El Big Data Como Conciencia

Este es el mundo de hoy: nadie pide nada, pero luego es demasiado tarde.”
La información ya no existe.” Dobles vidas
No somos absolutamente libres porque siempre estamos arraigados en nuestras relaciones con el mundo y con otros agentes libres.” Christine Daigle y Christinia Landry parafraseando a Sartre


Este escrito son sólo apuntes. Las ideas generales habría que desarrollarlas más.

La conciencia humana se puede describir bajo una gran multitud de paradigmas (visiones). De forma escueta se puede decir que es una centralización de la cognición, un proceso por el cual algo relevante es llevado desde el cerebro de fondo, o modo automático de trabajar, a un espacio en donde la atención se centra sobre dicho tema para ser analizado de forma más precisa. Los procesos subconscientes son como todos los exámenes de una clase, y la conciencia es cuando el profesor revisa cada uno de los trabajos. Revisar es volver a ver con más atención, detenimiento y cuidado.

En mis escritos he ido llegando a la -provisional- conclusión de que en lo social no puede darse la conciencia. El Estado no lo es porque siguen siendo varias conciencias independientes, que aunque se sienten alrededor de una mesa siguen siendo individualidades, y lo que se ponga sobre ella no llega a ser analizado desde una mente, tan sólo consensuado. Bajo estas premisas mis primeras conclusiones eran que lo que emerge como un todo en lo social, es lo inconsciente -o subconsciente-; esto es: lo que se manifiesta en una región ciudad o país (cultura) como la suma promediada de todas las mentes. La única posibilidad de conciencia sería una Inteligencia Artificial. Pero estos días he estado pensando sobre esto y me he dado cuenta que el Big Data y los algoritmos ya están funcionando como “conciencia” del sistema; aunque de momento todo está descentralizado. Los algoritmos recogen información en bruto y la procesan (revisan) buscando patrones por medio de los cuales sacar conclusiones de cómo es el sistema (el ser humano y este en sociedad). La conciencia, cuando toma el control del cerebro, lo hace bajo cierta premisa: con un por qué, un cómo y un para qué. Lo que analiza queda “contaminado”, alterado, por dichas premisas. De igual forma el Big Data y los algoritmos tienen las mismas premisas, que en la mayoría de los casos es la productividad y las ganancias.

Pero no se salva la paradoja de que el Big Data no lee lo “deseable” o las posibles tendencias del prefrontal o conciencia de los humanos, sino que analiza sobre todo lo inconsciente. Con un caso se entiende lo que quiero decir. Los algoritmos que trabajan en los sitios porno se basan en estadísticas de visualización, pero ¿qué se ve por término medio? El deseo sexual humano se está saturando. Si hace cincuenta años excitaba un simple escote o una minifalda, hoy ya no lo hace. En esa saturación el porno ha ido hacia el “Hardcore”. Cuando este se vuelve rutinario se exploran aún más los límites. Las compañías del porno han funcionado bajo esta regla: hacen lo que se vende, lo que se demanda. Como resultado los algoritmos “creen” que eso es lo que quiere o es el ser humano. Todos y cada uno hemos hecho “creer” a dichos algoritmos que esas escenas definen la sexualidad humana (o la del macho). No han “leído” el cómo es deseable un acto sexual -promedio- de un humano con otro humano al que ama, ha leído lo más recóndito de los instintos. Unos y otros algoritmos no leen la realidad, sino en muchos casos las fantasías más irreales (o grotescas a estas alturas). No la casa que uno puede tener dada su condición económica, sino la más exuberante, grande y deseable. Lo mismo para un viaje, una noche de fiesta (recordar las películas de fiestas desmadradas -¿será esto un micromachismo?- que se han vuelto tan populares), etc.

Ahora imaginar lo contrario. Que cada uno siendo consciente del papel que hace sobre lo que ha de ser el humano, no buscase en Internet lo “exagerado” y “extralimitado”, sino lo que uno tendría que pensar como razonable. Los algoritmos se “reacondicionarían” a esta nueva manera de ver el mundo. Cuando uno buscase tendría que ser consciente de dos cosas: qué imagen queremos que tenga el Big Data sobre el humano y qué imagen queremos que vean nuestros hijos y nietos sobre nuestra generación. Quizás no esté diciendo nada nuevo, la cultura siempre ha sido esa suma de una época y sociedad que heredan los hijos. Hace de alguna forma de conciencia, pero no es igual al Big Data, pues este es constante presente, mientras la cultura es el poso que queda después de unos años o décadas: es lo remanente de un pasado.

¿No se parece la posición de preparación a la cópula en los mamíferos?

Límites de tales planteamientos. La mayoría del tiempo el humano se mueve en sociedad como un autómata, más ligado a lo instintivo y la memoria implícita, que de manera consciente y con la memoria explícita. La “conciencia” actual del Big Data, para lo que está programado, es para la productividad y la ganancia. Las premisas están mal. Todo Internet está bajo esta premisa aunque tal “verdad” parezca ser invisible. Todo lo que cualquier persona haga en Internet está reportando dinero a los creadores de contenidos y a las compañías basadas en el Big Data, luego nuestra simple interacción en Internet genera un dinero del que uno mismo no recibe nada material a cambio. En esa doble dirección uno desea “recibir” algo físico también, lo que hace que tal sea la premisa -esa es la tendencia- de fondo de Internet: que todo tiene que implicar alguna ganancia.

