Señalar y Suponer – La Desintegración de la Comunicación-

El concepto mismo de la verdad objetiva se está desvaneciendo del mundo”, George Orwell.
Por lo tanto, la significación es anterior a la suposición. Tampoco pertenecen a la misma cosa. Porque significar pertenece a un enunciado, pero suponer ya pertenece a un término, por así decirlo, ya elaborado a partir de un enunciado y un significado”, Pedro de España.
La suposición simple ocurre cuando un término supone una intención del alma, pero no se toma de manera significativa”, Ockham.
Describir el universo únicamente mediante palabras sería como describir una sinfonía de Beethoven como una variación en la presión de una onda auditiva”, Einstein.
Es fácil engañar a la gente cuando ya se está engañando a sí misma”, Spider-Man: Far from Home.
Ninguna idea es simple cuando necesitas plantarla en la mente de otra persona”, Inception.


Este escrito lo voy a conducir sin manos, a ver dónde me lleva.

Ayer al ampliar mi gráfica de la condición y el cerebro humano añadí el concepto “creer” en la parte de la razón, del mentalés, de las propiedades del prefrontal y más concretamente el hemisferio izquierdo. Lo añadí a Twitter y quise explicar que creer en esa zona es distinto a fe, mientras que en el lenguaje común creencia y fe son sinónimas. Para hacer ver la distinción, mi cerebro (en background) buscó un sinónimo y puse que es más bien parecido a suponer. A la vez había leído un artículo sobre señalar con el dedo en animales. Puse un pequeño añadido en el escrito anterior sobre el concepto señalar, pues era muy significante lo que había tras él. Amplié información de ambos conceptos. Esto es lo que desarrollado de mis lecturas (y/o se ha unido en mi cerebro por sí solo).

Detalle de la gráfica. La distribución normalizada agrupa a los humanos en lo emocional/social.

Significado proviene de signo y este de señal, pero que si recurrimos al proceso evolutivo proviene de señalar algo con un dedo. Llevándolo más lejos, la palabra “sentido”, sinónima de significado, igualmente ha de provenir de señalar. Cuando un cerebro (persona) señala algo, no hay duda qué quiere señalar y qué intención tiene al señalar el objeto. Por ejemplo, si un humano de la prehistoria viese una serpiente sobre una rama y un compañero estuviese cerca, haría un sonido gutural de peligro y señalaría a la serpiente. El significado -cargado con una intención significativa- en su cerebro profundo es unívoco, e igualmente lo sería para su compañero en cuanto girase su cabeza para mirar a qué señalaba su amigo. Detengámonos en el cerebro del receptor del mensaje. En un primer proceso, o en el cerebro profundo, se crearán las “órdenes” o disposiciones para girar la cabeza lo más adecuadamente posible en la dirección a lo que el dedo señala, pero los procesos en el cerebro son lo suficientemente rápidos para que lleguen al prefrontal y este trate de “buscar” su propio “significado”. O sea, el prefrontal crea suposiciones de lo que esté tratando de comunicar la otra persona.

Así vemos tres posiciones de tal acto. 1. la claridad prístina del locutor (emisor del mensaje) que es el cerebro profundo del que ve la serpiente cerca del rostro de su amigo. 2. la necesidad de comunicar ese hecho con un medio: sonido gutural y señalización con el dedo. 3. el receptor trata de decodificar el mensaje, que en un primer momento se divide en dos subprocesos: 3a. hay algún peligro en una dirección concreta -esto lo capta su cerebro profundo-, 3b. el prefrontal trata de avanzar el proceso conjeturando, suponiendo, 3b1. qué señala y 3b2. cuál es la dirección exacta de la señalización. En el lenguaje moderno el punto 1 es el referente en Peirce, significante en Lacan, significado en Saussure (perro como animal real), el punto 2 es el signo o significante en Saussure (la palabra perro). El humano en el punto 3 conoce los signos, pero en un primer momento no sabe el significado/significante “real”, si bien su cerebro profundo “sabe” por el uso de los signos que hay un peligro en cierta dirección. En ese sentido los dos cerebros profundos se han comprendido por la claridad unívoca del lenguaje de los signos, provenientes de la carga intencional y reductora de los signos. Lo unívoco es la emoción, que en definitiva son las que son universales, como el miedo. El sonido gutural anuncia un peligro, le “dice” al receptor: “ten miedo”; mientras que el dedo que señala no es emocional y sólo un signo ambiguo (pues en otro caso anunciará un fruto en un árbol). En cuanto el receptor ve la serpiente, su cerebro “comprende” a qué tiene que temer, y “entiende” en qué dirección señalaba. Lo que trato de hacer ver, de fondo, es que señalar, y por ello después cualquier signo, como lo es una palabra, no suelen ser unívocas, excepto -quizás- por el cerebro profundo del emisor, y en donde es necesario el aprendizaje. Así si escribo “apropiado”, sin un contexto, y al igual que ocurre con señalar, sólo es un signo ambiguo (homógrafo), pues puede querer decir o ser sinónimo de: 1. adecuado, o 2. objeto con el que uno se hace y que no era suyo. El cerebro profundo tiene que “leer”, así, el contexto, el signo o la señalización, ignorando o rechazando, lo no adecuado dentro de cada situación. En este proceso no siempre “funciona” como decodificador la cognición implícita, puesto que todos los cerebros son distintos y tienen su propio “lenguaje”, y en ese caso es necesario usar las capacidades analíticas del prefrontal, cuyo pre-requisito o esencia es la duda y la suposición. Fijarse que incluso si dijera: “lo que has dicho no es apropiado”, sigue siendo ambiguo, puesto que he querido decir: “lo que has dicho es muy original”, propio, no apropiado. Casi todo el proceso de decodificación lo hace la cognición implícita, y bajo mi punto de vista si el papel del prefrontal es necesario, es que se ha producido una “interferencia” (ruido), una situación donde el hilo de la información se pierde. Igualmente sostengo que toda xenofobia u sensación de otredad vienen dadas por una constante interferencia -falta de comprensión, haciendo llamada al entendimiento- que un otro nos produce a nivel del cerebro profundo. Esto se entiende mejor teniendo en cuenta que, bajo mi punto de vista, todo mensaje tiene una identidad interna, en tanto que información de una realidad, que se trata de “comunicar” -o crear una reacción- con la cognición implícita del receptor; en busca de analizar o crear una comunión a nivel profundo (conectar, se dice ahora, “bailar” al mismo ritmo la misma canción de vida), de que tanto receptor como emisor hablan un mismo “lenguaje” y por ello son de la misma identidad. Cultura, así y en esta metáfora y simplificación, es la “canción” que un país “baila” a un mismo ritmo sincronizado. Bajo estos supuestos casi toda comunicación trata de crear una conexión a modo de un “tu y yo” (o su plural) donde tal dualidad implica una identidad, y donde ya sea de forma implícita o explícita habrá un él o ellos, fuera de dicha realidad e identidad, a modo de referencia o negación de lo que no es un nosotros o como pertenecientes a dicha identidad. Teniendo en cuenta todo lo dicho, y puesto que somos seres sociales, se entenderá que toda comunicación se trate de hacer con un lenguaje lo más común y coloquial posible, para de esa forma crear sentido grupal o de pertenencia al grupo. Lo viral, tendencias, influencias, convenciones y los memes “funcionan” por dichas premisas. En definitiva, tratamos de nadar al compás del banco de peces al que pertenecemos o queremos pertenecer. (Que cada uno, a modo de ejercicio cognitivo, analice el feminismo -o cualquier otro movimiento o ideología- bajo estas premisas: el feminismo crea -a modo de incentivo perverso- un “ellos” que son los hombres. Toda creación de una identidad implica unos referentes u otredad, y toda identidad implica una definición…, que a la vez puede implicar una ideología que aplique un ajuste y “uso correcto” apropiado de dicho concepto de identidad. Si no es de manera explícita y programada, sí lo será de forma implícita, inconsciente y simbólica a nivel del cerebro profundo. Esto se entiende si se tiene en cuenta que no todo humano occidental se siente parte del etnocentrismo, pero tal concepto existe y es aplicable a todo occidental por parte de un no-occidental, en donde tal identidad se referencia por la partícula de negación de tal concepto.) Esto se nos dice en el artículo sobre el campo deíctico -posición en el mundo del locutor: el yo- en la Wikipedia:

El centro deíctico, a veces llamado “origo” o punto cero, representa la fuente de origen en relación con la cual las expresiones deícticas adquieren su significado dependiente del contexto. A menudo, el centro deíctico es el hablante: por lo tanto, cualquier señal de “yo” en el discurso del hablante debe referirse de nuevo al hablante como centro; asimismo, la palabra “usted” debe proyectarse hacia afuera desde este centro hacia el destinatario. Cualquier participante que no forme parte de este canal comunicativo será referido en tercera persona. La teoría de la deixis es, por lo tanto, egocéntrica en que el anclaje indexical de las expresiones deícticas es una función de este punto cero de subjetividad. El centro “YO” sirve como el punto de vista perceptivo que examina las relaciones entre entidades y eventos contextuales relevantes. Tal centro, por lo tanto, determina qué expresiones deícticas tienen licencia pragmática por un contexto que se ha delimitado naturalmente a través de este locus perceptivo y evaluativo. Por lo tanto, la idoneidad de un “esto” proximal sobre un “que” distal está determinada por la proximidad de un objeto o una ubicación en relación con el punto cero deíctico.”

Vemos por lo dicho arriba que el nacimiento del lenguaje tenía una triple carga, con un “peso” distinto de cada uno de sus componentes, pero a la vez vemos que nació bajo el signo de ser conciso y claro, en situaciones que requerían comunicar hechos que para todos eran comunes, a partir de emociones que todos sentían y compartían, como el miedo, la alegría, la ira, etc. No sé si primero fue el sonido gutural o si primero fue la expresión de miedo. Hay pocos rostros tan plásticos como lo es el del ser humano, tan dúctiles y multifacéticos a la hora de expresar. En un ciervo no parece haber signos de “ira” cuando lucha contra otro macho, presuponemos una emoción similar por sus acciones. Bajo esta apreciación es de suponer que primero fue lo gutural, y que la expresión vino más tarde, cuando perdiésemos el vello facial, como para tener una mayor claridad y posibilidades de gesticular. O sea, que es posible que el rostro de miedo fuera un signo más rápido de comunicar que el sonido gutural, y en donde tenía la ventaja de no delatar la posición a un depredador, y la evolución tendió en esa dirección más ventajosa y rápida. La tripe carga es: 1. la intención del cerebro profundo, que su peso se volvió liviano cuando tales signos se expresaban en el rostro (con el miedo, por ejemplo). 2. un signo ambiguo, como es señalar -puede ser complejo saber qué señala un dedo desde una perspectiva distinta del señalador-, 3. un significante: lo que el dedo señala, que sólo sabe qué señala el que hace uso de tal signo. Tememos así que el significante se divide en dos significados: 1. una posible carga emocional/intencional universal: miedo y 2. qué es en concreto lo que produce dicha emoción. Emerge así un doble problema en el lenguaje, en la comunicación: 1. que emisor y receptor tienen que tener el mismo lenguaje intencional/emocional, y 2a. que el receptor tiene que decodificar la intención del receptor, y 2b que tiene que decodificar los signos. Como todo humano es a la vez emisor y receptor en distintos tiempos, el punto 2 es igualmente un problema que se da en el propio cerebro del emisor, mientras que el punto 1 puede serlo o no serlo. Este último punto se entiende mejor en un ejemplo: un niño puede ver una culebra y poner el rostro de miedo, pero un adulto no comparte esta intención/emoción pues sabe que es inofensiva: no se manifiesta en su rostro el miedo, pues su cerebro profundo ya sabe distinguir entre una culebra y una serpiente.

Vemos que la cuestión se va complicando, que el aprendizaje repercute en el cerebro profundo. Hay que recordar que el primer modo de aprendizaje -y el más antiguo- es el motriz, la memoria implícita. Esto implica a la vez el proceso relatado en el párrafo anterior de no asustarse ante una culebra, que en definitiva es memoria motriz: no retroceder, no soltar cortisol, no mostrar rostro de miedo. También hay que traer a colación aquí cómo se construye un miedo. Es de abajo hacia arriba, desde las capas profundas del cerebro a la corteza cerebral, como así lo es la corteza prefrontal. En la prehistoria y durante la evolución y por ello en la actualidad construimos emociones de arriba hacia abajo. Una persona con aracnofobia el sólo nombre de araña, sin ninguna imagen, ya le crea la emoción de miedo (de arriba, hacia abajo). Para cualquier persona tal tipo de “construcción” -de fobia- es “errónea”, y si al parecer lo tenemos tan claro… ¿por qué la evolución nos llevó a este estado actual con tantos “errores”?, y abriendo nuevos frentes argumentativos y volviendo al tema de la herencia dual humana (social y evolutiva), tal proceso… ¿fue evolutivo o social?, y si es social: ¿proviene del estado primitivo o es una condición nueva -moderna-?

Uno de mis paradigmas es que no existe libertad, que sólo existe complejidad. El humano primitivo “construyó” las expresiones emocionales universales y no eran ambiguas o interpretables, pero tales emociones hoy en día sólo son unos ingredientes -especias- que se han añadido dentro de una comida con multitud de ingredientes. Cada humano prepara dicha comida bajo sus gustos y criterios, con sus propios trucos o secretos, que un otro tiene que tratar de adivinar o suponer bajo los conocimientos que tenga sobre los ingredientes que pueda haber usado. En mis escritos se pueden deducir ira, miedo, frustración, etc., pero quizás sea sólo que cada cual me esté midiendo bajo sus propias iras, miedos y frustraciones. La totalidad que soy -como cualquier otra individualidad- es irreductible. “He hecho” el “plato” que soy por la suma de ingredientes que me componen que ya no hay que “saborearlo” por sus partes, sino por su todo. El pisto, una comida de origen extremeño, son casi exclusivamente tres ingredientes: cebolla, tomate y pimientos -más aceite y sal-, pero la “reacción química” de lo que es el pisto se debe en qué momento se echa cada ingrediente a la sartén: cambia los tiempos y no se crearán las reacciones adecuadas para que sea “pisto pisto” (ideal, su esencia). Todo humano, y siguiendo la misma analogía, es unos componentes “cocinados” o echados en la sartén a distintos tiempos: 1. heredado genéticamente, 2. los años claves de la infancia, que crean improntas (primera experiencia buena o traumática sobre cualquier cosa), 3. la adolescencia y la juventud que terminan de romper el cordón umbilical -de la identidad- con los ancestros y 4. el largo proceso de “madurar” una identidad propia. Si en la infancia no se tienen traumas, los daños en la adultez no suelen crear traumas; si hubiera traumas previos, estos se agrandan o se pronuncian más. O sea, no es lo mismo curar una herida, que curar una herida donde ya hubiera tejido cicatricial. Igualmente no es lo mismo un trauma en un cerebro con un tipo de genética que otro distinto con ciertas predisposiciones como para que tal trauma se quede más prefijado. Un niño -tipología 1-que nace con cierta genética que le predispone a ser más sensible al daño, y que tiene traumas en la niñez y que en su madurez sigue en tipo de vida negativo, no puede ser analizado por una persona -tipología 2- con una buena genética, sin traumas y una vida muy resuelta. Las dos personas tienen un “sabor distinto”, raramente se podrán comunicar, comprender o entender. Por lo general las personas adineradas tienen las ventajas de la segunda posición, mientras que los menos pudientes tienen más predisposiciones para tener uno, varios o todos los factores del primer tipo. Bajo esta rúbrica la primera tipología es de un “perdedor” para los de las segunda tipología. ¿Es justo este análisis?, ¿es justo que exista esa distancia que se ha ido pronunciando a lo largo de la historia? Suena a darwinismo social, ya sé los dilemas y problemas de sostener tal idea reduccionista, pero si es “aplicable” tal visión, algo tiene que haber tras ello.

Vuelvo arriba, a tratar de seguir el rastro de la comunicación.

Pongamos el caso que un niño quiere algo que está viendo, y de repente la madre le cambia de lugar y le queda oculto. El niño en ese caso trata de señalar esa cosa que está detrás de otra. La madre mira lo que señala el niño y no comprende por qué señala una mochila puesta sobre la mesa, pues la intención/emoción del niño es que en realidad quiere un dulce, que ahora ha quedado oculto por la mochila. En ese caso el significado -a lo que señala el niño- ha quedado ofuscado, ocultado para el receptor. Se deduce así que un segundo proceso evolutivo fue el tratar de hallar lo oculto tras lo comunicado. La desambiguación del significado de los signos. Si volvemos al ejemplo de la madre y el niño, la cuidadora no sabe el significado del signo, y puesto que si señala a la mochila y se la ofrece al niño este se enfada o refunfuña, la madre se da cuenta que esa no es la intención del niño al señalar. A esto se llama leer la mente de los otros o teoría de la mente, el tratar de desambiguar la intención del otro a través de una situación, y unos medios que son del todo claros. Señalar, así y a la vez, se divide en indicativo, cuando indica algo claro, como una serpiente en un arbusto, y declarativo o enunciativo en tanto que implica no tratar de leer lo que indica el dedo, la mochila en el caso del niño, sino tratando de leer la mente de lo que el niño (“de lo que el…”, tan complejo de significantes y tan vacío de significado) quiere decir. En definitiva, de tratar de leer su intención/emoción. De paso vemos que al final las emociones básicas no cubrían todas las necesidades y complejidades que se pueden dar en un cerebro y en lo social, y estas se empezaron a volver más complejas. Bajo mi punto de vista la cara, y el propio cuerpo, sigue comunicando toda esa complejidad. Muchas conversaciones, sin ver un rostro haciendo sus propias “connotaciones” (atención que el prefijo nos hace ver que son notas al lado de notas), son más robóticas, frías y carentes de significados. Esta “distancia” y diferencia es algo que tienen que solucionar los creadores de una inteligencia artificial . Vuelvo a uno de mis referentes: los autistas ni saben reproducir tales gestos sutiles, ni saben “leerlos” en las personas (la película “El turista accidental” muestra una familia disfuncional que no se comunica con las emociones, es un buen referente de lo que quiero decir en este párrafo). El “encanto” de una persona, entre otras posibles causas, es el tener una gran cantidad de sutiles y finos micro-gestos que acompañen a sus charlas, y que sean únicos y no estereotipados (memes gestuales en lo social, como el renqueo de cabeza a modo de negación, pero llevado a cabo por el cuello y manteniendo inmóvil la propia cabeza, propio del hip-hop).

Si ya hemos entendido qué es indicativo y declarativo, ahora pongámosle el prefijo “proto-” a los dos términos/conceptos. Entiendo que se pueda decir protodeclarativo, pero no sé si tengo tan claro que se pueda decir proto-indicativo. Toda indicación simple implica al cerebro profundo sin ambigüedades. Quizás se pueda aplicar a los estudios del psicoanálisis, pues las fobias y las manías “indican” no lo que ellas mismas señalan: a sí mismas como comportamiento, sino a una proto-indicación que queda vedada a simple vista. Igualmente proto-indicativo puede usarse en casos del mundo moderno -léase distinto al primigenio, del nacimiento del lenguaje, que no tenía como fin el ocultamiento o el engaño-, donde señalar en otra dirección se usa con fines de desviar la atención de una persona o sociedad (a los políticos les “interesa” el feminismo, porque desvían la atención del público sobre los problemas irresolubles que tienen ellos entre las manos: son su distracción de “magos” para que el público mire en otro lado, mientras ellos esconden sus trucos). Por otro lado, protodeclarativo quiere decir el mensaje implícito, que se expresa por un medio que puede no revelar su “verdadero” sentido, y a la vez puede usarse como la verdadera intención, frente a la intención que parece creer la persona que es. La teoría del psicoanálisis , sobre todo en Lacan que se ve “contagiado” por la dualidad de significado y significante de Saussure, es protodeclarativa en la medida que, por ejemplo, un lapsus puede expresar la proto-intención de la persona (un grito de ayuda desde lo profundo), cuando la persona se revela al exterior de otra forma. Por eso se ha vuelto tan crucial en la actualidad, en las distintas ciencias del comportamiento, saber leer las posturas del cuerpo y los micro-gestos, pues son proto-declaraciones que se manifiestan al exterior sin el conocimiento de la razón o prefrontal. O sea, comunicación del cerebro profundo sin las censuras y los sesgos sociales y evolutivos. Dos reglas que se siguen de todo esto es que 1. el prefrontal no sabe de sus intenciones profundas y 2. lo que llamamos o creemos ser un yo, no lo es, pues sólo es la punta del iceberg (lo que se asoma a la superficie), como les gusta decir a los psicoanalistas.

Voy concluyendo. A veces no recuerdo las preguntas que he dejado en el aire en los escritos. En realidad mi cerebro tiene un saber profundo, que emerge de las entrañas, y tengo un prefrontal “torpe”, pues tengo problemas con la memoria de trabajo, que debe de estar muy por debajo del promediado siete. Sí puedo releer, pero de nuevo la tara de la memoria de trabajo se manifiesta, por eso enumero ideas aquí y allá, porque me remito a ellas con la vista. Recordemos que el prefrontal cuantifica, por ello la numeración. Las preguntas eran dos y eran referentes a si los trastornos mentales (fallas evolutivas en su manifestación), fueron evolutivas o sociales -dentro de la teoría de la herencia dual-; y de ser sociales: ¿provienen del estado primitivo o es una condición moderna? La primera pregunta se contesta sola: es indiscernible si es evolutivo o es social, pues un “mecanismo” actúa -por retroalimentaciones en las dos direcciones- sobre el otro, de tal manera que se vuelven unidad. Un trastorno, según la idea más sencilla de expresarla por los medios psicoanalíticos, son comunicación proto-indicativa de una proto-declaración que la sociedad debería de saber leer. Un mensaje o grito de ayuda que se manifiesta a través de un comportamiento extraño, “desviado”, y tratando de no ser directo para la mente del propio “enunciante”: es un “pido ayuda, pero ‘yo’ no tengo que saber que estoy pidiendo ayuda, ni sobre qué pido ayuda”. Es un mensaje de un ente social, en un medio social, valga la obviedad. Sin sociabilidad no hay trastornos, los animales “aquejados” de ciertas fobias y manías similares a las humanas son animales sociales; exceptuando cuando a un animal no social se le saca de su entorno natural y se le cierra en jaulas o sistemas no naturales, en cuyo caso sigue siendo “expresión” proyectada de una situación no deseada hacia un “otro”.

¿Es un proceso moderno o viene de la prehistoria?, es del prefrontal y el sistema límbico o emerge de lo profundo. No tiene una respuesta clara. El cerebro -la vida- no sabe de la realidad, la interpreta simbólicamente, la vuelve metáfora. Cuando un niño quiere llamar la atención sobre sí, hace uso de un “símbolo molesto”: el llanto, un sonido persistente, alto, quebrado, arrítmico…, en definitiva: de ruido. Ruido en teoría de la comunicación se da cuando la señal no es clara o tiene información que ya no es recuperable como tal. Tal concepto viene de lo físico como la capacidad o no de que dos componentes puedan interactuar entre sí. Todo componente altamente interactivo con otros han creado la vida. Luego a ese nivel la materia se “comunica” en sus reacciones químicas. Los aminoácidos se pueden formar de distintas formas de manera muy regular: crearon una especie de alfabeto que sería el que más tarde uso el ADN para guardar información, para tener un lenguaje, que formaban “palabras”, “oraciones” y “textos complejos”, como lo es hoy un ser humano. Si el niño llora -hace ruido- es una llamada de atención, un signo, que la madre tiene que tratar de leer. En este primer proceso ya se ha creado la metaforización de la comunicación. El niño hace uso de un símbolo sin saber de tal símbolo y su porqué. Para el proto-humano, aún sin conciencia, el mundo era un medio simbólico en la medida que “estaba hecho” para ser leído bajo los parámetros de su propio cerebro. Todo era símbolo, metáfora…, emergió el pensamiento mágico: todo tenía un significado para ese cerebro profundo. “Maravillarse” no quiere decir que algo te impacte visualmente (o por medio de cualquier otro sentido), sino que quiere decir que ese medio te está hablando al cerebro profundo, que en el fondo tiene un mismo lenguaje, pues -como hemos visto- la vida se basa en ese lenguaje de la materia, de la realidad. Con todo, no quiero decir que toda “traducción” o lectura lea la realidad tal cual es, o vea la “verdad”, quiero decir que se comunican en un aspecto muy profundo, y que lo importante es el sentimiento que surge de tal comunicación, que de alguna forma sigue siendo comparable y reducible a una reacción química. En este caso mental o emocional.

En otro ejemplo distinto al lloro del niño… ¿hay una erótica de los gestos? Qué nos enamora en muchos casos sino el cómo se manifiesta dicha persona a través de los micro-gestos y posturas que le hacen únicas. Alguien soso/a es alguien que nos parece aséptico en su modo de interactuar en sociedad. Cuanto más cantidad de gestos sea capaz de “gestionar” un cerebro, sin caer la “contradicción gestual”, en lo teatral, lo superficial o lo cómico, más atractivo nos parecerá. Arriba puse que uno es su totalidad, que no se le puede desgranar a sus componentes. La totalidad de los gestos es la manifestación de la totalidad de esa persona, de su “alma” o esencia. Única en cómo crea las distintas micro-variaciones de los gestos universales (a veces dado simplemente por la estructura craneal, todo hay que decirlo). Por otro lado lo que hace única a esa persona es el no tratar de caer en los gestos de moda. Tal proceder puede gustar en la juventud, en donde aún se busca la identidad propia y se busca la pertenencia a un grupo, pero no es algo que se mantenga si se quiere tender a la identidad propia y “genuina”.

Con el nacimiento de la conciencia esos procesos del lenguaje profundo  -y lo que conllevaban- se fueron al traste. Volvamos a los primeros párrafos. La comunicación, las señales honestas y las emociones básicas, te unían a cualquier otro ser humano, se sentía esa comunicación metafórica y simbólica sin fisuras de la que he hablado en el anterior párrafo. El problema no estaba en la emoción (que todos compartían), sino en la señalización con el dedo. Aquello que se señala depende de la perspectiva del que mira al que señala: es interpretable. Se llegó a la teoría de la mente, a leer la intención del otro para solventar esa rotura en la claridad del mensaje. A la vez todo dependía de la edad y el aprendizaje: un niño no ha aprendido la diferencia entre una culebra y una serpiente. En ese proceso las mentes se empezaron a distanciar, pues no todos los cerebros profundos hablaban la misma lengua, pues intervenían factores como la edad y el aprendizaje. Al leer la mente del otro se tenía que tener en cuenta esos factores: “es un niño, es asustable”, pero ya no se hacía a nivel del cerebro profundo, sino de lo aprendido: información que se guardaba en la corteza cerebral y temporal, izquierda sobre todo. En la medida de crear un lenguaje pactado para todos y que se leyesen las distintas posibilidades que podían entrar en juego, se fueron creando las capacidades de la memoria semántica, que son la base de la corteza prefrontal o conciencia. En ese estadio tal conciencia aún estaba supeditado al pensamiento mágico, que era el que aún tenía la capacidad de hacer de directriz en la comunicación, pero por cambios paulatinos y durante un largo proceso -de cientos de miles de años-, por la complejidad de dicha zona, esta se fue distanciando del cerebro profundo, creando al final un abismo insalvable, que es lo que notamos (sentimos) hoy: que las razón ha creado un divorcio con aquella otra realidad primigenia, simbólica y metaforizante. Que en definitiva ya no somos naturaleza: que somos razón. Habría que considerar si el cerebro, en el fondo y de alguna manera, no siente esta rotura como la sensación que se produce a una persona al que se le ha amputado alguna extremidad: la sensación del miembro fantasma. El cerebro anhela -tiene como referente o busca- su estado primigenio, aquel que le procuraba aquella sensación de “entereza” y unidad. Acallar la conciencia, o la rumia propia de este módulo.

Del párrafo anterior se deduce una cuestión a tener en cuenta con respecto a los sexos. En otro lado apuntaba la posibilidad de que la sociabilidad naciera, evolutivamente hablando, a partir de la maternidad: que los peces alevines se quedasen cerca de su madre para que los guiase y los protegiese. El cerebro femenino está más estructurado para leer otras mentes, a partir de que tiene que leer la mente de un bebé, un humano sin apenas comunicación externa, un cerebro enclaustrado en sí mismo. También dije que el macho humano tuvo que “echar mano” del emergente prefrontal, que es principalmente inhibitorio, para frenar su tendencia a la impulsividad, a su ira, a su deseo sexual ciego y su agresividad. Por otro lado su cerebro está menos preparado para leer la mente de los otros, en esa dirección usó el prefrontal para suplir algo en lo que era más torpe de manera natural: entender la realidad social que no comprendía. Repito, para toda feminista que se eche las manos a la cabeza por tales ideas, que la feminista Almudena Hernando también argumenta que el macho es sobre todo cálculo y reflexión, mientras que la mujer es más cohesión y emoción. Igualmente la antropóloga Anna Machin deduce que la evolución es “vaga” para repetir roles, que hombre y mujer, como padres, tenían que tener distintos comportamientos (roles) para distintos fines. La madre “porta” al hijo en su etapa más vulnerable, necesitada y que se expresa bajo las emociones básicas; el padre toma el “testigo” en la siguiente etapa, que vinculará al hijo a la sociedad mediada por la razón.

Por otro lado las filósofas Christine Daigle y Christinia Landry (descargar escrito traducido; que al leerlas me ha resultado paradójico que acepten “tan a las buenas” arquetipos tan cuestionables como “agujero” -contenedor- y “tapa agujeros” para mujer y hombre) contrastan el sentido no inmanente de Sartre, frente al de Beauvoir -feminista y compañera del primero- que sí lo es . Si se sigue la lógica de mis escritos no es que uno u otro estén “equivocados”. Sus “verdades” -las premisas con lo que sus razones “trabajan”- surgen del cerebro profundo y dado que hay diferencias esenciales entre los sexos, Sartre halla o “siente” un tipo de “verdad”, mientras que Beauvoir piensa y “siente” otra. Lo que vienen a decir las filósofas es que los planteamientos de Beauvoir emanan desde la idea de que todo humano es unidad con su cuerpo -y este en la medida que se manifiesta como emoción o ente sintiente-, y en tanto que este siente al otro con esa misma propiedad indivisible, mientras que Sartre -como yo y posiblemente como todo hombre-, no sentimos esa densidad de ser en nuestras “carnes”, sino desde una fisura en donde la conciencia está desligada de la carne. ¿Este divorcio, no será entonces, por la cuestión que yo planteo de que el hombre está más unido a lo instintivo, que es sobre todo ira y sexo en él, y tuvo que “forzar” a que su prefrontal se desligase de tal entidad, corporiedad, y en ese proceso perdiese su estado inmanente con el cuerpo? Esto nos dicen las filósofas de su análisis de, existencialista francés: “La lectura del cuerpo de Sartre problematiza su noción de sexualidad. Al mismo tiempo que quiere explicar cómo, en el deseo sexual, la trascendencia anhela a los inmanentes, paradójicamente insiste en los aspectos negativos y amenazantes de este deseo. Parece como si Sartre lo quisiera en ambos sentidos: una conciencia encarnada que implica una mezcla de inmanencia y trascendencia, y una conciencia que busca evadir a su ser carnoso, es decir, una transcendencia radicalmente separados de la inmanencia. En ‘Ser y Nada’, Sartre discute cómo el cuerpo es una cosa carnosa que la conciencia puede usar de una manera instrumental. Además, explica que uno puede incluso ignorar el ser encarnado”. Por otro lado, ven negativa la visión en la que para Sartre todo encuentro con un otro se basa en el conflicto, haciéndonos ver que para él: “no somos absolutamente libres porque siempre estamos arraigados en nuestras relaciones con el mundo y con otros agentes libres”, pero de nuevo… ¿no ha de ser esta la visión de un ente -el macho- evolucionado para la lucha y el conflicto?, el cuál emerge a la existencia con la cautela de dudar de las intenciones de cualquiera que tenga frente a sí. El estado inmanente de la mujer, en definitiva, es estable y ‘positivo’ en la medida que es el necesario para vincularlo a un “otro” muy especial: su hijo; esta estructura se “convierte” es su modo de proyectarse al mundo y “sentirlo/razonarlo”. Ese proceso se lleva a cabo durante su embarazo, en la poda neuronal -ya analizado en otros escritos-, proceso por el que no pasa el padre.

Hagamos el ejercicio de desarrollar y entrecruzar las ideas que van surgiendo. Por un lado hablo de los problemas del lenguaje y que su estructura inicial nació de lo que ahora para nosotros es el cerebro profundo, por otro lado he hablado de la otredad. ¿Por qué la forma de conjugar los verbos es a través de las tres personas?, yo, tu, él y sus plurales. La realidad y cómo es el humano determina el lenguaje; los tres pronombres se deben por un lado por el campo deíctico: quien está cerca (tú, nosotros) del emisor u origen (origo) y quién está lejos (él, ellos). Pero a la vez ese cerca y lejos pasa a ser metáfora significativa en tanto que el que esté cerca sea a nivel familiar, de ideas, de forma de ser, de la misma tribu, raza, religión, etc. Si se piensa bien un animal eusocial no tendría la conjugación de la tercera persona, y ni siquiera el de la primera. Para este tipo de ente todo es nosotros. Hago un desvío. En mis escritos hablo del problema de las personas egotistas, y que balancearon el mundo y sus valores a partir de sus puntos de vista, hacia un mundo jerarquizado, pero no hablo de las personas parásitas u holgazanas que se puedan aprovechar de que el resto de humanos “tiren del carro” en el que ellos están subidos (1). Si uno es curioso sobre la naturaleza, y yo lo soy, se analiza que las hormigas a veces se separan del grupo y se encuentran con comida. En muchos casos esta es de tal proporción y peso que es una hazaña increíble que tal hormiga no se cuestione si no sería mejor dejarla, e ir por otro alimento que sea menos voluminoso y pesado. Eso es lo que haría un humano medio, eso o ir a buscar a otros humanos que le ayudasen. En esa dirección la tan “alabada” generosidad humana es muy discutible. Si con tan sólo fuésemos más semejantes a las hormigas las cosas nos irían mejor. Ante todo esto, el problema de los inicios humanos tenía esa doble vertiente: que unos fueran muy egoístas y que otros hicieran el menor esfuerzo posible a la hora de “arrimar el hombro” en alguna labor comunal (escaquearse, se dice coloquialmente en España). Había que estar detectando los dos casos y llamarles la atención. Vuelvo al tema del párrafo. Las pensadoras Christine Daigle y Christinia Landry se equivocan en ciertas cuestiones en su escrito vinculado arriba, y como siempre es porque ignoran lo que dice la ciencia. Es muy posible que sea cierto que al hombre le cueste más crear un nosotros, pues es más individualista, pero la distinción entre el nosotros y el ellos, y por ello la otredad, es femenino. Las teorías de la actitud inclusiva y del cultivo del parentesco nos dicen que todo animal tiende a favorecer a los de su sangre: a su ascendencia/descendencia y aquellos que son cercanos en la tribu, la ideología, etc. En el humano es igual, los padres lucharan por que sus hijos puedan tener ciertos privilegios a tenor de que quizás perjudiquen a otros niños. Esta es la actitud de todas las hembras del reino animal, actitud a la que se adaptó el hombre cuando en la evolución “asumió” un papel más paternal. De hecho el humanismo surgido a partir de la Ilustración, que se supone una “creación” del patriarcado, es más razón -propio de las capacidades del prefrontal- que emoción, más una actitud lógica que una sentida, pues ha de luchar contra la inclusividad que viene dictada por los instintos y las emociones. (Léase este párrafo bajo la idea de que “ni lo malo es tan malo, ni lo bueno tan bueno”. La vida está llena de ambigüedades, de grises).

  No quiero detenerme de si un estado intermedio fue el de la mente bicameral, y cómo se llegó a ese divorcio. La conciencia es posicional, tiene como objeto aquello que contiene. Es una copa que contiene líquidos, pero que no es los líquidos. La copa sin líquidos no se entiende, lo es por su funcionalidad: contener -mi última conclusión es que la conciencia es pantalla: si está sin mostrar nada, apagada, es “negra”, vacía-. En el estadio anterior el cerebro profundo era la realidad y no eran separables. Una palabra (signo) no era distinto de lo que designaba: eran unidad. La conciencia sabe que perro es un signo (palabra) que designa a un animal: rompe con la unidad. Si se entiende lo dicho, los trastornos siguen siendo metaforizantes, porque siguen la estela de aquel lenguaje en donde no existía el divorcio: que era simbólico y metaforizante, y donde signo y significante no eran dos entidades distintas. De esta manera, para alguien fóbico, nombrar a la araña es estar en presencia de una araña, pues signo y significante no tienen ninguna distancia. En definitiva, es el pensamiento mágico -toda emoción es una expresión mágica del mundo, diría Sartre-, aun hablando con su propio lenguaje, e ignorando la existencia -y la naturaleza- de la conciencia y el prefrontal. Un paso para toda “curación” mental es “provocar” que dicha persona cree ese “divorcio necesario” entre signo y significante, que en el caso de un esquizofrénico consiste en hacerle ver que esa voz que oye en su interior, no es de alguien “real” -pensamiento mágico-, sino sólo un proceso en su cerebro llevado a cabo por procesos químicos, en partes cerebrales que están “funcionando mal”.

Por otro lado, todo trastorno es social y moderno, solo que está “escrito” con el lenguaje primitivo propio del pensamiento mágico. Lo que quiero decir es que en cada época humana han entrado en juego nuevos lenguajes de uso, que han creado nuevos trastornos. Ahí está como ejemplo la anorexia. En los cazadores-recolectores -o el humano primitivo- tal cosa no se podía dar, puesto que su alimentación era escasa e hipocalórica por igual en todos. La anorexia se llevó a su límite por una retroalimentación entre las modelos y las personas que “ingerían” tal imagen como la más deseable. En el fondo llama a los cánones de belleza, donde tal entidad es un constructo evolutivo de aquello que era deseable para el otro sexo y con la finalidad de reproducir. Todo trastorno ha de ser un libro que ha de ser leído desde el final hacia su principio. Buscando sus orígenes y su lenguaje profundo. Cosa que no parece hacer el feminismo, que parece creer que todo es construcción “moderna” bajo los estereotipos “implantados” e impuestos por el patriarcado.

Conclusiones finales -llevadas a mi terreno-.

No hay progreso, hay tendencia a la complejidad, en donde como subproceso no deseado (incentivo perverso), el humano conoce mejor la realidad a costa de haber perdido contacto con aquel sentimiento primigenio de unión con lo natural. Vamos a los conciertos, o a ver a un cómico, para sentirnos unidos a través de las emociones primarias y básicas, pues el resto del constructo social y cerebral tan sólo nos divide y nos individualiza. Internet, y los medios de comunicación masivos, tienen la paradoja que no nos unen, sino que nos individualizan aún más. Un medio camino es unirse a grupos con tipologías e ideologías similares, pero donde tales tipos de uniones crean “guerras” virtuales entre las distintas partes. Une más un concierto que Internet, pero la repercusión de Internet ha provocado que los humoristas sean susceptibles de ser parte de un colectivo, en donde llegado a ese caso es que es susceptible de ser “enemigo” de su contraparte. Hoy hay humor feminista y contra-feminista, intelectual y contra-intelectual, friki y contrafriki, etc. En definitiva, un camino más para las “guerras” que no existían hace treinta años (o estaban encubiertas: recordar la premisa de la película “origen” de crear una idea o implantar una duda), en los “dorados” años ochenta, en donde sólo se manifestaban escarceos de guerras en las modas…, en los superficial, no en lo profundo.

El cerebro profundo guarda dos semillas en su vientre: que todos tenemos el mismo lenguaje, pero que todos tenemos pequeñas diferencias que nos individualizan. Toda época pasada humana ha estado enfocada en minimizar las diferencias a favor de lo que nos unía. La época actual se está centrando en lo que nos individualiza. Hoy la voz de los intelectuales, otrora punto de reunión, ya no cuentan porque cada persona sólo “(per)sigue” su propia voz. Las feministas son una muestra de ese paradigma, pues han hecho de la violencia de género y las violaciones un tema que sólo les ha de incumbir a ellas, y en donde el “otro” y ajeno es el hombre. Sus mensajes en la Red como “basta ya” y “ni una más” van dirigidos no a algunos hombres, una minoría muy reducida, sino al hombre, como ente genérico, no femenino. En todas las direcciones bajo lo que se manifiesta el feminismo, no crea o trata de crear unidad, sino división: que hay un nosotras y en donde lo otro, extraño y ajeno, es el hombre. Lo mismo con cualquier otra ideología o tipología que va naciendo en los nuevos tiempos: todas nacen bajo la semilla de que existe una némesis, un antagonista…, en definitiva: un villano, y por consiguiente un posible futuro chivo expiatorio. No dudo que el feminismo radical será uno de los chivos expiatorios, si se da el caso que el humano llegue al colapso, o crisis muy profunda, de su civilización (creerlo no es desearlo).


(1) Estoy tratando de no poner notas, pero si este texto lo pusiera arriba rompería la línea argumental. Yo, como muchos, estoy en una posición en teoría parasitaria. Una sociedad en crisis crea este tipo de situación y en ese caso… ¿quién es el culpable? En los trabajos en los que estaba motivado daba más de lo que me pedía el jefe. No por “trepa”, no por hacerme imprescindible, sino porque esa es mi naturaleza. Llevo escribiendo desde hace más de diez años sin ninguna ganancia, y sin ninguna necesidad de ánimo, pues no sé de nadie cercano que me lea. Escritos en los que he tenido que investigar y he profundizado mucho y que me han llevado más de una vez a la fatiga mental, con riesgos para mi salud. Mi núcleo cerebral es obsesivo. Hace unas noches me desperté por que este “se percató” que en este escrito había usado en un lugar el concepto de significado, cuando tendría que ser significante (a veces incluso por fallos gramaticales u ortográficos). La conciencia -el prefrontal- de alguna forma tiene un “almacén” de “hechos a recordar” que no encaja con ninguna de las teorías de la memoria, pues me volví a dormir, pero al despertarme lo recordaba. Es como si la cognición implícita tuviera que despertar al prefrontal para que esta “escribiese” algo en sus módulos y a su manera, que de otra forma no se podría dar. Estas noches sueño con partes del siguiente escrito, sueños un poco “raros”, pues se da con una cognición lógica y formal, no con la del lenguaje de los sueños. Tampoco descarto que sea una forma de sueño lúcido a un nivel menos consciente, lo que pone a estos en distintos niveles de consciencia y con respecto a las capas más superficiales o profundas.


En vez de poner enlaces en el escrito, que es muy rutinario y pesado, pongo las referencias más importantes al final.

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¿Hacer Algo o no Hacer Nada?

Vivimos momentos extraños en una sociedad extraña.” Alonzo Bodden
No basta con ser inteligente para actuar de forma inteligente.” Dostoyevski
Porque tu vida es larga y alto tu vuelo…, dedicarás sonrisas y llorarás, y todo lo que toques y todo lo que veas es todo lo que tu vida será.”
Pink Floyd
Seguiremos viviendo mientras que haya una nueva canción que merezca la pena oír, y canciones que no tener que bailar.” Weinzhorn
La libertad es solo una parte de la historia y la mitad de la verdad. La libertad no es más que el aspecto negativo de todo el fenómeno cuyo aspecto positivo es la responsabilidad.” Viktor Frankl

Mi primera intención, como chiste y paradoja, hubiera sido no escribir nada en este capítulo, pues de lo contrario me estaría tomando mucho trabajo para decir que es mejor no hacer nada. Pero escribiré lo mínimo.

En la frase de Henry Lewis “perfectamente quieto”, quizás, hubiera sido mejor sentenciarla con “no hacer nada”, pues además el adverbio “perfectamente”, en esa coletilla, parece una elección errada. ¡Bueno!, son de esas mutaciones no “revisionadas” dentro de la azarosidad de cualquier acción como lo es la escritura.

Voy tras el rastro del conocer, que a su ver implica a la “verdad”. Esa verdad no es la científica, la cuantitativa (¡titati, titatí!), la de los números, las proporciones y los promedios. Toda ciencia tiene esa propiedad: no habla de entidades, enumera cantidades. En esa dirección los términos más usados en las ciencias son “teoría” o “hipótesis”, porque para pasar de lo cuantitativo a lo cualitativo, a establecer una ley de la naturaleza, requiere mucha cautela. Tampoco voy tras la verdad de la naturaleza, de lo que está afuera. Trato de hallar lo que el cerebro tiene como “verdad”. Cuáles son los postulados por los que el cerebro está estructurado.

El cerebro profundo no hace uso de preguntas, o solo la de “para qué”, que nos dice que su naturaleza es práctica y utilitarista. Este núcleo es casi lo opuesto a la conciencia, que está preguntando constantemente el “por qué” de las cosas. Las “verdades” del cerebro profundo son aquellas que la evolución ha asentado como reglas de cómo es la naturaleza, la realidad. Mientras que lo que “sabe” el prefrontal es lo que dice que tiene que saber la ciencia a través de la educación. En ese sentido todos mis escrito son un medio camino entre lo que he aprendido y aquello que emerge de lo profundo a modo de intuición. Comprensión, insight, o momento eureka es aquel en el que el prefrontal se percata de una “verdad” que coincide con alguna regla del cerebro profundo. Bajo mi lenguaje, es un momento de una “reacción química” cognitiva, en donde dos componentes se unen porque era posible esa unión. Quedan enlazados el conocimiento profundo y el conocimiento de la conciencia. A nivel personal se halla una esencia, una cualidad, no ya cantidades, pero si eso le ocurre a un científico será moderado y sólo examinará dicha “verdad” por el método científico.  Es por esto que Sartre, y otros filósofos o pensadores, dicen que sólo existe el conocimiento intuitivo. Con todo, esto tiene ciertos límites. Si como he dicho a lo largo de los escritos, cada humano carga con un tipo de apuesta evolutiva, que va parejo a ciertos condicionantes, como el sexo, dichas intuiciones no son verdades absolutas, sino “verdades” que emergen desde esa tendencia o apuesta evolutiva, que otro humano puede que no “sienta” como “verdad”. Siguiendo esta máxima, dos artistas de distintos géneros tendrán en común la creatividad, pero si tratan de expresar su ser profundo, sus obras serán muy distintas y no tendrán nada en común. Ahí están las artistas feministas como manifestación de lo dicho: si un hombre tratara ese tema su obra esta sería impostada.

Tenemos así que la naturaleza “habla” un lenguaje, cuando lo que habla el humano es tan solo uno de sus dialectos, y en donde cada tipo de apuesta, como cada uno de los sexos o géneros, hablan regionalismos de dicho dialecto. La ciencia, así, al salir del cerebro individual de cada uno de sus científicos, trata de hallar ese lenguaje madre o arcaico, al tener que llegar a acuerdos de tener que hablar con un mismo lenguaje. Siguiendo con la metáfora, el feminismo se ha cerrado a hablar en su lenguaje regionalista, sin tratar de hablar el dialecto humano, y dejando de lado ese otro lenguaje universal que lo abarca todo. Mis escritos van en la dirección de hacer de traductor para que el feminismo entienda el regionalismo de lenguaje del hombre, a la vez que trato de encajar esos regionalismos a un dialecto, que a la vez forma parte de un lenguaje universal: el de los sistemas.

Como he declarado arriba, todo escrito es un intento de unir o sacar esas verdades profundas a través de 1. el lenguaje, y 2. los conocimientos de cada época. No siempre ocurre. Uno se da constantemente de morros contra la pared en esos intentos fallidos. No saberse explicar no es desconocer lo que se quiere decir, pero ese conocimiento profundo está más allá de las palabras, y la supuesta interface entre estos dos módulos, no siempre hacen las traducciones correctas. Tomemos la frase inglesa “every cloud has a silver lining”, cuya traducción literal es “toda nube tiene un revestimiento de plata”, cualquier hispanohablante  que no sepa qué hay tras de tal frase seguirá sin entenderla (sería crucial que la Wikipedia tuviera un artículo sobre la literalidad a nivel del cerebro -ser literal y no entender el contexto-, problema que tienen los que padecen el espectro autista, creo que es la clave para desentrañar tal apuesta evolutiva. Tampoco he encontrado estudios académicos). El lenguaje son metáforas sobre las esencias, y una esencia (sustancia) es una entidad significativa con un por qué, un cómo y una finalidad. La metáfora de dicha frase, su esencia o significado en el español es: “no hay mal que por bien no venga”, traducción igualmente complicada hacia otro idioma, y que viene a decir que todo lo negativo tiene algún lado positivo. Pongamos el caso que la verdad del cerebro profundo es “todo lo negativo tiene algún lado positivo”, es claro que un pesimista no tiene esta metáfora o concepto en su cerebro profundo; a la vez esa “verdad” la tiene que “leer” el prefrontal a través de las palabras: cada idioma ha cogido su propio camino, y es posible que cada uno lo diga de una manera muy distinta y “personal”, adaptada a su acervo cultural. “Centelleo plateado”, que es una forma de reducir la frase inglesa, se puede a la vez trasladar a un “rayo de luz”, o más claramente a la frase “un rayo de esperanza”.

El cerebro profundo “comprende” la realidad. Comprender proviene de coger, capturar, asir. Como quien dice, tener algo en la mano cerrada, sin posibilidad de que se escape. El fijo es “prender” (prendere, asir, agarrar), de donde proviene igualmente aprender. Entender es extender (tendere -estirar-, desmenuzar) algo para verlo en sus partes. Se sigue así que comprender es cualitativo, mientras entender es cuantitativo. Estos conceptos, sus dualidades y divorcio se pueden entender en dos casos claros. 1. Un transgénero puede ser tratado en los social con el sexo opuesto al que dicha persona siente en lo profundo: lo social analiza a la persona por sus “partes” (cantidades) sexuales externas, pero dicha persona siente la esencia de su sexo en el cerebro profundo, como distinto de los signos externos. 2. señalar es un rasgo distintivo e instintivo del ser humano, alrededor de un año un bebé señala lo que quiere o lo que le divierte, en lo social (en occidente) señalar a una persona está mal visto y hay que evitarlo. La esencia o concepto profundo de señalar es en tanto que comunicativa, lo social lo cuantifica bajo sus propias reglas. “Verdad individualizada”, en estos casos, son la correspondencia entre lo intuido y lo expresado como lo que es sentido (sentir, este es otro ejemplo: que sentido provenga de sentir, y sentir de lo sensorial -sentidos-).

Si se observa mi gráfica, el emocionalés “habla” bajo la comprensión, bajo la búsqueda de las esencias o entidades; mientras que el mentalés es entendimiento o cuantitativo, en tanto que ha sido filtrado a través de las emociones mediadas bajo la identidad social. El emocionalés es una interface, a medio camino, entre lo arcaico o instintivo (primitivas, raíces) y las emociones; y el mentalés es una interface entre las emociones y la palabra. Se comprende entonces el “viaje” u hoja de ruta que sigue una verdad “interna” para llegar a las palabras y sus dificultades. Desde las primitivas pasan por el emocionalés como “traductor”, que lo expresa en emociones, significado que “recoge” el mentalés, que a la vez lo tiene que volver palabras a partir de un idioma y los conocimientos de una época. Se dan dos cuestiones. No todo lenguaje humano es por medio de la palabra. La música trata de llegar a las emociones, y tiene un camino más directo hacia las “esencias”, mientras que la poesía es un medio camino entre la música y la palabra. Una emoción, sobre todo las básicas, como el miedo, lo captamos todos fácilmente (menos un psicópata, que al tener la amígdala atrofiada, núcleo del miedo, no lo sabe leer en el rostro de las personas -¿se trata de apropiar de algo de lo que carece, para tratar de mimetizarlo y absorberlo?, trata de entenderlo, lo despliega sobre la realidad, porque no lo comprende-). La otra cuestión es que no todo es “verdad”, con respecto a la verdad externa. En el cerebro profundo y sus distintos “traductores” se encuentran los sesgos y el pensamiento mágico. Es una verdad de la estructura del cerebro, pero al descubrirla, con lo que uno se encuentra es con una mentira. O sea, que tampoco estoy descubriendo una panacea o un “camino a la verdad”. No suele haber nada absoluto y sencillo en la realidad o el cerebro; de ser así ya habría sido “descubierto” y simplificado. Casi toda religión cree haber dado con el quid de la cuestión, pero esta siempre se escapa. El estudio de los sistemas da con las “claves correctas”, o tiene el lenguaje que mejor se adapta para descubrir las estructuras del cerebro y sus “verdades” implícitas.

