Hacia una Comprensión Unificada del Ser Humano

Resumen en “La destrucción como origen del devenir” por Sabina Spielrein, (traducción Viviana Ruth Johanis, leer escrito completo.)


Todo contenido que aparece en la conciencia es un producto diferenciado, derivado de otros contenidos psicológicamente más antiguos. Este contenido es adaptado al presente y recibe un matiz específico inmediato que le otorga el carácter de la relación con el yo. Existe por lo tanto en nosotros una tendencia a la diferenciación. Cuando queremos hacer comprensible, es decir, accesible a otros este contenido específico que sólo lo es a nuestro alcance, hacemos una diferenciación hacia atrás: despojamos al contenido de lo específicamente personal y lo expresamos en la forma simbólica, universalmente válida para la especie. Con ello seguimos la segunda tendencia en nosotros, la tendencia de asimilación o disolución que está en oposición con la primera. La asimilación hace que de una unidad válida para el “yo” se forme la unidad que sirva al “nosotros”. La disolución y asimilación de una vivencia personal en la forma de una creación artística, de un sueño o de una simbología patológica, transforma a esto en una vivencia de la especie y hace del “yo” un “nosotros”. La aparición del placer o displacer está vinculada con el establecimiento o desaparición de la relación con el yo. Si la vivencia personal ya está transformada en una de la especie, entonces nos comportamos con respecto a ella como espectadores, quienes sólo participan de sus afectos cuando pueden ponerse en la situación de la representación. Tales espectadores son los enfermos de demencia precoz (esquizofrenia en su nomenclatura actual) y nosotros en nuestros sueños.

Al instinto de autoconservación en nosotros corresponde la tendencia a la diferenciación y la perduración de una partícula del yo cristalizada o de toda la personalidad del yo. El instinto de conservación de la especie es un instinto de procreación y también se exterioriza psíquicamente en la disolución y en la tendencia de asimilación (transformación del yo en un nosotros) con la sucesiva nueva diferenciación desde la “substancia originaria”. “Donde reina el amor muere el yo, el déspota tirano”. En el amor, la disolución del yo en el amado es a la vez la más fuerte autoafirmación, una nueva vida del yo en la persona del amado. Si falta el amor, entonces la idea de una transformación del individuo psíquico o corporal bajo la influencia de una fuerza extraña es, como en el acto sexual, una idea de destrucción o de muerte.

El instinto de autoconservación es un instinto simple, que sólo consta de un elemento positivo; el instinto de conservación de la especie, que tiene que matar lo viejo para que surja lo nuevo, consta de un componente positivo y de uno negativo. El instinto de conservación de la especie es ambivalente en su esencia, por eso la excitación del componente positivo provoca a la vez la excitación del componente negativo, y viceversa.

El instinto de autoconservación es un instinto “estático”, en la medida que defiende al individuo ya existente de influencias extrañas. El instinto de conservación de la especie es un instinto “dinámico” que pretende la transformación, la “resurrección” del individuo en una forma nueva. Ninguna transformación puede darse sin una destrucción del antiguo estado.”

  • Adaptación de las ideas arriba expuestas a mi gráfica y visión de la condición humana.
  • Para el psicoanálisis, y este es el aporte de Sabrina Spielrein, toda vida implica una muerte, ya sea esta simbólica o real.
  • Al nacer lo hacemos con la estructura de la especie a modo de primitivas, instintos y conceptos (círculo verde de arriba).
  • En la adolescencia y juventud “matamos” tal entidad para crear la individualidad (círculo verde de abajo, “diferenciación” en el lenguaje de la psicoanalista). Un proceso necesario para “saltar del nido”, rompiendo con los credos de los padres y por ello con lo propio de la especie. Este estado crea desunión -rotura, muerte- con la integridad que somos como ente de una especie.
  • El siguiente proceso hacia la madurez es forjar nuestra identidad buscando a nuestros “iguales”, aquellas personas con las que conectamos, pero que inevitablemente tiene como “carga” de nuevo la identidad de especie, que dentro de la teoría dual es una simbiosis entre lo evolutivo y lo social (forma roja que se cruza en los social, en el centro de los dos estados opuestos).
  • Cada persona y época se “diferencia” de otra con respecto en dónde se intersepciona la forma roja. Más arriba es más tradicional y más abajo más individualista. En la actualidad la intersección apunta a la identidad narrativa (más hacia abajo), que se centra en el yo creado o cristalizado.
  • En la madurez y al llegar a la mediana edad se llega a una posición más holista y abarcadora (forma azul), que trata de conciliar lo individual y la tradición -en realidad se termina por comprender- , al yo y la identidad de la especie, y que lo importante y el motor evolutivo/social es la especiación, cambio que se toma como si uno se volviera más de derechas.
  • A ese estado se llega normalmente al ser padres, en donde la disolución del yo emerge en la dualidad unificada de hombre/mujer, en la pareja vinculada a través de la unión de ambos en el ADN del hijo, que porta la identidad de la especie y el principio de la vida, que es en lo que consiste -y lo que simboliza- la reproducción.
  • Estos últimos argumentos explican la situación actual, pues las nuevas generaciones están hoy más desligadas del “saber” de los adultos que nunca, pues “creen” que al no estar estos conectados con las tecnologías en igual grado, no los pueden comprender y a la inversa. Se ha producido un divorcio generacional, en donde la juventud no quiere tomar el relevo de los adultos.
  • Otra cuestión a tener en cuenta es que en la antigüedad esas muertes y renacimientos simbólicos se llevaban a cabo por medio de los ritos de paso. Hoy tal concepto no existe y las muertes y renacimientos simbólicos son más difusos o invisibles, con lo que ciertas personas son proclives a quedarse atrapadas o estancadas en estadios previos. En las generaciones actuales, donde se está dando más importancia a las identidades de género o perdedor/ganador, e identidades ya no ancladas en lo fenotípico sino en las ideas (razón), no hay un paso definitivo de la forma verde inferior (individualista) a la forma roja que es la vinculación en lo social. Te quedan atrapados en lo liminal, en la frontera de los dos estados.
  • La curva estadística, con una gráfica de distribución normal, muestra que la tendencia generalizada es hacia lo social, si bien hay que tener en cuenta que en la actualidad está descentralizada hacia abajo, hacia la individualidad y la razón.
  • Una última cuestión que nos dice Sabina Spielrein, y yo he dicho en otros escritos, es que los trastornos mentales, donde su límite es la esquizofrenia, el individuo se “desliga” de lo social y ve esa estructura desde fuera. “Mata” tal identidad sin ser capaz de renacer en una nueva, quedándose atrapado en el desierto de esa zona fronteriza. El psicópata vivencia esa exterioridad en lo emocional (forma verde llevada al límite inferior – hipercontrolado), y los borderline con respecto a lo social (forma verde llevada al límite superior – subcontrolado), mientras que las personas con el espectro autista pierden el vínculo social, pero en ellos se manifiestan las reglas de la especie, si bien desde la razón en los casos de síndrome Savant (genios/idiotas, término en desuso por lo inconveniente de uno de ellos.)
  • Lo mismo que he dicho para el individuo es aplicable a las culturas, y las generaciones y épocas de la historia, se han de mover por los tres círculos de la gráfica: más individualistas, más integradas en los social, o más holistas, ya que una sociedad es las suma de sus individuos. Individuo y sociedad, así, se retroalimentan para “matar” y renacer a nuevos estados. Los individuos “matan” las culturas previas masificándose, y los culturas “matan” lo liminal para mantener su identidad
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Señalar y Suponer – La Desintegración de la Comunicación-

El concepto mismo de la verdad objetiva se está desvaneciendo del mundo”, George Orwell.
Por lo tanto, la significación es anterior a la suposición. Tampoco pertenecen a la misma cosa. Porque significar pertenece a un enunciado, pero suponer ya pertenece a un término, por así decirlo, ya elaborado a partir de un enunciado y un significado”, Pedro de España.
La suposición simple ocurre cuando un término supone una intención del alma, pero no se toma de manera significativa”, Ockham.
Describir el universo únicamente mediante palabras sería como describir una sinfonía de Beethoven como una variación en la presión de una onda auditiva”, Einstein.
Es fácil engañar a la gente cuando ya se está engañando a sí misma”, Spider-Man: Far from Home.
Ninguna idea es simple cuando necesitas plantarla en la mente de otra persona”, Inception.


Este escrito lo voy a conducir sin manos, a ver dónde me lleva.

Ayer al ampliar mi gráfica de la condición y el cerebro humano añadí el concepto “creer” en la parte de la razón, del mentalés, de las propiedades del prefrontal y más concretamente el hemisferio izquierdo. Lo añadí a Twitter y quise explicar que creer en esa zona es distinto a fe, mientras que en el lenguaje común creencia y fe son sinónimas. Para hacer ver la distinción, mi cerebro (en background) buscó un sinónimo y puse que es más bien parecido a suponer. A la vez había leído un artículo sobre señalar con el dedo en animales. Puse un pequeño añadido en el escrito anterior sobre el concepto señalar, pues era muy significante lo que había tras él. Amplié información de ambos conceptos. Esto es lo que desarrollado de mis lecturas (y/o se ha unido en mi cerebro por sí solo).

Detalle de la gráfica. La distribución normalizada agrupa a los humanos en lo emocional/social.

Significado proviene de signo y este de señal, pero que si recurrimos al proceso evolutivo proviene de señalar algo con un dedo. Llevándolo más lejos, la palabra “sentido”, sinónima de significado, igualmente ha de provenir de señalar. Cuando un cerebro (persona) señala algo, no hay duda qué quiere señalar y qué intención tiene al señalar el objeto. Por ejemplo, si un humano de la prehistoria viese una serpiente sobre una rama y un compañero estuviese cerca, haría un sonido gutural de peligro y señalaría a la serpiente. El significado -cargado con una intención significativa- en su cerebro profundo es unívoco, e igualmente lo sería para su compañero en cuanto girase su cabeza para mirar a qué señalaba su amigo. Detengámonos en el cerebro del receptor del mensaje. En un primer proceso, o en el cerebro profundo, se crearán las “órdenes” o disposiciones para girar la cabeza lo más adecuadamente posible en la dirección a lo que el dedo señala, pero los procesos en el cerebro son lo suficientemente rápidos para que lleguen al prefrontal y este trate de “buscar” su propio “significado”. O sea, el prefrontal crea suposiciones de lo que esté tratando de comunicar la otra persona.

Así vemos tres posiciones de tal acto. 1. la claridad prístina del locutor (emisor del mensaje) que es el cerebro profundo del que ve la serpiente cerca del rostro de su amigo. 2. la necesidad de comunicar ese hecho con un medio: sonido gutural y señalización con el dedo. 3. el receptor trata de decodificar el mensaje, que en un primer momento se divide en dos subprocesos: 3a. hay algún peligro en una dirección concreta -esto lo capta su cerebro profundo-, 3b. el prefrontal trata de avanzar el proceso conjeturando, suponiendo, 3b1. qué señala y 3b2. cuál es la dirección exacta de la señalización. En el lenguaje moderno el punto 1 es el referente en Peirce, significante en Lacan, significado en Saussure (perro como animal real), el punto 2 es el signo o significante en Saussure (la palabra perro). El humano en el punto 3 conoce los signos, pero en un primer momento no sabe el significado/significante “real”, si bien su cerebro profundo “sabe” por el uso de los signos que hay un peligro en cierta dirección. En ese sentido los dos cerebros profundos se han comprendido por la claridad unívoca del lenguaje de los signos, provenientes de la carga intencional y reductora de los signos. Lo unívoco es la emoción, que en definitiva son las que son universales, como el miedo. El sonido gutural anuncia un peligro, le “dice” al receptor: “ten miedo”; mientras que el dedo que señala no es emocional y sólo un signo ambiguo (pues en otro caso anunciará un fruto en un árbol). En cuanto el receptor ve la serpiente, su cerebro “comprende” a qué tiene que temer, y “entiende” en qué dirección señalaba. Lo que trato de hacer ver, de fondo, es que señalar, y por ello después cualquier signo, como lo es una palabra, no suelen ser unívocas, excepto -quizás- por el cerebro profundo del emisor, y en donde es necesario el aprendizaje. Así si escribo “apropiado”, sin un contexto, y al igual que ocurre con señalar, sólo es un signo ambiguo (homógrafo), pues puede querer decir o ser sinónimo de: 1. adecuado, o 2. objeto con el que uno se hace y que no era suyo. El cerebro profundo tiene que “leer”, así, el contexto, el signo o la señalización, ignorando o rechazando, lo no adecuado dentro de cada situación. En este proceso no siempre “funciona” como decodificador la cognición implícita, puesto que todos los cerebros son distintos y tienen su propio “lenguaje”, y en ese caso es necesario usar las capacidades analíticas del prefrontal, cuyo pre-requisito o esencia es la duda y la suposición. Fijarse que incluso si dijera: “lo que has dicho no es apropiado”, sigue siendo ambiguo, puesto que he querido decir: “lo que has dicho es muy original”, propio, no apropiado. Casi todo el proceso de decodificación lo hace la cognición implícita, y bajo mi punto de vista si el papel del prefrontal es necesario, es que se ha producido una “interferencia” (ruido), una situación donde el hilo de la información se pierde. Igualmente sostengo que toda xenofobia u sensación de otredad vienen dadas por una constante interferencia -falta de comprensión, haciendo llamada al entendimiento- que un otro nos produce a nivel del cerebro profundo. Esto se entiende mejor teniendo en cuenta que, bajo mi punto de vista, todo mensaje tiene una identidad interna, en tanto que información de una realidad, que se trata de “comunicar” -o crear una reacción- con la cognición implícita del receptor; en busca de analizar o crear una comunión a nivel profundo (conectar, se dice ahora, “bailar” al mismo ritmo la misma canción de vida), de que tanto receptor como emisor hablan un mismo “lenguaje” y por ello son de la misma identidad. Cultura, así y en esta metáfora y simplificación, es la “canción” que un país “baila” a un mismo ritmo sincronizado. Bajo estos supuestos casi toda comunicación trata de crear una conexión a modo de un “tu y yo” (o su plural) donde tal dualidad implica una identidad, y donde ya sea de forma implícita o explícita habrá un él o ellos, fuera de dicha realidad e identidad, a modo de referencia o negación de lo que no es un nosotros o como pertenecientes a dicha identidad. Teniendo en cuenta todo lo dicho, y puesto que somos seres sociales, se entenderá que toda comunicación se trate de hacer con un lenguaje lo más común y coloquial posible, para de esa forma crear sentido grupal o de pertenencia al grupo. Lo viral, tendencias, influencias, convenciones y los memes “funcionan” por dichas premisas. En definitiva, tratamos de nadar al compás del banco de peces al que pertenecemos o queremos pertenecer. (Que cada uno, a modo de ejercicio cognitivo, analice el feminismo -o cualquier otro movimiento o ideología- bajo estas premisas: el feminismo crea -a modo de incentivo perverso- un “ellos” que son los hombres. Toda creación de una identidad implica unos referentes u otredad, y toda identidad implica una definición…, que a la vez puede implicar una ideología que aplique un ajuste y “uso correcto” apropiado de dicho concepto de identidad. Si no es de manera explícita y programada, sí lo será de forma implícita, inconsciente y simbólica a nivel del cerebro profundo. Esto se entiende si se tiene en cuenta que no todo humano occidental se siente parte del etnocentrismo, pero tal concepto existe y es aplicable a todo occidental por parte de un no-occidental, en donde tal identidad se referencia por la partícula de negación de tal concepto.) Esto se nos dice en el artículo sobre el campo deíctico -posición en el mundo del locutor: el yo- en la Wikipedia:

El centro deíctico, a veces llamado “origo” o punto cero, representa la fuente de origen en relación con la cual las expresiones deícticas adquieren su significado dependiente del contexto. A menudo, el centro deíctico es el hablante: por lo tanto, cualquier señal de “yo” en el discurso del hablante debe referirse de nuevo al hablante como centro; asimismo, la palabra “usted” debe proyectarse hacia afuera desde este centro hacia el destinatario. Cualquier participante que no forme parte de este canal comunicativo será referido en tercera persona. La teoría de la deixis es, por lo tanto, egocéntrica en que el anclaje indexical de las expresiones deícticas es una función de este punto cero de subjetividad. El centro “YO” sirve como el punto de vista perceptivo que examina las relaciones entre entidades y eventos contextuales relevantes. Tal centro, por lo tanto, determina qué expresiones deícticas tienen licencia pragmática por un contexto que se ha delimitado naturalmente a través de este locus perceptivo y evaluativo. Por lo tanto, la idoneidad de un “esto” proximal sobre un “que” distal está determinada por la proximidad de un objeto o una ubicación en relación con el punto cero deíctico.”

Vemos por lo dicho arriba que el nacimiento del lenguaje tenía una triple carga, con un “peso” distinto de cada uno de sus componentes, pero a la vez vemos que nació bajo el signo de ser conciso y claro, en situaciones que requerían comunicar hechos que para todos eran comunes, a partir de emociones que todos sentían y compartían, como el miedo, la alegría, la ira, etc. No sé si primero fue el sonido gutural o si primero fue la expresión de miedo. Hay pocos rostros tan plásticos como lo es el del ser humano, tan dúctiles y multifacéticos a la hora de expresar. En un ciervo no parece haber signos de “ira” cuando lucha contra otro macho, presuponemos una emoción similar por sus acciones. Bajo esta apreciación es de suponer que primero fue lo gutural, y que la expresión vino más tarde, cuando perdiésemos el vello facial, como para tener una mayor claridad y posibilidades de gesticular. O sea, que es posible que el rostro de miedo fuera un signo más rápido de comunicar que el sonido gutural, y en donde tenía la ventaja de no delatar la posición a un depredador, y la evolución tendió en esa dirección más ventajosa y rápida. La tripe carga es: 1. la intención del cerebro profundo, que su peso se volvió liviano cuando tales signos se expresaban en el rostro (con el miedo, por ejemplo). 2. un signo ambiguo, como es señalar -puede ser complejo saber qué señala un dedo desde una perspectiva distinta del señalador-, 3. un significante: lo que el dedo señala, que sólo sabe qué señala el que hace uso de tal signo. Tememos así que el significante se divide en dos significados: 1. una posible carga emocional/intencional universal: miedo y 2. qué es en concreto lo que produce dicha emoción. Emerge así un doble problema en el lenguaje, en la comunicación: 1. que emisor y receptor tienen que tener el mismo lenguaje intencional/emocional, y 2a. que el receptor tiene que decodificar la intención del receptor, y 2b que tiene que decodificar los signos. Como todo humano es a la vez emisor y receptor en distintos tiempos, el punto 2 es igualmente un problema que se da en el propio cerebro del emisor, mientras que el punto 1 puede serlo o no serlo. Este último punto se entiende mejor en un ejemplo: un niño puede ver una culebra y poner el rostro de miedo, pero un adulto no comparte esta intención/emoción pues sabe que es inofensiva: no se manifiesta en su rostro el miedo, pues su cerebro profundo ya sabe distinguir entre una culebra y una serpiente.

Vemos que la cuestión se va complicando, que el aprendizaje repercute en el cerebro profundo. Hay que recordar que el primer modo de aprendizaje -y el más antiguo- es el motriz, la memoria implícita. Esto implica a la vez el proceso relatado en el párrafo anterior de no asustarse ante una culebra, que en definitiva es memoria motriz: no retroceder, no soltar cortisol, no mostrar rostro de miedo. También hay que traer a colación aquí cómo se construye un miedo. Es de abajo hacia arriba, desde las capas profundas del cerebro a la corteza cerebral, como así lo es la corteza prefrontal. En la prehistoria y durante la evolución y por ello en la actualidad construimos emociones de arriba hacia abajo. Una persona con aracnofobia el sólo nombre de araña, sin ninguna imagen, ya le crea la emoción de miedo (de arriba, hacia abajo). Para cualquier persona tal tipo de “construcción” -de fobia- es “errónea”, y si al parecer lo tenemos tan claro… ¿por qué la evolución nos llevó a este estado actual con tantos “errores”?, y abriendo nuevos frentes argumentativos y volviendo al tema de la herencia dual humana (social y evolutiva), tal proceso… ¿fue evolutivo o social?, y si es social: ¿proviene del estado primitivo o es una condición nueva -moderna-?

Uno de mis paradigmas es que no existe libertad, que sólo existe complejidad. El humano primitivo “construyó” las expresiones emocionales universales y no eran ambiguas o interpretables, pero tales emociones hoy en día sólo son unos ingredientes -especias- que se han añadido dentro de una comida con multitud de ingredientes. Cada humano prepara dicha comida bajo sus gustos y criterios, con sus propios trucos o secretos, que un otro tiene que tratar de adivinar o suponer bajo los conocimientos que tenga sobre los ingredientes que pueda haber usado. En mis escritos se pueden deducir ira, miedo, frustración, etc., pero quizás sea sólo que cada cual me esté midiendo bajo sus propias iras, miedos y frustraciones. La totalidad que soy -como cualquier otra individualidad- es irreductible. “He hecho” el “plato” que soy por la suma de ingredientes que me componen que ya no hay que “saborearlo” por sus partes, sino por su todo. El pisto, una comida de origen extremeño, son casi exclusivamente tres ingredientes: cebolla, tomate y pimientos -más aceite y sal-, pero la “reacción química” de lo que es el pisto se debe en qué momento se echa cada ingrediente a la sartén: cambia los tiempos y no se crearán las reacciones adecuadas para que sea “pisto pisto” (ideal, su esencia). Todo humano, y siguiendo la misma analogía, es unos componentes “cocinados” o echados en la sartén a distintos tiempos: 1. heredado genéticamente, 2. los años claves de la infancia, que crean improntas (primera experiencia buena o traumática sobre cualquier cosa), 3. la adolescencia y la juventud que terminan de romper el cordón umbilical -de la identidad- con los ancestros y 4. el largo proceso de “madurar” una identidad propia. Si en la infancia no se tienen traumas, los daños en la adultez no suelen crear traumas; si hubiera traumas previos, estos se agrandan o se pronuncian más. O sea, no es lo mismo curar una herida, que curar una herida donde ya hubiera tejido cicatricial. Igualmente no es lo mismo un trauma en un cerebro con un tipo de genética que otro distinto con ciertas predisposiciones como para que tal trauma se quede más prefijado. Un niño -tipología 1-que nace con cierta genética que le predispone a ser más sensible al daño, y que tiene traumas en la niñez y que en su madurez sigue en tipo de vida negativo, no puede ser analizado por una persona -tipología 2- con una buena genética, sin traumas y una vida muy resuelta. Las dos personas tienen un “sabor distinto”, raramente se podrán comunicar, comprender o entender. Por lo general las personas adineradas tienen las ventajas de la segunda posición, mientras que los menos pudientes tienen más predisposiciones para tener uno, varios o todos los factores del primer tipo. Bajo esta rúbrica la primera tipología es de un “perdedor” para los de las segunda tipología. ¿Es justo este análisis?, ¿es justo que exista esa distancia que se ha ido pronunciando a lo largo de la historia? Suena a darwinismo social, ya sé los dilemas y problemas de sostener tal idea reduccionista, pero si es “aplicable” tal visión, algo tiene que haber tras ello.

Vuelvo arriba, a tratar de seguir el rastro de la comunicación.

Pongamos el caso que un niño quiere algo que está viendo, y de repente la madre le cambia de lugar y le queda oculto. El niño en ese caso trata de señalar esa cosa que está detrás de otra. La madre mira lo que señala el niño y no comprende por qué señala una mochila puesta sobre la mesa, pues la intención/emoción del niño es que en realidad quiere un dulce, que ahora ha quedado oculto por la mochila. En ese caso el significado -a lo que señala el niño- ha quedado ofuscado, ocultado para el receptor. Se deduce así que un segundo proceso evolutivo fue el tratar de hallar lo oculto tras lo comunicado. La desambiguación del significado de los signos. Si volvemos al ejemplo de la madre y el niño, la cuidadora no sabe el significado del signo, y puesto que si señala a la mochila y se la ofrece al niño este se enfada o refunfuña, la madre se da cuenta que esa no es la intención del niño al señalar. A esto se llama leer la mente de los otros o teoría de la mente, el tratar de desambiguar la intención del otro a través de una situación, y unos medios que son del todo claros. Señalar, así y a la vez, se divide en indicativo, cuando indica algo claro, como una serpiente en un arbusto, y declarativo o enunciativo en tanto que implica no tratar de leer lo que indica el dedo, la mochila en el caso del niño, sino tratando de leer la mente de lo que el niño (“de lo que el…”, tan complejo de significantes y tan vacío de significado) quiere decir. En definitiva, de tratar de leer su intención/emoción. De paso vemos que al final las emociones básicas no cubrían todas las necesidades y complejidades que se pueden dar en un cerebro y en lo social, y estas se empezaron a volver más complejas. Bajo mi punto de vista la cara, y el propio cuerpo, sigue comunicando toda esa complejidad. Muchas conversaciones, sin ver un rostro haciendo sus propias “connotaciones” (atención que el prefijo nos hace ver que son notas al lado de notas), son más robóticas, frías y carentes de significados. Esta “distancia” y diferencia es algo que tienen que solucionar los creadores de una inteligencia artificial . Vuelvo a uno de mis referentes: los autistas ni saben reproducir tales gestos sutiles, ni saben “leerlos” en las personas (la película “El turista accidental” muestra una familia disfuncional que no se comunica con las emociones, es un buen referente de lo que quiero decir en este párrafo). El “encanto” de una persona, entre otras posibles causas, es el tener una gran cantidad de sutiles y finos micro-gestos que acompañen a sus charlas, y que sean únicos y no estereotipados (memes gestuales en lo social, como el renqueo de cabeza a modo de negación, pero llevado a cabo por el cuello y manteniendo inmóvil la propia cabeza, propio del hip-hop).

Si ya hemos entendido qué es indicativo y declarativo, ahora pongámosle el prefijo “proto-” a los dos términos/conceptos. Entiendo que se pueda decir protodeclarativo, pero no sé si tengo tan claro que se pueda decir proto-indicativo. Toda indicación simple implica al cerebro profundo sin ambigüedades. Quizás se pueda aplicar a los estudios del psicoanálisis, pues las fobias y las manías “indican” no lo que ellas mismas señalan: a sí mismas como comportamiento, sino a una proto-indicación que queda vedada a simple vista. Igualmente proto-indicativo puede usarse en casos del mundo moderno -léase distinto al primigenio, del nacimiento del lenguaje, que no tenía como fin el ocultamiento o el engaño-, donde señalar en otra dirección se usa con fines de desviar la atención de una persona o sociedad (a los políticos les “interesa” el feminismo, porque desvían la atención del público sobre los problemas irresolubles que tienen ellos entre las manos: son su distracción de “magos” para que el público mire en otro lado, mientras ellos esconden sus trucos). Por otro lado, protodeclarativo quiere decir el mensaje implícito, que se expresa por un medio que puede no revelar su “verdadero” sentido, y a la vez puede usarse como la verdadera intención, frente a la intención que parece creer la persona que es. La teoría del psicoanálisis , sobre todo en Lacan que se ve “contagiado” por la dualidad de significado y significante de Saussure, es protodeclarativa en la medida que, por ejemplo, un lapsus puede expresar la proto-intención de la persona (un grito de ayuda desde lo profundo), cuando la persona se revela al exterior de otra forma. Por eso se ha vuelto tan crucial en la actualidad, en las distintas ciencias del comportamiento, saber leer las posturas del cuerpo y los micro-gestos, pues son proto-declaraciones que se manifiestan al exterior sin el conocimiento de la razón o prefrontal. O sea, comunicación del cerebro profundo sin las censuras y los sesgos sociales y evolutivos. Dos reglas que se siguen de todo esto es que 1. el prefrontal no sabe de sus intenciones profundas y 2. lo que llamamos o creemos ser un yo, no lo es, pues sólo es la punta del iceberg (lo que se asoma a la superficie), como les gusta decir a los psicoanalistas.

Voy concluyendo. A veces no recuerdo las preguntas que he dejado en el aire en los escritos. En realidad mi cerebro tiene un saber profundo, que emerge de las entrañas, y tengo un prefrontal “torpe”, pues tengo problemas con la memoria de trabajo, que debe de estar muy por debajo del promediado siete. Sí puedo releer, pero de nuevo la tara de la memoria de trabajo se manifiesta, por eso enumero ideas aquí y allá, porque me remito a ellas con la vista. Recordemos que el prefrontal cuantifica, por ello la numeración. Las preguntas eran dos y eran referentes a si los trastornos mentales (fallas evolutivas en su manifestación), fueron evolutivas o sociales -dentro de la teoría de la herencia dual-; y de ser sociales: ¿provienen del estado primitivo o es una condición moderna? La primera pregunta se contesta sola: es indiscernible si es evolutivo o es social, pues un “mecanismo” actúa -por retroalimentaciones en las dos direcciones- sobre el otro, de tal manera que se vuelven unidad. Un trastorno, según la idea más sencilla de expresarla por los medios psicoanalíticos, son comunicación proto-indicativa de una proto-declaración que la sociedad debería de saber leer. Un mensaje o grito de ayuda que se manifiesta a través de un comportamiento extraño, “desviado”, y tratando de no ser directo para la mente del propio “enunciante”: es un “pido ayuda, pero ‘yo’ no tengo que saber que estoy pidiendo ayuda, ni sobre qué pido ayuda”. Es un mensaje de un ente social, en un medio social, valga la obviedad. Sin sociabilidad no hay trastornos, los animales “aquejados” de ciertas fobias y manías similares a las humanas son animales sociales; exceptuando cuando a un animal no social se le saca de su entorno natural y se le cierra en jaulas o sistemas no naturales, en cuyo caso sigue siendo “expresión” proyectada de una situación no deseada hacia un “otro”.

¿Es un proceso moderno o viene de la prehistoria?, es del prefrontal y el sistema límbico o emerge de lo profundo. No tiene una respuesta clara. El cerebro -la vida- no sabe de la realidad, la interpreta simbólicamente, la vuelve metáfora. Cuando un niño quiere llamar la atención sobre sí, hace uso de un “símbolo molesto”: el llanto, un sonido persistente, alto, quebrado, arrítmico…, en definitiva: de ruido. Ruido en teoría de la comunicación se da cuando la señal no es clara o tiene información que ya no es recuperable como tal. Tal concepto viene de lo físico como la capacidad o no de que dos componentes puedan interactuar entre sí. Todo componente altamente interactivo con otros han creado la vida. Luego a ese nivel la materia se “comunica” en sus reacciones químicas. Los aminoácidos se pueden formar de distintas formas de manera muy regular: crearon una especie de alfabeto que sería el que más tarde uso el ADN para guardar información, para tener un lenguaje, que formaban “palabras”, “oraciones” y “textos complejos”, como lo es hoy un ser humano. Si el niño llora -hace ruido- es una llamada de atención, un signo, que la madre tiene que tratar de leer. En este primer proceso ya se ha creado la metaforización de la comunicación. El niño hace uso de un símbolo sin saber de tal símbolo y su porqué. Para el proto-humano, aún sin conciencia, el mundo era un medio simbólico en la medida que “estaba hecho” para ser leído bajo los parámetros de su propio cerebro. Todo era símbolo, metáfora…, emergió el pensamiento mágico: todo tenía un significado para ese cerebro profundo. “Maravillarse” no quiere decir que algo te impacte visualmente (o por medio de cualquier otro sentido), sino que quiere decir que ese medio te está hablando al cerebro profundo, que en el fondo tiene un mismo lenguaje, pues -como hemos visto- la vida se basa en ese lenguaje de la materia, de la realidad. Con todo, no quiero decir que toda “traducción” o lectura lea la realidad tal cual es, o vea la “verdad”, quiero decir que se comunican en un aspecto muy profundo, y que lo importante es el sentimiento que surge de tal comunicación, que de alguna forma sigue siendo comparable y reducible a una reacción química. En este caso mental o emocional.

En otro ejemplo distinto al lloro del niño… ¿hay una erótica de los gestos? Qué nos enamora en muchos casos sino el cómo se manifiesta dicha persona a través de los micro-gestos y posturas que le hacen únicas. Alguien soso/a es alguien que nos parece aséptico en su modo de interactuar en sociedad. Cuanto más cantidad de gestos sea capaz de “gestionar” un cerebro, sin caer la “contradicción gestual”, en lo teatral, lo superficial o lo cómico, más atractivo nos parecerá. Arriba puse que uno es su totalidad, que no se le puede desgranar a sus componentes. La totalidad de los gestos es la manifestación de la totalidad de esa persona, de su “alma” o esencia. Única en cómo crea las distintas micro-variaciones de los gestos universales (a veces dado simplemente por la estructura craneal, todo hay que decirlo). Por otro lado lo que hace única a esa persona es el no tratar de caer en los gestos de moda. Tal proceder puede gustar en la juventud, en donde aún se busca la identidad propia y se busca la pertenencia a un grupo, pero no es algo que se mantenga si se quiere tender a la identidad propia y “genuina”.

Con el nacimiento de la conciencia esos procesos del lenguaje profundo  -y lo que conllevaban- se fueron al traste. Volvamos a los primeros párrafos. La comunicación, las señales honestas y las emociones básicas, te unían a cualquier otro ser humano, se sentía esa comunicación metafórica y simbólica sin fisuras de la que he hablado en el anterior párrafo. El problema no estaba en la emoción (que todos compartían), sino en la señalización con el dedo. Aquello que se señala depende de la perspectiva del que mira al que señala: es interpretable. Se llegó a la teoría de la mente, a leer la intención del otro para solventar esa rotura en la claridad del mensaje. A la vez todo dependía de la edad y el aprendizaje: un niño no ha aprendido la diferencia entre una culebra y una serpiente. En ese proceso las mentes se empezaron a distanciar, pues no todos los cerebros profundos hablaban la misma lengua, pues intervenían factores como la edad y el aprendizaje. Al leer la mente del otro se tenía que tener en cuenta esos factores: “es un niño, es asustable”, pero ya no se hacía a nivel del cerebro profundo, sino de lo aprendido: información que se guardaba en la corteza cerebral y temporal, izquierda sobre todo. En la medida de crear un lenguaje pactado para todos y que se leyesen las distintas posibilidades que podían entrar en juego, se fueron creando las capacidades de la memoria semántica, que son la base de la corteza prefrontal o conciencia. En ese estadio tal conciencia aún estaba supeditado al pensamiento mágico, que era el que aún tenía la capacidad de hacer de directriz en la comunicación, pero por cambios paulatinos y durante un largo proceso -de cientos de miles de años-, por la complejidad de dicha zona, esta se fue distanciando del cerebro profundo, creando al final un abismo insalvable, que es lo que notamos (sentimos) hoy: que las razón ha creado un divorcio con aquella otra realidad primigenia, simbólica y metaforizante. Que en definitiva ya no somos naturaleza: que somos razón. Habría que considerar si el cerebro, en el fondo y de alguna manera, no siente esta rotura como la sensación que se produce a una persona al que se le ha amputado alguna extremidad: la sensación del miembro fantasma. El cerebro anhela -tiene como referente o busca- su estado primigenio, aquel que le procuraba aquella sensación de “entereza” y unidad. Acallar la conciencia, o la rumia propia de este módulo.

Del párrafo anterior se deduce una cuestión a tener en cuenta con respecto a los sexos. En otro lado apuntaba la posibilidad de que la sociabilidad naciera, evolutivamente hablando, a partir de la maternidad: que los peces alevines se quedasen cerca de su madre para que los guiase y los protegiese. El cerebro femenino está más estructurado para leer otras mentes, a partir de que tiene que leer la mente de un bebé, un humano sin apenas comunicación externa, un cerebro enclaustrado en sí mismo. También dije que el macho humano tuvo que “echar mano” del emergente prefrontal, que es principalmente inhibitorio, para frenar su tendencia a la impulsividad, a su ira, a su deseo sexual ciego y su agresividad. Por otro lado su cerebro está menos preparado para leer la mente de los otros, en esa dirección usó el prefrontal para suplir algo en lo que era más torpe de manera natural: entender la realidad social que no comprendía. Repito, para toda feminista que se eche las manos a la cabeza por tales ideas, que la feminista Almudena Hernando también argumenta que el macho es sobre todo cálculo y reflexión, mientras que la mujer es más cohesión y emoción. Igualmente la antropóloga Anna Machin deduce que la evolución es “vaga” para repetir roles, que hombre y mujer, como padres, tenían que tener distintos comportamientos (roles) para distintos fines. La madre “porta” al hijo en su etapa más vulnerable, necesitada y que se expresa bajo las emociones básicas; el padre toma el “testigo” en la siguiente etapa, que vinculará al hijo a la sociedad mediada por la razón.

Por otro lado las filósofas Christine Daigle y Christinia Landry (descargar escrito traducido; que al leerlas me ha resultado paradójico que acepten “tan a las buenas” arquetipos tan cuestionables como “agujero” -contenedor- y “tapa agujeros” para mujer y hombre) contrastan el sentido no inmanente de Sartre, frente al de Beauvoir -feminista y compañera del primero- que sí lo es . Si se sigue la lógica de mis escritos no es que uno u otro estén “equivocados”. Sus “verdades” -las premisas con lo que sus razones “trabajan”- surgen del cerebro profundo y dado que hay diferencias esenciales entre los sexos, Sartre halla o “siente” un tipo de “verdad”, mientras que Beauvoir piensa y “siente” otra. Lo que vienen a decir las filósofas es que los planteamientos de Beauvoir emanan desde la idea de que todo humano es unidad con su cuerpo -y este en la medida que se manifiesta como emoción o ente sintiente-, y en tanto que este siente al otro con esa misma propiedad indivisible, mientras que Sartre -como yo y posiblemente como todo hombre-, no sentimos esa densidad de ser en nuestras “carnes”, sino desde una fisura en donde la conciencia está desligada de la carne. ¿Este divorcio, no será entonces, por la cuestión que yo planteo de que el hombre está más unido a lo instintivo, que es sobre todo ira y sexo en él, y tuvo que “forzar” a que su prefrontal se desligase de tal entidad, corporiedad, y en ese proceso perdiese su estado inmanente con el cuerpo? Esto nos dicen las filósofas de su análisis de, existencialista francés: “La lectura del cuerpo de Sartre problematiza su noción de sexualidad. Al mismo tiempo que quiere explicar cómo, en el deseo sexual, la trascendencia anhela a los inmanentes, paradójicamente insiste en los aspectos negativos y amenazantes de este deseo. Parece como si Sartre lo quisiera en ambos sentidos: una conciencia encarnada que implica una mezcla de inmanencia y trascendencia, y una conciencia que busca evadir a su ser carnoso, es decir, una transcendencia radicalmente separados de la inmanencia. En ‘Ser y Nada’, Sartre discute cómo el cuerpo es una cosa carnosa que la conciencia puede usar de una manera instrumental. Además, explica que uno puede incluso ignorar el ser encarnado”. Por otro lado, ven negativa la visión en la que para Sartre todo encuentro con un otro se basa en el conflicto, haciéndonos ver que para él: “no somos absolutamente libres porque siempre estamos arraigados en nuestras relaciones con el mundo y con otros agentes libres”, pero de nuevo… ¿no ha de ser esta la visión de un ente -el macho- evolucionado para la lucha y el conflicto?, el cuál emerge a la existencia con la cautela de dudar de las intenciones de cualquiera que tenga frente a sí. El estado inmanente de la mujer, en definitiva, es estable y ‘positivo’ en la medida que es el necesario para vincularlo a un “otro” muy especial: su hijo; esta estructura se “convierte” es su modo de proyectarse al mundo y “sentirlo/razonarlo”. Ese proceso se lleva a cabo durante su embarazo, en la poda neuronal -ya analizado en otros escritos-, proceso por el que no pasa el padre.

Hagamos el ejercicio de desarrollar y entrecruzar las ideas que van surgiendo. Por un lado hablo de los problemas del lenguaje y que su estructura inicial nació de lo que ahora para nosotros es el cerebro profundo, por otro lado he hablado de la otredad. ¿Por qué la forma de conjugar los verbos es a través de las tres personas?, yo, tu, él y sus plurales. La realidad y cómo es el humano determina el lenguaje; los tres pronombres se deben por un lado por el campo deíctico: quien está cerca (tú, nosotros) del emisor u origen (origo) y quién está lejos (él, ellos). Pero a la vez ese cerca y lejos pasa a ser metáfora significativa en tanto que el que esté cerca sea a nivel familiar, de ideas, de forma de ser, de la misma tribu, raza, religión, etc. Si se piensa bien un animal eusocial no tendría la conjugación de la tercera persona, y ni siquiera el de la primera. Para este tipo de ente todo es nosotros. Hago un desvío. En mis escritos hablo del problema de las personas egotistas, y que balancearon el mundo y sus valores a partir de sus puntos de vista, hacia un mundo jerarquizado, pero no hablo de las personas parásitas u holgazanas que se puedan aprovechar de que el resto de humanos “tiren del carro” en el que ellos están subidos (1). Si uno es curioso sobre la naturaleza, y yo lo soy, se analiza que las hormigas a veces se separan del grupo y se encuentran con comida. En muchos casos esta es de tal proporción y peso que es una hazaña increíble que tal hormiga no se cuestione si no sería mejor dejarla, e ir por otro alimento que sea menos voluminoso y pesado. Eso es lo que haría un humano medio, eso o ir a buscar a otros humanos que le ayudasen. En esa dirección la tan “alabada” generosidad humana es muy discutible. Si con tan sólo fuésemos más semejantes a las hormigas las cosas nos irían mejor. Ante todo esto, el problema de los inicios humanos tenía esa doble vertiente: que unos fueran muy egoístas y que otros hicieran el menor esfuerzo posible a la hora de “arrimar el hombro” en alguna labor comunal (escaquearse, se dice coloquialmente en España). Había que estar detectando los dos casos y llamarles la atención. Vuelvo al tema del párrafo. Las pensadoras Christine Daigle y Christinia Landry se equivocan en ciertas cuestiones en su escrito vinculado arriba, y como siempre es porque ignoran lo que dice la ciencia. Es muy posible que sea cierto que al hombre le cueste más crear un nosotros, pues es más individualista, pero la distinción entre el nosotros y el ellos, y por ello la otredad, es femenino. Las teorías de la actitud inclusiva y del cultivo del parentesco nos dicen que todo animal tiende a favorecer a los de su sangre: a su ascendencia/descendencia y aquellos que son cercanos en la tribu, la ideología, etc. En el humano es igual, los padres lucharan por que sus hijos puedan tener ciertos privilegios a tenor de que quizás perjudiquen a otros niños. Esta es la actitud de todas las hembras del reino animal, actitud a la que se adaptó el hombre cuando en la evolución “asumió” un papel más paternal. De hecho el humanismo surgido a partir de la Ilustración, que se supone una “creación” del patriarcado, es más razón -propio de las capacidades del prefrontal- que emoción, más una actitud lógica que una sentida, pues ha de luchar contra la inclusividad que viene dictada por los instintos y las emociones. (Léase este párrafo bajo la idea de que “ni lo malo es tan malo, ni lo bueno tan bueno”. La vida está llena de ambigüedades, de grises).

  No quiero detenerme de si un estado intermedio fue el de la mente bicameral, y cómo se llegó a ese divorcio. La conciencia es posicional, tiene como objeto aquello que contiene. Es una copa que contiene líquidos, pero que no es los líquidos. La copa sin líquidos no se entiende, lo es por su funcionalidad: contener -mi última conclusión es que la conciencia es pantalla: si está sin mostrar nada, apagada, es “negra”, vacía-. En el estadio anterior el cerebro profundo era la realidad y no eran separables. Una palabra (signo) no era distinto de lo que designaba: eran unidad. La conciencia sabe que perro es un signo (palabra) que designa a un animal: rompe con la unidad. Si se entiende lo dicho, los trastornos siguen siendo metaforizantes, porque siguen la estela de aquel lenguaje en donde no existía el divorcio: que era simbólico y metaforizante, y donde signo y significante no eran dos entidades distintas. De esta manera, para alguien fóbico, nombrar a la araña es estar en presencia de una araña, pues signo y significante no tienen ninguna distancia. En definitiva, es el pensamiento mágico -toda emoción es una expresión mágica del mundo, diría Sartre-, aun hablando con su propio lenguaje, e ignorando la existencia -y la naturaleza- de la conciencia y el prefrontal. Un paso para toda “curación” mental es “provocar” que dicha persona cree ese “divorcio necesario” entre signo y significante, que en el caso de un esquizofrénico consiste en hacerle ver que esa voz que oye en su interior, no es de alguien “real” -pensamiento mágico-, sino sólo un proceso en su cerebro llevado a cabo por procesos químicos, en partes cerebrales que están “funcionando mal”.

Por otro lado, todo trastorno es social y moderno, solo que está “escrito” con el lenguaje primitivo propio del pensamiento mágico. Lo que quiero decir es que en cada época humana han entrado en juego nuevos lenguajes de uso, que han creado nuevos trastornos. Ahí está como ejemplo la anorexia. En los cazadores-recolectores -o el humano primitivo- tal cosa no se podía dar, puesto que su alimentación era escasa e hipocalórica por igual en todos. La anorexia se llevó a su límite por una retroalimentación entre las modelos y las personas que “ingerían” tal imagen como la más deseable. En el fondo llama a los cánones de belleza, donde tal entidad es un constructo evolutivo de aquello que era deseable para el otro sexo y con la finalidad de reproducir. Todo trastorno ha de ser un libro que ha de ser leído desde el final hacia su principio. Buscando sus orígenes y su lenguaje profundo. Cosa que no parece hacer el feminismo, que parece creer que todo es construcción “moderna” bajo los estereotipos “implantados” e impuestos por el patriarcado.

Conclusiones finales -llevadas a mi terreno-.

No hay progreso, hay tendencia a la complejidad, en donde como subproceso no deseado (incentivo perverso), el humano conoce mejor la realidad a costa de haber perdido contacto con aquel sentimiento primigenio de unión con lo natural. Vamos a los conciertos, o a ver a un cómico, para sentirnos unidos a través de las emociones primarias y básicas, pues el resto del constructo social y cerebral tan sólo nos divide y nos individualiza. Internet, y los medios de comunicación masivos, tienen la paradoja que no nos unen, sino que nos individualizan aún más. Un medio camino es unirse a grupos con tipologías e ideologías similares, pero donde tales tipos de uniones crean “guerras” virtuales entre las distintas partes. Une más un concierto que Internet, pero la repercusión de Internet ha provocado que los humoristas sean susceptibles de ser parte de un colectivo, en donde llegado a ese caso es que es susceptible de ser “enemigo” de su contraparte. Hoy hay humor feminista y contra-feminista, intelectual y contra-intelectual, friki y contrafriki, etc. En definitiva, un camino más para las “guerras” que no existían hace treinta años (o estaban encubiertas: recordar la premisa de la película “origen” de crear una idea o implantar una duda), en los “dorados” años ochenta, en donde sólo se manifestaban escarceos de guerras en las modas…, en los superficial, no en lo profundo.

El cerebro profundo guarda dos semillas en su vientre: que todos tenemos el mismo lenguaje, pero que todos tenemos pequeñas diferencias que nos individualizan. Toda época pasada humana ha estado enfocada en minimizar las diferencias a favor de lo que nos unía. La época actual se está centrando en lo que nos individualiza. Hoy la voz de los intelectuales, otrora punto de reunión, ya no cuentan porque cada persona sólo “(per)sigue” su propia voz. Las feministas son una muestra de ese paradigma, pues han hecho de la violencia de género y las violaciones un tema que sólo les ha de incumbir a ellas, y en donde el “otro” y ajeno es el hombre. Sus mensajes en la Red como “basta ya” y “ni una más” van dirigidos no a algunos hombres, una minoría muy reducida, sino al hombre, como ente genérico, no femenino. En todas las direcciones bajo lo que se manifiesta el feminismo, no crea o trata de crear unidad, sino división: que hay un nosotras y en donde lo otro, extraño y ajeno, es el hombre. Lo mismo con cualquier otra ideología o tipología que va naciendo en los nuevos tiempos: todas nacen bajo la semilla de que existe una némesis, un antagonista…, en definitiva: un villano, y por consiguiente un posible futuro chivo expiatorio. No dudo que el feminismo radical será uno de los chivos expiatorios, si se da el caso que el humano llegue al colapso, o crisis muy profunda, de su civilización (creerlo no es desearlo).


(1) Estoy tratando de no poner notas, pero si este texto lo pusiera arriba rompería la línea argumental. Yo, como muchos, estoy en una posición en teoría parasitaria. Una sociedad en crisis crea este tipo de situación y en ese caso… ¿quién es el culpable? En los trabajos en los que estaba motivado daba más de lo que me pedía el jefe. No por “trepa”, no por hacerme imprescindible, sino porque esa es mi naturaleza. Llevo escribiendo desde hace más de diez años sin ninguna ganancia, y sin ninguna necesidad de ánimo, pues no sé de nadie cercano que me lea. Escritos en los que he tenido que investigar y he profundizado mucho y que me han llevado más de una vez a la fatiga mental, con riesgos para mi salud. Mi núcleo cerebral es obsesivo. Hace unas noches me desperté por que este “se percató” que en este escrito había usado en un lugar el concepto de significado, cuando tendría que ser significante (a veces incluso por fallos gramaticales u ortográficos). La conciencia -el prefrontal- de alguna forma tiene un “almacén” de “hechos a recordar” que no encaja con ninguna de las teorías de la memoria, pues me volví a dormir, pero al despertarme lo recordaba. Es como si la cognición implícita tuviera que despertar al prefrontal para que esta “escribiese” algo en sus módulos y a su manera, que de otra forma no se podría dar. Estas noches sueño con partes del siguiente escrito, sueños un poco “raros”, pues se da con una cognición lógica y formal, no con la del lenguaje de los sueños. Tampoco descarto que sea una forma de sueño lúcido a un nivel menos consciente, lo que pone a estos en distintos niveles de consciencia y con respecto a las capas más superficiales o profundas.


En vez de poner enlaces en el escrito, que es muy rutinario y pesado, pongo las referencias más importantes al final.

El Árbol del Bien y del Mal

Tema para una novela, que como yo no voy a hacer regalo. No da para crear una teoría, por ser demasiado hipotética.

La novela se centraría en ciertos humanos (sapiens) al llegar a cierta región habitada por neandertales, en una zona del Cáucaso, en concreto la cultura Cucuteni – Trypillia (se verá porqué). Frente a dicha región se levanta una cordillera montañosa de picos con una altura de hasta 5000 metros de altura. A la izquierda el mar Negro, a la derecha el Caspio. Se encuentran en un callejón sin salida.

Al llegar se topan con una población bastante grande, basada en guerreros y sacerdotes. Se les despierta la curiosidad cuando se dan cuenta que no son neandertales como los que han encontrado en otras zonas. Son más despiertos, más vivaces, inteligentes e inquietos. Los acogen de buena gana en su tribu, si bien con ellos no se entienden más que por señas. Hablan mucho y muy rápido, pareciendo muy locuaces, y como si en su mente fluyese un río embravecido sin posibilidad de freno. En sus encuentros por la noche ante el fuego no bailan, sino que dedican el final de la jornada a hablar todos juntos de forma profusa y motivada.

A los pocos días se enteran de un bosque frutal fuertemente protegido. Nadie puede entrar en él sin la guía y vigilancia de los sacerdotes, protegido este por los neandertales más fieros y fuertes. A la vez se les dice que el rey del poblado les quiere ver en una audiencia.

En ese encuentro este les cuenta que tal bosque está protegido porque en él se encuentra el árbol del bien y del mal, del que nadie fuera de su tribu puede tomar sus frutos. No hay nada más tentador para el cerebro humano como que te señalen una barrera que no se tiene que cruzar. El rey les dice que pueden entrar en el bosque y comer sus frutos, pero que no se tienen que acercar al árbol del conocimiento, y mucho menos comer de él.

Lo demás lo dejo en manos del que quiera seguir la historia. No sería estrictamente fiel a la biblia, sino que se daría una guerra entre los sapiens y los neandertales por la defensa, y el tratar de conquistar el bosque y al árbol del conocimiento, a modo de las guerras entre españoles y centro/sur americanos por sus preciadas ciudades y tesoros.


En qué me baso para tales supuesto. La raza caucasiana proviene de este origen del Cáucaso.  El Cáucaso fue el Internet -conexión de culturas y saber- de su época (como después lo fue el mediterráneo) por la situación de tal enclave. Es sabido que a cada uno de los dos lados de todo sistema montañoso hay grandes poblaciones, pues todo viajante que cruzase las montañas, por los medios antiguos, necesitaban reponer fuerzas.

La cultura Cucuteni – Trypillia es de los pocos grupos sociales primitivos que tuviesen un rey o líder, mientras que el resto de cazadores-recolectores de la misma época era acéfalas.

Esta es la sugerente etimología sobre el nombre Caucaso:
El nombre proviene del griego Káukasos, legendario pastor escita asesinado por Crono y que dio nombre a las montañas. En la mitología griega, el Káukasos era uno de los pilares que sostienen al mundo. Se afirma también que Prometeo fue encadenado a estas montañas por Zeus.
Otra versión es que procede del personaje mítico llamado Caucas, antecesor legendario de los pobladores del Cáucaso. Éste era el hijo de Targamos, y nieto de Jafet (tercer hijo de Noé) o Japeto. Su historia fue puesta por escrito en una compilación de crónicas georgianas medievales, llamada Kartlis Tsjovreba (‘Vida de Kartli’, centro de la región antigua y medieval de Georgia, conocida también como Iberia, redactadas a partir de la tradición oral del lugar. Uno de los autores de estos textos, cuya cronología oscila entre el siglo IX y el XIV, que se ha podido identificar es Leonti Mroveli (siglo XI).”

Por otro lado Terence McKenna tiene la teoría del mono drogado: que el humano llegó a ser lo que es por medio de hongos que contenían psilocibina. Yo no lo creo, pero en la actualidad está en boga la repercusión de la herencia horizontal de las especies: “La transferencia horizontal de genes (HGT) o la transferencia lateral de genes (LGT) es el movimiento de material genético entre organismos unicelulares y/o multicelulares que no sea por la transmisión (“vertical”) de ADN de los padres a descendencia (reproducción). HGT es un factor importante en la evolución de muchos organismos.”  En ese caso puede que un frutal estuviera infectado de un organismo que al comerlo cambiara la genética de sus individuos y/o su descendencia.

En otra cara del poliedro que analizo, la teoría de la mente bicameral argumenta que en un estadio previo la voz interna no era sentida como tal, sino como que alguien les hablaba en el interior, ya fuera tomada como un Dios o como un ancestro (alguno de los padres o de los abuelos). Según dicha teoría hubo un momento dado en donde dicha voz no fue tomada como ajena, sino como propia, lo que “suena” muy parecido a tener conciencia de la desnudez y del conocimiento del bien y el mal (y bla bla bla). Sin tantas florituras: de repente el hombre tomó conciencia de sí, puesto que al percatarse de que esa voz era él mismo, fue capaz de tomar conciencia de su “naturaleza”, de sus capacidades. El propio Noam Chomsky argumenta que el lenguaje nació de golpe. Sí me convence la teoría bicameral, no así la de Chomsky, pues el lenguaje es muy complejo como para que emerja de repente; aunque puede que la “verdad” esté a medio camino, si lo que ocurrió es que de repente cobrase una mayor fluidez y se ampliara sus recursos más complejos, como las formas verbales, proposiciones, una gramaticalidad más estructurada o cosas similares, por medio de la toma de conciencia. Hay que tener en cuenta que en un cerebro sin conciencia (conocer que se conoce) el objeto mental y el externo no tienen distancia: son la misma cosa. Con la conciencia el humano sabe que es distinto el objeto mental, que es un signo (señala o sustituye al objeto real) con respecto al objeto. Siendo así es parejo el estado bicameral con aquel otro en donde no existía distancia entre el objeto mental y el real en la palabra. Ese estado previo dejó vestigios (restos, rastros) en el hemisferio derecho, el del pensamiento mágico, pues, y como ejemplo, los Judíos no deben nombrar o saber el nombre de Dios, pues son una y la misma cosa. Otros restos se pueden deducir de poder hacer hechizos y maldiciones a partir del nombre de la persona. En otro nivel, pero en realidad oculta el mismo concepto de que objeto interno y externo son una misma identidad, cuando se les echó fotografías a los indios norteamericanos creyeron que se les había robado el alma. En definitiva, cuando el humano tomó su voz externa como propia creó el divorcio entre signo y realidad y eso debió de desarrollar exponencialmente el lenguaje.

En conclusión, que puede que no fuera tan descabellado lo del árbol del bien y del mal, leer artículo del enlace para enriquecer la idea y este otro sobre la mitología universal sobre el árbol. También hay que tener en cuenta que los druidas, los sacerdotes de la Europa celta, y que serían los herederos de las creencias del Cáucaso, veneraban a los árboles.

Otra posibilidad más banal -que es más posible y creíble- sería pensar que en ese primer cruce, en esa zona, con los neandertales, se “crease” por hibridación el humano moderno, que nació con esa mayor capacidad verbal (y por ello creativa –vigor híbrido-, ya que se potenció la síntesis prefrontal a través de la palabra) y que además esa nueva generación fuera la primera en tener conciencia o que rompiera con el anterior estado de mente bicameral. Que además fue la que, de nuevo y por desgracia, volvió a retomar el papel de líder (o alfa) en el nuevo papel de rey. Pero la novela sería más épica con el árbol como tema de fondo. Una posibilidad a tener en cuenta, que se podría introducir en el libro como un relato que alguien cuenta sobre el pasado, es que hubiera una primera persona que comió de ese árbol, y que por sus nuevas capacidades llegó a dominar en su grupo y se erigió en rey o Dios-rey, tal capacidad la heredaban sus hijos, y de ahí el mito fundacional de relacionar una estirpe con un inicio divino o semi-divino, propio del inicio de la historia contada y transmitida, que se mantuvo hasta bien entrada la Edad Media. Con el tiempo, por hijos ilegítimos y descendencia profusa, tales características fueron las que tenían todo los habitantes de dicha región. Yo acabaría el libro con el hecho de que, en unas de esas batallas, quemaron el bosque, como parábola de que la ambición del hombre siempre mata o acaba con aquello que trata de conquistar o dominar.

La Dimensión Individual II – La Vida Como Trampa

El acto mismo de hablar es un modo de marcar lo inusual frente a lo habitual.” Román Jakobson
Esto puede significar que no hay esperanza para la raza humana, no obstante, sí la hay para los miembros individuales de ella.” Eric Berne
El secreto de una madurez feliz no es otra cosa que el pacto honrado con la soledad.” García Marquez
Es más fácil vivir con versiones alternativas de una historia que con premisas alternativas de una explicación «científica».” Jerome Bruner
Es muy difícil someter a la obediencia a aquel que no busca mandar.” Rousseau

 

   Otros títulos barajados que puede que fueran más indicativos: “la vida como trampa que funciona a la perfección”; “el análisis transaccional como sistema complejo”. Llega un momento del invierno que el cerebro que soy cambia tanto que ya no tiene “pegamento” para unir las cosas. Mi memoria de trabajo no funciona nada de nada, y mi motivación se cae por los suelos. Es un tipo de aclimatación programada, donde el sistema hormonal cambia para que el cerebro no gaste tanta energía y se destine a mantener el calor. Se baja el nivel de testosterona, que a su vez baja el nivel de dopamina. La líbido como telón de fondo, como ya he hecho ver en otro escrito. Tengo cuatro escritos medio empezados y no soy capaz de darles continuidad. Lo que en verano escribo en un día, en invierno me lleva varios días. Al final me abro tantos frentes, en tantos escritos y en los propios escritos, que soy incapaz de terminarlos. El presente lo publico pendiente de revisar todo el final menos desarrollado, porque sino me “bloqueo”. Por lo demás lo escribo y no funciona la “pegajosidad neural”, ya no sé lo que he escrito como para ampliar o depurar ciertas partes. El escrito que he retirado titulado “Goliat cuando David duerme” lo retiré porque creí que este tenía que ser previo.


   En agosto del 2017 cree la hipótesis de vincular memoria visio-espacial y todo proceso de memoria. Con el tiempo fui comprobando que la ciencia ya apuntaba en esa dirección. Al final he encontrado una serie de estudios y teoría, llamada “ventajosa”  o aventajada (no sé si esa sería la traducción correcta de “vantage theory“) donde vincula, por analogía, el espacio y el tiempo a todo proceso de crear un concepto o un registro de memoria. Lo que faltaba en mi hipótesis era la velocidad, que la incluye tal teoría. Dejo estos escritos (en inglés) sobre el tema para el que quiera investigar. Sus conceptos son muy abstractos y complejos.


Resumen.

   Este escrito bien puede ser tomado como una segunda parte de “La dimensión individual”, en tanto que trato de explicar mi punto de vista sobre la vida, o sea, un punto de vista individualista. La “novedad” es que revisaré ciertas ideas a través de la teoría del análisis transaccional. De otra parte revisaré dicha teoría para que encaje o sea comprendida dentro de la teoría de los sistemas complejos.


   La vida es sencilla de comprender: ella está hablando constantemente de sí misma. El problema es que no hablamos su lenguaje. Si no hablamos el lenguaje de la naturaleza es por lo que se puede comprender la frase de Fodor que dice que “cuando sigues haciendo preguntas a la Naturaleza, la Naturaleza sigue diciendo “no”, no es irrazonable suponer que en algún lugar entre las cosas que crees hay algo que no es verdad”. Bajo esta premisa la teoría sobre sistemas es la ciencia que trata de hacer dicha traducción. La superveniencia, dentro de dicho lenguaje, establece que desde que “nació” el universo se crearon sistemas bajo unas pocas bases o reglas. Un sistema se “crea” o establece porque se crea una dinámica interna como para que se llegue a un estado equilibrado. En esa dirección en la medida, que interaccionan sistemas se crean estados emergentes, en donde se crean nuevos sistemas. Estos nuevos sistemas “heredan” las reglas del sistema “padre” y no lo pueden cambiar, al igual que la genética de nuestros ancestros nos definen, pero la nuestra no incide en nada sobre nuestros padres o abuelos. Dichos sistemas en la superveniencia y a grandes rasgos son: 1. partículas, 2. átomos, 3. moléculas, 4. vida, 5. vida social, 6. mente o conciencia. El cerebro sigue las reglas de las reacciones moleculares, en la química cerebral y las leyes electromagnéticas, y aunque está claro que el humano puede romper un átomo en la fisión nuclear o crear nuevas moléculas, no por ello cambia las reglas del sistema de los átomos o el de las moléculas, más bien se tiene que atener a ellas. En todo esto nace el eterno problema de si la mente se puede “reducir” a reacciones químicas y eléctricas. Sí y no. Sin el “hardware” no puede haber mente (que en la terminología cibernética es wetware, la parte blanda o pringosa del sistema), pero hay que entender el concepto de emergente, este establece que el total es algo más que la suma de sus partes. Este dilema es igualmente problemático para definir qué es o no es vida. Lo que un lego pueda creer que es vida es muy distinto de lo que nos dice la ciencia.

