Psicoanálisis a una Ciudad

(Microrrelato filosófico sobre identidad y conocer.)


— Hola doctor.

— Hola, siéntese, póngase cómoda… ¿ahí se siente bien?, dígame en qué le puedo ayudar.

— Es que verá, ya no tengo claro quién soy. —el doctor garabatea en su bloc “posible trastorno de personalidad”.

— En su ficha pone que usted es Salamanca, capital de la misma provincia.

— Sí, claro ese es mi nombre y puede que para otras personas quién soy sea claro, pero para lo que para el resto es tan evidente, para mí sólo son reducciones simplistas de mi naturaleza…

—Explíqueme eso, qué quiere decir.

— Verá, si se lo pudiera relatar quizás aún tendría un resquicio de posibilidades de saber dónde se encuentra el dilema, tendría un hilo sobre el que tirar para ir a su origen, pero ahora mismo es que me da la sensación de que simplemente caigo en un vació sin fin.

— Ya veo… Vayamos por partes. Se te conoce como “Salamanca la blanca”, por la claridad de tu principal piedra de construcción, la piedra caliza de las canteras de tu municipio vecino Villamayor. O igualmente “Roma la chica”, por estar asentada en varias lomas y contener muchas construcciones antiguas…

— Sí, pero eso sólo habla de mi exterior. ¿qué me importa estar revestida de esta u otra piedra? Lo que he perdido es algo indefinible que no se ve, como el encuentro del granito y la piedra caliza de mis calles…

—Qué cree haber perdido— Se apresura a interrogar el doctor para ir a la raíz del problema.

— ¿Cómo saber qué buscar si no se sabe qué se ha perdido— Le responde con una pregunta la melancólica ciudad. El doctor frunce ligeramente el ceño, tratando de evitarlo para que no sea visto, ante la gravedad del problema. “¿Tendencia al “síndrome solipsista”?, apunta en su bloc.
—Vayamos por partes. —Meditativo mide cómo enfrentarle y volverle a la realidad— Como ciudad conocida como culta me imagino que conoce aquello de “el tiempo es un río sin orillas…”

—Sí, de Ovidio. Pero si ese es el caso. ¿No somos en la medida que tocamos tierra?, si todo es agua y fluir, la realidad es un gran lago, un mar… un océano. ¿Cómo habitar tal lugar? —El profesional ahora duda si ha sido idónea su metáfora, se muestra indeciso de qué rumbo tomar, el cómo coger el timón de la nave. Da varios pasos atrás y trata de ir hacia lo sencillo.

—Es que no sé si he terminado de entender su problema. Descríbamelo…

— A ver… cómo empezar, cómo explicarme. No entiendo mi ser, mi naturaleza.

—Simplifiquemos las cosas. Hábleme en términos sencillos…, cuáles son las sensaciones diarias que le producen tal estado. —La paciente duda cómo asir aquello que no tiene bordes ni formas, sin que se le venga abajo, sin que pueda apresarlo y mostrarlo entre sus manos.

—A veces pienso que todo es debido a un exceso de luz… —el doctor anota “luz=conocimiento, razón” antes de perder la idea.— En la oscuridad de la noche, en las farolas de luz amarillo viejo, que iluminan mi piedra, aún late el corazón de esa vieja ciudad de cálido y suave tacto. Me reconforto y me recojo allí, en esas esquinas donde la semioscuridad me hace sentirme vieja y sempiterna. Me ovillo en esa sensación, si se quiere o se puede decir así. Pero cuando llega el día y pierdo tal melancolía, y la luz me hace perderme dentro de las nuevas zonas de mi ser, que ya no tienen forma, ni un color preciso, y en donde un solar vacío abre paso a una casa de pizarra derruida, frente a un imponente edificio funcionalista, que no tiene nada de bello, o sólo lo necesario como para que sea vistoso… entonces, en ese preciso momento, me derrumbo, mientras una profunda tristeza me trata de llevar a algún lugar que yo no reconozco…., fuera de mi ser. Toda violación es la soledad abrazándote, cual serpiente, hasta quitarte la vida. ¡Me siento violada!

— ¿Por qué te molesta tales contrastes?, sólo es el fluir. Mañana habrán derribado la casa en ruinas, y habrán construido el solar.

— Ya, pero ¿cómo me defino en ese fluir si mi aspecto se ha vuelto tan irreal? Si a cada paso que da el humano para hacerme crecer se encuentra con barrios y pueblos que tienen o tenían su propia identidad. ¿Soy una devoradora de identidades? ¿destruyo para expandirme…?, ¿asesino?

— ¿Por qué lo ve así?

— Ese no es el caso, creo que me he explicado mal y nos hemos desviado. Ese mal sólo es algo exterior a una realidad más compleja y profunda. — El psicoanalista ve un posible camino para redirigir la identidad de su paciente.

— Pero durante toda tu historia ha sido la misma realidad. Se destruían edificios y barrios enteros para crear bellas iglesias y catedrales que ahora forman parte de tu identidad actual, de esa que te nombra como patrimonio de la humanidad.

— ¡Esa es la misma cantinela que me mencionan todos!, usted tampoco me entiende doctor, creo que mi visita ha sido en vano. —”Posible negación de la realidad, falta de insight”, se apresura a apuntar el doctor. A la vez se trata de incorporar sobre su silla, inquietado por tal salida, no exenta de cierta ira. Ha de guardar la compostura y la calma para no parecer condescendiente, y como no dando importancia a tal reacción.

— Lo que quiero decir es que todos estamos siempre en transición, y que debemos saber que en tal estado siempre hay una realidad a la que aferrarse.

— ¿Usted cree? Quizás todo sea un problema de sumas…

— Explíquese…

— Sí, verá, un pequeño cambio aquí o allá, hace mil años, eran insignificantes, era como cuando uno va al dentista y te quita un trozo de muela cariada para al final tenerla completa con el empaste…, pero ahora me da la sensación de estar desdentada… No asumo que en mi “boca” no haya ningún diente o muela. —”Recurre al sueño de perder o que se le caiga la dentición: prueba de miedo a la pérdida de su integridad”, apunta el profesional.

— Pero como bien dices, al final el dentista te pondrá todo en su sitio. Tu dentadura volverá a estar completa.

— ¿Usted cree que si te cambian pieza por pieza, la identidad vuelve a ser la misma? — “Evocación al dilema de la nave de Teseo” escribe mientras su paciente sigue hablando.

— Sí porque tiene la conciencia o el saber que le están reconstruyendo, luego su ser persiste ahí, aunque cada pieza sea nueva.

— ¿El ser es el saber que sabe sobre sus cambios?, entonces es un contable, un simple administrador de aquello que está en reconstrucción…

— ¿Y tiene algún problema de que pueda ser así?

— ¡Pues sí…! —Empieza a decir airada, y después prosigue tratando de llegar a la calma. —tengo que ser algo más que un “llevar las cuentas”. Eso sólo es saber, un hacer, como el hilar de las manos de una vieja tejedora que va anudando para crear un jersey o una bufanda. Antes de su tejer no había nada, luego ¿soy esa nada? — Se exalta, se incorpora sobre la silla y termina diciendo, casi gritando… — ¡Soy la nada!

El especialista se siente desconcertado. Analiza que su paciente además de su trastorno de la personalidad, padece un trastorno del ánimo. Se pregunta cuál de los dos ha dado origen al otro. Ha de buscar esa raíz sin que su paciente se percate.

— Pero la vieja anciana, como usted la ha llamado, sabe que tiene que construir un jersey, luego este existe, no es una nada.

— ¿Somos meras ideas de un constructor? ¿Quién habría de ser tal constructor? —El médico analiza un posible camino para llevar el diálogo.

— Llámelo Dios, llámelo ADN y evolución, pero la cuestión es que ese saber habita en tu interior para llegar a ese propósito.

— Nos hemos metido en temas teleológicos, y de un ente que se construye que no me sirven de nada. ¿Le recuerdo el verso de Ovidio? Tal propuesta pondría orillas al río… — “la conversación vira hacia la autoridad…, posible miedo al padre. Lo trata de deslegitimar, luego tuvo que haber un problema traumático con este”, apunta mientras trata de ir a ese recuerdo traumático.

— Piensa en tus primeros pasos en la vida. No eras nadie, ¿no estabas como ahora?, estabas sin identidad, pero sin miedo.

— ¡Claro no podía temer perder lo que no tenía!

— Luego crees haber perdido algo que eras… ¿Cómo volver a recuperarlo? — El doctor se da cuenta que se ha precipitado en su pregunta y trata de remedarlo— Cómo fueron esos inicios, ¿qué sentías?

— ¿Qué inicios?, eso es algo confuso, a mi suelo llegaban humanos que se iban a los pocos días. Otros que hacían unos asentamientos, unos más al norte o al sur, aquí o allá, pero que por las condiciones climáticas se morían, o se terminaban por ir, y en donde mi suelo volvía quedar sin ninguna huella o presencia de la existencia humana… Por aquel entonces la ausencia de continuidad era mi sino.

— Pero tiene que haber una primera piedra, una primera causa que iniciase que tú prosperases…

— Me imagino que ese momento fue cuando levantaron una fortificación a modo de defensa…?, ¿no es lamentable nacer de la guerra, del miedo?

— Pero como se puede deducir de tus palabras, en esa época igualmente carecías de identidad, pero no de ser. Naces de la guerra, pero en tu esplendor esos inicios daban igual. Ahora te puede dar la sensación que sólo hay agua, pero arribarás alguna tierra, a terreno sólido.

— Vuelve a contraargumentarse al olvidar la frase de Ovidio…

— Quizás hay que olvidar tal frase. Somos en la medida que muchos granos de arena, primero dispersos, al final logran crear una pequeña isla que poco a poco gana terreno al agua.

— ¿Nos construimos de la nada para volver a la nada?, porque ahora estoy o soy esa nada. Pero creo que de nuevo caemos en las grandes preguntas que a mí como ser individual me vienen grandes.

— ¿Y cuáles son entonces las preguntas que habría que hacer? —Admite el doctor, tratando de volver al caso concreto que tenía entre las manos.

— Tal como me presenta el tema, yo nunca he sido nada, sino aquello que creía ser, que ni siquiera nacía de mí, si no de aquello que los otros creían de mí: “Salamanca la blanca”, “Roma la chica”, “cuna del saber” son denominaciones de los otros. Yo soy…, o era, también ese rincón de piedra caliza que por su oscuridad y alta humedad había creado moho y hierbas entre sus piedras. Era esa calle que nadie recorría porque en su tiempo era tan oscura que era arriesgado entrar en ella por la noche, e incluso por el día…

— Luego está admitiendo que lo lóbrego también te define. Como es el caso que ahora, en tu profusa expansión, seas partes de zonas derruidas, y el encuentro entre lo viejo y lo nuevo.

— Veo que no me comprende… — Dice Salamanca, bajando su tono de voz, mientras se apoltrona en su silla, echando a la vez su mirada al suelo…, buscando algo por lo que le pueda entender, pero en vano, pues si tal cosa fuera definible ya sería un resquicio de luz en su profunda oscuridad.

Se pone a hablar casi más para sí misma que para el doctor…

— También soy mis habitantes… pisan mi suelo pero ahora ya no los siento… se han vuelto ingrávidos. Quizás porque no me miran, siempre tienen esa cosa que se parece a una tableta de chocolate con brillo. Siento sus cuerpos, pero no sus almas. No soy, solo soy un medio donde ellos fluyen, y lo mismo les daría estar entre mis piedras que en otras de otra ciudad o país. —”¿se siente infravalorada?”, apunta el médico, marcando dos veces las interrogaciones. —tampoco es eso…, ¡ve! Ni yo mismo sé qué me pasa… ¿cómo explicar lo que no es nombrable? ¿Ponemos nombre a todo en la medida de tratar de hacer que todo sea controlable?

— De ser así lo que emerge de tal capacidad es el miedo. — Salamanca levanta su mirada percatándose que tiene alguien con el que habla y es real. Que no son sus eternos soliloquios.

— ¿Realmente cree que todo es reducible a una emoción?, a la mente me viene el concepto de nausea de Sartre, pero creo que ni siquiera él llegó a la raíz del tema. El problema no es que la existencia de la vida se vuelva sin solidez, porque el que esté o no esté sea una consideración sin importancia. Que la vida podría no ser, y al universo tal estado no le inmutaría, seguiría en sus procesos hasta llegar a su propio final, y nada de toda esta realidad tendría sentido. Lo crucial es tener una conciencia que conozca tal gratuidad de la existencia, de la vida…

— Pero eso es caer de nuevo en lo abstracto. Tú existes y tienes que dar sentido a tu existencia para estar en paz contigo misma.

— ¿Me propone engañarme a mí misma?

— Si es necesario para ser feliz, sí.

— Quién tiene más miedo, doctor…, ¿usted o yo? Yo por reconocerme como una nada o usted que se ha logrado parapetar detrás de una falsa realidad para construirse una falsa felicidad. —El psicoanalista se da cuenta que está  perdiendo el control de la conversación. Piensa en profundidad cómo recuperarlo. Como voltear la situación actual.

— Creo que lo central aquí es el tratar de averiguar que usted ha perdido algo que antes tenía. ¿No?, o no quiere recuperar eso perdido.

— La pregunta a estas alturas es si alguna vez lo tuve o sólo me engañé… — Se dice más a sí misma que a su interlocutor, pues empieza a dudar si merece la pena tratar de hablar con alguien. — El doctor reconoce internamente que el tema se ha diversificado por tantos caminos, que ya no sabe si alguno de ellos sea el válido para el caso que tiene entre manos. Rebusca honestamente en su interior y empieza a sentir su fracaso, que por lo demás trata de ocultar. Se da cuenta que el paciente no se quiere curar, que ofrece una resistencia a su tratamiento. Salamanca, que de nuevo había echado su cara al suelo, la levanta de manera desafiante, mirando fijamente a los ojos de su presa acorralada. El doctor se agarra a los postulados utilitarios y cognitivistas.

— Quizás la pregunta que se deba de hacer es si es feliz dudando de todo, o puede ser más feliz construyéndose una realidad bajos sus pies.

— Insiste de nuevo en que me autoengañe.

— ¡Si eso funciona!

— De ser así, sí es cierto que somos seres que huyen del miedo. — En el lenguaje usado el doctor ve una vía para tomar el control de la situación.