Roderick Chisholm, en su libro “el problema del criterio”, hace uso del concepto “particularismo epistemológico“, para hablar de la capacidad sobre que el cerebro sepa algo sin que uno mismo tenga conocimiento de ese saber a nivel consciente. Con todo esto de las redes y lo virtual estamos perdiendo la perspectiva de las cosas, el sentido común, que en muchos casos son esos conocimientos implícitos del cerebro. Una vez le dije a una chica en una Red: “yo sé si voy a encajar con una chica al verla andar”. El cerebro se “delata” mucho en ese acto tan cotidiano. Todos sabemos qué es un andar chulesco sin que lo hayamos aprendido en ningún lugar. En el andar se ve la naturalidad, si una persona se siente segura de sí misma, si teatraliza, si tiene muy en cuenta la opinión de las personas (manipulable), si es sofisticada, o si es rígida, si se cierra sobre sí o es aperturista, etc. (mi andar es rígido y tímido, una dualidad nada buena). Todas esas “evaluaciones”, y sus consiguientes estadísticas, las hace el cerebro sin que intervenga la conciencia. Como su método es estadístico, depende de la edad, cuanta más edad más “saber”. ¿El feminismo trata de mandar al traste este tipo de conocimiento por inválido? Si yo he hecho mención al concepto de chulesco toda persona me ha entendido. ¿Es un estereotipo y es inválido por el simple hecho de ser un estereotipo? Tampoco afirmo que un andar chulesco corresponda a una persona “chula” (engreída, prepotente y poco empática), puede ser una pose. Pero por ahí van los tiros cuando hablo de las diferencias entre las señales honestas, que fueron nuestros orígenes, y el momento actual. Las señales honestas no han dejado de existir, se pueden mimetizar (engañar) o esconder, pero en los micro gestos, movimientos o posturas, el cerebro aún es capaz de captar la “verdadera” esencia de esa persona y si su andar chulesco es pose o no, pues en tales inflexiones instantáneas o gestos involuntarios se delata el “auténtico” ente del cerebro profundo o su esencia. En esa dirección, el feminismo, en la medida que hace uso del concepto de empoderamiento, “direcciona” a toda mujer para que haga la pose de ser distinta de lo que realmente -a lo mejor/peor- es. No sé cuánto de delicadeza tiene la esencia de la mujer o cuanto pueda tener de constructo social, pero hoy en día la mujer ha subido su tono de voz hacia más arrogante, y tratando de perder dicha delicadeza y eso tampoco tiene porqué ser su “verdadera naturaleza”, y por lo tanto de nuevo es un constructo social, esta vez bajo el dictamen del feminismo. Ya lo dije en un tuit: no hay tal cosa como quitarse la máscara para “descubrir” la realidad. Lo que sí existe es cubrir una máscara con otra distinta. Por lo demás, y según el modelo hipostático de la personalidad y lo performativo, la tendencia de la condición social humana es “usar” cada “máscara” -o perfil y potencialidades de uno mismo-, según cada situación. Una mujer es posible que se muestre más arrogante y enérgica ante una entrevista de trabajo y tienda a la dulzura ante una posible pareja que le guste. Según tal teoría somos todas esas “identidades” a la vez, a la vez que somos el cómo las tejemos según las circunstancias.

La esencia de la masculinidad es la rudeza, pues luchaba contra otros hombres o las bestias y sus grandes músculos le proporcionaban ese andar (se está perdiendo, pero se ve dicho andar aún en los musculados de gimnasio.) En la mujer su eje rotacional varió al ensanchársele las caderas, para poder dar a luz una criatura con una cabeza grande, dándole su balanceo típico. En ciertos experimentos en los que se hacía ver a las personas tan sólo unos puntos de luz moviéndose en una pantalla, simulando el andar humano, todas las personas sabían reconocer cuando era una mujer o un hombre. Todo en la vida tiene un porqué. Llevemos más lejos estas indagaciones.

Claramente es un hombre seguro y enérgico.

¿Cómo es un chulo, de andar natural chulesco, imitándose a sí mismo en su andar chulesco? Un concepto extraño que emerge en la evolución es el de estímulo supranormal. Los tacones exageran ese balanceo que he nombrado arriba, el feminismo ataca este “artificio” que supone que es una imposición del macho, pero dicha exageración es una tendencia o una máxima en la evolución. La retroalimentación positiva, unida a la hipótesis de la reina roja, nos dice que para que una especie se mantenga en el mismo “lugar” (posición dentro del ambiente), ha de correr. O sea, es como ponerse encima de una cinta andadora, uno no avanza, pero tiene que hacer los movimientos necesarios como si se estuviera moviendo. Llevado a la evolución eso quiere decir que la cola del pavo real empezó con cuatro plumas y no demasiado largas, pero al final le llevó a su estado actual. En otro ejemplo, quizás más claro. Los machos de ciertas aves, creo que de la perdiz, dan saltos en el aire y se mantienen así por horas. En un principio, quizás, tal rito sólo empezó por un macho que se quería hacer ver por las hembras, y dado la alta hierva. Esa acción hizo que se reprodujera, que fuera visto y atrajera a alguna hembra. Con el paso de los milenios un solo salto no bastaba, pues lo hacían todo los machos, y competían para ver quien duraba más. Cuanto más se dure mejor condición física, que es lo deseable para la descendencia. Toda la evolución, y sobre todo lo que tenga que ver con el cortejo, se basa en el principio del estímulo supranormal: el superar un estadio anterior y en esa medida en exagerar algo de dicha especie y sexo. Luego la mujer exagera su balanceo de caderas con los tacones. No se lo ha impuesto el macho, o el patriarcado, emerge en los sistemas evolutivos bajo la regla del estímulo supranormal.

Todo lo precedente no tiene que ver con el tema a tratar, pero en el proceso he sacado a colación ciertas cuestiones a tener en cuenta. Volviendo al tema de la frase de Alfred Henry Lewis, mi apuesta no es que sea exactamente no hacer nada, sino quedarme “paralizado” ante la pregunta, porque parecen dilemas irresolubles. No es un “problema” (¿dilema?) personal, aunque un psicólogo lo achacaría a un trastorno; es un signo propio de los intelectuales, de los humanos que han tendido a hacer de la razón su herramienta de vida. Tal tipología está representada en la serie “The good place” (gran serie que trata la ética y la libertad en tono de humor), en el papel de Chidi Anagonye, un profesor de ética, que se ve imposibilitado a accionar en la vida porque todo lo ha de analizar al detalle. En esa misma dirección yo me hago las siguientes preguntas: ¿hacer lo correcto…?, qué es tal cosa. Habría que contestar con la pregunta ¿correcto para qué? Un sin techo hace más lo “correcto” que un CEO (director ejecutivo de una gran empresa) a nivel ético y con respecto a no repercutir en el cambio climático: sin vehículo, sin gastar electricidad, ni demasiada agua… ¿Qué es igualmente incorrecto?, y de nuevo: ¿incorrecto para qué? De vuelta al sin techo, puede parecer un parásito, y por lo tanto actúa de forma “incorrecta”, pero sólo trata de sobrevivir, y dado que quizás no encontró ninguna otra salida más “correcta” en una sociedad llena de valores incorrectos, según sus “criterios”. Dos paradojas salen de la frase de Alfred Henry Lewis. Nos dice: “lo segundo mejor es hacer lo incorrecto”. ¿Matar o robar es mejor que no hacer nada? Y en cuanto “lo peor es no hacer nada”, hay que tener en cuenta que no es que sea una “opción”, es que la vida es acción. Todo animal tiene como base dicha premisa, siempre “hace algo”, si algunas aves de presa simulan quietud es para hacerse las muertas, en cuyo caso están “haciendo algo” al respecto a que las puedan comer. O sea, el no hacer nada es “antinatural” y no es una opción humana, por lo menos del cerebro profundo. Sí del prefrontal como vemos en la tipología que representa Chidi Anagonye. Teniendo en cuenta lo previo, en mis escritos hago lo que sé hacer y para lo está estructurado mi cerebro: para la capacidad de síntesis, que es una de las propiedades o estructuras de prefrontal. El concepto de la síntesis prefrontal afianza mi postulado de que inteligencia es la capacidad de crear novedad uniendo conceptos; igualmente en el anterior escrito decía que quizás un motivo de la bajada de la inteligencia se deba a que la actual forma de vida, en donde la mente se mantiene ocupada en las pantallas (móvil, televisión, ordenador), hace que el cerebro no entre en etapas de rumiación, que es donde se deben de dar los procesos semi-inconscientes, en donde se produzca la síntesis prefrontal, que seguramente intervenga en la consolidación de la memoria a largo plazo.

Síntesis Prefrontal

Entro en tema, sobre si accionar o no en la vida social, pero como siempre dando rodeos.

¿Qué es un chivo expiatorio…? No quiero decir lo que ponga en la Wikipedia o cualquier otro medio de información. Me refiero a qué conlleva. Bajo mi punto de vista es aquel concepto o sesgo que el cerebro encontró, promovido por la evolución, y ante el dilema de “hacer algo o no hacer nada” y acallar sus taras, y en definitiva qué papel tienen las elecciones individuales en la vida, y cuál es el de la conciencia o las funciones del prefrontal. Lo que trato de hacer ver en la indagación sobre el chivo expiatorio es que no es un problema nuevo, ni es un problema que suceda a ciertos tipos de mentes o tipologías como la mía, sino que es un recurrente humano, en el cual la evolución tuvo que “intervenir”. Viene dado por la triada 1. instinto o impulso atemporal, que es individual, 2. cerebro social o sistema límbico: emocional y colaborativo y 3. prefrontal o razón: el módulo que tiene que mediar entre los dos anteriores, posibles, opuestos.

Si se estuviera perdido en la estepa siberiana, en plena ventisca de nieve, la salida, lo que ha de hacer uno mismo, que no escoger, es ir lo más hacia el sur posible, donde las condiciones climáticas sean más benignas. Pero, ¿y si va con otra persona que está débil, que tiene su propio criterio de qué hay que hacer y que le enlentece la marcha? En esa situación… ¿se “escoge” luchar por un lado el tratar de razonar con la otra persona, a la vez que se le alienta para que se esfuerce más? Qué condicionantes se dan: ¿es una persona digna para intentar salvarla?, ¿es familia o un extraño?, ¿puede ser beneficiosa su compañía en algún momento del futuro? Al final, ¿realmente se escoge o se opta por lo correcto? Y si dicha opción termina acabando con la vida de los dos. No estoy tratando de ser moral, y tampoco tratando de hallar por deducción la opción más práctica. Planteo que no existe realmente un camino tan perfectamente claro como para que el cerebro haga una elección que no tenga una alta probabilidad de ser la errada. Planteo que esa suele ser tanto la tónica a nivel individual como a nivel social. En realidad el cerebro, ese que he tratado de “retratar” con mi gráfica y los escritos previos, tiene una “pre-elección real”, bajo sus propios parámetros. Una intención de fondo, que si es negativa para el acompañante, no se manifiesta. Si se nace con el parámetro de la sociabilidad esa “intención interna” será la de tratar de mantener al acompañante con vida. Si la apuesta es individualista, será abandonarlo a su suerte. En el primer caso… ¿y si es un asesino, o un violador? Su potencialidad no es prosocial, luego ¿por qué intentar salvarlo? Además, a sabiendas, que si las tornas cambiasen a su favor sería muy posible que él sí me matase o me abandonase.

Chivo expiatorio es cuando se “escoge” un camino, en lo individual o lo social, que no es nuestra “pre-elección real”,  potencial o motivada, pero a la cual negamos al accionar en la vida, por hacer “lo correcto”, o lo mediado como correcto en lo social, en cuyo caso si salen mal las cosas iremos o nos remontaremos a esas elecciones, que no “nacieron” de nuestra “verdadera” intención, e iremos contra aquellos que decían que aquel otro sí era el “camino correcto”. O sea, el “te lo dije”, pero llevando a cabo acciones en donde o bien se sublima el odio y la ira, o en donde se manifiesta directamente con algún castigo o exclusión en lo social del “culpable”, como por ejemplo lo que ocurrió con los judíos en la Europa del siglo pasado. A este nivel son las lágrimas de la acción social, en tanto que estas no resuelven a nivel individual un daño o error que nos haya acontecido, pero que hacen que se libere cortisol, a modo de válvula de escape de la tensión, y en donde el chivo expiatorio es la ira dirigida hacia a un presunto culpable para relajar el ambiente grupal. ¿Qué es el maltrato de género, en algunos casos, sino que uno de los componentes de la pareja sea el chivo expiatorio de su pareja frustrada?; en programas como “Gran Hermano” se manifiesta una y otra vez: el grupo mayoritario -bajo el estrés de la situación- suele recurrir a buscar un chivo expiatorio que cargue con la culpa de que la situación esté tensa o vaya mal. En definitiva, un mecanismo con  una función en lo social. Pero eso no es todo. Chivo expiatorio, si se trata de deducir el patrón que emerge en mi ejemplo, es la imposibilidad de hacer una elección cabal, pues no se conocen todos los parámetros y todas las posibles consecuencias, y en donde el concepto de libertad tiene que quedar ileso si tal elección falla. En ese caso se echa la culpa la elección “forzada”, porque en esa dirección la capacidad de elegir -como mecanismo- no es la que está mal. Sino que el mal estaba fuera de la libertad, de la propia estructura de elegir de uno mismo o el grupo al que pertenezco, en definitiva de un determinante externo a mi (nuestra) estructura electiva.

Puede que no haya quedado claro. Replanteemos el problema en dos pasos. En primer lugar los problemas sobre la libertad. De fondo estoy replanteando la cuestión del asno de Buridán bajo otras premisas. Es imposible predecir el mundo, pero la vida nos hace accionar sobre él. El asno no “escoge” entre dos montones de heno iguales y a la misma distancia, simplemente se alimenta de cualquiera de ellos. Alguna pequeña variación, como que su cabeza esté girada a la derecha, hará que vaya al montón de la derecha. El cerebro está haciendo una y otra vez esto mismo. Siempre hay alguna pequeña variable que balancee la elección interna en una dirección. Esas son las elecciones “motivadas” o “elecciones” anteriores -e interiores- a llevar el dilema al prefrontal. El cerebro ya ha decidido, el prefrontal, enjuiciando si tal acción se “ajusta” a lo que habría que hacer en lo social, reevalúa la “decisión”. Siendo así lo que llamamos libertad o elección no es nuestra propia elección “pura”, sino la mediada por el hecho de que estamos en medio de lo social, y tal sociedad tiene unas reglas establecidas para dicha situación. Segunda cuestión a tener en cuenta. Si lo social tiene peso para la elección: qué es lo social para que tenga unos parámetros y no otros. O sea, al igual que ocurre a nivel cerebral, o lo que le ocurre al asno de Buridán al tener algo girada la cabeza a la derecha, lo social igualmente se atiene a variables balanceadas hacia ciertas disposiciones. Y de ser así, ¿quién ha hecho tal balanceo? Lo social no es un inconsciente que al final remita a un prefrontal, unas elecciones en este caso, pues los procesos sociales son demasiado lentos como para que se produzca algún cambio “real”, que vire una “verdad” en otro sentido. ¿Es puro inconsciente o es pura razón? Sería algo más de razón, que tampoco, si a cada toma de decisión del gobierno se hiciera una consulta a la nación, pero no es así. El gobierno tampoco es razón, aunque lo pretenda, pues suele hacer sondeos para tomar sus decisiones, que por lo demás están sujetos a errores, pues pueden partir de las preguntas equivocadas o no se hacen las adecuadas. Por otro lado tiene que hacer de mediadores entre el estado del mundo, en donde cada país parte con los mismos problemas, y en la suma que todos los países son jugadores de una partida de póker, en donde ciertas decisiones se basan en los ocultamientos y los engaños. En estamentos como la Unión Europea tampoco se ponen todas las cartas sobre la mesa. Bajo todas estas premisas el Estado lee el inconsciente colectivo tanto de su país como del resto de países, pues razón sería que nadie ocultase sus cartas y que además estuvieran jugando sus cartas de la forma correcta. Una “carta” mal jugada, por ejemplo, es que la productividad tenga que crecer todos los años. El supuesto es que la población crece y si se estanca la producción no habría puestos de trabajo para las personas que se van sumando al empleo. Crecimiento y tratar de frenar el calentamiento global creado por exceso de producción y consumo, lleva una contradicción implícita. Echamos más leña al fuego que nos quema. Si me gustó la paradoja de Abilene desde el principio, es que muestra a la perfección lo que estoy planteando aquí. Nadie decidió, no hay verdadera libertad, tal estructura es falsa. Tercer dilema a tener en cuenta: el papel del pasado. Si volvemos al asno de Buridán: ¿porqué tenía volteada la cabeza a la derecha?, porque se giró de su posición inicial, ¿qué determinó su giro? Lo que quiero hacer ver es que en busca de los determinantes, toda acción en el mundo habría que remontarla al principio de los tiempos, pues toda situación está precedida de un determinante previo, que a la vez lo estaba de un anterior y así hasta el infinito. La vida nació como adaptación a un medio que le formaba -las leyes físicas y químicas- y a la vez le llevaban en una “dirección” bajo ciertos parámetros.

De una película, que por ser nueva y no hacer Spoiler, no pongo cuál es. Se parece a “Origen”, pero no es esa.

  Salgo del planteamiento de las premisas y voy a los consecuentes.

¿Hay alguna diferencia entre una simple reacción química y una pre-elección del cerebro tal como yo la he planteado? A ese nivel es como quien dice una “reacción química” muy compleja. Pensemos por ejemplo que si el cerebro no tiene el suficiente triptófano, quizás no tenga la suficiente cantidad de serotonina como para inhibir ciertas otras reacciones de otras moléculas, y en todo este proceso ya se está balanceando una pre-elección concreta sobre otra. O sea y como ejemplo, si la temperatura es muy sofocante el cerebro es más proclive a la ira. Esa misma complejidad, y analogía, se puede aplicar a lo social. Yo soy ese poco “triptófano” necesario para producir serotonina, que haría de inhibidor en el sistema. De mí no depende la cantidad de “triptófano”, sólo soy una molécula que pulula por el cuerpo que es lo social. En lo social se manifiesta aquello de lo que hay más cantidad (la mayoría en las elecciones políticas y en los comportamientos en masa). Las personas se fijan en las acciones individuales que han creado cambios a lo largo de la historia, motivados por distintos sesgos preinstalados en el “sistema” cerebral -lo individual y la libertad tienen que contar para algo-, pero en realidad toda reacción en cadena se dará si la situación emerge, dadas unas condiciones en las que se encuentra el sistema. Da igual cual sea la primera molécula de agua que se vaporiza, si el proceso estaba por darse se dará. Una molécula de agua no es la primera y después todas le siguen: el mantenimiento del calor en el sistema es el que está propiciando la reacción, el cambio de estado. Esto es lo que se sigue de la sabia frase de “predicar en el desierto”, si ninguna otra mente se “motiva” con unas palabras es que tal predicación se está dando en un sistema en el que no se encuentran las premisas necesarias para que se produzca la consiguiente reacción en cadena.

Si se me ha entendido y comprendido, entonces se puede entrever mejor qué quiero decir sobre qué es un chivo expiatorio. Ante el hecho de que la conciencia analiza las “elecciones” sociales, y que no tiene sentido elegir, pues no hay tal elección sino meras reacciones, dados unos medios y una sucesión de hechos previos, para que dicho módulo cerebral viva “sin ansiedad”, de que no tiene el control de la vida, opta por pensar que la “culpa” de que las acciones y la dirección social vayan por mal camino, es a “causa” de cierta persona o colectivo, que es la que ha bandeado la elección hacia el lado “equivocado”, frente a pensar que los determinantes y el azar son los que “tienen” el “control” de lo que acaece, que nos determinaría a ser como hojas en el viento. O sea, se simplifican las “causas” a una única que es la que se lleva la culpa, es la piedra a patear (o gato en otros idiomas) para liberar el malestar social. El cerebro es minimalista, pues depende de la regla de la parsimonia de la evolución, y en su búsqueda de liberar la carga cognitiva negativa lo hace simbólicamente y por transferencia hacia un “objeto” que se tenga a mano (lenguaje del psicoanálisis).

Contaminación de la Información

No niego la libertad, lo que niego es que la libertad por un lado sea tan libre como se pretende, y por otro que tal elección prediga todos los cambios subsiguientes y por ello cuestiono su verdadera “utilidad”. En esa dimensión se comprende, como han dicho tantos autores (Fromm, Sartre, Kierkegard, Camus), que se tenga miedo a elegir. El macho alfa hacía el papel de tomar las riendas de la acción, y obrar en el mundo bajo sus criterios. Lo que he perfilado en otros escritos sobre la tendencia a la individualidad, teniendo un sistema de recompensa/castigo diferente con respecto a la media, tiene (tenía) la función de crear un tipo de individuos que no medía tanto sus acciones en la dirección de no verse congelado al llegar a la parálisis del análisis. Quizás, en cierta forma, lo que quiero decir se explique mejor en la frase de Harold Geneen de: “mejor una buena decisión rápidamente que la mejor decisión demasiado tarde”. O sea, hablo de la impulsividad dejándose llevar por lo instintivo y manteniendo el prefrontal de lado. Este módulo es principalmente inhibidor, es el que hace que nos aguantemos las ganas de orinar, por ejemplo. El alfa, por otro lado, no tenía que tener tanto en cuenta a los otros, sólo como medios, no como fines. Retomemos qué hacemos de manera predeterminada al hacer una elección: 1. hay una pre-elección o una tendencia motivada hacia una dirección, 2. el prefrontal “revisa” si tal pre-elección es aceptable en los social, 3. se escoge a partir de dichos criterios una elección mediada: ni demasiado egoísta, ni cediendo demasiado a lo social (depende de cada uno cómo equilibrar esos dos extremos). El alfa por lo contrario no tiene el segundo criterio, actúa bajo sus propias reglas y concepciones, para no enturbiar aún más la toma de decisiones. Nadie espera de un presidente del país que cuando tenga que tomar una decisión le pase la pregunta a un tercero para que le dé su opinión. Ha de ser resoluto, decidido, enérgico, con las ideas claras y en una sola dirección. El arquetipo de héroe de las películas es de ese tipo. Pensemos por ejemplo en el papel de John McClane (Bruce Willis) en la serie de películas  “Die hard” (la jungla de cristal, en España): suele actuar primero y después pensar.

Si unimos puntos, arriba decía que en el cerebro profundo está la “verdad” de los sistemas, en cierta forma lo implícito es rápido y suele ser acertado con respecto a la realidad. A la vez dije que dichas verdades están individualizadas, puesto que estas estructuras tienen en cuenta las distintas tipologías humanas. El problema de la libertad viene dado a que lo que emerge desde un solo individuo tiene que ser mediado en lo social. El alfa no media con nada, sólo depende de su cerebro profundo, y dichas “verdades” que se manifiestan como intuiciones o caminos a seguir en sus acciones. Tenemos así que dicho individuo 1. está más unido a las “verdades” instintivas, y 2. necesita una química o estructura cerebral distinta a la media. Una de las moléculas que le hacen distinto, en su cantidad, es la testosterona (esta línea argumental la dejo en suspenso, y la retomaré en otros escritos).

La pregunta que emerge a partir de lo dicho sería: entonces, ¿por qué el macho alfa dejó de tener importancia en el periodo que nos hizo humanos y nos llevó a la inversión de la dominancia o tribus acéfalas (sin gobernantes)?, ese tipo de “gobierno” es el que se ha mantenido en los cazadores-recolectores hasta la actualidad. Dilema irresoluble. ¿Solían ser déspotas e indeseables?, o se debió a causas externas como la que propuse en otro escrito de que eran las víctimas  más probables en las cazas y enfrentamientos con otros humanos, ¿o se debió a la monogamia?, a que tal inversión la llevase a cabo las mujeres, como propone la teoría de la coalición cosmética. Si se cuestionó al macho alfa tendría que haber sido porque conllevase demasiados problemas. Nadie cambia nada si todo funciona bien, o no trates de arreglar lo que funciona, no podría ser que se cambiase al alfa por sexo seguro. Lo dicho, sólo se puede conjeturar, no merece la pena “gastar tinta” sobre el tema. En un estudio y documental del neurobiólogo Robert Sapolsky, “Estrés, el asesino silencioso“, por unas generaciones cierto grupo de babuinos no tuvieron machos dominantes, porque fueron los que se envenenaron al tener el “privilegio” de comer los primeros. Algo fortuito cambió la dinámica del grupo durante un tiempo. O sea, que por mucho que uno trate de predecir y conjeturar con la lógica, nunca se tendrá en cuenta que el azar también hace cambios, que en algunos casos son los que al final se mantendrán. De cualquier forma con las civilizaciones volvió el alfa bajo otros “ropajes” y designios. En la actualidad el Estado, y su presidente, hacen de alfa (líder) para cada país.

No se puede demostrar la libertad, ni la ausencia de ella. Bajo esta premisa el asno de Buridán se tendría que haber muerto de hambre al no poder discernir cómo accionar en el mundo, pero sin embargo comió… sin libertad, sin dilemas…, simplemente por determinantes que no era capaz de ver, entender o comprender (esta paradoja la muestra los Monty Python en la película “El sentido de la vida”, cuando en un partido de fútbol entre filósofos, se inicia el partido con un pitido y estos se ponen a pensar, en vez de a jugar). ¿No es la vida humana, y su pretendida y alabada libertad, como el asno de Buridán? Accionamos unas veces de una forma más impulsiva, otras de forma más meditada. El resultado no es el control de la vida o de la sociedad. El caos y el descontrol se cuela una y otra vez, pero no de forma tan pronunciada como para que sea molesto dentro del sistema que formamos. En caso que crezca el caos y el descontrol emerge una reacción en cadena que hace que “hierva” la sociedad para cambiar de estado. En la salida hacia esa nueva condición sale el concepto de chivo expiatorio al que culpar de todos los “males” y en la dirección de que la libertad, como mecanismo, se siga validando y se tenga que seguir “usando”.

Contaminación de la Información

Conclusiones a partir de esto. La contaminación informativa, en su poso (lectura profunda), ha llevado a revelar al humano tal cual es y quizás no nos guste lo que hemos visto. El sistema actual es uno en donde se está sobrecargando la “cognición social” con demasiada información y además mucha de esta es irrelevante o son mentiras (fake news), lo que lleva a la falta de decisiones claras y rápidas. Eso ocurre porque los que habrían de ser los alfas, los gobernantes, están más pendientes del resto de los países y gobernantes que de sus propios instintos. En eso tampoco ayuda la mirada crítica y el alto seguimiento de la masa, sobre los gobernantes, que se han propiciado por medio de los nuevos medios de comunicación masivos e instantáneos. Quizás sucedió algo paralelo cuando cayó el alfa en la prehistoria: con el advenimiento de la conciencia su papel se cuestionó con ese nuevo medio (aquí tenemos un momento de nacimiento y de encuentro con una posible “verdad” que yo no tenía en mente: la síntesis prefrontal hilvana ideas mientras uno escribe). La conciencia era más susceptible de cuestionar todo a través de la razón, cuando en un estadio previo el alfa sólo era analizado bajo el pensamiento mágico. De ser así el estado actual es uno en donde el humano ha tomado conciencia de sí a nivel de especie, y en donde el alfa o gobierno ya no encaja en dicha estructura, pues toda decisión, cada paso que se diera, lo habría de tomar el total de los humanos por medio de votaciones de todo lo decidible, por medios digitales: el Estado sólo haría de funcionario, de ejecutor de esas decisiones. Tal sistema no sería más racional (como ya he dicho en otro lugar, pues sin conciencia no hay razón y en lo social no se puede dar tal conciencia unificadora), sería un sistema puramente inconsciente, en donde emergerían las reglas del sistema al que pertenecemos, como así ocurre en las especies eusociales. La primera premisa se deduce fácilmente al tener en cuenta la frase de Harold Geneen de “mejor una buena decisión rápidamente que la mejor decisión demasiado tarde”; lo raro en lo humano es lo excelso, si a este hecho se suma que cada humano toma la decisión más rápida, frente a la óptima, impelido por lo social y las circunstancias, entonces el sistema es tendente a las decisiones mediocres y erráticas. Me gustaría decir que en épocas pasadas, más pendientes de un mayor respeto y de poner en primer lugar a los tabús, y más tarde a los mandamientos morales, se tendía menos al impulso y las acciones estaban más meditadas y seguían la regla de tender a la perfección, pero no lo puedo asegurar. Si lo hiciera estaría echando la culpa a la “moralidad relajada” y esa no es mi “intención” (no soy de “rigidez” moral, más bien lo contrario. O sea, aunque no me guste la pornografía esto no nace de lo profundo, sino de la razón).

A nivel individual. Yo me siento cual hoja al viento, si accionase en el mundo, y bajo sus premisas, iría contra mis principios. En esa situación me quedo congelado, pues no termino de tomar ninguna decisión que me saque de tal estado. La sociedad ha tomado una doble dirección que acaba o cuestiona la anterior. Arriba he dicho que el impulso atemporal “decide” o te guía a partir de la propia apuesta personal. En esa medida el humano ha “detectado” esa “verdad” y se agrupa con otros humanos a partir de dichas disposiciones. Las mujeres se unen en un colectivo, el ILGTBQ (o cómo sean ahora las siglas, que me pierdo) en otro, subdivididos a la vez en cada uno de ellos. Se unen los frikis, los célibes no por elección (INCEL), los MGTOW, etc. No pueden darse guerras -excepto virtualmente- en este nuevo mapa mundial, pero si se pudieran dar se darían (eso es lo que plantea en definitiva la serie de películas “divergente”: tipologías humanas en lucha). Por otro lado emerge la pertenencia al humano como especie, habitantes del mismo planeta, donde los nacionalismos y las lenguas tienden a tomarse como reliquias (aunque aún se sustentan en gran medida). En caso de ni siquiera querer “pertenecer” a un colectivo, lo único que queda es la individualidad. ¿Y qué es un individuo en un banco de peces? Como dije en otro escrito, los peces que apostaron por los bancos, se metieron en esa encerrona evolutiva, pues todo individuo que tratase de abandonar el banco sería el cazado por los depredadores y su apuesta no se mantiene en el juego evolutivo. El humano está en la misma disyuntiva, no hay escape de lo social que sea válido, a no ser que te sobre el dinero, o a expensas de convertirte en un sin techo. Sino es así sólo te queda nadar junto al banco de peces y seguir su flujo. Un flujo que nadie decide, que nadie gobierna, excepto las reglas que emergen en el propio sistema. En definitiva, que no hay libertad, sólo existen aquellas pequeñas variables que te permita el sistema al que perteneces. ¡Cuidado de no nadar junto al resto de peces! Nuestro actual depredador somos nosotros mismos, bajo los conceptos de exclusión social y chivo expiatorio.

Aclaremos una última cuestión. Un experimento mental clásico de ética es el dilema del cambio de agujas, en donde uno ha de decidir, al cambiar de vía a un tren que viene sin frenos, si ha de atropellar a una sola persona o a cinco. Todo el mundo decide cambiar la dirección del tren para que no atropelle a las cinco. En un segundo experimento se le dice que el salvar a esas cinco depende de tener que empujar a una persona con sobrepeso a las vías para frenar el tren. Las personas “deciden” no empujar al otro ser humano. La primitiva que surge de tal cuestión es el verse libre del sentimiento de culpa al matar a una persona con las propias manos, en vez de la primera opción donde opera un cambio de agujas y no hay que empujar a nadie. ¿No nos damos cuenta que es lo mismo?, ¿qué opera un mecanismo programado del cerebro (primitiva) y que no hay elección? Bajo mi punto de vista en el sistema actual vivimos cegados que “al mover palancas” no somos culpables de que al final haya muertes, como así son los suicidios. De nuevo la libertad escondiéndose de sus responsabilidades. Según lo social inconsciente el único culpable es el propio suicida.  Volviendo a los homicidios por la violencia de género. De ese 0,001% de personas que llegan a ese extremo, algunos son hombres subcontrolados que consumen drogas. Centrémonos en un caso: un niño nace de una madre drogadicta que ya la ha vuelto adicto. Si tal caso pasa desapercibido para los servicios sociales ese niño, seguramente sin padre, tendrá una educación pésima o nula, tanto a nivel educacional como emocional. Su cerebro nunca terminará de madurar. De pasar por la fase en donde el prefrontal tenga la capacidad de inhibir los impulsos y por ello la ira. Tal persona es posible que sólo pueda encontrar de pareja a una igual, otra drogadicta. En alguna situación desesperada y de ira llegará a tal estado de violencia, que en alguna caída de su pareja, a partir de un golpe mal dado, esta se “desnucará” y morirá. ¿Realmente creemos que el único culpable es ese hombre? Falla el sistema, falla la maternidad, la educación estable en un núcleo familiar…, falla todo.


(Offtopic: Mi actual tendencia es no atenerme a la regla de hacer escritos cortos para tratar de adaptarme a la caída del mantenimiento de la atención. Pienso que la reducción de la información es más proclive de llegar a ser reduccionista, con la consiguiente posible malinterpretación, ya sea por parte del que lo escribe o del que lo lee, o de ambos. En otros casos la constante reducción de un escritor a otro que lo replique, lleva al deterioro de la copia, de una copia… Por otro lado estoy dejando de lado las redes sociales, pues “envenenan la sangre”, (a veces es mejor el lenguaje cotidiano que el académico o moderado). La caída de FaceBook ha propiciado el crecimiento de Twitter, cuando es el peor medio, pues el mensaje corto y conciso -en la dirección de poder crear un diálogo- es imposible. Con todo, y puesto que entro en Twitter para poner enlaces de mis escritos, la curiosidad siempre cae en cliquear sobre algún Trending topics. Las redes sociales llegan a la estupidez de entrar en una discusión de si la derecha o la izquierda repercute más en el cambio climático. O la nueva canción de Merche de “lo que me da la gana“, (#LoQueMeDeLaGana), en donde entraron en juego las voces de las “feministas”. Según el feminismo el patriarcado no era un pacto social “real”, pues no se había tenido en cuenta a la mujer. “Hago lo que me da la gana” es no tener en cuenta el diálogo y por ello no querer consensuar el llegar a un pacto social. Debería de ser catalogado de vídeo inflamatorio, según los criterios y la “jerga” que usa el feminismo de la cuarta generación sobre los vídeos de ciertos YouTubers. Podría traer aquí a colación la frase de José Martí de que “todo egoísta es un delincuente”, pues ese “hago lo que me da la gana” es uno de sus signos, pero el mismo autor también dice que “los derechos se toman, no se piden; se arrancan, no se mendigan”, luego ambas frases se contradicen, pues un ente liminal creerá o luchará de forma empecinada, que pudiera ser tomada como egoísta, contra aquellos que lo oprimen, y en ese caso la primera frase cae en la ambigüedad. Como se puede ver me argumento y contraargumento a mí mismo con honestidad, me gustaría que todo humano lo hiciera, pero la tendencia es “usar” o caer en el sesgo de confirmación (y otros parejos), en sólo “leer” de la realidad lo que le dé a uno mismo (o a su ideología) la razón. Por lo demás carece de sentido, pues cuando sean madres no aceptarán que sus hijos les digan “hago lo que me dé la gana”. ¡Así es el panorama actual de incongruente e incendiario! La canción de Merche es una prueba, de tantas, de que ahora mismo el feminismo “vende”; toda idea liminal o transgresora que llega a la etapa de la normalización, como para que se vuelva mercantil, es que ha llegado a su punto culmen, tras del cual vendrá un deterioro en su uso vulgarizado y normalizado, que lo podrá llevar a su “muerte”. )


Más frases e ideas que se han quedado en el tintero:
“No puedo hacerme entender. No puedo hacer que nadie entienda lo que está sucediendo dentro de mí. Ni siquiera puedo explicármelo a mí mismo.” Kafka
“Lo falso es susceptible de una infinidad de combinaciones; pero la verdad no tiene más que una manea de ser.” Rousseau
“El carácter es como un árbol y la reputación su sombra. La sombra es lo pensamos de algo; el árbol es la cosa real.” Lincoln
“La libertad no consiste en hacer lo que se quiere, sino en hacer lo que se debe”. Ramón de Campoamor
(No las he incluido en el texto, pues me parecen demasiado aleccionadoras y esa no es mi intención. Trato de deducir “verdades”, no trato de crear una moral.)
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Propio, algo de locura:
– La vida no fue una bendición de Dios, sino una maldición que echó Dios sobre la materia inerte: la condenó a cobrar vida.
– ¿Y qué fue Jesucristo sino el chivo expiatorio de su época?: dice la leyenda negra que cierta parte de la sociedad odiaba a Jesús, y que cierto día Este les dijo: “Matarme si no creéis que lo que soy no depende de mí, sino que soy un producto de la sociedad”, las consecuencias ya las sabemos.
– ¿Que es egoísmo o altruismo? Si alguien dijera: “si no eres feliz, no te preocupes, algún desconocido lo será por ti”, no le vale a nadie, más bien sienta como una patada en un ojo.

Bosquejo Para una Teoría de la Sociabilidad II

“La misantropía no parece tan irracional como solía ser.” Amy Olberding

Reacción frente a Acción

Imagina despertar de repente en un desierto y no saber qué haces ahí, ni quién eres. Miras en todas las direcciones pero no hay ningún hito, nada que sobresalga en el horizonte que te marque un dirección a la que ir. ¿Eres una persona libre de ir en cualquier dirección de los trescientos sesenta grados? Ahora imaginar que ocurre lo mismo pero en una isla. La cosa ha cambiado, el ancho océano no es una opción: ¿tenemos unos ciento ochenta grados de opciones? La misma situación, pero en una colina de una jungla. Nos encontramos con matas de vegetación impenetrables que sólo nos dejan unos pocos caminos que seguir. Si bien la primera parece con más opciones de libertad, en realidad no lo es, pues el sol y calcular la hora del día nos “determinaría” un posible ruta. En la isla tampoco son ciento ochenta grados de posibilidades: frente a nosotros puede haber un acantilado y dada su dificultad vamos a derecha o a izquierda en la playa.

¿Qué se deduce de todos los anteriores casos?, que no accionamos, sino que reaccionamos ante las situaciones. Nos encontramos que el humano tiene la primitiva de creerse libre, y de hacer uso del verbo accionar, cuando la mayoría de los casos tendría que usar el verbo reaccionar. De lado quedan otros determinantes mayores que ignoramos, como la gravedad, y que poseemos un cuerpo con unas necesidades físicas como la hidratación y la comida. Por defecto llamamos libertad a la capacidad de obrar ignorando todo determinante…, y si fuera así, una rata de laboratorio que ha sido puesta en un pasillo estrecho ¿se creería libre de andar hacia adelante en vez de quedarse parada? El cerebro y la evolución tiene otros determinantes, seguramente la rata avanza por el pasillo por uno de esos determinantes. Incluso si se le pone en medio de un cruce de dos caminos, en donde tiene cuatro opciones, existirá el determinante de que casi todo mamífero complejo tiene una predominancia del cerebro izquierdo (que manda sobre su lado derecho), que hará que “coja” el primer camino a la derecha, que a la vez depende de cómo le haya colocado el científico. Fijarse que coger y escoger llevan implícito la misma problemática que acción y reacción. Creemos escoger, cuando en la mayoría de los casos cogemos. Pongamos que nos ponen delante nuestra, en una fiesta, una bandeja de pasteles, realmente escogemos o lo que hace el cerebro es guiarse por ciertas directrices, como el aspecto de los pasteles, los colores preferidos, el análisis del tamaño de los pasteles con respecto a nuestro hambre, y que tengan crema, nata o chocolate o dos de esos ingredientes o los tres… ¿escogemos? o el cerebro coge un pastel al analizar y descartar las distintas variables que entran en juego. Ese tiempo de retardo de análisis lo captamos como que estamos eligiendo, cuando en realidad es un proceso que hacen ciertos parámetros ya ajustados del cerebro, y tenemos la falsa ilusión que en dicho retardo lo que entra en juego es nuestra libertad. Bajo estas premisas se comprende que el cerebro tiene lo que se llama “ilusión de control“, la sensación de que tiene más opciones de las que realmente cree, porque el cerebro filtra lo que no puede hacer y los límites físicos como la gravedad, y sólo se atiene a creer que ahí, en la realidad no hay límites. Este proceso repetido millones de veces durante la evolución del sistema nervioso central, llámese cerebro, ha creado una función cerebral que se llama locus de control. Al conjunto de todos los efectos que produce tal función cerebral se le llama ilusiones positivas, entre las que se encuentran el sesgo optimista y la ilusión de superioridad, de estar por encima del resto de las personas o de lo promediado en lo humano.

Pongamos en juego, en un caso real, todo lo dicho arriba. En GH VIP 7 el concursante Hugo Castejón se ha granjeado el repudio del resto de los compañeros. En su “defensa” argumenta que casi todos están a la sombra de Mila Ximénez, un referente en los medios de comunicación del grupo Tele Cinco, que al ser una persona con muchos defensores fuera, se arriman a la sombra del árbol que más cobija. Todos dicen que tiene el suficiente criterio para que no sea así. ¿Quién tiene razón? Si se fuera a la Alemania nazi, previa a la guerra… ¿no dirían todas las personas tener el suficiente criterio para tener un motivo personal para seguir a Hitler?, en definitiva a que se debe a una elección personal. Volvamos a estar en medio de un paraje de la naturaleza. Como realmente no se da que aparezcas de la nada en medio de un paisaje, lo contrario es que cuando se va por la naturaleza sigas sendas que ya han sido trazadas por cientos de miles de pasos de otros humanos. En el caso de encontrarte con una bifurcación, el cerebro tiende a buscar los indicios de cuál de los dos caminos es el más trazado: el más probable de ser el camino a seguir. ¿Y antes de que hubiera pasado algún humano por allí? Cuando el humano, al salir de África, se encontraba con paisajes nunca antes hoyados, en realidad partía de ciertas directrices, que de nuevo venían dadas por el aprendizaje del cerebro. Por ejemplo, en muchos bosques de España, y aunque no haya pasado otro hombre por allí, hay ciertas trazas de caminos que ya han sido marcados por los jabalíes u otros animales. Camino que quizás no lleven a un sitio concreto, pero que sí evitan los precipicios y las zonas cerradas por la vegetación. El humano, en la prehistoria, seguiría estos terrenos marcados, y al final pudieron llegar a ser los caminos entre dos valles, que con el paso del tiempo sería donde los Romanos harían una calzada, calzada que al final, con la llegada de la locomoción en el siglo XX, llegarían a ser las carreteras.

Volviendo a nuestras pesquisas, si preguntásemos a una de esas personas, por ejemplo al encontrarnos con un conocido, que qué hace por allí, por esos caminos, te dará una explicación personal y exenta a que lo único que está haciendo es seguir un camino trazado, porque en la sociedad actual sedentaria es aconsejable salir a pasear un poco, y porque además a esa hora en la televisión no hay nada para ver que merezca la pena. Anulamos de nuestras conversaciones las imposiciones, los determinantes,  dejando en el proceso lo único que el cerebro “cree” relevante, que es la propia autodeterminación, nuestra propia identidad. Esa falsa superioridad, de no ser una persona “normal”, tratará de hacer ver al otro nuestras peculiaridades y singularidades, que nos hacen sobresalir, en algún detalle, sobre el resto. Tal proceso se llama “narcisismo de las pequeñas diferencias“, que viene dado por que el cerebro necesita cierto narcisismo implícito y saludable (amor o valoración de uno mismo), que a la vez está construido por el ego, que es el constructor de nuestra identidad narrativa, de aquello que contamos y cómo lo contamos. O sea, que dicha identidad se construye a partir de las pequeñas anécdotas que contamos a los otros (y de paso a nosotros mismos) a partir de casos muy concretos que creemos únicos en nosotros mismos. Recuerdo a una persona que contaba una y otra vez que el vello de la barba del cuello le crecía al revés que al resto de las personas, y que eso le creaba dificultades para afeitarse. Mas de una vez estando con él, y cuando nos encontrábamos con personas nuevas, de repente le oía contando la cuestión de su barba, como si fuera algo tan extraordinario, como para que todos lo tuviesen que saber.

Volviendo al narcisismo de las pequeñas diferencias. Conviene sobresalir un poco, pero nunca tanto como para al alardear caer en el exceso de orgullo, pues tal situación está “castigada” en sociedad. Pero de nuevo aquí vemos que hay ciertas directrices, o caminos, a seguir en cada momento. Cuando se da un encuentro social, ni se tiene que acaparar toda la atención, ni conviene estar totalmente al margen. Tiene que ser un “toma y daca” finamente mediado. ¿Qué determina estas reglas sino algo ajeno a nuestra libertad? Constantemente estamos cogiendo los caminos más andados, los más aceptados en lo social…, ¿qué espacio queda para la libertad?, para escoger en vez de coger, para accionar en vez de para reaccionar. A todo esto me viene a la mente un medio chiste, en donde dos hombres en una fiesta les dan a escoger entre los dos últimos aperitivos que quedan, y se hacen las típicas señas o comunicación no verbales de dar a elegir al otro primero, por deferencia, y el que al final cede coge el aperitivo más grande y vistoso, y el otro, en un acto de sinceridad o quizás adversidad le dice: “no es lo que esperaba de usted, si yo hubiera sido el que eligiese el primero hubiera escogido el más pequeño”, a lo que el otro contesta que de qué se queja, que él se ha limitado a cumplir su deseo.

Todo este preámbulo viene al caso por lo dejado como pendiente en el escrito anterior, y sobre si una persona tiene la total capacidad para construirse a sí misma o no, y en qué medida el ambiente (en su sentido más amplio) repercute. Volvamos al caso de las dos personas y los aperitivos: ¿y si esas dos personas hubieran sido un hombre y una mujer? Hace un siglo la primera en elegir habría sido la mujer, pues estaba la regla implícita en la sociedad de ceder el paso a las mujeres, y la misma convención para toda situación similar. Pero, ¿qué habría que hacer hoy en día?, ya no se puede o debería tener la misma deferencia, la misma regla, dado que hombre y mujer han de ser iguales. En cierta medida en la clase alta se sigue manteniendo esa regla en las convenciones sociales, pero no así en la clase media o baja, y de cualquier forma es distinto en situaciones más familiares y menos protocolarias. ¡Lo que viene a ser un caos para el cerebro de los dos sexos!, pues ya no se sabe con exactitud cuándo se puede estar cayendo en un micro-machismo o cuando se está siendo descortés. Por cierto, hace un siglo la mujer hubiera sido la que elegiría primero el aperitivo, pero hubiera dejado el más grande al hombre, aunque tan sólo fuese por que su apetito fuera menor en un cuerpo menor…, o ¿hubiera sido por sumisión? Y si buscásemos de dónde viene el origen tal convención o “camino”, ¿cuáles serían sus primeras huellas? En animales con un macho alfa este es el primero es comer y coge (que no escoge) las mejores porciones. La explicación evolutiva es que hace un mayor uso de la fuerza muscular y su cerebro: cuando más dotado esté el macho alfa mejor le irá en la caza a toda la manada. Más adelante esa persona era el padre, que seguía siendo el que iba a la caza. Con el paso del tiempo esa posición la detentaba la persona más mayor, con un mayor prestigio y siendo la más respetada. Es posible que ese fuese el inició de lo que significaba ser el líder de un grupo, que más adelante llegó a ser un rey o un emperador.

Si buscamos el inicio de toda convención social toda proviene de un primer paso, que en muchos casos venían dados por procesos que se heredaban de nuestro estado previo como animal. Aquí entra en juego las ritualizaciones y los tabús que he tratado en los dos escritos previos. Cuando el humano llegó a la consciencia tenía la capacidad de no seguir un camino trazado, de buscar uno nuevo, pero la evolución, y en la dirección de que no fuera tan permutable la esencia humana, asentó que seguir las normas del grupo era lo más propicio para que un grupo se mantuviese. Esto es : por mera economía del comportamiento. Volvamos al caso del desierto. Si en vez de una persona en esa misma situación se encontrasen cuatro, podrían decidir cada una ir en una dirección distinta. Si llegado el caso se encontrasen cada una de ellas con un depredador, ninguna terminaría por salir del desierto. Volvamos a la posición inicial. Tres de ellos deciden ir juntos y otro va por su propio camino. En la misma situación con el depredador el solitario moriría y aquellos tres que fueron juntos o bien lograron ahuyentar al depredador, o bien murió uno de ellos, pero sobrevivieron dos. O sea, que en la prehistoria todo grupo que se mantenía en unas normas establecidas, que normalmente provenían de los mayores y más experimentados, se mantuvieron, mientras que todo grupo que se fraccionaba era más proclive a desaparecer. Es una típica retroalimentación positiva a través del tiempo. Lo que se validó fue aceptar las normas y mantenerse unidos al grupo. Lo que paso tras paso nos llevó hasta la situación actual, en donde las personas de corte occidental ahora tienen como premisa su individualidad, su singularidad, y la falsa creencia de que no siguen ningún camino o que todo camino trazado es cuestionable. En otras culturas lo predominante es el grupo, frente al individuo, y aún siguen con el paradigma de la ritualización, y que lo importante y central es ir todos juntos por el mismo camino. ¿Qué apuesta es la mejor, cuál la más lógica o acertada? La cuestión no es tratar de contestar de buenas a primeras, sino, como ya dijera en el escrito anterior, la cuestión es hacer las preguntas adecuadas: ¿mejor apuesta para qué?

Cambio de tercio, no quiero ir por ese camino de consejero, me interesa más cuestionar la pretendida libertad de las personas. ¿Cómo sabemos en qué trama estamos metidos si casi nunca somos los suficientemente objetivos para ver dichos tramas? O sea, a nivel de suelo uno ve un gran nubarrón y en el horizonte un claro, y falsamente cree que es probable que haya una tormenta, pero que al final acampe…, pero ¿y si más allá de donde nuestros ojos alcanzan viene otro frente tormentoso aún mayor?  En ese caso la ciencia es ese ojo en el cielo que ve, con una mayor panorámica, cómo es la tormenta. Es la que nos dice que caemos en la ilusión del control, que proviene de nuestro locus de control, que a la vez nos da una carga de ilusiones positivas como el sesgo optimista y la superioridad ilusoria. Por la misma regla que tal tipo de sesgo implica, cada persona se dirá libre de ellos. Quién tiene razón: la ciencia o cada uno de los individuos. Las reglas de la ciencia diagnostican que cada uno achacará que eso es algo que le sucede al resto de las personas, pero no a ellas mismas. De nuevo más y más ilusión del control, que de nuevo lleva a la superioridad ilusoria y al sesgo optimista de creer que uno mismo no puede caer en algo tan “negativo” (esta argumentación se me parece a la trampa 22 –catch 22-, que cuando crees que sales es cuando más entrampado estás).

Creo que no necesito repetirme más. Que lo que quiero dar a entender en este escrito está claro. No somos seres de acción, sino reactivos, que se acomodan a ciertas premisas y que siempre tienen que accionar bajo dichos estados previos. Se actúa de una manera a una edad, por ciertas hormonas, y a otra edad de otra forma por la ausencia de dichas hormonas y otros factores de dicha edad. Una mujer de hace un siglo cogería el aperitivo más pequeño dejándole el más grande al hombre, mientras que una mujer de la actualidad… ¿cogería el más grande para empoderarse? Hay alguna diferencia entre estas dos actitudes y mujeres: las dos se sienten bien por su “elección” y modo de proceder “adecuado”. Las dos reaccionan dadas las épocas que les ha tocado vivir en su momento. Pensar que hoy estamos más cerca de alguna “verdad” que ayer… ¿es real o sólo es una ilusión del control? El etnocentrismo erradamente usa el concepto de progreso a su “antojo”. No se sabe hacer las preguntas adecuadas. Un urbanita no es más feliz que un humano de una tribu de cazadores recolectores. Este no tiene trastornos mentales, no sabe qué es el sentimiento de soledad, incluso su microfauna bacteriana es mayor y más “correcta” tanto en la piel como en su estómago que un humano medio de una ciudad, en ese proceso los cazadores-recolectores no tienen enfermedades autoinmunes. Si de un día para otro viniese un cataclismo a nivel mundial, o cayese el sistema actual de manera sistémica y desenfrenada, los que tendrían más opciones para sobrevivir serían los cazadores-recolectores, pues se conforman con poco y son más adaptativos a la naturaleza, y sus posibles cambios, que cualquier urbanita.

Tamara MacLeod
is the pseudonym of a freelance writer, sex worker and activist based in England.

