El Realismo Depresivo

El mundo moderno no ha de ser ya venerado ni temido como secreto. Exactamente en este sentido ya no es sagrado. Sigue siendo, sin embargo, inaccesible.
Una persona que no desee proyectar una imagen favorable de sí misma es considerada como rara y profundamente perturbada.” Niklas Luhmann

   La primera palabra en un escrito altera al concepto que la contiene. La primera frase todo el escrito. Cómo escapar de esta realidad, ¿lo habré conseguido con este subterfugio? Me gusta este tipo de inicio, porque tengo fetiche por la meta-literatura. Escribir -igualmente el habla- es un proceso extraño, que de entenderlo a la perfección entenderíamos el cerebro humano. La rareza de cómo se van desmadejando e hilvanando las palabras y los pensamientos parece algo mágico, que por lo demás nos da la sensación de tener una identidad o una entelequia propia (teoría de la mente bicameral). No es de extrañar que en el pasado pensasen que algún antepasado hablaba por sus bocas, y más tarde que Dios o las musas -diosas igualmente- fueran las que creasen esa propiedad humana.

  ¿A qué se refiere el concepto de realismo depresivo?, ¿es el concepto correcto para lo que define? A decir verdad tal concepto está creado a partir de la visión del sesgo optimista, por lo que habría que puntualizarlo y revisarlo. Lo que quiero decir es que el cerebro humano quizás pueda reducirse a dos funciones: sobrevivir y conocer, siendo en realidad incompatibles, situación por la cual el sobrevivir impera a expensas del conocer. Lo “conveniente” puede a la verdad. O dicho de otra forma y con una metáfora: si alguna vez creásemos una inteligencia artificial su fin sería los datos puros, este tipo de inteligencia estaría constantemente cuestionando todo acto y pensamiento humano como erróneo. ¿Habría que llamar a tal tipo de inteligencia como de realista-depresiva? O sea es como si el concepto lo hubiera creado un loco para definir a todo el mundo que contradice su forma de ver el mundo. Como lo que impera es el sesgo optimista, acuña con tal término negativo (y recalco lo de negativo y recordemos que la historia, en este caso de los conceptos, la escriben los vencedores) a todo aquel que no tenga tal tipo de sesgo positivo, sin importar que “obedezca” a un sentido o razón de ser. Pero voy demasiado deprisa, vayamos por partes.

  Ya he dicho en otros artículos que la evolución siempre pone al límite las cosas para probarlas. Todo cambio en el ADN es susceptible de ser una mutación que al final puede ser la que impere en esa especie, que la termine por definir. Pero para llegar a eso no tiene otro camino que la prueba y error. ¿Cuánto puede alargar las uñas de una rapaz como para que sea eficaz para la caza, pero que no sea perjudicial para otros propósitos? ¿Cuánto de clara puede ser la piel con respecto para optimizar la captación de los rayos solares sin que se degrade o cree cáncer de piel? Todo los errores, todos aquellos especímenes que portaban esos límites, no se conocen, puesto que murieron. Según la teoría de los opuestos cognitivos, en este sentido hay dos extremos: el que ve excesivamente positivo todo y el que lo ve excesivamente negativo. El primer caso da un tipo de personalidad que puede ser cándida, tanto como para que toda la gente se pueda aprovechar de ella. En el segundo alguien que pueda ver todo de forma tan negativa, como para que lo que impere en él sea el miedo y la ansiedad anticipatoria. El humano medio es un tipo de persona que está en el centro de estos dos opuestos: es la apuesta evolutiva “correcta” por validada. Pero de nuevo esta visión es partidista, ya que está creada a partir del sesgo optimista imperante. Si de lo que se trata es de sobrevivir, la apuesta evolutivo/imperante es “correcta”, pero si de lo que se trata es de tener una visión más precisa del mundo ¿quién tiene la razón? De nuevo volvemos al robot, él puede tener una visión más pormenorizada y adecuada, pero su falta de comprensión del mundo emocional ¿no le estaría cegando en sus juicios?, ¿no le faltaría un tipo de perspectiva que no le haría ser un buen “dictaminador” de la “verdad” humana? Este es un tema recurrente en el pensamiento humano que ha quedado una y mil veces plasmado en la literatura y la ciencia ficción. ¿Cómo resolverlo?

