El Big Data Como Conciencia

Este es el mundo de hoy: nadie pide nada, pero luego es demasiado tarde.”
La información ya no existe.” Dobles vidas
No somos absolutamente libres porque siempre estamos arraigados en nuestras relaciones con el mundo y con otros agentes libres.” Christine Daigle y Christinia Landry parafraseando a Sartre


Este escrito son sólo apuntes. Las ideas generales habría que desarrollarlas más.

La conciencia humana se puede describir bajo una gran multitud de paradigmas (visiones). De forma escueta se puede decir que es una centralización de la cognición, un proceso por el cual algo relevante es llevado desde el cerebro de fondo, o modo automático de trabajar, a un espacio en donde la atención se centra sobre dicho tema para ser analizado de forma más precisa. Los procesos subconscientes son como todos los exámenes de una clase, y la conciencia es cuando el profesor revisa cada uno de los trabajos. Revisar es volver a ver con más atención, detenimiento y cuidado.

En mis escritos he ido llegando a la -provisional- conclusión de que en lo social no puede darse la conciencia. El Estado no lo es porque siguen siendo varias conciencias independientes, que aunque se sienten alrededor de una mesa siguen siendo individualidades, y lo que se ponga sobre ella no llega a ser analizado desde una mente, tan sólo consensuado. Bajo estas premisas mis primeras conclusiones eran que lo que emerge como un todo en lo social, es lo inconsciente -o subconsciente-; esto es: lo que se manifiesta en una región ciudad o país (cultura) como la suma promediada de todas las mentes. La única posibilidad de conciencia sería una Inteligencia Artificial. Pero estos días he estado pensando sobre esto y me he dado cuenta que el Big Data y los algoritmos ya están funcionando como “conciencia” del sistema; aunque de momento todo está descentralizado. Los algoritmos recogen información en bruto y la procesan (revisan) buscando patrones por medio de los cuales sacar conclusiones de cómo es el sistema (el ser humano y este en sociedad). La conciencia, cuando toma el control del cerebro, lo hace bajo cierta premisa: con un por qué, un cómo y un para qué. Lo que analiza queda “contaminado”, alterado, por dichas premisas. De igual forma el Big Data y los algoritmos tienen las mismas premisas, que en la mayoría de los casos es la productividad y las ganancias.

Pero no se salva la paradoja de que el Big Data no lee lo “deseable” o las posibles tendencias del prefrontal o conciencia de los humanos, sino que analiza sobre todo lo inconsciente. Con un caso se entiende lo que quiero decir. Los algoritmos que trabajan en los sitios porno se basan en estadísticas de visualización, pero ¿qué se ve por término medio? El deseo sexual humano se está saturando. Si hace cincuenta años excitaba un simple escote o una minifalda, hoy ya no lo hace. En esa saturación el porno ha ido hacia el “Hardcore”. Cuando este se vuelve rutinario se exploran aún más los límites. Las compañías del porno han funcionado bajo esta regla: hacen lo que se vende, lo que se demanda. Como resultado los algoritmos “creen” que eso es lo que quiere o es el ser humano. Todos y cada uno hemos hecho “creer” a dichos algoritmos que esas escenas definen la sexualidad humana (o la del macho). No han “leído” el cómo es deseable un acto sexual -promedio- de un humano con otro humano al que ama, ha leído lo más recóndito de los instintos. Unos y otros algoritmos no leen la realidad, sino en muchos casos las fantasías más irreales (o grotescas a estas alturas). No la casa que uno puede tener dada su condición económica, sino la más exuberante, grande y deseable. Lo mismo para un viaje, una noche de fiesta (recordar las películas de fiestas desmadradas -¿será esto un micromachismo?- que se han vuelto tan populares), etc.

Ahora imaginar lo contrario. Que cada uno siendo consciente del papel que hace sobre lo que ha de ser el humano, no buscase en Internet lo “exagerado” y “extralimitado”, sino lo que uno tendría que pensar como razonable. Los algoritmos se “reacondicionarían” a esta nueva manera de ver el mundo. Cuando uno buscase tendría que ser consciente de dos cosas: qué imagen queremos que tenga el Big Data sobre el humano y qué imagen queremos que vean nuestros hijos y nietos sobre nuestra generación. Quizás no esté diciendo nada nuevo, la cultura siempre ha sido esa suma de una época y sociedad que heredan los hijos. Hace de alguna forma de conciencia, pero no es igual al Big Data, pues este es constante presente, mientras la cultura es el poso que queda después de unos años o décadas: es lo remanente de un pasado.

¿No se parece la posición de preparación a la cópula en los mamíferos?

Límites de tales planteamientos. La mayoría del tiempo el humano se mueve en sociedad como un autómata, más ligado a lo instintivo y la memoria implícita, que de manera consciente y con la memoria explícita. La “conciencia” actual del Big Data, para lo que está programado, es para la productividad y la ganancia. Las premisas están mal. Todo Internet está bajo esta premisa aunque tal “verdad” parezca ser invisible. Todo lo que cualquier persona haga en Internet está reportando dinero a los creadores de contenidos y a las compañías basadas en el Big Data, luego nuestra simple interacción en Internet genera un dinero del que uno mismo no recibe nada material a cambio. En esa doble dirección uno desea “recibir” algo físico también, lo que hace que tal sea la premisa -esa es la tendencia- de fondo de Internet: que todo tiene que implicar alguna ganancia.

Siendo así, y si alguna vez se centralizasen todas las “conclusiones” a las que van llegando “los” Big Data, en una Inteligencia Artificial, y se le preguntase a esta sobre nuestra naturaleza, sobre cuál es la condición humana, quedaríamos mal parados con su forma de “mirarnos”. Quedaríamos fotografiados por todo lo más perverso y bajo del ser humano. Lo promediado sería lo mezquino, el odio, la ira, el egoísmo, el narcisismo, el deseo sexual más instintivo, la trampa, el engaño, la mentira, la estupidez, lo zafio…


Otro tema al que he dado vueltas muchas veces y está ligado de fondo al anterior. En cierto escrito (de hace diez años) decía que la sociedad era como la base giratoria de un molino, en donde en su giro y en su centro se ejercen fuerzas centrípetas (tiene cierta inclinación para que el grano caiga), y en la parte más externa fuerzas centrífugas, si se diese el caso que la rueda girase a mucha velocidad. Mas recientemente dije que yo sentía en verano algo así como ser “tragado” o succionado al ojo de un huracán. Por aquel entonces ya pensé en la posibilidad de si la típica campana de Gauss, de lo promediado estadísticamente, en realidad sólo es la forma bidimensional de una espiral logarítmica. La parte más alta de la campana es el ojo de la tormenta, donde se generan fuerzas centrípetas, mientras que en la parte más externa se pronuncian las fuerzas centrífugas. Cuanto más aguda sea una campana más fuerzas centrípetas se ejercen, momento en el cual, cual vórtice que se colapsa sobre sí, dicha fuerza energética se vuelve caótica al perder la uniformidad y su estructura. Una campana de Gauss baja se mantiene más estable.

La sociedad se ve succionada al centro de la campana, o de la tormenta, más a mayor crisis, como si estas fueran las energías que alimentaran la tormenta. Pensemos en la siguiente situación: uno se encuentra en una entidad bancaria y de repente entran unos asaltantes. En situaciones de rehenes la gente tiende a paralizarse, a “no mover un dedo” para no llamar la atención de los asaltantes. Todas las personas en ese medio tienden más a mimetizarse, a igualarse. Debe de haber una primitiva que revele aquello de “clavo que sobresale será martillado“. Cuando tenemos miedo tendemos a taparnos la boca con la mano, para que no se nos escape ningún sonido. Seguramente tenga el origen de permanecer en silencio y sin moverse ante la presencia de los depredadores. Lo que quiero hacer ver es que las personas tendemos a mimetizarnos más de la media en situaciones de peligro, y que seguramente ese sea nuestro proceder durante las crisis. Tampoco hay que ignorar que el que se “mueva fuera” del grupo será el posible chivo expiatorio.

Uniendo puntos con otros escritos, los bancos de peces cierran su agrupamiento cuanto más rodeados se encuentren, con lo que se da una situación similar de fuerzas hacia el centro y posibilidades de ser despedido fuera del grupo cuanto más en la parte externa se esté. Lo que trato de hacer ver es que tanto en los sistemas físicos, como en los vivos, se siguen ciertas reglas de los sistemas dinámicos. La espiral logarítmica se da de igual forma en una galaxia, en una tormenta, como en un banco de peces. En lo humano la campana de Gauss seguramente sea la forma bidimensional de un espiral logarítmica. Las fuerzas son mayores cuanto más se esté en el centro, y a la vez cuanta más masa haya en dicho centro más energía habrá de succión hacia él. Las personas liminales, ya sea porque no tienen la fuerza o la convicción de seguir o dejarse llevar por esas fuerzas, son expelidas hacia las partes más externas. A mayor exterioridad, mayor posibilidad de ser el clavo a ser golpeado o chivo expiatorio.

Por si no se ha entendido del todo, cuanto más se tienda a emular a la masa en tiempos de crisis, más miedo se tiene. O dicho bajo otra perspectiva: se emula y se genera mayor miedo en el sistema, que por retroalimentación genera más tendencia a emular.

La nueva película del “Joker” tiene ese trasfondo (no creo hacer spoiler, pues se deduce desde el principio que esa persona no es el Joker, y que la película va sobre ese cambio al Joker que conocemos). Un individuo mimetizado en el miedo generalizado que al final se cansa de tener miedo. Toda la clase trabajadora, en alguna medida, somos el Joker. Se tiene el temor que la película se vuelva mimética o cree alteraciones del orden. No creo que sea así. Las dos fuerzas en juego son la ira y el miedo, y de momento gana el miedo.

Nada más. Que cada uno a su gusto sume las dos partes del escrito y saque sus propias conclusiones.

Anuncios

Bosquejo Para una Teoría de la Sociabilidad II

“La misantropía no parece tan irracional como solía ser.” Amy Olberding

Reacción frente a Acción

Imagina despertar de repente en un desierto y no saber qué haces ahí, ni quién eres. Miras en todas las direcciones pero no hay ningún hito, nada que sobresalga en el horizonte que te marque un dirección a la que ir. ¿Eres una persona libre de ir en cualquier dirección de los trescientos sesenta grados? Ahora imaginar que ocurre lo mismo pero en una isla. La cosa ha cambiado, el ancho océano no es una opción: ¿tenemos unos ciento ochenta grados de opciones? La misma situación, pero en una colina de una jungla. Nos encontramos con matas de vegetación impenetrables que sólo nos dejan unos pocos caminos que seguir. Si bien la primera parece con más opciones de libertad, en realidad no lo es, pues el sol y calcular la hora del día nos “determinaría” un posible ruta. En la isla tampoco son ciento ochenta grados de posibilidades: frente a nosotros puede haber un acantilado y dada su dificultad vamos a derecha o a izquierda en la playa.

¿Qué se deduce de todos los anteriores casos?, que no accionamos, sino que reaccionamos ante las situaciones. Nos encontramos que el humano tiene la primitiva de creerse libre, y de hacer uso del verbo accionar, cuando la mayoría de los casos tendría que usar el verbo reaccionar. De lado quedan otros determinantes mayores que ignoramos, como la gravedad, y que poseemos un cuerpo con unas necesidades físicas como la hidratación y la comida. Por defecto llamamos libertad a la capacidad de obrar ignorando todo determinante…, y si fuera así, una rata de laboratorio que ha sido puesta en un pasillo estrecho ¿se creería libre de andar hacia adelante en vez de quedarse parada? El cerebro y la evolución tiene otros determinantes, seguramente la rata avanza por el pasillo por uno de esos determinantes. Incluso si se le pone en medio de un cruce de dos caminos, en donde tiene cuatro opciones, existirá el determinante de que casi todo mamífero complejo tiene una predominancia del cerebro izquierdo (que manda sobre su lado derecho), que hará que “coja” el primer camino a la derecha, que a la vez depende de cómo le haya colocado el científico. Fijarse que coger y escoger llevan implícito la misma problemática que acción y reacción. Creemos escoger, cuando en la mayoría de los casos cogemos. Pongamos que nos ponen delante nuestra, en una fiesta, una bandeja de pasteles, realmente escogemos o lo que hace el cerebro es guiarse por ciertas directrices, como el aspecto de los pasteles, los colores preferidos, el análisis del tamaño de los pasteles con respecto a nuestro hambre, y que tengan crema, nata o chocolate o dos de esos ingredientes o los tres… ¿escogemos? o el cerebro coge un pastel al analizar y descartar las distintas variables que entran en juego. Ese tiempo de retardo de análisis lo captamos como que estamos eligiendo, cuando en realidad es un proceso que hacen ciertos parámetros ya ajustados del cerebro, y tenemos la falsa ilusión que en dicho retardo lo que entra en juego es nuestra libertad. Bajo estas premisas se comprende que el cerebro tiene lo que se llama “ilusión de control“, la sensación de que tiene más opciones de las que realmente cree, porque el cerebro filtra lo que no puede hacer y los límites físicos como la gravedad, y sólo se atiene a creer que ahí, en la realidad no hay límites. Este proceso repetido millones de veces durante la evolución del sistema nervioso central, llámese cerebro, ha creado una función cerebral que se llama locus de control. Al conjunto de todos los efectos que produce tal función cerebral se le llama ilusiones positivas, entre las que se encuentran el sesgo optimista y la ilusión de superioridad, de estar por encima del resto de las personas o de lo promediado en lo humano.

Pongamos en juego, en un caso real, todo lo dicho arriba. En GH VIP 7 el concursante Hugo Castejón se ha granjeado el repudio del resto de los compañeros. En su “defensa” argumenta que casi todos están a la sombra de Mila Ximénez, un referente en los medios de comunicación del grupo Tele Cinco, que al ser una persona con muchos defensores fuera, se arriman a la sombra del árbol que más cobija. Todos dicen que tiene el suficiente criterio para que no sea así. ¿Quién tiene razón? Si se fuera a la Alemania nazi, previa a la guerra… ¿no dirían todas las personas tener el suficiente criterio para tener un motivo personal para seguir a Hitler?, en definitiva a que se debe a una elección personal. Volvamos a estar en medio de un paraje de la naturaleza. Como realmente no se da que aparezcas de la nada en medio de un paisaje, lo contrario es que cuando se va por la naturaleza sigas sendas que ya han sido trazadas por cientos de miles de pasos de otros humanos. En el caso de encontrarte con una bifurcación, el cerebro tiende a buscar los indicios de cuál de los dos caminos es el más trazado: el más probable de ser el camino a seguir. ¿Y antes de que hubiera pasado algún humano por allí? Cuando el humano, al salir de África, se encontraba con paisajes nunca antes hoyados, en realidad partía de ciertas directrices, que de nuevo venían dadas por el aprendizaje del cerebro. Por ejemplo, en muchos bosques de España, y aunque no haya pasado otro hombre por allí, hay ciertas trazas de caminos que ya han sido marcados por los jabalíes u otros animales. Camino que quizás no lleven a un sitio concreto, pero que sí evitan los precipicios y las zonas cerradas por la vegetación. El humano, en la prehistoria, seguiría estos terrenos marcados, y al final pudieron llegar a ser los caminos entre dos valles, que con el paso del tiempo sería donde los Romanos harían una calzada, calzada que al final, con la llegada de la locomoción en el siglo XX, llegarían a ser las carreteras.

Volviendo a nuestras pesquisas, si preguntásemos a una de esas personas, por ejemplo al encontrarnos con un conocido, que qué hace por allí, por esos caminos, te dará una explicación personal y exenta a que lo único que está haciendo es seguir un camino trazado, porque en la sociedad actual sedentaria es aconsejable salir a pasear un poco, y porque además a esa hora en la televisión no hay nada para ver que merezca la pena. Anulamos de nuestras conversaciones las imposiciones, los determinantes,  dejando en el proceso lo único que el cerebro “cree” relevante, que es la propia autodeterminación, nuestra propia identidad. Esa falsa superioridad, de no ser una persona “normal”, tratará de hacer ver al otro nuestras peculiaridades y singularidades, que nos hacen sobresalir, en algún detalle, sobre el resto. Tal proceso se llama “narcisismo de las pequeñas diferencias“, que viene dado por que el cerebro necesita cierto narcisismo implícito y saludable (amor o valoración de uno mismo), que a la vez está construido por el ego, que es el constructor de nuestra identidad narrativa, de aquello que contamos y cómo lo contamos. O sea, que dicha identidad se construye a partir de las pequeñas anécdotas que contamos a los otros (y de paso a nosotros mismos) a partir de casos muy concretos que creemos únicos en nosotros mismos. Recuerdo a una persona que contaba una y otra vez que el vello de la barba del cuello le crecía al revés que al resto de las personas, y que eso le creaba dificultades para afeitarse. Mas de una vez estando con él, y cuando nos encontrábamos con personas nuevas, de repente le oía contando la cuestión de su barba, como si fuera algo tan extraordinario, como para que todos lo tuviesen que saber.

Volviendo al narcisismo de las pequeñas diferencias. Conviene sobresalir un poco, pero nunca tanto como para al alardear caer en el exceso de orgullo, pues tal situación está “castigada” en sociedad. Pero de nuevo aquí vemos que hay ciertas directrices, o caminos, a seguir en cada momento. Cuando se da un encuentro social, ni se tiene que acaparar toda la atención, ni conviene estar totalmente al margen. Tiene que ser un “toma y daca” finamente mediado. ¿Qué determina estas reglas sino algo ajeno a nuestra libertad? Constantemente estamos cogiendo los caminos más andados, los más aceptados en lo social…, ¿qué espacio queda para la libertad?, para escoger en vez de coger, para accionar en vez de para reaccionar. A todo esto me viene a la mente un medio chiste, en donde dos hombres en una fiesta les dan a escoger entre los dos últimos aperitivos que quedan, y se hacen las típicas señas o comunicación no verbales de dar a elegir al otro primero, por deferencia, y el que al final cede coge el aperitivo más grande y vistoso, y el otro, en un acto de sinceridad o quizás adversidad le dice: “no es lo que esperaba de usted, si yo hubiera sido el que eligiese el primero hubiera escogido el más pequeño”, a lo que el otro contesta que de qué se queja, que él se ha limitado a cumplir su deseo.

Todo este preámbulo viene al caso por lo dejado como pendiente en el escrito anterior, y sobre si una persona tiene la total capacidad para construirse a sí misma o no, y en qué medida el ambiente (en su sentido más amplio) repercute. Volvamos al caso de las dos personas y los aperitivos: ¿y si esas dos personas hubieran sido un hombre y una mujer? Hace un siglo la primera en elegir habría sido la mujer, pues estaba la regla implícita en la sociedad de ceder el paso a las mujeres, y la misma convención para toda situación similar. Pero, ¿qué habría que hacer hoy en día?, ya no se puede o debería tener la misma deferencia, la misma regla, dado que hombre y mujer han de ser iguales. En cierta medida en la clase alta se sigue manteniendo esa regla en las convenciones sociales, pero no así en la clase media o baja, y de cualquier forma es distinto en situaciones más familiares y menos protocolarias. ¡Lo que viene a ser un caos para el cerebro de los dos sexos!, pues ya no se sabe con exactitud cuándo se puede estar cayendo en un micro-machismo o cuando se está siendo descortés. Por cierto, hace un siglo la mujer hubiera sido la que elegiría primero el aperitivo, pero hubiera dejado el más grande al hombre, aunque tan sólo fuese por que su apetito fuera menor en un cuerpo menor…, o ¿hubiera sido por sumisión? Y si buscásemos de dónde viene el origen tal convención o “camino”, ¿cuáles serían sus primeras huellas? En animales con un macho alfa este es el primero es comer y coge (que no escoge) las mejores porciones. La explicación evolutiva es que hace un mayor uso de la fuerza muscular y su cerebro: cuando más dotado esté el macho alfa mejor le irá en la caza a toda la manada. Más adelante esa persona era el padre, que seguía siendo el que iba a la caza. Con el paso del tiempo esa posición la detentaba la persona más mayor, con un mayor prestigio y siendo la más respetada. Es posible que ese fuese el inició de lo que significaba ser el líder de un grupo, que más adelante llegó a ser un rey o un emperador.

Si buscamos el inicio de toda convención social toda proviene de un primer paso, que en muchos casos venían dados por procesos que se heredaban de nuestro estado previo como animal. Aquí entra en juego las ritualizaciones y los tabús que he tratado en los dos escritos previos. Cuando el humano llegó a la consciencia tenía la capacidad de no seguir un camino trazado, de buscar uno nuevo, pero la evolución, y en la dirección de que no fuera tan permutable la esencia humana, asentó que seguir las normas del grupo era lo más propicio para que un grupo se mantuviese. Esto es : por mera economía del comportamiento. Volvamos al caso del desierto. Si en vez de una persona en esa misma situación se encontrasen cuatro, podrían decidir cada una ir en una dirección distinta. Si llegado el caso se encontrasen cada una de ellas con un depredador, ninguna terminaría por salir del desierto. Volvamos a la posición inicial. Tres de ellos deciden ir juntos y otro va por su propio camino. En la misma situación con el depredador el solitario moriría y aquellos tres que fueron juntos o bien lograron ahuyentar al depredador, o bien murió uno de ellos, pero sobrevivieron dos. O sea, que en la prehistoria todo grupo que se mantenía en unas normas establecidas, que normalmente provenían de los mayores y más experimentados, se mantuvieron, mientras que todo grupo que se fraccionaba era más proclive a desaparecer. Es una típica retroalimentación positiva a través del tiempo. Lo que se validó fue aceptar las normas y mantenerse unidos al grupo. Lo que paso tras paso nos llevó hasta la situación actual, en donde las personas de corte occidental ahora tienen como premisa su individualidad, su singularidad, y la falsa creencia de que no siguen ningún camino o que todo camino trazado es cuestionable. En otras culturas lo predominante es el grupo, frente al individuo, y aún siguen con el paradigma de la ritualización, y que lo importante y central es ir todos juntos por el mismo camino. ¿Qué apuesta es la mejor, cuál la más lógica o acertada? La cuestión no es tratar de contestar de buenas a primeras, sino, como ya dijera en el escrito anterior, la cuestión es hacer las preguntas adecuadas: ¿mejor apuesta para qué?

Cambio de tercio, no quiero ir por ese camino de consejero, me interesa más cuestionar la pretendida libertad de las personas. ¿Cómo sabemos en qué trama estamos metidos si casi nunca somos los suficientemente objetivos para ver dichos tramas? O sea, a nivel de suelo uno ve un gran nubarrón y en el horizonte un claro, y falsamente cree que es probable que haya una tormenta, pero que al final acampe…, pero ¿y si más allá de donde nuestros ojos alcanzan viene otro frente tormentoso aún mayor?  En ese caso la ciencia es ese ojo en el cielo que ve, con una mayor panorámica, cómo es la tormenta. Es la que nos dice que caemos en la ilusión del control, que proviene de nuestro locus de control, que a la vez nos da una carga de ilusiones positivas como el sesgo optimista y la superioridad ilusoria. Por la misma regla que tal tipo de sesgo implica, cada persona se dirá libre de ellos. Quién tiene razón: la ciencia o cada uno de los individuos. Las reglas de la ciencia diagnostican que cada uno achacará que eso es algo que le sucede al resto de las personas, pero no a ellas mismas. De nuevo más y más ilusión del control, que de nuevo lleva a la superioridad ilusoria y al sesgo optimista de creer que uno mismo no puede caer en algo tan “negativo” (esta argumentación se me parece a la trampa 22 –catch 22-, que cuando crees que sales es cuando más entrampado estás).

Creo que no necesito repetirme más. Que lo que quiero dar a entender en este escrito está claro. No somos seres de acción, sino reactivos, que se acomodan a ciertas premisas y que siempre tienen que accionar bajo dichos estados previos. Se actúa de una manera a una edad, por ciertas hormonas, y a otra edad de otra forma por la ausencia de dichas hormonas y otros factores de dicha edad. Una mujer de hace un siglo cogería el aperitivo más pequeño dejándole el más grande al hombre, mientras que una mujer de la actualidad… ¿cogería el más grande para empoderarse? Hay alguna diferencia entre estas dos actitudes y mujeres: las dos se sienten bien por su “elección” y modo de proceder “adecuado”. Las dos reaccionan dadas las épocas que les ha tocado vivir en su momento. Pensar que hoy estamos más cerca de alguna “verdad” que ayer… ¿es real o sólo es una ilusión del control? El etnocentrismo erradamente usa el concepto de progreso a su “antojo”. No se sabe hacer las preguntas adecuadas. Un urbanita no es más feliz que un humano de una tribu de cazadores recolectores. Este no tiene trastornos mentales, no sabe qué es el sentimiento de soledad, incluso su microfauna bacteriana es mayor y más “correcta” tanto en la piel como en su estómago que un humano medio de una ciudad, en ese proceso los cazadores-recolectores no tienen enfermedades autoinmunes. Si de un día para otro viniese un cataclismo a nivel mundial, o cayese el sistema actual de manera sistémica y desenfrenada, los que tendrían más opciones para sobrevivir serían los cazadores-recolectores, pues se conforman con poco y son más adaptativos a la naturaleza, y sus posibles cambios, que cualquier urbanita.

Tamara MacLeod
is the pseudonym of a freelance writer, sex worker and activist based in England.

Que el feminismo piense que de la sociedad patriarcal el único culpable es el hombre es no haber entendido la trama de la evolución y la evolución social. Si puse -en el escrito anterior- el pequeño relato de Tamara MacLeod sobre sus primeras experiencias sexuales a los 11 años venía caso con respecto a las presentes conclusiones (ir al escrito para leer el artículo competo). Las bonobos, al igual que Tamara MacLeod, en cierto momento evolutivo se dieron cuenta (con un gran encomillado a ese se dieron cuenta) que a través del sexo podían tener algún privilegio o tomar el control de la especie, y lo hicieron. Por ese mismo proceso pasó la hembra humana. Una “elección” que aún hoy repercute en la vida social. La hembra humana no siempre “escogió” los mejores caminos durante su evolución. Ambos sexos se adaptaban y readaptaban a las “propuestas” del otro sexo. A cada acción le sigue una reacción, en un juego en donde nunca ninguna acción fue realmente acción, pues como he tratado de mostrar en este escrito, no existe algo así como una “acción pura y primera” sin estar contaminada de unos determinantes situacionales que siempre provendrán de estados previos, a la vez nuevamente determinados, y en donde el final son los límites físicos, como lo es la gravedad. Bajo esta regla ni Dios sería libre, pues una vez que puso el “mecanismo” de la vida en marcha Él ya no podría hacer nada, no podría Obrar en libertad, por cambiarla, pues ese mecanismo seguiría su propia senda y discurrir. Lo más aceptado en la Iglesia Cristiana es que los milagros han de operar bajo las leyes físicas. O sea, que no por un “simple chasquido” de Dedos, Dios pudo pasar de un lado del mar al otro al pueblo de Moisés. Tuvo que hacerlo bajo las leyes físicas  y se debió de valer del viento o algún proceso natural para que las aguas se apartaran. Volviendo al tema. No es que el macho tuviese una pretensión, desde el principio, de dominar y someter a la hembra. Si fuera así sería un monstruo, que es la imagen que quiere dar a entender cierto colectivo feminista. Un paso se daba a partir de otro previo, al que le seguía en consecuencia otro. ¿Qué ciertas cosas estaban mal?, sí, pero no existía una mente confabuladora tras de toda esta trama. A ciertos humanos conspiranoides les gusta creer que el poder tiene ciertas sociedades secretas que son las que crean las estrategias para mantenerse en el poder, para mantener el estatus quo. ¿El feminismo cree lo mismo?, que los hombres se reunían para mantener a la mujer oprimida. No hay mente (u organización) capaz ni de mantener las jerarquías, ni de mantener el patriarcado. La evolución funciona por los números, por los promedios, sin ninguna mente detrás. Los números equilibran los comportamientos más económicos u optimizados a cada época de un proceso evolutivo. En cada momento de la historia tanto la mujer como el hombre creía (o sentía o era lo que tal época conllevaba) a que la forma de vida que llevaban era la más optima o adecuada. Mi madre no se sentía oprimida, ni sumisa (ni estaba errada en su pensamiento según el momento que le tocó vivir). No se puede entender el feminismo sin la revolución industrial, en donde la gran necesidad de la mano de obra llevó a que la mujer se incorporase al trabajo. Tampoco se puede entender la revolución sexual sin los anticonceptivos, que a la vez, parte de ellos, provienen de la industria química, que a la vez provienen de la comprensión humana de los compuestos químicos y sus procesos en el cuerpo humano.

Vuelvo al concepto de progreso y “verdad”, y acabo. Si se va a una Web de cámaras sexuales en directo, cada vez hay más belleza y juventud, o ellas son las que se posicionan en la primera página (de nuevo las reglas que nadie directamente dicta, pero se sacan en estadísticas, en promedios). No me puedo imaginar cuando sean madres y por qué infiernos habrán de pasar sus hijos cuando les puedan hacer acoso escolar por medio de los vídeos de sus madres. ¿Acaso han llegado a pensar en esa posibilidad? ¿Normalizaremos en algún momento tanto el sexo como para que nuestra madres hayan hecho mil rarezas extremas ante millones de extraños?, ¿eso es progreso?, poder ver a tu propia madre en sus trabajos sexuales. Lo mismo vale para el padre, aunque hay menos que mujeres en las Web Cam. Normalizaremos que nuestro hijo nos diga: “mamá, porque trataste de meterte un melón por la vagina”, o “mira, hijo, ves esa barriguita mientras me meto ese consolador talla XXXL, pues ese que estaba en mi tripita eras tú” (me sale el payaso  tragicómico que llevo dentro). No existe progreso como tal, de la manera que se tiene idealizado. Existe la complejidad, y a mayor complejidad mayor dificultad para mantener el equilibrio. En cierta forma las civilizaciones a lo largo de la historia eran un “prueba y error” de hasta cuánto podía crecer una ciudad-estado, como para mantenerse equilibrada. Una civilización que sobrepasaba ese límite -o punto crítico- al final se terminaba por derrumbar al completo, pues no había un punto de freno y estable en donde la retroalimentación negativa al final tuviese cabida. ¿No pareciera que en la actualidad estamos llegando a ese límite? Ya en otros lados he hablado que el niño pasa por las edades evolutivas. De igual forma toda civilización pasa por las distintas edades humanas. La actual civilización está en su mediana edad. En la mediana edad ya no existen las ilusiones inocentes de la juventud, se mira todo con amargura y cinismo. Todo dato, toda vivencia queda velada por la total ausencia de la inocencia, del pensamiento mágico… queda desvelado como acto puro, lógico y “crudo”. En mi ya no cabe el poeta, porque al ver que todas las bellezas pensables están disponibles a la distancia de un clic, ha hecho que este muera tras tantas eyaculaciones en vacío, sin la ternura a la que ha de seguir el sexo. En esa dirección la libertad sexual es la mirada cínica y cruda que un adulto pone sobre el otro sexo, sobre el cuerpo, sobre la carne. Al matar todo idealismo y esencialismo, de que no hay tal cosa como la feminidad, a la vez matamos otros esencialismos consecuentes a los primeros, como así es la ternura con respecto a lo delicado y bello de lo femenino. Incluso en el cine, antes llamado romántico, ahora ñoño, huye de todo este lenguaje esencialista y del pensamiento mágico. En todas estas medida no hay progreso, sino descenso al infierno. La mujer se objeta y se siente carne, y ya ni siquiera le importa, ya ni siquiera piensa que lo que haga ella no se lo podrá negar legítimamente a sus propios hijos, pues ni siquiera se pone como requisito tener una descendencia y por ello tener el peso de tener que dejar un legado…, una cultura, una ritualización que tengan que seguir sus hijos.

Ahora, bajo este análisis… ¿creé cualquier mujer feminista que hemos progresado?, o sólo hemos ido un paso más allá hacia la complejidad y esta indomablemente no puede sujetarse, domeñarse y englobarla a ningún limitado pensamiento individual que crea que está siguiendo los pasos “debidos”, pasos que ha escogido plena y conscientemente. Lo mismo que está sucediendo ahora ha pasado a lo largo de todo el pasado. En ciertas situaciones el humano, seguía un camino porque no le quedada otro, dada las circunstancias. Se metía en atolladeros y callejones sin salida. Cada sexo se ha equivocado en unas u otras ocasiones, y el otro sexo se ha adaptado a las nuevas situaciones y ha reaccionado a partir de ellas. ¿Se cree el feminismo actual estar libre de errores?, que la liberación sexual hasta donde nos ha llevado no era algo impronosticable…. ¿cuál será su límite final? El humano no actúa sobre la realidad, se adapta, reacciona a cada nueva situación porque la premisa de la vida es la adaptación, y la libertad es tan sólo un cuento que nos contamos a nosotros mismos para mantener la ilusión del control. Liberamos al sexo… pero ¿acaso pensamos hasta dónde llegaría o llegará? La mujer es la más vejada y que aparentemente más está perdiendo al tener la falsa sensación que está jugando en su propio terreno. Recorremos Abilene una y otra vez, sin llegar a preguntarnos ni si quiera si queríamos ir a esa ciudad inhóspita, dado lo largo del camino y el calor que hacía. En definitiva, el humano va a ciegas y para mantener la ilusión del control se lo niega a sí mismo, y para colmo a eso le llama progreso.

A modo de ejercicio mental, ahora, cambiar el verbo reacción por el concepto de adaptación. Eso es lo humano, eso es la vida, eterno comportamiento adaptativo.

(Lo que viene en el siguiente escrito: la situación actual viene dada por una falsa sensación de autoeficacia, sustentada sobre todo por las redes sociales y el móvil como instrumento de dicho estado. ¿Estado zombi?)

Bosquejo Para una Teoría de la Sociabilidad

Ser y Aparecer, y Acción-Reacción

“Para agradar a la gente tienes que ser otra persona.” en la serie Wayne
“Bonita paradoja: los medios de comunicación tratando un acto intolerante con una total y completa intolerancia.” en la película “Dragged across concrete”
“No hay necesidad de apresurarse. No hay necesidad de brillar. No es necesario ser nadie más que uno mismo.” Virginia Woolf

“Desde el punto de vista genético, los seres humanos de hoy somos cazadores-recolectores desplazados a través del tiempo a un mundo distintos de aquel para el que fuimos hechos.” Francisco Giner Abati

(En muchas situaciones soy un ser de la desmedida. En este escrito apenas a tocado el tema a tratar y me desembarazo de él para que deje de acuciarme. Queda pendiente de escribir una segunda parte.)

Preámbulo

Los límites cerebrales y lógicos siempre impiden que uses todos los conceptos existentes de una sola vez. Siempre se es proclive a ignorar alguno importante y elemental, mientras que por la forma de proceder del cebado usas uno de esos conceptos, a veces, de forma redundante y abusiva. Si existe el límite de siete ítems a manejar, ¿esos son como mucho los que se llegan a usar en un párrafo?, ¿un nuevo párrafo se abre en la medida de saltar a otro “paquete” de siete ítems?

Esta introducción viene al caso porque siempre “reducimos” los escritos a unos pocos términos o conceptos, en donde uno no sabe si quien lo escribe desconoce ciertos temas, los trata de ignorar por interés o es que simplemente no los ha tenido en cuenta por este límite cerebral. En tales casos al lector conocedor le puede crear dudas esas omisiones, si no en una primera lectura, en donde él mismo está bajo ese límite cerebral, sí más tarde cuando reflexione sobre el tema. En esa misma situación se encuentra ese escritor, a posteriori puede analizar las deficiencias, olvidos u omisiones de ciertas cuestiones, lo que le puede llevar a reescribir algunas partes o simplemente dejarlas tal cual están, pues ciertas intrusiones explicativas pueden romper con la estructura del escrito. O sea, ¿hasta qué medida se puede estar puntualizando e introduciendo explicaciones y explicaciones de dichas explicaciones en un escrito como para que siga siendo conexo y leíble?

Este es el caso del presente escrito. Algo delirante y confuso, porque lo he escrito a lo largo de semanas introduciendo casi sin fin aclaraciones, connotaciones, y nuevos párrafos y narrativas, en la dirección de tratar de no dejar nada fuera. Ha de leerse bajo esta idea, y a sabiendas que el autor sabe que puede ser una lectura algo tortuosa.

La Herencia Dual

Antes de entrar en tema he de tratar de posicionarme (o declarar mi postura) con respecto a la discusión de la influencia del ambiente o los genes. Alguna vez escuché de un científico que decía que sobre un 60% somos genética, pero los paradigmas que venimos usando provienen de los sistemas complejos. En ese caso aunque el 40% del resto sea ambiente, o dicho de otra forma, que la cultura tenga mucho que ver, entonces habría que volver a revisar las cifras, en tanto que la cultura es un sistema subsumido dentro del de los genes y por tanto dar una mayor capacidad a la genética. Esto nos dice la teoría de la herencia dual:

Cultura, en este contexto, se define como “comportamiento socialmente aprendido”, y “aprendizaje social” se define como copiar comportamientos observados en otros o adquirir comportamientos a través de la enseñanza de otros. La mayor parte del modelado realizado en el campo se basa en la primera dinámica (copia) aunque puede extenderse a la enseñanza. El aprendizaje social en su forma más simple implica la copia ciega de los comportamientos de un modelo (alguien observó el comportamiento), aunque también se entiende que tiene muchos sesgos potenciales, incluido el sesgo de éxito (copia de aquellos que se perciben que están mejor), el sesgo de estado (copia de aquellos con un estatus más alto), homofilia (copiando de los que más nos gustan), sesgo conformista (recoger desproporcionadamente los comportamientos que más personas están realizando), etc. Comprender el aprendizaje social es un sistema de replicación de patrones y comprender que hay diferentes tasas de supervivencia para diferentes variantes culturales aprendidas socialmente, esto establece, por definición, una estructura evolutiva: evolución cultural.”

  Cuando una cultura dada pronuncia alguna característica sobre otras a lo largo de las generaciones, por retroalimentación positiva, crea cambios a nivel de ADN. Ahí tenemos que en el lapsus entre que el humano salió de áfrica y el neolítico, la diferenciación de las culturas se pronunció como manifestarse en rasgos externos, fenotipos, que a la vez repercutieron en el comportamiento, que a su vez creaban cambios genéticos. Los humanos de ciertas regiones muy al norte se hicieron rubias y de ojos claros como adaptación a las horas y la calidad de la luz del sol, no así entre los inuit, que aún vivían más al norte, luego de alguna forma también influía la selección sexual, que en parte es cultural. A la vez el vivir en el frío, y por la regla biológica de Bergmann, les aumentó el tamaño del cuerpo, que más tarde los volvió los temidos vikingos. Cuando veo películas rusas no me deja de parecer extraño que no haya ninguna característica física clara, cuando se supone que parte de su origen es vikingo. Estos en sus incursiones hacían esclavos con los que se terminaban cruzando. Lo mismo que ocurría allí había estado sucediendo a lo largo de los milenios por todo el mundo. De esa manera algo cultural y exclusivo de lo humano, como lo es la esclavitud, repercutía en que las fuertes diferencias, que se habían creado durante el periodo de aislamiento, se volvieran a “suavizar”. Con todo, hoy en día rubio y de ojos claros es la seña de identidad de ciertas ideologías e ideas peligrosas, como la supremacía blanca y su “madre no biológica” el etnocentrismo, que aún alteran la tranquilidad en la cultura. Igualmente que creen polémicas y diatribas hoy esos rasgos fenotípicos, lo mismo habrá ocurrido a lo largo de la historia con los mismos u otros rasgos externos. Lo que quiero hacer notar es que incluso algo tan nimio como son los rasgos fenotípicos, que no dejan de ser variaciones y mecánicas del ADN, ha repercutido en lo cultural creando cambios y adaptando lo social a dichas variantes. En definitiva que lo cultural no está libre de lo genético y en tanto que es un subsistema dentro del primero siempre estará bajo su influjo, o dicho en cifras no es que la genética repercuta en un 60%, sino que el resto que es ambiental aún está bañado del influjo de la genética, luego la repercusión genética es aún mayor que ese 60%.

Todo esto viene al caso sobre las polémicas de los estereotipos, arquetipos y roles. El actual paradigma, en contra de lo genético y programado, es que un humano no nace, sino que se hace. Pero, ¿al 100%? ¿Quién sería el atrevido de afirmar tal despropósito?, y en caso que no haya nadie… ¿en qué proporción se puede “hacer”  un humano a sí mismo como para que todos consensuemos tal número? Y de no ser posible esa autoconstrucción, dónde está el límite, en esa misma persona o en lo social. En definitiva, se está creando una dinámica de la “sospecha” (en referencia a los filósofos de la sospecha de la segunda hola: Derrida, , los iniciadores de estos debates) en donde los individuos miran a las instituciones sociales (Estado, Leyes, políticas) como precursoras de esos límites (que en el caso de las feministas alegan que parten de una postura errada: el patriarcado), mientras que estas mismas se exculpan diciéndose libres de ponerlos y miran al individuo como que es el que se pone esos límites. En esa dirección y lenguajes, si en apariencia no hay límites y uno se puede hacer sin trabas (fabricar, construir), si no lo hace, porqué es… ¿porque no quiere? Toda esta trama es lo que conlleva de fondo el concepto del “sueño americano” y la meritocracia. Supuestamente los límites son los sueños, pero ¿soñar no lo hace un cerebro?, un cerebro en definitiva con unas estructuras y funciones que no son iguales en todas las personas. ¿Queremos realmente ser iguales o queremos ser distintos?, hablamos desde nuestras diferencias deseadas (soñadas) o las diferencias nos crean un discurso y en ese caso no es razón sino justificación, racionalización. Uniendo este párrafo con las conclusiones del anterior uno puede ser lo suficientemente racional como para decir: “¡vale!, un 60% es genético, pero tratemos de evitar que repercuta en el resto 40%, además contrarrestemos en la medida de lo posible la rigidez de ese 60%, tratemos de doblegar la naturaleza lo más posible, para que la sociedad sea lo más igualitaria posible”. ¿Se puede?

De fondo nos da miedo el lenguaje de los genetistas, pues toda diferencia probada, o condición genética, es un posible precursor o desencadenante de algún tipo de exclusión, ostracismo, xenofobia, o todos los posibles males en esas mismas direcciones de marcar las diferencias, y lo que es mejor y lo que es peor. Tenemos miedo del pasado, donde el holocausto judío es la medida, y hay detractores de la búsqueda en los genes y dar posibles explicaciones a todo por dicho saber, pero contradictoriamente, pues el humano puede ser muchas cosas pero nunca consecuente, por otro lado cada vez es más usual pedir que se secuencie el ADN para saber de nuestros orígenes. Es sabido que una gran mayoría de los síntomas más graves de ciertos trastornos se minimizan con fármacos. De esta manera se pueden leer una gran cantidad de escritos científicos en donde hablan y profundizan sobre los distintos neurotransmisores, neuropéptidos, receptores y demás partes de la “maquinaria” cerebral, adentrándose sin fin hasta la propia arquitectura de los genes, llegando incluso hasta su física, sin tomar en ningún momento contacto con la realidad, que es que sobre lo que están hablando es de personas concretas, con unas vidas concretas, enmarcadas en tal o cual contexto social. En definitiva, que hacen sus estudios como si hubiera que arreglar una máquina, ignorando por completo la conciencia de sí que tiene esa máquina, y en qué situación social vive. Ignoran los deseos o sueños de esa arquitectura química, que al estar perturbada, puede que no tenga tales “sueños” de forma objetiva.

Bajo mi punto de vista, ciertas apuestas evolutivas, o idiosincrasias de algunas personas, no manifestarían esos síntomas en tribus más cercanas a nuestros orígenes como especie, que lo que está “trastornado” es el ambiente o cultura, pero dado que no hay “fármacos” para la cultura (está la política, claro está, pero igualmente ignora la conciencia) lo más rápido y eficaz es usar esos medicamentos. Por otro lado ignoran que la evolución crea y maneja conceptos, y en esa medida, al ahondar tanto en el detalle, los pierden de vista. Pongamos el caso de un móvil. Es un todo, pero a la vez y a nivel técnico son varias partes como una cámara, un reproductor y un receptor de sonido, una pantalla, un acelerómetro, conexiones inalámbricas como el wifi, bluetooth… Cuando un fabricante quiere construir un móvil quita o pone unos componentes de mejor o peor calidad, o sea y para la forma de proceder de la evolución, quita o pone conceptos como totalidades. A la vez y a nivel más técnico y profundo esos componentes (conceptos) contienen chips, resistencias, potenciadores, estabilizadores, etc., y por otro lado dichos componentes se tienen que comunicar e interactuar entre sí con ciertas interfaces que a la vez tienen componentes. La dirección de la ciencia actual ha perdido la perspectiva de los conceptos (los componentes) y llegan tan profundo como para analizar la química de una resistencia y la pureza de su carbono o plomo, etc., olvidando o ignorando que al final con lo que trata la evolución es con conceptos. O sea, la maternidad es un concepto al que la evolución llegó, ¿cuánto se puede profundizar en su “mecánica” para saber cuándo “funciona” bien o “funciona” mal?, ¿tiene sentido tal pregunta? En esa dirección si el cerebro tiene funciones como la cognición, la memoria, la imaginación, las emociones…, ¿cuánto sentido tiene adentrarse en sus partes mínimas, ignorando que lo que construyen son funciones, que en realidad no están divididas e interactúan unas con otras? Uno no querría que alguien, sin un diagrama de un móvil -entregado por el fabricante-, lo tocase a nivel interno, y mucho menos sabiendo que sus únicos conocimientos, muy especializados, son sobre la fabricación de resistencias. En definitiva, que actualmente el humano se inmiscuye en el cerebro sin tener un plano de su “montaje”, y en muchos casos ponemos fe en las farmacéuticas, cuando esa rama de la ciencia en gran medida ignora las funciones y los conceptos generales de los sistemas complejos o los desconoce. Sí, estoy de acuerdo que hay que ir desentrañando la arquitectura, que la ciencia se tiene que permitir “trastear” a ciegas, pero recordemos no perder de vista el plan general.

En otro ejemplo, y siento si redundo pero este va a ser más claro, todo este escrito intenta desentrañar tan sólo un concepto general, que a su vez se divide en partes -que son secciones- que explican ciertos detalles o conceptos, y a su vez están divididos en párrafos y estos en frases, que de nuevo tienen sus propias cargas conceptuales, y en donde toda esta estructura tienen como unidades básicas las palabras (ladrillos). Si se elige un adjetivo frente a otro es con un fin. Lo que no se puede hacer al leer un escrito es tratar de analizar si hay algún mensaje implícito en que haya tal cantidad de S frentes a D, o el por qué el sonido S tiene esta grafía y no otra. Si se hiciera tal cosa claramente diríamos que hemos perdido el rumbo o sentido de lo que ha de ser un escrito y su interpretación. A lo que quiero llegar es que toda frase tiene una carga significativa, es un signo que apunta a un significante, a una metáfora que un humano hace de la realidad; la evolución al “hablar” con sus signos, su ADN, proteínas, neurotransmisores, receptores, no quiere que miremos los signos, si no sus significantes, su metáfora. Las compañías farmacéuticas, en definitiva industria química, han de analizar, y ello conlleva los ladrillos básicos, pero como se puede ver por los efectos secundarios de los medicamentos, han olvidado o ignoran los conceptos generales de las estructuras. En un ejemplo, cierto fármaco que me recetaron como relajante muscular, repercutía en la memoria de trabajo. En mi caso prefiero tener un dolor muscular que perder memoria de trabajo. No se compensa. Tampoco sé si los cambios con respecto a la función de la memoria de trabajo pueden llegar a ser de larga duración o permanentes. Seguramente ni la farmacéutica lo sepa.

Entonces, y tratando de concluir, ¿cuál es mi punto de vista? Cada vez que me tengo que cortar las uñas me pregunto por qué crecen tan rápido, cuando están producidas por la queratina y es el mismo compuesto que el pelo, y cada vez tengo menos pelo. Qué sentido tiene la calvicie… ¿como señal honesta?, marcar la edad de esa persona para que sea menos atractivo reproducirse con él, puesto que puede conllevar un mayor riesgo de producirse una peor descendencia. ¿Y las uñas?, puede tener sentido alargar algo más la vida con unas buenas uñas, que tendrían más utilidad en la prehistoria, pues los ancianos hacían un gran papel en lo social (cuidar a los nietos, transmitir los conocimientos). Todos los sentidos o porqués de lo que somos ahora están en los genes. Lo que los genes no previeron es que el humano crease unas estructuras sociales tan complejas, como para que al final -y en teoría- tuviesen la capacidad de cuestionar a los propios genes. Mi mensaje, el concepto que trato de transmitir en mis escritos, es que el sentido de lo que es el humano, el porqué de cada una de sus “funciones” o comportamientos, está en los genes. Con sentido no quiere decir lógico, razonable, moral o la “verdad”, simplemente quiere decir que es aquello que tiene la carga evolutiva de un cómo, un porqué y una finalidad. La cultura, que es la que ha avanzado de manera acelerada, “distorsiona” esas visiones simples. Pongo dos casos. 1. “para aquellas hembras con experiencia sexual previa, la estimulación con anfetaminas ocurre más rápido que para las vírgenes. No existe un estudio sobre el equivalente masculino, porque los estudios están destinados a explicar por qué las mujeres experimentan adicción antes que los hombres”, (fuente Wikipedia). 2. “La subdivisión central del núcleo del lecho de la estría terminal (BSTc) tiene dimorfismo sexual. En promedio, el BSTc es dos veces mayor en hombres que en mujeres y contiene el doble de neuronas de somatostatina.  Se encontró que una muestra de seis mujeres trans, post mortem, tratadas con TRH a largo plazo (de hombre a mujer) tenía un número típico de células femeninas en el BSTc, mientras que un hombre trans (mujer a hombre) ) se encontró que tenía un número típico masculino. Los autores (W. Chung, G. De Vries, Dick Swaab ) también examinaron sujetos con trastornos relacionados con las hormonas y no encontraron ningún patrón entre esos trastornos y el BSTc, mientras que el transexual de hombre a mujer no tratado solo tenía un número de células típico de las mujeres. Llegaron a la conclusión de que el BSTc proporciona evidencia de una base neurobiológica de la identidad de género y propusieron que se determinó antes del nacimiento”. Sin tratar de explicar el primer caso, pues sería muy largo, el segundo se ocupa sobre una estructura del cerebro, la stria terminalis, que comunica la amígdala con otra parte del cerebro, que “se cree que actúa como un sitio de retransmisión dentro del eje hipotalámico-pituitario-adrenal y regula su actividad en respuesta al estrés agudo (…) correlaciona la ansiedad en respuesta al monitoreo de amenazas”. Si se supone que el macho ha sido el que por cientos de milenios cazaba presas grandes, dicha estructura tendría que cambiar con respecto a la mujer. La evolución templó al hombre para lidiar mejor con el miedo. ¿Eso quiere decir que estoy afirmando que la mujer es más cobarde?, no. Simplemente quiere decir que hombres y mujeres están estructurados de forma distinta. A la templanza se puede llegar por otros caminos, como la educación y el aprendizaje (adiestramiento). Esto de nuevo nos lleva a las cifras, y la repercusión del ADN y el ambiente.