— Pero la clave de su afirmación es que es un ser que sustenta el resto de dudas y miedos. ¿Por qué tal ser habría de ser del dolor en vez del placer?

— ¿No habíamos acordado que el origen era el miedo?, si ese es mi origen ese ha de ser lo que soy, lo que me defina.

— No lo hemos acordado, ese es tu discurso. Tú naciste del amor a la construcción, de la belleza, de tus padres. — Salamanca siente la frustración de un depredador al que se le escapa una presa, en un momento que se ha relajado para recobrar el aliento, y daba por descartado que la iba a devorar.

— ¿Quién ha nombrado antes el miedo…?, da igual, habrá salido a colación o yo lo he leído en el contexto de algo que usted ha dicho. — Se calla y trata de preparar un salto que de nuevo le haga recuperar a su presa. — ¿Mis padres?, son tantos que ya no recuerdos sus nombres. ¿Acaso ellos no estaban dominados a su vez por el miedo? —calla un momento rebuscando una sentencia que le devuelva el control y termina diciendo… —La vida es el vértigo de la materia dominada por el caos. — el doctor no le ha seguido el hilo conductor, y espera que siga su desarrollo, pero no lo hace.

— No la entiendo. No sé dónde va todo esto. ¿No teníamos que mantenernos tocando tierra? Ha vuelto a los sueños de las esferas, de lo irreal.

— ¿Y acaso no es irreal la vida?, se erige en reina de la realidad creando unas normas y reglas que nadie entiende… — Al doctor no le convence el giro de la conversación, pero la trata de seguir hasta que muera por sí sola.

— ¿Por qué nadie entiende a la vida?, a qué reglas se refiere.

— La vida está habitada por la muerte, se cumple la máxima de que al principio era la oscuridad, luego la no existencia o muerte es un dios primordial que dando a luz a la diosa Aurora, dejó entrar la luz en su ser. Nacemos de una pesadilla, donde en “nightmare”, mare, en las culturas germanas, tiene la raíz de muerte. ¿Somos la pesadilla del dios muerte?

— La conversación se ha vuelto demasiado alegórica. Volvamos a tocar suelo.

— ¿Que la vida es una hija de la muerte es abstracto…?,  que somos una pesadilla de la nada.

— Seguimos sin tocar tierra— ha dicho el doctor a sabiendas que ha usado en nosotros en la dirección de aplacar el ánimo de su paciente, mientras a la vez trata de crear una comunión con su soledad.

— ¡Está bien, lo acepto!, retrocedamos unos pasos en nuestras abstracciones. ¿Soy el hijo de un miedo, no declarado, que se trata de legitimar el estar fuera del miedo, al traer otra criatura a la vida?

— ¿Y porque analizarlo desde lo negativo?, porque no afirmar que ha nacido del amor. — Salamanca se ha incorporado, pues en su lasitud mental se ha ido escurriendo en la silla, como si al buscar el suelo este fuera su única realidad tangible. Tal sensación es la que le ha hecho decir…

— ¿Somo seres que al caer y tocar suelo se propulsan hacia arriba?, eso son tonterías en las que trata de creer la gente para seguir tirando para adelante. — El doctor de nuevo se siente perdido ante la falta de una vía para tomar el control de la conversación. Asume que si trata con alguien con un alto intelecto no puede hacer de padre que redirige a su hijo, o como guía de los senderistas que no conocen un terreno. Sin querer cambiar de estrategia vuelve al tema del que partieron el resto de los senderos.

— Pero lo que no se puede obviar es que en todo tu discurso hay un ser que se empeña en una meta. El caso es que ese ser reconozca que se ha puesto ahora unos propósitos equivocados.

— De haber un ser que mantiene un hilo conductor, o teje su propio ser, porqué uno va a ser mejor que otro. Si nada hay legítimo, si la realidad es, pero pudo no ser y da igual que no fuera, no hay nada que tenga la legitimidad de poner un mundo de valores, que esto o aquello sea mejor o peor que aquello otro.

— No sé si es conveniente que entremos en el mundo de los valores. Mantengámonos en que eres un ser. ¿No es esa duda, y dolor, la que te ha traído aquí?

— Sí… ¡o no! Quizás sólo quería convencerlo en que tengo razón. O quería tratar de comprobar que yo no la tenía. Pero si todos sus argumentos no han valido de nada… ¡tengo que tener razón!

— O en tal caso, no ha querido perder la razón… ¡ha intentado escucharme en algún momento!

— ¿Y usted a mí?, Si la conversación ha sido imposible entonces bajo esa verdad tiene que haber algo. Que la comunicación es sólo una directriz en la dirección de romper con la soledad… nada rompe con la regla del octeto.

— ¡Espere, espere!, ahí me he perdido. — Reconoce el doctor intentando recuperar el diálogo.

— Sí. Evidente. Las reglas físicas son límites de la realidad que ni la vida puede obviar… Creo que yo mismo me he perdido. ¡Ve, trato de dar una continuidad a mis pensamientos!, pero no hay tal continuidad, no hay ser. — “trastorno del pensamiento” ha escrito el psicoanalista en su bloc y ha continuado con “posibles delirios y psicosis”.

— En todo caso es un posible problema que usted tiene y el resto no.

— ¿Y por qué no a la inversa?, el resto de las personas tienen la “enfermedad del ser”, cuando este no existe. El humano se define por su búsqueda de significado, al no existir, al carecer todo de sentido, el yo, su identidad, es un mero mecanismo de defensa, dentro de sí mismos y para los otros. —Salamanca se ha incorporado, y casi puesto de pie, como si tales palabras fueran un “momento eureka”, de descubrimiento de algo. En su audacia se vuelve cínico con su médico. — ¿Quiere que le cure de su enfermedad?, ¡doctor! — A empezado a decir remarcando su cinismo al pronunciar la profesión de su interlocutor. —Mire ¡doctor! —vuelve a marcar con cinismo— la realidad es que yo y unos pocos como yo tenemos razón y el resto del mundo está equivocado. —El psicoanalista no sale de su asombro y apunta rápidamente… “Endiosamiento, complejo de Dios”, mientras su paciente sigue hablando. — Somos la pesadilla de la nada, de la noche, de la muerte, pero no podemos negar que tenemos parte de su ADN. La vida, como madre, aportó su ser, pero contaminado y atravesado por su padre y esposo que es la muerte. En ese caso en nuestros genes vencen por mayoría los de la muerte. Mientras que los de la vida consisten en invalidar los de su padre y esposo, pero bajo la fragilidad que le impone la realidad física hacia el desorden que es la muerte. — Extenuada, la ciudad, calla y se sume en su oscuridad… — El doctor se percata que se encuentra ante un caso que no tiene cura, si no es por medio de los medicamentos que en, primer lugar, le frenen el delirio. Sin saber cómo seguir su discurso, mira el reloj que tiene sobre la pared para tratar de dar por terminada la sesión. Faltan cinco minutos… Tiempo muerto, trata de perderlo.

— La raíz de su problema es que se ha asentado en pensar negativamente y ha construido una identidad en dicha posición, tal capacidad ya implica una identidad, y por ello ilegitima su discurso, siente un placer mórbido en su dolor, del que no quieres salir. Por hoy la terapia ha terminado y le invito a que venga otro día…, pero eso sí, sólo le acepto como paciente si se pone en mis manos y se toma unos medicamentos que le tendría que recetar.— Mientras dice estas últimas palabras mir a los ojos de Salamanca para tratar de analizar si lo hará o no.

— Ya, doctor. Usted es como el resto de las personas. No me ha comprendido. Al igual que para un creyente le es imposible comunicarse con un ateo, para mí es imposible comunicarme con los que tienen la enfermedad del ser…, o ellos conmigo. La imposibilidad de tales comunicaciones me dan la razón. El no-ser, en este caso la comunicación, vence sobre el ser, o en este caso la comunicación. La realidad son cuantos, paquetes de información discreta, que sólo son en tanto que paquetes. El resto es el intento de romper con tal regla, que se terminan por desintegrar con el tiempo. Con todo me imagino que mientras tal integridad perdura, se puede hablar de un ser. — Todo esto se lo ha dicho más para sí mismo que para el doctor, que no es “creyente” de su forma de ver el mundo. —¡Bueno, doctor!, creo que no nos volveremos a ver. ¡Lo ha intentado!, pero es inútil. Lo desintegrado, como el jarrón que cae y se rompe, no vuelve a integrarse. Ha de  asumir su nueva realidad.

Mientras decía las últimas palabras el doctor le ha dicho adiós, le ha extendido la mano, se la ha dado y ha cerrado la puerta tras de su paciente, dándolo por perdido.

Salamanca ha vuelto a su soliloquios, y mientras se repliega sobre sí, su existencia como ciudad se ha vuelto a desplegar ante sus ojos. Allá arriba, en la colina más alta, se encuentran sus dos catedrales, unidas e indiferenciadas como los dos hemisferios de los cerebros de los humanos. A sus pies, el río Tormes, que casi la rodea como si la quisiera abrazar en su soledad. Al otro lado del río, ese lado que durante siglos no quiso cruzar, ahora es ciudad, es ella misma renegando de sus orígenes, pues en teoría hay que afirmar cada acto que a uno le defina. Las alamedas crecen en sus dos lados, ahora hechas parques, ahora como pequeño bosque que se ha quedado entre zonas de la ciudad, que aún no se han terminado de juntar. Aquí y allá reina el desorden de escombros, obras, y grúas levantando nuevos edificios o de otros que hay que consolidar.

— Yo aún me entendía hace siglos —ha empezado a pensar melancólicamente, — e incluso hace unas décadas, cuando tenía un alma que me hacía única entre el resto de las ciudades. Ahora cada vez me parezco más a cualquier otra ciudad. ¿Y qué es el alma de una ciudad?, por qué el doctor no me ha sabido hablar de eso. Puedo entender que me estaba engañando entonces, que si todo es un río sin orillas, tarde o temprano llegaría a esta verdad. El ser sólo es un fulgor que nos ilumina durante la juventud, y que la madurez va apagando al ir cerrando progresivamente todas las ventanas por las que entraba dicha luz. La vejez es el aceptar que nuestro padre es la muerte y que hemos de volver a su lado…, ¡no sin antes haber matado al ser que nos contaminaba en nuestro eterno fluir al río sin orillas, que es el tiempo y la vida! Algunos tiene la suerte de mantener ese fulgor de luz hasta el propio último segundo de su existencia. Otros nacemos bajo el signo de la oscuridad, y por el contrario tratamos de hacer que la luz nos caliente mínimamente la piel, el corazón. Yo no tengo la culpa de haber heredado más los genes de mi padre, la muerte, que los de mi madre, la vida. Ella siempre está en desventaja… y la oscuridad, es en todos, aquello contra lo que tenemos que luchar. El problema es lo injusta que es la vida, primero para que unos nazcan con mucha o nada de luz, y segundo porque aquellos que la tienen la quieren sólo para ellos. ¡Tanto miedo les da la oscuridad que acaparan en su interior toda la luz que les pueda caber…!, pero no nos engañemos, lo más democrático, el ser con más amor que existe es la muerte, pues al final nos abrazará a todos por igual, mientras que la vida, en su frugalidad y como chispa, sólo tiene la capacidad de tocar a unos pocos.

Mientras se decía estas palabras, el sol cae y Salamanca entra en su amada oscuridad, esa que no le deja más posibilidades que recogerse dentro de su alma, a través del perfil que le define como ciudad. Ese perfil que en su día era lo que ella sentía como lo propio y como alma…, esos restos de muralla, esa piedra dorada, esa calidez de alma, esa sencillez de sus vías calladas…


Términos que han salido al paso:

El Hombre que Hablaba con la Nueces

Todos los días el hacedor de amaneceres coloca a cada humano en su sitio para que empiecen su jornada. A veces de forma errática, pero casi siempre predecible. Una de esas mañanas Ñau, errabundo, se encontró de repente en medio de un gran parque, repleto de arboledas que propiciaban el aislamiento y las largas sombras de oscuridad de los leñosos seres centenarios. A sus ojos se le presentó una mujer sentada en un banco, a las sombras de unos álamos, en ese día de verano que empezaba. Sin saber muy claramente el por qué, se acercó a ella, sin hacerlo directamente para no resultar demasiado amenazador.

—Me permite sentarme— le preguntó, temiendo una negativa.

—El parque es de todos— dijo alegre y desenfadadamente la dama.

Ñau mira para todos los lados, buscando entre su mente y el parque, un tema y pretexto por el que iniciar una conversación.

—Usted es una mujer…, ¿verdad?, —le ha empezado a decir torpemente, esperando que la mujer se levantase y se fuese.

—¡La duda ofende!— le contesta la mujer, no sin cierto tono de voz afable y caricaturesco, como imitando una ofensa inexistente.

—Es que verá, hoy en día uno ya no sabe qué es ser una mujer.

—¿Usted cree?

—Si claro…— Ñau se pierde en sus propios pensamientos por unos segundos y vuelve sus ojos hacia la extraña, rogando paciencia, —¿No cree que las palabras se pliegan en la cabeza?, cómo caben todas. A veces se enmarañan, se ovillan y salen a tropiezos por la boca sin haberles dado tiempo a desplegarse.

—Me está hablando de las ideas, no de las palabras, caballero —le contesta la dama tratando de desovillar la mente de su interlocutor.

—Puede ser…, nunca lo había pensado así,— la cara de Ñau se ilumina cuando se le viene una idea a la cabeza, que sin analizarla en profundidad la suelta por la boca, —¿sabe que las proteínas tienen tal cantidad de posibles plegamientos que de darse todas tardarían la vida del universo y no terminarían las secuencias posibles?, y sin embargo se pliegan de una forma muy concreta en apenas unos microsegundos, ¿usted llamaría a eso memoria?

La mujer de pelo desordenadamente recogido en un moño, improvisado hacía un rato, cuando decidió sentarse en aquel apartado rincón del parque, de repente se ha visto desbordada y ha dudado si decir algo, que seguramente hubiera sido tonto, o tratar de ahondar en sus neuronas una posible contestación ingeniosa.

—¿Está haciendo una analogía entre las palabras y las proteínas?

—Sí, claro, — empieza a decir Ñau, cada vez más entusiasmado y seguro de sí mismo, —veintiocho letras del alfabeto forman infinidad de palabras y crean infinitas frases… ¡viven plegadas en nuestros cerebros!, si no, no cabrían.

