Caos: Sin Sentido o Sentido

Ese es el problema de ser invisible: acaba uno muy solo.” en la serie “Trinkets”
El demonio de la exigencia reside en el detalle exasperante.” Kevin McCloud
“…la mayoría de las cosas sin resolver, sin reparación, mascullando que es todo un caos. Y por mucho que comprendamos que todo es caos, esa comprensión es una negación del caos y por lo tanto debe ser ilusoria.” Bryan Stanley Johnson
El sentido de las acciones, «en el acto», se configura por su relación con el propósito.” Peter Berger

 

(El presente escrito es parte de otro mayor donde se tratan los temas siguientes:

Azar, libertad y determinación.
Caos: sin sentido o sentido.
El sentido está en las primitivas.
• ¿Hacer algo o no hacer nada?
Reacción frente a acción.
Las capas de la historia.

   El primero “azar, libertad y determinación” estaba escrito, pero era bastante personal y he optado por buscar otro ejemplo distinto mío; en principio para ir contra la auto-creación de la identidad -que siempre es susceptible de crear autosugestión- como lo describe el presente escrito. Tampoco hay que olvidar y menospreciar aquello de “por la boca muere el pez”. En azul, y por si no está claro, spoiler de una serie.)

Caos: sin sentido o sentido

   Tratando de buscar el concepto de situación de Sartre, diferente en su uso con respecto a otros pensadores y la versión mundana, para ponerlo como enlace a la gráfica sobre el mapa de lo que es el cerebro con respecto a las primitivas, indagué en la Wikipedia sobre el teatro de situación, y de allí me remitió al teatro del absurdo. Me encontré que en su momento había habido cierta polémica entre Sartre e Ionesco, uno de los representantes del teatro del absurdo. Se me antojó que dicho debate daba para un escrito y para explicar uno de mis conceptos centrales. Traté de investigar sobre el tema, para usarlo de núcleo y base del escrito, pero no encontré demasiado. No digo que no exista algún escrito o que no se pueda profundizar en ello si así se desea, pero estaba fuera de mis deseos hacerlo, pues no era la base del tema que quería tratar. La idea de fondo me valía. Como el cerebro queda anclado a ciertas ideas como pendientes (pregunta abierta), y rápidamente detecta del medio todo aquello relacionado con dichos anclajes -es a lo que yo llamo pegajosidad neural- al empezar a emitir la serie “Catch-22“, al poco me di cuenta que me venía muy bien para asentar y explicar aquello que trataba de mostrar, sobre a qué me refiero con absurdo y porqué en cierta forma me posicionaba al lado de Ionesco con respecto a Sartre . Vayamos a ello.

   Tratemos primero de la diferenciación entre el teatro del absurdo y el de situación. El último, propio del existencialismo y sobre todo de Sartre, crea una trama muy elaborada donde cada acción tiene sentido con respecto a un final. Es la típica estructura de principio, nudo y desenlace. El autor crea el esqueleto desde ese final, de tal manera que tiene que encajar cada parte para que todo lleve a la última acción. De fondo la cuestión lleva solapado preguntas esenciales con respecto al sentido de la vida, el significado de todo, en donde la narrabilidad y lo teológico es lo que hace que todo tenga una trama bien trazada. En algún escrito yo he usado la metáfora de una linterna que alumbra hacia atrás en un túnel. Imagina encontrarte al final de un largo y oscuro túnel y ver la luz de la salida, por el medio vas tropezando y esquivando las cosas que vas encontrándote por el camino, al final, en la salida, te encuentras una linterna y la enfocas hacia el túnel para ver con qué te chocabas. Sin la linterna el “sentido” no se ve, está en la oscuridad, y al enfocar con la linterna es cuando podemos ver cada detalle con los que nos hemos ido encontrando. Las obras de crímenes, como las de Agatha Christie, tienen esta estructura: sólo al final tiene sentido cada detalle. Un buen escritor de dicho estilo ha de cuidar cada detalle y ha de revisar una y otra vez que cada nuevo acto o situación no contradiga o vaya contra ese final. A la mente me viene de igual forma la película “el sexto sentido” o “sospechosos habituales”, los flashback finales van pasando por distintas partes de los films, para mostrarnos que ahora tienen un nuevo sentido, a partir de unas últimas informaciones que “rematan” las obras. Toda la narrativa, todo arte, tiene que estar inmerso dentro del sentido, y por ello de las finalidades. Esa es la estructura que explica lo humano. El cerebro está construido con dicha estructura, de tal manera que está ávido de sentido, de finalidades, de porqués. Es, en un lenguaje que yo usaba antes, un patrón enquistado, lo que yo llamaba narrabilidad. Cada acción se empieza porque hay una finalidad que le marca la ruta a seguir. Si tengo hambre, y en la actualidad, me dirijo a la nevera para saciar mi hambre. Esa estructura, basado en actos sencillos, después es la que tiene que encajar para explicar varias acciones a lo largo de meses o años, o toda una vida. Pero, ¿tiene sentido que tengamos que usar dicha estructura para todo?, en definitiva: para dar sentido a nuestra vida, a la vida sobre el planeta, y a que exista algo -el universo- en vez de nada.

Estructura Aristotélica de la trama trágica

   Con esto llegamos al teatro del absurdo, que por no divagar y ahorrarme trabajo dejo la definición hecha por la Wikipedia:

Aunque el término se aplica a una amplia gama de obras de teatro, algunas características coinciden en muchas de las obras: comedia amplia, a menudo similar al vodevil, mezclada con imágenes horribles o trágicas; personajes atrapados en situaciones desesperadas, obligados a realizar acciones repetitivas o sin sentido; diálogo lleno de clichés, juegos de palabras y tonterías; parcelas que son cíclicas o absurdamente expansivas; ya sea una parodia o rechazo del realismo y el concepto de obra bien hecha.”

   Su obra más célebre es “esperando a Godot”, en donde ciertos personajes dicen esperar al nombrado en el título, sin que este nunca llegue. La obra parece como el típico reloj estropeado, que queda anclado en que su minutero avanza un paso, e inmediatamente vuelve a la posición anterior. “Nada sucede, dos veces. Y entonces algo sucede, y te hace desear que no vuelva a pasar nada”, llegó a decir el crítico Vivian Mercier. A la mente nos puede venir igualmente, por tener algún vínculo o guardar cierto talante, el propio Kafka, o escritos como “Ulises” de Jamen Joyce. El primero ha sido, superficialmente, calificado de surrealista, en donde el sentido es aquel que puedan tener los propios sueños y por ello su posible simbología, sentido que el propio autor negó. El segundo -la obra de Joyce- de un escrito que sólo puede ser llevado a cabo una vez, y no se le permitirá a ningún escritor más crear tal “monstruosidad sin sentido”. De fondo igualmente uno puede pensar en la música dodecafónica, aquella que no trata de atenerse a armonía, ritmo, melodías, ni ningún tipo de patrón finamente estructurado. Qué tienen todas estas manifestaciones en común: que carecen de sentido, del componente teleológico y narrativo. No hay finales que alumbren o den un sentido a dichas obras. Finalmente el cerebro se rinde a la evidencia que no hay que preguntarse, que allí (no) hay nada. La palabra y el concepto de nihilismo emerge sin que uno lo pueda evitar.

¡Spoiler, sobre la serie Catch-22!, aunque no me voy a meter en detalles.

    La serie “Catch-22” se basa en un soldado, bombardero, que trata de evitar su cometido, pues en definitiva trata de mantenerse vivo. Durante la serie lo vemos hacer una y mil artimañas para “escaquearse”, en donde algunas funcionan y otras no. Desde el primer capítulo sobresale un concepto, que es el que trata de mostrar la serie o el escritor: la banalidad y lo fortuito de la muerte de sus compañeros y amigos. El propio título explica su propia trama. Catch-22 es un concepto del ejército que viene a decir que si tratas de argumentar que estás loco para librarte de ir al frente, es que estás lo suficientemente cuerdo para no estarlo, y que los que están locos son los soldados que no hacen nada para ir al frente, pero en el momento que traten de alegar que sí lo están dejan de estarlo. Una trampa argumental de la que uno no tiene escapatoria o es posible un contraargumento. La serie redunda en muertes, actos y situaciones sin sentido, o en las que intervienen más el azar que unas causaciones o en vistas a un final. Nos trazan personajes como el soldado que trata de hacer negocios en medio de la guerra, y embauca al personal al mando o al propio enemigo para crear una empresa que reparte beneficios entre todos sus asociados; o ese otro personaje que no trata de ver que la prostituta con la que se encuentra y paga sólo trata de sacarle el dinero, mientras él cree que están enamorados y en espera para casarse. No se atiene a ningún argumento disuasor, mientras que para el resto de los personajes es algo evidente y claro.

Fin de spoiler.

    Entonces… ¿cómo es la vida? El problema de los escritores de novelas de crímenes es el alto coste que requiere mantener la trama con cierto sentido, sin que nada la contradiga. Cuanto más larga sea una de dichas novelas, y cuantos más personajes introduzca, más complicado se vuelve mantener el sentido de cada acción. Por ello este tipo de obras se cierran en unos pocos personajes y se centran en ellos. En muchas series largas, donde han introducido muchos personajes y tramas, el final suele ser decepcionante o en alguna medida fallido, porque los guionistas se ven abocados a cerrar la serie por lo que les dicta la historia, sin tener demasiadas opciones de cambios, perdiendo todo el clima que se había tratado de mantener hasta ese momento. Así sucede en series como “Lost”, Rubicon”, “Years and years” o el propio “Juego de tronos”. Otro caso son las novelas de espionaje. A menudo uno se dice: por qué cuando sucede algo clave, y se encuentran dos de los personajes, no le cuenta uno al otro el descubrimiento o el suceso que le ha ocurrido al detalle…, porque de ser así la trama se volvería más previsible y los finales más insulsos: se rompería el ritmo en crescendo. Lo mismo ocurre con una vida normal. Cuanto menos años se tenga todo se mantiene con cierta linealidad y sentido, pero con cada año que se cumple se vuelve cada vez más complicado que todo sea posible que “encaje” o cuadre con un sentido y/o finalidad. La mayoría de las veces, yo diría que un número cercano al 100%, según se llega a los 40 años uno queda “derrotado” por la vida, al ver que es imposible de buscarle un sentido y finalidad, donde en nuestras tramas han sucedido tantas cosas, tan variadas y contradictorias, que se nos hace inútil crear una posible narración a dicho desbarajuste. Es muy posible que la crisis de los cuarenta, y más tarde la de los cincuenta -de la mediana edad-, tengan de fondo esta sensación de la pérdida de sentido. Yo recuerdo que a los veinte años aún podía encajar con una historia -narración- mi vida, como si ese momento o situación a la que había llegado diese sentido a todo el pasado…, diese sentido a cada una de las penurias y calamidades por las que había pasado. Lo mismo -casi puedo asegurar- a que esa fuese mi sensación a los 34 años, con otro acontecimiento clave de mi vida. Los actos y las decisiones en las que había hecho algo “mal”, ya fuera contra mí mismo u otras personas, aún cobraban cierto sentido, mirados desde ese final. Hoy sin embargo puedo decir (y asegurar) que nada tiene o tuvo sentido. Estamos “condenados” a crear una trama de nuestras vidas que den sentido a nuestro actual presente, al modo de la linterna que alumbra al fondo del túnel. Pero mirado desde mi actual edad comprendo que el cerebro estaba en la trampa de crear sentido, cuando en realidad la mayoría de los actos eran fortuitos o sin ningún sentido. ¿En qué momento te “rindes”?, o como se le quiera llamar. No tengo claro cuál fue ese momento, y si se dio algún tipo de insight (compresión nítida) o solamente ha sido una progresión muy difuminada. Lo que está claro es que al final he dejado de dar sentido a todo.

    Pero las cosas son así y no son tan sencillas a la hora de buscar los porqués. ¿En qué medida a veces tratas de dar sentido a tu propia vida para hacer que los sentidos de los otros sean vacíos? O sea, y no es una cuestión cargada de moralina y de venganza, en qué medida en toda historia siempre al haber varias versiones y validar la tuya lleva implícito invalidar la de los otros. Dos versiones o sentidos es algo incongruente, como si al final una novela negra tuviese dos criminales con un porqué cada uno, cuando sólo hubo una arma y herida de muerte, y no es que fueran compinches. Dos historias montadas en paralelo, con dos tramas posibles y dos motivos distintos, en donde los indicios a la vez encajasen en las dos tramas (se puede hacer como sentido de la obra, claro). Lo que quiero decir, de fondo, es que la existencia humana sólo puede darse desde un sentido. Desde que nacemos, y seguramente porque esté implementado en el ADN, empezamos una narración, en donde cada acto, pensamiento, sensación, sentimiento y suceso tuvieran que encajar dentro de una trama y una finalidad. Pero he ahí que el otro está haciendo lo mismo y yo soy parte de su trama y sentido. El juego de la libertad, como conflicto sartriano de la existencia del otro, cobra así otro sentido. Igualmente la dualidad sujeto/objeto. En mi trama los otros son los actores secundarios, que en tanto que “perfilan” mi trama no tienen que tener la suficiente potestad como para desbastarla o contradecirla. En ese sentido todos son objetos de nuestras tramas o historias, partes del decorado, que puedes quitar o poner a conveniencia, dependiendo de la trama que estés creando para ese presente. Si para el trama actual no encaja cierta parte de la vida, se “olvida” o se ignora. Si de repente alguien del pasado da más sentido a nuestro presente, lo ponemos como parte importante de nuestra nueva visión. ¿Estoy siendo demasiado cínico? Tratemos el tema más detenidamente.

    Por qué alguien que nos da todo el sentido a la vida, como pueda ser la pareja o esposa, de repente se vuelve tan “odiosa” al separarte o divorciarte. Porque su historia, o su propia visión de lo acontecido, es en muchos casos diametralmente opuesta a nuestra propia visión de lo acontecido. Antes del amargo final ha habido una gran cantidad de discusiones y noches en vela para hacer valer nuestra propia historia, decisiones y puntos de vista. En cada una de esas situaciones alguien cree haber derrotado al otro: ha tratado de validar su propio punto de vista o su propia historia. Pero al final los puntos son tan dispares, se tienen unas versiones tan distintas de todo, que se hace inevitable la rotura. Desde el momento que eso sucede has de reinventarte y reconstruir tu propia vida con una trama y con un sentido, en la que esa persona que fue “el alma de tu vida”, de repente es todo lo contrario. En esa disposición nace la amargura y el posible odio hacia el(la), puesto que tiene su propia versión de todo lo acontecido y eso sólo puede ser así, si tu propia visión está “equivocada”. Lo mismo para cada situación en donde ha habido varios puntos de vista y varias versiones que se invalidan la una a la otra.

   ¿Qué hay de fondo para no aceptar tan de buena gana las tramas de esas otras personas? La cuestión viene dada por la estructura del propio cerebro. Lo que yo en su momento llamaba narrabilidad, al final encontré que era tratado bajo el concepto de “identidad narrativa”. El cerebro guarda el pasado como memoria episódica, pero nos son archivos que permanezcan inmutables, al igual que cuando en un visor ves una imagen de un directorio, y donde tal visualización no hace ningún cambio real en el archivo del ordenador. No. En el cerebro cuando el prefrontal “trae” -ya sea por recuperación o por recuerdo y sea por un monólogo interior o por hablar con alguien- un dato del pasado, lo altera con las sensaciones que se tengan en ese momento (y las apreciaciones que haga el cerebro sobre cómo el otro acoge tal historia). Lo mismo ocurre al soñar con alguien o algo del pasado: el recuerdo está siendo alterado. Se crean nuevas conexiones con otros recuerdos (neuronas o grupo de ellas) o con las nuevas sensaciones, de tal manera que cada vez que es traído al presente se le ha añadido nuevos “datos” (puntos de vista, sensaciones, emociones, cogniciones, razones). Esta forma de proceder, de contarnos o contar nuestra propia vida, es la llamada memoria autobiográfica. La identidad narrativa es la visión que nosotros tenemos de nosotros mismos a través de ese “movimiento” de la información en bruto, dentro de nuestro cerebro. Lo que queda en juego, por lo tanto, cuando hay dos versiones de una misma historia, es nuestra propia identidad: la narrativa, aquella que nos da un sentido y una finalidad en la vida. Libertad -en tanto que ente que se construye-, identidad, y vida y sentido, todo es una y la misma cosa bajo distintas formas de verlas. Son distintas caras de una misma figura geométrica. Distintos filósofos y pensadores han visto a la misma figura, y sus refracciones, a partir de distintos ángulos o caras, pero de fondo son la misma “cosa”, la misma figura. En definitiva, y bajo el punto de vista que mantengo en el presente escrito: mi vida y todo en ella tiene que cobrar sentido a partir de la historia que cuente sobre ella, en este momento dado, puesto que están en juego mi libertad y mi propia identidad.

   Encontré que tal idea la ha recogido el mundo anglófono como “face” a partir del concepto chino 臉面. Ante la imposibilidad de ser traducido correctamente, y que el propio inglés sabe de dicha tara, es preferible dejarlo sin traducir. Quizás sería semejante al concepto español de semblante, en tanto que aparecer o representar, y en donde la expresión “compón tu semblante” quiere decir mostrar seriedad y modestia, o serenar la expresión (Drae), o sea no mostrar la emoción real, si no la requerida para la situación. Vuelvo a recurrir a la Wikipedia para explicar el concepto chino de face:

Face es una imagen de uno mismo, delineada en términos de atributos sociales aprobados.
Face es la respetabilidad y/o deferencia que una persona puede reclamar para sí mismo de los demás.
Face es algo la que se invierte emocionalmente, y que se puede perder, y es mantenida o mejorada, y debe ser atendida en numerosas ocasiones de la interacción.
Face es un sentido de valor que proviene de conocer el propio estado y que refleja la preocupación por la congruencia entre la propia actuación o la apariencia y el valor real de uno.
Face significa “valoración socio-dinámico”, un hipónimo léxico de palabras que significan “prestigio; dignidad, el honor, el respeto; status”.

    Fijarse que el rostro humano es comunicación. Hasta cierto momento de la prehistoria debió de ser comunicación interna (entre humanos) y no era para falsear, al modo de avisos: si se le veía cara de susto a alguien te ponía sobre aviso, si de asco igualmente, pero para la comida. Las emociones básicas son un lenguaje universal de hacernos entender nuestro estado interior a otros, que solían ser los de tu familia o grupo. Pero por procesos evolutivos y sociales, al final el lenguaje de la cara tomó otras dos direcciones: ocultar (no dejar ver la emoción interna por propio interés) y engañar (poner ciertas “caras” con ciertos fines egotistas o de intereses propios: “poner cara de pena”, que es distinto que tener/sentir pena). Al igual que la mano y otras partes del cuerpo, la palabra cara en español, tiene una gran cantidad de frases hechas, como: “tener mucha cara”, para hacer ver que alguien es muy egoísta, o decimos “se te tendría que caer la cara de vergüenza”, “cara de perro”, “no dar la cara” y un largo etcétera. Lo que quiero dar a entender es que el lenguaje se creó a partir del lenguaje del propio cuerpo y es muy posible que ciertos conceptos naciesen a partir de los propios gestos y emociones marcadas en la cara. En el chino, así face, es posible, que designase la imagen que uno ha de dar hacia lo social e igualmente que ha de cuidar. Es por lo tanto una extensión del honor y el prestigio. Pero, ¿qué relación tiene con la historia personal? El prestigio y honor de una persona ha de ser coherente con sus acciones y su vida. Si de lo que se trata es de hacer ver que se es una persona confiable se ha de hacer tal tipo de acciones, y toda posible acción que contradiga dicha cualidad va en detrimento de ser aplicable a esa persona. En definitiva, que tu propia historia te da la posibilidad de mantener y ser fiel a una identidad narrativa (face en definitiva), que es la que a la vez te puede dar prestigio y cierto honor. De esa manera, de nuevo, lo teleológico marca cómo ha de ser una vida, no porque ese sea su sentido, sino porque ese es el sentido que uno mismo se trata de trazar como plan de vida. Quienquiera que trate de mostrar que ese no es tu “verdadero ser”, con ejemplos de hechos o palabras de tu vida y pasado, es potencialmente tu enemigo, pues derrumbará la imagen que te habrías creado para ti y para los demás, en definitiva tu prestigio o tu face.

    Con estas últimas afirmaciones se llega a otra futilidad, fatalidad y facticidad (las tres efes) de nuestro ser y nuestro sentido en la vida: ¿uno es o se hace ser?, ¿esas dos entidades hablan de un mismo ser?, y ¿en qué medida nos “programamos” a nosotros mismos en ciertas afirmaciones o bajo ciertos fines?; por ejemplo, si alguien redunda, por narcisismo de las pequeñas diferencias, en que tiene dificultad cuando le dicen a derecha a o la izquierda, al final el cerebro se “ejercita” en ofuscarse en tal tarea. ¿En qué medida nos programan los otros al no dejarnos “mover” de nuestro papel?, el típico “te creía más serio” o frases similares. El humano se ha concedido a sí mismo el derecho de “hacerse” a sí mismo, tratando de salvar toda posible predisposición dada por el ADN, ¿o es una falacia?, ¿qué es autenticidad? Si se analiza la vida desde la perspectiva de que somos nuestra propia memoria autobiográfica, que como hemos visto es maleable y alterable, en la medida que al traer cada dato de nuestro pasado lo cambiamos… qué dice eso de dicha identidad, ¿no nos dice que es una construcción? Se me puede contraargumentar que en la medida que uno se construye a la fuerza termina siendo dicha construcción, pero siempre nos olvidamos del azar, los otros, los errores, y cómo no: lo que el cerebro olvida u oculta bajo sus mecanismos defensivos. En la serie “Rubicon” (este dato es marginal y no es spoiler) cierto día al protagonista -cerrado en sí mismo por una pérdida- le saluda un mujer desde su ventana, en lo que se supone que es un patio interior; insolentemente y con frialdad no le devuelve el saludo y se va. Días después, inyectado de optimismo y de forma aperturista, la espera para saludarla, siendo en este caso despreciado por ella (“donde las dan las toman”, reza el dicho popular). A este tipo de cosas me refiero. De haberla saludado quizás hubieran iniciado una relación, que a su vez habría evitado otras, y así en un juego de carambolas en cadena. ¿Hay realmente un ser al mando en todo este proceso?, como analizamos el túnel con la linterna -desde el presente y hacia el pasado-, lo observamos a partir de ciertos tropiezos dentro de él, y así diremos: “ah, eran unas ramas en las derruidas paredes del túnel aquello que me rozó la cara”, pero quizás no fueron esas ramas, sino unas telarañas que la linterna no alcanza a distinguir. Se ha comprobado que los psicólogos pueden alterar los recuerdos más lejanos y menos nítidos de las personas, hasta llegar a implantar un suceso que nunca existió (ver vídeo). Freud es muy seguro que hizo pasar por esos procesos a sus pacientes. Cuanto más lejano en el tiempo sea el suceso más susceptible es de ser alterado o creado.

    Si se analiza cualquier vida individual el proceso viene ser más o menos igual a lo dicho arriba sobre las tres efes. Pedro Almodóvar, por poner un ejemplo, era un “hijo” de la movida madrileña que tanteó varios derroteros, entre ellos el de cantante, para terminar siendo director. Su “genialidad” a la vez era su ingenuidad, que al final, por ponerse “serio” con su “face”, con mantener y alimentar su prestigio, perdió el encanto y la frescura que emanaban sus primeros trabajos. Algo similar se puede decir de Woody Allen. “No es el mismo” director el de sus primeras obras, que las posteriores en donde su puso “muy serio” (o se tomó a sí mismo más en serio). En los dos casos vemos que en cierta forma su público, críticos y su “face” les exigió tratar dar más de sí mismos, volviéndose al final “otros” distintos a sí mismos, lo que no deja de ser paradójico y muestra la maleabilidad de ese ente que se aparece o “semblante” ante los otros. Lo que trato de mostrar es que todo individuo es una construcción a tres bandas, de 1. las circunstancias (“yo soy yo y mis circunstancias”, diría Ortega y Gasset adelantándose al existencialismo), 2. lo que él mismo pretende y 3. lo que las otras personas ven o le exigen, en un circuito de retroalimentación en donde uno mismo no es el verdadero o auténtico “motor” de lo que acaece. Se ha comprobado que un alto porcentaje, cercano al 100%, del aprendizaje de la vida, de lo social, es cognición implícita, o sea, que el cerebro lo hace sin la supervisión del prefrontal y la razón: se autoconstruye siguiendo promedios de los éxitos o fracasos de las acciones y por ello igualmente de las expresiones faciales (actitudes) propias y de los otros. Ese esquema analizado sobre Almodóvar y Woody Allen se repite una y otra vez tanto en directores como en actores, así como en los grupos musicales o los escritores. Pink Floyd, por ejemplo, dejó de ser “Pink Floyd” y al final sus fans le exigieron volver a sus raíces, pero por lo normal esos intentos terminan en fracasos, pues sus cerebros ya han sido moldeados en sus propias autobiografías neuronales, de tal manera que aquellos procesos mentales del inicio ya no se pueden volver a recuperar, al igual que una información borrada por un fogonazo en una fotografía ya no deja indicios de qué había allí y en el original. Un dato a tener en cuenta con respecto a los grupos musicales es que cuando hay dos representantes de fuertes egos sus “divorcios” producen los mismos efectos que con las parejas: que terminan negándose el uno al otro. David Gilmore, de Pink Floyd, no acepta hablar de buen grado sobre el LP “The wall”, el producto clave de Roger Waters, su “némesis”, cuando los fans lo consideran clave, para él es un álbum menor y fallido. De nuevo renegar al “otro” para validarse a uno mismo: somos igualmente aquello de lo que renegamos, pues es susceptible de mostrar alguna debilidad; debilidades que el semblante no tiene que mostrar: el error de Aquiles no era tener un punto débil, sino que su enemigo (y todo humano es un probable enemigo futuro), conociese ese punto débil. ¿Quién duda que a veces dicen más de nosotros nuestros secretos que aquello que mostramos al exterior? En la juventud se pide a las parejas y los amigos no tener secretos. En la madurez se termina por comprender, la mayoría de las veces de manera egotista, que es mejor tener secretos, y por ello respetar los de los otros.

    Si todo humano es susceptible de un “quitarse la máscara”, la cara, de ser su semblante, ¿quiénes están fuera de ese rango? La propia familia de sangre (o por lo menos lo que venía siendo una familia antes de la “hecatombe” actual, e igualmente tu compañero/a de vida: “dos que duermen en un colchón, se vuelven de la misma condición”). Los hijos son la historia y parte de la historia de los propios padres. Compartiendo el ADN comparten a la vez muchas de las predisposiciones y modos de hacer, de tal manera que lo que suela hacer un hermano suele estar dentro de lo que uno mismo concibe de sí mismo. “Mantenemos un mismo espíritu, por eso somos una familia”, afirman en la serie “Big love”. En la prehistoria contar la vida de los ancestros era parte de la rutina familiar, de tal manera que predisponía, al modo como lo he relatado arriba, a la propia memoria autobiográfica intrafamiliar. Antes era más normal frases como “eres como tu abuelo” o “como tu tío-abuelo” del tal forma que uno se veía tentando a preguntar por él como para al final forjar ciertas maneras que eran de dicho ancestro, pero quizás no tan propias. Esos narraciones forjaban una identidad familiar que más tarde sería lo que hoy entendemos por cultura y que se ha extendido a una región o incluso a un país. De nuevo facticidades, cosas que nos vienen dadas desde que nacemos sin que las hayamos elegido. El secreto sucio del concepto de cultura es que en su base sólo trata de ser instinto. Las tribus que aún subsisten en el planeta no creo que diferencien entre instinto y cultura, pues todo acto propio de su tribu es tan ancestral que ha perdido la línea divisoria entre esos dos actos y conceptos. Hay que recordar que el primer tipo de utensilio de piedra, a modo multiusos, se repitió por cientos de miles de años en nuestro antepasado antecesor. Llamamos cultura al hecho que diferentes grupos de una misma especie tenga hábitos diferentes, como así sucede entre los chimpancés que cazan termitas con una rama o aquellos otros que parten nueces con piedras, y la posibilidad de incorporar dichos saberes del otro grupo dentro del propio acerbo del grupo. De nuevo aquí se aplican las tres efes. Se supone que la identidad de un grupo no ha de tener que ver con nada externo, cuando el concepto de cultura implica la posibilidad de incorporar el saber de otras culturas y/o versionarlas para al final volverlas propias. De ahí la falacia y la vacuidad del concepto de identidad nacional, pues “lo propio” carece de un significado “real” y pleno, pues la ausencia de influencias son imposibles. Lo valida -y mantiene- cada humano que nace en dicho país como propio, al igual que lo hace con cualquier otro aspecto de lo que venimos llamando “face” o semblante (el lenguaje, por lo demás, se va por los lados más extraños y contraviene ciertos conceptos culturales -de nuevo los juegos de retroalimentación-, como en la expresión “no te pongas flamenco“, ponerse chulo, soberbio).

(Aquí ha de venir una gráfica sobre relicarios de absurdos de la sociedad actual, como comprender que el exceso de limpieza es un precursor para las enfermedades autoinmunes y no se trata de ser tan limpios por cuestiones sociales (conformidad, al fin y al cabo). O una ley inglesa ecológica en donde al construir una vivienda y si no llegas a ciertos puntos, no puedes vivir en ella, cuando parte del daño ya está hecho con su construcción y cuando el 99% de las viviendas bajo ese baremo no deberían de habitarse. O que el Estado de trabajo públicos por puntos, y dos personas del mismo núcleo familiar sean funcionarios, cuando en otros núcleos familiares no trabaja ninguno. O que te quiten la antigüedad en el INEM por no sellar, cuando has podido tener causas mayores, y entonces a nivel estadístico baje la cifra de personas paradas de larga duración. Si todo esto, además cuestiones que se le puedan ocurrir a cualquier persona bajos sus perspectivas, fuesen planteadas bajo el teatro del absurdo, ¿qué nombre tendría que tener tal tipo de teatro?, tal sólo teatro de la vida.)

    Con esto volvemos atrás, a la disputa entre Ionesco y Sartre y la serie “catch-22”. En realidad no tenían razón ni uno ni otro, o la tenían los dos. El mundo tiene un orden implícito -subterráneo, plagado de primitivas- que escapa del concepto de absurdo, pero sus “razones” no son las “razones” que están establecidas en lo social. Tan absurda puede ser cualquiera de las acciones sin sentido mostradas por el teatro del absurdo, como muchas de las rutinas y hábitos que adquieren y mantiene ciertas culturas como parte de su identidad, o como absurdas son las creencias y las acciones más recónditas, escondidas y secretas de la mayoría de los humanos. Por lo que algo deja de ser absurdo es porque es parte de nuestra identidad, mientras que sí lo pueden ser otros hábitos similares de otras culturas o identidades. En definitiva que absurdo o sentido sólo son puntos de vista desde una identidad o cultura, y en esa medida todo es absurdo y tiene sentido a la vez. Ritualizamos ciertos procesos no porque sean parte del prefrontal y la razón, sino porque emergen de lo más subterráneo del cerebro bajo la simple premisa de buscar sus equilibrios homeostáticos. Si el cerebro de un obsesivo compulsivo “necesita” cerrar y abrir tres veces la cerradura de la puerta no es demasiado distinto de otros hábitos como darse la mano o los buenos días. Como nos dice Bateson el cerebro “funciona” con opuestos (es similar a mi concepto de ser identidad a partir de lo que no se es): mostrar la dentadura fue una forma disuasoria de avisar que se podía atacar, pero al final funcionó como lo opuesto: “no te voy a hacer nada, estoy bien contigo”, hoy a esa acción la llamamos sonreír. Dar la mano tiene un inicio similar: era mostrar que no tenías nada en la mano que atentase contra la vida del otro. Si hubiera unos extraterrestres que analizasen esos comportamientos, los analizarían como absurdos, pero como son parte de nuestra identidad humana tienen sentido.

Spoiler sobre la serie Catch-22

   Con esto llegamos al final de esta sección y volvemos con las tribulaciones del protagonista de la serie Catch-22. Desde niños, como no recuerda el poeta “nos adormecen con cuentos”, vivimos rodeados de narrativas que están construidas desde el final para darles todo su sentido. Cada relato, película o historia que contamos a otro está contagiado del concepto de narrabilidad. Este proceso repetido una y otra vez terminan por forjar la identidad narrativa y la ilusión de que hemos de tener control de nuestra vidas. Aquí de nuevo volvemos al conflicto Ionesco/Sartre. Bajo mi punto de vista el “primer Sartre” es posible que hubiera dado la razón a Ionesco, pues sus bases eran la facticidad, la contingencia, los otros y la situación: Conceptos todos que implican que somos “hojas llevadas al viento”. Pero por el proceso mostrado arriba de los virajes personales en cuanto uno se vuelve público, Sartre cambió al hacer del concepto de libertad su bandera: uno tenía que accionar en la vida, a partir de decisiones, de elecciones, para dirigirla. Y eso hace nuestro protagonista en la serie: trata de mantenerse vivo, tratando de manipular y alterar todo posible acontecimiento que pusiese en peligro su vida, cuando de una manera u otra siempre le salían todos sus planes mal. Es más, ciertas de sus decisiones o dubitaciones “provocaron” que ciertas personas terminase por morir, de tal manera que además de no llevar a cabo sus fines, le perjudicaban aún más. El último capítulo, en una de estas garrafales desventuras, colapsa y termina por rendirse a la evidencia: él no tiene control de sus vida y es mejor no tratar de alterar nada. En ese proceso encuentra su paz interior.

Fin de spoiler.

    (Contiene “trazas” de spoiler). El presente escrito no está exento de narrabilidad y de estar construido desde un final (teleológicamente), con lo cual según sus propias premisas no es fiable, y sí tendente a querer influenciar y por ello a “manipular”. La vida no puede ser ni tener un control completo de ella, ni abandonarse a su suerte. De fondo la primitiva que emerge es el locus de control, que a su vez se basa en reducir el miedo y la ansiedad, pues dichos estados mantienen el sistema nervioso simpático activo, que en definitiva repercute en la salud y por ello lleva a la muerte. Si la premisa de la vida es la autopreservación, no le “interesa” mantener el sistema nervioso simpático activo, y por ello recurre a la ilusión del control, para “apagar” dicho sistema y volver al parasimpático. La identidad narrativa está construida desde dos lados extremos, desde las primitivas como la mostrada arriba, y desde la razón, que trata de analizar la vida de forma fría y analítica. Se es susceptible de parecer un trastorno tanto si se quiere tener demasiado control (o creer en ello: como el exceso de soberbia y de narcisismo) de la vida, como si se trata de no decidir nada. El humano, por procesos culturales, “inventó” la fortuna y a través de este primer concepto, sobrevino la buena o mala y al final los distintos dioses. En esta estructura vemos que algo cultural se vuelve instinto en el transcurso de cientos de milenios, pues ciertas personas nacen con dicha capacidad hacia la espiritualidad -y tiene una zona “dedicada” en el cerebro-, mientras otros no. Evolutivamente hablando es más “conveniente” la espiritualidad, pues beneficia y alarga la vida, ya que si “se deja hacer a la vida”, no es tal que estar en manos del azar, sino de alguna fuerza que tiene unos “planes” y tanto uno mismo como el “mal” forman parte de dicho plan. La cuestión, que es lo que he tratado de mostrar en este complejo escrito -sin tratar de ser un consejo para nadie-, es cómo ha de tomarse la vida alguien que no tiene nada de espiritualidad. Mi punto de vista, realista (realismo depresivo), es que la vida carece de sentido, y todo en ella es absurdo. Tanto los actos y lo que creen las personas como el comportamiento social. Se habla de la despersonalización como un trastorno, pero según mi escrito ¿no debería de ser la norma?, ¿acaso el error humano no fue tender hacia la identidad narrativa y la social la de mantener la face? No digo nada extremo, lo mismo que argumento yo se sigue en la estructura de fondo del budismo, sólo que el budismo está bañado de misticismo y pensamiento mágico. Ahora mismo, en mi situación actual, ni he alcanzado la paz del protagonista de la serie Catch-22 (o la budista), ni quiero tomar el control de mi vida. Vivo en un limbo, en donde no quiero ocuparme de la vida, pues toda decisión implica siempre mantener el estatus quo de lo establecido en lo social como “valores” por los que luchar; cuando yo no creo en ninguno de esos valores. Conformidad, como la de la actitud final del protagonista de la serie, quiere decir hacer tu papel dentro de lo social sin cuestionar nada…. en ese caso, y como paradoja, ¿tratar de ser inconformista es no tratar de ir con la corriente?, y en ese caso no hacer nada. Ya no creemos en las revoluciones. De nada sirve cambiar la forma del bigote o depilarse las cejas: la cara, la realidad humana, es lo que subyace bajo esta y su estructura nunca cambia. Somos una especie inclusiva y jerárquica, y estos rasgos no se pueden ocultar o minimizar. Por lo demás, el paradigma actual, del capitalismo, se basa en esa lucha individualizada, en ese forjarse uno su propia vida, a expensas que otros como yo no quieran hacerlo y terminen, bajos sus conceptos, siendo unos perdedores. Lo siento, soy como los balineses, alguien que no comprende, y le resulta inverosímil y absurdo (retrotraer el concepto de absurdo tratado en el escrito) que la cultura occidental deje que alguien se muera de hambre, mientras otros viven en el exceso. ¿Y qué hacer, además, si el trabajo, como dice Baudrillard, se ha vuelto un bien escaso que no está al alcance de todos?, ¿Ni comes, ni puedes llegar a trabajar para poder comer? Toda esta lógica intelectiva, en la vida, tiene sus contradicciones, pues la vida no es lógica, sino emoción. No hay que pensarla, sino vivirla, pero esa regla no vale para los que sólo son pensamiento, y viven desde el prefrontal y la razón.

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El Nacimiento de un Preconciente (a Nivel Fisiológico)

La conciencia es “un conjunto de bucles retroalimentados necesario para crear un modelo de nuestro lugar en el espacio en relación a otros y en relación al tiempo”. Michio Kaku
El empleo incomprendido de la palabra se interpreta como expresión de un proceso extraño.” Wittgenstein
Si el niño no recibe respuestas que sean razonablemente coherentes a la pregunta «¿quién soy yo?» que se expresa a través de su conducta, entonces le resultará muy difícil asumir la responsabilidad de sí mismo.” Berger Peter y Thomas Luckmann

   Título alternativo: la muerte prematura de la inocencia o el nacimiento de un preconciente.

   No quiero alargarme demasiado. Expongo las ideas de forma escueta (explicaré esta “actitud” en un escrito próximo). Los escritos entre paréntesis se han sacado del artículo de la Wikipedia sobre el fascículo uncinado.

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   Dentro del conectoma humano o vías nerviosas, que parece mostrar un mapa muy interconectado, existe una vía asociativa entre el frontal y el temporal llamada fascículo uncinado (uncinate fasciculus) “que conecta partes del sistema límbico como el hipocampo y la amígdala, en el lóbulo temporal, con la corteza frontal, como la corteza orbitofrontal”, que parece estar fuera de esa alta interconexión. Aunque se desconoce con exactitud todas sus funciones, parece tener una relación directa con la memoria autobiográfica (memoria explícita) y por lo tanto con la identidad narrativa. Es una de las rutas que más tardan en terminar su desarrollo, sobre los 30 años -parece una edad adecuada para hacernos pensar que tal circuito es para crear una identidad-. Es muy vulnerable durante su desarrollo, llevando a distintos trastornos: bipolardepresiónansiedad socialdesrealización -que puede implicar tendencia a la despersonalización (“desapego de uno mismo”)-, esquizotipia, y anomalías y patologías del habla.

fibras

   En cuanto he encontrado este haz de fibras y sus funciones he “comprendido” o intuido que es en esta zona donde se produce los “daños” para crear a un preconciente. “En los niños de 10 años que han sufrido una privación socioemocional, el fascículo izquierdo uncinate muestra una anisotropía fraccional reducida en comparación con la de otros niños, y esto podría subyacer en sus dificultades cognitivas, socioemocionales y de comportamiento.” Este haz de fibras, que es posiblemente que fuera uno de los pasos evolutivos importantes que nos llevó hasta el ser humano actual, es asociativa entre el habla y las propias vivencias. Recordar que el asentamiento de la memoria explícita se da en un juego retroalimentativo entre las propias vivencias como datos en bruto, y el cómo contamos a través del lenguaje y las palabras tales vivencias. Esa estructura de hacernos Ser (memoria) a través del lenguaje crea la identidad narrativa. Dicho circuito (amígdala=emociones, hipocampo=memoria episódica y hablar de sí=cortezas prefrontal y temporal) es la que engloba el haz de nervios asociativos de interneuronas llamada fascículo uncinado. Si no se “daña” (por medio de traumas, situaciones complejas durante la infancia o apegos defectuosos o deficientes) es aquella estructura que nos crea una identidad personal, que se expresa a través de la identidad narrativa: aquella que mostramos y construimos a través de lo que contamos de nosotros mismos. En ese sentido crea “seriedad” (termino Sartriano) con respecto a dar fe a que ese ente o identidad narrativa es lo que somos (mala fe en Sartre).

   En un preconciente este ente deja de tener legitimidad. De dónde proviene la “caída”… ¿de afuera, de los otros?, ¿o es interno y de uno mismo? Puede que se deje de legitimar a los otros (por un trauma o daño en donde alguien o algunos nos ha(n) defraudado y nos hemos sentido gravemente -nuclearmente- engañados), de creer en ellos -y por lo tanto de su aparecer- o lo que cuentan de sí mismos y por lo tanto su identidad narrativa; y en la medida que deja de ser legítimo afuera, por “coherencia” (lógica en los procesos mentales), tenga que dejar de ser legítimo para uno mismo. O sea, que si se sabe que lo social es “máscara” y (a)parecer, uno no puede “construir” una identidad narrativa de sí mismo sin caer en la contradicción estructural con tal creencia. Al ser “dañada” la percepción hacia los otros, en la distancia entre su ser y su aparecer, queda “dañada” o tocada la propia estructura de la conciencia autonoética, de la representación que se tiene uno de sí mismo y de sí mismo en el mundo. Incluso se manifiesta en que son menos tendentes al “mero efecto de propiedad“, de ver con “buenos ojos” sus bienes, demostrando su desapego hacia las cosas y lo terrenal. En esa medida uno tiende a mantener un “perfil bajo”, no ser muy público, por no entrar en el mismo juego de máscaras. Puede que las tres últimas premisas sean demasiado autorreferenciales.

   Si se analiza los distintos daños dan indicios sobre estos presupuestos: depresión, introversión, ansiedad social, bipolaridad (que puede manifestarse como una lucha interna entre tratar de “creer” y dejar de “creer” en lo social y las identidades). Se pueden dar distintos daños a nivel del pensamiento o el lenguaje, por una falta de fe (nihilismo esencial del sentido o significado de las palabras), que puede llevar a trastornos del pensamiento (descarrilamiento, ideas y delirios referenciales, tangencialidad, pobreza en el lenguaje, bloqueos del pensamiento, centrarse a hablar de sí mismo, caer en lo ilógico -no tengo claro si ilógico como rebeldía a lo normativo-). O sea, la desconfianza que ha generado una persona o grupo, a través de su aparecer y falta de correspondencia con su ser, se vuelve a la vez una “desconfianza” (ilegitimidad, falta de fe) hacia el propio lenguaje, pues es la base por la que se construye la identidad narrativa y por ello lo social.

   Fijarse que la psicología y las neurociencias construyen el edificio al revés de como lo construyo yo (y fijarse que en esto mi diferencio de los divulgadores científicos, que se atienen exclusivamente a la ciencia -por atenerse a lo legítimo, miedo o falta de imaginación). Para la ciencia ciertos daños físicos causan efectos o trastornos. Bajo mi punto de vista todo es más esencialista y por lo tanto es lo inverso. Un daño vivencial (trauma) crea a partir de ese momento una nueva visión del mundo, que a la vez hará que cambie la fisionomía y el comportamiento del cerebro. Es como si tal proceso estuviese escrito en el ADN: sin daño seguir el curso evolutivo, con un daño “crear” o activar un preconciente. La finalidad es para lo social: para que hagan de “freno” a cierta dirección que está tomando la historia. Para que hagan de dialéctica negativa en lo social. En ese sentido su tendencia a unir mentalmente (pensamiento holista “desorganizado”) todo aquello que no parecería proclive para dichas uniones, o no dentro de los neuronormales, de nuevo hay que verlo por su propósito: buscar soluciones (conclusiones) allí donde nadie las busca… ¡claro, que con el consiguiente peligro de caer en trastornos maniaco-persecutorios y de delirios! Tales ideas pueden sustentarse según el concepto del fenotipo extendido, propuesto por Richard Dawkins, en la medida que hay dos prototipos humanos, que pueden reducirse a optimistas y pesimistas, y en donde cada uno de los fenotipos trata de expandirse y contrarrestar al otro. Bajo mi punto de vista eso tiende a llevar a que se equilibren las “fuerzas”, y que de alguna manera la sociedad “necesite” las dos tipologías.

   Terminar diciendo, y puesto que mantengo mi idea de que los artistas, entre los que se encuentran los actores, son tendentes a ser de izquierdas y que cuestionan las identidades, los preconcientes son seres que lo que “puentean” es ese paso evolutivo por el cual el humano tornó a ser aquello que contaba de sí mismo y por lo tanto su identidad narrativa. En los humoristas se hacen patentes ciertos de sus rasgos, como ese poner en duda el lenguaje, como en las dobles lecturas de las palabras, el uso común y serio que hace de él las personas, y el efímero sentido de sus significados; en esa medida el lenguaje se vuelve un juego del que reírse y hacer reír, y del qué ser irónico e incluso cínico. Se mantienen en entes-niños, o anclados en esa etapa de la muerte prematura de la inocencia, por cuanto no la “superan” de forma natural. Quieren, en definitiva, que la sociedad se “cure” a través de su apuesta como dialéctica negativa, y en ese proceso de mentalidad mágica, que ellos mismos vuelvan al estado no dañado o anterior al daño. Quieren lo imposible, y ese es su sino, su “todo o nada” como ya dijera Stefan Zweig en su libro “La lucha contra el demonio” sobre los artistas. De una forma u otra, los daños o alteraciones en el fascículo uncinado “crean” individualidades, frente aquellas otras que crean su identidad y propósito con respecto a la sociedad. Son entes aislados de la masa, “obligados” a buscar el sentido de la vida no en lo social, sino en ellos mismos. En un cerebro de “desarrollo normal” el sentido nace de lo social (familia, comunidad, religión, país) pues así lo “sienten”, y el sentido y la vida antes que entenderla (entendimiento) hay que comprenderla (sentirla, “empatizarla”); mientras que los preconcientes se ven “expulsados” de ese sentido al poner en duda toda emoción social y mirarla casi exclusivamente desde la razón. Pierden, en definitiva, la conexión o el tacto con la vida (bajo estas conclusiones hay que entender a la drogadición -para dar sentido a que la fotografía de la cabecera del escrito es de la serie “euphoria”- como el acto de “obligar” al cuerpo a sentir, a la vez que se acalla a la razón). El preconciente, así, pone su propia libertad como regla para la vida, al individuo como base de lo social, el humano (individual) como medida de todas las cosas, y eso explica su tendencia a las izquierdas -con todo lo que estas conllevan: libertad de expresión, un individuo un voto-, frente a la rigidez de la identidad social basada en lo permanente y lo establecido. En el preconciente se cumple, así, la máxima de Gehlen al afirmar que “la libertad nació de la alienación y viceversa”.

   Vídeo relacionado sobre el nacimiento de una preconciente: https://www.ok.ru/video/1195885595355


   (Offtopic: para los que me siguen y quizás se pregunten cuál fue mi “daño”, mi herida, no fue algo claro y achacable a nadie. A la edad de entre los 4 y los 5 me llevaron interno -por falta de dinero y al ser gratuita- a una institución (antiguo hospicio) bastante dura en su trato. Me quedé aislado incluso de mis hermanos mayores que estaban dentro, por ser de una edad menor (el mismo proceso para una de mis hermanas). Esa dureza (crueldad en ciertos momentos) y frialdad rompieron con el proceso del apego, que por lo demás ya estaba “mal” por provenir de una familia numerosa -hay ciertas anécdotas, por otro lado, de mi más alejada infancia, que me han recordado todos, que me hacen diferente del resto de hermanos-. No culpo a nadie, ni juego el papel de víctima, simplemente me cambió el cerebro, tal como lo “predice” la teoría del apego: asumo quien soy, estoy conforme con mi “pellejo”.)

Leyendo los Viejos Arcanos

   Lo que sigue, quizás excepto el primer párrafo y por su explicación, no pretenden ser la “Verdad”, tan sólo leer viejos símbolos. Ni siquiera recurriendo a otras lecturas, que ya implicarían saber y no intuición. Se basa, por lo tanto en intuiciones propias, que quizás con el tiempo, y al ser revisadas, tenga que cambiar. Leo cartas, arcanos, no por un aprendizaje pormenorizado, sino dejando salir lo que me diga la parte más profunda del cerebro, y aunque en ciertos momentos me parezcan contraintuitivas.

   La vida es un sistema adaptativo. El humano, en tanto que cuerpo (dejando de lado de momento el prefrontal, la razón), está dentro de ese sistema. Adaptativo quiere decir una lectura somera de la realidad para vivir en cierta armonía con ella. Todo ave no busca el vuelo perfecto (Juan Salvador gaviota, la novela, como prefrontal, sí lo hacía), lo que busca es el camino más directo entre lo que tiene en ese momento: cierto tipo de ala, la densidad del aire de allí donde vive, así como las condiciones ambientales en las que se tiene que alimentar o cazar (ecosistema). El vuelo, así, y en los reptiles, nació de forma casual, en donde ciertas plumas que se habían creado para ser vistosas para las hembras, ofrecían cierta resistencia al aire al saltar desde una rama a otra rama o hacia el suelo. Lo que se espera de un humano es que se adapte a cada situación. No adaptarse es ser rígido y es estar menos vivo. Ser dogmático es igualmente un signo de rigidez. Lo que continua por lo tanto no trata de buscar una verdad, sino adaptar la razón al pensamiento mágico, del cual procede este segundo. Recordemos que todo cerebro es una representación simbólica del mundo. Un animal se hace el muerto ante un depredador, sin saber qué es la muerte, tan sólo representándola en su cuerpo, a través de la total quietud. Es un instinto. Uno de esos aves concretos quizás nunca haya visto a otro ave muerta. La muerte está dentro de sus signos, de sus conceptos grabados en el ADN, como primitivas. El cerebro, así, es un sistema simbólico entre ciertas primitivas muy antiguas y primarias, como la muerte, y la lectura que ese cerebro concreto -de ese ave- haga de la realidad. Dos lados, dos realidades. La primera adaptada (escrita) por miles de millones de años, y la segunda la adaptación a un entorno concreto y posiblemente nuevo. Lo viejo y lo nuevo, lo rígido y lo más adaptable (neuroplasticidad). Lo segundo queda supeditado a lo primero en tanto que en casos de extrema urgencia se recurre a lo más rápido, y la respuesta más validada por cientos de miles de años: lo reflejo, lo instintivo, los arcanos, los arquetipos, las primitivas. El humano, evolutivamente hablando, nace desde el pensamiento mágico a las palabras, donde las segundas, al final o en la actualidad, son la razón, en lenguajes tan estructurados y rígidos como los de la lógica y su hija la matemática, o a la inversa, pues se supone que el universo son números y es lo único que parece rígido e impermutable, frente a todo sistema adaptativo o vida.

   Volviendo a ese instinto de hacerse el muerto, Sartre ponía al desmayo humano (no de problemas físicos) como un atavismo proveniente de aquel otro arcano de hacerse el muerto. Para Sartre las emociones eran una interpretación/representación mágica de la realidad. Toda lógica de ese aspecto mágico, como lo hace la psicología o las ciencias cognitivas, son desde la razón, y llegados al caso, a través de los promedios, como generalidades, que se hayan por los estudios estadísticos. Pero las emociones son un punto intermedio de las lecturas de las primitivas y la razón, luego en esa medida son subjetivos y muy individualizados. Es aquí donde nace el concepto de qualia, por el cual los promedios y las estadísticas, como saber, fallan, pues todo individuo es un caso muy concreto, una mutación si se quiere, de ese cruce de dos lados muy opuestos. Cada humano y en cada momento, es un estado emergente, y por lo tanto único, provenientes de ciertas circunstancias de dicho momento, “analizadas” desde las primitivas, que crean dos caminos: el primero que promueve una emoción, y una segunda senda en donde el prefrontal toma una somera lectura de ese momento y “añade” algo más al estado emocional. Toda emoción “pura”, arcaica o primaria, como se ha catalogado a la ira, al miedo, a la sorpresa, al asco y la alegría, al final se vuelven sentimientos por el cruce de varios de ellos y por la propia interpretación que haya hecho el prefrontal. Así cuando alguien habla de amor, es “su” amor y de nadie más, y de nada vale la ciencia, los promedios o ninguna otra verdad. Es un estado emergente de un individuo concreto, en un momento concreto de su vida, de una vida muy concreta. ¿El mentalés de Fodor se alimenta de ese cruce entre las emociones y la semántica de las palabras? (recordar el sándwich de  tres panes y dos lonchas de queso entre ellas, de otro de mis escritos), frente al emocionalés, que son las pasiones o cruce entre las primitivas y las emociones. El sexo, así, es pasión como ese cruce entre el instinto de reproducción (primitiva) y las emociones, entre las que se encuentran la ternura y la empatía. A veces se badea o balancea y sólo es pasión y sólo sexo, y otras va hacia el otro extremo y emerge desde los sentimientos más “nobles” que nacen del amor. Dividir el cerebro siempre es traicionar lo concreto que es todo estado emergente. Aunque yo fuerce las divisiones y ponga fronteras, estas no existen, y todo acto sexual se mueve de un lado a otro entre la pasión y lo más tierno que es el amor. En la pornografía, toda esa magia o pensamiento mágico, que es todo individuo como puro estado emergente, muere. El lado mental o espiritual desaparece cuando sólo se queda o se ve al cuerpo.

baraja-espaola1   Un hecho curioso de las cartas y los juegos españoles como el tute, basados en las antiguas cartas del tarot, es que el tres es el segundo valor más alto después del uno o as. Está claro que debe de haber heredado ciertos conceptos cristianos: unidad y trinidad, y el uno y trino del Catolicismo. De ser honestos estos signos vienen de más antiguo. Para que los años cuadrasen con los ciclos de la luna, al final de un ciclo o año había tres días que pendían en la nada, en donde no se estaba ni en el año lunar viejo ni en el nuevo. En tal fecha la tierra parecía quedar suspendida en una constelación: la de la cruz. constelacion-de-la-cruz-del-surTal fiesta es la que se conoce en la actualidad como nochevieja, que hoy queda tan sólo entre dos días o una sola noche. Igualmente y repitiendo el número tres, uno de esos signos de la luna, es “esconderse” durante tres noches, al igual que los tres días en los que Cristo permaneció muerto. Aquí se ve que los signos, los arcanos, que han heredado la premisa de lo adaptativo, no tratan de ser racionales, pues la luna a la vez representaba la maternidad. O quizás sea por eso: que de la hembra sale el hijo, y madre e hijo sean dos partes que una vez fueron unidad: la luna. La propia cruz está formada por dos unidades, donde lo ternario es el cruce o superposición de los dos primeros. La cruz simboliza al hijo, a Cristo, luego, y siguiendo las divisiones humanas en tres edades de otros de mis escritos, los dos palos son el adulto y el padre (genérico, no sexualizado). El padre se superpone al adulto para crear al hijo. De hecho la constelación de la cruz, es muy posible, que en la antigüedad o la prehistoria representase al hombre y no a la cruz. Al hombre se le puede representar, y distinguir de casi todo el resto de animales, por su verticalidad: caminar a dos pies, y horizontalidad: su laborar con las manos. ¿Quiso dar eso a entender DaVinci al crear la imagen del Vitruvio, en donde una de sus posiciones era en cruz? Por cierto, sabiendo la condición humana y su impertérrito optimismo, nunca me encajó que el año comenzase en invierno. Averiguando en Google encontré que antes comenzaba en primavera, lo más lógico, el despertar de la naturaleza, de la madre tierra, pero un emperador Romano, y viendo que no podía cambiar la ley que decía que las incursiones guerreras empezaban con el año, lo que sí pudo cambiar fue que el año empezase al comenzar el invierno, para así iniciar una conquista en esas fechas. Y de nuevo las paradojas, hoy en día ya no lo podemos cambiar, porque el sistema humano social se ha vuelto tan complejo, que no hay forma, ni ley, ni país que pueda cambiar algo tan esencial. El humano se anquilosa en sus cadenas… perdón, quise decir reglas.

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   ¿Cómo encaja todo esto con las divisiones cerebrales de primitivas, emociones y palabras? Recordemos que las primitivas tienen las “órdenes” de terminar de formar a un humano. Este nace “aun no siendo un humano”, y con el paso de los meses y los años termina por serlo, al llegar a la edad adulta, después de la mielinización del prefrontal. Siguiendo esta “lógica” o estructura, el hijo son las primitivas y el prefrontal el adulto. Entonces, ¿el padre son las emociones?, parece contraintuitivo o que no sigue una lógica estructural, pues las emociones están ahí antes que el prefrontal y la razón. ¿Por qué tendría que ser así?, cuáles son las pistas que me han llevado a esta idea. En un tuit decía que cómo se puede ser un niño y un cínico a la vez… eso fue lo que me llevó a los actuales planteamientos. El prefrontal es razón. En mi lenguaje, y comparándolo a los ordenadores, el prefrontal es una unidad multipropósito (como lo es un microprocesador). Esto es: no tiene otra estructura que la lógica, no está impelida por ningún otro proceso sesgado, emocional o primitiva. Que tenga esa capacidad no quiere decir que “funcione” con esa capacidad, como demostramos todos los humanos en el día a día. Su capacidad queda expuesta si uno se aísla del mundo y trata de pensar desde esa unidad multipropósito. En ese estado uno analiza el mundo desde fuera de las emociones, y la rigidez que imponen los sesgos enraizados en las primitivas. Es en ese estado que se puede denominar razón. A la filosofía se le achaca su alejamiento de lo humano, sobre todo de lo emocional. Una lectura somera podría concluir que la filosofía la han desarrollado los hombres y querían “escapar” de lo emocional, que está representado por las mujeres (Almudena Hernando, 2012), pero nada más alejado de la realidad. Todo filósofo, sobre todo aquel que tienda a aislarse (Wittgenstein, Nietzsche…),  “puentea” las emociones, pues estas surgen sobre todo del contacto social, de tal manera que las deja de lado. En esta unidad, y de trabajar tal como debería, todos somos más o menos iguales, puesto que hay humanos que tienen una mayor capacidad para llegar a ese estado aislado, frente a otros, y puesto que esta “unidad” depende de la energía y capacidades, como la memoria a corto plazo y la concentración. En esta unidad -en su abstracción- no hay sexos, ni razas, ni ningún otro distingo. Pero si esto puede parecer una “virtud” en realidad no lo es, puesto que lo que nos une a otro seres humanos son los estados emocionales y las primitivas. O si se quiere, las lecturas de esos dos lados que al unirse o ser mediados por esa unidad multipropósito, nos vuelve seres con qualias, seres con sentimientos. Hay que fijarse que todos nacemos con las mismas primitivas, o con diferencias, como la de los sexos o géneros, y todos compartimos las emociones básicas, pero lo que nos hace único son los sentimientos. Ese medio camino entre las emociones y el prefrontal. Los sentimientos raramente se pueden compartir y por ello es complicado, sino imposible, hallar a un “igual”. Son lo que nos hacen únicos, indeterminados y por ello lo que nos crea como entes autodeterminados. En definitiva en seres únicos o adultos. En dicho estado, y de ser coherente tal “módulo” o capacidad y de forma aislada, tendería a mantenerse desvinculado y autodeterminado, pues como dedujo Sartre, el otro es siempre aquel en donde mi indeterminación se vuelve un ente concreto u objeto: en donde se vuelve a perder la autodeterminación. Como la vida es una trampa que funciona a la perfección, uno no puede ser -o poner a prueba su autodeterminación- que con otros seres humanos, luego tiene que vivir en sociedad. Dado lo vertiginoso y complicado de la vida, ese núcleo tan frágil que es la autodeterminación o vida de los sentimientos, aquella borrosa frontera entre las palabras y las emociones básicas, se diluye en nada cuando en el día a día tiene que formar parte de grupos, y en donde al crear identificaciones, creamos una identidad propia, en donde o perdemos parte de nuestra propia identidad nuclear -esa borrosa frontera-, o perdemos capacidad para ser parte del grupo. O sea, de forma constante nos “vendemos” -enmascaramos- o nos tratamos de mantener íntegros, lucha imposible de equilibrar, con lo cual al final la vida “vence” al crear identidades grupales. En realidad no es una “traición” propiamente dicha, puesto que al nacer lo hacemos en un momento concreto de la historia y dentro de una cultura, que van a dar un “regusto” de fondo a todos nuestros sentimientos. Explico esto, por si no ha quedado claro. Se supone que mi unicidad lo es en tanto que sentimientos, pero estos no pueden escapar, por ejemplo, que nazca en Viena y bajo el influjo de unos padres que aman la música clásica. Mis sentimientos musicales estarán “atravesados” por el gusto de los Austriacos hacia la música clásica, al igual que una tribu de cazadores recolectores lo estará por la música tribal. Por eso decía que las fronteras en el cerebro no existen, y son meras abstracciones que sólo nos sirven para “comprendernos” o analizarnos.

  Con todo, el módulo de la razón, como razón aislada de todo lo concreto, puede desprenderse de ese gusto hacia la música clásica. Esta capacidad del prefrontal de renegar de todo lo dado, que en realidad debería llamarse razón (la libertad de Sartre), el humano medio -y en el lenguaje coloquial- se llama cinismo (amargura en el fondo). En la mediana edad (la edad de la razón en lo coloquial), que es aquella a la que se llega a sobre los cuarenta y cinco años, al final la razón, ese ente que tiene como parte de su núcleo la autodeterminación, se “cansa” de tratar de encontrar a un igual, o dicho de otra forma, termina por comprender que es único… que está solo en el mundo, y que todo posible intento de crear unidades o agrupaciones con otros humanos son vanos esfuerzos, que por lo demás son fallidos (fallo del que se reniega a tenor de mantenerse cuerdo o por miedo a la soledad). O dicho más llanamente: en la mediana edad, y de ser honestos, todos somos cínicos, pero ya sea por costumbre, por mantener la máscara, o por no traicionar a los que tienes cerca, no se termina de asumir o de dejar salir a ese ente cínico atravesado por el principio de querer ser un ente autodeterminado. O dicho de forma más larga, se tratan de ignorar a las emociones, a las básicas, mientras que por otro lado no se puede renegar de las primitivas, luego con el paso de los años el anciano representa muy bien ese papel de esa dualidad de los dos extremos como niño y como cínico. No hace falta decir que toda persona que viva aislada pasa por ese mismo proceso de forma prematura, puesto que las emociones, aquellas que son la ligazón comunicacional en la especie social que somos, quedan aminoradas o anuladas, y el prefrontal, ahora como rumiación, se queda frente a las primitivas, pues dicha estructura no se puede obviar, pues son los pilares o armazón del cerebro. Un psicópata, así, es aquel al que se le ha atrofiado la amígdala, que es el núcleo cerebral de las emociones básicas, de tal forma que pierde la capacidad de empatizar con el dolor de otras personas. Demás está decir que la soledad no crea psicópatas, pero estructuralmente, son “igual” que ellos. La diferencia es que el psicópata se ha “divorciado”, como mecanismo de defensa y por lo tanto sin su “intención”, de las emociones por algún fuerte trauma de la niñez (a veces heredado o una mezcla de las dos condiciones). Tanto el anciano, el solitario, como el psicópata comparten que son un prefrontal frente a unas primitivas. Obviando, o habiendo dejado de lado, el paso intermedio que son las emociones universales, fuente de muchos de los sesgos y tendentes a crear uniones con otros seres humanos. “Necesitadas”, por lo tanto, de la capacidad y la fe para crear vínculos humanos.

   Después de este largo rodeo vuelvo a la pregunta de arriba y su respuesta. Las emociones, o lado intermedio entre la razón y las primitivas, representan al padre, en la triada hijo, adulto y padre, puesto que los padres pierden la capacidad para la autodeterminación y por ello quedan “atrapados” en lo emocional. Un padre, el “macho tradicional”, se tiene que hacer valer por su capacidad para llegar al enfado o incluso a la ira. Estado que el niño ha de temer. Tal estado viene dado por la fragilidad que la testosterona provoca sobre el equilibrio emocional del hombre, que tiene con tal comportamiento la capacidad de liberar su estrés interior, a través de esa emoción básica. Por otro lado la madre (tradicional) es la protectora o aquel ente que sólo es emoción, en tanto que “resguarda” al hijo tanto del padre, como de ese mismo lado “agresivo” o duro de la sociedad. Este comportamiento repetido por milenios entre los mamíferos, no igual en las aves, al final crearon dos primitivas o arquetipos asentadas en el ADN: el padre y la madre. Hay que recordar que la vida es un sistema adaptativo, no busca verdades, no busca tampoco virtudes o el “bien”. Si el humano tiene dichas primitivas y arquetipos es dado a que “funcionan” (se adaptan) bien, puesto que la propia vida humana es esa dualidad entre lo tierno y lo duro, entre el amor y su ausencia (ya sea en la indiferencia o en el odio). Si al hijo se le educa sólo desde el amor, sin dureza, no estará preparado para la vida: será demasiado blando y sensible (hijo de mamá); y si por el contrario se le educa sólo desde la más cruel de las durezas se “creará” un potencial psicópata o delincuente. La homeostasis, o tendencia al equilibrio de todo sistema complejo, se sigue en esta regla de los dos arquetipos: la madre y el padre. Idea que ya perfiló Aristóteles y la media de oro al decir que la virtud está o es el equilibrio entre sus opuestos. Ni imprudente, ni cobarde, sino su punto medio; ni engreído, ni sin amor así mismo… La evolución ha llegado a la “conclusión” que hace falta el padre y la madre arquetípicos para que el humano llegue de forma equilibrada a la madurez. Tal estructura están como primitivas cerebrales. Tampoco hace falta que el arquetipo de padre sea el macho y la hembra la madre. El caso es equilibrar esa balanza. Quita uno de los dos lados, o desequilibra la balanza, o que los arquetipos no estén claros, para que el humano no madure de forma “correcta”, que no llegue a la madurez, para que se vuelva un cínico antes de tiempo, o para que se quede en su fase infantil de por vida. Hay tantas posibilidades, pequeñas variaciones y desequilibrios (azar/variables) en esas dos disposiciones y disparidades, como humanos hay en la tierra.

   Cierro con conclusiones. Las primitivas son lo mismo que lo que llamamos arquetipos en su forma más rudimentaria. La razón se las tiene que haber con que no puede escapar de los roles. El policía “bueno” y el “malo”, durante los interrogatorios, son roles que dos individuos tienen que mantener, pero que en el fondo llaman a los arquetipos de padre (dureza) y madre (protección). Tales roles “funcionan” porque todo individuo busca el amor, la validación del amor, y “huye” del desprecio, de la indiferencia y del odio. Tales roles no “funcionan” con un psicópata o alguien muy racional y por ello con una clara marca de su autodeterminación y validación interna. Un político, o cualquier personaje público, se atiene a roles y siempre son cambiantes, puesto que se tiene que adaptar a cada circunstancia. Ora es amable y cercano, y de repente parece distante y duro. Obedece a roles, a máscaras, que vienen bien en cada uno de los casos en los que habrán de ser “usados”. Entremedias de los arquetipos (primitivas, sistema reticular) y los roles (razón, prefrontal), están los estereotipos, “inundados” dentro del mundo de las emociones (memoria individual y emociones, hipocampo y amígdala).

   ¿Diagnóstico del presente bajo estas reglas? La mujer, el feminismo, no quiere ser “reducida” a arquetipos o estereotipos. Busca ese ser autodeterminado, “libre” del “aparato” emocional, y libre por lo tanto de hacer o caer en hacer algún “papel” o representación en la vida. Propósito muy noble. Pero falla por cuanto ha de vivir en la vida, que recordemos que es una trampa. Sobre el 80% de las mujeres tienen hijos, luego al final tienen que “renegar” de su autodeterminación para hacer el rol de “protectora”, de cuidadora. ¿Lo puede hacer ella sola? Si se ha entendido bien la trama de la evolución y de este escrito, ella misma no puede (o debería) de hacer los dos papeles, puesto que un cerebro en desarrollo no puede entender o se puede equilibrar, si de la misma fuente o signo o individualidad proviene lo “bueno” y lo “malo”, el premio y el castigo, el dolor y el placer. Eso sólo puede “provocar” que ese humano llegue al cinismo antes de tiempo, pues verá con los mismos ojos de sospecha a todo humano que se le acerque: que será una fuente de dolor y placer. Esa es la verdad, esa es la realidad, esa es la vida de un preconciente, de un realista depresivo, pero ese estado no es el más saludable, ni para dicha persona, ni para la sociedad. Si todo el mundo se volviese cínico a la vez, la humanidad dejaría de tener sentido, todos dudando de todos y buscando el fin individual, frente al fin social. Quizás vayamos por ese camino, pero no es el deseable. Si por otro lado la madre -sin que exista un padre en su rol- sólo trata de dar amor, “creará” un humano “paralítico” emocionalmente, pues toda frustración o estrés por mínimo que sea, lo “derribará”.  Así lo parece demostrar la llamada “generación copo de nieve“, extensible igualmente a los milenials, sensibles a los más mínimos de los roces “dañinos” de la sociedad y los otros.