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Árbol del conocimiento, leer sección “hipótesis de la justificación”

   Bajo estas premisas… ¿de qué se trata la vida?, que es un precedente a la mente y esta se rige bajo sus premisas. Es reducible a la premisa de replicarse, pero para hacer tal “cosa” necesita energía. Este es su “faltante”, en el momento que tiene tal energía tiene la capacidad para replicarse. La vida está dentro de las reglas de los sistemas adaptativos. Se adapta al medio para mantenerse como sistema, para mantenerse vivo, valga la redundancia. En esa dirección cuando se dieron varios tipos o apuestas de vida podían interactuar entre ellas. En los sistemas, los más estables suelen ser los “estados” más “comunes”. La interacción más estable (y general) entre seres vivos es la simbiosis mutualista, donde las dos especies implicadas dan algo y reciben algo. Aquí ya podemos introducir las ideas del análisis transaccional y ya en lo humano, en tanto que forma parte del grupo de animales sociales, dentro de la superveniencia. La palabra clave de tal teoría psicoanalista es el de transacción. Para esta escuela de la psicología los humanos crean interacciones a través de una simbiosis mutualista, donde los dos agentes o personas que entran en juego, dan algo y a la vez reciben algo. Conviene leer el libro “juegos en los que participamos” de Eric Berne para una visión amplia del análisis transaccional, en el presente escrito me centraré sólo en algunas de sus ideas. Si todo se reduce a una transacción: ¿cuál es la moneda de cambio? Como nos dice Eric Berne -de forma muy precisa y concisa en el prólogo del libro- el reconocimiento social es casi tan necesario como lo es el propio aire que respiramos. Esto sigue una hoja de ruta precisa. Lo faltante para el cuerpo es el oxígeno que es la fuente más directa para obtener energía. Por otro lado lo faltante para el cerebro son los estímulos, este “prefiere” el dolor -como parafrasea Berne- a la falta de estímulos (lo que no deja de ser paradójico y abre una nueva ventana a la hora de tener en cuenta el dolor).(1) Una persona en una cámara totalmente insonorizada y sin luz, apenas si puede aguantar un corto espacio de tiempo en tal situación. Fijarse que el cuerpo -en la teoría de la superveniencia- sigue las reglas de la vida, el cerebro por otro lado sigue otras reglas: es un órgano o sistema complejo “creado” con la “finalidad” o “sentido” de recoger información del medio: sin información “muere” su principal “sentido” y no es capaz de sobrevivir a tal proceso, como tampoco lo puede hacer el cuerpo ante la falta de oxígeno. Por otro lado el hombre -en tanto que mente en uno de sus niveles: el mamífero- está dentro de los animales sociales, donde el contacto con otros de su especie es su aire.

Capas de la Realidad Dentro de la Superveniencia IV    El traductor, del libro que tratamos, creo que apostó mal a la hora de traducir uno de sus términos principales y que es la “moneda” de cambio entre humanos. Esto nos dice el libro: “la caricia puede usarse como la unidad fundamental de la acción social. Un cambio de caricias constituye una transacción, la cual es la unidad de las relaciones sociales”. Berne usa el término inglés “stroke”, que puede significar tanto acariciar, golpe (toque), como jugada. Hubiera sido más acertado traducirla como palmadita, ya que caricia implica un acto demasiado íntimo, cuando lo que en realidad quiere darnos a entender Berne son las típicas palmaditas en los hombros (o en las rodillas o dar un leve golpe empático en el estómago o actos similares; fijarse igualmente que la palabra usada para dar una llamada perdida por el móvil es “dame un toque”). Aunque más adelante nos diga que: “extendiendo su significado, la palabra “caricia” puede emplearse para denotar cualquier acto que implique el reconocimiento de la presencia de otro”. Sea como fuera, por lo menos en España, el concepto de dar palmaditas en el hombro, que no tiene por qué ser textual, es el que se ha validado y se usa como concepto de tal transacción. Por lo demás tiene más sentido, ya que la antigua moneda de cambio era el desparasitado, que es una de las “funciones” dentro de los animales sociales del grupo al que pertenecemos: los primates, donde la transacción es “yo te desparasito si tú me desparasitas”. Otro dato a tener en cuenta es que según la psicología evolutiva el diálogo suple esa función: yo te escucho y a la ve tú me escuchas. De otro lado están las convenciones sociales, como el dar los buenos días, etc., como otro modo de transacción… y quizás donde se ve más claro toda esta trama, pues en cuanto alguien no nos devuelve el saludo lo más seguro es que nosotros ya no lo volvamos a hacer.

   Conviene hacer un alto en todo esto. ¿Acaso el análisis transaccional no es en el fondo muy cínico e “inhumano”?, ¿cómo se nos puede reducir a transacciones de “palmaditas en el hombro”? O en última instancia a simbiosis mutualistas. Remito al libro para que cada cual saque sus propias conclusiones. A mí me “convence” porque yo siempre lo he visto así. Dos situaciones que se me dieron en la adolescencia me hicieron captar la vida de esa manera. No tenía toda la teoría o todas las premisas, pero de forma implicada mi cerebro captaban esas ideas y patrones de la vida social (apuntar que implicado es la manera que tiene la ciencia ahora para llamar a lo que en otro tiempo se llamaba inconsciente). Desde aquella edad aposté por “retirarme” de la vida, pero a esa edad es muy complicado, por que como nos dice Eric Berne todo contacto humano implica una transacción dentro de “juegos”, y en cuanto se tiene contacto con otro humano ya has entrado en algún juego. De hecho estar solo, bajo las reglas de los juegos, es tan sólo otra forma de “jugar”.

   Otro párrafo de desvío. No aceptamos a que la vida pueda reducirse bajo estas premisas, porque el yo individual, que es la base del cerebro, no quiere validar a que este sea en lenguaje de la vida. Al análisis transaccional le falta una vuelta de rosca, que es tratar de buscar el “sentido” de la identidad narrativa, que es la base del yo y la conciencia, como ente que en soledad y de forma interna se manifiesta como autoconciencia. Si todo sistema vivo se equilibra por un faltante, qué le falta o es la base de la identidad narrativa: la coherencia y el protagonista. Nuestra identidad narrativa no acepta ser reducida al lenguaje de los sistemas complejos porque “atenta” contra la coherencia y el concepto de agente. Un relato para que sea “válido” o “funcione” como relato requiere de ciertas premisas. En todo relato se da validez al concepto de agente: un ente que es el que está dentro de nuestra cabeza, como Koji -como persona o agente- lo era del robot “Mazinger Z”. Conviene traer aquí lo que nos dice la Wikipedia, por ser esclarecedor:

Gō Nagai (el creador) quería tomar ciertas ideas sobre el manejo del robot de sus antecesores y, sin embargo, que no resultara demasiado similar para el suyo. Pretendía crear un robot tripulado, manejado por un piloto, pero deseaba que quedara patente que el robot interactuaba con el piloto, como si ambos quedasen vinculados, hombre y máquina, por algo más que cables y acero. De hecho, a veces el robot parece tener voluntad propia: por ejemplo, algunas veces Koji se lo encuentra fuera de su hangar, como si tuviera ganas de luchar.”

Koji_Head_Mazinger_Z

   En tal planteamiento se deducen las mismas premisas del concepto dualista de Descartes del humano, como cuerpo y alma, el cual -por mucho que la ciencia haya desvelado sus entresijos- no queremos abandonar. La identidad narrativa tiene esta misma premisa dualista. El yo es un agente que es el que toma los mandos de su propia vida, y cuando las ciencias nos reducen a números y estadísticas nos negamos a no creer que -las doble negaciones la procesa peor el cerebro- en todos y cada uno de nuestros actos, nazcan de una elección de nuestra voluntad, ambas depositarias de ese agente que “habita”, cual navegante, en nuestro cuerpo. Pongamos un ejemplo de un análisis propio de la ciencia. Se ha descubierto que los adolescentes son más proclives a tomar decisiones menos conservadoras o buscar sensaciones más fuertes o arriesgadas cuando están en grupo que cuando están solos. No obedece a tratar de impresionar, simplemente es que cuando están en grupo se da otra dinámica, por los efectos mostrados arriba de los cambios de comportamiento por el número de los grupos. O para decirlo de forma más sencilla: sus cerebros están “programados” para actuar de una forma cuando están solos y de otra cuando están en grupo. Está comprobado porque de esa misma forma actúan los “adolescentes” de animales tan dispares como los delfines y los ratones, pues se ha corroborado por experimentos. Si se le dice a un adolescente que existe tal patrón y que sus actos no son “elecciones” no lo aceptará. Va contra las premisas de nuestra identidad narrativa, donde ha de primar un “protagonista” o agente que tiene el control. Nuestro ego y unicidad no puede ser cuestionada, como igualmente se deduce de la frase coloquial de “toda comparación es odiosa” o el nuevo meme de “defiende tu sombrero por muy ridículo que sea” proveniente, creo, de Asier Etxeandia. Para el caso afirmar tal premisa es como dejar a un cuerpo en una habitación sin oxígeno o al cerebro sin estímulos, en donde si muere ese pretendido agente, muere la coherencia o sentido que ha de impregnar toda vida humana. Del mismo modo no terminamos de comprender y por ello aceptar que no es lo mismo una persona o un grupo pequeño que un grupo muy grande. En estos últimos no son las mismas reglas, no obedecen a los mismos patrones y por ello se originan unas nuevas reglas y patrones. ¿En qué medida uno es masa o no lo es?, nos negamos a aceptar que podamos ser parte de una masa, en donde los resultados sociales o ambientales de dicha masa no son moralmente aceptables o en otro caso “razonables”, pues eso implicaría a aceptarnos como inmorales e irracionales. Ahí está el cambio climático y el resto de desbarajustes que estamos provocando en el planeta. Una persona en lo individual se argumentará para sí misma no ser parte del problema. Lo mismo para cualquier movimiento masivo como las redes sociales o el feminismo. Una feminista no suele estar desacertada e incluso un grupo pequeño de una pequeña ciudad, pero el feminismo como efecto masivo, por la teoría de lo emergente, es distinto que la suma de sus partes. Todo ello se estudia en el efecto de la masa crítica extrapolado a las dinámicas sociales. Hay dos efectos bien conocidos, estudiados en distintas ramas de las ciencias humanas, como es el “efecto espectador“, “en el que las personas tienen menos probabilidades de ofrecer ayuda a una víctima cuando otras personas están presentes. Cuanto mayor sea el número de espectadores, menos probable es que uno de ellos ayude. Varios factores contribuyen al efecto espectador, incluida la ambigüedad, la cohesión grupal y la difusión de la responsabilidad, que refuerza la negación mutua de la gravedad de una situación“, (fuente Wikipedia). Otro es el efecto Ringelmann que consiste en “la tendencia de los miembros individuales de un grupo a ser cada vez menos productivos a medida que aumenta el tamaño de su grupo“. A nivel evolutivo y biológico está el “efecto Allee” que es el fenómeno “caracterizado por una correlación entre el tamaño o la densidad de la población y la aptitud individual promedio (a menudo medida como la tasa de crecimiento de la población per cápita) de una población o especie“. Ya sin un nombre concreto, y en el estudio del comportamiento social, dentro de la sociología, en el estudio de los tamaños de grupos, organizaciones y comunidades, se nos dice que:

El tamaño (el número de personas involucradas) es una característica importante de los grupos, organizaciones y comunidades en las que ocurre el comportamiento social.
Cuando solo unas pocas personas están interactuando, agregar solo una persona más puede hacer una gran diferencia en cómo se relacionan. A medida que una organización o comunidad crece en tamaño, es probable que experimente puntos de inflexión en los que la forma en que opera necesite cambiar. La complejidad de los grupos grandes se debe en parte a que están formados por subgrupos interrelacionados.”

   En todos estos sentidos, en la formación de una masa crítica, se da una suma de errores: una feminista puede tener unos pocos errores conceptuales, de sesgos o lógicos (en un cartel de mi ciudad llegan a poner “no más violaciones en este barrio”) que quedan aminorados al reajustarse con las feministas de su propio grupo pequeño (o a veces mantenidos a nivel grupal), pero los errores no se aminoran bajo los efectos de masa, pues no hay una supervisión generalizada en lo masivo, sino que se suman todos a la vez como para generar algo que puede llegar a ser indeseado. Lo mismo vale para cualquier otra ideología o movimiento como la izquierda o la derecha. En estos últimos hay una jerarquización. Cuando se dan encuentros mundiales hablan los líderes, y revisan fallas y nuevas direcciones, las cuales se supervisan después a nivel local (países, ciudades, localidades) para reajustar las ideas directrices, pero no ocurre así en el feminismo. El feminismo – sobre todo el de la cuarta ola- se está retroalimentando a través de las redes sociales: el medio más propenso para que se dé los efectos de la masa crítica y en donde las suma de errores, por ser más proclives para ellos por fake news y la alteración del mensaje original, no son verificados y se mantienen. Otro caso ocurre a la hora de seguir modas o tendencias. Y volvemos al mismo argumento de arriba, si se le dice a una feminista o mujer en una red social que está repercutiendo de forma negativa en lo que se da de forma masiva en los social, a través del feminismo, lo negará…. e incluso te podrán tachar de machista -lo más fácil y socorrido- si argumentas tal cosa. Un caso claro de esa “perturbación” masiva se da con el calificativo de machista. Como ha llegado a decir Jordi Gonzalez: “la palabra machista cada vez se usa más y peor”. Si una mujer o feminista la usa mal de vez en cuando no pasa de ahí, pero esa suma de errores, propiciadas por los medios sociales, crea un masa donde al final es “desagradable” para el hombre, que si bien en un principio no se quiere posicionar lo tiene que terminar por hacer al darse por aludido. ¿Y a qué “ataca” ese hombre individual si el feminismo es esa ambigüedad masiva?, le crea “irritación” hacia el feminismo en general, pero se puede manifestar hacia mujeres concretas.

   Un ejemplo claro de esa suma de “errores”, vistos en el párrafo anterior, se puede analizar en el documental feminista “(M)otherhooh“, donde se atreven a afirmar que la procreación no es un instinto. Es la base de la vida, como he apuntado arriba, y por lo tanto de los sistemas adaptativos. Una cosa es acallarlo, por ejemplo teniendo una vida muy ocupada, y otra cosa es que no exista. A tal efecto se le llama sublimación. El humano no se puede entender sin esta premisa -como veremos más abajo-. Hay que analizar los instintos por sus pasos. Llegar a tener un hijo es el último paso. El primer proceso es el deseo sexual. En cuanto entre dos persona se “abre” la puerta del contacto físico, por interés sexual, se empiezan a crear desencadenantes que tienen como fin el sexo. Ese primer contacto es como soltar las manos y tomar impulso cuando se está en lo alto de un tobogán. En este la gravedad hace el resto. En el caso del sexo los desencadenantes hormonales hacen cambios en el cerebro para llegar a su fin. El enamoramiento es la “trampa” evolutiva para ir hasta el final: tener sexo. A nivel de teoría de sistemas se crea una desestabilización, y puesto que el cerebro y el cuerpo busca la estabilidad, su estado homeostático, este proceso induce llegar al final. Así lo dice la teoría de los impulsos. Más tarde y ya en el  último día del embarazo se vuelven a producir otros desencadenantes a través de la oxitocina para crear un fuerte vínculo entre madre e hijo. Se puede ver este tipo de “mecanismos” como relés, donde una vez activados se producen reacciones en cadena. En esa dirección la visión de un niño recién nacido o muy pequeño tratan de hacer de “activador” a las mujeres. Este “deseo” de mirarlos, tocarlos o cogerlos es en sí mismo el relé desencadenante. El hombre no tiene este relé. Sólo tiene “simpatía” y este tipo de interés, de acercamiento y quererlos coger, por sus propios hijos. El cerebro humano ha ido creciendo (evolucionando, adaptándose) por capas. Las capas más bajas siguen estando ahí, pero está claro que si vas añadiendo transparencias blanquecinas encima de una fotografía, al final esta se dejará de ver.

   Que no se vea o no se “manifieste” no quiere decir que no esté ahí. Piénsese sino en el asco, superar un asco, no quiere decir que el asco como propiedad intrínseca visceral del cerebro y el cuerpo no exista. Los niños pequeños son más viscerales, no “toleran” con facilidad el amargor de una col de bruselas, pero de mayores “controlamos” el asco hacia dicha hortaliza. Para ahondar más en el tema, las reacciones o emociones viscerales se dividen en dos procesos: su emoción y su expresión (procesado o etiquetado cognitivo). En la vida diaria “emergen” a la vez, pero son procesadas por dos partes del cerebro: la emoción es “creada” por el tálamo, mientras que su expresión se da en el hipotálamo. Si se corta la unión entre dichas zonas no hay conciencia de la emoción y no se expresará a nivel facial, pero sí se dará una respuesta fisiológica, en tanto que el tálamo mandará la señal al cuerpo a través del tallo cerebral. Si la emoción es el miedo, retrocederemos corporalmente sin mostrar miedo en la cara y sin “comprender” a qué obedece ese acto reflejo. En muchos casos caemos en falsas atribuciones de los cambios del nivel excitatorio (nerviosismo, intranquilidad) del cuerpo porque dichas vías unen dos “lenguajes”, el emocional y la palabra, sin que la conciencia, que es principalmente palabra, interprete de forma correcta dicha emoción o cambio excitatorio. En otro caso ciertas personas nos producen asco visceral, sin que sepamos porqué. El prefrontal, mediado por las convenciones sociales y la corrección, tratará de “aplacar” tal emoción y que no se exprese, pero que la “retengamos” no quiere decir que no exista a nivel talámico. En ese lapsus entre sentir algo y “frenarlo” se expresan en el rostro microexpresiones, que son las que nos pueden delatar, frente a especialistas o personas que son más sensibles (con baja inhibición latente). Por lo demás no tiene ninguna lógica, a nivel de análisis racional, puesto que si se entiende la evolución, la apuesta que es masiva es la que “gana”. Veámoslo en otro caso al que ya he hecho mención en otros escritos. En lo humano se dan algunos individuos que apuestan por ser lo menos sociales posibles: son más solitarios e individualistas; pero esta apuesta no es la que gana puesto que se reproduce menos, y por ello la que se mantiene es la apuesta social que es la que es más masiva y “vence”. En el mismo caso, si algunas mujeres tienen dicho instinto menos marcado -que habría que verlo más detenidamente o sólo es sublimación- se reproducirán menos y su apuesta no se masificará como para vencer, luego “ganará” o prevalecerá la apuesta que mantenga tal instinto bien marcado. Con esto llegamos a las estadísticas. sigma2-300x185Se llama “distribución normal“, representada en la campana estadística de Gauss, a la típica curva más alta en una estadística. Cuándo algo es mayoritario: en cuanto es superior al 50%, y se hace más masivo o estándar cuando más cerca esté del 100%. La campana de Gauss o distribución normal sigue la regla de la tendencia al equilibrio (homeostasis) de los sistemas complejos, donde en este tipo de casos hay dos tendencias límites (derecha e izquierda en la gráfica) y en donde el centro es su equilibrio. Si se analiza de forma plana se comprende mejor. Llevado a otro ejemplo, la teoría de la “ventana Overton” establece que hay un rango central por el que un discurso político es “aceptado”; un rango donde el candidato puede establecer su disertación como para que tenga la mayor cantidad de oyentes a su favor. En otro ejemplo, la distribución de la vida sobre el planeta tiene la curva de Gauss, donde la parte más alta es la zona ecuatorial y los dos extremos son los dos polos. Lógico puesto que la energía básica del planeta nos la da el sol, y en la zona ecuatorial este se mantiene constante en doce horas a lo largo del año y las horas de sol en invierno -en los dos polos- son muy cortas o nulas. Ventana Overton IIEn la gráfica de la ventana Overton se podría poner seguramente cualquier valor y seguiría siendo válido. Si por ejemplo pusiéramos al hombre heterosexual por su nivel de testosterona, la cantidad media sería la más “validada” (mediada) en lo social, y en los dos extremos estarían los que tendrían exceso de testosterona, que puede que tiendan a ser más arrogantes y quizás agresivos; y en el otro extremo los que tuviesen menos, llegando a ser demasiado sensibles y pusilánimes. El rango promedio validado hoy es posible que no fuera el válido hace tres mil años, en sociedades más guerreras. En esa dirección los sistemas se tienen que estar constantemente equilibrando. Este tipo de sistema son llamados dinámicos. Aquí entra un nuevo factor, lo que en otro lado he mostrado como la paradoja de Abilene, un lugar al que todos van pero que nadie quería ir (¿dónde va Vicente?, donde va la gente), se explica en muchos casos por que los cambios son tan pequeños que son aparentemente indiscernibles. Así nos lo hacen ver distintas hipótesis y teorías o imágenes mentales como “la pendiente resbaladiza“, “la paradoja Sorites“, “el corte en rebanadas finas“, “la normalidad progresiva“; donde quizás la metáfora más recurrente es la de echar una rana en una cazuela e ir calentando el agua tan poco a poco como para que la rana no se trate de escapar de un salto. En un ejemplo del artículo sobre la normalidad progresiva en la Wikipedia se nos dice: “en su tesis, Chon afirma que el aumento de la ciberdelincuencia se ajusta al patrón de la normalidad progresiva. El número de sitios web involucrados en “actividades de piratería y cibercrimen informático” ha aumentado a un ritmo lento y constante, principalmente por debajo de la conciencia de la sociedad”. Lo que se nos quiere decir es que si se diese el caso que alguien despertase de un estado de coma de varios años y viese el estado actual de Internet le resultaría alarmantemente estresante, al igual que la rana saltaría de un cazo de agua caliente, pero como el ciudadano medio ha ido adaptándose a esa “normalidad” de forma progresiva no le resulta tan alarmante o peligroso. Aquí entra parte de la trama de la teoría transaccional. La mayoría de los “juegos en los que participamos” resultarían revulsivos a ojos de alguien fuera del juego, pero como vamos entrando poco a poco en ellos no nos percatamos como dentro de un juego. Esa es la teoría de la iluminación de luz de gas. Un tipo de manipulación psicológica en la que se entra de forma tan lenta y progresiva que no nos percatamos estar dentro de dicha manipulación. En esa dirección, bajo mi punto de vista, vamos hacia la sociedad caótica, altamente individualista, ruidosa y sucia, como la representada en la película “blade runner“. Llegaremos a “normalizar” lo que visto desde el presente nos puede parecer una distopía. 

    Como hemos visto la ventana Overton o la distribución normal son válidas para definir los géneros y sus roles, si bien hay que tener en cuenta en qué medida son convenciones sociales o implementadas en el ADN (si obedecen al sistema adaptativo de la evolución o a la evolución social), pero bajo la objetividad de entender que el feminismo igualmente puede estar “enturbiando” ciertas cuestiones sociales que “enmascaran” reglas del ADN. O dicho de otra forma: el feminismo por mucho que pretenda “quitar máscaras”, ello no implica llegar a una postura sin máscaras, sino a nuevas posturas de unas nuevas máscaras que se “acomodan” o les conviene más a los “ideales” feministas, y no por ello de la mujer. Cuestión por lo demás imposible, pues en el efecto masa, al final la imagen o “nueva máscara” de nuevo deviene en máscaras “incorrectas”, “distorsionadas” o “feas”. La mujer puede que esté entrando en una normalidad progresiva que de ser analizada objetivamente quizás no aceptarían. Cada vez es más complicado tener una pareja estable. Se sigue la misma regla del progreso a una nueva “normalización”, en donde el resultado último está aún por ver. Hoy en día ya no tiene sentido definir como “familia disfuncional” a cierto tipo de familia atrora “incorrecta”, pues cada vez es más la norma. O dicho en otra frase que es viral: “hoy es tan normal ser raro, que lo raro es ser normal”. Puede que el feminismo argumente que “no se puede hacer tortilla sin romper los huevos”, que en definitiva quiere decir aquello de que los fines justifican los medios. Pero ¿cuáles son esos fines? Nada de lo que pretenda lo humano suele llevar al fin por el que se echó a andar. Eso sólo ocurre por los caminos mil veces recorridos. Pero la vida social, y cada vez más al crecer en complejidad, son selvas impenetrables donde nunca se puede ver y saber el final. En un ejemplo, la no distinción de diferencias entre sexos es uno de esos equívocos, o caminos donde el actual estado no era el previsto. El espacio personal esta “programado” por instinto. Por “programación” con los amigos del mismo sexo se tiene “acceso” al espacio personal o incluso íntimo, o sea a poder tener contacto o estar por debajo del medio metro de cercanía. En la actualidad, y en la dirección (“errónea”) de que es lo mismo un amigo del otro sexo que del mismo sexo hemos roto esa regla. En la actualidad esta rotura lleva a muchos problemas que no existían antes, y en donde al final los equívocos llevan a situaciones no deseadas que en la actualidad el feminismo denuncia. Como digo no es algo que el feminismo buscase: ni ese acercamiento, ni luchar contra sus efectos. Por malinterpretación o vulgarización de lo que es y significa igualdad se ha llegado al estado actual de confusión y situaciones incómodas, donde ahora tiene que mediar el consentimiento mutuo. “Funcionaban” mejor las reglas anteriores, el aprendizaje de lo que decían nuestros padres, en un aprendizaje milenario. Volviendo al ejemplo de arriba, sobre el discurso de los políticos y la ventana Overton, a veces “comprender” una regla puede ser para peor, pues todo lo político a devenido en lo “políticamente correcto” cuando el sistema ha comprendido los entresijos y las posibilidades de dicha regla. ¿Qué quiero decir con esto?, que comprender las disposiciones del ADN o de una hormona como la testosterona no implican quitarse la máscara. Más bien y al contrario consiste en muchos casos poner más máscaras para que no se vea lo feo del rosto sin su piel o máscara. O dicho de otra forma: no existe posiciones de no-máscara, si en su “retirada” vemos que lo que hay detrás es muy feo. En ese caso recurrimos al “autoengaño”, a posturas aún más falseadas que en las anteriores posiciones en donde no sabíamos de ellas. A una de esas posiciones está yendo el feminismo: a poner muchas máscaras, cayendo en lo políticamente correcto, por que lo que “descubre” es “horrible”. No lleva al “macho” a su posición “correcta”: crea un macho cada vez más enmascarado. O dicho de otra forma: a un hombre en donde la (dis)posición de su ADN y su máscara están cada vez más distantes… más reprimidos… potencialmente más “atrapados” (la posición en la que ha estado la mujer, argumentarán la féminas; no trato de aleccionar o decir que hubo alguna postura “correcta”, quizás sea un imposible: donde hay diferencias hay conflictos).

Espacio Personal

    El documental “(M)otherhooh” es una demostración de esta regla de distorsión, pues no se atiene a ningún dato científico y deviene en ideología (ideología puesto que hacen hipótesis sin verificarlas científicamente y bajo un fin que no está claro, en donde se manifiesta una clara disposición a cambiar la forma de pensar y de actuar de las personas). Una evidencia del instinto maternal es algo que el feminismo no termina de aceptar e ignoran, cuando ha sido comprobado y aceptado por científicas feministas. Si a unas crías de chimpancés se les da un muñeco o un camión, las hembras juegan con los dos, pero prefieren el muñeco y los machos sólo el camión. La misma elección hacen los niños y no es social, pues es un instinto que compartimos con el resto de animales. El juego de las crías en la naturaleza no es gratuito: es un “entrenamiento” de sus roles de adultos y de su especie. La cría de un león tiene juegos predatorios, de lucha y caza; y un cervatillo juega dando saltos, y carreras, preparándose para las huidas de los depredadores. Por lo demás los sistemas complejos se basan en sus números. Son nombrados, y por lo tanto existen, en la medida que puedan ser calificados como estandarizados, pues tienen una prominencia en tanto que un estado mayoritario o equilibrado. Negar algo así es caer en lo irracional o no entender la evolución o los sistemas complejos.

    En un ejemplo de las macabras estadísticas, de los extraños “planes” de la evolución, nos encontramos que en “un estudio de 100 mujeres clínicamente deprimidas encontró que el 41% tenía temores obsesivos de dañar a sus hijos, y algunas tenían miedo de cuidar a sus hijos. Entre las madres no deprimidas, el estudio encontró que el 7% tenía pensamientos de dañar a sus hijos, una tasa que produce 280.000 madres adicionales sin depresión en los Estados Unidos con pensamientos intrusivos sobre dañar a sus hijos. (fuente Wikipedia). Esto puede deberse al hecho de que en la actualidad no “obedecemos” el regular la procreación bajo las “reglas” de la presión ambiental. De manera natural los sistemas se equilibran por sí solos, de formas que aún no están totalmente analizados o comprendidos.Baby Boom

En un ejemplo humano, el “baby Boom“, que se dio bajo una época de crecimiento económico y en donde se optimizaron al máximo las cosechas con los nuevos pesticidas y abonos, hubo una alta e inusual tasa de nacimientos. En la actualidad, bajo la crisis, hay una baja tasa de crecimiento, nulo o negativo, en los países occidentales. En otro ejemplo se ha comprobado que las catástrofes naturales adelantan los partos, y nueve meses después hay un incremento repentino y alto de nacimientos, como nos dice el vídeo enlazado.

   Es de suponer que la presión ambiental (socio-económica en lo humano, como nos hace ver este estudio) induce a la depresión posparto, y este conlleva el “ciego” instinto de no querer llevar adelante la crianza del hijo, y de ahí los pensamientos intrusivos de matarlos, en donde algunas mujeres incluso piensan en meterlo en el microondas. ¿Cómo comprender este tipo de hechos sin tener en cuenta los instintos y estos encadenados a las disposiciones evolutivas como la presión ambiental? El equilibrio más común -y lógico- es que una población descienda dada la baja cantidad de recursos de su medio. Pero antes de llegar a un límite, y cuando hay una alta población, desciende el número de embarazos, de embarazos exitosos o de crías que llegan a la edad adulta, como una disposición a no llegar al límite. De forma natural las madres en la naturaleza se vuelven más “descuidadas” para con sus hijos, si el número de crías es alto y cuando hay pocos recursos. En muchos casos las crías matan y se alimentan de sus hermanos más débiles (en las aves), sin que la madre lo “desapruebe” o lo trate de evitar.

Tres-Sistemas-de-Accion

   Otro nuevo inciso, con lo que estoy bajo tres. Voy a tratar de (de)mostrar la ilegitimidad de que exista un agente al mando en el cerebro, y la ambigüedad de lo que es un agente en los sistemas complejos -cuestión relacionada pues todo acto de “acallar” las partes de esos instintos o impulsos se suponen en “manos” de un agente-; tema tratado ya en muchos de mis escritos, pero bajo una nueva perspectiva: bajo el concepto de la identidad nacional. La identidad narrativa la “sostiene” el intérprete del hemisferio izquierdo, que se rige por la palabra. Cuando se habla de capas evolutivas, como lo he hecho arriba, es tan sólo una licencia científica en la dirección de poder crear modelos mentales manejables. Aunque pensemos, o nos parezca, que el cerebro es como una coliflor, donde el cogollo está en su centro, la realidad cerebral es muy otra. El prefrontal, que es la zona que nos hace humanos, está muy cerca y comunicada con las partes más antiguas, como los ganglios basales y la formación reticular o el propio tallo cerebral. La consciencia, la capacidad de percibirse como despierto, frente a otros estados como el de dormido, anestesiado, etc.,  está en la capa más primitiva, pero es la base de la conciencia, que es la que se manifiesta como agente al mando, dentro del prefrontal y el sistema ejecutivo. Un caso ejemplar es el masticar. Es un acto de la parte más primitiva del cerebro, pero el prefrontal está ahí siempre “verificando” si se ha de llevar al otro lado de la boca algo, o tratando de impedir el morderse. ¿Quién hace tal acto?, es una totalidad, el prefrontal, se “creo” simplemente para “verificar”, para ver que todo iba bien, y en ese sentido “sencillo” lo tienen una gran mayoría de animales, pero por medio de la palabra, del lenguaje y ya en lo humano, tomó una nueva dimensión. Si se sigue la regla de la superveniencia, un sistema nuevo sigue las reglas del sistema del que nace y no lo puede “negar” o controvertir, luego sus reglas básicas o bases siempre están en el nuevo sistema, de lo que se deduce que los instintos siempre están bajo todas las capas nuevas. Pero detengámonos en la nueva capa, en la capa de la identidad que tiene la capacidad de hablar de sí misma y por ello de crear una narración. Aunque se reduzca tal capa a “identidad narrativa” no deja -a su vez- de contener varias capas. La identidad narrativa se basa en la identidad social, y esta en la identidad nacional. Están tan solapadas que no vemos que en realidad son tres capas distintas, seguramente procesadas en distintas partes del cerebro. Analicemos todo esto con detenimiento. Recuerdo cierta vez, tendría unos quince años, que hablando con un extranjero este me dijo: “el cielo de Salamanca tiene algo especial, no he visto en ningún otro lugar un azul tan intenso”. ¿Por qué recuerdo algo así y de un tiempo tan remoto?, llama al orgullo, pero al de mi ciudad. ¿Por qué el orgullo de la propia ciudad, cultura o patria está tan unido al personal? Si se analiza a nivel racional lo podemos negar, o contrarrestar, pero el caso es que de forma implícita (recordar que es a lo que se llama ahora como inconsciente) llama al mismo núcleo, llama al narcisismo (egotismo, autoestima) implícitos. A un tipo de validación, o en el lenguaje del análisis transaccional, a una palmadita en el hombro (caricia en el lenguaje del libro), a una validación o reconocimiento social. Con esto llego a lo que trato de atacar o argumentar. ¿Cómo o qué es depositario de una identidad nacional? No hay una agente “directo” o claro. La identidad nacional es la suma de todos los individuos de una nación. En cierta medida, en la actualidad, está “sostenido” por su identidad política y sus gobernantes e instituciones, pero nunca y en ningún caso bajo una sola persona o agente. Quizás en el pasado estuviera bajo el “peso” del rey o el emperador, auspiciado por una religión…, igualmente cuestionable si se analiza con precisión. En la identidad nacional tenemos un ejemplo claro de un sistema complejo, que aunque emerge con una identidad, esta no tiene una “presencia” real y tangible, y que es -por el contrario- tan sólo que en tanto que la suma de todos sus agentes: tradición, cultura, instituciones e individuos. Lo mismo ocurre en el cerebro cada módulo o capa “dicta” sus reglas y modulan la totalidad que emerge como identidad, pero “realmente” no existe un único agente al mando. La diferencia -grande pensarán algunos- del sistema complejo que es la mente humana es la identidad narrativa o intérprete del hemisferio izquierdo, pues es un estado emergente, en donde las premisas de la coherencia (locus de control, para ser más exactos), y la “necesidad” de un protagonista o agente al mando, es la que nos crea la falsa sensación de que tal agente existe y de que tal estado es excepcional, y donde excepcional, y para ser concisos y según el diccionario de la Real academia significa: “1. adj. que constituye excepción de la regla común. 2. adj. que se aparta de lo ordinario, o que ocurre rara vez“. Al igual que uno mismo se cree el protagonista de su propia película (Sonder en el lenguaje de John Koenig), donde el resto de las personas son secundarias o figurantes, en lo cultural se da el concepto de “ombligo del mundo” o el “excepcionalismo“, por el cual una cultura, ideología, país o imperio se cree el “protagonista” y el que da el propio sentido de la historia. En definitiva, creemos tener en nuestro cerebro una excepción: la conciencia, el yo como agente al mando, pero se da igualmente en sistemas como el de la identidad nacional o sin ir más lejos en un termitero. En un termitero nadie está al mando, pero todas las termitas trabajan y crean este sistema que tiene las premisas de que han de mantener una temperatura interna y sistema de ventilación “correctas” como para mantener las huevas vivas. De nuevo las reglas de los sistema adaptativos y evolutivos: todos intentos “errados” de crear un termitero no se conocen porque no se mantuvieron en el juego evolutivo y que por lo tanto no pueden ser llamados como sistemas.

   Desarrollemos más el tema. Si lo “importante” y primordial en el cerebro humano es la conciencia y la identidad narrativa, qué hace ese papel en una nación. De nuevo los números y el promedio. Identificar o reducir la identidad nacional a la identidad política en la actualidad es desacertado (exceptuando regímenes no democráticos), puesto que las políticas son laicas y tienden al centro. Sin duda la cultura es su “conciencia”, y aquí hay que distinguir entre lo que es y lo que (a)parece. Lo que sigue es una análisis somero, que no está muy pensado, y sólo a modo de ejemplo para las finalidades de los conceptos que trato de mostrar. Un país no es lo que pretende ser, sino lo que dicen sus promedios. Las cadenas de televisión del Estado pretenden invocar a lo que deberíamos de ser, o a lo más conservador de nuestra identidad nacional, pero teniendo en cuenta que sus audiencias no son muy altas, y que sí lo son cadenas como Telecinco. En un ejemplo: si echan una serie sobre Anna Karenina y por otro lado está la opción de ver la serie “la que se avecina“, y si esta segunda es la más vista con diferencia, este tipo de comedia nos da parte de la identidad de nuestro país. En dicha serie se da un humor socarrón, llano, absurdo y picaresco. Picaresco no es fácilmente traducible a otros idiomas o culturas, en donde suelen recurrir a usarlo como neologismo, luego la picaresca es una parte de la identidad española. Una película que llama a nuestro orgullo es “amanece que no es poco”, en donde  de nuevo la trama es lo absurdo (que puede implicar contravenir las reglas e incluso las físicas), luego nuestra apreciación sobre lo absurdo es otra seña de nuestra identidad. En esas mismas direcciones, más intelectualizadas, apunta el libro de Don Quijote, frente al sentido común y la lógica que representa Sancho Panza. Todo en su conjunto da una seña de fondo, quizás algo fatalista (que se manifiesta como resignación de la clase baja, los catalanes algo menos), que es la de no tomarse la vida demasiado en serio, y que siempre ha de intermediar el humor a toda situación por trágica y compleja que esta parezca. Al igual que la propia biografía repercute en nuestro estado actual, la historia de un país o cultura repercute en su momento presente. Nuestra mentalidad, a la par fatalista y socarrona, nos viene de nuestro pasado, donde ideas, como el de la “mano negra” o las ideas conspiratorias de los francmasones, no parecen dejarnos prosperar. Con todo, y volviendo a nuestra identidad personal, la identidad nacional está tan integrada en nuestro yo que no somos capaces de “verla”, al igual que no vemos nuestra nariz aun estando en medio de nuestros ojos. Son las otras identidades y culturas las que “realmente nos ven”. Esto en el plano de la identidad nacional; veamos más de cerca la identidad personal para ver a qué nos lleva al ser analizadas bajo las mismas reglas, pues de esa forma se entenderá mejor la identidad nacional.

   La identidad narrativa es aquella que contamos cuando conocemos a alguien nuevo, con el que creemos que vamos a tener un proyecto de futuro (una posible pareja, por ejemplo). Pero una cosa es lo que uno cuente, y otra cosa es como realmente sucedió y otra muy distinta es lo que realmente somos. Como el cerebro forma parte de sistemas adaptativos, este “adapta” la identidad narrativa en cada situación, con cada persona o grupo y a cada edad. En cuanto alguien te pregunta cómo eres y tú se lo “relatas” ya has cambiado, porque al “llamar” (activar) a dichas neuronas estas crean nuevas uniones entre ellas en cuanto adornes o alteres mínimamente la historia. Así que se puede afirmar, parafraseando a Focault, que “no me preguntes por cómo soy, sin por ello quererme cambiar”. Fijarse que uno cree evolucionar o madurar con la edad, en donde la madurez es la meta. En la mediana edad es cuando nos llegamos a decir a modo de sentencia  y juzgando nuestras “otras edades” eso de “¡ah!, si hubiera sabido lo que ahora sé”. Pero tal argumento es falaz y demuestra lo vacuo de ese pretendido agente que madura, pues a cada edad somos un tipo de programación que se comporta y da sentido (racionaliza, justifica) cada uno de sus actos bajo dicha “programación”. ¿Dónde queda la “libertad”? Bajo el concepto de la distribución normal, un adolescente tenderá sobre un 80% de las veces a un comportamiento arriesgado cuando está con otros adolescentes. (2) La “distancia” hasta el 100% es libertad u otros factores, o bien es posible que entre en otras estadísticas, como por ejemplo si se da el caso que tal adolescente haya tenido un accidente grave previo y se ha vuelto más precavido. Por eso de nada vale decir o pretender “enseñar” a comportarse como adulto a un adolescente. Cada humano ha de seguir su propia “programación”, y las palabras y consejos no suelen valer porque cada uno ha de cometer sus propios errores dentro de cada una de las edades y dentro de la programación de dichas edades. Bajo este punto de vista ¿es mentir o engañar el comportarse como se esté programado a cada edad y siendo analizado desde la razón o la lógica?, en teoría de la información: no. No son “mascaras” de niño o adolescente, realidades falseadas de un pretendido adulto que nos espera al final de la vida. Cada edad tiene su identidad, aunque nos parezcan posturas “falsas” al llegar a la madurez.

Etapas del desarrollo psicosocial de EriksonEtapas del Desarrollo Psicosocial de Eriksonhttps://en.wikipedia.org/wiki/Erikson’s_stages_of_psychosocial_development
Identidad “programada” en el ADN de cada edad, dentro de lo social.

   Por otro lado la evolución y el cerebro han creado los sesgos, los mecanismos de defensa y el auto-engaño, puesto que la finalidad del cerebro no es la “verdad”, sino sobrevivir de forma equilibrada, que en este caso equilibrado quiere decir, cuanto menos, como medianamente feliz. Bajo todos estos parámetros, en la mayoría de los casos, alguien externo tiene una visión más desapasionada y acertada sobre nuestra identidad que nosotros mismos. De hecho una de las bases de la identidad personal y narrativa se basa en que se reajusta (adapta) cada vez que es contada, dependiendo si el cerebro capta aprobación o desaprobación en su interlocutor (intercambio transaccional al fin y al cabo). Si una cosa de nuestro pasado nunca es aceptada por ninguno de nuestros interlocutores, terminaremos por no contarla o modificarla tanto como para que sea “aceptable”. Volviendo a la serie “la que se avecina”, unos de sus personajes más locuaces y claros siempre se presentaba como “pescadero mayorista: no limpio pescado”, pero en cierta situación por serle más ventajoso (para dar pena) se presentó como “pescadero no mayorista: limpio pescado”. En otra situación, aún más sórdida y por seguir esta línea argumental de forma de presentarse, llega a decir que ni es pescadero mayorista, ni limpia el pescado. En todos esos sentidos la sociedad hace de espejo,(3) en donde cada uno de nosotros nos miramos. Bajo estas nuevas ideas ¿qué es entonces ese agente?, existe. En ningún caso hemos hablado de una identidad nuclear, que sería el carácter o el temperamento, estamos hablando de identidades superficiales, o que flotan en la superficie, al igual que el petróleo que flota en la superficie del mar no define al mar. Con todo este ejemplo último no tan válido, pues nuestra identidad narrativa y que construye ese pretendido agente, es las suma de todas sus capas que nombran como capas sólo por comodidad verbal. El agente, al que nos referimos como tal, es el que emerge en tanto que autoconciencia, en los momentos en los que estamos solos y sin estímulos, pero este tipo de “agente” es tan sólo la atención focal volcada sobre uno mismo: un espejismo. Desaparece en cuanto nos volvemos presentes en la acción, pero en tanto viremos esa atención sobre nosotros mismos los otros nos la “reclamará”, pues en dicha situación o estado estaremos como “evadidos” del presente. Con esto volvemos a la dualidad mente-cuerpo. Si soy mis capas… ¿soy mi cuerpo? Y de serlo, de qué manera. Ahora mismo, en esta habitación, estoy a ocho grados de temperatura y no siento frío. Llega un momento en el invierno que mi cuerpo se ha aclimatado de tal forma, que dicha temperatura no me resulta “desagradable”. ¿De quién es el mérito?, desde luego no del yo o agente, esa aclimatación es a nivel hormonal -o muy bajo- como para que el cerebro, en tanto que sus capacidades más elevadas o humanas, tengan nada que ver. Sin embargo, por lo general, si alguien me preguntase que cómo puedo no tener frío le diría y me presentaría como una persona que no es friolera, como si tal cuestión fuese parte de mi identidad, cuando en realidad es un puro estado “mecánico” del cuerpo que he heredado. ¿A qué quiero llegar con todo esto? A que realmente no existe tal división entre mente y cuerpo, y que dicha división es puramente conceptual y formal. Soy mi ADN que regula de una forma concreta mi sistema endocrino y por lo tanto hormonal, que a la vez regula el comportamiento de mi cerebro en sus capas más antiguas, que a la vez repercute en mi comportamiento y por lo tanto en mis actos, y al final en la suma de esos actos a mi identidad narrativa. En la medida que me muevo en un medio social lo que sobresale es la identidad social, y en la medida que dicho sistema tiene unas reglas estoy mediado y atravesado por tales reglas, como esponja seca que es echada al agua. En ese sentido, de nuevo, no hay capas, aunque se puedan usar por convencionalismos. Soy un sistema complejo que es una mente, en un sistema social, en un nuevo orden mundial o sistema mundial. La identidad narrativa es una partícula mínima, y por ello prescindible, dentro de esos sistemas mundiales o más amplios: engranajes diminutos en un gran mecanismo del que nadie tiene el mapa o el control, al igual que una hormiga de su hormiguero. Lo que nos contemos a nosotros mismos, para mantener equilibrada nuestra mente, da igual dentro de ese orden mundial.

   Cabe hacer una nueva reflexión a partir de todo esto. Algunas personas me han argumentado que si voy en “automático” por la vida, teniendo en cuenta los argumentos previos. La “identidad” que trato de mostrar es aquella en la que “actúa” lo que yo llamo el “resolutor de problemas” (procesador multipropósito), aquel que “sale del paso” en cada situación solucionando el “problema” o “dilema” planteado en ese momento. Este tipo de “identidad” es la que emerge en programas como “Gran hermano (GH)” de TeleCinco (en España) en donde los cerebros responden a estímulos inmediatos, que por lo demás es el que “permanece” flotando, cual boya en el mar, frente al acontecer diario. Si se analizan la mayoría de las acciones de los concursante de dicho “reality” (tele realidad), nos parecen “caprichosas”, aleatorias y sin sentido aparente. Dicen y se desdicen de forma constante, ahora es blanco y al poco rato es negro. Parecieran barcos a la deriva, sin un capitán (agente) al mando de un timón que les marcase un rumbo. Lo que yo llamo resolutor de problemas en muchos casos actúa de forma muy rápida, dada la inmediatez y la rapidez de la vida en su momento a momento, de tal forma que no le da tiempo a “verificar” dicha acción con comportamientos pasados o previos. Se da un “problema” que soluciona con tan sólo unas pocas premisas, como si para el caso nos preguntasen “¿doce más veintidós?”. Este tipo de “identidad” sólo es instante y se atiene a muy pocos datos, dada la premura. Es más tarde a través del aislarse o que alguien haga de “espejo social“, en definitiva que nos devuelva la imagen, que entra en juego la coherencia y la identidad narrativa y que “justifiquemos“, y dado el caso rectifiquemos y podremos llegar a pedir perdón, a partir de que “encaje” o no con nuestra identidad narrativa. Lo que la audiencia analiza, en el caso del concurso gran hermano, y en este caso la audiencia hace de espejo social, es si dicha acción es coherente con su “pretendida” identidad narrativa, lo que esa misma persona cuenta de si misma y si realmente se ajusta a su reacción posterior, a un “ajuste real” con esa identidad narrativa o si tan sólo está reaccionalizando, o sea justificándose para quedar bien (postureo), adaptando como puede esa acción a su identidad narrativa. En esa medida el espejo social, las otras personas, pueden llegar a comprobar si una persona es coherente entre lo que hace y lo que cuenta (auténtica); entre sus acciones y emociones, y su identidad narrativa. En la medida que estas dos “identidades” “no encajen” se puede llegar a verificar si lo que ella cuenta -o identidad narrativa- es falsa, en la medida que tenga otros “planes” no revelados, o si ella misma se está autoengañando (mala fe sartriana, pues ella misma no es capaz de ver su engaño) a través de lo que ella cree de sí misma.

   En esta dirección, la identidad narrativa -y en la dirección de resolver tal dislate- tiene dos vertientes: 1. aquella que se atiene al pasado, a la memoria autobiográfica, 2. lo que habría que llamar “identidad proyectada”, en la que interviene nuestro futuro. De esta manera cuando se “elige” seguir una carrera frente a estudiar, hemos añadido o programado una identidad proyectada en el futuro que repercute a cada momento actual, puesto que el “resolutor de problemas” tiene dicha “variable” en cuenta a la hora de hallar alguna solución. La identidad proyectada no tiene porque ser tan “seria” y de “grandes miras” como decidir estudiar frente a trabajar, puede determinarse y emanar en algo tan sencillo como qué actitud tener con el último exnovio. Esta propiedad ya la adelanté en el anterior escrito, al referirme a la capacidad del prefrontal o conciencia para “fijar” una creencia (poner fe), frente al dudar, y en donde lo segundo se queda en el cerebro como “pregunta abierta”. La conciencia prefija comportamientos futuros al restar la duda. Si prefijamos el comportamiento con nuestros exnovios ya no volvemos a acostarnos con ellos un día que “bajemos las defensas”, o esa es la teoría. ¿Cómo funciona este proceso a nivel “computacional”? He repetido muchas veces que el prefrontal hace de simple verificador en el día a día. Al modo que la madre/padre “verifica” el comportamientos y las acciones de su bebé cuando el(la) hace otras labores de la casa. Al igual que la madre/padre deja “libre” al niño si todo lo “hace bien”, la conciencia no altera nada si el proceder que emerge del cerebro no incumple con los requisitos necesarios para obrar “bien” en sociedad. De esta manera si el prefrontal se ha “determinado” a que con el exnovio nada de sexo, en cuanto del cerebro emerja dicho deseo el prefrontal lo verifica como incorrecto y manda una contraorden al cerebro más interno. A nivel computacional es un bucle de “si X es igual a Y ir a “negar”, sino volver al principio del bucle”, donde “negar” es una rutina programada de llevar a cabo ciertas acciones como “crear distancia entre nuestros cuerpos, distender la conversación para que sea más fría, etc.” Es por este tipo de comportamiento que la conciencia es tomada por el psicoanálisis como superyó o voz del padre interiorizada, donde padre aquí quiere decir todas las reglas establecidas como “correctas” o normalizadas en sociedad, como para llegar a ser una persona modélica o razonable. La teoría es que durante la infancia, la adolescencia y la juventud no “opera” o se tienen predeterminadas o prefijadas las formas de actuar y comportarse en la vida, y llegar a la adultez consiste en haber alcanzado ese punto en donde el prefrontal verifica la mayoría de los actos con ciertas premisas o reglas. De hecho el prefrontal es la última zona del cerebro en mielinizarse (madurar en definitiva), proceso por el cual se recubre los axones (conexiones entre neuronas) de mielina para que su funcionamiento sea más efectivo y rápido. Aquí vemos de nuevo los “maléficos” planes de la evolución para cada edad: para “ella” hasta cierta edad es “mejor” no ser precavido y pensar demasiado, en la dirección de crear una “lucha” entre los padres y los hijos (rebeldía), como para que estos terminen por abandonarlos. Es por este tipo de “identidad” que no parecemos meros autómatas que operan como simples solucionadores de problemas del “aquí y ahora”, como he mostrado en los párrafos previos. Hay que fijarse que no es propiamente un agente, sino una capa superficial del resto de las estructuras del cerebro, un mero verificador. Bajo esta hipótesis lo moral no es algo implícito o no tan complejo como se revela en la sociedad actual, sino tan sólo una capa moral, al modo que la piel recubre la superficie del cuerpo y es lo que vemos y por lo que “definimos” a una persona. Por otro lado en la medida que este tipo de proyecto/identidad “nace” de una reflexión o elección es por lo que tenemos una mayor sensación sobre que existe un agente al mando, y que este parte de la libertad y la voluntad (acto volitivo). Se puede llamar “rendimiento de la identidad” a la medida con la que nuestra vida se “ajusta” a esta identidad proyectada o proyecto de vida.  Bajo estas reglas es por lo que las culturas protestantes (Inglaterra, Alemania y Estados Unidos como referentes), basadas en el trabajo y en los proyectos de futuro como piedras angulares de sus vidas, se diferencian del resto de las culturas, frente a “vivir el momento” o más vividoras, como lo son las culturas del sur de Europa (Cataluña sigue más la “regla” de los primeros). En la diferenciación de estos dos proyectos o formas de ver la vida vemos cómo la cultura/identidad nacional repercute en la identidad personal.

 ¿Invalida la identidad proyectiva mis premisas?, no. Tan sólo es una variable dentro de un algoritmo. Una variable importante y que tiene una fuerte repercusión: sí. Pero simplemente una variable que en cierta forma “enfanga” la libertad en la medida que es un determinante… o en otras palabras: en la medida que son unas cadenas que uno mismo se pone. Por otro lado hay que tener en cuenta cómo este tipo de identidad “habla” con el concepto de adaptación -base nuclear del sistema al que pertenecemos-. En la medida que me “ciegue” en un proyecto me cierro otras posibilidades que puedan surgir por el camino, que para el caso es como ir enfilado por un redil que me impidiera en todo momento ir a derecha o izquierda, cuando puede que en esas direcciones pudieran estar nuestras vidas. Las culturas protestantes son más “serias” y refrenadas (auto-reprimidas), de tal forma que cuando pueden salir de sus “rediles” tienden a ser más exacerbadas y llegar más a ciertos límites: es lo que notan los países del sur de Europa cuando a ellos llegan los ingleses o los alemanes. Terminar diciendo que una de las claves para entender el momento actual de la sociedad es la entrada en crisis de dicha forma de ser. Ahora mismo, dada la crisis y lo cambiante o inestable de la sociedad, ya no parece ser posible hacer o tener un proyecto de vida. El sistema deviene en pura adaptación, en tratar de estar mirando en todas las direcciones para tratar de aprovechar la más mínima oportunidad para ganar algo de dinero y estabilidad. “Vence” la identidad del “resolutor de problemas” frente a la identidad proyectiva. Vence la inestabilidad o falta de identidad del ente, frente a un tipo de humano que puede “prefijarse” a partir de metas del futuro. Hoy más que nunca se valida aquella frase de John Lennon de “la vida es aquello que te sucede mientras estás ocupado haciendo otros planes”. Se hace más complicado crear homogeneidad social, en la medida que la gran mayoría de las personas actúan como simples resolutores de problemas, en donde tal concepto deviene en que dichas personas no se pueden atener a principios, base de la identidad proyectiva. Bajo estos nuevos dictámenes, hoy más que nunca se sigue la frase de Groucho Marx de “estos son mis principios, si no le gustan… tengo otros”, en los que se revela un sistema adaptativo/cínico. El lema de la actualidad es “todos nos terminamos por defraudar”, pues como meros “resolutores de problemas” devenimos en entes oportunistas, en donde vamos del blanco al negro de un momento a otro, y en donde la lealtad, la honestidad, la fiabilidad, la integridad y otros valores son lo que se van cayendo en ese camino abrupto y sin sendas. Sin estabilidad en los sistemas el cerebro ya no puede “crear” un sentido o proyecto de vida. Deviene en su principio más básico: la adaptación, y por ello el oportunismo.

   Con esto cierro todos los paréntesis abiertos y vuelvo al tema del análisis transaccional, pues ahora se entenderá mejor. En los sistemas simbióticos, puesto que parten de la adaptación, se “negocia” qué o no se da con respecto a lo que se recibe. De nuevo el equilibrio es lo que se promedia a lo largo del tiempo. Toda especie es egotista: trata de gastar la menor energía posible en el intercambio. Si para el análisis transaccional la moneda de cambio es la caricia (mantendré este concepto pues es el asumido en el libro), la moneda de cambio en la vida, en las interacciones entre individuos y especies, es la energía. Ningún animal se desplazará por comida (energía) a una distancia que no esté igualada a su gasto. Una ardilla no se desplazará 20 kilómetros por una sola nuez. Creo que está claro esa relación de gasto y energía. ¿Quién se desplazaría en coche 100 km. para llenar un litro de gasolina si en el proceso se gasta litro y medio? En esa dirección toda simbiosis mutualista es una lucha de las dos especies para gastar la menor energía posible, como son dos apuestas y cada una tira para su lado al final se llega a un equilibrio. Para el análisis transaccional el intercambio social, en tanto que esfuerzo, se entiende como trabajo: “el término trabajo no es apropiado, porque una teoría general de la psiquiatría social debe reconocer que las relaciones sociales son también una forma de trabajo”. En física “el trabajo transfiere energía de un lugar a otro, o de una forma a otra”, trabajo y energía son dos lados de una misma moneda que tienden a equilibrarse. En el sistema económico-social el trabajo asalariado es el intercambio de un esfuerzo o trabajo por una remuneración económica. En los tres sistemas se usa el mismo término, porque en definitiva tienen  la misma base de gasto o recuperación de energía, donde energía en el caso del intercambio social transaccional son las palmaditas o caricias.

   ¿Qué es un juego en análisis transaccional? Aquí hago un resumen y remito al libro aludido del propio Eric Berne. Un juego, a diferencia de un pasatiempo, es todo tipo de relación entre dos o más individuos donde emerge unos patrones que son medibles, cuantificables y nominables, y donde prima el conflicto y la hostilidad, para uno o varios de los jugadores, cuando no se “acogen” a posturas de adulto, frente a las de niño o las de padre. La terapia transaccional parte del psicoanálisis y su lenguaje, las posturas de niño, adulto y padre se pueden corresponder con las del ello, el yo y el superyó, si bien hay que tener en cuenta que el análisis transaccional nos dice que los tres estados nos cohabitan y pueden vivir en armonía, pero en tanto que ha de “dominar” el adulto. La finalidad del análisis transaccional es “crear” personas que estén libres de juegos o relaciones de adulto a adulto. Un típico juego sería el de la mujer “ama de casa” en donde su pareja le hace ver de constante que su vida depende de su trabajo y por ello de él. Un juego no tiene por qué estar “declarado”, en la medida que muchos de ellos son jugados sin que claramente se estén jugando. Aquí hay que revisar límites y “errores” del análisis transaccional. Está creado como terapia, pero no como terapia a la sociedad, sino de aquellas personas que van a sus consultas. Ciertos juegos se dan por problemas implícitos de la sociedad, el análisis transaccional no puede cambiar la sociedad (por ejemplo el alcoholismo y la venta de alcohol), luego “analiza” al individuo en la medida que asume que las reglas de los juegos son dentro de esta sociedad. Esto es lo que nos quiere decir Berne cuando alega que: “la característica esencial de los juegos humanos no es que las emociones sean falsas, sino que están reglamentadas”. O para ser más claro, si se juega al póquer uno puede no estar de acuerdo con sus reglas, pero en el momento que uno juega al póquer acepta sus reglas. El análisis transaccional te dice cómo ha de ser jugado, o en otro caso “no-jugado”. Esto se ve en el ejemplo de la ama de casa, puede ser un problema a resolver por el feminismo y en la sociedad, pero el análisis transaccional tan sólo le interesa cada caso de cada pareja, no abordar el machismo en la sociedad. En otro ejemplo: la mayoría de las relaciones de jefe a empleado suelen estar “viciadas” en la medida que se cae en algún tipo de juego, pero no es algo que pueda ser modificado o tratado, porque se basa en un claro ejercicio de poder. Otra “pega” es en qué medida una persona pueda ser paranoica o no y esté alterando la realidad (rayarse o entrar en bucle, en el lenguaje de la calle), y crea estar en un juego, cuando no lo está. Se supone que son análisis de psicoanalistas especializados y por ello han descartado previamente otros factores mayores, o sea que no cualquiera puede ponerse a analizar la vida bajo sus reglas, pues están supeditadas a otras mayores. Por lo demás la mayoría de los juegos no están “declarados” y se juegan sin que las personas se percaten que lo están jugando. Hay ataques “implícitos” casi en cualquier frase. Si entre dos conocidas una hace alusión a que cuando sale no se maquilla, puede llevar implícito un ataque hacia la otra persona queriendo decir, de forma soterrada, a que su “amiga” puede que tenga cierto éxito con los chicos porque se maquilla mucho. Todo esto apunta a que la mayoría de las personas, de forma inconsciente, entran en juegos con otras personas, cuando aparentemente no hay una intención de la que sean conscientes.  Aquí vemos lo irrelevante y efímero del concepto de agente como ese ente consciente, al cual se le achaca una intencionalidad que conoce, puesto que el cerebro tiene sus propias intenciones que se cuelan en la acción del día a día, acciones e intenciones que la conciencia desconoce.

   Otro inciso. El análisis transaccional no es filosofía, ni antropología y ni siquiera sociología. Trata sobre los juegos sin ir más allá. Bajo mi punto de vista todo el conflicto proviene en tanto que somos un animal social altamente jerarquizado. En todo animal jerarquizado la mayoría de los actos no son gratuitos, sino que llevan implicado el mantener o subir de jerarquía. Incluso los juegos infantiles suelen estar regidos por esta regla. La vida humana está mediada por ganar o perder, y se ha pronunciado aún más con el concepto del sueño americano, en donde el miedo a ser un perdedor es su otro lado de la balanza. O sea, en todo acto humano suele haber una lucha jerárquica en donde tenemos que posicionarnos con respecto a la otra persona. La manifestación más clara no es tanto en tomar uno su propia posición, sino demostrar la ilegitimidad de la posición del otro, que queda reflejado en el parafraseo sobre el pensamiento de Ghandi de “el problema de la mediocridad consiste en que para brillar ha de apagar la luz de otro”. En la actualidad, en la era del conocimiento, bajo esta regla, la cuestión no pasa tanto por mostrar uno su saber, sino en demostrar las veces que yerra tu “adversario”. En ese caso puede que se trate de demostrar la falsa superioridad del otro. Si se logra esa “meta” ya es una teórica victoria del contrincante. En esa dirección una persona puede tratar de parecer modesta en sus conocimientos, pero ¿es esa postura un juego en la medida que no trata de ser beligerante y por ello caer en una postura paternalista? ¿Cómo no jugar si la vida es una “guerra” y como es sabido “en la guerra todo vale”? Se supone que el análisis transaccional solo media en situaciones de tratos o relaciones, en donde no debería de mediar la “guerra”, como son las parejas, las familias y las amistades. ¿Quién duda que cuando sale de las cuatro paredes que son su hogar sale a la “guerra”, donde el simple trato con un tendero nos puede llegar a ser hostil o conflictivo?, parte del éxito de los hipermercados es la falta de contacto con los tenderos. En lo socarrón de España algunos bares de barrio ponen un cartel que dice “hasta ahora ha ido bien el día, ya verás como viene alguien y lo jode”. O desde el otro lado de la barrera: el trabajo de atención al público consiste en un juego en la medida que uno hace de niño ante un padre, “obedecer y callar” y “el cliente siempre tiene la razón”. O sea, el análisis transaccional es una terapia que trata allí donde lo que debería de primar sería la concordia y el amor, o un estado de no guerra o jerarquizado. A nivel de empresas está la teoría de juegos, sobre todo en el trato entre ellas, como cuando se da una adquisición o compra de una empresa por otra. Por otro lado el trato de “superiores” e “inferiores” en grandes empresas están ajustados bajo ciertos consejos de psicólogos empresariales. Entre medias de esas tres posturas sólo nos queda la vida como guerra, puesto que cómo determinar cuándo una situación es de amor y no beligerante como para que merezca la pena ser analizada o tratada a través del análisis transaccional o “luchar” por mantenerla. Vuelvo a esto al final.

    Hay que analizar lo escrito a través del concepto de lo autopoiético, la autonomía y la inducción neural, para unir las presentes ideas a los escritos anteriores. Mi identidad está sostenida por un “hardware”, por un cerebro dentro de un cuerpo con un ADN. En la medida que otra persona sea lo más igual a mí, hay menos “ruido” o interferencia cuando se da una comunicación o durante la acción del día a día, donde todo acto implica intenciones. Entre hermanos se da una mayor sincronicidad de sus cerebros y pueden “leerse” mejor sus intenciones. En las culturas de cazadores-recolectores las familias son sin distancias puesto que su día a día se basa en muy pocas rutinas. Hoy en día ya no esa así, puesto que un hermano puede tener una carrera y otro no, y otros tantos factores. En esa dirección, en algunos casos o situaciones, se crea una mayor sincronización entre dos compañeros de trabajo que entre dos hermanos, pero aún mayor cuando dos hermanos son compañeros de trabajo, frente a otros compañeros (las empresas procuran evitar que dos hermanos o familiares sean compañeros o no se contratan para “lidiar” con tal situación). En la medida que entre dos personas se dé la sincronización, se mengua el conflicto. O sea, dos compañeros de trabajo suelen hacer “piña” frente a los clientes. En los estados sincronizados con otras personas se suele dar el componente de no-beligerancia, o de contacto humano o en algún grado de amor, que son reducidos a estados empáticos. Puesto que somos seres sociales, y es una “necesidad” del cerebro para mantener su equilibrio, buscamos estados empáticos o pertenecer a grupos. Esto mismo, dicho con otras palabras, quiere decir que puesto que por un lado somos cerebros adaptativos y por otro lado buscamos el contacto social en la dirección de empatizar o que no reine la hostilidad y el conflicto, tendemos -por mera adaptación- a “imitar” comportamientos de los grupos a los que pertenecemos. En esa dirección “emergen” las identidades de grupo por afinidades, donde uno sencillo son unos hermanos y en otro una pareja. Este tipo de identidad, como mini-sistema complejo, siguen las reglas de energía y su gasto, o el tratar de ser autónomo, pero teniendo en cuenta que lo es en la medida que está integrado en sociedad, y en la dirección de tratar de llegar a estados simbióticos con otros grupos o individuos, con los que se tiene que “negociar” el tipo de colaboración o conflicto. Lo que trato de establecer y que quede claro, es que cuanto más complejo sea un sistema, más complejo será llegar a estados autónomos o autopoiéticos. Los humanos de la prehistoria y los cazadores-recolectores apenas sin necesita(ba)n nada fuera de su tribu, excepto los emparejamientos y por no caer en la consanguinidad. La sociedad en la medida que cada vez es más compleja hace cada vez más imposible ser autónomo, o de otra forma es más proclive a que cada vez haya más tendencias al conflicto o la hostilidad, aunque estén soterradas bajo los buenos modales y las normas sociales. Ahí tenemos, sin ir más lejos y como ejemplo, que hacemos grandes sistemas musicales para los automóviles, y a mí alguien siempre me despierta en las mañanas, cuando su vehículo es parado por un semáforo que hay tras de mi vivienda. Se da un “juego” hostil y de conflicto, el cual genera estrés, sin que uno lo pueda “evitar”. Lo mismo si trabajas en atención al cliente, y viene cada día alguien por el que sientes un odio visceral que tratas de domeñar. En esa misma dirección yo trato de no hacerme cliente habitual de ningún establecimiento, para evitar caer en juegos o meter “sin querer” en algún juego a otra persona. ¡A veces siento que mi pensamiento y forma de vivir es tan robótica que me asusta!