—Ya, pero las proteínas no son infinitas, no hay que caer en las reglas generales a la ligera. —Contesta la dama, que parece empezar a aburrirse de tal diatriba.

Ñau se percata en la leve caída de la sonrisa y los párpados de su compañera de banco y trata de salir del paso.

—Sí, puede que no sean lo mismo, pero sería mágico que fuera así, que cada palabra tuviera un lugar en el universo como lo tiene por ejemplo el colágeno. Que en algún lugar del universo exista la palabra sintigo, que aún no ha sido descubierta.

—¡Un universo de palabras…!— empieza a decir la joven mujer de cara dulce y ojos risueños. —Pero yo creo que el universo es mudo… ¿no?

Ñau se pierde oníricamente dentro de sus nublosos mundos de silencios y palabras desconectadas, tratando de mantener la tensión en el ánimo de la conversación.

—Me gustaría pensar que habla, que nos habla…, después de todo, ¿acaso el universo no se puede simplificar como un código, como una información encapsulada en leyes, patrones, estructuras y reglas.

De nuevo la dama empieza a perder el interés. De repente cae en la cuenta que alguien que les mira, en medio de la alameda de enfrente, se parece a ese personaje extraño que ha invadido su paz.

—¡Mire allí…! Se parece a usted, ¿no? —La persona señalada no ha tratado de esconderse; impertérrito sigue frente a ellos, manteniendo la distancia justa para no escucharlos, si acaso simulando estar distraído mirando el árbol que tiene a su lado izquierdo.

—No se parece… soy yo.

—Cómo es eso posible… ¡qué me dice!

—Sí, verá… es un problema que tengo. Cada vez que hago algo de lo que no estoy convencido, me divido en dos entes. Ese otro que simula no estar pendiente de nosotros, soy el yo que no está a gusto con haberme sentado a su lado.

—¿Y eso le pasa mucho?

—Todo el tiempo, tanto que ahora ya me parece trivial, ¡aunque puedo entender que le resulte extraño al resto de las personas!

—¿Y desde cuándo le pasa tal cosa?, no sé cómo llamarlo… ¿desdoblamiento?

—¡Oh!, desde que era niño, aunque no tengo memoria de cuándo fue la primera vez. Creo recordar que mis padres al principio pensaban que tenía un amigo imaginario.

—¡Mire, mire!, allí entre aquellos arbustos, ¿es otro usted?— dijo de repente la dama que no dejaba de salir de su asombro.

—¡Ah!, —empieza a decir rutinariamente Ñau—, no tiene de qué extrañase, ese otro es la división del segundo, que no está de acuerdo con que este se enfade conmigo por hablar con una persona que no conozco.

—Oh, pero en todo caso ese tercero es usted, que sí está de acuerdo con el acto espontaneo de sentarse aquí, en mi mismo banco.

—¡No crea que es tan sencillo!, ese tercero tiene sentimientos que yo no tengo…

—¿Y los conoce todos?, —dice la atolondrada y abierta mujer que empieza a entusiasmarse por la experiencia, —quiero decir… ¿cómo sabe qué posición guarda cada uno con respecto a los otros?, cuáles son sus emociones y pensamientos, no entiendo.

—¿Usted se entiende todo el tiempo a sí misma?, quizás sólo tenga presentimientos…, pero suelen ser certeros.

La dama permanece impávida y boquiabierta ante la escena, mira de vez en cuando al segundo y tercer personaje, esperando y analizando sus gestos y acciones. El tercero desaparece.

—¿Ha visto?, uno de ellos se ha evaporado… —de repente le surge una duda.

—¡Oiga!, usted es usted… —medita brevemente para tratar de aclarar sobre sus revoloteadoras ideas —quiero decir, ¿cómo sé que es el original, por decirlo de alguna forma…, que no es una copia.

—¡Ah!, ya. Una duda razonable. A veces hasta dudo yo mismo, y tengo que mirar a todos los lados por si hay otro yo, pero creo que es por lo mismo que he dicho antes…, tengo una especie de intuición que yo soy yo, el primero, si quiere decirlo así.

—Me llamo Aíla, por cierto…, ¿y usted? —dice la dama, bajando sus defensas ante tan insólita persona.

—Ñau…, !encantado!—, se levantan ligeramente sobre sus posaderas y se dan la mano, y se vuelven a acomodar, ahora con las piernas en dirección a su interlocutor. Hay un breve silencio y Aíla toma el discurso.

—¿Tus otros yos son plegamientos de su yo?— se le ocurre decir volviendo al tema de las proteínas y las palabras.

—¡Pues verás…! —los ojos de Ñau, antes perdidos al frente, ahora se atreven a mirar los de Aíla, —es curioso que me lo diga, a veces lo he pensado. ¿Todos ellos viven plegados dentro de mí?, es que no acierto a comprenderlo. Muchas veces he intentado hablar con alguno de ellos, pero la distancia que se crea al principio se mantiene…, como por una extraña repulsión, como así ocurre con los imanes. Entonces… sólo estoy yo con mis posibilidades o explicaciones de cómo y por qué ocurre. Me he llegado a preguntar si ellos mismos tienen ese mismo pensamiento, de dudas…, o si por el contrario parten de las mías y las desarrollan a partir de ahí…

—Tengo la intuición…, —le interrumpe Aíla— de que no ha de ser así…, ¿cuántas divisiones se pueden llegar a crear de usted…? —le pregunta primero, para seguir con sus argumentos.

—Pues no sabría decirle…, es que como se mantienen las distancias de unos a otros, no logro ver a todos mis posibles.

—…lo que quiero decir es que si fuera como usted dice… ¿cómo sabría el último hilo conductor de sus pensamientos? No sé si me llega a entender lo que quiero decir…

—¡Ah!, —dice asombrado Ñau ante tal presunción, —nunca lo había pensado así. Lo meditaré esta noche.

Sin haber agotado todo lo que se podría alargar el tema, Aíla ha querido cambiar de conversación, quizás por miedo a desvelar los secretos más íntimos de Ñau y que le termine por aburrir.

—¿Por qué la pregunta primera?

—El “¿me permite sentarme?”

—No sea tonto o bromista, usted sabe a qué me refiero.

Ñau se ha metido en su concha, rebusca una salida airosa y fácil, pero no se le ocurre nada. La falta de creatividad es una de las peores trampas que nos pone la vida para caer a tierra.

—Verá…, ya no me permito mirar a las mujeres, en esa medida han desaparecido del mundo, del universo, de la realidad.

—¡Y por mí se han vuelto presentes!— se apresura a decir Aíla rompiendo el hilo de su vecino de banco. Ñau sonríe con franqueza y la mira entusiasmado.

—…como decía, cada vez que una mujer se presenta en mi horizonte, echo la cabeza abajo… por lo demás esa actual ausencia las vuelve, quizás, más presentes en mi mente, no hay peor arma contra uno mismo que el olvido llevado mal a cabo.

—¿Por qué te has empeñado a que no existen?

—No sé, mis divisiones de identidad se volvían multitudes ante su perenne presencia. ¡Era aterrador y confundía a las personas que lo presenciaban, pues deberían creer que estaban en un mal sueño, salían despavoridos de tal escena…, a veces me empeño a pensar en cosas que nadie cree.— Se sucede un diálogo rápido.

—¿Pensar o ver?

—¿No es lo mismo?, si están en la mente tienen una forma de existencia, de realidad.

—Pero no son reales como tal.

—¿Usted cree? Esa realidad hace centellear las conexiones de las neuronas, posiciona ciertas moléculas de una manera concreta… ¿no es eso una realidad?

—Si usted quiere creerlo así.

—Sí, sino cómo explicar el amor…

—Por sus actos—, le interrumpe Aíla.

—…Pero una acción neural es un acto. El amor son conexiones neurales y hormonales improbables, pero al fin y al cabo reales. El resto de actos se siguen de esas conexiones.

—Quizás tenga razón, no sé… he de repensarlo.

—Quizás Dios exista porque todos lo pensamos. Le hemos concedido un cuerpo y realidad dentro de unas conexiones moleculares.
—Ese Dios sería pasivo, pues no podría tocar la naturaleza, al estar encerrado, como así sería, dentro de nuestras cabezas.

—En ese caso nosotros seríamos sus manos, su mente…, su hacer en el mundo.

—Por otro lado ya no sería el primer motor… ¿no?— Aíla se percata que de nuevo no sabe la contestación de la primera pregunta de Ñau, que de nuevo se había evadido. No sabe si volver a ella o dejar que fluyese la conversación. Sin posibilidades de hablar, Ñau, meditabundo, repite una frase dicha hacía un rato…

—…a veces me empeño a pensar en cosas que nadie quiere creer. La melancolía es la mueca que Dios nos concede cuando preguntamos lo imposible. ¿Sabe?, el otro día estaba en casa, estaba distraído mirando la televisión, viéndola más allá de ella, perdido en mis pensamientos, comiendo nueces, y se me ocurrió preguntarle a una de ellas que por qué era tan dura. ¿Acaso su fruto no está hecho para ser comido? Me empeñé a pensar que la nuez me contestaba, y que me decía que no sabía por qué era. Le pregunté entonces que por qué no lo sabía, si era parte de su naturaleza. ¿Por qué somos tan imperfectos de no saber siquiera el por qué somos como somos?, y si el humano es el único que se hace esas preguntas… porque tampoco sabe por qué se hace ese tipo de preguntas…— queriendo evitar caer en la melancolía de su soliloquio, miró a Aíla y le preguntó. —¿Qué piensa de todo esto?

—Yo soy como la nuez, no lo sé y no me pregunto.


Continuará…

Vivimos en una Simulación (Part. 2)

“Me pregunto por qué progreso se parece tanto a destrucción.” John Steinbeck
“Aquellos que han triunfado en cualquier ámbito y no mencionan la suerte, se engañan a sí mismos.” Larry King
“El caos precede al orden.” Latidos en la oscuridad
“Eres quién eres, y no recuerdas cómo llegó a ser así. No recuerdas haberlo decidido, simplemente pasó.” Little fires everywhere
“Es maravilloso poseer la fuerza de un gigante…, pero es tiránico usarla como uno de ellos.” Huérfanos de Brooklyn
“—Está viva. —No está viva, es una simulación virtual. —¿Cuál es la diferencia?” Devs


Sobre el anterior escrito, para un posible argumento para una novela, creo que se puede hacer una versión más compleja. En el anterior artículo perfilaba varias ideas, o estaban camufladas, de la mecánica cuántica, como por ejemplo la “interpretación de muchos mundos” o multiverso. En el presente voy a combinar tales ideas con la interpretación de Von Neumann-Wigner de la conciencia. Aviso que no trato de dar teorías sobre la mecánica cuántica, que todas estas ideas son para crear una novela, y que por lo tanto son unas interpretaciones muy libres sobre todas las teorías posibles que se manejan o se han manejado sobre esta ciencia.

Dije que había varias simulaciones, en las cuales los mismos agentes compartían los mismos recursos del sistema para de esa forma ahorrar tiempo y energía (en definitiva recursos). La interpretación de Von Neumann-Wigner de la conciencia, en su reducción, dice que la conciencia interfiere en las mediciones de la doble rendija, de tal manera que si no hubiera un humano observando el experimento no se daría tal aparente paradoja, de hecho si se apaga la luz los fotones sólo entran por una de las rendijas. “Esta es una mierda de interpretación dualista“, dicen en la serie Devs. Toda decisión humana crea tantos universos, como posibles decisiones puedan tener una acción. Es un tema central de la serie Devs y es lo que muestra. De alguna forma, la película Matrix cuando Neo se encuentra con el Constructor y contesta de muchas formas posibles a cada una de sus preguntas o respuestas: airado, cínico, indiferente, racional…, cada tipo de reacción crea una nueva línea de preguntas, respuestas y resultados finales. Cada decisión crea cambios exponenciales. Otra película sobre este tema es “el efecto mariposa”, donde el personaje principal o alfa, tiene la capacidad de volver a una de las líneas temporales y cambiar así en el presente en el que se despierta (gran interpretación de los actores secundarios, que tienen que encajar sus papeles a unos nuevos y muy distintos personajes, en cada una de las posibles historias). Otro buen ejemplo es “Looper”. Sé que esta última trata más bien sobre viajes en el tiempo, pero ¿y si es lo mismo? El cómo queda explicado abajo.

Teniendo en cuenta lo dicho, sólo los alfas de las simulaciones crean nuevas simulaciones a partir de encontrarse en situaciones en las que tienen que elegir entre varios caminos en sus vidas. ¡Claro!, no toda elección, como qué plato de comida elegir en un restaurante, por lo demás no todo humano tiene tal capacidad, pues sería demasiado caótico generando infinitas simulaciones. Una simulación se divide en dos o más, dentro de la vida de dicho alfa, cuando este se enfrenta a una decisión transcendental, tanto para él como para el mundo. En esos estados situacionales, o mites, un operario especial del mundo real puede entrar en la cabeza del alfa, al modo de la película Avatar, y “guiar” sus decisiones a nivel de lo que entendemos por inconsciente, y es a eso a lo que en nuestra simulación llamamos tener una intuición. En el juego “Craft the world” varios enanos, hasta veinte, son agentes de un sistema, en donde tienen que recolectar recursos (madera, minerales, agua, caza, pesca), crear materiales de construcción y armas, y construir estructuras. Cada agente o enano hace aquello que esté primero en la cola de las cosas pendientes. Si un enano va hacer una de esas acciones y de repente yo como jugador tomo el control de él, lo que fuera hacer se queda en su “subconsciente”, como lo siguiente a hacer cuando lo deje “libre”, pero si estoy demasiado tiempo con ese enano, al final otro enano hará esa labor, con lo cual al “soltarlo” este se puede quedar dubitativo entre lo que estaba en su “subconsciente”, que ya no puede hacer, y la nueva labor que puede hacer dependiendo del lugar en el que se encuentre. Ese tipo de “lapsus” es habitual en los agentes de la simulación en la que vivimos, cuando un operario del mundo real toma el control de nuestro cerebro y este de repente sale de nuestro interior. Eso es lo que ocurre cuando estamos en una nueva habitación sin recordar para qué habíamos ido.

