Devaneos II – Estructuras y Vida

El arte es la mentira que nos permite ver la verdad.❞ Picasso
El mundo está llano de discursos… ¡y mira dónde nos han llevado!❞ Deep Blue 3
—¡Tienes una mente tan degenerada! —Gracias, lo acepto como un cumplido.❞ Woody Allen
Hay totalidades cuyo comportamiento no está determinado por el de sus elementos individuales, sino donde los procesos parciales están determinados por la naturaleza intrínseca del todo.❞ Wertheimer


Este escrito sólo va a recoger ideas sueltas, con el calor que hace no dan ganas de extenderse mucho y tampoco creo que den ganas de leer cosas largas y densas. Por otro lado una verdad de lo emergente no debería necesitar ser muy extendida y explicada. ¿No es extraño que hasta 1986 no hubiera una teoría sobre que el cerebro trabaja con lo que le es relevante? Es un hecho muy intuitivo para cualquier humano de a pie. Si estoy hambriento voy a ver como posible comida a casi todo, es uno de esos clichés que después se ven una y otra vez en los dibujos animados. ¿Se “necesitaba” una teoría?, ¡bueno, sea!, pero ¿cuántas páginas necesitas para desarrollar un tema que todo humano va a dar por sentado desde el principio? Si lo que se necesitase argumentar es que cuando es de día en realidad todo está oscuro pero nuestro cerebro se engaña, se necesitarán muchos “sortilegios” argumentales para “probarlo”, se necesitará mucho texto… ¡en fin! Un libro te puede dar de comer, un breve escrito en Internet no. La vida tiene su propia “lógica” y nunca podemos salir de ella. La frase más profunda con la que uno se puede topar, durante todos sus años, es “así es la vida”. Woody Allen es un artista que se basa en tal concepto, como se deduce de la siguiente frase: “yo creo que el éxito de cualquier relación no está basado ni en el compromiso ni en la madurez ni en la perfección; en verdad está basado en la suerte, la gente no quiere reconocerlo porque significa una pérdida de control”. ¡Se podría incluso escribir un libro de “así es la vida”! (desconectar modo cínico… 3, 2, 1, 0).

I
¿El porqué del escrito anterior? Va en muchas direcciones y una de ellas ya está dicha allí. Otra es que a veces he visto que me han buscado con programas que detectan los plagios. Yo tengo mi propio estilo de escritura, mis propias obsesiones de temas, mis conceptos clave, etc., que denotan mi “carácter” como pensador/escritor. Nunca “escondo” mis fuentes. Si me puedo ahorrar texto lo hago, y por eso añado largos textos de la Wikipedia (o de donde haga falta). ¿Para qué explicar algo que ya puede estar bien dicho por otros? Una máxima filosófica es que “nada nace de la nada” (ex nihilo nihil fit). Todo escritor va a repetir lo que haya podido decir otro filósofo, adaptándolo a los nuevos saberes, como por ejemplo lo que se conoce del cerebro; y puede que haga un pequeño inciso en el tema, pero nunca son cambios copernicanos (si acaso ese giro lo dio Freud y el psicoanálisis, que destronó a la razón de la mente, algo que aún no ha terminado de asumir la sociedad). Todo lo que se pudo decir sobre la filosofía ya lo dijeron los griegos, sobre todo Aristóteles, y el resto de los filósofos apuntalan ideas, o las tratan de derribar. Damos vueltas a los mismos temas, como quien dice. Una idea como la de Matrix se alimenta de la cultura, y como tal es sólo una revisión de la  metáfora de la cueva de Platón. Yo mismo voy dando vueltas a mis temas centrales a partir de lo que me voy encontrando, y los reviso si alguna nueva idea los cuestiona. Rematar diciendo que yo he leído mucho, sobre todo a los posmodernistas, que en el fondo me “gustaban” porque (en mi lenguaje) dicen que hemos creado una estructura del saber como si de un jardín se tratase, pero olvidando que la vida es el caos que se pueda dar en un bosque. En conclusión: a la mediana edad salen todas esas lecturas durante tus escritos, de forma dispersa y profusa, sin que se pueda saber con exactitud cuál es el origen, si es que lo tiene. Esto ocurre porque la cognición implícita trata de llegar a  generalidades, ignorando lo concreto. O sea, mi cerebro ha llegado a las generalidades de todos los escritos que he leído, sin supervisión, y como tal puede que mi cerebro haya incorporado su propio “toque”, perspectiva, a dichas generalidades. Lo “trabajoso” del escrito anterior fue encontrar los textos, en los autores y en sus libros, que confirieran cierta continuidad al primer párrafo, que es el mío, tratando de crear una estructura que llevase a un final o una última conclusión…, teniendo en cuenta igualmente que tenían que encajar con mi forma de pensar y contener mis temas “preferidos”. Alguno desencajan más que otros, pero tal cambio era creíble y aceptable. Por cierto, un dato curioso de uno de los autores nombrados en ese escrito es el de Albert Caraco: “sobrevivió” por más años porque tuvo que cuidar de su padre enfermo, pero cuando este murió se suicidó, pues ese era su deseo desde hacía años. Otro más: Spengler escribió antes de 1918 su libro “la decadencia de occidente“, nadie le iba a decir que Estados Unidos cogería el relevo y “nos ha llevado de la mano” hasta el siglo XXI. Aún le queda algún que otro culetazo por dar a occidente, sobre todo porque la sociedad va hacia el ocio, y Estados Unidos es el mayor foco de tal tema, pues todo lo que entendemos por tal palabra está sustentado por empresas estadounidenses: Twitter, Facebook, YouTube, Netflix, HBO, Google, Instagram, Android bajo Google, WhatsApp, IPhone… (este escrito es de 29 de julio, el día 1 de agosto Trump anuncia la posibilidad de prohibir el uso de TikTok, una plataforma china de vídeo cortos. Estados Unidos sabe que tiene que mantener este dominio cultural). La tendencia hacia el ocio sin duda nos llevará a un nuevo imperialismo cultural, que aun durará décadas.

II
Sigo dando vueltas al tema de cómo el cerebro crea un lenguaje, y he buscado temas en la Wikipedia, artículos académicos y libros. Hoy he llegado a una extraña conclusión. Pero primero analicemos la fotografía del aparente “perro deforme”. La encontré al profundizar sobre el tema de la percepción multiestable (por más que uno quiera pensar y desarrollar el tema al final te encuentras que hay conceptos ya existentes que definen lo que piensas), que trata sobre la cuestión de que el cerebro parezca tener un conmutador para analizar algo de tal manera, que cuando está en uno de los lados, el cerebro no ve el otro estado, que sí ve al volver a conmutar en la otra posición el interruptor (por cierto a lo bipolares les cuesta más conmutar entre los dos estados posibles de una imagen). A nivel profundo es como si al activarse ciertas neuronas, que dicen ver una cosa en concreto, tuvieran que desactivar a las que no están “de acuerdo” con ellas. Se sigue la máxima aquella de “no basta con que yo triunfe, los demás deben fracasar”, a nivel neuronal (darwinismo neural, a estas altura ya no se sabe quién dijo tal frase, prefiero no poner el autor). Pero a la vez se puede interpretar bajo mi hipótesis de que el cerebro busca entes en la realidad (¿enticidad?). Un ente no puede ser y no ser a la vez (principio de no contradicción), luego sólo deja de serlo si otro ente ocupa su lugar (que se parece a aquello “de un hombre se olvida con otro” —en torno a todo lo dicho mi cerebro me ha recordado una canción de Nena Daconte—, “¿un clavo saca otro clavo?” y bla bla bla!). Es en definitiva el tema de ver el árbol o el bosque o el fondo o la figura. Pues bien. El cerebro tiene una estructura de lo que son los animales (los cordados, dos lados simétricos), y “sabe” que los ojos están en paralelo y abajo está la nariz y más abajo la boca. Al aplicar el cerebro esta estructura a la fotografía del perro “se” equivoca, pues al estar tumbado de lado los ojos están en vertical y ya no “funciona” su estructura o esquema mental, de tal manera que aun así se “obceca” y “cree” (reconstruye) que lo que es el ojo derecho, que en esa posición está abajo, es la nariz, y lo que es la oreja plegada es la boca abierta que incluso tiene una lengua. Apliquemos esta idea de una estructura y reconstruir la realidad con ella a otras cuestiones.

Cuando el cerebro analiza una oración espera la estructura de sujeto y predicado, y en cada lengua tal estructura puede ser distinta. Se nota sobre todo en frases con un sustantivo y un adjetivo, como el título del capítulo anterior “la solemnidad de lo efímero“, que se podría decir de otra forma como “lo efímero es solemne”, y en tal caso el primer adjetivo hace de sustantivo, de un ente con ciertas propiedades, pero en castellano es más poético la inversión de sustantivo-adjetivo a adjetivo-sustantivo y en ese proceso omitir el verbo, o sea: “ella es cautivadora y liviana”, frase descriptiva y “seca”, que es algo más poética en la reiteración: “ella es cautivadora y ella es liviana”, frente a la más poética como “liviana y cautivadora ella”. Más fácil: “la naturaleza es imaginativa” con respecto a “imaginativa naturaleza“. Estas estructuras no están en el cerebro, o sólo está la estructura básica de sujeto-predicado (como así apunta la teoría de la gramática generativa), pero no el orden y las posibles variables que son propias de cada lengua, luego es algo que la cognición implícita aprende en los primeros años de vida, y no necesariamente en las escuelas, sino bajo su método de tratar de llegar a generalidades a partir de casos concretos.

Escritos atrás decía que la forma que tiene de trabajar el cerebro es con la deducción, dado lo falible que es la inducción y las generalidades. La intuición que he tenido hoy es que en los primeros años de vida el cerebro “necesita” crear una estructura de la realidad, unas neuronas andamio o que van a ser el armazón, sobre el que se irán añadiendo los casos concretos. Hay varias formas de neuronas (piramidales, estrelladas, granulares…), puede que en tal proceso tengan que ver alguna de ellas, o sea, que la evolución “creó” tal forma por tal propiedad. Ya sé, es contraintuitivo: el cerebro crea unas generalidades casi desde la nada, pero ¿cómo sino de repente tiene una estructura de su propio idioma en donde todo lo concreto (cada frase) tiene que encajar dentro de tal armazón? Explico un porqué y esta idea dará apoyo a lo que digo. Todo animal nace con instintos, que son como estructuras o armazones, y seguramente venimos con ellas para saber cómo tiene que ser un rostro, como se ha dicho arriba. La evolución de repente no puede ignorar estos cimientos del conocer, de la forma de proceder con las percepciones, y basarse en lo concreto, y crear una teoría de la realidad por el método deductivo de prueba y error. Eso es lo que es un robot (a día de hoy) y por eso nos resultan tan estúpidos. La segunda forma de proceder de la evolución es dejar cierto margen, durante los primeros años, para crear tales estructuras, y como para al final proceder con ellas como si de instintos se tratasen (he invertido el orden al final de la frase). Es como quien dice como un “salto de fe” a que tal neurona generalista va a ser la correcta…., y como todo en la vida, si no “funciona” se activa otra neurona, o grupo de ellas, con una nueva generalidad que anularía la función de la neurona (o grupo) anterior. Es muy posible que ese papel lo hagan las neuronas piramidales, que son las que crean columnas corticales (desde la parte más externa de la corteza a la más profunda), y que el sistema de interruptores de las distintas columnas (entes), lo hagan las neuronas rosa mosqueta, que son inhibidoras (y siendo así son las que operan en en la percepción multiestable y en el efecto de fondo y figura), que por lo que se sabe sólo la tienen los humanos. Bajo esta intuición encajan cosas que he ido diciendo a lo largo de los escritos: 1. algo nuevo, una primera experiencia, deja desde ese momento una huella de neuronas, y tal primer recuerdo es el que va a operar como estructura del resto que sean similares, análogas, homólogas, etc. 2. por tal regla dije que el secreto sucio del aprendizaje es que quiere ser instinto, (en la vejez sólo somos un “conjunto” de hábitos o manías: sólo tienen que operar las estructuras, se deja de lado el aprendizaje, del que el cerebro ya casi no es capaz) y 3. tal proceder crea una entidad mental de cada realidad del mundo, o un conjunto de particularidades —de cosas concretas—, que pueden ser empaquetadas en un todo, en una unidad (una persona es en su totalidad, aunque lo reconozcamos por alguna peculiaridad: si a Cyrano de Bergerac le hubieran cortado la nariz, en una de sus reyertas, los cerebros de sus amigos hubieran asumido tal cambio). Tal esquema cerebral es el que opera cuando vemos (vivenciamos) cualquier otra realidad en el mundo, en donde desde ese momento tiene que encajar con tal armazón… como así ocurre con la fotografía del perro. Ya no hace falta escribir un libro, es fácil, es intuitivo, “encaja” en muchos aspectos humanos, como con la teoría del apego, la teoría ejemplar, la teoría del prototipo, el concepto de referencia, los estereotipos y los roles (frente a estos, los arquetipos son estructuras que nos vienen dados desde el ADN, como primitivas) y bla bla bla.

III
El artista es el ser más antidemocrático que pueda haber. Todo artista nace con un espíritu rebelde. La mayoría de las personas no terminan de comprender por qué el arte dejó de pintar realismo. Si de repente la fotografía suplía su forma de destacar, abandonó el realismo para que se le viese, para que sobresaliese, desde otro lado. Y ahora si de repente hay unos mil millones de fotografías cada minuto (lo digo al vuelo)…, ¿cómo destacar en esa materia?, el artista abandona aquel arte que se vuelve vulgar, de todos. Un artista no se siente feliz entre el tumulto, un artista tiene que estar en una pasarela, o en un podio. Ha de buscar algo limítrofe de su época, y crear algo nuevo e innovador.

Pero… ¿hoy queda algún espacio por explorar?, ¿no está todo saturado?, todo lleno de muchas personas que son buenas en lo que hacen. O quizás solo sea un problema de con qué compararse: hace milenios sólo te comparabas con los de tu pueblo o ciudad, hace siglos con los artistas de tu reino, país o imperio…, ahora en un mundo global te comparas con todo el planeta. ¿En esa dirección algunos creativos tienden al arte generativo (la imagen de cabecera lo es), pero ¿realmente es arte? Una “pega” de que la fotografía fuera concebida como arte, era que se podían hacer copias infinitas de un solo negativo. De igual forma era fácil copiar la técnica y la temática como para que, en algunos casos, alguna variación de lo mismo fuera mejor que la primera fotografía. Eso es lo que exploró Andy Warhol. El arte generativo tiene como medio un ordenador y uno o varios programas (o plugins dentro de esos programas) que generan movimientos a partir de iterar, o de un algoritmo de base de una estructura, donde al igual que una forma de vida, este algoritmo “crece” y/o se reproduce en nuevas instancias de sí mismo. Pero como tal, el “artista” casi no tiene el control, ni “orienta” al algoritmo en alguna dirección. Si acaso crea variaciones de tal algoritmo, o cambia el valor de las variables, o el color, para que tal “ente crezca” de otra manera. Por otro lado… ¿un artista matemático?, parece un contrasentido. Con todo a mí me gusta más el arte generativo que cualquier otro “arte” que sea hace ahora. Sobre todo comparándolo con hacer muñequitos, héroes y robots…, que es lo típico que se suele hacer con los programas 3D.

No existe tal programa. Se quedó en un proyecto o lo compraría alguna productora de cine

Una última consideración al respecto es si la vida, incluso el universo, nos sea otra cosa que las iteraciones con variables de un mismo tema que por cambios estocásticos (variabilidad, azar, mediado por un algoritmo) llegan a formas de vida extrañas, bellas y complejas… y de ser así: ¿tiene algún mérito Dios con tal “obra”?

Sólo creó un primer algoritmo con muchas variables, y con capacidad de crear nuevos algoritmos evolutivos y/o algoritmos emergentes, pero “nada más” (lo pongo entrecomillas porque ya es mucho, aunque sólo “significase” un primer algoritmo o un simple “chasquido de dedos”). Él sabía todas las posibles variaciones. De ser así la libertad sólo es una variable iterativa, de muy baja densidad (pocos estados o variables posibles), que no repercute en exceso dentro del universo, sólo a nivel “local” y dentro de lo cultural de la especie que es el humano, donde este ni siquiera tiene la capacidad de crearse cuatro brazos o unas alas, cuando ambas son de desear en muchos casos.

Ya estás desvariando otra vez!

Ya, pero mis desvaríos sólo se quedan en eso: no alteran el universo, ni la realidad de nadie, como mucho crea algunas conexiones cerebrales en los lectores, que es muy posible que se terminen por morir o desconectar. Como sea. El caso es que si no es “aceptable” el multimillonario, tampoco lo tendría que ser el artista, pues la base de los dos es la retroalimentación positiva sin freno, y querer ser el mejor o el que tenga más poder sobre el resto de los humanos, en donde en ese proceso se vuelven “subhumanos”, o personas que nunca serán “tocadas” por el destino, o como se le quiera llamar, y/o para ser los que iluminen el camino del resto de los humanos (fuente de inspiración, modelo a seguir). La misma regla vale para los santos o los “profetas”. Tales tipologías tienen como base, y de forma implícita, que la sociedad tiene que basarse en la estratificación, en las diferencias, en las identidades y por ello en la otredad. Se basan en definitiva en el darwinismo universal. Hay un corto en el cine que nos habla de instaurar una sociedad donde nada sobresalga llamado “2081” (deberían haber optado por ocultar incluso el rostro de las personas muy bellas), y en donde tal sociedad no es feliz. Sea como sea la igualdad nunca será, pues cada humano nace con el deseo de sobresalir… y esa es la base de Internet, que sólo es un espejo de la realidad.

IV
Un concepto que nació en lo humano es que hubiera personas que querían sobresalir o que de hecho sobresalían. Bajo el signo del pensamiento mágico y que todo tenía un equivalente en la realidad, en el universo, y dado un primer momento panteísta y un segundo politeísta, el cerebro humano pensó que debía de haber un equivalente de esa forma de proceder que nos hizo humanos, puesto que nada nace de la nada. Por ello pensaron que los dioses tenían que estar reglados de igual forma por jerarquías, de dioses primeros y primordiales, y secundarios y que se ocupasen de temas menores. Al final en el judaísmo, y más bien dominados por el miedo que por la razón, pues era un pueblo que siempre estaba bajo el dominio de otros reinos, optaron a adorar a un solo Dios, el cual no podía tener un igual en ningún sentido.

Nuestro “diente de sable”, nuestro exceso evolutivo, es la imaginación, la capacidad de crear entes y significados allí donde quizás no los hay. ¿Nos matará tal desadaptación?

V
Freud argumentó que la identificación era la fuente de los deseos de la personalidad y, por lo tanto, de la energía psíquica que alimentaba la mente.” (Fuente Wikipedia)

VII
Frases memorables de la serie “Brave new World“:
“Lo más peligroso para un hombre es ser un romántico”. “Estás haciendo la pregunta equivocada. La pregunta que debes de hacerte es ‘¿qué soy yo?, ¿un ser humano libre o un lavador de autos?'”. “Al permitir su dolor se está convirtiendo en otra cosa”. “El único hogar que tendremos es hermoso y abundante, y si lo cuidamos nos dará lo que necesitamos. Este es nuestro hogar, vivimos aquí juntos, trabajamos aquí; el lugar donde comemos y crecemos y dormimos y soñamos, y en algún lugar del camino, perdimos contacto, nos distrajimos de nuestro propósito, nuestro destino compartido. Es hora de despertar… de mirar y ver lo que es posible cuando estamos todos conectados. Bienvenidos a un nuevo tipo de red, para que estemos conectados siempre. Solo cuando miramos arriba podemos ver el paisaje más hermoso de este planeta… nosotros mismos”. “El problema es la gente. Sin importar lo perfectas que sean las condiciones, la estabilidad no puede mantenerse. Hay un fallo en los humanos que es desconocido…, algún péptido que no encaja en el molde. Quieren lo que no se debería querer…, la desdicha”. “Dijeron que querían estar conectados, pero no lo hicieron, no realmente. Los enfermó la soledad y la duda”. “No miramos atrás, el pasado está cargado de preguntas y es irrelevante.”