Que el feminismo piense que de la sociedad patriarcal el único culpable es el hombre es no haber entendido la trama de la evolución y la evolución social. Si puse -en el escrito anterior- el pequeño relato de Tamara MacLeod sobre sus primeras experiencias sexuales a los 11 años venía caso con respecto a las presentes conclusiones (ir al escrito para leer el artículo competo). Las bonobos, al igual que Tamara MacLeod, en cierto momento evolutivo se dieron cuenta (con un gran encomillado a ese se dieron cuenta) que a través del sexo podían tener algún privilegio o tomar el control de la especie, y lo hicieron. Por ese mismo proceso pasó la hembra humana. Una “elección” que aún hoy repercute en la vida social. La hembra humana no siempre “escogió” los mejores caminos durante su evolución. Ambos sexos se adaptaban y readaptaban a las “propuestas” del otro sexo. A cada acción le sigue una reacción, en un juego en donde nunca ninguna acción fue realmente acción, pues como he tratado de mostrar en este escrito, no existe algo así como una “acción pura y primera” sin estar contaminada de unos determinantes situacionales que siempre provendrán de estados previos, a la vez nuevamente determinados, y en donde el final son los límites físicos, como lo es la gravedad. Bajo esta regla ni Dios sería libre, pues una vez que puso el “mecanismo” de la vida en marcha Él ya no podría hacer nada, no podría Obrar en libertad, por cambiarla, pues ese mecanismo seguiría su propia senda y discurrir. Lo más aceptado en la Iglesia Cristiana es que los milagros han de operar bajo las leyes físicas. O sea, que no por un “simple chasquido” de Dedos, Dios pudo pasar de un lado del mar al otro al pueblo de Moisés. Tuvo que hacerlo bajo las leyes físicas  y se debió de valer del viento o algún proceso natural para que las aguas se apartaran. Volviendo al tema. No es que el macho tuviese una pretensión, desde el principio, de dominar y someter a la hembra. Si fuera así sería un monstruo, que es la imagen que quiere dar a entender cierto colectivo feminista. Un paso se daba a partir de otro previo, al que le seguía en consecuencia otro. ¿Qué ciertas cosas estaban mal?, sí, pero no existía una mente confabuladora tras de toda esta trama. A ciertos humanos conspiranoides les gusta creer que el poder tiene ciertas sociedades secretas que son las que crean las estrategias para mantenerse en el poder, para mantener el estatus quo. ¿El feminismo cree lo mismo?, que los hombres se reunían para mantener a la mujer oprimida. No hay mente (u organización) capaz ni de mantener las jerarquías, ni de mantener el patriarcado. La evolución funciona por los números, por los promedios, sin ninguna mente detrás. Los números equilibran los comportamientos más económicos u optimizados a cada época de un proceso evolutivo. En cada momento de la historia tanto la mujer como el hombre creía (o sentía o era lo que tal época conllevaba) a que la forma de vida que llevaban era la más optima o adecuada. Mi madre no se sentía oprimida, ni sumisa (ni estaba errada en su pensamiento según el momento que le tocó vivir). No se puede entender el feminismo sin la revolución industrial, en donde la gran necesidad de la mano de obra llevó a que la mujer se incorporase al trabajo. Tampoco se puede entender la revolución sexual sin los anticonceptivos, que a la vez, parte de ellos, provienen de la industria química, que a la vez provienen de la comprensión humana de los compuestos químicos y sus procesos en el cuerpo humano.

Vuelvo al concepto de progreso y “verdad”, y acabo. Si se va a una Web de cámaras sexuales en directo, cada vez hay más belleza y juventud, o ellas son las que se posicionan en la primera página (de nuevo las reglas que nadie directamente dicta, pero se sacan en estadísticas, en promedios). No me puedo imaginar cuando sean madres y por qué infiernos habrán de pasar sus hijos cuando les puedan hacer acoso escolar por medio de los vídeos de sus madres. ¿Acaso han llegado a pensar en esa posibilidad? ¿Normalizaremos en algún momento tanto el sexo como para que nuestra madres hayan hecho mil rarezas extremas ante millones de extraños?, ¿eso es progreso?, poder ver a tu propia madre en sus trabajos sexuales. Lo mismo vale para el padre, aunque hay menos que mujeres en las Web Cam. Normalizaremos que nuestro hijo nos diga: “mamá, porque trataste de meterte un melón por la vagina”, o “mira, hijo, ves esa barriguita mientras me meto ese consolador talla XXXL, pues ese que estaba en mi tripita eras tú” (me sale el payaso  tragicómico que llevo dentro). No existe progreso como tal, de la manera que se tiene idealizado. Existe la complejidad, y a mayor complejidad mayor dificultad para mantener el equilibrio. En cierta forma las civilizaciones a lo largo de la historia eran un “prueba y error” de hasta cuánto podía crecer una ciudad-estado, como para mantenerse equilibrada. Una civilización que sobrepasaba ese límite -o punto crítico- al final se terminaba por derrumbar al completo, pues no había un punto de freno y estable en donde la retroalimentación negativa al final tuviese cabida. ¿No pareciera que en la actualidad estamos llegando a ese límite? Ya en otros lados he hablado que el niño pasa por las edades evolutivas. De igual forma toda civilización pasa por las distintas edades humanas. La actual civilización está en su mediana edad. En la mediana edad ya no existen las ilusiones inocentes de la juventud, se mira todo con amargura y cinismo. Todo dato, toda vivencia queda velada por la total ausencia de la inocencia, del pensamiento mágico… queda desvelado como acto puro, lógico y “crudo”. En mi ya no cabe el poeta, porque al ver que todas las bellezas pensables están disponibles a la distancia de un clic, ha hecho que este muera tras tantas eyaculaciones en vacío, sin la ternura a la que ha de seguir el sexo. En esa dirección la libertad sexual es la mirada cínica y cruda que un adulto pone sobre el otro sexo, sobre el cuerpo, sobre la carne. Al matar todo idealismo y esencialismo, de que no hay tal cosa como la feminidad, a la vez matamos otros esencialismos consecuentes a los primeros, como así es la ternura con respecto a lo delicado y bello de lo femenino. Incluso en el cine, antes llamado romántico, ahora ñoño, huye de todo este lenguaje esencialista y del pensamiento mágico. En todas estas medida no hay progreso, sino descenso al infierno. La mujer se objeta y se siente carne, y ya ni siquiera le importa, ya ni siquiera piensa que lo que haga ella no se lo podrá negar legítimamente a sus propios hijos, pues ni siquiera se pone como requisito tener una descendencia y por ello tener el peso de tener que dejar un legado…, una cultura, una ritualización que tengan que seguir sus hijos.

Ahora, bajo este análisis… ¿creé cualquier mujer feminista que hemos progresado?, o sólo hemos ido un paso más allá hacia la complejidad y esta indomablemente no puede sujetarse, domeñarse y englobarla a ningún limitado pensamiento individual que crea que está siguiendo los pasos “debidos”, pasos que ha escogido plena y conscientemente. Lo mismo que está sucediendo ahora ha pasado a lo largo de todo el pasado. En ciertas situaciones el humano, seguía un camino porque no le quedada otro, dada las circunstancias. Se metía en atolladeros y callejones sin salida. Cada sexo se ha equivocado en unas u otras ocasiones, y el otro sexo se ha adaptado a las nuevas situaciones y ha reaccionado a partir de ellas. ¿Se cree el feminismo actual estar libre de errores?, que la liberación sexual hasta donde nos ha llevado no era algo impronosticable…. ¿cuál será su límite final? El humano no actúa sobre la realidad, se adapta, reacciona a cada nueva situación porque la premisa de la vida es la adaptación, y la libertad es tan sólo un cuento que nos contamos a nosotros mismos para mantener la ilusión del control. Liberamos al sexo… pero ¿acaso pensamos hasta dónde llegaría o llegará? La mujer es la más vejada y que aparentemente más está perdiendo al tener la falsa sensación que está jugando en su propio terreno. Recorremos Abilene una y otra vez, sin llegar a preguntarnos ni si quiera si queríamos ir a esa ciudad inhóspita, dado lo largo del camino y el calor que hacía. En definitiva, el humano va a ciegas y para mantener la ilusión del control se lo niega a sí mismo, y para colmo a eso le llama progreso.

A modo de ejercicio mental, ahora, cambiar el verbo reacción por el concepto de adaptación. Eso es lo humano, eso es la vida, eterno comportamiento adaptativo.

(Lo que viene en el siguiente escrito: la situación actual viene dada por una falsa sensación de autoeficacia, sustentada sobre todo por las redes sociales y el móvil como instrumento de dicho estado. ¿Estado zombi?)

Bosquejo Para una Teoría de la Sociabilidad

Ser y Aparecer, y Acción-Reacción

“Para agradar a la gente tienes que ser otra persona.” en la serie Wayne
“Bonita paradoja: los medios de comunicación tratando un acto intolerante con una total y completa intolerancia.” en la película “Dragged across concrete”
“No hay necesidad de apresurarse. No hay necesidad de brillar. No es necesario ser nadie más que uno mismo.” Virginia Woolf

“Desde el punto de vista genético, los seres humanos de hoy somos cazadores-recolectores desplazados a través del tiempo a un mundo distintos de aquel para el que fuimos hechos.” Francisco Giner Abati

(En muchas situaciones soy un ser de la desmedida. En este escrito apenas a tocado el tema a tratar y me desembarazo de él para que deje de acuciarme. Queda pendiente de escribir una segunda parte.)

Preámbulo

Los límites cerebrales y lógicos siempre impiden que uses todos los conceptos existentes de una sola vez. Siempre se es proclive a ignorar alguno importante y elemental, mientras que por la forma de proceder del cebado usas uno de esos conceptos, a veces, de forma redundante y abusiva. Si existe el límite de siete ítems a manejar, ¿esos son como mucho los que se llegan a usar en un párrafo?, ¿un nuevo párrafo se abre en la medida de saltar a otro “paquete” de siete ítems?

Esta introducción viene al caso porque siempre “reducimos” los escritos a unos pocos términos o conceptos, en donde uno no sabe si quien lo escribe desconoce ciertos temas, los trata de ignorar por interés o es que simplemente no los ha tenido en cuenta por este límite cerebral. En tales casos al lector conocedor le puede crear dudas esas omisiones, si no en una primera lectura, en donde él mismo está bajo ese límite cerebral, sí más tarde cuando reflexione sobre el tema. En esa misma situación se encuentra ese escritor, a posteriori puede analizar las deficiencias, olvidos u omisiones de ciertas cuestiones, lo que le puede llevar a reescribir algunas partes o simplemente dejarlas tal cual están, pues ciertas intrusiones explicativas pueden romper con la estructura del escrito. O sea, ¿hasta qué medida se puede estar puntualizando e introduciendo explicaciones y explicaciones de dichas explicaciones en un escrito como para que siga siendo conexo y leíble?

Este es el caso del presente escrito. Algo delirante y confuso, porque lo he escrito a lo largo de semanas introduciendo casi sin fin aclaraciones, connotaciones, y nuevos párrafos y narrativas, en la dirección de tratar de no dejar nada fuera. Ha de leerse bajo esta idea, y a sabiendas que el autor sabe que puede ser una lectura algo tortuosa.

La Herencia Dual

Antes de entrar en tema he de tratar de posicionarme (o declarar mi postura) con respecto a la discusión de la influencia del ambiente o los genes. Alguna vez escuché de un científico que decía que sobre un 60% somos genética, pero los paradigmas que venimos usando provienen de los sistemas complejos. En ese caso aunque el 40% del resto sea ambiente, o dicho de otra forma, que la cultura tenga mucho que ver, entonces habría que volver a revisar las cifras, en tanto que la cultura es un sistema subsumido dentro del de los genes y por tanto dar una mayor capacidad a la genética. Esto nos dice la teoría de la herencia dual:

Cultura, en este contexto, se define como “comportamiento socialmente aprendido”, y “aprendizaje social” se define como copiar comportamientos observados en otros o adquirir comportamientos a través de la enseñanza de otros. La mayor parte del modelado realizado en el campo se basa en la primera dinámica (copia) aunque puede extenderse a la enseñanza. El aprendizaje social en su forma más simple implica la copia ciega de los comportamientos de un modelo (alguien observó el comportamiento), aunque también se entiende que tiene muchos sesgos potenciales, incluido el sesgo de éxito (copia de aquellos que se perciben que están mejor), el sesgo de estado (copia de aquellos con un estatus más alto), homofilia (copiando de los que más nos gustan), sesgo conformista (recoger desproporcionadamente los comportamientos que más personas están realizando), etc. Comprender el aprendizaje social es un sistema de replicación de patrones y comprender que hay diferentes tasas de supervivencia para diferentes variantes culturales aprendidas socialmente, esto establece, por definición, una estructura evolutiva: evolución cultural.”

  Cuando una cultura dada pronuncia alguna característica sobre otras a lo largo de las generaciones, por retroalimentación positiva, crea cambios a nivel de ADN. Ahí tenemos que en el lapsus entre que el humano salió de áfrica y el neolítico, la diferenciación de las culturas se pronunció como manifestarse en rasgos externos, fenotipos, que a la vez repercutieron en el comportamiento, que a su vez creaban cambios genéticos. Los humanos de ciertas regiones muy al norte se hicieron rubias y de ojos claros como adaptación a las horas y la calidad de la luz del sol, no así entre los inuit, que aún vivían más al norte, luego de alguna forma también influía la selección sexual, que en parte es cultural. A la vez el vivir en el frío, y por la regla biológica de Bergmann, les aumentó el tamaño del cuerpo, que más tarde los volvió los temidos vikingos. Cuando veo películas rusas no me deja de parecer extraño que no haya ninguna característica física clara, cuando se supone que parte de su origen es vikingo. Estos en sus incursiones hacían esclavos con los que se terminaban cruzando. Lo mismo que ocurría allí había estado sucediendo a lo largo de los milenios por todo el mundo. De esa manera algo cultural y exclusivo de lo humano, como lo es la esclavitud, repercutía en que las fuertes diferencias, que se habían creado durante el periodo de aislamiento, se volvieran a “suavizar”. Con todo, hoy en día rubio y de ojos claros es la seña de identidad de ciertas ideologías e ideas peligrosas, como la supremacía blanca y su “madre no biológica” el etnocentrismo, que aún alteran la tranquilidad en la cultura. Igualmente que creen polémicas y diatribas hoy esos rasgos fenotípicos, lo mismo habrá ocurrido a lo largo de la historia con los mismos u otros rasgos externos. Lo que quiero hacer notar es que incluso algo tan nimio como son los rasgos fenotípicos, que no dejan de ser variaciones y mecánicas del ADN, ha repercutido en lo cultural creando cambios y adaptando lo social a dichas variantes. En definitiva que lo cultural no está libre de lo genético y en tanto que es un subsistema dentro del primero siempre estará bajo su influjo, o dicho en cifras no es que la genética repercuta en un 60%, sino que el resto que es ambiental aún está bañado del influjo de la genética, luego la repercusión genética es aún mayor que ese 60%.

Todo esto viene al caso sobre las polémicas de los estereotipos, arquetipos y roles. El actual paradigma, en contra de lo genético y programado, es que un humano no nace, sino que se hace. Pero, ¿al 100%? ¿Quién sería el atrevido de afirmar tal despropósito?, y en caso que no haya nadie… ¿en qué proporción se puede “hacer”  un humano a sí mismo como para que todos consensuemos tal número? Y de no ser posible esa autoconstrucción, dónde está el límite, en esa misma persona o en lo social. En definitiva, se está creando una dinámica de la “sospecha” (en referencia a los filósofos de la sospecha de la segunda hola: Derrida, , los iniciadores de estos debates) en donde los individuos miran a las instituciones sociales (Estado, Leyes, políticas) como precursoras de esos límites (que en el caso de las feministas alegan que parten de una postura errada: el patriarcado), mientras que estas mismas se exculpan diciéndose libres de ponerlos y miran al individuo como que es el que se pone esos límites. En esa dirección y lenguajes, si en apariencia no hay límites y uno se puede hacer sin trabas (fabricar, construir), si no lo hace, porqué es… ¿porque no quiere? Toda esta trama es lo que conlleva de fondo el concepto del “sueño americano” y la meritocracia. Supuestamente los límites son los sueños, pero ¿soñar no lo hace un cerebro?, un cerebro en definitiva con unas estructuras y funciones que no son iguales en todas las personas. ¿Queremos realmente ser iguales o queremos ser distintos?, hablamos desde nuestras diferencias deseadas (soñadas) o las diferencias nos crean un discurso y en ese caso no es razón sino justificación, racionalización. Uniendo este párrafo con las conclusiones del anterior uno puede ser lo suficientemente racional como para decir: “¡vale!, un 60% es genético, pero tratemos de evitar que repercuta en el resto 40%, además contrarrestemos en la medida de lo posible la rigidez de ese 60%, tratemos de doblegar la naturaleza lo más posible, para que la sociedad sea lo más igualitaria posible”. ¿Se puede?

De fondo nos da miedo el lenguaje de los genetistas, pues toda diferencia probada, o condición genética, es un posible precursor o desencadenante de algún tipo de exclusión, ostracismo, xenofobia, o todos los posibles males en esas mismas direcciones de marcar las diferencias, y lo que es mejor y lo que es peor. Tenemos miedo del pasado, donde el holocausto judío es la medida, y hay detractores de la búsqueda en los genes y dar posibles explicaciones a todo por dicho saber, pero contradictoriamente, pues el humano puede ser muchas cosas pero nunca consecuente, por otro lado cada vez es más usual pedir que se secuencie el ADN para saber de nuestros orígenes. Es sabido que una gran mayoría de los síntomas más graves de ciertos trastornos se minimizan con fármacos. De esta manera se pueden leer una gran cantidad de escritos científicos en donde hablan y profundizan sobre los distintos neurotransmisores, neuropéptidos, receptores y demás partes de la “maquinaria” cerebral, adentrándose sin fin hasta la propia arquitectura de los genes, llegando incluso hasta su física, sin tomar en ningún momento contacto con la realidad, que es que sobre lo que están hablando es de personas concretas, con unas vidas concretas, enmarcadas en tal o cual contexto social. En definitiva, que hacen sus estudios como si hubiera que arreglar una máquina, ignorando por completo la conciencia de sí que tiene esa máquina, y en qué situación social vive. Ignoran los deseos o sueños de esa arquitectura química, que al estar perturbada, puede que no tenga tales “sueños” de forma objetiva.

Bajo mi punto de vista, ciertas apuestas evolutivas, o idiosincrasias de algunas personas, no manifestarían esos síntomas en tribus más cercanas a nuestros orígenes como especie, que lo que está “trastornado” es el ambiente o cultura, pero dado que no hay “fármacos” para la cultura (está la política, claro está, pero igualmente ignora la conciencia) lo más rápido y eficaz es usar esos medicamentos. Por otro lado ignoran que la evolución crea y maneja conceptos, y en esa medida, al ahondar tanto en el detalle, los pierden de vista. Pongamos el caso de un móvil. Es un todo, pero a la vez y a nivel técnico son varias partes como una cámara, un reproductor y un receptor de sonido, una pantalla, un acelerómetro, conexiones inalámbricas como el wifi, bluetooth… Cuando un fabricante quiere construir un móvil quita o pone unos componentes de mejor o peor calidad, o sea y para la forma de proceder de la evolución, quita o pone conceptos como totalidades. A la vez y a nivel más técnico y profundo esos componentes (conceptos) contienen chips, resistencias, potenciadores, estabilizadores, etc., y por otro lado dichos componentes se tienen que comunicar e interactuar entre sí con ciertas interfaces que a la vez tienen componentes. La dirección de la ciencia actual ha perdido la perspectiva de los conceptos (los componentes) y llegan tan profundo como para analizar la química de una resistencia y la pureza de su carbono o plomo, etc., olvidando o ignorando que al final con lo que trata la evolución es con conceptos. O sea, la maternidad es un concepto al que la evolución llegó, ¿cuánto se puede profundizar en su “mecánica” para saber cuándo “funciona” bien o “funciona” mal?, ¿tiene sentido tal pregunta? En esa dirección si el cerebro tiene funciones como la cognición, la memoria, la imaginación, las emociones…, ¿cuánto sentido tiene adentrarse en sus partes mínimas, ignorando que lo que construyen son funciones, que en realidad no están divididas e interactúan unas con otras? Uno no querría que alguien, sin un diagrama de un móvil -entregado por el fabricante-, lo tocase a nivel interno, y mucho menos sabiendo que sus únicos conocimientos, muy especializados, son sobre la fabricación de resistencias. En definitiva, que actualmente el humano se inmiscuye en el cerebro sin tener un plano de su “montaje”, y en muchos casos ponemos fe en las farmacéuticas, cuando esa rama de la ciencia en gran medida ignora las funciones y los conceptos generales de los sistemas complejos o los desconoce. Sí, estoy de acuerdo que hay que ir desentrañando la arquitectura, que la ciencia se tiene que permitir “trastear” a ciegas, pero recordemos no perder de vista el plan general.

En otro ejemplo, y siento si redundo pero este va a ser más claro, todo este escrito intenta desentrañar tan sólo un concepto general, que a su vez se divide en partes -que son secciones- que explican ciertos detalles o conceptos, y a su vez están divididos en párrafos y estos en frases, que de nuevo tienen sus propias cargas conceptuales, y en donde toda esta estructura tienen como unidades básicas las palabras (ladrillos). Si se elige un adjetivo frente a otro es con un fin. Lo que no se puede hacer al leer un escrito es tratar de analizar si hay algún mensaje implícito en que haya tal cantidad de S frentes a D, o el por qué el sonido S tiene esta grafía y no otra. Si se hiciera tal cosa claramente diríamos que hemos perdido el rumbo o sentido de lo que ha de ser un escrito y su interpretación. A lo que quiero llegar es que toda frase tiene una carga significativa, es un signo que apunta a un significante, a una metáfora que un humano hace de la realidad; la evolución al “hablar” con sus signos, su ADN, proteínas, neurotransmisores, receptores, no quiere que miremos los signos, si no sus significantes, su metáfora. Las compañías farmacéuticas, en definitiva industria química, han de analizar, y ello conlleva los ladrillos básicos, pero como se puede ver por los efectos secundarios de los medicamentos, han olvidado o ignoran los conceptos generales de las estructuras. En un ejemplo, cierto fármaco que me recetaron como relajante muscular, repercutía en la memoria de trabajo. En mi caso prefiero tener un dolor muscular que perder memoria de trabajo. No se compensa. Tampoco sé si los cambios con respecto a la función de la memoria de trabajo pueden llegar a ser de larga duración o permanentes. Seguramente ni la farmacéutica lo sepa.

Entonces, y tratando de concluir, ¿cuál es mi punto de vista? Cada vez que me tengo que cortar las uñas me pregunto por qué crecen tan rápido, cuando están producidas por la queratina y es el mismo compuesto que el pelo, y cada vez tengo menos pelo. Qué sentido tiene la calvicie… ¿como señal honesta?, marcar la edad de esa persona para que sea menos atractivo reproducirse con él, puesto que puede conllevar un mayor riesgo de producirse una peor descendencia. ¿Y las uñas?, puede tener sentido alargar algo más la vida con unas buenas uñas, que tendrían más utilidad en la prehistoria, pues los ancianos hacían un gran papel en lo social (cuidar a los nietos, transmitir los conocimientos). Todos los sentidos o porqués de lo que somos ahora están en los genes. Lo que los genes no previeron es que el humano crease unas estructuras sociales tan complejas, como para que al final -y en teoría- tuviesen la capacidad de cuestionar a los propios genes. Mi mensaje, el concepto que trato de transmitir en mis escritos, es que el sentido de lo que es el humano, el porqué de cada una de sus “funciones” o comportamientos, está en los genes. Con sentido no quiere decir lógico, razonable, moral o la “verdad”, simplemente quiere decir que es aquello que tiene la carga evolutiva de un cómo, un porqué y una finalidad. La cultura, que es la que ha avanzado de manera acelerada, “distorsiona” esas visiones simples. Pongo dos casos. 1. “para aquellas hembras con experiencia sexual previa, la estimulación con anfetaminas ocurre más rápido que para las vírgenes. No existe un estudio sobre el equivalente masculino, porque los estudios están destinados a explicar por qué las mujeres experimentan adicción antes que los hombres”, (fuente Wikipedia). 2. “La subdivisión central del núcleo del lecho de la estría terminal (BSTc) tiene dimorfismo sexual. En promedio, el BSTc es dos veces mayor en hombres que en mujeres y contiene el doble de neuronas de somatostatina.  Se encontró que una muestra de seis mujeres trans, post mortem, tratadas con TRH a largo plazo (de hombre a mujer) tenía un número típico de células femeninas en el BSTc, mientras que un hombre trans (mujer a hombre) ) se encontró que tenía un número típico masculino. Los autores (W. Chung, G. De Vries, Dick Swaab ) también examinaron sujetos con trastornos relacionados con las hormonas y no encontraron ningún patrón entre esos trastornos y el BSTc, mientras que el transexual de hombre a mujer no tratado solo tenía un número de células típico de las mujeres. Llegaron a la conclusión de que el BSTc proporciona evidencia de una base neurobiológica de la identidad de género y propusieron que se determinó antes del nacimiento”. Sin tratar de explicar el primer caso, pues sería muy largo, el segundo se ocupa sobre una estructura del cerebro, la stria terminalis, que comunica la amígdala con otra parte del cerebro, que “se cree que actúa como un sitio de retransmisión dentro del eje hipotalámico-pituitario-adrenal y regula su actividad en respuesta al estrés agudo (…) correlaciona la ansiedad en respuesta al monitoreo de amenazas”. Si se supone que el macho ha sido el que por cientos de milenios cazaba presas grandes, dicha estructura tendría que cambiar con respecto a la mujer. La evolución templó al hombre para lidiar mejor con el miedo. ¿Eso quiere decir que estoy afirmando que la mujer es más cobarde?, no. Simplemente quiere decir que hombres y mujeres están estructurados de forma distinta. A la templanza se puede llegar por otros caminos, como la educación y el aprendizaje (adiestramiento). Esto de nuevo nos lleva a las cifras, y la repercusión del ADN y el ambiente.

¿Por qué hoy en día sale tanto hombre llorando en películas, reality shows y documentales?, el hombre era así y lo social le llevó a que “los hombres no lloran”; no es que me preocupe especialmente, tan sólo uso este ejemplo como un caso entre otros posibles. Qué podrían decir los genes o la evolución. Yo no lo sé, pero volviendo al principio del escrito, que a veces ignoramos cosas porque no las tenemos presentes…, ¿en qué medida las moléculas que está creando el humano, que tienen una estructura similar a los estrógenos, no estará repercutiendo en el comportamientos de los hombres? Lo que en parte hace a un hombre “macho” o a una mujer “hembra” es el equilibrio en la cantidad de andrógenos y estrógenos, si en el medio ambiente hay moléculas que actúan como estrógenos, de repente el equilibrio se rompe, y ya no están tan claras las cosas. En otro descubrimiento de la ciencia, se ha averiguado que la grasa al filtrar la testosterona la convierte en estrógenos. O sea, que el estrógeno, y por ellos las moléculas sintéticas que hay en el ambiente a la vez, son obesógenos en donde una vez que cierto hombre llega a cierto peso convierte su testosterona en estrógeno. Se ha creado un sistema de retroalimentación positiva, donde cuantas más moléculas obesógenas haya en el ambiente creará hombres más obesos y por ellos menos masculinizados. Y de vuelta a la pregunta: ¿por qué llora hoy más el hombre?, ahora, en vista de este somero análisis, la respuesta es ya más complicada. No estoy posicionándome, tan sólo trato de arrojar luz al tema y tratar de mostrar que ninguna deducción es sencilla. El llanto, a través de las lágrimas, y según una deducción de las neurociencias evolutivas, sirven para desprenderse de cortisol, la molécula del estrés. No tiene por qué tener una función distinta para cada sexo y por ello conllevar algún dimorfismo. Pero la lógica cotidiana nos hace deducir que el hombre suele tratar de liberar su estrés con la ira o el sexo, le basta con dar un puñetazo a un mueble o alguna acción similar, que cualquier otro tipo de “estrategia”. Otro factor a tener en cuenta es lo mal visto que está hoy en día mostrar algún signo de agresividad por parte del hombre -de nuevo la autodomesticación siguiendo su “hoja de ruta”-. ¿Es programado o es ambiental?, no lo sé. Este mecanismo es arcaico, y proviene de la respuesta de lucha o huida. Si el macho humano llegó a enfrentarse con animales que eran físicamente superiores a ellos, se debió a que ante ese mecanismo tenía que responder con la lucha, con hacer que los andrógenos se estructurasen para dar un mayor vigor ante el enfrentamiento, en definitiva para la ira. ¿Qué otra cosa sino este mecanismo ancestral mata hoy a la mujer en la violencia de género? Por encima de este mecanismo está el sistema ejecutivo, de control, que es sobre todo inhibitorio, pero lo que creo que queda claro es que ante un estado ofuscado o de estrés el macho tenderá a la violencia y no al lloro, como medida de liberar su estrés, lo que no quiere decir que no tenga al lloro como mecanismo, pero seguramente como secundario.

Con esto vuelvo al tema central de estas pesquisas. El feminismo no puede argumentar que todo es una construcción social, cuando el hombre mata de forma violenta y mayoritaria sobre la mujer. ¿Esta disposición es social, es una construcción?, ¿cómo si está tan rechazado? Si un transexual ” nace” y le “colocan” en la sexualidad “equivocada” internamente “siente” que es femenino o masculino, según el caso. Si no existiese el concepto “natural” de lo femenino y lo masculino, la feminidad y la masculinidad, cual diana o concepto evolutivo, ¿a qué tendría que “apuntar” un trans cuando siente que ese sexo que la sociedad dice que es, no es su sexo? Los dos sexos existen y aunque hombre y mujer son de una misma especie, a nivel más profundo cada uno de los sexos ha evolucionado en dos direcciones distintas, hombre y mujer coevolucionan, compiten a nivel de ADN, haciendo que la mujer trate de hacer que el hombre sea más femenino y el hombre a la inversa. Hay varias teorías que dicen que la homosexualidad masculina la determina la mujer, pero claro, no conscientemente sino por “designios” de la evolución (tema a desarrollar, para más adelante, leer de momento sobre la teoría del orden los hermanos). Esto nos dice la Wikipedia:

La retención de tales alelos antagónicos en una población también podría explicarse en términos de aumento en la aptitud neta de la línea materna, por ejemplo, el locus para la orientación sexual masculina en humanos se identificó en regiones subteloméricas de cromosomas X después de estudios realizados en 114 familias de hombres homosexuales. Se descubrió que la orientación hacia personas del mismo sexo era más alta en tíos maternos y primos varones de los sujetos homosexuales. Un modelo evolutivo explicó este hallazgo en términos de aumento de la fertilidad de las hembras en las líneas maternas, lo que se suma a la ganancia neta de aptitud física.

El concepto de actitud física (fitness) usado arriba proviene de la biologías y: “es la representación cuantitativa de la selección natural y sexual dentro de la biología evolutiva . Se puede definir con respecto a un genotipo o a un fenotipo en un entorno dado. En cualquier caso, describe el éxito reproductivo individual y es igual a la contribución promedio al conjunto de genes de la próxima generación hecha por individuos del genotipo o fenotipo especificado. La aptitud de un genotipo se manifiesta a través de su fenotipo, que también se ve afectado por el entorno del desarrollo.” En definitiva, la “verdad” ha de estar entremedias de lo que pretenden las industrias farmacéuticas y las feministas. Ni somos meramente química, ni somos tan sólo construcción, así se llega a que el paradigma más sostenido en la actualidad sea el de la herencia dual. Lo que no me agrada del feminismo de la última década es que es como alguien que trata de corregirte un fallo ortográfico, sin ni siquiera haber tratado de entender el mensaje. El feminismo de la cuarta generación -el de las redes sociales, en donde toda opinión vale-, sin haber comprendido la metáfora que es la vida y la evolución, se fija tan sólo en la grafía del escrito. Acepto la feminista que ha entendido el chiste y no se ríe o tiene su propia interpretación, pero no acepto el feminismo que en ningún momento puso la intención de entender el chiste.

Ser y Aparecer I

A veces me pregunto por qué me mantengo más o menos estable estando sólo, y al final hallé la respuesta en mis búsquedas y lecturas por la Wikipedia: se debe al concepto de autoeficacia (vuelvo a ello más adelante, sólo abro boca). En el mapa mental que estoy creando (descargar, ir a mi Canal de YouTube para saber más) hice un apartado con respecto a todo término que implicase a la propia persona o al propio cerebro, en donde cada concepto suele empezar por el prefijo auto-, es una de las categorías con más entradas, con algo más de cien. Haber deducido que el concepto clave y contestación a mi pregunta sea la autoeficacia es cuanto menos sagaz. A la vez esta contestación me remitía a la pregunta el porqué del intelectual. Suelen ser seres solitarios, pero a la vez en muchos casos son los precursores de cambios sociales. Sin Marx, quizás, no hubiera habido una revolución Rusa, lo mismo con los intelectuales de la revolución francesa o la estadounidense (y porqué las tonterías de la Real Academia de que Estados Unidos sea separado y estadounidense junto o porqué boca se escribe con b y vocal, que proviene de boca, se escribe con v, y porqué hojear -que viene de ojo- tiene h…); o sea, que la evolución crea una tipología de solitarios, que en realidad por medio de la autoeficacia los mantiene estables, y tienen como finalidad ninguna otra cosa que la propia sociedad. La “solución” evolutiva es tan extraña como lo sería que para llegar a la salud se usase un veneno, pues para “mejorar” o conceptualizar lo social crea individualidades, seres solitarios o entes que viven en los márgenes o fuera de lo social. Ciertos científicos apuntan a que la evolución social humana tiende hacia lo eusocial, como lo son las hormigas o las abejas. Entre estas dos especies se crean claras estructuras en donde cada individuo ha de tomar un rol -zángano, obrera, reina…- que es lo que será para toda la vida. ¿No parece que vayamos hacia lo mismo? Una gran mayoría de estudios sobre los tipos de personalidad apenas sin nos dividen en unas pocas tipologías, en donde si se da más diversidad es porque no hay estados puros y se mezclas varias de dichas bases para crear una mayor diversidad. En el animal eusocial la hembra es la que manda sobre la genética. De estar llegando nosotros hacia el mismo camino no es por medio de la mujer (aunque habría que reflexionar sobre ello), sino a través de la evolución social y en la medida que el Estado (en su momento el rey o el emperador) hace el papel de esa “reina” hembra que regula las distintas bases y reglas. ¿Por qué parece inamovible que haya jerarquías? La hembra reina no controla su hormiguero o panal, tan sólo es una más dentro de esos “designios” de los números en la evolución. ¿No está ocurriendo lo mismo en lo evolutivo-social dentro de lo humano? Cierto estudio nos dice que derecha e izquierda se suceden por ciclos, en donde no importa el voto individual, pues los ciclos se mantienen. Resumiendo. El intelectual, cualquier rebelde individualista, nace en una baja proporción porque son los faros que arrojan luz sobre lo social, y en donde el resto de las personas son sus “repetidores”, sus replicadores, cual gen egoísta que trata de mantenerse en el ADN creando todas las posibles copias de sí mismo repartidas por toda la doble hélice, como para que en alguna rama evolutiva -en lo social: ideología, paradigma, religión-  dicho gen se exprese, se “valide”.

Todo ello me lleva a una de mis premisas, que es muy cuestionable e igualmente complicada de asimilar. En mis búsquedas a veces tengo que leer ensayos científicos muy técnicos (no me entero ni de la mitad, pero leo en la espera de tratar de deducir o sacar algo en claro), que suelen cargar con la premisa de que toda anomalía en el funcionamiento de los neurotransmisores, y sus precursores que son los genes, son “errores” que la ciencia y la medicina han de solucionar. Claro, si se piensa en el Alzheimer o en la depresión mayor, no se pueden analizar tales estados como en “aciertos”, pero mi premisa es que la evolución, como yo, tiene “preguntas” que trata de contestar en sus eternos “prueba y error“. Lo que quiero decir es que la evolución maneja conceptos, y tantea cómo ser más “eficaz” para que ese concepto se valide. Lo cuestionable es cómo puede manejar un concepto o una pregunta sin que previamente exista una posible respuesta, y todo ello aderezado a que la evolución no es “un cerebro” o agente que tenga que estar buscando la contestación a preguntas, pues toda pregunta requiere un cogito… ese de Descartes de “pienso, luego soy”. Alguien creyente puede deducir que ese cogito es Dios y que es Él el que “se hace preguntas con semilla de respuestas”, pero los ateos, y los que piensan en la evolución sin ningún agente, simplemente se plantean que los propios mecanismos implicados crean un sistema con unas reglas, que a la vez implicarán unas premisas (funciones). O sea, que cuando en el sistema -en la evolución- se crea un “problema” es este el “propio agente” que busca una solución, al modo que al juntar dos componentes químicos se crea una reacción y posiblemente un enlace o una nueva molécula (con unas propiedades, capacidad para interactuar y crear otras más complejas, etc.) Lo que la ciencia estudia son los casos en los cuales la evolución “ha hallado” una respuesta o solución, mientras que toda “pregunta” que no tuvo respuesta ya no está a la vista, no “evolucionó” o no permaneció en la existencia, se extinguió hace ya tiempo. Eso me devuelve al caso del Alzheimer u otras enfermedades o trastornos similares. Mi forma de ver la evolución es que es una pregunta que aún se está cuestionando, solo que le hemos “pillado” en plena “faena”, y aún no sabe si tiene una respuesta, o sólo es un camino errado de sus preguntas que no “le” llevarán a (la) nada.

El presente escrito “quiere” tratar el tema que reza el subtítulo, que en un principio sólo era su mitad: acción frente a reacción. Tiene sus semillas de respuestas, pero de momento quedan veladas. La cuestión es que estoy dando un largo rodeo o escribiendo un preámbulo, que a primera vista no parece que tenga que ver nada con el tema, pero al igual que la evolución, todo tiene en principio un porqué, pues en mi mente, o en el sistema que es un cerebro, toda posible “respuesta” habría de partir de cuál es en realidad la pregunta que habría que hacer, y que de haber una posible buena respuesta, tendría que ser a partir de hacer las preguntas adecuadas. Tampoco descarto las mutaciones, el papel del azar. Muchas “soluciones” a las que llega la ciencia, como el caso de la penicilina, son por mero azar, cuando ni siquiera existía una pregunta previa. De cualquier manera, la cuestión que implica un sistema, en este caso la ciencia humana, es que una vez que se llega a una respuesta, y aunque haya sido por azar, eso a la vez lleva a hacerse las preguntas del porqué ese resultado y no otro, o sea, que al final se revierte el planteamiento y la “pregunta” vuelve al lugar que le corresponde, que es el inicio de toda “respuesta”. En definitiva, que al igual que el científico, la evolución “cuestiona” porqué ha “funcionado” algo que se dio por azar, y a partir de esa “respuesta” se hace las preguntas adecuadas para optimizar el sistema (o enredarlo o volverlo más complejo), o cuanto menos para poner esas premisas como una de las cartas a barajar de la maza que es la evolución, y por ello de sus entresijos.

En ese sentido el actual título implican dos temas porque uno de ellos fue una “mutación”, respuesta o momento insight (“descubrimiento” y comprensión instantánea, sin pregunta previa), que me hizo analizar todo el tema desde otra perspectiva. No es que no lo hubiera tratado y fuera nuevo, pues es uno de los recurrentes de mis escritos: el ser y el aparecer, pero no lo había analizado bajo ese nuevo punto de vista que me plasmó dicha intuición. A la vez eso me llevó a nuevas preguntas o quizás a una posible solución a un tema que siempre he tratado como un dilema: el porqué de un doble sistema de aprendizaje: dolor/placer, cuando sólo con el dolor y su ausencia debería de haber valido para aprender. Sé que de momento todo parece confuso, pero recordar que estoy tratando de ser narrativo, creando expectativa. En concreto, y antes de saber el ángulo desde el que analicé el problema del ser y el aparecer, y dado que quizás su “solución” sea sencilla, me voy a centrar en la consecuencia, en la medida que tal respuesta me llevó a hacerme las preguntas adecuadas. La pregunta fue el cómo nació la sociabilidad, que a la vez nacía de la pregunta de por qué el placer, y más concretamente por qué la dopamina. En definitiva, que a partir del primer insight tuve una segunda intuición, que fue que quizás el placer nació a partir de la sociabilidad. Mi “conclusión” fue que si bien por mero azar la agrupación de peces beneficiaba a dicha especie, la evolución al tener “frente a sí” una solución se hizo las preguntas de porqué y cómo “mejorarlo”. En ese caso uso la dopamina como fuente de placer para alentar a que los peces fueran sociales. O sea, uso la dopamina como reforzador del aprendizaje social. Ya he dado las respuestas, ahora queda plantear o presentar mi “pequeña” investigación.

Tenía frente a mí que el placer surgió como necesidad evolutiva para asentar la sociabilidad, ¿cómo buscar en Internet un posible porqué si quizás nadie se ha hecho esa pregunta y por lo tanto no hay una respuesta en la Red? No sabía cuánto tenía que retroceder en el tiempo evolutivo para encontrar la respuesta. Sabía que el sistema dopaminérgico está asentado en las partes más antiguas del cerebro, luego siempre estuvo ahí, en la vida en la tierra, lo que no sabía es si era tan antiguo como para que también estuviese en el mar. Pregunté en el Google académico: “peces, dopamina” (las “mejores” búsquedas hay que reducirlas a sus mínimos, no se puede -o deben- poner frases complejas como “¿tienen los peces sistema dopaminérgico?”, pues quizás no salga ningún resultado, o sólo alguno de peces o sistema dopaminérgico, pero ningún enlace de los dos temas a la vez). La “respuesta” me llevó por donde no quería o por unos derroteros muy peregrinos. Al parecer la inflaclase de peces que son los teleósteos tienen un sistema en la retina, y sustentado por la dopamina, que regula sus ciclos de noche y día. Parecía un camino cerrado, si bien me pregunté si ese no sería el nacimiento de tal neurotransmisor. La evolución crea una molécula para un uso concreto y más tarde le da un uso más extensivo. Ese es el caso de la oxitocina, una hormona para propiciar la dilatación durante el parto, que más tarde es la denominada “molécula del amor”, de los lazos de las uniones duraderas entre personas. Volviendo a la dopamina y ese posible inicio, si se abstrae tal como “lo pudo haber hecho” la evolución, es que era una molécula que controlaba un comportamiento, luego ¿por qué no “usarla” para controlar otros comportamientos? Es más, la dopamina en la retina de los teleósteos sincroniza sus ritmos o comportamientos con respecto a los ciclos de noche y día. Por otro lado la evolución ya tenía el concepto de inducción, de percepción de cuórum, en un pasado tan remoto como el de las bacterias, luego sólo tenía que extrapolarla para la nueva situación: inducir el agrupamiento en banco de peces, en definitiva a que se sincronizasen para que se comportasen como un solo individuo. Esa búsqueda seudo-fallida me llevaba a que tenía que refinar aún más la pregunta. Una cuestión que llama la atención de los peces es su tendencia a formar bancos o cardúmenes. Cierta vez, en un documental, me enteré que ciertos peces tienen un sensor a lo largo del cuerpo, paralelo a la espina dorsal (en ese momento no sabía el nombre de tal propiedad, que después averigüé: sistema de línea lateral), por el cual captan la presencia de los peces que están a su alrededor. Esa “sensación” era lo que tenía que buscar, y así puse “Sense spine fish, shoals dopamine” en el buscador académico, lo cual me llevó a los temas que quería encontrar. Bajé y leí “Using zebrafish to unravel the genetics of complex brain disorders” de Robert Gerlai (descargar traducción automática y otros ensayos referenciados). Al parecer están usando los peces cebra para análisis genéticos porque son fáciles y baratos de mantener, y en tanto que pueden hacer análisis sobre una gran cantidad de ellos, en menos espacio y con un coste menor que con ratas; con el añadido de que al ser un ancestro más lejano se puede rastrear mejor el origen de ciertos genes y fenotipos, y en la dirección de poder desentrañar la genética del Alzheimer, y otros trastornos como la depresión, la esquizofrenia o la ansiedad. Después de unas tortuosas y largas páginas de preámbulos, llegué a donde yo quería.

Al parecer hay un mayor nivel de aprendizaje en pruebas de laberintos, que en el lenguaje humano puede denominarse como motivado, cuando el pez quiere unirse a los otros peces, frente a situaciones en las que está solo. Los guupys (peces, y ya en la lectura de otro artículo de la Wikipedia) tienen comportamientos sociales tan familiares a los humanos, como que están más tranquilos nadando con los “suyos”, que si por el contrario nadan con “extraños”,  situación en la que se muestran ansiosos o menos relajados. Su bienestar está reglado a que se sienten mejor con extraños que solos, y mejor con sus “afines” que con extraños. ¿No es demasiado similar a lo humano? Remito a leer el ensayo, pero mis conclusiones, y bajo la pregunta que me guiaba, es que los peces de cardúmenes nacen bajo la premisa de mantenerse en grupo, de buscar el grupo y tratar de estar en una posición lo más resguardada posible en el centro. Eso requiere de un aprendizaje (memoria), que es reforzado o mantenido a través de la dopamina. Ese aprendizaje implica algún tipo de placer, al llevar parejo que “estoy haciendo las cosas bien”. Es aprendizaje en la medida que estar en el centro del cardumen es una meta de todos, pero que lógicamente no todos pueden lograr, y se requiere de mucha práctica para llegar o acercarse a esa meta, y es social en la medida que un solo individuo no puede crear un cardumen, y en donde dicho agrupamiento implica unas dinámicas, en donde el todo es más que cada una de las partes. No he “probado” que el placer naciese como “dispositivo” o ardid evolutivo para potenciar o crear el concepto de lo social, pero todo parece indicar que así fue, y además teniendo en cuanta que es anterior a los cordados -rama de la que provienen los peces y más tarde los humanos-, y se “usaba” como neurotransmisor dentro de los sentidos, y entre ellos dos tan antiguos como el olfato, que no deja de ser simplemente la captación de moléculas en el medio, y la vista. En un principio la sociabilidad no implicaba altruismo, cooperación, o ningún otro concepto similar. Ni siquiera estaría ahí la dopamina, en esos primeros momentos, para potenciar el aprendizaje ni la sociabilidad, ni nada parecido. La “teoría del rebaño de peces egoístas” nos dice que en un principio operaba simplemente un comportamiento económico, que los depredadores matarían a los peces solitarios, y que el resto -empujados por todos los depredadores- se terminarían por agrupar (como cuando con una bayeta vamos agrupando las migas en la mesa). Aquellos peces que estuviesen en el centro, o que aprendiesen esa táctica, fueron los que más sobrevivieron y se reprodujeron, que a la larga sería el comportamiento heredado. Para llegar a ese paso la evolución tuvo que “usar” algo de lo que ya disponía para alentar a los peces: la dopamina que era sincronizadora de comportamientos con respecto a la lectura del medio, que la convirtió para que se volviera en placentera, al buscar el agrupamiento y la sincronización con el resto de peces, y en tanto que se buscaba el centro del banco. Todos estos procesos, al ser dinámicos, no pueden ser instintivos, sino que hay que aprenderlos durante la vida, de hecho es una parte del proceso de maduración de los peces alevines, cuando en muchos casos al llegar a adultos van a ser solitarios; la ciencia llama a este comportamiento de esa edad: escolarización. Lo que sí se tiene como instintivo, y alentado por la nueva forma de proceder de la dopamina, era el buscar estar en grupo. A la larga dicha molécula fue la base del aprendizaje (crear patrones de memoria optimizados por el placer) y de la sociabilidad, que más tarde implicarían la colaboración y el altruismo.

Uniendo puntos, ¿cómo la evolución llega al altruismo sin saber de él? Si se desgrana el concepto se subdivide en otros conceptos como fueron 1. el comportamiento egoísta de tratar de estar en el centro de un banco de peces, que llevo a 2. la sociabilidad, que implicaba en su conjunto 3. la colaboración, que al unirse más tarde a la tendencia de propiciar a la propia descendencia llevó al sacrificio y 4. al altruismo (reconocimiento de parentesco debido a un cuidado más dedicado de la descendencia, que de nuevo implicaba muchos costes: a mayor costes, más circuitos, funciones y neurotransmisores implicados). La evolución no sabía del altruismo, pero cuando surge un problema se hace preguntas con semilla de respuesta, en donde el propio problema ya tiene implicado de alguna forma la solución. Lo que digo no implica ningún tipo de cuestión esotérica. La respuesta para fabricar un coche es prepararlos para que el chasis sea en cierta forma flexible y amortigüe el choque, y no como se hicieron al principio: basados en la rigidez. Luego el diseño y la fabricación de un vehículo que va a tener una velocidad elevada y dado que los choques son inevitables, es la flexibilidad del chasis: pregunta con semilla de respuesta. Al igual que el humano con el tiempo se da cuenta de sus errores y rectifica, lo mismo hace la evolución, pero el único agente “pensante” en la evolución son los números y la optimización económica a lo largo del tiempo.

Algo que parece ignorarse a nivel general es que una vez que la evolución da con un “concepto” lo usa una y otra vez, en cuanto se da el problema sobre el que ya ha “pensado”. O sea, si el ADN humano es tan grande es que es un libro de instrucciones de todos los pasos que ha seguido la evolución hasta llegar a nosotros. Al “crear” un humano no se lee todo el libro, pero si se diese el caso que el humano llegase hasta algún atolladero o cuello de botella evolutivo, la evolución recurriría a buscar alguna solución dentro del propio libro, de las soluciones “que usó” en algún otro momento evolutivo, dentro de esa rama genética. El individualismo fue lo primero: está dentro de nosotros, pero ahora somos un animal social, luego no hace uso del individualismo. Con todo hace uso de la tendencia al individualismo sólo en algunas personas y para fines sociales: su herramienta es la autoeficacia, cercano al concepto de autodeterminación y de autopoiesis. Cuando se habla de la masa social es equivalente a hablar de un banco de peces, que seguramente la evolución ya tenía como “concepto”, pues entre las bacterias y las células ya existía la percepción de cuórum. Cuando el humano ve un cardumen de peces lo asemeja a una danza; seguramente si un pez tuviera una conciencia compleja pensaría que el humano cuando baila está tratando de crear un cardumen, sobre todo en las conglomeraciones “Rave“, o las olas en los estadios. Es muy posible que los primeros vertebrados que saliesen del mar a la tierra no fueran grupales, sino individuales (piénsese en la tortuga por ejemplo) y más adelante la evolución volvió a usar el concepto de agrupamiento o sociabilidad -si es que ese fuera el caso de esa especie y que algún ancestro lejano ya hubiera tenido tal comportamiento-, cuando de nuevo en este nuevo ecosistema se diese la depredación. De alguna forma todo humano quiere estar “cobijado” en la cálida sensación que es estar en masa (no los solitarios que rehúyen de tal situación, pues no les crea esa sensación de cobijo, sino de ahogo). Este comportamiento sobre todo sale a relucir en los actuales mega-conciertos, solo que ahora ese centro es estar lo más cerca del escenario.

Voy a tratar de unir estas ideas con escritos y conceptos anteriores. Un trastorno humano relativamente nuevo, en tanto que detectado como distinto a cómo se podría concebir con anterioridad, es el espectro autista. Según una teoría los que parecen este trastorno carecen o tienen dañado la detección de agencia. Escritos atrás hablé de las etapas del desarrollo de un niño, una de esas etapas consiste en tratar de discernir qué tiene o no tiene agente. O sea, que tiene ciertas propiedades autónomas para que sea una vida. Animal proviene de animado, a la vez alma proviene de ánima (animado). Cuando la ciencia hace uso del término agente, a grandes rasgos y excepto en algunos casos, se refiere como un ente vivo autodeterminado y con fines. Tal rasgo es una primitiva con la que nacemos y según la ciencia tal capacidad en el humano es hiperactiva, y en esa dirección creó a los dioses. Un niño tiene que discernir qué tiene agencia o no, pues aunque el juguete de un coche se mueva por un pequeño motor, al final el niño deduce que no se mueve por sí mismo, ni con un fin. En cierto momento de la infancia el niño autista ya no pone atención a las personas, de alguna forma les resta capacidad de agencia. A lo que quiero llegar es que quizás este rasgo sea una forma límite de la evolución para crear una individualidad. Una cantidad importante de los trastornos tienen que ver con la dopamina o alguno de sus receptores. De alguna manera al dañarse este sistema se daña lo que en su tiempo sería la percepción de cuórum, de pertenencia a un grupo, la tendencia hacia la afinidad; lo que a grandes rasgos se calificaría como empatía, sustentado por las neuronas espejo, y que hoy en día gusta de ser llamada la inteligencia emocional (según un meme o moda). Según he repetido muchas veces los preconcientes no suelen saber bailar, o no les gusta en especial, como si sintiesen que no se tuvieran que unir al cardumen. En pruebas con peces se les ha inhibido o dañado su línea lateral y eso no ha impedido que se unan al grupo, pero lo que sí hacen es que no se acercan tanto, mantienen algo más la distancia. ¿Qué se daña realmente?, ¿la “emoción” positiva (premio) de la cercanía?, es como un: “me mantengo cerca por que es mi deber, mi propensión e instinto, pero tal estado no me reporta placer”.