¿Por qué hoy en día sale tanto hombre llorando en películas, reality shows y documentales?, el hombre era así y lo social le llevó a que “los hombres no lloran”; no es que me preocupe especialmente, tan sólo uso este ejemplo como un caso entre otros posibles. Qué podrían decir los genes o la evolución. Yo no lo sé, pero volviendo al principio del escrito, que a veces ignoramos cosas porque no las tenemos presentes…, ¿en qué medida las moléculas que está creando el humano, que tienen una estructura similar a los estrógenos, no estará repercutiendo en el comportamientos de los hombres? Lo que en parte hace a un hombre “macho” o a una mujer “hembra” es el equilibrio en la cantidad de andrógenos y estrógenos, si en el medio ambiente hay moléculas que actúan como estrógenos, de repente el equilibrio se rompe, y ya no están tan claras las cosas. En otro descubrimiento de la ciencia, se ha averiguado que la grasa al filtrar la testosterona la convierte en estrógenos. O sea, que el estrógeno, y por ellos las moléculas sintéticas que hay en el ambiente a la vez, son obesógenos en donde una vez que cierto hombre llega a cierto peso convierte su testosterona en estrógeno. Se ha creado un sistema de retroalimentación positiva, donde cuantas más moléculas obesógenas haya en el ambiente creará hombres más obesos y por ellos menos masculinizados. Y de vuelta a la pregunta: ¿por qué llora hoy más el hombre?, ahora, en vista de este somero análisis, la respuesta es ya más complicada. No estoy posicionándome, tan sólo trato de arrojar luz al tema y tratar de mostrar que ninguna deducción es sencilla. El llanto, a través de las lágrimas, y según una deducción de las neurociencias evolutivas, sirven para desprenderse de cortisol, la molécula del estrés. No tiene por qué tener una función distinta para cada sexo y por ello conllevar algún dimorfismo. Pero la lógica cotidiana nos hace deducir que el hombre suele tratar de liberar su estrés con la ira o el sexo, le basta con dar un puñetazo a un mueble o alguna acción similar, que cualquier otro tipo de “estrategia”. Otro factor a tener en cuenta es lo mal visto que está hoy en día mostrar algún signo de agresividad por parte del hombre -de nuevo la autodomesticación siguiendo su “hoja de ruta”-. ¿Es programado o es ambiental?, no lo sé. Este mecanismo es arcaico, y proviene de la respuesta de lucha o huida. Si el macho humano llegó a enfrentarse con animales que eran físicamente superiores a ellos, se debió a que ante ese mecanismo tenía que responder con la lucha, con hacer que los andrógenos se estructurasen para dar un mayor vigor ante el enfrentamiento, en definitiva para la ira. ¿Qué otra cosa sino este mecanismo ancestral mata hoy a la mujer en la violencia de género? Por encima de este mecanismo está el sistema ejecutivo, de control, que es sobre todo inhibitorio, pero lo que creo que queda claro es que ante un estado ofuscado o de estrés el macho tenderá a la violencia y no al lloro, como medida de liberar su estrés, lo que no quiere decir que no tenga al lloro como mecanismo, pero seguramente como secundario.

Con esto vuelvo al tema central de estas pesquisas. El feminismo no puede argumentar que todo es una construcción social, cuando el hombre mata de forma violenta y mayoritaria sobre la mujer. ¿Esta disposición es social, es una construcción?, ¿cómo si está tan rechazado? Si un transexual ” nace” y le “colocan” en la sexualidad “equivocada” internamente “siente” que es femenino o masculino, según el caso. Si no existiese el concepto “natural” de lo femenino y lo masculino, la feminidad y la masculinidad, cual diana o concepto evolutivo, ¿a qué tendría que “apuntar” un trans cuando siente que ese sexo que la sociedad dice que es, no es su sexo? Los dos sexos existen y aunque hombre y mujer son de una misma especie, a nivel más profundo cada uno de los sexos ha evolucionado en dos direcciones distintas, hombre y mujer coevolucionan, compiten a nivel de ADN, haciendo que la mujer trate de hacer que el hombre sea más femenino y el hombre a la inversa. Hay varias teorías que dicen que la homosexualidad masculina la determina la mujer, pero claro, no conscientemente sino por “designios” de la evolución (tema a desarrollar, para más adelante, leer de momento sobre la teoría del orden los hermanos). Esto nos dice la Wikipedia:

La retención de tales alelos antagónicos en una población también podría explicarse en términos de aumento en la aptitud neta de la línea materna, por ejemplo, el locus para la orientación sexual masculina en humanos se identificó en regiones subteloméricas de cromosomas X después de estudios realizados en 114 familias de hombres homosexuales. Se descubrió que la orientación hacia personas del mismo sexo era más alta en tíos maternos y primos varones de los sujetos homosexuales. Un modelo evolutivo explicó este hallazgo en términos de aumento de la fertilidad de las hembras en las líneas maternas, lo que se suma a la ganancia neta de aptitud física.

El concepto de actitud física (fitness) usado arriba proviene de la biologías y: “es la representación cuantitativa de la selección natural y sexual dentro de la biología evolutiva . Se puede definir con respecto a un genotipo o a un fenotipo en un entorno dado. En cualquier caso, describe el éxito reproductivo individual y es igual a la contribución promedio al conjunto de genes de la próxima generación hecha por individuos del genotipo o fenotipo especificado. La aptitud de un genotipo se manifiesta a través de su fenotipo, que también se ve afectado por el entorno del desarrollo.” En definitiva, la “verdad” ha de estar entremedias de lo que pretenden las industrias farmacéuticas y las feministas. Ni somos meramente química, ni somos tan sólo construcción, así se llega a que el paradigma más sostenido en la actualidad sea el de la herencia dual. Lo que no me agrada del feminismo de la última década es que es como alguien que trata de corregirte un fallo ortográfico, sin ni siquiera haber tratado de entender el mensaje. El feminismo de la cuarta generación -el de las redes sociales, en donde toda opinión vale-, sin haber comprendido la metáfora que es la vida y la evolución, se fija tan sólo en la grafía del escrito. Acepto la feminista que ha entendido el chiste y no se ríe o tiene su propia interpretación, pero no acepto el feminismo que en ningún momento puso la intención de entender el chiste.

Ser y Aparecer I

A veces me pregunto por qué me mantengo más o menos estable estando sólo, y al final hallé la respuesta en mis búsquedas y lecturas por la Wikipedia: se debe al concepto de autoeficacia (vuelvo a ello más adelante, sólo abro boca). En el mapa mental que estoy creando (descargar, ir a mi Canal de YouTube para saber más) hice un apartado con respecto a todo término que implicase a la propia persona o al propio cerebro, en donde cada concepto suele empezar por el prefijo auto-, es una de las categorías con más entradas, con algo más de cien. Haber deducido que el concepto clave y contestación a mi pregunta sea la autoeficacia es cuanto menos sagaz. A la vez esta contestación me remitía a la pregunta el porqué del intelectual. Suelen ser seres solitarios, pero a la vez en muchos casos son los precursores de cambios sociales. Sin Marx, quizás, no hubiera habido una revolución Rusa, lo mismo con los intelectuales de la revolución francesa o la estadounidense (y porqué las tonterías de la Real Academia de que Estados Unidos sea separado y estadounidense junto o porqué boca se escribe con b y vocal, que proviene de boca, se escribe con v, y porqué hojear -que viene de ojo- tiene h…); o sea, que la evolución crea una tipología de solitarios, que en realidad por medio de la autoeficacia los mantiene estables, y tienen como finalidad ninguna otra cosa que la propia sociedad. La “solución” evolutiva es tan extraña como lo sería que para llegar a la salud se usase un veneno, pues para “mejorar” o conceptualizar lo social crea individualidades, seres solitarios o entes que viven en los márgenes o fuera de lo social. Ciertos científicos apuntan a que la evolución social humana tiende hacia lo eusocial, como lo son las hormigas o las abejas. Entre estas dos especies se crean claras estructuras en donde cada individuo ha de tomar un rol -zángano, obrera, reina…- que es lo que será para toda la vida. ¿No parece que vayamos hacia lo mismo? Una gran mayoría de estudios sobre los tipos de personalidad apenas sin nos dividen en unas pocas tipologías, en donde si se da más diversidad es porque no hay estados puros y se mezclas varias de dichas bases para crear una mayor diversidad. En el animal eusocial la hembra es la que manda sobre la genética. De estar llegando nosotros hacia el mismo camino no es por medio de la mujer (aunque habría que reflexionar sobre ello), sino a través de la evolución social y en la medida que el Estado (en su momento el rey o el emperador) hace el papel de esa “reina” hembra que regula las distintas bases y reglas. ¿Por qué parece inamovible que haya jerarquías? La hembra reina no controla su hormiguero o panal, tan sólo es una más dentro de esos “designios” de los números en la evolución. ¿No está ocurriendo lo mismo en lo evolutivo-social dentro de lo humano? Cierto estudio nos dice que derecha e izquierda se suceden por ciclos, en donde no importa el voto individual, pues los ciclos se mantienen. Resumiendo. El intelectual, cualquier rebelde individualista, nace en una baja proporción porque son los faros que arrojan luz sobre lo social, y en donde el resto de las personas son sus “repetidores”, sus replicadores, cual gen egoísta que trata de mantenerse en el ADN creando todas las posibles copias de sí mismo repartidas por toda la doble hélice, como para que en alguna rama evolutiva -en lo social: ideología, paradigma, religión-  dicho gen se exprese, se “valide”.

Todo ello me lleva a una de mis premisas, que es muy cuestionable e igualmente complicada de asimilar. En mis búsquedas a veces tengo que leer ensayos científicos muy técnicos (no me entero ni de la mitad, pero leo en la espera de tratar de deducir o sacar algo en claro), que suelen cargar con la premisa de que toda anomalía en el funcionamiento de los neurotransmisores, y sus precursores que son los genes, son “errores” que la ciencia y la medicina han de solucionar. Claro, si se piensa en el Alzheimer o en la depresión mayor, no se pueden analizar tales estados como en “aciertos”, pero mi premisa es que la evolución, como yo, tiene “preguntas” que trata de contestar en sus eternos “prueba y error“. Lo que quiero decir es que la evolución maneja conceptos, y tantea cómo ser más “eficaz” para que ese concepto se valide. Lo cuestionable es cómo puede manejar un concepto o una pregunta sin que previamente exista una posible respuesta, y todo ello aderezado a que la evolución no es “un cerebro” o agente que tenga que estar buscando la contestación a preguntas, pues toda pregunta requiere un cogito… ese de Descartes de “pienso, luego soy”. Alguien creyente puede deducir que ese cogito es Dios y que es Él el que “se hace preguntas con semilla de respuestas”, pero los ateos, y los que piensan en la evolución sin ningún agente, simplemente se plantean que los propios mecanismos implicados crean un sistema con unas reglas, que a la vez implicarán unas premisas (funciones). O sea, que cuando en el sistema -en la evolución- se crea un “problema” es este el “propio agente” que busca una solución, al modo que al juntar dos componentes químicos se crea una reacción y posiblemente un enlace o una nueva molécula (con unas propiedades, capacidad para interactuar y crear otras más complejas, etc.) Lo que la ciencia estudia son los casos en los cuales la evolución “ha hallado” una respuesta o solución, mientras que toda “pregunta” que no tuvo respuesta ya no está a la vista, no “evolucionó” o no permaneció en la existencia, se extinguió hace ya tiempo. Eso me devuelve al caso del Alzheimer u otras enfermedades o trastornos similares. Mi forma de ver la evolución es que es una pregunta que aún se está cuestionando, solo que le hemos “pillado” en plena “faena”, y aún no sabe si tiene una respuesta, o sólo es un camino errado de sus preguntas que no “le” llevarán a (la) nada.

El presente escrito “quiere” tratar el tema que reza el subtítulo, que en un principio sólo era su mitad: acción frente a reacción. Tiene sus semillas de respuestas, pero de momento quedan veladas. La cuestión es que estoy dando un largo rodeo o escribiendo un preámbulo, que a primera vista no parece que tenga que ver nada con el tema, pero al igual que la evolución, todo tiene en principio un porqué, pues en mi mente, o en el sistema que es un cerebro, toda posible “respuesta” habría de partir de cuál es en realidad la pregunta que habría que hacer, y que de haber una posible buena respuesta, tendría que ser a partir de hacer las preguntas adecuadas. Tampoco descarto las mutaciones, el papel del azar. Muchas “soluciones” a las que llega la ciencia, como el caso de la penicilina, son por mero azar, cuando ni siquiera existía una pregunta previa. De cualquier manera, la cuestión que implica un sistema, en este caso la ciencia humana, es que una vez que se llega a una respuesta, y aunque haya sido por azar, eso a la vez lleva a hacerse las preguntas del porqué ese resultado y no otro, o sea, que al final se revierte el planteamiento y la “pregunta” vuelve al lugar que le corresponde, que es el inicio de toda “respuesta”. En definitiva, que al igual que el científico, la evolución “cuestiona” porqué ha “funcionado” algo que se dio por azar, y a partir de esa “respuesta” se hace las preguntas adecuadas para optimizar el sistema (o enredarlo o volverlo más complejo), o cuanto menos para poner esas premisas como una de las cartas a barajar de la maza que es la evolución, y por ello de sus entresijos.

En ese sentido el actual título implican dos temas porque uno de ellos fue una “mutación”, respuesta o momento insight (“descubrimiento” y comprensión instantánea, sin pregunta previa), que me hizo analizar todo el tema desde otra perspectiva. No es que no lo hubiera tratado y fuera nuevo, pues es uno de los recurrentes de mis escritos: el ser y el aparecer, pero no lo había analizado bajo ese nuevo punto de vista que me plasmó dicha intuición. A la vez eso me llevó a nuevas preguntas o quizás a una posible solución a un tema que siempre he tratado como un dilema: el porqué de un doble sistema de aprendizaje: dolor/placer, cuando sólo con el dolor y su ausencia debería de haber valido para aprender. Sé que de momento todo parece confuso, pero recordar que estoy tratando de ser narrativo, creando expectativa. En concreto, y antes de saber el ángulo desde el que analicé el problema del ser y el aparecer, y dado que quizás su “solución” sea sencilla, me voy a centrar en la consecuencia, en la medida que tal respuesta me llevó a hacerme las preguntas adecuadas. La pregunta fue el cómo nació la sociabilidad, que a la vez nacía de la pregunta de por qué el placer, y más concretamente por qué la dopamina. En definitiva, que a partir del primer insight tuve una segunda intuición, que fue que quizás el placer nació a partir de la sociabilidad. Mi “conclusión” fue que si bien por mero azar la agrupación de peces beneficiaba a dicha especie, la evolución al tener “frente a sí” una solución se hizo las preguntas de porqué y cómo “mejorarlo”. En ese caso uso la dopamina como fuente de placer para alentar a que los peces fueran sociales. O sea, uso la dopamina como reforzador del aprendizaje social. Ya he dado las respuestas, ahora queda plantear o presentar mi “pequeña” investigación.

Tenía frente a mí que el placer surgió como necesidad evolutiva para asentar la sociabilidad, ¿cómo buscar en Internet un posible porqué si quizás nadie se ha hecho esa pregunta y por lo tanto no hay una respuesta en la Red? No sabía cuánto tenía que retroceder en el tiempo evolutivo para encontrar la respuesta. Sabía que el sistema dopaminérgico está asentado en las partes más antiguas del cerebro, luego siempre estuvo ahí, en la vida en la tierra, lo que no sabía es si era tan antiguo como para que también estuviese en el mar. Pregunté en el Google académico: “peces, dopamina” (las “mejores” búsquedas hay que reducirlas a sus mínimos, no se puede -o deben- poner frases complejas como “¿tienen los peces sistema dopaminérgico?”, pues quizás no salga ningún resultado, o sólo alguno de peces o sistema dopaminérgico, pero ningún enlace de los dos temas a la vez). La “respuesta” me llevó por donde no quería o por unos derroteros muy peregrinos. Al parecer la inflaclase de peces que son los teleósteos tienen un sistema en la retina, y sustentado por la dopamina, que regula sus ciclos de noche y día. Parecía un camino cerrado, si bien me pregunté si ese no sería el nacimiento de tal neurotransmisor. La evolución crea una molécula para un uso concreto y más tarde le da un uso más extensivo. Ese es el caso de la oxitocina, una hormona para propiciar la dilatación durante el parto, que más tarde es la denominada “molécula del amor”, de los lazos de las uniones duraderas entre personas. Volviendo a la dopamina y ese posible inicio, si se abstrae tal como “lo pudo haber hecho” la evolución, es que era una molécula que controlaba un comportamiento, luego ¿por qué no “usarla” para controlar otros comportamientos? Es más, la dopamina en la retina de los teleósteos sincroniza sus ritmos o comportamientos con respecto a los ciclos de noche y día. Por otro lado la evolución ya tenía el concepto de inducción, de percepción de cuórum, en un pasado tan remoto como el de las bacterias, luego sólo tenía que extrapolarla para la nueva situación: inducir el agrupamiento en banco de peces, en definitiva a que se sincronizasen para que se comportasen como un solo individuo. Esa búsqueda seudo-fallida me llevaba a que tenía que refinar aún más la pregunta. Una cuestión que llama la atención de los peces es su tendencia a formar bancos o cardúmenes. Cierta vez, en un documental, me enteré que ciertos peces tienen un sensor a lo largo del cuerpo, paralelo a la espina dorsal (en ese momento no sabía el nombre de tal propiedad, que después averigüé: sistema de línea lateral), por el cual captan la presencia de los peces que están a su alrededor. Esa “sensación” era lo que tenía que buscar, y así puse “Sense spine fish, shoals dopamine” en el buscador académico, lo cual me llevó a los temas que quería encontrar. Bajé y leí “Using zebrafish to unravel the genetics of complex brain disorders” de Robert Gerlai (descargar traducción automática y otros ensayos referenciados). Al parecer están usando los peces cebra para análisis genéticos porque son fáciles y baratos de mantener, y en tanto que pueden hacer análisis sobre una gran cantidad de ellos, en menos espacio y con un coste menor que con ratas; con el añadido de que al ser un ancestro más lejano se puede rastrear mejor el origen de ciertos genes y fenotipos, y en la dirección de poder desentrañar la genética del Alzheimer, y otros trastornos como la depresión, la esquizofrenia o la ansiedad. Después de unas tortuosas y largas páginas de preámbulos, llegué a donde yo quería.

Al parecer hay un mayor nivel de aprendizaje en pruebas de laberintos, que en el lenguaje humano puede denominarse como motivado, cuando el pez quiere unirse a los otros peces, frente a situaciones en las que está solo. Los guupys (peces, y ya en la lectura de otro artículo de la Wikipedia) tienen comportamientos sociales tan familiares a los humanos, como que están más tranquilos nadando con los “suyos”, que si por el contrario nadan con “extraños”,  situación en la que se muestran ansiosos o menos relajados. Su bienestar está reglado a que se sienten mejor con extraños que solos, y mejor con sus “afines” que con extraños. ¿No es demasiado similar a lo humano? Remito a leer el ensayo, pero mis conclusiones, y bajo la pregunta que me guiaba, es que los peces de cardúmenes nacen bajo la premisa de mantenerse en grupo, de buscar el grupo y tratar de estar en una posición lo más resguardada posible en el centro. Eso requiere de un aprendizaje (memoria), que es reforzado o mantenido a través de la dopamina. Ese aprendizaje implica algún tipo de placer, al llevar parejo que “estoy haciendo las cosas bien”. Es aprendizaje en la medida que estar en el centro del cardumen es una meta de todos, pero que lógicamente no todos pueden lograr, y se requiere de mucha práctica para llegar o acercarse a esa meta, y es social en la medida que un solo individuo no puede crear un cardumen, y en donde dicho agrupamiento implica unas dinámicas, en donde el todo es más que cada una de las partes. No he “probado” que el placer naciese como “dispositivo” o ardid evolutivo para potenciar o crear el concepto de lo social, pero todo parece indicar que así fue, y además teniendo en cuanta que es anterior a los cordados -rama de la que provienen los peces y más tarde los humanos-, y se “usaba” como neurotransmisor dentro de los sentidos, y entre ellos dos tan antiguos como el olfato, que no deja de ser simplemente la captación de moléculas en el medio, y la vista. En un principio la sociabilidad no implicaba altruismo, cooperación, o ningún otro concepto similar. Ni siquiera estaría ahí la dopamina, en esos primeros momentos, para potenciar el aprendizaje ni la sociabilidad, ni nada parecido. La “teoría del rebaño de peces egoístas” nos dice que en un principio operaba simplemente un comportamiento económico, que los depredadores matarían a los peces solitarios, y que el resto -empujados por todos los depredadores- se terminarían por agrupar (como cuando con una bayeta vamos agrupando las migas en la mesa). Aquellos peces que estuviesen en el centro, o que aprendiesen esa táctica, fueron los que más sobrevivieron y se reprodujeron, que a la larga sería el comportamiento heredado. Para llegar a ese paso la evolución tuvo que “usar” algo de lo que ya disponía para alentar a los peces: la dopamina que era sincronizadora de comportamientos con respecto a la lectura del medio, que la convirtió para que se volviera en placentera, al buscar el agrupamiento y la sincronización con el resto de peces, y en tanto que se buscaba el centro del banco. Todos estos procesos, al ser dinámicos, no pueden ser instintivos, sino que hay que aprenderlos durante la vida, de hecho es una parte del proceso de maduración de los peces alevines, cuando en muchos casos al llegar a adultos van a ser solitarios; la ciencia llama a este comportamiento de esa edad: escolarización. Lo que sí se tiene como instintivo, y alentado por la nueva forma de proceder de la dopamina, era el buscar estar en grupo. A la larga dicha molécula fue la base del aprendizaje (crear patrones de memoria optimizados por el placer) y de la sociabilidad, que más tarde implicarían la colaboración y el altruismo.

Uniendo puntos, ¿cómo la evolución llega al altruismo sin saber de él? Si se desgrana el concepto se subdivide en otros conceptos como fueron 1. el comportamiento egoísta de tratar de estar en el centro de un banco de peces, que llevo a 2. la sociabilidad, que implicaba en su conjunto 3. la colaboración, que al unirse más tarde a la tendencia de propiciar a la propia descendencia llevó al sacrificio y 4. al altruismo (reconocimiento de parentesco debido a un cuidado más dedicado de la descendencia, que de nuevo implicaba muchos costes: a mayor costes, más circuitos, funciones y neurotransmisores implicados). La evolución no sabía del altruismo, pero cuando surge un problema se hace preguntas con semilla de respuesta, en donde el propio problema ya tiene implicado de alguna forma la solución. Lo que digo no implica ningún tipo de cuestión esotérica. La respuesta para fabricar un coche es prepararlos para que el chasis sea en cierta forma flexible y amortigüe el choque, y no como se hicieron al principio: basados en la rigidez. Luego el diseño y la fabricación de un vehículo que va a tener una velocidad elevada y dado que los choques son inevitables, es la flexibilidad del chasis: pregunta con semilla de respuesta. Al igual que el humano con el tiempo se da cuenta de sus errores y rectifica, lo mismo hace la evolución, pero el único agente “pensante” en la evolución son los números y la optimización económica a lo largo del tiempo.

Algo que parece ignorarse a nivel general es que una vez que la evolución da con un “concepto” lo usa una y otra vez, en cuanto se da el problema sobre el que ya ha “pensado”. O sea, si el ADN humano es tan grande es que es un libro de instrucciones de todos los pasos que ha seguido la evolución hasta llegar a nosotros. Al “crear” un humano no se lee todo el libro, pero si se diese el caso que el humano llegase hasta algún atolladero o cuello de botella evolutivo, la evolución recurriría a buscar alguna solución dentro del propio libro, de las soluciones “que usó” en algún otro momento evolutivo, dentro de esa rama genética. El individualismo fue lo primero: está dentro de nosotros, pero ahora somos un animal social, luego no hace uso del individualismo. Con todo hace uso de la tendencia al individualismo sólo en algunas personas y para fines sociales: su herramienta es la autoeficacia, cercano al concepto de autodeterminación y de autopoiesis. Cuando se habla de la masa social es equivalente a hablar de un banco de peces, que seguramente la evolución ya tenía como “concepto”, pues entre las bacterias y las células ya existía la percepción de cuórum. Cuando el humano ve un cardumen de peces lo asemeja a una danza; seguramente si un pez tuviera una conciencia compleja pensaría que el humano cuando baila está tratando de crear un cardumen, sobre todo en las conglomeraciones “Rave“, o las olas en los estadios. Es muy posible que los primeros vertebrados que saliesen del mar a la tierra no fueran grupales, sino individuales (piénsese en la tortuga por ejemplo) y más adelante la evolución volvió a usar el concepto de agrupamiento o sociabilidad -si es que ese fuera el caso de esa especie y que algún ancestro lejano ya hubiera tenido tal comportamiento-, cuando de nuevo en este nuevo ecosistema se diese la depredación. De alguna forma todo humano quiere estar “cobijado” en la cálida sensación que es estar en masa (no los solitarios que rehúyen de tal situación, pues no les crea esa sensación de cobijo, sino de ahogo). Este comportamiento sobre todo sale a relucir en los actuales mega-conciertos, solo que ahora ese centro es estar lo más cerca del escenario.

Voy a tratar de unir estas ideas con escritos y conceptos anteriores. Un trastorno humano relativamente nuevo, en tanto que detectado como distinto a cómo se podría concebir con anterioridad, es el espectro autista. Según una teoría los que parecen este trastorno carecen o tienen dañado la detección de agencia. Escritos atrás hablé de las etapas del desarrollo de un niño, una de esas etapas consiste en tratar de discernir qué tiene o no tiene agente. O sea, que tiene ciertas propiedades autónomas para que sea una vida. Animal proviene de animado, a la vez alma proviene de ánima (animado). Cuando la ciencia hace uso del término agente, a grandes rasgos y excepto en algunos casos, se refiere como un ente vivo autodeterminado y con fines. Tal rasgo es una primitiva con la que nacemos y según la ciencia tal capacidad en el humano es hiperactiva, y en esa dirección creó a los dioses. Un niño tiene que discernir qué tiene agencia o no, pues aunque el juguete de un coche se mueva por un pequeño motor, al final el niño deduce que no se mueve por sí mismo, ni con un fin. En cierto momento de la infancia el niño autista ya no pone atención a las personas, de alguna forma les resta capacidad de agencia. A lo que quiero llegar es que quizás este rasgo sea una forma límite de la evolución para crear una individualidad. Una cantidad importante de los trastornos tienen que ver con la dopamina o alguno de sus receptores. De alguna manera al dañarse este sistema se daña lo que en su tiempo sería la percepción de cuórum, de pertenencia a un grupo, la tendencia hacia la afinidad; lo que a grandes rasgos se calificaría como empatía, sustentado por las neuronas espejo, y que hoy en día gusta de ser llamada la inteligencia emocional (según un meme o moda). Según he repetido muchas veces los preconcientes no suelen saber bailar, o no les gusta en especial, como si sintiesen que no se tuvieran que unir al cardumen. En pruebas con peces se les ha inhibido o dañado su línea lateral y eso no ha impedido que se unan al grupo, pero lo que sí hacen es que no se acercan tanto, mantienen algo más la distancia. ¿Qué se daña realmente?, ¿la “emoción” positiva (premio) de la cercanía?, es como un: “me mantengo cerca por que es mi deber, mi propensión e instinto, pero tal estado no me reporta placer”.

En otro escrito asocié psicopatía y autismo. ¿Quién más desunido de lo humano que un psicópata? La empatía es un rasgo evolutivo propio de los animales más complejos. El autista carece de la conexión necesaria para reconocer las emociones de las otras personas, pero en la misma medida carece de una construcción del yo social y por ello del orgullo, el egotismo y la arrogancia propias del psicópata. ¿De qué fuentes evolutivas beben ambas propiedades? Por un lado está la capa de la detección de agencia, por otro la percepción de cuórum, y por último de cooperación y altruismo, previo paso por la conciencia de sí y de luchar contra las reglas del gen egoísta. Los rasgos de la cooperación y el altruismos surgieron cuando la reproducción se valió de la maternidad: del cuidado durante un tiempo de la progenie indefensa. En animales más complejos, al ir aumentando el tiempo de aprendizaje de la descendencia, se requería una mayor dedicación, con lo cual la evolución se valió de ciertos neuropéptidos para crear un mayor vínculo con los hijos, y por extensión creció la capacidad empática y altruista. Hay que hacer notar que mientras la maternidad lleva millones de años (qué fue antes a nivel evolutivo: la sociabilidad o la maternidad, si lo segundo entonces las hembras ya tendrían una experiencia previa similar, y su química -hormonal, cerebral- ya estaba más preparada para esa nueva situación, -se me ocurre si lo social nació de los pequeños bancos de peces de hijos de la misma madre que tenían que permanecer cerca de ella: otro giro de la “historia”-), la paternidad es más nueva, sobre todo en los mamíferos, y mucho más reciente entre los primates, rama de la que descendemos. Tanto la psicopatía como el autismo son más propios de los hombres. En psicopatía aunque en el siglo pasado estaba claro, y había un mayor porcentaje de hombres, las últimas décadas, ya sea por la “interferencia” del feminismo o ya sea porque los estudios se han llevado a cabo sobre todo en Estados Unidos, una sociedad “rota”, se tienden a igualar, si bien se manifiestan de distintas formas. 

“Diferencias entre sexos:

La investigación sobre psicopatía se ha realizado principalmente en hombres y el PCL-R (lista de verificación de la psicopatía) se desarrolló utilizando principalmente muestras criminales masculinas, lo que plantea la cuestión de qué tan bien se aplican los resultados a las mujeres. Los hombres obtienen puntajes más altos que las mujeres tanto en PCL-R como en PPI (inventario de la personalidad psicopática) y en sus dos escalas principales. Las diferencias tienden a ser algo mayores en la escala interpersonal-afectiva que en la escala antisocial. La mayoría de los estudios, pero no todos, han encontrado una estructura de factores ampliamente similar para hombres y mujeres.

Muchas asociaciones con otros rasgos de personalidad son similares, aunque en un estudio el factor antisocial estaba más fuertemente relacionado con la impulsividad en los hombres y más fuertemente relacionado con la apertura a la experiencia en las mujeres. Se ha sugerido que la psicopatía en los hombres se manifiesta más como un patrón antisocial , mientras que en las mujeres se manifiesta más como un patrón histriónico. Los estudios sobre esto han mostrado resultados mixtos. Los puntajes de PCL-R pueden ser algo menos predictivos de violencia y reincidencia en las mujeres. Por otro lado, la psicopatía puede tener una relación más fuerte con el suicidio y posiblemente internalizar los síntomas en las mujeres. Una sugerencia es que la psicopatía se manifiesta más como conductas externalizadoras en los hombres y más como conductas internalizadoras en las mujeres. 

Los estudios también han encontrado que las mujeres en prisión obtienen puntajes significativamente más bajos en psicopatía que los hombres, y un estudio informó que solo el 11 por ciento de las mujeres violentas en prisión cumplían los criterios de psicopatía en comparación con el 31 por ciento de los hombres violentos. Otros estudios también han señalado que las mujeres psicópatas altas son raras en entornos forenses.”

Conviene aclarar lo que yo considero un caos en el uso de los términos psiquiátricos. ¿Qué es una paella?, ¿la que se hace en la zona del levante español?, si se cambia un ingrediente lo sigue siendo, ¿y dos o tres?, cuándo deja de ser una paella. Preferiría un análisis a partir de qué funciones, partes y neurotransmisores cerebrales están alterados, como es en la medicina, pero no es así. ¿Un delincuente sin escrúpulos es un psicópata?, y una persona antisocial… en qué grado, lo es un el personaje de la serie Wayne, ¿o sólo es un joven rebelde con una infancia truncada? Un psicópata de “guante blanco” es un sociópata, pero… ¿es lo mismo?

Fuente Wikipedia
(Ya entiendo porqué no me gusta ser vendedor ni ser mediático 😉)

A nivel evolutivo, ¿qué sentido tienen? Según la psicología evolutiva “se sugiere que algunos rasgos asociados con la psicopatía, como la sexualidad temprana, promiscua, adúltera y coercitiva, pueden aumentar el éxito reproductivo. Robert Hare ha declarado que muchos machos psicópatas tienen un patrón de apareamiento y abandono rápido de las mujeres, y por lo tanto tienen una alta tasa de fertilidad, lo que resulta en niños que pueden heredar una predisposición a la psicopatía.” Según la psicología evolutiva sólo tiene sentido hablar de psicopatía con respecto al hombre; otra teoría dice que es un tipo de personalidad parasitaria, de la cual no se puede, por lo tanto, excluir a la mujer. Por otro lado hay que tener en cuenta el concepto de spandrel (tímpano, creo que no conviene traducirlo) en biología evolutiva: “es una característica fenotípica que es un subproducto de la evolución de alguna otra característica, más que un producto directo de la selección adaptativa. Es decir, es un rasgo que no es particularmente ventajoso tener, aunque se conserva porque no es particularmente dañino tenerlo”.  Si se considera esta última información, nos encontramos con la paradoja que quizás en los social no haya nada más detestable que la psicopatía, pero la evolución tiene su propia “opinión”. De nuevo la genética “manda” sobre lo social. Una última consideración es hacer la diferencia entre sexo y género. Una mujer masculinizada -con dominancia de andrógenos- seguramente sí será más proclive a ser psicópata.

Aileen Wuornos, fue una asesina en serie estadounidense con claro rasgos masculinos, tenía un fuerte y pronunciado mentón que es un signo de una fuerte carga de testosterona. Qué se deduce de todo esto. Que seguramente es distinto una psicopatía en una mujer (sexo) que en un hombre y que posiblemente habría que usar unos conceptos distintos. ¿Hay hombres homosexuales feminizados (pasivos) psicópatas?, lo dudo (la paradoja de que hoy un homosexual masculino sea más femenino que una mujer feminista). Por otro lado, y según vengo manejando mis ideas, no es lo mismo una mujer que no haya sido madre, que una que sí lo haya sido. Si como hemos visto en otro escrito, la mujer al quedarse embarazada tiene una poda neuronal, tal idea es susceptible de ser extrapolada a que la mujer tiene “dos estados”; sin haber tenido hijos puede que su comportamiento sea más “universal”, mientras que al ser madre queda “activada” para otro tipo de cerebro y de Ser. O dicho en este contexto, una mujer puede llegar a ser de rasgos más psicopáticos cuando no ha sido madre, cuando no ha pasado por esa poda durante el embarazo. Por otro lado hay que tener en cuenta que dicha poda se puede revertir.

Tamara MacLeod
is the pseudonym of a freelance writer, sex worker and activist based in England.

Lo que trato de hacer ver es que hay ciertos trastornos mentales prevalentes hacia uno de los sexos, y que estos vienen dados por las “funciones” o conceptos que “tocan” dichos desórdenes. La esquizofrenia, la hiperactividad y el trastorno de personalidad antisocial son igualmente prevalentes entre los hombres. En la mujer lleva más tiempo el concepto de reciprocidad, puesto que la maternidad lo implicaba. La oxitocina, la hormona del amor, era de la mujer y ahora está en los dos sexos, y el principal neuropéptido que repercute en la inhibición de la dopamina en el padre (ser menos violento y más empático), la prolactina, igualmente era una hormona femenina para activar la leche durante la lactancia: “los niveles elevados de prolactina disminuyen los niveles de hormonas sexuales: estrógeno en las mujeres (que tiene el papel de la testosterona en ellas) y testosterona en los hombres (…) La hormona contrarresta el efecto de la dopamina (?)”, (¿sustituye el placer por lo social, más amplio, por lo familiar, más reducido?, para favorecer lo segundo frente a lo primero). Así tenemos que según la teoría de la coevolución de los sexos, la mujer ha ido “transladando” componentes que le eran propios al sexo masculino, y en la dirección de auto-domesticar la especie. Tampoco hay que ignorar que si la coevolución de la mujer hacia el hombre ha ido en una dirección: la auto-domesticación; lo mismo ocurrirá del hombre hacia la mujer… que quizás lo más masculinizado de ciertas mujeres sea una selección de ciertos hombres (en la dirección de buscar lo igual, pero en otro sexo: complementariedad). Si nos fijamos -y sin ir más lejos y técnicos, pues no hay estudios de todo-, en los comic japoneses se perfilan dos mujeres contrapuestas: una de cuerpo pequeño, rasgos aniñados, inocente y muy femenina en su carácter (Lolita), frente otro prototipo de mujer corpulenta y grandes pechos, cuya personalidad es muy dominante. A esas dos tipologías les siguen sus propias tendencias sexuales: la primera sumisa y masoquista, y la segunda sádica. Los arquetipos de la niña y la madre. La cultura oriental parece haber sido más bipolar y haber ido en dos direcciones opuestas, pues los rasgos neoténicos (aniñados, cuerpos más pequeños) son más propios en países orientales, mientras que occidente no parece haber sido tan dicotómica de forma tan marcada.

Para simplificar todo lo escrito arriba, el hombre tiene una mayor predisposición hacia la individualidad, y en tanto que la dopamina fue un neurotransmisor “ideado” en primer lugar para la sociabilidad, quizás la evolución siempre ha conllevado la contradicción que implica la testosterona, individualista y agresiva, y la dopamina como reguladora de placer ante lo social, como se deduce en la actualidad en la violencia de género y el gamberrismo, también más propio del hombre. Es más posible que se dañe este mecanismo en el hombre que con respecto a la mujer, pues en definitiva trata de crear personas tendentes a la individualidad, o crea tipos de personas que no terminan de perfilarse hacia una sola dirección (bipolar), creando los distintos trastornos del comportamiento y por ello del cerebro, o a la inversa: del cerebro hacia los comportamientos. El autismo es un caso paradigmático, puesto que si es cierto lo que he sugerido arriba, la evolución está tanteando qué ocurre si ya ni siquiera se tiene que detectar la agencia en la realidad. Ese “sistema” es de los más antiguos, pues lo tiene la mayoría de animales, y en ese caso la evolución está tratando de “prescindir” totalmente del pensamiento mágico, pues un autista ve las cosas como son y no como las interpreta la sociedad, sesgada con el pensamiento mágico, la narrabilidad (identidad narrativa), y la detección de agencia. Si es cierto que se está incrementando el número de niños con autismo, ¿no será dada la dirección que está tomando la sociedad cada vez más instrumentalizada y fría, y un feminismo que está tratando de “renegar” de la feminidad (y la maternidad) como rasgos positivos de lo social? O sea, que no es realmente un trastorno, sino adaptaciones que está tanteando la coevolución de los dos sexos y la epigenética, en unas situaciones sociales (ambientales) que están cambiando demasiado rápidamente. En definitiva lo que postula la coevolución dual: que es social y biológica.

Un signo más de esta teoría del sistema dopaminérgico dañado es la inhibición previa al pulso (PPI) o prepulso. En otro lugar he hecho mención a la baja inhibición latente. Demasiados conceptos científicos juntos. Empecemos por el principio. En el sistema humano, como todo sistema complejo dinámico, interactúan dos tipos de retroalimentaciones, la positiva y la negativa, o la activadora y la inhibidora. Los neurotransmisores, así como ciertas hormonas o partes del cerebro, pueden ser activadores o inhibidores. El sistema busca un estado estable, homeostático, entre esas dos fuerzas. Si los sentidos percibieran todo lo que existe en el mundo, todo lo que es susceptible de enervarlos, de activarlos, el cerebro se saturaría de estímulos. En esa condición el sistema nervioso tiene un mecanismo que inhibe la mayoría de los estímulos, sobre todo los familiares y los no alarmantes o que no conlleven algún tipo de peligro. Este mecanismo se llama inhibición latente. La serotonina es inhibidora, bajo mi punto de vista anula el “ruido” de fondo, y es parte de ese mecanismo de inhibición (se “traduce” como precursora de la felicidad, por el hecho de reducir el ruido, la ansiedad -estado enervado-), mientras que la dopamina es activadora. Hay personas que tienen “dañado” o alterado el sistema inhibidor, son las personas denominadas como “altamente sensibles“, aquellos que hace unos siglos se le nominaba como de nervios sensibles o “delicados”. La ciencia, en su tendencia a tratar de medir todo, ha encontrado a través de los encefalogramas ,y sobre los potencial relacionados con un evento (ERP), que en las experiencias de sobresalto, por lo normal, se da un prepulso o estimulación previa que amortigua el sobresalto o susto. En una gran cantidad de trastornos, como los estados maniacos (entre los que se encuentran uno de los lados de los bipolares), la hiperactividad, la esquizofrenia y el autismo se ha encontrado que se carece -o está dañado- este sistema prepulso. Su ausencia hace que dichas personas tengan un sistema nervioso más activo o menos inhibido, lo que ha de llevar a que el sistema homeostático trate de regularse por otros mecanismos. Ya se ha dicho en otras ocasiones que el aprendizaje es por medio de la dopamina (premio), o el cortisol o estado de alarma o miedo, luego si se tiene más activo el sistema del miedo (más antiguo a nivel evolutivo) de alguna forma se desactiva o es menos efectivo el del premio, el basado en la dopamina. Esto encaja a que dichas personas sean más pesimistas, recuerden y centren más sus vidas y comportamientos con respecto a las experiencias negativas o de dolor, pues en definitiva el cerebro trata de aprender sobre todo por el sistema básico de castigo o dolor, anulando o relegando de alguna forma el sistema dopaminérgico, que puede que esté dañado. Tanto el autismo como la esquizofrenia son “sistemas” en donde el estado de sobresalto, alarma o de miedo, toman el control de sus cerebros; en esa condición la dopamina los sobre estimula, de tal manera que lo más homeostático es tratar de anular o regular la función de la dopamina. También cabe el mecanismo contrario, pues la cuestión no es tan clara como la he perfilado arriba. Si resulta que está dañado el sistema de la dopamina, por algún cambio genético o epigenético, el cerebro se las tiene que haber que ha de aprender con el mecanismo restante: el del miedo o el estado de alarma o enervado (sobreexcitado). Eso es lo que viene a decir la teoría de la baja excitación (arousal), que por ejemplo un hiperactivo tiene que interactuar más con la realidad para tener la misma dosis de dopamina que una persona media. En un ejemplo personal que transcribo abajo, yo suelo usar la adrenalina para estimular la aparente ausencia de la función de la dopamina. En los siguientes días después de haberme puesto físicamente en “peligro” mi sistema está más estable (más feliz, si se quiere decir así). De esta manera se puede decir que los amantes al riesgo puede que sean de este tipo de personas, con el sistema dopaminérgico dañado y una baja excitabilidad, que los lleva a “sustituir” la dopamina por la adrenalina. Sé que hay una aparente contradicción entre la baja inhibición latente y la teoría de la baja excitación, pero de fondo y en los dos casos el sistema dañado es el de la dopamina, que se manifiesta bajo el defectuoso sistema de la inhibición previa al pulso (PPI). Puede que este sistema dañado en la mujer o las personas con alta carga de estrógenos dé como resultado las personas altamente sensibles (prevalente en las mujeres), y en los hombres, o alta carga de andrógenos, dé como resultado los amantes al riesgo. Los poetas románticos del siglo XIX, aquellas personas de nervios delicados, eran de tendencia femenina, o menos masculinizada. Yo parezco ir de un espectro a otro, de la alta excitabilidad (para luchar contra la baja excitación, que se suele manifestar en anhedonia), a la baja inhibición latente o estado maniaco. Quizás de fondo un bipolar sea eso: un sistema equilibrado de lo masculino y lo femenino que se dualiza en dos estados y dos respuestas distintas y opuestas, como un sistema dual que no se estabiliza en ninguno de sus dos lados, pues en definitiva lo masculino y lo femenino son dos “mecanismos” distintos que la evolución nunca previó que armonizasen, (como ya algún otro dijo: “pienso mientras escribo”; estas conclusiones las he de comprobar si ya han sido analizadas por la ciencia). Con todo, la evolución guarda algún tipo de equilibrio conceptual; mi hija ha heredado mis condiciones, pero somos lo inverso el uno con respecto del otro, o lo complementario: yo soy masculino con cierta sensibilidad femenina, mientras que mi hija es femenina con cierta “arrogancia” (¿rudeza?) e impulsividad masculina; el equilibrio es aparente, pues yo soy más amante al riesgo, mientras que ella siempre lucha por ganar cuando yo no. Esa “arrogancia” femenina cada vez se manifiesta más entre las mujeres, e igualmente entre los hombres mi condición; otra cuestión a tener en cuenta de porqué llora más hoy en día los hombres. Hay que recordar que los cambios epigenéticos se heredan por tres generaciones; en ese caso y en la actualidad puede llegar a ser, por retroalimentación positiva, un estado “epidémico”. Tampoco se puede descartar, por las últimas conclusiones, que la evolución esté tratando de igualar los dos sexos hacia un centro, quizás por su coevolución con lo social, sí fuera así el feminismo “lee” el estado actual y saca conclusiones precipitadas, sin tener en cuenta análisis más profundos, como lo está tratando de ser el presente escrito.

Esa aparente igualación al centro es solo un tanteo que quizás tenga que ver más con la evolución social que con la biológica, y en cierta medida sea fallida. Si se analiza la gráfica de abajo del todo y a su derecha, el hombre es instinto y razón, reptil individualista y razón; esta visión la comparte igualmente -aunque en otro lenguaje- la antropóloga feminista Almudena Hernando, y además lo puede corroborar el hecho de que en el hombre los procesos cognitivos los lleva a cabo sobre todo el hemisferio izquierdo, adaptado para ser usado como cálculo, el llamado intérprete del hemisferio izquierdo de Michael S. Gazzaniga, mientras que en la mujer estos mismos procesos están menos centralizados, o están menos localizados, y son llevados a cabo por los dos hemisferios.

Si en el hombre se da una prevalencia hacia la psicopatía -frío cálculo, hipercontrol y “animal”- es dado a esta tendencia al puenteo de las emociones, puenteo que quizás quede bien reflejado en la serie Wayne, en donde su personaje principal llama a su “Conan el bárbaro” para que accione en la vida; mientras que la mujer al nacer para la maternidad es empatía, cooperación y emoción. Bajo mi punto de vista el hombre, a lo largo de su evolución homínida, necesitó hacer un uso más extensivo de las funciones ejecutivas del cerebro (no excluyo otras posibilidades, pero ahora me interesa centrarme más en esta teoría), en la dirección de frenar su violencia innata. Una persona violenta suele tener poco control de la ira (subcontrolada) y suele venir dado por alguna disfuncionalidad ejecutiva, alguna disfunción de las estructuras del prefrontal (ir a estudio sobre el tema). A ese estado se llega por una buena educación dentro de una familia estable, si algo falla durante alguna parte de su desarrollo, hasta llegar a ser adulto, tales estructuras no se terminarán de formar.

Tipologías de maltratadores de mujeres
(en un hospital psiquiátrico penitenciario)

Las mujeres a las que hago mención suelen ser algo arrogantes o agresivas en lo verbal, pero no así en lo físico, puede que contra objetos, pero no contra la vida. Para que se me entienda, y esperando que no se ofendan por la analogía, son “perro ladrador poco mordedor”. Su  prefrontal no tiene que entrar tanto en juego a la hora de la agresividad, puesto que su condición sexual de mujer: empática y protectora de la vida, ya las inhibe para hacer daño físico al prójimo. Incluso cuando se suicidan no suele ser de forma demasiado agresiva contra su cuerpo. En el hombre sin embargo no es así, están más comunicados con lo instintivo, y lo que les hace de freno es el prefrontal o sistema ejecutivo. Daña esta zona en un hombre, como así ocurrió en el famoso caso de Phineas Gage,  y tendrás una persona agresiva, imprevisible, inestable y peligrosa. Lo mismo, quizás, se pueda decir de un hombre más sensible, quizás no sepa regular su emotividad, pues no tiene los “mecanismos” necesarios. En ambos casos, quizás, no se herede el “paquete completo”, y ante dicho déficit el cerebro no termine de operar bien. Siguiendo el ejemplo del móvil, es como si se pusiera la cámara, pero en la carcasa no se pusiese la apertura con su correspondiente cristal, o como si este estuviese en la carcasa, pero tras él no hubiera una cámara. En definitiva, no puede haber una igualación al centro, pues mientras que las mujeres están más ligadas a las emociones, la contraparte que es el hombre lo está a los instintos. Es posible que todo estado intermedio sean los proclives a los trastornos mentales. Identidades difusas, en definitiva. Aún esta afirmación no niego que en parte sea una condición social (ni se termina de aceptar una mujer “ruda”, ni un hombre “sensible”), pues al no ser las “posiciones” aceptadas en lo social se pueden llegar a sentir excluidas, y dicha exclusión puede que sea el relé que “active” su estado liminal.