   Con esto llegamos al macho. ¿Alguna vez ha pensado el feminismo lo “duro” que es o haya podido ser hacer el arquetipo de macho para el hombre a lo largo de los milenios? Veo al antiguo “macho” en situaciones como los mineros representados en la serie “Chernóbil” (basada en hechos reales), donde saben que van a trabajar duro y morirán, pero aun así aceptan el trabajo sin rechistar. En unas décadas o decenios ese macho no existirá. Muchos de los males que el feminismo achaca al macho en realidad no deberían de ser hacia él, sino a las culturas y religiones nacidas a partir de los grandes asentamientos, como la judeo-cristiana-musulmana, que beben de la misma fuente. El arquetipo de macho y hembra provienen desde las etapas más primarias de los seres vivos, bajo el agua de los océanos. Y la que vemos más marcada en los humanos provienen de nuestras raíces mamíferas. Halla las “fallas” de casi cualquier comportamiento de machos y hembras mamíferos, y encontrarás las bases de los arquetipos de machos y hembras humanos. No es un camino que el macho humano marcó y quiso diferenciar o estructurar para “doblegar” a la hembra y por ello llegar al patriarcado…, ya provenía de más antiguo, de estados previos al humano. Está errado en lo social -por la falta de igualdades-, sí, pero sigue siendo válido como estructura dentro de la familia. En la actualidad la tendencia es que el arquetipo y el rol de padre esté desapareciendo. Todo hombre tiene que “pisar el freno” y no marcar su papel o arquetipo de padre dentro de la familia, con lo cual es igual que si tal arquetipo desapareciese y la madre tuviese que criar a los hijos por sí sola. La situación actual -en occidente- se parece más a una situación de dos madres o una madre tratando de hacer los dos roles, que la “antigua” y arquetípica de dos sexos, dos roles. Y volvemos a lo de arriba, y me ahorro de volver a explicarme. Tal estado de cosas no crea un adulto estable o realmente maduro. Hoy en día los hijos no se quieren ir del hogar paterno/materno. Frente a lo “blando” que resulta el hogar, ¿para qué o cómo salir a la dureza que resulta la propia vida y la sociedad? La sociedad actual se basa en el fuerte individualismo, puesto que en el fondo todo adolescente que llega a la adultez es un cínico en su núcleo, al que los mecanismos de defensa cerebrales oculta. El narcisismo es la marca de las nuevas generaciones, pues sus almas “reblandecidas” carecen de la dureza que le habría podido dar el rol de padre, que inevitablemente los volvería más modestos y sobrios. Si sólo se cría con amor, el alma se cree falsamente invencible y dura, cuando la realidad es totalmente la opuesta. No me puedo imaginar cómo serán estas nuevas generaciones cuando lleguen a la mediana edad. Va a ser una total pesadilla tanto a nivel individual, como social.

   ¿Ataco demasiado al feminismo? Para bien o para mal siempre se han dado el maltrato de género y las violaciones. Está claro que no es lo deseable y que su lucha es noble. Pero mientras que esos son males “eternos” que quizás nunca desaparecerán, el nuevo estado de cosas desde el feminismo y el cuestionamiento del “macho”, sí es algo nuevo que se podría evitar o cuanto menos sobre lo que poner atención y ver si va a ser para bien o para mal. Los “nuevos padres”, las nuevas familias, no parecen tratar con hijos, sino con amigos. Papel extraño y ambiguo donde los haya, pues pierden el respeto y la autoridad, y una vez que no se tiene es complicado recuperarlo sin que de nuevo se produzcan fallas y traumas en el desarrollo de ese cerebro. Un adulto maduro termina por comprender -por el uso de la razón- el porqué de los roles o arquetipos que hacían su madre y padre, pero en la actualidad y bajo las extrañas nuevas reglas, ahora se sigue teniendo respeto por el arquetipo o rol de madre, pero no ya igual por el del padre. O ha sido demasiado blando o demasiado duro, pero no parece que las nuevas generaciones “asimilen” con la misma gratitud y bondad el papel del padre como el de la madre. O sea, en el fondo mantenemos uno de los roles y lo “amamos y respetamos” y odiamos el segundo. ¿El lenguaje feminista no debería de ser el de acabar con todo arquetipo o rol?, más bien parece que su único propósito – de forma explícita o implícita-, haya sido la de acabar con el rol del macho, del padre. No será que ahora el “débil” sea el macho que ya no sabe cuál es su papel en toda esta nueva trama… que se sienta perdido y sin ninguna autoridad. Y no será que sea ese sentimiento del “nuevo” hombre el que esté repercutiendo en que este sea más errático en sus comportamientos y sin ninguna meta aparente, más que en muchos casos la pura y simple búsqueda del éxito, la competitividad y el sexo. Quita a un humano de todos los “cuentos”, de todos los “metarrelatos”, y tendrás una simple marioneta. Un cuerpo descarnado -cual carne reblandecida por una alta radiación-, sin ninguna posibilidad de ponerse ninguna máscara nunca más, ante el dolor de sentir tal dureza sobre su sensible piel.

   Lo que ya he dicho en otro lugar: la auto-demesticación del macho vino propiciada por la mujer (piénsese en ello: muy al principio el macho se mantendría al margen de la crianza, tal como lo hace casi la totalidad de los mamíferos, y la madre educaba al varón durante años a su gusto, de tal manera que lo fue dulcificando, pacificándolo, haciéndolo más cercano al espíritu femenino, hasta que estuvo preparado para la monogamia; nadie lucha por esa aparente encerrona a la que nos “sometió” la mujer; no fue una acción premeditada, claro, pero como tampoco la ha sido el patriarcado), y hoy en día nos dan la patada y nos dicen que ni les “servimos”, y ni nos quieren bajo los aspectos que son propios de nuestras primitivas sexuadas. Ni quieren al antiguo “macho” duro y pétreo en su rol o arquetipo, ni quieren al hombre reblandecido actual (narcisista, infantil y egotista) bajo sus propios parámetros o los parámetros de las nuevas sociedades. Familias desestructuradas, o sin el arquetipo del padre, crearán cada vez más hombres confusos y sin un rol o arquetipo al que poder acogerse…. ¿Qué futuro o papel le queda al hombre?, ¿cuál a la humanidad? En la actualidad, después de milenios, hemos creado una sociedad más preparada para el cerebro de la mujer, que para el cerebro del hombre. Como ya dijera aquella película extraña y profética de los años setenta: “Adiós al macho“, este muere dentro de una sociedad para la que ni está preparado, ni le quiere.

La Dimensión Individual II – La Vida Como Trampa

El acto mismo de hablar es un modo de marcar lo inusual frente a lo habitual.” Román Jakobson
Esto puede significar que no hay esperanza para la raza humana, no obstante, sí la hay para los miembros individuales de ella.” Eric Berne
El secreto de una madurez feliz no es otra cosa que el pacto honrado con la soledad.” García Marquez
Es más fácil vivir con versiones alternativas de una historia que con premisas alternativas de una explicación «científica».” Jerome Bruner
Es muy difícil someter a la obediencia a aquel que no busca mandar.” Rousseau

 

   Otros títulos barajados que puede que fueran más indicativos: “la vida como trampa que funciona a la perfección”; “el análisis transaccional como sistema complejo”. Llega un momento del invierno que el cerebro que soy cambia tanto que ya no tiene “pegamento” para unir las cosas. Mi memoria de trabajo no funciona nada de nada, y mi motivación se cae por los suelos. Es un tipo de aclimatación programada, donde el sistema hormonal cambia para que el cerebro no gaste tanta energía y se destine a mantener el calor. Se baja el nivel de testosterona, que a su vez baja el nivel de dopamina. La líbido como telón de fondo, como ya he hecho ver en otro escrito. Tengo cuatro escritos medio empezados y no soy capaz de darles continuidad. Lo que en verano escribo en un día, en invierno me lleva varios días. Al final me abro tantos frentes, en tantos escritos y en los propios escritos, que soy incapaz de terminarlos. El presente lo publico pendiente de revisar todo el final menos desarrollado, porque sino me “bloqueo”. Por lo demás lo escribo y no funciona la “pegajosidad neural”, ya no sé lo que he escrito como para ampliar o depurar ciertas partes. El escrito que he retirado titulado “Goliat cuando David duerme” lo retiré porque creí que este tenía que ser previo.


   En agosto del 2017 cree la hipótesis de vincular memoria visio-espacial y todo proceso de memoria. Con el tiempo fui comprobando que la ciencia ya apuntaba en esa dirección. Al final he encontrado una serie de estudios y teoría, llamada “ventajosa”  o aventajada (no sé si esa sería la traducción correcta de “vantage theory“) donde vincula, por analogía, el espacio y el tiempo a todo proceso de crear un concepto o un registro de memoria. Lo que faltaba en mi hipótesis era la velocidad, que la incluye tal teoría. Dejo estos escritos (en inglés) sobre el tema para el que quiera investigar. Sus conceptos son muy abstractos y complejos.


Resumen.

   Este escrito bien puede ser tomado como una segunda parte de “La dimensión individual”, en tanto que trato de explicar mi punto de vista sobre la vida, o sea, un punto de vista individualista. La “novedad” es que revisaré ciertas ideas a través de la teoría del análisis transaccional. De otra parte revisaré dicha teoría para que encaje o sea comprendida dentro de la teoría de los sistemas complejos.


   La vida es sencilla de comprender: ella está hablando constantemente de sí misma. El problema es que no hablamos su lenguaje. Si no hablamos el lenguaje de la naturaleza es por lo que se puede comprender la frase de Fodor que dice que “cuando sigues haciendo preguntas a la Naturaleza, la Naturaleza sigue diciendo “no”, no es irrazonable suponer que en algún lugar entre las cosas que crees hay algo que no es verdad”. Bajo esta premisa la teoría sobre sistemas es la ciencia que trata de hacer dicha traducción. La superveniencia, dentro de dicho lenguaje, establece que desde que “nació” el universo se crearon sistemas bajo unas pocas bases o reglas. Un sistema se “crea” o establece porque se crea una dinámica interna como para que se llegue a un estado equilibrado. En esa dirección en la medida, que interaccionan sistemas se crean estados emergentes, en donde se crean nuevos sistemas. Estos nuevos sistemas “heredan” las reglas del sistema “padre” y no lo pueden cambiar, al igual que la genética de nuestros ancestros nos definen, pero la nuestra no incide en nada sobre nuestros padres o abuelos. Dichos sistemas en la superveniencia y a grandes rasgos son: 1. partículas, 2. átomos, 3. moléculas, 4. vida, 5. vida social, 6. mente o conciencia. El cerebro sigue las reglas de las reacciones moleculares, en la química cerebral y las leyes electromagnéticas, y aunque está claro que el humano puede romper un átomo en la fisión nuclear o crear nuevas moléculas, no por ello cambia las reglas del sistema de los átomos o el de las moléculas, más bien se tiene que atener a ellas. En todo esto nace el eterno problema de si la mente se puede “reducir” a reacciones químicas y eléctricas. Sí y no. Sin el “hardware” no puede haber mente (que en la terminología cibernética es wetware, la parte blanda o pringosa del sistema), pero hay que entender el concepto de emergente, este establece que el total es algo más que la suma de sus partes. Este dilema es igualmente problemático para definir qué es o no es vida. Lo que un lego pueda creer que es vida es muy distinto de lo que nos dice la ciencia.

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Árbol del conocimiento, leer sección “hipótesis de la justificación”

   Bajo estas premisas… ¿de qué se trata la vida?, que es un precedente a la mente y esta se rige bajo sus premisas. Es reducible a la premisa de replicarse, pero para hacer tal “cosa” necesita energía. Este es su “faltante”, en el momento que tiene tal energía tiene la capacidad para replicarse. La vida está dentro de las reglas de los sistemas adaptativos. Se adapta al medio para mantenerse como sistema, para mantenerse vivo, valga la redundancia. En esa dirección cuando se dieron varios tipos o apuestas de vida podían interactuar entre ellas. En los sistemas, los más estables suelen ser los “estados” más “comunes”. La interacción más estable (y general) entre seres vivos es la simbiosis mutualista, donde las dos especies implicadas dan algo y reciben algo. Aquí ya podemos introducir las ideas del análisis transaccional y ya en lo humano, en tanto que forma parte del grupo de animales sociales, dentro de la superveniencia. La palabra clave de tal teoría psicoanalista es el de transacción. Para esta escuela de la psicología los humanos crean interacciones a través de una simbiosis mutualista, donde los dos agentes o personas que entran en juego, dan algo y a la vez reciben algo. Conviene leer el libro “juegos en los que participamos” de Eric Berne para una visión amplia del análisis transaccional, en el presente escrito me centraré sólo en algunas de sus ideas. Si todo se reduce a una transacción: ¿cuál es la moneda de cambio? Como nos dice Eric Berne -de forma muy precisa y concisa en el prólogo del libro- el reconocimiento social es casi tan necesario como lo es el propio aire que respiramos. Esto sigue una hoja de ruta precisa. Lo faltante para el cuerpo es el oxígeno que es la fuente más directa para obtener energía. Por otro lado lo faltante para el cerebro son los estímulos, este “prefiere” el dolor -como parafrasea Berne- a la falta de estímulos (lo que no deja de ser paradójico y abre una nueva ventana a la hora de tener en cuenta el dolor).(1) Una persona en una cámara totalmente insonorizada y sin luz, apenas si puede aguantar un corto espacio de tiempo en tal situación. Fijarse que el cuerpo -en la teoría de la superveniencia- sigue las reglas de la vida, el cerebro por otro lado sigue otras reglas: es un órgano o sistema complejo “creado” con la “finalidad” o “sentido” de recoger información del medio: sin información “muere” su principal “sentido” y no es capaz de sobrevivir a tal proceso, como tampoco lo puede hacer el cuerpo ante la falta de oxígeno. Por otro lado el hombre -en tanto que mente en uno de sus niveles: el mamífero- está dentro de los animales sociales, donde el contacto con otros de su especie es su aire.

Capas de la Realidad Dentro de la Superveniencia IV    El traductor, del libro que tratamos, creo que apostó mal a la hora de traducir uno de sus términos principales y que es la “moneda” de cambio entre humanos. Esto nos dice el libro: “la caricia puede usarse como la unidad fundamental de la acción social. Un cambio de caricias constituye una transacción, la cual es la unidad de las relaciones sociales”. Berne usa el término inglés “stroke”, que puede significar tanto acariciar, golpe (toque), como jugada. Hubiera sido más acertado traducirla como palmadita, ya que caricia implica un acto demasiado íntimo, cuando lo que en realidad quiere darnos a entender Berne son las típicas palmaditas en los hombros (o en las rodillas o dar un leve golpe empático en el estómago o actos similares; fijarse igualmente que la palabra usada para dar una llamada perdida por el móvil es “dame un toque”). Aunque más adelante nos diga que: “extendiendo su significado, la palabra “caricia” puede emplearse para denotar cualquier acto que implique el reconocimiento de la presencia de otro”. Sea como fuera, por lo menos en España, el concepto de dar palmaditas en el hombro, que no tiene por qué ser textual, es el que se ha validado y se usa como concepto de tal transacción. Por lo demás tiene más sentido, ya que la antigua moneda de cambio era el desparasitado, que es una de las “funciones” dentro de los animales sociales del grupo al que pertenecemos: los primates, donde la transacción es “yo te desparasito si tú me desparasitas”. Otro dato a tener en cuenta es que según la psicología evolutiva el diálogo suple esa función: yo te escucho y a la ve tú me escuchas. De otro lado están las convenciones sociales, como el dar los buenos días, etc., como otro modo de transacción… y quizás donde se ve más claro toda esta trama, pues en cuanto alguien no nos devuelve el saludo lo más seguro es que nosotros ya no lo volvamos a hacer.

   Conviene hacer un alto en todo esto. ¿Acaso el análisis transaccional no es en el fondo muy cínico e “inhumano”?, ¿cómo se nos puede reducir a transacciones de “palmaditas en el hombro”? O en última instancia a simbiosis mutualistas. Remito al libro para que cada cual saque sus propias conclusiones. A mí me “convence” porque yo siempre lo he visto así. Dos situaciones que se me dieron en la adolescencia me hicieron captar la vida de esa manera. No tenía toda la teoría o todas las premisas, pero de forma implicada mi cerebro captaban esas ideas y patrones de la vida social (apuntar que implicado es la manera que tiene la ciencia ahora para llamar a lo que en otro tiempo se llamaba inconsciente). Desde aquella edad aposté por “retirarme” de la vida, pero a esa edad es muy complicado, por que como nos dice Eric Berne todo contacto humano implica una transacción dentro de “juegos”, y en cuanto se tiene contacto con otro humano ya has entrado en algún juego. De hecho estar solo, bajo las reglas de los juegos, es tan sólo otra forma de “jugar”.

   Otro párrafo de desvío. No aceptamos a que la vida pueda reducirse bajo estas premisas, porque el yo individual, que es la base del cerebro, no quiere validar a que este sea en lenguaje de la vida. Al análisis transaccional le falta una vuelta de rosca, que es tratar de buscar el “sentido” de la identidad narrativa, que es la base del yo y la conciencia, como ente que en soledad y de forma interna se manifiesta como autoconciencia. Si todo sistema vivo se equilibra por un faltante, qué le falta o es la base de la identidad narrativa: la coherencia y el protagonista. Nuestra identidad narrativa no acepta ser reducida al lenguaje de los sistemas complejos porque “atenta” contra la coherencia y el concepto de agente. Un relato para que sea “válido” o “funcione” como relato requiere de ciertas premisas. En todo relato se da validez al concepto de agente: un ente que es el que está dentro de nuestra cabeza, como Koji -como persona o agente- lo era del robot “Mazinger Z”. Conviene traer aquí lo que nos dice la Wikipedia, por ser esclarecedor:

Gō Nagai (el creador) quería tomar ciertas ideas sobre el manejo del robot de sus antecesores y, sin embargo, que no resultara demasiado similar para el suyo. Pretendía crear un robot tripulado, manejado por un piloto, pero deseaba que quedara patente que el robot interactuaba con el piloto, como si ambos quedasen vinculados, hombre y máquina, por algo más que cables y acero. De hecho, a veces el robot parece tener voluntad propia: por ejemplo, algunas veces Koji se lo encuentra fuera de su hangar, como si tuviera ganas de luchar.”

Koji_Head_Mazinger_Z

   En tal planteamiento se deducen las mismas premisas del concepto dualista de Descartes del humano, como cuerpo y alma, el cual -por mucho que la ciencia haya desvelado sus entresijos- no queremos abandonar. La identidad narrativa tiene esta misma premisa dualista. El yo es un agente que es el que toma los mandos de su propia vida, y cuando las ciencias nos reducen a números y estadísticas nos negamos a no creer que -las doble negaciones la procesa peor el cerebro- en todos y cada uno de nuestros actos, nazcan de una elección de nuestra voluntad, ambas depositarias de ese agente que “habita”, cual navegante, en nuestro cuerpo. Pongamos un ejemplo de un análisis propio de la ciencia. Se ha descubierto que los adolescentes son más proclives a tomar decisiones menos conservadoras o buscar sensaciones más fuertes o arriesgadas cuando están en grupo que cuando están solos. No obedece a tratar de impresionar, simplemente es que cuando están en grupo se da otra dinámica, por los efectos mostrados arriba de los cambios de comportamiento por el número de los grupos. O para decirlo de forma más sencilla: sus cerebros están “programados” para actuar de una forma cuando están solos y de otra cuando están en grupo. Está comprobado porque de esa misma forma actúan los “adolescentes” de animales tan dispares como los delfines y los ratones, pues se ha corroborado por experimentos. Si se le dice a un adolescente que existe tal patrón y que sus actos no son “elecciones” no lo aceptará. Va contra las premisas de nuestra identidad narrativa, donde ha de primar un “protagonista” o agente que tiene el control. Nuestro ego y unicidad no puede ser cuestionada, como igualmente se deduce de la frase coloquial de “toda comparación es odiosa” o el nuevo meme de “defiende tu sombrero por muy ridículo que sea” proveniente, creo, de Asier Etxeandia. Para el caso afirmar tal premisa es como dejar a un cuerpo en una habitación sin oxígeno o al cerebro sin estímulos, en donde si muere ese pretendido agente, muere la coherencia o sentido que ha de impregnar toda vida humana. Del mismo modo no terminamos de comprender y por ello aceptar que no es lo mismo una persona o un grupo pequeño que un grupo muy grande. En estos últimos no son las mismas reglas, no obedecen a los mismos patrones y por ello se originan unas nuevas reglas y patrones. ¿En qué medida uno es masa o no lo es?, nos negamos a aceptar que podamos ser parte de una masa, en donde los resultados sociales o ambientales de dicha masa no son moralmente aceptables o en otro caso “razonables”, pues eso implicaría a aceptarnos como inmorales e irracionales. Ahí está el cambio climático y el resto de desbarajustes que estamos provocando en el planeta. Una persona en lo individual se argumentará para sí misma no ser parte del problema. Lo mismo para cualquier movimiento masivo como las redes sociales o el feminismo. Una feminista no suele estar desacertada e incluso un grupo pequeño de una pequeña ciudad, pero el feminismo como efecto masivo, por la teoría de lo emergente, es distinto que la suma de sus partes. Todo ello se estudia en el efecto de la masa crítica extrapolado a las dinámicas sociales. Hay dos efectos bien conocidos, estudiados en distintas ramas de las ciencias humanas, como es el “efecto espectador“, “en el que las personas tienen menos probabilidades de ofrecer ayuda a una víctima cuando otras personas están presentes. Cuanto mayor sea el número de espectadores, menos probable es que uno de ellos ayude. Varios factores contribuyen al efecto espectador, incluida la ambigüedad, la cohesión grupal y la difusión de la responsabilidad, que refuerza la negación mutua de la gravedad de una situación“, (fuente Wikipedia). Otro es el efecto Ringelmann que consiste en “la tendencia de los miembros individuales de un grupo a ser cada vez menos productivos a medida que aumenta el tamaño de su grupo“. A nivel evolutivo y biológico está el “efecto Allee” que es el fenómeno “caracterizado por una correlación entre el tamaño o la densidad de la población y la aptitud individual promedio (a menudo medida como la tasa de crecimiento de la población per cápita) de una población o especie“. Ya sin un nombre concreto, y en el estudio del comportamiento social, dentro de la sociología, en el estudio de los tamaños de grupos, organizaciones y comunidades, se nos dice que:

El tamaño (el número de personas involucradas) es una característica importante de los grupos, organizaciones y comunidades en las que ocurre el comportamiento social.
Cuando solo unas pocas personas están interactuando, agregar solo una persona más puede hacer una gran diferencia en cómo se relacionan. A medida que una organización o comunidad crece en tamaño, es probable que experimente puntos de inflexión en los que la forma en que opera necesite cambiar. La complejidad de los grupos grandes se debe en parte a que están formados por subgrupos interrelacionados.”

   En todos estos sentidos, en la formación de una masa crítica, se da una suma de errores: una feminista puede tener unos pocos errores conceptuales, de sesgos o lógicos (en un cartel de mi ciudad llegan a poner “no más violaciones en este barrio”) que quedan aminorados al reajustarse con las feministas de su propio grupo pequeño (o a veces mantenidos a nivel grupal), pero los errores no se aminoran bajo los efectos de masa, pues no hay una supervisión generalizada en lo masivo, sino que se suman todos a la vez como para generar algo que puede llegar a ser indeseado. Lo mismo vale para cualquier otra ideología o movimiento como la izquierda o la derecha. En estos últimos hay una jerarquización. Cuando se dan encuentros mundiales hablan los líderes, y revisan fallas y nuevas direcciones, las cuales se supervisan después a nivel local (países, ciudades, localidades) para reajustar las ideas directrices, pero no ocurre así en el feminismo. El feminismo – sobre todo el de la cuarta ola- se está retroalimentando a través de las redes sociales: el medio más propenso para que se dé los efectos de la masa crítica y en donde las suma de errores, por ser más proclives para ellos por fake news y la alteración del mensaje original, no son verificados y se mantienen. Otro caso ocurre a la hora de seguir modas o tendencias. Y volvemos al mismo argumento de arriba, si se le dice a una feminista o mujer en una red social que está repercutiendo de forma negativa en lo que se da de forma masiva en los social, a través del feminismo, lo negará…. e incluso te podrán tachar de machista -lo más fácil y socorrido- si argumentas tal cosa. Un caso claro de esa “perturbación” masiva se da con el calificativo de machista. Como ha llegado a decir Jordi Gonzalez: “la palabra machista cada vez se usa más y peor”. Si una mujer o feminista la usa mal de vez en cuando no pasa de ahí, pero esa suma de errores, propiciadas por los medios sociales, crea un masa donde al final es “desagradable” para el hombre, que si bien en un principio no se quiere posicionar lo tiene que terminar por hacer al darse por aludido. ¿Y a qué “ataca” ese hombre individual si el feminismo es esa ambigüedad masiva?, le crea “irritación” hacia el feminismo en general, pero se puede manifestar hacia mujeres concretas.

   Un ejemplo claro de esa suma de “errores”, vistos en el párrafo anterior, se puede analizar en el documental feminista “(M)otherhooh“, donde se atreven a afirmar que la procreación no es un instinto. Es la base de la vida, como he apuntado arriba, y por lo tanto de los sistemas adaptativos. Una cosa es acallarlo, por ejemplo teniendo una vida muy ocupada, y otra cosa es que no exista. A tal efecto se le llama sublimación. El humano no se puede entender sin esta premisa -como veremos más abajo-. Hay que analizar los instintos por sus pasos. Llegar a tener un hijo es el último paso. El primer proceso es el deseo sexual. En cuanto entre dos persona se “abre” la puerta del contacto físico, por interés sexual, se empiezan a crear desencadenantes que tienen como fin el sexo. Ese primer contacto es como soltar las manos y tomar impulso cuando se está en lo alto de un tobogán. En este la gravedad hace el resto. En el caso del sexo los desencadenantes hormonales hacen cambios en el cerebro para llegar a su fin. El enamoramiento es la “trampa” evolutiva para ir hasta el final: tener sexo. A nivel de teoría de sistemas se crea una desestabilización, y puesto que el cerebro y el cuerpo busca la estabilidad, su estado homeostático, este proceso induce llegar al final. Así lo dice la teoría de los impulsos. Más tarde y ya en el  último día del embarazo se vuelven a producir otros desencadenantes a través de la oxitocina para crear un fuerte vínculo entre madre e hijo. Se puede ver este tipo de “mecanismos” como relés, donde una vez activados se producen reacciones en cadena. En esa dirección la visión de un niño recién nacido o muy pequeño tratan de hacer de “activador” a las mujeres. Este “deseo” de mirarlos, tocarlos o cogerlos es en sí mismo el relé desencadenante. El hombre no tiene este relé. Sólo tiene “simpatía” y este tipo de interés, de acercamiento y quererlos coger, por sus propios hijos. El cerebro humano ha ido creciendo (evolucionando, adaptándose) por capas. Las capas más bajas siguen estando ahí, pero está claro que si vas añadiendo transparencias blanquecinas encima de una fotografía, al final esta se dejará de ver.

   Que no se vea o no se “manifieste” no quiere decir que no esté ahí. Piénsese sino en el asco, superar un asco, no quiere decir que el asco como propiedad intrínseca visceral del cerebro y el cuerpo no exista. Los niños pequeños son más viscerales, no “toleran” con facilidad el amargor de una col de bruselas, pero de mayores “controlamos” el asco hacia dicha hortaliza. Para ahondar más en el tema, las reacciones o emociones viscerales se dividen en dos procesos: su emoción y su expresión (procesado o etiquetado cognitivo). En la vida diaria “emergen” a la vez, pero son procesadas por dos partes del cerebro: la emoción es “creada” por el tálamo, mientras que su expresión se da en el hipotálamo. Si se corta la unión entre dichas zonas no hay conciencia de la emoción y no se expresará a nivel facial, pero sí se dará una respuesta fisiológica, en tanto que el tálamo mandará la señal al cuerpo a través del tallo cerebral. Si la emoción es el miedo, retrocederemos corporalmente sin mostrar miedo en la cara y sin “comprender” a qué obedece ese acto reflejo. En muchos casos caemos en falsas atribuciones de los cambios del nivel excitatorio (nerviosismo, intranquilidad) del cuerpo porque dichas vías unen dos “lenguajes”, el emocional y la palabra, sin que la conciencia, que es principalmente palabra, interprete de forma correcta dicha emoción o cambio excitatorio. En otro caso ciertas personas nos producen asco visceral, sin que sepamos porqué. El prefrontal, mediado por las convenciones sociales y la corrección, tratará de “aplacar” tal emoción y que no se exprese, pero que la “retengamos” no quiere decir que no exista a nivel talámico. En ese lapsus entre sentir algo y “frenarlo” se expresan en el rostro microexpresiones, que son las que nos pueden delatar, frente a especialistas o personas que son más sensibles (con baja inhibición latente). Por lo demás no tiene ninguna lógica, a nivel de análisis racional, puesto que si se entiende la evolución, la apuesta que es masiva es la que “gana”. Veámoslo en otro caso al que ya he hecho mención en otros escritos. En lo humano se dan algunos individuos que apuestan por ser lo menos sociales posibles: son más solitarios e individualistas; pero esta apuesta no es la que gana puesto que se reproduce menos, y por ello la que se mantiene es la apuesta social que es la que es más masiva y “vence”. En el mismo caso, si algunas mujeres tienen dicho instinto menos marcado -que habría que verlo más detenidamente o sólo es sublimación- se reproducirán menos y su apuesta no se masificará como para vencer, luego “ganará” o prevalecerá la apuesta que mantenga tal instinto bien marcado. Con esto llegamos a las estadísticas. sigma2-300x185Se llama “distribución normal“, representada en la campana estadística de Gauss, a la típica curva más alta en una estadística. Cuándo algo es mayoritario: en cuanto es superior al 50%, y se hace más masivo o estándar cuando más cerca esté del 100%. La campana de Gauss o distribución normal sigue la regla de la tendencia al equilibrio (homeostasis) de los sistemas complejos, donde en este tipo de casos hay dos tendencias límites (derecha e izquierda en la gráfica) y en donde el centro es su equilibrio. Si se analiza de forma plana se comprende mejor. Llevado a otro ejemplo, la teoría de la “ventana Overton” establece que hay un rango central por el que un discurso político es “aceptado”; un rango donde el candidato puede establecer su disertación como para que tenga la mayor cantidad de oyentes a su favor. En otro ejemplo, la distribución de la vida sobre el planeta tiene la curva de Gauss, donde la parte más alta es la zona ecuatorial y los dos extremos son los dos polos. Lógico puesto que la energía básica del planeta nos la da el sol, y en la zona ecuatorial este se mantiene constante en doce horas a lo largo del año y las horas de sol en invierno -en los dos polos- son muy cortas o nulas. Ventana Overton IIEn la gráfica de la ventana Overton se podría poner seguramente cualquier valor y seguiría siendo válido. Si por ejemplo pusiéramos al hombre heterosexual por su nivel de testosterona, la cantidad media sería la más “validada” (mediada) en lo social, y en los dos extremos estarían los que tendrían exceso de testosterona, que puede que tiendan a ser más arrogantes y quizás agresivos; y en el otro extremo los que tuviesen menos, llegando a ser demasiado sensibles y pusilánimes. El rango promedio validado hoy es posible que no fuera el válido hace tres mil años, en sociedades más guerreras. En esa dirección los sistemas se tienen que estar constantemente equilibrando. Este tipo de sistema son llamados dinámicos. Aquí entra un nuevo factor, lo que en otro lado he mostrado como la paradoja de Abilene, un lugar al que todos van pero que nadie quería ir (¿dónde va Vicente?, donde va la gente), se explica en muchos casos por que los cambios son tan pequeños que son aparentemente indiscernibles. Así nos lo hacen ver distintas hipótesis y teorías o imágenes mentales como “la pendiente resbaladiza“, “la paradoja Sorites“, “el corte en rebanadas finas“, “la normalidad progresiva“; donde quizás la metáfora más recurrente es la de echar una rana en una cazuela e ir calentando el agua tan poco a poco como para que la rana no se trate de escapar de un salto. En un ejemplo del artículo sobre la normalidad progresiva en la Wikipedia se nos dice: “en su tesis, Chon afirma que el aumento de la ciberdelincuencia se ajusta al patrón de la normalidad progresiva. El número de sitios web involucrados en “actividades de piratería y cibercrimen informático” ha aumentado a un ritmo lento y constante, principalmente por debajo de la conciencia de la sociedad”. Lo que se nos quiere decir es que si se diese el caso que alguien despertase de un estado de coma de varios años y viese el estado actual de Internet le resultaría alarmantemente estresante, al igual que la rana saltaría de un cazo de agua caliente, pero como el ciudadano medio ha ido adaptándose a esa “normalidad” de forma progresiva no le resulta tan alarmante o peligroso. Aquí entra parte de la trama de la teoría transaccional. La mayoría de los “juegos en los que participamos” resultarían revulsivos a ojos de alguien fuera del juego, pero como vamos entrando poco a poco en ellos no nos percatamos como dentro de un juego. Esa es la teoría de la iluminación de luz de gas. Un tipo de manipulación psicológica en la que se entra de forma tan lenta y progresiva que no nos percatamos estar dentro de dicha manipulación. En esa dirección, bajo mi punto de vista, vamos hacia la sociedad caótica, altamente individualista, ruidosa y sucia, como la representada en la película “blade runner“. Llegaremos a “normalizar” lo que visto desde el presente nos puede parecer una distopía. 

    Como hemos visto la ventana Overton o la distribución normal son válidas para definir los géneros y sus roles, si bien hay que tener en cuenta en qué medida son convenciones sociales o implementadas en el ADN (si obedecen al sistema adaptativo de la evolución o a la evolución social), pero bajo la objetividad de entender que el feminismo igualmente puede estar “enturbiando” ciertas cuestiones sociales que “enmascaran” reglas del ADN. O dicho de otra forma: el feminismo por mucho que pretenda “quitar máscaras”, ello no implica llegar a una postura sin máscaras, sino a nuevas posturas de unas nuevas máscaras que se “acomodan” o les conviene más a los “ideales” feministas, y no por ello de la mujer. Cuestión por lo demás imposible, pues en el efecto masa, al final la imagen o “nueva máscara” de nuevo deviene en máscaras “incorrectas”, “distorsionadas” o “feas”. La mujer puede que esté entrando en una normalidad progresiva que de ser analizada objetivamente quizás no aceptarían. Cada vez es más complicado tener una pareja estable. Se sigue la misma regla del progreso a una nueva “normalización”, en donde el resultado último está aún por ver. Hoy en día ya no tiene sentido definir como “familia disfuncional” a cierto tipo de familia atrora “incorrecta”, pues cada vez es más la norma. O dicho en otra frase que es viral: “hoy es tan normal ser raro, que lo raro es ser normal”. Puede que el feminismo argumente que “no se puede hacer tortilla sin romper los huevos”, que en definitiva quiere decir aquello de que los fines justifican los medios. Pero ¿cuáles son esos fines? Nada de lo que pretenda lo humano suele llevar al fin por el que se echó a andar. Eso sólo ocurre por los caminos mil veces recorridos. Pero la vida social, y cada vez más al crecer en complejidad, son selvas impenetrables donde nunca se puede ver y saber el final. En un ejemplo, la no distinción de diferencias entre sexos es uno de esos equívocos, o caminos donde el actual estado no era el previsto. El espacio personal esta “programado” por instinto. Por “programación” con los amigos del mismo sexo se tiene “acceso” al espacio personal o incluso íntimo, o sea a poder tener contacto o estar por debajo del medio metro de cercanía. En la actualidad, y en la dirección (“errónea”) de que es lo mismo un amigo del otro sexo que del mismo sexo hemos roto esa regla. En la actualidad esta rotura lleva a muchos problemas que no existían antes, y en donde al final los equívocos llevan a situaciones no deseadas que en la actualidad el feminismo denuncia. Como digo no es algo que el feminismo buscase: ni ese acercamiento, ni luchar contra sus efectos. Por malinterpretación o vulgarización de lo que es y significa igualdad se ha llegado al estado actual de confusión y situaciones incómodas, donde ahora tiene que mediar el consentimiento mutuo. “Funcionaban” mejor las reglas anteriores, el aprendizaje de lo que decían nuestros padres, en un aprendizaje milenario. Volviendo al ejemplo de arriba, sobre el discurso de los políticos y la ventana Overton, a veces “comprender” una regla puede ser para peor, pues todo lo político a devenido en lo “políticamente correcto” cuando el sistema ha comprendido los entresijos y las posibilidades de dicha regla. ¿Qué quiero decir con esto?, que comprender las disposiciones del ADN o de una hormona como la testosterona no implican quitarse la máscara. Más bien y al contrario consiste en muchos casos poner más máscaras para que no se vea lo feo del rosto sin su piel o máscara. O dicho de otra forma: no existe posiciones de no-máscara, si en su “retirada” vemos que lo que hay detrás es muy feo. En ese caso recurrimos al “autoengaño”, a posturas aún más falseadas que en las anteriores posiciones en donde no sabíamos de ellas. A una de esas posiciones está yendo el feminismo: a poner muchas máscaras, cayendo en lo políticamente correcto, por que lo que “descubre” es “horrible”. No lleva al “macho” a su posición “correcta”: crea un macho cada vez más enmascarado. O dicho de otra forma: a un hombre en donde la (dis)posición de su ADN y su máscara están cada vez más distantes… más reprimidos… potencialmente más “atrapados” (la posición en la que ha estado la mujer, argumentarán la féminas; no trato de aleccionar o decir que hubo alguna postura “correcta”, quizás sea un imposible: donde hay diferencias hay conflictos).

Espacio Personal

    El documental “(M)otherhooh” es una demostración de esta regla de distorsión, pues no se atiene a ningún dato científico y deviene en ideología (ideología puesto que hacen hipótesis sin verificarlas científicamente y bajo un fin que no está claro, en donde se manifiesta una clara disposición a cambiar la forma de pensar y de actuar de las personas). Una evidencia del instinto maternal es algo que el feminismo no termina de aceptar e ignoran, cuando ha sido comprobado y aceptado por científicas feministas. Si a unas crías de chimpancés se les da un muñeco o un camión, las hembras juegan con los dos, pero prefieren el muñeco y los machos sólo el camión. La misma elección hacen los niños y no es social, pues es un instinto que compartimos con el resto de animales. El juego de las crías en la naturaleza no es gratuito: es un “entrenamiento” de sus roles de adultos y de su especie. La cría de un león tiene juegos predatorios, de lucha y caza; y un cervatillo juega dando saltos, y carreras, preparándose para las huidas de los depredadores. Por lo demás los sistemas complejos se basan en sus números. Son nombrados, y por lo tanto existen, en la medida que puedan ser calificados como estandarizados, pues tienen una prominencia en tanto que un estado mayoritario o equilibrado. Negar algo así es caer en lo irracional o no entender la evolución o los sistemas complejos.

    En un ejemplo de las macabras estadísticas, de los extraños “planes” de la evolución, nos encontramos que en “un estudio de 100 mujeres clínicamente deprimidas encontró que el 41% tenía temores obsesivos de dañar a sus hijos, y algunas tenían miedo de cuidar a sus hijos. Entre las madres no deprimidas, el estudio encontró que el 7% tenía pensamientos de dañar a sus hijos, una tasa que produce 280.000 madres adicionales sin depresión en los Estados Unidos con pensamientos intrusivos sobre dañar a sus hijos. (fuente Wikipedia). Esto puede deberse al hecho de que en la actualidad no “obedecemos” el regular la procreación bajo las “reglas” de la presión ambiental. De manera natural los sistemas se equilibran por sí solos, de formas que aún no están totalmente analizados o comprendidos.Baby Boom

En un ejemplo humano, el “baby Boom“, que se dio bajo una época de crecimiento económico y en donde se optimizaron al máximo las cosechas con los nuevos pesticidas y abonos, hubo una alta e inusual tasa de nacimientos. En la actualidad, bajo la crisis, hay una baja tasa de crecimiento, nulo o negativo, en los países occidentales. En otro ejemplo se ha comprobado que las catástrofes naturales adelantan los partos, y nueve meses después hay un incremento repentino y alto de nacimientos, como nos dice el vídeo enlazado.

   Es de suponer que la presión ambiental (socio-económica en lo humano, como nos hace ver este estudio) induce a la depresión posparto, y este conlleva el “ciego” instinto de no querer llevar adelante la crianza del hijo, y de ahí los pensamientos intrusivos de matarlos, en donde algunas mujeres incluso piensan en meterlo en el microondas. ¿Cómo comprender este tipo de hechos sin tener en cuenta los instintos y estos encadenados a las disposiciones evolutivas como la presión ambiental? El equilibrio más común -y lógico- es que una población descienda dada la baja cantidad de recursos de su medio. Pero antes de llegar a un límite, y cuando hay una alta población, desciende el número de embarazos, de embarazos exitosos o de crías que llegan a la edad adulta, como una disposición a no llegar al límite. De forma natural las madres en la naturaleza se vuelven más “descuidadas” para con sus hijos, si el número de crías es alto y cuando hay pocos recursos. En muchos casos las crías matan y se alimentan de sus hermanos más débiles (en las aves), sin que la madre lo “desapruebe” o lo trate de evitar.

Tres-Sistemas-de-Accion

   Otro nuevo inciso, con lo que estoy bajo tres. Voy a tratar de (de)mostrar la ilegitimidad de que exista un agente al mando en el cerebro, y la ambigüedad de lo que es un agente en los sistemas complejos -cuestión relacionada pues todo acto de “acallar” las partes de esos instintos o impulsos se suponen en “manos” de un agente-; tema tratado ya en muchos de mis escritos, pero bajo una nueva perspectiva: bajo el concepto de la identidad nacional. La identidad narrativa la “sostiene” el intérprete del hemisferio izquierdo, que se rige por la palabra. Cuando se habla de capas evolutivas, como lo he hecho arriba, es tan sólo una licencia científica en la dirección de poder crear modelos mentales manejables. Aunque pensemos, o nos parezca, que el cerebro es como una coliflor, donde el cogollo está en su centro, la realidad cerebral es muy otra. El prefrontal, que es la zona que nos hace humanos, está muy cerca y comunicada con las partes más antiguas, como los ganglios basales y la formación reticular o el propio tallo cerebral. La consciencia, la capacidad de percibirse como despierto, frente a otros estados como el de dormido, anestesiado, etc.,  está en la capa más primitiva, pero es la base de la conciencia, que es la que se manifiesta como agente al mando, dentro del prefrontal y el sistema ejecutivo. Un caso ejemplar es el masticar. Es un acto de la parte más primitiva del cerebro, pero el prefrontal está ahí siempre “verificando” si se ha de llevar al otro lado de la boca algo, o tratando de impedir el morderse. ¿Quién hace tal acto?, es una totalidad, el prefrontal, se “creo” simplemente para “verificar”, para ver que todo iba bien, y en ese sentido “sencillo” lo tienen una gran mayoría de animales, pero por medio de la palabra, del lenguaje y ya en lo humano, tomó una nueva dimensión. Si se sigue la regla de la superveniencia, un sistema nuevo sigue las reglas del sistema del que nace y no lo puede “negar” o controvertir, luego sus reglas básicas o bases siempre están en el nuevo sistema, de lo que se deduce que los instintos siempre están bajo todas las capas nuevas. Pero detengámonos en la nueva capa, en la capa de la identidad que tiene la capacidad de hablar de sí misma y por ello de crear una narración. Aunque se reduzca tal capa a “identidad narrativa” no deja -a su vez- de contener varias capas. La identidad narrativa se basa en la identidad social, y esta en la identidad nacional. Están tan solapadas que no vemos que en realidad son tres capas distintas, seguramente procesadas en distintas partes del cerebro. Analicemos todo esto con detenimiento. Recuerdo cierta vez, tendría unos quince años, que hablando con un extranjero este me dijo: “el cielo de Salamanca tiene algo especial, no he visto en ningún otro lugar un azul tan intenso”. ¿Por qué recuerdo algo así y de un tiempo tan remoto?, llama al orgullo, pero al de mi ciudad. ¿Por qué el orgullo de la propia ciudad, cultura o patria está tan unido al personal? Si se analiza a nivel racional lo podemos negar, o contrarrestar, pero el caso es que de forma implícita (recordar que es a lo que se llama ahora como inconsciente) llama al mismo núcleo, llama al narcisismo (egotismo, autoestima) implícitos. A un tipo de validación, o en el lenguaje del análisis transaccional, a una palmadita en el hombro (caricia en el lenguaje del libro), a una validación o reconocimiento social. Con esto llego a lo que trato de atacar o argumentar. ¿Cómo o qué es depositario de una identidad nacional? No hay una agente “directo” o claro. La identidad nacional es la suma de todos los individuos de una nación. En cierta medida, en la actualidad, está “sostenido” por su identidad política y sus gobernantes e instituciones, pero nunca y en ningún caso bajo una sola persona o agente. Quizás en el pasado estuviera bajo el “peso” del rey o el emperador, auspiciado por una religión…, igualmente cuestionable si se analiza con precisión. En la identidad nacional tenemos un ejemplo claro de un sistema complejo, que aunque emerge con una identidad, esta no tiene una “presencia” real y tangible, y que es -por el contrario- tan sólo que en tanto que la suma de todos sus agentes: tradición, cultura, instituciones e individuos. Lo mismo ocurre en el cerebro cada módulo o capa “dicta” sus reglas y modulan la totalidad que emerge como identidad, pero “realmente” no existe un único agente al mando. La diferencia -grande pensarán algunos- del sistema complejo que es la mente humana es la identidad narrativa o intérprete del hemisferio izquierdo, pues es un estado emergente, en donde las premisas de la coherencia (locus de control, para ser más exactos), y la “necesidad” de un protagonista o agente al mando, es la que nos crea la falsa sensación de que tal agente existe y de que tal estado es excepcional, y donde excepcional, y para ser concisos y según el diccionario de la Real academia significa: “1. adj. que constituye excepción de la regla común. 2. adj. que se aparta de lo ordinario, o que ocurre rara vez“. Al igual que uno mismo se cree el protagonista de su propia película (Sonder en el lenguaje de John Koenig), donde el resto de las personas son secundarias o figurantes, en lo cultural se da el concepto de “ombligo del mundo” o el “excepcionalismo“, por el cual una cultura, ideología, país o imperio se cree el “protagonista” y el que da el propio sentido de la historia. En definitiva, creemos tener en nuestro cerebro una excepción: la conciencia, el yo como agente al mando, pero se da igualmente en sistemas como el de la identidad nacional o sin ir más lejos en un termitero. En un termitero nadie está al mando, pero todas las termitas trabajan y crean este sistema que tiene las premisas de que han de mantener una temperatura interna y sistema de ventilación “correctas” como para mantener las huevas vivas. De nuevo las reglas de los sistema adaptativos y evolutivos: todos intentos “errados” de crear un termitero no se conocen porque no se mantuvieron en el juego evolutivo y que por lo tanto no pueden ser llamados como sistemas.

   Desarrollemos más el tema. Si lo “importante” y primordial en el cerebro humano es la conciencia y la identidad narrativa, qué hace ese papel en una nación. De nuevo los números y el promedio. Identificar o reducir la identidad nacional a la identidad política en la actualidad es desacertado (exceptuando regímenes no democráticos), puesto que las políticas son laicas y tienden al centro. Sin duda la cultura es su “conciencia”, y aquí hay que distinguir entre lo que es y lo que (a)parece. Lo que sigue es una análisis somero, que no está muy pensado, y sólo a modo de ejemplo para las finalidades de los conceptos que trato de mostrar. Un país no es lo que pretende ser, sino lo que dicen sus promedios. Las cadenas de televisión del Estado pretenden invocar a lo que deberíamos de ser, o a lo más conservador de nuestra identidad nacional, pero teniendo en cuenta que sus audiencias no son muy altas, y que sí lo son cadenas como Telecinco. En un ejemplo: si echan una serie sobre Anna Karenina y por otro lado está la opción de ver la serie “la que se avecina“, y si esta segunda es la más vista con diferencia, este tipo de comedia nos da parte de la identidad de nuestro país. En dicha serie se da un humor socarrón, llano, absurdo y picaresco. Picaresco no es fácilmente traducible a otros idiomas o culturas, en donde suelen recurrir a usarlo como neologismo, luego la picaresca es una parte de la identidad española. Una película que llama a nuestro orgullo es “amanece que no es poco”, en donde  de nuevo la trama es lo absurdo (que puede implicar contravenir las reglas e incluso las físicas), luego nuestra apreciación sobre lo absurdo es otra seña de nuestra identidad. En esas mismas direcciones, más intelectualizadas, apunta el libro de Don Quijote, frente al sentido común y la lógica que representa Sancho Panza. Todo en su conjunto da una seña de fondo, quizás algo fatalista (que se manifiesta como resignación de la clase baja, los catalanes algo menos), que es la de no tomarse la vida demasiado en serio, y que siempre ha de intermediar el humor a toda situación por trágica y compleja que esta parezca. Al igual que la propia biografía repercute en nuestro estado actual, la historia de un país o cultura repercute en su momento presente. Nuestra mentalidad, a la par fatalista y socarrona, nos viene de nuestro pasado, donde ideas, como el de la “mano negra” o las ideas conspiratorias de los francmasones, no parecen dejarnos prosperar. Con todo, y volviendo a nuestra identidad personal, la identidad nacional está tan integrada en nuestro yo que no somos capaces de “verla”, al igual que no vemos nuestra nariz aun estando en medio de nuestros ojos. Son las otras identidades y culturas las que “realmente nos ven”. Esto en el plano de la identidad nacional; veamos más de cerca la identidad personal para ver a qué nos lleva al ser analizadas bajo las mismas reglas, pues de esa forma se entenderá mejor la identidad nacional.

   La identidad narrativa es aquella que contamos cuando conocemos a alguien nuevo, con el que creemos que vamos a tener un proyecto de futuro (una posible pareja, por ejemplo). Pero una cosa es lo que uno cuente, y otra cosa es como realmente sucedió y otra muy distinta es lo que realmente somos. Como el cerebro forma parte de sistemas adaptativos, este “adapta” la identidad narrativa en cada situación, con cada persona o grupo y a cada edad. En cuanto alguien te pregunta cómo eres y tú se lo “relatas” ya has cambiado, porque al “llamar” (activar) a dichas neuronas estas crean nuevas uniones entre ellas en cuanto adornes o alteres mínimamente la historia. Así que se puede afirmar, parafraseando a Focault, que “no me preguntes por cómo soy, sin por ello quererme cambiar”. Fijarse que uno cree evolucionar o madurar con la edad, en donde la madurez es la meta. En la mediana edad es cuando nos llegamos a decir a modo de sentencia  y juzgando nuestras “otras edades” eso de “¡ah!, si hubiera sabido lo que ahora sé”. Pero tal argumento es falaz y demuestra lo vacuo de ese pretendido agente que madura, pues a cada edad somos un tipo de programación que se comporta y da sentido (racionaliza, justifica) cada uno de sus actos bajo dicha “programación”. ¿Dónde queda la “libertad”? Bajo el concepto de la distribución normal, un adolescente tenderá sobre un 80% de las veces a un comportamiento arriesgado cuando está con otros adolescentes. (2) La “distancia” hasta el 100% es libertad u otros factores, o bien es posible que entre en otras estadísticas, como por ejemplo si se da el caso que tal adolescente haya tenido un accidente grave previo y se ha vuelto más precavido. Por eso de nada vale decir o pretender “enseñar” a comportarse como adulto a un adolescente. Cada humano ha de seguir su propia “programación”, y las palabras y consejos no suelen valer porque cada uno ha de cometer sus propios errores dentro de cada una de las edades y dentro de la programación de dichas edades. Bajo este punto de vista ¿es mentir o engañar el comportarse como se esté programado a cada edad y siendo analizado desde la razón o la lógica?, en teoría de la información: no. No son “mascaras” de niño o adolescente, realidades falseadas de un pretendido adulto que nos espera al final de la vida. Cada edad tiene su identidad, aunque nos parezcan posturas “falsas” al llegar a la madurez.

Etapas del desarrollo psicosocial de EriksonEtapas del Desarrollo Psicosocial de Eriksonhttps://en.wikipedia.org/wiki/Erikson’s_stages_of_psychosocial_development
Identidad “programada” en el ADN de cada edad, dentro de lo social.

   Por otro lado la evolución y el cerebro han creado los sesgos, los mecanismos de defensa y el auto-engaño, puesto que la finalidad del cerebro no es la “verdad”, sino sobrevivir de forma equilibrada, que en este caso equilibrado quiere decir, cuanto menos, como medianamente feliz. Bajo todos estos parámetros, en la mayoría de los casos, alguien externo tiene una visión más desapasionada y acertada sobre nuestra identidad que nosotros mismos. De hecho una de las bases de la identidad personal y narrativa se basa en que se reajusta (adapta) cada vez que es contada, dependiendo si el cerebro capta aprobación o desaprobación en su interlocutor (intercambio transaccional al fin y al cabo). Si una cosa de nuestro pasado nunca es aceptada por ninguno de nuestros interlocutores, terminaremos por no contarla o modificarla tanto como para que sea “aceptable”. Volviendo a la serie “la que se avecina”, unos de sus personajes más locuaces y claros siempre se presentaba como “pescadero mayorista: no limpio pescado”, pero en cierta situación por serle más ventajoso (para dar pena) se presentó como “pescadero no mayorista: limpio pescado”. En otra situación, aún más sórdida y por seguir esta línea argumental de forma de presentarse, llega a decir que ni es pescadero mayorista, ni limpia el pescado. En todos esos sentidos la sociedad hace de espejo,(3) en donde cada uno de nosotros nos miramos. Bajo estas nuevas ideas ¿qué es entonces ese agente?, existe. En ningún caso hemos hablado de una identidad nuclear, que sería el carácter o el temperamento, estamos hablando de identidades superficiales, o que flotan en la superficie, al igual que el petróleo que flota en la superficie del mar no define al mar. Con todo este ejemplo último no tan válido, pues nuestra identidad narrativa y que construye ese pretendido agente, es las suma de todas sus capas que nombran como capas sólo por comodidad verbal. El agente, al que nos referimos como tal, es el que emerge en tanto que autoconciencia, en los momentos en los que estamos solos y sin estímulos, pero este tipo de “agente” es tan sólo la atención focal volcada sobre uno mismo: un espejismo. Desaparece en cuanto nos volvemos presentes en la acción, pero en tanto viremos esa atención sobre nosotros mismos los otros nos la “reclamará”, pues en dicha situación o estado estaremos como “evadidos” del presente. Con esto volvemos a la dualidad mente-cuerpo. Si soy mis capas… ¿soy mi cuerpo? Y de serlo, de qué manera. Ahora mismo, en esta habitación, estoy a ocho grados de temperatura y no siento frío. Llega un momento en el invierno que mi cuerpo se ha aclimatado de tal forma, que dicha temperatura no me resulta “desagradable”. ¿De quién es el mérito?, desde luego no del yo o agente, esa aclimatación es a nivel hormonal -o muy bajo- como para que el cerebro, en tanto que sus capacidades más elevadas o humanas, tengan nada que ver. Sin embargo, por lo general, si alguien me preguntase que cómo puedo no tener frío le diría y me presentaría como una persona que no es friolera, como si tal cuestión fuese parte de mi identidad, cuando en realidad es un puro estado “mecánico” del cuerpo que he heredado. ¿A qué quiero llegar con todo esto? A que realmente no existe tal división entre mente y cuerpo, y que dicha división es puramente conceptual y formal. Soy mi ADN que regula de una forma concreta mi sistema endocrino y por lo tanto hormonal, que a la vez regula el comportamiento de mi cerebro en sus capas más antiguas, que a la vez repercute en mi comportamiento y por lo tanto en mis actos, y al final en la suma de esos actos a mi identidad narrativa. En la medida que me muevo en un medio social lo que sobresale es la identidad social, y en la medida que dicho sistema tiene unas reglas estoy mediado y atravesado por tales reglas, como esponja seca que es echada al agua. En ese sentido, de nuevo, no hay capas, aunque se puedan usar por convencionalismos. Soy un sistema complejo que es una mente, en un sistema social, en un nuevo orden mundial o sistema mundial. La identidad narrativa es una partícula mínima, y por ello prescindible, dentro de esos sistemas mundiales o más amplios: engranajes diminutos en un gran mecanismo del que nadie tiene el mapa o el control, al igual que una hormiga de su hormiguero. Lo que nos contemos a nosotros mismos, para mantener equilibrada nuestra mente, da igual dentro de ese orden mundial.

   Cabe hacer una nueva reflexión a partir de todo esto. Algunas personas me han argumentado que si voy en “automático” por la vida, teniendo en cuenta los argumentos previos. La “identidad” que trato de mostrar es aquella en la que “actúa” lo que yo llamo el “resolutor de problemas” (procesador multipropósito), aquel que “sale del paso” en cada situación solucionando el “problema” o “dilema” planteado en ese momento. Este tipo de “identidad” es la que emerge en programas como “Gran hermano (GH)” de TeleCinco (en España) en donde los cerebros responden a estímulos inmediatos, que por lo demás es el que “permanece” flotando, cual boya en el mar, frente al acontecer diario. Si se analizan la mayoría de las acciones de los concursante de dicho “reality” (tele realidad), nos parecen “caprichosas”, aleatorias y sin sentido aparente. Dicen y se desdicen de forma constante, ahora es blanco y al poco rato es negro. Parecieran barcos a la deriva, sin un capitán (agente) al mando de un timón que les marcase un rumbo. Lo que yo llamo resolutor de problemas en muchos casos actúa de forma muy rápida, dada la inmediatez y la rapidez de la vida en su momento a momento, de tal forma que no le da tiempo a “verificar” dicha acción con comportamientos pasados o previos. Se da un “problema” que soluciona con tan sólo unas pocas premisas, como si para el caso nos preguntasen “¿doce más veintidós?”. Este tipo de “identidad” sólo es instante y se atiene a muy pocos datos, dada la premura. Es más tarde a través del aislarse o que alguien haga de “espejo social“, en definitiva que nos devuelva la imagen, que entra en juego la coherencia y la identidad narrativa y que “justifiquemos“, y dado el caso rectifiquemos y podremos llegar a pedir perdón, a partir de que “encaje” o no con nuestra identidad narrativa. Lo que la audiencia analiza, en el caso del concurso gran hermano, y en este caso la audiencia hace de espejo social, es si dicha acción es coherente con su “pretendida” identidad narrativa, lo que esa misma persona cuenta de si misma y si realmente se ajusta a su reacción posterior, a un “ajuste real” con esa identidad narrativa o si tan sólo está reaccionalizando, o sea justificándose para quedar bien (postureo), adaptando como puede esa acción a su identidad narrativa. En esa medida el espejo social, las otras personas, pueden llegar a comprobar si una persona es coherente entre lo que hace y lo que cuenta (auténtica); entre sus acciones y emociones, y su identidad narrativa. En la medida que estas dos “identidades” “no encajen” se puede llegar a verificar si lo que ella cuenta -o identidad narrativa- es falsa, en la medida que tenga otros “planes” no revelados, o si ella misma se está autoengañando (mala fe sartriana, pues ella misma no es capaz de ver su engaño) a través de lo que ella cree de sí misma.

   En esta dirección, la identidad narrativa -y en la dirección de resolver tal dislate- tiene dos vertientes: 1. aquella que se atiene al pasado, a la memoria autobiográfica, 2. lo que habría que llamar “identidad proyectada”, en la que interviene nuestro futuro. De esta manera cuando se “elige” seguir una carrera frente a estudiar, hemos añadido o programado una identidad proyectada en el futuro que repercute a cada momento actual, puesto que el “resolutor de problemas” tiene dicha “variable” en cuenta a la hora de hallar alguna solución. La identidad proyectada no tiene porque ser tan “seria” y de “grandes miras” como decidir estudiar frente a trabajar, puede determinarse y emanar en algo tan sencillo como qué actitud tener con el último exnovio. Esta propiedad ya la adelanté en el anterior escrito, al referirme a la capacidad del prefrontal o conciencia para “fijar” una creencia (poner fe), frente al dudar, y en donde lo segundo se queda en el cerebro como “pregunta abierta”. La conciencia prefija comportamientos futuros al restar la duda. Si prefijamos el comportamiento con nuestros exnovios ya no volvemos a acostarnos con ellos un día que “bajemos las defensas”, o esa es la teoría. ¿Cómo funciona este proceso a nivel “computacional”? He repetido muchas veces que el prefrontal hace de simple verificador en el día a día. Al modo que la madre/padre “verifica” el comportamientos y las acciones de su bebé cuando el(la) hace otras labores de la casa. Al igual que la madre/padre deja “libre” al niño si todo lo “hace bien”, la conciencia no altera nada si el proceder que emerge del cerebro no incumple con los requisitos necesarios para obrar “bien” en sociedad. De esta manera si el prefrontal se ha “determinado” a que con el exnovio nada de sexo, en cuanto del cerebro emerja dicho deseo el prefrontal lo verifica como incorrecto y manda una contraorden al cerebro más interno. A nivel computacional es un bucle de “si X es igual a Y ir a “negar”, sino volver al principio del bucle”, donde “negar” es una rutina programada de llevar a cabo ciertas acciones como “crear distancia entre nuestros cuerpos, distender la conversación para que sea más fría, etc.” Es por este tipo de comportamiento que la conciencia es tomada por el psicoanálisis como superyó o voz del padre interiorizada, donde padre aquí quiere decir todas las reglas establecidas como “correctas” o normalizadas en sociedad, como para llegar a ser una persona modélica o razonable. La teoría es que durante la infancia, la adolescencia y la juventud no “opera” o se tienen predeterminadas o prefijadas las formas de actuar y comportarse en la vida, y llegar a la adultez consiste en haber alcanzado ese punto en donde el prefrontal verifica la mayoría de los actos con ciertas premisas o reglas. De hecho el prefrontal es la última zona del cerebro en mielinizarse (madurar en definitiva), proceso por el cual se recubre los axones (conexiones entre neuronas) de mielina para que su funcionamiento sea más efectivo y rápido. Aquí vemos de nuevo los “maléficos” planes de la evolución para cada edad: para “ella” hasta cierta edad es “mejor” no ser precavido y pensar demasiado, en la dirección de crear una “lucha” entre los padres y los hijos (rebeldía), como para que estos terminen por abandonarlos. Es por este tipo de “identidad” que no parecemos meros autómatas que operan como simples solucionadores de problemas del “aquí y ahora”, como he mostrado en los párrafos previos. Hay que fijarse que no es propiamente un agente, sino una capa superficial del resto de las estructuras del cerebro, un mero verificador. Bajo esta hipótesis lo moral no es algo implícito o no tan complejo como se revela en la sociedad actual, sino tan sólo una capa moral, al modo que la piel recubre la superficie del cuerpo y es lo que vemos y por lo que “definimos” a una persona. Por otro lado en la medida que este tipo de proyecto/identidad “nace” de una reflexión o elección es por lo que tenemos una mayor sensación sobre que existe un agente al mando, y que este parte de la libertad y la voluntad (acto volitivo). Se puede llamar “rendimiento de la identidad” a la medida con la que nuestra vida se “ajusta” a esta identidad proyectada o proyecto de vida.  Bajo estas reglas es por lo que las culturas protestantes (Inglaterra, Alemania y Estados Unidos como referentes), basadas en el trabajo y en los proyectos de futuro como piedras angulares de sus vidas, se diferencian del resto de las culturas, frente a “vivir el momento” o más vividoras, como lo son las culturas del sur de Europa (Cataluña sigue más la “regla” de los primeros). En la diferenciación de estos dos proyectos o formas de ver la vida vemos cómo la cultura/identidad nacional repercute en la identidad personal.

 ¿Invalida la identidad proyectiva mis premisas?, no. Tan sólo es una variable dentro de un algoritmo. Una variable importante y que tiene una fuerte repercusión: sí. Pero simplemente una variable que en cierta forma “enfanga” la libertad en la medida que es un determinante… o en otras palabras: en la medida que son unas cadenas que uno mismo se pone. Por otro lado hay que tener en cuenta cómo este tipo de identidad “habla” con el concepto de adaptación -base nuclear del sistema al que pertenecemos-. En la medida que me “ciegue” en un proyecto me cierro otras posibilidades que puedan surgir por el camino, que para el caso es como ir enfilado por un redil que me impidiera en todo momento ir a derecha o izquierda, cuando puede que en esas direcciones pudieran estar nuestras vidas. Las culturas protestantes son más “serias” y refrenadas (auto-reprimidas), de tal forma que cuando pueden salir de sus “rediles” tienden a ser más exacerbadas y llegar más a ciertos límites: es lo que notan los países del sur de Europa cuando a ellos llegan los ingleses o los alemanes. Terminar diciendo que una de las claves para entender el momento actual de la sociedad es la entrada en crisis de dicha forma de ser. Ahora mismo, dada la crisis y lo cambiante o inestable de la sociedad, ya no parece ser posible hacer o tener un proyecto de vida. El sistema deviene en pura adaptación, en tratar de estar mirando en todas las direcciones para tratar de aprovechar la más mínima oportunidad para ganar algo de dinero y estabilidad. “Vence” la identidad del “resolutor de problemas” frente a la identidad proyectiva. Vence la inestabilidad o falta de identidad del ente, frente a un tipo de humano que puede “prefijarse” a partir de metas del futuro. Hoy más que nunca se valida aquella frase de John Lennon de “la vida es aquello que te sucede mientras estás ocupado haciendo otros planes”. Se hace más complicado crear homogeneidad social, en la medida que la gran mayoría de las personas actúan como simples resolutores de problemas, en donde tal concepto deviene en que dichas personas no se pueden atener a principios, base de la identidad proyectiva. Bajo estos nuevos dictámenes, hoy más que nunca se sigue la frase de Groucho Marx de “estos son mis principios, si no le gustan… tengo otros”, en los que se revela un sistema adaptativo/cínico. El lema de la actualidad es “todos nos terminamos por defraudar”, pues como meros “resolutores de problemas” devenimos en entes oportunistas, en donde vamos del blanco al negro de un momento a otro, y en donde la lealtad, la honestidad, la fiabilidad, la integridad y otros valores son lo que se van cayendo en ese camino abrupto y sin sendas. Sin estabilidad en los sistemas el cerebro ya no puede “crear” un sentido o proyecto de vida. Deviene en su principio más básico: la adaptación, y por ello el oportunismo.

   Con esto cierro todos los paréntesis abiertos y vuelvo al tema del análisis transaccional, pues ahora se entenderá mejor. En los sistemas simbióticos, puesto que parten de la adaptación, se “negocia” qué o no se da con respecto a lo que se recibe. De nuevo el equilibrio es lo que se promedia a lo largo del tiempo. Toda especie es egotista: trata de gastar la menor energía posible en el intercambio. Si para el análisis transaccional la moneda de cambio es la caricia (mantendré este concepto pues es el asumido en el libro), la moneda de cambio en la vida, en las interacciones entre individuos y especies, es la energía. Ningún animal se desplazará por comida (energía) a una distancia que no esté igualada a su gasto. Una ardilla no se desplazará 20 kilómetros por una sola nuez. Creo que está claro esa relación de gasto y energía. ¿Quién se desplazaría en coche 100 km. para llenar un litro de gasolina si en el proceso se gasta litro y medio? En esa dirección toda simbiosis mutualista es una lucha de las dos especies para gastar la menor energía posible, como son dos apuestas y cada una tira para su lado al final se llega a un equilibrio. Para el análisis transaccional el intercambio social, en tanto que esfuerzo, se entiende como trabajo: “el término trabajo no es apropiado, porque una teoría general de la psiquiatría social debe reconocer que las relaciones sociales son también una forma de trabajo”. En física “el trabajo transfiere energía de un lugar a otro, o de una forma a otra”, trabajo y energía son dos lados de una misma moneda que tienden a equilibrarse. En el sistema económico-social el trabajo asalariado es el intercambio de un esfuerzo o trabajo por una remuneración económica. En los tres sistemas se usa el mismo término, porque en definitiva tienen  la misma base de gasto o recuperación de energía, donde energía en el caso del intercambio social transaccional son las palmaditas o caricias.

   ¿Qué es un juego en análisis transaccional? Aquí hago un resumen y remito al libro aludido del propio Eric Berne. Un juego, a diferencia de un pasatiempo, es todo tipo de relación entre dos o más individuos donde emerge unos patrones que son medibles, cuantificables y nominables, y donde prima el conflicto y la hostilidad, para uno o varios de los jugadores, cuando no se “acogen” a posturas de adulto, frente a las de niño o las de padre. La terapia transaccional parte del psicoanálisis y su lenguaje, las posturas de niño, adulto y padre se pueden corresponder con las del ello, el yo y el superyó, si bien hay que tener en cuenta que el análisis transaccional nos dice que los tres estados nos cohabitan y pueden vivir en armonía, pero en tanto que ha de “dominar” el adulto. La finalidad del análisis transaccional es “crear” personas que estén libres de juegos o relaciones de adulto a adulto. Un típico juego sería el de la mujer “ama de casa” en donde su pareja le hace ver de constante que su vida depende de su trabajo y por ello de él. Un juego no tiene por qué estar “declarado”, en la medida que muchos de ellos son jugados sin que claramente se estén jugando. Aquí hay que revisar límites y “errores” del análisis transaccional. Está creado como terapia, pero no como terapia a la sociedad, sino de aquellas personas que van a sus consultas. Ciertos juegos se dan por problemas implícitos de la sociedad, el análisis transaccional no puede cambiar la sociedad (por ejemplo el alcoholismo y la venta de alcohol), luego “analiza” al individuo en la medida que asume que las reglas de los juegos son dentro de esta sociedad. Esto es lo que nos quiere decir Berne cuando alega que: “la característica esencial de los juegos humanos no es que las emociones sean falsas, sino que están reglamentadas”. O para ser más claro, si se juega al póquer uno puede no estar de acuerdo con sus reglas, pero en el momento que uno juega al póquer acepta sus reglas. El análisis transaccional te dice cómo ha de ser jugado, o en otro caso “no-jugado”. Esto se ve en el ejemplo de la ama de casa, puede ser un problema a resolver por el feminismo y en la sociedad, pero el análisis transaccional tan sólo le interesa cada caso de cada pareja, no abordar el machismo en la sociedad. En otro ejemplo: la mayoría de las relaciones de jefe a empleado suelen estar “viciadas” en la medida que se cae en algún tipo de juego, pero no es algo que pueda ser modificado o tratado, porque se basa en un claro ejercicio de poder. Otra “pega” es en qué medida una persona pueda ser paranoica o no y esté alterando la realidad (rayarse o entrar en bucle, en el lenguaje de la calle), y crea estar en un juego, cuando no lo está. Se supone que son análisis de psicoanalistas especializados y por ello han descartado previamente otros factores mayores, o sea que no cualquiera puede ponerse a analizar la vida bajo sus reglas, pues están supeditadas a otras mayores. Por lo demás la mayoría de los juegos no están “declarados” y se juegan sin que las personas se percaten que lo están jugando. Hay ataques “implícitos” casi en cualquier frase. Si entre dos conocidas una hace alusión a que cuando sale no se maquilla, puede llevar implícito un ataque hacia la otra persona queriendo decir, de forma soterrada, a que su “amiga” puede que tenga cierto éxito con los chicos porque se maquilla mucho. Todo esto apunta a que la mayoría de las personas, de forma inconsciente, entran en juegos con otras personas, cuando aparentemente no hay una intención de la que sean conscientes.  Aquí vemos lo irrelevante y efímero del concepto de agente como ese ente consciente, al cual se le achaca una intencionalidad que conoce, puesto que el cerebro tiene sus propias intenciones que se cuelan en la acción del día a día, acciones e intenciones que la conciencia desconoce.