En otro escrito asocié psicopatía y autismo. ¿Quién más desunido de lo humano que un psicópata? La empatía es un rasgo evolutivo propio de los animales más complejos. El autista carece de la conexión necesaria para reconocer las emociones de las otras personas, pero en la misma medida carece de una construcción del yo social y por ello del orgullo, el egotismo y la arrogancia propias del psicópata. ¿De qué fuentes evolutivas beben ambas propiedades? Por un lado está la capa de la detección de agencia, por otro la percepción de cuórum, y por último de cooperación y altruismo, previo paso por la conciencia de sí y de luchar contra las reglas del gen egoísta. Los rasgos de la cooperación y el altruismos surgieron cuando la reproducción se valió de la maternidad: del cuidado durante un tiempo de la progenie indefensa. En animales más complejos, al ir aumentando el tiempo de aprendizaje de la descendencia, se requería una mayor dedicación, con lo cual la evolución se valió de ciertos neuropéptidos para crear un mayor vínculo con los hijos, y por extensión creció la capacidad empática y altruista. Hay que hacer notar que mientras la maternidad lleva millones de años (qué fue antes a nivel evolutivo: la sociabilidad o la maternidad, si lo segundo entonces las hembras ya tendrían una experiencia previa similar, y su química -hormonal, cerebral- ya estaba más preparada para esa nueva situación, -se me ocurre si lo social nació de los pequeños bancos de peces de hijos de la misma madre que tenían que permanecer cerca de ella: otro giro de la “historia”-), la paternidad es más nueva, sobre todo en los mamíferos, y mucho más reciente entre los primates, rama de la que descendemos. Tanto la psicopatía como el autismo son más propios de los hombres. En psicopatía aunque en el siglo pasado estaba claro, y había un mayor porcentaje de hombres, las últimas décadas, ya sea por la “interferencia” del feminismo o ya sea porque los estudios se han llevado a cabo sobre todo en Estados Unidos, una sociedad “rota”, se tienden a igualar, si bien se manifiestan de distintas formas. 

“Diferencias entre sexos:

La investigación sobre psicopatía se ha realizado principalmente en hombres y el PCL-R (lista de verificación de la psicopatía) se desarrolló utilizando principalmente muestras criminales masculinas, lo que plantea la cuestión de qué tan bien se aplican los resultados a las mujeres. Los hombres obtienen puntajes más altos que las mujeres tanto en PCL-R como en PPI (inventario de la personalidad psicopática) y en sus dos escalas principales. Las diferencias tienden a ser algo mayores en la escala interpersonal-afectiva que en la escala antisocial. La mayoría de los estudios, pero no todos, han encontrado una estructura de factores ampliamente similar para hombres y mujeres.

Muchas asociaciones con otros rasgos de personalidad son similares, aunque en un estudio el factor antisocial estaba más fuertemente relacionado con la impulsividad en los hombres y más fuertemente relacionado con la apertura a la experiencia en las mujeres. Se ha sugerido que la psicopatía en los hombres se manifiesta más como un patrón antisocial , mientras que en las mujeres se manifiesta más como un patrón histriónico. Los estudios sobre esto han mostrado resultados mixtos. Los puntajes de PCL-R pueden ser algo menos predictivos de violencia y reincidencia en las mujeres. Por otro lado, la psicopatía puede tener una relación más fuerte con el suicidio y posiblemente internalizar los síntomas en las mujeres. Una sugerencia es que la psicopatía se manifiesta más como conductas externalizadoras en los hombres y más como conductas internalizadoras en las mujeres. 

Los estudios también han encontrado que las mujeres en prisión obtienen puntajes significativamente más bajos en psicopatía que los hombres, y un estudio informó que solo el 11 por ciento de las mujeres violentas en prisión cumplían los criterios de psicopatía en comparación con el 31 por ciento de los hombres violentos. Otros estudios también han señalado que las mujeres psicópatas altas son raras en entornos forenses.”

Conviene aclarar lo que yo considero un caos en el uso de los términos psiquiátricos. ¿Qué es una paella?, ¿la que se hace en la zona del levante español?, si se cambia un ingrediente lo sigue siendo, ¿y dos o tres?, cuándo deja de ser una paella. Preferiría un análisis a partir de qué funciones, partes y neurotransmisores cerebrales están alterados, como es en la medicina, pero no es así. ¿Un delincuente sin escrúpulos es un psicópata?, y una persona antisocial… en qué grado, lo es un el personaje de la serie Wayne, ¿o sólo es un joven rebelde con una infancia truncada? Un psicópata de “guante blanco” es un sociópata, pero… ¿es lo mismo?

Fuente Wikipedia
(Ya entiendo porqué no me gusta ser vendedor ni ser mediático 😉)

A nivel evolutivo, ¿qué sentido tienen? Según la psicología evolutiva “se sugiere que algunos rasgos asociados con la psicopatía, como la sexualidad temprana, promiscua, adúltera y coercitiva, pueden aumentar el éxito reproductivo. Robert Hare ha declarado que muchos machos psicópatas tienen un patrón de apareamiento y abandono rápido de las mujeres, y por lo tanto tienen una alta tasa de fertilidad, lo que resulta en niños que pueden heredar una predisposición a la psicopatía.” Según la psicología evolutiva sólo tiene sentido hablar de psicopatía con respecto al hombre; otra teoría dice que es un tipo de personalidad parasitaria, de la cual no se puede, por lo tanto, excluir a la mujer. Por otro lado hay que tener en cuenta el concepto de spandrel (tímpano, creo que no conviene traducirlo) en biología evolutiva: “es una característica fenotípica que es un subproducto de la evolución de alguna otra característica, más que un producto directo de la selección adaptativa. Es decir, es un rasgo que no es particularmente ventajoso tener, aunque se conserva porque no es particularmente dañino tenerlo”.  Si se considera esta última información, nos encontramos con la paradoja que quizás en los social no haya nada más detestable que la psicopatía, pero la evolución tiene su propia “opinión”. De nuevo la genética “manda” sobre lo social. Una última consideración es hacer la diferencia entre sexo y género. Una mujer masculinizada -con dominancia de andrógenos- seguramente sí será más proclive a ser psicópata.

Aileen Wuornos, fue una asesina en serie estadounidense con claro rasgos masculinos, tenía un fuerte y pronunciado mentón que es un signo de una fuerte carga de testosterona. Qué se deduce de todo esto. Que seguramente es distinto una psicopatía en una mujer (sexo) que en un hombre y que posiblemente habría que usar unos conceptos distintos. ¿Hay hombres homosexuales feminizados (pasivos) psicópatas?, lo dudo (la paradoja de que hoy un homosexual masculino sea más femenino que una mujer feminista). Por otro lado, y según vengo manejando mis ideas, no es lo mismo una mujer que no haya sido madre, que una que sí lo haya sido. Si como hemos visto en otro escrito, la mujer al quedarse embarazada tiene una poda neuronal, tal idea es susceptible de ser extrapolada a que la mujer tiene “dos estados”; sin haber tenido hijos puede que su comportamiento sea más “universal”, mientras que al ser madre queda “activada” para otro tipo de cerebro y de Ser. O dicho en este contexto, una mujer puede llegar a ser de rasgos más psicopáticos cuando no ha sido madre, cuando no ha pasado por esa poda durante el embarazo. Por otro lado hay que tener en cuenta que dicha poda se puede revertir.

Tamara MacLeod
is the pseudonym of a freelance writer, sex worker and activist based in England.

Lo que trato de hacer ver es que hay ciertos trastornos mentales prevalentes hacia uno de los sexos, y que estos vienen dados por las “funciones” o conceptos que “tocan” dichos desórdenes. La esquizofrenia, la hiperactividad y el trastorno de personalidad antisocial son igualmente prevalentes entre los hombres. En la mujer lleva más tiempo el concepto de reciprocidad, puesto que la maternidad lo implicaba. La oxitocina, la hormona del amor, era de la mujer y ahora está en los dos sexos, y el principal neuropéptido que repercute en la inhibición de la dopamina en el padre (ser menos violento y más empático), la prolactina, igualmente era una hormona femenina para activar la leche durante la lactancia: “los niveles elevados de prolactina disminuyen los niveles de hormonas sexuales: estrógeno en las mujeres (que tiene el papel de la testosterona en ellas) y testosterona en los hombres (…) La hormona contrarresta el efecto de la dopamina (?)”, (¿sustituye el placer por lo social, más amplio, por lo familiar, más reducido?, para favorecer lo segundo frente a lo primero). Así tenemos que según la teoría de la coevolución de los sexos, la mujer ha ido “transladando” componentes que le eran propios al sexo masculino, y en la dirección de auto-domesticar la especie. Tampoco hay que ignorar que si la coevolución de la mujer hacia el hombre ha ido en una dirección: la auto-domesticación; lo mismo ocurrirá del hombre hacia la mujer… que quizás lo más masculinizado de ciertas mujeres sea una selección de ciertos hombres (en la dirección de buscar lo igual, pero en otro sexo: complementariedad). Si nos fijamos -y sin ir más lejos y técnicos, pues no hay estudios de todo-, en los comic japoneses se perfilan dos mujeres contrapuestas: una de cuerpo pequeño, rasgos aniñados, inocente y muy femenina en su carácter (Lolita), frente otro prototipo de mujer corpulenta y grandes pechos, cuya personalidad es muy dominante. A esas dos tipologías les siguen sus propias tendencias sexuales: la primera sumisa y masoquista, y la segunda sádica. Los arquetipos de la niña y la madre. La cultura oriental parece haber sido más bipolar y haber ido en dos direcciones opuestas, pues los rasgos neoténicos (aniñados, cuerpos más pequeños) son más propios en países orientales, mientras que occidente no parece haber sido tan dicotómica de forma tan marcada.

Para simplificar todo lo escrito arriba, el hombre tiene una mayor predisposición hacia la individualidad, y en tanto que la dopamina fue un neurotransmisor “ideado” en primer lugar para la sociabilidad, quizás la evolución siempre ha conllevado la contradicción que implica la testosterona, individualista y agresiva, y la dopamina como reguladora de placer ante lo social, como se deduce en la actualidad en la violencia de género y el gamberrismo, también más propio del hombre. Es más posible que se dañe este mecanismo en el hombre que con respecto a la mujer, pues en definitiva trata de crear personas tendentes a la individualidad, o crea tipos de personas que no terminan de perfilarse hacia una sola dirección (bipolar), creando los distintos trastornos del comportamiento y por ello del cerebro, o a la inversa: del cerebro hacia los comportamientos. El autismo es un caso paradigmático, puesto que si es cierto lo que he sugerido arriba, la evolución está tanteando qué ocurre si ya ni siquiera se tiene que detectar la agencia en la realidad. Ese “sistema” es de los más antiguos, pues lo tiene la mayoría de animales, y en ese caso la evolución está tratando de “prescindir” totalmente del pensamiento mágico, pues un autista ve las cosas como son y no como las interpreta la sociedad, sesgada con el pensamiento mágico, la narrabilidad (identidad narrativa), y la detección de agencia. Si es cierto que se está incrementando el número de niños con autismo, ¿no será dada la dirección que está tomando la sociedad cada vez más instrumentalizada y fría, y un feminismo que está tratando de “renegar” de la feminidad (y la maternidad) como rasgos positivos de lo social? O sea, que no es realmente un trastorno, sino adaptaciones que está tanteando la coevolución de los dos sexos y la epigenética, en unas situaciones sociales (ambientales) que están cambiando demasiado rápidamente. En definitiva lo que postula la coevolución dual: que es social y biológica.

Un signo más de esta teoría del sistema dopaminérgico dañado es la inhibición previa al pulso (PPI) o prepulso. En otro lugar he hecho mención a la baja inhibición latente. Demasiados conceptos científicos juntos. Empecemos por el principio. En el sistema humano, como todo sistema complejo dinámico, interactúan dos tipos de retroalimentaciones, la positiva y la negativa, o la activadora y la inhibidora. Los neurotransmisores, así como ciertas hormonas o partes del cerebro, pueden ser activadores o inhibidores. El sistema busca un estado estable, homeostático, entre esas dos fuerzas. Si los sentidos percibieran todo lo que existe en el mundo, todo lo que es susceptible de enervarlos, de activarlos, el cerebro se saturaría de estímulos. En esa condición el sistema nervioso tiene un mecanismo que inhibe la mayoría de los estímulos, sobre todo los familiares y los no alarmantes o que no conlleven algún tipo de peligro. Este mecanismo se llama inhibición latente. La serotonina es inhibidora, bajo mi punto de vista anula el “ruido” de fondo, y es parte de ese mecanismo de inhibición (se “traduce” como precursora de la felicidad, por el hecho de reducir el ruido, la ansiedad -estado enervado-), mientras que la dopamina es activadora. Hay personas que tienen “dañado” o alterado el sistema inhibidor, son las personas denominadas como “altamente sensibles“, aquellos que hace unos siglos se le nominaba como de nervios sensibles o “delicados”. La ciencia, en su tendencia a tratar de medir todo, ha encontrado a través de los encefalogramas ,y sobre los potencial relacionados con un evento (ERP), que en las experiencias de sobresalto, por lo normal, se da un prepulso o estimulación previa que amortigua el sobresalto o susto. En una gran cantidad de trastornos, como los estados maniacos (entre los que se encuentran uno de los lados de los bipolares), la hiperactividad, la esquizofrenia y el autismo se ha encontrado que se carece -o está dañado- este sistema prepulso. Su ausencia hace que dichas personas tengan un sistema nervioso más activo o menos inhibido, lo que ha de llevar a que el sistema homeostático trate de regularse por otros mecanismos. Ya se ha dicho en otras ocasiones que el aprendizaje es por medio de la dopamina (premio), o el cortisol o estado de alarma o miedo, luego si se tiene más activo el sistema del miedo (más antiguo a nivel evolutivo) de alguna forma se desactiva o es menos efectivo el del premio, el basado en la dopamina. Esto encaja a que dichas personas sean más pesimistas, recuerden y centren más sus vidas y comportamientos con respecto a las experiencias negativas o de dolor, pues en definitiva el cerebro trata de aprender sobre todo por el sistema básico de castigo o dolor, anulando o relegando de alguna forma el sistema dopaminérgico, que puede que esté dañado. Tanto el autismo como la esquizofrenia son “sistemas” en donde el estado de sobresalto, alarma o de miedo, toman el control de sus cerebros; en esa condición la dopamina los sobre estimula, de tal manera que lo más homeostático es tratar de anular o regular la función de la dopamina. También cabe el mecanismo contrario, pues la cuestión no es tan clara como la he perfilado arriba. Si resulta que está dañado el sistema de la dopamina, por algún cambio genético o epigenético, el cerebro se las tiene que haber que ha de aprender con el mecanismo restante: el del miedo o el estado de alarma o enervado (sobreexcitado). Eso es lo que viene a decir la teoría de la baja excitación (arousal), que por ejemplo un hiperactivo tiene que interactuar más con la realidad para tener la misma dosis de dopamina que una persona media. En un ejemplo personal que transcribo abajo, yo suelo usar la adrenalina para estimular la aparente ausencia de la función de la dopamina. En los siguientes días después de haberme puesto físicamente en “peligro” mi sistema está más estable (más feliz, si se quiere decir así). De esta manera se puede decir que los amantes al riesgo puede que sean de este tipo de personas, con el sistema dopaminérgico dañado y una baja excitabilidad, que los lleva a “sustituir” la dopamina por la adrenalina. Sé que hay una aparente contradicción entre la baja inhibición latente y la teoría de la baja excitación, pero de fondo y en los dos casos el sistema dañado es el de la dopamina, que se manifiesta bajo el defectuoso sistema de la inhibición previa al pulso (PPI). Puede que este sistema dañado en la mujer o las personas con alta carga de estrógenos dé como resultado las personas altamente sensibles (prevalente en las mujeres), y en los hombres, o alta carga de andrógenos, dé como resultado los amantes al riesgo. Los poetas románticos del siglo XIX, aquellas personas de nervios delicados, eran de tendencia femenina, o menos masculinizada. Yo parezco ir de un espectro a otro, de la alta excitabilidad (para luchar contra la baja excitación, que se suele manifestar en anhedonia), a la baja inhibición latente o estado maniaco. Quizás de fondo un bipolar sea eso: un sistema equilibrado de lo masculino y lo femenino que se dualiza en dos estados y dos respuestas distintas y opuestas, como un sistema dual que no se estabiliza en ninguno de sus dos lados, pues en definitiva lo masculino y lo femenino son dos “mecanismos” distintos que la evolución nunca previó que armonizasen, (como ya algún otro dijo: “pienso mientras escribo”; estas conclusiones las he de comprobar si ya han sido analizadas por la ciencia). Con todo, la evolución guarda algún tipo de equilibrio conceptual; mi hija ha heredado mis condiciones, pero somos lo inverso el uno con respecto del otro, o lo complementario: yo soy masculino con cierta sensibilidad femenina, mientras que mi hija es femenina con cierta “arrogancia” (¿rudeza?) e impulsividad masculina; el equilibrio es aparente, pues yo soy más amante al riesgo, mientras que ella siempre lucha por ganar cuando yo no. Esa “arrogancia” femenina cada vez se manifiesta más entre las mujeres, e igualmente entre los hombres mi condición; otra cuestión a tener en cuenta de porqué llora más hoy en día los hombres. Hay que recordar que los cambios epigenéticos se heredan por tres generaciones; en ese caso y en la actualidad puede llegar a ser, por retroalimentación positiva, un estado “epidémico”. Tampoco se puede descartar, por las últimas conclusiones, que la evolución esté tratando de igualar los dos sexos hacia un centro, quizás por su coevolución con lo social, sí fuera así el feminismo “lee” el estado actual y saca conclusiones precipitadas, sin tener en cuenta análisis más profundos, como lo está tratando de ser el presente escrito.

Esa aparente igualación al centro es solo un tanteo que quizás tenga que ver más con la evolución social que con la biológica, y en cierta medida sea fallida. Si se analiza la gráfica de abajo del todo y a su derecha, el hombre es instinto y razón, reptil individualista y razón; esta visión la comparte igualmente -aunque en otro lenguaje- la antropóloga feminista Almudena Hernando, y además lo puede corroborar el hecho de que en el hombre los procesos cognitivos los lleva a cabo sobre todo el hemisferio izquierdo, adaptado para ser usado como cálculo, el llamado intérprete del hemisferio izquierdo de Michael S. Gazzaniga, mientras que en la mujer estos mismos procesos están menos centralizados, o están menos localizados, y son llevados a cabo por los dos hemisferios.

Si en el hombre se da una prevalencia hacia la psicopatía -frío cálculo, hipercontrol y “animal”- es dado a esta tendencia al puenteo de las emociones, puenteo que quizás quede bien reflejado en la serie Wayne, en donde su personaje principal llama a su “Conan el bárbaro” para que accione en la vida; mientras que la mujer al nacer para la maternidad es empatía, cooperación y emoción. Bajo mi punto de vista el hombre, a lo largo de su evolución homínida, necesitó hacer un uso más extensivo de las funciones ejecutivas del cerebro (no excluyo otras posibilidades, pero ahora me interesa centrarme más en esta teoría), en la dirección de frenar su violencia innata. Una persona violenta suele tener poco control de la ira (subcontrolada) y suele venir dado por alguna disfuncionalidad ejecutiva, alguna disfunción de las estructuras del prefrontal (ir a estudio sobre el tema). A ese estado se llega por una buena educación dentro de una familia estable, si algo falla durante alguna parte de su desarrollo, hasta llegar a ser adulto, tales estructuras no se terminarán de formar.

Tipologías de maltratadores de mujeres
(en un hospital psiquiátrico penitenciario)

Las mujeres a las que hago mención suelen ser algo arrogantes o agresivas en lo verbal, pero no así en lo físico, puede que contra objetos, pero no contra la vida. Para que se me entienda, y esperando que no se ofendan por la analogía, son “perro ladrador poco mordedor”. Su  prefrontal no tiene que entrar tanto en juego a la hora de la agresividad, puesto que su condición sexual de mujer: empática y protectora de la vida, ya las inhibe para hacer daño físico al prójimo. Incluso cuando se suicidan no suele ser de forma demasiado agresiva contra su cuerpo. En el hombre sin embargo no es así, están más comunicados con lo instintivo, y lo que les hace de freno es el prefrontal o sistema ejecutivo. Daña esta zona en un hombre, como así ocurrió en el famoso caso de Phineas Gage,  y tendrás una persona agresiva, imprevisible, inestable y peligrosa. Lo mismo, quizás, se pueda decir de un hombre más sensible, quizás no sepa regular su emotividad, pues no tiene los “mecanismos” necesarios. En ambos casos, quizás, no se herede el “paquete completo”, y ante dicho déficit el cerebro no termine de operar bien. Siguiendo el ejemplo del móvil, es como si se pusiera la cámara, pero en la carcasa no se pusiese la apertura con su correspondiente cristal, o como si este estuviese en la carcasa, pero tras él no hubiera una cámara. En definitiva, no puede haber una igualación al centro, pues mientras que las mujeres están más ligadas a las emociones, la contraparte que es el hombre lo está a los instintos. Es posible que todo estado intermedio sean los proclives a los trastornos mentales. Identidades difusas, en definitiva. Aún esta afirmación no niego que en parte sea una condición social (ni se termina de aceptar una mujer “ruda”, ni un hombre “sensible”), pues al no ser las “posiciones” aceptadas en lo social se pueden llegar a sentir excluidas, y dicha exclusión puede que sea el relé que “active” su estado liminal.

Vuelvo arriba sobre la inhibición previa al pulso (PPI) ya para terminar este análisis sobre el sistema dopaminérgico dañado. La segunda parte, menos o nada conocida, sobre los experimentos de Pávlov sobre la salivación del perro tras tocar la campana, era que tal estado desaparecía con el tiempo, si seguidamente de tocar la campana no llegaba comida. A tal proceso, en psicología, se llama extinción, en tanto que dicho patrón de comportamiento, y por ellos memoria, desaparecen. Lo que se ha comprobado es que las personas con los trastornos que voy tratando en el escrito, y que igualmente tiene desactivado o dañado el sistema prepulso, no les parece “funcionar” la extinción. No se les amortigua o anula un patrón aprendido a través del miedo o un estado de alarma. Tras de esta carencia se encuentra el ejemplo más claro como así lo es el síndrome de estrés postraumático. De nuevo volvemos al concepto del pesimismo. Una persona con la inhibición previa al pulso dañada o desactivada, y sin el mecanismo de la extinción, tiende a recordar o no olvidar aquello que le ha dañado en el pasado. ¿No es alusivo todo esto a la forma que suelen tener los animales de recordar el miedo o el dolor? Un animal no parece capaz de desaprender cuando algo le ha hecho daño. En el caso del perro de Pávlov, condicionamiento clásico, tal asociación no se produjo por el sistema de castigo o dolor, en el que interviene la amígdala, era un condicionamiento del sistema dopaminérgico, el del premio. La extinción seguramente está más ligada al sistema del premio que al del castigo, y ya en un humano una persona promedio -sin el prepulso desactivado-, el sistema del premio seguramente tenderá a regular y potenciar la extinción igualmente al sistema del castigo, compensando lo negativo por lo positivo. No parece ser así con las personas con el prepulso dañado, pues no parece terminar de adaptarse o a desaprender sus miedos o aquello que les hizo daño. De nuevo en este mecanismo podemos hallar trazas del papel del prefrontal. La cognición tiende a ayudar a minimizar los daños, racionalizándolos, pero si tal zona es disfuncional deja de hacer ese papel. Con esto volvemos a la gráfica y el uso del prefrontal en el hombre con respecto a la mujer. Con un mayor tiempo y tendencia a tener que enfrentarse a las fieras o los animales peligrosos, el hombre hizo un uso más extensivo del prefrontal para racionalizar sus miedos, para potenciar ese mecanismo de la extinción. Nos encontramos con dos situaciones o marcos distintos. El prefrontal como inhibidor de la agresividad y este mismo como inhibidor del miedo. El segundo mecanismo lo ha de tener tanto la mujer como el hombre, pero fue este último el que quizás le tuvo que dar más uso. Arriba ya hemos visto que distintas partes del cerebro, como la subdivisión central del núcleo del lecho de la estría terminal, están más desarrolladas en los hombres. Cuando se habla de una función en el cerebro hay que tener en cuenta que si bien hay una parte que es la principal y por ello la orquestadora, dicha función está distribuida por todo el cerebro. O sea, que si bien el prefrontal hace de sistema ejecutivo, previsor en el tiempo e ideado para planificar, e igualmente para inhibir procesos instintivos o básicos, esta función está distribuida por todo el cerebro, y en el caso del control del miedo la subdivisión central del núcleo del lecho de la estría terminal forma parte del hombre y algo menos en la mujer. ¿Es un arquetipo o estereotipo que la mujer se asuste más o es instintivo?, es una construcción social o es “real”. Lo que suele ocurrir con las ideologías es que si bien tratan de decirse libres de “idealismos” o esencialismos, lo suelen ser cuando se les designa con ciertos fallos, pero no hacen el mismo “feo” cuando se les hace un alago. Al feminismo le “gusta” el esencialismo cuando se dice que su sexo es menos agresivo -o está implícito cuando dicen que el macho es agresivo y mata-, pero no así cuando se les dice que tienen tal o cual “defecto” (denominar algo como defecto o virtud sí suele ser una construcción social). Dejemos que hable la ciencia sobre este caso, en concreto de la amígdala (ir al artículo donde direcciona a los estudios publicados sobre el tema):

La amígdala es una de las regiones cerebrales mejor entendidas con respecto a las diferencias entre los sexos . La amígdala es más grande en los machos que en las hembras en niños de 7 a 11 años, en humanos adultos, y en ratas adultas.

Además del tamaño, se han observado otras diferencias funcionales y estructurales entre las amígdalas masculinas y femeninas. La activación de la amígdala de los sujetos se observó al mirar una película de terror y estímulos subliminales. Los resultados del estudio mostraron una lateralización diferente de la amígdala en hombres y mujeres. La memoria mejorada para la película se relacionó con la actividad mejorada de la amígdala izquierda, pero no con la derecha en las mujeres, mientras que se relacionó con la actividad mejorada de la amígdala derecha, pero no con la izquierda en los hombres. Un estudio encontró evidencia de que, en promedio, las mujeres tienden a retener recuerdos más fuertes para los eventos emocionales que los hombres.

La amígdala correcta también está relacionada con la acción y con las emociones negativas, lo que puede ayudar a explicar por qué los hombres tienden a responder físicamente a estímulos estresantes emocionalmente. La amígdala izquierda permite recordar detalles, pero también produce más pensamiento en lugar de acción en respuesta a estímulos estresantes emocionalmente, lo que puede explicar la ausencia de respuesta física en las mujeres.”

Si tenemos en cuenta la historia humana, al final el homo sapiens al animal que más tenía que temer era a otro ser humano. En el caso de la mujer el miedo a la violación les ha llevado a temer al hombre, a la hipervigilancia. A lo largo de la historia humana un macho ha tendido a matar a otro macho, pero ha tendido a preservar a la mujer, ya fuera para ser secuestrada o para ser violada. Dos miedos ancestrales distintos, el miedo a la muerte y el miedo a la violación, crean funciones y adaptaciones distintas. Como ya dije en otro lugar, la palabra pánico proviene del dios Pan, del miedo que tenían las mujeres a ser arrebatadas, poseídas primero desde dentro, por la presencia en los bosques del macho cabrío (de donde proviene la imagen actual del demonio y por ello de la posesión demoníaca). Siguiendo esta lógica de dos mecanismos distintos del miedo, ¿qué ocurre si los mezclas en una misma persona?, si se crean individuos con rasgos entre el hombre y la mujer. ¿No llevará a estados cerebrales que no parezcan funcionar bien y que sean susceptibles a llevar a trastornos? En definitiva, que solemos ser quimeras entre dos tipos de cerebros que no parecen terminar de funcionar bien juntos. ¿Es posible que el miedo más difuso de la mujer -no una muerte directa, ya entreveo que no gustará el adjetivo elegido: poner alguno alternativo, leer entrelíneas-, lleve a estados hipervigilantes, a que todo pueda ser amenazante y no se pueda extinguir en los cerebros de los hombres, como así ocurre en la esquizofrenia y sus estados psicóticos y persecutorios? Vuelvo a repetir que la evolución tantea, mezcla cartas, y que sus finalidades a veces fallan, que no tienen por qué llevar a un final “feliz”, que recorre muchos caminos del laberinto que al final están cerrados. La posible igualación a un centro en el comportamiento entre los sexos puede que al final lleve a alguna salida o puede que no, y sólo dé como resultado lo que nos estamos encontrando en el siglo XX y XXI, a pandemias de trastornos mentales.

(Conclusiones previas. La determinación del sexo, y por ello la entrada en juego de la testosterona en el nonato, ocurre en dos momentos: la sexualidad física, como los rasgos externos -pene o vagina-, y la sexualidad cerebral. Por otro lado, mientras que el primer estado es como quien dice a cara o cruz y de una sola vez, por el contrario la determinación del sexo cerebral es por fases, en tanto que este tiene un desarrollo más largo y complejo de cada una de sus partes o funciones. Como estrógeno y testosterona forman parte de ese desarrollo, repercuten en qué zonas cerebrales o funciones serán más masculinas o femeninas. Bajo mi punto de vista una mujer no debería de trabajar desde el momento que sabe que está embarazada, ya que el estrés ambiental, físico o mental -ya sea interno de forzarlo en trabajos de mucha carga cognitiva, o ya sea por la presión externa del trabajo: jefes, imposiciones-, repercute en todos esos procesos de la creación de su cerebro y su determinación de un tipo de cerebro masculino o femenino. En definitiva con unos mecanismos  más probados por la evolución. Los “puristas” pueden pensar que trato de “curar” la homosexualidad: no, mi mensaje va dirigido hacia la idea de que los trastornos como la esquizofrenia, el desorden de personalidad antisocial o el autismo se “programan” en el embarazo por el efecto de la epigenética, de la impronta genética, y en donde se cree que entra en juego una alta carga de testosterona en cierta etapa del embarazo. Tampoco estoy en contra del autismo, ya que según sus “defensores” debería de estar fuera del manual de diagnóstico psiquiátrico y no ser tomado como un trastorno mental. Saco conclusiones a partir de lo que leo, y teniendo en cuenta que el autismo y la hiperactividad se están incrementando y puede ir parejo con la mujer trabajadora. Tampoco va en contra de que la mujer trabaje, solo que por lo delicado de tal estado, pienso que lo más aconsejable sería que no trabajase durante el embarazo. El estrés actual, de miedos difusos y de la alta carga cognitiva, no tienen equivalentes en la antigüedad o la prehistoria. El cansancio físico quizás, como cuando se daba la recogida de la cosecha, pero la carga cognitiva y el estrés mental quizás sea el estado más sensible, y que pueda repercutir en el desarrollo del cerebro de un bebé, pues hace que la madre mantenga su sistema simpático activo, situación nada aconsejable. La mujer “mimada” y super-protegida, que era el estado anterior al actual, era un signo de lo delicado de tal situación. Por otro lado no ignoro que ciertos estados no se den durante el embarazo, sino que se activen a lo largo de la niñez o la juventud, en definitiva en cerebros que aún están en desarrollo. De cualquier forma sigue estando, en un alto grado, en manos de los padres y de nuevo entra en juego el papel del matrimonio estable; cuestión cada vez más complicada y que el feminismo está desestabilizando aún más.)

Toca otro giro de tuerca. Tratar de unir ritualización, que ya se trató en el escrito anterior, y el autismo, en la dirección de seguir desentrañando los mecanismos evolutivos. Las personas con el espectro autista suelen recurrir a reproducir patrones de comportamientos repetitivos en la dirección de calmarse o restarse ansiedad. A tal patrón se le llama auto-estimulación (stimming en inglés). Es un comportamiento que está en el reino animal, ya que ciertos animales recurren a los movimientos estereotipados en la dirección de calmarse, sobre todo los encerrados en zoológicos o jaulas. Este sistema igualmente está relacionado con la dopamina. Una persona adicta a los juegos, sobre todo a las tragaperras, son personas que en primer lugar están recurriendo a este proceso de la auto-estimulación, pues se relajan en esa rutina repetitiva de las máquinas tragaperras. Igualmente este mismo mecanismo está detrás del trastorno impulsivo-compulsivo (o cualquier otra compulsión), pues recurren a movimientos estereotipados y repetitivos. Cualquier persona “normal” en situaciones de estrés o ansiedad tiende a hacer algún patrón repetitivo y estereotipado, en mi caso araño la punta de una uña con otra. ¿Qué hay tras todo esto? La capacidad de sentirse aceptado o rechazado del grupo -o puesto bajo el ojo clínico, como así sucede durante una entrevista-. La aceptación total es la que viene dada por la madre. En el roró de las madres se da ese mismo patrón repetitivo para tranquilizar y dormir a sus hijos. ¿Qué acto repetitivo es el primero?, la succión. En dicho proceso se estructuran y unen dos funciones tan dispares como lo son el acceso a la comida, con la ligazón con la madre a través de la oxitocina. Todo estado limerente que atente contra el sistema de vinculación humana, en donde medie dopamina y oxitocina, es susceptible de crear patrones estereotipados como sublimación de aquel estado primero y en la dirección de buscar el mismo estado homeostático o relajado. Aquí vemos de forma clara cómo la evolución en realidad trata con metáforas, con conceptos. Que no se trata de la química cerebral, sino de apuntar con los comportamientos a esas metáforas o conceptos que suplan dicho vacío. La estereotipia suple una metáfora que ha de ser el patrón deseado, que se metaforiza en los tic, en las adicciones, lo compulsivo y las manías. En definitivas en estimulaciones placenteras -autoestimulaciones-, a falta de estimulaciones que prevengan desde fuera, ya sea la madre u otro ser querido y cercano. O dicho de otra forma: sustituye unas ritualizaciones por otras (a falta de pan buenas son tortas). Parte de proceso de la autolimpieza que se procuran ciertos animales consiste en el auto-placer que tal proceso conlleva, en definitiva que lo que entra en juego es el sistema de recompensa, de la dopamina. Este parece ser el origen más lejano: todo mamífero parte de un ancestro común con pelo que requería de este proceso de autolimpieza, que provenía a la vez de la limpieza que le habían dado sus madres. Un comportamiento aprendido, un comportamiento social, un comportamiento repetitivo e individual. Cuando más tarde nuestros ancestros homínidos comunes crearon el desparasitado como estrategia de crear lazos sociales terminaron de darle la forma que conocemos en la actualidad. En su tiempo no ser desparasitado por nadie era igual a ser un parias, a ser rechazado por la sociedad, donde tal estado era susceptible de llevar a ese individuo al ostracismo, a la exclusión y por ello a la muerte. Cuando se nos cuestiona nos ponemos nerviosos y para suplir esa falta de estimulación ajena, que nos despiojen los otros, recurrimos a algún tipo de patrón repetitivo de autoestimuación que nos relaje.

Con esto vuelvo a los ritos, y por ello a los tabús, que han sido los que nos forjaron durante cientos de milenios. Lo que tendría que decir aquí, para rematar el escrito anterior, está tratado de forma clara, amplia y sencilla en el artículo de la Wikipedia sobre la ecología cognitiva de la religión (ecología aquí quiere decir adaptación genética al medio por medio de comportamientos), con lo cual remito a leerlo y me ahorro redundar, pues creo que yo no voy a ser más claro. Dejo este párrafo para da una idea general:

La investigación en psicología evolutiva sugiere que el cerebro es una red coordinada de módulos específicos de dominio que corresponden a varias adaptaciones que surgieron en nuestra historia evolutiva.] La mayoría afirma que la capacidad para los pensamientos religiosos no es una adaptación modular en sí misma, sino un subproducto evolutivo de múltiples mecanismos integrados que surgieron independientemente y están diseñados para diferentes funciones. Estos módulos se adoptaron para dar lugar a patrones de pensamiento religioso e incluyen la teoría de la mente , la psicología esencial y el dispositivo de detección de la agencia hiperactiva . Además, la transmisión cultural de estas ideas depende de que sean mínimamente intuitivas.”

Lo que sí haré es unir sus ideas con las mías. Un cardumen -banco de peces- forma unidad, es un estado emergente en donde el todo es más que cada una de sus unidades. El humano siempre ha tenido el problema de que su conciencia, que sus capacidades del prefrontal, sus qualias (gustos), lo individualizan. El sistema que es una especie -vista como una individualidad- ha de crear sus propios mecanismos que lo regulen a un estado homeostático. Lo que viene a decir la psicología evolutiva, el estudio de sistemas complejos y este escrito, es que la religiosidad es una forma que la evolución halló para estabilizar tanto a lo social, como ese estado emergente de la conciencia que individualizaba a una persona, como para hacerle no sentir en cierta medida ansiedad (limerencia) ante el hecho de sentirse fuera de esa unidad social, en el proceso de sentirse individual. Cuando nos unimos a una religión -la aceptamos plenamente- perdemos dicha sensación de individualidad, al sentirnos unidos a algo más grande y abarcador: nos sentimos partes de un todo, en definitiva aceptados o “pertenecientes” a esa comunidad. La evolución en el humano, tuvo que tomar ese camino hacia la religiosidad para restarle ansiedad. Un grupo humano de la prehistoria se prefijaba en unos rituales o costumbres que eran su seña de identidad, y en donde dichas señas creaban esa totalidad, al igual que en un cardumen un pez ya no es un ente individual, sino sumado a un sistema mayor con sus propias reglas, y en cierta forma su propia “conciencia”, en tanto que estado que seguía sus propias conductas y economía del comportamiento (ecología cognitiva). Si unimos la idea básica de la ecología cognitiva de la religión, con lo tratado en este escrito, y puesto que es común en muchos de los trastornos tender a algún tipo de estereotipia, de caer en patrones repetitivos, se deduce que el trasfondo es que son personas que de alguna forma se sienten desunidos o excluidos de lo social. La idea de Dios se ha unido, en distintos campos de la ciencia, con la teoría del apego. Cuando empezamos a perder la fuerte emoción que es el apego con la madre o el cuidador, la persona religiosa lo proyecta sobre Dios. Si un individuo no siente ese estado de pertenencia con nada, y en la prehistoria era su grupo y su dios (que eran unidad), su apego queda suspendido en el vacío. El caso es, ¿son activados para ser individualistas o es un “accidente”?, no creo que se pueda dar una respuesta taxativa a tal pregunta. Pienso que se dan los dos casos. De alguna forma el “antiguo” prototipo de macho alfa tenía que ser algo individualista, no ser un replicador, sino alguien que era al que replicar. En esa dirección tenía que tener una estructura -a nivel químico- cerebral algo distinta, en el sentido de que tendría que ser menos ritualista por tender a ser menos social. Eso encajaría con que la psicopatía no recurra a ningún acto de autoestimulación, como así sucede con otros trastornos. En otros casos, ya sea por herencia genética, un cambio epigenético o una niñez complicada y con traumas, la individualidad y la rotura se da por accidente, “programando” a esa persona para lidiar esa exclusión con el trastorno para el que sea tendente, que al fin y al cabo es un tipo extraño de comportamiento adaptativo y tiene su propia idiosincrasia. Finalizo esta sección volviendo a las personas con el espectro autista. Quizás no haya otro trastorno que muestre de forma más clara la dualidad humana que he tratado de mostrar aquí. Los autistas son -quizás- los cerebros más aislados de lo social que existan (se apunta a una deficiencia de la oxitocina), pero a la vez es donde se da una mayor necesidad para recurrir a la autoestimulación. Cerrados sobre sí mismos, sólo hayan consuelo con el mecanismo evolutivo que hace referencia a lo social de forma metafórica: la autoestimulación. Saben leer el signo, pero no saben su significado. ¿Acaso no nos pasa lo mismo de alguna forma a todos?, que leemos la grafía de la vida, pero ya no logramos entender su significado.

Unas últimas consideraciones. Como dije al principio sobre los límites cerebrales, todo este escrito apenas si se centra en unos pocos conceptos, ignorando o dejando de lado, por ejemplo, la identidad narrativa o qué es aparecer y ser, en toda esta trama. Doy por supuesto que el lector avispado sabe dónde va cada concepto e idea y cómo, aunque no los mencione ni una sola vez, de fondo sólo estoy hablando de esos temas. Por otro lado en cierta medida no he tocado el tema de los subtítulos, es lo que ha de venir ahora, si bien ser y aparecer está implícito en todo lo escrito hasta ahora. En los últimos escritos dejo preguntas en el aire que al final no contesto, ahí va otra: en el dilema de qué es construcción social, ¿no será que lo que es construcción es la situación actual?, en donde ignoramos todo lo natural para ser tan sólo lo que creemos construir. En definitiva, es una vuelta de rosca hacia la identidad narrativa, a la identidad que construye el prefrontal tratando de ignorar que sólo es la capa de pintura de una máquina muy compleja que lleva millones de años auto fabricándose. Nuestro actual ritualismo es dejar de ver que el emperador está desnudo, pues todos lo estamos y no queremos hacer dicha declaración ante el miedo que nos declaren igualmente desnudos.

Un Caso Personal (que ejemplifica todo este discurso)

Hace unas semanas, en una caminata de 18 kilómetros, subí dos precipicios, cuando llegué a casa no recordaba el primero, si había sido exitoso o no y cómo había sido. El cansancio repercutía en la memoria de trabajo en su papel de recuperación de la memoria a corto plazo (este lenguaje es confuso incluso para mí, pues no hay uniformidad entre los científicos a la hora de decidir si son dos tipos de memorias o dos maneras de llamar a lo mismo). Sí recordaba el segundo tramo, con más dificultades y en donde pasé más miedo al correr más riesgos. Subí hasta una plataforma, pero no se podía coronar la subida, pues había un alero que no podía salvar. Recorrí ese saliente hacia la derecha, en cierto momento tenía que bajar el desnivel de una roca, a modo de escalón, que no tenía ningún tipo de agarre, y en donde al final la plataforma era un voladizo de unos cuatro metros de caída hacia el agua. Daba vértigo, si resbalaba o cogía velocidad al bajar la roca podría irme al vacío. Me senté y descendí ese escalón culeando y tanteando con los pies. Seguí adelante, pero al final no había salida: había un precipicio de unos dos metros que sin cuerda no se podía bajar. Saltar no era una opción pues el terreno es de piedras de pizarras sueltas, en algunos casos afiladas, cubiertas de vegetación. Tuve que volver atrás y descender, cuando para alguien inexperto, como soy yo, es peor. Al final subí de ese “agujero” por un lugar más sencillo pero trabajoso.

A la mañana siguiente, ya descansado y en donde la noche había terminado de asentar las memorias, recordé la primera subida. Había salido a la caminata con diarrea, por el camino comí algo para tomar fuerzas, pero en mitad de esa primera subida me entraron unos retortijones fuertes y tuve que bajar para defecar, para al final tener que volver a subir. Sí logré mi meta, aun con sus dificultades.

Lo que trato de hacer ver es que una persona “normal” no hubiera salido a recorrer muchos kilómetros, y mucho menos escalar precipicios, por ser ecuánime con su condición física. Tampoco hubiera tratado de escalar habiendo visto que la diarrea persistía…, y mucho menos haberse enfrentado al segundo precipicio con un mayor nivel de problemas. Por otro lado está la cuestión de cómo operó el cerebro con la memoria de trabajo. Retuvo la segunda escalada por el miedo  implicado, pero no el éxito del primero. Uniendo las distintas ideas plasmadas en el escrito, se puede deducir que mi tipo de apuesta evolutiva es una en donde la dopamina (el premio de la primera subida) no había terminado de retener la información, que a la vez repercute en una memoria de trabajo “más pobre” o reducida. De lo que se puede extrapolar que el tipo de apuesta que soy no es que tenga el “fallo” con el tratamiento de la dopamina, sino que es una tipología -que al ser individualista- no tiene implementado tal sistema y en tanto que se creó sobre todo para lo social y para las personas sociables. A ser una tipología que aprende sobre todo con castigo/no-castigo, tiendo a no tener presente los éxitos, y eso lleva a lo que se entiende comúnmente por pesimista, que si se comprende lo que quiero decir y el ejemplo expuesto, es una categorización errónea, ya que de lo que se trata es que el cerebro no trabaja tanto con la dopamina como sistema para el aprendizaje. Por otro lado dado ese “vacío” de la emoción del premio (o en una proporción más baja o suavizada) esa tipología que represento tiende a correr más riesgos para sentir emociones profundas o intensas, con lo que es más proclive para correr riesgos, o para tomar la postura del típico “de perdido al río”. ¿En qué medida esta tipología no es la que tomaba los riesgos de cruzar una cordillera para encontrar un valle o el otro lado? Lo que quiero hacer ver es que han sido uno de los precursores de que la humanidad se expandiera por todo el planeta. En unas comunidades que siempre estaban al borde de la extinción no cabía la estabilidad homeostática, sólo quedaba la opción de hacer que permaneciesen en una constante retroalimentación positiva, haciendo que todo individuo que quisiese sobresalir, y sintiéndose algo aislado del grupo y por lo tanto más individualizado, tomase ese tipo de riesgos que nadie más moderado quería correr.

Esto me lleva a otras deducciones. Los científicos tienen que controlar las condiciones para analizar una situación, pero eso lleva a estudiar todo fuera de la acción “real” de los distintos neurotransmisores y tipologías de ciertos genes. Pienso que esa tipología, a la que me refiero, ni siquiera es una situación estable, sino que se activa en ciertas situaciones (no sé si a nivel epigenético o simplemente por alguna hormona). Cuando un lobo se separa de la manada para buscar una hembra u otra manada, se crea en el cerebro ese tipo de estado en donde la dopamina baja su función y sólo se queda el castigo (miedo) y el no premio. En esas condiciones ese lobo individualizado se “auto-programa” para correr más riesgos de los debidos (habría que capturar a esos lobos y hacer análisis de su química cerebral en dicha situación para ver si tiene sentido lo que digo). Lo que propongo coincide con el concepto de Viktor Frankl de “existencia provisional”. Cuando al final encuentra una manada su “química” vuelve a cambiar a su estado “normal”. Esto coincide con el hecho que la esquizofrenia se dé sobre todo en la juventud, pues es la edad en donde uno tiene que buscar su propia manada o su “hembra”, también tiene sentido con respecto a que la esquizofrenia sobre todo se dé entre los hombres, que son los que suelen que tener que coger el rol -a nivel de mayor tiempo filogenético- de buscar a su pareja o crear una nueva manada. En esa misma dirección, la juventud pasa más por un proceso de amar el riesgo y de que le gusten las películas de terror, es como si durante esa edad se pusiese en juego el sistema de recompensa de la dopamina, y quedase el restante: el del miedo y el riesgo. También encaja a que de forma generalizada se tenga más miedo de los solitarios, pues suelen ser los más liminales, los que tienen menos que perder para cometer riesgos o “salirse del camino” neuronormativo. En las sociedades actuales, en donde se está pronunciando cada vez más el aislamiento o la falta de conexión, ese estado se puede quedar “activado”, cuando en la naturaleza lo suyo es que se terminase por desactivar.

En definitiva, no es un “error genético”, sino algo programado en la evolución en tanto que estado liminal que se activa hasta que dicho individuo (o ser individualizado) crea un grupo en donde vuelve a “recuperar” su sociabilidad y por ello el papel de la dopamina. En mi caso ese “de perdidos al río” es la tónica de mi vida, siempre suelo tomar las “decisiones” menos “prácticas” o moderadas, lo que suelen calificarse como “locuras”, calificativo con el que me llamaban mis hermanos cuando era joven: “el locuras”.

Mi vida se divide en antes de ir a vivir a Béjar, un pueblo al lado de las montañas, y después. Mis veranos siempre han sido muy inestables, con mucha ansiedad, intranquilidad y desasosiego. Ya en Béjar en primavera y verano me daba largas caminatas subiendo y bajando la montaña, donde la tónica era no ir por caminos trazados, y en donde a la menor me extraviaba y me metía en apuros. En esos casos se activa el sistema de alarma, que principalmente hace uso de la adrenalina y el cortisol, pero siempre resolvía la situación. A partir de entonces yo tomaba el control de los veranos, ya no tenía esa misma sensación de “ahogo mental”. No sé si era por algo químico o simplemente porque al tener control de situaciones de “peligro” cambió mi perspectiva sobre mí, o es una suma de las dos cosas (y teniendo en cuenta que la cognición del control igualmente implica alguna química). ¿Por qué al humano le gusta las películas de terror?, o ciertas atracciones de los parques como la caída libre. ¿No será que su equilibrio químico y emocional dependa del estar lidiando con el miedo de las situaciones “reales”? Las situaciones sociales de angustia no generan miedo “real”, sino un miedo difuso pero constante sobre el que no se tiene el control -que nadie quiere reconocer de buena gana pues no quiere ser tildado de débil y tampoco que use ese conocimiento en su contra-, pues hemos creado una sociedad tan compleja que la emoción más clara suele ser la impotencia, la de estar luchando contra aparentes “molinos de viento”. Crean en definitiva impotencia aprendida.

Gráfica principal. Mapa sobre el cerebro humano según distintas teorías.

¿El Gusto Musical está Unido al Nivel de Inteligencia?

La libertad nació de la alienación y viceversa.” Gehlen
La conciencia del espacio, que es la de los reptiles; la conciencia de la relación con otros, que es la de los mamíferos, animales sociales por excelencia; y la conciencia del tiempo, que es la de los humanos terrícolas, capaces de adelantarse al presente imaginando el futuro y por tanto haciendo planes.” Michio Kaku
Él intenta dar sentido a su ser, ¿no es lo que hacemos todos?”, en la película “Glass”

 

   Breve historia de este escrito. Partía de una idea sencilla, sostenida en su momento por Virgil Griffith, que viene a decir que el tipo de música que se escucha viene dado por el nivel de inteligencia. La idea, y la gráfica distribuida, se volvió viral en su momento, pero su autor no redundó en el tema, pues si bien podía ser una idea positiva para las personas que tenían gustos muy “exquisitos” en música, por otro lado, y dado que vivimos en la época de los “ofendiditos”, aquellas otras personas que tenían unos gustos tendentes al pop y los números 1, sintieron que se les estaban llamando estúpidos. El propio autor, ante el ataque por parte de algunas personas, colgó en su página una excusa y un ruego: “Sí, soy consciente de la correlación≠causalidad. Los resultados encarnan la hilaridad (sólo quieren ser anecdóticos, me imagino que quiere decir) sin tener en cuenta la causalidad. Puedes dejar de enviarme un correo electrónico sobre esta distinción. Gracias.” El autor se encaminó por otros derroteros, como la programación de vida artificial en informática, y dio carpetazo al asunto.

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   Como yo me he interesado por las neurociencias, y había encontrado una vía de esta ciencia que trata de encaminar en qué medida el cerebro trabaja por la sincronización de las ondas cerebrales entre individuos, intuí un posible porqué de la “correlación” encontrada por Virgil Griffith. Por otro lado, y dado que mi último escrito es sobre los esquizofrénicos, y puesto que uno de sus posibles daños son en el habla, pudiendo llegar a ser tan grave como para expresarse al modo al que se refiere el concepto de “ensalada de palabras” (en el vídeo de abajo, de la película “el solista”, basada en hechos reales, es un buen ejemplo de dicho (d)efecto), el presente escrito igualmente viene a reflejar unos posibles porqués de esos daños. De esta forma tiene dos cometidos: 1. tratar de dar un porque o causalidad del gusto con respecto a la inteligencia, 2. mostrar todas aquellas investigaciones de las distintas ciencias sobre cómo se produce una frase y por ello el habla…, en definitiva en qué medida y de qué modo trabaja el cerebro a la hora de comunicarse con otros cerebros por medio de los lenguajes complejos.