Siendo así, y si alguna vez se centralizasen todas las “conclusiones” a las que van llegando “los” Big Data, en una Inteligencia Artificial, y se le preguntase a esta sobre nuestra naturaleza, sobre cuál es la condición humana, quedaríamos mal parados con su forma de “mirarnos”. Quedaríamos fotografiados por todo lo más perverso y bajo del ser humano. Lo promediado sería lo mezquino, el odio, la ira, el egoísmo, el narcisismo, el deseo sexual más instintivo, la trampa, el engaño, la mentira, la estupidez, lo zafio…


Otro tema al que he dado vueltas muchas veces y está ligado de fondo al anterior. En cierto escrito (de hace diez años) decía que la sociedad era como la base giratoria de un molino, en donde en su giro y en su centro se ejercen fuerzas centrípetas (tiene cierta inclinación para que el grano caiga), y en la parte más externa fuerzas centrífugas, si se diese el caso que la rueda girase a mucha velocidad. Mas recientemente dije que yo sentía en verano algo así como ser “tragado” o succionado al ojo de un huracán. Por aquel entonces ya pensé en la posibilidad de si la típica campana de Gauss, de lo promediado estadísticamente, en realidad sólo es la forma bidimensional de una espiral logarítmica. La parte más alta de la campana es el ojo de la tormenta, donde se generan fuerzas centrípetas, mientras que en la parte más externa se pronuncian las fuerzas centrífugas. Cuanto más aguda sea una campana más fuerzas centrípetas se ejercen, momento en el cual, cual vórtice que se colapsa sobre sí, dicha fuerza energética se vuelve caótica al perder la uniformidad y su estructura. Una campana de Gauss baja se mantiene más estable.

La sociedad se ve succionada al centro de la campana, o de la tormenta, más a mayor crisis, como si estas fueran las energías que alimentaran la tormenta. Pensemos en la siguiente situación: uno se encuentra en una entidad bancaria y de repente entran unos asaltantes. En situaciones de rehenes la gente tiende a paralizarse, a “no mover un dedo” para no llamar la atención de los asaltantes. Todas las personas en ese medio tienden más a mimetizarse, a igualarse. Debe de haber una primitiva que revele aquello de “clavo que sobresale será martillado“. Cuando tenemos miedo tendemos a taparnos la boca con la mano, para que no se nos escape ningún sonido. Seguramente tenga el origen de permanecer en silencio y sin moverse ante la presencia de los depredadores. Lo que quiero hacer ver es que las personas tendemos a mimetizarnos más de la media en situaciones de peligro, y que seguramente ese sea nuestro proceder durante las crisis. Tampoco hay que ignorar que el que se “mueva fuera” del grupo será el posible chivo expiatorio.

Uniendo puntos con otros escritos, los bancos de peces cierran su agrupamiento cuanto más rodeados se encuentren, con lo que se da una situación similar de fuerzas hacia el centro y posibilidades de ser despedido fuera del grupo cuanto más en la parte externa se esté. Lo que trato de hacer ver es que tanto en los sistemas físicos, como en los vivos, se siguen ciertas reglas de los sistemas dinámicos. La espiral logarítmica se da de igual forma en una galaxia, en una tormenta, como en un banco de peces. En lo humano la campana de Gauss seguramente sea la forma bidimensional de un espiral logarítmica. Las fuerzas son mayores cuanto más se esté en el centro, y a la vez cuanta más masa haya en dicho centro más energía habrá de succión hacia él. Las personas liminales, ya sea porque no tienen la fuerza o la convicción de seguir o dejarse llevar por esas fuerzas, son expelidas hacia las partes más externas. A mayor exterioridad, mayor posibilidad de ser el clavo a ser golpeado o chivo expiatorio.

Por si no se ha entendido del todo, cuanto más se tienda a emular a la masa en tiempos de crisis, más miedo se tiene. O dicho bajo otra perspectiva: se emula y se genera mayor miedo en el sistema, que por retroalimentación genera más tendencia a emular.

La nueva película del “Joker” tiene ese trasfondo (no creo hacer spoiler, pues se deduce desde el principio que esa persona no es el Joker, y que la película va sobre ese cambio al Joker que conocemos). Un individuo mimetizado en el miedo generalizado que al final se cansa de tener miedo. Toda la clase trabajadora, en alguna medida, somos el Joker. Se tiene el temor que la película se vuelva mimética o cree alteraciones del orden. No creo que sea así. Las dos fuerzas en juego son la ira y el miedo, y de momento gana el miedo.

Nada más. Que cada uno a su gusto sume las dos partes del escrito y saque sus propias conclusiones.

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El Árbol del Bien y del Mal

Tema para una novela, que como yo no voy a hacer regalo. No da para crear una teoría, por ser demasiado hipotética.

La novela se centraría en ciertos humanos (sapiens) al llegar a cierta región habitada por neandertales, en una zona del Cáucaso, en concreto la cultura Cucuteni – Trypillia (se verá porqué). Frente a dicha región se levanta una cordillera montañosa de picos con una altura de hasta 5000 metros de altura. A la izquierda el mar Negro, a la derecha el Caspio. Se encuentran en un callejón sin salida.