   Otro inciso. El análisis transaccional no es filosofía, ni antropología y ni siquiera sociología. Trata sobre los juegos sin ir más allá. Bajo mi punto de vista todo el conflicto proviene en tanto que somos un animal social altamente jerarquizado. En todo animal jerarquizado la mayoría de los actos no son gratuitos, sino que llevan implicado el mantener o subir de jerarquía. Incluso los juegos infantiles suelen estar regidos por esta regla. La vida humana está mediada por ganar o perder, y se ha pronunciado aún más con el concepto del sueño americano, en donde el miedo a ser un perdedor es su otro lado de la balanza. O sea, en todo acto humano suele haber una lucha jerárquica en donde tenemos que posicionarnos con respecto a la otra persona. La manifestación más clara no es tanto en tomar uno su propia posición, sino demostrar la ilegitimidad de la posición del otro, que queda reflejado en el parafraseo sobre el pensamiento de Ghandi de “el problema de la mediocridad consiste en que para brillar ha de apagar la luz de otro”. En la actualidad, en la era del conocimiento, bajo esta regla, la cuestión no pasa tanto por mostrar uno su saber, sino en demostrar las veces que yerra tu “adversario”. En ese caso puede que se trate de demostrar la falsa superioridad del otro. Si se logra esa “meta” ya es una teórica victoria del contrincante. En esa dirección una persona puede tratar de parecer modesta en sus conocimientos, pero ¿es esa postura un juego en la medida que no trata de ser beligerante y por ello caer en una postura paternalista? ¿Cómo no jugar si la vida es una “guerra” y como es sabido “en la guerra todo vale”? Se supone que el análisis transaccional solo media en situaciones de tratos o relaciones, en donde no debería de mediar la “guerra”, como son las parejas, las familias y las amistades. ¿Quién duda que cuando sale de las cuatro paredes que son su hogar sale a la “guerra”, donde el simple trato con un tendero nos puede llegar a ser hostil o conflictivo?, parte del éxito de los hipermercados es la falta de contacto con los tenderos. En lo socarrón de España algunos bares de barrio ponen un cartel que dice “hasta ahora ha ido bien el día, ya verás como viene alguien y lo jode”. O desde el otro lado de la barrera: el trabajo de atención al público consiste en un juego en la medida que uno hace de niño ante un padre, “obedecer y callar” y “el cliente siempre tiene la razón”. O sea, el análisis transaccional es una terapia que trata allí donde lo que debería de primar sería la concordia y el amor, o un estado de no guerra o jerarquizado. A nivel de empresas está la teoría de juegos, sobre todo en el trato entre ellas, como cuando se da una adquisición o compra de una empresa por otra. Por otro lado el trato de “superiores” e “inferiores” en grandes empresas están ajustados bajo ciertos consejos de psicólogos empresariales. Entre medias de esas tres posturas sólo nos queda la vida como guerra, puesto que cómo determinar cuándo una situación es de amor y no beligerante como para que merezca la pena ser analizada o tratada a través del análisis transaccional o “luchar” por mantenerla. Vuelvo a esto al final.

    Hay que analizar lo escrito a través del concepto de lo autopoiético, la autonomía y la inducción neural, para unir las presentes ideas a los escritos anteriores. Mi identidad está sostenida por un “hardware”, por un cerebro dentro de un cuerpo con un ADN. En la medida que otra persona sea lo más igual a mí, hay menos “ruido” o interferencia cuando se da una comunicación o durante la acción del día a día, donde todo acto implica intenciones. Entre hermanos se da una mayor sincronicidad de sus cerebros y pueden “leerse” mejor sus intenciones. En las culturas de cazadores-recolectores las familias son sin distancias puesto que su día a día se basa en muy pocas rutinas. Hoy en día ya no esa así, puesto que un hermano puede tener una carrera y otro no, y otros tantos factores. En esa dirección, en algunos casos o situaciones, se crea una mayor sincronización entre dos compañeros de trabajo que entre dos hermanos, pero aún mayor cuando dos hermanos son compañeros de trabajo, frente a otros compañeros (las empresas procuran evitar que dos hermanos o familiares sean compañeros o no se contratan para “lidiar” con tal situación). En la medida que entre dos personas se dé la sincronización, se mengua el conflicto. O sea, dos compañeros de trabajo suelen hacer “piña” frente a los clientes. En los estados sincronizados con otras personas se suele dar el componente de no-beligerancia, o de contacto humano o en algún grado de amor, que son reducidos a estados empáticos. Puesto que somos seres sociales, y es una “necesidad” del cerebro para mantener su equilibrio, buscamos estados empáticos o pertenecer a grupos. Esto mismo, dicho con otras palabras, quiere decir que puesto que por un lado somos cerebros adaptativos y por otro lado buscamos el contacto social en la dirección de empatizar o que no reine la hostilidad y el conflicto, tendemos -por mera adaptación- a “imitar” comportamientos de los grupos a los que pertenecemos. En esa dirección “emergen” las identidades de grupo por afinidades, donde uno sencillo son unos hermanos y en otro una pareja. Este tipo de identidad, como mini-sistema complejo, siguen las reglas de energía y su gasto, o el tratar de ser autónomo, pero teniendo en cuenta que lo es en la medida que está integrado en sociedad, y en la dirección de tratar de llegar a estados simbióticos con otros grupos o individuos, con los que se tiene que “negociar” el tipo de colaboración o conflicto. Lo que trato de establecer y que quede claro, es que cuanto más complejo sea un sistema, más complejo será llegar a estados autónomos o autopoiéticos. Los humanos de la prehistoria y los cazadores-recolectores apenas sin necesita(ba)n nada fuera de su tribu, excepto los emparejamientos y por no caer en la consanguinidad. La sociedad en la medida que cada vez es más compleja hace cada vez más imposible ser autónomo, o de otra forma es más proclive a que cada vez haya más tendencias al conflicto o la hostilidad, aunque estén soterradas bajo los buenos modales y las normas sociales. Ahí tenemos, sin ir más lejos y como ejemplo, que hacemos grandes sistemas musicales para los automóviles, y a mí alguien siempre me despierta en las mañanas, cuando su vehículo es parado por un semáforo que hay tras de mi vivienda. Se da un “juego” hostil y de conflicto, el cual genera estrés, sin que uno lo pueda “evitar”. Lo mismo si trabajas en atención al cliente, y viene cada día alguien por el que sientes un odio visceral que tratas de domeñar. En esa misma dirección yo trato de no hacerme cliente habitual de ningún establecimiento, para evitar caer en juegos o meter “sin querer” en algún juego a otra persona. ¡A veces siento que mi pensamiento y forma de vivir es tan robótica que me asusta!

   Si se analiza al detalle y bajo los grandes rasgos del párrafo anterior, la mayoría de los juegos que enumera el análisis transaccional son juegos “modernos”. Lo que quiero decir es que en la prehistoria las sociedades humanas se basaban en el concepto de la familia extendida de grupos pequeños donde primaba el amor y en donde los roles estaban muy claros y asumidos. No creo que en esas situaciones se diesen casos tan “catastróficos” como los actuales que se dan con alcoholismo y demás adicciones, y el supuesto parasitismo de los sin-techo y otros individuos dentro de la categoría de parados de larga duración. En esa dirección pienso que primero habría que hacer un psicoanálisis transaccional a nivel social, en donde estamentos, ideologías, organizaciones y movimientos tendrían que ser tratados como agentes dentro de juegos sociales. Un claro ejemplo es la situación actual en crisis, donde una gran mayoría de personas tienen hipotecas que apenas pueden pagar. En este juego el banco, y la sociedad de fondo, hace de padre y los hipotecados de hijos, que han de cumplir con el padre. En cuanto no se paga una cuota el banco reprende al hijo, y si no paga varias es llamado para pedirle que actúe como adulto. En otro caso el Estado hace de padre al que pedimos cuentas. Los juegos sociales a este nivel consisten en tratar de saber de quien es la responsabilidad de cada situación como para reprenderle como mal padre o mal hijo. De igual forma en todos estos juegos se hace equívoco saber si es un diálogo de adulto a adulto, o de padre a hijo. Un adulto es aquella persona que es totalmente autónoma, pero en las sociedades actuales: ¿se puede ser si la mayoría de esa pretendida autonomía no están en las manos de las personas? En otro caso, con el nuevo mapa del mundo globalizado, las uniones y pactos entre países, como la Unión Europea, hacen de padre sobre los países componentes que no cumplen con sus requisitos, donde en cuanto las cuotas no se cumplen de nuevo son reprendidos en un juego de padre a hijo que clama que actúe como adulto. Todo esto no sucede en las tribus de cazadores-recolectores, que son totalmente autónomas y su única lucha o trato es contra su propio hábitat, y en donde cada persona llega a adulto y hace su rol durante toda su vida. Bajo estos puntos de vista, según el feminismo, el hombre siempre ha querido hacer de padre tratando a la mujer de niño, ¿realmente es o ha sido así o solo en algunas culturas como las protestantes de las que son descendientes la cultura inglesa y la norteamericana? Mis padres eran dos adultos (en los roles del análisis transaccional) donde en ningún momento ninguno hacía de padre o hijo del otro. Eso es independiente a si mi madre era o no ama de casa. Ama de casa no implica machismo, machismo es -o era- si ante dicha situación mi padre hiciera de “padre” sobre una madre y ella de hija. Qué más quisiera yo simplemente ser amo de casa y tener que ver poco o nada con la sociedad, pues al ser muy solitario e individualista para mí es una pesada losa, pues además en familia no se da la guerra que es lo social. Otro caso que se da en lo social-moderno es la baja tolerancia al estrés que hay en general. Cada vez hay más divorcios porque se tira la toalla cada vez con más facilidad. Aquí sale a las claras la vigencia de las teorías transaccionales. Un recurrente en las parejas es quién (se) da más en la pareja, y nace el conflicto cuando uno de los dos cree que no hay una igualdad o es demasiada la distancia. Y de nuevo otra regla de los sistemas, que es que se dé una mayor entropía (caos) cuanto mayor sea la complejidad: una cosa es cuando se está de “novios”, otra muy distinta es cuando se convive y otra cuando se tienen hijos. Por el efecto masa cada vez se podrán distanciar más las diferencias sobre quién de los dos “da” más en la unión, y el tratar de evaluar qué es equivalente a qué, en esa medida de los “valores”, las emociones y las acciones del día a día. Si ir a buscar a los hijos al colegio es igual que planchar, o cuestiones similares. En definitiva, y en el lenguaje transaccional, quién acaricia más al otro en la pareja. Y vuelvo a los temas de lo social y lo familiar, se supone que en familia no debería de primar el conflicto: ¿por qué ahora sí?, ¿el hombre y la mujer ya no son capaces de “negociar” un pacto duradero y no beligerante?, ¿está repercutiendo el lenguaje errado feminista?, ¿es tan sólo un “síntoma” de una sociedad en crisis, dentro de un mundo de valores en crisis?, ¿la humanidad está tendiendo a cuestionar el “valor” de muchas emociones, sobre todo del enamoramiento y el amor de pareja, como trampas evolutivas y anteponen la razón? Bajo mi punto de vista cuanto más nos alejemos de aquel inicio humano de familia extendida, en la que se suman cada vez más complejidades, como lo son las redes sociales, más complicado es que se pueda llegar a cierta tranquilidad o equilibrio en los nuevos sistemas. Los sistemas se tardan en equilibrar, pero en un sistema en constante cambio el equilibrio es simplemente imposible.

   Con esto voy a casos concretos o ciertas apuestas más individualistas. Hablo en términos generales, pero a sabiendas que personas de mi círculo cercano se darán por aludidas. Un juego inevitable por lo demás. La apuesta evolutiva masiva en lo humano es la colaboración, no es el altruismo, en ese caso se “negocia” qué se da por qué se recibe a cambio, pero ¿qué pasa si se nace con una apuesta altruista o más conciliadora? En mi caso nunca pretendo competir, siempre he evitado los juegos, sobre todos si son competitivos. En cierta ocasión por “obligación” de la situación me hicieron jugar al póquer con dinero. Gané a todos, pero al final, viendo el malestar en algunos, les devolví el dinero. Pero ese es otro juego, donde yo parecía hacer de padre que daba una lección a sus hijos. En esa medida durante toda mi vida me veía metido en juegos a los que yo no quería jugar, y mi pregunta era si era posible no jugar a juegos. No sé “ligar” porque esta “acción” humana está atravesada de juegos. Cuando he estado con parejas fue porque fue “fácil”, porque ninguno de los dos entró en el juego de ligar al estar seguros de lo que queríamos los dos. Bajo mi punto de vista si tienes que “luchar” por alguien ya es una “derrota” del concepto de amor, pues a la larga saldrá en el juego de esas dos personas.  Se supone que en el trato de dos adultos ya no hay juegos, pero eso sólo es en la teoría, al final por mecánicas (dinámicas) las relaciones se vician y se terminan por convertir en juegos. Un caso que me ha pasado de constante es que soy intelectualmente muy activo, cuestión por la cual en cuanto ciertas personas me “pillaban” en un error intelectual tendían a “acribillarme”, con un “aparente” ahora es la mía. Aunque una persona no quiera ganar, no por ello quiere perder, sobre todo si su “contrincante” es un mal ganador. De nuevo uno se ve “sometido” a un juego sin quererlo, ni buscarlo. En unos y otros casos la vida emerge como guerra, donde al final pareces no tener ningún aliado. No estoy haciendo o jugando el papel de víctima. En la medida que entro en sociedad entro en juegos de los que soy no-inocente, yo meto a mi vez a personas en juegos, y por eso mismo comprendo que igualmente les ocurre lo mismo a otras personas: que me metan en juegos sin ellos “quererlo”. El resultado final es que la vida no puede ser de otra forma que como mediado por el conflicto, y en donde siempre hay “ganadores” y “perdedores”. La apuesta evolutiva altruista es análoga a la del niño. No querer “jugar” o ganar es igual que mantener una postura de niño en toda relación, con lo cual, en la teoría del análisis transaccional, es partir del papel de niño o no adulto. Fijarse en la complejidad de tal afirmación. ¿En qué medida el llamado “complejo de Peter Pan” no nace de este patrón de comportamiento o de dicha apuesta evolutiva? Por otro lado está el individualismo como otra apuesta. Alguien altamente individualista es autosuficiente, pero en cierta forma muchas relaciones se basan en la premisa implícita de “necesito que me necesites”, como nos hace ver la película “D.A.R.Y.L.“, y en donde tal vínculo se ha de basar en la lealtad, o como nos hace ver Sartre cuando nos dice: «amar es, en esencia, el proyecto de hacerse amar». En la medida que no haya igualdad del “necesito que me necesites” se puede crear un estado desequilibrado que ya no es de adulto a adulto, y por lo tanto se puede entrar en un juego. Lealtad y autosuficiencia son como el agua y el aceite. Cuando alguien te solicita de manera implícita lealtad te está metiendo en un juego. En otro caso soy artista, yo no necesito palmaditas al hacer mis obras, pero cuando alguien de forma implícita las ataca te mete en un juego. Sólo yo soy mi única crítica válida, con el tiempo reniego de ciertas de mis “obras”. Yo no quiero defender mi postura ante otros, ni verme “obligado a explicar” mi obra, como defendiéndola. Tolero la crítica sin tocarla, pero a sabiendas que esa postura legitima la crítica de la otra persona, por lo cual hay una aparente “derrota” bajo la mirada del otro. Como yo no necesito de las “palmaditas” no suelo darlas a mi vez, y si lo hago me parece que estoy entrando en un juego, o cayendo en un postureo superficial y banal, con lo cual ciertas personas me las “reclaman”, con lo que de nuevo me meten en un juego. Sólo bajo estas premisas se puede entender cómo actúo en las redes sociales. Hubo en algún momento que me dejé llevar por sus normas, entre ellas las del “me gusta” o sus equivalentes, pero me vi metido en juegos en los que no quería y opté por no darlos, ni solicitarlos. De cualquier manera esta forma de “actuar”, sin ser explicada o aun explicándola, no es aceptada por las personas, cuestión que entiendo, pues ese “no-juego” al final no deja de ser otro juego en donde parece que voy de “diva” o algo similar. Aún con todas las precauciones anteriores, me he visto metido en varios juegos sin poder evitarlos, ya que una vez que se inician sus propias dinámicas uno se ve sumergido en ellas. De fondo espero que mi “generosidad” al compartir no sólo mis escritos, sino “trabajos” como las gráficas generadas o el mapa mental sobre la superveniencia -de ciento de horas de trabajo- supla la consideración “truncada” que mi persona en las redes sociales pueda causar.

Into the Dark - the Body     ¿Qué espacio hay para vivir si no quieres jugar los juegos que predominan cada vez más en sociedad?, yo diría que ninguno, buscar la total autonomía depende de jugar a los juegos actuales, cada vez más complejos y en donde para jugar uno implica el meterte en varios juegos previos. Una vez tuve una casa, pidiendo una hipoteca, parte del juego del matrimonio. Me dio terror porque sabía lo que implicaba bajo los supuestos explicados arriba, donde el banco y la sociedad hacen de padre en el trato. Sabía de forma implícita que era perder autonomía. Todos sentimos que la sociedad actual es una cárcel. Es falsa la pretendida libertad de los existencialistas, pues parafraseando a Rousseau la sociedad está llena de cadenas, o dicho más poéticamente bajo la voz del grupo Jarcha:  “no hay libertad sin cadenas”. Hay personas que no son sensibles a los grilletes, pero los que somos muy individualistas el solo contacto con su frío hierro ya nos aterra. ¿Acaso no querer jugar implica no querer vivir? Esa es la premisa que se sigue de seguir la lectura de la sociedad actual, pero no es así. Pienso que la mayoría de los suicidios consisten en cerebros que de forma implícita se ven metidos en un callejón sin salida, donde la única forma de no jugar a ningún juego es la muerte. Lo que quiero decir es que hemos complicado demasiado el vivir de forma equilibrada y autónoma, y que además no hay vuelta atrás… (Continuará)


(1) Hay una condición genética que implica una “baja excitabilidad” del sistema nervioso central a los estímulos, que puede llevar a que el dolor permanezca activo, como “sustituto” a dicha ausencia. En la fibromialgia el dolor sin ninguna causa se mantiene más o menos estable y de forma constante en las personas que lo padecen. En unos escritos atrás hice mención de una postura que mantenía (presionar la mano izquierda entre la mesa y mi cuerpo cuando estoy con el ordenador) que me llevó a la larga a una patología de irritación nerviosa de ese lado del cuerpo, por presionar algún nervio de la mano (sigo cayendo en esa postura, por mucho que vigile). Hace un mes o así, al ponerme a caminar por el buen tiempo, en las caminatas largas sentía dolor en la planta del pie derecho, cerca de los dedos. No podía saber a qué se debía, en un primer momento pensé que habría pisado alguna piedra, pero lo descarté después de un tiempo. Un día, estando en el ordenador, me di cuenta que tendía a poner ese pie encima del soporte de una de las ruedas de la silla y presionaba sobre la planta. De nuevo el mismo “comportamiento” de algo que a la larga me dañaba, pero que no noto cuando estoy en esas posturas, lo que “demuestra” que padezco esa baja excitabilidad, pues igualmente tengo fibromialgia. Es heredada pues la padece la hermana que va por encima de mí y mi madre siempre se quejaba de que le dolía todo el cuerpo. Si “confieso” o escribo todo esto no es por egocentrismo, sino por que quede constancia y se vea mi forma de analizar. Se achaca con demasiada facilidad en sociedad el “caer” en somatización, cuando en muchos casos son “problemas” más profundos.
(2) A la fecha estamos cerca del día internacional de la mujer. La televisión se vuelca en tal día. Un anuncio muestra a una persona haciendo deporte de riesgo en la nieve, al final se quita el casco y es una mujer. Aduce que el 80% de las personas dieron por supuesto que era un hombre. Es información a medias, toda información que esconde datos es tendente a ser un tipo de manipulación. Seguramente sobre el 80% de las personas que son capaces de hacer tal ejercicio sobre la nieve sean hombres.  Como trato de mostrar en el escrito “sincronicidad neural y síntesis creativa” el cerebro tiene como núcleo la predictibilidad, en donde entran en juego promedios y otras reglas estadísticas de inferencia. El cerebro no puede prescindir de tal regla, pues si fuera ese el caso no habría aprendizaje. Sería eternamente como el cerebro de un bebé. En este caso vemos las paradojas que planteo. Reconozco que el cerebro contiene sesgos, pero el sexista no es el más grave. Si el feminismo fuera contra los sesgos sería noble, pero sólo va en contra de los que les “perjudica”. En ese caso su intencionalidad es sesgada. En última instancia en un mundo sin dicho sesgo, se terminaría por imponer las reglas “reales” de las diferencias de sexo dadas en el ADN, de los cuales igualmente el cerebro sacaría conclusiones estadísticas de promedios. Yo no niego que tal deporte no lo pueda hacer una mujer, y quien quiera que lo haga, pero la testosterona es la que induce más a los deportes de riesgo, luego por el ADN, “elegirán” más dicho deporte los hombres. Por otro lado en los deportes olímpicos diferencian a hombres y mujeres, pues en unos tienen ventajas las mujeres y en otras los hombres. Nadie diría que tal cuestión obedece al machismo. Luego la predictibilidad del cerebro no va mal desencaminada. Los mensajes no explicados en su totalidad “confunden” a la sociedad. El feminismo crea mucho mensaje confuso.
(3) En un ejemplo. Al inicio del escrito hago mención de la bajada de mi “calidad” mental. Pero el simple hecho de publicar este escrito, frente a tenerlo simplemente en el ordenador; el cual sé que puede ser leído y analizado (léase juzgado) “obliga” o hace de premisa para que el cerebro modifique su química como para que tenga algo más de energía y por ello vuelva a activarse la “pegajosidad neural” o motivación (dopamina y orexina). Tal hecho se llama “efecto audiencia”, que dice que hay un mejor desempeño cuando se está con otras personas con respecto a estar solo, estudiado dentro de la teoría de la “facilitación social” e igualmente se estudia dentro de la teoría de los impulsos, que como he dicho arriba son activaciones de “relés” dependiendo del medio y la situación.


Enlaces a la bibliografía de la que me he documentado para el último escrito y posteriores… Descargar.

La Conciencia va en Caballo

   Si una imagen vale más que mil palabras… ¿Por qué dicha idea está expresada con palabras?

   Tuve un sueño en la que hablando con un interlocutor me decía dos conceptos extraños. Eso provocó una llamada a las funciones del prefrontal que hizo que me despertara. Al centrarme, pensar y desarrollar uno de los conceptos el otro lo olvidé rápidamente. En los primeros momentos de despertarse el prefrontal se encuentra con “seudo-soluciones” con las que tiene que lidiar. La idea en la que me centré parecía un huracán que arrastrase todo que hubiera en el cerebro bajo sus premisas, donde todo parecía conectarse. Finalmente he preferido no escribir las conclusiones: ¿por qué el humano crea armas que al final pueden ser usadas contra él mismo? Dejo las ideas en gráficos, que cada cual desarrolle el tema como quiera. Todas las imágenes juntas terminan por ser un metáfora conceptual. Tan sólo dejo unas premisas en donde se puede perfilar qué es el caballo (revisable):

1. La conciencia va montada sobre un caballo.
2. El prefrontal es el metafórico jinete del cerebro.
3. ¿Por qué la conciencia moral se ha tomado por siempre como el “verdadero” jinete de prefrontal? De hecho siempre se ha visto la razón como el conductor de una cuadriga (carro tirado por cuatro caballos) donde los caballos son las pasiones (metáfora a la vez de los cuatro apóstoles, y curiosamente el mismo número que los jinetes del apocalipsis).
4. Un psicópata es aquel que siempre va a caballo y nadie ni nada le harán cambiar de parecer, aún generando todo el mal del que sea capaz. Decimos que alguien no cede con el símil o frase hecha de que “no se baja del caballo”.
5. El caballo encabritado siempre ha resultado un buen recurso para generar terror.
6. Publicar proviene de público, de hacer algo público. Cuando la masa conoce algo que en teoría no se debería de saber, se erige en jinete de la realidad.
7. El concepto de caballero y caballeroso proviene de aquellas personas que tenían la capacidad monetaria para poder comprar y mantener un caballo.
8. La mujer que monta a caballo es denominada amazona, como referencia a las legendarias guerreras. Por extensión se llama así a toda “mujer de apariencia o carácter fuerte y combativo”.
9. Basta un sola victima al mes, por violación o violencia de género, para que a las feministas les sirva como motivo para permanecer montadas a caballo.
10. Jesucristo en su camino hacia la cruz era azuzado por un Romano a caballo. Su “cruz” y su metáfora era no ostentar un caballo y andar junto al resto de humanos de a pie; pero al resucitar se encumbró como jinete. Hay una falsación de su obrar, una teatralización ambigua que sólo el creyente remeda con alguna extraña y rebuscada lógica. De permanecer como persona de a pie no debería haber resucitado.
11. Si Jesucristo pasó de accionar como un ser que vagaba a pie, a otro con un caballo… ¿es un indicio del camino a seguir de todo humano?
12. Cómo ha de ser el superhombre de Nietzsche… ¿todo los hombres a caballo o todos a pie?
13. Por las profecías del Zaratustra de Nietzsche, donde teme que la mediocridad de los conceptos cristianos terminen por debilitar al humano (“entonces la tierra se habrá vuelto pequeña, y sobre ella saltará el Último Hombre que hará todas las cosas pequeñas”), todos hemos de montar a caballo.
14. Paradójicamente Nietzsche, en los comienzos de su debilidad y locura, abrazó por compasión a un caballo que estaba siendo maltratado por su amo, acto en el que rompió a llorar. ¿Vencieron los credos cristianos en su cerebro?, ¿hablaba Dios en ese acto simbólico, lo “castigaba” por tratar de matarlo?

Alejandro Magno

Alejandro Magno a caballo hace huir al rey Persa Darío III.

Caballo de Troya_1

Por medio del caballo de Troya los griegos generaron terror y vencieron. Todo ataque ladino a la “otredad”, a lo que no es de mi identidad, es un caballo de Troya que lo que trata de hacer es aniquilar esa otra identidad.

El caballo siempre ha dado poder.

Ataque contra los Incas a Caballo

Derrota de los españoles sobre los Íncas.

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La caballería era el terror en las guerras.

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Las amazonas de leyenda.

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La cuadriga como metáfora de la razón manteniendo controladas las pasiones.

Jesucristo y Romano a Caballo

Jesucristo supervisado por Romano a caballo.

Jesucristo como Rey de los Cielos

Jesucristo como Rey de los cielos

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El final vendrá con los cuatro jinetes del apocalipsis.

    En realidad la suma de todas las imágenes aquí presentadas generan un sólo concepto -¿cuál es?, a ver si es verdad aquello de “a buen entendedor pocas palabras bastan”-, que en definitiva es sólo una palabra. No es el poder, que es quizás lo más evidente, pero está relacionado puesto que todo es susceptible de ser lo opuesto de cada una de las entidades en las que se manifiestan las acciones y las emociones humanas. Luego, al final, no es tan cierto que una imagen valga más que mil palabras. De hecho un sólo concepto contiene miles, e incluso millones, de imágenes enlazadas en el cerebro.

El Realismo Depresivo

El mundo moderno no ha de ser ya venerado ni temido como secreto. Exactamente en este sentido ya no es sagrado. Sigue siendo, sin embargo, inaccesible.
Una persona que no desee proyectar una imagen favorable de sí misma es considerada como rara y profundamente perturbada.” Niklas Luhmann
Un artista debe ser cínico y no preocuparse por el bienestar de los humanos o los dioses en su arte.” Lars von Trier en “The house that Jack built”

   La primera palabra en un escrito altera al concepto que la contiene. La primera frase todo el escrito. Cómo escapar de esta realidad, ¿lo habré conseguido con este subterfugio? Me gusta este tipo de inicio, porque tengo fetiche por la meta-literatura. Escribir -igualmente el habla- es un proceso extraño, que de entenderlo a la perfección entenderíamos el cerebro humano. La rareza de cómo se van desmadejando e hilvanando las palabras y los pensamientos parece algo mágico, que por lo demás nos da la sensación de tener una identidad o una entelequia propia (teoría de la mente bicameral). No es de extrañar que en el pasado pensasen que algún antepasado hablaba por sus bocas, y más tarde que Dios o las musas -diosas igualmente- fueran las que creasen esa propiedad humana.

  ¿A qué se refiere el concepto de realismo depresivo?, ¿es el concepto correcto para lo que define? A decir verdad tal concepto está creado a partir de la visión del sesgo optimista, por lo que habría que puntualizarlo y revisarlo. Lo que quiero decir es que el cerebro humano quizás pueda reducirse a dos funciones: sobrevivir y conocer, siendo en realidad incompatibles, situación por la cual el sobrevivir impera a expensas del conocer. Lo “conveniente” puede a la verdad. O dicho de otra forma y con una metáfora: si alguna vez creásemos una inteligencia artificial su fin sería los datos puros, este tipo de inteligencia estaría constantemente cuestionando todo acto y pensamiento humano como erróneo. ¿Habría que llamar a tal tipo de inteligencia como de realista-depresiva? O sea es como si el concepto lo hubiera creado un loco para definir a todo el mundo que contradice su forma de ver el mundo. Como lo que impera es el sesgo optimista, acuña con tal término negativo (y recalco lo de negativo y recordemos que la historia, en este caso de los conceptos, la escriben los vencedores) a todo aquel que no tenga tal tipo de sesgo positivo, sin importar que “obedezca” a un sentido o razón de ser. Pero voy demasiado deprisa, vayamos por partes.

  Ya he dicho en otros artículos que la evolución siempre pone al límite las cosas para probarlas. Todo cambio en el ADN es susceptible de ser una mutación que al final puede ser la que impere en esa especie, que la termine por definir. Pero para llegar a eso no tiene otro camino que la prueba y error. ¿Cuánto puede alargar las uñas de una rapaz como para que sea eficaz para la caza, pero que no sea perjudicial para otros propósitos? ¿Cuánto de clara puede ser la piel con respecto para optimizar la captación de los rayos solares sin que se degrade o cree cáncer de piel? Todo los errores, todos aquellos especímenes que portaban esos límites, no se conocen, puesto que murieron. Según la teoría de los opuestos cognitivos, en este sentido hay dos extremos: el que ve excesivamente positivo todo y el que lo ve excesivamente negativo. El primer caso da un tipo de personalidad que puede ser cándida, tanto como para que toda la gente se pueda aprovechar de ella. En el segundo alguien que pueda ver todo de forma tan negativa, como para que lo que impere en él sea el miedo y la ansiedad anticipatoria. El humano medio es un tipo de persona que está en el centro de estos dos opuestos: es la apuesta evolutiva “correcta” por validada. Pero de nuevo esta visión es partidista, ya que está creada a partir del sesgo optimista imperante. Si de lo que se trata es de sobrevivir, la apuesta evolutivo/imperante es “correcta”, pero si de lo que se trata es de tener una visión más precisa del mundo ¿quién tiene la razón? De nuevo volvemos al robot, él puede tener una visión más pormenorizada y adecuada, pero su falta de comprensión del mundo emocional ¿no le estaría cegando en sus juicios?, ¿no le faltaría un tipo de perspectiva que no le haría ser un buen “dictaminador” de la “verdad” humana? Este es un tema recurrente en el pensamiento humano que ha quedado una y mil veces plasmado en la literatura y la ciencia ficción. ¿Cómo resolverlo?

   Pienso que el autismo y el síndrome de Asperger (ahora llamado “autismo de alto funcionamiento“) son de ese tipo de apuestas evolutivas de “tanteo”. ¿Son válidos estos “limites” como para vivir en lo humano? Recordemos, sin entrar demasiado en detalles, que uno y otro tipo de humano están desconectados de la realidad social. El autismo es un estado demasiado extremo como para que sirva como apuesta futura, pero ¿y el síndrome de Asperger? Alguien con esta sintomatología no es lo bastante extremo como para no sobrevivir, pero tampoco es una apuesta tan “suavizada” o normalizada como para que no tenga problemas. Los que padecen síndrome de Asperger no entienden la mayoría de las situaciones sociales. Sus cerebros son demasiado literales, no entienden las metáforas y la mayoría de las figuras del pensamiento. Tampoco saben leer entre líneas y la mayoría de las expresiones emocionales, mucho menos las que suelen estar de moda y no tienen todas las culturas. En cierta forma tienen uno de esos tipos de cerebros robóticos que no “introducen” a la emoción humana dentro de sus ecuaciones y cálculos, siendo así suelen estar fuera de tono y contexto en casi cualquier situación social. ¿No será que algunos a los que se les califica de realistas depresivos están en un estadio algo menos acusado de este tipo de síndrome? Algo que ocurre en los manuales de psiquiatría es que, digamos, para ser considerado como obsesivo-compulsivo tienes que llegar a una puntuación diez. ¿Si estás uno o dos puntos por debajo ya no se es? Podría ser así, bajo el punto de vista del punto crítico, donde algo pasa a ser de repente otra cosa, pero no creo que obedezca a esta regla. Más bien se parece a conceptos como los de la mayoría de edad: simples conceptos convencionales, reglados. ¿Cómo evaluar y nombrar a esos estadios previos o cercanos?

  Cuando Hannah Arendt creó el concepto de “banalidad del mal” todo el mundo criticó su punto de vista. Tal concepto dice que el mal no tiene porqué ser producto de una mente maligna, enferma y/o inhumana. Sino que el propio hombre, cualquier hombre, es susceptible de llevar a cabo los actos más terribles y monstruosos, simplemente en el ejercicio y cometido de su vida “normal”. A esa conclusión llegó al estar presente en los juicios contra Adolf Eichmann, teniente coronel encargado de la “solución final” del nacismo contra los judíos. Hannah Arendt se sorprendió a sí misma al comprender que ese taimado personaje se limitase a describir su cometido como algo que requería de una gran organización no exenta de problemas, como si en vez de hablar de vidas humanas y la crueldad se hablase de cualquier otro tipo de mercancía, o un objeto cualquiera. La finalidad y la preocupación de Eichmann era llevar a cabo bien su trabajo, centrándose en cada uno de los detalles, sin llegar a comprender que el resultado final era la aniquilación de seres humanos de forma cruel. ¿Es la visión de Hannah Arendt la correcta o es la visión típica de un depresivo realista? Hoy en día el concepto de “banalidad del mal” está aceptado masivamente, aunque la mayoría de las personas que la conciban sigan pensando en el fondo que el mal es de personas malas. El acoso escolar o laboral es un ejemplo de “banalidad del mal”, donde un aparente juego puede llegar a ser mortal si esa persona es llevado al límite del suicidio. ¿Cómo abrigar en un mismo alma una realidad angustiosa y un “pensamiento mágico“? Fácil, conceptualmente -por medio de la razón- se acepta la banalidad del mal, pero el cerebro en su día a día recurre a subterfugios y sesgos que simplifican el mundo lo suficiente como para que se haga agradable o aceptable el vivir cotidiano. Si el mundo puede ser analizado con puntos de vista como los de la banalidad del mal y bajo el baremo de los sesgos cognitivos, ¿quién tiene la razón? A esta pregunta no se le puede contestar más que con otra pregunta: ¿razón para qué?, para vivir o para comulgar con la verdad. La evolución siempre ha estado jugando en ese límite de proveer a ciertas personas de la capacidad de discernir la “verdad” -verse libres del pensamiento mágico y los sesgos, entre ellos el optimista-, como para que a ellos les fuera lo suficientemente cómoda esa posición para sobrevivir, en tanto que teniendo como regla el restarles el menor realismo posible. A esta condición límite es la que hoy se le llama realismo depresivo. Llegados a este punto hay que diagnosticar las dos posturas, como para llegar a una comprensión de este difícil embrollo entre la felicidad y la verdad.

Condicionamiento Operante(Términos de positivo y negativo técnicos, no extrapolables o reducibles a bueno y malo)

  La homeostasis cerebral humana está “creada” para buscar la felicidad a través de la memoria, el aprendizaje, teniendo como base el sistema de recompensa. La dopamina se creó como este sistema de premio, con dos posiciones: la primera es la de crear un premio anticipatorio en previsión de conseguirlo, el segundo la propia consumación. O sea es distinto desear y prever el comer un pastel, que el conseguirlo y comerlo. En los dos casos es la vía dopaminérgica la que activa el núcleo accumbens, pero en el caso de la previsión hay una latencia que se mantiene mientras el deseo permanezca sin cumplir. Una vez que se ha consumado, la vía dopaminérgica se desactiva, y el núcleo accumbens vuelve a su estado “normal”, no excitado. La mayoría de las personas no saben de este mecanismo, su pensamiento mágico no les deja ver todo este entramado, y se limitan a ir persiguiendo distintas zanahorias que se les van poniendo ante la vista. La razón -o en este caso el lado derecho del cerebro, menos propenso al optimismo- sin embargo se percata de este mecanismo y lo cuestiona, lo pone en un estado de suspensión. A este tipo de razonamiento o concepto llegó Schopenhauer -sin conocer nada del cerebro como la dopamina y el núcleo accumbens- cuando dijo que el hombre está condenado a permanecer entre dos estados: el aburrimiento y el deseo. Los franceses llaman al orgasmo masculino como “la pequeña muerte” (la petite mort), que define muy bien el pensamiento Schopenhaueriano. Vamos en busca del orgasmo, todo nuestro cuerpo y disposición cerebral se centra en ese fin, pero una vez que se ha orgasmado muere el deseo y deviene el vacío, en la pequeña muerte. Qué define al humano, ¿el deseo o la muerte de este? Para el optimista y el pensamiento mágico -para la evolución- el deseo, mientras que para el realista depresivo es la muerte. No la muerte en sí, como pensamiento que se posiciona en el extremo contrario, sino como ese doble juego de deseo y muerte que define las reglas implícitas de tal juego y que lleva solapada siempre a la muerte. El deseo se “concibe” a sí mismo -su ser es- como estado denso de ser, sin ninguna fisura: denso y perpetuo. La muerte no existe en ese estado, no hay fisura, no está habitado por la nada, que es su muerte. Al devenir la muerte no se toma conciencia de ese estado, como algo natural al ser. Por el contrario se le transciende y se le trata de ignorar, posicionándose de forma inmediata en otro estado posible de deseo. Cosa que no ocurre en ciertos cerebros, donde la muerte se toma como ese nuevo estado, extraño, que excluye y desmitifica todo estado denso del ser, de todo deseo. Tanto Schopenhauer como Hannah Arendt “desnudaron” una realidad, porque se supieron posicionar desde la nada. Fuera del relato, fuera del lenguaje humano, fuera de esa propiedad de estado latente del núcleo accumbens que densifica todo el relato, haciendo que permanezca denso y sin fisuras. Una vez que una realidad aparece desnuda, ya no se le puede “vestir” si no es con algún artificio y engaño. Un mecanismo del cerebro, que para que funcione, no tiene que “ser visto” (tomar conciencia de…, saber que se sabe); como al igual que un truco de cine o el de un mago, para que este nos envuelva, no tiene que mostrar ningún resquicio de artificialidad, ni ninguna fisura de no-real. No tenemos que descubrir su “banalidad”, su “verdadera” realidad. O sea de lo que se trata al final, en los juegos mentales del pensamiento mágico, es el “esconder” todas las verdades que puedan ser incómodas, haciendo que el relato nunca muestre sus entresijos, su maquillaje, su estructura, sus artificios; al igual que para que un escenario de Hollywood “funcione”, no se tiene que ver que los edificios son tan sólo una fachada de cartón-piedra, sostenidas por detrás con unos simples andamiajes. En ciertos cerebros este engaño no es posible, para el realista depresivo esta opción no es viable. Al posicionarse desde fuera, desde la nada, pensándose desde cada “pequeña muerte”, “logra” ver todo el artificio, y de esta forma el pensamiento mágico -engaño propio del relato- ya no les puede “funcionar”.

Tipos de Memoria III

  Pero este mecanismo, de no ver la artificialidad, de desnudar, no sólo se limita al deseo, por la vía dopaminérgica, sino que además es susceptible de crear estructuras que pasarán a ser propias del cerebro. Recordemos que la vía dopaminérgica es necesaria para crear recuerdos, memoria episódica, pero es que además también crea memoria implícita, mecanismos de deducción y abduccion. También recordemos que la previsión de premio –cebado– crea de por sí un tipo de mecanismo. Este debe de ser precisamente la base del optimismo: no el conseguir el premio, sino el dar sentido a la espera, a la postergación; manteniéndose latente. Mecanismo propio de la esperanza, como base de la felicidad. En un experimento se les dijo a unos estudiantes que pensasen en alguien famoso que les hubiera prometido dar un beso, y se les propuso si lo desearían ya o después de tres días. La mayoría escogió la espera, pues en esa espera el cerebro vive con ese premio postergado que le llena de alegría cada día -estado latente o de previsión de premio-. Un optimista de esa forma va de deseo en deseo, sin parar conceptualmente en sus muertes, puesto que el propio deseo esperado va unido a la totalidad de la acción de todas los actos. Pero el ser o yo es la suma de sus recuerdos y de los propios mecanismos que se crean durante este proceso. ¿Y si hay mecanismos en el conocer que al final interfieren en todo este proceso? Lo que quiero decir es que Hannah Arendt una vez que tuvo el concepto de “banalidad del mal” quizás ya no podía juzgar los actos humanos con la simple y maniquea idea de buenos o malos. De repente el propio concepto de “banalidad del mal” interfería a toda visión de la realidad humana, de tal manera que tales actos ya no podían ser dualizados y simplificados como buenos y malos, y como de personas buenas y malas. En la película “Cowboys & Aliens” uno de sus personajes dice: “he visto a personas buenas haciendo cosas malas, y a personas malas haciendo cosas buenas“, propia de una mirada más realista. El bien y el mal se vuelven difusos, ya no se pueden deducir patrones en los que “encajar” a las personas y a la propia vida social. Lenguaje simplificado y dualizado propio del relato que el cerebro de fondo maneja a expensas del prefrontal, de la razón. En los optimistas este proceso reflexivo no puede “operar”, dado que si empezamos a desnudar todos y cada uno de los conceptos humanos, de repente nos encontraremos con un humano conceptualmente “despellejado”, mientras que su “belleza” y ser reside sencillamente en su “piel”, en su aparecer no en sus entrañas (he ahí una explicación de la náusea al ver cuerpos destrozados, que no ocurre al ver animales con los que no convivimos). Nos encontramos entonces que el optimista “descubre” patrones que desnudan la realidad y que en teoría deberían de crear mecanismos cerebrales, pero que no parecen operar en él. ¿Por qué o qué mecanismos provocan esto? La evolución ha tenido que recurrir a este proceso, que a primera vista parece estúpido -no usar lo aprendido-, para “mantener” el cerebro humano “sano”, en definitiva para mantener viva a la propia especie humana. Lo que quiero decir es que una y otra vez, durante la evolución, el ser humano se ha encontrado con esos “muros” -muertes del relato- contra los que se golpeaba, pero por dos mecanismos implícitos en el juego evolutivo, no han prosperado como la apuesta mayoritaria. La cuestión es clara, por un lado el propio individuo se podría llegar a suicidar y de esta forma no reproducir su “apuesta” realista; y por otro lado, ya estando metidos de lleno en el juego social de ser aceptados -que de fondo se es aceptado o no por las estructuras mentales de los sesgos optimistas-, porque el negativismo o pesimismo están muy mal vistos, con lo cual este tipo de apuesta está abiertamente rechazada y excluida en cualquier ámbito social -fijarse sino en el actual concepto de persona tóxicas, una clara y dura “revisión” del pesimista-. Dicho así, la posición de sesgo optimista no es la más acertada, con respecto a la verdad, pero es la más útil o funcional para vivir, para la evolución.

  Dicen algunos que no existe algo así como un realista depresivo, que no es más que la propia defensa a la que recurren los depresivos. Yo no niego que exista un tipo de trastorno debido a los neurotransmisores, pero no reduciría a lo puramente químico ciertas condiciones humanas. Al igual que el lenguaje dio un salto cualitativo en lo evolutivo, que de ninguna manera se puede reducir a ninguna química o mecánica, el realismo depresivo, con ciertos patrones y mecanismos aprendidos y “funcionando”, no puede ser reducido a la serotonina, ni ningún otro neurotransmisor. Pienso más bien que la evolución mantiene tipologías para ciertas situaciones. Se ha comprobado que son las respuestas de los realistas depresivos las que mejor “funcionan” en ciertas situaciones, en donde las puramente optimistas fallan por faltarles realismo. Si todos los humanos diésemos las mismas respuestas (cortados por el mismo patrón, como se suele decir en otro contexto) y esta fuera la equivocada, es muy posible que la humanidad se hubiera extinguido. Posiblemente, en nuestra condición de manada, muchas hubieran perecido por el camino. Las respuestas alternativas nos deben de haber sacado de muchos aprietos, como para haber llegado hasta donde estamos. Tanto a nivel de pequeños grupos -personas perdidas en un bosque-, o a nivel social, como puedan ser las crisis profundas mundiales, de las culturas y de los paradigmas.

  Tampoco se puede reducir a realista depresivo toda respuesta -y apuesta humana- negativa o pesimista. En el ambiente hay demasiado ruido para saber qué es qué. Puede que a lo que se pueda llamar pesimista o negativo sea a un tipo de realista depresivo que no tiene muchas capacidades cognitivas, que aún actuando en él ciertos patrones su cerebro no ha sabido deducir de estos ciertas enseñanzas. Pero al igual que hay optimistas que son tontos de lo puro simplones que son. Eso no quiere decir que hay que ser “sabio” o tener cultura para ser un realista depresivo, la cosa no es así de evidente. La diferencia está en que hay ciertos tipos de cerebros que, por ejemplo, al encontrarse con el desamor, su cerebro de fondo ya ha calculado todas las preguntas y respuestas como para dar validez o no al amor. Y así con una y otras de las grandes palabras que definen lo humano: felicidad, inmortalidad, lealtad, amistad… Han creado patrones estructurales dentro del cerebro, como así ocurre con el de la “banalidad del mal”, que no quedan “bloqueados” como sí ocurre en los cerebros optimistas. Tampoco es cuestión de tener o no mala “suerte” en la vida, de tal manera que una mala vida haya generado un tipo de cerebro tendente a pronosticar que todo va a salir mal (que también puede ocurrir en algunos cerebros). El realismo depresivo consiste en que una vez que has desnudado algo, que has creado un mecanismo implícito o estructural en el cerebro, ya no lo puedes volver a vestir o “esconder”. No funciona el “engaño” propio del cerebro optimista, que se basa en olvidar y mantener todos los sesgos y patrones enquistados intactos, indiferentemente de la gravedad de las situaciones.

  Puede que no haya logrado, en este artículo, la finalidad de probar y sostener la existencia del realista depresivo. Pero lo que sí puedo hacer es hablar de su condición. Mi condición.

   Creo que fue Julian Baggini el que postuló que si se hiciera un diálogo, para ir al sentido último humano por medio de preguntas recursivas, donde cada respuesta se convierte en la siguiente pregunta, al final se llegaría a la respuesta de “para ser feliz”, que ya no debería de tener más preguntas, pues no debería de caber la pregunta de “¿para qué ser feliz?” Yo no termino hay mi preguntar, un realista depresivo no lo hace. Yo entiendo -y siento en mi condición de cuerpo sensitivo- el sentirme extasiado ante la belleza. Me entra un escalofrío ante el impacto de ciertos atardeceres, ante los ojos de una mujer bella, ante la madre que mece a su hijo. Pero todos esos “sentires”, esas plenitudes densas en los que todo mi ser desaparece ante ellos, son susceptibles de ser cuestionados. Ninguna de ellas, ninguna de esas inmensidades sensuales, niegan a mi conciencia, que las ve desde fuera como para saber que sólo son emociones para las que estoy programado. Mi finalidad en la vida no es la felicidad si esta me impide preguntar o cuestionar que puede haber otra pregunta detrás. Que ninguna pregunta cierra la serie de preguntas, que de esta forma se vuelven infinitas. Esta condición se vuelve en mí sino, puesto que en cada momento me nace la duda de la densidad de cada una de las emociones. En este nuevo estado no existe el puro instante, sino mediado por la conciencia que tengo de ese instante. Como un poner en entredicho de forma eterna a mis emociones. Vivenciar así la vida es hacer que siempre pase por el filtro de ponerlo en duda, de dejar todo en suspenso. Y si la vida es así, ¿no es acaso como hacer el amor no ya con un preservativo, sino con una armadura? Eso no impide que sea un acto sexual y sensual, pero la armadura pone una distancia conceptual que le resta densidad de ser.

   Toda esta condición puede ser genética y a veces se crea en una niñez dura, por traumas (el ser preconciente del que hablo en mi libro). En los dos casos casi toda respuesta, casi toda activación neural, pasa por el prefrontal con un tipo de filtraje de ciertos patrones aprendidos. O mejor, por un desaprendizaje de sesgos y patrones enquistados. A la larga y si se aprenden otros conceptos como puedan ser el de la “banalidad del mal”, o la “doble verdad” de Schopenhauer, se será ese ser que habrá desnudado a toda emoción de su quintaesencia, de su impermeabilidad, de su densidad de ser. Ese estado es un nuevo ser que no niega su sensualidad, emocionalidad, pero haciendo que no sean un fin en sí mismos. Una vez que no tienes esos sencillos placeres, que ya no son iguales… qué queda. Puedes llegar a un estado tal que ya no puedas comunicarte con nadie, pues nadie entenderá tu falta de “entendimiento” con lo humano. Que preferirás ni siquiera comunicarte, pues sólo vas a crear “sospechas”… o de tu locura, según algunos, o de tu depresión según el baremo de otros. Soy capaz de sentir, soy capaz de entender qué se siente sin filtros, pero los filtros son los que al final vencen en la lucha, pues es la forma de entenderme como honesto con las “verdades” a las que ha llegado mi cerebro. Entre la locura de sentir y la locura de saber la verdad, opté por la última. No es la mejor apuesta, no es la más práctica, pero por mis patrones entiendo que es la más honesta conmigo mismo dentro de la nueva entidad que soy.

   Ahí sale la eterna lucha de la autenticidad y sus contradicciones. Un “simplón” es auténtico en su simplicidad, un realista depresivo es auténtico en su doblez. Los optimistas, la apuesta mayoritaria, cree que ser autentico es no tener dobleces, pero sólo es bajo el punto de vista de sus sesgos. El ser humano es lo que es por su prefrontal, por su conciencia, por su dislocación con la realidad. Durante toda su historia la ha huido, como una condición que le inoculó de una maldición de la que no se puede librar. Recurrimos al relato, a las drogas, a los cuentos para acallarla, sin nunca lograrlo. Ella, la conciencia analizadora, fría, robótica, siempre sale a la luz, siempre hay que silenciarla, sea por el medio que sea. Para el realista depresivo esa distancia es la “verdad”. Vivir condenado a accionar en la vida con cierto alejamiento de las cosas es nuestra condición más humana. No “creo” en ninguna pasión porque sé que sólo es el núcleo accumbens el que “habla”. Sé que después habrá una muerte, una “petite mort” que me recordará que corra tras el siguiente deseo. Carrera infernal que no lleva a ningún lado. Este maleficio lo han deducido las religiones orientales, más sabias y profundas que las occidentales, pero sus respuestas tampoco me valen de nada. La única forma de salir del ciclo de los deseos es el aislamiento total, tal como los monjes tibetanos, pues al estar en medio de la vida es imposible no ir de deseo en deseo, pues todo el universo urde la trampa para que la realidad humana sea así.

    Si todo es susceptible de ponerse entre paréntesis, ¿qué es la realidad?, cuál su sentido. No hay sentido, no hay un porqué, ni un para qué. En todo ese trama de para nada, al final comprendes que el dolor y el mal tiene más peso y esencias que sus contrarios. El experimento contrario al de la espera del beso, nos dice que si nos auguran el tener algún tipo de dolor, este es mejor pasarlo ya, tal como lo escogieron a los que se les preguntó, y no esperar unos días, pues de nuevo su pronosticación y espera lo vuelve aún más doloroso. La espera del dolor “mata” o desactiva ese estado latente de la vía dopaminérgica. Todo placer es efímero, pero el dolor es consistente y pertinaz. Nada como un dolor de muelas para comprobarlo. ¿Qué hay en el lado contrario del dolor de muelas? La vida recurrió antes al dolor que al placer como sistema de enervación. El premio vino después…, de forma prolongada puede convertirse en dolor. Una risa mantenida es huera y al final crea agujetas. No hay ningún dolor que se convierta en placer a no ser que se recurra al masoquismo, que visto así debe de ser el culmen del optimismo. ¿Qué poner en el otro lado de la balanza como para que esta se equilibre si te secuestran junto a tu familia, violan ante ti a tu mujer y tu hija, las torturan y te torturan, y al final las matan y te matan? Recurrimos a “inventar” a los dioses y sus infiernos para tratar de equilibrar la balanza, para castigar a aquellos que nos hagan pasar por un infierno en la tierra: otro sesgo optimista que nos “impuso” la evolución.

    No tengo que pasar por esos infiernos, del párrafo anterior, para comprender que la vida es así de injusta. Es sólo una cuestión de honestidad con mi razón. Sé que lo más seguro es que nunca me pase nada de esos sucesos a mí, humano occidental, pero la idea sobre la que hay que quedarse es que ese nivel de comprensión cruda de la vida es la que siempre está presente en mí. Los otros dicen, los optimistas, que porqué pensar en esas cosas. Contesto lo mismo que George Leigh Mallory cuando se le preguntó el por qué subir al Everest: “Porque está ahí”. Pienso porque todas las preguntas y respuestas han de ser hechas, porque no preguntarme y no cuestionarme no entra dentro de mi ser, dentro de lo que soy como apuesta humana. Me pregunto porque sé que la mayoría de la humanidad no lo hace, y en mi condición de uno entre veinte humanos tengo que tener preguntas y respuestas alternativas. ¿Me crean dolor?, no lo sé, en ciertas ocasiones se llega a cierto grado de morbidez por esta condición, quizás porque el cerebro tiene que buscar mecanismos que me “ayuden” a vivir dentro de mi condición.

   La globalización no ha ayudado a nada en todo este proceso, más bien lo ha empeorado. En la condición de realista (quizás en ese estadio sin el conato de depresivo), un individuo cazador-recolector apenas si se limitaba a pensar en ideas o salidas alternativas a ciertas condiciones eventuales del grupo o manada. Pero con el conocimiento de lo humano como totalidad, todos los problemas del mundo inundan a este tipo de cerebros. De nada vale el típico “no cargues con todo el peso del mundo”, pues una y otra vez los medios de comunicación te los recuerdan. Por lo demás… una vez que los conoces ¿qué honestidad es posible si cierras los ojos a todo? Pero ahí no acaba el problema, no acaba más que empezar. Si pones en suspenso toda emoción, ¿por qué no poner en suspenso todo valor humano? Parte de los problemas del mundo son debidos a la superpoblación (por una parte debido al optimismo que propició el baby-boom y por otro por el papel que está haciendo la iglesia católica en países “subdesarrollados” al ponerse en contra de los preservativos y otros medios anticonceptivos) ¿Por qué no evaluar que no estaría mal que cierto número de humanos muriese? Nace así el pensamiento cínico, pues al final comprendes que todo lo que se haga no es más que poner tiritas a una puñalada mortal en el pecho. Lo que quiero decir es que el realismo te convierte en un nihilista, el cuál niega la legitimidad de toda entidad densa en el cerebro y en el mundo. El siguiente paso es la de convertirte en un cínico al comprender que nada tiene arreglo, en un mundo donde el optimismo pone impedimento a todos los cambios drásticos necesarios. He aquí la mayor sospecha que levantan los realistas depresivos. Al final no construimos nada, más bien quedamos revelados en personajes como el del Jocker en la película “El caballero oscuro“, no queremos nada, sólo queremos ver cómo arde el mundo. No queremos alcanzar al coche, tan sólo somos los perros que se limitan a perseguirlos. “Si tan mal la vida te parece… no te rebeles, ¡enloquece!”

   En definitiva, de ser totalmente honestos, ¿cómo volver a ser un “humano”? Querría haber nacido en una tribu de áfrica de cazadores-recolectores, y que mis conocimientos y límites fueran para la caza y la supervivencia. Pero en un mundo inundado de memes, en el nuevo mundo del treme ¿qué espacio me queda para vivir? Si me cuestiono como un simple ser que no le basta la felicidad y vivo en un mundo que quiere ser feliz, pero este no logra alcanzar la felicidad, ni comprende el por qué no llega a ella, pues ni siquiera sabe qué es eso a lo que llama felicidad… ¿qué mensaje honesto se les puede dar? Hombre era aquel que vivía en armonía en su hábitat y su manada. ¿Por qué pretender que ahora somos “más” humanos, bajo el apelativo de civilizados? Somos la suma de todos los memes. ¿De qué me sirve el meme Arte si en el loco proceso de crear más y más memes, se ha creado el meme de asesino en serie y del psicópata que es “mejor” cuanto más mate y más cruel sea? ¿De qué me sirve desear las nuevas tecnologías si por ellas se está desequilibrando aún más la distancia de ricos y pobres? ¿De qué me sirve la era de la Ilustración, de la razón, en un mundo que aún es más fanático religioso y/o nacionalista? ¿De qué me sirve la igualdad de la mujer si ha devenido a que todas son susceptibles de “comerciar” con su cuerpo y el sexo? La balanza no se equilibra, el mal pesa toneladas y el bien apenas unos kilos. Al salirnos de la naturaleza rompimos todo equilibrio. Había cierto equilibrio natural en nuestros ancestros, la diferenciación de hombre o mujer de ser algo era simplemente natural, como el león se pueda diferenciar de la leona. Con el nacimiento del meme sometimos a la mujer; hoy pretendemos que hay igualdad, que hemos conquistado algo, pero no hemos vuelto a nuestro estado inicial, sino a uno en el que el sexo es uno de los mayores mercados del mundo, sobre todo ahora en Internet. Así uno tras otros con todos los problemas, no se vuelve a un estado inicial y natural, sino cada vez más artificial y dislocado, nihilizante. No hay cura para la muerte del hombre, este murió cuando apostamos por la agricultura y las ciudades. Cualquier “arreglo” artificial tan sólo trae más y más artificialidad, más y más caos. El cerebro del realista depresivo comprende todo esto por simple intuición, como una sensación que constantemente le habita y que los mecanismos optimistas ya no son capaces de hacerlos callar…, ¡me voy a dormir un rato!

¿Correr para Permanecer en el Mismo Sitio?

“-Tu país debe ser algo lento –le indica la Reina Roja- Aquí tienes que correr a toda velocidad para poder permanecer en el mismo lugar.” en “Alicia a través del espejo”
Lo que es difícil en cambio es generar el ‘sin sentido’, dado que el esfuerzo por lograrlo produce sentido” Niklas Luhmann
Estamos inmersos en una carrera entre la educación y el desastre.” Neil Postman (parafraseado a Aldous Huxley y H.G. Wells)
Como dijo alguna vez un psiquiatra, ‘todos construimos castillos en el aire’, el problema surge cuando tratamos de vivir en ellos.” Neil Postman
L
a insatisfacción con lo dado «el divino descontento», es una parte ineludible de la condición humana.” Anthony Storr

 

    Breve introducción. Mis primeros escritos partían desde la filosofía y hacía incursiones en conceptos de la psicología y los sistemas complejos. Por puro azar, por atacar de forma más sistemática y con referencias a las feministas ideé el mapa mental en el programa “TheBrain” para optimizar el mantenimiento de los enlaces a recursos en Internet, a modo de bases de datos. Al final este sistema ha sido tan eficaz como para tener un panorama muy amplio (a vista de pájaro) de todas las ideas generadas en las últimas décadas en campos como las ciencias sociales, la filosofía, la evolución, las neurociencias y la teoría de sistemas. En esa dirección cada vez me he tenido que adentrar más y más en la sociología, cuando en realidad no es de mi interés, pues en principio mi motivación es entender el cerebro humano. Los últimos escritos son el fruto de dicho sistema y mapa mental, sin bien puede que haya perdido frescura e “inocencia”. La flecha intelectiva, por tanto, era desde unos planteamientos meramente fenomenológicos, de explorar mi acontecer mental, sin tener en cuenta casi nada de lo que decía la ciencia, a un final o ahora en donde “comparo” mis propias conclusiones con respecto al saber actual. Uno de esos casos es mi concepto de “pegajosidad neural”, que por lo que veo podría muy bien formar parte de la teoría del enactivismo o la cognición extendida, en tanto que el medio y el yo se “integran” o acoplan como una totalidad desde lo mental. Este concepto lo redujo de forma muy acertada John Muir  cuando dijo: “cuando tratamos de seleccionar algo por sí mismo, lo encontramos enganchado a todo lo demás en el universo“. Actualmente estoy leyendo “la sociedad de la sociedad” de Niklas Luhmann, el presente escrito nació, en parte, de tratar de buscar puntos de unión y diferencias entre mis teorías y las de este pensador, por parecerme muy similares, si bien ha quedado a un lado y sólo lo trato al principio. Si me interesé en él es por lo similar de nuestros pensamientos. Fue a través de sus escritos que conocí el concepto de autopoiesis, que es una de sus bases, si bien diferimos de sus usos. No me parece “cómodo” el concepto de autopoiesis, el propio Luhmann se separa de la acepción de Maturana y Varela, los cuales así lo hacen ver en las nuevas ediciones su libro “Autopoiesis: la auto-organización de lo vivo“. En mi caso lo revisaré muchas veces hasta que al final pueda encontrar uno que me pueda parecer más apropiado, pues no me termina de convencer. Igualmente me he tenido que remitir a dicho libro, de lectura cómoda y sencilla, para tener en cuenta el origen de tal concepto. Maturana y Varela lo aplicaron a un sistema muy restringido y se le está dando un uso inadecuado en muchos casos: “…la dinámica molecular de la autopoiesis ocurre, cuando tiene lugar, como un fenómeno espontáneo, en el que todos los procesos moleculares ocurren en una determinación estructural local sin ninguna referencia a la totalidad que constituyen“. Maturana y Varela “aceptan” que se use el concepto de autopoiesis a modo de metonimia, que es muy posible que sea como yo lo estoy utilizando. De cualquier forma en este escrito fundamentaré mis ideas bajo nuevas premisas que le darán más solidez, pues he encontrado cierto paralelismos entre algunas de sus ideas y las propias. Los autores del libro aducen que el concepto de “teleonomía es prescindible” por inadecuado. Pero es que el sentido y la finalidad emergen de forma rápida en todo sistema, aunque este no esté sustentado por una entelequia o una lógica. En esa dirección todo ser vivo crea funciones, como la respiración, donde tal concepto no tendría sentido sin el concepto teleonómico. En todo caso, como explican Maturana y Varela, en su propio lenguaje, son concepto que no existen en un “ente” autopoiético, sino que son dados por sistemas acoplados y desde el punto de vista de un observador. En unos casos y otros, se me hizo “obligatorio” saber más en profundidad lo que Luhmann dejó escrito. No lo he terminado de leer, por lo tanto el presente escrito será revisado una y otra vez mientras lo vaya leyendo, o al final de su (larga) lectura. Como soy obsesivo tengo que escribir, sino no lo hago me costará dormir y mantenerme dormido. O sea, que mis escritos son “purgas” conceptuales para mantener mi equilibrio mental, la homeostasis personal. Por otro lado abordo el tema de la retroalimentación positiva, ya que tal como la he venido plasmando, y por cómo se “expresa” o “funciona” en la naturaleza parece ser un error en los sistemas, y por lo tanto en lo evolutivo y en el cerebro humano (mente). Me di cuenta de esta falla. Busqué un porqué y la hallé hace tiempo, pero no sabía si incluirla en los escritos anteriores o tratar el tema por separado. De revisar los escritos alteraría sus “mensajes” o intenciones.  Era preferible  tratarlo por separado como una nueva conclusión o cierre de los temas ya tratados. Abordo ambos temas -las conclusiones de Luhmann: la autopoiesis aplicada a lo social y la retroalimentación positiva- de forma entrelazada.

   Si se quiere tener una idea general del pensamiento de Niklas Luhmann, lo mejor es recurrir a la entrada de la Wikipedia. Una cosa que me llamó la atención es que es bastante hermético y complejo de leer. Al parecer lo hizo a propósito, pues pensaba que si “simplificaba” sus postulados podrían ser reducidos a mínimos y por lo tanto malinterpretados. Me pregunto, entonces, si yo al tratar de ser llano no estaré siendo simplificado a ideas erradas. Eso me lleva a pensar en el estilo. ¿Es una premisa que para parecer profundo hay que usar un lenguaje complejo e incluso hermético? En esa falla han caído muchos de los escritores posmodernistas, con la consiguiente consecuencia de haber sido tildados en caer en “imposturas intelectuales” vacías de significado y contenido, entre dichas personas a la feminista Judith Butler. El propio estructuralismo es muy ambiguo. Se puede reducir su idea a que tratan de simplificar los sistemas a sus estructuras, a su esqueleto. De igual forma que todo edificio es reducible a que parten de una estructura de columnas y vigas (esqueleto), todo sistema puede ser analizado bajo ese prisma. El problema es no perderse en esa abstracción en donde a veces se desvanece todo contacto con la realidad. Si un concepto me ha parecido acertado del constructivismo es la máxima que dice que todo sistema, y por lo tanto la vida y lo social humano, es mecanicista y está determinado en su estructura. Pero hay que recordar que es la “piel”, su sensibilidad, su textura y los “usos” que le damos, lo que nos hace ser humanos. La paradoja de la abstracción y circularidad en el lenguaje posmoderno, y otras doctrinas parejas, se puede apreciar en esta página, que genera aleatoriamente un texto por medio de un programa informático o algoritmo -cada vez que se entra se genera uno nuevo- un escrito de “corte” posmodernista, con su consabida jerga y tendencia a la recursividad, la conexión aparentemente sorpresiva y azarosa de conceptos y la abstracción pura, que lo desliga de todo significado y realidad. No deja de ser curioso, pues… ¿no será uno de esos escritos aleatorios los que hallen cierta “verdad” sobre alguna realidad? Lo mismo ocurre con cualquiera de esos escritores o pensadores nominados como “impostores”, no deja de ser paradójico que quizás en sus jergas hallen “verdades” o estructuras de la realidad, o que a su vez sugieran ciertas ideas a sus lectores que al final lleven a cierta verdad o patrón de la naturaleza. Extrapolándolo a la genética y la evolución “funcionan” a modo de mutaciones, y como es sabido a veces una mutación es la que mejor se adapta a un medio, la que termina por “acertar”. Eso ya me lleva de lleno a los temas a tratar. A veces pienso que muchos pensadores hablan de lo mismo, sólo que cada uno pone énfasis en cierto concepto, como clave de su pensamiento, mientras que otros lo hacen en alguno distinto. Las claves en Luhmann son significado y comunicación, pero antes de entrar en este tema prefiero tocar la retroalimentación positiva, pues puede ser la que explique muchos de los conceptos de Luhmann y por lo tanto los míos.

   El concepto evolutivo que da “razón” de un porqué a la retroalimentación positiva es el de la cinta andadora (hipótesis de la reina roja), máquina e imagen que es la mejor que define la idea que se esconde tras dicho concepto. En cinta andadora el cuerpo hace todos los movimientos necesarios para andar o para correr, pero no se avanza: la persona permanece en el mismo sitio. En este sentido se explica la evolución. Para entenderlo es mejor un ejemplo. Una gacela y su depredador mantienen una “lucha” en la optimización de sus carreras. Si el depredador gana algo de velocidad, todas las gacelas más lentas serán cazadas, con lo que sobreviven y se reproducen aquellas que hayan hecho algún cambio a mejor en sus huidas. Esto puede ser por velocidad, por agilidad al driblar, o por ser más perceptivas a la hora de detectar al depredador. En resumen una gacela actual puede seguir siendo igual que una de hace trescientos mil años, sus restos esqueléticos fósiles pueden ser casi exactamente iguales, pero posiblemente la actual sea más ágil o rápida, aunque sea sólo en unos segundos. O sea, se hacen cambios para mantener el ratio de diferencia en velocidad con respecto a su depredador. Avanza, pero sin ganar nada con respecto el animal que le da caza, pues este también está “obligado” a su vez a mantener el mismo ritmo evolutivo. Esta es la idea central del concepto  de la cinta andadora aplicado a la evolución. Esto nos lleva de lleno a un cruce de ideas entre Luhmann y mis pensamientos. Este autor hace una de sus claves al concepto de significado. En mi lenguaje, por creer que va más en la dirección de la teoría de sistemas, esa clave sería información. ¿No son lo mismo?, la diferencia está en que Luhmann trataba sobre temas de sociología, en donde la información cambia su estructura. Como mis ideas parten de los de la superveniencia lo primero es la información. El ADN es información que una célula “lee” para operar o funcionar. No cabe la interpretación, que sería lo propio de un significado, tampoco es comunicación, la célula no le “dice” nada a su vez al ADN: es una “orden” que se ejecuta. ¿Cuándo una orden no hay que seguirla a rajatabla? (raja tabla, ¿tabla quebradiza?, me quedo perplejo con ciertas palabras) ¿Cuándo “introduce” la evolución el tener en cuenta la novedad o el cambio? Luhmann nos dice que “un sistema se define por un límite entre sí y su entorno, dividiéndolo de un exterior infinitamente complejo, o (coloquialmente) caótico” (fuente Wikipedia). En esa medida es “reducción de la complejidad”. Quizás esta idea sea la forma más sencilla de explicar la propia vida. De esta manera la vida es una tendencia a mantener un orden o ir contra de la segunda ley de la termodinámica durante X tiempo (edad promedio de vida del ser vivo). Ese límite a nivel de seres unicelulares es la pared celular, pero dicha pared no se dio desde el principio, luego es un segundo paso al proceso evolutivo. Dicha pared “marcó” una distancia o división no sólo con el medio, sino con otros seres vivos, incluso de su propia especie. Con esto llegamos a otra de las palabras claves de Luhmann, la diferenciación, que al parecer la heredó del pensamiento de Parsons. Yo llegué a esa misma idea bajo el término de otredad, pues es la otredad la que crea una identidad al connotar las diferencias existentes. En ese sentido identidad es la propiedad de un sistema a una de las maneras en la que “reduce la complejidad”, su forma de llevar esa máxima a cabo. ¿Dónde entra la novedad? Cuando el entorno cambia y necesariamente “se impone” una adaptación. A decir verdad, y para comprender la evolución, no es que el sistema -un animal, por ejemplo- se adapte al cambio, sino que en muchos casos es por algo tan sencillo como que sólo sobreviva lo que porta un cambio, como para que no muera o se extinga ante dicho medio. Con esto doy un salto narrativo desde los primeros seres vivos a la mente del hombre, que es lo que nos hace tan distintos a cualquier otro animal. En otros escritos ya he dicho que la evolución tuvo que apostar por hacer “cambios de última hora” (impronta genética, efecto materno, epigenético).  Si por un lado un ser vivo es aquella apuesta en particular que tiene unas premisas programadas para “reducir la complejidad”, por el principio de la retroalimentación positiva, explicada bajo la metáfora de la cinta andadora, “asume” que no ha de poner todas sus bazas al promedio de la especie. O sea, una ameba puede que no se diferencie de otra, e incluso un escarabajo pelotero de otro, pero en los animales más complejos hay diferencias de unos a otros. Es como si la evolución dejase de apostar todas sus bazas a una sola carta. La variación, por medio de la sexualidad, es esa apuesta múltiple a distintas cartas. Ahí es donde nace el concepto de “nuevo” o novedad. Si una gacela nace con una mutación en una molécula que sintetiza el gasto de energía muscular de forma más óptima, correrá más tiempo ante el depredador y sobrevivirá y se reproducirá con más éxito. Se da una primera “comunicación” cuando varios animales de un mismo orden se han de tomar como de la misma identidad, cuando la información que portan es con ciertas variaciones, cuando en realidad el “significado” en el comportamiento puede ser el mismo: en este caso huir del depredador.