   Si se analiza al detalle y bajo los grandes rasgos del párrafo anterior, la mayoría de los juegos que enumera el análisis transaccional son juegos “modernos”. Lo que quiero decir es que en la prehistoria las sociedades humanas se basaban en el concepto de la familia extendida de grupos pequeños donde primaba el amor y en donde los roles estaban muy claros y asumidos. No creo que en esas situaciones se diesen casos tan “catastróficos” como los actuales que se dan con alcoholismo y demás adicciones, y el supuesto parasitismo de los sin-techo y otros individuos dentro de la categoría de parados de larga duración. En esa dirección pienso que primero habría que hacer un psicoanálisis transaccional a nivel social, en donde estamentos, ideologías, organizaciones y movimientos tendrían que ser tratados como agentes dentro de juegos sociales. Un claro ejemplo es la situación actual en crisis, donde una gran mayoría de personas tienen hipotecas que apenas pueden pagar. En este juego el banco, y la sociedad de fondo, hace de padre y los hipotecados de hijos, que han de cumplir con el padre. En cuanto no se paga una cuota el banco reprende al hijo, y si no paga varias es llamado para pedirle que actúe como adulto. En otro caso el Estado hace de padre al que pedimos cuentas. Los juegos sociales a este nivel consisten en tratar de saber de quien es la responsabilidad de cada situación como para reprenderle como mal padre o mal hijo. De igual forma en todos estos juegos se hace equívoco saber si es un diálogo de adulto a adulto, o de padre a hijo. Un adulto es aquella persona que es totalmente autónoma, pero en las sociedades actuales: ¿se puede ser si la mayoría de esa pretendida autonomía no están en las manos de las personas? En otro caso, con el nuevo mapa del mundo globalizado, las uniones y pactos entre países, como la Unión Europea, hacen de padre sobre los países componentes que no cumplen con sus requisitos, donde en cuanto las cuotas no se cumplen de nuevo son reprendidos en un juego de padre a hijo que clama que actúe como adulto. Todo esto no sucede en las tribus de cazadores-recolectores, que son totalmente autónomas y su única lucha o trato es contra su propio hábitat, y en donde cada persona llega a adulto y hace su rol durante toda su vida. Bajo estos puntos de vista, según el feminismo, el hombre siempre ha querido hacer de padre tratando a la mujer de niño, ¿realmente es o ha sido así o solo en algunas culturas como las protestantes de las que son descendientes la cultura inglesa y la norteamericana? Mis padres eran dos adultos (en los roles del análisis transaccional) donde en ningún momento ninguno hacía de padre o hijo del otro. Eso es independiente a si mi madre era o no ama de casa. Ama de casa no implica machismo, machismo es -o era- si ante dicha situación mi padre hiciera de “padre” sobre una madre y ella de hija. Qué más quisiera yo simplemente ser amo de casa y tener que ver poco o nada con la sociedad, pues al ser muy solitario e individualista para mí es una pesada losa, pues además en familia no se da la guerra que es lo social. Otro caso que se da en lo social-moderno es la baja tolerancia al estrés que hay en general. Cada vez hay más divorcios porque se tira la toalla cada vez con más facilidad. Aquí sale a las claras la vigencia de las teorías transaccionales. Un recurrente en las parejas es quién (se) da más en la pareja, y nace el conflicto cuando uno de los dos cree que no hay una igualdad o es demasiada la distancia. Y de nuevo otra regla de los sistemas, que es que se dé una mayor entropía (caos) cuanto mayor sea la complejidad: una cosa es cuando se está de “novios”, otra muy distinta es cuando se convive y otra cuando se tienen hijos. Por el efecto masa cada vez se podrán distanciar más las diferencias sobre quién de los dos “da” más en la unión, y el tratar de evaluar qué es equivalente a qué, en esa medida de los “valores”, las emociones y las acciones del día a día. Si ir a buscar a los hijos al colegio es igual que planchar, o cuestiones similares. En definitiva, y en el lenguaje transaccional, quién acaricia más al otro en la pareja. Y vuelvo a los temas de lo social y lo familiar, se supone que en familia no debería de primar el conflicto: ¿por qué ahora sí?, ¿el hombre y la mujer ya no son capaces de “negociar” un pacto duradero y no beligerante?, ¿está repercutiendo el lenguaje errado feminista?, ¿es tan sólo un “síntoma” de una sociedad en crisis, dentro de un mundo de valores en crisis?, ¿la humanidad está tendiendo a cuestionar el “valor” de muchas emociones, sobre todo del enamoramiento y el amor de pareja, como trampas evolutivas y anteponen la razón? Bajo mi punto de vista cuanto más nos alejemos de aquel inicio humano de familia extendida, en la que se suman cada vez más complejidades, como lo son las redes sociales, más complicado es que se pueda llegar a cierta tranquilidad o equilibrio en los nuevos sistemas. Los sistemas se tardan en equilibrar, pero en un sistema en constante cambio el equilibrio es simplemente imposible.

   Con esto voy a casos concretos o ciertas apuestas más individualistas. Hablo en términos generales, pero a sabiendas que personas de mi círculo cercano se darán por aludidas. Un juego inevitable por lo demás. La apuesta evolutiva masiva en lo humano es la colaboración, no es el altruismo, en ese caso se “negocia” qué se da por qué se recibe a cambio, pero ¿qué pasa si se nace con una apuesta altruista o más conciliadora? En mi caso nunca pretendo competir, siempre he evitado los juegos, sobre todos si son competitivos. En cierta ocasión por “obligación” de la situación me hicieron jugar al póquer con dinero. Gané a todos, pero al final, viendo el malestar en algunos, les devolví el dinero. Pero ese es otro juego, donde yo parecía hacer de padre que daba una lección a sus hijos. En esa medida durante toda mi vida me veía metido en juegos a los que yo no quería jugar, y mi pregunta era si era posible no jugar a juegos. No sé “ligar” porque esta “acción” humana está atravesada de juegos. Cuando he estado con parejas fue porque fue “fácil”, porque ninguno de los dos entró en el juego de ligar al estar seguros de lo que queríamos los dos. Bajo mi punto de vista si tienes que “luchar” por alguien ya es una “derrota” del concepto de amor, pues a la larga saldrá en el juego de esas dos personas.  Se supone que en el trato de dos adultos ya no hay juegos, pero eso sólo es en la teoría, al final por mecánicas (dinámicas) las relaciones se vician y se terminan por convertir en juegos. Un caso que me ha pasado de constante es que soy intelectualmente muy activo, cuestión por la cual en cuanto ciertas personas me “pillaban” en un error intelectual tendían a “acribillarme”, con un “aparente” ahora es la mía. Aunque una persona no quiera ganar, no por ello quiere perder, sobre todo si su “contrincante” es un mal ganador. De nuevo uno se ve “sometido” a un juego sin quererlo, ni buscarlo. En unos y otros casos la vida emerge como guerra, donde al final pareces no tener ningún aliado. No estoy haciendo o jugando el papel de víctima. En la medida que entro en sociedad entro en juegos de los que soy no-inocente, yo meto a mi vez a personas en juegos, y por eso mismo comprendo que igualmente les ocurre lo mismo a otras personas: que me metan en juegos sin ellos “quererlo”. El resultado final es que la vida no puede ser de otra forma que como mediado por el conflicto, y en donde siempre hay “ganadores” y “perdedores”. La apuesta evolutiva altruista es análoga a la del niño. No querer “jugar” o ganar es igual que mantener una postura de niño en toda relación, con lo cual, en la teoría del análisis transaccional, es partir del papel de niño o no adulto. Fijarse en la complejidad de tal afirmación. ¿En qué medida el llamado “complejo de Peter Pan” no nace de este patrón de comportamiento o de dicha apuesta evolutiva? Por otro lado está el individualismo como otra apuesta. Alguien altamente individualista es autosuficiente, pero en cierta forma muchas relaciones se basan en la premisa implícita de “necesito que me necesites”, como nos hace ver la película “D.A.R.Y.L.“, y en donde tal vínculo se ha de basar en la lealtad, o como nos hace ver Sartre cuando nos dice: «amar es, en esencia, el proyecto de hacerse amar». En la medida que no haya igualdad del “necesito que me necesites” se puede crear un estado desequilibrado que ya no es de adulto a adulto, y por lo tanto se puede entrar en un juego. Lealtad y autosuficiencia son como el agua y el aceite. Cuando alguien te solicita de manera implícita lealtad te está metiendo en un juego. En otro caso soy artista, yo no necesito palmaditas al hacer mis obras, pero cuando alguien de forma implícita las ataca te mete en un juego. Sólo yo soy mi única crítica válida, con el tiempo reniego de ciertas de mis “obras”. Yo no quiero defender mi postura ante otros, ni verme “obligado a explicar” mi obra, como defendiéndola. Tolero la crítica sin tocarla, pero a sabiendas que esa postura legitima la crítica de la otra persona, por lo cual hay una aparente “derrota” bajo la mirada del otro. Como yo no necesito de las “palmaditas” no suelo darlas a mi vez, y si lo hago me parece que estoy entrando en un juego, o cayendo en un postureo superficial y banal, con lo cual ciertas personas me las “reclaman”, con lo que de nuevo me meten en un juego. Sólo bajo estas premisas se puede entender cómo actúo en las redes sociales. Hubo en algún momento que me dejé llevar por sus normas, entre ellas las del “me gusta” o sus equivalentes, pero me vi metido en juegos en los que no quería y opté por no darlos, ni solicitarlos. De cualquier manera esta forma de “actuar”, sin ser explicada o aun explicándola, no es aceptada por las personas, cuestión que entiendo, pues ese “no-juego” al final no deja de ser otro juego en donde parece que voy de “diva” o algo similar. Aún con todas las precauciones anteriores, me he visto metido en varios juegos sin poder evitarlos, ya que una vez que se inician sus propias dinámicas uno se ve sumergido en ellas. De fondo espero que mi “generosidad” al compartir no sólo mis escritos, sino “trabajos” como las gráficas generadas o el mapa mental sobre la superveniencia -de ciento de horas de trabajo- supla la consideración “truncada” que mi persona en las redes sociales pueda causar.

Into the Dark - the Body     ¿Qué espacio hay para vivir si no quieres jugar los juegos que predominan cada vez más en sociedad?, yo diría que ninguno, buscar la total autonomía depende de jugar a los juegos actuales, cada vez más complejos y en donde para jugar uno implica el meterte en varios juegos previos. Una vez tuve una casa, pidiendo una hipoteca, parte del juego del matrimonio. Me dio terror porque sabía lo que implicaba bajo los supuestos explicados arriba, donde el banco y la sociedad hacen de padre en el trato. Sabía de forma implícita que era perder autonomía. Todos sentimos que la sociedad actual es una cárcel. Es falsa la pretendida libertad de los existencialistas, pues parafraseando a Rousseau la sociedad está llena de cadenas, o dicho más poéticamente bajo la voz del grupo Jarcha:  “no hay libertad sin cadenas”. Hay personas que no son sensibles a los grilletes, pero los que somos muy individualistas el solo contacto con su frío hierro ya nos aterra. ¿Acaso no querer jugar implica no querer vivir? Esa es la premisa que se sigue de seguir la lectura de la sociedad actual, pero no es así. Pienso que la mayoría de los suicidios consisten en cerebros que de forma implícita se ven metidos en un callejón sin salida, donde la única forma de no jugar a ningún juego es la muerte. Lo que quiero decir es que hemos complicado demasiado el vivir de forma equilibrada y autónoma, y que además no hay vuelta atrás… (Continuará)


(1) Hay una condición genética que implica una “baja excitabilidad” del sistema nervioso central a los estímulos, que puede llevar a que el dolor permanezca activo, como “sustituto” a dicha ausencia. En la fibromialgia el dolor sin ninguna causa se mantiene más o menos estable y de forma constante en las personas que lo padecen. En unos escritos atrás hice mención de una postura que mantenía (presionar la mano izquierda entre la mesa y mi cuerpo cuando estoy con el ordenador) que me llevó a la larga a una patología de irritación nerviosa de ese lado del cuerpo, por presionar algún nervio de la mano (sigo cayendo en esa postura, por mucho que vigile). Hace un mes o así, al ponerme a caminar por el buen tiempo, en las caminatas largas sentía dolor en la planta del pie derecho, cerca de los dedos. No podía saber a qué se debía, en un primer momento pensé que habría pisado alguna piedra, pero lo descarté después de un tiempo. Un día, estando en el ordenador, me di cuenta que tendía a poner ese pie encima del soporte de una de las ruedas de la silla y presionaba sobre la planta. De nuevo el mismo “comportamiento” de algo que a la larga me dañaba, pero que no noto cuando estoy en esas posturas, lo que “demuestra” que padezco esa baja excitabilidad, pues igualmente tengo fibromialgia. Es heredada pues la padece la hermana que va por encima de mí y mi madre siempre se quejaba de que le dolía todo el cuerpo. Si “confieso” o escribo todo esto no es por egocentrismo, sino por que quede constancia y se vea mi forma de analizar. Se achaca con demasiada facilidad en sociedad el “caer” en somatización, cuando en muchos casos son “problemas” más profundos.
(2) A la fecha estamos cerca del día internacional de la mujer. La televisión se vuelca en tal día. Un anuncio muestra a una persona haciendo deporte de riesgo en la nieve, al final se quita el casco y es una mujer. Aduce que el 80% de las personas dieron por supuesto que era un hombre. Es información a medias, toda información que esconde datos es tendente a ser un tipo de manipulación. Seguramente sobre el 80% de las personas que son capaces de hacer tal ejercicio sobre la nieve sean hombres.  Como trato de mostrar en el escrito “sincronicidad neural y síntesis creativa” el cerebro tiene como núcleo la predictibilidad, en donde entran en juego promedios y otras reglas estadísticas de inferencia. El cerebro no puede prescindir de tal regla, pues si fuera ese el caso no habría aprendizaje. Sería eternamente como el cerebro de un bebé. En este caso vemos las paradojas que planteo. Reconozco que el cerebro contiene sesgos, pero el sexista no es el más grave. Si el feminismo fuera contra los sesgos sería noble, pero sólo va en contra de los que les “perjudica”. En ese caso su intencionalidad es sesgada. En última instancia en un mundo sin dicho sesgo, se terminaría por imponer las reglas “reales” de las diferencias de sexo dadas en el ADN, de los cuales igualmente el cerebro sacaría conclusiones estadísticas de promedios. Yo no niego que tal deporte no lo pueda hacer una mujer, y quien quiera que lo haga, pero la testosterona es la que induce más a los deportes de riesgo, luego por el ADN, “elegirán” más dicho deporte los hombres. Por otro lado en los deportes olímpicos diferencian a hombres y mujeres, pues en unos tienen ventajas las mujeres y en otras los hombres. Nadie diría que tal cuestión obedece al machismo. Luego la predictibilidad del cerebro no va mal desencaminada. Los mensajes no explicados en su totalidad “confunden” a la sociedad. El feminismo crea mucho mensaje confuso.
(3) En un ejemplo. Al inicio del escrito hago mención de la bajada de mi “calidad” mental. Pero el simple hecho de publicar este escrito, frente a tenerlo simplemente en el ordenador; el cual sé que puede ser leído y analizado (léase juzgado) “obliga” o hace de premisa para que el cerebro modifique su química como para que tenga algo más de energía y por ello vuelva a activarse la “pegajosidad neural” o motivación (dopamina y orexina). Tal hecho se llama “efecto audiencia”, que dice que hay un mejor desempeño cuando se está con otras personas con respecto a estar solo, estudiado dentro de la teoría de la “facilitación social” e igualmente se estudia dentro de la teoría de los impulsos, que como he dicho arriba son activaciones de “relés” dependiendo del medio y la situación.


Enlaces a la bibliografía de la que me he documentado para el último escrito y posteriores… Descargar.

Sincronización Neural y Síntesis Creativa

Somos lo que repetimos.” Aristóteles
Lo último que necesita este sitio son un conjunto de reglas coherentes. Las reglas hacen que la gente piense que el mundo se puede entender… ¡y no se puede, es un caos! (…) la lógica es una trampa.” Future Man
La felicidad es buena para el cuerpo, pero es la pena la que desarrolla la fuerza de la mente.” Marcel Proust
Alcanzarás buena reputación esforzándote en ser lo que quieres parecer.” Sócrates

 

   El presente escrito trata tres puntos del anterior, y de uno que quedó atrás sobre la limerencia y buscar lo igual, para ampliarlos y en cierta forma explicarlos con más datos y detalladamente. No puedo sumar estas ideas al anterior escrito, pues ha tenido tantas revisiones y ampliaciones que ahora es bastante confuso e inconexo dada su complejidad y variedad de temas tratados. Tampoco quedaría bien poner como nota a pie de página algo tan importante. En este escrito se ve una de las utilidades del mapa mental sobre la superveniencia, creado con el programa “Thebrain”. Hago referencias a muchas páginas que están abiertas en el navegador de las que cojo notas e ideas, pero si me tengo que remitir a una de ellas no me queda otra que tantear para ver cuál es, lo que me demora y me pone nervioso al perder el control de dónde está cada artículo. Se rompe el flujo mental creativo. Con el mapa mental los tengo conectados y encontrarlos es más fácil dentro de su buscador (ventana de arriba a la derecha).

 

  1. La Inducción Neural

     De forma casual llegué a la conferencia en TED de Uri Hasson. Este párrafo sólo va en la dirección de unir puntos sobre el anterior escrito y dicha conferencia, por lo que hay que haber leído y visto las dos cosas. En primer lugar hay que aclarar los términos. En inglés llaman a tal efecto “entrainment”, que literalmente quiere decir “arrastre”, es sinónimo de acoplamiento o sincronización. En la conferencia dice que usa el término de “neural entrainment” con respecto a la similitud de lo que ocurre con el de “physical entrainment”, concepto que no se encuentra en una búsqueda en la Wikipedia, ni en Google académico. Si bien al poner “entrainment” de forma genérica en la Wikipedia nos lleva a un pequeño listado de temas similares. Viendo los artículos comunes a los que lleva no parece acertado que haya sido traducido por inducción, pero queda fuera de mi nivel el debatir tal elección, pues sería intrusismo. En la conferencia Hasson nos muestra cómo varios metrónomos, cada uno a su propio ritmo en el tiempo, se sincronizan al ser puestos encima de una plataforma que hace a su vez de “oscilador”, que es el que al final, en varios ciclos, sincroniza todos los metrónomos. Esta es la explicación de la Wikipedia (google siempre traduce entrainment por arrastre):

El arrastre se ha utilizado para referirse al proceso de “acercamiento” (mode locking) de osciladores accionando de forma acoplada (conectada), que es el proceso por el cual dos sistemas de oscilación interactivos, que tienen diferentes períodos cuando funcionan de forma independiente, asumen un período común. Los dos osciladores pueden caer en sincronía, pero también son posibles otras relaciones de fase. El sistema con la mayor frecuencia se ralentiza y el otro se acelera.”

    En el mismo artículo nos dice que su descubridor, Christiaan Huygens, inventor del reloj de péndulo en 1666, lo llamó “simpatía extraña”, inusualmente similar a lo que en musicología se llama “resonancia simpática“, que en su definición “es un armónico: fenómeno en el que una cuerda o cuerpo vibratorio anteriormente pasivo responde a vibraciones externas con las que tiene una semejanza armónica“. Igualmente se nos dice que “el arrastre se produce porque se transfieren pequeñas cantidades de energía entre los dos sistemas cuando están fuera de fase de tal manera que produzcan retroalimentación negativa.” Fijarse que este lenguaje, sobre cuerdas y cuerpos vibratorios, se puede extrapolar a humanos, y la imitación y el seguimiento de tendencias, como metáfora a que el humano no está fuera de ser un sistema complejo y que se rija por sus leyes; la frase quedaría así: “la imitación es un fenómeno en el que una persona o  un grupo de ellas con tendencias pasivas, anteriormente individualizadas, responden a sugerencias de otras personas o grupos, que son líderes, con las que tienen semejanzas y simpatías (…) la inducción se producen dados pequeños ajustes imitativos entre los dos sistemas, a partir de que cada uno se conduzca bajo su propia fase individualizada, de manera que se produzca una retroalimentación negativa, en donde se pierde la individualidad a favor de la sincronía en tanto que un nuevo grupo o nuevo sistema“. No sólo se adaptan los seguidores imitativos, sino los propios “falsos” líderes, dado que aceptan las sugerencias de sus seguidores, siguiendo estadísticas, para “limar asperezas”. A esta actitud es a lo que llamamos “políticamente correcto” o era de la posverdad. Las redes sociales son las que han servido de plataforma o suelo, como en el caso del vídeo, entre los cilindros inferiores (líderes) y los metrónomos (redes sociales). Si todos odiamos tanto a los líderes chaqueteros, como a las redes de influencias, ¿quién es realmente el “culpable”?, nadie, puesto que estamos bajo el influjo de leyes que no entendemos a nivel de calle (leer sobre sociofísica o física social), y que las entienden unos pocos especialistas y las usan para “manipular” el medio social por medio de los “inocentes” políticos. Me toca unir puntos con mis escritos.

   En el anterior escrito decía que la sincronización es el “sentido” -recoger información del medio- más antiguo en la evolución, a través de sincronizarse con las horas de luz del día, que más tarde llevó a sincronizaciones con otros seres unicelulares. Está claro que si una especie era sensible a cierto rango del espectro de luz que otra especie, las dos tenían dos sincronizaciones distintas. Su identidad “nacía” de tener en común la sincronización a un mismo espectro de luz a una misma hora del día. Con el tiempo la sincronía o la percepción cuórum se añadió al repertorio de la información incluida en el ADN. Un pequeño salto a la actualidad: los depredadores tienen ventaja para cazar en la noche, que es la hora de dormir de sus presas. Desincronización de la actividad vital y los relojes biológicos. Es muy posible que los primeros “depredadores”, seres unicelulares, “nacieran” de “saber” en qué momento del día había más seres unicelulares en cierto lugar. Nace el concepto de identidad y otredad con respecto a los ciclos vitales. Seguramente fue en esta dirección por la que “nació” la detención de cuórum, que es la capacidad de una especie de sincronizarse para un fin. Así “de manera similar, algunos insectos sociales utilizan la detección de quórum para determinar dónde anidar” nos dice la Wikipedia. Lo revolucionario, que propone Uri Hasson, es que la inducción neural o sincronización, durante la comunicación y en los oyentes, se da a nivel de la detención del significado. O sea, se dan varias sincronizaciones, una de ellas en las zonas auditivas y puesto que el habla es en primer lugar una onda sonora, mientras que el significado implícito es tratado en las zonas más evolucionadas del cerebro. Lo ha comprobado ante el experimento de que un mismo mensaje en varios idiomas, para los oyentes de cada uno de esos idiomas, se crean de nuevo las mismas sintonías en las frecuencias de las neuronas de las mismas zonas complejas del cerebro. Pero ¿no es eso lo que hace la empatía y por lo tanto las neuronas espejo? Seguramente es una y la misma cosa vistas desde dos ángulos distintos, si bien es muy posible que las neuronas espejo “nacieran” con -y por- este propósito. O sea, al sincronizarse a nivel de ritmos u oscilaciones de grupos de neuronas, al final cierto tipo de neuronas tuvieron esa función o especialización: tratar de sincronizarse con las de la persona que se tenía enfrente, por inducción (aquí sí encaja este término, pero igualmente por arrastre o por acoplamiento), y por lo tanto se llegó a las neuronas espejo y por ello a la empatía. Tenemos aquí la estructura de cómo algo tan complejo como la empatía humana, y por ello la solidaridad y la caridad, nacen de algo antiguo, mecánico (siguiendo leyes físicas que se cumplen en rangos como el sonido o el movimiento) y por evolución. La cronología evolutiva sería: 1. sincronizar a través de las neuronas motoras para imitar movimientos con la finalidad de aprender, 2. captar el contexto de la acción motora para encontrar su significado -o sea, si con un coco se recoge agua, cerrando una hoja grande se recoge agua, lo contextual es el deseo de recoger agua- , 3. a la llegada del habla había que encontrar el contexto de lo significado en lo hablado. Este último proceso es el que ha localizado Uri Hasson y sus compañeros de equipo. Por el medio está el empatizar o sincronizarse con las emociones, que igualmente parten de lo muscular: si viendo una película vemos que hacia el protagonista llega un peligro de forma súbita, nosotros nos echamos hacia atrás: es motor, pero a la vez se nos induce (de nuevo el mismo término) la emoción de susto y/o miedo. Dejo de momento este tema para intercalar otras ideas y conceptos.

   Por otro lado he dicho que hay patrones que aunque no iguales, son similares de una forma ambígua. Proponía en esa dirección que el animal que se nos hizo más similar a nosotros fue el lobo, y quizás de ahí naciera la colaboración y el unir fuerzas que llevó a su domesticación. El concepto más cercano en teoría de sistemas, al que se puede asemejar lo que yo digo, es el de equifinalidad, que “es el principio de que en sistemas abiertos se puede alcanzar un estado final dado por muchos medios potenciales. También significa que un objetivo puede ser alcanzado de muchas maneras”. La convergencia evolutiva es uno de esos casos, donde varias especies, incluso de varios órdenes llegan a “conclusiones” evolutivas similares o iguales. Como ejemplo sencillo, al vuelo han llegado insectos, aves y mamíferos. Otro caso más complejo es el del gráfico, sobre dos plantas distintas.

convergencia evolutiva

    Dicho concepto extrapolado al sonido o en la teoría musical, y en la medida que dos de ellos se encuentran, son los llamados armónicos. Por otro lado en acústica se produce y es llamado el “efecto beat” cuando en se da “un patrón de interferencia entre dos sonidos de frecuencias ligeramente diferentes, percibidas como una variación periódica en el volumen cuya velocidad es la diferencia de las dos frecuencias”. En palabras sencillas: dos sonidos (frecuencias), cada uno procesado por cada oído con unos auriculares, crean un leve efecto de latido cuando sus ondas coinciden o se cruzan (hay un ejemplo en el artículo de la Wikipedia). En esta dirección he de reescribir el concepto de limerencia y del emparejamiento. Este es el segundo tema del presente escrito, pero intercalado aquí por necesidad. En mi libro “la imposibilidad de la razón” argumentaba que el emparejamiento se daba por lo complementario. Sé que a las feministas no les gustan los roles y arquetipos, pero nunca les daré la razón de que los dos sexos sean iguales y a que las diferencias se dan en lo social. Los griegos, en su mitología, llena de dioses y semidioses, “creaban” un dios por una propiedad, patrón o comportamiento humano, que le “asignaban” el sexo masculino o femenino dependiendo si creían que era más propio de la mujer o del hombre. La extrapolación más clara, de donde sale la simbología icónica de los dos sexos, son Afrodita, diosa del amor -que su homóloga Romana era Venus-, y Ares, dios de la guerra -en la mitología Romana Marte-, (pendiente de hacer un gráfico a modo de resumen de dichas características). ¿Quien duda que el amor donde está mejor representado es en el afecto y vínculo ideal de la madre y su hijo?, ¿y que la violencia es más propia de hombre? Eso no quería decir que cada atributo fuera único de cada sexo, tan sólo que había una tendencia mayor a que se pronunciase en un sexo. Sea como fuere se puede decir que hay unos rasgos para la feminidad y otros para la masculinidad. Repito, no son dos polos opuestos como el blanco y el negro, sino más bien un difuminado que va del blanco y el negro con una larga zona de grises. En ese sentido Apolo y Atenea eran unos dioses más grises, más mixtos, donde la segunda también era diosa de la guerra. Por otro lado Nietzsche “despreciaba” lo apolíneo (razón) frente al dios más caótico, varonil, directo o instintivo como lo era Dionisos. De cualquier forma está claro que en los extremos, de ese degradado de grises, están el blanco y el negro. En el libro al que hago mención a dicho tema, decía que si un hombre tenía un 60% de masculinidad y un 40% de feminidad, “encajaría” con una mujer que tuviese un 40% de masculinidad y 60% de feminidad. Este reduccionismo en porcentajes es sólo en la dirección de tener una representación mental sencilla y pensable, la cuestión es más ambigua, pero creo que queda claro que si uno de los dos, en una pareja, es poco decidida, la otra ha de suplir o “rellenar” ese vacío “aportando” una fuerte capacidad de decisión. Yo puedo tener talento, pero no soy ambicioso, una pareja debería haber “rellenado” ese vacío como para poder haber publicado mis escritos. De ahí sale la frase, que seguramente odien las feministas, que: “detrás de un gran hombre hay una gran mujer”. En realidad se puede decir a la inversa, la fuerte impulsividad y capacidad decisiva de Margaret thatcher, era sostenida por un marido tranquilo y apaciguador. Hay tres casos bien conocidos en donde eran sus mujeres las que eran más ambiciosas y alentaron a sus maridos a iniciar sus carreras: Dick Cheney, Bill Clinton y aquí en España José María Aznar, donde las mujeres de los dos últimos han tenido sus propias incursiones en la política: Hillary Clinton y Ana Botella. Por otro lado si los dos emparejados son igual de empecinados, un nivel alto por encima de lo que sería la media, eso llevaría a fuertes discusiones y posibles odios o rechazos interiorizados y sublimados. Se mantiene mi idea sobre la limerencia, pero readaptada, se busca lo igual -vuelvo a esto después-, y se trata de buscar lo autopoiético -completar ese ser “total” antes de la división a dos sexos- en la medida que la unión de las dos personas llegan al 100% de lo masculino y lo femenino, como un ser único. De esta forma unifico ideas y conceptos que llevan ahí por siglos. Para Platón cada humano era un ser dividido que tenía que buscar el completarse. “Al explorar las diversas necesidades del individuo acerca de las condiciones ontológicas del ser, Nietzsche afirmó que todas las cosas están en un estado de «privación ontológica», en el que anhelan llegar a ser más de lo que son”, fuente Wikipedia, si bien el autor no concreta en que consiste tal falta y tampoco va en la dirección platónica. Otra idea, que puede que no guste ya tanto, es que si alguien porta en sí un lado, sin que su contrario lo frene, es cuando se pueden crear desequilibrios. Alguien impulsivo ha de estar al lado de un alma apaciguadora. Bajo mi punto de vista el lado más fronterizo de lo femenino es retroalimentación negativa, y en el lado opuesto de la otra frontera, lo masculino es retroalimentación positiva. Un sistema vivo es un equilibrio entre estos dos opuestos, si bien dominados por la fuerza negativa, para mantenerse en equilibrio y mantenerse en la medida como sistema cerrado, que es la tendencia esencial de todo ente autopoiético. Esta extrapolación de femenino/retroalimentación negativa, masculino/retroalimentación positiva, se puede analizar por las hormonas que nos “dominan” o rigen, o las que están en los dos de forma equilibrada. La testosterona induce a la acción arriesgada, donde su principal neurotransmisor es la adrenalina: retroalimentación positiva. El estrógeno en la mujer tiene las mismas capacidades, aunque no tan pronunciadas, si bien es frenado por la progesterona. Sus niveles van con respecto al momento del ciclo menstrual, de ahí los cambios de humor y comportamiento. Por otro lado la oxitocina y la prolactina son propias de las mujeres, y estas hormonas son las que crean serenidad, la empatía y el amor: retroalimentación negativa. En el hombre se pronuncian estas hormonas, con capacidades neuromoduladoras, cuando están emparejados y con hijos; si no lo están, no. Es más sólo se dan estas hormonas cuando lo que se mantiene en la pareja es el amor. En cuanto se cree distancia entre la pareja el hombre mantendrá el vínculo con los hijos, pero no ya con su par (cónyuge, pareja). En otro lenguaje, de nuevo se vuelve “más hombre” o retroalimentación positiva y sin freno. En definitiva, y volviendo a los ritmos, hombre y mujer van a frecuencias distintas, pero si suplen -al emparejarse- el proceso de llegar en sus sumas al 100% de lo masculino y lo femenino, se da el efecto de los armónicos, en donde de fondo subyace un latido o ritmo por el cual se sincronizan, sin necesidad de perder su identidad o propia sincronía, como se ven en el siguiente gráfico. Bonito, elegante, poético.

waveinterference

Fuente Wikipedia: https://en.wikipedia.org/wiki/Beat_(acoustics)

   Llega la hora de las malas noticias. En la conferencia, en TED de Uri Hasson, hace mención a la imposibilidad de crear una inducción neural en el oyente. Pone de ejemplo el que una persona se refiera a un taxi como un coche de alquiler. Bajo mi lenguaje, y las propuestas del escrito anterior, es a lo que se puede llamar ruido o interferencia. Un ejemplo claro es que cuando leemos, y por la capacidad previsora del cerebro, este crea un adelanto de la siguiente palabra, y de repente el escritor hace una frase ambigua con un giro extraño. Creo que puede pasar con mis escritos; me puede pasar incluso a mí cuando me leo después de mucho tiempo. También lo vimos con el ejemplo de los zurdos: el cerebro no se puede poner en el contexto de alguien que parece hacer las cosas al revés…, bajo el “punto de vista” de las neuronas espejo musculares. Un musulmán o un judío no pueden sincronizarse con alguien que come cerdo. En todo esto el lenguaje tiene mucho que decir. Hoy decimos que “sintonizamos” con otra persona, que es una palabra relativamente nueva. En otro tiempo, y aún hoy, se dice que se armoniza. Es muy posible que la palabra más antigua, y sinónima a estas, sea la de afinidad. El fijo de la palabra es “fin”, alguien afín es alguien con el que comparto fines. En el lenguaje teleológico -y de las funciones-, la causa y el fin son unidad: los pulmones se crearon para respirar y tienen ese fin. De esta manera se puede decir que alguien afín lo es porque Ser y fines, como son unidad, nos “definen” (de nuevo el fijo “fin”) dentro de una misma forma de ser o identidad. Dicho de otro modo: somos unos tipos de cerebros que se comportan igual, o sea que son capaces de sincronizarse, puesto que tienen más probabilidades de crear “inducción neural” y por ello empatía. A esto mismo apunta Uri Hasson en su vídeo en TED, el cual afirma que dos cerebros más iguales se sincronizan mejor, sin entrar en detalles. O dicho en negativo o por su contraparte: alguien afín es un tipo de persona que nos crea menos disonancia, interferencia o ruido. El bostezo contagioso – el mecanismo empático más arcaico- , quizás, sea el mejor pronosticador de esta doble dirección de empatía e interferencia. Posiblemente una persona zurda que acabemos de conocer no nos contagiará su bostezo. Lo mismo para alguien de otra cultura, país, religión o idioma. Mientras que sí lo hacemos con alguien que nos es familiar y afín, sobre todo cuanto más directo sea el vinculo sanguíneo. Bajo otro prisma, si alguien afín (familiar, amigo…) tiene éxito nos provoca alegría empática, que al no haber un término en castellano hay que usar el proveniente del budismo muditā, mientras que por el contrario si nos alegramos por el daño de alguien que no nos es afín, y que igualmente no tiene una palabra en el castellano, sentimos lo que los alemanes denominan schadenfreude. Cuando creamos grupos, lo hacemos en la dirección de las afinidades, esto se ha pronunciado sobre todo con Internet, e igual cuando buscamos pareja. De esta manera, y teniendo en cuenta el párrafo sobre lo equivalente y la contraposición en el otro sexo, buscamos en la pareja lo equivalente con respecto a suplir ciertas de nuestras carencias, pero lo más igual a nosotros mismos. Sé que parece confuso o incluso contradictorio, pero el cerebro “sabe” qué es esencial al buscar un igual, y qué contingente y a suplir como algo complementario. Nos lo hace “saber” por la mera atracción, sin que dicha pulsión la pueda explicar la razón a través del prefrontal… ya se sabe: “el corazón tiene razones que la razón no entiende” de Pascal. La esencia es ese ego o carácter duro y pétreo en el centro de nuestro cerebro, lo contingente es cómo este núcleo se desenvuelve en una sociedad dada y en un tiempo dado. En mi caso: soy artista, este nombre es nuevo, soy creativo, innovador; en la prehistoria alguien como yo no tenía que ser ambicioso, no existía la mercancía y el mercado.

   La mala noticia, y que además tiene que ver con la oxitocina, es que cuando se crea un fuerte nosotros, se crea inevitablemente un ellos, que son aquel grupo o personas con los que no somos capaces de sintonizar o no tienen la potencialidad de crear inducción neural…, como es el caso de un machista y una feminista, para ir a un ejemplo claro y de actualidad. Atrás he dicho que en este proceso tiene la “culpa” la oxitocina, veamos porqué. Esta molécula es la que se crea en el vínculo entre madre e hijo. Por extensión es la que se produce en todo vínculo con alguien cercano, de ahí el refrán de “el roce hace el cariño”. Los efectos de esta hormona se ven en lo típico de unos padres de tratar de favorecer lo más posible a sus hijos en detrimento a que a otros le pueda ir peor. Esto nos dice la Wikipedia:

    “Un estudio de 2014 afirmó que la oxitocina promueve la deshonestidad cuando el resultado favorece a los grupos estrechamente vinculados a los que pertenece un individuo. Se puede ver un ejemplo de este efecto en el mundo real cuando los padres mienten sobre su dirección para ingresar a mejores escuelas para sus hijos.”

   Siempre tendemos a favorecer a los más cercanos, a esto le llamamos fidelidad y lealtad, aunque en muchos casos sean persona deshonestas o incluso criminales u homicidas. Piénsese sino en el vínculo de Eva Braun y Hitler. La oxitocina es la molécula que conlleva al humano a lo inclusivo, pero con el defecto que tal inclusividad sea en detrimento de perjudicar a otros. Aquí vemos lo ambiguo de todo reduccionismo, femenino es retroalimentación negativa: bien; oxitocina es propio de lo femenino y crea el amor: bien; pero es esta molécula es la que a la vez crea lo inclusivo y por ello la otredad y la potencial falta de afinidad como para crear “inducción neural” e interferencia (falta de armonía) cerebral: mal. De hecho hay que recurrir al prefrontal, que es gasto de energía y por ello retroalimentación positiva,  para contrarrestar esa tendencia “natural” del cerebro, luego de nuevo la necesidad de dicha fuerza para equilibrar el sistema complejo que es lo social humano. Si bien la inducción neural conlleva retroalimentación negativa, como nos dicen en la Wikipedia, al final hace falta “mucha” retroalimentación positiva para equilibrar el sistema complejo humano. Volviendo a la mitología griega y los tonos de grises, y rematar este párrafo, según contó la sacerdotisa  Diotima a Sócrates, el amor no era una deidad, sino un Daemon (demonio), si bien hay que aclarar que no es la concepción cristiana de demonio, sino que “«todo lo demoníaco está entre lo divino y lo mortal», y describe a los demonios como «interpretar y transportar cosas humanas a los dioses y cosas divinas a los hombres; ruegos y sacrificios desde abajo, y ordenanzas y recitales desde arriba…»”, fuente Wikipedia. En el amor está lo mejor y lo peor de los humanos, pues por un amor posesivo y/o obsesivo se puede llegar a matar, o crear trastornos como el  “síndrome de Münchhausen por poder“, en donde el cuidador deliberadamente daña al que ama, generalmente al hijo; o de forma más leve crear trastornos de apego en el niño que durarán de por vida. En otro caso, la guerra siempre se piensa como ataque, pero también es defensa, en donde lo que prima es el amor por los tuyos. Lo dicho en el escrito anterior: no hay orden, no hay simetría, o no es tan evidente y dual como bueno/malo, Dios/demonio, positivo/negativo, femenino/masculino. La vida es complejidad, no hay reducción a duales; los orientales los supieron representar bien con el clásico emblema del yin y yang. En el equilibrio está eso humano que parece que vamos perdiendo (que tampoco estaba en el cristianismo, que es claramente dual), donde esas fuerzas se podrían resumir como un… “ámame, pero no demasiado, y dame algo de guerra, pero no en exceso”. Las retroalimentaciones positivas y negativas están creadas en lo evolutivo y los sistemas complejos para “convivir” y equilibrarse, si bien hay que tener en cuenta que su equilibrio ha de ser en tanto que la negativa es la que tiene que predominar. En el actual sistema humano, para mal, está en ventaja la retroalimentación positiva.

yin-yang segun retroalimentación    El resto de conclusiones, sobre las que no quiero redundar, ya se han tratado en el escrito “un porqué evolutivo de la identidad” y el resto de los escritos: toda identidad crea e implica una otredad. Tendemos a imitar, y seguir tendencias y modas para sintonizar y sincronizarnos con otras personas; o dicho en negativo: para no estar desintonizados y fuera de onda (de nuevo referencia al sonido).

2. La Síntesis Creativa

    El segundo tema es sobre el qué es lo que hace que el cerebro “trabaje” en background, de fondo, por su cuenta, en ciertos temas, como para al final darte un “resultado” después de horas, semanas o incluso años. Si se supone que todo que se mantiene es memoria y que es extrapolable a la memoria como pasiva, como cuando guardas un documento en un archivador y lo metes en un cajón… ¿cómo es que al final ese archivador te ha hecho un resumen o balance anual, o una estadística por temas? El cerebro, sin la intervención del prefrontal, que es donde se supone que está el sistema ejecutivo, la conciencia y ese agente que llamamos yo, tiene su propia actividad generadora. Este escrito no va sobre las neurociencias y el cómo sucede a nivel químico y de las conexiones, es tan sólo una teoría aproximativa de su nacimiento y porqué.

   Hace unos días hice una de mis típicas caminatas donde me hecho andar sin tener prefijada una ruta, al final hice cambios a rutas que ya conocía. Por la noche, ya en la cama, hice un “resumen” al recorrido, mentalmente y con imágenes. No estaba todo, paso a paso, claro está, pero el cerebro recordaba sobre todo los cambios sobre rutas habituales y recordaba momentos claves. Esto mismo pasa en cada cerebro al echarnos a dormir. Sobre todo si ha sido un día muy intenso. Un caso claro es haber salido de fiesta por la noche o el trabajar en bares nocturnos. El cerebro no se termina de desconectar al volver a casa: revive ciertas situaciones o emociones en ese mismo proceso de llevar al prefrontal cosas que se han vivido desde la inmediatez de los estados, en donde este módulo no tiene la capacidad de entrar en juego. O vives o piensas (mente analítica), raramente se piensa mientras se vive en el día a día. Ese es el proceso que lleva a cabo el cerebro antes de dormirnos. Ya en otros lugares he dicho que el hipocampo, como principal módulo de la memoria nació para crear mapas tridimensionales del terreno explorado. Cuando el cerebro ha evolucionado lo ha hecho a partir de esta estructura y modo para guardar información, pero ¿hasta qué punto? Cuando el cerebro guarda algo no procesa el punto de A hasta B de cada paso. Si por ejemplo estamos en un desierto, llano y de terreno duro, cada paso es igual al anterior. Lo que hace el cerebro es guardar hitos o cosas claves. En el ejemplo del desierto, si durante una hora vamos en línea recta eso no crea memoria, si acaso temporal: “trecho largo de total vacío”. La memoria se crea cuando después de esa hora se divisa un grupo de arbustos que dejamos a nuestra izquierda. Este tipo de cosas, como una montaña, o un riachuelo, etcétera, son las que se denominan hitos. La importancia de dichos hitos es que son los relevantes para volver a hacer esa misma ruta o para volver. Se suman además las dificultades y por lo tanto su correspondientes emociones. Pues bien, ¿por qué la memoria tiene que ser activa?, por el hecho que nace de recordar rutas y terrenos, donde cuando se hace una nueva se referencia y se suma a una anterior. O sea, al hacer esta nueva ruta me cruzaba con otras anteriores, que atravesaba a las dejaba a mi derecha o mi izquierda. Cuando se está caminando el cerebro no se limita a guardar la nueva ruta sino que además se va percatando en qué posición y distancias están las otras. A veces al caminar al prefrontal llega una previsualización de algún hito de esas otras rutas, así como sus dificultades y distancias. En resumen el cerebro tiene que ser activo, y sin la intervención o supervisión del prefrontal, porque está sumando rutas y por ello teniendo un conocimiento más exhaustivo del terreno. En los momentos inactivos me imagino que crea uniones entre rutas, que son uniones neuronales, de tal forma que cuando vuelves a hacer una ruta puedes salirte de ella cogiendo un camino que sabes que es el más directo para volver. Fijarse que esta unión de varias cosas comunes puede denominarse en el lenguaje coloquial como “tomar distancia o perspectiva” sobre los temas. El lenguaje casi siempre se referencia con respecto a esa capacidad del hipocampo para procesar el terreno. Esa toma de perspectiva, en un tema, es igual que si no subimos a una parte alta del terreno para situarnos y teorizar sobre las distancias o los posibles caminos a seguir.

   El resto de tipos de datos se acoplaron a seguir esta forma de proceder. Cuando leo algo nuevo tengo mis propios hitos, mis temas y conceptos referentes, en donde lo nuevo se añade a esas “rutas” de mis propias ideas. El cerebro por sí sólo crea esas uniones, vínculos, deducciones o abducciones como si fuera un mapa, pero extensible a un conocimiento abstracto o concreto sobre el mundo y en definitiva del exterior. A grandes rasgos, en el caso de un filósofo este mapa son sobre conocimientos abstractos, y en el caso de un arqueólogo concretos, a la hora de ir a excavar a un terreno. En esa dirección el cerebro es creativo en la medida que “rellena” vacíos de sus mapas mentales y busca síntesis o “resúmenes” en tanto que se guía por hitos, que a nivel de lenguaje son palabras o conceptos. El nominar o dar nombres a todo fue un proceso más a la hora de simplificar el mapa mental y en la medida que eran como los hitos: referentes del conocimiento sobre el mundo. Cuando digo “mi amigo Juan”, es una abstracción tanto del concepto de amistad, como del propio Juan, que si tuviera que especificarlas al detalle me podría llevar horas. Es una capacidad o estructura mental, al igual que la adicción como estructura se puede llevar tanto a sumar números, como a sumar manzanas, objetos o palabras. El nombre de “síntesis creativa” no es mío, es de Wilhelm Wundt, si bien su teoría no ha tenido mucho éxito, más que nada porque es demasiado abstracta, ambigua y no se atiene a las neurociencias. “Wundt veía la mente como activa, creativa, dinámica y volitiva. Una característica clave de la síntesis creativa es que las capacidades mentales son más que la suma de sus partes. En todas las combinaciones psíquicas, el producto es más que la suma de sus diferentes partes que se combinan; lo que ocurre es una nueva creación por completo. Por esto, se entiende que son generativos (creativos) en todos los aspectos. Hay una verdadera novedad y creatividad en las operaciones cognitivas superiores“, nos dice Michael C. Corballis en “la mente recursiva”.

    Quizás lo más relevante de la síntesis creativa de Wilhelm Wundt sea el concepto del “principio de los contrastes”. Es el equivalente del concepto de hitos, si bien son tratados como entidades que se referencian a otras por sus diferencias o contrastes. De nuevo la otredad para referenciar una identidad. A nivel de la explicación que yo he dado del cerebro, es la estructura por la cual al tener dos hitos similares, por ejemplo dos montañas como referentes en el paisaje, buscásemos sus diferencias para que “funcionen” bien como hitos o referentes como para no confundirlas, lo que podría llevar a perdernos y que por lo tanto no sirvan de hitos. En esa medida el cerebro tiene de nuevo otra estructura antigua que tiene la capacidad de identificar a un objeto, pero que además ha de tener una subestructura por la cual si hay identidades similares esta se ha especializado a buscar las diferencias. Estructura igualmente práctica a la hora de diferenciar una seta comestible de otra, que aunque similar, es distinta y venenosa.

   Otro de mis conceptos clave es el de la “pegajosidad neural”, que ahora hay que revisarlo a partir de todos los datos nuevos. En el anterior escrito decía que para que algo sea trabajado por el cerebro ha de quedarse como “pregunta abierta”, como tema no cerrado o sin resolver. “Pregunta abierta” e hito son comunes. Son referentes que el cerebro puede manejar, que están nominados (referenciados a un nombre), y contrastados a que no son iguales a otras identidades, y que por lo tanto han de tener su propia identidad, si bien la pregunta abierta es un tipo de hito que no termina de coger una forma o identidad definida y definitiva (atención a que el fijo de ambas palabras es “fin”). Se tiene la intuición a que es distinto a cualquier otra cosa, y por ello queda como inconcluso, pero no terminando de tener una identidad particular (única). Dicho marcado lo debe de establecer el prefrontal, a través de la conciencia. Fijarse que este módulo es la capacidad de saber que se sabe, es aquí donde se da el “marcado”, puesto que ante esa entidad este módulo, que es circular, no se auto-cumple, no logra cerrarse, pues no prefija a dicho hito como que sabe que lo sabe, dado que no tiene todo el conocimiento necesario para que se cumpla esa regla. Lo devuelve al cerebro con un “no sé”, o no se cumple, o no se le puede dar una identidad bajo los parámetros de “saber que se sabe”. En otro lenguaje -y para que se entienda mejor- la conciencia, de cumplirse sus reglas, es fe. No es realmente conocimiento en la medida que como propuso Karl Popper, por el principio de falsación, la verdad sólo se alcanza en la medida que en ese momento no ha sido falsada o probada al 100%, y puesto que es susceptible a que en el futuro sea revisada y falseada. La “pregunta abierta”, y por lo tanto cuando la conciencia no puede etiquetarla con su fe, es etiquetada como duda y devuelta al sistema, donde dicha “pregunta abierta” sigue las reglas de la síntesis creativa de mantenerse como un grupo de neuronas  que son activas, creativas, dinámicas y volitivas. O para verlo bajo otro ángulo. Memoria es cuando ciertas neuronas, a las que le competen un conocimiento, quedan inertes, apagadas. Mientras que aquellas que se mantienen como dudas o preguntas abiertas, se mantienen activas y conectándose a otras para tratar de ser “encajadas” (¿inducidas a que sí hay un “ritmo” al que deberían “bailar”?) en algún patrón, de deducción, y lo más importante abducción, bajo las premisas de Charles Sanders Peirce. En distintas etapas Peirce trató de establecer a qué se refería o qué buscaba con tal concepto (fuente Wikipedia):

  • El secuestro es adivinar. Es “muy poco obstaculizado” por las reglas de la lógica. Incluso las suposiciones individuales de una mente bien preparada son más frecuentemente erróneas que correctas. Pero el éxito de nuestras conjeturas es muy superior al de la suerte aleatoria y parece que nace de la sintonía con la naturaleza por instinto (algunos hablan de intuición en tales contextos).
  • Abducción adivina una idea nueva o externa para dar cuenta de una manera plausible, instintiva y económica de un fenómeno sorprendente o muy complicado. Ese es su objetivo próximo.
  • Su objetivo más largo es economizar la propia investigación. Su razonamiento es inductivo: funciona a menudo, es la única fuente de nuevas ideas y no tiene sustituto para acelerar el descubrimiento de nuevas verdades. Su justificación involucra especialmente su papel en coordinación con otros modos de inferencia en la investigación. Es una inferencia a las hipótesis explicativas para la selección de las que vale la pena probar.
  • El pragmatismo es la lógica del secuestro (abducción). Tras la generación de una explicación (que llegó a considerar guiada instintivamente), la máxima pragmática da la regla lógica necesaria y suficiente para el secuestro en general. La hipótesis, al ser insegura, debe tener implicaciones concebibles para la práctica informada, a fin de ser verificable y, a través de sus ensayos, para acelerar y economizar la investigación. La economía de la investigación es lo que exige el secuestro y gobierna su arte.

    Fijarse que la palabra escogida es abducción, que es un secuestro, en este caso mental. El cerebro queda secuestrado a la búsqueda de cerrar el círculo, que el prefrontal le ponga el marchamo de conocer-que-conoce, que le pueda dar fe y le reste por lo tanto la marca de duda o pregunta abierta. También se apunta a la idea de que cuando el cerebro “lleva” una posible respuesta, al prefrontal, esta es captada como una intuición. Sobra decir que en muchos casos nunca hay un cien por cien de verificación, o fe, y los damos como válidos cuánto más cerca esté de ser “verdad” al 100%; o dicho en negativo a que la duda quede a cero, o a un nivel muy bajo.

   De esta pequeña síntesis se deduce el porqué de la frase de “ten cuidado con lo que deseas (o lo que piensas)”; vamos a desarrollarlo a partir de lo que tenemos, si bien su campo se amplía al de los deseos y por ello a las emociones, y al de la propia identidad. En todos estos procesos se sigue la regla Sartriana de la trinidad de lo faltante, de lo que está falto y lo fallido. En este caso sólo nos interesan las dos primeras. En muchos de mis escritos he reducido a la vida como aquello que “busca” algo que le falta, en donde el agua y la comida es su forma más evidente. Cuando suple su “deseo” se cierra la dualidad faltante y lo falto como saciado o cumplido. Fijarse que esta regla es tanto válida para un deseo, para el papel de la conciencia y el conocimiento, como hemos visto en los párrafos precedentes, como para la identidad. El cerebro trata de cerrar la dualidad faltante-falto (los argentinos usan mucho la frase de “no me cierra” como que no les termina de satisfacer algo) en todos estos ámbitos. El camino más directo para ver dicha regla son los deseos, basta que alguien con el que hablamos nombre algo, una comida, o una película… para que lo queramos, para que se abra la secuencia de “un” yo como faltante de algo de lo que estoy falto. Pues bien, la revisión del concepto de pegajosidad neural es que son más “pegajosos” aquellos hitos cerebrales de tipo “pregunta abierta”, puesto que están activos como para buscar sus faltantes en en medio. Si se me nombra un chuletón, mi cerebro se sincroniza y busca todas las asociaciones disponibles en sus neuronas a la imagen de un chuletón y a uno mismo comiéndolo. No se cumple, luego se queda como deseo, que nos introduce en una vorágine de ideas e imágenes que buscan cerrarse, de ser saciadas: nos vamos a la primera carnicería que encontramos, en cuanto podamos, para comprar un chuletón. Sea como fuere, cualquier sugerencia que sea nombrada para el cerebro esta es susceptible de quedar como pregunta abierta o faltante, como cuando te dicen “no mires a la chica de la izquierda” y se nos va la vista allí donde se nos prohíbe.

    A nivel de ideas y conocimientos ya lo hemos analizado. Queda el tema de la propia identidad. Esta nunca está cerrada, es un “deseo” o pregunta abierta que siempre está contaminada de lo faltante (sólo se suple al morir). En muchos casos estamos “necesitados” de la imagen que nos devuelvan los otros sobre nosotros mismos. En ese caso son espejos en dos sentidos: 1. en la medida que nos definen en frases como “que ingenioso eres”, y 2. por el principio de los contrastes de Wilhelm Wundt; el propio cerebro, sin que el prefrontal lo (pre)procese, se da cuenta de las diferencias de sí mismo con respecto a cómo es la persona que tiene en frente. Igualmente hay que tener en cuenta un “efecto secundario” del principio de los contrastes, que es el posible “narcisismo de las pequeñas diferencias“, por el cual uno siente orgullo de aquello que le hace diferente, a veces indistintamente de que sea positivo o negativo. Con el tiempo se tendera a pronunciar tales diferencias o contrastes, con lo que inclinaremos la balanza hacia la auto-profecía. Estas reglas, sobre todo la primera, dependen del nivel de sugestionabilidad, y es menos propio de los alfa, y se da más cuanto menos seguro esté una persona de sí misma. Hay un dicho que asegura que “si a uno se le dice que es tonto lo piensa, si se le dice muchas veces lo pone en duda, y si se le dice siempre terminará por serlo”, que no es más que una versión larga del de “ten cuidado con lo que piensas o deseas”. Pero este tipo de conocimientos subconscientes no siguen las reglas de fe y duda, establecidas en párrafos anteriores, puesto que no son verificadas por el prefrontal. En cierta forma, y en esa medida, el cerebro actúa como los estómagos de los herbívoros: devuelven la comida a la boca desde el estómago, para volver a ser masticadas. Fijarse en el acierto de la elección del verbo rumiar para ese proceso que hace el cerebro si no es frenado. El prefrontal rumia algo (lo hace la red de modo predeterminado), que ya podría estar en cierta forma “digerido”, pero donde para que se cumpla como conocimiento de saber que se sabe, y puesto que tal estado sólo lo puede dar el prefrontal a través de la conciencia, como para que este lo marque con la fe o con la duda. Que etiquete esa dualidad faltante/de-lo-que-está-falto como “cerrado” o como “pregunta abierta”. En esta trama es por lo que funciona o se cumple la regla de “ten cuidado con lo que deseas o piensas”. Se pueden dar, a grandes rasgos, dos posibilidades: 1. que uno por mantener una actitud ante un otro se le dé el marchamo de fe, o como cerrado, a cierta puesta en duda sobre nuestra identidad, y en ese caso es una fe falseada y por lo tanto mala-fe (en Sartre) o auto-engaño. 2. O por otro lado nosotros mismos dudamos sobre algo, de si en realidad es parte de nuestra propia identidad, de la que al final renegamos y de nuevo es mala-fe y auto-engaño. En los dos casos hemos establecido al cerebro la idea como que “así está bien, yo soy así”, de tal forma que ya no es una pregunta abierta, sino algo en lo que el cerebro pone fe, o en otro lenguaje: habremos creado una profecía que tenderá a autocumplirse con el tiempo. Veamos esto en ejemplos. Estamos hablando de la identidad, y este tipo de identidad es la narrativa, aquella que desarrollamos cuando alguien nos pregunta sobre nuestro pasado o sobre qué sentimos o pensamos sobre tal o cual cosa. En la medida que contemos nuestro pasado bajo un punto de vista, a veces ocultando algo que no nos gusta o nos puede dejar en una mala posición ante el oyente, creamos una imagen falseada de nosotros mismos, pero que para que “funcione” (encaje, se sincronice, no cree interferencias) en el cerebro, el prefrontal no lo tiene que ver con la duda, sino con fe. En esa medida nos convertimos en la imagen que queremos ser a nivel social. La realidad es muy otra: se creará una personalidad dual o falso yo, al que le depositamos toda nuestra fe. En otro caso: a veces nos equivocamos en una afirmación o actitud, pero por no reconocer nuestro error le damos fe, a este efecto se le llama “tiranía de las pequeñas decisiones“. A lo largo del tiempo tendremos que mantener esta discrepancia como parte de nuestra identidad, como que no partió de un error. El tercer caso, el más común, es que nos premien (o castiguen) por cierta actitud o tipo de comportamiento, de tal forma que, por condicionamiento clásico, se quede prefijado como parte de nuestra identidad. En el caso que sea por premio, el cerebro buscará la suelta de dopamina, cual adicto, reafirmándose una y otra vez en la misma actitud o comportamiento… resultado: terminamos siendo aquello que los otros premian; o en negativo: aquello que los otros no castigan. Este comportamiento es la base de la sociedad, todos nos “ajustamos a lo que se espera de nosotros, limamos aquello que no gusta y nos pronunciamos en aquello que nos premian.

     Aquí hay que volver a traer el concepto de estímulo supranormal, que antes de saber de él yo lo llamaba lo caricaturesco. Una de las bases de la memoria es la habituación. Si vivimos al lado de una vía de tren al final el cerebro deja de molestarle, en cierta medida no lo oye. En esa dirección, para evitar la habituación, uno pronuncia cada vez más ciertos rasgos. Si a una persona la gente le premió por ser gracioso, cada vez tenderá a ser más gracioso, a extralimitar ese rasgo, hasta volverlo supranormal o caricaturesco; lo mismo para cínico, alegre, afectuoso, etc. Por el estímulo supranormal es por lo que exageramos algo de mundo, fijarse sino en la reducción supranormal de llamar a las distintas etnias por sus colores: blanco, negro, amarillo, marrón…, son aproximaciones exageradas. Esta regla sirve igualmente para analizar la identidad nacional. La mayoría de las naciones se vuelven en aquello que desearon o pensaron de sí mismas, o como las veían el resto de las naciones, por el efecto supranormal, y por mantener la identidad: la seriedad y rectitud de los alemanes (cabezas cuadradas tenía dos sentidos), lo divertido y alegre de los italianos y españoles, lo romántico y fogoso de los franceses… ¿en qué medida lo son o es algo perfilado por ciertos escritores de principio del siglo pasado y películas hollywoodienses de la actualidad? Donde quizás se note más este concepto, que quiero hacer notar, es en los ingleses, y su respeto y “amor” ha hacer colas, los cuales no hacen nada si alguien se cuela, porque no está en su mente romper la armonía en tales actos públicos. Otro caso paradigmático, de crear una identidad a partir de un inicio errático, son los norteamericanos: su constitución contempla la posesión de las armas, que tenía sentido en una norte américa revolucionaria, pero donde en la actualidad esta regla lleva más a problemas que a soluciones. El resto del mundo lo ve como un error y ellos no quieren reconocerlo, puesto que ahora es parte de su identidad. Otro caso es el derecho a la felicidad, dentro de su constitución. Podría tener sentido en los inicios de querer llegar a las masas en unos Estados Unidos de mayoría analfabeta, pero ahora, aunque carente de sentido, es parte de su seña de identidad de la cual no quieren renegar. Lo mismo se puede decir de los géneros, y por lo tanto los estereotipos y arquetipos se “alimentan” de estas estructuras cerebrales y de las identidades, si bien los segundos apuntan más a ideas que tienen ciertas bases naturales sobre la realidad de los sistemas.

   Queda una última cuestión a sumar en todo esto, que es vital para terminar de comprenderla. Los científicos se han dado cuenta que cuando se nos da una lista para recordar, se queda en memoria los primeros datos y los últimos. En realidad es aplicable a toda nuestra vida. Un anciano recuerda su adolescencia y juventud, y los últimos pocos datos de su ahora. Yo, en mi mediana edad, recuerdo nombres de películas o actores de los años 80 y 90, y recuerdo películas de las últimas semanas, pero no las películas de hace unos meses o años. Pienso que esta forma de proceder del cerebro es por las estructuras que he planteado en este escrito. Un primer incidente, a modo de impronta y por las reglas arriba expuestas, prefijan nuestra identidad, después tan sólo importa “recordar” esa identidad con respecto al comportamiento presente (primero y último). Da igual todo los pasos intermedios, o si acaso sólo se recuerdan aquellos que se han convertido en hitos (memorable, en este contexto). En el momento presente me comporto bajo mi identidad, porque ha quedado fijada desde el principio de mi vida en tanto que es la que he validado o a la que he dado fe una y otra vez, o a la que le he restado toda duda. De este hecho dan fe lo importante que es la primera impresión que demos a otra persona, como el propio concepto de impronta. En otro lugar decía que la teoría de la mente encarnada, bajo el principio de la teoría periférica de James Lange, “funcionaba” u operaba en la medida que se diese una situación para la que el cerebro no tenía una respuesta ya prefijada. Esa primera actuación o toma de decisión es la que prefija desde ese momento una forma de sentir, comportarse o pensar, pues ha creado esa primera huella neural, que es la que tendrá en cuenta el cerebro cada vez que se encuentre en la misma situación. Huelga decir las conclusiones. La máxima de “es de sabios rectificar” o “es de sabios dudar” anulan una gran mayoría de las trampas y mecanismos mentales que he mostrado, que serían las contramedidas a esa otra máxima de “ten cuidado con lo que deseas”, que en realidad se tendría que expresar como “ten cuidado a lo que das fe, o crees saber”.