Al llegar se topan con una población bastante grande, basada en guerreros y sacerdotes. Se les despierta la curiosidad cuando se dan cuenta que no son neandertales como los que han encontrado en otras zonas. Son más despiertos, más vivaces, inteligentes e inquietos. Los acogen de buena gana en su tribu, si bien con ellos no se entienden más que por señas. Hablan mucho y muy rápido, pareciendo muy locuaces, y como si en su mente fluyese un río embravecido sin posibilidad de freno. En sus encuentros por la noche ante el fuego no bailan, sino que dedican el final de la jornada a hablar todos juntos de forma profusa y motivada.

A los pocos días se enteran de un bosque frutal fuertemente protegido. Nadie puede entrar en él sin la guía y vigilancia de los sacerdotes, protegido este por los neandertales más fieros y fuertes. A la vez se les dice que el rey del poblado les quiere ver en una audiencia.

En ese encuentro este les cuenta que tal bosque está protegido porque en él se encuentra el árbol del bien y del mal, del que nadie fuera de su tribu puede tomar sus frutos. No hay nada más tentador para el cerebro humano como que te señalen una barrera que no se tiene que cruzar. El rey les dice que pueden entrar en el bosque y comer sus frutos, pero que no se tienen que acercar al árbol del conocimiento, y mucho menos comer de él.

Lo demás lo dejo en manos del que quiera seguir la historia. No sería estrictamente fiel a la biblia, sino que se daría una guerra entre los sapiens y los neandertales por la defensa, y el tratar de conquistar el bosque y al árbol del conocimiento, a modo de las guerras entre españoles y centro/sur americanos por sus preciadas ciudades y tesoros.


En qué me baso para tales supuesto. La raza caucasiana proviene de este origen del Cáucaso.  El Cáucaso fue el Internet -conexión de culturas y saber- de su época (como después lo fue el mediterráneo) por la situación de tal enclave. Es sabido que a cada uno de los dos lados de todo sistema montañoso hay grandes poblaciones, pues todo viajante que cruzase las montañas, por los medios antiguos, necesitaban reponer fuerzas.

La cultura Cucuteni – Trypillia es de los pocos grupos sociales primitivos que tuviesen un rey o líder, mientras que el resto de cazadores-recolectores de la misma época era acéfalas.

Esta es la sugerente etimología sobre el nombre Caucaso:
El nombre proviene del griego Káukasos, legendario pastor escita asesinado por Crono y que dio nombre a las montañas. En la mitología griega, el Káukasos era uno de los pilares que sostienen al mundo. Se afirma también que Prometeo fue encadenado a estas montañas por Zeus.
Otra versión es que procede del personaje mítico llamado Caucas, antecesor legendario de los pobladores del Cáucaso. Éste era el hijo de Targamos, y nieto de Jafet (tercer hijo de Noé) o Japeto. Su historia fue puesta por escrito en una compilación de crónicas georgianas medievales, llamada Kartlis Tsjovreba (‘Vida de Kartli’, centro de la región antigua y medieval de Georgia, conocida también como Iberia, redactadas a partir de la tradición oral del lugar. Uno de los autores de estos textos, cuya cronología oscila entre el siglo IX y el XIV, que se ha podido identificar es Leonti Mroveli (siglo XI).”

Por otro lado Terence McKenna tiene la teoría del mono drogado: que el humano llegó a ser lo que es por medio de hongos que contenían psilocibina. Yo no lo creo, pero en la actualidad está en boga la repercusión de la herencia horizontal de las especies: “La transferencia horizontal de genes (HGT) o la transferencia lateral de genes (LGT) es el movimiento de material genético entre organismos unicelulares y/o multicelulares que no sea por la transmisión (“vertical”) de ADN de los padres a descendencia (reproducción). HGT es un factor importante en la evolución de muchos organismos.”  En ese caso puede que un frutal estuviera infectado de un organismo que al comerlo cambiara la genética de sus individuos y/o su descendencia.

En otra cara del poliedro que analizo, la teoría de la mente bicameral argumenta que en un estadio previo la voz interna no era sentida como tal, sino como que alguien les hablaba en el interior, ya fuera tomada como un Dios o como un ancestro (alguno de los padres o de los abuelos). Según dicha teoría hubo un momento dado en donde dicha voz no fue tomada como ajena, sino como propia, lo que “suena” muy parecido a tener conciencia de la desnudez y del conocimiento del bien y el mal (y bla bla bla). Sin tantas florituras: de repente el hombre tomó conciencia de sí, puesto que al percatarse de que esa voz era él mismo, fue capaz de tomar conciencia de su “naturaleza”, de sus capacidades. El propio Noam Chomsky argumenta que el lenguaje nació de golpe. Sí me convence la teoría bicameral, no así la de Chomsky, pues el lenguaje es muy complejo como para que emerja de repente; aunque puede que la “verdad” esté a medio camino, si lo que ocurrió es que de repente cobrase una mayor fluidez y se ampliara sus recursos más complejos, como las formas verbales, proposiciones, una gramaticalidad más estructurada o cosas similares, por medio de la toma de conciencia. Hay que tener en cuenta que en un cerebro sin conciencia (conocer que se conoce) el objeto mental y el externo no tienen distancia: son la misma cosa. Con la conciencia el humano sabe que es distinto el objeto mental, que es un signo (señala o sustituye al objeto real) con respecto al objeto. Siendo así es parejo el estado bicameral con aquel otro en donde no existía distancia entre el objeto mental y el real en la palabra. Ese estado previo dejó vestigios (restos, rastros) en el hemisferio derecho, el del pensamiento mágico, pues, y como ejemplo, los Judíos no deben nombrar o saber el nombre de Dios, pues son una y la misma cosa. Otros restos se pueden deducir de poder hacer hechizos y maldiciones a partir del nombre de la persona. En otro nivel, pero en realidad oculta el mismo concepto de que objeto interno y externo son una misma identidad, cuando se les echó fotografías a los indios norteamericanos creyeron que se les había robado el alma. En definitiva, cuando el humano tomó su voz externa como propia creó el divorcio entre signo y realidad y eso debió de desarrollar exponencialmente el lenguaje.