Conclusión última: frente a la legendaria frase de Matrix de “bienvenido al desierto de la realidad”, yo la contradeciría con “bienvenidos al infierno de lo imaginado”.
Al final, entre escribir, corregir, poner enlaces, y demás…, se me ha hecho un proceso muy largo… Poco de mucho: el cerebro se descentra, mucho de poco: se aburre, mucho de mucho: ¡tierra trágame!

La Solemnidad de lo Efímero

La vida también es esa mañana siguiente de un día orgiástico, en el que has llegado a alcanzar a tocar todas las teclas del universo, uniéndolas en una bella melodía. El séptimo día Dios estaba de un humor de perros. “Escucha cualquier canción triste y calla tu ira”, nos suele recordar bajo el semblante de una intuición, pues la vida prefiere, antes que la ira, la tristeza. Al “levantarnos con mal” pie se tiene capacidad para “construir” una destrucción…, al hacerlo con buen pie tienes una mayor capacidad para construir. ¿Es legítimo hacerlo en el primer estado? ¿Por qué uno hay que rechazarlo y al otro abrazarlo?, ¿no renegamos de parte de nuestra naturaleza? Y si sólo obedecemos al lado positivo…, ¿no estamos siguiendo ciegamente la orden natural de que lo que hay que reproducir, copiar, transmitir es lo más acto? ¿No se dice que Prometeo nos dio la antorcha para renegar de las leyes naturales?, para cuestionarlas, como que al morder la manzana no fuera para pecar, sino para ir contra el concepto de que sólo podía sobrevivir lo más acto. La madre ama a sus hijos aún en sus defectos…, la muerte se alimenta de lo defectuoso, de lo roto, lo herido…, lo lleva a su seno. La seguridad en sí mismo del psicópata mata, todo ente en su estado orgiástico, máximo, introduce a todo otro dentro de su ser, asfixiándolo; por el contrario la tristeza, recogiéndose sobre sí, como si quisiera colapsarse hasta desaparecer, sólo se mata a sí misma… ¿suicidarse y matar son lo mismo? Quién pone el valor de las cosas…, ¿nos creemos que fue Dios? La vida mata, crea a nivel profundo la muerte programada, al aceptar los defectos no amamos a la vida, sino que nos contraponemos a la muerte… desobedeciendo a la vida. Soñamos con la muerte no porque nos dé miedo, si no para aceptarnos en nuestras taras y fallos. Las pesadillas nos sacan de sus profundas cuevas, no para que reniegues de tales profundidades, sino para que las recuerdes. En definitiva para hacerte tocar tierra, para ponerte en tu sitio, sacarte y bajarte de tus limbos orgiásticos.

Hoy he llegado, de repente, a una sensación absurda y justa. Me he dado cuenta, en un relámpago íntimo, de que no soy nadie. Nadie, absolutamente nadie. Cuando brilló el relámpago, aquello donde había supuesto una ciudad era una llanura desierta; y la luz siniestra que me mostró a mí no reveló un cielo encima de ella. Me han robado el poder de ser antes de que el mundo fuese. Si tuve que reencarnar, he reencarnado sin mí, sin haber reencarnado yo. Soy los alrededores de una ciudad que no existe, el comentario prolijo a un libro que no se ha escrito. No soy nadie, nadie. No sé sentir, no sé pensar, no sé querer. Soy una figura de novela por escribir, que pasa aérea, y deshecha sin haber sido, entre los sueños de quien no supo completarme. Pienso siempre, siento siempre; pero mi pensamiento no contiene raciocinios, mi emoción no contiene emociones. Estoy cayendo, desde la trampa de allí arriba, por todo el espacio infinito, en una caída sin dirección, infinita  y vacía. Mi alma es un viento marítimo negro, vasto vértigo alrededor del vacío, movimiento de un océano infinito en torno a un agujero de nada, y en las aguas que son más giro que aguas boyan todas las imágenes de lo que he visto y oído en el mundo —van casas, caras, libros, cajones, rastros de música y sílabas de voces, en un remolino siniestro y sin fondo. Y yo, verdaderamente yo, soy el centro que no existe en esto sino mediante una geometría del abismo; soy la nada en torno a la cual gira este movimiento, sin que ese centro exista sino porque todo círculo lo tiene. Yo, verdaderamente yo, soy el pozo sin muros, pero con la viscosidad de los muros, el centro de todo con la nada alrededor. Y es, en mí, como si el infierno mismo riese, sin por lo menos la humanidad de los diablos riéndose, la locura graznada del universo muerto, el cadáver rodante del espacio físico, el fin de todos los mundos fluctuando negro al viento, disforme, anacrónico, sin Dios que lo hubiese creado, sin él mismo que está rodando en las tinieblas de las tinieblas, imposible, único, todo.

La naturaleza de este mundo es la absoluta indiferencia, y es todavía el deber del filósofo parecerse a la naturaleza de este mundo, sin dejar de ser el hombre que no podrá dejar de ser: la coherencia, la mesura y la objetividad tienen este precio. Todos los problemas serían resueltos por la objetividad, la mesura y la coherencia, pero como la mayor parte de los hombres son incapaces de ello, todos los problemas permanecen insolubles, la catástrofe es para siempre la única escuela donde los indignos recibirán las enseñanzas que la tontería y la locura les merecen. No podemos transformar a los sonámbulos en videntes ni hacer probar la luz a estos ciegos de nacimiento, la ley del orden es que la masa de perdición no será salvada y que ella se consuela de su pérdida engendrando hasta perder el aliento, con el fin de ser innumerable y de abastecer sin cansancio una legión de víctimas. Entrevemos aquello que nos espera y arreglamos nuestra conducta sobre aquello que nuestros ojos nos enseñan, pero esto también prueba que la mayor parte de los mortales no distinguen nada y que no salen de su sueño más que para caer en la desesperanza, ellos que no tienen otra ley que la de sufrir eso que no entienden.

La verdad que Dostoievski pone en boca del Gran Inquisidor es que la humanidad nunca ha buscado la libertad y nunca lo hará. Las religiones seculares de los tiempos modernos predican que los seres humanos ansían ser libres, y no deja de ser cierto que las restricciones de cualquier clase les resultan irritantes. Pero es raro que los individuos valoren su libertad por encima de la comodidad que deriva del servilismo, y aún menos frecuente resulta en el caso de pueblos enteros. Joseph de Maistre comentaba (a propósito de la máxima de Rousseau según la cual todos los hom­bres nacen libres, pero en todas partes se hallan encadenados) que creer, porque unas pocas personas buscan en algún momen­to la libertad, que todos los seres humanos la quieren es como pensar que, puesto que hay peces voladores, volar forma parte de la naturaleza de los peces.

Las cosas han encontrado un medio de escapar a la dialéctica del sentido, que las aburría: consiste en proliferar al infinito, potencializarse, insistir sobre su esencia, en una escalada a los extremos, en una obscenidad que les sirve ahora de finalidad inmanente y de razón insensata. Nada nos impide pensar que podemos obtener los mismos efectos en el orden inverso —otra sinrazón, también victoriosa. La sinrazón vence en todos los sentidos: ahí está el principio del Mal. El universo no es dialéctico; está condenado a los extremos, no al equilibrio. Condenado al antagonismo radical, no a la reconciliación ni a la síntesis. Ese también es el principio del Mal, y se expresa en el maligno genio del objeto, se expresa en la forma extática del objeto puro, en su estrategia victoriosa de la del sujeto. Conseguiremos unas formas sutiles de radicalización de las cualidades secretas, y combatiremos la obscenidad con sus propias armas. A lo más verdadero que lo verdadero opondremos lo más falso que lo falso. No enfrentaremos lo bello y lo feo, buscaremos lo más feo que lo feo: lo monstruoso. No enfrentaremos lo visible a lo oculto, buscaremos lo más oculto que lo oculto: el secreto.

Por qué Dios es tan incoloro, tan débil, tan mediocremente pintoresco? ¿Por qué carece de interés, de vigor y de actualidad y se nos parece tan poco? ¿Existe una imagen menos antropomórfica y más gratuitamente lejana? ¿Cómo hemos podido proyectar sobre él resplandores tan pálidos y fuerzas tan claudicantes? ¿A dónde han fluido nuestras energías, en dónde se han vertido nuestros deseos? ¿Quién ha absorbido entonces nuestro superávit de insolencia vital? ¿Nos volveremos hacia el Diablo? Pero no sabríamos dirigirle oraciones: adorarle sería rezar introspectivamente, rezarnos a nosotros. No se adora a la evidencia: lo exacto no es objeto de culto. Hemos colocado en nuestro doble todos nuestros atributos y, para realzarle con un semblante de solemnidad, le hemos vestido de negro: nuestras vidas y nuestras virtudes, de luto. Dotándole de maldad y de perseverancia, nuestras cualidades dominantes, nos hemos agotado para volverle tan vivo como sea posible; nuestras fuerzas se han consumido en forjar su imagen, en hacerla de arcilla, saltarina, inteligente, irónica y, sobre todo, mezquina. Las reservas de energías con las que contábamos para forjar a Dios se reducían a nada. Entonces recurrimos a la imaginación y a la poca sangre que nos quedaba: Dios no podía ser sino el fruto de nuestra anemia: una imagen tambaleante y raquítica. Es bueno, suave, sublime, justo. Pero, ¿quién se reconoce en esa mezcla fragante de agua de rosas relegada en la trascendencia? Un ser sin doblez carece de profundidad y de misterio; no esconde nada. Sólo la impureza es signo de realidad. Y si los santos no carecen completamente de interés, es que su sublimidad se mezcla con la novela y su eternidad se presta a la biografía; sus vidas indican que han abandonado el mundo por un género susceptible de cautivarnos de vez en cuando.

Ando por tu noche; dame la mano. Dime: ¿la noche eres tú, verdad? ¡La noche, la ausencia desgarradora de todo! Pues tú eres aquel que está presente en la universal ausencia, aquel a quien se oye cuando todo es silencio, aquel a quien se ve cuando ya no se ve nada. Vieja noche, gran noche anterior a los seres, noche del no-saber, noche de la desgracia y el dolor, escóndeme, devora mi cuerpo inmundo, deslízate entre mi alma y yo y róeme. Quiero la desnudez, la vergüenza y la soledad del desprecio, pues el hombre está hecho para destruir al hombre en sí mismo y para abrirse como una hembra al gran cuerpo tenebroso de la noche. Mientras no lo pruebe todo, no tendré gusto por nada; hasta que no lo posea todo, no poseeré nada. Hasta que lo sea todo, no seré nada en nada. Me rebajaré por debajo de todos y tú me apresarás en las redes de tu noche y me levantarás por encima de ellos. ¡Dios mío! ¡Dios mío! ¿Es ésta tu voluntad? Este odio del hombre, este desprecio de mí mismo, ¿no los busqué ya, cuando era malo? ¿Cómo distinguiré la soledad del bien de la soledad del mal?

La humanidad… no tiene objetivo, ni idea, ni plan, más que la familia de mariposas u orquídeas. ‘Humanidad’ es una expresión zoológica, o una palabra vacía. (…) Veo, en lugar de ese producto vacío de una historia lineal que solo se puede mantener cerrando los ojos ante la abrumadora multitud de hechos, el drama de una serie de Culturas poderosas, cada una de las cuales brota con la fuerza primitiva de la historia. suelo de una región madre a la que permanece firmemente unida durante todo su ciclo de vida; cada uno estampando su material, su humanidad, a su propia imagen; cada uno tiene su propia idea, sus propias pasiones, su propia vida, voluntad y sentimiento, su propia muerte.


Sólo uno de los párrafos es mío. El “engaño” era en la dirección de hacer ver que mi dolor “no me pertenece”, ni nadie se (te) puede o se debe reducir a él. El dolor es sólo una entre otras de las recalcitrantes “heridas” de la humanidad, de la vida. El resto de escritos son de “el libro del desasosiego” de Pessoa, “Brevario del caos” de Albert Caraco, “perros de paja” de John N. Gray, “las estrategias fatales” de Baudrillard, “el Dios y el diablo” de Sartre y “la decadencia de occidente” de Spengler.

La Pastilla de la Felicidad (Soma)

Estás haciendo la pregunta equivocada. La pregunta que debes de hacerte es “¿qué soy yo?, ¿un ser humano libre o un lavador de autos?❞, ❝Al permitir su dolor se está convirtiendo en otra cosa.❞ Brave new World


Al finalizar el día, y después de acabar de rematar el escrito, en el que estuve más de ocho horas sólo ayer, buscando qué ver y relajarme, me encontré con la serie “Brave new world“, basada en la novela de Aldous Huxley, titulada en español “un mundo feliz”.

¡¡¡POSIBLE SPOILER!!!

Curiosamente en el escrito de ayer “las cuatro preguntas de…“, hice referencia a la pastilla de la felicidad, evocando las que recrea el autor en su novela, como el soma. Los paralelismos entre la serie y mi escrito es asombrosa, pues hablo de lo “intransferible” de los daños traumáticos, y en la serie un Alfa que puede conectarse a los estados mentales del resto de los habitantes, lo hace al cerebro de alguien que se ha caído desde una gran altura, con lo cual el siente el vértigo y el impacto contra el suelo, y a partir de ese momento tal trauma forma parte de su estructura cerebral, traumatizándole como si lo hubiera vivido en primera persona.

Por otro lado esta la división de una alta y baja sociedad, los primeros denominados despectivamente como salvajes, y describe y contrapone la dualidad de la mente-colmena, cuerpo social, y la individualidad y libertad de los salvajes. De cualquier forma es un recurrente de la ciencia ficción de los escritores de izquierdas, y ahora nosotros nos “alimentamos” de estos nuevos arquetipos o mitos. La serie actualiza la novela para que nos sintamos más identificados a partir de nuestro propio presente.


Añadí la siguiente imagen en el escrito anterior, a lo que yo llamaría “paradoja de la provocación”, pues lo provocativo es la frase en tal contexto (creo que sobra decir quién es la de la foto).

Las Cuatro Preguntas de…

…a quien a mí me dé la gana. ¡Bueno, no!, de un tal Tinbergen.

(La fotografía de la cabecera no viene al caso. La he puesto para “molestar”, si es que molesta, pues para mí las chicas que en verano llevan pantalón corto por encima de la línea de la nalga, van así, da igual que lo llamen pantalón corto, de deporte o braguita. Asumo que mi forma de ver sea por mi edad y que la den por equivocada. El respeto tendría que ir en dos direcciones.)


Nada ha cambiado y sin embargo todo existe de otra manera.❞ Sartre
El hombre razonable se adapta al mundo; el hombre desrazonable persiste en intentar adaptar el mundo a sí mismo. Por lo tanto todo el progreso depende del hombre desrazonable.❞ Bernard Shaw
Un hombre puede hacer lo que desee, pero no puede elegir lo que desea.❞ Schopenhauer
(Reto a las chicas que lleven pantalones cortos que a la vez lleven una camiseta con la frase de Schopenhauer. Se crea una paradoja entre su forma de vestir con respecto al enunciado de la frase. La he añadido abajo.)


He abordado este tema desde varias perspectivas y no me llevaban a ningún lado. Posible conclusión: ¿si es así es que no hay tema? Se me ocurrió entonces analizarlo por lo inverso (no es negatividad, es el método dialéctico de Hegel). Trato de definir la importancia de la individualidad para tener un lenguaje personal y que por ello afecte al diálogo, a la comunicación, y en definitiva a cómo el cerebro tiene o crea un lenguaje. Lo inverso es la imposibilidad del diálogo y por ello la discusión. He buscado en la Wikipedia inglesa, para tener alguna referencia, y no tienen tal entrada, te redirige a conversación y tiene una mínima entrada que dice: “un elemento de conversación es la discusión: compartir opiniones sobre temas que se piensan durante la conversación. En una sociedad educada, el tema cambia antes de que la discusión se convierta en disputa o controversia. Por ejemplo, si se está discutiendo la teología, tal vez nadie insista en que se acepte un punto de vista particular”. Tal acepción  apunta a una de las conclusiones que quería yo llegar: el callar lo conflictivo, el efecto del elefante en una habitación, que era el tema central del escrito anterior. Viendo lo ocurrido en la Wikipedia inglesa, he buscado en varios idiomas y sí tiene entrada en francés, español y alemán (parecen copias, no sé si es “políticamente correcto” haber puesto a personas de color con gestos de llegar a las manos). La japonesa y la italiana te llevan al término “debate”, y la china curiosamente te lleva a “foros web”, que era algo que igualmente quería tratar, pues mientras que en la “vida de a pie” se opta por lo propuesto por la Wikipedia inglesa, dejar de lado los temas conflictivos, en Internet es casi lo contrario, se busca la discusión y el conflicto… la polémica, pues tal concepto puede ser tendente a que se vuelva viral.

Lo primero que salta a la vista, de lo dicho en el párrafo anterior, es que entran en juego las mentalidades. Los estadounidenses tachan de negativo todo tema “oscuro” y tratan de darle un enfoque utilitarista y positivo, esta mentalidad es la que tratan de “contagiar” al resto del mundo en sus películas, libros, series, etc., y por lo visto lo están consiguiendo. Por otro lado, y por su mentalidad o ideología, como China es comunista (aunque ya no está tan claro), y como no le “convence” Internet, pone como paradigma de qué es discutir los foros de Internet. Quizás también porque su mentalidad es la huida del conflicto, pues ponen a la armonía social como el centro de su hacer en la vida. Este tipo de apuesta lleva a unos individuos más sumisos y conformistas, bajo el punto de vista occidental.

Otro punto que sale a colación es que el cerebro trabaja con binarios, por mucho que se empeñen ciertos colectivos en hacernos pensar que tal tendencia sólo es por construccionismo social. La tendencia del cuerpo, y por ello del cerebro, es al equilibrio, en donde lo es por sus dos contrarios. La depresión y la ansiedad es el binario de la posición media que es la tranquilidad. Exceso o carencia de azúcar, de oxígeno, o de la presión arterial, hipotonía e hipertonía muscular, de testosterona o estrógeno —por cierto si a un hombre le suben los estrógenos le baja la testosterona, y a la inversa en la mujer, hoy se da una alta carga de disruptores endocrinos en el ambiente (botellas de plástico, por ejemplo), que se asemejan al estrógeno o las hormonas femeninas, luego…— Creo que queda claro que la vida es binaria. El propio lenguaje trabaja con sinónimos y antónimos, no por construccionismo social, sino porque es una regla física, que se sigue en la química que se sigue en la vida, y por ello en los cerebros de los animales complejos. Si el estómago o el cuerpo te avisa de una bajada en la energía, el binario de estómago vacío, de hambre es saciedad, luego come. Las mentalidades no-binarias, están en el fondo “contagiadas” por la estadounidense.


Este escrito es una segunda consideración al tema de tratar de delimitar el cómo y de qué manera el cerebro crea un lenguaje. A tal pretexto viene bien recurrir a las cuatro preguntas de Tinbergen (copiado de una artículo de Randolph M. Nesse): 1. ontogénica: ¿cómo se desarrolla en rasgo en los individuos?; 2. mecanismo: ¿cuál es la estructura del rasgo y cómo funciona?; 3. filogenética: ¿cuál es la historia filogenética (en la especie) del rasgo (complejo)?; 4. Significado adaptativo: ¿Cómo han interactuado las variaciones en el rasgo con los entornos para influir en el estado físico (aptitud) de manera que ayuden a explicar la “forma” del rasgo? Pero antes de seguir desviémonos del tema, empezando por una metáfora.