Vuelvo arriba sobre la inhibición previa al pulso (PPI) ya para terminar este análisis sobre el sistema dopaminérgico dañado. La segunda parte, menos o nada conocida, sobre los experimentos de Pávlov sobre la salivación del perro tras tocar la campana, era que tal estado desaparecía con el tiempo, si seguidamente de tocar la campana no llegaba comida. A tal proceso, en psicología, se llama extinción, en tanto que dicho patrón de comportamiento, y por ellos memoria, desaparecen. Lo que se ha comprobado es que las personas con los trastornos que voy tratando en el escrito, y que igualmente tiene desactivado o dañado el sistema prepulso, no les parece “funcionar” la extinción. No se les amortigua o anula un patrón aprendido a través del miedo o un estado de alarma. Tras de esta carencia se encuentra el ejemplo más claro como así lo es el síndrome de estrés postraumático. De nuevo volvemos al concepto del pesimismo. Una persona con la inhibición previa al pulso dañada o desactivada, y sin el mecanismo de la extinción, tiende a recordar o no olvidar aquello que le ha dañado en el pasado. ¿No es alusivo todo esto a la forma que suelen tener los animales de recordar el miedo o el dolor? Un animal no parece capaz de desaprender cuando algo le ha hecho daño. En el caso del perro de Pávlov, condicionamiento clásico, tal asociación no se produjo por el sistema de castigo o dolor, en el que interviene la amígdala, era un condicionamiento del sistema dopaminérgico, el del premio. La extinción seguramente está más ligada al sistema del premio que al del castigo, y ya en un humano una persona promedio -sin el prepulso desactivado-, el sistema del premio seguramente tenderá a regular y potenciar la extinción igualmente al sistema del castigo, compensando lo negativo por lo positivo. No parece ser así con las personas con el prepulso dañado, pues no parece terminar de adaptarse o a desaprender sus miedos o aquello que les hizo daño. De nuevo en este mecanismo podemos hallar trazas del papel del prefrontal. La cognición tiende a ayudar a minimizar los daños, racionalizándolos, pero si tal zona es disfuncional deja de hacer ese papel. Con esto volvemos a la gráfica y el uso del prefrontal en el hombre con respecto a la mujer. Con un mayor tiempo y tendencia a tener que enfrentarse a las fieras o los animales peligrosos, el hombre hizo un uso más extensivo del prefrontal para racionalizar sus miedos, para potenciar ese mecanismo de la extinción. Nos encontramos con dos situaciones o marcos distintos. El prefrontal como inhibidor de la agresividad y este mismo como inhibidor del miedo. El segundo mecanismo lo ha de tener tanto la mujer como el hombre, pero fue este último el que quizás le tuvo que dar más uso. Arriba ya hemos visto que distintas partes del cerebro, como la subdivisión central del núcleo del lecho de la estría terminal, están más desarrolladas en los hombres. Cuando se habla de una función en el cerebro hay que tener en cuenta que si bien hay una parte que es la principal y por ello la orquestadora, dicha función está distribuida por todo el cerebro. O sea, que si bien el prefrontal hace de sistema ejecutivo, previsor en el tiempo e ideado para planificar, e igualmente para inhibir procesos instintivos o básicos, esta función está distribuida por todo el cerebro, y en el caso del control del miedo la subdivisión central del núcleo del lecho de la estría terminal forma parte del hombre y algo menos en la mujer. ¿Es un arquetipo o estereotipo que la mujer se asuste más o es instintivo?, es una construcción social o es “real”. Lo que suele ocurrir con las ideologías es que si bien tratan de decirse libres de “idealismos” o esencialismos, lo suelen ser cuando se les designa con ciertos fallos, pero no hacen el mismo “feo” cuando se les hace un alago. Al feminismo le “gusta” el esencialismo cuando se dice que su sexo es menos agresivo -o está implícito cuando dicen que el macho es agresivo y mata-, pero no así cuando se les dice que tienen tal o cual “defecto” (denominar algo como defecto o virtud sí suele ser una construcción social). Dejemos que hable la ciencia sobre este caso, en concreto de la amígdala (ir al artículo donde direcciona a los estudios publicados sobre el tema):

La amígdala es una de las regiones cerebrales mejor entendidas con respecto a las diferencias entre los sexos . La amígdala es más grande en los machos que en las hembras en niños de 7 a 11 años, en humanos adultos, y en ratas adultas.

Además del tamaño, se han observado otras diferencias funcionales y estructurales entre las amígdalas masculinas y femeninas. La activación de la amígdala de los sujetos se observó al mirar una película de terror y estímulos subliminales. Los resultados del estudio mostraron una lateralización diferente de la amígdala en hombres y mujeres. La memoria mejorada para la película se relacionó con la actividad mejorada de la amígdala izquierda, pero no con la derecha en las mujeres, mientras que se relacionó con la actividad mejorada de la amígdala derecha, pero no con la izquierda en los hombres. Un estudio encontró evidencia de que, en promedio, las mujeres tienden a retener recuerdos más fuertes para los eventos emocionales que los hombres.

La amígdala correcta también está relacionada con la acción y con las emociones negativas, lo que puede ayudar a explicar por qué los hombres tienden a responder físicamente a estímulos estresantes emocionalmente. La amígdala izquierda permite recordar detalles, pero también produce más pensamiento en lugar de acción en respuesta a estímulos estresantes emocionalmente, lo que puede explicar la ausencia de respuesta física en las mujeres.”

Si tenemos en cuenta la historia humana, al final el homo sapiens al animal que más tenía que temer era a otro ser humano. En el caso de la mujer el miedo a la violación les ha llevado a temer al hombre, a la hipervigilancia. A lo largo de la historia humana un macho ha tendido a matar a otro macho, pero ha tendido a preservar a la mujer, ya fuera para ser secuestrada o para ser violada. Dos miedos ancestrales distintos, el miedo a la muerte y el miedo a la violación, crean funciones y adaptaciones distintas. Como ya dije en otro lugar, la palabra pánico proviene del dios Pan, del miedo que tenían las mujeres a ser arrebatadas, poseídas primero desde dentro, por la presencia en los bosques del macho cabrío (de donde proviene la imagen actual del demonio y por ello de la posesión demoníaca). Siguiendo esta lógica de dos mecanismos distintos del miedo, ¿qué ocurre si los mezclas en una misma persona?, si se crean individuos con rasgos entre el hombre y la mujer. ¿No llevará a estados cerebrales que no parezcan funcionar bien y que sean susceptibles a llevar a trastornos? En definitiva, que solemos ser quimeras entre dos tipos de cerebros que no parecen terminar de funcionar bien juntos. ¿Es posible que el miedo más difuso de la mujer -no una muerte directa, ya entreveo que no gustará el adjetivo elegido: poner alguno alternativo, leer entrelíneas-, lleve a estados hipervigilantes, a que todo pueda ser amenazante y no se pueda extinguir en los cerebros de los hombres, como así ocurre en la esquizofrenia y sus estados psicóticos y persecutorios? Vuelvo a repetir que la evolución tantea, mezcla cartas, y que sus finalidades a veces fallan, que no tienen por qué llevar a un final “feliz”, que recorre muchos caminos del laberinto que al final están cerrados. La posible igualación a un centro en el comportamiento entre los sexos puede que al final lleve a alguna salida o puede que no, y sólo dé como resultado lo que nos estamos encontrando en el siglo XX y XXI, a pandemias de trastornos mentales.

(Conclusiones previas. La determinación del sexo, y por ello la entrada en juego de la testosterona en el nonato, ocurre en dos momentos: la sexualidad física, como los rasgos externos -pene o vagina-, y la sexualidad cerebral. Por otro lado, mientras que el primer estado es como quien dice a cara o cruz y de una sola vez, por el contrario la determinación del sexo cerebral es por fases, en tanto que este tiene un desarrollo más largo y complejo de cada una de sus partes o funciones. Como estrógeno y testosterona forman parte de ese desarrollo, repercuten en qué zonas cerebrales o funciones serán más masculinas o femeninas. Bajo mi punto de vista una mujer no debería de trabajar desde el momento que sabe que está embarazada, ya que el estrés ambiental, físico o mental -ya sea interno de forzarlo en trabajos de mucha carga cognitiva, o ya sea por la presión externa del trabajo: jefes, imposiciones-, repercute en todos esos procesos de la creación de su cerebro y su determinación de un tipo de cerebro masculino o femenino. En definitiva con unos mecanismos  más probados por la evolución. Los “puristas” pueden pensar que trato de “curar” la homosexualidad: no, mi mensaje va dirigido hacia la idea de que los trastornos como la esquizofrenia, el desorden de personalidad antisocial o el autismo se “programan” en el embarazo por el efecto de la epigenética, de la impronta genética, y en donde se cree que entra en juego una alta carga de testosterona en cierta etapa del embarazo. Tampoco estoy en contra del autismo, ya que según sus “defensores” debería de estar fuera del manual de diagnóstico psiquiátrico y no ser tomado como un trastorno mental. Saco conclusiones a partir de lo que leo, y teniendo en cuenta que el autismo y la hiperactividad se están incrementando y puede ir parejo con la mujer trabajadora. Tampoco va en contra de que la mujer trabaje, solo que por lo delicado de tal estado, pienso que lo más aconsejable sería que no trabajase durante el embarazo. El estrés actual, de miedos difusos y de la alta carga cognitiva, no tienen equivalentes en la antigüedad o la prehistoria. El cansancio físico quizás, como cuando se daba la recogida de la cosecha, pero la carga cognitiva y el estrés mental quizás sea el estado más sensible, y que pueda repercutir en el desarrollo del cerebro de un bebé, pues hace que la madre mantenga su sistema simpático activo, situación nada aconsejable. La mujer “mimada” y super-protegida, que era el estado anterior al actual, era un signo de lo delicado de tal situación. Por otro lado no ignoro que ciertos estados no se den durante el embarazo, sino que se activen a lo largo de la niñez o la juventud, en definitiva en cerebros que aún están en desarrollo. De cualquier forma sigue estando, en un alto grado, en manos de los padres y de nuevo entra en juego el papel del matrimonio estable; cuestión cada vez más complicada y que el feminismo está desestabilizando aún más.)

Toca otro giro de tuerca. Tratar de unir ritualización, que ya se trató en el escrito anterior, y el autismo, en la dirección de seguir desentrañando los mecanismos evolutivos. Las personas con el espectro autista suelen recurrir a reproducir patrones de comportamientos repetitivos en la dirección de calmarse o restarse ansiedad. A tal patrón se le llama auto-estimulación (stimming en inglés). Es un comportamiento que está en el reino animal, ya que ciertos animales recurren a los movimientos estereotipados en la dirección de calmarse, sobre todo los encerrados en zoológicos o jaulas. Este sistema igualmente está relacionado con la dopamina. Una persona adicta a los juegos, sobre todo a las tragaperras, son personas que en primer lugar están recurriendo a este proceso de la auto-estimulación, pues se relajan en esa rutina repetitiva de las máquinas tragaperras. Igualmente este mismo mecanismo está detrás del trastorno impulsivo-compulsivo (o cualquier otra compulsión), pues recurren a movimientos estereotipados y repetitivos. Cualquier persona “normal” en situaciones de estrés o ansiedad tiende a hacer algún patrón repetitivo y estereotipado, en mi caso araño la punta de una uña con otra. ¿Qué hay tras todo esto? La capacidad de sentirse aceptado o rechazado del grupo -o puesto bajo el ojo clínico, como así sucede durante una entrevista-. La aceptación total es la que viene dada por la madre. En el roró de las madres se da ese mismo patrón repetitivo para tranquilizar y dormir a sus hijos. ¿Qué acto repetitivo es el primero?, la succión. En dicho proceso se estructuran y unen dos funciones tan dispares como lo son el acceso a la comida, con la ligazón con la madre a través de la oxitocina. Todo estado limerente que atente contra el sistema de vinculación humana, en donde medie dopamina y oxitocina, es susceptible de crear patrones estereotipados como sublimación de aquel estado primero y en la dirección de buscar el mismo estado homeostático o relajado. Aquí vemos de forma clara cómo la evolución en realidad trata con metáforas, con conceptos. Que no se trata de la química cerebral, sino de apuntar con los comportamientos a esas metáforas o conceptos que suplan dicho vacío. La estereotipia suple una metáfora que ha de ser el patrón deseado, que se metaforiza en los tic, en las adicciones, lo compulsivo y las manías. En definitivas en estimulaciones placenteras -autoestimulaciones-, a falta de estimulaciones que prevengan desde fuera, ya sea la madre u otro ser querido y cercano. O dicho de otra forma: sustituye unas ritualizaciones por otras (a falta de pan buenas son tortas). Parte de proceso de la autolimpieza que se procuran ciertos animales consiste en el auto-placer que tal proceso conlleva, en definitiva que lo que entra en juego es el sistema de recompensa, de la dopamina. Este parece ser el origen más lejano: todo mamífero parte de un ancestro común con pelo que requería de este proceso de autolimpieza, que provenía a la vez de la limpieza que le habían dado sus madres. Un comportamiento aprendido, un comportamiento social, un comportamiento repetitivo e individual. Cuando más tarde nuestros ancestros homínidos comunes crearon el desparasitado como estrategia de crear lazos sociales terminaron de darle la forma que conocemos en la actualidad. En su tiempo no ser desparasitado por nadie era igual a ser un parias, a ser rechazado por la sociedad, donde tal estado era susceptible de llevar a ese individuo al ostracismo, a la exclusión y por ello a la muerte. Cuando se nos cuestiona nos ponemos nerviosos y para suplir esa falta de estimulación ajena, que nos despiojen los otros, recurrimos a algún tipo de patrón repetitivo de autoestimuación que nos relaje.

Con esto vuelvo a los ritos, y por ello a los tabús, que han sido los que nos forjaron durante cientos de milenios. Lo que tendría que decir aquí, para rematar el escrito anterior, está tratado de forma clara, amplia y sencilla en el artículo de la Wikipedia sobre la ecología cognitiva de la religión (ecología aquí quiere decir adaptación genética al medio por medio de comportamientos), con lo cual remito a leerlo y me ahorro redundar, pues creo que yo no voy a ser más claro. Dejo este párrafo para da una idea general:

La investigación en psicología evolutiva sugiere que el cerebro es una red coordinada de módulos específicos de dominio que corresponden a varias adaptaciones que surgieron en nuestra historia evolutiva.] La mayoría afirma que la capacidad para los pensamientos religiosos no es una adaptación modular en sí misma, sino un subproducto evolutivo de múltiples mecanismos integrados que surgieron independientemente y están diseñados para diferentes funciones. Estos módulos se adoptaron para dar lugar a patrones de pensamiento religioso e incluyen la teoría de la mente , la psicología esencial y el dispositivo de detección de la agencia hiperactiva . Además, la transmisión cultural de estas ideas depende de que sean mínimamente intuitivas.”

Lo que sí haré es unir sus ideas con las mías. Un cardumen -banco de peces- forma unidad, es un estado emergente en donde el todo es más que cada una de sus unidades. El humano siempre ha tenido el problema de que su conciencia, que sus capacidades del prefrontal, sus qualias (gustos), lo individualizan. El sistema que es una especie -vista como una individualidad- ha de crear sus propios mecanismos que lo regulen a un estado homeostático. Lo que viene a decir la psicología evolutiva, el estudio de sistemas complejos y este escrito, es que la religiosidad es una forma que la evolución halló para estabilizar tanto a lo social, como ese estado emergente de la conciencia que individualizaba a una persona, como para hacerle no sentir en cierta medida ansiedad (limerencia) ante el hecho de sentirse fuera de esa unidad social, en el proceso de sentirse individual. Cuando nos unimos a una religión -la aceptamos plenamente- perdemos dicha sensación de individualidad, al sentirnos unidos a algo más grande y abarcador: nos sentimos partes de un todo, en definitiva aceptados o “pertenecientes” a esa comunidad. La evolución en el humano, tuvo que tomar ese camino hacia la religiosidad para restarle ansiedad. Un grupo humano de la prehistoria se prefijaba en unos rituales o costumbres que eran su seña de identidad, y en donde dichas señas creaban esa totalidad, al igual que en un cardumen un pez ya no es un ente individual, sino sumado a un sistema mayor con sus propias reglas, y en cierta forma su propia “conciencia”, en tanto que estado que seguía sus propias conductas y economía del comportamiento (ecología cognitiva). Si unimos la idea básica de la ecología cognitiva de la religión, con lo tratado en este escrito, y puesto que es común en muchos de los trastornos tender a algún tipo de estereotipia, de caer en patrones repetitivos, se deduce que el trasfondo es que son personas que de alguna forma se sienten desunidos o excluidos de lo social. La idea de Dios se ha unido, en distintos campos de la ciencia, con la teoría del apego. Cuando empezamos a perder la fuerte emoción que es el apego con la madre o el cuidador, la persona religiosa lo proyecta sobre Dios. Si un individuo no siente ese estado de pertenencia con nada, y en la prehistoria era su grupo y su dios (que eran unidad), su apego queda suspendido en el vacío. El caso es, ¿son activados para ser individualistas o es un “accidente”?, no creo que se pueda dar una respuesta taxativa a tal pregunta. Pienso que se dan los dos casos. De alguna forma el “antiguo” prototipo de macho alfa tenía que ser algo individualista, no ser un replicador, sino alguien que era al que replicar. En esa dirección tenía que tener una estructura -a nivel químico- cerebral algo distinta, en el sentido de que tendría que ser menos ritualista por tender a ser menos social. Eso encajaría con que la psicopatía no recurra a ningún acto de autoestimulación, como así sucede con otros trastornos. En otros casos, ya sea por herencia genética, un cambio epigenético o una niñez complicada y con traumas, la individualidad y la rotura se da por accidente, “programando” a esa persona para lidiar esa exclusión con el trastorno para el que sea tendente, que al fin y al cabo es un tipo extraño de comportamiento adaptativo y tiene su propia idiosincrasia. Finalizo esta sección volviendo a las personas con el espectro autista. Quizás no haya otro trastorno que muestre de forma más clara la dualidad humana que he tratado de mostrar aquí. Los autistas son -quizás- los cerebros más aislados de lo social que existan (se apunta a una deficiencia de la oxitocina), pero a la vez es donde se da una mayor necesidad para recurrir a la autoestimulación. Cerrados sobre sí mismos, sólo hayan consuelo con el mecanismo evolutivo que hace referencia a lo social de forma metafórica: la autoestimulación. Saben leer el signo, pero no saben su significado. ¿Acaso no nos pasa lo mismo de alguna forma a todos?, que leemos la grafía de la vida, pero ya no logramos entender su significado.

Unas últimas consideraciones. Como dije al principio sobre los límites cerebrales, todo este escrito apenas si se centra en unos pocos conceptos, ignorando o dejando de lado, por ejemplo, la identidad narrativa o qué es aparecer y ser, en toda esta trama. Doy por supuesto que el lector avispado sabe dónde va cada concepto e idea y cómo, aunque no los mencione ni una sola vez, de fondo sólo estoy hablando de esos temas. Por otro lado en cierta medida no he tocado el tema de los subtítulos, es lo que ha de venir ahora, si bien ser y aparecer está implícito en todo lo escrito hasta ahora. En los últimos escritos dejo preguntas en el aire que al final no contesto, ahí va otra: en el dilema de qué es construcción social, ¿no será que lo que es construcción es la situación actual?, en donde ignoramos todo lo natural para ser tan sólo lo que creemos construir. En definitiva, es una vuelta de rosca hacia la identidad narrativa, a la identidad que construye el prefrontal tratando de ignorar que sólo es la capa de pintura de una máquina muy compleja que lleva millones de años auto fabricándose. Nuestro actual ritualismo es dejar de ver que el emperador está desnudo, pues todos lo estamos y no queremos hacer dicha declaración ante el miedo que nos declaren igualmente desnudos.

Un Caso Personal (que ejemplifica todo este discurso)

Hace unas semanas, en una caminata de 18 kilómetros, subí dos precipicios, cuando llegué a casa no recordaba el primero, si había sido exitoso o no y cómo había sido. El cansancio repercutía en la memoria de trabajo en su papel de recuperación de la memoria a corto plazo (este lenguaje es confuso incluso para mí, pues no hay uniformidad entre los científicos a la hora de decidir si son dos tipos de memorias o dos maneras de llamar a lo mismo). Sí recordaba el segundo tramo, con más dificultades y en donde pasé más miedo al correr más riesgos. Subí hasta una plataforma, pero no se podía coronar la subida, pues había un alero que no podía salvar. Recorrí ese saliente hacia la derecha, en cierto momento tenía que bajar el desnivel de una roca, a modo de escalón, que no tenía ningún tipo de agarre, y en donde al final la plataforma era un voladizo de unos cuatro metros de caída hacia el agua. Daba vértigo, si resbalaba o cogía velocidad al bajar la roca podría irme al vacío. Me senté y descendí ese escalón culeando y tanteando con los pies. Seguí adelante, pero al final no había salida: había un precipicio de unos dos metros que sin cuerda no se podía bajar. Saltar no era una opción pues el terreno es de piedras de pizarras sueltas, en algunos casos afiladas, cubiertas de vegetación. Tuve que volver atrás y descender, cuando para alguien inexperto, como soy yo, es peor. Al final subí de ese “agujero” por un lugar más sencillo pero trabajoso.

A la mañana siguiente, ya descansado y en donde la noche había terminado de asentar las memorias, recordé la primera subida. Había salido a la caminata con diarrea, por el camino comí algo para tomar fuerzas, pero en mitad de esa primera subida me entraron unos retortijones fuertes y tuve que bajar para defecar, para al final tener que volver a subir. Sí logré mi meta, aun con sus dificultades.

Lo que trato de hacer ver es que una persona “normal” no hubiera salido a recorrer muchos kilómetros, y mucho menos escalar precipicios, por ser ecuánime con su condición física. Tampoco hubiera tratado de escalar habiendo visto que la diarrea persistía…, y mucho menos haberse enfrentado al segundo precipicio con un mayor nivel de problemas. Por otro lado está la cuestión de cómo operó el cerebro con la memoria de trabajo. Retuvo la segunda escalada por el miedo  implicado, pero no el éxito del primero. Uniendo las distintas ideas plasmadas en el escrito, se puede deducir que mi tipo de apuesta evolutiva es una en donde la dopamina (el premio de la primera subida) no había terminado de retener la información, que a la vez repercute en una memoria de trabajo “más pobre” o reducida. De lo que se puede extrapolar que el tipo de apuesta que soy no es que tenga el “fallo” con el tratamiento de la dopamina, sino que es una tipología -que al ser individualista- no tiene implementado tal sistema y en tanto que se creó sobre todo para lo social y para las personas sociables. A ser una tipología que aprende sobre todo con castigo/no-castigo, tiendo a no tener presente los éxitos, y eso lleva a lo que se entiende comúnmente por pesimista, que si se comprende lo que quiero decir y el ejemplo expuesto, es una categorización errónea, ya que de lo que se trata es que el cerebro no trabaja tanto con la dopamina como sistema para el aprendizaje. Por otro lado dado ese “vacío” de la emoción del premio (o en una proporción más baja o suavizada) esa tipología que represento tiende a correr más riesgos para sentir emociones profundas o intensas, con lo que es más proclive para correr riesgos, o para tomar la postura del típico “de perdido al río”. ¿En qué medida esta tipología no es la que tomaba los riesgos de cruzar una cordillera para encontrar un valle o el otro lado? Lo que quiero hacer ver es que han sido uno de los precursores de que la humanidad se expandiera por todo el planeta. En unas comunidades que siempre estaban al borde de la extinción no cabía la estabilidad homeostática, sólo quedaba la opción de hacer que permaneciesen en una constante retroalimentación positiva, haciendo que todo individuo que quisiese sobresalir, y sintiéndose algo aislado del grupo y por lo tanto más individualizado, tomase ese tipo de riesgos que nadie más moderado quería correr.

Esto me lleva a otras deducciones. Los científicos tienen que controlar las condiciones para analizar una situación, pero eso lleva a estudiar todo fuera de la acción “real” de los distintos neurotransmisores y tipologías de ciertos genes. Pienso que esa tipología, a la que me refiero, ni siquiera es una situación estable, sino que se activa en ciertas situaciones (no sé si a nivel epigenético o simplemente por alguna hormona). Cuando un lobo se separa de la manada para buscar una hembra u otra manada, se crea en el cerebro ese tipo de estado en donde la dopamina baja su función y sólo se queda el castigo (miedo) y el no premio. En esas condiciones ese lobo individualizado se “auto-programa” para correr más riesgos de los debidos (habría que capturar a esos lobos y hacer análisis de su química cerebral en dicha situación para ver si tiene sentido lo que digo). Lo que propongo coincide con el concepto de Viktor Frankl de “existencia provisional”. Cuando al final encuentra una manada su “química” vuelve a cambiar a su estado “normal”. Esto coincide con el hecho que la esquizofrenia se dé sobre todo en la juventud, pues es la edad en donde uno tiene que buscar su propia manada o su “hembra”, también tiene sentido con respecto a que la esquizofrenia sobre todo se dé entre los hombres, que son los que suelen que tener que coger el rol -a nivel de mayor tiempo filogenético- de buscar a su pareja o crear una nueva manada. En esa misma dirección, la juventud pasa más por un proceso de amar el riesgo y de que le gusten las películas de terror, es como si durante esa edad se pusiese en juego el sistema de recompensa de la dopamina, y quedase el restante: el del miedo y el riesgo. También encaja a que de forma generalizada se tenga más miedo de los solitarios, pues suelen ser los más liminales, los que tienen menos que perder para cometer riesgos o “salirse del camino” neuronormativo. En las sociedades actuales, en donde se está pronunciando cada vez más el aislamiento o la falta de conexión, ese estado se puede quedar “activado”, cuando en la naturaleza lo suyo es que se terminase por desactivar.

En definitiva, no es un “error genético”, sino algo programado en la evolución en tanto que estado liminal que se activa hasta que dicho individuo (o ser individualizado) crea un grupo en donde vuelve a “recuperar” su sociabilidad y por ello el papel de la dopamina. En mi caso ese “de perdidos al río” es la tónica de mi vida, siempre suelo tomar las “decisiones” menos “prácticas” o moderadas, lo que suelen calificarse como “locuras”, calificativo con el que me llamaban mis hermanos cuando era joven: “el locuras”.

Mi vida se divide en antes de ir a vivir a Béjar, un pueblo al lado de las montañas, y después. Mis veranos siempre han sido muy inestables, con mucha ansiedad, intranquilidad y desasosiego. Ya en Béjar en primavera y verano me daba largas caminatas subiendo y bajando la montaña, donde la tónica era no ir por caminos trazados, y en donde a la menor me extraviaba y me metía en apuros. En esos casos se activa el sistema de alarma, que principalmente hace uso de la adrenalina y el cortisol, pero siempre resolvía la situación. A partir de entonces yo tomaba el control de los veranos, ya no tenía esa misma sensación de “ahogo mental”. No sé si era por algo químico o simplemente porque al tener control de situaciones de “peligro” cambió mi perspectiva sobre mí, o es una suma de las dos cosas (y teniendo en cuenta que la cognición del control igualmente implica alguna química). ¿Por qué al humano le gusta las películas de terror?, o ciertas atracciones de los parques como la caída libre. ¿No será que su equilibrio químico y emocional dependa del estar lidiando con el miedo de las situaciones “reales”? Las situaciones sociales de angustia no generan miedo “real”, sino un miedo difuso pero constante sobre el que no se tiene el control -que nadie quiere reconocer de buena gana pues no quiere ser tildado de débil y tampoco que use ese conocimiento en su contra-, pues hemos creado una sociedad tan compleja que la emoción más clara suele ser la impotencia, la de estar luchando contra aparentes “molinos de viento”. Crean en definitiva impotencia aprendida.

Gráfica principal. Mapa sobre el cerebro humano según distintas teorías.

La Coalición Cosmética Femenina

     El presente escrito empezó por la intención de agrupar los ocho gráficos provenientes del artículo de la Wikipedia sobre la hipótesis de la coalición cosmética femenina, en el que quería poner unas notas al pie del gráfico, pero se fueron alargando y al final opté por transcribirlos aquí, por la consiguiente ventaja de poderles poner enlaces. (Son capturas de pantalla sobre página traducida por Google, luego no tengo que ver con la traducción. Google suele cometer el fallo de que ante la duda pone los pronombres y los artículos en masculino, como poner género masculino en sustantivos y adjetivos.)

  • Los tres primeros puntos A, B, C, son generales y se refieren al reino animal en general.
  • La figura A es una estrategia que mantiene al macho alfa, pues los machos tienen que competir entre sí (Lekking).
  • Eso lleva a B, a que las hembras sincronicen sus ciclos (y relacionado con la sincronización de la reproducción). Es una estrategia débil, pues no implica que desaparezca el macho alfa o se tienda a los harenes, pero sí propicia para que todas las hembras se quedasen embarazadas. El defecto de esta estrategia es el abandono de las hembras por parte del macho después de la monta (Figura C).
  • Figura D, la hembra humana (y creo que sólo hay otra especie que recurra a la misma estrategia) oculta sus ciclos, no hay signos externos de que esté receptiva. Se desconoce cuándo se dio este paso. Debió de ser largo, pues son cambios físico/anatómicos que requieren de mucho tiempo evolutivo, (quizás no, si se tiene en cuenta que sólo se requiere “bloquear” la hormona que implicase el inicio de ese proceso y pudo ser debido a una mutación que prosperó). Según Desmond Morris estos pasos se debieron a la bipedación, a que la monta cambio a ser por delante, y a que la vagina quedaba escondida y sin espacio para abultamientos u otro tipo de señales. Los pechos abultados y como sustitución del agrandamiento vaginal (ninguna hembra animal los tienen abultados, excepto cuando tiene que dar de mamar) suplían las señales de estar receptivas. Todo conflagró como para que la carga del dimorfismo sexual (señales externas de belleza, como los rostros más aniñadosredondeados y de rasgos suaves-) recayese sobre las mujeres, el humano es de las pocas especies donde se da tal inversión.
  • Pero ¿siempre y todas? En este proceso ya cambia la organización y es un primer control contra el macho alfa, su dominación y los harenes. Con la bipedación, y el acortamiento del tiempo de embarazo, se alarga la niñez y la hembra necesita más ayuda. Dos posibles estrategias: 1. cooperar entre ellas (las chimpancés no lo hacen), 2. necesitar la ayuda del macho. Pienso que se dieron los dos procesos. La evolución tiende al oportunismo, a sacar ventaja de cualquier opción posible.
Himba-tribe-women-in-Damaraland-Namibia
  • Los siguientes puntos son exclusivos de la hipótesis de la coalición. Figura E, el sangrado es una señal que puede ver el hombre, y el hombre puede calcular su periodo alto, y sigue siendo una tara al monopolizar la atención de todos los hombres. La mujer, en ese momento más cooperativa, pintaba de rojo ocre a la mujer en periodo de ovulación, para ponerse de acuerdo a protegerla del acceso de los hombres (figura F). Tampoco sería descartable que fuera un tipo de control pactado entre ellas y que todas supiesen cuándo una de ellas estaba ovulando, como para no competir entre ellas (o tampoco se puede descartar el pensamiento mágico y de que creyesen que al pintarse una de ellas, cuando menstruaba, se sincronizasen sus ciclos).
  • Figura G, en un proceso evolutivo/social todas las mujeres se pintaban para crear desconcierto (Figura H, “coalición cosmética femenina“), y que de esa forma los hombres perdiesen el control de sus procesos ovulatorios.
  • La hipótesis no tiene en cuenta que quizás el embellecimiento corporal fue una “distracción” de las señales y en la dirección de que no hubiera una preferencia hacia la belleza, que igualmente monopolizaba la atención de los hombres y podía tender a la desigualdad y la dominancia, por ser una señal honesta de buenos genes. U otra opción es que algunas quisiesen competir contra las mujeres bellas adornándose (teoría no colaborativa, tendente al engaño y con similitudes al  comportamiento deimático), y llevó a una escalada de ornamentación, que aún hoy perdura. Otra teoría sería que la ornamentación daba señas sociales del estado civil de la mujer, pues hoy en día en las tribus se siguen usando este tipo de señales ornamentales. Dichos signos en la pintura corporal y los ornamentos propiciaban qué mujeres estaban dispuestas para el cortejo (ritualización proveniente del cortejo animal, que ya conllevaba el dimorfismo sexual, pero en el macho), que por otro lado creaba un proceso largo para conocerse, con la consiguiente posibilidad para un emparejamiento de larga duración.
  • Puede que la “verdad” sea la unión de todas las ideas planteadas. La pintura sobre el cuerpo propició y se inició como colaboración y propició la inversión de la dominancia. Pero a la larga tomó los dos caminos de la señalización social y la competencia entre las mujeres (maquillaje), sobre todo cuando se llegó al neolítico, las grandes ciudades y se perdió el control de la inversión de la dominancia.
  • Las ideas generales de dicha hipótesis son dos: 1. la mujer es la que llevó al “derrocamiento” del macho alfa y su dominancia, y esto fue un incentivo para la inversión de la dominancia (controlar que nadie tomase el poder); 2. el embellecimiento corporal de la mujer fue el primer signo de arte, y lo inició. No es una hipótesis muy apoyada, y ha creado mucha controversia y disputas entre los científicos (y en lo social).

Algunas conclusiones previas después de una noche de sueño.

   En la vida natural se despliegan todas las posibles estrategias y comportamientos animales. La hembra más colaborativa en la naturaleza es la elefanta. La humana dista mucho de ser igual a ellas, pues de haber sido así no hubieran “necesitado” del hombre, ya que entre las elefantas no recurren al macho más que para el apareamiento, y mientras tanto lo tienen al margen. Pienso que la “mirada feminista”, que no la de la mujer, “perjudica” los análisis científicos, ya que en la teoría de la coalición cosmética hay una mujer. En otro caso y estudio dicen que durante el embarazo se da una poda neuronal, pero no en los padres (aunque en ellos se da un cambio químico: mayor cantidad de oxitocina y prolactina, en donde la segunda baja la cantidad de testosterona y sus “nefastos” efectos hacia la dominancia y la tendencia a la ira), igualmente hay científicas, sin llegar a conclusiones más allá de ese simple hecho cerebral. Si yo voy a la nevera alguien me va a decir: “vas a comer o a beber algo”, siempre hay un porqué de una acción. En ese caso…, una poda neuronal para qué. Se sabe que se optimizan rutas o se hacen más directas, como cuando hacemos una autovía y evitamos ir por carreteras nacionales y comarcales, pero siempre habrá un para qué. A mi parecer el estudio confunde la premisa con la conclusión. Otro caso de poda neuronal se da durante la adolescencia. Nadie dudará que ahí se da un para qué. Se entra en la edad sexual, que a la vez implica que cobre importancia la auto-identidad, que a la vez implica restar importancia a la identidad de los padres. O sea, va encaminado a que el cerebro tienda a la autodeterminación frente a la dependencia. ¿Qué necesita un hijo?, la abnegación de un cuidador. Luego la madre, o la poda neuronal tiene que reconstruir un cerebro que se había reconstruido para la autodeterminación, a un cerebro abnegado y cuidador, sólo así se puede entender dicha poda: hay un cambio de identidad, de ser, si se quiere.

    Los científicos no están exentos de sesgos (yo tampoco me excluyo y que se me achaque el sesgo naturalista), y hay un comité feminista que “vigila” los sesgos de géneros y sexistas de los hombres, pero no creo que “miren” cuando los sesgos los hagan mujeres, o se estén haciendo en la dirección de “dar la razón” a las posturas feministas y por lo tanto identitarias. Hace falta un comité de científicos de hombres que “vigilen” que las científicas no cometan los “fallos” de los sesgos propios del feminismo, como el de tender al autoservicio, a “evidencias” que les puedan dar la razón o que mejore la imagen de la mujer durante la evolución humana.

    Vuelvo a la teoría de la alianza cosmética. El estudio ignora hechos como el de la competencia del esperma e ignora o tiene el punto flaco del porqué al final el hombre se implicó en la cuida de su descendencia. En esos juegos y estrategias que se despliegan entre los animales, uno de los factores por los que un padre (macho) se implica algo o hace uso del reconocimiento Kin (de parentesco) es entre los leones, y se da por la cuestión que no quiere que la camada de otro macho prospere, y por ello tiene el comportamiento de matar a las crías ajenas. Ha de reconocer a las suyas para protegerlas de otros leones y para no cuidar las crías de otros. Entre los primates los langures siguen esa misma estrategia de reconocer su propia camada y matar la de otros machos. No es casualidad que las dos especies sean de tipo harén: un macho, muchas hembras. Se supone que nuestro pariente más cercano son los chimpancés y los etólogos, primatólogos y antropólogos tratan de sacar conclusiones a partir de sus comportamientos, pero ¿por qué el comportamiento del actual chimpancé tiene que ser igual que el de sus ancestros de hace dos millones de años? Quizás el ancestro común del humano y el chimpancé era de tipo harén, y el chimpancé fue variando su comportamiento hasta llegar al actual, y los ancestros  de los humanos tomaron otro camino. Más si se tiene en cuenta que el árbol genealógico de los homínidos tomó varias ramas, con distintos comportamientos e incluso tipos de alimentación.

Árbol de la Evolución de la Hominoidea

    Quizás la antecesora humana partió de una construcción social de tipo harén (la rama de la que partimos, y de la que el gorila se separó, este tiene sociedades de tipo harén) a, y trató de cambiarlo hasta llegar a la actual, pero no nació bajo un concepto de unión o cooperación entre las hembras de forma inicial, o simplemente hubieran llegado a la posición de las elefantas, pues en esta especie igualmente se da una infancia muy larga. El macho estaba ahí y ya debería de tener el reconocimiento del parentesco, luego debió de partir del concepto de harén. ¿Cómo si no se han dado sociedades humanas de harenes a lo largo de la historia, y aún hoy la mujer trata de luchar contra este tipo de dominio y poder desigual en lo sexual? Otra cuestión es que el humano actual es el cruce con neandertales y denisovanos, pero con predominancia de los homo sapiens. Posiblemente los dos primeros no tuvieran un comportamiento social muy distinto entre ellos, pues eran “vecinos” en el continente euroasiático, pero no tenían por qué ser igual al del homo sapiens africano de los cuales se separaron hacía más de 300.000 años. Por la diferencia en los tamaños de los penes se sabe que los africanos debieron de pasar un mayor tiempo por la competencia del esperma, luego las sociedades de los africanos y los homínidos euroasiáticos debieron de ser distintos (la ciencia dice que los promedios del tamaño no son evidentes, quizás no en los promedios pero sí en las excepciones, por lo que se deduce de las películas pornográficas; otra cuestión a tener en cuenta es si se ha tendido a promediarse en los últimos 15.000 +/- años, pues el humano, en ese momento ya de piel más clara, se asentó en el delta del Nilo y tenía contacto con los africanos del nacimiento del río -los nubios-). Más de tipo harén posiblemente entre los denisovanos, pues las culturas asiáticas han tendido más a la sumisión femenina, y se supone que tienen el pene promedio (o en excepción) más pequeño de los humanos. Oriente Medio, que se supone que es la zona más “machista” y más tendente a la relegación femenina a un papel sumiso en la actualidad, se da el caso que fue la primera zona en donde neandertales y homo sapiens se cruzaron; mucho antes de la gran salida de África, hace unos cien mil años. Comprendo que estoy usando correlación: tres especies que se mezclaron, y tres tamaños de penes y posibles comportamientos, e igualmente comprendo que correlación no implica evidencia.

    Para evitar posibles malinterpretaciones (y suspicacias) dejo aquí lo que se puede encontrar en la Wikipedia sobre estos dimorfismos, lo que sí está claro y en lo que están de acuerdo los científicos es sobre el tamaño del pene humano con respecto al gorila o el chimpancé, el del gorila es menor en proporción pues al ser su relación con el otro sexo de tipo harén no tiene que competir de otros modos y la evolución se “ahorra” en el tamaño y la energía necesaria para la cópula. En el hombre, en proporción es mayor por la competencia sexual y del esperma, en hembras que se supone que han sido más proactivas sexualmente a lo largo de la evolución:

  “La teoría de la selección sexual se ha utilizado para explicar una serie de características anatómicas humanas. Estos incluyen los pechos redondeados, pelo facial , pelo púbico y el tamaño del pene. Los pechos de los primates son planos, sin embargo, son capaces de producir suficiente leche para alimentar a sus crías. Los pechos de las hembras humanas no lactantes están llenos de tejido graso y no leche. Así, se ha sugerido que los pechos femeninos redondeadas son señales de la fertilidad. Richard Dawkins ha especulado que la pérdida del hueso del pene en el hombre, cuando está presente en otros primates, puede deberse a la selección sexual por parte de las mujeres que buscan un claro signo de buena salud en posibles parejas. Puesto que una erección humana se basa en un sistema hidráulico de bombeo, una erección insuficiente es una sensible advertencia temprana de determinados tipos de mala salud física y mental.
  EHumano tiene un pene más grueso que los otros grandes simios, aunque en promedio no es mucho más allá del chimpancé. Se ha sugerido que la evolución del pene humano hacia el tamaño más grande fue el resultado de la elección femenina en lugar de la competencia del esperma, que por lo general favorece a los grandes testículos. Sin embargo, el tamaño del pene puede haber estado sujeta a la selección natural, en lugar de la selección sexual, debido a la eficiencia de un pene más grande en desplazar el esperma de los machos rivales durante las relaciones sexuales. Un estudio modelo mostró que el desplazamiento de semen era directamente proporcional a la profundidad del empuje pélvico, como un dispositivo de desplazamiento de semen eficiente.”

   Lo que quiero decir es que se analizan las actuales tribus africanas en busca de ese pasado común (o de Sudamérica, como lo hizo Almudena Hernando), y se crean hipótesis como la de la coalición cosmética, pero se ignoran posibles pasados alternativos de los neandertales y los denisovanos, que se quiera o no pudieron modificar la genética y los comportamientos de las sociedades humanas posteriores.

   Un paso decisivo humano fue la ocultación de la ovulación y por otro lado que se tuviera doce ciclos al año. Otras especies que sincronizan su periodos de ovulación lo hacen con respecto a la sincronización de la reproducción, pero con doce ciclos al año en las hembras humanas ya no era posible la sincronización en la reproducción. La clave está aquí, y repercutió en dos sentidos. Las hembras ya no podían ser tan colaborativas, o no fue ese el camino que tomaron. Lo que “asusta” a la persona media sobre la ciencia es cuando los científicos hablan con sus términos, por parecerles muy fríos y en apariencia usar un lenguaje tan inhumano, pero no es su lenguaje: hablan con el lenguaje de la naturaleza y la evolución. Todo en la evolución tiene que ver con lo económico, con costo/beneficio, con lo práctico, y a la vez el analizar la posición inicial o anterior a un cambio y su posible coste y beneficio ulterior. ¿Por qué no podían ser colaborativas?, porque colaborar en criar o a ayudar a otra hembra le hacía gastar un tiempo que perdía en tener sus propios hijos. Posiblemente el que se tuviese tantos ciclos en un primer momento repercutió a que colaborasen, ya que había muchas oportunidades de quedarse embarazadas y podían ayudar a criar durante un tiempo a una hermana, con la ventaja que tendrían ese mismo comportamiento con ellas. Eso de nuevo lleva a que al final hubieran prescindido del macho, y que se debía de partir de una posición inicial de tipo harén para que ya estuviese así y luchar por mantener su posición como para contrarrestar la colaboración de las hembras. Por otro lado hay que tener en cuenta que éramos una especie de baja estatura y sin demasiadas armas naturales para la lucha, luego éramos un animal de presa. Más teniendo en cuenta que vivimos en una sabana, sin ninguna forma de escondernos. El macho debió de tomar el papel de guardar el territorio de depredadores, luchando contra ellos o ahuyentándolos (acoso defensivo animal (mobbing), tal como hacen hoy los búfalos africanos, pero igualmente animales pequeños), pues las hembras tendrían sus brazos y atención ocupados en cuidar a las crías. En ese papel los machos serían los que más muriesen (en esos inicios nuestros antecesores apenas medía un metro), con lo cual habría pocos machos para la reproducción, y fue en ese lapso temporal evolutivo donde se debieron de invertir los roles en ciertas cuestiones, como que las hembras compitiesen entre ellas para acceder a esos pocos machos restantes, y por ello a que fueran las hembras las que debieran de tener -y mostrar- atributos sexuales para la monta (y uno de los cuales al final y a la larga fuera la pintura), y en esa dirección ya no pudieran llegar a ser tan colaborativas -y sí competitivas- como para prescindir del macho, dada la escasez de estos. Se me ocurre, que ya desde esa etapa nace la idea del sacrificio y se asienta en el pensamiento mágico a lo largo de cientos de miles de generaciones, dado que entonces estábamos más cerca del animal que del humano, y además iría emergiendo la figura arquetípica del héroe, igualmente desde la capacidad aún mágica y de asombro de concebir el mundo de ese animal carente de la palabra. Con todo, esa etapa -aunque larga- acabaría cuando el humano empezó a dominar el fuego y a elaborar herramientas y por ello armas de defensa y ataque. De una forma u otra en ningún momento llegaría a desaparecer del todo el concepto de macho alfa, si bien debió de llegar a calar la idea de que las agrupaciones debieran de formarse a partir de la igualdad, y desde entonces se iría de un tipo de sociedad a otra, dependiendo de las circunstancias, las culturas y las regiones.

    En ese interín es donde se debió de dar la primera inversión de la dominancia, pues por un lado el macho alfa ya no podía existir o permanecer durante mucho tiempo, en la medida que morirían demasiados en manos de los depredadores (según un estudio científico los machos de distintas especies tienden al cuidado parental cuando su número es menor que el de las hembras, –descargar PDF-), y puesto que la hembra debió de jugar la baza de una alta sexualidad (similar a las de las bonobos) que debió de repercutir en que los machos ya no podían estar seguros de su descendencia, y se tuvieron que atener a la nueva realidad de colaborar con el cuidado de todas las crías a la vez, o tender a la monogamia. Si se unen unas teorías y otras se puede entender la inversión del rol de competir por los machos, esto nos dice la Wikipedia:

En las especies donde existen sesgos de apareamiento, las hembras suelen ser el sexo selectivo porque proporcionan una mayor inversión parental que los machos. Sin embargo, hay algunos ejemplos de inversión de roles sexuales en los que las hembras deben competir entre sí por oportunidades de apareamiento con los machos. Las especies que exhiben cuidado parental (por parte del macho) después del nacimiento de su descendencia tienen el potencial de superar las diferencias de sexo en la inversión parental (la cantidad de energía que cada padre aporta por descendencia) y conducir a una inversión en los roles sexuales.” 

    Una de las hipótesis barajada para la ovulación oculta (Heistermann y col.) es que de esta manera ya no se darían los infanticidios, pues el macho al no estar seguro de quién podía ser la descendencia, podría matar a la suya. Otra suposición es que la falta de evidencia de estar en periodo de ovulación evitaba la confrontación entre machos y eso llevaba a la armonía grupal. Unas y otras teorías no son excluyentes, puede que se dieran a la vez varios factores. Es de suponer que esta larga etapa acabó o deterioró el reconocimiento del parentesco, si bien la similitud del rostro fue el que sustituyó cualquier otra forma de similitud familiar. Unos cambios y otros fue llevando a las sociedades tribales, y el precario y variado comportamiento de las distintas tribus de todo el planeta actuales: cada una adaptada a las distintas necesidades a las que les fue llevando su hábitat. En américa del sur hay tribus que no tienen en cuenta quien es el padre, los inuit compartían las pocas mujeres existentes, o en otros casos y culturas, como las de las estepas asiáticas, una mujer tiene a varios hombres. En toda esta teoría no hay que ignorar que puesto que se perdió la anterior alta colaboración de las hembras, estas se vieron “obligadas” (coste/beneficio) a seleccionar un tipo de hombre más apegado y colaborativo en el cuidado de las crías. Tampoco hay que ignorar la baza que jugó la evolución en el papel de la liberación de ciertas sustancias durante el enamoramiento, que por lo que se sabe tienen una caducidad de dos años, que curiosamente es el mismo tiempo que duran los cambios en la mujer sobre los efectos de la poda sináptica. ¿Por qué dos años?, quizás fue el valor que la evolución promedió para que el niño fuera algo autónomo (hoy en día ese promedio es inválido, lo que “demuestra” lo lenta que es la evolución para cambiar sus disposiciones), como para a la vez “liberar” a los padres de la “carga” de la sobreprotección, y de paso “liberarlos” el uno del otro. El amor, más social, espiritual y humano, es ese tiempo más allá de esos dos años prefijados en la “trampa evolutiva” del enamoramiento (idealización y devaluación). Tal “trampa” nos dice que el humano no es monógamo, o sólo el tiempo necesario para que el niño llegue a una edad algo más autónoma; el resto del tiempo es literatura e interpretación humana.

   En los siguientes párrafos, extraídos de la Wikipedia, habla sobre todos estos temas, si bien mi forma de ver las cosas es que no se tendió a ninguna apuesta concreta, dada las distintas variaciones de los hábitat a los que nos hemos adaptado, pues cada uno puede requerir una adaptación distinta, y teniendo en cuenta que tanto en mujeres como en hombres se dan distintas apuestas que aún “compiten” por que se mantenga la suya:

Las mujeres solo pueden quedar embarazadas mientras ovulan. La ovulación humana está oculta o no se indica externamente. La ovulación oculta disminuye la certeza de paternidad porque los hombres no están seguros cuando las mujeres ovulan. Se ha teorizado que la evolución de la ovulación oculta es el resultado de la altricialidad (recién nacido indefensos y sin autonomía), y la mayor necesidad de inversión paterna. Hay dos formas en que esto podría ser cierto. Primero, si los hombres no están seguros del momento de la ovulación, la mejor manera de reproducirse con éxito sería aparearse repetidamente con una mujer a lo largo de su ciclo, lo que requiere la unión de la pareja, lo que a su vez aumenta la inversión paterna. La segunda teoría afirma que una certeza de paternidad disminuida aumentaría la inversión paterna en grupos polígamos, porque más hombres pueden invertir en la descendencia. La segunda teoría se considera mejor hoy en día, porque todos los mamíferos con ovulación oculta son promiscuos, y los hombres muestran un comportamiento relativamente bajo de protección de pareja, como lo requiere la monogamia y la primera teoría.
(…)
Los humanos tienen los niveles más bajos de dimorfismo sexual de cualquier especie de primates, lo que indica que hemos evolucionado a niveles decrecientes de poliginia. La disminución de la poliginia (harén, en definitiva) se asocia con una mayor inversión paterna.
(…)
Esto vincula la teoría de la inversión parental (PIT) con la selección sexual : donde la inversión parental es mayor para un macho que para una hembra, generalmente es la hembra la que compite por una pareja, como lo demuestran Phalaropidae y las especies de aves poliandrosas. En estas especies, las hembras suelen ser más agresivas, de colores brillantes y más grandes que los machos lo que sugiere que el sexo más inversor tiene más opciones al seleccionar una pareja en comparación con el sexo que participa en la selección intrasexual.