En conclusión, que puede que no fuera tan descabellado lo del árbol del bien y del mal, leer artículo del enlace para enriquecer la idea y este otro sobre la mitología universal sobre el árbol. También hay que tener en cuenta que los druidas, los sacerdotes de la Europa celta, y que serían los herederos de las creencias del Cáucaso, veneraban a los árboles.

Otra posibilidad más banal -que es más posible y creíble- sería pensar que en ese primer cruce, en esa zona, con los neandertales, se “crease” por hibridación el humano moderno, que nació con esa mayor capacidad verbal (y por ello creativa –vigor híbrido-, ya que se potenció la síntesis prefrontal a través de la palabra) y que además esa nueva generación fuera la primera en tener conciencia o que rompiera con el anterior estado de mente bicameral. Que además fue la que, de nuevo y por desgracia, volvió a retomar el papel de líder (o alfa) en el nuevo papel de rey. Pero la novela sería más épica con el árbol como tema de fondo. Una posibilidad a tener en cuenta, que se podría introducir en el libro como un relato que alguien cuenta sobre el pasado, es que hubiera una primera persona que comió de ese árbol, y que por sus nuevas capacidades llegó a dominar en su grupo y se erigió en rey o Dios-rey, tal capacidad la heredaban sus hijos, y de ahí el mito fundacional de relacionar una estirpe con un inicio divino o semi-divino, propio del inicio de la historia contada y transmitida, que se mantuvo hasta bien entrada la Edad Media. Con el tiempo, por hijos ilegítimos y descendencia profusa, tales características fueron las que tenían todo los habitantes de dicha región. Yo acabaría el libro con el hecho de que, en unas de esas batallas, quemaron el bosque, como parábola de que la ambición del hombre siempre mata o acaba con aquello que trata de conquistar o dominar.

Bosquejo Para una Teoría de la Sociabilidad II

“La misantropía no parece tan irracional como solía ser.” Amy Olberding

Reacción frente a Acción

Imagina despertar de repente en un desierto y no saber qué haces ahí, ni quién eres. Miras en todas las direcciones pero no hay ningún hito, nada que sobresalga en el horizonte que te marque un dirección a la que ir. ¿Eres una persona libre de ir en cualquier dirección de los trescientos sesenta grados? Ahora imaginar que ocurre lo mismo pero en una isla. La cosa ha cambiado, el ancho océano no es una opción: ¿tenemos unos ciento ochenta grados de opciones? La misma situación, pero en una colina de una jungla. Nos encontramos con matas de vegetación impenetrables que sólo nos dejan unos pocos caminos que seguir. Si bien la primera parece con más opciones de libertad, en realidad no lo es, pues el sol y calcular la hora del día nos “determinaría” un posible ruta. En la isla tampoco son ciento ochenta grados de posibilidades: frente a nosotros puede haber un acantilado y dada su dificultad vamos a derecha o a izquierda en la playa.

¿Qué se deduce de todos los anteriores casos?, que no accionamos, sino que reaccionamos ante las situaciones. Nos encontramos que el humano tiene la primitiva de creerse libre, y de hacer uso del verbo accionar, cuando la mayoría de los casos tendría que usar el verbo reaccionar. De lado quedan otros determinantes mayores que ignoramos, como la gravedad, y que poseemos un cuerpo con unas necesidades físicas como la hidratación y la comida. Por defecto llamamos libertad a la capacidad de obrar ignorando todo determinante…, y si fuera así, una rata de laboratorio que ha sido puesta en un pasillo estrecho ¿se creería libre de andar hacia adelante en vez de quedarse parada? El cerebro y la evolución tiene otros determinantes, seguramente la rata avanza por el pasillo por uno de esos determinantes. Incluso si se le pone en medio de un cruce de dos caminos, en donde tiene cuatro opciones, existirá el determinante de que casi todo mamífero complejo tiene una predominancia del cerebro izquierdo (que manda sobre su lado derecho), que hará que “coja” el primer camino a la derecha, que a la vez depende de cómo le haya colocado el científico. Fijarse que coger y escoger llevan implícito la misma problemática que acción y reacción. Creemos escoger, cuando en la mayoría de los casos cogemos. Pongamos que nos ponen delante nuestra, en una fiesta, una bandeja de pasteles, realmente escogemos o lo que hace el cerebro es guiarse por ciertas directrices, como el aspecto de los pasteles, los colores preferidos, el análisis del tamaño de los pasteles con respecto a nuestro hambre, y que tengan crema, nata o chocolate o dos de esos ingredientes o los tres… ¿escogemos? o el cerebro coge un pastel al analizar y descartar las distintas variables que entran en juego. Ese tiempo de retardo de análisis lo captamos como que estamos eligiendo, cuando en realidad es un proceso que hacen ciertos parámetros ya ajustados del cerebro, y tenemos la falsa ilusión que en dicho retardo lo que entra en juego es nuestra libertad. Bajo estas premisas se comprende que el cerebro tiene lo que se llama “ilusión de control“, la sensación de que tiene más opciones de las que realmente cree, porque el cerebro filtra lo que no puede hacer y los límites físicos como la gravedad, y sólo se atiene a creer que ahí, en la realidad no hay límites. Este proceso repetido millones de veces durante la evolución del sistema nervioso central, llámese cerebro, ha creado una función cerebral que se llama locus de control. Al conjunto de todos los efectos que produce tal función cerebral se le llama ilusiones positivas, entre las que se encuentran el sesgo optimista y la ilusión de superioridad, de estar por encima del resto de las personas o de lo promediado en lo humano.

