son cuestionables y tienen sus “pero” -sobre los que volveré-, pero de momento me interesa hacer ver el cuadro en conjunto), si es así entonces parece claro que su instinto de supervivencia es menor, y por ello mayor el de muerte. Analicemos primero someramente alguno de los puntos. 1. La esperanza de vida puede parecer claro que es por cuestiones físicas, pero estudios longitudinales (en todo el mundo y en distintas épocas) demuestran que la alegría por vivir, el optimismo, forman parte de la ecuación, y tal rasgo es más propio de las mujeres. Eso me lleva a que tengo que tratar ese aspecto más adelante. 2. El macho toma más riesgos cuando acciona en el mundo; sí, es el papel de la testosterona, sí, a la vez puede tener que ver con la competitividad y el “dar la talla”, pero la estructura de fondo es “da igual mi integridad física”, que implica un mayor grado de pulsión de muerte, que si se entiende bien esta es tan sólo porque tiene implementado en menor grado el de vida. Esto lleva a un tema espinoso, una diferencia esencial entre sexos. La mujer ante un riesgo se planteará el para qué (recordar que el “para qué” es según mi gráfica una estructura primitiva básica, una esencia). Puesto que en ellas es más fuerte la pulsión de vida se cuestionarán más el jugarse la vida o la integridad física. La suma de todo este entramado es que la esencia femenina es más práctica y comedida y el macho más impetuoso e irreflexivo. Claro, en la sociedad actual las cosas parecen ser distintas, pero ¿no será porque se están forzando sus límites esenciales? Amplio esto en el siguiente párrafo, pero los accidentes con riesgo demuestran que las diferencias se mantienen, el caso más evidente es el automóvil: se dan más accidentes en los hombres que en las mujeres. Tampoco creo que pueda encontrar estadísticas de casos en los que el hombre se haya puesto en peligro por su mujer e hijos y muriera en el suceso, pero es un hecho que por siempre se mantuvo aquello de “los niños y las mujeres primero”, que debe de provenir de esta tendencia del macho de sacrificarse por los suyos. Es por esto que he sacado a colación arriba el tema del sacrificio humano y el chivo expiatorio. Evolutivamente hablando, y en un tiempo más cercano al animal que a lo humano, en la ecuación madre, hijo, padre, el más prescindible era el padre, es la carta a “deshacerse” para mantener una buena jugada en mano, pues en definitiva casi toda crianza en los animales los llevan a cabo las hembras por sí mismas. Puede que hoy en día ya no lo analicemos así, pero esa fue la regla evolutiva más estable. Hagamos un pequeño análisis de cómo debió ser ese proceso.

Una regla que emergió rápidamente en lo evolutivo fue la selección sexual. De un primer estadio en donde la hembra no era selectiva, por los números y los promedios de alguna forma la hembra tendió a ser selectiva de quién era el padre y en la dirección que la descendencia tuviese cierta ventaja. El reino animal está lleno de ejemplos de las diversas estrategias por las que se encaminó el macho para sobresalir del resto de machos y ser el seleccionado por las hembras: bailes, cantos, bellos y complejos plumajes, masa corporal, cornamenta, etc. Ente los primates se dan los cantos, el ornamento del pelaje y otros rasgos anatómicos y la musculatura. La rama de la que proviene el humano es de esta última. Los simios, como los chimpancés, el gorila y el orangután son los ejemplos más claros. Esta línea del desarrollo evolutivo al tender al tamaño al final se hizo tan grande que la cola ya no tenía ninguna utilidad, pues no tenía la capacidad de soportar su peso, y además los simios -y el humano, pues lo es- suelen mantener una postura de cuclillas para usar sus manos y estorbaba. En otro proceso posterior empezaron hacer una vida paralela entre el suelo y los árboles. Durante un tiempo muy largo, en la rama compartida con los chimpancés, nuestras hembras seguían seleccionando por la musculatura: los machos tenían que competir entre ellos en las luchas. En un proceso posterior lo seleccionado por las hembras fue la sociabilidad. Este es un ejemplo de esa dirección entre los babuinos:

El comportamiento de apareamiento del babuino varía mucho dependiendo de la estructura social de la tropa. En los grupos mixtos de babuinos de sabana, cada macho puede aparearse con cualquier hembra. El orden de apareamiento entre los machos depende en parte de su clasificación social, y las peleas entre machos no son inusuales. Hay, sin embargo, posibilidades más sutiles; en grupos mixtos, los hombres a veces intentan ganarse la amistad de las hembras. Para obtener esta amistad, pueden ayudar a acicalar a la hembra, ayudar a cuidar a su cría o suministrarle comida. La probabilidad es alta de que esos jóvenes sean su descendencia. Algunas mujeres claramente prefieren machos amigables como compañeros. Sin embargo, los machos también llevarán bebés durante las peleas para protegerse del daño. Una hembra inicia el apareamiento presentando su grupa hinchada en la cara del macho.”

Entre los chimpancés actuales también se está dando esta tendencia, como se puede ver en esta parte de un documental, donde al final el macho alfa se vuelve más político y amigable con las hembras y sus crías.

Aquellas primeras hembras dieron un giro a la situación, fueron llevando al macho hacia la paternidad, primero como pose, para ser el macho seleccionado para la cópula; mucho más tarde porque estos mismos asumieron la protección de su descendencia y por ello de su pareja sexual. A este proceso se le llama de auto-domesticación. Tanto el gato como el perro han pasado por el mismo proceso, más claro -por estar en una posición más retrasada- en el gato, pues este aún sería capaz de volver a la naturaleza por tener los “instintos” más “intactos”. Se denomina de auto-domesticación, frente a la simple domesticación, porque en lo profundo de su cerebro, mediado por las reglas evolutivas, tal especie -o sexo entre los humanos- “acepta” de buen grado ese proceso. Hagamos una breve reflexión sobre esto: durante toda la historia el macho ha sacrificado su vida por su par y su descendencia. Primero contra las fieras hasta que hemos casi acabado con ellas (el continente más claro es Europa, donde hemos casi llevado a la extinción a los lobos y el oso; en un tiempo anterior incluso llegó a haber leones y otros felinos). En un segundo momento y hasta el Renacimiento contra los asaltos de otros hombres. El sur de Europa y Oriente Medio se veían una y otra vez atacadas por tribus del norte de Europa. A esas tribus a la vez hay que entenderlas en su contexto: vivían bajo una mayor presión ambiental de falta de recursos, y para mantener sus familias tendieron a saquear poblados ricos en bienes y recursos. Hoy en día el humano ha “despejado” del mundo todo posible peligro que requiriera la fuerza del macho, y hoy las feministas se quejan que los machos las maten. Si se tuviera la capacidad de seguir la huella histórico/evolutiva de muertes de hombres para salvar a una mujer, y hombres que matan a una mujer, es muy posible que en la antigüedad el nivel de la barra de salvamientos fuese muy alta y en la actualidad baja (por menor probabilidad de ponerse en peligro en un mundo sin ellos), quedándose por ello -y a lo largo del tiempo- sólo la segunda barra de muertes en manos de hombres. Hoy en día se siguen dando casos de hombres que salvan a mujeres, pero son menos mediáticos que los homicidios y los asesinatos. De igual forma el hombre viola a las mujeres, pero lo más probable es que ciertos casos no se lleguen a dar por la ayuda de los hombres (en cierta ocasión vi una extranjera muy borracha rodeada de una “manada”, capté que trataban de hacer que fuera con ellos, me hice pasar por su amigo para sacarla de esa situación, la “manada” me trató de intimidar verbalmente, pero mantuve el tipo y la alejé de ellos). El macho actual es el remanente de ese proceso evolutivo seleccionado por la mujer, que además la ha traído hasta el momento actual a base de morir una y otra vez, de sacrificarse, para que ella y su descendencia sobreviviera. Bajo este punto de vista: ¿es justo y adaptado a la realidad evolutivo/social el reclamo feminista? Ninguna muerte entre humanos es justa, lo sé, pero están ignorando toda la historia evolutiva. El macho no es un ser cargado de “errores” del que hay que tener cuidado, tal como nos pretende “reducir” el feminismo radical. El macho musculado fue seleccionado por una ancestro de la mujer actual, al igual que el hombre más canalla, pues aún hoy la mujer y sobre todo las jóvenes -por ser más inexpertas- tienden a seleccionar a los “chicos malos”, como ha demostrado un estudios sobre la selección y atracción sexual que tiene la triada oscura. Más tarde se llevó a ese macho hacia la paternidad, pero donde todavía era necesario la fuerza muscular. Hoy en día la mujer -en su cerebro profundo- prefiere a un hombre de mayor masa muscular que ella y que sea más alto, siguiendo esa misma norma evolutiva, pues en definitiva fue como quien dice ayer, que hemos creado una sociedad libre de peligros y que no requiera de dicha fuerza del hombre.

En una segunda lectura de esta breve historia se puede analizar al hombre bajo el baremo de sentirse inútil, y en cierta forma culpable, ante lo pesaroso del embarazo y la carga de los hijos, y en donde este trataba de suplir esa inutilidad y culpabilidad ayudando en todo lo posible en aquello que su pareja y su descendencia necesitase. Visto así el macho era/es como un satélite que orbitase alrededor del centro que representa la vida y que es la hembra y la procreación. 1. Sentimiento que siempre ha cargado con él y que está implícito en sus primitivas. Hasta hace un siglo, o quizás más, aún podía “silenciar” ese sentimiento, pues aún era “necesario”, pero hoy en día, en un proceso lento pero inevitable, cada vez se siente menos necesario. 2. Deviene así en el ente que era el “descarte” más probable para la evolución, que al ser el más prescindible estaba más dotado con la pulsión de muerte, y que 3. al ser el menos social era el que era más susceptible de sentirse desencajado de dicha estructura. Desestructurado en tal medida como para que tal triada se manifieste con una mayor probabilidad en el macho y por ello en caer en trastornos mentales, el suicidio y el alejamiento y abandono de lo social a través de los sin techo (vagabundos, por tradición en Europa).

A destacar que en las culturas más avanzadas se da un mayor desproporción entre hombres y mujer -de hasta cuatro hombres por cada una mujeres-, que puede ser una evidencia del sentido de inutilidad y ser prescindible del macho actual.

Lo analizado hasta ahora debería de ser lo bastante sólido como para que ya se sostuviese mi teoría. Pero me toca tratar de demostrar que bajo estas premisas su sentido de la vida es más exiguo y débil. Labor igualmente onerosa y compleja, pero más filosófica y factible.

En otros lados ya he dicho, y con la base de ciertas reglas de arriba, que uno de los conceptos base de la vida es el de identidad, entendida esta como una información que porta el ADN sobre un “mensaje” a transmitir a lo largo del tiempo. En tanto que algo externo era capaz de acabar con la vida, como otros microorganismos o más adelante los depredadores, la otredad era aquello que tenía la capacidad de acabar con la propia identidad. La otredad, así, es otro de esos conceptos pilares de la vida. Cuando la evolución llegó a la maternidad -se cree que por una transferencia horizontal de genes, que un retrovirus modificó el ADN de una primera madre mamífera-, la evolución se encontró con el problema de cómo “hospedar” un extraño, una otredad en una identidad preparada para rechazar la otredad. ¿cómo funciona esto? Si se deja -por accidente- un hilo quirúrgico dentro de la piel, el cuerpo lo irá sacando fuera del cuerpo. Lo mismo pasa con los piercing, lenta pero inexorablemente el cuerpo los hecha fuera de sí, dependiendo de la zona le es más fácil (la ceja) o imposible. Si se da el caso que algo que ha entrado en el cuerpo no puede ser expulsado por los “medios convencionales”, se creará una capa alrededor de tal cuerpo extraño para que no sea perjudicial. Para el caso es como meterle en una celda de aislamiento, donde esa celda es de nuevo algo exterior y ajeno al cuerpo. Esto lo hago ver en la dirección que maternidad no sólo quiere decir aceptar un extraño como no ajeno en el interior, sino que más adelante, cuando las crías nacían indefensas y bajo la necesidad de un cuidador, esa estructura de no-otredad física cambió el cerebro de esas madres, para tener ese mismo comportamiento de no-otredad en sus hijos. Tales estructuras, ni las físicas, ni las mentales, están implementadas de igual forma en los machos, donde para ellos todo es susceptible de ser exterioridad y por ello otredad. Sé que en ciertas especies -como la humana- se ha llegado a la paternidad, pero mientras que en la hembra ese concepto “nace” de algo muy físico u antiguo, en el hombre no es igual. Suele ser más fuerte el instinto de protección de las mujeres, y los hombres es más probable que abandonen o se alejen de sus hijos (faltan estadísticas para demostrar que es así, pero creo que es obvio). Este punto lo traigo a colación para de nuevo reforzar que una mujer porta sobre sí un sentido que la agarra más a la vida, que el hombre no parece tener. Tal “instinto” crea un tipo de cerebro más preparado para vivir y convivir en lo social, puesto que la evolución ha mitigado en ellas el concepto de otredad, lo que se les hace menos pesaroso y sí -quizás- necesario el estar rodeado de sus iguales, de otros seres humanos. Por estadísticas de mi caso, todas las mujeres con las que he convivido o conocido eran muy sociales, excepto una. Por norma general el hombre es más remiso de hacer vida social, de estar rodeado de gente, pues en este es más fuerte el sentido de otredad (tratar de hallar estadísticas sobre esto me parece un trabajo inútil, y no me gusta plantear ideas que no sean verificables, pero creo que el concepto de otredad y no-otredad – a partir del embarazo y la maternidad- es una buena base de mis argumentos).

Al contrario al argumento del anterior párrafo, el macho de casi todas las especies ha sido creado para competir contra otros machos por distintos medios. O sea, que en ellos no sólo la otredad es a nivel físico, sino de su comportamiento. En una gran cantidad de machos esa competición, además, es por medio de la lucha física. La línea de la que procede el humano sigue esa misma herencia genética. Esto se manifiesta en lo social y en la actualidad como que todo contacto social nunca está libre de estar mediado por la competitividad, lo que incrementa el concepto de otredad.

El punto tres: que haya una mayor probabilidad de matarse entre hombres, se hereda de la época en donde todo macho era un susceptible rival para otro macho. Hay varios refranes que hablan de ello “sólo puede haber un gallo en el gallinero”, “No puede haber dos tigres en una misma montaña”. En el desarrollo de los sexos, en la pubertad y la juventud casi todo hombre tiende querer sobresalir sobre el resto, y suelen darse muchas peleas entre adolescentes y jóvenes, en donde en algunos casos se llega al homicidio involuntario. Yo soy una persona de cero violencia, pero aun así toda mi vida me las he tenido que ver con peleas para defenderme, en cierta ocasión me quisieron agredir con una botella rota, pero tuve la ventaja de que el agresor estaba bastante borracho y lo controlé. Incluso a una edad de como a los treinta y ocho años me he visto metido en peleas, pues trabajaba en bares de noche donde juventud y copas de más era casi igual a peleas.

Con todo lo antedicho me remito a conceptos de escritos anteriores y en la dirección de no repetirme en exceso. El humano llegó a cierta estabilidad, en sus inicios, cuando se asentó a su posición de cazador-recolector, en donde pequeñas tribus acéfalas (sin mando) y sin demasiada estructura jerárquica. En ese largo proceso el macho tendió a la auto-domesticación, a tratar de mitigar su sentido de competitividad y otredad a través de la colaboración con el grupo. Pero no debió de ser un periodo tan largo como para que se terminaran de asentar tales conceptos en su ADN, puesto que cuando salió de África de nuevo se manifestaron los rasgos propios de su sexo. Es más, se puede llegar a la conclusión que ese otro estado pudo ser para el hombre como una camisa de fuerza, que en cuanto pudo se la quitó para sentirse de nuevo él mismo.

Pienso que ya tengo todas las bases necesarias para tratar de analizar la vida actual y el sentido de la vida, tal como está asentado en el cerebro profundo, pero primero tratemos de resolver problemas y peros que han ido saliendo a lo largo del escrito, y en la dirección de ir despejando la aparente complejidad del momento actual humano.

Cómo la homosexualidad explica ciertas cuestiones

~ Primera parte ~

Para definir que es blanco y qué negro, en un sistema binario y colores de impresión, diríamos que blanco es la ausencia de negro o tinta, y negro la ausencia de blanco: el resto de posibilidades son grises. El sexo binario o binarismo es la tendencia a asumir que todo es (o ha de ser) blanco o negro y que las otras posiciones son algún tipo de alteración o “anomalía” en dicho sistema. Es la posición que han mantenido casi todas las religiones establecidas durante la historia humana (de las que se excluyen las paganas). Igualmente para la ciencia es algo “anómalo”, no ya por motivos morales, sino por contradecir conceptos de base en las teorías evolutivas como la “utilidad” de los sexos con el único fin que es la procreación. Yo pareciera que caigo en el binarismo, pues defiendo un esencialismo, pero tal apreciación es errónea. Mi idea es que el binario macho/hembra son conceptos que maneja la evolución: dianas hacia a las que dirigir la sexualidad de las especies, pero todo en la evolución es complejidad, azarosidad y adaptación: dichos conceptos binarios se adaptan a cada ambiente (ecológico o social) y por ello en cada especie.

Por otro lado, como ya he dicho en otro escrito, la sexualidad implica que se creen diferencias entre los dos sexos que en cierto grado, aun perteneciendo a la misma especie, su relación está mediada por el conflicto. O sea, y si se quiere, las hembras peces ya portaban el feminismo, de alguna manera, y que habían salido “perdiendo” en el reparto de roles, y desde los inicios se creó una guerra entre los dos sexos a nivel génico y a nivel ambiental. El primero de ellos es sobre el que me quiero centrar, sobre todo para hacer ver que el humano con su conciencia no ve esa realidad ni la capta y que por ello el cerebro profundo sí sabe (sin saber que sabe) de esa lucha. Esto nos dice la Wikipedia sobre dichos entramados en los genes (entre paréntesis aclaraciones mías, para llevarlas a mi propio lenguaje):

El conflicto sexual interlocus es un tipo de conflicto sexual que ocurre a través de la interacción de un conjunto de alelos antagónicos en dos o más loci diferentes en hombres y mujeres, lo que resulta en la desviación de uno o ambos sexos de los valores óptimos de aptitud para los rasgos (los extremos binarios).
El conflicto sexual interlocus implica una carrera armamentista co-evolutiva entre los dos sexos en la que cualquiera de los dos sexos desarrolla un conjunto de adaptaciones antagónicas que son perjudiciales para la aptitud del otro sexo. El conflicto sexual interlocus puede ocurrir sobre aspectos de las interacciones macho-hembra, como la frecuencia de apareamiento, la fertilización, el esfuerzo relativo de los padres, el comportamiento de recuperación de la hembra y la tasa reproductiva femenina. Las vías evolutivas resultantes del conflicto sexual interlocus forman parte de la evolución de la competencia interlocus (la ambiental y física, y por ello la de los dimorfismos sexuales).

Entonces la pregunta a considerar, para volver al tema, sería: ¿le ha dado tiempo a la evolución para pensar y reconsiderar la homosexualidad? Y si fuera así: para qué. He leído decenas de cabeceras de estudios científicos (resúmenes), artículos en la Wikipedia, me ha tocado entender cómo funciona el sistema de determinación sexual, he llegado a la proteína de la región Y determinante del sexo (SRY) que la provee el macho en sus espermatozoides, así como algo de historia evolutiva de dicho gen (se ha de entender el haber minimizado mi “investigación”, pues de tratar de leer todo me llevaría meses, pero además para nada, pues no hay consenso). De esta manera al final uno se encuentra que hay multitud de teorías y falta de acuerdos. De forma general se acepta que es una estrategia evolutiva muy antigua que tiene unos mecanismos más o menos claros, y en teorías algo más respaldadas, si bien también se dice que en los últimos tiempos, por el estrés de las madres -y por los disruptores endocrinos (xenoestrógenos) en el ambiente y otros factores- se puede haber incrementado el número de casos. De cualquier forma unas y otras teorías coinciden que la homosexualidad tiene una función social, o dicho con un concepto más claro: utilidad. Así en algunos estudios han sugerido, que la homosexualidad es más “útil” entre las sociedades agrícolas, que las ancestrales comunidades de cazadores-recolectores. Pero expliquemos porqué puede ser útil.

Ciertas hormonas no tienen que ver tanto en su función individual como en lo grupal. El caso más claro es la testosterona, la cantidad total en un grupo no se reparte por igual, sino que el macho alfa tiene una alta carga y en ese proceso al resto de los machos le baja. La utilidad es doble: 1. dar unas mayores capacidades al alfa, como una mayor musculatura, sistema inmune, y capacidades mentales para ser resolutivo y tener una mente clara e intuitiva, y 2. bajar la cantidad en el resto, para que no cuestionen al alfa y simplemente le sigan en sus decisiones. Este sistema, que es hormonal, ha llevado al humano a las sociedades jerarquizadas, que han perfilado nuestra historia. Algo que me ha chocado desde el principio en estos estudios es que hablan más de la homosexualidad masculina que de la femenina. Al parecer es en lo que más ha “pensado” la evolución. Cuando el gen SRY, que lo introduce el padre en el espermatozoide en su gen Y, entra en juego se produce un efecto dominó para determinar el sexo masculino, su cerebro y su orientación sexual como hombre heterosexual, pero ya sea por cambios epigenéticos producidos por la madre, y otros determinantes como cuantos varones hermanos tenga, el no-nato, su orientación sexual y su cerebro pueden cambiar para que sea homosexual. Ahí es donde se dan multitud de opiniones de los posibles porqués. La teoría más respaldada es que un mayor nivel de progesterona (hormona principalmente femenina, que incluso se “sospecha” que inhibe el deseo sexual en la mujeres) hace a esa persona más sociable, más empática o con una mayor capacidad para no sentir a otro “macho” como otredad. Una teoría de la psicología evolutiva, sobre cuando hay muchos varones de una misma madre, es que en primer lugar tenga la “utilidad” de que no compitan entre sí, y en segundo lugar para que tengan una mayor predisposición a ayudar a sus hermanas a la crianza de sus hijos (teoría del tío gay). De una u otra forma lo que se deduce es que la evolución es esencialista y “sabe” que macho es igual a otredad e individualismo, y hembra igual a sociabilidad y empatía. La homosexualidad masculina está dirigida hacia fines sociales (útiles) y en la dirección de contrarrestar los rasgos más “cuestionables” del macho, como la otredad y por ello la tendencia a la ira y la agresividad, y su fuerte tendencia al individualismo, por falta de empatía. Así en un estudio llevado a cabo por Colin S. Dewar nos dice que los homosexuales masculinos tienen rasgos como “una mayor empatía, habilidades motoras finas y control de impulsos”. ¿Habilidades motoras finas?, eso me recuerda el tópico entre hombres y mujeres de “vale más maña que fuerza”, que de nuevo conlleva esencialismo, y por último nos hace ver que una de las “habilidades” de los homosexuales es el control de los impulsos, que es uno de mis referentes de un posible porqué el macho se tuvo que especializar en las capacidades del prefrontal izquierdo: por sus capacidades inhibitorias de los impulsos. Con todo el humano nunca ha llegado a una posición lo suficientemente estable como para descartar lo “macho”, pues de igual forma se ha de mantener la procreación. Así se sugiere que el impacto de la homosexualidad ha de ser liviana a nivel evolutivo, pues sobre el 96% de la población es heterosexual.

Con todo ni este planteamiento es blanco y negro. No hace falta que un “macho” llegue a ser homosexual para que tenga esos rasgos más “femeninos”. La auto-domesticación ha de entenderse bajo la teoría de que ciertos rasgos de la esencia del macho se tenían que suavizar para mantener la cohesión de los grupos tribales, para el bien y la tranquilidad de dichas sociedades. Pienso que la evolución aún sigue probando cuál puede ser la “mezcla” perfecta y que si no la haya es porque la vida social humana no se mantiene nunca el suficiente tiempo estable -por su guerras y crisis ambientales- como para que llegue a una “conclusión”. En un mundo belicoso sigue siendo necesario los rasgos del macho. Igual para un mundo o una sociedades que de repente entran en crisis profundas y emerge el “sálvese el que pueda”. En esos casos la “fuerza” y la falta de empatía suele ser lo “necesario” y lo que sobrevive.

Lo que me interesa hacer ver sobre todas estas consideraciones es que las esencias (arquetipos) existen y que la homosexualidad es una prueba, porque la evolución hace uso de ellas para mitigar el esencialismo del dualismo, el binarismo. En la actualidad, en las culturas occidentales del primer mundo, nuestras vidas son tan estables, hemos creado un tipo de sociedad tan alejada de la agresividad, que creemos que los arquetipos macho/hembra no existen y no tienen sentido o son “aplicables” (como así lo hacen ver ciertas teorías de género -Queer-, que tienden a comportarse como ideologías al ignorar lo que pueda decir la ciencia -nuevo “hippysmo” y más propio de cierta edad algo inocente-), y es cierto que de alguna manera, ya sea por cambios epigenéticos o evolutivos, sin olvidar el papel de lo social y la educación, los hombres tienden a ser más empáticos y con un mayor control de los impulsos. Los caninos del hombre son más cortos con respecto el resto de simios o monos, pues parte de su función era la lucha entre los machos. Pero hay que recordar que esta situación sólo es un estado temporal que no define al ser humano y su esencia (su condición). Para el caso es como una posición a la que llega el termostato de un aire acondicionado y dado que se mantiene la temperatura externa de manera estable. Pero cambia las situación, cambia dicha estabilidad, y la evolución y los cambios epigenéticos y genéticos “retomarán” los rasgos más extremos del macho, porque sea necesario su tendencia a la agresividad y la lucha.

No he ignorado adrede la homosexualidad femenina, yo he buscado homosexualidad de forma genérica, pero casi todos los estudios están orientados a la masculina y no es por sexismo, sino porque la del hombre parece tener unos porqués evolutivos y el cómo está dispuesto el sistema de determinación sexual, como nos hace ver Sven Bocklandt  (bocklandt2005): “La preferencia sexual humana abstracta es un rasgo sexualmente dismórfico con un componente genético sustancial”. También sale a colación en diferencias cerebrales como el llamado “núcleo sexualmente dimórfico”, que forma parte del deseo o impulso sexual, en donde el tamaño en los hombres homosexuales es intermedio entre el del hombre, más grande, y la mujer, (no lo dice la ciencia pero puede ser claro que dicho tamaño y tal impulso hace más proclive al hombre a la búsqueda de sexo -y por ello se den casos de violadores-, es menor en el homosexual pasivo, y es más pequeño en la mujer -lo que he leído es ambiguo con respecto a tratar de discernir si la mujer homosexual activa tiene un tamaño intermedio, o es de un tamaño igual al de las heterosexuales-; si se tienen en cuenta unas y otras cuestiones expuestas en este escrito se entenderá aquello de: “es que los hombres sólo piensan en sexo” y que no es tan susceptible de ser un simple estereotipo). Por otro lado, igualmente en el cerebro, el núcleo supraquiasmático es mayor en los homosexuales que en hombres y mujeres heterosexuales. Tal núcleo controla los ritmos circadianos y regula la suelta de péptidos como la vasopresina, que induce a una menor agresividad (quizás sea mayor por compensar algo que en la mujer es dado de forma natural y más general en todo su cerebro). Otro dato a tener en cuenta es que se dan más casos de homosexualidad masculina que femenina, en donde además parte de ese bajo porcentaje son bisexuales, bisexualidad que es más baja entre los hombres homosexuales.

Por otro lado distintos estudios dicen que la orientación homosexual femenina tiene una mayor incidencia debido a factores ambientales, incluyendo en este rango las hormonas durante el embarazo. Un dato curioso es que las lesbianas tienen dañado el sistema de inhibición previa al pulso (prepulso, ya analizado en otro escrito), lo que les hace más proclives al sobresalto. Tal indicio puede indicar que la homosexualidad femenina -no la orientación sexual- en parte puede venir dada por un cambio durante el embarazo, donde la madre pasó por alguna situación traumática que provocó una elevación de testosterona en sangre o creó algún tipo de cambio epigenético. La cuestión a tener en cuenta para entender estas premisas sería entender que la sociabilidad del macho pasaba por hacer que este perdiese agresividad y controlase sus impulsos básicos, y de ser así: si se “crea” la homosexualidad masculina para suavizar lo más extremo del macho, ¿porqué por otro lado crear una mujer masculinizada?, es como echar mucha sal y después tratar de contrarrestar la salinidad con azúcar, para al final percatarse que está muy dulce y volver a echar más sal. Aun así ha de tener sus porqués evolutivos, aunque sólo sea por selección sexual. En un ejemplo claro los pueblos del norte de Europa, como los vikingos y dada las dificultades de su ecosistema, debieron de tender a escoger mujeres más aguerridas, independientemente que “la regla de Bergmann establezca que la masa corporal aumenta con el clima más frío, como en el alce sueco” y por ello el tamaño de las mujeres del norte de Europa sea mayor que con respecto a las zonas más cálidas (la situación actual ya no es tan clara, pues aquellas diferencias que se crearon cuando los humanos se aislaron en distintas zonas, durante unos treinta mil años, se han ido suavizando por el cruce de humanos a lo largo de la historia. Este distingo se entiende si se tiene en cuenta lo distintos que son del resto de humanos los aborígenes australianos y neozelandeses, los últimos en ser “descubiertos” y que menos se han cruzado con el resto de humanos.)

Como teoría curiosa transcribo una de ellas, por asemejarse a una (posible) tendencia a la eusocialidad (reina hembra con “hijas” y unos pocos zánganos para la reproducción), donde las hembras tratan de dominar teniendo mucha descendencia y una mayor tasa de homosexualidad:

En 2004, investigadores italianos realizaron un estudio de aproximadamente 4,600 personas que eran parientes de 98 hombres homosexuales y 100 heterosexuales. Las parientes femeninas de los hombres homosexuales tendían a tener más descendencia que las de los hombres heterosexuales. Las parientes femeninas de los hombres homosexuales del lado de su madre tendían a tener más descendencia que las del lado del padre. Los investigadores concluyeron que se estaba transmitiendo material genético en el cromosoma X que promueve la fertilidad en la madre y la homosexualidad en su descendencia masculina. Las conexiones descubiertas explicarían aproximadamente el 20% de los casos estudiados, lo que indica que este es un factor genético altamente significativo pero no el único que determina la orientación sexual.

Esta teoría está abarcada bajo otra que dice que la mujer o una línea génica de mujeres, (su genética, cero conciencia) tiene el “control” sobre la inactivación o no de uno de sus cromosomas X, que en su inactivación facilitaría la inclusión del cromosoma Y para dar como resultado un hombre heterosexual, frente a una segunda “opción” (no aleatoria) en donde su no inactivación puede dar como resultado (en un porcentaje mayor que la media) un varón homosexual (no sé si he comprendido cuándo está o no activo, pues el extracto de la Wikipedia es ambiguo -y no sé si están haciendo uso de una doble negación: apagado de estar apagado-, pero el mensaje final queda intacto por las conclusiones):

Un estudio sugiere un vínculo entre la composición genética de una madre y la homosexualidad de sus hijos. Las mujeres tienen dos cromosomas X, uno de los cuales está “apagado”. La inactivación del cromosoma X ocurre aleatoriamente en todo el embrión, lo que da como resultado células que son mosaicas con respecto a qué cromosoma está activo. Sin embargo, en algunos casos, parece que esta desconexión puede ocurrir de manera no aleatoria. Bocklandt y col. (2006) informaron que, en madres de hombres homosexuales, el número de mujeres con sesgo extremo de inactivación del cromosoma X es significativamente mayor que en madres sin hijos homosexuales. El 13% de las madres con un hijo homosexual y el 23% de las madres con dos hijos homosexuales mostraron una inclinación extrema, en comparación con el 4% de las madres sin hijos homosexuales.”

~ Segunda parte ~

El Big Data Como Conciencia

Este es el mundo de hoy: nadie pide nada, pero luego es demasiado tarde.”
La información ya no existe.” Dobles vidas
No somos absolutamente libres porque siempre estamos arraigados en nuestras relaciones con el mundo y con otros agentes libres.” Christine Daigle y Christinia Landry parafraseando a Sartre


Este escrito son sólo apuntes. Las ideas generales habría que desarrollarlas más.

La conciencia humana se puede describir bajo una gran multitud de paradigmas (visiones). De forma escueta se puede decir que es una centralización de la cognición, un proceso por el cual algo relevante es llevado desde el cerebro de fondo, o modo automático de trabajar, a un espacio en donde la atención se centra sobre dicho tema para ser analizado de forma más precisa. Los procesos subconscientes son como todos los exámenes de una clase, y la conciencia es cuando el profesor revisa cada uno de los trabajos. Revisar es volver a ver con más atención, detenimiento y cuidado.

En mis escritos he ido llegando a la -provisional- conclusión de que en lo social no puede darse la conciencia. El Estado no lo es porque siguen siendo varias conciencias independientes, que aunque se sienten alrededor de una mesa siguen siendo individualidades, y lo que se ponga sobre ella no llega a ser analizado desde una mente, tan sólo consensuado. Bajo estas premisas mis primeras conclusiones eran que lo que emerge como un todo en lo social, es lo inconsciente -o subconsciente-; esto es: lo que se manifiesta en una región ciudad o país (cultura) como la suma promediada de todas las mentes. La única posibilidad de conciencia sería una Inteligencia Artificial. Pero estos días he estado pensando sobre esto y me he dado cuenta que el Big Data y los algoritmos ya están funcionando como “conciencia” del sistema; aunque de momento todo está descentralizado. Los algoritmos recogen información en bruto y la procesan (revisan) buscando patrones por medio de los cuales sacar conclusiones de cómo es el sistema (el ser humano y este en sociedad). La conciencia, cuando toma el control del cerebro, lo hace bajo cierta premisa: con un por qué, un cómo y un para qué. Lo que analiza queda “contaminado”, alterado, por dichas premisas. De igual forma el Big Data y los algoritmos tienen las mismas premisas, que en la mayoría de los casos es la productividad y las ganancias.

Pero no se salva la paradoja de que el Big Data no lee lo “deseable” o las posibles tendencias del prefrontal o conciencia de los humanos, sino que analiza sobre todo lo inconsciente. Con un caso se entiende lo que quiero decir. Los algoritmos que trabajan en los sitios porno se basan en estadísticas de visualización, pero ¿qué se ve por término medio? El deseo sexual humano se está saturando. Si hace cincuenta años excitaba un simple escote o una minifalda, hoy ya no lo hace. En esa saturación el porno ha ido hacia el “Hardcore”. Cuando este se vuelve rutinario se exploran aún más los límites. Las compañías del porno han funcionado bajo esta regla: hacen lo que se vende, lo que se demanda. Como resultado los algoritmos “creen” que eso es lo que quiere o es el ser humano. Todos y cada uno hemos hecho “creer” a dichos algoritmos que esas escenas definen la sexualidad humana (o la del macho). No han “leído” el cómo es deseable un acto sexual -promedio- de un humano con otro humano al que ama, ha leído lo más recóndito de los instintos. Unos y otros algoritmos no leen la realidad, sino en muchos casos las fantasías más irreales (o grotescas a estas alturas). No la casa que uno puede tener dada su condición económica, sino la más exuberante, grande y deseable. Lo mismo para un viaje, una noche de fiesta (recordar las películas de fiestas desmadradas -¿será esto un micromachismo?- que se han vuelto tan populares), etc.

Ahora imaginar lo contrario. Que cada uno siendo consciente del papel que hace sobre lo que ha de ser el humano, no buscase en Internet lo “exagerado” y “extralimitado”, sino lo que uno tendría que pensar como razonable. Los algoritmos se “reacondicionarían” a esta nueva manera de ver el mundo. Cuando uno buscase tendría que ser consciente de dos cosas: qué imagen queremos que tenga el Big Data sobre el humano y qué imagen queremos que vean nuestros hijos y nietos sobre nuestra generación. Quizás no esté diciendo nada nuevo, la cultura siempre ha sido esa suma de una época y sociedad que heredan los hijos. Hace de alguna forma de conciencia, pero no es igual al Big Data, pues este es constante presente, mientras la cultura es el poso que queda después de unos años o décadas: es lo remanente de un pasado.

¿No se parece la posición de preparación a la cópula en los mamíferos?

Límites de tales planteamientos. La mayoría del tiempo el humano se mueve en sociedad como un autómata, más ligado a lo instintivo y la memoria implícita, que de manera consciente y con la memoria explícita. La “conciencia” actual del Big Data, para lo que está programado, es para la productividad y la ganancia. Las premisas están mal. Todo Internet está bajo esta premisa aunque tal “verdad” parezca ser invisible. Todo lo que cualquier persona haga en Internet está reportando dinero a los creadores de contenidos y a las compañías basadas en el Big Data, luego nuestra simple interacción en Internet genera un dinero del que uno mismo no recibe nada material a cambio. En esa doble dirección uno desea “recibir” algo físico también, lo que hace que tal sea la premisa -esa es la tendencia- de fondo de Internet: que todo tiene que implicar alguna ganancia.

Siendo así, y si alguna vez se centralizasen todas las “conclusiones” a las que van llegando “los” Big Data, en una Inteligencia Artificial, y se le preguntase a esta sobre nuestra naturaleza, sobre cuál es la condición humana, quedaríamos mal parados con su forma de “mirarnos”. Quedaríamos fotografiados por todo lo más perverso y bajo del ser humano. Lo promediado sería lo mezquino, el odio, la ira, el egoísmo, el narcisismo, el deseo sexual más instintivo, la trampa, el engaño, la mentira, la estupidez, lo zafio…


Otro tema al que he dado vueltas muchas veces y está ligado de fondo al anterior. En cierto escrito (de hace diez años) decía que la sociedad era como la base giratoria de un molino, en donde en su giro y en su centro se ejercen fuerzas centrípetas (tiene cierta inclinación para que el grano caiga), y en la parte más externa fuerzas centrífugas, si se diese el caso que la rueda girase a mucha velocidad. Mas recientemente dije que yo sentía en verano algo así como ser “tragado” o succionado al ojo de un huracán. Por aquel entonces ya pensé en la posibilidad de si la típica campana de Gauss, de lo promediado estadísticamente, en realidad sólo es la forma bidimensional de una espiral logarítmica. La parte más alta de la campana es el ojo de la tormenta, donde se generan fuerzas centrípetas, mientras que en la parte más externa se pronuncian las fuerzas centrífugas. Cuanto más aguda sea una campana más fuerzas centrípetas se ejercen, momento en el cual, cual vórtice que se colapsa sobre sí, dicha fuerza energética se vuelve caótica al perder la uniformidad y su estructura. Una campana de Gauss baja se mantiene más estable.

