El Sentido Está en las Primitivas

  El hombre se toma como materia incluso a sí mismo, y se construye (…) como una casa.” Luigi Pirandello
La conciencia es la conducta de las conductas.” Sartre
Significado puede considerarse un sinónimo aproximado de patrón, redundancia, información y “restricción.” Bateson

   Estoy leyendo “pasos hacia una ecología de la mente” de Gregory Bateson, con el cual coincido en una gran cantidad de cuestiones, quizás por esa mezcla de sus especialidades entre la antropología y la psiquiatría, en donde trata de fundar lo segundo a partir de lo primero. Este autor a su vez hace mención a ciertas ideas de Aldous Huxley, que a la vez menciona o se basa en Walt Whitman, (ir a Tuit de referencia al texto). Con este autor llegué a la corriente llamada transcendentalismo. En esa dirección tengo que hacer ver que mi concepto del “el niño que siempre nos habita“, aunque se acerca a las ideas que sostenían los trascendentalistas, sobre un momento en el pasado en donde el humano era más cercano a la inocencia o “gracia” propia de los animales, en ningún caso trato de sostener ninguna idea, a su vez, sobre la espiritualidad. Más bien me baso en el concepto de los dos hemisferios del cerebro descrito en el libro de Iain McGilchrist “el maestro y su emisario“, en donde el derecho aún mantiene en cierto grado el pensamiento mágico y por ello la conexión con las primitivas, mientras el izquierdo ha tendido a la razón y por ello a la instrumentalidad. En esa misma dirección apunta el concepto del intérprete del hemisferio izquierdo de Michael S. Gazzaniga, e igualmente el de la identidad narrativa, que al ser principalmente verbal de nuevo nos remite al hemisferio izquierdo. La idea de la humanidad corrompida, en tanto que concepto idealizado y en cierta forma pueril, viene de antiguo, donde el concepto del “buen salvaje” de Rousseau es quizás el referente (otras fuentes). No hace falta críticas a las consideraciones más nuevas, Rousseau ya las tuvo en su momento y a posteriori, cuando sus ideas quedaron en entredicho dada la evidente violencia de muchos pueblos de cazadores-recolectores.


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   De cualquier forma yo pienso que si alguna vez se dio ese estadio, puede que incluso fuese previo al homo sapiens. Las ideas expuestas en “caos: sin sentido o sentido“, sobre las señales honestas que son las emociones básicas, también puede ser corroborada por la hipótesis cooperativa del ojo. En ningún animal la esclerótica, el blanco del ojo, es igual que la del humano. La hipótesis, propuesta conjuntamente por H. Kobayashi y S. Kohshima sostiene que tiene la función de indicar, a los otros humanos, hacia dónde se mira y en la dirección de cooperar, cosa que no sucede en otros animales, que han de ocultar dónde miran. Todas estas ideas, tanto las de las emociones como la del blanco de los ojos, tienen de fondo la teoría de la comunicación. En el reino animal todo tiene un porqué, un juego evolutivo. El engaño por medio del camuflaje es donde mejor se entiende su entramado. Un animal se puede camuflar para esconderse o para atacar; a la vez otros animales usan los colores para avisar que son venenosos, mientras otros -con la misma base- engañan haciendo creer que son venenosos. Este lenguaje es universal, ya que se da incluso entre las plantas y los hongos. Bajo estas reglas el humano se pone en evidencia con la esclerótica, puesto que un depredador podría percatarse cuándo mira para otro lado, y en ese lapsus atacarle. Ha de suponerse que en el momento que se dio ese cambio evolutivo el humano (o prehumano) ya era un cazador respetable y temido, y que dicho cambio era un mensaje interno hacia los propios humanos. De una u otra forma lo que nos dice, tanto las emociones básicas como el blanco de los ojos, es que el humano proviene de una especie que se basaba en la cooperación y en donde no se daba en ese momento el engaño. De cualquier forma la dirección del presente escrito es la de tratar de demostrar lo contrario: que el humano tal como lo concebimos y es hoy en día fue a causa no de la cooperación, sino de la otredad, y por ello la ocultación y el engaño. Si se quiere, un posible porqué se “corrompió” o se desvió de aquel inicio. Antes que nada se ha de tener en cuenta que el presente escrito trata de mostrar que indiferentemente a lo que creamos, y sobre que la mejor cualidad humana es la razón y que es esta la que ha de buscar el sentido de la vida, y las motivaciones; la realidad es que las bases de dichas motivaciones y un posible sentido de la vida tienen sus bases en las primitivas, mientras que las zonas más nuevas, y las nuevas disposiciones de las sociedades humanas actuales han perdido -o están perdiendo- dicho sentido.

    La teoría de la evolución humana parte de la idea de que un antecesor nuestro, y común con el chimpancés, fue posible por la sequía del este o cuerno de África. No es una región tan grande como para que hubiese demasiada variedad o familias , y se supone que sobrevivieron porque se basaron en una fuerte colaboración. Antes de leer a Bateson ya tenía planeado este escrito, pero después de leerlo me he cuestionado si hacerlo, pues venimos a decir más o menos lo mismo. También me hace cuestionarme el para qué escribir, si no hay ya suficientes libros y redundar, como para saturar aún más el panorama actual y su exceso de información. Al fin y al cabo ciertas “verdades” no transcienden a la masa, pues toda verdad que no sea optimista o sea útil, no la digiere la cultura popular. No sé, entonces, si en cierta forma el presente escrito es divulgativo y sobre las bases ya planteadas de Bateson. De cualquier forma he de afirmar que yo las llevo más allá y las trato de unir a otras ideas o conceptos claves en mi “filosofía” (forma de ver/sentir/entender el mundo).

Breve resumen de lo que viene a continuación:

  • El juego es una forma de comunicación en donde hay un desplazamiento de los signos. En esa medida su base es metafórica.
  • Hacia un nuevo concepto del aprendizaje.
  • Qué es o no es juego viene dado por pertenecer a una misma familia (con un mismo lenguaje o signos) y por ello incluye los conceptos de identidad y otredad.
  • Cuando fue imposible determinar el juego, por haber demasiadas familias o signos, se estructuró de una nueva forma lo social.
  • Ciertas fallas en el establecimiento de esas reglas dio posibilidad y legitimización a ciertos humanos a jugar a jugar, a crear interpretaciones de los juegos en tanto que ocultación o engaño.
  • Esa estructura social creó a su vez una estructura mental.
  • Creación de grupos en sustitución a la pertenencia y la familia.
  • Hacia un nuevo concepto del efecto Baldwin, la evolución y los preconcientes.

    Empecemos sobre el concepto clave que quiero introducir en el escrito, pues es posible que este proporcione más coherencia y sentido al resto. Qué debería entenderse por aprendizaje.

   Hace unas semanas vi un documental sobre competiciones y competidores sobre la memoria. Todos ellos, claro está, usan trucos nemotécnicos para memorizar y recordar. Pero ¿recordar es inteligencia? En cierta película de los 90, “Magnolia“, uno de sus personajes (¡agüita!, cómo conjugar verbos aquí: el cerebro se bloquea por unos segundos) era el que había sido un concursante de un programa de televisión de gran éxito, que para hacernos a la idea venía a ser como alguien que hubiera durado mucho tiempo en el programa español de “saber y ganar”. El personaje se muestra deprimido y acabado, ante un mundo que hace ya tiempo que le ha olvidado y al que él trata de hacerles recordar su gloria. Tiene una gran cantidad de conocimientos, pero sólo son datos como las capitales del mundo, citas, datos de fechas históricos y cuestiones similares. “¡Niños!”, tienen la cabeza llena de datos innecesarios”, se dice a sí mismo de forma retórica, quizás recordando algún reproche que alguien le dijo alguna vez. Bajo mi punto de vista el sistema nervioso, y por ello el cerebro, los ha “creado” la evolución para crear identidad, para tener la posibilidad de crear ser, en la dirección de interiorizar el mundo, hacerlo predictivo, y con la doble meta de sobrevivir y ser la mejor apuesta evolutiva. O sea, crear posibles cambios que sean los que permanezcan en un futuro humano. Aprender datos en bruto, aprender a aprender o crear sistemas nemotécnicos no es algo que se transfiera a nivel evolutivo. Todos ellos hay que aprenderlos durante la vida individual, o sea, no crean cambios permanentes y disponibles para la evolución.

     Qué sí mantiene. El prefrontal con su circuito de revisión de la información, a través de un sistema codificador complejo, es algo que la evolución validó. O sea la capacidad de analizar la información, una vivencia, con el lenguaje, con las palabras. En la actualidad está haciendo ese mismo proceso con el lenguaje matemático, pero tal parece que al ser el más novedoso tarda en implementarlo, pues tiene que “verificar” que realmente sea “útil” a nivel de coste/pérdida, en verificar qué se gana y qué se pierde. Los grandes matemáticos suelen ser personas retraídas y con problemas de integración en lo social; la evolución está evaluando si el coste de una posible desintegración social se suple con algún beneficio sobre dicha adquisición.

     Esta idea sencilla y evidente lleva implícito una gran cantidad detalles, que es lo que me interesa exponer. Cómo funciona el cerebro y sus entresijos es sobre lo que lleva las cuentas la evolución. Qué tenemos, a grandes rasgos: un sistema de aprendizaje basado en el premio y el castigo; la larga y alta dependencia de la infancia, que a su vez remite a algo externo como uno o varios cuidadores/enseñadores, que a la vez cuentan y han de partir del premio y castigo; la necesidad de volverse adulto e independiente para al final volver a crear una familia, con sus consiguientes procesos cerebrales de rebeldía para romper con los cuidadores, para al final frenar; todo ello aderezado que es a partir de un sistema complejo de codificación, que es el lenguaje. Puesto que la base es el premio, la evolución hace tiempo que asentó la estructura que es el juego, como base del aprendizaje. Estos procesos remiten a partes, funciones y sistemas del cerebro que se dan gracias a un fino y precario equilibrio, en donde si algo falla lleva al cerebro a distintos trastornos, ya sea a nivel individual, o a nivel social. Mi propuesta es que no es un proceso acabado, que la evolución no tiene aún una regla válida para tal estado, y que con cada individuo y generación reevalúa sus “tácticas”. ¡Ya sé, no es un ente que aprende y de forma tan rápida!, depende de largos procesos de cientos o miles de generaciones, pero la evolución parece tener “ciertos trucos” para paliar con dicha lentitud. Por un lado tenemos los cambios epigenéticos, por los cuales ciertos genes se expresan, mientras que otros no. Dichos cambios se mantienen, en un primer momento, durante tres generaciones. O sea, que la cuestión ya no es lo que hagas con tu vida: si vas a tener hijos, ciertas decisiones o rumbos de tu vida, es posible que repercutan sobre tus hijos y tus nietos…, si llegase el caso que se produjesen cambios epigenéticos. Por otro lado existe otro extraño mecanismo, llamado “asimilación genética“, que de nuevo repercute a muy corto plazo. En la dirección de ahorrarme de pensar y procesar, y poder caer en errores en mis explicaciones remito a un ejemplo expuesto por Bateson:

Waddington trabaja con una fenocopia del fenotipo generado por el gene bitoráxico. Este gene tiene efectos muy profundos sobre el fenotipo adulto. En su presencia, el tercer segmento del tórax se modifica para asemejarse al segundo, y los pequeños órganos de equilibrio, o alteres, que están en este tercer segmento, se convierten en alas. El resultado es una mosca de cuatro alas. Esta característica de cuatro alas puede producirse artificialmente en moscas que no portan ese gene bitoráxico si se somete a las ninfas a un período de intoxicación mediante éter etílico. Waddington trabaja con grandes poblaciones de moscas Drosophila derivadas de una estirpe silvestre, de la que se cree que está exenta del gene bitoráxico. Waddington somete a las crías de esta población durante sucesivas generaciones al tratamiento mediante el éter, y de los adultos resultantes elige para criarlos aquéllos que muestran la aproximación óptima al bitórax. Prosigue este experimento durante muchas generaciones, y ya en la generación vigesimoséptima encuentra que la apariencia bitoráxica es lograda por un número limitado de moscas, cuyas ninfas fueron retiradas del tratamiento experimental y no sometidas al éter. Cuando se reproducen estos ejemplares, resulta que su apariencia bitoráxica no se debe a la presencia del gene bitoráxico específico, sino que resulta de una constelación de genes que colaboran para producir ese efecto.”

     Un problema sobre los genes, y su modificación, así como cuando se afirma que tal o cual trastorno es debido a tal o cual gen, es que las cosas no son tan sencillas, sino que suelen obedecer a un conjunto de genes, sin estar claro cuántos o cómo interactúan a la vez. En el caso de arriba, lo que nos dice es que no se creó un cambio en el gen implicado, sino que el ADN y sus mecanismos “copió” los procesos -y por medio de otros genes- para crear tal mutación. En otros casos la mariposa Vanessa, por fenocopia, tiene distintos tipos de la coloración y geometría de sus alas dependiendo de la región del mundo a la que es llevada, asimilándose a las coloraciones y geometrías de la región. Es como si la evolución ya supiese de aquello de “donde fueres haz lo que vieres”. “Lee” el ambiente y sus “contenidos” físicos y químicos (calidad y horas de luz, alimentación, ecosistema, presas/depredadores, sus “vecinos”, etc.) para “favorecer” una mutación u otra. Por otro lado está el efecto Baldwin, ya analizado en otro escrito, por el cual la evolución tiene a favorecer ciertos rasgos frente a otros, al hacer que los individuos “prefieran” procrear con los que portan dichos rasgos, frente a los que son sus “opuestos”.Mariposa Vanessa    Volvamos arriba, a los procesos cerebrales. No pienso que la evolución, ya en lo humano, tenga una sola regla de cómo tiene que operar el cerebro, de cómo adquiere información del medio y cómo la procesa en la dirección que el medio sea predecible, sino que existen “varias versiones” y mantiene una de ellas que es la más promediada como la válida. Sigue creando distintas apuestas y la vida, cada sociedad y cada generación, son el campo de batalla de dichas apuestas. Lo que Bateson a descubierto, con la teoría del doble vínculo, es la activación o puesta en juego de todas las apuestas. Doble vínculo o doble mensaje es el hecho que alguien te de dos mensajes contradictorios entre sí, en donde uno suele operar de castigo y otro de premio, y en donde de cualquier forma con cualquiera de los dos “pierdes”, (el típico “te voy a azotar porque te quiero y es por tu bien”). En ese dilema el cerebro no crea ningún tipo de aprendizaje, o no crea aserción, debilitando la capacidad del cerebro para volverse autónomo o con aprendizajes válidos para la vida. En definitiva, y según Bateson, el doble vínculo está detrás de una gran mayoría de casos de las esquizofrenias.

    He profundizado en el tema (dentro de unos márgenes de tiempo, mis necesidades y mis límites) y al final he leído que tal teoría ha sido invalidada, pues la mayoría de los síntomas de los esquizofrénicos se resuelven con medicación, o sea, equilibrando la química cerebral, lo que lleva a que tal trastorno es provocado por tal desequilibrio. Tal afirmación no me convence. Primero porque lo que “arregla” son los cambios más evidentes, como los delirios, el escuchar voces y síntomas de este tipo, y porque está claro que si a alguien le duele la pierna y se la cortas le deja de doler, pero eso no quiere decir que le hubieras “arreglado” el problema. La medicina actual adolece de este mal: solucionar los problemas más evidentes, sin ir a la raíz de los problemas subyacentes. Al final, para solucionar otros problemas, hay que recurrir a otras terapias, en donde todas ellas, “terapia familiar, tratamiento comunitario asertivo, empleo con apoyo, remediación cognitiva” (fuente Wikipedia), van en la dirección de hacer que dicha persona esté bien insertada en su familia y la sociedad. O sea, a fortalecer y validar su ego, pues en definitiva y como dice la teoría del doble vínculo, con la educación dentro de un ambiente de dobles mensajes, el cerebro sólo es capaz de crear un “ego debilitado” (ego weakness) que no puede “crear” un adulto preparado para la vida y la sociedad.

    Bajo mi punto de vista, el planteado arriba, no es que una familia o sociedad cuestione a un individuo concreto, que también, sino que hace que el ADN se “replanteé” si la “programación”, tal como está expresada y que es la mediada por la evolución, no sea la válida y por ello creará cambios en cadena, en cómo el cerebro ha de recoger la información del medio y en cómo procesarla. En un ejemplo de Bateson:

Es corriente afirmar que los esquizofrénicos tienen “un yo débil”. Por mi parte, definiré esa debilidad como una perturbación que impide identificar e interpretar aquellas señales que deberían servir para decir al sujeto qué clase de mensaje es un mensaje por él recibido, es decir una perturbación en la interpretación de señales que son del mismo tipo lógico que la señal: “esto es un juego”. Por ejemplo, un paciente ingresa en el bar del hospital, y la empleada que está detrás del mostrador le pregunta: “¿en qué le puedo servir?”. El paciente experimenta la duda de qué clase de mensaje es éste: ¿es un mensaje que se refiere a asesinarlo?, ¿es una indicación de que ella quiere acostarse con él?, ¿o le está ofreciendo una taza de café? Escucha el mensaje y no sabe a qué clase o a qué orden pertenece ese mensaje. Es incapaz de seleccionar aquellos rótulos más abstractos que la mayoría de nosotros podemos usar de manera convencional pero que la mayoría de nosotros somos incapaces de identificar, en el sentido de que no sabemos qué cosa nos hizo conocer de qué tipo de mensaje se trata. Es como si, de alguna manera, nosotros hiciéramos una conjetura acertada. De hecho, tenemos poca conciencia de recibir esos mensajes que nos dicen qué clase de mensaje estamos recibiendo.”

    Analicemos la cuestión más al detalle. Hemos acordado a lo largo de los escritos que la mayoría de los aprendizajes son implícitos, no sabemos cómo y qué aprende el cerebro, pues en realidad la sociedad está llena de dobles vínculos o mensajes (las mujeres y el feminismo los da con respecto a lo sensual, el macho ya no sabe si le tiene que gustar o no, y si tiene que decir algo o no, al modo de un esquizofrénico para el caso). Una persona nos puede decir en su discurso que todo está bien, pero el cerebro implícito capta microexpresiones que contradicen sus palabras. Una persona normal -la promediada por la evolución- tiene el cerebro conectado para ignorar las microexpresiones y no “leer” los dobles mensajes. Quizás ni lea esas microexpresiones de forma implícita, pues su sistema ha bajado o filtrado la latencia de sus sentidos. Me explico, el sistema simpático, el que suele estar activo de forma constante, trata de ahorrar energía (inhibición latente), y en esa dirección capta menos información del medio. Cuando algo nos asusta, se activa el sistema parasimpático, de tal manera que captamos más detalles del medio. Se supone que tras de la mayoría de los trastornos (desórdenes) mentales hay un humano dominado por el miedo, que le hace permanecer con ansiedad y estrés, de tal manera que tiene una baja inhibición latente, o dicho de otra forma, su cerebro capta más cosas del medio, como las microexpresiones. Esto por el lado de la captación de la información.

   Por otro lado está el procesado. Se dice sobre el porno e Internet que si es posible pensarlo o que alguien lo haya imaginado (regla 34), existe en el porno de Internet. La mayoría de las personas -lo promediado por la evolución- tienen poca imaginación o ninguna, alarmándose con lo que puedan llegar a pensar ciertas personas (la película “el ciempiés humano” o el director Lars von Trier son odiosos para la gran mayoría de las personas). Un artista, científico o pensador poseen cerebros divergentes que parecen estar diseñados con una fuerte capacidad para unir puntos remotos del conocimiento y la naturaleza. Un neuronormal tiende a “olvidar” y no procesar lo negativo, mientras que otras apuestas cerebrales analizan las dos: las negativas o limítrofes y las positivas. ¿Qué tipo de cerebro está más acorde con la realidad?, uno que analiza todo el espectro social u otro que sólo analiza la mitad o incluso menos? Como se suele decir “el hambre agudiza el ingenio”, o “la necesidad es la madre de la inventiva”, bajo mi punto de vista, el analizado en este escrito, el “miedo” o estado de alerta es la madre de la inventiva o agudiza el ingenio, en la dirección que procesa toda la información proveniente de la sociedad y no las anula en el cerebro. Volviendo al caso de los esquizofrénicos, es cierto que ven cosas que pueden que no estén allí, pero también es verdad que analizan el medio sin ninguna atadura y sin dar nada por supuesto. El problema del cerebro, y la evolución, es que están constantemente evaluando hasta dónde afinar, filtrar, y olvidar la información que recogen del medio, de tal forma que esa regulación y afinamiento la lleva a cabo en los individuos, las culturas y las generaciones.

Implicaciones del Sesgo OptimistaEl sesgo optimista implica una forma de funcionar del cerebro.

   En resumen. Bajo las reglas de aprendizaje hay varios niveles: 1. aprendizaje automático; 2. supervisión de lo aprendido (doble bucle), los dos previos nos dan el pensamiento rápido y lento de Kahneman; y 3. aprendizaje sobre el aprendizaje (meta-aprendizaje o triple bucle). Sólo los dos primeros están implementados en la evolución, en el cerebro; el segundo sólo es llevado bajo ciertos criterios (errores claros o que nos hacen ver los otros), y el tercero es social y de la actualidad. La esquizofrenia se da en la medida que esa persona, y por una educación con mensajes de doble vínculo, no ha creado un prefrontal lo suficientemente activo como para supervisar su alto nivel sensorial y de procesado mental (no tener filtros al hablar y al actuar: no les funciona o tiene la autocensura). El prefrontal es un “cajón desastre” que tiene una gran cantidad de funciones, todas ellas catalogadas bajo el concepto de sistema ejecutivo. Es a esta propiedad y función que llamamos razón y sede de la conciencia. En realidad se creó, como he dicho muchas veces, como esa última rotonda en los procesos mentales que detecta posibles errores (doble bucle): si no hay errores no se activa, si los detecta se pone en marcha. En esa dirección es, sobre todo, inhibitorio de la mayoría de los impulsos. Por otro lado es el sistema que crea los planes de futuro (memoria prospectiva), acorde a los propios medios y potencialidades. Este segundo rasgo es más nuevo y la verdad es que en tiempos como los actuales, nos suele fallar a todos (vuelvo a esto más adelante). La suma de estos mecanismos es lo que falla en el caso de los esquizofrénicos y en otros o la mayoría de los trastornos.

El Auto-monitoreo como Control CerebralEl auto-monitoreo llevado a cabo por el prefrontal, y por medio de la palabra, equilibra el cerebro.

    Con esto retomo los primeros supuestos, sobre qué es memoria. Cuando la evolución -o el medio- hace cambios en un cerebro, como es el de los esquizofrénicos, está tratando de evaluar si su apuesta evolutiva es la más válida. Cada individuo en su forma de estructurar su cerebro, a través de cómo recibe la información y cómo la procesa, está tratando de crear una identidad, de crear ser, en la dirección de que ese sea el humano del futuro. No cuenta tanto el saber mucho o tener muchos datos inconexos en el cerebro; es hacer que tales datos alteren su cerebro como para crear un tipo de cerebro a la hora de percibir el medio y a la hora de procesar los datos. En otro lado decía que inteligencia es la capacidad de encontrar algo del medio y percatarse que esa “novedad” le va a hacer “crecer” (atajos mentales, hábitos, creencias positivas…); en definitiva una gran mayoría de sesgos cognitivos y emocionales, y modos de proceder de la memoria, son ahora parte de la estructura cerebral, y alguna especie, o ya una persona o una sociedad fue la primera en adquirirla y usarla. Propiamente el lenguaje -o incluso el mentalés-, con una base metafórica, partió seguramente por algún fuerte vínculo entre los primeros actos comunicativos y al relacionarlos con el propio nomadeo en el mundo, en un cerebro que ya tenía la estructura en la memoria de guardar hitos y rutas, de tal manera que todo habla era una ruta con un rumbo y un propósito. Todo acto instintivo, como buscar alimento y comer, a su vez, debió de “contaminar” el propio nomadeo con la falsa idea de que toda ruta ha de tener una finalidad, como así ha de ser una historia bien contada, cuando la mayoría de las veces tan sólo se vagabundea. Fijarse que vagabundo -vagar por el mundo- proviene o da la idea de que es andar en la vida sin rumbo o propósito… ¡cómo si, en contraposición, tener un trabajo rutinario y en algunos casos humillante sí lo tuviese!, (este es un claro -e invisible- ejemplo de neuro-normatividad). Quizás, en cierta medida, algunas formas de proceder de los llamados trastornos, son unas tendencias de la evolución para crear nuevas estructuras, como ese tercer nivel en el aprendizaje, y donde ya no haya que dar nada por sentado, aún a coste de gastar mucha energía, como así les sucede a ciertos tipos de esquizofrénicos (tampoco hay que descartar que vuelva a “viejas fórmulas” y las ponga de nuevo en juego). Una teoría nos dice que hay un punto en común entre la esquizofrenia y el autismo, un mismo origen y problema en su etapa como nonatos; en los segundos podemos ver el caso de los genios savant, autistas de alto rendimiento, como el protagonista de “Rain man“, basado en Kim Peek, o en el otro caso a científicos revolucionarios como el caso de John Forbes Nash (una mente maravillosa), tratado como esquizofrénico, donde sus búsquedas de patrones van más allá de los límites “normales”, como si en ellos la evolución tantease otras formas de crear la identidad o el ser del humano del futuro.

   Aún queda ciertas conclusiones, pero primero vayamos a los otros puntos a tener en cuenta, para tener una panorámica más amplia. Adelanto que esta forma de analizar todo en detalle, va pareja a las corrientes intelectuales que argumentan que las etiquetas de las enfermedades mentales, como el autismo o la esquizofrenia, son constructos sociales neuronormativos, y en donde tales humanos son tan sólo personas con una idiosincrasia muy particular que viven de forma inadaptada a un medio social, que no le es nada propicio.

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Caos: Sin Sentido o Sentido

Ese es el problema de ser invisible: acaba uno muy solo.” en la serie “Trinkets”
El demonio de la exigencia reside en el detalle exasperante.” Kevin McCloud
“…la mayoría de las cosas sin resolver, sin reparación, mascullando que es todo un caos. Y por mucho que comprendamos que todo es caos, esa comprensión es una negación del caos y por lo tanto debe ser ilusoria.” Bryan Stanley Johnson
El sentido de las acciones, «en el acto», se configura por su relación con el propósito.” Peter Berger

 

(El presente escrito es parte de otro mayor donde se tratan los temas siguientes:

Azar, libertad y determinación.
Caos: sin sentido o sentido.
El sentido está en las primitivas.
• ¿Hacer algo o no hacer nada?
Reacción frente a acción.
Las capas de la historia.

   El primero “azar, libertad y determinación” estaba escrito, pero era bastante personal y he optado por buscar otro ejemplo distinto mío; en principio para ir contra la auto-creación de la identidad -que siempre es susceptible de crear autosugestión- como lo describe el presente escrito. Tampoco hay que olvidar y menospreciar aquello de “por la boca muere el pez”. En azul, y por si no está claro, spoiler de una serie.)

Caos: sin sentido o sentido

   Tratando de buscar el concepto de situación de Sartre, diferente en su uso con respecto a otros pensadores y la versión mundana, para ponerlo como enlace a la gráfica sobre el mapa de lo que es el cerebro con respecto a las primitivas, indagué en la Wikipedia sobre el teatro de situación, y de allí me remitió al teatro del absurdo. Me encontré que en su momento había habido cierta polémica entre Sartre e Ionesco, uno de los representantes del teatro del absurdo. Se me antojó que dicho debate daba para un escrito y para explicar uno de mis conceptos centrales. Traté de investigar sobre el tema, para usarlo de núcleo y base del escrito, pero no encontré demasiado. No digo que no exista algún escrito o que no se pueda profundizar en ello si así se desea, pero estaba fuera de mis deseos hacerlo, pues no era la base del tema que quería tratar. La idea de fondo me valía. Como el cerebro queda anclado a ciertas ideas como pendientes (pregunta abierta), y rápidamente detecta del medio todo aquello relacionado con dichos anclajes -es a lo que yo llamo pegajosidad neural- al empezar a emitir la serie “Catch-22“, al poco me di cuenta que me venía muy bien para asentar y explicar aquello que trataba de mostrar, sobre a qué me refiero con absurdo y porqué en cierta forma me posicionaba al lado de Ionesco con respecto a Sartre . Vayamos a ello.

   Tratemos primero de la diferenciación entre el teatro del absurdo y el de situación. El último, propio del existencialismo y sobre todo de Sartre, crea una trama muy elaborada donde cada acción tiene sentido con respecto a un final. Es la típica estructura de principio, nudo y desenlace. El autor crea el esqueleto desde ese final, de tal manera que tiene que encajar cada parte para que todo lleve a la última acción. De fondo la cuestión lleva solapado preguntas esenciales con respecto al sentido de la vida, el significado de todo, en donde la narrabilidad y lo teológico es lo que hace que todo tenga una trama bien trazada. En algún escrito yo he usado la metáfora de una linterna que alumbra hacia atrás en un túnel. Imagina encontrarte al final de un largo y oscuro túnel y ver la luz de la salida, por el medio vas tropezando y esquivando las cosas que vas encontrándote por el camino, al final, en la salida, te encuentras una linterna y la enfocas hacia el túnel para ver con qué te chocabas. Sin la linterna el “sentido” no se ve, está en la oscuridad, y al enfocar con la linterna es cuando podemos ver cada detalle con los que nos hemos ido encontrando. Las obras de crímenes, como las de Agatha Christie, tienen esta estructura: sólo al final tiene sentido cada detalle. Un buen escritor de dicho estilo ha de cuidar cada detalle y ha de revisar una y otra vez que cada nuevo acto o situación no contradiga o vaya contra ese final. A la mente me viene de igual forma la película “el sexto sentido” o “sospechosos habituales”, los flashback finales van pasando por distintas partes de los films, para mostrarnos que ahora tienen un nuevo sentido, a partir de unas últimas informaciones que “rematan” las obras. Toda la narrativa, todo arte, tiene que estar inmerso dentro del sentido, y por ello de las finalidades. Esa es la estructura que explica lo humano. El cerebro está construido con dicha estructura, de tal manera que está ávido de sentido, de finalidades, de porqués. Es, en un lenguaje que yo usaba antes, un patrón enquistado, lo que yo llamaba narrabilidad. Cada acción se empieza porque hay una finalidad que le marca la ruta a seguir. Si tengo hambre, y en la actualidad, me dirijo a la nevera para saciar mi hambre. Esa estructura, basado en actos sencillos, después es la que tiene que encajar para explicar varias acciones a lo largo de meses o años, o toda una vida. Pero, ¿tiene sentido que tengamos que usar dicha estructura para todo?, en definitiva: para dar sentido a nuestra vida, a la vida sobre el planeta, y a que exista algo -el universo- en vez de nada.

Estructura Aristotélica de la trama trágica

   Con esto llegamos al teatro del absurdo, que por no divagar y ahorrarme trabajo dejo la definición hecha por la Wikipedia:

Aunque el término se aplica a una amplia gama de obras de teatro, algunas características coinciden en muchas de las obras: comedia amplia, a menudo similar al vodevil, mezclada con imágenes horribles o trágicas; personajes atrapados en situaciones desesperadas, obligados a realizar acciones repetitivas o sin sentido; diálogo lleno de clichés, juegos de palabras y tonterías; parcelas que son cíclicas o absurdamente expansivas; ya sea una parodia o rechazo del realismo y el concepto de obra bien hecha.”

   Su obra más célebre es “esperando a Godot”, en donde ciertos personajes dicen esperar al nombrado en el título, sin que este nunca llegue. La obra parece como el típico reloj estropeado, que queda anclado en que su minutero avanza un paso, e inmediatamente vuelve a la posición anterior. “Nada sucede, dos veces. Y entonces algo sucede, y te hace desear que no vuelva a pasar nada”, llegó a decir el crítico Vivian Mercier. A la mente nos puede venir igualmente, por tener algún vínculo o guardar cierto talante, el propio Kafka, o escritos como “Ulises” de Jamen Joyce. El primero ha sido, superficialmente, calificado de surrealista, en donde el sentido es aquel que puedan tener los propios sueños y por ello su posible simbología, sentido que el propio autor negó. El segundo -la obra de Joyce- de un escrito que sólo puede ser llevado a cabo una vez, y no se le permitirá a ningún escritor más crear tal “monstruosidad sin sentido”. De fondo igualmente uno puede pensar en la música dodecafónica, aquella que no trata de atenerse a armonía, ritmo, melodías, ni ningún tipo de patrón finamente estructurado. Qué tienen todas estas manifestaciones en común: que carecen de sentido, del componente teleológico y narrativo. No hay finales que alumbren o den un sentido a dichas obras. Finalmente el cerebro se rinde a la evidencia que no hay que preguntarse, que allí (no) hay nada. La palabra y el concepto de nihilismo emerge sin que uno lo pueda evitar.

¡Spoiler, sobre la serie Catch-22!, aunque no me voy a meter en detalles.

    La serie “Catch-22” se basa en un soldado, bombardero, que trata de evitar su cometido, pues en definitiva trata de mantenerse vivo. Durante la serie lo vemos hacer una y mil artimañas para “escaquearse”, en donde algunas funcionan y otras no. Desde el primer capítulo sobresale un concepto, que es el que trata de mostrar la serie o el escritor: la banalidad y lo fortuito de la muerte de sus compañeros y amigos. El propio título explica su propia trama. Catch-22 es un concepto del ejército que viene a decir que si tratas de argumentar que estás loco para librarte de ir al frente, es que estás lo suficientemente cuerdo para no estarlo, y que los que están locos son los soldados que no hacen nada para ir al frente, pero en el momento que traten de alegar que sí lo están dejan de estarlo. Una trampa argumental de la que uno no tiene escapatoria o es posible un contraargumento. La serie redunda en muertes, actos y situaciones sin sentido, o en las que intervienen más el azar que unas causaciones o en vistas a un final. Nos trazan personajes como el soldado que trata de hacer negocios en medio de la guerra, y embauca al personal al mando o al propio enemigo para crear una empresa que reparte beneficios entre todos sus asociados; o ese otro personaje que no trata de ver que la prostituta con la que se encuentra y paga sólo trata de sacarle el dinero, mientras él cree que están enamorados y en espera para casarse. No se atiene a ningún argumento disuasor, mientras que para el resto de los personajes es algo evidente y claro.

Fin de spoiler.

    Entonces… ¿cómo es la vida? El problema de los escritores de novelas de crímenes es el alto coste que requiere mantener la trama con cierto sentido, sin que nada la contradiga. Cuanto más larga sea una de dichas novelas, y cuantos más personajes introduzca, más complicado se vuelve mantener el sentido de cada acción. Por ello este tipo de obras se cierran en unos pocos personajes y se centran en ellos. En muchas series largas, donde han introducido muchos personajes y tramas, el final suele ser decepcionante o en alguna medida fallido, porque los guionistas se ven abocados a cerrar la serie por lo que les dicta la historia, sin tener demasiadas opciones de cambios, perdiendo todo el clima que se había tratado de mantener hasta ese momento. Así sucede en series como “Lost”, Rubicon”, “Years and years” o el propio “Juego de tronos”. Otro caso son las novelas de espionaje. A menudo uno se dice: por qué cuando sucede algo clave, y se encuentran dos de los personajes, no le cuenta uno al otro el descubrimiento o el suceso que le ha ocurrido al detalle…, porque de ser así la trama se volvería más previsible y los finales más insulsos: se rompería el ritmo en crescendo. Lo mismo ocurre con una vida normal. Cuanto menos años se tenga todo se mantiene con cierta linealidad y sentido, pero con cada año que se cumple se vuelve cada vez más complicado que todo sea posible que “encaje” o cuadre con un sentido y/o finalidad. La mayoría de las veces, yo diría que un número cercano al 100%, según se llega a los 40 años uno queda “derrotado” por la vida, al ver que es imposible de buscarle un sentido y finalidad, donde en nuestras tramas han sucedido tantas cosas, tan variadas y contradictorias, que se nos hace inútil crear una posible narración a dicho desbarajuste. Es muy posible que la crisis de los cuarenta, y más tarde la de los cincuenta -de la mediana edad-, tengan de fondo esta sensación de la pérdida de sentido. Yo recuerdo que a los veinte años aún podía encajar con una historia -narración- mi vida, como si ese momento o situación a la que había llegado diese sentido a todo el pasado…, diese sentido a cada una de las penurias y calamidades por las que había pasado. Lo mismo -casi puedo asegurar- a que esa fuese mi sensación a los 34 años, con otro acontecimiento clave de mi vida. Los actos y las decisiones en las que había hecho algo “mal”, ya fuera contra mí mismo u otras personas, aún cobraban cierto sentido, mirados desde ese final. Hoy sin embargo puedo decir (y asegurar) que nada tiene o tuvo sentido. Estamos “condenados” a crear una trama de nuestras vidas que den sentido a nuestro actual presente, al modo de la linterna que alumbra al fondo del túnel. Pero mirado desde mi actual edad comprendo que el cerebro estaba en la trampa de crear sentido, cuando en realidad la mayoría de los actos eran fortuitos o sin ningún sentido. ¿En qué momento te “rindes”?, o como se le quiera llamar. No tengo claro cuál fue ese momento, y si se dio algún tipo de insight (compresión nítida) o solamente ha sido una progresión muy difuminada. Lo que está claro es que al final he dejado de dar sentido a todo.

    Pero las cosas son así y no son tan sencillas a la hora de buscar los porqués. ¿En qué medida a veces tratas de dar sentido a tu propia vida para hacer que los sentidos de los otros sean vacíos? O sea, y no es una cuestión cargada de moralina y de venganza, en qué medida en toda historia siempre al haber varias versiones y validar la tuya lleva implícito invalidar la de los otros. Dos versiones o sentidos es algo incongruente, como si al final una novela negra tuviese dos criminales con un porqué cada uno, cuando sólo hubo una arma y herida de muerte, y no es que fueran compinches. Dos historias montadas en paralelo, con dos tramas posibles y dos motivos distintos, en donde los indicios a la vez encajasen en las dos tramas (se puede hacer como sentido de la obra, claro). Lo que quiero decir, de fondo, es que la existencia humana sólo puede darse desde un sentido. Desde que nacemos, y seguramente porque esté implementado en el ADN, empezamos una narración, en donde cada acto, pensamiento, sensación, sentimiento y suceso tuvieran que encajar dentro de una trama y una finalidad. Pero he ahí que el otro está haciendo lo mismo y yo soy parte de su trama y sentido. El juego de la libertad, como conflicto sartriano de la existencia del otro, cobra así otro sentido. Igualmente la dualidad sujeto/objeto. En mi trama los otros son los actores secundarios, que en tanto que “perfilan” mi trama no tienen que tener la suficiente potestad como para desbastarla o contradecirla. En ese sentido todos son objetos de nuestras tramas o historias, partes del decorado, que puedes quitar o poner a conveniencia, dependiendo de la trama que estés creando para ese presente. Si para el trama actual no encaja cierta parte de la vida, se “olvida” o se ignora. Si de repente alguien del pasado da más sentido a nuestro presente, lo ponemos como parte importante de nuestra nueva visión. ¿Estoy siendo demasiado cínico? Tratemos el tema más detenidamente.

    Por qué alguien que nos da todo el sentido a la vida, como pueda ser la pareja o esposa, de repente se vuelve tan “odiosa” al separarte o divorciarte. Porque su historia, o su propia visión de lo acontecido, es en muchos casos diametralmente opuesta a nuestra propia visión de lo acontecido. Antes del amargo final ha habido una gran cantidad de discusiones y noches en vela para hacer valer nuestra propia historia, decisiones y puntos de vista. En cada una de esas situaciones alguien cree haber derrotado al otro: ha tratado de validar su propio punto de vista o su propia historia. Pero al final los puntos son tan dispares, se tienen unas versiones tan distintas de todo, que se hace inevitable la rotura. Desde el momento que eso sucede has de reinventarte y reconstruir tu propia vida con una trama y con un sentido, en la que esa persona que fue “el alma de tu vida”, de repente es todo lo contrario. En esa disposición nace la amargura y el posible odio hacia el(la), puesto que tiene su propia versión de todo lo acontecido y eso sólo puede ser así, si tu propia visión está “equivocada”. Lo mismo para cada situación en donde ha habido varios puntos de vista y varias versiones que se invalidan la una a la otra.

   ¿Qué hay de fondo para no aceptar tan de buena gana las tramas de esas otras personas? La cuestión viene dada por la estructura del propio cerebro. Lo que yo en su momento llamaba narrabilidad, al final encontré que era tratado bajo el concepto de “identidad narrativa”. El cerebro guarda el pasado como memoria episódica, pero nos son archivos que permanezcan inmutables, al igual que cuando en un visor ves una imagen de un directorio, y donde tal visualización no hace ningún cambio real en el archivo del ordenador. No. En el cerebro cuando el prefrontal “trae” -ya sea por recuperación o por recuerdo y sea por un monólogo interior o por hablar con alguien- un dato del pasado, lo altera con las sensaciones que se tengan en ese momento (y las apreciaciones que haga el cerebro sobre cómo el otro acoge tal historia). Lo mismo ocurre al soñar con alguien o algo del pasado: el recuerdo está siendo alterado. Se crean nuevas conexiones con otros recuerdos (neuronas o grupo de ellas) o con las nuevas sensaciones, de tal manera que cada vez que es traído al presente se le ha añadido nuevos “datos” (puntos de vista, sensaciones, emociones, cogniciones, razones). Esta forma de proceder, de contarnos o contar nuestra propia vida, es la llamada memoria autobiográfica. La identidad narrativa es la visión que nosotros tenemos de nosotros mismos a través de ese “movimiento” de la información en bruto, dentro de nuestro cerebro. Lo que queda en juego, por lo tanto, cuando hay dos versiones de una misma historia, es nuestra propia identidad: la narrativa, aquella que nos da un sentido y una finalidad en la vida. Libertad -en tanto que ente que se construye-, identidad, y vida y sentido, todo es una y la misma cosa bajo distintas formas de verlas. Son distintas caras de una misma figura geométrica. Distintos filósofos y pensadores han visto a la misma figura, y sus refracciones, a partir de distintos ángulos o caras, pero de fondo son la misma “cosa”, la misma figura. En definitiva, y bajo el punto de vista que mantengo en el presente escrito: mi vida y todo en ella tiene que cobrar sentido a partir de la historia que cuente sobre ella, en este momento dado, puesto que están en juego mi libertad y mi propia identidad.

   Encontré que tal idea la ha recogido el mundo anglófono como “face” a partir del concepto chino 臉面. Ante la imposibilidad de ser traducido correctamente, y que el propio inglés sabe de dicha tara, es preferible dejarlo sin traducir. Quizás sería semejante al concepto español de semblante, en tanto que aparecer o representar, y en donde la expresión “compón tu semblante” quiere decir mostrar seriedad y modestia, o serenar la expresión (Drae), o sea no mostrar la emoción real, si no la requerida para la situación. Vuelvo a recurrir a la Wikipedia para explicar el concepto chino de face:

Face es una imagen de uno mismo, delineada en términos de atributos sociales aprobados.
Face es la respetabilidad y/o deferencia que una persona puede reclamar para sí mismo de los demás.
Face es algo la que se invierte emocionalmente, y que se puede perder, y es mantenida o mejorada, y debe ser atendida en numerosas ocasiones de la interacción.
Face es un sentido de valor que proviene de conocer el propio estado y que refleja la preocupación por la congruencia entre la propia actuación o la apariencia y el valor real de uno.
Face significa “valoración socio-dinámico”, un hipónimo léxico de palabras que significan “prestigio; dignidad, el honor, el respeto; status”.

    Fijarse que el rostro humano es comunicación. Hasta cierto momento de la prehistoria debió de ser comunicación interna (entre humanos) y no era para falsear, al modo de avisos: si se le veía cara de susto a alguien te ponía sobre aviso, si de asco igualmente, pero para la comida. Las emociones básicas son un lenguaje universal de hacernos entender nuestro estado interior a otros, que solían ser los de tu familia o grupo. Pero por procesos evolutivos y sociales, al final el lenguaje de la cara tomó otras dos direcciones: ocultar (no dejar ver la emoción interna por propio interés) y engañar (poner ciertas “caras” con ciertos fines egotistas o de intereses propios: “poner cara de pena”, que es distinto que tener/sentir pena). Al igual que la mano y otras partes del cuerpo, la palabra cara en español, tiene una gran cantidad de frases hechas, como: “tener mucha cara”, para hacer ver que alguien es muy egoísta, o decimos “se te tendría que caer la cara de vergüenza”, “cara de perro”, “no dar la cara” y un largo etcétera. Lo que quiero dar a entender es que el lenguaje se creó a partir del lenguaje del propio cuerpo y es muy posible que ciertos conceptos naciesen a partir de los propios gestos y emociones marcadas en la cara. En el chino, así face, es posible, que designase la imagen que uno ha de dar hacia lo social e igualmente que ha de cuidar. Es por lo tanto una extensión del honor y el prestigio. Pero, ¿qué relación tiene con la historia personal? El prestigio y honor de una persona ha de ser coherente con sus acciones y su vida. Si de lo que se trata es de hacer ver que se es una persona confiable se ha de hacer tal tipo de acciones, y toda posible acción que contradiga dicha cualidad va en detrimento de ser aplicable a esa persona. En definitiva, que tu propia historia te da la posibilidad de mantener y ser fiel a una identidad narrativa (face en definitiva), que es la que a la vez te puede dar prestigio y cierto honor. De esa manera, de nuevo, lo teleológico marca cómo ha de ser una vida, no porque ese sea su sentido, sino porque ese es el sentido que uno mismo se trata de trazar como plan de vida. Quienquiera que trate de mostrar que ese no es tu “verdadero ser”, con ejemplos de hechos o palabras de tu vida y pasado, es potencialmente tu enemigo, pues derrumbará la imagen que te habrías creado para ti y para los demás, en definitiva tu prestigio o tu face.

    Con estas últimas afirmaciones se llega a otra futilidad, fatalidad y facticidad (las tres efes) de nuestro ser y nuestro sentido en la vida: ¿uno es o se hace ser?, ¿esas dos entidades hablan de un mismo ser?, y ¿en qué medida nos “programamos” a nosotros mismos en ciertas afirmaciones o bajo ciertos fines?; por ejemplo, si alguien redunda, por narcisismo de las pequeñas diferencias, en que tiene dificultad cuando le dicen a derecha a o la izquierda, al final el cerebro se “ejercita” en ofuscarse en tal tarea. ¿En qué medida nos programan los otros al no dejarnos “mover” de nuestro papel?, el típico “te creía más serio” o frases similares. El humano se ha concedido a sí mismo el derecho de “hacerse” a sí mismo, tratando de salvar toda posible predisposición dada por el ADN, ¿o es una falacia?, ¿qué es autenticidad? Si se analiza la vida desde la perspectiva de que somos nuestra propia memoria autobiográfica, que como hemos visto es maleable y alterable, en la medida que al traer cada dato de nuestro pasado lo cambiamos… qué dice eso de dicha identidad, ¿no nos dice que es una construcción? Se me puede contraargumentar que en la medida que uno se construye a la fuerza termina siendo dicha construcción, pero siempre nos olvidamos del azar, los otros, los errores, y cómo no: lo que el cerebro olvida u oculta bajo sus mecanismos defensivos. En la serie “Rubicon” (este dato es marginal y no es spoiler) cierto día al protagonista -cerrado en sí mismo por una pérdida- le saluda un mujer desde su ventana, en lo que se supone que es un patio interior; insolentemente y con frialdad no le devuelve el saludo y se va. Días después, inyectado de optimismo y de forma aperturista, la espera para saludarla, siendo en este caso despreciado por ella (“donde las dan las toman”, reza el dicho popular). A este tipo de cosas me refiero. De haberla saludado quizás hubieran iniciado una relación, que a su vez habría evitado otras, y así en un juego de carambolas en cadena. ¿Hay realmente un ser al mando en todo este proceso?, como analizamos el túnel con la linterna -desde el presente y hacia el pasado-, lo observamos a partir de ciertos tropiezos dentro de él, y así diremos: “ah, eran unas ramas en las derruidas paredes del túnel aquello que me rozó la cara”, pero quizás no fueron esas ramas, sino unas telarañas que la linterna no alcanza a distinguir. Se ha comprobado que los psicólogos pueden alterar los recuerdos más lejanos y menos nítidos de las personas, hasta llegar a implantar un suceso que nunca existió (ver vídeo). Freud es muy seguro que hizo pasar por esos procesos a sus pacientes. Cuanto más lejano en el tiempo sea el suceso más susceptible es de ser alterado o creado.

    Si se analiza cualquier vida individual el proceso viene ser más o menos igual a lo dicho arriba sobre las tres efes. Pedro Almodóvar, por poner un ejemplo, era un “hijo” de la movida madrileña que tanteó varios derroteros, entre ellos el de cantante, para terminar siendo director. Su “genialidad” a la vez era su ingenuidad, que al final, por ponerse “serio” con su “face”, con mantener y alimentar su prestigio, perdió el encanto y la frescura que emanaban sus primeros trabajos. Algo similar se puede decir de Woody Allen. “No es el mismo” director el de sus primeras obras, que las posteriores en donde su puso “muy serio” (o se tomó a sí mismo más en serio). En los dos casos vemos que en cierta forma su público, críticos y su “face” les exigió tratar dar más de sí mismos, volviéndose al final “otros” distintos a sí mismos, lo que no deja de ser paradójico y muestra la maleabilidad de ese ente que se aparece o “semblante” ante los otros. Lo que trato de mostrar es que todo individuo es una construcción a tres bandas, de 1. las circunstancias (“yo soy yo y mis circunstancias”, diría Ortega y Gasset adelantándose al existencialismo), 2. lo que él mismo pretende y 3. lo que las otras personas ven o le exigen, en un circuito de retroalimentación en donde uno mismo no es el verdadero o auténtico “motor” de lo que acaece. Se ha comprobado que un alto porcentaje, cercano al 100%, del aprendizaje de la vida, de lo social, es cognición implícita, o sea, que el cerebro lo hace sin la supervisión del prefrontal y la razón: se autoconstruye siguiendo promedios de los éxitos o fracasos de las acciones y por ello igualmente de las expresiones faciales (actitudes) propias y de los otros. Ese esquema analizado sobre Almodóvar y Woody Allen se repite una y otra vez tanto en directores como en actores, así como en los grupos musicales o los escritores. Pink Floyd, por ejemplo, dejó de ser “Pink Floyd” y al final sus fans le exigieron volver a sus raíces, pero por lo normal esos intentos terminan en fracasos, pues sus cerebros ya han sido moldeados en sus propias autobiografías neuronales, de tal manera que aquellos procesos mentales del inicio ya no se pueden volver a recuperar, al igual que una información borrada por un fogonazo en una fotografía ya no deja indicios de qué había allí y en el original. Un dato a tener en cuenta con respecto a los grupos musicales es que cuando hay dos representantes de fuertes egos sus “divorcios” producen los mismos efectos que con las parejas: que terminan negándose el uno al otro. David Gilmore, de Pink Floyd, no acepta hablar de buen grado sobre el LP “The wall”, el producto clave de Roger Waters, su “némesis”, cuando los fans lo consideran clave, para él es un álbum menor y fallido. De nuevo renegar al “otro” para validarse a uno mismo: somos igualmente aquello de lo que renegamos, pues es susceptible de mostrar alguna debilidad; debilidades que el semblante no tiene que mostrar: el error de Aquiles no era tener un punto débil, sino que su enemigo (y todo humano es un probable enemigo futuro), conociese ese punto débil. ¿Quién duda que a veces dicen más de nosotros nuestros secretos que aquello que mostramos al exterior? En la juventud se pide a las parejas y los amigos no tener secretos. En la madurez se termina por comprender, la mayoría de las veces de manera egotista, que es mejor tener secretos, y por ello respetar los de los otros.

    Si todo humano es susceptible de un “quitarse la máscara”, la cara, de ser su semblante, ¿quiénes están fuera de ese rango? La propia familia de sangre (o por lo menos lo que venía siendo una familia antes de la “hecatombe” actual, e igualmente tu compañero/a de vida: “dos que duermen en un colchón, se vuelven de la misma condición”). Los hijos son la historia y parte de la historia de los propios padres. Compartiendo el ADN comparten a la vez muchas de las predisposiciones y modos de hacer, de tal manera que lo que suela hacer un hermano suele estar dentro de lo que uno mismo concibe de sí mismo. “Mantenemos un mismo espíritu, por eso somos una familia”, afirman en la serie “Big love”. En la prehistoria contar la vida de los ancestros era parte de la rutina familiar, de tal manera que predisponía, al modo como lo he relatado arriba, a la propia memoria autobiográfica intrafamiliar. Antes era más normal frases como “eres como tu abuelo” o “como tu tío-abuelo” del tal forma que uno se veía tentando a preguntar por él como para al final forjar ciertas maneras que eran de dicho ancestro, pero quizás no tan propias. Esos narraciones forjaban una identidad familiar que más tarde sería lo que hoy entendemos por cultura y que se ha extendido a una región o incluso a un país. De nuevo facticidades, cosas que nos vienen dadas desde que nacemos sin que las hayamos elegido. El secreto sucio del concepto de cultura es que en su base sólo trata de ser instinto. Las tribus que aún subsisten en el planeta no creo que diferencien entre instinto y cultura, pues todo acto propio de su tribu es tan ancestral que ha perdido la línea divisoria entre esos dos actos y conceptos. Hay que recordar que el primer tipo de utensilio de piedra, a modo multiusos, se repitió por cientos de miles de años en nuestro antepasado antecesor. Llamamos cultura al hecho que diferentes grupos de una misma especie tenga hábitos diferentes, como así sucede entre los chimpancés que cazan termitas con una rama o aquellos otros que parten nueces con piedras, y la posibilidad de incorporar dichos saberes del otro grupo dentro del propio acerbo del grupo. De nuevo aquí se aplican las tres efes. Se supone que la identidad de un grupo no ha de tener que ver con nada externo, cuando el concepto de cultura implica la posibilidad de incorporar el saber de otras culturas y/o versionarlas para al final volverlas propias. De ahí la falacia y la vacuidad del concepto de identidad nacional, pues “lo propio” carece de un significado “real” y pleno, pues la ausencia de influencias son imposibles. Lo valida -y mantiene- cada humano que nace en dicho país como propio, al igual que lo hace con cualquier otro aspecto de lo que venimos llamando “face” o semblante (el lenguaje, por lo demás, se va por los lados más extraños y contraviene ciertos conceptos culturales -de nuevo los juegos de retroalimentación-, como en la expresión “no te pongas flamenco“, ponerse chulo, soberbio).

(Aquí ha de venir una gráfica sobre relicarios de absurdos de la sociedad actual, como comprender que el exceso de limpieza es un precursor para las enfermedades autoinmunes y no se trata de ser tan limpios por cuestiones sociales (conformidad, al fin y al cabo). O una ley inglesa ecológica en donde al construir una vivienda y si no llegas a ciertos puntos, no puedes vivir en ella, cuando parte del daño ya está hecho con su construcción y cuando el 99% de las viviendas bajo ese baremo no deberían de habitarse. O que el Estado de trabajo públicos por puntos, y dos personas del mismo núcleo familiar sean funcionarios, cuando en otros núcleos familiares no trabaja ninguno. O que te quiten la antigüedad en el INEM por no sellar, cuando has podido tener causas mayores, y entonces a nivel estadístico baje la cifra de personas paradas de larga duración. Si todo esto, además cuestiones que se le puedan ocurrir a cualquier persona bajos sus perspectivas, fuesen planteadas bajo el teatro del absurdo, ¿qué nombre tendría que tener tal tipo de teatro?, tal sólo teatro de la vida.)

    Con esto volvemos atrás, a la disputa entre Ionesco y Sartre y la serie “catch-22”. En realidad no tenían razón ni uno ni otro, o la tenían los dos. El mundo tiene un orden implícito -subterráneo, plagado de primitivas- que escapa del concepto de absurdo, pero sus “razones” no son las “razones” que están establecidas en lo social. Tan absurda puede ser cualquiera de las acciones sin sentido mostradas por el teatro del absurdo, como muchas de las rutinas y hábitos que adquieren y mantiene ciertas culturas como parte de su identidad, o como absurdas son las creencias y las acciones más recónditas, escondidas y secretas de la mayoría de los humanos. Por lo que algo deja de ser absurdo es porque es parte de nuestra identidad, mientras que sí lo pueden ser otros hábitos similares de otras culturas o identidades. En definitiva que absurdo o sentido sólo son puntos de vista desde una identidad o cultura, y en esa medida todo es absurdo y tiene sentido a la vez. Ritualizamos ciertos procesos no porque sean parte del prefrontal y la razón, sino porque emergen de lo más subterráneo del cerebro bajo la simple premisa de buscar sus equilibrios homeostáticos. Si el cerebro de un obsesivo compulsivo “necesita” cerrar y abrir tres veces la cerradura de la puerta no es demasiado distinto de otros hábitos como darse la mano o los buenos días. Como nos dice Bateson el cerebro “funciona” con opuestos (es similar a mi concepto de ser identidad a partir de lo que no se es): mostrar la dentadura fue una forma disuasoria de avisar que se podía atacar, pero al final funcionó como lo opuesto: “no te voy a hacer nada, estoy bien contigo”, hoy a esa acción la llamamos sonreír. Dar la mano tiene un inicio similar: era mostrar que no tenías nada en la mano que atentase contra la vida del otro. Si hubiera unos extraterrestres que analizasen esos comportamientos, los analizarían como absurdos, pero como son parte de nuestra identidad humana tienen sentido.

Spoiler sobre la serie Catch-22

   Con esto llegamos al final de esta sección y volvemos con las tribulaciones del protagonista de la serie Catch-22. Desde niños, como no recuerda el poeta “nos adormecen con cuentos”, vivimos rodeados de narrativas que están construidas desde el final para darles todo su sentido. Cada relato, película o historia que contamos a otro está contagiado del concepto de narrabilidad. Este proceso repetido una y otra vez terminan por forjar la identidad narrativa y la ilusión de que hemos de tener control de nuestra vidas. Aquí de nuevo volvemos al conflicto Ionesco/Sartre. Bajo mi punto de vista el “primer Sartre” es posible que hubiera dado la razón a Ionesco, pues sus bases eran la facticidad, la contingencia, los otros y la situación: Conceptos todos que implican que somos “hojas llevadas al viento”. Pero por el proceso mostrado arriba de los virajes personales en cuanto uno se vuelve público, Sartre cambió al hacer del concepto de libertad su bandera: uno tenía que accionar en la vida, a partir de decisiones, de elecciones, para dirigirla. Y eso hace nuestro protagonista en la serie: trata de mantenerse vivo, tratando de manipular y alterar todo posible acontecimiento que pusiese en peligro su vida, cuando de una manera u otra siempre le salían todos sus planes mal. Es más, ciertas de sus decisiones o dubitaciones “provocaron” que ciertas personas terminase por morir, de tal manera que además de no llevar a cabo sus fines, le perjudicaban aún más. El último capítulo, en una de estas garrafales desventuras, colapsa y termina por rendirse a la evidencia: él no tiene control de sus vida y es mejor no tratar de alterar nada. En ese proceso encuentra su paz interior.