Pongamos en juego, en un caso real, todo lo dicho arriba. En GH VIP 7 el concursante Hugo Castejón se ha granjeado el repudio del resto de los compañeros. En su “defensa” argumenta que casi todos están a la sombra de Mila Ximénez, un referente en los medios de comunicación del grupo Tele Cinco, que al ser una persona con muchos defensores fuera, se arriman a la sombra del árbol que más cobija. Todos dicen que tiene el suficiente criterio para que no sea así. ¿Quién tiene razón? Si se fuera a la Alemania nazi, previa a la guerra… ¿no dirían todas las personas tener el suficiente criterio para tener un motivo personal para seguir a Hitler?, en definitiva a que se debe a una elección personal. Volvamos a estar en medio de un paraje de la naturaleza. Como realmente no se da que aparezcas de la nada en medio de un paisaje, lo contrario es que cuando se va por la naturaleza sigas sendas que ya han sido trazadas por cientos de miles de pasos de otros humanos. En el caso de encontrarte con una bifurcación, el cerebro tiende a buscar los indicios de cuál de los dos caminos es el más trazado: el más probable de ser el camino a seguir. ¿Y antes de que hubiera pasado algún humano por allí? Cuando el humano, al salir de África, se encontraba con paisajes nunca antes hoyados, en realidad partía de ciertas directrices, que de nuevo venían dadas por el aprendizaje del cerebro. Por ejemplo, en muchos bosques de España, y aunque no haya pasado otro hombre por allí, hay ciertas trazas de caminos que ya han sido marcados por los jabalíes u otros animales. Camino que quizás no lleven a un sitio concreto, pero que sí evitan los precipicios y las zonas cerradas por la vegetación. El humano, en la prehistoria, seguiría estos terrenos marcados, y al final pudieron llegar a ser los caminos entre dos valles, que con el paso del tiempo sería donde los Romanos harían una calzada, calzada que al final, con la llegada de la locomoción en el siglo XX, llegarían a ser las carreteras.

Volviendo a nuestras pesquisas, si preguntásemos a una de esas personas, por ejemplo al encontrarnos con un conocido, que qué hace por allí, por esos caminos, te dará una explicación personal y exenta a que lo único que está haciendo es seguir un camino trazado, porque en la sociedad actual sedentaria es aconsejable salir a pasear un poco, y porque además a esa hora en la televisión no hay nada para ver que merezca la pena. Anulamos de nuestras conversaciones las imposiciones, los determinantes,  dejando en el proceso lo único que el cerebro “cree” relevante, que es la propia autodeterminación, nuestra propia identidad. Esa falsa superioridad, de no ser una persona “normal”, tratará de hacer ver al otro nuestras peculiaridades y singularidades, que nos hacen sobresalir, en algún detalle, sobre el resto. Tal proceso se llama “narcisismo de las pequeñas diferencias“, que viene dado por que el cerebro necesita cierto narcisismo implícito y saludable (amor o valoración de uno mismo), que a la vez está construido por el ego, que es el constructor de nuestra identidad narrativa, de aquello que contamos y cómo lo contamos. O sea, que dicha identidad se construye a partir de las pequeñas anécdotas que contamos a los otros (y de paso a nosotros mismos) a partir de casos muy concretos que creemos únicos en nosotros mismos. Recuerdo a una persona que contaba una y otra vez que el vello de la barba del cuello le crecía al revés que al resto de las personas, y que eso le creaba dificultades para afeitarse. Mas de una vez estando con él, y cuando nos encontrábamos con personas nuevas, de repente le oía contando la cuestión de su barba, como si fuera algo tan extraordinario, como para que todos lo tuviesen que saber.

Volviendo al narcisismo de las pequeñas diferencias. Conviene sobresalir un poco, pero nunca tanto como para al alardear caer en el exceso de orgullo, pues tal situación está “castigada” en sociedad. Pero de nuevo aquí vemos que hay ciertas directrices, o caminos, a seguir en cada momento. Cuando se da un encuentro social, ni se tiene que acaparar toda la atención, ni conviene estar totalmente al margen. Tiene que ser un “toma y daca” finamente mediado. ¿Qué determina estas reglas sino algo ajeno a nuestra libertad? Constantemente estamos cogiendo los caminos más andados, los más aceptados en lo social…, ¿qué espacio queda para la libertad?, para escoger en vez de coger, para accionar en vez de para reaccionar. A todo esto me viene a la mente un medio chiste, en donde dos hombres en una fiesta les dan a escoger entre los dos últimos aperitivos que quedan, y se hacen las típicas señas o comunicación no verbales de dar a elegir al otro primero, por deferencia, y el que al final cede coge el aperitivo más grande y vistoso, y el otro, en un acto de sinceridad o quizás adversidad le dice: “no es lo que esperaba de usted, si yo hubiera sido el que eligiese el primero hubiera escogido el más pequeño”, a lo que el otro contesta que de qué se queja, que él se ha limitado a cumplir su deseo.