   Rematar con dos ideas complementarias. La síntesis creativa de Wilhelm Wundt yo la matizaría -queda implícito arriba- bajo la regla que tras de esa capacidad no hay una agente o yo, sino que cada trama de la vida, cada momento crea su propio agente. O sea, no hay un yo que trabaje en todos ellos (si acaso en los investigadores o científicos), sino que cada “problema” es un mini-programa que “busca” resolverse a sí mismo o lleva implícito lo “activo, creativo, dinámico y volitivo”. De esta manera, lo que yo llamo pegajosidad neural es cada uno de estos mini-programas que están activos y son dinámicos, y en esa medida adquieren algo así como su propia voluntad, como para estar pendientes de todo aquello del medio que les incumba. Podría incluso afirmar que yo tan sólo soy un vehículo -como entidad corpórea-  que usan para sus fines, con el riesgo de hacer pensar a algún psiquiatra que estoy en riesgo de una esquizofrenia. Si tiene sentido el concepto de gen egoísta, hay que indagar en todas sus potencialidades. Un meme, y por ello uno de estos mini-programas en el cerebro, adquieren identidad propia o se vuelven en sí mismo un sistema complejo emergente, que trabaja con sus propios fines; y no hay un agente intencional en ello, ni falta que le hace; al estar en un sistema vivo hace uso de la energía para cobrar entidad y por ello su propia vida (bajo este planteamiento habría que revisar ciertas enfermedades como la esquizofrenia). En mi caso me levanto cada mañana con nuevas ideas -o remates- sobre los temas que estoy tratando. Eso ha ocurrido durante el sueño, donde el prefrontal y la conciencia no tiene ningún papel. Luego la síntesis creativa no está en mi yo y conciencia, sino en cada mini-programa que emerge como una identidad o sistema por sí mismo. La unión de varios de dichos mini-programas o mini-bot, trabajan conjuntamente si encuentran puntos de unión (pegajosidad interna). Dicho de forma resumida: el cerebro trabaja como una inteligencia enjambre, en la medida que cada pregunta abierta trabaja por sí misma, pero dentro de una colmena. Dos hormigas se ayudan si están cerca de algo a transportar y con la que una sola no puede… lo mismo para las preguntas abiertas. La totalidad de esos mini-programas se pueden llamar inteligencia en tanto que el comportamiento de todo su conjunto. La segunda idea es un consejo para todo aquel que quiera ser un pensador. Hay que crearse hitos: a esto le llamamos conocimiento, pero a la vez hay que crear preguntas abiertas a partir de esos hitos. Los conocimientos sin preguntas abiertas sólo son datos a memorizar, cerrados. Hay que poner en duda lo que se lee o marcar algunas cosas con el marchamo de duda, de “esto no me termina de convencer”. Otra cuestión que ayuda es crearse un propio lenguaje más descriptivo y sencillo, pues los términos técnicos, a no ser que se sea de esa ciencia, no “funcionan” muy bien como hitos. “Pregunta abierta” y “pegajosidad neural” puede que no sean elegantes, pero son claros. En esta dirección, y tras de leer o introducir muchos datos en el cerebro, este por sí sólo empezará a unir puntos por medio de la pegajosidad neural, o la síntesis creativa. De cualquier forma, y como lo he dicho otras veces, esto tiene que ser a partir de algo de dolor, de insatisfacción, pues el cerebro no “trabajará” en buscar comida si está saciado. Para mostrar un sólo caso, pues debe haber miles, John Nash, creador del equilibrio con su nombre, dentro de la teoría de juegos,  y que fue retratado en la película “una mente maravillosa”, llegó a decir que “no habría tenido buenas ideas científicas si hubiera pensado más normalmente”; también dijo: “si me sintiera completamente sin presión, no creo que hubiera seguido este patrón (de pensamiento)”, Fuente Wikipedia

    Este proceso de unir datos se ve clarificado -a nivel visual- con el programa de mapas mentales “TheBrain”, pues uno nunca sabe que conceptos se terminarán por unir, y al ir a uno de ellos vemos sus conceptos más cercanos, que intuitivamente generarán una idea globalizada sobre ciertos temas, como se puede ver en el gráfico. Este proceso es emergente, puesto que en su suma se crea una nueva idea a partir de sus partes. Es seguramente así como sucede en el cerebro y por lo que este al final nos trae a la conciencia ciertos conceptos e ideas como intuiciones.

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   Sobre este tema, de cómo la memoria hace todo este proceso, no puedo decir más, tan sólo he querido puntualizar lo dicho en el escrito anterior y complementar ideas. No aclara demasiado sobre la memoria en sí; tampoco nos dice el cómo lo hace el cerebro a nivel neural o de neurotransmisores, sino simplemente muestra una estructura, y el cómo debió de nacer dicha estructura y porqué tiene tal forma de trabajar.

3. Predictibilidad lingüística

    Imaginemos la siguiente situación: estamos en un restaurante y de repente una de las personas de la mesa se levanta y dice “disculpar, voy al…”, seguramente en los cerebros de los presentes de la mesa, y de los lectores, se han adelantado a predecir a que iba al servicio, antes de que se nombrase tal palabra. ¿Por qué y cómo? Trato de ampliar el tema del escrito anterior sobre la capacidad cerebral de atenerse a lo dado en el propio cerebro, en la medida de ahorrar energía y de hacer predictible el mundo. La predicción lingüística es una de las capacidades del cerebro para llevar a cabo esos fines. Tratamos de captar el significado de las frases antes de que estas se hayan terminado, de tal manera que muchas veces, al escribir, se pueden usar unos puntos suspensivos. Tal estructura también se deduce del refrán “a buen entendedor pocas palabras bastan”. La idea que se baraja es que el cerebro “funciona” por estadísticas de las probabilidades, a que a partir del desarrollo de una frase, a cada paso le pueda seguir una palabra u otra. No ocurre tanto con la escritura, pues hay que tener en cuenta que esta se reescribe, se corrige, y se estructura a posteriori. En el lenguaje cotidiano, de la calle, con temas cotidianos, es cuando es más plausible que el cerebro trabaje de este modo. Así si vamos por la calle y nos encontramos con alguien conocido y nos dice: “buenos…”, el cerebro ya sabe que la siguiente palabra es “días”. En este sentido las frases hechas y convencionales son una totalidad en el cerebro. Como si sólo fueran un solo concepto en varias palabras. Se sigue igualmente el mismo patrón en las palabras compuestas, pues si escribo carri…, la siguiente sólo puede ser …coche, dentro del contexto de la frase, claro. En estos casos el cerebro trabaja con la premisa de causa y efecto, pues igualmente si soy yo el que primero saluda, el cerebro ya sabe que va a ser contestado con otro: “buenos días”. La predicción lingüística va en dos direcciones, tanto al escuchar como cuando nosotros mismos hablamos. El cerebro va construyendo cada frase con una predictibilidad de la siguiente palabra, y lo hace en la medida que baraja probabilidades estadísticas medias en donde dicha palabra encajó “bien” y fue entendida. Esto nos dice la Wikipedia:

   La teoría de la autoafirmación es una teoría del procesamiento de oraciones basada en la teoría de la información . En la teoría de la autoafirmación o sorpresa, el costo de procesar una palabra está determinado por su autoinformación o cuán predecible es la palabra, dado su contexto. Una palabra altamente probable conlleva una pequeña cantidad de autoinformación y, por lo tanto, se procesaría fácilmente, como lo mide el tiempo de reacción reducido, una respuesta N400 más pequeña o los tiempos de fijación reducidos en un estudio de lectura ocular. Las pruebas empíricas de esta teoría han demostrado un alto grado de coincidencia entre las medidas de costo de procesamiento y los valores de autoinformación asignados a las palabras.”

    En estos casos el premio/castigo es el baremo por el cual el cerebro da mayor o menor relevancia (valor) a una palabra sobre otra dentro de sus construcciones estadísticas. Servicio es la opción menos “castigada”, después irían baño, water, y  por último y lo menos esperado: “meadero”, (¡las hay peores, ya sé!). Aquí de nuevo nos topamos con la inducción neural y la interferencia: nuestra predictibilidad se sincronizará o tendrá una pequeña interferencia con el cerebro del otro, dependiendo del sustantivo que haya usado con respecto al que nosotros hubiéramos “escogido”. Lo mismo que se ha dicho para el lenguaje, funciona para el valor ético o emocional de los comportamientos. No hay nada fuera de la predictibilidad y del algoritmo en el comportamiento humano; incluso el baile tiene su propia semántica, que va variando y creando estadísticas de probabilidades cuanto más se practique y se añadan nuevos movimientos. Lo curioso del lenguaje, y por lo tanto del acto de escribir, es que es quizás una de las pocas cosas que cada vez van a una mayor optimización y mejora con la edad, pues en otras artes y habilidades, el cerebro, las puede perder al deteriorarse dichas habilidades motoras y con la edad. Otra excepción es la música clásica, pues esta tiene la misma estructura semántica y compleja como lo es el propio lenguaje. Quizás esta segunda se retroalimenta de la primera.

4. Efecto Pasar por la Puerta

   Por último, y quizás el efecto más relevante y claro de entender, por lo cotidiano y común que es, se encuentra el efecto que ocurre al pasar de una habitación a otra, llamados “doorway effect“. El cerebro asocia todo lo aprendido (crea memoria o conexiones neuronales) dentro de su contexto más amplio. Por dicho efecto se tiene mas probabilidades de aprobar un examen si se lleva a cabo en la misma habitación en la que se estudió que en otra diferente, ya que el aprendizaje no sólo conecta el texto leído con otros hechos leídos, sino que además asocia a dicho texto todo aquello del entorno en el que se aprende, como el tamaño de la sala, el silencio o ruido, la emoción que conlleve esa habitación etc. Por esta forma de proceder del cerebro, ligada a una teoría más general llamada “principio de especificidad de codificación“, es por lo que al salir de una habitación para buscar algo en otra, al llegar a la nueva habitación hemos olvidado a qué habíamos ido, y a veces tenemos que recurrir volver a la habitación anterior para recordarlo. Cada habitáculo tiene su propio mapa mental, y de esta forma el cerebro al entrar en la cocina “recupera” para la memoria de trabajo todos los actos más relevantes implicados con dicha habitación, en ese proceso, y dado el límite de la memoria de trabajo de más o menos siete ítems, “retira” parte de sus ítems, lo que conlleva a que podamos olvidar a qué habíamos ido. Para el caso es como si tuviésemos dos libros sobre la mesilla y dejásemos uno porque ha llegado a una parte que en ese momento no queremos seguir leyendo, y al coger el nuevo el cerebro tuviese que conmutar a la trama y los personajes del presente libro. Al poco rato el cerebro ya no recordará los últimos párrafos y temas del anterior libro. A veces, y en este caso y con las películas, se produce un efecto de arrastre (de inducción), por el cual al entrar en la nueva trama lo hacemos cargando la “atmósfera” de la anterior trama. Así si la primera película era de humor y la segunda es un drama, al principio trataremos de recrear las escenas dramáticas con algo de humor. El efecto de pasar por la puerta ocurre igualmente cuando se juega con el ordenador, en aventuras gráficas o de rol, en los que se pasan igualmente puertas y se requiere recordar algo e ir de una habitación a otras, para buscar algún objeto o llevar a cabo una acción. Igualmente ocurre cuando se abre una nueva página web para buscar algo a lo que hacía referencia otra, o se cambia a otro programa.

    En unos casos y otros, lo que se revela es que el cerebro parte de lo aprendido, de lo dado, y a partir de la predictibilidad, para recrear la nueva realidad en la que se encuentra. Cuanto más sepa de una situación, cuanto más veces se haya estado en un lugar o situación, más proclive es el cerebro de “trabajar” con lo aprendido en la memoria, a activar los circuitos de las neuronas implicadas para dicho lugar, y no recurrir a “mirar” en el entorno, como predice la “ley de la potencia del aprendizaje“. Como consejo práctico, y dado que no es usual hacer un examen en el mismo lugar en el que se estudió, si con la mano izquierda (la no dominante) jugamos con un objeto en algún movimiento repetitivo (por ejemplo girándolo ligeramente con el índice y el pulgar), e igualmente jugamos con ese objeto durante el examen, habrá una mayor probabilidad de recordar lo estudiado. En esa dirección, si recordamos el lugar en el que estudiamos, tratando de ir mentalmente a ese lugar, el cerebro recreará mejor todo los procesos asociados, y entre ellos el estudio. Este proceso “funciona” igualmente como método de relajación: si en una situación de paz interior, como estar en la naturaleza y en silencio, creamos algún movimiento repetitivo, como tocarnos el lóbulo de la oreja, después al tocarnos el lóbulo en situaciones de estrés, el cuerpo tenderá a relajarse. Por este principio recurrimos a la posición fetal para relajarnos en situaciones de estrés o miedo, o “funcionan” las palmaditas en la espalda, con la misma función, en recuerdo de cuando nos arrullaba nuestro padre o madre.

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    ¿Qué quiero decir con todo esto? Dos cosas. 1. he ampliado la predictibilidad mental explicada en el escrito anterior, y 2. el cerebro trabaja, seguramente, con algoritmos incrustados, que nos vienen dados por evolución y en el ADN, en donde maneja conceptos propios de los estudios estadísticos, como el de promedio, el valor esperado o el contenido de información. En este sentido la Inteligencia artificial no es una quimera, nos iremos acercando cada vez más a ella en la medida que comprendamos a los sistemas complejos y por ello a la mente. La inteligencia algorítmica de “DeepMind” ya tiene implementada la rumiación, propia de la red de modo predeterminada del cerebro humano: el pensar de forma recursiva sobre probabilidades, promedios, valores esperados… en definitiva de forma predictiva, donde “guarda” los mejores resultados para futuros usos; y donde tal concepto puede reducirse a ser nominado dentro de la teoría del “pensamiento contrafactual“, que se resume en la frase suspensa de “qué hubiera pasado si…”, o simplemente “¿y si…?”. La mala noticia de todo esto, es que a nivel de individuo somos meras marionetas que no saben de dichas capacidades cerebrales y sus reglas estadísticas, o sea, el cerebro de fondo trabaja con fórmulas y algoritmos que de verlas transcritas -como la gráfica de abajo sobre medición de la autoafirmación-, el ciudadano medio, por medio de su prefrontal o intérprete del hemisferio izquierdo, no sabe leerlas, ni entenderlas…, si acaso interpretarlas, como su propio nombre indica.

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   Lo dicho en otras ocasiones: lo inteligente es la evolución y los sistemas complejos. El prefrontal no alcanza esa capacidad, a no ser que se haya llegado a esos estudios, y de cualquier forma el prefrontal no tiene la rapidez mental para hacer esos análisis en el día a día, tal como nos trata de mostrar la película “una mente maravillosa“, basada en John Nash. Aunque yo lo “comprenda” sobre el papel, tal como parece que lo hago aquí, en sociedad no hago otra cosa que cometer errores de apreciación y en los comportamientos. La vida es un constante error a reparar. Nos pasamos un cuarto de la vida accionando en ella, y las otras tres cuartas partes corrigiendo los problemas causados por esas acciones y decisiones. Reiniciamos una y otra vez el sistema sin lograr, en la mayoría de los casos, nada diferente de la situación anterior. En muchos casos, aquello por lo que nos pueda ir bien en la vida o nos genere felicidad o estabilidad, no nació de ninguna decisión o su búsqueda, sino que se dieron por mero azar; sustrato estructural similar al de la serendipía. Finalmente, no es el prefrontal el que comprende y remeda, sino el cerebro de fondo o inconsciente. Al ser simples marionetas o variables dentro de complejas ecuaciones, no somos capaces de ver que, en la mayoría de los casos, lo que nosotros creamos saber del mundo es nimio e incluso, lo más seguro, equivocado. El cerebro es un sistema complejo, dentro de otro que es lo social, dentro de los ecosistemas, dentro de la vida, dentro de otro que es la evolución, y todos englobados en los principios del sistema complejo que es el universo. Siempre tenemos una mirada cerrada que no puede abarcar todo: el eterno problema de no poder mirar a la vez al árbol y al bosque. El cerebro medio simplifica el mundo, sin lograr a vislumbrar el entramado de los sistemas complejos. Visto así, toda acción suele ser “ciega”, pues podemos prever la siguiente consecuencia inmediata, y no siempre, pero lo que sí somos incapaces de ver es los subsiguientes procesos, a partir de ese primer movimiento, pues somos parte de un sistema complejo no lineal, donde las consecuencias son impredecibles. Como ejemplo dejo caer esta duda: ¿la caída en los últimos años del número de películas románticas se debe al miedo que los guionistas y las productoras les tienen a las feministas? Fijarse lo acertado del concepto “sembrar una duda” con respecto al tema actual… ¿cómo gestionarla según lo escrito? ¡Pero está bien…!, tampoco he descubierto nada nuevo, sólo lo he dicho de otra forma más compleja y si se quiere rebuscada; hay que vivir y accionar, pues como ya se sabe: “errar es de humanos”.

   Terminar diciendo que mis “violentos y pesimistas ataques” no son gratuitos. Trato de llamar a la humildad, a llevar una vida más sencilla y estoica…, igualmente a tomar conciencia de que toda acción humana, por pequeña que parezca, puede tener grandes consecuencias. Y finalmente tratar de hacer ver que por mucho que los individuos quieran creer que tienen el control de algo, no es comparado en nada al dominio que ladinamente se va formando en lo social, a través del Big Data y en la dirección no de que la sociedad sea más justa o igualitaria, sino a que las corporaciones y sus directivos tengan cada vez una mayor cantidad de dinero, que sin que esa sea su intención cada vez les va dando más poder. En definitiva ir cada vez más hacia una sociedad donde el individuo no cuenta para nada, en una sociedad injusta y cada vez más desigual.

¿Correr para Permanecer en el Mismo Sitio?

“-Tu país debe ser algo lento –le indica la Reina Roja- Aquí tienes que correr a toda velocidad para poder permanecer en el mismo lugar.” en “Alicia a través del espejo”
Lo que es difícil en cambio es generar el ‘sin sentido’, dado que el esfuerzo por lograrlo produce sentido” Niklas Luhmann
Estamos inmersos en una carrera entre la educación y el desastre.” Neil Postman (parafraseado a Aldous Huxley y H.G. Wells)
Como dijo alguna vez un psiquiatra, ‘todos construimos castillos en el aire’, el problema surge cuando tratamos de vivir en ellos.” Neil Postman
L
a insatisfacción con lo dado «el divino descontento», es una parte ineludible de la condición humana.” Anthony Storr

 

    Breve introducción. Mis primeros escritos partían desde la filosofía y hacía incursiones en conceptos de la psicología y los sistemas complejos. Por puro azar, por atacar de forma más sistemática y con referencias a las feministas ideé el mapa mental en el programa “TheBrain” para optimizar el mantenimiento de los enlaces a recursos en Internet, a modo de bases de datos. Al final este sistema ha sido tan eficaz como para tener un panorama muy amplio (a vista de pájaro) de todas las ideas generadas en las últimas décadas en campos como las ciencias sociales, la filosofía, la evolución, las neurociencias y la teoría de sistemas. En esa dirección cada vez me he tenido que adentrar más y más en la sociología, cuando en realidad no es de mi interés, pues en principio mi motivación es entender el cerebro humano. Los últimos escritos son el fruto de dicho sistema y mapa mental, sin bien puede que haya perdido frescura e “inocencia”. La flecha intelectiva, por tanto, era desde unos planteamientos meramente fenomenológicos, de explorar mi acontecer mental, sin tener en cuenta casi nada de lo que decía la ciencia, a un final o ahora en donde “comparo” mis propias conclusiones con respecto al saber actual. Uno de esos casos es mi concepto de “pegajosidad neural”, que por lo que veo podría muy bien formar parte de la teoría del enactivismo o la cognición extendida, en tanto que el medio y el yo se “integran” o acoplan como una totalidad desde lo mental. Este concepto lo redujo de forma muy acertada John Muir  cuando dijo: “cuando tratamos de seleccionar algo por sí mismo, lo encontramos enganchado a todo lo demás en el universo“. Actualmente estoy leyendo “la sociedad de la sociedad” de Niklas Luhmann, el presente escrito nació, en parte, de tratar de buscar puntos de unión y diferencias entre mis teorías y las de este pensador, por parecerme muy similares, si bien ha quedado a un lado y sólo lo trato al principio. Si me interesé en él es por lo similar de nuestros pensamientos. Fue a través de sus escritos que conocí el concepto de autopoiesis, que es una de sus bases, si bien diferimos de sus usos. No me parece “cómodo” el concepto de autopoiesis, el propio Luhmann se separa de la acepción de Maturana y Varela, los cuales así lo hacen ver en las nuevas ediciones su libro “Autopoiesis: la auto-organización de lo vivo“. En mi caso lo revisaré muchas veces hasta que al final pueda encontrar uno que me pueda parecer más apropiado, pues no me termina de convencer. Igualmente me he tenido que remitir a dicho libro, de lectura cómoda y sencilla, para tener en cuenta el origen de tal concepto. Maturana y Varela lo aplicaron a un sistema muy restringido y se le está dando un uso inadecuado en muchos casos: “…la dinámica molecular de la autopoiesis ocurre, cuando tiene lugar, como un fenómeno espontáneo, en el que todos los procesos moleculares ocurren en una determinación estructural local sin ninguna referencia a la totalidad que constituyen“. Maturana y Varela “aceptan” que se use el concepto de autopoiesis a modo de metonimia, que es muy posible que sea como yo lo estoy utilizando. De cualquier forma en este escrito fundamentaré mis ideas bajo nuevas premisas que le darán más solidez, pues he encontrado cierto paralelismos entre algunas de sus ideas y las propias. Los autores del libro aducen que el concepto de “teleonomía es prescindible” por inadecuado. Pero es que el sentido y la finalidad emergen de forma rápida en todo sistema, aunque este no esté sustentado por una entelequia o una lógica. En esa dirección todo ser vivo crea funciones, como la respiración, donde tal concepto no tendría sentido sin el concepto teleonómico. En todo caso, como explican Maturana y Varela, en su propio lenguaje, son concepto que no existen en un “ente” autopoiético, sino que son dados por sistemas acoplados y desde el punto de vista de un observador. En unos casos y otros, se me hizo “obligatorio” saber más en profundidad lo que Luhmann dejó escrito. No lo he terminado de leer, por lo tanto el presente escrito será revisado una y otra vez mientras lo vaya leyendo, o al final de su (larga) lectura. Como soy obsesivo tengo que escribir, sino no lo hago me costará dormir y mantenerme dormido. O sea, que mis escritos son “purgas” conceptuales para mantener mi equilibrio mental, la homeostasis personal. Por otro lado abordo el tema de la retroalimentación positiva, ya que tal como la he venido plasmando, y por cómo se “expresa” o “funciona” en la naturaleza parece ser un error en los sistemas, y por lo tanto en lo evolutivo y en el cerebro humano (mente). Me di cuenta de esta falla. Busqué un porqué y la hallé hace tiempo, pero no sabía si incluirla en los escritos anteriores o tratar el tema por separado. De revisar los escritos alteraría sus “mensajes” o intenciones.  Era preferible  tratarlo por separado como una nueva conclusión o cierre de los temas ya tratados. Abordo ambos temas -las conclusiones de Luhmann: la autopoiesis aplicada a lo social y la retroalimentación positiva- de forma entrelazada.

   Si se quiere tener una idea general del pensamiento de Niklas Luhmann, lo mejor es recurrir a la entrada de la Wikipedia. Una cosa que me llamó la atención es que es bastante hermético y complejo de leer. Al parecer lo hizo a propósito, pues pensaba que si “simplificaba” sus postulados podrían ser reducidos a mínimos y por lo tanto malinterpretados. Me pregunto, entonces, si yo al tratar de ser llano no estaré siendo simplificado a ideas erradas. Eso me lleva a pensar en el estilo. ¿Es una premisa que para parecer profundo hay que usar un lenguaje complejo e incluso hermético? En esa falla han caído muchos de los escritores posmodernistas, con la consiguiente consecuencia de haber sido tildados en caer en “imposturas intelectuales” vacías de significado y contenido, entre dichas personas a la feminista Judith Butler. El propio estructuralismo es muy ambiguo. Se puede reducir su idea a que tratan de simplificar los sistemas a sus estructuras, a su esqueleto. De igual forma que todo edificio es reducible a que parten de una estructura de columnas y vigas (esqueleto), todo sistema puede ser analizado bajo ese prisma. El problema es no perderse en esa abstracción en donde a veces se desvanece todo contacto con la realidad. Si un concepto me ha parecido acertado del constructivismo es la máxima que dice que todo sistema, y por lo tanto la vida y lo social humano, es mecanicista y está determinado en su estructura. Pero hay que recordar que es la “piel”, su sensibilidad, su textura y los “usos” que le damos, lo que nos hace ser humanos. La paradoja de la abstracción y circularidad en el lenguaje posmoderno, y otras doctrinas parejas, se puede apreciar en esta página, que genera aleatoriamente un texto por medio de un programa informático o algoritmo -cada vez que se entra se genera uno nuevo- un escrito de “corte” posmodernista, con su consabida jerga y tendencia a la recursividad, la conexión aparentemente sorpresiva y azarosa de conceptos y la abstracción pura, que lo desliga de todo significado y realidad. No deja de ser curioso, pues… ¿no será uno de esos escritos aleatorios los que hallen cierta “verdad” sobre alguna realidad? Lo mismo ocurre con cualquiera de esos escritores o pensadores nominados como “impostores”, no deja de ser paradójico que quizás en sus jergas hallen “verdades” o estructuras de la realidad, o que a su vez sugieran ciertas ideas a sus lectores que al final lleven a cierta verdad o patrón de la naturaleza. Extrapolándolo a la genética y la evolución “funcionan” a modo de mutaciones, y como es sabido a veces una mutación es la que mejor se adapta a un medio, la que termina por “acertar”. Eso ya me lleva de lleno a los temas a tratar. A veces pienso que muchos pensadores hablan de lo mismo, sólo que cada uno pone énfasis en cierto concepto, como clave de su pensamiento, mientras que otros lo hacen en alguno distinto. Las claves en Luhmann son significado y comunicación, pero antes de entrar en este tema prefiero tocar la retroalimentación positiva, pues puede ser la que explique muchos de los conceptos de Luhmann y por lo tanto los míos.

   El concepto evolutivo que da “razón” de un porqué a la retroalimentación positiva es el de la cinta andadora (hipótesis de la reina roja), máquina e imagen que es la mejor que define la idea que se esconde tras dicho concepto. En cinta andadora el cuerpo hace todos los movimientos necesarios para andar o para correr, pero no se avanza: la persona permanece en el mismo sitio. En este sentido se explica la evolución. Para entenderlo es mejor un ejemplo. Una gacela y su depredador mantienen una “lucha” en la optimización de sus carreras. Si el depredador gana algo de velocidad, todas las gacelas más lentas serán cazadas, con lo que sobreviven y se reproducen aquellas que hayan hecho algún cambio a mejor en sus huidas. Esto puede ser por velocidad, por agilidad al driblar, o por ser más perceptivas a la hora de detectar al depredador. En resumen una gacela actual puede seguir siendo igual que una de hace trescientos mil años, sus restos esqueléticos fósiles pueden ser casi exactamente iguales, pero posiblemente la actual sea más ágil o rápida, aunque sea sólo en unos segundos. O sea, se hacen cambios para mantener el ratio de diferencia en velocidad con respecto a su depredador. Avanza, pero sin ganar nada con respecto el animal que le da caza, pues este también está “obligado” a su vez a mantener el mismo ritmo evolutivo. Esta es la idea central del concepto  de la cinta andadora aplicado a la evolución. Esto nos lleva de lleno a un cruce de ideas entre Luhmann y mis pensamientos. Este autor hace una de sus claves al concepto de significado. En mi lenguaje, por creer que va más en la dirección de la teoría de sistemas, esa clave sería información. ¿No son lo mismo?, la diferencia está en que Luhmann trataba sobre temas de sociología, en donde la información cambia su estructura. Como mis ideas parten de los de la superveniencia lo primero es la información. El ADN es información que una célula “lee” para operar o funcionar. No cabe la interpretación, que sería lo propio de un significado, tampoco es comunicación, la célula no le “dice” nada a su vez al ADN: es una “orden” que se ejecuta. ¿Cuándo una orden no hay que seguirla a rajatabla? (raja tabla, ¿tabla quebradiza?, me quedo perplejo con ciertas palabras) ¿Cuándo “introduce” la evolución el tener en cuenta la novedad o el cambio? Luhmann nos dice que “un sistema se define por un límite entre sí y su entorno, dividiéndolo de un exterior infinitamente complejo, o (coloquialmente) caótico” (fuente Wikipedia). En esa medida es “reducción de la complejidad”. Quizás esta idea sea la forma más sencilla de explicar la propia vida. De esta manera la vida es una tendencia a mantener un orden o ir contra de la segunda ley de la termodinámica durante X tiempo (edad promedio de vida del ser vivo). Ese límite a nivel de seres unicelulares es la pared celular, pero dicha pared no se dio desde el principio, luego es un segundo paso al proceso evolutivo. Dicha pared “marcó” una distancia o división no sólo con el medio, sino con otros seres vivos, incluso de su propia especie. Con esto llegamos a otra de las palabras claves de Luhmann, la diferenciación, que al parecer la heredó del pensamiento de Parsons. Yo llegué a esa misma idea bajo el término de otredad, pues es la otredad la que crea una identidad al connotar las diferencias existentes. En ese sentido identidad es la propiedad de un sistema a una de las maneras en la que “reduce la complejidad”, su forma de llevar esa máxima a cabo. ¿Dónde entra la novedad? Cuando el entorno cambia y necesariamente “se impone” una adaptación. A decir verdad, y para comprender la evolución, no es que el sistema -un animal, por ejemplo- se adapte al cambio, sino que en muchos casos es por algo tan sencillo como que sólo sobreviva lo que porta un cambio, como para que no muera o se extinga ante dicho medio. Con esto doy un salto narrativo desde los primeros seres vivos a la mente del hombre, que es lo que nos hace tan distintos a cualquier otro animal. En otros escritos ya he dicho que la evolución tuvo que apostar por hacer “cambios de última hora” (impronta genética, efecto materno, epigenético).  Si por un lado un ser vivo es aquella apuesta en particular que tiene unas premisas programadas para “reducir la complejidad”, por el principio de la retroalimentación positiva, explicada bajo la metáfora de la cinta andadora, “asume” que no ha de poner todas sus bazas al promedio de la especie. O sea, una ameba puede que no se diferencie de otra, e incluso un escarabajo pelotero de otro, pero en los animales más complejos hay diferencias de unos a otros. Es como si la evolución dejase de apostar todas sus bazas a una sola carta. La variación, por medio de la sexualidad, es esa apuesta múltiple a distintas cartas. Ahí es donde nace el concepto de “nuevo” o novedad. Si una gacela nace con una mutación en una molécula que sintetiza el gasto de energía muscular de forma más óptima, correrá más tiempo ante el depredador y sobrevivirá y se reproducirá con más éxito. Se da una primera “comunicación” cuando varios animales de un mismo orden se han de tomar como de la misma identidad, cuando la información que portan es con ciertas variaciones, cuando en realidad el “significado” en el comportamiento puede ser el mismo: en este caso huir del depredador.

    En los sistemas de la superveniencia la categoría de social nace del de vida, en donde lo social está supeditado a la comunicación de los individuos implicados para crear estrategias con fines comunes. Creemos una trama más de complejidad, pues la gacela ya no nos vale. Los búfalos africanos tienen estrategias para auto-protegerse y a la vez proteger a las crías. Una falla en tratar de seguir el rastro de la evolución es que las huellas fósiles no dejan ver cuándo se producen cambios sociales, por lo menos fuera de los humanos, pues nosotros dejábamos rastros en “artefactos” (fogatas) o utensilios. Es muy posible que ese comportamiento de los búfalos no haya existido siempre y que sea algo que ha ido evolucionando hasta llegar a la situación actual, en la que incluso llegan a atacar activamente a sus depredadores. De una manera u otra la identidad social es más que la identidad individual (concepto de emergencia), puesto que un búfalo de forma individual no puede mantener esas estrategias de ataque a los depredadores. Lo mismo ocurre con los lobos: individualmente apenas si pueden cazar presas pequeñas. Si están ante un gran animal retroceden; se “envalentonan” cuando están en manada. Dos comportamientos distintos en un mismo Ser o entidad dependiendo del entorno, dos formas distintas de “reducir la complejidad”, de homeostasis, en un mismo sistema nervioso. Esto implica un sistema nervioso que implemente la adaptabilidad al medio, a la situación y por lo tanto a lo que pueda ser distinto o nuevo.

   De una manera u otra lo que subyace de fondo es cuándo algo mantiene una información o identidad, y cuándo puede ser tan distinto como para que ya no sea la misma identidad en dos dimensiones: la social y la individual, que a la vez están implicadas. En lo individual el lobo es lobo tanto al amilanarse ante un gran animal cuando está solo, como cuando se “envalentona” estando en manada, ya veremos cómo interpretar esta regla en el humano. Pero, ¿cuándo un lobo es susceptible de ser atacado por otro lobo y cuándo no? Vayamos a otra especie más sencilla. Una hormiga tiene una huella química de su hormiguero, cuando dicha hormiga llega a otro hormiguero es “otredad”. No existe una regla general en la vida, cada orden y especie tienen sus propias reglas de dichas “marcas” de la identidad. Dichas reglas están “pactadas” y regladas en instintos. En órdenes, no comunicativas, del ADN. Más de una vez he sostenido que el humano no es el inteligente, no a modo activo, es la evolución la que le ha colocado en esa posición privilegiada, la que tiene los mecanismos “inteligentes”. En la medida en la que el humano incorpora muchos instintos o patrones de comportamiento corporizados, encarnados, cada uno maximizado en todo lo posible, es un buen exponente del proceso evolutivo de optimización, que en el caso humano es hacia la inteligencia. Pero el sentido de agencia, el yo reflexivo, el intérprete del hemisferio izquierdo o ese piloto que parece tener el mando del cerebro y el cuerpo, sin llegar a ser razón, es algo estúpido. A este módulo no le sorprende que un perro chihuahua reconozca como perro a un mastín, aunque se muestre asustadizo, que es muy posible que tenga que ver con el olor como las hormigas, pero el humano no reconoce como humano (incluso sin “alma”) a otras personas por meras apariencias externas como el color de la piel, o por ciertos modos de comportamientos o maneras de pensar bajo el concepto de creencias. En este escrito pretendo mostrar un porqué.

    Ya tengo todo los precedentes para adentrarme en los mecanismos que operan de fondo en estos juegos sobre las identidades, toca adentrarse en los detalles. Es muy posible que los primeros mecanismos, de “ver” el entorno, incorporados a un primer sistema nervioso, fueran los cronológicos. A cierta hora el sol tenía más fuerza y era óptimo estar cerca de la superficie marina. Ya en esta etapa y con dicho mecanismo, se daba algo por lo que al final sería la base de todo sistema vivo complejo, con un sistema nervioso centralizado, prever el medio. En un sistema informático se incorpora dichos sistemas; en muchos casos permanecen latentes. Una rutina abierta de un programa come recursos del sistema a la espera de una condición de “¿se da este caso?”. “Pregunta” que se hace una y otra vez cada vez que el núcleo no tiene ninguna otra función más relevante al que el sistema dé más prioridad. Es un sistema estúpido porque consume recursos y energía. Como regla general cuantos menos programas o utilidades residentes se estén ejecutando mejor. La vida no se puede permitir tal derroche, todos sus procesos y los que han evolucionado han sido porque eran los menos intrusivos, los que menos energía gastaban. Los microprocesadores están siguiendo esta misma regla básica, tratan de optimizar sus recursos con un menor gasto de energía. Hoy en día son más rápidos con un menor gasto de energía que los de hace una década. Cuando un sistema vivo llega a cierto grado de optimización de energía, y si este se apercibe que los recursos en el ambiente son óptimos, puede tender a incorporar un nivel más de complejidad, si en el proceso “gana” algo: retroalimentación positiva. Por esto el derroche de energía de la cola del pavo real, es óptima para ser seleccionada por las hembras.

   En el párrafo anterior ya se ha colado el concepto de prever en lo evolutivo. Dicho sistema es la base de retroalimentación del sistema nervioso en lo que se conoce como “codificación predictiva“. En el humano, en donde es que se da de forma más clara el aprendizaje o neuroplasticidad, es donde se ve más claro dicho mecanismo. Un bebé al principio no tiene los ojos abiertos o incluso aunque los tenga abiertos no ve. Su cerebro está programado para crear en primer lugar los circuitos motores. Hace movimientos esporádicos con sus extremidades en donde hay un primer aprendizaje motor por retroalimentación. Pero para que se vea más claro vayamos a la segunda fase: el “incorporar” la vista a dicho sistema. Hay un objeto delante y el cerebro crea aparentemente movimientos aleatorios para dirigir las manos, y la vista “verifica” lo acertado de dicho circuito neuronal de previsión, si falla no se crea la conexión de forma duradera y si acierta asienta dicho circuito en la memoria a largo plazo. La retroalimentación a este nivel es un circuito verificador al modo de “si X entonces Y, sino volver al principio de esta rutina” en donde el aprendizaje ocurre cuando se sale de dicha circularidad o rutina. ¿Parece un sistema estúpido y tonto por lo simple que es? Puede ser complejo entender dicho concepto de circularidad o retroalimentación, una imagen que ayuda a entender dicho sistema es lo que sucede cuando con un vehículo entramos en una rotonda, en donde si no nos hemos colocado en el carril correcto, cada vez que se llega a la salida deseada al “pre-tender” cogerla (lo inteligente del lenguaje -algunas veces-, en este ejemplo con el prefijo “pre” que nos hace “saber” del sistema pre-dictivo del cerebro), se puede llegar a dar el caso que  tengamos otro vehículo a nuestra derecha, lo que nos “obligará” a volver a dar otra vuelta a la rotonda. Optimizamos el sistema cuando el sistema “comprende” que si desde un primer momento se coloca en el carril adecuado será más óptimo salir de la circularidad… “los comportamientos particulares se explican mediante la apelación a una revisión de errores de predicción específicos de la modalidad, según se calculan mediante módulos cerebrales físicamente localizados y encapsulados, sin especificar una implementación computacional particular” (Fodor 1983). Un sistema vivo no complejo se atiene a unas cuantas rutinas ya aprendidas y asentadas, pero el cerebro humano es el mecanismo más complejo de la naturaleza, luego las cosas no son tan sencillas como el aprendizaje de unas pocas rutinas.

    Al predecir un sistema, cuanto menos información se “lea” del entorno más rápido será el sistema en actuar ante este. Por este hecho la evolución de la vista va desde lo sencillo a lo complejo. ¿Por qué ver tan sólo en blanco y negro?, es lo más óptimo si sólo tratas de captar el movimiento, pues en los contrastes de luces y sombras es donde más rápidamente se capta un cambio en el entorno. Dicho sistema sigue “incorporado” en nuestro cerebro y es el que opera en las situaciones de verdadero peligro que requieran una reacción lo más rápida posible. De hecho no vemos el mundo tal cual, por requerir demasiados procesos. Es el cerebro el que lo recrea en su interior, y en cada momento es un circuito el que busca posibles cambios, los cuales los incorpora a su representación cerebral. Es como el pasatiempo de buscar las diferencias entre dos imágenes, llevado a sus límites. Por este tipo de sistema es por lo que somos tendentes a la ceguera a los cambios, pues el cerebro se atiene a la información relevante y pasa por alto lo que no lo es, y por esto mismo al ver varias veces una película nos percatamos de cosas nuevas. Este efecto o sistema también es “culpable” de que las personas a lo lejos, sobre todo del otro sexo, nos parezcan bellas: el sesgo implícito optimista del cerebro está impelido a ver una posibilidad de emparejamiento y “reconstruye” los pocos datos que en ese momento tiene, hacia reconstruirla como “persona bella”, hacia la posibilidad. En todos los ejemplos sale a relucir que nuestra representación del mundo visual es tan costosa y compleja que hay un retardo cerebral: el cerebro siempre tiene una representación del mundo con unos milisegundos de retraso, y por lo tanto del mundo del “pasado”.

    En unos casos y otros, en lo visual, en lo táctil…, en todos sistema de entrada del estado presente, el sistema tiene sus circuitos de previsión y verificación de lo nuevo, en donde lo que queda patente es que el sistema nervioso es un componente que trata de detectar lo nuevo en el entorno. En un segundo proceso tiene que integrar todos los datos (zonas asociativas e integración multisensorial) y pasan a un tercer sistema de verificación más complejo, el asentado en el prefrontal, en la corteza cingulada anterior, que es en el sistema que yo me he detenido de forma profunda en mis escritos. Dicho sistema es el que nos crea la sensación de que hay un piloto al volante, el sentido de agencia (tener un agente al mando). Y dicho sistema no “decide”, puesto que a él llega todo ya integrado o “resuelto”, su papel es volver a verificar, o sea es de nuevo otra rotonda o circularidad en donde si dicho sistema no ve nada anómalo o nuevo lo deja “pasar” sin más (sin procesar, sin crear un cambio).

    Pero todo esto ya lo he dicho y expuesto una y otra vez: vayamos a la “novedad”… el por qué la retroalimentación positiva. En casi todos los sistemas analizados se da una retroalimentación negativa, el sistema tiene que tender a la estabilidad del sistema, a la homeostasis: no gasta más que la energía necesaria en cada proceso. O dicho de otra forma: si desde el principio uno se coloca en el carril correcto, al entrar en una rotonda, no gasta gasolina de más. La rotonda deja en cierta forma de ser rotonda porque sólo vamos desde la entrada “A” a la salida “B” como si fuera una línea recta, como quien dice. Estos recursos automatizados son procesados sobre todo por el cerebelo, que tiene casi todas las rutas de a “A” a “B” de todos los circuitos motores: es a este al que se refiere la frase de “ir en piloto automático” cuando conducimos o en la mayoría del acontecer diario. Todo que hagamos con rutina queda procesado o tiene como circuito al cerebelo. De hecho el lenguaje es sobre todo motor, por lo que dicha parte del cerebro cada vez ha cogido un mayor protagonismo en las neurociencias. En las últimas décadas incluso se ha creado la hipótesis de que ha sido uno de los precursores de lo que el humano es hoy en día. El habla es otro caso de retroalimentación: necesitamos escuchar nuestra voz, lo que decimos. Es otro proceso que si funciona bien va de “A” a “B” sin problemas, pero que falla en cuanto la situación no es óptima. Un ejemplo es que haya griterío o mucho ruido en el ambiente, nuestros “pensamientos” o locución parecen volverse más torpes. Un ejemplo más claro es cuando nos tratamos de grabar con el ordenador y activamos a la vez escuchar lo grabado, el sonido de entrada del micrófono. Como el ordenador tiene un retardo en todo este proceso de grabar y reproducir, oímos por un lado nuestra propia voz y por otro lado esta misma reproducida por el ordenador con cierto retraso. ¿Resultado?, que de repente nuestra locución se frena por esa doble voz a la que el cerebro no está acostumbrado. Ocurría esto mismo en los antiguos teléfonos fijos, cuando nuestra voz se acoplaba y nos venía devuelta con retraso. En mi caso tengo afasia nominal. La teoría es que es un daño en el lóbulo temporal, que es la zona asociativa del habla y el oído, la que crea ese circuito de retroalimentación de hablado-escuchado. Pasé por una encefalitis (15 o 16 años) muy grave que pudo ser la causante de tal daño. Hoy en día, en mi caso, no tengo claro que sea por este motivo. Es muy posible que tenga que ver con el cerebelo. Este no es el que procesa el movimiento, el sistema motor, pero sí los sincroniza como para que no se produzcan retardos o efectos de “acople”, como así ocurre con el ordenador. O sea, la “magia” del sistema nervioso es que ha de sincronizar todos los datos, que cada cual ha sido sub-procesado en algún módulo o región, como para que no se produzca ningún efecto de retardo, en el segundo nivel del sistema asociativo y mucho menos en el tercer nivel de la integración de todos los procesos, dando como resultado la sensación de estar ahí, en este presente. En parte esta sincronización la lleva a cabo o forma parte el cerebelo. En cuanto algo se desincroniza el sistema “falla” o se ve alterado por completo.  Un caso que es ejemplar sobre este hecho es el trastorno de procesamiento sensorial, por el cual las áreas asociativas del cerebro no regulan y sincronizan los datos procesados por los distintos sentidos o módulos cerebrales; este trastorno puede ser una de las bases de las personas híperactivas, que muestran dificultad en el aprendizaje, y se baraja como idea a que sea parte del problema del autismo.

Hipótesis de la Doble Ruta para Leer

    Yo tengo dificultad con el habla, las palabras largas y con fonemas no tan propios del lenguaje español me resultan complicados. Ocurre con varios de mis hermanos y sobrinos, por lo que se descarta que sea un daño en mi caso, sino debido a algo heredado. Mi hipótesis es que hay un retardo, un acople, en la recuperación nominal puesto que no están bien establecidas o sincronizadas las formas motoras en el cerebelo de cómo crear dichos fonemas y por lo tanto ciertas palabras. No se puede recordar o recuperar de la memoria algo que no ha sucedido, del mismo modo no se puede recuperar o con dificultad algo que en el cerebelo no ha terminado de crear un patrón estable. En la metáfora del coche y la rotonda es como si se entrase en ellas sin haber prefijado cuál es el camino de “A” a “B”, y se diesen varias vueltas para salir de la rotonda, lo que da como resultado ese retardo en recuperar nombres, adjetivos y verbos, y se tenga que recurrir a perífrasis y otros recursos para recuperarlas por asociación. Me alargo en este ejemplo personal porque lo conozco bien y es muy representativo de esa sincronización como totalidad. En el cerebro, en cuanto algo falla en las primeras fases de los procesos, queda alterado algo tan esencial como el hablar y por lo tanto el leer y el escribir…,  y  al final el aprender, pues todos estos patrones parten de la base de la forma fonética y sincronizada del sistema motor (cuerdas bocales, respiración, lengua, mandíbula, labios, etc.) que están sincronizados por el cerebelo. En una metáfora, el cerebro es como una cadena de producción, en donde si una parte de la cadena se enlentece, repercute en la producción final con fallas o errores. Como cuando vemos una etiqueta torcida o un remache fuera de su sitio, o defectos similares. Para el caso, como la “producción” en el cerebro no se puede parar se ignoran los retardos y fallas en los procesos intermedios, con los consiguientes errores como el no haber comprendido lo escuchado o leído, o que el discurso se trabe, o se escojan los adjetivos o nombres de formas desacertadas, o se expresen palabras con errores fonéticos o en su formación. O sea que la afasia nominal puede ser un síntoma aún más de la dislexia, una gravedad más allá de esta, (ante tales papeles del cerebelo pensé si estaría implicado con la dislexia, e investigando encontré que sí). Un daño en el cerebelo no provoca el poder moverse o crear los movimientos, sino que estos sean más erráticos y que el cuerpo no recupere su estado homeostático de quietud, dando como resultado un permanecer con movimientos aleatorios y convulsos (ver vídeo de ejemplo). La emergencia de lo humano se dio con el habla, luego el cerebelo tuvo mucho que ver. Ya en otro lado apuntaba al hecho que el habla está ligado en la zona del manejo de la mano derecha. En un tiempo atrás, cuando aún estábamos en los árboles, la sincronización de esta parte motora era fundamental. Cuando bajamos de los árboles esa potencialidad se aplicó o uso para dar prioridad a lo que las manos podía hacer, como elaborar herramientas. En un segundo paso creamos un lenguaje de signos acompañados por sonidos (se puede ver esa etapa en los chimpancés con sus sonidos guturales rítmicos y repetitivos que acompañan a sus comportamientos sociales), para al final terminar por dar una mayor importancia al habla, que por retroalimentación cada vez se volvió más y más compleja.

Vínculo a Través de la Sincronización

Ver vídeo completo
Ver vídeo de este mismo acto, pero de un seguidor a su líder.

   Vuelvo arriba, a establecer un para qué de la retroalimentación positiva, me he alargado en el párrafo anterior para establecer la importancia de la negativa, que es la tendente a los estados equilibrados u homeostáticos del sistema. De hecho cuando el humano crea máquinas todas siguen las reglas de la retroalimentación negativa. En cibernética, como estudio de los sistemas complejos, es donde… “la cibernética es aplicable cuando un sistema que se analiza incorpora un bucle de señalización cerrado, originalmente conocido como una relación “causal circular”, es decir, donde la acción del sistema genera algún cambio en su entorno y ese cambio se refleja en el sistema de alguna manera, (retroalimentación) que desencadena un cambio de sistema“, en esta dirección se llega a la “teoría del control perceptual“, la cual… “es un modelo de comportamiento basado en los principios de retroalimentación negativa, pero que difiere en aspectos importantes de la teoría del control de ingeniería. Los resultados de los experimentos TCP han demostrado que un organismo no controla su propio comportamiento, ni las variables ambientales externas, sino sus propias percepciones de esas variables. Las acciones no son controladas, son variadas para cancelar los efectos que las perturbaciones ambientales impredecibles tendrían en las percepciones controladas“. En este sentido tratan o son sistemas cerrados, tratando de “escapar” o controlar la entropía. ¿No encaja a un porqué el humano tiende al sesgo optimista? No importa la “verdad”, la realidad, el dato en bruto, importa en qué medida esa dura realidad impacte en el grado de felicidad, bienestar o equilibrio homeostático del “sistema”. El sesgo optimista es un mecanismo de retroalimentación negativa. En definitiva y en una de esas optimizaciones, todo el sistema crea rutas lo más cortas posibles que repercuten en el gasto de energía (automatismos), dichas rutas se activan sobre todo con el glutamato (el 90% de la activación neural) y la acetilcolina (neuronas motoras). A ese nivel (nivel 1) todo proceso se automatiza habiendo hallado las mejores rutas. En el aprendizaje, palabra que lleva implícita el concepto de novedad, en las zonas asociativas, la mayoría de la corteza cerebral anterior, se suele hacer uso de un sistema de recompensa, por medio de la dopamina. Hay que fijarse que en algo tan básico como montar en bicicleta entran módulos como la propiocepción (centro de gravedad, por ejemplo), el equilibrio, la visión y el sistema motor. Cada módulo entra en sus propias circularidades (con este tipo de palabras son con las que tengo problemas: el cerebro se queda dando vueltas en la rotonda de “larida”, sin saber si falta alguna vocal “larieda”, u otro fonema o sílaba o si son los correctos: la escribo mal porque soy incapaz de decirla y espero a que el corrector ortográfico me corrija), que a la vez han de sincronizarse con otros sistemas de zonas asociativas (nivel 2). A los efectos no nos percatamos de que haya varios niveles. El nivel 3, el verificador de novedad del prefrontal, es el que asume la autoría de todos los actos como una totalidad como se puede ver en este vídeo, en donde a un sujeto se le activa una región del cerebro para que sea el sistema motor de la mano izquierda el que haga un movimiento, cuando el resultado  final es que el “verificador” o intérprete del hemisferio izquierdo es el que se asume como el que ha hecho tal acto por “elección”. ¡E ahí la “magia” de la instantaneidad de todo el proceso del sentido de agencia!, por mucho que el científico insista y le diga al sujeto del experimento que ha sido por una estimulación magnética transcraneal, este no dudará, e incluso se empecinará, en que ha sido por su elección.

    La dopamina es el neurotransmisor más claro de un sistema de retroalimentación positiva. Es este sistema, cuando no “funciona” su freno, el que nos lleva a las obsesiones y las adicciones. En su modo de operar “normal” sirve de estímulo al prefrontal para dar sentido a aquello que es nuevo. La novedad suele ser estimulante, si no se padece alguna fobia o trastorno (que implique neofobia), y es más propia de cierta etapa o edad: la juventud. Un breve recorrido evolutivo que explicaría o da más sentido a la dopamina es la adrenalina. Si de lo que se trata la vida es de protegerla, cuando esta se ve en peligro el sistema no puede ser comedido, no puede o debe usar mecanismos de retroalimentación negativa. Se juega todas las bazas a una sola jugada y gasta toda la energía posible para huir o luchar. Más tarde el sistema “ideó”, por procesos de retroalimentación negativa, métodos como el camuflaje para volver a regular la situación a la más homeostática o equilibrada en el gasto de energía, recurriendo, claro está, a una retroalimentación positiva en lo evolutivo (cinta andadora) al crear el gasto para dicho camuflaje. Calamares y pulpos han optimizado al máximo dicho sistema por medio de cromatóforos, -de hecho toda su piel es “ojo”, pues cada una de sus células son sensores de luz-, sistema que el humano es incapaz de imitar por el momento, al igual que tampoco llegamos a una inteligencia artificial. Aquí vemos la ambigüedad y antropomórfico del concepto de inteligencia. La evolución ha hallado por medio de la retroalimentación, en su adaptabilidad, llegar a sistemas realmente complejos e inteligente sin que exista un agente que dirija esa “acción”, intención, ruta o finalidad. El humano no es más que otro de esos casos, en el cual la falsa percepción de agencia es otro sistema de control evolutivo, bajo el pretexto de crear una falsa sensación de control, pues de lo contrario el sistema se viene abajo y cae en los trastornos. Retomo el tema, que me desvío. Ya en lo humano la molécula que da más sentido a lo que realmente somos es la dopamina. El prefrontal y sus funciones requieren de mucha energía, por el principio de inercia económica trata de no ser usada. La dopamina, como gran premio, trata de paliar esa coyuntura. Por medio de la dopamina podemos mantener la atención centrada mucho más tiempo del que sería “recomendado” a nivel de gasto energético. Los actuales sistemas de juegos electrónicos (ordenadores, consolas, móviles) son una prueba de esta regla… con el consiguiente problema de la tendencia a la adicción.

Brain_metabolism_and_drug_addiction

    Ya tenemos todos los antecedentes, es hora de que las zonas asociativas enlacen las ideas. La primera conclusión es que el concepto de autopoiesis, como reconocen Maturana y Varela, no implementa fines o “intencionalidades” (propósitos, actitudes). Se basan en la retroalimentación negativa, en la medida que solo pretende ser un caso muy concreto de un sistema cerrado al que no le “afecte” o le altere el entorno y por lo tanto la entropía: “una célula persiste en virtud de su capacidad para crear y mantener un límite (superficie de la célula), a través del cual interactúa con el entorno, manteniendo así la integridad del límite. Es esta autopoiesis, o autocreación, la que permite al sistema limitar los posibles estados que visita, y así sobrevivir” (Varela et al. 1974) ¿Existe tal sistema realmente o es sólo un concepto o abstracción de una potencialidad?, cuando leí su libro quería ver en qué caso lo empleaban, y temía que llegasen a ser muy técnicos, pero ni una cosa ni la otra. Si la célula se basa a su vez en el ADN, y este le transfiere información (más abajo veremos el dilema información/comunicación), su identidad (forma de comportarse) transmuta a través de cambios epigenéticos, que son debidos a “lecturas” del entorno, de lo que está afuera de la célula. Esto ya implica potencialidades de varias identidades, donde para que se dé una tenga que “morir” otra, concepto que ya se sale fuera de lo autopoiético. Ahí está el meollo de tratar sobre qué o no es identidad y por lo tanto unidad, problema que heredan los siguientes sistemas o estructuras de la superveniencia. Hay cambios cerebrales, por daños o epigenéticos, que hacen que una persona parezca ser otra. Así, por ejemplo, se nace con la potencialidad de padecer esquizofrenia, en donde tal estado ya cambia la identidad de dicha persona. En otro lenguaje, en el filosófico, qué es forma y qué contenido; qué necesario y qué accidental o contingente. Parecen ser preguntas sin solución, o que no funcionan bajo la lógica boolena (dual: verdadero/falso, 0/1, identidad/otredad), sino que requiere de una lógica difusa o probabilista. Quizás sólo sea aplicable a la química orgánica o a un primer momento “ideal” de esa primera célula viva, la cual no “contemplaba”, no portaba, el concepto y la posibilidad del cambio epigenético. De hecho tal concepto se podría reducir a la distinción de un sistema que trata de ser cerrado y basado en la retroalimentación negativa, frente a otro que se las tiene que ver con el entorno y para ello hacer cambios a través de la retroalimentación positiva. La paradoja de esta primera conclusión es que el realismo depresivo tiene como fundamento un sistema que se “sabe” como entrópico, como no cerrado y al que no le vale el sesgo optimista, que es un sistema cerrado de retroalimentación negativa. De una manera u otra en cuanto la evolución “se echó a andar” emergieron los acoplamientos, en el lenguaje de los autores, en donde el sistema pareció volverse teleonómico (con fines e “intenciones”). O de otra forma, lo que emerge de cada pretensión de mantenerse como autopoiético, son las interacciones y “modificaciones” en dichos sistemas en donde nació el concepto de competencia de varias apuestas, dentro de un entorno, donde ambas no podían subsistir sin llegar a acuerdos de qué tipo de acople se trataba (indiferencia, simbiosis, cooperación). En cuanto se dio la depredación se acabó el estado estable basado en la retroalimentación negativa, puesto que entró en juego la cinta andadora de la evolución -de la retroalimentación positiva- para tratar de mantener la distancia de la presa con respecto al depredador. Igualmente el sexo (palabra que no usan en su libro, ahí hay algún tipo de represión, ¡es broma!) como modo de reproducción, según los autores es una “complicación”, cuestión que yo ya había “calculado”. Extraña elección de palabra -complicación-, quiero pensar que la usan en tanto que sinónima y familiar al concepto de complejidad.

    La segunda conclusión, el fundamento del presente escrito, es que el humano, en lo social e individual, es un “animal enfermo” en la medida que mantiene activo el sistema de retroalimentación positiva, sin que en muchos casos hiciera falta, pues ya no tenemos depredadores y tenemos un control bastante exhaustivo del medio. Lo que me lleva a la tercera conclusión, de un porqué, que hay que desmadejar más extensamente.

    Lo que llama la atención, al tener en cuenta que se siguen manteniendo humanos como cazadores-recolectores, es que el humano llegó a un estado homeostático con el medio, de equilibrio, en donde “actuaba” y se mantenía la retroalimentación negativa, de manera más autopoiética. Los humanos tribales cazadores-recolectores controlan incluso su índice de natalidad dependiendo de la abundancia, por medio de la retroalimentación negativa: menos alimentos, menos hijos. O sea, un sistema autopoiético se ve impelido a “funcionar” por medio de lo que el medio le da, por la abundancia o escasez de dicho medio. Por otro lado se sabe que casi todo animal inteligente lo es porque se vio sometido a presiones ambientales, en donde tiene que entrar en juego la retroalimentación positiva: ganar velocidad en la carrera, optimizar la caída en picado en un ave rapaz, etc. De hecho el humano aunque en un principio hacía herramientas, no creaba variaciones: se basaba en una que sabía que funcionaba y ese sistema lo mantuvo por cientos de milenios. Todo indica que fue el principio de la última era de glaciación la que nos “obligó” a meternos en una retroalimentación positiva (carrera contra un medio muy hostil) que aunque acabase nunca hemos abandonado. Se tuvo que salir de África y desde ese momento el freno de la retroalimentación positiva se fue al traste. Nadie ha apuntado (o yo no lo he encontrado) la posibilidad a que el cruce con los neandertales crease algún cambio en el sistema nervioso y/o el cerebro que fue el que terminó de “modelar” lo que somos ahora. Una tendencia al exceso a la creatividad, al exceso del mantenimiento de la retroalimentación positiva -por medio de la dopamina-, o el nacimiento de los individuos creativos (posiblemente los bipolares: que dualizaban quizás los extremos de las dos especies), que fueron los que terminaron por marcar el principio de la competencia en las culturas (hubo un primer cruce entre las dos especies antes de la “gran salida” de África). De hecho el humano no se comprende sin competir (y luchar) contra sí mismo. Nuestra especie se basa en competir contra otro humano, otro país, otra empresa, otra cultura, etc. Una regla evolutiva dice que una gacela no tiene que ser más rápida que su depredador, sino más rápida que otra de las gacelas, que será la seleccionada por el depredador. Igualmente el humano no tiene que ser el más “inteligente”, sino más inteligente que su vecino. Hasta aquí esta simple hipótesis que no por extenderla va a ser más clara, sencilla o más defendible. Queda averiguar sus conclusiones.