   El último párrafo no habla de la mujer, pero está claro que sí entró en una competencia, entre ellas, sobre las características dismórficas (ya sea porque hubiera pocos hombres o porque hubiera pocos que tomasen el camino de la inversión parental), pues tienen más rasgos de belleza (cara aniñada, pechos, glúteos, cabello) que con respecto al hombre. Por otro lado, a nivel de números, pongamos que hay tres tipos de hombres: 1. no le interesa el cuidado de la descendencia, 2. le interesa, pero no le preocupa que sean sus hijos y se implica en el cuidado, 3. le interesa que sea su descendencia y quiere participar en el cuidado. La opción 1 a la larga se replicará menos en tanto que la descendencia tiene más probabilidades de no salir adelante, con lo cual habrá menos hombres que hereden dicha estrategia. Los segundos en muchos casos criarán de los tres tipos, de esa manera su tipo de “apuesta” será la menos numerosa (para el caso es como si tuviera un mazo de cartas y echara cartas a los otros dos mazos, mientras que los otros dos sólo se echan cartas a su propio mazo). El tercer tipo cuida que la hembra no tenga sexo con los del tipo 1 y 2, luego es la apuesta que con más probabilidad se replicará y pasará a la descendencia. Sólo es un factor entre tantos. Incluso las Bonobos tienen sexo con todos, pero cuando ovulan escogen al mejor y el más “oportunista” macho, según se ha estudiado. Las Chimpancés hacen uso del sexo para ganar favores y privilegios, pero de igual forma cuando están ovulando seleccionan a los mejores machos. Las mujeres hoy en día pueden nos ser muy selectivas con quien tienen sexo, pero sí lo son para elegir con quien van a compartir su vida y que ese hombre sea el padre de sus hijos.

    (Off Topic. ¿No encajan tres apuestas con los tres tipos de hombres estereotipados de la actualidad?: cabrón (canalla), “pagafantas” y promediado. Se puede analizar cuál es más “útil”, cuál el más deseado y cuál es el más fácil de “dominar”. La misma lógica y juego se ha seguido a lo largo de la evolución. También hay tres tipos de mujeres promedio, que son los equivalentes al de los hombres o a la inversa. Se deducen por tres tipologías o formas de comportamiento general: alfas, oportunistas, y generalistas o promediados de las dos primeras tipologías.)

     He tratado de ser objetivo, y partir de los conocimientos científicos. Uso de referencia la Wikipedia, pero a la vez esta hace uso y remite a estudios científicos recientes y comprobados, y en caso de ser controvertidos lo hace saber. Uno de los “fallos” de ciertos científicos es cerrarse sobre una hipótesis, descartando el resto. La teoría de la coalición cosmética cae en ese error, así como crear un eje temporal central, hace unos 300.000 años, cuando debió de haber otros cambios más sustanciales y de mayor importancia que debieron de venir de mucho más atrás. Hay que mirar las cosas con distancia y tener una mentalidad holista del conjunto para llegar a conclusiones más abarcadoras, complejas y completas. Quizás, como es mi caso, porque no tengo tantos pequeños detalles, mirar a los árboles, que me impidan ver el bosque. No pongo fechas y eras de la evolución porque ahí sí tendría que meterme en detalles e imprecisiones. Mis ideas son generalistas y no tienen en cuenta esas eras, aunque las tengan como base. Bajo mi punto de vista de la evolución emergen conceptos y esta no hace tanto uso del detalle, como un neurotransmisor concreto, sino de la meta a la que trata de llegar a partir de dichos conceptos (organización biológica). Leyendo artículos y libros científicos se dice por ejemplo que si los humanos que habitaban en África ya eran hombre modernos, porqué fue el caso que no fuera allí donde emergió las grandes innovaciones del neolítico. Un concepto evolutivo que es extrapolable a la típica frase de “si funciona no lo trates de arreglar”, es aplicable a lo evolutivo. Las tribus africanas se estabilizaron en un modo de hacer las cosas, dado que en su mundo no había escasez (ver estrategia evolutivamente estable y ecología del comportamiento). La evolución aplica la retroalimentación negativa para estabilizar una especie que sobrevive en un ecosistema estable. El humano que salió de África se vio sometido a la presión de unos nuevos ecosistemas nada acogedores y con unos climas para los que el humano no estaba preparado. En esa situación la evolución hace “uso” de la retroalimentación positiva, mete presión a dicha especie, para que se adapte al medio o adapte el medio dicha especie. El encuentro con Neandertales y Denisovas nos ayudó, pues al cruzarnos con ellos aceleró ese proceso de adaptación, puesto que dichas especies ya estaban adaptadas a esos medios. Aún hoy los europeos tienen bastante bello corporal, seguramente fruto de que fue un rasgo que se mantuvo de los Neandertales y en la dirección de tener algo más de protección contra el frío. También hay que tener en cuenta que todo cruce con especies lejanas, toda hibridación, crea especies en donde se incrementan (vigor híbrido) ciertos rasgos fenotípicos, y por ello comportamientos. Es de suponer que entre esos rasgos estarían los de ser más creativos y simbólicos. Bajo mi punto de vista esas tendencias eran fruto de una retroalimentación positiva sin freno, de la que hoy, con el cambio climático y la superpoblación, queda demostrado que fue una cuestión errada. La aceleración a la que nos sometimos crearon cambios en nuestros cerebros, para los que este no estaba preparado físicamente. Dichos cambios, junto a la falta de estabilidad en las culturas, son los que crean todos los tipos de trastornos mentales humanos.

   Conclusiones finales. La mujer de la actualidad tiene en su mano el futuro de la humanidad, siempre ha sido así, puesto que uno de los motores de la evolución es la selección sexual y ese “poder” siempre lo suelen tener las hembras. Hoy en día la mujer puede ser autónoma y no necesitar demasiada ayuda o colaboración en la crianza de un sólo hijo o dos, (y hoy de nuevo ponen en juego el sexo como factor a su favor, quieran o no las feministas). De prescindir del macho como propone el feminismo separatista. Ahora puede retomar aquella independencia que alguna vez “deseó” o tuvo. Si como se ha dicho arriba sobre las mujeres, hay una etapa de autodeterminación entre la juventud y el primer hijo, por el cual el cerebro cambia en la futura madre para ser una protectora abnegada, hay en lo general dos tipos de feministas, y las que están creando más revuelo son las de las jóvenes, dentro del feminismo de la cuarta ola (con las redes sociales e Internet como medio). Cuando se es madre se cambia de actitud, pues si tiene un varón ya no puede tener una mirada tan dura hacia el hombre sin contradecirse. Yo a las que más cuestiono son a las feministas de la cuarta ola. El presente libro tiene la finalidad de llevar a un último capítulo que tendrá como título el “sexo débil”, y en donde tal sexo es el hombre (era al capítulo que igualmente llevaba el anterior mini-libro de “Primitivas, conceptos y Conciencia”, pero que por fallas estructurales abandoné). Por qué y en qué me baso para tal afirmación, eso queda pendiente de escribir en dicho capítulo. En realidad la idea es sencilla y ya está siendo perfilada en mi lenguaje, pero me he de guardar esa carta bajo la manga, para que se lea el resto del escrito sin esa lente, pues dicha conclusión podría alterar su lectura.


   El presente escrito no tiene en cuenta la conciencia (así como en otros que trato sobre estos temas). Como no se sabe en qué momento emergió, a nivel evolutivo, no está claro en que situación de las descritas arriba hombre y mujer eran conscientes de sus actos, o dicho de otra forma, en que momento eran acciones dentro del estadio de animales, y en qué momento eran acciones humanas y por lo tanto con conciencia. De cualquier forma los primeros humanos sustituyeron los instintos por ritos y tabús, y en esa medida tampoco se pueden analizar o cuestionar a través de la mirada del humano actual. Tal diatriba viene a colación por el hecho que bajo la teoría de la señalización la hembra humana, en un estadio seguramente previo a la conciencia, hizo “trampas” -en varias direcciones-, para redirigir el comportamiento del macho para sus propios fines, o si se quiere para equilibrar la balanza de los costes de la reproducción. Esto nos dice la Wikipedia según dicha teoría:

“Dentro de la biología evolutivala teoría de la señalización es un cuerpo de trabajo teórico que examina la comunicación entre individuos , tanto dentro de las especies como entre especies. La pregunta central es cuándo se debe esperar que los organismos con intereses en conflicto, como en la selección sexual, proporcionen señales honestas (sin presunción de intención consciente) en lugar de hacer trampaLos modelos matemáticos describen cómo la señalización puede contribuir a una estrategia evolutivamente estable.”


Temas de interés en la Wikipedia a tener en cuenta:

El Sentido Está en las Primitivas: El Juego

El hombre busca su bien a costa del mundo entero.” Robert Browning
El ridículo es el arma más potente del hombre.” Saul Alinsky

    He de recordar que este escrito y dos de los precedentes son parte de un libro o tema mayor, desgranado por temas. El presente es la continuación de “el sentido está en las primitivas”, donde trato de asentar lo que el título afirma, y frente a la aparente pérdida de sentido de las nuevas sociedades y humanos.

    No sé porque me complico las cosas, cuando son o deberían de ser evidentes. Pensemos por ejemplo en el sabor dulce. No es que tal propiedad -el dulzor- exista en la naturaleza, existe porque una gran mayoría de los animales tienen como fuente de su energía a los carbohidratos, y han evolucionado para detectarlos y buscarlos. En el caso de animales complejos, como el humano, con ciertas células en las papilas gustativas. Para algunos extremófilos el dulzor no tiene sentido o significado, y para ellos algo con buen sabor es algo ácido. En definitiva el sentido está en lo que está implementado de forma más rutinaria y primitiva en nuestro ADN y el cerebro. Como el dulzor lo es, cuando una persona nos cae bien por lo buena que es, decimos que es una persona dulce. El cerebro ha creado tal correlación porque parte de la primitiva de que su alimentación principal son los carbohidratos y el azúcar es su forma más “pura”. Se podría hacer este mismo ejercicio mental con cualquier otro comportamiento humano y de su cerebro. E incluso aquellos actos que parecen ir contra dichas reglas (como el suicidio), es posible que guarde alguna relación primitiva, que aún no hemos descubierto. En esa dirección estoy buscando parte de la esencia humana y cómo esta se corrompió o cambió de rumbo, como para llevarnos a la sociedad y el humano actual, que parece que ya no comprendemos, o la cual ya no parece ser susceptible de ser reducida bajo unas pocas reglas o estructuras, como lo hemos hecho con el dulzor.

Este es el plan del tercer capítulo en el que estamos:

El juego es una forma de comunicación en donde hay un desplazamiento de los signos. En esa medida su base es metafórica.
Hacia un nuevo concepto del aprendizaje (que ya se ha adelantado en el escrito anterior).
Qué es o no es juego viene dado por pertenecer a una misma familia (con un mismo lenguaje o signos) y por ello incluye los conceptos de identidad y otredad.
Cuando fue imposible determinar el juego, por haber demasiadas familias o signos, se estructuró de una nueva forma lo social.
Ciertas fallas en el establecimiento de esas reglas dio posibilidad y legitimización a ciertos humanos a jugar a jugar, a crear interpretaciones de los juegos en tanto que ocultación o engaño.
Esa estructura social creó a su vez una estructura mental.
Creación de grupos en sustitución a la pertenencia y la familia.
Hacia un nuevo concepto del efecto Baldwin, la evolución y los preconcientes.

A Su vez está dentro de un libro que trata los siguientes puntos:

Azar y determinación. (Pendiente de publicar).
Caos: sin sentido o sentido.
El sentido está en las primitivas. (Dividido en dos partes)
• ¿Hacer algo o no hacer nada?
Reacción frente a acción.
Las capas de la historia.


 

  El juego en los animales proviene de su estadio infantil, en el cual se aprende -por medio de él- los comportamientos que se tendrán de adultos. En esa medida son simulaciones en donde los implicados saben que es un juego. En este componente entra en baza lo que Bateson llama opuestos, y de igual forma nos dice que en esa dimensión -la comunicación que se da entre esos dos individuos- es metafórica. Se sigue entonces que durante el juego se aprende además el lenguaje que va ser de uso en la edad adulta. También nos encontramos con un posible porqué el cerebro y el lenguaje tienen de base la metáfora. En un primer estadio el juego se daba entre hermanos, e hijos y padres, y seguramente después formó parte de los adultos con los que se tuviera alguna afinidad, como es el caso de la familia extendida. Pero quizás doy demasiadas cosas por sentadas, demos unos pasos atrás.

   A qué se puede reducir la vida: a que es transmisión de información. Cuando dicha estructura implica dos actores/agentes o más, entonces estamos hablando de comunicación. La información entra en un proceso de retroalimentación de expresar/mirar, decir/oír (o cualquier otro método como el olor) en la medida que esos agentes tienen que ponerse de acuerdo en un lenguaje. Dos agentes o más que usen señales honestas (no falseadas y egotistas) se supone que tienen una mayor ligazón que otro/s agente/s que o bien no entienden ese lenguaje o que no lo usan bajo las normas de las señales honestas. Esta regla es universal, el problema se da cuando un agente tiene que determinar si realmente “pertenece” o ha identificado un lenguaje, como para saber si se trata de señales honestas o no con respecto a su propia identidad. La desambiguación de un ente con respecto a ese lenguaje le da una referencia de su identidad. Esta abstracción se entiende mejor en varios ejemplos. Las moreras de arbustos dan frutos para ser consumidos, pero a la vez tiene pinchos. Es un doble mensaje, que implica que esos frutos sean alcanzables para ciertas aves, pero no para animales terrestres como los mamíferos. Cierto colorido exuberante implica a la vez estar dotado de veneno que avisa sus depredadores, pero a la vez puede servir para que dos individuos se identifiquen como de la misma identidad. El sexo femenino, en animales complejos, tienden a sincronizar sus menstruaciones; una de las teorías es que este proceso se lleva a cabo por medio de las feromonas, que son detectadas por otras hembras, pero no por los machos. En unos casos u otros, es deducible pero hay que concretarlo, cuando una comunicación no obedece a las reglas de las señales honestas, son susceptibles de servir para la ocultación -con fines egotistas- o para el engaño. En el caso de la sincronización menstrual, y en el caso de la mujer, sirve para propósitos de no competición interna entre hembras, pero a la vez de ocultación de tales ciclos a los hombres. Tiene tanto el componente de ocultación, como el del engaño.

    Volvamos al juego bajo estas reglas básicas. El juego predatorio, el que emplean las crías de depredadores, tiene varias funciones: 1. que los movimientos implicados de la lucha creen rutas neuronales en el cerebro, que se asentarán como memoria muscular. 2. Determina, sin riesgos, la jerarquía entre hermanos, puesto que ya han medido sus fuerzas. 3. Establecer el lenguaje que se tendrá de mayor, en donde uno tiene que saber determinar cuándo retirarse de una lucha sin poner en peligro su propia vida. 4. Crear una ligazón entre individuos que se han criado juntos, como pertenecientes a una misma manada o con un mismo lazo. Entre los hermanos o amigos humanos, durante la infancia, se dan luchas en donde se sabe que no son reales, y en ese proceso se crea una ligazón entre esos individuos y establecen entre ellos quien tiene más fuerza. Otra implicación es que dicha lucha/juego implica un lenguaje, que es en tanto que niega (lo opuesto de Bateson) lo que es: es una lucha, tiene finalidades como la jerarquización y la lucha entre adultos, puede implicar la muerte, luego es lo contrario a nivel del establecimiento de “su” lenguaje interno: somos amigos, y entre nosotros no nos podemos/debemos matar, más adelante en los humanos a ese opuesto se le añadió el “no te pueden matar, te defenderé”. Algo que sale a colación durante este proceso, si se quiere como epifenómeno, es que los implicados en el juego no han de querer ganar, que a la vez, como consecuencia lógica, quiere decir: no hay perdedores o nadie pierde. De nuevo como parte del mismo proceso, cuanto más se juega y se mantienen dichas reglas, crean una mayor capacidad para la cohesión y la creación de sólidos y fuertes lazos. Como el juego de lucha ha sido sobre todo un lenguaje entre los hombres, es por esto que de todos estos procesos nace el concepto de hermano de sangre o “mano derecha”; conceptos que son estudiables por infinidad de casos que se han dado durante la historia.

   Retrocedamos un paso. No es posible que la evolución ponga sobre la mesa cuatro cartas a la vez, alguna tuvo que ser la primera y las siguientes son sus consecuencias. Durante el juego el componente cerebral que regula ese tipo de acción es la dopamina. En otros lados ya he cuestionado el porqué del placer, si dolor y placer no es un sistema redundante, puesto que el no-dolor ya debería de implicar por sí mismo una forma de premio. También propuse que posiblemente ese fue su origen, si ciertas moléculas del no-dolor se especializaron como siendo signos de bienestar y más tarde de placer. En todo ello es muy posible que el estómago fuese el que empezó a cambiar esos procesos. Si se tiene hambre el cuerpo avisa con dolor, o malestar, y al llenar el estómago avisa con un dispositivo de saciedad, en donde entra en juego la serotonina, de hecho la mayor cantidad de este neurotransmisor se encuentra en el estómago. No en vano al estómago se le llama el segundo cerebro. Otro dato a tener en cuenta es que la serotonina necesita del triptófano, que no es una molécula que el propio cuerpo pueda sintetizar, y se encuentra en alimentos como el huevo, la carne o la leche. O sea: “mantén el cuerpo alimentado y podré producir serotonina, como premio para el estado saciado”, es lo que la evolución dice al animal. Otro hecho “extraño” es que el acto sexual es fatigoso, es causante de dolor, más si se tiene que competir contra otros machos. El “premio” del orgasmo fue un dispositivo de la evolución para paliar tal proceso del cual el propio cuerpo, por su regla de tender al mínimo esfuerzo y mantener la homeostasis, tendría que evitar. No se puede rastrear mucho más sobre todo este tema, pero lo que sí se deduce es que fue la dopamina la que fue “usada” posteriormente como sistema de premio para el juego. Con esto entramos en un posible porqué del placer, que es fácilmente deducible por las pocas reglas que he expuesto. Se sabe que el dolor es el sistema más efectivo para el aprendizaje, en la medida que algo que produce dolor es algo a evitar una segunda vez. El cerebro crea más conexiones o recuerdos durante situaciones de estrés moderado, que sin ningún estímulo o un premio, y dentro de esas disposiciones y frente a ningún estímulo, el premio es el segundo motor de la neurogénesis y producción de conexiones entre neuronas para crear aprendizaje o recuerdos. Bajo esta lógica es de suponer que la primera carta, puesta sobre la mesa por la evolución, fuese “crear” el juego predatorio como sistema de aprendizaje motor y en su sentido más amplio.

   He usado el juego predatorio por ser el más claro, pero el resto de los animales no predatorios hacen uso del juego infantil para sus propios fines. Los animales arbóreos, juegan saltando entre las ramas; los antílopes usan las cabriolas y las carreras como juego. ¿A qué juego recurre el humano? Entre las crías de chimpancés hay una mezcla de juego entre predatorio y de saltar entre las ramas. El juego “declara” cuáles van a ser los roles y los comportamientos de los adultos, luego el chimpancé sí tiene como parte de su juego la lucha, y en ese caso cuando el humano bajó de los árboles (o estos dejaron de estar ahí), el juego era sobre todo de tipo predatorio y en la dirección de marcar las posiciones jerárquicas, y dado que en esos primeros estadios aún existía el macho alfa, y era el “premio” por el que luchar de adulto.

   Ahora ya tenemos más despejado el panorama, volvamos a tratar de entender el juego en sus otras disposiciones. Tenemos a la dopamina como intermediaria del juego predatorio, a modo de reforzar el aprendizaje. A su vez este componente resta el cortisol, u hormona del estrés: es un doble mensaje de no-dolor y sí placer. De forma más abstracta se puede decir que el juego es allí donde la seriedad (cortisol) sale de la ecuación. A la larga esta regla es la que se estableció dentro de individuos que jugasen al mismo juego: la no seriedad, la de que el estrés no existía entre ellos, que la seriedad estaba fuera del establecimiento de su grupo. Esa es la disposición de los animales gregarios, puesto que no son jerárquicos y entre ellos no se dan los juegos predatorios (excepto en los machos durante el celo): la carencia de cortisol, de estrés, es la tónica de su existencia. Pero el humano no es gregario, y se basaba en los machos alfa, luego era jerárquico y predatorio. En esa dirección el juego se empezó a manifestar en otra de sus facetas: establecía quién era parte de tu grupo y quién estaba fuera. Con quien existía estrés, dopamina o serotonina. La falta de estrés produce serotonina, y durante el juego predatorio existía la dopamina, pero no el cortisol. Cualquier estado o individuo que provocase la activación del cortisol, del estrés, era un estado fuera del juego, o serio. Estoy siendo reduccionista y tratando de asentar qué se validó en la evolución como lo promediado. Sé que la vida es mucho más compleja, y llena de “arrugas” fuera de esa uniformidad, pero lo que la evolución mantiene es aquellas reglas que se repiten una y otra vez. O sea, que en el fondo la evolución es reduccionista en la medida que las “arrugas”, lo aislado y menos repetido, no llega a formar reglas asentadas en el ADN.

   A lo que quiero llegar es a la reducción y contraposición de juego y seriedad, o allí donde no hay juego es una situación en la cual puede surgir la seriedad (estrés) y que por lo tanto la familia -de manera reduccionista e idealizada- es esa disposición donde no se tiene que dar la seriedad. O dicho de otra forma: no se ha de dar lo jerárquico y por ello no tienen que tratar de ganar durante el juego. Las madres forman parte de los juegos, aunque en muchos casos, como en las leonas, de manera desganada: o sea que no parece darse el premio, pero no existe el cortisol. Los machos leones, por otro lado, no aceptan el juego, pero no se ponen “serios” con sus propias crías, pues aunque no conviven con ellas las reconocen. Se sigue que los adultos reconocen el juego, no lo juegan, pero lo aceptan como lo que es: como falta de seriedad. Bajo otro paradigma, se usa un tipo de signos, que crean un tipo de lenguaje, del cual se deduce que el cerebro “entiende” todo lenguaje que hable su mismo “idioma” como juego, en el caso de los hermanos, o como no-serio entre sus adultos. No voy a afirmar que el juego formase el concepto de familia, pero lo que sí hizo fue conformarla de una nueva manera, con unas nuevas reglas, componentes o funciones: dentro de un lenguaje de signos, dentro de un nuevo tipo de comunicación.

   Las premisas afirmadas arriba ahora tienen más sentido. Incluso en los animales gregarios la lucha se da entre los machos, y por motivo del sexo. En animales como los chimpancés -nuestro ancestro común- se sigue manteniendo esa misma regla de la lucha por el sexo, luego el sexo más propio para la lucha predatoria son los machos, de lo que se sigue que al final el establecimiento de no-lucha entre dos individuos se daba por un pacto de no agresión, que a su vez producía un tipo de relación especial, como la que hoy entendemos como hermanos de sangre, que igualmente se deduce de ciertos “pactos” que se dan hoy en día entre los chimpancés machos. Me centro en esto por tratar de determinar la creación de grupos no consanguíneos. Ya tenemos claro que en la familia se crea un tipo de lazo de no-agresión o no tratar de ganar, pero hay que tratar de deducir el por qué ese mismo patrón o regla se trató de extrapolar a un grupo que no era parte de la familia. He de aclarar que ahí se da un vacío en las ciencias positivas. No hay forma de tratar de saber cuáles fueron esos pasos y los porqués. Uno de ellos sí está claro: las agrupaciones son una ventaja contra los depredadores. Cuantos más ojos colaboren, más fácil será avistar a un depredador y ponerse a salvo. El que promueve al cortisol o la seriedad es el depredador, y mientras tanto en dicho grupo reina la tranquilidad y por ello la serotonina. Una gran mayoría de monos usan el grito a modo de aviso en cuanto ven a un depredador. Los grandes simios provienen de esos pequeños monos colaborativos, luego heredaron ciertas necesidades y la tendencia a la agrupación no relacionada con la familia. Sobre lo que mayor vacío hay, es a la hora de establecer qué pasos siguió el humano hasta llegar a lo que somos ahora. Tenemos dos momentos claros: 1. el que se ven entre los grandes simios: los machos alfas y la lucha por esa posición, y 2. el actual humano estratificado y más tendente a lo igualitario. ¿Cómo se dio esa transición? Algunos antropólogos han apostado por un estado intermedio de sociedades igualitarias, que igualmente tratan de ver en tribus que aún existen. Pero por otro lado la mayoría dicen que tal cosa no existe, que como mucho existen las tribus acéfalas, sin cabeza sobresaliente, pero nunca igualitarias, sobre todo las antropólogas feministas que siempre ponen el punto sobre la desigualdad sobre las mujeres en dichas tribus. Yo siempre he pensado que el alfa nunca ha dejado de existir, si bien ese papel se fue adaptando a cada época y situación. Hoy en día, sobre todo en Estados Unidos (menos en Europa diría yo), el presidente aún tiene esa carga o aura de persona especial al que hay que respetar, oír y seguir (si el cine muestra el ideario inconsciente, piensesé entonces en todas aquellas películas en donde el presidente hace del clásico héroe, como es el caso de “Air Force One” con Harrison Ford). Sobre todo en épocas de crisis, en donde se incrementa el populismo y los presidentes carismáticos. Como si tal mecanismo se despertase cuando las personas se sintiesen en peligro, y como así sucede entre los chimpancés cuando son atacados por otro grupo foráneo, donde el grupo mira al alfa para que este restablezca la situación al estado anterior. O sea, es el mismo lenguaje de no-cortisol igual a paz o no serio, y miedo igual a cortisol y serio, y buscar que el alfa vuelva a restablecer el equilibrio: que vuelva a restablecer el grupo a un nivel de uso de los mismos signos y por ello del mismo juego.

   En esas investigaciones, sobre ese posible estadio intermedio de comunidades igualitarias, llegué a Christopher Boehm y su concepto de la “inversión de la dominancia” (Descargar escrito y traducción automática). Tal teoría viene a decir, a grandes rasgos y por no alargarme, que el concepto de alfa fue cuestionado por todo el grupo, y en esa dirección fue este el que tomó el “mando”, o sea se invirtió el dominio hacia el propio grupo y sus reglas. Las ideas de Boehm no han tenido mucha aceptación, sobre todo al tratar de deducir que tal disposición llevó a unas sociedades igualitarias (sí por las feministas, por “convenirles”), pero mirada al detalle es una idea a tener en cuenta. Propone que la vergüenza fue la moneda por la cual los individuos cuestionaron la posición del alfa. Hoy en día, entre las tribus que aún quedan, se sigue manteniendo dicha regla. Cuando una persona quiere sobresalir sobre el grupo, todos hacen uso de la vergüenza para volverlo a su sitio. En algunos casos incluso la misma persona se humilla para congraciarse con el grupo (auto-persuasión). Se dice que las culturas orientales lo son de la vergüenza, mientras que las occidentales lo son de la culpa. A mí esta división nunca me ha convencido. Toda la humanidad es un sociedad de la vergüenza, pues la culpa, bien analizada proviene de un estado previo que suele implicar la vergüenza o el autorreconocimiento de haber cometido una falta o falla. La diferencia es muy sutil, y sin el componente de tratar de ganarse el cielo, propia de las culturas occidentales, la culpa es aún más reducible a la vergüenza.

   Me toca unir puntos, tratar de crear una hipótesis que englobe tanto mi visión del juego como la teoría de la vergüenza de Boehm. Bajo mi punto de vista -siendo reduccionista e ignorando las “arrugas” para ver más claro el panorama-, los grupos, bajo la idea de mantener la homeostasis propia de usar un mismo lenguaje, a través de ese estadio de juego o lenguaje dentro del mismo grupo (y de donde de fondo está el lenguaje de la neuroquímica), la vergüenza nace en aquella situación en la que uno de los jugadores se sale de las reglas de no tratar de ganar y es visto bajo esa mirada por los otros, que al no aceptarlo lo “expulsan” del juego. O sea, ha sido “pillado” haciendo trampas o saliéndose del juego. En ese momento el equilibrio en los neurotransmisores cambian en ese individuo, y pasa por un breve estrés, que se revela con el típico sonrojo y nerviosismo, y en la dirección de tratar de reestablecer la posición anterior. Bajo esta simplificación de nuevo se deduce una sociedad igualitaria, ya que emerge dentro de una sociedad en donde todos forman parte de un mismo lenguaje o reglas del juego, en tanto que tendentes a mantener al grupo fuera de las luchas “serias” de ganar y perder, y tendentes a crear jerarquías. O sea, más parecido a los animales gregarios que a los propios chimpancés. Pero, de ser así, cómo el humano llegó a la clara estratificación actual en donde ya no hay un mismo lenguaje, y sí las diferenciaciones y los conflictos más propios de los sistemas jerárquicos.

   Boehm estaba sobre las pistas de las soluciones a dicho dilema, pero reconoce que como ha de mantener sus puntos de vista bajo su análisis antropológico (positivistas y basados en los casos de tribus estudiadas), no podía deducir como sucedió tal situación. Apunta a que pudiera darse el caso que al crecer una población hasta ciertas dimensiones se pudieran haber dado otras reglas, pero como los límites antropológicos sobre las tribus actuales no permiten ese análisis, no lo pudo comprobar. Pienso que está en lo cierto, y sobre todo si se tiene en cuenta las reglas de los sistemas complejos y de los estados emergentes. En una tribu pequeña es casi imposible salirse de sus pequeñas reglas. Y si una de ellas, como lo es la vergüenza, depende de ser visto o cuestionado por todos, llegado el caso que una población creciese a un número de individuos muy alto, sería más complicado o más fácil salirse de sus reglas sin que uno fuese pillado, y por ello humillado y pasar por el proceso de la vergüenza. Hoy en día el refrán “pueblo pequeño, infierno grande” nos habla de esa condición de no poderse salir de las reglas (la situación actual es tan nueva que ya ni siquiera es vigente tal refrán). En concursos como “Gran hermano” vemos que el cerebro humano se rige por las reglas de las que nos habla Boehm y otros antropólogos, pues los individuos no aceptamos a las personas soberbias y con algún grado de humildad…, en definitiva que traten de ganar y de esa forma salirse de las reglas del juego al creerse superiores que el resto. En cuanto es detectada una persona así, va a ser el primero en ser expulsado en cuanto esté nominado (a no ser que la audiencia lo quiera mantener por algún tipo de morbo).

   Creo que ya están todas las bases a tener en cuenta, como para deducir un porqué la sociedad humana llegó hasta donde ahora estamos. No es que hubiera un proceso por el cual estuviésemos en un estadio que se pudiera llamar como sociedad igualitaria: eso es confundir los términos y qué estaba implicado bajo todo este juego. A nivel evolutivo cada individuo quiere sobresalir y ser el mejor, pero esa regla queda supeditada a las reglas del grupo, lo que no exime que cada individuo no tenga esa regla implícita de querer sobresalir, y que por ello se manifieste en cuanto la situación lo requiera, o se exprese si algún proceso social no frene tal potencialidad. Las pequeñas sociedades se basan en el juego o lenguaje de no ganar, que es el implícito dentro de la familia y en la medida que esas pequeñas comunidades tienen como base cierto grado de consanguinidad y familiaridad. O sea, que siguen las reglas que tienen como fundamento el concepto de juego (unos mismos signos o lenguaje), de falta de seriedad y de no querer ganar. En cuanto la sociedad tuvo la capacidad de llegar a cierto número grande, como para que no se desgranara y se mantuviese estable por vivir en la abundancia, la regla de la vergüenza tuvo una menor capacidad de hacer presión, de tal manera que algunas personas empezaron a salirse del lenguaje originario, como para querer ganar y mantener de forma legítima, con nuevas reglas, tal distancia o dicha nueva disposición. Tratar de buscar cómo lo hicieron cae fuera de este escrito y pienso que no creo que se diese una regla universal, sino que cada población y cultura halló sus propios caminos. Lo que sí hay que tener en cuenta, y creo que es claro, es que cuando las sociedades llegaron a cierto número, emergió un nuevo sistema con unas nuevas reglas, que eran simplemente económicas (cuantificables a la lógica de lo óptimo en números): aquellas sociedades grandes y estables engullían a las pequeñas, ya fuera por la fuerza o por verse seducidas estas por el nuevo modo de vida. Ese primer estadio fue el comercio y la explotación de los recursos mineros. Aquellas sociedades que vivían en una zona con recursos crecían y ganaban poder. Otros grupos eran o pertenecían a otros lenguajes y en ese caso no tenían porqué mantener las reglas del juego y no tratar de ganar, es más era necesario ganar al resto de grupos para que su linaje, cultura y lenguaje fuese el que predominase sobre el resto. Dominar a otro grupo significaba volverlo al lenguaje propio (en su sentido más amplio: leyes, cultura, religión, idioma…). Hoy en día aún no hemos escapado de dicho paradigma, pues la propagación de la propia cultura es la nueva forma de dominación para hacer que el resto de humanos hablen tu mismo lenguaje. La vergüenza sigue dominando las relaciones personales pequeñas, en la familia, el grupo de amigos o comunidades pequeñas, pero cuanto más se universaliza y se tiende a una aldea global más queda desvirtuada dicha regla, sobre todo porque la cultura y paradigma que hoy domina -proveniente de la mentalidad o lenguaje de los protestantes de que el trabajo es el mayor valor- , es la de que hay que ganar y luchar por ello, y si no es así, y no asumes dicha regla, eres un perdedor y es cuando sí caes en la vergüenza. Aún esto no está claro, porque hoy en día el “ojo público” (opinión pública), tiene más fuerza que nunca en la medida que quedar en vergüenza, ya no ocurrirá en un ámbito pequeño, sino a nivel mundial; sino piénsese en casos en la Red como el “Me Too” (“yo también”, denuncias públicas de abusos sexuales) promovido por las feministas.

   Me queda hacer un pequeño recorrido de todos estos procesos a nivel individual, a nivel de cerebro. Cada vida es un mutante, o variación génica que trata de imponerse como la más válida dentro de su especie, esa es la teoría del gen egoísta, y parece la más deducible si se analiza la evolución a grandes rasgos. Pero como la evolución está dentro de la teoría de sistemas, se las aviene a reglas más amplias. Los animales sociales no obedecen a reglas muy distintas a las dispuestas a las células que forman un solo individuo. Cada célula “hace lo mejor posible su trabajo”, pero no ve el plan general que es el cuerpo al que pertenece. Trata de ser la mejor, sin darse cuenta que tan sólo es una célula más dentro de un cuerpo con sus propios planes. Un animal social tiene esa misma doble dimensión. Indiferentemente a estas coyunturas, lo que mantiene una “lógica” o plan general es la unificación a usar una información de una misma manera y por ello a mantener en alguna medida alguna comunicación para reglar qué idioma se está hablando. Esta idea sencilla se vuelve compleja cuanto más complejo sea un animal y cuanto más compleja sea una sociedad. Lo humano es lo más complejo que la evolución ha logrado mantener estable, pero cada capa del sistema se subsume a la capa superior. El problema del humano es que tomó conciencia, y en esa medida tiene la capacidad de ver y cuestionar todas las capas, y en la medida de percatarse que no tiene ningún control del sistema, se siente infeliz. No asumimos fácilmente ser una simple célula en un cuerpo. No asumimos que fuerzas mayores, como las naturales y las azarosas, nos pongan y nos releguen a una posición pequeña. Uniendo ideas con escritos anteriores; en algún nivel entre las primitivas y el “aparato emocional” de los animales complejos, el sistema “comprendió” que la vida es azar; el sistema cerebral “asumió” de forma implícita su nulidad, lo nimio que es tratar de controlar los actos y la vida, sin que por ello el animal cargase con dicha asunción de manera explícita. Pero el humano, por medio de la palabra, tomó conciencia de tal estado y se sintió desdichado e infeliz. Todo animal de cerebro complejo es susceptible de sentir el dolor por la muerte de un ser querido, en el humano ese dolor se multiplica de manera infinita. La identidad narrativa, el pensamiento mágico, y el sesgo optimistas coalicionaron para que el humano no viese tal despropósito. El pensamiento mágico creó a los dioses, los renacimientos y los cielos para hacer que la vida fuera más justa y no tan cruel en su azarosidad. El sesgo optimista nos hace olvidar lo negativo, para que la conciencia no rumie eternamente sobre el miedo que da esa negatividad. Como si estas dos reglas no fuesen suficientes, el cerebro y la evolución crearon la identidad narrativa, por la cual uno no es lo que realmente es, sino lo que uno quiera o trate de creer que es. Nos inventamos una identidad, inventamos los relatos y a los héroes para ponérnoslos como metas a seguir. En esa dirección cada individuo es susceptible de querer ser o creer ser individualista, de no querer jugar a los juegos de los otros, a tratar de ganarlos. Los otros, así, son a la vez una resistencia y alguien a quien ganar. Cuando emergió esta mentalidad lo hizo bajo las reglas del grupo, que se suponían que debían de hablar un mismo lenguaje. Las dos ideas luchaban en cada espíritu. La evolución sólo sabe de aquello que funciona, no es moral. Cuando se dio la posibilidad de la explotación minera y el comercio, se validó lo individual en la medida que era “vencer” a otro grupo. Me imagino que el propio grupo validó a aquellos de su grupo que se volvían individualistas para el bien de la propia comunidad: emergía así la idea del héroe, o se retomó de otro más antiguo que luchaba contra bestias míticas o fuerzas de la naturaleza, y este de otro que en definitiva era el antiguo y modesto alfa, en tribus más allegadas a lo animal que a lo humano.

   Lo que quiero dar a entender es que la evolución tiene esos dos idiomas o dialectos: cada individuo es una mutación de lo que puede ser el humano futuro, y lo social se rige por unas reglas que en cierta medida ignoran lo individual, y en tanto que lo “individual” es un grupo que tiene un mismo lenguaje y sigue unos mismos fines, que tratan de ser mejores que otros grupos y en donde el propio lenguaje (en sentido extenso como he dicho arriba) sea el que se valide a nivel universal. La paradoja es la nueva situación global y en el momento histórico en el que se ha dado, donde la fuerza y el paradigma que estaba en boga en ese momento era el protestantismo y la lucha individual como regla. Quizás no se hubiera dado de otra forma; las potencias orientales vivían cómodas en sus identidades cerradas. En la medida que todos nos volvamos individualistas, bajo el predominio de la cultura del sueño americano, perdemos de perspectiva la unidad que deberíamos de ser. Bajo mi punto de vista, que cree más en la aleatoriedad que en el control, como propongo en el escrito “Sentido y sin sentido”, todo obedece a pequeñas reglas que se van sumando sin ningún control ni orden. Una pequeña diferencia es la que crea grandes cambios a lo largo de los siglos y los milenios. Esa pequeña diferencia, que era la de luchar por el sexo con otros machos, creó una niñez distinta entre niños y niñas en sus juegos, que a la vez cada mujer asumió como normal o como la norma, y que al final creó una sociedad en donde la mujer no tenía casi ningún papel central, excepto el de la maternidad. En otro caso el juego, y de entender mi escrito, es muy “serio”, en el sentido de que no había que salirse de sus reglas y que uno no tenía que verlo como unas reglas, sino como parte de la identidad. En algún momento la recién “estrenada” identidad narrativa se percató que podía jugar el juego de los otros, sin creer en esos juegos, de tal manera que tenía la capacidad de crearse una identidad a medida. O sea, y para ser más claro, que me pierdo en mis caminos: vio la posibilidad de engañar sin ser detectado. En ese sentido el juego es como la fe. Uno no puede tratar de tener fe: o se tiene o no se tiene, no hay posturas intermedias y el que crea estar en esa postura se engaña y en realidad no tiene fe. Si juego no he de cuestionar el juego, yo y juego somos unidad, sin dobleces. En cuanto cuestiono el yo (identidad narrativa) o el juego, se rompe la fe de dicha unidad y entonces ya no juego, sino que juego a jugar…, al juego de hacer creer a los otros que creo en el juego y no tengo tal doblez o se ha producido en mí tal división. ¿Acaso este divorcio con el juego no es lo más antiguo de la humanidad?, había que hacer creer a los otros que uno mismo creía en Dios, ante el peligro de ser echado de la comunidad, o de creer en otro Dios, con el peligro de ser asesinado. La identidad o lenguaje dentro de un grupo nunca tenía que ser cuestionado, aquel que perdía la fe era aquel que era susceptible de traer un mal a la comunidad: el chivo expiatorio al que había que matar para equilibrar las fuerzas, para que todas hablasen un mismo lenguaje, para que jugasen al mismo juego, para que no lo cuestionasen, para que tuviesen fe en él.

   Esta extraña y no equilibrada división entre los humanos es a la que se puede reducir toda la historia. Las culturas primero, las religiones después y ahora las derechas dicen que hay un juego que preservar, que es un juego al que hay que tener fe. Cada juego (cultura) tiene su propio juego que no se pueden mezclar. Las izquierdas dicen que no hay juegos, que los juegos los hacemos nosotros y hay que buscar un juego nuevo. Pero la derecha, o ciertos humanos, trataron de ganar una posición elevada con el pretexto de que eran los portadores para mantener el juego, cuando iban contra las propias reglas del juego y no deberían de tratar de ganar. Las mentes divergentes, por otro lado, las que se suponen más de izquierdas, no creen en los juegos, pero sí creen en el juego de una sociedad igualitaria, al modo que lo tratan de ser las comunidades pequeñas, basadas en un mismo lenguaje. En cierta medida ellos fueron los primeros en romper con el pacto del primer juego, por cuanto no tenían fe con aquel juego inicial, y en la medida que esas mentes divergentes eran las que hacían los descubrimientos artísticos o científicos que diferenciaban a una cultura frente a su vecina. No hay una postura que salve las contradicciones implícitas dentro de estas dos posturas opuestas. Ninguna puede ganar, ninguna tiene que perder: han de mantenerse en liza. Y de ser así: ¿quién crea esa regla?, no el humano, ni el individual ni el social. Obedece a reglas de los sistemas y por lo tanto obedece a reglas que tal parece no puede dominar. Creemos tener el control, pero no tenemos el control de nada. Resolvemos temas concretos, pero no resolvemos o logramos entender o controlar esos sistemas mayores. Somos meras hojas al viento, aunque nuestro pensamiento mágico y nuestra identidad narrativa no lo trate de ver o lo niegue.

   Resumiendo y para poner en claro los puntos del inicio. El juego infantil creaba un marco temporal en donde las reglas de los adultos quedaban suspendidas. Por distintos factores evolutivos y azarosos el humano alargó el tiempo de la infancia o la llegada a la madurez, de tal manera que el juego formó parte de su estructura mental. Siempre estaba jugando, siempre estaba aprendiendo. El juego por otro lado diferenciaba seriedad frente a juego. En un inicio ese componente era dentro de una misma familia, pero en el humano tendió hacia la familia extendida, al grupo o tribu, y finalmente una cultura o nación: cada país tiene su humor, sus juegos, y qué es juego y qué es serio, como para no tomárselo como juego. El miedo a la vergüenza creó la “inversión en la dominancia” que mantuvo a los grupos cerrados a las normas de sus propios juegos, pero cuando se dió la posibilidad de las grandes ciudades, la vergüenza empezó a perder su papel rector, con lo que se apostó por las religiones y sus leyes. En la medida que el humano tendió cada vez más a un eterno aprendizaje, un tipo de cerebro, el de los divergentes o creativos, más preparado para ese propósito, obtuvieron cierta ventaja, pero bajo el sacrificio de usar la duda para todo y por ello perder el contacto con la fe. Nada se daba por sentado, todo era cuestionable. Los juegos perdieron su inocente legitimidad. Emergen dos fuerzas: los defensores de los juegos y los que los cuestionan, que han ido luchando a lo largo de la historia, si bien el cristianismo hizo de freno en todo lo que pudo. En tanto que lo que estaba de fondo en juego eran las ideas, las ideologías y las culturas, el efecto Baldwin -la tendencia a procrear con personas con tus mismas ideas, propósitos y finalidades-, es la que ha ido dando forma al mundo humano.

   Queda tratar de contestar o dar un porqué del título. Uno puede llegar a pensar que el humano es aquel ser que tiene la capacidad de cuestionar su ser. O dicho de otra forma: las células del propio ser humano tienen unas reglas sencillas de las que no son conscientes: en el humano se dio la posibilidad de ver esos sentidos, pero ¿es el poder tener esa mirada su sentido?, no. Las sociedades son ciegas porque no son autoconscientes y por ello no pueden llegar a un propósito común. No basta que cada humano sea autoconsciente para que el sistema lo sea. Para que tal cosa fuera posible tendríamos que crear un sistema autónomo de cada célula (persona), que tuviese su propia conciencia, independientemente de las consciencias individuales de las personas. Al igual que lo es la conciencia con respecto a las células. ¿Qué sería tal conciencia?, ¿lo es un Estado o una organización mundial como la ONU?, no, no emerge tal sistema y son tan sólo individuos tomando sus propias decisiones o las decisiones de su cultura. ¿Lo puede llegar a ser Internet?, no, porque igualmente no emerge una conciencia. ¿Lo podría llegar a ser una futura IA?, tal vez, pero, ¿estaríamos dispuestos a ponernos en manos de esa conciencia e ignorar nuestras conciencias individuales? Una conciencia como la humana tal parece que tiene la capacidad de acabar consigo misma, independientemente del deseo de vivir de cada una de sus células. ¿Estamos seguros que tal conciencia no haría lo mismo con el humano?, que decidiese que es mejor aniquilar las células erráticas y “libres” que son los humanos, frente a otras células más predecibles y con un solo lenguaje: el de las máquinas.

   Queda sin contestar la pregunta. La sociedad occidental hace alardes de poseer los derechos humanos, cuando muchas pequeñas tribus, sin apenas reglas, las llevan mejor a cabo que la propia cultura occidental. La conciencia no es un estado mejor o más evolucionado de la vida, por cuanto implica ese divorcio con las propias reglas sencillas de la vida. Las reglas para ser feliz están en las pequeñas reglas de la vida, el humano al perder de vista esas reglas no es más feliz, sino más infeliz. Lo dulce es agradable no porque lo quiera o no lo quiera la conciencia, sino porque es una regla de los sistemas vivos basados en los carbohidratos. Esa tendencia y fuerte deseo estaba mediado por la escasez, pero las sociedades de la abundancia se olvidan que debe ser tomada bajo ese principio de escasez, y en ese proceso llega a la obesidad y sus consiguientes problemas para la salud. Arriba he puesto el caso de la sincronización de los ciclos menstruales. Ninguna mujer a nivel de conciencia sabe que está llevada por ese proceso, a no ser que se lo pregunte a las mujeres con las que se sincroniza. La razón, el sentido, lo sabe la evolución y el ADN, y hoy los científicos postulan varias hipótesis, sin que ninguna nos parezca más convincente que las otras. Esos sentidos y significados se han ponderado durante cientos de miles de años y hoy el humano, a través del prefrontal y la razón, cree ignorarlos todos y que no tienen ningún peso, cuando la realidad no es así. Todo humano que se atenga a esas “razones” básicas será más feliz que aquel otro que trate de ignorar todas. Algunas de esos significantes carecen de sentido en el plano existencial del humano actual, como la sincronización de las menstruaciones, pero otras como que todo aprendizaje tiene que conllevar memoria procedimental, de movimientos, las ignoramos al poner a los alumnos en un pupitre, y lo más quietos y callados posibles, cuando algo como la subvocalización (hacer que los músculos implicados al leer se activen sin crear sonido, durante la lectura), nos dice que lo estamos haciendo mal. Con respecto a la vergüenza y los dos sexos: las clases mixtas son una desventaja frente a los que no lo son, por cuanto se teme más quedar en vergüenza delante del otro sexo que del propio; las estadísticas dicen que es peor para los hombres. Otro claro ejemplo es la motivación, esa gran desconocida. Si se comprende su mecanismo se logra entender que en el aprendizaje, que en toda acción, tiene que existir el componente de la dopamina, pero este componente químico no en su estructura química, si no en su “estructura espiritual”. En el juego infantil (predatorio) se unen los cuatro puntos analizados arriba. Una motivación tiene que cargar todos los puntos posibles analizados: lo físico o muscular; comunicar algo que engrandezca y expanda el lenguaje interno; entrar en competición, pero sin la alta carga opresiva de caer en poder ser catalogado como perdedor; y sentirse unido e integrado en una comunidad. El deporte, la ciencia y el arte son quizás allí donde todos los puntos se unen. El resto de la vida adolece de carencias que creen una verdadera motivación. Un claro ejemplo es el trabajo: ganar dinero no tendría que ser una motivación; ganar dinero para comprar o poseer cosas tampoco, y por desgracia es en lo que se basa la sociedad actual. Ganar y poseer, además y como forma de tomar distancia del resto de humanos, para tener un alto nivel de estatus, cosa que en la prehistoria -y en las tribus actuales- trataban de evitar -por medio de dejar en vergüenza- a quien se guiase por ese propósito, no debería haber sido nunca una motivación. La sociedad actual está obsesionada con que crezca la economía, sólo tienen esa visión y se supone que el resto se sigue de ese crecimiento, pero dicho crecimiento económico quiere decir producir y consumir más, en un planeta de recursos limitados, y en donde producción quiere decir contaminación y cambio climático. Nos deberíamos centrar en el nivel de los alimentos, y hoy por hoy hay los suficientes para que nadie pasase hambre o muriese por esa causa, cuando la realidad es la contraria. Aunque, claro, en el humano siempre queda el loco orgullo de Ícaro de luchar contra los mandatos de los dioses, que bien entendido es luchar contra las reglas y las limitaciones de la naturaleza (comer del árbol de bien y del mal -y posiblemente otras leyendas- tienen de fondo la misma metáfora). Los divergentes están inyectados con ese inane desenfreno, ese mirar al abismo para desafiarlo de Nietzsche, y los conservadores los tratan de frenar.  Sé que en otros escritos he postulado que los preconcientes hacen de freno en los avances humanos. La verdad es más compleja y ambigua, parece una regla y una maldición: son todo o nada, son pura desesperación y desencanto de lo actual, y pueden tender a retroceder mil pasos, o bien ir -en su locura- mil pasos más allá que el resto de humanos.