Todo este preámbulo viene al caso por lo dejado como pendiente en el escrito anterior, y sobre si una persona tiene la total capacidad para construirse a sí misma o no, y en qué medida el ambiente (en su sentido más amplio) repercute. Volvamos al caso de las dos personas y los aperitivos: ¿y si esas dos personas hubieran sido un hombre y una mujer? Hace un siglo la primera en elegir habría sido la mujer, pues estaba la regla implícita en la sociedad de ceder el paso a las mujeres, y la misma convención para toda situación similar. Pero, ¿qué habría que hacer hoy en día?, ya no se puede o debería tener la misma deferencia, la misma regla, dado que hombre y mujer han de ser iguales. En cierta medida en la clase alta se sigue manteniendo esa regla en las convenciones sociales, pero no así en la clase media o baja, y de cualquier forma es distinto en situaciones más familiares y menos protocolarias. ¡Lo que viene a ser un caos para el cerebro de los dos sexos!, pues ya no se sabe con exactitud cuándo se puede estar cayendo en un micro-machismo o cuando se está siendo descortés. Por cierto, hace un siglo la mujer hubiera sido la que elegiría primero el aperitivo, pero hubiera dejado el más grande al hombre, aunque tan sólo fuese por que su apetito fuera menor en un cuerpo menor…, o ¿hubiera sido por sumisión? Y si buscásemos de dónde viene el origen tal convención o “camino”, ¿cuáles serían sus primeras huellas? En animales con un macho alfa este es el primero es comer y coge (que no escoge) las mejores porciones. La explicación evolutiva es que hace un mayor uso de la fuerza muscular y su cerebro: cuando más dotado esté el macho alfa mejor le irá en la caza a toda la manada. Más adelante esa persona era el padre, que seguía siendo el que iba a la caza. Con el paso del tiempo esa posición la detentaba la persona más mayor, con un mayor prestigio y siendo la más respetada. Es posible que ese fuese el inició de lo que significaba ser el líder de un grupo, que más adelante llegó a ser un rey o un emperador.

Si buscamos el inicio de toda convención social toda proviene de un primer paso, que en muchos casos venían dados por procesos que se heredaban de nuestro estado previo como animal. Aquí entra en juego las ritualizaciones y los tabús que he tratado en los dos escritos previos. Cuando el humano llegó a la consciencia tenía la capacidad de no seguir un camino trazado, de buscar uno nuevo, pero la evolución, y en la dirección de que no fuera tan permutable la esencia humana, asentó que seguir las normas del grupo era lo más propicio para que un grupo se mantuviese. Esto es : por mera economía del comportamiento. Volvamos al caso del desierto. Si en vez de una persona en esa misma situación se encontrasen cuatro, podrían decidir cada una ir en una dirección distinta. Si llegado el caso se encontrasen cada una de ellas con un depredador, ninguna terminaría por salir del desierto. Volvamos a la posición inicial. Tres de ellos deciden ir juntos y otro va por su propio camino. En la misma situación con el depredador el solitario moriría y aquellos tres que fueron juntos o bien lograron ahuyentar al depredador, o bien murió uno de ellos, pero sobrevivieron dos. O sea, que en la prehistoria todo grupo que se mantenía en unas normas establecidas, que normalmente provenían de los mayores y más experimentados, se mantuvieron, mientras que todo grupo que se fraccionaba era más proclive a desaparecer. Es una típica retroalimentación positiva a través del tiempo. Lo que se validó fue aceptar las normas y mantenerse unidos al grupo. Lo que paso tras paso nos llevó hasta la situación actual, en donde las personas de corte occidental ahora tienen como premisa su individualidad, su singularidad, y la falsa creencia de que no siguen ningún camino o que todo camino trazado es cuestionable. En otras culturas lo predominante es el grupo, frente al individuo, y aún siguen con el paradigma de la ritualización, y que lo importante y central es ir todos juntos por el mismo camino. ¿Qué apuesta es la mejor, cuál la más lógica o acertada? La cuestión no es tratar de contestar de buenas a primeras, sino, como ya dijera en el escrito anterior, la cuestión es hacer las preguntas adecuadas: ¿mejor apuesta para qué?

Cambio de tercio, no quiero ir por ese camino de consejero, me interesa más cuestionar la pretendida libertad de las personas. ¿Cómo sabemos en qué trama estamos metidos si casi nunca somos los suficientemente objetivos para ver dichos tramas? O sea, a nivel de suelo uno ve un gran nubarrón y en el horizonte un claro, y falsamente cree que es probable que haya una tormenta, pero que al final acampe…, pero ¿y si más allá de donde nuestros ojos alcanzan viene otro frente tormentoso aún mayor?  En ese caso la ciencia es ese ojo en el cielo que ve, con una mayor panorámica, cómo es la tormenta. Es la que nos dice que caemos en la ilusión del control, que proviene de nuestro locus de control, que a la vez nos da una carga de ilusiones positivas como el sesgo optimista y la superioridad ilusoria. Por la misma regla que tal tipo de sesgo implica, cada persona se dirá libre de ellos. Quién tiene razón: la ciencia o cada uno de los individuos. Las reglas de la ciencia diagnostican que cada uno achacará que eso es algo que le sucede al resto de las personas, pero no a ellas mismas. De nuevo más y más ilusión del control, que de nuevo lleva a la superioridad ilusoria y al sesgo optimista de creer que uno mismo no puede caer en algo tan “negativo” (esta argumentación se me parece a la trampa 22 –catch 22-, que cuando crees que sales es cuando más entrampado estás).