Fin de spoiler.

    (Contiene “trazas” de spoiler). El presente escrito no está exento de narrabilidad y de estar construido desde un final (teleológicamente), con lo cual según sus propias premisas no es fiable, y sí tendente a querer influenciar y por ello a “manipular”. La vida no puede ser ni tener un control completo de ella, ni abandonarse a su suerte. De fondo la primitiva que emerge es el locus de control, que a su vez se basa en reducir el miedo y la ansiedad, pues dichos estados mantienen el sistema nervioso simpático activo, que en definitiva repercute en la salud y por ello lleva a la muerte. Si la premisa de la vida es la autopreservación, no le “interesa” mantener el sistema nervioso simpático activo, y por ello recurre a la ilusión del control, para “apagar” dicho sistema y volver al parasimpático. La identidad narrativa está construida desde dos lados extremos, desde las primitivas como la mostrada arriba, y desde la razón, que trata de analizar la vida de forma fría y analítica. Se es susceptible de parecer un trastorno tanto si se quiere tener demasiado control (o creer en ello: como el exceso de soberbia y de narcisismo) de la vida, como si se trata de no decidir nada. El humano, por procesos culturales, “inventó” la fortuna y a través de este primer concepto, sobrevino la buena o mala y al final los distintos dioses. En esta estructura vemos que algo cultural se vuelve instinto en el transcurso de cientos de milenios, pues ciertas personas nacen con dicha capacidad hacia la espiritualidad -y tiene una zona “dedicada” en el cerebro-, mientras otros no. Evolutivamente hablando es más “conveniente” la espiritualidad, pues beneficia y alarga la vida, ya que si “se deja hacer a la vida”, no es tal que estar en manos del azar, sino de alguna fuerza que tiene unos “planes” y tanto uno mismo como el “mal” forman parte de dicho plan. La cuestión, que es lo que he tratado de mostrar en este complejo escrito -sin tratar de ser un consejo para nadie-, es cómo ha de tomarse la vida alguien que no tiene nada de espiritualidad. Mi punto de vista, realista (realismo depresivo), es que la vida carece de sentido, y todo en ella es absurdo. Tanto los actos y lo que creen las personas como el comportamiento social. Se habla de la despersonalización como un trastorno, pero según mi escrito ¿no debería de ser la norma?, ¿acaso el error humano no fue tender hacia la identidad narrativa y la social la de mantener la face? No digo nada extremo, lo mismo que argumento yo se sigue en la estructura de fondo del budismo, sólo que el budismo está bañado de misticismo y pensamiento mágico. Ahora mismo, en mi situación actual, ni he alcanzado la paz del protagonista de la serie Catch-22 (o la budista), ni quiero tomar el control de mi vida. Vivo en un limbo, en donde no quiero ocuparme de la vida, pues toda decisión implica siempre mantener el estatus quo de lo establecido en lo social como “valores” por los que luchar; cuando yo no creo en ninguno de esos valores. Conformidad, como la de la actitud final del protagonista de la serie, quiere decir hacer tu papel dentro de lo social sin cuestionar nada…. en ese caso, y como paradoja, ¿tratar de ser inconformista es no tratar de ir con la corriente?, y en ese caso no hacer nada. Ya no creemos en las revoluciones. De nada sirve cambiar la forma del bigote o depilarse las cejas: la cara, la realidad humana, es lo que subyace bajo esta y su estructura nunca cambia. Somos una especie inclusiva y jerárquica, y estos rasgos no se pueden ocultar o minimizar. Por lo demás, el paradigma actual, del capitalismo, se basa en esa lucha individualizada, en ese forjarse uno su propia vida, a expensas que otros como yo no quieran hacerlo y terminen, bajos sus conceptos, siendo unos perdedores. Lo siento, soy como los balineses, alguien que no comprende, y le resulta inverosímil y absurdo (retrotraer el concepto de absurdo tratado en el escrito) que la cultura occidental deje que alguien se muera de hambre, mientras otros viven en el exceso. ¿Y qué hacer, además, si el trabajo, como dice Baudrillard, se ha vuelto un bien escaso que no está al alcance de todos?, ¿Ni comes, ni puedes llegar a trabajar para poder comer? Toda esta lógica intelectiva, en la vida, tiene sus contradicciones, pues la vida no es lógica, sino emoción. No hay que pensarla, sino vivirla, pero esa regla no vale para los que sólo son pensamiento, y viven desde el prefrontal y la razón.

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Leyendo los Viejos Arcanos

   Lo que sigue, quizás excepto el primer párrafo y por su explicación, no pretenden ser la “Verdad”, tan sólo leer viejos símbolos. Ni siquiera recurriendo a otras lecturas, que ya implicarían saber y no intuición. Se basa, por lo tanto en intuiciones propias, que quizás con el tiempo, y al ser revisadas, tenga que cambiar. Leo cartas, arcanos, no por un aprendizaje pormenorizado, sino dejando salir lo que me diga la parte más profunda del cerebro, y aunque en ciertos momentos me parezcan contraintuitivas.

   La vida es un sistema adaptativo. El humano, en tanto que cuerpo (dejando de lado de momento el prefrontal, la razón), está dentro de ese sistema. Adaptativo quiere decir una lectura somera de la realidad para vivir en cierta armonía con ella. Todo ave no busca el vuelo perfecto (Juan Salvador gaviota, la novela, como prefrontal, sí lo hacía), lo que busca es el camino más directo entre lo que tiene en ese momento: cierto tipo de ala, la densidad del aire de allí donde vive, así como las condiciones ambientales en las que se tiene que alimentar o cazar (ecosistema). El vuelo, así, y en los reptiles, nació de forma casual, en donde ciertas plumas que se habían creado para ser vistosas para las hembras, ofrecían cierta resistencia al aire al saltar desde una rama a otra rama o hacia el suelo. Lo que se espera de un humano es que se adapte a cada situación. No adaptarse es ser rígido y es estar menos vivo. Ser dogmático es igualmente un signo de rigidez. Lo que continua por lo tanto no trata de buscar una verdad, sino adaptar la razón al pensamiento mágico, del cual procede este segundo. Recordemos que todo cerebro es una representación simbólica del mundo. Un animal se hace el muerto ante un depredador, sin saber qué es la muerte, tan sólo representándola en su cuerpo, a través de la total quietud. Es un instinto. Uno de esos aves concretos quizás nunca haya visto a otro ave muerta. La muerte está dentro de sus signos, de sus conceptos grabados en el ADN, como primitivas. El cerebro, así, es un sistema simbólico entre ciertas primitivas muy antiguas y primarias, como la muerte, y la lectura que ese cerebro concreto -de ese ave- haga de la realidad. Dos lados, dos realidades. La primera adaptada (escrita) por miles de millones de años, y la segunda la adaptación a un entorno concreto y posiblemente nuevo. Lo viejo y lo nuevo, lo rígido y lo más adaptable (neuroplasticidad). Lo segundo queda supeditado a lo primero en tanto que en casos de extrema urgencia se recurre a lo más rápido, y la respuesta más validada por cientos de miles de años: lo reflejo, lo instintivo, los arcanos, los arquetipos, las primitivas. El humano, evolutivamente hablando, nace desde el pensamiento mágico a las palabras, donde las segundas, al final o en la actualidad, son la razón, en lenguajes tan estructurados y rígidos como los de la lógica y su hija la matemática, o a la inversa, pues se supone que el universo son números y es lo único que parece rígido e impermutable, frente a todo sistema adaptativo o vida.

   Volviendo a ese instinto de hacerse el muerto, Sartre ponía al desmayo humano (no de problemas físicos) como un atavismo proveniente de aquel otro arcano de hacerse el muerto. Para Sartre las emociones eran una interpretación/representación mágica de la realidad. Toda lógica de ese aspecto mágico, como lo hace la psicología o las ciencias cognitivas, son desde la razón, y llegados al caso, a través de los promedios, como generalidades, que se hayan por los estudios estadísticos. Pero las emociones son un punto intermedio de las lecturas de las primitivas y la razón, luego en esa medida son subjetivos y muy individualizados. Es aquí donde nace el concepto de qualia, por el cual los promedios y las estadísticas, como saber, fallan, pues todo individuo es un caso muy concreto, una mutación si se quiere, de ese cruce de dos lados muy opuestos. Cada humano y en cada momento, es un estado emergente, y por lo tanto único, provenientes de ciertas circunstancias de dicho momento, “analizadas” desde las primitivas, que crean dos caminos: el primero que promueve una emoción, y una segunda senda en donde el prefrontal toma una somera lectura de ese momento y “añade” algo más al estado emocional. Toda emoción “pura”, arcaica o primaria, como se ha catalogado a la ira, al miedo, a la sorpresa, al asco y la alegría, al final se vuelven sentimientos por el cruce de varios de ellos y por la propia interpretación que haya hecho el prefrontal. Así cuando alguien habla de amor, es “su” amor y de nadie más, y de nada vale la ciencia, los promedios o ninguna otra verdad. Es un estado emergente de un individuo concreto, en un momento concreto de su vida, de una vida muy concreta. ¿El mentalés de Fodor se alimenta de ese cruce entre las emociones y la semántica de las palabras? (recordar el sándwich de  tres panes y dos lonchas de queso entre ellas, de otro de mis escritos), frente al emocionalés, que son las pasiones o cruce entre las primitivas y las emociones. El sexo, así, es pasión como ese cruce entre el instinto de reproducción (primitiva) y las emociones, entre las que se encuentran la ternura y la empatía. A veces se badea o balancea y sólo es pasión y sólo sexo, y otras va hacia el otro extremo y emerge desde los sentimientos más “nobles” que nacen del amor. Dividir el cerebro siempre es traicionar lo concreto que es todo estado emergente. Aunque yo fuerce las divisiones y ponga fronteras, estas no existen, y todo acto sexual se mueve de un lado a otro entre la pasión y lo más tierno que es el amor. En la pornografía, toda esa magia o pensamiento mágico, que es todo individuo como puro estado emergente, muere. El lado mental o espiritual desaparece cuando sólo se queda o se ve al cuerpo.

baraja-espaola1   Un hecho curioso de las cartas y los juegos españoles como el tute, basados en las antiguas cartas del tarot, es que el tres es el segundo valor más alto después del uno o as. Está claro que debe de haber heredado ciertos conceptos cristianos: unidad y trinidad, y el uno y trino del Catolicismo. De ser honestos estos signos vienen de más antiguo. Para que los años cuadrasen con los ciclos de la luna, al final de un ciclo o año había tres días que pendían en la nada, en donde no se estaba ni en el año lunar viejo ni en el nuevo. En tal fecha la tierra parecía quedar suspendida en una constelación: la de la cruz. constelacion-de-la-cruz-del-surTal fiesta es la que se conoce en la actualidad como nochevieja, que hoy queda tan sólo entre dos días o una sola noche. Igualmente y repitiendo el número tres, uno de esos signos de la luna, es “esconderse” durante tres noches, al igual que los tres días en los que Cristo permaneció muerto. Aquí se ve que los signos, los arcanos, que han heredado la premisa de lo adaptativo, no tratan de ser racionales, pues la luna a la vez representaba la maternidad. O quizás sea por eso: que de la hembra sale el hijo, y madre e hijo sean dos partes que una vez fueron unidad: la luna. La propia cruz está formada por dos unidades, donde lo ternario es el cruce o superposición de los dos primeros. La cruz simboliza al hijo, a Cristo, luego, y siguiendo las divisiones humanas en tres edades de otros de mis escritos, los dos palos son el adulto y el padre (genérico, no sexualizado). El padre se superpone al adulto para crear al hijo. De hecho la constelación de la cruz, es muy posible, que en la antigüedad o la prehistoria representase al hombre y no a la cruz. Al hombre se le puede representar, y distinguir de casi todo el resto de animales, por su verticalidad: caminar a dos pies, y horizontalidad: su laborar con las manos. ¿Quiso dar eso a entender DaVinci al crear la imagen del Vitruvio, en donde una de sus posiciones era en cruz? Por cierto, sabiendo la condición humana y su impertérrito optimismo, nunca me encajó que el año comenzase en invierno. Averiguando en Google encontré que antes comenzaba en primavera, lo más lógico, el despertar de la naturaleza, de la madre tierra, pero un emperador Romano, y viendo que no podía cambiar la ley que decía que las incursiones guerreras empezaban con el año, lo que sí pudo cambiar fue que el año empezase al comenzar el invierno, para así iniciar una conquista en esas fechas. Y de nuevo las paradojas, hoy en día ya no lo podemos cambiar, porque el sistema humano social se ha vuelto tan complejo, que no hay forma, ni ley, ni país que pueda cambiar algo tan esencial. El humano se anquilosa en sus cadenas… perdón, quise decir reglas.

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   ¿Cómo encaja todo esto con las divisiones cerebrales de primitivas, emociones y palabras? Recordemos que las primitivas tienen las “órdenes” de terminar de formar a un humano. Este nace “aun no siendo un humano”, y con el paso de los meses y los años termina por serlo, al llegar a la edad adulta, después de la mielinización del prefrontal. Siguiendo esta “lógica” o estructura, el hijo son las primitivas y el prefrontal el adulto. Entonces, ¿el padre son las emociones?, parece contraintuitivo o que no sigue una lógica estructural, pues las emociones están ahí antes que el prefrontal y la razón. ¿Por qué tendría que ser así?, cuáles son las pistas que me han llevado a esta idea. En un tuit decía que cómo se puede ser un niño y un cínico a la vez… eso fue lo que me llevó a los actuales planteamientos. El prefrontal es razón. En mi lenguaje, y comparándolo a los ordenadores, el prefrontal es una unidad multipropósito (como lo es un microprocesador). Esto es: no tiene otra estructura que la lógica, no está impelida por ningún otro proceso sesgado, emocional o primitiva. Que tenga esa capacidad no quiere decir que “funcione” con esa capacidad, como demostramos todos los humanos en el día a día. Su capacidad queda expuesta si uno se aísla del mundo y trata de pensar desde esa unidad multipropósito. En ese estado uno analiza el mundo desde fuera de las emociones, y la rigidez que imponen los sesgos enraizados en las primitivas. Es en ese estado que se puede denominar razón. A la filosofía se le achaca su alejamiento de lo humano, sobre todo de lo emocional. Una lectura somera podría concluir que la filosofía la han desarrollado los hombres y querían “escapar” de lo emocional, que está representado por las mujeres (Almudena Hernando, 2012), pero nada más alejado de la realidad. Todo filósofo, sobre todo aquel que tienda a aislarse (Wittgenstein, Nietzsche…),  “puentea” las emociones, pues estas surgen sobre todo del contacto social, de tal manera que las deja de lado. En esta unidad, y de trabajar tal como debería, todos somos más o menos iguales, puesto que hay humanos que tienen una mayor capacidad para llegar a ese estado aislado, frente a otros, y puesto que esta “unidad” depende de la energía y capacidades, como la memoria a corto plazo y la concentración. En esta unidad -en su abstracción- no hay sexos, ni razas, ni ningún otro distingo. Pero si esto puede parecer una “virtud” en realidad no lo es, puesto que lo que nos une a otro seres humanos son los estados emocionales y las primitivas. O si se quiere, las lecturas de esos dos lados que al unirse o ser mediados por esa unidad multipropósito, nos vuelve seres con qualias, seres con sentimientos. Hay que fijarse que todos nacemos con las mismas primitivas, o con diferencias, como la de los sexos o géneros, y todos compartimos las emociones básicas, pero lo que nos hace único son los sentimientos. Ese medio camino entre las emociones y el prefrontal. Los sentimientos raramente se pueden compartir y por ello es complicado, sino imposible, hallar a un “igual”. Son lo que nos hacen únicos, indeterminados y por ello lo que nos crea como entes autodeterminados. En definitiva en seres únicos o adultos. En dicho estado, y de ser coherente tal “módulo” o capacidad y de forma aislada, tendería a mantenerse desvinculado y autodeterminado, pues como dedujo Sartre, el otro es siempre aquel en donde mi indeterminación se vuelve un ente concreto u objeto: en donde se vuelve a perder la autodeterminación. Como la vida es una trampa que funciona a la perfección, uno no puede ser -o poner a prueba su autodeterminación- que con otros seres humanos, luego tiene que vivir en sociedad. Dado lo vertiginoso y complicado de la vida, ese núcleo tan frágil que es la autodeterminación o vida de los sentimientos, aquella borrosa frontera entre las palabras y las emociones básicas, se diluye en nada cuando en el día a día tiene que formar parte de grupos, y en donde al crear identificaciones, creamos una identidad propia, en donde o perdemos parte de nuestra propia identidad nuclear -esa borrosa frontera-, o perdemos capacidad para ser parte del grupo. O sea, de forma constante nos “vendemos” -enmascaramos- o nos tratamos de mantener íntegros, lucha imposible de equilibrar, con lo cual al final la vida “vence” al crear identidades grupales. En realidad no es una “traición” propiamente dicha, puesto que al nacer lo hacemos en un momento concreto de la historia y dentro de una cultura, que van a dar un “regusto” de fondo a todos nuestros sentimientos. Explico esto, por si no ha quedado claro. Se supone que mi unicidad lo es en tanto que sentimientos, pero estos no pueden escapar, por ejemplo, que nazca en Viena y bajo el influjo de unos padres que aman la música clásica. Mis sentimientos musicales estarán “atravesados” por el gusto de los Austriacos hacia la música clásica, al igual que una tribu de cazadores recolectores lo estará por la música tribal. Por eso decía que las fronteras en el cerebro no existen, y son meras abstracciones que sólo nos sirven para “comprendernos” o analizarnos.

  Con todo, el módulo de la razón, como razón aislada de todo lo concreto, puede desprenderse de ese gusto hacia la música clásica. Esta capacidad del prefrontal de renegar de todo lo dado, que en realidad debería llamarse razón (la libertad de Sartre), el humano medio -y en el lenguaje coloquial- se llama cinismo (amargura en el fondo). En la mediana edad (la edad de la razón en lo coloquial), que es aquella a la que se llega a sobre los cuarenta y cinco años, al final la razón, ese ente que tiene como parte de su núcleo la autodeterminación, se “cansa” de tratar de encontrar a un igual, o dicho de otra forma, termina por comprender que es único… que está solo en el mundo, y que todo posible intento de crear unidades o agrupaciones con otros humanos son vanos esfuerzos, que por lo demás son fallidos (fallo del que se reniega a tenor de mantenerse cuerdo o por miedo a la soledad). O dicho más llanamente: en la mediana edad, y de ser honestos, todos somos cínicos, pero ya sea por costumbre, por mantener la máscara, o por no traicionar a los que tienes cerca, no se termina de asumir o de dejar salir a ese ente cínico atravesado por el principio de querer ser un ente autodeterminado. O dicho de forma más larga, se tratan de ignorar a las emociones, a las básicas, mientras que por otro lado no se puede renegar de las primitivas, luego con el paso de los años el anciano representa muy bien ese papel de esa dualidad de los dos extremos como niño y como cínico. No hace falta decir que toda persona que viva aislada pasa por ese mismo proceso de forma prematura, puesto que las emociones, aquellas que son la ligazón comunicacional en la especie social que somos, quedan aminoradas o anuladas, y el prefrontal, ahora como rumiación, se queda frente a las primitivas, pues dicha estructura no se puede obviar, pues son los pilares o armazón del cerebro. Un psicópata, así, es aquel al que se le ha atrofiado la amígdala, que es el núcleo cerebral de las emociones básicas, de tal forma que pierde la capacidad de empatizar con el dolor de otras personas. Demás está decir que la soledad no crea psicópatas, pero estructuralmente, son “igual” que ellos. La diferencia es que el psicópata se ha “divorciado”, como mecanismo de defensa y por lo tanto sin su “intención”, de las emociones por algún fuerte trauma de la niñez (a veces heredado o una mezcla de las dos condiciones). Tanto el anciano, el solitario, como el psicópata comparten que son un prefrontal frente a unas primitivas. Obviando, o habiendo dejado de lado, el paso intermedio que son las emociones universales, fuente de muchos de los sesgos y tendentes a crear uniones con otros seres humanos. “Necesitadas”, por lo tanto, de la capacidad y la fe para crear vínculos humanos.

   Después de este largo rodeo vuelvo a la pregunta de arriba y su respuesta. Las emociones, o lado intermedio entre la razón y las primitivas, representan al padre, en la triada hijo, adulto y padre, puesto que los padres pierden la capacidad para la autodeterminación y por ello quedan “atrapados” en lo emocional. Un padre, el “macho tradicional”, se tiene que hacer valer por su capacidad para llegar al enfado o incluso a la ira. Estado que el niño ha de temer. Tal estado viene dado por la fragilidad que la testosterona provoca sobre el equilibrio emocional del hombre, que tiene con tal comportamiento la capacidad de liberar su estrés interior, a través de esa emoción básica. Por otro lado la madre (tradicional) es la protectora o aquel ente que sólo es emoción, en tanto que “resguarda” al hijo tanto del padre, como de ese mismo lado “agresivo” o duro de la sociedad. Este comportamiento repetido por milenios entre los mamíferos, no igual en las aves, al final crearon dos primitivas o arquetipos asentadas en el ADN: el padre y la madre. Hay que recordar que la vida es un sistema adaptativo, no busca verdades, no busca tampoco virtudes o el “bien”. Si el humano tiene dichas primitivas y arquetipos es dado a que “funcionan” (se adaptan) bien, puesto que la propia vida humana es esa dualidad entre lo tierno y lo duro, entre el amor y su ausencia (ya sea en la indiferencia o en el odio). Si al hijo se le educa sólo desde el amor, sin dureza, no estará preparado para la vida: será demasiado blando y sensible (hijo de mamá); y si por el contrario se le educa sólo desde la más cruel de las durezas se “creará” un potencial psicópata o delincuente. La homeostasis, o tendencia al equilibrio de todo sistema complejo, se sigue en esta regla de los dos arquetipos: la madre y el padre. Idea que ya perfiló Aristóteles y la media de oro al decir que la virtud está o es el equilibrio entre sus opuestos. Ni imprudente, ni cobarde, sino su punto medio; ni engreído, ni sin amor así mismo… La evolución ha llegado a la “conclusión” que hace falta el padre y la madre arquetípicos para que el humano llegue de forma equilibrada a la madurez. Tal estructura están como primitivas cerebrales. Tampoco hace falta que el arquetipo de padre sea el macho y la hembra la madre. El caso es equilibrar esa balanza. Quita uno de los dos lados, o desequilibra la balanza, o que los arquetipos no estén claros, para que el humano no madure de forma “correcta”, que no llegue a la madurez, para que se vuelva un cínico antes de tiempo, o para que se quede en su fase infantil de por vida. Hay tantas posibilidades, pequeñas variaciones y desequilibrios (azar/variables) en esas dos disposiciones y disparidades, como humanos hay en la tierra.

   Cierro con conclusiones. Las primitivas son lo mismo que lo que llamamos arquetipos en su forma más rudimentaria. La razón se las tiene que haber con que no puede escapar de los roles. El policía “bueno” y el “malo”, durante los interrogatorios, son roles que dos individuos tienen que mantener, pero que en el fondo llaman a los arquetipos de padre (dureza) y madre (protección). Tales roles “funcionan” porque todo individuo busca el amor, la validación del amor, y “huye” del desprecio, de la indiferencia y del odio. Tales roles no “funcionan” con un psicópata o alguien muy racional y por ello con una clara marca de su autodeterminación y validación interna. Un político, o cualquier personaje público, se atiene a roles y siempre son cambiantes, puesto que se tiene que adaptar a cada circunstancia. Ora es amable y cercano, y de repente parece distante y duro. Obedece a roles, a máscaras, que vienen bien en cada uno de los casos en los que habrán de ser “usados”. Entremedias de los arquetipos (primitivas, sistema reticular) y los roles (razón, prefrontal), están los estereotipos, “inundados” dentro del mundo de las emociones (memoria individual y emociones, hipocampo y amígdala).

   ¿Diagnóstico del presente bajo estas reglas? La mujer, el feminismo, no quiere ser “reducida” a arquetipos o estereotipos. Busca ese ser autodeterminado, “libre” del “aparato” emocional, y libre por lo tanto de hacer o caer en hacer algún “papel” o representación en la vida. Propósito muy noble. Pero falla por cuanto ha de vivir en la vida, que recordemos que es una trampa. Sobre el 80% de las mujeres tienen hijos, luego al final tienen que “renegar” de su autodeterminación para hacer el rol de “protectora”, de cuidadora. ¿Lo puede hacer ella sola? Si se ha entendido bien la trama de la evolución y de este escrito, ella misma no puede (o debería) de hacer los dos papeles, puesto que un cerebro en desarrollo no puede entender o se puede equilibrar, si de la misma fuente o signo o individualidad proviene lo “bueno” y lo “malo”, el premio y el castigo, el dolor y el placer. Eso sólo puede “provocar” que ese humano llegue al cinismo antes de tiempo, pues verá con los mismos ojos de sospecha a todo humano que se le acerque: que será una fuente de dolor y placer. Esa es la verdad, esa es la realidad, esa es la vida de un preconciente, de un realista depresivo, pero ese estado no es el más saludable, ni para dicha persona, ni para la sociedad. Si todo el mundo se volviese cínico a la vez, la humanidad dejaría de tener sentido, todos dudando de todos y buscando el fin individual, frente al fin social. Quizás vayamos por ese camino, pero no es el deseable. Si por otro lado la madre -sin que exista un padre en su rol- sólo trata de dar amor, “creará” un humano “paralítico” emocionalmente, pues toda frustración o estrés por mínimo que sea, lo “derribará”.  Así lo parece demostrar la llamada “generación copo de nieve“, extensible igualmente a los milenials, sensibles a los más mínimos de los roces “dañinos” de la sociedad y los otros.

   Con esto llegamos al macho. ¿Alguna vez ha pensado el feminismo lo “duro” que es o haya podido ser hacer el arquetipo de macho para el hombre a lo largo de los milenios? Veo al antiguo “macho” en situaciones como los mineros representados en la serie “Chernóbil” (basada en hechos reales), donde saben que van a trabajar duro y morirán, pero aun así aceptan el trabajo sin rechistar. En unas décadas o decenios ese macho no existirá. Muchos de los males que el feminismo achaca al macho en realidad no deberían de ser hacia él, sino a las culturas y religiones nacidas a partir de los grandes asentamientos, como la judeo-cristiana-musulmana, que beben de la misma fuente. El arquetipo de macho y hembra provienen desde las etapas más primarias de los seres vivos, bajo el agua de los océanos. Y la que vemos más marcada en los humanos provienen de nuestras raíces mamíferas. Halla las “fallas” de casi cualquier comportamiento de machos y hembras mamíferos, y encontrarás las bases de los arquetipos de machos y hembras humanos. No es un camino que el macho humano marcó y quiso diferenciar o estructurar para “doblegar” a la hembra y por ello llegar al patriarcado…, ya provenía de más antiguo, de estados previos al humano. Está errado en lo social -por la falta de igualdades-, sí, pero sigue siendo válido como estructura dentro de la familia. En la actualidad la tendencia es que el arquetipo y el rol de padre esté desapareciendo. Todo hombre tiene que “pisar el freno” y no marcar su papel o arquetipo de padre dentro de la familia, con lo cual es igual que si tal arquetipo desapareciese y la madre tuviese que criar a los hijos por sí sola. La situación actual -en occidente- se parece más a una situación de dos madres o una madre tratando de hacer los dos roles, que la “antigua” y arquetípica de dos sexos, dos roles. Y volvemos a lo de arriba, y me ahorro de volver a explicarme. Tal estado de cosas no crea un adulto estable o realmente maduro. Hoy en día los hijos no se quieren ir del hogar paterno/materno. Frente a lo “blando” que resulta el hogar, ¿para qué o cómo salir a la dureza que resulta la propia vida y la sociedad? La sociedad actual se basa en el fuerte individualismo, puesto que en el fondo todo adolescente que llega a la adultez es un cínico en su núcleo, al que los mecanismos de defensa cerebrales oculta. El narcisismo es la marca de las nuevas generaciones, pues sus almas “reblandecidas” carecen de la dureza que le habría podido dar el rol de padre, que inevitablemente los volvería más modestos y sobrios. Si sólo se cría con amor, el alma se cree falsamente invencible y dura, cuando la realidad es totalmente la opuesta. No me puedo imaginar cómo serán estas nuevas generaciones cuando lleguen a la mediana edad. Va a ser una total pesadilla tanto a nivel individual, como social.

   ¿Ataco demasiado al feminismo? Para bien o para mal siempre se han dado el maltrato de género y las violaciones. Está claro que no es lo deseable y que su lucha es noble. Pero mientras que esos son males “eternos” que quizás nunca desaparecerán, el nuevo estado de cosas desde el feminismo y el cuestionamiento del “macho”, sí es algo nuevo que se podría evitar o cuanto menos sobre lo que poner atención y ver si va a ser para bien o para mal. Los “nuevos padres”, las nuevas familias, no parecen tratar con hijos, sino con amigos. Papel extraño y ambiguo donde los haya, pues pierden el respeto y la autoridad, y una vez que no se tiene es complicado recuperarlo sin que de nuevo se produzcan fallas y traumas en el desarrollo de ese cerebro. Un adulto maduro termina por comprender -por el uso de la razón- el porqué de los roles o arquetipos que hacían su madre y padre, pero en la actualidad y bajo las extrañas nuevas reglas, ahora se sigue teniendo respeto por el arquetipo o rol de madre, pero no ya igual por el del padre. O ha sido demasiado blando o demasiado duro, pero no parece que las nuevas generaciones “asimilen” con la misma gratitud y bondad el papel del padre como el de la madre. O sea, en el fondo mantenemos uno de los roles y lo “amamos y respetamos” y odiamos el segundo. ¿El lenguaje feminista no debería de ser el de acabar con todo arquetipo o rol?, más bien parece que su único propósito – de forma explícita o implícita-, haya sido la de acabar con el rol del macho, del padre. No será que ahora el “débil” sea el macho que ya no sabe cuál es su papel en toda esta nueva trama… que se sienta perdido y sin ninguna autoridad. Y no será que sea ese sentimiento del “nuevo” hombre el que esté repercutiendo en que este sea más errático en sus comportamientos y sin ninguna meta aparente, más que en muchos casos la pura y simple búsqueda del éxito, la competitividad y el sexo. Quita a un humano de todos los “cuentos”, de todos los “metarrelatos”, y tendrás una simple marioneta. Un cuerpo descarnado -cual carne reblandecida por una alta radiación-, sin ninguna posibilidad de ponerse ninguna máscara nunca más, ante el dolor de sentir tal dureza sobre su sensible piel.

   Lo que ya he dicho en otro lugar: la auto-demesticación del macho vino propiciada por la mujer (piénsese en ello: muy al principio el macho se mantendría al margen de la crianza, tal como lo hace casi la totalidad de los mamíferos, y la madre educaba al varón durante años a su gusto, de tal manera que lo fue dulcificando, pacificándolo, haciéndolo más cercano al espíritu femenino, hasta que estuvo preparado para la monogamia; nadie lucha por esa aparente encerrona a la que nos “sometió” la mujer; no fue una acción premeditada, claro, pero como tampoco la ha sido el patriarcado), y hoy en día nos dan la patada y nos dicen que ni les “servimos”, y ni nos quieren bajo los aspectos que son propios de nuestras primitivas sexuadas. Ni quieren al antiguo “macho” duro y pétreo en su rol o arquetipo, ni quieren al hombre reblandecido actual (narcisista, infantil y egotista) bajo sus propios parámetros o los parámetros de las nuevas sociedades. Familias desestructuradas, o sin el arquetipo del padre, crearán cada vez más hombres confusos y sin un rol o arquetipo al que poder acogerse…. ¿Qué futuro o papel le queda al hombre?, ¿cuál a la humanidad? En la actualidad, después de milenios, hemos creado una sociedad más preparada para el cerebro de la mujer, que para el cerebro del hombre. Como ya dijera aquella película extraña y profética de los años setenta: “Adiós al macho“, este muere dentro de una sociedad para la que ni está preparado, ni le quiere.

Los Derechos del Hombre Primitivo

    Este escrito irá después de dos anteriores que están pendientes de ser terminados, pero lo adelanto porque es fácil de escribir, pues sus premisas son sencillas; si bien puede que lo tenga que retomar, reescribir o ampliar en días sucesivos. A estas alturas dudo si todo el “adendum” de “lo que es lo que (a)parece” no tenga que ser un libro por sí mismo. De hecho creo que es más largo.


Breve resumen.

   Trataré de crear un marco conceptual del porqué la renta básica ciudadana no es un disparate, en la dirección de crear una sociedad realmente justa e igualitaria. Siempre me ha parecido desmedido el concepto del pecado original. La idea de que todos y cada uno de los humanos “cargamos” al nacer con la culpa de la desobediencia a Dios de un primer padre y madre. Pero este concepto me viene bien para tratar de definir mi propuesta.


   En un escrito decía a modo de pregunta al aire: qué significa ser español, si nada me pertenece de dicho territorio sino tan sólo la ciudadanía. En aquella pregunta ya estaba la semilla de estas ideas. Bajo mi punto de vista en cada nacimiento el pacto de qué significa ser español se rompe y se debería crear uno nuevo (conceptualmente hablando). Lo que quiero decir es que todo humano nace bajo unas reglas que él mismo no ha llegado a pactar. Este pacto se llama “contrato social” de los derechos y deberes de cada individuo. Pero ¿es justo firmar algo en lo que yo no he dialogado, ni he leído en ningún momento? Es como firmar una hoja en blanco, que sólo de adulto ya empieza a revelarse en palabras en dicha página. Toda ley, derecho y deber de un ciudadano es la suma de pactos consecutivos a lo largo de la historia, el cual cada ciudadano de cada época firmaba como hoja en blanco. Se supone así que mi padre al ser adulto leyó tal escrito y trató de reelaborar las reglas, y a la vez el suyo y así hasta el principio de la humanidad… pero ¿realmente ocurrió así? Si nos remontamos a un principio remoto la península ibérica apenas si tendría unos cientos de habitantes y les “pertenecía” al completo. Si nos remontamos a unos milenios más tarde de repente la península se ha llenado de humanos que sólo son propietarios de una región o zona. Entre medias de esas dos edades nunca se pactó nada. Nos basábamos en los principios territoriales que pueda tener cualquier otro animal: “yo he llegado aquí y defiendo mi terreno, si me lo ganas es tuyo”. Pero hay un salto entre estos dos estados. El humano era nómada y se desplazaba, la pertenencia no tenía ningún sentido. El derecho que reivindico es el de dicho humano nómada.

    Bajo mi punto de vista el humano al tender a los asentamientos jugó a algo así como el juego de las sillas, donde la falta de una silla deja fuera del juego a uno de los participantes. Pero el nómada nunca pactó jugar ese juego: ese juego se estableció entre los humanos sedentarios, de tal forma que él fue considerado como alguien que al no sentarse en una silla ya había perdido el juego. El resto de pactos se crearon a partir de esa primera desigualdad o diferencia. Aquel que tenía unas propiedades tenía unas ventajas que el resto no podía negociar. Se negociaba a partir de dicha propiedad.

   Todo humano ha de nacer bajo el concepto de aquellos nómadas del mundo que ni entendían el juego de las sillas, ni querían jugar. Vagaban por el mundo y este era de todos y de nadie. Es cierto que no se puede negociar de arriba abajo todos los pactos posteriores con cada nacimiento, o al llegar a adulto con cada persona, pero esta regla o consideración sí prefija que esta tierra en la que nazco me pertenece a mí tanto como a los que ahora son propietarios. En ese caso ese “propietario” de ciertas hectáreas de tierra en realidad es un arrendatario que ha de pagarme parte de sus beneficios para subsanar esa falla inicial y primera. ¿Eso ya lo suple los impuestos?, no. No reivindico que se me pague un dinero y de esta forma propiciar el parasitismo. Reivindico que tengo derecho a trabajar una parcela de tierra y en ella construir una vivienda. Con cada nacimiento, virtualmente hablando, se vuelve a hacer la división de la tierra, de la cual cada ciudadano tiene una parte igual que la del resto; pero tal cosa no es posible llevarla a cabo, lo que sí se puede llevar a cabo es que con los beneficios de todas las tierras se creasen viviendas sociales con alquileres muy bajos, y una renta básica ciudadana. Esto igualmente suena a parasitismo. Reivindico que puesto que los bienes de las sociedad ahora ya no son los “frutos de la tierra”, todo humano tenga el derecho real a un trabajo digno, por el cual poder tener esa vivienda social de alquiler muy bajo. La complicación viene dada a crear el suficiente número de trabajos como habitantes existan. Pero bajo mi punto de vista -y los derechos del hombre primitivo-, los puestos de trabajo totales son las sumas de sus horas, luego habría que dividir dichas horas por el número de trabajadores existentes en una región o país. Habría que acomodar nuestra vida a la disponibilidad de las horas de trabajo, y no a la inversa trabajar más para tener más, mientras que otros no pueden trabajar y tener nada, pues en definitiva de nuevo este proceso es otro juego de la silla: un juego sobre el que yo nunca he pactado y que al no querer jugar me deja fuera del juego. El Estado, cada año, debería regular la cantidad de horas de trabajo disponibles con respecto al número de trabajadores. Los sueldos no deberían de ser tan distantes como para crear clases sociales, desigualdades o injusticias. Sólo así tendría sentido los actuales derechos de las constituciones, como el de tener un trabajo digno y una vivienda, que de otra forma son meros deseos que no llegan a cumplirse. En el escrito “la vida como trampa” apunto a qué posibilidades tiene de vivir alguien que no trata de competir con nadie en la vida. Yo no tengo porqué luchar por trabajar si no creo en la lucha y donde esa lucha implica que alguien pierda. Yo no quiero jugar al juego de la silla si de este juego depende que alguien se quede sin comer. Igualdad quiere decir que todos tenemos una silla y que nadie se quedará sin comer porque no crea en la lucha o no parta de una igualdad al nacer y por ello con ventajas. Entiendo la vida como lucha, pero ¿tiene sentido luchar cuando un país tiene los suficientes recursos y viviendas como para vivir cómodamente todos, y donde unos tienen muchos y otro nada? Si no queremos sobre-explotar el planeta tendremos que vivir con lo que ya tenemos. Es una falacia pensar que se requiere un crecimiento constante en un planeta de recursos finitos. Hemos de crear un modo de vida con los recursos actuales, e incluso tratar de bajar el número de humanos sobre el planeta. En la actualidad igual de “tara” es nacer bajo el signo de no querer luchar que con una tara física o intelectual. La igualdad genética no existe y está reglada para que haya “mejores” y “peores”, más actos o menos actos, y por ello las leyes han de crear reglas para que tales diferencias se hagan indistinguibles.

   Resumiendo. Al igual que se ha aceptado por milenios que se nace con ese pecado original, deberíamos aceptar que se nace bajo los derechos de aquel primitivo nómada que nunca quiso jugar al juego de la silla, y que sólo quería vagar por la tierra alimentándose de lo que había en ella, y que de repente se encontró con que todo terreno era defendido “con uñas y dientes” por alguien que decía: “esta tierra es mía y no puedes coger nada de ella”, sin ningún sentido para él. Los derechos del hombre primitivo han de establecer que si realmente deseamos una igualdad y justicia, y en donde el Estado no parezca suplir la posibilidad de llegar a crear un trabajo para todos los ciudadanos, como indemnización a dicha rotura del pacto se compensase a todo ciudadano sin trabajo con una renta básica con la que vivir mínimamente. No por darle algo a lo que no tiene derecho y como ayuda, sino porque a dicha persona le pertenece cada uno y todos los recursos del país en el que nace como a cualquier otro ciudadano. Dicha renta básica ha de salir de los ciudadanos que más capital tengan, gravados con unos impuestos más altos en la dirección de nivelar dichas desventajas.

La Dimensión Individual II – La Vida Como Trampa

El acto mismo de hablar es un modo de marcar lo inusual frente a lo habitual.” Román Jakobson
Esto puede significar que no hay esperanza para la raza humana, no obstante, sí la hay para los miembros individuales de ella.” Eric Berne
El secreto de una madurez feliz no es otra cosa que el pacto honrado con la soledad.” García Marquez
Es más fácil vivir con versiones alternativas de una historia que con premisas alternativas de una explicación «científica».” Jerome Bruner
Es muy difícil someter a la obediencia a aquel que no busca mandar.” Rousseau

 

   Otros títulos barajados que puede que fueran más indicativos: “la vida como trampa que funciona a la perfección”; “el análisis transaccional como sistema complejo”. Llega un momento del invierno que el cerebro que soy cambia tanto que ya no tiene “pegamento” para unir las cosas. Mi memoria de trabajo no funciona nada de nada, y mi motivación se cae por los suelos. Es un tipo de aclimatación programada, donde el sistema hormonal cambia para que el cerebro no gaste tanta energía y se destine a mantener el calor. Se baja el nivel de testosterona, que a su vez baja el nivel de dopamina. La líbido como telón de fondo, como ya he hecho ver en otro escrito. Tengo cuatro escritos medio empezados y no soy capaz de darles continuidad. Lo que en verano escribo en un día, en invierno me lleva varios días. Al final me abro tantos frentes, en tantos escritos y en los propios escritos, que soy incapaz de terminarlos. El presente lo publico pendiente de revisar todo el final menos desarrollado, porque sino me “bloqueo”. Por lo demás lo escribo y no funciona la “pegajosidad neural”, ya no sé lo que he escrito como para ampliar o depurar ciertas partes. El escrito que he retirado titulado “Goliat cuando David duerme” lo retiré porque creí que este tenía que ser previo.


   En agosto del 2017 cree la hipótesis de vincular memoria visio-espacial y todo proceso de memoria. Con el tiempo fui comprobando que la ciencia ya apuntaba en esa dirección. Al final he encontrado una serie de estudios y teoría, llamada “ventajosa”  o aventajada (no sé si esa sería la traducción correcta de “vantage theory“) donde vincula, por analogía, el espacio y el tiempo a todo proceso de crear un concepto o un registro de memoria. Lo que faltaba en mi hipótesis era la velocidad, que la incluye tal teoría. Dejo estos escritos (en inglés) sobre el tema para el que quiera investigar. Sus conceptos son muy abstractos y complejos.


Resumen.

   Este escrito bien puede ser tomado como una segunda parte de “La dimensión individual”, en tanto que trato de explicar mi punto de vista sobre la vida, o sea, un punto de vista individualista. La “novedad” es que revisaré ciertas ideas a través de la teoría del análisis transaccional. De otra parte revisaré dicha teoría para que encaje o sea comprendida dentro de la teoría de los sistemas complejos.


   La vida es sencilla de comprender: ella está hablando constantemente de sí misma. El problema es que no hablamos su lenguaje. Si no hablamos el lenguaje de la naturaleza es por lo que se puede comprender la frase de Fodor que dice que “cuando sigues haciendo preguntas a la Naturaleza, la Naturaleza sigue diciendo “no”, no es irrazonable suponer que en algún lugar entre las cosas que crees hay algo que no es verdad”. Bajo esta premisa la teoría sobre sistemas es la ciencia que trata de hacer dicha traducción. La superveniencia, dentro de dicho lenguaje, establece que desde que “nació” el universo se crearon sistemas bajo unas pocas bases o reglas. Un sistema se “crea” o establece porque se crea una dinámica interna como para que se llegue a un estado equilibrado. En esa dirección en la medida, que interaccionan sistemas se crean estados emergentes, en donde se crean nuevos sistemas. Estos nuevos sistemas “heredan” las reglas del sistema “padre” y no lo pueden cambiar, al igual que la genética de nuestros ancestros nos definen, pero la nuestra no incide en nada sobre nuestros padres o abuelos. Dichos sistemas en la superveniencia y a grandes rasgos son: 1. partículas, 2. átomos, 3. moléculas, 4. vida, 5. vida social, 6. mente o conciencia. El cerebro sigue las reglas de las reacciones moleculares, en la química cerebral y las leyes electromagnéticas, y aunque está claro que el humano puede romper un átomo en la fisión nuclear o crear nuevas moléculas, no por ello cambia las reglas del sistema de los átomos o el de las moléculas, más bien se tiene que atener a ellas. En todo esto nace el eterno problema de si la mente se puede “reducir” a reacciones químicas y eléctricas. Sí y no. Sin el “hardware” no puede haber mente (que en la terminología cibernética es wetware, la parte blanda o pringosa del sistema), pero hay que entender el concepto de emergente, este establece que el total es algo más que la suma de sus partes. Este dilema es igualmente problemático para definir qué es o no es vida. Lo que un lego pueda creer que es vida es muy distinto de lo que nos dice la ciencia.

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Árbol del conocimiento, leer sección “hipótesis de la justificación”

   Bajo estas premisas… ¿de qué se trata la vida?, que es un precedente a la mente y esta se rige bajo sus premisas. Es reducible a la premisa de replicarse, pero para hacer tal “cosa” necesita energía. Este es su “faltante”, en el momento que tiene tal energía tiene la capacidad para replicarse. La vida está dentro de las reglas de los sistemas adaptativos. Se adapta al medio para mantenerse como sistema, para mantenerse vivo, valga la redundancia. En esa dirección cuando se dieron varios tipos o apuestas de vida podían interactuar entre ellas. En los sistemas, los más estables suelen ser los “estados” más “comunes”. La interacción más estable (y general) entre seres vivos es la simbiosis mutualista, donde las dos especies implicadas dan algo y reciben algo. Aquí ya podemos introducir las ideas del análisis transaccional y ya en lo humano, en tanto que forma parte del grupo de animales sociales, dentro de la superveniencia. La palabra clave de tal teoría psicoanalista es el de transacción. Para esta escuela de la psicología los humanos crean interacciones a través de una simbiosis mutualista, donde los dos agentes o personas que entran en juego, dan algo y a la vez reciben algo. Conviene leer el libro “juegos en los que participamos” de Eric Berne para una visión amplia del análisis transaccional, en el presente escrito me centraré sólo en algunas de sus ideas. Si todo se reduce a una transacción: ¿cuál es la moneda de cambio? Como nos dice Eric Berne -de forma muy precisa y concisa en el prólogo del libro- el reconocimiento social es casi tan necesario como lo es el propio aire que respiramos. Esto sigue una hoja de ruta precisa. Lo faltante para el cuerpo es el oxígeno que es la fuente más directa para obtener energía. Por otro lado lo faltante para el cerebro son los estímulos, este “prefiere” el dolor -como parafrasea Berne- a la falta de estímulos (lo que no deja de ser paradójico y abre una nueva ventana a la hora de tener en cuenta el dolor).(1) Una persona en una cámara totalmente insonorizada y sin luz, apenas si puede aguantar un corto espacio de tiempo en tal situación. Fijarse que el cuerpo -en la teoría de la superveniencia- sigue las reglas de la vida, el cerebro por otro lado sigue otras reglas: es un órgano o sistema complejo “creado” con la “finalidad” o “sentido” de recoger información del medio: sin información “muere” su principal “sentido” y no es capaz de sobrevivir a tal proceso, como tampoco lo puede hacer el cuerpo ante la falta de oxígeno. Por otro lado el hombre -en tanto que mente en uno de sus niveles: el mamífero- está dentro de los animales sociales, donde el contacto con otros de su especie es su aire.

Capas de la Realidad Dentro de la Superveniencia IV    El traductor, del libro que tratamos, creo que apostó mal a la hora de traducir uno de sus términos principales y que es la “moneda” de cambio entre humanos. Esto nos dice el libro: “la caricia puede usarse como la unidad fundamental de la acción social. Un cambio de caricias constituye una transacción, la cual es la unidad de las relaciones sociales”. Berne usa el término inglés “stroke”, que puede significar tanto acariciar, golpe (toque), como jugada. Hubiera sido más acertado traducirla como palmadita, ya que caricia implica un acto demasiado íntimo, cuando lo que en realidad quiere darnos a entender Berne son las típicas palmaditas en los hombros (o en las rodillas o dar un leve golpe empático en el estómago o actos similares; fijarse igualmente que la palabra usada para dar una llamada perdida por el móvil es “dame un toque”). Aunque más adelante nos diga que: “extendiendo su significado, la palabra “caricia” puede emplearse para denotar cualquier acto que implique el reconocimiento de la presencia de otro”. Sea como fuera, por lo menos en España, el concepto de dar palmaditas en el hombro, que no tiene por qué ser textual, es el que se ha validado y se usa como concepto de tal transacción. Por lo demás tiene más sentido, ya que la antigua moneda de cambio era el desparasitado, que es una de las “funciones” dentro de los animales sociales del grupo al que pertenecemos: los primates, donde la transacción es “yo te desparasito si tú me desparasitas”. Otro dato a tener en cuenta es que según la psicología evolutiva el diálogo suple esa función: yo te escucho y a la ve tú me escuchas. De otro lado están las convenciones sociales, como el dar los buenos días, etc., como otro modo de transacción… y quizás donde se ve más claro toda esta trama, pues en cuanto alguien no nos devuelve el saludo lo más seguro es que nosotros ya no lo volvamos a hacer.

   Conviene hacer un alto en todo esto. ¿Acaso el análisis transaccional no es en el fondo muy cínico e “inhumano”?, ¿cómo se nos puede reducir a transacciones de “palmaditas en el hombro”? O en última instancia a simbiosis mutualistas. Remito al libro para que cada cual saque sus propias conclusiones. A mí me “convence” porque yo siempre lo he visto así. Dos situaciones que se me dieron en la adolescencia me hicieron captar la vida de esa manera. No tenía toda la teoría o todas las premisas, pero de forma implicada mi cerebro captaban esas ideas y patrones de la vida social (apuntar que implicado es la manera que tiene la ciencia ahora para llamar a lo que en otro tiempo se llamaba inconsciente). Desde aquella edad aposté por “retirarme” de la vida, pero a esa edad es muy complicado, por que como nos dice Eric Berne todo contacto humano implica una transacción dentro de “juegos”, y en cuanto se tiene contacto con otro humano ya has entrado en algún juego. De hecho estar solo, bajo las reglas de los juegos, es tan sólo otra forma de “jugar”.

   Otro párrafo de desvío. No aceptamos a que la vida pueda reducirse bajo estas premisas, porque el yo individual, que es la base del cerebro, no quiere validar a que este sea en lenguaje de la vida. Al análisis transaccional le falta una vuelta de rosca, que es tratar de buscar el “sentido” de la identidad narrativa, que es la base del yo y la conciencia, como ente que en soledad y de forma interna se manifiesta como autoconciencia. Si todo sistema vivo se equilibra por un faltante, qué le falta o es la base de la identidad narrativa: la coherencia y el protagonista. Nuestra identidad narrativa no acepta ser reducida al lenguaje de los sistemas complejos porque “atenta” contra la coherencia y el concepto de agente. Un relato para que sea “válido” o “funcione” como relato requiere de ciertas premisas. En todo relato se da validez al concepto de agente: un ente que es el que está dentro de nuestra cabeza, como Koji -como persona o agente- lo era del robot “Mazinger Z”. Conviene traer aquí lo que nos dice la Wikipedia, por ser esclarecedor:

Gō Nagai (el creador) quería tomar ciertas ideas sobre el manejo del robot de sus antecesores y, sin embargo, que no resultara demasiado similar para el suyo. Pretendía crear un robot tripulado, manejado por un piloto, pero deseaba que quedara patente que el robot interactuaba con el piloto, como si ambos quedasen vinculados, hombre y máquina, por algo más que cables y acero. De hecho, a veces el robot parece tener voluntad propia: por ejemplo, algunas veces Koji se lo encuentra fuera de su hangar, como si tuviera ganas de luchar.”

Koji_Head_Mazinger_Z

   En tal planteamiento se deducen las mismas premisas del concepto dualista de Descartes del humano, como cuerpo y alma, el cual -por mucho que la ciencia haya desvelado sus entresijos- no queremos abandonar. La identidad narrativa tiene esta misma premisa dualista. El yo es un agente que es el que toma los mandos de su propia vida, y cuando las ciencias nos reducen a números y estadísticas nos negamos a no creer que -las doble negaciones la procesa peor el cerebro- en todos y cada uno de nuestros actos, nazcan de una elección de nuestra voluntad, ambas depositarias de ese agente que “habita”, cual navegante, en nuestro cuerpo. Pongamos un ejemplo de un análisis propio de la ciencia. Se ha descubierto que los adolescentes son más proclives a tomar decisiones menos conservadoras o buscar sensaciones más fuertes o arriesgadas cuando están en grupo que cuando están solos. No obedece a tratar de impresionar, simplemente es que cuando están en grupo se da otra dinámica, por los efectos mostrados arriba de los cambios de comportamiento por el número de los grupos. O para decirlo de forma más sencilla: sus cerebros están “programados” para actuar de una forma cuando están solos y de otra cuando están en grupo. Está comprobado porque de esa misma forma actúan los “adolescentes” de animales tan dispares como los delfines y los ratones, pues se ha corroborado por experimentos. Si se le dice a un adolescente que existe tal patrón y que sus actos no son “elecciones” no lo aceptará. Va contra las premisas de nuestra identidad narrativa, donde ha de primar un “protagonista” o agente que tiene el control. Nuestro ego y unicidad no puede ser cuestionada, como igualmente se deduce de la frase coloquial de “toda comparación es odiosa” o el nuevo meme de “defiende tu sombrero por muy ridículo que sea” proveniente, creo, de Asier Etxeandia. Para el caso afirmar tal premisa es como dejar a un cuerpo en una habitación sin oxígeno o al cerebro sin estímulos, en donde si muere ese pretendido agente, muere la coherencia o sentido que ha de impregnar toda vida humana. Del mismo modo no terminamos de comprender y por ello aceptar que no es lo mismo una persona o un grupo pequeño que un grupo muy grande. En estos últimos no son las mismas reglas, no obedecen a los mismos patrones y por ello se originan unas nuevas reglas y patrones. ¿En qué medida uno es masa o no lo es?, nos negamos a aceptar que podamos ser parte de una masa, en donde los resultados sociales o ambientales de dicha masa no son moralmente aceptables o en otro caso “razonables”, pues eso implicaría a aceptarnos como inmorales e irracionales. Ahí está el cambio climático y el resto de desbarajustes que estamos provocando en el planeta. Una persona en lo individual se argumentará para sí misma no ser parte del problema. Lo mismo para cualquier movimiento masivo como las redes sociales o el feminismo. Una feminista no suele estar desacertada e incluso un grupo pequeño de una pequeña ciudad, pero el feminismo como efecto masivo, por la teoría de lo emergente, es distinto que la suma de sus partes. Todo ello se estudia en el efecto de la masa crítica extrapolado a las dinámicas sociales. Hay dos efectos bien conocidos, estudiados en distintas ramas de las ciencias humanas, como es el “efecto espectador“, “en el que las personas tienen menos probabilidades de ofrecer ayuda a una víctima cuando otras personas están presentes. Cuanto mayor sea el número de espectadores, menos probable es que uno de ellos ayude. Varios factores contribuyen al efecto espectador, incluida la ambigüedad, la cohesión grupal y la difusión de la responsabilidad, que refuerza la negación mutua de la gravedad de una situación“, (fuente Wikipedia). Otro es el efecto Ringelmann que consiste en “la tendencia de los miembros individuales de un grupo a ser cada vez menos productivos a medida que aumenta el tamaño de su grupo“. A nivel evolutivo y biológico está el “efecto Allee” que es el fenómeno “caracterizado por una correlación entre el tamaño o la densidad de la población y la aptitud individual promedio (a menudo medida como la tasa de crecimiento de la población per cápita) de una población o especie“. Ya sin un nombre concreto, y en el estudio del comportamiento social, dentro de la sociología, en el estudio de los tamaños de grupos, organizaciones y comunidades, se nos dice que:

El tamaño (el número de personas involucradas) es una característica importante de los grupos, organizaciones y comunidades en las que ocurre el comportamiento social.
Cuando solo unas pocas personas están interactuando, agregar solo una persona más puede hacer una gran diferencia en cómo se relacionan. A medida que una organización o comunidad crece en tamaño, es probable que experimente puntos de inflexión en los que la forma en que opera necesite cambiar. La complejidad de los grupos grandes se debe en parte a que están formados por subgrupos interrelacionados.”

   En todos estos sentidos, en la formación de una masa crítica, se da una suma de errores: una feminista puede tener unos pocos errores conceptuales, de sesgos o lógicos (en un cartel de mi ciudad llegan a poner “no más violaciones en este barrio”) que quedan aminorados al reajustarse con las feministas de su propio grupo pequeño (o a veces mantenidos a nivel grupal), pero los errores no se aminoran bajo los efectos de masa, pues no hay una supervisión generalizada en lo masivo, sino que se suman todos a la vez como para generar algo que puede llegar a ser indeseado. Lo mismo vale para cualquier otra ideología o movimiento como la izquierda o la derecha. En estos últimos hay una jerarquización. Cuando se dan encuentros mundiales hablan los líderes, y revisan fallas y nuevas direcciones, las cuales se supervisan después a nivel local (países, ciudades, localidades) para reajustar las ideas directrices, pero no ocurre así en el feminismo. El feminismo – sobre todo el de la cuarta ola- se está retroalimentando a través de las redes sociales: el medio más propenso para que se dé los efectos de la masa crítica y en donde las suma de errores, por ser más proclives para ellos por fake news y la alteración del mensaje original, no son verificados y se mantienen. Otro caso ocurre a la hora de seguir modas o tendencias. Y volvemos al mismo argumento de arriba, si se le dice a una feminista o mujer en una red social que está repercutiendo de forma negativa en lo que se da de forma masiva en los social, a través del feminismo, lo negará…. e incluso te podrán tachar de machista -lo más fácil y socorrido- si argumentas tal cosa. Un caso claro de esa “perturbación” masiva se da con el calificativo de machista. Como ha llegado a decir Jordi Gonzalez: “la palabra machista cada vez se usa más y peor”. Si una mujer o feminista la usa mal de vez en cuando no pasa de ahí, pero esa suma de errores, propiciadas por los medios sociales, crea un masa donde al final es “desagradable” para el hombre, que si bien en un principio no se quiere posicionar lo tiene que terminar por hacer al darse por aludido. ¿Y a qué “ataca” ese hombre individual si el feminismo es esa ambigüedad masiva?, le crea “irritación” hacia el feminismo en general, pero se puede manifestar hacia mujeres concretas.