Extraído y traducido a partir de este documento.

Imaginar que se encuentra una persona de más de dos metros con una de menos de un metro y medio. Una mira hacia abajo y la otra hacia arriba, forzando sus cuellos. Un primer acercamiento a tal cuestión es que el bajo se suba a una silla o que la persona alta se agache o se siente, pero la solución más mediada es que los dos se encuentren a medio camino, que el bajo se eleve en algo y el alto se siente. Dejo pendiente de un “para qué” de tal metáfora.

Vayamos ahora una analogía. Si tengo varios botes de pintura y me piden el verde que no tengo, mezclo un bote amarillo y otro azul para conseguirlo. Hagamos el proceso opuesto. Si de lo que se trata es de averiguar cómo llegar a una tonalidad de verde concreta, no hay manera de dar con el resultado a “ojo de buen cubero”. Invirtiendo el proceso deductivo sé que tiene azul y amarillo, pero ignoro en qué cantidades y si tiene algún otro color o tono que esté matizando aún más tal color. Los artistas pintores mezclan sobre la paleta y van analizando si llegan al tono deseado, si se pasan de amarillo y resulta en un verde demasiado “chillón”, vuelven a echar más azul y vuelta a empezar. Con el tiempo se adquiere la destreza, pero siempre es por tanteo. Hoy en día hay máquinas que tienen programados los colores, y abren y cierran válvulas de distintos colores para llegar al color deseado. Pues bien. El primer método es una deducción, un razonamiento hacia abajo, y es con el que ha trabajado la evolución, por medio de prueba y error, y es el que tiene implementado el cerebro por defecto. El segundo proceso es un razonamiento inductivo, hacia arriba (para mí, hacia atrás por lo general), y es el que se usa para hacer ingeniería inversa. Con la deducción se llegan a conclusiones, por medio de la inducción se trata de llegar a generalidades, esto conlleva que la deducción, si parte de unas buenas premisas, se llegan a unas buenas conclusiones, pero no ocurre lo mismo con la inducción, que sólo llega a probabilidades (ver “problemas de la inducción“). Con los propios conceptos de generalidad y conclusión (resultado, consecuencia) todos sabemos que el primero es sólo un postulado sobre una posible verdad, que no se aplica en todos los casos de un conjunto, mientras que conclusión, que proviene de concluido, se sabe que lo averiguado —excepto que alguna premisa sea falsa y no lo sepamos en ese momento—, es verdad. Esto viene a colación de que con las cuatro preguntas de Tinbergen partimos de generalidades y aunque es un razonamiento de tipo deductivo, puede no llegarse a unas respuestas correctas, dada esas propiedades generalistas de las premisas. Vamos de lo general a lo concreto, pero dando por sentado que lo general son verdades, cuando puede que no sea así. El caso de los movimientos de las esferas celestes de Ptolomeo predecía (deducir) el lugar futuro de los planetas en su movimiento, pero la base era errónea, pues colocaba en el centro del universo a la tierra.

Vídeo inverso, hacia atrás, de un timelapse del juego Shapez.io

Pienso que creías que con las analogías de los botes de pintura iba a entenderse, pero puede que no quede del todo claro para todas las personas. Los ejemplos más claros son los juegos de construcción y desarrollo largo, como es el caso de “shapez.io“. Una vez que con el juego se tiene una red de cintas transportadoras muy compleja es difícil o imposible por inducción saber el porqué cada vía y componente del juego está ahí y no es de otra forma de como aparece. Saber cuál fue la causa primera (primer movimiento del jugador). Sin embargo al empezar el juego desde cero, y al hacer uso de la deducción, se unen dos puntos lejanos con dos cintas trasportadoras, y a partir de ese momento las otras hay que “adaptarlas” desde esa primera cinta, en un proceso deductivo paso por paso. A veces hasta para el propio jugador se hace complicado seguir las tramas, recurre a la inducción, en este caso tratando de hallar cómo empieza una cinta y seguir su camino y desarrollo. Por esto mismo a la inducción se le llama proceso hacia atrás y es el que opera en la ingeniería inversa, en donde tal proceder puede darse en algo tan sencillo como averiguar los ingredientes de una comida.

Juego en que hay que hacer mucho uso del prueba y error, y la deducción

Así a primeras, de las cuatro preguntas de Tinbergen, alguien podría no estar de acuerdo con alguno de los conceptos, como el de mecanismo, pues parece no tener en cuenta las teorías emergentistas. Por otro lado se deja de lado posibles mutaciones por las que el concepto de filogenia, como generalidad a partir de lo que es hoy una especie, falle. O sea, la “causa primera” no siempre parece estar clara. Cabe pensar, entonces, si no tendrían que ser cinco preguntas, donde la última sería: ¿ha habido algún proceso emergentista o mutación posible que explique el rasgo actual?, pero creo que resulta claro que tal pregunta invalidaría la capacidad prefijadora de las cuatro anteriores, luego no es el caso dar lugar a tal pregunta. Con todo desarrollemos el tema en la medida que se pueda.

Eplicaciones evolutivas (últimas) 

  Perspectiva diacrónica versus sincrónica 
  Vista dinámica: Explicación de la forma actual en términos de una secuencia históricaVista estática: Explicación de la forma actual de las especies.
Preguntas de cómo y por quéVista próxima: Cómo funcionan las estructuras de un organismo individualOntogenia (desarrollo): Explicaciones del desarrollo para los cambios en los individuos , desde el ADN hasta su forma actual.Mecanismo (causalidad): Explicaciones mecanicistas de cómo funcionan las estructuras de un organismo.
 Visión definitiva (evolutiva) ¿Por qué una especie evolucionó hasta las estructuras (adaptaciones) que tiene?Filogenia (evolución): La historia de la evolución de los cambios secuenciales en una especie durante muchas generaciones.Función (adaptación): Un rasgo de especie que resuelve un problema reproductivo o de supervivencia en el entorno actual.

Nos encontramos con un doble problema. Primero habría que hacer las cuatro preguntas para determinar qué es la mente, o más complejo: la conciencia; y en segundo lugar que es un lenguaje. El primer tema parece irresoluble, pues no es lo mismo la visión de una fuerza divina, que si restamos del “problema” tal “figura” (trataré de crear una gráfica de este somero desarrollo del tema). Quien crea que el humano es una creación divina ya no necesita responder las cuatro preguntas de Tinbergen, pues el humano tiene un alma y el lenguaje nos lo dio Dios. Pero como estamos abordando el tema a nivel de la evolución biológica, tales preguntas son pertinentes. Un segundo problema es si caemos en un reduccionismo total, y no aceptamos ni siquiera la capacidad emergentista de los sistemas, o si por el contrario sí aceptamos que la mente es un estado emergente del cerebro. La primera postura es monista (sólo hay una realidad sea esta o material o espiritual), y la segunda dualista (hay dos realidades: la material y la de los estados emergentes —o lo espiritual—). Entre medias hay posturas “conciliadoras” de estos dos opuestos.

Si aceptamos una mente o conciencia, como estado emergente, es complicado responder a las cuatro preguntas, pues por las reglas combinatorias se crean dobles, triples… preguntas dependiendo a cómo hayamos respondido a las cuestiones previas. O sea, no hay una respuesta unificada a cómo puede ser tal dualidad mente/cuerpo, estado emergente/materia; como tampoco la hay en cómo interaccionan, siendo así y combinando opciones, las posibles respuestas se multiplican.

—¡A estas alturas las preguntas de Tinbergen parecen inútiles!

Ya. En realidad a eso quiero llegar. Siempre se parten de ciertas bases, en muchos casos como obviadas o ignoradas, como así ocurre en la teoría de la relevancia o para las propias leyes. Un humano en ese caso es analizado como una persona o agente que es en sí mismo un solo ser o entidad. Para la mayoría de las ciencias ir más allá es entrar en terreno fangoso. Pero ¿cómo determinar quién genera un lenguaje sin saber cuál es el agente que lo genera?, o en otro caso qué parte del cerebro lo genera. Para la teoría de la relevancia, como para muchas teorías y ciencias, el cerebro humano es una caja negra, y sólo les interesa cómo y que dato entra, y cómo y que dato sale. Lo que ocurre en el interior de la caja da igual, lo medible son los input y los output. Este tipo de análisis es funcionalista, y para ellos lo que cuenta es su funcionalidad. A poco que uno lo piense este es uno de los “despropósitos” de la razón: vernos como máquinas funcionales, como operandos o engranajes en una totalidad. Si “funcionamos” bien hacia afuera, en la producción social, el resto da igual. De nuevo vuelvo al tema de los primeros párrafos: este proceder viene dado por las filosofías anglosajonas, que son la base de la mentalidad estadounidense. En la actualidad se llama filosofía continental a la que se hace en Europa con respecto a la que hacen los ingleses y los estadounidenses, más pragmatista, utilitarista y funcionalista. En definitiva consecuencialista, pues sólo les interesa los resultados, y para tales propuestas el concepto de agente, persona o caja negra no les viene mal.

La complejidad ha ganado: caos 1, orden 0.

Quizás hay que analizar el tema oblicua(mente). Algo aceptado es que el lenguaje está atravesado por lo que se llama actitud proposicional, que presupone un agente con ciertas intenciones sobre aquello que habla. En este caso sale a colación la intención, y por ello un agente que sostiene tal intención. Quizás de nuevo se cae en la cuestión de la caja negra, pues de nuevo hay una entrada de datos y una salida, pero cargada o en donde emerge una intención, o un ser con intenciones. Pero en todo esto la ciencia ya tiene bastantes respuestas. La dicotomía de consciencia e inconsciente. Sostenida por el psicoanálisis, está validada por la ciencia. A la mercadotecnia no le interesa lo que una persona diga, sino lo que su inconsciente quiere y calla, pero que se puede detectar de distintas formas. Nos encontramos que hay dos entes cerebrales o dos agentes. El primer dilema es dónde se encuentra la intención. La ley llama intención a que uno sepa y haya concebido un plan a nivel consciente, de razón, y por ello de las palabras, pero bajo mi punto de vista la intención siempre emerge desde lo profundo y se le deja salir o no. Se dan así de nuevo dos intenciones, las subcorticales y las corticales o del prefrontal. ¿Habría que hacer las cuatro preguntas sobre estos dos agentes? El primer agente, el subcortical, es muy básico. Como tal no es un rasgo individual, sino lo implícito de qué es la vida. La vida no tiene un porqué (en una visión materialista), es, y no se le puede interrogar más. Sólo pretende sobrevivir y reproducirse (replicarse), esta base explicaría el resto. A lo que sí se le puede aplicar las cuatro preguntas es al segundo tipo de agente: el social, y se llegan a las siguientes respuestas. 1. Se desarrolla por la necesidad de llegar a acuerdos dentro del grupo social en el que se nazca. 2. Preguntar por el mecanismo es complicado, pero parece ser una especialización del hemisferio izquierdo hacia un lenguaje muy complejo, en donde una de sus bases se encuentra la búsqueda de forma premeditada de las causas y los efectos, y por ello trabaja con inferencias, que obedecen a las reglas lógicas. 3. La filogenia de tal “aparato” fue la necesidad de que los humanos colaborasen, puesto que en la suma de sus mentes son mejores y en este proceder se llega a la cultura, que a partir de ese momento y por el efecto trinquete (el trinquete es una rueca dentada de tal manera que si sueltas una cuerda con peso dentro de tal mecanismo, como sacar agua de un pozo, esta y su carga no volverán a caer), no hay que aprender todo desde cero, sino a partir de lo ya sabido a lo largo de los siglos. 4. Su significado evolutivo, y ya igualmente en lo social, es que la cultura que tuviera un mayor saber (aplicado a la guerra por ejemplo), tenía una ventaja sobre las otras, con lo cual dicha cultura era la más acta.

A poco que uno piense de nuevo se cae en que lo individual no cuenta, sino como engranaje que forma parte de la máquina social. Lo que yo defiendo es que el primer agente, el subterráneo, la sombra, el inconsciente, vive armónicamente con el segundo si nace o vive dentro de una sociedad exitosa, pero se “revela” y trata de salir a la superficie si vive de forma desajustada o vejada. O sea, 1. un individuo próspero en una sociedad próspera crea una unidad entre los dos entes, y 2. la división se da cuando no es así en algún ámbito. Todo trastorno mental (excepto los que sean de problemas “físicos”) nacen de este dilema. Es más, de alguna forma se da una resonancia entre esos dos entes cerebrales (en el primer caso), de tal forma que por retroalimentación positiva, de tal sistema, su estado es más elevado que por la simple suma de dos agentes, como así sucede cuando dos ondas armónicas resuenan juntas y cerca. El aire prepotente de este tipo de personas suele molestar. La inversión de este ser es la resonancia entre la sombra y la razón que se siente insultada en un mundo que no es justo o equilibrado. Las dos tipologías límite de estos dos estados, ganadores y perdedores, se repelen como el lado negativo y positivo de un imán, o como el agua y el aceite. Literalmente se odian.

Es fácil deducir —siendo reduccionistas y buscando los extremos— que los primeros crean la identidad narrativa y los segundos son los realistas depresivos. Bajo mis conclusiones, los primeros “operan” más con las partes corticales del cerebro, como así es la memoria declarativa, biográfica y semántica, vía hipotálamo; y los segundos con lo subcortical, las emociones y la amígdala. Las dos tipologías crean su propio código de valores y por ello éticos, que son por los que se “conducen”, en donde los primeros son más cercanos a las ideas capitalistas y de derechas, y los segundos a las ideas de las izquierdas. A estas alturas, dónde queda la filogenia, si una misma especie “abriga” dos entes o topologías bien diferenciadas. La biología no las puede explicar, o diría que los primeros son los adaptados y los segundos los desadaptados (o inadaptados). Ganadores y perdedores, según el lenguaje de los primeros. Hay que salir de la biología para analizar tal sistema binario, a partir de los sistemas dinámicos duales, donde dos fuerzas entran en liza y buscan su equilibrio.

Pero no es el propósito de tal escrito el llegar a tales temas o desarrollarlos. Trato de buscar el agente intencional que habla. A poco que uno no se salga de la línea de pensamiento que he trazado, cada tipología tiene la intención puesta o balanceada hacia uno de los dos lados. A grandes rasgos (repetido de otros escritos, pero necesario de exponer para los lectores nuevos), o se habla desde el dolor, que es la emoción básica y primera de la vida, o desde el placer, que es secundario a nivel evolutivo, pero que tiene la capacidad de estar adaptada al tipo de enseñanza que regla las sociedades modernas. La primera tipología habla desde las bondades de sus vidas exuberantes, y los segundos desde la podredumbre de sus lóbregas y tristes vidas. ¿Cómo crear un lenguaje común de tales opuestos? El cerebro en su evolución, y aquí si operan las preguntas de Tinbergen, ha creado mecanismos para no estar o sentirse dentro de la segunda tipología, y en la medida de lo posible sentirse en alguna proporción dentro del segundo grupo. Tal regla se resume en aquello de “quien no se conforma es que no quiere” o variantes de la misma idea o meme (a mal tiempo buena cara…). El concepto subyacente es que si el sistema cerebral “engaña” a la identidad del prefrontal, como que está del lado de los “vencedores”, es que realmente lo ha de estar. En la base de tal engaño del sistema se encuentra entre otros el llamado efecto placebo, donde si el engaño funciona es que es invisible en la persona en la que opera. Toda parafernalia de la autoayuda “funciona” por esta regla o estructura evolutiva del cerebro para engañarse a nivel de la conciencia. Es lo que Sartre llamaba “mala fe“, que al fin y al cabo es la fe que uno mismo pone para creer aquello que no es real, para autoengañarse. Ahora tenemos tres entes o tipologías, donde la tercera se pone en un lugar que no es el “real”, y en tanto que también puede ser la de aquellas personas que estando en una situación privilegiada, se crean en una “inferior”; una y otra como complejo de superioridad o de inferioridad soterradas, que es en las que se (¿cómo explica el lenguaje del cerebro tanto monosílabo junto que no opera ni siquiera como seme?, yo lo veo como tejer: cada “nudo” implica otro y este otro…) basa las pretendidas sociedades progresivas y modernas. Tener un iPhone y ser de la clase baja también funciona para este tipo de cerebros. Me he vuelto a desviar.

A grandes rasgos (generalidades) y de estas dos tipologías, una de ellas tienen dañados o alterados distintas partes del cerebro, con lo cual su lenguaje y su comprensión está alterada con respecto al monto social. La media es la clase sociedad alta, y la clase media o baja que les funciona el autoengaño o que mientras se “conformen” viven bajo el estamento de la sanidad mental. A estas alturas, y dadas las conclusiones que han ido saliendo al paso, ahora tenemos las “herramientas” para aplicar la preguntas de Tinbergen sobre qué y cómo es la conciencia. 1. La conciencia se desarrolla en la dirección de crearse una identidad acorde a lo mejor y más validado en lo social. 2. El mecanismo es por medio de una retroalimentación, en donde el objeto o representación mental es uno mismo, y en donde en tal proceso emergente nace la autoconciencia. 3. Filogenéticamente tiene la “función” de crearse una personalidad o identidad, basada en la retroalimentación del punto 3, que es la que puede ser vista, analizada, valorada y enjuiciada por las otras mentes, en donde en tal proceso nacen dos estamentos: la reputación y el prestigio, basadas en la fiabilidad de tal ente dentro de lo social. 4. El significado adaptativo es social, y es que dado a que puesto que el cerebro maneja mucha información, por no decir toda, tal “línea” del ser difiere de sus actos, nadie te puede juzgar por lo que pienses, pues ni siquiera sale a la superficie social, sino por tus actos, por el ser que aparece. Sé que por ejemplo, como posible objeción, algunas religiones fueron hacia el control total, tratando de vigilar incluso los pensamientos, llamados impuros, del mal o negativos, pero no “funcionaron”; el cerebro “computa”, como cognición implícita, todos los posibles en cada situación, en donde sus únicos límites son sus propias estructuras o mecanismos evolutivos, repele, por ejemplo, el suicidio que lo “piensa” la conciencia, creando ansiedad y miedo en el “sistema”. Ese intento religioso del autocontrol, de lo que se piense o sienta sólo genera trastornos mentales. Pensar en matar a alguien a nivel profundo crea una liberación de adrenalina y el cortisol, incluso exteriorizándolo por desplazamiento al golpear algo con todas las fuerzas, y se llega más fácilmente y  antes a un punto de equilibrio emocional. Frenar tal proceder genera a las personas denominadas pasivo-agresivas, en donde en tal proceder y en algunos casos, pueden ser más “peligrosas” que las que sueltan su ira en golpear muebles o en dar voces. Las películas de miedo van en la misma dirección…, luego si hoy hay tanta película de este tipo es que a nivel de cerebro profundo nos sentimos muy frustrados, y llenos de ira, hacia el ambiente que se está dando en lo social.

A partir de la gráfica de la Wikipedia

Dado lo bien que parecen “funcionar” las preguntas de Tinbergen… ¿se puede hacer sobre el trastorno mental?, ¿tiene algún remoto sentido adaptativo? Ciertos trastornos obedecen a cambios epigenéticos, a los que sí es relevante hacerles las cuatro preguntas. Dicho concepto implica que la evolución se valió de tal estrategia para que a corto plazo las siguientes generaciones de una especie se adaptaran mejor a un ecosistema dañado o con falta de recursos. Se dan a varios niveles, uno de ellos corporal, en donde las personas nacidos con tal cambio necesiten pocos nutrientes para sobrevivir, para mantener una dieta hipocalórica. El problema ha venido dado, en la sociedades modernas, que tales crisis en algunos casos duran pocos años, de tal manera que tales personas al final se encuentran con un exceso de comida, para el que sus cuerpos no estaban preparados, y por ello son propensos a la obesidad y caer en la diabetes. ¿Y en el caso de los cambios cerebrales?, una de las alteraciones principales es la baja inhibición latente, pues de esa forma dichos cerebros filtran menos datos, y van a estar más preparados para sacar provecho de cualquier situación, o desarrollar el ingenio de cómo conseguir comida en un supuesto medio lleno de carencias. Lo mismo que el primer caso para este segundo: de repente el medio no requiere ese “cambio” y esa tendencia lleva a la alta sensibilidad al medio social, pues “ve” o siente cosas que el resto de cerebros filtran, entrando en estados ansiosos o depresivos.