    Una madre, si se lo cuestiona, no va a ser más feliz que una simple gata que nada sabe de tomar conciencia de su maternidad. Ahora sabemos que de fondo a ese sentimiento se encuentra la oxitocina. ¿Creemos que si no fuera por esta molécula, y otras que han variado de funciones a lo largo de la evolución, la vida tendría sentido? La oxitocina no sólo es la hormona que hace que se tienda a favorecer a los de la propia familia, si no que consecuentemente tiende a ponerlos frente a los otros. Es la hormona que crea la frontera entre lo propio y lo ajeno, la identidad frente a la otredad. Por esta hormona podemos comprender que la mujer sea más empática y social (a nivel evolutivo es de lo femenino, de los procesos del parto, lleva más tiempo en sus cerebros y evolución), más tendente a mantener y sustentar las reglas del juego de no competencia y no querer vencer, lo que a su vez conlleva que la mujer haya tendido por miles de milenios a ser menos competitiva, indiferentemente que en los últimos siglos traten de cambiar esas reglas. Vuelvo al concepto de las pequeñas diferencias. Alguno/as pensadore/as no terminan de comprender y fijarse en esa regla de las pequeñas diferencias a la hora de crear sus teorías o hipótesis. Se supone que por la dominancia, y quizás una mayor fuerza de la pierna derecha, aún tratando de andar recto, a lo largo de kilómetros uno tiende a andar en círculos (por experimentos llevados a acabo por Jan L. Souman, psicólogo alemán, así es). ¿Qué vemos cada día en un hogar?, la mujer tiende a callarse en ciertas situaciones intranscendentales porque para ella es más importante mantener el juego, la armonía en el hogar, que tratar de ganar esa pequeña batalla sin ninguna importancia. Su sensación mental es que está haciendo las cosas bien. Por lo general (diría yo, me guío por lo que observo de mi entorno) vigila no caer en la iluminación de luz de gas, en una posible lenta pero constante manipulación que le lleve a una posición sumisa, pero en su mente o para su cerebro implícito, lo que le dice las primitivas, es que tiene que ser fiel al concepto del juego. Ha de recordarse que la mayoría de las hembras de la naturaleza (menos entre las aves, más entre los mamíferos), cuidan por sí solas de las crías. Si el hombre se ha unido a ese proceso ha sido, evolutivamente hablando, un proceso nuevo, que no ha creado grandes cambios en sus cerebros dominados por la competencia. La suma de esos dos factores, junto a esas pequeñas diferencias en el hogar, repetidas por cientos de miles de años, fue lo que creó la brecha que ahora denuncian las feministas como una posición de dominancia por parte del hombre o patriarcal. Yo no cuestiono la igualdad social, no cuestiono la lucha contra la violencia de género, cuestiono a las feministas que no analizan con objetividad estas reglas evolutivas, y cuestiono que no parece que traten de entender que quizás cada mujer es feliz sabiendo esa “verdad”, de que no hay que luchar por cada batalla dentro del nosotros, de la familia, y que la mujer tiene un cerebro más preparado para la conciliación, el perdón, en definitiva para mantener la teoría de lo que debe ser el juego propuesto en este escrito, ese que dice que no hay que tratar de ganar dentro de los de tu propio “clan”. Cuestiono si eso no llevará al fin del intento de la mujer para hacer que el hombre forme parte de la unidad de la familia, y el macho no volverá a su posición inicial, propia de la mayoría de los mamíferos, de no (querer) tener que ver con la crianza. Las últimas décadas parecen hacernos pensar que tal es la dirección que están tomando las cosas. Fijarse que algunos machos (hombres) matan a sus hijos a modo de ganar en su loco juego, no muy diferente de lo que hacen los leones al matar a las crías ajenas. Hago ver esta cruel realidad para tratar de asentar lo que el título reza, que el sentido está en las primitivas, en lo más asentado por la evolución, es lo instintivo. La razón tiene su propia lógica, y la sociedad analiza como “bestial” ciertos actos, pero no estamos haciendo ningún favor a la humanidad si nos negamos a aceptar que la conciencia tan sólo es una capa moral, evolutivamente reciente, que no ha creado grandes cambios en nuestros cerebros, sino tan sólo a nivel del pacto social.

(Esta visión no me pone ni al lado de los hombres, que tampoco estarán de acuerdo en mi visión sobre la macho, ni de la mujeres; de cualquier forma la visión más extrema del feminismo tampoco “vencerá” -mi “alarmismo” sólo tiene sentido si “venciesen”-, y las aguas seguirán el cauce de lo promediado por la evolución y lo social.)

   Detrás de cada agradable sensación hay un porqué evolutivo y reducible a unos componentes o funciones físicas. Si ahora el feminismo se impone una agenda con la que quiere cumplir, “exige” en cierta manera que toda mujer se cuestione y/o elija entre ser madre o seguir de forma plena una carrera. Pongo este dilema como ejemplo y por actual, para hacer ver que el humano ha pasado una y otra vez por este tipo de dilemas, que le han hecho irse alejando más y más de las cosas sencillas, de las reglas sencillas de la naturaleza y la vida. La filósofa Almudena Hernando nos dice que el macho humano tendió a la razón instrumental, puenteando las emociones y dejándolas para las mujeres, y en ese proceso perder el contacto con la realidad, que es que somos seres sintientes, y creados para relacionarnos y confiar los unos en los otros. Yo le preguntaría si no parece ser el nuevo fin de las feministas, y en ese sentido si toda la humanidad no se volverá una especie fría e altamente individualista, en donde se pierda todo propósito común y último. Un hombre occidental divergente, tipología neurótica en la teoría O.C.E.A.N., cuyo aparato neuronal se basa en la duda, no es más infeliz, aún con toda su alta capacidad de conciencia, que un sencillo humano de una tribu con cuatro verdades, que quizás sean simplemente mitos o creencias que le haya proporcionado su mentalidad mágica. La complejidad mental no crea felicidad, sino todo lo contrario. La conciencia si lo es de un acto feliz duplica esa sensación de felicidad, pero a la vez por ese mismo juego de espejos lo es para el dolor, multiplicando hasta el infinito cualquier daño. Todo animal de cerebro complejo crea traumas y trastornos, el humano gana a todos también en esto, por cuanto tiene el cerebro más complejo. Sufre y además sufre porque no puede compartir con nadie su sufrimiento, porque en definitiva la conciencia es un aparato de divorcio, de separación, de duda, de aislamiento, de soledad, cuando la base es que somos animales sociales basados en la empatía, la conexión y la sincronización con el resto de humanos. La sociedad actual cada vez está más lejos de aquel otro equilibrio que les procuró el pertenecer a una pequeña tribu, y cierto mantenimiento de un código interno dentro de la familia (lenguaje interno que se está perdiendo), y en donde el dolor y el placer también estaba compartido, y en donde por medio de rituales y el pensamiento mágico todo atisbo de soledad se terminaba por disipar. No vamos hacia una aldea global, que no nos engañe aquí el uso del concepto de aldea, vamos hacia una soledad global.

    He estado tentado de tratar de encajar las ideas del presente escrito con los juegos de lenguaje y la familiaridad de Wittgenstein, pero si fuera el caso que el autor en realidad hiciera uso de metáforas, más que de términos a tener en cuenta, caería en tratar de hacer metáforas sobre metáforas, perdiendo todo contacto con la realidad. Pienso que Wittgenstein arrastró su enfado con Russell durante toda su vida y atacaba la filosofía analítica en cuanto podía. En ese caso sus dos términos tan sólo trataban de decir que el “mapa no es el territorio“, y que no se podía positivar el lenguaje. En mi caso hablo de juego y del lenguaje que cierta familia o cultura posee y en donde por estar sus cerebros en cierta medida “cableados” igual, unos y otros se entienden y tienen una mayor capacidad de comprenderse dada esa familiaridad y esas mismas estructuras mentales. O sea, cada cerebro individual dentro de una familia, y aunque no tenga esas palabras o conceptos, tiene más probabilidades de buscar las palabras o los equivalentes dentro de su propio lenguaje que otra persona que no es de la familia o de la misma cultura. Bajo ese aspecto usó Wittgenstein el concepto de familiaridad, en parecidos no definibles pero sí deducibles en el lenguaje y durante la comunicación, como cuando vemos a dos personas juntas y deducimos que son hermanos o tienen alguna relación familiar. En su punto §67 nos dice:

No se me ocurre mejor expresión para caracterizar estas similitudes que “semejanzas familiares”; para las diversas semejanzas entre los miembros de una familia: estructura, rasgos, color de los ojos, marcha, temperamento, etc., se superponen y se entrecruzan de la misma manera. – Y diré: los “juegos” forman una familia.”

   ¿Cómo el cerebro hace ese tipo de análisis de hallar parecidos familiares?, y ¿acaso nuestros demás esquemas racionales y que tienden a crear y buscar estructuras, patrones y reglas del mundo no provendrán de este mismo mecanismo, que debe de ser de los más antiguos en la evolución? Un pingüino es capaz de reconocer entre cientos y miles de graznidos el de su pareja; las cebras se reconocen fácilmente. Por esa misma paradoja de lo familiar las personas de otras raza nos parecen más iguales o menos distinguibles (efecto otra raza). Cuando decimos que algo es familiar no es por un sólo rastro, por ejemplo los ojos, sino por una suma de cosas indefinibles que la razón no puede explicar, porque ese proceso lo ha llevado a cabo una parte del cerebro demasiado antigua como para que sea  comunicable con palabras. En teoría musical existe el mismo concepto, equiparable al de familiaridad (no conozco el término, lo muestra el vídeo abajo enlazado, donde todas las canciones cantadas por el autor, le tienen obsesionado porque tienen el mismo aire familiar), en donde una melodía o frase es familiar a otra, aunque no use las mismas notas o en las mismas posiciones y vayan a distinto tempo. Como cuando en el ejemplo del escrito anterior usé las frases: “detrás de esa elevación de tierra hay caza” y “después de esa elevación de tierra hay posiblemente carne”, para dar a entender que significativamente son lo mismo. Wittgenstein argüía que las estructuras de las frases y las palabras seleccionadas no tenían nada tras de sí, eran un juego de lenguaje, y que si tales frases o palabras guardaban alguna relación serían tan sólo por su familiaridad. Nos encontramos así que el cerebro, quizás, busca significantes en la medida que busca o trata con entes mentales. Me explico. En el lenguaje básico de los animales un solo fonema, un tipo de chillido, nomina un ente en el mundo. Más tarde el humano con el lenguaje unió varios fonemas para nombrar a personas, cosas en el mundo o acciones. Seguramente unía significantes. Así si usaba el chillido “iiih” para león, “muiiih” podría ser para un búfalo. Unía la familiaridad del peligro del león con el mugido del búfalo, que era peligroso, pero no tanto. En el juego “Craft the world”, por mis problemas con la memoria a corto plazo, no era capaz de recordar tres símbolos para abrir las puertas, y al final se me ocurrió buscarles una familiaridad con las letras del abecedario, ahora ya no tengo problemas. Los primeros nombres se ponían buscando la familiaridad del recién nacido con algún evento cercano o similar (familiar), estrella dorada, por ejemplo, por sus brillantes ojos. De ser así se deduce que lenguaje nació como metafórico, pero a la vez buscando relaciones familiares…, de concordancia ambigua pero deducible al modo que el cerebro haya familiaridad entre los rostros. Parece ser que el cerebro tiene un fuerte empuje cognitivo y de memoria trabajando con las familiaridades, cuestión que habrá que tener en cuenta para alguna teoría evolutiva de la inteligencia; igualmente como proceso de aprendizaje y truco mnemotécnico.

    Terminando de unir ideas con el escrito anterior, en este caso con los divergentes y los esquizofrénicos, pienso que este tipo de cerebros al ser más capaces de hallar patrones y regularidades, son más capaces de encontrar la familiaridad de los rostros, incluso cuando son de otras razas (yo a veces reduzco a que sólo hay unas diez o doce tipos de personas con variaciones, ¡veo familiaridad en todo!), lo que les lleva a ser menos xenófobos y más de izquierdas, por seguir viendo que la humanidad está unida o es una misma familia, y, en definitiva, que todos estamos jugando el mismo juego, aunque no nos demos cuenta.

    Finalizar diciendo que no creo en soluciones, que todas mis propuestas, y mis llamadas de atención sobre ciertos temas, los creo vanos (vendrá un escrito sobre tal tema, o sea que de momento no profundizo). Bien entendido el concepto de torre de Babel no viene a decir que sea la dispersión de las lenguas la culpable de que la humanidad dejase de entenderse, sino la disparidad de juegos o formas de entender los juegos…, en definitivas la disparidad de las culturas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El Sentido Está en las Primitivas

  El hombre se toma como materia incluso a sí mismo, y se construye (…) como una casa.” Luigi Pirandello
La conciencia es la conducta de las conductas.” Sartre
Significado puede considerarse un sinónimo aproximado de patrón, redundancia, información y “restricción.” Bateson

   Estoy leyendo “pasos hacia una ecología de la mente” de Gregory Bateson, con el cual coincido en una gran cantidad de cuestiones, quizás por esa mezcla de sus especialidades entre la antropología y la psiquiatría, en donde trata de fundar lo segundo a partir de lo primero. Este autor a su vez hace mención a ciertas ideas de Aldous Huxley, que a la vez menciona o se basa en Walt Whitman, (ir a Tuit de referencia al texto). Con este autor llegué a la corriente llamada transcendentalismo. En esa dirección tengo que hacer ver que mi concepto del “el niño que siempre nos habita“, aunque se acerca a las ideas que sostenían los trascendentalistas, sobre un momento en el pasado en donde el humano era más cercano a la inocencia o “gracia” propia de los animales, en ningún caso trato de sostener ninguna idea, a su vez, sobre la espiritualidad. Más bien me baso en el concepto de los dos hemisferios del cerebro descrito en el libro de Iain McGilchrist “el maestro y su emisario“, en donde el derecho aún mantiene en cierto grado el pensamiento mágico y por ello la conexión con las primitivas, mientras el izquierdo ha tendido a la razón y por ello a la instrumentalidad. En esa misma dirección apunta el concepto del intérprete del hemisferio izquierdo de Michael S. Gazzaniga, e igualmente el de la identidad narrativa, que al ser principalmente verbal de nuevo nos remite al hemisferio izquierdo. La idea de la humanidad corrompida, en tanto que concepto idealizado y en cierta forma pueril, viene de antiguo, donde el concepto del “buen salvaje” de Rousseau es quizás el referente (otras fuentes, la película “Avatar” se fundamenta en el principio del “buen salvaje”, más conectado con la mentalidad mágica y la naturaleza). No hace falta críticas a las consideraciones más nuevas, Rousseau ya las tuvo en su momento y a posteriori, cuando sus ideas quedaron en entredicho dada la evidente violencia de muchos pueblos de cazadores-recolectores.


D_BwYQQXsAABJ3R


   De cualquier forma yo pienso que si alguna vez se dio ese estadio, puede que incluso fuese previo al homo sapiens. Las ideas expuestas en “caos: sin sentido o sentido“, sobre las señales honestas que son las emociones básicas, también puede ser corroborada por la hipótesis cooperativa del ojo. En ningún animal la esclerótica, el blanco del ojo, es igual que la del humano. La hipótesis, propuesta conjuntamente por H. Kobayashi y S. Kohshima sostiene que tiene la función de indicar, a los otros humanos, hacia dónde se mira y en la dirección de cooperar, cosa que no sucede en otros animales, que han de ocultar dónde miran. Todas estas ideas, tanto las de las emociones como la del blanco de los ojos, tienen de fondo la teoría de la comunicación. En el reino animal todo tiene un porqué, un juego evolutivo. El engaño por medio del camuflaje es donde mejor se entiende su entramado. Un animal se puede camuflar para esconderse o para atacar; a la vez otros animales usan los colores para avisar que son venenosos, mientras otros -con la misma base- engañan haciendo creer que son venenosos. Este lenguaje es universal, ya que se da incluso entre las plantas y los hongos. Bajo estas reglas el humano se pone en evidencia con la esclerótica, puesto que un depredador podría percatarse cuándo mira para otro lado, y en ese lapsus atacarle. Ha de suponerse que en el momento que se dio ese cambio evolutivo el humano (o prehumano) ya era un cazador respetable y temido, y que dicho cambio era un mensaje interno hacia los propios humanos. De una u otra forma lo que nos dice, tanto las emociones básicas como el blanco de los ojos, es que el humano proviene de una especie que se basaba en la cooperación y en donde no se daba en ese momento el engaño. De cualquier forma la dirección del presente escrito es la de tratar de demostrar lo contrario: que el humano tal como lo concebimos y es hoy en día fue a causa no de la cooperación, sino de la otredad, y por ello la ocultación y el engaño. Si se quiere, un posible porqué se “corrompió” o se desvió de aquel inicio. Antes que nada se ha de tener en cuenta que el presente escrito trata de mostrar que indiferentemente a lo que creamos, y sobre que la mejor cualidad humana es la razón y que es esta la que ha de buscar el sentido de la vida, y las motivaciones; la realidad es que las bases de dichas motivaciones y un posible sentido de la vida tienen sus bases en las primitivas, mientras que las zonas más nuevas, y las nuevas disposiciones de las sociedades humanas actuales han perdido -o están perdiendo- dicho sentido.

    La teoría de la evolución humana parte de la idea de que un antecesor nuestro, y común con el chimpancés, fue posible por la sequía del este o cuerno de África. No es una región tan grande como para que hubiese demasiada variedad o familias , y se supone que sobrevivieron porque se basaron en una fuerte colaboración. Antes de leer a Bateson ya tenía planeado este escrito, pero después de leerlo me he cuestionado si hacerlo, pues venimos a decir más o menos lo mismo. También me hace cuestionarme el para qué escribir, si no hay ya suficientes libros y redundar, como para saturar aún más el panorama actual y su exceso de información. Al fin y al cabo ciertas “verdades” no transcienden a la masa, pues toda verdad que no sea optimista o sea útil, no la digiere la cultura popular. No sé, entonces, si en cierta forma el presente escrito es divulgativo y sobre las bases ya planteadas de Bateson. De cualquier forma he de afirmar que yo las llevo más allá y las trato de unir a otras ideas o conceptos claves en mi “filosofía” (forma de ver/sentir/entender el mundo).

Breve resumen de lo que viene a continuación:

  • El juego es una forma de comunicación en donde hay un desplazamiento de los signos. En esa medida su base es metafórica.
  • Hacia un nuevo concepto del aprendizaje.
  • Qué es o no es juego viene dado por pertenecer a una misma familia (con un mismo lenguaje o signos) y por ello incluye los conceptos de identidad y otredad.
  • Cuando fue imposible determinar el juego, por haber demasiadas familias o signos, se estructuró de una nueva forma lo social.
  • Ciertas fallas en el establecimiento de esas reglas dio posibilidad y legitimización a ciertos humanos a jugar a jugar, a crear interpretaciones de los juegos en tanto que ocultación o engaño.
  • Esa estructura social creó a su vez una estructura mental.
  • Creación de grupos en sustitución a la pertenencia y la familia.
  • Hacia un nuevo concepto del efecto Baldwin, la evolución y los preconcientes.

    Empecemos sobre el concepto clave que quiero introducir en el escrito, pues es posible que este proporcione más coherencia y sentido al resto. Qué debería entenderse por aprendizaje.

   Hace unas semanas vi un documental sobre competiciones y competidores sobre la memoria. Todos ellos, claro está, usan trucos nemotécnicos para memorizar y recordar. Pero ¿recordar es inteligencia? En cierta película de los 90, “Magnolia“, uno de sus personajes (¡agüita!, cómo conjugar verbos aquí: el cerebro se bloquea por unos segundos) era el que había sido un concursante de un programa de televisión de gran éxito, que para hacernos a la idea venía a ser como alguien que hubiera durado mucho tiempo en el programa español de “saber y ganar”. El personaje se muestra deprimido y acabado, ante un mundo que hace ya tiempo que le ha olvidado y al que él trata de hacerles recordar su gloria. Tiene una gran cantidad de conocimientos, pero sólo son datos como las capitales del mundo, citas, datos de fechas históricos y cuestiones similares. “¡Niños!”, tienen la cabeza llena de datos innecesarios”, se dice a sí mismo de forma retórica, quizás recordando algún reproche que alguien le dijo alguna vez. Bajo mi punto de vista el sistema nervioso, y por ello el cerebro, los ha “creado” la evolución para crear identidad, para tener la posibilidad de crear ser, en la dirección de interiorizar el mundo, hacerlo predictivo, y con la doble meta de sobrevivir y ser la mejor apuesta evolutiva. O sea, crear posibles cambios que sean los que permanezcan en un futuro humano. Aprender datos en bruto, aprender a aprender o crear sistemas nemotécnicos no es algo que se transfiera a nivel evolutivo. Todos ellos hay que aprenderlos durante la vida individual, o sea, no crean cambios permanentes y disponibles para la evolución.

     Qué sí mantiene. El prefrontal con su circuito de revisión de la información, a través de un sistema codificador complejo, es algo que la evolución validó. O sea la capacidad de analizar la información, una vivencia, con el lenguaje, con las palabras. En la actualidad está haciendo ese mismo proceso con el lenguaje matemático, pero tal parece que al ser el más novedoso tarda en implementarlo, pues tiene que “verificar” que realmente sea “útil” a nivel de coste/pérdida, en verificar qué se gana y qué se pierde. Los grandes matemáticos suelen ser personas retraídas y con problemas de integración en lo social; la evolución está evaluando si el coste de una posible desintegración social se suple con algún beneficio sobre dicha adquisición.

     Esta idea sencilla y evidente lleva implícito una gran cantidad de detalles, que es lo que me interesa exponer. Cómo funciona el cerebro y sus entresijos es sobre lo que lleva las cuentas la evolución. Qué tenemos, a grandes rasgos: un sistema de aprendizaje basado en el premio y el castigo; la larga y alta dependencia de la infancia, que a su vez remite a algo externo como uno o varios cuidadores/enseñadores, que a la vez cuentan y han de partir del premio y castigo; la necesidad de volverse adulto e independiente para al final volver a crear una familia, con sus consiguientes procesos cerebrales de rebeldía para romper con los cuidadores, para al final frenar; todo ello aderezado que es a partir de un sistema complejo de codificación, que es el lenguaje. Puesto que la base es el premio, la evolución hace tiempo que asentó la estructura que es el juego, como base del aprendizaje. Estos procesos remiten a partes, funciones y sistemas del cerebro que se dan gracias a un fino y precario equilibrio, en donde si algo falla lleva al cerebro a distintos trastornos, ya sea a nivel individual, o a nivel social. Mi propuesta es que no es un proceso acabado, que la evolución no tiene aún una regla válida para tal estado, y que con cada individuo y generación reevalúa sus “tácticas”. ¡Ya sé, no es un ente que aprende y de forma tan rápida!, depende de largos procesos de cientos o miles de generaciones, pero la evolución parece tener “ciertos trucos” para paliar con dicha lentitud. Por un lado tenemos los cambios epigenéticos, por los cuales ciertos genes se expresan, mientras que otros no. Dichos cambios se mantienen, en un primer momento, durante tres generaciones. O sea, que la cuestión ya no es lo que hagas con tu vida: si vas a tener hijos, ciertas decisiones o rumbos de tu vida, es posible que repercutan sobre tus hijos y tus nietos…, si llegase el caso que se produjesen cambios epigenéticos. Se sabe que la evolución igualmente consiste en mantener y “recordar” esos cambios epigenéticos , lo que viene a querer decir que si dichos cambios son como un “guardarse un as bajo la manga” para ser usados en las situaciones adecuadas, así como que al final dichos cambios pueden hacerse permanentes para una especie o subespecie. Por otro lado existe otro extraño mecanismo, llamado “asimilación genética“, que de nuevo repercute a muy corto plazo. En la dirección de ahorrarme de pensar y procesar, y poder caer en errores en mis explicaciones remito a un ejemplo expuesto por Bateson:

Waddington trabaja con una fenocopia del fenotipo generado por el gene bitoráxico. Este gene tiene efectos muy profundos sobre el fenotipo adulto. En su presencia, el tercer segmento del tórax se modifica para asemejarse al segundo, y los pequeños órganos de equilibrio, o alteres, que están en este tercer segmento, se convierten en alas. El resultado es una mosca de cuatro alas. Esta característica de cuatro alas puede producirse artificialmente en moscas que no portan ese gene bitoráxico si se somete a las ninfas a un período de intoxicación mediante éter etílico. Waddington trabaja con grandes poblaciones de moscas Drosophila derivadas de una estirpe silvestre, de la que se cree que está exenta del gene bitoráxico. Waddington somete a las crías de esta población durante sucesivas generaciones al tratamiento mediante el éter, y de los adultos resultantes elige para criarlos aquéllos que muestran la aproximación óptima al bitórax. Prosigue este experimento durante muchas generaciones, y ya en la generación vigesimoséptima encuentra que la apariencia bitoráxica es lograda por un número limitado de moscas, cuyas ninfas fueron retiradas del tratamiento experimental y no sometidas al éter. Cuando se reproducen estos ejemplares, resulta que su apariencia bitoráxica no se debe a la presencia del gene bitoráxico específico, sino que resulta de una constelación de genes que colaboran para producir ese efecto.”

     Un problema sobre los genes, y su modificación, así como cuando se afirma que tal o cual trastorno es debido a tal o cual gen, es que las cosas no son tan sencillas, sino que suelen obedecer a un conjunto de genes, sin estar claro cuántos o cómo interactúan a la vez. En el caso de arriba, lo que nos dice es que no se creó un cambio en el gen implicado, sino que el ADN y sus mecanismos “copió” los procesos -y por medio de otros genes- para crear tal mutación. En otros casos la mariposa Vanessa, por fenocopia, tiene distintos tipos de la coloración y geometría de sus alas dependiendo de la región del mundo a la que es llevada, asimilándose a las coloraciones y geometrías de la región. Es como si la evolución ya supiese de aquello de “donde fueres haz lo que vieres”. “Lee” el ambiente y sus “contenidos” físicos y químicos (calidad y horas de luz, alimentación, ecosistema, presas/depredadores, sus “vecinos”, etc.) para “favorecer” una mutación u otra. Por otro lado está el efecto Baldwin, ya analizado en otro escrito, por el cual la evolución tiene a favorecer ciertos rasgos frente a otros, al hacer que los individuos “prefieran” procrear con los que portan dichos rasgos, frente a los que son sus “opuestos”.Mariposa Vanessa    Volvamos arriba, a los procesos cerebrales. No pienso que la evolución, ya en lo humano, tenga una sola regla de cómo tiene que operar el cerebro, de cómo adquiere información del medio y cómo la procesa en la dirección que el medio sea predecible, sino que existen “varias versiones” y mantiene una de ellas que es la más promediada como la válida. Sigue creando distintas apuestas y la vida, cada sociedad y cada generación, son el campo de batalla de dichas apuestas. Lo que Bateson a descubierto, con la teoría del doble vínculo, es la activación o puesta en juego de todas las apuestas. Doble vínculo o doble mensaje es el hecho que alguien te de dos mensajes contradictorios entre sí, en donde uno suele operar de castigo y otro de premio, y en donde de cualquier forma con cualquiera de los dos “pierdes”, (el típico “te voy a azotar porque te quiero y es por tu bien”). En ese dilema el cerebro no crea ningún tipo de aprendizaje, o no crea aserción, debilitando la capacidad del cerebro para volverse autónomo o con aprendizajes válidos para la vida. En definitiva, y según Bateson, el doble vínculo está detrás de una gran mayoría de los casos de las esquizofrenias.

    He profundizado en el tema (dentro de unos márgenes de tiempo, mis necesidades y mis límites) y al final he leído que tal teoría ha sido invalidada, pues la mayoría de los síntomas de los esquizofrénicos se resuelven con medicación, o sea, equilibrando la química cerebral, lo que lleva a que tal trastorno es provocado por tal desequilibrio. Tal afirmación no me convence. Primero porque lo que “arregla” son los cambios más evidentes, como los delirios, el escuchar voces y síntomas de este tipo, y porque está claro que si a alguien le duele la pierna y se la cortas le deja de doler, pero eso no quiere decir que le hubieras “arreglado” el problema. La medicina actual adolece de este mal: solucionar los problemas más evidentes, sin ir a la raíz de los problemas subyacentes. Al final, para solucionar otros problemas, hay que recurrir a otras terapias, en donde todas ellas, “terapia familiar, tratamiento comunitario asertivo, empleo con apoyo, remediación cognitiva” (fuente Wikipedia), van en la dirección de hacer que dicha persona esté bien insertada en su familia y la sociedad. O sea, a fortalecer y validar su ego, pues en definitiva y como dice la teoría del doble vínculo, con la educación dentro de un ambiente de dobles mensajes, el cerebro sólo es capaz de crear un “ego debilitado” (ego weakness) que no puede “crear” un adulto preparado para la vida y la sociedad.

    Bajo mi punto de vista, el planteado arriba, no es que una familia o sociedad cuestione a un individuo concreto, que también, sino que hace que el ADN se “replanteé” si la “programación”, tal como está expresada y que es la mediada por la evolución, no sea la válida y por ello creará cambios en cadena, en cómo el cerebro ha de recoger la información del medio y en cómo procesarla. En un ejemplo de Bateson:

Es corriente afirmar que los esquizofrénicos tienen “un yo débil”. Por mi parte, definiré esa debilidad como una perturbación que impide identificar e interpretar aquellas señales que deberían servir para decir al sujeto qué clase de mensaje es un mensaje por él recibido, es decir una perturbación en la interpretación de señales que son del mismo tipo lógico que la señal: “esto es un juego”. Por ejemplo, un paciente ingresa en el bar del hospital, y la empleada que está detrás del mostrador le pregunta: “¿en qué le puedo servir?”. El paciente experimenta la duda de qué clase de mensaje es éste: ¿es un mensaje que se refiere a asesinarlo?, ¿es una indicación de que ella quiere acostarse con él?, ¿o le está ofreciendo una taza de café? Escucha el mensaje y no sabe a qué clase o a qué orden pertenece ese mensaje. Es incapaz de seleccionar aquellos rótulos más abstractos que la mayoría de nosotros podemos usar de manera convencional pero que la mayoría de nosotros somos incapaces de identificar, en el sentido de que no sabemos qué cosa nos hizo conocer de qué tipo de mensaje se trata. Es como si, de alguna manera, nosotros hiciéramos una conjetura acertada. De hecho, tenemos poca conciencia de recibir esos mensajes que nos dicen qué clase de mensaje estamos recibiendo.”

    Analicemos la cuestión más al detalle. Hemos acordado a lo largo de los escritos que la mayoría de los aprendizajes son implícitos, no sabemos cómo y qué aprende el cerebro, pues en realidad la sociedad está llena de dobles vínculos o mensajes (las mujeres y el feminismo los da con respecto a lo sensual, el macho ya no sabe si le tiene que gustar o no, y si tiene que decir algo o no, al modo de un esquizofrénico para el caso). Una persona nos puede decir en su discurso que todo está bien, pero el cerebro implícito capta microexpresiones que contradicen sus palabras. Una persona normal -la promediada por la evolución- tiene el cerebro conectado para ignorar las microexpresiones y no “leer” los dobles mensajes. Quizás ni lea esas microexpresiones de forma implícita, pues su sistema ha bajado o filtrado la latencia de sus sentidos. Me explico, el sistema simpático, el que suele estar activo de forma constante, trata de ahorrar energía (inhibición latente), y en esa dirección capta menos información del medio. Cuando algo nos asusta, se activa el sistema parasimpático, de tal manera que captamos más detalles del medio. Se supone que tras de la mayoría de los trastornos (desórdenes) mentales hay un humano dominado por el miedo, que le hace permanecer con ansiedad y estrés, de tal manera que tiene una baja inhibición latente, o dicho de otra forma, su cerebro capta más cosas del medio, como las microexpresiones. Esto por el lado de la captación de la información.

   Por otro lado está el procesado. Se dice sobre el porno e Internet que si es posible pensarlo o que alguien lo haya imaginado (regla 34), existe en el porno de Internet. La mayoría de las personas -lo promediado por la evolución- tienen poca imaginación o ninguna, alarmándose con lo que puedan llegar a pensar ciertas personas (la película “el ciempiés humano” o el director Lars von Trier son odiosos para la gran mayoría de las personas). Un artista, científico o pensador poseen cerebros divergentes que parecen estar diseñados con una fuerte capacidad para unir puntos remotos del conocimiento y la naturaleza. Un neuronormal tiende a “olvidar” y no procesar lo negativo, mientras que otras apuestas cerebrales analizan las dos: las negativas o limítrofes y las positivas. ¿Qué tipo de cerebro está más acorde con la realidad?, uno que analiza todo el espectro social u otro que sólo analiza la mitad o incluso menos? Como se suele decir “el hambre agudiza el ingenio”, o “la necesidad es la madre de la inventiva”, bajo mi punto de vista, el analizado en este escrito, el “miedo” o estado de alerta es la madre de la inventiva o agudiza el ingenio, en la dirección que procesa toda la información proveniente de la sociedad y no las anula en el cerebro. Volviendo al caso de los esquizofrénicos, es cierto que ven cosas que pueden que no estén allí, pero también es verdad que analizan el medio sin ninguna atadura y sin dar nada por supuesto. El problema del cerebro, y la evolución, es que están constantemente evaluando hasta dónde afinar, filtrar, y olvidar la información que recogen del medio, de tal forma que esa regulación y afinamiento la lleva a cabo en los individuos, las culturas y las generaciones.

Implicaciones del Sesgo OptimistaEl sesgo optimista implica una forma de funcionar del cerebro.

   En resumen. Bajo las reglas del aprendizaje hay varios niveles: 1. aprendizaje automático; 2. supervisión de lo aprendido (doble bucle), los dos previos nos dan el pensamiento rápido y lento de Kahneman; y 3. aprendizaje sobre el aprendizaje (meta-aprendizaje o triple bucle). Sólo los dos primeros están implementados en la evolución, en el cerebro; el segundo sólo es llevado bajo ciertos criterios (errores claros o que nos hacen ver los otros), y el tercero es social y de la actualidad. La esquizofrenia se da en la medida que esa persona, y por una educación con mensajes de doble vínculo, no ha creado un prefrontal lo suficientemente activo como para supervisar su alto nivel sensorial y de procesado mental (no tener filtros al hablar y al actuar: no les funciona o tienen la autocensura). El prefrontal es un “cajón desastre” que tiene una gran cantidad de funciones, todas ellas catalogadas bajo el concepto de sistema ejecutivo. Es a esta propiedad y función que llamamos razón y sede de la conciencia. En realidad se creó, como he dicho muchas veces, como esa última rotonda en los procesos mentales que detecta posibles errores (doble bucle): si no hay errores no se activa, si los detecta se pone en marcha. En esa dirección es, sobre todo, inhibitorio de la mayoría de los impulsos. Por otro lado es el sistema que crea los planes de futuro (memoria prospectiva), acorde a los propios medios y potencialidades. Este segundo rasgo es más nuevo y la verdad es que en tiempos como los actuales, nos suele fallar a todos (vuelvo a esto más adelante). La suma de estos mecanismos es lo que falla en el caso de los esquizofrénicos y en otros o la mayoría de los trastornos.

El Auto-monitoreo como Control CerebralEl auto-monitoreo llevado a cabo por el prefrontal, y por medio de la palabra, equilibra el cerebro.

    Con esto retomo los primeros supuestos, sobre qué es memoria. Cuando la evolución -o el medio- hace cambios en un cerebro, como es el de los esquizofrénicos, está tratando de evaluar si su apuesta evolutiva es la más válida. Cada individuo en su forma de estructurar su cerebro, a través de cómo recibe la información y cómo la procesa, está tratando de crear una identidad, de crear ser, en la dirección de que ese sea el humano del futuro. No cuenta tanto el saber mucho o tener muchos datos inconexos en el cerebro; es hacer que tales datos alteren su cerebro como para crear un tipo de cerebro a la hora de percibir el medio y a la hora de procesar los datos. En otro lado decía que inteligencia es la capacidad de encontrar algo del medio y percatarse que esa “novedad” le va a hacer “crecer” (atajos mentales, hábitos, creencias positivas…); en definitiva una gran mayoría de sesgos cognitivos y emocionales, y modos de proceder de la memoria, son ahora parte de la estructura cerebral, y alguna especie, o ya una persona o una sociedad fue la primera en adquirirla y usarla. Propiamente el lenguaje -o incluso el mentalés-, con una base metafórica, partió seguramente por algún fuerte vínculo entre los primeros actos comunicativos y al relacionarlos con el propio nomadeo en el mundo, en un cerebro que ya tenía la estructura en la memoria de guardar hitos y rutas, de tal manera que todo habla era una ruta con un rumbo y un propósito. Todo acto instintivo, como buscar alimento y comer, a su vez, debió de “contaminar” el propio nomadeo con la falsa idea de que toda ruta ha de tener una finalidad, como así ha de ser una historia bien contada, cuando la mayoría de las veces tan sólo se vagabundea. Fijarse que vagabundo -vagar por el mundo- proviene o da la idea de que es andar en la vida sin rumbo o propósito…  ¡como si en contraposición el tener un trabajo rutinario y en algunos casos humillante sí tuviese algún sentido!, (este es un claro -e invisible- ejemplo de neuro-normatividad). Quizás, en cierta medida, algunas formas de proceder de los llamados trastornos, son unas tendencias de la evolución para crear nuevas estructuras, como ese tercer nivel en el aprendizaje, y donde ya no haya que dar nada por sentado, aún a coste de gastar mucha energía, como así les sucede a ciertos tipos de esquizofrénicos (tampoco hay que descartar que vuelva a “viejas fórmulas” y las ponga de nuevo en juego). Una teoría nos dice que hay un punto en común entre la esquizofrenia y el autismo, un mismo origen y problema en su etapa como nonatos; en los segundos podemos ver el caso de los genios savant, autistas de alto rendimiento, como el protagonista de “Rain man“, basado en Kim Peek, o en el otro caso a científicos revolucionarios como el caso de John Forbes Nash (una mente maravillosa), tratado como esquizofrénico, donde sus búsquedas de patrones van más allá de los límites “normales”, como si en ellos la evolución tantease otras formas de crear la identidad o el ser del humano del futuro.

   Aún queda ciertas conclusiones, pero primero vayamos a los otros puntos a tener en cuenta, para tener una panorámica más amplia. Adelanto que esta forma de analizar todo en detalle, va pareja a las corrientes intelectuales que argumentan que las etiquetas de las enfermedades mentales, como el autismo o la esquizofrenia, son constructos sociales neuronormativos, y en donde tales humanos son tan sólo personas con una idiosincrasia muy particular que viven de forma inadaptada a un medio social, que no le son nada propicio.

Caos: Sin Sentido o Sentido

Ese es el problema de ser invisible: acaba uno muy solo.” en la serie “Trinkets”
El demonio de la exigencia reside en el detalle exasperante.” Kevin McCloud
“…la mayoría de las cosas sin resolver, sin reparación, mascullando que es todo un caos. Y por mucho que comprendamos que todo es caos, esa comprensión es una negación del caos y por lo tanto debe ser ilusoria.” Bryan Stanley Johnson
El sentido de las acciones, «en el acto», se configura por su relación con el propósito.” Peter Berger

 

(El presente escrito es parte de otro mayor donde se tratan los temas siguientes:

Azar, libertad y determinación.
Caos: sin sentido o sentido.
El sentido está en las primitivas.
• ¿Hacer algo o no hacer nada?
Reacción frente a acción.
Las capas de la historia.

   El primero “azar, libertad y determinación” estaba escrito, pero era bastante personal y he optado por buscar otro ejemplo distinto mío; en principio para ir contra la auto-creación de la identidad -que siempre es susceptible de crear autosugestión- como lo describe el presente escrito. Tampoco hay que olvidar y menospreciar aquello de “por la boca muere el pez”. En azul, y por si no está claro, spoiler de una serie.)

Caos: sin sentido o sentido

   Tratando de buscar el concepto de situación de Sartre, diferente en su uso con respecto a otros pensadores y la versión mundana, para ponerlo como enlace a la gráfica sobre el mapa de lo que es el cerebro con respecto a las primitivas, indagué en la Wikipedia sobre el teatro de situación, y de allí me remitió al teatro del absurdo. Me encontré que en su momento había habido cierta polémica entre Sartre e Ionesco, uno de los representantes del teatro del absurdo. Se me antojó que dicho debate daba para un escrito y para explicar uno de mis conceptos centrales. Traté de investigar sobre el tema, para usarlo de núcleo y base del escrito, pero no encontré demasiado. No digo que no exista algún escrito o que no se pueda profundizar en ello si así se desea, pero estaba fuera de mis deseos hacerlo, pues no era la base del tema que quería tratar. La idea de fondo me valía. Como el cerebro queda anclado a ciertas ideas como pendientes (pregunta abierta), y rápidamente detecta del medio todo aquello relacionado con dichos anclajes -es a lo que yo llamo pegajosidad neural- al empezar a emitir la serie “Catch-22“, al poco me di cuenta que me venía muy bien para asentar y explicar aquello que trataba de mostrar, sobre a qué me refiero con absurdo y porqué en cierta forma me posicionaba al lado de Ionesco con respecto a Sartre . Vayamos a ello.

   Tratemos primero de la diferenciación entre el teatro del absurdo y el de situación. El último, propio del existencialismo y sobre todo de Sartre, crea una trama muy elaborada donde cada acción tiene sentido con respecto a un final. Es la típica estructura de principio, nudo y desenlace. El autor crea el esqueleto desde ese final, de tal manera que tiene que encajar cada parte para que todo lleve a la última acción. De fondo la cuestión lleva solapado preguntas esenciales con respecto al sentido de la vida, el significado de todo, en donde la narrabilidad y lo teológico es lo que hace que todo tenga una trama bien trazada. En algún escrito yo he usado la metáfora de una linterna que alumbra hacia atrás en un túnel. Imagina encontrarte al final de un largo y oscuro túnel y ver la luz de la salida, por el medio vas tropezando y esquivando las cosas que vas encontrándote por el camino, al final, en la salida, te encuentras una linterna y la enfocas hacia el túnel para ver con qué te chocabas. Sin la linterna el “sentido” no se ve, está en la oscuridad, y al enfocar con la linterna es cuando podemos ver cada detalle con los que nos hemos ido encontrando. Las obras de crímenes, como las de Agatha Christie, tienen esta estructura: sólo al final tiene sentido cada detalle. Un buen escritor de dicho estilo ha de cuidar cada detalle y ha de revisar una y otra vez que cada nuevo acto o situación no contradiga o vaya contra ese final. A la mente me viene de igual forma la película “el sexto sentido” o “sospechosos habituales”, los flashback finales van pasando por distintas partes de los films, para mostrarnos que ahora tienen un nuevo sentido, a partir de unas últimas informaciones que “rematan” las obras. Toda la narrativa, todo arte, tiene que estar inmerso dentro del sentido, y por ello de las finalidades. Esa es la estructura que explica lo humano. El cerebro está construido con dicha estructura, de tal manera que está ávido de sentido, de finalidades, de porqués. Es, en un lenguaje que yo usaba antes, un patrón enquistado, lo que yo llamaba narrabilidad. Cada acción se empieza porque hay una finalidad que le marca la ruta a seguir. Si tengo hambre, y en la actualidad, me dirijo a la nevera para saciar mi hambre. Esa estructura, basado en actos sencillos, después es la que tiene que encajar para explicar varias acciones a lo largo de meses o años, o toda una vida. Pero, ¿tiene sentido que tengamos que usar dicha estructura para todo?, en definitiva: para dar sentido a nuestra vida, a la vida sobre el planeta, y a que exista algo -el universo- en vez de nada.

Estructura Aristotélica de la trama trágica

   Con esto llegamos al teatro del absurdo, que por no divagar y ahorrarme trabajo dejo la definición hecha por la Wikipedia:

Aunque el término se aplica a una amplia gama de obras de teatro, algunas características coinciden en muchas de las obras: comedia amplia, a menudo similar al vodevil, mezclada con imágenes horribles o trágicas; personajes atrapados en situaciones desesperadas, obligados a realizar acciones repetitivas o sin sentido; diálogo lleno de clichés, juegos de palabras y tonterías; parcelas que son cíclicas o absurdamente expansivas; ya sea una parodia o rechazo del realismo y el concepto de obra bien hecha.”

   Su obra más célebre es “esperando a Godot”, en donde ciertos personajes dicen esperar al nombrado en el título, sin que este nunca llegue. La obra parece como el típico reloj estropeado, que queda anclado en que su minutero avanza un paso, e inmediatamente vuelve a la posición anterior. “Nada sucede, dos veces. Y entonces algo sucede, y te hace desear que no vuelva a pasar nada”, llegó a decir el crítico Vivian Mercier. A la mente nos puede venir igualmente, por tener algún vínculo o guardar cierto talante, el propio Kafka, o escritos como “Ulises” de Jamen Joyce. El primero ha sido, superficialmente, calificado de surrealista, en donde el sentido es aquel que puedan tener los propios sueños y por ello su posible simbología, sentido que el propio autor negó. El segundo -la obra de Joyce- de un escrito que sólo puede ser llevado a cabo una vez, y no se le permitirá a ningún escritor más crear tal “monstruosidad sin sentido”. De fondo igualmente uno puede pensar en la música dodecafónica, aquella que no trata de atenerse a armonía, ritmo, melodías, ni ningún tipo de patrón finamente estructurado. Qué tienen todas estas manifestaciones en común: que carecen de sentido, del componente teleológico y narrativo. No hay finales que alumbren o den un sentido a dichas obras. Finalmente el cerebro se rinde a la evidencia que no hay que preguntarse, que allí (no) hay nada. La palabra y el concepto de nihilismo emerge sin que uno lo pueda evitar.

¡Spoiler, sobre la serie Catch-22!, aunque no me voy a meter en detalles.

    La serie “Catch-22” se basa en un soldado, bombardero, que trata de evitar su cometido, pues en definitiva trata de mantenerse vivo. Durante la serie lo vemos hacer una y mil artimañas para “escaquearse”, en donde algunas funcionan y otras no. Desde el primer capítulo sobresale un concepto, que es el que trata de mostrar la serie o el escritor: la banalidad y lo fortuito de la muerte de sus compañeros y amigos. El propio título explica su propia trama. Catch-22 es un concepto del ejército que viene a decir que si tratas de argumentar que estás loco para librarte de ir al frente, es que estás lo suficientemente cuerdo para no estarlo, y que los que están locos son los soldados que no hacen nada para ir al frente, pero en el momento que traten de alegar que sí lo están dejan de estarlo. Una trampa argumental de la que uno no tiene escapatoria o es posible un contraargumento. La serie redunda en muertes, actos y situaciones sin sentido, o en las que intervienen más el azar que unas causaciones o en vistas a un final. Nos trazan personajes como el soldado que trata de hacer negocios en medio de la guerra, y embauca al personal al mando o al propio enemigo para crear una empresa que reparte beneficios entre todos sus asociados; o ese otro personaje que no trata de ver que la prostituta con la que se encuentra y paga sólo trata de sacarle el dinero, mientras él cree que están enamorados y en espera para casarse. No se atiene a ningún argumento disuasor, mientras que para el resto de los personajes es algo evidente y claro.

Fin de spoiler.

    Entonces… ¿cómo es la vida? El problema de los escritores de novelas de crímenes es el alto coste que requiere mantener la trama con cierto sentido, sin que nada la contradiga. Cuanto más larga sea una de dichas novelas, y cuantos más personajes introduzca, más complicado se vuelve mantener el sentido de cada acción. Por ello este tipo de obras se cierran en unos pocos personajes y se centran en ellos. En muchas series largas, donde han introducido muchos personajes y tramas, el final suele ser decepcionante o en alguna medida fallido, porque los guionistas se ven abocados a cerrar la serie por lo que les dicta la historia, sin tener demasiadas opciones de cambios, perdiendo todo el clima que se había tratado de mantener hasta ese momento. Así sucede en series como “Lost”, Rubicon”, “Years and years” o el propio “Juego de tronos”. Otro caso son las novelas de espionaje. A menudo uno se dice: por qué cuando sucede algo clave, y se encuentran dos de los personajes, no le cuenta uno al otro el descubrimiento o el suceso que le ha ocurrido al detalle…, porque de ser así la trama se volvería más previsible y los finales más insulsos: se rompería el ritmo en crescendo. Lo mismo ocurre con una vida normal. Cuanto menos años se tenga todo se mantiene con cierta linealidad y sentido, pero con cada año que se cumple se vuelve cada vez más complicado que todo sea posible que “encaje” o cuadre con un sentido y/o finalidad. La mayoría de las veces, yo diría que un número cercano al 100%, según se llega a los 40 años uno queda “derrotado” por la vida, al ver que es imposible de buscarle un sentido y finalidad, donde en nuestras tramas han sucedido tantas cosas, tan variadas y contradictorias, que se nos hace inútil crear una posible narración a dicho desbarajuste. Es muy posible que la crisis de los cuarenta, y más tarde la de los cincuenta -de la mediana edad-, tengan de fondo esta sensación de la pérdida de sentido. Yo recuerdo que a los veinte años aún podía encajar con una historia -narración- mi vida, como si ese momento o situación a la que había llegado diese sentido a todo el pasado…, diese sentido a cada una de las penurias y calamidades por las que había pasado. Lo mismo -casi puedo asegurar- a que esa fuese mi sensación a los 34 años, con otro acontecimiento clave de mi vida. Los actos y las decisiones en las que había hecho algo “mal”, ya fuera contra mí mismo u otras personas, aún cobraban cierto sentido, mirados desde ese final. Hoy sin embargo puedo decir (y asegurar) que nada tiene o tuvo sentido. Estamos “condenados” a crear una trama de nuestras vidas que den sentido a nuestro actual presente, al modo de la linterna que alumbra al fondo del túnel. Pero mirado desde mi actual edad comprendo que el cerebro estaba en la trampa de crear sentido, cuando en realidad la mayoría de los actos eran fortuitos o sin ningún sentido. Si como reza el paradigma actual, el cerebro crea un mapa del mundo, que es del que parte para su comportamiento, llega un momento que el cerebro por sí sólo, por conocimiento implícito de ir evaluando y promediando la sociedad, la vida y a las personas, se percata que  no vale ninguna regla, que todo es demasiado caótico como para encajarlo a estimaciones, historias y patrones.  Fijarse que un joven ya tiene toda la estructura cerebral “montada”, y sin embargo están llenos de vida, energía y esperanza…, les faltan experiencias que terminen de dibujar su mapa, y les falta el descubrimiento de que la vida es un valle de árido sentido;  y de ser así, ¿en qué momento te “rindes”?, o como se le quiera llamar. No tengo claro cuál fue ese momento, y si se dio algún tipo de insight (compresión nítida) o solamente ha sido una progresión muy difuminada. Lo que está claro es que al final he dejado de dar sentido a todo.