    En los sistemas de la superveniencia la categoría de social nace del de vida, en donde lo social está supeditado a la comunicación de los individuos implicados para crear estrategias con fines comunes. Creemos una trama más de complejidad, pues la gacela ya no nos vale. Los búfalos africanos tienen estrategias para auto-protegerse y a la vez proteger a las crías. Una falla en tratar de seguir el rastro de la evolución es que las huellas fósiles no dejan ver cuándo se producen cambios sociales, por lo menos fuera de los humanos, pues nosotros dejábamos rastros en “artefactos” (fogatas) o utensilios. Es muy posible que ese comportamiento de los búfalos no haya existido siempre y que sea algo que ha ido evolucionando hasta llegar a la situación actual, en la que incluso llegan a atacar activamente a sus depredadores. De una manera u otra la identidad social es más que la identidad individual (concepto de emergencia), puesto que un búfalo de forma individual no puede mantener esas estrategias de ataque a los depredadores. Lo mismo ocurre con los lobos: individualmente apenas si pueden cazar presas pequeñas. Si están ante un gran animal retroceden; se “envalentonan” cuando están en manada. Dos comportamientos distintos en un mismo Ser o entidad dependiendo del entorno, dos formas distintas de “reducir la complejidad”, de homeostasis, en un mismo sistema nervioso. Esto implica un sistema nervioso que implemente la adaptabilidad al medio, a la situación y por lo tanto a lo que pueda ser distinto o nuevo.

   De una manera u otra lo que subyace de fondo es cuándo algo mantiene una información o identidad, y cuándo puede ser tan distinto como para que ya no sea la misma identidad en dos dimensiones: la social y la individual, que a la vez están implicadas. En lo individual el lobo es lobo tanto al amilanarse ante un gran animal cuando está solo, como cuando se “envalentona” estando en manada, ya veremos cómo interpretar esta regla en el humano. Pero, ¿cuándo un lobo es susceptible de ser atacado por otro lobo y cuándo no? Vayamos a otra especie más sencilla. Una hormiga tiene una huella química de su hormiguero, cuando dicha hormiga llega a otro hormiguero es “otredad”. No existe una regla general en la vida, cada orden y especie tienen sus propias reglas de dichas “marcas” de la identidad. Dichas reglas están “pactadas” y regladas en instintos. En órdenes, no comunicativas, del ADN. Más de una vez he sostenido que el humano no es el inteligente, no a modo activo, es la evolución la que le ha colocado en esa posición privilegiada, la que tiene los mecanismos “inteligentes”. En la medida en la que el humano incorpora muchos instintos o patrones de comportamiento corporizados, encarnados, cada uno maximizado en todo lo posible, es un buen exponente del proceso evolutivo de optimización, que en el caso humano es hacia la inteligencia. Pero el sentido de agencia, el yo reflexivo, el intérprete del hemisferio izquierdo o ese piloto que parece tener el mando del cerebro y el cuerpo, sin llegar a ser razón, es algo estúpido. A este módulo no le sorprende que un perro chihuahua reconozca como perro a un mastín, aunque se muestre asustadizo, que es muy posible que tenga que ver con el olor como las hormigas, pero el humano no reconoce como humano (incluso sin “alma”) a otras personas por meras apariencias externas como el color de la piel, o por ciertos modos de comportamientos o maneras de pensar bajo el concepto de creencias. En este escrito pretendo mostrar un porqué.

    Ya tengo todo los precedentes para adentrarme en los mecanismos que operan de fondo en estos juegos sobre las identidades, toca adentrarse en los detalles. Es muy posible que los primeros mecanismos, de “ver” el entorno, incorporados a un primer sistema nervioso, fueran los cronológicos. A cierta hora el sol tenía más fuerza y era óptimo estar cerca de la superficie marina. Ya en esta etapa y con dicho mecanismo, se daba algo por lo que al final sería la base de todo sistema vivo complejo, con un sistema nervioso centralizado, prever el medio. En un sistema informático se incorpora dichos sistemas; en muchos casos permanecen latentes. Una rutina abierta de un programa come recursos del sistema a la espera de una condición de “¿se da este caso?”. “Pregunta” que se hace una y otra vez cada vez que el núcleo no tiene ninguna otra función más relevante al que el sistema dé más prioridad. Es un sistema estúpido porque consume recursos y energía. Como regla general cuantos menos programas o utilidades residentes se estén ejecutando mejor. La vida no se puede permitir tal derroche, todos sus procesos y los que han evolucionado han sido porque eran los menos intrusivos, los que menos energía gastaban. Los microprocesadores están siguiendo esta misma regla básica, tratan de optimizar sus recursos con un menor gasto de energía. Hoy en día son más rápidos con un menor gasto de energía que los de hace una década. Cuando un sistema vivo llega a cierto grado de optimización de energía, y si este se apercibe que los recursos en el ambiente son óptimos, puede tender a incorporar un nivel más de complejidad, si en el proceso “gana” algo: retroalimentación positiva. Por esto el derroche de energía de la cola del pavo real, es óptima para ser seleccionada por las hembras.

   En el párrafo anterior ya se ha colado el concepto de prever en lo evolutivo. Dicho sistema es la base de retroalimentación del sistema nervioso en lo que se conoce como “codificación predictiva“. En el humano, en donde es que se da de forma más clara el aprendizaje o neuroplasticidad, es donde se ve más claro dicho mecanismo. Un bebé al principio no tiene los ojos abiertos o incluso aunque los tenga abiertos no ve. Su cerebro está programado para crear en primer lugar los circuitos motores. Hace movimientos esporádicos con sus extremidades en donde hay un primer aprendizaje motor por retroalimentación. Pero para que se vea más claro vayamos a la segunda fase: el “incorporar” la vista a dicho sistema. Hay un objeto delante y el cerebro crea aparentemente movimientos aleatorios para dirigir las manos, y la vista “verifica” lo acertado de dicho circuito neuronal de previsión, si falla no se crea la conexión de forma duradera y si acierta asienta dicho circuito en la memoria a largo plazo. La retroalimentación a este nivel es un circuito verificador al modo de “si X entonces Y, sino volver al principio de esta rutina” en donde el aprendizaje ocurre cuando se sale de dicha circularidad o rutina. ¿Parece un sistema estúpido y tonto por lo simple que es? Puede ser complejo entender dicho concepto de circularidad o retroalimentación, una imagen que ayuda a entender dicho sistema es lo que sucede cuando con un vehículo entramos en una rotonda, en donde si no nos hemos colocado en el carril correcto, cada vez que se llega a la salida deseada al “pre-tender” cogerla (lo inteligente del lenguaje -algunas veces-, en este ejemplo con el prefijo “pre” que nos hace “saber” del sistema pre-dictivo del cerebro), se puede llegar a dar el caso que  tengamos otro vehículo a nuestra derecha, lo que nos “obligará” a volver a dar otra vuelta a la rotonda. Optimizamos el sistema cuando el sistema “comprende” que si desde un primer momento se coloca en el carril adecuado será más óptimo salir de la circularidad… “los comportamientos particulares se explican mediante la apelación a una revisión de errores de predicción específicos de la modalidad, según se calculan mediante módulos cerebrales físicamente localizados y encapsulados, sin especificar una implementación computacional particular” (Fodor 1983). Un sistema vivo no complejo se atiene a unas cuantas rutinas ya aprendidas y asentadas, pero el cerebro humano es el mecanismo más complejo de la naturaleza, luego las cosas no son tan sencillas como el aprendizaje de unas pocas rutinas.

    Al predecir un sistema, cuanto menos información se “lea” del entorno más rápido será el sistema en actuar ante este. Por este hecho la evolución de la vista va desde lo sencillo a lo complejo. ¿Por qué ver tan sólo en blanco y negro?, es lo más óptimo si sólo tratas de captar el movimiento, pues en los contrastes de luces y sombras es donde más rápidamente se capta un cambio en el entorno. Dicho sistema sigue “incorporado” en nuestro cerebro y es el que opera en las situaciones de verdadero peligro que requieran una reacción lo más rápida posible. De hecho no vemos el mundo tal cual, por requerir demasiados procesos. Es el cerebro el que lo recrea en su interior, y en cada momento es un circuito el que busca posibles cambios, los cuales los incorpora a su representación cerebral. Es como el pasatiempo de buscar las diferencias entre dos imágenes, llevado a sus límites. Por este tipo de sistema es por lo que somos tendentes a la ceguera a los cambios, pues el cerebro se atiene a la información relevante y pasa por alto lo que no lo es, y por esto mismo al ver varias veces una película nos percatamos de cosas nuevas. Este efecto o sistema también es “culpable” de que las personas a lo lejos, sobre todo del otro sexo, nos parezcan bellas: el sesgo implícito optimista del cerebro está impelido a ver una posibilidad de emparejamiento y “reconstruye” los pocos datos que en ese momento tiene, hacia reconstruirla como “persona bella”, hacia la posibilidad. En todos los ejemplos sale a relucir que nuestra representación del mundo visual es tan costosa y compleja que hay un retardo cerebral: el cerebro siempre tiene una representación del mundo con unos milisegundos de retraso, y por lo tanto del mundo del “pasado”.

    En unos casos y otros, en lo visual, en lo táctil…, en todos sistema de entrada del estado presente, el sistema tiene sus circuitos de previsión y verificación de lo nuevo, en donde lo que queda patente es que el sistema nervioso es un componente que trata de detectar lo nuevo en el entorno. En un segundo proceso tiene que integrar todos los datos (zonas asociativas e integración multisensorial) y pasan a un tercer sistema de verificación más complejo, el asentado en el prefrontal, en la corteza cingulada anterior, que es en el sistema que yo me he detenido de forma profunda en mis escritos. Dicho sistema es el que nos crea la sensación de que hay un piloto al volante, el sentido de agencia (tener un agente al mando). Y dicho sistema no “decide”, puesto que a él llega todo ya integrado o “resuelto”, su papel es volver a verificar, o sea es de nuevo otra rotonda o circularidad en donde si dicho sistema no ve nada anómalo o nuevo lo deja “pasar” sin más (sin procesar, sin crear un cambio).

    Pero todo esto ya lo he dicho y expuesto una y otra vez: vayamos a la “novedad”… el por qué la retroalimentación positiva. En casi todos los sistemas analizados se da una retroalimentación negativa, el sistema tiene que tender a la estabilidad del sistema, a la homeostasis: no gasta más que la energía necesaria en cada proceso. O dicho de otra forma: si desde el principio uno se coloca en el carril correcto, al entrar en una rotonda, no gasta gasolina de más. La rotonda deja en cierta forma de ser rotonda porque sólo vamos desde la entrada “A” a la salida “B” como si fuera una línea recta, como quien dice. Estos recursos automatizados son procesados sobre todo por el cerebelo, que tiene casi todas las rutas de a “A” a “B” de todos los circuitos motores: es a este al que se refiere la frase de “ir en piloto automático” cuando conducimos o en la mayoría del acontecer diario. Todo que hagamos con rutina queda procesado o tiene como circuito al cerebelo. De hecho el lenguaje es sobre todo motor, por lo que dicha parte del cerebro cada vez ha cogido un mayor protagonismo en las neurociencias. En las últimas décadas incluso se ha creado la hipótesis de que ha sido uno de los precursores de lo que el humano es hoy en día. El habla es otro caso de retroalimentación: necesitamos escuchar nuestra voz, lo que decimos. Es otro proceso que si funciona bien va de “A” a “B” sin problemas, pero que falla en cuanto la situación no es óptima. Un ejemplo es que haya griterío o mucho ruido en el ambiente, nuestros “pensamientos” o locución parecen volverse más torpes. Un ejemplo más claro es cuando nos tratamos de grabar con el ordenador y activamos a la vez escuchar lo grabado, el sonido de entrada del micrófono. Como el ordenador tiene un retardo en todo este proceso de grabar y reproducir, oímos por un lado nuestra propia voz y por otro lado esta misma reproducida por el ordenador con cierto retraso. ¿Resultado?, que de repente nuestra locución se frena por esa doble voz a la que el cerebro no está acostumbrado. Ocurría esto mismo en los antiguos teléfonos fijos, cuando nuestra voz se acoplaba y nos venía devuelta con retraso. En mi caso tengo afasia nominal. La teoría es que es un daño en el lóbulo temporal, que es la zona asociativa del habla y el oído, la que crea ese circuito de retroalimentación de hablado-escuchado. Pasé por una encefalitis (15 o 16 años) muy grave que pudo ser la causante de tal daño. Hoy en día, en mi caso, no tengo claro que sea por este motivo. Es muy posible que tenga que ver con el cerebelo. Este no es el que procesa el movimiento, el sistema motor, pero sí los sincroniza como para que no se produzcan retardos o efectos de “acople”, como así ocurre con el ordenador. O sea, la “magia” del sistema nervioso es que ha de sincronizar todos los datos, que cada cual ha sido sub-procesado en algún módulo o región, como para que no se produzca ningún efecto de retardo, en el segundo nivel del sistema asociativo y mucho menos en el tercer nivel de la integración de todos los procesos, dando como resultado la sensación de estar ahí, en este presente. En parte esta sincronización la lleva a cabo o forma parte el cerebelo. En cuanto algo se desincroniza el sistema “falla” o se ve alterado por completo.  Un caso que es ejemplar sobre este hecho es el trastorno de procesamiento sensorial, por el cual las áreas asociativas del cerebro no regulan y sincronizan los datos procesados por los distintos sentidos o módulos cerebrales; este trastorno puede ser una de las bases de las personas híperactivas, que muestran dificultad en el aprendizaje, y se baraja como idea a que sea parte del problema del autismo.

Hipótesis de la Doble Ruta para Leer

    Yo tengo dificultad con el habla, las palabras largas y con fonemas no tan propios del lenguaje español me resultan complicados. Ocurre con varios de mis hermanos y sobrinos, por lo que se descarta que sea un daño en mi caso, sino debido a algo heredado. Mi hipótesis es que hay un retardo, un acople, en la recuperación nominal puesto que no están bien establecidas o sincronizadas las formas motoras en el cerebelo de cómo crear dichos fonemas y por lo tanto ciertas palabras. No se puede recordar o recuperar de la memoria algo que no ha sucedido, del mismo modo no se puede recuperar o con dificultad algo que en el cerebelo no ha terminado de crear un patrón estable. En la metáfora del coche y la rotonda es como si se entrase en ellas sin haber prefijado cuál es el camino de “A” a “B”, y se diesen varias vueltas para salir de la rotonda, lo que da como resultado ese retardo en recuperar nombres, adjetivos y verbos, y se tenga que recurrir a perífrasis y otros recursos para recuperarlas por asociación. Me alargo en este ejemplo personal porque lo conozco bien y es muy representativo de esa sincronización como totalidad. En el cerebro, en cuanto algo falla en las primeras fases de los procesos, queda alterado algo tan esencial como el hablar y por lo tanto el leer y el escribir…,  y  al final el aprender, pues todos estos patrones parten de la base de la forma fonética y sincronizada del sistema motor (cuerdas bocales, respiración, lengua, mandíbula, labios, etc.) que están sincronizados por el cerebelo. En una metáfora, el cerebro es como una cadena de producción, en donde si una parte de la cadena se enlentece, repercute en la producción final con fallas o errores. Como cuando vemos una etiqueta torcida o un remache fuera de su sitio, o defectos similares. Para el caso, como la “producción” en el cerebro no se puede parar se ignoran los retardos y fallas en los procesos intermedios, con los consiguientes errores como el no haber comprendido lo escuchado o leído, o que el discurso se trabe, o se escojan los adjetivos o nombres de formas desacertadas, o se expresen palabras con errores fonéticos o en su formación. O sea que la afasia nominal puede ser un síntoma aún más de la dislexia, una gravedad más allá de esta, (ante tales papeles del cerebelo pensé si estaría implicado con la dislexia, e investigando encontré que sí). Un daño en el cerebelo no provoca el poder moverse o crear los movimientos, sino que estos sean más erráticos y que el cuerpo no recupere su estado homeostático de quietud, dando como resultado un permanecer con movimientos aleatorios y convulsos (ver vídeo de ejemplo). La emergencia de lo humano se dio con el habla, luego el cerebelo tuvo mucho que ver. Ya en otro lado apuntaba al hecho que el habla está ligado en la zona del manejo de la mano derecha. En un tiempo atrás, cuando aún estábamos en los árboles, la sincronización de esta parte motora era fundamental. Cuando bajamos de los árboles esa potencialidad se aplicó o uso para dar prioridad a lo que las manos podía hacer, como elaborar herramientas. En un segundo paso creamos un lenguaje de signos acompañados por sonidos (se puede ver esa etapa en los chimpancés con sus sonidos guturales rítmicos y repetitivos que acompañan a sus comportamientos sociales), para al final terminar por dar una mayor importancia al habla, que por retroalimentación cada vez se volvió más y más compleja.

Vínculo a Través de la Sincronización

Ver vídeo completo
Ver vídeo de este mismo acto, pero de un seguidor a su líder.

   Vuelvo arriba, a establecer un para qué de la retroalimentación positiva, me he alargado en el párrafo anterior para establecer la importancia de la negativa, que es la tendente a los estados equilibrados u homeostáticos del sistema. De hecho cuando el humano crea máquinas todas siguen las reglas de la retroalimentación negativa. En cibernética, como estudio de los sistemas complejos, es donde… “la cibernética es aplicable cuando un sistema que se analiza incorpora un bucle de señalización cerrado, originalmente conocido como una relación “causal circular”, es decir, donde la acción del sistema genera algún cambio en su entorno y ese cambio se refleja en el sistema de alguna manera, (retroalimentación) que desencadena un cambio de sistema“, en esta dirección se llega a la “teoría del control perceptual“, la cual… “es un modelo de comportamiento basado en los principios de retroalimentación negativa, pero que difiere en aspectos importantes de la teoría del control de ingeniería. Los resultados de los experimentos TCP han demostrado que un organismo no controla su propio comportamiento, ni las variables ambientales externas, sino sus propias percepciones de esas variables. Las acciones no son controladas, son variadas para cancelar los efectos que las perturbaciones ambientales impredecibles tendrían en las percepciones controladas“. En este sentido tratan o son sistemas cerrados, tratando de “escapar” o controlar la entropía. ¿No encaja a un porqué el humano tiende al sesgo optimista? No importa la “verdad”, la realidad, el dato en bruto, importa en qué medida esa dura realidad impacte en el grado de felicidad, bienestar o equilibrio homeostático del “sistema”. El sesgo optimista es un mecanismo de retroalimentación negativa. En definitiva y en una de esas optimizaciones, todo el sistema crea rutas lo más cortas posibles que repercuten en el gasto de energía (automatismos), dichas rutas se activan sobre todo con el glutamato (el 90% de la activación neural) y la acetilcolina (neuronas motoras). A ese nivel (nivel 1) todo proceso se automatiza habiendo hallado las mejores rutas. En el aprendizaje, palabra que lleva implícita el concepto de novedad, en las zonas asociativas, la mayoría de la corteza cerebral anterior, se suele hacer uso de un sistema de recompensa, por medio de la dopamina. Hay que fijarse que en algo tan básico como montar en bicicleta entran módulos como la propiocepción (centro de gravedad, por ejemplo), el equilibrio, la visión y el sistema motor. Cada módulo entra en sus propias circularidades (con este tipo de palabras son con las que tengo problemas: el cerebro se queda dando vueltas en la rotonda de “larida”, sin saber si falta alguna vocal “larieda”, u otro fonema o sílaba o si son los correctos: la escribo mal porque soy incapaz de decirla y espero a que el corrector ortográfico me corrija), que a la vez han de sincronizarse con otros sistemas de zonas asociativas (nivel 2). A los efectos no nos percatamos de que haya varios niveles. El nivel 3, el verificador de novedad del prefrontal, es el que asume la autoría de todos los actos como una totalidad como se puede ver en este vídeo, en donde a un sujeto se le activa una región del cerebro para que sea el sistema motor de la mano izquierda el que haga un movimiento, cuando el resultado  final es que el “verificador” o intérprete del hemisferio izquierdo es el que se asume como el que ha hecho tal acto por “elección”. ¡E ahí la “magia” de la instantaneidad de todo el proceso del sentido de agencia!, por mucho que el científico insista y le diga al sujeto del experimento que ha sido por una estimulación magnética transcraneal, este no dudará, e incluso se empecinará, en que ha sido por su elección.

    La dopamina es el neurotransmisor más claro de un sistema de retroalimentación positiva. Es este sistema, cuando no “funciona” su freno, el que nos lleva a las obsesiones y las adicciones. En su modo de operar “normal” sirve de estímulo al prefrontal para dar sentido a aquello que es nuevo. La novedad suele ser estimulante, si no se padece alguna fobia o trastorno (que implique neofobia), y es más propia de cierta etapa o edad: la juventud. Un breve recorrido evolutivo que explicaría o da más sentido a la dopamina es la adrenalina. Si de lo que se trata la vida es de protegerla, cuando esta se ve en peligro el sistema no puede ser comedido, no puede o debe usar mecanismos de retroalimentación negativa. Se juega todas las bazas a una sola jugada y gasta toda la energía posible para huir o luchar. Más tarde el sistema “ideó”, por procesos de retroalimentación negativa, métodos como el camuflaje para volver a regular la situación a la más homeostática o equilibrada en el gasto de energía, recurriendo, claro está, a una retroalimentación positiva en lo evolutivo (cinta andadora) al crear el gasto para dicho camuflaje. Calamares y pulpos han optimizado al máximo dicho sistema por medio de cromatóforos, -de hecho toda su piel es “ojo”, pues cada una de sus células son sensores de luz-, sistema que el humano es incapaz de imitar por el momento, al igual que tampoco llegamos a una inteligencia artificial. Aquí vemos la ambigüedad y antropomórfico del concepto de inteligencia. La evolución ha hallado por medio de la retroalimentación, en su adaptabilidad, llegar a sistemas realmente complejos e inteligente sin que exista un agente que dirija esa “acción”, intención, ruta o finalidad. El humano no es más que otro de esos casos, en el cual la falsa percepción de agencia es otro sistema de control evolutivo, bajo el pretexto de crear una falsa sensación de control, pues de lo contrario el sistema se viene abajo y cae en los trastornos. Retomo el tema, que me desvío. Ya en lo humano la molécula que da más sentido a lo que realmente somos es la dopamina. El prefrontal y sus funciones requieren de mucha energía, por el principio de inercia económica trata de no ser usada. La dopamina, como gran premio, trata de paliar esa coyuntura. Por medio de la dopamina podemos mantener la atención centrada mucho más tiempo del que sería “recomendado” a nivel de gasto energético. Los actuales sistemas de juegos electrónicos (ordenadores, consolas, móviles) son una prueba de esta regla… con el consiguiente problema de la tendencia a la adicción.

Brain_metabolism_and_drug_addiction

    Ya tenemos todos los antecedentes, es hora de que las zonas asociativas enlacen las ideas. La primera conclusión es que el concepto de autopoiesis, como reconocen Maturana y Varela, no implementa fines o “intencionalidades” (propósitos, actitudes). Se basan en la retroalimentación negativa, en la medida que solo pretende ser un caso muy concreto de un sistema cerrado al que no le “afecte” o le altere el entorno y por lo tanto la entropía: “una célula persiste en virtud de su capacidad para crear y mantener un límite (superficie de la célula), a través del cual interactúa con el entorno, manteniendo así la integridad del límite. Es esta autopoiesis, o autocreación, la que permite al sistema limitar los posibles estados que visita, y así sobrevivir” (Varela et al. 1974) ¿Existe tal sistema realmente o es sólo un concepto o abstracción de una potencialidad?, cuando leí su libro quería ver en qué caso lo empleaban, y temía que llegasen a ser muy técnicos, pero ni una cosa ni la otra. Si la célula se basa a su vez en el ADN, y este le transfiere información (más abajo veremos el dilema información/comunicación), su identidad (forma de comportarse) transmuta a través de cambios epigenéticos, que son debidos a “lecturas” del entorno, de lo que está afuera de la célula. Esto ya implica potencialidades de varias identidades, donde para que se dé una tenga que “morir” otra, concepto que ya se sale fuera de lo autopoiético. Ahí está el meollo de tratar sobre qué o no es identidad y por lo tanto unidad, problema que heredan los siguientes sistemas o estructuras de la superveniencia. Hay cambios cerebrales, por daños o epigenéticos, que hacen que una persona parezca ser otra. Así, por ejemplo, se nace con la potencialidad de padecer esquizofrenia, en donde tal estado ya cambia la identidad de dicha persona. En otro lenguaje, en el filosófico, qué es forma y qué contenido; qué necesario y qué accidental o contingente. Parecen ser preguntas sin solución, o que no funcionan bajo la lógica boolena (dual: verdadero/falso, 0/1, identidad/otredad), sino que requiere de una lógica difusa o probabilista. Quizás sólo sea aplicable a la química orgánica o a un primer momento “ideal” de esa primera célula viva, la cual no “contemplaba”, no portaba, el concepto y la posibilidad del cambio epigenético. De hecho tal concepto se podría reducir a la distinción de un sistema que trata de ser cerrado y basado en la retroalimentación negativa, frente a otro que se las tiene que ver con el entorno y para ello hacer cambios a través de la retroalimentación positiva. La paradoja de esta primera conclusión es que el realismo depresivo tiene como fundamento un sistema que se “sabe” como entrópico, como no cerrado y al que no le vale el sesgo optimista, que es un sistema cerrado de retroalimentación negativa. De una manera u otra en cuanto la evolución “se echó a andar” emergieron los acoplamientos, en el lenguaje de los autores, en donde el sistema pareció volverse teleonómico (con fines e “intenciones”). O de otra forma, lo que emerge de cada pretensión de mantenerse como autopoiético, son las interacciones y “modificaciones” en dichos sistemas en donde nació el concepto de competencia de varias apuestas, dentro de un entorno, donde ambas no podían subsistir sin llegar a acuerdos de qué tipo de acople se trataba (indiferencia, simbiosis, cooperación). En cuanto se dio la depredación se acabó el estado estable basado en la retroalimentación negativa, puesto que entró en juego la cinta andadora de la evolución -de la retroalimentación positiva- para tratar de mantener la distancia de la presa con respecto al depredador. Igualmente el sexo (palabra que no usan en su libro, ahí hay algún tipo de represión, ¡es broma!) como modo de reproducción, según los autores es una “complicación”, cuestión que yo ya había “calculado”. Extraña elección de palabra -complicación-, quiero pensar que la usan en tanto que sinónima y familiar al concepto de complejidad.

    La segunda conclusión, el fundamento del presente escrito, es que el humano, en lo social e individual, es un “animal enfermo” en la medida que mantiene activo el sistema de retroalimentación positiva, sin que en muchos casos hiciera falta, pues ya no tenemos depredadores y tenemos un control bastante exhaustivo del medio. Lo que me lleva a la tercera conclusión, de un porqué, que hay que desmadejar más extensamente.

    Lo que llama la atención, al tener en cuenta que se siguen manteniendo humanos como cazadores-recolectores, es que el humano llegó a un estado homeostático con el medio, de equilibrio, en donde “actuaba” y se mantenía la retroalimentación negativa, de manera más autopoiética. Los humanos tribales cazadores-recolectores controlan incluso su índice de natalidad dependiendo de la abundancia, por medio de la retroalimentación negativa: menos alimentos, menos hijos. O sea, un sistema autopoiético se ve impelido a “funcionar” por medio de lo que el medio le da, por la abundancia o escasez de dicho medio. Por otro lado se sabe que casi todo animal inteligente lo es porque se vio sometido a presiones ambientales, en donde tiene que entrar en juego la retroalimentación positiva: ganar velocidad en la carrera, optimizar la caída en picado en un ave rapaz, etc. De hecho el humano aunque en un principio hacía herramientas, no creaba variaciones: se basaba en una que sabía que funcionaba y ese sistema lo mantuvo por cientos de milenios. Todo indica que fue el principio de la última era de glaciación la que nos “obligó” a meternos en una retroalimentación positiva (carrera contra un medio muy hostil) que aunque acabase nunca hemos abandonado. Se tuvo que salir de África y desde ese momento el freno de la retroalimentación positiva se fue al traste. Nadie ha apuntado (o yo no lo he encontrado) la posibilidad a que el cruce con los neandertales crease algún cambio en el sistema nervioso y/o el cerebro que fue el que terminó de “modelar” lo que somos ahora. Una tendencia al exceso a la creatividad, al exceso del mantenimiento de la retroalimentación positiva -por medio de la dopamina-, o el nacimiento de los individuos creativos (posiblemente los bipolares: que dualizaban quizás los extremos de las dos especies), que fueron los que terminaron por marcar el principio de la competencia en las culturas (hubo un primer cruce entre las dos especies antes de la “gran salida” de África). De hecho el humano no se comprende sin competir (y luchar) contra sí mismo. Nuestra especie se basa en competir contra otro humano, otro país, otra empresa, otra cultura, etc. Una regla evolutiva dice que una gacela no tiene que ser más rápida que su depredador, sino más rápida que otra de las gacelas, que será la seleccionada por el depredador. Igualmente el humano no tiene que ser el más “inteligente”, sino más inteligente que su vecino. Hasta aquí esta simple hipótesis que no por extenderla va a ser más clara, sencilla o más defendible. Queda averiguar sus conclusiones.

   Maturana y Valera me sorprendieron en ciertas de sus ideas, por ser cercanas a las mías. Yo siempre he puesto énfasis en la distinción entre individuo y sociedad. Argumento, en algunos de mis escritos, que el proceso histórico-evolutivo-cultural nos ha llevado a la situación actual donde la individuación se ve más marcada. Como una conclusión dada la lectura de las premisas. En esa dirección, de los autores del concepto de autopoiesis, lo social fue otra “complicación” de los sistemas autopoiéticos, puesto que se vieron impelidos a crear un nosotros, cuando el sistema es solo “yo”, como quien dice. En esa dirección Maturana y Varela nos dice: “la ontogenia y la evolución son fenómenos totalmente distintos, tanto en su operar como en sus consecuencias. En la ontogenia, como historia de la transformación de una unidad, la identidad de la unidad -cualquiera que sea el espacio en que exista- no se interrumpe jamás. En la evolución, como proceso de cambio histórico, hay una sucesión de identidades generadas por reproducción secuencial que forman una red histórica, y lo que varía (evoluciona) -el modelo organizativo de las unidades genera das sucesivamente- existe en un dominio diferente del de las unidades que lo encarnan“. Con estas conclusiones reformulo a qué hay que considerar como autopoiético dentro de mi línea de pensamientos. Maturana y Varela argumentan que se han de mantener en las ciencias positivas, y que ir más allá es entrar en la metafísica, cuestión que está fuera de su libro y sus pretensiones. Yo no tengo (me pongo) esos límites, soy más “filósofo” que científico. Bajo las premisas dadas la autopoiesis y el gen egoísta son una y la misma teoría bajo dos aspectos. Cada ente autopoiético “cree” o se fundamenta en tanto que unidad. Que existan “otros” es accidental o está fuera de su Ser, “esencia” y potencialidad. Cada ser autopoiético se toma como el… no sé qué adjetivo, o concepto dar. ¿Único, principal… elemental? De una manera u otra la identidad, en tanto que unidad, es la que fundamenta la esencia de ese ente autopoiético, pues como los propios Maturana y Varela dicen: “en un sistema viviente la pérdida de su autopoiesis es su desintegración como unidad y la pérdida de su identidad, vale decir, muerte“. En esa medida el que existan otras “unidades” es contingente (complicado) y queda fuera del rango de su Ser en tanto que unidad. Es de destacar que si lo que creó esa tendencia, el mantenimiento de la retroalimentación positiva, fue la presión ambiental, no todo humano fue igual de sensible a ese cambio. Por aquel entonces ya existiría la apuesta humana que hoy expone la baja inhibición latente -este concepto se analizará en detalle más adelante-. No todas las sensibilidades inciden en lo mismo, unas son emocionales, otras físicas, otras emotivas, cognitivas e incluso estéticas como queda expuesto en el síndrome de Stendhal, y de forma más extralimitada en el choque cultural que se manifiesta en el síndrome de París. Tales sensibilidades se manifiestan en trastornos, características o personalidades como “persona altamente sensible“, “baja tolerancia al estrés“, neuroticismo, y la llamada baja inhibición latente.  Fueron ellas las que primero sintieron la presión ambiental, las que llevaban la carga de ajustar el medio a sus sensibilidades, como para llegar a algún equilibrio. Unas tipologías y otras -dentro de este rango híper-sensible- se ven obligadas a tener que centrarse más en sí mismas, puesto que el resto de personas no las entienden, pues no sienten la misma presión ante un mismo medio y situación. En esa medida tienden a ser más individualistas, a buscar los porqués en su interior, puesto que el resto de personas “no ven nada” en el exterior como para tener que “ajustarse”. En esa dirección están impelidas a buscar el equilibrio en su interior, frente al resto de personas que se adaptan mejor al medio pero con el consiguiente “problema”, o dilema, de buscar su equilibrio en los social. Vemos así dos tendencias: alguien que se amolda fácilmente al medio, pero al que el medio a la vez  lo amolda a él. Son más miméticos, si se quiere pensar así, pues lo social son reflejos reflejados de lo que se ha de ser en lo social. El estímulo está afuera y su comportamiento lo adapta a los estímulos, con lo que su identidad es esa adaptación a los estímulos externos: es social, o más simplemente basa su ser en su Ser o identidad social. Esto nos dice la Wikipedia: “más bien, un ‘extravertido’ es simplemente alguien que actúa más extravertido con mayor frecuencia, lo que sugiere que la extraversión tiene más que ver con lo que uno ‘hace’ que con lo que uno ‘tiene’” y “(…) esto significa que los introvertidos ponen conscientemente más esfuerzo en presentar una versión más extravertida y socialmente deseable de sí mismos. De este modo, los individuos pueden regular y modificar el comportamiento en función de sus situaciones ambientales“. Por otro lado esos otros seres híper-sensibles, puesto que están inadaptados, se tienen de referencia a sí mismos. Son menos sociales, más solitarios, más autorreferenciales. Su referencia son ellos mismos. En otro lenguaje, y a grandes rasgos que habría que matizar, si algo está “actualizado” no tiene que depender de su posible potencialidad. El introvertido se sabe. En esa medida conoce sus límites y los tiene como referentes. Lo que es suele ser porque su potencial ya está expresado. Mientras que el ser social siempre “cree” que su potencial no está liberado y aún tiene que seguir buscando y “adaptando” -mimetizándo- su Ser a su hacer social (performatividad). Estas ideas vienen de antiguo, o estaban implícitas, en la idea Aristotélica de actus et potentia, en donde se diferencia “entelequia o entelechia”, en tanto que lo segundo es lo dado o completo, como energía expresada, y lo primero como ente que permanece en movimiento o de forma dinámica. Fijarse lo cercano de entelequia (reducido en la actualidad a “cosa irreal”), a la teoría del yo cristalizado, analizado capítulos atrás. Los extravertidos, por otro lado, son mas tendentes a depender de la imagen social, lo que les suele llevar a tener una auto-estima inflada, que les lleva más al sesgo de autoservicio o egoista, y al de auto-engaño: “se piensa que los individuos con mayor autoestima tienen más que proteger en su imagen de sí mismos y, por lo tanto, exhiben el sesgo egoísta con mayor frecuencia que aquellos individuos con menor autoestima“. Paradójicamente las personas centradas en sí mismas, en ese buscar interior, en esa individuación, pueden hallar su paz, como igualmente queda implícito en la teoría Aristotélica: “las investigaciones demuestran que cuando las personas viven vidas que son diferentes de su verdadera naturaleza y capacidades, es menos probable que sean felices que aquellas cuyas metas y vidas coinciden. Por ejemplo, alguien que tiene un potencial inherente para ser un gran artista o maestro puede que nunca se dé cuenta de su talento si su energía se centra en alcanzar las necesidades básicas de los humanos“, nos dicen en la Wikipedia. No dudo que personas como Buda portaban esa alta sensibilidad en alguna de sus variantes. Igualmente Einstein y otros grandes científicos, pensadores y artistas. Son seres más autopoiéticos, en la medida que son más autorreferenciales, más individuados, más autodeterminados y cerrados en sus mundos. Son esas personas a las que nombra Carl Rogers en su “teoría de la personalidad centrada en la persona”, que en el lenguaje común se referencian como neuróticas. Estado que ya no está catalogado como trastorno, sino como una tipología más dentro de los cincos rasgos de la personalidad. Fijarse que ese tenerse a sí mismo como referente puede ser tomado como narcisista, pero que como he hecho ver en el escrito “narcisismo e identidad”, no lo es en la misma medida que el narcisista social o performativo.(1) De una manera u otra, en otra dimensión y lenguaje, son personas introvertidas (diferente a ambiversión, entre los dos opuestos, que es donde pueden encajar los bipolares), divergentes, en tanto que no tratan de converger a la media social, y que son aquellas que en mi lenguaje denomino como preconcientes (por disposición genética y/o por un daño traumático en la niñez) y que están llamadas a hacer de retroalimentación negativa en el sistema, o son su dialéctica negativa, como trato de defender en el escrito “la dimensión social“. Las personas extrovertidas tienden a necesitar un mayor nivel de excitación del medio a nivel cortical, que bajo mi punto de vista es por el hecho que son más tendentes a la presión de la cinta andadora, que está estructuralmente acoplada a la sociedad humana, a la competición de las culturas, de la retroalimentación positiva, y por ello tienden a mantener el nivel de dopamina por encima de lo que sería “normal”. Así la Wikipedia no recuerda que: “la extraversión se ha relacionado con una mayor sensibilidad del sistema de dopamina mesolímbica a estímulos potencialmente gratificantes” y “un estudio encontró que los introvertidos tienen más flujo de sangre en los lóbulos frontales de su cerebro y en el tálamo anterior o frontal , que son áreas relacionadas con el procesamiento interno, como la planificación y la resolución de problemas. Los extravertidos tienen más flujo de sangre en la circunvolución cingulada anteriorlos lóbulos temporales y el tálamo posterior, que están involucrados en la experiencia sensorial y emocional. Conviene traer aquí el texto de la Wikipedia sobre la introversión, pues reúne los conceptos que yo trato de mostrar:

“La introversión es el estado de estar predominantemente interesado en el propio yo mental. Los introvertidos se perciben como más reservados o reflexivos. Algunos psicólogos populares han caracterizado a los introvertidos como personas cuya energía tiende a expandirse a través de la reflexión y disminuye durante la interacción. Esto es similar a la opinión de Jung, aunque se centró en la energía mental en lugar de la energía física. Pocas concepciones modernas hacen esta distinción.
Los introvertidos a menudo disfrutan de actividades solitarias como leer, escribir, usar computadoras, hacer caminatas o pescar. El artista, escritor, escultor, científico, ingeniero, compositor e inventor arquetípico es altamente introvertido. Es probable que un introvertido disfrute del tiempo que pasa solo y encuentre menos recompensa en el tiempo que pasa con grupos grandes de personas, aunque pueden disfrutar de las interacciones con amigos cercanos. La confianza suele ser un tema de importancia: una virtud de suma importancia para los introvertidos es elegir un compañero digno . Prefieren concentrarse en una sola actividad a la vez y les gusta observar situaciones antes de participar, especialmente en niños y adolescentes en desarrollo. Son más analíticos antes de hablar. Los introvertidos se ven fácilmente abrumados por la excesiva estimulación de las reuniones sociales y el compromiso, incluso algunos han definido la introversión en términos de una preferencia por un entorno externo tranquilo y de estimulación mínima.
Confundir introversión por timidez es un error común. La introversión es una preferencia, mientras que la timidez proviene de la angustia. Los introvertidos prefieren las actividades solitarias a las sociales, pero no necesariamente temen los encuentros sociales como lo hacen las personas tímidas. Susan Cain sostiene que la cultura occidental moderna juzga mal las capacidades de las personas introvertidas, lo que lleva a un desperdicio de talento, energía y felicidad. Caín describe cómo la sociedad está predispuesta en contra de los introvertidos, y eso, dado que a la gente se le enseña desde la infancia que ser sociable es ser feliz, la introversión ahora se considera ‘en algún lugar entre una decepción y una patología’. En contraste, Caín dice que la introversión no es un rasgo de ‘segunda clase’, sino que tanto los introvertidos como los extravertidos enriquecen a la sociedad.” 

   Bajo mi punto de vista, si todo individuo portase esta apuesta “sensible”, introyectada, individual, la sociedad sería más estable, pues pienso que ese mimetismo que trata de basarse en la media, en lo social, es lo que es más tendente a crear problemas sociales. Ese ser altamente moldeable a lo social “cambia de camisa” con tanta facilidad como para que la tendencia política actual en Europa sea la extrema derecha. Esa otra apuesta de los híper-sensibles, con su tendencia a la individuación, son más socialistas y se atienen a mantener esa idea como fija. Casi todo pensador o científico híper-sensible ha tendido a los conceptos humanistas, pese a que no les gustase la masa y el gregarismo. Por el contrario el extravertido tiende a amar lo social, pero como nos dice la Wikipedia: “(…) cierta evidencia sugiere que el rasgo de la extraversión también puede estar relacionado con el de la psicopatía“, y por ello igualmente la sociopatía. A mí nadie me ha podido “vender” nunca el capitalismo, nunca he entrado en la dinámica de tratar de vender nada que nadie quiere, siempre me he resistido al lenguaje comercial, que sobre todo se ve en los agentes inmobiliarios de los Estados Unidos. Aunque esto vaya en mi contra a la hora de poder encontrar o mantener un trabajo. Cuestiones que son lo comunes en los seres sociales. De nuevo estos son unas primeras conclusiones, a las que siguen otras.

   Hay una falla estructural en el párrafo anterior. De fondo estoy afirmando que “si todas las personas fueran como yo, el mundo sería mejor”. Un pensamiento pueril y egotista que todo intelectual tiene que tratar de evitar o no mostrar. Pero, ¿acaso no es eso a lo que se puede reducir todo?, y ¿acaso no es este hecho y pensamiento -que es universal- una demostración de la validez de la teoría del gen “egotista”? Validamos nuestra propia identidad (personalidad, pensamiento, emocionalidad, comportamiento, ideología, religión) como la más acertada, o más humana o la que hubiera de ser la prototípica. Lo hacen los corredores de bolsa, lo hacen los millonarios, los directivos, el trabajador medio, el piadoso, el humilde…; lo hizo Jesucristo, Buda, Immanuel Kant, Steve Jobs, John Lennon…; casi todo filósofo o pensador, o creador de una religión o secta; todo el que quiso reducir la vida a una máxima como “carpe diem”, “el humano es su voluntad de poder”, “visualiza tu futuro”, “el universo conspira para que realices tus sueños”…; todos excepto, paradojicamente, los cerebros dañados y/o con trastornos mentales, que se sienten “inválidados”.  De nuevo el dolor y la carencia total de orgullo como baremo de un patrón, pero bajo la regla de no querer ser universal… ¿o es imposible invalidar esa regla de oro de la evolución?, puesto que al universalizar el dolor y la carencia de orgullo ya gana, ya se impone como lo prominente, como lo “más” y el máximo exponente de una especie. ¿Qué queda como alternativa? Derrocar esa máxima evolutiva del gen egoista. Aceptarse como un ente eusocial. Ser una mera hormiga dentro de un sistema global igualitario y justo, en donde la competencia se haya transcendido; donde todos tengamos trabajo, comida y hogar. Me imagino que suena a comunismo o a la idea “original” de Jesucristo, pensamientos que ya han quedado atrás por inválidos para nuestro tipos de cerebros. Ninguna apuesta “vencerá” o se universalizará jamás, puesto que portamos distintas tipologías humanas que sólo pueden mantenerse en su juego evolutivo de ganar o perder. Sólo nos queda ese “juego” social de tratar de hallar una media “aceptable” para la mayoría. Sólo parece quedar la vacua democracia (teoría del fin de la historia) que no termina de satisfacer a nadie. Donde todos nos tenemos que sacrificar a la voz de una mayoría que no es la más racional, ni la más culta, ni la más inteligente, ni la más excelsa de lo humano, esa mayoría que hoy vota el socialismo y mañana votará a la extrema derecha…, pero que en definitiva es la mayoría.

    Para matenerse en el plano positivo, científico, la pega al gen egoísta (que yo prefiero llamar egotista) es que las expresiones de dichos genes, en algunos casos, son irrelevantes, pues es la suma o totalidad de todos los genes y sus interacciones la que se revela en un ser vivo. O sea que el gen es una parte mínima de un ADN en concreto que es el que crea, por ejemplo, un humano concreto. De nuevo el gen egoísta es una abstracción de un concepto mayor. Cada gen es un empaquetado mínimo que “lucha” dentro del ADN para ser expresado, -sí hay una lucha “evolutiva” dentro del ADN, donde cada gen se replica todas las veces que pueda (el mal llamado código basura) como para llegar a ser expresado en alguna de sus “posiciones”-, idea extensible al meme (el concepto que mantiene las redes socieles sobre qué es un meme es un(a) meme-z). Cada meme “lucha” por sí mismo para “sobrevivir”. Son paquetes de información. Otra cuestión del concepto de autopoiesis es que Maturana y Varela sustentan que no implican información. Que esta emerge en su dimensión histórica y desde el punto de vista de un observador. Lo que Maturana y Varela llaman acoplamientos: “cada vez que el comportamiento de una o más unidades es tal que hay un dominio en el que la conducta de cada una es función de la conducta de las demás, se dice que ellas están acopladas en ese dominio”, yo lo he venido llamando “capas de complejidad” (o de abstracción), de las que nacen o emergen conceptos. ¿Hay algún punto cero en donde no los hubiera?, pienso que no. En los sistemas complejos no-vivos (el clima por ejemplo) ya existían esos “acoplamientos” (estructuras, reglas, patrones, potencialidades…, interactuando), que son por los que se les puede catalogar dentro de dicho concepto, aunque puede que no estén dentro de los límites restringidos conceptualmente que son usados por sus autores. Bajo mi concepto, de las “capas de abstracción”, en cada capa se dan emergencias, en donde una segunda capa ha sumado dos emergencias de la capa anterior. Por ejemplo en el humano el habla y las culturas llevaron a una siguiente capa superior que es la escritura, como para mantener lo aprendido. Los humanos que no llegaron a esa capa de abstracción no pudieron “prosperar”, bajo los parámetros etnocentristas occidentales. En este sentido hay que ver o estructurar qué capas “nacieron” primero o están en la base (pendiente de hacer un gráfico de las capas de abstracción). La identidad nació en el momento que nació la otredad, contra la que se competía por unos recursos o finalidades. Otredad está unida a una segunda capa de identidad -o están en la misma capa- de la que nace la potencialidad de la competencia. Igualmente de la información emerge la comunicación en cuanto hay otro con distinta información.

    Con esto vuelvo al olvidado Luhmann y la identidad de las sociedades y los individuos. Si apunto a que no me gusta la sociología es por el hecho que trata al humano en tanto que social, como un agente social, olvidando que antes que social es individuo. El concepto de significado, por otro lado, no se puede entender sin la intención, que a su vez remite al modo que se expresa la información de una unidad o individuo. Esto nos lleva al problema de qué es o no es comunicación, otro de los conceptos clave de Luhmann. Yo entendería o reduciría la comunicación a una situación tal en donde emisor y receptor son intercambiables, y en donde a partir de dicha interacción uno o los dos pueden haber cambiado sus puntos de vista sobre su primera información, pero siempre dada la posibilidad o potencialidad para ese cambio en los dos lados del sistema. En ese sentido un cartel propagandístico no es comunicación, porque es un emisor que no cambia con respecto a lo que piense o pueda decir o sentir un receptor (un influencer es equiparable a un cartel propagandístico). Es tan sólo información (se me ocurre que el receptor, una persona, haga cambios al cartel, cosa que suele darse, las cosas se complican enseguida). Un meme entra dentro de esta reducción, puesto que ha de mantener su información. Si cambia ya no es el mismo meme, ha mutado, es otro. En ese sentido gana vigencia el concepto de gen egoísta (egotista), puesto que el ADN tiene la potencialidad epigenética de adaptarse a cambios con respecto al entorno (comunicación, por lo tanto), pero el gen “funciona” al modo de meme, si cambia muere, es otro. Recordemos que de lo que trata el presente libro es de la búsqueda del Ser, con respecto a su (a)parecer. Todo humano, así, es tanto su Ser como las potencialidades que están implementadas para hacer cambios a través de la epigenética en su ADN y las potencialidades que puedan no manifestarse, porque no se dan las condiciones en el entorno para ello. Por ejemplo alguien que no viva una guerra o un estallido de violencia social,  no sabrá si mataría o no, y como dijo Wittgenstein “de lo que no se sabe, es mejor no hablar (o callar)“, que igualmente el saber popular de milenios nos lo hace saber bajo el refrán: “nunca digas de este agua no beberé”. De nuevo la lógica boolena no funciona para definir a un ser humano y su identidad, pues puede ser una cosa y su contrario, por cambios epigéneticos, situacionales, o ambientales. A grandes rasgos yo diría que existen dos tipos de humanos: los alfa, que no tienden a cambiar pues nacen bajo ese “designio”, y si cambia de ser alfa muere (en el lenguaje popular son “erre que erre”, empecinados, cabezotas), y el resto de humanos, que mutan en lo social porque en ellos impera la comunicación y por ello la “mutación”. El alfa y el poder es lógica binaria: Ser o no-Ser, sólo información; y el resto de humanos lógica difusa y comunicación. No hay juicios de valor en dicho planteamiento: el primero mantiene su Ser, pero al no adaptarse al entorno es menos “inteligente”, y los segundos lo son en ese aspecto a cambio de no tener Ser (identidad definida). Bajo estas premisas ¿cómo abordar la sociología, y el dilema de la comunicación y el Ser que he planteado? El poder, que hereda la estructura de los alfa, no quiere cambiar, no quiere perder su identidad. No quiere comunicarse, quiere ordenar. En la medida que se llegó a las democracias el poder del Estado se hizo permeable, mutable, dejo de Ser poder o en menor rango. Dicho poder no lo abandonaron los humanos con grandes sumas de dinero, que son los que han provocado que el sistema esté tendiendo hacia la corporatocracia, al poder ladino pero contundente de las grandes corporaciones y compañías. O dicho más sencillamente y como contraargumento a lo que sostiene Luhmann,  la comunicación no existe en lo social en la medida que algunos estamentos no son permeables a cambiar sus posiciones en tanto que eso quiera decir perder el poder. En la estructura de interacciones con un otro, la comunicación está dentro de lo cooperativo o el altruismo, mientras que la estructura del alfa y el poder es egotista y  de despecho o rencor (la aptitud de “ni para ti ni para mí, a la basura”), en donde prefiere morir que dar, si por ello pierde poder. O de otra manera puede ceder algo de poder, si a la larga sabe que va a ser para ganar aún más. De una u otra forma siempre más poder, que es forjar aún más su identidad, y nunca menos.

    En el escrito “Posverdad y percepción de Coúrum” veíamos que los animales individuales, de forma rápida, crearon una comunicación simple a través de la química, de la que son herederas las hormigas. Esas primeras comunicaciones eran para sincronizar procesos, acciones y funciones, que a la larga son la base de las propias células dentro de un animal multicelular o metazoo. Las células nerviosas y al final las neuronas heredan en capas de abstracciones las reglas y los conceptos de esas bases comunicativas basadas en las sincronías de ritmos. De hecho cuando el cerebro trabaja en sus circularidades, lo hace con ritmos sincronizados, en donde si tales ritmos se pierden los procesos se vienen al traste.  La esquizofrenia, en su base, es un retardo en la percepción del soliloquio interior, de tal manera que dicha voz no es tomada como propia (apostaría que el trastorno de miembro ajeno tiene que ver con algo similar, igualmente apuntaría a que el efecto de Déjà vu es una falta de sincronización entre el módulo predictivo y la visión, donde el primero es tomado igualmente como visión, dando como efecto que el segundo nos parezca su repetición). De hecho se apunta a que el sentido de agencia se da en la circularidad del proceso a nivel de todas las capas: “una propuesta influyente sostiene que nuestro sentido consciente de agencia depende de la comparación de los estados reales y esperados. En este sentido, Chris Frith y otros (Frith 2012, 1987; Frith y Done 1989; Synofzik et al. 2008) argumentaron que el sentido de agencia depende de la interacción de dos comparadores de avance, uno comparando los estados deseados y predichos para generar un sentimiento de control, y otro que compara estados predichos y estimados para generar autoascripción“, (¡bonito palabro!, reducible a autoconciencia). Como soy muy gráfico, yo veo tal concepto a que es como si al entrar en una rotonda esta tuviera varios espejos (redondeados para ampliar y amplificar la visión) que reflejan la imagen del espejo anterior, de tal forma que cuando uno mira el espejo que tiene más cerca de adelante, viese su propio automóvil desde atrás, y uno se dijese… “¡ah, pero si soy yo!” y desde ese momento en vez de conducir con la vista puesta a lo que hay delante, lo hiciera a través de los espejos y desde atrás, como un agente externo al coche (la típica cámara desde atrás del coche de los videojuegos que es la más cómoda para manejarlos). Con la salvedad que el coche es un tesla, y que casi siempre va en automático, cuando el “piloto” cree que no es así.

Processing HierarchyAuto-modelo de subjetividad

    Una de las premisas que emergen una y otra vez en lo evolutivo es la información dentro de una identidad. Se mantiene una especie y género preservando una identidad. Esta premisa queda ampliamente explicada en el escrito anterior. En el presente he tratado de mostrar que el humano se ha creado en la base de una retroalimentación positiva en donde la otredad dentro de la propia especie: la otra persona, la otra familia, la otra cultura, el otro idioma, el otro país, el otro sexo… es la que ha exponenciado nuestro crecimiento social-histórico-cultural. Algunas nos vienen dadas al nacer (fácticas), otras las “elegimos” durante la vida. Cuando nos adscribimos (la he usado porque me gustó lo bien que quedaba arriba) a una identidad cultural, o asumimos bajo las que nacemos, renegamos en un alto grado de nuestra individualidad, que está más cercana del concepto de la autopoiesis, de las estructuras de nuestro propio cerebro para llegar al equilibrio, con sus mecanismo de retroalimentación negativa. De otra forma la vida humana deja pocas opciones más: tienes que formar parte de sociedades -de identidades- si quieres vivir medianamente bien (sin contactos es más complicado encontrar trabajo, por ejemplo). Dichas identidades son máscaras, identidades asumidas, impostadas; la única identidad “real” es la individual. Ni siquiera la familiar es “real”, aunque sea la que más validez tenga. Una gran mayoría de familias se terminan por desintegrar -artimaña para evitar la cacofonía- cuando sus integrantes maduran, puesto que con la edad la identidad personal ha crecido tanto, se ha diferenciado tanto del resto, que apenas si existen ya puntos de unión con el resto de la familia y los humanos. La fuerza de la familia es la maternidad, las mujeres, que tienen moléculas (estrógeno, oxitocina, prolactina) más tendentes a crear uniones y empatía, pero el posmodernismo y el feminismo las están “volviendo” individuales al hacerlas relegar de esas condiciones “naturales”. Sin la mujer seguramente no se hubiera dado la sociedad humana, si se acaba con ese arquetipo no sé qué ocurrirá, aunque ya se notan sus efectos. Mis hermanas son las que más luchan contra la desintegración familiar, pero igualmente al final les puede el orgullo individual.

    Retomo el tema de las identidades. Lo que el humano sea lo es en lo bueno y lo malo. No por ser cobarde, neurótico, nervioso, etc., se es más o menos humano; incluso un psicópata es un “hijo” de la humanidad, pues en una sociedad estable (sana) seguramente no se rebelaría su lado más negativo. Ha de primar la neurodiversidad. ¿Se es más humano “si se tira del carro”?, ¿y si es un error mantenerse en la retroalimentación positiva?, que es lo que expresa de fondo tal concepto. Somos entes individualizados, en donde tal entidad es la primera antes que la social. El “ideal” o normalización de lo que es o ha de ser el humano se da en lo social, por “exigencias del guion”, del contrato social. A mí me gustaría pensar que uno puede relegar su individualidad por el bien común, pero tal cuestión… ¿tiene sentido si la sociedad no es justa e igualitaria? Porqué voy a cercenar partes de mi identidad si al final es para que pateen mi dignidad. No quiero que me roben, que haya delincuentes, pero en muchos casos son individuos, que nacieron en el rincón más recóndito, mugriento y sin salidas del laberinto social, y que tratan de preservar su dignidad en una sociedad injusta. Recordando aquella frase icónica de “tú haces que quiera ser mejor persona”, a la sociedad de hoy en día sólo se le podría decir: “tú haces que quiera ser peor persona”. Voy a tratar de asentar una paradoja, la que ha de llamarse la “paradoja del esquizofrénico”. Por lo que se sabe todo inmigrante es susceptible de caer en el “síndrome de Ulises“, en donde la sensación a que debes algo a la sociedad que te acoge, el estrés de no parecer cumplir con esa alta exigencia, y otros factores estresantes como mantener la cabeza gacha y el racismo, hacen que esas personas pierdan todo sentido de identidad, incluso la personal. Por lo que nos dicen los últimos estudios son un colectivo muy tendente a la esquizofrenia. Paradójicamente cuando no se puede tener una identidad social, de pertenencia al lugar en el que te encuentras, se puede llegar a perder la identidad propia (despersonalización). En ese estado el cerebro parece perder su sincronicidad, su fluidez, en donde esta es muy posiblemente que sea debido a una pérdida de la percepción de cuórum, de no poderse “sincronizar” con el resto de las personas de su entorno. La exclusión de cualquier tipo crea esa rotura síncrona de forma externa que al final se vuelve interna. En esa desincronización interna el esquizofrénico cree que su voz interna no es la suya. Volverse ajeno al otro, a un nosotros, vuelve al propio individuo tendente a volverse ajeno a sí mismo, pierde la auto-referencialidad, que es una de las bases de una identidad autopoiética. Bajo la premisa de Maturana y Valera, esa muerte de identidad es en sí misma una muerte física. ¿La esquizofrenia es un suicidio simbólico, transferido, interiorizado? En otra lectura, la sociedad te “exige” que relegues tu identidad a la social, para al final abandonarte a tu suerte en un mundo que ni es igualitario, ni justo, y donde al final pierdes hasta el poderte identificar con tu propia voz interior…, aquella que habría de ser tu única voz e identidad. ¿Cabe mayor mal? En lo personal prefiero morir a manos de un psicópata (una apuesta individual no aceptada), que morir esquizofrénico. Una muerte física a otra espiritual. Morir rebelde a que pisoteen mi dignidad.

    No tiene sentido que la humanidad permanezca eternamente pisando el acelerador del progreso. Hemos de olvidarnos de competir contra otros hombres. Evitar que las culturas y sociedades se basen en sus luchas contra otras. Deberíamos centrarnos en crear una sociedad justa e igualitaria en donde la media de los sueldos y los bienes fuesen lo más parejos posibles. Donde todo humano tuviese como realidad una vivienda y un trabajo, y no como un posible desdibujado y brumoso futuro. Tenemos los medios y las tecnologías para que tal sociedad sea universal. Basta centrarse en ese fin dejando de pisar el pedal del acelerador. Tenemos que dejar atrás la sensación de precariedad que nos provocó la última era de glaciación, que nos metió en una eterna retroalimentación positiva que nunca hemos abandonado. Hoy tenemos abundancia, pero no es repartida de forma equitativa. ¿Acaso todos los avisos que nos está dando la naturaleza no nos sirven de aviso para hacernos ver que no podemos seguir con esta misma dinámica? Podemos crear una sociedad cerrada, autopoiética, basada en la retroalimentación negativa, en la dirección de crear una sociedad igualitaria y justa, en donde uno no tenga que apostar entre su individualidad y su ser social, porque crea a los dos como parte de una misma unidad. Si lo hacemos habremos demostrado que hemos luchado contra nuestras estructuras, como para podernos calificar realmente de inteligentes…, mientras tanto yo seguiré empeñado en pensar que somos un animal estúpido.

 

La Dimensión Individual

    He analizado la dimensión social, toca la individual, la que implica al cerebro. Tengo la teoría de que cuanto más se alargue uno en explicar algo, más susceptible es para que pueda ser falso o cuanto menos que sea más cuestionable. Se sabe y se pilla al mentiroso porque da unas explicaciones que no se le pide: “excusatio non petita, accusatio manifesta” (excusación no pedida, acusación manifiesta). La paradoja es que toda tesis obliga a alargar verdades cortas y sencillas, en la mente de que las expone, pues no sabe el nivel de conocimientos del lector. Espero que la dimensión individual sea más corta, pues ya tengo todos los precedentes.

    Es paradójico que el humano nazca con los ojos cerrados cuando es su principal sentido. Pero también manifiesta una ontogenia epistemológica y ontológica, pues se necesita la vista para actuar y mover un cuerpo -un ente- por el mundo. Una vez que el cerebro ha creado un mapa propioceptivo (interior), sobre todo de los movimientos, sobre su identidad corporizada, abre los ojos para “ajustar” ese primer mapa a la realidad. La novedad es la base de todo conocimiento. El cerebro crea mapas internos, y los va corrigiendo y ampliando según va conociendo cosas nuevas. Hay una teoría del conocimiento que se llama holográfica, que tiene como base esta forma de operar del cerebro (si bien, bajo mi punto de vista, se extralimitan en ciertas de sus conclusiones). Este siempre tiene una representación mental del mundo, de la realidad. Hay que recordar que en cuanto se atiene a lo dado, en la representación mental, eso implica ahorro de energía. Lo nuevo siempre es un gasto de energía, pues supone redibujar y ajustar el mapa interno. “Si un organismo está dotado de la creencia de que maximizará la evidencia de su existencia, entonces actuará de manera consistente con esa creencia. En otras palabras, si la supervivencia es sinónimo de minimizar la sorpresa, es decir, maximizar la evidencia o la auto-evidencia, luego se deduce que la única creencia previa que un agente puede tener en cuenta es que se comportará para minimizar la sorpresa“, (Hohwy 2016). Por otro lado la teoría del control perceptual nos dice que un sistema abierto, y por los resultados de los experimentos, “han demostrado que un organismo no controla su propio comportamiento ni las variables ambientales externas, sino sus propias percepciones de esas variables” Lo cual es extrapolable a que el cerebro no trata tanto de controlar al medio como controlar el cómo lo percibe (o siente). Esto se deja ver en el optimismo y la esperanza, el control del miedo o la ilusión de certidumbre. A la potencialidad entre atenerse al mapa interior o ser sensible a los cambios se le llama “inhibición latente“. La media humana tiende a no buscar o encontrar cambios. Se atiene a mapas representacionales “pobres” o “mediocres”. No estoy haciendo juicios de valor, pero me imagino que es imposible escapar de ellos. Ya he dicho muchas veces que la evolución tiene como media, en una especie, la mediocridad. ¿Si no porqué nos llamarían la atención los casos que se salen de la mediocridad, como los genios y los héroes? Cuando una persona es más sensible a los cambios, creativa, abierta mentalmente o inteligente, lo es porque suele tener una “baja inhibición latente” (ver en el mismo artículo la sección correspondiente). Pienso que ese fue el cambio que nos creó como humanos. Ese cambio que bajo mi opinión se dio por el mestizaje con los neandertales y otros homínidos de Eurasia. Por regla general el mestizaje es bueno en lo evolutivo. Emergen nuevos cambios y potencialidades, se crea una posible nueva capa de complejidad o abstracción.

    En otro lado decía y reducía la inteligencia a la latencia de detectar lo nuevo y acoplarlo dentro del mapa mental. Ahora ya tengo la idea más madurada. La baja inhibición latente, conlleva a ser más sensible a que algo no está dentro de un patrón…, que pueda ser algo que necesita un nuevo patrón, una nueva regla y conclusión. Voy a atacar el tema por otro lado. En otro lado ya he hecho ver la dirección de la información: de arriba hacia abajo, y de abajo hacia arriba (ver sección “Neurociencias y psicología” en dicho artículo). Ese arriba es el mapa interior, el abajo los hechos en bruto. Por norma general, en una latencia inhibitoria normal, el cerebro “encaja” todo abajo o sensación bajo el mapa de arriba, que ya tiene. Lo nuevo es aquello de abajo que de ninguna forma “encaja” dentro del mapa mental u holográfico. De esta manera alguien con baja latencia inhibitoria capta más cosas nuevas que la media y está constantemente redibujando su mapa interior, lo que ya implica el tener un mapa representacional más amplio y por extensión ajustado a la realidad o inteligente. Se deducen más reglas de esta sencilla base. La forma más “normal” o universal de razonamiento es la deducción. De las generalidades se deducen individualidades: 1. todos los hombres son mortales, 2. Sócrates es un hombre, 3. luego se deduce que Sócrates es mortal. De esta manera las generalizaciones (patrones, arquetipos, estereotipos), son la forma más económica que tiene el cerebro de crear una representación del mundo, de “encajar” a los individuos dentro de grupos o conceptos mayores. Este patrón deductivo, junto al de “prueba y error”, no suele requerir del prefrontal. De facto (por “prueba y error” si tal cosa se puede decir en este caso) el sistema tiene que todo hombre muere como para deducir que Sócrates morirá. Construye generalizaciones a partir de la repetición de lo validado, de aquello que ha sido cribado una y otra vez en el “prueba y error”. Todo el cerebro, en tanto que cognitivo y representacional, recrea el mundo a partir de dichos patrones. Es por un lado el modo más económico de gasto de energía (el más propenso a la inhibición latente) y por otro son los más fiables. Son los más “validados” por la evolución, como quien dice, sus “reglas de oro”. Una baja inhibición sin embargo ve cosas nuevas por todos los lados, de tal forma que las generalizaciones dejan de “funcionar”. Se encuentra con una representación interior del mundo que tiene demasiadas individualidades, “entidades” mentales, que no encajan dentro de ninguna de las generalidades. Piezas sobrantes de un gran puzle. Recordemos que cada zona cerebral que se dedica y procesa a un sentido lo hace bajo sus propias reglas. Algunas reglas ya están implementadas a nivel del ADN, puesto que nacemos “sabiendo” de la gravedad, de la resistencia y dureza de los cuerpos, y otras leyes físicas. En esa dirección el cerebro nace con unas valencias y son distintas entre los sexos. Suavidad (que no daña) es un muñeco de peluche. El hombre no tiende a lo suave sino a lo rígido y duro. ¿Dualidad?: suavidad/dureza, mujer/hombre, amor/guerra. Las crías hembras de los chimpancés tienen una mayor preferencia por los muñecos de peluche frente a un camión, no es algo aprendido y que sea social. Recordar que no soy dual; hay hombres “suaves” y mujeres “duras”; es una gradación de esas dos valencias, pero la evolución tiende a la generalización de lo más válido (estándar) y eso nos da las generalidades de los sexos. Vuelvo a las reglas de cada módulo sensorial. Si algo se sale de sus generalidades, lo cataloga como “extraño” o nuevo y se lo pasa a las zonas asociativas del cerebro para ver si en ellas sí existe un patrón o categorización para dicha sensación o percepción. Por el mismo proceso si no “encaja” es llevado al prefrontal, el sistema más costoso a nivel de gasto energético. En el prefrontal está, entre otros módulos, el sistema ejecutivo, que cuenta con la memoria de trabajo y la atención. Es a este módulo al que se le llama volición, o razón, el que está preparado para lo especular y por el que creemos que somos dicha entidad. Identidad que, por lo general en el pensamiento occidental,  está unido a la capacidad volitiva. La que re-elige, la que tiene la capacidad de cuestionar lo dado por las otras partes del cerebro. Por extensión es a lo que se llama “sentido común”, que como dice el refrán es el menos común de los sentidos. Cuanto más extraño y prioritario sea algo nuevo, necesitará de un mayor foco de atención o concentración… un mayor gasto de energía, con la consiguiente resta a otros procesos corporales y por ello con la consabida tendencia al agotamiento. Este mapa es el esencial que maneja las teorías cognitivas, pero yo las estoy analizando desde la inhibición latente, demos un paso atrás.