Tales procesos, y esta primera “división” entre personas sanas y con trastornos, no crean dos lenguajes (o formas de producirlos y comprenderlos), sino dialectos. O si se quiere, crea un lenguaje normativo, frente a jergas o lenguajes urbanos. Estos “dos dialectos” se añaden a otras diferencias como los sexos (o géneros), tipologías físicas (delgados/con sobrepeso, feos/guapos…), debilidad y fortaleza (enfermizo/sano), etc. Con lo que a estas alturas lo que uno se pregunta es cómo puede darse la comunicación dados tantos “dialectos”. La lógica es rayana: la normativa es que todos nos tratemos de comunicar a partir de un solo lenguaje, donde en tal proceder hay que tender a delimitar el uso de las jergas y los dialectos propios, y que nacen de lo profundo del cerebro, de esa unidad e individualidad que nos constituye. Esto a la vez implica que esa identidad que “nace” de la autoconciencia, la social, la narrativa, esté reglada por lo normativo, ignorando en la medida de lo posible las diferencias (lo que en primer lugar crea la solución crea los problemas, como veremos más abajo).

Pero para comprender todo esto más en profundidad hay que traer aquí el concepto de Qualia. Ese que se puede simplificar que “para gusto los colores“. Tal concepto significa no sólo que mi apreciación de un color es distinto seguramente de la persona que está a mí lado, implica además que tiene un peso emocional distinto, que conllevará a que el estado de sus relevancias con respecto a tal color también lo puedan ser. Si a ese color se le añade el resto de la realidad, lo que sale de forma secuencial (por deducción) es la alta improbabilidad para que dos personas se puedan comunicar lo que sienten, pues se interpondrá entre medias la negación, el típico “pues yo no lo veo (siento) así”. Ahora sumemos a coro toda la humanidad, y todas las emociones distintas y opuestas, y de ser cada uno un tono musical, la totalidad será percibida como ruido. Ante tal estado de cosas caben dos tendencias, o se tratan de igualar o se dejan tal cual. Tres de los encantos y los retos de la vida es 1. tratar de buscar a alguien que sienta como tú lo haces, 2. tratar de comunicar lo que sientes recurriendo a todos los posibles subterfugios que te encuentres en el medio (tal tendencia explica el arte) y 3. hay o se da cierto orgullo de sentirse único. Este tercero pienso que es algo emergente de los cerebros complejos, pues se puede apreciar en otros animales como los perros, los gatos o los chimpancés.

Pero he hecho un análisis desde la personalidad, desde los agentes, y no a través de la “máquina” que es el cerebro. Hagamos un breve análisis del tema. Las Qualias, entre otras tantas variables del porque cada humano es distinto, se dan porque el cerebro es modular y a la vez unidad, como así ocurre con el resto del cuerpo. Voy a hacer un acercamiento al tema tomando un pequeño desvío. Ciertos trastornos mentales se han analizado desde la química del cerebro. Más tarde se ha añadido el análisis ambiental en dos direcciones: el social (ambiente familiar y laboral…) y el de las sustancias que se dan en el medio (en el aire, el agua, la comida). Hoy en día, y como un ejemplo, se estudia a través de que la primera causa para el trastorno es la forma en la que está operando el sistema inmunológico, que a la vez repercute en el sistema endocrino, de las hormonas, que al final repercuten en la química cerebral. Tal tendencia se llama psiconeuroendocrinoinmunología (treinta letras). La mente es física y no se reduce a lo que ocurre en el cerebro, sino como la totalidad que es el cuerpo del que forma parte, en donde todos y cada uno de los sistemas operan en conjunto, y si se desequilibra uno, provoca cambios en cadena.

Ahora vayamos a una sola función, ya analizada en otros escritos. “La inhibición previa al pulso es un fenómeno neurológico en el cual un preestímulo más débil (prepulso) inhibe la reacción de un organismo a un estímulo (impulso) reflejo fuerte posterior, que a menudo usa el reflejo de sobresalto. Los estímulos suelen ser acústicos, pero también se utilizan estímulos táctiles (por ejemplo, a través de soplos de aire sobre la piel) y estímulos de luz. Cuando la inhibición previa al pulso es alta, se reduce la correspondiente respuesta de sobresalto de una sola vez”. En este proceder el cerebro tiene entradas de datos y salidas, pero la propia salida es tomada como entrada: es un sistema retroalimentado. Un sordo no habla porque su cerebro no se “auto-verifica” en tal acto: no se cierra el círculo de retroalimentación. Este proceder dado como base en la vida creó la inhibición previa al pulso como la más óptima para no crear ciertas respuestas (gasto de energía en el sistema), en la base de esta estructura uno mismo no se puede hacer cosquillas. Algunas personas tienen dañado tal sistema, o es distinto en las mujeres que en los hombres, y por ello son más asustadizas que la media.

(El antivirus me avisa cada dos horas que mi licencia se acaba en 20 días. ¿No es eso comportarse como un virus?, se comporta como aquello de lo que te trata de defender, ¿no es irracional y poco inteligente?)

El trastorno de estrés postraumático tiene de base que tal sistema se ha dañado (o alterado). Esto a la vez implica que un condicionamiento no se extinga, esto es: con el tiempo algo que te ha dado un susto, incluso traumas pequeños, se olvidan en primer lugar como emoción, y más tarde como recuerdo (depresión a largo plazo), pero no parece ser así cuando el trauma ha sido muy dañino. Se deben de dar cambios epigenéticos en donde desde ese momento el cerebro opera en otros de sus “modos”. En otro caso todo humano nace bajo el instinto de crear un apego: confiar al cien por cien en tu cuidador, si tal persona no existe, o te falla, se vuelve excesivamente cuidadosa, o incluso te daña, se crea un problema de apego que se arrastrará de por vida.

Estos pocos ejemplos me valen para hacer ver que alguien asustadizo, con un trauma o un problema de apego, “nunca” serán comprendidos por las personas que no tienen esas mismas estructuras cerebrales. El cambio no es cognitivo, se cambian “relés” y zonas del cerebro que trabajan a nivel de los neurotransmisores, las hormonas y finalmente el sistema inmunológico (lo tienen todos los mamíferos complejos, como nuestros perros…, algo menos el gato). Bajo otro prisma: el cerebro trabaja por ondas, cada estado corresponde con cierto ritmo ondulatorio, el cerebro dañado tiene sus propias ondas en ciertas regiones, dependientes de la situación. La teoría de resonancia límbica dice que dos cerebros sincronizan sus ondas al vivir de la misma forma la misma experiencia. No ocurre así si el otro cerebro está dañado. Esos dos cerebros estarán desincronizados.

Otra perspectiva para entender tal efecto de “incomunicación” son los ordenadores. Si en un cuestionario te piden que metas una cifra y tú le añades ceros delante, el programa te puede dar un error, o bien se puede dar que el programador haya implementado un control de errores, en donde una de las posibles soluciones sea el borrar internamente los ceros de delante (¡que no auto-corrector, que no he querido poner cerros!). Si se da esto último y a la vez ese cuestionario tiene que entregar esos datos a otro programa, puede que al haber borrado los ceros de delante este otro programa lo trate como que no es el dato correcto. ¡A veces no sé cómo me enredo tanto!, este ejemplo ocurre cuando al poner una contraseña ponemos una letra con minúscula, cuando tendría que ser con mayúscula: no es lo mismo, son dos tipos de datos distintos, luego se da una “incomunicación”, una falta de coherencia en el código de la información entre el emisor y el receptor.

Teniendo todas estas premisas de base: ¿es posible la comunicación entre las personas? La pregunta optimista es porqué es posible la comunicación, la realista debería de ser: ¿por qué no se dan más discusiones de las que se dan? Lo primero que sale a colación es que la evolución opera lo suficientemente bien como para que todos los humanos sean bastante “iguales” en cuanto a las estructuras cerebrales y hay por lo tanto una media muy alta a las que les es fácil comunicarse. Otro factor a tener en cuenta, es que aunque el cerebro tiene dos entes —el subcortical y el cortical—, al poderse comunicar con otro humano a través de las palabras —que se han creado de manera normativa, por convenciones y arreglos sociales, como para saber de qué se está hablando al usar una palabra o concepto—, la comunicación es posible en este plano. Y un tercer componente para que el lenguaje sea posible, es el adaptar cada uno algo su propia percepción a favor de hacerse entender —ceder en su singularidad—. El segundo y el tercer factor crean el construccionismo social, y los estados masivos (cambios de estado), como así es una mentalidad o una ideología.

Por qué la clave está en la discusión. El cerebro profundo está constantemente supeditado a callar, a no hablar cuando el otro no te ha comprendido o simplemente no te oye, y en muchos casos ni siquiera trata de comprenderte. Cuando no te trata de comprender es porque lo hace teniendo en cuenta que su forma de comprender el mundo es la mejor o la acertada, y la tuya —de forma implícita y por lo tanto— está equivocada: no es una opinión a tener en cuenta… que de llevarlo a su extremo es decir que tú no cuentas, y llevándolo más a su extremo, que eres un error. Te invalida como persona, como ente, como algo que está fuera de lo que habría de ser lo humano. Sé que estoy extralimitando el tema, pero al analizarlo así es como se entienden los conflictos (violencia sectaria), como los multimillonarios y los sintecho, o el cristianismo frente a los musulmanes, los machos frente a las mujeres, el heterosexual frente al homosexual, el trabajador frente al parado de larga duración… (el trabajador de servicios frente al cliente, el peatón frente a los coches, el maestro ante el nulo aprendiz, el dueño de unas tierras frente a alguien que quiere cruzarlas para ir en línea recta y no dar un rodeo de kilómetros… el relicario podría no tener fin). Los foros de Internet, las redes sociales, Internet en su conjunto, están dejando salir a la sombra (el lobo en Herman Hesse) que todo humano lleva en su interior hacia afuera. Al salir, y por lo que se deduce, no está siendo para mejor, pues de repente está saliendo lo “peor” de lo humano.

Mark Schaller ha creado el concepto de sistema inmune conductual para referirse al rechazo que se produce en el cerebro ante lo que es distinto, hacia todo tipo de comportamiento distinto al nuestro, y que por ello es susceptible de “infectarnos” o infectar el sistema social en el que vivimos (trabajo con la idea de que el racismo es la incapacidad de sincronizarse a las ondas cerebrales de otra persona).

No estoy queriendo decir que en lo profundo humano nos “habite” un odiador de lo otro, ni en este ni en ningún escrito anterior. Lo que sale es la estructura básica humana de percibir las desigualdades y las injusticias. Nuestro “lobo” interior muerde en Internet porque hemos creado un mundo muy desigual, lleno de injusticias, y desequilibrado, que para colmo nuestro ser cortical ha colaborado para crearlo, bajo las reglas que han salido arriba. Desde la igualdad y la justicia las diferencias dan igual. Son problemáticas cuando una identidad tiene más poder, lo ejerce y en el proceso se siente superior a otra. Nosotros mismos hemos, y estamos, creando el mundo que nuestro cerebro profundo odia y niega. ¿No es eso una locura a nivel de especie y de individuo? Odiamos a nuestra propia especie cuando la base de la vida ha de ser el amor a ella y por lo tanto a nosotros mismos como especie. Al haber apostado por el ente social, frente al profundo e individual, nosotros mismos nos odiamos como entes sociales (para el que le funcione el autoengaño o los que estén en el lado binario del poder, no es así).

Volviendo al tema de la comunicación… Al igual que no es posible la comunicación entre un ateo y un deísta, dando por sentado que tienen estructuras cerebrales distintas, no es posible la comunicación a muchos niveles o cuanto menos siempre ofrece una alta resistencia, pues todo humano es distinto a cualquier otro. En esa dirección y para evitar la “locura” de la auto-exclusión social, la soledad, y el constante conflicto con los demás, buscamos lo más igual a nosotros mismos, que es la base y el inicio de todo conflicto presente o futuro. ¿Solución?, cuál, si llevamos más de diez mil años de historia, y cientos de miles fuera de ella, luchando y matándonos. ¿No será que no somos lo suficientemente inteligentes para resolver tales dilemas?

Mis conclusiones son las siguientes: la razón, y esta aliada con el sistema dopaminérgico, son dos sistemas de retroalimentación positiva. Tal sistema no tiene freno, como lo demuestran las adicciones, pues no se regula a una media, sino que cada vez necesita más y más, para suplir o alcanzar el estado deseado (paradoja del hedonismo). El sistema capitalista se basa en tal máxima, un emprendedor, un multimillonario, no llega a un límite y quiere quedarse allí, necesita “validar” su ser deseando ilimitadamente. Esta tendencia, como la de renegar de la sombra y vernos sólo como los agentes que emergen como proceso de las zonas corticales, están acopladas a lo real bajo la mentalidad norteamericana y su capitalismo. Para sus filosofías pragmáticas, utilitaristas y funcionalistas, lo interno no importa, sólo somos en nuestro hacer, y el ser se define sólo por lo que hace. En todo caso y en la medida, y bajo su mentalidad, y de que hemos de evitar ser unos perdedores, hemos de aceptar su “religión” de crecer sin límites.

Ahora viene al caso traer la metáfora de la persona muy alta y la muy baja del principio.

Hegel crea un discurso oscuro y misterioso cuando habla de la dialéctica del señor y el siervo (amo y esclavo, según otras traducciones). No en vano la ciencia, y sobre todo la mentalidad americana, llama despectivamente a los filósofos como “viejos iluminados”. El marxismo llevó tales ideas a la lucha de clases; Sartre lo llevó al encuentro entre mi yo y el otro…, ha habido miles de interpretaciones, pero ¿y si lo que quería decir entre señor y siervo se refería a las dos estructuras cerebrales que yo he presentado a lo largo de los últimos escritos? (en Hegel no entre lo subcortical o instintos y ser social, sino entre alma y ente social). En frases como “al acercarse al otro, ha perdido su propio ser, ya que se encuentra como otro ser; en segundo lugar, ha subrayado ese otro, porque esta conciencia primitiva no considera al otro como esencialmente real, sino que se ve a sí mismo en el otro”, puede querer decir que todos somos iguales en las estructuras profundas (conciencia primitiva, básica diría yo). Al encontrarme con el otro pierdo su ser profundo y me encuentro con su ser social, el que aparece; en un segundo proceso mi cerebro profundo “analiza” como no real lo que aparece y ve el ser profundo, que vive allí acorralado como sombra o sirviente del yo social. La dialéctica, saber absoluto en su lenguaje (conocimiento de los universales), en este caso no se refiere a “desnudarnos” del ser externo para que se devele el profundo, sino crear un ser social que asuma y se base en las reglas profundas. El prefrontal no tiene que agacharse para ponerse a la baja estatura de lo subcortical, ni a la inversa: se tienen que encontrar a medio camino. Sale la eterna posición intermedia, o media dorada, entre los opuestos de Aristóteles. Para el religioso será ese ser espiritual, y finalmente Dios, pero para mí —como ateo— simplemente basarse en las reglas elementales de la naturaleza, como es el simple mecanismo de detectar y responder con ira a la injusticia y la desigualdad.

Iain McGilchrist acierta al decir que el hemisferio derecho, bajo mi punto de vista y siguiendo el hilo conductor de mis conclusiones, al estar conectado a las reglas del cerebro profundo en un todo que se llama y vive reglado por la cognición implícita, era el maestro del cerebro, que “confió” en su emisario el hemisferio izquierdo, en el que hablaba por medio de la palabra a los otros y que estaba signado a respetar las palabras y el lenguaje del maestro, para al final en un primer paso tergiversar su lenguaje, y para en un segundo paso hacerse pasar por el maestro. En ese juego evolutivo al final el maestro se convirtió en el siervo del nuevo maestro y amo que era la razón y la palabra. Ahora estamos viviendo en ese momento. Mi propuesta es que hay que volver las cosas a su sitio: la razón tiene que perder legitimidad y entregársela a la cognición implícita. La ciencia no da la felicidad, y una pastilla para tal uso sólo es un artificio, la felicidad está en algo más profundo y básico, que ya no sabemos dejarle hablar. La sociedad humana tiene que centrarse en buscar la posición media para todos los países, para todos los humanos, y no que los países del primer mundo traten de crecer sin límites, esperando que los países en vías de desarrollo les alcancen. En un mundo de recursos limitados eso nunca ocurrirá. Lo mismo a nivel individual, tener tres viviendas frente a ninguna, dos trabajos frente a ninguno, cobrar sueldos abismales frente a nada…, no debería de ocurrir.

Cuadrar las ideas de la moral de amo y esclavo de Nietzsche me resulta más complicado. Puede que sólo dijera que lo correcto era no ser “sumiso” ante el “señor”, y que una vez que todos nos asumiésemos como “señores”, no admitiríamos los desequilibrios sociales. Llegaríamos a ese estado donde el ser profundo y “natural” hablase frente al servilista y conformista del ser social, de las zonas corticales.

Quizás estemos llegando a un final del camino donde el “adicto” al consumo y la mentalidad capitalista (anglosajona) se hayan topado con la “verdad” de que su “adicción” no tiene sentido, y que como tal siempre querrá más y eso no implica ser feliz (misma conclusión que el libro “un mundo feliz” de Aldous Huxley). En esa dirección el siguiente paso habría de ser “desnudarnos” de nuestra identidad narrativa, para dejar hablar al ser profundo, para el cual lo importante no es el ente social y su crecimiento exponencial de lo social, sino sus reglas básicas de conformidad con el medio, y en donde la otredad, la individualidad, es la base de lo humano. La espiritualidad (nacen nuevas religiones y se vuelve a las “paganas” o antiguas), lo inmaterial, frente a la productividad y la posesión de objetos. Si lo que somos ahora es lo que significa ser humanos, tenemos que dejar de ser humanos.

—¡Oh, que bonito, casi me haces llorar!

—¡Calla maldito, no seas cínico, estoy hablando a tu favor, soy tu emisario!


Para las feministas… Aplicar las cuatro preguntas de Tinbergen a porqué se sincronizan los ciclos ovulatorios, o porqué si en todo el reino animal el porte bello (display) lo lleva el macho, en el humano lo lleva la mujer. Aplicarlo a todo lo imaginable sobre los dimorfismos sexuales, como lo rasgos más aniñados de las mujeres (neotenia).
El título con respecto a la fotografía que sale debajo, pareciera que las cuatro preguntas son de las nalgas de las mujeres. Si “ellas” hablasen e hiciesen las cuatro preguntas de Tinbergen sería con respecto a: “¿por qué nos miran los hombres?”


“Paradoja de la provocación”, pues lo provocativo es la frase en tal contexto (creo que sobra decir quién es la de la foto).

Un Elefante en la Habitación

Todos somos racionales cuando brilla el sol, la cosa cambia cuando oscurece.❞ The pale Horse
Soy un profesor, soy padre, un hombre de fe. ¿Por qué no pueden ver eso cuando me miran?❞ ❝Ahora no tengo nada, ni documentación, ni derechos, pero tengo a mi familia, estamos juntos. Por eso sé que tengo un futuro.❞ Stateless
¿Qué es el yo?, el yo es una relación que se relaciona consigo misma.❞ Kierkegard
Según Jung, cualquier intento de convertirse en la persona de uno mismo será contraproducente, ya que evita el crecimiento de otros componentes del yo, lo que inhibe el crecimiento personal general.❞ Maya Honda-Granirer


Voy a tratar de a(cercar)me a los problemas que implican el crear una teoría generalista a la hora de abordar y comprender qué es el lenguaje y la comunicación.