La sociedad se ve succionada al centro de la campana, o de la tormenta, más a mayor crisis, como si estas fueran las energías que alimentaran la tormenta. Pensemos en la siguiente situación: uno se encuentra en una entidad bancaria y de repente entran unos asaltantes. En situaciones de rehenes la gente tiende a paralizarse, a “no mover un dedo” para no llamar la atención de los asaltantes. Todas las personas en ese medio tienden más a mimetizarse, a igualarse. Debe de haber una primitiva que revele aquello de “clavo que sobresale será martillado“. Cuando tenemos miedo tendemos a taparnos la boca con la mano, para que no se nos escape ningún sonido. Seguramente tenga el origen de permanecer en silencio y sin moverse ante la presencia de los depredadores. Lo que quiero hacer ver es que las personas tendemos a mimetizarnos más de la media en situaciones de peligro, y que seguramente ese sea nuestro proceder durante las crisis. Tampoco hay que ignorar que el que se “mueva fuera” del grupo será el posible chivo expiatorio.

Uniendo puntos con otros escritos, los bancos de peces cierran su agrupamiento cuanto más rodeados se encuentren, con lo que se da una situación similar de fuerzas hacia el centro y posibilidades de ser despedido fuera del grupo cuanto más en la parte externa se esté. Lo que trato de hacer ver es que tanto en los sistemas físicos, como en los vivos, se siguen ciertas reglas de los sistemas dinámicos. La espiral logarítmica se da de igual forma en una galaxia, en una tormenta, como en un banco de peces. En lo humano la campana de Gauss seguramente sea la forma bidimensional de un espiral logarítmica. Las fuerzas son mayores cuanto más se esté en el centro, y a la vez cuanta más masa haya en dicho centro más energía habrá de succión hacia él. Las personas liminales, ya sea porque no tienen la fuerza o la convicción de seguir o dejarse llevar por esas fuerzas, son expelidas hacia las partes más externas. A mayor exterioridad, mayor posibilidad de ser el clavo a ser golpeado o chivo expiatorio.

Por si no se ha entendido del todo, cuanto más se tienda a emular a la masa en tiempos de crisis, más miedo se tiene. O dicho bajo otra perspectiva: se emula y se genera mayor miedo en el sistema, que por retroalimentación genera más tendencia a emular.

La nueva película del “Joker” tiene ese trasfondo (no creo hacer spoiler, pues se deduce desde el principio que esa persona no es el Joker, y que la película va sobre ese cambio al Joker que conocemos). Un individuo mimetizado en el miedo generalizado que al final se cansa de tener miedo. Toda la clase trabajadora, en alguna medida, somos el Joker. Se tiene el temor que la película se vuelva mimética o cree alteraciones del orden. No creo que sea así. Las dos fuerzas en juego son la ira y el miedo, y de momento gana el miedo.

Nada más. Que cada uno a su gusto sume las dos partes del escrito y saque sus propias conclusiones.

Señalar y Suponer – La Desintegración de la Comunicación-

El concepto mismo de la verdad objetiva se está desvaneciendo del mundo”, George Orwell.
Por lo tanto, la significación es anterior a la suposición. Tampoco pertenecen a la misma cosa. Porque significar pertenece a un enunciado, pero suponer ya pertenece a un término, por así decirlo, ya elaborado a partir de un enunciado y un significado”, Pedro de España.
La suposición simple ocurre cuando un término supone una intención del alma, pero no se toma de manera significativa”, Ockham.
Describir el universo únicamente mediante palabras sería como describir una sinfonía de Beethoven como una variación en la presión de una onda auditiva”, Einstein.
Es fácil engañar a la gente cuando ya se está engañando a sí misma”, Spider-Man: Far from Home.
Ninguna idea es simple cuando necesitas plantarla en la mente de otra persona”, Inception.


Este escrito lo voy a conducir sin manos, a ver dónde me lleva.

Ayer al ampliar mi gráfica de la condición y el cerebro humano añadí el concepto “creer” en la parte de la razón, del mentalés, de las propiedades del prefrontal y más concretamente el hemisferio izquierdo. Lo añadí a Twitter y quise explicar que creer en esa zona es distinto a fe, mientras que en el lenguaje común creencia y fe son sinónimas. Para hacer ver la distinción, mi cerebro (en background) buscó un sinónimo y puse que es más bien parecido a suponer. A la vez había leído un artículo sobre señalar con el dedo en animales. Puse un pequeño añadido en el escrito anterior sobre el concepto señalar, pues era muy significante lo que había tras él. Amplié información de ambos conceptos. Esto es lo que desarrollado de mis lecturas (y/o se ha unido en mi cerebro por sí solo).

Detalle de la gráfica. La distribución normalizada agrupa a los humanos en lo emocional/social.

Significado proviene de signo y este de señal, pero que si recurrimos al proceso evolutivo proviene de señalar algo con un dedo. Llevándolo más lejos, la palabra “sentido”, sinónima de significado, igualmente ha de provenir de señalar. Cuando un cerebro (persona) señala algo, no hay duda qué quiere señalar y qué intención tiene al señalar el objeto. Por ejemplo, si un humano de la prehistoria viese una serpiente sobre una rama y un compañero estuviese cerca, haría un sonido gutural de peligro y señalaría a la serpiente. El significado -cargado con una intención significativa- en su cerebro profundo es unívoco, e igualmente lo sería para su compañero en cuanto girase su cabeza para mirar a qué señalaba su amigo. Detengámonos en el cerebro del receptor del mensaje. En un primer proceso, o en el cerebro profundo, se crearán las “órdenes” o disposiciones para girar la cabeza lo más adecuadamente posible en la dirección a lo que el dedo señala, pero los procesos en el cerebro son lo suficientemente rápidos para que lleguen al prefrontal y este trate de “buscar” su propio “significado”. O sea, el prefrontal crea suposiciones de lo que esté tratando de comunicar la otra persona.

Así vemos tres posiciones de tal acto. 1. la claridad prístina del locutor (emisor del mensaje) que es el cerebro profundo del que ve la serpiente cerca del rostro de su amigo. 2. la necesidad de comunicar ese hecho con un medio: sonido gutural y señalización con el dedo. 3. el receptor trata de decodificar el mensaje, que en un primer momento se divide en dos subprocesos: 3a. hay algún peligro en una dirección concreta -esto lo capta su cerebro profundo-, 3b. el prefrontal trata de avanzar el proceso conjeturando, suponiendo, 3b1. qué señala y 3b2. cuál es la dirección exacta de la señalización. En el lenguaje moderno el punto 1 es el referente en Peirce, significante en Lacan, significado en Saussure (perro como animal real), el punto 2 es el signo o significante en Saussure (la palabra perro). El humano en el punto 3 conoce los signos, pero en un primer momento no sabe el significado/significante “real”, si bien su cerebro profundo “sabe” por el uso de los signos que hay un peligro en cierta dirección. En ese sentido los dos cerebros profundos se han comprendido por la claridad unívoca del lenguaje de los signos, provenientes de la carga intencional y reductora de los signos. Lo unívoco es la emoción, que en definitiva son las que son universales, como el miedo. El sonido gutural anuncia un peligro, le “dice” al receptor: “ten miedo”; mientras que el dedo que señala no es emocional y sólo un signo ambiguo (pues en otro caso anunciará un fruto en un árbol). En cuanto el receptor ve la serpiente, su cerebro “comprende” a qué tiene que temer, y “entiende” en qué dirección señalaba. Lo que trato de hacer ver, de fondo, es que señalar, y por ello después cualquier signo, como lo es una palabra, no suelen ser unívocas, excepto -quizás- por el cerebro profundo del emisor, y en donde es necesario el aprendizaje. Así si escribo “apropiado”, sin un contexto, y al igual que ocurre con señalar, sólo es un signo ambiguo (homógrafo), pues puede querer decir o ser sinónimo de: 1. adecuado, o 2. objeto con el que uno se hace y que no era suyo. El cerebro profundo tiene que “leer”, así, el contexto, el signo o la señalización, ignorando o rechazando, lo no adecuado dentro de cada situación. En este proceso no siempre “funciona” como decodificador la cognición implícita, puesto que todos los cerebros son distintos y tienen su propio “lenguaje”, y en ese caso es necesario usar las capacidades analíticas del prefrontal, cuyo pre-requisito o esencia es la duda y la suposición. Fijarse que incluso si dijera: “lo que has dicho no es apropiado”, sigue siendo ambiguo, puesto que he querido decir: “lo que has dicho es muy original”, propio, no apropiado. Casi todo el proceso de decodificación lo hace la cognición implícita, y bajo mi punto de vista si el papel del prefrontal es necesario, es que se ha producido una “interferencia” (ruido), una situación donde el hilo de la información se pierde. Igualmente sostengo que toda xenofobia u sensación de otredad vienen dadas por una constante interferencia -falta de comprensión, haciendo llamada al entendimiento- que un otro nos produce a nivel del cerebro profundo. Esto se entiende mejor teniendo en cuenta que, bajo mi punto de vista, todo mensaje tiene una identidad interna, en tanto que información de una realidad, que se trata de “comunicar” -o crear una reacción- con la cognición implícita del receptor; en busca de analizar o crear una comunión a nivel profundo (conectar, se dice ahora, “bailar” al mismo ritmo la misma canción de vida), de que tanto receptor como emisor hablan un mismo “lenguaje” y por ello son de la misma identidad. Cultura, así y en esta metáfora y simplificación, es la “canción” que un país “baila” a un mismo ritmo sincronizado. Bajo estos supuestos casi toda comunicación trata de crear una conexión a modo de un “tu y yo” (o su plural) donde tal dualidad implica una identidad, y donde ya sea de forma implícita o explícita habrá un él o ellos, fuera de dicha realidad e identidad, a modo de referencia o negación de lo que no es un nosotros o como pertenecientes a dicha identidad. Teniendo en cuenta todo lo dicho, y puesto que somos seres sociales, se entenderá que toda comunicación se trate de hacer con un lenguaje lo más común y coloquial posible, para de esa forma crear sentido grupal o de pertenencia al grupo. Lo viral, tendencias, influencias, convenciones y los memes “funcionan” por dichas premisas. En definitiva, tratamos de nadar al compás del banco de peces al que pertenecemos o queremos pertenecer. (Que cada uno, a modo de ejercicio cognitivo, analice el feminismo -o cualquier otro movimiento o ideología- bajo estas premisas: el feminismo crea -a modo de incentivo perverso- un “ellos” que son los hombres. Toda creación de una identidad implica unos referentes u otredad, y toda identidad implica una definición…, que a la vez puede implicar una ideología que aplique un ajuste y “uso correcto” apropiado de dicho concepto de identidad. Si no es de manera explícita y programada, sí lo será de forma implícita, inconsciente y simbólica a nivel del cerebro profundo. Esto se entiende si se tiene en cuenta que no todo humano occidental se siente parte del etnocentrismo, pero tal concepto existe y es aplicable a todo occidental por parte de un no-occidental, en donde tal identidad se referencia por la partícula de negación de tal concepto.) Esto se nos dice en el artículo sobre el campo deíctico -posición en el mundo del locutor: el yo- en la Wikipedia:

El centro deíctico, a veces llamado “origo” o punto cero, representa la fuente de origen en relación con la cual las expresiones deícticas adquieren su significado dependiente del contexto. A menudo, el centro deíctico es el hablante: por lo tanto, cualquier señal de “yo” en el discurso del hablante debe referirse de nuevo al hablante como centro; asimismo, la palabra “usted” debe proyectarse hacia afuera desde este centro hacia el destinatario. Cualquier participante que no forme parte de este canal comunicativo será referido en tercera persona. La teoría de la deixis es, por lo tanto, egocéntrica en que el anclaje indexical de las expresiones deícticas es una función de este punto cero de subjetividad. El centro “YO” sirve como el punto de vista perceptivo que examina las relaciones entre entidades y eventos contextuales relevantes. Tal centro, por lo tanto, determina qué expresiones deícticas tienen licencia pragmática por un contexto que se ha delimitado naturalmente a través de este locus perceptivo y evaluativo. Por lo tanto, la idoneidad de un “esto” proximal sobre un “que” distal está determinada por la proximidad de un objeto o una ubicación en relación con el punto cero deíctico.”

Vemos por lo dicho arriba que el nacimiento del lenguaje tenía una triple carga, con un “peso” distinto de cada uno de sus componentes, pero a la vez vemos que nació bajo el signo de ser conciso y claro, en situaciones que requerían comunicar hechos que para todos eran comunes, a partir de emociones que todos sentían y compartían, como el miedo, la alegría, la ira, etc. No sé si primero fue el sonido gutural o si primero fue la expresión de miedo. Hay pocos rostros tan plásticos como lo es el del ser humano, tan dúctiles y multifacéticos a la hora de expresar. En un ciervo no parece haber signos de “ira” cuando lucha contra otro macho, presuponemos una emoción similar por sus acciones. Bajo esta apreciación es de suponer que primero fue lo gutural, y que la expresión vino más tarde, cuando perdiésemos el vello facial, como para tener una mayor claridad y posibilidades de gesticular. O sea, que es posible que el rostro de miedo fuera un signo más rápido de comunicar que el sonido gutural, y en donde tenía la ventaja de no delatar la posición a un depredador, y la evolución tendió en esa dirección más ventajosa y rápida. La tripe carga es: 1. la intención del cerebro profundo, que su peso se volvió liviano cuando tales signos se expresaban en el rostro (con el miedo, por ejemplo). 2. un signo ambiguo, como es señalar -puede ser complejo saber qué señala un dedo desde una perspectiva distinta del señalador-, 3. un significante: lo que el dedo señala, que sólo sabe qué señala el que hace uso de tal signo. Tememos así que el significante se divide en dos significados: 1. una posible carga emocional/intencional universal: miedo y 2. qué es en concreto lo que produce dicha emoción. Emerge así un doble problema en el lenguaje, en la comunicación: 1. que emisor y receptor tienen que tener el mismo lenguaje intencional/emocional, y 2a. que el receptor tiene que decodificar la intención del receptor, y 2b que tiene que decodificar los signos. Como todo humano es a la vez emisor y receptor en distintos tiempos, el punto 2 es igualmente un problema que se da en el propio cerebro del emisor, mientras que el punto 1 puede serlo o no serlo. Este último punto se entiende mejor en un ejemplo: un niño puede ver una culebra y poner el rostro de miedo, pero un adulto no comparte esta intención/emoción pues sabe que es inofensiva: no se manifiesta en su rostro el miedo, pues su cerebro profundo ya sabe distinguir entre una culebra y una serpiente.

Vemos que la cuestión se va complicando, que el aprendizaje repercute en el cerebro profundo. Hay que recordar que el primer modo de aprendizaje -y el más antiguo- es el motriz, la memoria implícita. Esto implica a la vez el proceso relatado en el párrafo anterior de no asustarse ante una culebra, que en definitiva es memoria motriz: no retroceder, no soltar cortisol, no mostrar rostro de miedo. También hay que traer a colación aquí cómo se construye un miedo. Es de abajo hacia arriba, desde las capas profundas del cerebro a la corteza cerebral, como así lo es la corteza prefrontal. En la prehistoria y durante la evolución y por ello en la actualidad construimos emociones de arriba hacia abajo. Una persona con aracnofobia el sólo nombre de araña, sin ninguna imagen, ya le crea la emoción de miedo (de arriba, hacia abajo). Para cualquier persona tal tipo de “construcción” -de fobia- es “errónea”, y si al parecer lo tenemos tan claro… ¿por qué la evolución nos llevó a este estado actual con tantos “errores”?, y abriendo nuevos frentes argumentativos y volviendo al tema de la herencia dual humana (social y evolutiva), tal proceso… ¿fue evolutivo o social?, y si es social: ¿proviene del estado primitivo o es una condición nueva -moderna-?

Uno de mis paradigmas es que no existe libertad, que sólo existe complejidad. El humano primitivo “construyó” las expresiones emocionales universales y no eran ambiguas o interpretables, pero tales emociones hoy en día sólo son unos ingredientes -especias- que se han añadido dentro de una comida con multitud de ingredientes. Cada humano prepara dicha comida bajo sus gustos y criterios, con sus propios trucos o secretos, que un otro tiene que tratar de adivinar o suponer bajo los conocimientos que tenga sobre los ingredientes que pueda haber usado. En mis escritos se pueden deducir ira, miedo, frustración, etc., pero quizás sea sólo que cada cual me esté midiendo bajo sus propias iras, miedos y frustraciones. La totalidad que soy -como cualquier otra individualidad- es irreductible. “He hecho” el “plato” que soy por la suma de ingredientes que me componen que ya no hay que “saborearlo” por sus partes, sino por su todo. El pisto, una comida de origen extremeño, son casi exclusivamente tres ingredientes: cebolla, tomate y pimientos -más aceite y sal-, pero la “reacción química” de lo que es el pisto se debe en qué momento se echa cada ingrediente a la sartén: cambia los tiempos y no se crearán las reacciones adecuadas para que sea “pisto pisto” (ideal, su esencia). Todo humano, y siguiendo la misma analogía, es unos componentes “cocinados” o echados en la sartén a distintos tiempos: 1. heredado genéticamente, 2. los años claves de la infancia, que crean improntas (primera experiencia buena o traumática sobre cualquier cosa), 3. la adolescencia y la juventud que terminan de romper el cordón umbilical -de la identidad- con los ancestros y 4. el largo proceso de “madurar” una identidad propia. Si en la infancia no se tienen traumas, los daños en la adultez no suelen crear traumas; si hubiera traumas previos, estos se agrandan o se pronuncian más. O sea, no es lo mismo curar una herida, que curar una herida donde ya hubiera tejido cicatricial. Igualmente no es lo mismo un trauma en un cerebro con un tipo de genética que otro distinto con ciertas predisposiciones como para que tal trauma se quede más prefijado. Un niño -tipología 1-que nace con cierta genética que le predispone a ser más sensible al daño, y que tiene traumas en la niñez y que en su madurez sigue en tipo de vida negativo, no puede ser analizado por una persona -tipología 2- con una buena genética, sin traumas y una vida muy resuelta. Las dos personas tienen un “sabor distinto”, raramente se podrán comunicar, comprender o entender. Por lo general las personas adineradas tienen las ventajas de la segunda posición, mientras que los menos pudientes tienen más predisposiciones para tener uno, varios o todos los factores del primer tipo. Bajo esta rúbrica la primera tipología es de un “perdedor” para los de las segunda tipología. ¿Es justo este análisis?, ¿es justo que exista esa distancia que se ha ido pronunciando a lo largo de la historia? Suena a darwinismo social, ya sé los dilemas y problemas de sostener tal idea reduccionista, pero si es “aplicable” tal visión, algo tiene que haber tras ello.

Vuelvo arriba, a tratar de seguir el rastro de la comunicación.

Pongamos el caso que un niño quiere algo que está viendo, y de repente la madre le cambia de lugar y le queda oculto. El niño en ese caso trata de señalar esa cosa que está detrás de otra. La madre mira lo que señala el niño y no comprende por qué señala una mochila puesta sobre la mesa, pues la intención/emoción del niño es que en realidad quiere un dulce, que ahora ha quedado oculto por la mochila. En ese caso el significado -a lo que señala el niño- ha quedado ofuscado, ocultado para el receptor. Se deduce así que un segundo proceso evolutivo fue el tratar de hallar lo oculto tras lo comunicado. La desambiguación del significado de los signos. Si volvemos al ejemplo de la madre y el niño, la cuidadora no sabe el significado del signo, y puesto que si señala a la mochila y se la ofrece al niño este se enfada o refunfuña, la madre se da cuenta que esa no es la intención del niño al señalar. A esto se llama leer la mente de los otros o teoría de la mente, el tratar de desambiguar la intención del otro a través de una situación, y unos medios que son del todo claros. Señalar, así y a la vez, se divide en indicativo, cuando indica algo claro, como una serpiente en un arbusto, y declarativo o enunciativo en tanto que implica no tratar de leer lo que indica el dedo, la mochila en el caso del niño, sino tratando de leer la mente de lo que el niño (“de lo que el…”, tan complejo de significantes y tan vacío de significado) quiere decir. En definitiva, de tratar de leer su intención/emoción. De paso vemos que al final las emociones básicas no cubrían todas las necesidades y complejidades que se pueden dar en un cerebro y en lo social, y estas se empezaron a volver más complejas. Bajo mi punto de vista la cara, y el propio cuerpo, sigue comunicando toda esa complejidad. Muchas conversaciones, sin ver un rostro haciendo sus propias “connotaciones” (atención que el prefijo nos hace ver que son notas al lado de notas), son más robóticas, frías y carentes de significados. Esta “distancia” y diferencia es algo que tienen que solucionar los creadores de una inteligencia artificial . Vuelvo a uno de mis referentes: los autistas ni saben reproducir tales gestos sutiles, ni saben “leerlos” en las personas (la película “El turista accidental” muestra una familia disfuncional que no se comunica con las emociones, es un buen referente de lo que quiero decir en este párrafo). El “encanto” de una persona, entre otras posibles causas, es el tener una gran cantidad de sutiles y finos micro-gestos que acompañen a sus charlas, y que sean únicos y no estereotipados (memes gestuales en lo social, como el renqueo de cabeza a modo de negación, pero llevado a cabo por el cuello y manteniendo inmóvil la propia cabeza, propio del hip-hop).

Si ya hemos entendido qué es indicativo y declarativo, ahora pongámosle el prefijo “proto-” a los dos términos/conceptos. Entiendo que se pueda decir protodeclarativo, pero no sé si tengo tan claro que se pueda decir proto-indicativo. Toda indicación simple implica al cerebro profundo sin ambigüedades. Quizás se pueda aplicar a los estudios del psicoanálisis, pues las fobias y las manías “indican” no lo que ellas mismas señalan: a sí mismas como comportamiento, sino a una proto-indicación que queda vedada a simple vista. Igualmente proto-indicativo puede usarse en casos del mundo moderno -léase distinto al primigenio, del nacimiento del lenguaje, que no tenía como fin el ocultamiento o el engaño-, donde señalar en otra dirección se usa con fines de desviar la atención de una persona o sociedad (a los políticos les “interesa” el feminismo, porque desvían la atención del público sobre los problemas irresolubles que tienen ellos entre las manos: son su distracción de “magos” para que el público mire en otro lado, mientras ellos esconden sus trucos). Por otro lado, protodeclarativo quiere decir el mensaje implícito, que se expresa por un medio que puede no revelar su “verdadero” sentido, y a la vez puede usarse como la verdadera intención, frente a la intención que parece creer la persona que es. La teoría del psicoanálisis , sobre todo en Lacan que se ve “contagiado” por la dualidad de significado y significante de Saussure, es protodeclarativa en la medida que, por ejemplo, un lapsus puede expresar la proto-intención de la persona (un grito de ayuda desde lo profundo), cuando la persona se revela al exterior de otra forma. Por eso se ha vuelto tan crucial en la actualidad, en las distintas ciencias del comportamiento, saber leer las posturas del cuerpo y los micro-gestos, pues son proto-declaraciones que se manifiestan al exterior sin el conocimiento de la razón o prefrontal. O sea, comunicación del cerebro profundo sin las censuras y los sesgos sociales y evolutivos. Dos reglas que se siguen de todo esto es que 1. el prefrontal no sabe de sus intenciones profundas y 2. lo que llamamos o creemos ser un yo, no lo es, pues sólo es la punta del iceberg (lo que se asoma a la superficie), como les gusta decir a los psicoanalistas.

Voy concluyendo. A veces no recuerdo las preguntas que he dejado en el aire en los escritos. En realidad mi cerebro tiene un saber profundo, que emerge de las entrañas, y tengo un prefrontal “torpe”, pues tengo problemas con la memoria de trabajo, que debe de estar muy por debajo del promediado siete. Sí puedo releer, pero de nuevo la tara de la memoria de trabajo se manifiesta, por eso enumero ideas aquí y allá, porque me remito a ellas con la vista. Recordemos que el prefrontal cuantifica, por ello la numeración. Las preguntas eran dos y eran referentes a si los trastornos mentales (fallas evolutivas en su manifestación), fueron evolutivas o sociales -dentro de la teoría de la herencia dual-; y de ser sociales: ¿provienen del estado primitivo o es una condición moderna? La primera pregunta se contesta sola: es indiscernible si es evolutivo o es social, pues un “mecanismo” actúa -por retroalimentaciones en las dos direcciones- sobre el otro, de tal manera que se vuelven unidad. Un trastorno, según la idea más sencilla de expresarla por los medios psicoanalíticos, son comunicación proto-indicativa de una proto-declaración que la sociedad debería de saber leer. Un mensaje o grito de ayuda que se manifiesta a través de un comportamiento extraño, “desviado”, y tratando de no ser directo para la mente del propio “enunciante”: es un “pido ayuda, pero ‘yo’ no tengo que saber que estoy pidiendo ayuda, ni sobre qué pido ayuda”. Es un mensaje de un ente social, en un medio social, valga la obviedad. Sin sociabilidad no hay trastornos, los animales “aquejados” de ciertas fobias y manías similares a las humanas son animales sociales; exceptuando cuando a un animal no social se le saca de su entorno natural y se le cierra en jaulas o sistemas no naturales, en cuyo caso sigue siendo “expresión” proyectada de una situación no deseada hacia un “otro”.

¿Es un proceso moderno o viene de la prehistoria?, es del prefrontal y el sistema límbico o emerge de lo profundo. No tiene una respuesta clara. El cerebro -la vida- no sabe de la realidad, la interpreta simbólicamente, la vuelve metáfora. Cuando un niño quiere llamar la atención sobre sí, hace uso de un “símbolo molesto”: el llanto, un sonido persistente, alto, quebrado, arrítmico…, en definitiva: de ruido. Ruido en teoría de la comunicación se da cuando la señal no es clara o tiene información que ya no es recuperable como tal. Tal concepto viene de lo físico como la capacidad o no de que dos componentes puedan interactuar entre sí. Todo componente altamente interactivo con otros han creado la vida. Luego a ese nivel la materia se “comunica” en sus reacciones químicas. Los aminoácidos se pueden formar de distintas formas de manera muy regular: crearon una especie de alfabeto que sería el que más tarde uso el ADN para guardar información, para tener un lenguaje, que formaban “palabras”, “oraciones” y “textos complejos”, como lo es hoy un ser humano. Si el niño llora -hace ruido- es una llamada de atención, un signo, que la madre tiene que tratar de leer. En este primer proceso ya se ha creado la metaforización de la comunicación. El niño hace uso de un símbolo sin saber de tal símbolo y su porqué. Para el proto-humano, aún sin conciencia, el mundo era un medio simbólico en la medida que “estaba hecho” para ser leído bajo los parámetros de su propio cerebro. Todo era símbolo, metáfora…, emergió el pensamiento mágico: todo tenía un significado para ese cerebro profundo. “Maravillarse” no quiere decir que algo te impacte visualmente (o por medio de cualquier otro sentido), sino que quiere decir que ese medio te está hablando al cerebro profundo, que en el fondo tiene un mismo lenguaje, pues -como hemos visto- la vida se basa en ese lenguaje de la materia, de la realidad. Con todo, no quiero decir que toda “traducción” o lectura lea la realidad tal cual es, o vea la “verdad”, quiero decir que se comunican en un aspecto muy profundo, y que lo importante es el sentimiento que surge de tal comunicación, que de alguna forma sigue siendo comparable y reducible a una reacción química. En este caso mental o emocional.

En otro ejemplo distinto al lloro del niño… ¿hay una erótica de los gestos? Qué nos enamora en muchos casos sino el cómo se manifiesta dicha persona a través de los micro-gestos y posturas que le hacen únicas. Alguien soso/a es alguien que nos parece aséptico en su modo de interactuar en sociedad. Cuanto más cantidad de gestos sea capaz de “gestionar” un cerebro, sin caer la “contradicción gestual”, en lo teatral, lo superficial o lo cómico, más atractivo nos parecerá. Arriba puse que uno es su totalidad, que no se le puede desgranar a sus componentes. La totalidad de los gestos es la manifestación de la totalidad de esa persona, de su “alma” o esencia. Única en cómo crea las distintas micro-variaciones de los gestos universales (a veces dado simplemente por la estructura craneal, todo hay que decirlo). Por otro lado lo que hace única a esa persona es el no tratar de caer en los gestos de moda. Tal proceder puede gustar en la juventud, en donde aún se busca la identidad propia y se busca la pertenencia a un grupo, pero no es algo que se mantenga si se quiere tender a la identidad propia y “genuina”.

Con el nacimiento de la conciencia esos procesos del lenguaje profundo  -y lo que conllevaban- se fueron al traste. Volvamos a los primeros párrafos. La comunicación, las señales honestas y las emociones básicas, te unían a cualquier otro ser humano, se sentía esa comunicación metafórica y simbólica sin fisuras de la que he hablado en el anterior párrafo. El problema no estaba en la emoción (que todos compartían), sino en la señalización con el dedo. Aquello que se señala depende de la perspectiva del que mira al que señala: es interpretable. Se llegó a la teoría de la mente, a leer la intención del otro para solventar esa rotura en la claridad del mensaje. A la vez todo dependía de la edad y el aprendizaje: un niño no ha aprendido la diferencia entre una culebra y una serpiente. En ese proceso las mentes se empezaron a distanciar, pues no todos los cerebros profundos hablaban la misma lengua, pues intervenían factores como la edad y el aprendizaje. Al leer la mente del otro se tenía que tener en cuenta esos factores: “es un niño, es asustable”, pero ya no se hacía a nivel del cerebro profundo, sino de lo aprendido: información que se guardaba en la corteza cerebral y temporal, izquierda sobre todo. En la medida de crear un lenguaje pactado para todos y que se leyesen las distintas posibilidades que podían entrar en juego, se fueron creando las capacidades de la memoria semántica, que son la base de la corteza prefrontal o conciencia. En ese estadio tal conciencia aún estaba supeditado al pensamiento mágico, que era el que aún tenía la capacidad de hacer de directriz en la comunicación, pero por cambios paulatinos y durante un largo proceso -de cientos de miles de años-, por la complejidad de dicha zona, esta se fue distanciando del cerebro profundo, creando al final un abismo insalvable, que es lo que notamos (sentimos) hoy: que las razón ha creado un divorcio con aquella otra realidad primigenia, simbólica y metaforizante. Que en definitiva ya no somos naturaleza: que somos razón. Habría que considerar si el cerebro, en el fondo y de alguna manera, no siente esta rotura como la sensación que se produce a una persona al que se le ha amputado alguna extremidad: la sensación del miembro fantasma. El cerebro anhela -tiene como referente o busca- su estado primigenio, aquel que le procuraba aquella sensación de “entereza” y unidad. Acallar la conciencia, o la rumia propia de este módulo.

Del párrafo anterior se deduce una cuestión a tener en cuenta con respecto a los sexos. En otro lado apuntaba la posibilidad de que la sociabilidad naciera, evolutivamente hablando, a partir de la maternidad: que los peces alevines se quedasen cerca de su madre para que los guiase y los protegiese. El cerebro femenino está más estructurado para leer otras mentes, a partir de que tiene que leer la mente de un bebé, un humano sin apenas comunicación externa, un cerebro enclaustrado en sí mismo. También dije que el macho humano tuvo que “echar mano” del emergente prefrontal, que es principalmente inhibitorio, para frenar su tendencia a la impulsividad, a su ira, a su deseo sexual ciego y su agresividad. Por otro lado su cerebro está menos preparado para leer la mente de los otros, en esa dirección usó el prefrontal para suplir algo en lo que era más torpe de manera natural: entender la realidad social que no comprendía. Repito, para toda feminista que se eche las manos a la cabeza por tales ideas, que la feminista Almudena Hernando también argumenta que el macho es sobre todo cálculo y reflexión, mientras que la mujer es más cohesión y emoción. Igualmente la antropóloga Anna Machin deduce que la evolución es “vaga” para repetir roles, que hombre y mujer, como padres, tenían que tener distintos comportamientos (roles) para distintos fines. La madre “porta” al hijo en su etapa más vulnerable, necesitada y que se expresa bajo las emociones básicas; el padre toma el “testigo” en la siguiente etapa, que vinculará al hijo a la sociedad mediada por la razón.

Por otro lado las filósofas Christine Daigle y Christinia Landry (descargar escrito traducido; que al leerlas me ha resultado paradójico que acepten “tan a las buenas” arquetipos tan cuestionables como “agujero” -contenedor- y “tapa agujeros” para mujer y hombre) contrastan el sentido no inmanente de Sartre, frente al de Beauvoir -feminista y compañera del primero- que sí lo es . Si se sigue la lógica de mis escritos no es que uno u otro estén “equivocados”. Sus “verdades” -las premisas con lo que sus razones “trabajan”- surgen del cerebro profundo y dado que hay diferencias esenciales entre los sexos, Sartre halla o “siente” un tipo de “verdad”, mientras que Beauvoir piensa y “siente” otra. Lo que vienen a decir las filósofas es que los planteamientos de Beauvoir emanan desde la idea de que todo humano es unidad con su cuerpo -y este en la medida que se manifiesta como emoción o ente sintiente-, y en tanto que este siente al otro con esa misma propiedad indivisible, mientras que Sartre -como yo y posiblemente como todo hombre-, no sentimos esa densidad de ser en nuestras “carnes”, sino desde una fisura en donde la conciencia está desligada de la carne. ¿Este divorcio, no será entonces, por la cuestión que yo planteo de que el hombre está más unido a lo instintivo, que es sobre todo ira y sexo en él, y tuvo que “forzar” a que su prefrontal se desligase de tal entidad, corporiedad, y en ese proceso perdiese su estado inmanente con el cuerpo? Esto nos dicen las filósofas de su análisis de, existencialista francés: “La lectura del cuerpo de Sartre problematiza su noción de sexualidad. Al mismo tiempo que quiere explicar cómo, en el deseo sexual, la trascendencia anhela a los inmanentes, paradójicamente insiste en los aspectos negativos y amenazantes de este deseo. Parece como si Sartre lo quisiera en ambos sentidos: una conciencia encarnada que implica una mezcla de inmanencia y trascendencia, y una conciencia que busca evadir a su ser carnoso, es decir, una transcendencia radicalmente separados de la inmanencia. En ‘Ser y Nada’, Sartre discute cómo el cuerpo es una cosa carnosa que la conciencia puede usar de una manera instrumental. Además, explica que uno puede incluso ignorar el ser encarnado”. Por otro lado, ven negativa la visión en la que para Sartre todo encuentro con un otro se basa en el conflicto, haciéndonos ver que para él: “no somos absolutamente libres porque siempre estamos arraigados en nuestras relaciones con el mundo y con otros agentes libres”, pero de nuevo… ¿no ha de ser esta la visión de un ente -el macho- evolucionado para la lucha y el conflicto?, el cuál emerge a la existencia con la cautela de dudar de las intenciones de cualquiera que tenga frente a sí. El estado inmanente de la mujer, en definitiva, es estable y ‘positivo’ en la medida que es el necesario para vincularlo a un “otro” muy especial: su hijo; esta estructura se “convierte” es su modo de proyectarse al mundo y “sentirlo/razonarlo”. Ese proceso se lleva a cabo durante su embarazo, en la poda neuronal -ya analizado en otros escritos-, proceso por el que no pasa el padre.

Hagamos el ejercicio de desarrollar y entrecruzar las ideas que van surgiendo. Por un lado hablo de los problemas del lenguaje y que su estructura inicial nació de lo que ahora para nosotros es el cerebro profundo, por otro lado he hablado de la otredad. ¿Por qué la forma de conjugar los verbos es a través de las tres personas?, yo, tu, él y sus plurales. La realidad y cómo es el humano determina el lenguaje; los tres pronombres se deben por un lado por el campo deíctico: quien está cerca (tú, nosotros) del emisor u origen (origo) y quién está lejos (él, ellos). Pero a la vez ese cerca y lejos pasa a ser metáfora significativa en tanto que el que esté cerca sea a nivel familiar, de ideas, de forma de ser, de la misma tribu, raza, religión, etc. Si se piensa bien un animal eusocial no tendría la conjugación de la tercera persona, y ni siquiera el de la primera. Para este tipo de ente todo es nosotros. Hago un desvío. En mis escritos hablo del problema de las personas egotistas, y que balancearon el mundo y sus valores a partir de sus puntos de vista, hacia un mundo jerarquizado, pero no hablo de las personas parásitas u holgazanas que se puedan aprovechar de que el resto de humanos “tiren del carro” en el que ellos están subidos (1). Si uno es curioso sobre la naturaleza, y yo lo soy, se analiza que las hormigas a veces se separan del grupo y se encuentran con comida. En muchos casos esta es de tal proporción y peso que es una hazaña increíble que tal hormiga no se cuestione si no sería mejor dejarla, e ir por otro alimento que sea menos voluminoso y pesado. Eso es lo que haría un humano medio, eso o ir a buscar a otros humanos que le ayudasen. En esa dirección la tan “alabada” generosidad humana es muy discutible. Si con tan sólo fuésemos más semejantes a las hormigas las cosas nos irían mejor. Ante todo esto, el problema de los inicios humanos tenía esa doble vertiente: que unos fueran muy egoístas y que otros hicieran el menor esfuerzo posible a la hora de “arrimar el hombro” en alguna labor comunal (escaquearse, se dice coloquialmente en España). Había que estar detectando los dos casos y llamarles la atención. Vuelvo al tema del párrafo. Las pensadoras Christine Daigle y Christinia Landry se equivocan en ciertas cuestiones en su escrito vinculado arriba, y como siempre es porque ignoran lo que dice la ciencia. Es muy posible que sea cierto que al hombre le cueste más crear un nosotros, pues es más individualista, pero la distinción entre el nosotros y el ellos, y por ello la otredad, es femenino. Las teorías de la actitud inclusiva y del cultivo del parentesco nos dicen que todo animal tiende a favorecer a los de su sangre: a su ascendencia/descendencia y aquellos que son cercanos en la tribu, la ideología, etc. En el humano es igual, los padres lucharan por que sus hijos puedan tener ciertos privilegios a tenor de que quizás perjudiquen a otros niños. Esta es la actitud de todas las hembras del reino animal, actitud a la que se adaptó el hombre cuando en la evolución “asumió” un papel más paternal. De hecho el humanismo surgido a partir de la Ilustración, que se supone una “creación” del patriarcado, es más razón -propio de las capacidades del prefrontal- que emoción, más una actitud lógica que una sentida, pues ha de luchar contra la inclusividad que viene dictada por los instintos y las emociones. (Léase este párrafo bajo la idea de que “ni lo malo es tan malo, ni lo bueno tan bueno”. La vida está llena de ambigüedades, de grises).