Terminología Argujmental Usada en Lógica

   Alguien con una baja inhibición latente es más susceptible de tener individualidades que no encajan en su mapa mental, en generalidades. Dicho de otra forma es a alguien al que no le “funciona” la deducción como regla para hallar reglas, pero que a la vez es un tipo de persona que no se conforma a que eso sea así. O sea, no toda persona con baja inhibición latente es inteligente, pero tiene dicha potencialidad. El individuo, con dicho rasgo, está dentro del colectivo denominado como “personas altamente sensibles” que en este caso lo son a los estímulos sensoriales. Son más sensibles al frío, al calor, al dolor, etc. Otro nivel distinto es el cognitivo, aunque este segundo me imagino que implica al primero. O sea, la persona altamente sensible tiene la baja inhibición a nivel de la propiocepción (como la piel, lo térmico) y los sentidos (exceso de luz, de ruido). Pero a las personas de la baja inhibición latente a los que me refiero se basan en los módulos asociativos. Vamos a ver si lo puedes ser tú. Fíjate en esta frase: “no es lo mismo hacer acero, o hacer oes, que hacer operaciones“. Ahora repítela varias veces en voz alta. ¿Has notado algo extraño, lo has identificado?, en las tres frases se oye un mismo patrón: “acero”, “h(acer-o)es” y “h(acer-o)peraciones”. Una inhibición latente “normal” no detecta este tipo de cosas, pues se podría distraer del mensaje central o importante en la comunicación. Se supone que el módulo significativo o intencional ha de estar por encima del sonoro, pero en una persona con baja inhibición latente no ocurre así. ¿No se parece a ciertas formas de proceder del autismo de alto funcionamiento? En este caso puede que la haya detectado incluso personas que no tengan una baja inhibición latente, pues yo he forzado al sistema cerebral a que busque. Se tiene tal rasgo si se detectan dichos patrones sin que nadie te diga nada. Una conclusión rápida es que se parece demasiado al desorden hiperactivo y déficit de atención. Alguien que se distrae con cualquier cosa con facilidad. En mi caso si detecto algún “extraño” me pierdo el trama de un diálogo, de una lectura o de una película. Alguien que tenga una baja inhibición latente tiene que forzar más al prefrontal para mantener la atención. O de otra forma tiene que bajar los estímulos al mínimo. En mi casa estoy totalmente encerrado, sin la luz de la calle y tengo que estar sin ningún ruido externo; esto es propio de las personas altamente sensibles. En mis escritos se ve lo fácil que es que me distraiga mientras escribo con ciertas palabras o uniones que se dan en las frases. Revisando podría restar ciertas cosas y apreciaciones, pero las dejo estar para dar cuenta de cómo soy.

    He vuelto a perder el hilo. Estamos con esas cosas -artefactos- que no encajan dentro de las generalidades. Si se quiere saber si encajan dentro de algún patrón la deducción no vale. Hay que recurrir a la inducción, a tratar de averiguar si varios de esos “extraños” encajan dentro de una posible nueva categoría, patrón o regla que hay que crear para tal fin. Pero tal mecanismo no lo hace el cerebro: se lleva a cabo por medio del prefrontal, de la razón, lo que conlleva su consiguiente gasto y agotamiento, pero que de nuevo implica un extra para la inteligencia. Como mucho el cerebro, por sí solo, crea inferencias bayesianas, probabilísticas, o un tipo de inducción llamada abductiva, que es lo que pudiera llamarse intuición, y se hacen sobre todo en las zonas asociativas, cuando son cogniciones, pero en donde las abductivas han de ser verificadas, y tratadas de nuevo por la razón, para ver si son consistentes. En la dirección de partir desde arriba hacia abajo, de la representación mental, el cerebro tiende a ser predictivo, tratando de adelantar o suplir el retardo que conlleva procesar la información sensorial a través de la codificación predictiva. En su correlato emocional/predictivo se llama “teoría de la emoción construida“. El propio Luhmann se hace eco de dicho saber cuando nos dice que “desde la perspectiva de la función, la cognición no significa copiar o representar dentro del sistema lo que está dado en el entorno; más bien, lo que la cognición procura es producir redundancias que le ahorren al sistema reelaborar información“. Es por este hecho que las frases se pueden terminar con unos puntos suspensivos: “al que al buen árbol se arrima…“. Esta predictibilidad es tendente al error y conlleva varios sesgos cognitivos, pero se va ajustando con los años. Dichos sistemas igualmente están implementados en los módulos sensoriales. Es por la inferencia bayesiana que calculamos las trayectorias de los objetos en el aire, y lo hace a sabiendas de si es una pelota, un bumerán o una bola de hierro. Este proceso demuestra que tenemos una representación mental del mundo, pues a quién no le ha pasado el tratar de levantar algo que cree que es muy pesado y lo hace con una fuerza excesiva, cuando al final es liviano y se ve como un idiota en esos movimientos abruptos y excesivos. Igualmente para los “pasos en falso”, concepto tan sólido en lo cognitivo que lo extrapolamos a nuestras relaciones con otras personas: crear expectativas en falso, ingenuidad.

   De unos modos y otros el cerebro siempre se las tiene que haber con tener una representación lo más exacta del mundo. Y de una manera u otra siempre “contiene” esos “artefactos” que no se atienen a reglas o generalidades. A esto yo lo llamo “preguntas abiertas”, pues esperan ser contestadas, resueltas. Bajo mis premisas todas las teorías sobre la memoria -de trabajo, corto plazo, largo plazo- tienen  la falla de no dar cabida al porqué el cerebro “trabaja” o se ocupa en ciertas cosas. O sea, es memoria toda vivencia, emoción o información que es procesada por el cerebro. Se dan dos pasos: en primer lugar es procesada por la memoria de trabajo por que es la que está en un presente para nosotros, y en un segundo proceso si la información es relevante se guarda en la memoria a largo plazo. Pero lo que trato de hacer ver es que el cerebro no trabaja así, y esto se puede ver mejor en cómo actuamos con el ordenador. En este dispositivo es distinto algo que se deja en el escritorio, porque quiero estar pendiente de ello, o es relevante, que algo que simplemente se almacena en una carpeta. O en un navegador de Internet: es distinto guardar una página entre “mis favoritos”, que mantenerla como pestaña que se abrirá cada vez que abro el navegador. Si actuamos así con el ordenador es porque el cerebro ha de tener la misma estructura. En el cerebro tiene que haber un equivalente a un encabezado en informática o etiqueta, que “diga” al cerebro que siga trabajando en ciertos procesos, ideas o emociones. Ese etiquetado es a lo que yo llamo “pregunta abierta”, pienso que esa etiqueta la “coloca” el prefrontal, pues llega a este sistema un proceso sin resolver y este tampoco le pone la etiqueta de proceso finalizado. De alguna forma lo devuelve al sistema como pendiente de resolver. La cosa sería similar a un sistema de correos donde una cinta transportadora mueve las cartas y en cada puerto el sistema retira de la cinta aquellas cartas que son de tal o cual ciudad. Al final quedan algunas cartas que no han sido retiradas en ningún puerto, y se devuelven a la cinta transportadora por si ha habido alguna falla al catalogarla. En caso que vuelva al final de la cinta por segunda vez se etiqueta como “otra” o para que la revise un funcionario. Ese es el caso de la información que no ha sido “encajada” dentro de algún patrón en el cerebro. La baja inhibición latente es proclive a etiquetar más cosas o dicho de otra forma a no ignorarlas. Dicha etiqueta la pone el prefrontal, destino último de dicha cinta transportadora, luego encaja con mi idea de que los preconcientes, aquellos que han activado y mantienen más activo el prefrontal, sean los que mantengan en el sistema más temas, ideas y conceptos en sus circularidades, como no terminadas de procesar. El sueño es un proceso más lento, y con poca o ninguna carga sensorial, para revisar y unir distintas “preguntas abiertas”; en otros casos los estados fluidos, como correr o hacer una tarea monótona, “agilizan” la búsqueda o uniones de puntos para hallar respuestas. De una u otra forma es el sistema o el cerebro en background (de fondo, subconsciente) el que procesa la información en sus “ratos libres”, o fuera del bombardeo de información que es la vida. Igualmente bajo este aspecto toma una nueva dimensión mi concepto de narrabilidad, que ha terminado de tomar forma en la lectura de “soledad” de Anthony Storr. Este nos dice: “el autobiógrafo se convirtió en un escritor que estaba tratando de construir un relato coherente con su vida y, mientras lo hacía, quizá confiando en descubrir su sentido”, y “el psicoanálisis no necesariamente consigue eliminar los síntomas neuróticos de las personas o modificar la estructura básica de la personalidad; pero cualquier empresa que prometa dar sentido en ese terreno a los elementos caóticos de la vida de un individuo seguirá apelando a la gente en solitario”. Storr llama la atención en el caso de un paciente en donde el terapeuta nunca intervino y en donde este, al cabo de varios años, se sintió “curado”. El prefrontal da coherencia o legitima nuestra propia vida, le da una capacidad o construcción narrativa en donde dicha “explicación” o reconstrucción implica eliminar del relato lo caótico, lo que carezca de sentido. En definitiva le pone la etiqueta de proceso finalizado o le resta la etiqueta de “pregunta abierta”. Esto encaja con dos cosas: 1. que las confesiones religiosas o con un allegado cierren esa circularidad: en este proceso hacemos un relato coherente de un suceso, que el otro en muchos casos nos ayuda a cerrar o a darle un sentido; y 2. que clamar o rezar al cielo cierre esa circularidad,  en la medida que asumimos que hay un desorden (caos, elementos azarosos) que no somos capaces de resolver pero que han de estar en mano de Dios y que por lo tanto nuestro cerebro no tenga porqué resolver. Frases como: “Dios no te dará más de lo que puedes soportar“, llaman a esa posibilidad o esperanza de controlar el caos. En teoría sobre la “identidad narrativa” (narrabilidad en mi lenguaje) se nos dice que un esquizofrénico tiene cierta mejora si hace un discurso narrativo de su vida. ¿En qué medida, entonces, llegó a ese estado porque nadie lo escuchaba o era ignorado en las conversaciones? (ninguneado en España). Por otro lado Howard Gardner tiene la teoría de que las personas se manifiestan desde los pocos años como “conceptuales o narrativos”, que es posible que tenga relación con introvertidos y extrovertidos respectivamente, como así lo cree Anthony Storr y lo manifiesta en su libro “Soledad”. De esta manera encaja con otras tantas ideas presentadas en el presente escrito. Los introvertidos o conceptuales están “actualizados” y no necesitan referenciarse a través de una narración, en donde siempre hace falta alguien que los escuche. Por el contrario el extrovertido necesita “reconstruirse” a través del relato y de las conversaciones: es un ser performativo, que se hace en su acción. En esa medida trata de dar sentido a su vida y a la vez dirigir su forma de proyectarse en el mundo y para el futuro. El introvertido basa su Ser en su ego, en su ser nuclear, mientras que el extrovertido lo hace a través de su yo social, que a la vez lo “ata” más a las modas y las tendencias, y es por esto que es más tendente a la imitación. De esta manera salen dos prototipos humanos: 1. conceptuales, introvertidos y basados en su Ser, y 2. narrativos, extrovertidos y basados en su hacer. Queda otro factor a tener en cuenta. En el libro de Anthony Storr, antes referido, hace mención a Liam Hud­son y sus conceptos de convergentes y divergentes, donde los primeros son los introvertidos. El uso que hace este autor es distinto del que se hace en la actualidad. Según Hud­son los introvertidos tienden a converger sobre sí, y es cierto, pero en cierta forma es como si fuera para al final explosionar, rompiendo las barreras existentes en lo social. Me explico. Hoy en día estos dos adjetivos se usan con respecto a pensamiento convergente y divergente, en donde el segundo es el propio de los científicos, los artistas o toda aquella persona creativa e innovadora. Personalidades que son más propias de los introvertidos. De esta manera un introvertido se cierra sobre sí, converge, y al no tener lo social como referente en su día a día piensa el mundo desde fuera de sus límites, encontrando nuevas ideas. Mientras que el extrovertido tiende a salir al mundo, diverge desde su interior, para interiorizar el mundo como, o prefijado, con unas estructuras y fronteras. La estructura sería: 1. el introvertido converge -interioriza la realidad, movimiento de fuera hacia adentro- para divergir, romper o ver más allá de las fronteras sociales, dentro de su mundo mental, representacional y conceptual, y 2. el extrovertido diverge -abre su yo en movimiento de adentro hacia afuera- para interiorizar el mundo social tal como está estructurado, ateniéndose a la normalización y las convenciones sociales. Si se quiere, los introvertidos son bombas de fisión (crean reacciones en cadena), mientras que los extrovertidos lo son de fusión (crean unidad o moléculas). Visto así se puede pensar que los “culpables” de la retroalimentación positiva son los introvertidos. En un análisis más detallado los introvertidos tienen calculadas las fallas de sus descubrimientos, pero en lo social no se tienen en cuenta y se hace un uso desmedido de sus descubrimientos bajo el sesgo optimista que reina en lo social, que es el que “lee” el extrovertido, y en donde este se niega a escuchar -e incluso a no creer- lo negativo de las innovaciones. Por lo demás son rutas cruzadas. Un innovador o divergente tecnológico crea una novedad social -el móvil, Internet- y sólo un divergente introvertido en ciencias sociales o filosofía -sobre todo en su mediana edad y vejez- será capaz de analizar todas las trayectorias que se producirán en lo social a partir de dicha innovación. Ahí tenemos el caso de la inteligencia artificial, en donde cientos de intelectuales y científicos, entre ellos Stephen Hawking, están avisando sobre los peligros.

    Es posible que los primeros -introvertidos, conceptuales, divergentes y basados en su yo nuclear-, sean alfas y betas (artistas y creativos entre ellos), y los segundos omegas -extrovertidos, narrativos, convergentes, y basados en el yo social-; pues los alfas son más cerrados en su ser y no necesitan verse constantemente en el espejo social. No se referencian a nada, no hablan de sus sentimientos y emociones, no suelen mostrarlos, pues no necesitan de la aprobación de nadie. No necesitan de las pequeñas dosis de dopamina que conlleva la aprobación social, pues su alto nivel de testosterona o estrógeno ya les provee de ese neuromodulador. En mi caso, al ser más conceptual y creativo, mis dosis de dopamina son mis propias conclusiones y esas pequeñas victorias al descubrir las “estructuras” de la vida. Me reconstruyo o creo identidad a través del concepto, no de la narración. Sólo bajo este punto de vista evolutivo tiene sentido un porqué crear dos modos tan contrarios de humanos. Los alfas y creativos no necesitan referencias; los omegas tienden a imitar y seguir la voz de la mayoría o a los alfas y creativos, promoviendo la facilitación social y por ello, al final, las normas de reciprocidad y la normalización. De cualquier forma, y dada la complejidad de la sociedad actual, tal división no está fuertemente dualizada, sino que se dará por gradaciones, y con respecto a las edades, las épocas y situaciones por las que se pase durante la vida. Huelga decir que mi concepto de preconciente no tiene que ver con estas dos tipologías, son almas dolientes que han heredado una genética de ciertas carencias y/o han sufrido daños psicológicos durante la niñez; si bien seguramente habrá más preconcientes entre los de la primera tipología, la de los introvertidos, divergentes y conceptuales, por ser más susceptibles de caer bajo su manto. En su condición son tendentes a mantener el perfil bajo y hacer de retroalimentación negativa en el sistema.

   En unos y otros casos aquí también vemos el porqué el cerebro construyó o creó a los dioses, se “libraba” de una carga ansiosa o de constante estrés al sistema, en donde todo aquello que no tenía una explicación o era susceptible de ser procesado como narrabilidad, era devuelto al sistema para que los siguiese procesando. Si el sistema tiene demasiados subprocesos de este tipo abiertos llega a su colapso. Esto se ve en los ataques de pánico: se  entra en pánico no por ese último proceso, al que otras personas que pasan por la misma situación no sucumben, sino porque el sistema de esa persona ha llegado a su límite. Ese “derrumbe” o llegada a un límite por lo general lleva a la ansiedad y finalmente, como un “tirar la toalla”, a la depresión. Es en estos casos en donde se llegan a las crisis de personalidad -con sus consiguientes trastornos- o los existenciales. Los obsesivos convulsivos son aquellos que en el último proceso de cada acción tratan de que esté perfectamente etiquetado como “finalizado”, pero quedándose “anclados” en ese último proceso al cual le añaden rutinas -bajo premisas del pensamiento mágico- y repeticiones para terminar de ser procesadas y etiquetadas como “finalizadas”. Otro concepto que va en la misma dirección, y tiene la misma base que el ataque de pánico, es el miedo a volverse loco, a “perder los papeles”. Tal concepto no está implementado en las ciencias, si bien el psicoanalista Heinz Kohut usaba el concepto de “angustia de desintegración”, que es el miedo del humano, como miedo primario, de “romperse en pedazos”, de perder la integridad. El prefrontal mantiene la narrabilidad, que es una construcción “negociada”, balanceada, de nuestro yo con lo social, con las normas (súper-yo); el yo, por otro lado, es lo que emerge de lo subconsciente, de la suma de todas las partes cerebrales en sus comportamientos. Cuando se rompen esas dos estructuras se llega a la parte más instintiva y salvaje de lo humano. En cierta forma es miedo a sucumbir al lado más primario y salvaje del animal que llevamos dentro, y de nuevo por miedo a que salga lo más violento, ya sea para agredir salvájemente a otros, o para auto-agredirnos. Este temido proceso es al que suele llegar el hombre durante la violencia de género; o en otros casos lleva a arremeter contra aquello que le ha llevado a esos extremos, como son los casos de agresiones en masa, de los que son un ejemplo los ataques con armas en los colegios de Estados Unidos. Es un estado, propio del pensamiento mágico, que trata de auto-equilibrarse haciendo desaparecer (uno mismo, a un otro, a algo de lo social) aquello que le lleva a ese estado. Demás está decir que es un acto fallido, por esto mismo se siente la angustia, como miedo anticipatorio latente, porque el prefrontal como razón “sabe” que no es una salida válida. Como se puede ver, en este largo desarrollo sobre la “pregunta abierta” y mi concepto de “narrabilidad”, estos eran dos procesos que se han mantenido en “mi” sistema por años y ahora parece que ya he dado por cerrado y “solucionado”. Como he dicho arriba no hay ninguna teoría sobre la memoria que dé una explicación a esta forma de proceder del cerebro. Mi doble teoría, que ahora quedan unidas en una pero en dos partes, sí dan una posible explicación. Queda el trabajo científico de descubrir si ese marcado o encabezado de “pregunta abierta” lo hace un neurotransmisor o el cierre de uno de sus receptores. En todo caso lo que subyace de fondo, y que es algo sobre lo que la ciencia no parece poner como relevante, es que el cerebro trata de ser un sistema cerrado, homeostático, autopoiético. Todo sistema cerrado lo es en la medida que trata de “huir” de la entropía, de la segunda ley de la termodinámica. La identidad, como narración propia de todo una vida, sólo lo puede ser en la medida que el azar o el caos no estén implicados en el sistema. El cerebro humano está impelido a creer que tiene el control del medio. La narrabilidad y el no mantener en el sistema un exceso de “preguntas abiertas” le confieren esa sensación de control. Es más, la identidad narrativa no “funciona”, o lo hace peor, sin cierta estructura. Todo en el universo, todo lo que se nos presenta en la vida, parece tener la estructura de principio, desarrollo y final; o tesis, antítesis y síntesis -o así lo queremos o creemos ver-. Todo sistema teleológico tiene un porqué, en donde para qué y finalidad son lo mismo: su síntesis. La función del sistema respiratorio sigue esa regla o estructura: se creó para la respiración y tiene esa finalidad. En la teoría sobre la identidad narrativa se han percatado que aquellas narraciones que tienen un final con redención o crecimiento personal, con moraleja o con un aprendizaje, son aquellas historias que mejor suplen la finalidad de esta estructura: crean un mayor nivel catártico, de sentir que la vida tiene sentido y que se tiene control sobre ella. Historias como la de la película “en busca de la felicidad“, por poner un ejemplo y cuando hay cientos de este tipo. Estas conclusiones no se dan en la teoría de la identidad narrativa y son mi aportación. Solo bajo este punto de vista este tipo de identidad cobra sentido. Igualmente he de recordar mi análisis pesimista -realista- sobre tal idea. En verdad la vida o narración de ella no sigue ese patrón. (Re)construimos nuestra vida desde el final. Hacemos “trampas”. Yo puedo narrar mi vida como que me llevaba a esta reclusión voluntaria, pero si mi situación actual hubiera sido otra lo haría a partir de ese otro final. O sea, no sigue la lógica narrativa de principio, trama y final, sino que reconstruimos un posible principio y una trama distinta a partir de cada final, tal como lo hace un escritor de ficción. No hay historias de crecimiento, que las puede haber, sino la historia que uno mismo se quiera contar y tenga la capacidad de creer, dependiendo de su sesgo optimista, de autoengaño e inocencia. Así que si uno se ha de narrar su propia historia, para mejor es contarse la mejor y la más positiva posible. Con la edad (o en una vida muy intensa), con tantas tramas y subtramas abiertas e inconexas, es imposible tratar de crear una narración legible y coherente, luego el sesgo de narrabilidad es más propio de la adolescencia y la juventud. Lo que late de fondo, en el credo inconsciente y mitológico de las personas, es la idea de destino. Esto se ve sobretodo al emparejarnos y con frases como “todos mis caminos me llevaban hasta ti”. Da igual quien sea esa persona, es posible que siempre pensemos lo mismo. En definitiva, que es otra de las “estratagemas” que tiene el cerebro para restar ansiedad o que tenemos el control con la única finalidad de mantener el equilibrio -homeostasis- mental. Lo mismo que vale para el individuo lo vale para la sociedad, creemos que toda la historia nos ha llevado hasta aquí, pero sólo es un espejismo del sesgo de narrabilidad. Si soy estadounidense la historia cobra sentido con un final del “triunfo” de mi nación, pero los países de las civilizaciones que han caído por el camino saben que esa narrabilidad no tiene sentido. E igualmente se sigue la misma lógica del humano como especie e incluso planeta del universo. Creemos -o queremos creer- que la finalidad de la evolución es el humano y que la finalidad del universo es la conciencia. De nuevo contamos la historia por lo que creemos que es el final. Si en su momento esa historia la hubiera podido contar un dinosaurio argumentaría que la finalidad de la vida eran ellos, y que la finalidad del universo el crear animales gigantescos.

     Algunos cerebros soportan más “preguntas abiertas” que otros…. lidian mejor con el caos. Otros, los neuro-normales, ignoran la mayoría del caos: tienen implementado un sistema menos sensible al ruido y las interferencias, o tienen mecanismos y sesgos evolutivos, como lo es la religiosidad, mejor implementados como para ignorar y auto-engañarse ante el caos. Los preconcientes, se cierran sobre sí  porque las emociones, sobre todo en la actualidad, con las grandes ciudades y un mundo globalizado, les sobrecargan demasiado. No son capaces de sobrellevar esa alta carga emocional y se centran en procesar todo a nivel cognitivo y reflexivo (tipología neurótica e introvertida). Eso les da ese aspecto o tipología de modo de procesar las cosas sin su componente emocional, de manera “robótica”, como lo estoy haciendo yo, que es similar a como lo hacen las personas con autismo de alto funcionamiento. Esto se da en los frikis, los informáticos, pensadores, escritores, artistas, científicos… Es sintomático, de ser de unas u otras tipologías, en la medida del tipo de películas que uno pueda o no “digerir”; cuestión igualmente ignorada por la ciencia. ¿Se evita ver películas de violencia realista gratuita, o finales no felices…? La escena en la que el alemán mata fría y lentamente a cuchillo a uno de los protagonistas, al que previamente le habían perdonado la vida, en “salvar al soldado Ryan” es una de esas crueles y violentas escenas que muestran lo caótica y carente de sentido que es la vida. Spielberg en el fondo es pesimista, pues “se deja ver” en dicha escena, pero trata de mitigar esa dura concepción realista de la vida en sus películas y sus finales positivos. Aquel tipo de película que se evita o no se “digiere” nos dice de qué tipo es el cerebro. ¡Posible spoiler!: llamo la atención sobre  la serie “fuga en Dannemora“, donde durante cinco capítulos nos hacen simpatizar con dos presos que tratan de escaparse de la cárcel, y sólo en el sexto nos dicen cuáles fueron sus crímenes. Las películas (series, libros) que se prefieren, nos gustan o terminamos de ver, nos proporciona información con respecto a que aspecto o tipología humana pertenecemos. Vemos o leemos -y toleramos- lo que nos confirma. Lo que mantiene nuestra identidad, en tanto que su capacidad de lidiar con el caos y mantener su narrabilidad intacta. En otros casos si se desea mantener ocupado al sistema se mantiene alguna “herida abierta”, sangrando, supurando, para que no dé ninguna pregunta como cerrada. Esa tipología es lo que les confiere su propio sentido y es por lo tanto su identidad o narrabilidad. Eso explica el porque mantenerse sufriendo, pero teniendo en cuenta que se “dosifica” ese dolor; son capaces de “soportar” que la vida es azar y caos, pero no que les repercuta en lo emocional viviendo dentro de ese caos incontrolable: su control lo es en la medida que mantiene un control dosificado del dolor. Es a este estado que yo he llamado en otros escritos, como “dulce melancolía”, pues en el fondo confiere algo de placer, muy distinto de lidiar con la sobrecarga emocional y ruidosa de la vida. Ven películas negativas o realistas porque confirman sus heridas abiertas y por lo tanto confirman su identidad, y en la medida que controlan poder apagarlas. Por lo general si uno es feliz se “olvida” de dichas preguntas abiertas, o mejor dicho el sistema cerebral las ignora. Pues la máxima del cerebro es el ahorro de energía y la finalidad del cerebro es ese estado feliz u homeostático. Quien es feliz nada quiere cambiar. “Es lícito decir que el dichoso nunca fantasea; sólo lo hace el insatisfecho“, nos recuerda Freud, o “el sufrimiento es la única fuente de la conciencia“, en palabras de Dostoievsky; hay cientos de frases, de cientos de pensadores y personalidades, sobre este mismo patrón. Por eso encaja que sea el dolor y la necesidad, las situaciones negativas, las que sean más creativas. El dolor de una herida se mantiene para recordarte que no tienes que hacer excesos con esa parte del cuerpo. La sociedad y la esencia humana están heridas. Sólo nos percatamos de la herida cuando esta nos ha alcanzado y nos está afectando o formamos parte de ella. La cinta andadora de la sociedad, donde apenas si queda algún resquicio de tiempo para la reflexión, se encarga de hacer que no nos demos cuenta que esa es la realidad…, como de igual modo la liberación en el cuerpo de la adrenalina en el torrente sanguíneo, durante los momentos en los que la vida está en juego, nos anestesia de la fatiga y el dolor. Un mundo feliz sería un mundo aborregado, lo que no deja de ser paradójico. En un proceso y vida “normal” el cerebro va ajustando su mapa mental, con su consiguiente ahorro de energía, de tal manera que al llegar a la madurez es cuando ha llegado a su modo más óptimo de conocimiento del mundo y de ahorro de energía. Una cosa y la otra son lo mismo. De lo que se trata es de haber llegado a tal mundo representacional interior, que ya no se “detecte” nada como nuevo y no se recurra al abajo (sentidos, realidad) para saber de este, pues todo será procesado en ese mundo holográfico interior, donde ahora todo “encaja”. En otro ejemplo más claro y representativo. Los elefantes en manada -en realidad son hembras, no aceptan al macho más que durante la infancia-, la elefanta de más edad es la que tiene un mayor conocimiento de dónde hay agua y alimento, en cada momento del año. Ha creado un mapa mental de su hábitat, de tal forma que se atiene a ese mapa. No busca al azar. No existe la novedad, sólo representación mental. El cerebro humano es igual pero en todos los rangos cognitivos, entre los que se incluyen las relaciones humanas: “en casa de viejo no faltará un buen consejo” o “buey viejo mal tira, pero bien guía”. Películas de quedarse atrapado en un bucle temporal, como “al filo del mañana“, dan buena cuenta de esta forma de proceder del cerebro: en cada nuevo ciclo del bucle mantiene los datos de los anteriores, con lo que parte de dichas premisas o mapa mental -desde arriba hacia abajo-, para buscar nuevas soluciones. Así es el cerebro: fallar hasta acertar en un eterno prueba y error, que va acabando al llegar a la edad madura. Por el contrario las personas con una baja inhibición latente nunca tienen un mapa finalizado, siempre se atienen a tratar de dar respuestas a las “preguntas abiertas”. En otro lenguaje se nos tacha de neuróticos, perfeccionistas u obsesivos. A mi edad ya todas esas denominaciones me importan una mierda, la verdad. En esa medida decía arriba que porqué he de cercenar partes de mi identidad. Cuando se llega a cierta edad ya nada es malo, ya no existe el “pecado” o la culpa; si uno se ha terminado por asumir ya no hay posibilidad para la exclusión social, que antes que nada es introyectada como “válida” o verdad por el propio cerebro dentro de su mapa mental, y ahí es cuando nace el “error” que lleva al trastorno mental. “Si a viejo quieres llegar, las cargas has de soltar”. En el lenguaje de Maturana y Varela:  “la variación de una organización autopoiética a través de la autorreproducción sólo puede surgir durante la autopoiesis como modificación de una organización autopoiética preexistente y operante; luego, la variación puede surgir solamente de perturbaciones que requieren nuevas complicaciones homeostáticas para mantener constante la autopoiesis. La historia de los sistemas autopoiéticos conectados autorreproductivamente, sólo puede ser una historia de continua complicación de la autopoiesis“. En definitiva, que lo que ha de prevalecer es la propia identidad a toda costa. Esta regla se aprende tarde, pues son mecanismos cerebrales que están determinados por las edades humanas. La juventud es falta de identidad, su búsqueda, a tratar de adaptarse a otras, porque así está programado en el ADN, pues ha de crear una “nueva tribu”, una nueva familia; al igual que el tener un mapa representacional lo más fiel posible con la edad, pues por norma y en la prehistoria tales personas tenían menos posibilidades para acceder a los recursos y por lo tanto debían de ser más ahorradores de la energía interior. De cualquier forma esa aparente “indeterminación” de los jóvenes da una sensación más vívida del mundo, pues si todo es novedad el neurotransmisor que está en juego es la dopamina. La juventud es más vitalista (ya sé que es un pensamiento obvio). El mundo y la novedad -menor riego de dopamina- se acaba cuando formas una familia. Se entenderá así la coyuntura de la sociedad actual de negarse a crecer, de querer permanecer joven, indeterminada y “narcisista”. De cualquier forma eso no quiere decir que sea porque sean en su generalidad individuos tendentes a la baja inhibición latente. Se da este hecho porque estamos en una sociedad en permanente cambio y con novedades, que “obliga” a cada cerebro a reconstruir su mapa mental de forma constante. O sea, es un estado social, no individual. La baja inhibición latente se da en la mente social, por mantenerse dentro de la retroalimentación positiva, por no definirse de forma conclusiva dentro de un marco o sistema cerrado de autorreferencialidad a nivel global, y ser tan sólo la dinámica de muchas identidades.

Vías Biosintéticas de las Monoaminas en el Cerebro     Resumamos para ir al siguiente desarrollo mental. El cerebro está programado para crear un mundo interior representacional bajo la clave de ahorrar energía y en la interacción con este. La finalidad de la vida, de un sistema autopoiético, es ser cerrado, para serlo ha de depender lo menos posible del medio: el ahorro de energía es una de sus principales metas. Un ejemplo claro es que casi todos los neurotransmisores son monoaminas: cuando una molécula compleja como la dopamina se degrada, vuelve a la base de monoamina para volver a crear otra molécula compleja. ¿Resultado?: reciclaje permanente (extrapolar esta idea con respecto a lo que está haciendo el humano con la naturaleza). Otra cuestión es el uso de la química, de los neurotransmisores, en el cerebro. Este gasta sobre el 25% de la energía del cuerpo: ¡muy caro!, pero sería mayor el gasto si sólo se basase en la activación eléctrica, como así ocurre con los ordenadores, en donde la información en la memoria es a través de mantener las conexiones “encendidas” (posición 1 en las puertas lógicas del silicio). Para bajar costes recurre a mantener la conexión entre las neuronas a través de la química de los neurotransmisores, en vez de mantenerlas activas a través de sus “disparos” eléctricos. Un único disparo después mantiene unidas a ciertas neuronas a través de la química (siento si soy redundante, a “mi” cerebro le cuesta aprender y la repetición dicha de otra forma le ayuda). Los estados negativos o de dolor hacen que estén más latentes las “preguntas abiertas”. Ese estado, en su modo desordenado, es a lo que se llama rumiación o mente errante, el pensar en mil cosas y en ninguna, sin llegar nunca a soluciones. Esta rumiación o estado latente lo lleva a cabo la llamada “red de modo predeterminado“. Es un proceso sobre todo llevado a cabo por el hemisferio derecho (no dominante); mientras que la “red de tareas positivas“, en el izquierdo, trata de frenarla. Pero puesto que dicho hemisferio es más propio para ciertos procesos de alto coste energético, está irrigado por la dopamina, con el consiguiente problema de las adicciones. O sea, en el cerebro y en lo humano es aquello de “Guatemala a Guatepeor”. Es en este sentido que puedo afirmar que el humano es un animal enfermo. El humano es ese ser con pequeñas islas de estabilidad en medio de un inmenso mar de tormentas y tempestades. Es de todo menos autopoiético, pues va del aburrimiento a la ansiedad (dualidad Schopenhaueriana) de la búsqueda del placer (o salida del aburrimiento) fallando en la mayoría de las veces en relaciones frustrantes que le llevan o a la culpa o al dolor, con el consiguiente estado de rumiación. ¿Alguna salida? Hay un estado que se llama fluido o de estar en la zona, que se puede llamar pensamiento o conciencia fluida. Entenderlo es fácil, puesto que ya tengo todas las premisas previas. El pensamiento fluido es cuando el cerebro tiene una representación tan bien procesada y asentada como para trabajar sin tener que recurrir a las zonas altas del cerebro, al prefrontal. En ese estado el prefrontal hace exclusivamente el papel para el que fue creado, como verificador que todo va bien. Quizás no se entienda esto, usaré el ejemplo que pongo en otros casos: el trato de madre (o cuidador) con el niño en crecimiento. Al principio la madre (es incómodo neutralizar el género, lo siento) “no es persona”, todo su tiempo y energía lo dedica al niño. Con el paso de los meses tan sólo le echa un ojo de vez en cuando y le reprende cuando va a hacer algo malo. El resultado final es que la madre puede dedicar su tiempo y energía a sí misma. De vez en cuando mira al hijo y vuelve a lo suyo. Si el niño le reclama se “activa”. El resultado es que al principio es una “esclava”, mientras que al final sólo es un “agente” supervisor de alto grado, en la dualidad hijo/supervisor. Lo mismo para el prefrontal, en el estado fluido no es que esté anulado, pero solo es una pieza más del todo. En la metáfora de la rotonda es como si esta fuera muy grande y el prefrontal fuera un semáforo que se activase sólo si hubiera demasiado tráfico, que en el caso del cerebro sería flujo de información nueva a revisar. En su estado fluido no genera mucho más gasto porque casi nunca trae el foco -atención sostenida- sobre lo que ella aporta al flujo. Hay que percatarse que estar en la zona es similar a la hipofrontalidad transitoria, en donde de nuevo el flujo de sangre al prefrontal disminuye, en este caso por lo general por el exceso de trabajo físico-muscular (carreras de resistencia por ejemplo). En ambos casos lo importante es “evitar” la rumiación y el trabajo de la red de modo predeterminado, por ser incómoda y desasosegadora (¡atención al “sasose” de la palabrita!), hasta poder llegar a ser asfixiante. A mencionar, como anécdota que viene al caso, que la lobotomía cortaba las conexiones del cerebro medio con el prefrontal. En el proceso igualmente se evitaba la rumiación, por contra era una pésima y horrorosa idea, puesto que el sistema ejecutivo, que es el que media en nuestro comportamiento social, moral y de control de nuestros instintos y deseos básicos, era igualmente anulado.

    Este es el estado perfecto de todo deportista, o artista, como lo pueda ser un pianista. Donde se crea un estado fluido en tanto que cerebro y medio (piano) son unidad. En biomusicología llaman a este estado de “arrastre“. Pongo la atención sobre lo musical, pues de entender bien al cerebro, ese estado fluido es uno en el cual todo mantiene un ritmo y una melodía en su estado perfecto o más elevado. Si cada módulo o procesado mental tiene sus propias circularidades, sería un estado como el que se podría dar en una gran ciudad con muchas rotondas y tráfico, y en donde todo fluye sin que en ningún momento se produzca atascos o retenciones. Todo va desde “A” a “B” sin ninguna interrupción, aun habiendo tenido que pasar por múltiples rotondas. Ese estado es el que tiene un mono cuando juguetea saltando de rama en rama, o las cabras montesas en las escarpadas laderas, por pura diversión. En realidad sería en el que deberíamos de haber permanecido y perdimos. Ese es el “hogar”, bajo mis conceptos, del cerebro humano. Cualquier deportista, sobre todo los de riesgo, recuperan ese estado. ¿La pega?, todo tiene que tener una pega. En realidad no hay diferencia, en la actualidad, entre adicción y ese estado fluido. Una persona puede estar en la zona, en ese estado fluido, jugando con el ordenador, una consola o el móvil. La catalogación de “bueno” o “malo” es social. Todo deportista de riesgo, o pianista, busca volver a estar en ese estado. “Necesitan” esos estados, pero si lo hace una persona por un juego está “mal”. Se “justifica” si es un jugador profesional y gana dinero en ello.

   Resumiendo y finalizando. El humano cada vez tiene que dar más uso al prefrontal en situaciones no motivadas que son tomadas como trabajosas y onerosas. Cada vez generamos más caos y complejidad, por lo cual es más complicado crear un mapa interior terminado, situación por la cual la sociedad, las empresas, premian y se alimentan de las mentes jóvenes (las que están por hacer, indeterminadas). Eso lleva a la totalidad de la sociedad a mantenerse en esa edad mental, pues como lleva implícito no terminar de crear una representación internalizada, lleva a la falta de madurez mental que busca eternamente la novedad, pero con sus consiguientes problemas de la tendencia a los trastornos, pues en definitiva es un constante gasto de energía en un sistema que en realidad no está “programado” para que sea operacional y funcionalmente así, sino para acabar por terminar de hacer un uso de energía excesivo. No por el hecho de volverse inactivo, sino por el hecho de que ha logrado optimizar o “rutinizar” todo proceso dentro de ese mapa interior, en donde ya no hace un uso excesivo de las funciones del prefrontal o las zonas asociativas. Seguramente el Alzheimer, de fondo, sea un exponente de esta trama. Todas las potencialidades de nuestros cerebros ya estaban allí cuando éramos simples monos en los árboles. La evolución consistió en dar otras funciones a esas potencialidades. La música es tan especial porque el cerebro es un sistema de ritmos y melodías. La alegría tiene una tonadilla y la tristeza otra, en las que tiene que vez la velocidad de la “canción” interior.  El estado fluido yo lo siento como una de esas canciones épicas orquestadas. Todo artista sabe de ese estado fluido, pues según la hipótesis del cazador contra el agricultor, ciertos tipos de mentes, entre las que están las del artista o cualquiera que sea creativo, es la del cazador, el cual se mantenía en un estado de fluidez cuando estaba de caza. El agricultor por el contrario requería hacer cálculos y previsiones anuales, en trabajos rutinarios y repetitivos: se acabó la fluidez. En mi caso tengo problemas con los movimientos finos, procesos de las manos que requieran destreza. Se me caen las cosas de las manos con facilidad o me resulta complicado llevar el destornillador a la ranura del tornillo. De forma curiosa no me ocurre cuando voy a cierta velocidad, en donde se crea el estado fluido. Lo sé porque he sido camarero y cometía menos errores motores al ir rápido, manteniéndome en la zona, que al ir despacio, donde era más probable que se me cayese algo. Bajo mi punto de vista los Neandertales deberían de tener el mismo “problema”, pues no eran tan buenos como los Sapiens para hacer utensilios precisos. Mantenían su fluidez en la caza, durante la acción, pero en la cueva perdían dicho proceso. Todo esto tiene unos correlatos con ciertos neurotransmisores, entre ellos la dopamina y la producción o no de ciertas proteínas o sus receptores codificadas en el ADN. Hago mención de todo esto para hacer ver que hasta la más mínima particularidad de las personas tienen un porqué. Una explicación que es reducible a algún gen dentro del ADN, y a un origen de algún cambio (mutación, mestizaje, aislamiento de poblaciones) durante la evolución. Como cazadores recolectores a ese estado se llegaba con la edad, habiendo aprendido todos los “trucos”. En la actualidad cada vez se da menos o se da en situaciones proclives a ser tomadas como adicciones. Tal división humana, de las mentes cazadoras o las agricultoras, es muy posible que sea detectable en los test de la demora de la gratificación. La típica de proponer a los niños de “un dulce ahora o varios dentro de cinco minutos”.

   La capacidad de crear estrategias para la demora se debe al sistema ejecutivo, al auto-control, dentro del prefrontal y requiere de mucha energía. Los estudios dicen que aquellos que pasen la prueba de la demora serán personas más prósperas, pero por contra se argumenta que suelen ser más rígidas mentalmente y menos felices (bajo mi punto de vista son mentalidades más de rapiña, pero no puedo verificar si tal cosa es así, no tengo contacto con ese tipo de personas, puede que sólo sea un estereotipo; todo cerebro crea estrategias, el problema es crear estratagemas, pues estas son más fríamente calculadas -mentes maquiavélicas-). Los artistas son impulsivos y por lo tanto por norma “malos” para dicho test de la demora de premio, por eso se suele decir de ellos que “son pobres hasta para pedir”. Muchos grandes pintores apenas si vendían sus pinturas lo justo para ir tirando en su día a día, como así lo hacen los cazadores-recolectores. En otros casos esos ritmos y fluidez se daban en lo social, se crea un ritmo en la manada donde cada miembro es un agente pasivo de dicha “canción”. Como cuando los pingüinos fluyen en un gran círculo para mantener el calor, o como cuando las aves o los peces se aúnan en bandadas o cardúmenes. Una sociedad tal como lo es la actual, donde impera la injusticia y la desigualdad, no puede crear unidad, no puede crear fluidez, armonía. Es un cacofónico ruido de fondo que tan sólo incomoda al flujo de los individuos que la componen. En esa situación la única forma de llegar al estado fluido es aislándote de la sociedad, de su ruido, sus males y complejidad. O sea, se proyecta sobre lo social el mecanismo de la inhibición latente, en donde quien no lo haga es o bien porque él mismo tiene ese rasgo de baja latencia, o porque al final venza el ruido de lo social. A los primeros, si “reclaman” que todo está mal, se les tildará de pesimistas; los segundos, ante la falta de costumbre hacia ese estado, crearan trastornos mentales. Los cuales se están volviendo epidémicos.

    Retomando el final de la primera parte del escrito, hoy en día podríamos vivir bien todos. Haría falta un reseteo total del sistema. Abajo las jerarquías y los desniveles tan pronunciados de acumulación de bienes. Decirnos que ya no hace falta mantener el estado de alarma, de la retroalimentación positiva, del “loco” progreso. En una sociedad armónica uno podría hallar más fácilmente sus estados fluidos, llegar a una madurez estable. Por el contrario todo es ir a distintos ritmos, ni siquiera acompasados, o tratando de crear un contrapunto. Sistema en el cual donde aquellas personas más sensibles y quebradizas, que han heredado la baja inhibición latente, son las primeras víctimas en caer. ¿Es culpa de los jóvenes que traten de equilibrarse mentalmente dejándose puestos los auriculares para escuchar su música y centrándose en sus juegos? Tan sólo buscan encontrar su propio ritmo, su estado fluido, dentro de tanto ruido, de tanta complejidad, de tanta injusticia y desigualdad.

 

Las conclusiones de las conclusiones

    Esta mañana me he despertado con lo que voy a decir a continuación. ¿De quién es el mérito?, desde luego no del prefrontal o conciencia o ese pretendido piloto al que llamamos yo o sentido de agencia.(2) Viene al caso estos argumentos porque trato de buscar a ese agente que me “da” mi identidad o que busca soluciones, esa llamada inteligencia humana. En inteligencia artificial se dan dos paradigmas para su búsqueda: un sistema central como el que ha ganado a los mayores jugadores humanos de ajedrez,  el Go o el Jeopardy. Otra son los minibot, o mente enjambre, donde cada uno aporta una perspectiva al conjunto. En los dos casos subyace una misma regla: parten de una finalidad. De un problema a solucionar. Se sigue así que la finalidad implica intención, pues uno y otro concepto son la misma cosa. Indistintamente que a un alpinista se le pregunte por su finalidad o por su intención, contestará que “llegar al punto más alto de la montaña”. Una regla del lenguaje es su recursividad:(3) propósito, intención, finalidad, sentido, significado, causa, causalidad, plan… son dardos que dan en el mismo punto de la diana. Todos tienen la misma carga significativa. Dicha carga es a lo que se le puede llamar una identidad, que sigue la lógica binaria de ser o no-ser. Si añado la palabra destino, esta no termina de encajar con el grupo anterior (o quizás sí en algunas mentes), ya no porta la misma identidad. Todos nos damos cuenta de qué palabras son sinónimas a otras y cuales son fronterizas, en las cuales la identidad empieza a variar. Fijarse que aquí ya salen dos reglas. ¿Quién se da cuenta?, no lo hacemos a nivel reflexivo, lo hace el cerebro en distintos módulos, al modo de los minibot. Por otro lado se deduce que el cerebro “sabe” qué es identidad, cuando no somos capaces de expresarlo a nivel reflexivo.

   El concepto de Maturana y Varela de autopoiesis es una conclusión de una escena de una larga película. Conclusión que poco dice de la película como totalidad. En realidad desechan lo único acertado: lo teleonómico de Jacques Monod, aunque revisable. En mi escrito “limerencia y autopoiesis” buscaba un origen del porqué escribo. En este caso hay que hacerlo sobre el escrito de Maturana y Varela. Fijarse que dos frases atrás he usado la palabra origen y en ese caso el mensaje lleva implícita que lo que quería buscar era la intención, sin nombrar dicha palabra o concepto. Cuando ocurre algo así se dice que hay un mensaje implícito, en contexto o tácito, que de nuevo nos lleva a intención, significado o identidad: lo que se quería decir. Las ciencias cognitivas se están enfocando cada vez más en esta dirección en la medida que implica un cerebro que trabaja por sí solo y que es el que tiene los mecanismos inteligentes por mera evolución.

Contexto e Implícito

   Si prefiero identidad sobre intención o significado es porque es más cercano a nuestra mente, en el sentido de que el concepto de yo o mi vecino del quinto derecha hablan de una misma cosa: de una identidad. Yo tengo muchas intenciones o significados a lo largo de la vida, pero todos las reconocen bajo mi identidad, para bien o para mal. Pero también uso identidad por la dualidad identidad/otredad (en tanto que Ser/No-Ser), cosa que no está tan claro con los conceptos de intención o significado, pues estos pueden ser múltiples. Así se dice “Pedro padece una esquizofrenia”, accidental, no identidad, por la salvedad que sea un conocido, por ser de nuestra identidad; mientras que de alguien ajeno o desconocido decimos “menganito es un esquizofrénico”. En otro caso uno/as homosexuales se pueden decir “somos distinto/as”, pero no es lo mismo si un/a heterosexual les dice “sois distinto/as”. Lo mismo vale para una mujer si se lo dice un hombre o para una etnia minoritaria en un país. En estos ejemplos vemos esa dualidad identidad/otredad que cambia todo el contexto y el significado en las frases y por lo tanto en cada uno de los cerebros. O sea, identidad es a lo que todo ese juego de palabras y sinónimos remite, y se tenga como patrón en el cerebro seguramente. De igual forma se puede apreciar que uso el concepto de identidad, por extensión, en lo verbal, que se vuelven así en entidades. Una frase mantiene su identidad si mantiene su significado e intención, que en este caso son distintos (alguien puede tener una intención y ser malinterpretado al expresarse mal, porque su expresión adquiere otro significado y al final otra aparente intención), varía una de los dos y ya tiene otra identidad, a veces por cambiar tan sólo una palabra, o en un escrito incluir o excluir una coma, donde posiblemente cambiará su identidad. En otro lenguaje mantiene o varía su esencia: esa es la base de lo que es un meme. Vuelvo arriba, ¿cuál era la intención en el libro sobre la autopoiesis? Yo detecto un ataque al concepto de la teleonomía, por un lado, y por otro -o más de fondo-, ataca el dar un sentido o destino último a la existencia, cuestión que yo comparto. Pero pienso que yerran en los medios para alcanzar ese fin, puesto que bajo mi punto de vista, y como he puesto arriba, no pueden “atacar” o catalogar una película por sólo una de sus escenas, y cuando es distinto teleonómico que teleológico.

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   Lo dicho arriba ha sido un prolegómeno. Lo que sigue ha sido la “respuesta” con la que me levantado, y seguidamente llegaré a ciertas conclusiones, ya reflexionadas. El concepto “rancio” filosófico de potencialidad parece indestructible. No es un concepto que quepa manejar en las ciencias positivas, pero se las tienen que haber constantemente con él. Está implícito en la energía potencial y el potencial químico, por ejemplo. Un átomo tiene en su “esencia” tres componentes: protón, neutrón y electrón; reducibles a dos: núcleo y electrones. Cada átomo estable de la naturaleza tiene una “identidad” que son los que se muestran en la tabla periódica como elementos. Los electrones varían entre aquellos átomos que tienen la capacidad de crear enlaces, pero son sus núcleos los que le definen o dan identidad, por el número de protones, y donde el número variable de neutrones crean distintos isótopos del mismo elemento. ¿Son reducciones o esquemas para que sean manejables por medio de la mente de un observador?, que es la propuesta de Maturana y Varela. Es cierto que este esquema es reduccionista, y que después hay que tener en cuenta las partículas y por ello la cuántica. Pero ¿podemos negar que haya cierta longitud de onda electromagnética, a la que llamamos color amarillo, y que aunque hubiera varios observadores o tengan distintos nombres se refieran a la misma longitud de onda? Es más, que dicha longitud de onda tenga unas propiedades y no otras al interactuar con otros componentes de la realidad, donde dado cierta cantidad de esos otros “acoplados” siempre va a dar el mismo resultado. Esas potencialidades -y estados estables- en lo atómico es a lo que llamamos helio, hidrógeno, etc. Un nombre, una identidad, que a su vez implican unas potencialidades. Algunos átomos son inertes, no interactúan con otros. Esos otros átomos son los que tienen la propiedad de crear moléculas estables. Definir un momento cero, como hacen Maturana y Valera para una primera célula o ente autopoiético, en donde todo es algo externo o acoplamientos, es como tratarlo de hacer con una partícula. La realidad existe porque la identidad de cada partícula a la vez implica unas potencialidades con el resto de partículas. No hay un afuera o un adentro, pues tal idea sí que es una abstracción que no “habla” de la realidad.

    Una molécula llega a un equilibrio químico que se define como “…el estado en el que tanto los reactivos como los productos están presentes en concentraciones que ya no tienen tendencia a cambiar con el tiempo, por lo que no hay un cambio observable en las propiedades del sistema“, (fuente Wikipedia). De lo que se trata es de saber en qué momento algo mantiene un equilibrio lo suficientemente estable como para que se le pueda nombrar, y por ello “adquiera” una identidad definible en la realidad, como para además interactuar dentro de esta. Lo mismo con la base de la vida a través de “sus” potencialidades: los aminoácidos que llevaron a los péptidos y de estos a los polipéptidos, como es el ADN. Los sistemas no es que lleven implícito la homeostasis, la retroalimentación negativa (el equilibrio), es que si a algo se le puede llamar o darle una identidad es porque es estable, independientemente del tiempo que lo sea. La vida, como sistema homeostático o autopoiético, se puede dar en un planeta dadas una condiciones, y si las condiciones  de este planeta cambian drásticamente la vida desaparece. Lo mismo para una reacción química o para un átomo. O visto de otra forma (deductivamente): buscamos vida allí donde sabemos que se “reúnan” ciertas condiciones; es igual que a eso se le llamen “acoples”. Todo son sinónimos para referirnos a una misma cosa: interacciones. ¿Entre qué?, entidades, en su acepción más amplia o abstracta, que en ese sentido se pueden nombrar como esencias que implican unas potencialidades. En lo humano: cierra a un chico y una chica en una casa (gran hermano) y tarde o temprano tendrán sexo. En resumen no es “legítimo” aislar algo de la realidad y no contar con un porqué y un cómo, pues estos están implícitos como potencialidades dentro del sistema y son parte de su definición o Ser. El ADN implica información de un estado equilibrado de un polipéptido que “regula” esa “máquina” que es una célula. Información que es la potencialidad de crear distintos componentes químicos estables, como las proteínas, que a la vez implican una “función”, que como hemos visto es reducible a intención o finalidad y por lo tanto a una identidad. Maturana y Varela no pueden achacar de prescindible al concepto de lo teleonómico sin que a la vez valga lo mismo para el concepto de autopoiesis. Si buscamos los irreductibles, como el concepto de autopoiesis pretende ser, nos quedaríamos en nuestra conceptualización del mundo como meras partículas (atomismo).

   La segunda conclusión con la que me desperté. La división de alfa y no-alfa, y sus distintas “esencias” y reducciones como lógica binaria o difusa parece caprichosa, traída por los pelos y encajada burdamente. ¿Lo es? Lo teleonómico, o identidad de una especie, es aquello dado en un momento histórico de su evolución que es el que más tiene la capacidad de portar todo aquello que le da su identidad. Su prototipo más óptimo. Dicho ente es el alfa: los mejores genes. Lo que se preserva en la evolución es esa apuesta: ese que vence sobre el resto como para reproducirse. En cada momento evolutivo puede ser una potencialidad u otra. Si en algún momento humano lo pudo ser la fuerza, al final está yendo hacia la inteligencia (y por desgracia la apuesta tramposa: un gran empresario puede pagar a muchas personas inteligentes para sus fines, sin que él tenga ninguna otra cosa que simplemente ambición y desmesura). La clave es la idea de lo más prominente de una apuesta o potencialidad, en donde se da ese Ser o no-Ser. O sea, en la evolución en un momento ese Ser lo era el más fuerte y ahora ya no. Alfa es un concepto abstracto que se refiere a lo más prominente de una potencialidad evolutiva -identidad estable- como para que se reproduzca con más éxito. El resto de los de esa especie pueden ser o potenciales alfas, que están en el mismo nivel, y esa otra gran cantidad -remanente- de los que no podrán tener esa condición. ¿Quién dijo que la vida tuviera que ser justa o “bonita”?, no lo es. Los no-alfas se adaptan a ser “satélites” del alfa. ¿Algún ejemplo que no valide esta regla? Hasta Jesucristo se hacía lavar los pies y todo giraba en torno a Él. Yo ni siquiera quiero ser YouTuber y tener seguidores, y apenas si me leen unas pocas personas, por más profundo que pueda ser a la hora de “desnudar” la verdad. Si alguien no se erige o no trata de ser alfa, de ser un sol sobre el que rota el resto de humanos, alguien a quien imitar y seguir…, no cuenta, es de facto un satélite. La lógica que se deduce es “tonta” de lo rayana y simple que es. Los no-alfas tratan de llegar a la posición de alfa por seguir los pasos de los alfa, como siendo la forma prominente y equilibrada de la especie. Que dicho en otro lenguaje, tratan de llegar a su propio equilibrio e identidad a través de la imitación del líder (hoy incluso de los influencers), en la medida que en esa dirección crean coherencia grupal, y puesto que en esta dirección preservan la especiación (características relevantes de la especie), a través del efecto Baldwin, de seleccionar los comportamientos deseados de lo que habría de ser lo humano. En un ascenso hacia arriba esto remite a la replicación, como así lo hace el ADN, en la medida que es un estado equilibrado de una identidad con el medio, que a la vez remite a la reacción química equilibrada, y esta a la reacciones físicas que crean átomos estables, que a su vez pueden remitir a la conservación de energía, que es la base de la materia y el universo. Se mantiene la estructura de arriba hacia abajo de la superveniencia. YouTube está lleno de vídeos que buscan y proponen ese fin: cómo ser la persona más influyente, la más emprendedora, la más elegante, la más seductor(a)… La clave es la palabra “más”. ¿A qué he reducido yo la apuesta alfa sino a más? Más -sobre los aspectos positivos- siempre está ligado a poder a ser lo más prominente de lo humano. O se está en el podio o no se está, luego a ese nivel es un estado binario de Ser o no-Ser.

   Conclusiones de estas dos conclusiones previas. Que se dé la teleonomía no implica una teleología. El universo no tiene una intencionalidad o significado último, como así lo quiere creer la teoría antrópica, donde una inteligencia autoconsciente es “necesaria” en el universo. No es una única flecha, con una sola dirección o destino último: la inteligencia y autoconciencia humana. Son múltiples flechas lanzadas al azar que dan en distintas dianas. Cada estado y cada sistema puede llegar a equilibrios, pero en sí mismo no quieren decir nada ni están “conducidos” para llegar a un siguiente paso. Son hechos fortuitos, azarosos. Los constantes equilibrios de los subsistemas pueden llevar a tal grado de equilibrio como para al final llegar a un ente vivo dotado de inteligencia y autoconciencia como el humano, pero esa no es la finalidad del universo. Es tan solo un sistema de suma de equilibrios, que por lo complejo que es tiende a ser (seguramente) poco probable e inestable. En una metáfora, un planeta es un mazo de cartas en su caja, una tendencia a crear una atmósfera es crear un primer piso en una torre de naipes, la inteligencia, como la humana, son las dos últimas cartas de una torre muy alta. A cada piso se añade más complejidad e inestabilidad, que se puede venir abajo por cualquier proceso interno o externo (un meteorito por ejemplo). ¿Cuantas veces hay que fallar y que la torre se venga abajo frente a que se llegue a las dos últimas cartas, como para que además se mantenga estable el sistema durante un prolongado tiempo? La vida es igual de inestable como lo son ciertos átomos, que son muy inestables y no se mantienen, o ciertas reacciones químicas, o que un planeta llegue a tener una atmósfera, y que además sea propicia para la vida.  El humano, como sapiens sólo lleva en el juego de la vida unos trescientos mil años. Fue el doble de tiempo el de los neandertales. Los dinosaurios duraron y “reinaron” sobre la tierra 135 millones de años. Por otro lado ¿qué es lo humano?, la pega al concepto de lo teleonómico, que es por lo que es revisable, es que la única constante es la deriva. La identidad constantemente muta. En cada momento es legítimo hablar de “una” identidad. En cada momento evolutivo una identidad tiene unas prominencias -alfas en los sistemas animales sociales más complejos- que la definen, y durante cierto tiempo eso “define” su identidad en tanto que intención, significado o finalidad. Pero puede variar y de hecho varía. Es “estúpido” que yo quiera definir la identidad humana como una que ha muerto, que ha quedado atrás en el tiempo. Este concepto es anti-deriva, idealista, utópico. La tendencia de la vida, a grandes rasgos, es mantener una identidad. Dicha regla la hereda la vida de la química orgánica, al llegar al estado equilibrado de una reacción química, que a su vez remite a la estabilidad de los átomos y estos a eso que los compone como protones y neutrones… Pero la regla de mantener la identidad llega al final a la “estúpida” lógica de que mi identidad es la forma en la que se expresa “mi” ADN, que es único y crea esta que es mi propia identidad. Cada humano se erige en lo más prominente de la especie, cuestión que se revela en el concepto de “Sonder” de John Koenig (ser el actor principal y el resto son secundarios y extras), y el delirio o síndrome del show de Truman. Limerencia es el estado de buscar un otro que sea mi identidad. Tal ser no existe, luego mi “cometido” o fin -de esa tendencia a mantener mi identidad- es buscar alguien lo más parecido a mí. En los social se busca a todo aquel que porte o se manifieste lo más cercano a mi propia identidad. Formamos grupos sociales -o nacemos en ellos- en la medida que buscamos los que más se acerquen a esa identidad. Todo eso se ha mostrado en el capítulo “un porqué evolutivo de la identidad“.

Mapa de radiación de fondo de microondas

     ¿A qué se resume lo que quiero decir?  Lo que es “pernicioso” en lo humano es buscar orden, simetría y belleza -y por ende intenciones y finalidades últimas que engloben todas- bajo esas azarosas variaciones. Si se analiza el mapa del inicio del universo no tiene orden. Fue el caos el que creó las posibilidades para que las partículas se unieran. Si se hubieran distribuido ordenadamente, con una distancia regular y simétrica entre ellas, no hubieran interactuado. Al igual, por burdo que sea el ejemplo, que si todo humano viviese en una pequeña parcela sin buscar a los otros, pues se extinguirían. Una distancia más corta entre varias partículas hizo que se creasen “grumos” como para que empezasen a operar las leyes físicas. Puede que en lo concreto esta reducción tenga fallas científicas, pero hemos de quedarnos con el contexto, con lo tácito: no fue el orden el que creó la “realidad”. En la medida que todo sistema lleva implícito un equilibrio, esa regla existe en el cerebro y tendemos a buscar su igual: lo equilibrado, lo bello, lo simétrico. Es un sesgo ontogénico. La sociedad humana actual es una prueba de todo ello, de que el sistema no tiende hacia el orden y lo armónico; el etnocentrismo fue una de esas perniciosas ideas, que aún dura. El humano no es lo más excelso de la vida, está lleno de errores, y por su complejidad cerebral es proclive al trastorno mental. Errores de base mínimos, como la interferencia cerebral, como creo que ha quedado demostrado en la nota tres del presente escrito, por capas de abstracción nos llevan al racismo y este a los genocidios. Si hubiera un “plan maestro”, o un diseñador tras este juego evolutivo, no debería de partir de errores de base, que por lo demás con el paso de los milenios no se han suavizado o anulado, sino llevados a sus extremos más crueles y miserables, como lo demuestran los distintos genocidios del último siglo. El sesgo optimista puede hacernos creer que “a partir de ahora todo irá bien”, pero ya llegarán nuevas complicaciones y futuros genocidios. Por lo demás, ¿qué líder hoy sería a imitar? Qué sería hoy lo prominente humano, lo que la evolución podría propagar como lo más excelso de nuestra especie o como alfa. Desde luego, por lo que más sobresale en los medios de comunicación, no la inteligencia, ni la bondad o el valor. Yo diría que lo tramposo, la mentalidad rapiña. Estamos debilitando y corrompiendo la esencia de nuestra especie, en la medida que ya no entra en juego lo evolutivo/animal, sino lo evolutivo/social, donde las premisas o valores de una sociedad dada son las que marcan las pautas, y en donde hoy impera la ideología depredadora, superficial, egotista, narcisista y tramposa del neoliberalismo (ver la entereza, inteligencia y magnanimidad de un chimpancé alfa en este documental). En la sociedad ya no hay belleza, sólo ruido, caos y “fealdad”. Si a ti te parece que Steve Jobs entra dentro de ese rango de líder a seguir, a mí y a otros no. Mi identidad es lo contraria a la suya, pues la suya se basa en lo elitista, en desear el poder y la mía no, que pretende ser más humanista, y desprecia el poder y esa tendencia a lo “mejor”. Mi apuesta ama el tipo de organización de las hormigas: quiero ser una simple hormiga que tenga un hormiguero al que volver por la noche, como el resto de mis iguales. La sociedad moderna es la más bipolar de todas las que se puedan haber dado en la evolución humana. No hay ningún camino, ninguna apuesta, dirección o identidad: todo esta polarizado, dualizado. Puede que nuestra sensación de desagrado -de fondo- sea porque nuestro cerebro detecta esa falta de identidad humana. Esa imposibilidad a unificar todos esos ADN’s a una identidad, sintiéndonos excluidos de algún orden que habría de dar una identidad “fija” y estable. Padecemos despersonalización filogenética…, óntica. No estamos orgullosos de ser humanos, como demuestran las feministas, los veganos, los ecologistas y toda ideología que pretende transcender lo que somos ahora. Aún todo intento o aparente avance, el “ruido” de esa negación y su imposibilidad permanece de fondo, pues toda aparente “mejora” implica nuevos problemas, y nuevas tensiones y divisiones. Es seguro que esa sensación, cerrados en sus dimensiones locales, no existía entre aquellas primeras agrupaciones de humanos que fueron nuestros ancestros. La globalización, finalmente, implica verse al espejo, y no para bien, sino para verse “feo”. Quien mínimamente vea los documentales de la 2 (canal del Estado alternativo dedicado a la cultura en España) verá todo el panorama mundial. Y si en el mundo árabe puede sobresalir la ablación del clítoris y otros tipos de violencia y desigualdad sexista, el lado opuesto de la balanza es Estados Unidos, posiblemente el país con mayor tasa de personas sin-techo, y en donde prima tanto el valor del dinero, que el médico no está tanto preocupado por la salud de sus pacientes, como el hecho de cometer algún fallo en el trato como para ser llevado a los juzgados, o en donde imperan las leyes para “sacar los delincuentes de las calles”, en vez de plantearse si es su tipo de política social la que crea la delincuencia. ¿Qué posición intermedia puede haber entre esas dos?, ¿la hay, es posible? En esos mismos documentales se dibuja un futuro en donde las multinacionales han comprado las tierras fértiles de los países en desarrollo. Que África alcanzará la superpoblación de China e India con su consiguiente carga ambiental. En donde China podrá coger la posición actual estadounidense de superpotencia, pero,  ¿a qué coste?, producir mucho y salarios bajos. Donde la Unión Europea es posible que haya fracasado. Las crecientes e imparables migraciones, con sus consiguientes getos de acogida… Un suma y sigue que no parece acabar. Es posible que dentro de cien o doscientos años se haya llegado a algún tipo de estabilidad, pero mientras tanto las generaciones bisagra entre esos dos estados sufrirán las consecuencias. ¿Lo mejor es no ser alarmista y dejar de ver los documentales? Esa es la actualidad. Cerrar los ojos, vivir la propia vida y mañana ya se verá, esa es la máxima social. De una u otra forma hemos acelerado la cinta andadora y lo mejor es no ver el velocímetro, seguir corriendo y acelerar nuestra propia marcha. ¿El problema de fondo a esta apuesta?, que seguimos con la mentalidad local, cuando ahora los problemas son globales. El actuar lo mejor posible en el entorno más cercano no es una fórmula válida, si el mayor poder de hacer cambios está en las corporaciones, y en donde el mayor esfuerzo a nivel individual es borrado de un plumazo por cualquier leve movimiento de esos “grandes monstruos”. No es una metáfora: ¿cuántas personas reciclando o no generando daños al medio ambiente hacen falta para contrarrestar el daño que provoca un carguero transatlántico de contenedores comerciales? Tampoco la culpa está fuera de nosotros en esto, traen nuestro nuevo vehículo, ordenador o móvil. Cuántos coches, generando gases de efecto invernadero, son el equivalentes del escape de gas metano que se produjo en el accidente de la plataforma petrolera de BP en 2010, en el Golfo de México. En otro caso el exceso de turismo, generado por los bajos precios de las grandes compañías, traen consigo la alta polución de los aviones. Hemos de asumir que la reunión de pequeños peces que devoran al pez grande es tan sólo una falacia más del sesgo optimista. Los bancos de peces confunden a los depredadores, pero estos nunca se mueren de hambre y siempre permanecen en la parte superior de la cadena alimenticia. Con esto tampoco apunto al derrotismo, al “para qué hacer algo, si siempre va a ser lo mismo”. La “tragedia” de la cinta andadora, de la hipótesis de la reina roja, de la evolución, es que si eres una presa también tienes que andar sobre ella. Mis escritos son mi “lucha”, mi correr para permanecer en el mismo sitio. Escritos sólo “válidos” para los que portan mi mismo tipo de apuesta. Me hablo a mí en tanto que hablo a los que son igual que yo: lo propio de la identidad y lo autorreferencial.

    En resumidas cuentas, todo poder, lo alfa, hace “su papel”. Nadie que llegue a algún tipo de poder renuncia a este de forma voluntaria, o si lo hizo no es relevante, pues no es un comportamiento a imitar, como lo demuestra la sociedad moderna. Jesucristo posiblemente aborrecía el poder, pero al final el catolicismo se basó en el poder, pues sus premisas no “funcionaron” o tuvieron la oportunidad de replicarse frente a las del poder. Vale y sobresale lo que más se reproduce, una regla que es evolutiva, no humana. Nosotros nos atenemos a esa regla porque es imposible invalidarla. Por la misma regla un cerebro humano inteligente no lo suele ser por ese pretendido piloto o yo reflexivo. Eso es pretender armonía donde no la hay. Si he llegado a estas conclusiones es porque estaban todos los componentes en el cerebro, como “átomos”, que crean variaciones y reacciones por sí mismas como para llegar a “estados estables”, en donde todos encajen (o parecen encajar). El cerebro sólo es un recipiente, al modo de una placa de Petri, al igual que en ciertas condiciones emergen en una cultura ciertos artefacto tecnológico o descubrimientos científicos. Sólo hay que dejar los componentes por sí sólo para que estos “reaccionen” entre ellos creando nuevos estados emergentes. Los programadores de la inteligencia artificial para el juego del Go, no saben por qué gana, ni como procede en cada momento. Una vez creado o haya emergido un sistema complejo no es predecible. Lo mismo vale para un planeta que para un cerebro: puede darse la vida (las ideas) si se dan las condiciones y se tienen las potencialidades. ¿Qué yo tengo algo dado en el ADN?, es accidental, no tengo ningún mérito, soy un agente pasivo en lo evolutivo. Pensar lo contrario sería como darse méritos cuando de espaldas tiras un balón, por primera vez, y lo encestas. ¿Qué hay algo que me hace “meter” en mi cerebro esos componentes reactivos? La necesidad, que es un estado de un faltante que busca completarse (ver capítulo “limerencia y autopoiesis” para entender esto). ¿Soy yo el que mantengo ese estado? Mis allegados en el fondo creen que me mantengo de forma voluntaria en el “dolor” por algún tipo de trastorno. ¿Y si es el propio cerebro el que ha visto ese estado como el “mejor” para definir su identidad?, que es el que le lleva a profundizar más y más en el saber. ¿Yo soy mi cerebro?, sí, pero mi yo reflexivo en ningún momento ha elegido esa apuesta sobre otras. Se manifiesta porque es la expresión de mi ADN. En el escrito “deconstruyendo el deseo sexual II” hay una gráfica de la periodicidad de mis escritos y el presente y anterior “encaja” en el pico de finales de noviembre. En realidad es muy posible que sea una época en la que el cuerpo se ha terminado de adaptar al cambio de clima, como para que el cerebro tenga una “pausa” estable. ¿Que puedo cambiar mi “identidad” y mi “sino”? ¿No se supone que uno ha de mantener su identidad? Recordemos que no hay que buscar la simetricidad, lo bello, lo bueno. Ese concepto es sesgo ontogénico. En definitiva: el dolor me define, me da mi identidad, porque mi apuesta evolutiva es no dar nada por sentado, y puesto que el que es feliz nada quiere cambiar de su estado. Es un estado alfa, con sus consiguientes estados fluidos: si se llega a ese estado se quiere permanecer en él, aunque haya un dolor remanente de fondo. Nací con la baja inhibición latente y siendo una persona altamente sensible, que mi hija ha heredado. Todo lo demás -de mi identidad- se sigue de esta simple regla. Reducir una persona a uno de los comportamientos como el prominente puede parecer arriesgado, reduccionista, pero ¿cómo sino casi todas las grandes teorías de la personalidad muestran apenas cuatro a ochos rasgos para dividir a las personas? Cierto que cada individuo es un mundo, pero halla ese rasgo prominente y casi todo el resto de su personalidad irradiará desde ese centro. De nuevo estas ideas llevan a lo relevante y “revelante” del gen egoísta. Seguramente esos dos aspectos más prominentes de mi identidad sean reducibles a un sólo gen o su variante alterada, que es el que se manifiesta como principal tanto en mí como en mi hija. Como si no le “valiese” con estar y formar parte del ADN, sino que trata de imponerse durante una vida, como para repercutir y tomar el protagonismo en unas conductas y “elecciones” de toda una genealogía. De fondo “quiere” ser el que “venza” como apuesta evolutivo/humana, sólo así -con ese telón de fondo de uno o unos pocos genes diferenciados- se explica la tendencia expansiva de los imperios, que nacieron desde un solo o unos pocos emperadores de una misma línea génica. Quieren ser lo universal, lo prominente y lo que se ha de tomar como lo humano, lo prominente de una especie. En la película “Jonathan” 2018, se apunta o se puede extrapolar una idea muy curiosa. Se presenta a un personaje que padece de personalidad múltiple (trastorno de identidad disociativo), pero su doctora propone que es un hermano gemelo en su cerebro. ¿Y si la disociación de identidades son dos apuestas de dos genes que se expresan para ser las prominentes en el comportamiento a partir de un cambio epigenético, por un cambio o trauma ambiental, y bajo los planteamientos que he hecho arriba? De nuevo decir que primero fue mi idea, y como estaba ahí la semilla y se mantuvo el cebado cerebral, cuando vi la película mi cerebro me orientó o me planteó esa posibilidad.