   Maturana y Valera me sorprendieron en ciertas de sus ideas, por ser cercanas a las mías. Yo siempre he puesto énfasis en la distinción entre individuo y sociedad. Argumento, en algunos de mis escritos, que el proceso histórico-evolutivo-cultural nos ha llevado a la situación actual donde la individuación se ve más marcada. Como una conclusión dada la lectura de las premisas. En esa dirección, de los autores del concepto de autopoiesis, lo social fue otra “complicación” de los sistemas autopoiéticos, puesto que se vieron impelidos a crear un nosotros, cuando el sistema es solo “yo”, como quien dice. En esa dirección Maturana y Varela nos dice: “la ontogenia y la evolución son fenómenos totalmente distintos, tanto en su operar como en sus consecuencias. En la ontogenia, como historia de la transformación de una unidad, la identidad de la unidad -cualquiera que sea el espacio en que exista- no se interrumpe jamás. En la evolución, como proceso de cambio histórico, hay una sucesión de identidades generadas por reproducción secuencial que forman una red histórica, y lo que varía (evoluciona) -el modelo organizativo de las unidades genera das sucesivamente- existe en un dominio diferente del de las unidades que lo encarnan“. Con estas conclusiones reformulo a qué hay que considerar como autopoiético dentro de mi línea de pensamientos. Maturana y Varela argumentan que se han de mantener en las ciencias positivas, y que ir más allá es entrar en la metafísica, cuestión que está fuera de su libro y sus pretensiones. Yo no tengo (me pongo) esos límites, soy más “filósofo” que científico. Bajo las premisas dadas la autopoiesis y el gen egoísta son una y la misma teoría bajo dos aspectos. Cada ente autopoiético “cree” o se fundamenta en tanto que unidad. Que existan “otros” es accidental o está fuera de su Ser, “esencia” y potencialidad. Cada ser autopoiético se toma como el… no sé qué adjetivo, o concepto dar. ¿Único, principal… elemental? De una manera u otra la identidad, en tanto que unidad, es la que fundamenta la esencia de ese ente autopoiético, pues como los propios Maturana y Varela dicen: “en un sistema viviente la pérdida de su autopoiesis es su desintegración como unidad y la pérdida de su identidad, vale decir, muerte“. En esa medida el que existan otras “unidades” es contingente (complicado) y queda fuera del rango de su Ser en tanto que unidad. Es de destacar que si lo que creó esa tendencia, el mantenimiento de la retroalimentación positiva, fue la presión ambiental, no todo humano fue igual de sensible a ese cambio. Por aquel entonces ya existiría la apuesta humana que hoy expone la baja inhibición latente -este concepto se analizará en detalle más adelante-. No todas las sensibilidades inciden en lo mismo, unas son emocionales, otras físicas, otras emotivas, cognitivas e incluso estéticas como queda expuesto en el síndrome de Stendhal, y de forma más extralimitada en el choque cultural que se manifiesta en el síndrome de París. Tales sensibilidades se manifiestan en trastornos, características o personalidades como “persona altamente sensible“, “baja tolerancia al estrés“, neuroticismo, y la llamada baja inhibición latente.  Fueron ellas las que primero sintieron la presión ambiental, las que llevaban la carga de ajustar el medio a sus sensibilidades, como para llegar a algún equilibrio. Unas tipologías y otras -dentro de este rango híper-sensible- se ven obligadas a tener que centrarse más en sí mismas, puesto que el resto de personas no las entienden, pues no sienten la misma presión ante un mismo medio y situación. En esa medida tienden a ser más individualistas, a buscar los porqués en su interior, puesto que el resto de personas “no ven nada” en el exterior como para tener que “ajustarse”. En esa dirección están impelidas a buscar el equilibrio en su interior, frente al resto de personas que se adaptan mejor al medio pero con el consiguiente “problema”, o dilema, de buscar su equilibrio en los social. Vemos así dos tendencias: alguien que se amolda fácilmente al medio, pero al que el medio a la vez  lo amolda a él. Son más miméticos, si se quiere pensar así, pues lo social son reflejos reflejados de lo que se ha de ser en lo social. El estímulo está afuera y su comportamiento lo adapta a los estímulos, con lo que su identidad es esa adaptación a los estímulos externos: es social, o más simplemente basa su ser en su Ser o identidad social. Esto nos dice la Wikipedia: “más bien, un ‘extravertido’ es simplemente alguien que actúa más extravertido con mayor frecuencia, lo que sugiere que la extraversión tiene más que ver con lo que uno ‘hace’ que con lo que uno ‘tiene’” y “(…) esto significa que los introvertidos ponen conscientemente más esfuerzo en presentar una versión más extravertida y socialmente deseable de sí mismos. De este modo, los individuos pueden regular y modificar el comportamiento en función de sus situaciones ambientales“. Por otro lado esos otros seres híper-sensibles, puesto que están inadaptados, se tienen de referencia a sí mismos. Son menos sociales, más solitarios, más autorreferenciales. Su referencia son ellos mismos. En otro lenguaje, y a grandes rasgos que habría que matizar, si algo está “actualizado” no tiene que depender de su posible potencialidad. El introvertido se sabe. En esa medida conoce sus límites y los tiene como referentes. Lo que es suele ser porque su potencial ya está expresado. Mientras que el ser social siempre “cree” que su potencial no está liberado y aún tiene que seguir buscando y “adaptando” -mimetizándo- su Ser a su hacer social (performatividad). Estas ideas vienen de antiguo, o estaban implícitas, en la idea Aristotélica de actus et potentia, en donde se diferencia “entelequia o entelechia”, en tanto que lo segundo es lo dado o completo, como energía expresada, y lo primero como ente que permanece en movimiento o de forma dinámica. Fijarse lo cercano de entelequia (reducido en la actualidad a “cosa irreal”), a la teoría del yo cristalizado, analizado capítulos atrás. Los extravertidos, por otro lado, son mas tendentes a depender de la imagen social, lo que les suele llevar a tener una auto-estima inflada, que les lleva más al sesgo de autoservicio o egoista, y al de auto-engaño: “se piensa que los individuos con mayor autoestima tienen más que proteger en su imagen de sí mismos y, por lo tanto, exhiben el sesgo egoísta con mayor frecuencia que aquellos individuos con menor autoestima“. Paradójicamente las personas centradas en sí mismas, en ese buscar interior, en esa individuación, pueden hallar su paz, como igualmente queda implícito en la teoría Aristotélica: “las investigaciones demuestran que cuando las personas viven vidas que son diferentes de su verdadera naturaleza y capacidades, es menos probable que sean felices que aquellas cuyas metas y vidas coinciden. Por ejemplo, alguien que tiene un potencial inherente para ser un gran artista o maestro puede que nunca se dé cuenta de su talento si su energía se centra en alcanzar las necesidades básicas de los humanos“, nos dicen en la Wikipedia. No dudo que personas como Buda portaban esa alta sensibilidad en alguna de sus variantes. Igualmente Einstein y otros grandes científicos, pensadores y artistas. Son seres más autopoiéticos, en la medida que son más autorreferenciales, más individuados, más autodeterminados y cerrados en sus mundos. Son esas personas a las que nombra Carl Rogers en su “teoría de la personalidad centrada en la persona”, que en el lenguaje común se referencian como neuróticas. Estado que ya no está catalogado como trastorno, sino como una tipología más dentro de los cincos rasgos de la personalidad. Fijarse que ese tenerse a sí mismo como referente puede ser tomado como narcisista, pero que como he hecho ver en el escrito “narcisismo e identidad”, no lo es en la misma medida que el narcisista social o performativo.(1) De una manera u otra, en otra dimensión y lenguaje, son personas introvertidas (diferente a ambiversión, entre los dos opuestos, que es donde pueden encajar los bipolares), divergentes, en tanto que no tratan de converger a la media social, y que son aquellas que en mi lenguaje denomino como preconcientes (por disposición genética y/o por un daño traumático en la niñez) y que están llamadas a hacer de retroalimentación negativa en el sistema, o son su dialéctica negativa, como trato de defender en el escrito “la dimensión social“. Las personas extrovertidas tienden a necesitar un mayor nivel de excitación del medio a nivel cortical, que bajo mi punto de vista es por el hecho que son más tendentes a la presión de la cinta andadora, que está estructuralmente acoplada a la sociedad humana, a la competición de las culturas, de la retroalimentación positiva, y por ello tienden a mantener el nivel de dopamina por encima de lo que sería “normal”. Así la Wikipedia no recuerda que: “la extraversión se ha relacionado con una mayor sensibilidad del sistema de dopamina mesolímbica a estímulos potencialmente gratificantes” y “un estudio encontró que los introvertidos tienen más flujo de sangre en los lóbulos frontales de su cerebro y en el tálamo anterior o frontal , que son áreas relacionadas con el procesamiento interno, como la planificación y la resolución de problemas. Los extravertidos tienen más flujo de sangre en la circunvolución cingulada anteriorlos lóbulos temporales y el tálamo posterior, que están involucrados en la experiencia sensorial y emocional. Conviene traer aquí el texto de la Wikipedia sobre la introversión, pues reúne los conceptos que yo trato de mostrar:

“La introversión es el estado de estar predominantemente interesado en el propio yo mental. Los introvertidos se perciben como más reservados o reflexivos. Algunos psicólogos populares han caracterizado a los introvertidos como personas cuya energía tiende a expandirse a través de la reflexión y disminuye durante la interacción. Esto es similar a la opinión de Jung, aunque se centró en la energía mental en lugar de la energía física. Pocas concepciones modernas hacen esta distinción.
Los introvertidos a menudo disfrutan de actividades solitarias como leer, escribir, usar computadoras, hacer caminatas o pescar. El artista, escritor, escultor, científico, ingeniero, compositor e inventor arquetípico es altamente introvertido. Es probable que un introvertido disfrute del tiempo que pasa solo y encuentre menos recompensa en el tiempo que pasa con grupos grandes de personas, aunque pueden disfrutar de las interacciones con amigos cercanos. La confianza suele ser un tema de importancia: una virtud de suma importancia para los introvertidos es elegir un compañero digno . Prefieren concentrarse en una sola actividad a la vez y les gusta observar situaciones antes de participar, especialmente en niños y adolescentes en desarrollo. Son más analíticos antes de hablar. Los introvertidos se ven fácilmente abrumados por la excesiva estimulación de las reuniones sociales y el compromiso, incluso algunos han definido la introversión en términos de una preferencia por un entorno externo tranquilo y de estimulación mínima.
Confundir introversión por timidez es un error común. La introversión es una preferencia, mientras que la timidez proviene de la angustia. Los introvertidos prefieren las actividades solitarias a las sociales, pero no necesariamente temen los encuentros sociales como lo hacen las personas tímidas. Susan Cain sostiene que la cultura occidental moderna juzga mal las capacidades de las personas introvertidas, lo que lleva a un desperdicio de talento, energía y felicidad. Caín describe cómo la sociedad está predispuesta en contra de los introvertidos, y eso, dado que a la gente se le enseña desde la infancia que ser sociable es ser feliz, la introversión ahora se considera ‘en algún lugar entre una decepción y una patología’. En contraste, Caín dice que la introversión no es un rasgo de ‘segunda clase’, sino que tanto los introvertidos como los extravertidos enriquecen a la sociedad.” 

   Bajo mi punto de vista, si todo individuo portase esta apuesta “sensible”, introyectada, individual, la sociedad sería más estable, pues pienso que ese mimetismo que trata de basarse en la media, en lo social, es lo que es más tendente a crear problemas sociales. Ese ser altamente moldeable a lo social “cambia de camisa” con tanta facilidad como para que la tendencia política actual en Europa sea la extrema derecha. Esa otra apuesta de los híper-sensibles, con su tendencia a la individuación, son más socialistas y se atienen a mantener esa idea como fija. Casi todo pensador o científico híper-sensible ha tendido a los conceptos humanistas, pese a que no les gustase la masa y el gregarismo. Por el contrario el extravertido tiende a amar lo social, pero como nos dice la Wikipedia: “(…) cierta evidencia sugiere que el rasgo de la extraversión también puede estar relacionado con el de la psicopatía“, y por ello igualmente la sociopatía. A mí nadie me ha podido “vender” nunca el capitalismo, nunca he entrado en la dinámica de tratar de vender nada que nadie quiere, siempre me he resistido al lenguaje comercial, que sobre todo se ve en los agentes inmobiliarios de los Estados Unidos. Aunque esto vaya en mi contra a la hora de poder encontrar o mantener un trabajo. Cuestiones que son lo comunes en los seres sociales. De nuevo estos son unas primeras conclusiones, a las que siguen otras.

   Hay una falla estructural en el párrafo anterior. De fondo estoy afirmando que “si todas las personas fueran como yo, el mundo sería mejor”. Un pensamiento pueril y egotista que todo intelectual tiene que tratar de evitar o no mostrar. Pero, ¿acaso no es eso a lo que se puede reducir todo?, y ¿acaso no es este hecho y pensamiento -que es universal- una demostración de la validez de la teoría del gen “egotista”? Validamos nuestra propia identidad (personalidad, pensamiento, emocionalidad, comportamiento, ideología, religión) como la más acertada, o más humana o la que hubiera de ser la prototípica. Lo hacen los corredores de bolsa, lo hacen los millonarios, los directivos, el trabajador medio, el piadoso, el humilde…; lo hizo Jesucristo, Buda, Immanuel Kant, Steve Jobs, John Lennon…; casi todo filósofo o pensador, o creador de una religión o secta; todo el que quiso reducir la vida a una máxima como “carpe diem”, “el humano es su voluntad de poder”, “visualiza tu futuro”, “el universo conspira para que realices tus sueños”…; todos excepto, paradojicamente, los cerebros dañados y/o con trastornos mentales, que se sienten “inválidados”.  De nuevo el dolor y la carencia total de orgullo como baremo de un patrón, pero bajo la regla de no querer ser universal… ¿o es imposible invalidar esa regla de oro de la evolución?, puesto que al universalizar el dolor y la carencia de orgullo ya gana, ya se impone como lo prominente, como lo “más” y el máximo exponente de una especie. ¿Qué queda como alternativa? Derrocar esa máxima evolutiva del gen egoista. Aceptarse como un ente eusocial. Ser una mera hormiga dentro de un sistema global igualitario y justo, en donde la competencia se haya transcendido; donde todos tengamos trabajo, comida y hogar. Me imagino que suena a comunismo o a la idea “original” de Jesucristo, pensamientos que ya han quedado atrás por inválidos para nuestro tipos de cerebros. Ninguna apuesta “vencerá” o se universalizará jamás, puesto que portamos distintas tipologías humanas que sólo pueden mantenerse en su juego evolutivo de ganar o perder. Sólo nos queda ese “juego” social de tratar de hallar una media “aceptable” para la mayoría. Sólo parece quedar la vacua democracia (teoría del fin de la historia) que no termina de satisfacer a nadie. Donde todos nos tenemos que sacrificar a la voz de una mayoría que no es la más racional, ni la más culta, ni la más inteligente, ni la más excelsa de lo humano, esa mayoría que hoy vota el socialismo y mañana votará a la extrema derecha…, pero que en definitiva es la mayoría.

    Para matenerse en el plano positivo, científico, la pega al gen egoísta (que yo prefiero llamar egotista) es que las expresiones de dichos genes, en algunos casos, son irrelevantes, pues es la suma o totalidad de todos los genes y sus interacciones la que se revela en un ser vivo. O sea que el gen es una parte mínima de un ADN en concreto que es el que crea, por ejemplo, un humano concreto. De nuevo el gen egoísta es una abstracción de un concepto mayor. Cada gen es un empaquetado mínimo que “lucha” dentro del ADN para ser expresado, -sí hay una lucha “evolutiva” dentro del ADN, donde cada gen se replica todas las veces que pueda (el mal llamado código basura) como para llegar a ser expresado en alguna de sus “posiciones”-, idea extensible al meme (el concepto que mantiene las redes socieles sobre qué es un meme es un(a) meme-z). Cada meme “lucha” por sí mismo para “sobrevivir”. Son paquetes de información. Otra cuestión del concepto de autopoiesis es que Maturana y Varela sustentan que no implican información. Que esta emerge en su dimensión histórica y desde el punto de vista de un observador. Lo que Maturana y Varela llaman acoplamientos: “cada vez que el comportamiento de una o más unidades es tal que hay un dominio en el que la conducta de cada una es función de la conducta de las demás, se dice que ellas están acopladas en ese dominio”, yo lo he venido llamando “capas de complejidad” (o de abstracción), de las que nacen o emergen conceptos. ¿Hay algún punto cero en donde no los hubiera?, pienso que no. En los sistemas complejos no-vivos (el clima por ejemplo) ya existían esos “acoplamientos” (estructuras, reglas, patrones, potencialidades…, interactuando), que son por los que se les puede catalogar dentro de dicho concepto, aunque puede que no estén dentro de los límites restringidos conceptualmente que son usados por sus autores. Bajo mi concepto, de las “capas de abstracción”, en cada capa se dan emergencias, en donde una segunda capa ha sumado dos emergencias de la capa anterior. Por ejemplo en el humano el habla y las culturas llevaron a una siguiente capa superior que es la escritura, como para mantener lo aprendido. Los humanos que no llegaron a esa capa de abstracción no pudieron “prosperar”, bajo los parámetros etnocentristas occidentales. En este sentido hay que ver o estructurar qué capas “nacieron” primero o están en la base (pendiente de hacer un gráfico de las capas de abstracción). La identidad nació en el momento que nació la otredad, contra la que se competía por unos recursos o finalidades. Otredad está unida a una segunda capa de identidad -o están en la misma capa- de la que nace la potencialidad de la competencia. Igualmente de la información emerge la comunicación en cuanto hay otro con distinta información.

    Con esto vuelvo al olvidado Luhmann y la identidad de las sociedades y los individuos. Si apunto a que no me gusta la sociología es por el hecho que trata al humano en tanto que social, como un agente social, olvidando que antes que social es individuo. El concepto de significado, por otro lado, no se puede entender sin la intención, que a su vez remite al modo que se expresa la información de una unidad o individuo. Esto nos lleva al problema de qué es o no es comunicación, otro de los conceptos clave de Luhmann. Yo entendería o reduciría la comunicación a una situación tal en donde emisor y receptor son intercambiables, y en donde a partir de dicha interacción uno o los dos pueden haber cambiado sus puntos de vista sobre su primera información, pero siempre dada la posibilidad o potencialidad para ese cambio en los dos lados del sistema. En ese sentido un cartel propagandístico no es comunicación, porque es un emisor que no cambia con respecto a lo que piense o pueda decir o sentir un receptor (un influencer es equiparable a un cartel propagandístico). Es tan sólo información (se me ocurre que el receptor, una persona, haga cambios al cartel, cosa que suele darse, las cosas se complican enseguida). Un meme entra dentro de esta reducción, puesto que ha de mantener su información. Si cambia ya no es el mismo meme, ha mutado, es otro. En ese sentido gana vigencia el concepto de gen egoísta (egotista), puesto que el ADN tiene la potencialidad epigenética de adaptarse a cambios con respecto al entorno (comunicación, por lo tanto), pero el gen “funciona” al modo de meme, si cambia muere, es otro. Recordemos que de lo que trata el presente libro es de la búsqueda del Ser, con respecto a su (a)parecer. Todo humano, así, es tanto su Ser como las potencialidades que están implementadas para hacer cambios a través de la epigenética en su ADN y las potencialidades que puedan no manifestarse, porque no se dan las condiciones en el entorno para ello. Por ejemplo alguien que no viva una guerra o un estallido de violencia social,  no sabrá si mataría o no, y como dijo Wittgenstein “de lo que no se sabe, es mejor no hablar (o callar)“, que igualmente el saber popular de milenios nos lo hace saber bajo el refrán: “nunca digas de este agua no beberé”. De nuevo la lógica boolena no funciona para definir a un ser humano y su identidad, pues puede ser una cosa y su contrario, por cambios epigéneticos, situacionales, o ambientales. A grandes rasgos yo diría que existen dos tipos de humanos: los alfa, que no tienden a cambiar pues nacen bajo ese “designio”, y si cambia de ser alfa muere (en el lenguaje popular son “erre que erre”, empecinados, cabezotas), y el resto de humanos, que mutan en lo social porque en ellos impera la comunicación y por ello la “mutación”. El alfa y el poder es lógica binaria: Ser o no-Ser, sólo información; y el resto de humanos lógica difusa y comunicación. No hay juicios de valor en dicho planteamiento: el primero mantiene su Ser, pero al no adaptarse al entorno es menos “inteligente”, y los segundos lo son en ese aspecto a cambio de no tener Ser (identidad definida). Bajo estas premisas ¿cómo abordar la sociología, y el dilema de la comunicación y el Ser que he planteado? El poder, que hereda la estructura de los alfa, no quiere cambiar, no quiere perder su identidad. No quiere comunicarse, quiere ordenar. En la medida que se llegó a las democracias el poder del Estado se hizo permeable, mutable, dejo de Ser poder o en menor rango. Dicho poder no lo abandonaron los humanos con grandes sumas de dinero, que son los que han provocado que el sistema esté tendiendo hacia la corporatocracia, al poder ladino pero contundente de las grandes corporaciones y compañías. O dicho más sencillamente y como contraargumento a lo que sostiene Luhmann,  la comunicación no existe en lo social en la medida que algunos estamentos no son permeables a cambiar sus posiciones en tanto que eso quiera decir perder el poder. En la estructura de interacciones con un otro, la comunicación está dentro de lo cooperativo o el altruismo, mientras que la estructura del alfa y el poder es egotista y  de despecho o rencor (la aptitud de “ni para ti ni para mí, a la basura”), en donde prefiere morir que dar, si por ello pierde poder. O de otra manera puede ceder algo de poder, si a la larga sabe que va a ser para ganar aún más. De una u otra forma siempre más poder, que es forjar aún más su identidad, y nunca menos.

    En el escrito “Posverdad y percepción de Coúrum” veíamos que los animales individuales, de forma rápida, crearon una comunicación simple a través de la química, de la que son herederas las hormigas. Esas primeras comunicaciones eran para sincronizar procesos, acciones y funciones, que a la larga son la base de las propias células dentro de un animal multicelular o metazoo. Las células nerviosas y al final las neuronas heredan en capas de abstracciones las reglas y los conceptos de esas bases comunicativas basadas en las sincronías de ritmos. De hecho cuando el cerebro trabaja en sus circularidades, lo hace con ritmos sincronizados, en donde si tales ritmos se pierden los procesos se vienen al traste.  La esquizofrenia, en su base, es un retardo en la percepción del soliloquio interior, de tal manera que dicha voz no es tomada como propia (apostaría que el trastorno de miembro ajeno tiene que ver con algo similar, igualmente apuntaría a que el efecto de Déjà vu es una falta de sincronización entre el módulo predictivo y la visión, donde el primero es tomado igualmente como visión, dando como efecto que el segundo nos parezca su repetición). De hecho se apunta a que el sentido de agencia se da en la circularidad del proceso a nivel de todas las capas: “una propuesta influyente sostiene que nuestro sentido consciente de agencia depende de la comparación de los estados reales y esperados. En este sentido, Chris Frith y otros (Frith 2012, 1987; Frith y Done 1989; Synofzik et al. 2008) argumentaron que el sentido de agencia depende de la interacción de dos comparadores de avance, uno comparando los estados deseados y predichos para generar un sentimiento de control, y otro que compara estados predichos y estimados para generar autoascripción“, (¡bonito palabro!, reducible a autoconciencia). Como soy muy gráfico, yo veo tal concepto a que es como si al entrar en una rotonda esta tuviera varios espejos (redondeados para ampliar y amplificar la visión) que reflejan la imagen del espejo anterior, de tal forma que cuando uno mira el espejo que tiene más cerca de adelante, viese su propio automóvil desde atrás, y uno se dijese… “¡ah, pero si soy yo!” y desde ese momento en vez de conducir con la vista puesta a lo que hay delante, lo hiciera a través de los espejos y desde atrás, como un agente externo al coche (la típica cámara desde atrás del coche de los videojuegos que es la más cómoda para manejarlos). Con la salvedad que el coche es un tesla, y que casi siempre va en automático, cuando el “piloto” cree que no es así.

Processing HierarchyAuto-modelo de subjetividad

    Una de las premisas que emergen una y otra vez en lo evolutivo es la información dentro de una identidad. Se mantiene una especie y género preservando una identidad. Esta premisa queda ampliamente explicada en el escrito anterior. En el presente he tratado de mostrar que el humano se ha creado en la base de una retroalimentación positiva en donde la otredad dentro de la propia especie: la otra persona, la otra familia, la otra cultura, el otro idioma, el otro país, el otro sexo… es la que ha exponenciado nuestro crecimiento social-histórico-cultural. Algunas nos vienen dadas al nacer (fácticas), otras las “elegimos” durante la vida. Cuando nos adscribimos (la he usado porque me gustó lo bien que quedaba arriba) a una identidad cultural, o asumimos bajo las que nacemos, renegamos en un alto grado de nuestra individualidad, que está más cercana del concepto de la autopoiesis, de las estructuras de nuestro propio cerebro para llegar al equilibrio, con sus mecanismo de retroalimentación negativa. De otra forma la vida humana deja pocas opciones más: tienes que formar parte de sociedades -de identidades- si quieres vivir medianamente bien (sin contactos es más complicado encontrar trabajo, por ejemplo). Dichas identidades son máscaras, identidades asumidas, impostadas; la única identidad “real” es la individual. Ni siquiera la familiar es “real”, aunque sea la que más validez tenga. Una gran mayoría de familias se terminan por desintegrar -artimaña para evitar la cacofonía- cuando sus integrantes maduran, puesto que con la edad la identidad personal ha crecido tanto, se ha diferenciado tanto del resto, que apenas si existen ya puntos de unión con el resto de la familia y los humanos. La fuerza de la familia es la maternidad, las mujeres, que tienen moléculas (estrógeno, oxitocina, prolactina) más tendentes a crear uniones y empatía, pero el posmodernismo y el feminismo las están “volviendo” individuales al hacerlas relegar de esas condiciones “naturales”. Sin la mujer seguramente no se hubiera dado la sociedad humana, si se acaba con ese arquetipo no sé qué ocurrirá, aunque ya se notan sus efectos. Mis hermanas son las que más luchan contra la desintegración familiar, pero igualmente al final les puede el orgullo individual.

    Retomo el tema de las identidades. Lo que el humano sea lo es en lo bueno y lo malo. No por ser cobarde, neurótico, nervioso, etc., se es más o menos humano; incluso un psicópata es un “hijo” de la humanidad, pues en una sociedad estable (sana) seguramente no se rebelaría su lado más negativo. Ha de primar la neurodiversidad. ¿Se es más humano “si se tira del carro”?, ¿y si es un error mantenerse en la retroalimentación positiva?, que es lo que expresa de fondo tal concepto. Somos entes individualizados, en donde tal entidad es la primera antes que la social. El “ideal” o normalización de lo que es o ha de ser el humano se da en lo social, por “exigencias del guion”, del contrato social. A mí me gustaría pensar que uno puede relegar su individualidad por el bien común, pero tal cuestión… ¿tiene sentido si la sociedad no es justa e igualitaria? Porqué voy a cercenar partes de mi identidad si al final es para que pateen mi dignidad. No quiero que me roben, que haya delincuentes, pero en muchos casos son individuos, que nacieron en el rincón más recóndito, mugriento y sin salidas del laberinto social, y que tratan de preservar su dignidad en una sociedad injusta. Recordando aquella frase icónica de “tú haces que quiera ser mejor persona”, a la sociedad de hoy en día sólo se le podría decir: “tú haces que quiera ser peor persona”. Voy a tratar de asentar una paradoja, la que ha de llamarse la “paradoja del esquizofrénico”. Por lo que se sabe todo inmigrante es susceptible de caer en el “síndrome de Ulises“, en donde la sensación a que debes algo a la sociedad que te acoge, el estrés de no parecer cumplir con esa alta exigencia, y otros factores estresantes como mantener la cabeza gacha y el racismo, hacen que esas personas pierdan todo sentido de identidad, incluso la personal. Por lo que nos dicen los últimos estudios son un colectivo muy tendente a la esquizofrenia. Paradójicamente cuando no se puede tener una identidad social, de pertenencia al lugar en el que te encuentras, se puede llegar a perder la identidad propia (despersonalización). En ese estado el cerebro parece perder su sincronicidad, su fluidez, en donde esta es muy posiblemente que sea debido a una pérdida de la percepción de cuórum, de no poderse “sincronizar” con el resto de las personas de su entorno. La exclusión de cualquier tipo crea esa rotura síncrona de forma externa que al final se vuelve interna. En esa desincronización interna el esquizofrénico cree que su voz interna no es la suya. Volverse ajeno al otro, a un nosotros, vuelve al propio individuo tendente a volverse ajeno a sí mismo, pierde la auto-referencialidad, que es una de las bases de una identidad autopoiética. Bajo la premisa de Maturana y Valera, esa muerte de identidad es en sí misma una muerte física. ¿La esquizofrenia es un suicidio simbólico, transferido, interiorizado? En otra lectura, la sociedad te “exige” que relegues tu identidad a la social, para al final abandonarte a tu suerte en un mundo que ni es igualitario, ni justo, y donde al final pierdes hasta el poderte identificar con tu propia voz interior…, aquella que habría de ser tu única voz e identidad. ¿Cabe mayor mal? En lo personal prefiero morir a manos de un psicópata (una apuesta individual no aceptada), que morir esquizofrénico. Una muerte física a otra espiritual. Morir rebelde a que pisoteen mi dignidad.

    No tiene sentido que la humanidad permanezca eternamente pisando el acelerador del progreso. Hemos de olvidarnos de competir contra otros hombres. Evitar que las culturas y sociedades se basen en sus luchas contra otras. Deberíamos centrarnos en crear una sociedad justa e igualitaria en donde la media de los sueldos y los bienes fuesen lo más parejos posibles. Donde todo humano tuviese como realidad una vivienda y un trabajo, y no como un posible desdibujado y brumoso futuro. Tenemos los medios y las tecnologías para que tal sociedad sea universal. Basta centrarse en ese fin dejando de pisar el pedal del acelerador. Tenemos que dejar atrás la sensación de precariedad que nos provocó la última era de glaciación, que nos metió en una eterna retroalimentación positiva que nunca hemos abandonado. Hoy tenemos abundancia, pero no es repartida de forma equitativa. ¿Acaso todos los avisos que nos está dando la naturaleza no nos sirven de aviso para hacernos ver que no podemos seguir con esta misma dinámica? Podemos crear una sociedad cerrada, autopoiética, basada en la retroalimentación negativa, en la dirección de crear una sociedad igualitaria y justa, en donde uno no tenga que apostar entre su individualidad y su ser social, porque crea a los dos como parte de una misma unidad. Si lo hacemos habremos demostrado que hemos luchado contra nuestras estructuras, como para podernos calificar realmente de inteligentes…, mientras tanto yo seguiré empeñado en pensar que somos un animal estúpido.

 

La Dimensión Individual

    He analizado la dimensión social, toca la individual, la que implica al cerebro. Tengo la teoría de que cuanto más se alargue uno en explicar algo, más susceptible es para que pueda ser falso o cuanto menos que sea más cuestionable. Se sabe y se pilla al mentiroso porque da unas explicaciones que no se le pide: “excusatio non petita, accusatio manifesta” (excusación no pedida, acusación manifiesta). La paradoja es que toda tesis obliga a alargar verdades cortas y sencillas, en la mente de que las expone, pues no sabe el nivel de conocimientos del lector. Espero que la dimensión individual sea más corta, pues ya tengo todos los precedentes.

    Es paradójico que el humano nazca con los ojos cerrados cuando es su principal sentido. Pero también manifiesta una ontogenia epistemológica y ontológica, pues se necesita la vista para actuar y mover un cuerpo -un ente- por el mundo. Una vez que el cerebro ha creado un mapa propioceptivo (interior), sobre todo de los movimientos, sobre su identidad corporizada, abre los ojos para “ajustar” ese primer mapa a la realidad. La novedad es la base de todo conocimiento. El cerebro crea mapas internos, y los va corrigiendo y ampliando según va conociendo cosas nuevas. Hay una teoría del conocimiento que se llama holográfica, que tiene como base esta forma de operar del cerebro (si bien, bajo mi punto de vista, se extralimitan en ciertas de sus conclusiones). Este siempre tiene una representación mental del mundo, de la realidad. Hay que recordar que en cuanto se atiene a lo dado, en la representación mental, eso implica ahorro de energía. Lo nuevo siempre es un gasto de energía, pues supone redibujar y ajustar el mapa interno. “Si un organismo está dotado de la creencia de que maximizará la evidencia de su existencia, entonces actuará de manera consistente con esa creencia. En otras palabras, si la supervivencia es sinónimo de minimizar la sorpresa, es decir, maximizar la evidencia o la auto-evidencia, luego se deduce que la única creencia previa que un agente puede tener en cuenta es que se comportará para minimizar la sorpresa“, (Hohwy 2016). Por otro lado la teoría del control perceptual nos dice que un sistema abierto, y por los resultados de los experimentos, “han demostrado que un organismo no controla su propio comportamiento ni las variables ambientales externas, sino sus propias percepciones de esas variables” Lo cual es extrapolable a que el cerebro no trata tanto de controlar al medio como controlar el cómo lo percibe (o siente). Esto se deja ver en el optimismo y la esperanza, el control del miedo o la ilusión de certidumbre. A la potencialidad entre atenerse al mapa interior o ser sensible a los cambios se le llama “inhibición latente“. La media humana tiende a no buscar o encontrar cambios. Se atiene a mapas representacionales “pobres” o “mediocres”. No estoy haciendo juicios de valor, pero me imagino que es imposible escapar de ellos. Ya he dicho muchas veces que la evolución tiene como media, en una especie, la mediocridad. ¿Si no porqué nos llamarían la atención los casos que se salen de la mediocridad, como los genios y los héroes? Cuando una persona es más sensible a los cambios, creativa, abierta mentalmente o inteligente, lo es porque suele tener una “baja inhibición latente” (ver en el mismo artículo la sección correspondiente). Pienso que ese fue el cambio que nos creó como humanos. Ese cambio que bajo mi opinión se dio por el mestizaje con los neandertales y otros homínidos de Eurasia. Por regla general el mestizaje es bueno en lo evolutivo. Emergen nuevos cambios y potencialidades, se crea una posible nueva capa de complejidad o abstracción.

    En otro lado decía y reducía la inteligencia a la latencia de detectar lo nuevo y acoplarlo dentro del mapa mental. Ahora ya tengo la idea más madurada. La baja inhibición latente, conlleva a ser más sensible a que algo no está dentro de un patrón…, que pueda ser algo que necesita un nuevo patrón, una nueva regla y conclusión. Voy a atacar el tema por otro lado. En otro lado ya he hecho ver la dirección de la información: de arriba hacia abajo, y de abajo hacia arriba (ver sección “Neurociencias y psicología” en dicho artículo). Ese arriba es el mapa interior, el abajo los hechos en bruto. Por norma general, en una latencia inhibitoria normal, el cerebro “encaja” todo abajo o sensación bajo el mapa de arriba, que ya tiene. Lo nuevo es aquello de abajo que de ninguna forma “encaja” dentro del mapa mental u holográfico. De esta manera alguien con baja latencia inhibitoria capta más cosas nuevas que la media y está constantemente redibujando su mapa interior, lo que ya implica el tener un mapa representacional más amplio y por extensión ajustado a la realidad o inteligente. Se deducen más reglas de esta sencilla base. La forma más “normal” o universal de razonamiento es la deducción. De las generalidades se deducen individualidades: 1. todos los hombres son mortales, 2. Sócrates es un hombre, 3. luego se deduce que Sócrates es mortal. De esta manera las generalizaciones (patrones, arquetipos, estereotipos), son la forma más económica que tiene el cerebro de crear una representación del mundo, de “encajar” a los individuos dentro de grupos o conceptos mayores. Este patrón deductivo, junto al de “prueba y error”, no suele requerir del prefrontal. De facto (por “prueba y error” si tal cosa se puede decir en este caso) el sistema tiene que todo hombre muere como para deducir que Sócrates morirá. Construye generalizaciones a partir de la repetición de lo validado, de aquello que ha sido cribado una y otra vez en el “prueba y error”. Todo el cerebro, en tanto que cognitivo y representacional, recrea el mundo a partir de dichos patrones. Es por un lado el modo más económico de gasto de energía (el más propenso a la inhibición latente) y por otro son los más fiables. Son los más “validados” por la evolución, como quien dice, sus “reglas de oro”. Una baja inhibición sin embargo ve cosas nuevas por todos los lados, de tal forma que las generalizaciones dejan de “funcionar”. Se encuentra con una representación interior del mundo que tiene demasiadas individualidades, “entidades” mentales, que no encajan dentro de ninguna de las generalidades. Piezas sobrantes de un gran puzle. Recordemos que cada zona cerebral que se dedica y procesa a un sentido lo hace bajo sus propias reglas. Algunas reglas ya están implementadas a nivel del ADN, puesto que nacemos “sabiendo” de la gravedad, de la resistencia y dureza de los cuerpos, y otras leyes físicas. En esa dirección el cerebro nace con unas valencias y son distintas entre los sexos. Suavidad (que no daña) es un muñeco de peluche. El hombre no tiende a lo suave sino a lo rígido y duro. ¿Dualidad?: suavidad/dureza, mujer/hombre, amor/guerra. Las crías hembras de los chimpancés tienen una mayor preferencia por los muñecos de peluche frente a un camión, no es algo aprendido y que sea social. Recordar que no soy dual; hay hombres “suaves” y mujeres “duras”; es una gradación de esas dos valencias, pero la evolución tiende a la generalización de lo más válido (estándar) y eso nos da las generalidades de los sexos. Vuelvo a las reglas de cada módulo sensorial. Si algo se sale de sus generalidades, lo cataloga como “extraño” o nuevo y se lo pasa a las zonas asociativas del cerebro para ver si en ellas sí existe un patrón o categorización para dicha sensación o percepción. Por el mismo proceso si no “encaja” es llevado al prefrontal, el sistema más costoso a nivel de gasto energético. En el prefrontal está, entre otros módulos, el sistema ejecutivo, que cuenta con la memoria de trabajo y la atención. Es a este módulo al que se le llama volición, o razón, el que está preparado para lo especular y por el que creemos que somos dicha entidad. Identidad que, por lo general en el pensamiento occidental,  está unido a la capacidad volitiva. La que re-elige, la que tiene la capacidad de cuestionar lo dado por las otras partes del cerebro. Por extensión es a lo que se llama “sentido común”, que como dice el refrán es el menos común de los sentidos. Cuanto más extraño y prioritario sea algo nuevo, necesitará de un mayor foco de atención o concentración… un mayor gasto de energía, con la consiguiente resta a otros procesos corporales y por ello con la consabida tendencia al agotamiento. Este mapa es el esencial que maneja las teorías cognitivas, pero yo las estoy analizando desde la inhibición latente, demos un paso atrás.

Terminología Argujmental Usada en Lógica

   Alguien con una baja inhibición latente es más susceptible de tener individualidades que no encajan en su mapa mental, en generalidades. Dicho de otra forma es a alguien al que no le “funciona” la deducción como regla para hallar reglas, pero que a la vez es un tipo de persona que no se conforma a que eso sea así. O sea, no toda persona con baja inhibición latente es inteligente, pero tiene dicha potencialidad. El individuo, con dicho rasgo, está dentro del colectivo denominado como “personas altamente sensibles” que en este caso lo son a los estímulos sensoriales. Son más sensibles al frío, al calor, al dolor, etc. Otro nivel distinto es el cognitivo, aunque este segundo me imagino que implica al primero. O sea, la persona altamente sensible tiene la baja inhibición a nivel de la propiocepción (como la piel, lo térmico) y los sentidos (exceso de luz, de ruido). Pero a las personas de la baja inhibición latente a los que me refiero se basan en los módulos asociativos. Vamos a ver si lo puedes ser tú. Fíjate en esta frase: “no es lo mismo hacer acero, o hacer oes, que hacer operaciones“. Ahora repítela varias veces en voz alta. ¿Has notado algo extraño, lo has identificado?, en las tres frases se oye un mismo patrón: “acero”, “h(acer-o)es” y “h(acer-o)peraciones”. Una inhibición latente “normal” no detecta este tipo de cosas, pues se podría distraer del mensaje central o importante en la comunicación. Se supone que el módulo significativo o intencional ha de estar por encima del sonoro, pero en una persona con baja inhibición latente no ocurre así. ¿No se parece a ciertas formas de proceder del autismo de alto funcionamiento? En este caso puede que la haya detectado incluso personas que no tengan una baja inhibición latente, pues yo he forzado al sistema cerebral a que busque. Se tiene tal rasgo si se detectan dichos patrones sin que nadie te diga nada. Una conclusión rápida es que se parece demasiado al desorden hiperactivo y déficit de atención. Alguien que se distrae con cualquier cosa con facilidad. En mi caso si detecto algún “extraño” me pierdo el trama de un diálogo, de una lectura o de una película. Alguien que tenga una baja inhibición latente tiene que forzar más al prefrontal para mantener la atención. O de otra forma tiene que bajar los estímulos al mínimo. En mi casa estoy totalmente encerrado, sin la luz de la calle y tengo que estar sin ningún ruido externo; esto es propio de las personas altamente sensibles. En mis escritos se ve lo fácil que es que me distraiga mientras escribo con ciertas palabras o uniones que se dan en las frases. Revisando podría restar ciertas cosas y apreciaciones, pero las dejo estar para dar cuenta de cómo soy.

    He vuelto a perder el hilo. Estamos con esas cosas -artefactos- que no encajan dentro de las generalidades. Si se quiere saber si encajan dentro de algún patrón la deducción no vale. Hay que recurrir a la inducción, a tratar de averiguar si varios de esos “extraños” encajan dentro de una posible nueva categoría, patrón o regla que hay que crear para tal fin. Pero tal mecanismo no lo hace el cerebro: se lleva a cabo por medio del prefrontal, de la razón, lo que conlleva su consiguiente gasto y agotamiento, pero que de nuevo implica un extra para la inteligencia. Como mucho el cerebro, por sí solo, crea inferencias bayesianas, probabilísticas, o un tipo de inducción llamada abductiva, que es lo que pudiera llamarse intuición, y se hacen sobre todo en las zonas asociativas, cuando son cogniciones, pero en donde las abductivas han de ser verificadas, y tratadas de nuevo por la razón, para ver si son consistentes. En la dirección de partir desde arriba hacia abajo, de la representación mental, el cerebro tiende a ser predictivo, tratando de adelantar o suplir el retardo que conlleva procesar la información sensorial a través de la codificación predictiva. En su correlato emocional/predictivo se llama “teoría de la emoción construida“. El propio Luhmann se hace eco de dicho saber cuando nos dice que “desde la perspectiva de la función, la cognición no significa copiar o representar dentro del sistema lo que está dado en el entorno; más bien, lo que la cognición procura es producir redundancias que le ahorren al sistema reelaborar información“. Es por este hecho que las frases se pueden terminar con unos puntos suspensivos: “al que al buen árbol se arrima…“. Esta predictibilidad es tendente al error y conlleva varios sesgos cognitivos, pero se va ajustando con los años. Dichos sistemas igualmente están implementados en los módulos sensoriales. Es por la inferencia bayesiana que calculamos las trayectorias de los objetos en el aire, y lo hace a sabiendas de si es una pelota, un bumerán o una bola de hierro. Este proceso demuestra que tenemos una representación mental del mundo, pues a quién no le ha pasado el tratar de levantar algo que cree que es muy pesado y lo hace con una fuerza excesiva, cuando al final es liviano y se ve como un idiota en esos movimientos abruptos y excesivos. Igualmente para los “pasos en falso”, concepto tan sólido en lo cognitivo que lo extrapolamos a nuestras relaciones con otras personas: crear expectativas en falso, ingenuidad.

   De unos modos y otros el cerebro siempre se las tiene que haber con tener una representación lo más exacta del mundo. Y de una manera u otra siempre “contiene” esos “artefactos” que no se atienen a reglas o generalidades. A esto yo lo llamo “preguntas abiertas”, pues esperan ser contestadas, resueltas. Bajo mis premisas todas las teorías sobre la memoria -de trabajo, corto plazo, largo plazo- tienen  la falla de no dar cabida al porqué el cerebro “trabaja” o se ocupa en ciertas cosas. O sea, es memoria toda vivencia, emoción o información que es procesada por el cerebro. Se dan dos pasos: en primer lugar es procesada por la memoria de trabajo por que es la que está en un presente para nosotros, y en un segundo proceso si la información es relevante se guarda en la memoria a largo plazo. Pero lo que trato de hacer ver es que el cerebro no trabaja así, y esto se puede ver mejor en cómo actuamos con el ordenador. En este dispositivo es distinto algo que se deja en el escritorio, porque quiero estar pendiente de ello, o es relevante, que algo que simplemente se almacena en una carpeta. O en un navegador de Internet: es distinto guardar una página entre “mis favoritos”, que mantenerla como pestaña que se abrirá cada vez que abro el navegador. Si actuamos así con el ordenador es porque el cerebro ha de tener la misma estructura. En el cerebro tiene que haber un equivalente a un encabezado en informática o etiqueta, que “diga” al cerebro que siga trabajando en ciertos procesos, ideas o emociones. Ese etiquetado es a lo que yo llamo “pregunta abierta”, pienso que esa etiqueta la “coloca” el prefrontal, pues llega a este sistema un proceso sin resolver y este tampoco le pone la etiqueta de proceso finalizado. De alguna forma lo devuelve al sistema como pendiente de resolver. La cosa sería similar a un sistema de correos donde una cinta transportadora mueve las cartas y en cada puerto el sistema retira de la cinta aquellas cartas que son de tal o cual ciudad. Al final quedan algunas cartas que no han sido retiradas en ningún puerto, y se devuelven a la cinta transportadora por si ha habido alguna falla al catalogarla. En caso que vuelva al final de la cinta por segunda vez se etiqueta como “otra” o para que la revise un funcionario. Ese es el caso de la información que no ha sido “encajada” dentro de algún patrón en el cerebro. La baja inhibición latente es proclive a etiquetar más cosas o dicho de otra forma a no ignorarlas. Dicha etiqueta la pone el prefrontal, destino último de dicha cinta transportadora, luego encaja con mi idea de que los preconcientes, aquellos que han activado y mantienen más activo el prefrontal, sean los que mantengan en el sistema más temas, ideas y conceptos en sus circularidades, como no terminadas de procesar. El sueño es un proceso más lento, y con poca o ninguna carga sensorial, para revisar y unir distintas “preguntas abiertas”; en otros casos los estados fluidos, como correr o hacer una tarea monótona, “agilizan” la búsqueda o uniones de puntos para hallar respuestas. De una u otra forma es el sistema o el cerebro en background (de fondo, subconsciente) el que procesa la información en sus “ratos libres”, o fuera del bombardeo de información que es la vida. Igualmente bajo este aspecto toma una nueva dimensión mi concepto de narrabilidad, que ha terminado de tomar forma en la lectura de “soledad” de Anthony Storr. Este nos dice: “el autobiógrafo se convirtió en un escritor que estaba tratando de construir un relato coherente con su vida y, mientras lo hacía, quizá confiando en descubrir su sentido”, y “el psicoanálisis no necesariamente consigue eliminar los síntomas neuróticos de las personas o modificar la estructura básica de la personalidad; pero cualquier empresa que prometa dar sentido en ese terreno a los elementos caóticos de la vida de un individuo seguirá apelando a la gente en solitario”. Storr llama la atención en el caso de un paciente en donde el terapeuta nunca intervino y en donde este, al cabo de varios años, se sintió “curado”. El prefrontal da coherencia o legitima nuestra propia vida, le da una capacidad o construcción narrativa en donde dicha “explicación” o reconstrucción implica eliminar del relato lo caótico, lo que carezca de sentido. En definitiva le pone la etiqueta de proceso finalizado o le resta la etiqueta de “pregunta abierta”. Esto encaja con dos cosas: 1. que las confesiones religiosas o con un allegado cierren esa circularidad: en este proceso hacemos un relato coherente de un suceso, que el otro en muchos casos nos ayuda a cerrar o a darle un sentido; y 2. que clamar o rezar al cielo cierre esa circularidad,  en la medida que asumimos que hay un desorden (caos, elementos azarosos) que no somos capaces de resolver pero que han de estar en mano de Dios y que por lo tanto nuestro cerebro no tenga porqué resolver. Frases como: “Dios no te dará más de lo que puedes soportar“, llaman a esa posibilidad o esperanza de controlar el caos. En teoría sobre la “identidad narrativa” (narrabilidad en mi lenguaje) se nos dice que un esquizofrénico tiene cierta mejora si hace un discurso narrativo de su vida. ¿En qué medida, entonces, llegó a ese estado porque nadie lo escuchaba o era ignorado en las conversaciones? (ninguneado en España). Por otro lado Howard Gardner tiene la teoría de que las personas se manifiestan desde los pocos años como “conceptuales o narrativos”, que es posible que tenga relación con introvertidos y extrovertidos respectivamente, como así lo cree Anthony Storr y lo manifiesta en su libro “Soledad”. De esta manera encaja con otras tantas ideas presentadas en el presente escrito. Los introvertidos o conceptuales están “actualizados” y no necesitan referenciarse a través de una narración, en donde siempre hace falta alguien que los escuche. Por el contrario el extrovertido necesita “reconstruirse” a través del relato y de las conversaciones: es un ser performativo, que se hace en su acción. En esa medida trata de dar sentido a su vida y a la vez dirigir su forma de proyectarse en el mundo y para el futuro. El introvertido basa su Ser en su ego, en su ser nuclear, mientras que el extrovertido lo hace a través de su yo social, que a la vez lo “ata” más a las modas y las tendencias, y es por esto que es más tendente a la imitación. De esta manera salen dos prototipos humanos: 1. conceptuales, introvertidos y basados en su Ser, y 2. narrativos, extrovertidos y basados en su hacer. Queda otro factor a tener en cuenta. En el libro de Anthony Storr, antes referido, hace mención a Liam Hud­son y sus conceptos de convergentes y divergentes, donde los primeros son los introvertidos. El uso que hace este autor es distinto del que se hace en la actualidad. Según Hud­son los introvertidos tienden a converger sobre sí, y es cierto, pero en cierta forma es como si fuera para al final explosionar, rompiendo las barreras existentes en lo social. Me explico. Hoy en día estos dos adjetivos se usan con respecto a pensamiento convergente y divergente, en donde el segundo es el propio de los científicos, los artistas o toda aquella persona creativa e innovadora. Personalidades que son más propias de los introvertidos. De esta manera un introvertido se cierra sobre sí, converge, y al no tener lo social como referente en su día a día piensa el mundo desde fuera de sus límites, encontrando nuevas ideas. Mientras que el extrovertido tiende a salir al mundo, diverge desde su interior, para interiorizar el mundo como, o prefijado, con unas estructuras y fronteras. La estructura sería: 1. el introvertido converge -interioriza la realidad, movimiento de fuera hacia adentro- para divergir, romper o ver más allá de las fronteras sociales, dentro de su mundo mental, representacional y conceptual, y 2. el extrovertido diverge -abre su yo en movimiento de adentro hacia afuera- para interiorizar el mundo social tal como está estructurado, ateniéndose a la normalización y las convenciones sociales. Si se quiere, los introvertidos son bombas de fisión (crean reacciones en cadena), mientras que los extrovertidos lo son de fusión (crean unidad o moléculas). Visto así se puede pensar que los “culpables” de la retroalimentación positiva son los introvertidos. En un análisis más detallado los introvertidos tienen calculadas las fallas de sus descubrimientos, pero en lo social no se tienen en cuenta y se hace un uso desmedido de sus descubrimientos bajo el sesgo optimista que reina en lo social, que es el que “lee” el extrovertido, y en donde este se niega a escuchar -e incluso a no creer- lo negativo de las innovaciones. Por lo demás son rutas cruzadas. Un innovador o divergente tecnológico crea una novedad social -el móvil, Internet- y sólo un divergente introvertido en ciencias sociales o filosofía -sobre todo en su mediana edad y vejez- será capaz de analizar todas las trayectorias que se producirán en lo social a partir de dicha innovación. Ahí tenemos el caso de la inteligencia artificial, en donde cientos de intelectuales y científicos, entre ellos Stephen Hawking, están avisando sobre los peligros.

    Es posible que los primeros -introvertidos, conceptuales, divergentes y basados en su yo nuclear-, sean alfas y betas (artistas y creativos entre ellos), y los segundos omegas -extrovertidos, narrativos, convergentes, y basados en el yo social-; pues los alfas son más cerrados en su ser y no necesitan verse constantemente en el espejo social. No se referencian a nada, no hablan de sus sentimientos y emociones, no suelen mostrarlos, pues no necesitan de la aprobación de nadie. No necesitan de las pequeñas dosis de dopamina que conlleva la aprobación social, pues su alto nivel de testosterona o estrógeno ya les provee de ese neuromodulador. En mi caso, al ser más conceptual y creativo, mis dosis de dopamina son mis propias conclusiones y esas pequeñas victorias al descubrir las “estructuras” de la vida. Me reconstruyo o creo identidad a través del concepto, no de la narración. Sólo bajo este punto de vista evolutivo tiene sentido un porqué crear dos modos tan contrarios de humanos. Los alfas y creativos no necesitan referencias; los omegas tienden a imitar y seguir la voz de la mayoría o a los alfas y creativos, promoviendo la facilitación social y por ello, al final, las normas de reciprocidad y la normalización. De cualquier forma, y dada la complejidad de la sociedad actual, tal división no está fuertemente dualizada, sino que se dará por gradaciones, y con respecto a las edades, las épocas y situaciones por las que se pase durante la vida. Huelga decir que mi concepto de preconciente no tiene que ver con estas dos tipologías, son almas dolientes que han heredado una genética de ciertas carencias y/o han sufrido daños psicológicos durante la niñez; si bien seguramente habrá más preconcientes entre los de la primera tipología, la de los introvertidos, divergentes y conceptuales, por ser más susceptibles de caer bajo su manto. En su condición son tendentes a mantener el perfil bajo y hacer de retroalimentación negativa en el sistema.

   En unos y otros casos aquí también vemos el porqué el cerebro construyó o creó a los dioses, se “libraba” de una carga ansiosa o de constante estrés al sistema, en donde todo aquello que no tenía una explicación o era susceptible de ser procesado como narrabilidad, era devuelto al sistema para que los siguiese procesando. Si el sistema tiene demasiados subprocesos de este tipo abiertos llega a su colapso. Esto se ve en los ataques de pánico: se  entra en pánico no por ese último proceso, al que otras personas que pasan por la misma situación no sucumben, sino porque el sistema de esa persona ha llegado a su límite. Ese “derrumbe” o llegada a un límite por lo general lleva a la ansiedad y finalmente, como un “tirar la toalla”, a la depresión. Es en estos casos en donde se llegan a las crisis de personalidad -con sus consiguientes trastornos- o los existenciales. Los obsesivos convulsivos son aquellos que en el último proceso de cada acción tratan de que esté perfectamente etiquetado como “finalizado”, pero quedándose “anclados” en ese último proceso al cual le añaden rutinas -bajo premisas del pensamiento mágico- y repeticiones para terminar de ser procesadas y etiquetadas como “finalizadas”. Otro concepto que va en la misma dirección, y tiene la misma base que el ataque de pánico, es el miedo a volverse loco, a “perder los papeles”. Tal concepto no está implementado en las ciencias, si bien el psicoanalista Heinz Kohut usaba el concepto de “angustia de desintegración”, que es el miedo del humano, como miedo primario, de “romperse en pedazos”, de perder la integridad. El prefrontal mantiene la narrabilidad, que es una construcción “negociada”, balanceada, de nuestro yo con lo social, con las normas (súper-yo); el yo, por otro lado, es lo que emerge de lo subconsciente, de la suma de todas las partes cerebrales en sus comportamientos. Cuando se rompen esas dos estructuras se llega a la parte más instintiva y salvaje de lo humano. En cierta forma es miedo a sucumbir al lado más primario y salvaje del animal que llevamos dentro, y de nuevo por miedo a que salga lo más violento, ya sea para agredir salvájemente a otros, o para auto-agredirnos. Este temido proceso es al que suele llegar el hombre durante la violencia de género; o en otros casos lleva a arremeter contra aquello que le ha llevado a esos extremos, como son los casos de agresiones en masa, de los que son un ejemplo los ataques con armas en los colegios de Estados Unidos. Es un estado, propio del pensamiento mágico, que trata de auto-equilibrarse haciendo desaparecer (uno mismo, a un otro, a algo de lo social) aquello que le lleva a ese estado. Demás está decir que es un acto fallido, por esto mismo se siente la angustia, como miedo anticipatorio latente, porque el prefrontal como razón “sabe” que no es una salida válida. Como se puede ver, en este largo desarrollo sobre la “pregunta abierta” y mi concepto de “narrabilidad”, estos eran dos procesos que se han mantenido en “mi” sistema por años y ahora parece que ya he dado por cerrado y “solucionado”. Como he dicho arriba no hay ninguna teoría sobre la memoria que dé una explicación a esta forma de proceder del cerebro. Mi doble teoría, que ahora quedan unidas en una pero en dos partes, sí dan una posible explicación. Queda el trabajo científico de descubrir si ese marcado o encabezado de “pregunta abierta” lo hace un neurotransmisor o el cierre de uno de sus receptores. En todo caso lo que subyace de fondo, y que es algo sobre lo que la ciencia no parece poner como relevante, es que el cerebro trata de ser un sistema cerrado, homeostático, autopoiético. Todo sistema cerrado lo es en la medida que trata de “huir” de la entropía, de la segunda ley de la termodinámica. La identidad, como narración propia de todo una vida, sólo lo puede ser en la medida que el azar o el caos no estén implicados en el sistema. El cerebro humano está impelido a creer que tiene el control del medio. La narrabilidad y el no mantener en el sistema un exceso de “preguntas abiertas” le confieren esa sensación de control. Es más, la identidad narrativa no “funciona”, o lo hace peor, sin cierta estructura. Todo en el universo, todo lo que se nos presenta en la vida, parece tener la estructura de principio, desarrollo y final; o tesis, antítesis y síntesis -o así lo queremos o creemos ver-. Todo sistema teleológico tiene un porqué, en donde para qué y finalidad son lo mismo: su síntesis. La función del sistema respiratorio sigue esa regla o estructura: se creó para la respiración y tiene esa finalidad. En la teoría sobre la identidad narrativa se han percatado que aquellas narraciones que tienen un final con redención o crecimiento personal, con moraleja o con un aprendizaje, son aquellas historias que mejor suplen la finalidad de esta estructura: crean un mayor nivel catártico, de sentir que la vida tiene sentido y que se tiene control sobre ella. Historias como la de la película “en busca de la felicidad“, por poner un ejemplo y cuando hay cientos de este tipo. Estas conclusiones no se dan en la teoría de la identidad narrativa y son mi aportación. Solo bajo este punto de vista este tipo de identidad cobra sentido. Igualmente he de recordar mi análisis pesimista -realista- sobre tal idea. En verdad la vida o narración de ella no sigue ese patrón. (Re)construimos nuestra vida desde el final. Hacemos “trampas”. Yo puedo narrar mi vida como que me llevaba a esta reclusión voluntaria, pero si mi situación actual hubiera sido otra lo haría a partir de ese otro final. O sea, no sigue la lógica narrativa de principio, trama y final, sino que reconstruimos un posible principio y una trama distinta a partir de cada final, tal como lo hace un escritor de ficción. No hay historias de crecimiento, que las puede haber, sino la historia que uno mismo se quiera contar y tenga la capacidad de creer, dependiendo de su sesgo optimista, de autoengaño e inocencia. Así que si uno se ha de narrar su propia historia, para mejor es contarse la mejor y la más positiva posible. Con la edad (o en una vida muy intensa), con tantas tramas y subtramas abiertas e inconexas, es imposible tratar de crear una narración legible y coherente, luego el sesgo de narrabilidad es más propio de la adolescencia y la juventud. Lo que late de fondo, en el credo inconsciente y mitológico de las personas, es la idea de destino. Esto se ve sobretodo al emparejarnos y con frases como “todos mis caminos me llevaban hasta ti”. Da igual quien sea esa persona, es posible que siempre pensemos lo mismo. En definitiva, que es otra de las “estratagemas” que tiene el cerebro para restar ansiedad o que tenemos el control con la única finalidad de mantener el equilibrio -homeostasis- mental. Lo mismo que vale para el individuo lo vale para la sociedad, creemos que toda la historia nos ha llevado hasta aquí, pero sólo es un espejismo del sesgo de narrabilidad. Si soy estadounidense la historia cobra sentido con un final del “triunfo” de mi nación, pero los países de las civilizaciones que han caído por el camino saben que esa narrabilidad no tiene sentido. E igualmente se sigue la misma lógica del humano como especie e incluso planeta del universo. Creemos -o queremos creer- que la finalidad de la evolución es el humano y que la finalidad del universo es la conciencia. De nuevo contamos la historia por lo que creemos que es el final. Si en su momento esa historia la hubiera podido contar un dinosaurio argumentaría que la finalidad de la vida eran ellos, y que la finalidad del universo el crear animales gigantescos.

     Algunos cerebros soportan más “preguntas abiertas” que otros…. lidian mejor con el caos. Otros, los neuro-normales, ignoran la mayoría del caos: tienen implementado un sistema menos sensible al ruido y las interferencias, o tienen mecanismos y sesgos evolutivos, como lo es la religiosidad, mejor implementados como para ignorar y auto-engañarse ante el caos. Los preconcientes, se cierran sobre sí  porque las emociones, sobre todo en la actualidad, con las grandes ciudades y un mundo globalizado, les sobrecargan demasiado. No son capaces de sobrellevar esa alta carga emocional y se centran en procesar todo a nivel cognitivo y reflexivo (tipología neurótica e introvertida). Eso les da ese aspecto o tipología de modo de procesar las cosas sin su componente emocional, de manera “robótica”, como lo estoy haciendo yo, que es similar a como lo hacen las personas con autismo de alto funcionamiento. Esto se da en los frikis, los informáticos, pensadores, escritores, artistas, científicos… Es sintomático, de ser de unas u otras tipologías, en la medida del tipo de películas que uno pueda o no “digerir”; cuestión igualmente ignorada por la ciencia. ¿Se evita ver películas de violencia realista gratuita, o finales no felices…? La escena en la que el alemán mata fría y lentamente a cuchillo a uno de los protagonistas, al que previamente le habían perdonado la vida, en “salvar al soldado Ryan” es una de esas crueles y violentas escenas que muestran lo caótica y carente de sentido que es la vida. Spielberg en el fondo es pesimista, pues “se deja ver” en dicha escena, pero trata de mitigar esa dura concepción realista de la vida en sus películas y sus finales positivos. Aquel tipo de película que se evita o no se “digiere” nos dice de qué tipo es el cerebro. ¡Posible spoiler!: llamo la atención sobre  la serie “fuga en Dannemora“, donde durante cinco capítulos nos hacen simpatizar con dos presos que tratan de escaparse de la cárcel, y sólo en el sexto nos dicen cuáles fueron sus crímenes. Las películas (series, libros) que se prefieren, nos gustan o terminamos de ver, nos proporciona información con respecto a que aspecto o tipología humana pertenecemos. Vemos o leemos -y toleramos- lo que nos confirma. Lo que mantiene nuestra identidad, en tanto que su capacidad de lidiar con el caos y mantener su narrabilidad intacta. En otros casos si se desea mantener ocupado al sistema se mantiene alguna “herida abierta”, sangrando, supurando, para que no dé ninguna pregunta como cerrada. Esa tipología es lo que les confiere su propio sentido y es por lo tanto su identidad o narrabilidad. Eso explica el porque mantenerse sufriendo, pero teniendo en cuenta que se “dosifica” ese dolor; son capaces de “soportar” que la vida es azar y caos, pero no que les repercuta en lo emocional viviendo dentro de ese caos incontrolable: su control lo es en la medida que mantiene un control dosificado del dolor. Es a este estado que yo he llamado en otros escritos, como “dulce melancolía”, pues en el fondo confiere algo de placer, muy distinto de lidiar con la sobrecarga emocional y ruidosa de la vida. Ven películas negativas o realistas porque confirman sus heridas abiertas y por lo tanto confirman su identidad, y en la medida que controlan poder apagarlas. Por lo general si uno es feliz se “olvida” de dichas preguntas abiertas, o mejor dicho el sistema cerebral las ignora. Pues la máxima del cerebro es el ahorro de energía y la finalidad del cerebro es ese estado feliz u homeostático. Quien es feliz nada quiere cambiar. “Es lícito decir que el dichoso nunca fantasea; sólo lo hace el insatisfecho“, nos recuerda Freud, o “el sufrimiento es la única fuente de la conciencia“, en palabras de Dostoievsky; hay cientos de frases, de cientos de pensadores y personalidades, sobre este mismo patrón. Por eso encaja que sea el dolor y la necesidad, las situaciones negativas, las que sean más creativas. El dolor de una herida se mantiene para recordarte que no tienes que hacer excesos con esa parte del cuerpo. La sociedad y la esencia humana están heridas. Sólo nos percatamos de la herida cuando esta nos ha alcanzado y nos está afectando o formamos parte de ella. La cinta andadora de la sociedad, donde apenas si queda algún resquicio de tiempo para la reflexión, se encarga de hacer que no nos demos cuenta que esa es la realidad…, como de igual modo la liberación en el cuerpo de la adrenalina en el torrente sanguíneo, durante los momentos en los que la vida está en juego, nos anestesia de la fatiga y el dolor. Un mundo feliz sería un mundo aborregado, lo que no deja de ser paradójico. En un proceso y vida “normal” el cerebro va ajustando su mapa mental, con su consiguiente ahorro de energía, de tal manera que al llegar a la madurez es cuando ha llegado a su modo más óptimo de conocimiento del mundo y de ahorro de energía. Una cosa y la otra son lo mismo. De lo que se trata es de haber llegado a tal mundo representacional interior, que ya no se “detecte” nada como nuevo y no se recurra al abajo (sentidos, realidad) para saber de este, pues todo será procesado en ese mundo holográfico interior, donde ahora todo “encaja”. En otro ejemplo más claro y representativo. Los elefantes en manada -en realidad son hembras, no aceptan al macho más que durante la infancia-, la elefanta de más edad es la que tiene un mayor conocimiento de dónde hay agua y alimento, en cada momento del año. Ha creado un mapa mental de su hábitat, de tal forma que se atiene a ese mapa. No busca al azar. No existe la novedad, sólo representación mental. El cerebro humano es igual pero en todos los rangos cognitivos, entre los que se incluyen las relaciones humanas: “en casa de viejo no faltará un buen consejo” o “buey viejo mal tira, pero bien guía”. Películas de quedarse atrapado en un bucle temporal, como “al filo del mañana“, dan buena cuenta de esta forma de proceder del cerebro: en cada nuevo ciclo del bucle mantiene los datos de los anteriores, con lo que parte de dichas premisas o mapa mental -desde arriba hacia abajo-, para buscar nuevas soluciones. Así es el cerebro: fallar hasta acertar en un eterno prueba y error, que va acabando al llegar a la edad madura. Por el contrario las personas con una baja inhibición latente nunca tienen un mapa finalizado, siempre se atienen a tratar de dar respuestas a las “preguntas abiertas”. En otro lenguaje se nos tacha de neuróticos, perfeccionistas u obsesivos. A mi edad ya todas esas denominaciones me importan una mierda, la verdad. En esa medida decía arriba que porqué he de cercenar partes de mi identidad. Cuando se llega a cierta edad ya nada es malo, ya no existe el “pecado” o la culpa; si uno se ha terminado por asumir ya no hay posibilidad para la exclusión social, que antes que nada es introyectada como “válida” o verdad por el propio cerebro dentro de su mapa mental, y ahí es cuando nace el “error” que lleva al trastorno mental. “Si a viejo quieres llegar, las cargas has de soltar”. En el lenguaje de Maturana y Varela:  “la variación de una organización autopoiética a través de la autorreproducción sólo puede surgir durante la autopoiesis como modificación de una organización autopoiética preexistente y operante; luego, la variación puede surgir solamente de perturbaciones que requieren nuevas complicaciones homeostáticas para mantener constante la autopoiesis. La historia de los sistemas autopoiéticos conectados autorreproductivamente, sólo puede ser una historia de continua complicación de la autopoiesis“. En definitiva, que lo que ha de prevalecer es la propia identidad a toda costa. Esta regla se aprende tarde, pues son mecanismos cerebrales que están determinados por las edades humanas. La juventud es falta de identidad, su búsqueda, a tratar de adaptarse a otras, porque así está programado en el ADN, pues ha de crear una “nueva tribu”, una nueva familia; al igual que el tener un mapa representacional lo más fiel posible con la edad, pues por norma y en la prehistoria tales personas tenían menos posibilidades para acceder a los recursos y por lo tanto debían de ser más ahorradores de la energía interior. De cualquier forma esa aparente “indeterminación” de los jóvenes da una sensación más vívida del mundo, pues si todo es novedad el neurotransmisor que está en juego es la dopamina. La juventud es más vitalista (ya sé que es un pensamiento obvio). El mundo y la novedad -menor riego de dopamina- se acaba cuando formas una familia. Se entenderá así la coyuntura de la sociedad actual de negarse a crecer, de querer permanecer joven, indeterminada y “narcisista”. De cualquier forma eso no quiere decir que sea porque sean en su generalidad individuos tendentes a la baja inhibición latente. Se da este hecho porque estamos en una sociedad en permanente cambio y con novedades, que “obliga” a cada cerebro a reconstruir su mapa mental de forma constante. O sea, es un estado social, no individual. La baja inhibición latente se da en la mente social, por mantenerse dentro de la retroalimentación positiva, por no definirse de forma conclusiva dentro de un marco o sistema cerrado de autorreferencialidad a nivel global, y ser tan sólo la dinámica de muchas identidades.