    En este caso yo no trato de llamar a nadie estúpido, o sea, si acaso trato de mostrar que lo que llamamos una “persona normal” es aquello promediado por la evolución y lo social, como la forma más “correcta” que ha encontrado o promediado la evolución para que un cerebro opere de la forma más correcta u homeostática, ya que como decía en el escrito anterior la evolución no descarta nada, y promedia otras formas de “crear” un cerebro, en donde cada generación tiene que ver qué se valida o no, por ser una apuesta más o menos adecuada para su nuevo entorno. De forma curiosa, y de forma global, la esquizofrenia se da tan sólo en un 1% de la población, como si fuese un caso tan improbable de funcionar que la evolución haya apostado a que tal expresión génica se dé tan sólo en ese porcentaje tan bajo en cada generación. Otros “trastornos” más “conservadores”, como la bipolaridad, se dan en un porcentaje mayor: sobre un 2,4% (es deducible pensar que la evolución sigue distribuciones normales, que visualmente están representas por la campana de Gauss -ver gráfica de ventana Overton, abajo-, y los esquizofrénicos están en uno de sus bordes). Se deduce, por las sentencias previas, que concibo a los trastornos mentales no como tales, sino como distintas apuestas evolutivas con respecto a cómo tiene que ser un cerebro. Finalizando y sentenciando el párrafo: el presente escrito tan sólo trata de decir que lo que “descubrió” Virgil Griffith era un índice de normalidad, de forma de operar el cerebro como el más promediado o validado por la evolución, y que por lo tanto normalidad≠estupidez.

    El cerebro ha evolucionado a través de tres estadios de cómo guardar la información. La primera, la muscular, asentada sobre todo en el núcleo caudado, es la necesaria para sincronizar movimientos para una sola acción, es la más antigua y es la llamada procedural (montar en bicicleta, por ejemplo); la segunda es la emocional, asentada en las amígdalas cerebrales, y es aquella en la que se pueden dar tres estados: neutros, dañinos, placenteros; y la tercera, y ya en los animales complejos y asentada sobre todo en el hipocampo, es la declarativa, aquella que está sostenida por una retroalimentación, en donde el animal en cuestión verifica en algún nivel de consciencia que la acción ha sido válida, y tal estado consciente se suma a la memoria. En el humano este tipo de memoria está “apoyado” por el habla o cualquier otro lenguaje complejo de señales (un semáforo, por ejemplo). Hay que fijarse que cuando se aprende algo los tres modos de memorias pueden guardar información, y no tiene porqué ir a la par, sino que pueden mantener ciertos conflictos. Por ejemplo, un perro apedreado en cierto lugar no volverá a ese lugar, pero un humano sí puede “superar” -revisionar la memoria emocional- el que se haya caído de forma repetida con la bicicleta. Las tres áreas nombradas interactúan de forma constante y son un todo que ha de tratar de ser armónico, no hay que analizarlas como parte que tienen cada una su propia función aislada, eso sí, como se ha dichos arriba, no están libres de conflicto, en donde dichos conflictos generen trastornos, como es el caso del síndrome de estrés postraumático, donde la amígdala -el miedo- “secuestra” al resto de cerebro y su comportamiento.

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    Para explicar una jugada, en este caso sobre mis propuestas, hay que poner sobre la mesa las cartas que entran en juego, vayamos a ello. Primera carta: así que tenemos al humano con estos tres módulos, y lo que me interesa es centrarme en el lenguaje, al que primero hay que “desnudar” o desmitificar de toda su complejidad. Es de imaginar que el lenguaje se originó como una forma de comunicación, y con unas oraciones imperativas sencillas, como “tú ve por la izquierda”, a la hora de cazar, que a la vez dio paso a su función declarativa, como “detrás de esa colina hay caza”. Este tipo de frases -y lenguaje- tiene que estar libre de ambigüedades. Si durante la caza se daba un mensaje ambiguo o no claro era tendente a que alguien pudiera perder la vida o la caza fracasase. Lo que trato de mostrar es que la evolución validó una forma de estructurar las frases, que a la vez creó estructuras en el cerebro para formar dichas frases. Es a esa forma promediada, y bien adaptada, a la que llamo “normal”, y que es la que ha de operar en un cerebro humano de forma mayoritaria. Segunda carta: la neuronas espejos funcionan bajo la base de ver a la otra persona accionado sobre el mundo, de tal manera que en el propio cerebro, y sin que uno se mueva, se activan las mismas neuronas que se activan en la otra persona que tenemos enfrente. Es a esto que se llama sincronización, inducción o arrastre neural. Tercera carta: el cerebro es predictivo, tiene una versión del mundo interiorizada, dada la demora de sus procesos, en donde su propio mundo se adelanta a lo que puede venir de afuera. Cuarta carta (o la misma en su reverso): en esa dirección el cerebro preactiva las neuronas de la siguiente acción; este tipo de proceso se llama cebado -como cuando pisamos un rato el acelerador del coche porque está frío-, y en la dirección de adelantar el proceso de activar dichas neuronas. Quinta carta: está claro que ante un cebado se pueden dar dos situaciones, 1. que haya acertado en la predicción, o 2. que haya fallado. Las dos respuestas tienen dos tipos de gráficas distintas en un encefalograma. O sea, que el cerebro humano, de forma universal, tiene las mismas respuestas y funcionamiento durante estos procesos. Cuando no falla en su predicción se activa el efecto N400, donde 400 se refiere al retardo en milisegundos y N a negativo, en tanto que hay un pico hacia abajo sobre la media en la gráfica del encefalograma.

Cuando una palabra está precedida por un contexto semántico, la amplitud del N400 está inversamente relacionada con el grado de congruencia semántica entre la palabra y el contexto semántico precedente. El procesamiento de casi cualquier tipo de información semánticamente significativa parece estar asociado con un efecto N400.”

    Ya tenemos todas las cartas sobre la mesa, si bien primero mostraré su relación con la música, para después centrarme en el lenguaje. Las presentes deducciones, y afirmaciones por parte de los científicos, por otro lado, van en la dirección de tratar de asentar una de mis hipótesis: que lo que el cerebro “busca” en la realidad, en el mundo, son “identidades”, en donde por identidades aquí hay que entender realidades llenas de significado, y en donde significado tiene una estructura en triada -a modo de proceso narrativo (narrabilidad)- en un “cómo”, un “porqué” y un “para qué”. Dicha estructura están asentadas en el cerebro -y la evolución- desde los primeros pasos de la vida, y han ido creando las siguientes estructuras, si bien hay que tener en cuenta que la conciencia no siempre es consciente de dicha estructura y no siempre se pregunta o a atiene a saber de un cómo, un porqué o un para qué. Dicho “conocimiento”, de cualquier forma, se da de forma implícita. Esto lo digo porque en lo que me voy a detener del lenguaje es en la semántica, en la búsqueda del significado de las palabras o las frases. Tras esta breve digresión volvamos al tema. Stefan Koelsch, en su estudio “música, lenguaje y significado: firmas cerebrales del procesamiento semántico“, nos dice que la música sigue las mismas reglas que el lenguaje. Esto nos afirma en su estudio:

La semántica es una característica clave del lenguaje, pero no se conoce si la música puede activar o no los mecanismos cerebrales relacionados con el procesamiento del significado semántico. Comparamos el procesamiento del significado semántico en el lenguaje y la música, investigando el efecto de cebado semántico indexado por las medidas conductuales y por el componente N400 del potencial cerebral relacionado con eventos (ERP) medido por electroencefalografía (EEG). Los sujetos humanos fueron presentados visualmente con palabras objetivo después de escuchar una frase hablada o un extracto musical. Las palabras objetivo que no estaban relacionadas semánticamente con las oraciones principales provocaban un N400 más grande que las palabras de destino que estaban precedidas por oraciones relacionadas semánticamente. Además, las palabras objetivo precedidas por primos musicales semánticamente no relacionados mostraron un efecto N400 similar, en comparación con las palabras de destino precedidas por primos musicales relacionados. El efecto de cebado N400 no difirió entre el lenguaje y la música con respecto al curso del tiempo, la fuerza o los generadores neuronales. Nuestros resultados indican que tanto la música como el lenguaje pueden preparar el significado de una palabra, y que la música puede, como lenguaje, determinar los índices fisiológicos del procesamiento semántico.”

    Voy a enlazar estas afirmaciones a mis escritos previos, para después volver al tema (a nivel de desarrollo del escrito estoy en un paréntesis dentro de otro paréntesis). En otro lugar ya expuse el hecho de que cuando estamos escuchando a alguien se da ese proceso de adelantarnos a sus palabras (cebado cerebral: inducción léxica y predicción en la comprensión del lenguaje), de tal manera que si el interlocutor dice algo no esperado a esa respuesta, se da un N400 menos elevado en nuestros cerebros, proceso por el cual nos “desconectamos” de su flujo de pensamiento (piénsese en el caso de ser una mujer y que la otra persona diga algo sexista). Los extranjeros, y los inmigrantes, nos crean de esa forma una constante falta o ausencia de conexión, en la medida que no hacen un uso “correcto” de nuestro lenguaje (o acento), proceso por el cual y de haberla- se puede incrementar la xenofobia (por desgracia también se da el mismo efecto entre latinoamericanos y españoles, y la lucha evidente de si ver o no una película en latino o castellano, que generan tantas discusiones y salidas fuera de tono en los foros de Internet).

   Un hecho que parece mostrar lo dicho arriba sobre la xenofobia y la sincronización o la falta de ella, es deducible en los experimentos llevados a cabo por la psicóloga experimental Laurel Trainor con niños, y en la dirección de comprobar si es algo instintivo o aprendido. En sus experimentos varios cuidadores seguían ritmos sincronizados o desincronizados con respecto al bebé, y más tarde estos se mostraban más dispuestos a ayudar a aquellas personas que habían seguido su propio ritmo, frente a las que no (ver vídeo). El cerebro humano está creado para favorecer lo inclusivo, lo familiar, y de alguna forma la sincronización esa algo asumible entre familiares, ya que su estructura cerebral es bastante igual. En esta misma dirección se cree que el autismo es una desincronización o problema de las ondas cerebrales Mu, que son las generadas por las neuronas espejo: “un grupo de investigadores creen que el trastorno del espectro autista (ASD) está fuertemente influenciada por un sistema de neuronas espejo alterada y que la supresión de la onda mu es una indicación del flujo de la actividad de neuronas espejo.”

    Cierre del primer paréntesis, vuelvo al estudio de la música. Al proceso descubierto por Stefan Koelsch se le llama “semántica musical“, predice que si nos ponen cierto tipo de música nos encajarán más ciertas palabras con respecto a otras. Así si escuchamos “la cabalgata de las valquirias” de Wagner el cerebro creará un efecto N400 más significativo si la palabra es heroicidad, frente a que la palabra sea pulga. Demos unos pasos atrás para entender toda esta cuestión. En estudios cruzados de antropología, etología y teoría de la comunicación, sobre las señales honestas, se da por entendido que los animales producen ciertos sonidos para avisarse entre ellos. En el caso de los primates suelen hacer uso de sonidos bajos, con la base del fonema U cuando en un tipo de mensaje (amenaza entre los chimpancés) y un sonido alto de base fonética I, cuando es otro tipo de mensaje (de peligro entre los chimpancés). La teoría de la ideastesia, antes llamada sinestesia, nos dice que en un principio todas las percepciones estaban más unidas o entrelazadas, y más tarde de fueron distanciando, especializándose, y tomando distintas partes de los cerebros, con sus distintas funciones. Donde mejor se aprecia este hecho es en tratar de asociar la dos figuras de abajo con las palabras, sin significado, de “buba” y “Kiki” y en donde casi la totalidad de las personas asocian la forma redondeada con buba y la estrellada con kiki.

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    Está claro que el habla está ligado a lo musical, pues ambos son sonidos, pero una de las teorías del lenguaje humano propone que este provino de algún tipo de canto o sonido más musical que el actual. La poesía, al igual que los refranes, podría ser uno de esos remanentes. Bateson llegó a sentenciar que: “la poesía no es una especie de prosa distorsionada y ornamentada, sino que más bien la prosa es una poesía que ha sido despojada de sus indumentos y atada al lecho de Procusto de la lógica”. Se aprenden mejor las cosas con rima, por ello que suelan usar ese recurso los refranes; por otro lado las persona con tartamudez pueden tener cierta mejoría, o que no se pronuncie su trastorno, al cantar. Para el cerebro, y según el artículo sobre la semántica musical, una frase como “Sissy sings a song” (Cosme canta una canción, sería una traducción a desear para mantener la rima) tiene una menor carga cognitiva, pues de alguna forma el cerebro la “predice” mejor que si en esa misma frase se usase la palabra carpet (alfombra). Por este hecho traté al principio sobre los tres tipos de memorias. La memoria más antigua, la procedimental, es sobre todo muscular, y hay que recordar que al hablar se hace uso de distintos músculos. O sea, y para el caso, las neuronas motoras, y en donde en la frase del ejemplo las que se activan más son las de la S, y puesto que el cerebro trabaja con el cebado, dichas neuronas ya están preactivadas y por ello requieren de una menor energía en el gasto neuronal. En un segundo proceso las madres (y no es sexismo, son mejores las madres para tal acto, o el cuidador con más estrógeno o con menos testosterona, si se prefiere; no en vano las mujeres tienen menos probabilidades a padecer esquizofrenia) al usar sonidos expresivos con sus hijos están más interesadas en dar sus connotaciones prosódicas (emocionales, simbólicas), que en las palabras y sus significados. En este proceso los bebés asocian sonidos, melodías o ritmos a la inducción neural o la semántica musical. Si se capta la idea de fondo se activa la memoria emocional, a la que se va sumando poco a poco la procedimental, al asociar sonidos y la imitación que trata de hacer el bebé de su cuidador. Bajo este proceder la memoria declarativa, la del significado de cada palabra, es la última en emerger, como así fue durante la evolución. Con esto cierro el segundo paréntesis y vuelvo al tema del lenguaje.

     Vuelvo a la frase que usé arriba “detrás de esa colina hay caza”. El cerebro, cuando quiere comunicar algo, parte de un estado cero a nivel lingüístico, en él no existe la palabra, sino el deseo de comunicar algo que en un principio no tiene palabras. Para usar un símil, ese deseo es un dardo y la oración es la diana. Sin diana no tiene sentido el dardo y a la inversa. No se puede tratar de decir algo sin un propósito. El propósito precede a la palabra (somos mentes intencionales). Si una pareja está sentada en la oscuridad, viendo una película, y de repente uno de ellos dice: “alubias mojado entrando”, el otro pensará que se ha quedado dormido y que está hablando en sueños (pues los sueños son así de paradójicos). De igual forma cuando se  construye una frase como: “detrás de esa colina hay caza” en el cerebro del oyente se produce la predicción en la comprensión del lenguaje, en parte porque puede que los dos estén mirando dicha colina, de la que el hablante vuelve. Se produce un efecto N400 menos elevado si la frase fuese “detrás de esa elevación de tierra hay caza” y aún mucho menos significativo si la frase fuese “después de esa elevación de tierra hay posiblemente carne”. Con esto vuelvo al tema de la esquizofrenia, pues ahora se podrá comprender mejor.

Según los estudios neurológicos: “Los subconjuntos de interneuronas, que son anormales en la esquizofrenia, son responsables de la sincronización de los conjuntos neuronales que es necesario durante las tareas de memoria de trabajo, un proceso que se refleja en la frecuencia electrofisiológica gamma (30-80 Hz) oscilaciones. Ambas tareas de memoria de trabajo y oscilaciones gamma se vean afectados en la esquizofrenia, lo que puede reflejar la funcionalidad anormal de las interneuronas.”

    Dos datos a tener en cuenta de esta cita referenciada, proveniente del artículo en la Wikipedia sobre la esquizofrenia. 1. durante la construcción de una frase se activa el espacio global de trabajo, donde uno de sus componentes es la memoria de trabajo. En los esquizofrénicos, al tener afectada la sincronización neuronal, repercute en su memoria de trabajo, lo que implica que tengan una peor capacidad para construir una oración en orden, siguiendo las reglas gramaticales y siguiendo una estructura semántica comprensible para el oyente. 2. El cerebro no sólo se sincroniza con otros cerebros, sino que la propia sincronización es una parte de su forma de trabajar (esta premisa tiene que ser ampliada, pero de hacerlo me saldría sobre lo que he estudiado y profundizado). Breve digresión, ya en otros lados he asociado el mapa mental que hace el cerebro sobre un terreno y la forma que tiene el cerebro de trabajar con el resto de sus procesos. Tal idea al final está sustentada por la ciencia en la llamada teoría ventajosa. Ahora es verano y de nuevo doy largas caminatas. Un día me di cuenta de otro patrón que emergía en el cerebro al deambular. Yo puedo haberme hecho un mapa mental de una ruta, pero cuando voy caminando de repente veo que es más óptimo cierto camino frente al planificado, y en ese momento tomo el camino óptimo. Es muy posible que el cerebro parta de esta misma premisa o constructo. Cuando emerge la intención de comunicar algo, la frase se construye en primer lugar con una idea previa, a partir de un plan general optimizado a través de años de “prueba y error”, a la hora de construir ideas con palabras, pero a la vez cuando se encuentra en cierta parte de la frase, puede encontrar más óptimo coger tal o cual atajo que se le presenta en ese momento en el espacio de trabajo. Aquí nos encontramos con dos procesos: 1. atenerse a lo aprendido, 2. capacidad para improvisar sobre la marcha. Una frase hecha o una de moda, o un dicho o refrán se atienen a mantenerse en el plan del camino elegido, mientras que cuanto más divergente sea el cerebro más tenderá a improvisar, a salirse del camino trazado. En lo cotidiano las personas en verano salen a pasear, siguiendo siempre un mismo camino (dato curioso… lo que eran caminos alternativos los están volviendo a “cegar” la naturaleza, como si la humanidad sólo buscase los caminos más trillados, sencillos y deseados). Yo por el contrario no salgo a pasear, y en mis rutas raramente sigo el camino trazado: se manifiesta mi cerebro divergente (cierta vez, en la sierra de Béjar, cambié de camino, y ese cambio me llevó a otro, y al final subí a la parte más alta de la montaña; sin darme cuenta se me hizo de noche y tuve que bajar a oscuras, la luna me fue propicia, iluminándome con el móvil en casos extremos). En otro caso sobre mis caminatas, me di cuenta que en rutas nuevas, con un destino concreto, a veces se separaban en dos caminos y yo tiendo a coger uno sin analizar si será el “correcto” o no. Tiendo a “apresurarme” o a intuir u dar por válido uno de los caminos sin comprobaciones en el programa de mapas del móvil. “Prefiero”, o en realidad mi cerebro ha heredado esa forma de proceder, aventurarme a coger un camino y rectificar si se llega el caso, que estar revisando constantemente el mapa digital. Puede ser una tendencia a confiar en mis intuiciones, pero también se podría analizar con lo poco práctico y costoso en tiempo y energía el estar revisando el móvil. Yo tengo muchos problemas con el lenguaje, y se me ocurrió que al hablar o escribir mi cerebro tenía esa misma forma de proceder: se trata de basar en intuiciones en donde en cierta bifurcación de un discurso apuesta por un camino que no conoce -frente al conocido o trillado-, reculando si llegase el caso que se encontrase que ese no era el camino. Quizás parte de lo que se conoce como “inteligencia” sea esta forma de proceder, pues se llega a posiciones nuevas -nuevos pensamientos- por mero azar de salirse del camino y confiar en las intuiciones. Con todo, mi hablar en muchos casos, sobre todo cuando estoy cansado o enfermo, no es fluido y va a “trompicones”, si bien cuando mi estado es el óptimo me “presento” como recurrente, original y “encantador”. De fondo se encuentra la tendencia a la neofilia o la neofobia, lo primero es más propio de los amantes al cambio y las novedades (adrenalina), el segundo es el miedo al cambio y la posible ansiedad de no seguir unas expectativas previamente trazadas y bien controladas (miedo, cortisol). De seguir la misma lógica, un esquizofrénico es tan divergente que no se traza una ruta al hablar. Todo esto no es una metáfora, si uno se atiene a la teoría ventajosa. El cerebro procedimental, motor, del movimiento, creó las siguientes estructuras del aprendizaje y la memoria a partir de sus reglas, y el movimiento sobre todo depende de tener un mapa mental del entorno, como para saberse mover por él (predictabilidad). Si un animal está siendo perseguido por un depredador, le conviene recordar qué opciones tiene desde esa posición para llegar al primer escondite o lugar de protección. Esa misma estrategia la usa tanto una cucaracha como un conejo, en cuanto se sienten en peligro saben en qué dirección ir de forma inmediata. Pero además hay otra cuestión a tener en cuenta. La orientación depende de que conozcas el lugar, pero en cuanto uno está desorientado o perdido ya de nada valen los puntos de referencia o casi ninguna estrategia. De ser así… ¿no será que un esquizofrénico haya perdido todo punto de referencia en la vida como para saberse conducir a sí mismos?, como para que su cerebro ya no pueda partir de sus propios mapas mentales y no los pueda dar como válidos, ni siquiera al hablar en algunos casos. La vida actual tiene pocos o ningún punto de referencia, es fácil sentirse perdido o por lo menos desorientado, pues ya nada está donde debería de estar con respecto a lo que el cerebro y las primitivas cerebrales tienen como mapa mental de las motivaciones más profundas y arraigadas en lo humano. Los divergentes al no atenerse a planes, a rutas prefijadas, y ser tendentes a la improvisación, tienen un mayor riesgo para perderse en la vida actual. Si les sale bien alguna de sus “jugadas” terminarán en alguna posición privilegiada, pero lo más fácil es que terminen perdidos y como perdedores (mi vida ha sido la típica de haber ido dando tumbos y no haber llegado a ningún final “claro”). Fin de digresión.

Tenía pendiente la búsqueda de la parte implicada en tales procesos para poner en enlace, y al final en el artículo de la Wikipedia sobre el giro hipocampal, que tiene la función de “codificar y reconocer las escenas ambientales”, se nos dice que “Se ha observado asimetría en la esquizofrenia.” Tal cuestión apunta a que mi hipótesis puede ser acertada.

Teoría de la Ventaja    La frase “Sissy sings a song” es como un proceso en donde, y si cada fonema es un ritmo distinto (onda sonora en el mundo, pero frecuencia neuronal interior en realidad), el cerebro volviese una y otra vez a la tonadilla y el ritmo de la S. Es fácil deducir que la propia frase invita a bailar, o sea que el cuerpo, y desde su origen sinestésico, asimila ese vaivén con la S a cierto movimiento rítmico del cuerpo (a mí me induce a un vals). De hecho, en la dirección de acabar con el estigma que implica la propia palabra esquizofrenia, que quiere decir metafóricamente “persona rota o dividida” (cuando en realidad tendría que querer decir “división de las funciones mentales”), países como Corea hacen uso del concepto Johyeonbyung (desorden de sintonía) o Japón el concepto de Togo Shitcho Sho (trastorno de integración). Ambos términos, sobre todo el coreano, tiene la doble función de explicar qué sucede dentro de sus cerebros, así como qué le sucede a esas personas en sociedad. Unas de mis propuestas más remotas, en el tiempo, es asociar ciertos trastornos con la arritmicalidad y la amusia. En un estudio llevado a cabo por J. T. Kantrowitzt y otros, se ha encontrado una relación entre la percepción emocional de la música y los esquizofrénicos. Si volvemos a la tres memorias, la memoria motora tiene dos formas de proceder, en los movimientos finos (sostener un tenedor) y los “gruesos” (andar), es de suponer que el esquizofrénico es como si no tuviese o hubiera perdido la capacidad “fina” de captar la realidad, la sociedad y las personas, tanto a nivel emocional, como a nivel del lenguaje. Conoce a nivel “primitivo” los ritmos (movimiento grueso), pero ha perdido la melodía (movimiento fino) que les conectase a la sociedad y el resto de las personas. Saben lo que quieren decir (movimiento grueso), pero no saben cómo decirlo y qué palabras usar.

Melodía    Pienso que ya he expuesto todos los datos a tener en cuenta para relacionar música con “normalidad” frente a divergencia, que sería lo más correcto con respecto a estupidez e inteligencia. Todo trastorno, que no lo son bajo la crítica a la neuro-normatividad, son tipos de apuestas evolutivas de cerebros que tienen a divergir sobre lo promediado o normalizado en lo social/evolutivo, que son de cerebros convergentes (unidos a un mismo ritmo de fondo). Aquí viene una propuesta más arriesgada y menos pensada o desarrollada. ¿En qué medida la normalidad es como los armónicos tonales en el sonido y la música? En teoría musical la tonalidad implica que a cada nota hay algunas otras que le hacen mantener un “mensaje” tonal o melodía (el típico tararán), mientras que otras notas “rompen” con dicha estructura jerárquica (este recurso de desincronización de los tonos se usa en las películas de miedo para crear y sumar el malestar en los espectadores). Fijarse que cuando alguien reacciona de manera exabrupta decimos que ha tenido una salida de tono. Divergente, por otro lado, es sinónimo de discordante, que a la vez proviene de romper con lo (el) acorde. Las palabras de la misma familia: acorde (estar de acuerdo), acordar, y recordar  provienen del latín cordis (corazón), que implica como que tiene un ritmo que se asume como con acorde, pero a la vez por el equívoco de que en la antigüedad pensaban que en el corazón estaban los sentimientos y los recuerdos (recordar a alguien querido conlleva a la vez sentir).

    Si volvemos a las frases del ejemplo de arriba: “detrás de esa colina hay caza”, dicha construcción de la frase guarda una armonía tonal o no rompe con la inducción predictiva léxica del oyente, mientras que “después de esa elevación de tierra hay posiblemente carne” rompe con dicha inducción y por ello con la armonía melódica. Todo éxito musical lo suele ser porque tiene una melodía clara, definida, y que por lo tanto es recordable por todos. En la música pop el estribillo, sobre el que se vuelve una y otra vez, tiene que tener una melodía o frase distinguible y que se mantenga dentro de las reglas de la tonalidad, que implican acordes, intervalos y los armónicos, y que siguen las reglas de la teoría musical, que a la vez pueden reducirse o implican una semántica musical, en donde de fondo implican a los tres tipos de memorias y sus reducciones: 1. procedimental o muscular que es reducible a los ritmos (corazón) y los distintos osciladores neuronales, que a la vez obedecen a las reglas de los “osciladores biológicos”, que a la vez operan bajo los ciclos de noche y día, y estaciones del año; 2. la memoria emocional, por la cual la música triste y alegre son claramente identificables, y 3. la memoria declarativa, por la cual ponemos letras a las canciones que tienen que tener algo de rima y consonancia. Si una melodía o frase musical es más recordable que otras es porque se atiene, de la manera más concisa posible, a la forma de operar de las tres clases de memoria. Cuanto más se acerque y sume -una melodía, frase o estribillo-, a cada una de las tres memorias -ritmo, emocional, frase musical clara-, de forma más permanente se guardará como memoria en el cerebro (el vídeo enlazado abajo, de “The white Stripes”, sigue las tres reglas, pues el ritmo a la vez es la frase o melodía -se estructura alrededor del bajo-, es emocionalmente melancólica, y mantiene su “frase” durante toda la canción). En estudios sobre el tratamiento con personas mayores que padecen Alzheimer o demencia senil, la música de sus épocas sirven de detonantes para volver a recuperar recuerdos hasta ese momento inaccesibles, y por los cuales dichas personas tienen alguna mejoría de recuperar su identidad narrativa y un mejor nivel de conciencia de su yo (identidad).

   Hasta ahora el escrito ha seguido una misma línea de pensamiento, una melodía si se quiere…, si la vida fuera así de sencilla perdería la profundidad y complejidad, como así es la vida y el cerebro humano. Ahora me toca enredar un poco ese mensaje claro, y en la medida que es necesario para entender la condición humana y su cerebro de manera más completa.

    El primer enredo proviene de lo social. ¿Por qué la vida está “contagiada” de la belleza? En psicología evolutiva se deduce que la belleza es una señal honesta cuyo mensaje es “tengo buenos genes”. Además, otra de las reglas del atractivo es que tiene señales redundantes, o sea que una persona bella además tiene un buen cabello, huele bien y tiene una piel fina, uniforme y tersa. ¿Por qué la redundancia?, porque se pueden dar apuestas que “simulen” algunas partes de ese atractivo (tramposas) y no portar buenos genes, pero la suma de todas ellas “demuestran” que no son una “trampa”, pues conllevan un alto coste de gasto de energía. Por esta redundancia, quizás, se dé el efecto de los supra-estímulos, aquel que nos dice que los machos se dejan confundir (seducir) por el exceso de los estímulos, como así lo son los pechos enormes entre los humanos. Esta breve digresión, que valdrá para el siguiente enredo de la linealidad de mi mensaje, viene al caso para tratar de exponer la idea de que seguir la norma de la mayoría es más acorde o armónico en lo social, y eso lleva implícito el ser una “bella persona” (bellísima, exageramos en España) y en donde bella quiere decir buena. Al igual que hay que ir a la moda, hay que ir con los tiempos con respecto al uso del lenguaje. En este campo semántico se encuentran las frases hechas, la jerga, los modismos, las locuciones, los clichés y los memes. En España ahora, por ejemplo, está de moda decir “la compro” o “te la compro”, cuando una idea nos gusta tanto y nos convence como para hacerla propia. Volviendo a las frases bien construidas, si usamos muchos clichés y frases de moda hechas, ya no hace falta que el cerebro gaste más energía, pues va de frase en frase como si fuera de liana en liana en la selva, al modo de tarzán. Dicha forma de operar funciona en los dos sentidos: desde el receptor al oyente, y desde el oyente al receptor. El flujo de la información es rápida y fluida y no se produce ninguna desincronización.

 Otro hecho a tener en cuenta, sobre lo dicho con anterioridad, es que no sólo va encaminado ha crear una mayor fluidez en la comunicación, sino que además y es quizás más importante, implica sumarse a lo social, a aceptar sus reglas y ser parte de la comunidad, encaminadas al fin y al cabo a la interacción, a la creación de grupos y la facilización social. En esa dirección hay personas más tendentes a la conformidad, que se atienen más a las reglas y las convenciones, frente a otras que se muestran algo más rebeldes, en tanto que pueden tender a hacer lo contrario a la norma. Es de hacer notar que la esquizofrenia es concebida como una enfermedad propia de la juventud: “la esquizofrenia a veces también se conoce como hebefrenia, derivada en la etimología del dios griego Hebe, que estaba asociado con la adolescencia y, como se pensaba, el inicio de la esquizofrenia se produjo en la adolescencia.” Se puede pensar que puesto que la propia juventud implica una rotura mental con los padres programada por el ADN, en la dirección de “abandonar el nido“, es posible que a aquellos que se les manifieste la esquizofrenia, de alguna forma es como si en su “desconexión temporal”, al final no fueran capaces de volverse a conectar con la media social. Por otro lado, uniendo ideas y con respecto a la teoría ventajosa de la que he hablado arriba sobre que los divergentes tienden a crear sus propios caminos, la juventud es una edad tendente a la neofilia, lo que de nuevo es otro posible concadenante.

    El segundo enredo creo que se deduce del anterior párrafo. Lo que puede parecer una virtud a la vez puede parecer o ser un defecto. La atracción entre sexos (o géneros) obedece a que el otro sobresalga de la media, se tiende a mejorar en la medida de lo posible la propia apuesta, al mezclar genes. Si se “entra” (tratar de ligar, no sé si el “entrar” se entiende en latinoamérica) a la otra persona con clichés, frases hechas o memes se empieza con mal pie (estoy cansado, pues llevo horas escribiendo y mi cerebro recurre a frases hechas o peor estructuradas; tampoco puedo dejar de terminar el escrito, pues no dormiría). Cuando una chica dice “es gracioso” no quiere decir chistoso, quiere decir ocurrente de forma no pedante o seria. Aquí, en esta trama, entra en juego el porqué de la neurodiversidad. La evolución tiene varios motores, y uno de ellos es la sexualidad. Cuando lo relevante de lo humano empezó a dejar de ser la fuerza, lo empezó a ser las capacidades que tenía el cerebro para salirse de la norma, de lo establecido, de pensar de forma divergente. ¿Por qué?, porque ese tipo de cerebro estaba mejor estructurado para ver más posibilidades en situaciones adversas. En otro caso he usado el ejemplo del personaje de DiCaprio en la película “Titanic”. Era un cerebro divergente, era artista, pero a la vez ese tipo de cerebro fue más óptimo para ver distintas alternativas, con respecto a la media, a la hora de enfrentarse al hundimiento del barco. La misma forma estructural que vale para resolver situaciones complejas, vale a la hora de crear frases y usar el procesamiento semántico. Cuando se crea una frase el hemisferio izquierdo procesa el lado lógico y significativo con respecto a las reglas gramaticales, pero a la vez entra en juego el hemisferio derecho en su pensamiento mágico, y más creativo e imaginativo. Esa “lucha” ha de ser equilibrada, y tal equilibrio también es a la vez una muestra de buena salud y buenos genes. En la nueva película sobre Hellboy hay una de esa respuestas ocurrentes que demuestra muy bien lo que quiero decir. Hellboy se encuentra con la bruja Nimue, la cual trata de hacer que se ponga de su lado:

  • Sé mi Rey. Y sé venerado por lo que realmente eres. Tú y yo somos el uno para el otro.
  • ¡Así es! Pero no va a funcionar, sabes, porque yo soy capricornio, ¡y tú estás muy loca!

    La última frase no es la esperable después de “yo soy capricornio”, donde sí sería de esperar que él dijese el signo de ella, por su posible incompatibilidad, y según la reglas de la estructura semántica y musical, pero sin embargo se sale por la tangente, como se suele decir, demostrando que su cerebro no funciona bajo las reglas de la media y tiene algo “especial”.

    No quiero alargarme más, creo que todas mis premisas han quedado aclaradas. Es hora de rematar y encajar lo dicho con respecto a los gustos musicales (si no se deduce ya). El promedio de los cerebros prefieren y están creados para entender el lenguaje sencillo y bien estructurado. De igual forma prefieren la música que está creada con las mismas reglas claras y sencillas. La música que implica de forma más plena esta estructura cerebral es la música pop y gran parte de la música rock (sobre todo el norteamericano). Cuanto más se aleje un grupo o estilo de esa media, más divergente será y conectará con una menor cantidad de personas. Aquellas personas que capten o sigan el proceso mental de dichas estructuras musicales es porque dicha forma estructural forma parte de sus propios procesos mentales. Quizás una de las canciones más significativas, que demuestran qué es lo que quiero decir sobre la tendencia a la “divergencia musical”, sea la canción “Fell off the floor, man” del grupo dEUS; cambia constantemente de ritmo, lo que no llama al baile y la memoria procedimental, tampoco tiene ningún matiz emocional claro, lo que no llama a la memoria emocional, y sus voces, distorsionadas, tampoco llaman a la memoria declarativa.

    David Bowie usaba mucho el recurso de saltarse la nota esperada después de una frase musical, y dejaba en suspenso dicha nota hasta llegar a algún final o frase catártica, como así sucede con la canción “China girl“. Lo que quiero dar a entender, con este ejemplo, es que tampoco hay que llegar a unos límites en donde una canción pueda parecer que ya no es música. La divergencia, de forma genérica, quiere decir que salirse de lo establecido, encontrando algo nuevo de muy diversas formas. En la canción “Child of vision” de Supertramp, su teclista usa el teclado casi como lo que es: un instrumento de percusión, ya que no crea frases largas, que es lo propio del piano, sino frases sencillas y rítmicas. La música pop tiene que basarse en un ritmo lo más estable posible. La mayoría de las personas no se sienten cómodas ante los ritmos cambiantes. En ese sentido no entienden las canciones largas y con cambios de ritmos bruscos, y en donde además se les cambia la “frase” de fondo. Ese es el caso de canciones como “The poet and the pendulum” del grupo Nightwish, escrita con una estructura clásica de cinco partes bien diferenciadas. ¿No será que este tipo de canciones es más propia de personas tendentes a los cambios de humor?, entre las que se encuentran los bipolares. ¿Y no será que el cerebro medio trata de mantener un humor equilibrado a una media? La música clásica es una música profunda, sus compositores partían de un mapa mental muy completo y lleno de referencias culturales históricas. De esa manera sus composiciones eran la suma de todas las mentes de la cultura occidental. Cuando escribían sobre sus pentagramas, cada composición pasaba por distintos estadios mentales sin agotarlos, y evitaban centrarse de forma plena en una sola emoción o estado mental…, como si quisieran revelar la estructura de una vida al completo, con todos sus altibajos, crisis y momentos de gloria en unos minutos o una hora, o revelasen la esencia de la condición humana o de la vida. El rock progresivo, con su álbumes conceptuales, y más tarde el épico y el gótico -cuyas cantantes suelen tener grandes voces par la lírica- heredan esa misma estructura difícilmente reducible y asimilable para la mayoría de los cerebros, que viven en sus “aquí y ahora” y que son felices con su música pop, sobre todo si les quitan las penas o les hablan a sus corazones heridos. No en vano pop quiere decir música popular, la que quiere la mayoría de las personas, esa media promediada por la evolución. Otro dato curioso es que durante la crisis del petróleo, en la década de los 70, casi los únicos grupos que se mantuvieron editando discos fueron aquellos dentro del denominado movimiento de “rock progresivo”, como si el alto coste de las ventas sólo lo pudieran pagar las personas con gustos más excéntricos, que en muchos casos son los más adinerados.

Ventana Overton Extrapolada 2    Tres últimas reflexiones. 1. El humano no sobresale entre las especies que se atengan a las señales honestas, más bien lo contrario: hay demasiado engaño y pose. Hay personas que tienden a parecer que tienen gustos extraños en la música, pero es posible que sea por mera pose; que traten de ser locuaces, cuando sus cerebros no los son. Todo lo divergente, vanguardia y/o liminal suele terminar por ser engullido por la masa, al simplificarlas a sus propias estructuras sencillas y armónicas. 2. Las vanguardias, sobre todo en música, no vende y tal postura no se la puede permitir un compositor o grupo, de tal forma que suelen bajar sus expectativas y su creatividad a una zona promediada más vendible (hoy en día, con el declive de la venta de discos, hay más música alternativa e indie, pero la mayoría de sus “quiebros”, y disonancias están bien estudiadas por los que crean los arreglos en los estudios; o sea, siguen siendo en su gran mayoría “música enlatada”). 3. Finalizo con los “protagonistas” del escrito, los esquizofrénicos. En sus manifestaciones más leves pueden dar genios o ideas o arte geniales, pero siempre están en la cuerda floja de caer en sus manifestaciones más trágicas como el delirio, el trastorno del pensamiento y el descarrilamiento del habla. Tal como lo he transcrito aquí se puede comprender que no son enfermos mentales, que más bien son la diana de la rueda numerística que es la evolución y dentro de una sociedad que no ha sabido hacerles el hueco que les corresponde, o sea que su principal mal no es que hayan tenido esa lógica macabra de la genética, sino que su mal es nacer dentro de una sociedad, que bajo la rúbrica de tal nombre o estigmatizados a no ser acogidos en lo social, terminan manifestándose en ellos las peores partes de su condición. En definitiva, que de nacer en una sociedad que los aceptase y acogiesen como lo que son, y dentro de las ideas conceptuales de la neurodiversidad, podrían vivir con cierta paz y dentro de unos márgenes aceptables.

   (Una conversación, o un escrito como el presente, son claras pruebas del cebado léxico y semántico. Cuando se está escribiendo se hace uso de un lenguaje a partir de unos pocos términos que permanecen cebados, ignorando a su vez otros que quizás vendrían mejor al caso. Una clara evidencia de cebado es repetir palabras en una misma frase o párrafo; error que en segundas lecturas hay que corregir. Por otro lado durante una conversación los lenguajes de los hablantes tiende a “mimetizarse”, usando unas mismas palabras o conceptos por “contagio”. En ese proceso se sigue el concepto de inducción léxica. Igualmente si de lo que se trata es de una discusión, donde se evita la sincronización, la empatía, se trata de evitar el lenguaje del otro, o usarlo en sus términos.)


    Off topic: ¿escuchar música “compleja” puede forzar al cerebro a salir de los armónicos y lo estructural?, a ser, en definitiva, más creativo e imaginativo. Estoy creando una lista de canciones en YouTube, dentro de lo que yo entiendo que son creaciones divergentes en algún aspecto. Son parte de las canciones que yo escucho a diario y en mis largas caminas. Muchas de mis ideas nacen paralelas a la escucha de dichas canciones…, pero ya sé: correlación≠causalidad.

Lista de música para expandir la mente.

 

Caos: Sin Sentido o Sentido

Ese es el problema de ser invisible: acaba uno muy solo.” en la serie “Trinkets”
El demonio de la exigencia reside en el detalle exasperante.” Kevin McCloud
“…la mayoría de las cosas sin resolver, sin reparación, mascullando que es todo un caos. Y por mucho que comprendamos que todo es caos, esa comprensión es una negación del caos y por lo tanto debe ser ilusoria.” Bryan Stanley Johnson
El sentido de las acciones, «en el acto», se configura por su relación con el propósito.” Peter Berger

 

(El presente escrito es parte de otro mayor donde se tratan los temas siguientes:

Azar, libertad y determinación.
Caos: sin sentido o sentido.
El sentido está en las primitivas.
• ¿Hacer algo o no hacer nada?
Reacción frente a acción.
Las capas de la historia.

   El primero “azar, libertad y determinación” estaba escrito, pero era bastante personal y he optado por buscar otro ejemplo distinto mío; en principio para ir contra la auto-creación de la identidad -que siempre es susceptible de crear autosugestión- como lo describe el presente escrito. Tampoco hay que olvidar y menospreciar aquello de “por la boca muere el pez”. En azul, y por si no está claro, spoiler de una serie.)

Caos: sin sentido o sentido

   Tratando de buscar el concepto de situación de Sartre, diferente en su uso con respecto a otros pensadores y la versión mundana, para ponerlo como enlace a la gráfica sobre el mapa de lo que es el cerebro con respecto a las primitivas, indagué en la Wikipedia sobre el teatro de situación, y de allí me remitió al teatro del absurdo. Me encontré que en su momento había habido cierta polémica entre Sartre e Ionesco, uno de los representantes del teatro del absurdo. Se me antojó que dicho debate daba para un escrito y para explicar uno de mis conceptos centrales. Traté de investigar sobre el tema, para usarlo de núcleo y base del escrito, pero no encontré demasiado. No digo que no exista algún escrito o que no se pueda profundizar en ello si así se desea, pero estaba fuera de mis deseos hacerlo, pues no era la base del tema que quería tratar. La idea de fondo me valía. Como el cerebro queda anclado a ciertas ideas como pendientes (pregunta abierta), y rápidamente detecta del medio todo aquello relacionado con dichos anclajes -es a lo que yo llamo pegajosidad neural- al empezar a emitir la serie “Catch-22“, al poco me di cuenta que me venía muy bien para asentar y explicar aquello que trataba de mostrar, sobre a qué me refiero con absurdo y porqué en cierta forma me posicionaba al lado de Ionesco con respecto a Sartre . Vayamos a ello.

   Tratemos primero de la diferenciación entre el teatro del absurdo y el de situación. El último, propio del existencialismo y sobre todo de Sartre, crea una trama muy elaborada donde cada acción tiene sentido con respecto a un final. Es la típica estructura de principio, nudo y desenlace. El autor crea el esqueleto desde ese final, de tal manera que tiene que encajar cada parte para que todo lleve a la última acción. De fondo la cuestión lleva solapado preguntas esenciales con respecto al sentido de la vida, el significado de todo, en donde la narrabilidad y lo teológico es lo que hace que todo tenga una trama bien trazada. En algún escrito yo he usado la metáfora de una linterna que alumbra hacia atrás en un túnel. Imagina encontrarte al final de un largo y oscuro túnel y ver la luz de la salida, por el medio vas tropezando y esquivando las cosas que vas encontrándote por el camino, al final, en la salida, te encuentras una linterna y la enfocas hacia el túnel para ver con qué te chocabas. Sin la linterna el “sentido” no se ve, está en la oscuridad, y al enfocar con la linterna es cuando podemos ver cada detalle con los que nos hemos ido encontrando. Las obras de crímenes, como las de Agatha Christie, tienen esta estructura: sólo al final tiene sentido cada detalle. Un buen escritor de dicho estilo ha de cuidar cada detalle y ha de revisar una y otra vez que cada nuevo acto o situación no contradiga o vaya contra ese final. A la mente me viene de igual forma la película “el sexto sentido” o “sospechosos habituales”, los flashback finales van pasando por distintas partes de los films, para mostrarnos que ahora tienen un nuevo sentido, a partir de unas últimas informaciones que “rematan” las obras. Toda la narrativa, todo arte, tiene que estar inmerso dentro del sentido, y por ello de las finalidades. Esa es la estructura que explica lo humano. El cerebro está construido con dicha estructura, de tal manera que está ávido de sentido, de finalidades, de porqués. Es, en un lenguaje que yo usaba antes, un patrón enquistado, lo que yo llamaba narrabilidad. Cada acción se empieza porque hay una finalidad que le marca la ruta a seguir. Si tengo hambre, y en la actualidad, me dirijo a la nevera para saciar mi hambre. Esa estructura, basado en actos sencillos, después es la que tiene que encajar para explicar varias acciones a lo largo de meses o años, o toda una vida. Pero, ¿tiene sentido que tengamos que usar dicha estructura para todo?, en definitiva: para dar sentido a nuestra vida, a la vida sobre el planeta, y a que exista algo -el universo- en vez de nada.

Estructura Aristotélica de la trama trágica

   Con esto llegamos al teatro del absurdo, que por no divagar y ahorrarme trabajo dejo la definición hecha por la Wikipedia:

Aunque el término se aplica a una amplia gama de obras de teatro, algunas características coinciden en muchas de las obras: comedia amplia, a menudo similar al vodevil, mezclada con imágenes horribles o trágicas; personajes atrapados en situaciones desesperadas, obligados a realizar acciones repetitivas o sin sentido; diálogo lleno de clichés, juegos de palabras y tonterías; parcelas que son cíclicas o absurdamente expansivas; ya sea una parodia o rechazo del realismo y el concepto de obra bien hecha.”

   Su obra más célebre es “esperando a Godot”, en donde ciertos personajes dicen esperar al nombrado en el título, sin que este nunca llegue. La obra parece como el típico reloj estropeado, que queda anclado en que su minutero avanza un paso, e inmediatamente vuelve a la posición anterior. “Nada sucede, dos veces. Y entonces algo sucede, y te hace desear que no vuelva a pasar nada”, llegó a decir el crítico Vivian Mercier. A la mente nos puede venir igualmente, por tener algún vínculo o guardar cierto talante, el propio Kafka, o escritos como “Ulises” de Jamen Joyce. El primero ha sido, superficialmente, calificado de surrealista, en donde el sentido es aquel que puedan tener los propios sueños y por ello su posible simbología, sentido que el propio autor negó. El segundo -la obra de Joyce- de un escrito que sólo puede ser llevado a cabo una vez, y no se le permitirá a ningún escritor más crear tal “monstruosidad sin sentido”. De fondo igualmente uno puede pensar en la música dodecafónica, aquella que no trata de atenerse a armonía, ritmo, melodías, ni ningún tipo de patrón finamente estructurado. Qué tienen todas estas manifestaciones en común: que carecen de sentido, del componente teleológico y narrativo. No hay finales que alumbren o den un sentido a dichas obras. Finalmente el cerebro se rinde a la evidencia que no hay que preguntarse, que allí (no) hay nada. La palabra y el concepto de nihilismo emerge sin que uno lo pueda evitar.

¡Spoiler, sobre la serie Catch-22!, aunque no me voy a meter en detalles.

    La serie “Catch-22” se basa en un soldado, bombardero, que trata de evitar su cometido, pues en definitiva trata de mantenerse vivo. Durante la serie lo vemos hacer una y mil artimañas para “escaquearse”, en donde algunas funcionan y otras no. Desde el primer capítulo sobresale un concepto, que es el que trata de mostrar la serie o el escritor: la banalidad y lo fortuito de la muerte de sus compañeros y amigos. El propio título explica su propia trama. Catch-22 es un concepto del ejército que viene a decir que si tratas de argumentar que estás loco para librarte de ir al frente, es que estás lo suficientemente cuerdo para no estarlo, y que los que están locos son los soldados que no hacen nada para ir al frente, pero en el momento que traten de alegar que sí lo están dejan de estarlo. Una trampa argumental de la que uno no tiene escapatoria o es posible un contraargumento. La serie redunda en muertes, actos y situaciones sin sentido, o en las que intervienen más el azar que unas causaciones o en vistas a un final. Nos trazan personajes como el soldado que trata de hacer negocios en medio de la guerra, y embauca al personal al mando o al propio enemigo para crear una empresa que reparte beneficios entre todos sus asociados; o ese otro personaje que no trata de ver que la prostituta con la que se encuentra y paga sólo trata de sacarle el dinero, mientras él cree que están enamorados y en espera para casarse. No se atiene a ningún argumento disuasor, mientras que para el resto de los personajes es algo evidente y claro.

Fin de spoiler.

    Entonces… ¿cómo es la vida? El problema de los escritores de novelas de crímenes es el alto coste que requiere mantener la trama con cierto sentido, sin que nada la contradiga. Cuanto más larga sea una de dichas novelas, y cuantos más personajes introduzca, más complicado se vuelve mantener el sentido de cada acción. Por ello este tipo de obras se cierran en unos pocos personajes y se centran en ellos. En muchas series largas, donde han introducido muchos personajes y tramas, el final suele ser decepcionante o en alguna medida fallido, porque los guionistas se ven abocados a cerrar la serie por lo que les dicta la historia, sin tener demasiadas opciones de cambios, perdiendo todo el clima que se había tratado de mantener hasta ese momento. Así sucede en series como “Lost”, Rubicon”, “Years and years” o el propio “Juego de tronos”. Otro caso son las novelas de espionaje. A menudo uno se dice: por qué cuando sucede algo clave, y se encuentran dos de los personajes, no le cuenta uno al otro el descubrimiento o el suceso que le ha ocurrido al detalle…, porque de ser así la trama se volvería más previsible y los finales más insulsos: se rompería el ritmo en crescendo. Lo mismo ocurre con una vida normal. Cuanto menos años se tenga todo se mantiene con cierta linealidad y sentido, pero con cada año que se cumple se vuelve cada vez más complicado que todo sea posible que “encaje” o cuadre con un sentido y/o finalidad. La mayoría de las veces, yo diría que un número cercano al 100%, según se llega a los 40 años uno queda “derrotado” por la vida, al ver que es imposible de buscarle un sentido y finalidad, donde en nuestras tramas han sucedido tantas cosas, tan variadas y contradictorias, que se nos hace inútil crear una posible narración a dicho desbarajuste. Es muy posible que la crisis de los cuarenta, y más tarde la de los cincuenta -de la mediana edad-, tengan de fondo esta sensación de la pérdida de sentido. Yo recuerdo que a los veinte años aún podía encajar con una historia -narración- mi vida, como si ese momento o situación a la que había llegado diese sentido a todo el pasado…, diese sentido a cada una de las penurias y calamidades por las que había pasado. Lo mismo -casi puedo asegurar- a que esa fuese mi sensación a los 34 años, con otro acontecimiento clave de mi vida. Los actos y las decisiones en las que había hecho algo “mal”, ya fuera contra mí mismo u otras personas, aún cobraban cierto sentido, mirados desde ese final. Hoy sin embargo puedo decir (y asegurar) que nada tiene o tuvo sentido. Estamos “condenados” a crear una trama de nuestras vidas que den sentido a nuestro actual presente, al modo de la linterna que alumbra al fondo del túnel. Pero mirado desde mi actual edad comprendo que el cerebro estaba en la trampa de crear sentido, cuando en realidad la mayoría de los actos eran fortuitos o sin ningún sentido. Si como reza el paradigma actual, el cerebro crea un mapa del mundo, que es del que parte para su comportamiento, llega un momento que el cerebro por sí sólo, por conocimiento implícito de ir evaluando y promediando la sociedad, la vida y a las personas, se percata que  no vale ninguna regla, que todo es demasiado caótico como para encajarlo a estimaciones, historias y patrones.  Fijarse que un joven ya tiene toda la estructura cerebral “montada”, y sin embargo están llenos de vida, energía y esperanza…, les faltan experiencias que terminen de dibujar su mapa, y les falta el descubrimiento de que la vida es un valle de árido sentido;  y de ser así, ¿en qué momento te “rindes”?, o como se le quiera llamar. No tengo claro cuál fue ese momento, y si se dio algún tipo de insight (compresión nítida) o solamente ha sido una progresión muy difuminada. Lo que está claro es que al final he dejado de dar sentido a todo.