Imaginar invitar a alguien a vuestra casa, y pasados unos días te levantas y ves que está limpiando y ordenando algo que no era una labor diaria, como pueda ser recoger la cocina. ¿Qué implica esto?, pensarías que te está llamando desordenado (por no decir guarro), en donde a la vez tal proceder conlleva cierto paternalismo, y que además, si se analiza más en profundidad, tal persona cree se más válida en su forma de ser y proceder en la vida, que con respecto a ti.

Lo que sale a relucir en primer lugar es que toda interacción humana implica información en tanto que hay un emisor y un receptor, y por otro lado dos visiones de una emisión y de una recepción, y por ello dos entes. Esto lleva a su vez el problema que al ser un animal social conlleva un doble mensaje, pues por un lado tiene que tratar de romper la barrera de la existencia de dos entes, pero a la vez cada individuo es una apuesta única dentro de su especie, que trata de validar que la que tiene que reproducirse y tener más éxito es la suya propia. En esa medida este doble mensaje es el elefante en una habitación (como ficción cortés), dentro de lo social humano, que todos nos negamos a ver, pero que sabemos que está ahí. Una primera conclusión es que las zonas subcorticales, que tienen más las reglas evolutivas —como lo son la supervivencia y la reproducción— son las que “hablan” o se manifiestan en ese tipo de acciones, mientras que lo cortical y sobre todo el prefrontal, son las que tratan de hacer que no se manifiesten, mientras a la vez tratan de no ver el elefante en la habitación.

La serie “stateless” (apátridas) muestra toda esta problemática. Se trata del problema actual de los emigrantes que huyen de sus países y son recogidos en centros para el análisis de sus casos. El elefante en la habitación se da en muchos aspectos. Primero en el más evidente: que la cultura occidental se crea superior al resto e “invalide” implícitamente el resto de culturas. El propio concepto de “país en vías de desarrollo” implica “aún te queda un camino para ser tan buenos como nosotros”. El segundo aspecto de la serie es que tales centros están pensados para tener respeto por todas las culturas, pero imaginar estar tratando de hacer cambios en los códigos cerebrales de forma constante, en donde en unos casos mirar directamente a los ojos es “incorrecto” y en otros casos lo esperable… ¡el cerebro no es tan rápido para conmutar de unos estados o reglas a otras!, se fatiga. Esto es porque lo implícito son las reglas que siguen las zonas subcorticales, las de la propia cultura, mientras que cada conmutación de estado lo trata de hacer el prefrontal, que es lento, secuencial y al gastar más energía se fatiga antes. En la serie sale otra regla, la de poder y obedecer. Si el poder pierde su control en algún momento, queda en entredicho, luego tiene en muchos casos que hacer un uso abusivo de su poder para mantener el orden. En ese caso las reglas de no ver el elefante en la habitación se caen y nos volvemos más elementales y dentro de los lenguajes evolutivos.

Lo que trato de mostrar es que cuando una ciencia aborda un tema, se aísla del resto de temas, con lo cual pierde la perspectiva de conjunto (problema de ver el árbol o el bosque). Lo que he mostrado arriba son problemas de la interacción humana, en el caso de que tu invitado se ponga limpiar sin tu consentimiento no hay palabras pero sí comunicación, o flujo de información. Bajo ese aspecto el habla es un acto entre otros y por ello se puede tratar como los actos del habla, que a la vez implican juegos del lenguaje. La imposibilidad de abarcar todo hace que la ciencia se divida en el análisis de los distintos problemas, pero perdiendo, en muchos casos, propiedades de la interacción de los distintos sistemas. Así tenemos que el psicoanálisis se centra en esos lenguajes velados de las palabras y las acciones llevadas por el inconsciente, cognición implícita o zonas subcorticales, que no es tratada en muchos casos en los estudios sobre las problemáticas del lenguaje.

En otro caso el lenguaje toma dos caminos, cómo ha de operar para que “funcione” dentro de la ciencia, y por ellos se estudia su estructura, y por otro lado se estudia el cómo opera en el día a día, que se estudia en la pragmática. Una ciencia y otra interactúan, y se miran de reojo para ver cuándo la otra mete la pata, pero son dos “regiones” distintas del saber, que en muchos casos tienen poco que ver.

En otro aspecto sale al paso el concepto de intención, de qué es un ente en la mente y demás problemática. El psicoanálisis ha hecho su propio mapa, con el superyó, el ello y el yo (con revisiones y actualizaciones de los conceptos en el lenguaje en años posteriores), mientras que la psicología lo aborda desde otros aspectos, y ambos son muy distintos de los análisis que pueda hacer la sociología. Así y a primeras, eso que tú crees que es la unidad de tus ser, será analizada bajo tres formas muy distintas y como tres tipos de entes, en muchos casos diametralmente contrarios, para estas tres ciencias. Pero tú sabes, o crees tener la percepción, de unidad. ¿Quién tiene razón? Para complicar más las cosas la filosofía guarda una docena o más de formas de analizar tu “unidad”, y cada religión del mundo tiene su propia teoría. ¡No da vértigo! No hay un Einstein que unifique ese todo en una teoría elegante y comprobable en una ecuación sencilla. Cualquier científico que aporte una nueva teoría o visión, sólo hará que sumarse al caos de las múltiples visiones de qué es el ser humano, de cómo es su lenguaje y cómo se comunica.

~ Una versión muy completa de la distintas teorías sobre la condición humana ~

Una visión más “realista” sería analizar la totalidad de manera holista, sin perder de vista el árbol, lo individual. En mis escritos trato de llevar a cabo tal cometido, pues siempre tengo presente la teoría de los sistemas, y entro en temas muy concretos del cerebro y la individualidad. ¿He conseguido crear un mapa más “realista” del terreno? No lo creo, porque como predice la teoría de las formas, no se puede ver a la vez la figura y la forma, el árbol y el bosque. Cuando hablo desde los sistemas complejos se deja de ver, por ejemplo, a eso que se puede llamar intención, y si me centro en esta me salgo de la visión general de los sistemas. A grandes rasgos la cognición implícita “ve” o siente la totalidad, y el prefrontal se fija en los detalles, y los dos tienen dos lenguajes distintos “incomunicables” o que operan a modo de interruptor, pues están o en una posición o en otra. (Estoy comiendo macarrones y el sabor de fondo es dulce, toda comida se puede llegar a captar como dulce, porque está “construida” con el carbono y los carbohidratos, y el cuerpo lo transforma en glucosa o azúcares, como base energética. ¿El picante y lo agrio lo añadió el humano a su alimentación para ir contra de esta regla tan sencilla del sistema al que pertenece?, querer salir de un sistema, es creerse estar por encima de él, es tratar de ser un dios, luego quien prefiera las comidas picantes quiere ser dios, ¡”cómete” esto Aristóteles!, jajaja, fuera de bromas, tiene sentido, pues todo acto es interacción de dos sistemas, es siempre un “traspaso” de información que siempre va a implicar un propósito implícito y que casi nunca es lo que se “ve” a primera vista.)

Bueno, después de esta visión general volvemos al tema de cómo codifica y descodifica el cerebro la información, se cae así que de nuevo perdemos de vista la visión de conjunto. Quizás un análisis más certero sea pensar que somos un ente subcortical, y que en su propio ser no existe ninguna dimensión, y por ello no tiene una necesidad de un lenguaje. Me refiero a que ese “ser” son las reglas más básicas del ADN. El resto es lo otro, lo que ofrece una “resistencia” a esas reglas, y que por la existencia del afuera “necesita” crearse un mapa del mundo, una representación mental de todas las cosas. Como además a ese núcleo se le añade una segunda capa, que es la de ser una animal social, ahí nace la capacidad para acordar mi mapa mental con el de otras personas. Aquí nace un doble lenguaje o mensaje. En muchas películas de supervivencia sobresalen dos tipos de apuestas: 1. buscaré sobrevivir yo solo, y 2. buscaré colaborar con los otros. La última entrega de Mad Max se nos muestra primero bajo el primer punto, yendo al segundo a lo largo de la película. El problema de esta doble dirección es que la segunda puede ser más óptima si yo caigo en un peligro del que por mí mismo no puedo salir, o si es el caso que otra de las personas sea más hábil o tenga un conocimiento que yo no tengo. La segunda apuesta es la que ha validado la evolución, puesto que los individualistas tienen una mayor probabilidad de morir y lo colaborativo parece ser lo más óptimo. Con todo la evolución no ha invalidado la postura individual, lo que quiere decir que también ha sido óptima en muchos casos. Como vemos en estás dos reglas el bien y el mal están fuera de lugar, pues la evolución sólo sabe de números.

Dando un salto evolutivo nos encontramos que entra en juego la territorialidad. Una vez que soy parte de un grupo he encontrado un buen lugar de caza, y he de defenderlo de otros grupos. De nuevo sale una unidad y una otredad. Aún hoy en día seguimos dentro de este dilema que la evolución ya no pudo resolver, pues cae en el ámbito de otro tipo de evolución y sistema: la evolución social. ¿No sale a colación que a poco que uno indague tiene que cambiar de a qué árbol mirar? De las teorías genéticas y evolutivas hemos caído en la sociología y la política. Cuando en teoría una ciencia que estudia un aspecto de lenguaje se tiene que aislar del resto del saber. La teoría de la relevancia lleva implícito que yo voy a dar más relevancia a lo español u occidental que a otras concepciones o cosmovisiones de la vida, pero no trata de ser política o sociológica. Trata los temas de manera abstracta para obviar los problemas de integrar teorías de otros ámbitos y ciencias, y al hacerlo deja de ser objetiva, pues ignora el lenguaje que se crea en las situaciones de los apátridas sitiados en campos de acogida (por no llamarlos de concentración), como así lo muestra la serie “stateless”. Es más, ni siquiera analiza el lenguaje en tanto que implica un ente y la otredad, y un ente en el conflicto de cómo operar equilibradamente en su doble tendencia de ser, cuando es la base del cerebro, en sus dos vertientes o maneras de accionar en el mundo. Traigo un párrafo de otro escrito sobre este tema aquí, para determinar las posibles posiciones que puede tomar un individuo dentro de los grupos:

Toda forma de reglamentar la vida va a crear dos posiciones opuestas: 1. los que opinan que hay que respetarla sin fisuras, 2. aquellos que las doblegan, se las saltan o no les dan fe. ¿En qué medida los primeros lo hacen porque coincide con su manera de entender la vida?, como que lo que fundamenta y establece tal regla es una verdad. En ese caso en los segundos tal regla no coincide con su manera de ver la vida. Ahora la situación cambia y tenemos cuatro tipos de humanos: 1. los “ortodoxos”, para los cuales una regla es verdad y por ello la respetan; 2. los que no creyendo en esa regla la respetan por tratar de obrar armónicamente en sociedad; 3. los que ni creen, ni respetan tal regla, pero tratan de parecer que son del primer o segundo grupo; 4. los que ni creen, ni respetan tal regla y muestran abiertamente tal postura. Todo humano es susceptible de portar uno de los cuatro lados, dependiendo de la regla de la que hablemos. Quizás hay un quinto y sexto tipo de humano, en donde 5. uno de ellos sigue toda regla de la mayoría por sistema y 6. el que se opone a toda regla por sistema, el primero de estos es tomado como dogmático, el segundo como un rebelde (personalidad desafiante).

Hay un aparente contradicción en unos de mis escritos de atrás cuando afirmo que somos muchos entes a la vez, pero defendiendo que somos principalmente nuestra cognición implícita, que se expresa en eso que llamamos carácter. La solución es “sencilla”: somos ese núcleo revestido de los distintos entes que se manifiestan. Fijarse lo cerca de revestir y máscara. Una conclusión a la que he llegado hace unos días es si nuestra personalidad, y por ello a lo que llamamos yo, es tan solo un mecanismo de defensa entre otros. Mostramos una o varias identidades a unos u otros en la medida que cada una de esas capas son formas de acorazar nuestro núcleo a cada grupo. Estar de acuerdo en un grupo, en muchos casos, es no querer poner en juego nuestras propias creencias o forma de sentir en tal proceder o situación frente a los otros, que o bien son más fuertes o son mayoría. Estoy hablando de la conformidad, que es la que muestra el actor Jai Courtney, en el personaje Cam Sandford, en la serie Stateless. No quiero perderme en detalles… Lo que trato de mostrar es que a eso que llamamos personalidad (persona en Jung) o yo, es un constructo que tiene la “función” de operar en la sociedad, y en tanto que este tiene el propósito remoto de proteger el núcleo de lo que somos, y que por lo tanto no deja de ser un mecanismo de defensa entre otros. Sin coraza se cae en el problema que muestra el personaje de la actriz Yvonne Strahovski en la serie: se es excesivamente frágil, uno se convierte en una hoja de papel de fumar quemada, el más mínimo “soplo” romperá su integridad. Merece hacer mención que Sofie Werner, la protagonista de la serie, en ningún momento de su vida ha sabido como “enfundarse” una máscara que le encajara en su sensible piel. Designada a no haber fortalecido nunca un apego, reprendida y puesta en duda incluso por su propia familia, nunca ha sabido responderse quién la miraba cuando estaba delante de un espejo, pues carece de la autoestima y coraje necesarios para tal odisea. Quien nace bajo el signo de este mal, nunca tendrá una identidad, y mientras que el resto de sus compañeros de reparto carecen de patria, ella es sin duda el caso más trágico, pues es extranjera incluso de sí misma.

No me he perdido, sé que busco una teoría del lenguaje.

La cuestión es que la gran mayoría de las personas creen o sienten que tal “capa” es lo que es su ser. Son a los que yo he denominado dentro del concepto de “identidad narrativa“, que siempre están precedidos de la fábula “yo me hecho a mí mismo”. Lo trasversal es pensar que uno llega a creer que es esa capa porque está dentro del grupo más fuerte o que es mayoría. O sea, ese tipo de identidad y mentalidad de comprender qué es un ser humano, lo defenderá y creerá que así es realmente un estadounidense, frente, pongamos por caso, un nigeriano, que hablará desde el núcleo, pues su vida opera desde el simple fin de sobrevivir, comer, cada día. Por ello es un “juego de lenguaje” que van a defender más unas personas que otras, cuando las aguas que fluyen bajo tal puente es el poder y la otredad (hoy se da una superioridad moral —poder— de los que trabajan con respecto a los parados y que reciben ayudas —ahora alteridad—, siendo incluso de la misma clase social ¡que venga Marx y vea esto!, se le revolverían las tripas). A lo que quiero llegar es que si yo creo estar hablando desde el núcleo, voy a utilizar un juego de lenguaje, que con respecto a otra persona que esté en otra situación externa (ajena) a la mía, en donde para el caso es como que traten de ponerse de acuerdo un ateo y un deísta: en realidad nunca existirá dicho diálogo, porque desde cada lado sólo hay output, emisión, pero no un “verdadero” input, o comportándose como un “verdadero” receptor. La base que trato de establecer es que el lenguaje siempre esta mediado por el poder y la otredad, y da igual que la razón y las convenciones de etiqueta traten de decir que es posible salirse de ese lenguaje: nunca se abandona, como mucho se ignora, como predice la teoría del elefante en la habitación, y que por ello es la base de la comunicación. Tal regla no es que no opere a lo largo del día, es que la obviamos, o no se dan situaciones límites en las que entre en juego.

Bajo este punto de vista tan pesimista caben dos posturas, la Nietzscheana sería que se mantuviese el conflicto hasta que una de las fuerzas ganara, pero la humana es tratar de vivir nuestras vidas acercándonos a aquellas personas que sean más iguales a nuestro núcleo, tratando de mantenernos apartados de aquellos que nos sean “lejanos”. Por lo demás, clarificar quién o no forma parte de tu núcleo no es tan evidente. ¿De una feminista depresiva no está más cerca de ella un machista depresivo que una feminista muy alegre y resuelta? Averiguar tales cosas es uno de los “encantos” de la vida.

Con esto llegamos al punto dos de una teoría de la comunicación (punto uno: todo es potencialmente otredad). Hemos de establecer quienes son de mi identidad y quienes no. A estas alturas no parece una teoría de la comunicación, pero nunca hemos salido de ella. El lenguaje que se da en la naturaleza implica el esconderse, como así es el camuflaje; el mostrarse, como así lo hacen los machos con sus cantos, cuernos, o plumaje; y el engaño, este último o bien para parecer más débil de lo que se es o para parecer más fuerte o peligroso. Todas estas estrategias las ponemos en juegos todos los días, según el caso y las situaciones. Nos mostramos en nuestro aparecer, para hacer desaparecer nuestro ente, nuestro núcleo. El maquillarse, el ir a la moda y/o despampanante, el no hablar mucho cuando entramos en un grupo nuevo, etc., son actos “comunicativos” que tratan de mostrar u ocultar, con engaños o no, nuestro núcleo.

No quiero extenderme más. Creo que queda claro mi mensaje. El presente escrito ha tratado de mostrar que para acercarse al tema de lenguaje hay que abordar muchas cosas previamente y dejarlas por sentado, cosa que no se suele hacer, como así sucede con la teoría de la relevancia. Crear teorías de reglas abstractas de lo humano es como tratar sobre la angelología cuando se estudia genética. La pragmática “estudia el lenguaje en su relación con los hablantes, así como los enunciados que estos profieren y las diversas circunstancias que concurren en la comunicación” (RAE), pero obviando temas como el poder y la otredad, cuando si se “desnuda” al lenguaje de tal capacidad en muchos casos deja de tener sentido. O sea, que el lenguaje que emerge en la serie “stateless” no puede ser entendido fuera del contexto de poder/otredad, que es lo constituyente de tal situación. Hay en pocos casos —o sólo entre iguales y siempre entra en juego si se está o no se está en tal situación— que la dualidad poder otredad quede al margen, excepto por la regla de dejar de ver el elefante en la habitación, o dentro del “amor” que se da entre la madre y su hijo de pocos años, pues son unidad, o la igualdad que ha de conllevar la amistad (y quien sea romántico, y esté enamorado, y así lo sienta: dentro del amor de pareja).

Devaneos (y Coronavirus)

(La imagen no viene al caso, me gusta por su belleza y su fuerte metáfora: Dios no ha muerto, sólo está “congelado” —y simbólicamente volteado a su izquierda— en la nueva mentalidad humana, pues es un arquetipo (concepto como primitiva) que “habita” en nuestro ADN y nuestros cerebros, y que por ello no puede morir con facilidad.)

No voy a corregir el texto, lo suelo revisar (o una segunda vez) el siguiente día, al levantarme, que estoy más “fresco” y con mejor talante…, luego perdón por los posibles fallos. Este escrito no ofrece novedades y sólo es un recopilatorio de ideas y enlaces a libros y a la Wikipedia.

Sobre el coronavirus al final….


1.
El poner como ejemplo la “representación” de la madre, en el escrito anterior, está dentro de la teoría de la relevancia. Su enlace, algo más de texto aquí y allá, se han añadido (escrito como Yoda he echo). Tal teoría proviene de Dan Sperber y Deirdre Wilson, y aquí dejo dos enlaces a sus libros principales (los dos en Inglés, uno escaneado, ir a la raíz Web del primer enlace para más libros sobre semántica y lenguaje).
Meaning and Relevance (2012)
Relevance_- Communica_and_Cognition (1996)


2.
El que ponga tanto término entre comillas, que lo hago en la dirección de hacer ver que no creo o dudo de tal término o concepto, al final podría estar dentro de lo que la filosofía analítica llama la distinción entre uso y mención, en este caso yo no las uso, y al ser sólo menciones lo hago ver con las comillas.