No todas las simulaciones van paralelas en el tiempo. Una puede estar comenzando, otra en la Edad Media, otra en la actualidad y otras en el futuro. Lo que yo llamo alfas son entes con ciertas capacidades que no tienen por qué ser iguales en el sexo o el tipo de personalidad, son prototipos humanos (tipo A o alfas) que pueden llegar a ser líderes, artistas o científicos. En este sentido, como comparten recursos del sistema, en ciertas fallas de este pueden sentir que han viajado en el tiempo, pudiendo vivir en algunos casos como dos entes distintos en una misma época. En realidad o se han trasladado a una línea temporal antes de una decisión clave de sus vidas (en películas como “El efecto mariposa” o “regreso al futuro”) o por error del sistema se desplazan a otra simulación de un tiempo distinto al suyo.

Los operarios y programadores del mundo real no tienen prefijado un final o trama de las simulaciones. Estas operan con cierta autonomía a partir de las decisiones de los alfas. Lo que si hacen es recoger una gran cantidad de datos (tipo Big Data) de tal manera que tratan de analizar qué es lo que puede emerger del sistema o qué desean los agentes. Tal predisposición del sistema de las simulaciones es a lo que se llama “inconsciente colectivo“. En la época actual, de la presente simulación, el inconsciente colectivo estaba “deseoso” en algunos casos, o temerosos en otros, de que estuviéramos en una época clave para un final apocalíptico, tal como se puede analizar por las novelas y el cine, de tal manera que los operarios de las simulaciones han propiciado para que sea así con el coronavirus. En esa situaciones pueden crear o propiciar guerras, catástrofes naturales o pandemias. Si se trata de dirigir la simulación hacia una guerra, pueden tomar el control de un alfa, como fue el caso de Hitler, para hacer que esta se dé. En otros casos ni siquiera a partir de un alfa. Casos como el asesinato de Kennedy por Lee Harvey Oswald, o el asesinato del archiduque Francisco Fernando de Austria, que fue el inicio de la I Guerra Mundial, u otros asesinatos como el de Martin Luther King, o menores como el de la mujer del director de cine Roman Polański, Sharon Tate, mediado por Charles Manson, fueron llevados a cabo por un operario al tomar el control de un agente en las simulaciones. Cuando se apresa a dichas personas se sienten confusas y no parecen tener un “motivo real”. Los que analizan tales casos, no pudiendo llegar a ninguna conclusión, determinan —y para salir del paso— que son individuos con patologías mentales.

En ciertas simulaciones, los operarios ni siquiera tratan de “leer” el inconsciente colectivo para dirigir sus vidas hacia un fin, sino que se limitan a tratar de leer el inconsciente de un alfa especial y central en dicha simulación, sociedad y época, para hacer que la simulación vaya hacia ese “deseo inconsciente” de dicho alfa. En ese sentido se cumple aquello de “ten cuidado con lo que deseas” o de profecía autocumplida. Toda una simulación, o una época o sociedad al servicio de los deseos inconscientes de una sola persona o alfa. De esta manera el infierno o el cielo nos lo podemos crear nosotros mismos a nivel de los deseos inconscientes. Vincent van Gogh creó su propio infierno en vida. En otros casos como el de los “grandes hombres”, o los más temidos, como fueron por ejemplo Alejandro Magno, Genghis Khan o el propio Hitler, crearon sus cielos, aunque en este último su deseo inconsciente fuese tan despreciable y terrible como el exterminar a todo un pueblo, la mediocridad y a los débiles.


Fin de mi propuesta, a falta que pueda haber olvidado algún detalle.

A modo de reflexión, se puede pensar en la historia humana con una idea tan disparatada como la aquí presentada, y no hay ningún argumento en contra, basada en la ciencia o la razón, que la pueda desmentir. Igualmente se puede pensar que Dios es ese Ser que juega con nuestras vidas. Las religiones más antiguas se basan en la idea de un Dios que no era ni bueno ni malo, sino “juguetón”, a modo de un demiurgo (Abraxas como ejemplo) que no tenía ningún propósito final para crear el universo, la vida y la conciencia, y ni siquiera tenía todo el Poder sobre él. La historia de la filosofía se ha desarrollado, en gran medida, en tratar de pensar cómo ha de ser Dios dado el universo, la vida y el hombre. En cómo encajar la idea de un Dios Omnipotente y Omnisciente con la libertad humana. Si somos libres ya no es Omnipotente, pues algo se escapa de su “control”. En ese caso si somos libres no lo Es, o en su contrario no lo somos y estamos en sus Manos. Las filosofías y teologías más optimistas trataban de encajar esas dos realidades opuestas, tratando de hallar fórmulas que validasen la Omnipotencia y la libertad humana, como es el caso de la premoción física, o tendencia innata de los individuos. En ese sentido el “bien” al que tendemos todos “sirve” de director en la sombra en nuestras vidas. En toda situación en la que tenemos que tomar una decisión siempre se opta por la mejor para la mayoría, frente a la de la minoría, que así se convierte en el chivo expiatorio del sistema. Siempre parece “guiarnos” una voz interior o intuición. Esa voz o moral interior, o natural, ha sido tomada siempre como el Deseo de Dios sobre nuestros actos. En otro caso lo que arriba he apuntado como intuición, en la religión se llama inspiración religiosa, en donde hay que tener en cuenta que inspiración y espíritu tienen la misma raíz etimológica. Inspirar es llenarse de vida, expirar es morir. Al suspirar cogemos aire de forma rápida: es el deseo o anhelo de algo lejano en el espacio o en el tiempo (en las lenguas germanas, suspiro ‘sigh’ y visión ‘sight’, en tanto que premonición, puede que tengan una misma raíz); al exhalar echamos aire: ocurre cuando estamos cansados, tristes, rendidos. Cuando estamos entusiasmados, estamos crecidos e hinchamos el pecho. El propio nombre de Eva, como primera mujer, quiere decir respirar, que a la vez implica tener vida y dar vida (insuflar vida: dar el aliento de la vida). Desalentado es sin aliento, sinónimo de desmotivado; motivado está relacionado con estar fecundado de vida, con ser dador de vida. A la vez la motivación es tener un sentido de la vida, aporta una creación de sentido. Crear, sentir, respirar. El que tiene una inspiración se ve fecundado de vida y es creador de vida. El varón sin capacidad directa de ser madre, lo puede ser a través del arte, de la creatividad…, se vuelve madre, tal capacidad se la daban las mujeres, las musas —si en él muere la inspiración, se desalienta, se desmotiva, muere el sentido de la vida y por ello puede ser más tendente al suicidio—. En los griegos la madre tierra Gaia es la que da el don de dar vida a las mujeres, preña a la primera mujer, que desde ese momento toman ese don. Griegos y hebreos comparten las mismas ideas, como la inspiración y el espíritu relacionado con la respiración, pues no estaban muy lejos los unos de los otros. La película “Always” nos muestra la idea de que todos tenemos guías espirituales que nos hablan al inconsciente, que nos inspiran, que nos proporcionan las intuiciones. “Qué sabemos de viejos vagabundos locos, quizás sean como emisoras de radio qué a veces captan voces que dejaron de sonar”, nos dicen en la película, uniendo a la vez “locura”, vagabundeo y estar conectado con presencias divinas, con musas y en definitiva, con otras formas más profundas para conectarse con la realidad.

En el escrito he dado esa potestad a los operarios o los programadores de las simulaciones, y la fórmula sigue siendo válida. La existencia de Hitler, o las pandemias o catástrofes naturales, no encajan con esa idea de un Dios Magnánimo. Bajo esa idea se aplica aquello de “los caminos del Señor son inescrutables”, a que no podemos saber el porqué de todas las Decisiones de Dios, pero que siempre han de llevar a un buen fin y por ello no hay que cuestionarlos. Los conceptos del eterno retorno y ama a tu destino son la versión atea de Nietzsche a tal postulado. Bajo mi punto de vista, que es el que he mostrado en este escrito, los que están “arriba”, ya sea un Dios, una inteligencia artificial o unos programadores, no siempre tienen buenos fines, sino que son demiurgos que en muchos casos siembran el caos, para ver qué sucede. ¿Acaso no lo hacemos nosotros en los juegos?, yo rompo el suelo bajo los pies de los enanos de Craft the world, o los tiro desde barrancos, porque me hacen gracia sus sustos y enojos. Acaso no lo hacemos de igual forma en la vida. Nunca hay que despreciar la capacidad que tiene de cambiar nuestras vidas algo tan cotidiano y fútil como lo es el aburrimiento. Sembramos el caos no para llegar a un fin, no para el bien, sino simplemente para que algo distinto ocurra en nuestras mediocres y planas vidas. No hay que olvidar refranes tan antiguos como “cuando el diablo no tiene nada que hacer…” y “la mente ociosa es el patio de recreo del diablo”. Opera el concepto de voluntad de Schopenauer de energía que sólo quiere el cambio y crecer (en realidad retroalimentación positiva o el auto-refuerzo de sí). La decisión óptima no existe por esta base, y en tanto que el futuro y el azar no son pronosticables.

Yo no amo mi destino, ni la predestinación. Siempre dudo de lo que me pueda decir la intuición, lo prescrito. Los que nacemos bajo esta condición somos catalogados como ángeles caídos, prometeos, lucifer (que proviene del que trae o porta la luz —se referían al planeta venus, que se ve en el firmamento antes de que salga el sol—, fijarse en el prefijo luz, coincide con el mito de prometeo), aquellos que se revelaron contra el destino y los dioses. La marca de Cain, para bien o para mal, nos guía y nos protege.


Offtopic y spoiler. El final de la serie “Devs”, un día después de este escrito, coincidió con los mismos argumentos que yo he ido sosteniendo en los dos artículos sobre las simulaciones. Sobre todo el papel del ejercicio de la libertad, y por ello del ángel rebelde contra el destino —en Devs representado por la desobediencia de Eva para no comer del árbol del bien y del mal—, y que no hay diferencia entre realidad y simulación. La rebeldía no es mala y sí necesaria cuando hay que “desobedecer” lo negativo del destino —en el caso de la serie cuando Lily Chan no dispara sobre Forest— o aquello que nos dice e impone un líder o un sistema que vaya contra lo mejor de la esencia humana. El primer escrito sobre simulación, es del día 9 de abril, preveía que al final tuviera que entrar en juego tal idea en la serie. No es “brujería”, ni nada similar. Tanto Alex Garland, su guionista y director, como yo, nos alimentamos de los mismos mitos y las mismas referencias: las conclusiones a partir de unas mismas premisas iban a ser iguales o muy similares. Esto confirma lo que digo una y otra vez, de que las ideas “flotan en el ambiente” y todos las leemos. Todo esto me ha llevado a pensar que el principal cambio que ha traído Internet es que ahora el inconsciente colectivo está más comunicado, y en ese proceso está más latente y más actualizado…, con lo que gana vigencia y fuerza, sobre la “razón”, que en este proceso es la tortuga que siempre va por detrás de la rápida liebre que es el inconsciente.

Vivimos en una Simulación

Vivimos en una simulación. No al modo de Matrix, donde por cada humano virtual existe un humano real, sino en una máquina que simula cada uno de los agentes existentes en la simulación. Cada agente nace bajo unas premisas regladas por el sistema, como la herencia, los posibles cambios epigenéticos, las repercusiones físico/cerebrales durante el parto, y según las condiciones físico/cerebrales de la madre y las ambientales. Este mundo simulado no tiene porqué ser igual al original y que lo sustenta. Tampoco coinciden los tiempos. Las simulaciones van más rápidas que el mundo real, pues de esa forma se estudian mejor los cambios. El sistema se reinicia cuando las simulaciones llegan a la edad real del mundo que las sustenta.

La simulación en la que estamos todos nosotros no es la única. Debe de haber muchas, pues de nada serviría tratar de aprender de una sola de las líneas evolutivo/históricas, si no es posible compararlas con otras. A tal propósito están enlazadas en una red neuronal de ordenadores, en donde en algunos casos se comparten recursos. El planeta es el mismo, por ejemplo, pues no sería válida una comparación si fueran distintos, ya que a distintos medios se podrían dar distintas evoluciones históricas. Igualmente hay ciertos agentes alfas que comparten una misma red neural, si bien dicha red y programa que lo sustenta los mantiene aislados como agentes individualizados. Esta red, en su complejidad, no está libre de fallas. Ciertos agentes ven o sienten fugazmente otras simulaciones paralelas de su propia identidad. Tal sistema se implementó por la necesidad de compartir recursos, ya que los agentes operan bajo las premisas del estímulo-respuesta, y la mayoría de los estímulos suelen ser iguales, y por lo tanto con una misma respuestas para todos los agentes de todas las simulaciones, lo que deviene en un alto ahorro en los recursos del sistema.

Estos agentes alfa están programados para crear cambios en las simulaciones, ya sea porque sean líderes, científicos o artistas, en donde todos ellos creen cambios en la linealidad del sistema. De esta manera parece haber cierta seudo- aleatoriedad, cuando realmente no la hay, puesto que el sistema tiene el control sobre dichos agentes y cómo lideran o qué descubren o hacia dónde dirigen las artes. Esto es así porque los creadores de la simulación en la que vivimos, están simulando su propia historia una y otra vez, con pequeñas variantes, para ver si se llegan a los mismos resultados o no. En última instancia están tratando de determinar cómo repercute el azar y las decisiones individuales sobre los acontecimientos, y la historia de las civilizaciones y las culturas.

En esa dirección nos han hecho descubrir el universo y las grandes leyes que lo gobiernan, pero tales simulaciones tienen un límite conceptual a la hora de cómo es el mundo subatómico. Los que crearon la simulación llegaron a la conclusión que si a las simulaciones se le daba las leyes que gobiernan tal mundo, los agentes inteligentes de tales simulaciones descubrirían que están en una simulación. Tal desbarajuste lo resolvieron dándonos unos descubrimientos hipotéticos, con unas reglas aleatorias y erráticas, como el experimento de la doble rendija, que en la actual simulación del mundo lo llamamos mundo cuántico. También nos dejaron creer o percibir las otras simulaciones en teorías, y que todas operaban a la vez, bajo dichas leyes cuánticas falsas. En esa dirección ninguna de las simulaciones logrará unificar las leyes del universo y las cuánticas, pues además en las leyes del universo añadieron algunas que igualmente nos confundieran, como la energía y la masa oscura.