   Que un neuro-normal cuestione el mantenerme con ese eco de dolor, o incluso que me rechace, es porque da un tipo de valencias o valor a la realidad desde los sesgos ontológicos que he mostrado, y puesto que son otredad con respecto a su identidad, dado que ha de “defender” y tratar de propagar -que sea la que se valide- su propia apuesta. “Donde está la herida de un hombre es donde se encuentra su genio“, nos dice Robert Bly. No hay nada válido y nada inválido en la evolución, todos son estados meta-estables que se mantendrán durante X tiempo, mientras se den las condiciones. ¿Qué la humanidad tiene que buscar la justicia a través de la igualdad? Igualdad y poder no encajan, como ácido y alcalino son dos opuestos. La sociedad, el humano, se reduce a tratar de encajar esos contrarios: nunca lo ha encontrado y nunca lo hará. Tampoco está claro que pudiéramos ser como las hormigas (como ha demostrado lo fallido de los regímenes comunistas), la identidad de nuestro cerebro nos lo impide. O existe el poder o la igualdad, nunca juntos, o siempre en liza y moviendo sus fronteras. El humano se define por esa imposibilidad: a eso es a lo que se puede reducir nuestra identidad. Somos un animal frustrado y enfermo, consciente de su frustración, pero que no reconoce su enfermedad. Este hecho es fácilmente demostrable por la simple lógica de que cualquier animal cuando está saciado en lo básico simplemente duerme. El humano no. A tal proceso se le llama “cinta de correr hedónica“, el concepto proviene de antiguo y hay cientos de miles de frases que redundan en esta idea. En la cabecera de este escrito hay una bajo la regla del “divino descontento”, o esta otra de Anthony Storr: “la felicidad completa, el sentimiento oceánico de armonía absoluta entre el mundo interior y exterior, sólo es posible transitoriamente; el hombre está constantemente buscando la felicidad pero, por su propia naturaleza, no puede alcanzarla total ni permanentemente, ni con las relaciones interpersonales ni con los desafíos creativos“; si bien en la Wikipedia nos recuerda la frase de San Agustín de: “un verdadero dicho es que el deseo no tiene descanso, es infinito en sí mismo, infinito, y como uno lo llama, un trasiego perpetuo, o molino de caballo“. Es extrapolable al estómago, que si le observa su cómo a través de toda una vida, siempre está pidiendo comida. O en un ejemplo se desea comer algo delicioso, pero hoy eso es un entrecot y puede que mañana también lo sea, pero al final deja de suplir ese deseo de delicioso y cambiamos a otra comida que tenga esa propiedad. Queda claro que nunca se sacia tal estado. A esto se le conoce como la paradoja del hedonismo. Lo remanente de esta acción imposible es el deseo de algo delicioso. Bajo este concepto es “verdad” el dicho de “no es más rico el que más tiene, sino el que menos necesita”. En la filosofía Griega surgieron tres grandes teorías éticas o de la conducta: el hedonismo, el epicureísmo y el estoicismo. La teoría de la cinta de correr hedónica es claramente hedonista o epicúrea, mientras que el refrán es estoico, como igualmente lo son algunas de las filosofías orientales o el propio cristianismo. De una u otra forma la que al final ha “vencido”, o explica el momento actual, es el hedonismo, que bien mirado es el que mantiene la estructura que tiene nuestro propio cerebro. Cualquier animal es estoico, el humano es -quizás o si acaso todo animal social de gran inteligencia como los delfines- el único que es hedónico. Visto así si toda filosofía se basa en aceptar lo que es natural y vivir según esas reglas, vivir de forma hedónica sería la regla para el humano, pero bajo un punto de vista más global, y para seguir la regla más dominante, debería ser estoico. En otro plano la vida es retroalimentación negativa, en la medida que trata de escapar del caos, pero teniendo en cuenta que en tanto que es un imposible entra en juego la retroalimentación positiva. Si bien hay que tener en cuenta cuánto hay que acelerar la cinta de correr para permanecer en el mismo sitio. Ahí está la cuestión que debaten las tres propuestas filosóficas. Y por otro lado, si la retroalimentación positiva era para mantener la distancia equidistante en el juego presa/depredador, y en ese sentido es “natural”: ¿quién es nuestro supuesto depredador y qué lo es a la hora de poder ser feliz? Ya no tenemos depredador y por otro lado el acelerar la cinta hedónica suele llevar a las adicciones. En la medida que ahora la lucha es entre ciudades, culturas, países o multinacionales, y es lo que suple el juego presa/depredador, eso acelera la cinta hedónica de cada uno de los humanos dentro de esas ciudades, culturas, países y multinacionales, que quieren tener más cultura, ser más divertidas, ser la más…. ¿Cuándo dejar de acelerar, cuando hay que pisar el freno? ¿No es hora de una postura más estoica? De un lado la alta aceleración de las sociedades están desequilibrando al planeta, y de otro a nivel individual, se está creando una sociedad constantemente insatisfecha, enferma, adicta e infeliz. O dicho más llanamente: cinta andadora, sea en lo social o en lo individual, sí; pero estar acelerando de forma infinita, no. Hay que fijar la marcha a cierta velocidad que sea “natural”. La sociedad actual reniega de las personas que mantienen la apuesta de no ir al paso acelerado que se está imponiendo. ¿Para eso ha servido la autoconciencia en el universo?, para crear una mentalidad enferma, inyectada de la retroalimentación positiva sin freno y fuera de lo natural, que es lo que nos lleva a la injusticia y la desigualdad (léase malvada). Esto es lo que expone el trilema de Epicuro, en donde se pueden dar tres posibilidades: 1. el humano es capaz pero no está dispuesto a cambiar la sociedad injusta, si es así es malvado; 2. si está dispuesto pero no es capaz, entonces es débil; y el tercer punto de vista, que es el que se deduce y el que yo sostengo, es que ni es capaz ni está dispuesto. Así se mantiene el principio de Hanlon que dice que “nunca atribuyas a la maldad lo que puede ser explicado por la estupidez“. Las personas que sufren sí quieren cambiar la sociedad, pero el humano es de memoria e integridad frágil y una vez que llega a una posición de poder quiere mantener ese estado y se olvida de aquella idea primera. No me contradigo con respecto al trilema. ¿Qué persona o país está dispuesto a dar todo lo que le sobra al resto de personas o países que tengan carencias? Se sigue la regla de la cinta hedónica, una vez que se llega a un nivel se quiere más, nunca menos. Cada uno juega sus propias cartas, ¿quién desaprovecharía un póquer de ases? Lo peor de todo es que cada uno analiza el juego -si es justo y si sus reglas son lícitas- según las cartas que le ha tocado jugar. Corremos tras el viento, como nos dice la biblia. Es seguro que en otro planeta exista una especie autoconsciente y eusocial, como las hormigas, pero seguramente sus vidas nos sean tan “divertidas” como las nuestras. Donde se dé de forma más pronunciada el caos es donde se da más la posibilidad para la sorpresa, para lo distinto, para lo nuevo. Esa “sorpresa” en la vida puede ser para lo trágico, pero igualmente para lo cómico y divertido. No sé si esa supuestas mentes alienígenas autoconscientes y eusociales se divertirían tanto, como nosotros, con unos simples vídeos de gatitos. Final vitalista en la dirección de Camus: lo que nos hace miserables es a la vez lo que nos hace especiales. No es simétrico, es caótico. Si no podemos cambiar nada por lo menos riámonos de todo, ¿cómo y porqué sino la evolución y la humanidad habrían de crear algo como el humor?


(1) No me gustan las interrupciones de las notas, pero no hay forma de incluir el siguiente texto sin romper la continuidad del escrito. Son unas últimas valoraciones y conclusiones a la teoría performativa o del yo o cognición encarnada (relativa al cuerpo). Esa que afirma que la pose del cuerpo y gestos de la cara, y sus estados, crean las emociones y actitudes parejas en el cerebro, en donde su viral es ponerse un bolígrafo vertical en la boca para forzar la sonrisa. He visto la conferencia en TED “el lenguaje corporal moldea nuestro cerebro” de Amy Cuddy, que a sido uno de esos virales que han propiciado esta moda. La autora cuenta su propio caso: tuvo un accidente de tráfico que dañó su cerebro y le bajo el coeficiente intelectual, cuando era una promesa muy cualificada. Nada se aparta de mi lenguaje y conceptos. Tenía una potencialidad que perdió transitoriamente. Otra cosa es basar el hacer en la vida solamente en el gesto, en la pose. Es cierto que unas poses elevan la testosterona y esta mantiene bajo el nivel de cortisol, de estrés. Pero eso se da en pruebas cerradas, fuera del vivir. En la vida uno no se puede basar en la pose, pues como bien dice el dicho: “el tiempo pone las cosas en su sitio”. O sea, que de poco vale que uno se “agrande”, como dice el vídeo, si al final no da la talla para tal agrandamiento al enfrentarse a otras personas y a las situaciones. Por otro lado esa pose de expandirse, en cierta forma, puede ser considerada agresiva. Uno no va, o no debería, de ir a una primera cita con una posible pareja con esa pose. Se le va a tachar de “chulesco/a” y engreído/a. Tampoco va con un perfil bajo. Va simplemente “ajustado” a la situación y a su propia personalidad. En unos y otros casos la mayoría de los mensajes dados en los medios sociales no tratan de mostrar la totalidad del panorama, como lo hago yo aquí. “Esconden” datos o los dan a medias. Se limitan a propagar la “buena nueva”, la noticia vistosa, que vende y que puede llegar a ser viral. Pongamos otros casos. Imaginarse que se está en el funeral del propio padre, compungido y lleno de dolor, y alguien te sugiere que te pongas el susodicho bolígrafo en la boca…, ¡suena a desatino! En esa misma dirección no creo que los trabajadores de servicios, cara al público, que están “obligados” a sonreír, parece que sean más felices que la media, más bien al contrario. Tienen una alta carga de estrés, de cortisol, por el simple hecho de mantener la sonrisa y la pose. Primero por la obligación, que parte de un estado sumiso o inferior (estado interiorizado, no externo), pese a la sonrisa y la buena actitud de gesto expansivo, y segundo por el desgaste mental que produce el contacto con extraños. Por otro lado pienso que lo performativo parece un quedarse a medio camino de una conclusión. A una posición intermedia hacia otra. Se puede llegar a un estado mental donde el cerebro se “desprenda” del cuerpo, donde la pose o el gesto ya no cuentan ante la firmeza de dicho estado. Así nos lo hacen ver las religiones orientales o las personas occidentales que han tendido hacia los caminos espirituales o más interiorizados.
(2) Días después se me ocurrió la idea abstracta de hacer un relato corto con la trama y el nombre de “la O que quería ser una S”, esa noche dormí con muy poca calidad. Me despertaba con algunas ideas o subtramas, y me levante temprano porque ya no podía conciliar el sueño. Pienso que esos despertares son debido a que se llama a las capacidades del prefrontal, módulo que es el que más a de permanecer totalmente pasivo e inactivado cuando se duerme. Esto demuestra que el cerebro es una máquina de resolución de problemas. Introduces los datos y el cerebro por sí sólo trata de resolverlos. Pero también marca la diferencia de unos tipos de cerebros u otros. No sé si hay un calificativo en la ciencia para esta manera de proceder, que no es exactamente baja inhibición latente. Las personas piensan que soy muy sensible y me desvelo por problemas de la vida, pero hechos como el aquí expuesto demuestran que no es exactamente eso, aunque está claro que si implica más módulos cerebrales, como los emocionales y en donde entra en juego la impotencia, el miedo o la ansiedad el cerebro absorbe más procesos y energía, con el consiguiente problema para dormir. Por otro lado no sé porqué hay que enorgullecerse cuando se dice “a mí nada me quita el sueño”, pues a mí me lo quita, pero como se ve por el ejemplo aquí mostrado, no implica debilidad. Es otra cosa, es una cualidad o potencialidad que si se le da buen uso puede ser buena. Es seguro que todo gran científico, inventor, escritor o artista tiene el mismo esquema presentado aquí: su dormir era de poca calidad en cuanto trataban de resolver o llegar a una meta o solución.
(3) La recursividad cerebral, en uno de sus casos más claros, es la capacidad de “reciclar” patrones usándolos en distintos casos. Construimos toda la complejidad el lenguaje a través de apenas cinco vocales, pero como este lenguaje sería muy reducido se recurrió a las consonantes, que consuenan con las vocales. No se puede hacer alusión a una consonante sin una vocal, a veces no nos damos cuenta de hechos tan simples como este y el porqué de sus nombres. En otro caso una misma palabra es usada con distintos significados (homónimas). Ahí tenemos el caso de terminal, que es una estación de autobuses o trenes, un ordenador en una red, o es una forma de llamar al móvil, y además se usa para nombrar el estado cercano a la muerte. En otro caso, si escribo la frase: “toda ilusión es una ilusión”, ¿se entiende sin más la primera como sinónima de esperanza y la segunda de espejismo visual o le cuesta al cerebro “digerirla”? !En la película Tag (¡Tú la llevas!) hacen un sketch por esta capacidad del lenguaje: “¿Cómo puede ser que bisemanal signifique tanto dos veces a la semana como cada dos semanas? ¡Es muy confuso y lingüísticamente descuidado!” En cada caso -tanto con terminal como con bisemanal- el cerebro le da su identidad (significado) dependiendo del contexto (holismo semántico). Eso quiere decir que el lenguaje es intencional, tiene una carga significativa. El cerebro parte no tanto del hecho de “atomizar” los datos (vocales, fonemas…) , sino de buscar el contexto o el mensaje implícito. Es holista (el hemisferio derecho, el izquierdo, en tanto que reflexión, no), trata de construir la entrada de datos desde sus totalidades, desde sus identidades. O sea, no ve ondas electromagnéticas que en su suma son una mesa: busca una mesa a una totalidad de ondas electromagnéticas que se “acercan” a la “esencia” de lo que es una mesa. El problema de la inteligencia artificial viene dado a que no trabaja así. La nueva dirección de sus investigaciones van en esta dirección. Se ha entrenado a un algoritmo a tener esa visión holística de lo que es un gato a través de haberle expuesto a ver millones de vídeos. Ahora “encuentra” un gato con facilidad en cualquier medio. El problema es que sólo se le ha entrenado para los gatos. El resto de la imagen sigue siendo meras ondas electromagnéticas. Estamos tan acostumbrados a que el cerebro trabaje “bien”, que no nos damos cuenta de toda esta complejidad. ¿Cómo meras señales del espectro de luz crean una representación mental? Esto se trata en las neurociencias de la integración multisensorial y dentro del problema de la integración sensorial. En un ejemplo sencillo se muestra un cuadrado rojo y un círculo verde. ¿Cómo une forma y color? y puesto que esos dos procesos lo llevan a cabo distintas partes del cerebro. O dicho de otra forma, como mantiene la integridad de que el cuadrado era rojo, si por un lado analiza la forma y por otra su color. Unos de los postulados sobre la integración multisensorial, que es el que más me gusta pues va en mi misma línea de pensamiento, es que las neuronas que procesan esos dos datos se sincronizan para mantener como que se “refieren” a una misma cosa en el espacio. Por otro lado, esto ya es un aporte personal, pienso que es por prioridades. La eterna división en filosofía de forma y contenido o esencia y accidente. La forma o identidad es la naranja, si está verde, madura o pocha son accidentes o algo secundario. En el ejemplo del cuadrado lo prioritario es la forma, lo secundario el color, lo segundo es un sub-proceso vinculado a lo primero. Para el caso, y poniéndome muy lírico y poético, es como si las neuronas que procesan la forma dijeran a las del color “baila a mi ritmo”, o fueran las que llevasen a las otras durante su “baile”. En todo caso forma es igual o equiparable a identidad, y esta premisa es la que “manda” durante ese proceso y vinculación. El cerebro está tan “sediento” y es en él tan primordial esta estructura formal que un discurso o escrito (o película) que no mantenga minimamente una narrabilidad o significado (forma, identidad), manteniendo además la continuidad (ritmo, sincronicidad), hará que nos perdamos como para que al final nos aburra. Este simple hecho -de la primacía contextual- es extrapolable a lo social. Puesto que lo social parte de las estructuras del cerebro, cada individuo es para el caso como una vocal o sílaba que en un análisis social sólo se entiende dentro de su contexto -significado- social. De esta forma somos reducidos a identidades dentro de los lenguaje sociales. Si estoy detrás de una barra soy un camarero, si tengo a mi hija en brazos soy un padre, y si hago vídeos en YouTube con ciento de miles de seguidores soy susceptible de ser un influencer. Hago mención aquí a una cuestión dejada a medias en el escrito “Un porqué evolutivo de la identidad” -sobre el límite empático/cerebral referido a la distancia del llanto de un bebé-  y de la que tengo pensado hacer un escrito (o quizás no si queda explicado aquí). El cerebro, en su recursividad, trata de ser ahorrador. Hay palabras “comodín” que el cerebro usa para acelerar el habla. Así decimos: “la cosa es no quedarse con los detalles”. “Cosa” es una de esas palabras comodín que se usa en infinidad de frases para no tener que buscar la palabra exacta. Es un objeto/situación/comportamiento indefinido. La palabra “gente” es otra de esas palabras. Me imagino que tal concepto ya existe pero del cual no sé el nombre como para buscarlo en la Wikipedia (lo más cercano es deshumanización, pero este concepto es excesivo para el presente tema, igualmente ocurre con el término cosificación, los dos son extremos que nacen de lo que aquí planteo), y puesto que en la película “el silencio de los corderos” hacen mención de este hecho, cuando la madre se refiere a su hija por su nombre propio, para tratar de crear empatía a su secuestrador. Igualmente en la actual película “Bird box (A ciegas)”, una madre que ha tenido un hijo y a adoptado a otro, en un mundo post-apocalíptico, decide llamarlos simplemente con el genérico “niño” y “niña”, para mantener un trato más impersonal. La hipótesis es que todo aquello que no tenga o sea tratado con un nombre propio es “otredad” (en mi lenguaje). Así nos podemos referir a los musulmanes como “esa gente”, usando una palabra comodín, para tratarles dentro de la otredad. De ahí la importancia de dar nombres y ser conocidos por un nombre: para tener una identidad individualizada, pues el cerebro procesa de distinta forma aquello con nombre, que aquello que puede ser “catalogado” con las palabras y los conceptos comodín. O sea, aquello con nombre es en lo que el cerebro hace un gasto de energía, mientras “otredad” es aquello otro por lo que el cerebro prefiere ahorrar energía a través de las palabras comodín. En otros casos recurrimos a categorías, estereotipos y arquetipos (planteamiento de fondo de las feministas), como en el caso de arriba del camarero, cuestión por la cual no se les suele tratar muy bien (menos a los de la noche), o de la misma forma que a nuestro amigo Juan que además es camarero. Percatarse de nuevo en el lenguaje filosófico que diferencia entre forma/identidad y accidente/secundario: en un camarero no conocido “camarero” es su identidad, mientras que en el caso de Juan este ya tiene una identidad y lo de camarero es accidental o secundario. Una persona es individual -tiene una identidad definida, vinculada a un nombre, que es su “índice”- cuando adquiere el (a)precio de no ser tratada por los procesos ahorrativos del cerebro. En teoría de la información todo aquello que es ambiguo es ruido, luego lo extranjero y extraño, o todo aquello que no tiene un nombre e identidad propio, es una “interferencia” en el canal o flujo de información del cerebro. “Los extraños siempre representan una amenaza“, nos recuerda Anthony Storr. Fijarse que señal proviene de señalar, de indicar con el dedo (índice, de nuevo recursividad en todos estos nombres y verbos) de una cosa concreta que merece esa señalización. ¿A qué me refiero con interferencia?, si como se propone, y es la base del presente escrito, el cerebro trata de predecir la realidad, creando previamente una representación mental del mundo, interferencia es cuando algo rompe la linealidad de ese proceso. Veamos un simple ejemplo en una lista de palabras: caramelo, magdalena, helado, confite, bizcocho, chocolate, pastel, tarta, sucio, piruleta, galleta, bollo… Cuando empieza la lista el cerebro busca un patrón de predicción. Lo haya rápido, son dulces, pero de repente se encuentra con la palabra “sucio” y se crea ese estado de interferencia o ruido sobre el supuesto de que la lista es de dulces. Si alguien te preguntase sobre qué era la lista ya no le sabrías decir. O argumentarías que es de dulces y por algún error tipográfico se coló la palabra “sucio”. El cerebro aprende a través de crear patrones, de asociar ideas y conceptos, e interferencia es cuando ese proceso queda alterado, como nos dice la teoría de la interferencia, referida a la memoria humana. Este efecto es al que hace alusión la película “El club de la lucha“, cuando Tyler Durden mete un fotograma de sexo en medio de una película, con la consiguiente interferencia y perplejidad en el cerebro de los espectadores; sobre todo por lo disruptivo que es el sexo, como he tratado de hacer ver en capítulos anteriores. El caso más claro para tratar de validar mi argumento son los zurdos. El cerebro capta al otro a través de las neuronas espejo. Estas entran en juego y crean las mismas activaciones de las neuronas motoras, como si fuese el caso que nosotros mismos hiciéramos dichos movimientos. Sin embargo la persona que tengamos delante no es nuestro espejo, puesto que su derecha queda a mi izquierda. Es el cerebro el que hace tal traslación y lo hace en sus procesos básicos y más antiguos, pues cuando nos dicen algo referente a ir a derecha o izquierda, las zonas asociativas del lenguaje y el prefrontal tardan en reaccionar, y no siempre bien. Debe de ocurrir algo así como con la visión. Por el tipo de lente que es el ojo manda lo percibido al revés al cerebro, y este hace la corrección. Cuando tenemos a un zurdo frente a nosotros este sí que es un espejo. Pero en lo profundo del cerebro algo no le encaja. En un ejemplo, imaginar que te presentan una persona y haces el típico alargamiento de la mano derecha para estrechar la de esa otra persona, pero esta a su vez ha hecho lo mismo, pero como es zurda extiende su brazo izquierdo (en realidad no suele ocurrir así: la normalización social -que proviene de norma y esta de normal- “obliga” al zurdo a saludar con la derecha). La capacidad predictiva del cerebro ha “fallado” en su fluir, ha tenido una interferencia, y recurre al prefrontal para “resolver” la situación. Lo mismo en otras muchas situaciones cuando vemos a un zurdo: se crea una disonancia, como que algo marcha mal, creando esa breve disrupción de los procesos cerebrales. Se produce una interferencia (ruido) en el flujo de la información cerebral, por la cual las neuronas espejo no se activan, no propiciando la empatía. A la interferencia u ruido cerebral a la que hago alusión es a aquella a la que nos referimos cuando decimos: “tú y yo no sintonizamos”. En la mayoría de las culturas  y los tiempos se han tratado a los zurdos de maneras discriminatorias. El caso más claro es que lo contrario de diestro es siniestro, donde el segundo término proviene de los zurdos. En otro ejemplo zurdo era sinónimo de torpe. Jesucristo, en el cielo, está a la diestra del Señor. En inglés derecha y correcto son una misma palabra: right. Cómo algo tan inane, como es el caso de la principal mano a usar, puede haber (de)generado hacia lo que ha llegado a ser, sino es por algo tan básico como qué es ruido o interferencia en el flujo de la información cerebral. Para más casos, en otras culturas y tiempos, ir al sesgo contra los zurdos en la Wikipedia. No es algo humano, no es cultural, nos viene de lejos en la evolución, puesto que la hipótesis con el raro nombre de koinofilia predice que cuando se busca pareja se rechaza todo lo que sea más extremo, extraño o inusual con respecto a la media de las características de la especie. Con el ejemplo de los zurdos en mente, toda persona extranjera, o de otra cultura o maneras de hacer en el mundo, nos provocan las mismas disonancias cerebrales, el mismo tipo de interferencia, de ruido. Cuando vemos los rasgos externos de su etnia, o el color de la piel, o sus gestos, maneras de comportarse, idioma, ritos, costumbres, formas de pensar, etc., el flujo de información cerebral encuentra interferencias, en donde tal “ruido” nos puede llegar a generar malestar interior, una irritabilidad o estrés leve, o cuanto menos incomodidad. A tal efecto se le llama disonancia cultural, esto nos dice la Wikipedia:

    “La disonancia cultural (educación, sociología, antropología y estudios culturales) es un sentimiento incómodo de discordia, falta de armonía, confusión o conflicto que experimentan las personas en medio de un cambio en su entorno cultural. Los cambios a menudo son inesperados, inexplicables o no son comprensibles debido a varios tipos de dinámicas culturales.”

   Ahora está de moda usar conceptos positivos para que parezca más leve lo que se dice, y en la medida de evitar aquello de “que maten al mensajero” y ganar adeptos o seguidores. Hagamos ese ejercicio en la anterior frase: “el flujo de información cerebral encuentra una leve caída en la calidad de su emisión, en donde tal ausencia de “armonía” nos puede sacar de nuestra zona de confor y una salida de nuestro estado homeostático o de equilibrio emocional”. ¡Uf!, que cansino y confuso es tratar de ser políticamente correcto. Vuelvo a mi estilo. Todos estos efectos disonantes se incrementan o se pronuncian si estamos saturados mentalmente, o en una situación de sobrecarga sensorial, o de alto estrés, en donde se pueda llegar a activar el mecanismo de lucha o huida. De ahí el “soltar” improperios y atacar en lo verbal o en lo físico a algunas personas en situaciones de tensión. La “corrección” de tal interferencia la hace el hemisferio izquierdo, por medio del sistema ejecutivo y/o la reflexión, pero es una última capa de los procesos mentales, que no siempre son los prioritarios, o los que emergen en el día a día. Más teniendo en cuenta que el cerebro sólo lo activa en casos excepcionales, por su alto coste energético y su lentitud. En estos procesos y situaciones vemos lo complejo de identidad y autenticidad. Todos tenemos estos mecanismos (leer sobre “cognición caliente y fría“), a todos nos produce “ruido” mental lo extraño. Cuanto más alejado esté esa otra persona de nuestra propia identidad mayor será la interferencia (una peculiar forma de escribir crea igualmente interferencia; por mis problemas con el lenguaje sé que no siempre construyo las frases como la media o de forma “aceptable”, no es mi “intención”, es una tara). En casos extremos la “simple” diferencia del sexo (género) enciende el interruptor de la otredad; es bidireccional, no del hombre hacia la mujer como quieren hacer ver las feministas y puesto que parte del “mecanismo” que trato de mostrar. ¿Somos ese núcleo o somos lo que pretende querer ser el prefrontal y la reflexión? Ambas cosas, pero sólo una alta capacidad reflexiva y una gran cantidad de conocimiento pueden frenar o neutralizar lo “nuclear”. En situaciones en la que impera la urgencia o de crisis, en la que esté en juego nuestra vida, nuestra identidad o la identidad a la que pertenecemos, puede lo nuclear (leer sobre el “efecto otra raza“). ¿A quién, a estas alturas de sucesos, no le produce interferencia mental el tema catalán? Las constantes interferencias, con sus consiguientes situaciones de tensión, van generando inquina, que puede terminar en odio, y en donde en el caso de las etnias y otras culturas al final puede degenerar en racismo. Yo soy más “ambicioso” que nadie, no odio cosas concretas, odio a la sociedad en general. ¿Cómo sino y puesto que soy demasiado sensible a los estímulos externos, y tengo baja inhibición latente, por la cual para mí casi todo es ruido?, pero cuidado con las malinterpretaciones: amo a las personas, quiero y pretendo un mundo individualizado. Lo mejor, al final, es “desconectar” de todo, que es otro de los recursos del cerebro y la evolución, sobre todo en la sociedad actual, donde cada vez hay más ruido. De una y otra forma, lo que quiero hacer ver de fondo, es que algo tan primigenio como el ahorro de energía (principio del mínimo esfuerzo), y nuestro límites cerebrales por los cuales tenemos un número más bien bajo para recordar nombres, crea unas estructuras tan torpes e inadecuadas como son la dualidad identidad/otredad (implícitas en cada frase, pensamiento y acto, como creo haber demostrado), como para que al final el cerebro llegue al racismo o la exclusión social. Por último decir, que puesto que el humano se define por el habla, más exactamente por un cerebro que tiene un sistema simbólico altamente preciso y complejo, es por lo que se puede contestar al dilema del porqué cualquier perro reconoce a otro perro como tal, mientras que en el humano todo esto es más ambiguo y complicado. El “lenguaje” olfativo del perro es simplificador, sus estructuras mentales de identidad/otredad es básica: huele a perro, es un perro (de forma curiosa este patrón o “verdad” ya estaba implícito en el inconsciente colectivo, puesto que los zombis pierden el habla y se reconocen por el olor); mientras que en el hombre y puesto que el lenguaje está unido a un idioma y este a una cultura, la cuestión de identidad/otredad deviene, para mal, en todos los tipos de relaciones y complejidades que se dan en el ser humano, como son bandera, frontera, patria, etnia, idioma, color de la piel, extranjero, foráneo, friki, etc. De forma curiosa este patrón o “verdad” ya estaba implícito en el inconsciente colectivo, puesto que los zombis pierden el habla y se reconocen por el olor; pertenecen todos a una sola nación, a una única identidad.


    La primera parte de este escrito me ha llevado tres días, cuando en verano sólo me hubiera llevado uno. Permanezco a unos diez grados en casa y la energía la gasta el cuerpo el tratar de mantener el calor interior. Con lo que me agoto mentalmente más rápido. No me quejo, hago ver cómo funciona el cuerpo. En verano es más fácil llegar al pensamiento fluido cuando escribo. De cualquier forma prefiero este estado invernal más tranquilo, a la “locura” emocional del verano. No deja de ser paradójico que tenga más frío que un humano de la prehistoria, pues estos mantenían hogueras encendidas todo el día. Yo ni puedo encender fuegos, ni mantener una calefacción. Por otro lado las ideas de todo el libro se resumen en esta breve reseña de la idea de un nuevo hombre“El concepto del Filósofo Friedrich Nietzsche de Übermensch (‘Overman’) sería la de un hombre nuevo que sería un líder como ejemplo para la humanidad, a través de una existencialista voluntad de poder que es vitalista e irracionalista dentro de la naturaleza. Nietzsche desarrolló el concepto en respuesta a su visión de la mentalidad de rebaño inherente del cristianismo, y el vacío en el significado existencial que se realiza con la muerte de Dios . El Übermensch emerge como el nuevo significado de la Tierra, un individuo que repudia las normas y se supera a sí mismo y es el maestro que controla sus impulsos y pasiones.” Si bien ahora esa mentalidad de rebaño es por el capitalismo y el consumo, las pantallas y las redes sociales. Igualmente cada vez se me hace más insostenible mantener el mapa mental. Cuanto más entradas mas posibles enlacen entre ellos…, me meto en una retroalimentación positiva, con el consiguiente gasto mental y la pérdida de control (ese estado en definitiva es una tendencia a la ansiedad, pues esta nace de la pérdida de control en cualquier situación). Compartiré un último y dejaré el proyecto. Por otro lado me “obligo” a leer los artículos más relevantes y tengo pendientes más de cien. “Fusionar” ideas cruzadas cada vez me cuesta más.

Un Porqué Evolutivo de la Identidad (un Cierre Autopoiético y la Lucha Eterna)

La pura y simple verdad es raramente pura y nunca es simple.” Orcar Wilde
La manera de ser feliz es retirarse de la vida pública en comunidades privadas de personas afines.” Epicuro
La lealtad al grupo, el sacrificio por él, el odio y el desprecio por los forasteros, la hermandad interna, la crueldad hacia fuera…, todos crecen juntos.” William G. Sumner
El único modo realista de cambio político es orgánico, no revolucionario.” Edmund Burke

    Estoy releyendo “el maestro y el emisario” de Iain McGilchrist. A decir verdad leyendo el libro, pues en su momento sólo leí la primera parte, que se centra en las diferencias de los hemisferios cerebrales, que era lo que me interesaba en ese momento. Por lo demás intuía cómo iba a desarrollar el libro, en su defensa del ahora, a partir de la Illustración, denostado hemisferio derecho, el de las emociones y el pensamiento rápido y mágico. El más propio como metafórico. Al final en McGilchrist encontré los mismos planteamientos que yo ya haya dicho a lo largo de los escritos: el cerebro como metafórico. A veces me desaliento al encontrarme que otros ya han escrito lo que yo creo como una idea original, pero al final me digo que por lo menos tengo “aliados” en mis luchas y propuestas. (1) En otro caso me he encontrado con el libro “mimesis y otredad” de Michael Taussig (pendiente de leer), que me imagino también ira por varias rutas que yo he trazado en mis escritos sobre la imitación, la identidad y la otredad, como a no imitar. El presente escrito lidia con dos aclaraciones o problemas irresolutos del libro. De nuevo me veo en la necesidad de seguir escribiendo para despejar dudas y para solucionar potenciales contradicciones. El primer tema es el de la identidad. El cómo “abrazamos” la identidad patria o religiosa como propia, pues al parecer puede haber un porqué evolutivo. En el segundo tema trato de explicar la aparente contradicción de moverme entre dos posturas contrarias: una que aboga por la razón, la información y el dato puro, frente a otra postura que aboga por el “alma” humana, su espíritu metafórico y mágico. Voy al primero.

   La teoría evolutiva clásica tenía sus flaquezas que poco a poco se han ido resolviendo, en nuevas revisiones, pero sigue habiendo cuestiones sin resolver. Es débil pensar que dada una especie que ha apostado por un tipo de estrategia evolutiva, esta “funcione” o perdure, dado de lo cambiante del medio-ambiente, como es el caso del clima, con épocas de grandes sequías y de grandes glaciaciones. Tienen que darse otros mecanismos más sutiles, que “lean” mejor o más “finamente” una situación dada. La epigenética en parte resuelve este tema. Una madre que no tenga una alimentación equilibrada, provocará cambios genéticos en su nonato como para que este se “acomode” a un medio que va a ser hostil o pobre en alimentos (idea en contra el veganismo y otras dietas desequilibradas). Pero crea cambios en el cuerpo, no en el comportamiento. El dilema sigue sin estar resuelto. Para paliar con esta debilidad, el efecto Baldwin, ya propuesto a finales del siglo IXX, viene a decir que dada una situación, el sistema, una especie dada, tiende a seleccionar el comportamiento más adecuado para sobrevivir. Es una variable de la importancia de la selección sexual, en donde los “iguales”, con ciertas características en sus comportamientos, se “buscan” como para que sea el comportamiento que se vaya a pasar a la descendencia. La rápida tolerancia a la lactosa en Europa puede explicarse bajo este efecto. De nuevo la fuerte repercusión de las hembras en su selección de machos, que también sale a relucir en el “efecto materno“. Sobre este último remarco esto que nos dice la Wikipedia:

Los cambios fenotípicos que surgen de los efectos adaptativos de la madre son el resultado de que la madre perciba que cierto aspecto del entorno puede disminuir la supervivencia de su descendencia. Al detectar una señal, la madre “transmite” información a la descendencia en desarrollo y, por lo tanto, induce efectos adaptativos de la madre. Esto tiende a provocar que la descendencia tenga una mejor forma física porque están “preparados” para el entorno que es probable que experimenten. Estas señales pueden incluir respuestas a depredadores, hábitat, alta densidad de población y disponibilidad de alimentos.”

 Hay que poner especial atención a su contrario, al efecto paterno:

En contraste, un efecto paterno es cuando un fenotipo resulta del genotipo del padre, en lugar del genotipo del individuo. Los genes responsables de estos efectos son componentes de los espermatozoides que están involucrados en la fertilización y el desarrollo temprano. Un ejemplo de un gen de efecto paterno es el ms(3) furtivo en Drosophila. Los machos con un alelo mutante de este gen producen espermatozoides que pueden fertilizar un óvulo, pero los huevos con inseminación furtiva no se desarrollan normalmente. Sin embargo, las mujeres con esta mutación producen huevos que experimentan un desarrollo normal cuando se fertilizan.”

O…

En el ratón de madera ( Apodemus sylvaticus ), los agregados de los espermatozoides forman trenes móviles, algunos de los espermatozoides experimentan reacciones acrosómicas prematuras que se correlacionan con una mejor movilidad de los trenes móviles hacia el óvulo femenino para la fertilización. Se cree que esta asociación se produce como resultado de un “efecto de barba verde” en el que los espermatozoides realizan un acto altruista selectivo por parentesco después de identificar la similitud genética con los espermatozoides circundantes.”

   De nuevo la importancia de las hembras a la hora de poderse quedar o no embarazadas de cierto tipo de apuesta masculina, dependiendo del entorno. ¿Cómo tales “sutilezas” y “genialidades” evolutivas pueden ser reducidas bajo ideas feministas?, imposible. Las “luchas” evolutivas están implementadas ya en los genes, esto se nos dice del conflicto intragenómico:

Los genes autosómicos generalmente tienen el mismo modo de transmisión en las especies que se reproducen sexualmente debido a la equidad de la segregación mendeliana , pero pueden surgir conflictos entre los alelos de los genes autosómicos cuando un alelo hace trampa durante la gametogénesis (distorsión de la segregación) o elimina los embriones que no la contienen (efectos maternos letales). Un alelo también puede convertir directamente su alelo rival en una copia de sí mismo (endonucleasas homing). Finalmente, los elementos genéticos móviles evitan completamente la segregación mendeliana, pudiendo insertar nuevas copias de sí mismos en nuevas posiciones en el genoma (transposones).”

   Es de suponer que estos genes “crean” un tipo de comportamiento u otro: más “procaz” o menos, y más fiel o menos. Las etiquetas las pone el humano, la evolución no sabe de tales etiquetas. Tampoco el prefrontal -conciencia, razón- “sabe” de tales “estratagemas”, y cada mujer -o generación de ellas-  las justifica como quiere y puede, dada la situación. El efecto materno, el efecto Baldwin y la epigenética tienen fronteras conceptuales que quizás no tiene ningún sentido. Los tres nos dicen o hablan de la importancia de no atenerse de forma maquinal y cerrada sobre la información del ADN, y tener más en cuenta lo ambiental, como para adaptarse de una forma más acertada a los cambios climáticos, y por ello del hábitat. No voy a detenerme a explicar el efecto Baldwin, para ello remito a la Wikipedia o a otros escritos, en el presente artículo voy a extrapolar ideas sobre tal efecto, que muy bien puede explicar las identidades y otras cuestiones que ya he tratado como la limerencia y la autopoiesis. Si tal como promulgaba James Mark Baldwin, una especie ha de “prestar atención” a posibles cambios en el ecosistema como para propiciar en unas pocas generaciones unos cambios o una “tendencia”, ese comportamiento o adaptación marcada por lo evolutivo, puede ser la base por la cual en el momento que dos grupos de humanos se separaban geográficamente hablando, al final se distanciaran tanto en lo fenotípico, como en lo genotípico. ¿Lo extrapolo de forma incorrecta?, decía Kant que “los conceptos sin intuiciones son ciegos“. Algo tiene que explicar nuestra tendencia a abrazar las identidades (patria, religión), como para hacerlas propias.

   No me voy a explayarme mucho más en este tema, la hipótesis es sencilla y elegante, si acaso a extrapolar ideas. Ese principio o efecto es “acertado” en lo evolutivo, pero como en el humano se ha dado una singularidad en el concepto de la cultura -de crear sociedades a partir de los saberes que se pasan de generación en generación- tal efecto se ha sobredimensionado, yendo en contra de la propia especie, por el hecho que esas identidades nos hacen “creer” que otro humano de otra identidad no es humano, es inferior, o cuanto menos alguien de quien sospechar. En otro lenguaje: los animales sociales están “creados” para desdibujar la frontera entre el yo y el nosotros; somos yos extendidos en tanto que los entramados emocionales que creamos con otros yos: amor. Pero el efecto Baldwin ha creado una barrera fantasmagórica pero impenetrable entre el “nosotros” y el “ellos”. Un humano que nazca y viva unos veinte años en un mismo lugar crea una “querencia” hacia esa identidad. Esta diferenciación comienza, y es de gran importancia, con el lenguaje. La hipótesis de Sapir-Whorf o de la relatividad del lenguaje “… sostiene que la estructura de un lenguaje afecta la visión del mundo o la cognición de sus hablantes”. Pero tal idea me parece que construye la casa por el tejado, y por lo demás me parece desacertada, por el hecho que una persona bilingüe podría crear un trastorno disociativo (personalidad múltiple), puesto que el bilingüismo opera a modo de interruptor, donde o se piensa con un lenguaje o con otro y raramente se mezclan como lenguaje interior. Si un lenguaje crease una re-estructuración cerebral, la persona bilingüe crearía dos estructuras o identidades bien diferenciadas, más cuanto más diferentes fuese los lenguajes; no hay datos de que sea así. Lo que ocurre, más bien, es que una sociedad o cultura dada (lugar/época) tiene unas estructuras, paradigmas, ideologías y religiones que se definen por el “espíritu de la época” (Zeitgeist), Mainstream (corriente principal del pensamiento) o cualquier otro concepto afín; que a su vez construye, se realiza, se proyecta o se erige a través de un lenguaje, en donde se da más importancia a unos conceptos, palabras y lenguajes que a otros. Pongamos como ejemplo el concepto Kami, del sintoísmo, la religión japonesa, cualquier occidental la “cribará” bajo los conceptos cristianos, con lo que nunca “alcanzará” o comprenderá con exactitud dicho concepto. Lo que tampoco quiere decir que no tenga un equivalente emocional en el cerebro occidental. “Kami se refiere particularmente al poder de los fenómenos que inspiran un sentido de asombro y admiración en el espectador (lo sagrado)” (fuente Wikipedia), en tanto que aquí fenómeno se refiere a la naturaleza. La filosofía tiene esa misma raíz de asombro ante lo natural. El asombro parte de la raíz que algo te impacte, de algo que no es esperado, que el cerebro no prevé, en donde si no es de forma negativa, la risa o sonrisa es la emoción que emerge ante tal impacto de ese algo nuevo que el cerebro en ese instante no sabe “encajar” (en inglés el término “wonder“, que es el más cercano al español de asombro, quiere decir a la vez maravilla, que sería similar a lo que nosotros conocemos como estado maravillado, en desuso por parecer cursi: una prueba de lo cambiante y el cómo repercute lo cultural). De forma más subliminal crea admiración, que cribada puede reducirse a “algo a tener en cuenta o a recordar”. Ocurre con los magos, siempre crean ese estado de asombro (maravillado). Lo produce una canción cuando se escucha por primera vez (su impronta), igualmente la poesía, como cuando se escucha: “los hijos que no tuvimos se esconden en las cloacas” (Aute), es chocante ese nombrar algo no existente, pues por ese hecho el cerebro trata de crear una representación de algo inexistente: sin forma, sin contenido. Palabras o dardos lanzados sobre una realidad no extensiva. En una segunda lectura se puede entender que hace referencia a los abortos. Si se comprende pierde su halo “mágico”, de lo que se deduce que ese estado permanece mientras dura la sensación de no ser comprendido, como así ocurre con los trucos de los magos. Patrón que es la base de la espiritualidad y la fe, en tanto que duda. Puede que tal estado nazca de un proceso ante que algo te impacte y se active el sistema de ataque/huida, que genera alguna suelta de endorfinas si el cerebro se percata que no se corre peligro. En un primer momento evolutivo a modo de retroalimentación que neutralizaba el estado de alarma; más tarde se volvió una emoción por sí misma. Este efecto es universal, como se puede ver en las reacciones a los magos. Otra cuestión es las variantes e interpretaciones que haga cada cultura y qué quieran dejar dentro de ese rango o no. La cultura occidental es más binaria, de separar bien y mal. Igualmente Kami puede ser la capacidad de captar los sistemas complejos, que parecen tener patrones, intenciones y finalidades, que es la forma más abstracta de lo que se puede considerar como vivo. Cualquier mamífero capta como “vivo” un peluche que tenga mecanismos de movimiento. Recordemos que la cultura occidental, no hebraica, tenía a las fuerzas de la naturaleza como entidades. En ese sentido el sintoísmo y el kami se pueden tomar como animistas (que todo es susceptible de tener vida, la religión más antigua en la evolución humana). En realidad todos los humanos lo somos: damos credibilidad a que los robot’s cortocircuito o R2-D2 tengan conciencia, vida, pero la persona occidental al salir del cine se “escapa” de esa “ilusión” por sus convicciones ideológicas (religión, conocimientos, cultura…) El animismo se revela fácilmente en hechos como el de ver una representación de ventriloquismo, el cerebro mira los gestos de la boca del muñeco y asocia la voz a esos gestos. Insufla vida al muñeco porque “habla”, aunque el prefrontal nos diga otra cosa. Como ya he dicho muchas veces, el cerebro tiene unas premisas o conceptos incrustados que no sabemos o podemos reducir bajo las palabras (o cuanto menos ofrecen mucha resistencia y son tendentes a las interpretaciones); cada cultura las interpreta a su manera, pero en el fondo son universales, pues están escritas en el ADN, al igual que un ave tiene “incrustado” en su genética que es capaz de evitar el efecto de la gravedad, con el vuelo, y nosotros no. En la época actual esos conceptos son “cambio climático”, globalización, lenguaje de igualdad para los sexos, defensa de los animales, etc. Esa totalidad de un lenguaje, que es la esencia de ese momento histórico, de una cultura dada, es la que construye el cerebro de una persona. Pero donde hay que poner énfasis es en las diferencias entre los idiomas, que al ser arcaicos arrastran el espíritu de una nación o el equivalente de su carácter. Esa “impronta lingüística” ‘incrusta’ o marca a fuego ciertas disposiciones que se “añaden” a la personalidad o identidad de una persona como para que al final este entramado sea parte constitutiva de ella misma. Bajo mi punto de vista viene de algo más básico y esencial como el aprendizaje a través de la imitación, que venía dado por aquello que los propios padres o la familia extendida enseñaban a sus hijos. La palabra idioma proviene de lo propio (ídios), de lo característico o distintivo de una cultura dada. El lenguaje está creado para comunicarse, pero también tiene la potencialidad de ocultar. Eso se ve sobre todo en el lenguaje de signo, donde respondemos a alguien, en alusión a un tercero, pero a la vez hacemos un guiño u otro gesto para denotar que es falso o de hay que interpretar lo dicho. Todo idioma, que puede comenzar como argot, se creó para que no lo pudiera entender la otredad, un potencial enemigo. Es por lo tanto, otro engranaje de la autopoiésis, pues trata de anclar al niño a la información adquirida dentro de una familia con los mismos genes (como símil, una actualización del sistema, pues igualmente cuando instalamos un nuevo sistema este es susceptible que baje nuevas actualizaciones), que más tarde, en la prehistoria, sería la tribu o el clan, para al final -por medio de las ciudades-estado- terminasen por ser eso que hoy conocemos y llamamos como países o patrias. Si bien en su “nacimiento” tenía ese claro y básico componente, hoy en día ya es algo más difuso. Se crean subculturas con distintos lenguajes y modismos para adherirnos a ciertas identidades. En cada edad se “usa” un tipo de lenguaje, o jerga, que trata de poner fronteras con otras edades, sobre todo durante la adolescencia y la juventud. Lo mismo para las etnias dentro de una misma nación, o ciudad, o para un colectivo u otro. De una manera u otra el lenguaje “vertebra” ese génesis identitario, en la medida que dicha estructura se ha de compartir y “forma” la propia estructura cerebral de cada individuo, como para que al final emerja de ese todo el sentimiento patrio, y en otro caso el espíritu de una época. De esta forma al estar fuera de su lugar de nacimiento -sobre todo a partir del lenguaje-, le hace a uno estar “fuera” de su identidad, situación que le puede llevar al síndrome de Ulises: ajeno y en una posición inferior a los de ese lugar que le han acogido, pero al fin y al cabo lugar al que no “pertenece”. Es tan intensa la sensación de no pertenencia, de exclusión, de falta de identidad, que tal situación es un factor desencadenante de la esquizofrenia, ante la bajada de la dopamina, según nos relata David Eaglamn en su libro “incógnito”, la probabilidad de padecerla se incrementa cuanto más diferente se sea con respecto a los rasgos fenótipicos del lugar en el que se habita. Hay que fijarse que dos países pueden compartir el mismo idioma, pero su uso y modismo ha cambiado por medio de los condicionantes genéticos, que pueden predisponer a dar más relevancia a ciertos conceptos, maneras de pensar y emociones sobre otros, de tal manera que esas diferenciaciones igualmente tienen la potencialidad de dividir. Ahí está, sin ir más lejos, la lizas y odios entre latinoamericanos y españoles en Internet. Sobre todo a la hora de querer o no ver una película traducida en “latino” o en castellano. La identidad nacional nace y emerge de manera rápida, a veces a partir de pequeñas diferencias y de hechos fortuitos. Ahí está el caso de las dos “Coreas”, el sur ya no reconoce como propios a lo del norte cuando estos buscan refugio político, quedándose, en la mayoría de los casos, marginados; otro caso son las dos “Alemanias”. Las personas del norte tiene una mentalidad minimalista, sencilla, sumisa y no pretenciosa, implementada por el régimen comunista; mientras que los coreanos del sur tiene la actual mentalidad del sueño americano: consumista y basada en la lucha por lo logros y los bienes (signos de estatus), y el orgullo y el narcisismo.

   Otra conclusión a la que lleva tal efecto es que da aún más sentido al concepto de limerencia tal como lo he trazado yo. Uno está “programado” para buscar lo igual a sí mismo, a su tipo de comportamiento y forma de ver el mundo. De nuevo sale a relucir la tendencia a lo autopoiético, a lo autorreplicador. En muchos casos eso no es por un fenotipo, como el color de la piel,  sino por alguien que tenga mi misma forma de amar a la naturaleza, por ejemplo; pues lo que establece el efecto Baldwin es buscar procrear con aquellos que tengan los mismos comportamientos, para que sean lo que se hereden en la descendencias y las siguientes generaciones. O visto en casos concretos y de la actualidad: una feminista no se casará con un machista, o alguien amante de los animales tratará de no unirse con alguien que le gusten las corridas de toros. Prevalece el comportamiento sobre otros “mandatos” del ADN (en realidad al final tal efecto está escrito en él), y de otros tipos de creencias, como la posible libertad y elección individual. Algo que emerge, de estas ideas y que ha de ser clave para entender al ser humano, es que la evolución predispone al cerebro de cada individuo -con todo su ego, voluntad de poder, fuerza y empeño y durante toda su vida-, como si fuese el baluarte exclusivo, único y último de una tipología; como si todo el peso evolutivo para que su apuesta se mantuviese dependiese exclusivamente de él. Creándose de forma más persistente la idea de mantenerse autopoiético, autorreferencial, y buscando en lo social aquello que se asemeje más a él mismo, como para al final encontrar una pareja con la que replicar su propia apuesta. Por lo que nos dice la ciencia, los jóvenes son los más “llamados” a crear grupos de iguales -las actuales tribus urbanas-, que es donde se da un mayor arraigo y un mayor nivel de pertenencia (juventudes Hitlerianas, por ejemplo). ¿Y que edad es mejor a nivel evolutivo para tener pareja e hijos que la juventud?, (¡hoy ya no, claro!). O dicho de forma más clara y reduccionista, teniendo en cuenta todas estas reglas, el efecto Baldwin es otra vuelta de rosca del determinismo.

    Así nos lo hace ver igualmente el concepto del “determinismo nominativo“, basado en un primer efecto encontrado llamado de letra del nombre de pila, por el cual los nombres y los números que hagan referencia a uno mismo, como el nombre, el mes y la fecha de nacimiento hará que el cerebro tenga predisposición -o “querencia” en España-, por las personas, las palabras, ciudades y nombres de calles que sean iguales o que empiecen por la primera letra del nombre o los apellidos. De esta forma alguien llamado Dennis, puede terminar por ser dentista, viviendo en Denver y/o con una pareja llamada Dennise, en un ejemplo de sus autores. El determinismo nominativo es un concepto que forma parte del llamado “egotismo implícito“, o sea no consciente o inconsciente, pues los autores de los estudios han comprobado que tales efectos no los llegan a conocer las personas, y por otro lado se han descartado sesgos como el de “mero efecto de exposición” (efecto de preferencia por lo que nos es familiar) o el “mero efecto de propiedad” (valorar positivamente lo igual a los bienes propios). La vida y la evolución cada vez se nos presenta más extraña y compleja. Si quieres agradar a una persona lleva simplemente una camiseta que tenga el día de su nacimiento y de forma automática su cerebro inconsciente creará empatía hacia ti. Como yo no soy científico, y siguiendo en mi línea de crear abstracciones y generalizaciones, de nuevo tanto el egotismo implícito como el determinismo nominativo han de formar parte de la autopoiesis, de la tendencia implícita del ADN a buscar y reafirmarse en su propia identidad (teoría del gen egoísta) y la predisposición hacia lo limerente ante su carencia o falta. Así lo sostienen de alguna manera algunos autores, y que por lo tanto tenga que ver con el efecto Baldwin y la genética, ya que en muchos casos los apellidos, tienen que ver con propiedades relevantes o profesiones de los ancestros (más en los apellidos ingleses), que son los que se tratan de preservar. Por otro lado el egotismo implícito confirma tres de mis premisas: 1. que la propia impronta o daños de los primeros años, los dependientes de los padres (cuidadores por extensión), son los que más repercuten en el nivel egótico y de la autoestima implícita; 2. que es más central y vital el carácter o ego que el yo y la personalidad (lo performativo, como uno se desenvuelve en el mundo), y 3. que la voluntad ha de nacer de lo más central y primitivo de lo humano, de lo más “animal” y básico, de su tallo cerebral y ganglios basales, de su auto-afirmación y deseo de auto-preservación, y no de la voluntad “dirigida” desde la conciencia y el prefrontal, que en realidad no es “conducida” por uno mismo, sino por una “conducción” compartida con las reglas y las normas sociales, en tanto que exigencias y que en la mayoría de los casos no nos son propias. Si uno no posee voluntad de vivir, si no se tiene de forma positiva ese egotismo implícito, poco va ha poder luchar en (y por) la vida. La teoría del egotismo implícito ha sacado a la luz que no es lo mismo lo que uno cree de forma verbal y explícita, papel que lo lleva a cabo el prefrontal y el interprete del hemisferio izquierdo o sistema ejecutivo o conciencia, y la imagen que el cerebro nuclear tiene de sí mismo. O dicho de otra forma: uno puede presentarse y creer que es optimista, y que se quiere y acepta a sí mismo, cuando en realidad el cerebro es pesimista, y se rechaza o no se termina por aceptar. El lenguaje, a través de la comprensión (insight, saber que sabe) es un punto importante de inflexión en dicha construcción: si se produce un daño psicológico en los primeros años, cuando aún no se tiene el lenguaje para manejarlo, este daño va a formar parte de ese ego nuclear, pues seguramente hará cambios epigenéticos (expresión genética). Si tal cosa sucede la persona con el ego (implícito) dañado no tendrá o será menos tendente a que se revele el “efecto de letra del nombre”, la preferencia por las ciudades o nombres de otras personas que empiecen por la primera letra de su propio nombre (no creo que se pueda universalizar tal idea: alguien llamado Gertrudis no creo que tenga tal efecto, pero no sé si en lo implícito repercuta un nombre “feo”, no he encontrado tal información, ¿se siente uno menos significante si tiene un apellido muy común sobre otro que no lo es?). Se dan varias explicaciones para el efecto de letra del nombre, pero voy a proponer una muy distinta de todas. La impronta opera en todo, como por ejemplo en que la primera forma de satisfacción sexual, que no tiene porqué ser genital, ni tampoco en la pubertad, sino antes, determina la preferencia sexual o el fetiche de cada persona. En el aprendizaje del habla se da el mismo factor, de la impronta, a través de escuchar el propio nombre. Por otro lado hay que tener en cuenta que el aprendizaje pasa por etapas, desde el balbuceo se llega a la repetición de vocales y consonantes, las redes neuronales recurren a la repetición para mejorar la pronunciación, al igual que lo hacen los gimnastas. Por esta tendencia a la iteración tanto mamá, papá y bebé, son repeticiones de una sola consonante o fonema que igualmente se da en tata (hermana), bubu (abuelo), que se extiende a cosas habituales como caca y pipí; “lenguaje” al que se terminan por adaptar los padres y hacen el mismo tipo de reducciones como mama (amamantar), ñañá (comer), mimí (dormir) y me imagino que palabras tan asentadas en la sociedad como bebe (beber) puedan tener esos orígenes impuestos por el lenguaje de los hijos de pocos años. De esa manera se crea una identificación directa entre la primera letra (sílaba, fonema) del propio nombre con la propia identidad. El efecto de la primera letra, a modo de la primera sílaba, se da incluso en los animales de compañía, basta decir el primer fonema de sus nombres con sonoridad -excepto si son vocales, pienso- para que estos atiendan. Me parece más verosímil y sencilla esta propuesta que cualquiera de las otras expuestas en la Wikipedia. Todo lo antedicho se une a dos de mis hipótesis principales, expuestas ya en mi primer libro: 1. alguien con daños en la niñez será “activado” como preconciente, tendente desde ese momento a usar más el lado izquierdo del cerebro o razón, para salvaguardar su lado emotivo dañado; tendente por lo tanto al realismo depresivo (hemisferio izquierdo) y menos influenciado por el pensamiento mágico (hemisferio derecho); y 2. se “activará” una especie de antítesis de lo autopoietico, por lo cual ya no “amará” o buscará su replicación o aquello que sea su igual (¿buscan a sus opuestos, a aquellos que menos representen su propia apuesta?). En el lenguaje freudiano queda activado el impulso de muerte, frente al de eros. Lo crucial y la diferencia entre implícito y explícito queda expuesto en el hecho de que no todos los suicidios son premeditados, “elaborados” a nivel de conciencia; en muchos casos la pasividad ante un coche que se abalanza sobre uno y al que no se esquiva, u otros tipos de accidentes mortales similares, dejan salir ese lado implícito del egotismo negativo que no apuesta por lo autopoiético y la autopreservación. En muchos casos a eso que llamamos héroe, puede que sólo sean unos tipos de individuos que tienen “activado” el impulso de muerte, o dicho de otra forma: sin miedo a morir. Se sacrifican como un último acto de auto-afirmarse, y de paso que lo validen, sacrificándose por alguien que sí es autopoiético y que desea vivir. La serie de películas “arma letal” mostraban esa tendencia suicida. Después de unos padres que han de proteger a sus hijos, no hay otra cosa más peligrosa que alguien que no tenga miedo a la muerte. En otro lado ya he dicho que el origen más ancestral de la palabra héroe es “salvaje”, pero no tal como se pueda entender en la dualidad salvaje/civilizado, sino en tanto que salvajada, como acto “loco”, en donde tanto la razón como la auto-preservación se dejan de lado. Un concepto cercano e intermedio entre las dos palabras, héroe y salvaje, es el concepto de bravo o bravura. Cruelmente alguien bipolar tiene las dos tendencias de forma extralimitadas: eros y tánatos luchando en un mismo alma. Quien los ame tienen que adaptarse a subir a sus cielos y bajar a sus infiernos… a veces en un mismo día, en una misma hora, de un minuto a otro. Ellos piensan que la forma más directa de llegar a los infiernos es llegar al cielo, y desde allí dejarse caer en picado. En algunos casos, quizás de forma universal, esas luchas denotan las lizas de los dos hemisferios del cerebro, y siempre dependiendo de las situaciones en la vida, pues es sabido que el hemisferio derecho es más pesimista y trabaja con las emociones negativas (miedo, ansiedad), mientras que el izquierdo le “frena” en su optimismo y trabajando con las emociones positivas. “… Los dos hemisferios tienen voluntades que pueden no estar siempre en armonía”, nos recuerda Iain McGilchrist.

   Reconozco que el “determinismo semántico” pueda ser una extralimitación a tales conceptos. Estoy por asegurar que afecta menos a los alfas y los betas, y que tenga que ver con la mimesis, la tendencia a la replicación y la iteración mas propia de los omega (no-alfas). Pero la suma de todas las hipótesis, teorías y efectos que he ido recopilando, a lo largo de los últimos escritos, tienen que significar y tener de fondo algún tipo de patrón de la evolución y la vida. Esta regla es la invariancia, lo teleonómico, ya analizada en capítulos atrás. En la evolución se dan tres principales reglas selectivas: la estabilizadora, la direccional y la disruptiva. La estabilizadora “es un tipo de selección natural en la que la media de la población se estabiliza en un valor de rasgo fenotípico (señal externa, color de ojos por ejemplo) no particularmente extremoSe piensa que este es el mecanismo de acción más común para la selección natural porque la mayoría de los rasgos no parecen cambiar drásticamente con el tiempo“, fuente Wikipedia; o “por lo tanto, corresponde a las criaturas sexuales evitar parejas que tengan características raras o inusuales (koinofilia). (…) las poblaciones sexuales eliminan rápidamente características fenotípicas raras o periféricas, canalizando así toda la apariencia externaUna vez que una población se ha vuelto tan homogénea en apariencia como es típico de la mayoría de las especies, sus miembros evitarán el apareamiento con miembros de otras poblaciones que se vean diferentes a ellos. Por lo tanto, evitar que las parejas muestren características fenotípicas raras e inusuales conduce inevitablemente al aislamiento reproductivo, uno de los distintivos de la especiación“, citado en el artículo sobre la especiación, o el porqué y cómo la evolución tiende a mantener especies diferenciadas y no se da más variabilidad, convienen leer el artículo al completo, pues es de interés. La selección estabilizadora conlleva la selección negativa, en donde lo más extremo (koinofiliatiene menos probabilidades de reproducirse y mantenerse en el juego evolutivo, (los solitarios en los animales sociales, por ejemplo). Personajes como “Eduardo manostijeras” o Frankenstein son metáforas sobre el rechazo de la sociedad ante lo extraño, liminal y ajeno. En un lenguaje sencillo la selección estabilizadora sería como decir: “si funciona para qué cambiarlo”. Se busca lo igual o lo que nos es familiar, al emparejarnos o buscar amistades o grupos, por esta tendencia estabilizadora o teleonómica, de tal manera que tiendan a mantenerse las identidades, como para preservarlas. Lo complejo es determinar qué es o no es identidad a nivel genético o ya en lo humano, pues en nuestro caso, y por el efecto Baldwin, nos emparejamos con aquellos similares en los ideales, actitudes y comportamientos. Estoy por asegurar que en periodos de crisis la sociedad tiende a la selección negativa, a buscar más la identidad propia, teleonómica o estabilizadora y a preservarla; buscando como chivos expiatorios lo más extraño o ajeno a la propia identidad, y por lo tanto rechazando la otredad. Esta tendencia estabilizadora de la evolución, preservando una identidad, es a lo que se puede llamar autopoiesis, y es por lo que la limerencia actúa cuando encontramos a alguien con el que sentimos que somos iguales (alma gemela, media naranja). En muchos casos tengo ciertas intuiciones que no sé si tienen un equivalente en algún estudio científico y mucho menos qué nombre le puedan haber dado. Al final he encontrado uno de esos nombres y estudios en donde muy bien se resume muchas de las distintas ideas que he ido acoplando al concepto de lo autopoiético y la limerencia: la atracción interpersonal. Confirma muchas de mis intuiciones y da referencias a los estudios llevados a cabo, entre ellos que alguien anti-poiético, aquel que tiene un egotismo implícito negativo, concepto importante que se ha de tener en cuenta pues explica aquellos tipos de comportamientos y actitudes contrarias a la autopoiesis: tienden a buscar relaciones con personas que no sean similares a ellos mismos e incluso contrarias (la lectura rápida de tal idea es que si se busca a alguien igual a uno mismo se tiene autoestima implícita, pero si se busca lo opuesto puede que no se tenga; no tiene porqué ser universal y para todos los casos). Para no repetir, y como no tiene ningún desperdicio remito a la entrada de la Wikipedia (la primera de la lista). De paso añado aquí todos los enlaces interesantes a partir de dicho artículo (entrecomillado sobre textos de la Wikipedia, entre paréntesis míos):

    • Atracción interpersonal – “puede verse como una fuerza que actúa entre dos personas que tiende a unirlas y resistir su separación”. (El equivalente al español, del refrán citado en el artículo, de “birds of a feather flock together” es “dios los cría y ellos se juntan”).
    • Propincuidadpuede significar proximidad física, un parentesco entre personas, o una similitud en la naturaleza entre las cosas”. (¡bonito ‘palabro’!, creo que a este concepto se reduce mucho de lo que yo expongo sobre lo limerente, la esencialidad, lo metafórico, la similitud y lo auto-replicante o iterativo;  significado de la palabra).
    • Mero efecto de exposiciónfenómeno psicológico por el cual las personas tienden a desarrollar una preferencia por las cosas simplemente porque están familiarizadas con ellas”.
    • Hipótesis coincidente o de emparejamiento“afirma que las personas tienen más probabilidades de formarse y tener éxito en una relación comprometida con alguien que es igualmente deseable socialmente”, (recuerda o parece depender del efecto Baldwin).
    • Ley de atracción “la atracción hacia una persona está relacionada positivamente con la proporción de ‘similitud de actitud’ asociada con esa persona”, (esta ley, en boga, me parece menos confiable o cuanto menos la han extrapolado de forma incorrecta en los libros de auto-ayuda).
    • Emparejamiento Selectivo “es un patrón de apareamiento y una forma de selección sexual en la que los individuos con fenotipos similares se aparean entre sí con mayor frecuencia de lo que se esperaría bajo un patrón de apareamiento aleatorio“, (esta regla evolutiva, dependiente del principio de Hardy-Weinberg, explica porqué alguien de color se casa con alguien de su mismo tono de piel, sin que por ello se tenga que tomar por racismo, o sea es una regla implícita, racismo es si se tiene esa convicción de forma explícita, por cuestiones racionalizadas).
    • Homogamia“es el matrimonio entre individuos que, de alguna manera culturalmente importante, son similares entre sí”.
  • Vinculación humana – “La mayoría de las veces ocurre entre familiares o amigos, pero también puede desarrollarse entre grupos, como equipos deportivos y cuando las personas pasan tiempo juntos“.