    Pero las cosas son así y no son tan sencillas a la hora de buscar los porqués. ¿En qué medida a veces tratas de dar sentido a tu propia vida para hacer que los sentidos de los otros sean vacíos? O sea, y no es una cuestión cargada de moralina y de venganza, en qué medida en toda historia siempre al haber varias versiones y validar la tuya lleva implícito invalidar la de los otros. Dos versiones o sentidos es algo incongruente, como si al final una novela negra tuviese dos criminales con un porqué cada uno, cuando sólo hubo una arma y herida de muerte, y no es que fueran compinches. Dos historias montadas en paralelo, con dos tramas posibles y dos motivos distintos, en donde los indicios a la vez encajasen en las dos tramas (se puede hacer como sentido de la obra, claro). Lo que quiero decir, de fondo, es que la existencia humana sólo puede darse desde un sentido. Desde que nacemos, y seguramente porque esté implementado en el ADN, empezamos una narración, en donde cada acto, pensamiento, sensación, sentimiento y suceso tuvieran que encajar dentro de una trama y una finalidad. Pero he ahí que el otro está haciendo lo mismo y yo soy parte de su trama y sentido. El juego de la libertad, como conflicto sartriano de la existencia del otro, cobra así otro sentido. Igualmente la dualidad sujeto/objeto. En mi trama los otros son los actores secundarios, que en tanto que “perfilan” mi trama no tienen que tener la suficiente potestad como para desbastarla o contradecirla. En ese sentido todos son objetos de nuestras tramas o historias, partes del decorado, que puedes quitar o poner a conveniencia, dependiendo de la trama que estés creando para ese presente. Si para el trama actual no encaja cierta parte de la vida, se “olvida” o se ignora. Si de repente alguien del pasado da más sentido a nuestro presente, lo ponemos como parte importante de nuestra nueva visión. ¿Estoy siendo demasiado cínico? Tratemos el tema más detenidamente.

    Por qué alguien que nos da todo el sentido a la vida, como pueda ser la pareja o esposa, de repente se vuelve tan “odiosa” al separarte o divorciarte. Porque su historia, o su propia visión de lo acontecido, es en muchos casos diametralmente opuesta a nuestra propia visión de lo acontecido. Antes del amargo final ha habido una gran cantidad de discusiones y noches en vela para hacer valer nuestra propia historia, decisiones y puntos de vista. En cada una de esas situaciones alguien cree haber derrotado al otro: ha tratado de validar su propio punto de vista o su propia historia. Pero al final los puntos son tan dispares, se tienen unas versiones tan distintas de todo, que se hace inevitable la rotura. Desde el momento que eso sucede has de reinventarte y reconstruir tu propia vida con una trama y con un sentido, en la que esa persona que fue “el alma de tu vida”, de repente es todo lo contrario. En esa disposición nace la amargura y el posible odio hacia el(la), puesto que tiene su propia versión de todo lo acontecido y eso sólo puede ser así, si tu propia visión está “equivocada”. Lo mismo para cada situación en donde ha habido varios puntos de vista y varias versiones que se invalidan la una a la otra.

   ¿Qué hay de fondo para no aceptar tan de buena gana las tramas de esas otras personas? La cuestión viene dada por la estructura del propio cerebro. Lo que yo en su momento llamaba narrabilidad, al final encontré que era tratado bajo el concepto de “identidad narrativa”. El cerebro guarda el pasado como memoria episódica, pero nos son archivos que permanezcan inmutables, al igual que cuando en un visor ves una imagen de un directorio, y donde tal visualización no hace ningún cambio real en el archivo del ordenador. No. En el cerebro cuando el prefrontal “trae” -ya sea por recuperación o por recuerdo y sea por un monólogo interior o por hablar con alguien- un dato del pasado, lo altera con las sensaciones que se tengan en ese momento (y las apreciaciones que haga el cerebro sobre cómo el otro acoge tal historia). Lo mismo ocurre al soñar con alguien o algo del pasado: el recuerdo está siendo alterado. Se crean nuevas conexiones con otros recuerdos (neuronas o grupo de ellas) o con las nuevas sensaciones, de tal manera que cada vez que es traído al presente se le ha añadido nuevos “datos” (puntos de vista, sensaciones, emociones, cogniciones, razones). Esta forma de proceder, de contarnos o contar nuestra propia vida, es la llamada memoria autobiográfica. La identidad narrativa es la visión que nosotros tenemos de nosotros mismos a través de ese “movimiento” de la información en bruto, dentro de nuestro cerebro. Lo que queda en juego, por lo tanto, cuando hay dos versiones de una misma historia, es nuestra propia identidad: la narrativa, aquella que nos da un sentido y una finalidad en la vida. Libertad -en tanto que ente que se construye-, identidad, y vida y sentido, todo es una y la misma cosa bajo distintas formas de verlas. Son distintas caras de una misma figura geométrica. Distintos filósofos y pensadores han visto a la misma figura, y sus refracciones, a partir de distintos ángulos o caras, pero de fondo son la misma “cosa”, la misma figura. En definitiva, y bajo el punto de vista que mantengo en el presente escrito: mi vida y todo en ella tiene que cobrar sentido a partir de la historia que cuente sobre ella, en este momento dado, puesto que están en juego mi libertad y mi propia identidad.

   Encontré que tal idea la ha recogido el mundo anglófono como “face” a partir del concepto chino 臉面. Ante la imposibilidad de ser traducido correctamente, y que el propio inglés sabe de dicha tara, es preferible dejarlo sin traducir. Quizás sería semejante al concepto español de semblante, en tanto que aparecer o representar, y en donde la expresión “compón tu semblante” quiere decir mostrar seriedad y modestia, o serenar la expresión (Drae), o sea no mostrar la emoción real, si no la requerida para la situación. Vuelvo a recurrir a la Wikipedia para explicar el concepto chino de face:

Face es una imagen de uno mismo, delineada en términos de atributos sociales aprobados.
Face es la respetabilidad y/o deferencia que una persona puede reclamar para sí mismo de los demás.
Face es algo la que se invierte emocionalmente, y que se puede perder, y es mantenida o mejorada, y debe ser atendida en numerosas ocasiones de la interacción.
Face es un sentido de valor que proviene de conocer el propio estado y que refleja la preocupación por la congruencia entre la propia actuación o la apariencia y el valor real de uno.
Face significa “valoración socio-dinámico”, un hipónimo léxico de palabras que significan “prestigio; dignidad, el honor, el respeto; status”.

    Fijarse que el rostro humano es comunicación. Hasta cierto momento de la prehistoria debió de ser comunicación interna (entre humanos) y no era para falsear, al modo de avisos: si se le veía cara de susto a alguien te ponía sobre aviso, si de asco igualmente, pero para la comida. Las emociones básicas son un lenguaje universal de hacernos entender nuestro estado interior a otros, que solían ser los de tu familia o grupo. Pero por procesos evolutivos y sociales, al final el lenguaje de la cara tomó otras dos direcciones: ocultar (no dejar ver la emoción interna por propio interés) y engañar (poner ciertas “caras” con ciertos fines egotistas o de intereses propios: “poner cara de pena”, que es distinto que tener/sentir pena). Al igual que la mano y otras partes del cuerpo, la palabra cara en español, tiene una gran cantidad de frases hechas, como: “tener mucha cara”, para hacer ver que alguien es muy egoísta, o decimos “se te tendría que caer la cara de vergüenza”, “cara de perro”, “no dar la cara” y un largo etcétera. Lo que quiero dar a entender es que el lenguaje se creó a partir del lenguaje del propio cuerpo y es muy posible que ciertos conceptos naciesen a partir de los propios gestos y emociones marcadas en la cara. En el chino, así face, es posible, que designase la imagen que uno ha de dar hacia lo social e igualmente que ha de cuidar. Es por lo tanto una extensión del honor y el prestigio. Pero, ¿qué relación tiene con la historia personal? El prestigio y honor de una persona ha de ser coherente con sus acciones y su vida. Si de lo que se trata es de hacer ver que se es una persona confiable se ha de hacer tal tipo de acciones, y toda posible acción que contradiga dicha cualidad va en detrimento de ser aplicable a esa persona. En definitiva, que tu propia historia te da la posibilidad de mantener y ser fiel a una identidad narrativa (face en definitiva), que es la que a la vez te puede dar prestigio y cierto honor. De esa manera, de nuevo, lo teleológico marca cómo ha de ser una vida, no porque ese sea su sentido, sino porque ese es el sentido que uno mismo se trata de trazar como plan de vida. Quienquiera que trate de mostrar que ese no es tu “verdadero ser”, con ejemplos de hechos o palabras de tu vida y pasado, es potencialmente tu enemigo, pues derrumbará la imagen que te habrías creado para ti y para los demás, en definitiva tu prestigio o tu face.

    Con estas últimas afirmaciones se llega a otra futilidad, fatalidad y facticidad (las tres efes) de nuestro ser y nuestro sentido en la vida: ¿uno es o se hace ser?, ¿esas dos entidades hablan de un mismo ser?, y ¿en qué medida nos “programamos” a nosotros mismos en ciertas afirmaciones o bajo ciertos fines?; por ejemplo, si alguien redunda, por narcisismo de las pequeñas diferencias, en que tiene dificultad cuando le dicen a derecha a o la izquierda, al final el cerebro se “ejercita” en ofuscarse en tal tarea. ¿En qué medida nos programan los otros al no dejarnos “mover” de nuestro papel?, el típico “te creía más serio” o frases similares. El humano se ha concedido a sí mismo el derecho de “hacerse” a sí mismo, tratando de salvar toda posible predisposición dada por el ADN, ¿o es una falacia?, ¿qué es autenticidad? Si se analiza la vida desde la perspectiva de que somos nuestra propia memoria autobiográfica, que como hemos visto es maleable y alterable, en la medida que al traer cada dato de nuestro pasado lo cambiamos… qué dice eso de dicha identidad, ¿no nos dice que es una construcción? Se me puede contraargumentar que en la medida que uno se construye a la fuerza termina siendo dicha construcción, pero siempre nos olvidamos del azar, los otros, los errores, y cómo no: lo que el cerebro olvida u oculta bajo sus mecanismos defensivos. En la serie “Rubicon” (este dato es marginal y no es spoiler) cierto día al protagonista -cerrado en sí mismo por una pérdida- le saluda un mujer desde su ventana, en lo que se supone que es un patio interior; insolentemente y con frialdad no le devuelve el saludo y se va. Días después, inyectado de optimismo y de forma aperturista, la espera para saludarla, siendo en este caso despreciado por ella (“donde las dan las toman”, reza el dicho popular). A este tipo de cosas me refiero. De haberla saludado quizás hubieran iniciado una relación, que a su vez habría evitado otras, y así en un juego de carambolas en cadena. ¿Hay realmente un ser al mando en todo este proceso?, como analizamos el túnel con la linterna -desde el presente y hacia el pasado-, lo observamos a partir de ciertos tropiezos dentro de él, y así diremos: “ah, eran unas ramas en las derruidas paredes del túnel aquello que me rozó la cara”, pero quizás no fueron esas ramas, sino unas telarañas que la linterna no alcanza a distinguir. Se ha comprobado que los psicólogos pueden alterar los recuerdos más lejanos y menos nítidos de las personas, hasta llegar a implantar un suceso que nunca existió (ver vídeo). Freud es muy seguro que hizo pasar por esos procesos a sus pacientes. Cuanto más lejano en el tiempo sea el suceso más susceptible es de ser alterado o creado.

    Si se analiza cualquier vida individual el proceso viene ser más o menos igual a lo dicho arriba sobre las tres efes. Pedro Almodóvar, por poner un ejemplo, era un “hijo” de la movida madrileña que tanteó varios derroteros, entre ellos el de cantante, para terminar siendo director. Su “genialidad” a la vez era su ingenuidad, que al final, por ponerse “serio” con su “face”, con mantener y alimentar su prestigio, perdió el encanto y la frescura que emanaban sus primeros trabajos. Algo similar se puede decir de Woody Allen. “No es el mismo” director el de sus primeras obras, que las posteriores en donde su puso “muy serio” (o se tomó a sí mismo más en serio). En los dos casos vemos que en cierta forma su público, críticos y su “face” les exigió tratar dar más de sí mismos, volviéndose al final “otros” distintos a sí mismos, lo que no deja de ser paradójico y muestra la maleabilidad de ese ente que se aparece o “semblante” ante los otros. Lo que trato de mostrar es que todo individuo es una construcción a tres bandas, de 1. las circunstancias (“yo soy yo y mis circunstancias”, diría Ortega y Gasset adelantándose al existencialismo), 2. lo que él mismo pretende y 3. lo que las otras personas ven o le exigen, en un circuito de retroalimentación en donde uno mismo no es el verdadero o auténtico “motor” de lo que acaece. Se ha comprobado que un alto porcentaje, cercano al 100%, del aprendizaje de la vida, de lo social, es cognición implícita, o sea, que el cerebro lo hace sin la supervisión del prefrontal y la razón: se autoconstruye siguiendo promedios de los éxitos o fracasos de las acciones y por ello igualmente de las expresiones faciales (actitudes) propias y de los otros. Ese esquema analizado sobre Almodóvar y Woody Allen se repite una y otra vez tanto en directores como en actores, así como en los grupos musicales o los escritores. Pink Floyd, por ejemplo, dejó de ser “Pink Floyd” y al final sus fans le exigieron volver a sus raíces, pero por lo normal esos intentos terminan en fracasos, pues sus cerebros ya han sido moldeados en sus propias autobiografías neuronales, de tal manera que aquellos procesos mentales del inicio ya no se pueden volver a recuperar, al igual que una información borrada por un fogonazo en una fotografía ya no deja indicios de qué había allí y en el original. Un dato a tener en cuenta con respecto a los grupos musicales es que cuando hay dos representantes de fuertes egos sus “divorcios” producen los mismos efectos que con las parejas: que terminan negándose el uno al otro. David Gilmore, de Pink Floyd, no acepta hablar de buen grado sobre el LP “The wall”, el producto clave de Roger Waters, su “némesis”, cuando los fans lo consideran clave, para él es un álbum menor y fallido. De nuevo renegar al “otro” para validarse a uno mismo: somos igualmente aquello de lo que renegamos, pues es susceptible de mostrar alguna debilidad; debilidades que el semblante no tiene que mostrar: el error de Aquiles no era tener un punto débil, sino que su enemigo (y todo humano es un probable enemigo futuro), conociese ese punto débil. ¿Quién duda que a veces dicen más de nosotros nuestros secretos que aquello que mostramos al exterior? En la juventud se pide a las parejas y los amigos no tener secretos. En la madurez se termina por comprender, la mayoría de las veces de manera egotista, que es mejor tener secretos, y por ello respetar los de los otros.

    Si todo humano es susceptible de un “quitarse la máscara”, la cara, de ser su semblante, ¿quiénes están fuera de ese rango? La propia familia de sangre (o por lo menos lo que venía siendo una familia antes de la “hecatombe” actual, e igualmente tu compañero/a de vida: “dos que duermen en un colchón, se vuelven de la misma condición”). Los hijos son la historia y parte de la historia de los propios padres. Compartiendo el ADN comparten a la vez muchas de las predisposiciones y modos de hacer, de tal manera que lo que suela hacer un hermano suele estar dentro de lo que uno mismo concibe de sí mismo. “Mantenemos un mismo espíritu, por eso somos una familia”, afirman en la serie “Big love”. En la prehistoria contar la vida de los ancestros era parte de la rutina familiar, de tal manera que predisponía, al modo como lo he relatado arriba, a la propia memoria autobiográfica intrafamiliar. Antes era más normal frases como “eres como tu abuelo” o “como tu tío-abuelo” del tal forma que uno se veía tentando a preguntar por él como para al final forjar ciertas maneras que eran de dicho ancestro, pero quizás no tan propias. Esos narraciones forjaban una identidad familiar que más tarde sería lo que hoy entendemos por cultura y que se ha extendido a una región o incluso a un país. De nuevo facticidades, cosas que nos vienen dadas desde que nacemos sin que las hayamos elegido. El secreto sucio del concepto de cultura es que en su base sólo trata de ser instinto. Las tribus que aún subsisten en el planeta no creo que diferencien entre instinto y cultura, pues todo acto propio de su tribu es tan ancestral que ha perdido la línea divisoria entre esos dos actos y conceptos. Hay que recordar que el primer tipo de utensilio de piedra, a modo multiusos, se repitió por cientos de miles de años en nuestro antepasado antecesor. Llamamos cultura al hecho que diferentes grupos de una misma especie tenga hábitos diferentes, como así sucede entre los chimpancés que cazan termitas con una rama o aquellos otros que parten nueces con piedras, y la posibilidad de incorporar dichos saberes del otro grupo dentro del propio acerbo del grupo. De nuevo aquí se aplican las tres efes. Se supone que la identidad de un grupo no ha de tener que ver con nada externo, cuando el concepto de cultura implica la posibilidad de incorporar el saber de otras culturas y/o versionarlas para al final volverlas propias. De ahí la falacia y la vacuidad del concepto de identidad nacional, pues “lo propio” carece de un significado “real” y pleno, pues la ausencia de influencias son imposibles. Lo valida -y mantiene- cada humano que nace en dicho país como propio, al igual que lo hace con cualquier otro aspecto de lo que venimos llamando “face” o semblante (el lenguaje, por lo demás, se va por los lados más extraños y contraviene ciertos conceptos culturales -de nuevo los juegos de retroalimentación-, como en la expresión “no te pongas flamenco“, ponerse chulo, soberbio).

(Aquí ha de venir una gráfica sobre relicarios de absurdos de la sociedad actual, como comprender que el exceso de limpieza es un precursor para las enfermedades autoinmunes y no se trata de ser tan limpios por cuestiones sociales (conformidad, al fin y al cabo). O una ley inglesa ecológica en donde al construir una vivienda y si no llegas a ciertos puntos, no puedes vivir en ella, cuando parte del daño ya está hecho con su construcción y cuando el 99% de las viviendas bajo ese baremo no deberían de habitarse. O que el Estado de trabajo públicos por puntos, y dos personas del mismo núcleo familiar sean funcionarios, cuando en otros núcleos familiares no trabaja ninguno. O que te quiten la antigüedad en el INEM por no sellar, cuando has podido tener causas mayores, y entonces a nivel estadístico baje la cifra de personas paradas de larga duración. Si todo esto, además cuestiones que se le puedan ocurrir a cualquier persona bajos sus perspectivas, fuesen planteadas bajo el teatro del absurdo, ¿qué nombre tendría que tener tal tipo de teatro?, tal sólo teatro de la vida.)

    Con esto volvemos atrás, a la disputa entre Ionesco y Sartre y la serie “catch-22”. En realidad no tenían razón ni uno ni otro, o la tenían los dos. El mundo tiene un orden implícito -subterráneo, plagado de primitivas- que escapa del concepto de absurdo, pero sus “razones” no son las “razones” que están establecidas en lo social. Tan absurda puede ser cualquiera de las acciones sin sentido mostradas por el teatro del absurdo, como muchas de las rutinas y hábitos que adquieren y mantiene ciertas culturas como parte de su identidad, o como absurdas son las creencias y las acciones más recónditas, escondidas y secretas de la mayoría de los humanos. Por lo que algo deja de ser absurdo es porque es parte de nuestra identidad, mientras que sí lo pueden ser otros hábitos similares de otras culturas o identidades. En definitiva que absurdo o sentido sólo son puntos de vista desde una identidad o cultura, y en esa medida todo es absurdo y tiene sentido a la vez. Ritualizamos ciertos procesos no porque sean parte del prefrontal y la razón, sino porque emergen de lo más subterráneo del cerebro bajo la simple premisa de buscar sus equilibrios homeostáticos. Si el cerebro de un obsesivo compulsivo “necesita” cerrar y abrir tres veces la cerradura de la puerta no es demasiado distinto de otros hábitos como darse la mano o los buenos días. Como nos dice Bateson el cerebro “funciona” con opuestos (es similar a mi concepto de ser identidad a partir de lo que no se es): mostrar la dentadura fue una forma disuasoria de avisar que se podía atacar, pero al final funcionó como lo opuesto: “no te voy a hacer nada, estoy bien contigo”, hoy a esa acción la llamamos sonreír. Dar la mano tiene un inicio similar: era mostrar que no tenías nada en la mano que atentase contra la vida del otro. Si hubiera unos extraterrestres que analizasen esos comportamientos, los analizarían como absurdos, pero como son parte de nuestra identidad humana tienen sentido.

Spoiler sobre la serie Catch-22

   Con esto llegamos al final de esta sección y volvemos con las tribulaciones del protagonista de la serie Catch-22. Desde niños, como no recuerda el poeta “nos adormecen con cuentos”, vivimos rodeados de narrativas que están construidas desde el final para darles todo su sentido. Cada relato, película o historia que contamos a otro está contagiado del concepto de narrabilidad. Este proceso repetido una y otra vez terminan por forjar la identidad narrativa y la ilusión de que hemos de tener control de nuestra vidas. Aquí de nuevo volvemos al conflicto Ionesco/Sartre. Bajo mi punto de vista el “primer Sartre” es posible que hubiera dado la razón a Ionesco, pues sus bases eran la facticidad, la contingencia, los otros y la situación: Conceptos todos que implican que somos “hojas llevadas al viento”. Pero por el proceso mostrado arriba de los virajes personales en cuanto uno se vuelve público, Sartre cambió al hacer del concepto de libertad su bandera: uno tenía que accionar en la vida, a partir de decisiones, de elecciones, para dirigirla. Y eso hace nuestro protagonista en la serie: trata de mantenerse vivo, tratando de manipular y alterar todo posible acontecimiento que pusiese en peligro su vida, cuando de una manera u otra siempre le salían todos sus planes mal. Es más, ciertas de sus decisiones o dubitaciones “provocaron” que ciertas personas terminase por morir, de tal manera que además de no llevar a cabo sus fines, le perjudicaban aún más. El último capítulo, en una de estas garrafales desventuras, colapsa y termina por rendirse a la evidencia: él no tiene control de sus vida y es mejor no tratar de alterar nada. En ese proceso encuentra su paz interior.

Fin de spoiler.

    (Contiene “trazas” de spoiler). El presente escrito no está exento de narrabilidad y de estar construido desde un final (teleológicamente), con lo cual según sus propias premisas no es fiable, y sí tendente a querer influenciar y por ello a “manipular”. La vida no puede ser ni tener un control completo de ella, ni abandonarse a su suerte. De fondo la primitiva que emerge es el locus de control, que a su vez se basa en reducir el miedo y la ansiedad, pues dichos estados mantienen el sistema nervioso simpático activo, que en definitiva repercute en la salud y por ello lleva a la muerte. Si la premisa de la vida es la autopreservación, no le “interesa” mantener el sistema nervioso simpático activo, y por ello recurre a la ilusión del control, para “apagar” dicho sistema y volver al parasimpático. La identidad narrativa está construida desde dos lados extremos, desde las primitivas como la mostrada arriba, y desde la razón, que trata de analizar la vida de forma fría y analítica. Se es susceptible de parecer un trastorno tanto si se quiere tener demasiado control (o creer en ello: como el exceso de soberbia y de narcisismo) de la vida, como si se trata de no decidir nada. El humano, por procesos culturales, “inventó” la fortuna y a través de este primer concepto, sobrevino la buena o mala y al final los distintos dioses. En esta estructura vemos que algo cultural se vuelve instinto en el transcurso de cientos de milenios, pues ciertas personas nacen con dicha capacidad hacia la espiritualidad -y tiene una zona “dedicada” en el cerebro-, mientras otros no. Evolutivamente hablando es más “conveniente” la espiritualidad, pues beneficia y alarga la vida, ya que si “se deja hacer a la vida”, no es tal que estar en manos del azar, sino de alguna fuerza que tiene unos “planes” y tanto uno mismo como el “mal” forman parte de dicho plan. La cuestión, que es lo que he tratado de mostrar en este complejo escrito -sin tratar de ser un consejo para nadie-, es cómo ha de tomarse la vida alguien que no tiene nada de espiritualidad. Mi punto de vista, realista (realismo depresivo), es que la vida carece de sentido, y todo en ella es absurdo. Tanto los actos y lo que creen las personas como el comportamiento social. Se habla de la despersonalización como un trastorno, pero según mi escrito ¿no debería de ser la norma?, ¿acaso el error humano no fue tender hacia la identidad narrativa y la social la de mantener la face? No digo nada extremo, lo mismo que argumento yo se sigue en la estructura de fondo del budismo, sólo que el budismo está bañado de misticismo y pensamiento mágico. Ahora mismo, en mi situación actual, ni he alcanzado la paz del protagonista de la serie Catch-22 (o la budista), ni quiero tomar el control de mi vida. Vivo en un limbo, en donde no quiero ocuparme de la vida, pues toda decisión implica siempre mantener el estatus quo de lo establecido en lo social como “valores” por los que luchar; cuando yo no creo en ninguno de esos valores. Conformidad, como la de la actitud final del protagonista de la serie, quiere decir hacer tu papel dentro de lo social sin cuestionar nada…. en ese caso, y como paradoja, ¿tratar de ser inconformista es no tratar de ir con la corriente?, y en ese caso no hacer nada. Ya no creemos en las revoluciones. De nada sirve cambiar la forma del bigote o depilarse las cejas: la cara, la realidad humana, es lo que subyace bajo esta y su estructura nunca cambia. Somos una especie inclusiva y jerárquica, y estos rasgos no se pueden ocultar o minimizar. Por lo demás, el paradigma actual, del capitalismo, se basa en esa lucha individualizada, en ese forjarse uno su propia vida, a expensas que otros como yo no quieran hacerlo y terminen, bajos sus conceptos, siendo unos perdedores. Lo siento, soy como los balineses, alguien que no comprende, y le resulta inverosímil y absurdo (retrotraer el concepto de absurdo tratado en el escrito) que la cultura occidental deje que alguien se muera de hambre, mientras otros viven en el exceso. ¿Y qué hacer, además, si el trabajo, como dice Baudrillard, se ha vuelto un bien escaso que no está al alcance de todos?, ¿Ni comes, ni puedes llegar a trabajar para poder comer? Toda esta lógica intelectiva, en la vida, tiene sus contradicciones, pues la vida no es lógica, sino emocional. No hay que pensarla, sino vivirla, pero esa regla no vale para los que sólo son pensamiento, y viven desde el prefrontal y la razón.

Las conclusiones a los escritos, a veces, vienen de donde menos te lo esperas… He visto la película “Los vengadores – fin de juego” y me ha sorprendido su tono melancólico y derrotista. Igualmente la conclusión de Thor, semidiós venido a menos, cuando dice: “para mí es hora de ser quien soy, y no quien debería de ser”.

———————————–

Leyendo los Viejos Arcanos

   Lo que sigue, quizás excepto el primer párrafo y por su explicación, no pretenden ser la “Verdad”, tan sólo leer viejos símbolos. Ni siquiera recurriendo a otras lecturas, que ya implicarían saber y no intuición. Se basa, por lo tanto en intuiciones propias, que quizás con el tiempo, y al ser revisadas, tenga que cambiar. Leo cartas, arcanos, no por un aprendizaje pormenorizado, sino dejando salir lo que me diga la parte más profunda del cerebro, y aunque en ciertos momentos me parezcan contraintuitivas.

   La vida es un sistema adaptativo. El humano, en tanto que cuerpo (dejando de lado de momento el prefrontal, la razón), está dentro de ese sistema. Adaptativo quiere decir una lectura somera de la realidad para vivir en cierta armonía con ella. Todo ave no busca el vuelo perfecto (Juan Salvador gaviota, la novela, como prefrontal, sí lo hacía), lo que busca es el camino más directo entre lo que tiene en ese momento: cierto tipo de ala, la densidad del aire de allí donde vive, así como las condiciones ambientales en las que se tiene que alimentar o cazar (ecosistema). El vuelo, así, y en los reptiles, nació de forma casual, en donde ciertas plumas que se habían creado para ser vistosas para las hembras, ofrecían cierta resistencia al aire al saltar desde una rama a otra rama o hacia el suelo. Lo que se espera de un humano es que se adapte a cada situación. No adaptarse es ser rígido y es estar menos vivo. Ser dogmático es igualmente un signo de rigidez. Lo que continua por lo tanto no trata de buscar una verdad, sino adaptar la razón al pensamiento mágico, del cual procede este segundo. Recordemos que todo cerebro es una representación simbólica del mundo. Un animal se hace el muerto ante un depredador, sin saber qué es la muerte, tan sólo representándola en su cuerpo, a través de la total quietud. Es un instinto. Uno de esos aves concretos quizás nunca haya visto a otro ave muerta. La muerte está dentro de sus signos, de sus conceptos grabados en el ADN, como primitivas. El cerebro, así, es un sistema simbólico entre ciertas primitivas muy antiguas y primarias, como la muerte, y la lectura que ese cerebro concreto -de ese ave- haga de la realidad. Dos lados, dos realidades. La primera adaptada (escrita) por miles de millones de años, y la segunda la adaptación a un entorno concreto y posiblemente nuevo. Lo viejo y lo nuevo, lo rígido y lo más adaptable (neuroplasticidad). Lo segundo queda supeditado a lo primero en tanto que en casos de extrema urgencia se recurre a lo más rápido, y la respuesta más validada por cientos de miles de años: lo reflejo, lo instintivo, los arcanos, los arquetipos, las primitivas. El humano, evolutivamente hablando, nace desde el pensamiento mágico a las palabras, donde las segundas, al final o en la actualidad, son la razón, en lenguajes tan estructurados y rígidos como los de la lógica y su hija la matemática, o a la inversa, pues se supone que el universo son números y es lo único que parece rígido e impermutable, frente a todo sistema adaptativo o vida.

   Volviendo a ese instinto de hacerse el muerto, Sartre ponía al desmayo humano (no de problemas físicos) como un atavismo proveniente de aquel otro arcano de hacerse el muerto. Para Sartre las emociones eran una interpretación/representación mágica de la realidad. Toda lógica de ese aspecto mágico, como lo hace la psicología o las ciencias cognitivas, son desde la razón, y llegados al caso, a través de los promedios, como generalidades, que se hayan por los estudios estadísticos. Pero las emociones son un punto intermedio de las lecturas de las primitivas y la razón, luego en esa medida son subjetivos y muy individualizados. Es aquí donde nace el concepto de qualia, por el cual los promedios y las estadísticas, como saber, fallan, pues todo individuo es un caso muy concreto, una mutación si se quiere, de ese cruce de dos lados muy opuestos. Cada humano y en cada momento, es un estado emergente, y por lo tanto único, provenientes de ciertas circunstancias de dicho momento, “analizadas” desde las primitivas, que crean dos caminos: el primero que promueve una emoción, y una segunda senda en donde el prefrontal toma una somera lectura de ese momento y “añade” algo más al estado emocional. Toda emoción “pura”, arcaica o primaria, como se ha catalogado a la ira, al miedo, a la sorpresa, al asco y la alegría, al final se vuelven sentimientos por el cruce de varios de ellos y por la propia interpretación que haya hecho el prefrontal. Así cuando alguien habla de amor, es “su” amor y de nadie más, y de nada vale la ciencia, los promedios o ninguna otra verdad. Es un estado emergente de un individuo concreto, en un momento concreto de su vida, de una vida muy concreta. ¿El mentalés de Fodor se alimenta de ese cruce entre las emociones y la semántica de las palabras? (recordar el sándwich de  tres panes y dos lonchas de queso entre ellas, de otro de mis escritos), frente al emocionalés, que son las pasiones o cruce entre las primitivas y las emociones. El sexo, así, es pasión como ese cruce entre el instinto de reproducción (primitiva) y las emociones, entre las que se encuentran la ternura y la empatía. A veces se badea o balancea y sólo es pasión y sólo sexo, y otras va hacia el otro extremo y emerge desde los sentimientos más “nobles” que nacen del amor. Dividir el cerebro siempre es traicionar lo concreto que es todo estado emergente. Aunque yo fuerce las divisiones y ponga fronteras, estas no existen, y todo acto sexual se mueve de un lado a otro entre la pasión y lo más tierno que es el amor. En la pornografía, toda esa magia o pensamiento mágico, que es todo individuo como puro estado emergente, muere. El lado mental o espiritual desaparece cuando sólo se queda o se ve al cuerpo.

baraja-espaola1   Un hecho curioso de las cartas y los juegos españoles como el tute, basados en las antiguas cartas del tarot, es que el tres es el segundo valor más alto después del uno o as. Está claro que debe de haber heredado ciertos conceptos cristianos: unidad y trinidad, y el uno y trino del Catolicismo. De ser honestos estos signos vienen de más antiguo. Para que los años cuadrasen con los ciclos de la luna, al final de un ciclo o año había tres días que pendían en la nada, en donde no se estaba ni en el año lunar viejo ni en el nuevo. En tal fecha la tierra parecía quedar suspendida en una constelación: la de la cruz. constelacion-de-la-cruz-del-surTal fiesta es la que se conoce en la actualidad como nochevieja, que hoy queda tan sólo entre dos días o una sola noche. Igualmente y repitiendo el número tres, uno de esos signos de la luna, es “esconderse” durante tres noches, al igual que los tres días en los que Cristo permaneció muerto. Aquí se ve que los signos, los arcanos, que han heredado la premisa de lo adaptativo, no tratan de ser racionales, pues la luna a la vez representaba la maternidad. O quizás sea por eso: que de la hembra sale el hijo, y madre e hijo sean dos partes que una vez fueron unidad: la luna. La propia cruz está formada por dos unidades, donde lo ternario es el cruce o superposición de los dos primeros. La cruz simboliza al hijo, a Cristo, luego, y siguiendo las divisiones humanas en tres edades de otros de mis escritos, los dos palos son el adulto y el padre (genérico, no sexualizado). El padre se superpone al adulto para crear al hijo. De hecho la constelación de la cruz, es muy posible, que en la antigüedad o la prehistoria representase al hombre y no a la cruz. Al hombre se le puede representar, y distinguir de casi todo el resto de animales, por su verticalidad: caminar a dos pies, y horizontalidad: su laborar con las manos. ¿Quiso dar eso a entender DaVinci al crear la imagen del Vitruvio, en donde una de sus posiciones era en cruz? Por cierto, sabiendo la condición humana y su impertérrito optimismo, nunca me encajó que el año comenzase en invierno. Averiguando en Google encontré que antes comenzaba en primavera, lo más lógico, el despertar de la naturaleza, de la madre tierra, pero un emperador Romano, y viendo que no podía cambiar la ley que decía que las incursiones guerreras empezaban con el año, lo que sí pudo cambiar fue que el año empezase al comenzar el invierno, para así iniciar una conquista en esas fechas. Y de nuevo las paradojas, hoy en día ya no lo podemos cambiar, porque el sistema humano social se ha vuelto tan complejo, que no hay forma, ni ley, ni país que pueda cambiar algo tan esencial. El humano se anquilosa en sus cadenas… perdón, quise decir reglas.

1280px-Da_Vinci_Vitruve_Luc_Viatour1

   ¿Cómo encaja todo esto con las divisiones cerebrales de primitivas, emociones y palabras? Recordemos que las primitivas tienen las “órdenes” de terminar de formar a un humano. Este nace “aun no siendo un humano”, y con el paso de los meses y los años termina por serlo, al llegar a la edad adulta, después de la mielinización del prefrontal. Siguiendo esta “lógica” o estructura, el hijo son las primitivas y el prefrontal el adulto. Entonces, ¿el padre son las emociones?, parece contraintuitivo o que no sigue una lógica estructural, pues las emociones están ahí antes que el prefrontal y la razón. ¿Por qué tendría que ser así?, cuáles son las pistas que me han llevado a esta idea. En un tuit decía que cómo se puede ser un niño y un cínico a la vez… eso fue lo que me llevó a los actuales planteamientos. El prefrontal es razón. En mi lenguaje, y comparándolo a los ordenadores, el prefrontal es una unidad multipropósito (como lo es un microprocesador). Esto es: no tiene otra estructura que la lógica, no está impelida por ningún otro proceso sesgado, emocional o primitiva. Que tenga esa capacidad no quiere decir que “funcione” con esa capacidad, como demostramos todos los humanos en el día a día. Su capacidad queda expuesta si uno se aísla del mundo y trata de pensar desde esa unidad multipropósito. En ese estado uno analiza el mundo desde fuera de las emociones, y la rigidez que imponen los sesgos enraizados en las primitivas. Es en ese estado que se puede denominar razón. A la filosofía se le achaca su alejamiento de lo humano, sobre todo de lo emocional. Una lectura somera podría concluir que la filosofía la han desarrollado los hombres y querían “escapar” de lo emocional, que está representado por las mujeres (Almudena Hernando, 2012), pero nada más alejado de la realidad. Todo filósofo, sobre todo aquel que tienda a aislarse (Wittgenstein, Nietzsche…),  “puentea” las emociones, pues estas surgen sobre todo del contacto social, de tal manera que las deja de lado. En esta unidad, y de trabajar tal como debería, todos somos más o menos iguales, puesto que hay humanos que tienen una mayor capacidad para llegar a ese estado aislado, frente a otros, y puesto que esta “unidad” depende de la energía y capacidades, como la memoria a corto plazo y la concentración. En esta unidad -en su abstracción- no hay sexos, ni razas, ni ningún otro distingo. Pero si esto puede parecer una “virtud” en realidad no lo es, puesto que lo que nos une a otro seres humanos son los estados emocionales y las primitivas. O si se quiere, las lecturas de esos dos lados que al unirse o ser mediados por esa unidad multipropósito, nos vuelve seres con qualias, seres con sentimientos. Hay que fijarse que todos nacemos con las mismas primitivas, o con diferencias, como la de los sexos o géneros, y todos compartimos las emociones básicas, pero lo que nos hace único son los sentimientos. Ese medio camino entre las emociones y el prefrontal. Los sentimientos raramente se pueden compartir y por ello es complicado, sino imposible, hallar a un “igual”. Son lo que nos hacen únicos, indeterminados y por ello lo que nos crea como entes autodeterminados. En definitiva en seres únicos o adultos. En dicho estado, y de ser coherente tal “módulo” o capacidad y de forma aislada, tendería a mantenerse desvinculado y autodeterminado, pues como dedujo Sartre, el otro es siempre aquel en donde mi indeterminación se vuelve un ente concreto u objeto: en donde se vuelve a perder la autodeterminación. Como la vida es una trampa que funciona a la perfección, uno no puede ser -o poner a prueba su autodeterminación- que con otros seres humanos, luego tiene que vivir en sociedad. Dado lo vertiginoso y complicado de la vida, ese núcleo tan frágil que es la autodeterminación o vida de los sentimientos, aquella borrosa frontera entre las palabras y las emociones básicas, se diluye en nada cuando en el día a día tiene que formar parte de grupos, y en donde al crear identificaciones, creamos una identidad propia, en donde o perdemos parte de nuestra propia identidad nuclear -esa borrosa frontera-, o perdemos capacidad para ser parte del grupo. O sea, de forma constante nos “vendemos” -enmascaramos- o nos tratamos de mantener íntegros, lucha imposible de equilibrar, con lo cual al final la vida “vence” al crear identidades grupales. En realidad no es una “traición” propiamente dicha, puesto que al nacer lo hacemos en un momento concreto de la historia y dentro de una cultura, que van a dar un “regusto” de fondo a todos nuestros sentimientos. Explico esto, por si no ha quedado claro. Se supone que mi unicidad lo es en tanto que sentimientos, pero estos no pueden escapar, por ejemplo, que nazca en Viena y bajo el influjo de unos padres que aman la música clásica. Mis sentimientos musicales estarán “atravesados” por el gusto de los Austriacos hacia la música clásica, al igual que una tribu de cazadores recolectores lo estará por la música tribal. Por eso decía que las fronteras en el cerebro no existen, y son meras abstracciones que sólo nos sirven para “comprendernos” o analizarnos.

  Con todo, el módulo de la razón, como razón aislada de todo lo concreto, puede desprenderse de ese gusto hacia la música clásica. Esta capacidad del prefrontal de renegar de todo lo dado, que en realidad debería llamarse razón (la libertad de Sartre), el humano medio -y en el lenguaje coloquial- se llama cinismo (amargura en el fondo). En la mediana edad (la edad de la razón en lo coloquial), que es aquella a la que se llega a sobre los cuarenta y cinco años, al final la razón, ese ente que tiene como parte de su núcleo la autodeterminación, se “cansa” de tratar de encontrar a un igual, o dicho de otra forma, termina por comprender que es único… que está solo en el mundo, y que todo posible intento de crear unidades o agrupaciones con otros humanos son vanos esfuerzos, que por lo demás son fallidos (fallo del que se reniega a tenor de mantenerse cuerdo o por miedo a la soledad). O dicho más llanamente: en la mediana edad, y de ser honestos, todos somos cínicos, pero ya sea por costumbre, por mantener la máscara, o por no traicionar a los que tienes cerca, no se termina de asumir o de dejar salir a ese ente cínico atravesado por el principio de querer ser un ente autodeterminado. O dicho de forma más larga, se tratan de ignorar a las emociones, a las básicas, mientras que por otro lado no se puede renegar de las primitivas, luego con el paso de los años el anciano representa muy bien ese papel de esa dualidad de los dos extremos como niño y como cínico. No hace falta decir que toda persona que viva aislada pasa por ese mismo proceso de forma prematura, puesto que las emociones, aquellas que son la ligazón comunicacional en la especie social que somos, quedan aminoradas o anuladas, y el prefrontal, ahora como rumiación, se queda frente a las primitivas, pues dicha estructura no se puede obviar, pues son los pilares o armazón del cerebro. Un psicópata, así, es aquel al que se le ha atrofiado la amígdala, que es el núcleo cerebral de las emociones básicas, de tal forma que pierde la capacidad de empatizar con el dolor de otras personas. Demás está decir que la soledad no crea psicópatas, pero estructuralmente, son “igual” que ellos. La diferencia es que el psicópata se ha “divorciado”, como mecanismo de defensa y por lo tanto sin su “intención”, de las emociones por algún fuerte trauma de la niñez (a veces heredado o una mezcla de las dos condiciones). Tanto el anciano, el solitario, como el psicópata comparten que son un prefrontal frente a unas primitivas. Obviando, o habiendo dejado de lado, el paso intermedio que son las emociones universales, fuente de muchos de los sesgos y tendentes a crear uniones con otros seres humanos. “Necesitadas”, por lo tanto, de la capacidad y la fe para crear vínculos humanos.

   Después de este largo rodeo vuelvo a la pregunta de arriba y su respuesta. Las emociones, o lado intermedio entre la razón y las primitivas, representan al padre, en la triada hijo, adulto y padre, puesto que los padres pierden la capacidad para la autodeterminación y por ello quedan “atrapados” en lo emocional. Un padre, el “macho tradicional”, se tiene que hacer valer por su capacidad para llegar al enfado o incluso a la ira. Estado que el niño ha de temer. Tal estado viene dado por la fragilidad que la testosterona provoca sobre el equilibrio emocional del hombre, que tiene con tal comportamiento la capacidad de liberar su estrés interior, a través de esa emoción básica. Por otro lado la madre (tradicional) es la protectora o aquel ente que sólo es emoción, en tanto que “resguarda” al hijo tanto del padre, como de ese mismo lado “agresivo” o duro de la sociedad. Este comportamiento repetido por milenios entre los mamíferos, no igual en las aves, al final crearon dos primitivas o arquetipos asentadas en el ADN: el padre y la madre. Hay que recordar que la vida es un sistema adaptativo, no busca verdades, no busca tampoco virtudes o el “bien”. Si el humano tiene dichas primitivas y arquetipos es dado a que “funcionan” (se adaptan) bien, puesto que la propia vida humana es esa dualidad entre lo tierno y lo duro, entre el amor y su ausencia (ya sea en la indiferencia o en el odio). Si al hijo se le educa sólo desde el amor, sin dureza, no estará preparado para la vida: será demasiado blando y sensible (hijo de mamá); y si por el contrario se le educa sólo desde la más cruel de las durezas se “creará” un potencial psicópata o delincuente. La homeostasis, o tendencia al equilibrio de todo sistema complejo, se sigue en esta regla de los dos arquetipos: la madre y el padre. Idea que ya perfiló Aristóteles y la media de oro al decir que la virtud está o es el equilibrio entre sus opuestos. Ni imprudente, ni cobarde, sino su punto medio; ni engreído, ni sin amor así mismo… La evolución ha llegado a la “conclusión” que hace falta el padre y la madre arquetípicos para que el humano llegue de forma equilibrada a la madurez. Tal estructura están como primitivas cerebrales. Tampoco hace falta que el arquetipo de padre sea el macho y la hembra la madre. El caso es equilibrar esa balanza. Quita uno de los dos lados, o desequilibra la balanza, o que los arquetipos no estén claros, para que el humano no madure de forma “correcta”, que no llegue a la madurez, para que se vuelva un cínico antes de tiempo, o para que se quede en su fase infantil de por vida. Hay tantas posibilidades, pequeñas variaciones y desequilibrios (azar/variables) en esas dos disposiciones y disparidades, como humanos hay en la tierra.

   Cierro con conclusiones. Las primitivas son lo mismo que lo que llamamos arquetipos en su forma más rudimentaria. La razón se las tiene que haber con que no puede escapar de los roles. El policía “bueno” y el “malo”, durante los interrogatorios, son roles que dos individuos tienen que mantener, pero que en el fondo llaman a los arquetipos de padre (dureza) y madre (protección). Tales roles “funcionan” porque todo individuo busca el amor, la validación del amor, y “huye” del desprecio, de la indiferencia y del odio. Tales roles no “funcionan” con un psicópata o alguien muy racional y por ello con una clara marca de su autodeterminación y validación interna. Un político, o cualquier personaje público, se atiene a roles y siempre son cambiantes, puesto que se tiene que adaptar a cada circunstancia. Ora es amable y cercano, y de repente parece distante y duro. Obedece a roles, a máscaras, que vienen bien en cada uno de los casos en los que habrán de ser “usados”. Entremedias de los arquetipos (primitivas, sistema reticular) y los roles (razón, prefrontal), están los estereotipos, “inundados” dentro del mundo de las emociones (memoria individual y emociones, hipocampo y amígdala).

   ¿Diagnóstico del presente bajo estas reglas? La mujer, el feminismo, no quiere ser “reducida” a arquetipos o estereotipos. Busca ese ser autodeterminado, “libre” del “aparato” emocional, y libre por lo tanto de hacer o caer en hacer algún “papel” o representación en la vida. Propósito muy noble. Pero falla por cuanto ha de vivir en la vida, que recordemos que es una trampa. Sobre el 80% de las mujeres tienen hijos, luego al final tienen que “renegar” de su autodeterminación para hacer el rol de “protectora”, de cuidadora. ¿Lo puede hacer ella sola? Si se ha entendido bien la trama de la evolución y de este escrito, ella misma no puede (o debería) de hacer los dos papeles, puesto que un cerebro en desarrollo no puede entender o se puede equilibrar, si de la misma fuente o signo o individualidad proviene lo “bueno” y lo “malo”, el premio y el castigo, el dolor y el placer. Eso sólo puede “provocar” que ese humano llegue al cinismo antes de tiempo, pues verá con los mismos ojos de sospecha a todo humano que se le acerque: que será una fuente de dolor y placer. Esa es la verdad, esa es la realidad, esa es la vida de un preconciente, de un realista depresivo, pero ese estado no es el más saludable, ni para dicha persona, ni para la sociedad. Si todo el mundo se volviese cínico a la vez, la humanidad dejaría de tener sentido, todos dudando de todos y buscando el fin individual, frente al fin social. Quizás vayamos por ese camino, pero no es el deseable. Si por otro lado la madre -sin que exista un padre en su rol- sólo trata de dar amor, “creará” un humano “paralítico” emocionalmente, pues toda frustración o estrés por mínimo que sea, lo “derribará”.  Así lo parece demostrar la llamada “generación copo de nieve“, extensible igualmente a los milenials, sensibles a los más mínimos de los roces “dañinos” de la sociedad y los otros.