Una falla que tiene el sistema es el control de los agentes alfa. Estos tienen una mayor capacidad de libertad que el resto de los agentes, pues en ellos tratan de simular una libertad o aleatoriedad casi sin límites, pero en esa dirección tienen menos control sobre ellos, con lo cual a veces ven, perciben, sienten y piensan cosas que no deberían concebir. Ese es el caso de ver fantasmas, u objetos voladores que no parezcan de nuestra época. Para solucionar tal desbarajuste se programó a los agentes con una fuerte inclinación a los comportamientos erráticos, de tal manera que dichos sistemas los tomasen como portadores de trastornos mentales y disfunciones cerebrales. En su caso más extremo son tomados como esquizofrénicos, en la actual simulación. El sistema, y según va evolucionando social e históricamente, juega con dos variables: 1, el pensamiento mágico, y 2, la razón. A medida que el valor de la variable del segundo crece, disminuye el valor del primero; en donde en muchos de los mundos lo analizan como un progreso, mientras que en otros lo analizan como una pérdida. La simulación en la que estamos está programada para que haya una alta variabilidad de cómo concebir tales gradaciones de estas dos variables, si bien parece ser que el sistema se está decantando por dar más validez a la razón. He dado esta explicación para hacer entender que en las simulaciones, o el tiempo, en donde el pensamiento mágico predomina, a dichos alfas que entrevén las distintas simulaciones —hay que recordar que están entrelazados con el restos de los alfas del mismo personaje, en las distintas simulaciones— se les toma por bendecidos, chamanes o profetas, cuando por el contrario son tomados como locos o que han perdido la razón, en aquellas otras simulaciones en las que predomine la variable de la razón.

En este caso, en el mundo real que nos simula, por cada alfa existe una persona o grupo de personas que lo gestionan para ver que le pueden dejar creer y qué no, dentro de sus visiones, dependiendo de la simulación en la que vivan. Jesucristo o buda es un alfa que comparten todas las simulaciones, y que tienen pocas variaciones de unas a otras, pues son de una época en la que en todas predomina el pensamiento mágico. Con todo algunos de los Jesucristos o Budas se extralimitaron, e igualmente fueron o bien ignorados o tomados como locos, dentro de sus simulaciones.

Siendo las simulaciones como las he descrito, se requiere mucha supervisión de los programadores sobre el papel de los alfa. Los favorecen o dictan como para que perciban ciertas realidades, y les favorecen para dejarles más “pistas” para descubrir ciertas otras, sobre el resto de los humanos. Esta capacidad en la presente simulación ha sido tomada como que le hablaban los ancestros, los dioses o las musas, según épocas y culturas, pero a la vez seguidamente les niegan ciertas visiones o que duden de ellas, si lo que “descubren” puede hacerlos creer que viven en una simulación. En tales visiones se pueden sentir dioses, con cierta omnipotencia y omnisciencia, y dichos programadores, les tienen que bajar ciertas variables para reajustarlos a la simulación en la que se encuentran. Con todo, dichos agentes no dejan de estar libres de percibir la simulación, en ese caso en el mundo real se crean reuniones de los jefes de equipo, de las distintas simulaciones, para acordar cómo se tienen que comportar ciertos líderes, y si se le puede “permitir” creer en lo que ven o por el contrario tienen que dudar de ellas. Por lo demás juegan con la baza de que la sociedad en la que viven les den fe o por el contrario los tomen por locos. Los refranes a veces dan con dichas claves de los programadores, como es el caso del dicho de “la suerte favorece a las mentes preparadas” (Louis Pasteur, moderna) o “la suerte favorece a los valientes” (Terence, antigua).

Como resultado de todo lo anterior, el hecho de que a los alfas se les favorezca para que vean más patrones que al resto de los humanos, en muchos casos quizás no sea porque sus cerebros calculen dichos patrones, sino porque los programadores les pongan demasiadas pistas en sus vidas. Esta dirección de cómo recrear las simulaciones creó demasiadas disputas y divisiones en los jefes de equipo, ya que no es que tales mentes, quizás, tuviesen “muchas luces”, sino que les estaban poniendo las cosas demasiado fáciles. Hay que recordar que las simulaciones se crearon para tratar de discernir el papel del azar y la libertad. En ese caso dichos programadores no tienen las respuestas de cómo interactúan y operan, luego no pueden programar algo que no terminan de entender.

Los programadores “rebeldes”, que no aceptan que se les facilite las cosas a ciertos alfas, a veces, en ciertas simulaciones, boicotean a ciertos alfas para que dejen de creer en lo que sus cerebros y las pistas en sus vidas les dice. Uno de esos casos fue el poeta francés Rimbaud, en la simulación en la que estamos, que abandonó la poesía y la vida artística a una edad muy temprana, por algo tan contrario al arte como es el comercio. En otros casos a ciertos matemáticos o científicos se les “mataba” a muy corta edad, como es el caso de Évariste Galois, que murió en un duelo, puesto que al ser excesivamente certeros podrían adelantar los adelantos matemáticos y científicos, rompiendo con la linealidad histórica que los programadores esperaban. En otras situaciones, en dichos mundos virtuales, se programa a dichos alfas con enfermedades terminales, como fue el caso de Steve Jobs. Otro problema con una misma raíz común de mover los hilos, es la cuestión del límite de gestión de los recursos del sistema. Según las civilizaciones progresaban se requería una mayor cantidad de recursos de las redes neuronales, que tenían un límite óptimo. Para resolver esta falla los programadores potenciaban que se diesen guerras, terremotos y otros desastres, así como pandemias. Un periodo crítico fue la primera mitad del siglo XX, en nuestra simulación, en donde se tuvo que recurrir a dos grandes guerras, una crisis económica y la gripe española, para disminuir el número de agentes al número óptimo que el sistema podía gestionar. Como son sistemas semi-autónomos no pueden prever el número de bajas, por lo que al darse un exceso de muertes con dichas calamidades, al final se recurrió a lo que conocemos como “baby boom”, en la simulación en la que vivimos, para aumentar algo el número de agentes hábiles. Esta otra dirección, de jugar a ser dioses, igualmente creó muchas disputas en el mundo real, pues ¿por qué controlar tanto la linealidad histórica si por ello están alterando las conclusiones a las que se pueden llegar? Los defensores del control argumentaron que dado que los agentes alfa no son entes reales, no tienen por qué comportarse como tales, pues en esas líneas de las simulaciones dichos alfas incluso podrían tener las visiones totales de la historia, en épocas tan lejanas como la prehistoria, cuando en realidad ni comprenderían lo que están viendo, como fue el caso de San Juan y su apocalipsis o Nostradamus. En esa dirección conviene, y es necesario, tener control sobre ellos, para limitarlos en sus pronósticos y visiones, o en otro caso, en las eternas revisiones futuras más racionales, ponerlos o tomarlos como locos, como para que la sociedad dude de ellos. En la simulación en la que estamos, dijo algún alfa en las redes, que la actual crisis coronavirus lo soñó, y que su programador, uno de esos que tienen tendencia a boicotear el sistema, le complació e hizo que se diera tal escenario.

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No me he vuelto loco. No creo en tal escenario. No pienso que vivamos en una simulación. Es sólo el argumento de un libro, que lo dejo aquí para el que lo quiera desarrollar, pues yo no lo haré o lo escribiré. Fijarse que el concepto de Dios es igual al de dichos programadores. De existir Dios… ¿”Comprendería” realmente la libertad y el azar?, ¿estaría Él fuera de tal trama? (sobre las explicaciones que se han dado sobre esto, a lo largo de la historia, puede que lo trate en otro escrito). Con todo, cómo crear un libro sobre tal tema. ¿Desde las disputas y vidas particulares de los programadores y a partir de una de las simulaciones?, que sería en la que estamos nosotros ahora, para tener una buena referencia. Es una narración demasiado abstracta. Una buena posibilidad, con un argumento bastante distinto del tema aquí presentado, es que sólo hubiera una simulación, y que esta se recreara a partir de los cerebros durmientes de las personas reales, como una segunda vida, que olvidarían o truncasen sus recuerdos a la hora de despertarse. En este caso, en un libro muy distinto, viviríamos en un mundo futuro, donde todos tendríamos implantado un chip que nos conectaría vía wifi a un sistema central, que es el que utilizaría las capacidades de todos los cerebros, a modo de red neural, para crear la simulación. El resto del trama se comparte: en la simulación del sistema, una potente inteligencia artificial (de nuevo otro modo de ser Dios) —que tendría más información de la que es capaz de asimilar el humano, ahora en desventaja con respecto a las máquinas—, favorecería con ciertas visiones a algunas personas, que a modo de interferencia, les repercutirían en sus vidas reales, ya fuera como para tomarlos como visionarios o como esquizofrénicos y dementes.

Tanto en la visión que tenemos ahora de un posible Dios, como en la de los programadores, como en la inteligencia artificial, se mantienen la idea de un Ser Superior… ¿por qué tal “coincidencia” en toda narración? ¿Es una consecución lógica dada unas premisas, o es una tara en nuestra comprensión del mundo? Es razón o pensamiento mágico. El neuroexistencialismo, la ciencia, nos dice que es pensamiento mágico. En ese caso no existe Dios, pero consecuentemente entonces… ¿no es posible la existencia de tal ser omnisciente y omnipotente?, ya sea en programadores de simulaciones o en una inteligencia artificial que recreen la libertad y el azar? Y si a “Eso” que llamamos Dios (no sé si es demasiado sacrilegio poner a Dios en un entrecomillado), es ese programador o inteligencia artificial, y en ese caso estamos en algún tipo de simulación, aunque sólo sea en su pensamiento o en algún equivalente a lo que nosotros entendemos por un sueño. Dios nos sueña. Quedaría por saber si Él nos toma como un sueño o como una pesadilla…, ¡un momento, tengo una interferencia, me voy a reiniciar!

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Tres Historias

Historia 1

En mis caminatas trato de optimizar rutas, para que si se da el caso que me encuentre muy cansado en alguna de ellas, coger la más corta. En unas de esas rutas alternativas de vuelta me encontré con la hondonada hecha, entre dos montes, por el fluir de las aguas en invierno. Al llegar allí se pierde de vista todo y sólo ves los juncos secos de un río, que apenas debe de durar uno o dos meses de invierno. También una pequeña charca artificial, de las que suelen hacer los ganaderos, para que abreven sus reses o las ovejas. Allí vienen a descansar, y poder alimentarse de algunos batracios o insectos, algunas aves en sus migraciones.

El tiempo parece detenerse en aquella oquedad de una perenne hierba, siempre verde y larga, manchada de blancos y heridos de muerte juncos. Me imaginé a mis ancestros llegando allí y acampar mientras pescasen o cazasen en un río, que antes debía ser más constante y fluido. En la loma de la derecha unas rocas salientes y aflechadas de dura pizarra, pueden dar cobijo de las lluvias, las nieves o el fuerte viento. Mi mente, siempre inquieta, albergó la idea de hacer una pequeña choza con las pizarras, más adelante y con tiempo, como así las hacían los habitantes de la prehistoria en esas zonas del norte de la ciudad.

Durante varios días me apeteció volver a ese remanso de paz, pero no todo dura. Cuando uno de esos días me adentraba en esa senda, un vehículo se acercó a mí por un camino cercano y su conductor me conminó a que no entrase, que estaba prohibido. Empecé a contraargumentarle de varios modos. Por la ley y las normas: “no hay ningún cartel de prohibido, ni hay vallas”. Por salidas oblicuas él me dijo que sí era una propiedad privada, y yo no podía negárselo. Segundo modo, hago llamamiento a la vanidad del propietario: “escojo este camino por su belleza; alrededor sólo hay trigales y nada natural”. Tal argumento no era válido, pues se impone lo legal: es privado y así me lo vuelve a hacer ver. Apelo a lo humano: “no hago mal, ni perjuicio a nadie con pasar”. De repente me dice que hay conejos y que se espantan, y se pueden ir hacia la carretera y los pillan. Capcioso, pues hacia la carretera hay un terraplén muy empinado, mientras que los animalillos tienen otros escapes más sencillos entre las hierbas y las rocas. Me rendí y le dije que iría por el camino de más arriba, pues acababa en el mismo lugar al que quería llegar. Comprendí que era un cazador y que si alguien pasaba por allí, los conejos se pondrían sobre aviso y le costaría más cazarlos. Podría ir otro día al registro de la propiedad y saber si realmente pertenece a alguien, pero para qué, ya no sería un lugar tranquilo, pues ya tendría la “mancha” de una “lucha” entre hombres. La propiedad lo envenena todo.


Historia 2

Al volver y ya andar por la ciudad, de repente me encuentro con un anciana de unos ochenta años gritando: “¡hay que matar a todos los ricos, todo es culpa de ellos!”. Me recordó el Zaratustra de Nietzsche en sus arengas a las gentes con las que se encontraba, que a su vez me imagino que se basó en las historias sobre Diógenes, el cínico. Algunas personas, por compasión, trataban de acercarse a ella y calmarla, pero la anciana se echaba para atrás diciendo: “tú eres rico, no me toques. ¿Eres rico?, por culpa de los ricos hay pobres y personas sin techo…”. El hombre que le trataba de calmar le decía que no era rico, que era una persona normal, pero la mujer ante la sospecha seguía gritando: “¡hay que matar a todo los ricos, ellos son los culpables de todo!”, mientras se alejaba y trataba de sentarse en un banco cercano, como para protegerse las espaldas.


Historia 3

Siguiendo mi camino, y mientras pensaba en la anciana, un conocido frenó mi paso y me empezó a hablar. Preguntas y respuestas de ida y vuelta se fueron sucediendo, hasta que no sé cómo, me empezó a relatar que el sábado pasado, estando de copas, se ligó a una chica y la llevó a su casa y tuvieron sexo, con detalles aquí y allá fuera de tono y demasiado textuales. Cuando habían acabado, mi amigo le dijo a la chica: “me han entrado las prisas, voy al servicio, ¿vienes a limpiarme el culo?” Al parecer la chica empezó a poner caras extrañas y a mirar a un lado y otro. Me imaginé la situación y de repente verse aterrada, como si se encontrara ante un feroz depredador. Ante tal gesto mi amigo le espetó: ¡Ah, que tú eres de esas chicas que no limpian el culo de los hombres la primera vez!”. La joven se incorporó, vio el móvil en la mesilla, lo cogió y desbloqueándolo miró la hora diciéndole: “¡Uf, que tarde, ¿nunca has pensado que no valoramos lo suficiente el olor de nuestros pedos?, me voy a casa que me han entrado flatulencias y quiero degustarlos un buen rato”. Me despedí de mi amigo, mientras este decía que no dejaba de sorprenderle lo rara que es la gente.