   Un ejemplo claro de esa suma de “errores”, vistos en el párrafo anterior, se puede analizar en el documental feminista “(M)otherhooh“, donde se atreven a afirmar que la procreación no es un instinto. Es la base de la vida, como he apuntado arriba, y por lo tanto de los sistemas adaptativos. Una cosa es acallarlo, por ejemplo teniendo una vida muy ocupada, y otra cosa es que no exista. A tal efecto se le llama sublimación. El humano no se puede entender sin esta premisa -como veremos más abajo-. Hay que analizar los instintos por sus pasos. Llegar a tener un hijo es el último paso. El primer proceso es el deseo sexual. En cuanto entre dos persona se “abre” la puerta del contacto físico, por interés sexual, se empiezan a crear desencadenantes que tienen como fin el sexo. Ese primer contacto es como soltar las manos y tomar impulso cuando se está en lo alto de un tobogán. En este la gravedad hace el resto. En el caso del sexo los desencadenantes hormonales hacen cambios en el cerebro para llegar a su fin. El enamoramiento es la “trampa” evolutiva para ir hasta el final: tener sexo. A nivel de teoría de sistemas se crea una desestabilización, y puesto que el cerebro y el cuerpo busca la estabilidad, su estado homeostático, este proceso induce llegar al final. Así lo dice la teoría de los impulsos. Más tarde y ya en el  último día del embarazo se vuelven a producir otros desencadenantes a través de la oxitocina para crear un fuerte vínculo entre madre e hijo. Se puede ver este tipo de “mecanismos” como relés, donde una vez activados se producen reacciones en cadena. En esa dirección la visión de un niño recién nacido o muy pequeño tratan de hacer de “activador” a las mujeres. Este “deseo” de mirarlos, tocarlos o cogerlos es en sí mismo el relé desencadenante. El hombre no tiene este relé. Sólo tiene “simpatía” y este tipo de interés, de acercamiento y quererlos coger, por sus propios hijos. El cerebro humano ha ido creciendo (evolucionando, adaptándose) por capas. Las capas más bajas siguen estando ahí, pero está claro que si vas añadiendo transparencias blanquecinas encima de una fotografía, al final esta se dejará de ver.

   Que no se vea o no se “manifieste” no quiere decir que no esté ahí. Piénsese sino en el asco, superar un asco, no quiere decir que el asco como propiedad intrínseca visceral del cerebro y el cuerpo no exista. Los niños pequeños son más viscerales, no “toleran” con facilidad el amargor de una col de bruselas, pero de mayores “controlamos” el asco hacia dicha hortaliza. Para ahondar más en el tema, las reacciones o emociones viscerales se dividen en dos procesos: su emoción y su expresión (procesado o etiquetado cognitivo). En la vida diaria “emergen” a la vez, pero son procesadas por dos partes del cerebro: la emoción es “creada” por el tálamo, mientras que su expresión se da en el hipotálamo. Si se corta la unión entre dichas zonas no hay conciencia de la emoción y no se expresará a nivel facial, pero sí se dará una respuesta fisiológica, en tanto que el tálamo mandará la señal al cuerpo a través del tallo cerebral. Si la emoción es el miedo, retrocederemos corporalmente sin mostrar miedo en la cara y sin “comprender” a qué obedece ese acto reflejo. En muchos casos caemos en falsas atribuciones de los cambios del nivel excitatorio (nerviosismo, intranquilidad) del cuerpo porque dichas vías unen dos “lenguajes”, el emocional y la palabra, sin que la conciencia, que es principalmente palabra, interprete de forma correcta dicha emoción o cambio excitatorio. En otro caso ciertas personas nos producen asco visceral, sin que sepamos porqué. El prefrontal, mediado por las convenciones sociales y la corrección, tratará de “aplacar” tal emoción y que no se exprese, pero que la “retengamos” no quiere decir que no exista a nivel talámico. En ese lapsus entre sentir algo y “frenarlo” se expresan en el rostro microexpresiones, que son las que nos pueden delatar, frente a especialistas o personas que son más sensibles (con baja inhibición latente). Por lo demás no tiene ninguna lógica, a nivel de análisis racional, puesto que si se entiende la evolución, la apuesta que es masiva es la que “gana”. Veámoslo en otro caso al que ya he hecho mención en otros escritos. En lo humano se dan algunos individuos que apuestan por ser lo menos sociales posibles: son más solitarios e individualistas; pero esta apuesta no es la que gana puesto que se reproduce menos, y por ello la que se mantiene es la apuesta social que es la que es más masiva y “vence”. En el mismo caso, si algunas mujeres tienen dicho instinto menos marcado -que habría que verlo más detenidamente o sólo es sublimación- se reproducirán menos y su apuesta no se masificará como para vencer, luego “ganará” o prevalecerá la apuesta que mantenga tal instinto bien marcado. Con esto llegamos a las estadísticas. sigma2-300x185Se llama “distribución normal“, representada en la campana estadística de Gauss, a la típica curva más alta en una estadística. Cuándo algo es mayoritario: en cuanto es superior al 50%, y se hace más masivo o estándar cuando más cerca esté del 100%. La campana de Gauss o distribución normal sigue la regla de la tendencia al equilibrio (homeostasis) de los sistemas complejos, donde en este tipo de casos hay dos tendencias límites (derecha e izquierda en la gráfica) y en donde el centro es su equilibrio. Si se analiza de forma plana se comprende mejor. Llevado a otro ejemplo, la teoría de la “ventana Overton” establece que hay un rango central por el que un discurso político es “aceptado”; un rango donde el candidato puede establecer su disertación como para que tenga la mayor cantidad de oyentes a su favor. En otro ejemplo, la distribución de la vida sobre el planeta tiene la curva de Gauss, donde la parte más alta es la zona ecuatorial y los dos extremos son los dos polos. Lógico puesto que la energía básica del planeta nos la da el sol, y en la zona ecuatorial este se mantiene constante en doce horas a lo largo del año y las horas de sol en invierno -en los dos polos- son muy cortas o nulas. Ventana Overton IIEn la gráfica de la ventana Overton se podría poner seguramente cualquier valor y seguiría siendo válido. Si por ejemplo pusiéramos al hombre heterosexual por su nivel de testosterona, la cantidad media sería la más “validada” (mediada) en lo social, y en los dos extremos estarían los que tendrían exceso de testosterona, que puede que tiendan a ser más arrogantes y quizás agresivos; y en el otro extremo los que tuviesen menos, llegando a ser demasiado sensibles y pusilánimes. El rango promedio validado hoy es posible que no fuera el válido hace tres mil años, en sociedades más guerreras. En esa dirección los sistemas se tienen que estar constantemente equilibrando. Este tipo de sistema son llamados dinámicos. Aquí entra un nuevo factor, lo que en otro lado he mostrado como la paradoja de Abilene, un lugar al que todos van pero que nadie quería ir (¿dónde va Vicente?, donde va la gente), se explica en muchos casos por que los cambios son tan pequeños que son aparentemente indiscernibles. Así nos lo hacen ver distintas hipótesis y teorías o imágenes mentales como “la pendiente resbaladiza“, “la paradoja Sorites“, “el corte en rebanadas finas“, “la normalidad progresiva“; donde quizás la metáfora más recurrente es la de echar una rana en una cazuela e ir calentando el agua tan poco a poco como para que la rana no se trate de escapar de un salto. En un ejemplo del artículo sobre la normalidad progresiva en la Wikipedia se nos dice: “en su tesis, Chon afirma que el aumento de la ciberdelincuencia se ajusta al patrón de la normalidad progresiva. El número de sitios web involucrados en “actividades de piratería y cibercrimen informático” ha aumentado a un ritmo lento y constante, principalmente por debajo de la conciencia de la sociedad”. Lo que se nos quiere decir es que si se diese el caso que alguien despertase de un estado de coma de varios años y viese el estado actual de Internet le resultaría alarmantemente estresante, al igual que la rana saltaría de un cazo de agua caliente, pero como el ciudadano medio ha ido adaptándose a esa “normalidad” de forma progresiva no le resulta tan alarmante o peligroso. Aquí entra parte de la trama de la teoría transaccional. La mayoría de los “juegos en los que participamos” resultarían revulsivos a ojos de alguien fuera del juego, pero como vamos entrando poco a poco en ellos no nos percatamos como dentro de un juego. Esa es la teoría de la iluminación de luz de gas. Un tipo de manipulación psicológica en la que se entra de forma tan lenta y progresiva que no nos percatamos estar dentro de dicha manipulación. En esa dirección, bajo mi punto de vista, vamos hacia la sociedad caótica, altamente individualista, ruidosa y sucia, como la representada en la película “blade runner“. Llegaremos a “normalizar” lo que visto desde el presente nos puede parecer una distopía. 

    Como hemos visto la ventana Overton o la distribución normal son válidas para definir los géneros y sus roles, si bien hay que tener en cuenta en qué medida son convenciones sociales o implementadas en el ADN (si obedecen al sistema adaptativo de la evolución o a la evolución social), pero bajo la objetividad de entender que el feminismo igualmente puede estar “enturbiando” ciertas cuestiones sociales que “enmascaran” reglas del ADN. O dicho de otra forma: el feminismo por mucho que pretenda “quitar máscaras”, ello no implica llegar a una postura sin máscaras, sino a nuevas posturas de unas nuevas máscaras que se “acomodan” o les conviene más a los “ideales” feministas, y no por ello de la mujer. Cuestión por lo demás imposible, pues en el efecto masa, al final la imagen o “nueva máscara” de nuevo deviene en máscaras “incorrectas”, “distorsionadas” o “feas”. La mujer puede que esté entrando en una normalidad progresiva que de ser analizada objetivamente quizás no aceptarían. Cada vez es más complicado tener una pareja estable. Se sigue la misma regla del progreso a una nueva “normalización”, en donde el resultado último está aún por ver. Hoy en día ya no tiene sentido definir como “familia disfuncional” a cierto tipo de familia atrora “incorrecta”, pues cada vez es más la norma. O dicho en otra frase que es viral: “hoy es tan normal ser raro, que lo raro es ser normal”. Puede que el feminismo argumente que “no se puede hacer tortilla sin romper los huevos”, que en definitiva quiere decir aquello de que los fines justifican los medios. Pero ¿cuáles son esos fines? Nada de lo que pretenda lo humano suele llevar al fin por el que se echó a andar. Eso sólo ocurre por los caminos mil veces recorridos. Pero la vida social, y cada vez más al crecer en complejidad, son selvas impenetrables donde nunca se puede ver y saber el final. En un ejemplo, la no distinción de diferencias entre sexos es uno de esos equívocos, o caminos donde el actual estado no era el previsto. El espacio personal esta “programado” por instinto. Por “programación” con los amigos del mismo sexo se tiene “acceso” al espacio personal o incluso íntimo, o sea a poder tener contacto o estar por debajo del medio metro de cercanía. En la actualidad, y en la dirección (“errónea”) de que es lo mismo un amigo del otro sexo que del mismo sexo hemos roto esa regla. En la actualidad esta rotura lleva a muchos problemas que no existían antes, y en donde al final los equívocos llevan a situaciones no deseadas que en la actualidad el feminismo denuncia. Como digo no es algo que el feminismo buscase: ni ese acercamiento, ni luchar contra sus efectos. Por malinterpretación o vulgarización de lo que es y significa igualdad se ha llegado al estado actual de confusión y situaciones incómodas, donde ahora tiene que mediar el consentimiento mutuo. “Funcionaban” mejor las reglas anteriores, el aprendizaje de lo que decían nuestros padres, en un aprendizaje milenario. Volviendo al ejemplo de arriba, sobre el discurso de los políticos y la ventana Overton, a veces “comprender” una regla puede ser para peor, pues todo lo político a devenido en lo “políticamente correcto” cuando el sistema ha comprendido los entresijos y las posibilidades de dicha regla. ¿Qué quiero decir con esto?, que comprender las disposiciones del ADN o de una hormona como la testosterona no implican quitarse la máscara. Más bien y al contrario consiste en muchos casos poner más máscaras para que no se vea lo feo del rosto sin su piel o máscara. O dicho de otra forma: no existe posiciones de no-máscara, si en su “retirada” vemos que lo que hay detrás es muy feo. En ese caso recurrimos al “autoengaño”, a posturas aún más falseadas que en las anteriores posiciones en donde no sabíamos de ellas. A una de esas posiciones está yendo el feminismo: a poner muchas máscaras, cayendo en lo políticamente correcto, por que lo que “descubre” es “horrible”. No lleva al “macho” a su posición “correcta”: crea un macho cada vez más enmascarado. O dicho de otra forma: a un hombre en donde la (dis)posición de su ADN y su máscara están cada vez más distantes… más reprimidos… potencialmente más “atrapados” (la posición en la que ha estado la mujer, argumentarán la féminas; no trato de aleccionar o decir que hubo alguna postura “correcta”, quizás sea un imposible: donde hay diferencias hay conflictos).

Espacio Personal

    El documental “(M)otherhooh” es una demostración de esta regla de distorsión, pues no se atiene a ningún dato científico y deviene en ideología (ideología puesto que hacen hipótesis sin verificarlas científicamente y bajo un fin que no está claro, en donde se manifiesta una clara disposición a cambiar la forma de pensar y de actuar de las personas). Una evidencia del instinto maternal es algo que el feminismo no termina de aceptar e ignoran, cuando ha sido comprobado y aceptado por científicas feministas. Si a unas crías de chimpancés se les da un muñeco o un camión, las hembras juegan con los dos, pero prefieren el muñeco y los machos sólo el camión. La misma elección hacen los niños y no es social, pues es un instinto que compartimos con el resto de animales. El juego de las crías en la naturaleza no es gratuito: es un “entrenamiento” de sus roles de adultos y de su especie. La cría de un león tiene juegos predatorios, de lucha y caza; y un cervatillo juega dando saltos, y carreras, preparándose para las huidas de los depredadores. Por lo demás los sistemas complejos se basan en sus números. Son nombrados, y por lo tanto existen, en la medida que puedan ser calificados como estandarizados, pues tienen una prominencia en tanto que un estado mayoritario o equilibrado. Negar algo así es caer en lo irracional o no entender la evolución o los sistemas complejos.

    En un ejemplo de las macabras estadísticas, de los extraños “planes” de la evolución, nos encontramos que en “un estudio de 100 mujeres clínicamente deprimidas encontró que el 41% tenía temores obsesivos de dañar a sus hijos, y algunas tenían miedo de cuidar a sus hijos. Entre las madres no deprimidas, el estudio encontró que el 7% tenía pensamientos de dañar a sus hijos, una tasa que produce 280.000 madres adicionales sin depresión en los Estados Unidos con pensamientos intrusivos sobre dañar a sus hijos. (fuente Wikipedia). Esto puede deberse al hecho de que en la actualidad no “obedecemos” el regular la procreación bajo las “reglas” de la presión ambiental. De manera natural los sistemas se equilibran por sí solos, de formas que aún no están totalmente analizados o comprendidos.Baby Boom

En un ejemplo humano, el “baby Boom“, que se dio bajo una época de crecimiento económico y en donde se optimizaron al máximo las cosechas con los nuevos pesticidas y abonos, hubo una alta e inusual tasa de nacimientos. En la actualidad, bajo la crisis, hay una baja tasa de crecimiento, nulo o negativo, en los países occidentales. En otro ejemplo se ha comprobado que las catástrofes naturales adelantan los partos, y nueve meses después hay un incremento repentino y alto de nacimientos, como nos dice el vídeo enlazado.

   Es de suponer que la presión ambiental (socio-económica en lo humano, como nos hace ver este estudio) induce a la depresión posparto, y este conlleva el “ciego” instinto de no querer llevar adelante la crianza del hijo, y de ahí los pensamientos intrusivos de matarlos, en donde algunas mujeres incluso piensan en meterlo en el microondas. ¿Cómo comprender este tipo de hechos sin tener en cuenta los instintos y estos encadenados a las disposiciones evolutivas como la presión ambiental? El equilibrio más común -y lógico- es que una población descienda dada la baja cantidad de recursos de su medio. Pero antes de llegar a un límite, y cuando hay una alta población, desciende el número de embarazos, de embarazos exitosos o de crías que llegan a la edad adulta, como una disposición a no llegar al límite. De forma natural las madres en la naturaleza se vuelven más “descuidadas” para con sus hijos, si el número de crías es alto y cuando hay pocos recursos. En muchos casos las crías matan y se alimentan de sus hermanos más débiles (en las aves), sin que la madre lo “desapruebe” o lo trate de evitar.

Tres-Sistemas-de-Accion

   Otro nuevo inciso, con lo que estoy bajo tres. Voy a tratar de (de)mostrar la ilegitimidad de que exista un agente al mando en el cerebro, y la ambigüedad de lo que es un agente en los sistemas complejos -cuestión relacionada pues todo acto de “acallar” las partes de esos instintos o impulsos se suponen en “manos” de un agente-; tema tratado ya en muchos de mis escritos, pero bajo una nueva perspectiva: bajo el concepto de la identidad nacional. La identidad narrativa la “sostiene” el intérprete del hemisferio izquierdo, que se rige por la palabra. Cuando se habla de capas evolutivas, como lo he hecho arriba, es tan sólo una licencia científica en la dirección de poder crear modelos mentales manejables. Aunque pensemos, o nos parezca, que el cerebro es como una coliflor, donde el cogollo está en su centro, la realidad cerebral es muy otra. El prefrontal, que es la zona que nos hace humanos, está muy cerca y comunicada con las partes más antiguas, como los ganglios basales y la formación reticular o el propio tallo cerebral. La consciencia, la capacidad de percibirse como despierto, frente a otros estados como el de dormido, anestesiado, etc.,  está en la capa más primitiva, pero es la base de la conciencia, que es la que se manifiesta como agente al mando, dentro del prefrontal y el sistema ejecutivo. Un caso ejemplar es el masticar. Es un acto de la parte más primitiva del cerebro, pero el prefrontal está ahí siempre “verificando” si se ha de llevar al otro lado de la boca algo, o tratando de impedir el morderse. ¿Quién hace tal acto?, es una totalidad, el prefrontal, se “creo” simplemente para “verificar”, para ver que todo iba bien, y en ese sentido “sencillo” lo tienen una gran mayoría de animales, pero por medio de la palabra, del lenguaje y ya en lo humano, tomó una nueva dimensión. Si se sigue la regla de la superveniencia, un sistema nuevo sigue las reglas del sistema del que nace y no lo puede “negar” o controvertir, luego sus reglas básicas o bases siempre están en el nuevo sistema, de lo que se deduce que los instintos siempre están bajo todas las capas nuevas. Pero detengámonos en la nueva capa, en la capa de la identidad que tiene la capacidad de hablar de sí misma y por ello de crear una narración. Aunque se reduzca tal capa a “identidad narrativa” no deja -a su vez- de contener varias capas. La identidad narrativa se basa en la identidad social, y esta en la identidad nacional. Están tan solapadas que no vemos que en realidad son tres capas distintas, seguramente procesadas en distintas partes del cerebro. Analicemos todo esto con detenimiento. Recuerdo cierta vez, tendría unos quince años, que hablando con un extranjero este me dijo: “el cielo de Salamanca tiene algo especial, no he visto en ningún otro lugar un azul tan intenso”. ¿Por qué recuerdo algo así y de un tiempo tan remoto?, llama al orgullo, pero al de mi ciudad. ¿Por qué el orgullo de la propia ciudad, cultura o patria está tan unido al personal? Si se analiza a nivel racional lo podemos negar, o contrarrestar, pero el caso es que de forma implícita (recordar que es a lo que se llama ahora como inconsciente) llama al mismo núcleo, llama al narcisismo (egotismo, autoestima) implícitos. A un tipo de validación, o en el lenguaje del análisis transaccional, a una palmadita en el hombro (caricia en el lenguaje del libro), a una validación o reconocimiento social. Con esto llego a lo que trato de atacar o argumentar. ¿Cómo o qué es depositario de una identidad nacional? No hay una agente “directo” o claro. La identidad nacional es la suma de todos los individuos de una nación. En cierta medida, en la actualidad, está “sostenido” por su identidad política y sus gobernantes e instituciones, pero nunca y en ningún caso bajo una sola persona o agente. Quizás en el pasado estuviera bajo el “peso” del rey o el emperador, auspiciado por una religión…, igualmente cuestionable si se analiza con precisión. En la identidad nacional tenemos un ejemplo claro de un sistema complejo, que aunque emerge con una identidad, esta no tiene una “presencia” real y tangible, y que es -por el contrario- tan sólo que en tanto que la suma de todos sus agentes: tradición, cultura, instituciones e individuos. Lo mismo ocurre en el cerebro cada módulo o capa “dicta” sus reglas y modulan la totalidad que emerge como identidad, pero “realmente” no existe un único agente al mando. La diferencia -grande pensarán algunos- del sistema complejo que es la mente humana es la identidad narrativa o intérprete del hemisferio izquierdo, pues es un estado emergente, en donde las premisas de la coherencia (locus de control, para ser más exactos), y la “necesidad” de un protagonista o agente al mando, es la que nos crea la falsa sensación de que tal agente existe y de que tal estado es excepcional, y donde excepcional, y para ser concisos y según el diccionario de la Real academia significa: “1. adj. que constituye excepción de la regla común. 2. adj. que se aparta de lo ordinario, o que ocurre rara vez“. Al igual que uno mismo se cree el protagonista de su propia película (Sonder en el lenguaje de John Koenig), donde el resto de las personas son secundarias o figurantes, en lo cultural se da el concepto de “ombligo del mundo” o el “excepcionalismo“, por el cual una cultura, ideología, país o imperio se cree el “protagonista” y el que da el propio sentido de la historia. En definitiva, creemos tener en nuestro cerebro una excepción: la conciencia, el yo como agente al mando, pero se da igualmente en sistemas como el de la identidad nacional o sin ir más lejos en un termitero. En un termitero nadie está al mando, pero todas las termitas trabajan y crean este sistema que tiene las premisas de que han de mantener una temperatura interna y sistema de ventilación “correctas” como para mantener las huevas vivas. De nuevo las reglas de los sistema adaptativos y evolutivos: todos intentos “errados” de crear un termitero no se conocen porque no se mantuvieron en el juego evolutivo y que por lo tanto no pueden ser llamados como sistemas.

   Desarrollemos más el tema. Si lo “importante” y primordial en el cerebro humano es la conciencia y la identidad narrativa, qué hace ese papel en una nación. De nuevo los números y el promedio. Identificar o reducir la identidad nacional a la identidad política en la actualidad es desacertado (exceptuando regímenes no democráticos), puesto que las políticas son laicas y tienden al centro. Sin duda la cultura es su “conciencia”, y aquí hay que distinguir entre lo que es y lo que (a)parece. Lo que sigue es una análisis somero, que no está muy pensado, y sólo a modo de ejemplo para las finalidades de los conceptos que trato de mostrar. Un país no es lo que pretende ser, sino lo que dicen sus promedios. Las cadenas de televisión del Estado pretenden invocar a lo que deberíamos de ser, o a lo más conservador de nuestra identidad nacional, pero teniendo en cuenta que sus audiencias no son muy altas, y que sí lo son cadenas como Telecinco. En un ejemplo: si echan una serie sobre Anna Karenina y por otro lado está la opción de ver la serie “la que se avecina“, y si esta segunda es la más vista con diferencia, este tipo de comedia nos da parte de la identidad de nuestro país. En dicha serie se da un humor socarrón, llano, absurdo y picaresco. Picaresco no es fácilmente traducible a otros idiomas o culturas, en donde suelen recurrir a usarlo como neologismo, luego la picaresca es una parte de la identidad española. Una película que llama a nuestro orgullo es “amanece que no es poco”, en donde  de nuevo la trama es lo absurdo (que puede implicar contravenir las reglas e incluso las físicas), luego nuestra apreciación sobre lo absurdo es otra seña de nuestra identidad. En esas mismas direcciones, más intelectualizadas, apunta el libro de Don Quijote, frente al sentido común y la lógica que representa Sancho Panza. Todo en su conjunto da una seña de fondo, quizás algo fatalista (que se manifiesta como resignación de la clase baja, los catalanes algo menos), que es la de no tomarse la vida demasiado en serio, y que siempre ha de intermediar el humor a toda situación por trágica y compleja que esta parezca. Al igual que la propia biografía repercute en nuestro estado actual, la historia de un país o cultura repercute en su momento presente. Nuestra mentalidad, a la par fatalista y socarrona, nos viene de nuestro pasado, donde ideas, como el de la “mano negra” o las ideas conspiratorias de los francmasones, no parecen dejarnos prosperar. Con todo, y volviendo a nuestra identidad personal, la identidad nacional está tan integrada en nuestro yo que no somos capaces de “verla”, al igual que no vemos nuestra nariz aun estando en medio de nuestros ojos. Son las otras identidades y culturas las que “realmente nos ven”. Esto en el plano de la identidad nacional; veamos más de cerca la identidad personal para ver a qué nos lleva al ser analizadas bajo las mismas reglas, pues de esa forma se entenderá mejor la identidad nacional.

   La identidad narrativa es aquella que contamos cuando conocemos a alguien nuevo, con el que creemos que vamos a tener un proyecto de futuro (una posible pareja, por ejemplo). Pero una cosa es lo que uno cuente, y otra cosa es como realmente sucedió y otra muy distinta es lo que realmente somos. Como el cerebro forma parte de sistemas adaptativos, este “adapta” la identidad narrativa en cada situación, con cada persona o grupo y a cada edad. En cuanto alguien te pregunta cómo eres y tú se lo “relatas” ya has cambiado, porque al “llamar” (activar) a dichas neuronas estas crean nuevas uniones entre ellas en cuanto adornes o alteres mínimamente la historia. Así que se puede afirmar, parafraseando a Focault, que “no me preguntes por cómo soy, sin por ello quererme cambiar”. Fijarse que uno cree evolucionar o madurar con la edad, en donde la madurez es la meta. En la mediana edad es cuando nos llegamos a decir a modo de sentencia  y juzgando nuestras “otras edades” eso de “¡ah!, si hubiera sabido lo que ahora sé”. Pero tal argumento es falaz y demuestra lo vacuo de ese pretendido agente que madura, pues a cada edad somos un tipo de programación que se comporta y da sentido (racionaliza, justifica) cada uno de sus actos bajo dicha “programación”. ¿Dónde queda la “libertad”? Bajo el concepto de la distribución normal, un adolescente tenderá sobre un 80% de las veces a un comportamiento arriesgado cuando está con otros adolescentes. (2) La “distancia” hasta el 100% es libertad u otros factores, o bien es posible que entre en otras estadísticas, como por ejemplo si se da el caso que tal adolescente haya tenido un accidente grave previo y se ha vuelto más precavido. Por eso de nada vale decir o pretender “enseñar” a comportarse como adulto a un adolescente. Cada humano ha de seguir su propia “programación”, y las palabras y consejos no suelen valer porque cada uno ha de cometer sus propios errores dentro de cada una de las edades y dentro de la programación de dichas edades. Bajo este punto de vista ¿es mentir o engañar el comportarse como se esté programado a cada edad y siendo analizado desde la razón o la lógica?, en teoría de la información: no. No son “mascaras” de niño o adolescente, realidades falseadas de un pretendido adulto que nos espera al final de la vida. Cada edad tiene su identidad, aunque nos parezcan posturas “falsas” al llegar a la madurez.

Etapas del desarrollo psicosocial de EriksonEtapas del Desarrollo Psicosocial de Eriksonhttps://en.wikipedia.org/wiki/Erikson’s_stages_of_psychosocial_development
Identidad “programada” en el ADN de cada edad, dentro de lo social.

   Por otro lado la evolución y el cerebro han creado los sesgos, los mecanismos de defensa y el auto-engaño, puesto que la finalidad del cerebro no es la “verdad”, sino sobrevivir de forma equilibrada, que en este caso equilibrado quiere decir, cuanto menos, como medianamente feliz. Bajo todos estos parámetros, en la mayoría de los casos, alguien externo tiene una visión más desapasionada y acertada sobre nuestra identidad que nosotros mismos. De hecho una de las bases de la identidad personal y narrativa se basa en que se reajusta (adapta) cada vez que es contada, dependiendo si el cerebro capta aprobación o desaprobación en su interlocutor (intercambio transaccional al fin y al cabo). Si una cosa de nuestro pasado nunca es aceptada por ninguno de nuestros interlocutores, terminaremos por no contarla o modificarla tanto como para que sea “aceptable”. Volviendo a la serie “la que se avecina”, unos de sus personajes más locuaces y claros siempre se presentaba como “pescadero mayorista: no limpio pescado”, pero en cierta situación por serle más ventajoso (para dar pena) se presentó como “pescadero no mayorista: limpio pescado”. En otra situación, aún más sórdida y por seguir esta línea argumental de forma de presentarse, llega a decir que ni es pescadero mayorista, ni limpia el pescado. En todos esos sentidos la sociedad hace de espejo,(3) en donde cada uno de nosotros nos miramos. Bajo estas nuevas ideas ¿qué es entonces ese agente?, existe. En ningún caso hemos hablado de una identidad nuclear, que sería el carácter o el temperamento, estamos hablando de identidades superficiales, o que flotan en la superficie, al igual que el petróleo que flota en la superficie del mar no define al mar. Con todo este ejemplo último no tan válido, pues nuestra identidad narrativa y que construye ese pretendido agente, es las suma de todas sus capas que nombran como capas sólo por comodidad verbal. El agente, al que nos referimos como tal, es el que emerge en tanto que autoconciencia, en los momentos en los que estamos solos y sin estímulos, pero este tipo de “agente” es tan sólo la atención focal volcada sobre uno mismo: un espejismo. Desaparece en cuanto nos volvemos presentes en la acción, pero en tanto viremos esa atención sobre nosotros mismos los otros nos la “reclamará”, pues en dicha situación o estado estaremos como “evadidos” del presente. Con esto volvemos a la dualidad mente-cuerpo. Si soy mis capas… ¿soy mi cuerpo? Y de serlo, de qué manera. Ahora mismo, en esta habitación, estoy a ocho grados de temperatura y no siento frío. Llega un momento en el invierno que mi cuerpo se ha aclimatado de tal forma, que dicha temperatura no me resulta “desagradable”. ¿De quién es el mérito?, desde luego no del yo o agente, esa aclimatación es a nivel hormonal -o muy bajo- como para que el cerebro, en tanto que sus capacidades más elevadas o humanas, tengan nada que ver. Sin embargo, por lo general, si alguien me preguntase que cómo puedo no tener frío le diría y me presentaría como una persona que no es friolera, como si tal cuestión fuese parte de mi identidad, cuando en realidad es un puro estado “mecánico” del cuerpo que he heredado. ¿A qué quiero llegar con todo esto? A que realmente no existe tal división entre mente y cuerpo, y que dicha división es puramente conceptual y formal. Soy mi ADN que regula de una forma concreta mi sistema endocrino y por lo tanto hormonal, que a la vez regula el comportamiento de mi cerebro en sus capas más antiguas, que a la vez repercute en mi comportamiento y por lo tanto en mis actos, y al final en la suma de esos actos a mi identidad narrativa. En la medida que me muevo en un medio social lo que sobresale es la identidad social, y en la medida que dicho sistema tiene unas reglas estoy mediado y atravesado por tales reglas, como esponja seca que es echada al agua. En ese sentido, de nuevo, no hay capas, aunque se puedan usar por convencionalismos. Soy un sistema complejo que es una mente, en un sistema social, en un nuevo orden mundial o sistema mundial. La identidad narrativa es una partícula mínima, y por ello prescindible, dentro de esos sistemas mundiales o más amplios: engranajes diminutos en un gran mecanismo del que nadie tiene el mapa o el control, al igual que una hormiga de su hormiguero. Lo que nos contemos a nosotros mismos, para mantener equilibrada nuestra mente, da igual dentro de ese orden mundial.

   Cabe hacer una nueva reflexión a partir de todo esto. Algunas personas me han argumentado que si voy en “automático” por la vida, teniendo en cuenta los argumentos previos. La “identidad” que trato de mostrar es aquella en la que “actúa” lo que yo llamo el “resolutor de problemas” (procesador multipropósito), aquel que “sale del paso” en cada situación solucionando el “problema” o “dilema” planteado en ese momento. Este tipo de “identidad” es la que emerge en programas como “Gran hermano (GH)” de TeleCinco (en España) en donde los cerebros responden a estímulos inmediatos, que por lo demás es el que “permanece” flotando, cual boya en el mar, frente al acontecer diario. Si se analizan la mayoría de las acciones de los concursante de dicho “reality” (tele realidad), nos parecen “caprichosas”, aleatorias y sin sentido aparente. Dicen y se desdicen de forma constante, ahora es blanco y al poco rato es negro. Parecieran barcos a la deriva, sin un capitán (agente) al mando de un timón que les marcase un rumbo. Lo que yo llamo resolutor de problemas en muchos casos actúa de forma muy rápida, dada la inmediatez y la rapidez de la vida en su momento a momento, de tal forma que no le da tiempo a “verificar” dicha acción con comportamientos pasados o previos. Se da un “problema” que soluciona con tan sólo unas pocas premisas, como si para el caso nos preguntasen “¿doce más veintidós?”. Este tipo de “identidad” sólo es instante y se atiene a muy pocos datos, dada la premura. Es más tarde a través del aislarse o que alguien haga de “espejo social“, en definitiva que nos devuelva la imagen, que entra en juego la coherencia y la identidad narrativa y que “justifiquemos“, y dado el caso rectifiquemos y podremos llegar a pedir perdón, a partir de que “encaje” o no con nuestra identidad narrativa. Lo que la audiencia analiza, en el caso del concurso gran hermano, y en este caso la audiencia hace de espejo social, es si dicha acción es coherente con su “pretendida” identidad narrativa, lo que esa misma persona cuenta de si misma y si realmente se ajusta a su reacción posterior, a un “ajuste real” con esa identidad narrativa o si tan sólo está reaccionalizando, o sea justificándose para quedar bien (postureo), adaptando como puede esa acción a su identidad narrativa. En esa medida el espejo social, las otras personas, pueden llegar a comprobar si una persona es coherente entre lo que hace y lo que cuenta (auténtica); entre sus acciones y emociones, y su identidad narrativa. En la medida que estas dos “identidades” “no encajen” se puede llegar a verificar si lo que ella cuenta -o identidad narrativa- es falsa, en la medida que tenga otros “planes” no revelados, o si ella misma se está autoengañando (mala fe sartriana, pues ella misma no es capaz de ver su engaño) a través de lo que ella cree de sí misma.

   En esta dirección, la identidad narrativa -y en la dirección de resolver tal dislate- tiene dos vertientes: 1. aquella que se atiene al pasado, a la memoria autobiográfica, 2. lo que habría que llamar “identidad proyectada”, en la que interviene nuestro futuro. De esta manera cuando se “elige” seguir una carrera frente a estudiar, hemos añadido o programado una identidad proyectada en el futuro que repercute a cada momento actual, puesto que el “resolutor de problemas” tiene dicha “variable” en cuenta a la hora de hallar alguna solución. La identidad proyectada no tiene porque ser tan “seria” y de “grandes miras” como decidir estudiar frente a trabajar, puede determinarse y emanar en algo tan sencillo como qué actitud tener con el último exnovio. Esta propiedad ya la adelanté en el anterior escrito, al referirme a la capacidad del prefrontal o conciencia para “fijar” una creencia (poner fe), frente al dudar, y en donde lo segundo se queda en el cerebro como “pregunta abierta”. La conciencia prefija comportamientos futuros al restar la duda. Si prefijamos el comportamiento con nuestros exnovios ya no volvemos a acostarnos con ellos un día que “bajemos las defensas”, o esa es la teoría. ¿Cómo funciona este proceso a nivel “computacional”? He repetido muchas veces que el prefrontal hace de simple verificador en el día a día. Al modo que la madre/padre “verifica” el comportamientos y las acciones de su bebé cuando el(la) hace otras labores de la casa. Al igual que la madre/padre deja “libre” al niño si todo lo “hace bien”, la conciencia no altera nada si el proceder que emerge del cerebro no incumple con los requisitos necesarios para obrar “bien” en sociedad. De esta manera si el prefrontal se ha “determinado” a que con el exnovio nada de sexo, en cuanto del cerebro emerja dicho deseo el prefrontal lo verifica como incorrecto y manda una contraorden al cerebro más interno. A nivel computacional es un bucle de “si X es igual a Y ir a “negar”, sino volver al principio del bucle”, donde “negar” es una rutina programada de llevar a cabo ciertas acciones como “crear distancia entre nuestros cuerpos, distender la conversación para que sea más fría, etc.” Es por este tipo de comportamiento que la conciencia es tomada por el psicoanálisis como superyó o voz del padre interiorizada, donde padre aquí quiere decir todas las reglas establecidas como “correctas” o normalizadas en sociedad, como para llegar a ser una persona modélica o razonable. La teoría es que durante la infancia, la adolescencia y la juventud no “opera” o se tienen predeterminadas o prefijadas las formas de actuar y comportarse en la vida, y llegar a la adultez consiste en haber alcanzado ese punto en donde el prefrontal verifica la mayoría de los actos con ciertas premisas o reglas. De hecho el prefrontal es la última zona del cerebro en mielinizarse (madurar en definitiva), proceso por el cual se recubre los axones (conexiones entre neuronas) de mielina para que su funcionamiento sea más efectivo y rápido. Aquí vemos de nuevo los “maléficos” planes de la evolución para cada edad: para “ella” hasta cierta edad es “mejor” no ser precavido y pensar demasiado, en la dirección de crear una “lucha” entre los padres y los hijos (rebeldía), como para que estos terminen por abandonarlos. Es por este tipo de “identidad” que no parecemos meros autómatas que operan como simples solucionadores de problemas del “aquí y ahora”, como he mostrado en los párrafos previos. Hay que fijarse que no es propiamente un agente, sino una capa superficial del resto de las estructuras del cerebro, un mero verificador. Bajo esta hipótesis lo moral no es algo implícito o no tan complejo como se revela en la sociedad actual, sino tan sólo una capa moral, al modo que la piel recubre la superficie del cuerpo y es lo que vemos y por lo que “definimos” a una persona. Por otro lado en la medida que este tipo de proyecto/identidad “nace” de una reflexión o elección es por lo que tenemos una mayor sensación sobre que existe un agente al mando, y que este parte de la libertad y la voluntad (acto volitivo). Se puede llamar “rendimiento de la identidad” a la medida con la que nuestra vida se “ajusta” a esta identidad proyectada o proyecto de vida.  Bajo estas reglas es por lo que las culturas protestantes (Inglaterra, Alemania y Estados Unidos como referentes), basadas en el trabajo y en los proyectos de futuro como piedras angulares de sus vidas, se diferencian del resto de las culturas, frente a “vivir el momento” o más vividoras, como lo son las culturas del sur de Europa (Cataluña sigue más la “regla” de los primeros). En la diferenciación de estos dos proyectos o formas de ver la vida vemos cómo la cultura/identidad nacional repercute en la identidad personal.

 ¿Invalida la identidad proyectiva mis premisas?, no. Tan sólo es una variable dentro de un algoritmo. Una variable importante y que tiene una fuerte repercusión: sí. Pero simplemente una variable que en cierta forma “enfanga” la libertad en la medida que es un determinante… o en otras palabras: en la medida que son unas cadenas que uno mismo se pone. Por otro lado hay que tener en cuenta cómo este tipo de identidad “habla” con el concepto de adaptación -base nuclear del sistema al que pertenecemos-. En la medida que me “ciegue” en un proyecto me cierro otras posibilidades que puedan surgir por el camino, que para el caso es como ir enfilado por un redil que me impidiera en todo momento ir a derecha o izquierda, cuando puede que en esas direcciones pudieran estar nuestras vidas. Las culturas protestantes son más “serias” y refrenadas (auto-reprimidas), de tal forma que cuando pueden salir de sus “rediles” tienden a ser más exacerbadas y llegar más a ciertos límites: es lo que notan los países del sur de Europa cuando a ellos llegan los ingleses o los alemanes. Terminar diciendo que una de las claves para entender el momento actual de la sociedad es la entrada en crisis de dicha forma de ser. Ahora mismo, dada la crisis y lo cambiante o inestable de la sociedad, ya no parece ser posible hacer o tener un proyecto de vida. El sistema deviene en pura adaptación, en tratar de estar mirando en todas las direcciones para tratar de aprovechar la más mínima oportunidad para ganar algo de dinero y estabilidad. “Vence” la identidad del “resolutor de problemas” frente a la identidad proyectiva. Vence la inestabilidad o falta de identidad del ente, frente a un tipo de humano que puede “prefijarse” a partir de metas del futuro. Hoy más que nunca se valida aquella frase de John Lennon de “la vida es aquello que te sucede mientras estás ocupado haciendo otros planes”. Se hace más complicado crear homogeneidad social, en la medida que la gran mayoría de las personas actúan como simples resolutores de problemas, en donde tal concepto deviene en que dichas personas no se pueden atener a principios, base de la identidad proyectiva. Bajo estos nuevos dictámenes, hoy más que nunca se sigue la frase de Groucho Marx de “estos son mis principios, si no le gustan… tengo otros”, en los que se revela un sistema adaptativo/cínico. El lema de la actualidad es “todos nos terminamos por defraudar”, pues como meros “resolutores de problemas” devenimos en entes oportunistas, en donde vamos del blanco al negro de un momento a otro, y en donde la lealtad, la honestidad, la fiabilidad, la integridad y otros valores son lo que se van cayendo en ese camino abrupto y sin sendas. Sin estabilidad en los sistemas el cerebro ya no puede “crear” un sentido o proyecto de vida. Deviene en su principio más básico: la adaptación, y por ello el oportunismo.

   Con esto cierro todos los paréntesis abiertos y vuelvo al tema del análisis transaccional, pues ahora se entenderá mejor. En los sistemas simbióticos, puesto que parten de la adaptación, se “negocia” qué o no se da con respecto a lo que se recibe. De nuevo el equilibrio es lo que se promedia a lo largo del tiempo. Toda especie es egotista: trata de gastar la menor energía posible en el intercambio. Si para el análisis transaccional la moneda de cambio es la caricia (mantendré este concepto pues es el asumido en el libro), la moneda de cambio en la vida, en las interacciones entre individuos y especies, es la energía. Ningún animal se desplazará por comida (energía) a una distancia que no esté igualada a su gasto. Una ardilla no se desplazará 20 kilómetros por una sola nuez. Creo que está claro esa relación de gasto y energía. ¿Quién se desplazaría en coche 100 km. para llenar un litro de gasolina si en el proceso se gasta litro y medio? En esa dirección toda simbiosis mutualista es una lucha de las dos especies para gastar la menor energía posible, como son dos apuestas y cada una tira para su lado al final se llega a un equilibrio. Para el análisis transaccional el intercambio social, en tanto que esfuerzo, se entiende como trabajo: “el término trabajo no es apropiado, porque una teoría general de la psiquiatría social debe reconocer que las relaciones sociales son también una forma de trabajo”. En física “el trabajo transfiere energía de un lugar a otro, o de una forma a otra”, trabajo y energía son dos lados de una misma moneda que tienden a equilibrarse. En el sistema económico-social el trabajo asalariado es el intercambio de un esfuerzo o trabajo por una remuneración económica. En los tres sistemas se usa el mismo término, porque en definitiva tienen  la misma base de gasto o recuperación de energía, donde energía en el caso del intercambio social transaccional son las palmaditas o caricias.

   ¿Qué es un juego en análisis transaccional? Aquí hago un resumen y remito al libro aludido del propio Eric Berne. Un juego, a diferencia de un pasatiempo, es todo tipo de relación entre dos o más individuos donde emerge unos patrones que son medibles, cuantificables y nominables, y donde prima el conflicto y la hostilidad, para uno o varios de los jugadores, cuando no se “acogen” a posturas de adulto, frente a las de niño o las de padre. La terapia transaccional parte del psicoanálisis y su lenguaje, las posturas de niño, adulto y padre se pueden corresponder con las del ello, el yo y el superyó, si bien hay que tener en cuenta que el análisis transaccional nos dice que los tres estados nos cohabitan y pueden vivir en armonía, pero en tanto que ha de “dominar” el adulto. La finalidad del análisis transaccional es “crear” personas que estén libres de juegos o relaciones de adulto a adulto. Un típico juego sería el de la mujer “ama de casa” en donde su pareja le hace ver de constante que su vida depende de su trabajo y por ello de él. Un juego no tiene por qué estar “declarado”, en la medida que muchos de ellos son jugados sin que claramente se estén jugando. Aquí hay que revisar límites y “errores” del análisis transaccional. Está creado como terapia, pero no como terapia a la sociedad, sino de aquellas personas que van a sus consultas. Ciertos juegos se dan por problemas implícitos de la sociedad, el análisis transaccional no puede cambiar la sociedad (por ejemplo el alcoholismo y la venta de alcohol), luego “analiza” al individuo en la medida que asume que las reglas de los juegos son dentro de esta sociedad. Esto es lo que nos quiere decir Berne cuando alega que: “la característica esencial de los juegos humanos no es que las emociones sean falsas, sino que están reglamentadas”. O para ser más claro, si se juega al póquer uno puede no estar de acuerdo con sus reglas, pero en el momento que uno juega al póquer acepta sus reglas. El análisis transaccional te dice cómo ha de ser jugado, o en otro caso “no-jugado”. Esto se ve en el ejemplo de la ama de casa, puede ser un problema a resolver por el feminismo y en la sociedad, pero el análisis transaccional tan sólo le interesa cada caso de cada pareja, no abordar el machismo en la sociedad. En otro ejemplo: la mayoría de las relaciones de jefe a empleado suelen estar “viciadas” en la medida que se cae en algún tipo de juego, pero no es algo que pueda ser modificado o tratado, porque se basa en un claro ejercicio de poder. Otra “pega” es en qué medida una persona pueda ser paranoica o no y esté alterando la realidad (rayarse o entrar en bucle, en el lenguaje de la calle), y crea estar en un juego, cuando no lo está. Se supone que son análisis de psicoanalistas especializados y por ello han descartado previamente otros factores mayores, o sea que no cualquiera puede ponerse a analizar la vida bajo sus reglas, pues están supeditadas a otras mayores. Por lo demás la mayoría de los juegos no están “declarados” y se juegan sin que las personas se percaten que lo están jugando. Hay ataques “implícitos” casi en cualquier frase. Si entre dos conocidas una hace alusión a que cuando sale no se maquilla, puede llevar implícito un ataque hacia la otra persona queriendo decir, de forma soterrada, a que su “amiga” puede que tenga cierto éxito con los chicos porque se maquilla mucho. Todo esto apunta a que la mayoría de las personas, de forma inconsciente, entran en juegos con otras personas, cuando aparentemente no hay una intención de la que sean conscientes.  Aquí vemos lo irrelevante y efímero del concepto de agente como ese ente consciente, al cual se le achaca una intencionalidad que conoce, puesto que el cerebro tiene sus propias intenciones que se cuelan en la acción del día a día, acciones e intenciones que la conciencia desconoce.

   Otro inciso. El análisis transaccional no es filosofía, ni antropología y ni siquiera sociología. Trata sobre los juegos sin ir más allá. Bajo mi punto de vista todo el conflicto proviene en tanto que somos un animal social altamente jerarquizado. En todo animal jerarquizado la mayoría de los actos no son gratuitos, sino que llevan implicado el mantener o subir de jerarquía. Incluso los juegos infantiles suelen estar regidos por esta regla. La vida humana está mediada por ganar o perder, y se ha pronunciado aún más con el concepto del sueño americano, en donde el miedo a ser un perdedor es su otro lado de la balanza. O sea, en todo acto humano suele haber una lucha jerárquica en donde tenemos que posicionarnos con respecto a la otra persona. La manifestación más clara no es tanto en tomar uno su propia posición, sino demostrar la ilegitimidad de la posición del otro, que queda reflejado en el parafraseo sobre el pensamiento de Ghandi de “el problema de la mediocridad consiste en que para brillar ha de apagar la luz de otro”. En la actualidad, en la era del conocimiento, bajo esta regla, la cuestión no pasa tanto por mostrar uno su saber, sino en demostrar las veces que yerra tu “adversario”. En ese caso puede que se trate de demostrar la falsa superioridad del otro. Si se logra esa “meta” ya es una teórica victoria del contrincante. En esa dirección una persona puede tratar de parecer modesta en sus conocimientos, pero ¿es esa postura un juego en la medida que no trata de ser beligerante y por ello caer en una postura paternalista? ¿Cómo no jugar si la vida es una “guerra” y como es sabido “en la guerra todo vale”? Se supone que el análisis transaccional solo media en situaciones de tratos o relaciones, en donde no debería de mediar la “guerra”, como son las parejas, las familias y las amistades. ¿Quién duda que cuando sale de las cuatro paredes que son su hogar sale a la “guerra”, donde el simple trato con un tendero nos puede llegar a ser hostil o conflictivo?, parte del éxito de los hipermercados es la falta de contacto con los tenderos. En lo socarrón de España algunos bares de barrio ponen un cartel que dice “hasta ahora ha ido bien el día, ya verás como viene alguien y lo jode”. O desde el otro lado de la barrera: el trabajo de atención al público consiste en un juego en la medida que uno hace de niño ante un padre, “obedecer y callar” y “el cliente siempre tiene la razón”. O sea, el análisis transaccional es una terapia que trata allí donde lo que debería de primar sería la concordia y el amor, o un estado de no guerra o jerarquizado. A nivel de empresas está la teoría de juegos, sobre todo en el trato entre ellas, como cuando se da una adquisición o compra de una empresa por otra. Por otro lado el trato de “superiores” e “inferiores” en grandes empresas están ajustados bajo ciertos consejos de psicólogos empresariales. Entre medias de esas tres posturas sólo nos queda la vida como guerra, puesto que cómo determinar cuándo una situación es de amor y no beligerante como para que merezca la pena ser analizada o tratada a través del análisis transaccional o “luchar” por mantenerla. Vuelvo a esto al final.

    Hay que analizar lo escrito a través del concepto de lo autopoiético, la autonomía y la inducción neural, para unir las presentes ideas a los escritos anteriores. Mi identidad está sostenida por un “hardware”, por un cerebro dentro de un cuerpo con un ADN. En la medida que otra persona sea lo más igual a mí, hay menos “ruido” o interferencia cuando se da una comunicación o durante la acción del día a día, donde todo acto implica intenciones. Entre hermanos se da una mayor sincronicidad de sus cerebros y pueden “leerse” mejor sus intenciones. En las culturas de cazadores-recolectores las familias son sin distancias puesto que su día a día se basa en muy pocas rutinas. Hoy en día ya no esa así, puesto que un hermano puede tener una carrera y otro no, y otros tantos factores. En esa dirección, en algunos casos o situaciones, se crea una mayor sincronización entre dos compañeros de trabajo que entre dos hermanos, pero aún mayor cuando dos hermanos son compañeros de trabajo, frente a otros compañeros (las empresas procuran evitar que dos hermanos o familiares sean compañeros o no se contratan para “lidiar” con tal situación). En la medida que entre dos personas se dé la sincronización, se mengua el conflicto. O sea, dos compañeros de trabajo suelen hacer “piña” frente a los clientes. En los estados sincronizados con otras personas se suele dar el componente de no-beligerancia, o de contacto humano o en algún grado de amor, que son reducidos a estados empáticos. Puesto que somos seres sociales, y es una “necesidad” del cerebro para mantener su equilibrio, buscamos estados empáticos o pertenecer a grupos. Esto mismo, dicho con otras palabras, quiere decir que puesto que por un lado somos cerebros adaptativos y por otro lado buscamos el contacto social en la dirección de empatizar o que no reine la hostilidad y el conflicto, tendemos -por mera adaptación- a “imitar” comportamientos de los grupos a los que pertenecemos. En esa dirección “emergen” las identidades de grupo por afinidades, donde uno sencillo son unos hermanos y en otro una pareja. Este tipo de identidad, como mini-sistema complejo, siguen las reglas de energía y su gasto, o el tratar de ser autónomo, pero teniendo en cuenta que lo es en la medida que está integrado en sociedad, y en la dirección de tratar de llegar a estados simbióticos con otros grupos o individuos, con los que se tiene que “negociar” el tipo de colaboración o conflicto. Lo que trato de establecer y que quede claro, es que cuanto más complejo sea un sistema, más complejo será llegar a estados autónomos o autopoiéticos. Los humanos de la prehistoria y los cazadores-recolectores apenas sin necesita(ba)n nada fuera de su tribu, excepto los emparejamientos y por no caer en la consanguinidad. La sociedad en la medida que cada vez es más compleja hace cada vez más imposible ser autónomo, o de otra forma es más proclive a que cada vez haya más tendencias al conflicto o la hostilidad, aunque estén soterradas bajo los buenos modales y las normas sociales. Ahí tenemos, sin ir más lejos y como ejemplo, que hacemos grandes sistemas musicales para los automóviles, y a mí alguien siempre me despierta en las mañanas, cuando su vehículo es parado por un semáforo que hay tras de mi vivienda. Se da un “juego” hostil y de conflicto, el cual genera estrés, sin que uno lo pueda “evitar”. Lo mismo si trabajas en atención al cliente, y viene cada día alguien por el que sientes un odio visceral que tratas de domeñar. En esa misma dirección yo trato de no hacerme cliente habitual de ningún establecimiento, para evitar caer en juegos o meter “sin querer” en algún juego a otra persona. ¡A veces siento que mi pensamiento y forma de vivir es tan robótica que me asusta!

   Si se analiza al detalle y bajo los grandes rasgos del párrafo anterior, la mayoría de los juegos que enumera el análisis transaccional son juegos “modernos”. Lo que quiero decir es que en la prehistoria las sociedades humanas se basaban en el concepto de la familia extendida de grupos pequeños donde primaba el amor y en donde los roles estaban muy claros y asumidos. No creo que en esas situaciones se diesen casos tan “catastróficos” como los actuales que se dan con alcoholismo y demás adicciones, y el supuesto parasitismo de los sin-techo y otros individuos dentro de la categoría de parados de larga duración. En esa dirección pienso que primero habría que hacer un psicoanálisis transaccional a nivel social, en donde estamentos, ideologías, organizaciones y movimientos tendrían que ser tratados como agentes dentro de juegos sociales. Un claro ejemplo es la situación actual en crisis, donde una gran mayoría de personas tienen hipotecas que apenas pueden pagar. En este juego el banco, y la sociedad de fondo, hace de padre y los hipotecados de hijos, que han de cumplir con el padre. En cuanto no se paga una cuota el banco reprende al hijo, y si no paga varias es llamado para pedirle que actúe como adulto. En otro caso el Estado hace de padre al que pedimos cuentas. Los juegos sociales a este nivel consisten en tratar de saber de quien es la responsabilidad de cada situación como para reprenderle como mal padre o mal hijo. De igual forma en todos estos juegos se hace equívoco saber si es un diálogo de adulto a adulto, o de padre a hijo. Un adulto es aquella persona que es totalmente autónoma, pero en las sociedades actuales: ¿se puede ser si la mayoría de esa pretendida autonomía no están en las manos de las personas? En otro caso, con el nuevo mapa del mundo globalizado, las uniones y pactos entre países, como la Unión Europea, hacen de padre sobre los países componentes que no cumplen con sus requisitos, donde en cuanto las cuotas no se cumplen de nuevo son reprendidos en un juego de padre a hijo que clama que actúe como adulto. Todo esto no sucede en las tribus de cazadores-recolectores, que son totalmente autónomas y su única lucha o trato es contra su propio hábitat, y en donde cada persona llega a adulto y hace su rol durante toda su vida. Bajo estos puntos de vista, según el feminismo, el hombre siempre ha querido hacer de padre tratando a la mujer de niño, ¿realmente es o ha sido así o solo en algunas culturas como las protestantes de las que son descendientes la cultura inglesa y la norteamericana? Mis padres eran dos adultos (en los roles del análisis transaccional) donde en ningún momento ninguno hacía de padre o hijo del otro. Eso es independiente a si mi madre era o no ama de casa. Ama de casa no implica machismo, machismo es -o era- si ante dicha situación mi padre hiciera de “padre” sobre una madre y ella de hija. Qué más quisiera yo simplemente ser amo de casa y tener que ver poco o nada con la sociedad, pues al ser muy solitario e individualista para mí es una pesada losa, pues además en familia no se da la guerra que es lo social. Otro caso que se da en lo social-moderno es la baja tolerancia al estrés que hay en general. Cada vez hay más divorcios porque se tira la toalla cada vez con más facilidad. Aquí sale a las claras la vigencia de las teorías transaccionales. Un recurrente en las parejas es quién (se) da más en la pareja, y nace el conflicto cuando uno de los dos cree que no hay una igualdad o es demasiada la distancia. Y de nuevo otra regla de los sistemas, que es que se dé una mayor entropía (caos) cuanto mayor sea la complejidad: una cosa es cuando se está de “novios”, otra muy distinta es cuando se convive y otra cuando se tienen hijos. Por el efecto masa cada vez se podrán distanciar más las diferencias sobre quién de los dos “da” más en la unión, y el tratar de evaluar qué es equivalente a qué, en esa medida de los “valores”, las emociones y las acciones del día a día. Si ir a buscar a los hijos al colegio es igual que planchar, o cuestiones similares. En definitiva, y en el lenguaje transaccional, quién acaricia más al otro en la pareja. Y vuelvo a los temas de lo social y lo familiar, se supone que en familia no debería de primar el conflicto: ¿por qué ahora sí?, ¿el hombre y la mujer ya no son capaces de “negociar” un pacto duradero y no beligerante?, ¿está repercutiendo el lenguaje errado feminista?, ¿es tan sólo un “síntoma” de una sociedad en crisis, dentro de un mundo de valores en crisis?, ¿la humanidad está tendiendo a cuestionar el “valor” de muchas emociones, sobre todo del enamoramiento y el amor de pareja, como trampas evolutivas y anteponen la razón? Bajo mi punto de vista cuanto más nos alejemos de aquel inicio humano de familia extendida, en la que se suman cada vez más complejidades, como lo son las redes sociales, más complicado es que se pueda llegar a cierta tranquilidad o equilibrio en los nuevos sistemas. Los sistemas se tardan en equilibrar, pero en un sistema en constante cambio el equilibrio es simplemente imposible.