   Con esto llegamos al macho. ¿Alguna vez ha pensado el feminismo lo “duro” que es o haya podido ser hacer el arquetipo de macho para el hombre a lo largo de los milenios? Veo al antiguo “macho” en situaciones como los mineros representados en la serie “Chernóbil” (basada en hechos reales), donde saben que van a trabajar duro y morirán, pero aun así aceptan el trabajo sin rechistar. En unas décadas o decenios ese macho no existirá. Muchos de los males que el feminismo achaca al macho en realidad no deberían de ser hacia él, sino a las culturas y religiones nacidas a partir de los grandes asentamientos, como la judeo-cristiana-musulmana, que beben de la misma fuente. El arquetipo de macho y hembra provienen desde las etapas más primarias de los seres vivos, bajo el agua de los océanos. Y la que vemos más marcada en los humanos provienen de nuestras raíces mamíferas. Halla las “fallas” de casi cualquier comportamiento de machos y hembras mamíferos, y encontrarás las bases de los arquetipos de machos y hembras humanos. No es un camino que el macho humano marcó y quiso diferenciar o estructurar para “doblegar” a la hembra y por ello llegar al patriarcado…, ya provenía de más antiguo, de estados previos al humano. Está errado en lo social -por la falta de igualdades-, sí, pero sigue siendo válido como estructura dentro de la familia. En la actualidad la tendencia es que el arquetipo y el rol de padre esté desapareciendo. Todo hombre tiene que “pisar el freno” y no marcar su papel o arquetipo de padre dentro de la familia, con lo cual es igual que si tal arquetipo desapareciese y la madre tuviese que criar a los hijos por sí sola. La situación actual -en occidente- se parece más a una situación de dos madres o una madre tratando de hacer los dos roles, que la “antigua” y arquetípica de dos sexos, dos roles. Y volvemos a lo de arriba, y me ahorro de volver a explicarme. Tal estado de cosas no crea un adulto estable o realmente maduro. Hoy en día los hijos no se quieren ir del hogar paterno/materno. Frente a lo “blando” que resulta el hogar, ¿para qué o cómo salir a la dureza que resulta la propia vida y la sociedad? La sociedad actual se basa en el fuerte individualismo, puesto que en el fondo todo adolescente que llega a la adultez es un cínico en su núcleo, al que los mecanismos de defensa cerebrales oculta. El narcisismo es la marca de las nuevas generaciones, pues sus almas “reblandecidas” carecen de la dureza que le habría podido dar el rol de padre, que inevitablemente los volvería más modestos y sobrios. Si sólo se cría con amor, el alma se cree falsamente invencible y dura, cuando la realidad es totalmente la opuesta. No me puedo imaginar cómo serán estas nuevas generaciones cuando lleguen a la mediana edad. Va a ser una total pesadilla tanto a nivel individual, como social.

   ¿Ataco demasiado al feminismo? Para bien o para mal siempre se han dado el maltrato de género y las violaciones. Está claro que no es lo deseable y que su lucha es noble. Pero mientras que esos son males “eternos” que quizás nunca desaparecerán, el nuevo estado de cosas desde el feminismo y el cuestionamiento del “macho”, sí es algo nuevo que se podría evitar o cuanto menos sobre lo que poner atención y ver si va a ser para bien o para mal. Los “nuevos padres”, las nuevas familias, no parecen tratar con hijos, sino con amigos. Papel extraño y ambiguo donde los haya, pues pierden el respeto y la autoridad, y una vez que no se tiene es complicado recuperarlo sin que de nuevo se produzcan fallas y traumas en el desarrollo de ese cerebro. Un adulto maduro termina por comprender -por el uso de la razón- el porqué de los roles o arquetipos que hacían su madre y padre, pero en la actualidad y bajo las extrañas nuevas reglas, ahora se sigue teniendo respeto por el arquetipo o rol de madre, pero no ya igual por el del padre. O ha sido demasiado blando o demasiado duro, pero no parece que las nuevas generaciones “asimilen” con la misma gratitud y bondad el papel del padre como el de la madre. O sea, en el fondo mantenemos uno de los roles y lo “amamos y respetamos” y odiamos el segundo. ¿El lenguaje feminista no debería de ser el de acabar con todo arquetipo o rol?, más bien parece que su único propósito – de forma explícita o implícita-, haya sido la de acabar con el rol del macho, del padre. No será que ahora el “débil” sea el macho que ya no sabe cuál es su papel en toda esta nueva trama… que se sienta perdido y sin ninguna autoridad. Y no será que sea ese sentimiento del “nuevo” hombre el que esté repercutiendo en que este sea más errático en sus comportamientos y sin ninguna meta aparente, más que en muchos casos la pura y simple búsqueda del éxito, la competitividad y el sexo. Quita a un humano de todos los “cuentos”, de todos los “metarrelatos”, y tendrás una simple marioneta. Un cuerpo descarnado -cual carne reblandecida por una alta radiación-, sin ninguna posibilidad de ponerse ninguna máscara nunca más, ante el dolor de sentir tal dureza sobre su sensible piel.

   Lo que ya he dicho en otro lugar: la auto-demesticación del macho vino propiciada por la mujer (piénsese en ello: muy al principio el macho se mantendría al margen de la crianza, tal como lo hace casi la totalidad de los mamíferos, y la madre educaba al varón durante años a su gusto, de tal manera que lo fue dulcificando, pacificándolo, haciéndolo más cercano al espíritu femenino, hasta que estuvo preparado para la monogamia; nadie lucha por esa aparente encerrona a la que nos “sometió” la mujer; no fue una acción premeditada, claro, pero como tampoco la ha sido el patriarcado), y hoy en día nos dan la patada y nos dicen que ni les “servimos”, y ni nos quieren bajo los aspectos que son propios de nuestras primitivas sexuadas. Ni quieren al antiguo “macho” duro y pétreo en su rol o arquetipo, ni quieren al hombre reblandecido actual (narcisista, infantil y egotista) bajo sus propios parámetros o los parámetros de las nuevas sociedades. Familias desestructuradas, o sin el arquetipo del padre, crearán cada vez más hombres confusos y sin un rol o arquetipo al que poder acogerse…. ¿Qué futuro o papel le queda al hombre?, ¿cuál a la humanidad? En la actualidad, después de milenios, hemos creado una sociedad más preparada para el cerebro de la mujer, que para el cerebro del hombre. Como ya dijera aquella película extraña y profética de los años setenta: “Adiós al macho“, este muere dentro de una sociedad para la que ni está preparado, ni le quiere.

Los Derechos del Hombre Primitivo

    Este escrito irá después de dos anteriores que están pendientes de ser terminados, pero lo adelanto porque es fácil de escribir, pues sus premisas son sencillas; si bien puede que lo tenga que retomar, reescribir o ampliar en días sucesivos. A estas alturas dudo si todo el “adendum” de “lo que es lo que (a)parece” no tenga que ser un libro por sí mismo. De hecho creo que es más largo.


Breve resumen.

   Trataré de crear un marco conceptual del porqué la renta básica ciudadana no es un disparate, en la dirección de crear una sociedad realmente justa e igualitaria. Siempre me ha parecido desmedido el concepto del pecado original. La idea de que todos y cada uno de los humanos “cargamos” al nacer con la culpa de la desobediencia a Dios de un primer padre y madre. Pero este concepto me viene bien para tratar de definir mi propuesta.


   En un escrito decía a modo de pregunta al aire: qué significa ser español, si nada me pertenece de dicho territorio sino tan sólo la ciudadanía. En aquella pregunta ya estaba la semilla de estas ideas. Bajo mi punto de vista en cada nacimiento el pacto de qué significa ser español se rompe y se debería crear uno nuevo (conceptualmente hablando). Lo que quiero decir es que todo humano nace bajo unas reglas que él mismo no ha llegado a pactar. Este pacto se llama “contrato social” de los derechos y deberes de cada individuo. Pero ¿es justo firmar algo en lo que yo no he dialogado, ni he leído en ningún momento? Es como firmar una hoja en blanco, que sólo de adulto ya empieza a revelarse en palabras en dicha página. Toda ley, derecho y deber de un ciudadano es la suma de pactos consecutivos a lo largo de la historia, el cual cada ciudadano de cada época firmaba como hoja en blanco. Se supone así que mi padre al ser adulto leyó tal escrito y trató de reelaborar las reglas, y a la vez el suyo y así hasta el principio de la humanidad… pero ¿realmente ocurrió así? Si nos remontamos a un principio remoto la península ibérica apenas si tendría unos cientos de habitantes y les “pertenecía” al completo. Si nos remontamos a unos milenios más tarde de repente la península se ha llenado de humanos que sólo son propietarios de una región o zona. Entre medias de esas dos edades nunca se pactó nada. Nos basábamos en los principios territoriales que pueda tener cualquier otro animal: “yo he llegado aquí y defiendo mi terreno, si me lo ganas es tuyo”. Pero hay un salto entre estos dos estados. El humano era nómada y se desplazaba, la pertenencia no tenía ningún sentido. El derecho que reivindico es el de dicho humano nómada.

    Bajo mi punto de vista el humano al tender a los asentamientos jugó a algo así como el juego de las sillas, donde la falta de una silla deja fuera del juego a uno de los participantes. Pero el nómada nunca pactó jugar ese juego: ese juego se estableció entre los humanos sedentarios, de tal forma que él fue considerado como alguien que al no sentarse en una silla ya había perdido el juego. El resto de pactos se crearon a partir de esa primera desigualdad o diferencia. Aquel que tenía unas propiedades tenía unas ventajas que el resto no podía negociar. Se negociaba a partir de dicha propiedad.

   Todo humano ha de nacer bajo el concepto de aquellos nómadas del mundo que ni entendían el juego de las sillas, ni querían jugar. Vagaban por el mundo y este era de todos y de nadie. Es cierto que no se puede negociar de arriba abajo todos los pactos posteriores con cada nacimiento, o al llegar a adulto con cada persona, pero esta regla o consideración sí prefija que esta tierra en la que nazco me pertenece a mí tanto como a los que ahora son propietarios. En ese caso ese “propietario” de ciertas hectáreas de tierra en realidad es un arrendatario que ha de pagarme parte de sus beneficios para subsanar esa falla inicial y primera. ¿Eso ya lo suple los impuestos?, no. No reivindico que se me pague un dinero y de esta forma propiciar el parasitismo. Reivindico que tengo derecho a trabajar una parcela de tierra y en ella construir una vivienda. Con cada nacimiento, virtualmente hablando, se vuelve a hacer la división de la tierra, de la cual cada ciudadano tiene una parte igual que la del resto; pero tal cosa no es posible llevarla a cabo, lo que sí se puede llevar a cabo es que con los beneficios de todas las tierras se creasen viviendas sociales con alquileres muy bajos, y una renta básica ciudadana. Esto igualmente suena a parasitismo. Reivindico que puesto que los bienes de las sociedad ahora ya no son los “frutos de la tierra”, todo humano tenga el derecho real a un trabajo digno, por el cual poder tener esa vivienda social de alquiler muy bajo. La complicación viene dada a crear el suficiente número de trabajos como habitantes existan. Pero bajo mi punto de vista -y los derechos del hombre primitivo-, los puestos de trabajo totales son las sumas de sus horas, luego habría que dividir dichas horas por el número de trabajadores existentes en una región o país. Habría que acomodar nuestra vida a la disponibilidad de las horas de trabajo, y no a la inversa trabajar más para tener más, mientras que otros no pueden trabajar y tener nada, pues en definitiva de nuevo este proceso es otro juego de la silla: un juego sobre el que yo nunca he pactado y que al no querer jugar me deja fuera del juego. El Estado, cada año, debería regular la cantidad de horas de trabajo disponibles con respecto al número de trabajadores. Los sueldos no deberían de ser tan distantes como para crear clases sociales, desigualdades o injusticias. Sólo así tendría sentido los actuales derechos de las constituciones, como el de tener un trabajo digno y una vivienda, que de otra forma son meros deseos que no llegan a cumplirse. En el escrito “la vida como trampa” apunto a qué posibilidades tiene de vivir alguien que no trata de competir con nadie en la vida. Yo no tengo porqué luchar por trabajar si no creo en la lucha y donde esa lucha implica que alguien pierda. Yo no quiero jugar al juego de la silla si de este juego depende que alguien se quede sin comer. Igualdad quiere decir que todos tenemos una silla y que nadie se quedará sin comer porque no crea en la lucha o no parta de una igualdad al nacer y por ello con ventajas. Entiendo la vida como lucha, pero ¿tiene sentido luchar cuando un país tiene los suficientes recursos y viviendas como para vivir cómodamente todos, y donde unos tienen muchos y otro nada? Si no queremos sobre-explotar el planeta tendremos que vivir con lo que ya tenemos. Es una falacia pensar que se requiere un crecimiento constante en un planeta de recursos finitos. Hemos de crear un modo de vida con los recursos actuales, e incluso tratar de bajar el número de humanos sobre el planeta. En la actualidad igual de “tara” es nacer bajo el signo de no querer luchar que con una tara física o intelectual. La igualdad genética no existe y está reglada para que haya “mejores” y “peores”, más actos o menos actos, y por ello las leyes han de crear reglas para que tales diferencias se hagan indistinguibles.

   Resumiendo. Al igual que se ha aceptado por milenios que se nace con ese pecado original, deberíamos aceptar que se nace bajo los derechos de aquel primitivo nómada que nunca quiso jugar al juego de la silla, y que sólo quería vagar por la tierra alimentándose de lo que había en ella, y que de repente se encontró con que todo terreno era defendido “con uñas y dientes” por alguien que decía: “esta tierra es mía y no puedes coger nada de ella”, sin ningún sentido para él. Los derechos del hombre primitivo han de establecer que si realmente deseamos una igualdad y justicia, y en donde el Estado no parezca suplir la posibilidad de llegar a crear un trabajo para todos los ciudadanos, como indemnización a dicha rotura del pacto se compensase a todo ciudadano sin trabajo con una renta básica con la que vivir mínimamente. No por darle algo a lo que no tiene derecho y como ayuda, sino porque a dicha persona le pertenece cada uno y todos los recursos del país en el que nace como a cualquier otro ciudadano. Dicha renta básica ha de salir de los ciudadanos que más capital tengan, gravados con unos impuestos más altos en la dirección de nivelar dichas desventajas.

La Dimensión Individual II – La Vida Como Trampa

El acto mismo de hablar es un modo de marcar lo inusual frente a lo habitual.” Román Jakobson
Esto puede significar que no hay esperanza para la raza humana, no obstante, sí la hay para los miembros individuales de ella.” Eric Berne
El secreto de una madurez feliz no es otra cosa que el pacto honrado con la soledad.” García Marquez
Es más fácil vivir con versiones alternativas de una historia que con premisas alternativas de una explicación «científica».” Jerome Bruner
Es muy difícil someter a la obediencia a aquel que no busca mandar.” Rousseau

 

   Otros títulos barajados que puede que fueran más indicativos: “la vida como trampa que funciona a la perfección”; “el análisis transaccional como sistema complejo”. Llega un momento del invierno que el cerebro que soy cambia tanto que ya no tiene “pegamento” para unir las cosas. Mi memoria de trabajo no funciona nada de nada, y mi motivación se cae por los suelos. Es un tipo de aclimatación programada, donde el sistema hormonal cambia para que el cerebro no gaste tanta energía y se destine a mantener el calor. Se baja el nivel de testosterona, que a su vez baja el nivel de dopamina. La líbido como telón de fondo, como ya he hecho ver en otro escrito. Tengo cuatro escritos medio empezados y no soy capaz de darles continuidad. Lo que en verano escribo en un día, en invierno me lleva varios días. Al final me abro tantos frentes, en tantos escritos y en los propios escritos, que soy incapaz de terminarlos. El presente lo publico pendiente de revisar todo el final menos desarrollado, porque sino me “bloqueo”. Por lo demás lo escribo y no funciona la “pegajosidad neural”, ya no sé lo que he escrito como para ampliar o depurar ciertas partes. El escrito que he retirado titulado “Goliat cuando David duerme” lo retiré porque creí que este tenía que ser previo.


   En agosto del 2017 cree la hipótesis de vincular memoria visio-espacial y todo proceso de memoria. Con el tiempo fui comprobando que la ciencia ya apuntaba en esa dirección. Al final he encontrado una serie de estudios y teoría, llamada “ventajosa”  o aventajada (no sé si esa sería la traducción correcta de “vantage theory“) donde vincula, por analogía, el espacio y el tiempo a todo proceso de crear un concepto o un registro de memoria. Lo que faltaba en mi hipótesis era la velocidad, que la incluye tal teoría. Dejo estos escritos (en inglés) sobre el tema para el que quiera investigar. Sus conceptos son muy abstractos y complejos.


Resumen.

   Este escrito bien puede ser tomado como una segunda parte de “La dimensión individual”, en tanto que trato de explicar mi punto de vista sobre la vida, o sea, un punto de vista individualista. La “novedad” es que revisaré ciertas ideas a través de la teoría del análisis transaccional. De otra parte revisaré dicha teoría para que encaje o sea comprendida dentro de la teoría de los sistemas complejos.


   La vida es sencilla de comprender: ella está hablando constantemente de sí misma. El problema es que no hablamos su lenguaje. Si no hablamos el lenguaje de la naturaleza es por lo que se puede comprender la frase de Fodor que dice que “cuando sigues haciendo preguntas a la Naturaleza, la Naturaleza sigue diciendo “no”, no es irrazonable suponer que en algún lugar entre las cosas que crees hay algo que no es verdad”. Bajo esta premisa la teoría sobre sistemas es la ciencia que trata de hacer dicha traducción. La superveniencia, dentro de dicho lenguaje, establece que desde que “nació” el universo se crearon sistemas bajo unas pocas bases o reglas. Un sistema se “crea” o establece porque se crea una dinámica interna como para que se llegue a un estado equilibrado. En esa dirección en la medida, que interaccionan sistemas se crean estados emergentes, en donde se crean nuevos sistemas. Estos nuevos sistemas “heredan” las reglas del sistema “padre” y no lo pueden cambiar, al igual que la genética de nuestros ancestros nos definen, pero la nuestra no incide en nada sobre nuestros padres o abuelos. Dichos sistemas en la superveniencia y a grandes rasgos son: 1. partículas, 2. átomos, 3. moléculas, 4. vida, 5. vida social, 6. mente o conciencia. El cerebro sigue las reglas de las reacciones moleculares, en la química cerebral y las leyes electromagnéticas, y aunque está claro que el humano puede romper un átomo en la fisión nuclear o crear nuevas moléculas, no por ello cambia las reglas del sistema de los átomos o el de las moléculas, más bien se tiene que atener a ellas. En todo esto nace el eterno problema de si la mente se puede “reducir” a reacciones químicas y eléctricas. Sí y no. Sin el “hardware” no puede haber mente (que en la terminología cibernética es wetware, la parte blanda o pringosa del sistema), pero hay que entender el concepto de emergente, este establece que el total es algo más que la suma de sus partes. Este dilema es igualmente problemático para definir qué es o no es vida. Lo que un lego pueda creer que es vida es muy distinto de lo que nos dice la ciencia.

ToK_Simple

Árbol del conocimiento, leer sección “hipótesis de la justificación”

   Bajo estas premisas… ¿de qué se trata la vida?, que es un precedente a la mente y esta se rige bajo sus premisas. Es reducible a la premisa de replicarse, pero para hacer tal “cosa” necesita energía. Este es su “faltante”, en el momento que tiene tal energía tiene la capacidad para replicarse. La vida está dentro de las reglas de los sistemas adaptativos. Se adapta al medio para mantenerse como sistema, para mantenerse vivo, valga la redundancia. En esa dirección cuando se dieron varios tipos o apuestas de vida podían interactuar entre ellas. En los sistemas, los más estables suelen ser los “estados” más “comunes”. La interacción más estable (y general) entre seres vivos es la simbiosis mutualista, donde las dos especies implicadas dan algo y reciben algo. Aquí ya podemos introducir las ideas del análisis transaccional y ya en lo humano, en tanto que forma parte del grupo de animales sociales, dentro de la superveniencia. La palabra clave de tal teoría psicoanalista es el de transacción. Para esta escuela de la psicología los humanos crean interacciones a través de una simbiosis mutualista, donde los dos agentes o personas que entran en juego, dan algo y a la vez reciben algo. Conviene leer el libro “juegos en los que participamos” de Eric Berne para una visión amplia del análisis transaccional, en el presente escrito me centraré sólo en algunas de sus ideas. Si todo se reduce a una transacción: ¿cuál es la moneda de cambio? Como nos dice Eric Berne -de forma muy precisa y concisa en el prólogo del libro- el reconocimiento social es casi tan necesario como lo es el propio aire que respiramos. Esto sigue una hoja de ruta precisa. Lo faltante para el cuerpo es el oxígeno que es la fuente más directa para obtener energía. Por otro lado lo faltante para el cerebro son los estímulos, este “prefiere” el dolor -como parafrasea Berne- a la falta de estímulos (lo que no deja de ser paradójico y abre una nueva ventana a la hora de tener en cuenta el dolor).(1) Una persona en una cámara totalmente insonorizada y sin luz, apenas si puede aguantar un corto espacio de tiempo en tal situación. Fijarse que el cuerpo -en la teoría de la superveniencia- sigue las reglas de la vida, el cerebro por otro lado sigue otras reglas: es un órgano o sistema complejo “creado” con la “finalidad” o “sentido” de recoger información del medio: sin información “muere” su principal “sentido” y no es capaz de sobrevivir a tal proceso, como tampoco lo puede hacer el cuerpo ante la falta de oxígeno. Por otro lado el hombre -en tanto que mente en uno de sus niveles: el mamífero- está dentro de los animales sociales, donde el contacto con otros de su especie es su aire.

Capas de la Realidad Dentro de la Superveniencia IV    El traductor, del libro que tratamos, creo que apostó mal a la hora de traducir uno de sus términos principales y que es la “moneda” de cambio entre humanos. Esto nos dice el libro: “la caricia puede usarse como la unidad fundamental de la acción social. Un cambio de caricias constituye una transacción, la cual es la unidad de las relaciones sociales”. Berne usa el término inglés “stroke”, que puede significar tanto acariciar, golpe (toque), como jugada. Hubiera sido más acertado traducirla como palmadita, ya que caricia implica un acto demasiado íntimo, cuando lo que en realidad quiere darnos a entender Berne son las típicas palmaditas en los hombros (o en las rodillas o dar un leve golpe empático en el estómago o actos similares; fijarse igualmente que la palabra usada para dar una llamada perdida por el móvil es “dame un toque”). Aunque más adelante nos diga que: “extendiendo su significado, la palabra “caricia” puede emplearse para denotar cualquier acto que implique el reconocimiento de la presencia de otro”. Sea como fuera, por lo menos en España, el concepto de dar palmaditas en el hombro, que no tiene por qué ser textual, es el que se ha validado y se usa como concepto de tal transacción. Por lo demás tiene más sentido, ya que la antigua moneda de cambio era el desparasitado, que es una de las “funciones” dentro de los animales sociales del grupo al que pertenecemos: los primates, donde la transacción es “yo te desparasito si tú me desparasitas”. Otro dato a tener en cuenta es que según la psicología evolutiva el diálogo suple esa función: yo te escucho y a la ve tú me escuchas. De otro lado están las convenciones sociales, como el dar los buenos días, etc., como otro modo de transacción… y quizás donde se ve más claro toda esta trama, pues en cuanto alguien no nos devuelve el saludo lo más seguro es que nosotros ya no lo volvamos a hacer.

   Conviene hacer un alto en todo esto. ¿Acaso el análisis transaccional no es en el fondo muy cínico e “inhumano”?, ¿cómo se nos puede reducir a transacciones de “palmaditas en el hombro”? O en última instancia a simbiosis mutualistas. Remito al libro para que cada cual saque sus propias conclusiones. A mí me “convence” porque yo siempre lo he visto así. Dos situaciones que se me dieron en la adolescencia me hicieron captar la vida de esa manera. No tenía toda la teoría o todas las premisas, pero de forma implicada mi cerebro captaban esas ideas y patrones de la vida social (apuntar que implicado es la manera que tiene la ciencia ahora para llamar a lo que en otro tiempo se llamaba inconsciente). Desde aquella edad aposté por “retirarme” de la vida, pero a esa edad es muy complicado, por que como nos dice Eric Berne todo contacto humano implica una transacción dentro de “juegos”, y en cuanto se tiene contacto con otro humano ya has entrado en algún juego. De hecho estar solo, bajo las reglas de los juegos, es tan sólo otra forma de “jugar”.

   Otro párrafo de desvío. No aceptamos a que la vida pueda reducirse bajo estas premisas, porque el yo individual, que es la base del cerebro, no quiere validar a que este sea en lenguaje de la vida. Al análisis transaccional le falta una vuelta de rosca, que es tratar de buscar el “sentido” de la identidad narrativa, que es la base del yo y la conciencia, como ente que en soledad y de forma interna se manifiesta como autoconciencia. Si todo sistema vivo se equilibra por un faltante, qué le falta o es la base de la identidad narrativa: la coherencia y el protagonista. Nuestra identidad narrativa no acepta ser reducida al lenguaje de los sistemas complejos porque “atenta” contra la coherencia y el concepto de agente. Un relato para que sea “válido” o “funcione” como relato requiere de ciertas premisas. En todo relato se da validez al concepto de agente: un ente que es el que está dentro de nuestra cabeza, como Koji -como persona o agente- lo era del robot “Mazinger Z”. Conviene traer aquí lo que nos dice la Wikipedia, por ser esclarecedor:

Gō Nagai (el creador) quería tomar ciertas ideas sobre el manejo del robot de sus antecesores y, sin embargo, que no resultara demasiado similar para el suyo. Pretendía crear un robot tripulado, manejado por un piloto, pero deseaba que quedara patente que el robot interactuaba con el piloto, como si ambos quedasen vinculados, hombre y máquina, por algo más que cables y acero. De hecho, a veces el robot parece tener voluntad propia: por ejemplo, algunas veces Koji se lo encuentra fuera de su hangar, como si tuviera ganas de luchar.”

Koji_Head_Mazinger_Z

   En tal planteamiento se deducen las mismas premisas del concepto dualista de Descartes del humano, como cuerpo y alma, el cual -por mucho que la ciencia haya desvelado sus entresijos- no queremos abandonar. La identidad narrativa tiene esta misma premisa dualista. El yo es un agente que es el que toma los mandos de su propia vida, y cuando las ciencias nos reducen a números y estadísticas nos negamos a no creer que -las doble negaciones la procesa peor el cerebro- en todos y cada uno de nuestros actos, nazcan de una elección de nuestra voluntad, ambas depositarias de ese agente que “habita”, cual navegante, en nuestro cuerpo. Pongamos un ejemplo de un análisis propio de la ciencia. Se ha descubierto que los adolescentes son más proclives a tomar decisiones menos conservadoras o buscar sensaciones más fuertes o arriesgadas cuando están en grupo que cuando están solos. No obedece a tratar de impresionar, simplemente es que cuando están en grupo se da otra dinámica, por los efectos mostrados arriba de los cambios de comportamiento por el número de los grupos. O para decirlo de forma más sencilla: sus cerebros están “programados” para actuar de una forma cuando están solos y de otra cuando están en grupo. Está comprobado porque de esa misma forma actúan los “adolescentes” de animales tan dispares como los delfines y los ratones, pues se ha corroborado por experimentos. Si se le dice a un adolescente que existe tal patrón y que sus actos no son “elecciones” no lo aceptará. Va contra las premisas de nuestra identidad narrativa, donde ha de primar un “protagonista” o agente que tiene el control. Nuestro ego y unicidad no puede ser cuestionada, como igualmente se deduce de la frase coloquial de “toda comparación es odiosa” o el nuevo meme de “defiende tu sombrero por muy ridículo que sea” proveniente, creo, de Asier Etxeandia. Para el caso afirmar tal premisa es como dejar a un cuerpo en una habitación sin oxígeno o al cerebro sin estímulos, en donde si muere ese pretendido agente, muere la coherencia o sentido que ha de impregnar toda vida humana. Del mismo modo no terminamos de comprender y por ello aceptar que no es lo mismo una persona o un grupo pequeño que un grupo muy grande. En estos últimos no son las mismas reglas, no obedecen a los mismos patrones y por ello se originan unas nuevas reglas y patrones. ¿En qué medida uno es masa o no lo es?, nos negamos a aceptar que podamos ser parte de una masa, en donde los resultados sociales o ambientales de dicha masa no son moralmente aceptables o en otro caso “razonables”, pues eso implicaría a aceptarnos como inmorales e irracionales. Ahí está el cambio climático y el resto de desbarajustes que estamos provocando en el planeta. Una persona en lo individual se argumentará para sí misma no ser parte del problema. Lo mismo para cualquier movimiento masivo como las redes sociales o el feminismo. Una feminista no suele estar desacertada e incluso un grupo pequeño de una pequeña ciudad, pero el feminismo como efecto masivo, por la teoría de lo emergente, es distinto que la suma de sus partes. Todo ello se estudia en el efecto de la masa crítica extrapolado a las dinámicas sociales. Hay dos efectos bien conocidos, estudiados en distintas ramas de las ciencias humanas, como es el “efecto espectador“, “en el que las personas tienen menos probabilidades de ofrecer ayuda a una víctima cuando otras personas están presentes. Cuanto mayor sea el número de espectadores, menos probable es que uno de ellos ayude. Varios factores contribuyen al efecto espectador, incluida la ambigüedad, la cohesión grupal y la difusión de la responsabilidad, que refuerza la negación mutua de la gravedad de una situación“, (fuente Wikipedia). Otro es el efecto Ringelmann que consiste en “la tendencia de los miembros individuales de un grupo a ser cada vez menos productivos a medida que aumenta el tamaño de su grupo“. A nivel evolutivo y biológico está el “efecto Allee” que es el fenómeno “caracterizado por una correlación entre el tamaño o la densidad de la población y la aptitud individual promedio (a menudo medida como la tasa de crecimiento de la población per cápita) de una población o especie“. Ya sin un nombre concreto, y en el estudio del comportamiento social, dentro de la sociología, en el estudio de los tamaños de grupos, organizaciones y comunidades, se nos dice que:

El tamaño (el número de personas involucradas) es una característica importante de los grupos, organizaciones y comunidades en las que ocurre el comportamiento social.
Cuando solo unas pocas personas están interactuando, agregar solo una persona más puede hacer una gran diferencia en cómo se relacionan. A medida que una organización o comunidad crece en tamaño, es probable que experimente puntos de inflexión en los que la forma en que opera necesite cambiar. La complejidad de los grupos grandes se debe en parte a que están formados por subgrupos interrelacionados.”

   En todos estos sentidos, en la formación de una masa crítica, se da una suma de errores: una feminista puede tener unos pocos errores conceptuales, de sesgos o lógicos (en un cartel de mi ciudad llegan a poner “no más violaciones en este barrio”) que quedan aminorados al reajustarse con las feministas de su propio grupo pequeño (o a veces mantenidos a nivel grupal), pero los errores no se aminoran bajo los efectos de masa, pues no hay una supervisión generalizada en lo masivo, sino que se suman todos a la vez como para generar algo que puede llegar a ser indeseado. Lo mismo vale para cualquier otra ideología o movimiento como la izquierda o la derecha. En estos últimos hay una jerarquización. Cuando se dan encuentros mundiales hablan los líderes, y revisan fallas y nuevas direcciones, las cuales se supervisan después a nivel local (países, ciudades, localidades) para reajustar las ideas directrices, pero no ocurre así en el feminismo. El feminismo – sobre todo el de la cuarta ola- se está retroalimentando a través de las redes sociales: el medio más propenso para que se dé los efectos de la masa crítica y en donde las suma de errores, por ser más proclives para ellos por fake news y la alteración del mensaje original, no son verificados y se mantienen. Otro caso ocurre a la hora de seguir modas o tendencias. Y volvemos al mismo argumento de arriba, si se le dice a una feminista o mujer en una red social que está repercutiendo de forma negativa en lo que se da de forma masiva en los social, a través del feminismo, lo negará…. e incluso te podrán tachar de machista -lo más fácil y socorrido- si argumentas tal cosa. Un caso claro de esa “perturbación” masiva se da con el calificativo de machista. Como ha llegado a decir Jordi Gonzalez: “la palabra machista cada vez se usa más y peor”. Si una mujer o feminista la usa mal de vez en cuando no pasa de ahí, pero esa suma de errores, propiciadas por los medios sociales, crea un masa donde al final es “desagradable” para el hombre, que si bien en un principio no se quiere posicionar lo tiene que terminar por hacer al darse por aludido. ¿Y a qué “ataca” ese hombre individual si el feminismo es esa ambigüedad masiva?, le crea “irritación” hacia el feminismo en general, pero se puede manifestar hacia mujeres concretas.

   Un ejemplo claro de esa suma de “errores”, vistos en el párrafo anterior, se puede analizar en el documental feminista “(M)otherhooh“, donde se atreven a afirmar que la procreación no es un instinto. Es la base de la vida, como he apuntado arriba, y por lo tanto de los sistemas adaptativos. Una cosa es acallarlo, por ejemplo teniendo una vida muy ocupada, y otra cosa es que no exista. A tal efecto se le llama sublimación. El humano no se puede entender sin esta premisa -como veremos más abajo-. Hay que analizar los instintos por sus pasos. Llegar a tener un hijo es el último paso. El primer proceso es el deseo sexual. En cuanto entre dos persona se “abre” la puerta del contacto físico, por interés sexual, se empiezan a crear desencadenantes que tienen como fin el sexo. Ese primer contacto es como soltar las manos y tomar impulso cuando se está en lo alto de un tobogán. En este la gravedad hace el resto. En el caso del sexo los desencadenantes hormonales hacen cambios en el cerebro para llegar a su fin. El enamoramiento es la “trampa” evolutiva para ir hasta el final: tener sexo. A nivel de teoría de sistemas se crea una desestabilización, y puesto que el cerebro y el cuerpo busca la estabilidad, su estado homeostático, este proceso induce llegar al final. Así lo dice la teoría de los impulsos. Más tarde y ya en el  último día del embarazo se vuelven a producir otros desencadenantes a través de la oxitocina para crear un fuerte vínculo entre madre e hijo. Se puede ver este tipo de “mecanismos” como relés, donde una vez activados se producen reacciones en cadena. En esa dirección la visión de un niño recién nacido o muy pequeño tratan de hacer de “activador” a las mujeres. Este “deseo” de mirarlos, tocarlos o cogerlos es en sí mismo el relé desencadenante. El hombre no tiene este relé. Sólo tiene “simpatía” y este tipo de interés, de acercamiento y quererlos coger, por sus propios hijos. El cerebro humano ha ido creciendo (evolucionando, adaptándose) por capas. Las capas más bajas siguen estando ahí, pero está claro que si vas añadiendo transparencias blanquecinas encima de una fotografía, al final esta se dejará de ver.

   Que no se vea o no se “manifieste” no quiere decir que no esté ahí. Piénsese sino en el asco, superar un asco, no quiere decir que el asco como propiedad intrínseca visceral del cerebro y el cuerpo no exista. Los niños pequeños son más viscerales, no “toleran” con facilidad el amargor de una col de bruselas, pero de mayores “controlamos” el asco hacia dicha hortaliza. Para ahondar más en el tema, las reacciones o emociones viscerales se dividen en dos procesos: su emoción y su expresión (procesado o etiquetado cognitivo). En la vida diaria “emergen” a la vez, pero son procesadas por dos partes del cerebro: la emoción es “creada” por el tálamo, mientras que su expresión se da en el hipotálamo. Si se corta la unión entre dichas zonas no hay conciencia de la emoción y no se expresará a nivel facial, pero sí se dará una respuesta fisiológica, en tanto que el tálamo mandará la señal al cuerpo a través del tallo cerebral. Si la emoción es el miedo, retrocederemos corporalmente sin mostrar miedo en la cara y sin “comprender” a qué obedece ese acto reflejo. En muchos casos caemos en falsas atribuciones de los cambios del nivel excitatorio (nerviosismo, intranquilidad) del cuerpo porque dichas vías unen dos “lenguajes”, el emocional y la palabra, sin que la conciencia, que es principalmente palabra, interprete de forma correcta dicha emoción o cambio excitatorio. En otro caso ciertas personas nos producen asco visceral, sin que sepamos porqué. El prefrontal, mediado por las convenciones sociales y la corrección, tratará de “aplacar” tal emoción y que no se exprese, pero que la “retengamos” no quiere decir que no exista a nivel talámico. En ese lapsus entre sentir algo y “frenarlo” se expresan en el rostro microexpresiones, que son las que nos pueden delatar, frente a especialistas o personas que son más sensibles (con baja inhibición latente). Por lo demás no tiene ninguna lógica, a nivel de análisis racional, puesto que si se entiende la evolución, la apuesta que es masiva es la que “gana”. Veámoslo en otro caso al que ya he hecho mención en otros escritos. En lo humano se dan algunos individuos que apuestan por ser lo menos sociales posibles: son más solitarios e individualistas; pero esta apuesta no es la que gana puesto que se reproduce menos, y por ello la que se mantiene es la apuesta social que es la que es más masiva y “vence”. En el mismo caso, si algunas mujeres tienen dicho instinto menos marcado -que habría que verlo más detenidamente o sólo es sublimación- se reproducirán menos y su apuesta no se masificará como para vencer, luego “ganará” o prevalecerá la apuesta que mantenga tal instinto bien marcado. Con esto llegamos a las estadísticas. sigma2-300x185Se llama “distribución normal“, representada en la campana estadística de Gauss, a la típica curva más alta en una estadística. Cuándo algo es mayoritario: en cuanto es superior al 50%, y se hace más masivo o estándar cuando más cerca esté del 100%. La campana de Gauss o distribución normal sigue la regla de la tendencia al equilibrio (homeostasis) de los sistemas complejos, donde en este tipo de casos hay dos tendencias límites (derecha e izquierda en la gráfica) y en donde el centro es su equilibrio. Si se analiza de forma plana se comprende mejor. Llevado a otro ejemplo, la teoría de la “ventana Overton” establece que hay un rango central por el que un discurso político es “aceptado”; un rango donde el candidato puede establecer su disertación como para que tenga la mayor cantidad de oyentes a su favor. En otro ejemplo, la distribución de la vida sobre el planeta tiene la curva de Gauss, donde la parte más alta es la zona ecuatorial y los dos extremos son los dos polos. Lógico puesto que la energía básica del planeta nos la da el sol, y en la zona ecuatorial este se mantiene constante en doce horas a lo largo del año y las horas de sol en invierno -en los dos polos- son muy cortas o nulas. Ventana Overton IIEn la gráfica de la ventana Overton se podría poner seguramente cualquier valor y seguiría siendo válido. Si por ejemplo pusiéramos al hombre heterosexual por su nivel de testosterona, la cantidad media sería la más “validada” (mediada) en lo social, y en los dos extremos estarían los que tendrían exceso de testosterona, que puede que tiendan a ser más arrogantes y quizás agresivos; y en el otro extremo los que tuviesen menos, llegando a ser demasiado sensibles y pusilánimes. El rango promedio validado hoy es posible que no fuera el válido hace tres mil años, en sociedades más guerreras. En esa dirección los sistemas se tienen que estar constantemente equilibrando. Este tipo de sistema son llamados dinámicos. Aquí entra un nuevo factor, lo que en otro lado he mostrado como la paradoja de Abilene, un lugar al que todos van pero que nadie quería ir (¿dónde va Vicente?, donde va la gente), se explica en muchos casos por que los cambios son tan pequeños que son aparentemente indiscernibles. Así nos lo hacen ver distintas hipótesis y teorías o imágenes mentales como “la pendiente resbaladiza“, “la paradoja Sorites“, “el corte en rebanadas finas“, “la normalidad progresiva“; donde quizás la metáfora más recurrente es la de echar una rana en una cazuela e ir calentando el agua tan poco a poco como para que la rana no se trate de escapar de un salto. En un ejemplo del artículo sobre la normalidad progresiva en la Wikipedia se nos dice: “en su tesis, Chon afirma que el aumento de la ciberdelincuencia se ajusta al patrón de la normalidad progresiva. El número de sitios web involucrados en “actividades de piratería y cibercrimen informático” ha aumentado a un ritmo lento y constante, principalmente por debajo de la conciencia de la sociedad”. Lo que se nos quiere decir es que si se diese el caso que alguien despertase de un estado de coma de varios años y viese el estado actual de Internet le resultaría alarmantemente estresante, al igual que la rana saltaría de un cazo de agua caliente, pero como el ciudadano medio ha ido adaptándose a esa “normalidad” de forma progresiva no le resulta tan alarmante o peligroso. Aquí entra parte de la trama de la teoría transaccional. La mayoría de los “juegos en los que participamos” resultarían revulsivos a ojos de alguien fuera del juego, pero como vamos entrando poco a poco en ellos no nos percatamos como dentro de un juego. Esa es la teoría de la iluminación de luz de gas. Un tipo de manipulación psicológica en la que se entra de forma tan lenta y progresiva que no nos percatamos estar dentro de dicha manipulación. En esa dirección, bajo mi punto de vista, vamos hacia la sociedad caótica, altamente individualista, ruidosa y sucia, como la representada en la película “blade runner“. Llegaremos a “normalizar” lo que visto desde el presente nos puede parecer una distopía. 

    Como hemos visto la ventana Overton o la distribución normal son válidas para definir los géneros y sus roles, si bien hay que tener en cuenta en qué medida son convenciones sociales o implementadas en el ADN (si obedecen al sistema adaptativo de la evolución o a la evolución social), pero bajo la objetividad de entender que el feminismo igualmente puede estar “enturbiando” ciertas cuestiones sociales que “enmascaran” reglas del ADN. O dicho de otra forma: el feminismo por mucho que pretenda “quitar máscaras”, ello no implica llegar a una postura sin máscaras, sino a nuevas posturas de unas nuevas máscaras que se “acomodan” o les conviene más a los “ideales” feministas, y no por ello de la mujer. Cuestión por lo demás imposible, pues en el efecto masa, al final la imagen o “nueva máscara” de nuevo deviene en máscaras “incorrectas”, “distorsionadas” o “feas”. La mujer puede que esté entrando en una normalidad progresiva que de ser analizada objetivamente quizás no aceptarían. Cada vez es más complicado tener una pareja estable. Se sigue la misma regla del progreso a una nueva “normalización”, en donde el resultado último está aún por ver. Hoy en día ya no tiene sentido definir como “familia disfuncional” a cierto tipo de familia atrora “incorrecta”, pues cada vez es más la norma. O dicho en otra frase que es viral: “hoy es tan normal ser raro, que lo raro es ser normal”. Puede que el feminismo argumente que “no se puede hacer tortilla sin romper los huevos”, que en definitiva quiere decir aquello de que los fines justifican los medios. Pero ¿cuáles son esos fines? Nada de lo que pretenda lo humano suele llevar al fin por el que se echó a andar. Eso sólo ocurre por los caminos mil veces recorridos. Pero la vida social, y cada vez más al crecer en complejidad, son selvas impenetrables donde nunca se puede ver y saber el final. En un ejemplo, la no distinción de diferencias entre sexos es uno de esos equívocos, o caminos donde el actual estado no era el previsto. El espacio personal esta “programado” por instinto. Por “programación” con los amigos del mismo sexo se tiene “acceso” al espacio personal o incluso íntimo, o sea a poder tener contacto o estar por debajo del medio metro de cercanía. En la actualidad, y en la dirección (“errónea”) de que es lo mismo un amigo del otro sexo que del mismo sexo hemos roto esa regla. En la actualidad esta rotura lleva a muchos problemas que no existían antes, y en donde al final los equívocos llevan a situaciones no deseadas que en la actualidad el feminismo denuncia. Como digo no es algo que el feminismo buscase: ni ese acercamiento, ni luchar contra sus efectos. Por malinterpretación o vulgarización de lo que es y significa igualdad se ha llegado al estado actual de confusión y situaciones incómodas, donde ahora tiene que mediar el consentimiento mutuo. “Funcionaban” mejor las reglas anteriores, el aprendizaje de lo que decían nuestros padres, en un aprendizaje milenario. Volviendo al ejemplo de arriba, sobre el discurso de los políticos y la ventana Overton, a veces “comprender” una regla puede ser para peor, pues todo lo político a devenido en lo “políticamente correcto” cuando el sistema ha comprendido los entresijos y las posibilidades de dicha regla. ¿Qué quiero decir con esto?, que comprender las disposiciones del ADN o de una hormona como la testosterona no implican quitarse la máscara. Más bien y al contrario consiste en muchos casos poner más máscaras para que no se vea lo feo del rosto sin su piel o máscara. O dicho de otra forma: no existe posiciones de no-máscara, si en su “retirada” vemos que lo que hay detrás es muy feo. En ese caso recurrimos al “autoengaño”, a posturas aún más falseadas que en las anteriores posiciones en donde no sabíamos de ellas. A una de esas posiciones está yendo el feminismo: a poner muchas máscaras, cayendo en lo políticamente correcto, por que lo que “descubre” es “horrible”. No lleva al “macho” a su posición “correcta”: crea un macho cada vez más enmascarado. O dicho de otra forma: a un hombre en donde la (dis)posición de su ADN y su máscara están cada vez más distantes… más reprimidos… potencialmente más “atrapados” (la posición en la que ha estado la mujer, argumentarán la féminas; no trato de aleccionar o decir que hubo alguna postura “correcta”, quizás sea un imposible: donde hay diferencias hay conflictos).

Espacio Personal

    El documental “(M)otherhooh” es una demostración de esta regla de distorsión, pues no se atiene a ningún dato científico y deviene en ideología (ideología puesto que hacen hipótesis sin verificarlas científicamente y bajo un fin que no está claro, en donde se manifiesta una clara disposición a cambiar la forma de pensar y de actuar de las personas). Una evidencia del instinto maternal es algo que el feminismo no termina de aceptar e ignoran, cuando ha sido comprobado y aceptado por científicas feministas. Si a unas crías de chimpancés se les da un muñeco o un camión, las hembras juegan con los dos, pero prefieren el muñeco y los machos sólo el camión. La misma elección hacen los niños y no es social, pues es un instinto que compartimos con el resto de animales. El juego de las crías en la naturaleza no es gratuito: es un “entrenamiento” de sus roles de adultos y de su especie. La cría de un león tiene juegos predatorios, de lucha y caza; y un cervatillo juega dando saltos, y carreras, preparándose para las huidas de los depredadores. Por lo demás los sistemas complejos se basan en sus números. Son nombrados, y por lo tanto existen, en la medida que puedan ser calificados como estandarizados, pues tienen una prominencia en tanto que un estado mayoritario o equilibrado. Negar algo así es caer en lo irracional o no entender la evolución o los sistemas complejos.

    En un ejemplo de las macabras estadísticas, de los extraños “planes” de la evolución, nos encontramos que en “un estudio de 100 mujeres clínicamente deprimidas encontró que el 41% tenía temores obsesivos de dañar a sus hijos, y algunas tenían miedo de cuidar a sus hijos. Entre las madres no deprimidas, el estudio encontró que el 7% tenía pensamientos de dañar a sus hijos, una tasa que produce 280.000 madres adicionales sin depresión en los Estados Unidos con pensamientos intrusivos sobre dañar a sus hijos. (fuente Wikipedia). Esto puede deberse al hecho de que en la actualidad no “obedecemos” el regular la procreación bajo las “reglas” de la presión ambiental. De manera natural los sistemas se equilibran por sí solos, de formas que aún no están totalmente analizados o comprendidos.Baby Boom

En un ejemplo humano, el “baby Boom“, que se dio bajo una época de crecimiento económico y en donde se optimizaron al máximo las cosechas con los nuevos pesticidas y abonos, hubo una alta e inusual tasa de nacimientos. En la actualidad, bajo la crisis, hay una baja tasa de crecimiento, nulo o negativo, en los países occidentales. En otro ejemplo se ha comprobado que las catástrofes naturales adelantan los partos, y nueve meses después hay un incremento repentino y alto de nacimientos, como nos dice el vídeo enlazado.

   Es de suponer que la presión ambiental (socio-económica en lo humano, como nos hace ver este estudio) induce a la depresión posparto, y este conlleva el “ciego” instinto de no querer llevar adelante la crianza del hijo, y de ahí los pensamientos intrusivos de matarlos, en donde algunas mujeres incluso piensan en meterlo en el microondas. ¿Cómo comprender este tipo de hechos sin tener en cuenta los instintos y estos encadenados a las disposiciones evolutivas como la presión ambiental? El equilibrio más común -y lógico- es que una población descienda dada la baja cantidad de recursos de su medio. Pero antes de llegar a un límite, y cuando hay una alta población, desciende el número de embarazos, de embarazos exitosos o de crías que llegan a la edad adulta, como una disposición a no llegar al límite. De forma natural las madres en la naturaleza se vuelven más “descuidadas” para con sus hijos, si el número de crías es alto y cuando hay pocos recursos. En muchos casos las crías matan y se alimentan de sus hermanos más débiles (en las aves), sin que la madre lo “desapruebe” o lo trate de evitar.