De las tres historias una es falsa.


El Big Data Como Conciencia

Este es el mundo de hoy: nadie pide nada, pero luego es demasiado tarde.”
La información ya no existe.” Dobles vidas
No somos absolutamente libres porque siempre estamos arraigados en nuestras relaciones con el mundo y con otros agentes libres.” Christine Daigle y Christinia Landry parafraseando a Sartre


Este escrito son sólo apuntes. Las ideas generales habría que desarrollarlas más.

La conciencia humana se puede describir bajo una gran multitud de paradigmas (visiones). De forma escueta se puede decir que es una centralización de la cognición, un proceso por el cual algo relevante es llevado desde el cerebro de fondo, o modo automático de trabajar, a un espacio en donde la atención se centra sobre dicho tema para ser analizado de forma más precisa. Los procesos subconscientes son como todos los exámenes de una clase, y la conciencia es cuando el profesor revisa cada uno de los trabajos. Revisar es volver a ver con más atención, detenimiento y cuidado.

En mis escritos he ido llegando a la -provisional- conclusión de que en lo social no puede darse la conciencia. El Estado no lo es porque siguen siendo varias conciencias independientes, que aunque se sienten alrededor de una mesa siguen siendo individualidades, y lo que se ponga sobre ella no llega a ser analizado desde una mente, tan sólo consensuado. Bajo estas premisas mis primeras conclusiones eran que lo que emerge como un todo en lo social, es lo inconsciente -o subconsciente-; esto es: lo que se manifiesta en una región ciudad o país (cultura) como la suma promediada de todas las mentes. La única posibilidad de conciencia sería una Inteligencia Artificial. Pero estos días he estado pensando sobre esto y me he dado cuenta que el Big Data y los algoritmos ya están funcionando como “conciencia” del sistema; aunque de momento todo está descentralizado. Los algoritmos recogen información en bruto y la procesan (revisan) buscando patrones por medio de los cuales sacar conclusiones de cómo es el sistema (el ser humano y este en sociedad). La conciencia, cuando toma el control del cerebro, lo hace bajo cierta premisa: con un por qué, un cómo y un para qué. Lo que analiza queda “contaminado”, alterado, por dichas premisas. De igual forma el Big Data y los algoritmos tienen las mismas premisas, que en la mayoría de los casos es la productividad y las ganancias.

Pero no se salva la paradoja de que el Big Data no lee lo “deseable” o las posibles tendencias del prefrontal o conciencia de los humanos, sino que analiza sobre todo lo inconsciente. Con un caso se entiende lo que quiero decir. Los algoritmos que trabajan en los sitios porno se basan en estadísticas de visualización, pero ¿qué se ve por término medio? El deseo sexual humano se está saturando. Si hace cincuenta años excitaba un simple escote o una minifalda, hoy ya no lo hace. En esa saturación el porno ha ido hacia el “Hardcore”. Cuando este se vuelve rutinario se exploran aún más los límites. Las compañías del porno han funcionado bajo esta regla: hacen lo que se vende, lo que se demanda. Como resultado los algoritmos “creen” que eso es lo que quiere o es el ser humano. Todos y cada uno hemos hecho “creer” a dichos algoritmos que esas escenas definen la sexualidad humana (o la del macho). No han “leído” el cómo es deseable un acto sexual -promedio- de un humano con otro humano al que ama, ha leído lo más recóndito de los instintos. Unos y otros algoritmos no leen la realidad, sino en muchos casos las fantasías más irreales (o grotescas a estas alturas). No la casa que uno puede tener dada su condición económica, sino la más exuberante, grande y deseable. Lo mismo para un viaje, una noche de fiesta (recordar las películas de fiestas desmadradas -¿será esto un micromachismo?- que se han vuelto tan populares), etc.

Ahora imaginar lo contrario. Que cada uno siendo consciente del papel que hace sobre lo que ha de ser el humano, no buscase en Internet lo “exagerado” y “extralimitado”, sino lo que uno tendría que pensar como razonable. Los algoritmos se “reacondicionarían” a esta nueva manera de ver el mundo. Cuando uno buscase tendría que ser consciente de dos cosas: qué imagen queremos que tenga el Big Data sobre el humano y qué imagen queremos que vean nuestros hijos y nietos sobre nuestra generación. Quizás no esté diciendo nada nuevo, la cultura siempre ha sido esa suma de una época y sociedad que heredan los hijos. Hace de alguna forma de conciencia, pero no es igual al Big Data, pues este es constante presente, mientras la cultura es el poso que queda después de unos años o décadas: es lo remanente de un pasado.

¿No se parece la posición de preparación a la cópula en los mamíferos?

Límites de tales planteamientos. La mayoría del tiempo el humano se mueve en sociedad como un autómata, más ligado a lo instintivo y la memoria implícita, que de manera consciente y con la memoria explícita. La “conciencia” actual del Big Data, para lo que está programado, es para la productividad y la ganancia. Las premisas están mal. Todo Internet está bajo esta premisa aunque tal “verdad” parezca ser invisible. Todo lo que cualquier persona haga en Internet está reportando dinero a los creadores de contenidos y a las compañías basadas en el Big Data, luego nuestra simple interacción en Internet genera un dinero del que uno mismo no recibe nada material a cambio. En esa doble dirección uno desea “recibir” algo físico también, lo que hace que tal sea la premisa -esa es la tendencia- de fondo de Internet: que todo tiene que implicar alguna ganancia.

Siendo así, y si alguna vez se centralizasen todas las “conclusiones” a las que van llegando “los” Big Data, en una Inteligencia Artificial, y se le preguntase a esta sobre nuestra naturaleza, sobre cuál es la condición humana, quedaríamos mal parados con su forma de “mirarnos”. Quedaríamos fotografiados por todo lo más perverso y bajo del ser humano. Lo promediado sería lo mezquino, el odio, la ira, el egoísmo, el narcisismo, el deseo sexual más instintivo, la trampa, el engaño, la mentira, la estupidez, lo zafio…


Otro tema al que he dado vueltas muchas veces y está ligado de fondo al anterior. En cierto escrito (de hace diez años) decía que la sociedad era como la base giratoria de un molino, en donde en su giro y en su centro se ejercen fuerzas centrípetas (tiene cierta inclinación para que el grano caiga), y en la parte más externa fuerzas centrífugas, si se diese el caso que la rueda girase a mucha velocidad. Mas recientemente dije que yo sentía en verano algo así como ser “tragado” o succionado al ojo de un huracán. Por aquel entonces ya pensé en la posibilidad de si la típica campana de Gauss, de lo promediado estadísticamente, en realidad sólo es la forma bidimensional de una espiral logarítmica. La parte más alta de la campana es el ojo de la tormenta, donde se generan fuerzas centrípetas, mientras que en la parte más externa se pronuncian las fuerzas centrífugas. Cuanto más aguda sea una campana más fuerzas centrípetas se ejercen, momento en el cual, cual vórtice que se colapsa sobre sí, dicha fuerza energética se vuelve caótica al perder la uniformidad y su estructura. Una campana de Gauss baja se mantiene más estable.

La sociedad se ve succionada al centro de la campana, o de la tormenta, más a mayor crisis, como si estas fueran las energías que alimentaran la tormenta. Pensemos en la siguiente situación: uno se encuentra en una entidad bancaria y de repente entran unos asaltantes. En situaciones de rehenes la gente tiende a paralizarse, a “no mover un dedo” para no llamar la atención de los asaltantes. Todas las personas en ese medio tienden más a mimetizarse, a igualarse. Debe de haber una primitiva que revele aquello de “clavo que sobresale será martillado“. Cuando tenemos miedo tendemos a taparnos la boca con la mano, para que no se nos escape ningún sonido. Seguramente tenga el origen de permanecer en silencio y sin moverse ante la presencia de los depredadores. Lo que quiero hacer ver es que las personas tendemos a mimetizarnos más de la media en situaciones de peligro, y que seguramente ese sea nuestro proceder durante las crisis. Tampoco hay que ignorar que el que se “mueva fuera” del grupo será el posible chivo expiatorio.

Uniendo puntos con otros escritos, los bancos de peces cierran su agrupamiento cuanto más rodeados se encuentren, con lo que se da una situación similar de fuerzas hacia el centro y posibilidades de ser despedido fuera del grupo cuanto más en la parte externa se esté. Lo que trato de hacer ver es que tanto en los sistemas físicos, como en los vivos, se siguen ciertas reglas de los sistemas dinámicos. La espiral logarítmica se da de igual forma en una galaxia, en una tormenta, como en un banco de peces. En lo humano la campana de Gauss seguramente sea la forma bidimensional de un espiral logarítmica. Las fuerzas son mayores cuanto más se esté en el centro, y a la vez cuanta más masa haya en dicho centro más energía habrá de succión hacia él. Las personas liminales, ya sea porque no tienen la fuerza o la convicción de seguir o dejarse llevar por esas fuerzas, son expelidas hacia las partes más externas. A mayor exterioridad, mayor posibilidad de ser el clavo a ser golpeado o chivo expiatorio.

Por si no se ha entendido del todo, cuanto más se tienda a emular a la masa en tiempos de crisis, más miedo se tiene. O dicho bajo otra perspectiva: se emula y se genera mayor miedo en el sistema, que por retroalimentación genera más tendencia a emular.

La nueva película del “Joker” tiene ese trasfondo (no creo hacer spoiler, pues se deduce desde el principio que esa persona no es el Joker, y que la película va sobre ese cambio al Joker que conocemos). Un individuo mimetizado en el miedo generalizado que al final se cansa de tener miedo. Toda la clase trabajadora, en alguna medida, somos el Joker. Se tiene el temor que la película se vuelva mimética o cree alteraciones del orden. No creo que sea así. Las dos fuerzas en juego son la ira y el miedo, y de momento gana el miedo.

Nada más. Que cada uno a su gusto sume las dos partes del escrito y saque sus propias conclusiones.

El Árbol del Bien y del Mal

Tema para una novela, que como yo no voy a hacer regalo. No da para crear una teoría, por ser demasiado hipotética.

La novela se centraría en ciertos humanos (sapiens) al llegar a cierta región habitada por neandertales, en una zona del Cáucaso, en concreto la cultura Cucuteni – Trypillia (se verá porqué). Frente a dicha región se levanta una cordillera montañosa de picos con una altura de hasta 5000 metros de altura. A la izquierda el mar Negro, a la derecha el Caspio. Se encuentran en un callejón sin salida.

Al llegar se topan con una población bastante grande, basada en guerreros y sacerdotes. Se les despierta la curiosidad cuando se dan cuenta que no son neandertales como los que han encontrado en otras zonas. Son más despiertos, más vivaces, inteligentes e inquietos. Los acogen de buena gana en su tribu, si bien con ellos no se entienden más que por señas. Hablan mucho y muy rápido, pareciendo muy locuaces, y como si en su mente fluyese un río embravecido sin posibilidad de freno. En sus encuentros por la noche ante el fuego no bailan, sino que dedican el final de la jornada a hablar todos juntos de forma profusa y motivada.

A los pocos días se enteran de un bosque frutal fuertemente protegido. Nadie puede entrar en él sin la guía y vigilancia de los sacerdotes, protegido este por los neandertales más fieros y fuertes. A la vez se les dice que el rey del poblado les quiere ver en una audiencia.

En ese encuentro este les cuenta que tal bosque está protegido porque en él se encuentra el árbol del bien y del mal, del que nadie fuera de su tribu puede tomar sus frutos. No hay nada más tentador para el cerebro humano como que te señalen una barrera que no se tiene que cruzar. El rey les dice que pueden entrar en el bosque y comer sus frutos, pero que no se tienen que acercar al árbol del conocimiento, y mucho menos comer de él.

Lo demás lo dejo en manos del que quiera seguir la historia. No sería estrictamente fiel a la biblia, sino que se daría una guerra entre los sapiens y los neandertales por la defensa, y el tratar de conquistar el bosque y al árbol del conocimiento, a modo de las guerras entre españoles y centro/sur americanos por sus preciadas ciudades y tesoros.


En qué me baso para tales supuesto. La raza caucasiana proviene de este origen del Cáucaso.  El Cáucaso fue el Internet -conexión de culturas y saber- de su época (como después lo fue el mediterráneo) por la situación de tal enclave. Es sabido que a cada uno de los dos lados de todo sistema montañoso hay grandes poblaciones, pues todo viajante que cruzase las montañas, por los medios antiguos, necesitaban reponer fuerzas.

La cultura Cucuteni – Trypillia es de los pocos grupos sociales primitivos que tuviesen un rey o líder, mientras que el resto de cazadores-recolectores de la misma época era acéfalas.

Esta es la sugerente etimología sobre el nombre Caucaso:
El nombre proviene del griego Káukasos, legendario pastor escita asesinado por Crono y que dio nombre a las montañas. En la mitología griega, el Káukasos era uno de los pilares que sostienen al mundo. Se afirma también que Prometeo fue encadenado a estas montañas por Zeus.
Otra versión es que procede del personaje mítico llamado Caucas, antecesor legendario de los pobladores del Cáucaso. Éste era el hijo de Targamos, y nieto de Jafet (tercer hijo de Noé) o Japeto. Su historia fue puesta por escrito en una compilación de crónicas georgianas medievales, llamada Kartlis Tsjovreba (‘Vida de Kartli’, centro de la región antigua y medieval de Georgia, conocida también como Iberia, redactadas a partir de la tradición oral del lugar. Uno de los autores de estos textos, cuya cronología oscila entre el siglo IX y el XIV, que se ha podido identificar es Leonti Mroveli (siglo XI).”