  No quiero detenerme de si un estado intermedio fue el de la mente bicameral, y cómo se llegó a ese divorcio. La conciencia es posicional, tiene como objeto aquello que contiene. Es una copa que contiene líquidos, pero que no es los líquidos. La copa sin líquidos no se entiende, lo es por su funcionalidad: contener -mi última conclusión es que la conciencia es pantalla: si está sin mostrar nada, apagada, es “negra”, vacía-. En el estadio anterior el cerebro profundo era la realidad y no eran separables. Una palabra (signo) no era distinto de lo que designaba: eran unidad. La conciencia sabe que perro es un signo (palabra) que designa a un animal: rompe con la unidad. Si se entiende lo dicho, los trastornos siguen siendo metaforizantes, porque siguen la estela de aquel lenguaje en donde no existía el divorcio: que era simbólico y metaforizante, y donde signo y significante no eran dos entidades distintas. De esta manera, para alguien fóbico, nombrar a la araña es estar en presencia de una araña, pues signo y significante no tienen ninguna distancia. En definitiva, es el pensamiento mágico -toda emoción es una expresión mágica del mundo, diría Sartre-, aun hablando con su propio lenguaje, e ignorando la existencia -y la naturaleza- de la conciencia y el prefrontal. Un paso para toda “curación” mental es “provocar” que dicha persona cree ese “divorcio necesario” entre signo y significante, que en el caso de un esquizofrénico consiste en hacerle ver que esa voz que oye en su interior, no es de alguien “real” -pensamiento mágico-, sino sólo un proceso en su cerebro llevado a cabo por procesos químicos, en partes cerebrales que están “funcionando mal”.

Por otro lado, todo trastorno es social y moderno, solo que está “escrito” con el lenguaje primitivo propio del pensamiento mágico. Lo que quiero decir es que en cada época humana han entrado en juego nuevos lenguajes de uso, que han creado nuevos trastornos. Ahí está como ejemplo la anorexia. En los cazadores-recolectores -o el humano primitivo- tal cosa no se podía dar, puesto que su alimentación era escasa e hipocalórica por igual en todos. La anorexia se llevó a su límite por una retroalimentación entre las modelos y las personas que “ingerían” tal imagen como la más deseable. En el fondo llama a los cánones de belleza, donde tal entidad es un constructo evolutivo de aquello que era deseable para el otro sexo y con la finalidad de reproducir. Todo trastorno ha de ser un libro que ha de ser leído desde el final hacia su principio. Buscando sus orígenes y su lenguaje profundo. Cosa que no parece hacer el feminismo, que parece creer que todo es construcción “moderna” bajo los estereotipos “implantados” e impuestos por el patriarcado.

Conclusiones finales -llevadas a mi terreno-.

No hay progreso, hay tendencia a la complejidad, en donde como subproceso no deseado (incentivo perverso), el humano conoce mejor la realidad a costa de haber perdido contacto con aquel sentimiento primigenio de unión con lo natural. Vamos a los conciertos, o a ver a un cómico, para sentirnos unidos a través de las emociones primarias y básicas, pues el resto del constructo social y cerebral tan sólo nos divide y nos individualiza. Internet, y los medios de comunicación masivos, tienen la paradoja que no nos unen, sino que nos individualizan aún más. Un medio camino es unirse a grupos con tipologías e ideologías similares, pero donde tales tipos de uniones crean “guerras” virtuales entre las distintas partes. Une más un concierto que Internet, pero la repercusión de Internet ha provocado que los humoristas sean susceptibles de ser parte de un colectivo, en donde llegado a ese caso es que es susceptible de ser “enemigo” de su contraparte. Hoy hay humor feminista y contra-feminista, intelectual y contra-intelectual, friki y contrafriki, etc. En definitiva, un camino más para las “guerras” que no existían hace treinta años (o estaban encubiertas: recordar la premisa de la película “origen” de crear una idea o implantar una duda), en los “dorados” años ochenta, en donde sólo se manifestaban escarceos de guerras en las modas…, en los superficial, no en lo profundo.

El cerebro profundo guarda dos semillas en su vientre: que todos tenemos el mismo lenguaje, pero que todos tenemos pequeñas diferencias que nos individualizan. Toda época pasada humana ha estado enfocada en minimizar las diferencias a favor de lo que nos unía. La época actual se está centrando en lo que nos individualiza. Hoy la voz de los intelectuales, otrora punto de reunión, ya no cuentan porque cada persona sólo “(per)sigue” su propia voz. Las feministas son una muestra de ese paradigma, pues han hecho de la violencia de género y las violaciones un tema que sólo les ha de incumbir a ellas, y en donde el “otro” y ajeno es el hombre. Sus mensajes en la Red como “basta ya” y “ni una más” van dirigidos no a algunos hombres, una minoría muy reducida, sino al hombre, como ente genérico, no femenino. En todas las direcciones bajo lo que se manifiesta el feminismo, no crea o trata de crear unidad, sino división: que hay un nosotras y en donde lo otro, extraño y ajeno, es el hombre. Lo mismo con cualquier otra ideología o tipología que va naciendo en los nuevos tiempos: todas nacen bajo la semilla de que existe una némesis, un antagonista…, en definitiva: un villano, y por consiguiente un posible futuro chivo expiatorio. No dudo que el feminismo radical será uno de los chivos expiatorios, si se da el caso que el humano llegue al colapso, o crisis muy profunda, de su civilización (creerlo no es desearlo).


(1) Estoy tratando de no poner notas, pero si este texto lo pusiera arriba rompería la línea argumental. Yo, como muchos, estoy en una posición en teoría parasitaria. Una sociedad en crisis crea este tipo de situación y en ese caso… ¿quién es el culpable? En los trabajos en los que estaba motivado daba más de lo que me pedía el jefe. No por “trepa”, no por hacerme imprescindible, sino porque esa es mi naturaleza. Llevo escribiendo desde hace más de diez años sin ninguna ganancia, y sin ninguna necesidad de ánimo, pues no sé de nadie cercano que me lea. Escritos en los que he tenido que investigar y he profundizado mucho y que me han llevado más de una vez a la fatiga mental, con riesgos para mi salud. Mi núcleo cerebral es obsesivo. Hace unas noches me desperté por que este “se percató” que en este escrito había usado en un lugar el concepto de significado, cuando tendría que ser significante (a veces incluso por fallos gramaticales u ortográficos). La conciencia -el prefrontal- de alguna forma tiene un “almacén” de “hechos a recordar” que no encaja con ninguna de las teorías de la memoria, pues me volví a dormir, pero al despertarme lo recordaba. Es como si la cognición implícita tuviera que despertar al prefrontal para que esta “escribiese” algo en sus módulos y a su manera, que de otra forma no se podría dar. Estas noches sueño con partes del siguiente escrito, sueños un poco “raros”, pues se da con una cognición lógica y formal, no con la del lenguaje de los sueños. Tampoco descarto que sea una forma de sueño lúcido a un nivel menos consciente, lo que pone a estos en distintos niveles de consciencia y con respecto a las capas más superficiales o profundas.


En vez de poner enlaces en el escrito, que es muy rutinario y pesado, pongo las referencias más importantes al final.

¿Hacer Algo o no Hacer Nada?

Vivimos momentos extraños en una sociedad extraña.” Alonzo Bodden
No basta con ser inteligente para actuar de forma inteligente.” Dostoyevski
Porque tu vida es larga y alto tu vuelo…, dedicarás sonrisas y llorarás, y todo lo que toques y todo lo que veas es todo lo que tu vida será.”
Pink Floyd
Seguiremos viviendo mientras que haya una nueva canción que merezca la pena oír, y canciones que no tener que bailar.” Weinzhorn
La libertad es solo una parte de la historia y la mitad de la verdad. La libertad no es más que el aspecto negativo de todo el fenómeno cuyo aspecto positivo es la responsabilidad.” Viktor Frankl

Mi primera intención, como chiste y paradoja, hubiera sido no escribir nada en este capítulo, pues de lo contrario me estaría tomando mucho trabajo para decir que es mejor no hacer nada. Pero escribiré lo mínimo.

En la frase de Henry Lewis “perfectamente quieto”, quizás, hubiera sido mejor sentenciarla con “no hacer nada”, pues además el adverbio “perfectamente”, en esa coletilla, parece una elección errada. ¡Bueno!, son de esas mutaciones no “revisionadas” dentro de la azarosidad de cualquier acción como lo es la escritura.

Voy tras el rastro del conocer, que a su ver implica a la “verdad”. Esa verdad no es la científica, la cuantitativa (¡titati, titatí!), la de los números, las proporciones y los promedios. Toda ciencia tiene esa propiedad: no habla de entidades, enumera cantidades. En esa dirección los términos más usados en las ciencias son “teoría” o “hipótesis”, porque para pasar de lo cuantitativo a lo cualitativo, a establecer una ley de la naturaleza, requiere mucha cautela. Tampoco voy tras la verdad de la naturaleza, de lo que está afuera. Trato de hallar lo que el cerebro tiene como “verdad”. Cuáles son los postulados por los que el cerebro está estructurado.

El cerebro profundo no hace uso de preguntas, o solo la de “para qué”, que nos dice que su naturaleza es práctica y utilitarista. Este núcleo es casi lo opuesto a la conciencia, que está preguntando constantemente el “por qué” de las cosas. Las “verdades” del cerebro profundo son aquellas que la evolución ha asentado como reglas de cómo es la naturaleza, la realidad. Mientras que lo que “sabe” el prefrontal es lo que dice que tiene que saber la ciencia a través de la educación. En ese sentido todos mis escrito son un medio camino entre lo que he aprendido y aquello que emerge de lo profundo a modo de intuición. Comprensión, insight, o momento eureka es aquel en el que el prefrontal se percata de una “verdad” que coincide con alguna regla del cerebro profundo. Bajo mi lenguaje, es un momento de una “reacción química” cognitiva, en donde dos componentes se unen porque era posible esa unión. Quedan enlazados el conocimiento profundo y el conocimiento de la conciencia. A nivel personal se halla una esencia, una cualidad, no ya cantidades, pero si eso le ocurre a un científico será moderado y sólo examinará dicha “verdad” por el método científico.  Es por esto que Sartre, y otros filósofos o pensadores, dicen que sólo existe el conocimiento intuitivo. Con todo, esto tiene ciertos límites. Si como he dicho a lo largo de los escritos, cada humano carga con un tipo de apuesta evolutiva, que va parejo a ciertos condicionantes, como el sexo, dichas intuiciones no son verdades absolutas, sino “verdades” que emergen desde esa tendencia o apuesta evolutiva, que otro humano puede que no “sienta” como “verdad”. Siguiendo esta máxima, dos artistas de distintos géneros tendrán en común la creatividad, pero si tratan de expresar su ser profundo, sus obras serán muy distintas y no tendrán nada en común. Ahí están las artistas feministas como manifestación de lo dicho: si un hombre tratara ese tema su obra esta sería impostada.

Tenemos así que la naturaleza “habla” un lenguaje, cuando lo que habla el humano es tan solo uno de sus dialectos, y en donde cada tipo de apuesta, como cada uno de los sexos o géneros, hablan regionalismos de dicho dialecto. La ciencia, así, al salir del cerebro individual de cada uno de sus científicos, trata de hallar ese lenguaje madre o arcaico, al tener que llegar a acuerdos de tener que hablar con un mismo lenguaje. Siguiendo con la metáfora, el feminismo se ha cerrado a hablar en su lenguaje regionalista, sin tratar de hablar el dialecto humano, y dejando de lado ese otro lenguaje universal que lo abarca todo. Mis escritos van en la dirección de hacer de traductor para que el feminismo entienda el regionalismo de lenguaje del hombre, a la vez que trato de encajar esos regionalismos a un dialecto, que a la vez forma parte de un lenguaje universal: el de los sistemas.

Como he declarado arriba, todo escrito es un intento de unir o sacar esas verdades profundas a través de 1. el lenguaje, y 2. los conocimientos de cada época. No siempre ocurre. Uno se da constantemente de morros contra la pared en esos intentos fallidos. No saberse explicar no es desconocer lo que se quiere decir, pero ese conocimiento profundo está más allá de las palabras, y la supuesta interface entre estos dos módulos, no siempre hacen las traducciones correctas. Tomemos la frase inglesa “every cloud has a silver lining”, cuya traducción literal es “toda nube tiene un revestimiento de plata”, cualquier hispanohablante  que no sepa qué hay tras de tal frase seguirá sin entenderla (sería crucial que la Wikipedia tuviera un artículo sobre la literalidad a nivel del cerebro -ser literal y no entender el contexto-, problema que tienen los que padecen el espectro autista, creo que es la clave para desentrañar tal apuesta evolutiva. Tampoco he encontrado estudios académicos). El lenguaje son metáforas sobre las esencias, y una esencia (sustancia) es una entidad significativa con un por qué, un cómo y una finalidad. La metáfora de dicha frase, su esencia o significado en el español es: “no hay mal que por bien no venga”, traducción igualmente complicada hacia otro idioma, y que viene a decir que todo lo negativo tiene algún lado positivo. Pongamos el caso que la verdad del cerebro profundo es “todo lo negativo tiene algún lado positivo”, es claro que un pesimista no tiene esta metáfora o concepto en su cerebro profundo; a la vez esa “verdad” la tiene que “leer” el prefrontal a través de las palabras: cada idioma ha cogido su propio camino, y es posible que cada uno lo diga de una manera muy distinta y “personal”, adaptada a su acervo cultural. “Centelleo plateado”, que es una forma de reducir la frase inglesa, se puede a la vez trasladar a un “rayo de luz”, o más claramente a la frase “un rayo de esperanza”.

El cerebro profundo “comprende” la realidad. Comprender proviene de coger, capturar, asir. Como quien dice, tener algo en la mano cerrada, sin posibilidad de que se escape. El fijo es “prender” (prendere, asir, agarrar), de donde proviene igualmente aprender. Entender es extender (tendere -estirar-, desmenuzar) algo para verlo en sus partes. Se sigue así que comprender es cualitativo, mientras entender es cuantitativo. Estos conceptos, sus dualidades y divorcio se pueden entender en dos casos claros. 1. Un transgénero puede ser tratado en los social con el sexo opuesto al que dicha persona siente en lo profundo: lo social analiza a la persona por sus “partes” (cantidades) sexuales externas, pero dicha persona siente la esencia de su sexo en el cerebro profundo, como distinto de los signos externos. 2. señalar es un rasgo distintivo e instintivo del ser humano, alrededor de un año un bebé señala lo que quiere o lo que le divierte, en lo social (en occidente) señalar a una persona está mal visto y hay que evitarlo. La esencia o concepto profundo de señalar es en tanto que comunicativa, lo social lo cuantifica bajo sus propias reglas. “Verdad individualizada”, en estos casos, son la correspondencia entre lo intuido y lo expresado como lo que es sentido (sentir, este es otro ejemplo: que sentido provenga de sentir, y sentir de lo sensorial -sentidos-).

Si se observa mi gráfica, el emocionalés “habla” bajo la comprensión, bajo la búsqueda de las esencias o entidades; mientras que el mentalés es entendimiento o cuantitativo, en tanto que ha sido filtrado a través de las emociones mediadas bajo la identidad social. El emocionalés es una interface, a medio camino, entre lo arcaico o instintivo (primitivas, raíces) y las emociones; y el mentalés es una interface entre las emociones y la palabra. Se comprende entonces el “viaje” u hoja de ruta que sigue una verdad “interna” para llegar a las palabras y sus dificultades. Desde las primitivas pasan por el emocionalés como “traductor”, que lo expresa en emociones, significado que “recoge” el mentalés, que a la vez lo tiene que volver palabras a partir de un idioma y los conocimientos de una época. Se dan dos cuestiones. No todo lenguaje humano es por medio de la palabra. La música trata de llegar a las emociones, y tiene un camino más directo hacia las “esencias”, mientras que la poesía es un medio camino entre la música y la palabra. Una emoción, sobre todo las básicas, como el miedo, lo captamos todos fácilmente (menos un psicópata, que al tener la amígdala atrofiada, núcleo del miedo, no lo sabe leer en el rostro de las personas -¿se trata de apropiar de algo de lo que carece, para tratar de mimetizarlo y absorberlo?, trata de entenderlo, lo despliega sobre la realidad, porque no lo comprende-). La otra cuestión es que no todo es “verdad”, con respecto a la verdad externa. En el cerebro profundo y sus distintos “traductores” se encuentran los sesgos y el pensamiento mágico. Es una verdad de la estructura del cerebro, pero al descubrirla, con lo que uno se encuentra es con una mentira. O sea, que tampoco estoy descubriendo una panacea o un “camino a la verdad”. No suele haber nada absoluto y sencillo en la realidad o el cerebro; de ser así ya habría sido “descubierto” y simplificado. Casi toda religión cree haber dado con el quid de la cuestión, pero esta siempre se escapa. El estudio de los sistemas da con las “claves correctas”, o tiene el lenguaje que mejor se adapta para descubrir las estructuras del cerebro y sus “verdades” implícitas.

Roderick Chisholm, en su libro “el problema del criterio”, hace uso del concepto “particularismo epistemológico“, para hablar de la capacidad sobre que el cerebro sepa algo sin que uno mismo tenga conocimiento de ese saber a nivel consciente. Con todo esto de las redes y lo virtual estamos perdiendo la perspectiva de las cosas, el sentido común, que en muchos casos son esos conocimientos implícitos del cerebro. Una vez le dije a una chica en una Red: “yo sé si voy a encajar con una chica al verla andar”. El cerebro se “delata” mucho en ese acto tan cotidiano. Todos sabemos qué es un andar chulesco sin que lo hayamos aprendido en ningún lugar. En el andar se ve la naturalidad, si una persona se siente segura de sí misma, si teatraliza, si tiene muy en cuenta la opinión de las personas (manipulable), si es sofisticada, o si es rígida, si se cierra sobre sí o es aperturista, etc. (mi andar es rígido y tímido, una dualidad nada buena). Todas esas “evaluaciones”, y sus consiguientes estadísticas, las hace el cerebro sin que intervenga la conciencia. Como su método es estadístico, depende de la edad, cuanta más edad más “saber”. ¿El feminismo trata de mandar al traste este tipo de conocimiento por inválido? Si yo he hecho mención al concepto de chulesco toda persona me ha entendido. ¿Es un estereotipo y es inválido por el simple hecho de ser un estereotipo? Tampoco afirmo que un andar chulesco corresponda a una persona “chula” (engreída, prepotente y poco empática), puede ser una pose. Pero por ahí van los tiros cuando hablo de las diferencias entre las señales honestas, que fueron nuestros orígenes, y el momento actual. Las señales honestas no han dejado de existir, se pueden mimetizar (engañar) o esconder, pero en los micro gestos, movimientos o posturas, el cerebro aún es capaz de captar la “verdadera” esencia de esa persona y si su andar chulesco es pose o no, pues en tales inflexiones instantáneas o gestos involuntarios se delata el “auténtico” ente del cerebro profundo o su esencia. En esa dirección, el feminismo, en la medida que hace uso del concepto de empoderamiento, “direcciona” a toda mujer para que haga la pose de ser distinta de lo que realmente -a lo mejor/peor- es. No sé cuánto de delicadeza tiene la esencia de la mujer o cuanto pueda tener de constructo social, pero hoy en día la mujer ha subido su tono de voz hacia más arrogante, y tratando de perder dicha delicadeza y eso tampoco tiene porqué ser su “verdadera naturaleza”, y por lo tanto de nuevo es un constructo social, esta vez bajo el dictamen del feminismo. Ya lo dije en un tuit: no hay tal cosa como quitarse la máscara para “descubrir” la realidad. Lo que sí existe es cubrir una máscara con otra distinta. Por lo demás, y según el modelo hipostático de la personalidad y lo performativo, la tendencia de la condición social humana es “usar” cada “máscara” -o perfil y potencialidades de uno mismo-, según cada situación. Una mujer es posible que se muestre más arrogante y enérgica ante una entrevista de trabajo y tienda a la dulzura ante una posible pareja que le guste. Según tal teoría somos todas esas “identidades” a la vez, a la vez que somos el cómo las tejemos según las circunstancias.

La esencia de la masculinidad es la rudeza, pues luchaba contra otros hombres o las bestias y sus grandes músculos le proporcionaban ese andar (se está perdiendo, pero se ve dicho andar aún en los musculados de gimnasio.) En la mujer su eje rotacional varió al ensanchársele las caderas, para poder dar a luz una criatura con una cabeza grande, dándole su balanceo típico. En ciertos experimentos en los que se hacía ver a las personas tan sólo unos puntos de luz moviéndose en una pantalla, simulando el andar humano, todas las personas sabían reconocer cuando era una mujer o un hombre. Todo en la vida tiene un porqué. Llevemos más lejos estas indagaciones.

Claramente es un hombre seguro y enérgico.

¿Cómo es un chulo, de andar natural chulesco, imitándose a sí mismo en su andar chulesco? Un concepto extraño que emerge en la evolución es el de estímulo supranormal. Los tacones exageran ese balanceo que he nombrado arriba, el feminismo ataca este “artificio” que supone que es una imposición del macho, pero dicha exageración es una tendencia o una máxima en la evolución. La retroalimentación positiva, unida a la hipótesis de la reina roja, nos dice que para que una especie se mantenga en el mismo “lugar” (posición dentro del ambiente), ha de correr. O sea, es como ponerse encima de una cinta andadora, uno no avanza, pero tiene que hacer los movimientos necesarios como si se estuviera moviendo. Llevado a la evolución eso quiere decir que la cola del pavo real empezó con cuatro plumas y no demasiado largas, pero al final le llevó a su estado actual. En otro ejemplo, quizás más claro. Los machos de ciertas aves, creo que de la perdiz, dan saltos en el aire y se mantienen así por horas. En un principio, quizás, tal rito sólo empezó por un macho que se quería hacer ver por las hembras, y dado la alta hierva. Esa acción hizo que se reprodujera, que fuera visto y atrajera a alguna hembra. Con el paso de los milenios un solo salto no bastaba, pues lo hacían todo los machos, y competían para ver quien duraba más. Cuanto más se dure mejor condición física, que es lo deseable para la descendencia. Toda la evolución, y sobre todo lo que tenga que ver con el cortejo, se basa en el principio del estímulo supranormal: el superar un estadio anterior y en esa medida en exagerar algo de dicha especie y sexo. Luego la mujer exagera su balanceo de caderas con los tacones. No se lo ha impuesto el macho, o el patriarcado, emerge en los sistemas evolutivos bajo la regla del estímulo supranormal.

Todo lo precedente no tiene que ver con el tema a tratar, pero en el proceso he sacado a colación ciertas cuestiones a tener en cuenta. Volviendo al tema de la frase de Alfred Henry Lewis, mi apuesta no es que sea exactamente no hacer nada, sino quedarme “paralizado” ante la pregunta, porque parecen dilemas irresolubles. No es un “problema” (¿dilema?) personal, aunque un psicólogo lo achacaría a un trastorno; es un signo propio de los intelectuales, de los humanos que han tendido a hacer de la razón su herramienta de vida. Tal tipología está representada en la serie “The good place” (gran serie que trata la ética y la libertad en tono de humor), en el papel de Chidi Anagonye, un profesor de ética, que se ve imposibilitado a accionar en la vida porque todo lo ha de analizar al detalle. En esa misma dirección yo me hago las siguientes preguntas: ¿hacer lo correcto…?, qué es tal cosa. Habría que contestar con la pregunta ¿correcto para qué? Un sin techo hace más lo “correcto” que un CEO (director ejecutivo de una gran empresa) a nivel ético y con respecto a no repercutir en el cambio climático: sin vehículo, sin gastar electricidad, ni demasiada agua… ¿Qué es igualmente incorrecto?, y de nuevo: ¿incorrecto para qué? De vuelta al sin techo, puede parecer un parásito, y por lo tanto actúa de forma “incorrecta”, pero sólo trata de sobrevivir, y dado que quizás no encontró ninguna otra salida más “correcta” en una sociedad llena de valores incorrectos, según sus “criterios”. Dos paradojas salen de la frase de Alfred Henry Lewis. Nos dice: “lo segundo mejor es hacer lo incorrecto”. ¿Matar o robar es mejor que no hacer nada? Y en cuanto “lo peor es no hacer nada”, hay que tener en cuenta que no es que sea una “opción”, es que la vida es acción. Todo animal tiene como base dicha premisa, siempre “hace algo”, si algunas aves de presa simulan quietud es para hacerse las muertas, en cuyo caso están “haciendo algo” al respecto a que las puedan comer. O sea, el no hacer nada es “antinatural” y no es una opción humana, por lo menos del cerebro profundo. Sí del prefrontal como vemos en la tipología que representa Chidi Anagonye. Teniendo en cuenta lo previo, en mis escritos hago lo que sé hacer y para lo está estructurado mi cerebro: para la capacidad de síntesis, que es una de las propiedades o estructuras de prefrontal. El concepto de la síntesis prefrontal afianza mi postulado de que inteligencia es la capacidad de crear novedad uniendo conceptos; igualmente en el anterior escrito decía que quizás un motivo de la bajada de la inteligencia se deba a que la actual forma de vida, en donde la mente se mantiene ocupada en las pantallas (móvil, televisión, ordenador), hace que el cerebro no entre en etapas de rumiación, que es donde se deben de dar los procesos semi-inconscientes, en donde se produzca la síntesis prefrontal, que seguramente intervenga en la consolidación de la memoria a largo plazo.

Síntesis Prefrontal

Entro en tema, sobre si accionar o no en la vida social, pero como siempre dando rodeos.

¿Qué es un chivo expiatorio…? No quiero decir lo que ponga en la Wikipedia o cualquier otro medio de información. Me refiero a qué conlleva. Bajo mi punto de vista es aquel concepto o sesgo que el cerebro encontró, promovido por la evolución, y ante el dilema de “hacer algo o no hacer nada” y acallar sus taras, y en definitiva qué papel tienen las elecciones individuales en la vida, y cuál es el de la conciencia o las funciones del prefrontal. Lo que trato de hacer ver en la indagación sobre el chivo expiatorio es que no es un problema nuevo, ni es un problema que suceda a ciertos tipos de mentes o tipologías como la mía, sino que es un recurrente humano, en el cual la evolución tuvo que “intervenir”. Viene dado por la triada 1. instinto o impulso atemporal, que es individual, 2. cerebro social o sistema límbico: emocional y colaborativo y 3. prefrontal o razón: el módulo que tiene que mediar entre los dos anteriores, posibles, opuestos.

Si se estuviera perdido en la estepa siberiana, en plena ventisca de nieve, la salida, lo que ha de hacer uno mismo, que no escoger, es ir lo más hacia el sur posible, donde las condiciones climáticas sean más benignas. Pero, ¿y si va con otra persona que está débil, que tiene su propio criterio de qué hay que hacer y que le enlentece la marcha? En esa situación… ¿se “escoge” luchar por un lado el tratar de razonar con la otra persona, a la vez que se le alienta para que se esfuerce más? Qué condicionantes se dan: ¿es una persona digna para intentar salvarla?, ¿es familia o un extraño?, ¿puede ser beneficiosa su compañía en algún momento del futuro? Al final, ¿realmente se escoge o se opta por lo correcto? Y si dicha opción termina acabando con la vida de los dos. No estoy tratando de ser moral, y tampoco tratando de hallar por deducción la opción más práctica. Planteo que no existe realmente un camino tan perfectamente claro como para que el cerebro haga una elección que no tenga una alta probabilidad de ser la errada. Planteo que esa suele ser tanto la tónica a nivel individual como a nivel social. En realidad el cerebro, ese que he tratado de “retratar” con mi gráfica y los escritos previos, tiene una “pre-elección real”, bajo sus propios parámetros. Una intención de fondo, que si es negativa para el acompañante, no se manifiesta. Si se nace con el parámetro de la sociabilidad esa “intención interna” será la de tratar de mantener al acompañante con vida. Si la apuesta es individualista, será abandonarlo a su suerte. En el primer caso… ¿y si es un asesino, o un violador? Su potencialidad no es prosocial, luego ¿por qué intentar salvarlo? Además, a sabiendas, que si las tornas cambiasen a su favor sería muy posible que él sí me matase o me abandonase.

Chivo expiatorio es cuando se “escoge” un camino, en lo individual o lo social, que no es nuestra “pre-elección real”,  potencial o motivada, pero a la cual negamos al accionar en la vida, por hacer “lo correcto”, o lo mediado como correcto en lo social, en cuyo caso si salen mal las cosas iremos o nos remontaremos a esas elecciones, que no “nacieron” de nuestra “verdadera” intención, e iremos contra aquellos que decían que aquel otro sí era el “camino correcto”. O sea, el “te lo dije”, pero llevando a cabo acciones en donde o bien se sublima el odio y la ira, o en donde se manifiesta directamente con algún castigo o exclusión en lo social del “culpable”, como por ejemplo lo que ocurrió con los judíos en la Europa del siglo pasado. A este nivel son las lágrimas de la acción social, en tanto que estas no resuelven a nivel individual un daño o error que nos haya acontecido, pero que hacen que se libere cortisol, a modo de válvula de escape de la tensión, y en donde el chivo expiatorio es la ira dirigida hacia a un presunto culpable para relajar el ambiente grupal. ¿Qué es el maltrato de género, en algunos casos, sino que uno de los componentes de la pareja sea el chivo expiatorio de su pareja frustrada?; en programas como “Gran Hermano” se manifiesta una y otra vez: el grupo mayoritario -bajo el estrés de la situación- suele recurrir a buscar un chivo expiatorio que cargue con la culpa de que la situación esté tensa o vaya mal. En definitiva, un mecanismo con  una función en lo social. Pero eso no es todo. Chivo expiatorio, si se trata de deducir el patrón que emerge en mi ejemplo, es la imposibilidad de hacer una elección cabal, pues no se conocen todos los parámetros y todas las posibles consecuencias, y en donde el concepto de libertad tiene que quedar ileso si tal elección falla. En ese caso se echa la culpa la elección “forzada”, porque en esa dirección la capacidad de elegir -como mecanismo- no es la que está mal. Sino que el mal estaba fuera de la libertad, de la propia estructura de elegir de uno mismo o el grupo al que pertenezco, en definitiva de un determinante externo a mi (nuestra) estructura electiva.

Puede que no haya quedado claro. Replanteemos el problema en dos pasos. En primer lugar los problemas sobre la libertad. De fondo estoy replanteando la cuestión del asno de Buridán bajo otras premisas. Es imposible predecir el mundo, pero la vida nos hace accionar sobre él. El asno no “escoge” entre dos montones de heno iguales y a la misma distancia, simplemente se alimenta de cualquiera de ellos. Alguna pequeña variación, como que su cabeza esté girada a la derecha, hará que vaya al montón de la derecha. El cerebro está haciendo una y otra vez esto mismo. Siempre hay alguna pequeña variable que balancee la elección interna en una dirección. Esas son las elecciones “motivadas” o “elecciones” anteriores -e interiores- a llevar el dilema al prefrontal. El cerebro ya ha decidido, el prefrontal, enjuiciando si tal acción se “ajusta” a lo que habría que hacer en lo social, reevalúa la “decisión”. Siendo así lo que llamamos libertad o elección no es nuestra propia elección “pura”, sino la mediada por el hecho de que estamos en medio de lo social, y tal sociedad tiene unas reglas establecidas para dicha situación. Segunda cuestión a tener en cuenta. Si lo social tiene peso para la elección: qué es lo social para que tenga unos parámetros y no otros. O sea, al igual que ocurre a nivel cerebral, o lo que le ocurre al asno de Buridán al tener algo girada la cabeza a la derecha, lo social igualmente se atiene a variables balanceadas hacia ciertas disposiciones. Y de ser así, ¿quién ha hecho tal balanceo? Lo social no es un inconsciente que al final remita a un prefrontal, unas elecciones en este caso, pues los procesos sociales son demasiado lentos como para que se produzca algún cambio “real”, que vire una “verdad” en otro sentido. ¿Es puro inconsciente o es pura razón? Sería algo más de razón, que tampoco, si a cada toma de decisión del gobierno se hiciera una consulta a la nación, pero no es así. El gobierno tampoco es razón, aunque lo pretenda, pues suele hacer sondeos para tomar sus decisiones, que por lo demás están sujetos a errores, pues pueden partir de las preguntas equivocadas o no se hacen las adecuadas. Por otro lado tiene que hacer de mediadores entre el estado del mundo, en donde cada país parte con los mismos problemas, y en la suma que todos los países son jugadores de una partida de póker, en donde ciertas decisiones se basan en los ocultamientos y los engaños. En estamentos como la Unión Europea tampoco se ponen todas las cartas sobre la mesa. Bajo todas estas premisas el Estado lee el inconsciente colectivo tanto de su país como del resto de países, pues razón sería que nadie ocultase sus cartas y que además estuvieran jugando sus cartas de la forma correcta. Una “carta” mal jugada, por ejemplo, es que la productividad tenga que crecer todos los años. El supuesto es que la población crece y si se estanca la producción no habría puestos de trabajo para las personas que se van sumando al empleo. Crecimiento y tratar de frenar el calentamiento global creado por exceso de producción y consumo, lleva una contradicción implícita. Echamos más leña al fuego que nos quema. Si me gustó la paradoja de Abilene desde el principio, es que muestra a la perfección lo que estoy planteando aquí. Nadie decidió, no hay verdadera libertad, tal estructura es falsa. Tercer dilema a tener en cuenta: el papel del pasado. Si volvemos al asno de Buridán: ¿porqué tenía volteada la cabeza a la derecha?, porque se giró de su posición inicial, ¿qué determinó su giro? Lo que quiero hacer ver es que en busca de los determinantes, toda acción en el mundo habría que remontarla al principio de los tiempos, pues toda situación está precedida de un determinante previo, que a la vez lo estaba de un anterior y así hasta el infinito. La vida nació como adaptación a un medio que le formaba -las leyes físicas y químicas- y a la vez le llevaban en una “dirección” bajo ciertos parámetros.

De una película, que por ser nueva y no hacer Spoiler, no pongo cuál es. Se parece a “Origen”, pero no es esa.

  Salgo del planteamiento de las premisas y voy a los consecuentes.

¿Hay alguna diferencia entre una simple reacción química y una pre-elección del cerebro tal como yo la he planteado? A ese nivel es como quien dice una “reacción química” muy compleja. Pensemos por ejemplo que si el cerebro no tiene el suficiente triptófano, quizás no tenga la suficiente cantidad de serotonina como para inhibir ciertas otras reacciones de otras moléculas, y en todo este proceso ya se está balanceando una pre-elección concreta sobre otra. O sea y como ejemplo, si la temperatura es muy sofocante el cerebro es más proclive a la ira. Esa misma complejidad, y analogía, se puede aplicar a lo social. Yo soy ese poco “triptófano” necesario para producir serotonina, que haría de inhibidor en el sistema. De mí no depende la cantidad de “triptófano”, sólo soy una molécula que pulula por el cuerpo que es lo social. En lo social se manifiesta aquello de lo que hay más cantidad (la mayoría en las elecciones políticas y en los comportamientos en masa). Las personas se fijan en las acciones individuales que han creado cambios a lo largo de la historia, motivados por distintos sesgos preinstalados en el “sistema” cerebral -lo individual y la libertad tienen que contar para algo-, pero en realidad toda reacción en cadena se dará si la situación emerge, dadas unas condiciones en las que se encuentra el sistema. Da igual cual sea la primera molécula de agua que se vaporiza, si el proceso estaba por darse se dará. Una molécula de agua no es la primera y después todas le siguen: el mantenimiento del calor en el sistema es el que está propiciando la reacción, el cambio de estado. Esto es lo que se sigue de la sabia frase de “predicar en el desierto”, si ninguna otra mente se “motiva” con unas palabras es que tal predicación se está dando en un sistema en el que no se encuentran las premisas necesarias para que se produzca la consiguiente reacción en cadena.

Si se me ha entendido y comprendido, entonces se puede entrever mejor qué quiero decir sobre qué es un chivo expiatorio. Ante el hecho de que la conciencia analiza las “elecciones” sociales, y que no tiene sentido elegir, pues no hay tal elección sino meras reacciones, dados unos medios y una sucesión de hechos previos, para que dicho módulo cerebral viva “sin ansiedad”, de que no tiene el control de la vida, opta por pensar que la “culpa” de que las acciones y la dirección social vayan por mal camino, es a “causa” de cierta persona o colectivo, que es la que ha bandeado la elección hacia el lado “equivocado”, frente a pensar que los determinantes y el azar son los que “tienen” el “control” de lo que acaece, que nos determinaría a ser como hojas en el viento. O sea, se simplifican las “causas” a una única que es la que se lleva la culpa, es la piedra a patear (o gato en otros idiomas) para liberar el malestar social. El cerebro es minimalista, pues depende de la regla de la parsimonia de la evolución, y en su búsqueda de liberar la carga cognitiva negativa lo hace simbólicamente y por transferencia hacia un “objeto” que se tenga a mano (lenguaje del psicoanálisis).