    Pero las cosas son así y no son tan sencillas a la hora de buscar los porqués. ¿En qué medida a veces tratas de dar sentido a tu propia vida para hacer que los sentidos de los otros sean vacíos? O sea, y no es una cuestión cargada de moralina y de venganza, en qué medida en toda historia siempre al haber varias versiones y validar la tuya lleva implícito invalidar la de los otros. Dos versiones o sentidos es algo incongruente, como si al final una novela negra tuviese dos criminales con un porqué cada uno, cuando sólo hubo una arma y herida de muerte, y no es que fueran compinches. Dos historias montadas en paralelo, con dos tramas posibles y dos motivos distintos, en donde los indicios a la vez encajasen en las dos tramas (se puede hacer como sentido de la obra, claro). Lo que quiero decir, de fondo, es que la existencia humana sólo puede darse desde un sentido. Desde que nacemos, y seguramente porque esté implementado en el ADN, empezamos una narración, en donde cada acto, pensamiento, sensación, sentimiento y suceso tuvieran que encajar dentro de una trama y una finalidad. Pero he ahí que el otro está haciendo lo mismo y yo soy parte de su trama y sentido. El juego de la libertad, como conflicto sartriano de la existencia del otro, cobra así otro sentido. Igualmente la dualidad sujeto/objeto. En mi trama los otros son los actores secundarios, que en tanto que “perfilan” mi trama no tienen que tener la suficiente potestad como para desbastarla o contradecirla. En ese sentido todos son objetos de nuestras tramas o historias, partes del decorado, que puedes quitar o poner a conveniencia, dependiendo de la trama que estés creando para ese presente. Si para el trama actual no encaja cierta parte de la vida, se “olvida” o se ignora. Si de repente alguien del pasado da más sentido a nuestro presente, lo ponemos como parte importante de nuestra nueva visión. ¿Estoy siendo demasiado cínico? Tratemos el tema más detenidamente.

    Por qué alguien que nos da todo el sentido a la vida, como pueda ser la pareja o esposa, de repente se vuelve tan “odiosa” al separarte o divorciarte. Porque su historia, o su propia visión de lo acontecido, es en muchos casos diametralmente opuesta a nuestra propia visión de lo acontecido. Antes del amargo final ha habido una gran cantidad de discusiones y noches en vela para hacer valer nuestra propia historia, decisiones y puntos de vista. En cada una de esas situaciones alguien cree haber derrotado al otro: ha tratado de validar su propio punto de vista o su propia historia. Pero al final los puntos son tan dispares, se tienen unas versiones tan distintas de todo, que se hace inevitable la rotura. Desde el momento que eso sucede has de reinventarte y reconstruir tu propia vida con una trama y con un sentido, en la que esa persona que fue “el alma de tu vida”, de repente es todo lo contrario. En esa disposición nace la amargura y el posible odio hacia el(la), puesto que tiene su propia versión de todo lo acontecido y eso sólo puede ser así, si tu propia visión está “equivocada”. Lo mismo para cada situación en donde ha habido varios puntos de vista y varias versiones que se invalidan la una a la otra.

   ¿Qué hay de fondo para no aceptar tan de buena gana las tramas de esas otras personas? La cuestión viene dada por la estructura del propio cerebro. Lo que yo en su momento llamaba narrabilidad, al final encontré que era tratado bajo el concepto de “identidad narrativa”. El cerebro guarda el pasado como memoria episódica, pero nos son archivos que permanezcan inmutables, al igual que cuando en un visor ves una imagen de un directorio, y donde tal visualización no hace ningún cambio real en el archivo del ordenador. No. En el cerebro cuando el prefrontal “trae” -ya sea por recuperación o por recuerdo y sea por un monólogo interior o por hablar con alguien- un dato del pasado, lo altera con las sensaciones que se tengan en ese momento (y las apreciaciones que haga el cerebro sobre cómo el otro acoge tal historia). Lo mismo ocurre al soñar con alguien o algo del pasado: el recuerdo está siendo alterado. Se crean nuevas conexiones con otros recuerdos (neuronas o grupo de ellas) o con las nuevas sensaciones, de tal manera que cada vez que es traído al presente se le ha añadido nuevos “datos” (puntos de vista, sensaciones, emociones, cogniciones, razones). Esta forma de proceder, de contarnos o contar nuestra propia vida, es la llamada memoria autobiográfica. La identidad narrativa es la visión que nosotros tenemos de nosotros mismos a través de ese “movimiento” de la información en bruto, dentro de nuestro cerebro. Lo que queda en juego, por lo tanto, cuando hay dos versiones de una misma historia, es nuestra propia identidad: la narrativa, aquella que nos da un sentido y una finalidad en la vida. Libertad -en tanto que ente que se construye-, identidad, y vida y sentido, todo es una y la misma cosa bajo distintas formas de verlas. Son distintas caras de una misma figura geométrica. Distintos filósofos y pensadores han visto a la misma figura, y sus refracciones, a partir de distintos ángulos o caras, pero de fondo son la misma “cosa”, la misma figura. En definitiva, y bajo el punto de vista que mantengo en el presente escrito: mi vida y todo en ella tiene que cobrar sentido a partir de la historia que cuente sobre ella, en este momento dado, puesto que están en juego mi libertad y mi propia identidad.

   Encontré que tal idea la ha recogido el mundo anglófono como “face” a partir del concepto chino 臉面. Ante la imposibilidad de ser traducido correctamente, y que el propio inglés sabe de dicha tara, es preferible dejarlo sin traducir. Quizás sería semejante al concepto español de semblante, en tanto que aparecer o representar, y en donde la expresión “compón tu semblante” quiere decir mostrar seriedad y modestia, o serenar la expresión (Drae), o sea no mostrar la emoción real, si no la requerida para la situación. Vuelvo a recurrir a la Wikipedia para explicar el concepto chino de face:

Face es una imagen de uno mismo, delineada en términos de atributos sociales aprobados.
Face es la respetabilidad y/o deferencia que una persona puede reclamar para sí mismo de los demás.
Face es algo la que se invierte emocionalmente, y que se puede perder, y es mantenida o mejorada, y debe ser atendida en numerosas ocasiones de la interacción.
Face es un sentido de valor que proviene de conocer el propio estado y que refleja la preocupación por la congruencia entre la propia actuación o la apariencia y el valor real de uno.
Face significa “valoración socio-dinámico”, un hipónimo léxico de palabras que significan “prestigio; dignidad, el honor, el respeto; status”.

    Fijarse que el rostro humano es comunicación. Hasta cierto momento de la prehistoria debió de ser comunicación interna (entre humanos) y no era para falsear, al modo de avisos: si se le veía cara de susto a alguien te ponía sobre aviso, si de asco igualmente, pero para la comida. Las emociones básicas son un lenguaje universal de hacernos entender nuestro estado interior a otros, que solían ser los de tu familia o grupo. Pero por procesos evolutivos y sociales, al final el lenguaje de la cara tomó otras dos direcciones: ocultar (no dejar ver la emoción interna por propio interés) y engañar (poner ciertas “caras” con ciertos fines egotistas o de intereses propios: “poner cara de pena”, que es distinto que tener/sentir pena). Al igual que la mano y otras partes del cuerpo, la palabra cara en español, tiene una gran cantidad de frases hechas, como: “tener mucha cara”, para hacer ver que alguien es muy egoísta, o decimos “se te tendría que caer la cara de vergüenza”, “cara de perro”, “no dar la cara” y un largo etcétera. Lo que quiero dar a entender es que el lenguaje se creó a partir del lenguaje del propio cuerpo y es muy posible que ciertos conceptos naciesen a partir de los propios gestos y emociones marcadas en la cara. En el chino, así face, es posible, que designase la imagen que uno ha de dar hacia lo social e igualmente que ha de cuidar. Es por lo tanto una extensión del honor y el prestigio. Pero, ¿qué relación tiene con la historia personal? El prestigio y honor de una persona ha de ser coherente con sus acciones y su vida. Si de lo que se trata es de hacer ver que se es una persona confiable se ha de hacer tal tipo de acciones, y toda posible acción que contradiga dicha cualidad va en detrimento de ser aplicable a esa persona. En definitiva, que tu propia historia te da la posibilidad de mantener y ser fiel a una identidad narrativa (face en definitiva), que es la que a la vez te puede dar prestigio y cierto honor. De esa manera, de nuevo, lo teleológico marca cómo ha de ser una vida, no porque ese sea su sentido, sino porque ese es el sentido que uno mismo se trata de trazar como plan de vida. Quienquiera que trate de mostrar que ese no es tu “verdadero ser”, con ejemplos de hechos o palabras de tu vida y pasado, es potencialmente tu enemigo, pues derrumbará la imagen que te habrías creado para ti y para los demás, en definitiva tu prestigio o tu face.

    Con estas últimas afirmaciones se llega a otra futilidad, fatalidad y facticidad (las tres efes) de nuestro ser y nuestro sentido en la vida: ¿uno es o se hace ser?, ¿esas dos entidades hablan de un mismo ser?, y ¿en qué medida nos “programamos” a nosotros mismos en ciertas afirmaciones o bajo ciertos fines?; por ejemplo, si alguien redunda, por narcisismo de las pequeñas diferencias, en que tiene dificultad cuando le dicen a derecha a o la izquierda, al final el cerebro se “ejercita” en ofuscarse en tal tarea. ¿En qué medida nos programan los otros al no dejarnos “mover” de nuestro papel?, el típico “te creía más serio” o frases similares. El humano se ha concedido a sí mismo el derecho de “hacerse” a sí mismo, tratando de salvar toda posible predisposición dada por el ADN, ¿o es una falacia?, ¿qué es autenticidad? Si se analiza la vida desde la perspectiva de que somos nuestra propia memoria autobiográfica, que como hemos visto es maleable y alterable, en la medida que al traer cada dato de nuestro pasado lo cambiamos… qué dice eso de dicha identidad, ¿no nos dice que es una construcción? Se me puede contraargumentar que en la medida que uno se construye a la fuerza termina siendo dicha construcción, pero siempre nos olvidamos del azar, los otros, los errores, y cómo no: lo que el cerebro olvida u oculta bajo sus mecanismos defensivos. En la serie “Rubicon” (este dato es marginal y no es spoiler) cierto día al protagonista -cerrado en sí mismo por una pérdida- le saluda un mujer desde su ventana, en lo que se supone que es un patio interior; insolentemente y con frialdad no le devuelve el saludo y se va. Días después, inyectado de optimismo y de forma aperturista, la espera para saludarla, siendo en este caso despreciado por ella (“donde las dan las toman”, reza el dicho popular). A este tipo de cosas me refiero. De haberla saludado quizás hubieran iniciado una relación, que a su vez habría evitado otras, y así en un juego de carambolas en cadena. ¿Hay realmente un ser al mando en todo este proceso?, como analizamos el túnel con la linterna -desde el presente y hacia el pasado-, lo observamos a partir de ciertos tropiezos dentro de él, y así diremos: “ah, eran unas ramas en las derruidas paredes del túnel aquello que me rozó la cara”, pero quizás no fueron esas ramas, sino unas telarañas que la linterna no alcanza a distinguir. Se ha comprobado que los psicólogos pueden alterar los recuerdos más lejanos y menos nítidos de las personas, hasta llegar a implantar un suceso que nunca existió (ver vídeo). Freud es muy seguro que hizo pasar por esos procesos a sus pacientes. Cuanto más lejano en el tiempo sea el suceso más susceptible es de ser alterado o creado.

    Si se analiza cualquier vida individual el proceso viene ser más o menos igual a lo dicho arriba sobre las tres efes. Pedro Almodóvar, por poner un ejemplo, era un “hijo” de la movida madrileña que tanteó varios derroteros, entre ellos el de cantante, para terminar siendo director. Su “genialidad” a la vez era su ingenuidad, que al final, por ponerse “serio” con su “face”, con mantener y alimentar su prestigio, perdió el encanto y la frescura que emanaban sus primeros trabajos. Algo similar se puede decir de Woody Allen. “No es el mismo” director el de sus primeras obras, que las posteriores en donde su puso “muy serio” (o se tomó a sí mismo más en serio). En los dos casos vemos que en cierta forma su público, críticos y su “face” les exigió tratar dar más de sí mismos, volviéndose al final “otros” distintos a sí mismos, lo que no deja de ser paradójico y muestra la maleabilidad de ese ente que se aparece o “semblante” ante los otros. Lo que trato de mostrar es que todo individuo es una construcción a tres bandas, de 1. las circunstancias (“yo soy yo y mis circunstancias”, diría Ortega y Gasset adelantándose al existencialismo), 2. lo que él mismo pretende y 3. lo que las otras personas ven o le exigen, en un circuito de retroalimentación en donde uno mismo no es el verdadero o auténtico “motor” de lo que acaece. Se ha comprobado que un alto porcentaje, cercano al 100%, del aprendizaje de la vida, de lo social, es cognición implícita, o sea, que el cerebro lo hace sin la supervisión del prefrontal y la razón: se autoconstruye siguiendo promedios de los éxitos o fracasos de las acciones y por ello igualmente de las expresiones faciales (actitudes) propias y de los otros. Ese esquema analizado sobre Almodóvar y Woody Allen se repite una y otra vez tanto en directores como en actores, así como en los grupos musicales o los escritores. Pink Floyd, por ejemplo, dejó de ser “Pink Floyd” y al final sus fans le exigieron volver a sus raíces, pero por lo normal esos intentos terminan en fracasos, pues sus cerebros ya han sido moldeados en sus propias autobiografías neuronales, de tal manera que aquellos procesos mentales del inicio ya no se pueden volver a recuperar, al igual que una información borrada por un fogonazo en una fotografía ya no deja indicios de qué había allí y en el original. Un dato a tener en cuenta con respecto a los grupos musicales es que cuando hay dos representantes de fuertes egos sus “divorcios” producen los mismos efectos que con las parejas: que terminan negándose el uno al otro. David Gilmore, de Pink Floyd, no acepta hablar de buen grado sobre el LP “The wall”, el producto clave de Roger Waters, su “némesis”, cuando los fans lo consideran clave, para él es un álbum menor y fallido. De nuevo renegar al “otro” para validarse a uno mismo: somos igualmente aquello de lo que renegamos, pues es susceptible de mostrar alguna debilidad; debilidades que el semblante no tiene que mostrar: el error de Aquiles no era tener un punto débil, sino que su enemigo (y todo humano es un probable enemigo futuro), conociese ese punto débil. ¿Quién duda que a veces dicen más de nosotros nuestros secretos que aquello que mostramos al exterior? En la juventud se pide a las parejas y los amigos no tener secretos. En la madurez se termina por comprender, la mayoría de las veces de manera egotista, que es mejor tener secretos, y por ello respetar los de los otros.

    Si todo humano es susceptible de un “quitarse la máscara”, la cara, de ser su semblante, ¿quiénes están fuera de ese rango? La propia familia de sangre (o por lo menos lo que venía siendo una familia antes de la “hecatombe” actual, e igualmente tu compañero/a de vida: “dos que duermen en un colchón, se vuelven de la misma condición”). Los hijos son la historia y parte de la historia de los propios padres. Compartiendo el ADN comparten a la vez muchas de las predisposiciones y modos de hacer, de tal manera que lo que suela hacer un hermano suele estar dentro de lo que uno mismo concibe de sí mismo. “Mantenemos un mismo espíritu, por eso somos una familia”, afirman en la serie “Big love”. En la prehistoria contar la vida de los ancestros era parte de la rutina familiar, de tal manera que predisponía, al modo como lo he relatado arriba, a la propia memoria autobiográfica intrafamiliar. Antes era más normal frases como “eres como tu abuelo” o “como tu tío-abuelo” del tal forma que uno se veía tentando a preguntar por él como para al final forjar ciertas maneras que eran de dicho ancestro, pero quizás no tan propias. Esos narraciones forjaban una identidad familiar que más tarde sería lo que hoy entendemos por cultura y que se ha extendido a una región o incluso a un país. De nuevo facticidades, cosas que nos vienen dadas desde que nacemos sin que las hayamos elegido. El secreto sucio del concepto de cultura es que en su base sólo trata de ser instinto. Las tribus que aún subsisten en el planeta no creo que diferencien entre instinto y cultura, pues todo acto propio de su tribu es tan ancestral que ha perdido la línea divisoria entre esos dos actos y conceptos. Hay que recordar que el primer tipo de utensilio de piedra, a modo multiusos, se repitió por cientos de miles de años en nuestro antepasado antecesor. Llamamos cultura al hecho que diferentes grupos de una misma especie tenga hábitos diferentes, como así sucede entre los chimpancés que cazan termitas con una rama o aquellos otros que parten nueces con piedras, y la posibilidad de incorporar dichos saberes del otro grupo dentro del propio acerbo del grupo. De nuevo aquí se aplican las tres efes. Se supone que la identidad de un grupo no ha de tener que ver con nada externo, cuando el concepto de cultura implica la posibilidad de incorporar el saber de otras culturas y/o versionarlas para al final volverlas propias. De ahí la falacia y la vacuidad del concepto de identidad nacional, pues “lo propio” carece de un significado “real” y pleno, pues la ausencia de influencias son imposibles. Lo valida -y mantiene- cada humano que nace en dicho país como propio, al igual que lo hace con cualquier otro aspecto de lo que venimos llamando “face” o semblante (el lenguaje, por lo demás, se va por los lados más extraños y contraviene ciertos conceptos culturales -de nuevo los juegos de retroalimentación-, como en la expresión “no te pongas flamenco“, ponerse chulo, soberbio).

(Aquí ha de venir una gráfica sobre relicarios de absurdos de la sociedad actual, como comprender que el exceso de limpieza es un precursor para las enfermedades autoinmunes y no se trata de ser tan limpios por cuestiones sociales (conformidad, al fin y al cabo). O una ley inglesa ecológica en donde al construir una vivienda y si no llegas a ciertos puntos, no puedes vivir en ella, cuando parte del daño ya está hecho con su construcción y cuando el 99% de las viviendas bajo ese baremo no deberían de habitarse. O que el Estado de trabajo públicos por puntos, y dos personas del mismo núcleo familiar sean funcionarios, cuando en otros núcleos familiares no trabaja ninguno. O que te quiten la antigüedad en el INEM por no sellar, cuando has podido tener causas mayores, y entonces a nivel estadístico baje la cifra de personas paradas de larga duración. Si todo esto, además cuestiones que se le puedan ocurrir a cualquier persona bajos sus perspectivas, fuesen planteadas bajo el teatro del absurdo, ¿qué nombre tendría que tener tal tipo de teatro?, tal sólo teatro de la vida.)

    Con esto volvemos atrás, a la disputa entre Ionesco y Sartre y la serie “catch-22”. En realidad no tenían razón ni uno ni otro, o la tenían los dos. El mundo tiene un orden implícito -subterráneo, plagado de primitivas- que escapa del concepto de absurdo, pero sus “razones” no son las “razones” que están establecidas en lo social. Tan absurda puede ser cualquiera de las acciones sin sentido mostradas por el teatro del absurdo, como muchas de las rutinas y hábitos que adquieren y mantiene ciertas culturas como parte de su identidad, o como absurdas son las creencias y las acciones más recónditas, escondidas y secretas de la mayoría de los humanos. Por lo que algo deja de ser absurdo es porque es parte de nuestra identidad, mientras que sí lo pueden ser otros hábitos similares de otras culturas o identidades. En definitiva que absurdo o sentido sólo son puntos de vista desde una identidad o cultura, y en esa medida todo es absurdo y tiene sentido a la vez. Ritualizamos ciertos procesos no porque sean parte del prefrontal y la razón, sino porque emergen de lo más subterráneo del cerebro bajo la simple premisa de buscar sus equilibrios homeostáticos. Si el cerebro de un obsesivo compulsivo “necesita” cerrar y abrir tres veces la cerradura de la puerta no es demasiado distinto de otros hábitos como darse la mano o los buenos días. Como nos dice Bateson el cerebro “funciona” con opuestos (es similar a mi concepto de ser identidad a partir de lo que no se es): mostrar la dentadura fue una forma disuasoria de avisar que se podía atacar, pero al final funcionó como lo opuesto: “no te voy a hacer nada, estoy bien contigo”, hoy a esa acción la llamamos sonreír. Dar la mano tiene un inicio similar: era mostrar que no tenías nada en la mano que atentase contra la vida del otro. Si hubiera unos extraterrestres que analizasen esos comportamientos, los analizarían como absurdos, pero como son parte de nuestra identidad humana tienen sentido.

Spoiler sobre la serie Catch-22

   Con esto llegamos al final de esta sección y volvemos con las tribulaciones del protagonista de la serie Catch-22. Desde niños, como no recuerda el poeta “nos adormecen con cuentos”, vivimos rodeados de narrativas que están construidas desde el final para darles todo su sentido. Cada relato, película o historia que contamos a otro está contagiado del concepto de narrabilidad. Este proceso repetido una y otra vez terminan por forjar la identidad narrativa y la ilusión de que hemos de tener control de nuestra vidas. Aquí de nuevo volvemos al conflicto Ionesco/Sartre. Bajo mi punto de vista el “primer Sartre” es posible que hubiera dado la razón a Ionesco, pues sus bases eran la facticidad, la contingencia, los otros y la situación: Conceptos todos que implican que somos “hojas llevadas al viento”. Pero por el proceso mostrado arriba de los virajes personales en cuanto uno se vuelve público, Sartre cambió al hacer del concepto de libertad su bandera: uno tenía que accionar en la vida, a partir de decisiones, de elecciones, para dirigirla. Y eso hace nuestro protagonista en la serie: trata de mantenerse vivo, tratando de manipular y alterar todo posible acontecimiento que pusiese en peligro su vida, cuando de una manera u otra siempre le salían todos sus planes mal. Es más, ciertas de sus decisiones o dubitaciones “provocaron” que ciertas personas terminase por morir, de tal manera que además de no llevar a cabo sus fines, le perjudicaban aún más. El último capítulo, en una de estas garrafales desventuras, colapsa y termina por rendirse a la evidencia: él no tiene control de sus vida y es mejor no tratar de alterar nada. En ese proceso encuentra su paz interior.

Fin de spoiler.

    (Contiene “trazas” de spoiler). El presente escrito no está exento de narrabilidad y de estar construido desde un final (teleológicamente), con lo cual según sus propias premisas no es fiable, y sí tendente a querer influenciar y por ello a “manipular”. La vida no puede ser ni tener un control completo de ella, ni abandonarse a su suerte. De fondo la primitiva que emerge es el locus de control, que a su vez se basa en reducir el miedo y la ansiedad, pues dichos estados mantienen el sistema nervioso simpático activo, que en definitiva repercute en la salud y por ello lleva a la muerte. Si la premisa de la vida es la autopreservación, no le “interesa” mantener el sistema nervioso simpático activo, y por ello recurre a la ilusión del control, para “apagar” dicho sistema y volver al parasimpático. La identidad narrativa está construida desde dos lados extremos, desde las primitivas como la mostrada arriba, y desde la razón, que trata de analizar la vida de forma fría y analítica. Se es susceptible de parecer un trastorno tanto si se quiere tener demasiado control (o creer en ello: como el exceso de soberbia y de narcisismo) de la vida, como si se trata de no decidir nada. El humano, por procesos culturales, “inventó” la fortuna y a través de este primer concepto, sobrevino la buena o mala y al final los distintos dioses. En esta estructura vemos que algo cultural se vuelve instinto en el transcurso de cientos de milenios, pues ciertas personas nacen con dicha capacidad hacia la espiritualidad -y tiene una zona “dedicada” en el cerebro-, mientras otros no. Evolutivamente hablando es más “conveniente” la espiritualidad, pues beneficia y alarga la vida, ya que si “se deja hacer a la vida”, no es tal que estar en manos del azar, sino de alguna fuerza que tiene unos “planes” y tanto uno mismo como el “mal” forman parte de dicho plan. La cuestión, que es lo que he tratado de mostrar en este complejo escrito -sin tratar de ser un consejo para nadie-, es cómo ha de tomarse la vida alguien que no tiene nada de espiritualidad. Mi punto de vista, realista (realismo depresivo), es que la vida carece de sentido, y todo en ella es absurdo. Tanto los actos y lo que creen las personas como el comportamiento social. Se habla de la despersonalización como un trastorno, pero según mi escrito ¿no debería de ser la norma?, ¿acaso el error humano no fue tender hacia la identidad narrativa y la social la de mantener la face? No digo nada extremo, lo mismo que argumento yo se sigue en la estructura de fondo del budismo, sólo que el budismo está bañado de misticismo y pensamiento mágico. Ahora mismo, en mi situación actual, ni he alcanzado la paz del protagonista de la serie Catch-22 (o la budista), ni quiero tomar el control de mi vida. Vivo en un limbo, en donde no quiero ocuparme de la vida, pues toda decisión implica siempre mantener el estatus quo de lo establecido en lo social como “valores” por los que luchar; cuando yo no creo en ninguno de esos valores. Conformidad, como la de la actitud final del protagonista de la serie, quiere decir hacer tu papel dentro de lo social sin cuestionar nada…. en ese caso, y como paradoja, ¿tratar de ser inconformista es no tratar de ir con la corriente?, y en ese caso no hacer nada. Ya no creemos en las revoluciones. De nada sirve cambiar la forma del bigote o depilarse las cejas: la cara, la realidad humana, es lo que subyace bajo esta y su estructura nunca cambia. Somos una especie inclusiva y jerárquica, y estos rasgos no se pueden ocultar o minimizar. Por lo demás, el paradigma actual, del capitalismo, se basa en esa lucha individualizada, en ese forjarse uno su propia vida, a expensas que otros como yo no quieran hacerlo y terminen, bajos sus conceptos, siendo unos perdedores. Lo siento, soy como los balineses, alguien que no comprende, y le resulta inverosímil y absurdo (retrotraer el concepto de absurdo tratado en el escrito) que la cultura occidental deje que alguien se muera de hambre, mientras otros viven en el exceso. ¿Y qué hacer, además, si el trabajo, como dice Baudrillard, se ha vuelto un bien escaso que no está al alcance de todos?, ¿Ni comes, ni puedes llegar a trabajar para poder comer? Toda esta lógica intelectiva, en la vida, tiene sus contradicciones, pues la vida no es lógica, sino emocional. No hay que pensarla, sino vivirla, pero esa regla no vale para los que sólo son pensamiento, y viven desde el prefrontal y la razón.

Las conclusiones a los escritos, a veces, vienen de donde menos te lo esperas… He visto la película “Los vengadores – fin de juego” y me ha sorprendido su tono melancólico y derrotista. Igualmente la conclusión de Thor, semidiós venido a menos, cuando dice: “para mí es hora de ser quien soy, y no quien debería de ser”.

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El Nacimiento de un Preconciente (a Nivel Fisiológico)

La conciencia es “un conjunto de bucles retroalimentados necesario para crear un modelo de nuestro lugar en el espacio en relación a otros y en relación al tiempo”. Michio Kaku
El empleo incomprendido de la palabra se interpreta como expresión de un proceso extraño.” Wittgenstein
Si el niño no recibe respuestas que sean razonablemente coherentes a la pregunta «¿quién soy yo?» que se expresa a través de su conducta, entonces le resultará muy difícil asumir la responsabilidad de sí mismo.” Berger Peter y Thomas Luckmann

   Título alternativo: la muerte prematura de la inocencia o el nacimiento de un preconciente.

   No quiero alargarme demasiado. Expongo las ideas de forma escueta (explicaré esta “actitud” en un escrito próximo). Los escritos entre paréntesis se han sacado del artículo de la Wikipedia sobre el fascículo uncinado.

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   Dentro del conectoma humano o vías nerviosas, que parece mostrar un mapa muy interconectado, existe una vía asociativa entre el frontal y el temporal llamada fascículo uncinado (uncinate fasciculus) “que conecta partes del sistema límbico como el hipocampo y la amígdala, en el lóbulo temporal, con la corteza frontal, como la corteza orbitofrontal”, que parece estar fuera de esa alta interconexión. Aunque se desconoce con exactitud todas sus funciones, parece tener una relación directa con la memoria autobiográfica (memoria explícita) y por lo tanto con la identidad narrativa. Es una de las rutas que más tardan en terminar su desarrollo, sobre los 30 años -parece una edad adecuada para hacernos pensar que tal circuito es para crear una identidad-. Es muy vulnerable durante su desarrollo, llevando a distintos trastornos: bipolardepresiónansiedad socialdesrealización -que puede implicar tendencia a la despersonalización (“desapego de uno mismo”)-, esquizotipia, y anomalías y patologías del habla.

fibras

   En cuanto he encontrado este haz de fibras y sus funciones he “comprendido” o intuido que es en esta zona donde se produce los “daños” para crear a un preconciente. “En los niños de 10 años que han sufrido una privación socioemocional, el fascículo izquierdo uncinate muestra una anisotropía fraccional reducida en comparación con la de otros niños, y esto podría subyacer en sus dificultades cognitivas, socioemocionales y de comportamiento.” Este haz de fibras, que es posiblemente que fuera uno de los pasos evolutivos importantes que nos llevó hasta el ser humano actual, es asociativa entre el habla y las propias vivencias. Recordar que el asentamiento de la memoria explícita se da en un juego retroalimentativo entre las propias vivencias como datos en bruto, y el cómo contamos a través del lenguaje y las palabras tales vivencias. Esa estructura de hacernos Ser (memoria) a través del lenguaje crea la identidad narrativa. Dicho circuito (amígdala=emociones, hipocampo=memoria episódica y hablar de sí=cortezas prefrontal y temporal) es la que engloba el haz de nervios asociativos de interneuronas llamada fascículo uncinado. Si no se “daña” (por medio de traumas, situaciones complejas durante la infancia o apegos defectuosos o deficientes) es aquella estructura que nos crea una identidad personal, que se expresa a través de la identidad narrativa: aquella que mostramos y construimos a través de lo que contamos de nosotros mismos. En ese sentido crea “seriedad” (termino Sartriano) con respecto a dar fe a que ese ente o identidad narrativa es lo que somos (mala fe en Sartre).

   En un preconciente este ente deja de tener legitimidad. De dónde proviene la “caída”… ¿de afuera, de los otros?, ¿o es interno y de uno mismo? Puede que se deje de legitimar a los otros (por un trauma o daño en donde alguien o algunos nos ha(n) defraudado y nos hemos sentido gravemente -nuclearmente- engañados), de creer en ellos -y por lo tanto de su aparecer- o lo que cuentan de sí mismos y por lo tanto su identidad narrativa; y en la medida que deja de ser legítimo afuera, por “coherencia” (lógica en los procesos mentales), tenga que dejar de ser legítimo para uno mismo. O sea, que si se sabe que lo social es “máscara” y (a)parecer, uno no puede “construir” una identidad narrativa de sí mismo sin caer en la contradicción estructural con tal creencia. Al ser “dañada” la percepción hacia los otros, en la distancia entre su ser y su aparecer, queda “dañada” o tocada la propia estructura de la conciencia autonoética, de la representación que se tiene uno de sí mismo y de sí mismo en el mundo. Incluso se manifiesta en que son menos tendentes al “mero efecto de propiedad“, de ver con “buenos ojos” sus bienes, demostrando su desapego hacia las cosas y lo terrenal. En esa medida uno tiende a mantener un “perfil bajo”, no ser muy público, por no entrar en el mismo juego de máscaras. Puede que las tres últimas premisas sean demasiado autorreferenciales.

   Si se analiza los distintos daños dan indicios sobre estos presupuestos: depresión, introversión, ansiedad social, bipolaridad (que puede manifestarse como una lucha interna entre tratar de “creer” y dejar de “creer” en lo social y las identidades). Se pueden dar distintos daños a nivel del pensamiento o el lenguaje, por una falta de fe (nihilismo esencial del sentido o significado de las palabras), que puede llevar a trastornos del pensamiento (descarrilamiento, ideas y delirios referenciales, tangencialidad, pobreza en el lenguaje, bloqueos del pensamiento, centrarse a hablar de sí mismo, caer en lo ilógico -no tengo claro si ilógico como rebeldía a lo normativo-). O sea, la desconfianza que ha generado una persona o grupo, a través de su aparecer y falta de correspondencia con su ser, se vuelve a la vez una “desconfianza” (ilegitimidad, falta de fe) hacia el propio lenguaje, pues es la base por la que se construye la identidad narrativa y por ello lo social.

   Fijarse que la psicología y las neurociencias construyen el edificio al revés de como lo construyo yo (y fijarse que en esto mi diferencio de los divulgadores científicos, que se atienen exclusivamente a la ciencia -por atenerse a lo legítimo, miedo o falta de imaginación). Para la ciencia ciertos daños físicos causan efectos o trastornos. Bajo mi punto de vista todo es más esencialista y por lo tanto es lo inverso. Un daño vivencial (trauma) crea a partir de ese momento una nueva visión del mundo, que a la vez hará que cambie la fisionomía y el comportamiento del cerebro. Es como si tal proceso estuviese escrito en el ADN: sin daño seguir el curso evolutivo, con un daño “crear” o activar un preconciente. La finalidad es para lo social: para que hagan de “freno” a cierta dirección que está tomando la historia. Para que hagan de dialéctica negativa en lo social. En ese sentido su tendencia a unir mentalmente (pensamiento holista “desorganizado”) todo aquello que no parecería proclive para dichas uniones, o no dentro de los neuronormales, de nuevo hay que verlo por su propósito: buscar soluciones (conclusiones) allí donde nadie las busca… ¡claro, que con el consiguiente peligro de caer en trastornos maniaco-persecutorios y de delirios! Tales ideas pueden sustentarse según el concepto del fenotipo extendido, propuesto por Richard Dawkins, en la medida que hay dos prototipos humanos, que pueden reducirse a optimistas y pesimistas, y en donde cada uno de los fenotipos trata de expandirse y contrarrestar al otro. Bajo mi punto de vista eso tiende a llevar a que se equilibren las “fuerzas”, y que de alguna manera la sociedad “necesite” las dos tipologías.

   Terminar diciendo, y puesto que mantengo mi idea de que los artistas, entre los que se encuentran los actores, son tendentes a ser de izquierdas y que cuestionan las identidades, los preconcientes son seres que lo que “puentean” es ese paso evolutivo por el cual el humano tornó a ser aquello que contaba de sí mismo y por lo tanto su identidad narrativa. En los humoristas se hacen patentes ciertos de sus rasgos, como ese poner en duda el lenguaje, como en las dobles lecturas de las palabras, el uso común y serio que hace de él las personas, y el efímero sentido de sus significados; en esa medida el lenguaje se vuelve un juego del que reírse y hacer reír, y del qué ser irónico e incluso cínico. Se mantienen en entes-niños, o anclados en esa etapa de la muerte prematura de la inocencia, por cuanto no la “superan” de forma natural. Quieren, en definitiva, que la sociedad se “cure” a través de su apuesta como dialéctica negativa, y en ese proceso de mentalidad mágica, que ellos mismos vuelvan al estado no dañado o anterior al daño. Quieren lo imposible, y ese es su sino, su “todo o nada” como ya dijera Stefan Zweig en su libro “La lucha contra el demonio” sobre los artistas. De una forma u otra, los daños o alteraciones en el fascículo uncinado “crean” individualidades, frente aquellas otras que crean su identidad y propósito con respecto a la sociedad. Son entes aislados de la masa, “obligados” a buscar el sentido de la vida no en lo social, sino en ellos mismos. En un cerebro de “desarrollo normal” el sentido nace de lo social (familia, comunidad, religión, país) pues así lo “sienten”, y el sentido y la vida antes que entenderla (entendimiento) hay que comprenderla (sentirla, “empatizarla”); mientras que los preconcientes se ven “expulsados” de ese sentido al poner en duda toda emoción social y mirarla casi exclusivamente desde la razón. Pierden, en definitiva, la conexión o el tacto con la vida (bajo estas conclusiones hay que entender a la drogadición -para dar sentido a que la fotografía de la cabecera del escrito es de la serie “euphoria”- como el acto de “obligar” al cuerpo a sentir, a la vez que se acalla a la razón). El preconciente, así, pone su propia libertad como regla para la vida, al individuo como base de lo social, el humano (individual) como medida de todas las cosas, y eso explica su tendencia a las izquierdas -con todo lo que estas conllevan: libertad de expresión, un individuo un voto-, frente a la rigidez de la identidad social basada en lo permanente y lo establecido. En el preconciente se cumple, así, la máxima de Gehlen al afirmar que “la libertad nació de la alienación y viceversa”.

   Vídeo relacionado sobre el nacimiento de una preconciente: https://www.ok.ru/video/1195885595355


   (Offtopic: para los que me siguen y quizás se pregunten cuál fue mi “daño”, mi herida, no fue algo claro y achacable a nadie. A la edad de entre los 4 y los 5 me llevaron interno -por falta de dinero y al ser gratuita- a una institución (antiguo hospicio) bastante dura en su trato. Me quedé aislado incluso de mis hermanos mayores que estaban dentro, por ser de una edad menor (el mismo proceso para una de mis hermanas). Esa dureza (crueldad en ciertos momentos) y frialdad rompieron con el proceso del apego, que por lo demás ya estaba “mal” por provenir de una familia numerosa -hay ciertas anécdotas, por otro lado, de mi más alejada infancia, que me han recordado todos, que me hacen diferente del resto de hermanos-. No culpo a nadie, ni juego el papel de víctima, simplemente me cambió el cerebro, tal como lo “predice” la teoría del apego: asumo quien soy, estoy conforme con mi “pellejo”.)

Leyendo los Viejos Arcanos

   Lo que sigue, quizás excepto el primer párrafo y por su explicación, no pretenden ser la “Verdad”, tan sólo leer viejos símbolos. Ni siquiera recurriendo a otras lecturas, que ya implicarían saber y no intuición. Se basa, por lo tanto en intuiciones propias, que quizás con el tiempo, y al ser revisadas, tenga que cambiar. Leo cartas, arcanos, no por un aprendizaje pormenorizado, sino dejando salir lo que me diga la parte más profunda del cerebro, y aunque en ciertos momentos me parezcan contraintuitivas.

   La vida es un sistema adaptativo. El humano, en tanto que cuerpo (dejando de lado de momento el prefrontal, la razón), está dentro de ese sistema. Adaptativo quiere decir una lectura somera de la realidad para vivir en cierta armonía con ella. Todo ave no busca el vuelo perfecto (Juan Salvador gaviota, la novela, como prefrontal, sí lo hacía), lo que busca es el camino más directo entre lo que tiene en ese momento: cierto tipo de ala, la densidad del aire de allí donde vive, así como las condiciones ambientales en las que se tiene que alimentar o cazar (ecosistema). El vuelo, así, y en los reptiles, nació de forma casual, en donde ciertas plumas que se habían creado para ser vistosas para las hembras, ofrecían cierta resistencia al aire al saltar desde una rama a otra rama o hacia el suelo. Lo que se espera de un humano es que se adapte a cada situación. No adaptarse es ser rígido y es estar menos vivo. Ser dogmático es igualmente un signo de rigidez. Lo que continua por lo tanto no trata de buscar una verdad, sino adaptar la razón al pensamiento mágico, del cual procede este segundo. Recordemos que todo cerebro es una representación simbólica del mundo. Un animal se hace el muerto ante un depredador, sin saber qué es la muerte, tan sólo representándola en su cuerpo, a través de la total quietud. Es un instinto. Uno de esos aves concretos quizás nunca haya visto a otro ave muerta. La muerte está dentro de sus signos, de sus conceptos grabados en el ADN, como primitivas. El cerebro, así, es un sistema simbólico entre ciertas primitivas muy antiguas y primarias, como la muerte, y la lectura que ese cerebro concreto -de ese ave- haga de la realidad. Dos lados, dos realidades. La primera adaptada (escrita) por miles de millones de años, y la segunda la adaptación a un entorno concreto y posiblemente nuevo. Lo viejo y lo nuevo, lo rígido y lo más adaptable (neuroplasticidad). Lo segundo queda supeditado a lo primero en tanto que en casos de extrema urgencia se recurre a lo más rápido, y la respuesta más validada por cientos de miles de años: lo reflejo, lo instintivo, los arcanos, los arquetipos, las primitivas. El humano, evolutivamente hablando, nace desde el pensamiento mágico a las palabras, donde las segundas, al final o en la actualidad, son la razón, en lenguajes tan estructurados y rígidos como los de la lógica y su hija la matemática, o a la inversa, pues se supone que el universo son números y es lo único que parece rígido e impermutable, frente a todo sistema adaptativo o vida.

   Volviendo a ese instinto de hacerse el muerto, Sartre ponía al desmayo humano (no de problemas físicos) como un atavismo proveniente de aquel otro arcano de hacerse el muerto. Para Sartre las emociones eran una interpretación/representación mágica de la realidad. Toda lógica de ese aspecto mágico, como lo hace la psicología o las ciencias cognitivas, son desde la razón, y llegados al caso, a través de los promedios, como generalidades, que se hayan por los estudios estadísticos. Pero las emociones son un punto intermedio de las lecturas de las primitivas y la razón, luego en esa medida son subjetivos y muy individualizados. Es aquí donde nace el concepto de qualia, por el cual los promedios y las estadísticas, como saber, fallan, pues todo individuo es un caso muy concreto, una mutación si se quiere, de ese cruce de dos lados muy opuestos. Cada humano y en cada momento, es un estado emergente, y por lo tanto único, provenientes de ciertas circunstancias de dicho momento, “analizadas” desde las primitivas, que crean dos caminos: el primero que promueve una emoción, y una segunda senda en donde el prefrontal toma una somera lectura de ese momento y “añade” algo más al estado emocional. Toda emoción “pura”, arcaica o primaria, como se ha catalogado a la ira, al miedo, a la sorpresa, al asco y la alegría, al final se vuelven sentimientos por el cruce de varios de ellos y por la propia interpretación que haya hecho el prefrontal. Así cuando alguien habla de amor, es “su” amor y de nadie más, y de nada vale la ciencia, los promedios o ninguna otra verdad. Es un estado emergente de un individuo concreto, en un momento concreto de su vida, de una vida muy concreta. ¿El mentalés de Fodor se alimenta de ese cruce entre las emociones y la semántica de las palabras? (recordar el sándwich de  tres panes y dos lonchas de queso entre ellas, de otro de mis escritos), frente al emocionalés, que son las pasiones o cruce entre las primitivas y las emociones. El sexo, así, es pasión como ese cruce entre el instinto de reproducción (primitiva) y las emociones, entre las que se encuentran la ternura y la empatía. A veces se badea o balancea y sólo es pasión y sólo sexo, y otras va hacia el otro extremo y emerge desde los sentimientos más “nobles” que nacen del amor. Dividir el cerebro siempre es traicionar lo concreto que es todo estado emergente. Aunque yo fuerce las divisiones y ponga fronteras, estas no existen, y todo acto sexual se mueve de un lado a otro entre la pasión y lo más tierno que es el amor. En la pornografía, toda esa magia o pensamiento mágico, que es todo individuo como puro estado emergente, muere. El lado mental o espiritual desaparece cuando sólo se queda o se ve al cuerpo.

baraja-espaola1   Un hecho curioso de las cartas y los juegos españoles como el tute, basados en las antiguas cartas del tarot, es que el tres es el segundo valor más alto después del uno o as. Está claro que debe de haber heredado ciertos conceptos cristianos: unidad y trinidad, y el uno y trino del Catolicismo. De ser honestos estos signos vienen de más antiguo. Para que los años cuadrasen con los ciclos de la luna, al final de un ciclo o año había tres días que pendían en la nada, en donde no se estaba ni en el año lunar viejo ni en el nuevo. En tal fecha la tierra parecía quedar suspendida en una constelación: la de la cruz. constelacion-de-la-cruz-del-surTal fiesta es la que se conoce en la actualidad como nochevieja, que hoy queda tan sólo entre dos días o una sola noche. Igualmente y repitiendo el número tres, uno de esos signos de la luna, es “esconderse” durante tres noches, al igual que los tres días en los que Cristo permaneció muerto. Aquí se ve que los signos, los arcanos, que han heredado la premisa de lo adaptativo, no tratan de ser racionales, pues la luna a la vez representaba la maternidad. O quizás sea por eso: que de la hembra sale el hijo, y madre e hijo sean dos partes que una vez fueron unidad: la luna. La propia cruz está formada por dos unidades, donde lo ternario es el cruce o superposición de los dos primeros. La cruz simboliza al hijo, a Cristo, luego, y siguiendo las divisiones humanas en tres edades de otros de mis escritos, los dos palos son el adulto y el padre (genérico, no sexualizado). El padre se superpone al adulto para crear al hijo. De hecho la constelación de la cruz, es muy posible, que en la antigüedad o la prehistoria representase al hombre y no a la cruz. Al hombre se le puede representar, y distinguir de casi todo el resto de animales, por su verticalidad: caminar a dos pies, y horizontalidad: su laborar con las manos. ¿Quiso dar eso a entender DaVinci al crear la imagen del Vitruvio, en donde una de sus posiciones era en cruz? Por cierto, sabiendo la condición humana y su impertérrito optimismo, nunca me encajó que el año comenzase en invierno. Averiguando en Google encontré que antes comenzaba en primavera, lo más lógico, el despertar de la naturaleza, de la madre tierra, pero un emperador Romano, y viendo que no podía cambiar la ley que decía que las incursiones guerreras empezaban con el año, lo que sí pudo cambiar fue que el año empezase al comenzar el invierno, para así iniciar una conquista en esas fechas. Y de nuevo las paradojas, hoy en día ya no lo podemos cambiar, porque el sistema humano social se ha vuelto tan complejo, que no hay forma, ni ley, ni país que pueda cambiar algo tan esencial. El humano se anquilosa en sus cadenas… perdón, quise decir reglas.

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   ¿Cómo encaja todo esto con las divisiones cerebrales de primitivas, emociones y palabras? Recordemos que las primitivas tienen las “órdenes” de terminar de formar a un humano. Este nace “aun no siendo un humano”, y con el paso de los meses y los años termina por serlo, al llegar a la edad adulta, después de la mielinización del prefrontal. Siguiendo esta “lógica” o estructura, el hijo son las primitivas y el prefrontal el adulto. Entonces, ¿el padre son las emociones?, parece contraintuitivo o que no sigue una lógica estructural, pues las emociones están ahí antes que el prefrontal y la razón. ¿Por qué tendría que ser así?, cuáles son las pistas que me han llevado a esta idea. En un tuit decía que cómo se puede ser un niño y un cínico a la vez… eso fue lo que me llevó a los actuales planteamientos. El prefrontal es razón. En mi lenguaje, y comparándolo a los ordenadores, el prefrontal es una unidad multipropósito (como lo es un microprocesador). Esto es: no tiene otra estructura que la lógica, no está impelida por ningún otro proceso sesgado, emocional o primitiva. Que tenga esa capacidad no quiere decir que “funcione” con esa capacidad, como demostramos todos los humanos en el día a día. Su capacidad queda expuesta si uno se aísla del mundo y trata de pensar desde esa unidad multipropósito. En ese estado uno analiza el mundo desde fuera de las emociones, y la rigidez que imponen los sesgos enraizados en las primitivas. Es en ese estado que se puede denominar razón. A la filosofía se le achaca su alejamiento de lo humano, sobre todo de lo emocional. Una lectura somera podría concluir que la filosofía la han desarrollado los hombres y querían “escapar” de lo emocional, que está representado por las mujeres (Almudena Hernando, 2012), pero nada más alejado de la realidad. Todo filósofo, sobre todo aquel que tienda a aislarse (Wittgenstein, Nietzsche…),  “puentea” las emociones, pues estas surgen sobre todo del contacto social, de tal manera que las deja de lado. En esta unidad, y de trabajar tal como debería, todos somos más o menos iguales, puesto que hay humanos que tienen una mayor capacidad para llegar a ese estado aislado, frente a otros, y puesto que esta “unidad” depende de la energía y capacidades, como la memoria a corto plazo y la concentración. En esta unidad -en su abstracción- no hay sexos, ni razas, ni ningún otro distingo. Pero si esto puede parecer una “virtud” en realidad no lo es, puesto que lo que nos une a otro seres humanos son los estados emocionales y las primitivas. O si se quiere, las lecturas de esos dos lados que al unirse o ser mediados por esa unidad multipropósito, nos vuelve seres con qualias, seres con sentimientos. Hay que fijarse que todos nacemos con las mismas primitivas, o con diferencias, como la de los sexos o géneros, y todos compartimos las emociones básicas, pero lo que nos hace único son los sentimientos. Ese medio camino entre las emociones y el prefrontal. Los sentimientos raramente se pueden compartir y por ello es complicado, sino imposible, hallar a un “igual”. Son lo que nos hacen únicos, indeterminados y por ello lo que nos crea como entes autodeterminados. En definitiva en seres únicos o adultos. En dicho estado, y de ser coherente tal “módulo” o capacidad y de forma aislada, tendería a mantenerse desvinculado y autodeterminado, pues como dedujo Sartre, el otro es siempre aquel en donde mi indeterminación se vuelve un ente concreto u objeto: en donde se vuelve a perder la autodeterminación. Como la vida es una trampa que funciona a la perfección, uno no puede ser -o poner a prueba su autodeterminación- que con otros seres humanos, luego tiene que vivir en sociedad. Dado lo vertiginoso y complicado de la vida, ese núcleo tan frágil que es la autodeterminación o vida de los sentimientos, aquella borrosa frontera entre las palabras y las emociones básicas, se diluye en nada cuando en el día a día tiene que formar parte de grupos, y en donde al crear identificaciones, creamos una identidad propia, en donde o perdemos parte de nuestra propia identidad nuclear -esa borrosa frontera-, o perdemos capacidad para ser parte del grupo. O sea, de forma constante nos “vendemos” -enmascaramos- o nos tratamos de mantener íntegros, lucha imposible de equilibrar, con lo cual al final la vida “vence” al crear identidades grupales. En realidad no es una “traición” propiamente dicha, puesto que al nacer lo hacemos en un momento concreto de la historia y dentro de una cultura, que van a dar un “regusto” de fondo a todos nuestros sentimientos. Explico esto, por si no ha quedado claro. Se supone que mi unicidad lo es en tanto que sentimientos, pero estos no pueden escapar, por ejemplo, que nazca en Viena y bajo el influjo de unos padres que aman la música clásica. Mis sentimientos musicales estarán “atravesados” por el gusto de los Austriacos hacia la música clásica, al igual que una tribu de cazadores recolectores lo estará por la música tribal. Por eso decía que las fronteras en el cerebro no existen, y son meras abstracciones que sólo nos sirven para “comprendernos” o analizarnos.

  Con todo, el módulo de la razón, como razón aislada de todo lo concreto, puede desprenderse de ese gusto hacia la música clásica. Esta capacidad del prefrontal de renegar de todo lo dado, que en realidad debería llamarse razón (la libertad de Sartre), el humano medio -y en el lenguaje coloquial- se llama cinismo (amargura en el fondo). En la mediana edad (la edad de la razón en lo coloquial), que es aquella a la que se llega a sobre los cuarenta y cinco años, al final la razón, ese ente que tiene como parte de su núcleo la autodeterminación, se “cansa” de tratar de encontrar a un igual, o dicho de otra forma, termina por comprender que es único… que está solo en el mundo, y que todo posible intento de crear unidades o agrupaciones con otros humanos son vanos esfuerzos, que por lo demás son fallidos (fallo del que se reniega a tenor de mantenerse cuerdo o por miedo a la soledad). O dicho más llanamente: en la mediana edad, y de ser honestos, todos somos cínicos, pero ya sea por costumbre, por mantener la máscara, o por no traicionar a los que tienes cerca, no se termina de asumir o de dejar salir a ese ente cínico atravesado por el principio de querer ser un ente autodeterminado. O dicho de forma más larga, se tratan de ignorar a las emociones, a las básicas, mientras que por otro lado no se puede renegar de las primitivas, luego con el paso de los años el anciano representa muy bien ese papel de esa dualidad de los dos extremos como niño y como cínico. No hace falta decir que toda persona que viva aislada pasa por ese mismo proceso de forma prematura, puesto que las emociones, aquellas que son la ligazón comunicacional en la especie social que somos, quedan aminoradas o anuladas, y el prefrontal, ahora como rumiación, se queda frente a las primitivas, pues dicha estructura no se puede obviar, pues son los pilares o armazón del cerebro. Un psicópata, así, es aquel al que se le ha atrofiado la amígdala, que es el núcleo cerebral de las emociones básicas, de tal forma que pierde la capacidad de empatizar con el dolor de otras personas. Demás está decir que la soledad no crea psicópatas, pero estructuralmente, son “igual” que ellos. La diferencia es que el psicópata se ha “divorciado”, como mecanismo de defensa y por lo tanto sin su “intención”, de las emociones por algún fuerte trauma de la niñez (a veces heredado o una mezcla de las dos condiciones). Tanto el anciano, el solitario, como el psicópata comparten que son un prefrontal frente a unas primitivas. Obviando, o habiendo dejado de lado, el paso intermedio que son las emociones universales, fuente de muchos de los sesgos y tendentes a crear uniones con otros seres humanos. “Necesitadas”, por lo tanto, de la capacidad y la fe para crear vínculos humanos.