Por otro lado Terence McKenna tiene la teoría del mono drogado: que el humano llegó a ser lo que es por medio de hongos que contenían psilocibina. Yo no lo creo, pero en la actualidad está en boga la repercusión de la herencia horizontal de las especies: “La transferencia horizontal de genes (HGT) o la transferencia lateral de genes (LGT) es el movimiento de material genético entre organismos unicelulares y/o multicelulares que no sea por la transmisión (“vertical”) de ADN de los padres a descendencia (reproducción). HGT es un factor importante en la evolución de muchos organismos.”  En ese caso puede que un frutal estuviera infectado de un organismo que al comerlo cambiara la genética de sus individuos y/o su descendencia.

En otra cara del poliedro que analizo, la teoría de la mente bicameral argumenta que en un estadio previo la voz interna no era sentida como tal, sino como que alguien les hablaba en el interior, ya fuera tomada como un Dios o como un ancestro (alguno de los padres o de los abuelos). Según dicha teoría hubo un momento dado en donde dicha voz no fue tomada como ajena, sino como propia, lo que “suena” muy parecido a tener conciencia de la desnudez y del conocimiento del bien y el mal (y bla bla bla). Sin tantas florituras: de repente el hombre tomó conciencia de sí, puesto que al percatarse de que esa voz era él mismo, fue capaz de tomar conciencia de su “naturaleza”, de sus capacidades. El propio Noam Chomsky argumenta que el lenguaje nació de golpe. Sí me convence la teoría bicameral, no así la de Chomsky, pues el lenguaje es muy complejo como para que emerja de repente; aunque puede que la “verdad” esté a medio camino, si lo que ocurrió es que de repente cobrase una mayor fluidez y se ampliara sus recursos más complejos, como las formas verbales, proposiciones, una gramaticalidad más estructurada o cosas similares, por medio de la toma de conciencia. Hay que tener en cuenta que en un cerebro sin conciencia (conocer que se conoce) el objeto mental y el externo no tienen distancia: son la misma cosa. Con la conciencia el humano sabe que es distinto el objeto mental, que es un signo (señala o sustituye al objeto real) con respecto al objeto. Siendo así es parejo el estado bicameral con aquel otro en donde no existía distancia entre el objeto mental y el real en la palabra. Ese estado previo dejó vestigios (restos, rastros) en el hemisferio derecho, el del pensamiento mágico, pues, y como ejemplo, los Judíos no deben nombrar o saber el nombre de Dios, pues son una y la misma cosa. Otros restos se pueden deducir de poder hacer hechizos y maldiciones a partir del nombre de la persona. En otro nivel, pero en realidad oculta el mismo concepto de que objeto interno y externo son una misma identidad, cuando se les echó fotografías a los indios norteamericanos creyeron que se les había robado el alma. En definitiva, cuando el humano tomó su voz externa como propia creó el divorcio entre signo y realidad y eso debió de desarrollar exponencialmente el lenguaje.

En conclusión, que puede que no fuera tan descabellado lo del árbol del bien y del mal, leer artículo del enlace para enriquecer la idea y este otro sobre la mitología universal sobre el árbol. También hay que tener en cuenta que los druidas, los sacerdotes de la Europa celta, y que serían los herederos de las creencias del Cáucaso, veneraban a los árboles.

Otra posibilidad más banal -que es más posible y creíble- sería pensar que en ese primer cruce, en esa zona, con los neandertales, se “crease” por hibridación el humano moderno, que nació con esa mayor capacidad verbal (y por ello creativa –vigor híbrido-, ya que se potenció la síntesis prefrontal a través de la palabra) y que además esa nueva generación fuera la primera en tener conciencia o que rompiera con el anterior estado de mente bicameral. Que además fue la que, de nuevo y por desgracia, volvió a retomar el papel de líder (o alfa) en el nuevo papel de rey. Pero la novela sería más épica con el árbol como tema de fondo. Una posibilidad a tener en cuenta, que se podría introducir en el libro como un relato que alguien cuenta sobre el pasado, es que hubiera una primera persona que comió de ese árbol, y que por sus nuevas capacidades llegó a dominar en su grupo y se erigió en rey o Dios-rey, tal capacidad la heredaban sus hijos, y de ahí el mito fundacional de relacionar una estirpe con un inicio divino o semi-divino, propio del inicio de la historia contada y transmitida, que se mantuvo hasta bien entrada la Edad Media. Con el tiempo, por hijos ilegítimos y descendencia profusa, tales características fueron las que tenían todo los habitantes de dicha región. Yo acabaría el libro con el hecho de que, en unas de esas batallas, quemaron el bosque, como parábola de que la ambición del hombre siempre mata o acaba con aquello que trata de conquistar o dominar.

Bosquejo Para una Teoría de la Sociabilidad II

“La misantropía no parece tan irracional como solía ser.” Amy Olberding

Reacción frente a Acción

Imagina despertar de repente en un desierto y no saber qué haces ahí, ni quién eres. Miras en todas las direcciones pero no hay ningún hito, nada que sobresalga en el horizonte que te marque un dirección a la que ir. ¿Eres una persona libre de ir en cualquier dirección de los trescientos sesenta grados? Ahora imaginar que ocurre lo mismo pero en una isla. La cosa ha cambiado, el ancho océano no es una opción: ¿tenemos unos ciento ochenta grados de opciones? La misma situación, pero en una colina de una jungla. Nos encontramos con matas de vegetación impenetrables que sólo nos dejan unos pocos caminos que seguir. Si bien la primera parece con más opciones de libertad, en realidad no lo es, pues el sol y calcular la hora del día nos “determinaría” un posible ruta. En la isla tampoco son ciento ochenta grados de posibilidades: frente a nosotros puede haber un acantilado y dada su dificultad vamos a derecha o a izquierda en la playa.

¿Qué se deduce de todos los anteriores casos?, que no accionamos, sino que reaccionamos ante las situaciones. Nos encontramos que el humano tiene la primitiva de creerse libre, y de hacer uso del verbo accionar, cuando la mayoría de los casos tendría que usar el verbo reaccionar. De lado quedan otros determinantes mayores que ignoramos, como la gravedad, y que poseemos un cuerpo con unas necesidades físicas como la hidratación y la comida. Por defecto llamamos libertad a la capacidad de obrar ignorando todo determinante…, y si fuera así, una rata de laboratorio que ha sido puesta en un pasillo estrecho ¿se creería libre de andar hacia adelante en vez de quedarse parada? El cerebro y la evolución tiene otros determinantes, seguramente la rata avanza por el pasillo por uno de esos determinantes. Incluso si se le pone en medio de un cruce de dos caminos, en donde tiene cuatro opciones, existirá el determinante de que casi todo mamífero complejo tiene una predominancia del cerebro izquierdo (que manda sobre su lado derecho), que hará que “coja” el primer camino a la derecha, que a la vez depende de cómo le haya colocado el científico. Fijarse que coger y escoger llevan implícito la misma problemática que acción y reacción. Creemos escoger, cuando en la mayoría de los casos cogemos. Pongamos que nos ponen delante nuestra, en una fiesta, una bandeja de pasteles, realmente escogemos o lo que hace el cerebro es guiarse por ciertas directrices, como el aspecto de los pasteles, los colores preferidos, el análisis del tamaño de los pasteles con respecto a nuestro hambre, y que tengan crema, nata o chocolate o dos de esos ingredientes o los tres… ¿escogemos? o el cerebro coge un pastel al analizar y descartar las distintas variables que entran en juego. Ese tiempo de retardo de análisis lo captamos como que estamos eligiendo, cuando en realidad es un proceso que hacen ciertos parámetros ya ajustados del cerebro, y tenemos la falsa ilusión que en dicho retardo lo que entra en juego es nuestra libertad. Bajo estas premisas se comprende que el cerebro tiene lo que se llama “ilusión de control“, la sensación de que tiene más opciones de las que realmente cree, porque el cerebro filtra lo que no puede hacer y los límites físicos como la gravedad, y sólo se atiene a creer que ahí, en la realidad no hay límites. Este proceso repetido millones de veces durante la evolución del sistema nervioso central, llámese cerebro, ha creado una función cerebral que se llama locus de control. Al conjunto de todos los efectos que produce tal función cerebral se le llama ilusiones positivas, entre las que se encuentran el sesgo optimista y la ilusión de superioridad, de estar por encima del resto de las personas o de lo promediado en lo humano.

Pongamos en juego, en un caso real, todo lo dicho arriba. En GH VIP 7 el concursante Hugo Castejón se ha granjeado el repudio del resto de los compañeros. En su “defensa” argumenta que casi todos están a la sombra de Mila Ximénez, un referente en los medios de comunicación del grupo Tele Cinco, que al ser una persona con muchos defensores fuera, se arriman a la sombra del árbol que más cobija. Todos dicen que tiene el suficiente criterio para que no sea así. ¿Quién tiene razón? Si se fuera a la Alemania nazi, previa a la guerra… ¿no dirían todas las personas tener el suficiente criterio para tener un motivo personal para seguir a Hitler?, en definitiva a que se debe a una elección personal. Volvamos a estar en medio de un paraje de la naturaleza. Como realmente no se da que aparezcas de la nada en medio de un paisaje, lo contrario es que cuando se va por la naturaleza sigas sendas que ya han sido trazadas por cientos de miles de pasos de otros humanos. En el caso de encontrarte con una bifurcación, el cerebro tiende a buscar los indicios de cuál de los dos caminos es el más trazado: el más probable de ser el camino a seguir. ¿Y antes de que hubiera pasado algún humano por allí? Cuando el humano, al salir de África, se encontraba con paisajes nunca antes hoyados, en realidad partía de ciertas directrices, que de nuevo venían dadas por el aprendizaje del cerebro. Por ejemplo, en muchos bosques de España, y aunque no haya pasado otro hombre por allí, hay ciertas trazas de caminos que ya han sido marcados por los jabalíes u otros animales. Camino que quizás no lleven a un sitio concreto, pero que sí evitan los precipicios y las zonas cerradas por la vegetación. El humano, en la prehistoria, seguiría estos terrenos marcados, y al final pudieron llegar a ser los caminos entre dos valles, que con el paso del tiempo sería donde los Romanos harían una calzada, calzada que al final, con la llegada de la locomoción en el siglo XX, llegarían a ser las carreteras.

Volviendo a nuestras pesquisas, si preguntásemos a una de esas personas, por ejemplo al encontrarnos con un conocido, que qué hace por allí, por esos caminos, te dará una explicación personal y exenta a que lo único que está haciendo es seguir un camino trazado, porque en la sociedad actual sedentaria es aconsejable salir a pasear un poco, y porque además a esa hora en la televisión no hay nada para ver que merezca la pena. Anulamos de nuestras conversaciones las imposiciones, los determinantes,  dejando en el proceso lo único que el cerebro “cree” relevante, que es la propia autodeterminación, nuestra propia identidad. Esa falsa superioridad, de no ser una persona “normal”, tratará de hacer ver al otro nuestras peculiaridades y singularidades, que nos hacen sobresalir, en algún detalle, sobre el resto. Tal proceso se llama “narcisismo de las pequeñas diferencias“, que viene dado por que el cerebro necesita cierto narcisismo implícito y saludable (amor o valoración de uno mismo), que a la vez está construido por el ego, que es el constructor de nuestra identidad narrativa, de aquello que contamos y cómo lo contamos. O sea, que dicha identidad se construye a partir de las pequeñas anécdotas que contamos a los otros (y de paso a nosotros mismos) a partir de casos muy concretos que creemos únicos en nosotros mismos. Recuerdo a una persona que contaba una y otra vez que el vello de la barba del cuello le crecía al revés que al resto de las personas, y que eso le creaba dificultades para afeitarse. Mas de una vez estando con él, y cuando nos encontrábamos con personas nuevas, de repente le oía contando la cuestión de su barba, como si fuera algo tan extraordinario, como para que todos lo tuviesen que saber.

Volviendo al narcisismo de las pequeñas diferencias. Conviene sobresalir un poco, pero nunca tanto como para al alardear caer en el exceso de orgullo, pues tal situación está “castigada” en sociedad. Pero de nuevo aquí vemos que hay ciertas directrices, o caminos, a seguir en cada momento. Cuando se da un encuentro social, ni se tiene que acaparar toda la atención, ni conviene estar totalmente al margen. Tiene que ser un “toma y daca” finamente mediado. ¿Qué determina estas reglas sino algo ajeno a nuestra libertad? Constantemente estamos cogiendo los caminos más andados, los más aceptados en lo social…, ¿qué espacio queda para la libertad?, para escoger en vez de coger, para accionar en vez de para reaccionar. A todo esto me viene a la mente un medio chiste, en donde dos hombres en una fiesta les dan a escoger entre los dos últimos aperitivos que quedan, y se hacen las típicas señas o comunicación no verbales de dar a elegir al otro primero, por deferencia, y el que al final cede coge el aperitivo más grande y vistoso, y el otro, en un acto de sinceridad o quizás adversidad le dice: “no es lo que esperaba de usted, si yo hubiera sido el que eligiese el primero hubiera escogido el más pequeño”, a lo que el otro contesta que de qué se queja, que él se ha limitado a cumplir su deseo.

Todo este preámbulo viene al caso por lo dejado como pendiente en el escrito anterior, y sobre si una persona tiene la total capacidad para construirse a sí misma o no, y en qué medida el ambiente (en su sentido más amplio) repercute. Volvamos al caso de las dos personas y los aperitivos: ¿y si esas dos personas hubieran sido un hombre y una mujer? Hace un siglo la primera en elegir habría sido la mujer, pues estaba la regla implícita en la sociedad de ceder el paso a las mujeres, y la misma convención para toda situación similar. Pero, ¿qué habría que hacer hoy en día?, ya no se puede o debería tener la misma deferencia, la misma regla, dado que hombre y mujer han de ser iguales. En cierta medida en la clase alta se sigue manteniendo esa regla en las convenciones sociales, pero no así en la clase media o baja, y de cualquier forma es distinto en situaciones más familiares y menos protocolarias. ¡Lo que viene a ser un caos para el cerebro de los dos sexos!, pues ya no se sabe con exactitud cuándo se puede estar cayendo en un micro-machismo o cuando se está siendo descortés. Por cierto, hace un siglo la mujer hubiera sido la que elegiría primero el aperitivo, pero hubiera dejado el más grande al hombre, aunque tan sólo fuese por que su apetito fuera menor en un cuerpo menor…, o ¿hubiera sido por sumisión? Y si buscásemos de dónde viene el origen tal convención o “camino”, ¿cuáles serían sus primeras huellas? En animales con un macho alfa este es el primero es comer y coge (que no escoge) las mejores porciones. La explicación evolutiva es que hace un mayor uso de la fuerza muscular y su cerebro: cuando más dotado esté el macho alfa mejor le irá en la caza a toda la manada. Más adelante esa persona era el padre, que seguía siendo el que iba a la caza. Con el paso del tiempo esa posición la detentaba la persona más mayor, con un mayor prestigio y siendo la más respetada. Es posible que ese fuese el inició de lo que significaba ser el líder de un grupo, que más adelante llegó a ser un rey o un emperador.