Contaminación de la Información

No niego la libertad, lo que niego es que la libertad por un lado sea tan libre como se pretende, y por otro que tal elección prediga todos los cambios subsiguientes y por ello cuestiono su verdadera “utilidad”. En esa dimensión se comprende, como han dicho tantos autores (Fromm, Sartre, Kierkegard, Camus), que se tenga miedo a elegir. El macho alfa hacía el papel de tomar las riendas de la acción, y obrar en el mundo bajo sus criterios. Lo que he perfilado en otros escritos sobre la tendencia a la individualidad, teniendo un sistema de recompensa/castigo diferente con respecto a la media, tiene (tenía) la función de crear un tipo de individuos que no medía tanto sus acciones en la dirección de no verse congelado al llegar a la parálisis del análisis. Quizás, en cierta forma, lo que quiero decir se explique mejor en la frase de Harold Geneen de: “mejor una buena decisión rápidamente que la mejor decisión demasiado tarde”. O sea, hablo de la impulsividad dejándose llevar por lo instintivo y manteniendo el prefrontal de lado. Este módulo es principalmente inhibidor, es el que hace que nos aguantemos las ganas de orinar, por ejemplo. El alfa, por otro lado, no tenía que tener tanto en cuenta a los otros, sólo como medios, no como fines. Retomemos qué hacemos de manera predeterminada al hacer una elección: 1. hay una pre-elección o una tendencia motivada hacia una dirección, 2. el prefrontal “revisa” si tal pre-elección es aceptable en los social, 3. se escoge a partir de dichos criterios una elección mediada: ni demasiado egoísta, ni cediendo demasiado a lo social (depende de cada uno cómo equilibrar esos dos extremos). El alfa por lo contrario no tiene el segundo criterio, actúa bajo sus propias reglas y concepciones, para no enturbiar aún más la toma de decisiones. Nadie espera de un presidente del país que cuando tenga que tomar una decisión le pase la pregunta a un tercero para que le dé su opinión. Ha de ser resoluto, decidido, enérgico, con las ideas claras y en una sola dirección. El arquetipo de héroe de las películas es de ese tipo. Pensemos por ejemplo en el papel de John McClane (Bruce Willis) en la serie de películas  “Die hard” (la jungla de cristal, en España): suele actuar primero y después pensar.

Si unimos puntos, arriba decía que en el cerebro profundo está la “verdad” de los sistemas, en cierta forma lo implícito es rápido y suele ser acertado con respecto a la realidad. A la vez dije que dichas verdades están individualizadas, puesto que estas estructuras tienen en cuenta las distintas tipologías humanas. El problema de la libertad viene dado a que lo que emerge desde un solo individuo tiene que ser mediado en lo social. El alfa no media con nada, sólo depende de su cerebro profundo, y dichas “verdades” que se manifiestan como intuiciones o caminos a seguir en sus acciones. Tenemos así que dicho individuo 1. está más unido a las “verdades” instintivas, y 2. necesita una química o estructura cerebral distinta a la media. Una de las moléculas que le hacen distinto, en su cantidad, es la testosterona (esta línea argumental la dejo en suspenso, y la retomaré en otros escritos).

La pregunta que emerge a partir de lo dicho sería: entonces, ¿por qué el macho alfa dejó de tener importancia en el periodo que nos hizo humanos y nos llevó a la inversión de la dominancia o tribus acéfalas (sin gobernantes)?, ese tipo de “gobierno” es el que se ha mantenido en los cazadores-recolectores hasta la actualidad. Dilema irresoluble. ¿Solían ser déspotas e indeseables?, o se debió a causas externas como la que propuse en otro escrito de que eran las víctimas  más probables en las cazas y enfrentamientos con otros humanos, ¿o se debió a la monogamia?, a que tal inversión la llevase a cabo las mujeres, como propone la teoría de la coalición cosmética. Si se cuestionó al macho alfa tendría que haber sido porque conllevase demasiados problemas. Nadie cambia nada si todo funciona bien, o no trates de arreglar lo que funciona, no podría ser que se cambiase al alfa por sexo seguro. Lo dicho, sólo se puede conjeturar, no merece la pena “gastar tinta” sobre el tema. En un estudio y documental del neurobiólogo Robert Sapolsky, “Estrés, el asesino silencioso“, por unas generaciones cierto grupo de babuinos no tuvieron machos dominantes, porque fueron los que se envenenaron al tener el “privilegio” de comer los primeros. Algo fortuito cambió la dinámica del grupo durante un tiempo. O sea, que por mucho que uno trate de predecir y conjeturar con la lógica, nunca se tendrá en cuenta que el azar también hace cambios, que en algunos casos son los que al final se mantendrán. De cualquier forma con las civilizaciones volvió el alfa bajo otros “ropajes” y designios. En la actualidad el Estado, y su presidente, hacen de alfa (líder) para cada país.

No se puede demostrar la libertad, ni la ausencia de ella. Bajo esta premisa el asno de Buridán se tendría que haber muerto de hambre al no poder discernir cómo accionar en el mundo, pero sin embargo comió… sin libertad, sin dilemas…, simplemente por determinantes que no era capaz de ver, entender o comprender (esta paradoja la muestra los Monty Python en la película “El sentido de la vida”, cuando en un partido de fútbol entre filósofos, se inicia el partido con un pitido y estos se ponen a pensar, en vez de a jugar). ¿No es la vida humana, y su pretendida y alabada libertad, como el asno de Buridán? Accionamos unas veces de una forma más impulsiva, otras de forma más meditada. El resultado no es el control de la vida o de la sociedad. El caos y el descontrol se cuela una y otra vez, pero no de forma tan pronunciada como para que sea molesto dentro del sistema que formamos. En caso que crezca el caos y el descontrol emerge una reacción en cadena que hace que “hierva” la sociedad para cambiar de estado. En la salida hacia esa nueva condición sale el concepto de chivo expiatorio al que culpar de todos los “males” y en la dirección de que la libertad, como mecanismo, se siga validando y se tenga que seguir “usando”.

Contaminación de la Información

Conclusiones a partir de esto. La contaminación informativa, en su poso (lectura profunda), ha llevado a revelar al humano tal cual es y quizás no nos guste lo que hemos visto. El sistema actual es uno en donde se está sobrecargando la “cognición social” con demasiada información y además mucha de esta es irrelevante o son mentiras (fake news), lo que lleva a la falta de decisiones claras y rápidas. Eso ocurre porque los que habrían de ser los alfas, los gobernantes, están más pendientes del resto de los países y gobernantes que de sus propios instintos. En eso tampoco ayuda la mirada crítica y el alto seguimiento de la masa, sobre los gobernantes, que se han propiciado por medio de los nuevos medios de comunicación masivos e instantáneos. Quizás sucedió algo paralelo cuando cayó el alfa en la prehistoria: con el advenimiento de la conciencia su papel se cuestionó con ese nuevo medio (aquí tenemos un momento de nacimiento y de encuentro con una posible “verdad” que yo no tenía en mente: la síntesis prefrontal hilvana ideas mientras uno escribe). La conciencia era más susceptible de cuestionar todo a través de la razón, cuando en un estadio previo el alfa sólo era analizado bajo el pensamiento mágico. De ser así el estado actual es uno en donde el humano ha tomado conciencia de sí a nivel de especie, y en donde el alfa o gobierno ya no encaja en dicha estructura, pues toda decisión, cada paso que se diera, lo habría de tomar el total de los humanos por medio de votaciones de todo lo decidible, por medios digitales: el Estado sólo haría de funcionario, de ejecutor de esas decisiones. Tal sistema no sería más racional (como ya he dicho en otro lugar, pues sin conciencia no hay razón y en lo social no se puede dar tal conciencia unificadora), sería un sistema puramente inconsciente, en donde emergerían las reglas del sistema al que pertenecemos, como así ocurre en las especies eusociales. La primera premisa se deduce fácilmente al tener en cuenta la frase de Harold Geneen de “mejor una buena decisión rápidamente que la mejor decisión demasiado tarde”; lo raro en lo humano es lo excelso, si a este hecho se suma que cada humano toma la decisión más rápida, frente a la óptima, impelido por lo social y las circunstancias, entonces el sistema es tendente a las decisiones mediocres y erráticas. Me gustaría decir que en épocas pasadas, más pendientes de un mayor respeto y de poner en primer lugar a los tabús, y más tarde a los mandamientos morales, se tendía menos al impulso y las acciones estaban más meditadas y seguían la regla de tender a la perfección, pero no lo puedo asegurar. Si lo hiciera estaría echando la culpa a la “moralidad relajada” y esa no es mi “intención” (no soy de “rigidez” moral, más bien lo contrario. O sea, aunque no me guste la pornografía esto no nace de lo profundo, sino de la razón).

A nivel individual. Yo me siento cual hoja al viento, si accionase en el mundo, y bajo sus premisas, iría contra mis principios. En esa situación me quedo congelado, pues no termino de tomar ninguna decisión que me saque de tal estado. La sociedad ha tomado una doble dirección que acaba o cuestiona la anterior. Arriba he dicho que el impulso atemporal “decide” o te guía a partir de la propia apuesta personal. En esa medida el humano ha “detectado” esa “verdad” y se agrupa con otros humanos a partir de dichas disposiciones. Las mujeres se unen en un colectivo, el ILGTBQ (o cómo sean ahora las siglas, que me pierdo) en otro, subdivididos a la vez en cada uno de ellos. Se unen los frikis, los célibes no por elección (INCEL), los MGTOW, etc. No pueden darse guerras -excepto virtualmente- en este nuevo mapa mundial, pero si se pudieran dar se darían (eso es lo que plantea en definitiva la serie de películas “divergente”: tipologías humanas en lucha). Por otro lado emerge la pertenencia al humano como especie, habitantes del mismo planeta, donde los nacionalismos y las lenguas tienden a tomarse como reliquias (aunque aún se sustentan en gran medida). En caso de ni siquiera querer “pertenecer” a un colectivo, lo único que queda es la individualidad. ¿Y qué es un individuo en un banco de peces? Como dije en otro escrito, los peces que apostaron por los bancos, se metieron en esa encerrona evolutiva, pues todo individuo que tratase de abandonar el banco sería el cazado por los depredadores y su apuesta no se mantiene en el juego evolutivo. El humano está en la misma disyuntiva, no hay escape de lo social que sea válido, a no ser que te sobre el dinero, o a expensas de convertirte en un sin techo. Sino es así sólo te queda nadar junto al banco de peces y seguir su flujo. Un flujo que nadie decide, que nadie gobierna, excepto las reglas que emergen en el propio sistema. En definitiva, que no hay libertad, sólo existen aquellas pequeñas variables que te permita el sistema al que perteneces. ¡Cuidado de no nadar junto al resto de peces! Nuestro actual depredador somos nosotros mismos, bajo los conceptos de exclusión social y chivo expiatorio.

Aclaremos una última cuestión. Un experimento mental clásico de ética es el dilema del cambio de agujas, en donde uno ha de decidir, al cambiar de vía a un tren que viene sin frenos, si ha de atropellar a una sola persona o a cinco. Todo el mundo decide cambiar la dirección del tren para que no atropelle a las cinco. En un segundo experimento se le dice que el salvar a esas cinco depende de tener que empujar a una persona con sobrepeso a las vías para frenar el tren. Las personas “deciden” no empujar al otro ser humano. La primitiva que surge de tal cuestión es el verse libre del sentimiento de culpa al matar a una persona con las propias manos, en vez de la primera opción donde opera un cambio de agujas y no hay que empujar a nadie. ¿No nos damos cuenta que es lo mismo?, ¿qué opera un mecanismo programado del cerebro (primitiva) y que no hay elección? Bajo mi punto de vista en el sistema actual vivimos cegados que “al mover palancas” no somos culpables de que al final haya muertes, como así son los suicidios. De nuevo la libertad escondiéndose de sus responsabilidades. Según lo social inconsciente el único culpable es el propio suicida.  Volviendo a los homicidios por la violencia de género. De ese 0,001% de personas que llegan a ese extremo, algunos son hombres subcontrolados que consumen drogas. Centrémonos en un caso: un niño nace de una madre drogadicta que ya la ha vuelto adicto. Si tal caso pasa desapercibido para los servicios sociales ese niño, seguramente sin padre, tendrá una educación pésima o nula, tanto a nivel educacional como emocional. Su cerebro nunca terminará de madurar. De pasar por la fase en donde el prefrontal tenga la capacidad de inhibir los impulsos y por ello la ira. Tal persona es posible que sólo pueda encontrar de pareja a una igual, otra drogadicta. En alguna situación desesperada y de ira llegará a tal estado de violencia, que en alguna caída de su pareja, a partir de un golpe mal dado, esta se “desnucará” y morirá. ¿Realmente creemos que el único culpable es ese hombre? Falla el sistema, falla la maternidad, la educación estable en un núcleo familiar…, falla todo.


(Offtopic: Mi actual tendencia es no atenerme a la regla de hacer escritos cortos para tratar de adaptarme a la caída del mantenimiento de la atención. Pienso que la reducción de la información es más proclive de llegar a ser reduccionista, con la consiguiente posible malinterpretación, ya sea por parte del que lo escribe o del que lo lee, o de ambos. En otros casos la constante reducción de un escritor a otro que lo replique, lleva al deterioro de la copia, de una copia… Por otro lado estoy dejando de lado las redes sociales, pues “envenenan la sangre”, (a veces es mejor el lenguaje cotidiano que el académico o moderado). La caída de FaceBook ha propiciado el crecimiento de Twitter, cuando es el peor medio, pues el mensaje corto y conciso -en la dirección de poder crear un diálogo- es imposible. Con todo, y puesto que entro en Twitter para poner enlaces de mis escritos, la curiosidad siempre cae en cliquear sobre algún Trending topics. Las redes sociales llegan a la estupidez de entrar en una discusión de si la derecha o la izquierda repercute más en el cambio climático. O la nueva canción de Merche de “lo que me da la gana“, (#LoQueMeDeLaGana), en donde entraron en juego las voces de las “feministas”. Según el feminismo el patriarcado no era un pacto social “real”, pues no se había tenido en cuenta a la mujer. “Hago lo que me da la gana” es no tener en cuenta el diálogo y por ello no querer consensuar el llegar a un pacto social. Debería de ser catalogado de vídeo inflamatorio, según los criterios y la “jerga” que usa el feminismo de la cuarta generación sobre los vídeos de ciertos YouTubers. Podría traer aquí a colación la frase de José Martí de que “todo egoísta es un delincuente”, pues ese “hago lo que me da la gana” es uno de sus signos, pero el mismo autor también dice que “los derechos se toman, no se piden; se arrancan, no se mendigan”, luego ambas frases se contradicen, pues un ente liminal creerá o luchará de forma empecinada, que pudiera ser tomada como egoísta, contra aquellos que lo oprimen, y en ese caso la primera frase cae en la ambigüedad. Como se puede ver me argumento y contraargumento a mí mismo con honestidad, me gustaría que todo humano lo hiciera, pero la tendencia es “usar” o caer en el sesgo de confirmación (y otros parejos), en sólo “leer” de la realidad lo que le dé a uno mismo (o a su ideología) la razón. Por lo demás carece de sentido, pues cuando sean madres no aceptarán que sus hijos les digan “hago lo que me dé la gana”. ¡Así es el panorama actual de incongruente e incendiario! La canción de Merche es una prueba, de tantas, de que ahora mismo el feminismo “vende”; toda idea liminal o transgresora que llega a la etapa de la normalización, como para que se vuelva mercantil, es que ha llegado a su punto culmen, tras del cual vendrá un deterioro en su uso vulgarizado y normalizado, que lo podrá llevar a su “muerte”. )


Más frases e ideas que se han quedado en el tintero:
“No puedo hacerme entender. No puedo hacer que nadie entienda lo que está sucediendo dentro de mí. Ni siquiera puedo explicármelo a mí mismo.” Kafka
“Lo falso es susceptible de una infinidad de combinaciones; pero la verdad no tiene más que una manea de ser.” Rousseau
“El carácter es como un árbol y la reputación su sombra. La sombra es lo pensamos de algo; el árbol es la cosa real.” Lincoln
“La libertad no consiste en hacer lo que se quiere, sino en hacer lo que se debe”. Ramón de Campoamor
(No las he incluido en el texto, pues me parecen demasiado aleccionadoras y esa no es mi intención. Trato de deducir “verdades”, no trato de crear una moral.)
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Propio, algo de locura:
– La vida no fue una bendición de Dios, sino una maldición que echó Dios sobre la materia inerte: la condenó a cobrar vida.
– ¿Y qué fue Jesucristo sino el chivo expiatorio de su época?: dice la leyenda negra que cierta parte de la sociedad odiaba a Jesús, y que cierto día Este les dijo: “Matarme si no creéis que lo que soy no depende de mí, sino que soy un producto de la sociedad”, las consecuencias ya las sabemos.
– ¿Que es egoísmo o altruismo? Si alguien dijera: “si no eres feliz, no te preocupes, algún desconocido lo será por ti”, no le vale a nadie, más bien sienta como una patada en un ojo.

Bosquejo Para una Teoría de la Sociabilidad II

“La misantropía no parece tan irracional como solía ser.” Amy Olberding

Reacción frente a Acción

Imagina despertar de repente en un desierto y no saber qué haces ahí, ni quién eres. Miras en todas las direcciones pero no hay ningún hito, nada que sobresalga en el horizonte que te marque un dirección a la que ir. ¿Eres una persona libre de ir en cualquier dirección de los trescientos sesenta grados? Ahora imaginar que ocurre lo mismo pero en una isla. La cosa ha cambiado, el ancho océano no es una opción: ¿tenemos unos ciento ochenta grados de opciones? La misma situación, pero en una colina de una jungla. Nos encontramos con matas de vegetación impenetrables que sólo nos dejan unos pocos caminos que seguir. Si bien la primera parece con más opciones de libertad, en realidad no lo es, pues el sol y calcular la hora del día nos “determinaría” un posible ruta. En la isla tampoco son ciento ochenta grados de posibilidades: frente a nosotros puede haber un acantilado y dada su dificultad vamos a derecha o a izquierda en la playa.

¿Qué se deduce de todos los anteriores casos?, que no accionamos, sino que reaccionamos ante las situaciones. Nos encontramos que el humano tiene la primitiva de creerse libre, y de hacer uso del verbo accionar, cuando la mayoría de los casos tendría que usar el verbo reaccionar. De lado quedan otros determinantes mayores que ignoramos, como la gravedad, y que poseemos un cuerpo con unas necesidades físicas como la hidratación y la comida. Por defecto llamamos libertad a la capacidad de obrar ignorando todo determinante…, y si fuera así, una rata de laboratorio que ha sido puesta en un pasillo estrecho ¿se creería libre de andar hacia adelante en vez de quedarse parada? El cerebro y la evolución tiene otros determinantes, seguramente la rata avanza por el pasillo por uno de esos determinantes. Incluso si se le pone en medio de un cruce de dos caminos, en donde tiene cuatro opciones, existirá el determinante de que casi todo mamífero complejo tiene una predominancia del cerebro izquierdo (que manda sobre su lado derecho), que hará que “coja” el primer camino a la derecha, que a la vez depende de cómo le haya colocado el científico. Fijarse que coger y escoger llevan implícito la misma problemática que acción y reacción. Creemos escoger, cuando en la mayoría de los casos cogemos. Pongamos que nos ponen delante nuestra, en una fiesta, una bandeja de pasteles, realmente escogemos o lo que hace el cerebro es guiarse por ciertas directrices, como el aspecto de los pasteles, los colores preferidos, el análisis del tamaño de los pasteles con respecto a nuestro hambre, y que tengan crema, nata o chocolate o dos de esos ingredientes o los tres… ¿escogemos? o el cerebro coge un pastel al analizar y descartar las distintas variables que entran en juego. Ese tiempo de retardo de análisis lo captamos como que estamos eligiendo, cuando en realidad es un proceso que hacen ciertos parámetros ya ajustados del cerebro, y tenemos la falsa ilusión que en dicho retardo lo que entra en juego es nuestra libertad. Bajo estas premisas se comprende que el cerebro tiene lo que se llama “ilusión de control“, la sensación de que tiene más opciones de las que realmente cree, porque el cerebro filtra lo que no puede hacer y los límites físicos como la gravedad, y sólo se atiene a creer que ahí, en la realidad no hay límites. Este proceso repetido millones de veces durante la evolución del sistema nervioso central, llámese cerebro, ha creado una función cerebral que se llama locus de control. Al conjunto de todos los efectos que produce tal función cerebral se le llama ilusiones positivas, entre las que se encuentran el sesgo optimista y la ilusión de superioridad, de estar por encima del resto de las personas o de lo promediado en lo humano.

Pongamos en juego, en un caso real, todo lo dicho arriba. En GH VIP 7 el concursante Hugo Castejón se ha granjeado el repudio del resto de los compañeros. En su “defensa” argumenta que casi todos están a la sombra de Mila Ximénez, un referente en los medios de comunicación del grupo Tele Cinco, que al ser una persona con muchos defensores fuera, se arriman a la sombra del árbol que más cobija. Todos dicen que tiene el suficiente criterio para que no sea así. ¿Quién tiene razón? Si se fuera a la Alemania nazi, previa a la guerra… ¿no dirían todas las personas tener el suficiente criterio para tener un motivo personal para seguir a Hitler?, en definitiva a que se debe a una elección personal. Volvamos a estar en medio de un paraje de la naturaleza. Como realmente no se da que aparezcas de la nada en medio de un paisaje, lo contrario es que cuando se va por la naturaleza sigas sendas que ya han sido trazadas por cientos de miles de pasos de otros humanos. En el caso de encontrarte con una bifurcación, el cerebro tiende a buscar los indicios de cuál de los dos caminos es el más trazado: el más probable de ser el camino a seguir. ¿Y antes de que hubiera pasado algún humano por allí? Cuando el humano, al salir de África, se encontraba con paisajes nunca antes hoyados, en realidad partía de ciertas directrices, que de nuevo venían dadas por el aprendizaje del cerebro. Por ejemplo, en muchos bosques de España, y aunque no haya pasado otro hombre por allí, hay ciertas trazas de caminos que ya han sido marcados por los jabalíes u otros animales. Camino que quizás no lleven a un sitio concreto, pero que sí evitan los precipicios y las zonas cerradas por la vegetación. El humano, en la prehistoria, seguiría estos terrenos marcados, y al final pudieron llegar a ser los caminos entre dos valles, que con el paso del tiempo sería donde los Romanos harían una calzada, calzada que al final, con la llegada de la locomoción en el siglo XX, llegarían a ser las carreteras.

Volviendo a nuestras pesquisas, si preguntásemos a una de esas personas, por ejemplo al encontrarnos con un conocido, que qué hace por allí, por esos caminos, te dará una explicación personal y exenta a que lo único que está haciendo es seguir un camino trazado, porque en la sociedad actual sedentaria es aconsejable salir a pasear un poco, y porque además a esa hora en la televisión no hay nada para ver que merezca la pena. Anulamos de nuestras conversaciones las imposiciones, los determinantes,  dejando en el proceso lo único que el cerebro “cree” relevante, que es la propia autodeterminación, nuestra propia identidad. Esa falsa superioridad, de no ser una persona “normal”, tratará de hacer ver al otro nuestras peculiaridades y singularidades, que nos hacen sobresalir, en algún detalle, sobre el resto. Tal proceso se llama “narcisismo de las pequeñas diferencias“, que viene dado por que el cerebro necesita cierto narcisismo implícito y saludable (amor o valoración de uno mismo), que a la vez está construido por el ego, que es el constructor de nuestra identidad narrativa, de aquello que contamos y cómo lo contamos. O sea, que dicha identidad se construye a partir de las pequeñas anécdotas que contamos a los otros (y de paso a nosotros mismos) a partir de casos muy concretos que creemos únicos en nosotros mismos. Recuerdo a una persona que contaba una y otra vez que el vello de la barba del cuello le crecía al revés que al resto de las personas, y que eso le creaba dificultades para afeitarse. Mas de una vez estando con él, y cuando nos encontrábamos con personas nuevas, de repente le oía contando la cuestión de su barba, como si fuera algo tan extraordinario, como para que todos lo tuviesen que saber.

Volviendo al narcisismo de las pequeñas diferencias. Conviene sobresalir un poco, pero nunca tanto como para al alardear caer en el exceso de orgullo, pues tal situación está “castigada” en sociedad. Pero de nuevo aquí vemos que hay ciertas directrices, o caminos, a seguir en cada momento. Cuando se da un encuentro social, ni se tiene que acaparar toda la atención, ni conviene estar totalmente al margen. Tiene que ser un “toma y daca” finamente mediado. ¿Qué determina estas reglas sino algo ajeno a nuestra libertad? Constantemente estamos cogiendo los caminos más andados, los más aceptados en lo social…, ¿qué espacio queda para la libertad?, para escoger en vez de coger, para accionar en vez de para reaccionar. A todo esto me viene a la mente un medio chiste, en donde dos hombres en una fiesta les dan a escoger entre los dos últimos aperitivos que quedan, y se hacen las típicas señas o comunicación no verbales de dar a elegir al otro primero, por deferencia, y el que al final cede coge el aperitivo más grande y vistoso, y el otro, en un acto de sinceridad o quizás adversidad le dice: “no es lo que esperaba de usted, si yo hubiera sido el que eligiese el primero hubiera escogido el más pequeño”, a lo que el otro contesta que de qué se queja, que él se ha limitado a cumplir su deseo.

Todo este preámbulo viene al caso por lo dejado como pendiente en el escrito anterior, y sobre si una persona tiene la total capacidad para construirse a sí misma o no, y en qué medida el ambiente (en su sentido más amplio) repercute. Volvamos al caso de las dos personas y los aperitivos: ¿y si esas dos personas hubieran sido un hombre y una mujer? Hace un siglo la primera en elegir habría sido la mujer, pues estaba la regla implícita en la sociedad de ceder el paso a las mujeres, y la misma convención para toda situación similar. Pero, ¿qué habría que hacer hoy en día?, ya no se puede o debería tener la misma deferencia, la misma regla, dado que hombre y mujer han de ser iguales. En cierta medida en la clase alta se sigue manteniendo esa regla en las convenciones sociales, pero no así en la clase media o baja, y de cualquier forma es distinto en situaciones más familiares y menos protocolarias. ¡Lo que viene a ser un caos para el cerebro de los dos sexos!, pues ya no se sabe con exactitud cuándo se puede estar cayendo en un micro-machismo o cuando se está siendo descortés. Por cierto, hace un siglo la mujer hubiera sido la que elegiría primero el aperitivo, pero hubiera dejado el más grande al hombre, aunque tan sólo fuese por que su apetito fuera menor en un cuerpo menor…, o ¿hubiera sido por sumisión? Y si buscásemos de dónde viene el origen tal convención o “camino”, ¿cuáles serían sus primeras huellas? En animales con un macho alfa este es el primero es comer y coge (que no escoge) las mejores porciones. La explicación evolutiva es que hace un mayor uso de la fuerza muscular y su cerebro: cuando más dotado esté el macho alfa mejor le irá en la caza a toda la manada. Más adelante esa persona era el padre, que seguía siendo el que iba a la caza. Con el paso del tiempo esa posición la detentaba la persona más mayor, con un mayor prestigio y siendo la más respetada. Es posible que ese fuese el inició de lo que significaba ser el líder de un grupo, que más adelante llegó a ser un rey o un emperador.

Si buscamos el inicio de toda convención social toda proviene de un primer paso, que en muchos casos venían dados por procesos que se heredaban de nuestro estado previo como animal. Aquí entra en juego las ritualizaciones y los tabús que he tratado en los dos escritos previos. Cuando el humano llegó a la consciencia tenía la capacidad de no seguir un camino trazado, de buscar uno nuevo, pero la evolución, y en la dirección de que no fuera tan permutable la esencia humana, asentó que seguir las normas del grupo era lo más propicio para que un grupo se mantuviese. Esto es : por mera economía del comportamiento. Volvamos al caso del desierto. Si en vez de una persona en esa misma situación se encontrasen cuatro, podrían decidir cada una ir en una dirección distinta. Si llegado el caso se encontrasen cada una de ellas con un depredador, ninguna terminaría por salir del desierto. Volvamos a la posición inicial. Tres de ellos deciden ir juntos y otro va por su propio camino. En la misma situación con el depredador el solitario moriría y aquellos tres que fueron juntos o bien lograron ahuyentar al depredador, o bien murió uno de ellos, pero sobrevivieron dos. O sea, que en la prehistoria todo grupo que se mantenía en unas normas establecidas, que normalmente provenían de los mayores y más experimentados, se mantuvieron, mientras que todo grupo que se fraccionaba era más proclive a desaparecer. Es una típica retroalimentación positiva a través del tiempo. Lo que se validó fue aceptar las normas y mantenerse unidos al grupo. Lo que paso tras paso nos llevó hasta la situación actual, en donde las personas de corte occidental ahora tienen como premisa su individualidad, su singularidad, y la falsa creencia de que no siguen ningún camino o que todo camino trazado es cuestionable. En otras culturas lo predominante es el grupo, frente al individuo, y aún siguen con el paradigma de la ritualización, y que lo importante y central es ir todos juntos por el mismo camino. ¿Qué apuesta es la mejor, cuál la más lógica o acertada? La cuestión no es tratar de contestar de buenas a primeras, sino, como ya dijera en el escrito anterior, la cuestión es hacer las preguntas adecuadas: ¿mejor apuesta para qué?

Cambio de tercio, no quiero ir por ese camino de consejero, me interesa más cuestionar la pretendida libertad de las personas. ¿Cómo sabemos en qué trama estamos metidos si casi nunca somos los suficientemente objetivos para ver dichos tramas? O sea, a nivel de suelo uno ve un gran nubarrón y en el horizonte un claro, y falsamente cree que es probable que haya una tormenta, pero que al final acampe…, pero ¿y si más allá de donde nuestros ojos alcanzan viene otro frente tormentoso aún mayor?  En ese caso la ciencia es ese ojo en el cielo que ve, con una mayor panorámica, cómo es la tormenta. Es la que nos dice que caemos en la ilusión del control, que proviene de nuestro locus de control, que a la vez nos da una carga de ilusiones positivas como el sesgo optimista y la superioridad ilusoria. Por la misma regla que tal tipo de sesgo implica, cada persona se dirá libre de ellos. Quién tiene razón: la ciencia o cada uno de los individuos. Las reglas de la ciencia diagnostican que cada uno achacará que eso es algo que le sucede al resto de las personas, pero no a ellas mismas. De nuevo más y más ilusión del control, que de nuevo lleva a la superioridad ilusoria y al sesgo optimista de creer que uno mismo no puede caer en algo tan “negativo” (esta argumentación se me parece a la trampa 22 –catch 22-, que cuando crees que sales es cuando más entrampado estás).

Creo que no necesito repetirme más. Que lo que quiero dar a entender en este escrito está claro. No somos seres de acción, sino reactivos, que se acomodan a ciertas premisas y que siempre tienen que accionar bajo dichos estados previos. Se actúa de una manera a una edad, por ciertas hormonas, y a otra edad de otra forma por la ausencia de dichas hormonas y otros factores de dicha edad. Una mujer de hace un siglo cogería el aperitivo más pequeño dejándole el más grande al hombre, mientras que una mujer de la actualidad… ¿cogería el más grande para empoderarse? Hay alguna diferencia entre estas dos actitudes y mujeres: las dos se sienten bien por su “elección” y modo de proceder “adecuado”. Las dos reaccionan dadas las épocas que les ha tocado vivir en su momento. Pensar que hoy estamos más cerca de alguna “verdad” que ayer… ¿es real o sólo es una ilusión del control? El etnocentrismo erradamente usa el concepto de progreso a su “antojo”. No se sabe hacer las preguntas adecuadas. Un urbanita no es más feliz que un humano de una tribu de cazadores recolectores. Este no tiene trastornos mentales, no sabe qué es el sentimiento de soledad, incluso su microfauna bacteriana es mayor y más “correcta” tanto en la piel como en su estómago que un humano medio de una ciudad, en ese proceso los cazadores-recolectores no tienen enfermedades autoinmunes. Si de un día para otro viniese un cataclismo a nivel mundial, o cayese el sistema actual de manera sistémica y desenfrenada, los que tendrían más opciones para sobrevivir serían los cazadores-recolectores, pues se conforman con poco y son más adaptativos a la naturaleza, y sus posibles cambios, que cualquier urbanita.

Tamara MacLeod
is the pseudonym of a freelance writer, sex worker and activist based in England.

Que el feminismo piense que de la sociedad patriarcal el único culpable es el hombre es no haber entendido la trama de la evolución y la evolución social. Si puse -en el escrito anterior- el pequeño relato de Tamara MacLeod sobre sus primeras experiencias sexuales a los 11 años venía caso con respecto a las presentes conclusiones (ir al escrito para leer el artículo competo). Las bonobos, al igual que Tamara MacLeod, en cierto momento evolutivo se dieron cuenta (con un gran encomillado a ese se dieron cuenta) que a través del sexo podían tener algún privilegio o tomar el control de la especie, y lo hicieron. Por ese mismo proceso pasó la hembra humana. Una “elección” que aún hoy repercute en la vida social. La hembra humana no siempre “escogió” los mejores caminos durante su evolución. Ambos sexos se adaptaban y readaptaban a las “propuestas” del otro sexo. A cada acción le sigue una reacción, en un juego en donde nunca ninguna acción fue realmente acción, pues como he tratado de mostrar en este escrito, no existe algo así como una “acción pura y primera” sin estar contaminada de unos determinantes situacionales que siempre provendrán de estados previos, a la vez nuevamente determinados, y en donde el final son los límites físicos, como lo es la gravedad. Bajo esta regla ni Dios sería libre, pues una vez que puso el “mecanismo” de la vida en marcha Él ya no podría hacer nada, no podría Obrar en libertad, por cambiarla, pues ese mecanismo seguiría su propia senda y discurrir. Lo más aceptado en la Iglesia Cristiana es que los milagros han de operar bajo las leyes físicas. O sea, que no por un “simple chasquido” de Dedos, Dios pudo pasar de un lado del mar al otro al pueblo de Moisés. Tuvo que hacerlo bajo las leyes físicas  y se debió de valer del viento o algún proceso natural para que las aguas se apartaran. Volviendo al tema. No es que el macho tuviese una pretensión, desde el principio, de dominar y someter a la hembra. Si fuera así sería un monstruo, que es la imagen que quiere dar a entender cierto colectivo feminista. Un paso se daba a partir de otro previo, al que le seguía en consecuencia otro. ¿Qué ciertas cosas estaban mal?, sí, pero no existía una mente confabuladora tras de toda esta trama. A ciertos humanos conspiranoides les gusta creer que el poder tiene ciertas sociedades secretas que son las que crean las estrategias para mantenerse en el poder, para mantener el estatus quo. ¿El feminismo cree lo mismo?, que los hombres se reunían para mantener a la mujer oprimida. No hay mente (u organización) capaz ni de mantener las jerarquías, ni de mantener el patriarcado. La evolución funciona por los números, por los promedios, sin ninguna mente detrás. Los números equilibran los comportamientos más económicos u optimizados a cada época de un proceso evolutivo. En cada momento de la historia tanto la mujer como el hombre creía (o sentía o era lo que tal época conllevaba) a que la forma de vida que llevaban era la más optima o adecuada. Mi madre no se sentía oprimida, ni sumisa (ni estaba errada en su pensamiento según el momento que le tocó vivir). No se puede entender el feminismo sin la revolución industrial, en donde la gran necesidad de la mano de obra llevó a que la mujer se incorporase al trabajo. Tampoco se puede entender la revolución sexual sin los anticonceptivos, que a la vez, parte de ellos, provienen de la industria química, que a la vez provienen de la comprensión humana de los compuestos químicos y sus procesos en el cuerpo humano.

Vuelvo al concepto de progreso y “verdad”, y acabo. Si se va a una Web de cámaras sexuales en directo, cada vez hay más belleza y juventud, o ellas son las que se posicionan en la primera página (de nuevo las reglas que nadie directamente dicta, pero se sacan en estadísticas, en promedios). No me puedo imaginar cuando sean madres y por qué infiernos habrán de pasar sus hijos cuando les puedan hacer acoso escolar por medio de los vídeos de sus madres. ¿Acaso han llegado a pensar en esa posibilidad? ¿Normalizaremos en algún momento tanto el sexo como para que nuestra madres hayan hecho mil rarezas extremas ante millones de extraños?, ¿eso es progreso?, poder ver a tu propia madre en sus trabajos sexuales. Lo mismo vale para el padre, aunque hay menos que mujeres en las Web Cam. Normalizaremos que nuestro hijo nos diga: “mamá, porque trataste de meterte un melón por la vagina”, o “mira, hijo, ves esa barriguita mientras me meto ese consolador talla XXXL, pues ese que estaba en mi tripita eras tú” (me sale el payaso  tragicómico que llevo dentro). No existe progreso como tal, de la manera que se tiene idealizado. Existe la complejidad, y a mayor complejidad mayor dificultad para mantener el equilibrio. En cierta forma las civilizaciones a lo largo de la historia eran un “prueba y error” de hasta cuánto podía crecer una ciudad-estado, como para mantenerse equilibrada. Una civilización que sobrepasaba ese límite -o punto crítico- al final se terminaba por derrumbar al completo, pues no había un punto de freno y estable en donde la retroalimentación negativa al final tuviese cabida. ¿No pareciera que en la actualidad estamos llegando a ese límite? Ya en otros lados he hablado que el niño pasa por las edades evolutivas. De igual forma toda civilización pasa por las distintas edades humanas. La actual civilización está en su mediana edad. En la mediana edad ya no existen las ilusiones inocentes de la juventud, se mira todo con amargura y cinismo. Todo dato, toda vivencia queda velada por la total ausencia de la inocencia, del pensamiento mágico… queda desvelado como acto puro, lógico y “crudo”. En mi ya no cabe el poeta, porque al ver que todas las bellezas pensables están disponibles a la distancia de un clic, ha hecho que este muera tras tantas eyaculaciones en vacío, sin la ternura a la que ha de seguir el sexo. En esa dirección la libertad sexual es la mirada cínica y cruda que un adulto pone sobre el otro sexo, sobre el cuerpo, sobre la carne. Al matar todo idealismo y esencialismo, de que no hay tal cosa como la feminidad, a la vez matamos otros esencialismos consecuentes a los primeros, como así es la ternura con respecto a lo delicado y bello de lo femenino. Incluso en el cine, antes llamado romántico, ahora ñoño, huye de todo este lenguaje esencialista y del pensamiento mágico. En todas estas medida no hay progreso, sino descenso al infierno. La mujer se objeta y se siente carne, y ya ni siquiera le importa, ya ni siquiera piensa que lo que haga ella no se lo podrá negar legítimamente a sus propios hijos, pues ni siquiera se pone como requisito tener una descendencia y por ello tener el peso de tener que dejar un legado…, una cultura, una ritualización que tengan que seguir sus hijos.