   Pienso que el autismo y el síndrome de Asperger (ahora llamado “autismo de alto funcionamiento“) son de ese tipo de apuestas evolutivas de “tanteo”. ¿Son válidos estos “limites” como para vivir en lo humano? Recordemos, sin entrar demasiado en detalles, que uno y otro tipo de humano están desconectados de la realidad social. El autismo es un estado demasiado extremo como para que sirva como apuesta futura, pero ¿y el síndrome de Asperger? Alguien con esta sintomatología no es lo bastante extremo como para no sobrevivir, pero tampoco es una apuesta tan “suavizada” o normalizada como para que no tenga problemas. Los que padecen síndrome de Asperger no entienden la mayoría de las situaciones sociales. Sus cerebros son demasiado literales, no entienden las metáforas y la mayoría de las figuras del pensamiento. Tampoco saben leer entre líneas y la mayoría de las expresiones emocionales, mucho menos las que suelen estar de moda y no tienen todas las culturas. En cierta forma tienen uno de esos tipos de cerebros robóticos que no “introducen” a la emoción humana dentro de sus ecuaciones y cálculos, siendo así suelen estar fuera de tono y contexto en casi cualquier situación social. ¿No será que algunos a los que se les califica de realistas depresivos están en un estadio algo menos acusado de este tipo de síndrome? Algo que ocurre en los manuales de psiquiatría es que, digamos, para ser considerado como obsesivo-compulsivo tienes que llegar a una puntuación diez. ¿Si estás uno o dos puntos por debajo ya no se es? Podría ser así, bajo el punto de vista del punto crítico, donde algo pasa a ser de repente otra cosa, pero no creo que obedezca a esta regla. Más bien se parece a conceptos como los de la mayoría de edad: simples conceptos convencionales, reglados. ¿Cómo evaluar y nombrar a esos estadios previos o cercanos?

  Cuando Hannah Arendt creó el concepto de “banalidad del mal” todo el mundo criticó su punto de vista. Tal concepto dice que el mal no tiene porqué ser producto de una mente maligna, enferma y/o inhumana. Sino que el propio hombre, cualquier hombre, es susceptible de llevar a cabo los actos más terribles y monstruosos, simplemente en el ejercicio y cometido de su vida “normal”. A esa conclusión llegó al estar presente en los juicios contra Adolf Eichmann, teniente coronel encargado de la “solución final” del nacismo contra los judíos. Hannah Arendt se sorprendió a sí misma al comprender que ese taimado personaje se limitase a describir su cometido como algo que requería de una gran organización no exenta de problemas, como si en vez de hablar de vidas humanas y la crueldad se hablase de cualquier otro tipo de mercancía, o un objeto cualquiera. La finalidad y la preocupación de Eichmann era llevar a cabo bien su trabajo, centrándose en cada uno de los detalles, sin llegar a comprender que el resultado final era la aniquilación de seres humanos de forma cruel. ¿Es la visión de Hannah Arendt la correcta o es la visión típica de un depresivo realista? Hoy en día el concepto de “banalidad del mal” está aceptado masivamente, aunque la mayoría de las personas que la conciban sigan pensando en el fondo que el mal es de personas malas. ¿Cómo abrigar en un mismo alma una realidad angustiosa y un “pensamiento mágico“? Fácil, conceptualmente -por medio de la razón- se acepta la banalidad del mal, pero el cerebro en su día a día recurre a subterfugios y sesgos que simplifican el mundo lo suficiente como para que se haga agradable o aceptable el vivir cotidiano. Si el mundo puede ser analizado con puntos de vista como los de la banalidad del mal y bajo el baremo de los sesgos cognitivos, ¿quién tiene la razón? A esta pregunta no se le puede contestar más que con otra pregunta: ¿razón para qué?, para vivir o para comulgar con la verdad. La evolución siempre ha estado jugando en ese límite de proveer a ciertas personas de la capacidad de discernir la “verdad” -verse libres del pensamiento mágico y los sesgos, entre ellos el optimista-, como para que a ellos les fuera los suficientemente cómoda esa posición para sobrevivir, en tanto que teniendo como regla el restarles el menor realismo posible. A esta condición límite es la que hoy se le llama realismo depresivo. Llegados a este punto hay que diagnosticar las dos posturas, como para llegar a una comprensión de este difícil embrollo entre la felicidad y la verdad.

Condicionamiento Operante(Términos de positivo y negativo técnicos, no extrapolables o reducibles a bueno y malo)