    Conclusiones previas: ¿No da la sensación que por muy inteligentes que nos creamos no escapamos de las reglas evolutivas?, ¿no se supone que si se comprenden unas reglas, y estas son fallidas, se habría de tener la capacidad de cambiarlas? Pero lo que yo digo es un camino ya recorrido dentro de muchas mentes y a lo largo de la historia. Las “conclusiones” de la dictadura de los genes ha llevado a los conceptos de Darwinismo social, a distintas tendencias eugenésicas (“limpieza” génica) y a las ideas erradas de la superioridad de las razas. ¿Qué camino nos queda?, se supone que si se da una sociedad próspera y basada en la igualdad y la equidad se tiende a la apertura, no se cierra hacia la selección selectiva, pero tal situación no parece llegar a suceder. Estamos “condenados” a las crisis porque el sistema complejo humano es binario y va de la estabilidad a la crisis de forma constante. La globalización no parece haber ayudado, más bien parece ser más tendente al desequilibrio, pues la sociedad humana es más susceptible de caer en el efecto mariposa, de la teoría del caos, en donde un pequeño cambio en algún lugar remoto del planeta crea cambios en cadena en la economía y la política de los países. Es un grado superior de complejidad al cual nuestros cerebros y nuestro ADN, con las reglas expuestas, no puede hallar un estado equilibrado y de comprensión (insight) de nuestras posibilidades o sus imposibilidades. El sistema actual nos lleva hacia la corporatocracia (¿corporocracia? – corporatocracy), se favorece y emergen las grandes compañías como casi los únicos poderes fácticos reales, que incluso tienen la capacidad de alterar las políticas de los países o la de manipular a organismos como la ONU o la OMS en sus políticas e inversiones. En otros casos la manipulación se hace más fácil y ladina por medio de las redes sociales, y más directamente por medio de Whatsapp, como se ha podido ver en la elección de Trump o más recientemente en la elecciones de Brasil (2018). Y si no aceptamos esa nueva ruta de camino, ¿qué nos queda?: dar un paso atrás, renunciar a la globalización, pues nos viene “demasiado grande” para nuestros límites cerebrales. Bajo mi punto de vista, sin caer en errores  previos, hay que volver a reconsiderar las reglas evolutivas. Si se enseña con cautela aprenderíamos que cuando el humano se empezó a expandir por el planeta y se aisló, creó diferencias fenotípicas, y en algunos casos genotípicas, por todas estas tendencias, patrones y reglas evolutivas. La globalización ha de ser una oportunidad de “romper” con aquellas diferenciaciones externas. Lo que no ayuda nada son las políticas de las fronteras, y que ciertas enseñanzas en algunos países o regiones (Cataluña) den mucha importancia a la identidad patria. Tampoco ayuda las actuales tendencias a las islas identitarias; el que los inmigrantes se aíslen en barrios y se creen conceptos de género u otros como afroamericano, pues son nuevas formas de fronteras.  Algunas hormigas han llegado a súper-sociedades eusociales al no poner fronteras entre distintos hormigueros, sus reinas, antes exclusivamente dependientes de sus hijas para crear un hormiguero, ahora pueden ir hasta una nueva zona y crear un hormiguero a partir de otras hormigas con las que no están emparentadas, lo mismo para cualquier otra hormiga. David Attenborough asegura que son como las sociedades humanas, yo no lo creo así: nos han superado (2). Hoy en día un humano del “tercer mundo” no puede ir a cualquier lugar del planeta, un ciudadano de segunda tiene muy pocas oportunidades de llegar a ser de “primera”, tenemos fronteras mentales y geográficas por todos los lados. Hay unos topes invisibles pero reales de límites factuales y conceptuales. ¿No podemos superar, en “gobierno”, a una simple hormiga? De una manera u otra es cuestión del grado de complejidad. En el humano todo es demasiado complejo, partiendo de que el ego por el que hemos sido “construidos” por la evolución no aceptaría ser una mera hormiga: crea insania y pérdida del sentido de la vida, como han demostrado las sociedades comunistas; y acabando con que nuestro límite cerebral es para “manejar” sobre unas 148 personas (que a mí me parecen muchas y pienso que está sobre las 20) dentro de un “nosotros”, que es el límite de las antiguas tribus, que partían del concepto de familia extendida. Según Robin Dunbar el cociente de encefalización viene dado por “la proporción del tamaño de la corteza cerebral con respecto al resto del cerebro (pues) aumenta en función del tamaño del grupo social“, nos recuerda Michael C. Corballis en su libro “la mente recursiva”. Nuestro cerebro ha llegado a su límite dado el ancho del cuello uterino, y si se supone que tenemos ese límite de pensar y tener a X número reducido dentro de un “nosotros”, entonces siempre vamos a favorecer a la familia extendida, a los amigos y a los compañeros de trabajo más cercanos. Dentro de ese “nosotros extendido” estará más cerca alguien de nuestro género, nuestra ideología, clase social… etc., que conlleva dejar a otros, a la otredad, a lo distinto fuera de la reducida idea de lo que es y no es identidad. De unas maneras u otras, en lo fisiológico y bajo las reglas evolutivas, son fronteras y determinismos que no parece que podamos traspasar.

     Una última reflexión, que se entenderá mejor dentro del segundo tema. El concepto de humanismo y humanidad son del lado izquierdo del cerebro. El lado derecho no “siente” y conceptualiza tal entidad abstracta, pues sólo sabe de identidad individual, de lo familiar, de lo fenotípico, y está reglada bajo el concepto de “la distancia del lloro de un bebé”, lo cercano, lo observable y tangible…, “una multitud no hace compañía, sus caras son sólo una colección de rostros“, nos recuerda Francis Bacon. Es el lado derecho el que “creó” el refrán de “ojos que no ven…”


Segundo tema. La máquina contra el espíritu.

   Voy a ser sintético, pues tales temas serían muy extensos. La filosofía en toda su extensión habla sobre dicho tema, y la ciencia actual no escapa de tal dilema. Remito al extenso libro de “el maestro y el emisario” de Iain McGilchrist para un examen más pormenorizado, que igualmente está dualizado en Nietzsche en los mitos sobre Apolo (razón, pensar la vida) y Dionisio (emoción, vivir la vida). Lo que sale a relucir en mis escritos, e igualmente en mi anterior libro, en sus contradicciones por apostar por la razón maquinal o por el “alma” -ese intangible o no medible de lo humano-, es una lucha en el mundo de las ideas que viene de antiguo. Quizás esta lucha no es más que la “liza” entre los dos hemisferios del cerebro. El izquierdo que es palabra y razón, frente al derecho que es principalmente emoción y pensamiento mágico. Michael S. Gazzaniga -al que nombrase en el escrito anterior– y otros, afirman que el hemisferio derecho es “tonto”. La ciencia en la actualidad pone en duda la teoría del trastorno de las personalidades múltiples, o trastorno disociativo, como es del gusto llamarlo a nivel de la ciencia actual. Bajo mi punto de vista tiene sentido en cuanto esa división sea dual, por la cuestión de los dos hemisferios y por lo distintos que son. Se da el caso entres personas a las que se les ha cortado el cuerpo calloso, por el cual se comunica los dos lados, de en un mismo acto besar a la mujer, a la vez -estas personas biseccionadas- las empujan para atrás. En otros casos un lado se trata de poner un tipo de ropa y el otro se la quita. Tienen distintas tendencias, gustos… y al final comportamientos. A veces “quieren” tener un trabajo o afición distintos. Se suele decir que hay humanos del lado izquierdo y del derecho. Las disonancias cognitivas y los conflictos emocionales en muchos casos son por lo dispares que son un lado y otro en unos temas y otros. Se supone que los artistas tenemos predominancia del hemisferio derecho, pero en mi caso escribo mucho y es sobre temas científicos, o cuanto menos que requieren del lado izquierdo. Por eso mis idas y venidas. Se supone que la razón debería de “ganar”, pero de fondo esta guerra no va sobre la “verdad”, sino de algo más profundo y complejo. Bajo mi punto de vista por un lado va la materia y por otro lo que emerge de esa materia. En mi lenguaje entre la materia y el mundo de los conceptos, similar al mundo de las Ideas de Platón. Como la diferencia que hay entre ver a un humano andar -algo que se ve y se sigue con los ojos-, y esa otra que no se ve, y que es que por donde pasa su calor ha creado una pequeña entropía de la temperatura. De nuevo el eterno problema de lidiar con dos “realidades”. Platón llamó a esa otra dimensión el mundo de las Ideas, de las esencias. Desde aquel lejano entonces, o se es dualista o cualquier otra postura que no lo sea o la niegue. Yo soy puramente materialista. Sé que todo al final se reduce a lo físico, pero también sé que de esa materia al final, por su suma, por su complejidad, salen reglas o epifenómenos irreductibles a sus “átomos”, a sus individualidades. Independientemente de que la lengua y el olfato, neuronas, sean lo que me den un cierto olor o sabor, ahí se produce algo más que es irreductible. Es el mundo de las qualias.

   En ese sentido estoy de acuerdo con McGilchrist en que la sociedad actual, y la tendencia histórica humana, es hacia la primacía del lado izquierdo del cerebro, olvidando en el proceso el lado derecho. En muchos casos soy más materialista cuando me da al olfato que son posturas que tratan de mantener a Dios en el cielo, pues con algunos autores o personas esta dualidad “esconde” ese otro dilema de lo creado a nivel físico y a nivel espiritual. La actual creencia de ciertos teólogos es que la creación de Dios no terminó el sexto día, y que aún continúa. Por eso siempre que se oye a alguien hablar de estos temas se ha de partir de si es creyente o no, para evitar estas sospechas. Yo soy ateo, pero en tanto que tal, no “renunció” a que el humano no ha de ser reducido a la materia. Que somos algo más. Los dos últimos grandes pensadores, que trataron de mantener a Dios en su lugar, fueron Kant y Heidegger; todo filósofo creyente los tiene de base. Cuando leo a Heidegger y sus postulados, con su deseo de buscar algo en el pasado que perdimos, y que está diseminado y escondido en el lenguaje, me siento totalmente distanciado de sus neuronas espejo. Sale el efecto Baldwin  que me “habita” y lo niega como otredad, con la que no me puedo “casar”, pues las ideas las construimos con nuestros caracteres y nuestros comportamientos nucleares: mi cerebro no dedica ni una sola neurona a Dios, ninguna emoción sensación, ni nada similar.(3) Algo parecido  me pasa con McGilchrist, “sospecho” que trata de mantener a Dios.

   Mis búsquedas a las raíces humanas son más mundanas. Radicalizo a que éramos cuerpo y eso es lo que prima o es lo nuclear que hay que buscar. Contra Heidegger, no creo que el humano tuviese algún primer momento perfecto que perdimos (paraíso perdido) que hay que buscar, aunque apuesto a que el humano (pre-patriótico, si se quiere decir así) fue más “feliz” en su naturaleza salvaje y “mágica”, más unido a su hemisferio derecho. Radicalizo -reduzco- el humano a que su base es la reproducción y la autopreservación, a partir de ahí se sigue construyendo. Cuando creo -o versiono- los conceptos de limerencia y lo autopoiético -el morbo y el rapto limerente entre ellos-, es para reducirnos a esos mínimos físicos, de esas primeras reglas. Claramente una posición muy distinta de alguien que buscase a Dios en esos primeros rastros. Por lo demás creo que vamos en mala dirección si reducimos al humano a su componente social y por ello predecible a nivel de estadísticas. Yo cada día me llevo sorpresas a la hora de navegar. Estos escritos están dentro de una de las redes -Blogger- pertenecientes a Google. A los pocos días google me da sugerencias en YouTube y su buscador, sobre temas que he escrito aquí. ¡Es maravilloso y terrorífico a la vez!, si eso nos lo “hiciera” una persona pondríamos tierra de por medio, lo tomaríamos como una persona obsesionada por uno, que puede llegar a ser peligrosa. Un posible acosador, que pudiera llegar a lo psicopático. Como lo hace una “máquina” se lo permitimos. Ahora mismo es complicado, sino imposible, vivir fuera del algoritmo. En mi caso, como explicación de porqué publico en Blogger, después de muchos años de escribir y publicar, es porque vi cerradas todas mis opciones. He subido el libro a tres sitios distintos, en tres momentos distintos, de Internet gratuitos, que al final cerraron esa opción (mi web principal ya me ha dado el aviso que dará de baja mi cuenta y desaparecerá). No tenía otra opción que escribir en un lugar en donde supiese que no me iba a volver a pasar. Estoy publicando en dos sitios (WordPress y Blogger) a la vez para evitar futuros problemas de que uno “caiga”.

   Con todo trato de dar la menos información personal posible en todas las redes sociales. Eso ha sido así desde el principio. Aun con todo chrome evalúa tu edad, posición social y tendencias sexuales y otras, simplemente por dónde navegues. Uso otro navegador, pero google es el mejor a la hora de buscar; con lo que de nuevo es cuestión de no tener demasiadas opciones. No pienso que haya una “mano invisible” maléfica en la dirección que están tomando las cosas, pero es claro que es de nuevo una tendencia a dar una mayor importancia a las propiedades del hemisferio izquierdo, en detrimento del lado derecho. Películas como Terminator o Matrix posiblemente sean un imposible, pero hay que poner ojo a las posiciones más leves de esos extremos, pues ya son distópicas y peligrosas. La guerra la va ganado el algoritmo, la inteligencia artificial, aunque esta aún no exista. El mundo de los negocios cada vez es más de los que tengan una mayor cantidad de datos y que vayan en la búsqueda de esas esencias sobre las que yo mismo escribo…, que suelen ser bastante carnales y banales. Llega a esas esencias y tendrás a unos consumidores fieles de por vida (Apple). La máquina, el algoritmo, no encuentra a Dios en esas esencias, encuentran nuestras necesidades y nuestros miedos. Unos y otros dependientes de cada cultura, de cada edad, y de cada sexo. Es contradictorio que yo busque esas esencias y vaya contra que el algoritmo las encuentre. La diferencia es que mi mentalidad es “hacker”, busco esas esencias para nuestro bien, mientras que el algoritmo lo hace para el bien de la élite de las jerarquías altas. ¿Y al final no es lo mismo?, de ser honesto así es. Si “destruyes” o radicalizas las esencias humanas da igual cuáles sean tus propósitos o intenciones. Lo que cuentan son las acciones. O sea, es igual que el que diga que el emperador está desnudo sea un niño o un algoritmo, el resultado es el mismo. Se ha desvelado una desnudez que debería de permanecer con su traje, aunque este en realidad no existiese. O sea, yo me “quejo” del feminismo porque al final en su lucha no sólo “destruye” al macho, sino al propio concepto de humano, y hago lo mismo en mis escritos. No hay justificación posible. Sé que yerro, pero como mi “naturaleza” es desnudar al mundo, verlo tal cual es, y puesto que el artista ha muerto en su condición de ver sólo lo estético, ahora he vuelto todo feo, fofo y lleno de arrugas e imperfecciones. Es un apostura cínica y nihilista, lo sé, y sé que puede que desde esa nueva visión ya no se pueda construir nada nunca más, pero no puedo evitar ver el mundo así y decírselo a los demás. Por lo demás cuento que serán pocos los que me “crean”: de nuevo el efecto Baldwin, sólo me creerán los que tengan mis mismas tendencias genéticas o mis mismas “cicatrices”, que no tienen por qué ser mis consanguíneos. La genética es muy compleja y difusa. Es la mezcla de varios genes, no directamente correlacionados, los que crean las diferencias fenotípica y genotípicas. Se sigue lo mismo en los rostros y en la música, de alguna forma encontramos similitudes de rostros, que se dé un aire, no porque tengan este o aquel rasgo iguales; a veces los hermanos o los hijos apenas si se parecen, pero de alguna forma en la suma de todas las partes sí hay algo común. Como si al sumar 5, 12 y 43, fuera igual que si sumásemos uno sesenta veces. Lo mismo con la música, vemos su “alma” y las captamos en otras canciones. De alguna manera la “suma” de ciertos genes, aunque en distinta disponibilidad y predominancia, dan en esas personas un “total”, que es lo que uno “lee” al mirarlos. “La similitud no es esencial para la semejanza“, nos dice Gombrich y Ernst Kris. Es a eso que llamamos tener una intuición sobre alguien al que acabamos de conocer. A veces esa conexión crea la limerencia de querer permanecer a su lado, a veces es sólo repudio y lo queremos lejos. De nuevo lo imperecedero y verdades sempiternas de los refranes: “Dios los cría y ellos se juntan”, donde Dios es el ADN y la limerencia tiende a encontrar a los iguales. Bajo mi punto de vista, bajo la ambigüedad que he propuesto, el humano europeo de la prehistoria se sintió unido al lobo, pues sus modos de caza y de comportamientos eran similares. Si no qué explica que no se haya adoptado al chimpancé como animal de compañía. Los primeros lobos adoptados no tendrían ninguna función útil, eran lobos que llamarían a los lobos y tendrían la querencia de volver con los suyos. Sólo se les adoptó por sentirlos como “hermanos”; los lobos igualmente han adoptado a humanos. ¡Más fácil!, todos reconocemos una cara de “buena persona” en infinidad de rostros con cientos y miles de variaciones; igualmente de “pícaro”, responsable, y otra infinidad de rasgos. No aseguro que sea así, pues lo social y la vivencias lo cambian todo, pero esa es la potencialidad de los genes creando tipologías reconocibles, que seguramente sean los núcleos de esas personas expresados o no. De unas maneras u otras son cuestiones que son reductibles a reglas como las del efecto Baldwin o el efecto barba verde, pero que no por ello dejan de parecernos “mágicas”. Esto nos dice la teoría de la aptitud inclusiva :

“El efecto de barba verde es el acto de un gen (o varios genes estrechamente vinculados), que:

  1. Produce un fenotipo.
  2. Permite el reconocimiento de ese fenotipo en otros.
  3. Hace que el individuo trate de manera preferencial a otros individuos con el mismo gen.”

   En definitiva, y al final, que soy como todos, no por resumir las esencias a sus correlatos de las neuronas dejó de saborear el chocolate, o me quedo perplejo ante ciertos atardeceres. El problema de reducir el humano a sus datos no es que lo haga un ser humano, pues este al final no puede escapar de la magia emocional del hemisferio derecho. El problema es que lo hagan las máquinas, pues estas, de momento, no pueden restituir esa totalidad. De igual forma lo social no tiene realmente alma, está más cerca de la máquina que del individuo. Las corporaciones y los estados se alimentan de datos, pero después no restituyen el todo que es cada individuo, cada sabor, cada canción. En eso sí hay un verdadero peligro, pues además alimentan a las empresas, a las corporaciones y a las instituciones con las reglas “divorciadas” de la emoción, de lo humano, de lo irreductible. Piden a sus trabajadores, a los funcionarios, para que no “funcionen” como humanos, a no ser que en esa medida se obtenga un beneficio, predicha por algún algoritmo (la sonrisa de los asistentes de vuelo, de los camareros). En definitiva, no hace falta crear un robot o un sistema informático para que al final nos gobierne de forma fría y mecánica, eso ya lo estamos haciendo los propios humanos. Esa es la dirección de mis denuncias, de mis quejas, de mis reivindicaciones. Todos somos sistema, pues como en mi caso a la hora de dónde publicar, no hay otras opciones viables fuera del sistema. Por muy mínimo que creamos que sea nuestro impacto lo es, y es un suma y sigue en una guerra que va ganando el algoritmo. La máquina contra el espíritu. Ahora mismo están contabilizando nuestras emociones para dar el siguiente paso. Nos van poniendo una cadena imperceptible y liviana, que poco a poco va dejando el alma humana entre rejas. No hacen falta extremos como Terminator o Matrix, ya somos esclavos del algoritmo.

   Conclusiones finales sobre la lucha eterna de los dos hemisferios del cerebro. El hemisferio derecho es el que crea el nosotros, el izquierdo lo cuestiona y puede tender a la soledad, pero de igual forma este hemisferio es el único que puede aceptar a los otros, a ellos, a la otredad, a la alteridad, en un posible nosotros. El hemisferio derecho es el más propio para “contener” la mayoría de los sesgos adaptativos, o patrones enquistados en mi lenguaje. Entre esos sesgos están lo que muy bien puedan estar vinculados al efecto Baldwin, la busca de lo igual, de lo parejo, la tendencia del cerebro a auto-confirmarse, tendente a la autorreplicación, a abrazar sólo a su propia identidad y al nosotros, efectos en su conjunto a los que yo llamo como “pegajosidad neural”, y dependientes en muchos casos del cebado cerebral: un tipo de memoria que favorece las neuronas e ideas que se mantienen activas en ese momento, por cuestión de economía de la energía, y que pueden llevar a la tiranía de la pequeñas decisiones, pues al final se vuelven una marca de nuestra manera de comportarnos y de ser en el mundo (¿cuando se “decide” ser forofo de un equipo de fútbol, por ejemplo?):

   (Estos dos párrafos son parte de la traducción de la página original de Buster Benson sobre los sesgos cognitivos. A él hay que atribuirle todo el mérito y el esfuerzo.)

   En unos procesos u otros, individualizados, introducimos al nosotros, como un yo extendido (teoría de auto-categorización), como es el caso del pensamiento grupal (Groupthink), por el que nuestro cerebro tiende a la conformidad dentro del grupo, el cual lleva a la presión dentro del grupo, para limar y terminar de “ajustar” el pensamiento individual dentro de sus normas y maneras de pensar internas. Esta unidad crea el favorecimiento dentro del grupo y rechazo o exclusión de otros grupos, con la posible caída en el racismo y la alienación social. Estos tres sesgos, y otros similares a nivel grupal, como la cohesión grupal, por la que el individuo se termina sintiendo orgulloso de su pertenencia y que puede llevar al narcisismo grupal, y por lo tanto al patriotismo, están dentro de la tendencia “programada” del enmarcado, que de forma más general forma parte de la aptitud inclusiva de los seres humanos, que es la que crea la influencia social normativa y al final la sociedad, la sociedad de masas, el idiota útil y el comportamiento de rebaño, que en el lenguaje de Nietszche lleva al instinto o moral de manada, propia de los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial.

    Recomiendo leer el artículo en la Wikipedia sobre la “selección de grupos culturales“, pues no tiene ni una coma de desperdicio. Está de más que lo parafrasee o lo resuma. A tener en cuenta que una vez que uno se asume como social lo que manda o impera, en ese tipo de cerebro, son las normas sociales o a los grupos a los que pertenece. En el lenguaje que he venido usando de órdenes nucleares (abajo) y acciones (arriba), al entrar en la dinámica de grupo, ese abajo son las reglas del grupo que están estipuladas en dicho artículo de la Wikipedia. En soledad, al individualizarnos, se anula esa dinámica y el abajo, de nuevo, obedece a lo propio, y en ese caso a lo instintivo y el carácter. Por lo antedicho al principio del párrafo es por lo que se suele decir que se puede llegar a producir un “lavado de cerebro” (“te han comido el coco”, en la jerga de España), en donde “evacuamos” nuestro yo, a favor del yo o identidad grupal, pues la “intención” nuclear, la que está más abajo, ha sido “entregada” al grupo o a su líder. Por norma general la derecha tiende a lo social, a los grupos, a la cohesión; y la izquierda a la individuación.

    Todas estas reglas, de reconocimiento de parentesco o del mismo tipo de información a transmitir (alelos) se encuentran en los propios genes y se manifiestan incluso entre las plantas. Esto nos dice la Wikipedia:

Incluso ciertas plantas pueden reconocer y responder a los lazos de parentesco. Usando un cohete marino, Susan Dudley en la Universidad McMaster , Canadá , comparó los patrones de crecimiento de plantas no relacionadas que comparten una maceta con plantas del mismo clon. Encontró que las plantas no relacionadas compitieron por los nutrientes del suelo mediante el crecimiento agresivo de las raíces. Esto no ocurrió con las plantas hermanas.”

    Por muy compleja que nos parezcan las relaciones sociales, y las “decisiones” que uno toma durante la vida, a grandes rasgos se dividen en cinco: cooperativas (ayuda o beneficio mutuo); altruistas (sacrificio hacia los otros o lo social); egoístas (beneficio propio), y de despecho o rencor (perjuicio del otro: el tirar un helado al suelo y “ni para ti, ni para mí” en la rabieta de un niño que no se sale con la suya);  engaño, tipo de acción que simula ser cualquiera de las otras, pero que implícitamente -en potencia- puede ser otra muy distinta: un padre puede pedir a un hijo algo como si fuese egoísta, cuando en realidad tiene el plan de beneficiar al hijo…, el engaño tiene muy mala prensa. Todas tienen un porqué y están en todos los niveles de la vida, y son estudiadas en la evolución social y puede ser llevada a algoritmos en la teoría de juegos evolutiva. Desde los propios genes, a especies tan simples como los seres unicelulares o tan alejados de lo humano como las plantas. Hay varías teorías en liza de cómo “funcionan” y operan, desde la eusocial, la selección de grupo, al reconocimento de parentesco o la inclusiva. Como siempre creo que la “verdad” se encuentra en posturas intermedias que pueden ser englobadas y comprendidas bajo la teoría de la unidad de selección. Si el reconocimiento -y luchas- se da a nivel de los propios genes, lo importante es la información génica. Esa información puede ser “reconocida” por el parentesco (consanguinidad) o por lo fenotípico (rasgos externos), pero de igual forma por la ambigüedad de lo inclusivo: de las maneras de pensar y de comportarse de los individuos. El parentesco no lo es todo, que es donde más se da el altruismo, pues ciertos parientes pueden tener un comportamiento muy alejado del habitual en la familia, idea que se describe con el concepto de la “oveja negra“. Por otro lado la otredad, y el nosotros y ellos, afecta igualmente en las familias, creándose lizas o separaciones internas. Un refrán define muy bien lo inclusivo: “el roce hace el cariño”: se crea el trato “familiar” con aquellos que tenemos contacto de forma frecuente, pero que además que no nos son muy disonantes. Sea como fuere, bajo mi punto de vista son luchas de cierto tipo de información (ver “visión de la evolución centrada en el gen” y el “conflicto Intragenomico“), en donde dicha información se encuentra en algo tan recóndito, y alejado de la razón y el prefrontal, o sistema ejecutivo y de elección, como los genes. O sea, que si uno quiere realmente buscar una “razón” o intención a cualquiera de sus actos, ha de pensar a qué gen estará “beneficiando” dicho acto, o dicho de otra forma, qué gen nos está dictando tal o cual comportamiento. En un ejemplo sencillo, si yo porto un gen hacia la individualidad, no es un tipo de apuesta que tenga muchas probabilidades de ganar a nivel genético, pues si permanezco solo no me reproduciré como para que se propague. Tiene mayor éxito el de la sociabilidad, está claro…., pues “como consecuencia de ser castigados, los no conformistas tendrán menos éxito que otros miembros del grupo. La transmisión sesgada del prestigio sugeriría que los comportamientos no conformistas, por lo tanto, no se propagarán a través de la población“, fuente Wikipedia ¿Y si el artista porta un gen solitario que “engaña” para en su apuesta hacerse vistoso sexualmente por su manera de ser o hacer?, así ya tiene algo más de éxito el gen individualista. Muchos de esos animales ingeniosos (vistos arriba o en el escrito anterior) que logran tener relaciones sexuales con las hembras a través de artimañas y engaños son animales solitarios. ¿Por qué la evolución mantiene esta apuesta?, primero porque se valida, y segundo porque en caso de algún cuello de botella, donde hay pocos individuos, este tipo de apuesta ya está preparada para vivir de forma aislada (seguramente no les ocurriese lo mismo que a los personajes vistos en películas como “náufrago” o “soy leyenda“, de crear trastornos debidos a la soledad en personas claramente sociales), y buscar impertérrita y alocadamente a las hembras que puedan quedar. Las hembras a su vez han de mantener ese tipo de apuesta, aceptándola cuando la encuentran, por el bien de la especie. De una manera u otra el humano crea divisiones, ideologías y paradigmas como el de patria o el feminismo, para sustentar unos tipos de genes u otros. Unas apuestas u otras. La mujer porta la tendencia a los mejores genes, pero eso puede ser en contra de ella misma cuando un macho alfa frustrado saca su ira, menos empática. ¿El feminismo es una ideología o movimiento que va contra ese gen? En realidad no lo tienen claro ni ellas mismas. Como idea abstracta de fondo está ahí, pero a nivel individual, cada mujer, no extrapola esa dimensión de su lucha, pues no está declarada de manera abierta, reglada en su manera de entender lo social o lo humano como un juego evolutivo. Se “seleccionan” parejas no violentas o abiertamente machistas, eso ya incide en esa dirección selectiva de rechazar un tipo de gen, pero recordemos que existe la apuesta del engaño, en donde los papeles externos no tienen porqué coincidir con los internos. Y recordemos que vivimos en una sociedad performativa: que sólo opera en su hacer, quedando “escondido” el ser, y en donde para colmo se está premiando a las personas más ambiciosas, seguras y con mucho amor propio: papeles demasiado similares a los del macho alfa. ¿Cómo distinguir alguien performativamente exitoso de un alfa?, y cómo saber si ese falso alfa no va a ser el que saque su ira narcisista en violencia. ¡La vida… tan compleja como confusa! En resumen a este párrafo: la información génica precede al acto social, pero queda oculto en una maraña de máscaras, ocultamientos y falta de claridad en determinar qué es lo humano. Lo performativo o hacer en lo social, que es la tendencia hacia la que ha apostado la humanidad, esconde o es tendente siempre al “engaño”, en tanto que el ser (el verdadero carácter) no sale a la luz, excepto cuando ya puede ser demasiado tarde, como es el caso de la violencia de género o las situaciones de crisis. “El hambre puede cambiar todo lo que cree uno de sí mismo”, nos dicen en “la vida de Pi“. En otros casos se “asoma” en eso que en lo común se llama intención, cuando a alguien le decimos que “no es lo que dices, sino cómo lo dices”, o “no es lo que haces sino cómo lo haces”. El feminismo, y por extensión toda ideología hacia el bien, como el cristianismo o el humanismo, no pueden “resolver” dilemas que llevan miles de millones de años forjando la vida. La evolución llega a “macabros” equilibrios porque se han validado. Siempre existirán esas cinco tendencias mostradas arriba, en pugna. El altruismo no vence (el héroe lo es por su extrañeza), como tampoco puede vencer el individualismo, pues el que se sacrifica tiene menor descendencia que el que coopera. La misma regla para el egoísmo. La cooperación, de fondo, es cínica… y mediocre bajo el punto de vista del altruista, “te rasco si me rascas”, pero es la más extendida porque es la que se mantiene más tiempo viva y se reproduce con más éxito. Como apunte hacia lo individual, el prefrontal acertaría más en sus elecciones si: 1. se conoce a sí mismo, a esas reglas de sus genes, que portan un tipo de apuesta (ya sea para potenciarlas o para aminorarlas), y 2. si pone esa misma mirada en los otros y sus “verdaderas” intenciones.  En lo social el humano tiene el conflicto de lo individual y lo social. La mejor apuesta es la eusocial, pero en esa dirección se pierde parte del espíritu humano, que es arrogante y a de creer en la importancia de su papel, del papel individual (mito del héroe), que es el que crea sanidad mental. O sea, que aunque es mejor para la especie -y esa sea la tendencia que se pronuncia en el reduccionismo de las estadísticas y la teoría de juegos-, no lo es, en tanto que es tendente a crear trastornos mentales, y en tanto que se pierde el último sentido de la vida, pudiéndose llegar a las crisis de identidad y existenciales, al sabernos tan sólo meros engranajes de una gran máquina rutinaria y altamente burocratizada.

    Vuelvo al tema de arriba de los dos hemisferios. Por contraste el sentido de la vida, las motivaciones, su emocionalidad, su brillo, sólo están en el hemisferio derecho del cerebro. El hemisferio izquierdo, la razón, el juicio, la frialdad analítica del sistema ejecutivo, le “roba” un sentido que sólo el derecho puede recobrar. El nihilismo, el cinismo, es el lado izquierdo cerrado a oír al derecho. Pero de forma paradójica fue un cínico, Diogenes, el primero que se declaró “ciudadano del mundo”, cosmopolita, rechazando toda identidad patria. Quizás, como yo, porque rechazó una sociedad que sólo se movía por irracionalidades y la otredad como forma de constituir una identidad falseada en un nosotros que no incluía a todo humano. Puede que una seña de identidad de los milenials, y generación posterior, es que tienen más unidos los dos hemisferios, pues es sabido que la música en estéreo de los auriculares, sobre todo aquella que lanza un sonido de un oído a otro, hacen que estén más comunicados, como para que no se creen sistemas de defensas de los daños emocionales y traumas. De ser así la tecnología, de nuevo, pasa a formar parte de nuestra evolución, en la medida que crea cambios en las maneras de trabajar del cerebro. Aunque no haya insight (saber que se sabe), el cerebro habitúa a esa persona a usar los auriculares para “auto-repararse”, como una nueva manera de neuromodulación. Dicen que en la senectud, en la edad de la razón, el humano se hace más sincero, se deja de ambages y circunloquios, va directo a lo que hay que decir. si la vejez es la conclusión de una vida, ¿se termina uno de quitar todas las máscaras y de paso quitárselas al resto de humanos?, ¿se vuelve uno cínico? Por contraste a la vez se es más alegre e infantil. Los extremos, niñez y últimos años, se tocan, “a la vejez viruela”. Quizás esa edad sea la más cercana a aquella otra de la prehistoria en donde el humano no tenía tantas máscaras y el humor era su seña de identidad: ese ha de ser el espíritu humano perdido y recobrado; ya en ese momento, en el que el rostro remarcado por todas sus líneas de expresiones labradas hasta la muerte, no puede esconder lo que ese humano es, y en donde carece de sentido toda máscara, gesto superficial y performativo. Los ancianos terminan por aceptarse como son, y ya no tienen que rendir cuentas al sistema. Ahí emerge de nuevo el espíritu humano, aunque sea sólo por unos años.

   No hay que razonar la felicidad, crear un plan para serlo, apuntarse a cursos o seguir a voceadores (coach o influencers), tan sólo hay que dejar que aflore el lado derecho, acallando la razón. Ponerse en contacto con el alma humana, la entidad errante; recobrar el espíritu humano que murió cuando alguien decidió decir: “esta tierra es nuestra”, por la cual excluía de sus mentes y sus vidas al resto de la humanidad ajena a ese “nosotros”. Volvamos al clásico de la postura media de todas las cosas de Aristóteles: ni el fuego ni el hielo han de hacer al hombre: sólo el agua, la templanza (agua templada), los estados intermedios. En el lenguaje en el que me estoy moviendo: en un equilibrio de los dos hemisferios. Ni pura razón, ni pura emotividad. Esa manida idea usurpadora de la inteligencia emocional, que en realidad no es algo nuevo y lleva ahí de constante durante toda la historia de la filosofía. Si en otros escritos hacía diferencias entre el ego y el carácter (estructuras más básicas e instintivas del cerebro), frente al yo y la personalidad (sobre todo corteza cerebral y prefrontal), puedo asegurar que no hay una regla universal para nadie o para una sociedad dada, pero cabría pensar que la personalidad, o esa máscara que nos construimos como un yo, es dar alguna oportunidad a posibles herencias e improntas desastrosas. Lo que quiero decir es que no puedo cerrarme a sentenciar a alguien por su genética, pues sería otro modo de crear identidad y otredad a través de lo elitista de poseer unos buenos genes y una buena infancia. En la película mencionada de “fuerza mayor“, en donde un padre sale corriendo ante una avalancha de nieve dejando a su familia atrás, el protagonista decía: “soy víctima de  mi propio instinto“. El prefrontal, el intérprete del hemisferio izquierdo, “evalúa”, verifica, posibles “errores” de lo dado por la genética y trata de posicionarse de una manera más idónea con respecto a la sociedad y las personas con las que convive. Si se “adapta” a una sociedad errada mal, pero si lo hace con respecto a… La verdad es que no tengo la forma de acabar esa frase sin poder llegar a ser deshonesto, pues realmente no lo sé… ¿al espíritu humano, al altruismo frente a lo cooperativo? De una manera u otra somos humanos por el “intérprete del hemisferio izquierdo“, ese que a partir de la retroalimentación con lo social trata de limar lo más extremo o disonante de uno mismo, de sus instintos o disposiciones del ADN, para con el resto de las personas. Por otro lado la razón o hemisferio izquierdo tiene que salvaguardarse de los sesgos del lado derecho, no abrazar islas identitarias, ideologías o patriotismos que desgranen y dividan a la humanidad (el feminismo está cayendo en esa categoría); y el “dejar” que el lado derecho sea algo “inocente”, emocional y “mágico”. ¡Creo que doy reglas que yo no voy a cumplir!, como Diógenes… o la sociedad es como tiene que ser, o yo soy el único miembro de mi propio grupo: un cínico.


(1) Al haber finalizado su libro veo tantos paralelismos, entre Iain McGilchrist y yo, que no me deja de parecer extraño. Habla de los problemas a los que lleva la autorreferencialidad, como yo lo haya hecho en los últimos escritos. En mi caso llegué a esas posiciones a partir de la limerencia, concepto al que llegué yendo de un enlace a otro en el navegador de Internet…, y que a su vez al final me llevó a la autopoiesis (que él no nombra), donde tal concepto tiene como base lo autorreferencial. Igualmente habla de la importancia de la imitación en la evolución, concepto central en mis últimos artículos. Por otro lado habla del papel de los artistas, como tipología que está llamada a mantener y hacer ver el papel del hemisferio derecho a la hora de desvelar una realidad que el hemisferio izquierdo es incapaz de “ver”. De una manera u otra lo que ya he dicho otras veces. No hay realmente “descubrimientos”, o una persona no tiene realmente el mérito de llegar a una verdad. Esas “verdades” planean, emergen, sobre el saber de una época y todos o algunos leen ese saber; en algunos casos uniendo varias ideas como para crear una novedad. El paralelismo entre yo y Iain McGilchrist es una prueba de ese concepto.
(2) No me gustan las notas, pues interrumpen una lectura, pero igualmente añadir un texto posteriormente suele romper la linealidad y continuidad de un escrito, pues son “parches” que no “nacieron” de la narrabilidad mental de la escritura de ese momento. ¿En qué me baso para afirmar tal cosa como que los animales eusociales (hormigas, abejas) nos han “ganado”? Estoy en “paro” y en una edad complicada como para que me vuelvan a contratar (problema mundial). Las hormigas trabajan todas y tienen un techo al que volver: “todas a una”. El humano se basa en la meritocracia, en el Darwinismo social. Es ridículo y estúpido que el INEM lo único que haga es “prepararte” para hacer un buen currículo y a saber llevar una entrevista, y cuestiones similares. En cualquier caso, en un símil, el problema es que te preparan para una carrera de cien metros, en donde sólo uno de los cientos de corredores comerá del plato que se encuentra al final (puesto de trabajo); el resto se queda sin comer hasta la siguiente carrera. Por otro lado es que ni siquiera es equiparable a la mentalidad “noble” del depredador, sino de las aves de rapiña y carroñeras. Los cambios de posiciones sociales, en la mayoría de los casos, se dan en situaciones convulsas del sistema, como en casos de hambrunas, sequías, guerras, pandemias, etc., en donde los que salen mejor parados son las mentalidades más tramposas y de rapiña. Esa situación se mantiene hasta la siguiente crisis. A este patrón se puede reducir nuestra “civilización”, el oportunismo es una constante en la evolución y la sociedad humana actual ha llevado al extremo tal máxima. En otros  casos, como el de FaceBook, de nuevo se demuestra que es “rapiña”, pues sus artes para mantenerse en candelero no son nada nobles, morales u honestas. Otro ejemplo son las constructoras y especuladores alrededor de la crisis de las viviendas. Lo que más demanda la sociedad son las ingenierías, pero la enseñanza no va destinada a crear ingenieros. Son fallos del concepto “laissez-faire” (dejar que el sistema se autorregule) de la ideología neoliberal, pues realmente el sistema no funciona hacia esa dirección de que haya más ingenieros, sobre todo en países no tan “rapiñadores” como sí lo son los Estados Unidos. En países como España impera la enseñanza pública, y al ser mediocre no alienta a los alumnos hacia las ingenierías. La elección mas recurrente son letras o humanidades: futuros parados. Hoy en día los gobiernos, no tendentes a las corporatocracias (países del bloque G7), poco pueden hacer para alentar la creación de puestos de trabajo. En países como en España se crean muchas pequeñas y medianas empresas de servicios, que dada la crisis se mantienen apenas un año o dos como media. De nuevo en esa situación los que salen mejor parados son los especuladores de los locales y las constructoras; a esos autónomos todo el dinero se les va en acondicionar el local y lo peor, su alquiler. Si el gobierno simplemente interviniese en el precio de los locales, esas empresas tendrían más oportunidades, como no lo hace depende de cada propietario, y suelen tener mentalidad de rapiña porque prefieren no alquilar y bajar el precio que lo contrario; en el esquema de comportamientos de reciprocidad, no son colaborativos, mucho menos altruistas, son egoístas y con despecho, puesto que con sus locales optan al “ni para ti ni para mi”, al preferir no ganar que bajar el precio.  En esa dirección los puestos de trabajo más deseados son los del Estado o los de los gobiernos de las autonomías (funcionario), que suelen ser para toda la vida. Es una nueva clase social, pero ¿no sería más justo que tales puestos de trabajo fueran rotatorios?, en el símil de la carrera y plato de comida, que cada día comiese uno, no los más “aventajados” en algo, sistema claramente Darwiniano. ¡En fin! que todas las hormigas trabajan, y todas comen y tienen un “techo” caliente al que volver y dormir: el humano no, va por clases, por ventajas y desventajas, y demás sistemas darwinianos, que por lo demás suelen ser injustos (como mucho colaborativos, pero nunca basados en el altruismo -los humanos que peor salen parados de tal situación y mentalidad-, que sería lo de desear en lo humano), pues se basan en lo carroñero, en ser lo más legalmente tramposo que se pueda. En otro caso si de lo que se trata es de llegar a ser parte del G7, tiene que ser por el mismo concepto: aceptar ser “animales carroñeros” que llegan a esas posiciones por posturas poco honestas y morales, o más llanamente con mentalidades tramposas como las de poner las fábricas en países en desarrollo donde los sueldos son muy bajos y son en unas condiciones deplorables, o en otros casos explotando los recursos naturales de esos países, a cambio de unas míseras migajas de sus ganancias.
(3) Que haya miles de millones de personas que como yo no tienen ninguna sensación, emoción o neurona dedicada a Dios o lo espiritual prueba una de dos cosas: 1. que el Dios hebraico no existe, pues ¿cómo o porqué haría algo así?, o 2. que de existir un Dios de nuevo no habría de ser el hebraico, un Dios de bondad infinita, pues ¿cómo una bondad infinita haría a una persona que no lo sintiese, si con ello daría sentido a su vida y la existencia?

¿Un Afuera de Matrix?

El mundo ya no está “presente” para nosotros, sino “representado”, un mundo virtual, una copia que existe en forma conceptual en la mente.” Iain McGilchrist
La sociedad es como un organismo que vive por sí solo, no una máquina que pueda construirse y modificarse a voluntad.” Edmund Burke

   El anterior escrito, a simple vista, aparece con contradicciones de base. El presente trata de subsanar esas debilidades y de paso dar por zanjado todo el tema sobre las identidades, y qué se puede entender como un agente y dónde reside la intencionalidad.

   He de decir que el concepto de arriba y abajo, que he perfilado en el escrito anterior sobre el cerebro, es bastante borroso, o no tan claro como lo he mostrado allí. Vayamos al caso de la estampida. Si veo un felino hecho a correr. Hay un estímulo que ha activado la amígdala y en los animales gregarios su activación quiere decir “echa a correr”. O miedo, en la medida que se activa una vía en donde se dispara un comportamiento automático y menos reflexivo, ya que en la carrera quizás haya crías caídas en el suelo que los animales pisotearán. No hay mucha diferencia entre el hombre y esos animales gregarios, el humano que se ve en situaciones límites, como el incendio en una discoteca, actúa igual. Volviendo al animal gregario, se activa de la misma forma la amígdala si se ve correr a toda la manada: es la misma vía, la instintiva. En otros casos la división no es tan clara como el tallo cerebral y ganglios basales (arriba en el proceso de ejecución o toma de control) y corteza cerebral (abajo). El cerebro en caso de peligro activa la respuesta automática o instintiva. Si vamos por un bosque en soledad, un movimiento cercano de algo desconocido, va a hacer que nos sobresaltemos, después el tallo cerebral y ganglios basales pasan el control a la corteza cerebral, para que por medio de la razón, analicemos qué era eso que nos ha sobresaltado. Aquí vemos que no hay tal agente en el cerebro, o no es algo centralizado. El tallo cerebral y ganglios basales toman el control en un primer momento, y después lo toma el sistema ejecutivo del prefrontal. Si fuera el caso que en esa situación hubiera sido un padre o una madre con un hijo muy pequeño, el primer “gesto” sería el de proteger al hijo, en vez de a sí mismo. En ese caso el tallo cerebral habría actuado pareado con el cerebro medio, el cerebro mamífero, para proteger a la descendencia. Pero seguramente la primera activación se da en el tallo y rápidamente deja el control al cerebro medio. También hay que tener en claro que todo sucede demasiado rápido, apenas unos segundos; a nivel de conciencia creemos que todo el acto ocurre desde el prefrontal, o a eso que llamamos un yo, y que creemos que es el agente cerebral “principal”, que esa “generosidad y amor” hacia el hijo la hemos “elegido”, cuando es casi una reacción puramente mecánica o automática. Lo que realmente ocurre es que en el humano todas las capas están más “entremezcladas” y su unión no son escalones, sino procesos muy vinculados. Por otro lado hay que tener en cuenta que a eso que hemos llamado “cerebro mamífero” (sistema límbico), no lo es tanto, puesto que una gran cantidad de reptiles y la mayoría de las aves tienen el mismo comportamiento de protección hacia sus crías. Y digo entremezclado, pues un comportamiento básico o instintivo no siempre implica de forma exclusiva a la parte más antigua del cerebro.

  Otro hecho, que refuta lo que decía el anterior escrito, es que los aprendizajes mecánicos son de abajo hacia arriba. Un tenista, o cualquier otro deporte complejo y rápido, es un aprendizaje “eterno” de mini-ejecuciones de pequeños cambios de fuerza y posición de músculos y articulaciones. Al final ese proceso, de abajo hacia arriba, ha creado una mecánica que casi actúa por sí sola en los partidos. Es ahí donde la frase de “la guerra de las galaxias” tiene sentido: hay que dejarse llevar o dejar actuar al sistema mecánico, a la “fuerza”, que ha creado una heurística o una inferencia bayesiana (aprendizaje intermedio entre cómo son las reglas de la física -gravedad, fuerza, curvatura de los proyectiles- y lo probabilístico -saber de cómo se va a comportar uno u otro contrincante en un caso u otro-. Lo mismo se puede decir del virtuosismo de tocar un instrumento musical: ha sido un aprendizaje muscular, mecánico.

   ¿Dónde está entonces el quiz de la cuestión?, la diferencia, la clave que yo trato de mostrar. A eso que llamamos agente en el cerebro nace sobre todo en la corteza cerebral. Bajo mi punto de vista es la autoconciencia en tanto que su principal herramienta es la palabra, un sistema simbólico complejo. A ese proceso que hemos visto arriba de pasar el mando desde el tallo cerebral y los ganglios basales, al sistema límbico o a la corteza cerebral, se le puede denominar como un cambio de a dónde ponemos o volcamos la atención o centramos la energía, seguramente con un mayor riego de sangre y de oxígeno (recursos limitados del sistema). Hay que hacer mención especial a la teoría que propone que la memoria de trabajo no es más que la activación o mantenimiento del foco sobre partes de la memoria a largo plazo. Esto nos dice la Wikipedia:

     “Anders Ericsson y Walter Kintsch introdujeron la noción de “memoria de trabajo a largo plazo”, que definen como un conjunto de “estructuras de recuperación” en la memoria a largo plazo que permiten un acceso perfecto a la información relevante para las tareas diarias. De esta manera, las partes de la memoria a largo plazo funcionan efectivamente como memoria de trabajo. En una línea similar, Cowan no considera la memoria de trabajo como un sistema separado de la memoria a largo plazo. Las representaciones en la memoria de trabajo son un subconjunto de representaciones en la memoria a largo plazo. La memoria de trabajo está organizada en dos niveles integrados. El primero consiste en representaciones de memoria a largo plazo que se activan. Puede haber muchos de estos, teóricamente no hay límite para la activación de representaciones en la memoria a largo plazo. El segundo nivel se llama el foco de atención. Se considera que el enfoque tiene una capacidad limitada y admite hasta cuatro de las representaciones activadas.” (…)

   “Existe cierta evidencia de que el rendimiento óptimo de la memoria de trabajo se relaciona con la capacidad neuronal para centrar la atención en la información relevante para la tarea e ignorar las distracciones,  y que la mejora relacionada con la práctica en la memoria de trabajo se debe al aumento de estas habilidades. Una línea de investigación sugiere un vínculo entre las capacidades de memoria de trabajo de una persona y su capacidad para controlar la orientación de la atención a los estímulos en el entorno. Tal control permite a las personas atender información importante para sus objetivos actuales e ignorar los estímulos irrelevantes de los objetivos que tienden a captar su atención debido a su prominencia sensorial (como una sirena de ambulancia). Se supone que la dirección de la atención de acuerdo con sus objetivos se basa en señales “de arriba hacia abajo” de la corteza prefrontal (PFC) que sesgan el procesamiento en las áreas corticales posteriores. Se asume que la captura de atención por estímulos salientes está dirigida por señales “de abajo hacia arriba” de las estructuras subcorticales y las cortezas sensoriales primarias. La capacidad de anular la captura de atención “de abajo hacia arriba” difiere entre los individuos, y se ha encontrado que esta diferencia se correlaciona con su desempeño en una prueba de memoria de trabajo para información visual. Sin embargo, otro estudio no encontró correlación entre la capacidad de anular la captura de atención y las medidas de capacidad de memoria de trabajo más general.”

Modelo de la Memoria de Trabajo de Baddeley y Hitch's

    Visto así la memoria de trabajo es un cambio de foco y es este foco el que crea la ilusión de un agente. Un ejemplo claro de esta forma de trabajar del cerebro, en tanto que foco, son las típicas imágenes en donde el sistema se centra en una o en otra cosa, siendo imposible ver las dos a la vez, como es el caso de está gráfica que o se ve la H y el 4 grandes, o se focaliza la atención en la letra o número que lo compone (E y 8), y se deja de ver a los primeros. En este caso el hemisferio derecho, que no es el supervisor o focalizador y que tiene una mirada más amplia del mundo, mantiene o trabaja con las dos posibilidades, pero en tanto que no las trata como datos alfanuméricos (el lenguaje se encuentra normalmente en la izquierda), sino como una simple imagen. En un lenguaje filosófico, el hemisferio derecho ve la forma, el “espíritu”, lo totalizante, mientras que el hemisferio izquierdo, que es analítico, ve el contenido, los atómico, lo particular.

Iain McGilchrist - The Master and His Emissary [2012][A]7

   Esto dijo Carl Jung: “la llamada unidad de la conciencia es una ilusión … nos gusta pensar que somos uno pero que no lo somos”. El símil más idóneo, para tal proceso, sería una linterna y dónde dirige su luz. Otro lo sería el ordenador. El foco lo tiene el programa con el que se trabaja, pero se lo “roba” el antivirus si detecta algo peligroso en el sistema, o el propio sistema en ciertas situaciones. Se nota cuando se está escribiendo y de repente se sigue tecleando, pero en ningún lugar, porque el foco ya está en otro lado. Si se tiene varias pantallas y varios programas abiertos, saber dónde está el foco a veces se hace complicado. Ante una situación de alarma se acelera el corazón para que haya más energía (sangre y oxígeno) al cerebro y al cuerpo en general, pero el cerebro tiene programado dónde está el foco o el mayor riego de sangre en cada momento. En un estado de alarma la corteza cerebral pierde el foco, y esta se encuentra en el tallo cerebral y los ganglios basales. Por lo general la alarma, en la vida actual, no actúa, luego casi siempre está en la corteza cerebral, y por norma general permanece siempre activa, luego nos da esa fuerte sensación de su protagonismo. De un agente cerebral. Es aquí, en esta región y seudo-agente, donde sí se puede aplicar el proceso de abajo hacia arriba, pero paradójicamente casi siempre para mal, como veremos. El prefrontal o la corteza cerebral en general “interpreta” mal las señales que vienen de arriba, o cuanto menos no las sabe “leer” (ver vídeo al respecto). En muchos casos la fuente de esas lecturas son las emociones, el sistema límbico. O sea, está claro que una reacción instintiva es “correcta”, en el sentido de que conviene no cuestionarla. La evolución mantiene ese sistema porque es muy efectivo. Si no lo tuviésemos no saltaríamos a la calzada ante un coche que no hemos visto y nos pita. Pero en el sistema límbico hay un nudo evolutivo de rutas que se cruzan y llegan a rotondas, en donde las “intenciones” o el foco se pierde en varias rutas a la vez. O sea, si tenemos en claro que un agente inicial en el sistema, a nivel evolutivo, era ese foco, al llegar al sistema límbico este, en muchos casos, se divide en varios agentes o rutas de ese foco. Normalmente ante la falta de focalidad, al final, se le entrega al prefrontal, a la razón, para por medio del juicio “decidir” una salida, pero las cosas nunca están claras. Ese proceso de varios caminos, en donde uno de ellos no termina por tomar el foco, es a lo que se llama conflicto emocional. Donde se da una lucha en donde ninguna zona gana al tratar de llevarse el foco, la intención o la decisión. En un caso sencillo, estamos en un comedor universitario y tenemos que elegir entre dos postres que nos gustan. O en un caso más complejo, y de un desarrollo más largo, cuando amamos a alguien y sabemos que la única forma de que sea feliz es dejándola. Si somos honestos no tenemos la sensación y ni sabemos de esas rutas divididas. No sabemos que una ruta ha ido al prefrontal medial, vía unión tempoparietal, o cualquier otra ruta. Lo que “sabemos” o sentimos es ese conflicto emocional, esa entrega del foco al prefrontal, al sistema ejecutivo, a la razón. Dado que la vida social humana es muy compleja y solemos estar de constante con disonancias y conflictos, de pérdidas de foco, donde la decisión no es clara, el sistema ejecutivo ha ido agrandándose y tomando cada vez más relevancia en el ser humano. Para resumir y abreviar: si el tallo cerebral y los ganglios basales son el sistema 1, el sistema límbico el 2 y el prefrontal el 3, en la vida diaria, en sociedad, todo que se pueda solucionar en el nivel 1 ya no recurrirá a los otros niveles; si no lo soluciona le pasa el foco al nivel 2 y si este no lo soluciona se lo pasa el nivel 3. Normalmente vivimos en automático: en procesos de los dos primeros niveles. Cuando conducimos, cuando trabajamos en algo que suela ser monótono, y cuando estamos con personas que vemos todos los días. El nivel 3 se activa de tres maneras: 1. cuando se da una situación nueva que es compleja, 2. cuando se da un conflicto no resuelto en el nivel dos, 3. cuando estamos solos y aburridos o necesitamos pensar en algo. Este tercer estado es importante y crucial para entender por qué creemos que ese es el agente del cerebro, que ese es nuestro yo. A eso que he llamado foco se le puede llamar conciencia. Si retiro la mano cuando por el rabillo del ojo veo que alguien me la va a golpear, es que hay una conciencia que “sabe” dónde está la mano y actúa sin que en ese proceso entre en juego la corteza cerebral. No llega a ser un acto puramente reflejo, pero sí instintivo, donde el cerebro tiene su propia respuesta, “elección” o “intención”, programada. Y digo elección e intención porque no todos los cerebros actuarán igual. Depende del carácter de cada uno. En una situación en caliente si alguien nos da un tortazo, ese sistema puede responder con un tortazo de vuelta a quien nos lo ha dado, pero no es universal. Por eso la ley diferencia y castiga de forma distinta un acto por impulso o llevado por la situación (sin intención según la jerga judicial), de otro en donde puede haber entrado la corteza cerebral y la razón (con intención). En el caso de los padres que protegen a sus hijos como primer acto, tampoco es universal. Hay una película que polemiza con tal situación, un padre ante una avalancha se salva a sí mismo antes que a su familia (Fuerza mayor, 2015). A partir de ese acto su familia le cuestiona. La evolución mantiene distintas apuestas siempre que se validen. Ese padre podrá ser rechazado, pero ya ha tenido descendencia que puede cargar con ese tipo de elección. El papel crucial de las mujeres en la evolución ha sido la de “detectar” esa sutilezas antes de tener hijos. La trampa de los hombres la de “ocultar” ciertas dobleces o posturas falseadas. La violación o el sexo forzado es un tipo de apuesta evolutiva que mantiene apuestas tramposas. La mujer de hoy en día no debería de seguir el embarazo de una violación (la apuesta cristiana y pro-vida no siempre es la mejor). Va en ambas direcciones: también hay apuestas tramposas en las mujeres. Pero por lo general, a nivel evolutivo, ese peso lo han tenido las mujeres, pues podían ser abandonadas con lo hijos, con el consiguiente “gasto” de energía y tiempo sólo para ella. Las hembras del reino animal son híper-selectivas, lo que ha reforzado su nivel de intuición a la hora de “elegir”.

  Retomo el tema, que me desvío. En el nivel 1 están reglas como la de la autopreservación, y la autorreplicación (vivir y reproducirse). Ahí estarán asentadas las tendencias limerentes hacia lo autopoiético. En el nivel 2 está el animal social que nos habita. Hay dos apuestas o modos de operar principales: alfas o no alfas (un beta es un potencial alfa, está en el mismo nivel). La apuesta alfa es hacia la no imitación, mientras que la de los no alfa, omegas, es hacia la imitación. En el humano al final las cosas no son tan sencillas. Sobre todo en la dirección que va la historia, donde ningún alfa nos parece “legítimo”. De una manera u otra en este segundo nivel las rutas que toman las resoluciones ya no suelen ir por un solo camino. Deslegitimar a un líder no quiere decir ser alfa. Simplemente que se es un omega sin líder. El cerebro se queda en el limbo entre no tener líder y no ser totalmente autónomo. Llevando tal dilema a través del paradigma de la estigmergia, es como si un camino de hormigas se bifurcase en dos, en donde ambos tienen la misma cantidad de señal química: ¿dónde irá una hormiga al encontrarse ante tal “dilema”? Un omega con líder seguirá al líder (camino estigmérgico más trazado), pero en su ausencia tiene que “elegir” por sí mismo. De facto ahora mismo es casi indistinguible quién es alfa o no, porque todos actuamos como si fuésemos alfas, pues en cada encuentro con alguien desconocido tendemos a “mostrarnos” como alfas, pues ese es el paradigma actual. Tenemos aquí una primera división de cinco tipos de humanos: 1. alfa que sabe que es alfa, 2. alfa que no lo sabe, 3. omega que sabe que es omega, 4. omega que se oculta que es omega, 5. omega que se cree alfa o la situación lo pone como alfa. Cuando yo digo que lo importante es el nivel 1 y los más bajos del nivel dos (el sistema límbico es demasiado complejo como para ser una sola unidad, por eso no tiene mucho sentido hablar de niveles, pero hace falta “nombrarlos” y clasificarlos para poder entendernos), ese carácter, o ego (en mi lenguaje, no el freudiano; ego profundo como lo puesto al yo del prefrontal), es que a no ser que se den situaciones límite no sale a relucir quien es alfa u omega. La vida humana es tan compleja, tan superficial, tan máscara, que uno casi nunca se enfrentará a ese dilema. Que se dé una situación límite tampoco resuelve el tema, puede que la persona que “tomase las riendas” sólo fuese el que más sabía ante tal situación, o que fuese el omega más “fuerte” mentalmente (en el reino de los ciegos el tuerto es el rey, fijarse en la sabiduría de los refranes, me desgasto en explicaciones y un refrán ya tiene la “solución” o “verdad”). Puede que a la mayoría de las personas estas afirmaciones le parezcan excesivas, pero ¿cómo entender el comportamiento de los alemanes en los años previos y durante la Segunda Guerra Mundial? En situaciones límites como las guerras se extreman las esencias, lo fáctico, la condición de cada carácter. Sobresale que la máxima humana es la de la conformidad, el ser omega. ¿Se creen que no se comportarían igual de estar en la misma situación?, ese tipo de creencias son en las “quiere creer” ese falso yo, por el bien de tener una buena imagen de sí mismo. La mayoría de personas no nos enfrentaremos a nuestra “verdadera” naturaleza en la vida, en un mundo neblinosamente edulcorado y blando. Se dice que la vida pone a cada persona en su sitio, pero realmente no es así: el mundo de máscara pone a cada mascara dentro del propio orden que tiene esta mascarada, esta matrix.


    Conviene aclarar algo más todos estos aspectos sobre el foco de atención y extrapolarlo a otros lenguajes.  De uso común se habla de inconsciente, y subconsciente, para diferenciarlos de la atención y ese saber que se sabe que es la conciencia o consciencia. En primer lugar hay que tener en cuenta que la corteza cerebral tiene dos hemisferios. En los animales que hacen uso de las patas delanteras (las ratas, por ejemplo) o brazos, siempre hay una preferencia hacia uno de los brazos, por orden general es como en los humanos: son diestros. Cuando nació el lenguaje hizo uso del lado izquierdo del cerebro, que maneja el lado derecho. Se cree que fue porque primero tuvo que haber un lenguaje no verbal, a través de las manos. Gestos tan comunes como indicar (dedo índice, indica), que alguien se vaya, gesto hacia afuera, o que venga, hacia adentro. Estos gestos eran llevados a cabo por el brazo derecho. Cuando “llegó” el lenguaje cada palabra era un “sinónimo” de un gesto del brazo, con lo que si ese proceso lo hacía el hemisferio izquierdo (brazo derecho), entonces por economía energética las palabras se “gestionaban” junto a esos gestos. Aún hoy cuando queremos dar énfasis sobre “ven” o “vete”, los acompañamos con los gestos. Se ha comprobado que inmovilizar los brazos entorpece la fluidez del habla ligeramente. Este proceso hizo que el hemisferio derecho se especializase en la tarea del habla. Con el paso de cientos de miles de años los hemisferios crearon o se especializaron en distintos procesos. En términos generales el lado derecho es más flexible y tiene una atención más amplia, y el hemisferio izquierdo es más focalizador y tendente a la comprensión. En ese sentido se puede afirmar que a eso que llamamos subconsciente es principalmente el lado derecho del cerebro, mientras que el consciente es el lado izquierdo. Conviene diferenciar distintos tipos de atención, así como palabras y conceptos que parecen ser sinónimos o familiares, pero que no lo son. Al escribir tengo la atención focalizada, que es sinónimo de centrarse, atención centralizada o concentrarse, papel que lo lleva a cabo el lado izquierdo del cerebro, que es donde están principalmente las funciones ejecutivas. Conciencia, atención y sistema ejecutivo son una misma cosa expresadas en distintos lenguajes, pues el sistema ejecutivo es sobre todo una forma de tratar con la atención: es un sistema de atención supervisora, concepto este último que yo he utilizado una y otra vez. Aquí nos encontramos con el nudo gordiano sobre el sentido de agencia, y que exista un agente en el cerebro o yo. ¿Qué hace el cerebro y cómo para que esto ocurra? De sentido común creemos que nosotros mismos hemos puesto la atención y la mantenemos. Pero sería como la paradoja del barón de Munchausen, que se sacó a sí mismo de un pozo tirando para arriba de su coleta. O sea, que si la atención o concentración no puede llamarse a sí misma, eso nos lleva a otro agente que le llama -como cuando nosotros pedimos a alguien para que nos preste atención-, pero por el mismo problema y paradoja del barón de Munchausen: a la vez remitiría a otro agente que le llama y así hacia el infinito.

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   No hay tal agente, es la situación la que crea tal agente o estado concentrado, el que hace la llamada. En un ejemplo claro, un maestro o un conferenciante nos pide silencio y que le prestemos atención. En otro caso, si estamos leyendo y por el rabillo del ojo vemos que nos han lanzado algo, la atención o foco va hacia tratar de detener ese objeto. Igualmente es extrapolable a la informática. En este momento el microprocesador gestiona (centra sus procesos) en lo que estoy escribiendo. Si se diese el caso que el antivirus encontrase un virus, perdería el foco y se pondría en la ventana emergente del aviso. Igualmente una noticia o un meme de turno acapararían la atención de los procesos sociales. Volviendo a los dos lados del cerebro. Si el izquierdo acapara la atención, el hemisferio derecho sigue “procesando” el mundo en su visión amplia y flexible. Esta aparente “doblez” es por lo que podemos poner la atención en varias cosas o ser multitarea (atención dividida, igualmente extrapolable a la informática, que aparentemente trabaja en varios procesos a la vez), pero no existe tal cosa. Es tan sólo los dos hemisferios cerebrales con sus dos modos tan distintos de atender al mundo. El foco -o forma de procesar la información con el hemisferio izquierdo- siempre va estar en uno de los dos procesos, con lo cual el proceso no llega a ser óptimo. Por distintos estudios llevados a cabo se ha comprobado que el desempeño es peor durante la atención dividida. Por ese hecho se ha prohibido el poner la atención en el móvil mientras se conduce. Provoca más accidentes esa tara de la atención. De nuevo sobresale en este acto el ego de creer que somos mejores, que tenemos el control y lo hacemos mejor que la media. En informática hay dos conceptos que pueden aclarar todo esto. Trabajar en paralelo o en forma serial, viene de cuando el puerto paralelo y el serie eran para el ratón o la impresora. El serie manda los datos por un solo túnel, para tener una imagen más visual, mientras que el paralelo tenía varios túneles. El cerebro, en tanto que foco, o atención focalizada (concentrada), en realidad es serial, pero simulando ser paralelo. En ese caso es como si hubiera dos túneles, pero sólo por uno de ellos pasase información a la vez. El resultado va a ser el mismo: un solo flujo de información. Fijarse en palabras como centrado o concentrado. Si tengo una linterna y dividiese su potencia por dos, su iluminación sería menor en cada división. La cuestión es dónde va a mandar más energía (sangre, oxígeno) el sistema circulatorio, en un sistema que maneja una energía limitada (la energía del cerebro es como la de una bombilla de 60 Vatios). La hipótesis de la hipofrontalidad transitoria argumenta que todo estado alterado de la conciencia, como lo es la meditación, es dado por un corte en el riego sanguíneo al prefrontal. ¿Sabes esa sensación de euforia cuando se corre?, el sistema está mandando menos sangre al prefrontal porque mantener el equilibrio en la carrera consume muchos recursos. Se gasta en la atención visio/espacial. ¿No es paradójico que haya que cortar el riego sanguíneo al prefrontal para sentir esa alegría natural?, como ya he dicho en otros escritos (1) (2), la rumiación -el proceso del prefrontal cerrado sobre sí-  resta felicidad. Por otro lado la concentración requiere de mucha energía, por eso nos fatigamos, y llegamos al estrés o al agotamiento del ego. El cerebro hace micro-pausas, en donde baja el flujo, que es medible por la capacidad de mantener la atención. Las mujeres parecen llevar ventaja en este aspecto, quizás por la atención excesiva requerida por los bebés durante los primeros meses (llevar ese proceso al juego evolutivo de cientos de miles de años de selección de las mejores madres, las que lograrían que ese niño llegase a adulto, como para portar ese cambio hasta la siguiente generación, no quedarse a cómo ha de ser en la actualidad, donde el padre tiene que compartir esa tarea). Ante este déficit, cuando se está en clase hay pequeñas lagunas, donde se puede perder el discurso de los profesores, una vez que se pierde es complicado volver a cogerlo. Si esto mismo se lleva a cabo mientras se estudia, resolverlo es fácil, volvemos al párrafo en donde nos perdimos. A esta forma de operar del foco se le llama “eje de selectividad de la atención”. Es deficiente o funciona de otra manera en personas bipolares y las hiperactivas con deficiencia en la atención (bajo mi punto de vista son un tipo de apuesta que dan más prioridad a la manera de trabajar del hemisferio derecho: mirada flexible y amplia; divergente, frente a lo convergente de la concentración). Otra forma de medir la atención es por su eje de intensidad. Cuando conducimos casi todo lo hacemos de forma automática, la atención o nivel de energía del foco baja (cambio atencional). En el símil de la linterna es como si a esta se le pudiese graduar la intensidad de la iluminación. En ese sentido se divide en cuatro grados: sostenida (capacidad de tiempo para mantenerla), alerta, vigilante y focalizada o concentrada. La de alerta es más instintiva, mientras que la vigilante puede entenderse como un sucedáneo de esta primera, y en donde entra en juego el hemisferio izquierdo, sin ser una forma tan intensa como durante la concentración. De una manera u otra es similar a la división que yo hiciera arriba. El foco puede estar en tres estados y zonas. 1. Alerta (estado de peligro), en donde el foco está en el tallo cerebral y los ganglios basales, 2. el hemisferio derecho mantiene una atención amplia sostenida sobre todo lo periférico y fuera de foco (yo la llamo atención de fondo o background), y 3. la focalizada o que llamamos por lo común poner atención -o concentración- que es cuando damos ese proceso al hemisferio izquierdo, el de la palabra, el de las funciones ejecutivas (concepto que en su conjunto global y simplificándolo lo llamamos por lo común voluntad; antiguamente los profesores nos decían “pon voluntad en escuchar”). Tal mapa sigue siendo tan sólo aproximado y orientativo, lo hace la razón en su deseo de “controlar” el mundo. La evolución ha sabido jugar su papel, ya que desde el tallo cerebral tiene dos vías para llevar  la información a la corteza cerebral. Tiene acceso directo al prefrontal -atención focalizada-, y una segunda ruta al cerebro medio o sistema límbico. La primera para que el prefrontal analice el mundo bajo sus parámetros “racionales” y más objetivos, y que tienda a ser más efectivo. La segunda ruta pasa por las emociones y las experiencias previas. El síndrome de estrés postraumático cierra la primera ruta, de tal forma que el paciente no es capaz de aminorar o frenar, a través del sistema ejecutivo, las emociones. Lo mismo, pero en distinto grado en las fobias y las manías. Gana la segunda ruta y el prefrontal es “incapaz” de inhibir el sistema emocional. En unos y otros casos vemos que en este modo de operar, una de las funciones más antiguas del prefrontal, era la de inhibir y frenar las señales emocionales. Por ese motivo la razón está asociada a la frialdad y alejada del “corazón”. Una pequeña intrusión en el discurso; escribí al principio esa frase anterior de esta otra forma: “por esta razón está asociada a la frialdad…”, pues mi cerebro uso “razón” bajo sus dos significados, colapsados en una sola palabra: “sentido” y módulo para razonar, ¡las cosas de la economía cerebral y sus paradojas!, esto lo hace el cerebro derecho, que es más metafórico, amplio y flexible. La razón evita esto, lo supervisa y lo trata como error, porque así lo dictan las normas gramaticales que están dictadas en lo social. Extrapolar este hecho a otros, no ya a nivel cognitivo, sino incluso emocionales o morales. En algún lugar del cerebro, seguramente del hemisferio derecho, todo el saber, fuera de la palabra, está colapsado y encapsulado en apenas unos centímetros cúbicos del cerebro, a ese “lugar” debe de ir la intuición para dar respuestas. Fin de la intrusión. Pequeño resumen de este párrafo. El humano lo es por este módulo focalizador, en donde además su herramienta es la palabra. Esta es “categorizadora”, clasificadora, da orden al mundo a través de poner nombre a las cosas. Es a este módulo o capacidad al que llamamos agente. En principio estaba creado para verificar la información entrante, para que “decidiese” si era peligrosa o no. Para mantener la alarma o acallarla. Con el tiempo fue tomando otros papeles. Al final se tomó a sí mismo como un ente que habitaba el cerebro. La teoría bicameral nos dice que ese proceso fue lento, que al principio era como una voz o ser que nos hablaba en el interior (Dios, en la actualidad esa mente bicameral opera en los delirios, paranoias, cuando se llega a creer que alguien habla en el cerebro, como ser ajeno). Con el tiempo algunos humanos se diferenciaron y tomaron esa aparente otredad en el cerebro, como identidad, esta tendencia es la que “venció” a nivel evolutivo. Esa identidad creó el concepto de autoimagen, de autoconcepto y por lo tanto de agente en el cerebro, que a partir de entonces adquiría es estatus de yo. Yo que por lo demás heredaba todas las premisas de la vida: auto-preservarse y replicarse. Se creó la defensa del yo y todos sus entramados, que al final devinieron en sesgos y errores a la hora de hacer de “razón”. Tres últimos apuntes. 1. La atención plena (mindfulness), trata de hacer que el foco no se pierda, a la vez que trata de “restaurar” esa vía de control del prefrontal frente al “rapto” de la vía emocional, como es el caso de estrés postraumático; pero en el proceso podemos perder los “puntos de vista” del hemisferio derecho y se llega al agotamiento del ego. No hay fórmulas mágicas para vivir. 2. La “teoría de la restauración de la atención” nos dice que se puede tener un mayor foco, o recuperarlo, después de estar en la naturaleza o ver fotografías sobre ella; lo que demuestra que el cerebro “ansía” su estado primitivo y natural de unión con lo natural. 3. ¿Y dónde queda la intención en este juego de malabares del foco? Intención es sinónimo de sentido, origen con una finalidad o razón. El caso de los trastornos nos muestra la deficiencia de tal concepto. El cerebro no puede querer o poner como finalidad “funcionar mal”, como es el caso del estrés postraumático, las fobias y las manías. La finalidad se “pierde” por el camino. Sartre decía que la emoción es una respuesta -solución- “mágica” sobre la realidad. El pensamiento mágico es parte del lado derecho del cerebro. Piénsese por ejemplo en el protagonista de la película “Náufrago“, no basta con tener un rostro delante que haga compañía, al final le hablaba en el interior y era como una persona querida de la cual se hizo doloroso separarse. Un desmayo, o un desvanecimiento, nos evade del mundo de forma “mágica”. Es una regla primitiva y universal en casi todos los animales complejos. El niño se tapa los ojos y creé que los adultos ya no le ven. El cerebro casi siempre recurre a transferencias sobre dichas intenciones básicas. Llamamos intención, o la hemos reducido, simplemente a los parámetros de esa atención focalizada: cuando el cerebro deja en manos del prefrontal -o atención focalizada- qué hacer, y este enjuicia o tiene entre manos el sistema de valores prefijados por lo social o por el instinto moral. En realidad la intención ,o sentido último, se pierde en distintas rutas del cerebro y el prefrontal -razón- casi nunca sabe del verdadero sentido o intención. Valga como ejemplo que los hombres ayudamos más a las mujeres guapas, pero que si nos pidiesen una razón para ello, divagaríamos en justificaciones, cuando seguramente lo que está más en la raíz sea que queremos tener sexo con ellas. El porno radicaliza toda intención entre hombre y mujer al sexo. Nunca me ha gustado el sentido simplista y mundano que se le da al concepto de intención. Eso me convierte de facto en un cínico. Como el cerebro al ser social rechaza esta postura, todos se acomodan a esa regla simplista y vacía de la intención en matrix.