Ahora, bajo este análisis… ¿creé cualquier mujer feminista que hemos progresado?, o sólo hemos ido un paso más allá hacia la complejidad y esta indomablemente no puede sujetarse, domeñarse y englobarla a ningún limitado pensamiento individual que crea que está siguiendo los pasos “debidos”, pasos que ha escogido plena y conscientemente. Lo mismo que está sucediendo ahora ha pasado a lo largo de todo el pasado. En ciertas situaciones el humano, seguía un camino porque no le quedada otro, dada las circunstancias. Se metía en atolladeros y callejones sin salida. Cada sexo se ha equivocado en unas u otras ocasiones, y el otro sexo se ha adaptado a las nuevas situaciones y ha reaccionado a partir de ellas. ¿Se cree el feminismo actual estar libre de errores?, que la liberación sexual hasta donde nos ha llevado no era algo impronosticable…. ¿cuál será su límite final? El humano no actúa sobre la realidad, se adapta, reacciona a cada nueva situación porque la premisa de la vida es la adaptación, y la libertad es tan sólo un cuento que nos contamos a nosotros mismos para mantener la ilusión del control. Liberamos al sexo… pero ¿acaso pensamos hasta dónde llegaría o llegará? La mujer es la más vejada y que aparentemente más está perdiendo al tener la falsa sensación que está jugando en su propio terreno. Recorremos Abilene una y otra vez, sin llegar a preguntarnos ni si quiera si queríamos ir a esa ciudad inhóspita, dado lo largo del camino y el calor que hacía. En definitiva, el humano va a ciegas y para mantener la ilusión del control se lo niega a sí mismo, y para colmo a eso le llama progreso.

A modo de ejercicio mental, ahora, cambiar el verbo reacción por el concepto de adaptación. Eso es lo humano, eso es la vida, eterno comportamiento adaptativo.

(Lo que viene en el siguiente escrito: la situación actual viene dada por una falsa sensación de autoeficacia, sustentada sobre todo por las redes sociales y el móvil como instrumento de dicho estado. ¿Estado zombi?)

Breve Historia de la Condición Humana

Nuestro cerebro ha evolucionado para reconocer como  propio lo cercano y como ajeno lo lejano”
Fernando Moya
Cuando se habla de evolución y selección, no estamos  hablando de rasgos individuales, sino de un paquete, que la selección acepta o rechaza. Genes, caracteres anatómicos, procesos fisiológicos, moléculas, son componentes que van todos enlazados. Con lo cual, si cambia una cosa, otras  cambiarán como consecuencias secundarias.”
Emiliano Bruner
Nos estamos volviendo serios, y déjame decirte que ese es el siguiente paso para ser aburridos”
Joseph Addison
Desde el punto de vista genético, los seres humanos de hoy somos cazadores-recolectores desplazados a través del tiempo, a un mundo distintos de aquel para el que fuimos hechos.” Francisco Giner Abati, antropólogo.

    Este es un subcapítulo dentro de “el sentido está en las primitivas“, dentro del libro “Primitivas, inclusividad y reacción” y segunda parte del “nacimiento de la identidad narrativa“, donde se había dejado temas pendientes.

   ¿Qué estoy haciendo al dividir capítulos en subcapítulos y estos en varias partes?, me adapto a la situación actual de la sociedad, donde las personas son reacias a ocupar mucho tiempo y su atención en un escrito muy largo. En su momento no me ocupaba de esta problemática, pues tenía una página web mantenida por el gestor de contenidos Joomla, que lleva implícito ser indexada por los motores de búsqueda. Ignoraba a las personas y la situación actual, y me limitaba a escribir. Tenía más visitas en esa situación, que en la actual de escribir en Blog’s, que no te posicionan en los buscadores. También hay que tener en cuenta que la anterior generación era de ordenador y la actual es de móvil, que dado que se mueven por app’s estas han filtrado todo los procesos hacia sí mismas, ignorando el resto de modos de interactuar en Internet. Se puede apreciar en que casi cualquier vídeo de YouTube tiene una gran cantidad de comentarios y respuestas a comentarios (conversaciones que se van por la tangente), aunque el autor del vídeo ya no se implique en ellos, mientras que si se llega a un blog casi no los tiene o son menores. A la vez todos estos procesos han llevado al concepto de pantalla y la captura de la atención de los usuarios, que cada vez es más corta. Recurrí a hacer algo de publicidad, pero tampoco quiero entrar en la dinámica de las redes sociales, con lo cual casi no tengo visitas. ¿Qué muestra este ejemplo?, que toda ruta alternativa de crear contenidos se están cerrando y ahora casi sólo quedan la redes sociales. Una autovía que te “obligan” a usar si quieres tener algún movimiento. Por mi forma de ser y pensar no es esa la dirección que yo vaya a usar. Prefiero ser un peatón, y mantenerme al margen. Todas estas “decisiones” que he tenido que tomar están enmarcadas dentro de la situación actual de sobrecarga informativa, falsas noticias y el tender a las noticias o los títulos sensacionalistas en la dirección de atraer la atención. Este largo ejemplo viene al caso para hacer ver que eso no es un proceder humano, es generalista de la vida, y la dirección humana a la previsibilidad, que es sobre lo que trata el presente escrito de fondo, se enmarca dentro de una estructura más amplia por capas.

   La máxima de la vida es el oportunismo, el buscar la más mínima oportunidad para hacerse un hueco en un hábitat, o en una manada. A la vez puede venir dado por el “horror vacui“, a que la propia materia y la energía parezcan ocupar los espacios vacíos (el calor de un café no se queda en él: se va repartiendo en su entorno hasta desaparecer), y que a la vez la conglomeración sea propicia para crear moléculas complejas, como para que al final llevasen a la vida. Se parte de una ausencia de intención de la materia, de ciertas leyes físicas, hasta llevar a la optimización de un hábitat por ciertas reglas provenientes de los límites de energía de dicha zona, creando en su proceso cerebros que asienten esas reglas en el ADN y los instintos, hasta terminar por llegar a la intención porque la vida ha “comprendido” (el proceso evolutivo de prueba y error lo ha hecho) que si todo es azar y conviene “leer” con más rigurosidad ese medio, se necesita de un cerebro que no sea tan rígido como lo son los instintos, y por ello llegue al aprendizaje durante una vida, que requiera neuroplasticidad, pero a la vez “entendiendo” que eso creará un nuevo sistema competitivo por la energía, en donde el más inteligente o animal más neuroplástico u oportunista individual será el que más ventaja tendrá sobre el resto. Esto a la vez implica que una especie no tiene que competir sólo contra otras especies, sino que tiene que crear una competición interna, con unas nuevas reglas, que por un lado no acaben con la propia especie en sus luchas internas, pero que tiendan a optimizarlas. En esa medida las competiciones por acceder a tener sexo entre los machos -o por la territoriedad– no tienen que acabar en la muerte, o se tiene que evitar en lo posible. Lo que al final llevó a la metáfora conceptual de “hacer la pantomima” de mostrarse contumaz y enérgico en dichas luchas, sin por ello perder la vida. Esa metáfora creó el juego de la infancia como forma de aprendizaje para esa edad adulta, y eso llevó al final a que el juego crease un lenguaje inclusivo, en donde quien no jugaba a sus reglas -o las conociese- no era parte del juego y al no ser parte del juego no lo era de esa familia o grupo. Las crías del mundo animal complejo, en su impertérrita curiosidad de tratar de comprobar quién juega o no, tantea cualquier objeto que se mueva o pueda ser movido y a otras especies, con el peligro de poder morir si se equivocan y tienen “mala suerte”. Delimitan quiénes son parte de su grupo y juegan su mismo juego. De la misma forma tantean sobre los de su misma especie para ver con quién pueden jugar y están interesados en jugar, y si lo hacen “saben” que son parte de su mismo grupo inclusivo, que ha sido aceptado.

   El precedente párrafo es un breve resumen del capítulo sobre el juego del presente libro, para tener en cuenta ciertos conceptos que he venido manejando, pero ahora hay que avanzar. Vuelvo a lo mismo del principio. ¿Qué tiene éxito ahora, cuando han emergido las redes sociales? En YouTube el tener una buena voz y fluido verbal, la buena imagen, tener conocimientos sobre un tema, algo de desparpajo y humor, y buena apariencia física. Quien sume todo llega a ser un YouTuber de éxito. Resta componentes y se restará prominencia. Pero sobre lo que quiero poner la atención es que se dio un nuevo medio (hábitat, para el caso) y fue el oportunismo el que operó en todo ello. Hay que descargar las posibles connotaciones negativas de tal concepto, lo uso bajo el prisma de la ciencia, de la etología, del comportamiento animal. Si es así ahora, ¿por qué habría de ser distinto en otras épocas de la larga evolución humana? La ciencia a veces se cierra en ciertas teorías, invalidando otras, cuando si se tiene en cuenta el concepto de oportunismo, todas pueden ser válidas. Cuando sólo ocupábamos la sabana africana, de donde surgió nuestra especie, tal ancestro sería un grupo pequeño y homogéneo, y las oportunidades serían pocas. Después se dieron varios grupos de homínidos, que emergerían de ese estado previo al moverse a distintas zonas y alejarse en el espacio y el tiempo, con lo cual al final y al encontrarse esos distintos grupos compitieron entre ellos y contra el resto de los animales de su propio hábitat. Lo curioso es que en África, al final, sólo sobrevivió uno, que debió de ser el más oportunista. De ese grupo, algunos de ellos salieron de África y crearon o llegaron a las dos subespecies euroasiáticas de neandertales y denisovanos. Pero con la llegada del sapiens y por competencia por los hábitat, se validó o se mantuvo la especie más oportunista, que es la que somos hoy.

    En otro lado he dicho que por la regla de la invarianza las especies tratan de mantener su identidad. Es una extraña y poco comprendida regla de la evolución. La especiación, por medio de la selección estabilizadora, “frena” los cambios aleatorios que llevarían a más especies de las que hoy conocemos, seguramente porque de no existir tal freno eso podría llevar a que una especie al final no podría reproducirse, cuando al aislarse y al llegar a un cuello de botella en cierto hábitat, no encontrara con quién reproducirse en otra zona. O sea, toda especie que no tuviese esa regla fue más susceptible para la extinción, y las que tuviesen esa regla es la que se ha mantenido viva en la tierra. Es muy posible que durante la explosión cámbrica aún no existiese la regla de la especiación y ello llevó, en parte, a la posterior extinción de la mayoría de todas esas variaciones de animales. Lo convulso de los cambios climáticos y demás catástrofes naturales del planeta “ayudaron” a crear la regla de la especiación. Por esa misma regla el homo sapiens, al salir de África, se pudo reproducir con los neandertales y los denisovanos, con la ventaja que “adoptaron” su sistema inmune y se pudieron adaptar mejor a los distintos hábitat, y además porque se quiera o no, el sapiens debió de aprender de las técnicas de caza y otros procedimientos culturales de los habitantes del continente euroasiático. Pero saco a colación la regla de la especiación porque el cerebro lo tiene como base para tratar de atenerse a una identidad, que en el caso humano es la identidad con el grupo o la cultura. En un grupo cultural hay dos fuerzas en lucha, la que les lleva a la coalición y aquella otra que hace que sea inevitable la rotura. En muchos casos los humanos se separarían por tratar de ocupar dos zonas distintas, pero en otros casos por las diferencias internas del grupo, por que les harían comprender que no podían convivir juntas. Muy posiblemente el grupo de humano que se fue de África se debió a una escisión, en donde el grupo dividido apostó en desplazarse hacia el norte, atravesando el difícil desierto del Sáhara. Quizás llevaban la llama de la rotura, de la escisión, frente a lo cohesivo de las tribus que permanecieron de África (otra opción sería que la hibridación con Neandertales y Denisovanos produjera una especie con tendencia hacia la segregación transgresora, más competitiva y agresiva ante la escasez). En lo genético se dan cuellos de botella, hay más variaciones genéticas en África que el resto del mundo, por el hecho que sólo un grupo pequeño de humanos (que no tuvo que ser en una sola oleada, sino varias en distintas épocas), con unas variaciones genéticas concretas, y que es la que ha heredado el humano del resto del mundo. Lo cohesivo de África, e igualmente la abundancia de alimento de la zona ecuatorial, les mantuvo sin necesidad de crear grandes cambios a lo largo de los milenios, de mantener la cohesión en los grupos como la regla más fundamental.

   Trato de establecer que la escasez es la que “obliga” a un individuo o a una especie a que se propicie más el oportunismo. Cuando el humano llegó a otras zonas ecuatoriales -o ricas en alimentos- se mantuvieron bajo la regla de la cohesión, de no luchar y no tratar de romper el grupo, manteniéndose con sus reglas y un mismo lenguaje, que ya a esas alturas de la evolución tenían que ver con las palabras y los tabús. Con todas estas premisas retomo en donde había dejado el tema anterior. La temporalidad en el cerebro humano. La forma más común de gobierno de las tribus existentes es la falta de un jefe o autoridad (acéfalas). O sea, que la humanidad se mantuvo con las reglas de la inversión de la dominancia, que bajo mi punto de vista obedece a la regla de la vida hacia la autodeterminación, a que nadie tenga el “control” sobre tu propia vida. En la dirección de mantener el grupo, los tabús o reglas culturales, y no una persona, eran las que ponían los límites a las que se tenían que atener los individuos. Se llegó al concepto de tabú en la medida que un individuo tenía que tener en cuenta de tal forma los límites de cohesión del grupo, como para interiorizarlos a nivel cerebral e individual. El tabú era la frontera de la propia identidad grupal, de su propio lenguaje interno, e interiorizado en cada individuo. Un límite invisible como igualmente lo es el de la especiación, pero igual de fuerte y consistente.

    Detengámonos en el tabú, pero dando un largo rodeo. Cuando se dio la capacidad hacia la neuroplasticidad, hacia el aprendizaje, se volvió a caer en el peligro de que los individuos se distanciasen tanto como para tener unos comportamientos totalmente distintos. En la lectura de este párrafo hay que tener siempre presente el concepto de especiación, el mantenimiento de la identidad de una especie. Entre la total plasticidad y el comportamiento prefijado que son los instintos se dan los patrones de comportamiento, que en muchos casos hay que aprenderlos durante la vida. El saltarín colilargo en Costa Rica, el ave de más edad y experiencia enseña a un joven la técnica de bailar, pues el protocolo de cortejo de la hembra requiere que sean dos los que lleven el baile a cabo en total sincronía. Al final la hembra sólo se aparea con el maestro, pero en ese proceso el aprendiz ha pasado a la siguiente etapa: escoger su propio aprendiz para volver a empezar el mismo rito; entre el primer proceso de aprender y el siguiente de enseñar se pueden llegar a sumar diez años de ensayos. Un patrón de comportamiento, en tanto que se repite dentro de una especie, y entre los grupos y los individuos, es sinónimo de rito. Se puede decir así que un rito trata de suplir un instinto dentro de una especie con neuroplasticidad, en donde en etología y sociología es llamado y estudiado con el concepto de ritualización. Esto nos dice la teoría estructural de la ritualización en la Wikipedia:

Cuatro factores juegan un papel esencial en la reproducción estructural que involucra a los RSP -por su siglas en inglés- Incluyen repetitividad, prominencia, homologación y recursos. La repetitividad implica la frecuencia con la que se realiza un RSP. La prominencia involucra el grado en que se percibe que un RSP es central para un acto, secuencia de acción o conjunto de actos interrelacionados. La homologación implica una similitud entre los diferentes RSP. Los recursos son materiales necesarios para participar en los RSP que están disponibles para los actores. Cuanto mayor sea la disponibilidad de recursos, más probable es que un actor participe en un RSP.”

   A un ojo avizor le saltará a la atención mental que los ritos son un tema serio con respecto al juego que se da durante el aprendizaje de la infancia. Así, por ejemplo, los rituales litúrgicos requieren solemnidad, ¡recordar que no hay que reírse en la iglesia y durante las misas! Parte del éxito del cristianismo proviene de sus orígenes judíos, y su acatamiento a los ritos: en esa dirección el catolicismo se afianzó sobre todo en la alta transcendencia y seriedad de sus ritos litúrgicos (off topic: una de las frases más repetidas de Jesucristo es “haced esto en conmemoración mía”, de ser cierto que era hijo de Dios y que tal Ser exista, entonces Su “deseo” era el mantenimiento de las ritualizaciones). También hay que recordar que el actual modo de vida es sobre todo de origen anglosajón y por lo tanto Protestante, y en donde tal dirección del cristianismo optó por desacralizar los ritos litúrgicos. Bajo las perspectivas, arriba indicadas, llegar a la adultez implica dejar el juego como proceso mental para aceptar la ritualización. En muchos casos ese proceso ocurre con algún rito de paso o de iniciación, proceso por el cual se deja de ser niño. ¿Por qué me detengo en todo esto?, porque el cerebro humano al ser el más neuroplástico de todos los animales “necesita” imponerse de forma más contundente los ritos que tengan que implicar la pertenencia a un grupo, a un género o a una edad. En esa dirección los tabús en la prehistoria y en las tribus son normas que no pueden ser trasgredidas de ninguna de las maneras, o dicho de otra manera: eran las más serias…, y aunque sea redundante decirlo, era aquel tipo de rito o práctica donde no cabía el juego y por ello la risa. Cualquier trasgresión implicaba ser castigado, matado o expulsado de la tribu. Huelga decir que un tipo concreto de ritos y tabús marcan a qué tribu o grupo perteneces. Luego, al igual que la especialización lo hace a través de los patrones prefijados en el ADN y los instintos, los ritos, tabús, costumbres, convenciones y normas son las que dan a un individuo parte de su identidad, ya sea la étnica, la tribal, cultural, grupal, de género o la nacional.

formas alométricas del carbono

    Vayamos aún más lejos en esta abstracción, para englobarla a nivel más físico y químico. La vida se basa en el carbono, que en sus distintas manifestaciones alotrópicas crea patrones regulares y simétricos. En un nivel superior, cuando la vida emergió lo hizo repitiendo la simetricidad del carbono y creando patrones iterativos para elaborar partes complejas del ser vivo. Este rasgo se ha ido repitiendo a lo largo de la evolución. Por otro lado hay que recordar la aleatoriedad, y los procesos estocásticos, donde ciertos errores dentro de las iteraciones pueden crear malformaciones en los patrones, que pueden llevar a una nueva subespecie y que en definitiva al final pueden llevar, por distintos procesos, a una nueva especie. Lo que me interesa hacer ver es que todo tiene un origen y un porqué. Cuando hoy nos saludamos dándonos la mano estamos siguiendo una convención que es un patrón del comportamiento, que forma parte del proceso de ritualización de la vida, que son un sustituto de los instintos en cerebros adaptados para el aprendizaje, que estaban englobados dentro de las reglas de la especiación, que a la vez tiene que ver con la tendencia de la vida hacia la iteración y la creación de patrones, que proviene de la química del carbono y de la física de la regla del octeto.

Formas Iterativas de la Vida

    Para cerrar este tema he de llamar la atención de que el baile es un proceso intermedio entre los serio y la diversión, un medio paso entre el rito y el juego. Si para el humano tiene tanta importancia este acto es por su alto contenido simbólico, pues si bien hemos de ser una especie basada en reglas y normas, que tienden a la seriedad, por otro lado hay que tener en cuenta que somos una especie infantilizada -recordemos que el estadio infantil es creativo y reglado por la dopamina, por el principio del placer-, que ha tratado de mantener el juego como parte de su idiosincrasia, y en esa dirección el baile suple las dos direcciones: la ritualización y la diversión.

    Retomo el tema de arriba sobre los orígenes humanos. Por lo general en Eurasia no se daba la abundancia, sino todo lo contrario. En esa dirección lo propicio no era el tabú y las normas, sino el oportunismo, el permanente cambio. Volvamos al tema de porqué yo divido capítulos. Lo que está claro es que estoy analizando y calculando cómo “funcionarán” mis escritos en Internet. Estoy adelantándome a los acontecimientos, haciendo previsiones de futuro. Esta es la función que nos hace humanos, y que más usamos en tiempos de escasez (hoy escasez de tiempo y atención). Todo humano que tuviese esta capacidad tenía más probabilidades de sobrevivir y reproducirse, frente a los que no la tuviesen. En esa dirección es el tipo de humano que prosperó en las difíciles condiciones del Eurasia. Pongamos más atención en este proceso a nivel de cerebro. Por un lado hace uso del prefrontal, que es una parte relativamente nueva y que tiene un gran gasto de energía, y por otro lado está que si uno se cierra en ese módulo puede tender a concebir que toda previsión es huera, que carece de validez y llegar a la ansiedad, a la angustia y al pesimismo. En esa dirección la evolución tenía que validar que se hiciese uso de tal capacidad, pero no en exceso. Sigue en su prueba y error, porque en realidad es una situación que sobre todo tiene su prominencia en los últimos seis o diez mil años, un lapsus o mero aliento en la evolución, con lo cual aún no se ha “validado” o promediado ninguna apuesta concreta. En ese proceso hoy en día hay infinidad de apuestas que están en una lucha evolutiva invisible, por lo desapercibida que llega a ser. Hay personas que no nacen con esa capacidad de analizar en profundidad un tema, por el alto gasto energético, que en su condición genética no tienen, por otro lado otras personas nacen siendo más impulsivos, analizando las acciones a posteriori, -si es que lo llegan a hacer-. A todo esto se une la capacidad de una persona para tratar de mantener la cohesión y no destacar, o la contraria de sobresalir; de tender al respeto a las normas y por ello a la normalización, o el contrario de querer salir de las normas y la normalización. En definitiva, que los cerebros humanos ya no parecen hablar un mismo lenguaje, que una vez que está activado la propensión al oportunismo, que a la vez implica romper con la cohesión, el humano entonces ya no juega a un solo juego, sino a muchos a la vez. Cada humano ya no se identifica con lo familiar que era la raíz de un mismo juego, sino con aquellos que tengan que ver más con su propia distinción entre cohesión y oportunidad, en un mundo con cientos y miles de variaciones que hacen que sea imposible encontrar a alguien que juegue a tu mismo juego (misma disposición cerebral).

    Sin tratar de ser exhaustivo he sacado cuatro factores que crean variaciones humanas. En mi caso tenía la tendencia de ser espontáneo, que es lo mismo que decir impulsivo; una de las formas de llegar a preconcientes es comprobar que la espontaneidad no es “válida” en la sociedad actual, y como contramedida ser más racional de lo debido para contrapesar, lo que me ha hecho ser “expontáneo” 😉. En esa dirección tengo las dos tendencias, una “natural” y otra adaptada. Por otro lado no trato de ganar, creo más en el concepto del juego -que vengo manejando-, de no competición, de no querer ganar, o cuanto menos no ser un mal ganador. La suma es que no lucho por propósitos, porque aunque podría prever posiciones futuras, hacer planes, mi tendencia “natural” es la de vivir el momento de forma espontánea y no tratar de ganar posiciones. Cuando he estado en posiciones estables las he sentido como una cárcel, pues te aplastan en una rutina que siento que encierran mi cerebro en la lasitud y el aburrimento, o sea que tampoco es que tenga porque desear ni siquiera un trabajo estable, como “exigen” las circunstancias y la sociedad actual (provengo de la mentalidad de los 80, en donde si no te gustaba un trabajo te cambiabas a otro: ahora ya no se puede). La cuestión no es tan fácil como “adaptarse o morir”, y/o que todo humano sienta esa “muerte” en un trabajo. Hay una teoría sobre la baja producción de la dopamina que predice que ciertos tipos de humanos se tienen que sobre-estimular para sentir lo mismo que una persona “normal” o promediada; tal estructura se cree que está detrás de las personas con déficit de atención e hiperactividad, que siento que debo de “padecer”. Tiendo al desencanto, al aburrimiento, a sobre-estimularme, pues en mi estado “normal” me siento como muerto. Pongo mi caso para tratar de mostrar que toda reducción es imposible; que la normalización social siempre discrimina ciertas tipologías humanas. Que todo humano es una mezcla de su genética, con su construcción durante la infancia y la situación en la que vive, y cuantas más variables entren en juego más tipos de humanos y lenguajes se darán. Aun así se puede deducir a grandes rasgos que el que no quiere mandar, y en las sociedades actuales, va ser mandado. Una postura fuera de ese rango es el rebelde, que puede que llegue por ese camino a la delincuencia. En definitiva, que al nacer el humano está impelido a adaptar su genética al momento social.

   Pero he dado un salto a la actualidad sin explicar en realidad nada sobre los cambios sociales y cerebrales del pasado. En la zona ecuatorial es donde más vida hay. En todo momento puede haber árboles frutales, tubérculos o raíces de los que alimentarse. Cuando se salió de dicha zona se perdió esa abundancia. Fuera del ecuador, y cuanto más al norte, más se depende de las estaciones del año. En esa dirección el humano tuvo que adaptarse a prever dichas estaciones y guardar reservas o pensar en algún tipo de estrategia para sobrevivir a los duros inviernos. No creo que tenga que redundar demasiado en el tema, creo que el cuento de la cigarra y la hormiga, u otros de ese tipo nos dicen que el humano ya no debería de vivir simplemente al día, sino prever con cada vez una mayor capacidad de antelación lo que ocurrrirá después de un tiempo, ya fuera unos meses, y al pensar en sus hijos, en años.

   De nuevo otro largo inciso. En la actualidad convivimos humanos tribales de cazadores-recolectores y el típico urbanita que nada sabe de la naturaleza. ¿Caben dos posturas tan opuestas para un solo tipo de cerebro?, un urbanita moriría en la sabana africana (cuando a veces veo de pasada un tramo de “supervivencia al desnudo” me dan lástima y siento vergüenza ajena de lo torpes -y engreídos- que son), y un cazador no sería capaz de vivir y a adaptarse a la vida de una gran ciudad; estoy seguro que si se pudiera traer a un humano de la prehistoria a la actualidad permanecería en un estado constante de ataques de pánico, y terminaría en pocos días con ansiedad, si no con un trastorno de estrés postraumático. Hemos de volver al concepto de caos y orden. Por decirlo de alguna manera la vida es de formas curvas mientras que el humano actual es cuadriculado. Sólo hace falta pensar en la diferencia de un bosque y un parque o jardín. En el bosque se sigue la máxima del horror vacui, cada centímetro tratara de ser ocupado por una planta, mientras que el humano tiende a colocar los árboles o arbustos con cierta distancia, y no deja que salgan ramas en las partes bajas, “obligando” al árbol a crecer hacia arriba. El humano tribal y primitivo aceptaba el caos y convivía en sus hábitat sin cambiarlo demasiado, el actual no. Las religiones antiguas, y muchas de las que hoy subsisten no dividían de manera maniquea el bien y el mal, la propia mitología griega va en esa misma dirección. Muchos animales tienden a usar una de sus patas o manos de forma preferencial y suele ser la derecha. En el humano no es distinto. Eso llevó a que el lenguaje se asentara en el lado de la mano preferente, por ser la que más usaba. Según proponen muchos científicos e infinidad de teorías, el hemisferio izquierdo (que controla el lado derecho) es el que trata de poner orden al mundo y es el cuadriculado, mientras que el derecho se mantiene bajo las premisas de aceptar el caos, el azar y lo sinuosamente curvo de la vida. Un humano que se desarrolle aislado en un bosque o selva, como así ha sucedido con los distintos casos de niños ferales, no desarrollarán las capacidades del hemisferio izquierdo, incluso se adaptarán a vivir a cuatro patas. Una persona analfabeta, sin especial desarrollo de las “habilidades” del hemisferio izquierdo, es capaz de reconocer una persona en una fotografía que esté girada, mientras que una persona cultivada (ajardinada) no. Los niños son capaces de resolver ciertos problemas visuales de forma más rápida y eficiente que el adulto.

    Lo que quiero hacer ver es que es la palabra, y el alto desarrollo de esta capacidad, en la actualidad, la que vuelve el mundo “cuadriculado”, cuando el hemisferio derecho sigue viéndolo como siempre. Desde el neolítico hemos forzado al cerebro para las propiedades que emergen desde el lado izquierdo, y que trata de calcular todo y ponerlo bajo algún orden. Eso no quiere decir que el derecho no encuentre orden, la vida trata de poner orden al caos, de crear estructuras regulares, no es lo mismo una planta que una roca. Pero la propia vida está más apegada al desorden que a la regularidad en su conjunto, como se puede apreciar en un bosque. Aún esto tiene su complejidad, porque hoy hemos comprendido que todo caos en realidad son hábitat muy equilibrados. Lo que hemos comprendido hoy bajo la ciencia el humano primitivo y de las tribus de cazadores-recolectores, lo “saben” de forma implícita, aunque no lo puedan explicar.

   Como conclusión a lo dicho se sigue que el hemisferio izquierdo y la palabra es sólo una potencialidad que puede estar más o menos afinada y potenciada, pero no hace especial falta para sobrevivir. En una analogía, un ordenador de la actualidad lo puede usar un niño simplemente para jugar, o lo puede tener un científico para desarrollar sus complejas teorías sobre matemática o física. Lo mismo viene a ocurrir con las capacidades del prefrontal izquierdo: un occidental lo puede llevar hasta la matemática pura, pero un humano cazador-recolector apenas le dará uso. El problema de fondo del hemisferio izquierdo es que al final “obstruye” u obstaculiza la forma “natural” que debería de tener el cerebro para funcionar. Bajo mi punto de vista todo trastorno mental, que no sea especialmente físico, es debido a una falta de adaptación a la situación actual humana, porque hemos forzado el mundo para ser sólo vivido (analizado, sentido, comprendido) bajo las premisas cuadriculadas del hemisferio izquierdo. De hecho hay una propuesta que dice que los obsesivos-compulsivos tienen su raíz en quedarse anclados en las ritualizaciones como forma de frenar sus ansiedades, frente a un mundo que exige y nos impone orden. Se ha comprobado que los animales también se comportan con esta peculiaridad obsesiva compulsiva cuando en uno de sus rituales (patrones de comportamiento) se les resta algo que debería estar allí.

    No hay mucho más que decir. La vida está creada para tratar de sacar partido de las oportunidades. Cada humano y cultura, y a partir de salir de la zona ecuatorial y vivir en situaciones de escasez, ha tratado de tomar ventaja sobre su vecino, o sobre la cultura cercana. Eso llevó a una carrera armamentista, a un proceso de constante y desenfrenado retroalimentación positiva, a nivel de dar uso de las capacidades del hemisferio izquierdo para poner orden al mundo. Un caso conocido es la optimización de la agricultura que llevaban los Romanos a las regiones que conquistaban, y otro ejemplo es el orden en los ejércitos, que llegó a su máxima con ellos. El hemisferio izquierdo se concentra a buscar el orden natural, por ser el controlable, y trata de sacar provecho de sus hallazgos sobre sus vecinos. El que tenga un mayor control de algún medio tiene una ventaja sobre el resto, que lo capacitará para vencerlo o conquistarlo (o estar en un nivel superior de la jerarquía). En esa dirección el control temporal se volvió vital cuando llegamos a la agricultura, y cuándo más tarde había que enseñar ciertas artes a los hijos, que requerían cada vez más tiempo de aprendizaje. Las ritualizaciones cada vez tenían menos un sentido “espiritual” o mágico, y se mantuvieron aquellas que eran “útiles” para mantener el orden social. El tabú pasó a ser ley, que al principio era sobre todo moral y religioso, para al final quedarse en lo que tenemos hoy: meras leyes que ponen orden a la sociedad, con más y más reglas que tratan de controlar hasta lo más mínimo, para que sirvan de mediadoras cuando haya un conflicto entre dos humanos, y que no puedan resolver ellos mismos con palabras.

Creación de Pez Globo Japones (1)

    Primeras conclusiones. Arriba decía que el aprendizaje, la neuroplasticidad, tenía el peligro de la individuación, que iba contra la regla superior de la especiación. Para reglarlo hizo uso de los patrones de comportamiento. En cierta medida para el fin de la replicación, para la reproducción. Las hembras de alguna forma, en la abstracción de todas las formas complejas de la vida, son capaces de captar qué macho se atiene mejor a los patrones de comportamiento de dicha especie, para seleccionarlo para la procreación. En dicha abstracción y en los animales más complejos, y que mayor hagan uso del aprendizaje, eso ya no iba dirigido a seleccionar patrones de la especie, sino del grupo, de la cultura (efecto Baldwin). En el humano ese efecto se multiplicó y llegamos a Babel, a la Babel de la multiplicidad de las formas de entender la vida, las ritualizaciones y los juegos. Qué era serio y que no lo era. En cierta forma es como si la evolución perdiese su control, que si bien “quiso” mantener el principio de la especiación y puso varios medios para ese propósito, al final ya no le pudo poner freno en el humano. Si la ritualización fue el marchamo de las tribus en África, para mantenerlas estables en sus posiciones, en Eurasia, en donde primaba la escasez, dejó de tener cabida frente a la necesidad y los beneficios que conllevaban el oportunismo. La actualidad se puede diagnosticar como el momento más álgido de esa pérdida de control, y en donde lo que impera ahora es casi el total individualismo. En Estados democráticos, con la libertad como base, todo está permitido siempre que no vaya contra las propias leyes. El humano, en esa nueva disposición, cada vez oye menos al hemisferio derecho y se tiene que adaptar a su lado izquierdo, a lo promediado en la sociedad. No porque lo sienta, sino porque lo razona. Llegamos así a esa metáfora de la posmoderna película “el club de la lucha”, de la escena del avión y las porciones racionales de contacto humano. Ahora todo es susceptible de ser analizado por alguna regla, todo puede ser compendiado para hacer un libro útil de autoayuda… ahora todo está cuadriculado, y quien vea lo curvo y sinuoso del mundo es un inadaptado que terminará con algún trastorno mental. ¿Quieres mantenerte sano?, adáptate a la cuadrícula, a la matriz de la sociedad actual. ¿Se puede?

Espíritu de la Seriedad

   Conclusiones finales. Se analiza, por las premisas de este escrito, que la lucha de los contrarios de seriedad y humor (juego) es uno de los constructos humanos de base. Una cultura ponía como serio su credo, su mito fundacional, sus dioses, su lengua…, en donde muchas de esas reglas y credos se volvían tabú. Quien se riese o no mantuviese la seriedad de dicho núcleo, que en definitiva era la identidad tribal, era un sacrílego, alguien ajeno a dicha identidad que debía de ser expulsado. A nivel individual cada uno tiene sus “temas” serios y aquello que no lo es: aquello que se puede tomar como “juego”, con humor. Somos una especie jerárquica, luego el cerebro siempre tratará de tomar ventaja sobre el otro en cuanto se dé la ocasión. Si dos cerebros comparten qué es serio y qué humor no tendrán conflictos, pues se reirán y se pondrán serios ante las mismas cosas; pero en el momento que no sea así, uno de los cerebros se reirá sobre aquello que tiene como serio el otro cerebro, en la medida que quiera tomar alguna ventaja sobre él, ya sea para avergonzarlo o para “sacarlo de sus casillas”. Bajo esta premisa nació la vergüenza como sistema de controlar los grupos pequeños. Pero, ¿quién la sentía?, quien estuviera en minoría dentro de un grupo. O sea, las ritualizaciones humanas llevaron a lo moral -y en algunos casos al tabú-, en la medida que alguien del grupo era minoritario y tenía alguna peculiaridad sobre la que el resto del grupo se podía reír, mientras que para él era serio. Esto tiene su equivalente en la evolución: “la koinofilia es una hipótesis evolutiva que propone que durante la selección sexual, los animales buscan preferentemente parejas con un mínimo de características inusuales o mutantes, incluida la funcionalidad, la apariencia y el comportamiento”. Como se puede ver no es distinto en el humano, si bien se “usó” este principio para regular la estabilidad en las tribus, que más tarde sería llevado a las culturas y ahora en los grupos (o en las reglas a seguir en una red social). La diferencia humana sobre la koinofilia es que nosotros la dirigimos al concepto de exclusión y vergüenza, y usamos esta emoción básica (casi exclusivamente humana) para regular la estabilidad en los grupos.

    Lo demás se sigue de lo precedente. Uno se “cuadricula” a la sociedad en la que nace, y eso lo “sostiene” la identidad narrativa. Creer en la identidad narrativa es quizás el substrato que más se ha validado en lo evolutivo, en la medida que hay que tomarse dicha identidad en serio (como un tabú) o en su posición contraria: nadie tiene que reírse de la identidad narrativa del otro. Dicha identidad no es un constructo individual, sino la promediada como válida dentro de una sociedad dada. Respetar esa identidad es hacer respetar la tuya propia, pues es la que igualmente tienes. En la actualidad, en un mundo globalizado, esa identidad implica la permisividad de otras culturas (o modos de ser no ya tan promediados: minoritarios), pero si se comprende bien la construcción de la identidad narrativa, que se asienta en la identidad nacional, la cultural y la étnica, tal permisividad es un “parche” que en realidad es contrario a la propia idea de la identidad narrativa. Se cae así, inevitablemente, en lo políticamente correcto. Bajo mis ideas, los seres liminales, los divergentes, no creen de ninguna manera en dicha identidad, como en ningún otro tipo de identidad “creada” desde la capacidad de generar orden del hemisferio izquierdo. Esos tipos de seres son los que llevan la semilla de la individuación.