Si buscamos el inicio de toda convención social toda proviene de un primer paso, que en muchos casos venían dados por procesos que se heredaban de nuestro estado previo como animal. Aquí entra en juego las ritualizaciones y los tabús que he tratado en los dos escritos previos. Cuando el humano llegó a la consciencia tenía la capacidad de no seguir un camino trazado, de buscar uno nuevo, pero la evolución, y en la dirección de que no fuera tan permutable la esencia humana, asentó que seguir las normas del grupo era lo más propicio para que un grupo se mantuviese. Esto es : por mera economía del comportamiento. Volvamos al caso del desierto. Si en vez de una persona en esa misma situación se encontrasen cuatro, podrían decidir cada una ir en una dirección distinta. Si llegado el caso se encontrasen cada una de ellas con un depredador, ninguna terminaría por salir del desierto. Volvamos a la posición inicial. Tres de ellos deciden ir juntos y otro va por su propio camino. En la misma situación con el depredador el solitario moriría y aquellos tres que fueron juntos o bien lograron ahuyentar al depredador, o bien murió uno de ellos, pero sobrevivieron dos. O sea, que en la prehistoria todo grupo que se mantenía en unas normas establecidas, que normalmente provenían de los mayores y más experimentados, se mantuvieron, mientras que todo grupo que se fraccionaba era más proclive a desaparecer. Es una típica retroalimentación positiva a través del tiempo. Lo que se validó fue aceptar las normas y mantenerse unidos al grupo. Lo que paso tras paso nos llevó hasta la situación actual, en donde las personas de corte occidental ahora tienen como premisa su individualidad, su singularidad, y la falsa creencia de que no siguen ningún camino o que todo camino trazado es cuestionable. En otras culturas lo predominante es el grupo, frente al individuo, y aún siguen con el paradigma de la ritualización, y que lo importante y central es ir todos juntos por el mismo camino. ¿Qué apuesta es la mejor, cuál la más lógica o acertada? La cuestión no es tratar de contestar de buenas a primeras, sino, como ya dijera en el escrito anterior, la cuestión es hacer las preguntas adecuadas: ¿mejor apuesta para qué?

Cambio de tercio, no quiero ir por ese camino de consejero, me interesa más cuestionar la pretendida libertad de las personas. ¿Cómo sabemos en qué trama estamos metidos si casi nunca somos los suficientemente objetivos para ver dichos tramas? O sea, a nivel de suelo uno ve un gran nubarrón y en el horizonte un claro, y falsamente cree que es probable que haya una tormenta, pero que al final acampe…, pero ¿y si más allá de donde nuestros ojos alcanzan viene otro frente tormentoso aún mayor?  En ese caso la ciencia es ese ojo en el cielo que ve, con una mayor panorámica, cómo es la tormenta. Es la que nos dice que caemos en la ilusión del control, que proviene de nuestro locus de control, que a la vez nos da una carga de ilusiones positivas como el sesgo optimista y la superioridad ilusoria. Por la misma regla que tal tipo de sesgo implica, cada persona se dirá libre de ellos. Quién tiene razón: la ciencia o cada uno de los individuos. Las reglas de la ciencia diagnostican que cada uno achacará que eso es algo que le sucede al resto de las personas, pero no a ellas mismas. De nuevo más y más ilusión del control, que de nuevo lleva a la superioridad ilusoria y al sesgo optimista de creer que uno mismo no puede caer en algo tan “negativo” (esta argumentación se me parece a la trampa 22 –catch 22-, que cuando crees que sales es cuando más entrampado estás).

Creo que no necesito repetirme más. Que lo que quiero dar a entender en este escrito está claro. No somos seres de acción, sino reactivos, que se acomodan a ciertas premisas y que siempre tienen que accionar bajo dichos estados previos. Se actúa de una manera a una edad, por ciertas hormonas, y a otra edad de otra forma por la ausencia de dichas hormonas y otros factores de dicha edad. Una mujer de hace un siglo cogería el aperitivo más pequeño dejándole el más grande al hombre, mientras que una mujer de la actualidad… ¿cogería el más grande para empoderarse? Hay alguna diferencia entre estas dos actitudes y mujeres: las dos se sienten bien por su “elección” y modo de proceder “adecuado”. Las dos reaccionan dadas las épocas que les ha tocado vivir en su momento. Pensar que hoy estamos más cerca de alguna “verdad” que ayer… ¿es real o sólo es una ilusión del control? El etnocentrismo erradamente usa el concepto de progreso a su “antojo”. No se sabe hacer las preguntas adecuadas. Un urbanita no es más feliz que un humano de una tribu de cazadores recolectores. Este no tiene trastornos mentales, no sabe qué es el sentimiento de soledad, incluso su microfauna bacteriana es mayor y más “correcta” tanto en la piel como en su estómago que un humano medio de una ciudad, en ese proceso los cazadores-recolectores no tienen enfermedades autoinmunes. Si de un día para otro viniese un cataclismo a nivel mundial, o cayese el sistema actual de manera sistémica y desenfrenada, los que tendrían más opciones para sobrevivir serían los cazadores-recolectores, pues se conforman con poco y son más adaptativos a la naturaleza, y sus posibles cambios, que cualquier urbanita.

Tamara MacLeod
is the pseudonym of a freelance writer, sex worker and activist based in England.

Que el feminismo piense que de la sociedad patriarcal el único culpable es el hombre es no haber entendido la trama de la evolución y la evolución social. Si puse -en el escrito anterior- el pequeño relato de Tamara MacLeod sobre sus primeras experiencias sexuales a los 11 años venía caso con respecto a las presentes conclusiones (ir al escrito para leer el artículo competo). Las bonobos, al igual que Tamara MacLeod, en cierto momento evolutivo se dieron cuenta (con un gran encomillado a ese se dieron cuenta) que a través del sexo podían tener algún privilegio o tomar el control de la especie, y lo hicieron. Por ese mismo proceso pasó la hembra humana. Una “elección” que aún hoy repercute en la vida social. La hembra humana no siempre “escogió” los mejores caminos durante su evolución. Ambos sexos se adaptaban y readaptaban a las “propuestas” del otro sexo. A cada acción le sigue una reacción, en un juego en donde nunca ninguna acción fue realmente acción, pues como he tratado de mostrar en este escrito, no existe algo así como una “acción pura y primera” sin estar contaminada de unos determinantes situacionales que siempre provendrán de estados previos, a la vez nuevamente determinados, y en donde el final son los límites físicos, como lo es la gravedad. Bajo esta regla ni Dios sería libre, pues una vez que puso el “mecanismo” de la vida en marcha Él ya no podría hacer nada, no podría Obrar en libertad, por cambiarla, pues ese mecanismo seguiría su propia senda y discurrir. Lo más aceptado en la Iglesia Cristiana es que los milagros han de operar bajo las leyes físicas. O sea, que no por un “simple chasquido” de Dedos, Dios pudo pasar de un lado del mar al otro al pueblo de Moisés. Tuvo que hacerlo bajo las leyes físicas  y se debió de valer del viento o algún proceso natural para que las aguas se apartaran. Volviendo al tema. No es que el macho tuviese una pretensión, desde el principio, de dominar y someter a la hembra. Si fuera así sería un monstruo, que es la imagen que quiere dar a entender cierto colectivo feminista. Un paso se daba a partir de otro previo, al que le seguía en consecuencia otro. ¿Qué ciertas cosas estaban mal?, sí, pero no existía una mente confabuladora tras de toda esta trama. A ciertos humanos conspiranoides les gusta creer que el poder tiene ciertas sociedades secretas que son las que crean las estrategias para mantenerse en el poder, para mantener el estatus quo. ¿El feminismo cree lo mismo?, que los hombres se reunían para mantener a la mujer oprimida. No hay mente (u organización) capaz ni de mantener las jerarquías, ni de mantener el patriarcado. La evolución funciona por los números, por los promedios, sin ninguna mente detrás. Los números equilibran los comportamientos más económicos u optimizados a cada época de un proceso evolutivo. En cada momento de la historia tanto la mujer como el hombre creía (o sentía o era lo que tal época conllevaba) a que la forma de vida que llevaban era la más optima o adecuada. Mi madre no se sentía oprimida, ni sumisa (ni estaba errada en su pensamiento según el momento que le tocó vivir). No se puede entender el feminismo sin la revolución industrial, en donde la gran necesidad de la mano de obra llevó a que la mujer se incorporase al trabajo. Tampoco se puede entender la revolución sexual sin los anticonceptivos, que a la vez, parte de ellos, provienen de la industria química, que a la vez provienen de la comprensión humana de los compuestos químicos y sus procesos en el cuerpo humano.

Vuelvo al concepto de progreso y “verdad”, y acabo. Si se va a una Web de cámaras sexuales en directo, cada vez hay más belleza y juventud, o ellas son las que se posicionan en la primera página (de nuevo las reglas que nadie directamente dicta, pero se sacan en estadísticas, en promedios). No me puedo imaginar cuando sean madres y por qué infiernos habrán de pasar sus hijos cuando les puedan hacer acoso escolar por medio de los vídeos de sus madres. ¿Acaso han llegado a pensar en esa posibilidad? ¿Normalizaremos en algún momento tanto el sexo como para que nuestra madres hayan hecho mil rarezas extremas ante millones de extraños?, ¿eso es progreso?, poder ver a tu propia madre en sus trabajos sexuales. Lo mismo vale para el padre, aunque hay menos que mujeres en las Web Cam. Normalizaremos que nuestro hijo nos diga: “mamá, porque trataste de meterte un melón por la vagina”, o “mira, hijo, ves esa barriguita mientras me meto ese consolador talla XXXL, pues ese que estaba en mi tripita eras tú” (me sale el payaso  tragicómico que llevo dentro). No existe progreso como tal, de la manera que se tiene idealizado. Existe la complejidad, y a mayor complejidad mayor dificultad para mantener el equilibrio. En cierta forma las civilizaciones a lo largo de la historia eran un “prueba y error” de hasta cuánto podía crecer una ciudad-estado, como para mantenerse equilibrada. Una civilización que sobrepasaba ese límite -o punto crítico- al final se terminaba por derrumbar al completo, pues no había un punto de freno y estable en donde la retroalimentación negativa al final tuviese cabida. ¿No pareciera que en la actualidad estamos llegando a ese límite? Ya en otros lados he hablado que el niño pasa por las edades evolutivas. De igual forma toda civilización pasa por las distintas edades humanas. La actual civilización está en su mediana edad. En la mediana edad ya no existen las ilusiones inocentes de la juventud, se mira todo con amargura y cinismo. Todo dato, toda vivencia queda velada por la total ausencia de la inocencia, del pensamiento mágico… queda desvelado como acto puro, lógico y “crudo”. En mi ya no cabe el poeta, porque al ver que todas las bellezas pensables están disponibles a la distancia de un clic, ha hecho que este muera tras tantas eyaculaciones en vacío, sin la ternura a la que ha de seguir el sexo. En esa dirección la libertad sexual es la mirada cínica y cruda que un adulto pone sobre el otro sexo, sobre el cuerpo, sobre la carne. Al matar todo idealismo y esencialismo, de que no hay tal cosa como la feminidad, a la vez matamos otros esencialismos consecuentes a los primeros, como así es la ternura con respecto a lo delicado y bello de lo femenino. Incluso en el cine, antes llamado romántico, ahora ñoño, huye de todo este lenguaje esencialista y del pensamiento mágico. En todas estas medida no hay progreso, sino descenso al infierno. La mujer se objeta y se siente carne, y ya ni siquiera le importa, ya ni siquiera piensa que lo que haga ella no se lo podrá negar legítimamente a sus propios hijos, pues ni siquiera se pone como requisito tener una descendencia y por ello tener el peso de tener que dejar un legado…, una cultura, una ritualización que tengan que seguir sus hijos.

Ahora, bajo este análisis… ¿creé cualquier mujer feminista que hemos progresado?, o sólo hemos ido un paso más allá hacia la complejidad y esta indomablemente no puede sujetarse, domeñarse y englobarla a ningún limitado pensamiento individual que crea que está siguiendo los pasos “debidos”, pasos que ha escogido plena y conscientemente. Lo mismo que está sucediendo ahora ha pasado a lo largo de todo el pasado. En ciertas situaciones el humano, seguía un camino porque no le quedada otro, dada las circunstancias. Se metía en atolladeros y callejones sin salida. Cada sexo se ha equivocado en unas u otras ocasiones, y el otro sexo se ha adaptado a las nuevas situaciones y ha reaccionado a partir de ellas. ¿Se cree el feminismo actual estar libre de errores?, que la liberación sexual hasta donde nos ha llevado no era algo impronosticable…. ¿cuál será su límite final? El humano no actúa sobre la realidad, se adapta, reacciona a cada nueva situación porque la premisa de la vida es la adaptación, y la libertad es tan sólo un cuento que nos contamos a nosotros mismos para mantener la ilusión del control. Liberamos al sexo… pero ¿acaso pensamos hasta dónde llegaría o llegará? La mujer es la más vejada y que aparentemente más está perdiendo al tener la falsa sensación que está jugando en su propio terreno. Recorremos Abilene una y otra vez, sin llegar a preguntarnos ni si quiera si queríamos ir a esa ciudad inhóspita, dado lo largo del camino y el calor que hacía. En definitiva, el humano va a ciegas y para mantener la ilusión del control se lo niega a sí mismo, y para colmo a eso le llama progreso.

A modo de ejercicio mental, ahora, cambiar el verbo reacción por el concepto de adaptación. Eso es lo humano, eso es la vida, eterno comportamiento adaptativo.

(Lo que viene en el siguiente escrito: la situación actual viene dada por una falsa sensación de autoeficacia, sustentada sobre todo por las redes sociales y el móvil como instrumento de dicho estado. ¿Estado zombi?)