   Con esto voy a casos concretos o ciertas apuestas más individualistas. Hablo en términos generales, pero a sabiendas que personas de mi círculo cercano se darán por aludidas. Un juego inevitable por lo demás. La apuesta evolutiva masiva en lo humano es la colaboración, no es el altruismo, en ese caso se “negocia” qué se da por qué se recibe a cambio, pero ¿qué pasa si se nace con una apuesta altruista o más conciliadora? En mi caso nunca pretendo competir, siempre he evitado los juegos, sobre todos si son competitivos. En cierta ocasión por “obligación” de la situación me hicieron jugar al póquer con dinero. Gané a todos, pero al final, viendo el malestar en algunos, les devolví el dinero. Pero ese es otro juego, donde yo parecía hacer de padre que daba una lección a sus hijos. En esa medida durante toda mi vida me veía metido en juegos a los que yo no quería jugar, y mi pregunta era si era posible no jugar a juegos. No sé “ligar” porque esta “acción” humana está atravesada de juegos. Cuando he estado con parejas fue porque fue “fácil”, porque ninguno de los dos entró en el juego de ligar al estar seguros de lo que queríamos los dos. Bajo mi punto de vista si tienes que “luchar” por alguien ya es una “derrota” del concepto de amor, pues a la larga saldrá en el juego de esas dos personas.  Se supone que en el trato de dos adultos ya no hay juegos, pero eso sólo es en la teoría, al final por mecánicas (dinámicas) las relaciones se vician y se terminan por convertir en juegos. Un caso que me ha pasado de constante es que soy intelectualmente muy activo, cuestión por la cual en cuanto ciertas personas me “pillaban” en un error intelectual tendían a “acribillarme”, con un “aparente” ahora es la mía. Aunque una persona no quiera ganar, no por ello quiere perder, sobre todo si su “contrincante” es un mal ganador. De nuevo uno se ve “sometido” a un juego sin quererlo, ni buscarlo. En unos y otros casos la vida emerge como guerra, donde al final pareces no tener ningún aliado. No estoy haciendo o jugando el papel de víctima. En la medida que entro en sociedad entro en juegos de los que soy no-inocente, yo meto a mi vez a personas en juegos, y por eso mismo comprendo que igualmente les ocurre lo mismo a otras personas: que me metan en juegos sin ellos “quererlo”. El resultado final es que la vida no puede ser de otra forma que como mediado por el conflicto, y en donde siempre hay “ganadores” y “perdedores”. La apuesta evolutiva altruista es análoga a la del niño. No querer “jugar” o ganar es igual que mantener una postura de niño en toda relación, con lo cual, en la teoría del análisis transaccional, es partir del papel de niño o no adulto. Fijarse en la complejidad de tal afirmación. ¿En qué medida el llamado “complejo de Peter Pan” no nace de este patrón de comportamiento o de dicha apuesta evolutiva? Por otro lado está el individualismo como otra apuesta. Alguien altamente individualista es autosuficiente, pero en cierta forma muchas relaciones se basan en la premisa implícita de “necesito que me necesites”, como nos hace ver la película “D.A.R.Y.L.“, y en donde tal vínculo se ha de basar en la lealtad, o como nos hace ver Sartre cuando nos dice: «amar es, en esencia, el proyecto de hacerse amar». En la medida que no haya igualdad del “necesito que me necesites” se puede crear un estado desequilibrado que ya no es de adulto a adulto, y por lo tanto se puede entrar en un juego. Lealtad y autosuficiencia son como el agua y el aceite. Cuando alguien te solicita de manera implícita lealtad te está metiendo en un juego. En otro caso soy artista, yo no necesito palmaditas al hacer mis obras, pero cuando alguien de forma implícita las ataca te mete en un juego. Sólo yo soy mi única crítica válida, con el tiempo reniego de ciertas de mis “obras”. Yo no quiero defender mi postura ante otros, ni verme “obligado a explicar” mi obra, como defendiéndola. Tolero la crítica sin tocarla, pero a sabiendas que esa postura legitima la crítica de la otra persona, por lo cual hay una aparente “derrota” bajo la mirada del otro. Como yo no necesito de las “palmaditas” no suelo darlas a mi vez, y si lo hago me parece que estoy entrando en un juego, o cayendo en un postureo superficial y banal, con lo cual ciertas personas me las “reclaman”, con lo que de nuevo me meten en un juego. Sólo bajo estas premisas se puede entender cómo actúo en las redes sociales. Hubo en algún momento que me dejé llevar por sus normas, entre ellas las del “me gusta” o sus equivalentes, pero me vi metido en juegos en los que no quería y opté por no darlos, ni solicitarlos. De cualquier manera esta forma de “actuar”, sin ser explicada o aun explicándola, no es aceptada por las personas, cuestión que entiendo, pues ese “no-juego” al final no deja de ser otro juego en donde parece que voy de “diva” o algo similar. Aún con todas las precauciones anteriores, me he visto metido en varios juegos sin poder evitarlos, ya que una vez que se inician sus propias dinámicas uno se ve sumergido en ellas. De fondo espero que mi “generosidad” al compartir no sólo mis escritos, sino “trabajos” como las gráficas generadas o el mapa mental sobre la superveniencia -de ciento de horas de trabajo- supla la consideración “truncada” que mi persona en las redes sociales pueda causar.

Into the Dark - the Body     ¿Qué espacio hay para vivir si no quieres jugar los juegos que predominan cada vez más en sociedad?, yo diría que ninguno, buscar la total autonomía depende de jugar a los juegos actuales, cada vez más complejos y en donde para jugar uno implica el meterte en varios juegos previos. Una vez tuve una casa, pidiendo una hipoteca, parte del juego del matrimonio. Me dio terror porque sabía lo que implicaba bajo los supuestos explicados arriba, donde el banco y la sociedad hacen de padre en el trato. Sabía de forma implícita que era perder autonomía. Todos sentimos que la sociedad actual es una cárcel. Es falsa la pretendida libertad de los existencialistas, pues parafraseando a Rousseau la sociedad está llena de cadenas, o dicho más poéticamente bajo la voz del grupo Jarcha:  “no hay libertad sin cadenas”. Hay personas que no son sensibles a los grilletes, pero los que somos muy individualistas el solo contacto con su frío hierro ya nos aterra. ¿Acaso no querer jugar implica no querer vivir? Esa es la premisa que se sigue de seguir la lectura de la sociedad actual, pero no es así. Pienso que la mayoría de los suicidios consisten en cerebros que de forma implícita se ven metidos en un callejón sin salida, donde la única forma de no jugar a ningún juego es la muerte. Lo que quiero decir es que hemos complicado demasiado el vivir de forma equilibrada y autónoma, y que además no hay vuelta atrás… (Continuará)


(1) Hay una condición genética que implica una “baja excitabilidad” del sistema nervioso central a los estímulos, que puede llevar a que el dolor permanezca activo, como “sustituto” a dicha ausencia. En la fibromialgia el dolor sin ninguna causa se mantiene más o menos estable y de forma constante en las personas que lo padecen. En unos escritos atrás hice mención de una postura que mantenía (presionar la mano izquierda entre la mesa y mi cuerpo cuando estoy con el ordenador) que me llevó a la larga a una patología de irritación nerviosa de ese lado del cuerpo, por presionar algún nervio de la mano (sigo cayendo en esa postura, por mucho que vigile). Hace un mes o así, al ponerme a caminar por el buen tiempo, en las caminatas largas sentía dolor en la planta del pie derecho, cerca de los dedos. No podía saber a qué se debía, en un primer momento pensé que habría pisado alguna piedra, pero lo descarté después de un tiempo. Un día, estando en el ordenador, me di cuenta que tendía a poner ese pie encima del soporte de una de las ruedas de la silla y presionaba sobre la planta. De nuevo el mismo “comportamiento” de algo que a la larga me dañaba, pero que no noto cuando estoy en esas posturas, lo que “demuestra” que padezco esa baja excitabilidad, pues igualmente tengo fibromialgia. Es heredada pues la padece la hermana que va por encima de mí y mi madre siempre se quejaba de que le dolía todo el cuerpo. Si “confieso” o escribo todo esto no es por egocentrismo, sino por que quede constancia y se vea mi forma de analizar. Se achaca con demasiada facilidad en sociedad el “caer” en somatización, cuando en muchos casos son “problemas” más profundos.
(2) A la fecha estamos cerca del día internacional de la mujer. La televisión se vuelca en tal día. Un anuncio muestra a una persona haciendo deporte de riesgo en la nieve, al final se quita el casco y es una mujer. Aduce que el 80% de las personas dieron por supuesto que era un hombre. Es información a medias, toda información que esconde datos es tendente a ser un tipo de manipulación. Seguramente sobre el 80% de las personas que son capaces de hacer tal ejercicio sobre la nieve sean hombres.  Como trato de mostrar en el escrito “sincronicidad neural y síntesis creativa” el cerebro tiene como núcleo la predictibilidad, en donde entran en juego promedios y otras reglas estadísticas de inferencia. El cerebro no puede prescindir de tal regla, pues si fuera ese el caso no habría aprendizaje. Sería eternamente como el cerebro de un bebé. En este caso vemos las paradojas que planteo. Reconozco que el cerebro contiene sesgos, pero el sexista no es el más grave. Si el feminismo fuera contra los sesgos sería noble, pero sólo va en contra de los que les “perjudica”. En ese caso su intencionalidad es sesgada. En última instancia en un mundo sin dicho sesgo, se terminaría por imponer las reglas “reales” de las diferencias de sexo dadas en el ADN, de los cuales igualmente el cerebro sacaría conclusiones estadísticas de promedios. Yo no niego que tal deporte no lo pueda hacer una mujer, y quien quiera que lo haga, pero la testosterona es la que induce más a los deportes de riesgo, luego por el ADN, “elegirán” más dicho deporte los hombres. Por otro lado en los deportes olímpicos diferencian a hombres y mujeres, pues en unos tienen ventajas las mujeres y en otras los hombres. Nadie diría que tal cuestión obedece al machismo. Luego la predictibilidad del cerebro no va mal desencaminada. Los mensajes no explicados en su totalidad “confunden” a la sociedad. El feminismo crea mucho mensaje confuso.
(3) En un ejemplo. Al inicio del escrito hago mención de la bajada de mi “calidad” mental. Pero el simple hecho de publicar este escrito, frente a tenerlo simplemente en el ordenador; el cual sé que puede ser leído y analizado (léase juzgado) “obliga” o hace de premisa para que el cerebro modifique su química como para que tenga algo más de energía y por ello vuelva a activarse la “pegajosidad neural” o motivación (dopamina y orexina). Tal hecho se llama “efecto audiencia”, que dice que hay un mejor desempeño cuando se está con otras personas con respecto a estar solo, estudiado dentro de la teoría de la “facilitación social” e igualmente se estudia dentro de la teoría de los impulsos, que como he dicho arriba son activaciones de “relés” dependiendo del medio y la situación.


Enlaces a la bibliografía de la que me he documentado para el último escrito y posteriores… Descargar.

La Conciencia va en Caballo

   Si una imagen vale más que mil palabras… ¿Por qué dicha idea está expresada con palabras?

   Tuve un sueño en la que hablando con un interlocutor me decía dos conceptos extraños. Eso provocó una llamada a las funciones del prefrontal que hizo que me despertara. Al centrarme, pensar y desarrollar uno de los conceptos el otro lo olvidé rápidamente. En los primeros momentos de despertarse el prefrontal se encuentra con “seudo-soluciones” con las que tiene que lidiar. La idea en la que me centré parecía un huracán que arrastrase todo que hubiera en el cerebro bajo sus premisas, donde todo parecía conectarse. Finalmente he preferido no escribir las conclusiones: ¿por qué el humano crea armas que al final pueden ser usadas contra él mismo? Dejo las ideas en gráficos, que cada cual desarrolle el tema como quiera. Todas las imágenes juntas terminan por ser un metáfora conceptual. Tan sólo dejo unas premisas en donde se puede perfilar qué es el caballo (revisable):

1. La conciencia va montada sobre un caballo.
2. El prefrontal es el metafórico jinete del cerebro.
3. ¿Por qué la conciencia moral se ha tomado por siempre como el “verdadero” jinete de prefrontal? De hecho siempre se ha visto la razón como el conductor de una cuadriga (carro tirado por cuatro caballos) donde los caballos son las pasiones (metáfora a la vez de los cuatro apóstoles, y curiosamente el mismo número que los jinetes del apocalipsis).
4. Un psicópata es aquel que siempre va a caballo y nadie ni nada le harán cambiar de parecer, aún generando todo el mal del que sea capaz. Decimos que alguien no cede con el símil o frase hecha de que “no se baja del caballo”.
5. El caballo encabritado siempre ha resultado un buen recurso para generar terror.
6. Publicar proviene de público, de hacer algo público. Cuando la masa conoce algo que en teoría no se debería de saber, se erige en jinete de la realidad.
7. El concepto de caballero y caballeroso proviene de aquellas personas que tenían la capacidad monetaria para poder comprar y mantener un caballo.
8. La mujer que monta a caballo es denominada amazona, como referencia a las legendarias guerreras. Por extensión se llama así a toda “mujer de apariencia o carácter fuerte y combativo”.
9. Basta un sola victima al mes, por violación o violencia de género, para que a las feministas les sirva como motivo para permanecer montadas a caballo.
10. Jesucristo en su camino hacia la cruz era azuzado por un Romano a caballo. Su “cruz” y su metáfora era no ostentar un caballo y andar junto al resto de humanos de a pie; pero al resucitar se encumbró como jinete. Hay una falsación de su obrar, una teatralización ambigua que sólo el creyente remeda con alguna extraña y rebuscada lógica. De permanecer como persona de a pie no debería haber resucitado.
11. Si Jesucristo pasó de accionar como un ser que vagaba a pie, a otro con un caballo… ¿es un indicio del camino a seguir de todo humano?
12. Cómo ha de ser el superhombre de Nietzsche… ¿todo los hombres a caballo o todos a pie?
13. Por las profecías del Zaratustra de Nietzsche, donde teme que la mediocridad de los conceptos cristianos terminen por debilitar al humano (“entonces la tierra se habrá vuelto pequeña, y sobre ella saltará el Último Hombre que hará todas las cosas pequeñas”), todos hemos de montar a caballo.
14. Paradójicamente Nietzsche, en los comienzos de su debilidad y locura, abrazó por compasión a un caballo que estaba siendo maltratado por su amo, acto en el que rompió a llorar. ¿Vencieron los credos cristianos en su cerebro?, ¿hablaba Dios en ese acto simbólico, lo “castigaba” por tratar de matarlo?

Alejandro Magno

Alejandro Magno a caballo hace huir al rey Persa Darío III.

Caballo de Troya_1

Por medio del caballo de Troya los griegos generaron terror y vencieron. Todo ataque ladino a la “otredad”, a lo que no es de mi identidad, es un caballo de Troya que lo que trata de hacer es aniquilar esa otra identidad.

El caballo siempre ha dado poder.

Ataque contra los Incas a Caballo

Derrota de los españoles sobre los Íncas.

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La caballería era el terror en las guerras.

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Las amazonas de leyenda.

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La cuadriga como metáfora de la razón manteniendo controladas las pasiones.

Jesucristo y Romano a Caballo

Jesucristo supervisado por Romano a caballo.

Jesucristo como Rey de los Cielos

Jesucristo como Rey de los cielos

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El final vendrá con los cuatro jinetes del apocalipsis.

    En realidad la suma de todas las imágenes aquí presentadas generan un sólo concepto -¿cuál es?, a ver si es verdad aquello de “a buen entendedor pocas palabras bastan”-, que en definitiva es sólo una palabra. No es el poder, que es quizás lo más evidente, pero está relacionado puesto que todo es susceptible de ser lo opuesto de cada una de las entidades en las que se manifiestan las acciones y las emociones humanas. Luego, al final, no es tan cierto que una imagen valga más que mil palabras. De hecho un sólo concepto contiene miles, e incluso millones, de imágenes enlazadas en el cerebro.

La Performatividad y los Milenial

Lo transgresor ahora es ser conservador.” Los increibles 2
es artificio, la mentira necesaria que todos necesitamos para sobrevivir.” Adam Resucitado
– Ahora todo es distinto.
– Aún podemos tener pensamientos propios.” Leave no trace
Nuestras cicatrices tienen la virtud de recordarnos que el pasado fue real.” Dragón Rojo (Trilogía Hannibal)

    (Este escrito es en réplica a un vídeo en YouTube, pero que en la dirección de que no parezca un ataque personal, no lo enlazaré. Me resulta gracioso que se crean tan “performativos” y seguros, y después borren algunos comentarios que tan sólo van en la dirección de discrepar o puntualizar. Por cierto, no acepto estas clasificaciones, las dos del título o tal como las interpretó, pero la “uso” porque la persona del vídeo usaba una y otra. ¡Que manía con tratar de poner nombre a todo! No tomarse la vida muy en serio, o con humor, no tiene porqué tener un nombre: es simplemente vivir. Por lo demás este escrito tiene sentido con respecto al anterior, parece su segunda parte, pues trata el tema de los roles sociales, tema que no había tocado con anterioridad.)

    Imaginemos el siguiente experimento mental. Hago malabarismo tirando bolas en el aire, primero dos, después tres… cuatro. ¿Cuántas bolas puedo llegar a mantener? Compliquemos la cosa. En cada bola hay un genio o duende que a su vez tira bolas en el aire, que a su vez tiene de nuevo otros duendes que tiran bolas. Hemos creado un sistema autorreferencial, geométrico, infinito (a propósito de autorreferencial y un posible chiste: “¿Qué es un milenial?, alguien que habla de los milenials”). ¿Qué acto he hecho yo?, qué acto está directamente vinculado a mi malabarismo. ¿Todos, sólo los primeros? Yo puedo fallar, mi fallo se daría en las bolas que yo manejo. Si un fallo se da en el tercer nivel de duendes es un fallo “suyo” y sólo repercute hacia arriba de su referencialidad, no hacia abajo. Si yo dejo caer una bola soy el “agente” directo de la caída de ese duende y hacia arriba de esa referencialidad. Este acto, el de dejar caer la bola, es una intención, donde tiene que haber habido un deseo personal y por lo tanto de una identidad y una posible volición o acto libre de dejar caer la bola. Pero, ¿quién es el que ha deseado, quién el que ha hecho el “acto libre”?

   El posmodernismo, donde la performatividad es una de sus “hijas”, está en la cuerda floja de dos consecuencias de sus posturas y “credos”: no existe agente transfenoménico, ese que tiene un deseo, una identidad y “decide” en un acto libre, todo es acto; pero asumir tal cosa es asumir que no hay un agente en el cerebro, de tal manera que ¿todo es fenómeno?, una colección de actos, de conexiones cerebrales. O dicho de otra forma, todo el cerebro es una referencialidad al infinito de módulos que no “toman” una decisión, que no tiene una identidad y se “apasionan”, pasándose la “patata caliente” de unos módulos a otros otros, de tal manera que al final se haya generado una suma y sigue, como para que se haya dado una alta probabilidad de que una opción sea mejor que otra (algo así cree que es la científica Susan Greenfield). O sea, como si de una urna se tratara, que se fuera pasando de zona en zona del cerebro, y en donde cada módulo va metido su voto sobre su “opinión o decisión”, hasta que la situación y su premura abren esa urna y se hace un cuenteo de todas las posturas. Tal presunción, llevada al ejemplo de las bolas en el aire y los duendes, sería que no existe ese primer individuo que toma unas bolas y las lanza al aire. “Ellas” son la realidad y no hay manos tras de ese vuelo y tras de cada nuevo juego de bolas que genera cada bola. Esta es la presunción de fondo de la performatividad, los actos nos definen, accionar en el mundo es ser; mientras que lo performativo va más allá, pues en tanto que el habla es un acto, nos hacemos ser en el hablar, con el problema consiguiente que puesto que este habla puede ser un discurso, cada recoveco del discurso, abre nuevas posibilidades intencionales o de ser. El problema de este tipo de pensamiento o abstracción, ya llevado a lo social, sería que quién sería el culpable de cometer un crimen. Un sujeto humano es una “agente” social, que por su forma de accionar en el mundo lo altera, luego su acción sí tiene unas repercusiones sociales, luego de un modo u otro al final se “vuelve” en un agente, aunque tal “acción” la queramos haber evadido o restado del cerebro. En el acto criminal, en las leyes, de nuevo restituimos una intención o no, que proviene de un deseo o intención primera que a su vez tiene un agente que conoce, que comprende, que es consciente de ese deseo y lo deja hacer o lo acciona. Nos ponemos de frente al dilema del libro “el extranjero“, en la piel del personaje de la conocida obra de Camus, en una tarde calurosa en la que “su cuerpo” mató a alguien, y en donde ante el juez, buscando este un porqué, y preguntándoselo al “agente social” que tenía delante, al que se le presupone un agente interior, este no supo decir otra cosa que si lo mató fue porque “tenía mucho calor”. La respuesta más nihilista posible para un mundo de razón y de “agentes” sociales e intencionales.

    ¿Cómo es que no estamos cómodos ni con una postura ni con otra? Ni queremos tener un ente en el cerebro al que se le pueda llamar y que posea una identidad definida: ser un yo o carácter, ni queremos no tenerlo. Esa duda primera o posición indefinida y sin solucionar es por definición el posmodernismo. Si no hay agente puedo ser cualquier cosa, me “hago” al hacer -el habla según John L. Austin es otro modo de hacer- y toda definición que venga desde afuera, de los otros, me “mata”, me aliena, me constriñe, me roba esa “libertad” constructiva; pero tampoco estamos cómodos en pensar que el cerebro es simplemente una “colección” de fenómenos que son pura acción e inmediatez, bolas en el aire sin ningunas manos…, pues en definitiva ¿quién modula una oración larga?, elige tal adjetivo frente a otro, un superlativo que realza, o un verbo ante tres posibles…, ¿quién modula este escrito que parece emanar por sí solo?. Y sí, en el escrito podemos revisar y reescribir, pero según Derrida y el deconstructivismo, la escritura es la hija bastarda del habla. “Deseamos”, necesitamos comprender que somos un agente, pero que a la vez decide no tener entidad o identidad, y que se hace a cada momento, lo cual ya nos lleva a la paradoja de que sí existe realmente un agente o causa primera de toda acción, por lo menos en tanto que ese deseo de no tener identidad. Ese que lanza las primeras bolas en el juego de malabares. De otra manera, en cuestiones legales uno puede no ser el criminal, el que acuchilló, pero puede ser el autor en tanto que fue el que dio la orden o empujó a otro a cometer el crimen…, el que tiró la primera bola al aire. Esta dualidad en las creencias se ve representada ante el dilema de quién sufre un trastorno o enfermedad mental y quién hace un acto heroico o digno de mención. Por lo general cuando hay algo mal en nuestra conducta preferimos decir que es el cerebro el que nos está “funcionando mal”, el que tiene el daño, al igual que los problemas de la efectividad del filtraje de líquidos y de la orina es “culpa” de los riñones; pero por el contrario si algo es de alabanza es por esa entidad que somos dentro del cerebro. E aquí un ejemplo de esta idea: “haz una pausa para reconocer el hecho de que tu ansiedad está actuando, sin juzgarte a ti mismo por ello. Hay un tipo de poder que te llega con simplemente decirte a ti mismo: ‘así es como son las cosas, no son totalmente las mejores en este momento’. Tienes un ‘huésped’ indeseado (la ansiedad) en tu casa (el cerebro)”, (fuente). No deja de ser una versión menor de la dualidad demonio/Dios, en donde todo lo malo es del demonio/cerebro y todo lo bueno de Dios/yo. Paras ser lógicos y honestos o somos sólo cerebro y una “colección” de funciones, o tenemos un yo o agente “definido” tanto para lo bueno como para lo malo.

   En el mundo de las ideas nos dejamos llevar por cierto paradigma y tendemos a sobredimensionarlo, para finalmente dejarlo caer en un espacio “normalizado”.(1) Fijarse que en todo se siguen las reglas de la física, el equilibrio nunca existe, tan sólo una tendencia al equilibrio, un sube y baja de una posición central. De igual forma un descubrimiento se comporta como el tirar con ímpetu una pelota contra el suelo: rebotará con fuerza las primeras veces, para finalmente perder el trabajo que se ejerció sobre ella, en donde la energía se disipa y la pelota vuelve a un estado de reposo. Por otro lado la historia es cíclica: retoma ciertas ideas bajo otros aspectos renovados, con más datos científicos y fortalecidos por otras ciencias, para al final darnos cuenta que, quizás, allí no había realmente ninguna novedad. ¿Qué diferencia existe entre el sofismo y la performatividad en su núcleo?  Los sofistas eran un tipo de maestros de la filosofía griega que daban especial interés o protagonismo al discurso, a la retórica, a la palabra. ¿Resultado?, hoy sofisma quiere decir: “razón o argumento falso con apariencia de verdad” (RAE). Breve historia de tal hecho: “Sócrates” hoy encajaría perfectamente con alguien performativo y dentro de los deconstructivistas (polemizar contra todo el que se crea seguro de algo). Su saber era a través de mostrar las contradicciones de los otros, a través de los diálogos (cínico, si se piensa bien). Este modo de hacer, de operar en el mundo, fue puesto en “papel” por Platón, su discípulo, en sus obras, en donde su principal forma de filosofar eran los “diálogos”. Aristóteles asentó casi todas las bases de lo que entendemos hoy por filosofía. En la “decadencia” del periodo clásico, los sofistas se centraron más en la retórica que en la filosofía, en poner especial atención en saber llevar un discurso como para “ganar”, frente al saber y verdad que pudiera haber detrás, de fondo, en dichas estrategias del habla. ¿No pareciera que hoy en día estamos en esa misma época?, en donde el discurso, rodeado de un elaborada y estudiada pose de gestos y tono de voz, son lo más importante. A este proceso hemos llegado, en parte, por las ideas de la performatividad, que sobre todo sobresale en los políticos, los coach, los influencers y finalmente en los YouTuber, cada uno de ellos en una esfera y al final sobre una “clase social”, si puede seguir siendo legítimo tal concepto. ¡Que paradójico, y cínico, que nos moleste en los políticos y no en otros, y nos resulte positivo si esa es nuestra postura! Lo que quiero decir, es que si lo importante es ese aparecer, ¿por qué creemos que alguien puede ser más legítimo o auténtico que otro, si lo único que vemos en ambos casos es esa máscara del discurso o de su aparecer?

   Demos un paso atrás y tratemos de tomar un punto de vista más panorámico sobre todos estos temas. La performatividad es parte de la teoría del aprendizaje social, que viene a decir que si cierta persona no tiene un patrón sobre alguna cuestión, acciona en el mundo desde cero, de tal manera que ese primer patrón o forma de hacer le crea dicho patrón, que será, por lo general, su forma de operar ante dichos tipos de problemas en el futuro. ¿Cuál es el esquema de tal hecho?, que el humano se hace accionando en el mundo. O sea, que no parece haber unas manos -naturaleza, ser- que tiraran la primera bola al aire, pero una vez que la bola está en el aire se crea la “necesidad” de que exista unas manos que mantengan a la bola en el aire. Se sigue la premisa del existencialismo: hacer es Ser, que en John L. Austin, padre de la teoría performativa, se transforma en “decir es hacer”, y que al final podría ser tomado en lo performativo como “decir es Ser”. La teoría del aprendizaje social tiene su equivalente en el mundo de las emociones en la teoría de James Lange (teoría periférica), que viene a decir que si sonrío, se crea la emoción que es la base de tal gesto, y que es la felicidad o la alegría. La actual y arquetípica idea de que si uno se pone un bolígrafo o palo de forma trasversal en la boca, que obliga a los “músculos de la risa” a estar para arriba, ya se induce su estado emocional parejo. De igual forma esta teoría puede ser tomada como parte de una teoría aún más global llamada “cognición encarnada“, en donde el verbo encarnado, aquí, no es algo místico, sino simplemente es un sinónimo de corporizado, en tanto que cuerpo. Según este paradigma el cerebro, la cognición, es siempre y ante todo reducible a algo físico y relativo al cuerpo. Por ejemplo, el habla, no la abstracción que tenemos en mente sobre el lenguaje y es la que usamos todos los días, la cognición encarnada la reduce a sus posiciones musculares: boca, labios, lengua, cuerdas bocales y pulmones, de cada fonema y sus correlatos neuronales en el cerebro.

   Ahora desmontemos todo este andamiaje artificial a ver si se mantiene su construcción. En unos casos y otros la cuestión es en qué dirección fluye un comportamiento. La forma clásica es creer que es desde el cerebro, arriba, hacia el cuerpo, abajo. En las tres teorías expuestas es al revés, de abajo hacia arriba. Desde el cuerpo hacia el cerebro. Para ser realistas es de las dos formas, el caso es saber cuál es la vía “principal” y sacar conclusiones a partir de ahí. Lo que está en juego es si hay un Ser, si hay un agente, si hay una naturaleza, o sólo somos en tanto que hacer. Primero hay que poner las cosas en claro. Hay a ciertos pensadores que les “convenía” más que fuera de una forma que de otra. La performatividad y el giro performativo ha sido sustentado por personas como la teórica feminista Judith Butler, Derrida y Foucault, trio con la premisa de querer “derrocar” el concepto o los roles, según se analice, de hombre y mujer o del sexo binario. O sea, precursores de las teorías de género, que al final ha devenido en la teoría Queer. Bajo estos preceptos conviene que no haya naturaleza, que todo sea hacer. O sea, se acogieron a ideas o teorías que les “daban la razón”. No hacía falta llegar a esas ideas, a desechar la naturaleza por completo, pues hay explicaciones evolutivas para la homosexualidad, que de igual forma hubiera llevado a tal colectivo a ser “aceptados” y no a ser concebidos como una “aberración”, según la visión más radical y anterior sobre el concepto de qué era “natural”.

Performatividad y Milenials (Gráfica)

   Si nos remontamos a las primeras formas vivas estas eran simplemente hacer. Allí no había ser. No existían los sentidos, eran meras reacciones químicas, que son desde ese elemento que se acopla al exterior de lo vivo, hacia lo vivo, hacia su interior. Alimentarse o encontrar nutrientes o energía tienen esa dirección de abajo hacia arriba. Pero la evolución, la evolución del sistema nervioso, incluidos los sentidos, se basan en tener reglas establecidas. En un primer paso, si algo excedía de calor, el ser vivo se retiraba de esa fuente, en ese tipo de actos, reflejos, el cerebro no actúa, tan sólo el sistema nervioso, son de abajo hacia arriba. Pero a partir de poder dar varias respuestas posibles o de tener que evaluar situaciones más complejas se crearon las interneuronas, que son la base de la memoria y el aprendizaje, y dicha base crea una identidad. O sea, a un oso una flor no le “dice” nada, su ser, su esencia, es ignorarla, pero no así a una abeja. La naturaleza, o esencia de la abeja es que tiene comportamientos instintivos hacia la flor. La visión de la flor hace que su cerebro cree acciones en el mundo. De arriba hacia abajo: crear todos los procesos para que en su vuelo se dirija a la flor. En los animales sociales se crea una nueva dinámica o capa de abstracción. Se ve claramente en los suricatos, dividen tareas: unos cuidan la prole, otros recolectan comida, mientras otros están pendientes de los depredadores. Un aviso de estos últimos, a través de un sonido, sirve de “causa” para que el resto de suricatos corra y se esconda. En el proceso se les ha activado la amígdala, donde tal activación conlleva la emoción del miedo (alarma, en realidad, el hombre le ha puesto el nombre de miedo a esa “sensación” o emoción). No han visto a un depredador, pero un sonido de otro suricato ha hecho de “disparo” para el miedo. Quizás en este ejemplo la cuestión no quede muy clara. En animales gregarios, durante una estampida, nunca está en claro si hay un detonante directo para sentir miedo y correr. O sea una cebra que está distraída comiendo, de repente se percata que el resto corre y a ella se le activa la amígdala, el miedo, y se echa a correr. En situaciones como estas a veces no era por nada, sino por mero azar, quizás porque una cría se asustó, y se puso a correr por algo como un ratón, y el resto le siguió. Esta es la teoría de James Lange: se tiene miedo porque se corre. Una acción ha creado una emoción. Pero rápidamente nos damos cuenta de sus fallas. Es un tipo de reacción de abajo hacia arriba que no depende de la realidad, sino de una posible realidad. Si se afina bien, los neuróticos, que han terminado por ser una tipología humana, y una gran mayoría de trastornos, se basa en esta regla tendente al fallo, no basada en la realidad, sino en el error de no basarse en esta: en la rumiación, en las paranoias, ideas fijas, miedos infundados (fobias) y en el exceso del deseo de control (manías), etc., en donde la realidad no está o es ambigua. Lo que entra en juego en los animales sociales, al final, en las estampidas y estos tipos de actos, es la imitación, las neuronas espejos en los animales más complejos. Si alguien bosteza yo puedo no tener sueño, pero bostezo; varios bostezos consecutivos pueden hacer que me adormezca o me baje mi nivel arousal (nivel de vigilia o excitación), de nuevo el efecto de James Lange.

   Qué se concluye de este breve análisis. Aunque Sartre fuera existencialista y su bandera fuera la de “hacer es ser”, si se lee sus libros y sobre todo su ficción (teatro y novelas) su forma de analizar al hombre era más “determinista”, en el libro “el Ser y la nada” el para-sí, la libertad siempre está constreñida por el en-sí, por el carácter, el pasado, los otros, la situación y la condición de vida de esa persona. En la obra de teatro “El diablo y Dios” su protagonista trata de comportarse de forma opuesta a su carácter: cruel y determinante, pero al final se da cuenta que al “salirse de su papel” las cosas le van peor, no sólo a él sino al resto, por lo que “vuelve” a su naturaleza, a su “papel”. En un cerebro tan complejo como el humano, donde prima el aprendizaje y la neuroplasticidad, el proceso de abajo hacia arriba tiene cabida, pero sí hay una naturaleza humana, una genética, un código de patrones escritos. Bajo mi punto de vista las rayas hacen al tigre, o me atengo a la regla de la fábula de la rana y el escorpión: al final el escorpión muere ahogado por picar a la rana que le cruzaba el río, con la conclusión de que no podía evitar picarla, pues esa era su naturaleza. Esa naturaleza, además se ve reforzada por los roles sociales, roles que ya hemos visto en los suricatos. Una madre nunca puede dejar de ser madre. ¿Dónde está escrito qué es una madre?, en lo social o en la naturaleza. Es una mezcla de ambas cosas. La evolución es un sistema complejo con sus propias reglas, pero un sistema complejo, como lo es un animal social, tiene sus propias reglas. Las reglas sociales humanas se han “escrito” durante cientos de milenios. Se hace casi indistinguible qué es naturaleza y qué es sociedad, porque al final lo social repercute en la naturaleza. El siglo XX, con la performatividad, ha querido distanciarse de ciertos roles, de ciertos arquetipos, pero ¿ha sido para bien o para mal? La mujer ha “roto” con lo arquetípico femenino, de la maternidad, etc. El hombre se ha tenido que adaptar y ha suavizado (a desgana diría yo) sus roles. Todo estamento, desde el poder, a cualquier tipo de liderazgo, hasta conceptos como los de proletario o de trabajador, han suavizado sus posiciones o roles a otros más adaptados a la nueva dirección global. Lo dicho arriba, todo movimiento social tiene un primer impulso fuerte, sólo con el tiempo vuelve a su equilibrio inercial. Como ya dijera en el escrito anterior, sí tenemos un Ser, que es nuestro carácter, en el cual también incluyo los “daños” o beneficios de los primeros años de vida, como lo es y lo que hace el apego: el tipo de contacto y trato con nuestro cuidador, que suele ser la madre, y en un segundo plano el padre (o sus ausencias). Decía Sócrates que: “para un hombre que preserve su integridad, ningún daño real a largo plazo puede superarse“, y usa el verbo “puede” en vez de “debe” -que es el que el cerebro “espera” en ese contexto- por su “inevitabilidad”. Se dice que el psicoanálisis saca a flote los daños, otra cosa muy distinta es llegar a una cura o catarsis (síntesis, integración). En un caso u otro: una persona también es sus cicatrices. Pienso que hay varias generaciones, los milenials y la generación Z, que son “víctimas” o  “ensayos” de esta percepción “nueva” o alterada de la naturaleza humana y los roles. Es posible que ese “experimento” pierda su credibilidad o puede que se incremente. No lo sé. Tampoco sé si es para bien o para mal. Demasiados factores a tener en cuenta. Un artista es dimensionalmente, en tanto que ser, más cercano a los milenials, que a los roles y arquetipos de “siempre”. Son seres liminales, que en su esencia tratan de escapar de toda esencia, de todo lo dado. Están “creados” para ser rotura, por ser divergentes, para buscar nuevos posibles caminos, ante situaciones complejas. Son una “necesidad” evolutiva…, pero que toda la sociedad al completo tengan esas mismas “armas” y maneras de proceder me parece, cuanto menos, peligroso y desequilibrador.

   Puede que haya ido demasiado rápido en las conclusiones del último párrafo, para quien lo haya entendido que se salte el presente. Todo animal social porta “dos naturalezas”, dos potencialidades que posiblemente sean activadas a nivel de epigenética: ser social, ser individual. Esta doblez la portan más los machos pues por lo general el concepto de grupo social es a partir de las hembras y sus crías (hermanas, tías). Suelen ser los machos los que tengan que irse de su propio grupo, o bien para crear uno nuevo, o para unirse a otro que lo acepte. En ese estado liminal (existencia provisional) se tienen que valer por sí mismos. El humano porta esa dualidad. En la dimensión solitaria, como ya he descrito en otro lugar, uno se desprende de las emociones, que son básicamente para “funcionar” en grupo. No hay activación de neuronas espejo, no hay imitación (por lo menos antes de los medios de comunicación masivos, entre los que incluyo la televisión). Cuando se cuestionan los roles, cuando cuestionamos nuestra dimensión social, cuando no queremos ser reducidos a nuestra identidad de nación, o de sexo, o de nuestro trabajo, de nuestra edad, o de nuestra posición social, etc. -en un ejemplo si digo rubia, guapa y de padres ricos, todo cerebro ya se ha creado una idea de ese tipo de personalidad, de un estereotipo de mujer-, entonces estamos “renegando” de nuestra dimensión social, quedándonos en ese proceso tan sólo con el carácter y los procesos más altos del cerebro: el sistema evaluativo/ejecutivo. Esta es en la posición en la que se encuentra, en la actualidad, la sociedad del primer mundo, por lo general, puesto que la performatividad puso en jaque qué era ser mujer y por ello madre, y qué ser hombre y poder, y en donde el poderoso ya no ha de ser concebido como el explotador, puesto que todos somos susceptibles de llegar a tal posición. Bajo mi punto de vista rebelde, de artista, esa posición está bien: nunca me ha gustado que me definan, el artista es rotura, mi “alma” o esencia quiere lo mismo para los demás. Las definiciones son barrotes en la potencialidad del ser. Todo humano tiene esta misma premisa: sentir que su papel social le ahoga. En la antigüedad ese ahogo se desataba en las fiestas, sobre todo durante el carnaval, pues en el fondo son una rotura contra todo papel social, un quitarse las “máscaras”. Pero lo que hace a una sociedad, lo que hace que sea parte de su naturaleza, en su dimensión social, son esos roles. Lo vemos en los suricatos, o en las abejas: la evolución ha “creado” posiciones preestablecidas para una función, para un fin, para el bien común. Si en la dirección de tratar de romper moldes o roles, a nivel individual y por deseo de cada persona, todo se difumina, entonces los roles de padres pasan por el mismo proceso. Los milenials son un “prueba y error” de una posición en donde el “papel” de los padres se ha desdibujado. Ya no tienen que ser tan rígidos, tienen que comportarse casi como amigos, no como “entes” autoritarios. En esa medida se ha roto con algo que llevaba operando desde hacía milenios. A la fuerza era parte de nuestra naturaleza, aunque fuera en la dimensión social. Se supone que un hijo crea un apego hacia la madre, de un estado totalmente protegido, que el padre amortiguaba por su dureza y rigidez, como para que sirviese de adaptación a lo hostil que es vivir en sociedad. Llegado un momento el individuo por sí mismo busca la rotura tanto del apego, como de la fuerte autoridad del padre. Salta del nido, se vuelve independiente. Lo que se está averiguando, sobre todo con las últimas generaciones y ante esa rotura de roles, es la pérdida tanto del apego como de la autoridad: el niño tiende hacia una personalidad con distintos tipos de trastornos, y entre ellos el narcisista. El apego es diádico, de dos, a falta de madre ese papel lo puede hacer el padre, pero por lo general “encaja” mejor la mujer, pues tiene la química hormonal para ello. La nueva situación en la que la madre trabaja, en alguna medida manda al traste la concentración y el tiempo de la madre para mantener un apego seguro, que equilibre la emocionalidad del niño, como para que cuando sea adulto no sea demasiado miedoso o ansioso, por ejemplo. ¿Es esta nueva actualidad la que ha “creado” la llamada generación “copo de nieve“?, la que es más susceptible a padecer la baja tolerancia al estrés y la frustración. Por otro lado los nuevos cambios de roles y las nuevas situaciones son más tendentes a crear trastornos de apego, como ansiosos-ambivalentes, ansiosos-evitativos o desorganizados, lo que manda al traste la maduración emocional y social del adulto. En la cultura occidental se está promoviendo un alto grado de diálogo y casi la total ausencia de una fuerte y rígida autoridad (padre ausente, o puesta en duda de su papel rector), lo que es susceptible de crear un tipo de personalidad con una seguridad totalmente disonante e irreal: narcisista, pues la madre sólo alagará al hijo, y después este saldrá a un mundo, con esta falsa seguridad, en donde nadie la aplaudirá nada: la adaptación cerebral le llevará a pensar que él está acertado y que lo que está equivocado es el resto del mundo. Este tipo de personalidad es el que sale a relucir en programas como “gran hermano” y otros reality show, u ahora en los YouTuber: falsas seguridades que se caen a la menor. De una manera u otra la “caída” de los roles ha creado el panorama actual, en donde cada vez hay un mayor grado de inadaptación social. He aquí la lista de la repercusión en los hijos, ante esta caída o puesta en suspensión de los roles, proporcionada por la Wikipedia:

   “Los hijos de familias disfuncionales, ya sea en el momento, o a medida que crecen, también pueden:

  • No tener la habilidad de ser juguetones, o infantiles, y pueden “crecer demasiado rápido”; a la inversa, pueden crecer demasiado lentamente o estar en un modo mixto (por ejemplo, comportarse bien, pero no ser capaces de cuidarse solos).
  • Tienen problemas de salud mental de moderados a graves, que incluyen depresión, ansiedad, y pensamientos suicidas .
  • Tienden a convertirse en adictos al tabaco, el alcohol o las drogas , especialmente si los padres o amigos han hecho lo mismo.
  • Intimidan o acosan a otros, o son una víctima fácil de ellos (posiblemente tomando un papel doble en diferentes situaciones).
  • Estar en negación con respecto a la gravedad de la situación de la familia.
  • Tienen sentimientos encontrados de amor-odio hacia ciertos miembros de la familia.
  • Convertirse en un delincuente sexual, posiblemente incluyendo pedofilia.
  • Tiene dificultad para formar relaciones saludables dentro de su grupo de compañeros (generalmente debido a la timidez o un trastorno de la personalidad ).
  • Pasan una cantidad excesiva de tiempo solo viendo la televisión, jugando videojuegos, navegando en Internet, escuchando música y otras actividades que carecen de interacción social en persona.
  • Se sienten enojados, ansiosos, deprimidos, aislados de los demás, o no son dignos de ser amados.
  • Tener un trastorno del habla (relacionado con el abuso emocional).
  • Desconfía de otros o incluso puede que tenga paranoia.
  • Convertirse en un delincuente juvenil y que recurra a una vida delictiva (con o sin abandonar la escuela), y posiblemente también se convierta en miembro de una pandilla .
  • La lucha académica en la escuela o el rendimiento académico disminuye inesperadamente.
  • Tiene baja autoestima o una pobre imagen de sí mismo, con dificultad para expresar emociones.
  • Rebelde contra la autoridad de los padres o, a la inversa, defiende los valores de su familia frente a la presión de los compañeros, o incluso trata de adoptar un “terreno intermedio” imposible que no complace a nadie.
  • Piensan solo en sí mismos para compensar la diferencia de su infancia (ya que aún están aprendiendo el equilibrio del amor propio ).
  • Tienen poca autodisciplina cuando los padres no están presentes, como gastos compulsivos, postergar demasiado las fechas límite, etc. (consecuencias familiares desconocidas, incipientes y aparentemente laxas o evitables vs. consecuencias paternas conocidas, concretas y rígidamente impuestas).
  • Encuentra un cónyuge o pareja (a menudo abusivo) a una edad temprana o huye de su hogar .
  • Quedarse embarazada o ser madre de hijos ilegítimos .
  • Corre el riesgo de convertirse en pobre o sin hogar, incluso si la familia ya es de por sí rica o de clase media.
  • Vive un estilo de vida solitario, sin cónyuge, pareja, hijos o amigos.
  • Tener comportamientos autodestructivos o potencialmente autolesionantes.
  • Tienden a unirse a un culto para encontrar la aceptación que nunca tuvieron en casa, o como mínimo, tienen creencias filosóficas/religiosas diferentes de las que les enseñaron anteriormente.
  • Se esfuerzan (como adultos jóvenes) por vivir lejos de los familiares en particular o de la familia en general, posiblemente pasando mucho más tiempo con la familia extendida .
  • Perpetúan comportamientos disfuncionales en otras relaciones (especialmente con sus propios hijos).”

  ¡No impacta tal lista! Aquí vemos qué se gana y que se pierde con la complejidad de la vida. Más complejo no quiere decir precisamente mejor, que puede ser, quiere decir más posibilidades para que algo salga mal. “Crear” un humano es gratis, pero hacerlo un adulto con madurez emocional es costoso y muy complicado. Se dan tantas variables, que es más por azar que por su búsqueda, pues no depende de una sola persona o de ambos padres, sino de una multitud de factores que uno ni siquiera llega a vislumbrar en cada momento del crecimiento de ese ser humano. Además, a la complejidad del cerebro humano, en la evolución histórica, hemos ido creando más complejidad en el medio donde este crece. En una pequeña tribu de cazadores recolectores apenas si se dan unos pocos factores de variables. En las sociedades modernas, en las grandes ciudades, y sobre todo ahora con Internet y los móviles, todo es más caótico, imprevisible y tendente a que se pueda perder el control de la vida y la educación de tu propio hijo. Las probabilidades son tantas, y el tema tan actual, que la lista de películas sobre las familias disfuncionales es enorme. Por lo demás, en lo social, ¿qué se pierde por el camino de poner en jaque a los roles?, primero la madurez, el niño llega a la adultez con una emotividad no madura, se incrementa y generaliza el complejo de Peter Pan; lo segundo, a un nivel más ontológico, se tiende hacia seres humanos “performativos”, que reniegan de su carácter, de conocerse en profundidad, resultándoles incómodo ese carácter que a veces les sale en lo social. No voy a decir que alguna vez existió una paternidad sin taras. Eso quedó demasiado atrás en lo humano, existe en las tribus de cazadores recolectores de la actualidad, pero desde que el humano apostó por los grandes asentamientos la tendencia ha sido hacia el desequilibrio. Las nuevas sociedades son cada vez más caóticas, más tendentes al “ruido; lugares cada vez menos propicios para los apegos seguros. No voy a echar toda la culpa a las nuevas sociedades, la vida es demasiado aleatoria y dura: muerte de uno o los dos padres, padres crueles, madres demasiado protectoras, familias con demasiados hijos (numerosas)… Y tampoco voy a decir que sólo es un humano “correcto” aquel que es maduro emocionalmente; los trastornos, ciertos tipos de personalidades y la ausencia o dureza de uno de los padres crean humanos excepcionales, quizás más tendentes a la genialidad en su liminalidad que una persona “normal” (Mozart y su padre). Otra cosa muy distinta a considerar es si este nuevo tipo de sociedad crea estabilidad o felicidad, tanto a nivel individual como social. La generalidad de la humanidad, vinculada a las pantallas, las redes sociales y la tendencia del individuo hacia lo autopoiético, es hacia la rotura del tejido social, a la puesta en duda del mundo emocional, tanto el propio como el de los demás, lo que lleva a una sociedad de seres liminales, cínicos y nihilistas…, aunque ellos en su máscara de sanidad no lo quieran reconocer. Ya saldrá en la vejez.

   Conclusiones. Sí hay una naturaleza humana, en esta naturaleza se incluyen los roles sociales. Uno nace risueño, taciturno, iracundo, pertinaz, etc., y está más o menos preparado para ser madre, o “jefe”, o artista, u orador, etc. Suele haber una correspondencia entre lo que se es y lo que se hace, ¿quién cree que alguien con algún tipo de poder pueda ser una persona cándida o ingenua?, a no ser que ese poder lo haya heredado, y aún esto: para mantenerse en el poder se tiene que carecer de esas condiciones, de ese carácter. A no ser que sea un títere que lo mantiene ahí alguien en la sombra, como fue el caso de Juana de Arco. Algunos llegan a saber y asumir sus condicionantes, mientras que otros, la mayoría, nunca lo harán. La evolución social va a la par de lo evolutivo/adaptativo de la especie. La teoría sobre la adaptación social, la teoría de James Lange y la performatividad sólo dan con verdades a medias, que hay que tomarlas con ciertas reservas. Bajo mi punto de vista somos seres duales, y esa intersepción se puede resumir a la frase de Sartre de “a esos que, alegando seriedad de espíritu o excusas deterministas, se ocultarán su libertad total, los llamaré cobardes; a los otros, que tratarán de demostrar que su existencia era necesaria, cuando la aparición del hombre sobre la tierra es mera contingencia, los llamaré cabrones…”, tiene que haber un término medio, no hay que tomarse a uno mismo y a su identidad muy en serio, ni ser tan sólo un arlequín que cree carecer de identidad y es tan sólo la máscara que se ponga ese día. ¿Y dónde queda la intención?, y una posible autenticidad. No hay un sólo lugar de esta, no hay tal autenticidad. El ego, el carácter más profundo, lo instintivo, tiene una “intención”, lo mamífero o emocional tiene otra, y lo racional una tercera. Los roles están en los dos últimos escalones, en lo emocional/social. La intención “nace” y sube esos tres peldaños, y dependiendo de la situación y el carácter de la persona, se “expresará” un escalón o intención, u otro. ¡Claro!, hay una primacía del núcleo, si queremos que nos amen o nos validen, esto tiene que provenir del tuétano, de lo más profundo; lugar, concepto u órgano que en el lenguaje occidental hemos llamado corazón. Ahí reside el tipo de amor de la madre, y llamamos lealtad -sin fisuras, sin dudas- a ese tipo de relación con aquellos otros que no son nuestra madre. Queremos de la misma manera ese tipo de amor profundo y que nace de las entrañas en la pareja, porque sabemos que nos va a ser leal. Igualmente llamamos auténtico a aquel que no tiene peldaños, que su intención primera no sube por escalones y sale “libre y salvaje”, pero como ya dijera en el escrito anterior, hemos creado las reglas y las convenciones sociales ante el “peligro” que ese estado indómito nos pueda ser amenazante o dañino. Los escalones son y están porque se han dado en lo evolutivo/social. La paradoja, lo que se aprende con la edad, es que en muchos casos tanta emotividad, por parte del otro, es susceptible de conllevar al pensamiento sesgado, a lo obsesivo, a lo dogmático y por ello tendente a podernos hacer daño. Se restituye el “credo” en los roles, y el papel de lo racional o tercer escalón en las relaciones. Damos la razón a lo institucionalizado, al pacto social; ponemos en duda la intención del primer escalón, y llegados a cierta edad incluso del segundo escalón. Por algo se le llama la edad de la razón. Cuando algo hiere suele ser porque da en el “hueso” que es la naturaleza, el carácter de uno -que en el caso de los narcisistas se se manifiesta como “ira y herida narcisista“-, ese que no muta, en donde las heridas ya son cicatrices imposibles de disimular. Decía Platón que “el único daño que puede llegar a una persona es el daño al alma“. Tatúate lo que quieras una cicatriz, pero siempre estará ahí. Yo soy mis daños de la infancia, no se superan, se convive con ellos, por medio del “insight“, porque ignorarlos por completo puede fortalecerlos (ley del esfuerzo transformado), y si se puede se les ignora en la medida de lo posible, no por cobardía, sino porque no hay que “hacer leña del árbol caído”, o caer en el victimismo. En definitiva, que ponerte un bolígrafo en la boca para forzar la risa y que el sistema opere de abajo hacia arriba funciona, pero eso no es realmente la felicidad. La felicidad se encuentra en las motivaciones, y estas nacen del núcleo, de la base de la construcción, del ego, del carácter. En otro caso, las actuales películas hollywodienses caen totalmente en lo performativo y están vacías de alma: todo es hacer, no hay nada de Ser, nada de contenido o profundo en sus diálogos o tramas… ¿quién las puede “amar” realmente? Por otro lado el cine “indie”, en su recóndito ataque a los estereotipos y arquetipos, parece caer en el nihilismo y en representar al yo cristalizado y a las relaciones como líquidas. De una manera u otra el cine representa muy bien la actual crisis de todos estos lenguajes de la posmodernidad, y de una manera y otra las personas no se sienten satisfechos con este nuevo cine que invisibiliza todo aquello que creíamos como propio de la naturaleza humana.

   Hace poco me encontré que el inglés tiene dos palabras para voluntad, una de ellas proveniente del latín, como la nuestra, pero después tienen “will“, que sólo está en las lenguas germanas, como lo es el inglés. “Will” es algo entre medias de querencia (curiosamente este concepto no tiene equivalente en inglés, y usan el español), disposición o determinación, potencia, y de ahí poder y por extensión virilidad, más cercano a deseo o impulso que a razón. También más cercano a motivación que la palabra voluntad de las lenguas latinas; esto se acerca a mi idea que propone a la motivación como base de una voluntad más profunda y que esta asentada en los ganglios basales, encima de tallo cerebral, las zonas más antigua del cerebro. El concepto de “voluntad de poder” (Wille zur macht), de Nietzsche proviene de esta acepción de las lenguas germanas. De una manera u otra en ese núcleo que es el carácter está la “verdadera” voluntad, pues de la voluntad latina proviene volición o acto de elegir, que ya es razón; de esta manera tener voluntad para trabajar es elegir trabajar, manteniendo enérgicamente esa elección. Como sea, que me alargo. De lo que se trata es de trabajar con el propio carácter, fortalecer sus pilares, muros y columnas. Desde arriba hacia abajo, y no quedarse en lo externo, en enlucir las paredes y pintarlas. Lo performativo puede reducirse a la acción, a ejecutar actos. En definitiva al hacer, no realmente al Ser. El hacer modifica el cuerpo, el “alma” (núcleo), con sus daños y potencialidades en muchos casos nunca afloradas, permanece inmutable. Si algo se rebela, es que ya estaba allí, en el “alma”. La cirugía estética, no es estática. La situación social actual es el contacto a distancia, en redes, a través de fotografías y vídeos, en donde es muy importante la primera impresión, eso ha llevado a lo humano al puro aparecer, al exterior. Las nuevas generaciones son víctimas y a la vez verdugos para que se mantenga tal estado del protagonismo de la superficie. Es muy posible que las ideas que presento aquí, sean más cercanas a las de Nietzsche. La razón es duda, el carácter es esa voluntad de poder, cercana a la fuerza vital. ¿Cuántas madres no habrán tenido momentos de querer tirar la toalla?, esa duda nace de la razón; Desde el instinto, de la voluntad “animal”, desde ese núcleo de su carácter, es de donde al final sacan las fuerzas para continuar. Esta misma idea, la que estoy plasmando aquí, y que es posible que fuera la de Nietzsche, es la que se deduce sobre “la fuerza” de la saga de “la guerra de las galaxias”. La monserga que siempre se oye es: “déjate llevar por tu instinto”, en donde tal cosa quiere decir que no analice la situación desde la razón o prefrontal, sino que deje salir ese algo interior y más profundo.

   Tampoco hay que dividir a los humanos a una infinidad de géneros. Siempre suele haber una preferencia principal, que es el equivalente a carácter o naturaleza, si después se tienen otras secundarias no es tan relevante como para asignarles un nuevo nombre, pues los nombres serían infinitos. Si mi preferencia principal son las mujeres, sé que ante dos opciones cogeré esta. Si después podría estar con un hermafrodita o un transexual femenino, por este orden, es lo de menos. No voy a reivindicar un género o definición para mí. Hay conceptos que sólo se dan durante la juventud y es posible que no signifiquen nada. Un ejemplo sobre el hecho que la evolución tiene sus planes es que con la madurez uno se vuelve más conservador. No es por elección, es el plan maestro de la evolución, de la autorregulación, de la tendencia al equilibrio homeostático de los sistemas complejos. Y sí milenials: os convertiréis en vuestros padres, con algunas alteraciones, pero caeréis en los tan temidos roles que tanto os parecen molestar en los otros hoy. Los adultos tienen que “servir” de freno a los jóvenes. La tendencia debería de ser que a mayor velocidad y potencia de la juventud, como hoy en día ocurre, mayor debería de ser el freno, pero la generación anterior ya era de por sí narcisista, y en muchos casos arrastrarán por siempre el complejo de Peter Pan (me incluyo), con lo cual no hacen de freno, sino que se suman a las fuerzas de las nuevas generaciones. No me puedo imaginar que si hoy ya la cosa es realmente extraña, cómo será con la generación de los hijos de los milenials. Hoy vivimos en la decadencia de la sólo-máscara, artificial, fría, ni contacto piel a piel, de una nueva época sofista, en donde lo más importante es lo performativo, la máscara que uno haya decidido adoptar para impactar o ganar dinero, el discurso, que el ser y el hacer… ¡ya sé, decir es hacer y hacer es ser!, pero no es naturaleza, es máscara. El “ser operativo (que es conmensurable) o desaparecer” de Lyotard.


(1) De forma tímida aquí y en otro escrito, comparo la evolución de los sistemas en valles y montañas, al final encontré que existe el concepto de paisajes adaptativos. Esto me “da la razón” en otro aspecto. Lo hombres, con respecto a la mujeres, tendemos a usar nuestras capacidades espaciales, de orientación tridimencional, para pensar en abstracciones, pues estuvimos mucho más tiempo, durante las cazas y las exploraciones, moviéndonos por la naturaleza.


Descargar revisión del mapa mental sobre la Superveniencia, creado con TheBrain, contiene etiqueta “performativo” sobre los temas a tener en cuanta para este escrito. Revisar en “Cerrando el círculo sobre la autopoiesis” para instalar.