Huevo de mariposa niña celeste

   Bajo estas conclusiones, no hay ninguna simetría que ajuste o equilibre todas estas reglas. La evolución tendió a la especiación para que fuera posible la replicación de iguales. Dos especies que se distancien terminan por no poderse reproducir entre ellas. Cuando esta regla se “debilitó”, con el aprendizaje, la evolución validó los patrones de comportamiento. Como en el humano esos patrones eran endebles, por su multiplicidad, usaron la vergüenza para prefijar a los liminales dentro de un orden preestablecido. Al final eran expulsados y creaban sus propios grupos, pero siempre se daban las posturas liminales que disgregaban más y más a los grupos. Los Judíos “ajustaron” sus reglas y se acogieron, de otras religiones, a dividir el mundo en dos lados opuestos (maniqueísmo), de tal manera que todo lo liminal era parte del mal. El cristianismo optimizó todo lo proveniente de los judíos, como para crear una religión basada en las ritualizaciones y donde toda salida de la ritualización era no ya vergonzoso, sino pecado (sociedad de la culpa), “infestado” por el mal y carne del infierno. El protestantismo se “libró” de la “cárcel” de lo ritualizado -y ciertas otras coerciones del catolicismo-, y propició de nuevo lo liminal. Con el descubrimiento del nuevo mundo otra vez, como ya pasara al salir de África, el humano cribó lo más oportunista al nuevo mundo (más en el norte de corte protestante que el sur, que era católico y más ritualizado), y eso nos llevó al imperialismo cultural que emergió dentro de ese nuevo poder, que había conseguido ventaja sobe el resto de culturas, más cerradas o menos oportunistas.

    La simetría no es posible porque la identidad narrativa nos prefijaba, mientras que la total individualidad, el reírse uno de sí mismo y que la vergüenza ya no sea una moneda de cambio, nos lleva a la total dependencia del hemisferio izquierdo del cerebro, en donde ya no tiene que escuchar nada del lado opuesto, y en donde ni siquiera el constructo de la identidad narrativa, que era su propia creación, sirvan para regular ni la sociedad, ni a cada individuo. En esa dirección, si se tiende a librar a la identidad narrativa de toda otra identidad, como vacía y sin sentido, entonces se queda sólo dicha identidad ante sí, sin ninguna otra identidad a la que ajustarse y acomodarse. En ese vacío, dicha identidad no se tendrá más que a sí misma, cerrada sobre su propia realidad y sin tener que dar ninguna explicación a nada ni a nadie. Cerrada sobre sí, cual serpiente que se muerde la cola, él será el único sujeto en un mundo de objetos, u otros seres que ofrecerán una resistencia para dignificar su valor…, en definitiva se tenderá a lo individualizado y en esa dirección a lo sociopático. En un mundo así, y para aquel que tenga poder, su único límite serán las leyes, no ya las personas ahora carentes de alma. Si una ley no está de su lado intentará retorcerla a su conveniencia. ¿Acaso no es lo que está pasando ahora mismo con las corporaciones? Por ello, y por otro lado, no es que la libertad lleve al libertinaje, como siempre se ha temido, sino que el cerebro al haber evolucionado para adaptarse a lo curvo y sinuoso de la vida, no está preparado para la sociedad actual -donde sólo gobierna la ley-, la cual crea un mundo cuadriculado y en donde todo ha de estar previamente calculado y previsto. Quien no quiera “forzar” a su cerebro a esa cuadriculación, no es ya que no encaje, es que no tendrá capacidad para seguir viviendo, primero porque será proclive a algún trastorno mental, y segundo porque será catalogado con “mentalidad” de perdedor, por el simple hecho de no querer jugar al único juego que existe en la actualidad: el de la utilidad, el cálculo y la producción. En definitiva, muere la espontaneidad, muere ese ser que nos habita, ese niño que sólo quiere jugar, el lado derecho cada vez más arrinconado a no tener voz en el cerebro, ni en el mundo, en una sociedad que se está volviendo muy seria, y en donde el humor es igualmente algo a calcular.

   ¡A todo esto…!, si he afirmado que las hembras seleccionaban la ritualización en los machos, ¿qué puede seleccionar ahora la mujer? Yo no lo sé, ¿alguien cree saberlo?, ¿acaso la evolución ya no tiene cabida en lo humano?, o en realidad no ha cambiado el paradigma, pero los cambios son inapreciables, pues la evolución va lenta.


Páginas de las láminas dibujadas por Ernst Haeckel‘s para el libro “Kunstformen der Natur”, que muestran estructuras regulares y geométrica (iterativas) de la naturaleza:

La imagen del huevo de mariposa es National Geographic.

El Nacimiento de la Identidad Narrativa

Prefiero ser oportunista y flotar, que irme al fondo con mis principios alrededor del cuello.” Stanley Baldwin

   Arrastro varios temas pendientes de escritos atrás. El presente trata de solventarlo, así como crear una hipótesis del nacimiento de la identidad narrativa.

   Según transcribí en el artículo anterior, Christopher Boehm argumenta que durante la evolución social se dio una inversión de la dominancia, en donde principalmente por medio de infundir vergüenza, el poder pasó del macho alfa a la sociedad, de tal forma que tal situación llevó a las sociedades acéfalas (sin mando), y según Boehm tendió a las sociedades igualitarias. Como ya dije en el escrito, eso no quiere decir que el espíritu o la condición humana sea la igualdad, sino no desear estar al mando de nadie; por orgullo (egotismo), por el implícito ímpetu que todo individuo -o vida- conlleva de querer ser el mejor, tal condición es propia de todo animal: los animales complejos dentro de sociedades no tratan tanto de mandar, como de no ser mandados. Piénsese bien, las luchas por dominar sólo pueden generar violencia, quedaba  el otro camino, que nadie tratase de dominar. De fondo, además, tal tendencia lleva implícita la autopoiesis: la autodeterminación propia de toda vida. Retomo ese tema para hacer ver dos cosas evidentes: 1. la “regla de oro“, aquella que dice que “no hay que desear a nadie algo que uno no quiera para sí mismo”, no nació de lo positivo como tal regla es, sino que nació a partir de asentar la vergüenza como base de la vida en sociedad: nació de lo negativo, de no desear caer en desgracia para el resto, y en esa medida congraciarse y tender a la regla de oro con el resto de las personas, en la medida de temer y evitar la vergüenza. 2. la sociedad actual -por medio de la educación- trata de crear unos individuos que se sientan seguros de sí mismos, de su condición y sus acciones. Tal tendencia lleva implícito poner en jaque al concepto que era el baremo del comportamiento social, hasta ahora, de sentir vergüenza: ¿qué implica tal cuestión? Los dos puntos hacen referencia a la teoría del posthombre de Nietzsche (que no superhombre, como quiso dejar escrito su hermana) pero, ¿tal tendencia es la acertada según el concepto de familia y juego, en donde tal juego -como hemos visto en el escrito anterior– dice que no hay que desear ganar dentro de una misma identidad? Dejo de momento tal pregunta en el aire, voy primero al tema del nacimiento de la identidad narrativa.

   En escritos anteriores he dicho que la vida, la evolución, “sabe” que no se puede tener el control del medio, que lo que prima en la realidad es el azar. El universo está reglado por el segundo principio de la termodinámica, por el caos, por el desorden, por la complejidad. La vida trata de ser un sistema cerrado que se libre de tal ley: genera orden, y lo hace a través del control interno y en la medida de lo posible de lo externo. ¿Me he ido demasiado atrás?, trato de hacer ver que todo tiene un porqué, que el desarrollo del universo, y por ello la vida, trata de “contestar” preguntas pendientes, o mejor dicho, se atiene a las reglas de los sistemas previos sin poder cambiarlos (teoría de la superveniencia). Toda la vida se las aviene a las reglas de la gravedad, de las leyes del electromagnetismo y las leyes de la termodinámica. La vida “funciona” por la química de la regla del octeto para crear moléculas complejas estables. El mismo cerebro es un laboratorio de química donde los neurotransmisores -y por “dictados” del ADN- parten de las monoaminas elementales para crear moléculas más complejas, con funciones igualmente más complejas. Estas moléculas terminan por degradarse y son vueltas a componentes básicos para volver a crear otras moléculas complejas. De hecho se cree que ciertos trastornos son debidos a las monoaminas oxidasas (MAO),  “una familia de enzimas que catalizan la oxidación de las monoaminas , empleando oxígeno para eliminar su grupo amina”, en donde no hace su labor de la “inactivación de los neurotransmisores”Se sigue -por todo lo dicho igualmente- que es un sistema cerrado que trata de reciclar en la medida de lo posible y en esa dirección no tratar de depender del medio. Eso es la vida: un sistema cerrado que trata de ser autopoiético: autosuficiente y autodeterminado. El humano, como se ha dicho arriba sobre su condición, hereda esas reglas de un sistema anterior.

Biosistesis de la Naradrenalina   Crear movimientos óptimos es el sistema nervioso más antiguo de la naturaleza, el segundo lo es a partir de saber del medio a través de los sentidos. En eso consiste el crear conexiones entre el aparato locomotor y el sensor. El medio ofrece una resistencia, por ejemplo el agua, y el sistema motor se adapta a ese medio. Tal tipo de memoria es la llamada procedimental. La mayoría de la vida nace con esos movimientos programados en el ADN, pues son reglas que llevan millones de años, pero en los sistemas vivos complejos esas reglas se ponen en suspenso en la medida de tratar de aprender de manera más afinada sobre cómo es el medio. ¿Por qué la vida sabe del caos y el azar?, piénsese en uno de los más antiguo modos de reproducirse: poner huevas en el mar. Cuando se dieron los depredadores la mayoría de esas huevas eran ingeridas por dichos animales. La vida toma dos vías a partir de estos hechos: 1. poner huevas en exceso o 2. poner más cuidado sobre ellas. Las dos apuestas se mantienen, pero la segunda es la que tendió a los animales complejos y por ello a los cerebros más complejos. Una regla que se deduce de esta anterior es que la evolución “resuelve” un tema, para inmediatamente encontrase con nuevos problemas, o crearlos ella misma. O sea, el exceso de huevos “creo” un tipo de alimento -energía- y por ello un tipo de animal oportunista, que se aprovechó de tal energía de fácil acceso: creó el depredador. Por otro lado al tender a la segunda apuesta, la de poner cuidado de las huevas, creó el problema de la dedicación de los individuos por esas huevas: creó el concepto de maternidad, que era más propio de uno de los sexos. Solución al que el feminismo hoy en día da vueltas, olvidando o ignorando esos inicios tan elementales y prácticos. Si se piensa en esos inicios, la maternidad sólo le podía tocar al que estuviese en el momento del parto: la madre. En esos tiempos evolutivos tan remotos el macho fecundaba y desaparecía para siempre. La situación se mantuvo así por millones de años, a la fuerza los sexos han de diferir.

    Creemos una capa de abstracción sobre todo esto. Toda diferenciación crea identidad, y en la medida de que existe eso diferente a mis propósitos se crea el concepto de otredad. Uno de los sistemas más antiguos de la vida son estas dos reglas. Como el ADN básicamente es información que se transmite, el ADN tenía que influir en la detención de identidad y otredad entre los individuos: tal proceso es la base de la comunicación. La vida es azar y control, y la evolución trata de mediar entre esas dos fuerzas. Entre medias de esos dos procesos nace el concepto de lo estocástico, de pequeñas variaciones para crear o tratar de controlar qué es una identidad. En animales complejos el hecho que toda cebra sea diferente, o las de que no haya dos huellas digitales iguales entre los humanos, obedecen a las reglas de lo estocástico: se trata de mantener la identidad, pero a la vez se “acepta” el azar. Esta nueva regla, además, tenía mucho sentido cuando se dio el sexo, pues la evolución cogió un atajo, en cuanto rapidez para llegar a posiciones óptimas, en tanto que la alta variabilidad conllevaba la multiplicidad de las diferenciaciones, que al ponerse en juego se validaban o sólo se reproducían aquellas que más éxito tenían, en tanto que adaptadas al medio. Se siguen dos reglas de todo este entramado: 1. cada individuo es un ser único en la medida que sus variaciones estocásticas crean un tipo de diferenciación que tiene como propósito tratar de sobrevivir y propagar su variación. 2. había que mantener la identidad de la especie: que muchos cambios estocásticos no generasen infinidad de especies. Esas dos reglas son las que saca a relucir Jacques Monod y su concepto de teleonomía. La vida es azar, pero sigue el plan de tratar de mantener identidades: especies (invariancia).

    Vemos, así, que el azar está implementado en el sistema que es la vida y lo “asume”. Por otro lado, y ya en los animales complejos, creó cierta disponibilidad en sus cerebros para aprender del medio, en vez de atenerse a reglas asentadas como instintos. Esa neuroplasticidad implica “saber” que el medio es complejo y caótico. Estoy dando un largo rodeo para hacer ver que la mayoría de animales complejos “saben” de una forma implícita que la realidad es caótica y llena de desorden, pero no saben que lo saben, cuestión que es diferente en el humano. La conciencia implica un sistema de retroalimentación por el cual un aprendizaje no es meramente procedimental, que es un circuito o rotonda cerrada, sino que el sistema complejo que es el cerebro humano implica que lo que ocurre en esa rotonda está siendo observado por una cámara (no siempre), de tal forma que tal cámara o nueva rotonda, tiene un conocimiento tácito de lo que ocurre en la primera rotonda. Tal concepto se expresa y es expuesto en la teoría del doble bucle del aprendizaje. La mayoría de los animales complejos tienen este sistema, tienen cierto nivel de consciencia (doble circuito), pero sin un sistema o lenguaje complejo de análisis, no llegan al nivel de conciencia simbólica humana. Me detengo a explicar mejor esto.

   Ya hemos visto en un escrito anterior que el aprendizaje se da en tres capas: 1. la muscular o del movimiento (procedimental), 2. la de las emociones y 3. la semántica o altamente simbólica que solo tienen los humanos. Todo animal tienen a las emociones como juego simbólico y como capa de abstracción para diferenciar dos memorias procedurales distintas. Si la emoción implicada es el miedo, la memoria procedimental se adapta o se escribe en el cerebro con dicho “símbolo” que está diciendo algo concreto del medio. Tal tipo de aprendizaje se llama condicionamiento clásico, es el más estándar o validado por la evolución, y lo tiene el propio hombre. Si se entiende bien la forma de proceder, tal tipo de memoria trata de volverse o se comporta como un instinto, en la medida que cuanto mayor haya sido la posibilidad de morir en tal situación, más se asentará tal aprendizaje y repercutirá con mayor fuerza en las nuevas situaciones iguales o similares. Se ha comprobado recientemente que este tipo de aprendizaje, sin supervisión del prefrontal o conciencia, es de los más fuertes que quedan implementados, frente a todo aprendizaje en el que medie la razón o conciencia (atención) y que no implique tanto a las emociones. El síndrome de estrés postraumático tiene su “solidez” en dicho tipo de regla, pero además sale a colación a lo que quiero llegar. Un perro, por ejemplo, con un condicionamiento clásico, huirá de aquello que le provoca miedo, y una vez que se haya alejado vuelve a su estado de tranquilidad u homeostático. Pero por la alta capacidad simbólica humana, el prefrontal puede volver a recuperar ese episodio y mantenerse en estado de pánico, sin necesidad de estar frente al “objeto” del miedo.

     Estoy dando muchas vueltas al tema porque es complicado tratar de fundamentar que la vida “sabía” del azar y la falta de control, pero tal hecho no creaba angustia en los animales, mientras que en el humano ese proceso es distinto. La teoría del doble bicle se puede aplicar igualmente al miedo en tanto que el segundo circuito “sabe” del problema del primer circuito, pero no tiene un medio directo para frenarlo; más bien al contrario: tal parece que retroalimenta el primer circuito de manera que se incrementa el miedo, con el consiguiente estado de ansiedad mantenida no ya por el objeto del terror, sino por la imaginación de tal objeto. A nivel de química es distinto el proceso llevado por el cortisol y la adrenalina, que es una hormona que hace que el sistema entre en alarma de forma momentánea y rápida, el idóneo para la lucha o la huida, que el siguiente estado de alerta de larga duración que es mantenido por la noradrenalina. El mantenimiento de tal estado es al que se le llama de estrés, y tal estado lleva o bien a la ansiedad o a la depresión, o va de un estado a otro, que a  nivel de excitación es perder el equilibrio al centro, e ir periódicamente arriba y abajo. Este “problema” repetido por cientos de miles de años tenía que “resolverse” a nivel de evolución, de que se validase algún promedio, que era el que más se terminase por reproducir. Todo humano que se mantuviese permanentemente ansioso o deprimido no se reproducía, ya que tal estado repercute en el sistema parasimpático y en todo lo relacionado a la reproducción. Es ahí donde nace la identidad narrativa.

    Como ya he dicho otras veces, un infante pasa por las distintas etapas de la evolución, varias de ellas nos dan pistas sobre la creación y el uso complejo del lenguaje humano (sistema simbólico complejo), que es la base o el motor de la conciencia. Muchos niños tienen amigos imaginarios, ¿cómo y por qué? Según la teoría de la mente bicameral el humano en un principio no tenía capacidad de usar el lenguaje de forma privada e interna, sino que era un acto social y por lo tanto un tipo de acción meramente muscular entre otros, aunque con una alta capacidad de comunicación. En tal estado el humano aún no tenía conciencia, excepto la que pudiera compartir con el resto de animales. Según dicha teoría hubo un momento en que alguna mutación, recordar los cambios estocásticos, en donde en el cerebro de algún individuo se creó internamente la activación de las neuronas motoras del habla, sin por ello hablar; o sea, se creó la capacidad de la voz interior. En ese momento, y según propone la teoría, esa voz no fue tomada como la propia, sino como de alguien que le hablaba en el interior, y que además era la voz de alguien que le trata de guiar o aconsejar. Esa segunda voz fue tomada como la de un ángel, duende, dios o alguien externo al propio individuo. Esto encaja con una nueva teoría que dice que la voz interior es procesada por la circunvolución temporal transversal izquierda (hemisferio del lenguaje), un área que forma parte de la corteza auditiva, y que además procesa el significado (semántico) de lo escuchado. Tales teorías encajarían con la fase en algunos niños del amigo imaginario, que aún se manifiesta de vez en cuando. También cobra sentido en ciertos casos en donde alguien en peligro parece escuchar una voz que le dice como salir del apuro: en tal estado esa vía parece activarse en el caso que la conciencia esté tan colapsada por el peligro y el miedo, como para que el antiguo sistema haga uso de ese modo de comunicación interna. Lo importante aquí es hacer ver que tal voz parecía “tener ciertas opiniones” que el propio individuo no parecía discernir de dicha situación. Bajo mi punto de vista eran las primitivas, el aprendizaje implícito o inconsciente, que haciendo uso del lenguaje, hacía llegar al prefrontal una información en la que el área de trabajo no tenía puesta la atención. El cerebro trabaja con la atención, y esta es la llamada conciencia que tienen todos los animales, y a la vez procesan el resto del mundo a través de la vista periférica. Si tal sistema secundario detecta un peligro, se lo hace saber al área de trabajo y este sistema pone la atención en el peligro. En el humano ese tipo de aviso, en situaciones menos acuciantes o instintivas, activó un tipo de vía que era a través del habla, a modo de una voz interior. A la larga anuló tal distancia -dejó de ser tomada como ajena- y esa voz era a la vez parte del área de trabajo, que es a la que hoy conocemos como conciencia. Aparte del amigo imaginario y en las situaciones de peligro en las que se oye una voz, esa etapa puede ser evidente en el hecho que en ciertos trastornos, como en la esquizofrenia,  en donde esa voz se vuelve a separar y es tratada por el individuo como ajena. En un caso más grave, el trastorno de la inserción del pensamiento nos dice que la persona que lo padece ni siquiera siente una voz que le habla en el interior, sino que lo que toma como intrusivo son los propios pensamientos, que cree que son de otra persona. Otro caso es que las persona suelen repetir varias veces sobre lo que quieren dar énfasis, que a la vez implica que en algunos casos se dé un tipo de trastorno que consiste en repetir las últimas palabras de lo que dice la otra persona, a modo de eco (ecolalia) y en la dirección de que el cerebro refuerce el aprendizaje. Dos casos más, extraídos del escrito sobre el narrador interior, son que 1. en casos de estrés, como cuando tenemos que preparar una entrevista de trabajo o la primera cita con una posible pareja, recurrimos más a usar la voz interior, o incluso exterior, a modo de entrenamiento, frente al mero pensamiento; 2. y que en casos que se trate de medir la capacidad para recordar, leyendo o pensando en listas a la vez, la voz tiene primacía sobre el pensamiento, solapando y obstruyendo la capacidad de pensar y por ello de recordar. Por último, están las pruebas neurológicas que nos dicen que las decisiones son tomadas a nivel de las primitivas, del aprendizaje implícito y profundo del cerebro, unas décimas de segundos previos a ser conscientes de dicha decisión, cuando uno mismo cree que tal hecho ha sido deliberado a nivel de la conciencia.

   Retomemos el dato principal: un animal no tiene a la temporalidad como parte central del cerebro y vive una situación de miedo pasada como algo actual en cuanto se da la misma situación. Todos los datos del pasado conviven amalgamados e indiferenciados en sus cerebros como puntos o eventos indeterminados del pasado (grises), su baremo o el valor lo da el lenguaje de las emociones, que no son tantas como para crear un lenguaje ni memorias complejas, aunque sí lo suficientes como para diferenciar lo estocástico en cierta medida, las individualidades, y como para saber quién es aliado o enemigo dentro de su propio grupo. El humano, por medio del lenguaje y la transmisión de la información, llegaron a un tipo de conocimiento del medio que sí incluía al tiempo a nivel consciente y simbólico. Los ciclos de la luna fueron esa primera toma de contacto con la dimensión temporal. Si un humano tenía una cicatriz sabía que fue debido al encuentro con un depredador hacía seis lunas. Las vivencias ya no eran datos anónimos apilados aleatoriamente en la memoria. Ahora tenían otra dimensión que les proporcionaba más colores o nuevas tonalidades, mediados por el lenguaje. Para usar una metáfora, aunque quizás tosca, las memorias de los animales son como los sonidos de distintos tambores, mientras que por medio del lenguaje el humano volvió a su memoria y cerebro como los sutiles y armónicos sonidos de un afinado violín.

Tipos de Memorias

   Lo que he tratado hasta ahora son datos comprobados, si bien unidos o tejidos aquí hacia una finalidad. Ahora me toca hacer suposiciones, que por lo demás los baso en actuales evidencias. Se sabe que la subvocalización, el hacer que los músculos implicados en el habla se muevan sin emitir sonido, crean una mayor capacidad de aprendizaje que sin ella. Por otro lado la mayoría de las personas hacen uso de lo que se llama auto-mensaje o auto-declaración, a modo de reafirmarse ante cierta duda interior o a modo de auto-convencerse. Estos dos principios conllevaron al 1. automonitoreo, el analizarse uno a sí mismo como si desde fuera se hiciera; 2. la autosugestión y además 3. la tendencia de autodirigirnos. Eso en definitiva va encaminado al autocontrol, que nos lleva a la autoeficacia, la auto-autoría, la autocensura, crítico interior, etc., e igualmente a cosas menos óptimas como el autoengaño o al autodesprecio. De vuelta la ruta evolutiva y que es por la que pasan los niños: una gran mayoría de infantes tienen charlas consigo mismos, lo que se llama “habla privada” (autoinstructiva), que va en la misma dirección de autodirigirse. Es de suponer que la conciencia, antes de llegar a ser lo que es hoy, pasó por tres etapas evolutivas: 1. voz externa dirigida a uno mismo y en la dirección de hacer de automonitoreo y autodirigirse, como voz externa y habla privada, -el típico monólogo de “mira que te lo he dicho otras veces: ¡no seas tan inocente!” o cuestiones similares-; 2. voz interna bajo la teoría bicameral, en donde el proceso del primer punto se llevó a cabo a nivel interno, pero creando en un principio cierta ambigüedad; 3. voz interna y en la comprensión que era la de uno mismo, y que es la que conocemos hoy en día como conciencia. En el niño, no en la evolución, se pasa por una etapa anterior, según el psicoanálisis, y más concretamente por Lev Vygotsky, en la que esa voz de autoridad es externa -y que guía, y quizás de ahí que aparezca con ese cariz en casos de peligro- y es la de los padres. El cerebro del niño en los primeros años no tiene una voz interior propia, y esa voz es la de los padres o cuidadores. El siguiente paso es el habla privada del punto uno: sustituir la voz de los padres por la propia. El resultado final es que tal proceso sea tan rápido y silencioso, que ya ni siquiera sea tomado como una voz interior, sino como una parte integrante del pensamiento o procesamiento mental, integradas en nuestra percepción del yo. Osea, tal sistema se vuelve invisible. La finalidad evolutiva fue a que dicha voz lo era en la medida de hacer de sistema de retroalimentación, en tanto que un tipo de monitoreo y autodirección y con la finalidad de crear estabilidad en el cerebro. En definitiva un sistema de autocontrol. Ese sistema es tan invisible hoy en día, lo somos tan sin distancia, valga el oxímoron, que nos puede parecer mentira que pudiera haber tenido unos inicios tan erráticos y sin una finalidad definida desde su principio. Pero hay que recordar que la evolución es tanteo de errores y que al final llega a alguna meta, más o menos acertada, bajo alguna de sus premisas. Una evidencia de estos hechos es que hay una terapia y técnica de aprendizaje llamada de “sombreado del habla“, que consiste en repetir a viva voz lo que se trata de corregir o aprender. En otro caso, hablar en tercera persona (illeismo), es cognitiva(mente) un “mejor” proceso para aprender y el auto-control emocional y la creación de sentido (ver documento PDF sobre el estudio). Bajo mi punto de vista, y deduciendo de lo escrito, hablarse en tercera persona es un modo de hacer de la voz de los padres o tutores, para que de esta forma el cerebro siga sus instrucciones, por lo tanto como auto-instrucción; no en vano a este modo de proceder siempre se le ha visto como aniñado. De fondo lleva implícito que en dichos procesos se hace uso de la memoria procedimental, la muscular, que por ser la más antigua es la que más huella deja como memoria, y la más válida para crear autosugestión y control de uno mismo.

Subvocalización

   Sólo queda unir puntos. Cada vez que contamos algo de nuestro pasado a alguien, estamos haciendo uso de todos los procesos analizados arriba, ya que se reescribe ese hecho y al hacerlo a voz viva se hace uso de la memoria procedimental. Por otro lado reafirmamos la temporalidad, en que fueran llevados a cabo tal día o tal año, de tal manera que generamos orden en el caos que debería de ser la memoria. El resultado final es que damos orden allí donde quizás no lo había, pues al contar una y otra vez ciertos sucesos los alteramos para adaptarlos a historias más congruentes o menos caóticas. En definitiva le damos el marchamo de la narrabilidad: historias con un principio, un desarrollo y un final (arco narrativo); igualmente durante esos relatos nos las tenemos que ver con dar continuidad a las historias, así como que no haya agujeros argumentales. Cada vez que contamos la historia habrá sido mejorada en alguna forma. A la vez ese proceso de repetir una y otra vez ciertas historias, frente a otras, nos proporciona cierto control sobre quiénes somos y como actuamos ante la vida, lo que nos da la identidad narrativa. Este proceso individual fue llevado a cabo por cientos de miles de años, y la evolución validó o promedió a aquellas personas que daban más fe de este tipo de identidad, pues en definitiva les hacían más actos para la vida al hacerlos creer que su automonitoreo y su autodirección les hacía tener control sobre ellos y en definitiva de la vida. La evolución no está exenta de hacer uso de las metáforas, de contarse chistes cínicos, de abstraer resultados a sus mínimos, en donde dichos resultados crean nuevas funciones. Si el cerebro era caos, si todas esas conexiones entre neuronas seguían un simple orden, dentro de las funciones “mecánicas” de las propias neuronas, y de las emociones, centralizadas en las amígdalas, al crear la identidad narrativa, la conciencia, se creó ese conductor o estructurador del caos interior. Paradójicamente no porque ordenase el caos y la complejidad, o no del todo, sino porque se formaba a sí mismo como ente con cierto orden que hacía de pantalla o traje visible o presentable para sí mismo (el nuevo traje del emperador), que tenía cierta estructura y orden. Se volvió, en definitiva, en su mismo propósito, desarrollo y finalidad, en donde en esa función, azarosamente, a veces, ponía cierto orden dentro del cerebro. La moraleja es que no es la postura más “real”: los individuos que creen más en sí mismos, en su identidad narrativa, en ese chiste cósmico, no son los que menos se engañan, sino todo lo contrario: son los que tienen más mecanismos y sesgos implícitos para el autoengaño, y en la dirección de hacerlos creer que tienen un mayor control sobre sus vidas y con la finalidad de hacer que se sientan más felices. No redundo sobre este tema, en el escrito “Caos: sin sentido o sentido” ya dejé dicho que tal capacidad viene dada por la edad, pues cuantas más vivencias se acumulen más complejo se vuelve mantener congruente la historia personal y a la inversa: los jóvenes tienen más probabilidades de creer en sí mismos y su identidad narrativa. Aquí se da una inversión del cuento de (el nuevo traje del emperador), pues si bien los jóvenes ven “desnudos” (sin sentido o muertos de sentido) a sus mayores, estos, sobre todos los ancianos más cínicos -o si se quiere amargados-, recuerdan a los jóvenes que su apariencia y su edad, su sentido y densidad de ser, terminará por desintegrarse y desaparecer, dejándolos a ellos desnudos igualmente ante la vida y los demás. El chiste cínico de la evolución es que la identidad narrativa sólo es visible o funciona, como traje ante los otros, durante la juventud, época adecuada para buscar pareja y tratar de formar una familia, y llevar el plan maléfico y sencillo de la evolución, que es la de replicarse…, tener descendencia.

   Puede que además del factor de una mayor cantidad de experiencias, dicho arriba, pueda repercutir la falta de memoria a medio plazo de las personas de la mediana y tercera edad. Sin capacidad para retener la información les es imposible hilar una historia coherente dentro de su flujo de vida. Bajo mi lenguaje, tienen una menor pegajosidad neural, los eventos no buscan entrelazarse entre ellos, porque ni siquiera terminan por mantenerse en la memoria, quizás por esa incapacidad de buscar los entrelazamientos con otras experiencias iguales o similares. De nuevo, no está claro si es simple deterioro del cerebro o es otro plan macabro de la evolución, como para que nos sintamos “desnudos” y en ese proceso no tratar de procrear, por sus altas probabilidades de que se den malformaciones.

    Puede que esté demás, pero conviene recordarlo. Lo que he plasmado sobre el individuo es igualmente válido para la sociedad y sus culturas. La identidad nacional, la étnica, la del sexo, o cualquier otra de la dimensión social, es la identidad narrativa de una cultura. El etnocentrismo dominante cree en el concepto de progreso, ignorando que cada adelanto lleva parejo nuevos problemas. El humano no tiene más control del medio, como ha demostrado el calentamiento global, sino que está creando un sistema tan complejo y caótico que ya no hay ninguna mente individual que lo pueda pensar y encajar a ninguna idea globalizadora coherente, y mucho menos “controlar”. En esa dirección muere la narrabilidad y muere más fácilmente la capacidad individual para dar sentido al mundo. Esto es lo que quiere decir la muerte del metarrelato del posmodernismo: ya no tenemos fe en ninguna persona, en ningún credo, en ningún relato del mundo, en una inteligibilidad del fluir de la historia. Si no hay un origen, un porqué y un fin sólo queda vivir el momento, sin contar demasiado con los valores, que se vuelven moneda de cambio. Al igual que la identidad narrativa individual, la “narración” que haga una cultura sobre ella misma es un intento vano de dar sentido al mero azar de los eventos históricos, y dar la falsa ilusión a sus gobernantes, intelectuales, Estados o potencias de creer que tienen control sobre el mundo y lo social. El movimiento hippy, que trató de invalidad el concepto de jerarquía; o el feminismo, que trata de igualar a los dos sexos (en comportamientos, en lo sexual y la estructuración cerebral); o la teoría Queer, que trata de desdibujar las tendencias amistosas y lo sexual hacia un nuevo mundo sin órganos sexuales, son vanos y azarosos intentos de dar ciertos tipos de orden al mundo, cuando la realidad es que el mayor peso es lo promediado por la evolución, y este proceso es lento… ¡muy lento! No ha habido grandes cambios en nuestros cerebros y nuestros cuerpos en los últimos cien mil años, desde que saliésemos de África. Por el contrario lo social está llevando a paradojas como la hiper-obesidad, las enfermedades autoinmunes, y una mayor tasa y complejidad de los trastornos mentales. No porque haya algún cambio en lo evolutivo, sino porque no sabemos “leer” lo que nos dice la evolución, y creamos sociedades a partir de los errores de dichas lecturas.

   Todo esto nos lleva a una segunda dimensión del tema. La temporalidad, en concreto del futuro, pasó a formar parte del ser humano, y aquel que tuviera más control sobre su futuro, en la doble dimensión del automonitoreo y la autodirección, tenían ciertas ventajas sobre aquellos que no las tuviesen. En el libro “la imposibilidad de la razón” ya argumentaba que la previsión del futuro era uno de los componentes centrales para entender al ser humano.


   (De momento dejo de escribir por hoy, que cuanto más escriba más endeble se vuelve el texto. Temas a tratar: 1. ¿la previsión de futuro no implica algo de sociopatía, en tanto que controlar las emociones? (las típicas historias de las películas de dejar un amor por los estudios o los negocios). 2. La mujer no se vio más obligada a la previsión de futuro dada la larga infancia de sus hijos. 3. No “eligieron” a los hombres que más capaces eran de prever el futuro, a la vez aquellos que manifestasen ingenio, pues conllevaba adaptarse a situaciones complejas de esos posibles futuros. 4. La auto-domesticación humana pasó por dar validez a ese tipo de persona. 5. No se creó una jerarquía en donde los que estaban en la cabecera del tren tenían esa disposición y los que estaban al final del tren eran los menos previsores. 6. Tal disposición ¿la ha dispuesto lo social o la evolución?, tal parece que la evolución, ya que por la prueba de la demora de la gratificación (tentar a niños con un dulce ahora, o dos cuando vuelva el científico –ver vídeo-) parece programado en el ADN. 7. ¿Cómo son los preconcientes bajo esa medida de previsión del tiempo?, no será el bipolar alguien incapaz de encontrar una situación estable entre esos dos opuestos.)

-La metáfora, o más bien analogía, del tren es la que usó Jacques Lob en su novela “Le Transperceneige”, aunque me imagino que viene de antiguo bajo otras metáforas posibles (tirar de carro: caballería frente al conductor). De tal novela se hizo la película “Rompenieves” (descargar Torrent) de agrio, contradictorio y esperanzador final.

El Sentido Está en las Primitivas: El Juego

El hombre busca su bien a costa del mundo entero.” Robert Browning
El ridículo es el arma más potente del hombre.” Saul Alinsky

    He de recordar que este escrito y dos de los precedentes son parte de un libro o tema mayor, desgranado por temas. El presente es la continuación de “el sentido está en las primitivas”, donde trato de asentar lo que el título afirma, y frente a la aparente pérdida de sentido de las nuevas sociedades y humanos.

    No sé porque me complico las cosas, cuando son o deberían de ser evidentes. Pensemos por ejemplo en el sabor dulce. No es que tal propiedad -el dulzor- exista en la naturaleza, existe porque una gran mayoría de los animales tienen como fuente de su energía a los carbohidratos, y han evolucionado para detectarlos y buscarlos. En el caso de animales complejos, como el humano, con ciertas células en las papilas gustativas. Para algunos extremófilos el dulzor no tiene sentido o significado, y para ellos algo con buen sabor es algo ácido. En definitiva el sentido está en lo que está implementado de forma más rutinaria y primitiva en nuestro ADN y el cerebro. Como el dulzor lo es, cuando una persona nos cae bien por lo buena que es, decimos que es una persona dulce. El cerebro ha creado tal correlación porque parte de la primitiva de que su alimentación principal son los carbohidratos y el azúcar es su forma más “pura”. Se podría hacer este mismo ejercicio mental con cualquier otro comportamiento humano y de su cerebro. E incluso aquellos actos que parecen ir contra dichas reglas (como el suicidio), es posible que guarde alguna relación primitiva, que aún no hemos descubierto. En esa dirección estoy buscando parte de la esencia humana y cómo esta se corrompió o cambió de rumbo, como para llevarnos a la sociedad y el humano actual, que parece que ya no comprendemos, o la cual ya no parece ser susceptible de ser reducida bajo unas pocas reglas o estructuras, como lo hemos hecho con el dulzor.

Este es el plan del tercer capítulo en el que estamos:

El juego es una forma de comunicación en donde hay un desplazamiento de los signos. En esa medida su base es metafórica.
Hacia un nuevo concepto del aprendizaje (que ya se ha adelantado en el escrito anterior).
Qué es o no es juego viene dado por pertenecer a una misma familia (con un mismo lenguaje o signos) y por ello incluye los conceptos de identidad y otredad.
Cuando fue imposible determinar el juego, por haber demasiadas familias o signos, se estructuró de una nueva forma lo social.
Ciertas fallas en el establecimiento de esas reglas dio posibilidad y legitimización a ciertos humanos a jugar a jugar, a crear interpretaciones de los juegos en tanto que ocultación o engaño.
Esa estructura social creó a su vez una estructura mental.
Creación de grupos en sustitución a la pertenencia y la familia.
Hacia un nuevo concepto del efecto Baldwin, la evolución y los preconcientes.

A Su vez está dentro de un libro que trata los siguientes puntos:

Azar y determinación. (Pendiente de publicar).
Caos: sin sentido o sentido.
El sentido está en las primitivas. (Dividido en dos partes)
• ¿Hacer algo o no hacer nada?
Reacción frente a acción.
Las capas de la historia.


 

  El juego en los animales proviene de su estadio infantil, en el cual se aprende -por medio de él- los comportamientos que se tendrán de adultos. En esa medida son simulaciones en donde los implicados saben que es un juego. En este componente entra en baza lo que Bateson llama opuestos, y de igual forma nos dice que en esa dimensión -la comunicación que se da entre esos dos individuos- es metafórica. Se sigue entonces que durante el juego se aprende además el lenguaje que va ser de uso en la edad adulta. También nos encontramos con un posible porqué el cerebro y el lenguaje tienen de base la metáfora. En un primer estadio el juego se daba entre hermanos, e hijos y padres, y seguramente después formó parte de los adultos con los que se tuviera alguna afinidad, como es el caso de la familia extendida. Pero quizás doy demasiadas cosas por sentadas, demos unos pasos atrás.