Creo que no necesito repetirme más. Que lo que quiero dar a entender en este escrito está claro. No somos seres de acción, sino reactivos, que se acomodan a ciertas premisas y que siempre tienen que accionar bajo dichos estados previos. Se actúa de una manera a una edad, por ciertas hormonas, y a otra edad de otra forma por la ausencia de dichas hormonas y otros factores de dicha edad. Una mujer de hace un siglo cogería el aperitivo más pequeño dejándole el más grande al hombre, mientras que una mujer de la actualidad… ¿cogería el más grande para empoderarse? Hay alguna diferencia entre estas dos actitudes y mujeres: las dos se sienten bien por su “elección” y modo de proceder “adecuado”. Las dos reaccionan dadas las épocas que les ha tocado vivir en su momento. Pensar que hoy estamos más cerca de alguna “verdad” que ayer… ¿es real o sólo es una ilusión del control? El etnocentrismo erradamente usa el concepto de progreso a su “antojo”. No se sabe hacer las preguntas adecuadas. Un urbanita no es más feliz que un humano de una tribu de cazadores recolectores. Este no tiene trastornos mentales, no sabe qué es el sentimiento de soledad, incluso su microfauna bacteriana es mayor y más “correcta” tanto en la piel como en su estómago que un humano medio de una ciudad, en ese proceso los cazadores-recolectores no tienen enfermedades autoinmunes. Si de un día para otro viniese un cataclismo a nivel mundial, o cayese el sistema actual de manera sistémica y desenfrenada, los que tendrían más opciones para sobrevivir serían los cazadores-recolectores, pues se conforman con poco y son más adaptativos a la naturaleza, y sus posibles cambios, que cualquier urbanita.

Tamara MacLeod
is the pseudonym of a freelance writer, sex worker and activist based in England.

Que el feminismo piense que de la sociedad patriarcal el único culpable es el hombre es no haber entendido la trama de la evolución y la evolución social. Si puse -en el escrito anterior- el pequeño relato de Tamara MacLeod sobre sus primeras experiencias sexuales a los 11 años venía caso con respecto a las presentes conclusiones (ir al escrito para leer el artículo competo). Las bonobos, al igual que Tamara MacLeod, en cierto momento evolutivo se dieron cuenta (con un gran encomillado a ese se dieron cuenta) que a través del sexo podían tener algún privilegio o tomar el control de la especie, y lo hicieron. Por ese mismo proceso pasó la hembra humana. Una “elección” que aún hoy repercute en la vida social. La hembra humana no siempre “escogió” los mejores caminos durante su evolución. Ambos sexos se adaptaban y readaptaban a las “propuestas” del otro sexo. A cada acción le sigue una reacción, en un juego en donde nunca ninguna acción fue realmente acción, pues como he tratado de mostrar en este escrito, no existe algo así como una “acción pura y primera” sin estar contaminada de unos determinantes situacionales que siempre provendrán de estados previos, a la vez nuevamente determinados, y en donde el final son los límites físicos, como lo es la gravedad. Bajo esta regla ni Dios sería libre, pues una vez que puso el “mecanismo” de la vida en marcha Él ya no podría hacer nada, no podría Obrar en libertad, por cambiarla, pues ese mecanismo seguiría su propia senda y discurrir. Lo más aceptado en la Iglesia Cristiana es que los milagros han de operar bajo las leyes físicas. O sea, que no por un “simple chasquido” de Dedos, Dios pudo pasar de un lado del mar al otro al pueblo de Moisés. Tuvo que hacerlo bajo las leyes físicas  y se debió de valer del viento o algún proceso natural para que las aguas se apartaran. Volviendo al tema. No es que el macho tuviese una pretensión, desde el principio, de dominar y someter a la hembra. Si fuera así sería un monstruo, que es la imagen que quiere dar a entender cierto colectivo feminista. Un paso se daba a partir de otro previo, al que le seguía en consecuencia otro. ¿Qué ciertas cosas estaban mal?, sí, pero no existía una mente confabuladora tras de toda esta trama. A ciertos humanos conspiranoides les gusta creer que el poder tiene ciertas sociedades secretas que son las que crean las estrategias para mantenerse en el poder, para mantener el estatus quo. ¿El feminismo cree lo mismo?, que los hombres se reunían para mantener a la mujer oprimida. No hay mente (u organización) capaz ni de mantener las jerarquías, ni de mantener el patriarcado. La evolución funciona por los números, por los promedios, sin ninguna mente detrás. Los números equilibran los comportamientos más económicos u optimizados a cada época de un proceso evolutivo. En cada momento de la historia tanto la mujer como el hombre creía (o sentía o era lo que tal época conllevaba) a que la forma de vida que llevaban era la más optima o adecuada. Mi madre no se sentía oprimida, ni sumisa (ni estaba errada en su pensamiento según el momento que le tocó vivir). No se puede entender el feminismo sin la revolución industrial, en donde la gran necesidad de la mano de obra llevó a que la mujer se incorporase al trabajo. Tampoco se puede entender la revolución sexual sin los anticonceptivos, que a la vez, parte de ellos, provienen de la industria química, que a la vez provienen de la comprensión humana de los compuestos químicos y sus procesos en el cuerpo humano.