3.
Muchas de mis dudas de usar el concepto de verdad se pueden explicar por la “teoría deflacionista de la verdad“, que dice que: “en filosofía y lógica , una teoría deflacionaria de la verdad (también deflacionismo semántico o simplemente deflacionismo) está dentro de una familia de teorías que tienen en común la aserción de que las afirmaciones de verdad predicada de una declaración no atribuyen una propiedad llamada «verdad» a tal afirmación”. Se da por lo tanto una correspondencia con la verdad y es sobre todo un problema de la relación entre hecho y palabra, o signo y significante. Si una persona anda hacia adelante y dice “ando hacia adelante” sus palabras son redundantes, pues la acción ya lo implica. En ese caso se da una redundancia de la verdad (¡atención al palabro!, o desestacionalismo ‘des-estacionar’, o así lo interpreto yo). Como hace ver Frege, decir “huelo el aroma de las violetas” tiene el mismo contenido que la oración “es cierto que huelo el aroma de las violetas”, y por lo tanto la palabra/concepto verdad/cierto no aporta nada, luego es redundante, al igual que en el ejemplo de andar y decirlo.


4.
Parte del núcleo del lenguaje tiene que ver con la correspondencia entre lo que se dice (signos) y lo que se quiere decir (significante), entre lo literal y lo contextual, pero no hay un artículo en la Wikipedia sobre el literalismo (para ser más cercanos al del inglés literalism) o literalidad, la real academia sólo acepta este último. Sólo tiene uno que habla sobre el lenguaje literal y figurativo, pero además es muy escueto. Estoy pensando en hacerlo, pero implica leer mucho para poner referencias, luego se queda en el baúl de “cosas pendientes por sus dificultades”. Tendría dos direcciones: 1. su análisis lingüístico (semántico) y su análisis a través del cerebro, y la alta diferenciación del autista, completamente literal, y el psicótico, excesivamente buscador de sentidos muy remotos (soy consciente que al haberlo dicho alguien se me puede adelantar: no hay problema, no creo en la autoría, con que exista tal artículo —lo escriba yo u otro— me vale).


5.
Parte de los puntos expuestos hacen referencia al cómo el cerebro hace tres cosas (la maldita triádica sale una y otra vez): 1. codifica un lenguaje complejo y 2. hace uso de él al decodificarlo (expresarlo) y 3. hace uso de él para comunicarse, que implicaría 3.1 un acuerdo en el juego del lenguaje. La informática, al programar, cae en versiones reduccionistas del cerebro (memoria distribuida dispersa, memoria temporal jerárquica entre otras) pues ninguna teoría sobre el lenguaje es lo bastante completa como para dar fe en afirmar en qué consiste; la teoría de la relevancia ha cobrado mucha importancia en las últimas décadas, pero no parece ser completa. La teoría de la mente, en filosofía, es la pretensión para tratar de debatir sobre tales temas, pero hay tantos puntos de vista, casi, como filósofos. Un punto de vista que ha estado de moda ha sido la hipótesis del lenguaje del pensamiento, de Fodor, pero no termina de convencer y tiene muchos críticos.
He tenido la ingenua idea que quizás es un problema a la hora de abordar el cerebro. Yo he estado haciendo uso de la cognición implícita o zonas subcorticales, frente a explicitas y corticales. Tengo la intuición que la cognición implícita, plegada, más atada al lenguaje del cuerpo, los movimientos, los actos, maneja “paquetes de información mínima significativa”, o en mi lenguaje conceptos. El cerebro nace con una gran cantidad de ellos, y construye un lenguaje a partir de esos ladrillos base. Esta forma de trabajar la he llamado emocionalés, frente al mentalés de Fodor, porque la base de tal lenguaje es el peso de lo emocional (conjunción entre la amígdala y los instintos o primitivas), y por ello en última instancia reglas tan básicas como la supervivencia y la reproducción. El psicoanálisis se basa en el estudio de tal estructura, en donde la sublimación y otros mecanismos, sean de defensa o no, crean un lenguaje que “esconde”, “camufla”, revela o “exagera” ese lenguaje primero que es intencional. Un segundo problema añadido, y siguiendo la teoría de la relevancia, es que la imagen y lo dicho hacia afuera en una persona no tiene porqué saberlo este a nivel consciente. Lo que una persona “revela” de manera inconsciente, en sus actos y palabras, por otro lado, lo puede captar su oyente o la persona con la que interacciona en ese momento. Si la inhibición latente “funciona” como ha de ser en su media, tal persona no captará ese “revelado”, pero las personas con una baja inhibición latente sí lo harán. Hay por lo tanto un segundo nivel de la literalidad, que consiste en no captar los mensajes inconscientes que el emisor nos transmite. E igualmente vemos que se da una doble vía de la comprensión, pues a nivel de lo cortical se interpreta el aparecer, mientras que las zonas subcorticales “leen” y tiene la capacidad de “leer” aquello que pertenece y es consustancial a su propio lenguaje, que tiene a la vez su propio “código” de relevancias. Por esta dualidad yo he diferenciado entre entender, que es intelectivo y cortical, y comprender, que se hace a nivel subcortical y lee sobre todo las emociones y ese “mundo” inconsciente.
El test de Rorschach analiza por un lado la literalidad o creatividad (contextualismo) de un individuo, y además su tendencia a lo psicótico o a mostrar fobias y manías. “Habla” por lo tanto el inconsciente o la cognición implícita. Esto lo hago ver bajo el aspecto que el habla está escindida entre lo que expresa con la palabras, y por otro lado la “carga intencional” que proviene de las zonas subcorticales. Lo que quiero hacer entender es que para abordar el tema del lenguaje, primero hay que entender que el cerebro “reduce” todo a entes o “paquetes de información mínima significativa”. En tal módulo no existen las preposiciones y otros añadidos del lenguaje (como las formas verbales: “yo ir” se entiende, aunque esté mal dicho), que además no tienen los bebés y se suelen ignorar cuando se trata de hablar otro idioma del que se conoce poco. O dicho de otra forma: hay que tratar de “quitar toda la paja”, e ir a lo esencial para encontrar ese núcleo del modo de proceder del cerebro. Lo que yo digo y propongo está sostenido por la hipótesis de las dos vías o corrientes de la audición y la visión, donde toda información va por dos caminos: la corriente ventral y la dorsal. E igualmente hay una doble vía para leer, y para la visión de la acción y el procesado de la información. A grandes rasgos, y en su nivel básico, el cerebro suele tener una imagen y una palabra para cada cosa, y si es algo muy abstracto, de la que no tiene imagen, recurre a un concepto, ejemplo o generalidad, luego ha de tener dobles vías en casi todos los procesos. Además, como no todo se conoce se crea de nuevo un doble conocimiento: el conocido y el que nos han descrito, el primero podemos tener una imagen (vivencia, sensación), el segundo seguramente va a ser verbal (descriptivo). Por lo general se aprende mejor a través de la acción y lo visual, en la que trabaja la cognición implícita, y la enseñanza cae en el error de sólo “hablar” a la memoria semántica y una de las vías, que al ser la más nueva tiene una menor capacidad para crear memoria (hay una nueva propuesta hacia una educación holística, pero que se topará con el problema de ser llevada a la práctica y que sea rentable y práctica, dada la masificación de las aulas).
En todo esto se cuela que la cognición implícita trabaja con entes (objetos, conceptos, acciones, emociones) y es tendente a ser reduccionista. Los arquetipos, estereotipos y sesgos, son “necesarios” para que el cerebro trabaje “bien” y no todo arquetipo, estereotipo y sesgo son erróneos de base, no son o ciertos o falsos: se basan en probabilidades y en el procesamiento holístico —pues como ejemplo, la contextualización semántica es holística—; por lo demás tales aprendizajes son los que nos sirven para sobrevivir e ir saliendo al paso en la vida, pues es mejor haber entendido el 60% de un mensaje, que haberlo procesado a nivel de conciencia y razón, a modo literal, y no haber entendido nada, como así les ocurre a los autistas, en muchos casos.
Con todo yo no soy los suficientemente sistemático como para desarrollar este germen de idea…, me limito a “levantar la liebre”, si es que la hay, y que sea otro el que profundice en el tema. Leer toda la literatura existente, como los dos libros enlazados arriba, parte de los libros y paradigmas de la filosofía de la mente, me parece demasiado trabajoso, más si hay que ir tomando referencias. Leo mucho, pero tal tarea podría llevar varios años, y a mi cerebro le gusta más la variedad que tal tipo de concentración en un solo tema. Por este libro se puede empezar, pero es demasiado “ligero” en profundidad <- aquí se ve un ejemplo de contextualización y que la base del cerebro es la metáfora, como así nos lo hace ver Michael Reddy, quien “demostró que el locus de la metáfora (la metáfora como conducto) es el pensamiento, no el lenguaje, que la metáfora es una parte importante e indispensable de nuestra forma usual y convencional de conceptualizar el mundo, y que nuestro comportamiento cotidiano refleja nuestra comprensión metafórica de la experiencia”.


6.
Bajo mi punto de vista se están cometiendo demasiados errores con respecto al tema del coronavirus (en España). En toda pandemia lo que hace de freno es el número de infectados, en los que su sistema inmunológico ya sabe reconocer el virus, pues tales personas no se vuelven a infectar y por ello ya no podrán contagiar a otros. A menor personas infectadas mayor será la probabilidad que sea más virulento en una siguiente propagación masiva, que puede ser el siguiente otoño, donde el cuerpo está aclimatándose para el frío y tiene las defensas bajas, y por ello ser más peligroso a nivel individual.
Pero al final todo se reduce a apostar. Si no viene tal “nueva ola”, lo ganado ahora favorecerá en todos los sentidos: menos infectados, menor gasto sanitario…
Pero el problema más grave es el que está creando en España la (in)Seguridad Social con el sistema que ha adoptado para atender a los pacientes de los médicos de cabecera. Tenemos que llamar para que nos den una cita para que nos llame el médico, que a la vez a partir de esa llamada determinará si es necesario una visita o no. Esto está haciendo que cada vez se atrase más una posible visita, y digo posible, pues en mi caso he llamado dos veces, me han dado cita para después de seis u ocho días (antes del coronavirus sólo eran tres) y al final no me han llamado ninguna de las dos veces. Ya he desistido.
El caso es que arrastro un “problema” y no he podido ir durante la crisis del coronavirus, y al llegar a la “nueva normalidad” tampoco he podido hablar con un médico. Si se va por urgencias, pues hay veces que lo que me ocurre es más incapacitante y pierdo la tranquilidad, te recuerdan que no se puede hacer uso de las urgencias si no lo son y que puede ser causa de una infracción de la ley, bajo pena de multa.
El caso es que hace un mes doné sangre en un autobús habilitado para tal propósito, con lo pequeño que es ese espacio al restar toda la utilería de camas y demás, y no hubo ningún problema para “encerrar” a unas pocas personas para tal fin. ¿Se es para “recibir” tal proceder esta bien, pero si es “para dar” no?
Como yo me imagino que habrá más personas. Nos podemos llegar a poner más enfermos debido al improbable caso de infectarnos por un virus. ¿No es absurdo? No me gustan los médicos por todo este proceder de tratarte como “ganado”, mandándote de aquí para allá con meses de espera, si se trata de acceder a un especialista, luego por mi lado opto por “pasar”. Así me ocurrió que una anterior vez ya fue forzadamente por urgencias pues la vesícula biliar estaba necrótica. Desde que me ingresaron me pasé tres días (creo recordar) a dolor vivo y constante porque en España no recurren a drogas mayores excepto en casos extremos (contra esto no tengo nada, hay que ser un poco estoico en la vida: en Estados Unidos lo hacen mal, pues al final pueden llevar a la drogadicción a las personas, el “Dr. House” por poner un ejemplo de ficción reconocible).
Como sea. El caso y la paradoja es que lo que “mejor” que me podría pasar es infectarme del coronavirus, para que me ingresasen de urgencias y de paso me tratasen el “tema pendiente”… ¿no es de locos llegar a esta “lógica”? (espero que no me pase, no vayan a pensar que me he infectado a posta).


7.
Al final encontré este texto sobre Nietzsche, en el lugar menos insospechado, que es muy descriptivo, y me encaja con su personalidad, por las que creaba teorías a partir de sus “rabietas”, y que curiosamente coincide conmigo con cierta “tiña” hacia lo anglosajón: ❝Friedrich Nietzsche criticó el enfoque de los utilitaristas ingleses en alcanzar la mayor felicidad, afirmando que “el hombre no lucha por la felicidad, solo el inglés lo hace”. Nietzsche quiso decir que hacer de la felicidad el objetivo final y el objetivo de la propia existencia, en sus palabras “hace que uno sea despreciable”. En cambio, Nietzsche anhelaba una cultura que estableciera metas más altas y más difíciles que la “mera felicidad”. Introdujo la figura cuasi-distópica del “último hombre” como una especie de experimento mental contra los utilitaristas y buscadores de felicidad. Estos pequeños “últimos hombres” que buscan solo su propio placer y salud, evitando todo peligro, esfuerzo, dificultad, desafío y lucha, deben parecer despreciables para el lector de Nietzsche. En cambio, Nietzsche quiere que consideremos el valor de lo que es difícil, lo que solo se puede ganar a través de la lucha, la dificultad, el dolor, y así llegar a ver el valor afirmativo que el sufrimiento y la infelicidad realmente juegan en la creación de todo lo que tiene un gran valor en la vida, incluyendo todo logros más altos de la cultura humana, y no menos importante de toda la filosofía❞. Claro, típico del pensador alemán, después cae fácilmente en la contradicción al decir: “qué tengo que hacer para ser feliz?, sé feliz y luego haz lo que quieras”. Para postre ayer en una serie dijeron las frases: “la gente subestima el júbilo en el sufrimiento” y “debemos conocer nuestras sombras, de lo contrario cómo sabemos dónde arrojar luz”. En la serie “The Great”, que por cierto, y como ellos mismos apuntan, no tiene que ver con la realidad, A Catalina la grande la “usaron” como medio para dar un golpe de estado, ella no fue la promotora. Las feministas tratan de “sumarse puntos” como sea.

Vibrar Fuera de la Caja

(El título hace alusión al concepto de pensar fuera de la caja, contextualizado dentro del tema que trato.)

Sigo el discurso del escrito anterior, luego para entender el actual hay que haber leído el previo. Empiezo con un inciso sobre los osciladores del cuerpo. Para el que quiera entrar en tema, que salte hasta el primer divisor del texto.

Se puede pensar qué cómo el cerebro va a tener osciladores, un marcador de pulso, o si es más válida esta imagen, un diapasón. La naturaleza es sabia y encuentra muchos caminos, pero el “diapasón” más evidente es el corazón. Cuando estamos en situación de peligro el corazón se acelera a su máximo y marca un ritmo más acelerado de los procesos, llevando oxígeno y otros nutrientes a cada célula. El cerebro vive o trabaja, así, en su proceso más general, con el compás del flujo sanguíneo. Quizás como mejor se entiende este proceso es con los ordenadores. En estos la corriente eléctrica son datos, pero no fluyen aleatoriamente, como si para el caso abro un tarro de canicas y las dejo rodar por el suelo, sino que son controlados por unos osciladores de cristal. ¿Por qué?, en el caso del tarro de bolas las primeras saldrán con más fuerza y rapidez, puesto que no tiene ningún impedimento, y las siguientes se verán frenadas por las que le preceden, con las que chocarán y les frenarán su velocidad. Una que sea empujada por otra ganará velocidad, que a la vez puede empujar a otra que ya tenía cierta velocidad. Si la placa base funcionara con esta misma dinámica su labor no sería controlable y por ello sería caótica e impredecible (pido perdón por las inexactitudes concretas en las que pueda caer a nivel técnico, pero que no invalidan la idea general). El microprocesador hace una solicitud a que la memoria le devuelva cierto dato contenido en un bloque de la memoria, si fuera el caso que funcionase como el tarro de bolas, tal paquete de información entraría en el flujo (circulación) de la placa base, pero “chocaría” con otra información (contención de bus), que a nivel elemental no deja de ser simplemente corriente eléctrica, con lo cual se sumarían, perdiendo su capacidad de ser un paquete concreto, con cierto orden y cierto voltaje de pulsos. Otra imagen válida sería la de los semáforos y la circulación de los vehículos. Si una ciudad funcionase como lo hace un ordenador, todos los semáforos estarían controlados y sincronizados para que en ningún momento se produjesen atascos, y la información fluyese de manera uniforme. Imaginar que diez vehículos concretos son un paquete de datos, en ese caso se irían abriendo y cerrando los semáforos para dejarlos llegar a su destino, sin que ningún otro coche se sumase al convoy, pues un vehículo de más o de menos es un paquete de información distinta.

Para tal propósito la información de la placa base “viaja” por pulsos, que están controladas por osciladores. La base son 100 MHz. Hay varios componentes centrales, como el puente norte y sur. Al norte le llega la información de la tarjeta gráfica, que se la transmite a la CPU y a la inversa. En cada tramo hay una regulación de flujo de datos por osciladores, pero a la vez la propia CPU tiene su propia velocidad interna, pero teniendo en cuenta que cuando envía datos a otro componente, su flujo de velocidad se reduce al de la placa base. La velocidad de la CPU es un múltiplo de la velocidad de la placa base por la necesidad de la entrega y recepción de los pulsos que están marcados en la placa base.

La teoría de los sistemas complejos implica que varios sistemas que buscan llegar a un mismo fin o tienen un mismo propósito, se encuentra con las mismas dificultades, y dado que la vida es adaptativa y se optimiza a lo largo del tiempo, varios sistemas encuentran o concuerdan en unas mismas soluciones. El problema que se ha encontrado el humano a la hora de crear un ordenador está en la misma base con el que se encuentran las arañas Anelosimus eximius, un tipo de araña social. Una araña solitaria tiene una telaraña como modo de caza, cualquier movimiento en la red que no sea el suyo es susceptible de ser de una presa. ¿Pero qué ocurre si varias docenas de arañas comparten la misma red?, se encontrarían con el problema de no poder distinguir el movimiento de otra araña de la de una presa. Para “solucionarlo” se mueven de manera sincronizada, dejando pausas entre sus movimientos, o sea se mueven por pulsos o de manera rítmica, al modo de un diapasón o el corazón. Este comportamiento conlleva otro problema: si en una pausa se detecta a una presa han de subir su velocidad y restar sus pausas, para que no se escape, pero implica a que un menor tiempo de pausa conlleve un menor tiempo de detención del origen de la fuente. Sea como fuere han optimizado su colaboración para que hayan sobrevivido y evolucionado a lo largo del tiempo. En los ordenadores actuales, se crean algoritmos y modos de funcionamientos que operan bajo el mismo imperativo, pues suben su velocidad (flujo de la información en la placa y sus componentes) si hay mucha demanda, y la bajan si no es necesario, con lo que ahorran energía en estados de poca demanda.

Vuelvo al corazón y lo biológico. Un médico es capaz de saber cómo tiene regulado el ciclo circadiano una persona por medio de la temperatura, la velocidad del corazón o las propias ondas cerebrales. A cada hora del día los distintos ciclos del cuerpo tiene su propio ritmo o modo de operar. Cada hora del día es mejor o peor para ciertas cosas, como pueda ser la capacidad de concentración, o el trabajo muy físico. Tales ciclos los marca el día y la noche, y la salida y el ocaso del sol. La personas que rompen dichos ciclos son más susceptibles de tener problemas de salud, tanto a nivel del cuerpo como de la salud mental.