Vías Biosintéticas de las Monoaminas en el Cerebro     Resumamos para ir al siguiente desarrollo mental. El cerebro está programado para crear un mundo interior representacional bajo la clave de ahorrar energía y en la interacción con este. La finalidad de la vida, de un sistema autopoiético, es ser cerrado, para serlo ha de depender lo menos posible del medio: el ahorro de energía es una de sus principales metas. Un ejemplo claro es que casi todos los neurotransmisores son monoaminas: cuando una molécula compleja como la dopamina se degrada, vuelve a la base de monoamina para volver a crear otra molécula compleja. ¿Resultado?: reciclaje permanente (extrapolar esta idea con respecto a lo que está haciendo el humano con la naturaleza). Otra cuestión es el uso de la química, de los neurotransmisores, en el cerebro. Este gasta sobre el 25% de la energía del cuerpo: ¡muy caro!, pero sería mayor el gasto si sólo se basase en la activación eléctrica, como así ocurre con los ordenadores, en donde la información en la memoria es a través de mantener las conexiones “encendidas” (posición 1 en las puertas lógicas del silicio). Para bajar costes recurre a mantener la conexión entre las neuronas a través de la química de los neurotransmisores, en vez de mantenerlas activas a través de sus “disparos” eléctricos. Un único disparo después mantiene unidas a ciertas neuronas a través de la química (siento si soy redundante, a “mi” cerebro le cuesta aprender y la repetición dicha de otra forma le ayuda). Los estados negativos o de dolor hacen que estén más latentes las “preguntas abiertas”. Ese estado, en su modo desordenado, es a lo que se llama rumiación o mente errante, el pensar en mil cosas y en ninguna, sin llegar nunca a soluciones. Esta rumiación o estado latente lo lleva a cabo la llamada “red de modo predeterminado“. Es un proceso sobre todo llevado a cabo por el hemisferio derecho (no dominante); mientras que la “red de tareas positivas“, en el izquierdo, trata de frenarla. Pero puesto que dicho hemisferio es más propio para ciertos procesos de alto coste energético, está irrigado por la dopamina, con el consiguiente problema de las adicciones. O sea, en el cerebro y en lo humano es aquello de “Guatemala a Guatepeor”. Es en este sentido que puedo afirmar que el humano es un animal enfermo. El humano es ese ser con pequeñas islas de estabilidad en medio de un inmenso mar de tormentas y tempestades. Es de todo menos autopoiético, pues va del aburrimiento a la ansiedad (dualidad Schopenhaueriana) de la búsqueda del placer (o salida del aburrimiento) fallando en la mayoría de las veces en relaciones frustrantes que le llevan o a la culpa o al dolor, con el consiguiente estado de rumiación. ¿Alguna salida? Hay un estado que se llama fluido o de estar en la zona, que se puede llamar pensamiento o conciencia fluida. Entenderlo es fácil, puesto que ya tengo todas las premisas previas. El pensamiento fluido es cuando el cerebro tiene una representación tan bien procesada y asentada como para trabajar sin tener que recurrir a las zonas altas del cerebro, al prefrontal. En ese estado el prefrontal hace exclusivamente el papel para el que fue creado, como verificador que todo va bien. Quizás no se entienda esto, usaré el ejemplo que pongo en otros casos: el trato de madre (o cuidador) con el niño en crecimiento. Al principio la madre (es incómodo neutralizar el género, lo siento) “no es persona”, todo su tiempo y energía lo dedica al niño. Con el paso de los meses tan sólo le echa un ojo de vez en cuando y le reprende cuando va a hacer algo malo. El resultado final es que la madre puede dedicar su tiempo y energía a sí misma. De vez en cuando mira al hijo y vuelve a lo suyo. Si el niño le reclama se “activa”. El resultado es que al principio es una “esclava”, mientras que al final sólo es un “agente” supervisor de alto grado, en la dualidad hijo/supervisor. Lo mismo para el prefrontal, en el estado fluido no es que esté anulado, pero solo es una pieza más del todo. En la metáfora de la rotonda es como si esta fuera muy grande y el prefrontal fuera un semáforo que se activase sólo si hubiera demasiado tráfico, que en el caso del cerebro sería flujo de información nueva a revisar. En su estado fluido no genera mucho más gasto porque casi nunca trae el foco -atención sostenida- sobre lo que ella aporta al flujo. Hay que percatarse que estar en la zona es similar a la hipofrontalidad transitoria, en donde de nuevo el flujo de sangre al prefrontal disminuye, en este caso por lo general por el exceso de trabajo físico-muscular (carreras de resistencia por ejemplo). En ambos casos lo importante es “evitar” la rumiación y el trabajo de la red de modo predeterminado, por ser incómoda y desasosegadora (¡atención al “sasose” de la palabrita!), hasta poder llegar a ser asfixiante. A mencionar, como anécdota que viene al caso, que la lobotomía cortaba las conexiones del cerebro medio con el prefrontal. En el proceso igualmente se evitaba la rumiación, por contra era una pésima y horrorosa idea, puesto que el sistema ejecutivo, que es el que media en nuestro comportamiento social, moral y de control de nuestros instintos y deseos básicos, era igualmente anulado.

    Este es el estado perfecto de todo deportista, o artista, como lo pueda ser un pianista. Donde se crea un estado fluido en tanto que cerebro y medio (piano) son unidad. En biomusicología llaman a este estado de “arrastre“. Pongo la atención sobre lo musical, pues de entender bien al cerebro, ese estado fluido es uno en el cual todo mantiene un ritmo y una melodía en su estado perfecto o más elevado. Si cada módulo o procesado mental tiene sus propias circularidades, sería un estado como el que se podría dar en una gran ciudad con muchas rotondas y tráfico, y en donde todo fluye sin que en ningún momento se produzca atascos o retenciones. Todo va desde “A” a “B” sin ninguna interrupción, aun habiendo tenido que pasar por múltiples rotondas. Ese estado es el que tiene un mono cuando juguetea saltando de rama en rama, o las cabras montesas en las escarpadas laderas, por pura diversión. En realidad sería en el que deberíamos de haber permanecido y perdimos. Ese es el “hogar”, bajo mis conceptos, del cerebro humano. Cualquier deportista, sobre todo los de riesgo, recuperan ese estado. ¿La pega?, todo tiene que tener una pega. En realidad no hay diferencia, en la actualidad, entre adicción y ese estado fluido. Una persona puede estar en la zona, en ese estado fluido, jugando con el ordenador, una consola o el móvil. La catalogación de “bueno” o “malo” es social. Todo deportista de riesgo, o pianista, busca volver a estar en ese estado. “Necesitan” esos estados, pero si lo hace una persona por un juego está “mal”. Se “justifica” si es un jugador profesional y gana dinero en ello.

   Resumiendo y finalizando. El humano cada vez tiene que dar más uso al prefrontal en situaciones no motivadas que son tomadas como trabajosas y onerosas. Cada vez generamos más caos y complejidad, por lo cual es más complicado crear un mapa interior terminado, situación por la cual la sociedad, las empresas, premian y se alimentan de las mentes jóvenes (las que están por hacer, indeterminadas). Eso lleva a la totalidad de la sociedad a mantenerse en esa edad mental, pues como lleva implícito no terminar de crear una representación internalizada, lleva a la falta de madurez mental que busca eternamente la novedad, pero con sus consiguientes problemas de la tendencia a los trastornos, pues en definitiva es un constante gasto de energía en un sistema que en realidad no está “programado” para que sea operacional y funcionalmente así, sino para acabar por terminar de hacer un uso de energía excesivo. No por el hecho de volverse inactivo, sino por el hecho de que ha logrado optimizar o “rutinizar” todo proceso dentro de ese mapa interior, en donde ya no hace un uso excesivo de las funciones del prefrontal o las zonas asociativas. Seguramente el Alzheimer, de fondo, sea un exponente de esta trama. Todas las potencialidades de nuestros cerebros ya estaban allí cuando éramos simples monos en los árboles. La evolución consistió en dar otras funciones a esas potencialidades. La música es tan especial porque el cerebro es un sistema de ritmos y melodías. La alegría tiene una tonadilla y la tristeza otra, en las que tiene que vez la velocidad de la “canción” interior.  El estado fluido yo lo siento como una de esas canciones épicas orquestadas. Todo artista sabe de ese estado fluido, pues según la hipótesis del cazador contra el agricultor, ciertos tipos de mentes, entre las que están las del artista o cualquiera que sea creativo, es la del cazador, el cual se mantenía en un estado de fluidez cuando estaba de caza. El agricultor por el contrario requería hacer cálculos y previsiones anuales, en trabajos rutinarios y repetitivos: se acabó la fluidez. En mi caso tengo problemas con los movimientos finos, procesos de las manos que requieran destreza. Se me caen las cosas de las manos con facilidad o me resulta complicado llevar el destornillador a la ranura del tornillo. De forma curiosa no me ocurre cuando voy a cierta velocidad, en donde se crea el estado fluido. Lo sé porque he sido camarero y cometía menos errores motores al ir rápido, manteniéndome en la zona, que al ir despacio, donde era más probable que se me cayese algo. Bajo mi punto de vista los Neandertales deberían de tener el mismo “problema”, pues no eran tan buenos como los Sapiens para hacer utensilios precisos. Mantenían su fluidez en la caza, durante la acción, pero en la cueva perdían dicho proceso. Todo esto tiene unos correlatos con ciertos neurotransmisores, entre ellos la dopamina y la producción o no de ciertas proteínas o sus receptores codificadas en el ADN. Hago mención de todo esto para hacer ver que hasta la más mínima particularidad de las personas tienen un porqué. Una explicación que es reducible a algún gen dentro del ADN, y a un origen de algún cambio (mutación, mestizaje, aislamiento de poblaciones) durante la evolución. Como cazadores recolectores a ese estado se llegaba con la edad, habiendo aprendido todos los “trucos”. En la actualidad cada vez se da menos o se da en situaciones proclives a ser tomadas como adicciones. Tal división humana, de las mentes cazadoras o las agricultoras, es muy posible que sea detectable en los test de la demora de la gratificación. La típica de proponer a los niños de “un dulce ahora o varios dentro de cinco minutos”.

   La capacidad de crear estrategias para la demora se debe al sistema ejecutivo, al auto-control, dentro del prefrontal y requiere de mucha energía. Los estudios dicen que aquellos que pasen la prueba de la demora serán personas más prósperas, pero por contra se argumenta que suelen ser más rígidas mentalmente y menos felices (bajo mi punto de vista son mentalidades más de rapiña, pero no puedo verificar si tal cosa es así, no tengo contacto con ese tipo de personas, puede que sólo sea un estereotipo; todo cerebro crea estrategias, el problema es crear estratagemas, pues estas son más fríamente calculadas -mentes maquiavélicas-). Los artistas son impulsivos y por lo tanto por norma “malos” para dicho test de la demora de premio, por eso se suele decir de ellos que “son pobres hasta para pedir”. Muchos grandes pintores apenas si vendían sus pinturas lo justo para ir tirando en su día a día, como así lo hacen los cazadores-recolectores. En otros casos esos ritmos y fluidez se daban en lo social, se crea un ritmo en la manada donde cada miembro es un agente pasivo de dicha “canción”. Como cuando los pingüinos fluyen en un gran círculo para mantener el calor, o como cuando las aves o los peces se aúnan en bandadas o cardúmenes. Una sociedad tal como lo es la actual, donde impera la injusticia y la desigualdad, no puede crear unidad, no puede crear fluidez, armonía. Es un cacofónico ruido de fondo que tan sólo incomoda al flujo de los individuos que la componen. En esa situación la única forma de llegar al estado fluido es aislándote de la sociedad, de su ruido, sus males y complejidad. O sea, se proyecta sobre lo social el mecanismo de la inhibición latente, en donde quien no lo haga es o bien porque él mismo tiene ese rasgo de baja latencia, o porque al final venza el ruido de lo social. A los primeros, si “reclaman” que todo está mal, se les tildará de pesimistas; los segundos, ante la falta de costumbre hacia ese estado, crearan trastornos mentales. Los cuales se están volviendo epidémicos.

    Retomando el final de la primera parte del escrito, hoy en día podríamos vivir bien todos. Haría falta un reseteo total del sistema. Abajo las jerarquías y los desniveles tan pronunciados de acumulación de bienes. Decirnos que ya no hace falta mantener el estado de alarma, de la retroalimentación positiva, del “loco” progreso. En una sociedad armónica uno podría hallar más fácilmente sus estados fluidos, llegar a una madurez estable. Por el contrario todo es ir a distintos ritmos, ni siquiera acompasados, o tratando de crear un contrapunto. Sistema en el cual donde aquellas personas más sensibles y quebradizas, que han heredado la baja inhibición latente, son las primeras víctimas en caer. ¿Es culpa de los jóvenes que traten de equilibrarse mentalmente dejándose puestos los auriculares para escuchar su música y centrándose en sus juegos? Tan sólo buscan encontrar su propio ritmo, su estado fluido, dentro de tanto ruido, de tanta complejidad, de tanta injusticia y desigualdad.

 

Las conclusiones de las conclusiones

    Esta mañana me he despertado con lo que voy a decir a continuación. ¿De quién es el mérito?, desde luego no del prefrontal o conciencia o ese pretendido piloto al que llamamos yo o sentido de agencia.(2) Viene al caso estos argumentos porque trato de buscar a ese agente que me “da” mi identidad o que busca soluciones, esa llamada inteligencia humana. En inteligencia artificial se dan dos paradigmas para su búsqueda: un sistema central como el que ha ganado a los mayores jugadores humanos de ajedrez,  el Go o el Jeopardy. Otra son los minibot, o mente enjambre, donde cada uno aporta una perspectiva al conjunto. En los dos casos subyace una misma regla: parten de una finalidad. De un problema a solucionar. Se sigue así que la finalidad implica intención, pues uno y otro concepto son la misma cosa. Indistintamente que a un alpinista se le pregunte por su finalidad o por su intención, contestará que “llegar al punto más alto de la montaña”. Una regla del lenguaje es su recursividad:(3) propósito, intención, finalidad, sentido, significado, causa, causalidad, plan… son dardos que dan en el mismo punto de la diana. Todos tienen la misma carga significativa. Dicha carga es a lo que se le puede llamar una identidad, que sigue la lógica binaria de ser o no-ser. Si añado la palabra destino, esta no termina de encajar con el grupo anterior (o quizás sí en algunas mentes), ya no porta la misma identidad. Todos nos damos cuenta de qué palabras son sinónimas a otras y cuales son fronterizas, en las cuales la identidad empieza a variar. Fijarse que aquí ya salen dos reglas. ¿Quién se da cuenta?, no lo hacemos a nivel reflexivo, lo hace el cerebro en distintos módulos, al modo de los minibot. Por otro lado se deduce que el cerebro “sabe” qué es identidad, cuando no somos capaces de expresarlo a nivel reflexivo.

   El concepto de Maturana y Varela de autopoiesis es una conclusión de una escena de una larga película. Conclusión que poco dice de la película como totalidad. En realidad desechan lo único acertado: lo teleonómico de Jacques Monod, aunque revisable. En mi escrito “limerencia y autopoiesis” buscaba un origen del porqué escribo. En este caso hay que hacerlo sobre el escrito de Maturana y Varela. Fijarse que dos frases atrás he usado la palabra origen y en ese caso el mensaje lleva implícita que lo que quería buscar era la intención, sin nombrar dicha palabra o concepto. Cuando ocurre algo así se dice que hay un mensaje implícito, en contexto o tácito, que de nuevo nos lleva a intención, significado o identidad: lo que se quería decir. Las ciencias cognitivas se están enfocando cada vez más en esta dirección en la medida que implica un cerebro que trabaja por sí solo y que es el que tiene los mecanismos inteligentes por mera evolución.

Contexto e Implícito

   Si prefiero identidad sobre intención o significado es porque es más cercano a nuestra mente, en el sentido de que el concepto de yo o mi vecino del quinto derecha hablan de una misma cosa: de una identidad. Yo tengo muchas intenciones o significados a lo largo de la vida, pero todos las reconocen bajo mi identidad, para bien o para mal. Pero también uso identidad por la dualidad identidad/otredad (en tanto que Ser/No-Ser), cosa que no está tan claro con los conceptos de intención o significado, pues estos pueden ser múltiples. Así se dice “Pedro padece una esquizofrenia”, accidental, no identidad, por la salvedad que sea un conocido, por ser de nuestra identidad; mientras que de alguien ajeno o desconocido decimos “menganito es un esquizofrénico”. En otro caso uno/as homosexuales se pueden decir “somos distinto/as”, pero no es lo mismo si un/a heterosexual les dice “sois distinto/as”. Lo mismo vale para una mujer si se lo dice un hombre o para una etnia minoritaria en un país. En estos ejemplos vemos esa dualidad identidad/otredad que cambia todo el contexto y el significado en las frases y por lo tanto en cada uno de los cerebros. O sea, identidad es a lo que todo ese juego de palabras y sinónimos remite, y se tenga como patrón en el cerebro seguramente. De igual forma se puede apreciar que uso el concepto de identidad, por extensión, en lo verbal, que se vuelven así en entidades. Una frase mantiene su identidad si mantiene su significado e intención, que en este caso son distintos (alguien puede tener una intención y ser malinterpretado al expresarse mal, porque su expresión adquiere otro significado y al final otra aparente intención), varía una de los dos y ya tiene otra identidad, a veces por cambiar tan sólo una palabra, o en un escrito incluir o excluir una coma, donde posiblemente cambiará su identidad. En otro lenguaje mantiene o varía su esencia: esa es la base de lo que es un meme. Vuelvo arriba, ¿cuál era la intención en el libro sobre la autopoiesis? Yo detecto un ataque al concepto de la teleonomía, por un lado, y por otro -o más de fondo-, ataca el dar un sentido o destino último a la existencia, cuestión que yo comparto. Pero pienso que yerran en los medios para alcanzar ese fin, puesto que bajo mi punto de vista, y como he puesto arriba, no pueden “atacar” o catalogar una película por sólo una de sus escenas, y cuando es distinto teleonómico que teleológico.

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   Lo dicho arriba ha sido un prolegómeno. Lo que sigue ha sido la “respuesta” con la que me levantado, y seguidamente llegaré a ciertas conclusiones, ya reflexionadas. El concepto “rancio” filosófico de potencialidad parece indestructible. No es un concepto que quepa manejar en las ciencias positivas, pero se las tienen que haber constantemente con él. Está implícito en la energía potencial y el potencial químico, por ejemplo. Un átomo tiene en su “esencia” tres componentes: protón, neutrón y electrón; reducibles a dos: núcleo y electrones. Cada átomo estable de la naturaleza tiene una “identidad” que son los que se muestran en la tabla periódica como elementos. Los electrones varían entre aquellos átomos que tienen la capacidad de crear enlaces, pero son sus núcleos los que le definen o dan identidad, por el número de protones, y donde el número variable de neutrones crean distintos isótopos del mismo elemento. ¿Son reducciones o esquemas para que sean manejables por medio de la mente de un observador?, que es la propuesta de Maturana y Varela. Es cierto que este esquema es reduccionista, y que después hay que tener en cuenta las partículas y por ello la cuántica. Pero ¿podemos negar que haya cierta longitud de onda electromagnética, a la que llamamos color amarillo, y que aunque hubiera varios observadores o tengan distintos nombres se refieran a la misma longitud de onda? Es más, que dicha longitud de onda tenga unas propiedades y no otras al interactuar con otros componentes de la realidad, donde dado cierta cantidad de esos otros “acoplados” siempre va a dar el mismo resultado. Esas potencialidades -y estados estables- en lo atómico es a lo que llamamos helio, hidrógeno, etc. Un nombre, una identidad, que a su vez implican unas potencialidades. Algunos átomos son inertes, no interactúan con otros. Esos otros átomos son los que tienen la propiedad de crear moléculas estables. Definir un momento cero, como hacen Maturana y Valera para una primera célula o ente autopoiético, en donde todo es algo externo o acoplamientos, es como tratarlo de hacer con una partícula. La realidad existe porque la identidad de cada partícula a la vez implica unas potencialidades con el resto de partículas. No hay un afuera o un adentro, pues tal idea sí que es una abstracción que no “habla” de la realidad.

    Una molécula llega a un equilibrio químico que se define como “…el estado en el que tanto los reactivos como los productos están presentes en concentraciones que ya no tienen tendencia a cambiar con el tiempo, por lo que no hay un cambio observable en las propiedades del sistema“, (fuente Wikipedia). De lo que se trata es de saber en qué momento algo mantiene un equilibrio lo suficientemente estable como para que se le pueda nombrar, y por ello “adquiera” una identidad definible en la realidad, como para además interactuar dentro de esta. Lo mismo con la base de la vida a través de “sus” potencialidades: los aminoácidos que llevaron a los péptidos y de estos a los polipéptidos, como es el ADN. Los sistemas no es que lleven implícito la homeostasis, la retroalimentación negativa (el equilibrio), es que si a algo se le puede llamar o darle una identidad es porque es estable, independientemente del tiempo que lo sea. La vida, como sistema homeostático o autopoiético, se puede dar en un planeta dadas una condiciones, y si las condiciones  de este planeta cambian drásticamente la vida desaparece. Lo mismo para una reacción química o para un átomo. O visto de otra forma (deductivamente): buscamos vida allí donde sabemos que se “reúnan” ciertas condiciones; es igual que a eso se le llamen “acoples”. Todo son sinónimos para referirnos a una misma cosa: interacciones. ¿Entre qué?, entidades, en su acepción más amplia o abstracta, que en ese sentido se pueden nombrar como esencias que implican unas potencialidades. En lo humano: cierra a un chico y una chica en una casa (gran hermano) y tarde o temprano tendrán sexo. En resumen no es “legítimo” aislar algo de la realidad y no contar con un porqué y un cómo, pues estos están implícitos como potencialidades dentro del sistema y son parte de su definición o Ser. El ADN implica información de un estado equilibrado de un polipéptido que “regula” esa “máquina” que es una célula. Información que es la potencialidad de crear distintos componentes químicos estables, como las proteínas, que a la vez implican una “función”, que como hemos visto es reducible a intención o finalidad y por lo tanto a una identidad. Maturana y Varela no pueden achacar de prescindible al concepto de lo teleonómico sin que a la vez valga lo mismo para el concepto de autopoiesis. Si buscamos los irreductibles, como el concepto de autopoiesis pretende ser, nos quedaríamos en nuestra conceptualización del mundo como meras partículas (atomismo).

   La segunda conclusión con la que me desperté. La división de alfa y no-alfa, y sus distintas “esencias” y reducciones como lógica binaria o difusa parece caprichosa, traída por los pelos y encajada burdamente. ¿Lo es? Lo teleonómico, o identidad de una especie, es aquello dado en un momento histórico de su evolución que es el que más tiene la capacidad de portar todo aquello que le da su identidad. Su prototipo más óptimo. Dicho ente es el alfa: los mejores genes. Lo que se preserva en la evolución es esa apuesta: ese que vence sobre el resto como para reproducirse. En cada momento evolutivo puede ser una potencialidad u otra. Si en algún momento humano lo pudo ser la fuerza, al final está yendo hacia la inteligencia (y por desgracia la apuesta tramposa: un gran empresario puede pagar a muchas personas inteligentes para sus fines, sin que él tenga ninguna otra cosa que simplemente ambición y desmesura). La clave es la idea de lo más prominente de una apuesta o potencialidad, en donde se da ese Ser o no-Ser. O sea, en la evolución en un momento ese Ser lo era el más fuerte y ahora ya no. Alfa es un concepto abstracto que se refiere a lo más prominente de una potencialidad evolutiva -identidad estable- como para que se reproduzca con más éxito. El resto de los de esa especie pueden ser o potenciales alfas, que están en el mismo nivel, y esa otra gran cantidad -remanente- de los que no podrán tener esa condición. ¿Quién dijo que la vida tuviera que ser justa o “bonita”?, no lo es. Los no-alfas se adaptan a ser “satélites” del alfa. ¿Algún ejemplo que no valide esta regla? Hasta Jesucristo se hacía lavar los pies y todo giraba en torno a Él. Yo ni siquiera quiero ser YouTuber y tener seguidores, y apenas si me leen unas pocas personas, por más profundo que pueda ser a la hora de “desnudar” la verdad. Si alguien no se erige o no trata de ser alfa, de ser un sol sobre el que rota el resto de humanos, alguien a quien imitar y seguir…, no cuenta, es de facto un satélite. La lógica que se deduce es “tonta” de lo rayana y simple que es. Los no-alfas tratan de llegar a la posición de alfa por seguir los pasos de los alfa, como siendo la forma prominente y equilibrada de la especie. Que dicho en otro lenguaje, tratan de llegar a su propio equilibrio e identidad a través de la imitación del líder (hoy incluso de los influencers), en la medida que en esa dirección crean coherencia grupal, y puesto que en esta dirección preservan la especiación (características relevantes de la especie), a través del efecto Baldwin, de seleccionar los comportamientos deseados de lo que habría de ser lo humano. En un ascenso hacia arriba esto remite a la replicación, como así lo hace el ADN, en la medida que es un estado equilibrado de una identidad con el medio, que a la vez remite a la reacción química equilibrada, y esta a la reacciones físicas que crean átomos estables, que a su vez pueden remitir a la conservación de energía, que es la base de la materia y el universo. Se mantiene la estructura de arriba hacia abajo de la superveniencia. YouTube está lleno de vídeos que buscan y proponen ese fin: cómo ser la persona más influyente, la más emprendedora, la más elegante, la más seductor(a)… La clave es la palabra “más”. ¿A qué he reducido yo la apuesta alfa sino a más? Más -sobre los aspectos positivos- siempre está ligado a poder a ser lo más prominente de lo humano. O se está en el podio o no se está, luego a ese nivel es un estado binario de Ser o no-Ser.

   Conclusiones de estas dos conclusiones previas. Que se dé la teleonomía no implica una teleología. El universo no tiene una intencionalidad o significado último, como así lo quiere creer la teoría antrópica, donde una inteligencia autoconsciente es “necesaria” en el universo. No es una única flecha, con una sola dirección o destino último: la inteligencia y autoconciencia humana. Son múltiples flechas lanzadas al azar que dan en distintas dianas. Cada estado y cada sistema puede llegar a equilibrios, pero en sí mismo no quieren decir nada ni están “conducidos” para llegar a un siguiente paso. Son hechos fortuitos, azarosos. Los constantes equilibrios de los subsistemas pueden llevar a tal grado de equilibrio como para al final llegar a un ente vivo dotado de inteligencia y autoconciencia como el humano, pero esa no es la finalidad del universo. Es tan solo un sistema de suma de equilibrios, que por lo complejo que es tiende a ser (seguramente) poco probable e inestable. En una metáfora, un planeta es un mazo de cartas en su caja, una tendencia a crear una atmósfera es crear un primer piso en una torre de naipes, la inteligencia, como la humana, son las dos últimas cartas de una torre muy alta. A cada piso se añade más complejidad e inestabilidad, que se puede venir abajo por cualquier proceso interno o externo (un meteorito por ejemplo). ¿Cuantas veces hay que fallar y que la torre se venga abajo frente a que se llegue a las dos últimas cartas, como para que además se mantenga estable el sistema durante un prolongado tiempo? La vida es igual de inestable como lo son ciertos átomos, que son muy inestables y no se mantienen, o ciertas reacciones químicas, o que un planeta llegue a tener una atmósfera, y que además sea propicia para la vida.  El humano, como sapiens sólo lleva en el juego de la vida unos trescientos mil años. Fue el doble de tiempo el de los neandertales. Los dinosaurios duraron y “reinaron” sobre la tierra 135 millones de años. Por otro lado ¿qué es lo humano?, la pega al concepto de lo teleonómico, que es por lo que es revisable, es que la única constante es la deriva. La identidad constantemente muta. En cada momento es legítimo hablar de “una” identidad. En cada momento evolutivo una identidad tiene unas prominencias -alfas en los sistemas animales sociales más complejos- que la definen, y durante cierto tiempo eso “define” su identidad en tanto que intención, significado o finalidad. Pero puede variar y de hecho varía. Es “estúpido” que yo quiera definir la identidad humana como una que ha muerto, que ha quedado atrás en el tiempo. Este concepto es anti-deriva, idealista, utópico. La tendencia de la vida, a grandes rasgos, es mantener una identidad. Dicha regla la hereda la vida de la química orgánica, al llegar al estado equilibrado de una reacción química, que a su vez remite a la estabilidad de los átomos y estos a eso que los compone como protones y neutrones… Pero la regla de mantener la identidad llega al final a la “estúpida” lógica de que mi identidad es la forma en la que se expresa “mi” ADN, que es único y crea esta que es mi propia identidad. Cada humano se erige en lo más prominente de la especie, cuestión que se revela en el concepto de “Sonder” de John Koenig (ser el actor principal y el resto son secundarios y extras), y el delirio o síndrome del show de Truman. Limerencia es el estado de buscar un otro que sea mi identidad. Tal ser no existe, luego mi “cometido” o fin -de esa tendencia a mantener mi identidad- es buscar alguien lo más parecido a mí. En los social se busca a todo aquel que porte o se manifieste lo más cercano a mi propia identidad. Formamos grupos sociales -o nacemos en ellos- en la medida que buscamos los que más se acerquen a esa identidad. Todo eso se ha mostrado en el capítulo “un porqué evolutivo de la identidad“.

Mapa de radiación de fondo de microondas

     ¿A qué se resume lo que quiero decir?  Lo que es “pernicioso” en lo humano es buscar orden, simetría y belleza -y por ende intenciones y finalidades últimas que engloben todas- bajo esas azarosas variaciones. Si se analiza el mapa del inicio del universo no tiene orden. Fue el caos el que creó las posibilidades para que las partículas se unieran. Si se hubieran distribuido ordenadamente, con una distancia regular y simétrica entre ellas, no hubieran interactuado. Al igual, por burdo que sea el ejemplo, que si todo humano viviese en una pequeña parcela sin buscar a los otros, pues se extinguirían. Una distancia más corta entre varias partículas hizo que se creasen “grumos” como para que empezasen a operar las leyes físicas. Puede que en lo concreto esta reducción tenga fallas científicas, pero hemos de quedarnos con el contexto, con lo tácito: no fue el orden el que creó la “realidad”. En la medida que todo sistema lleva implícito un equilibrio, esa regla existe en el cerebro y tendemos a buscar su igual: lo equilibrado, lo bello, lo simétrico. Es un sesgo ontogénico. La sociedad humana actual es una prueba de todo ello, de que el sistema no tiende hacia el orden y lo armónico; el etnocentrismo fue una de esas perniciosas ideas, que aún dura. El humano no es lo más excelso de la vida, está lleno de errores, y por su complejidad cerebral es proclive al trastorno mental. Errores de base mínimos, como la interferencia cerebral, como creo que ha quedado demostrado en la nota tres del presente escrito, por capas de abstracción nos llevan al racismo y este a los genocidios. Si hubiera un “plan maestro”, o un diseñador tras este juego evolutivo, no debería de partir de errores de base, que por lo demás con el paso de los milenios no se han suavizado o anulado, sino llevados a sus extremos más crueles y miserables, como lo demuestran los distintos genocidios del último siglo. El sesgo optimista puede hacernos creer que “a partir de ahora todo irá bien”, pero ya llegarán nuevas complicaciones y futuros genocidios. Por lo demás, ¿qué líder hoy sería a imitar? Qué sería hoy lo prominente humano, lo que la evolución podría propagar como lo más excelso de nuestra especie o como alfa. Desde luego, por lo que más sobresale en los medios de comunicación, no la inteligencia, ni la bondad o el valor. Yo diría que lo tramposo, la mentalidad rapiña. Estamos debilitando y corrompiendo la esencia de nuestra especie, en la medida que ya no entra en juego lo evolutivo/animal, sino lo evolutivo/social, donde las premisas o valores de una sociedad dada son las que marcan las pautas, y en donde hoy impera la ideología depredadora, superficial, egotista, narcisista y tramposa del neoliberalismo (ver la entereza, inteligencia y magnanimidad de un chimpancé alfa en este documental). En la sociedad ya no hay belleza, sólo ruido, caos y “fealdad”. Si a ti te parece que Steve Jobs entra dentro de ese rango de líder a seguir, a mí y a otros no. Mi identidad es lo contraria a la suya, pues la suya se basa en lo elitista, en desear el poder y la mía no, que pretende ser más humanista, y desprecia el poder y esa tendencia a lo “mejor”. Mi apuesta ama el tipo de organización de las hormigas: quiero ser una simple hormiga que tenga un hormiguero al que volver por la noche, como el resto de mis iguales. La sociedad moderna es la más bipolar de todas las que se puedan haber dado en la evolución humana. No hay ningún camino, ninguna apuesta, dirección o identidad: todo esta polarizado, dualizado. Puede que nuestra sensación de desagrado -de fondo- sea porque nuestro cerebro detecta esa falta de identidad humana. Esa imposibilidad a unificar todos esos ADN’s a una identidad, sintiéndonos excluidos de algún orden que habría de dar una identidad “fija” y estable. Padecemos despersonalización filogenética…, óntica. No estamos orgullosos de ser humanos, como demuestran las feministas, los veganos, los ecologistas y toda ideología que pretende transcender lo que somos ahora. Aún todo intento o aparente avance, el “ruido” de esa negación y su imposibilidad permanece de fondo, pues toda aparente “mejora” implica nuevos problemas, y nuevas tensiones y divisiones. Es seguro que esa sensación, cerrados en sus dimensiones locales, no existía entre aquellas primeras agrupaciones de humanos que fueron nuestros ancestros. La globalización, finalmente, implica verse al espejo, y no para bien, sino para verse “feo”. Quien mínimamente vea los documentales de la 2 (canal del Estado alternativo dedicado a la cultura en España) verá todo el panorama mundial. Y si en el mundo árabe puede sobresalir la ablación del clítoris y otros tipos de violencia y desigualdad sexista, el lado opuesto de la balanza es Estados Unidos, posiblemente el país con mayor tasa de personas sin-techo, y en donde prima tanto el valor del dinero, que el médico no está tanto preocupado por la salud de sus pacientes, como el hecho de cometer algún fallo en el trato como para ser llevado a los juzgados, o en donde imperan las leyes para “sacar los delincuentes de las calles”, en vez de plantearse si es su tipo de política social la que crea la delincuencia. ¿Qué posición intermedia puede haber entre esas dos?, ¿la hay, es posible? En esos mismos documentales se dibuja un futuro en donde las multinacionales han comprado las tierras fértiles de los países en desarrollo. Que África alcanzará la superpoblación de China e India con su consiguiente carga ambiental. En donde China podrá coger la posición actual estadounidense de superpotencia, pero,  ¿a qué coste?, producir mucho y salarios bajos. Donde la Unión Europea es posible que haya fracasado. Las crecientes e imparables migraciones, con sus consiguientes getos de acogida… Un suma y sigue que no parece acabar. Es posible que dentro de cien o doscientos años se haya llegado a algún tipo de estabilidad, pero mientras tanto las generaciones bisagra entre esos dos estados sufrirán las consecuencias. ¿Lo mejor es no ser alarmista y dejar de ver los documentales? Esa es la actualidad. Cerrar los ojos, vivir la propia vida y mañana ya se verá, esa es la máxima social. De una u otra forma hemos acelerado la cinta andadora y lo mejor es no ver el velocímetro, seguir corriendo y acelerar nuestra propia marcha. ¿El problema de fondo a esta apuesta?, que seguimos con la mentalidad local, cuando ahora los problemas son globales. El actuar lo mejor posible en el entorno más cercano no es una fórmula válida, si el mayor poder de hacer cambios está en las corporaciones, y en donde el mayor esfuerzo a nivel individual es borrado de un plumazo por cualquier leve movimiento de esos “grandes monstruos”. No es una metáfora: ¿cuántas personas reciclando o no generando daños al medio ambiente hacen falta para contrarrestar el daño que provoca un carguero transatlántico de contenedores comerciales? Tampoco la culpa está fuera de nosotros en esto, traen nuestro nuevo vehículo, ordenador o móvil. Cuántos coches, generando gases de efecto invernadero, son el equivalentes del escape de gas metano que se produjo en el accidente de la plataforma petrolera de BP en 2010, en el Golfo de México. En otro caso el exceso de turismo, generado por los bajos precios de las grandes compañías, traen consigo la alta polución de los aviones. Hemos de asumir que la reunión de pequeños peces que devoran al pez grande es tan sólo una falacia más del sesgo optimista. Los bancos de peces confunden a los depredadores, pero estos nunca se mueren de hambre y siempre permanecen en la parte superior de la cadena alimenticia. Con esto tampoco apunto al derrotismo, al “para qué hacer algo, si siempre va a ser lo mismo”. La “tragedia” de la cinta andadora, de la hipótesis de la reina roja, de la evolución, es que si eres una presa también tienes que andar sobre ella. Mis escritos son mi “lucha”, mi correr para permanecer en el mismo sitio. Escritos sólo “válidos” para los que portan mi mismo tipo de apuesta. Me hablo a mí en tanto que hablo a los que son igual que yo: lo propio de la identidad y lo autorreferencial.

    En resumidas cuentas, todo poder, lo alfa, hace “su papel”. Nadie que llegue a algún tipo de poder renuncia a este de forma voluntaria, o si lo hizo no es relevante, pues no es un comportamiento a imitar, como lo demuestra la sociedad moderna. Jesucristo posiblemente aborrecía el poder, pero al final el catolicismo se basó en el poder, pues sus premisas no “funcionaron” o tuvieron la oportunidad de replicarse frente a las del poder. Vale y sobresale lo que más se reproduce, una regla que es evolutiva, no humana. Nosotros nos atenemos a esa regla porque es imposible invalidarla. Por la misma regla un cerebro humano inteligente no lo suele ser por ese pretendido piloto o yo reflexivo. Eso es pretender armonía donde no la hay. Si he llegado a estas conclusiones es porque estaban todos los componentes en el cerebro, como “átomos”, que crean variaciones y reacciones por sí mismas como para llegar a “estados estables”, en donde todos encajen (o parecen encajar). El cerebro sólo es un recipiente, al modo de una placa de Petri, al igual que en ciertas condiciones emergen en una cultura ciertos artefacto tecnológico o descubrimientos científicos. Sólo hay que dejar los componentes por sí sólo para que estos “reaccionen” entre ellos creando nuevos estados emergentes. Los programadores de la inteligencia artificial para el juego del Go, no saben por qué gana, ni como procede en cada momento. Una vez creado o haya emergido un sistema complejo no es predecible. Lo mismo vale para un planeta que para un cerebro: puede darse la vida (las ideas) si se dan las condiciones y se tienen las potencialidades. ¿Qué yo tengo algo dado en el ADN?, es accidental, no tengo ningún mérito, soy un agente pasivo en lo evolutivo. Pensar lo contrario sería como darse méritos cuando de espaldas tiras un balón, por primera vez, y lo encestas. ¿Qué hay algo que me hace “meter” en mi cerebro esos componentes reactivos? La necesidad, que es un estado de un faltante que busca completarse (ver capítulo “limerencia y autopoiesis” para entender esto). ¿Soy yo el que mantengo ese estado? Mis allegados en el fondo creen que me mantengo de forma voluntaria en el “dolor” por algún tipo de trastorno. ¿Y si es el propio cerebro el que ha visto ese estado como el “mejor” para definir su identidad?, que es el que le lleva a profundizar más y más en el saber. ¿Yo soy mi cerebro?, sí, pero mi yo reflexivo en ningún momento ha elegido esa apuesta sobre otras. Se manifiesta porque es la expresión de mi ADN. En el escrito “deconstruyendo el deseo sexual II” hay una gráfica de la periodicidad de mis escritos y el presente y anterior “encaja” en el pico de finales de noviembre. En realidad es muy posible que sea una época en la que el cuerpo se ha terminado de adaptar al cambio de clima, como para que el cerebro tenga una “pausa” estable. ¿Que puedo cambiar mi “identidad” y mi “sino”? ¿No se supone que uno ha de mantener su identidad? Recordemos que no hay que buscar la simetricidad, lo bello, lo bueno. Ese concepto es sesgo ontogénico. En definitiva: el dolor me define, me da mi identidad, porque mi apuesta evolutiva es no dar nada por sentado, y puesto que el que es feliz nada quiere cambiar de su estado. Es un estado alfa, con sus consiguientes estados fluidos: si se llega a ese estado se quiere permanecer en él, aunque haya un dolor remanente de fondo. Nací con la baja inhibición latente y siendo una persona altamente sensible, que mi hija ha heredado. Todo lo demás -de mi identidad- se sigue de esta simple regla. Reducir una persona a uno de los comportamientos como el prominente puede parecer arriesgado, reduccionista, pero ¿cómo sino casi todas las grandes teorías de la personalidad muestran apenas cuatro a ochos rasgos para dividir a las personas? Cierto que cada individuo es un mundo, pero halla ese rasgo prominente y casi todo el resto de su personalidad irradiará desde ese centro. De nuevo estas ideas llevan a lo relevante y “revelante” del gen egoísta. Seguramente esos dos aspectos más prominentes de mi identidad sean reducibles a un sólo gen o su variante alterada, que es el que se manifiesta como principal tanto en mí como en mi hija. Como si no le “valiese” con estar y formar parte del ADN, sino que trata de imponerse durante una vida, como para repercutir y tomar el protagonismo en unas conductas y “elecciones” de toda una genealogía. De fondo “quiere” ser el que “venza” como apuesta evolutivo/humana, sólo así -con ese telón de fondo de uno o unos pocos genes diferenciados- se explica la tendencia expansiva de los imperios, que nacieron desde un solo o unos pocos emperadores de una misma línea génica. Quieren ser lo universal, lo prominente y lo que se ha de tomar como lo humano, lo prominente de una especie. En la película “Jonathan” 2018, se apunta o se puede extrapolar una idea muy curiosa. Se presenta a un personaje que padece de personalidad múltiple (trastorno de identidad disociativo), pero su doctora propone que es un hermano gemelo en su cerebro. ¿Y si la disociación de identidades son dos apuestas de dos genes que se expresan para ser las prominentes en el comportamiento a partir de un cambio epigenético, por un cambio o trauma ambiental, y bajo los planteamientos que he hecho arriba? De nuevo decir que primero fue mi idea, y como estaba ahí la semilla y se mantuvo el cebado cerebral, cuando vi la película mi cerebro me orientó o me planteó esa posibilidad.

   Que un neuro-normal cuestione el mantenerme con ese eco de dolor, o incluso que me rechace, es porque da un tipo de valencias o valor a la realidad desde los sesgos ontológicos que he mostrado, y puesto que son otredad con respecto a su identidad, dado que ha de “defender” y tratar de propagar -que sea la que se valide- su propia apuesta. “Donde está la herida de un hombre es donde se encuentra su genio“, nos dice Robert Bly. No hay nada válido y nada inválido en la evolución, todos son estados meta-estables que se mantendrán durante X tiempo, mientras se den las condiciones. ¿Qué la humanidad tiene que buscar la justicia a través de la igualdad? Igualdad y poder no encajan, como ácido y alcalino son dos opuestos. La sociedad, el humano, se reduce a tratar de encajar esos contrarios: nunca lo ha encontrado y nunca lo hará. Tampoco está claro que pudiéramos ser como las hormigas (como ha demostrado lo fallido de los regímenes comunistas), la identidad de nuestro cerebro nos lo impide. O existe el poder o la igualdad, nunca juntos, o siempre en liza y moviendo sus fronteras. El humano se define por esa imposibilidad: a eso es a lo que se puede reducir nuestra identidad. Somos un animal frustrado y enfermo, consciente de su frustración, pero que no reconoce su enfermedad. Este hecho es fácilmente demostrable por la simple lógica de que cualquier animal cuando está saciado en lo básico simplemente duerme. El humano no. A tal proceso se le llama “cinta de correr hedónica“, el concepto proviene de antiguo y hay cientos de miles de frases que redundan en esta idea. En la cabecera de este escrito hay una bajo la regla del “divino descontento”, o esta otra de Anthony Storr: “la felicidad completa, el sentimiento oceánico de armonía absoluta entre el mundo interior y exterior, sólo es posible transitoriamente; el hombre está constantemente buscando la felicidad pero, por su propia naturaleza, no puede alcanzarla total ni permanentemente, ni con las relaciones interpersonales ni con los desafíos creativos“; si bien en la Wikipedia nos recuerda la frase de San Agustín de: “un verdadero dicho es que el deseo no tiene descanso, es infinito en sí mismo, infinito, y como uno lo llama, un trasiego perpetuo, o molino de caballo“. Es extrapolable al estómago, que si le observa su cómo a través de toda una vida, siempre está pidiendo comida. O en un ejemplo se desea comer algo delicioso, pero hoy eso es un entrecot y puede que mañana también lo sea, pero al final deja de suplir ese deseo de delicioso y cambiamos a otra comida que tenga esa propiedad. Queda claro que nunca se sacia tal estado. A esto se le conoce como la paradoja del hedonismo. Lo remanente de esta acción imposible es el deseo de algo delicioso. Bajo este concepto es “verdad” el dicho de “no es más rico el que más tiene, sino el que menos necesita”. En la filosofía Griega surgieron tres grandes teorías éticas o de la conducta: el hedonismo, el epicureísmo y el estoicismo. La teoría de la cinta de correr hedónica es claramente hedonista o epicúrea, mientras que el refrán es estoico, como igualmente lo son algunas de las filosofías orientales o el propio cristianismo. De una u otra forma la que al final ha “vencido”, o explica el momento actual, es el hedonismo, que bien mirado es el que mantiene la estructura que tiene nuestro propio cerebro. Cualquier animal es estoico, el humano es -quizás o si acaso todo animal social de gran inteligencia como los delfines- el único que es hedónico. Visto así si toda filosofía se basa en aceptar lo que es natural y vivir según esas reglas, vivir de forma hedónica sería la regla para el humano, pero bajo un punto de vista más global, y para seguir la regla más dominante, debería ser estoico. En otro plano la vida es retroalimentación negativa, en la medida que trata de escapar del caos, pero teniendo en cuenta que en tanto que es un imposible entra en juego la retroalimentación positiva. Si bien hay que tener en cuenta cuánto hay que acelerar la cinta de correr para permanecer en el mismo sitio. Ahí está la cuestión que debaten las tres propuestas filosóficas. Y por otro lado, si la retroalimentación positiva era para mantener la distancia equidistante en el juego presa/depredador, y en ese sentido es “natural”: ¿quién es nuestro supuesto depredador y qué lo es a la hora de poder ser feliz? Ya no tenemos depredador y por otro lado el acelerar la cinta hedónica suele llevar a las adicciones. En la medida que ahora la lucha es entre ciudades, culturas, países o multinacionales, y es lo que suple el juego presa/depredador, eso acelera la cinta hedónica de cada uno de los humanos dentro de esas ciudades, culturas, países y multinacionales, que quieren tener más cultura, ser más divertidas, ser la más…. ¿Cuándo dejar de acelerar, cuando hay que pisar el freno? ¿No es hora de una postura más estoica? De un lado la alta aceleración de las sociedades están desequilibrando al planeta, y de otro a nivel individual, se está creando una sociedad constantemente insatisfecha, enferma, adicta e infeliz. O dicho más llanamente: cinta andadora, sea en lo social o en lo individual, sí; pero estar acelerando de forma infinita, no. Hay que fijar la marcha a cierta velocidad que sea “natural”. La sociedad actual reniega de las personas que mantienen la apuesta de no ir al paso acelerado que se está imponiendo. ¿Para eso ha servido la autoconciencia en el universo?, para crear una mentalidad enferma, inyectada de la retroalimentación positiva sin freno y fuera de lo natural, que es lo que nos lleva a la injusticia y la desigualdad (léase malvada). Esto es lo que expone el trilema de Epicuro, en donde se pueden dar tres posibilidades: 1. el humano es capaz pero no está dispuesto a cambiar la sociedad injusta, si es así es malvado; 2. si está dispuesto pero no es capaz, entonces es débil; y el tercer punto de vista, que es el que se deduce y el que yo sostengo, es que ni es capaz ni está dispuesto. Así se mantiene el principio de Hanlon que dice que “nunca atribuyas a la maldad lo que puede ser explicado por la estupidez“. Las personas que sufren sí quieren cambiar la sociedad, pero el humano es de memoria e integridad frágil y una vez que llega a una posición de poder quiere mantener ese estado y se olvida de aquella idea primera. No me contradigo con respecto al trilema. ¿Qué persona o país está dispuesto a dar todo lo que le sobra al resto de personas o países que tengan carencias? Se sigue la regla de la cinta hedónica, una vez que se llega a un nivel se quiere más, nunca menos. Cada uno juega sus propias cartas, ¿quién desaprovecharía un póquer de ases? Lo peor de todo es que cada uno analiza el juego -si es justo y si sus reglas son lícitas- según las cartas que le ha tocado jugar. Corremos tras el viento, como nos dice la biblia. Es seguro que en otro planeta exista una especie autoconsciente y eusocial, como las hormigas, pero seguramente sus vidas nos sean tan “divertidas” como las nuestras. Donde se dé de forma más pronunciada el caos es donde se da más la posibilidad para la sorpresa, para lo distinto, para lo nuevo. Esa “sorpresa” en la vida puede ser para lo trágico, pero igualmente para lo cómico y divertido. No sé si esa supuestas mentes alienígenas autoconscientes y eusociales se divertirían tanto, como nosotros, con unos simples vídeos de gatitos. Final vitalista en la dirección de Camus: lo que nos hace miserables es a la vez lo que nos hace especiales. No es simétrico, es caótico. Si no podemos cambiar nada por lo menos riámonos de todo, ¿cómo y porqué sino la evolución y la humanidad habrían de crear algo como el humor?


(1) No me gustan las interrupciones de las notas, pero no hay forma de incluir el siguiente texto sin romper la continuidad del escrito. Son unas últimas valoraciones y conclusiones a la teoría performativa o del yo o cognición encarnada (relativa al cuerpo). Esa que afirma que la pose del cuerpo y gestos de la cara, y sus estados, crean las emociones y actitudes parejas en el cerebro, en donde su viral es ponerse un bolígrafo vertical en la boca para forzar la sonrisa. He visto la conferencia en TED “el lenguaje corporal moldea nuestro cerebro” de Amy Cuddy, que a sido uno de esos virales que han propiciado esta moda. La autora cuenta su propio caso: tuvo un accidente de tráfico que dañó su cerebro y le bajo el coeficiente intelectual, cuando era una promesa muy cualificada. Nada se aparta de mi lenguaje y conceptos. Tenía una potencialidad que perdió transitoriamente. Otra cosa es basar el hacer en la vida solamente en el gesto, en la pose. Es cierto que unas poses elevan la testosterona y esta mantiene bajo el nivel de cortisol, de estrés. Pero eso se da en pruebas cerradas, fuera del vivir. En la vida uno no se puede basar en la pose, pues como bien dice el dicho: “el tiempo pone las cosas en su sitio”. O sea, que de poco vale que uno se “agrande”, como dice el vídeo, si al final no da la talla para tal agrandamiento al enfrentarse a otras personas y a las situaciones. Por otro lado esa pose de expandirse, en cierta forma, puede ser considerada agresiva. Uno no va, o no debería, de ir a una primera cita con una posible pareja con esa pose. Se le va a tachar de “chulesco/a” y engreído/a. Tampoco va con un perfil bajo. Va simplemente “ajustado” a la situación y a su propia personalidad. En unos y otros casos la mayoría de los mensajes dados en los medios sociales no tratan de mostrar la totalidad del panorama, como lo hago yo aquí. “Esconden” datos o los dan a medias. Se limitan a propagar la “buena nueva”, la noticia vistosa, que vende y que puede llegar a ser viral. Pongamos otros casos. Imaginarse que se está en el funeral del propio padre, compungido y lleno de dolor, y alguien te sugiere que te pongas el susodicho bolígrafo en la boca…, ¡suena a desatino! En esa misma dirección no creo que los trabajadores de servicios, cara al público, que están “obligados” a sonreír, parece que sean más felices que la media, más bien al contrario. Tienen una alta carga de estrés, de cortisol, por el simple hecho de mantener la sonrisa y la pose. Primero por la obligación, que parte de un estado sumiso o inferior (estado interiorizado, no externo), pese a la sonrisa y la buena actitud de gesto expansivo, y segundo por el desgaste mental que produce el contacto con extraños. Por otro lado pienso que lo performativo parece un quedarse a medio camino de una conclusión. A una posición intermedia hacia otra. Se puede llegar a un estado mental donde el cerebro se “desprenda” del cuerpo, donde la pose o el gesto ya no cuentan ante la firmeza de dicho estado. Así nos lo hacen ver las religiones orientales o las personas occidentales que han tendido hacia los caminos espirituales o más interiorizados.
(2) Días después se me ocurrió la idea abstracta de hacer un relato corto con la trama y el nombre de “la O que quería ser una S”, esa noche dormí con muy poca calidad. Me despertaba con algunas ideas o subtramas, y me levante temprano porque ya no podía conciliar el sueño. Pienso que esos despertares son debido a que se llama a las capacidades del prefrontal, módulo que es el que más a de permanecer totalmente pasivo e inactivado cuando se duerme. Esto demuestra que el cerebro es una máquina de resolución de problemas. Introduces los datos y el cerebro por sí sólo trata de resolverlos. Pero también marca la diferencia de unos tipos de cerebros u otros. No sé si hay un calificativo en la ciencia para esta manera de proceder, que no es exactamente baja inhibición latente. Las personas piensan que soy muy sensible y me desvelo por problemas de la vida, pero hechos como el aquí expuesto demuestran que no es exactamente eso, aunque está claro que si implica más módulos cerebrales, como los emocionales y en donde entra en juego la impotencia, el miedo o la ansiedad el cerebro absorbe más procesos y energía, con el consiguiente problema para dormir. Por otro lado no sé porqué hay que enorgullecerse cuando se dice “a mí nada me quita el sueño”, pues a mí me lo quita, pero como se ve por el ejemplo aquí mostrado, no implica debilidad. Es otra cosa, es una cualidad o potencialidad que si se le da buen uso puede ser buena. Es seguro que todo gran científico, inventor, escritor o artista tiene el mismo esquema presentado aquí: su dormir era de poca calidad en cuanto trataban de resolver o llegar a una meta o solución.
(3) La recursividad cerebral, en uno de sus casos más claros, es la capacidad de “reciclar” patrones usándolos en distintos casos. Construimos toda la complejidad el lenguaje a través de apenas cinco vocales, pero como este lenguaje sería muy reducido se recurrió a las consonantes, que consuenan con las vocales. No se puede hacer alusión a una consonante sin una vocal, a veces no nos damos cuenta de hechos tan simples como este y el porqué de sus nombres. En otro caso una misma palabra es usada con distintos significados (homónimas). Ahí tenemos el caso de terminal, que es una estación de autobuses o trenes, un ordenador en una red, o es una forma de llamar al móvil, y además se usa para nombrar el estado cercano a la muerte. En otro caso, si escribo la frase: “toda ilusión es una ilusión”, ¿se entiende sin más la primera como sinónima de esperanza y la segunda de espejismo visual o le cuesta al cerebro “digerirla”? !En la película Tag (¡Tú la llevas!) hacen un sketch por esta capacidad del lenguaje: “¿Cómo puede ser que bisemanal signifique tanto dos veces a la semana como cada dos semanas? ¡Es muy confuso y lingüísticamente descuidado!” En cada caso -tanto con terminal como con bisemanal- el cerebro le da su identidad (significado) dependiendo del contexto (holismo semántico). Eso quiere decir que el lenguaje es intencional, tiene una carga significativa. El cerebro parte no tanto del hecho de “atomizar” los datos (vocales, fonemas…) , sino de buscar el contexto o el mensaje implícito. Es holista (el hemisferio derecho, el izquierdo, en tanto que reflexión, no), trata de construir la entrada de datos desde sus totalidades, desde sus identidades. O sea, no ve ondas electromagnéticas que en su suma son una mesa: busca una mesa a una totalidad de ondas electromagnéticas que se “acercan” a la “esencia” de lo que es una mesa. El problema de la inteligencia artificial viene dado a que no trabaja así. La nueva dirección de sus investigaciones van en esta dirección. Se ha entrenado a un algoritmo a tener esa visión holística de lo que es un gato a través de haberle expuesto a ver millones de vídeos. Ahora “encuentra” un gato con facilidad en cualquier medio. El problema es que sólo se le ha entrenado para los gatos. El resto de la imagen sigue siendo meras ondas electromagnéticas. Estamos tan acostumbrados a que el cerebro trabaje “bien”, que no nos damos cuenta de toda esta complejidad. ¿Cómo meras señales del espectro de luz crean una representación mental? Esto se trata en las neurociencias de la integración multisensorial y dentro del problema de la integración sensorial. En un ejemplo sencillo se muestra un cuadrado rojo y un círculo verde. ¿Cómo une forma y color? y puesto que esos dos procesos lo llevan a cabo distintas partes del cerebro. O dicho de otra forma, como mantiene la integridad de que el cuadrado era rojo, si por un lado analiza la forma y por otra su color. Unos de los postulados sobre la integración multisensorial, que es el que más me gusta pues va en mi misma línea de pensamiento, es que las neuronas que procesan esos dos datos se sincronizan para mantener como que se “refieren” a una misma cosa en el espacio. Por otro lado, esto ya es un aporte personal, pienso que es por prioridades. La eterna división en filosofía de forma y contenido o esencia y accidente. La forma o identidad es la naranja, si está verde, madura o pocha son accidentes o algo secundario. En el ejemplo del cuadrado lo prioritario es la forma, lo secundario el color, lo segundo es un sub-proceso vinculado a lo primero. Para el caso, y poniéndome muy lírico y poético, es como si las neuronas que procesan la forma dijeran a las del color “baila a mi ritmo”, o fueran las que llevasen a las otras durante su “baile”. En todo caso forma es igual o equiparable a identidad, y esta premisa es la que “manda” durante ese proceso y vinculación. El cerebro está tan “sediento” y es en él tan primordial esta estructura formal que un discurso o escrito (o película) que no mantenga minimamente una narrabilidad o significado (forma, identidad), manteniendo además la continuidad (ritmo, sincronicidad), hará que nos perdamos como para que al final nos aburra. Este simple hecho -de la primacía contextual- es extrapolable a lo social. Puesto que lo social parte de las estructuras del cerebro, cada individuo es para el caso como una vocal o sílaba que en un análisis social sólo se entiende dentro de su contexto -significado- social. De esta forma somos reducidos a identidades dentro de los lenguaje sociales. Si estoy detrás de una barra soy un camarero, si tengo a mi hija en brazos soy un padre, y si hago vídeos en YouTube con ciento de miles de seguidores soy susceptible de ser un influencer. Hago mención aquí a una cuestión dejada a medias en el escrito “Un porqué evolutivo de la identidad” -sobre el límite empático/cerebral referido a la distancia del llanto de un bebé-  y de la que tengo pensado hacer un escrito (o quizás no si queda explicado aquí). El cerebro, en su recursividad, trata de ser ahorrador. Hay palabras “comodín” que el cerebro usa para acelerar el habla. Así decimos: “la cosa es no quedarse con los detalles”. “Cosa” es una de esas palabras comodín que se usa en infinidad de frases para no tener que buscar la palabra exacta. Es un objeto/situación/comportamiento indefinido. La palabra “gente” es otra de esas palabras. Me imagino que tal concepto ya existe pero del cual no sé el nombre como para buscarlo en la Wikipedia (lo más cercano es deshumanización, pero este concepto es excesivo para el presente tema, igualmente ocurre con el término cosificación, los dos son extremos que nacen de lo que aquí planteo), y puesto que en la película “el silencio de los corderos” hacen mención de este hecho, cuando la madre se refiere a su hija por su nombre propio, para tratar de crear empatía a su secuestrador. Igualmente en la actual película “Bird box (A ciegas)”, una madre que ha tenido un hijo y a adoptado a otro, en un mundo post-apocalíptico, decide llamarlos simplemente con el genérico “niño” y “niña”, para mantener un trato más impersonal. La hipótesis es que todo aquello que no tenga o sea tratado con un nombre propio es “otredad” (en mi lenguaje). Así nos podemos referir a los musulmanes como “esa gente”, usando una palabra comodín, para tratarles dentro de la otredad. De ahí la importancia de dar nombres y ser conocidos por un nombre: para tener una identidad individualizada, pues el cerebro procesa de distinta forma aquello con nombre, que aquello que puede ser “catalogado” con las palabras y los conceptos comodín. O sea, aquello con nombre es en lo que el cerebro hace un gasto de energía, mientras “otredad” es aquello otro por lo que el cerebro prefiere ahorrar energía a través de las palabras comodín. En otros casos recurrimos a categorías, estereotipos y arquetipos (planteamiento de fondo de las feministas), como en el caso de arriba del camarero, cuestión por la cual no se les suele tratar muy bien (menos a los de la noche), o de la misma forma que a nuestro amigo Juan que además es camarero. Percatarse de nuevo en el lenguaje filosófico que diferencia entre forma/identidad y accidente/secundario: en un camarero no conocido “camarero” es su identidad, mientras que en el caso de Juan este ya tiene una identidad y lo de camarero es accidental o secundario. Una persona es individual -tiene una identidad definida, vinculada a un nombre, que es su “índice”- cuando adquiere el (a)precio de no ser tratada por los procesos ahorrativos del cerebro. En teoría de la información todo aquello que es ambiguo es ruido, luego lo extranjero y extraño, o todo aquello que no tiene un nombre e identidad propio, es una “interferencia” en el canal o flujo de información del cerebro. “Los extraños siempre representan una amenaza“, nos recuerda Anthony Storr. Fijarse que señal proviene de señalar, de indicar con el dedo (índice, de nuevo recursividad en todos estos nombres y verbos) de una cosa concreta que merece esa señalización. ¿A qué me refiero con interferencia?, si como se propone, y es la base del presente escrito, el cerebro trata de predecir la realidad, creando previamente una representación mental del mundo, interferencia es cuando algo rompe la linealidad de ese proceso. Veamos un simple ejemplo en una lista de palabras: caramelo, magdalena, helado, confite, bizcocho, chocolate, pastel, tarta, sucio, piruleta, galleta, bollo… Cuando empieza la lista el cerebro busca un patrón de predicción. Lo haya rápido, son dulces, pero de repente se encuentra con la palabra “sucio” y se crea ese estado de interferencia o ruido sobre el supuesto de que la lista es de dulces. Si alguien te preguntase sobre qué era la lista ya no le sabrías decir. O argumentarías que es de dulces y por algún error tipográfico se coló la palabra “sucio”. El cerebro aprende a través de crear patrones, de asociar ideas y conceptos, e interferencia es cuando ese proceso queda alterado, como nos dice la teoría de la interferencia, referida a la memoria humana. Este efecto es al que hace alusión la película “El club de la lucha“, cuando Tyler Durden mete un fotograma de sexo en medio de una película, con la consiguiente interferencia y perplejidad en el cerebro de los espectadores; sobre todo por lo disruptivo que es el sexo, como he tratado de hacer ver en capítulos anteriores. El caso más claro para tratar de validar mi argumento son los zurdos. El cerebro capta al otro a través de las neuronas espejo. Estas entran en juego y crean las mismas activaciones de las neuronas motoras, como si fuese el caso que nosotros mismos hiciéramos dichos movimientos. Sin embargo la persona que tengamos delante no es nuestro espejo, puesto que su derecha queda a mi izquierda. Es el cerebro el que hace tal traslación y lo hace en sus procesos básicos y más antiguos, pues cuando nos dicen algo referente a ir a derecha o izquierda, las zonas asociativas del lenguaje y el prefrontal tardan en reaccionar, y no siempre bien. Debe de ocurrir algo así como con la visión. Por el tipo de lente que es el ojo manda lo percibido al revés al cerebro, y este hace la corrección. Cuando tenemos a un zurdo frente a nosotros este sí que es un espejo. Pero en lo profundo del cerebro algo no le encaja. En un ejemplo, imaginar que te presentan una persona y haces el típico alargamiento de la mano derecha para estrechar la de esa otra persona, pero esta a su vez ha hecho lo mismo, pero como es zurda extiende su brazo izquierdo (en realidad no suele ocurrir así: la normalización social -que proviene de norma y esta de normal- “obliga” al zurdo a saludar con la derecha). La capacidad predictiva del cerebro ha “fallado” en su fluir, ha tenido una interferencia, y recurre al prefrontal para “resolver” la situación. Lo mismo en otras muchas situaciones cuando vemos a un zurdo: se crea una disonancia, como que algo marcha mal, creando esa breve disrupción de los procesos cerebrales. Se produce una interferencia (ruido) en el flujo de la información cerebral, por la cual las neuronas espejo no se activan, no propiciando la empatía. A la interferencia u ruido cerebral a la que hago alusión es a aquella a la que nos referimos cuando decimos: “tú y yo no sintonizamos”. En la mayoría de las culturas  y los tiempos se han tratado a los zurdos de maneras discriminatorias. El caso más claro es que lo contrario de diestro es siniestro, donde el segundo término proviene de los zurdos. En otro ejemplo zurdo era sinónimo de torpe. Jesucristo, en el cielo, está a la diestra del Señor. En inglés derecha y correcto son una misma palabra: right. Cómo algo tan inane, como es el caso de la principal mano a usar, puede haber (de)generado hacia lo que ha llegado a ser, sino es por algo tan básico como qué es ruido o interferencia en el flujo de la información cerebral. Para más casos, en otras culturas y tiempos, ir al sesgo contra los zurdos en la Wikipedia. No es algo humano, no es cultural, nos viene de lejos en la evolución, puesto que la hipótesis con el raro nombre de koinofilia predice que cuando se busca pareja se rechaza todo lo que sea más extremo, extraño o inusual con respecto a la media de las características de la especie. Con el ejemplo de los zurdos en mente, toda persona extranjera, o de otra cultura o maneras de hacer en el mundo, nos provocan las mismas disonancias cerebrales, el mismo tipo de interferencia, de ruido. Cuando vemos los rasgos externos de su etnia, o el color de la piel, o sus gestos, maneras de comportarse, idioma, ritos, costumbres, formas de pensar, etc., el flujo de información cerebral encuentra interferencias, en donde tal “ruido” nos puede llegar a generar malestar interior, una irritabilidad o estrés leve, o cuanto menos incomodidad. A tal efecto se le llama disonancia cultural, esto nos dice la Wikipedia:

    “La disonancia cultural (educación, sociología, antropología y estudios culturales) es un sentimiento incómodo de discordia, falta de armonía, confusión o conflicto que experimentan las personas en medio de un cambio en su entorno cultural. Los cambios a menudo son inesperados, inexplicables o no son comprensibles debido a varios tipos de dinámicas culturales.”