El Yo Cristalizado

Todo lo excelente es tan difícil, como inusual.” Spinoza
La verdadera felicidad es no saber quién eres.” Maniac
El logro final de la razón es reconocer que hay infinidad de cosas que lo superan.” Pascal
Existe tanta diferencia entre nosotros y nosotros como entre nosotros y los demás.” Michel de Montaigne

   Un concepto nuevo que me he encontrado, en mi eterno divagar por la Wikipedia, ha sido el del “yo cristalizado“… ¿qué es?, es legítimo o es otra vuelta de rosca del posmodernismo. El concepto nace de la incapacidad de poder definir qué es identidad. Cada ciencia le da una definición, está es tratada de forma muy distinta en la sociología que en la psicología o en la filosofía, y dentro de la psicología cada escuela da su propia visión. El conexionismo nos dirá una cosa, la psicología evolutiva otra, la cognitiva una distinta, el psicoanálisis se distancia del resto, y así sin fin. El propio constructivismo tiene su propia noción de identidad. Esta neblinosidad del ser ya nos lo hacía ver Marcel Proust cuando nos recuerda que “…ni siquiera desde el punto de vista de las cosas más insignificantes de la vida somos los hombres un todo materialmente constituido, idéntico para todos, y del que cualquiera puede enterarse como de un pliego de condiciones o de un testamento; no, nuestra personalidad social es una creación del pensamiento de los demás. Y hasta ese acto tan sencillo que llamamos “ver a una persona conocida” es, en parte, un acto intelectual“. A nivel de calle, en los social, ocurre otro tanto, y lo que más sobresale es el hecho de hablar de autenticidad y máscara, de yo real, frente a un yo falso. Yo mismo hago esta distinción, si bien no la he formalizado muy extensamente. Bajo mi punto de vista nacemos con un temperamento o carácter, ese sería el real, y posteriormente la sociedad (momento histórico y lugar de nacimiento), las vivencias y uno mismo “reconstruye” ese temperamento creando una personalidad. Pero la personalidad, bajo mi punto de vista, es como un corsé que tiene como premisa mantener a raya lo liminal de uno mismo, similar al concepto de máscara de personaje. Una premisa (base, forma, esencia) humana, y la de cualquier animal social, es la de ser aceptado. Uno ha de limar las asperezas de su temperamento para encajar en aquello que es lo aceptado en lo social. Es contradictorio, y falso, el lenguaje de la calle cuando se dice que uno ha  de “ser uno mismo”, pues ¿quién quiere que un psicópata o un pedófilo sea él mismo? El “sé tú mismo”, el neblinoso y escurridizo concepto de autenticidad,  es una “verdad” que funciona por lo general, pero que falla y no se puede tener como norma general. En ese sentido las normas y las convenciones sociales, la educación, lima esos posibles comportamientos y actitudes (partes del carácter) que van en contra de dichas normas y convenciones. El carácter sale en las situaciones de crisis, de supervivencia, en donde las normas sociales han quedado rotas o tienen fisuras. No llegamos a conocer a alguien hasta que no se llega a una de esas situaciones de crisis. Antes de esa situación vemos su personalidad, su carácter encorsetado o enmascarado.

  En ese sentido hay que diferenciar dos tipos de máscaras: 1. esa que he mostrado en el párrafo anterior y que es de desear en lo social, y que se define en la película “mejor imposible”, en la arquetípica frase de “tú haces que quiera ser mejor persona”; 2. aquella otra que intencionadamente usamos para engañar y obtener un beneficio propio y egoísta. Por lo general cuando la gente habla de yo real y yo falso se refiere a esta segunda opción. ¿No es todo demasiado confuso?, ¿cómo distinguir lo primero de lo segundo?, pues llegado el caso que se dé una crisis saldrá el yo real, que como puede tender a sobrevivir y auto-preservarse, va a ir en contra de los otros, de tal manera que puede ser considerado egoísta, y con la consecuencia de que lo vamos a tratar de falso en su anterior postura o pose. Eso es lo que suele suceder en los conflictos de pareja, y por eso se suelen odiar cuando se separan, posición que por lo general no se suele restituir. Es como si una vez que se hubiera “descubierto” ese ser real, ya fuese imposible aceptarlo cuando se pone esa máscara que hemos de ponernos, según las conclusiones del párrafo anterior. Lo que se concluye es que sólo aceptamos a aquellas personas que por su tipo de carácter dulce, suave y “bueno”, no tienden durante las crisis a ser egoístas, pues en definitiva no es aquello que son. “Amamos” las almas cándidas y buenas por naturaleza, la niñez por extensión, que por lo demás son una minoría, pues no es la mejor apuesta evolutiva. Desarrollemos esto brevemente: si estas personas durante las crisis pueden ser más proclives al sacrificio, es más probable que mueran y no se reproduzcan, luego su tipo de apuesta no es la que va a ser la más general en lo evolutivo/humano, se mantiene en una baja proporción. Primera conclusión: lo evolutivo humano tiende a lo “vulgar”, no a lo excelso, a las posiciones algo tramposas, pero no lo suficiente como para ser rechazados en sociedad.

    A veces damos algo tan por sentado, que no lo vemos. Realmente no entendemos qué es y qué quiere decir sociedad. Como ya dijera en el escrito “Limerencia y autopoiesis“, en cuanto se dio la primera mutación en los primero seres vivos, se dio la dualidad identidad y otredad. En la vida hay cuatro tipos de divisiones con lo otro: 1. indiferente, una cebra y un ratón de la sabana tienen este tipo de relación; 2. simbiosis (mutualismo), por medio del cual dos especies “cooperan” de alguna forma, en donde la acción del uno (egoísta) beneficia al otro; 3. identidad, es en esta donde nace el concepto de sociedad, en donde una misma identidad conlleva la cooperación; 4. otredad, como la que se suelde dar entre depredador y presa. La identidad no implica sociabilidad, es un nuevo grado que emergió del de identidad tendente a la cooperación para el “bien común“. En esa medida es una postura “superior” (no mejor, sino más compleja) entre la otredad que es el individualismo, una parte de los depredadores son solitarios, individualistas; y la simbiosis, la cooperación egoísta, pero que beneficia a las dos partes. Cualquier animal social tiene los dos tipos de apuestas, y “elige” la cooperativa o la egoísta en situaciones de crisis dependiendo de su genética, en definitiva de su carácter. Hay madres -del reino animal- que se sacrificarán por su descendencia ante un depredador, y otras que no. Incluso en una misma especie se dan las dos tendencias. La evolución no “usa” la ética o ninguna “razón” o lógica, valida aquello que sobrevive. Si la madre se sacrifica puede que esa cría tenga esa misma apuesta evolutiva, pero también puede que ninguna otra hembra la acoja, de tal manera que muera y no tenga descendencia. Cuanto más complejo sea un cerebro en el reino animal, barajará más posibilidades. Animales como los elefantes o los primates pueden “adoptar” a esas crías huérfanas, luego la apuesta de sus madres se mantienen.

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    Creemos otra capa de abstracción o complejidad a todo el asunto. La vida, en su definición más elemental, es traspaso de información, autorreplicación. Con el sexo la replicación dejaba de ser autorreplicación a favor de tener más información, por la combinación de los genes de los dos padres. La información entre dos entidades se llama comunicación. Los animales simbióticos tienen un “lenguaje” para comunicarse, tan complejo como el que pueda ser el de las flores para sus insectos y aves polinizadoras. Y lenguaje y comunicación hace falta igualmente entre los animales sociales. A lo que quiero llegar es que las convenciones y las normas humanas hacen ese papel de comunicación -de pegamento- con la finalidad de llegar a estados simbióticos o cooperativos, que de nuevo nos lleva a la conclusión del primer párrafo: que la máscara o ser educados es “necesario” en lo social. ¿Por qué no nos satisface nada de nada esta conclusión?, a mí no desde luego. He tendido a la soledad, al individualismo, pero es una apuesta arriesgada, más proclive a ser fallida. Volviendo a las premisas halladas, que me pierdo: 1. la información fluye en lo social, las convenciones sociales cambian de país a país, y de década a década; 2. uno ha de leer ese flujo de información para “adaptar” su carácter a esos nuevos datos; 3. hay distintos medios en donde uno se proyecta: unas y otras redes sociales, el trabajo, con la familia, con los hijos, con las amistades…; 4. se “adapta” a ese nuevo flujo y en cada uno de los fluidos. A ese todo de leer información y adaptarse, en un mundo tan cambiante, de tal manera que no se pueda hablar de yo real, frente a un yo falso, es a lo que ahora se llama “yo cristalizado“. Tal concepto se me parece al de la película “la cosa“, en donde encuentran un “algo” tan extraño y fuera de todo posible concepto familiar, que no les queda otro remedio que llamarlo “cosa”, objeto indefinido. Esto es, como no podemos definir qué es identidad, y como no podemos definirla sin dualizarla en un yo real, frente al yo falso, pues seríamos proclives de entrar en ese mismo rango o etiqueta, entonces salimos del paso llamándolo “yo cristalizado”. Bajo el punto de vista de este concepto es cristalizado, porque al igual que un cristal crea caras o facetas que al estar dirigidas en distintas direcciones, reflejan distintos aspectos de la realidad, siendo este -el cristal– la suma de todas sus facetas y reflejos. Es curioso que se haya usado este símil, pues yo ya lo había utilizado alguna vez. Por otro lado tiene la curiosidad de denotar que el cristal es trasparente, no es en tanto que realidad, tan sólo es en la medida que refleja algo, cuestión que yo he defendido una y otra vez al decir que uno es en tanto que negación, en tanto que siendo aquello que no es. El cristal no es lo que refleja, pero los reflejos facetados son los que nos hacen ver que es, que está ahí, pues si no tuviese la capacidad de reflejar y fuese totalmente transparente, no se vería.

    No quiero alargarme, creo que la idea está clara. Una última reflexión (que viene de reflejo) es que si uno es la suma de esas caras, y es en tanto que la lectura de lo que es la sociedad, aquí nos encontramos con la paradoja que la sociedad es la suma de todo los reflejos de los yos cristalizados, pero que a la vez es esa imagen global de la sociedad la única que es capaz de leer y reflejar cada yo. Hay claramente una retroalimentación. Yo en soledad no reflejo nada (¡bueno, sí, en estos escritos!), pero el resto de humanos son lectura y escritura de lo que es o ha de ser la sociedad. Está claro que en todos estos patrones juegan los mismos que en la evolución y por lo tanto en todo sistema complejo. Cuando a través del sexo se perdió la autorreplicación, la evolución creó la mímesis como un tipo de sucedáneo de esta.

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   Aquello que no era instinto, (escrito en el ADN, como lo es el carácter) tenía que ser a través de la imitación; que de groso modo es la lectura del grupo para adaptarse a una media o norma social. Todo bebé es pura imitación durante sus primeros años. El humano es más imitativo que otros animales, esto nos dice la Wikipedia: “en un estudio que comparó niños humanos y chimpancés jóvenes, se demostró que, cuando se les da una demostración sobre cómo recuperar una recompensa de una caja, los chimpancés copian el comportamiento relevante, mientras ignoran el comportamiento irrelevante, para resolver la tarea. Mientras tanto, los niños humanos imitarán fielmente el comportamiento relevante e irrelevante para resolver la misma tarea”. ¿Porqué?, si se supone que la curiosidad humana es aperturista y debería ser menos imitativa. Es muy posible que sea por el lenguaje, este no deja de ser al final mas que movimiento muscular y por lo tanto imitación. Más teniendo en cuenta que es posible que provenga de un lenguaje de las manos y los gestos. En ese remoto tiempo habría que ser muy preciso a la hora de saber crear los movimientos para nombrar algunas cosas, con respecto a otras. Ahí tenemos en la actualidad a la hora de traducir una canción de otra lengua. En las entonaciones, y con la música tapando las palabras, a veces se nos hace indistinguible qué dice el cantante, a veces dudamos entre dos o tres palabras posibles, pues al ser poéticas no son tan contextuales. Por otro lado, nada más complicado que hacer ciertos fonemas de ciertos lenguajes siendo adultos, esa dificultad de aprenderlos (imitarlos), como la “rr” española, crea los acentos de los hablantes de otras lenguas. El lenguaje es muy cerrado, hay que imitarlo, reproducirlo, a la perfección. De alguna manera la evolución en ese aspecto fue un todo o nada, si había que imitar a la perfección unos gestos como lo eran los del lenguaje, ese aspecto promovió que la imitación “perfecta” o total era la que se implementase en nuestra especie. Algo como los bostezos o las risas nos son contagiosas porque antes que cualquier otra cosas somos seres miméticos. Fijarse que norma y normal tienen el mismo origen. Ser una persona normal es ser una persona que sigue las normas. O dicho de otra manera, que es más mimético, que está más preparado para “leer” lo ambiental, a los otros, y adaptarse o moldearse a esa normalización. Esa “adaptación” mimética de la lectura de lo más “escrito”, a la información más redundante y por lo tanto más tendente a ser lo autorreplicador, es lo que en los sistemas complejos evolutivos se llama estigmergia (stigmergy). Safari_antsEl ejemplo más claro son los caminos trazados por las hormigas, donde cuanto más hormigas vayan por un mismo camino dejan una mayor marca química de lectura para el resto de las hormigas. ¿Cuál es nuestro equivalente a esa marca química?, el meme (mímesis). Aunque sea un nombre y concepto nuevo es algo, que como hemos visto, estaba “previsto” dentro de los patrones de los sistemas complejos. Los memes que han sobrevivido a lo largo de la historia son los que ahora llamamos refranes y frases hechas; y de otro modo las convenciones más inmutables y permanentes que se transmiten por educación en una cultura, como saludar y despedirse, no mirar descaradamente a una persona, etc.

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   Última reflexión. ¿Dónde queda la libertad dentro de este juego de espejos?, dónde la razón, la lógica y la “verdad”. Al parecer lo más importante es lo social: uno no elige el bien, elige aquello que está estipulado que es el bien en una sociedad dada; hoy se pone de moda (otra forma de llamar al meme) la defensa de los animales domésticos, cosa impensable hace cinco siglos, pues eran nuestro principal “elemento” de generar energía. Si hoy decimos que lo importante es el individuo y que si mira por sí mismo eso repercutirá en el bien común (egoísmo racional), que es la esencia del neoliberalismo, del capitalismo, eso es lo que reflejarán esos yos cristalizados que son las personas en sociedad. Pero ¿realmente ese paradigma es “verdad” y lo más “lógico”?; lo que quiero decir es que si todos somos tan sólo reflejos, entonces si de repente la normalización, el estándar o el paradigma actual yerra, todos erramos, todos reflejamos una sociedad del malestar. ¿No debería la evolución social auto-organizarse, en tanto que sistema complejo?, ¿”corregirse” hacia una media estándar más “correcta”? Un sistema complejo es tendente a poseer un alto grado de desequilibrio, de estar por debajo o por encima de su fase, sin que este permute a un nuevo estado. O sea, la media de temperatura ambiental, que en estas fechas fluctúa a 12 grados por la noche y 32 por el día, la suple nuestro cuerpo en su tendencia al equilibrio, a la homeostasis, hacia los 37 grados internos. Lo social es igual, es otro sistema complejo que tiene sus propios mecanismos tendentes a la estabilidad. Lo peor es que el cuerpo, en estados extremos de bajas temperaturas, deja de llevar sangre a las zonas que son más tendentes a que se pierda la temperatura interna: los dedos, las narices, las orejas, con las consiguientes muertes de esos apéndices. Conclusión, que hay un alto número de humanos que son como esos apéndices: prescindibles por el “bien” del sistema. ¿Cuántas partes (número de humanos) de lo social son prescindibles como para poner en riesgo el paradigma actual?, ese es el frío cálculo que hace cualquier sistema complejo evolutivo, ese es el cálculo que en algún lugar no legible y comunicable hace el paradigma actual. ¿Realmente creemos que el paradigma actual es el mejor?, ¿no está nuestro cerebro y sistema social lo suficientemente preparado o ser lo suficientemente inteligente para crear un sistema mejor?, ¿un sistema en donde nadie sea “nariz” o “dedos”?, prescindibles. ¿O será que nunca podremos llegar a “gobernar” ningún sistema complejo, por no tener esa capacidad mental…?, decía Edmund Burke que “la sociedad es tan grande y compleja que una sola mente no puede contenerla y entenderla“…, y de ser así, ¿realmente podemos autoproclamarnos libres, o somos simples engranajes de sistemas que no por comprenderlos los podemos manejar?

   Sea como sea yo sólo sé una cosa: que soy una mierda de célula de la oreja, como le sucede a un gran número de humanos, que a la menor en la que la estabilidad caiga, morirá.


   Actualizado mapa mental sobre la “superveniencia”, en el cual añadí una nueva etiqueta “sincronización”, del que parte este escrito (me podría haber extendido, pero he preferido ser corto y conciso); y nuevo mapa mental sobre los sistemas complejos; mapa mental más sencillo y mejor estructurado, basado en el que tengo vinculado en mi escrito sobre los sistemas complejos, en donde se puede bajar la gráfica que está de fondo en este. Si se han hecho cambios personales en el primero, que ya compartí, cambiarle de nombre antes de importar este nuevo, para mantener las dos versiones, sino puede que sobrescriba uno a otro. Hacer una copia de seguridad del vuestro, de haber hecho cambios, por si acaso. Ir a escrito anterior para bajar programa y leer instrucciones (ese otro enlace del escrito anterior lo borraré en unos días).

Limerencia y Autopoiesis

Uno no tiene que entender el mundo, uno solo tiene que encontrar el camino en él.” Einstein”
“¿Por qué el cerebro humano insiste en interpretar el mundo y en construir un relato?”   Michael S. Gazzaniga
El mundo es muy extraño hoy en día, ¿no crees? Hemos llegado a un punto en el que nada parece real.” Kiss me First

    (El presente escrito tendría que haber sido una pregunta y respuesta más en el último artículo, pero se ha hecho muy largo; por lo demás tiene sentido que vaya detrás del que trata sobre la limerencia, pues lo complementa.)


-¿No es tu filosofía estructuralista?

    No me he dado cuenta hasta hace poco que podía caer dentro de esta categoría. De cualquier forma lo dicho como crítica por otros sobre el estructuralismo: desde que el hombre es hombre ha creado teorías de la realidad a partir de descubrir (o creer hacerlo) patrones o estructuras en la realidad. La cuestión de si mi pensamiento, era estructuralista o no, surgió a partir de saber que algunos estructuralistas “incorporaban” la diferencia en la identidad, por lo menos Niklas Luhmann, como yo hiciera en el escrito “La dimensión social“, sin saber de este, ni haber leído demasiado sobre el estructuralismo. Pero básicamente mis ideas parten de los sistemas complejos, donde tal concepto o forma de ver la realidad es susceptible de ser “encajonado” como estructuralista. De cualquier forma me diferencio en romper con que todo sean estructuras, una tendencia a la deconstrucción, por lo menos al tener en cuenta las qualias, y por ello la individualidad, donde las estructuras rígidas se desdibujan. Con la salvedad de que en la medida que, por el sesgo de conformidad y el deseo de pertenencia, el humano “rompe” con la individualidad, de esa manera ya es susceptible de ser estudiado bajo los parámetros de la sociología estructuralista. Aquí sale una regla: sé social y serás un número en alguna variable de algún algoritmo. El pensamiento económico-utilitarista de la Inteligencia artificial de Matrix.

   De una somera lectura de “La sociedad de la sociedad” de Niklas Luhmann, me llamó la atención el concepto de autopoiesis, como autoreplicador, el cual el autor usa como pilar para los sistemas complejos. La autopoiesis es… “un espacio topológico cerrado que continuamente genera y especifica su propia organización a través de su operación como un sistema de producción de sus propios componentes, y lo hace en una rotación interminable de componentes”, fuente Wikipedia. Tal concepto viene de la biología, lo crearon los biólogos chilenos Humberto Maturana y Francisco Varela, para referirse al tipo de procesos de auto-mantenimiento y replicación de las células. A mí no me encajaba del todo, e igualmente enseguida encontré detractores de tal reducción. Tiene sentido para referirse a los tipos de vida que no se basen en la sexualidad, como es el  caso de nuestras células corporales, pero una vez que se da la sexualidad, y sobre todo en los animales complejos, ya no encaja. Según un ejemplo de Luhmann, una cadena de producción de coches no es autopoiética, pues produce algo distinto de sí misma, podría serlo si nada que se tratase en ese complejo industrial se trajera de afuera, y se produjera en su interior. En un ejemplo claro: en la película “nuestros maravillosos aliados“, vienen a la tierra unas pequeñas naves vivientes, poco más grandes que un puño, que tienen “bebés-naves”, y este sistema sí es autopoiético, donde sólo necesitan chatarra (le añaden el factor macho/hembra para que empaticemos más con ellos, pues los bebés-naves nacen del “amor”). La primera dificultad está, por lo tanto, en ver qué sistemas son autopoiéticos; se supone que si un sistema parte de otro, con pequeñas variaciones, sigue la regla. En ese sentido la vida y la evolución, en términos generales, son autopoiéticas. Pero me parece muy confuso todo este lenguaje. Este es un resumen las críticas de varios autores, vertida en la Wikipedia:

Hay múltiples críticas al uso del término tanto en su contexto original, como un intento de definir y explicar lo viviente, y sus diversos usos expandidos, como su aplicación a sistemas autoorganizados en general o sistemas sociales en particular. Los críticos han argumentado que el término no define o explica los sistemas vivos y que, debido al lenguaje extremo de la auto-referencialidad, que utiliza sin ninguna referencia externa, es realmente un intento de dar fundamento a la epistemología radical constructivista o solipsista de Maturana, o lo que Danilo Zolo ha llamado en su lugar una “teología desolada”. Un ejemplo es la afirmación de Maturana y Varela de que “no vemos lo que no vemos y lo que no vemos no existe”. El modelo autopoiético, dijo Rod Swenson, está “milagrosamente desacoplado del mundo físico por sus progenitores… (y por lo tanto) basado en una base solipsista que va en contra del sentido común y el conocimiento científico”.

   La autopoiesis me recuerda a los conceptos de la invariancia y lo teleonómico aplicados estos a la evolución. Ya en lo sociológico, toda entidad o grupo es autopoiético, en la medida que mantiene la estructura de la que “nació”. Mi pega, como ya he dicho, viene del hecho que no encaja con el sexo, donde en tal acto ya no existe la auto-replicación, sino la combinación de ADN. Cierto que de un humano y una humana sale otro humano, pero ¿es realmente autorreplicación cuando puede que el hijo se parezca más a un abuelo, ya sea en lo físico o en el carácter? En otro ejemplo y ya en la sociología: los templarios ¿son hijos de las armas y la Iglesia?, ya no tiene sentido hablar de autorreplicación, cuando las armas matan y van contra uno de los principios de la Iglesia (por lo menos en lo que debería de ser su “esencia”, que es no matar). Con todo, el concepto de autopoiesis, aunque sea en una versión idealizada, encaja en mi concepto de limerencia, ya que es aquello que busca toda entidad: ser autopoiético o buscar la situación más cercana posible a lo autopoiético, o dicho de otra forma tendente a la autorreplicación y la autoorganización, mientras que la vida sexuada es sólo replicación, y la autoorganización ya no es un proceso interno y físico individual, sino dependiente de otro, en donde ya se cuela el concepto de diferencia y por lo tanto de conflicto. Es como si este concepto fuese la idea primigenia -o piedra angular- de la forma de vida inicial, de aquellas primeras células, pues eran autopoiéticas, pero fuesen perdiendo esa capacidad al tener que adaptarse al medio y las mutaciones progresivas, donde se volvieron multiplicidad y competitivas, y en cada capa de complejidad se fuese “diluyendo” el concepto de autopoiesis. La limerencia consiste en ese “deseo” o tendencia hacia ese ser primero autopoiético, en tanto que ansía ser sólo unidad, no división a dos entes que aportan una porción de identidad y en donde por ello “muere” o fracasa -queda frustrada- la autorreplicación. Con el concepto autopoiesis me ahorro artificios de nombrarlo como replicador puro o primero, e ideas similares, que tenían los problemas conceptuales de usar tales adjetivos. Una forma de comprender la unión de limerencia y autpoiesis ya se encontraba germinalmente en Sócrates en el concepto “atopy“, atopía, lo no clasificable, aquello que no se puede entender con el intelecto o las palabras. Esto nos dice la Wikipedia: “un ser humano enamorado, sin importar a quién o a qué se refiera su adoración y afecto -ya sea una persona amada, un dios en algún sentido místico o un ídolo- no puede reducir el “objeto” de su amor ha ciertas características , él afirma que su “oscuro objeto de deseo” es único e incomparable. La atribución de características del mundo cotidiano banal significaría, en el ojo del que está seriamente enamorado, la traición (sacrilegio) al propio amor mismo“. Por otro lado encaja con mi idea de los divergentes, aquellas personas que tratan de ser autorreplicadores, o en este caso autopoiéticos. En mi caso tanto mi escritura, la corrección, la edición en página web, el retoque de imágenes, es autopoiético, no recurro a nadie externo.

Superveniencia-Autorreferencialidad

   Ahora desarrollemos más todas estas ideas. Algo que dejé al margen en el capítulo sobre la limerencia, por ser una idea conflictiva, pues es un tabú, es que el concepto de limerente, como el deseo de tender a la autopoiesis, encaja muy bien con la atracción sexual genética, dependiente de la detención del parentesco aunque sólo de forma tácita, de que es esa situación en donde dos familiares, alejados desde que nacieron, y que no han llegado a crear la impronta por la cual se “marcan” como no-sexuales, tienden a buscarse de forma más limerente que dos personas que no sean familiares. La explicación es que los hijos de ese encuentro se ajustarán más a lo autopoiético, a lo autorreplicador, a lo autorreferencial, pues hay menos variaciones genéticas. Si se piensa bien los primeros seres sexuados eran “incestuosos”. Fue más tarde que la evolución tuvo que crear el mecanismo de la impronta, por la cual ya no se podía tener deseo sexual hacia aquellos con los que se compartían los mismos genes (efecto Westermarck). Y aquí vemos cómo trabajan los conceptos o esencias: se sigue la misma premisa entre los amigos, hay que dar un paso sexual antes de cierto tiempo, antes de que se active ese estado por el cual esa persona nos sea tan familiar, como para que ya no se dé el deseo sexual; patrón que explotan los guionistas del cine y de las series. De hecho tendemos a buscar como pareja alguien que se nos parezca tanto en el carácter, como en lo físico (ver vídeo relaccionado). En un experimento llevado a cabo por psicólogos del comportamiento, se daban a elegir a las personas entre 4 o 5 candidatos como pareja, mostrados en fotografías, y la mayoría elegían una fotografía modificada digitalmente, en donde se había puesto el rostro del propio sujeto del experimento, haciéndolo más femenino o masculino, según el sexo del implicado. Casi todos los algoritmos de las empresas de emparejamientos se basan en la igualdad en intereses y de caracteres, o como mucho complementarios…, nunca de contrarios. De hecho el incesto en la antigüedad era uno de los privilegios de los reyes y los emperadores, tenidos como dioses, circunstancia que se ha mantenido durante toda la historia, con sus consiguientes problemas en la descendencia después de dos o tres generaciones. Otro dato que apunta a lo mismo es la relación de los gemelos, en ciertas culturas estaba aceptado el incesto entre gemelos. En Japón se decía que si dos enamorados se suicidaban a la vez (a lo Romeo y Julieta), volverían reencarnados en gemelos, por lo cual les estaba permitido amarse, o a tener esa relación tan cercana y sintiente, con una mayor unidad de las formas de trabajar de las neuronas espejo. Las “gemelas silenciosas” (the silent twins) June y Jennifer Gibbons crearon un lenguaje sólo para ellas dos y no trataban de comunicarse con nadie más. No es un caso aislado ya que otros gemelos como Poto y Cabengo, de la misma forma, se inventaron un lenguaje privado, (sobre otro caso, el de “Sam y Ren McEntee, gemelos de 17 meses de edad”, mencionado en el artículo sobre la idioglosia, no he encontrado referencias). ¿Acaso no es el mismo proceso, aunque de una manera menor, que por el que pasan la mayoría de los enamorados y las parejas de larga duración?: a los segundos les basta una sola mirada para ponerse de acuerdo cuando tienen que tomar alguna postura concreta en alguna situación social.

   Por otro lado, cuestión más hipotética, el alfa es el que más procrea, y de alguna forma es el Ser más cercano a lo “perfecto”, o que mantenga la esencia -espíritu- de esa especie, más autopoiético, invariante, eso podría explicar la limerencia que se siente hacia los alfa y líderes en cualquier campo, como hacia los cantantes, a los cuales la media social los tratan de emular. Los animales eusociales se basan en una reina, en donde todos sus individuos son hermanos, siendo especies más autopoiéticas que los mamíferos, y de ahí quizás su armonía. Un último dato es el concepto de “alma gemela“, concepto esencialista que claramente apunta a alguien que encaja a la perfección con uno mismo, usando el adjetivo gemelo. ¿Cómo nacen los conceptos sino “leyendo” alguna disposición (patrón) de la naturaleza, que permanece ahí, pero que no sabemos interpretar?; pienso que el concepto tal como lo estoy yo manejando es el más acertado: se busca lo más igual, por ser lo más tendente a lo autopoiético. Por lo demás, la autopoiesis en lo sexual no tiene sentido en la medida que, de forma inmediata, entran en juego las jerarquías, como ya dijera en otro lugar, pues hembras y machos no pueden ser iguales (no-idénticos, no auto-replicadores) al diferir en sus medios y fines. Disposición, que ya en lo humano-social, nos ha llevado a la situación actual de “guerras” de sexos o géneros. O sea, según mi teoría todo ser, entidad o grupo que se ajuste o se acerque más a la auto-replicación, es más autónomo, más es esa máquina auto-suficiente y auto-regulada o en definitiva autopoiética. Las homosexuales se acercan más a lo autopoiético: tienen la capacidad de replicarse (maternidad), y son más iguales en sus medios y sus fines, en segundo lugar lo serían los homosexuales y finalmente los heterosexuales; si bien teniendo en cuenta que en los dos primeros grupos les hace falta el sexo contrario para procrear, y que en los heterosexuales la evolución ha creado todas las bazas para trascender sus libertades -estado autopoiético- durante los orgasmos simultáneos.

   Pero dicho todo esto, que complementa el escrito sobre la limerencia, quiero centrarme en la dimensión social del estructuralismo en tanto que ha de ser tendente a la autopoiético. Antes hay que hacer un breve resumen de mis ideas principales. La base está en la teoría de la superveniencia, que viene a decir que todo sistema se basa en el que le precede, sin que lo pueda cambiar. O sea, los cambios son de arriba hacia abajo, nunca a la inversa. Estos sistemas a grandes rasgos son: 1. elementos y partículas subatómicas, 2. átomos, 3. moléculas, 4. células, 5. seres vivos, 6. grupos sociales. No hay que buscar nada externo a dicha dirección y cómo unas llevan a las otras (Dios). Cada proceso se dio porque estaba potencialmente en el sistema anterior. O sea, que las partículas tarde o temprano tenderían a formar los átomos y estas las moléculas, dadas las condiciones iniciales del sistema y las leyes implicadas en ese estado… La gravedad fue uniendo átomos de hidrógeno, durante un prolongado periodo, en donde el universo tan sólo eran nubes de hidrógenos sumidas en la oscuridad. En la acumulación de estas nubes se “creaba” calor y energía, pero no la suficiente como para que se crease una estrella. Potencialmente estaba la posibilidad de que se uniesen dos átomos de hidrógeno formando el dihidrógeno, cuya energía no era frenada por la gravedad, como para crear las primeras estrellas. Todo estado de la materia es posible porque potencialmente existe esa posibilidad, dada las reglas de cada sistema. De esta forma lo social es un “volcado” del cerebro individual y sigue las reglas potenciales que tenga este. Siendo así hay que “leer” el cómo opera el cerebro y extrapolarlo a lo social. Un paso importante en las potencialidades, “leídas” por las reglas de la superveniencia, fue la química orgánica, que dio paso a la posibilidad de la replicación, que ya estaba implícita en la química de la materia (simetricidad), y más tarde a la vida. Con la vida se produce un primer concepto, que después han heredado el resto de grupos de la superveniencia, que es “lo faltante”. Todo Ser vivo lo es en tanto que ente falto de algo: comida, agua, calor, sexo para la reproducción. Esta es otra falla de la autopoiesis, pues ningún sistema vivo es pleno y cerrado sobre sí, siempre se da lo faltante, si tal cosa hubiera sido posible no se habría dado la evolución: permanecerían eternamente en ese estado aquellos primeros seres unicelulares. Cuando nació la conciencia nació con ese mismo estigma: el estar falto de algo, hecho que la hace ser un eterno cuenco vacío. El humano se mueve por necesidades, y estas siguen las reglas del que está falto (en este caso el humano), de lo faltante, y lo fallido (acto final por el cual la conciencia se sacia de “un” faltante para darse cuenta que sigue sin ser llenada). Toda necesidad busca lo faltante. Lo que está falto busca los medios para hallarlo. A esa acción cerebral básica se le puede nombrar por eso que llamamos intención. Como ya he apuntado en otro lado, la intención no tiene porqué ser la consciente. Con lo que la conciencia trata es con una presunción de lo que es la intención. El primer problema a dirimir es sencillo, y este es si la acción llevada a cabo es efectiva. Por ejemplo mi “intención” aquí es hacerme entender, pero puede que no lo logre. Resuelto ese evidente escollo queda saber qué hay en el fondo de un “acto” cerebral y si la conciencia sabe de ese fondo. En mi caso, ahora, se me presenta a la conciencia que quiero hacerme entender, pero ¿qué hay tras de esa evidencia? El psicoanálisis nos ha rebelado que las cosas no son tan claras, por otro lado las neurociencias apuntan a lo mismo. Ahí está el caso sencillo de que las feromonas nos siguen repercutiendo: elegimos parejas que sean compatibles y complementen nuestro sistema inmune. Cada acto tiene un sentido o intención que se puede escapar a la conciencia. En este caso, sigo el hilo de porqué me comunico, puedo pensar a nivel de conciencia que quiero dar a conocer mis ideas, por ser fructíferas, pero eso sigue siendo quedarse en mitad del camino. Todo acto comunicativo es por la presencia de otro, luego ¿”necesito” un otro, romper con mi soledad, acallarla? El otro es lo faltante, como no existe ante mí, cuando escribo me imagino un “oyente” o lector que a su vez en ese momento me piensa. Cuando el otro me oye o me lee, existo en un nosotros temporal y virtual. El otro es lo faltante en tanto que crea un nosotros. El resto se siguen de estas premisas: necesitamos pertenecer a un grupo, aunque ese grupo sea sólo de dos personas, o en el caso de los solitarios, con entes imaginarios. Este tipo de unión entre individualidades creó el grupo, en la superveniencia, de los animales sociales. Se presupone conciencia a un gran número de animales sociales, luego la conciencia, dentro del grupo de la superveniencia emergió dentro de lo social. Por otro lado sale a colación que la comunicación es un instinto, y de seguir su origen se ha de concluir que se sigue de la regla de la replicación (heredar información). De esta manera se deduce que lo siguiente en la superveniencia fue 7. la mente o conciencia. Los primeros seres unicelulares, por mutaciones, se empezaron a diferenciar. De este primer estadio nace el concepto dual de identidad/diferencia, que era parejo al de auto-replicación, luego lo que se replicaba era una identidad, en tanto que diferente a otras identidades auto-replicadoras, que por lo demás eran susceptibles de “competir” por los mismos recursos. Ya tenemos los conceptos de identidad, diferencia, conflicto, lo faltante, auto-replicador e información. El primer atolladero esencialista, con las mutaciones primero y con el sexo después, es que identidad y diferencia nacen a la vez. O sea, y para llevarlo al ahora y a un individuo, yo soy una identidad única, que me hace diferente a cualquier cosa en el universo. ¿Cómo resolver y “encajar” identidad y diferencia para que no se dé el conflicto? Se busca lo menos diferente de uno mismo. O sea, se internaliza la diferencia como parte del entramado de la identidad. Para el caso y el ejemplo que sigo: cualquier humano es más igual a mí que cualquier otro animal, luego soy de esa identidad. Dentro de los humanos soy más igual a todo aquel que tenga pene, más igual que todo aquel que sea occidental, etc. Las restas de todas las negaciones dan como resultado lo que soy: mi identidad. De este dilema primero, sobre la identidad, se puede comprender lo vital y esencial que es “tomar el papel” de lugar donde se nace: del barrio, de la ciudad, la región, el país, y en la actualidad el continente. La patria es el pegamento que une la máscara a nuestra propia piel. Imposible deshacerse de esa capa de nuestro ser sin arrancar nuestra propia carne. Cuando el humano se esparció por la tierra, cuando le confirió una propiedad a cada zona, perdimos la esencia o el espíritu humano, para volvernos patrios (de tal o cual territorio), diferentes, únicos y pertenecientes a ese lugar y lo telúrico: creamos la identidad regional, la diferencia, la otredad, que más tarde sería la de patria, y con ello asesinamos al espíritu humano; que aún hoy con ese falso concepto de aldea global, no parece que podamos recuperarlo. Vamos a “empujones” hacia la indiferenciación, hacia la vuelta del espíritu humano perdido, pero una y otra vez surgen los conflictos para separarnos, para que no se reste ese pegamento que une la máscara a nuestro rostro descarnado. Ahí están los casos de los catalanes, los ingleses o los escoceses. El mundo está lleno de identidades que no quieren morir, cuando lo telúrico ya carece de sentido, en un mundo cada vez más globalizado y virtual.

    Pero busco el componente social de los conceptos, que han emanado y hemos heredado de la superveniencia. Identidad, diferencia, conflicto, lo faltante, auto-replicador e información. Cuando se da una agrupación se busca aquella situación por la cual haya menos conflicto y por lo tanto una menor diferencia. La familia sin duda es ese primer grupo. Los cónyuges son los más alejados del otro en tanto que identidad dentro de la familia. En una familia se sigue la premisa de ser autopoiética, en tanto que sus acciones son muy parejas, y se pierde la autopoiesis cuanto más alejado se esté en el parentesco. Algo que emerge con la conciencia son los conceptos, conceptos que igualmente se pueden extrapolar de todo grupo de la superveniencia. Los conceptos son reglas o patrones (o estructuras) que siguen la regla desde el todo a lo pequeño. O sea, que como he dicho arriba, puesto que soy social, esta regla “dicta” mi comportamiento individual, sin poderla evitar: siempre nos habita alguien en nuestro interior, como hablándole y que nos habla. Como he dicho en otras ocasiones, es fácil deducir que esa presencia ausente se tomase como Dios. “Converso con el hombre que siempre va conmigo, quien habla solo espera algún día hablar con Dios”, dijo Antonio Machado. De este acto se desprende otro, que va y viene en las filosofías y nunca termina de encajar: el idealismo, el esencialismo. En la actualidad se cuestiona el esencialismo, por ejemplo en el existencialismo o el feminismo, pero creo que bajo las reglas que hemos hallado hasta ahora se puede entender mejor sus tramas y sus porqués. La primera esencialidad fue la diferencia. Idea extraña a primera vista. Vamos a tratar de aclarar tal concepto, recurriendo primero a un ejemplo algo burdo: si todo fuera oro este dejaría de tener ningún valor. Lo que le da su valor (esencia) es su escasez y la existencia de materiales que se oxidan con facilidad. O sea, lo que le hace un metal precioso, al oro, es aquello que no es: no es abundante, no se oxida. Por esta paradoja se da la pérdida de identidad y otros trastornos similares, como nos recuerda Sartre en la frase: “un Ser es frágil si lleva en su ser una posibilidad definida de no-ser”. En una película que vi hace unos días uno de sus protagonistas afirmaba: “por qué será…, sé quien son todos menos yo.”; nos asombra que alguien asegure tal idea, cuando nosotros sí sabemos definir a esa persona. Es por que la identidad nos la prefija los otros, los no-yo, en tanto que negación de lo que no son ellos mismos, como ocurre con el oro.(1) En las primeras bacterias: aquellas bacterias que fueran diferentes, no serían iguales a mi ser auto-replicador, pues traspasarían una información distinta a la siguiente generación. “Soy” en tanto que no soy esas otras formas de crear auto-replicaciones. Soy “dentro” de una identidad en tanto que hay otras diferentes. Y soy identidad en tanto que los medios y fines son compartidos dentro del grupo al que pertenezco. En este proceso nace un nuevo concepto: la intención en su génesis. La “intención” de esas identidades eran favorecer a las iguales, aquellas que traspasaban la misma información, “perjudicando” o no ayudando a aquellas otras que pudieran perjudicar o no ayudar a esa intención, a no ser que fueran simbióticas. ¿Qué es esencia?, lo es toda regla, patrón o estructura que “parece” dar forma o contener -de arriba hacia abajo- ciertos agentes como perteneciendo a una identidad autopoiética. Todas las partículas y subpartículas (agentes) que se unan y mantengan una conexión son una “esencia” que crean un átomo. Donde se den tales átomos y ciertas condiciones, se crea dicho átomo. Un neutrón no lleva implícito un átomo de helio o cualquier otro, pero dos electrones orbitando en el mismo nivel y un núcleo son helio. Quizás lo errado es nominar a tal “acción” o potencialidad como esencia, pero trato de revisar tal concepto y mantenerlo. Otra esencia, ya más conceptual y para tratar de validar tal concepto, es que identidad y diferencia nacieran a la vez, creando una dualidad indisociable. Otra más es que la vida se base en lo faltante, y por lo tanto su dual sea la necesidad; y como último ejemplo, ya más en lo banal, cuando se nos dice que hagamos una mesa, sabemos que es un soporte llano y de cierta altura, que se mantiene por medio de una (central) o varias patas: el cerebro trabaja con esas esencias o ideas abstractas de todo ente. Pienso que los “estímulos supranormales“, el hecho que un animal tenga una mayor agresividad o deseo sexual por un objeto artificial, hecho por el hombre, en donde se han potenciado ciertos atributos de la especie, simbióticos, o sus enemigos, es una clara demostración del esencialismo o conceptualismo de la vida, pues lo “exagerado” o más claro del estímulo artificial es esa tendencia a buscar su esencia conceptual. Fijarse que en el concepto de estímulos supranormales se sigue mi idea, expuesta en otros escritos, de que el cerebro es metaforizante, y en tanto que tal, tiende hacia lo caricaturesco. A exagerar en lo grande o pequeño o lo maravilloso o lo horrendo, etc. O sea las esencias conceptuales se mantienen, pero en la medida que se idealizan cada vez, de generación en generación, más a patrones caricaturizados, quizás para ser mejor reconocidos, en cuanto se nos presentan en el mundo por tan sólo unos pocos rasgos. Hay que tener en cuenta que el cerebro, como gran sensor de la realidad, es una gran máquina predictora: cuanto antes reconozca algo, por ya tener previamente esa imagen en el cerebro, menos esfuerzo hará, con un menor coste y con una posible ventaja sobre otros a los que les costará más. Esa capacidad es otra más que se ha “integrado” en el juego evolutivo, y a mayor cerebro, o más complejo, se supone, mayor tendencia hacia la caricaturización, o manejar conceptos o esencias y por lo tanto hacia los estímulos supranormales. Cuestión aparte, a tener en cuenta, es que los antiguos humanos trataban de recoger la esencia de los animales que mataban, o incluso la esencia de los lugares, los objetos (fetiche) y los árboles, para hacerlas suyas, para apropiárselas (como faltantes hacia lo autopoiético) y volverlas dentro de su propio ser.

   ¿Es esa la “intención” primera?, la de la alteridad, o subyacen otras detrás. Todo subyacente, desde aquella primera química orgánica, ha sido la de sobrevivir y replicarse, que más tarde sería la de procrear. Al igual que la superveniencia explica todo desde el todo hacia abajo, toda intención parte primero de la alteridad, y desde esta hacia abajo las otras dos premisas de sobrevivir y procrear. Eso es lo que subyace tanto en el cerebro como en todo grupo social. O visto en un ejemplo: una vez que el feminismo nació estaba “condenado” a permanecer vivo, a sobrevivir y “reproducirse”. Es asombroso que algo, por el mero hecho de ser nombrado, de poseer un nombre, exista: ya tenga una identidad, que durará nada o milenios. Alguien dijo que no hace falta crear una gran obra y teoría sobre el mundo, tan sólo hace falta que crear un concepto que tenga éxito, que siga las reglas de los memes de durar y multiplicarse en las mentes (sociedad líquida, inteligencia emocional…). Si es así cuando yo “llamo” a que se disuelva el feminismo, no tiene ningún sentido bajo estas reglas: mis “peticiones” son quijotescas. Algunos grandes conquistadores, como Genghis Khan, comprendieron ese hecho y asumieron que para acabar con una identidad tenían que acabar hasta con el último de sus habitantes. Toda identidad (vida, grupo social, concepto, esencia, meme) clama sobrevivir, la única forma de acabar con esas identidades son “exterminándolas”. En ese dilema se encuentra hoy la ciencia con algunas enfermedades (virus, bacterias), donde los únicos supervivientes son aquellos que han sido aislados en laboratorios de alta protección. En los virus se sigue de forma fidedigna todo lo dicho hasta aquí: sólo buscan autorreplicarse, todo es otredad, todo es potencialmente tendente a ser exterminado, sólo “aceptan” lo idéntico o lo simbiótico. Toda plaga sigue las reglas de identidad, diferencia, conflicto, lo faltante, autorreplicador e información.

   He mostrado varias “intenciones” subyacentes a todo acto, ningún mérito en cuanto a la supervivencia y la procreación, son algo que todos damos por sentado. El extraño ahí es la alteridad. ¿Qué otras hay? El resto de reglas se siguen de esos principios: identidad, diferencia, lo faltante, conflicto, auto-replicador e información, mezclándolos de unas maneras u otras, y siempre dependientes de las situaciones, deviniendo así en intenciones; las cuales crean el caos individual (en la mente y los sentimientos), en lo social o en lo evolutivo. Identidad y diferencia no siempre implican conflicto: los dos sexos están llamados a replicarse. En la naturaleza hay relaciones simbióticas. El meme sigue todas las premisas de identidad, diferencia, conflicto, auto-replicación e información. Se “asume” que lo faltante es algún agente y/o medio (un humano en Internet). “Trata” de no mutar, que no cambie el mensaje, mantenerse autopoiético, idéntico. Autorreplicación e información tampoco son lo mismo, la segunda se asume de la primera, pero no a la inversa. De esta forma la estructura del lenguaje ha de mantener la intención (esencia en este caso) o trasmisión de una información o significado, indiferentemente de los signos. O dicho de otra forma: “mañana las nubes altas mojarán los campos”, o “mañana lloverá”, o hacerlo con los signos de las personas discapacitadas auditivamente, son frases autopoiéticas, pues referencian o replican el mismo mensaje o información, en tanto que intención. Una regla que se sigue o subsigue a la del conflicto y lo social es que se den jerarquías. Estas pueden tener los mismos fines, pero siempre subyace el conflicto. Por ejemplo, en las manadas de lobos se sigue al alfa, pero si está en peligro la propia vida este se vuelve en un “potencial enemigo”.

   Con todo lo mostrado hasta ahora, ¿cómo “leer” la intención del otro?, donde otro puede ser una persona, un grupo u otra especie. Dado que la base es la alteridad, y de esta nace el conflicto, estas dos esencias pueden ser contrarias o no convenirles la información. O dicho más llanamente: otro componente (estructura, esencia) que nació inmediatamente  de las primeras mutaciones, fue el engaño, o el ocultar la información y por lo tanto la verdadera “intención” (camuflaje, falsos avisos de tener una propiedad…) Cuanto más ajenos sean dos sistemas o más en conflicto estén, más serán propensos a ocultar o engañar. Como es el caso entre depredadores y presas, o entre los dos sexos, o entre distintas posiciones jerárquicas. Si se hace un breve resumen de todo lo expuesto, se deduce que la vida tiene más de negativo que de positivo: nace de la alteridad, donde surge el conflicto, donde nacen las jerarquías, de las que nacen los engaños y las ocultaciones de las intenciones. ¡La vida es lucha, no es nada simpática! “Lo más triste del mundo es la vida”, dicen en la película “Un ruso en New York”. Ya en lo humano, se comprenderá que cuanto más compleja se fue haciendo la sociedad, basada en la palabra, una forma de mantener la información por generaciones, eso “provocó” que cada vez se tuviese que hacer más complejo el cerebro, tan sólo para saber “leer” las intenciones de cualquier otro ser humano, que era potencialmente diferente y tendente al conflicto. El cerebro gasta su mayor cantidad de tiempo y energía en lo social, cuestión por la cual las personas solitarias tienen la potencialidad de usar toda esa energía/tiempo a problemas complejos.

    Ya no quiero extenderme más, creo que los planteamientos base ya se han puesto sobre la mesa. Queda diagnosticar el presente bajo esta estructura. El humano, y sobre todo desde que apostó por la agricultura y la ganadería, y por ello por las ciudades, ha tendido cada vez a crear más y más identidades. Teniendo en cuenta que toda identidad implica diferencia y por ello tendencia al conflicto. Algunas de esas falseadas identidades han creado grandes males como la esclavitud, las luchas religiosas y las guerras entre patrias. Se suponía que con la entrada en la era de la Ilustración, de las luces, de la razón, todas estas identidades irían muriendo, y sí, algunas lo han hecho, como la esclavitud, pero otras permanecen (guerras, racismos), mientras que otras nacieron para parecer morir rápidamente, como el concepto de proletariado. Muy al contrario de lo que se pudiera pensar, cada vez hay más identidades, ahora deteniéndose cada vez más en menucias, como lo es sobre los seguidores de los comic de Marvel o de MC. La era de la comunicación nos ha llevado a una situación nueva: la auto-referencialidad, a podernos ver en el “espejo” que es Internet. Nos debemos de haber visto muy “feos”, tanto que nos hemos vuelto casi más amantes de los animales que de las personas, por algún tipo de compensación que no logro entender, hecho que se resumen en el meme de “cuanto más conozco a las personas, más amo a mi perro”. Cómo es esto…, como no es que me guste demasiado lo que veo, lo humano, ¿amo a los animales? -¡Espera, desde mañana soy un perro, ámame, protégeme, dame cobijo en tu hogar! -No seas cínico, -es que no queda otra, -estás hablando solo, -¡ya¡. Vuelvo al tema. Una cuestión impactante son las patrias, que nacieron de las etnias. Se supone que una etnia crea una identidad, hasta ahí bien, pero es que, y puesto que partimos de la selección sexual, se seleccionaban rasgos y caracteres propios de cada una de las identidades. Esas pequeñas selecciones llevaron a ciertas diferencias, unas externas y otras internas, como portar en mayor medida el “gen guerrero” que predispone a la violencia. Lo étnico es algo de lo que no hay que hablar, se supone que es un tema superado, pero es que eso a lo largo de la historia se “cocinaba” junto al concepto de patria. En donde, por ejemplo, un ruso en Rusia se cuece en su propio caldo (igualdad de tendencias genéticas y culturales), pero si es llevado a otro país se minimizan o liman ciertas asperezas. No estoy tratando de resucitar temas racistas. Los analizo bajo una nueva dimensión, en donde un ruso en su país es susceptible de activar cierta epigenética que le es más propia, y si está en otro país otra. Esto puede explicar, en parte, el por qué unos países doblan o triplican la violencia de género con respecto a España. Países, incluso, que se suponen con un mayor nivel de equidad y de bienestar social. Ahí están los casos de los países nórdicos, descendientes de los vikingos, cuya tasa de violencia hacia la mujer es mayor, que el resto de los países occidentales de Europa. En un estudio llevado a cabo en Suecia, se ha descubierto que sobre el 40% de los hombres de este país tienen una deficiencia en un gen que es el que crea los receptores de la oxitocina, molécula del “amor” que propicia la empatía y la confianza, y resta la violencia hacia la propia pareja. La secuencia histórico/cultural/evolutiva sería así: fue una sociedad que vivía de forma constante en el límite de la supervivencia, con mucha escasez de alimentos por un clima complicado, eso propició que fueran los machos más fuertes y aguerridos los seleccionados por las mujeres, pues se “necesitaba” ser muy violento con el resto para sobrevivir por encima de ellos (Finlandia es el tercer país en la estadística de abajo, país con un mayor problema con el clima a nivel histórico). Sólo sobrevivían las tribus de los machos más violentos, y de gran musculatura y tamaño. Las hembras de esas tribus extintas eran raptadas por las tribus vencedoras, y entraban en la misma dinámica de sus captores. El siguiente paso sería cultural: en algún momento mutó el gen receptor de la oxitocina, quizás viniese de muy atrás o proviniese de los neandertales o los denisovanos; los hombres se tenían que distinguir de los otros hombres que se asemejasen más a las mujeres, más simpatizantes hacia ellas, o sea que sí tuviesen el gen receptor de la oxitocina, luego a la larga se extendió los hombres portadores del gen deficiente de dicho receptor. Con el paso de los milenios se creó esa etnia que asoló al resto de Europa y parte del mediterráneo, se cree que en épocas de pequeñas glaciaciones, por su ferocidad y falta de escrúpulos, pues la oxitocina igualmente crea empatía y confianza hacia cualquier otro ser humano. Los rusos (Ruotsi, hombres que navegan) son sus descendientes. Consecuencia al día de hoy: los países nórdicos tienen esa mayor tendencia a heredar ese gen “defectuoso” que hace que no tengan el receptor de la oxitocina, que propicia una menor unión de confianza y empatía hacia sus parejas, que provoca que haya ese desnivel en la violencia de género con respecto a otros países, a pesar que llevan una vida más cómoda y con menos escasez que parejas de otros países con una menor violencia. Otra consideración a tener en cuenta es que cuando se dan migraciones, en la actualidad, no es para aquello de “donde fueres haz lo que vieres”, sino para mantener la identidad, creando barriadas y por ello islas identitarias en las ciudades y los países. El choque de esas identidades sólo está creando conflictos. Las dos reglas son contrarias: una etnia es susceptible de crear cambios epigenéticos de adaptación a una sociedad distinta a la suya. Una etnia mantiene ciertas características al crear islas de identidades en aquellos países a los que vayan. Es fácil deducir por donde voy: la asimilación -o muerte de lo limoso de las dos identidades (burka, por ejemplo)- debería de ser la única meta humana en sus migraciones. Si no hay dos identidades no se darán conflictos.

Tasa feminicidios Europa

    Quedaría ver que tal “funciona” mi estructura reduccionista en hechos concretos. Para remitir a algo que cualquiera pueda consultar, recurriré a lo acontecido en la obra teatral “muertos sin sepultura” de Jean-Paul Sartre. Unos nazis tienen presos a unos franceses de la resistencia, y tienen que lograr que traicionen a los suyos. Identidades cruzadas: dos contrincantes de una guerra, dos patrias distintas, soldados obligados por el estado, y voluntarios en una resistencia. Las jerarquías son otro de los conflictos: el juego del poder de carceleros y presos. Lo faltante es la información que necesitan los nazis. Los lenguajes e intenciones (información) son distintos: unos han de crear miedo y nunca bajar la guardia de su posición de poder, y los segundos no mostrar miedo y por otro lado no perder su integridad (identidad) y orgullo. En este caso hay dos orgullos (identidades) en juego en un ejercicio de  poder (jerarquía), los cuales no han de estar a la misma altura…, alguno tiene que “esconder el rabo entre las piernas”, al igual que ocurre en las luchas entre alfas y betas. Me pregunto si Zimbardo se basó en esta obra para su experimento de la cárcel de Stanford. La tortura es el mejor medio dadas todas las premisas, se ha recurrido a ella a lo largo de toda la historia humana. Siempre están en juego las mismas cartas: identidades, la otredad, lo faltante, las jerarquías…, el conflicto. Pero la vida no siempre es tan sencilla, toda identidad o grupo a la vez puede estar subdividido en grupos, y finalmente ser reducido a sus individuos. Entre los nazis ninguno ha de mostrar empatía, o dudar de sus medios y finalidades. Entre los franceses no ha de caber la cobardía, y claro, uno de ellos es una mujer, sobre la cual los nazis tienen otros planes. Eso crea una pequeña división o subdivisión, pues ningún hombre pasará por lo que ella pase. Para complicar más las cosas, durante la trama, atrapan a otro preso, que en realidad es el líder, creyendo los nazis que puede ser un simple paisano de la comarca. ¿Lo traicionarán los suyos para evitar el dolor de la tortura? Por no hacer spoiler no rebelaré más la trama o el final, pero no puede ser otro. A veces la muerte, el suicidio o el asesinato, aun yendo en contra de la supervivencia y de proteger a los de tu identidad, están llenos de significados dentro de las estructuras aquí mostradas: mantener la integridad identitaria, mantener una información oculta, dañar a los de otra identidad (hombres bomba, suicidios por despecho), etc. Sólo deja que los conflictos fluyan, se compliquen y se enreden: así son las trampas situacionistas. Hacer el ejercicio mental de aplicar estas estructuras, cuando veáis la siguiente película “seria”.