El tema pendiente, del escrito previo, es el tratar de determinar que procesos son lineales o no-lineales. En el escrito anterior se me olvidó dar por sentado qué es un sistema no-lineal, dando por entendido que al comprender qué es un sistema lineal se sobreentiende qué no lo es. La Wikipedia de manera somera nos dice que “en matemáticas y ciencias, un sistema no lineal es un sistema en el que el cambio de la salida no es proporcional al cambio de la entrada”. Siendo bastante exagerado en mi explicación, para el caso es como si se exprimiesen naranjas y saliese zumo de manzana, o como si fuera válido aquello que se decía a sí mismo Winston Smith, el protagonista del libro “1984” de George Orwell,  para mantenerse firme y en sus convicciones contra el sistema, al decirse que “dos más dos son cinco”. A grandes rasgos un estado emergente es no-lineal, puesto que se llega a una suma distinta a la esperada por sus componentes. Si se es una persona muy reduccionista y mecanicista, se podrá argumentar que no existe un 2+2=5 o los estados emergentes, sino que no se ha analizado de forma correcta el problema y que ese cinco obedece a una multiplicidad de complejidades del sistema que han hecho que la suma total dé tal resultado. Responder de una manera u otra implica que el humano pueda recrear la conciencia en una máquina o no, o que el problema de la conciencia no se haya analizado lo suficientemente bien o en profundidad como para saberla reducir a sus componentes básicos. O dicho de otra forma: la conciencia no es un estado emergente y no tiene nada de especial, y sólo ocurre que se nos están escapando distintas variables que la explicasen. Como sea. Este no es el tema a debatir y me he de centrar en la premisa que es la base del escrito.

No sé cómo vas a poder obviar el tema ya que los sistemas no-lineales implican cierta “magia” o salto de las reglas elementales que parecen “sujetar” a los sistemas lineales.

Ya, habrá que dar un “salto de fe” o una bajada en la credulidad para dejar estar el tema a un lado y argumentar a partir de ahí.

Lo que no es lineal en el cerebro, y por ello que se dé una resonancia no-lineal entre dos amantes, es el enamoramiento. O sea, si sólo uno de los dos se enamora, y para el caso produce o emite un ritmo concreto de oscilación alto en su cuerpo y cerebro, no se da una resonancia, puesto que la otra persona tiene otro ritmo y oscilación distinta y no se crean armónicos, sino su contrario. La persona no enamorada al “detectar” el enamoramiento de la otra la huirá, rechazará o se pondrá en guardia. Cuando las dos personas se enamoran a la vez, vibran a la misma frecuencia, que es cuando se va a crear una resonancia que va a no ser lineal, en la medida que cada amante se retroalimenta del enamoramiento del otro para subir sus propios ritmos u osciladores. Se llega a ese grado en donde el cuerpo no siente hambre (en algunas personas lo contrario), se tiene una mayor energía y apenas si se duerme unas pocas horas del día. El cuerpo y el cerebro dejan o salen de su linealidad, y es no-lineal, porque por “lógica” ni el cuerpo, ni el cerebro trabajarían de forma óptima al subir a esos estados no-lineales. Ese mismo estado sobreexcitado en otros casos, como pueda ser en un ataque de ansiedad, pánico o ira, lo analizaría el cuerpo como “erróneo” y crearía o activaría las contramedidas necesarias para salir de él. Tal estado no se da por separado en una sola persona, pues no se produce la resonancia. Si uno se enamora, pero no se es correspondido, su sistema cae una y otra vez al no encontrar en la otra persona el mismo estado o ritmo de sus osciladores. Creo que no hay que decir más y que queda claro mi argumento. La finalidad evolutiva de salir de tal estado es llegar al sexo y por ello la reproducción, y en ese proceder los sistemas vivos salen de su linealidad, pues han de poner como prioritario la reproducción, que con respecto la sanidad de los individuos que entren en tal estado no-lineal. Si en el proceso se pierde la propia vida, que es el segundo ladrillo básico, la supervivencia, se hace. El individuo es prescindible ante lo básico y necesario que es la reproducción y por ello los amantes desengañados y/o no correspondidos son capaces de suicidarse, y cometer todo tipo de “locuras” por no salir —o no dar “razón”— de su estado no-lineal.

Ya tenía las respuestas en el escrito anterior y en previos, pero dada mi baja calidad de la memoria a corto plazo, que además hace que olvide escritos, argumentos y conclusiones anteriores, están repercutiendo en “perderme” durante la elaboración de algunos escritos. Si unifico las conclusiones previas sobre los enamorados al concepto de “locura divina”, analizada escritos atrás, dan validez evolutiva del por qué la “locura” o la rebeldía. Lo que tienen el común el enamorado y el “loco” (rebelde, unirlos en un paquete mental durante el escrito) es su salida de la linealidad, que en el primer caso es con respecto a su propio cuerpo y supervivencia, mientras que en el “loco” lo es con respecto al cuerpo, como un todo, que es lo social.

De esas extrañas casualidades, tratando de buscar el nombre de David Attenborough, para buscar uno de sus documentales, y tratar de llegar al nombre de la araña dicho arriba, dentro de mis escritos, busqué por David para simplificar (por lo raro que es el apellido) y llegué a unos apuntes en los que se encontraba David Hume, que al final van a ser claves para el presente escrito. Entradas atrás hacía referencia que en filosofía y sociología se hace uso del concepto de sujeto, para referirse a una persona concreta, que a la vez implica al verbo sujetar. Hume, como materialista que era,  decía que no había nada fuera de paquetes de sensaciones en el cuerpo (fijarse a lo cercano de los paquetes de información que recorren la placa base y que igualmente es la base de flujo de la información en Internet), argumentando así que “…la imaginación, obligada por una larga costumbre de adquirir el mismo método de pensamiento, y correr a lo largo de las partes del espacio y el tiempo en la concepción de sus objetos”. O sea que uno mismo con el tiempo se formará una idea de sí mismo con respecto a cómo reacciona a partir de unas entradas sensoriales (input), produciendo una forma de acciones o comportamientos (output), que no es otra cosa que decir que uno mismo se auto-predice, puesto que es un sistema lineal, donde a X entrada corresponde X salida. Y que por ello el yo es solo un sistema de auto-predicción que además tiene la capacidad de verse como una totalidad o entidad. Linealidad=ausencia de estado emergente. En esa dirección según nos dice la Wikipedia «el sujeto experimenta a sí mismo como una unidad única negando deliberadamente la propia diversidad que ella misma se había producido. Por consiguiente, el sujeto hegeliano puede caracterizarse bien como “auto-restauración de identidad” o también como “reflexión en la alteridad dentro de sí mismo” En resumen, un sujeto en el sentido hegeliano se somete a sujeción (Hegel)»

Retomemos lo antedicho con respecto a la resonancia límbica y las convenciones sociales tratadas en el escrito previo. El “aparato” social, al igual que ocurre con las arañas anelosimus eximius, se han de sincronizar para que el cuerpo social opere óptimamente. Las horas de trabajo, descanso y restos de comportamientos sociales diarios se equilibran con respecto a unos propósitos y fines. Tal sincronización parten de los propios ciclos circadianos humanos y dado que son generales. Lo que pueda quedar fuera de dichos ciclos se regulan por medio de modas, convenciones, modales, reglas y leyes. En ese proceso se llega a la misma conclusión que la predicha por Hegel: “un sujeto se somete a sujeción”. Pero ¿todos sincronizados y de acuerdo? En un estudio llevado a cabo sobre las arañas sociales se llegó a la conclusión “alternan períodos simultáneos de inmovilidad (que involucran al 100% de los individuos atacantes) y actividad (que involucran al menos al 70% de las arañas)”. Para el estado de inmovilidad se requiere al 100% de los individuos, pero para la actividad se da cierto margen de no-unidad. En la sociedad humana se da otro tanto, no todo individuo tiene que estar de acuerdo con el sistema, y se tiene que atener a su sincronicidad y sus convenciones, pues lo que hará que su estado sea el óptimo o equilibrado es que ese monto sea la mayoría. O bajo otro aspecto, el sistema acepta cierto grado de individualidad (libertad) o disincronía, antes que dejar de operar de manera correcta.

Tanto el rebelde como el “loco” son desincronizaciones que por lo demás suelen auto-aceptarse bajo tal rango, en la media que no quieren o pueden sincronizarse a la media. Pero además, seguramente su existencia deba de obedecer a reglas implícitas dentro de los sistemas. Son el “as bajo la manga” de los sistemas evolutivos. Así por ejemplo, la tendencia al gigantismo de los dinosaurios, tenían como minoría a los mamíferos, que al final fueron los que tuvieron éxito cuando las condiciones ambientales fueron contra tal tendencia al gigantismo.

Una de mis teorías es que el humano se tenía que proteger sobre todo durante la noche, pues su vista no valía para tal oscuridad, mientras que las de sus depredadores sí lo eran. Una posible forma de protegerse era la de hacer guardia, que después se ha seguido como estrategia en las guerras, por ejemplo. Si un individuo tenía roto los ciclos circadianos seguramente era mejor guardia que otro que no los tuviese. Toda tribu en la que el guardia se durmiese se pudo extinguir por el ataque de un grupo de depredadores, luego al gen que portaba la desincronización de los ciclos circadianos se mantuvo en el juego evolutivo. Esta desincronización, y el forzamiento social que implica tratar de sincronizarse a la media, es parte de una buena cantidad de trastornos, que vistos así son una falta de “legitimidad” en una sociedad que ahora nos impone unos ciclos muy regulados y estrictos.

Del coronavirus correrán ríos de tinta en tratados y análisis en los años venideros. Uno de ellos es cómo la sociedad “acepta” o se sincroniza a una convención, regla o ley, aunque no todos estén de acuerdo. El resto de las conclusiones que se puedan seguir de lo dicho arriba, ya las he plasmado en escritos atrás, sobre todo en “los renglones torcidos de Dios y razón“, donde clasifico seis tendencias ante unas demandas de sincronización, y en donde dos de ellas bastan para hacer que la mayoría acepten o se sincronicen bajo un mismo comportamiento. La democracia no la ha inventado el humano, y no hacen falta reglas o teorías sobre el bien y el mal: la propia evolución se optimiza por generalidades y mayorías, como en el caso de la araña social, que son las que “funcionan” para que el sistema se mantenga. La libertad de acción, la libertad como concepto filosófico, quizás sea ese 30% —por seguir la cifra dicha arriba, pero que pueda ser otra cercana— que un sistema tiene previsto sobre sí, y en tanto que variable a tener en cuenta, pero que no hará que el sistema se desequilibre. El rebelde y el “loco” son necesarios para poner en jaque la idea general y que no se siga de forma ciega, y cuando en algunos casos no obedezcan a alguna “lógica” del sistema. Han de jugar de “voz del diablo” que cuestione o vuelva crítica una idea tomada sin más. Son los amortiguadores del sistema que ponen freno cuando este corre el peligro de volcar, al inclinarse en exceso hacia una postura cuestionable.

Que mecánico todo, ¡qué asco!, que vértigo… ¿No hay por ahí alguna no linealidad que salve el tema, al humano, de caer en lo puramente maquinal?

No lo sé. En el escrito anterior decía o ponía en duda si la conciencia es no-lineal, pero creo que es lo contrario. Por la razón las personas que no creen que se van a infectar por no llevar la máscara —a estas alturas de la pandemia, en verano—, la llevan o por no ir contra la mayoría, o por no ir contra la ley y que le multen o le apresen. El rebelde nace desde la locura, no desde la razón. Tanto una como la otra son el camino de la izquierda, que viene dada por una desincronización de ese cerebro a la sincronización mediada para mantenerse “cuerdo” y sano. Si acaso la razón es no-lineal en lo social, pues en el caso de la máscara contra el coronavirus es muy posible que la mayoría de las personas no la llevasen, sólo hay que ver lo cómodas y relajadas que se encuentran las personas sentadas en las terrazas de los bares y restaurantes, donde al abrir el círculo de la mesa, las personas pueden llegar a estar a menos de medio metro de otras. Más bien parece que vence una minoría, pero “obligando” a la mayoría a aceptar como “correcto” o “válido” lo que de forma natural no lo sería. ¿Cómo se explica sino el inaceptable desnivel económico al que hemos llegado y es la base social de las clases? La injusticia está asentada en el ADN, pero en lo social “asumimos” el desnivel de injusticia, porque así está estipulada que sea la vida social. Uno mismo a nivel de razón no acepta tal desnivel y estratificación social, pero al entrar en sociedad acepta esa “razón” porque es la que sustenta la propia sociedad. Tal irracionalidad es la que denuncian los anarquismos y los libertarios, pues el sistema ha asentado reglas en lo social que no obedecen a las reglas naturales. En esa medida lo racional-social es no-lineal, pues dado un input —el criterio de las personas al respecto— el output no es acorde a lo esperado. Lo demencial es que creemos leyes que legitimen esa desnaturalización o no-linealidad del sistema.

Otros casos de no-linealidad, o estar saliendo del rango que los sistemas complejos lineales ajustarían por sí solos, son el consumismo, el cambio climático y la superpoblación. Todos obedecen al humanismo (como fuera de lo natural), el etnocentrismo, y este al antropocentrismo, en donde se han vinculado los conceptos de optimismo y progreso, que son puramente racionales o no naturales. Nada puede crecer de forma infinita, excepto y parafraseando a Einstein, la estupidez humana…, su pretensión al creer que el pisar el acelerador sin llevar freno (base de la retroalimentación positiva), no tiene ninguna consecuencia.

—¿En qué se queda, entonces, el título de vibrar fuera de la caja?

Lo que me cuestiono, y lo he hecho a lo largo de los escritos, es porqué “dejamos” que venza lo irracional en lo social. No está el poder en su posición y siguiendo el principio del darwinismo social (ver película “la caza”, para sentir rabia por la persona que así lo cree y así lo dice casi al final de la película). Sino porque tal estructura crea la mentalidad y las leyes necesarias para que así sea, y en tanto que el resto no se une a una sola voz para hacerles ver que están equivocados. Vence porque en la medida que todos quieran ser ricos, bajo la misma premisa han de aceptar la existencia de los ricos (falla en la trama de la serie “recursos inhumanos”, que por lo demás tratan), vencen porque tenemos demasiado miedo a las leyes, y porque la mayoría de los humanos, por ser lo natural, rechazan la violencia que implicaría una revolución. Vence el poder porque crea una violencia estructural tan leve y sutil —pero persistente y dura— como para que no haya forma de replicarles y pedirles cuentas, o que los que disienten y así lo vean, no sean tomados por locos o rebeldes sin causa, y por ello ignorados. En ese caso hay que vibrar fuera de la caja, del sistema.


Otro apuntes que estaban con los puestos arriba (contienen un enlace al origen):

«Durkheim nunca usa el término carencia de normas; más bien, él describe como anomia al “desarreglo”, y a “una insaciable voluntad”. Durkheim utilizó el término de “la enfermedad del infinito” porque el deseo sin límite no puede ser cumplido; sólo se vuelve más intenso.»

«A lo largo de este período, Foucault continuó dando conferencias en el Collège de France sobre el sistema penal, la seguridad, el biopoder y la biopolítica. En su conferencia sobre La Hermenéutica del Sujeto Foucault alentó un proceso que denominó “trans-subjetivación”, “lo concibió como un viaje dentro de uno mismo … el producto de una transformación”. Foucault utilizó la palabra ethopoiein del griego ethos para describir la transformación. “Ethopoiein”, dice Foucault, “significa hacer ethos, producir ethos, cambiar, transformar el ethos, la forma de ser del individuo, su modo de existencia”.» (Ya no existe el lugar donde saqué tal texto… problema típico de Internet)

«Algunos argumentan que la creación y negociación de uno mismo no se puede aplicar a todos por igual, que es un fenómeno específico de Occidente. La narración personal, según algunos, pertenece “dentro de contextos situacionales definidos socialmente”. George Gusdorf sostiene que en la mayoría de las culturas, la unidad básica es la comunidad (no el yo), y no se puede decir que uno tenga un yo. Charlotte Linde explica que ella examina el yo “en una cultura particular” porque las diferentes culturas ven formulaciones de diferentes yos, porque las diferentes culturas tienen ejemplos separados que forman un yo culturalmente seguro.
Las narrativas personales surgen de las estructuras de poder y, por lo tanto, son ideológicas, produciendo, manteniendo y reproduciendo simultáneamente esa estructura de poder; ellos apoyan o resisten el significado dominante. Las estructuras de poder se han notado como una influencia inherente en las narrativas personales recopiladas e informadas por los etnógrafos. Se argumenta que las historias de vida guiadas por preguntas no son narrativas personales, sino que se ubican en algún lugar entre la biografía y la autobiografía porque el etnógrafo ayuda al narrador a moldear su historia, y dejan de funcionar solo para el hablante.
»

Accesorios en mi Mente (Espíritu)

(La foto de la cabecera da fe del caos que es la sociedad actual. No tiene desperdicio: una puerta neo-gótica llena de pintadas sin forma, dos boutiques a los lados que nos hablan del capitalismo ajeno a la realidad, dos mujeres a cual más pintoresca, y los cubos de la basura repletos de los desperdicios de la sociedad del consumismo afeando aún más la escena, un niño cortado en la foto, como (a)cortado será su futuro, y una madre —feminismo— a la que no se le termina de ver y sólo se le intuye, la ausencia de hombres.)


Si todo los años tengo un punto álgido en mi creatividad, que es a mediados de julio, y después viene a continuación una caída, este año ha “llegado” antes.

El escrito “la desmitificación del sujeto/objeto” es algo fallido. No me termina de gustar, no me expliqué bien, queda sin comprenderse mi mensaje. Con el mapa mental sobre la superveniencia (descargar última versión, para saber sobre su instalación ir aquí), creado con el programa Thebrain, a veces conectando conceptos y releyéndolos por encima, se me “enciende una bombilla”, como un amago de intuición que no termino de definir con palabras, y me pongo a escribir a partir de esas entradas conectadas, donde tal conexión no sólo se produce en el programa, sino en mi propio cerebro. Pero mientras lo iba escribiendo se apagaba dicha hipotética bombilla, que al final se terminó por fundir. Esto ocurre porque no tengo demasiada energía y el cerebro es el primero que la pierde. No sucedería así en caso de estar en peligro de muerte, pues este se iluminaría como un árbol de navidad, pero estamos programados para que el cerebro sea el primero que ceda su uso de la energía total del cuerpo, si sobre lo que se ocupa el cerebro no es vital, como las funciones ejecutivas (esta intuición puede explicar muy bien el estrés, puesto que las sociedades actuales “exigen” a nuestro cerebro una energía que el cuerpo no le quiere dar).

Una falla del escrito es que trato de definir un mapa, cuando ese mismo mapa humano no es válido para todos. Hay infinidad de tipos de terapias, y esto viene dado a que a grandes rasgos no es lo mismo “curar” a alguien dominado por el pensamiento mágico, con terapias más simbólicas, que a una persona racional, a la que le “funcionaría” mejor una terapia cognitiva. Así que ha primera vista, y a grandes rasgos, hay dos tipos de mapas humanos, con lo que hay que crear un escrito de cómo serían esos dos tipos de mapas, y no sólo uno como pretendía en el escrito al que me refiero.

Los renglones torcidos de Dios y razón” salió en ese mismo proceso de estar conectando entradas en el mapa mental, y es más redondo, más cerrado, mejor explicado y con unas conclusiones más satisfactorias.