   A qué se puede reducir la vida: a que es transmisión de información. Cuando dicha estructura implica dos actores/agentes o más, entonces estamos hablando de comunicación. La información entra en un proceso de retroalimentación de expresar/mirar, decir/oír (o cualquier otro método como el olor) en la medida que esos agentes tienen que ponerse de acuerdo en un lenguaje. Dos agentes o más que usen señales honestas (no falseadas y egotistas) se supone que tienen una mayor ligazón que otro/s agente/s que o bien no entienden ese lenguaje o que no lo usan bajo las normas de las señales honestas. Esta regla es universal, el problema se da cuando un agente tiene que determinar si realmente “pertenece” o ha identificado un lenguaje, como para saber si se trata de señales honestas o no con respecto a su propia identidad. La desambiguación de un ente con respecto a ese lenguaje le da una referencia de su identidad. Esta abstracción se entiende mejor en varios ejemplos. Las moreras de arbustos dan frutos para ser consumidos, pero a la vez tiene pinchos. Es un doble mensaje, que implica que esos frutos sean alcanzables para ciertas aves, pero no para animales terrestres como los mamíferos. Cierto colorido exuberante implica a la vez estar dotado de veneno que avisa sus depredadores, pero a la vez puede servir para que dos individuos se identifiquen como de la misma identidad. El sexo femenino, en animales complejos, tienden a sincronizar sus menstruaciones; una de las teorías es que este proceso se lleva a cabo por medio de las feromonas, que son detectadas por otras hembras, pero no por los machos. En unos casos u otros, es deducible pero hay que concretarlo, cuando una comunicación no obedece a las reglas de las señales honestas, son susceptibles de servir para la ocultación -con fines egotistas- o para el engaño. En el caso de la sincronización menstrual, y en el caso de la mujer, sirve para propósitos de no competición interna entre hembras, pero a la vez de ocultación de tales ciclos a los hombres. Tiene tanto el componente de ocultación, como el del engaño.

    Volvamos al juego bajo estas reglas básicas. El juego predatorio, el que emplean las crías de depredadores, tiene varias funciones: 1. que los movimientos implicados de la lucha creen rutas neuronales en el cerebro, que se asentarán como memoria muscular. 2. Determina, sin riesgos, la jerarquía entre hermanos, puesto que ya han medido sus fuerzas. 3. Establecer el lenguaje que se tendrá de mayor, en donde uno tiene que saber determinar cuándo retirarse de una lucha sin poner en peligro su propia vida. 4. Crear una ligazón entre individuos que se han criado juntos, como pertenecientes a una misma manada o con un mismo lazo. Entre los hermanos o amigos humanos, durante la infancia, se dan luchas en donde se sabe que no son reales, y en ese proceso se crea una ligazón entre esos individuos y establecen entre ellos quien tiene más fuerza. Otra implicación es que dicha lucha/juego implica un lenguaje, que es en tanto que niega (lo opuesto de Bateson) lo que es: es una lucha, tiene finalidades como la jerarquización y la lucha entre adultos, puede implicar la muerte, luego es lo contrario a nivel del establecimiento de “su” lenguaje interno: somos amigos, y entre nosotros no nos podemos/debemos matar, más adelante en los humanos a ese opuesto se le añadió el “no te pueden matar, te defenderé”. Algo que sale a colación durante este proceso, si se quiere como epifenómeno, es que los implicados en el juego no han de querer ganar, que a la vez, como consecuencia lógica, quiere decir: no hay perdedores o nadie pierde. De nuevo como parte del mismo proceso, cuanto más se juega y se mantienen dichas reglas, crean una mayor capacidad para la cohesión y la creación de sólidos y fuertes lazos. Como el juego de lucha ha sido sobre todo un lenguaje entre los hombres, es por esto que de todos estos procesos nace el concepto de hermano de sangre o “mano derecha”; conceptos que son estudiables por infinidad de casos que se han dado durante la historia.

   Retrocedamos un paso. No es posible que la evolución ponga sobre la mesa cuatro cartas a la vez, alguna tuvo que ser la primera y las siguientes son sus consecuencias. Durante el juego el componente cerebral que regula ese tipo de acción es la dopamina. En otros lados ya he cuestionado el porqué del placer, si dolor y placer no es un sistema redundante, puesto que el no-dolor ya debería de implicar por sí mismo una forma de premio. También propuse que posiblemente ese fue su origen, si ciertas moléculas del no-dolor se especializaron como siendo signos de bienestar y más tarde de placer. En todo ello es muy posible que el estómago fuese el que empezó a cambiar esos procesos. Si se tiene hambre el cuerpo avisa con dolor, o malestar, y al llenar el estómago avisa con un dispositivo de saciedad, en donde entra en juego la serotonina, de hecho la mayor cantidad de este neurotransmisor se encuentra en el estómago. No en vano al estómago se le llama el segundo cerebro. Otro dato a tener en cuenta es que la serotonina necesita del triptófano, que no es una molécula que el propio cuerpo pueda sintetizar, y se encuentra en alimentos como el huevo, la carne o la leche. O sea: “mantén el cuerpo alimentado y podré producir serotonina, como premio para el estado saciado”, es lo que la evolución dice al animal. Otro hecho “extraño” es que el acto sexual es fatigoso, es causante de dolor, más si se tiene que competir contra otros machos. El “premio” del orgasmo fue un dispositivo de la evolución para paliar tal proceso del cual el propio cuerpo, por su regla de tender al mínimo esfuerzo y mantener la homeostasis, tendría que evitar. No se puede rastrear mucho más sobre todo este tema, pero lo que sí se deduce es que fue la dopamina la que fue “usada” posteriormente como sistema de premio para el juego. Con esto entramos en un posible porqué del placer, que es fácilmente deducible por las pocas reglas que he expuesto. Se sabe que el dolor es el sistema más efectivo para el aprendizaje, en la medida que algo que produce dolor es algo a evitar una segunda vez. El cerebro crea más conexiones o recuerdos durante situaciones de estrés moderado, que sin ningún estímulo o un premio, y dentro de esas disposiciones y frente a ningún estímulo, el premio es el segundo motor de la neurogénesis y producción de conexiones entre neuronas para crear aprendizaje o recuerdos. Bajo esta lógica es de suponer que la primera carta, puesta sobre la mesa por la evolución, fuese “crear” el juego predatorio como sistema de aprendizaje motor y en su sentido más amplio.

   He usado el juego predatorio por ser el más claro, pero el resto de los animales no predatorios hacen uso del juego infantil para sus propios fines. Los animales arbóreos, juegan saltando entre las ramas; los antílopes usan las cabriolas y las carreras como juego. ¿A qué juego recurre el humano? Entre las crías de chimpancés hay una mezcla de juego entre predatorio y de saltar entre las ramas. El juego “declara” cuáles van a ser los roles y los comportamientos de los adultos, luego el chimpancé sí tiene como parte de su juego la lucha, y en ese caso cuando el humano bajó de los árboles (o estos dejaron de estar ahí), el juego era sobre todo de tipo predatorio y en la dirección de marcar las posiciones jerárquicas, y dado que en esos primeros estadios aún existía el macho alfa, y era el “premio” por el que luchar de adulto.

   Ahora ya tenemos más despejado el panorama, volvamos a tratar de entender el juego en sus otras disposiciones. Tenemos a la dopamina como intermediaria del juego predatorio, a modo de reforzar el aprendizaje. A su vez este componente resta el cortisol, u hormona del estrés: es un doble mensaje de no-dolor y sí placer. De forma más abstracta se puede decir que el juego es allí donde la seriedad (cortisol) sale de la ecuación. A la larga esta regla es la que se estableció dentro de individuos que jugasen al mismo juego: la no seriedad, la de que el estrés no existía entre ellos, que la seriedad estaba fuera del establecimiento de su grupo. Esa es la disposición de los animales gregarios, puesto que no son jerárquicos y entre ellos no se dan los juegos predatorios (excepto en los machos durante el celo): la carencia de cortisol, de estrés, es la tónica de su existencia. Pero el humano no es gregario, y se basaba en los machos alfa, luego era jerárquico y predatorio. En esa dirección el juego se empezó a manifestar en otra de sus facetas: establecía quién era parte de tu grupo y quién estaba fuera. Con quien existía estrés, dopamina o serotonina. La falta de estrés produce serotonina, y durante el juego predatorio existía la dopamina, pero no el cortisol. Cualquier estado o individuo que provocase la activación del cortisol, del estrés, era un estado fuera del juego, o serio. Estoy siendo reduccionista y tratando de asentar qué se validó en la evolución como lo promediado. Sé que la vida es mucho más compleja, y llena de “arrugas” fuera de esa uniformidad, pero lo que la evolución mantiene es aquellas reglas que se repiten una y otra vez. O sea, que en el fondo la evolución es reduccionista en la medida que las “arrugas”, lo aislado y menos repetido, no llega a formar reglas asentadas en el ADN.

   A lo que quiero llegar es a la reducción y contraposición de juego y seriedad, o allí donde no hay juego es una situación en la cual puede surgir la seriedad (estrés) y que por lo tanto la familia -de manera reduccionista e idealizada- es esa disposición donde no se tiene que dar la seriedad. O dicho de otra forma: no se ha de dar lo jerárquico y por ello no tienen que tratar de ganar durante el juego. Las madres forman parte de los juegos, aunque en muchos casos, como en las leonas, de manera desganada: o sea que no parece darse el premio, pero no existe el cortisol. Los machos leones, por otro lado, no aceptan el juego, pero no se ponen “serios” con sus propias crías, pues aunque no conviven con ellas las reconocen. Se sigue que los adultos reconocen el juego, no lo juegan, pero lo aceptan como lo que es: como falta de seriedad. Bajo otro paradigma, se usa un tipo de signos, que crean un tipo de lenguaje, del cual se deduce que el cerebro “entiende” todo lenguaje que hable su mismo “idioma” como juego, en el caso de los hermanos, o como no-serio entre sus adultos. No voy a afirmar que el juego formase el concepto de familia, pero lo que sí hizo fue conformarla de una nueva manera, con unas nuevas reglas, componentes o funciones: dentro de un lenguaje de signos, dentro de un nuevo tipo de comunicación.

   Las premisas afirmadas arriba ahora tienen más sentido. Incluso en los animales gregarios la lucha se da entre los machos, y por motivo del sexo. En animales como los chimpancés -nuestro ancestro común- se sigue manteniendo esa misma regla de la lucha por el sexo, luego el sexo más propio para la lucha predatoria son los machos, de lo que se sigue que al final el establecimiento de no-lucha entre dos individuos se daba por un pacto de no agresión, que a su vez producía un tipo de relación especial, como la que hoy entendemos como hermanos de sangre, que igualmente se deduce de ciertos “pactos” que se dan hoy en día entre los chimpancés machos. Me centro en esto por tratar de determinar la creación de grupos no consanguíneos. Ya tenemos claro que en la familia se crea un tipo de lazo de no-agresión o no tratar de ganar, pero hay que tratar de deducir el por qué ese mismo patrón o regla se trató de extrapolar a un grupo que no era parte de la familia. He de aclarar que ahí se da un vacío en las ciencias positivas. No hay forma de tratar de saber cuáles fueron esos pasos y los porqués. Uno de ellos sí está claro: las agrupaciones son una ventaja contra los depredadores. Cuantos más ojos colaboren, más fácil será avistar a un depredador y ponerse a salvo. El que promueve al cortisol o la seriedad es el depredador, y mientras tanto en dicho grupo reina la tranquilidad y por ello la serotonina. Una gran mayoría de monos usan el grito a modo de aviso en cuanto ven a un depredador. Los grandes simios provienen de esos pequeños monos colaborativos, luego heredaron ciertas necesidades y la tendencia a la agrupación no relacionada con la familia. Sobre lo que mayor vacío hay, es a la hora de establecer qué pasos siguió el humano hasta llegar a lo que somos ahora. Tenemos dos momentos claros: 1. el que se ven entre los grandes simios: los machos alfas y la lucha por esa posición, y 2. el actual humano estratificado y más tendente a lo igualitario. ¿Cómo se dio esa transición? Algunos antropólogos han apostado por un estado intermedio de sociedades igualitarias, que igualmente tratan de ver en tribus que aún existen. Pero por otro lado la mayoría dicen que tal cosa no existe, que como mucho existen las tribus acéfalas, sin cabeza sobresaliente, pero nunca igualitarias, sobre todo las antropólogas feministas que siempre ponen el punto sobre la desigualdad sobre las mujeres en dichas tribus. Yo siempre he pensado que el alfa nunca ha dejado de existir, si bien ese papel se fue adaptando a cada época y situación. Hoy en día, sobre todo en Estados Unidos (menos en Europa diría yo), el presidente aún tiene esa carga o aura de persona especial al que hay que respetar, oír y seguir (si el cine muestra el ideario inconsciente, piensesé entonces en todas aquellas películas en donde el presidente hace del clásico héroe, como es el caso de “Air Force One” con Harrison Ford). Sobre todo en épocas de crisis, en donde se incrementa el populismo y los presidentes carismáticos. Como si tal mecanismo se despertase cuando las personas se sintiesen en peligro, y como así sucede entre los chimpancés cuando son atacados por otro grupo foráneo, donde el grupo mira al alfa para que este restablezca la situación al estado anterior. O sea, es el mismo lenguaje de no-cortisol igual a paz o no serio, y miedo igual a cortisol y serio, y buscar que el alfa vuelva a restablecer el equilibrio: que vuelva a restablecer el grupo a un nivel de uso de los mismos signos y por ello del mismo juego.

   En esas investigaciones, sobre ese posible estadio intermedio de comunidades igualitarias, llegué a Christopher Boehm y su concepto de la “inversión de la dominancia” (Descargar escrito y traducción automática). Tal teoría viene a decir, a grandes rasgos y por no alargarme, que el concepto de alfa fue cuestionado por todo el grupo, y en esa dirección fue este el que tomó el “mando”, o sea se invirtió el dominio hacia el propio grupo y sus reglas. Las ideas de Boehm no han tenido mucha aceptación, sobre todo al tratar de deducir que tal disposición llevó a unas sociedades igualitarias (sí por las feministas, por “convenirles”), pero mirada al detalle es una idea a tener en cuenta. Propone que la vergüenza fue la moneda por la cual los individuos cuestionaron la posición del alfa. Hoy en día, entre las tribus que aún quedan, se sigue manteniendo dicha regla. Cuando una persona quiere sobresalir sobre el grupo, todos hacen uso de la vergüenza para volverlo a su sitio. En algunos casos incluso la misma persona se humilla para congraciarse con el grupo (auto-persuasión). Se dice que las culturas orientales lo son de la vergüenza, mientras que las occidentales lo son de la culpa. A mí esta división nunca me ha convencido. Toda la humanidad es un sociedad de la vergüenza, pues la culpa, bien analizada proviene de un estado previo que suele implicar la vergüenza o el autorreconocimiento de haber cometido una falta o falla. La diferencia es muy sutil, y sin el componente de tratar de ganarse el cielo, propia de las culturas occidentales, la culpa es aún más reducible a la vergüenza.

   Me toca unir puntos, tratar de crear una hipótesis que englobe tanto mi visión del juego como la teoría de la vergüenza de Boehm. Bajo mi punto de vista -siendo reduccionista e ignorando las “arrugas” para ver más claro el panorama-, los grupos, bajo la idea de mantener la homeostasis propia de usar un mismo lenguaje, a través de ese estadio de juego o lenguaje dentro del mismo grupo (y de donde de fondo está el lenguaje de la neuroquímica), la vergüenza nace en aquella situación en la que uno de los jugadores se sale de las reglas de no tratar de ganar y es visto bajo esa mirada por los otros, que al no aceptarlo lo “expulsan” del juego. O sea, ha sido “pillado” haciendo trampas o saliéndose del juego. En ese momento el equilibrio en los neurotransmisores cambian en ese individuo, y pasa por un breve estrés, que se revela con el típico sonrojo y nerviosismo, y en la dirección de tratar de reestablecer la posición anterior. Bajo esta simplificación de nuevo se deduce una sociedad igualitaria, ya que emerge dentro de una sociedad en donde todos forman parte de un mismo lenguaje o reglas del juego, en tanto que tendentes a mantener al grupo fuera de las luchas “serias” de ganar y perder, y tendentes a crear jerarquías. O sea, más parecido a los animales gregarios que a los propios chimpancés. Pero, de ser así, cómo el humano llegó a la clara estratificación actual en donde ya no hay un mismo lenguaje, y sí las diferenciaciones y los conflictos más propios de los sistemas jerárquicos.

   Boehm estaba sobre las pistas de las soluciones a dicho dilema, pero reconoce que como ha de mantener sus puntos de vista bajo su análisis antropológico (positivistas y basados en los casos de tribus estudiadas), no podía deducir como sucedió tal situación. Apunta a que pudiera darse el caso que al crecer una población hasta ciertas dimensiones se pudieran haber dado otras reglas, pero como los límites antropológicos sobre las tribus actuales no permiten ese análisis, no lo pudo comprobar. Pienso que está en lo cierto, y sobre todo si se tiene en cuenta las reglas de los sistemas complejos y de los estados emergentes. En una tribu pequeña es casi imposible salirse de sus pequeñas reglas. Y si una de ellas, como lo es la vergüenza, depende de ser visto o cuestionado por todos, llegado el caso que una población creciese a un número de individuos muy alto, sería más complicado o más fácil salirse de sus reglas sin que uno fuese pillado, y por ello humillado y pasar por el proceso de la vergüenza. Hoy en día el refrán “pueblo pequeño, infierno grande” nos habla de esa condición de no poderse salir de las reglas (la situación actual es tan nueva que ya ni siquiera es vigente tal refrán). En concursos como “Gran hermano” vemos que el cerebro humano se rige por las reglas de las que nos habla Boehm y otros antropólogos, pues los individuos no aceptamos a las personas soberbias y con algún grado de humildad…, en definitiva que traten de ganar y de esa forma salirse de las reglas del juego al creerse superiores que el resto. En cuanto es detectada una persona así, va a ser el primero en ser expulsado en cuanto esté nominado (a no ser que la audiencia lo quiera mantener por algún tipo de morbo).

   Creo que ya están todas las bases a tener en cuenta, como para deducir un porqué la sociedad humana llegó hasta donde ahora estamos. No es que hubiera un proceso por el cual estuviésemos en un estadio que se pudiera llamar como sociedad igualitaria: eso es confundir los términos y qué estaba implicado bajo todo este juego. A nivel evolutivo cada individuo quiere sobresalir y ser el mejor, pero esa regla queda supeditada a las reglas del grupo, lo que no exime que cada individuo no tenga esa regla implícita de querer sobresalir, y que por ello se manifieste en cuanto la situación lo requiera, o se exprese si algún proceso social no frene tal potencialidad. Las pequeñas sociedades se basan en el juego o lenguaje de no ganar, que es el implícito dentro de la familia y en la medida que esas pequeñas comunidades tienen como base cierto grado de consanguinidad y familiaridad. O sea, que siguen las reglas que tienen como fundamento el concepto de juego (unos mismos signos o lenguaje), de falta de seriedad y de no querer ganar. En cuanto la sociedad tuvo la capacidad de llegar a cierto número grande, como para que no se desgranara y se mantuviese estable por vivir en la abundancia, la regla de la vergüenza tuvo una menor capacidad de hacer presión, de tal manera que algunas personas empezaron a salirse del lenguaje originario, como para querer ganar y mantener de forma legítima, con nuevas reglas, tal distancia o dicha nueva disposición. Tratar de buscar cómo lo hicieron cae fuera de este escrito y pienso que no creo que se diese una regla universal, sino que cada población y cultura halló sus propios caminos. Lo que sí hay que tener en cuenta, y creo que es claro, es que cuando las sociedades llegaron a cierto número, emergió un nuevo sistema con unas nuevas reglas, que eran simplemente económicas (cuantificables a la lógica de lo óptimo en números): aquellas sociedades grandes y estables engullían a las pequeñas, ya fuera por la fuerza o por verse seducidas estas por el nuevo modo de vida. Ese primer estadio fue el comercio y la explotación de los recursos mineros. Aquellas sociedades que vivían en una zona con recursos crecían y ganaban poder. Otros grupos eran o pertenecían a otros lenguajes y en ese caso no tenían porqué mantener las reglas del juego y no tratar de ganar, es más era necesario ganar al resto de grupos para que su linaje, cultura y lenguaje fuese el que predominase sobre el resto. Dominar a otro grupo significaba volverlo al lenguaje propio (en su sentido más amplio: leyes, cultura, religión, idioma…). Hoy en día aún no hemos escapado de dicho paradigma, pues la propagación de la propia cultura es la nueva forma de dominación para hacer que el resto de humanos hablen tu mismo lenguaje. La vergüenza sigue dominando las relaciones personales pequeñas, en la familia, el grupo de amigos o comunidades pequeñas, pero cuanto más se universaliza y se tiende a una aldea global más queda desvirtuada dicha regla, sobre todo porque la cultura y paradigma que hoy domina -proveniente de la mentalidad o lenguaje de los protestantes de que el trabajo es el mayor valor- , es la de que hay que ganar y luchar por ello, y si no es así, y no asumes dicha regla, eres un perdedor y es cuando sí caes en la vergüenza. Aún esto no está claro, porque hoy en día el “ojo público” (opinión pública), tiene más fuerza que nunca en la medida que quedar en vergüenza, ya no ocurrirá en un ámbito pequeño, sino a nivel mundial; sino piénsese en casos en la Red como el “Me Too” (“yo también”, denuncias públicas de abusos sexuales) promovido por las feministas.

   Me queda hacer un pequeño recorrido de todos estos procesos a nivel individual, a nivel de cerebro. Cada vida es un mutante, o variación génica que trata de imponerse como la más válida dentro de su especie, esa es la teoría del gen egoísta, y parece la más deducible si se analiza la evolución a grandes rasgos. Pero como la evolución está dentro de la teoría de sistemas, se las aviene a reglas más amplias. Los animales sociales no obedecen a reglas muy distintas a las dispuestas a las células que forman un solo individuo. Cada célula “hace lo mejor posible su trabajo”, pero no ve el plan general que es el cuerpo al que pertenece. Trata de ser la mejor, sin darse cuenta que tan sólo es una célula más dentro de un cuerpo con sus propios planes. Un animal social tiene esa misma doble dimensión. Indiferentemente a estas coyunturas, lo que mantiene una “lógica” o plan general es la unificación a usar una información de una misma manera y por ello a mantener en alguna medida alguna comunicación para reglar qué idioma se está hablando. Esta idea sencilla se vuelve compleja cuanto más complejo sea un animal y cuanto más compleja sea una sociedad. Lo humano es lo más complejo que la evolución ha logrado mantener estable, pero cada capa del sistema se subsume a la capa superior. El problema del humano es que tomó conciencia, y en esa medida tiene la capacidad de ver y cuestionar todas las capas, y en la medida de percatarse que no tiene ningún control del sistema, se siente infeliz. No asumimos fácilmente ser una simple célula en un cuerpo. No asumimos que fuerzas mayores, como las naturales y las azarosas, nos pongan y nos releguen a una posición pequeña. Uniendo ideas con escritos anteriores; en algún nivel entre las primitivas y el “aparato emocional” de los animales complejos, el sistema “comprendió” que la vida es azar; el sistema cerebral “asumió” de forma implícita su nulidad, lo nimio que es tratar de controlar los actos y la vida, sin que por ello el animal cargase con dicha asunción de manera explícita. Pero el humano, por medio de la palabra, tomó conciencia de tal estado y se sintió desdichado e infeliz. Todo animal de cerebro complejo es susceptible de sentir el dolor por la muerte de un ser querido, en el humano ese dolor se multiplica de manera infinita. La identidad narrativa, el pensamiento mágico, y el sesgo optimistas coalicionaron para que el humano no viese tal despropósito. El pensamiento mágico creó a los dioses, los renacimientos y los cielos para hacer que la vida fuera más justa y no tan cruel en su azarosidad. El sesgo optimista nos hace olvidar lo negativo, para que la conciencia no rumie eternamente sobre el miedo que da esa negatividad. Como si estas dos reglas no fuesen suficientes, el cerebro y la evolución crearon la identidad narrativa, por la cual uno no es lo que realmente es, sino lo que uno quiera o trate de creer que es. Nos inventamos una identidad, inventamos los relatos y a los héroes para ponérnoslos como metas a seguir. En esa dirección cada individuo es susceptible de querer ser o creer ser individualista, de no querer jugar a los juegos de los otros, a tratar de ganarlos. Los otros, así, son a la vez una resistencia y alguien a quien ganar. Cuando emergió esta mentalidad lo hizo bajo las reglas del grupo, que se suponían que debían de hablar un mismo lenguaje. Las dos ideas luchaban en cada espíritu. La evolución sólo sabe de aquello que funciona, no es moral. Cuando se dio la posibilidad de la explotación minera y el comercio, se validó lo individual en la medida que era “vencer” a otro grupo. Me imagino que el propio grupo validó a aquellos de su grupo que se volvían individualistas para el bien de la propia comunidad: emergía así la idea del héroe, o se retomó de otro más antiguo que luchaba contra bestias míticas o fuerzas de la naturaleza, y este de otro que en definitiva era el antiguo y modesto alfa, en tribus más allegadas a lo animal que a lo humano.

   Lo que quiero dar a entender es que la evolución tiene esos dos idiomas o dialectos: cada individuo es una mutación de lo que puede ser el humano futuro, y lo social se rige por unas reglas que en cierta medida ignoran lo individual, y en tanto que lo “individual” es un grupo que tiene un mismo lenguaje y sigue unos mismos fines, que tratan de ser mejores que otros grupos y en donde el propio lenguaje (en sentido extenso como he dicho arriba) sea el que se valide a nivel universal. La paradoja es la nueva situación global y en el momento histórico en el que se ha dado, donde la fuerza y el paradigma que estaba en boga en ese momento era el protestantismo y la lucha individual como regla. Quizás no se hubiera dado de otra forma; las potencias orientales vivían cómodas en sus identidades cerradas. En la medida que todos nos volvamos individualistas, bajo el predominio de la cultura del sueño americano, perdemos de perspectiva la unidad que deberíamos de ser. Bajo mi punto de vista, que cree más en la aleatoriedad que en el control, como propongo en el escrito “Sentido y sin sentido”, todo obedece a pequeñas reglas que se van sumando sin ningún control ni orden. Una pequeña diferencia es la que crea grandes cambios a lo largo de los siglos y los milenios. Esa pequeña diferencia, que era la de luchar por el sexo con otros machos, creó una niñez distinta entre niños y niñas en sus juegos, que a la vez cada mujer asumió como normal o como la norma, y que al final creó una sociedad en donde la mujer no tenía casi ningún papel central, excepto el de la maternidad. En otro caso el juego, y de entender mi escrito, es muy “serio”, en el sentido de que no había que salirse de sus reglas y que uno no tenía que verlo como unas reglas, sino como parte de la identidad. En algún momento la recién “estrenada” identidad narrativa se percató que podía jugar el juego de los otros, sin creer en esos juegos, de tal manera que tenía la capacidad de crearse una identidad a medida. O sea, y para ser más claro, que me pierdo en mis caminos: vio la posibilidad de engañar sin ser detectado. En ese sentido el juego es como la fe. Uno no puede tratar de tener fe: o se tiene o no se tiene, no hay posturas intermedias y el que crea estar en esa postura se engaña y en realidad no tiene fe. Si juego no he de cuestionar el juego, yo y juego somos unidad, sin dobleces. En cuanto cuestiono el yo (identidad narrativa) o el juego, se rompe la fe de dicha unidad y entonces ya no juego, sino que juego a jugar…, al juego de hacer creer a los otros que creo en el juego y no tengo tal doblez o se ha producido en mí tal división. ¿Acaso este divorcio con el juego no es lo más antiguo de la humanidad?, había que hacer creer a los otros que uno mismo creía en Dios, ante el peligro de ser echado de la comunidad, o de creer en otro Dios, con el peligro de ser asesinado. La identidad o lenguaje dentro de un grupo nunca tenía que ser cuestionado, aquel que perdía la fe era aquel que era susceptible de traer un mal a la comunidad: el chivo expiatorio al que había que matar para equilibrar las fuerzas, para que todas hablasen un mismo lenguaje, para que jugasen al mismo juego, para que no lo cuestionasen, para que tuviesen fe en él.

   Esta extraña y no equilibrada división entre los humanos es a la que se puede reducir toda la historia. Las culturas primero, las religiones después y ahora las derechas dicen que hay un juego que preservar, que es un juego al que hay que tener fe. Cada juego (cultura) tiene su propio juego que no se pueden mezclar. Las izquierdas dicen que no hay juegos, que los juegos los hacemos nosotros y hay que buscar un juego nuevo. Pero la derecha, o ciertos humanos, trataron de ganar una posición elevada con el pretexto de que eran los portadores para mantener el juego, cuando iban contra las propias reglas del juego y no deberían de tratar de ganar. Las mentes divergentes, por otro lado, las que se suponen más de izquierdas, no creen en los juegos, pero sí creen en el juego de una sociedad igualitaria, al modo que lo tratan de ser las comunidades pequeñas, basadas en un mismo lenguaje. En cierta medida ellos fueron los primeros en romper con el pacto del primer juego, por cuanto no tenían fe con aquel juego inicial, y en la medida que esas mentes divergentes eran las que hacían los descubrimientos artísticos o científicos que diferenciaban a una cultura frente a su vecina. No hay una postura que salve las contradicciones implícitas dentro de estas dos posturas opuestas. Ninguna puede ganar, ninguna tiene que perder: han de mantenerse en liza. Y de ser así: ¿quién crea esa regla?, no el humano, ni el individual ni el social. Obedece a reglas de los sistemas y por lo tanto obedece a reglas que tal parece no puede dominar. Creemos tener el control, pero no tenemos el control de nada. Resolvemos temas concretos, pero no resolvemos o logramos entender o controlar esos sistemas mayores. Somos meras hojas al viento, aunque nuestro pensamiento mágico y nuestra identidad narrativa no lo trate de ver o lo niegue.

   Resumiendo y para poner en claro los puntos del inicio. El juego infantil creaba un marco temporal en donde las reglas de los adultos quedaban suspendidas. Por distintos factores evolutivos y azarosos el humano alargó el tiempo de la infancia o la llegada a la madurez, de tal manera que el juego formó parte de su estructura mental. Siempre estaba jugando, siempre estaba aprendiendo. El juego por otro lado diferenciaba seriedad frente a juego. En un inicio ese componente era dentro de una misma familia, pero en el humano tendió hacia la familia extendida, al grupo o tribu, y finalmente una cultura o nación: cada país tiene su humor, sus juegos, y qué es juego y qué es serio, como para no tomárselo como juego. El miedo a la vergüenza creó la “inversión en la dominancia” que mantuvo a los grupos cerrados a las normas de sus propios juegos, pero cuando se dió la posibilidad de las grandes ciudades, la vergüenza empezó a perder su papel rector, con lo que se apostó por las religiones y sus leyes. En la medida que el humano tendió cada vez más a un eterno aprendizaje, un tipo de cerebro, el de los divergentes o creativos, más preparado para ese propósito, obtuvieron cierta ventaja, pero bajo el sacrificio de usar la duda para todo y por ello perder el contacto con la fe. Nada se daba por sentado, todo era cuestionable. Los juegos perdieron su inocente legitimidad. Emergen dos fuerzas: los defensores de los juegos y los que los cuestionan, que han ido luchando a lo largo de la historia, si bien el cristianismo hizo de freno en todo lo que pudo. En tanto que lo que estaba de fondo en juego eran las ideas, las ideologías y las culturas, el efecto Baldwin -la tendencia a procrear con personas con tus mismas ideas, propósitos y finalidades-, es la que ha ido dando forma al mundo humano.

   Queda tratar de contestar o dar un porqué del título. Uno puede llegar a pensar que el humano es aquel ser que tiene la capacidad de cuestionar su ser. O dicho de otra forma: las células del propio ser humano tienen unas reglas sencillas de las que no son conscientes: en el humano se dio la posibilidad de ver esos sentidos, pero ¿es el poder tener esa mirada su sentido?, no. Las sociedades son ciegas porque no son autoconscientes y por ello no pueden llegar a un propósito común. No basta que cada humano sea autoconsciente para que el sistema lo sea. Para que tal cosa fuera posible tendríamos que crear un sistema autónomo de cada célula (persona), que tuviese su propia conciencia, independientemente de las consciencias individuales de las personas. Al igual que lo es la conciencia con respecto a las células. ¿Qué sería tal conciencia?, ¿lo es un Estado o una organización mundial como la ONU?, no, no emerge tal sistema y son tan sólo individuos tomando sus propias decisiones o las decisiones de su cultura. ¿Lo puede llegar a ser Internet?, no, porque igualmente no emerge una conciencia. ¿Lo podría llegar a ser una futura IA?, tal vez, pero, ¿estaríamos dispuestos a ponernos en manos de esa conciencia e ignorar nuestras conciencias individuales? Una conciencia como la humana tal parece que tiene la capacidad de acabar consigo misma, independientemente del deseo de vivir de cada una de sus células. ¿Estamos seguros que tal conciencia no haría lo mismo con el humano?, que decidiese que es mejor aniquilar las células erráticas y “libres” que son los humanos, frente a otras células más predecibles y con un solo lenguaje: el de las máquinas.

   Queda sin contestar la pregunta. La sociedad occidental hace alardes de poseer los derechos humanos, cuando muchas pequeñas tribus, sin apenas reglas, las llevan mejor a cabo que la propia cultura occidental. La conciencia no es un estado mejor o más evolucionado de la vida, por cuanto implica ese divorcio con las propias reglas sencillas de la vida. Las reglas para ser feliz están en las pequeñas reglas de la vida, el humano al perder de vista esas reglas no es más feliz, sino más infeliz. Lo dulce es agradable no porque lo quiera o no lo quiera la conciencia, sino porque es una regla de los sistemas vivos basados en los carbohidratos. Esa tendencia y fuerte deseo estaba mediado por la escasez, pero las sociedades de la abundancia se olvidan que debe ser tomada bajo ese principio de escasez, y en ese proceso llega a la obesidad y sus consiguientes problemas para la salud. Arriba he puesto el caso de la sincronización de los ciclos menstruales. Ninguna mujer a nivel de conciencia sabe que está llevada por ese proceso, a no ser que se lo pregunte a las mujeres con las que se sincroniza. La razón, el sentido, lo sabe la evolución y el ADN, y hoy los científicos postulan varias hipótesis, sin que ninguna nos parezca más convincente que las otras. Esos sentidos y significados se han ponderado durante cientos de miles de años y hoy el humano, a través del prefrontal y la razón, cree ignorarlos todos y que no tienen ningún peso, cuando la realidad no es así. Todo humano que se atenga a esas “razones” básicas será más feliz que aquel otro que trate de ignorar todas. Algunas de esos significantes carecen de sentido en el plano existencial del humano actual, como la sincronización de las menstruaciones, pero otras como que todo aprendizaje tiene que conllevar memoria procedimental, de movimientos, las ignoramos al poner a los alumnos en un pupitre, y lo más quietos y callados posibles, cuando algo como la subvocalización (hacer que los músculos implicados al leer se activen sin crear sonido, durante la lectura), nos dice que lo estamos haciendo mal. Con respecto a la vergüenza y los dos sexos: las clases mixtas son una desventaja frente a los que no lo son, por cuanto se teme más quedar en vergüenza delante del otro sexo que del propio; las estadísticas dicen que es peor para los hombres. Otro claro ejemplo es la motivación, esa gran desconocida. Si se comprende su mecanismo se logra entender que en el aprendizaje, que en toda acción, tiene que existir el componente de la dopamina, pero este componente químico no en su estructura química, si no en su “estructura espiritual”. En el juego infantil (predatorio) se unen los cuatro puntos analizados arriba. Una motivación tiene que cargar todos los puntos posibles analizados: lo físico o muscular; comunicar algo que engrandezca y expanda el lenguaje interno; entrar en competición, pero sin la alta carga opresiva de caer en poder ser catalogado como perdedor; y sentirse unido e integrado en una comunidad. El deporte, la ciencia y el arte son quizás allí donde todos los puntos se unen. El resto de la vida adolece de carencias que creen una verdadera motivación. Un claro ejemplo es el trabajo: ganar dinero no tendría que ser una motivación; ganar dinero para comprar o poseer cosas tampoco, y por desgracia es en lo que se basa la sociedad actual. Ganar y poseer, además y como forma de tomar distancia del resto de humanos, para tener un alto nivel de estatus, cosa que en la prehistoria -y en las tribus actuales- trataban de evitar -por medio de dejar en vergüenza- a quien se guiase por ese propósito, no debería haber sido nunca una motivación. La sociedad actual está obsesionada con que crezca la economía, sólo tienen esa visión y se supone que el resto se sigue de ese crecimiento, pero dicho crecimiento económico quiere decir producir y consumir más, en un planeta de recursos limitados, y en donde producción quiere decir contaminación y cambio climático. Nos deberíamos centrar en el nivel de los alimentos, y hoy por hoy hay los suficientes para que nadie pasase hambre o muriese por esa causa, cuando la realidad es la contraria. Aunque, claro, en el humano siempre queda el loco orgullo de Ícaro de luchar contra los mandatos de los dioses, que bien entendido es luchar contra las reglas y las limitaciones de la naturaleza (comer del árbol de bien y del mal -y posiblemente otras leyendas- tienen de fondo la misma metáfora). Los divergentes están inyectados con ese inane desenfreno, ese mirar al abismo para desafiarlo de Nietzsche, y los conservadores los tratan de frenar.  Sé que en otros escritos he postulado que los preconcientes hacen de freno en los avances humanos. La verdad es más compleja y ambigua, parece una regla y una maldición: son todo o nada, son pura desesperación y desencanto de lo actual, y pueden tender a retroceder mil pasos, o bien ir -en su locura- mil pasos más allá que el resto de humanos.