   Ahora está de moda usar conceptos positivos para que parezca más leve lo que se dice, y en la medida de evitar aquello de “que maten al mensajero” y ganar adeptos o seguidores. Hagamos ese ejercicio en la anterior frase: “el flujo de información cerebral encuentra una leve caída en la calidad de su emisión, en donde tal ausencia de “armonía” nos puede sacar de nuestra zona de confor y una salida de nuestro estado homeostático o de equilibrio emocional”. ¡Uf!, que cansino y confuso es tratar de ser políticamente correcto. Vuelvo a mi estilo. Todos estos efectos disonantes se incrementan o se pronuncian si estamos saturados mentalmente, o en una situación de sobrecarga sensorial, o de alto estrés, en donde se pueda llegar a activar el mecanismo de lucha o huida. De ahí el “soltar” improperios y atacar en lo verbal o en lo físico a algunas personas en situaciones de tensión. La “corrección” de tal interferencia la hace el hemisferio izquierdo, por medio del sistema ejecutivo y/o la reflexión, pero es una última capa de los procesos mentales, que no siempre son los prioritarios, o los que emergen en el día a día. Más teniendo en cuenta que el cerebro sólo lo activa en casos excepcionales, por su alto coste energético y su lentitud. En estos procesos y situaciones vemos lo complejo de identidad y autenticidad. Todos tenemos estos mecanismos (leer sobre “cognición caliente y fría“), a todos nos produce “ruido” mental lo extraño. Cuanto más alejado esté esa otra persona de nuestra propia identidad mayor será la interferencia (una peculiar forma de escribir crea igualmente interferencia; por mis problemas con el lenguaje sé que no siempre construyo las frases como la media o de forma “aceptable”, no es mi “intención”, es una tara). En casos extremos la “simple” diferencia del sexo (género) enciende el interruptor de la otredad; es bidireccional, no del hombre hacia la mujer como quieren hacer ver las feministas y puesto que parte del “mecanismo” que trato de mostrar. ¿Somos ese núcleo o somos lo que pretende querer ser el prefrontal y la reflexión? Ambas cosas, pero sólo una alta capacidad reflexiva y una gran cantidad de conocimiento pueden frenar o neutralizar lo “nuclear”. En situaciones en la que impera la urgencia o de crisis, en la que esté en juego nuestra vida, nuestra identidad o la identidad a la que pertenecemos, puede lo nuclear (leer sobre el “efecto otra raza“). ¿A quién, a estas alturas de sucesos, no le produce interferencia mental el tema catalán? Las constantes interferencias, con sus consiguientes situaciones de tensión, van generando inquina, que puede terminar en odio, y en donde en el caso de las etnias y otras culturas al final puede degenerar en racismo. Yo soy más “ambicioso” que nadie, no odio cosas concretas, odio a la sociedad en general. ¿Cómo sino y puesto que soy demasiado sensible a los estímulos externos, y tengo baja inhibición latente, por la cual para mí casi todo es ruido?, pero cuidado con las malinterpretaciones: amo a las personas, quiero y pretendo un mundo individualizado. Lo mejor, al final, es “desconectar” de todo, que es otro de los recursos del cerebro y la evolución, sobre todo en la sociedad actual, donde cada vez hay más ruido. De una y otra forma, lo que quiero hacer ver de fondo, es que algo tan primigenio como el ahorro de energía (principio del mínimo esfuerzo), y nuestro límites cerebrales por los cuales tenemos un número más bien bajo para recordar nombres, crea unas estructuras tan torpes e inadecuadas como son la dualidad identidad/otredad (implícitas en cada frase, pensamiento y acto, como creo haber demostrado), como para que al final el cerebro llegue al racismo o la exclusión social. Por último decir, que puesto que el humano se define por el habla, más exactamente por un cerebro que tiene un sistema simbólico altamente preciso y complejo, es por lo que se puede contestar al dilema del porqué cualquier perro reconoce a otro perro como tal, mientras que en el humano todo esto es más ambiguo y complicado. El “lenguaje” olfativo del perro es simplificador, sus estructuras mentales de identidad/otredad es básica: huele a perro, es un perro (de forma curiosa este patrón o “verdad” ya estaba implícito en el inconsciente colectivo, puesto que los zombis pierden el habla y se reconocen por el olor); mientras que en el hombre y puesto que el lenguaje está unido a un idioma y este a una cultura, la cuestión de identidad/otredad deviene, para mal, en todos los tipos de relaciones y complejidades que se dan en el ser humano, como son bandera, frontera, patria, etnia, idioma, color de la piel, extranjero, foráneo, friki, etc. De forma curiosa este patrón o “verdad” ya estaba implícito en el inconsciente colectivo, puesto que los zombis pierden el habla y se reconocen por el olor; pertenecen todos a una sola nación, a una única identidad.


    La primera parte de este escrito me ha llevado tres días, cuando en verano sólo me hubiera llevado uno. Permanezco a unos diez grados en casa y la energía la gasta el cuerpo el tratar de mantener el calor interior. Con lo que me agoto mentalmente más rápido. No me quejo, hago ver cómo funciona el cuerpo. En verano es más fácil llegar al pensamiento fluido cuando escribo. De cualquier forma prefiero este estado invernal más tranquilo, a la “locura” emocional del verano. No deja de ser paradójico que tenga más frío que un humano de la prehistoria, pues estos mantenían hogueras encendidas todo el día. Yo ni puedo encender fuegos, ni mantener una calefacción. Por otro lado las ideas de todo el libro se resumen en esta breve reseña de la idea de un nuevo hombre“El concepto del Filósofo Friedrich Nietzsche de Übermensch (‘Overman’) sería la de un hombre nuevo que sería un líder como ejemplo para la humanidad, a través de una existencialista voluntad de poder que es vitalista e irracionalista dentro de la naturaleza. Nietzsche desarrolló el concepto en respuesta a su visión de la mentalidad de rebaño inherente del cristianismo, y el vacío en el significado existencial que se realiza con la muerte de Dios . El Übermensch emerge como el nuevo significado de la Tierra, un individuo que repudia las normas y se supera a sí mismo y es el maestro que controla sus impulsos y pasiones.” Si bien ahora esa mentalidad de rebaño es por el capitalismo y el consumo, las pantallas y las redes sociales. Igualmente cada vez se me hace más insostenible mantener el mapa mental. Cuanto más entradas mas posibles enlacen entre ellos…, me meto en una retroalimentación positiva, con el consiguiente gasto mental y la pérdida de control (ese estado en definitiva es una tendencia a la ansiedad, pues esta nace de la pérdida de control en cualquier situación). Compartiré un último y dejaré el proyecto. Por otro lado me “obligo” a leer los artículos más relevantes y tengo pendientes más de cien. “Fusionar” ideas cruzadas cada vez me cuesta más.

Narcisismo e Identidad

La conciencia es una enfermedad.” Unamuno.
Si la humanidad pierde alguna vez su narrador, habrá perdido también su infancia.El cielo sobre Berlín
Lo único que importa es la diferencia entre valores verdaderos y valores falsos.” Diogenes

    Se me hace necesario cerrar ciertos círculos abiertos desde casi el principio del libro. El tema va por dos frentes. La lectura del libro “el pasado de la mente” de Michael S. Gazzaniga, defensor de la psicología evolutiva (que realmente no va sobre el pasado); y ciertos vídeos y opinión general sobre la personalidad narcisista. En cierta forma es un remate o cierre de ideas de los escritos sobre la dimensión social e individual.  A ver si lo logro.

    Hay un dicho español (creo que lo es, no sé si es más global) que dice que “el que nace tonto, tonto muere”, o el más magnánimo, pero igual de fatalista de: “el poeta nace, no se hace”. O sea, que hay una corriente humana muy antigua tendente al determinismo, al hecho de que uno no cambia. El libro trata sobre “lo que es y lo que (a)parece“, la cuestión de esa “a” entre paréntesis es un poco para seguir la tradición filosófica. Una cosa es el Ser y otra su aparecer. Sin la “a” la frase sigue funcionando y sería de un uso más cotidiano. En estos escritos trato de definir Ser y aparecer, realidad y máscara…, quizás naturaleza y construcción social. En uno de los escritos ponía como ejemplo la bipolaridad. Un grupo musical que salga de gira puede caer en un estado similar al bipolar. En las noches de conciertos después saldrán de fiesta. Tienen una alta dosis de dopamina y adrenalina, y en los días siguientes el cuerpo y cerebro se trata de reponer, con lo que baja su nivel de excitación por debajo de la media. En realidad es una adaptación, pero el prefrontal, el ente que nos habita e interpreta los estados emocionales, podrá llegar falsamente a que es depresión. Este estado de los cantantes y grupos no es bipolaridad, pero se parece. Altas subidas y pronunciadas caídas. Siguiendo el símil de arriba y de abajo, de los escritos precedentes, es algo que sucede desde abajo, hacia arriba. Desde el comportamiento a hacia la química cerebral. El bipolar sin embargo es de arriba hacia abajo, desde su química y módulos cerebrales “alterados”, hacia el comportamiento. En definitiva: uno no se hace bipolar por estar casi permanentemente de fiesta. O como dice el refrán, el hábito no hace al monje.

    He visto vídeos sobre (contra) el narcisismo, la nueva tónica o meme de volverlos cercanos a lo psicopático, y tengo que pronunciarme sobre ello. Sostengo que el narcisismo es una seña de identidad de una tipología humana, los artistas, divergentes o los alfa, y yo he dicho o he usado el término de narcisismo para los artistas, pero hay que aclarar todo esto. Antiguamente no existía el concepto de trastorno mental. La personalidad extraña o excéntrica era parte de una idiosincrasia, de una tipología humana. En su origen griego quería decir: “temperamento peculiar, hábito del cuerpo”, fijarse que ya en esa época unían temperamento con lo más físico y heredado. Greek theatrical maskPor cierto, personalidad proviene de personaje, de las máscaras que se ponían en el teatro los actores, que exageraban los rasgos, para que pudieran ser bien interpretados al verlos desde lejos. O sea, idiosincrasia era una persona que se salía de lo “normal”. Esto tiene sentido a nivel evolutivo, en la típica campana estadística de Gauss, la mayoría de las personas están en ese centro, luego lo excéntrico es aquello fuera de esa distribución normal. Hoy no podemos hablar de la mayoría de los conceptos en su forma “limpia”, pues todos están bañados de la moralina cristiana de los últimos dos mil años. Narcisismo es parejo a vanidad, uno de los pecados capitales. Más tarde muchos de ellos pasaron a ser parte de los trastornos mentales, entre los que se encontraba la homosexualidad. La sociedad tiende a la normalización, a restar o a minimizar en la medida de lo posible lo excéntrico, lo áspero de los caracteres. Como he dicho en otros lados, pienso que muchos de esos trastornos obedecen a tipologías humanas, que quizás tenían una “función”, o guardaban algún sentido en lo evolutivo, pero que hoy en día están desubicados en los nuevos entornos sociales. Un grave error de la educación, la igualdad, y el concepto de neuroplasticidad, es que los colegios se trata a todos los niños por igual. ¿Es esto lo mejor? Bajo mi punto de vista no. Seríamos una sociedad más optima si tratásemos de averiguar si existen esas tipologías, y que cada tipología tuviese una enseñanza que pronunciase lo mejor de ellas, y tratase de acomodar de la mejor manera posible sus peores características. Por el contrario, en la sociedad, esas personalidades o idiosincrasias, son tratadas como personas normales, con el consiguiente sentimiento de inadaptación, de no terminar por comprender su lugar en el mundo. Otra paradoja más de la sociedad actual: hemos dado libertad a toda posible tendencia sexual, pero no así a esas personalidades excéntricas. Estamos ante un mundo como el plasmado en X-men, donde los mutantes han de silenciar sus “dones” o “males”, y en donde la sociedad trata de normalizarlos o anularlos.

     Recientemente me he encontrado con los escritos del neurólogo Michael S. Gazzaniga. En su libro “el pasado de la mente” se hace una pregunta retórica y afirma, pues es una de las bases de la psicología evolutiva, “para qué sirve el cerebro, ante esta interrogante, la respuesta más sencilla apunta al sexo. En otras palabras, el cerebro existe para tomar decisiones capaces de potenciar el éxito reproductivo”. Afirmación que yo he sostenido en todas mis arremetidas contra el feminismo, y que pudieron parecer en cada escrito como exagerado o fuera de lugar. Gazzaniga, por el tipo de escuela que sigue, dice que todo está programado en el cerebro, que es lo mismo que vengo a decir yo sobre el carácter y que este no muta. No hay tal neuroplasticidad, sino potencialidades que se aprovechan o que se quedan en desuso. Con todo hay cierta rigidez, cuestiones naturales o determinadas en nuestra especie, que son inamovibles. Llamo a que el libro sea leído, para seguir los ejemplos que expone, pues sería inútil y redundante que yo los repitiese aquí. En el escrito “cerrando el círculo sobre la autopoiesis”, exponía que el artista actual, cierta tipología que en parte encajaría con esa tipología reducida a los narcisistas, era un tipo de apuesta “planeada” para montar a todas las hembras posibles, a escondidas de los alfas, y por mostrarse sagaces o muy ocurrentes. Con el paso de cientos de  miles de años fue mutando, adaptando esa tipología a cada momento de la prehistoria. Más tarde esa tipología se han quedado en eso que conocemos como los artistas o los divergentes. Quizás la manifestación más clara relacionada con las mujeres, y siguiendo esa tendencia “tramposa” hacia ser muy reproductivos, fueran los antiguos trovadores y poetas, u hoy los tunos en España, que han dado el adjetivo de tunante: “pícaro, bribón, taimado” (RAE), de nuevo cargado de moralina. Hay que hacer un paréntesis. Todo análisis que esté pasando por la cabeza del lector está sesgado de moralina y de los paradigmas sociales actuales. Yo trato de analizar esa tipología como si fuésemos unos antropólogos extraterrestres que viniesen a la tierra. De lo que se trata es de saber si tal tipología es exitosa o no a la hora de reproducirse (replicarse). De paso saber si tiene alguna “función” a nivel evolutivo. Está claro que son exitosos. Hoy en día los cantantes, y cualquier tipo de persona creativa de éxito, tiene un alto nivel de “logros” en el sexo. Recordar el caso de Mick Jagger de 4000 mujeres. Un humano medio, y siendo optimistas, rondará la veintena, si sube de eso es que es algún tipo de artista o porque tiene algún tipo de “poder”. Sé que este lenguaje pone de los nervios a las feministas, pero es una realidad. Los datos y estadísticas están ahí. Mis amigas se “enrollaban” al salir de fiesta, con cierto tipos de chicos, que no tenían por qué ser la mejor persona o el más guapo, sino por el simple hecho que era un hándicap el conseguirlos. Como si al lograrlos ellas hubiesen subido de escalón. Ese escalón, hoy en día y durante la juventud, son los disc-jockeys de moda, los barman, algún famosete… Retomo el tema. Somos esos antropólogos de marte (el símil no es mío, es de Oliver Sacks, tiene un libro con ese título), y ya hemos visto que sí tienen éxito, queda por saber si hay un porqué, si la evolución tiene un “plan”. Ya he dicho en otros lugares que las hembras humanas tiene una doble tendencia: elegir un tipo de macho para que permanezca e “inviertan” su tiempo y energía en la descendencia, pero con la posibilidad de tener sexo con las apuestas como los alfas o los “artistas”, o sagaces o más ocurrentes. Fuerza e inteligencia. Una dualidad hacia la fidelidad y lealtad , frente a otra que apuesta por los mejores genes. En ese sentido el “artista” o esa apuesta evolutiva está “hecha” para ser un amante, no una pareja u esposo. O dicho más claramente, para follar con ellos, pero no para mantenerlos de pareja; para ser esa parte de la tendencia evolutiva de unos buenos genes. En esa condición el “artista” es tendente a estar sólo, y como ya he hecho ver, es tendente a la autopoiesis, a la autosuficiencia. Por otro lado hay que tener en cuenta que en lo humano no hay tipologías claramente diferenciadas, como se da entre las abejas, hay tendencias, una personalidad primaria que es la más relevante, frente a otra miriada de características; hay tantos tipos de artistas que reducirlos de una forma tan extrema ha sido tan sólo para hacerme entender.

    ¿Son tramposos?, a nivel evolutivo no. Las hembras saben (sabían) de “qué palo van”, “aceptan” esta tipología porque su ingenio para tener sexo, es un ingenio para infinidad de otras cosas, lo que les da una alta probabilidad de unos mejores genes para su descendencia. Esta tipología está muy extendida en el reino animal, quizás donde menos en las aves. Hay pulpos que se hacen pasar por una hembra para que el macho alfa no los ataque, y en cuanto este se descuida tienen sexo con la hembra. Side Blotched LizardUnos lagartos del desierto tienen una estrategia similar, los sexos se diferencian por ciertas manchas de un color, pero la apuesta “tramposa” tiene otra coloración. Gazzaniga en su libro expone otro ejemplo, se verá que su lenguaje es similar al mío (que puede ser tildado de manera errada como machista), pues los dos tenemos y  manejamos los conceptos de la psicología evolutiva. Transcribo para ahorrarme tener que parafrasear algo tan minucioso y largo:

Sirvan de ejemplo los hábitos espaciales del feo ratón de campo: aunque todos son de similar tamaño, se diferencian claramente por el modo como se aparean. El relato de su extravagante búsqueda de pareja ejemplifica cómo un impulso evolutivo hacia la poligamia conduce  a  la  diferenciación  de las habilidades espaciales de machos y hembras. Los machos polígamos hallan la ruta para  regresar de noche a su nido, pero las destrezas espaciales de las hembras (monógamas) son escasas. La diferencia estriba en  la  construcción  del  cerebro y en la cascada de  procesos  automáticos  que  allí se cumplen.
Esta observación se basa en un fenómeno bastante conocido: en ciertas tareas espaciales, el desempeño de los machos es mejor que el de las hembras. Esto vale para los seres humanos, las ratas y casi todo lo que hay entre unos y otras. Quienes la han estudiado aseveran que esta variedad cognitiva resulta de presiones darwinianas sobre la dinámica de la selección sexual. En general, las presiones de selección sexual no influyen, pero lo hacen cuando macho y hembra pueden potenciar el éxito reproductivo mediante conductas diferenciadas.
En el caso de los  ratones  de campo,  el asunto  se reduce a poligamia versus monogamia. La observación se ajustó a dos  clases  de  ratones:  el  de las praderas y el de boscaje. La inserción de minúsculos dispositivos telemétricos permitió medir cuán lejos del nido se aventura cada uno. El ratón de boscaje, que es monógamo,  permanece cerca de la madriguera, sin que se observe diferencia en la conducta de machos y hembras. A la inversa, los polígamos machos de las praderas recorren vastos espacios para encontrar más parejas  disponibles; las hembras no gastan energía y se  quedan  en casa. Concluido el período de celo, casi desaparece la diferencia entre machos y hembras.
Una vez establecida la desemejanza de género en las estrategias de apareamiento, se comprobó que la superior capacidad espacial del macho también se manifestaba en aprendizajes  tan  complejos como los de los laberintos de laboratorio. Lo que a primera vista parece una disparidad de destreza cognitiva solo es una habilidad surgida de las presiones selectivas destinadas a potenciar el éxito reproductivo.”

    Creo que no tengo que añadir más, hay muchos de estos ejemplos entre muchas especies. Las hembras se aparean con este tipo de apuestas sin que se sientan “seducidas” o “engañadas”, sino que al contrario los buscan y los esperan. Están “programadas” para esta doble elección, y esto debe de venir de muy lejos en la evolución, como para que esté en tantas especies. La sociedad actual, la evolución social y moral humana ha terminado por rechazar este tipo de apuesta de algunos tipos de hombres y forma de actuar de las mujeres, pero subsiste por muchas máscaras, convenciones y normas que le queramos poner. Quiero hacer mención al comportamiento astuto, solitario, unido a la nocturnidad del ratón de boscaje. Hoy en lo humano hay una clara división de humanos búhos y alondras, los que se sienten más despiertos por la noche, o a la primera hora de la mañana.  Por lo general los artistas son búhos. Voy a sugerir un relato, por si alguien lo quiere llevar a novela. Recientemente se ha descubierto que hubo otro homínido africano. No hay rastros fósiles, lo que lo hace aún más sugerente. Se ha descubierto en el ADN de los africanos. Se me antoja que quizás ellos fueran de ese tipo nocturno y ladino a la hora de comportarse, eran más ingeniosos, pero no formaban poblados, si no que vivían aisladamente, sin ser por ello beligerantes con los suyos. Se llegaban por las noches hasta los poblados de los otros homínidos para aparearse furtívamente con sus mujeres, ya que estaban localizadas, mientras que las de su especie no. Esto ocurrió por cientos de generaciones. Hasta que en esos poblados, sus hombres, decidieron ir a por ellos hasta aniquilarlos, llevándolos a su extinción. De su “sangre”, de su apuesta, sólo quedaron sus hijos bastardos, lo cuales llevaron la “llama” (mito de Prometeo) de la creatividad y de lo que hoy conocemos como humano, a esos homínidos.

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Hay unas pinturas rupestres muy antiguas en medio del Sahara (parecen muy modernos el estilo de los grabados en piedra), se piensa que esa antigua civilización, a la llegada de esa gran sequía que convirtió el antiguo bosque en desierto, migraron hacia los valles del Nilo y fundaron los Imperios Egipcios. A veces me siento como no humano. Como que todo me es demasiado ajeno: no concuerdo con el concepto de lo social, ni con los de identidad, ni con la lealtad… ¿desarraigo, daños en la infancia?, mi intuición me dice que mi tipología tuvo un origen y un porqué en la profundidad de la prehistoria. Quizás sólo hable “mi” hemisferio derecho es su deseo de explicaciones “mágicas”, metafóricas y profundas. Desde que tengo memoria supe que: “la lealtad al grupo, el sacrificio por él, el odio y el desprecio por los forasteros, la hermandad interna, la crueldad hacia fuera…, todos crecen juntos“, como dijo William G. Sumner, de tal manera que de “cercenar” un componente negativo, tenía que hacerlo a la vez con todos, lo que llevaba inevitablemente a la soledad.

    Con eso llego a los vídeos y la actual opinión generalizada. Si he traído a colación los conceptos del Ser y el aparecer, es que hoy en día se da una tendencia generalizada hacia el narcisismo, pero la mayoría de las personas narcisistas no lo son por herencia, sino por el estado actual de la sociedad, son simplemente aparecer. Es la misma distancia de un alfa y un falso alfa. El “verdadero” alfa actúa como un padre hacia todos (por lo general), se sacrifica por su manada (concepto de héroe, concepto del mesías, Jesucristo), pero hay mucho falso alfa que tiende a apuestas y a acciones más egoístas o psicopáticas. Con todo el artista sigue sin ser el mejor esposo o la persona más social bajo las reglas de la “normalidad”, es vanidoso, egocentrista, tiende a acaparar la atención…, pero seguramente no sean tan “ruines” como los actuales narcisistas en su aparecer. Hay o se acepta un narcisismo positivo, pienso que ese es el que portan los artistas, más cercano al amor propio necesario para la autoestima (¡que lío de conceptos parejos, para algo tan simple como debe de ser el ego en su voluntad de vivir, que necesariamente implica validarse, auto-afirmarse!; quizás “voluntad de vivir”+auto-afirmarse=orgullo de sí o voluntad de poder). El narcisismo del artista es en definitiva el mirar a su obra como si se mirase a sí mismo (su espejo), pero eso le empuja y le hace obsesionarse con ella como para mejorarla de forma infinita, cuestión que no siempre es para mejor. Los marchantes y empresarios del arte (a veces el consorte), le tienen que poner límites a ese “mirarse el ombligo”. Yo, sin nadie que me limite, estoy pensando en estos escritos y mejorándolos hasta que el estrés me vence, hasta que me saturo tanto que tengo que rendirme y abandonarlos. Pienso que esos vídeos y ciertas apreciaciones actuales vienen de esos narcisistas en su aparecer. La división entre ser y aparecer, entre la esencia y la máscara, y que diferencia entre las verdaderas esencias humanas y las impostadas (alfa, artista, frente a sus intrusores), quizás se resuma muy bien en esta fábula de Nietzsche, parafraseada por Iain McGilchrist (según he averiguado en discusiones de Internet, no es de Nietzsche, pero me limito a transcribirlo por si el autor tuviese algún documento que lo corroborase):

   “Había una vez un sabio maestro espiritual, que era el gobernante de un pequeño pero próspero dominio, y que era conocido por su devoción desinteresada a su pueblo. A medida que su pueblo floreció y creció en número, los límites de este pequeño dominio se extendió; y con ello la necesidad de confiar implícitamente a los emisarios que envió para garantizar la seguridad de sus partes cada vez más distantes. No era sólo que era imposible que él personalmente ordenara todo lo que necesitaba ser tratado: como sabiamente vio, necesitaba mantener su distancia y permanecer ignorante de tales preocupaciones. Así que nutrió y entrenó cuidadosamente a sus emisarios para poder confiar en ellos. Eventualmente, sin embargo, su visir más inteligente y ambicioso, el que más confió en hacer su trabajo, comenzó a verse a sí mismo como el maestro, y usó su posición para avanzar su propia riqueza e influencia. Vio la templanza y la paciencia de su amo como debilidad, no sabiduría, y en sus misiones en nombre del maestro, adoptó su manto como suyo – el emisario se depreciaba de su amo. Y así ocurrió que el maestro fue usurpado, el pueblo fue engañado, el dominio se convirtió en una tiranía; y eventualmente se derrumbó en ruinas.”

    Voy al segundo tema: el libro “el pasado de la mente”. Gazzaniga hace alusión a que el lado izquierdo del cerebro es ante todo un intérprete de la información o las resoluciones que le entrega el cerebro, de tal forma que en esa dimensión se crea el concepto de conciencia, yo o agente en el cerebro, como ya he mencionado a lo largo del escrito. ¿Diferencias?, a lo que él llama intérprete, yo lo he tratado a veces como un supervisor de errores, función que la lleva a cabo la corteza cingulada anterior. El concepto de supervisor yo lo adopté del de verificador en lo moral de Sartre. También lo he llamado “resolutor” en la medida que tiene que terminar por tomar una decisión que parece no resolverse en el cerebro automático. Pero de una forma u otra lo he tratado bajo el aspecto de que es una función, que no está centralizada en una zona, que trata de crear una narración de sí misma, a esta capacidad la he llamado narrabilidad. Gazzaniga dice lo mismo, en unos y otros lados: “en  nuestro  interior  se  desarrolla sin pausa una narración privada”, “la narración resultante nos permite creer que somos buenos, que gobernamos, que anhelamos ser mejores”, “a medida que desovillamos nuestra narración, apelando a magnos sucesos para definir el esquema de nuestros recuerdos, simplemente introducimos en el relato detalles que podrían haber sido parte de la experiencia”. Baste estos ejemplos, el libro está lleno de este tipo de referencias. En mi caso a veces se me hacía complicado entender qué quería decir con intérprete, pues en castellano es sinónimo del sustantivo actor, como a la vez del verbo interpretar, con la diferencia del acento. O sea, tiene que haber un nexo común e indiferenciado, ser un intérprete (actor) es hacer una interpretación (darle un sentido o intencionalidad) a algo real. El diccionario de la real academia en una de sus acepciones nos dice: “concebir, ordenar o expresar de un modo personal la realidad”. Expresar es llevarlo a la acción, que a la vez encaja con la performatividad.

   Gazzaniga al final viene a decir lo mismo que yo: que aunque ilusión, Es. Es una parte más del cerebro, y que al igual que una ilusión no por conocerla la dejamos de ver, no podemos dejar de creer que somos esa identidad. La idea con la que hay que quedarse es que esa falsa o fantasmagórica identidad o agente es bastante general entre los estudiosos del cerebro y algunos filósofos. Anil Seth dice que es una alucinación, Rudolfo Llinas que es un soñar despiertos, cercano a “la vida es sueño” de Calderón de la Barca, otros autores lo tratan como un epifenómeno, una ilusión o falsa sensación, sin ponerle ningún nombre o hacer grandes teorías de un porqué. Ya en el siglo XVII Hobbes dijo que “todos los procesos mentales consisten en movimientos de materia dentro del cráneo” y David Hume: “el yo, el sujeto viviente es una ficción”. Si tantos autores coinciden, tiene que ser por algo. Tal idea viene a ser como las teorías de la mecánica cuántica: un saber científico, que en la medida que es contraintuitivo, la mayoría de las personas no terminan por aceptar o comprender. Gazzaniga es especialista en  los cerebros divididos, le seguí el rastro por el vídeo que compartí en el anterior escrito. Los cerebros divididos son una prueba de esa falsa identidad en el lado izquierdo o dominante del cerebro. Otros casos, que igualmente analiza Gazzaniga en el libro, son los pacientes de negligencia hemisférica. Quizás el caso más relevante del libro sea el de una mujer que padece de paramnesia reduplicativa (creencia ilusoria de que un lugar o ubicación se ha duplicado), la cual, contra toda lógica por haberse desplazado para ir a visitar a Gazzaniga, no dejaba de afirmar que se encontraba en su propia casa. “Esta paciente cuenta con un intérprete perfectamente sano que intenta otorgar significado a lo que ella siente o hace. A causa de  la  lesión,  la  zona del cerebro que representa lugares es hiperactiva y transmite un mensaje erróneo  acerca  de su localización. El intérprete no es mejor que la información que recibe, y en esta  oportunidad está recibiendo noticias falsas. Con todo, debe cribar las preguntas y otorgar un sentido  al  resto  de la información evidente. El resultado es que genera multitud de historias imaginarias”. Es un caso extremo de justificación e interpretación que hace el “intérprete” ante la información errada que el entrega otro módulo del cerebro, “obliga” al intérprete a dar un sentido que el propio cerebro sabe que es falso. Quizás David Eagleman, en su libro “Incógnito”, sea un mejor reduccionista de las ideas de Gazzaniga cuando parafraseándolo nos dice: “el hemisferio izquierdo actúa como «intérprete», observando las acciones y el comportamiento del cuerpo y asignando una narrativa coherente a esos sucesos. Y el hemisferio izquierdo actúa así incluso en cerebros normales e intactos. Los programas ocultos impulsan las acciones, y el hemisferio izquierdo crea la justificación”. Como se puede ver en unos casos y otros, si este proceso se puede medio desconectar, o “funcionar” mal en algunas situaciones, es porque es un constructo entre otros del cerebro. Constructo que es “alimentado” por varios módulos, sin que esté localizado en un lugar en concreto, y en donde si uno de esos módulos falla, el sistema no se viene abajo -no es todo o nada, sino gradaciones-, pero sí es tendente al error. Para el caso son como las ruedas de más de los grandes camiones (redundancia autorreferencial cerebral), para que si sucediera que se produjera un pinchazo, el camión no perdiera la estabilidad como para volcar o descarrilarse, idea que está contemplada en la teoría de la reserva cognitiva. Yo no sostengo algo que yo haya creado, si bien le he dado más dimensionalidades que otros autores. Ese ente es una necesidad ontológica, sigue las premisas de los sistemas complejos, pues tiende a ser homeostático, autorreferencial y cuenta con la retroalimentación. Su principal presencia es dar sentido a lo que ve, a la realidad, para que el cerebro tenga la falsa sensación que tiene el control de la realidad (locus de control). En cuanto este sistema se viene abajo o se desestabiliza, se cae en la ansiedad o la depresión. En otros casos en estados de despersonalización, que pueden llevar a crisis de la personalidad o existenciales. Bajo todos estos aspectos parece un homeostato, no muy distinto del que pueda tener un aire acondicionado, por ejemplo.

   Remito a otros escritos, y a tenor de no repetirme, para ver las distintas hipótesis que sostenidas por mi sobre el yo y la conciencia:

  1. Lo teleológico.
  2. Lo que no es la conciencia.
  3. El espejo que quería ser pantalla.
  4. Sobre la conciencia como atención.
  5. La vida como instante.
  6. Sobre la conciencia como atención (Addendum).
  7. El director en la sombra.

   Otro tema que toca Gazzaniga es si el humano es o no inteligente. Al parecer igualmente hay una corriente que aboga por tenerlo como “estúpido”, como yo he sostenido en muchos casos. La defensa que hace Gazzaniga va en dos frentes: primero, por ser el más claro, es que si no lo fuese no tendría el “éxito” evolutivo que tiene; y el segundo teniendo en cuenta que bajo el aspecto por el que se le trata de “estúpido”, es por todo lo que falla en las pruebas “artificiales” de los test. Mi punto de vista es que hemos creado una sociedad totalmente artificial, en donde todos somos “analfabetos funcionales” en una medida u otra, el propio Gazzaniga reconoce no entender la mecánica cuántica. Lo que yo sostengo es que con la inteligencia “práctica”, que nos ha dado la evolución, no podemos crear una sociedad ni estable, ni generalizada para la felicidad o el bienestar. Se da por tanto una ineficacia, “inutilidad” e impotencia de la inteligencia. En esa medida hay una segunda inteligencia que emerge, la social, que es tan compleja y tan grande que nadie entiende por completo. Cada cual se puede especializar en un saber, pero con la premisa de ignorar y no comprender grandes temas. En ese sentido, si el cerebro humano apostó por el “intérprete”, fue para tratar de tener el control de los conflictos emocionales y sociales. En la mayoría de los casos hace su función, sin errar demasiado. En los casos que yerre tenderá a “creerse” su propia confabulación para restar la pérdida del control y su identidad o narración. Un caso que cuenta Gazzaniga en su libro, con el que me reí mucho, fue el de alguien que decía tener el cráneo de Hitler. Cuando se le dijo que era el de un niño, afirmó que era la calavera de cuando Hitler era niño. A lo que quiero llegar es que si bien el cerebro creó ese artificio evolutivo que es la conciencia, esto no puede ocurrir así en lo social. En lo social no hay un agente que mantenga el control, que verifique. Se puede pensar que este puede ser el papel de los intelectuales: verifican crasos errores en lo social, ese es mi argumento. Pero hoy por hoy ese papel se está perdiendo, está dejando de ser oído. Se oyen a los “voceadores”, a los YouTuber, a los influenciadores, que se basan más en la oratoria y sus capacidades de tener una buena voz y presencia para llegar a las masas. Máscara, exterior, que en muchos casos no tiene  interior. Antes de los medios de comunicación masivos lo que contaba era la letra, el autor y su presencia estaba ausente; hoy es lo más importante. Para resumir, que pierdo el hilo. El intérprete bajo mi punto de vista nació como último supervisor de los procesos cerebrales, buscando incoherencias, fallas, sesgos… en última instancia para unificar criterios (conflictos emocionales o sociales). Pero al final se fue más allá de sus cometidos, como para ser él mismo una fuente más de sesgos y errores de interpretación. Este módulo funcionaba para vivir con los problemas de la naturaleza para sobrevivir, pero cuando las sociedades se hicieron complejas con las grandes ciudades y nacimientos de los imperios y los reinos, su cometido se centró en todo lo “irreal” y complejo que pueda darse en las grandes ciudades, como para al final devenir en eso que conocemos hoy en día. Las sociedades se construyeron ya bajo las premisas de esa nueva dimensión de esa estructura, y que era la primacía de la identidad. Lo que para el cerebro era el yo, como narrabilidad de una identidad, para las grandes ciudades lo era el concepto de patria. Lo patrio es el “yo” o conciencia de una sociedad dada con sus mismas taras y sesgos (racismo, falsa superioridad, ombliguismo…) Con este último neologismo trato de poner un nombre al concepto individual de creernos el protagonista de nuestra propia película en lo individual, mientras que el resto de personas son actores secundarios o extras (Sonder en John Koenig); y ser el centro del mundo o el universo en las civilizaciones. En esta dimensión toda civilización cree o creyó ser el centro del mundo, así ha sido a lo largo de la historia y de la vida de las civilizaciones. Hoy ese centro es New York (EEUU).

   Volviendo al tema. La sociedad -la tan venerada y respetada civilización- ya nació con sesgos, que por lo demás nunca se han resuelto. El racismo, las banderas, las identidades nacionales, la otredad, la superioridad racial y demás secuelas de la misma raíz, siguen siendo uno de los temas más preocupantes de la actualidad. En épocas de crisis se pronuncian aún más. Entonces tenemos los equivalentes cerebrales de supervisor y yo identitario volcados en lo social. Los intelectuales y los científicos son los supervisores, en tanto que lo patrio es la identidad. En el escrito anterior ya decía que al final la conciencia deviene igualmente en disonancias cognitivas: lo mismo ocurre en lo social. Hay intelectuales que están fuera de toda identidad, pero por lo general no es así. Un caso evidente son los científicos o intelectuales que defienden la teoría creacionista, contra la evolutiva. Lo que se deduce, entonces, es que la sociedad no está creada para buscar el bien universal, aunque los intelectuales y científicos en su meollo más profundo lo pretendan. En la medida que la razón individual no puede ser puramente razón, la sociedad tampoco lo puede ser. Algunos regímenes que han pretendido serlo han acabado siendo verdaderas y horrorosas distopías (comunismos, dictaduras). De una manera u otra tanto el cerebro como la sociedad, nunca pueden llegar a una verdad universal, pues tal cosa no existe, pues todo sistema evolutivo sólo sigue una regla: lo adaptativo. ¿Cómo universalizar tal regla? Yo soy artista, mi regla no puede ser universal, en la medida que “gane” o predomine otra regla, posiblemente va a ser a costa de presionarme y constreñir partes de mi identidad, como he mostrado arriba. Lo mismo para la sociedad, los paradigmas de los Estados Unidos se propagan y vencen a costa de la identidades de otros pueblos y creencias, que se sienten oprimidas. Lo que trato de demostrar es que hay temas irresolutos. Ocurre tanto nivel cerebral, como social. La inteligencia humana no parece “servir” ni para una dimensión, ni para otra. Lo que suele entorpecer para ser una razón puramente analítica, son las emociones, pero a la vez es su única fuente “real” de una “verdad” o esencia humana. O para llegar a la última conclusión que se sigue de estas reglas: una posición “óptima” sería la de lograr desarrollar una inteligencia artificial que fuera la que nos guiara, pero con la problemática de que no tendría en cuenta nada de lo humano. Películas como “Terminator” o “Matrix” nos advierte que tal cosa no sería algo deseable, sino más bien peligroso para la existencia humana. Quizás como mejor se entienda dicho problema sea por los detalles. La película “yo robot”, basada en un relato de Asimow, nos pone ante el dilema de que una inteligencia artificial optase por salvar a un adulto, frente a un niño, cuando el coche se hundía en el río. ¿Dónde están escritas ciertas reglas?, como esta de salvar a un niño a toda costa, en el ADN, en lo más antiguo, en la esencia de lo que es el ser humano. Pero tales reglas, como las de patria o identidad, no son lógicas. Tienen su valor en tanto que los son para nuestra especie. Radicalizando este problema: o nos comportamos completamente como una inteligencia artificial fría, sin esas reglas asentadas en el ADN, o como humanos y somos erráticos. Hemos apostado por lo segundo. ¿Es lo más inteligente?, posiblemente no. En los dos casos va a haber dolor para algunos individuos, un sistema inteligente en tanto que probabilístico desechará ciertos tipos de humano o conductas. Las reglas humanas tienen las mismas taras, pero al fin y al cabo entre elegir un tipo de error (terror) u otro, preferimos los nuestros. Como punto final a estas cuestiones, en lo individual la mayoría de las personas se sienten perdidas de todos los conocimientos que ignoran o no entienden. No sabemos si el mundo es el mejor de los posibles, pero apostamos a que sí, a que hay especialistas en cada tema que contestan a las preguntas difíciles, y nos ponemos en sus manos y que lo harán lo mejor posible, pues así lo quiere creer nuestro propio intérprete o narrador, por el bien de no caer en pesimismos y cinismos, y de paso creer tener el control de nuestras vidas. Ahí radica una de las premisas más antiguas humanas: se supone que se tiene que confiar en los otros, pero como el engaño es una parte más de la naturaleza, de la que no estamos fuera, se creó una retroalimentación entre los engaños sutiles, y la sutileza de detectarlos. “Los lóbulos frontales no sólo nos enseñan a traicionar, sino a confiar“, dice Iain McGilchrist. Gastamos el mayor tiempo de energía cerebral social en este juego armamentístico: en confiar y tratar de que confíen en uno mismo. Si ya es complicado este juego con tus iguales, con los que son de distintas jerarquías aún son peor las cosas. La misma regla para la diferencia entre los sexos, y con la libertad sexual aún se ha caldeado más la situación. La corrupción política y de los poderosos actual nos deja en claro como es el humano en sociedad. De facto nadie sabe nada, de toda la extensión de un saber universal humano; no sabemos realmente cómo funciona el sistema, como tampoco lo sabe una hormiga, o lo sabe una neurona. No hay un plan maestro, no hay un agente mundial que ponga un orden, que dicte las reglas. Se siguen las premisas de los sistemas complejos: estos funcionan sin un agente real y único. Todas las hormigas en sus pequeñas funciones crean el hormiguero; todas las neuronas crean la sensación de un yo, de una identidad. Cada humano ha de crear la sensación de esa sociedad del bienestar y la humanidad. La base del neoliberalismo actual se basa en los conceptos de la “mano invisible” y el Laissez-faire (dejar hacer), que es la forma como tienen de actuar los sistemas complejos. ¿Dejar hacer?, si se expande el modelo americano, si ponemos una confianza ciega en ese paradigma, el mundo estaría avocado a la corporatocracia (Corporatocracy), un mundo donde habríamos puesto nuestra fe en lo números y lo estadístico, el el frío cálculo de la máquina…, apoyados por unos gobiernos adormecidos y altamente burocratizados. El colmo de esta dirección de la sociedad actual es que en China se esté creando la posibilidad de puntuar a los ciudadanos a través de sus redes sociales, para que sientan la presión del grupo. Como una nueva era en donde la letra escarlata (marcar a alguien visualmente sobre su “naturaleza”) ahora es digital. En realidad no hay nada más rebelde que el total anonimato. Por el contrario hoy en día al mayoría de las personas se vuelve muy visible, muy cuantificables, mensurable, muy tendentes a crear los algoritmos. Bajo mi punto de vista eso es ignorancia, a no ser que reconozcamos tal falla y la hayamos elegido. Mi teoría más extendida de la identidad, es que es en tanto que negación, en este caso somos cierto tipo de identidad, en tanto que negamos querer ser o comportarnos como una inteligencia artificial. Somos identidad en tanto que aceptamos y asumimos el “error” humano en toda ecuación, en tanto que aceptamos los límites de nuestro tipo de inteligencia, sesgada ya en sus premisas más nucleares. La democracia es esa falsa sensación de que tenemos el control, igual de falso que lo es para el cerebro ese agente que es la conciencia o yo. En un caso y otro, el último límite al que nuestro tipo de construcción puede llegar como el más óptimo. Si se quiere algo mejor, habría que destruir todos los pilares. Hacer una construcción desde cero.

   Siempre que estoy en las últimas líneas de un escrito, trato de pensar si me dejo algo en el tintero. Casi siempre queda algo (olvido) que al final escribo en días posteriores. Remato haciendo alusión a otra cosa externa, como lo han sido los vídeos sobre el narcisismo y el libro “el pasado de la mente”. En este caso en una película, la francesa “corporate” (corporación). Aunque sabemos que la inteligencia artificial es el límite al que no tenemos que llegar, las grandes empresas y los gobiernos están en manos de las estadísticas, y sus reglas para deducir “verdades”, o seudo-verdades generalizadas. La teoría de juegos ponen las reglas que se han de dictar en esas corporaciones, que a decir verdad tienen más de inteligencia artificial que de humanas. ¡Atención spoiler! La película francesa, de lo más acertado en lo desértico que se ha vuelto el cine de los últimos tiempos, nos pone en la piel de una directiva de personal de una corporación. Al poco de empezar la película se suicida uno de sus empleados, ante la presión a la que se ve sometido, y como un tipo de venganza hacia los que le han llevado hasta esa situación. La trama no nos deja ver, al principio, si en la protagonista vence la frialdad de la IA y la teoría de juegos, o lo humano. Si le puede el rol que tiene que hacer como ejecutiva, o si puede la naturaleza asentada en el ADN. Algunos diálogos son claves para hacernos ver que ella está situacionada en una postura, máscara, donde no está cómoda, donde los conflictos emocionales y las disonancias cognitivas no pueden mantener la sensación de control. La película no nos muestra dicho dilemas morales o éticos desde puntos de vista religiosos, Francia ha de apostar por ser el padre de la laicidad. Tiene de fondo el dilema de si una persona, una individualidad, bajo el prisma de una racionalidad egoísta, ha de sentirse primero humana, o tan sólo una fría máquina de gestión y de accionar en el mundo. Si puede lo corporativo/social, o si puede el individuo. Al final puede lo humano, la naturaleza, aunque en el proceso pierda su prestigio y ya no vuelva a ser contratada por ninguna otra corporación. Nos plantamos ante un nuevo tipo de heroína, aquella que va contra el sistema, y las tendencias actuales hacia lo frío y calculador del número, los algoritmos y lo estadístico. Pero sólo son batallas que en el tablero de la guerra apenas si se ven o se dejan oír. Pequeñas anécdotas para contar a dos o tres amigos; nada saldrá en la prensa, nada transcenderá. El sistema corporativo y el número seguirán impasiblemente su marchas. Cambia más el hecho que cinco usuarios compren un nuevo móvil (mantenimiento del nivel de consumo) y se creen diez nuevos YouTuber (personas que entran en el sistema y que al crear nuevos contenidos elevan la primacía de Google), que lo anecdótico de esa persona que ha sentido “escrúpulos”, como lo es la protagonista de la película.

   Remato. Si en el escrito “la dimensión individual” decía que apostaba por la soledad, frente a ser una apuesta tramposa, una de esas causas es el ser artista y por lo tanto tendente a lo narcisista; hay otras trampas que soy y que no quiero que se pronuncien en sociedad. En soledad no se tiene espejos, los otros, y no ves tu imagen, o cuanto menos no tienes que estar constantemente ocultándola o poniéndole restricciones (mascaras); tampoco, para bien o para mal, se da gasto neural de buscar confianza y confiar en los otros. En uno de esos vídeos decían que los narcisistas son un espejo que no te devuelven la imagen. ¿Acaso los que no son artistas entienden o saben escuchar a los artistas? Ningún cuadro o cualquier otro tipo de arte realmente lo entiende mas que el propio artista. Yo siento que cuando hablo de mis temas igualmente no tengo un espejo delante, al final las personas se ausentan de sus cuerpos, se ponen a pensar en sus cosas. Por otro lado dicen de los narcisistas que ponen como culpable a los otros, que siempre son las víctimas. Quizás los narcisistas en su aparecer, no los artistas o divergentes y quizás artistas o divergentes que nadie ha sabido sacarles ese lado creativo y divergente, como sucede en la actualidad en el sistema educativo. Aunque habrá artistas igualmente ruines y gilipollas, pues en la mezcla de caracteres y tipologías hay de todo. Nuestro problema es que vemos más a matrix que otras personas. Somos idiosincrasias que desde que nacimos estamos fuera de la caverna, y nadie entiende la visión que plasmamos. Yo rápidamente me sentí identificado con que el sentido de agencia en el cerebro era falso. A mis quince años tuve una experiencia que me marcó como que todo era máscara, y desde entonces no me ha abandonado. Nadie quiere compartir esa visión. Los artistas sabemos qué es máscara a la menor. Somos más sensibles a cualquier pequeña señal fisiológica de disonancia en los otros, de sus máscaras. Mi hija lo ha heredado y me las detectaba a los cinco o seis años, cuando el resto de las personas no las veían. Puede que nuestra forma de ver el mundo, con cada persona o pareja con la que nos topamos, lo vean como una carga excesiva en donde a ello/as las ponemos como los errados de forma constante. Quizás es que vemos más allá o somos demasiado sensibles a los errores y contradicciones dentro de un esquema más general de la matrix. Nuestro principal módulo es el supervisor, el resolutor de problemas, el intérprete en el lenguaje de Gazzaniga. Somos un tipo de apuesta, y como toda apuesta carga con sus contradicciones y lados negativos.


  Descargar nueva revisión del mapa mental sobre la superveniencia (filosofía, sociología, psicología). Cómo usarlo (ir al final del escrito). En el mapa me encuentro con los límites cerebrales y la tendencia a la parsimonia. Al principio había pocos conceptos que manejaba y mantenía en memoria, de tal manera que me era fácil enlazarlos. Ahora mismo ya he perdido el control (más de mil conceptos, que están conectados por más de cinco mil enlaces), ya no me es tan fácil ni cómodo enlazar conceptos. Busco conceptos que contengan el mismo nombre y después verifico si tienen que ver. Pongo ideas antónimas, pues en definitiva el mundo y el cerebro es dual. En muchos casos es rutinario y me termina por aburrir, me desmotiva; empiezo a comprender que no tengo el control. Por otro lado tengo el navegador de Internet lleno de pestañas de temas pendientes de leer, y realmente empieza a agobiar demasiado: no puedo pretender leer todo, y si dejo de leerlos me quedo con la sensación de poderme perder algo realmente importante. He encontrado una gran cantidad de conceptos sobre ideas que yo he tratado. Todo parece tener un nombre, o alguna teoría. También me estoy encontrando con mucha redundancia: conceptos que son muy iguales, o lo mismo. O juego de lucha (evolutivo) entre varios nombres de varios autores sobre una misma idea o concepto. No he puesto muchos enlaces. Es un proceso muy cansino, lo hago otro día. En los dos últimos escritos no sabía que títulos ponerles. En el anterior he errado, pues “un afuera de matrix”, es un tema redundante, que me deja muy abajo en la búsqueda de Google, tampoco es que me deje llevar por lo sonoro o lo propagandismo; el título presente es soso y no “dice” nada, lo quería haber llamado “cómo narices llamo llamo a este escrito”, porque realmente no sabía.
Bajar libro, borro enlace en unos días, por cuestiones de copyright y las nuevas leyes europeas. Tampoco tengo claro si final tendré que borrar escritos en donde pongo textos de libros, o seccionarlos.

Adendum – Posverdad y Percepción de Cuórum

 El origen de los sentimientos es la vida en la cuerda floja haciendo equilibrios entre la prosperidad y la muerte. “ Damasio
Las vidas pueden sostenerse en cualquier frase, pronunciada, impronunciada, impronunciable.” Emilio González Martínez
El ser humano es lo que quisiera ser, no lo que acaba siendo.” Herman Casciari
Ser es música.” Henry Miller

   A diferencia de otros escritos, en donde empiezo con más o menos largos preámbulos, este lo voy a empezar con una metáfora que va directamente al núcleo del tema. Imaginarse un copo de nieve ya incrustado en el suelo, con miles de otros millones de copos de nieve, en una ladera de una montaña. Este habla de su unicidad, de cómo es único en sus formas y multiplicidades de brazos que se expanden uno a partir de otros, creando una armonía única e irrepetible, y el cómo cierto grosor en una de sus aspas hace que se reflecte el sol dando un colorido arco iris a todo su “cuerpo”. Junto a él hay otros millones de copos maravillados por eso que les hace únicos. Es unas horas más tarde del mediodía y el sol, ese día, sin unas nubes que le impidan llegar al suelo, calientan las capas más externas del manto de nieve. En una brecha del desértico blanco, en donde la nieve está menos compactada, el calor llega a una capa más cristalizada, menos unida en sus ramificaciones con la capa inferior. De repente, lo que antes era un copo de nieve, pierde cohesión con los copos de nieves vecinos y genera una ligera rotura que debido a la alta inclinación, de en donde se encuentra en la ladera, hace que se deslice hacia abajo. Ese primer movimiento (efecto mariposa) genera un movimiento en todos los copos vecinos en la misma dirección, de tal manera que va generando una masa cada vez más pesada y grande. Como resultado de ese pequeño cambio y en cadena, se produce un alud que ahora ya sin freno, se desliza pendiente abajo con una fuerza irrefrenable, brutal y desbocada. Imaginarse ahora el copo de nieve “protagonista”, a ese al que le presté una voz. Nuestro copo ahora explica su nueva condición individual a partir de ese nuevo estado. Cabalga junto a miles de millones de otros copos, pero con la suficiente osadía, fortaleza y soltura como para mantener su integridad física. En el movimiento se siente algo así como feliz, como con una meta que él puede calcular y dirigir con inteligencia, osadía y valentía.

   Entro en el preámbulo. En el anterior escrito tenía que haber incluido parte de los conceptos que se volcarán en este, pero al final se me hizo imposible incluirlo sin sobrecargar en exceso el discurso. Fijarse que por mucho que quiera romper con las estructuras narrativas me veo una y otra vez constreñido a mantenerlas. Y fijarse en mi “osadía” en tal intento con respecto al copo de nieve en la metáfora anterior. Creo ser, por delante de todo, una individualidad, pero no soy más que un copo de nieve, ora manteniendo las fuerzas cohesivas en la ladera de la montaña, ora como parte del alud que me arrastra. O sea hay fuerzas que no son parte de mí, sino a la inversa, que yo soy puramente un diminuto e insignificante copo de nieve dentro de unas fuerzas que en muchos casos no comprendo. Si el cerebro es inteligente en tanto que metáfora y esta lo es en tanto que es una narración mínima del mundo, toda metáfora concreta forma parte de una “fuerza” mayor, que incluye todas las metáforas individuales dentro de un orden mayor: la metáfora como constructora de narrabilidad para crear un alma individualizada, con el añadido de crearle la sensación de ser única y soberana. La soberbia no es un pecado, es parte de la identidad del ser humano…, pero no adelantar conclusiones, queda una vuelta de rosca a este planteamiento.

   Con todo, el escrito anterior, ha perdido posiblemente su narrabilidad. Al ir añadiendo frases y  párrafos muy posteriormente, he hecho roturas en la linealidad del texto, con lo que pierde uniformidad, “textura” y cohesión.  El tema central, posiblemente, se ha diluido y extraviado entre tanta interrupción sobre el feminismo. Tendría que volverlo a leer de un tirón para tratar de ver si mantiene su narrabilidad, pero la verdad es que no me da ganas de leerlo ni a mí: demasiado largo y farragoso. Voy a tratar que este sea limpio y mantenga la narrabilidad constructiva de “yo cerebro” (en contra de la frase herrada de “mi cerebro”) y para ello trataré que sea del tirón, pues dejar el escrito para posteriores horas o días, rompe con la narrabilidad estructural. Los dos escritos anteriores los he estado escribiendo por meses, con muchos lapsus de tiempo en los cuales no escribía nada.

   Las dos partes del epílogo están llenos de cortas o largas referencias a otros libros. Puede que no sea muy legítimo e incluso sé que va contra las leyes de los derechos del autor, pero por un lado lo hago para que se vea que no son mis devaneos y por otro porque me ahorro la redacción de ciertos conceptos e ideas que pueden resultar complicado explicarlas para mí, con dislexia en la lectura y la escritura y con afasia nominal (problema en la recuperación de los sustantivos y nombres, debido posiblemente a una encefalitis atípica durante mi adolescencia). Por otro lado no “respeto” los derechos de autor porque no comulgo con sus presuposiciones. He hecho ver una y otra vez que somos sistemas complejos en donde uno de sus parámetros es la concurrencia, esto es: el llegar a las mismas conclusiones o soluciones por varios medios o rutas. Ninguna idea “pertenece” a un humano, pertenece a la humanidad. Ni siquiera es que todo humano cabalga a hombros de gigantes, en el sentido que esos gigantes son grandes pensadores y al ponernos sobre sus hombros vemos desde una altura mayor que la de ellos, pues se suma su altura y la nuestra. Esos grandes pensadores en muchos casos fueron inspirados por cosas mínimas, por vecinos, por la lectura de un artículo en un periódico, que a la vez puede remitir a la vida o suceso de una sola persona o un grupo, etcétera. La vida se basa en un solo concepto: la replicación, la vida compleja es la replicación con variaciones. ¿No se sigue el mismo concepto básico ahora en lo cultural y el saber? Todos son/somos meros replicaciones/replicadores que suman unas pequeñas variaciones a todo lo dado. Adelanto así una idea que había quedado pendiente en el escrito, sobre qué es inteligencia. En los escritos afirmo que el humano no es lo inteligente, que lo que es inteligente es la evolución, en sus dos ramas: en el devenir de las especies, y en tanto que estos generan sistemas complejos. La humanidad, o un humano en concreto, es una manifestación de esa inteligencia, con mayor o menor grado. A su vez dejé en el aire el que inteligencia, en lo humano, pudiera ser la captación de la novedad para crear una idea que cambiaba algo el panorama del saber. Bajo estos dos puntos de vista puedo afirmar que inteligencia es la capacidad que tienen ciertos cerebros para cuando les llega una información nueva, tener la capacidad de saberla encajar dentro de su propio saber. O dicho en una metáfora: imaginarse que el cerebro de una persona inteligente sea un enorme archivador, con cientos o miles de cajetines, que a su vez están dentro de otros grandes cajones, susceptibles de estar dentro de otros mayores. Con tal imagen quiero hacer ver que es un sistema bien ordenado y codificado. Cuando a ese sistema llega una nueva “ficha”, este sabe rápidamente, de forma intuitiva, en qué casillero va dicho dato, encajándolo en ese todo ordenado. A la vez tiene la capacidad de darse cuenta que ese nuevo dato le “obliga” a reestructurar parte de su sistemas de archivado, creando una nueva sección, catalogada ahora con un nuevo concepto o ítem. Por desgracia la mayoría de las personas no tienen esos grandes archivadores, y esa capacidad para ordenar ese gran todo. Viven agregando datos a un archivador sin ningún orden y ninguna lógica. Esta imagen también es equiparable a las grandes bibliotecas. Tal rama ha ido incorporando saber a la hora de ordenar libros. En una biblioteca pequeña los libros se pueden ordenar de forma alfabética por el primer apellido del autor, el segundo y el nombre. Más tarde se ordenaría, presupongo, por dos grandes bloques: humanidades y ciencia, y dentro de cada bloque otros subgrupos.

   En ese tipo de “inteligencia” de un humano concreto ocurre algo que no es único de la inteligencia, sino que es parte de los sistemas complejos. La rotura de la mera suma de partes para llegar a un nuevo tipo de orden o paradigma. En los sistemas complejos a ese concepto se le llama singularidad, o emergencia, en donde el total no es igual a la suma de sus partes. O sea se llega a un nuevo estado que ahora es susceptible de obedecer a unas nuevas reglas. O dicho de otra forma, se ha creado una nueva dinámica o sistema, con sus propios agentes, atractores, tendencia a la entropía, homeostasis y retroalimentaciones. Uno de esos casos es la vida. De repente por una acumulación aleatoria de factores se creó un tipo de química que era la orgánica, que se basaba en su capacidad para la replicación, al principio se creó el ARN y más tarde  se creó una nueva singularidad al llegar al ADN. Todo grado nuevo en la vida es una singularidad en donde entran en juegos nuevas formas de “ordenar datos” dentro de un nuevo todo. Como he dicho en otros escritos, toda novedad  “hereda” ciertos parámetros o constructos del sistema anterior, y no lo puede “violar”: es lo que trata de explicar la teoría de la superveniencia. Una mente humana “normal” no puede crear un “archivador” correcto si no comprende esta estructura del universo, de los sistemas complejos. Mi esfuerzo, el esfuerzo del presente libro es el tratar de divulgar ese conocimiento, independientemente que a partir de estos yo cree mis propias teorías y llegue a cierto tipos de conclusiones, que puedan estar o no erradas.