Por otro lado, pienso, que “el hombre que hablaba a las nueces“, fue el punto más alto de la elíptica que hace el cerebro a lo largo del año, y a partir de ahí vino la caída. Ese día estaba bañado de mi dulce melancolía, (la alegría de los tristes para Víctor Hugo) y salió ese escrito, pero donde tampoco me quedó energía para acabarlo. No creo que lo termine, pues para escribir con ese “estilo” se requiere cierto estado emocional, que yo, por lo menos, no puedo volver a “reproducir”. Si intentase terminarlo seguramente lo “estropearía”, así que es perfecto en su inconclusión. Sale así que somos “muchos yos” en un mismo alma, y no hay un ente que los unifique. Es el cuerpo el que da tal unidad (y sólo para los demás: el cuerpo al que nos reduce el aparato social bajo sus leyes, como bien nos lo hizo ver Camus en “El extranjero“), pero es una apreciación ficticia, no somos individuos, no más divisibles, sino que somos multiposibilidades de desplegamientos infinitos “cerrados” en un sólo cuerpo, o “cáscara” (al ser en nuestro hacer no somos unidad, pues tal propiedad sólo la tiene Dios, y según mis postulados, los animales, en donde no hay duplicidad entre el referente y la referencia, mientras que en el hombre sí, (¿el autista es más cercano al animal que el hombre medio?, ¿en su literalidad alcanza mejor a conectarse con la cognición implícita, saltándose de la doblez social de referente/referencia?)). Al doble concepto de plegado y desplegado de David Bohm, hay que sumarle el concepto de Gilles Deleuze de lo crudo y lo cocido. Las zonas subcorticales, la cognición implícita o inconsciente (este último concepto me gusta menos, por eso lo uso poco) es lo crudo (lo referente). La razón da sentido (cocina) a esa totalidad sin forma (referencia: intento de reflejar la realidad a través del signo, de las palabras). Por lo demás les otorga un sentido y realidad que no tienen por qué ser reales o que coincidan con ese estado crudo del ser. No creo ni en la alta cocina de la sociedad, ni en la que presupone e impone la conciencia sobre ese ser informe, no somos humanos, o sólo aquellos que se atienen a los social como lo válido, siempre somos adhumanos.

Tengo que crear una segunda parte de “la desmitificación del sujeto/objeto”, que dé razón de ese doble mapa humano, y tengo ideas y escritos aquí a allá, pero me falta “pegamento” para cohesionar todo en una unidad. Se basará en algunas ideas que se pueden reducir a estas frases que he ido recopilando: “el sujeto humano es un sujeto no muy humano, caracterizado por su variabilidad mórfica, continuamente en peligro de convertirse en uno mismo, convertirse en otro” de Kelly Hurley; “hay momentos en la vida en los que te lo juegas todo a una carta, una palabra: sí, no; y te ves casado o divorciado o muerto. Es curioso si se piensa…, en la vida las cosas definitivas no tardan ni un segundo en producirse” en la serie “recursos inhumanos (algo así dijo Unabomber en su libro “esclavitud tecnológica”, que en los dos casos dicen lo que yo sostengo sobre la imprevisibilidad y el caos); “la tragedia —en la dramaturgia— no es la imitación de los seres humanos sino de las acciones” de Vladimir Propp; “con la univocidad, sin embargo, no son las diferencias las que son y deben ser: es el ser la diferencia, en el sentido de que se dice de la diferencia. Además, no somos nosotros los que somos unívocos en un Ser que no es; somos nosotros y nuestra individualidad los que permanecen equívocos en y para un Ser unívoco” de Gilles Deleuze (ese Ser unívoco para mí es el relato, el mito, lo arquetípico); y otra de Skinner que he perdido, pero que viene a decir que no hace falta un mundo de valores de lo que es el bien y el mal, sino sólo convencionalismos (si es cierto aquello que “a buen entendedor pocas palabras vale”, ya no hace falta que haga tal escrito 😉). El coronavirus así nos lo está haciendo ver (tratado someramente en “los renglones torcidos de Dios y razón“). Alguien ya se ha atrevido a llamar “la máscara de la vergüenza” —comparándola implícitamente a las marcas, como la letra escarlata o la que se le hacía en la cara a fuego a los desertores, o a quien transgrediese alguna norma social,— a la mascarilla que nos piden que llevemos por el tema del coronavirus, marcándonos a todos (por cierto: ahora con la mascarilla todos tenemos el 50% o más de ser posiblemente guapos para los otros).

Lo demás es sólo ruido e interferencia cognitiva, amén.

La Furia Humana

❝No soy un hombre violento. Nunca he querido matar a nadie; ataques de ira, de vez en cuando, como todo el mundo, pero hasta ese extremo… Cuando comprendí lo furioso que estaba me dio miedo, pero ya era tarde (…) Era un empleado mayor; en el mercado laboral son los últimos a los que ofrecen un trabajo y a los primeros que echan cuando hay despidos.❞


Como para confirmar lo dicho en el escrito “Controlar el relato IV“, ponen esta serie francesa, que empieza con el pequeño monólogo escrito arriba…

La Desmitificación del Sujeto/Objeto

Toda la producción física e intelectual es realmente bricolaje. ❞ Derrida
Ningún hombre pisa dos veces el mismo río.❞ Heráclito
Por el momento, uno está haciendo esto o aquello … todavía no es lo que realmente se quiere, y siempre existe la fantasía de que en algún momento en el futuro sucederá lo real … La única cosa temida por ese tipo de hombre debe estar sujeto a cualquier cosa.❞ Von Franz
Nadie puede juzgar con seguridad sobre su propia cordura.❞ Tolkien
La libertad se entiende como la relación ontológica de ‘negatividad’, lo incompleto del ser humano, su ‘falta’ constitutiva.❞ Kojève parafraseando a Heidegger
Usted no es yo, nadie en el mundo es yo…, ni siquiera yo soy yo.❞ en la serie Colombo
Una mañana le disparé a un elefante en pijama. No sé cómo se puso el pijama.❞ Groucho Marx


Uno de mis primeros términos, que creé para tratar de explicar la situación actual, fue el de multi-signo, el cual he ido abandonando. De fondo tal concepto trata sobre la legitimidad del Ser y su unidad. Para Nietzsche necesitamos nombrar las cosas, porque en tal proceso le damos legitimidad. Esta lucha entre el ser y el no-ser en la actualidad está protagonizada por los deconstructivistas, para los cuales el lenguaje es sólo una estructura formalizadora, donde en realidad no existe el sujeto/objeto. En su versión más antigua es la lucha entre Parménides y Heráclito, sobre si existía la realidad y el ser, o todo era devenir. ¿A qué llamamos conocimiento, saber o verdad, si aún no hemos sabido dar respuesta a tal dilema?

Este escrito no trata de dar una respuesta, tan sólo trata de mostrar un porqué ontológico y evolutivo a dicha cuestión.

Para posicionarse de forma correcta en un espacio tridimensional, como se da en la vida, como es por ejemplo en un valle, hace falta más de un referente, pero este por sí solo no basta. Si sólo tengo el referente de una montaña a la izquierda, el tratar de hacer que siempre esté a mi izquierda, dará como resultado que dé vueltas a la montaña. Sale a la luz que hace falta un segundo referente. Hoy sabemos que para triangular una posición hace falta por lo menos dos puntos de referencia o de triangulación (dos antenas en telefonía móvil para localizar a una persona).

Doy un salto argumentativo necesario para llegar a las conclusiones. Un recién nacido “funciona” con la tara de un solo referente. Su “montaña” es su cuidador, normalmente la madre. No se sabe “triangular” en la vida y dicha tara es la que construye o estructura su cerebro (lo opuesto de la teoría de la integridad del ego de Erikson). La juventud, de esta manera, es un periodo en el cual ha de cambiar esta “estructura inválida”, por una más “real”. Esto lleva a la pérdida de identidad, y a que la ira sea su manera más rápida y expeditiva para hacer ver al resto su “descolocación”. Es un “estoy confuso, perdido y eso me hace peligroso, ¡precaución!”. Hay que recordar que la juventud es la edad con más probabilidades de caer en la esquizofrenia.

¿Qué estructura es común a los dos párrafos? Se dan tres puntos: (1) uno mismo; y (2) los puntos de referencia, que posicionan el punto 1 hacia (3) un destino. Un reflejo es un objeto reflejado en un medio. De nuevo tres puntos. Lo referencial es el objeto, la referencia es el reflejo y el signo (un juego de signos) es el medio. Una bicicleta (referencial) es reflejada (referencia) en un medio (en un cristal de la ventana). Uno mismo es el referencial, el destino de un camino es la referencia, y un segundo hito en el camino, y el propio camino, son los signos. Pero, cuál es la referencia y el referencial en el Ser, en concreto en el humano. Entramos en el lenguaje del ser y su hacer. Para Heráclito el referencial es el hacer, y la referencia no existe más que como aquello que es triangulado, por el signo y lo referencial. En la oración “Pedro come bellotas”, no sabemos nada del ser, de Pedro, sólo tenemos el signo o nombre de Pedro y lo que hace. Fijarse que en lingüística Pedro es el sujeto de la oración. Por qué sujeto, si igualmente existe el verbo sujetar. ¿Una oración sujeta al ser, lo determina, cuando en realidad no hay tal ser? No sabemos qué es Pedro, pero tanto su nombre como la acción que lleva a cabo lo sujeta a qué es aquello que hace un solo ente concreto. Individualidad proviene de indivisible, pero ¿realmente es así?

Para Sartre la negatividad es parte constituyente del ser, pues durante toda acción se prefija sólo un destino posible que puede “mudarse” a ser otro. En otros lenguajes, ese proceso es su devenir o impermanencia. Si tenemos una cuenca seca, en donde en algunos lados tiene la potencialidad de ir en distintas direcciones, no sabemos cómo es el río hasta que se inunde tal cuenca con agua. En todo momento la conciencia es una cuenca vacía, sin dirección final, que sólo la acción finalizada “sentenciará” a un recorrido. Pero dada esas multiposibilidades de ser, entonces sólo nos es permitido hablar no de un ser, si no de su negación, de su no-ser.

Volviendo al adolescente, es como una cuenca a la que se le restase el agua, su referencial, con lo que se nos presenta como sin ser (o no-ser). Si he hecho uso del concepto de niño-madre y adolescente, es para hacer ver la original tragedia de la conciencia cuando esta nació. Su advenimiento tenía la tara del no-ser. Las zonas subcorticales del cerebro, lo que tienen en común todos los animales, es que no hay distancia entre el referente y la referencia. La realidad está “inundada de agua” desde el principio a través de los instintos. Los instintos “saben” de “una” realidad que es la que le sirve para sobrevivir. La realidad está inundada de ser, donde no hay distancia entre realidad y verdad. Cada ojo, cada sentido, de cada animal, está adaptado para “ver” el ser que ese animal necesita ver, las realidades que necesita “ver” para sobrevivir y procrear. Esta manera de ver el mundo, con tal densidad de ser, es a lo que se puede reducir qué es un mito o relato. Cuando el humano de repente “vio” la impermanencia, el devenir, eso le creó angustia existencial, un proceso por el cual pasa todo adolescente…, a tal edad revivimos la angustia existencial de la impermanencia, de la falta de ser, de que todo es devenir, de que no hay río. Tanto en el pasado humano, como en el proceso de madurar del adolescente, la conciencia hace un contrato interno, un apaño, un autoengaño, por el cual tiene que negar la negatividad o no-ser del mundo, a través de crearse una identidad, de contarse un relato de sí mismo. En tal proceso de “maduración” se crea la personalidad, el concepto del yo y la identidad narrativa. El cerebro tiene que aceptarse y verse como un río, pues tal capacidad es una meta en sí misma. Crearse una identidad, así, en la vida, en lo humano, es a lo que llamamos “madurar”.

Por el contrario el realista depresivo, el preconciente, nunca termina de firmar tal contrato consigo mismo. Su existencia, su ser, se queda en un eterno estado de suspensión, donde no es capaz de prefijarse con una identidad fija (concepto de puer aeternus de Jung, o con síndrome de Peter Pan, de forma más reducida y desde el construccionismo racional). Bajo otro punto de vista: casi todo preconciente ha pasado por un problema de apego. Por tal concepto se entiende la ligazón emocional de protección que hace el hijo con su madre, hay que recordarse que la madre es el referencial del cerebro de todo niño, su mito, su eje. Sin llegarlo a crear, tales tipos de personas no pueden tener la capacidad de sustituirlo por otro: él mismo; quedando de por vida en la impermanencia, en el no-ser. De esta conclusión se siguen el resto: pasan por lo que a los ojos de los demás son sus trastornos (de identidad, de personalidad, afectivos, del ánimo), cuando en realidad lo que tal proceso indica es la “verdadera” naturaleza de la conciencia, que es no-ser.

Un “defecto” de tales personas es que su cerebro aún busca al mito, a aquella que ha de hacer de madre, para en un siguiente proceso pasar por el proceso de divorcio y creación de un yo (reconozco lo sesgado de mi discurso sobre el sexo…, para las niñas el referente puede ser el padre, lo que de nuevo nos llevaría a un patrón en el ADN: identificarse a lo opuesto, quizás como primera y original búsqueda de lo autopoiético: el ser asexuado o con los dos sexos a la vez). Situación que puede que nunca ocurra. Las mujeres, a nivel subcortical, de instintos, están preparadas para “detectar” en qué situación se encuentra las otras personas, si son preconcientes “buscando” instintivamente a la madre, o si son personas que se han creado una identidad narrativa madura (hay que recordar que la píldora parece estar “bloqueando” parte de esos instintos). En ese caso, y si puede en ellas el instinto maternal, “adoptarán” mentalmente a esa persona, pero si lo que buscan es seguridad, rechazarán a ese tipo de personas y buscarán sólo las que tengan la identidad narrativa bien formada.

No estoy tratando de dar valores a estos procesos. Se puede pensar, así está asumido en sociedad, que lo “correcto” es madurar y “prefijarse” en una identidad, pero a nivel ontológico, de verdad transfenomenal, la impermanencia es la manera “correcta” de analizar la realidad. Un punto intermedio sería pensar que lo que hay que buscar es un ser que acepte su impermanencia y que no caiga en el defecto de buscar a su madre ausente, la madre que nunca tuvo. El niño al que llama Nietzsche, después de la fase de camello (niño/madre, o búsqueda de lo paterno, del cuidado) y león (identidad narrativa, madurez), es ese tipo de humano. No vuelve al estado infantil (camello) de mentalidad dependiente, sólo toma de ese proceso su impermanencia. Vuelvo a esto más abajo, pues hay ciertos aspectos de Nietzsche que parecen contradictorios.

Lo primero que salta a la vista es que por mucho que se empeñe el feminismo, sí hay una esencia femenina y masculina. Ese doble papel de aceptar al hijo y de rechazar al hombre/niño (camello) es propio de la mujer. Afectuosa y “cabrona” a la vez (sin darle valor a dicha palabra, sólo trato de hacerme entender), comprendiendo de la misma manera que mantener el papel de madre hacia todos tampoco es lo correcto. El macho no tiene ese doble cariz, no sé cómo es, si más noble o peor, que haga el análisis una mujer sin perjuicios, pues lo hará desde fuera. Lo que pudiera decir puede que pecase de poco objetivo. Con estos datos a tener en cuenta sugiero a mis lectores que relean el escrito “el hombre que hablaba con las nueces“. La cuestión de fondo es que la mujer está  tratando de analizar a Ñau con respecto a si es el niño Nietzscheano o el niño/camello. A la vez este personaje puede ser el segundo y quizás está queriendo camuflar el niño/camello, mientras que a la vez trata de detectar si Aíla es la madre protectora o la mujer madura. Este análisis es válido para todo encuentro entre un hombre y una mujer durante los coqueteos (tanteos). Hay que tener en cuenta que no hay resultados válidos frente a otros inválidos, puede que cada uno busque cierto equilibrio/desequilibrio del otro que “encaje” a su propia percepción y ser. O sea, que una mujer maternal busque al doble niño (camello/Nietzscheano) porque “necesita” proyectarse de esa manera en el mundo. Puede que mi siguiente escrito de ese relato, sea el tratar de perfilar si Ñau es un niño/camello o un niño Nietzscheano, o puede que mantenga tal cuestión en vilo.

Lo dicho hasta ahora hay que llevarlo a nivel epistemológico. Las palabras no “apuntan” a su referente de forma exacta. Cuánto hay de válido al formular una hipótesis que pueda crear una palabra o un concepto. Como siempre me refiero a las ideas generalistas y la condición humana, no a la de los números y los hechos. Una piedra es una piedra, sí, pero ¿la palabra amor encaja con la realidad que es por un lado la combinación química dentro de un cuerpo, y por otro lado la concepción que tiene de tal concepto una cultura dada? ¿El amor es la suma de todo sus conceptos posibles?, al parecer no, pues hoy se desecha aquello de “quien te ama te hará llorar”. De esta manera de nuevo nos encontramos con el no-ser, con la impermanencia y el devenir de las palabras. Ha que no hay río, que este sólo es su fluir en el tiempo.

Estoy en una época de escasez de energía y trato de ser breve, lo que no sé es si consigo claridad. Vuelvo al tema de Nietzsche y el relato. El niño Nietzscheano es aquel que ha aceptado los mitos como reales, que no los cuestiona, que tiene como base —en mi lenguaje— la forma que tiene el cerebro profundo de analizar la realidad. Tales patrones o arquetipos no hablan de la realidad a secas, sino humanizada, emocional e instintiva. Un perro, incluso en su edad más adulta, ama jugar: mantiene ese espíritu de niño eterno, y en donde, por lo demás, lo referente y la referencia no han creado un divorcio (el perro busca y ama a los niños nietzscheanos como sus iguales, a los cuales sabe reconocer; el frío acero de los terminator, seres puramente racionales, son su contrario). Si viniera hoy diría a “Eva” que dejase de usar la razón, pues en su obrar y sentir no es tal como ella se quiere perfilar. Diría quizás… “la mujer rechaza como mujer lo que ella misma ha creado como madre, sólo es otro crudo, absurdo y cruel resultado del devenir”. Siempre será madre/cabrona por igual y el hombre al aceptar ese relato asumirá que así es la vida y “representará” su propio papel en tal relato. Se me puede decir que si acepto los arquetipos, acepto que hay ciertas verdades y por lo tanto ser. No. Acepto que el relato cambia no por la razón, sino porque esa es la estructura de la propia vida, pues su base es la adaptación. Si el humano llega a provocar un cambio climático, una de las plantas que mejor sobrevivirán, serán los bambús, y el adaptado será el oso panda y el humano el inadaptado. El relato cambia dependiendo de quién lo cuente, la verdad del relato del oso panda, o la del hombre sobre la mujer o la inversa, no son mejores o más adaptados a la verdad, sino a una verdad que fluye, que cambia, que tiene como base la negación del ser.

Un análisis somero del momento actual es que al matar al mito, tanto de lo femenino como de lo masculino, la falta de identidad sea uno de los trastornos clave para entender a las personas. Recordemos que hacerse adulto es buscar un referente, el cerebro siempre ha recurrido a lo instintivo, que son patrones fijos, y en un segundo proceso se “agarra” a los arquetipos —que dichos patrones originales ha creado en la sociedad—, pero al renegar de uno y de otro… ¿qué queda?, a qué se sujeta el sujeto (cacofonía necesaria para hacer ver el doble significado de las palabras). Por otro lado la casi ausencia de la madre durante la infancia, o del papel del padre “tradicional”, dan como resultados problemas en el apego que se manifestarán siendo adulto, tal como he querido explicar en el escrito. ¿Resultado?, la aparatosa y complicada situación actual, donde ya nada está en su sitio y cada vez hay más hombres y mujeres camello, que además se verá multiplicado por el conflicto social, donde cada vez se necesita al león Nietzscheano y este parece haber desaparecido o estar en vías de extinción.

La imagen que mejor ilustra todo esto es la de alguien que no sabe nadar y se ahoga, y que busca una sola persona (referente) para mantenerse a flote, cuando el segundo a la vez tampoco sabe nadar, y sólo trata de evitar que nadie se le agarre al cuello. Un solo referente en el valle nos hace dar vueltas sin sentido (identidad personal, yo… narcisismo). Los mitos, los relatos, los arquetipos, son el segundo referente, la boya en el agua, que evitaba que todos nos ahogásemos.

Lo demás es sólo ruido e interferencia cognitiva, amén.

(Esto último y la frase de Groucho son sólo tonterías del niño que llevo dentro, no todo tiene que ser serio.)


(((Razón+posmodernidad=feminismo)=muerte del relato)=pérdida de identidad)=nihilismo o trastorno mental