   He resumido algunos problemas, queda el proceso de aplicarles las conclusiones del presente escrito. El humano no ha resuelto el problema de la identidad y la otredad. Es más, parecen acentuarse cada vez de forma más pronunciada. El primer diagnóstico es que cada vez hay más escasez (lo faltante: trabajo, espacio habitacional…) y desequilibrio entre las jerarquías. Donde hay más necesidad se remarcan más las diferencias, y por ello los conflictos. De nada sirve apelar a esa autoimagen que nos ha dado la era de la información, sino es para otra cosa que para llenar el mundo de “buenas intenciones”, el “buenismo” y caer en lo políticamente correcto. Máscara, máscara y máscara. Las intenciones subyacentes son las que cuentan, las que se manifiestan. La información fluye, pero no es para crear unidad, sino cada vez una mayor disparidad. Para remarcar diferencias, para levantar odios a los que son diferentes, a los que no son de nuestra propia identidad. Hasta yo -en mi soledad y razón- me dejé llevar por la locura de “atacar” el feminismo como defensa de mi identidad de macho. Ahora ya no hay vuelta atrás, sería estúpido y poco honesto borrar esos escritos (quizás lo haga y los “limpie”). En ese sentido tiene razón Samuel Huntington en su libro “Choque de civilizaciones“. Se perfilan conflictos entre musulmanes y “cristianos”, entre oriente y occidente, entre civilizaciones de corte comunista y capitalista, entre países en desarrollo y del primer mundo… Sólo hace falta la chispa que prenda la mecha. ¿Qué hemos aprendido de la historia?, qué de lo que nos dicen las ciencias. Sólo cabe pensar que somos un animal estúpido, que sólo está preocupado por la técnica y nada por el contacto humano. Nos preocupamos más que maten a una vaca de forma “inhumana”, a que un vecino se suicide porque ya no puede hacer frente a sus débitos. ¿Acaso se creen los veganos que el 100% de la población lo podría ser: ¿cuántos planetas tierra harían falta, cuantas selvas habría que desolar para cultivar? (2) Una mujer embarazada no puede seguir una dieta vegana si causarle problemas a su futuro bebé, debido a la impronta genética. Nuevas máscaras de sanidad, para una sociedad cada vez más cibernética, sintética y sin una visión realista del mundo. ¡Acaso no nos damos cuenta que siete mil quinientos millones de personas no pueden ser únicas y especiales!, que no todos somos nuestros propios héroes y que ni siquiera los necesitamos. ¿Por qué seguimos bajo el influjo del sueño americano, cuando todos sabemos que en realidad es una pesadilla? Quien quiere una sociedad de rascacielos opulentos, con docenas de sin-techo en sus puertas. La meritocracia es el mayor manipulación/engaño que las altas esferas puedan haber gestionado para validarse en el nivel jerárquico donde se encuentren, sin que nadie los cuestionen. Hemos llegado a tal tontería que una familia de tres personas del primer mundo, gastan más en agua embotellada en verano, teniendo agua potable en casa, que una familia del tercer mundo en comida. Y hay humanos que tienen viviendas en cuyos espacios nunca un humano pondrá sus pies, de lo grande que son, donde otros sólo tienen cuatro chapas y unos paneles, improvisando una chabola. Pero ¡quieto ahí!, nadie es culpable, ni siquiera nuestra estupidez, tan sólo “obedecemos” a reglas dictadas hace miles de millones de años, que nos negamos a verlas, pues irían contra nuestro orgullo de creernos libres. ¿De verdad que nos creemos soberanos de nuestros actos y pensamientos, como para crear injusticias o resolverlas? Paliamos algunas y hacemos nacer otras nuevas. Ahí están las feministas “incordiando”, y terminando por destrozar el frágil concepto de familia. ¿De verdad creemos que el haber votado hace 8 años a un partido u otro hubiera cambiado en algo el panorama actual?, lo mismo para las siguientes votaciones con respecto a dentro de 10 años. Los cambios en lo político/social suceden de forma cruzada en varios países, empresas o hechos naturales, por pequeñas variaciones no previsibles, al modo del cambio por el aleteo de una mariposa, sin que casi nada de forma directa lo influya. “Luhmann sintió que la sociedad que se tematizó a sí misma como sociedad política se malentendió a sí misma”, fuente Wikipedia. Se sabe que una superpoblación entre los animales llega a un máximo y después viene una repentina crisis, en donde se hace insostenible que vivan tantos individuos, de tal forma que la población cae muy por debajo de su nivel medio. ¿Creemos que nos libraremos de tal designio?  Somos “esclavos” del destino. No necesito extensas estadísticas, o grandes teorías para argumentar algo así, me basta salir a la calle o ver la televisión cada día.

    De un somero análisis cruzado, del presente escrito y del estado actual de la sociedad, se puede concluir que lo autopoiético es equiparable a lo independiente, a lo autónomo. ¿Cómo encaja eso en un sistema social? La actualidad se define por ese doble marchamo: somos más dependientes de lo social de forma abstracta. El estado nos suple en situaciones complicadas: se mantienen a los desempleados, se dan ayudas sociales, está la asistencia sanitaria gratuita y las pensiones a los mayores de edad. Pero por otro lado cada individuo trata de ser autónomo del resto de los individuos. El individualismo es la consecuencia de nuestra línea evolutivo/histórico/social, el no depender de otras personas, el ser -dentro de la mayor posibilidad- autopoiéticos, independientes, autónomos. El nuevo ideario del amor es amar a alguien que no “necesita” del amor, que podría vivir sin él, pero lo elige no por las emociones, sino por la razón. No se quiere a alguien que no sea minimamente independiente y autónomo, que no tenga su propia vida y riqueza interior. Cuanto más necesitado veamos al posible candidato a pareja, menor va a ser la posibilidad de ser elegido. En esa dirección, en esa retroalimentación, uno ha de buscar su propia autonomía, su individualidad, sin tener a alguien al lado que le “ayude” en su lucha. Ni siquiera la “ayuda” de los más cercanos, de la propia familia. ¿No es esa una clara tendencia a lo autopoiético?,  y la paradoja ante esta situación sería:¿por qué una vez que se ha conseguido dicha autonomía se ha de dejar entrar alguien en tu vida que la pueda alterar o la quebrante? Hemos creado un sistema (la sociedad, las democracias, las instituciones) que han creado la posibilidad hacia la total autonomía e independencia del individuo. No estamos volviendo seres narcisistas y egotistas. Es el nuevo “guión” que nos da la cultura, para que nos adaptemos al nuevo “personaje” medio de la época. Y ahí está Internet y las redes sociales, sobre todo YouTube: todos hablando a la vez, eternos acaparadores de la atención del mundo, “ombrigismo” universal, … ¿se “oye” algo o ahora sólo hay ruido? Un antagónico posmodernismo de individualismo, en donde colaboramos con los otros no por que nazca de alguna emoción, sino como “exigencia” de los nuevos tiempos, donde se tiende a la mente e inteligencia enjambre. El sistema es la cáscara, la forma, que contiene esa posibilidad hacia la individuación, hacia el individualismo, que es su contenido. Nos hemos rendido de poder cambiar el sistema, este parece haber cogido su forma final, el neoliberalismo hiper-burocratizado basado en las estadísticas, en los números, en el beneficio; de tal manera que nos tenemos que estar readaptando constantemente nosotros mismos para ser competitivos y no quedarnos atrás. Parpadea un segundo y el siguiente puedes estar en la posición de perdedor. Hormiguitas en perpétuo  movimento. ¿Vamos hacia lo eusocial?, a crear sistemas como el de las abejas o las hormigas. En este tipo de sistema la empatía, las emociones, las qualias, no existen, no cuentan: está por un lado cada individuo y por el otro el todo. El todo es lo principal, el individuo es tan sólo un engranaje, una pieza repetida una y mil veces (auto-referencialidad) como para ser prescindible. Se llega a la “solución” del conflicto entre lo individual y lo social. El individuo se vuelve independiente y autónomo dentro de una sociedad que suple todas sus necesidades. Una hormiga no necesita de otra hormiga, sino en tanto que engranaje dentro de la máquina. ¿Qué perderemos en ese proceso? La familia, las amistades, los vínculos que nos unían y nos hacían humanos. Pero las cosas no son tan sencillas. Conceptos como los de la impronta, por el que quedamos estrechamente vinculados a la madre o a nuestro cuidador, nos demuestran que genéticamente no estamos preparados para ese salto hacia ese nuevo sistema. No queremos alguien que nos necesite, pero sí queremos alguien que nos auspicie en casos de extrema necesidad… y no desde la frialdad del sistema, que no nos ama, sino dentro del concepto del amor (amistad), en definitiva desde las emociones. Nos encanta esa frase, por su arquetípica imagen de lo que era el amor, de la canción “sin ti no soy nada“, pero la “aborrecemos” racionalmente. Somos esa contradicción insalvable: no queremos que nos necesiten, pero necesitamos que nos elijan. De querer ser eusociales, somos “máquinas” con sentimientos, un verdadero incordio para tal sistema y sus “engranajes”. No digo nada que ya dijera Philip Slater en 1974, en su libro “Paseo por la tierra” de forma más completa y poética:

   “Nacemos inmersos en relaciones íntimas de mutua retroalimentación con nuestros medios, tanto humanos como no humanos. Los compromisos con la fantasía interrumpen este circuito. Las señales se ignoran y el comportamiento se vuelve mecánico e insensible. El medio me lastima, pero yo estoy empeñado en un objetivo remoto y fantástico y no rompo a gritar, sino que avanzo despacio pero constantemente. Me he convertido en una máquina, daño al medio y él sí rompe a gritar, pero yo empeñado como estoy en objetivos remotos y fantásticos, no le puedo escuchar. Realmente hay una cierta justicia distributiva en todo ello: yo torturo al medio, el medio me tortura a mí. Se inicia una escalada de retroalimentación positiva, puesto que cuanto más me transforme a mí mismo en una máquina más tenderé a torturar al medio y más me tortura el medio a su vez, y necesito en mayor medida convertirme en una máquina.
      Nos hemos burlado de los humanos primitivos porque imaginaban que ellos y la naturaleza conformaban una unidad. Nosotros “sabemos” que estamos separados del medio. Nosotros lo hemos dominado. En realidad, le hemos declarado la guerra y la hemos ganado. Hemos derrotado al aire, hemos aplastado al mar, hemos asesinado a la tierra y estamos solos para paladear la gloria de la victoria, enfermos y jadeantes como un niño que ha triunfado sobre su madre.
     Todos los errores y las locuras de la magia, la religión y las tradiciones místicas se ven sobrepasados en importancia por la única y gran sabiduría que conllevan: la conciencia de la raigambre orgánica del género humano en un complejo sistema natural. Y todas las brillantes y elaboradas penetraciones del racionalismo occidental quedan reducidas a la nada a partir del insigne engaño en que descansan: el de la autarquía humana.
     Los logros de la cultura occidental son sueños materializados, y puesto que fueron posibles merced al estrangulamiento de nuestros sentimientos, han ido materializando el mal en el hombre cada vez más, la brutalidad perversa, la arrogancia plañidera, la obsesión cruel y la devastadora hambre de poder. Y cuando se haya dado forma física a todos estos impulsos mutilados no podremos ver el cielo, los árboles ni ninguna cosa viviente, tan inundados estaremos por la maquinaria que habremos vomitado de nuestras entrañas ulceradas.
    Para enmendarnos a nosotros mismos y enmendar a nuestro medio es preciso que drenemos la energía del tumor que nos posee; necesitamos escuchar, sentir y estar aquí; necesitamos recuperar lo que hemos desechado, recobrar lo que hemos proyectado en los demás, devolver la totalidad a lo que hemos truncado; necesitamos movernos juntos en una danza recíproca de integridad y gracia. Continuamos buscando el camino hacia las estrellas; pero no está oculto. Serpeando grácilmente por entre los espacios que hay entre las cosas, ha estado allí todo el tiempo.”

    Falta una última lectura de un signo que proviene del de esencia: espíritu. Se entiende por tal concepto aquello que sobrevive y emerge de una lectura somera e intuitiva sobre algo de la realidad. El espíritu del deporte, el espíritu de una nación, el espíritu de la fiesta… Creemos haber evolucionado, que somos más “civilizados”, pero ¿acaso cualquier hombre de hace treinta mil años no tenía y sabía de ese espíritu humano que hoy ya no sabemos ni leer ni poseer? Nos despreciamos por lo externo, por el lujo, por lo aparente, por la máscara; todo humano es otredad, todo humano es diferente. Lo humano, es hoy en día, tan sólo conflicto. Ahora todos somos seres fronterizos, siempre al límite de algo, de la cordura, de la ansiedad, de un ataque de pánico, de la depresión, de la soledad, de la exclusión social… La muerte de los signos, el ponerlos en duda (feminismo, posmodernismo…) ha quebrado la idea de las esencias, del espíritu humano. Si todo signo carece de sentido, sólo existe el signo que se me aparece cada vez, al que doy un sentido hoy y mañana otro. Ya no hay esencias, ya no hay espíritu, solo una eterna lectura del presente. Un eterno encuentro con otredades, con diferencias, con potenciales conflictos. ¿El único camino para este caos?, volver a los conceptos iniciales. Al “verdadero” espíritu humano antes de que se dividiese en etnias y multiplicidad de apuestas génicas, territoriales y religiosas. No hablo de eugenesia, hablo de mezclarnos hasta que lleguemos a la indiferenciación. Quizás así se “reunifiquen” todos los genes desperdigados y recuperemos algo que perdimos, algo que se “alteró”. Hablo de que permanezca la espiritualidad, pero que no tengan ninguna legitimidad las religiones. Hay que matar o controlar la falta de equidad de las jerarquías, romper las barreras fronterizas, quemar las banderas, olvidar toda identidad, y sólo así se podrá llegar a una sociedad libre de diferencias y por ello de conflictos, una sociedad realmente autopoiética, en donde la auto-realización, el auto-mantenimiento, y la auto-replicación de ciertas estructuras válidas sean la tónica. ¿Cómo?, creando un cambio disruptivo. Nada de cambios progresivos que mantengan la situación y se enlentezcan por siglos. Hacen falta cambios reales ya.


(1) Esta “falta”, mella o carencia de densidad en el Ser o identidad es a lo que Sartre llamaba facticidad del para-sí, de esa manera el Ser siempre está infectado de la nada: “esta contingencia perpetuamente evanescente del en-sí, que infesta al para-sí y lo liga al ser-en-sí sin dejarse captar nunca, es lo que llamaremos la facticidad del para-sí. Esta facticidad es lo que permite decir que él es, existe, aunque no podamos nunca realizarla y la captemos siempre a través del para-sí. Señalábamos anteriormente que no podemos ser nada sin jugar a serlo“, (El Ser y la nada). En donde el para-sí es el constante hacernos a partir del en-sí, pasado, carácter, traumas… En un lenguaje más moderno, somos neuroplasticidad y a la vez una red neuronal que ya tiene unos patrones o engramas (memorias) que nos definen. En cada segundo la “neuroplasticidad”, el intérprete del hemisferio izquierdo o conciencia, tiene ese doble dilema de crear Ser (nuevos patrones emocionales y de comportamiento), o tener en cuenta los patrones existentes. Se “debate” o tiene como fáctico el “sostener” lo que ya es o crear un nuevo patrón. “Los objetos son lo que son, el hombre no es lo que es, es lo que no es”, nos recuerda Sartre, si bien yo apostillaría que es aplicable a todo animal de cerebro complejo. “Su facticidad es en la medida que trata de ser coherente con lo que ya es, pero a la vez “sabiendo” que ese Ser o identidad no tiene la bastante solidez y densidad como para que no pueda ser “cambiado“. Es esa nada y Ser a la vez, luego esa es la facticidad con la que se “encuentra” el para-sí en cada momento. Explicación para tratar de comprender de manera más sencilla el aparente galimatías de su conocida frase de que “el para-sí es lo que no es y no es lo que es“. Termino la nota retomando una parte de la primera cita de Sartre y que será aclaratoria, pues habrá que tenerlo como referente para los capítulos (el yo cristalizado y la performatividad y los milenial): “Señalábamos anteriormente que no podemos ser nada sin jugar a serlo”. Porqué usa el verbo jugar. Para Sartre la facticidad suele “apostar” a lo seguro, a basarse en el en-si; dentro de este -del en-sí- también se encuentra lo social y el otro, con sus constructos, estereotipos y arquetipos. En la dimensión del Ser para-el-otro. Para Sartre “nos actuamos”, tendemos a representar nuestro papel, lo que se espera de nosotros. Ese “juego”, actuación, o performatividad no es el Ser, lo es en la medida que se “elige” Ser, pero en tanto que “bracea” en la nada… nada en la nada. En esa dirección terminamos por ser aquello que los otros esperan de nosotros mismos, que se resume muy bien en la frase de Charles Cooley que nos dice que: “no soy quien crees que soy; no soy quien creo que soy; soy quien creo que piensas que soy“. Juegos de espejos peligroso en donde el Ser se “funda” en creencias de creencias: lo que uno cree sobre lo que los otros creen, como nos lo hace ver el propio Cooley en el concepto de “espejo de sí mismo“. Adelantar que ese es el ser performativo o cristalizado (máscara en un lenguaje más clásico), más propio de los omegas -no alfas y betas-, y distinto del ego o carácter, que se “funda” en tanto que normativo y tendente a la imitación o siguiendo el meme, de ese otro Ser que bajo mi punto de vista permanece bajo toda esta acción, hacer o (a)parecer. Lo social “funciona” en la medida que prima la imitación (meme) y el mantenimiento de normas y constructos por medio de los omegas, que son la media en lo social. La individuación rompería esa estructura, en esa medida esa nueva estructura se basaría en el nihilismo, en el dejar de creer y apostar por lo dado dentro de lo performativo.
(2) Voy a aclarar mi postura a tal debate. Soy amante de los animales, luego lo que argumentaré es a modo de hacer de “abogado del diablo“. Cuando los he tenido me desvivía por ellos. Las gatas me esperaban para parir y que les ayudase durante el parto. Hoy en día ni siquiera me parece bien tener un “animal de compañía”, pues no concibo que una vida (y su bienestar) pueda estar en mis manos: antepongo la libertad de cualquier ser vivo. Hay que analizar todo de forma más generalizada. El actual problema que denuncian los veganos es el maltrato industrializado e “inhumano” que se hace a los animales, pero ¿de dónde viene el problema? Primero de la superpoblación y segundo del capitalismo. Ya en otro lado he dicho que donde realmente se gana dinero, en la ganadería y la agricultura, es en su distribución, manufacturado y venta. Las multinacionales no quieren tener que ver nada con la cría de ganado: demasiado “sucio” y poco controlado. Se atienen a comprar la “mercancía” y distribuirla, manufacturarla y ponerla a la venta. Se basan en la oferta y la demanda, de tal manera que quien venda más barato es al que más compran. En esa medida la presión recae totalmente en el ganadero, que ha de criar la mayor cantidad de ganado al menor coste posible. Con este sistema se ha llegado a la situación actual. ¿Queremos hamburguesas baratas?, eso es a costa de que el ganadero caiga en la masificación del ganado. Antes de la era industrial apenas si se comía carne, dado su coste. La “culpa” no es del ganadero, sino de la superpoblación, el sistema capitalista de las grandes corporaciones y la tendencia de la sociedad a comer fuera de casa, que es donde más carne se come, pues ya que sales no vas a comer lo que comes todos los días. Por otro lado detesto las “modas” y que ciertas personas se hagan veganas por seguir modas. Por último el veganismo no se podría universalizar, como han apuntado en algún documental, pues ¿quien mantendría a las vacas o a los cerdos?, ¿se extinguirían o habría que dejarlos que volvieran a la naturaleza? Si se “soltase” al ganado, sin que hubiese depredadores, sería perjudicial para la vegetación, como ya se ha comprobado con los elefantes. El veganismo se sustenta en ciertos vídeos que muestran las crueles imágenes del momento de la matanza, pero sobre esto último hay que tener en cuenta que morir a manos de un depredador tampoco es mejor. Los documentalista sobre naturaleza no suelen mostrar la crueldad y dureza de algunas muertes, donde el animal en muchos casos es comido cuando aún permanece vivo. Omiten esas muertes o metrajes porque el humano no quiere verlos. Si se liberase a los animales domésticos (cerdos, vacuno, ovino, gallina…) habría que equilibrar los ecosistemas con depredadores. Morirían de maneras crueles de igual forma. Por otro lado, ¿quien les daría esos terrenos?, desde luego los ganaderos no cederían de buena gana sus fincas. ¿Habría que crear nuevos parques naturales? Sin ningún control y depredadores acabarían con los pastos e impedirían que creciesen nuevos árboles y arbustos al alimentarse de sus brotes. Al meter depredadores, osos y lobos, a esos lugares no podría acceder el humano sin correr peligro. Los veganos ignoran tantos datos que asusta. Sobre el 80% de la agricultura mundial aún se hace por medio de la fuerza muscular, ya sea la de los animales o los hombres. ¿Habría que quitar a los animales para que dejaran de ser de carga y dejar que ese trabajo lo hiciera el humano? El caso de los asnos y burros en las sociedades más avanzadas demuestran que el hombre si no da una utilidad a un animal lo lleva a la extinción. En otros casos se usan para el turismo ecológico, que según las sensibilidades tampoco es algo digno. Todo esto nos lleva a la paradoja que en muchos casos no es que queramos que mueran o no de forma cruel, sino que no queremos que esos que dan esa forma cruel de muerte sea el propio hombre, luego en algunos casos es una cuestión de auto-imagen. Tenemos la mentalidad Disneyzada (aniñada, inocente) de la naturaleza, cuando esta es cruel y dura. O resumiendo, ya hemos roto todo el ciclo natural y los hábitat y no podemos “reponerlos” sin caer en nuevos errores. Finalizar diciendo que vivo en Salamanca, la mayor productora de ganado vacuno de España. Sobre un 70% del terreno no es cultivable (montaña, o suelos rocosos) y se deja para el ganado. La cultura milenaria creó la Dehesa, en donde la interacción árbol, animal y hombre ha creado un equilibrio o hábitat. Son amplias zonas en donde se esparcen con regularidad árboles, dejando muchos claros para la hierba y el ganado. Se crean charcas artificiales que son usadas por las aves migratorias. Cuando salen brotes de árboles el humano determina si los tiene que proteger para que no sean comido por el ganado y mantener la regularidad y densidad de los árboles. El equivalente de la ciudad son los parques y jardines. En ganado (cerdo, bobino y vacuno) vive en amplias zonas. En algunos casos se les deja libres durante casi todo el año. En la zona sur, en Béjar, las manadas suben y bajan la montaña dependiendo del forraje. Se basan en manadas matriarcales, donde las más ancianas recuerdan y marcan las rutas. Soy senderista y me las encuentro de constante por la montaña, con su aparente torpeza uno se asombra con la naturalidad que llegan a ciertas zonas escarpadas. En algunos casos están tan poco habituadas a ver a humanos que pueden llegar a atacarte. O para resumir: viven muy bien. Finalizar diciendo que el humano es lo que es porque se alimentó de animales. La grasa del tuétano de los huesos y las grasas del pescado y sus huevas (omega-3), propició que el cerebro aumentase de tamaño. En su momento había otros homínidos y estos eran herbívoros, y se extinguieron ante nosotros, ante la apuesta omnívora. Por otro lado, como apunto en el escrito, habría que priorizar los problemas, y el trato al ganado, por lo menos en España (excluyendo los toros), no me parece lo más grave de lo social. Imaginar la siguiente situación: se está de viaje por el norte de Irlanda, en sus abruptos acantilados, y de repente ves a un niño jugueteando con un cabritillo demasiado cerca del borde. Te acercas a ellos para avisar que se alejen del acantilado y de repente hay un desprendimiento de rocas que hacen que los dos se resbalen al abismo. ¿Qué hará tu cerebro instintivamente?, salvar al niño sin duda. ¿Por qué actuar de distinta forma en la vida de manera reflexiva? Con unos y otros casos expuestos me parecen problemáticas de mentalidades “pequeño” burguesas que simplemente se suben al carro de las modas.

 

Deconstruyendo el Deseo II – Limerencia

“¿Cómo se fusionaron las tramas para originar esta pesadilla? (…) la razón de todo: hay que buscar los orígenes.” Westworld
El amor puede tolerar y el amor puede perdonar…, pero
jamás puede conciliarse con un objeto no amable…” Thomas Traherne
Por estar loco se entiende perder la razón, pero no la verdad.” Henry Miller
La auténtica liberación es la comprensión entre hombres y mujeres.” En el documental “El sexo en el cerebro”

 

Preámbulo

   Los tres capítulos anteriores y el presente, tienen el pecado de ser demasiado prosaicos, e incluso vulgares, para poder ser tomados como intelectuales, y son demasiado intelectuales para ser tomados de manera prosaica, o que sean de lectura sencilla y cómoda. En mi “defensa” he de decir que es una dirección de la filosofía y de los pensadores: cada vez han devenido más a centrarse en los detalles, en lo “turbio”, en lo marginal. Hay que completar el mapa de lo humano. ¿Cómo empezó todo este debacle en mis escritos? Empieza en la primera parte del libro, que trata de encaminar a los lectores hacia qué es ser una persona normal, y en la medida que somos Dasein, un ser en el mundo, rodeado de otros existentes (ser-para-otros), el cómo el humano construye parte de su Ser identificándose con ciertas personas, gustos, caracteres, o ideas. Esa identificación crea una parte del Ser como lo que es la identidad. En estas dos variantes de la frase anterior, y con la misma raíz del latín “idem“, vemos el significado de identidad: en tanto que me identifico como igual a otro o cierta particularidad, soy. La propia raíz permanece como palabra en el español, ídem, que quiere decir “lo mismo”, que se usa en frases como “me gusta el pescado más que la carne”, y se contesta con un escueto “ídem”, para querer decir “a mí igual”. Con eso llegué a las islas identitarias. ¿Por qué? Soy como mi vecino, o como un madrileño o un andaluz, español. Ese suele ser de común el uso de identidad: la religiosa, la de patria, la de un oficio. Pero hay otro tipo de identidad, soy hombre, no soy mujer. Hasta el feminismo esas dos identidades estaban dentro de una identidad mayor que era la de ser humano, pero de repente el feminismo se desmarca como que se siente un humano al que el otro sexo lo pone en un rango inferior y lo reivindica. El error del feminismo actual, es que no ha abandonado su lucha, siguiendo remarcando la diferencia. Diferencia que está incluso en su palabra definitoria: feminismo, que remarca ser distinta en el sexo, en donde lo más acertado hubiera sido usar algo así como “igualitarismo”. De una u otra forma caen en aquello por lo que luchan: crean división. Caen así en ser una isla identitaria. Toda feminista española lo es del territorio español, pero ha creado una frontera virtual (isla), que dice que ellas son, o están, en una posición diferente y han de luchar con un nuevo lenguaje y unas nuevas armas. Es isla puesto que si un hombre y una mujer españoles se encuentran en un país remoto, se saludarán como de la misma identidad. Pero si se da el caso que la mujer es una feminista radical y ha ido a ese país para una protesta feminista, entonces ese español, antes que esta identidad, es hombre. Persona con la que en ese momento no se tiene que identificar.

    Usé el ejemplo del feminismo, pero hay otros como el de los afroamericanos -fijarse que en Europa hay personas procedentes de África y no se llaman a sí mismos como euroafricanos-, o ciertas religiones como los testigos de Jehová o etnias como los gitanos. Unos más legítimos que otros. De los nombrados el más “legítimo” es el de los romaníes, pues son/eran un pueblo nómada que tratan de mantener su identidad allí donde vayan. De ahí cogí tal concepto, pues tanto los judíos como los romaníes han sido islas identitarias dentro de Europa por siglos, con sus consiguientes problemas, que se desencadenaron con el Holocausto Judío, donde los romaníes también fueron víctimas. Al final con hacer la elección del feminismo como isla identitaria como ejemplo, se volvió -quizás- en una obsesión, pues a tal isla no le veo más que errores. Y repito lo dicho en otros casos: acepto la lucha por la igualdad, y la indignación ante la violación y la violencia de género, pero bajo mi punto de vista deberían integrar esa lucha desde una posición humanista o de algún partido, y “olvidarse” de esa isla identitaria que han creado, que cada vez crea más desigualdad y encuentran diferencias (insalvables) y enfrentamiento entre los sexos, cuando su fundamento era la igualdad y la indiferenciación. Es un gran error decir que han sido vejadas durante la historia y en la actualidad ellas parezcan hacer eso mismo con el hombre. Nos tachan de poco más que de error evolutivo. Están haciendo un maltrato psicológico al género hombre: vilipendiándolo, degradándolo y sólo buscando y cebándose en aquello que sea repudiable en él. ¿Es un ojo por ojo histórico? Si es así no quieren la igualdad, sino la supremacía. La feminista Camille Paglia ha afirmado que: “el feminismo ha conseguido envenenar la atmósfera cultural con su aversión a lo masculino”, y “el feminismo se ha centrado en la retórica antimasculina en lugar de en el significado de la vida”. Se entiende mejor lo que quiero decir en el ejemplo del concepto e isla de afroamericano. Se supone que deberían ir hacia la indiferenciación, pero al crear el concepto de afroamericano ellos mismos han creado la diferencia, que se va remarcando cada vez más y más. En Europa no existe el concepto de afroeuropeo (por ahora). Ahora incluso hay alguna película en donde casi todo su elenco es afroamericano, cuando el cine tendía a que estuvieran integrados. Los ateos no creamos una isla identitaria, pues en el fondo vamos contra las identidades, hacia la indeferenciación. En fin, que como por un lado estoy contra las identidades, lo primero ha de ser ver los errores al crear islas identitarias. En ese caso he tratado de mostrar que los errores del cómo el humano es hoy, vienen de las dos partes, de los dos sexos, y no sólo del hombre, como pretende hacer ver el feminismo. Y me he tenido que detener a explicar más y más esos orígenes, y quizás cada vez de forma más chabacana, y el cómo estos nos hacen ser lo que somos ahora. Por otro lado el feminismo está cayendo en el chauvinismo feminista, autoras como Ariel Levy “argumenta que muchas mujeres jóvenes en los Estados Unidos y más allá están replicando el machismo” (fuente Wikipedia), que es lo mismo que yo he dicho en varios lugares: están adoptando roles y comportamientos que eran masculinos, y que en teoría eran los “odiosos” y eran a los que atacaban. De nuevo la vieja idea: si se dice dentro de la isla identitaria, otra mujer, es constructivo, pero si lo dice alguien desde fuera, un hombre, este puede ser tildado de machista. Van en camino de querer invertir los roles, por lo menos ciertos radicalismos, pues su protagonismo en los medios y en las redes sociales, y el éxito en campañas como #MeToo hacen que estén “creciditas”, que aquí en España se usa para designar a una persona a la que le ha crecido el orgullo y la soberbia de manera súbita y esporádica, cuando esa no es su “naturaleza”. Pero me rindo, la humanidad va hacia ese camino, hacia las islas identitarias. Más posmodernidad, más caos, más lenguajes en liza, más identidades, más separaciones, más odios…, más desestructuración de lo humano. ¿Eso es lo que se quiere?, o simplemente somos víctimas de decisiones desacertadas que no las queremos ver como desacertadas, si no queremos que nuestro orgullo, y la posición ganada, se ponga en peligro. Lo peor de todo es que además están creando islitas dentro de las islas, divisiones feministas dentro del feminismo, lo que aún genera un mayor caos, y siendo consecuentes falta de identidad u homogeneidad interna. Pienso que es ese orgullo el que les ha hecho “cogerle el gusto” a formar parte de esa isla identitaria a la que ahora pertenecen. No puede haber identidad sin orgullo. Ese orgullo se alimenta sobre todo de los cerebros de las adolescentes, que sin tener las ideas claras y una vista panorámica amplia, enredan aún más las cosas, en más multiplicidad e islas identitarias. El feminismo, ante esta multiplicidad que no se ha dado en ningún otro movimiento social y de forma tan rápida, habrían de asumir su descalabro a la hora de crear una identidad, y el fracaso de dar una buena imagen ante tantas fallas, taras y contradicciones, ni siquiera le hacen falta ataques desde el lado masculino, pues sus propios ataques internos ya las devastan; pero no lo harán, no verán sus errores y contradicciones, pues es una condición de ese concepto llamado identidad: no ver sus propios errores o no admitirlos. Por la teoría de la diferenciación en sociología, un sistema se subdivide en tantas partes como sean necesarias para encontrar una identidad, donde ya no existan contradicciones internas. Dado los conflictos con temas como el aborto, la prostitución y el porno, la imagen sobre el hombre, entre otros muchos, no puede haber una sola identidad feminista. En esa medida se quedan detenidas en sólo dos temas: la violencia física, sea sexual o no, y la igualdad ante la ley. Como la segunda en la sociedad occidental está más o menos suplida, se centran tan sólo en la violencia física. ¿Qué se construye desde allí sino recordar una y otra vez al macho que es un “ente maldito y maléfico”? Llama a cada hombre a sentirse en un género “despreciable”, ¿no es contradictorio que nos hagan “eso” cuando ellas reivindican salir de aquel lugar al que le metió el hombre por milenios?, y ¿es “sano” centrarse en este tema como para hacer series y películas de abusos a menores, cuando aquellas personas que han pasado por ese trauma tratan de pasar página? Se ha vuelto “moda” o como meme que casi toda protagonista feminista haya pasado por algún tipo de abuso. Situación ilógica si se analizan las estadísticas.

   Ahí tenemos, como ejemplo de ciertos conceptos expuestos arriba, el caso de la humorista homosexual Hannah Gadsby en un show para Netflix tan “intenso” que me imagino que la mayoría de los hombres del teatro, en algunos momentos pensarían eso de “¡tierra, trágame!”. En este show, llamado Nanette, hace mención que Picasso hubiera tenido una amante de 17 años, como algo horrible, o el caso de Mónica Lewinsky y Clinton, que no deja de ser un problema político, no de abuso; cuando omite o ignora que Simone de Beauvoir, proclamada feminista, tuvo como amante a una de sus alumnas de 17 años, que además puso “en bandeja” para Sartre. El feminismo tampoco parece pararse demasiado en los abusos de la Iglesia sobre varones. ¿Es una flor más delicada la mujer en todo lo referente a lo sexual?, ¿no mantienen el arquetipo de la virginidad como cuestión exclusiva de las mujeres, que antes era sostenida por las ligas de mujeres guardianes de la moral?, ¿aflojan las cadenas para lo que ellas quieren y les conviene? Cada caso es cada caso. No todo encaja en los nuevos patrones marcados por las feministas. A mí me sedujo e hizo, a los 14 años, una felación un homosexual cuarentón al que no conocía, en un parque solitario por la noche. Bajo los cánones actuales fue un abuso a un menor. Nunca lo he sentido como un abuso, aunque yo no tuviese claro si lo quería o no, no tengo ningún trauma. ¿No será que el trauma se cree en muchos casos por la consideración social sobre el tema?, su carga y peso social negativo. O sea, si hoy tuviese esos 14 años, tal como está todo este tema, y pasase por aquella seducción… ¿la habría considerado violación y me hubiera traumado? O dicho más llanamente: el sistema no tiene que “decir” al individuo si tal o cual acto es o no es un trauma -o en otros casos una rotura de un tabú, o una transgresión- eso sólo lo sabe el individuo con respecto a sus propios sentimientos, los cuales en una mente no influenciable, no deberían de mutar a posteriori y por el peso social. Pensar ahora en la siguiente situación: a una niña de 14 años estando sola en un parque, y ya de noche, se le acercó un hombre y le lamió la vagina hasta que orgasmó. ¿Por qué suena más brutal este acto si es similar a lo que me sucedió a mí?, ¿por haber usado la adjetivo niña, por haber nombrado sus genitales, porque orgasmó… o simplemente por ser del sexo femenino?, ¿es más inocente una niña que un niño, o lo queremos creer así por ser un arquetipo?, ¿no se supone que maduran antes las mujeres? “Si controlas el flujo de la información, controlas el comportamiento”, nos dicen en la película “Tau”. ¿Las mujeres,  el feminismo, y su influjo, controlan como se escriben las noticias para impactar? En otro orden de cosas, ¿es el homosexual más cercano a la mujer y por lo tanto no tendente a la violencia, mientras que al hombre que se acerca a la adolescente se le presupone que es potencialmente violento? Ahora describamos mejor mi situación aquella noche. Estaba con un amigo en un parque, llegó alguien que le conocía, el homosexual. En cierto momento mi amigo se fue para ir a buscar algo, y me quedé sólo con el homosexual, y es cuando pasó tal situación. Pensemos que el caso de la chica de 14 años fue algo similar. ¿Ahora lleva implícito menos “violencia”?, pues es un amigo de un amigo con el que la adolescente se queda sola, ¿o lleva implícita la misma “violencia potencial”? De una forma u otra lo que trato de hacer es una crítica, a cierto movimiento del feminismo, que no cree que haya una naturaleza implícita en el ser humano, pero de forma contradictoria al hombre siempre se le presupone “potencialmente violento” y buscador de sexo “gratis”, que en su suma lo hace potencialmente violador o “forzador” de las situaciones (seducción, manipulación) para tener sexo. Lo hemos visto en este breve análisis de joven y homosexual, frente a adolescente y hombre. ¿El hombre tiene naturaleza y la sociedad no la cambia, y la mujer no y la sociedad la moldea? En estas dualidades se deduce que el hombre es activo (cazador) mientras que la mujer es pasiva (presa). Como yo era hombre “contra” homosexual, de forma implícita se deduce que “obré” de forma activa; mientras que en el caso de la adolescente y el hombre, la primera estaba… ¿en una posición totalmente pasiva? Doy por hecho que he dejado fuera de este análisis las edades, pero a tenor de quererme centraren esa dualidad en la que están los “agentes” hombre y mujer, y poner en jaque ciertas concepciones feministas. Para salvar el escollo habrá feministas que aduzcan que en los dos casos los dos adultos eran los activos/cazadores y los adolescentes eran los pasivos/presas. Pero dejo esa tal deconstrucción sin plantear por salirse fuera de este análisis, pero se siguen de las conclusiones a partir de las premisas expuestas. Sí hay generalidades, si hay naturaleza, pero la complejidad humana es tal que hay individuos, que aún en un sexo, pueden tener otros roles. Esto se explica por el hecho que no hay un hombre y mujer “puros”, que esas “purezas” son los estrógenos y la testosterona, y que todos tenemos nuestro propio equilibrio de dichas hormonas, que por lo demás se modulan a lo largo de la edad y las situaciones. O sea, que si acaso lo “macho” y activo/depredador es la testosterona, y lo pasivo/presa es el estrógeno, teniendo además en cuenta que el estrógeno hace a su vez de activo en muchos casos. A lo largo del escrito me centraré en esta diferencia, así como en algo tan marginal como la existencia del pene, para tratar de asentar que hombre y mujer son distintos y no son constructos sociales, aunque estos, claramente, repercutan.

   Cierto colectivo feminista “pone el dedo en la llaga” en este tema, pues casi siempre el “verdugo” es el hombre, al que odian, pero pasan por alto otros casos en donde sale claramente los conceptos que sostengo aquí: 1. que cada caso es cada caso, y 2. los sentimientos de las personas implicadas es lo que debería de importar. Ahí tenemos el caso del Mary Kay Letourneau, una profesora norteamericana que mantuvo relaciones sexuales con uno de sus alumnos, varón de 12 años, con el cual tuvo dos hijos. Los sentimientos de ambos es que no fue un abuso, un crimen, sino que se amaban. Ante la ley es un delito, se sigue la regla de todos igual ante la ley, pero una gran mayoría de personas saben que no está al mismo nivel que el abuso continuo de un pederasta. El feminismo está creando un “estado de malestar”, como si en un hogar se quedasen anclados en el trauma por un accidente mortal de un hijo, del que todos se sienten de alguna forma culpables, y rumiasen una y otra vez sobre ello a nivel individual, y saliese a flote cada vez que se pusiesen a hablar de forma extendida. Ningún psicólogo vería sana tal situación, pero en lo social lo hemos “admitido”, porque el intelectual ha callado a decir “¡ya basta!”, porque cada hombre se tiene que callar si se le habla de tal tema, y por lo tanto ceder a que sea la voz de la mujer la que diga la última palabra. Una vez que el intelectual cede a uno de estos sistemas situacionistas, todo está perdido. Yo no he querido callar, he tratado de decir: ¡ya basta! Han de dejar el tema a los sistemas policiales y judiciales, como siempre ha sido. Sólo sacarlo a colación cuando crean que se ha cometido alguna injusticia, como en el caso de la manada en España.

   Queda explicado el por qué tanta intromisión sobre el tema feminista y el por qué cada vez, quizás, ha ido degenerando más y más, en quedarse en los detalles. Pero en mi defensa diré que los detalles, las pinceladas, son importantes para comprender el cuadro que tenemos frente a nosotros. La diferencia de mis escritos sobre los feministas, es que yo ataco tanto al hombre como a la mujer, centrándome más en esta última para balancear los escritos feministas, tan negativos sólo para un sexo, que bajo este punto de vista son sexistas. En sus escritos suelen usar el genérico hombre, en vez de algunos hombres o algunas personas, cuestión por la cual yo he hecho lo mismo, pero en ambos sexos. Por lo demás no me saco nada de la manga, entro de lleno en las guerras sexuales feministas sobre los temas de la objetivación, y si el lenguaje sexual explícito en modas, palabras y medios es un buen camino o no.

   Me he planteado “extirpar” todos esos capítulos, pero están demasiados unidos a lo nuclear del libro. Hay que ver las formas, el bosque, antes que el contenido, los árboles. “Un viaje a Abilene” trata de mostrar de fondo el cómo la humanidad llega a posiciones que nadie quiere o ha decidido sobre ellas, pero que al final se normalizan: es un ataque directo al concepto de progreso. “Deconstruyendo el deseo sexual I ” se centra en la previsión del premio, algo que había dejado fuera del libro y era importante, y además añade la idea de que el hombre igualmente es “agredido sexualmente”,  ante cierto tipo de formas de vestir en la calle. En “Verdad y feminismo” trato por un lado de mostrar que la necesidad de unirse al grupo -sesgo de conformidad y otros-, viene de algo nuclear de la vida, que es la replicación, y que al unirnos a grupos replicamos sus estructuras, que en un caso especial en el humano son las palabras (eslóganes, principios, reglas…) de tal manera que damos forma a los memes, a las ideologías, a las identidades sociales; en ese proceso y de paso trato de desmitificar al meme y el valor de la opinión general. Meme no es igual a verdad, meme es sólo igual a éxito, siendo así se debería de llamar “memú” (contracción de meme y menú), pues se siguen memes a la carta; en “Conclusiones finales” remato la validez o no de la mayoría. En el presente investigo o ahondo en algo analizado someramente en “Deconstruyendo el deseo sexual I”, y como tal será su segunda parte, al tratar sobre la limerencia, y sigo ahondando en el hombre como víctima en las actuales calles e Internet muy sexuados. Mencionar, por si no es evidente, que los dos escritos sobre el deseo sexual parten de estudios de los sistemas complejos, sobre etología, neurociencias y otras ramas científicas, con el plus de tratarlo dentro de una dimensión filosófica, al intentar buscarles unas raíces ontológicas. Bajo mi punto de vista la evolución “juega” con conceptos, o llega a ellos de forma emergente, por las cartas en juego, pues se producen de forma concurrente una y otra vez en distintos órdenes de especies; como por ejemplo la monogamia. Hay que concebir tal cuestión bajo el principio de que todo sistema tiende a su equilibrio, u homeostasis. Para entenderlo con una imagen, hay que ver el proceso evolutivo como caminando por un continente; a veces cae en depresiones (barrancos, precipicios, hondonadas) y otras veces tiene que escalar montañas: los conceptos son los valles que encuentra en ese caminar, donde hay más posibilidades de mantener la vida o cierta especie. Visto así la monogamia es un valle al que llegan varias órdenes de animales, que les hace propicio, para sobrevivir, asentarse allí. El cerebro, como sistema complejo, hereda parte de esos procesos, y a otros llega por el mismo juego de vagar por un terreno de depresiones, valles y montañas, en donde por comodidad (beneficio evolutivo: el optimismo antes que el realismo, por ejemplo) se queda en los valles. Mis escritos van encaminados a encontrar esos conceptos. En esa dirección, en el documental adjunto (abajo), sale a relucir que hembras y machos caen en dos tipos de roles, y son intercambiables, dependiendo de quien tenga el papel de cuidar a la siguiente generación, que no siempre es la hembra, y el que tiene la función de buscar el acto sexual, que lleva implicado la agresividad, por la tensión de esa búsqueda y competir contra otros, y “contra” aquel/la que va a ser su pareja. La conclusión ontológica es que tales roles son contingentes, y como tal deberían de ser analizados y tratados de distinta forma en la sociedad. Algo así como si el macho dijese a las feministas, “¡eh, perdóname la vida, ese es el papel que me ha tocado jugar!”, o exculpación evolutiva; no ha nivel de individuo, que si acomete un delito ha de ser perseguido por la ley, pero sí a nivel de especie, pues cierto movimiento feminista va contra el macho, y por ello sin darse cuenta contra la propia especie. En esa dirección sale como herramienta la epistemología, en donde he usado el método fenomenológico, bajo las directrices y el mundo conceptual de Sartre, que puesto que uno tal filosofía y método con la ciencia cae dentro de la fenomenografía. Procedimiento muy distinto de la mera “opinión” que emerge en Internet, y sobre todo en las redes sociales y las feministas, en donde todo ha sido reducido a dos o tres conceptos como el de machismo y patriarcado; como se puede deducir de reivindicaciones como las del #tetazo, (por cierto, vídeos de este tipo de manifestaciones terminan siendo manipulados, entremezclándolos con sexo explícito y subidos a sitios porno; ante acciones básicas respuestas básicas). Feministas como Camille Paglia afirman que el patriarcado en occidente ya no existe. Sólo espero que algún científico haga estudios de los cambios del cerebro masculino al ir por las calles muy sexuadas, para terminar de mostrar qué ocurre allí y si ha de ser “normal” esa “imposición” de las mujeres. Sería necesario hacer el análisis a solteros “empedernidos”, a personas de tipo Incel, que lleven un tiempo largo, de meses u años, sin sexo, pues es distinto con respecto a personas con pareja. Las feministas piden libertad y no tienen en cuenta que la libertad tiene dos sexos (y multitud de géneros). Las convenciones sociales tenían esa premisa, pero las mujeres están balanceando esas convenciones hacia su lado. Las premisas de mis “ataques”, al decir y mostrar lo expuesto en mis escritos, no son el odio, o el revanchismo, sino el tratar de mostrar que a la posición actual hemos llegado como consecuencia de los dos sexos, y que antes de posibles cambios sociales, en las grandes ciudades, que apenas llevan unos 8.000 años, son cambios, que vienen a nivel evolutivo de cientos de miles de años o incluso millones, y en donde la hembra humana tiene más o menos la misma “culpa”, pues provenimos de la selección sexual, y es la hembra y la evolución los que han dado “forma” al macho que existe hoy. Los dos escritos sobre el deseo sexual, que en realidad se centran sobre lo que ocurre en los espacios públicos, tratan de hacer ver a la mujer el qué sucede en los cerebros de los hombres, en la dirección de poder crear algo de empatía y que se nos comprenda.

    Siento no poder hacer el escrito teniendo en cuenta todo los géneros, o sólo desde la mirada de hombre cisgénero, pero sería harto complicado hacerlo de otra forma, que por lo demás no sabría exponer, por no ser lo propio. De cualquier manera, si las mujeres son iguales a los hombres en todo lo que estoy describiendo, que no lo sé, las homosexuales femeninas o las del tercer sexo o fluido, me deberían de entender.

    Un último punto a tener en cuenta, es que no puedo afirmar que las bases humanas sean las jerarquías y creerme libre de ellas. Soy elitista en lo intelectual. Mis escritos no están dirigidos a todos. Tan sólo converso con los pensadores del pasado, del presente, y los pensadores por llegar, que son los que comprenderán y tendrán la paciencia de leer en profundidad todo lo que aquí escribo. Lo que quiero decir, al fin y al cabo, es que esta o aquella persona, feminista o no, posiblemente no me entenderá y en realidad no me importa, si es que me lee, pues mis escritos son largos, lo que me importa a mí es mi lucha por ahondar y profundizar en los temas…, el otro sólo es un “espectador” de esta lucha.


Limerencia

    Antes de entrar en tema he de adelantar varios conceptos. Se cree que de origen todos los sentidos estaban unidos. En la actualidad ciertas personas tienen uno o varios sentidos unidos. A esto se le llama sinestesia, se huelen o saborean colores; los números y/o las palabras se asocian igualmente a colores, u olores, etc. Cuando creé el concepto de “pegajosidad neural” era bajo una apreciación sinestésica, en donde el cerebro no está estático en el cráneo, sino que es como un ente viscoso, que cual babosa sale al mundo y lo toca/huele/oye/saborea con sus tentáculos. Una analogía puede ser la del blandiblú, que se esparce y lo rellena todo. Pero la mejor imagen de mi forma de verlo, quizás, sea la alimentación de las estrellas de mar, que sacan sus estómagos para alimentarse. Sacan afuera algo interno y hacia la otredad, para procesarlo como interno o hacer esa otredad parte de su Ser. Con esto quiero decir que aunque físicamente esa “digestión” en el cerebro sea interna, virtualmente, para el cerebro, es como salir de su espacio y rellenar con sus tentáculos la realidad. Al mirar tocamos, palpamos, en ese proceder del cerebro, en donde la distancia ente lo mirado y el cerebro es nula. Forman un todo, unidad. Cuando el cerebro ha evolucionado ha ido incorporando comprensiones de este tipo, y las ha interiorizado en información genética. A ese tipo de información lo llamo conceptos. En realidad al tratar de examinarlos los traiciono porque son indescriptibles. Hay cientos de estos conceptos, algunos encajan bien con las palabras que le hemos puesto, otros son de un tipo de casamiento que resultan ser unos fiascos. No hay ninguna palabra que los pueda describir. En ese proceso se recurre a los tropos, y sobre todo a las metáforas, que en algunos casos devienen en la poesía, los dichos, y las sentencias. Aún con todo algunos se resisten a encajar a cualquier descripción. Estoy DeshilachadoEncaja más decir: “me siento deshilachado”, que decir “tengo un temporal trastorno de despersonalización y algo de depresión”. Lo que quiero decir, al fin y al cabo, es que las palabras son burdas herramientas para describir las emociones y las sensaciones, y que estas siempre ofrecen una resistencia a ser encajonadas, clasificadas. Hay que saber conectar con ese mundo simbólico. El logo de Apple “funciona” visualmente mejor que el de Windows, por que tiene curvas, que son más orgánicas y naturales, frente a los cuadrados de una ventana, que ni siquiera llaman a lo tecnológico, una gran falla de Microsoft, que se nos aparece como despersonalizado y sin alma. Las ciencias, como la psiquiatría y la psicología, caen en esos errores reduccionistas, al tratar de encajonar esos conceptos y funciones del cerebro en patrones universales. La música se puede reducir a matemáticas, a números, pero no lo que se siente y lo que produce en el cerebro al oírla; en cada individuo, y en cada momento, una misma canción es distinta para cada individuo: esos son las qualias. La angustia filosófica, no la psiquiátrica, define una de esa sensaciones del “ruido de fondo” en el cerebro de lo que somos, en tanto que nos percibimos como eternos vacíos que no pueden ser llenados. Aunque cada autor a lo largo de la historia del pensamiento le ha dado distintas connotaciones. Se me ocurre esa otra que Sartre definió como la “náusea”, que yo a mi vez he recogido y le he dado otra dimensión en el escrito: “Desalmar el mundo: la náusea“. En unos y otros casos el cerebro maneja ciertas emociones o sensaciones que no tienen una descripción clara, pero que seguramente sí son claros para este, en algún nivel, que no es el de la conciencia. Esta, así, trata con “objetos” y emociones que no sabe manejar, ni sabe cuantificar. Llevando tal idea a una analogía actual: el sistema operativo “sabe” qué produce un error, por ejemplo que de repente no se tenga el control para activar o desactivar el sistema de seguridad. Nos salta un código de error, pero después le “dices” al sistema que lo repare o buscas en Internet posibles soluciones y nada parece cambiar. El problema es que las interfaces con las que el sistema interactúa con el usuario, no tienen implementadas todas las resoluciones a todos los errores. El equivalente humano de esa interface “fallida” es el prefrontal y las palabras. En esa medida un filósofo o pensador ha de buscar esos conceptos nucleares y tratarlos de desentrañar, y llegados el caso ponerles un nombre. Y digo estos tipos de personas de pensamiento más abstractos, porque la ciencia parece encontrar ahí una barrera que no puede traspasar. Si se ha de atener a aquello que sea medible, no puede llegar a medir aquello que ni siquiera tiene una palabra o una definición clara. No puede encontrar lo que no busca, aunque a veces sí, como es el caso de las neuronas espejo, que se encontraron por casualidad.

   Yo he tratado de definir el deseo sexual como morbo, y lo he mostrado como atravesado por la prohibición. ¿Existe el deseo sexual sin devenir en morbo como transido de prohibición?, no. Quizás la masturbación, pero todo deseo sexual siempre apunta a un otro, que tiene una libertad con la que nos topamos y tiene la capacidad de negar, y por lo tanto prohibir. El morbo no tiene una medida universal, lo que para una cultura lo es cierta cosa, para otra no lo es. Lo que lo es para un individuo para otro no lo es. Falla en su contenido, a lo que apunta, a lo faltante o deseado, pero no en la estructura: la prohibición, el conflicto de dos libertades, de yo y otredad. En el anterior escrito, y casi al final, aunque el tema esté en medio del escrito, pues lo intercalé, saqué a la luz la limerencia, por extrapolación conceptual más cercana a uno de esos conceptos del cerebro que son complicados de definir y ser encajados y clasificados. El “deseo”, o regla de toda vida, lo es por ser auto-replicadora, y en tanto que al crear dos sexos creó una capa de abstracción a dicho concepto nuclear. La vida busca replicarse, pero al haber dos sexos, en los casos que se dé, eso ha de pasar primero por unir esos dos sexos en el acto sexual. A ese deseo o pulsión primera es a lo que se puede llamar limerencia. Pero aunque su finalidad y origen sean claros, la limerencia es un concepto que “contamina” la manera de trabajar del cerebro de forma general. En la arquitectura de grandes bóvedas todo puede ser grandioso, y de grandes dimensiones y formas, pero casi toda esa grandiosidad se basa en algo pequeño, que es la clave. Schwendi_Annakapelle_Chor_Gewölbe_Schlussstein_LammLa pieza central de los arcos, tanto de las paredes, de las puertas, como techos. Quita esa pieza del arco y sus paredes, o de los arcos del techo, y se caerá toda la construcción. Lo mismo para esta pulsión de la vida hacia el sexo (ver vídeo) y su unificación, que ahora llamaré limerencia. En la vida antes que la búsqueda de lo faltante, la comida, está la replicación, si te replicas y después mueres se mantiene una copia, pero si te alimentas y no te replicas, en la muerte no quedará ninguna copia. Esto se ve sobre todo en los machos, donde anteponen el sexo a la alimentación o incluso al instinto de supervivencia, como se deduce del macho de la mantis religiosa. Lo mismo se puede decir del enamorado: pierde el apetito, tiene incapacidad para concentrarse, y seguir una película, etc. Su cerebro sólo busca su “objeto” amado. El artista es sublimación (capa de abstracción) de la auto-replicación, autopoiesis. El investigador científico igual. Limerencia, que proviene de “lime-romance”, se puede traducir como lo rasposo -lima- o doloroso de buscar la unión con lo amado, en los romances. La intensidad de buscar el acto auto-replicador es igual de “limoso” , irritante, para el artista, el investigador o el enamorado. Para el artista es su obra, que nace de una fecundación virtual, de una idea primera y sencilla, un germen o semilla, que va germinando y creciendo. Para el investigador igual. Es tentador dejar “colar” a Dios en la ecuación, como el Creador o replicador por excelencia. En los dos casos, en el artista y el investigador, vemos que lo femenino está integrado en sus almas, son hermafroditas virtuales que se fecundan a sí mismos. En otros casos requieren de musas, de algo externo. Un artista sin inspiración se comporta más o menos igual que un enamorado que no es correspondido: con desesperación, con dolor, con un vacío o hambre que ninguna otra cosa lo puede aplacar. En los dos casos vemos o se extrapola un lenguaje similar al sexual: perseguir lo amado, fecundar, engendrar. Hasta aquí lo dicho en el otro escrito, pero quizás mejor explicado. Vayamos a las consecuencias, los porqués y las finalidades.

    Pensando en este tema se me ocurrió si Sartre había tratado la sexualidad, y sí; con lo que tuve que leer lo que este decía y descubrí que se acerca a lo que yo había encontrado y medio perfilado en el escrito anterior. A modo de adelanto dejo este resumen que se ha hecho en la Wikipedia inglesa:

  “Sartre explica que “la mirada” es la base del deseo sexual, declarando que no existe una motivación biológica para el sexo. En cambio, la “doble encarnación recíproca” es una forma de conciencia mutua que Sartre considera que es el corazón de la experiencia sexual. Esto implica el reconocimiento mutuo de la subjetividad de algún tipo, como describe Sartre: “Me hago carne para impulsar al Otro a darse cuenta de sí misma y de mí, en su propia carne. Mi caricia hace que mi carne nazca para mí en la medida en que es para la otra carne, que la hace nacer como carne.

   Incluso en el sexo (quizás especialmente en el sexo), los hombres y las mujeres están obsesionados por un estado en el que la conciencia y el ser corporal estarían en perfecta armonía, con el deseo satisfecho. Tal estado, sin embargo, nunca puede ser. Tratamos de llevar la conciencia del amado a la superficie de su cuerpo mediante el uso de actos mágicos realizados, gestos (besos, deseos, etc.), pero en el momento del orgasmo la ilusión se termina y volvemos a nosotros mismos, tal como se termina cuando el esquiador llega al pie de la montaña, o cuando la mercancía que una vez deseamos pierde su brillo al comprarla. Se dará, para Sartre, ese momento de finalización porque “el hombre es una pasión inútil”, que trata de ser ens causa sui (ser causa de sí mismo), ese Dios de la prueba ontológica“.

   Sartre distingue cualidades de estados. Una cualidad, por ejemplo, es ser ambicioso, pero el odio, los celos o el deseo sexual son estados. Se puede llevar al lenguaje de Ser y hacer: hago actos por los cuales muestro ambiciones, pero el odio forma parte del Ser. O en otro lenguaje lo necesario (Ser) y lo contingente (tener o hacer). La naranja es del color que nombra (necesario), pero está pocha (contingente); cuando no es del color naranja está inmadura (contingente). No ha llegado a su Ser. Este lenguaje tiene muchas taras, y causa problemas para nombrar al Ser y definirlo, por eso Sartre sale del paso usando otro lenguaje, que igualmente tiene sus problemas. Ser y estar en el Inglés son una y la misma cosa en la mayoría de los casos (soy aquí, para decir estoy aquí, los traductores no dejan ver esa sutilezas), lo que puede que lleve a un porqué de la manera de ser de los hablantes de las lenguas germanas como lo es el inglés, y que sea una clave de su forma de ver y actuar en el mundo. El castellano hereda esa dualidad del latín, del ser y estar, que a la vez lo heredó de la filosofía griega. Para escapar de todo este lenguaje es mejor llevarlo a cómo la evolución ha ido añadiendo capas de construcción o abstracción. Está claro que el deseo sexual está en las capas más bajas. En esas capas esas pulsiones son necesidades, como necesidad es saciar el hambre. Cuando el humano llegó a la creatividad tenía al deseo como base de esa productividad artística. Cuando se llegó al concepto de amor romántico, ya existía primero en otros animales como la tendencia a buscar al otro sexo para llegar a la monogamia. Aún hoy vemos como románticos ciertos comportamientos de las aves para con sus parejas. En algunos casos, en el amor cortés de la Edad Media, incluso se tenía como una de sus premisas el no llegar a los actos físicos, el no llegar a la “piel”, a lo carnal. En otros, como el amor y la devoción a Dios, ese objeto y su medio desaparecen totalmente, quedando sólo la estructura limerente, como amor no correspondido o en vacío, como es el caso de Santa Teresa de Jesús.