    Una madre, si se lo cuestiona, no va a ser más feliz que una simple gata que nada sabe de tomar conciencia de su maternidad. Ahora sabemos que de fondo a ese sentimiento se encuentra la oxitocina. ¿Creemos que si no fuera por esta molécula, y otras que han variado de funciones a lo largo de la evolución, la vida tendría sentido? La oxitocina no sólo es la hormona que hace que se tienda a favorecer a los de la propia familia, si no que consecuentemente tiende a ponerlos frente a los otros. Es la hormona que crea la frontera entre lo propio y lo ajeno, la identidad frente a la otredad. Por esta hormona podemos comprender que la mujer sea más empática y social (a nivel evolutivo es de lo femenino, de los procesos del parto, lleva más tiempo en sus cerebros y evolución), más tendente a mantener y sustentar las reglas del juego de no competencia y no querer vencer, lo que a su vez conlleva que la mujer haya tendido por miles de milenios a ser menos competitiva, indiferentemente que en los últimos siglos traten de cambiar esas reglas. Vuelvo al concepto de las pequeñas diferencias. Alguno/as pensadore/as no terminan de comprender y fijarse en esa regla de las pequeñas diferencias a la hora de crear sus teorías o hipótesis. Se supone que por la dominancia, y quizás una mayor fuerza de la pierna derecha, aún tratando de andar recto, a lo largo de kilómetros uno tiende a andar en círculos (por experimentos llevados a acabo por Jan L. Souman, psicólogo alemán, así es). ¿Qué vemos cada día en un hogar?, la mujer tiende a callarse en ciertas situaciones intranscendentales porque para ella es más importante mantener el juego, la armonía en el hogar, que tratar de ganar esa pequeña batalla sin ninguna importancia. Su sensación mental es que está haciendo las cosas bien. Por lo general (diría yo, me guío por lo que observo de mi entorno) vigila no caer en la iluminación de luz de gas, en una posible lenta pero constante manipulación que le lleve a una posición sumisa, pero en su mente o para su cerebro implícito, lo que le dice las primitivas, es que tiene que ser fiel al concepto del juego. Ha de recordarse que la mayoría de las hembras de la naturaleza (menos entre las aves, más entre los mamíferos), cuidan por sí solas de las crías. Si el hombre se ha unido a ese proceso ha sido, evolutivamente hablando, un proceso nuevo, que no ha creado grandes cambios en sus cerebros dominados por la competencia. La suma de esos dos factores, junto a esas pequeñas diferencias en el hogar, repetidas por cientos de miles de años, fue lo que creó la brecha que ahora denuncian las feministas como una posición de dominancia por parte del hombre o patriarcal. Yo no cuestiono la igualdad social, no cuestiono la lucha contra la violencia de género, cuestiono a las feministas que no analizan con objetividad estas reglas evolutivas, y cuestiono que no parece que traten de entender que quizás cada mujer es feliz sabiendo esa “verdad”, de que no hay que luchar por cada batalla dentro del nosotros, de la familia, y que la mujer tiene un cerebro más preparado para la conciliación, el perdón, en definitiva para mantener la teoría de lo que debe ser el juego propuesto en este escrito, ese que dice que no hay que tratar de ganar dentro de los de tu propio “clan”. Cuestiono si eso no llevará al fin del intento de la mujer para hacer que el hombre forme parte de la unidad de la familia, y el macho no volverá a su posición inicial, propia de la mayoría de los mamíferos, de no (querer) tener que ver con la crianza. Las últimas décadas parecen hacernos pensar que tal es la dirección que están tomando las cosas. Fijarse que algunos machos (hombres) matan a sus hijos a modo de ganar en su loco juego, no muy diferente de lo que hacen los leones al matar a las crías ajenas. Hago ver esta cruel realidad para tratar de asentar lo que el título reza, que el sentido está en las primitivas, en lo más asentado por la evolución, es lo instintivo. La razón tiene su propia lógica, y la sociedad analiza como “bestial” ciertos actos, pero no estamos haciendo ningún favor a la humanidad si nos negamos a aceptar que la conciencia tan sólo es una capa moral, evolutivamente reciente, que no ha creado grandes cambios en nuestros cerebros, sino tan sólo a nivel del pacto social.

(Esta visión no me pone ni al lado de los hombres, que tampoco estarán de acuerdo en mi visión sobre la macho, ni de la mujeres; de cualquier forma la visión más extrema del feminismo tampoco “vencerá” -mi “alarmismo” sólo tiene sentido si “venciesen”-, y las aguas seguirán el cauce de lo promediado por la evolución y lo social.)

   Detrás de cada agradable sensación hay un porqué evolutivo y reducible a unos componentes o funciones físicas. Si ahora el feminismo se impone una agenda con la que quiere cumplir, “exige” en cierta manera que toda mujer se cuestione y/o elija entre ser madre o seguir de forma plena una carrera. Pongo este dilema como ejemplo y por actual, para hacer ver que el humano ha pasado una y otra vez por este tipo de dilemas, que le han hecho irse alejando más y más de las cosas sencillas, de las reglas sencillas de la naturaleza y la vida. La filósofa Almudena Hernando nos dice que el macho humano tendió a la razón instrumental, puenteando las emociones y dejándolas para las mujeres, y en ese proceso perder el contacto con la realidad, que es que somos seres sintientes, y creados para relacionarnos y confiar los unos en los otros. Yo le preguntaría si no parece ser el nuevo fin de las feministas, y en ese sentido si toda la humanidad no se volverá una especie fría e altamente individualista, en donde se pierda todo propósito común y último. Un hombre occidental divergente, tipología neurótica en la teoría O.C.E.A.N., cuyo aparato neuronal se basa en la duda, no es más infeliz, aún con toda su alta capacidad de conciencia, que un sencillo humano de una tribu con cuatro verdades, que quizás sean simplemente mitos o creencias que le haya proporcionado su mentalidad mágica. La complejidad mental no crea felicidad, sino todo lo contrario. La conciencia si lo es de un acto feliz duplica esa sensación de felicidad, pero a la vez por ese mismo juego de espejos lo es para el dolor, multiplicando hasta el infinito cualquier daño. Todo animal de cerebro complejo crea traumas y trastornos, el humano gana a todos también en esto, por cuanto tiene el cerebro más complejo. Sufre y además sufre porque no puede compartir con nadie su sufrimiento, porque en definitiva la conciencia es un aparato de divorcio, de separación, de duda, de aislamiento, de soledad, cuando la base es que somos animales sociales basados en la empatía, la conexión y la sincronización con el resto de humanos. La sociedad actual cada vez está más lejos de aquel otro equilibrio que les procuró el pertenecer a una pequeña tribu, y cierto mantenimiento de un código interno dentro de la familia (lenguaje interno que se está perdiendo), y en donde el dolor y el placer también estaba compartido, y en donde por medio de rituales y el pensamiento mágico todo atisbo de soledad se terminaba por disipar. No vamos hacia una aldea global, que no nos engañe aquí el uso del concepto de aldea, vamos hacia una soledad global.

    He estado tentado de tratar de encajar las ideas del presente escrito con los juegos de lenguaje y la familiaridad de Wittgenstein, pero si fuera el caso que el autor en realidad hiciera uso de metáforas, más que de términos a tener en cuenta, caería en tratar de hacer metáforas sobre metáforas, perdiendo todo contacto con la realidad. Pienso que Wittgenstein arrastró su enfado con Russell durante toda su vida y atacaba la filosofía analítica en cuanto podía. En ese caso sus dos términos tan sólo trataban de decir que el “mapa no es el territorio“, y que no se podía positivar el lenguaje. En mi caso hablo de juego y del lenguaje que cierta familia o cultura posee y en donde por estar sus cerebros en cierta medida “cableados” igual, unos y otros se entienden y tienen una mayor capacidad de comprenderse dada esa familiaridad y esas mismas estructuras mentales. O sea, cada cerebro individual dentro de una familia, y aunque no tenga esas palabras o conceptos, tiene más probabilidades de buscar las palabras o los equivalentes dentro de su propio lenguaje que otra persona que no es de la familia o de la misma cultura. Bajo ese aspecto usó Wittgenstein el concepto de familiaridad, en parecidos no definibles pero sí deducibles en el lenguaje y durante la comunicación, como cuando vemos a dos personas juntas y deducimos que son hermanos o tienen alguna relación familiar. En su punto §67 nos dice:

No se me ocurre mejor expresión para caracterizar estas similitudes que “semejanzas familiares”; para las diversas semejanzas entre los miembros de una familia: estructura, rasgos, color de los ojos, marcha, temperamento, etc., se superponen y se entrecruzan de la misma manera. – Y diré: los “juegos” forman una familia.”

   ¿Cómo el cerebro hace ese tipo de análisis de hallar parecidos familiares?, y ¿acaso nuestros demás esquemas racionales y que tienden a crear y buscar estructuras, patrones y reglas del mundo no provendrán de este mismo mecanismo, que debe de ser de los más antiguos en la evolución? Un pingüino es capaz de reconocer entre cientos y miles de graznidos el de su pareja; las cebras se reconocen fácilmente. Por esa misma paradoja de lo familiar las personas de otras raza nos parecen más iguales o menos distinguibles (efecto otra raza). Cuando decimos que algo es familiar no es por un sólo rastro, por ejemplo los ojos, sino por una suma de cosas indefinibles que la razón no puede explicar, porque ese proceso lo ha llevado a cabo una parte del cerebro demasiado antigua como para que sea  comunicable con palabras. En teoría musical existe el mismo concepto, equiparable al de familiaridad (no conozco el término, lo muestra el vídeo abajo enlazado, donde todas las canciones cantadas por el autor, le tienen obsesionado porque tienen el mismo aire familiar), en donde una melodía o frase es familiar a otra, aunque no use las mismas notas o en las mismas posiciones y vayan a distinto tempo. Como cuando en el ejemplo del escrito anterior usé las frases: “detrás de esa elevación de tierra hay caza” y “después de esa elevación de tierra hay posiblemente carne”, para dar a entender que significativamente son lo mismo. Wittgenstein argüía que las estructuras de las frases y las palabras seleccionadas no tenían nada tras de sí, eran un juego de lenguaje, y que si tales frases o palabras guardaban alguna relación serían tan sólo por su familiaridad. Nos encontramos así que el cerebro, quizás, busca significantes en la medida que busca o trata con entes mentales. Me explico. En el lenguaje básico de los animales un solo fonema, un tipo de chillido, nomina un ente en el mundo. Más tarde el humano con el lenguaje unió varios fonemas para nombrar a personas, cosas en el mundo o acciones. Seguramente unía significantes. Así si usaba el chillido “iiih” para león, “muiiih” podría ser para un búfalo. Unía la familiaridad del peligro del león con el mugido del búfalo, que era peligroso, pero no tanto. En el juego “Craft the world”, por mis problemas con la memoria a corto plazo, no era capaz de recordar tres símbolos para abrir las puertas, y al final se me ocurrió buscarles una familiaridad con las letras del abecedario, ahora ya no tengo problemas. Los primeros nombres se ponían buscando la familiaridad del recién nacido con algún evento cercano o similar (familiar), estrella dorada, por ejemplo, por sus brillantes ojos. De ser así se deduce que lenguaje nació como metafórico, pero a la vez buscando relaciones familiares…, de concordancia ambigua pero deducible al modo que el cerebro haya familiaridad entre los rostros. Parece ser que el cerebro tiene un fuerte empuje cognitivo y de memoria trabajando con las familiaridades, cuestión que habrá que tener en cuenta para alguna teoría evolutiva de la inteligencia; igualmente como proceso de aprendizaje y truco mnemotécnico.

    Terminando de unir ideas con el escrito anterior, en este caso con los divergentes y los esquizofrénicos, pienso que este tipo de cerebros al ser más capaces de hallar patrones y regularidades, son más capaces de encontrar la familiaridad de los rostros, incluso cuando son de otras razas (yo a veces reduzco a que sólo hay unas diez o doce tipos de personas con variaciones, ¡veo familiaridad en todo!), lo que les lleva a ser menos xenófobos y más de izquierdas, por seguir viendo que la humanidad está unida o es una misma familia, y, en definitiva, que todos estamos jugando el mismo juego, aunque no nos demos cuenta.

    Finalizar diciendo que no creo en soluciones, que todas mis propuestas, y mis llamadas de atención sobre ciertos temas, los creo vanos (vendrá un escrito sobre tal tema, o sea que de momento no profundizo). Bien entendido el concepto de torre de Babel no viene a decir que sea la dispersión de las lenguas la culpable de que la humanidad dejase de entenderse, sino la disparidad de juegos o formas de entender los juegos…, en definitivas la disparidad de las culturas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El Sentido Está en las Primitivas

  El hombre se toma como materia incluso a sí mismo, y se construye (…) como una casa.” Luigi Pirandello
La conciencia es la conducta de las conductas.” Sartre
Significado puede considerarse un sinónimo aproximado de patrón, redundancia, información y “restricción.” Bateson

   Estoy leyendo “pasos hacia una ecología de la mente” de Gregory Bateson, con el cual coincido en una gran cantidad de cuestiones, quizás por esa mezcla de sus especialidades entre la antropología y la psiquiatría, en donde trata de fundar lo segundo a partir de lo primero. Este autor a su vez hace mención a ciertas ideas de Aldous Huxley, que a la vez menciona o se basa en Walt Whitman, (ir a Tuit de referencia al texto). Con este autor llegué a la corriente llamada transcendentalismo. En esa dirección tengo que hacer ver que mi concepto del “el niño que siempre nos habita“, aunque se acerca a las ideas que sostenían los trascendentalistas, sobre un momento en el pasado en donde el humano era más cercano a la inocencia o “gracia” propia de los animales, en ningún caso trato de sostener ninguna idea, a su vez, sobre la espiritualidad. Más bien me baso en el concepto de los dos hemisferios del cerebro descrito en el libro de Iain McGilchrist “el maestro y su emisario“, en donde el derecho aún mantiene en cierto grado el pensamiento mágico y por ello la conexión con las primitivas, mientras el izquierdo ha tendido a la razón y por ello a la instrumentalidad. En esa misma dirección apunta el concepto del intérprete del hemisferio izquierdo de Michael S. Gazzaniga, e igualmente el de la identidad narrativa, que al ser principalmente verbal de nuevo nos remite al hemisferio izquierdo. La idea de la humanidad corrompida, en tanto que concepto idealizado y en cierta forma pueril, viene de antiguo, donde el concepto del “buen salvaje” de Rousseau es quizás el referente (otras fuentes, la película “Avatar” se fundamenta en el principio del “buen salvaje”, más conectado con la mentalidad mágica y la naturaleza). No hace falta críticas a las consideraciones más nuevas, Rousseau ya las tuvo en su momento y a posteriori, cuando sus ideas quedaron en entredicho dada la evidente violencia de muchos pueblos de cazadores-recolectores.


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   De cualquier forma yo pienso que si alguna vez se dio ese estadio, puede que incluso fuese previo al homo sapiens. Las ideas expuestas en “caos: sin sentido o sentido“, sobre las señales honestas que son las emociones básicas, también puede ser corroborada por la hipótesis cooperativa del ojo. En ningún animal la esclerótica, el blanco del ojo, es igual que la del humano. La hipótesis, propuesta conjuntamente por H. Kobayashi y S. Kohshima sostiene que tiene la función de indicar, a los otros humanos, hacia dónde se mira y en la dirección de cooperar, cosa que no sucede en otros animales, que han de ocultar dónde miran. Todas estas ideas, tanto las de las emociones como la del blanco de los ojos, tienen de fondo la teoría de la comunicación. En el reino animal todo tiene un porqué, un juego evolutivo. El engaño por medio del camuflaje es donde mejor se entiende su entramado. Un animal se puede camuflar para esconderse o para atacar; a la vez otros animales usan los colores para avisar que son venenosos, mientras otros -con la misma base- engañan haciendo creer que son venenosos. Este lenguaje es universal, ya que se da incluso entre las plantas y los hongos. Bajo estas reglas el humano se pone en evidencia con la esclerótica, puesto que un depredador podría percatarse cuándo mira para otro lado, y en ese lapsus atacarle. Ha de suponerse que en el momento que se dio ese cambio evolutivo el humano (o prehumano) ya era un cazador respetable y temido, y que dicho cambio era un mensaje interno hacia los propios humanos. De una u otra forma lo que nos dice, tanto las emociones básicas como el blanco de los ojos, es que el humano proviene de una especie que se basaba en la cooperación y en donde no se daba en ese momento el engaño. De cualquier forma la dirección del presente escrito es la de tratar de demostrar lo contrario: que el humano tal como lo concebimos y es hoy en día fue a causa no de la cooperación, sino de la otredad, y por ello la ocultación y el engaño. Si se quiere, un posible porqué se “corrompió” o se desvió de aquel inicio. Antes que nada se ha de tener en cuenta que el presente escrito trata de mostrar que indiferentemente a lo que creamos, y sobre que la mejor cualidad humana es la razón y que es esta la que ha de buscar el sentido de la vida, y las motivaciones; la realidad es que las bases de dichas motivaciones y un posible sentido de la vida tienen sus bases en las primitivas, mientras que las zonas más nuevas, y las nuevas disposiciones de las sociedades humanas actuales han perdido -o están perdiendo- dicho sentido.

    La teoría de la evolución humana parte de la idea de que un antecesor nuestro, y común con el chimpancés, fue posible por la sequía del este o cuerno de África. No es una región tan grande como para que hubiese demasiada variedad o familias , y se supone que sobrevivieron porque se basaron en una fuerte colaboración. Antes de leer a Bateson ya tenía planeado este escrito, pero después de leerlo me he cuestionado si hacerlo, pues venimos a decir más o menos lo mismo. También me hace cuestionarme el para qué escribir, si no hay ya suficientes libros y redundar, como para saturar aún más el panorama actual y su exceso de información. Al fin y al cabo ciertas “verdades” no transcienden a la masa, pues toda verdad que no sea optimista o sea útil, no la digiere la cultura popular. No sé, entonces, si en cierta forma el presente escrito es divulgativo y sobre las bases ya planteadas de Bateson. De cualquier forma he de afirmar que yo las llevo más allá y las trato de unir a otras ideas o conceptos claves en mi “filosofía” (forma de ver/sentir/entender el mundo).

Breve resumen de lo que viene a continuación:

  • El juego es una forma de comunicación en donde hay un desplazamiento de los signos. En esa medida su base es metafórica.
  • Hacia un nuevo concepto del aprendizaje.
  • Qué es o no es juego viene dado por pertenecer a una misma familia (con un mismo lenguaje o signos) y por ello incluye los conceptos de identidad y otredad.
  • Cuando fue imposible determinar el juego, por haber demasiadas familias o signos, se estructuró de una nueva forma lo social.
  • Ciertas fallas en el establecimiento de esas reglas dio posibilidad y legitimización a ciertos humanos a jugar a jugar, a crear interpretaciones de los juegos en tanto que ocultación o engaño.
  • Esa estructura social creó a su vez una estructura mental.
  • Creación de grupos en sustitución a la pertenencia y la familia.
  • Hacia un nuevo concepto del efecto Baldwin, la evolución y los preconcientes.

    Empecemos sobre el concepto clave que quiero introducir en el escrito, pues es posible que este proporcione más coherencia y sentido al resto. Qué debería entenderse por aprendizaje.

   Hace unas semanas vi un documental sobre competiciones y competidores sobre la memoria. Todos ellos, claro está, usan trucos nemotécnicos para memorizar y recordar. Pero ¿recordar es inteligencia? En cierta película de los 90, “Magnolia“, uno de sus personajes (¡agüita!, cómo conjugar verbos aquí: el cerebro se bloquea por unos segundos) era el que había sido un concursante de un programa de televisión de gran éxito, que para hacernos a la idea venía a ser como alguien que hubiera durado mucho tiempo en el programa español de “saber y ganar”. El personaje se muestra deprimido y acabado, ante un mundo que hace ya tiempo que le ha olvidado y al que él trata de hacerles recordar su gloria. Tiene una gran cantidad de conocimientos, pero sólo son datos como las capitales del mundo, citas, datos de fechas históricos y cuestiones similares. “¡Niños!”, tienen la cabeza llena de datos innecesarios”, se dice a sí mismo de forma retórica, quizás recordando algún reproche que alguien le dijo alguna vez. Bajo mi punto de vista el sistema nervioso, y por ello el cerebro, los ha “creado” la evolución para crear identidad, para tener la posibilidad de crear ser, en la dirección de interiorizar el mundo, hacerlo predictivo, y con la doble meta de sobrevivir y ser la mejor apuesta evolutiva. O sea, crear posibles cambios que sean los que permanezcan en un futuro humano. Aprender datos en bruto, aprender a aprender o crear sistemas nemotécnicos no es algo que se transfiera a nivel evolutivo. Todos ellos hay que aprenderlos durante la vida individual, o sea, no crean cambios permanentes y disponibles para la evolución.

     Qué sí mantiene. El prefrontal con su circuito de revisión de la información, a través de un sistema codificador complejo, es algo que la evolución validó. O sea la capacidad de analizar la información, una vivencia, con el lenguaje, con las palabras. En la actualidad está haciendo ese mismo proceso con el lenguaje matemático, pero tal parece que al ser el más novedoso tarda en implementarlo, pues tiene que “verificar” que realmente sea “útil” a nivel de coste/pérdida, en verificar qué se gana y qué se pierde. Los grandes matemáticos suelen ser personas retraídas y con problemas de integración en lo social; la evolución está evaluando si el coste de una posible desintegración social se suple con algún beneficio sobre dicha adquisición.

     Esta idea sencilla y evidente lleva implícito una gran cantidad de detalles, que es lo que me interesa exponer. Cómo funciona el cerebro y sus entresijos es sobre lo que lleva las cuentas la evolución. Qué tenemos, a grandes rasgos: un sistema de aprendizaje basado en el premio y el castigo; la larga y alta dependencia de la infancia, que a su vez remite a algo externo como uno o varios cuidadores/enseñadores, que a la vez cuentan y han de partir del premio y castigo; la necesidad de volverse adulto e independiente para al final volver a crear una familia, con sus consiguientes procesos cerebrales de rebeldía para romper con los cuidadores, para al final frenar; todo ello aderezado que es a partir de un sistema complejo de codificación, que es el lenguaje. Puesto que la base es el premio, la evolución hace tiempo que asentó la estructura que es el juego, como base del aprendizaje. Estos procesos remiten a partes, funciones y sistemas del cerebro que se dan gracias a un fino y precario equilibrio, en donde si algo falla lleva al cerebro a distintos trastornos, ya sea a nivel individual, o a nivel social. Mi propuesta es que no es un proceso acabado, que la evolución no tiene aún una regla válida para tal estado, y que con cada individuo y generación reevalúa sus “tácticas”. ¡Ya sé, no es un ente que aprende y de forma tan rápida!, depende de largos procesos de cientos o miles de generaciones, pero la evolución parece tener “ciertos trucos” para paliar con dicha lentitud. Por un lado tenemos los cambios epigenéticos, por los cuales ciertos genes se expresan, mientras que otros no. Dichos cambios se mantienen, en un primer momento, durante tres generaciones. O sea, que la cuestión ya no es lo que hagas con tu vida: si vas a tener hijos, ciertas decisiones o rumbos de tu vida, es posible que repercutan sobre tus hijos y tus nietos…, si llegase el caso que se produjesen cambios epigenéticos. Se sabe que la evolución igualmente consiste en mantener y “recordar” esos cambios epigenéticos , lo que viene a querer decir que si dichos cambios son como un “guardarse un as bajo la manga” para ser usados en las situaciones adecuadas, así como que al final dichos cambios pueden hacerse permanentes para una especie o subespecie. Por otro lado existe otro extraño mecanismo, llamado “asimilación genética“, que de nuevo repercute a muy corto plazo. En la dirección de ahorrarme de pensar y procesar, y poder caer en errores en mis explicaciones remito a un ejemplo expuesto por Bateson:

Waddington trabaja con una fenocopia del fenotipo generado por el gene bitoráxico. Este gene tiene efectos muy profundos sobre el fenotipo adulto. En su presencia, el tercer segmento del tórax se modifica para asemejarse al segundo, y los pequeños órganos de equilibrio, o alteres, que están en este tercer segmento, se convierten en alas. El resultado es una mosca de cuatro alas. Esta característica de cuatro alas puede producirse artificialmente en moscas que no portan ese gene bitoráxico si se somete a las ninfas a un período de intoxicación mediante éter etílico. Waddington trabaja con grandes poblaciones de moscas Drosophila derivadas de una estirpe silvestre, de la que se cree que está exenta del gene bitoráxico. Waddington somete a las crías de esta población durante sucesivas generaciones al tratamiento mediante el éter, y de los adultos resultantes elige para criarlos aquéllos que muestran la aproximación óptima al bitórax. Prosigue este experimento durante muchas generaciones, y ya en la generación vigesimoséptima encuentra que la apariencia bitoráxica es lograda por un número limitado de moscas, cuyas ninfas fueron retiradas del tratamiento experimental y no sometidas al éter. Cuando se reproducen estos ejemplares, resulta que su apariencia bitoráxica no se debe a la presencia del gene bitoráxico específico, sino que resulta de una constelación de genes que colaboran para producir ese efecto.”

     Un problema sobre los genes, y su modificación, así como cuando se afirma que tal o cual trastorno es debido a tal o cual gen, es que las cosas no son tan sencillas, sino que suelen obedecer a un conjunto de genes, sin estar claro cuántos o cómo interactúan a la vez. En el caso de arriba, lo que nos dice es que no se creó un cambio en el gen implicado, sino que el ADN y sus mecanismos “copió” los procesos -y por medio de otros genes- para crear tal mutación. En otros casos la mariposa Vanessa, por fenocopia, tiene distintos tipos de la coloración y geometría de sus alas dependiendo de la región del mundo a la que es llevada, asimilándose a las coloraciones y geometrías de la región. Es como si la evolución ya supiese de aquello de “donde fueres haz lo que vieres”. “Lee” el ambiente y sus “contenidos” físicos y químicos (calidad y horas de luz, alimentación, ecosistema, presas/depredadores, sus “vecinos”, etc.) para “favorecer” una mutación u otra. Por otro lado está el efecto Baldwin, ya analizado en otro escrito, por el cual la evolución tiene a favorecer ciertos rasgos frente a otros, al hacer que los individuos “prefieran” procrear con los que portan dichos rasgos, frente a los que son sus “opuestos”.Mariposa Vanessa    Volvamos arriba, a los procesos cerebrales. No pienso que la evolución, ya en lo humano, tenga una sola regla de cómo tiene que operar el cerebro, de cómo adquiere información del medio y cómo la procesa en la dirección que el medio sea predecible, sino que existen “varias versiones” y mantiene una de ellas que es la más promediada como la válida. Sigue creando distintas apuestas y la vida, cada sociedad y cada generación, son el campo de batalla de dichas apuestas. Lo que Bateson a descubierto, con la teoría del doble vínculo, es la activación o puesta en juego de todas las apuestas. Doble vínculo o doble mensaje es el hecho que alguien te de dos mensajes contradictorios entre sí, en donde uno suele operar de castigo y otro de premio, y en donde de cualquier forma con cualquiera de los dos “pierdes”, (el típico “te voy a azotar porque te quiero y es por tu bien”). En ese dilema el cerebro no crea ningún tipo de aprendizaje, o no crea aserción, debilitando la capacidad del cerebro para volverse autónomo o con aprendizajes válidos para la vida. En definitiva, y según Bateson, el doble vínculo está detrás de una gran mayoría de los casos de las esquizofrenias.

    He profundizado en el tema (dentro de unos márgenes de tiempo, mis necesidades y mis límites) y al final he leído que tal teoría ha sido invalidada, pues la mayoría de los síntomas de los esquizofrénicos se resuelven con medicación, o sea, equilibrando la química cerebral, lo que lleva a que tal trastorno es provocado por tal desequilibrio. Tal afirmación no me convence. Primero porque lo que “arregla” son los cambios más evidentes, como los delirios, el escuchar voces y síntomas de este tipo, y porque está claro que si a alguien le duele la pierna y se la cortas le deja de doler, pero eso no quiere decir que le hubieras “arreglado” el problema. La medicina actual adolece de este mal: solucionar los problemas más evidentes, sin ir a la raíz de los problemas subyacentes. Al final, para solucionar otros problemas, hay que recurrir a otras terapias, en donde todas ellas, “terapia familiar, tratamiento comunitario asertivo, empleo con apoyo, remediación cognitiva” (fuente Wikipedia), van en la dirección de hacer que dicha persona esté bien insertada en su familia y la sociedad. O sea, a fortalecer y validar su ego, pues en definitiva y como dice la teoría del doble vínculo, con la educación dentro de un ambiente de dobles mensajes, el cerebro sólo es capaz de crear un “ego debilitado” (ego weakness) que no puede “crear” un adulto preparado para la vida y la sociedad.

    Bajo mi punto de vista, el planteado arriba, no es que una familia o sociedad cuestione a un individuo concreto, que también, sino que hace que el ADN se “replanteé” si la “programación”, tal como está expresada y que es la mediada por la evolución, no sea la válida y por ello creará cambios en cadena, en cómo el cerebro ha de recoger la información del medio y en cómo procesarla. En un ejemplo de Bateson:

Es corriente afirmar que los esquizofrénicos tienen “un yo débil”. Por mi parte, definiré esa debilidad como una perturbación que impide identificar e interpretar aquellas señales que deberían servir para decir al sujeto qué clase de mensaje es un mensaje por él recibido, es decir una perturbación en la interpretación de señales que son del mismo tipo lógico que la señal: “esto es un juego”. Por ejemplo, un paciente ingresa en el bar del hospital, y la empleada que está detrás del mostrador le pregunta: “¿en qué le puedo servir?”. El paciente experimenta la duda de qué clase de mensaje es éste: ¿es un mensaje que se refiere a asesinarlo?, ¿es una indicación de que ella quiere acostarse con él?, ¿o le está ofreciendo una taza de café? Escucha el mensaje y no sabe a qué clase o a qué orden pertenece ese mensaje. Es incapaz de seleccionar aquellos rótulos más abstractos que la mayoría de nosotros podemos usar de manera convencional pero que la mayoría de nosotros somos incapaces de identificar, en el sentido de que no sabemos qué cosa nos hizo conocer de qué tipo de mensaje se trata. Es como si, de alguna manera, nosotros hiciéramos una conjetura acertada. De hecho, tenemos poca conciencia de recibir esos mensajes que nos dicen qué clase de mensaje estamos recibiendo.”

    Analicemos la cuestión más al detalle. Hemos acordado a lo largo de los escritos que la mayoría de los aprendizajes son implícitos, no sabemos cómo y qué aprende el cerebro, pues en realidad la sociedad está llena de dobles vínculos o mensajes (las mujeres y el feminismo los da con respecto a lo sensual, el macho ya no sabe si le tiene que gustar o no, y si tiene que decir algo o no, al modo de un esquizofrénico para el caso). Una persona nos puede decir en su discurso que todo está bien, pero el cerebro implícito capta microexpresiones que contradicen sus palabras. Una persona normal -la promediada por la evolución- tiene el cerebro conectado para ignorar las microexpresiones y no “leer” los dobles mensajes. Quizás ni lea esas microexpresiones de forma implícita, pues su sistema ha bajado o filtrado la latencia de sus sentidos. Me explico, el sistema simpático, el que suele estar activo de forma constante, trata de ahorrar energía (inhibición latente), y en esa dirección capta menos información del medio. Cuando algo nos asusta, se activa el sistema parasimpático, de tal manera que captamos más detalles del medio. Se supone que tras de la mayoría de los trastornos (desórdenes) mentales hay un humano dominado por el miedo, que le hace permanecer con ansiedad y estrés, de tal manera que tiene una baja inhibición latente, o dicho de otra forma, su cerebro capta más cosas del medio, como las microexpresiones. Esto por el lado de la captación de la información.

   Por otro lado está el procesado. Se dice sobre el porno e Internet que si es posible pensarlo o que alguien lo haya imaginado (regla 34), existe en el porno de Internet. La mayoría de las personas -lo promediado por la evolución- tienen poca imaginación o ninguna, alarmándose con lo que puedan llegar a pensar ciertas personas (la película “el ciempiés humano” o el director Lars von Trier son odiosos para la gran mayoría de las personas). Un artista, científico o pensador poseen cerebros divergentes que parecen estar diseñados con una fuerte capacidad para unir puntos remotos del conocimiento y la naturaleza. Un neuronormal tiende a “olvidar” y no procesar lo negativo, mientras que otras apuestas cerebrales analizan las dos: las negativas o limítrofes y las positivas. ¿Qué tipo de cerebro está más acorde con la realidad?, uno que analiza todo el espectro social u otro que sólo analiza la mitad o incluso menos? Como se suele decir “el hambre agudiza el ingenio”, o “la necesidad es la madre de la inventiva”, bajo mi punto de vista, el analizado en este escrito, el “miedo” o estado de alerta es la madre de la inventiva o agudiza el ingenio, en la dirección que procesa toda la información proveniente de la sociedad y no las anula en el cerebro. Volviendo al caso de los esquizofrénicos, es cierto que ven cosas que pueden que no estén allí, pero también es verdad que analizan el medio sin ninguna atadura y sin dar nada por supuesto. El problema del cerebro, y la evolución, es que están constantemente evaluando hasta dónde afinar, filtrar, y olvidar la información que recogen del medio, de tal forma que esa regulación y afinamiento la lleva a cabo en los individuos, las culturas y las generaciones.

Implicaciones del Sesgo OptimistaEl sesgo optimista implica una forma de funcionar del cerebro.

   En resumen. Bajo las reglas del aprendizaje hay varios niveles: 1. aprendizaje automático; 2. supervisión de lo aprendido (doble bucle), los dos previos nos dan el pensamiento rápido y lento de Kahneman; y 3. aprendizaje sobre el aprendizaje (meta-aprendizaje o triple bucle). Sólo los dos primeros están implementados en la evolución, en el cerebro; el segundo sólo es llevado bajo ciertos criterios (errores claros o que nos hacen ver los otros), y el tercero es social y de la actualidad. La esquizofrenia se da en la medida que esa persona, y por una educación con mensajes de doble vínculo, no ha creado un prefrontal lo suficientemente activo como para supervisar su alto nivel sensorial y de procesado mental (no tener filtros al hablar y al actuar: no les funciona o tienen la autocensura). El prefrontal es un “cajón desastre” que tiene una gran cantidad de funciones, todas ellas catalogadas bajo el concepto de sistema ejecutivo. Es a esta propiedad y función que llamamos razón y sede de la conciencia. En realidad se creó, como he dicho muchas veces, como esa última rotonda en los procesos mentales que detecta posibles errores (doble bucle): si no hay errores no se activa, si los detecta se pone en marcha. En esa dirección es, sobre todo, inhibitorio de la mayoría de los impulsos. Por otro lado es el sistema que crea los planes de futuro (memoria prospectiva), acorde a los propios medios y potencialidades. Este segundo rasgo es más nuevo y la verdad es que en tiempos como los actuales, nos suele fallar a todos (vuelvo a esto más adelante). La suma de estos mecanismos es lo que falla en el caso de los esquizofrénicos y en otros o la mayoría de los trastornos.

El Auto-monitoreo como Control CerebralEl auto-monitoreo llevado a cabo por el prefrontal, y por medio de la palabra, equilibra el cerebro.

    Con esto retomo los primeros supuestos, sobre qué es memoria. Cuando la evolución -o el medio- hace cambios en un cerebro, como es el de los esquizofrénicos, está tratando de evaluar si su apuesta evolutiva es la más válida. Cada individuo en su forma de estructurar su cerebro, a través de cómo recibe la información y cómo la procesa, está tratando de crear una identidad, de crear ser, en la dirección de que ese sea el humano del futuro. No cuenta tanto el saber mucho o tener muchos datos inconexos en el cerebro; es hacer que tales datos alteren su cerebro como para crear un tipo de cerebro a la hora de percibir el medio y a la hora de procesar los datos. En otro lado decía que inteligencia es la capacidad de encontrar algo del medio y percatarse que esa “novedad” le va a hacer “crecer” (atajos mentales, hábitos, creencias positivas…); en definitiva una gran mayoría de sesgos cognitivos y emocionales, y modos de proceder de la memoria, son ahora parte de la estructura cerebral, y alguna especie, o ya una persona o una sociedad fue la primera en adquirirla y usarla. Propiamente el lenguaje -o incluso el mentalés-, con una base metafórica, partió seguramente por algún fuerte vínculo entre los primeros actos comunicativos y al relacionarlos con el propio nomadeo en el mundo, en un cerebro que ya tenía la estructura en la memoria de guardar hitos y rutas, de tal manera que todo habla era una ruta con un rumbo y un propósito. Todo acto instintivo, como buscar alimento y comer, a su vez, debió de “contaminar” el propio nomadeo con la falsa idea de que toda ruta ha de tener una finalidad, como así ha de ser una historia bien contada, cuando la mayoría de las veces tan sólo se vagabundea. Fijarse que vagabundo -vagar por el mundo- proviene o da la idea de que es andar en la vida sin rumbo o propósito…  ¡como si en contraposición el tener un trabajo rutinario y en algunos casos humillante sí tuviese algún sentido!, (este es un claro -e invisible- ejemplo de neuro-normatividad). Quizás, en cierta medida, algunas formas de proceder de los llamados trastornos, son unas tendencias de la evolución para crear nuevas estructuras, como ese tercer nivel en el aprendizaje, y donde ya no haya que dar nada por sentado, aún a coste de gastar mucha energía, como así les sucede a ciertos tipos de esquizofrénicos (tampoco hay que descartar que vuelva a “viejas fórmulas” y las ponga de nuevo en juego). Una teoría nos dice que hay un punto en común entre la esquizofrenia y el autismo, un mismo origen y problema en su etapa como nonatos; en los segundos podemos ver el caso de los genios savant, autistas de alto rendimiento, como el protagonista de “Rain man“, basado en Kim Peek, o en el otro caso a científicos revolucionarios como el caso de John Forbes Nash (una mente maravillosa), tratado como esquizofrénico, donde sus búsquedas de patrones van más allá de los límites “normales”, como si en ellos la evolución tantease otras formas de crear la identidad o el ser del humano del futuro.

   Aún queda ciertas conclusiones, pero primero vayamos a los otros puntos a tener en cuenta, para tener una panorámica más amplia. Adelanto que esta forma de analizar todo en detalle, va pareja a las corrientes intelectuales que argumentan que las etiquetas de las enfermedades mentales, como el autismo o la esquizofrenia, son constructos sociales neuronormativos, y en donde tales humanos son tan sólo personas con una idiosincrasia muy particular que viven de forma inadaptada a un medio social, que no le son nada propicio.