   Después de este largo rodeo vuelvo a la pregunta de arriba y su respuesta. Las emociones, o lado intermedio entre la razón y las primitivas, representan al padre, en la triada hijo, adulto y padre, puesto que los padres pierden la capacidad para la autodeterminación y por ello quedan “atrapados” en lo emocional. Un padre, el “macho tradicional”, se tiene que hacer valer por su capacidad para llegar al enfado o incluso a la ira. Estado que el niño ha de temer. Tal estado viene dado por la fragilidad que la testosterona provoca sobre el equilibrio emocional del hombre, que tiene con tal comportamiento la capacidad de liberar su estrés interior, a través de esa emoción básica. Por otro lado la madre (tradicional) es la protectora o aquel ente que sólo es emoción, en tanto que “resguarda” al hijo tanto del padre, como de ese mismo lado “agresivo” o duro de la sociedad. Este comportamiento repetido por milenios entre los mamíferos, no igual en las aves, al final crearon dos primitivas o arquetipos asentadas en el ADN: el padre y la madre. Hay que recordar que la vida es un sistema adaptativo, no busca verdades, no busca tampoco virtudes o el “bien”. Si el humano tiene dichas primitivas y arquetipos es dado a que “funcionan” (se adaptan) bien, puesto que la propia vida humana es esa dualidad entre lo tierno y lo duro, entre el amor y su ausencia (ya sea en la indiferencia o en el odio). Si al hijo se le educa sólo desde el amor, sin dureza, no estará preparado para la vida: será demasiado blando y sensible (hijo de mamá); y si por el contrario se le educa sólo desde la más cruel de las durezas se “creará” un potencial psicópata o delincuente. La homeostasis, o tendencia al equilibrio de todo sistema complejo, se sigue en esta regla de los dos arquetipos: la madre y el padre. Idea que ya perfiló Aristóteles y la media de oro al decir que la virtud está o es el equilibrio entre sus opuestos. Ni imprudente, ni cobarde, sino su punto medio; ni engreído, ni sin amor así mismo… La evolución ha llegado a la “conclusión” que hace falta el padre y la madre arquetípicos para que el humano llegue de forma equilibrada a la madurez. Tal estructura están como primitivas cerebrales. Tampoco hace falta que el arquetipo de padre sea el macho y la hembra la madre. El caso es equilibrar esa balanza. Quita uno de los dos lados, o desequilibra la balanza, o que los arquetipos no estén claros, para que el humano no madure de forma “correcta”, que no llegue a la madurez, para que se vuelva un cínico antes de tiempo, o para que se quede en su fase infantil de por vida. Hay tantas posibilidades, pequeñas variaciones y desequilibrios (azar/variables) en esas dos disposiciones y disparidades, como humanos hay en la tierra.

   Cierro con conclusiones. Las primitivas son lo mismo que lo que llamamos arquetipos en su forma más rudimentaria. La razón se las tiene que haber con que no puede escapar de los roles. El policía “bueno” y el “malo”, durante los interrogatorios, son roles que dos individuos tienen que mantener, pero que en el fondo llaman a los arquetipos de padre (dureza) y madre (protección). Tales roles “funcionan” porque todo individuo busca el amor, la validación del amor, y “huye” del desprecio, de la indiferencia y del odio. Tales roles no “funcionan” con un psicópata o alguien muy racional y por ello con una clara marca de su autodeterminación y validación interna. Un político, o cualquier personaje público, se atiene a roles y siempre son cambiantes, puesto que se tiene que adaptar a cada circunstancia. Ora es amable y cercano, y de repente parece distante y duro. Obedece a roles, a máscaras, que vienen bien en cada uno de los casos en los que habrán de ser “usados”. Entremedias de los arquetipos (primitivas, sistema reticular) y los roles (razón, prefrontal), están los estereotipos, “inundados” dentro del mundo de las emociones (memoria individual y emociones, hipocampo y amígdala).

   ¿Diagnóstico del presente bajo estas reglas? La mujer, el feminismo, no quiere ser “reducida” a arquetipos o estereotipos. Busca ese ser autodeterminado, “libre” del “aparato” emocional, y libre por lo tanto de hacer o caer en hacer algún “papel” o representación en la vida. Propósito muy noble. Pero falla por cuanto ha de vivir en la vida, que recordemos que es una trampa. Sobre el 80% de las mujeres tienen hijos, luego al final tienen que “renegar” de su autodeterminación para hacer el rol de “protectora”, de cuidadora. ¿Lo puede hacer ella sola? Si se ha entendido bien la trama de la evolución y de este escrito, ella misma no puede (o debería) de hacer los dos papeles, puesto que un cerebro en desarrollo no puede entender o se puede equilibrar, si de la misma fuente o signo o individualidad proviene lo “bueno” y lo “malo”, el premio y el castigo, el dolor y el placer. Eso sólo puede “provocar” que ese humano llegue al cinismo antes de tiempo, pues verá con los mismos ojos de sospecha a todo humano que se le acerque: que será una fuente de dolor y placer. Esa es la verdad, esa es la realidad, esa es la vida de un preconciente, de un realista depresivo, pero ese estado no es el más saludable, ni para dicha persona, ni para la sociedad. Si todo el mundo se volviese cínico a la vez, la humanidad dejaría de tener sentido, todos dudando de todos y buscando el fin individual, frente al fin social. Quizás vayamos por ese camino, pero no es el deseable. Si por otro lado la madre -sin que exista un padre en su rol- sólo trata de dar amor, “creará” un humano “paralítico” emocionalmente, pues toda frustración o estrés por mínimo que sea, lo “derribará”.  Así lo parece demostrar la llamada “generación copo de nieve“, extensible igualmente a los milenials, sensibles a los más mínimos de los roces “dañinos” de la sociedad y los otros.

   Con esto llegamos al macho. ¿Alguna vez ha pensado el feminismo lo “duro” que es o haya podido ser hacer el arquetipo de macho para el hombre a lo largo de los milenios? Veo al antiguo “macho” en situaciones como los mineros representados en la serie “Chernóbil” (basada en hechos reales), donde saben que van a trabajar duro y morirán, pero aun así aceptan el trabajo sin rechistar. En unas décadas o decenios ese macho no existirá. Muchos de los males que el feminismo achaca al macho en realidad no deberían de ser hacia él, sino a las culturas y religiones nacidas a partir de los grandes asentamientos, como la judeo-cristiana-musulmana, que beben de la misma fuente. El arquetipo de macho y hembra provienen desde las etapas más primarias de los seres vivos, bajo el agua de los océanos. Y la que vemos más marcada en los humanos provienen de nuestras raíces mamíferas. Halla las “fallas” de casi cualquier comportamiento de machos y hembras mamíferos, y encontrarás las bases de los arquetipos de machos y hembras humanos. No es un camino que el macho humano marcó y quiso diferenciar o estructurar para “doblegar” a la hembra y por ello llegar al patriarcado…, ya provenía de más antiguo, de estados previos al humano. Está errado en lo social -por la falta de igualdades-, sí, pero sigue siendo válido como estructura dentro de la familia. En la actualidad la tendencia es que el arquetipo y el rol de padre esté desapareciendo. Todo hombre tiene que “pisar el freno” y no marcar su papel o arquetipo de padre dentro de la familia, con lo cual es igual que si tal arquetipo desapareciese y la madre tuviese que criar a los hijos por sí sola. La situación actual -en occidente- se parece más a una situación de dos madres o una madre tratando de hacer los dos roles, que la “antigua” y arquetípica de dos sexos, dos roles. Y volvemos a lo de arriba, y me ahorro de volver a explicarme. Tal estado de cosas no crea un adulto estable o realmente maduro. Hoy en día los hijos no se quieren ir del hogar paterno/materno. Frente a lo “blando” que resulta el hogar, ¿para qué o cómo salir a la dureza que resulta la propia vida y la sociedad? La sociedad actual se basa en el fuerte individualismo, puesto que en el fondo todo adolescente que llega a la adultez es un cínico en su núcleo, al que los mecanismos de defensa cerebrales oculta. El narcisismo es la marca de las nuevas generaciones, pues sus almas “reblandecidas” carecen de la dureza que le habría podido dar el rol de padre, que inevitablemente los volvería más modestos y sobrios. Si sólo se cría con amor, el alma se cree falsamente invencible y dura, cuando la realidad es totalmente la opuesta. No me puedo imaginar cómo serán estas nuevas generaciones cuando lleguen a la mediana edad. Va a ser una total pesadilla tanto a nivel individual, como social.

   ¿Ataco demasiado al feminismo? Para bien o para mal siempre se han dado el maltrato de género y las violaciones. Está claro que no es lo deseable y que su lucha es noble. Pero mientras que esos son males “eternos” que quizás nunca desaparecerán, el nuevo estado de cosas desde el feminismo y el cuestionamiento del “macho”, sí es algo nuevo que se podría evitar o cuanto menos sobre lo que poner atención y ver si va a ser para bien o para mal. Los “nuevos padres”, las nuevas familias, no parecen tratar con hijos, sino con amigos. Papel extraño y ambiguo donde los haya, pues pierden el respeto y la autoridad, y una vez que no se tiene es complicado recuperarlo sin que de nuevo se produzcan fallas y traumas en el desarrollo de ese cerebro. Un adulto maduro termina por comprender -por el uso de la razón- el porqué de los roles o arquetipos que hacían su madre y padre, pero en la actualidad y bajo las extrañas nuevas reglas, ahora se sigue teniendo respeto por el arquetipo o rol de madre, pero no ya igual por el del padre. O ha sido demasiado blando o demasiado duro, pero no parece que las nuevas generaciones “asimilen” con la misma gratitud y bondad el papel del padre como el de la madre. O sea, en el fondo mantenemos uno de los roles y lo “amamos y respetamos” y odiamos el segundo. ¿El lenguaje feminista no debería de ser el de acabar con todo arquetipo o rol?, más bien parece que su único propósito – de forma explícita o implícita-, haya sido la de acabar con el rol del macho, del padre. No será que ahora el “débil” sea el macho que ya no sabe cuál es su papel en toda esta nueva trama… que se sienta perdido y sin ninguna autoridad. Y no será que sea ese sentimiento del “nuevo” hombre el que esté repercutiendo en que este sea más errático en sus comportamientos y sin ninguna meta aparente, más que en muchos casos la pura y simple búsqueda del éxito, la competitividad y el sexo. Quita a un humano de todos los “cuentos”, de todos los “metarrelatos”, y tendrás una simple marioneta. Un cuerpo descarnado -cual carne reblandecida por una alta radiación-, sin ninguna posibilidad de ponerse ninguna máscara nunca más, ante el dolor de sentir tal dureza sobre su sensible piel.

   Lo que ya he dicho en otro lugar: la auto-demesticación del macho vino propiciada por la mujer (piénsese en ello: muy al principio el macho se mantendría al margen de la crianza, tal como lo hace casi la totalidad de los mamíferos, y la madre educaba al varón durante años a su gusto, de tal manera que lo fue dulcificando, pacificándolo, haciéndolo más cercano al espíritu femenino, hasta que estuvo preparado para la monogamia; nadie lucha por esa aparente encerrona a la que nos “sometió” la mujer; no fue una acción premeditada, claro, pero como tampoco la ha sido el patriarcado), y hoy en día nos dan la patada y nos dicen que ni les “servimos”, y ni nos quieren bajo los aspectos que son propios de nuestras primitivas sexuadas. Ni quieren al antiguo “macho” duro y pétreo en su rol o arquetipo, ni quieren al hombre reblandecido actual (narcisista, infantil y egotista) bajo sus propios parámetros o los parámetros de las nuevas sociedades. Familias desestructuradas, o sin el arquetipo del padre, crearán cada vez más hombres confusos y sin un rol o arquetipo al que poder acogerse…. ¿Qué futuro o papel le queda al hombre?, ¿cuál a la humanidad? En la actualidad, después de milenios, hemos creado una sociedad más preparada para el cerebro de la mujer, que para el cerebro del hombre. Como ya dijera aquella película extraña y profética de los años setenta: “Adiós al macho“, este muere dentro de una sociedad para la que ni está preparado, ni le quiere.

La Dimensión Individual II – La Vida Como Trampa

El acto mismo de hablar es un modo de marcar lo inusual frente a lo habitual.” Román Jakobson
Esto puede significar que no hay esperanza para la raza humana, no obstante, sí la hay para los miembros individuales de ella.” Eric Berne
El secreto de una madurez feliz no es otra cosa que el pacto honrado con la soledad.” García Marquez
Es más fácil vivir con versiones alternativas de una historia que con premisas alternativas de una explicación «científica».” Jerome Bruner
Es muy difícil someter a la obediencia a aquel que no busca mandar.” Rousseau

 

   Otros títulos barajados que puede que fueran más indicativos: “la vida como trampa que funciona a la perfección”; “el análisis transaccional como sistema complejo”. Llega un momento del invierno que el cerebro que soy cambia tanto que ya no tiene “pegamento” para unir las cosas. Mi memoria de trabajo no funciona nada de nada, y mi motivación se cae por los suelos. Es un tipo de aclimatación programada, donde el sistema hormonal cambia para que el cerebro no gaste tanta energía y se destine a mantener el calor. Se baja el nivel de testosterona, que a su vez baja el nivel de dopamina. La líbido como telón de fondo, como ya he hecho ver en otro escrito. Tengo cuatro escritos medio empezados y no soy capaz de darles continuidad. Lo que en verano escribo en un día, en invierno me lleva varios días. Al final me abro tantos frentes, en tantos escritos y en los propios escritos, que soy incapaz de terminarlos. El presente lo publico pendiente de revisar todo el final menos desarrollado, porque sino me “bloqueo”. Por lo demás lo escribo y no funciona la “pegajosidad neural”, ya no sé lo que he escrito como para ampliar o depurar ciertas partes. El escrito que he retirado titulado “Goliat cuando David duerme” lo retiré porque creí que este tenía que ser previo.


   En agosto del 2017 cree la hipótesis de vincular memoria visio-espacial y todo proceso de memoria. Con el tiempo fui comprobando que la ciencia ya apuntaba en esa dirección. Al final he encontrado una serie de estudios y teoría, llamada “ventajosa”  o aventajada (no sé si esa sería la traducción correcta de “vantage theory“) donde vincula, por analogía, el espacio y el tiempo a todo proceso de crear un concepto o un registro de memoria. Lo que faltaba en mi hipótesis era la velocidad, que la incluye tal teoría. Dejo estos escritos (en inglés) sobre el tema para el que quiera investigar. Sus conceptos son muy abstractos y complejos.


Resumen.

   Este escrito bien puede ser tomado como una segunda parte de “La dimensión individual”, en tanto que trato de explicar mi punto de vista sobre la vida, o sea, un punto de vista individualista. La “novedad” es que revisaré ciertas ideas a través de la teoría del análisis transaccional. De otra parte revisaré dicha teoría para que encaje o sea comprendida dentro de la teoría de los sistemas complejos.


   La vida es sencilla de comprender: ella está hablando constantemente de sí misma. El problema es que no hablamos su lenguaje. Si no hablamos el lenguaje de la naturaleza es por lo que se puede comprender la frase de Fodor que dice que “cuando sigues haciendo preguntas a la Naturaleza, la Naturaleza sigue diciendo “no”, no es irrazonable suponer que en algún lugar entre las cosas que crees hay algo que no es verdad”. Bajo esta premisa la teoría sobre sistemas es la ciencia que trata de hacer dicha traducción. La superveniencia, dentro de dicho lenguaje, establece que desde que “nació” el universo se crearon sistemas bajo unas pocas bases o reglas. Un sistema se “crea” o establece porque se crea una dinámica interna como para que se llegue a un estado equilibrado. En esa dirección en la medida, que interaccionan sistemas se crean estados emergentes, en donde se crean nuevos sistemas. Estos nuevos sistemas “heredan” las reglas del sistema “padre” y no lo pueden cambiar, al igual que la genética de nuestros ancestros nos definen, pero la nuestra no incide en nada sobre nuestros padres o abuelos. Dichos sistemas en la superveniencia y a grandes rasgos son: 1. partículas, 2. átomos, 3. moléculas, 4. vida, 5. vida social, 6. mente o conciencia. El cerebro sigue las reglas de las reacciones moleculares, en la química cerebral y las leyes electromagnéticas, y aunque está claro que el humano puede romper un átomo en la fisión nuclear o crear nuevas moléculas, no por ello cambia las reglas del sistema de los átomos o el de las moléculas, más bien se tiene que atener a ellas. En todo esto nace el eterno problema de si la mente se puede “reducir” a reacciones químicas y eléctricas. Sí y no. Sin el “hardware” no puede haber mente (que en la terminología cibernética es wetware, la parte blanda o pringosa del sistema), pero hay que entender el concepto de emergente, este establece que el total es algo más que la suma de sus partes. Este dilema es igualmente problemático para definir qué es o no es vida. Lo que un lego pueda creer que es vida es muy distinto de lo que nos dice la ciencia.

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Árbol del conocimiento, leer sección “hipótesis de la justificación”

   Bajo estas premisas… ¿de qué se trata la vida?, que es un precedente a la mente y esta se rige bajo sus premisas. Es reducible a la premisa de replicarse, pero para hacer tal “cosa” necesita energía. Este es su “faltante”, en el momento que tiene tal energía tiene la capacidad para replicarse. La vida está dentro de las reglas de los sistemas adaptativos. Se adapta al medio para mantenerse como sistema, para mantenerse vivo, valga la redundancia. En esa dirección cuando se dieron varios tipos o apuestas de vida podían interactuar entre ellas. En los sistemas, los más estables suelen ser los “estados” más “comunes”. La interacción más estable (y general) entre seres vivos es la simbiosis mutualista, donde las dos especies implicadas dan algo y reciben algo. Aquí ya podemos introducir las ideas del análisis transaccional y ya en lo humano, en tanto que forma parte del grupo de animales sociales, dentro de la superveniencia. La palabra clave de tal teoría psicoanalista es el de transacción. Para esta escuela de la psicología los humanos crean interacciones a través de una simbiosis mutualista, donde los dos agentes o personas que entran en juego, dan algo y a la vez reciben algo. Conviene leer el libro “juegos en los que participamos” de Eric Berne para una visión amplia del análisis transaccional, en el presente escrito me centraré sólo en algunas de sus ideas. Si todo se reduce a una transacción: ¿cuál es la moneda de cambio? Como nos dice Eric Berne -de forma muy precisa y concisa en el prólogo del libro- el reconocimiento social es casi tan necesario como lo es el propio aire que respiramos. Esto sigue una hoja de ruta precisa. Lo faltante para el cuerpo es el oxígeno que es la fuente más directa para obtener energía. Por otro lado lo faltante para el cerebro son los estímulos, este “prefiere” el dolor -como parafrasea Berne- a la falta de estímulos (lo que no deja de ser paradójico y abre una nueva ventana a la hora de tener en cuenta el dolor).(1) Una persona en una cámara totalmente insonorizada y sin luz, apenas si puede aguantar un corto espacio de tiempo en tal situación. Fijarse que el cuerpo -en la teoría de la superveniencia- sigue las reglas de la vida, el cerebro por otro lado sigue otras reglas: es un órgano o sistema complejo “creado” con la “finalidad” o “sentido” de recoger información del medio: sin información “muere” su principal “sentido” y no es capaz de sobrevivir a tal proceso, como tampoco lo puede hacer el cuerpo ante la falta de oxígeno. Por otro lado el hombre -en tanto que mente en uno de sus niveles: el mamífero- está dentro de los animales sociales, donde el contacto con otros de su especie es su aire.

Capas de la Realidad Dentro de la Superveniencia IV    El traductor, del libro que tratamos, creo que apostó mal a la hora de traducir uno de sus términos principales y que es la “moneda” de cambio entre humanos. Esto nos dice el libro: “la caricia puede usarse como la unidad fundamental de la acción social. Un cambio de caricias constituye una transacción, la cual es la unidad de las relaciones sociales”. Berne usa el término inglés “stroke”, que puede significar tanto acariciar, golpe (toque), como jugada. Hubiera sido más acertado traducirla como palmadita, ya que caricia implica un acto demasiado íntimo, cuando lo que en realidad quiere darnos a entender Berne son las típicas palmaditas en los hombros (o en las rodillas o dar un leve golpe empático en el estómago o actos similares; fijarse igualmente que la palabra usada para dar una llamada perdida por el móvil es “dame un toque”). Aunque más adelante nos diga que: “extendiendo su significado, la palabra “caricia” puede emplearse para denotar cualquier acto que implique el reconocimiento de la presencia de otro”. Sea como fuera, por lo menos en España, el concepto de dar palmaditas en el hombro, que no tiene por qué ser textual, es el que se ha validado y se usa como concepto de tal transacción. Por lo demás tiene más sentido, ya que la antigua moneda de cambio era el desparasitado, que es una de las “funciones” dentro de los animales sociales del grupo al que pertenecemos: los primates, donde la transacción es “yo te desparasito si tú me desparasitas”. Otro dato a tener en cuenta es que según la psicología evolutiva el diálogo suple esa función: yo te escucho y a la ve tú me escuchas. De otro lado están las convenciones sociales, como el dar los buenos días, etc., como otro modo de transacción… y quizás donde se ve más claro toda esta trama, pues en cuanto alguien no nos devuelve el saludo lo más seguro es que nosotros ya no lo volvamos a hacer.

   Conviene hacer un alto en todo esto. ¿Acaso el análisis transaccional no es en el fondo muy cínico e “inhumano”?, ¿cómo se nos puede reducir a transacciones de “palmaditas en el hombro”? O en última instancia a simbiosis mutualistas. Remito al libro para que cada cual saque sus propias conclusiones. A mí me “convence” porque yo siempre lo he visto así. Dos situaciones que se me dieron en la adolescencia me hicieron captar la vida de esa manera. No tenía toda la teoría o todas las premisas, pero de forma implicada mi cerebro captaban esas ideas y patrones de la vida social (apuntar que implicado es la manera que tiene la ciencia ahora para llamar a lo que en otro tiempo se llamaba inconsciente). Desde aquella edad aposté por “retirarme” de la vida, pero a esa edad es muy complicado, por que como nos dice Eric Berne todo contacto humano implica una transacción dentro de “juegos”, y en cuanto se tiene contacto con otro humano ya has entrado en algún juego. De hecho estar solo, bajo las reglas de los juegos, es tan sólo otra forma de “jugar”.

   Otro párrafo de desvío. No aceptamos a que la vida pueda reducirse bajo estas premisas, porque el yo individual, que es la base del cerebro, no quiere validar a que este sea en lenguaje de la vida. Al análisis transaccional le falta una vuelta de rosca, que es tratar de buscar el “sentido” de la identidad narrativa, que es la base del yo y la conciencia, como ente que en soledad y de forma interna se manifiesta como autoconciencia. Si todo sistema vivo se equilibra por un faltante, qué le falta o es la base de la identidad narrativa: la coherencia y el protagonista. Nuestra identidad narrativa no acepta ser reducida al lenguaje de los sistemas complejos porque “atenta” contra la coherencia y el concepto de agente. Un relato para que sea “válido” o “funcione” como relato requiere de ciertas premisas. En todo relato se da validez al concepto de agente: un ente que es el que está dentro de nuestra cabeza, como Koji -como persona o agente- lo era del robot “Mazinger Z”. Conviene traer aquí lo que nos dice la Wikipedia, por ser esclarecedor:

Gō Nagai (el creador) quería tomar ciertas ideas sobre el manejo del robot de sus antecesores y, sin embargo, que no resultara demasiado similar para el suyo. Pretendía crear un robot tripulado, manejado por un piloto, pero deseaba que quedara patente que el robot interactuaba con el piloto, como si ambos quedasen vinculados, hombre y máquina, por algo más que cables y acero. De hecho, a veces el robot parece tener voluntad propia: por ejemplo, algunas veces Koji se lo encuentra fuera de su hangar, como si tuviera ganas de luchar.”

Koji_Head_Mazinger_Z

   En tal planteamiento se deducen las mismas premisas del concepto dualista de Descartes del humano, como cuerpo y alma, el cual -por mucho que la ciencia haya desvelado sus entresijos- no queremos abandonar. La identidad narrativa tiene esta misma premisa dualista. El yo es un agente que es el que toma los mandos de su propia vida, y cuando las ciencias nos reducen a números y estadísticas nos negamos a no creer que -las doble negaciones la procesa peor el cerebro- en todos y cada uno de nuestros actos, nazcan de una elección de nuestra voluntad, ambas depositarias de ese agente que “habita”, cual navegante, en nuestro cuerpo. Pongamos un ejemplo de un análisis propio de la ciencia. Se ha descubierto que los adolescentes son más proclives a tomar decisiones menos conservadoras o buscar sensaciones más fuertes o arriesgadas cuando están en grupo que cuando están solos. No obedece a tratar de impresionar, simplemente es que cuando están en grupo se da otra dinámica, por los efectos mostrados arriba de los cambios de comportamiento por el número de los grupos. O para decirlo de forma más sencilla: sus cerebros están “programados” para actuar de una forma cuando están solos y de otra cuando están en grupo. Está comprobado porque de esa misma forma actúan los “adolescentes” de animales tan dispares como los delfines y los ratones, pues se ha corroborado por experimentos. Si se le dice a un adolescente que existe tal patrón y que sus actos no son “elecciones” no lo aceptará. Va contra las premisas de nuestra identidad narrativa, donde ha de primar un “protagonista” o agente que tiene el control. Nuestro ego y unicidad no puede ser cuestionada, como igualmente se deduce de la frase coloquial de “toda comparación es odiosa” o el nuevo meme de “defiende tu sombrero por muy ridículo que sea” proveniente, creo, de Asier Etxeandia. Para el caso afirmar tal premisa es como dejar a un cuerpo en una habitación sin oxígeno o al cerebro sin estímulos, en donde si muere ese pretendido agente, muere la coherencia o sentido que ha de impregnar toda vida humana. Del mismo modo no terminamos de comprender y por ello aceptar que no es lo mismo una persona o un grupo pequeño que un grupo muy grande. En estos últimos no son las mismas reglas, no obedecen a los mismos patrones y por ello se originan unas nuevas reglas y patrones. ¿En qué medida uno es masa o no lo es?, nos negamos a aceptar que podamos ser parte de una masa, en donde los resultados sociales o ambientales de dicha masa no son moralmente aceptables o en otro caso “razonables”, pues eso implicaría a aceptarnos como inmorales e irracionales. Ahí está el cambio climático y el resto de desbarajustes que estamos provocando en el planeta. Una persona en lo individual se argumentará para sí misma no ser parte del problema. Lo mismo para cualquier movimiento masivo como las redes sociales o el feminismo. Una feminista no suele estar desacertada e incluso un grupo pequeño de una pequeña ciudad, pero el feminismo como efecto masivo, por la teoría de lo emergente, es distinto que la suma de sus partes. Todo ello se estudia en el efecto de la masa crítica extrapolado a las dinámicas sociales. Hay dos efectos bien conocidos, estudiados en distintas ramas de las ciencias humanas, como es el “efecto espectador“, “en el que las personas tienen menos probabilidades de ofrecer ayuda a una víctima cuando otras personas están presentes. Cuanto mayor sea el número de espectadores, menos probable es que uno de ellos ayude. Varios factores contribuyen al efecto espectador, incluida la ambigüedad, la cohesión grupal y la difusión de la responsabilidad, que refuerza la negación mutua de la gravedad de una situación“, (fuente Wikipedia). Otro es el efecto Ringelmann que consiste en “la tendencia de los miembros individuales de un grupo a ser cada vez menos productivos a medida que aumenta el tamaño de su grupo“. A nivel evolutivo y biológico está el “efecto Allee” que es el fenómeno “caracterizado por una correlación entre el tamaño o la densidad de la población y la aptitud individual promedio (a menudo medida como la tasa de crecimiento de la población per cápita) de una población o especie“. Ya sin un nombre concreto, y en el estudio del comportamiento social, dentro de la sociología, en el estudio de los tamaños de grupos, organizaciones y comunidades, se nos dice que:

El tamaño (el número de personas involucradas) es una característica importante de los grupos, organizaciones y comunidades en las que ocurre el comportamiento social.
Cuando solo unas pocas personas están interactuando, agregar solo una persona más puede hacer una gran diferencia en cómo se relacionan. A medida que una organización o comunidad crece en tamaño, es probable que experimente puntos de inflexión en los que la forma en que opera necesite cambiar. La complejidad de los grupos grandes se debe en parte a que están formados por subgrupos interrelacionados.”

   En todos estos sentidos, en la formación de una masa crítica, se da una suma de errores: una feminista puede tener unos pocos errores conceptuales, de sesgos o lógicos (en un cartel de mi ciudad llegan a poner “no más violaciones en este barrio”) que quedan aminorados al reajustarse con las feministas de su propio grupo pequeño (o a veces mantenidos a nivel grupal), pero los errores no se aminoran bajo los efectos de masa, pues no hay una supervisión generalizada en lo masivo, sino que se suman todos a la vez como para generar algo que puede llegar a ser indeseado. Lo mismo vale para cualquier otra ideología o movimiento como la izquierda o la derecha. En estos últimos hay una jerarquización. Cuando se dan encuentros mundiales hablan los líderes, y revisan fallas y nuevas direcciones, las cuales se supervisan después a nivel local (países, ciudades, localidades) para reajustar las ideas directrices, pero no ocurre así en el feminismo. El feminismo – sobre todo el de la cuarta ola- se está retroalimentando a través de las redes sociales: el medio más propenso para que se dé los efectos de la masa crítica y en donde las suma de errores, por ser más proclives para ellos por fake news y la alteración del mensaje original, no son verificados y se mantienen. Otro caso ocurre a la hora de seguir modas o tendencias. Y volvemos al mismo argumento de arriba, si se le dice a una feminista o mujer en una red social que está repercutiendo de forma negativa en lo que se da de forma masiva en los social, a través del feminismo, lo negará…. e incluso te podrán tachar de machista -lo más fácil y socorrido- si argumentas tal cosa. Un caso claro de esa “perturbación” masiva se da con el calificativo de machista. Como ha llegado a decir Jordi Gonzalez: “la palabra machista cada vez se usa más y peor”. Si una mujer o feminista la usa mal de vez en cuando no pasa de ahí, pero esa suma de errores, propiciadas por los medios sociales, crea un masa donde al final es “desagradable” para el hombre, que si bien en un principio no se quiere posicionar lo tiene que terminar por hacer al darse por aludido. ¿Y a qué “ataca” ese hombre individual si el feminismo es esa ambigüedad masiva?, le crea “irritación” hacia el feminismo en general, pero se puede manifestar hacia mujeres concretas.

   Un ejemplo claro de esa suma de “errores”, vistos en el párrafo anterior, se puede analizar en el documental feminista “(M)otherhooh“, donde se atreven a afirmar que la procreación no es un instinto. Es la base de la vida, como he apuntado arriba, y por lo tanto de los sistemas adaptativos. Una cosa es acallarlo, por ejemplo teniendo una vida muy ocupada, y otra cosa es que no exista. A tal efecto se le llama sublimación. El humano no se puede entender sin esta premisa -como veremos más abajo-. Hay que analizar los instintos por sus pasos. Llegar a tener un hijo es el último paso. El primer proceso es el deseo sexual. En cuanto entre dos persona se “abre” la puerta del contacto físico, por interés sexual, se empiezan a crear desencadenantes que tienen como fin el sexo. Ese primer contacto es como soltar las manos y tomar impulso cuando se está en lo alto de un tobogán. En este la gravedad hace el resto. En el caso del sexo los desencadenantes hormonales hacen cambios en el cerebro para llegar a su fin. El enamoramiento es la “trampa” evolutiva para ir hasta el final: tener sexo. A nivel de teoría de sistemas se crea una desestabilización, y puesto que el cerebro y el cuerpo busca la estabilidad, su estado homeostático, este proceso induce llegar al final. Así lo dice la teoría de los impulsos. Más tarde y ya en el  último día del embarazo se vuelven a producir otros desencadenantes a través de la oxitocina para crear un fuerte vínculo entre madre e hijo. Se puede ver este tipo de “mecanismos” como relés, donde una vez activados se producen reacciones en cadena. En esa dirección la visión de un niño recién nacido o muy pequeño tratan de hacer de “activador” a las mujeres. Este “deseo” de mirarlos, tocarlos o cogerlos es en sí mismo el relé desencadenante. El hombre no tiene este relé. Sólo tiene “simpatía” y este tipo de interés, de acercamiento y quererlos coger, por sus propios hijos. El cerebro humano ha ido creciendo (evolucionando, adaptándose) por capas. Las capas más bajas siguen estando ahí, pero está claro que si vas añadiendo transparencias blanquecinas encima de una fotografía, al final esta se dejará de ver.

   Que no se vea o no se “manifieste” no quiere decir que no esté ahí. Piénsese sino en el asco, superar un asco, no quiere decir que el asco como propiedad intrínseca visceral del cerebro y el cuerpo no exista. Los niños pequeños son más viscerales, no “toleran” con facilidad el amargor de una col de bruselas, pero de mayores “controlamos” el asco hacia dicha hortaliza. Para ahondar más en el tema, las reacciones o emociones viscerales se dividen en dos procesos: su emoción y su expresión (procesado o etiquetado cognitivo). En la vida diaria “emergen” a la vez, pero son procesadas por dos partes del cerebro: la emoción es “creada” por el tálamo, mientras que su expresión se da en el hipotálamo. Si se corta la unión entre dichas zonas no hay conciencia de la emoción y no se expresará a nivel facial, pero sí se dará una respuesta fisiológica, en tanto que el tálamo mandará la señal al cuerpo a través del tallo cerebral. Si la emoción es el miedo, retrocederemos corporalmente sin mostrar miedo en la cara y sin “comprender” a qué obedece ese acto reflejo. En muchos casos caemos en falsas atribuciones de los cambios del nivel excitatorio (nerviosismo, intranquilidad) del cuerpo porque dichas vías unen dos “lenguajes”, el emocional y la palabra, sin que la conciencia, que es principalmente palabra, interprete de forma correcta dicha emoción o cambio excitatorio. En otro caso ciertas personas nos producen asco visceral, sin que sepamos porqué. El prefrontal, mediado por las convenciones sociales y la corrección, tratará de “aplacar” tal emoción y que no se exprese, pero que la “retengamos” no quiere decir que no exista a nivel talámico. En ese lapsus entre sentir algo y “frenarlo” se expresan en el rostro microexpresiones, que son las que nos pueden delatar, frente a especialistas o personas que son más sensibles (con baja inhibición latente). Por lo demás no tiene ninguna lógica, a nivel de análisis racional, puesto que si se entiende la evolución, la apuesta que es masiva es la que “gana”. Veámoslo en otro caso al que ya he hecho mención en otros escritos. En lo humano se dan algunos individuos que apuestan por ser lo menos sociales posibles: son más solitarios e individualistas; pero esta apuesta no es la que gana puesto que se reproduce menos, y por ello la que se mantiene es la apuesta social que es la que es más masiva y “vence”. En el mismo caso, si algunas mujeres tienen dicho instinto menos marcado -que habría que verlo más detenidamente o sólo es sublimación- se reproducirán menos y su apuesta no se masificará como para vencer, luego “ganará” o prevalecerá la apuesta que mantenga tal instinto bien marcado. Con esto llegamos a las estadísticas. sigma2-300x185Se llama “distribución normal“, representada en la campana estadística de Gauss, a la típica curva más alta en una estadística. Cuándo algo es mayoritario: en cuanto es superior al 50%, y se hace más masivo o estándar cuando más cerca esté del 100%. La campana de Gauss o distribución normal sigue la regla de la tendencia al equilibrio (homeostasis) de los sistemas complejos, donde en este tipo de casos hay dos tendencias límites (derecha e izquierda en la gráfica) y en donde el centro es su equilibrio. Si se analiza de forma plana se comprende mejor. Llevado a otro ejemplo, la teoría de la “ventana Overton” establece que hay un rango central por el que un discurso político es “aceptado”; un rango donde el candidato puede establecer su disertación como para que tenga la mayor cantidad de oyentes a su favor. En otro ejemplo, la distribución de la vida sobre el planeta tiene la curva de Gauss, donde la parte más alta es la zona ecuatorial y los dos extremos son los dos polos. Lógico puesto que la energía básica del planeta nos la da el sol, y en la zona ecuatorial este se mantiene constante en doce horas a lo largo del año y las horas de sol en invierno -en los dos polos- son muy cortas o nulas. Ventana Overton IIEn la gráfica de la ventana Overton se podría poner seguramente cualquier valor y seguiría siendo válido. Si por ejemplo pusiéramos al hombre heterosexual por su nivel de testosterona, la cantidad media sería la más “validada” (mediada) en lo social, y en los dos extremos estarían los que tendrían exceso de testosterona, que puede que tiendan a ser más arrogantes y quizás agresivos; y en el otro extremo los que tuviesen menos, llegando a ser demasiado sensibles y pusilánimes. El rango promedio validado hoy es posible que no fuera el válido hace tres mil años, en sociedades más guerreras. En esa dirección los sistemas se tienen que estar constantemente equilibrando. Este tipo de sistema son llamados dinámicos. Aquí entra un nuevo factor, lo que en otro lado he mostrado como la paradoja de Abilene, un lugar al que todos van pero que nadie quería ir (¿dónde va Vicente?, donde va la gente), se explica en muchos casos por que los cambios son tan pequeños que son aparentemente indiscernibles. Así nos lo hacen ver distintas hipótesis y teorías o imágenes mentales como “la pendiente resbaladiza“, “la paradoja Sorites“, “el corte en rebanadas finas“, “la normalidad progresiva“; donde quizás la metáfora más recurrente es la de echar una rana en una cazuela e ir calentando el agua tan poco a poco como para que la rana no se trate de escapar de un salto. En un ejemplo del artículo sobre la normalidad progresiva en la Wikipedia se nos dice: “en su tesis, Chon afirma que el aumento de la ciberdelincuencia se ajusta al patrón de la normalidad progresiva. El número de sitios web involucrados en “actividades de piratería y cibercrimen informático” ha aumentado a un ritmo lento y constante, principalmente por debajo de la conciencia de la sociedad”. Lo que se nos quiere decir es que si se diese el caso que alguien despertase de un estado de coma de varios años y viese el estado actual de Internet le resultaría alarmantemente estresante, al igual que la rana saltaría de un cazo de agua caliente, pero como el ciudadano medio ha ido adaptándose a esa “normalidad” de forma progresiva no le resulta tan alarmante o peligroso. Aquí entra parte de la trama de la teoría transaccional. La mayoría de los “juegos en los que participamos” resultarían revulsivos a ojos de alguien fuera del juego, pero como vamos entrando poco a poco en ellos no nos percatamos como dentro de un juego. Esa es la teoría de la iluminación de luz de gas. Un tipo de manipulación psicológica en la que se entra de forma tan lenta y progresiva que no nos percatamos estar dentro de dicha manipulación. En esa dirección, bajo mi punto de vista, vamos hacia la sociedad caótica, altamente individualista, ruidosa y sucia, como la representada en la película “blade runner“. Llegaremos a “normalizar” lo que visto desde el presente nos puede parecer una distopía. 

    Como hemos visto la ventana Overton o la distribución normal son válidas para definir los géneros y sus roles, si bien hay que tener en cuenta en qué medida son convenciones sociales o implementadas en el ADN (si obedecen al sistema adaptativo de la evolución o a la evolución social), pero bajo la objetividad de entender que el feminismo igualmente puede estar “enturbiando” ciertas cuestiones sociales que “enmascaran” reglas del ADN. O dicho de otra forma: el feminismo por mucho que pretenda “quitar máscaras”, ello no implica llegar a una postura sin máscaras, sino a nuevas posturas de unas nuevas máscaras que se “acomodan” o les conviene más a los “ideales” feministas, y no por ello de la mujer. Cuestión por lo demás imposible, pues en el efecto masa, al final la imagen o “nueva máscara” de nuevo deviene en máscaras “incorrectas”, “distorsionadas” o “feas”. La mujer puede que esté entrando en una normalidad progresiva que de ser analizada objetivamente quizás no aceptarían. Cada vez es más complicado tener una pareja estable. Se sigue la misma regla del progreso a una nueva “normalización”, en donde el resultado último está aún por ver. Hoy en día ya no tiene sentido definir como “familia disfuncional” a cierto tipo de familia atrora “incorrecta”, pues cada vez es más la norma. O dicho en otra frase que es viral: “hoy es tan normal ser raro, que lo raro es ser normal”. Puede que el feminismo argumente que “no se puede hacer tortilla sin romper los huevos”, que en definitiva quiere decir aquello de que los fines justifican los medios. Pero ¿cuáles son esos fines? Nada de lo que pretenda lo humano suele llevar al fin por el que se echó a andar. Eso sólo ocurre por los caminos mil veces recorridos. Pero la vida social, y cada vez más al crecer en complejidad, son selvas impenetrables donde nunca se puede ver y saber el final. En un ejemplo, la no distinción de diferencias entre sexos es uno de esos equívocos, o caminos donde el actual estado no era el previsto. El espacio personal esta “programado” por instinto. Por “programación” con los amigos del mismo sexo se tiene “acceso” al espacio personal o incluso íntimo, o sea a poder tener contacto o estar por debajo del medio metro de cercanía. En la actualidad, y en la dirección (“errónea”) de que es lo mismo un amigo del otro sexo que del mismo sexo hemos roto esa regla. En la actualidad esta rotura lleva a muchos problemas que no existían antes, y en donde al final los equívocos llevan a situaciones no deseadas que en la actualidad el feminismo denuncia. Como digo no es algo que el feminismo buscase: ni ese acercamiento, ni luchar contra sus efectos. Por malinterpretación o vulgarización de lo que es y significa igualdad se ha llegado al estado actual de confusión y situaciones incómodas, donde ahora tiene que mediar el consentimiento mutuo. “Funcionaban” mejor las reglas anteriores, el aprendizaje de lo que decían nuestros padres, en un aprendizaje milenario. Volviendo al ejemplo de arriba, sobre el discurso de los políticos y la ventana Overton, a veces “comprender” una regla puede ser para peor, pues todo lo político a devenido en lo “políticamente correcto” cuando el sistema ha comprendido los entresijos y las posibilidades de dicha regla. ¿Qué quiero decir con esto?, que comprender las disposiciones del ADN o de una hormona como la testosterona no implican quitarse la máscara. Más bien y al contrario consiste en muchos casos poner más máscaras para que no se vea lo feo del rosto sin su piel o máscara. O dicho de otra forma: no existe posiciones de no-máscara, si en su “retirada” vemos que lo que hay detrás es muy feo. En ese caso recurrimos al “autoengaño”, a posturas aún más falseadas que en las anteriores posiciones en donde no sabíamos de ellas. A una de esas posiciones está yendo el feminismo: a poner muchas máscaras, cayendo en lo políticamente correcto, por que lo que “descubre” es “horrible”. No lleva al “macho” a su posición “correcta”: crea un macho cada vez más enmascarado. O dicho de otra forma: a un hombre en donde la (dis)posición de su ADN y su máscara están cada vez más distantes… más reprimidos… potencialmente más “atrapados” (la posición en la que ha estado la mujer, argumentarán la féminas; no trato de aleccionar o decir que hubo alguna postura “correcta”, quizás sea un imposible: donde hay diferencias hay conflictos).

Espacio Personal

    El documental “(M)otherhooh” es una demostración de esta regla de distorsión, pues no se atiene a ningún dato científico y deviene en ideología (ideología puesto que hacen hipótesis sin verificarlas científicamente y bajo un fin que no está claro, en donde se manifiesta una clara disposición a cambiar la forma de pensar y de actuar de las personas). Una evidencia del instinto maternal es algo que el feminismo no termina de aceptar e ignoran, cuando ha sido comprobado y aceptado por científicas feministas. Si a unas crías de chimpancés se les da un muñeco o un camión, las hembras juegan con los dos, pero prefieren el muñeco y los machos sólo el camión. La misma elección hacen los niños y no es social, pues es un instinto que compartimos con el resto de animales. El juego de las crías en la naturaleza no es gratuito: es un “entrenamiento” de sus roles de adultos y de su especie. La cría de un león tiene juegos predatorios, de lucha y caza; y un cervatillo juega dando saltos, y carreras, preparándose para las huidas de los depredadores. Por lo demás los sistemas complejos se basan en sus números. Son nombrados, y por lo tanto existen, en la medida que puedan ser calificados como estandarizados, pues tienen una prominencia en tanto que un estado mayoritario o equilibrado. Negar algo así es caer en lo irracional o no entender la evolución o los sistemas complejos.

    En un ejemplo de las macabras estadísticas, de los extraños “planes” de la evolución, nos encontramos que en “un estudio de 100 mujeres clínicamente deprimidas encontró que el 41% tenía temores obsesivos de dañar a sus hijos, y algunas tenían miedo de cuidar a sus hijos. Entre las madres no deprimidas, el estudio encontró que el 7% tenía pensamientos de dañar a sus hijos, una tasa que produce 280.000 madres adicionales sin depresión en los Estados Unidos con pensamientos intrusivos sobre dañar a sus hijos. (fuente Wikipedia). Esto puede deberse al hecho de que en la actualidad no “obedecemos” el regular la procreación bajo las “reglas” de la presión ambiental. De manera natural los sistemas se equilibran por sí solos, de formas que aún no están totalmente analizados o comprendidos.Baby Boom

En un ejemplo humano, el “baby Boom“, que se dio bajo una época de crecimiento económico y en donde se optimizaron al máximo las cosechas con los nuevos pesticidas y abonos, hubo una alta e inusual tasa de nacimientos. En la actualidad, bajo la crisis, hay una baja tasa de crecimiento, nulo o negativo, en los países occidentales. En otro ejemplo se ha comprobado que las catástrofes naturales adelantan los partos, y nueve meses después hay un incremento repentino y alto de nacimientos, como nos dice el vídeo enlazado.

   Es de suponer que la presión ambiental (socio-económica en lo humano, como nos hace ver este estudio) induce a la depresión posparto, y este conlleva el “ciego” instinto de no querer llevar adelante la crianza del hijo, y de ahí los pensamientos intrusivos de matarlos, en donde algunas mujeres incluso piensan en meterlo en el microondas. ¿Cómo comprender este tipo de hechos sin tener en cuenta los instintos y estos encadenados a las disposiciones evolutivas como la presión ambiental? El equilibrio más común -y lógico- es que una población descienda dada la baja cantidad de recursos de su medio. Pero antes de llegar a un límite, y cuando hay una alta población, desciende el número de embarazos, de embarazos exitosos o de crías que llegan a la edad adulta, como una disposición a no llegar al límite. De forma natural las madres en la naturaleza se vuelven más “descuidadas” para con sus hijos, si el número de crías es alto y cuando hay pocos recursos. En muchos casos las crías matan y se alimentan de sus hermanos más débiles (en las aves), sin que la madre lo “desapruebe” o lo trate de evitar.

Tres-Sistemas-de-Accion

   Otro nuevo inciso, con lo que estoy bajo tres. Voy a tratar de (de)mostrar la ilegitimidad de que exista un agente al mando en el cerebro, y la ambigüedad de lo que es un agente en los sistemas complejos -cuestión relacionada pues todo acto de “acallar” las partes de esos instintos o impulsos se suponen en “manos” de un agente-; tema tratado ya en muchos de mis escritos, pero bajo una nueva perspectiva: bajo el concepto de la identidad nacional. La identidad narrativa la “sostiene” el intérprete del hemisferio izquierdo, que se rige por la palabra. Cuando se habla de capas evolutivas, como lo he hecho arriba, es tan sólo una licencia científica en la dirección de poder crear modelos mentales manejables. Aunque pensemos, o nos parezca, que el cerebro es como una coliflor, donde el cogollo está en su centro, la realidad cerebral es muy otra. El prefrontal, que es la zona que nos hace humanos, está muy cerca y comunicada con las partes más antiguas, como los ganglios basales y la formación reticular o el propio tallo cerebral. La consciencia, la capacidad de percibirse como despierto, frente a otros estados como el de dormido, anestesiado, etc.,  está en la capa más primitiva, pero es la base de la conciencia, que es la que se manifiesta como agente al mando, dentro del prefrontal y el sistema ejecutivo. Un caso ejemplar es el masticar. Es un acto de la parte más primitiva del cerebro, pero el prefrontal está ahí siempre “verificando” si se ha de llevar al otro lado de la boca algo, o tratando de impedir el morderse. ¿Quién hace tal acto?, es una totalidad, el prefrontal, se “creo” simplemente para “verificar”, para ver que todo iba bien, y en ese sentido “sencillo” lo tienen una gran mayoría de animales, pero por medio de la palabra, del lenguaje y ya en lo humano, tomó una nueva dimensión. Si se sigue la regla de la superveniencia, un sistema nuevo sigue las reglas del sistema del que nace y no lo puede “negar” o controvertir, luego sus reglas básicas o bases siempre están en el nuevo sistema, de lo que se deduce que los instintos siempre están bajo todas las capas nuevas. Pero detengámonos en la nueva capa, en la capa de la identidad que tiene la capacidad de hablar de sí misma y por ello de crear una narración. Aunque se reduzca tal capa a “identidad narrativa” no deja -a su vez- de contener varias capas. La identidad narrativa se basa en la identidad social, y esta en la identidad nacional. Están tan solapadas que no vemos que en realidad son tres capas distintas, seguramente procesadas en distintas partes del cerebro. Analicemos todo esto con detenimiento. Recuerdo cierta vez, tendría unos quince años, que hablando con un extranjero este me dijo: “el cielo de Salamanca tiene algo especial, no he visto en ningún otro lugar un azul tan intenso”. ¿Por qué recuerdo algo así y de un tiempo tan remoto?, llama al orgullo, pero al de mi ciudad. ¿Por qué el orgullo de la propia ciudad, cultura o patria está tan unido al personal? Si se analiza a nivel racional lo podemos negar, o contrarrestar, pero el caso es que de forma implícita (recordar que es a lo que se llama ahora como inconsciente) llama al mismo núcleo, llama al narcisismo (egotismo, autoestima) implícitos. A un tipo de validación, o en el lenguaje del análisis transaccional, a una palmadita en el hombro (caricia en el lenguaje del libro), a una validación o reconocimiento social. Con esto llego a lo que trato de atacar o argumentar. ¿Cómo o qué es depositario de una identidad nacional? No hay una agente “directo” o claro. La identidad nacional es la suma de todos los individuos de una nación. En cierta medida, en la actualidad, está “sostenido” por su identidad política y sus gobernantes e instituciones, pero nunca y en ningún caso bajo una sola persona o agente. Quizás en el pasado estuviera bajo el “peso” del rey o el emperador, auspiciado por una religión…, igualmente cuestionable si se analiza con precisión. En la identidad nacional tenemos un ejemplo claro de un sistema complejo, que aunque emerge con una identidad, esta no tiene una “presencia” real y tangible, y que es -por el contrario- tan sólo que en tanto que la suma de todos sus agentes: tradición, cultura, instituciones e individuos. Lo mismo ocurre en el cerebro cada módulo o capa “dicta” sus reglas y modulan la totalidad que emerge como identidad, pero “realmente” no existe un único agente al mando. La diferencia -grande pensarán algunos- del sistema complejo que es la mente humana es la identidad narrativa o intérprete del hemisferio izquierdo, pues es un estado emergente, en donde las premisas de la coherencia (locus de control, para ser más exactos), y la “necesidad” de un protagonista o agente al mando, es la que nos crea la falsa sensación de que tal agente existe y de que tal estado es excepcional, y donde excepcional, y para ser concisos y según el diccionario de la Real academia significa: “1. adj. que constituye excepción de la regla común. 2. adj. que se aparta de lo ordinario, o que ocurre rara vez“. Al igual que uno mismo se cree el protagonista de su propia película (Sonder en el lenguaje de John Koenig), donde el resto de las personas son secundarias o figurantes, en lo cultural se da el concepto de “ombligo del mundo” o el “excepcionalismo“, por el cual una cultura, ideología, país o imperio se cree el “protagonista” y el que da el propio sentido de la historia. En definitiva, creemos tener en nuestro cerebro una excepción: la conciencia, el yo como agente al mando, pero se da igualmente en sistemas como el de la identidad nacional o sin ir más lejos en un termitero. En un termitero nadie está al mando, pero todas las termitas trabajan y crean este sistema que tiene las premisas de que han de mantener una temperatura interna y sistema de ventilación “correctas” como para mantener las huevas vivas. De nuevo las reglas de los sistema adaptativos y evolutivos: todos intentos “errados” de crear un termitero no se conocen porque no se mantuvieron en el juego evolutivo y que por lo tanto no pueden ser llamados como sistemas.