    Sartre, como ya hiciera ver yo en el escrito anterior, analiza el deseo sexual desde el conflicto de dos libertades. Mi ser-para-otro lo es en la medida que interiorizo la imagen que tiene el otro de mí. Este ser-para-otro, que había olvidado del lenguaje de Sartre, es lo que yo trato como identidad. Es la imagen interiorizada de cómo me ve el otro. Mi identidad no es el ego, no es mi carácter, es esa capa de lo social que se define por lo que no-soy, en tanto que ese no-ser es en la medida que me identifique o no con identidades de los otros. No-soy religioso, luego soy ateo. Ateo no es ego, no es parte de mi carácter, es identidad. Soy macho de la especie homo sapiens, patriarcado es identidad en la medida que un otro ha prefijado ese concepto como parte de una identidad en la que puede caer el macho humano. Feminista es identidad, mujer es Ser, aunque algunas, erróneamente, crean que feminismo es parte de su Ser, deseo sublimado en conceptos como el de empoderamiento, creyendo anular de paso el concepto de sumisión, cuando en realidad es parte de la esencia humana, puesto que provenimos de las jerarquías de las manadas. Sartre disecciona algo que no debería poder ser diseccionado, esos imposibles de nombrar que he dicho arriba. Me refiero al hecho de dos libertades frente a frente. La disección de Sartre es: 1. trato de que mi libertad “examine” la libertad del otro, 2. trato de captar su libertad, 3. en el intento de captar la libertad, el otro se me aparece como objeto, 4. ya no puedo ser una libertad que maneje otra libertad, pues ahora es cosa, objeto, 5, a la vez el otro “juega” con las mismas cartas que yo. El acto ha fracasado, puesto que no intento manejar un objeto, sino una libertad (ya sé, enseguida viene a la cabeza la seducción y la manipulación como medio para hacerlo, dejamos esta dimensión aparcada, de momento, por no venir al caso). Sartre llama indiferencia al acto por el cual este hecho de dos libertades, frente a frente, no se da, puesto que no tengo “interés”, deseo o finalidades hacia ese otro, y lo trata como “ceguera”, pues es como si no estuviera. En ese proceso el otro adquiere importancia en la medida que se sale de esa ceguera, si me inoportuna, o lo deseo, etc. Para Sartre y como yo dijera el acto sexual es clave para el conflicto de dos libertades: “mi tentativa original para apoderarme de la libre subjetividad del Otro a través de su objetividad-para-mi es el deseo sexual“, y ante este hecho se pregunta: “¿la sexualidad es un accidente contingente vinculado con nuestra naturaleza fisiológica o es una estructura necesaria del ser-para-sí-para-otro?“. Si soy hombre (voy a ignorar todo los problemas de géneros al dar tal afirmación, por comodidad), eso quiere decir que estoy en el mundo ante otros que no son mi sexo. Luego el sexo emerge como forma consustancial de todo encuentro, en donde además y esto es clave, el otro y yo salimos de la indiferencia, para entrar en otro plano, en donde lo que primero que surge es el conflicto ya expuesto arriba, como base de esa salida de la indiferencia. Sartre es el primer filósofo que corporiza el Ser. Heidegger vuelve al Ser en ente, en hombres, pero Sartre va más allá haciendo que el cuerpo sea aquello por lo que hay entes, a través de su concepto de la mirada, y del conflicto de esas miradas con dos libertades. Puesto que bajo mi definición totalizamos la identidad a través de la negación, el pene me diferencia de ciertos otros, que no lo tienen. Las niñas criadas con muchas libertades junto a sus hermanos, y fuera de toda connotación moral o sexual, descubren el pene de estos y se buscan el “suyo”. A la vez el hermano trata de entender esa carencia y qué hay en su lugar. Esa diferencia siempre está presente de forma constante en nuestros cerebros, en nuestra percepción de nosotros mismos como con pene o con vagina. Eso es lo que nos hace ver Sartre, diciéndonos que Heidegger lo ignoró. En los lenguajes de arriba es Ser, no tener, -en el sentido de que soy pene, en vez de tener pene-; es necesario, no contingente; es estado, no característica.

    El siguiente paso de Sartre consiste en definir el “objeto” del deseo. Lo voy a entrelazar con mi concepto de morbo y con un lenguaje más actualizado; queda claro que todo entrecomillado son textos de Sartre. Cuando yo veo una particularidad, por ejemplo un escote, no lo veo como tal, lo veo en tanto que abstracción, como parte de un cuerpo y este a la vez como la parte de una otredad con una libertad. La mirada “… no se dirige a una suma de elementos fisiológicos sino a una forma total; mejor aún: a una forma en situación. La actitud hace mucho para provocar el deseo. (…) Un cuerpo viviente como totalidad orgánica en situación con la conciencia en su horizonte: ése es el objeto al cual se dirige el deseo“. Dentro del lenguaje de lo que he definido como morbo, todo fragmento sexual del mundo me remite a una situación, en donde hay dos libertades y en donde mi libertad se encuentra en el conflicto de dejarse llevar por aquello deseado, y en la medida que mi deseo ni ha de ser visto, ni formar parte de ser objetado por la libertad del otro, a tenor de quedar atrapado en ella. Lo que entra en juego es mantener la libertad del otro intacta, a la vez que ha de quedar la mía, pero en tanto que todo está atravesado por lo sexual, donde este queda entreverado: ni totalmente visto y explícito, ni totalmente velado o no implícito. Todo humano, en esta dimensión es voyeur y a la vez exhibicionista. Está claro que ambos sexos tienen las dos dimensiones, pero por la finalidad y la “maquinaria” tan distintas de cada sexo, cada uno de esos dos modos se pronuncian más en un sexo que otro. En el escrito anterior decía que el placer busca mantenerse (retroalimentación positiva), mientras el dolor es huida (retroalimentación negativa); Sartre también se percató de ese hecho y por ello de lo implícito de la doble tendencia de la retroalimentación: “la facticidad de la conciencia del dolor, por ejemplo, es una facticidad descubierta en una huida perpetua. No ocurre lo mismo con la facticidad del deseo. El hombre que desea existe su cuerpo de una manera particular, y con ello se sitúa en un nivel particular de existencia. En efecto, nadie negará que el deseo es algo más que gana, gana clara y translúcida que apunta a través de nuestro cuerpo a cierto objeto. El deseo se define como turbación“. Hay que pensar que Sartre habla como si se diera el caso de dos personas que van a tener sexo. Lo que Sartre define como turbación, o “conciencia empastada” (prefrontal que recibe menor riego sanguíneo), es esa previsión del premio sexual al que yo llamo morbo, que son dos de sus dimensiones y son dependientes de la situación. Está claro que si voy por la calle no me he de mostrar turbado, sí nos lo permitimos ya dentro del acto sexual y es una parte clave del juego.

Lo Mirado

    Todos mis análisis previos han sido desde la posición del que mira, pero hay que detenerse brevemente en la posición mirada. El concepto de mirada de Sartre es clave para entender esta dimensión del Dasein, del ser-ahí, o arrojado en el mundo de Heidegger. Según Sartre soy cuerpo en tanto que este existe para la mirada de los otros. Me puedo evadir de mi cuerpo en soledad, en ciertos estados de semi-inconsciencia como los de la meditación, pero en cuanto un otro entra en la habitación habito mi cuerpo, este se vuelve presente. A nivel más científico, uno de los sentidos más antiguos es el de la propiocepción, la percepción de nuestro propio cuerpo. Me detengo en la percepción externa y de la posición, pues está la interna (movimientos estomacales), la del calor, la del dolor… En un mundo de depredadores y presas convenía saber dónde estaba cada parte del cuerpo para no ser mordido. No es cuestión que te estén comiendo y uno ni siquiera lo sepa. Si uno está echado en el sofá viendo una película, el cerebro “sabe” dónde está y la posición de la mano derecha. También es conveniente por si viene algo arrojadizo hacia uno mismo, para darle un manotazo. Cada posición el cerebro lo trata como un estado cero, desde el cual actuar a hacer tal o cual movimiento a partir de ese estado cero. Cuando estamos en un espacio público existimos como cuerpo, o sea, se existe en tanto que mi propiocepción está referenciado a otros cuerpos, de no ser así nos iríamos chocando por la calle con todos. El otro no es nunca un objeto entre otros, en un momento dado me puede dar igual rozarme con un toldo que está bajo, pero no así rozarme con una persona. Las convenciones sociales nos marcan unos límites. En definitiva, mi cuerpo siempre está referenciado a otros humanos, con sus correspondientes libertades, que los convierte en no-objetos. El otro está siempre contaminando mi cerebro en público de forma abstracta, en tanto que existe como mirada no directa, pero en algún nivel presente. Es deducible, y muy posible, que esta percepción de una mirada que me-existe de forma constante, pero que no está presente, se tomase como la mirada de Dios. Vuelvo al concepto de indiferencia de Sartre, el punto cero de mi presencia en el mundo ante los otros. Mi cuerpo siempre es sexuado, puesto que el otro sexo es esa posibilidad por la que mi cuerpo sale de la indiferencia. Hay unos límites a esta concepción. Los niños no la tienen. Hay una larga frontera de adaptación para que esto ocurra, que es durante la pre y adolescencia. Los primeros signos pueden resultar molestos. Un cuerpo sexuado que no se sabe sexuado es eso que se denomina con el concepto de “lolita“, o de forma más amplia y ya en la adultez como “alma cándida”. Pero volvamos a la edad sexuada. No existe algo así como salir a la calle no sabiendo el nivel de sexualidad que uno porta, como nos quiere hacer creer el feminismo, pues caerían en ser almas cándidas o lolitas. Rapto LimerenteEl propio cuerpo siempre está presente, y en las mujeres esta sensación es más vívida. Sale a relucir en ese constante recolocarse el flequillo, el cabello, etc. Igualmente cuando se va con una ropa más “comprometida” tienen una mayor percepción si alguna postura va a dejar algo al descubierto. Imposible que una mujer no sepa que pueda tomar una posición similar a la de la imagen adjunta y no comprenda toda su dimensionalidad. En definitiva, están constantemente referenciándose con respecto a su ropa y su sexualidad. Sólo hay que poner atención a los programas de televisión, en donde si se va con minifalda, o una camiseta amplia y con escote que se desliza mucho, los están recolocando de forma constante, y por magia femenina (de la propiocepción en realidad, que al ser memoria muscular tiene una gran cantidad de neuronas para trabajar en ese proceso, el cerebelo se dedica sobre todo a esta memoria muscular) saben sentarse en casi cualquier tipo de asiento, por muy posmoderno y extraño que sea, como para no dejar ver la entrepierna. En unos y otros casos todo sigue la siguiente estructura: 1. soy un cuerpo ante la mirada de otros, 2. mi cuerpo es sexuado en cuanto existe alguien del otro sexo,  3. me referencio, o tomo conciencia, con respecto a mi cuerpo a partir de estas dos premisas.

   Hay que detenerse en el tercer proceso. El hambre Es, mi cuerpo puede necesitar comida, y hace rugir al estómago y darme esa sensación de vacío, pero quizás estoy centrado en escribir y eso ocupa toda “mi” atención (atención y conciencia son una misma cosa, como he hecho ver en otros escritos). Otra interrupción, el lenguaje es un desastre: no es mi atención, pues no es tener, posesión, como tener en la mano una naranja, sino Ser. Soy atención, es estado del Ser, o mejor una de las formas en las que el Ser se manifiesta en el mundo. Tener y hacer son contingentes, características o modos en los que el Ser obra, acciona, en el mundo. Retomo el tema de la conciencia. Si de repente dejo de escribir, la conciencia que siempre es “conciencia de”, deja de ser conciencia-de-escribir para de repente percatarse del estómago y ser conciencia-de-hambre. O dicho de otro modo, hay dos niveles de existencia, uno en el que la conciencia no existe en un proceso dado y otra en la que sí. Con esto vuelvo arriba, el cerebro siempre se puede saber sexuado en lugares públicos donde haya personas del otro sexo, como hemos visto arriba, pero puede que se dé que no se sea consciente de serlo, conciencia de sensualidad o de ser sexy. Eso sale a relucir en las veces que las mujeres se despistan y dejan ver partes que no se deberían de ver.

    Ahora tenemos añadida una nueva dimensión al acto del morbo. La mujer sí sabe, a nivel ontológico y propioceptivo, como creo que ha quedado demostrado arriba, de su sexualidad o posición, ropa y poses sexuadas, pero no siempre es consciente de ellas. Los hombres nos damos cuenta cuando son conscientes de nuestras miradas y cuando no. Aunque la mujer vaya mirando al móvil por la calle, la vista periférica siempre tiene presente el alrededor, para no chocarse y en tanto que cuerpo sexuado en un medio público, pero por nuestros límites cognitivos no siempre el cerebro es consciente del cuerpo, de su sensualidad. Las feministas llaman a esta falla temporal para aducir sus argumentos, pero como vemos tan sólo es una “verdad parcial” de toda la realidad. Si la mujer se “distrae”, de repente puede “sentir” una mirada directa explícita de un hombre, y le puede llegar a molestar dependiendo de si está a su mismo nivel de belleza o superior, o proviene de alguien de un nivel “inferior”. A esta segunda mirada, de sus estados distraídos que además provenga de alguien que no sea su igual -mirada jeráquica-, la llama mirada indeseada y patriarcal, y en algunos casos machista. No creo que la conciba igual si de repente a ese que descubre mirándola sea Adam Levine. El humano es una animal oportunista -en esto no hay géneros- el cerebro del macho está preparado para captar esas distracciones. Esos casos en los que algo sexual se “asoma” a la mirada periférica, y activa la previsión del premio y la atención. Son “instantes robados”, por su similitud con los “retratos robados“. Se cuela aquí otro concepto a tener en cuenta y que lo puede salvar de ser trivial; en estas situaciones, al igual que con los retratos no preparados o robados, se puede llegar a captar mejor el “alma” de una persona, no su pose, su máscara, que siempre está contaminada por la conciencia de sí. Por otro lado la mujer tampoco puede querer ser atrapada a “jugar” a seducir, ni “declarar” que su vestimenta tenga tal o cual intención, como ya he hecho ver arriba, pues igualmente puede quedar objetada por el hombre. Uniendo todo lo dicho, con la mirada y la libertad, el morbo está contaminado de prohibido en la medida que mi mirada no ha de ser atrapada a la vez por la persona mirada. En la medida que lo sea queda objetada dentro del mundo de los valores de esa persona, que en la actualidad si es de una feminista muy radical, quedará objetada -fijada, catalogada- como patriarcal o machista. Fijarse cómo todo depende del momento histórico: ese tipo de mirada hace 200 años podría ser catalogada de lasciva y pecaminosa, hoy con el feminismo ha cambiado. ¿Por qué poner etiquetas y validar históricamente a algo que es más intemporal y básico? Todo el reino animal sexuado se basa en mirar y ser mirado. A este juego a dos bandas, del mirado y lo que es mirado y el que mira y lo que mira, voy a llamarlo “rapto limerente”, por la tradición de raptos, en algunos casos ambiguos y enigmáticos en sus sentidos, de la mitología griega. Zeus regaló a Europa, cuando la raptó por engaños, un  “Lélape (un perro que nunca soltaba a su presa)” que bien podría ser una metáfora sobre ese juego en donde el hombre puede quedar mordido -prendado, enamorado, obsesionado, estado limerente-, a partir de encontrase casualmente con aquella que será su amada o su objeto de deseo. “Rapto limerente” que paradójicamente, y quiera el lenguaje feminista o no, ha podido ser por medio de la mirada, que en muchos casos nacen de ese objeto sensualizado que el cerebro del hombre capta por la vista periférica, y en uno de esos estados distraídos de la mujer que deja ver algo más. ¡Ya sé!, se parece al flechazo de cupido de toda la vida. Pero no es ni este que está más vinculado a lo espiritual y romántico, ni el mero “calentón” pasajero; es quedarse atrapado por lo físico a una persona o a un objeto. Puede ser atracción física hacia una persona, pero también a una parte del cuerpo o a un objeto. Pues por ejemplo en la actualidad un individuo puede quedar atrapado por los pantalones shorts (ver vídeo de ejemplo), que a la vez se queda atrapado a una parte del cuerpo (la película “Josie” es un caso de rapto limerente, donde un hombre maduro y desmotivado se queda raptado por una chica joven y bella, cambiando su modo de vida), que a la vez crea una moda en lo mirado, y una tendencia sexual de los que miran, que al final es llevado dentro de Internet como meme o viral en fotografías, vídeos, llegando a repercutir en el porno…, como perro que no suelta a su presa. Trato de unir conceptos, que se dan en el plano individual y social, y asociarlos a los de limerencia, pues tienen su mismo núcleo. Es rapto porque es un secuestro de los procesos mentales o sociales a partir de personas, objetos, partes del cuerpo o elementos puntuales que van atrayendo hacia sí recursos de un sistema u otro, del cerebro o lo social. La palabra rapto me “persiguió” durante los escritos sobre el deseo sexual. Permanecía ahí y saltaba de vez en cuando al prefrontal; como que tenía que pensar en ello, quizás porque Sartre lo nombraba. No fue así, comprendiendo que el cerebro me decía que pudiera formar parte del morbo, pues eso que entra por la vista periférica rapta los recursos del cerebro, que a la vez si es sobre algo puntual en la sociedad rapta a muchos individuos. Si diferencia del meme en que no nace de un pensamiento, sino de un instinto, de forma subliminal y pulsional.

Rapto Limerente

    Una pequeña pausa. Mantengo lo escrito sobre el rapto limerente, a tenor de ser deconstructivista, en este caso deconstrucción literaria, y de tratar de hacer ver cómo el cerebro hila o perfila ideas, pero lo he de replantear. Decía arriba que el cerebro tiene patrones o conceptos de los que no tenemos palabras. Este es un ejemplo claro de un concepto y cómo este trata de “hablar” a la conciencia, cuando se le sigue el rastro. El cerebro, en ese lenguaje de conceptos abstractos, habla mentalés (palabra que designa el lenguaje del cerebro en no-palabras). No hay una interface que traduzca el mentalés a palabras, o a la inversa. Pero el cerebro se “obsesiona” o lanza señas a la conciencia cuando está cerca de algo. La razón en ese caso tiene que saber interpretar qué quiere decir el cerebro. Me recuerda la trama de la novela/película “Johnny cogió su fusil“, en donde un paciente dañado por heridas de guerra está paralítico, pero es consciente, y no puede hacérselo ver a sus médicos (síndrome de enclaustramiento). De forma constante he usado el concepto de que el cerebro sea secuestrado por tal o cual cosa interna o externa. Ya estaba presente en el escrito “la dimensión individual“. En otro caso, en la primera parte sobre el deseo sexual, hablo de lo molesto que es para mí el ir por la calle y que el cerebro, por la previsión de premio, por esa vía dopaminérgica, me secuestre o interrumpa los procesos mentales, de tal forma que la conciencia se empaste, como dice Sartre, cuando veo chicas con pantalones shorts. Yo lo capto como molesto por dos cuestiones, 1. porque me activen los instintos “sin mi permiso”, y 2. que tal proceso nuble mi hilo de pensamiento, proceso que es llevado por el prefrontal, que en este caso se le corta el riego sanguíneo para “centrar” los procesos mentales en esa llamada instintiva. ¡Eso es rapto limerente!, ese “agarrarte”, ese estado limoso, apremiante, para llevarte donde tú no quieres, pues mi razón a sido secuestrada, como secuestrada está la razón del enamorado, pero en donde en este caso es por algo tan primitivo como lo sexual. O sea es el prefrontal “hablando” en mentalés, “quejándose”, pues no admite que se le deje de llevar sangre, que de repente pierda el control de la situación, que de repente se nuble o se empasten sus procesos. Para tratar de hallar alguna similitud, es como cuando teniendo mucha hambre, se come en exceso y de repente nos entra somnolencia: el estómago compite contra el cerebro en el gasto de recursos, los dos necesitan muchos recursos de sangre, temperatura y oxígeno. La evolución ha propiciado para que “venza” el estómago, y ante esa bajada de los recursos en el cerebro, provoca que nos entre sueño. El prefrontal se ve incapaz de hilar pensamientos, de concentrarse, y ni siquiera de seguir la trama de algo en la televisión o de una conversación. Se nos caen los párpados, y finalmente nos rendimos a la evidencia que nos tenemos que echar la siesta. Para ser justos, es muy posible que lo que siente la mujer al ser mirada sexualmente, sea de la misma forma un “rapto limerente”, ya que igualmente cuando ella está distraída o abstraída de ser un cuerpo entre otros cuerpos, al ver la mirada del macho sobre su cuerpo, caiga en la cuenta que lo es, de tal manera que su prefrontal pasa por el mismo proceso, de verse como un cuerpo objetado y sexuado que la conciencia no quiere aceptar, por ser en algún grado “violada” (mirada no deseada). Son dos tipos de raptos limerentes dependiendo si se es mirado o si se mira, si te “secuestran” la mirada, o si te secuestran como mirada (por dar como más general estas diferencias de género de mirar y mirado, por ser más cómodo para redactar: doy por hecho que sobre el hombre también “cae” ese tipo de mirada). Pero tales hechos, que en ese inicio son individuales e instantáneos, devienen en dos procesos sociales o más extensos. 1. En el plano del que mira se crea una obsesión sobre aquello que le ha secuestrado. De tal manera, y puesto que el deseo sexual es retroalimentación positiva y efecto bola de nieve, que se obsesione por el objeto de deseo, que puede ser hacia la persona (atracción física), a una parte anatómica o a la prenda (fetichismo, fijarse que cercanía de conceptos con quedarse prenda-do). En este plano es interesante traer a colación la película “objeto de seducción“, donde una persona con discapacidad auditiva se obsesiona con una estatuilla, de un busto, pues dice que le “habla”, lo que llama a que las obsesiones tienen más planos que los meramente sexuales, aunque puede que sean sublimaciones de estos. 2. por el lado mirado nos salimos del estado limerente, ya que opera entre las personas que son observadas mientras son conscientes de ser sexuadas o sensuales, donde la conciencia está presente, y en donde no se produce el “rapto limerente”, por no estar abstraídos y distraídos de su cuerpo. En este segundo caso se hace mas uso de esa prenda (gesto, pose, actitud) por ser atrayente, que al final puede devenir en una moda -o meme- social. El segundo es como tal rapto limerente, en tanto que hace un secuestro de lo social, como sistema complejo, que es llevado por un camino o tendencia, pues “provoca” raptos limerentes a los individuos, en tanto que secuestrados por las miradas y secuestrados como mirados. Volviendo al caso de los shorts -por ser el más actual caso de rapto limerente-, se ha vuelto moda, o objeto deseado y obsesivo por los que miran. Siendo así las personas que hacen vídeos con cámaras ocultas “siguen” y graban a chicas en la calle con shorts para subirlos a Internet.(1) Esto lleva a que lo usen modelos en sus bailes eróticos (grupos femeninos de k-pop y j-pop, por ejemplo) y chicas de sex cam; que al final terminan en páginas oficiales porno, donde además se imitan los vídeos amateurs de grabar a chicas por la calle, pero esta vez con actrices porno y con “finales más felices”: se ha propagado en el sistema el rapto limerente. El feminismo en este caso cae en una contradicción, pues lo que denuncia es el rapto limerente individual, pero por otro lado propicia el rapto limerente social, al seguir modas y memes, y en ese proceso crear tendencias. Es decir, y para ser más claros, es el lado exhibicionista el que tiene toda la carga de crear el rapto limerente en lo social, puesto que si no hubiera nada que ver, no habría miradores a los que se les provocase los raptos limerentes, ni miradas de rapto limerentes sobre los mirados. Es indiscutible, si no que se lo digan a una anciana de 90 años, a ver si se acuerda cuándo fue la última vez que sintió un rapto limerente. Seguro que los echa de menos, (esa es otra contradicción de la que seguro se puede hacer una ecuación: a mayor edad, más deseo de volver a recuperar el rapto limerente: esta regla es para los dos sexos). Con todo, y puesto que yo reivindico no querer tener raptos limerentes en la calle por prendas, ellas tienen el mismo derecho a reivindicar no tener esos mismos raptos limerentes. Otro punto de vista, más vitalista, sería pensar que forman parte de la vida. Que yo tengo que sobrellevar ese hecho, ese rapto, y sea yo el que se tiene que adaptar, pero entonces ellas también tendrían que tomar la misma actitud y aceptar la mirada de los hombres, siempre y cuando estas se atengan a las convenciones sociales.

Narciso

    Aquí hay que fijarse en un dato muy importante que puede que explique la condición sexuada humana. En el reino animal la “carga” de los dimorfismos sexuales la llevan los machos (cuernos, plumajes bellos, colores, fuerza…), que a la vez están más lejos de ser los replicadores. Pero ¡en el humano esa “carga” la lleva la replicadora!, creo que no se da en otra especie animal. Implicaciones. Los dimorfismos del macho tienen la finalidad de ser los seleccionados por las replicadoras; en ese caso algunos los tienen sólo en épocas de celo: las cornamentas de los cérvidos muy al norte. Pero ¿y si el dimorfismo lo “carga” la replicadora…?, ¿narcisismo?, querer esa propiedad por sí misma, indiferenciada de la existencia del macho. A nivel ontológico parece ser así, pero dado que somos Dasein, existentes en el mundo, el otro sexo “repercute” en ese mirarse al espejo, paseándose delante de él, interrumpiendo ese juego de espejos (imagen extrapolada en la bruja del cuento de Blancanieves, en donde además la voz en off del espejo en el cuento es la de un hombre). En esa medida el macho se convierte en parte del espejo. La mujer pide opinión a otra mujer en su salir a la calle (dimorfismo introyectado hacia un sólo sexo: narciso), pero e ahí que el macho sale al paso y la mira o no la mira: da valor a su existencia en el mundo como ornamentada. Esa mirada, como ya he demostrado, no tiene porqué ser directa, u observada de forma consciente. Se vuelve omnipresente en el cerebro: el otro sexo infesta mi presencia en tanto que cuerpo en el mundo. Sartre lo analiza a través de una de sus claves: la vergüenza, que es un recurso constante en el cine de humor. Alguien le hace ver a uno de los personajes que está haciendo el ridículo, porque se le ve un moco, o porque se le ha quedado papel higiénico atrapado en el pantalón, etc. La vergüenza es un arma: nada mejor para “bajar los humos” a alguien que hacerle caer en la vergüenza. Nada más victorioso para los poco agraciados que una modelo se caiga en el escenario. Volviendo al dilema. En la mujer se da una nueva dimensión del rapto limerente. La mujer se pone bella para sí misma (el icónico deseo de ser el centro de todas las miradas durante su boda, que las damas de honor no han de eclipsar…, en las películas americanas han de vestir todas iguales y con colores chirriantes; ¿caigo en cánones reducionistas?, ¿no será que estos “funcionan” porque encontraron patrones que se mantienen?). El macho rompe con esa dimensión ontológica de su condición al “verle” bella. Hace que esa belleza ya no sea para sí misma, sino que la infesta desde su mirada, que en la mayoría de los casos está sexuada. Hay una doble lucha: 1. por un lado le gustaría que su belleza tuviera valor por sí misma y para sí misma, 2. al existir el mundo de los valores del macho ese valor que lleva como germen ser en sí mismo, intrínseco, deviene en mundanizarse, en ser valor en un mundo de hombres. De esta forma el rapto limerente es violación, primero, por la mera existencia del hombre (de esta apreciación se puede extrapolar cierto lenguaje radical feminista), y dos, que estos la puedan captar en ciertos momentos distraídos o abstraídos en donde ella no pone “vigilancia”, o ha bajado la guardia, de esa belleza, y además vea en el macho una mirada casi exclusivamente sexuada. Esa “desnudez cruda”, de un cuerpo entre otros cuerpos, ante la mirada del otro, tiene el germen de la vergüenza, al crear cierta disonancia cognitiva, por no saber qué ha visto esa mirada, que ahora no puede interrogar, y que le ha “robado” algo que le “pertenecía” y que se podrá “quedar” con ello para “su uso” y si quiere para siempre, como una fotografía mental que ella nunca podrá “revelar”. La temática de fondo de estos últimos pensamientos me recuerdan a la canción de mecano de “maquillaje” (y con eso no quiero reducirlo a maquillada, mirada sí deseada, como en la canción), donde la mujer sólo quiere ser mirada cuando ella lo quiere (y por quien quiere…), que de ser así no dejaría de ser arbitrario y caprichoso, pues el hombre nos sabe cuáles son esos momentos, (ni quienes sí). No me imagino un mundo en el que el feminismo lograse sus metas y los hombres ni las mirasen, ni las piropeasen, y ni siquiera las tratasen de “ligar”. Dos universos separados por un muro invisible. Siempre hay que llevar los pensamientos al absurdo, para ver cómo “funcionan”. ¡Aunque ya podríamos poner algunos mecanismos en marcha!, los hombres irían por un lado de la acera y las mujeres por el otro, y se podrían hacer discotecas que sólo fueran para mujeres. No sé si se darán cuenta, pero ir por la calle como si no existiesen para los hombres, viene a ser lo mismo que ponerse un burka virtual (busqué más tarde este concepto y ya lo han usado antes que yo: concurrencia de ideas, pues es clara su lógica… otra incongruencia más con la que tiene que lidiar el feminismo; otro evidente es que se opongan a que ciertas empresas “obliguen” llevar uniformes con escotes y minifaldas, pero después digan que en la calle no “significan” nada). Fuera de sarcasmos… para acabar este párrafo vuelvo a esa anciana de 90 años. Con la madurez se alcanza a amar al espíritu humano, como con un cuerpo que ahora le sobra. ¿Rendición o un nuevo estado más elevado? Da lo mismo. Con la edad el cuerpo es una cáscara que ahora ya nadie ve, y que allí, en lo más recóndito, esconde un alma. Es distinto el feminismo de las mujeres maduras (ver vídeo de aceptación del alago y piropo con la edad), que el de las núbiles y jóvenes bajo esta condición. Han terminado por ignorar el cuerpo, ignorando de paso su lenguaje y sus trampas. Si se llega a ese estado se sobrevive el resto de la vida como alma. Crece, brilla y emerge alrededor de ese cuerpo que se marchita. Esa madurez debería de ser el signo humano. “Al final te das cuenta que la belleza no importa”, nos dicen en la serie “Kiss Me First“. La moralina cristiana del cuento de Blancanieves es que aunque la protagonista era más bella, nunca le dio importancia. Centrarnos en el cuerpo nos rebaja a sus condiciones animales, con los lenguajes y “patrones” que trato de mostrar aquí. Lo que quiero decir es que en la madurez y la vejez la lucha de los sexos dan igual: importa el alma humana que emerge indistintamente del sexo. El único espacio público termina por ser la propia alma, soledad con sus propias qualias. Con la edad sólo se busca conectar con otras almas. Esa verdad siempre ha estado latente ahí, las respuestas nos siempre son las más cómodas, sobretodo cuando contradicen nuestra identidad, y dicha verdad la rompió la liberación sexual al llenar la calle con “carne” desalmada. Pues el rapto limerente, antes que cualquier otra cosa, es “carnalizarnos”, objetarnos, alienarnos, matarnos ese alma atravesada por una libertad…, tanto al mirado, como al que mira.

El Orgullo Como Estado Iluminado Inquebrantable

   El Artista

   Una implicación más, también muy transcendental, sobre el cambio de sexo del dimorfismo, es que los artistas masculinos sobre compensan esa carencia en su arte. Es más, “necesitan” cierto nivel de limerencia, dolor, con el otro sexo, para crear, pues su arte, su creatividad, su fecundación es sublimación, ya sea por la ausencia o pérdida de lo amado, o por falta de sexo (un ejemplo claro son todas las canciones de desamor de los hombres, como el caso de U2 y su mítica canción “With or without you“, escrita después del divorcio de Bono. Aunque sean universales, hay diferencias de sexo, pues hay cantantes femeninas, con este tipo de canciones, que son más escuchadas por las mujeres, aunque tampoco tengo claro si es otro signo de cómo el feminismo tiende a la diferenciación, incluso en los gustos). De alguna forma la pulsión de su virilidad en los hombres, que siempre implica limerencia, es llevada al arte (¿la década de los 80 tenían tras de sí algún tipo de alta limerencia y sublimación, por no haber aún cuajado la libertad sexual y estar latente?, ¿en la última década no hay creatividad por un exceso de porno y masturbación…?, creatividad “evacuada” en los pañuelos de papel). Cuanta más tensión viril, mayor sublimación, y cuanto más joven mayor ha de ser, por eso las mejores canciones de los cantantes y grupos están en sus primeros álbumes; después pueden ganar maestría, pero han perdido el brillo, la originalidad y la innovación. El no tener pareja estable o sexo de por vida sublima aún más toda esa tensión. Esto nos recuerda Anthony Storr en su libro “Soledad”: “muchos de los pensadores más grandes del mundo no han formado familias ni han establecido vínculos personales cercanos. Esto es así en el caso de Descartes, Newton, Locke, Pascal, Spinoza, Kant, Leibniz, Schopenhauer, Nietzsche, Kierkegaard o Wittgenstein. Algunos de estos hombres de genio tuvieron aventuras amorosas transitorias con otros hombres o mujeres; otros, como Newton, permanecieron célibes. Pero ninguno se casó, y la mayoría de ellos vivieron solos durante la mayor parte de sus vidas”. Los mismos resultados se deducen de los artistas, entre los más relevantes Kafka. En unos lados y otros, de Internet y documentales, me encuentro con el dilema de si es mejor o peor tener relaciones sexuales antes de grandes eventos o para ser creativo. Creo que yerran en sus premisas y conclusiones, quizás hacía falta el concepto de limerencia. El acto sexual aumenta la testosterona, lo que es bueno, pero pienso que la clave está en aumentar la limerencia, el estar lejos del “objeto” limerente; o sea, no hacer el amor, y además ni siquiera tocarlo o verlo. Cuanto más tiempo en meses o años más aumenta la limerencia y la creatividad. Uno puede masturbarse y eso aumenta la testosterona, pero sin el objeto limerente no hay suelta de oxitocina, que es lo que baja la limerencia. Igualmente funciona estar jugando con los genitales, amagos de masturbación, mientras se estudia o crea, esto hace que se mantenga activado el circuito de la previsión de premio, si bien no hay que insistir mucho como para que se cierre el riego de sangre al prefrontal, pero cuidado con las personas que tengan inclinación hacia las adicciones. En mi caso al llevar años sin actos sexuales la limerencia está en sus niveles más altos, pero es “peligroso” por que hay una mayor tendencia a la criticidad, al caos y al trastorno; sobre todo los actos obsesivos, la ansiedad, los neuróticos y las paranoias. Creo que aquí se aplica lo mismo que el dicho de “el hambre agudiza el ingenio”, pero en lo sexual. Por otro lado la limerencia aumenta si son actos sexuales cortos con una persona distinta cada vez, pues es como estar en pleno periodo de copular las más veces posibles, que nos puede venir de la época en la que sólo habría un sólo celo al año. Aquí se aplica lo mismo que los amagos de masturbación, actos sexuales que no se finalizan, aumentan la limerencia.  Es decir que un cerebro masculino limerente es un equivalente a una erección que se produce a nivel de la alta excitación de las neuronas, que en ese momento más que en ninguno, crea conexiones neuronales, y en definitiva conceptos, palabras, sensaciones y signos, para crear algo nuevo. Mantenerse en “lucha” con su obra es mantenerse erecto. Su arte, ya acabado, es la sublimación de una eyaculación, tras la cual puede venir un periodo reflactario, o tendencia a los síntomas de la depresión. No en vano se asocia a los artistas con el trastorno bipolar: el estado maníaco “… es considerado como un período «artístico» del desorden, que se caracteriza por una gran cantidad de ideas, un pensamiento extremadamente ingenioso, y un incremento en la energía” (fuente Wikipedia). Excepto si excede cierto grado, en donde se puede llegar a un estado similar al que ocurre en los “límites de los vórtices entrópicos”,(3) y sólo se manifiesta como dolor, ansiedad o frustración. Siguiendo esta simbología, yo he de permanecer escribiendo -manteniendo la erección, limerente hacia esa abstracción que es la mujer-, pues sé qué viene después, si dejo de escribir. O dicho de otra forma, la creatividad del macho a nivel evolutivo, era esa sobre compensación a ese hecho de perder partes del protagonismo del dimorfismo sexual. ¿Es sexista?, es realidad. La propia  e icónica feminista Simone de Beauvoir afirmó: “hay mujeres que son alocadas y hay mujeres de talento: ninguna tiene esa locura del talento que se llama genio“. Por mi experiencia personal cuanto más “alocada” sea una mujer más interesante y creativa es. La bioquímica de la mujer la hace ser más estable por lo general, más con “los pies en el suelo”, esa estabilidad o equilibrio químico “resta” esa locura “requerida” para la genialidad. Es una frontera, una generalidad, pero eso no quiere decir que ciertas mujeres no la traspasen


Opcional de Leer  

 Viendo el gráfico de estadística de mis escritos, es “evidente” que escribo como sublimación ante la falta de sexo; he podido hacer el gráfico, ya que escribo en “OneNote” y pone fechas. El gráfico, abajo expuesto, me viene bien para “demostrar” que la libertad no es tanta, que hay “determinantes” de los que uno no puede escapar, que si uno analiza su vida hay patrones que emergen. Pensamos que hemos decidido hacer tal acción, desde nuestra libertad, pero en realidad es algo que “empuja” desde lo más elemental del cerebro (hormonas, neurorreguladores, instintos, “reglas” del ADN…), los cuales desconocemos. Por otro lado sale a relucir la carga del sexo en la sociedad, pues este “entreteje” casi todas las tramas de nuestras vidas, nuestras acciones y nuestros pensamientos de modo sublimado. Si se hiciera lo mismo con otros artistas saldrían patrones similares; desconozco si ya lo han hecho. Me encaja a la perfección cada bajada y subida según cada época del año, me conozco bien. Pero sí me ha sorprendido el alto pico de julio, pensaba que iba a ser una joroba de subida y bajada más suave durante todo el verano. Esa bajada extrema, de la segunda quincena, suele ser una rotura de la presión tan alta, un “ya no puedo más”, que suele darse como un estado más caótico, la retroalimentación positiva llega a su curva máxima de permanencia en el orden; lo que conlleva a la irritabilidad, por dormir poco, el exceso de calor y el imperioso sexo, en unas calles muy sexuadas (mi control es no salir, no ver; todo estos son apreciaciones desde un celibato forzado por las circunstancias, de hace años, lo que me hace entender a los Incel), ahora ya estoy vacío, ya no hay creación de ideas, sólo queda perfilar los escritos. Hay estudios que dicen que se dan más suicidios de hombres en julio, pero he buscado el estudio en mi ordenador y no lo encuentro, y otros que he hallado en Internet dan otras medias, pues parecen estar relacionados por los países y sus latitudes con respecto al calor. Tampoco sería ético buscar el que “me daba la razón”. Al parecer también aumenta la violencia de género, pero no hallan motivos. ¿Porqué no relacionan libido -alta carga de testosterona- y por ello tendencia a la irritabilidad y el calor? Si he encontrado estudios con respecto a unir suicidio y libido, y en el hombre sí hay esa relación. Faltan estudios multidisciplinares que unan los conceptos de los sistemas complejos, las neurociencias, sexualidad y la psicología evolutiva. La clave es entender al cerebro masculino como un sistema de retroalimentación positiva tendente a la criticidad.

Estadísticas de Escritos

Feminicidios Comparativa

    En esta última gráfica, hay una segunda curva de datos de feminicidios íntimos (parejas, color más claro) de los años comprendidos entre 2010 y 2016 en España. Sé las deficiencias de cómo he hecho la comparación, y que no están pareados en las alturas correctas (y otros datos estadísticos a tener en cuenta), pero llama la atención el pico de los meses de verano y como van a la par en la caída de las siguientes quincenas, y el pico de la segunda quincena de noviembre. La cuestión del pico en verano, no es tanto la unión de la testosterona y el calor, en sus capacidades para hacer que se esté irritable, sino el hecho que la testosterona tiene picos óptimos donde aúna todas las capacidades cerebrales y corporales para centrarse u obsesionarse en algo; que en mi caso como soy creativo se “expresa” en escribir o pintar que si fuera por el calor me lo dificultaría, mientras que en alguien con problemas con la pareja, dichos picos, se centrarán u obsesionaran en los conflictos, en donde sí se sumaría la irritación por el calor. Como he explicado arriba, en la segunda quincena de julio se produce una rotura de ese estado, como una burbuja de jabón y agua que de repente estallara. En ese nuevo estado ya no hay capacidades mentales para centrarse (u obsesionarse), ya se duerme algo más, pues el cerebro rumia menos, y se hace de forma más dispersa, sin centrarse en una cosa concreta en lo mental. En el artículo del ABC argumentan que es porque es época de vacaciones y pasan más tiempo juntos, pero en la gráfica hay una caída en la segunda quincena de julio y se mantiene en agosto, que son también meses de vacaciones, y es una caída y mantenimiento muy igual a la mía. Otros datos a tener en cuenta es que mientras que en mi caso la bajada, de la arousal en diciembre, es de no actividad creativa; es una tendencia algo depresiva, lo que puede conllevar a la crisis de feminicidios de navidad, pues en definitiva hay una situación familiar (o la separación) que crea tensiones. También hay que tener en cuenta que en los feminicidios las tensiones son de dos personas. Las mujeres tienen crisis en marzo, pues se suicidan más en esas fechas, lo que explicaría la subidas de marzo, que en mi caso al estar sólo no tienen ninguna incidencia; algo similar ocurre en la primera quincena de octubre, en mí hay una bajada, y en feminicidios un alto pico inverso. Lo que trato de mostrar es que es la testosterona y la libido del hombre la que principalmente repercute en los homicidios. Por lo demás, lo ya dicho, sé que sólo lo he hecho con una comparativa a partir de un sólo individuo -yo-, pero si se analiza a través de las bajadas de las libidos (o nivel de testosterona) de los hombres, que esos datos seguramente estén en algún lado, se verá una correlación. También se necesitarían más años en la estadística de feminicidios, sólo encontré una tabla de esos años, que por comodidad la puse a quincenas, pues la mía estaba hecha así.

    Si la violencia doméstica tiene relación con los ciclos de la testosterona, el feminismo se “equivoca” al centrarse en “proteger” a la mujer, pues si el foco se centrase sobre el hombre, con terapias que redirigiesen su ira y talleres ocupacionales, donde direccionase y sublimase las etapas altas de la testosterona, seguramente sería un procedimiento más acertado.

Fin de lo opcional


 

Creatividad y tipos de cerebros

  Hay diferencias entre el hombre y la mujer en sus creatividades a partir de la líbido y la sublimación. Está claro que yo como hombre no puedo saber si es igual, si tienen ese alto componente sexual sublimado. Trato de determinar diferencias entre los sexos, por el mero hecho de la presencia tan evidente e insoslayable que es para el hombre su pene erecto, pues es una manifestación clara en nosotros del estado de la libido cerebral y hormonal, y dado que su “omni-presencia”, en tanto que toma de conciencia, hace de retroalimentación positiva en el cuerpo y el cerebro. En un documental decían que las mujeres no son conscientes de las erecciones del clítoris en su día a día, cuando sí se producen; ya que se han hecho experimentos en donde se les ponía sensores y no acertaban a saber cuando lo estaban (ver vídeo sobre dicho experimento); esto implicaría que el cerebro femenino inhibe las respuestas físicas, “obedeciendo” sólo a las cognitivas, guiadas por el prefrontal, que hace de filtro (descargar documento sobre la investigación). En la mujer se da de forma más común el trastorno de deseo sexual hipoactivo, que está relacionado con la baja cantidad de testosterona, la cual suele ser la que se receta para paliar dicho trastorno, lo que demuestra la alta relación de libido y la hormona sexual masculina. Bajo esta idea no sé si realmente lo explicado arriba, de hacer amagos de masturbarse para activar la previsión de premio y así estudiar mejor o estar más creativa, “funcionará” en la mujer. En las web cam y el porno simulan todo lo que quieren masturbaciones, pero es casi como si se tocaran las narices. Tienen que poner intención, “deshabilitar” el filtro de “no-sexuado”, y bajo estas premisas no parece que tal método pueda funcionar en las mujeres, pero tampoco puedo afirmar que no. Muy distinto del hombre, donde nuestra libido, sublimada o no, es la que “conduce” nuestra vida. Pienso que en la mujer impera más el método y la organización de los pensamientos (Madame Curie como ejemplo), por el simple hecho que lo explicado en el hombre es retroalimentación positiva, y en la mujer, su sistema hormonal, tiende a la retroalimentación negativa (auto-organizativa). Puede que en su alto periodo de fecundación haya un equivalente hacia la retroalimentación positiva, pero se pierde en unos días (se manifiesta más en las mujeres con el  trastorno disfórico premenstrual), esa disforia la llevan muchos hombres durante todo el verano. No estoy buscando qué “máquina” intelectiva de los dos sexos es mejor, tan sólo trato de mostrar que son distintas. En la primera época de competición entre Apple y Microsoft se diferenciaban en sus microprocesadores, el primero tenía un Motorola, instrucciones más cortas, pero más rápido, y el segundo Intel, instrucciones más largas, pero algo más lento. Hacían lo mismo: eran máquinas multi-propósito, pero una y otra tenían ciertas ventajas y desventajas dependiendo de los programas. El hombre y la mujer en esos son iguales, son dos máquinas en donde las funciones del prefrontal son multi-propósito, son igual de inteligentes, solo que el cómo el cerebro “resuelve” los problemas, es por distintos caminos, rutas o formas. La ventaja del macho, en su visión espacio-temporal (sí, le uno la temporalidad a la ecuación, está explicado en otros escritos), le hace trabajar y extrapolar estas rutinas en problemas abstractos de forma más óptima, pero tiene desventaja en unir conceptos y palabras, lo que le causa problemas en lo comunicacional, y en “traducir” su saber en palabras. He puesto dos ejemplos típicos, por ser los más conocidos, pero hay otros. En el hombre la dimensión sexual, por su retroalimentación positiva, es un añadido, que por lo demás no siempre opera, sólo en algunos tipos de cerebros, con el consecuente problema de ser más tendentes a las enfermedades y los trastornos mentales, por “jugar” demasiado tiempo en sus límites (casos como David Helfgott representado en la película “Shine“, o John F. Nash representado en “una mente maravillosa“, o Jackson Pollock en la película “Pollock, la vida de un creador” o el propio Vincent van Gogh). Las neurociencias encuentran diferencias por todos los lados, solo que los test no “resuelven” los porqués de esas diferencias, puesto que los test sobre los sexos dan más o menos los mismos resultados. Las diferencias se ven en el día a día, en la vida, que es para lo que se hicieron los cerebros, los test son abstracciones de problemas, que en muchos casos no tienen que ver nada con la vida. De hecho alguien muy inteligente puede dar peores resultados que alguien menos inteligente que lleve años haciendo test, si el primero nunca ha hecho ninguno. Me imagino por ejemplo a Alejandro Magno, ante varias series de test, seguramente cualquier opositor que lleve años le ganará. El cerebro de dicho Emperador lo era ante el campo de batalla, en lo político, en cada terreno y ante cada problema. De cualquier forma el cerebro humano cuenta con el prefrontal, que es como el equivalente de un microprocesador multi-propósito y es este el que mide los test, pues es este el que da los resultados, independientemente que llame a otras partes del cerebro, pues este es el que al final revisa (conciencia de). Cuando en el día a día no siempre es así. O dicho de otra forma: la arquitectura del microprocesador Motorola e Intel eran distintas, pero si se les “pedía” que hicieran una gráfica a partir de una ecuación daban el mismo resultado. No fallan lo que encuentran las neurociencias, fallan los test a la hora de dar testimonio de esas diferencias, porque sólo se detienen en los resultados. Como un todo, esas dos “máquinas” muestran sus diferencias en sus motivaciones. En los test, ante una hoja, abstraído, en donde se llega a un estado de autoconciencia, donde la propia conciencia es la que ocupa la conciencia, el proceso va desde el prefrontal hacia adentro, mientras que en la vida es a la inversa: las soluciones saltan al prefrontal desde dentro, como intuiciones y corazonadas. Está claro que una esencia de la naturaleza es la ley del mínimo esfuerzo, yo soy horrible en la interacción humana, que es un tipo de inteligencia, pero tampoco me motiva. Me motiva dejar que mi cerebro divague en conceptos abstractos, pues yo siento como si me moviera por un terreno, del cual cada vez tengo más detalles. Hay ciertas cosas que están arriba, algo pendiente está a la izquierda, busco y profundizo hacia la derecha, eso me hace dar vueltas, pero siempre avanzando. Finalmente “trazo” esos mapas en estos escritos que me llevan horas, por mis problemas con el lenguaje. Igualmente cuando escribo tengo un mapa mental de los últimos escritos -seis, ocho- y si tengo que añadir o corregir un texto o párrafo, a veces por el simple hecho de cambiar un adjetivo, sé dónde está. En muchos casos entre más de quinientas páginas, y paradójicamente no tengo una buena memoria a corto plazo (memoria de trabajo), apenas de cuatro o cinco item. Posiblemente me “muevo” por los escritos como lo haría en la naturaleza, teniendo referenciales, en donde todo está en una especie de plano, y donde tal capítulo es como un bosque, diferente de otro con un terreno más accidentado. Hay barrancos, nudos en las tramas que he de revisar. A veces me fijo en algo marginal que he escrito, y que tiene la potencialidad de crear nuevas ideas. Se que al escribir tengo un plan, pero en muchos casos esas potencialidades, que emanan del encuentro de las palabras y los conceptos, me llevan por nuevos caminos. Cuando estoy en la naturaleza hago lo mismo: la mayoría de las veces no tengo metas, improviso sobre la marcha. Me detengo en encontrar detalles de tal árbol o roca, y cierto “algo” que se insinúa en el horizonte me hace cambiar de ruta. Siempre hay que mirar atrás, siempre hay que tener puntos referenciales. El cerebro cada vez tiene más detalles del terreno, plano, cambios de tipo de vegetación, si un riachuelo es el mismo que encontré cientos de metros más arriba, de los que yo no siempre soy consciente. Llevar todo ese saber a la conciencia es un proceso que no todos llevamos a cabo. A mí sí me motiva. O sea y al fin y al cabo, que cada humano tiene unas motivaciones, y por orden general, por las diferencias de los cerebros de hombre y mujer, unos y otras tienen distintas motivaciones, o cosas que les va a costar más o menos. Yo me muestro torpe y estúpido en muchas situaciones y juegos, y por más que he tratado de entrenar la memoria a corto plazo -años- no ha servido de nada. Los últimos estudios afirman que no hay realmente un impacto consistente en el tiempo del entrenamiento de la memoria de trabajo, sube en ese momento pero vuelve a su media pasadas unas semanas. Por otro lado se ha comprobado que el estrés de los entrenamientos, que se resume a calor en el cerebro algo que trata de evitar el sistema, provoca falta de neurogénesis en el hipocampo, con lo que a la larga es perjudicial. Bajo mi punto de vista las personas con déficit de atención y bipolares son un tipo de apuesta que se centra en la rapidez para el cambio de atención, apoyados por la memoria a medio plazo, frente a la retención, apuesta válida para la acción, pero no en el mundo actual de educación en donde se prioriza la atención en las clases. Hay ciertos límites para cambiar la estructura cerebral, no todo es neuroplasticidad. En experimentos con ratones se “intercambiaron” las funciones de varias partes del cerebro: nunca llegaron a ser igual de hábiles que las zonas “nativas”. Se tiende hacia lo que cuesta menos (tiempo y energía), pues ese menos define nuestro tipo de cerebro por lo que le es fácil, pero esa regla no impide que un cerebro de un sexo u otro lleguen a lo mismo si luchan por ello. ¿A qué se puede resumir todo lo anterior?, se hacen esfuerzos académicos para que los dos tipos de cerebros sexuales trabajen igual, pero ¿no sería más óptimo sacar el mejor partido de cada tipo de cerebro? En el deporte se procede así, incluso en el mismo sexo, si alguien es bueno para salto con pértiga, ¿por qué hacer que sea un buen velocista si quizás nunca llegue a acercarse a los más motivados y más preparados para ello?

    En una dimensión más banal, hay que tener en cuenta que el macho en el reino animal busca meramente el sexo, a la replicadora, en donde esta es “menos bella” o es más “normal”, por carecer de dimorfismos de ese tipo. Malurus-cyaneusUna hembra ave suele ser de color pardo, para camuflarse de los depredadores, frente a los machos que tienen grandes plumas coloridas. En este caso a la mera búsqueda sexual del macho masculino se añade el plus de buscar la belleza. Lo que ha provocado que esa tendencia y dimorfismos sexuales se incrementasen a lo largo de la evolución y más tarde en lo social. Teniendo en cuenta este nuevo dato, el rapto en el macho humano es más intenso, que el que se pueda dar en otros animales, puesto que está ese otro componente de la mujer como belleza sexuada. Es muy posible que la unión de estos dos hechos, 1. la sobre compensación hacia lo creativo, y 2. la belleza sexuada de la mujer que le creaba ese constante prurito en el “alma”, a modo de  limerencia “soportable; repercutiese a que ciertos machos, en la actualidad llamados divergentes, “se” mantuviesen activos como retroalimentación positiva, hecho que ha “movido” el mundo y que nos ha llevado a la actualidad.(4) Hay que deconstruir este hecho, ese inicio. La evolución “juega” con los conceptos, como cartas que no deja de entremezclar. Si la replicadora era ahora la belleza, esta necesitaba saber la intensidad y la profundidad de lo que aquello significaba. Ya no le valía ser seleccionada como portadora de los mejores genes por el alfa, que no lograba apreciar en profundidad sus signos. Necesitaba un nuevo tipo de mirada del hombre, y esa tenía que  ser la del artista, ese que en su anterior “papel” era el chamán, ese ser que conectaba con las esencias del mundo, con esos arcanos que la naturaleza le susurraba. Estamos ante un encuentro extraño y altamente simbólico de la historia humana, del devenir de la especie, del nacimiento de nuevos conceptos cerebrales. El artista se volvió en ese otro “dios”, al nivel del alfa, en donde su orgullo tenía esa misma capacidad del líder, de no dudar de sí mismo (orgullo narcisista, pues nacía de la “adquisición” de las propiedades del auto-replicador), por entender que su arte era incontestable e incuestionable. La replicadora tenía como espejo a un auto-replicador, alguien que se fecundaba a sí mismo por ningún otro germen que el dolor de lo faltante. Ante tal hecho ese faltante no podía ser otro que la belleza de la replicadora. Hay que detenerse a pensar, en profundidad, en toda la simbología que entraña tal encuentro. Espejo y rostro, auto-replicador fecundado, no con la vida, sino con la pequeña muerte que provoca la limerencia de no poder asir aquella belleza que tenía que haber sido, por derecho natural, para el macho, para sí mismo. Al hacer de espejo de la replicadora le “robaba”, por breves momentos, aquello que tenía que haber sido suyo, en donde el artista se quedaba embebido, arrobado (que proviene de robar y por lo tanto de raptar) y embobado mirándola, pudiendo incluso llevarle a caer en el síndrome de Stendhal. A la vez la replicadora odiaba ese acto, ese hurto de sus esencias, pero que indistintamente a este conflicto, lo “necesitaba” en algún nivel profundo de su ser. Doble juego que quizás sea el que subyace en esa icónica imagen de drácula mordiendo en el cuello de una dama, y en donde mordedura y entrega forman una unidad. Esa lucha, que empezó en algún momento del pasado, y del que es manifestación la Venus of Brassempouy, datada en 25.000 años de antigüedad, permanece aún hoy en día y es uno de los dilemas a los que se enfrenta la mujer y el feminismo. Para bien o para mal la replicadora tiene una extraña complicidad, que no es meramente externa, sino simbólica y ontológica, con el artista. Caminan por sus vidas, se encuentran sin buscarse, y crean esos momentos simbióticos, en donde la limerencia es de un nivel más metafísico, y tal encuentro deja su rastro en el Arte. Hacer mención especial a la película “la bella mentirosa“, por ser la que mejor ha sabido retratar tal encuentro.

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    La Mirada Homosexual

    Un último apunte para cerrar el tema del rapto. Si la mujer de repente capta que la que le hecha ese tipo de mirada es una mujer, ya sea homosexual, del tercer sexo o género fluido… ¿se sentiría igual de molesta, de limosa, de raptada? No lo sé, y no lo puedo averiguar. El primer problema viene dado a que no se capte como de deseo, pues no se sabe la tendencia sexual de esa desconocida, y por defecto, para bien o para mal, es que sea tomada como heterosexual. Y el tema de los piropos -otro problema pequeño burgués feminista, que además yo nunca he visto al ir por las calles o lugares públicos, ¡y ya tengo años!, no sé si será por la ciudad o el barrio en el que me muevo, o se refieren a los halagos-, aunque improbable, pero no por ello imposible, ¿molestaría igual que la que piropease fuera una mujer? Habría que preguntar a muchas mujeres para tratar de hallar una media. Por intuición, todo apunta a que no. El tema es complicado de analizar, puesto que el feminismo ha alterado aquello a estudiar, como ya he apuntado en otras ocasiones. Si se hace ahora esta pregunta, toda mujer se va a poner a la defensiva, a que en algún lado de la pregunta hay alguna encerrona. Si hay algún sociólogo leyéndome sería interesante hacer ese experimento en la calle, que una mujer piropease a otras y después preguntarlas cómo lo han sentido. Mi intuición es que el rapto limerente de la mujer “carga” de fondo con el miedo atávico a la violación, como una amenaza latente soterrada; que como ya he dicho, es a la vez miedo a dos cosas: miedo a la muerte por agresión, y miedo a un embarazo indeseado, que en la prehistoria igualmente podría significar la muerte. De ser así, ¿sentirían de fondo un temor/odio a todo hombre de baja jerarquía?, eso explicaría el sentimiento de los Incel; que por lo demás, sin en miedo a la violación, sería igual de jerárquico en los hombres sobre las mujeres. Este presentimiento, de creer que esa mirada de una homosexual realmente no les molesta, se basa en el hecho de que otra mujer no las puede violar o generar violencia para ese fin.(2) Por otro lado, el tema sobre las miradas o los piropos sobre nosotros, no los tenemos como “problemas”, nos son indiferentes… de nuevo repetir que yo no he presenciado ningún piropo. Pero si fuera así, entonces de nuevo, es jerárquico, el alfa no viola (quizás pueda darse alguna excepción), ahí está el caso de Mick Jagger de 4000 mujeres; lo hacen sobre todo los de las posiciones más bajas. Dicen en la serie “Dietland” que “toda mujer teme morir a manos de un hombre” (todo asesinato es primeramente simbólico, mata aquello de lo que es signo), pero no sé el origen de tal afirmación y no hay forma de buscarlo en Internet, pues sólo salen casos concretos de los diarios de todo el mundo y no el origen de tal frase. Creo que el libro no es tan tajante y se refiere a que a las mujeres se les educa para que teman a los hombres, a la oscuridad y los sitios solitarios: la triada para que ocurra la violación o la agresión sexual.