   Unas de mis conclusiones, a partir de tratar de encajar dos ideas aparentemente opuestas, el humano como individuo, como portador de qualia, de unos alelos concretos, replicador individualizado, y al humano como sociedad; decía que todo humano tiene esta doble tendencia. Con eso quería decir que el ADN porta esas dos direcciones, como dos hojas de rutas o protocolos bien diferenciados. Por medio de la epigenética, el ADN es capaz de “adaptar” su comportamiento -y con ello el de la  persona- dependiendo de la situación de ese individuo en el mundo, hacia más individual, o hacia más social. Tal idea al final he visto que tiene sentido, que se da incluso entre las bacterias, según he ido leyendo el libro de Damasio de “el extraño orden de las cosas.” A tenor de seguir en mi línea de replicar lo escrito por otros, transcribo aquí lo que se nos dice en este libro (se trata de un pequeño resumen que está contenido en distintas partes del libro).

   Cuando un organismo vivo se comporta de manera inteligente y logra sobrevivir en un entorno social, suponemos que ese comportamiento es el resultado de la previsión, la deliberación y la complejidad de un sistema nervioso. Sin embargo, ahora es evidente que tales comportamientos pudieron haber surgido ya en un organismo tan simple como una única célula, a saber, en una bacteria, en los primeros tiempos de la biosfera. «Extraño» se me antoja un término incluso demasiado cauteloso para describir esta realidad.”
(…)
Organismos unicelulares muy sencillos utilizaban moléculas químicas para sentir y responder, en otras palabras, para detectar determinadas condiciones en el entorno, incluida la presencia de otros organismos, y para decidir sobre las acciones necesarias para organizar y mantenerse con vida en un entorno social determinado. Se sabe que las bacterias que crecen en terreno fértil, rico en los nutrientes necesarios para su desarrollo, pueden permitirse vivir una vida relativamente independiente; en cambio, las bacterias que viven en sustratos en los que los nutrientes son escasos se agrupan en colonias. Las bacterias pueden sentir o percibir la cantidad de miembros que forman su grupo y, de una manera que no implica pensamiento, evaluar su fuerza como tal grupo e iniciar o no, en función de ello, una batalla para defender su territorio. Pueden asimismo alinearse físicamente para formar una barrera y secretar moléculas que formen un fino velo, una película que protege al conjunto y que probablemente desempeñe a su vez un papel importante en la resistencia de las bacterias frente a la acción de los antibióticos.
(…)

Este logro es tan extraordinario que puede inducirnos a relacionarlo con capacidades como los sentimientos, la consciencia y la deliberación razonada, pero las bacterias no poseen ninguna de estas capacidades, sino que disponen, más bien, de unos potentes antecedentes de esas capacidades.”
(…)
Las bacterias crean una dinámica social compleja, aunque carente de pensamiento, durante la cual pueden cooperar con otras bacterias, genómicamente emparentadas o no. Si se observa su existencia carente de pensamiento, puede decirse incluso que adoptan lo que solo puede denominarse como una especie de «actitud moral». Los miembros más próximos de un grupo social —la «familia», por así decirlo— se reconocen mutuamente gracias a las moléculas superficiales que producen o a los productos químicos que segregan, que a su vez están relacionados con sus genomas individuales. Pero los grupos de bacterias tienen que habérselas con los factores adversos de su entorno y a menudo tienen que competir con otros grupos con el fin de obtener recursos o imponerse en un territorio. Por tanto, el éxito de un grupo depende de la cooperación entre sus miembros. Lo que puede llegar a ocurrir durante este esfuerzo colectivo es fascinante. Cuando las bacterias detectan «desertores» en su grupo, es decir, miembros que no colaboran suficientemente en la defensa del grupo, los evitan, aunque estén emparentados genómicamente y por lo tanto formen parte de su familia. De este modo, las bacterias no cooperarán con otras bacterias emparentadas con ellas que no lleven a cabo su trabajo dentro del grupo y que, por tanto, no colaboren para lograr los objetivos del grupo; en otras palabras, desprecian a los traidores que no cooperan. Esto es así porque, al fin y al cabo, esas bacterias tramposas tienen acceso —al menos durante un tiempo— a unos recursos energéticos y a una defensa que el resto del grupo logra a un coste elevado. La variedad de «conductas» bacterianas posibles es notable.”

   Si vemos lo estructural de las bacterias, podemos deducir que el humano sigue las mismas reglas y que no ha hecho falta ni un gran cerebro, ni una gran cultura (acumulación de saber por milenios) para crear esas reglas de un sistema complejo. Lo que nosotros vemos como propio del humano no es más que una manifestación compleja y ampliada de conceptos que ya estaban como base en sistemas tan básicos y elementales como las bacterias. Lo que yo dijera de esa doble tendencia hacia lo individual o lo social asentado en el ADN, es un patrón que nos viene desde ese origen tan remoto. En otro caso paradójico, la abejas aceptan la migración si tienen abundancia de alimento, esto es, aceptan a miembros que no son de su colmena, que recordemos son todas hermanas. Pero si hay escasez de alimento entran en juego las guerreras y no las dejan entrar en la colmena. ¿No es demasiado igual a lo humano? ¿Qué nos hace realmente humanos si no escapamos de los comportamientos de las abejas o las bacterias?, esa única diferencia es que el humano lo sabe, tiene conciencia de este saber, de esta estructura de la vida, mientras que otros animales no. Pero ¿de qué nos vale este saber si no lo “usamos”, si no le damos una utilidad que “escape”, que nos haga salir, de esa estructura primigenia?, ¿es un saber inútil?

   Sobre lo que quería hablar en el anterior escrito y que no pude incluir, es el cómo una sociedad (animal social) llega a un punto crítico en la suma de individuos como para convertirse en otra cosa. A lo que me refiero se puede entender en uno de sus modos de manifestarse: las bandadas de animales voladores (insectos, aves y murciélagos) o en los cardúmenes de peces (de nuevo concurrencia, repetición de patrones en distintos y alejados órdenes de animales). El humano no era una especie “preparada” o “pensada” para crear ese “efecto masa“; es una especie de manada de grupos pequeños de como mucho doscientos miembros (durante la prehistoria), en donde no se puede dar esa condición. Una bandada o cardumen pierde su homogeneidad, su dinámica, en cuanto el número de sus miembros llega a cierto número pequeño de individuos. Con la masificación de humanos en grandes ciudades y estos en grandes eventos, el humano llega a ese estado de masa crítica por el cual pasa a ese nuevo estado de “bandada”. De una emergencia en el sistema que ahora obedece a unas nuevas reglas. Unos nuevos descubrimientos han revelado que en esas masificaciones los animales funcionan igual que los fluidos. Así cuando los pingüinos de la Antártida se agrupan para conservar el calor, un pequeño movimiento de uno de los pingüinos produce un gran cambio en cadena. Esos cambios no obedecen exclusivamente a necesidades como la de mantener el calor con respecto a la dirección del viento, un cambio tan aleatorio, como que un solo pingüino se sienta incómodo y trate de acomodarse, provoca uno de sus movimientos de tipo fluido.

   En las bandadas ocurre otro tanto. Mi idea, esa idea que capté como nueva, era que llegado a ese punto, ese “calor” grupal debía de aportar algún grado de satisfacción (alegría, felicidad, activación de dopamina o endorfinas) a cada miembro, lo que era un “componente” más (agente) en ese estado que influenciaba en dicho sistema. O dicho llanamente, que cada ave goza de ese flujo, con lo que eso provoca que quiera permanecer en él, y que se sume a esa danza que ni siquiera pueden ver en su conjunto, o sea que no gozan de sus formas fantasmagóricas bellas, tal como las vemos los humanos, pues están dentro de ellas. Esta idea como nueva para mí, dejó de serla, pues el novelista argentino Hernan Casciari ya lo mencionaba en “charlas con mi hemisferio derecho”, libro con el que me encontré de casualidad al tratar de ahondar más en las conclusiones de Iain McGilchrist en su libro “The Master and His Emissary” (el maestro y su emisario), que trata sobre las diferencias hemisféricas del cerebro humano. De nuevo concurrencia.

   Faltaba dar “cuerpo” a esta nueva idea, un cómo y un posible porqué. De nuevo por casualidad el libro de Damasio me dio la respuesta. Para mí ni siquiera era una nueva idea, ya que la leí cierta vez en el pasado, pero me imagino que “yo cerebro” no estaba “preparado” para “digerir” esa información, como para que fuese parte de un todo. Damasio nos la hace ver, en las ideas plasmadas en sus párrafos de arriba, pues hace uso de un concepto que se llama la “percepción de cuórum” (quorum sensing). Esto nos dice la Wikipedia:

  “En biología , la detección de quórum es un sistema de estímulos y respuestas correlacionadas con la densidad de población . Como un ejemplo, la detección de quórum (QC) permite a las bacterias restringir la expresión de genes específicos a las altas densidades de células en las que los fenotipos resultantes serán más beneficiosos. Muchas especies de bacterias utilizan la detección de quórum para coordinar la expresión génica de acuerdo con la densidad de su población local. De manera similar, algunos insectos sociales usan la detección de quórum para determinar dónde anidar.”

   O dicho de forma resumida, el ADN está programado para detectar la densidad de población y adaptar su comportamiento y el animal y su sociedad, con respecto a esa densidad. Lo extraño -y mi hipótesis- es que las bandadas y cardúmenes hacen uso de ese substrato primigenio para crear algo nuevo, para entrar en una dinámica nueva de un nuevo sistema complejo, en donde se ha sumado algo nuevo. Las bacterias no tienen sistema de recompensa y castigo. En las bandadas y cardúmenes ese sistema se añade a ese sustrato de la detención de cuórum, para crear un estado en donde el individuo busca y trata de permanecer dentro de la bandada por la mera recompensa del sistema de premio, ya sea por endorfinas o por la dopamina. La idea general es que los cardúmenes o las bandadas se den por un beneficio mutuo, ya sea para la caza o para la defensa. Mi conjetura es que además se incorpora a esa finalidad un “agregado”, no esperado y nuevo que aporta una nueva finalidad. El gozo individual de permanecer y ser parte de ese nuevo sistema o todo. Otras de mis ideas es que los sistemas de placer/dolor y otros “heredan” estructuras antiguas, de tal forma que son sus pilares. El habla “heredó” las habilidades del moverse por las ramas entre los árboles (misma zona cerebral), o el hombre y la mujer heredan aquello de la infidelidad física o la emocional. Cuando un ave o un murciélago se une a una manada, la estructura de la detención de cuórum, se suma en tanto que base que hace que se incremente la sensación de placer. O sea que cuando la evolución hace que un animal se “reencuentre” con viejas estructuras, estas se suman con la sensación de ser algo nuclear en su ser, parte de su alma, en tanto que esencia, de lo que es la vida. Mientras que la rotura con esos núcleos primigenios crean dolor, malestar y en el humano pérdida de identidad, que puede devenir en vacío existencial o depresión. En resumidas cuentas, el cómo se estructure el ADN, en un estado epigenético u otro, de alguna forma, a ese nivel, es más coincidente con estructuras o posicionamiento y expresión del ADN que implican un estado “más acertado” o “menos acertado” de esas esencias primeras que han de ser la vida, con lo que se manifiestan, ya en lo humano y en lo social, como estados de malestar o de placer, acertados o incorrectos. Fijarse que Damasio extrapola a las bacterias una “aptitud moral”, y lo extrapola a que ciertas bacterias son “tramposas”, concepto este último que yo he usado en mis escritos al referirme a “las apuestas tramposas“.

   Con estas bases llegamos a lo que debería de ser este adendum, que es sobre la posverdad. La primera vez que leí el término lo llevé a mi lenguaje y forma de ver el mundo. Bajo mi punto de vista el cerebro humano, que lo hereda de la vida y esta de la química, es una máquina teleológica. Esto es, construye las tramas con finales prefijados. La vida se explica por la replicación, luego la finalidad humana, en su sentido más sencillo y básico, es la reproducción. Cuando se entra en la adolescencia, el humano en su cultura, “cree” o siente que su finalidad es el encontrar pareja, pero la “verdadera” finalidad es la de reproducirse. Todo el constructo del adolescente tiene esa finalidad teleológica, dictada por esa finalidad. El humano construye una narrabilidad, se construye como individuo -como identidad-, con una historia, dentro de ese final. Cada final apunta desde su fin cada historia. O sea, que el final es el que cierra el círculo de cada trama o historia. O dicho de otro modo: el cerebro en realidad es como los libros. La historia ya está desplegada en sus páginas, tan solo fluye por las palabras, las frases y los capítulos. Bajo este aspecto cuando se llega a ese final, posverdad, verdad final, cada historia del libro cobra un nuevo sentido. En la película “el sexto sentido” el final trastoca todo el trama, al que ahora hay que darle un nuevo sentido. Esto es a lo que se puede llamar lo teleológico. Veámoslo desplegado en un ejemplo. El humano “explica” la historia buscando un sentido y finalidad a todo. Así si se lee la historia del cristianismo “encajamos” a que todo tenía un sentido cuya finalidad era que el cristianismo triunfase y se expandiese. Cada acto, cada agente, cada pensamiento, vivencias y pensamientos de cada uno de los santos y patriarcas tenían la “finalidad” de que el cristianismo triunfase. En ese sentido es posverdad, pues hay un sustrato desde el final que es el que alumbra y encamina todo. Pero al leer sobre posverdad me encontré con que se refería a otro concepto. A un nuevo estado de las sociedad en donde la verdad ha devenido en otra cosa, en un estado nuevo después de ese otro estado de la anterior que era de la verdad. Una verdad falseada, si se quiere, dadas las nuevas condiciones de “llegar a la verdad”, a través de los nuevos y masificados medios comunicación y sobre todo de las redes sociales.

   En realidad, como dice Iñaki Gabilondo, nada ha cambiado. Posverdad es la misma “verdad” de siempre, siempre alterada y adulterada; escribimos la historia hacia atrás, desde sus finales, y estas visiones suelen ser dadas por los vencedores; sólo que ahora con Internet y las redes sociales de fondo. Mi aportación al tema es tratar de desentrañar una base a todo este tema. Un cómo, un por qué y un para qué. Una mente individual está construida como máquina teleológica, y bajo estas premisas crea estructuras en el cerebro (las crea la evolución de los sistemas complejos, en este caso en lo evolutivo a través del ADN) que concuerden con estas estructuras. O sea construye la realidad -la recrea- para darse la “razón”, para mantener intacto su sentido y su finalidad. Esta regla se sigue en la frase de “para unas manos que son martillos, todo son puntas”. Hay varios sesgos cognitivos que denuncian esta condición (falla) del cerebro, como el sesgo de confirmación: confirmamos en nuestras investigaciones nuestras propias creencias, o el sesgo post-compra, por el cual una vez que has hecho la compra confirmas que es la mejor elección, con tal de no crear disonancia cognitiva o duda que malogre la elección. Lo que tiene de fondo todos estos constructos es que uno ha de validarse como ente individual que se ha de replicar. De esta forma todo el universo es una “explicación” al propio ser individual, a su propia replicación como la más válida entre todas las posibles. Puede parecer exagerado tal pretensión y que cada uno lleve implícita esta regla tan exacerbada en su potencialidad, pero sólo así se puede entender que para un cristiano todo, hasta la última mota de polvo interestelar, tenga un propósito y sentido dentro de los planes de Dios, de sus creencias.

   En el fondo es el mismo mensaje que la teoría del “gen egoísta“, que quizás sería mejor describir como egotista: “sentimiento exagerado de la propia personalidad”, del propio ser, o esencia, de su propia apuesta como replicadora universal. Cada animal se tiene que autoafirmar como la mejor de las apuestas evolutivas, pues pensar lo contrario sería no haber entendido el juego evolutivo. Un perro que se negase como perro, no se reproduciría, no querría que hubiese otra copia errada de ser perro: se tiraría por el primer barranco que se encontrase. En ese sentido todo animal es una apuesta teleonómica, que ha de mantener su identidad, que implica un porque, un cómo y un para qué o finalidad. Si esto es así, si la vida tiene esta premisa, cada acto, cada sentimiento y pensamiento han de seguir esta misma regla. Cada humano ha de auto-confirmarse (validarse) en cada uno de sus actos. Construye su identidad con la premisa teleológica de una totalidad que se va desplegando. Como una posverdad que explica cada acto, al igual que un libro tiene esa misma estructura que se despliega. Es feliz en la medida que se mantiene fiel a esta regla primigenia; es nada, es ausencia de ser, es un “ente encogido”, enclaustrado en su negación, deprimido, en la medida que la niega. Como en el caso del perro buscará el cumplimiento de esa negación a través del suicidio. Apostar por vivir o suicidarse, así, son el ADN desplegándose en su multiplicidad de adaptaciones válidas, o el ADN negándose a crear cambios epigenéticos que no son válidos y nieguen sus reglas y principios nucleares.

   Con esto llegamos a la posverdad en la era de la información y las redes sociales, que en realidad es infoxicación. Hemos visto en los escritos que el humano es un acto propiamente fallido de la evolución, pues conlleva ese saber que sabe, que en apariencia no tiene sentido, pues no lo “usa” de forma plena. Lo hemos visto en ejemplos como el de la migración de las abejas o los comportamientos de las bacterias. El comportamiento humano no parece variar con respecto a estas por el mero hecho de saber. La conciencia de sí, en tanto saber que se sabe, tiene la capacidad, además, de cuestionar lo que el humano es en tanto que identidad. Si pongo en cuestión lo que soy, lo que ahora soy es en tanto que cuestiono lo que soy. Soy en tanto que libertad, y en tanto que libre he de elegirme ser lo que soy, frente a una posible naturaleza ciega, como la que plantea “el gen egotista”. Se cierra en un circuito de ipseidad (red de modo predeterminado), que o bien sale de ese circuito afirmándose como identidad legítima (auto-engañándose, mala fe), o bien se queda en ese circuito, que deviene, como hemos visto, en el síntoma del auto-desorden, propio como para poder caer en la esquizofrenia.

   Ante esta situación sólo parece haber una salida, apostar por una identidad, algo que mantenga la estructura por lo que la vida es vida y el ADN es lo que es: un ente auto-replicador. En esa medida el humano, y ya en lo social, crea identidades postizas, falsas, que tiene dos finalidades: 1. conservar la preservación de la identidad, 2. formar parte de otra identidad mayor que son los grupos. Toda apuesta identitaria nace bajo estas taras y defectos, y no suplen en nada el parámetro teleonómico del ADN y teleológico del cerebro, pero “funcionan” en tanto suplen su carencia, con lo que todo humano se auto-programa para ser aceptado en los grupos (identidades religiosas, ideológicas y de género) y desplegar desde esos grupos su individualidad, sus propios puntos de vista replicadores, e ignorando que cualquier opinión, por vaga que sea, puede generar un efecto de bola nieve de finales imprevistos.

   Si se me ha seguido hasta aquí, todos son posiciones falseadas que están “obligadas” a preservar la isla identitaria a la que pertenecen, y ponen todo su empeño y armas para que sea así, pues de lo contrario, todo ataque a su isla es al fin y al cabo un ataque a su propia identidad, y por ello a su propia apuesta de vida y en última instancia a sí mismo como vida. Toda variación externa humana, o rasgos fenotípicos, son variaciones en alelos, y esas variaciones han creado las islas identitarias de las razas y más tarde de las culturas y las religiones de los países (orgullo patrio). Bajo esa perspectiva pierden de vista los fines mayores, que son la preservación de la propia identidad humana como especie, que está enclavada en unas dimensiones y un panorama mayor que el mero defender la propia isla identitaria. Lo que quiero decir es que en la desmedida de crear una identidad pierden de vista lo teleonómico propio del humano, como si una especie se bifurcase en dos. Como si fuésemos por ejemplo gorilas y chimpancés que ya no pueden ser otra cosa que enemigos. La posverdad actual, bajo esta premisa, es la verdad de siempre, -la historia en tanto escrita por los vencedores, verdad teleológica condenada a auto-confirmarse-, solo que ahora aquellas luchas identitarias no son por las fronteras, por las banderas o las religiones sino por cosas tan nimias como el género. Las feministas “re-construyen” la historia bajo la perspectiva de haber sido “dominadas” por el macho, por el patriarcado. Quien niegue esta realidad está contra ellas y son parte del patriarcado. Todo acto humano se re-evalúa bajo esta nueva visión teleológica. Lo que antes era galanteo ahora se llama acoso (y esto no excluye que lo pueda haber), ponerse atractiva ahora es sólo manifestar su individualidad, etc. Las madres ahora ven aceptables casi cualquier comportamiento en sus hijas, con tal de no renegar de sus creencias feministas. San Fermin nueva mujer¿Qué madre puede estar orgullosa que el acto de la adolescente de la foto adjunta la pueda hacer su hija?, que madre puede estarlo de que su hija gane dinero exhibiéndose en webcam sexuales, sobre todo cuando no es para sobrevivir, si no para mantener su alto nivel de vida con un iPhone, conexión a datos de alta velocidad, etc. Se acusa al macho de doble moral, que se queja de este nuevo estado de las cosas y que lo consuma. Al macho le vale con su imaginación, pero mientras tanto se “aprovechará” de los “errores” de las adolescentes, pues este es el sino de ser macho. Las adolescentes, se quiera o no, al final con la madurez, renegarán de lo que han hecho y lo tratarán de ocultar. No me imagino a una abuela enseñando a su nieta, como buen ejemplo, sus vídeos de cuando tenía 19 años en webcam sexuales (aunque todo puede ser). La regla moral más válida sería: “haz sólo aquello de lo que estuvieses orgulloso/a de enseñar y compartir con tus nietos”. No quiero ir por esa dirección y redundar en ejemplos, para no volver a perder el rumbo de la narrabilidad del presente escrito.

   Quedan varios interrogantes y tramas sin cerrar. Bajo mi punto de vista el humano logró, a través de la danza y la música, en su estado como tribus, llegar a ese estado de percepción de cuórum, sin necesidad de llegar a un número alto de integrantes del grupo. Al bailar a un mismo ritmo, se sincronizan los corazones, que a la vez sincronizan sus osciladores biológicos, que a la vez repercute en la cadencia del cerebro, en sus pensamientos y habla, y al final en el canto y sus emociones. El actual estilo de “rock stoner” actualiza aquel tipo de música hipnótica, y que a diferencia de la psicodélica, es marcadamente más rítmica; a destacar el grupo Heilung que ha ido un paso más allá al retomar aún más esas raíces. Es muy posible que la danza y la música repercutiese en su evolución hacia la colaboración, además que fuese muy posiblemente la música la que creó o aceleró el lenguaje. Las ciudades primero y los eventos de conglomeración después, incrementaron esa sensación. En gran parte la percepción de cuórum interviene en la creación de las identidades, sobre todo durante las manifestaciones. Asombra ver el parecido entre los pingüinos de la Antártida y lo que sucede en La Meca. Parece que cierta parte de la humanidad es más feliz cuanto más se imbrique en esos estados: estadios deportivos, discotecas, conciertos, etc. (momento rave en Matrix) Se prefiere bajar a ver el fútbol a bares que en la soledad del hogar; al gritar un gol en unidad con tu comunidad, con tu identidad, se incrementa el estado de felicidad. Yo lo he sentido, pero siempre he renegado de ese sentimiento, no voy a eventos multitudinarios, y no es por fobia social, sino por mera elección de renegar de ese estado, pues cual droga, da una falsa sensación de pertenencia, es ilegítima, pues en realidad el mundo es injusto y lleno de desigualdades, luchas y jerarquías. Ese sentimiento sólo fue legítimo durante nuestros primeros pasos como humanos, cuando pertenecíamos a tribus cuya base era la familia extendida. Quizás el humano al unirse en conciertos y eventos multitudinarios quiera recuperar esa emoción primigenia, pero de nuevo no es más que otro tipo de máscara, no de realidad. Añoramos un pasado que quizás nunca fue, pues en nuestra cabeza todo es siempre más poético.

Por si está bloqueado el vídeo… Ver en otro portal.

   Vuelvo y cierro con el ejemplo del copo de nieve. Decía que pareciera que la soberbia es su signo, el signo de la individualidad, el signo con el que nos preña la evolución, que se incrementa en los mamíferos y sobre todo en el humano, pues su niñez lo es en tanto que acaparadora de la atención de la madre, de los adultos y por lo tanto del mundo: la mínima conciencia del niño lo es en tanto que siendo y sintiéndose como el ombligo del universo. Somos animales acaparadores de atención, y por lo tanto capturadores del resto de las libertades. Pero ¿se puede mantener esta soberbia a través de lo que vamos conociendo, en parte expuesto en este escrito?, ¿estos saberes nos claman para que seamos humildes? En el caso del copo de nieve forma parte de varias estructuras físicas o sistemas en donde la individualidad no cuenta, es un mero ente en el manto de nieve y es un mero engranaje cuando se produce el alud, pues lo que vence son esas fuerzas mayores. En el caso del humano, si se sigue lo dicho en el presente escrito, se “nos está diciendo” que somos meras motas de polvo dentro de grandes estructuras que ya estaban prefijadas desde el principio de la vida. La conciencia no es el mayor logro de la evolución; sí lo es el hecho que por mera casualidad, que fue “como lanzar un dado y sacar un 1, un millón de veces seguidas”, nos dice Jerry Linenger, hecho fortuito que para que sucediese posiblemente tuvieron que pasar unos dos mil millones de años, donde un microbio, que se iba a alimentar de otro, no lo “ingiriese” y terminarse por formar parte de ese microbio, a través de la endosimbiosis seriada, como para formar un nuevo orden de seres vivos, los eucariotas, y cuyo microbio “ingerido”, la mitocondria, es la que da la energía a ese nuevo organismo por medio del oxígeno. Toda la vida compleja que el humano pueda imaginar, desde la hierba, o un árbol, o una flor, o el coral, a una medusa, a un atún, a una serpiente o a un perro, es descendiente de esa rara casualidad, y entre ellos el hombre y su conciencia. Por esa rara casualidad de ese microbio que no “ingirió” ese otro y trabajasen en común (el animal le protege y “centraliza” las funciones con su núcleo donde se encuentra el ADN, el vegetal le da la energía), como para al final ser unidad, los científicos saben que sí debe de existir vida microbiana en otros planetas, pero que sea algo mucho más remoto que exista vida más compleja. La conciencia no es un todo o nada, que se tiene o no se tiene, hay otros animales que comparten con el humano ciertas de sus propiedades. Si el humano se extinguiese, quizás otro simio tomaría “su puesto” después de unos cientos de miles de años. La conciencia a través de su saber que sabe no nos ha hecho más sabios, si por sabiduría se entiende haber puesto en práctica ese saber con unos fines mayores y más prácticos e igualitarios para todos, para la especie.

   Las identidades tendrían que morir para romper con esos ciclos que nos imponen las reglas evolutivas. Por el contrario creamos más identidades y desunión en cada vez detalles menores. Todo cerebro es potencialidad, que crea varías tendencias en el mundo, varias teorías: se auto-confirma cuando se cumple una de esas direcciones o teorías, lo mismo da una que otra. ¡Cabe mayor farsa! Digo blanco y digo negro, sale blanco y una inmensa alegría me llena: “¡acerté, soy el mejor!”. Posverdad como falseadora de los libros vacíos de la nada que es el mero azar. El cristianismo no triunfó, no se cerró el libro, no llegó a un final. A la larga ira desapareciendo, fracasará en su visión teleológica y le resultará insoportablemente fútil su existencia. Somos meros anclajes evolutivos en el devenir de la vida, en el devenir del universo. Más evolución no quiere decir mejor, cada sistema que sobrevive es tan válido como cualquier otro. Cuanto más complejo sea un sistema mayor son las probabilidades de que falle y se extinga. Los grandes supervivientes son las bacterias, el resto de animales son sólo “válidos” dentro de cierto margen de situación en la que se encuentre el planeta, que es siempre temporal. La inteligencia y un cerebro más complejo no significan más felicidad: hayamos felicidad no en las qualias (individualidad), sino al reencontrarnos con estructuras tan viejas como la percepción de cuórum. Animales como la ascidia nacen con neuronas para poderse mover y anclarse a una roca, para al final alimentarse de ese mini-cerebro porque ya no lo necesita. Si yo lo pudiera hacer lo haría. Reniego de mi cerebro si este está lleno de patrones enquistados y sesgos en una única dirección: coincidir con lo que me dice la dictatorial vida. Reniego de él si es más proclive al dolor que a la felicidad. Reniego de él si en una sociedad compleja humana, este sólo es tendente a crear trastornos y enfermedades mentales, en una sociedad que además te dice que a esa condición has llegado sólo por tu culpa. Reniego si Pan sólo le interesa la verdad, en tanto que posverdad, pues eso le hace creer llegar a la felicidad, ignorando toda posible verdad que nos vaya descubriendo la ciencia, si eso va en contra de su soberbia nuclear.

   Ya sé, voy contracorriente, pero de nuevo es por algo tan dictatorial como que soy dialéctica negativa, retroalimentación negativa dentro de un sistema complejo. Es falso que el artista en mí muera, tan sólo vuelco su potencialidad en otra faceta como en estos escritos; uno nunca escapa de su sino. Algunos preconscientes apuntan hacia la humildad, como contramedida de la soberbia, “mato” al artista para ser humilde. Es muy posible que a aquello que yo he llamado preconcientes o dialéctica negativa, porten el gen individualista, un gen de animal/depredador solitario, como ya predijera Hesse en su lobo estepario, animal que caza en soledad, frente al gregario en el que se convierte la sociedad en los actos multitudinarios y bajo los efectos del cuórum. El solitario siente felicidad en su aislamiento, en sentir y apreciar su individualidad (narciso condenado a mirarse en sus aguas), y el gregario felicidad en su pertenencia al crear identidades, grupos y masificarse. Al final no reniego para afirmar una nueva verdad, sino para confirmar una verdad vieja: que mientras estás vivo, mantienes tu sino, mantienes las estructuras de la vida en su eterno replicar. La muerte, o la total soledad, son los únicos que niegan la vida, los que en definitiva te sacan de su lógica estructural “esclavista”.

(Concurrencia en los lenguajes y los mensajes con “Esquizofenia natural”: La humanidad secreta; “el síndrome hybris” es por el efecto de la retroelimentación positiva de la testosterona, del poder.)

Códice y Trucos Para Comprender los Sesgos Cognitivos

(El presente trabajo no es mío. Es mérito y es el esfuerzo de Buster Benson y es simplemente la traducción de la página sobre los sesgos cognitivos -hecha por Google y revisada; esto tiene su cuestión: si alguien no es un buen redactor, ¿hay que ser fiel a sus errores semánticos o corregírselos?, he optado por corregir, para que sea más claro, sobre todo teniendo en cuenta que Google es peor traductor ante las “malas” redacciones. Aviso que no soy bueno para las frases hechas. He puesto entre paréntesis alternativas de traducción, los nombres de los sesgos los he retocado un poco, pero es complicado- Mi trabajo, por tanto, tan sólo ha consistido en revisar la traducción, así como hacer que los enlaces lleven a las traducciones de las entradas de la Wikipedia, de nuevo hechos por Google, y ya sin retocar.)

Hoja de trucos de sesgo cognitivo

Porque pensar es difícil.

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http://chainsawsuit.com/comic/2014/09/16/on-research/

Lo que cuenta la tira cómica:
Viñeta 1: He escuchado la retórica de ambos lados … es tiempo de hacer mi propia investigación sobre la verdad real (tautología).
Viñeta 2: Literalmente el primer enlace que concuerda con lo que ya crees. Apoya completamente su punto de vista sin desafiarlo de ninguna manera.
Viñeta 3: ¡Me ha tocado el gordo! (En España el premio más importante)

   He pasado muchos años buscando referencias en la lista de Wikipedia de sesgos cognitivos, cada vez que tengo el presentimiento de que cierto tipo de pensamiento es un sesgo oficial, pero no puedo recordar el nombre o los detalles. Ha sido una referencia invaluable para ayudarme a identificar los defectos ocultos en mi propio pensamiento. Mi investigación ha tratado de ser tanto comprensiva (¿completa?) como sucinta (breve).

   Sin embargo, honestamente, la página de Wikipedia tiende a ser un verdadero enredo. A pesar de tratar de absorber la información de esta página muchas veces, a lo largo de los años, muy poco termina por memorizarse. A menudo exploro la lista y siento que no soy capaz de encontrar el sesgo que busco, y luego rápidamente olvido lo que he aprendido. Creo que esto tiene que ver cómo la página ha evolucionado físicamente durante años. Hoy en día, agrupa 175 sesgos (188 nombres) en categorías vagas (sesgos de toma de decisiones, prejuicios sociales, errores de memoria, etc.) que realmente no me parecen mutuamente excluyentes para mí, y luego los enumera alfabéticamente dentro de las categorías. Hay duplicados abundantes, y muchos sesgos similares con diferentes nombres, dispersos seguramente.

   Me he tomado algún tiempo durante las últimas cuatro semanas (estoy en vacaciones por paternidad) para tratar de absorberla más profundamente y entender dicha lista, tratando de llegar a una estructura organizativa más simple y clara al ubicar estos sesgos. Leer profundamente acerca de varios sesgos ha dado a mi cerebro algo sobre lo que rumiar, mientras intento dormir a Louie.

   Comencé con la lista en bruto de los 175 sesgos y las he colocado en una hoja de cálculo, luego hice un primer repaso eliminando los duplicados y agrupando sesgos similares (como efecto bizarro y efecto humor) o sesgos complementarios (como sesgo de optimismo y sesgo de pesimismo). La lista se redujo a cerca de unas 20 tendencias de estratégicas exclusivas que usamos por razones muy específicas.

   Hice varios intentos diferentes para intentar agrupar estos 20, o así, a un nivel más alto, y finalmente llegué al agruparlos bajo el punto de vista de qué problema mental general estaban tratando de resolver dichos sesgos. Cada sesgo cognitivo está ahí por una razón – principalmente para ahorrar tiempo o energía del cerebro-. Si se analizan por el problema que está tratando de resolver, se hace mucho más fácil entender por qué existen, porqué son útiles y qué compensaciones -y los errores mentales resultantes- introducen.

Cuatro problemas que nos influyen en los sesgos:

   La sobrecarga de información, la falta de significado, la necesidad de actuar con rapidez, y la forma de saber lo que necesita ser recordado para más tarde.

Problema 1: Demasiada información.

   Hay demasiada información en el mundo, no tenemos más remedio que filtrar casi todo. Nuestro cerebro utiliza unos cuantos trucos simples para seleccionar los bits de información que sean más probables que vayan a ser útiles de alguna manera.

Problema 2: No hay suficiente información (significado).

   El mundo es muy confuso, y terminamos viendo sólo una pequeña porción de él, pero necesitamos tener (encontrar) algún sentido de ello para poder sobrevivir. Una vez que llega el flujo reducido de información, conectamos los puntos, rellenamos los huecos con cosas que ya pensamos (sabemos) que conocemos y actualizamos nuestros modelos mentales del mundo.

Problema 3: Necesidad de actuar rápido.

   Estamos limitados por el tiempo y la información, y sin embargo no podemos dejar que nos paralice. Sin la capacidad de actuar rápidamente ante la incertidumbre seguramente habríamos perecido como una especie hace mucho tiempo. Con cada pieza de nueva información, necesitamos hacer lo mejor posible, para evaluar nuestra capacidad de afectar a la situación, aplicarla a las decisiones, simular el futuro para predecir lo que podría suceder a continuación, y de otra manera actuar en nuestra nueva visión.

Problema 4: ¿Qué debemos recordar?

   Hay demasiada información en el universo. Sólo podemos darnos el lujo de conservar alrededor de los bits (información) que probablemente resultarán útiles en el futuro. Necesitamos hacer apuestas y compromisos constantes en torno a lo que tratamos de recordar y lo que olvidamos. Por ejemplo, preferimos generalizaciones sobre especificaciones porque ocupan menos espacio (mental). Cuando hay un montón de detalles irreducibles, elegimos (preferimos) algunos artículos sobresalientes para el ahorro, descartando el resto. Lo que ahorramos en este proceso es lo más probable que sirva para informar a otros de los filtros relacionados (de lo que se deduce que es un filtro previo), como “la sobrecarga de información” del problema 1, así como informar lo que le ha de “interesar” a la mente durante los procesos mencionados en el problema 2, sobre cómo rellenar la información incompleta. Es un todo auto-reforzante.

¡Genial!, ¿cómo se supone que debo recordar todo esto?

No es necesario. Pero puedes empezar recordando estos cuatro problemas gigantescos, con los que nuestros cerebros en evolución han lidiado durante los últimos millones de años (y tal vez poner en favoritos esta página, si quieres referenciarte ocasionalmente a algún sesgo exacto que buscas):

  1. La sobrecarga de información es una mierda, por lo que filtramos agresivamente. El ruido se convierte en señal.
  2. La falta de significado es confuso, así que llenamos las lagunas. La señal se convierte en una historia (relato).
  3. Necesidad de actuar rápido para no perder nuestra oportunidad, así que hay que ir a las conclusiones. Las historias se convierten en decisiones.
  4. Esto no es cada vez más fácil (esto es cada vez es más difícil -esto es en sí un sesgo: tendemos a comprender mejor una frase afirmativa, que otra que contenga negaciones y dobles negaciones), así que tratamos de recordar los bits (la información, los pedacitos) más importantes. Las decisiones forman nuestros modelos mentales del mundo.

   Con el fin de evitar ahogarse en la sobrecarga de información , nuestros cerebros necesitan desnatar y filtrar cantidades insanas de información y rápidamente, casi sin esfuerzo, decidir qué pocas cosas en ese “chorro de información” son realmente importantes y llamarlas (¿mantenerlas?).

   Con el fin de construir significado a partir de los bits y piezas de información que vienen a nuestra atención, tenemos que rellenar las lagunas, y el mapa de todo, con respecto a nuestros modelos mentales ya existentes. Mientras tanto, también debemos asegurarnos de que todo se mantenga relativamente estable y lo más preciso posible.

   Para actuar con rapidez, nuestros cerebros necesitan tomar decisiones de una fracción de segundo que podrían afectar nuestras posibilidades de supervivencia, seguridad o éxito, y así estar seguros de que podemos hacer que las cosas sucedan (tenemos el control sobres las acciones previstas).

   Y para seguir haciendo todo esto tan eficientemente como sea posible, nuestros cerebros necesitan recordar los pedacitos más importantes y útiles de la nueva información e informar a los otros sistemas para que puedan adaptarse y mejorar con el tiempo, pero no más que eso.

¡Suena bastante útil! Entonces, ¿cuál es la desventaja? (porqué son sesgos)

   Además de los cuatro problemas, sería útil recordar estas cuatro verdades sobre cómo nuestras soluciones a estos problemas tienen sus propias contrariedades:

  • No lo vemos (conceptualizamos) todo. Parte de la información que filtramos podría ser realmente útil e importante.
  • Nuestra búsqueda de significado puede conjeturar ilusiones (falsedades). A veces imaginamos detalles que fueron rellenados por nuestras suposiciones, y construimos significado e historias que no estaban realmente allí.
  • Las decisiones rápidas pueden ser seriamente defectuosas. Algunas de las reacciones rápidas y las decisiones que tomamos son injustas, egoístas y contraproducentes.
  • Nuestra memoria refuerza los errores. Algunas de las cosas que recordamos para más tarde hace que todos los sistemas anteriores sean más sesgados y más perjudiciales (prejudiciales) para nuestros procesos de pensamiento.

   Al mantener los cuatro problemas con el mundo, y las cuatro consecuencias de la estrategia de nuestro cerebro para resolverlos, la heurística de la disponibilidad (y, específicamente, el fenómeno Baader-Meinhof) asegurará que observamos nuestros sesgos con más frecuencia. Si visita esta página para refrescar su mente, de vez en cuando, el efecto de espaciamiento ayudará a subrayar algunos de estos patrones de pensamiento para que nuestro punto ciego de sesgo y realismo ingenuo se mantengan en jaque.

   Nada podemos hacer para que los cuatro problemas desaparezcan (hasta que tengamos una manera de expandir el poder computacional y el almacenamiento de memoria de nuestras mentes, como para que coincida con el universo), pero si aceptamos que estamos permanentemente sesgados, y que hay margen para mejorar, el sesgo de confirmación continuará ayudándonos a encontrar evidencia que apoyen todo estos planteamientos, lo cual finalmente nos llevará a una mejor comprensión de nosotros mismos. (y del ser humano, yo añadiría)

“Desde que aprendí (supe) sobre el sesgo de confirmación, ¡sigo viéndolos (los veo) por todas partes!”

   Los sesgos cognitivos son sólo herramientas, útiles en contextos adecuados, dañinas en otros. Son las únicas herramientas que tenemos, e incluso son muy buenas en lo que están destinadas a hacer. Podríamos, igualmente, familiarizarnos con ellas e incluso apreciar que al menos tenemos cierta capacidad de procesar el universo, con nuestros (diminutos y) misteriosos cerebros.


   Otro usuario,John Manoogian III, creó la gráfica que está en la cabecera. En este enlace puedes descargar una versión grande de dicho gráfico. Ir a la página de origen para más referencias y posibles actualizaciones.

Descargar gráfica original, en español y archivo PDF con enlaces a los sesgos en español. Por favor, mantener las autorías.

Lo que Es y lo que (a)Parece XXXVI – Sobre la Edad (Un Acercamiento al Dilema de la Identidad)

  “Cordura viene de cuerda y la cuerda de atadura, no confundas las palabras con una cuerda que como bien sabes solo sirven para atar y colgar.” Don Juan en los infiernos

   Mis escritos siguen varias líneas argumentales que en muchos casos se cruzan y ni siquiera se miran. Voy a tirar de uno de esos hilos argumentales para ver adónde va.

   Hago un breve resumen, a modo de lo que hacen las series sobre los capítulos anteriores. La ciencia (o ciertos científicos) nos dicen que el cerebro tiene su propio lenguaje, que no es la palabra: a ese lenguaje se le ha llamado mentalés. Por otro lado yo he llegado a la deducción a que la evolución ha creado patrones cerebrales (patrones enquistados) que están entre los que más tarde el hombre ha denominado conceptos (aclarar que no todo concepto tiene este “nacimiento”). Kant hizo un gran trabajo al describir una gran cantidad de esas estructuras. Si bien se limitó a quedarse con las cognitivas (más tarde las morales), en cómo conoce el cerebro el mundo y los límites de ese conocer. El psicoanálisis “descubrió” otras, más “truculentas”, si bien cayó en bastantes errores en sus interpretaciones. En la actualidad las neurociencias nos hablan de otras, casi todas bajo el aspecto de sesgos. Dando un giro a la continuidad del escrito, el hombre llegó a la palabra y cayó en el error de dar más importancia a estas que las propias estructuras de donde nacían, su fuente, el cerebro. La evolución, en su ceguera, “juega” en equilibrar el peso que es el ser consciente uno mismo del dolor, de la injusticia y la propia muerte. Para ello crea otros mecanismos y estructuras del cerebro como la espiritualidad y el pensamiento mágico. En esa misma dirección crea el espejismo de identidad a la persona en tanto poseedor de un yo, o homúnculo que es el que tiene el control tanto de su cuerpo y comportamiento, como de su vida. ¿Es todo este mecanismo parte o “restos” del pensamiento mágico?, esta es la pregunta que trataré de contestar en este escrito.

   Pensamiento mágico y cultura forman una unidad. Nada dice al macho(1) humano cuando es adulto, quizás es algo distinto en la mujer, aunque de igual forma la primera menstruación tampoco quiere decir que ya sea fértil y por lo tanto mujer adulta. Todas las culturas antiguas coinciden en los ritos de paso, aquellos por los cuales una persona pasa desde una “identidad” a otra. Aquí vemos que la identidad individual está ligada a ciertas cuestiones sociales. Uno mismo no decide que es adulto, lo “decide” la sociedad bajo sus normas y parámetros. Hoy en día las cosas no han cambiado. Está determinado por ley cuando se es adulto. Entre aquel paso primitivo y el actual por ley, estuvo el cristianismo, por cuanto la confirmación era el sustituto del rito de paso de joven a adulto. En la naturaleza existe igualmente ese paso: saltar del nido, abandonar la manada(2), etc. O sea que muy posiblemente el humano creara los ritos de paso como sustitución a aquellas reglas naturales, que ya no eran tan visibles pues los hijos se mantenían en la tribu. En la naturaleza el “abandonar el nido” quiere decir que ese ser ya es autónomo, que ya se tiene que valer por sí solo. En lo humano, entre las tribus, no necesariamente quiere decir lo mismo, pues en la tribu elaboraban, cazan y recogen frutos todos para todos. Entonces, ¿qué quería decir y para qué?, con qué finalidad. ¿No sería como para activar algún mecanismo cerebral?, como el activar un interruptor por el cual desde ese momento todo hubiera cambiado. ¿Qué cambia(ba)? Cuando se hacía este rito de paso uno se sentía orgulloso, más grande, pleno, ese día su rostro irradiaba felicidad.

   Yo propongo que el cambio es (era) hacia una autonomía de la propia identidad. Mientras que en el estado anterior uno se sentía como parte de la identidad de la madre, como una extensión larga del seguir unido por el cordón umbilical a la madre. En el momento de ese rito se producía la rotura de dicho cordón fantasma, se volvía a nacer ahora ya con la propia identidad. En España, en alguna región, este nuevo nacimiento se lleva a cabo haciendo pasar al joven entre el tronco de un árbol, al que se le ha cortado en lo vertical, a modo de vagina, para al final volver a unir esas dos mitades, como para que no se pueda volver a cruzar. Si se analiza a su nivel más llano, lógico, el humano ha sustituido en lo cultural algo que tendría que ocurrir en lo natural. Aún hoy seguimos usando el concepto de salir o saltar del nido a nivel coloquial.

   ¿Hay una química cerebral que cambia en este proceso?, algún rastro físico. Un ave, una vez que salta del nido, “quiere-ama-busca” sus propios fines. Tiene que darse algún cambio físico para que esto sea así. Quizás la auto-identidad adquiere otros nuevos tintes, pero ¿bajo qué parámetros? En la naturaleza en cuanto uno es autónomo ya lo es para formar pareja y/o para procrear. Nace por tanto la pulsión de crear descendencia, una nueva vida. Entre los cazadores-recolectores primitivos sería igual a lo natural, pero hoy las cosas ya han cambiado. Hace mucho tiempo que son distintas. No se puede entender al humano si no tratamos de reducirlo a su naturaleza, no se puede entender la actualidad si no comprendemos que todo obedece a algo, que tiene algún origen básico y sencillo. A ese impulso como ser autónomo al que se llega a cierta edad, que no tiene otra “funcionalidad” que el de la reproducción, le llamaré pulsión. Dicho concepto es el que utiliza el psicoanálisis, si bien yo lo utilizaré quitando casi todo posible “bagaje” de esta doctrina, coincidiendo con esta en algunos puntos. El humano no “vive” esa pulsión como una necesidad de tener sexo (algunos sí y sobre todo a cierta edad), la siente como una fuerza impulsora que le alienta a hacer algo, a permanecer en movimiento, a un estado permanente de inquietud. Ese impulso es al que se le puede llamar pasión, “voluntad de poder” en Nietzsche, “proceso de poder” en Ted Kaczynski, “voluntad de vivir” (ciega) en Schopenhauer y simple voluntad en Heidegger. Prefiero el simple concepto de pulsión, pues se ve libre de palabras y conceptos confusos tales como voluntad y poder. Sea como fuere, unos y otros, aunque con distingos conceptuales, pienso que hablaban de lo mismo. El lenguaje (cultura) siempre está poniendo o dando una palabra a algo en el cerebro, a algo que está ahí asentado. Fijarse que dependiendo de cómo se interprete ese impulso vital (vitalismo), que no deja de ser más que un instinto como apunta el psicoanálisis, puede ser llevado de aquí para allá, como para crear unas posturas, conceptos y doctrinas muy distintas. El humano es así: conceptualiza y le da unas dimensiones ideológicas a ciertos patrones que son en realidad muy sencillos. Complican lo sencillo, para dar razón a sus teorías, a sus filosofías. Pienso que la más acertada de todas, la más honesta, es la visión de Ted Kaczynski, quizás porque coincide más con mis puntos de vista.

   He dicho que el humano no siente de forma consciente esa vitalidad como puramente sexual, que la siente como un simple empuje o vitalidad que le hace sentirse vivo, despierto, ávido de novedad, de deseo de buscar. A esa totalidad de comportamientos la llamaré sublimación. De nuevo me acojo a un término del psicoanálisis. ¡No me voy a poner inventar términos cuando ya existen cercanos a los de mis ideas! Ted Kaczynski lo llama “actividades sustitutorias”. ¿Es reducible el humano a que toda su vida sea una pulsión sublimada? Según el psicoanálisis sí. Se cuenta que a la mayoría de los deportistas profesionales se le pide no tener sexo unos días antes de los eventos importantes. Otros dicen que tienen sexo la noche anterior y les va mejor. ¿Hay algo intangible ahí que no tiene porque ser cuantificable en análisis médicos y que no sea reducible a una bajada de la testosterona en el hombre? La filosofía tántrica tiene como una parte de su forma de entender el sexo la no eyaculación. Quien sea adicto al sexo, o haya hecho un uso excesivo alguna vez, nota una gran bajada en el ánimo (ánima, alma), algo similar a un estado deprimido. Por otro lado está el llamado periodo refractario (el período de tiempo desde un orgasmo hasta que se vuelve a sentir excitación) que cambia con la edad. En todos estos ejemplos hay que tener en cuenta la cuestión psicológica. Si se tiene sexo es un acto de afirmación evolutivo, a que eres válido, a que estás aceptado por alguien: se valida tu pulsión. Mientras que si no se tiene, uno se puede sentir un parias, le baja el ánimo y la pulsión varía: se puede tender a la ira (la típica frase de cuando los amigos -o enemigos- te dicen que te hace falta “echar un polvo”). Tener contacto sensual y sexual con tu propia pareja hace que cambie la química cerebral, más oxitocina, que repercute en las vías activadoras del cerebro como la dopaminérgica. Yo no sé qué pensar, es un tema complejo con demasiadas variables, pero seguiré mi desarrollo.

   Tenemos entonces que en los primeros años de juventud hay un cambio general, que repercute en algo intangible a lo que llamamos pulsión. Ese cambio “mueve” a la persona a tomar autonomía, que en el caso del ser humano está unido a la conciencia de sí, a la construcción de una identidad, de un yo. Edificamos el yo bajo esta premisa, bajo esta pulsión. En otros escritos he dicho que esa ubicuidad que es el prefrontal ciclado en una constante retroalimentación (hablo y me escucho, hago algo manual y veo mis manos), es el que se pone como “imperativo” en el ser coherente. El construir un yo o identidad bajo la premisa de la coherencia. A la vez esto no viene de la nada, sino a que el circuito de amígdala, unida al hipocampo y el córtex cingulado (verificador de errores), está ligado o tiene en su propio circuito a la memoria autobiográfica (hipocampo), que a la vez tiene ahí siempre vigilante a la amígdala (huida/ataque miedo/ira). No hay nada que ponga más en alerta, lo sonroje o le despierte la ira, a un adolescente, que el que le descubras en alguna incoherencia. A esa edad la auto-identidad está o se tiene como algo sacrosanto, algo que nadie tiene que “tocar” o cuestionar. Si dejas en evidencia a un adolescente es como si lo dejases desnudo, quizás peor. Bajo estas premisas el acosador escolar empieza por “descubrir” quien es más sensible a este tipo de desnudamiento, que suelen ser los más solitarios, los frikis y los menos agraciados.

   Doy un salto argumental para que se entienda mejor por dónde va mi teoría. Yo estoy en la mediana edad, muchos de los planteamientos que he hecho en escritos atrás, eran a partir de lo que ocurre a esta edad. De lo que me ocurre a mí. Se tiene peor memoria como para “llevar las cuentas” de si se es coherente o no. En mi caso, al estar solo, ni siquiera tengo la sensación de que exista un yo. ¡Claro, está la autoconciencia!, pero esta sin las acciones del día a día, ante los otros, no “construye” memoria autobiográfica, con lo cual, ese maldito circuito de amígdala unida al hipocampo y el córtex cingulado se recrea en el pasado, en buscar las incoherencias allí, ¡como si a estas alturas pudiera hacer algo, que inutilidad! Sin crear nuevas vivencias el cerebro se vuelve un puro resolutor de aquí y ahoras. Ese era el sentido último del enigmático capítulo “la vida como instante“. Yo, sin presente de vivencias, a esta edad, tenía la sensación de no tener un yo, ese “gran yo” del que tanto se habla, quedándose el cerebro reducido -ese circuito que crea un auto-relato-, a un yo creador de coherencia a partir, tan sólo, de las vivencias del día a día, a ser en definitiva un simple resolutor de aquí y ahoras.

   En vano podría encontrar coherencia a mi vivencia, de explicársela a nadie, sin que simplemente me tildasen de loco, de desnortado. Pero un amigo, sin querer, no lo sé, me mandó un artículo sobre el “nuevo” Jim Carrey. Transcribo aquí dicho artículo, pues el original puede que tarde o temprano se pierda de Internet:

Nada tiene que ver el que fue con el que es. El caricato que hizo de la muestra bandera y de la impostura, una forma de vida se descubre en un documental recién presentado completamente vacío de sí mismo, anuncia que nunca volvería a actuar y se muestra tan lúcido que se diría perfectamente incomprensible. “Somos un conjunto de tetraedros programados con ideas de ti mismo”, dice:

Hay tantas posibilidades de fracasar haciendo algo que odias como dedicándote a lo que te gusta”, con esta frase, cuenta Jim Carrey (Ontario, Canadá, 1962) que empezó todo. Podría haber sido un saxofonista más o menos frustrado como su padre y haber dedicado la vida entera a ser el cuñado más divertido de la familia. Pero no, se empeñó en ser el rey de la comedia, el emperador de los cuñados. Y así hasta alcanzar los 10 millones de dólares que se impuso como meta y marca de agua de que lo había conseguido. Ocurrió en 1994 cuando, con pocos meses de diferencia, estrenó La máscara, Ace Ventura y Dos tontos muy tontos. Ahora todo ha cambiado. Carrey reniega de su pasado de caricato, de sus ambiciones y hasta del mundo. Carrey no quiere ser Carrey. Lo cuenta en Jim & Andy: the great beyond, un documental que recupera buena parte del material de backstage de Man on the moon, de Milos Forman. En la película, que fue presentada en Venecia y ahora recala en Toronto, aparece exactamente igual que en las entrevistas que concede: como un hombre renacido y vaciado de sí mismo. Quizá hasta perdido. La cinta, firmada por Chris Smith y producida por Spike Jonze, recrea y analiza con una larga entrevista el proceso de transformación, eso fue, de Carrey en el cómico Andy Kaufman al que dio vida en el biopic citado. Durante todo lo que duró la producción, Carrey fue Kaufman. Y lo fue hasta la misma náusea. Ahora, es otro. 

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Entrevistador – ¿Por qué si está tan cansado del faranduleo y los focos aceptó hacer la película?
Carrey – Siempre he querido que esta experiencia pudiera verse. Es una película que trata de la identidad. Fue una versión extrema de alejarme de mí mismo y ser algo totalmente diferente. Y, al hacerlo, te preguntas: “¿Cuál es ese tú-mismo?”. Desde entonces ha sido un viaje de pequeños despertares. No es que no me sienta unido a nada, todavía hay cosas esenciales en mi vida, pero ya no quiero hacer cine o arte.
– Ser uno mismo, sea esto lo que sea, ¿lo considera una carga? ¿Cómo definiría el momento de liberación?
– Ha sido una evolución. Al mirar atrás veo que no estaría donde estoy ahora, o donde no estoy [se ríe] si no me hubiera dejado llevar como hice en “Man on the moon”. Una película es una oportunidad maravillosa para ser otra persona y darse cuenta de que ninguno de los dos, persona o personaje, es real.
– Me pierdo. ¿Quién es el real, el auténtico, el Carrey que conocimos en el cine en los 90 o el de ahora?
– Durante mucho tiempo he tenido la impresión de ser un personaje que me ha estado interpretando. Siempre, de alguna manera, somos actores de nosotros mismos.
– Quién es usted ahora? ¿Quiénes somos nosotros?
– Somos un conjunto de tetraedros que están programados con ideas de ti mismo.
– Cuando dice que un personaje le interpretó, ¿entiende que ese personaje acabó por tomar el control porque se hizo tan conocido que se convirtió en una propiedad pública?
– Sí, creo que muy al principio el ego se puso a los mandos y se dio cuenta de algo. “Oh, vaya”, me dije, “soy gracioso como mi padre. La gente dice que soy especial”. A todo el mundo le gusta que le acaricien el lomo y le digan que es especial. Pero ahora ya no necesito eso.
– En un momento del documental dice algo así como: “Este lugar al que todos nos dirigimos, el vacío…”
– No tiene puto sentido. Lo que quiero decir es que una vez que como individuo me quito de en medio, no queda nada más que todo. Y esa sensación de totalidad, sin juicios, ni bueno ni malo, es un lugar liberador.
– En otro momento dice que antes tenía una necesidad de aprobación. Tanto era así que de pequeño vivía como un alivio que le mandaran a su habitación para estar solo.
– Todo lo que creamos es para otra persona. No creamos nada para nosotros mismos. Haces una escultura o escribes un artículo y lo haces para que otros piensen que tienes puntos de vista interesantes, que eres original. En parte creo que la soledad de mi habitación era como si estuviera en mi laboratorio.
– ¿Sigue queriendo interpretar?
– Ahora me encanta el silencio, la tranquilidad. Tengo que decir que la pintura y la escultura son muy importantes para mí porque se trata de plasmar una idea que pasa del éter al lienzo y no hay nadie en medio. Nadie te dice: “Eso no lo puedes hacer”. O: “No va a gustarle a ciertos sectores del público” o “¿Cómo vamos a vender esto?”. Es algo muy puro.
– Cambiemos de tema, la película también reflexiona sobre la comedia y su límite. Pienso en los ataques terroristas a Charlie Hebdo…
– Nunca me he sentido limitado. En la época de Andy, el movimiento feminista tenía mucha fuerza y él pulsaba botones que eran políticamente muy incorrectos. Y lo hacía porque pensaba: “En este pequeño circo en el que estamos, quiero que dejéis de tomaros en serio incluso aquello que más valoráis, incluso vuestros miedos”.
– Por lo que dice, se diría que Andy sigue ahí dentro.
– No lo sé. Quizá.
– Queda algo de Jim Carrey en Jim Carrey?
– Sí, claro. Hay que admitir que a lo que estamos mirando es a una realidad virtual. Nada de esto es real, no es más que la consciencia bailando para sí misma. Estamos aquí para hacernos compañía los unos a los otros y hacernos la vida más interesante. Es la consciencia la que dice: “Tengo todos estos dedos, ¿qué puedo hacer con ellos? Puedo hacer esto, esto, esto…”. Imagina serlo todo, en todo el espacio y el tiempo, y lo jodidamente aburrido que sería eso. Algo tienes que hacer, ¿no? Así que me sumerjo en eso que llamamos realidad. Es muy convincente la realidad. Cuando alguien de tu familia sufre, cuando parece que nuestra civilización está en riesgo… me siento tan impelido como cualquier otra persona a jugar mi papel y estar en el lado correcto. Pero nada es real.
– ¿Cómo le gustaría que le recordaran?
Me da igual. Lo único que importa es esto. Esto, ahora mismo.

   Como vemos es un tema por el que otra persona en la mediana edad ha pasado en su radicalidad, otros habrán sentido ciertos destellos” y habrán renegado de lo que estos le decían. La diferencia entre Carrey y yo es que en mi caso yo soy un teórico del cerebro; con una gran capacidad de introspección y una fuerte pasión por el estudio de las neurociencias. Mis conclusiones “descubren” mejor la trama que subyace en su interior.

   Se llega así a la teoría que quiero presentar. El yo, al igual que cualquier otra fuerza de la naturaleza, está “preñado” de la segunda ley de la termodinámica, de la entropía, del caos. La vida humana es pulsión, energía, fuerza, vitalidad. Esa fuerza, bajo las premisas de la evolución, los constructos del cerebro y la cultura, crean una emergencia, que es el yo. Esa estructura que tiene como base la retroalimentación, lo autobiográfico y la coherencia. Al igual que la sexualidad decae con la edad, esa “emergencia” de crear coherencia va decayendo con los años, en parte porque la memoria va siendo cada vez peor. Al final, en algunos antes y en otros después, y al igual que le sucederá al universo entrópico, el yo se disgrega y tiende desaparecer. Se vuelve fragmentado, espaciado, con muchos posibles yos, y según la “lectura” que haga uno mismo sobre sí. Terminamos no siendo, sino interpretándonos (dando suposiciones sobre lo que uno es), leyéndonos como lectores ajenos “…un conjunto de tetraedros que están programados con ideas de (uno) mismo”.

   Ya están todas las cartas boca arriba, pero queda un trama peliagudo sin tratar. Si somos un ser social y dentro de una época y cultura, ¿qué yo construimos en esos primeros años de juventud? Nuestros padres y personas más allegadas esperan algo de nosotros. No construimos un yo desde cero, lo hacemos a partir de esas construcciones sociales ya preestablecidas, ya preconcebidas…, ya asumidas como esperadas, en la mayoría de los casos de clichés, de estereotipos. En muchos casos imitamos o a uno de los padres o a algún ídolo. Jim Carrey nos confiesa, en su nuevo documental, su necesidad de aprobación cuando era niño; tanto que prefería estar sólo. ¿Nos autoconstruimos o construimos en nosotros lo que los otros esperan que seamos?, hay diferencias entre esos dos yo, ¿coinciden? Cada humano pasa por ese trama, que para cada uno es distinto. Qué se decida o decida la situación, nos prefijará la vida durante esos años de “construcción” de un yo. Creemos habernos construido, pero en realidad la mayoría de las veces no han modelado. Si alguien te deja o se enfada rectificas, si alguien permanece a tu lado o te halaga caes en ese “papel”. En fin, no insisto, creo que ya se entiende lo que quiero decir. Añadir que el lenguaje de una cultura, su ideología dominante, también nos construye: nos normalizamos para agradar, para no ser rechazados, para ser “aprobados”. En la medida que uno se rija bajo esa regla mantiene el sistema, aunque este sea un fracaso. En definitiva, el sistema crea al individuo y el individuo confirma al sistema con su aptitud: de nuevo un juego de retroalimentación, que como en el caso del tartamudo, es para mal, para hacer que la tartamudez y el sistema sea cada vez peor.

   ¿Conclusiones? No hay conclusiones, ¿creéis que por saber que las cosas son como las explico se va a poder cambiar algo? El joven sigue su signo y el adulto el suyo. Impedidos a entenderse pues sus pulsiones y modo de entender el mundo está gobernados por las “verdades” de su edades. La cordura es cuerda, como ponía al principio, sujeción. El yo del joven es pensamiento mágico en tanto que es un extraño cruce entre crear coherencia (relato) y huir de la ansiedad del caos, así como de seguir los constructos sociales heredados de los ancestros…, de nuevo relato. El sistema, lo social  y la construcción de un yo caminan en la misma cuerda (cordura) floja. Se tambalea el sistema, lo social, se tambalea uno…, pero mientras se mantenga uno en pie, y nadie corte la cuerda, todo irá “bien”.

   Finalizo diciendo, con Jim carrey, que la caída del ego, del yo, no es una perdida, sino una liberación. Uno está bien solo pues ya no tiene que construir artificios, fachadas y pintar paredes para que estén presentables. La soledad es el calor de la caverna, regodeándose ante la idea de que las sombras, lo íntimo, lo más nuclear humano, esa falta de color que confunde, es la que realmente “habla” de su silueta, de su verdadera esencia. Somos animales, complejos, pero animales. Todo los artificios que hemos construido no han logrado embellecer al animal, no lo han abrigado, no le han saciado. Simplemente lo han ocultado para que nadie lo vea. ¿Tan feo era?, no lo creo. Jim Carrey ha llegado a ese estado que yo llamo de iluminado, donde la luz sale de su interior -en su arte en solitario-, como él mismo nos dice.

En fin que… ¡viva el caos, viva la incoherencia, viva la caída del yo y abajo las cuerdas (corduras) que nos atan!

> Segunda parte.


(1) Uso macho ante el inconveniente de usar la palabra hombre, pues se usa para designar a la especie y puede confundir. En esto tienen razón las feministas.
(2) Entre los mamíferos más complejos no es un proceso muy rígido, como en las aves. La madre leona “decide” cuando echar a sus hijos machos, dependiendo si está en celo y si hay un macho alfa en la manada.