    Este pequeño recorrido bien puede ser un breviario sobre la “teoría del procesamiento dual“, en donde posiblemente el llamado “Sistema 1” sea eso llamado subsconsciente o hemisferio derecho, y el “Sistema 2” es lo consciente o hemisferio izquierdo. He aquí la tabla que nos facilita la Wikipedia:

Sistema 1 Sistema 2
Razonamiento inconsciente Razonamiento consciente
En su mayoría involuntario Mayormente voluntario
En su mayoría vinculado a las emociones (“sentimiento visceral”) Sobre todo desapegado de las emociones.
Implícito Explícito
Automático Revisado
Bajo esfuerzo Alto esfuerzo
Gran capacidad Pequeña capacidad
Rápido Lento
Proceso predeterminado (suprimido por el Sistema 2, concentración intensa) Inhibidor (suprimido por la mente despejadora, meditación)
Asociación (A↔B, A igual B) Implicación (A → B, A entonces B) (1)
Contextualizado Abstracción
Dominio específico Dominio-general
Más subjetivo, basado en valores Más objetivo, basado en hechos/reglas
Evolutivamente viejo Evolutivamente reciente
No verbal Vinculado al idioma
Incluye reconocimiento, percepción, orientación. Incluye regla siguiente, comparaciones, pesaje de opciones.
Cognición-Modular Inteligencia fluida
Independiente de la memoria de trabajo Limitado por la capacidad de la memoria de trabajo
Intuitivo, creativo Lógica, racional (1)
Metafórico, figurativo Literal, exacto
Mas cualitativo Mas cuantitativo
Diseño artístico, estético. Científico, matemático, técnico, formal (1)
Imaginativo Realista
Soñador Trabajando
Insightful ( momentos Aha! ), Radical Metódico, incremental
Paralelo, Simultáneo, No lineal. Serial, Secuencial, Lineal
De arriba a abajo, holístico, cuadro grande De abajo hacia arriba, Eemental, Orientado a los detalles.
Abierto, Adaptable Cerrado, rígido
Integrativo y Separativo Selectivo, Discriminativo
Meta-reflexivo Iterativo, recursivo
Genera (construye y descompone) patrones, conceptos e ideas. Manipula y utiliza patrones, conceptos e ideas.
Funciona a través de múltiples niveles de abstracción. Funciona dentro de un solo nivel de abstracción en un momento dado.
Sintético ( Bloom’s ) Analítico (Bloom’s) (1)
Intuición ( Myers-Briggs ) Pensamiento (Myers-Briggs) (1)
Genio Pericia
“Cerebro derecho”, “pensamiento lateral “Cerebro izquierdo”, “pensamiento vertical
Red de modo predeterminado Red de tareas positivas
Conexionismo ( ciencia cognitiva ) Computacionalismo (ciencia cognitiva)
Difícil de medir con pruebas. (2) Medido imperfectamente por pruebas de inteligencia. (2)
La capacidad neurológica es en gran parte fija, pero se puede practicar para utilizar mejor esa capacidad. La capacidad neurológica (CI) es en gran parte fija, pero puede estudiarse y ejercitarse para utilizar mejor esa capacidad.
Deficiente en el autismo , posiblemente anormal en el síndrome de Asperger Deficiente en discapacidad intelectual (retraso mental)
Interrumpido por lesión cerebral, enfermedad mental y varias drogas. Puede ser mejorado por ciertas drogas. (En casos muy raros, el sistema 1 puede mejorarse con una lesión cerebral debido a una inhibición neural reducida).
Lo siguiente requiere que los sistemas 1 y 2 trabajen en concierto: juicio, evaluación (Bloom), planificación, pensamiento crítico, pensamiento estratégico, pensamiento sistemático, diseño técnico.
(1) El desarrollo de estas habilidades (que componen el pensamiento analítico) más allá de un nivel muy rudimentario requiere estudio y ejercicio.
(2) Nota personal. En otro escrito decía que si los test para hallar la diferencias entre los sexos no “ven” las diferencias es que fallan, pues las neurociencias sí encuentran diferencias. Este hecho, de la dificultad de hacer test al hemisferio derecho, es la prueba. Como “procesadores multipropósito”, hemisferio izquierdo, hombre y mujer podemos ser iguales, pero no en el hemisferio derecho. 

   Volviendo arriba. La división de alfas y omegas es básica, pero es la primera bifurcación en el foco. Un omega ante una situación límite se pondrá en manos del alfa. Se ve en los hijos, en los primeros años son totalmente omegas, dependientes de las acciones de los padres (excepto casos de alfas indomables). Para el caso del omega la situación ya no es individual, es social, y ante esta situación el foco, y por ello la elección y la intención, lo toma el alfa, pues lo social, como el cerebro, es un sistema complejo con agentes: en el cerebros lo son las neuronas y en lo social las personas. Saber si se es omega o no sale ne infinidad de cosas diarias, pero no sabemos deducir que es por esta cuestión: el efecto fiesta de cóctel, situación en la cual uno oye su nombre entre la multitud, al parecer es más propio de las personas de bajo estado en la jerarquía, como si estuviesen pendiente de ser llamados por lo líderes. A partir de esa primera bifurcación ya no sé seguirle el rastro al foco en el cerebro. Sigue las rutas de nuestra evolución cerebral, por eso el núcleo es esa división de alfa y omegas, es lo más antiguo. La madre se vuelve alfa (agente, foco) siempre para su hijo, por eso su respuesta será la de salvaguardar al hijo, antes de mirar al alfa de la manada. Lo mismo para el padre, pero quizás en un menor grado. Es más antigua la unión de madre e hijo que el de la paternidad del macho.

Hipotesis de la Hipofrontalidad Transitoria

    Como no sé de esas otras rutas voy a la última. Por ingeniería inversa, quizás, se pueda seguir el rastro de todo lo intermedio. Vuelvo a tema de por qué el prefrontal ha tomado un papel tan importante. Bajo mi punto de vista, puesto que a nivel evolutivo el sistema ejecutivo fue tomando cada vez más relevancia, por el hecho que el sistema límbico se encontraba una y otra vez con atolladeros insalvables, entonces este sistema adquirió protagonismo. El nivel dos es el nivel social, casi siempre hay demasiados parámetros a tener en cuenta. Los papeles de alfa y omega se desdibujaron, pero no así el nivel jerárquico. Una de las principales premisas del sistema límbico es ganar y mantenerse en el nivel jerárquico más alto posible. Quizás aquí hubiera esa segunda bifurcación: querer o no tener un alto nivel jerárquico. Quizás ahí se empezó a distanciar mujer y hombre. La mujer está preparada para ser altamente colaborativa y comprensiva, así ha de ser con los hijos. No es de la misma forma con los hombres, que son más competitivos, son más tendentes a querer tener el mayor grado dentro de lo jerárquico. Como fuera. Lo que se deduce de estas reglas es que el prefrontal, era relevante y partía de lo jerárquico, pero en tanto que tomando el asunto desde fuera, resolviendo problemas del segundo nivel y creando hipótesis de lo que podría ser a partir de tomar una posición u otra, de tal manera que era autorreferencial. O sea, que a eso que hemos llamado foco, y que es esa tal conciencia en donde tal cosa era en tanto que lo que se traía entre manos (soluciones rápidas para cada momento: salvarse a sí mismo, salvar al hijo, seguir al líder…), en el caso de que esa zona fuera el prefrontal lo era en tanto que trabajando tan sólo con posibilidades, cerrándose sobre sí, dejando fuera la realidad, imaginándola. En ese caso el contenido de la conciencia es la propia conciencia, los problemas a nivel abstracto, desligados de la realidad (posibles futuros y posibilidades a partir de que uno haga una u otra cosa, etc.) Un segundo nivel de esta conciencia cerrada sobre sí, era el tomarse a sí misma dentro de ese contenido; a través de este nivel se llega al autoconcepto, a la autoimagen. En un eterno juego, a este nivel y a lo largo de cientos de milenios, uno creaba ideas de cómo sería uno mismo si tal o cual cosa sucediese, de tal manera que se creó una narrabilidad de uno mismo, de un yo en definitiva. De verse a sí mismo dentro de unos posibles escenarios y de ser así como actuar en cada uno. Hay un nacimiento en la prehistoria de ese yo, pero igualmente hay un nacimiento en cada bebé. El niño está “programado” para imitar, para aprender lo cultural, el humano es sobre todo cultura, información que pasa de generación en generación. Cuando un bebé mira a un adulto lo ve como un ente, como una totalidad con una intención (ser con finalidades) hacia el mundo, cuando todos sabemos de adultos que somos sobre todo duda o ausencia de certeza. De una manera u otra el niño imita totalidades, densidades de ser que aparentan no carecer de totalidad. Está programado incluso para imitar gestos que no están relacionados directamente con la acción. Si el adulto cada vez que coge el biberón se agachase, el niño creería que ese agacharse forma parte de esa totalidad del acto de coger el biberón. En ese aspecto el niño va aflorando a Ser en tanto que imitación y por lo tanto en tanto que densidad de Ser. “Gesto” que después es parte constitutiva de la conciencia, de estar atento al mundo y ser en tanto que acción. “Hay evidencia de que la imitación recíproca juega un papel constitutivo en el desarrollo temprano de un sentido implícito del yo como agente social”, nos dicen en la Wikipedia. De esta manera el yo individual “nace” de la existencia de uno mismo dentro de la especularidad de las neuronas espejo, en donde el otro es a la vez el espejo de mis acciones y de mi Ser en el mundo. De cualquier forma ahí está la raíz, pero aún no aflora el yo. Este “nace” cuando el cerebro es capaz de “deshacerse” de parte de lo imitativo, cuando introduce su propia creatividad, como para crear memoria autobiográfica. O sea, los primeros dos años su cerebro es algo así como panteísta, él es unidad con los adultos, pues al ser totalmente imitación su ser es la atención e intención de esos adultos con los que ha creado la impronta. O dicho de otra forma, la “intención” de su cerebro está relegada por completo a sus neuronas espejo, pero al ser estas tan sólo en tanto que activadas desde los adultos, el “yo” de ese bebé es por completo el de los adultos, que cual dioses se les aparece como densos de ser, sin fisuras, sin la duda o la falta de certeza por medio. Como de yo carece la imagen que una persona refleja en un espejo, que es el mejor símil para tal situación. Quizás sea esa densidad de Ser la que después se “añora” ya de adulto, de la que está falto el para-sí, y en la que este se quiere volver a “cegar”; esa en la que el niño era en tanto que pura imitación, o ser espejado o puramente imitativo de una aparente densidad de ser. Quizás por eso las personas estén deseosas de pertenecer a grupos, y seguir personas a las que imitar: para anular esa doblez en que consiste la distancia entre el mundo y el yo, distancia que está habitada por la duda, por la falta de densidad, por la falta de certeza. Bajo mi punto de vista ese es el yo o agente que creemos que somos: ese ente que se cuenta historias sobre sí mismo y que no es otra cosa que autorreferencialidad. Para el caso y lo que quiero mostrar es que es una realidad falsa. Porque en muchos casos la intención o elección las hacen el nivel 1 o el 2, o las dos en conjunto. El nivel 3, durante la evolución humana, no tenía tanto peso, la ha ido ganando a lo largo de los milenios y se ha pronunciado hoy más, puesto que los medios que hemos creado cada vez son más autorreferenciales. Me desplazo de lenguaje para que se entienda mejor. El momento actual, con los medios con los que nos movemos y las pantallas, son sobre todo elementos tendentes a que ese nivel 3 se vuelva aún más autorreferencial, que para el caso es que se haya vuelto más cerrado sobre sí mismo y por lo tanto más narcisista y egotista. Ha cobrado aún más protagonismo en el cerebro. Eso no quiere decir que de repente sea el gran constructor de la vida cerebral, sino simplemente que nos hemos quedado aún más en esa superficie, en ese espejo ante el espejo. En la pura narrabilidad, en la pura “teatralidad” de la vida, en donde ya no hay distancia entre el Ser y representar un “papel”. ¿O no?

   Pirámide_de_Maslow.La pirámide de las necesidades de Maslow sigue este proceso que yo he perfilado: las necesidades fisiológicas o primarias están abajo y las de la autorrealización arriba. Pienso que es un concepto errado. Es así en todo animal, pero bajo mi punto de vista, en el humano la situación varió. La autoimagen, el prefrontal, el nivel 3, ha adquirido tanta importancia que ha de estar en el nivel más bajo de la pirámide. ¿Cómo sino entender que alguien haga huelga de hambre y se deje morir si no es teniendo en cuenta esto que trato de demostrar? Sale a relucir una y otra vez. En la obra teatral de Sartre “muertos sin sepultura”, los presos franceses de los nazis quieren “ganar” y no confesar ante sus torturas, a costa de perder la vida. Su último pensamiento, antes de ser fusilados, es que habían vencido. Su muerte era una victoria con la que los nazis tendrían que sobrevivir. La vida imita al arte, ahí están los catalanes queriendo ganar, independientemente que haya alguna razón, o que sea para mejor o para peor. Ganar aunque se muera en el proceso.

    Queda tratar de averiguar cuanto es de funcional este sistema y si conlleva alguna “verdad”. En el ejemplo que puse en el escrito anterior de: “haz una pausa para reconocer el hecho de que tu ansiedad está actuando, sin juzgarte a ti mismo por ello. Hay un tipo de poder que te llega con simplemente decirte a ti mismo: ‘así es como son las cosas, no son totalmente las mejores en este momento’. Tienes un ‘huésped’ indeseado (la ansiedad) en tu casa (el cerebro)”, (fuente). Se refería a los cambios emocionales de las estaciones. Y sí tiene razón, esos cambios no son “reales”, no hay una “razón” para la ansiedad o la tendencia a la depresión durante los cambios estacionales, son tan sólo adaptaciones que está haciendo el cuerpo que afectan a la química del cerebro. ¿Pero quién crea el problema?, lo crea el nivel 3 que se autointerroga ante un estado que no reconoce, o del que no sabe deducir una “causa y efecto”, y que ante una falta de respuesta se autoengaña. O sea, que el nivel 3 se aviene y trata de solucionar un problema que el mismo crea. O dicho de otra forma, un animal más primario no se crea este tipo de dilemas, un lagarto ante un cambio estacional no “cree” tener un problema y se va a un psicólogo para que le saque de dudas, o sale de fiesta y tiende a enmascarar ese estado con drogas más o menos duras. Sólo el nivel 3 del humano cae en este tipo de errores, quizás los perros, y otros animales que puedan tener el mismo nivel de la conciencia (cuervos, delfines, loros…), pero no así el resto de animales. En otros casos el prefrontal entorpece al comportamiento del cuerpo: como un tenista dude entre dos acciones malogrará el golpe, dando ventaja al adversario. Igualmente se ha descubierto que si se bloquea el prefrontal izquierdo, con electromagnetismo transcraneal, el lado derecho encuentra soluciones que el prefrontal, bajo las premisas de sus juicios y razón, no encuentra. Extendiendo aún más todas estas ideas, las necesidades que se ha creado este nivel han vuelto aún más compleja la vida y la resolución de los problemas. Al crearse ese ente o agente que contiene una narrabilidad, una autoimagen, esto ha vuelto más compleja toda la realidad, toda posible solución, pues ahora el cerebro está impelido a que la realidad encaje con las historias que el cerebro se cuente a sí mismo, con su identidad. La razón deja de ser razón si está depositada en el mismo lugar que tiene la premisa de que la realidad se tiene que ajustar a la propia imagen. En ese proceso ya no razonamos, sino que racionalizamos, justificamos. A partir de esta idea se da un efecto dominó. Este tercer escalón era un resolutor de problemas o dilemas del segundo nivel, pero ahora el mismo crea problemas similares: ir contra la propia autoimagen o atenerse a que está errada, crea disonancia ahora a nivel cognitivo. En esa medida se crea el autoengaño, la mala fe Sartriana, por la cual uno no ve sus propios errores; este módulo está constreñido a mantener su identidad. O sea que si el primer módulo preservaba la vida, el segundo preservaba la vida de otros por delante de la nuestra (sacrificio de la madre, del líder o el héroe), el tercero preserva algo tan abstracto como la identidad, la imagen que tiene uno de sí mismo, su propia narración. En el primer nivel se atiene a lo natural más primitivo, en el segundo a lo social, en el tercero… ¿a qué?, a un irrealidad, a un fantasma en la maquinaria.

   Creo que ahora está más claro el mapa que trato de mostrar. Cierto que el mapa no es el territorio, pero hacen falta los mapas para buscar soluciones a ciertos problemas. Las tres divisiones o escalones que he mostrado siguen sin ser el territorio. Un omega -estado del nivel dos- es más tendente a lo imitativo, lo que hace que sea más tendente a ser patriótico o a unirse a un grupo o incluso a una secta, que afecta a su identidad del nivel tres. El pensamiento de grupoel sesgo de autoridad y el sesgo de favoritismo grupal afectará más a ese tipo de personas que a los alfa. Los omega crearan más racionalizaciones, más justificaciones, más autoengaño y mala fe en la medida que al crear ciertos tipos de identidades estarán más alejados de las reglas básicas que tenga un alfa. Son más sugestionables y por ello autosugestionables como para ser más tendentes a crease trastornos mentales. A crear conflictos internos, y hacia lo externo (adaptaciones), por los cuales el cerebro sólo es capaz de adaptarse creando dichos trastornos, o formas de manifestarse dichas contradicciones y luchas internas. Consecuencia, conclusión: el nivel 3 está aún más alejado de la realidad que cualquier otro módulo, bajo la insignia de crease una identidad, de ser un yo, pues tiende a crear una realidad falseada del mundo. Por otro lado es el único, por paradójico que parezca, que es capaz de reparar sus propios estropicios. Cuando hablo del insight, de la autocomprensión, me refiero a que este módulo se tiene que desprender, de esa otra de sus capacidades, para crear una autoimagen, pues esta autoimagen al final distorsiona las potencialidades de dicho módulo. No se tiene que tomar en serio (reírse de sí misma), tiene que cuestionarse de forma constante. No voy a decir que he encontrado una solución, pues esta regla en vacío no sirve de nada. La autoconciencia, en tanto que razón, tiene la capacidad de analizar la realidad de forma fría y distante. Tiene la capacidad de ser un proceso de abajo hacia arriba, ya que si una y otra vez uno “destapa” cuándo uno de sus procesos es un sesgo o una racionalización, en vez de una razón, al final crea el “hábito” de razonar de forma “correcta”. Es como un juego de músculos y articulaciones, que hay que desarrollar para al final ser un buen tenista. Pero… ¿se puede hacer tal cosa?, ¿qué se gana y qué se pierde? Desde esa razón, sin “máscaras”, uno ve toda su posible acción o racionalización como posibles posturas erradas, cuestión que es complicado de hacer, si no cae en la cuenta de que quizás haya otra motivación más debajo en todo el proceso. A la vez ese proceso lo va a hacer con los otros… ¿no es una visión cínica del mundo? ¿Qué es el humano sino su máscara? Ese juego al que todos jugamos con la condición de que nadie diga que es un juego (Diógenes, Hobbes, Schopenhauer, Nietzsche… el niño en el cuento de “el traje nuevo del emperador“). En esa nueva condición, de repente todo es una matriz, en donde uno ha tomado la pastilla roja. ¿Es eso posible o es otro autoengaño? Ahora, esta diatriba, se ha vuelto un nuevo paradigma. Las feministas creen haber tomado la pastilla roja; se cree incluso que las hermanas Wachowski crearon este concepto bajo las premisas de cuestionar al mundo binario del género. En realidad es tan antiguo como la humanidad. Ya estaba implícito en la caverna de Platón. Este se preguntaba si esa persona que había salido de la caverna se podría comunicar con los que permanecían en ella. El síndrome de Casandra nos dice lo mismo, alguien a quien los dioses la castigaron con ver el futuro, pero que a la vez la castigaron para que nadie la creyese.

   Conclusiones finales. La performatividad bien tomada puede ser esa conciencia que se desprende de “papeles”, de roles, de identidades. Pero ya hemos visto en el escrito anterior que por el bien de la humanidad algunos roles no se tienen que cuestionar, e igualmente hemos de tener en cuenta que el núcleo no es modificable. ¿Y qué es cuestionable o cambiable y qué no?, cada identidad, sea más real o menos real, va a dar su opinión. El feminismo nos dice una cosa, la Iglesia y la necesidad de Dios nos dice otra. ¿Son sesgadas o no lo son? Las nuevas generaciones hacen creernos que se saben reír de sí mismos, pero es otra pantomima, es tan sólo un juego mimético (meme-tico) de mentalidades omega, que siguieron a un primer alfa. Por lo demás se ríen de cosas superficiales, y no llegan al tuétano de sus “esencias”, y no con el afán de llegar a alguna catarsis, o posición mejorada. Una vez que hemos creado un juegos de espejos, a cuál disparar para que al final quede sólo la realidad (escena de La dama de Shanghái), ¿hay algo fuera del juego de espejos? De hecho la realidad actual se puede explicar bajo el paradigma de que hemos de mantener la narrabilidad del mundo, y que el posmodernismo, en la medida que ha ido quitando máscaras, está nihilizando la realidad social; está creando el mundo y la sociedad actual. A nivel individual, personal, ni siquiera es posible. O estás fuera de la sociedad y te salvas de hacer papeles y caer en roles, o estás dentro e inevitablemente las situaciones te van a meter dentro de los juegos sociales. Esa es a la conclusión que llega una y otra vez Sartre en sus obras; en “el Diablo y el Dios” el protagonista se atiene a hacer de “malo”. Se tarda en comprender, pero al final te das cuenta que no hay nada fuera de los reflejos sociales. No importa que hoy derrumbemos este o aquel, no se hace para vivir con la verdad, sino para levantar nuevos espejos (máscaras, convenciones, reglas). En algunas ocasiones creando más y más distancia con respecto al primer nivel. La performatividad mal entendida, si pretende que no hay naturaleza, crea un espejismo aún mayor. Una identidad del tercer nivel con más pretensiones de ser Dios, de ser todopoderosa. En soledad yo puedo quedarme con el primer y el tercer nivel, pero en cuanto tengo que relacionarme ya entro de lleno en el segundo nivel. Ni siquiera la cosa cambia de si fuese el caso que viviese con alguien que tuviese mi misma forma de comprender el mundo. Dos cuerpos siempre verán el mundo desde una posición distinta, desde dos ángulos distintos. Esas diferencias acumulativas les crearán identidades, y por ello conflictos, como así les sucede a los gemelos. Vivir es hacerlo en el mundo de las sensaciones, las emociones, las pasiones, que al final nublarán cualquier mente por muy racional que se crea… ¿Qué hay detrás del humano?, más y más humano. ¿Qué detrás del espejismo que es la realidad?, más espejismo. No hay nada fuera de matrix; Neo al salir de matrix entro en otro tipo de matriz. ¿Qué hay fuera de las identidades que uno se construye?, el carácter, un ente casi tan frío y mecánico como el propio cuerpo. Allí no reside un autenticidad, aunque sí una “verdad”: que somos reacciones al medio, complejos ante un medio complejo, pero al fin y al cabo reacciones fisiológicas. Del otro lado la razón, que si uno trata de ajustarse a sus parámetros, esta tiende a parecerse más a una computadora que a un alma. Algunos filósofos o pensadores, creerán haber encontrado el pináculo de la autenticidad, de desenmascaramiento, como lo puedo parecer yo aquí, pero yo soy más humilde y realista. Sé que aquí no hay nada, puro espejismo que quizás pueda ser útil en algún momento de la vida y para algunos, pero que no sirve ni para vivir, ni para construir felicidad; ni en el individuo, ni en lo social.


El largo párrafo entre dos líneas horizontales lo añadí el día 11. Hay redundancia con los siguientes párrafos, pues no revisé el conjunto. Algún día lo arreglo.

Cerebro Dividido y Justificación.

    Pienso que este vídeo es bastante elocuente sobre todo lo postulado en este escrito. Es el cerebro el que trabaja por sí mismo. El prefrontal, como “conciencia de” crea la ilusión de un agente o yo. Pero este desconoce todo del cerebro. En tanto que está constituido para crear una narrativa de sí mismo, cuando no sabe algo lo racionaliza. Pero creo que quizás la más simple prueba de ese hecho es que el prefrontal no “decide” olvidar esto o aquello. Cada acción en el mundo “crea” un mini-programa en el cerebro (unas conexiones dentríticas), en donde uno de sus encabezados tiene la premisa de que ha de quedar resuelto. Que no cree dolor, que no vaya contra el autoconcepto de uno mismo, que no vaya contra la homeostasis, que no cree conflictos emocionales, ni disonancias cognitivas. Si dicho mini-programa no haya una solución, el cerebro ha de tener la premisa de “olvidar”; que el módulo de evocar un recuerdo no tenga acceso a dicho “archivo”; en otros casos distorsiona el recuerdo para encaje con la narrativa de uno mismo.

La Performatividad y los Milenial

Lo transgresor ahora es ser conservador.” Los increibles 2
es artificio, la mentira necesaria que todos necesitamos para sobrevivir.” Adam Resucitado
– Ahora todo es distinto.
– Aún podemos tener pensamientos propios.” Leave no trace
Nuestras cicatrices tienen la virtud de recordarnos que el pasado fue real.” Dragón Rojo (Trilogía Hannibal)

    (Este escrito es en réplica a un vídeo en YouTube, pero que en la dirección de que no parezca un ataque personal, no lo enlazaré. Me resulta gracioso que se crean tan “performativos” y seguros, y después borren algunos comentarios que tan sólo van en la dirección de discrepar o puntualizar. Por cierto, no acepto estas clasificaciones, las dos del título o tal como las interpretó, pero la “uso” porque la persona del vídeo usaba una y otra. ¡Que manía con tratar de poner nombre a todo! No tomarse la vida muy en serio, o con humor, no tiene porqué tener un nombre: es simplemente vivir. Por lo demás este escrito tiene sentido con respecto al anterior, parece su segunda parte, pues trata el tema de los roles sociales, tema que no había tocado con anterioridad.)

    Imaginemos el siguiente experimento mental. Hago malabarismo tirando bolas en el aire, primero dos, después tres… cuatro. ¿Cuántas bolas puedo llegar a mantener? Compliquemos la cosa. En cada bola hay un genio o duende que a su vez tira bolas en el aire, que a su vez tiene de nuevo otros duendes que tiran bolas. Hemos creado un sistema autorreferencial, geométrico, infinito (a propósito de autorreferencial y un posible chiste: “¿Qué es un milenial?, alguien que habla de los milenials”). ¿Qué acto he hecho yo?, qué acto está directamente vinculado a mi malabarismo. ¿Todos, sólo los primeros? Yo puedo fallar, mi fallo se daría en las bolas que yo manejo. Si un fallo se da en el tercer nivel de duendes es un fallo “suyo” y sólo repercute hacia arriba de su referencialidad, no hacia abajo. Si yo dejo caer una bola soy el “agente” directo de la caída de ese duende y hacia arriba de esa referencialidad. Este acto, el de dejar caer la bola, es una intención, donde tiene que haber habido un deseo personal y por lo tanto de una identidad y una posible volición o acto libre de dejar caer la bola. Pero, ¿quién es el que ha deseado, quién el que ha hecho el “acto libre”?

   El posmodernismo, donde la performatividad es una de sus “hijas”, está en la cuerda floja de dos consecuencias de sus posturas y “credos”: no existe agente transfenoménico, ese que tiene un deseo, una identidad y “decide” en un acto libre, todo es acto; pero asumir tal cosa es asumir que no hay un agente en el cerebro, de tal manera que ¿todo es fenómeno?, una colección de actos, de conexiones cerebrales. O dicho de otra forma, todo el cerebro es una referencialidad al infinito de módulos que no “toman” una decisión, que no tiene una identidad y se “apasionan”, pasándose la “patata caliente” de unos módulos a otros otros, de tal manera que al final se haya generado una suma y sigue, como para que se haya dado una alta probabilidad de que una opción sea mejor que otra (algo así cree que es la científica Susan Greenfield). O sea, como si de una urna se tratara, que se fuera pasando de zona en zona del cerebro, y en donde cada módulo va metido su voto sobre su “opinión o decisión”, hasta que la situación y su premura abren esa urna y se hace un cuenteo de todas las posturas. Tal presunción, llevada al ejemplo de las bolas en el aire y los duendes, sería que no existe ese primer individuo que toma unas bolas y las lanza al aire. “Ellas” son la realidad y no hay manos tras de ese vuelo y tras de cada nuevo juego de bolas que genera cada bola. Esta es la presunción de fondo de la performatividad, los actos nos definen, accionar en el mundo es ser; mientras que lo performativo va más allá, pues en tanto que el habla es un acto, nos hacemos ser en el hablar, con el problema consiguiente que puesto que este habla puede ser un discurso, cada recoveco del discurso, abre nuevas posibilidades intencionales o de ser. El problema de este tipo de pensamiento o abstracción, ya llevado a lo social, sería que quién sería el culpable de cometer un crimen. Un sujeto humano es una “agente” social, que por su forma de accionar en el mundo lo altera, luego su acción sí tiene unas repercusiones sociales, luego de un modo u otro al final se “vuelve” en un agente, aunque tal “acción” la queramos haber evadido o restado del cerebro. En el acto criminal, en las leyes, de nuevo restituimos una intención o no, que proviene de un deseo o intención primera que a su vez tiene un agente que conoce, que comprende, que es consciente de ese deseo y lo deja hacer o lo acciona. Nos ponemos de frente al dilema del libro “el extranjero“, en la piel del personaje de la conocida obra de Camus, en una tarde calurosa en la que “su cuerpo” mató a alguien, y en donde ante el juez, buscando este un porqué, y preguntándoselo al “agente social” que tenía delante, al que se le presupone un agente interior, este no supo decir otra cosa que si lo mató fue porque “tenía mucho calor”. La respuesta más nihilista posible para un mundo de razón y de “agentes” sociales e intencionales.

    ¿Cómo es que no estamos cómodos ni con una postura ni con otra? Ni queremos tener un ente en el cerebro al que se le pueda llamar y que posea una identidad definida: ser un yo o carácter, ni queremos no tenerlo. Esa duda primera o posición indefinida y sin solucionar es por definición el posmodernismo. Si no hay agente puedo ser cualquier cosa, me “hago” al hacer -el habla según John L. Austin es otro modo de hacer- y toda definición que venga desde afuera, de los otros, me “mata”, me aliena, me constriñe, me roba esa “libertad” constructiva; pero tampoco estamos cómodos en pensar que el cerebro es simplemente una “colección” de fenómenos que son pura acción e inmediatez, bolas en el aire sin ningunas manos…, pues en definitiva ¿quién modula una oración larga?, elige tal adjetivo frente a otro, un superlativo que realza, o un verbo ante tres posibles…, ¿quién modula este escrito que parece emanar por sí solo?. Y sí, en el escrito podemos revisar y reescribir, pero según Derrida y el deconstructivismo, la escritura es la hija bastarda del habla. “Deseamos”, necesitamos comprender que somos un agente, pero que a la vez decide no tener entidad o identidad, y que se hace a cada momento, lo cual ya nos lleva a la paradoja de que sí existe realmente un agente o causa primera de toda acción, por lo menos en tanto que ese deseo de no tener identidad. Ese que lanza las primeras bolas en el juego de malabares. De otra manera, en cuestiones legales uno puede no ser el criminal, el que acuchilló, pero puede ser el autor en tanto que fue el que dio la orden o empujó a otro a cometer el crimen…, el que tiró la primera bola al aire. Esta dualidad en las creencias se ve representada ante el dilema de quién sufre un trastorno o enfermedad mental y quién hace un acto heroico o digno de mención. Por lo general cuando hay algo mal en nuestra conducta preferimos decir que es el cerebro el que nos está “funcionando mal”, el que tiene el daño, al igual que los problemas de la efectividad del filtraje de líquidos y de la orina es “culpa” de los riñones; pero por el contrario si algo es de alabanza es por esa entidad que somos dentro del cerebro. E aquí un ejemplo de esta idea: “haz una pausa para reconocer el hecho de que tu ansiedad está actuando, sin juzgarte a ti mismo por ello. Hay un tipo de poder que te llega con simplemente decirte a ti mismo: ‘así es como son las cosas, no son totalmente las mejores en este momento’. Tienes un ‘huésped’ indeseado (la ansiedad) en tu casa (el cerebro)”, (fuente). No deja de ser una versión menor de la dualidad demonio/Dios, en donde todo lo malo es del demonio/cerebro y todo lo bueno de Dios/yo. Paras ser lógicos y honestos o somos sólo cerebro y una “colección” de funciones, o tenemos un yo o agente “definido” tanto para lo bueno como para lo malo.

   En el mundo de las ideas nos dejamos llevar por cierto paradigma y tendemos a sobredimensionarlo, para finalmente dejarlo caer en un espacio “normalizado”.(1) Fijarse que en todo se siguen las reglas de la física, el equilibrio nunca existe, tan sólo una tendencia al equilibrio, un sube y baja de una posición central. De igual forma un descubrimiento se comporta como el tirar con ímpetu una pelota contra el suelo: rebotará con fuerza las primeras veces, para finalmente perder el trabajo que se ejerció sobre ella, en donde la energía se disipa y la pelota vuelve a un estado de reposo. Por otro lado la historia es cíclica: retoma ciertas ideas bajo otros aspectos renovados, con más datos científicos y fortalecidos por otras ciencias, para al final darnos cuenta que, quizás, allí no había realmente ninguna novedad. ¿Qué diferencia existe entre el sofismo y la performatividad en su núcleo?  Los sofistas eran un tipo de maestros de la filosofía griega que daban especial interés o protagonismo al discurso, a la retórica, a la palabra. ¿Resultado?, hoy sofisma quiere decir: “razón o argumento falso con apariencia de verdad” (RAE). Breve historia de tal hecho: “Sócrates” hoy encajaría perfectamente con alguien performativo y dentro de los deconstructivistas (polemizar contra todo el que se crea seguro de algo). Su saber era a través de mostrar las contradicciones de los otros, a través de los diálogos (cínico, si se piensa bien). Este modo de hacer, de operar en el mundo, fue puesto en “papel” por Platón, su discípulo, en sus obras, en donde su principal forma de filosofar eran los “diálogos”. Aristóteles asentó casi todas las bases de lo que entendemos hoy por filosofía. En la “decadencia” del periodo clásico, los sofistas se centraron más en la retórica que en la filosofía, en poner especial atención en saber llevar un discurso como para “ganar”, frente al saber y verdad que pudiera haber detrás, de fondo, en dichas estrategias del habla. ¿No pareciera que hoy en día estamos en esa misma época?, en donde el discurso, rodeado de un elaborada y estudiada pose de gestos y tono de voz, son lo más importante. A este proceso hemos llegado, en parte, por las ideas de la performatividad, que sobre todo sobresale en los políticos, los coach, los influencers y finalmente en los YouTuber, cada uno de ellos en una esfera y al final sobre una “clase social”, si puede seguir siendo legítimo tal concepto. ¡Que paradójico, y cínico, que nos moleste en los políticos y no en otros, y nos resulte positivo si esa es nuestra postura! Lo que quiero decir, es que si lo importante es ese aparecer, ¿por qué creemos que alguien puede ser más legítimo o auténtico que otro, si lo único que vemos en ambos casos es esa máscara del discurso o de su aparecer?

   Demos un paso atrás y tratemos de tomar un punto de vista más panorámico sobre todos estos temas. La performatividad es parte de la teoría del aprendizaje social, que viene a decir que si cierta persona no tiene un patrón sobre alguna cuestión, acciona en el mundo desde cero, de tal manera que ese primer patrón o forma de hacer le crea dicho patrón, que será, por lo general, su forma de operar ante dichos tipos de problemas en el futuro. ¿Cuál es el esquema de tal hecho?, que el humano se hace accionando en el mundo. O sea, que no parece haber unas manos -naturaleza, ser- que tiraran la primera bola al aire, pero una vez que la bola está en el aire se crea la “necesidad” de que exista unas manos que mantengan a la bola en el aire. Se sigue la premisa del existencialismo: hacer es Ser, que en John L. Austin, padre de la teoría performativa, se transforma en “decir es hacer”, y que al final podría ser tomado en lo performativo como “decir es Ser”. La teoría del aprendizaje social tiene su equivalente en el mundo de las emociones en la teoría de James Lange (teoría periférica), que viene a decir que si sonrío, se crea la emoción que es la base de tal gesto, y que es la felicidad o la alegría. La actual y arquetípica idea de que si uno se pone un bolígrafo o palo de forma trasversal en la boca, que obliga a los “músculos de la risa” a estar para arriba, ya se induce su estado emocional parejo. De igual forma esta teoría puede ser tomada como parte de una teoría aún más global llamada “cognición encarnada“, en donde el verbo encarnado, aquí, no es algo místico, sino simplemente es un sinónimo de corporizado, en tanto que cuerpo. Según este paradigma el cerebro, la cognición, es siempre y ante todo reducible a algo físico y relativo al cuerpo. Por ejemplo, el habla, no la abstracción que tenemos en mente sobre el lenguaje y es la que usamos todos los días, la cognición encarnada la reduce a sus posiciones musculares: boca, labios, lengua, cuerdas bocales y pulmones, de cada fonema y sus correlatos neuronales en el cerebro.

   Ahora desmontemos todo este andamiaje artificial a ver si se mantiene su construcción. En unos casos y otros la cuestión es en qué dirección fluye un comportamiento. La forma clásica es creer que es desde el cerebro, arriba, hacia el cuerpo, abajo. En las tres teorías expuestas es al revés, de abajo hacia arriba. Desde el cuerpo hacia el cerebro. Para ser realistas es de las dos formas, el caso es saber cuál es la vía “principal” y sacar conclusiones a partir de ahí. Lo que está en juego es si hay un Ser, si hay un agente, si hay una naturaleza, o sólo somos en tanto que hacer. Primero hay que poner las cosas en claro. Hay a ciertos pensadores que les “convenía” más que fuera de una forma que de otra. La performatividad y el giro performativo ha sido sustentado por personas como la teórica feminista Judith Butler, Derrida y Foucault, trio con la premisa de querer “derrocar” el concepto o los roles, según se analice, de hombre y mujer o del sexo binario. O sea, precursores de las teorías de género, que al final ha devenido en la teoría Queer. Bajo estos preceptos conviene que no haya naturaleza, que todo sea hacer. O sea, se acogieron a ideas o teorías que les “daban la razón”. No hacía falta llegar a esas ideas, a desechar la naturaleza por completo, pues hay explicaciones evolutivas para la homosexualidad, que de igual forma hubiera llevado a tal colectivo a ser “aceptados” y no a ser concebidos como una “aberración”, según la visión más radical y anterior sobre el concepto de qué era “natural”.

Performatividad y Milenials (Gráfica)

   Si nos remontamos a las primeras formas vivas estas eran simplemente hacer. Allí no había ser. No existían los sentidos, eran meras reacciones químicas, que son desde ese elemento que se acopla al exterior de lo vivo, hacia lo vivo, hacia su interior. Alimentarse o encontrar nutrientes o energía tienen esa dirección de abajo hacia arriba. Pero la evolución, la evolución del sistema nervioso, incluidos los sentidos, se basan en tener reglas establecidas. En un primer paso, si algo excedía de calor, el ser vivo se retiraba de esa fuente, en ese tipo de actos, reflejos, el cerebro no actúa, tan sólo el sistema nervioso, son de abajo hacia arriba. Pero a partir de poder dar varias respuestas posibles o de tener que evaluar situaciones más complejas se crearon las interneuronas, que son la base de la memoria y el aprendizaje, y dicha base crea una identidad. O sea, a un oso una flor no le “dice” nada, su ser, su esencia, es ignorarla, pero no así a una abeja. La naturaleza, o esencia de la abeja es que tiene comportamientos instintivos hacia la flor. La visión de la flor hace que su cerebro cree acciones en el mundo. De arriba hacia abajo: crear todos los procesos para que en su vuelo se dirija a la flor. En los animales sociales se crea una nueva dinámica o capa de abstracción. Se ve claramente en los suricatos, dividen tareas: unos cuidan la prole, otros recolectan comida, mientras otros están pendientes de los depredadores. Un aviso de estos últimos, a través de un sonido, sirve de “causa” para que el resto de suricatos corra y se esconda. En el proceso se les ha activado la amígdala, donde tal activación conlleva la emoción del miedo (alarma, en realidad, el hombre le ha puesto el nombre de miedo a esa “sensación” o emoción). No han visto a un depredador, pero un sonido de otro suricato ha hecho de “disparo” para el miedo. Quizás en este ejemplo la cuestión no quede muy clara. En animales gregarios, durante una estampida, nunca está en claro si hay un detonante directo para sentir miedo y correr. O sea una cebra que está distraída comiendo, de repente se percata que el resto corre y a ella se le activa la amígdala, el miedo, y se echa a correr. En situaciones como estas a veces no era por nada, sino por mero azar, quizás porque una cría se asustó, y se puso a correr por algo como un ratón, y el resto le siguió. Esta es la teoría de James Lange: se tiene miedo porque se corre. Una acción ha creado una emoción. Pero rápidamente nos damos cuenta de sus fallas. Es un tipo de reacción de abajo hacia arriba que no depende de la realidad, sino de una posible realidad. Si se afina bien, los neuróticos, que han terminado por ser una tipología humana, y una gran mayoría de trastornos, se basa en esta regla tendente al fallo, no basada en la realidad, sino en el error de no basarse en esta: en la rumiación, en las paranoias, ideas fijas, miedos infundados (fobias) y en el exceso del deseo de control (manías), etc., en donde la realidad no está o es ambigua. Lo que entra en juego en los animales sociales, al final, en las estampidas y estos tipos de actos, es la imitación, las neuronas espejos en los animales más complejos. Si alguien bosteza yo puedo no tener sueño, pero bostezo; varios bostezos consecutivos pueden hacer que me adormezca o me baje mi nivel arousal (nivel de vigilia o excitación), de nuevo el efecto de James Lange.

   Qué se concluye de este breve análisis. Aunque Sartre fuera existencialista y su bandera fuera la de “hacer es ser”, si se lee sus libros y sobre todo su ficción (teatro y novelas) su forma de analizar al hombre era más “determinista”, en el libro “el Ser y la nada” el para-sí, la libertad siempre está constreñida por el en-sí, por el carácter, el pasado, los otros, la situación y la condición de vida de esa persona. En la obra de teatro “El diablo y Dios” su protagonista trata de comportarse de forma opuesta a su carácter: cruel y determinante, pero al final se da cuenta que al “salirse de su papel” las cosas le van peor, no sólo a él sino al resto, por lo que “vuelve” a su naturaleza, a su “papel”. En un cerebro tan complejo como el humano, donde prima el aprendizaje y la neuroplasticidad, el proceso de abajo hacia arriba tiene cabida, pero sí hay una naturaleza humana, una genética, un código de patrones escritos. Bajo mi punto de vista las rayas hacen al tigre, o me atengo a la regla de la fábula de la rana y el escorpión: al final el escorpión muere ahogado por picar a la rana que le cruzaba el río, con la conclusión de que no podía evitar picarla, pues esa era su naturaleza. Esa naturaleza, además se ve reforzada por los roles sociales, roles que ya hemos visto en los suricatos. Una madre nunca puede dejar de ser madre. ¿Dónde está escrito qué es una madre?, en lo social o en la naturaleza. Es una mezcla de ambas cosas. La evolución es un sistema complejo con sus propias reglas, pero un sistema complejo, como lo es un animal social, tiene sus propias reglas. Las reglas sociales humanas se han “escrito” durante cientos de milenios. Se hace casi indistinguible qué es naturaleza y qué es sociedad, porque al final lo social repercute en la naturaleza. El siglo XX, con la performatividad, ha querido distanciarse de ciertos roles, de ciertos arquetipos, pero ¿ha sido para bien o para mal? La mujer ha “roto” con lo arquetípico femenino, de la maternidad, etc. El hombre se ha tenido que adaptar y ha suavizado (a desgana diría yo) sus roles. Todo estamento, desde el poder, a cualquier tipo de liderazgo, hasta conceptos como los de proletario o de trabajador, han suavizado sus posiciones o roles a otros más adaptados a la nueva dirección global. Lo dicho arriba, todo movimiento social tiene un primer impulso fuerte, sólo con el tiempo vuelve a su equilibrio inercial. Como ya dijera en el escrito anterior, sí tenemos un Ser, que es nuestro carácter, en el cual también incluyo los “daños” o beneficios de los primeros años de vida, como lo es y lo que hace el apego: el tipo de contacto y trato con nuestro cuidador, que suele ser la madre, y en un segundo plano el padre (o sus ausencias). Decía Sócrates que: “para un hombre que preserve su integridad, ningún daño real a largo plazo puede superarse“, y usa el verbo “puede” en vez de “debe” -que es el que el cerebro “espera” en ese contexto- por su “inevitabilidad”. Se dice que el psicoanálisis saca a flote los daños, otra cosa muy distinta es llegar a una cura o catarsis (síntesis, integración). En un caso u otro: una persona también es sus cicatrices. Pienso que hay varias generaciones, los milenials y la generación Z, que son “víctimas” o  “ensayos” de esta percepción “nueva” o alterada de la naturaleza humana y los roles. Es posible que ese “experimento” pierda su credibilidad o puede que se incremente. No lo sé. Tampoco sé si es para bien o para mal. Demasiados factores a tener en cuenta. Un artista es dimensionalmente, en tanto que ser, más cercano a los milenials, que a los roles y arquetipos de “siempre”. Son seres liminales, que en su esencia tratan de escapar de toda esencia, de todo lo dado. Están “creados” para ser rotura, por ser divergentes, para buscar nuevos posibles caminos, ante situaciones complejas. Son una “necesidad” evolutiva…, pero que toda la sociedad al completo tengan esas mismas “armas” y maneras de proceder me parece, cuanto menos, peligroso y desequilibrador.

   Puede que haya ido demasiado rápido en las conclusiones del último párrafo, para quien lo haya entendido que se salte el presente. Todo animal social porta “dos naturalezas”, dos potencialidades que posiblemente sean activadas a nivel de epigenética: ser social, ser individual. Esta doblez la portan más los machos pues por lo general el concepto de grupo social es a partir de las hembras y sus crías (hermanas, tías). Suelen ser los machos los que tengan que irse de su propio grupo, o bien para crear uno nuevo, o para unirse a otro que lo acepte. En ese estado liminal (existencia provisional) se tienen que valer por sí mismos. El humano porta esa dualidad. En la dimensión solitaria, como ya he descrito en otro lugar, uno se desprende de las emociones, que son básicamente para “funcionar” en grupo. No hay activación de neuronas espejo, no hay imitación (por lo menos antes de los medios de comunicación masivos, entre los que incluyo la televisión). Cuando se cuestionan los roles, cuando cuestionamos nuestra dimensión social, cuando no queremos ser reducidos a nuestra identidad de nación, o de sexo, o de nuestro trabajo, de nuestra edad, o de nuestra posición social, etc. -en un ejemplo si digo rubia, guapa y de padres ricos, todo cerebro ya se ha creado una idea de ese tipo de personalidad, de un estereotipo de mujer-, entonces estamos “renegando” de nuestra dimensión social, quedándonos en ese proceso tan sólo con el carácter y los procesos más altos del cerebro: el sistema evaluativo/ejecutivo. Esta es en la posición en la que se encuentra, en la actualidad, la sociedad del primer mundo, por lo general, puesto que la performatividad puso en jaque qué era ser mujer y por ello madre, y qué ser hombre y poder, y en donde el poderoso ya no ha de ser concebido como el explotador, puesto que todos somos susceptibles de llegar a tal posición. Bajo mi punto de vista rebelde, de artista, esa posición está bien: nunca me ha gustado que me definan, el artista es rotura, mi “alma” o esencia quiere lo mismo para los demás. Las definiciones son barrotes en la potencialidad del ser. Todo humano tiene esta misma premisa: sentir que su papel social le ahoga. En la antigüedad ese ahogo se desataba en las fiestas, sobre todo durante el carnaval, pues en el fondo son una rotura contra todo papel social, un quitarse las “máscaras”. Pero lo que hace a una sociedad, lo que hace que sea parte de su naturaleza, en su dimensión social, son esos roles. Lo vemos en los suricatos, o en las abejas: la evolución ha “creado” posiciones preestablecidas para una función, para un fin, para el bien común. Si en la dirección de tratar de romper moldes o roles, a nivel individual y por deseo de cada persona, todo se difumina, entonces los roles de padres pasan por el mismo proceso. Los milenials son un “prueba y error” de una posición en donde el “papel” de los padres se ha desdibujado. Ya no tienen que ser tan rígidos, tienen que comportarse casi como amigos, no como “entes” autoritarios. En esa medida se ha roto con algo que llevaba operando desde hacía milenios. A la fuerza era parte de nuestra naturaleza, aunque fuera en la dimensión social. Se supone que un hijo crea un apego hacia la madre, de un estado totalmente protegido, que el padre amortiguaba por su dureza y rigidez, como para que sirviese de adaptación a lo hostil que es vivir en sociedad. Llegado un momento el individuo por sí mismo busca la rotura tanto del apego, como de la fuerte autoridad del padre. Salta del nido, se vuelve independiente. Lo que se está averiguando, sobre todo con las últimas generaciones y ante esa rotura de roles, es la pérdida tanto del apego como de la autoridad: el niño tiende hacia una personalidad con distintos tipos de trastornos, y entre ellos el narcisista. El apego es diádico, de dos, a falta de madre ese papel lo puede hacer el padre, pero por lo general “encaja” mejor la mujer, pues tiene la química hormonal para ello. La nueva situación en la que la madre trabaja, en alguna medida manda al traste la concentración y el tiempo de la madre para mantener un apego seguro, que equilibre la emocionalidad del niño, como para que cuando sea adulto no sea demasiado miedoso o ansioso, por ejemplo. ¿Es esta nueva actualidad la que ha “creado” la llamada generación “copo de nieve“?, la que es más susceptible a padecer la baja tolerancia al estrés y la frustración. Por otro lado los nuevos cambios de roles y las nuevas situaciones son más tendentes a crear trastornos de apego, como ansiosos-ambivalentes, ansiosos-evitativos o desorganizados, lo que manda al traste la maduración emocional y social del adulto. En la cultura occidental se está promoviendo un alto grado de diálogo y casi la total ausencia de una fuerte y rígida autoridad (padre ausente, o puesta en duda de su papel rector), lo que es susceptible de crear un tipo de personalidad con una seguridad totalmente disonante e irreal: narcisista, pues la madre sólo alagará al hijo, y después este saldrá a un mundo, con esta falsa seguridad, en donde nadie la aplaudirá nada: la adaptación cerebral le llevará a pensar que él está acertado y que lo que está equivocado es el resto del mundo. Este tipo de personalidad es el que sale a relucir en programas como “gran hermano” y otros reality show, u ahora en los YouTuber: falsas seguridades que se caen a la menor. De una manera u otra la “caída” de los roles ha creado el panorama actual, en donde cada vez hay un mayor grado de inadaptación social. He aquí la lista de la repercusión en los hijos, ante esta caída o puesta en suspensión de los roles, proporcionada por la Wikipedia:

   “Los hijos de familias disfuncionales, ya sea en el momento, o a medida que crecen, también pueden:

  • No tener la habilidad de ser juguetones, o infantiles, y pueden “crecer demasiado rápido”; a la inversa, pueden crecer demasiado lentamente o estar en un modo mixto (por ejemplo, comportarse bien, pero no ser capaces de cuidarse solos).
  • Tienen problemas de salud mental de moderados a graves, que incluyen depresión, ansiedad, y pensamientos suicidas .
  • Tienden a convertirse en adictos al tabaco, el alcohol o las drogas , especialmente si los padres o amigos han hecho lo mismo.
  • Intimidan o acosan a otros, o son una víctima fácil de ellos (posiblemente tomando un papel doble en diferentes situaciones).
  • Estar en negación con respecto a la gravedad de la situación de la familia.
  • Tienen sentimientos encontrados de amor-odio hacia ciertos miembros de la familia.
  • Convertirse en un delincuente sexual, posiblemente incluyendo pedofilia.
  • Tiene dificultad para formar relaciones saludables dentro de su grupo de compañeros (generalmente debido a la timidez o un trastorno de la personalidad ).
  • Pasan una cantidad excesiva de tiempo solo viendo la televisión, jugando videojuegos, navegando en Internet, escuchando música y otras actividades que carecen de interacción social en persona.
  • Se sienten enojados, ansiosos, deprimidos, aislados de los demás, o no son dignos de ser amados.
  • Tener un trastorno del habla (relacionado con el abuso emocional).
  • Desconfía de otros o incluso puede que tenga paranoia.
  • Convertirse en un delincuente juvenil y que recurra a una vida delictiva (con o sin abandonar la escuela), y posiblemente también se convierta en miembro de una pandilla .
  • La lucha académica en la escuela o el rendimiento académico disminuye inesperadamente.
  • Tiene baja autoestima o una pobre imagen de sí mismo, con dificultad para expresar emociones.
  • Rebelde contra la autoridad de los padres o, a la inversa, defiende los valores de su familia frente a la presión de los compañeros, o incluso trata de adoptar un “terreno intermedio” imposible que no complace a nadie.
  • Piensan solo en sí mismos para compensar la diferencia de su infancia (ya que aún están aprendiendo el equilibrio del amor propio ).
  • Tienen poca autodisciplina cuando los padres no están presentes, como gastos compulsivos, postergar demasiado las fechas límite, etc. (consecuencias familiares desconocidas, incipientes y aparentemente laxas o evitables vs. consecuencias paternas conocidas, concretas y rígidamente impuestas).
  • Encuentra un cónyuge o pareja (a menudo abusivo) a una edad temprana o huye de su hogar .
  • Quedarse embarazada o ser madre de hijos ilegítimos .
  • Corre el riesgo de convertirse en pobre o sin hogar, incluso si la familia ya es de por sí rica o de clase media.
  • Vive un estilo de vida solitario, sin cónyuge, pareja, hijos o amigos.
  • Tener comportamientos autodestructivos o potencialmente autolesionantes.
  • Tienden a unirse a un culto para encontrar la aceptación que nunca tuvieron en casa, o como mínimo, tienen creencias filosóficas/religiosas diferentes de las que les enseñaron anteriormente.
  • Se esfuerzan (como adultos jóvenes) por vivir lejos de los familiares en particular o de la familia en general, posiblemente pasando mucho más tiempo con la familia extendida .
  • Perpetúan comportamientos disfuncionales en otras relaciones (especialmente con sus propios hijos).”

  ¡No impacta tal lista! Aquí vemos qué se gana y que se pierde con la complejidad de la vida. Más complejo no quiere decir precisamente mejor, que puede ser, quiere decir más posibilidades para que algo salga mal. “Crear” un humano es gratis, pero hacerlo un adulto con madurez emocional es costoso y muy complicado. Se dan tantas variables, que es más por azar que por su búsqueda, pues no depende de una sola persona o de ambos padres, sino de una multitud de factores que uno ni siquiera llega a vislumbrar en cada momento del crecimiento de ese ser humano. Además, a la complejidad del cerebro humano, en la evolución histórica, hemos ido creando más complejidad en el medio donde este crece. En una pequeña tribu de cazadores recolectores apenas si se dan unos pocos factores de variables. En las sociedades modernas, en las grandes ciudades, y sobre todo ahora con Internet y los móviles, todo es más caótico, imprevisible y tendente a que se pueda perder el control de la vida y la educación de tu propio hijo. Las probabilidades son tantas, y el tema tan actual, que la lista de películas sobre las familias disfuncionales es enorme. Por lo demás, en lo social, ¿qué se pierde por el camino de poner en jaque a los roles?, primero la madurez, el niño llega a la adultez con una emotividad no madura, se incrementa y generaliza el complejo de Peter Pan; lo segundo, a un nivel más ontológico, se tiende hacia seres humanos “performativos”, que reniegan de su carácter, de conocerse en profundidad, resultándoles incómodo ese carácter que a veces les sale en lo social. No voy a decir que alguna vez existió una paternidad sin taras. Eso quedó demasiado atrás en lo humano, existe en las tribus de cazadores recolectores de la actualidad, pero desde que el humano apostó por los grandes asentamientos la tendencia ha sido hacia el desequilibrio. Las nuevas sociedades son cada vez más caóticas, más tendentes al “ruido; lugares cada vez menos propicios para los apegos seguros. No voy a echar toda la culpa a las nuevas sociedades, la vida es demasiado aleatoria y dura: muerte de uno o los dos padres, padres crueles, madres demasiado protectoras, familias con demasiados hijos (numerosas)… Y tampoco voy a decir que sólo es un humano “correcto” aquel que es maduro emocionalmente; los trastornos, ciertos tipos de personalidades y la ausencia o dureza de uno de los padres crean humanos excepcionales, quizás más tendentes a la genialidad en su liminalidad que una persona “normal” (Mozart y su padre). Otra cosa muy distinta a considerar es si este nuevo tipo de sociedad crea estabilidad o felicidad, tanto a nivel individual como social. La generalidad de la humanidad, vinculada a las pantallas, las redes sociales y la tendencia del individuo hacia lo autopoiético, es hacia la rotura del tejido social, a la puesta en duda del mundo emocional, tanto el propio como el de los demás, lo que lleva a una sociedad de seres liminales, cínicos y nihilistas…, aunque ellos en su máscara de sanidad no lo quieran reconocer. Ya saldrá en la vejez.

   Conclusiones. Sí hay una naturaleza humana, en esta naturaleza se incluyen los roles sociales. Uno nace risueño, taciturno, iracundo, pertinaz, etc., y está más o menos preparado para ser madre, o “jefe”, o artista, u orador, etc. Suele haber una correspondencia entre lo que se es y lo que se hace, ¿quién cree que alguien con algún tipo de poder pueda ser una persona cándida o ingenua?, a no ser que ese poder lo haya heredado, y aún esto: para mantenerse en el poder se tiene que carecer de esas condiciones, de ese carácter. A no ser que sea un títere que lo mantiene ahí alguien en la sombra, como fue el caso de Juana de Arco. Algunos llegan a saber y asumir sus condicionantes, mientras que otros, la mayoría, nunca lo harán. La evolución social va a la par de lo evolutivo/adaptativo de la especie. La teoría sobre la adaptación social, la teoría de James Lange y la performatividad sólo dan con verdades a medias, que hay que tomarlas con ciertas reservas. Bajo mi punto de vista somos seres duales, y esa intersepción se puede resumir a la frase de Sartre de “a esos que, alegando seriedad de espíritu o excusas deterministas, se ocultarán su libertad total, los llamaré cobardes; a los otros, que tratarán de demostrar que su existencia era necesaria, cuando la aparición del hombre sobre la tierra es mera contingencia, los llamaré cabrones…”, tiene que haber un término medio, no hay que tomarse a uno mismo y a su identidad muy en serio, ni ser tan sólo un arlequín que cree carecer de identidad y es tan sólo la máscara que se ponga ese día. ¿Y dónde queda la intención?, y una posible autenticidad. No hay un sólo lugar de esta, no hay tal autenticidad. El ego, el carácter más profundo, lo instintivo, tiene una “intención”, lo mamífero o emocional tiene otra, y lo racional una tercera. Los roles están en los dos últimos escalones, en lo emocional/social. La intención “nace” y sube esos tres peldaños, y dependiendo de la situación y el carácter de la persona, se “expresará” un escalón o intención, u otro. ¡Claro!, hay una primacía del núcleo, si queremos que nos amen o nos validen, esto tiene que provenir del tuétano, de lo más profundo; lugar, concepto u órgano que en el lenguaje occidental hemos llamado corazón. Ahí reside el tipo de amor de la madre, y llamamos lealtad -sin fisuras, sin dudas- a ese tipo de relación con aquellos otros que no son nuestra madre. Queremos de la misma manera ese tipo de amor profundo y que nace de las entrañas en la pareja, porque sabemos que nos va a ser leal. Igualmente llamamos auténtico a aquel que no tiene peldaños, que su intención primera no sube por escalones y sale “libre y salvaje”, pero como ya dijera en el escrito anterior, hemos creado las reglas y las convenciones sociales ante el “peligro” que ese estado indómito nos pueda ser amenazante o dañino. Los escalones son y están porque se han dado en lo evolutivo/social. La paradoja, lo que se aprende con la edad, es que en muchos casos tanta emotividad, por parte del otro, es susceptible de conllevar al pensamiento sesgado, a lo obsesivo, a lo dogmático y por ello tendente a podernos hacer daño. Se restituye el “credo” en los roles, y el papel de lo racional o tercer escalón en las relaciones. Damos la razón a lo institucionalizado, al pacto social; ponemos en duda la intención del primer escalón, y llegados a cierta edad incluso del segundo escalón. Por algo se le llama la edad de la razón. Cuando algo hiere suele ser porque da en el “hueso” que es la naturaleza, el carácter de uno -que en el caso de los narcisistas se se manifiesta como “ira y herida narcisista“-, ese que no muta, en donde las heridas ya son cicatrices imposibles de disimular. Decía Platón que “el único daño que puede llegar a una persona es el daño al alma“. Tatúate lo que quieras una cicatriz, pero siempre estará ahí. Yo soy mis daños de la infancia, no se superan, se convive con ellos, por medio del “insight“, porque ignorarlos por completo puede fortalecerlos (ley del esfuerzo transformado), y si se puede se les ignora en la medida de lo posible, no por cobardía, sino porque no hay que “hacer leña del árbol caído”, o caer en el victimismo. En definitiva, que ponerte un bolígrafo en la boca para forzar la risa y que el sistema opere de abajo hacia arriba funciona, pero eso no es realmente la felicidad. La felicidad se encuentra en las motivaciones, y estas nacen del núcleo, de la base de la construcción, del ego, del carácter. En otro caso, las actuales películas hollywodienses caen totalmente en lo performativo y están vacías de alma: todo es hacer, no hay nada de Ser, nada de contenido o profundo en sus diálogos o tramas… ¿quién las puede “amar” realmente? Por otro lado el cine “indie”, en su recóndito ataque a los estereotipos y arquetipos, parece caer en el nihilismo y en representar al yo cristalizado y a las relaciones como líquidas. De una manera u otra el cine representa muy bien la actual crisis de todos estos lenguajes de la posmodernidad, y de una manera y otra las personas no se sienten satisfechos con este nuevo cine que invisibiliza todo aquello que creíamos como propio de la naturaleza humana.

   Hace poco me encontré que el inglés tiene dos palabras para voluntad, una de ellas proveniente del latín, como la nuestra, pero después tienen “will“, que sólo está en las lenguas germanas, como lo es el inglés. “Will” es algo entre medias de querencia (curiosamente este concepto no tiene equivalente en inglés, y usan el español), disposición o determinación, potencia, y de ahí poder y por extensión virilidad, más cercano a deseo o impulso que a razón. También más cercano a motivación que la palabra voluntad de las lenguas latinas; esto se acerca a mi idea que propone a la motivación como base de una voluntad más profunda y que esta asentada en los ganglios basales, encima de tallo cerebral, las zonas más antigua del cerebro. El concepto de “voluntad de poder” (Wille zur macht), de Nietzsche proviene de esta acepción de las lenguas germanas. De una manera u otra en ese núcleo que es el carácter está la “verdadera” voluntad, pues de la voluntad latina proviene volición o acto de elegir, que ya es razón; de esta manera tener voluntad para trabajar es elegir trabajar, manteniendo enérgicamente esa elección. Como sea, que me alargo. De lo que se trata es de trabajar con el propio carácter, fortalecer sus pilares, muros y columnas. Desde arriba hacia abajo, y no quedarse en lo externo, en enlucir las paredes y pintarlas. Lo performativo puede reducirse a la acción, a ejecutar actos. En definitiva al hacer, no realmente al Ser. El hacer modifica el cuerpo, el “alma” (núcleo), con sus daños y potencialidades en muchos casos nunca afloradas, permanece inmutable. Si algo se rebela, es que ya estaba allí, en el “alma”. La cirugía estética, no es estática. La situación social actual es el contacto a distancia, en redes, a través de fotografías y vídeos, en donde es muy importante la primera impresión, eso ha llevado a lo humano al puro aparecer, al exterior. Las nuevas generaciones son víctimas y a la vez verdugos para que se mantenga tal estado del protagonismo de la superficie. Es muy posible que las ideas que presento aquí, sean más cercanas a las de Nietzsche. La razón es duda, el carácter es esa voluntad de poder, cercana a la fuerza vital. ¿Cuántas madres no habrán tenido momentos de querer tirar la toalla?, esa duda nace de la razón; Desde el instinto, de la voluntad “animal”, desde ese núcleo de su carácter, es de donde al final sacan las fuerzas para continuar. Esta misma idea, la que estoy plasmando aquí, y que es posible que fuera la de Nietzsche, es la que se deduce sobre “la fuerza” de la saga de “la guerra de las galaxias”. La monserga que siempre se oye es: “déjate llevar por tu instinto”, en donde tal cosa quiere decir que no analice la situación desde la razón o prefrontal, sino que deje salir ese algo interior y más profundo.

   Tampoco hay que dividir a los humanos a una infinidad de géneros. Siempre suele haber una preferencia principal, que es el equivalente a carácter o naturaleza, si después se tienen otras secundarias no es tan relevante como para asignarles un nuevo nombre, pues los nombres serían infinitos. Si mi preferencia principal son las mujeres, sé que ante dos opciones cogeré esta. Si después podría estar con un hermafrodita o un transexual femenino, por este orden, es lo de menos. No voy a reivindicar un género o definición para mí. Hay conceptos que sólo se dan durante la juventud y es posible que no signifiquen nada. Un ejemplo sobre el hecho que la evolución tiene sus planes es que con la madurez uno se vuelve más conservador. No es por elección, es el plan maestro de la evolución, de la autorregulación, de la tendencia al equilibrio homeostático de los sistemas complejos. Y sí milenials: os convertiréis en vuestros padres, con algunas alteraciones, pero caeréis en los tan temidos roles que tanto os parecen molestar en los otros hoy. Los adultos tienen que “servir” de freno a los jóvenes. La tendencia debería de ser que a mayor velocidad y potencia de la juventud, como hoy en día ocurre, mayor debería de ser el freno, pero la generación anterior ya era de por sí narcisista, y en muchos casos arrastrarán por siempre el complejo de Peter Pan (me incluyo), con lo cual no hacen de freno, sino que se suman a las fuerzas de las nuevas generaciones. No me puedo imaginar que si hoy ya la cosa es realmente extraña, cómo será con la generación de los hijos de los milenials. Hoy vivimos en la decadencia de la sólo-máscara, artificial, fría, ni contacto piel a piel, de una nueva época sofista, en donde lo más importante es lo performativo, la máscara que uno haya decidido adoptar para impactar o ganar dinero, el discurso, que el ser y el hacer… ¡ya sé, decir es hacer y hacer es ser!, pero no es naturaleza, es máscara. El “ser operativo (que es conmensurable) o desaparecer” de Lyotard.


(1) De forma tímida aquí y en otro escrito, comparo la evolución de los sistemas en valles y montañas, al final encontré que existe el concepto de paisajes adaptativos. Esto me “da la razón” en otro aspecto. Lo hombres, con respecto a la mujeres, tendemos a usar nuestras capacidades espaciales, de orientación tridimencional, para pensar en abstracciones, pues estuvimos mucho más tiempo, durante las cazas y las exploraciones, moviéndonos por la naturaleza.


Descargar revisión del mapa mental sobre la Superveniencia, creado con TheBrain, contiene etiqueta “performativo” sobre los temas a tener en cuanta para este escrito. Revisar en “Cerrando el círculo sobre la autopoiesis” para instalar.