Tres-Sistemas-de-Accion

   Otro nuevo inciso, con lo que estoy bajo tres. Voy a tratar de (de)mostrar la ilegitimidad de que exista un agente al mando en el cerebro, y la ambigüedad de lo que es un agente en los sistemas complejos -cuestión relacionada pues todo acto de “acallar” las partes de esos instintos o impulsos se suponen en “manos” de un agente-; tema tratado ya en muchos de mis escritos, pero bajo una nueva perspectiva: bajo el concepto de la identidad nacional. La identidad narrativa la “sostiene” el intérprete del hemisferio izquierdo, que se rige por la palabra. Cuando se habla de capas evolutivas, como lo he hecho arriba, es tan sólo una licencia científica en la dirección de poder crear modelos mentales manejables. Aunque pensemos, o nos parezca, que el cerebro es como una coliflor, donde el cogollo está en su centro, la realidad cerebral es muy otra. El prefrontal, que es la zona que nos hace humanos, está muy cerca y comunicada con las partes más antiguas, como los ganglios basales y la formación reticular o el propio tallo cerebral. La consciencia, la capacidad de percibirse como despierto, frente a otros estados como el de dormido, anestesiado, etc.,  está en la capa más primitiva, pero es la base de la conciencia, que es la que se manifiesta como agente al mando, dentro del prefrontal y el sistema ejecutivo. Un caso ejemplar es el masticar. Es un acto de la parte más primitiva del cerebro, pero el prefrontal está ahí siempre “verificando” si se ha de llevar al otro lado de la boca algo, o tratando de impedir el morderse. ¿Quién hace tal acto?, es una totalidad, el prefrontal, se “creo” simplemente para “verificar”, para ver que todo iba bien, y en ese sentido “sencillo” lo tienen una gran mayoría de animales, pero por medio de la palabra, del lenguaje y ya en lo humano, tomó una nueva dimensión. Si se sigue la regla de la superveniencia, un sistema nuevo sigue las reglas del sistema del que nace y no lo puede “negar” o controvertir, luego sus reglas básicas o bases siempre están en el nuevo sistema, de lo que se deduce que los instintos siempre están bajo todas las capas nuevas. Pero detengámonos en la nueva capa, en la capa de la identidad que tiene la capacidad de hablar de sí misma y por ello de crear una narración. Aunque se reduzca tal capa a “identidad narrativa” no deja -a su vez- de contener varias capas. La identidad narrativa se basa en la identidad social, y esta en la identidad nacional. Están tan solapadas que no vemos que en realidad son tres capas distintas, seguramente procesadas en distintas partes del cerebro. Analicemos todo esto con detenimiento. Recuerdo cierta vez, tendría unos quince años, que hablando con un extranjero este me dijo: “el cielo de Salamanca tiene algo especial, no he visto en ningún otro lugar un azul tan intenso”. ¿Por qué recuerdo algo así y de un tiempo tan remoto?, llama al orgullo, pero al de mi ciudad. ¿Por qué el orgullo de la propia ciudad, cultura o patria está tan unido al personal? Si se analiza a nivel racional lo podemos negar, o contrarrestar, pero el caso es que de forma implícita (recordar que es a lo que se llama ahora como inconsciente) llama al mismo núcleo, llama al narcisismo (egotismo, autoestima) implícitos. A un tipo de validación, o en el lenguaje del análisis transaccional, a una palmadita en el hombro (caricia en el lenguaje del libro), a una validación o reconocimiento social. Con esto llego a lo que trato de atacar o argumentar. ¿Cómo o qué es depositario de una identidad nacional? No hay una agente “directo” o claro. La identidad nacional es la suma de todos los individuos de una nación. En cierta medida, en la actualidad, está “sostenido” por su identidad política y sus gobernantes e instituciones, pero nunca y en ningún caso bajo una sola persona o agente. Quizás en el pasado estuviera bajo el “peso” del rey o el emperador, auspiciado por una religión…, igualmente cuestionable si se analiza con precisión. En la identidad nacional tenemos un ejemplo claro de un sistema complejo, que aunque emerge con una identidad, esta no tiene una “presencia” real y tangible, y que es -por el contrario- tan sólo que en tanto que la suma de todos sus agentes: tradición, cultura, instituciones e individuos. Lo mismo ocurre en el cerebro cada módulo o capa “dicta” sus reglas y modulan la totalidad que emerge como identidad, pero “realmente” no existe un único agente al mando. La diferencia -grande pensarán algunos- del sistema complejo que es la mente humana es la identidad narrativa o intérprete del hemisferio izquierdo, pues es un estado emergente, en donde las premisas de la coherencia (locus de control, para ser más exactos), y la “necesidad” de un protagonista o agente al mando, es la que nos crea la falsa sensación de que tal agente existe y de que tal estado es excepcional, y donde excepcional, y para ser concisos y según el diccionario de la Real academia significa: “1. adj. que constituye excepción de la regla común. 2. adj. que se aparta de lo ordinario, o que ocurre rara vez“. Al igual que uno mismo se cree el protagonista de su propia película (Sonder en el lenguaje de John Koenig), donde el resto de las personas son secundarias o figurantes, en lo cultural se da el concepto de “ombligo del mundo” o el “excepcionalismo“, por el cual una cultura, ideología, país o imperio se cree el “protagonista” y el que da el propio sentido de la historia. En definitiva, creemos tener en nuestro cerebro una excepción: la conciencia, el yo como agente al mando, pero se da igualmente en sistemas como el de la identidad nacional o sin ir más lejos en un termitero. En un termitero nadie está al mando, pero todas las termitas trabajan y crean este sistema que tiene las premisas de que han de mantener una temperatura interna y sistema de ventilación “correctas” como para mantener las huevas vivas. De nuevo las reglas de los sistema adaptativos y evolutivos: todos intentos “errados” de crear un termitero no se conocen porque no se mantuvieron en el juego evolutivo y que por lo tanto no pueden ser llamados como sistemas.

   Desarrollemos más el tema. Si lo “importante” y primordial en el cerebro humano es la conciencia y la identidad narrativa, qué hace ese papel en una nación. De nuevo los números y el promedio. Identificar o reducir la identidad nacional a la identidad política en la actualidad es desacertado (exceptuando regímenes no democráticos), puesto que las políticas son laicas y tienden al centro. Sin duda la cultura es su “conciencia”, y aquí hay que distinguir entre lo que es y lo que (a)parece. Lo que sigue es una análisis somero, que no está muy pensado, y sólo a modo de ejemplo para las finalidades de los conceptos que trato de mostrar. Un país no es lo que pretende ser, sino lo que dicen sus promedios. Las cadenas de televisión del Estado pretenden invocar a lo que deberíamos de ser, o a lo más conservador de nuestra identidad nacional, pero teniendo en cuenta que sus audiencias no son muy altas, y que sí lo son cadenas como Telecinco. En un ejemplo: si echan una serie sobre Anna Karenina y por otro lado está la opción de ver la serie “la que se avecina“, y si esta segunda es la más vista con diferencia, este tipo de comedia nos da parte de la identidad de nuestro país. En dicha serie se da un humor socarrón, llano, absurdo y picaresco. Picaresco no es fácilmente traducible a otros idiomas o culturas, en donde suelen recurrir a usarlo como neologismo, luego la picaresca es una parte de la identidad española. Una película que llama a nuestro orgullo es “amanece que no es poco”, en donde  de nuevo la trama es lo absurdo (que puede implicar contravenir las reglas e incluso las físicas), luego nuestra apreciación sobre lo absurdo es otra seña de nuestra identidad. En esas mismas direcciones, más intelectualizadas, apunta el libro de Don Quijote, frente al sentido común y la lógica que representa Sancho Panza. Todo en su conjunto da una seña de fondo, quizás algo fatalista (que se manifiesta como resignación de la clase baja, los catalanes algo menos), que es la de no tomarse la vida demasiado en serio, y que siempre ha de intermediar el humor a toda situación por trágica y compleja que esta parezca. Al igual que la propia biografía repercute en nuestro estado actual, la historia de un país o cultura repercute en su momento presente. Nuestra mentalidad, a la par fatalista y socarrona, nos viene de nuestro pasado, donde ideas, como el de la “mano negra” o las ideas conspiratorias de los francmasones, no parecen dejarnos prosperar. Con todo, y volviendo a nuestra identidad personal, la identidad nacional está tan integrada en nuestro yo que no somos capaces de “verla”, al igual que no vemos nuestra nariz aun estando en medio de nuestros ojos. Son las otras identidades y culturas las que “realmente nos ven”. Esto en el plano de la identidad nacional; veamos más de cerca la identidad personal para ver a qué nos lleva al ser analizadas bajo las mismas reglas, pues de esa forma se entenderá mejor la identidad nacional.

   La identidad narrativa es aquella que contamos cuando conocemos a alguien nuevo, con el que creemos que vamos a tener un proyecto de futuro (una posible pareja, por ejemplo). Pero una cosa es lo que uno cuente, y otra cosa es como realmente sucedió y otra muy distinta es lo que realmente somos. Como el cerebro forma parte de sistemas adaptativos, este “adapta” la identidad narrativa en cada situación, con cada persona o grupo y a cada edad. En cuanto alguien te pregunta cómo eres y tú se lo “relatas” ya has cambiado, porque al “llamar” (activar) a dichas neuronas estas crean nuevas uniones entre ellas en cuanto adornes o alteres mínimamente la historia. Así que se puede afirmar, parafraseando a Focault, que “no me preguntes por cómo soy, sin por ello quererme cambiar”. Fijarse que uno cree evolucionar o madurar con la edad, en donde la madurez es la meta. En la mediana edad es cuando nos llegamos a decir a modo de sentencia  y juzgando nuestras “otras edades” eso de “¡ah!, si hubiera sabido lo que ahora sé”. Pero tal argumento es falaz y demuestra lo vacuo de ese pretendido agente que madura, pues a cada edad somos un tipo de programación que se comporta y da sentido (racionaliza, justifica) cada uno de sus actos bajo dicha “programación”. ¿Dónde queda la “libertad”? Bajo el concepto de la distribución normal, un adolescente tenderá sobre un 80% de las veces a un comportamiento arriesgado cuando está con otros adolescentes. (2) La “distancia” hasta el 100% es libertad u otros factores, o bien es posible que entre en otras estadísticas, como por ejemplo si se da el caso que tal adolescente haya tenido un accidente grave previo y se ha vuelto más precavido. Por eso de nada vale decir o pretender “enseñar” a comportarse como adulto a un adolescente. Cada humano ha de seguir su propia “programación”, y las palabras y consejos no suelen valer porque cada uno ha de cometer sus propios errores dentro de cada una de las edades y dentro de la programación de dichas edades. Bajo este punto de vista ¿es mentir o engañar el comportarse como se esté programado a cada edad y siendo analizado desde la razón o la lógica?, en teoría de la información: no. No son “mascaras” de niño o adolescente, realidades falseadas de un pretendido adulto que nos espera al final de la vida. Cada edad tiene su identidad, aunque nos parezcan posturas “falsas” al llegar a la madurez.

Etapas del desarrollo psicosocial de EriksonEtapas del Desarrollo Psicosocial de Eriksonhttps://en.wikipedia.org/wiki/Erikson’s_stages_of_psychosocial_development
Identidad “programada” en el ADN de cada edad, dentro de lo social.

   Por otro lado la evolución y el cerebro han creado los sesgos, los mecanismos de defensa y el auto-engaño, puesto que la finalidad del cerebro no es la “verdad”, sino sobrevivir de forma equilibrada, que en este caso equilibrado quiere decir, cuanto menos, como medianamente feliz. Bajo todos estos parámetros, en la mayoría de los casos, alguien externo tiene una visión más desapasionada y acertada sobre nuestra identidad que nosotros mismos. De hecho una de las bases de la identidad personal y narrativa se basa en que se reajusta (adapta) cada vez que es contada, dependiendo si el cerebro capta aprobación o desaprobación en su interlocutor (intercambio transaccional al fin y al cabo). Si una cosa de nuestro pasado nunca es aceptada por ninguno de nuestros interlocutores, terminaremos por no contarla o modificarla tanto como para que sea “aceptable”. Volviendo a la serie “la que se avecina”, unos de sus personajes más locuaces y claros siempre se presentaba como “pescadero mayorista: no limpio pescado”, pero en cierta situación por serle más ventajoso (para dar pena) se presentó como “pescadero no mayorista: limpio pescado”. En otra situación, aún más sórdida y por seguir esta línea argumental de forma de presentarse, llega a decir que ni es pescadero mayorista, ni limpia el pescado. En todos esos sentidos la sociedad hace de espejo,(3) en donde cada uno de nosotros nos miramos. Bajo estas nuevas ideas ¿qué es entonces ese agente?, existe. En ningún caso hemos hablado de una identidad nuclear, que sería el carácter o el temperamento, estamos hablando de identidades superficiales, o que flotan en la superficie, al igual que el petróleo que flota en la superficie del mar no define al mar. Con todo este ejemplo último no tan válido, pues nuestra identidad narrativa y que construye ese pretendido agente, es las suma de todas sus capas que nombran como capas sólo por comodidad verbal. El agente, al que nos referimos como tal, es el que emerge en tanto que autoconciencia, en los momentos en los que estamos solos y sin estímulos, pero este tipo de “agente” es tan sólo la atención focal volcada sobre uno mismo: un espejismo. Desaparece en cuanto nos volvemos presentes en la acción, pero en tanto viremos esa atención sobre nosotros mismos los otros nos la “reclamará”, pues en dicha situación o estado estaremos como “evadidos” del presente. Con esto volvemos a la dualidad mente-cuerpo. Si soy mis capas… ¿soy mi cuerpo? Y de serlo, de qué manera. Ahora mismo, en esta habitación, estoy a ocho grados de temperatura y no siento frío. Llega un momento en el invierno que mi cuerpo se ha aclimatado de tal forma, que dicha temperatura no me resulta “desagradable”. ¿De quién es el mérito?, desde luego no del yo o agente, esa aclimatación es a nivel hormonal -o muy bajo- como para que el cerebro, en tanto que sus capacidades más elevadas o humanas, tengan nada que ver. Sin embargo, por lo general, si alguien me preguntase que cómo puedo no tener frío le diría y me presentaría como una persona que no es friolera, como si tal cuestión fuese parte de mi identidad, cuando en realidad es un puro estado “mecánico” del cuerpo que he heredado. ¿A qué quiero llegar con todo esto? A que realmente no existe tal división entre mente y cuerpo, y que dicha división es puramente conceptual y formal. Soy mi ADN que regula de una forma concreta mi sistema endocrino y por lo tanto hormonal, que a la vez regula el comportamiento de mi cerebro en sus capas más antiguas, que a la vez repercute en mi comportamiento y por lo tanto en mis actos, y al final en la suma de esos actos a mi identidad narrativa. En la medida que me muevo en un medio social lo que sobresale es la identidad social, y en la medida que dicho sistema tiene unas reglas estoy mediado y atravesado por tales reglas, como esponja seca que es echada al agua. En ese sentido, de nuevo, no hay capas, aunque se puedan usar por convencionalismos. Soy un sistema complejo que es una mente, en un sistema social, en un nuevo orden mundial o sistema mundial. La identidad narrativa es una partícula mínima, y por ello prescindible, dentro de esos sistemas mundiales o más amplios: engranajes diminutos en un gran mecanismo del que nadie tiene el mapa o el control, al igual que una hormiga de su hormiguero. Lo que nos contemos a nosotros mismos, para mantener equilibrada nuestra mente, da igual dentro de ese orden mundial.

   Cabe hacer una nueva reflexión a partir de todo esto. Algunas personas me han argumentado que si voy en “automático” por la vida, teniendo en cuenta los argumentos previos. La “identidad” que trato de mostrar es aquella en la que “actúa” lo que yo llamo el “resolutor de problemas” (procesador multipropósito), aquel que “sale del paso” en cada situación solucionando el “problema” o “dilema” planteado en ese momento. Este tipo de “identidad” es la que emerge en programas como “Gran hermano (GH)” de TeleCinco (en España) en donde los cerebros responden a estímulos inmediatos, que por lo demás es el que “permanece” flotando, cual boya en el mar, frente al acontecer diario. Si se analizan la mayoría de las acciones de los concursante de dicho “reality” (tele realidad), nos parecen “caprichosas”, aleatorias y sin sentido aparente. Dicen y se desdicen de forma constante, ahora es blanco y al poco rato es negro. Parecieran barcos a la deriva, sin un capitán (agente) al mando de un timón que les marcase un rumbo. Lo que yo llamo resolutor de problemas en muchos casos actúa de forma muy rápida, dada la inmediatez y la rapidez de la vida en su momento a momento, de tal forma que no le da tiempo a “verificar” dicha acción con comportamientos pasados o previos. Se da un “problema” que soluciona con tan sólo unas pocas premisas, como si para el caso nos preguntasen “¿doce más veintidós?”. Este tipo de “identidad” sólo es instante y se atiene a muy pocos datos, dada la premura. Es más tarde a través del aislarse o que alguien haga de “espejo social“, en definitiva que nos devuelva la imagen, que entra en juego la coherencia y la identidad narrativa y que “justifiquemos“, y dado el caso rectifiquemos y podremos llegar a pedir perdón, a partir de que “encaje” o no con nuestra identidad narrativa. Lo que la audiencia analiza, en el caso del concurso gran hermano, y en este caso la audiencia hace de espejo social, es si dicha acción es coherente con su “pretendida” identidad narrativa, lo que esa misma persona cuenta de si misma y si realmente se ajusta a su reacción posterior, a un “ajuste real” con esa identidad narrativa o si tan sólo está reaccionalizando, o sea justificándose para quedar bien (postureo), adaptando como puede esa acción a su identidad narrativa. En esa medida el espejo social, las otras personas, pueden llegar a comprobar si una persona es coherente entre lo que hace y lo que cuenta (auténtica); entre sus acciones y emociones, y su identidad narrativa. En la medida que estas dos “identidades” “no encajen” se puede llegar a verificar si lo que ella cuenta -o identidad narrativa- es falsa, en la medida que tenga otros “planes” no revelados, o si ella misma se está autoengañando (mala fe sartriana, pues ella misma no es capaz de ver su engaño) a través de lo que ella cree de sí misma.

   En esta dirección, la identidad narrativa -y en la dirección de resolver tal dislate- tiene dos vertientes: 1. aquella que se atiene al pasado, a la memoria autobiográfica, 2. lo que habría que llamar “identidad proyectada”, en la que interviene nuestro futuro. De esta manera cuando se “elige” seguir una carrera frente a estudiar, hemos añadido o programado una identidad proyectada en el futuro que repercute a cada momento actual, puesto que el “resolutor de problemas” tiene dicha “variable” en cuenta a la hora de hallar alguna solución. La identidad proyectada no tiene porque ser tan “seria” y de “grandes miras” como decidir estudiar frente a trabajar, puede determinarse y emanar en algo tan sencillo como qué actitud tener con el último exnovio. Esta propiedad ya la adelanté en el anterior escrito, al referirme a la capacidad del prefrontal o conciencia para “fijar” una creencia (poner fe), frente al dudar, y en donde lo segundo se queda en el cerebro como “pregunta abierta”. La conciencia prefija comportamientos futuros al restar la duda. Si prefijamos el comportamiento con nuestros exnovios ya no volvemos a acostarnos con ellos un día que “bajemos las defensas”, o esa es la teoría. ¿Cómo funciona este proceso a nivel “computacional”? He repetido muchas veces que el prefrontal hace de simple verificador en el día a día. Al modo que la madre/padre “verifica” el comportamientos y las acciones de su bebé cuando el(la) hace otras labores de la casa. Al igual que la madre/padre deja “libre” al niño si todo lo “hace bien”, la conciencia no altera nada si el proceder que emerge del cerebro no incumple con los requisitos necesarios para obrar “bien” en sociedad. De esta manera si el prefrontal se ha “determinado” a que con el exnovio nada de sexo, en cuanto del cerebro emerja dicho deseo el prefrontal lo verifica como incorrecto y manda una contraorden al cerebro más interno. A nivel computacional es un bucle de “si X es igual a Y ir a “negar”, sino volver al principio del bucle”, donde “negar” es una rutina programada de llevar a cabo ciertas acciones como “crear distancia entre nuestros cuerpos, distender la conversación para que sea más fría, etc.” Es por este tipo de comportamiento que la conciencia es tomada por el psicoanálisis como superyó o voz del padre interiorizada, donde padre aquí quiere decir todas las reglas establecidas como “correctas” o normalizadas en sociedad, como para llegar a ser una persona modélica o razonable. La teoría es que durante la infancia, la adolescencia y la juventud no “opera” o se tienen predeterminadas o prefijadas las formas de actuar y comportarse en la vida, y llegar a la adultez consiste en haber alcanzado ese punto en donde el prefrontal verifica la mayoría de los actos con ciertas premisas o reglas. De hecho el prefrontal es la última zona del cerebro en mielinizarse (madurar en definitiva), proceso por el cual se recubre los axones (conexiones entre neuronas) de mielina para que su funcionamiento sea más efectivo y rápido. Aquí vemos de nuevo los “maléficos” planes de la evolución para cada edad: para “ella” hasta cierta edad es “mejor” no ser precavido y pensar demasiado, en la dirección de crear una “lucha” entre los padres y los hijos (rebeldía), como para que estos terminen por abandonarlos. Es por este tipo de “identidad” que no parecemos meros autómatas que operan como simples solucionadores de problemas del “aquí y ahora”, como he mostrado en los párrafos previos. Hay que fijarse que no es propiamente un agente, sino una capa superficial del resto de las estructuras del cerebro, un mero verificador. Bajo esta hipótesis lo moral no es algo implícito o no tan complejo como se revela en la sociedad actual, sino tan sólo una capa moral, al modo que la piel recubre la superficie del cuerpo y es lo que vemos y por lo que “definimos” a una persona. Por otro lado en la medida que este tipo de proyecto/identidad “nace” de una reflexión o elección es por lo que tenemos una mayor sensación sobre que existe un agente al mando, y que este parte de la libertad y la voluntad (acto volitivo). Se puede llamar “rendimiento de la identidad” a la medida con la que nuestra vida se “ajusta” a esta identidad proyectada o proyecto de vida.  Bajo estas reglas es por lo que las culturas protestantes (Inglaterra, Alemania y Estados Unidos como referentes), basadas en el trabajo y en los proyectos de futuro como piedras angulares de sus vidas, se diferencian del resto de las culturas, frente a “vivir el momento” o más vividoras, como lo son las culturas del sur de Europa (Cataluña sigue más la “regla” de los primeros). En la diferenciación de estos dos proyectos o formas de ver la vida vemos cómo la cultura/identidad nacional repercute en la identidad personal.

 ¿Invalida la identidad proyectiva mis premisas?, no. Tan sólo es una variable dentro de un algoritmo. Una variable importante y que tiene una fuerte repercusión: sí. Pero simplemente una variable que en cierta forma “enfanga” la libertad en la medida que es un determinante… o en otras palabras: en la medida que son unas cadenas que uno mismo se pone. Por otro lado hay que tener en cuenta cómo este tipo de identidad “habla” con el concepto de adaptación -base nuclear del sistema al que pertenecemos-. En la medida que me “ciegue” en un proyecto me cierro otras posibilidades que puedan surgir por el camino, que para el caso es como ir enfilado por un redil que me impidiera en todo momento ir a derecha o izquierda, cuando puede que en esas direcciones pudieran estar nuestras vidas. Las culturas protestantes son más “serias” y refrenadas (auto-reprimidas), de tal forma que cuando pueden salir de sus “rediles” tienden a ser más exacerbadas y llegar más a ciertos límites: es lo que notan los países del sur de Europa cuando a ellos llegan los ingleses o los alemanes. Terminar diciendo que una de las claves para entender el momento actual de la sociedad es la entrada en crisis de dicha forma de ser. Ahora mismo, dada la crisis y lo cambiante o inestable de la sociedad, ya no parece ser posible hacer o tener un proyecto de vida. El sistema deviene en pura adaptación, en tratar de estar mirando en todas las direcciones para tratar de aprovechar la más mínima oportunidad para ganar algo de dinero y estabilidad. “Vence” la identidad del “resolutor de problemas” frente a la identidad proyectiva. Vence la inestabilidad o falta de identidad del ente, frente a un tipo de humano que puede “prefijarse” a partir de metas del futuro. Hoy más que nunca se valida aquella frase de John Lennon de “la vida es aquello que te sucede mientras estás ocupado haciendo otros planes”. Se hace más complicado crear homogeneidad social, en la medida que la gran mayoría de las personas actúan como simples resolutores de problemas, en donde tal concepto deviene en que dichas personas no se pueden atener a principios, base de la identidad proyectiva. Bajo estos nuevos dictámenes, hoy más que nunca se sigue la frase de Groucho Marx de “estos son mis principios, si no le gustan… tengo otros”, en los que se revela un sistema adaptativo/cínico. El lema de la actualidad es “todos nos terminamos por defraudar”, pues como meros “resolutores de problemas” devenimos en entes oportunistas, en donde vamos del blanco al negro de un momento a otro, y en donde la lealtad, la honestidad, la fiabilidad, la integridad y otros valores son lo que se van cayendo en ese camino abrupto y sin sendas. Sin estabilidad en los sistemas el cerebro ya no puede “crear” un sentido o proyecto de vida. Deviene en su principio más básico: la adaptación, y por ello el oportunismo.

   Con esto cierro todos los paréntesis abiertos y vuelvo al tema del análisis transaccional, pues ahora se entenderá mejor. En los sistemas simbióticos, puesto que parten de la adaptación, se “negocia” qué o no se da con respecto a lo que se recibe. De nuevo el equilibrio es lo que se promedia a lo largo del tiempo. Toda especie es egotista: trata de gastar la menor energía posible en el intercambio. Si para el análisis transaccional la moneda de cambio es la caricia (mantendré este concepto pues es el asumido en el libro), la moneda de cambio en la vida, en las interacciones entre individuos y especies, es la energía. Ningún animal se desplazará por comida (energía) a una distancia que no esté igualada a su gasto. Una ardilla no se desplazará 20 kilómetros por una sola nuez. Creo que está claro esa relación de gasto y energía. ¿Quién se desplazaría en coche 100 km. para llenar un litro de gasolina si en el proceso se gasta litro y medio? En esa dirección toda simbiosis mutualista es una lucha de las dos especies para gastar la menor energía posible, como son dos apuestas y cada una tira para su lado al final se llega a un equilibrio. Para el análisis transaccional el intercambio social, en tanto que esfuerzo, se entiende como trabajo: “el término trabajo no es apropiado, porque una teoría general de la psiquiatría social debe reconocer que las relaciones sociales son también una forma de trabajo”. En física “el trabajo transfiere energía de un lugar a otro, o de una forma a otra”, trabajo y energía son dos lados de una misma moneda que tienden a equilibrarse. En el sistema económico-social el trabajo asalariado es el intercambio de un esfuerzo o trabajo por una remuneración económica. En los tres sistemas se usa el mismo término, porque en definitiva tienen  la misma base de gasto o recuperación de energía, donde energía en el caso del intercambio social transaccional son las palmaditas o caricias.

   ¿Qué es un juego en análisis transaccional? Aquí hago un resumen y remito al libro aludido del propio Eric Berne. Un juego, a diferencia de un pasatiempo, es todo tipo de relación entre dos o más individuos donde emerge unos patrones que son medibles, cuantificables y nominables, y donde prima el conflicto y la hostilidad, para uno o varios de los jugadores, cuando no se “acogen” a posturas de adulto, frente a las de niño o las de padre. La terapia transaccional parte del psicoanálisis y su lenguaje, las posturas de niño, adulto y padre se pueden corresponder con las del ello, el yo y el superyó, si bien hay que tener en cuenta que el análisis transaccional nos dice que los tres estados nos cohabitan y pueden vivir en armonía, pero en tanto que ha de “dominar” el adulto. La finalidad del análisis transaccional es “crear” personas que estén libres de juegos o relaciones de adulto a adulto. Un típico juego sería el de la mujer “ama de casa” en donde su pareja le hace ver de constante que su vida depende de su trabajo y por ello de él. Un juego no tiene por qué estar “declarado”, en la medida que muchos de ellos son jugados sin que claramente se estén jugando. Aquí hay que revisar límites y “errores” del análisis transaccional. Está creado como terapia, pero no como terapia a la sociedad, sino de aquellas personas que van a sus consultas. Ciertos juegos se dan por problemas implícitos de la sociedad, el análisis transaccional no puede cambiar la sociedad (por ejemplo el alcoholismo y la venta de alcohol), luego “analiza” al individuo en la medida que asume que las reglas de los juegos son dentro de esta sociedad. Esto es lo que nos quiere decir Berne cuando alega que: “la característica esencial de los juegos humanos no es que las emociones sean falsas, sino que están reglamentadas”. O para ser más claro, si se juega al póquer uno puede no estar de acuerdo con sus reglas, pero en el momento que uno juega al póquer acepta sus reglas. El análisis transaccional te dice cómo ha de ser jugado, o en otro caso “no-jugado”. Esto se ve en el ejemplo de la ama de casa, puede ser un problema a resolver por el feminismo y en la sociedad, pero el análisis transaccional tan sólo le interesa cada caso de cada pareja, no abordar el machismo en la sociedad. En otro ejemplo: la mayoría de las relaciones de jefe a empleado suelen estar “viciadas” en la medida que se cae en algún tipo de juego, pero no es algo que pueda ser modificado o tratado, porque se basa en un claro ejercicio de poder. Otra “pega” es en qué medida una persona pueda ser paranoica o no y esté alterando la realidad (rayarse o entrar en bucle, en el lenguaje de la calle), y crea estar en un juego, cuando no lo está. Se supone que son análisis de psicoanalistas especializados y por ello han descartado previamente otros factores mayores, o sea que no cualquiera puede ponerse a analizar la vida bajo sus reglas, pues están supeditadas a otras mayores. Por lo demás la mayoría de los juegos no están “declarados” y se juegan sin que las personas se percaten que lo están jugando. Hay ataques “implícitos” casi en cualquier frase. Si entre dos conocidas una hace alusión a que cuando sale no se maquilla, puede llevar implícito un ataque hacia la otra persona queriendo decir, de forma soterrada, a que su “amiga” puede que tenga cierto éxito con los chicos porque se maquilla mucho. Todo esto apunta a que la mayoría de las personas, de forma inconsciente, entran en juegos con otras personas, cuando aparentemente no hay una intención de la que sean conscientes.  Aquí vemos lo irrelevante y efímero del concepto de agente como ese ente consciente, al cual se le achaca una intencionalidad que conoce, puesto que el cerebro tiene sus propias intenciones que se cuelan en la acción del día a día, acciones e intenciones que la conciencia desconoce.

   Otro inciso. El análisis transaccional no es filosofía, ni antropología y ni siquiera sociología. Trata sobre los juegos sin ir más allá. Bajo mi punto de vista todo el conflicto proviene en tanto que somos un animal social altamente jerarquizado. En todo animal jerarquizado la mayoría de los actos no son gratuitos, sino que llevan implicado el mantener o subir de jerarquía. Incluso los juegos infantiles suelen estar regidos por esta regla. La vida humana está mediada por ganar o perder, y se ha pronunciado aún más con el concepto del sueño americano, en donde el miedo a ser un perdedor es su otro lado de la balanza. O sea, en todo acto humano suele haber una lucha jerárquica en donde tenemos que posicionarnos con respecto a la otra persona. La manifestación más clara no es tanto en tomar uno su propia posición, sino demostrar la ilegitimidad de la posición del otro, que queda reflejado en el parafraseo sobre el pensamiento de Ghandi de “el problema de la mediocridad consiste en que para brillar ha de apagar la luz de otro”. En la actualidad, en la era del conocimiento, bajo esta regla, la cuestión no pasa tanto por mostrar uno su saber, sino en demostrar las veces que yerra tu “adversario”. En ese caso puede que se trate de demostrar la falsa superioridad del otro. Si se logra esa “meta” ya es una teórica victoria del contrincante. En esa dirección una persona puede tratar de parecer modesta en sus conocimientos, pero ¿es esa postura un juego en la medida que no trata de ser beligerante y por ello caer en una postura paternalista? ¿Cómo no jugar si la vida es una “guerra” y como es sabido “en la guerra todo vale”? Se supone que el análisis transaccional solo media en situaciones de tratos o relaciones, en donde no debería de mediar la “guerra”, como son las parejas, las familias y las amistades. ¿Quién duda que cuando sale de las cuatro paredes que son su hogar sale a la “guerra”, donde el simple trato con un tendero nos puede llegar a ser hostil o conflictivo?, parte del éxito de los hipermercados es la falta de contacto con los tenderos. En lo socarrón de España algunos bares de barrio ponen un cartel que dice “hasta ahora ha ido bien el día, ya verás como viene alguien y lo jode”. O desde el otro lado de la barrera: el trabajo de atención al público consiste en un juego en la medida que uno hace de niño ante un padre, “obedecer y callar” y “el cliente siempre tiene la razón”. O sea, el análisis transaccional es una terapia que trata allí donde lo que debería de primar sería la concordia y el amor, o un estado de no guerra o jerarquizado. A nivel de empresas está la teoría de juegos, sobre todo en el trato entre ellas, como cuando se da una adquisición o compra de una empresa por otra. Por otro lado el trato de “superiores” e “inferiores” en grandes empresas están ajustados bajo ciertos consejos de psicólogos empresariales. Entre medias de esas tres posturas sólo nos queda la vida como guerra, puesto que cómo determinar cuándo una situación es de amor y no beligerante como para que merezca la pena ser analizada o tratada a través del análisis transaccional o “luchar” por mantenerla. Vuelvo a esto al final.

    Hay que analizar lo escrito a través del concepto de lo autopoiético, la autonomía y la inducción neural, para unir las presentes ideas a los escritos anteriores. Mi identidad está sostenida por un “hardware”, por un cerebro dentro de un cuerpo con un ADN. En la medida que otra persona sea lo más igual a mí, hay menos “ruido” o interferencia cuando se da una comunicación o durante la acción del día a día, donde todo acto implica intenciones. Entre hermanos se da una mayor sincronicidad de sus cerebros y pueden “leerse” mejor sus intenciones. En las culturas de cazadores-recolectores las familias son sin distancias puesto que su día a día se basa en muy pocas rutinas. Hoy en día ya no esa así, puesto que un hermano puede tener una carrera y otro no, y otros tantos factores. En esa dirección, en algunos casos o situaciones, se crea una mayor sincronización entre dos compañeros de trabajo que entre dos hermanos, pero aún mayor cuando dos hermanos son compañeros de trabajo, frente a otros compañeros (las empresas procuran evitar que dos hermanos o familiares sean compañeros o no se contratan para “lidiar” con tal situación). En la medida que entre dos personas se dé la sincronización, se mengua el conflicto. O sea, dos compañeros de trabajo suelen hacer “piña” frente a los clientes. En los estados sincronizados con otras personas se suele dar el componente de no-beligerancia, o de contacto humano o en algún grado de amor, que son reducidos a estados empáticos. Puesto que somos seres sociales, y es una “necesidad” del cerebro para mantener su equilibrio, buscamos estados empáticos o pertenecer a grupos. Esto mismo, dicho con otras palabras, quiere decir que puesto que por un lado somos cerebros adaptativos y por otro lado buscamos el contacto social en la dirección de empatizar o que no reine la hostilidad y el conflicto, tendemos -por mera adaptación- a “imitar” comportamientos de los grupos a los que pertenecemos. En esa dirección “emergen” las identidades de grupo por afinidades, donde uno sencillo son unos hermanos y en otro una pareja. Este tipo de identidad, como mini-sistema complejo, siguen las reglas de energía y su gasto, o el tratar de ser autónomo, pero teniendo en cuenta que lo es en la medida que está integrado en sociedad, y en la dirección de tratar de llegar a estados simbióticos con otros grupos o individuos, con los que se tiene que “negociar” el tipo de colaboración o conflicto. Lo que trato de establecer y que quede claro, es que cuanto más complejo sea un sistema, más complejo será llegar a estados autónomos o autopoiéticos. Los humanos de la prehistoria y los cazadores-recolectores apenas sin necesita(ba)n nada fuera de su tribu, excepto los emparejamientos y por no caer en la consanguinidad. La sociedad en la medida que cada vez es más compleja hace cada vez más imposible ser autónomo, o de otra forma es más proclive a que cada vez haya más tendencias al conflicto o la hostilidad, aunque estén soterradas bajo los buenos modales y las normas sociales. Ahí tenemos, sin ir más lejos y como ejemplo, que hacemos grandes sistemas musicales para los automóviles, y a mí alguien siempre me despierta en las mañanas, cuando su vehículo es parado por un semáforo que hay tras de mi vivienda. Se da un “juego” hostil y de conflicto, el cual genera estrés, sin que uno lo pueda “evitar”. Lo mismo si trabajas en atención al cliente, y viene cada día alguien por el que sientes un odio visceral que tratas de domeñar. En esa misma dirección yo trato de no hacerme cliente habitual de ningún establecimiento, para evitar caer en juegos o meter “sin querer” en algún juego a otra persona. ¡A veces siento que mi pensamiento y forma de vivir es tan robótica que me asusta!

   Si se analiza al detalle y bajo los grandes rasgos del párrafo anterior, la mayoría de los juegos que enumera el análisis transaccional son juegos “modernos”. Lo que quiero decir es que en la prehistoria las sociedades humanas se basaban en el concepto de la familia extendida de grupos pequeños donde primaba el amor y en donde los roles estaban muy claros y asumidos. No creo que en esas situaciones se diesen casos tan “catastróficos” como los actuales que se dan con alcoholismo y demás adicciones, y el supuesto parasitismo de los sin-techo y otros individuos dentro de la categoría de parados de larga duración. En esa dirección pienso que primero habría que hacer un psicoanálisis transaccional a nivel social, en donde estamentos, ideologías, organizaciones y movimientos tendrían que ser tratados como agentes dentro de juegos sociales. Un claro ejemplo es la situación actual en crisis, donde una gran mayoría de personas tienen hipotecas que apenas pueden pagar. En este juego el banco, y la sociedad de fondo, hace de padre y los hipotecados de hijos, que han de cumplir con el padre. En cuanto no se paga una cuota el banco reprende al hijo, y si no paga varias es llamado para pedirle que actúe como adulto. En otro caso el Estado hace de padre al que pedimos cuentas. Los juegos sociales a este nivel consisten en tratar de saber de quien es la responsabilidad de cada situación como para reprenderle como mal padre o mal hijo. De igual forma en todos estos juegos se hace equívoco saber si es un diálogo de adulto a adulto, o de padre a hijo. Un adulto es aquella persona que es totalmente autónoma, pero en las sociedades actuales: ¿se puede ser si la mayoría de esa pretendida autonomía no están en las manos de las personas? En otro caso, con el nuevo mapa del mundo globalizado, las uniones y pactos entre países, como la Unión Europea, hacen de padre sobre los países componentes que no cumplen con sus requisitos, donde en cuanto las cuotas no se cumplen de nuevo son reprendidos en un juego de padre a hijo que clama que actúe como adulto. Todo esto no sucede en las tribus de cazadores-recolectores, que son totalmente autónomas y su única lucha o trato es contra su propio hábitat, y en donde cada persona llega a adulto y hace su rol durante toda su vida. Bajo estos puntos de vista, según el feminismo, el hombre siempre ha querido hacer de padre tratando a la mujer de niño, ¿realmente es o ha sido así o solo en algunas culturas como las protestantes de las que son descendientes la cultura inglesa y la norteamericana? Mis padres eran dos adultos (en los roles del análisis transaccional) donde en ningún momento ninguno hacía de padre o hijo del otro. Eso es independiente a si mi madre era o no ama de casa. Ama de casa no implica machismo, machismo es -o era- si ante dicha situación mi padre hiciera de “padre” sobre una madre y ella de hija. Qué más quisiera yo simplemente ser amo de casa y tener que ver poco o nada con la sociedad, pues al ser muy solitario e individualista para mí es una pesada losa, pues además en familia no se da la guerra que es lo social. Otro caso que se da en lo social-moderno es la baja tolerancia al estrés que hay en general. Cada vez hay más divorcios porque se tira la toalla cada vez con más facilidad. Aquí sale a las claras la vigencia de las teorías transaccionales. Un recurrente en las parejas es quién (se) da más en la pareja, y nace el conflicto cuando uno de los dos cree que no hay una igualdad o es demasiada la distancia. Y de nuevo otra regla de los sistemas, que es que se dé una mayor entropía (caos) cuanto mayor sea la complejidad: una cosa es cuando se está de “novios”, otra muy distinta es cuando se convive y otra cuando se tienen hijos. Por el efecto masa cada vez se podrán distanciar más las diferencias sobre quién de los dos “da” más en la unión, y el tratar de evaluar qué es equivalente a qué, en esa medida de los “valores”, las emociones y las acciones del día a día. Si ir a buscar a los hijos al colegio es igual que planchar, o cuestiones similares. En definitiva, y en el lenguaje transaccional, quién acaricia más al otro en la pareja. Y vuelvo a los temas de lo social y lo familiar, se supone que en familia no debería de primar el conflicto: ¿por qué ahora sí?, ¿el hombre y la mujer ya no son capaces de “negociar” un pacto duradero y no beligerante?, ¿está repercutiendo el lenguaje errado feminista?, ¿es tan sólo un “síntoma” de una sociedad en crisis, dentro de un mundo de valores en crisis?, ¿la humanidad está tendiendo a cuestionar el “valor” de muchas emociones, sobre todo del enamoramiento y el amor de pareja, como trampas evolutivas y anteponen la razón? Bajo mi punto de vista cuanto más nos alejemos de aquel inicio humano de familia extendida, en la que se suman cada vez más complejidades, como lo son las redes sociales, más complicado es que se pueda llegar a cierta tranquilidad o equilibrio en los nuevos sistemas. Los sistemas se tardan en equilibrar, pero en un sistema en constante cambio el equilibrio es simplemente imposible.

   Con esto voy a casos concretos o ciertas apuestas más individualistas. Hablo en términos generales, pero a sabiendas que personas de mi círculo cercano se darán por aludidas. Un juego inevitable por lo demás. La apuesta evolutiva masiva en lo humano es la colaboración, no es el altruismo, en ese caso se “negocia” qué se da por qué se recibe a cambio, pero ¿qué pasa si se nace con una apuesta altruista o más conciliadora? En mi caso nunca pretendo competir, siempre he evitado los juegos, sobre todos si son competitivos. En cierta ocasión por “obligación” de la situación me hicieron jugar al póquer con dinero. Gané a todos, pero al final, viendo el malestar en algunos, les devolví el dinero. Pero ese es otro juego, donde yo parecía hacer de padre que daba una lección a sus hijos. En esa medida durante toda mi vida me veía metido en juegos a los que yo no quería jugar, y mi pregunta era si era posible no jugar a juegos. No sé “ligar” porque esta “acción” humana está atravesada de juegos. Cuando he estado con parejas fue porque fue “fácil”, porque ninguno de los dos entró en el juego de ligar al estar seguros de lo que queríamos los dos. Bajo mi punto de vista si tienes que “luchar” por alguien ya es una “derrota” del concepto de amor, pues a la larga saldrá en el juego de esas dos personas.  Se supone que en el trato de dos adultos ya no hay juegos, pero eso sólo es en la teoría, al final por mecánicas (dinámicas) las relaciones se vician y se terminan por convertir en juegos. Un caso que me ha pasado de constante es que soy intelectualmente muy activo, cuestión por la cual en cuanto ciertas personas me “pillaban” en un error intelectual tendían a “acribillarme”, con un “aparente” ahora es la mía. Aunque una persona no quiera ganar, no por ello quiere perder, sobre todo si su “contrincante” es un mal ganador. De nuevo uno se ve “sometido” a un juego sin quererlo, ni buscarlo. En unos y otros casos la vida emerge como guerra, donde al final pareces no tener ningún aliado. No estoy haciendo o jugando el papel de víctima. En la medida que entro en sociedad entro en juegos de los que soy no-inocente, yo meto a mi vez a personas en juegos, y por eso mismo comprendo que igualmente les ocurre lo mismo a otras personas: que me metan en juegos sin ellos “quererlo”. El resultado final es que la vida no puede ser de otra forma que como mediado por el conflicto, y en donde siempre hay “ganadores” y “perdedores”. La apuesta evolutiva altruista es análoga a la del niño. No querer “jugar” o ganar es igual que mantener una postura de niño en toda relación, con lo cual, en la teoría del análisis transaccional, es partir del papel de niño o no adulto. Fijarse en la complejidad de tal afirmación. ¿En qué medida el llamado “complejo de Peter Pan” no nace de este patrón de comportamiento o de dicha apuesta evolutiva? Por otro lado está el individualismo como otra apuesta. Alguien altamente individualista es autosuficiente, pero en cierta forma muchas relaciones se basan en la premisa implícita de “necesito que me necesites”, como nos hace ver la película “D.A.R.Y.L.“, y en donde tal vínculo se ha de basar en la lealtad, o como nos hace ver Sartre cuando nos dice: «amar es, en esencia, el proyecto de hacerse amar». En la medida que no haya igualdad del “necesito que me necesites” se puede crear un estado desequilibrado que ya no es de adulto a adulto, y por lo tanto se puede entrar en un juego. Lealtad y autosuficiencia son como el agua y el aceite. Cuando alguien te solicita de manera implícita lealtad te está metiendo en un juego. En otro caso soy artista, yo no necesito palmaditas al hacer mis obras, pero cuando alguien de forma implícita las ataca te mete en un juego. Sólo yo soy mi única crítica válida, con el tiempo reniego de ciertas de mis “obras”. Yo no quiero defender mi postura ante otros, ni verme “obligado a explicar” mi obra, como defendiéndola. Tolero la crítica sin tocarla, pero a sabiendas que esa postura legitima la crítica de la otra persona, por lo cual hay una aparente “derrota” bajo la mirada del otro. Como yo no necesito de las “palmaditas” no suelo darlas a mi vez, y si lo hago me parece que estoy entrando en un juego, o cayendo en un postureo superficial y banal, con lo cual ciertas personas me las “reclaman”, con lo que de nuevo me meten en un juego. Sólo bajo estas premisas se puede entender cómo actúo en las redes sociales. Hubo en algún momento que me dejé llevar por sus normas, entre ellas las del “me gusta” o sus equivalentes, pero me vi metido en juegos en los que no quería y opté por no darlos, ni solicitarlos. De cualquier manera esta forma de “actuar”, sin ser explicada o aun explicándola, no es aceptada por las personas, cuestión que entiendo, pues ese “no-juego” al final no deja de ser otro juego en donde parece que voy de “diva” o algo similar. Aún con todas las precauciones anteriores, me he visto metido en varios juegos sin poder evitarlos, ya que una vez que se inician sus propias dinámicas uno se ve sumergido en ellas. De fondo espero que mi “generosidad” al compartir no sólo mis escritos, sino “trabajos” como las gráficas generadas o el mapa mental sobre la superveniencia -de ciento de horas de trabajo- supla la consideración “truncada” que mi persona en las redes sociales pueda causar.

Into the Dark - the Body     ¿Qué espacio hay para vivir si no quieres jugar los juegos que predominan cada vez más en sociedad?, yo diría que ninguno, buscar la total autonomía depende de jugar a los juegos actuales, cada vez más complejos y en donde para jugar uno implica el meterte en varios juegos previos. Una vez tuve una casa, pidiendo una hipoteca, parte del juego del matrimonio. Me dio terror porque sabía lo que implicaba bajo los supuestos explicados arriba, donde el banco y la sociedad hacen de padre en el trato. Sabía de forma implícita que era perder autonomía. Todos sentimos que la sociedad actual es una cárcel. Es falsa la pretendida libertad de los existencialistas, pues parafraseando a Rousseau la sociedad está llena de cadenas, o dicho más poéticamente bajo la voz del grupo Jarcha:  “no hay libertad sin cadenas”. Hay personas que no son sensibles a los grilletes, pero los que somos muy individualistas el solo contacto con su frío hierro ya nos aterra. ¿Acaso no querer jugar implica no querer vivir? Esa es la premisa que se sigue de seguir la lectura de la sociedad actual, pero no es así. Pienso que la mayoría de los suicidios consisten en cerebros que de forma implícita se ven metidos en un callejón sin salida, donde la única forma de no jugar a ningún juego es la muerte. Lo que quiero decir es que hemos complicado demasiado el vivir de forma equilibrada y autónoma, y que además no hay vuelta atrás… (Continuará)


(1) Hay una condición genética que implica una “baja excitabilidad” del sistema nervioso central a los estímulos, que puede llevar a que el dolor permanezca activo, como “sustituto” a dicha ausencia. En la fibromialgia el dolor sin ninguna causa se mantiene más o menos estable y de forma constante en las personas que lo padecen. En unos escritos atrás hice mención de una postura que mantenía (presionar la mano izquierda entre la mesa y mi cuerpo cuando estoy con el ordenador) que me llevó a la larga a una patología de irritación nerviosa de ese lado del cuerpo, por presionar algún nervio de la mano (sigo cayendo en esa postura, por mucho que vigile). Hace un mes o así, al ponerme a caminar por el buen tiempo, en las caminatas largas sentía dolor en la planta del pie derecho, cerca de los dedos. No podía saber a qué se debía, en un primer momento pensé que habría pisado alguna piedra, pero lo descarté después de un tiempo. Un día, estando en el ordenador, me di cuenta que tendía a poner ese pie encima del soporte de una de las ruedas de la silla y presionaba sobre la planta. De nuevo el mismo “comportamiento” de algo que a la larga me dañaba, pero que no noto cuando estoy en esas posturas, lo que “demuestra” que padezco esa baja excitabilidad, pues igualmente tengo fibromialgia. Es heredada pues la padece la hermana que va por encima de mí y mi madre siempre se quejaba de que le dolía todo el cuerpo. Si “confieso” o escribo todo esto no es por egocentrismo, sino por que quede constancia y se vea mi forma de analizar. Se achaca con demasiada facilidad en sociedad el “caer” en somatización, cuando en muchos casos son “problemas” más profundos.
(2) A la fecha estamos cerca del día internacional de la mujer. La televisión se vuelca en tal día. Un anuncio muestra a una persona haciendo deporte de riesgo en la nieve, al final se quita el casco y es una mujer. Aduce que el 80% de las personas dieron por supuesto que era un hombre. Es información a medias, toda información que esconde datos es tendente a ser un tipo de manipulación. Seguramente sobre el 80% de las personas que son capaces de hacer tal ejercicio sobre la nieve sean hombres.  Como trato de mostrar en el escrito “sincronicidad neural y síntesis creativa” el cerebro tiene como núcleo la predictibilidad, en donde entran en juego promedios y otras reglas estadísticas de inferencia. El cerebro no puede prescindir de tal regla, pues si fuera ese el caso no habría aprendizaje. Sería eternamente como el cerebro de un bebé. En este caso vemos las paradojas que planteo. Reconozco que el cerebro contiene sesgos, pero el sexista no es el más grave. Si el feminismo fuera contra los sesgos sería noble, pero sólo va en contra de los que les “perjudica”. En ese caso su intencionalidad es sesgada. En última instancia en un mundo sin dicho sesgo, se terminaría por imponer las reglas “reales” de las diferencias de sexo dadas en el ADN, de los cuales igualmente el cerebro sacaría conclusiones estadísticas de promedios. Yo no niego que tal deporte no lo pueda hacer una mujer, y quien quiera que lo haga, pero la testosterona es la que induce más a los deportes de riesgo, luego por el ADN, “elegirán” más dicho deporte los hombres. Por otro lado en los deportes olímpicos diferencian a hombres y mujeres, pues en unos tienen ventajas las mujeres y en otras los hombres. Nadie diría que tal cuestión obedece al machismo. Luego la predictibilidad del cerebro no va mal desencaminada. Los mensajes no explicados en su totalidad “confunden” a la sociedad. El feminismo crea mucho mensaje confuso.
(3) En un ejemplo. Al inicio del escrito hago mención de la bajada de mi “calidad” mental. Pero el simple hecho de publicar este escrito, frente a tenerlo simplemente en el ordenador; el cual sé que puede ser leído y analizado (léase juzgado) “obliga” o hace de premisa para que el cerebro modifique su química como para que tenga algo más de energía y por ello vuelva a activarse la “pegajosidad neural” o motivación (dopamina y orexina). Tal hecho se llama “efecto audiencia”, que dice que hay un mejor desempeño cuando se está con otras personas con respecto a estar solo, estudiado dentro de la teoría de la “facilitación social” e igualmente se estudia dentro de la teoría de los impulsos, que como he dicho arriba son activaciones de “relés” dependiendo del medio y la situación.


Enlaces a la bibliografía de la que me he documentado para el último escrito y posteriores… Descargar.