   Desarrollemos más el tema. Si lo “importante” y primordial en el cerebro humano es la conciencia y la identidad narrativa, qué hace ese papel en una nación. De nuevo los números y el promedio. Identificar o reducir la identidad nacional a la identidad política en la actualidad es desacertado (exceptuando regímenes no democráticos), puesto que las políticas son laicas y tienden al centro. Sin duda la cultura es su “conciencia”, y aquí hay que distinguir entre lo que es y lo que (a)parece. Lo que sigue es una análisis somero, que no está muy pensado, y sólo a modo de ejemplo para las finalidades de los conceptos que trato de mostrar. Un país no es lo que pretende ser, sino lo que dicen sus promedios. Las cadenas de televisión del Estado pretenden invocar a lo que deberíamos de ser, o a lo más conservador de nuestra identidad nacional, pero teniendo en cuenta que sus audiencias no son muy altas, y que sí lo son cadenas como Telecinco. En un ejemplo: si echan una serie sobre Anna Karenina y por otro lado está la opción de ver la serie “la que se avecina“, y si esta segunda es la más vista con diferencia, este tipo de comedia nos da parte de la identidad de nuestro país. En dicha serie se da un humor socarrón, llano, absurdo y picaresco. Picaresco no es fácilmente traducible a otros idiomas o culturas, en donde suelen recurrir a usarlo como neologismo, luego la picaresca es una parte de la identidad española. Una película que llama a nuestro orgullo es “amanece que no es poco”, en donde  de nuevo la trama es lo absurdo (que puede implicar contravenir las reglas e incluso las físicas), luego nuestra apreciación sobre lo absurdo es otra seña de nuestra identidad. En esas mismas direcciones, más intelectualizadas, apunta el libro de Don Quijote, frente al sentido común y la lógica que representa Sancho Panza. Todo en su conjunto da una seña de fondo, quizás algo fatalista (que se manifiesta como resignación de la clase baja, los catalanes algo menos), que es la de no tomarse la vida demasiado en serio, y que siempre ha de intermediar el humor a toda situación por trágica y compleja que esta parezca. Al igual que la propia biografía repercute en nuestro estado actual, la historia de un país o cultura repercute en su momento presente. Nuestra mentalidad, a la par fatalista y socarrona, nos viene de nuestro pasado, donde ideas, como el de la “mano negra” o las ideas conspiratorias de los francmasones, no parecen dejarnos prosperar. Con todo, y volviendo a nuestra identidad personal, la identidad nacional está tan integrada en nuestro yo que no somos capaces de “verla”, al igual que no vemos nuestra nariz aun estando en medio de nuestros ojos. Son las otras identidades y culturas las que “realmente nos ven”. Esto en el plano de la identidad nacional; veamos más de cerca la identidad personal para ver a qué nos lleva al ser analizadas bajo las mismas reglas, pues de esa forma se entenderá mejor la identidad nacional.

   La identidad narrativa es aquella que contamos cuando conocemos a alguien nuevo, con el que creemos que vamos a tener un proyecto de futuro (una posible pareja, por ejemplo). Pero una cosa es lo que uno cuente, y otra cosa es como realmente sucedió y otra muy distinta es lo que realmente somos. Como el cerebro forma parte de sistemas adaptativos, este “adapta” la identidad narrativa en cada situación, con cada persona o grupo y a cada edad. En cuanto alguien te pregunta cómo eres y tú se lo “relatas” ya has cambiado, porque al “llamar” (activar) a dichas neuronas estas crean nuevas uniones entre ellas en cuanto adornes o alteres mínimamente la historia. Así que se puede afirmar, parafraseando a Focault, que “no me preguntes por cómo soy, sin por ello quererme cambiar”. Fijarse que uno cree evolucionar o madurar con la edad, en donde la madurez es la meta. En la mediana edad es cuando nos llegamos a decir a modo de sentencia  y juzgando nuestras “otras edades” eso de “¡ah!, si hubiera sabido lo que ahora sé”. Pero tal argumento es falaz y demuestra lo vacuo de ese pretendido agente que madura, pues a cada edad somos un tipo de programación que se comporta y da sentido (racionaliza, justifica) cada uno de sus actos bajo dicha “programación”. ¿Dónde queda la “libertad”? Bajo el concepto de la distribución normal, un adolescente tenderá sobre un 80% de las veces a un comportamiento arriesgado cuando está con otros adolescentes. (2) La “distancia” hasta el 100% es libertad u otros factores, o bien es posible que entre en otras estadísticas, como por ejemplo si se da el caso que tal adolescente haya tenido un accidente grave previo y se ha vuelto más precavido. Por eso de nada vale decir o pretender “enseñar” a comportarse como adulto a un adolescente. Cada humano ha de seguir su propia “programación”, y las palabras y consejos no suelen valer porque cada uno ha de cometer sus propios errores dentro de cada una de las edades y dentro de la programación de dichas edades. Bajo este punto de vista ¿es mentir o engañar el comportarse como se esté programado a cada edad y siendo analizado desde la razón o la lógica?, en teoría de la información: no. No son “mascaras” de niño o adolescente, realidades falseadas de un pretendido adulto que nos espera al final de la vida. Cada edad tiene su identidad, aunque nos parezcan posturas “falsas” al llegar a la madurez.

Etapas del desarrollo psicosocial de EriksonEtapas del Desarrollo Psicosocial de Eriksonhttps://en.wikipedia.org/wiki/Erikson’s_stages_of_psychosocial_development
Identidad “programada” en el ADN de cada edad, dentro de lo social.

   Por otro lado la evolución y el cerebro han creado los sesgos, los mecanismos de defensa y el auto-engaño, puesto que la finalidad del cerebro no es la “verdad”, sino sobrevivir de forma equilibrada, que en este caso equilibrado quiere decir, cuanto menos, como medianamente feliz. Bajo todos estos parámetros, en la mayoría de los casos, alguien externo tiene una visión más desapasionada y acertada sobre nuestra identidad que nosotros mismos. De hecho una de las bases de la identidad personal y narrativa se basa en que se reajusta (adapta) cada vez que es contada, dependiendo si el cerebro capta aprobación o desaprobación en su interlocutor (intercambio transaccional al fin y al cabo). Si una cosa de nuestro pasado nunca es aceptada por ninguno de nuestros interlocutores, terminaremos por no contarla o modificarla tanto como para que sea “aceptable”. Volviendo a la serie “la que se avecina”, unos de sus personajes más locuaces y claros siempre se presentaba como “pescadero mayorista: no limpio pescado”, pero en cierta situación por serle más ventajoso (para dar pena) se presentó como “pescadero no mayorista: limpio pescado”. En otra situación, aún más sórdida y por seguir esta línea argumental de forma de presentarse, llega a decir que ni es pescadero mayorista, ni limpia el pescado. En todos esos sentidos la sociedad hace de espejo,(3) en donde cada uno de nosotros nos miramos. Bajo estas nuevas ideas ¿qué es entonces ese agente?, existe. En ningún caso hemos hablado de una identidad nuclear, que sería el carácter o el temperamento, estamos hablando de identidades superficiales, o que flotan en la superficie, al igual que el petróleo que flota en la superficie del mar no define al mar. Con todo este ejemplo último no tan válido, pues nuestra identidad narrativa y que construye ese pretendido agente, es las suma de todas sus capas que nombran como capas sólo por comodidad verbal. El agente, al que nos referimos como tal, es el que emerge en tanto que autoconciencia, en los momentos en los que estamos solos y sin estímulos, pero este tipo de “agente” es tan sólo la atención focal volcada sobre uno mismo: un espejismo. Desaparece en cuanto nos volvemos presentes en la acción, pero en tanto viremos esa atención sobre nosotros mismos los otros nos la “reclamará”, pues en dicha situación o estado estaremos como “evadidos” del presente. Con esto volvemos a la dualidad mente-cuerpo. Si soy mis capas… ¿soy mi cuerpo? Y de serlo, de qué manera. Ahora mismo, en esta habitación, estoy a ocho grados de temperatura y no siento frío. Llega un momento en el invierno que mi cuerpo se ha aclimatado de tal forma, que dicha temperatura no me resulta “desagradable”. ¿De quién es el mérito?, desde luego no del yo o agente, esa aclimatación es a nivel hormonal -o muy bajo- como para que el cerebro, en tanto que sus capacidades más elevadas o humanas, tengan nada que ver. Sin embargo, por lo general, si alguien me preguntase que cómo puedo no tener frío le diría y me presentaría como una persona que no es friolera, como si tal cuestión fuese parte de mi identidad, cuando en realidad es un puro estado “mecánico” del cuerpo que he heredado. ¿A qué quiero llegar con todo esto? A que realmente no existe tal división entre mente y cuerpo, y que dicha división es puramente conceptual y formal. Soy mi ADN que regula de una forma concreta mi sistema endocrino y por lo tanto hormonal, que a la vez regula el comportamiento de mi cerebro en sus capas más antiguas, que a la vez repercute en mi comportamiento y por lo tanto en mis actos, y al final en la suma de esos actos a mi identidad narrativa. En la medida que me muevo en un medio social lo que sobresale es la identidad social, y en la medida que dicho sistema tiene unas reglas estoy mediado y atravesado por tales reglas, como esponja seca que es echada al agua. En ese sentido, de nuevo, no hay capas, aunque se puedan usar por convencionalismos. Soy un sistema complejo que es una mente, en un sistema social, en un nuevo orden mundial o sistema mundial. La identidad narrativa es una partícula mínima, y por ello prescindible, dentro de esos sistemas mundiales o más amplios: engranajes diminutos en un gran mecanismo del que nadie tiene el mapa o el control, al igual que una hormiga de su hormiguero. Lo que nos contemos a nosotros mismos, para mantener equilibrada nuestra mente, da igual dentro de ese orden mundial.

   Cabe hacer una nueva reflexión a partir de todo esto. Algunas personas me han argumentado que si voy en “automático” por la vida, teniendo en cuenta los argumentos previos. La “identidad” que trato de mostrar es aquella en la que “actúa” lo que yo llamo el “resolutor de problemas” (procesador multipropósito), aquel que “sale del paso” en cada situación solucionando el “problema” o “dilema” planteado en ese momento. Este tipo de “identidad” es la que emerge en programas como “Gran hermano (GH)” de TeleCinco (en España) en donde los cerebros responden a estímulos inmediatos, que por lo demás es el que “permanece” flotando, cual boya en el mar, frente al acontecer diario. Si se analizan la mayoría de las acciones de los concursante de dicho “reality” (tele realidad), nos parecen “caprichosas”, aleatorias y sin sentido aparente. Dicen y se desdicen de forma constante, ahora es blanco y al poco rato es negro. Parecieran barcos a la deriva, sin un capitán (agente) al mando de un timón que les marcase un rumbo. Lo que yo llamo resolutor de problemas en muchos casos actúa de forma muy rápida, dada la inmediatez y la rapidez de la vida en su momento a momento, de tal forma que no le da tiempo a “verificar” dicha acción con comportamientos pasados o previos. Se da un “problema” que soluciona con tan sólo unas pocas premisas, como si para el caso nos preguntasen “¿doce más veintidós?”. Este tipo de “identidad” sólo es instante y se atiene a muy pocos datos, dada la premura. Es más tarde a través del aislarse o que alguien haga de “espejo social“, en definitiva que nos devuelva la imagen, que entra en juego la coherencia y la identidad narrativa y que “justifiquemos“, y dado el caso rectifiquemos y podremos llegar a pedir perdón, a partir de que “encaje” o no con nuestra identidad narrativa. Lo que la audiencia analiza, en el caso del concurso gran hermano, y en este caso la audiencia hace de espejo social, es si dicha acción es coherente con su “pretendida” identidad narrativa, lo que esa misma persona cuenta de si misma y si realmente se ajusta a su reacción posterior, a un “ajuste real” con esa identidad narrativa o si tan sólo está reaccionalizando, o sea justificándose para quedar bien (postureo), adaptando como puede esa acción a su identidad narrativa. En esa medida el espejo social, las otras personas, pueden llegar a comprobar si una persona es coherente entre lo que hace y lo que cuenta (auténtica); entre sus acciones y emociones, y su identidad narrativa. En la medida que estas dos “identidades” “no encajen” se puede llegar a verificar si lo que ella cuenta -o identidad narrativa- es falsa, en la medida que tenga otros “planes” no revelados, o si ella misma se está autoengañando (mala fe sartriana, pues ella misma no es capaz de ver su engaño) a través de lo que ella cree de sí misma.

   En esta dirección, la identidad narrativa -y en la dirección de resolver tal dislate- tiene dos vertientes: 1. aquella que se atiene al pasado, a la memoria autobiográfica, 2. lo que habría que llamar “identidad proyectada”, en la que interviene nuestro futuro. De esta manera cuando se “elige” seguir una carrera frente a estudiar, hemos añadido o programado una identidad proyectada en el futuro que repercute a cada momento actual, puesto que el “resolutor de problemas” tiene dicha “variable” en cuenta a la hora de hallar alguna solución. La identidad proyectada no tiene porque ser tan “seria” y de “grandes miras” como decidir estudiar frente a trabajar, puede determinarse y emanar en algo tan sencillo como qué actitud tener con el último exnovio. Esta propiedad ya la adelanté en el anterior escrito, al referirme a la capacidad del prefrontal o conciencia para “fijar” una creencia (poner fe), frente al dudar, y en donde lo segundo se queda en el cerebro como “pregunta abierta”. La conciencia prefija comportamientos futuros al restar la duda. Si prefijamos el comportamiento con nuestros exnovios ya no volvemos a acostarnos con ellos un día que “bajemos las defensas”, o esa es la teoría. ¿Cómo funciona este proceso a nivel “computacional”? He repetido muchas veces que el prefrontal hace de simple verificador en el día a día. Al modo que la madre/padre “verifica” el comportamientos y las acciones de su bebé cuando el(la) hace otras labores de la casa. Al igual que la madre/padre deja “libre” al niño si todo lo “hace bien”, la conciencia no altera nada si el proceder que emerge del cerebro no incumple con los requisitos necesarios para obrar “bien” en sociedad. De esta manera si el prefrontal se ha “determinado” a que con el exnovio nada de sexo, en cuanto del cerebro emerja dicho deseo el prefrontal lo verifica como incorrecto y manda una contraorden al cerebro más interno. A nivel computacional es un bucle de “si X es igual a Y ir a “negar”, sino volver al principio del bucle”, donde “negar” es una rutina programada de llevar a cabo ciertas acciones como “crear distancia entre nuestros cuerpos, distender la conversación para que sea más fría, etc.” Es por este tipo de comportamiento que la conciencia es tomada por el psicoanálisis como superyó o voz del padre interiorizada, donde padre aquí quiere decir todas las reglas establecidas como “correctas” o normalizadas en sociedad, como para llegar a ser una persona modélica o razonable. La teoría es que durante la infancia, la adolescencia y la juventud no “opera” o se tienen predeterminadas o prefijadas las formas de actuar y comportarse en la vida, y llegar a la adultez consiste en haber alcanzado ese punto en donde el prefrontal verifica la mayoría de los actos con ciertas premisas o reglas. De hecho el prefrontal es la última zona del cerebro en mielinizarse (madurar en definitiva), proceso por el cual se recubre los axones (conexiones entre neuronas) de mielina para que su funcionamiento sea más efectivo y rápido. Aquí vemos de nuevo los “maléficos” planes de la evolución para cada edad: para “ella” hasta cierta edad es “mejor” no ser precavido y pensar demasiado, en la dirección de crear una “lucha” entre los padres y los hijos (rebeldía), como para que estos terminen por abandonarlos. Es por este tipo de “identidad” que no parecemos meros autómatas que operan como simples solucionadores de problemas del “aquí y ahora”, como he mostrado en los párrafos previos. Hay que fijarse que no es propiamente un agente, sino una capa superficial del resto de las estructuras del cerebro, un mero verificador. Bajo esta hipótesis lo moral no es algo implícito o no tan complejo como se revela en la sociedad actual, sino tan sólo una capa moral, al modo que la piel recubre la superficie del cuerpo y es lo que vemos y por lo que “definimos” a una persona. Por otro lado en la medida que este tipo de proyecto/identidad “nace” de una reflexión o elección es por lo que tenemos una mayor sensación sobre que existe un agente al mando, y que este parte de la libertad y la voluntad (acto volitivo). Se puede llamar “rendimiento de la identidad” a la medida con la que nuestra vida se “ajusta” a esta identidad proyectada o proyecto de vida.  Bajo estas reglas es por lo que las culturas protestantes (Inglaterra, Alemania y Estados Unidos como referentes), basadas en el trabajo y en los proyectos de futuro como piedras angulares de sus vidas, se diferencian del resto de las culturas, frente a “vivir el momento” o más vividoras, como lo son las culturas del sur de Europa (Cataluña sigue más la “regla” de los primeros). En la diferenciación de estos dos proyectos o formas de ver la vida vemos cómo la cultura/identidad nacional repercute en la identidad personal.

 ¿Invalida la identidad proyectiva mis premisas?, no. Tan sólo es una variable dentro de un algoritmo. Una variable importante y que tiene una fuerte repercusión: sí. Pero simplemente una variable que en cierta forma “enfanga” la libertad en la medida que es un determinante… o en otras palabras: en la medida que son unas cadenas que uno mismo se pone. Por otro lado hay que tener en cuenta cómo este tipo de identidad “habla” con el concepto de adaptación -base nuclear del sistema al que pertenecemos-. En la medida que me “ciegue” en un proyecto me cierro otras posibilidades que puedan surgir por el camino, que para el caso es como ir enfilado por un redil que me impidiera en todo momento ir a derecha o izquierda, cuando puede que en esas direcciones pudieran estar nuestras vidas. Las culturas protestantes son más “serias” y refrenadas (auto-reprimidas), de tal forma que cuando pueden salir de sus “rediles” tienden a ser más exacerbadas y llegar más a ciertos límites: es lo que notan los países del sur de Europa cuando a ellos llegan los ingleses o los alemanes. Terminar diciendo que una de las claves para entender el momento actual de la sociedad es la entrada en crisis de dicha forma de ser. Ahora mismo, dada la crisis y lo cambiante o inestable de la sociedad, ya no parece ser posible hacer o tener un proyecto de vida. El sistema deviene en pura adaptación, en tratar de estar mirando en todas las direcciones para tratar de aprovechar la más mínima oportunidad para ganar algo de dinero y estabilidad. “Vence” la identidad del “resolutor de problemas” frente a la identidad proyectiva. Vence la inestabilidad o falta de identidad del ente, frente a un tipo de humano que puede “prefijarse” a partir de metas del futuro. Hoy más que nunca se valida aquella frase de John Lennon de “la vida es aquello que te sucede mientras estás ocupado haciendo otros planes”. Se hace más complicado crear homogeneidad social, en la medida que la gran mayoría de las personas actúan como simples resolutores de problemas, en donde tal concepto deviene en que dichas personas no se pueden atener a principios, base de la identidad proyectiva. Bajo estos nuevos dictámenes, hoy más que nunca se sigue la frase de Groucho Marx de “estos son mis principios, si no le gustan… tengo otros”, en los que se revela un sistema adaptativo/cínico. El lema de la actualidad es “todos nos terminamos por defraudar”, pues como meros “resolutores de problemas” devenimos en entes oportunistas, en donde vamos del blanco al negro de un momento a otro, y en donde la lealtad, la honestidad, la fiabilidad, la integridad y otros valores son lo que se van cayendo en ese camino abrupto y sin sendas. Sin estabilidad en los sistemas el cerebro ya no puede “crear” un sentido o proyecto de vida. Deviene en su principio más básico: la adaptación, y por ello el oportunismo.

   Con esto cierro todos los paréntesis abiertos y vuelvo al tema del análisis transaccional, pues ahora se entenderá mejor. En los sistemas simbióticos, puesto que parten de la adaptación, se “negocia” qué o no se da con respecto a lo que se recibe. De nuevo el equilibrio es lo que se promedia a lo largo del tiempo. Toda especie es egotista: trata de gastar la menor energía posible en el intercambio. Si para el análisis transaccional la moneda de cambio es la caricia (mantendré este concepto pues es el asumido en el libro), la moneda de cambio en la vida, en las interacciones entre individuos y especies, es la energía. Ningún animal se desplazará por comida (energía) a una distancia que no esté igualada a su gasto. Una ardilla no se desplazará 20 kilómetros por una sola nuez. Creo que está claro esa relación de gasto y energía. ¿Quién se desplazaría en coche 100 km. para llenar un litro de gasolina si en el proceso se gasta litro y medio? En esa dirección toda simbiosis mutualista es una lucha de las dos especies para gastar la menor energía posible, como son dos apuestas y cada una tira para su lado al final se llega a un equilibrio. Para el análisis transaccional el intercambio social, en tanto que esfuerzo, se entiende como trabajo: “el término trabajo no es apropiado, porque una teoría general de la psiquiatría social debe reconocer que las relaciones sociales son también una forma de trabajo”. En física “el trabajo transfiere energía de un lugar a otro, o de una forma a otra”, trabajo y energía son dos lados de una misma moneda que tienden a equilibrarse. En el sistema económico-social el trabajo asalariado es el intercambio de un esfuerzo o trabajo por una remuneración económica. En los tres sistemas se usa el mismo término, porque en definitiva tienen  la misma base de gasto o recuperación de energía, donde energía en el caso del intercambio social transaccional son las palmaditas o caricias.

   ¿Qué es un juego en análisis transaccional? Aquí hago un resumen y remito al libro aludido del propio Eric Berne. Un juego, a diferencia de un pasatiempo, es todo tipo de relación entre dos o más individuos donde emerge unos patrones que son medibles, cuantificables y nominables, y donde prima el conflicto y la hostilidad, para uno o varios de los jugadores, cuando no se “acogen” a posturas de adulto, frente a las de niño o las de padre. La terapia transaccional parte del psicoanálisis y su lenguaje, las posturas de niño, adulto y padre se pueden corresponder con las del ello, el yo y el superyó, si bien hay que tener en cuenta que el análisis transaccional nos dice que los tres estados nos cohabitan y pueden vivir en armonía, pero en tanto que ha de “dominar” el adulto. La finalidad del análisis transaccional es “crear” personas que estén libres de juegos o relaciones de adulto a adulto. Un típico juego sería el de la mujer “ama de casa” en donde su pareja le hace ver de constante que su vida depende de su trabajo y por ello de él. Un juego no tiene por qué estar “declarado”, en la medida que muchos de ellos son jugados sin que claramente se estén jugando. Aquí hay que revisar límites y “errores” del análisis transaccional. Está creado como terapia, pero no como terapia a la sociedad, sino de aquellas personas que van a sus consultas. Ciertos juegos se dan por problemas implícitos de la sociedad, el análisis transaccional no puede cambiar la sociedad (por ejemplo el alcoholismo y la venta de alcohol), luego “analiza” al individuo en la medida que asume que las reglas de los juegos son dentro de esta sociedad. Esto es lo que nos quiere decir Berne cuando alega que: “la característica esencial de los juegos humanos no es que las emociones sean falsas, sino que están reglamentadas”. O para ser más claro, si se juega al póquer uno puede no estar de acuerdo con sus reglas, pero en el momento que uno juega al póquer acepta sus reglas. El análisis transaccional te dice cómo ha de ser jugado, o en otro caso “no-jugado”. Esto se ve en el ejemplo de la ama de casa, puede ser un problema a resolver por el feminismo y en la sociedad, pero el análisis transaccional tan sólo le interesa cada caso de cada pareja, no abordar el machismo en la sociedad. En otro ejemplo: la mayoría de las relaciones de jefe a empleado suelen estar “viciadas” en la medida que se cae en algún tipo de juego, pero no es algo que pueda ser modificado o tratado, porque se basa en un claro ejercicio de poder. Otra “pega” es en qué medida una persona pueda ser paranoica o no y esté alterando la realidad (rayarse o entrar en bucle, en el lenguaje de la calle), y crea estar en un juego, cuando no lo está. Se supone que son análisis de psicoanalistas especializados y por ello han descartado previamente otros factores mayores, o sea que no cualquiera puede ponerse a analizar la vida bajo sus reglas, pues están supeditadas a otras mayores. Por lo demás la mayoría de los juegos no están “declarados” y se juegan sin que las personas se percaten que lo están jugando. Hay ataques “implícitos” casi en cualquier frase. Si entre dos conocidas una hace alusión a que cuando sale no se maquilla, puede llevar implícito un ataque hacia la otra persona queriendo decir, de forma soterrada, a que su “amiga” puede que tenga cierto éxito con los chicos porque se maquilla mucho. Todo esto apunta a que la mayoría de las personas, de forma inconsciente, entran en juegos con otras personas, cuando aparentemente no hay una intención de la que sean conscientes.  Aquí vemos lo irrelevante y efímero del concepto de agente como ese ente consciente, al cual se le achaca una intencionalidad que conoce, puesto que el cerebro tiene sus propias intenciones que se cuelan en la acción del día a día, acciones e intenciones que la conciencia desconoce.

   Otro inciso. El análisis transaccional no es filosofía, ni antropología y ni siquiera sociología. Trata sobre los juegos sin ir más allá. Bajo mi punto de vista todo el conflicto proviene en tanto que somos un animal social altamente jerarquizado. En todo animal jerarquizado la mayoría de los actos no son gratuitos, sino que llevan implicado el mantener o subir de jerarquía. Incluso los juegos infantiles suelen estar regidos por esta regla. La vida humana está mediada por ganar o perder, y se ha pronunciado aún más con el concepto del sueño americano, en donde el miedo a ser un perdedor es su otro lado de la balanza. O sea, en todo acto humano suele haber una lucha jerárquica en donde tenemos que posicionarnos con respecto a la otra persona. La manifestación más clara no es tanto en tomar uno su propia posición, sino demostrar la ilegitimidad de la posición del otro, que queda reflejado en el parafraseo sobre el pensamiento de Ghandi de “el problema de la mediocridad consiste en que para brillar ha de apagar la luz de otro”. En la actualidad, en la era del conocimiento, bajo esta regla, la cuestión no pasa tanto por mostrar uno su saber, sino en demostrar las veces que yerra tu “adversario”. En ese caso puede que se trate de demostrar la falsa superioridad del otro. Si se logra esa “meta” ya es una teórica victoria del contrincante. En esa dirección una persona puede tratar de parecer modesta en sus conocimientos, pero ¿es esa postura un juego en la medida que no trata de ser beligerante y por ello caer en una postura paternalista? ¿Cómo no jugar si la vida es una “guerra” y como es sabido “en la guerra todo vale”? Se supone que el análisis transaccional solo media en situaciones de tratos o relaciones, en donde no debería de mediar la “guerra”, como son las parejas, las familias y las amistades. ¿Quién duda que cuando sale de las cuatro paredes que son su hogar sale a la “guerra”, donde el simple trato con un tendero nos puede llegar a ser hostil o conflictivo?, parte del éxito de los hipermercados es la falta de contacto con los tenderos. En lo socarrón de España algunos bares de barrio ponen un cartel que dice “hasta ahora ha ido bien el día, ya verás como viene alguien y lo jode”. O desde el otro lado de la barrera: el trabajo de atención al público consiste en un juego en la medida que uno hace de niño ante un padre, “obedecer y callar” y “el cliente siempre tiene la razón”. O sea, el análisis transaccional es una terapia que trata allí donde lo que debería de primar sería la concordia y el amor, o un estado de no guerra o jerarquizado. A nivel de empresas está la teoría de juegos, sobre todo en el trato entre ellas, como cuando se da una adquisición o compra de una empresa por otra. Por otro lado el trato de “superiores” e “inferiores” en grandes empresas están ajustados bajo ciertos consejos de psicólogos empresariales. Entre medias de esas tres posturas sólo nos queda la vida como guerra, puesto que cómo determinar cuándo una situación es de amor y no beligerante como para que merezca la pena ser analizada o tratada a través del análisis transaccional o “luchar” por mantenerla. Vuelvo a esto al final.

    Hay que analizar lo escrito a través del concepto de lo autopoiético, la autonomía y la inducción neural, para unir las presentes ideas a los escritos anteriores. Mi identidad está sostenida por un “hardware”, por un cerebro dentro de un cuerpo con un ADN. En la medida que otra persona sea lo más igual a mí, hay menos “ruido” o interferencia cuando se da una comunicación o durante la acción del día a día, donde todo acto implica intenciones. Entre hermanos se da una mayor sincronicidad de sus cerebros y pueden “leerse” mejor sus intenciones. En las culturas de cazadores-recolectores las familias son sin distancias puesto que su día a día se basa en muy pocas rutinas. Hoy en día ya no esa así, puesto que un hermano puede tener una carrera y otro no, y otros tantos factores. En esa dirección, en algunos casos o situaciones, se crea una mayor sincronización entre dos compañeros de trabajo que entre dos hermanos, pero aún mayor cuando dos hermanos son compañeros de trabajo, frente a otros compañeros (las empresas procuran evitar que dos hermanos o familiares sean compañeros o no se contratan para “lidiar” con tal situación). En la medida que entre dos personas se dé la sincronización, se mengua el conflicto. O sea, dos compañeros de trabajo suelen hacer “piña” frente a los clientes. En los estados sincronizados con otras personas se suele dar el componente de no-beligerancia, o de contacto humano o en algún grado de amor, que son reducidos a estados empáticos. Puesto que somos seres sociales, y es una “necesidad” del cerebro para mantener su equilibrio, buscamos estados empáticos o pertenecer a grupos. Esto mismo, dicho con otras palabras, quiere decir que puesto que por un lado somos cerebros adaptativos y por otro lado buscamos el contacto social en la dirección de empatizar o que no reine la hostilidad y el conflicto, tendemos -por mera adaptación- a “imitar” comportamientos de los grupos a los que pertenecemos. En esa dirección “emergen” las identidades de grupo por afinidades, donde uno sencillo son unos hermanos y en otro una pareja. Este tipo de identidad, como mini-sistema complejo, siguen las reglas de energía y su gasto, o el tratar de ser autónomo, pero teniendo en cuenta que lo es en la medida que está integrado en sociedad, y en la dirección de tratar de llegar a estados simbióticos con otros grupos o individuos, con los que se tiene que “negociar” el tipo de colaboración o conflicto. Lo que trato de establecer y que quede claro, es que cuanto más complejo sea un sistema, más complejo será llegar a estados autónomos o autopoiéticos. Los humanos de la prehistoria y los cazadores-recolectores apenas sin necesita(ba)n nada fuera de su tribu, excepto los emparejamientos y por no caer en la consanguinidad. La sociedad en la medida que cada vez es más compleja hace cada vez más imposible ser autónomo, o de otra forma es más proclive a que cada vez haya más tendencias al conflicto o la hostilidad, aunque estén soterradas bajo los buenos modales y las normas sociales. Ahí tenemos, sin ir más lejos y como ejemplo, que hacemos grandes sistemas musicales para los automóviles, y a mí alguien siempre me despierta en las mañanas, cuando su vehículo es parado por un semáforo que hay tras de mi vivienda. Se da un “juego” hostil y de conflicto, el cual genera estrés, sin que uno lo pueda “evitar”. Lo mismo si trabajas en atención al cliente, y viene cada día alguien por el que sientes un odio visceral que tratas de domeñar. En esa misma dirección yo trato de no hacerme cliente habitual de ningún establecimiento, para evitar caer en juegos o meter “sin querer” en algún juego a otra persona. ¡A veces siento que mi pensamiento y forma de vivir es tan robótica que me asusta!

   Si se analiza al detalle y bajo los grandes rasgos del párrafo anterior, la mayoría de los juegos que enumera el análisis transaccional son juegos “modernos”. Lo que quiero decir es que en la prehistoria las sociedades humanas se basaban en el concepto de la familia extendida de grupos pequeños donde primaba el amor y en donde los roles estaban muy claros y asumidos. No creo que en esas situaciones se diesen casos tan “catastróficos” como los actuales que se dan con alcoholismo y demás adicciones, y el supuesto parasitismo de los sin-techo y otros individuos dentro de la categoría de parados de larga duración. En esa dirección pienso que primero habría que hacer un psicoanálisis transaccional a nivel social, en donde estamentos, ideologías, organizaciones y movimientos tendrían que ser tratados como agentes dentro de juegos sociales. Un claro ejemplo es la situación actual en crisis, donde una gran mayoría de personas tienen hipotecas que apenas pueden pagar. En este juego el banco, y la sociedad de fondo, hace de padre y los hipotecados de hijos, que han de cumplir con el padre. En cuanto no se paga una cuota el banco reprende al hijo, y si no paga varias es llamado para pedirle que actúe como adulto. En otro caso el Estado hace de padre al que pedimos cuentas. Los juegos sociales a este nivel consisten en tratar de saber de quien es la responsabilidad de cada situación como para reprenderle como mal padre o mal hijo. De igual forma en todos estos juegos se hace equívoco saber si es un diálogo de adulto a adulto, o de padre a hijo. Un adulto es aquella persona que es totalmente autónoma, pero en las sociedades actuales: ¿se puede ser si la mayoría de esa pretendida autonomía no están en las manos de las personas? En otro caso, con el nuevo mapa del mundo globalizado, las uniones y pactos entre países, como la Unión Europea, hacen de padre sobre los países componentes que no cumplen con sus requisitos, donde en cuanto las cuotas no se cumplen de nuevo son reprendidos en un juego de padre a hijo que clama que actúe como adulto. Todo esto no sucede en las tribus de cazadores-recolectores, que son totalmente autónomas y su única lucha o trato es contra su propio hábitat, y en donde cada persona llega a adulto y hace su rol durante toda su vida. Bajo estos puntos de vista, según el feminismo, el hombre siempre ha querido hacer de padre tratando a la mujer de niño, ¿realmente es o ha sido así o solo en algunas culturas como las protestantes de las que son descendientes la cultura inglesa y la norteamericana? Mis padres eran dos adultos (en los roles del análisis transaccional) donde en ningún momento ninguno hacía de padre o hijo del otro. Eso es independiente a si mi madre era o no ama de casa. Ama de casa no implica machismo, machismo es -o era- si ante dicha situación mi padre hiciera de “padre” sobre una madre y ella de hija. Qué más quisiera yo simplemente ser amo de casa y tener que ver poco o nada con la sociedad, pues al ser muy solitario e individualista para mí es una pesada losa, pues además en familia no se da la guerra que es lo social. Otro caso que se da en lo social-moderno es la baja tolerancia al estrés que hay en general. Cada vez hay más divorcios porque se tira la toalla cada vez con más facilidad. Aquí sale a las claras la vigencia de las teorías transaccionales. Un recurrente en las parejas es quién (se) da más en la pareja, y nace el conflicto cuando uno de los dos cree que no hay una igualdad o es demasiada la distancia. Y de nuevo otra regla de los sistemas, que es que se dé una mayor entropía (caos) cuanto mayor sea la complejidad: una cosa es cuando se está de “novios”, otra muy distinta es cuando se convive y otra cuando se tienen hijos. Por el efecto masa cada vez se podrán distanciar más las diferencias sobre quién de los dos “da” más en la unión, y el tratar de evaluar qué es equivalente a qué, en esa medida de los “valores”, las emociones y las acciones del día a día. Si ir a buscar a los hijos al colegio es igual que planchar, o cuestiones similares. En definitiva, y en el lenguaje transaccional, quién acaricia más al otro en la pareja. Y vuelvo a los temas de lo social y lo familiar, se supone que en familia no debería de primar el conflicto: ¿por qué ahora sí?, ¿el hombre y la mujer ya no son capaces de “negociar” un pacto duradero y no beligerante?, ¿está repercutiendo el lenguaje errado feminista?, ¿es tan sólo un “síntoma” de una sociedad en crisis, dentro de un mundo de valores en crisis?, ¿la humanidad está tendiendo a cuestionar el “valor” de muchas emociones, sobre todo del enamoramiento y el amor de pareja, como trampas evolutivas y anteponen la razón? Bajo mi punto de vista cuanto más nos alejemos de aquel inicio humano de familia extendida, en la que se suman cada vez más complejidades, como lo son las redes sociales, más complicado es que se pueda llegar a cierta tranquilidad o equilibrio en los nuevos sistemas. Los sistemas se tardan en equilibrar, pero en un sistema en constante cambio el equilibrio es simplemente imposible.

   Con esto voy a casos concretos o ciertas apuestas más individualistas. Hablo en términos generales, pero a sabiendas que personas de mi círculo cercano se darán por aludidas. Un juego inevitable por lo demás. La apuesta evolutiva masiva en lo humano es la colaboración, no es el altruismo, en ese caso se “negocia” qué se da por qué se recibe a cambio, pero ¿qué pasa si se nace con una apuesta altruista o más conciliadora? En mi caso nunca pretendo competir, siempre he evitado los juegos, sobre todos si son competitivos. En cierta ocasión por “obligación” de la situación me hicieron jugar al póquer con dinero. Gané a todos, pero al final, viendo el malestar en algunos, les devolví el dinero. Pero ese es otro juego, donde yo parecía hacer de padre que daba una lección a sus hijos. En esa medida durante toda mi vida me veía metido en juegos a los que yo no quería jugar, y mi pregunta era si era posible no jugar a juegos. No sé “ligar” porque esta “acción” humana está atravesada de juegos. Cuando he estado con parejas fue porque fue “fácil”, porque ninguno de los dos entró en el juego de ligar al estar seguros de lo que queríamos los dos. Bajo mi punto de vista si tienes que “luchar” por alguien ya es una “derrota” del concepto de amor, pues a la larga saldrá en el juego de esas dos personas.  Se supone que en el trato de dos adultos ya no hay juegos, pero eso sólo es en la teoría, al final por mecánicas (dinámicas) las relaciones se vician y se terminan por convertir en juegos. Un caso que me ha pasado de constante es que soy intelectualmente muy activo, cuestión por la cual en cuanto ciertas personas me “pillaban” en un error intelectual tendían a “acribillarme”, con un “aparente” ahora es la mía. Aunque una persona no quiera ganar, no por ello quiere perder, sobre todo si su “contrincante” es un mal ganador. De nuevo uno se ve “sometido” a un juego sin quererlo, ni buscarlo. En unos y otros casos la vida emerge como guerra, donde al final pareces no tener ningún aliado. No estoy haciendo o jugando el papel de víctima. En la medida que entro en sociedad entro en juegos de los que soy no-inocente, yo meto a mi vez a personas en juegos, y por eso mismo comprendo que igualmente les ocurre lo mismo a otras personas: que me metan en juegos sin ellos “quererlo”. El resultado final es que la vida no puede ser de otra forma que como mediado por el conflicto, y en donde siempre hay “ganadores” y “perdedores”. La apuesta evolutiva altruista es análoga a la del niño. No querer “jugar” o ganar es igual que mantener una postura de niño en toda relación, con lo cual, en la teoría del análisis transaccional, es partir del papel de niño o no adulto. Fijarse en la complejidad de tal afirmación. ¿En qué medida el llamado “complejo de Peter Pan” no nace de este patrón de comportamiento o de dicha apuesta evolutiva? Por otro lado está el individualismo como otra apuesta. Alguien altamente individualista es autosuficiente, pero en cierta forma muchas relaciones se basan en la premisa implícita de “necesito que me necesites”, como nos hace ver la película “D.A.R.Y.L.“, y en donde tal vínculo se ha de basar en la lealtad, o como nos hace ver Sartre cuando nos dice: «amar es, en esencia, el proyecto de hacerse amar». En la medida que no haya igualdad del “necesito que me necesites” se puede crear un estado desequilibrado que ya no es de adulto a adulto, y por lo tanto se puede entrar en un juego. Lealtad y autosuficiencia son como el agua y el aceite. Cuando alguien te solicita de manera implícita lealtad te está metiendo en un juego. En otro caso soy artista, yo no necesito palmaditas al hacer mis obras, pero cuando alguien de forma implícita las ataca te mete en un juego. Sólo yo soy mi única crítica válida, con el tiempo reniego de ciertas de mis “obras”. Yo no quiero defender mi postura ante otros, ni verme “obligado a explicar” mi obra, como defendiéndola. Tolero la crítica sin tocarla, pero a sabiendas que esa postura legitima la crítica de la otra persona, por lo cual hay una aparente “derrota” bajo la mirada del otro. Como yo no necesito de las “palmaditas” no suelo darlas a mi vez, y si lo hago me parece que estoy entrando en un juego, o cayendo en un postureo superficial y banal, con lo cual ciertas personas me las “reclaman”, con lo que de nuevo me meten en un juego. Sólo bajo estas premisas se puede entender cómo actúo en las redes sociales. Hubo en algún momento que me dejé llevar por sus normas, entre ellas las del “me gusta” o sus equivalentes, pero me vi metido en juegos en los que no quería y opté por no darlos, ni solicitarlos. De cualquier manera esta forma de “actuar”, sin ser explicada o aun explicándola, no es aceptada por las personas, cuestión que entiendo, pues ese “no-juego” al final no deja de ser otro juego en donde parece que voy de “diva” o algo similar. Aún con todas las precauciones anteriores, me he visto metido en varios juegos sin poder evitarlos, ya que una vez que se inician sus propias dinámicas uno se ve sumergido en ellas. De fondo espero que mi “generosidad” al compartir no sólo mis escritos, sino “trabajos” como las gráficas generadas o el mapa mental sobre la superveniencia -de ciento de horas de trabajo- supla la consideración “truncada” que mi persona en las redes sociales pueda causar.

Into the Dark - the Body     ¿Qué espacio hay para vivir si no quieres jugar los juegos que predominan cada vez más en sociedad?, yo diría que ninguno, buscar la total autonomía depende de jugar a los juegos actuales, cada vez más complejos y en donde para jugar uno implica el meterte en varios juegos previos. Una vez tuve una casa, pidiendo una hipoteca, parte del juego del matrimonio. Me dio terror porque sabía lo que implicaba bajo los supuestos explicados arriba, donde el banco y la sociedad hacen de padre en el trato. Sabía de forma implícita que era perder autonomía. Todos sentimos que la sociedad actual es una cárcel. Es falsa la pretendida libertad de los existencialistas, pues parafraseando a Rousseau la sociedad está llena de cadenas, o dicho más poéticamente bajo la voz del grupo Jarcha:  “no hay libertad sin cadenas”. Hay personas que no son sensibles a los grilletes, pero los que somos muy individualistas el solo contacto con su frío hierro ya nos aterra. ¿Acaso no querer jugar implica no querer vivir? Esa es la premisa que se sigue de seguir la lectura de la sociedad actual, pero no es así. Pienso que la mayoría de los suicidios consisten en cerebros que de forma implícita se ven metidos en un callejón sin salida, donde la única forma de no jugar a ningún juego es la muerte. Lo que quiero decir es que hemos complicado demasiado el vivir de forma equilibrada y autónoma, y que además no hay vuelta atrás… (Continuará)


(1) Hay una condición genética que implica una “baja excitabilidad” del sistema nervioso central a los estímulos, que puede llevar a que el dolor permanezca activo, como “sustituto” a dicha ausencia. En la fibromialgia el dolor sin ninguna causa se mantiene más o menos estable y de forma constante en las personas que lo padecen. En unos escritos atrás hice mención de una postura que mantenía (presionar la mano izquierda entre la mesa y mi cuerpo cuando estoy con el ordenador) que me llevó a la larga a una patología de irritación nerviosa de ese lado del cuerpo, por presionar algún nervio de la mano (sigo cayendo en esa postura, por mucho que vigile). Hace un mes o así, al ponerme a caminar por el buen tiempo, en las caminatas largas sentía dolor en la planta del pie derecho, cerca de los dedos. No podía saber a qué se debía, en un primer momento pensé que habría pisado alguna piedra, pero lo descarté después de un tiempo. Un día, estando en el ordenador, me di cuenta que tendía a poner ese pie encima del soporte de una de las ruedas de la silla y presionaba sobre la planta. De nuevo el mismo “comportamiento” de algo que a la larga me dañaba, pero que no noto cuando estoy en esas posturas, lo que “demuestra” que padezco esa baja excitabilidad, pues igualmente tengo fibromialgia. Es heredada pues la padece la hermana que va por encima de mí y mi madre siempre se quejaba de que le dolía todo el cuerpo. Si “confieso” o escribo todo esto no es por egocentrismo, sino por que quede constancia y se vea mi forma de analizar. Se achaca con demasiada facilidad en sociedad el “caer” en somatización, cuando en muchos casos son “problemas” más profundos.
(2) A la fecha estamos cerca del día internacional de la mujer. La televisión se vuelca en tal día. Un anuncio muestra a una persona haciendo deporte de riesgo en la nieve, al final se quita el casco y es una mujer. Aduce que el 80% de las personas dieron por supuesto que era un hombre. Es información a medias, toda información que esconde datos es tendente a ser un tipo de manipulación. Seguramente sobre el 80% de las personas que son capaces de hacer tal ejercicio sobre la nieve sean hombres.  Como trato de mostrar en el escrito “sincronicidad neural y síntesis creativa” el cerebro tiene como núcleo la predictibilidad, en donde entran en juego promedios y otras reglas estadísticas de inferencia. El cerebro no puede prescindir de tal regla, pues si fuera ese el caso no habría aprendizaje. Sería eternamente como el cerebro de un bebé. En este caso vemos las paradojas que planteo. Reconozco que el cerebro contiene sesgos, pero el sexista no es el más grave. Si el feminismo fuera contra los sesgos sería noble, pero sólo va en contra de los que les “perjudica”. En ese caso su intencionalidad es sesgada. En última instancia en un mundo sin dicho sesgo, se terminaría por imponer las reglas “reales” de las diferencias de sexo dadas en el ADN, de los cuales igualmente el cerebro sacaría conclusiones estadísticas de promedios. Yo no niego que tal deporte no lo pueda hacer una mujer, y quien quiera que lo haga, pero la testosterona es la que induce más a los deportes de riesgo, luego por el ADN, “elegirán” más dicho deporte los hombres. Por otro lado en los deportes olímpicos diferencian a hombres y mujeres, pues en unos tienen ventajas las mujeres y en otras los hombres. Nadie diría que tal cuestión obedece al machismo. Luego la predictibilidad del cerebro no va mal desencaminada. Los mensajes no explicados en su totalidad “confunden” a la sociedad. El feminismo crea mucho mensaje confuso.
(3) En un ejemplo. Al inicio del escrito hago mención de la bajada de mi “calidad” mental. Pero el simple hecho de publicar este escrito, frente a tenerlo simplemente en el ordenador; el cual sé que puede ser leído y analizado (léase juzgado) “obliga” o hace de premisa para que el cerebro modifique su química como para que tenga algo más de energía y por ello vuelva a activarse la “pegajosidad neural” o motivación (dopamina y orexina). Tal hecho se llama “efecto audiencia”, que dice que hay un mejor desempeño cuando se está con otras personas con respecto a estar solo, estudiado dentro de la teoría de la “facilitación social” e igualmente se estudia dentro de la teoría de los impulsos, que como he dicho arriba son activaciones de “relés” dependiendo del medio y la situación.


Enlaces a la bibliografía de la que me he documentado para el último escrito y posteriores… Descargar.

La Conciencia va en Caballo

   Si una imagen vale más que mil palabras… ¿Por qué dicha idea está expresada con palabras?

   Tuve un sueño en la que hablando con un interlocutor me decía dos conceptos extraños. Eso provocó una llamada a las funciones del prefrontal que hizo que me despertara. Al centrarme, pensar y desarrollar uno de los conceptos el otro lo olvidé rápidamente. En los primeros momentos de despertarse el prefrontal se encuentra con “seudo-soluciones” con las que tiene que lidiar. La idea en la que me centré parecía un huracán que arrastrase todo que hubiera en el cerebro bajo sus premisas, donde todo parecía conectarse. Finalmente he preferido no escribir las conclusiones: ¿por qué el humano crea armas que al final pueden ser usadas contra él mismo? Dejo las ideas en gráficos, que cada cual desarrolle el tema como quiera. Todas las imágenes juntas terminan por ser un metáfora conceptual. Tan sólo dejo unas premisas en donde se puede perfilar qué es el caballo (revisable):

1. La conciencia va montada sobre un caballo.
2. El prefrontal es el metafórico jinete del cerebro.
3. ¿Por qué la conciencia moral se ha tomado por siempre como el “verdadero” jinete de prefrontal? De hecho siempre se ha visto la razón como el conductor de una cuadriga (carro tirado por cuatro caballos) donde los caballos son las pasiones (metáfora a la vez de los cuatro apóstoles, y curiosamente el mismo número que los jinetes del apocalipsis).
4. Un psicópata es aquel que siempre va a caballo y nadie ni nada le harán cambiar de parecer, aún generando todo el mal del que sea capaz. Decimos que alguien no cede con el símil o frase hecha de que “no se baja del caballo”.
5. El caballo encabritado siempre ha resultado un buen recurso para generar terror.
6. Publicar proviene de público, de hacer algo público. Cuando la masa conoce algo que en teoría no se debería de saber, se erige en jinete de la realidad.
7. El concepto de caballero y caballeroso proviene de aquellas personas que tenían la capacidad monetaria para poder comprar y mantener un caballo.
8. La mujer que monta a caballo es denominada amazona, como referencia a las legendarias guerreras. Por extensión se llama así a toda “mujer de apariencia o carácter fuerte y combativo”.
9. Basta un sola victima al mes, por violación o violencia de género, para que a las feministas les sirva como motivo para permanecer montadas a caballo.
10. Jesucristo en su camino hacia la cruz era azuzado por un Romano a caballo. Su “cruz” y su metáfora era no ostentar un caballo y andar junto al resto de humanos de a pie; pero al resucitar se encumbró como jinete. Hay una falsación de su obrar, una teatralización ambigua que sólo el creyente remeda con alguna extraña y rebuscada lógica. De permanecer como persona de a pie no debería haber resucitado.
11. Si Jesucristo pasó de accionar como un ser que vagaba a pie, a otro con un caballo… ¿es un indicio del camino a seguir de todo humano?
12. Cómo ha de ser el superhombre de Nietzsche… ¿todo los hombres a caballo o todos a pie?
13. Por las profecías del Zaratustra de Nietzsche, donde teme que la mediocridad de los conceptos cristianos terminen por debilitar al humano (“entonces la tierra se habrá vuelto pequeña, y sobre ella saltará el Último Hombre que hará todas las cosas pequeñas”), todos hemos de montar a caballo.
14. Paradójicamente Nietzsche, en los comienzos de su debilidad y locura, abrazó por compasión a un caballo que estaba siendo maltratado por su amo, acto en el que rompió a llorar. ¿Vencieron los credos cristianos en su cerebro?, ¿hablaba Dios en ese acto simbólico, lo “castigaba” por tratar de matarlo?

Alejandro Magno

Alejandro Magno a caballo hace huir al rey Persa Darío III.

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Por medio del caballo de Troya los griegos generaron terror y vencieron. Todo ataque ladino a la “otredad”, a lo que no es de mi identidad, es un caballo de Troya que lo que trata de hacer es aniquilar esa otra identidad.

El caballo siempre ha dado poder.

Ataque contra los Incas a Caballo

Derrota de los españoles sobre los Íncas.

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La caballería era el terror en las guerras.

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Las amazonas de leyenda.

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La cuadriga como metáfora de la razón manteniendo controladas las pasiones.

Jesucristo y Romano a Caballo

Jesucristo supervisado por Romano a caballo.

Jesucristo como Rey de los Cielos

Jesucristo como Rey de los cielos

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El final vendrá con los cuatro jinetes del apocalipsis.

    En realidad la suma de todas las imágenes aquí presentadas generan un sólo concepto -¿cuál es?, a ver si es verdad aquello de “a buen entendedor pocas palabras bastan”-, que en definitiva es sólo una palabra. No es el poder, que es quizás lo más evidente, pero está relacionado puesto que todo es susceptible de ser lo opuesto de cada una de las entidades en las que se manifiestan las acciones y las emociones humanas. Luego, al final, no es tan cierto que una imagen valga más que mil palabras. De hecho un sólo concepto contiene miles, e incluso millones, de imágenes enlazadas en el cerebro.