Vuelvo al concepto de progreso y “verdad”, y acabo. Si se va a una Web de cámaras sexuales en directo, cada vez hay más belleza y juventud, o ellas son las que se posicionan en la primera página (de nuevo las reglas que nadie directamente dicta, pero se sacan en estadísticas, en promedios). No me puedo imaginar cuando sean madres y por qué infiernos habrán de pasar sus hijos cuando les puedan hacer acoso escolar por medio de los vídeos de sus madres. ¿Acaso han llegado a pensar en esa posibilidad? ¿Normalizaremos en algún momento tanto el sexo como para que nuestra madres hayan hecho mil rarezas extremas ante millones de extraños?, ¿eso es progreso?, poder ver a tu propia madre en sus trabajos sexuales. Lo mismo vale para el padre, aunque hay menos que mujeres en las Web Cam. Normalizaremos que nuestro hijo nos diga: “mamá, porque trataste de meterte un melón por la vagina”, o “mira, hijo, ves esa barriguita mientras me meto ese consolador talla XXXL, pues ese que estaba en mi tripita eras tú” (me sale el payaso  tragicómico que llevo dentro). No existe progreso como tal, de la manera que se tiene idealizado. Existe la complejidad, y a mayor complejidad mayor dificultad para mantener el equilibrio. En cierta forma las civilizaciones a lo largo de la historia eran un “prueba y error” de hasta cuánto podía crecer una ciudad-estado, como para mantenerse equilibrada. Una civilización que sobrepasaba ese límite -o punto crítico- al final se terminaba por derrumbar al completo, pues no había un punto de freno y estable en donde la retroalimentación negativa al final tuviese cabida. ¿No pareciera que en la actualidad estamos llegando a ese límite? Ya en otros lados he hablado que el niño pasa por las edades evolutivas. De igual forma toda civilización pasa por las distintas edades humanas. La actual civilización está en su mediana edad. En la mediana edad ya no existen las ilusiones inocentes de la juventud, se mira todo con amargura y cinismo. Todo dato, toda vivencia queda velada por la total ausencia de la inocencia, del pensamiento mágico… queda desvelado como acto puro, lógico y “crudo”. En mi ya no cabe el poeta, porque al ver que todas las bellezas pensables están disponibles a la distancia de un clic, ha hecho que este muera tras tantas eyaculaciones en vacío, sin la ternura a la que ha de seguir el sexo. En esa dirección la libertad sexual es la mirada cínica y cruda que un adulto pone sobre el otro sexo, sobre el cuerpo, sobre la carne. Al matar todo idealismo y esencialismo, de que no hay tal cosa como la feminidad, a la vez matamos otros esencialismos consecuentes a los primeros, como así es la ternura con respecto a lo delicado y bello de lo femenino. Incluso en el cine, antes llamado romántico, ahora ñoño, huye de todo este lenguaje esencialista y del pensamiento mágico. En todas estas medida no hay progreso, sino descenso al infierno. La mujer se objeta y se siente carne, y ya ni siquiera le importa, ya ni siquiera piensa que lo que haga ella no se lo podrá negar legítimamente a sus propios hijos, pues ni siquiera se pone como requisito tener una descendencia y por ello tener el peso de tener que dejar un legado…, una cultura, una ritualización que tengan que seguir sus hijos.

Ahora, bajo este análisis… ¿creé cualquier mujer feminista que hemos progresado?, o sólo hemos ido un paso más allá hacia la complejidad y esta indomablemente no puede sujetarse, domeñarse y englobarla a ningún limitado pensamiento individual que crea que está siguiendo los pasos “debidos”, pasos que ha escogido plena y conscientemente. Lo mismo que está sucediendo ahora ha pasado a lo largo de todo el pasado. En ciertas situaciones el humano, seguía un camino porque no le quedada otro, dada las circunstancias. Se metía en atolladeros y callejones sin salida. Cada sexo se ha equivocado en unas u otras ocasiones, y el otro sexo se ha adaptado a las nuevas situaciones y ha reaccionado a partir de ellas. ¿Se cree el feminismo actual estar libre de errores?, que la liberación sexual hasta donde nos ha llevado no era algo impronosticable…. ¿cuál será su límite final? El humano no actúa sobre la realidad, se adapta, reacciona a cada nueva situación porque la premisa de la vida es la adaptación, y la libertad es tan sólo un cuento que nos contamos a nosotros mismos para mantener la ilusión del control. Liberamos al sexo… pero ¿acaso pensamos hasta dónde llegaría o llegará? La mujer es la más vejada y que aparentemente más está perdiendo al tener la falsa sensación que está jugando en su propio terreno. Recorremos Abilene una y otra vez, sin llegar a preguntarnos ni si quiera si queríamos ir a esa ciudad inhóspita, dado lo largo del camino y el calor que hacía. En definitiva, el humano va a ciegas y para mantener la ilusión del control se lo niega a sí mismo, y para colmo a eso le llama progreso.

A modo de ejercicio mental, ahora, cambiar el verbo reacción por el concepto de adaptación. Eso es lo humano, eso es la vida, eterno comportamiento adaptativo.

(Lo que viene en el siguiente escrito: la situación actual viene dada por una falsa sensación de autoeficacia, sustentada sobre todo por las redes sociales y el móvil como instrumento de dicho estado. ¿Estado zombi?)