De Vuelta con la Limerencia

    Hay que detenerse en la lectura de Sartre. Si yo soy repetición, Sartre es repetición de repetición de repetición. Hay que estar pendiente cuándo introduce alguna novedad a la “trama”, que amplíe información o aclare algo. “El Ser y la Nada”, aunque incluye la temporalidad, es un libro que analiza constantemente el “aquí y ahora” del Ser del para-sí, de ese proceso por el cual el para-sí, libertad, se va desmadejando y construyendo. Y lo hace deteniéndose en la mirada, en donde nace la corporeidad, y a partir de este cuerpo la vergüenza, el deseo sexual, el amor, etc. Su transcendente, su salir de ese eterno “aquí y ahora” es Dios, en la medida que el para-sí ansía un estado que siempre se le escapa. Para Sartre todo para-sí quiere ser fundamento y corazón de un en-sí, no ser esa nada que se construye a cada paso. A esa totalidad dada sin fisuras construida desde el principio y hasta el final que no es alterada, pero que “contiene” un para-sí, una libertad, Sartre lo llama Dios. El problema es que existe el otro que con su libertad me niega esa posibilidad. El conflicto del otro lo es en la medida que me entregue su libertad, no objetándolo, no alienándolo de su dimensión transcendente, de un ser “habitado” y constituido igualmente con una libertad. En contra de lo que opinan las feministas de forma reduccionista (después vuelvo a esto). Si puedo llegar a Ser, con esa plenitud faltante, lo ha de ser a partir que el otro me constituya desde su libertad, desde su mirada como esa totalidad constituida con una libertad. Saliéndome de este plano ontológico, y como ya lo he analizado en otro lugar, ese ser es el líder, el héroe, el alfa, donde este se nos da como una totalidad inquebrantable en donde no cabe la duda. “Dudar es de humanos”, reza la máxima, aquello que no duda ha de estar en un plano distinto. Ha de ser ese para-sí que tiene como fundamento la solidez de un en-sí, en donde la libertad tan sólo “desarrolla”, enhila, esa densidad. En este sentido es por lo que es legítimo poner en el mismo plano al héroe y a los dioses, o a los primeros como semi-Dioses, como se ha hecho a lo largo de la historia. Dios se extrapoló de los héroes y los alfas, y no al revés, bajo mi punto de vista. O sea, si se analiza a través de la evolución, el alfa era la constante, ese a seguir, ese que si faltaba la manada se desintegraba. Toda manada y su poder, con respeto a otras y por la territorialidad, emanaba de las capacidades del alfa (que no tenía por qué ser el macho, entre los lobos igualmente lo es la hembra, pero es más complicado que llegue a ese estatus, por cuestión de que la medida de llegar a serlo es la fuerza). Sólo más tarde, cuando se avanzó en el lenguaje, se podrían a esos héroes o alfas en los cielos.

    Avancemos. ¿Qué busco?, que a estas alturas puede haberse perdido el hilo. Trato de poner al replicador como idea central, en donde para Sartre este era el constituirse como Dios, o Ser que sólo es causa de sí, dilema heredado de la cultura occidental. El problema de su filosofía viene de aquí. En que los lectores acepten esta idea tan extraña, que no les encaja si se analizan a sí mismos. En afirmar que cada humano, en su Ser, quiere ser Dios. Suena a extralimitar las ideas. Sobre todo teniendo en cuenta que no existe algo así como Dios. Bajo mi punto de vista se quiere algo más banal, como el liderazgo, en donde en tal situación la gente te entrega su libertad, pero a la vez tampoco puede reducirse a esto. Si se sigue la regla que todo se construye a partir de un primer ladrillo, ha de analizarse y seguir la pista de ese primer ladrillo. Esa pieza o clave es el llegar a ser el auto-replicador puro, no escindido en dos sexos, nuestro vacío o limerencia es volver a ese estado inicial. En esa medida buscamos eternamente a una pareja para llenar ese vacío, esa falla de ser causa de sí, en donde el otro tiene que elegir entregarme su libertad, a la vez que yo hago lo mismo: entregando nuestras libertades a un proyecto, a una unión. Pero todo esto pasa dentro de una especie en donde lo que prima son las jerarquías y por lo tanto los conflictos de sus libertades. Ese Ser que es sólo causa de sí mismo (ens causa sui) ha de ser aquel que esté fuera de ese conflicto de las jerarquías y el conflicto de las libertades. Aquel auto-replicador que carecía de un faltante para dividirse en dos (clonarse, bipartición), aquellos primeros seres unicelulares y bacterias que llenaban los océanos primigenios. Es más, la diferenciación a dos sexos, fue ese primer “conflicto”, y nacimiento de lo jerárquico, por el hecho de los distintos medios y finalidades de estos dos sexos. Ese conflicto “nace” o crea el estado limerente, puesto que es aquel escollo a solucionar para llegar a ese estado previo sin dos sexos, en donde todo encuentro humano con el otro sexo es el conflicto de esos medios y finalidades que se expresan en sus libertades. Así se cumple la regla que predice Sartre al afirmar que el deseo no está unido a lo biológico, pues es un concepto, dado que la limerencia -deseo de unir dos entes separados, en dos sexos, a un sólo ente o replicador-, es una parte ontológica del ser humano. Con este previo a tener en cuenta, partimos con que la base humana es la indiferencia, por lo tanto hay que salir de la indiferencia, que alguien se fije en ti, para llegar a ese posible proyecto en común, a esa salida de este “ruido de fondo” de sentirse sólo, que es no tener pareja: ese estado limerente previo a toda limerencia concreta. Hay que volver a ser más prosaicos. En una manada gregaria, de ovejas por ejemplo, cada cual va a lo suyo, lo que emerge es esa indiferencia total. En las manadas en donde se da el alfa todo cambia, puesto que lo que cuenta es subir escaleras o bajarlas: las jerarquías. En ese sentido la base es el conflicto, la no-indiferencia. O puedo ser indiferente sobre los que están en los escalones de abajo y no indiferente de los que están en los escalones de arriba. Medirme con alguien de cinco escalones de abajo es bajarme a su escalón. Hacerlo con alguien cinco escalones arriba es promocionarme. La libertad se pone en juego ante estas complicadas estrategias. Pero toda esta temática está en este capítulo que trata de analizar la sexualidad. ¿Por qué es central el sexo entre los animales que se basan en las jerarquías? (a veces me veo estúpido explicando cosas tan elementales, pero es que parece que las hayamos olvidado o que las queramos ignorar, como hace el feminismo). Porque los alfas machos y hembras tienen unos privilegios con respecto a sus posiciones. Igualmente tener sexo con los alfas es poder subir escalones en la jerarquía. ¿Por qué sino esa obsesión humana de poder alcanzar a actores, actrices, cantantes, modelos y demás personas de alto rango?, que dicho sea de paso es más propio de las mujeres, y remarca su tendencia hacia la élite y lo jerárquico; ¿por qué tanto miedo de llegar a ser tomado como un “perdedor/a”? Hagamos un balance con lo que tenemos hasta ahora. Hay tres vacíos: 1. todo para-sí quiere tener densidad de en-sí, este nunca puede ser suplido, pues es una facticidad del Ser de la conciencia, en tanto que eterno buscador de lo faltante. En la vida ese faltante puede ser el alimento o el sexo, pero ese faltante de la conciencia es el siguiente segundo, que al alcanzarlo tiene otro por venir. Es la libertad desplegándose en el tiempo, la apreciación de la libertad en el tiempo, como construyéndose. 2. Uno de esos faltantes es un otro para el sexo, para la replicación, en tanto que en un principio no existía tal división y se busca ese Ser-unidad que tiene la capacidad para la replicación, en donde dos libertades se entregan en un proyecto común; esta falta produce el estado limerente. 3. Dado que todo otro es en tanto que conflicto, en donde la libertad está en juego, el líder o alfa es aquel que porta las mejores capacidades para ser un ser compacto, donde sus acciones no contienen la duda. La evolución le porta con las mejores cualidades para que tal posibilidad se cumpla. Es el estado más similar a ese ser-en-sí que tiene como fundamento al ser-para-si. Es ese ser al que se le entrega “más fácilmente” la libertad. Lo demás se sigue de estas premisas. Se busca la ausencia de limerencia, se suple el segundo punto, y el estado más perfecto para que esto sea posible es emparejándose con un alfa, se suple el tercero en tanto que uno se pone a su mismo nivel. Con pareja y de líder es el estado más alejado de la limerencia (erótica del poder o síndrome hybris). Creo que queda zanjado el tema de la importancia del sexo y sus porqués. Y creo que resulta evidente el problema de los Incel (¿perdedores, nacidos con “malos” genes?), pues están en el estado más limerente posible, ya que ni pueden alcanzar tener pareja, ni pueden alcanzar a los alfa. ¿Tiene importancia cómo se vista uno y quien te mire o no, bajo estos planteamientos? Mejor un líder que un perdedor. La mirada de un perdedor está muy cercana a ser un rapto limerente, un tipo de violación, pues el estado más alejado y “perfecto” es junto a un líder como pareja, que de paso “nos resuelva” la limerencia. Por descontado que el artista o cualquier otro tipo de creativo divergente, puede escapar de todos estos planteamientos, pues es un tipo de líder y al ser auto-replicador escapa de la limerencia hacia el otro sexo, si así lo desea. Por otro lado hay que tener en cuenta que dada la evolución humana, el concepto de alfa se ha vuelto difuso. Cualquier persona que sea segura, creativa, empática, asertiva y decidida, características de alfa empático, es susceptible de ser seleccionada como pareja, y de portar ese todo deseado en el estado limerente. Vuelvo a mi búsqueda o investigación. A trivializar toda esta estructura en el contexto diario.

Creatividad y Símbolo Atávico

     Algo que sale a colación entre la idea del morbo y la búsqueda del replicador universal o puro, y que se me había pasado por alto hasta que no he descubierto el segundo, es que el morbo está atravesado por la creatividad, que recordemos es una forma en donde se manifiesta la replicación, pues todo acto creativo es hacer “nacer” algo que no existía, crear, es traer algo al mundo, que emerge desde la imaginación, de una imaginación que está transida de la idea de auto-replicarse. Si por algo se caracteriza el humano es por la creatividad: es una de nuestras esencias. Lo humano no puede explicarse sin la creatividad: desde las artes, hasta las ciencias, pasando por las técnicas. Cuando veo algo que me da morbo, algo que se insinúa, algo que se ve y se oculta a medias, está llamando a mi imaginación, a mi creatividad, para re-crear lo faltante…, que en el fondo puede ser reducido a la capacidad que tiene la vida para replicarse. Recordemos, del capítulo anterior, que la vida, como abstracción, puede reducirse a la trinidad del existente, lo faltante y lo fallido. Cuando mi cerebro haya en la naturaleza algo con la misma estructura, está impelido a hacer lo mismo que hace la vida, buscar lo faltante, para crear el estado completo. Hay otra dimensión más en este proceso. Puesto que entra en juego la imaginación, el cerebro en definitiva, y todo el cerebro son signos y conceptos atávicos, primitivos y que no están definidos en palabras, sino como cargas mentales llenas de un sentido profundo que la conciencia y las palabras no logran alcanzar y verbalizar, y que cada uno de estos tienen una carga emocional y en algunos casos de morbo, o deseo sexual que conlleven prohibición o tabú; cuando imaginamos algo sexual, a partir de lo que nos entre por la vista, el cerebro puede hacer llamadas o estar asociado a estos signos con una alta carga morbosa, lo cual incrementa el morbo y la excitación. Decía Heráclito que “una conexión oculta es más fuerte que una obvia”. Esto puede parecer similar a las teorías del psicoanálisis, pero yo le agregaría una diferencia profunda. En un ejemplo proveniente de Freud, no es que se desee a la propia madre, sino que el cerebro crea una abstracción del concepto madre, que tiene una carga simbólica de tabú y se “añade” al deseo. Un ejemplo de esto es el concepto y porno MILF, no es tanto que cierta mujer madura tenga una carga sensual o sexual, sino que lleve implícito que es una madre, en donde tal concepto cerebral está unido al tabú y lo prohibido y crea una mayor excitación. No es sublimar a la propia madre, esa persona real de carne y hueso y con una personalidad. Es el puro signo de madre en su abstracción y ambigüedad. Al modo de las ideas platónicas. Cuando alguien nos dice mesa, no pensamos en una mesa concreta, el cerebro tiene una abstracción de lo que es mesa, que no son palabras, que está en el cerebro como mentalés, con su propio lenguaje cargado de qué, para qué y cómo, y un sinfín de emociones y recuerdos. El imaginario colectivo sólo es vientre, y nada de cerebro; engulle, pero no procesa. Hace falta ese procesado: ese análisis y “limpieza” de lo simbólico, en esa dirección van ciertas de mis deconstrucciones. El concepto de madre es un ejemplo claro y es igual de “borroso”, en tanto que arquetipo, en este caso con un añadido “libidinal”, pues tiene agregada una carga de prohibido que se suma a toda situación sensual o sexual o en definitiva de morbo o excitación. Por esto se propaga y hay un porno sobre el incesto. No son incestos reales, pero crean y hacen llamadas a esas cargas de signos y conceptos cerebrales atávicos, que incrementan la excitación y el morbo. El que dichos conceptos tengan dicha carga prohibida no es nuevo, ni social; se debe a que en los cuellos de botella, en donde la supervivencia de la especie se ponía en peligro, se tendía a “recurrir” a la endogamia. Ha venido ocurriendo hasta hace relativamente muy poco; cuanto mayor se aísle un grupo en una zona remota del planeta, más tiende a esta práctica. Aquí hay que apuntar algo que ya dijera en otro escrito (un viaje a Abilene): en la adicción al sexo se crean umbrales, que una vez que crean habituación han de llamar a situaciones o novedosas o que traspasen prohibiciones. O dicho más llanamente: cuando el porno “normal” ya no excita, se recurre a vídeos más extremos y que contengan simulaciones de incestos y violaciones, o la seudo-infantilización.

Deseo Sexual

    En este ejemplo del gráfico, el cerebro ni siquiera analiza lo faltante, va de lleno al Ser como totalidad. A la conciencia ya nos llega como lleno de sentido. Luego es un proceso que el cerebro hace sin supervisión, y lo hace con estructuras muy antiguas. Lo que quiero decir, por si no es evidente, es que no intervienen facultades como la razón, la voluntad, la atención, o la intención. Si en la selva veo unas manchas negras muy geométricas, aunque el resto del cuerpo esté oculto porque su color es similar al de la hierba seca o el terreno, deduzco que es una pantera. Actúa quizás más en las personas más imaginativas y creativas, pues “ven” cosas que el resto de humanos no ven. Siempre se ha unido artista a sexualidad. El cerebro es totalizante, metaforizante, siempre rellena lo falto. Y más en algo tan instintivo y básico como el sexo. El morbo, así, cobra una nueva dimensión que ya no es tan banal como el simple disfrute de la vista. Está llamando a una estructura antigua, en una doble vertiente, en tanto que instintiva, y en tanto que replicadora, haciendo de una suma de componentes que incrementan su capacidad secuestradora de los procesos mentales. El morbo deja de serlo cuando no llama a la imaginación, cuando deja de existir tal componente. De ahí la frase de “deja poco para la imaginación”, pues puede llegar a restar todo el morbo.

WGGdOii

   De Vuelta con la Limerencia II

   El resto de conclusiones se siguen de todas las reglas arriba expuestas. Otra cosa que había ignorado es que la prohibición no sólo nos vienen de las convenciones sociales. Es muy posible que el origen de estas convenciones vengan de las jerarquías. Al líder, a los antiguos emperadora\es, no se les podía mirar a la cara. Aún se mantiene en muchas culturas y protocolos. Sólo le estaba permitido hacerlo a sus iguales. No es distinto de lo que hacen los animales. Por el contrario, siempre hay que dar muestras de sumisión, posiciones más bajas, agachar la cabeza, las orejas o el rabo, etc. Cuando una persona que es un 2 mira a alguien que es un 10 no le está permitido, tiene ese mismo rango de prohibición. No es algo que esté establecido en lo social, pero es algo que tenemos interiorizado en el ADN y se manifiesta en comportamientos del cerebro y de nuestros cuerpos. La vida, fuera de la indiferencia, sexuada y atravesada por las jerarquías, es siempre un juego de exhibicionismo o seducción, y de voyerismo y manipulación. Recordemos que la vida es transmisión de información, todo en el humano es transmisión y lectura de información. Ninguna pose, ninguna elección de ropa, está fuera de este juego. Si elijo una ropa y unas poses frente a otras, estoy dando un tipo de información y no otra. Estoy marcando en definitiva mi estatus, mi jerarquía. Salir a la calle de una manera frente a otra, es querer mantenerse indiferente, o salir de la indiferencia. El ser un 8 en vez de un 5. ¡Si el vestir es indiferente invito al que lo afirme salir en pijama!  Si por el ropaje y los modos de operar subo dos escalones eso que gano para alcanzar a un 10. Esto me recuerda el estribillo de “antes muerta que sencilla“. En definitiva, y como nos dice Sartre: “seducir es asumir enteramente y como un riesgo que hay que correr mi objetidad para otro; es ponerme bajo su mirada y hacerme mirar por él; es correr el peligro de ser-visto para tomar un nuevo punto de partida y apropiarme del otro en y por mi objetidad“, y “en la seducción el lenguaje no apunta a dar a conocer, sino a hacer experimentar“, en tanto que recreación de lo faltante, y en tanto que esa llamada a la imaginación o acto creativo del otro transida por el morbo. Sartre nos dice que la seducción no es un fin en sí mismo, ni un lenguaje que se remita a sí, sino a otras estructuras, a otros lenguajes. Esas estructuras son las arriba mostradas del conflicto, en donde lo que está en juego es atrapar la libertad del otro, sin que la nuestra entre en juego, o bien donde las dos libertades se entreguen mutuamente. En la seducción “atrapo” al otro, mi libertad queda en apariencia intacta, pero si se me descubre como jugando a seductor, quedo objetado a la vez en el juego. El juego y el equilibrio de la seducción consiste en jugarlo aparentando que no se juega a él. Esta regla no se aprende sino con la edad y después de muchos “prueba y error”. Lo que entra en liza es “quien ligó a quien”, quien puso su libertad en juego, o se arriesgó a que estuviera en peligro. La posición pasiva es la que aparece como menos culpable si al final todo sale mal. Las típicas reprimendas y echarse las cosas en cara cuando el amor fracasa, en donde el que inició el idilio es el más culpable o por haber enredado y no cumplir, o por crearse unas expectativas que en realidad no estaban correspondidas en el otro. También se aprende con la edad, y por prueba y error, que como uno se muestre con un lenguaje explícito llama a su igual del lado contrario, por lo que a la larga se tiende a la sofisticación y la elegancia si se quiere salir de ese escalafón. ¿Por qué las madres no hacen ver a sus hijas ese proceso?, en parte porque el argot feminista ha “enturbiado” ese lenguaje ancestral, y en parte porque han perdido el control de su papel rector, ante el peso que tiene la juventud en el panorama actual y sobre todo en las redes sociales. Las dos cosas van de la mano: el feminismo “protagonizado” por la juventud en las redes sociales quieren dictar sus reglas, y justifican su “lucir palmito” bajo supuestas reglas feministas y contra el patriarcado. Tratan de controlar un problema que ellas mismas crean. Por otro lado siempre hay que mostrar cierta resistencia; quien no juegue a este juego pierde: lo inaprensible, lo inconquistable, mantiene ese constante efecto de novedad que tanto seduce. El feminismo sale al paso diciéndonos que no existe tal juego y de esa forma la única libertad atrapada, o que entra en contexto, es la del macho que entra en su nuevo, perverso y ladino juego, al que además dicen que no juegan. Sigue la misma estructura de arriba: seducir haciéndonos creer que esas no son las cartas sobre la mesa. Saliéndose de la ecuación, nos hacen creer que ellas no juegan a ese juego, y que si nosotros lo vemos bajo esos ojos es que somos unos machistas, y que por lo tanto es una interpretación errónea desde la mirada patriarcal. Por otro lado esa posición pasiva descrita arriba, por lo general siempre la ha tomado la mujer, de nuevo nada de patriarcado: era una ventaja para la mujer, un tipo de poder como se ha mostrado arriba. Un lenguaje no se crea si no hay por lo menos dos entes que lo hablen. El juego de la seducción, que siempre implica la mirada del otro, es universal en la vida y lo han jugado los dos sexos. La cola del pavo real, que luce el macho, no tiene otro sentido que la de lucirse y a su vez ser vista. La seducción y la mirada es un lenguaje donde esos dos interlocutores son los dos sexos. ¿Cómo llegar a pensar que el humano escapa de esa regla universal?

   Ahora cambio de plano, a otro más transcendente. La finalidad del sexo no es el disfrute, eso sólo es su medio, su finalidad es la reproducción. Aunque el humano lo ignore, aunque recree su creatividad en los juegos sexuales. Sartre nos dice: “el sí, al no poder ni proponer su supresión como su fin supremo ni elegir como objetivo último un acto particular, es pura y simplemente deseo de un objeto trascendente“, que recordemos que para Sartre es constituirse en Dios, pero yo trato de revisarlo. El para-sí es perpetuo vacío, una interrogación atrapada en el eterno “aquí y ahora”. Si lograse alcanzar esa meta de ser a la vez ser para-sí y en-sí, quizás ese vacío desapareciese. Hay pocos estados donde esa estructura transmuta, desaparece. Uno de esos estados es el orgasmo. Visto así tal acto tiene dos dimensiones, el puramente lúdico de su placer, y otra que es transcendental, y es ese Ser-para-sí, que por fin logra su meta de transcenderse en en-sí, sin que desaparezca el para-sí. Pero aquí hay una falla. La masturbación igualmente logra esa finalidad, ¿qué falta? Para Sartre esa totalidad sólo puede ser en tanto que un otro está en medio. Puesto que mi ser se me aparece como cuerpo, y este lo es frente a la mirada de los otros, mi totalidad no queda cerrada si a la vez no entra en juego la libertad del otro: “así, como reacción al fracaso del tercer ék-stasis, el para-sí quiere identificarse con la libertad ajena como fundamento de su ser-en-sí. Ser prójimo para sí mismo (…) es el valor primero de las relaciones con el prójimo; esto significa que mi ser-para-otro es infestado por la indicación de un ser-absoluto que sería sí-mismo en tanto que otro y otro en tanto que sí mismo, y que, dándose libremente como otro su ser-sí-mismo y como sí-mismo su ser-otro, sería el propio ser de la prueba ontológica, es decir, Dios“. En mi lenguaje: el alfa, o todo acto de héroe, es aquel en donde la duda no aparece, donde la densidad de mis acciones alcanzan su mayor nivel de presentarse como compactas. Por otro lado, al líder se le entrega la libertad, te conviertes en uno con él, en tanto que sus acciones son las que hay que mimetizar (neuronas espejo). Una heroicidad lo es por el hecho que el que la acomete hace la acción sin que intervenga ni el miedo, ni la duda: es pura acción, densidad de Ser. Para aparecer como alfa o héroe -o como ente denso en sus acciones-, el para-sí, que es eterna duda o vacío, o crear distancia con las cosas al dejar “caer” la nada sobre el mundo, ha de desaparecer. “No puedes dudar, si hay algo peor que ser incompetente o malvado, es ser indeciso”, dicen en la película “Purasangre“. En definitiva: el Ser del para-sí es eternamente nada, que construye un puente mientras camina (avanza) por él. Pero aquí se da de nuevo otra falla. Si alcanzo el orgasmo, sin que el otro lo haya alcanzado, de nuevo no se logra ese “tercer ék-stasis”, puesto que el otro me toma como objeto al haber fracasado en el proyecto de integrarlo en su libertad, en tanto que le he convertido en el objeto de mi deseo. O dicho más llanamente y para no redundar: no puede darse esa desaparición de los dos para-sí, en tanto que han de cumplir con la regla del tercer ék-stasis, en tanto que el orgasmo no sea simultaneo. En ese estado se cumplen todas las reglas: la libertad del otro queda integrada, pero a la vez me es entregada, mientras yo a la vez hago lo mismo. En ese estado, los para-sís de los dos amantes, quedan anulados en una totalidad en donde la acción tiene la densidad del en-sí, pero donde sobrevive el para-sí como “testigo” o conciencia del orgasmo mutuo.

    Fijarse que evolución y estructura ontológica coinciden. Para la evolución el orgasmo mutuo es el punto en el cual el embarazo tiene la mayor posibilidad para que este se dé; pues el orgasmo femenino crea convulsiones en la cérvix que “absorbe” el semen hacia arriba y le ayuda en su ascenso. A la vez este acto propicia la monogamia, pues para llegar a ese orgasmo mutuo les puede llevar mucho tiempo a la pareja, y mucho conocimiento y comunicación. Al vincularlos en el plano ontológico, ese en el cual el para-sí se desvanece y en donde es posible el tercer ék-stasis, y la supervivencia de dos libertades que ni se han objetado, y que además se han entregado mutuamente, pueden tender a querer repetir la experiencia una y otra vez. Siempre se ha dicho que la cama resuelve los problemas de las parejas. Creo que en la actualidad cada vez es más complicado o sólo cubre problemas. En definitiva y para dar legitimidad a mi propuesta: el orgasmo es ese estado donde dos entes, dos sexos desaparecen, y hace desaparecer el conflicto primigenio de todo contacto humano, para que emerja un estado que tiene la finalidad de la reproducción, en definitiva de la replicación. Cuando dos humanos orgasman a la vez, ese estado es el más cercano a ese otro donde no existían dos sexos, y sólo existía la vida o esa entidad como auto-replicadora. Ese estado original y primero por el cual la vida llegó a ser vida, que es la replicación. Cuando una pareja termina por ser pareja, el hombre pierde parte de sus características: le baja el nivel de la testosterona, y la oxitocina, propia de la mujer, le inunda. Finalmente cuando se tienen hijos, la prolactina, para crear los vínculos con ellos, le baja de nuevo la agresividad y la testosterona. Al unir estos dos procesos, nos encontramos que el hombre se vuelve más “femenino”, más empático, más cercano a las estructuras propias de la feminidad, en definitiva del replicador inicial y asexuado.

     Hagamos el ejercicio mental de poner esta trama en un rebobinado rápido hacia atrás. Una pareja vive felizmente criando a sus hijos, en donde estos se han terminado de fusionar en una entrega mutua de sus libertades al otro. Se ama a la pareja como se ama al hijo: sin límites, entregándose por completo. “El sueño del amante es identificarse con el objeto amado manteniéndole a su vez su individualidad: que el otro sea yo, sin dejar de ser otro” o “en el amor uno más uno es igual a uno”, ambas de frases de Sartre. Cada acción de la pareja no nos resulta disonante. No nos provocan “vergüenza ajena”. Sus acciones y elecciones coinciden plenamente con las nuestras o son muy parejas. El orgasmo al unísono, como el que dio origen a sus hijos, es ese momento que les hace reencontrarse o conectar con ese estado por el cual es posible la unidad en uno mismo, anulación del para-sí, de la conciencia distanciada del cuerpo, a la vez que integra al otro, el cual vive el mismo estado, en esa fusión o enviscamiento de dos cuerpos y almas fundidos en unidad. Estado que es el más cercano a aquel primigenio de un replicador puro. Previamente a llegar a ese estado se han enamorado. De nuevo una trampa de la evolución programada para impeler a que se llegue a esa fusión. El enamoramiento es un estado limerente en el cual el prefrontal queda “noqueado” y toda la química cerebral está “programada” para buscar, unirse y hacer que  permanezcan esos dos lados que han de terminar por ser sólo uno. Antes de ese enamoramiento, se ha “entrado” en la vida sexuada, en el juego de la seducción y la mirada, en un eterno “prueba y error”, en donde siempre estaba en juego en qué medida el nivel de entrega era igual por las dos partes, y en qué medida nuestra libertad no quedaba atrapada en una libertad que no era entregada. Con esto enlazo con algo pendiente de arriba. Bajo mi punto de vista la pareja humana busca a un igual. Yo no quiero una dominante, ni una sumisa. Pienso que es la postura más universal. Y no hay que poner una mirada patriarcal a tal hecho. De cualquier forma hay apuestas evolutivas que tienden a la sumisión o al dominio, pero no son tantas; el caso es que se encuentren entre ellas y lo lleven bien. El conflicto viene cuando a una persona le baja la autoestima, que puede ser temporal, y ya no se siente como un igual, sino inferior. O a la inversa, que crezca la autoestima y se produzca un desnivel con su pareja. En algunos casos ante estas situaciones se puede crear una sobre compensación propia, más agresiva, o manipuladora, que haga bajar la autoestima de la otra persona para nivelar. Por otro lado está la cuestión a cómo responda la pareja ante la baja o la alza de tu autoestima, y tú a la vez sobre las mismas cuestiones con respecto a ella. Todas estas tramas, con todas sus posibilidades y ramificaciones, no decantan a una tipología del comportamiento de un sexo u otro. Se dan tantas variables y posibilidades que es imposible analizarlas sin terminar por ser reduccionistas. El feminismo está cayendo en reduccionismos, y por otro lado dada su existencia, “perturba” en su análisis a los componentes analizados. A la menor la mujer se puede poner a la defensiva y tender a agarrarse a argumentos feministas, cuando no siempre son aplicables. Cada caso es cada caso. Somos infinidades de individualidades con sus propias qualias. Cada pareja es un mundo. Por el lado del hombre no hay defensa posible, desde que existe el feminismo es el presunto culpable de toda trama que vaya mal. Puede que por estadística haya más problemáticas con los hombres, pero hay que tener una visión más global y abstracta. El macho en la vida está más lejos de la condición de replicante, se nace femenino y a los meses se “activa” ser masculino. El macho no tiene la premisa de replicarse -sólo en los artistas y los investigadores se da esa condición-, sino de buscar a las “replicadoras”. La naturaleza está llena de los ejemplos de sus “desmanes” por buscar a las hembras y aparearse. Ahora que se ha repoblado de lobos Europa, se les hace seguimientos. Algunos lobos errantes machos han llegado a recorrer hasta 2000 kilómetros, para encontrar una hembra con la que emparejarse. Pensar en todas las dificultades naturales: ríos, montañas, heladas, conseguir comida en una Europa cada vez menos natural; sumado a las humanas: cruzar autopistas, bordear ciudades. Limerencia, deseo de buscar la replicación, de ser uno con el replicador: eso explica ese prurito que emerge del fondo de nuestro ADN, que nos empuja a ese tipo de odiseas y extravagancias en la vida…, esa es nuestra principal fuerza y virtud, y a la vez nuestra mayor debilidad y “pecado”.

   Resumiendo. Somos seres limerentes, seres que eternamente están condenados a buscar la unión con el otro sexo (género), a sufrir en su busca y por mantenerlo, a ser felices cuando lo encontramos. A buscar al replicador, a recrear al replicador, en ese culmen que es el orgasmo. Banalizamos tal acto, lo doblegamos a que sólo sea placer, nos volvemos adictos a su final, lo buscamos individualmente, en pareja, en grupos, le damos mil formas y cientos de posiciones, pero en el fondo esconde esa sencilla y profunda esencia, que tiene esa doble vertiente de unir dos almas, y de crearnos una breve paz, de apenas unos segundos, en nuestra hambrienta alma corroída por la nada.

 


(1) Puesto que el morbo está transido de prohibición, eso siempre implica que ocurre ante otra libertad que nos pueda cuestionar, si se ve un vídeo de una chica por la calle con shorts no da tanto morbo como cuando se ve una chica así en la calle. Se puede mantener algo si se sabe que es un vídeo poco legítimo, por estar grabado con una cámara oculta, o si se está en un sitio comprometido en donde alguien nos pueda pillar, pero pierde intensidad. Estar ante un otro, es estar ante un para-sí (libertad), mientras el vídeo es en-sí, ya ha pasado, lo que igualmente resta morbo. Está claro que donde la libertad no está en juego no hay rapto limerente, excepto en el rapto social, donde todas las libertades han sido objetadas por tal rapto (influencia de las modas). No pongo enlaces para no dar publicidad ni sobre el porno, ni sobre sitios poco legítimos.
(2) Nota para una película sobre esta temática de fondo. El film tendría que recrear la atmósfera oscura de “Seven”, cámara en mano, o “metraje encontrado”. En los periódicos sale el caso de una nueva víctima de violación y asesinato. El autor aparece en cada escena para ver trabajar a los policías. Se enamora de la detective y la empieza a acosar. Sobre la mitad de la historia logra secuestrarla, y bajo máscaras y una voz distorsionada la viola y la “usa” a su antojo. Final tipo “el sexto sentido”, era una psicópata homosexual que usaba un pene anatómicamente realista.
(3) Pienso que si todo en el universo y la vida son sistemas complejos, y estos son abstracciones de los sistemas naturales, han de “obedecer” a las mismas reglas y estructuras. La naturaleza “ama” las espirales logarítmicas (forma de las galaxias, en ciertas plantas, en las caracolas). Un vórtice es una espiral logarítmica que se estudia en la dinámica de fluidos, donde fluido no se refiere sólo a los líquidos, sino a toda “masa” dúctil compuesta de muchas partículas, como las nubes, el humo y el agua (medio viscoso). Así si previamente se ha dado vueltas al café con azúcar y seguidamente se echa unas gotas de leche, se producen vórtices. Lo mismo cuando un ala de un avión, ante ciertas circunstancias, topa con una nube o con humo. En esas situaciones se generan fuerzas centrífugas y centrípetas, a las que se le añade la resistencia de ese medio. Se llama remolino del vórtice entrópico (llevado a lo cómico) a los límites de esas espirales que se encuentran con la resistencia del medio o con otros vórtices. Es entrópico o caótico dado que a cada segundo se produce una interacción nueva, donde se rompe con la dinámica del vórtice y es impredecible la posición de las partículas, y dejan de obedecer a un orden o patrón. Aplicado al cerebro del artista, en tanto que libido y sublimación, su estado “obedece” a las leyes de los vórtices, puesto que cuanto más espesa sea la viscosidad, tenga más partículas, más sólidamente creará esa fuerza que “mueva” todos los datos de su cerebro (signos, sentimientos, símbolos, emociones, palabras, sensaciones, conceptos…), dentro de ese vórtice para crear estructuras regulares (nuevas ideas y creaciones). Como la energía nunca es infinita, y siempre termina por vencer la segunda ley de la termodinámica, al final las resistencias en los límites, en los bordes, donde hay menos partículas y viscosidad, “provoca” la entropía de los límites del vórtice, haciendo que progresivamente se deshaga el vórtice por completo. El calor del verano, las “órdenes” de las hormonas del sistema endocrino, un medio fuertemente sexuado, aderezado a dormir poco, que hace que no haya “borrados” totales del cerebro (pienso que es parte de esta dinámica: evitar dormir mucho para que permanezcan las uniones meta-estables entre las neuronas -memoria a medio plazo-, estados obsesivos) son ese medio viscoso, fluido, en donde la libido hace del componente que crea el vórtice, pues es retroalimentación positiva (no-disipativa) que es la que genera la fuerza dentro del sistema: para crear el vórtice. Al final esa fuerza o vórtice cae súbitamente ante el agotamiento físico, la suma de horas sin dormir y días en los que de repente hace mucho calor: se entra en su estado entrópico. No suele volver a darse en meses, pues ya no vuelven a crearse las mismas fuerzas, ahora disipadas y sin viscosidad. Desde luego que en el cerebro no pueden crearse vórtices, será un crecimiento/decrecimiento logarítmico, pero de alguna forma yo como lo siento y lo visualizo, a lo largo del año, es con esa forma, pues el alto pico de julio es como esa punta de lanza incisiva tal como ocurre en el centro de los vórtices. Mi sensación es de espiral, que va perfilando cada vez más ciertas ideas, uniendo distintos conceptos y puntos que tratado: de forma obsesiva, recursiva y centrada, como una visión cada vez más “afilada”; mientras que en los “bordes” van quedando ideas desechadas, más viejas, o que no están pareadas con el resto. De alguna forma el cerebro tiende a “aparejarse” a esa forma virtual del vórtice: no con algo físico o partículas, sino con los signos, emociones y demás “átomos” procesales del cerebro. Hay que tener en cuenta lo que ya dijera arriba sobre la sinestesia, la mezcla de los sentidos, pues yo llevo a lo visual, a formas y colores, ciertas abstracciones conceptuales, idea que igualmente se aprecia en mis pinturas.  La caída de ese estado suele ser brusca, en eso no coincide con lo que hace un vórtice, pero es como si de nuevo pasase un avión en la dirección contraria deshaciendo el vórtice. Quizás se sigan estas premisas en los social, no en vano se suele decir “espiral de violencia”, para ciertos actos reivindicativos y de manifestaciones, en ese caso los individuos son esas partículas que se suman al crecimiento logarítmico. Si en la mujer no es igual la libido, que yo diría que no, que su ser nuclear no es el sexo, sino la procreación, pues se nota en que pueden prostituirse y evadirse del acto sexual totalmente, no puede generarse esta estructura libidinal o forma de pensar tendente a la “genialidad”, o la “criticidad auto-organizada“, será de otra forma más metódica y/o profunda, pero le faltará esa “chispa de locura”. Esto no es sólo en el hombre, en la vida suele ser el macho el que llevé la evolución un paso más allá, los que produzcan distintos cambios para “impresionar” en los cortejos, que producen cambios evolutivos. Se cree que las plumas fueron en principio un dimorfismo sexual para llamar a atención a las hembras, en dinosaurios que protegían su piel con algo así como el plumón, y crearon las plumas en las extremidades delanteras para hacer bailes, como se ven hoy en la actualidad en algunas aves, más tarde servirían para volar. Otro caso, y yo lo considero “hermano” artista, es el pájaro jardinero macho (capulineros), que recoge distintos frutos, hojas o basura humana, para crear obras de arte sobre el suelo para impactar a la hembra. Se han descubierto dos nuevos casos curiosos, el primero es el ave manaquín delicioso, que ha llevado más allá el crear sonidos y los produce con las alas, cuando lo habitual en las aves sea el canto. Este mismo proceder, que se crea por fricción, se dan en los saltamontes y grillos, y ahí está el maniquín que recrea eso mismo ahora en las aves; es un caso de concurrencia evolutiva, que dos especies lleguen a unas mismas formas de proceder. Un último caso es una araña, que ha simulado como un tipo de hoja al final de algunas de sus patas para hacer una especie de juego de gato y el ratón con la hembra, para que no lo coma. La mayoría de este tipo de extrañezas, y llevar más allá a la evolución, la crean los machos en su deseo de conquistar a las hembras. Otro caso ejemplar es la creación de los nidos por parte de los machos, para ser seleccionados por las hembras, como en el caso de pájaro tejedor, unos de los nidos más elaborados de la naturaleza. La mujer humana puede llegar al mismo saber o inteligencia que el hombre, pero por distintos medios, no por la libido. El fondo de esta idea la sostiene igualmente Helena Cronin; quien dice que en la típica campana estadística sobre la inteligencia, hay más mujeres en la media, pero menos en los dos extremos: genialidad o estupidez. Las feministas la han atacado, pues argumentan que no demuestra una realidad biológica, sino social. Pero para que la afirmación sobre la cuestión de los “avances” evolutivos disruptivos las suelen dar los machos, no sea que la dice un hombre, ahí está la polémica feminista Camille Paglia que ha llegado a asegurar que: “sin el hombre, la mujer nunca hubiera salido de la cueva”; yo no sería tan radical en tal afirmación, pero el hecho que el hombre tuviese que competir una y otra vez en ingeniosidad o arte para conquistar a las mujeres, es el que iría dando “empujones” evolutivos hacia el humano que somos hoy en día.

Vortices de Leche sobre Café
(4) Bajo mi punto de vista no para mejor, pues soy anarco-primitivista. No sé… el artista tiene de musa una abstracción de la mujer, pero cuanto más me han hecho pensar en ellas, cuanto más he llevado el retrato al hiperrealismo en estos escritos, más decepcionante ha sido y más ha ido muriendo esa sensación que debería de haber permanecido como mágica. Yo las mato simbólicamente, y ellas me arrastran en su caída al precipicio. Cada vez tengo menos pilares para sostener mi alma sobre la tierra. Vas quitando velos y más velos, y cada vez es todo más crudo, más real, más deviene el humano a ser ese mero animal lleno de máscaras y palabras vacías. A destacar que en la película “la bella mentirosa“, la única que ve la obra acabada, y que la detesta por haberla “descubierto”, es la modelo. Pienso que la liberación sexual, y a partir del feminismo de la tercera ola, no han hecho otra cosa que confirmar los tópicos sobre los dos bandos. ¿Rebajar dichos tópicos a sus mínimos?, el macho quiere “follar” con todas y las hembras lo hacen por interés. Lo que ya se sabe de cualquier otro animal. El problema del feminismo, y del humano medio, es que no les gusta las “respuestas” que dan la etología comparativa o la psicología evolutiva sobre el por qué de la violencia masculina y demás “taras” del ser humano, pero tampoco parecen creer que provengan de las injusticias y desigualdades sociales, pues de ser así deberían de luchar en esa dirección: dentro de los partidos y contra las desigualdades y las injusticias. Lo único que explica toda la temática es la unión de los dos factores, sino ¿qué otras posibilidades hay?, que somos hijos del demonio. Se nos dice que tenemos un tres y que se ha llegado a tal cifra sumando números enteros positivos, sólo puede ser sumando tres unos, o un dos y un uno. ¿Qué más queda? No parecen admitir que sean cuestiones evolutivas, pues en esas respuestas el sexo femenino tampoco sale bien parado (descargar documental enlazado al final). Y si todo es evolutivo/social, ¿cuál de las dos posturas es más “noble”?, esta pregunta es lo que esconde de fondo los debates de género. Como no hay ninguna respuesta válida, como suele ocurrir en las discusiones de pareja, entonces se recurre a sacar todos los trapos sucios del otro. En eso ganan las mujeres, por las violaciones y la violencia y homicidio/asesinato de género. Ahí se han quedado agarradas, por ser su mejor demostración de estar en el “mejor” género. La “queja” masculina sólo puede ser ambigua, “es un no sé qué, que no puedo definir”, que tiene de fondo el ser más ladinas a la hora de llevarse las cosas a su terreno, que se abrevia a manipuladoras cuando se dan tensiones con otras personas, o cuando las parejas se acaban. La mujer despechada: violencia no física en definitiva; lo manipulador es el extremo de la mujer, mientras que el hombre se extrema en violencia, y puesto que no tenían otra, pues no podían competir con la fuerza muscular; idiosincrasia representada en el papel del personaje femenino en la película “Perdida” o igualmente de “Revolutionary Road“. Decía el humorista Robin Williams que “una mujer no haría una bomba nuclear para matar, haría una bomba que te hiciera pasar un mal rato”.  El otro “pero” es que su inteligencia es menos abstracta, o más concreta y que busca lo práctico, como lo han dicho distintos hombres a lo largo de la historia. Encajan por lo general más en la tipología de Isaiah Berlin de los zorros, frente a los de alta abstracción que son los erizos. Seguro que el primero que dijo “Dios proveerá” era un hombre, a lo que su mujer le replico con “¡bueno!, pero vete a cultivar el huerto”, que se ha quedado en el refrán de “a Dios rogando y con el mazo dando”. Esta dualidad achacada a las mujeres es ambigua, porque la política -que se basa en la apariencia, la simulación y la manipulación ladina-,  en la que en realidad se basa lo humano, es lo primero, y lo segundo -esa tendencia a lo práctico- da lo mismo, pues cada vez vamos más hacia un mundo del saber útil o no abstracto. Habrá más hombres que me entiendan en mis abstracciones más profundas, que ataca a los dos sexos. Lo siento, pero no he visto ninguna mujer que comprenda todo el trasfondo que muestro aquí, y no por que lo diga yo, sino porque es lo deducible si se profundiza y se abstraen porqués y consecuencias. Dicen en la serie “lodge 49” que “Internet es un matadero, (donde todos) somos los carniceros y los cerdos”. Sacamos lo peor de los dos sexos de la especie: manipulación y agresividad. No se da cuenta el feminismo que están generando más aquello por lo que empezaron su “lucha”, que debería ser la indiferenciación y la tolerancia; que cada tuit y manifestación que excluya o se detenga en algo particular del hombre va en la misma dirección de crear diferencia, lucha y conflicto. Y no, no es porque tengan al macho contra las cuerdas. Casi todo tuit feminista es sólo opinión, que como está cargado de una intención, que no es el de mostrar una “verdad”, es susceptible de ser propagandista. Ese mecanismo que movió a las masas para odiar a los “negros” y para odiar a los judíos. Pero esto mismo, como que sólo he encontrado tres pensadores en mi vida de mi mismo nivel, y los tres eran hombres, cuando ha habido más mujeres en mi vida que hombres. ¡Ya sé: un caso no hace una estadística! Por otro lado no caigo en capaticismos, en pensar que esa capacidad de abstracción sea relevante o mejor para algo, siempre he dicho que es una “cruz” y que por lo demás es un tipo de saber que es “incómodo” para lograr ser feliz: la mujer está más preparada y es más “válida” para la vida. El hombre al tender más a la retroalimentación positiva es más tendente al caos, a su auto-destrucción, pues en definitiva es lo “sobrante” del acto replicador, pero a la vez a la “criticidad auto-organizada“, generadora de grandes cambios e ideasLa mayoría de las mujeres lo reducirán a que soy misógino. La feminista Camille Paglia, sí tiene esa capacidad de abstracción, ha sabido ver y reconocer los errores del feminismo joven. Pero todo son generalidades, siempre he dicho que hombre y mujer son los dos extremos del máximo en el que se manifiestan las hormonas sexuales, y entremedias están la mayoría de los humanos. Yo tengo una alta carga de estrógenos, de niño y hasta casi los 14 años me confundían con una chica, por mi rostro afeminado, en cuanto tenía el pelo un poco largo. También se nota en lo emocional y en que mis gustos sexuales son ambiguos, y por lo demás en que en todos los escritos he tratado de ser conciliador, pero ha sido un imposible y me he terminado por rendir, pues cada vez que entro en Twitter, veo la tendencias de tuit’s de las feministas y las mujeres, y me hieren en mi orgullo y mi inteligencia, al igual que les ocurrirá a todos los hombres. Decían en la serie Preacher, a propósito de otra cosa, que: “no nos odian, se odian a sí mismos”, que quizás sea aplicable aquí y al género, sublimamos el odio hacia nuestro propio género con el odio hacia el otro. El otro sexo es “testigo” de nuestros errores, luego si nos odiamos en eso que ven, los odiamos por el mero hecho de verlo. Pensamiento muy Sartriano. Por eso quizás el tercer sexo y ciertas feministas homosexuales odian a las heterosexuales. Si es así, es igual de “legítimo” que el hombre odie lo más femenino de la mujer, y por ello no se le tendría que tachar de misógino. Odia ciertas características humanas que se pronuncian más sobre todo en ciertas mujeres. Lo mismo les ocurrirá a las mujeres, como yo odio lo más macho, irracional y brutal del hombre, pero sobre todo odio la estupidez, y creo que ha quedado demostrado que en ese rango incluyo tanto al hombre como a la mujer. No creo que el humano sea inteligente, en tanto que sabio, y en tanto que esa capacidad sea la de ser “usada” para crear felicidad. En teoría lo debería de portar más la mujer, pero las últimas décadas me han hecho creer que no es así. Las mujeres latinas sí portan esa llama, quizás por estar menos infectadas por el etnocentrismo y la posmodernidad (de lo que yo pueda conocer por hablar el mismo idioma). La artimaña del feminismo radical es no dejar ver ese odio a lo heterosexual femenino, “usando” a todas las mujeres en sus luchas (los enemigos de mis enemigos son mis amigos), cuando la extrapolación de tal artimaña en lo masculino no la puede “usar” el hombre. Siendo así, era mejor no haber removido la mierda. Las feministas aún no se dan cuenta y siguen haciéndolo (¿menor capacidad abstracta?); haciendo que cada vez vaya a haber más hombres que remuevan en el retrete femenino. La meta sería dejar asentar las aguas y hacer como siempre se ha hecho: ignorar nuestra naturaleza más ruin y centrarse en lo mejor de lo humano. Bajo mi punto de vista, que he tratado de demostrar en los distintos escritos, la liberación sexual y el feminismo de la tercera ola, han hecho que se pronuncien más los extremos de lo femenino (exhibición de sus atributos sexuales, uso de su cuerpo por beneficio, por elitismo, ¿no?, hoy se reivindica no ser molestada por la mirada de extraños en espacios públicos -que no creo que sean honestas en este punto u otros similares: depende de quien mire y cómo-, pero si se “trabaja” en una sex cam sí se quiere ser mirada, pues reporta dinero) y lo masculino (violencia en general y sexual en particular, buscar “follar” con todas las mujeres). Que sólo me detengo en lo más negativo, que quizás sólo sea la apuesta de una minoría, ¿y qué hace el feminismo sino esto mismo? En un análisis de la población mundial, a partir del “Estudio Dunedin“, llevado a cabo a una población durante toda su vida, emergieron 5 tipologías humanas:

1. Bien adaptados: 40%, persona media.
2. Reservados: 15%, poco sociables, tímidos.
3. Inhibidos. 7%, tipo hikikomori.
4. Subcontrolados: 10%, violentos, tendencia al crimen, gen guerrero, (leer).
5. Seguros de sí mismos: 28%, amantes de las emociones y el riesgo. Adrenalina.

Son ese 10% de los llamados subcontrolados, los que suelen cometer agresiones, violaciones, robos, y demás tipos de delitos; nunca bajará esa tasa, son los “planes” perversos de la evolución, pues es una tipología que “funciona” en las situaciones de violencia y de guerras. “Arregla” la sociedad para que no se activen los genes que les llevan en esa dirección y se solucionarán parte de los problemas. Esto dice la Wikipedia:

   “En los humanos, se ha encontrado una asociación entre el alelo 2R de la región VNTR del gen y un aumento en la probabilidad de cometer delitos o violencia graves. Se ha encontrado una conexión entre la versión 3R del gen MAO-A y varios tipos de comportamiento antisocial : los niños maltratados con genes que causan altos niveles de MAO-A tenían menos probabilidades de desarrollar un comportamiento antisocial. Los alelos de baja actividad MAO-A que son abrumadoramente el alelo 3R en combinación con abuso experimentado durante la infancia resultó en un mayor riesgo de comportamiento agresivo como adulto,  y los hombres con la baja actividad del alelo MAOA eran genéticamente más vulnerables, incluso a la disciplina punitiva como un predictor de comportamiento antisocial. Los niveles altos de testosterona, el tabaquismo materno durante el embarazo, el bajo nivel de vida material, el abandono escolar y el bajo índice de inteligencia del comportamiento predecible se asocian con los hombres con alelos de baja actividad. La variante alelo de 3 repeticiones de baja actividad del gen MAOA también se ha encontrado frecuentemente en hombres que se unen a pandillas.  Según un gran metaanálisis en 2014, el alelo 3R tuvo un pequeño efecto principal sobre la agresión y el comportamiento antisocial, incluso en ausencia de otros factores de interacción.”   

   “Cuando se enfrentan a la exclusión social o el ostracismo, los individuos con el gen MAOA de baja actividad mostraron niveles de agresión más altos que los individuos con el gen MAOA de alta actividad. El MAO-A de baja actividad podría predecir significativamente el comportamiento agresivo en una situación de provocación alta, pero estuvo menos asociado con la agresión en una situación de provocación baja. Los individuos con la variante de baja actividad del gen MAOA tenían la misma probabilidad que los participantes con la variante de actividad alta de tomar represalias cuando la pérdida era pequeña. Sin embargo, eran más propensos a tomar represalias y con mayor fuerza cuando la pérdida era grande.”

     ¿Qué “culpa” tiene un hombre, pues es sobre todo en los hombres, si nace con una genética y la sociedad no lo inserta de forma correcta?, acaso no es también una “víctima” del sistema. Si a una mujer cualquiera se le alterase la genética para tener la versión MAO-A de baja actividad; se le modificase los receptores de núcleo sexualmente dimórfico, para inhibir menos las respuestas físicas; se le inyectase testosterona para masculinizarla, y se le pusiese en un ambiente negativo (existencia situacionada), sin trabajo y con una relación de pareja inadecuada, se crearían las circunstancias “perfectas” para ser una homicida casi al 100%. En este vídeo de ejemplo, el “acosador sexual” es una hembra hormonada para comportarse como un macho, sobre un macho alterado para comportarse como una hembra. Tampoco hay que reducir todo a ese 10%, hay otros casos y causas. El caso de la manada, en España, se puede explicar porque uno de ellos fuera dominante y era el que tenía esa tendencia: después se dio la cuestión de seguir al líder, y tratar de no desencajar en el grupo, por la dinámica de grupo, la conformidad y el sesgo grupal. Deberían de darse clases de los sesgos cognitivos y cómo evitarlos, que podrían ir junto a las de ética, pues están relacionados. En una sociedad tan caótica y compleja cada vez es más complicado que impere la equidad y una buena educación, en donde además tiene que haber unos padres con un entorno muy equilibrado, y esto último cada vez va peor. La violencia de género nunca va a ser cero. Pero como cero tampoco lo será las muertes a padres, hijos, hermanos y resto de familiares y no por ello se odia a cada uno de estos estamentos. Es sólo que donde hay más emociones y posiciones situacionistas en juego, se pueden dar más casos de violencia desatada y homicidios. Todo esto lo dejo en esta nota, pues desbarajustaría el propósito del presente escrito, que es buscar aquello que ha de ser lo mejor del ser humano. Conclusión provisional: el ADN está infestado de sueños que la realidad y los años van matando; son conceptos que crean trampas cognitivas, pero también que crean Ser, modos de operar en el mundo, como es el caso de los artistas, que dicho sea de paso no necesitan crear para serlo, es una tipología. El momento más cercano a esos sueños intactos son la niñez, o la prehistoria humana. La situación actual es esa en donde las civilizaciones y los individuos coinciden en el culmen de estar matando todos esos sueños, y en donde ya sólo queda la realidad: que éramos simples ensoñaciones grabadas en nuestros ADN’S. El humano ha muerto y ya sólo existe el homo rapiens, que en los social además se manifiesta en las posturas biológicas más extremas de los dos sexos. Todos estos “movimientos” del feminismo enaltecido, violento y que sólo provoca lizas y odios, se están dando, quizás, en el peor momento de la historia, pues ahora más que nunca se necesitaría la capacidad cohesiva, empática y conciliadora de las mujeres, esa que sí saben dar a sus hijos, y debería de ser la que proyectasen en las sociedades. Por cierto, esta nota se debería llamar: “las mujeres que odiaban a los hombres, aquellas otras que se unieron a su coro sin saber sus intenciones, y los hombres que se vieron “obligados” a odiar a esas mujeres”, en esa dirección iba la segunda cita de la cabecera.

Ataque feminista III

   Esta nota la he añadido al final y viene a cuento de soliviantarme por ciertos tuit’s feministas, tras los cuales decidí dejar las redes sociales definitivamente, pues generan odio y malestar. Si me lo generan a mí, que soy una persona muy tranquila, no me imagino en otros hombres, con una mayor cantidad de testosterona y un cerebro menos dominado por el prefrontal y la razón. “A veces hay que ser borde o hacerte daño”, nos dicen en la serie “Sharp Objects”. Qué quiere el feminismo: ¿un humano que construya un pensamiento como el expuesto en el escrito o un macho que escriba esta larga nota de “desprecio”?, que construya, o que destruya. Cuál es el “grito” del feminismo actual: “¡respeta que no te respete!”. ¿Qué sentido tiene un movimiento en donde cualquier persona puede decir la “burrada” que se le pase por la mente y decir que lo hace por ser feminista? Debería dejar de ser un movimiento y ser una organización con filiadas, como lo hacen los partidos, con cierto control sobre la legitimidad y fiabilidad de estas personas, que tendrían que estar bien informadas antes de hacer o decir algo en espacios públicos. Lo dicho: generan aquello contra lo que luchan, sólo cabe pensar que es violencia manipuladora o imbecilidad. Desde luego no son nada conciliadoras, que es lo que se esperaría de su lucha y sus reivindicaciones.


(Si nos fijamos en la foto del escote, si se amplía, se verá que ha sido manipulada -por mí-, tiene un brazo “cortado”, el de la derecha, pues si se sigue su trayecto debería de volver a verse debajo del pecho. Lo quité. ¡Así de absorbente es el sexo, que el cerebro ya no se fija en detalles tan extraños como ese! — El tema no se ha agotado, pero no voy a seguir escribiendo sobre ello. Temas como el narcisismo, el voyerismo o el exhibicionismo, se translucen de los dos escritos, igualmente los porqués de las tendencias a generar violencia sexual, y la efebofilia, todo se lee entrelineas, y son tendencias sobredimensionadas y distorsionadas de esa dualidad de mirar y ser mirado.


Ver documental “Descargar “Evolution – Why Sex? (¿Por qué hay Sexos?)” Prefiero la traducción en plural, en singular es ambiguo. – Descargar.
2.  01 – El Sexo del Cerebro (Diferencias De Género en el Cerebro)
Temas tratados:
a. Cómo crean diferencias las hormonas sexuales.
b. Determinar que es más biológico que ambiental.
c. Trastorno disfórico premenstrual.
d. Síndrome de Turner.
e. Teoría de la homosexualidad con respecto a estrés de la madre durante el parto.
f. Hiperplasia Suprarrenal Congénita ( CAH ), mujeres masculinizadas.
g. Influencia medicamento Dietilestilbestrol (DES).
h. Núcleo sexualmente dimófico (SDN).
2.  02 – El Sexo del Cerebro (Diferencias De Género en el Cerebro)
Temas tratados:
a. Diferencia en los temperamentos.
b. Diferencia en el lenguaje, tiene mejor margen las mujeres.
c. Diferencias visual y tridimensionalidad.
d. Las mujeres son más bilaterales en el lenguaje.
e. El hombre es mejor para la lógica matemática (abstracción).
f. La mujer trabaja más el cerebro en estados de reposo y trabaja como totalidad para solucionar problemas.
g. El hombre busca el liderazgo, la mujer la cohesión social.
h. Eso le lleva más a la conformidad, pero puede ser tomado como sensibilidad o flexibilidad grupal.
i. A la mujer le preocupa más la vergüenza.

Frases clave del documental:
La diferencia no es lo contrario de la igualdad. Igualdad significa la misma oportunidad para hacer lo que queremos, la diferencia significa que podemos no querer hacer las mismas cosas.”
La auténtica liberación es la comprensión entre hombres y mujeres.”

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