  La homeostasis cerebral humana está “creada” para buscar la felicidad a través de la memoria, el aprendizaje, teniendo como base el sistema de recompensa. La dopamina se creó como este sistema de premio, con dos posiciones: la primera es la de crear un premio anticipatorio en previsión de conseguirlo, el segundo la propia consumación. O sea es distinto desear y prever el comer un pastel, que el conseguirlo y comerlo. En los dos casos es la vía dopaminérgica la que activa el núcleo accumbens, pero en el caso de la previsión hay una latencia que se mantiene mientras el deseo permanezca sin cumplir. Una vez que se ha consumado, la vía dopaminérgica se desactiva, y el núcleo accumbens vuelve a su estado “normal”, no excitado. La mayoría de las personas no saben de este mecanismo, su pensamiento mágico no les deja ver todo este entramado, y se limitan a ir persiguiendo distintas zanahorias que se les van poniendo ante la vista. La razón -o en este caso el lado derecho del cerebro, menos propenso al optimismo- sin embargo se percata de este mecanismo y lo cuestiona, lo pone en un estado de suspensión. A este tipo de razonamiento o concepto llegó Schopenhauer -sin conocer nada del cerebro como la dopamina y el núcleo accumbens- cuando dijo que el hombre está condenado a permanecer entre dos estados: el aburrimiento y el deseo. Los franceses llaman al orgasmo masculino como “la pequeña muerte” (la petite mort), que define muy bien el pensamiento Schopenhaueriano. Vamos en busca del orgasmo, todo nuestro cuerpo y disposición cerebral se centra en ese fin, pero una vez que se ha orgasmado muere el deseo y deviene el vacío, en la pequeña muerte. Qué define al humano, ¿el deseo o la muerte de este? Para el optimista y el pensamiento mágico -para la evolución- el deseo, mientras que para el realista depresivo es la muerte. No la muerte en sí, como pensamiento que se posiciona en el extremo contrario, sino como ese doble juego de deseo y muerte que define las reglas implícitas de tal juego y que lleva solapada siempre a la muerte. El deseo se “concibe” a sí mismo -su ser es- como estado denso de ser, sin ninguna fisura: denso y perpetuo. La muerte no existe en ese estado, no hay fisura, no está habitado por la nada, que es su muerte. Al devenir la muerte no se toma conciencia de ese estado, como algo natural al ser. Por el contrario se le transciende y se le trata de ignorar, posicionándose de forma inmediata en otro estado posible de deseo. Cosa que no ocurre en ciertos cerebros, donde la muerte se toma como ese nuevo estado, extraño, que excluye y desmitifica todo estado denso del ser, de todo deseo. Tanto Schopenhauer como Hannah Arendt “desnudaron” una realidad, porque se supieron posicionar desde la nada. Fuera del relato, fuera del lenguaje humano, fuera de esa propiedad de estado latente del núcleo accumbens que densifica todo el relato, haciendo que permanezca denso y sin fisuras. Una vez que una realidad aparece desnuda, ya no se le puede “vestir” si no es con algún artificio y engaño. Un mecanismo del cerebro, que para que funcione, no tiene que “ser visto” (tomar conciencia de…, saber que se sabe); como al igual que un truco de cine o el de un mago, para que este nos envuelva, no tiene que mostrar ningún resquicio de artificialidad, ni ninguna fisura de no-real. No tenemos que descubrir su “banalidad”, su “verdadera” realidad. O sea de lo que se trata al final, en los juegos mentales del pensamiento mágico, es el “esconder” todas las verdades que puedan ser incómodas, haciendo que el relato nunca muestre sus entresijos, su maquillaje, su estructura, sus artificios; al igual que para que un escenario de Hollywood “funcione”, no se tiene que ver que los edificios son tan sólo una fachada de cartón-piedra, sostenidas por detrás con unos simples andamiajes. En ciertos cerebros este engaño no es posible, para el realista depresivo esta opción no es viable. Al posicionarse desde fuera, desde la nada, pensándose desde cada “pequeña muerte”, “logra” ver todo el artificio, y de esta forma el pensamiento mágico -engaño propio del relato- ya no les puede “funcionar”.

Tipos de Memoria III

  Pero este mecanismo, de no ver la artificialidad, de desnudar, no sólo se limita al deseo, por la vía dopaminérgica, sino que además es susceptible de crear estructuras que pasarán a ser propias del cerebro. Recordemos que la vía dopaminérgica es necesaria para crear recuerdos, memoria episódica, pero es que además también crea memoria implícita, mecanismos de deducción y abduccion. También recordemos que la previsión de premio –cebado– crea de por sí un tipo de mecanismo. Este debe de ser precisamente la base del optimismo: no el conseguir el premio, sino el dar sentido a la espera, a la postergación; manteniéndose latente. Mecanismo propio de la esperanza, como base de la felicidad. En un experimento se le dijo a unos estudiantes que pensasen en alguien famoso que les hubiera prometido dar un beso, y se les propuso si lo desearían ya o después de tres días. La mayoría escogió la espera, pues en esa espera el cerebro vive con ese premio postergado que le llena de alegría cada día -estado latente o de previsión de premio-. Un optimista de esa forma va de deseo en deseo, sin parar conceptualmente en sus muertes, puesto que el propio deseo esperado va unido a la totalidad de la acción de todas las acciones. Pero el ser o yo es la suma de sus recuerdos y de los propios mecanismos que se crean durante este proceso. ¿Y si hay mecanismos en el conocer que al final interfieren en todo este proceso? Lo que quiero decir es que Hannah Arendt una vez que tuvo el concepto de “banalidad del mal” quizás ya no podía juzgar los actos humanos con la simple y maniquea idea de buenos o malos. De repente el propio concepto de “banalidad del mal” interfería a toda visión de la realidad humana, de tal manera que tales actos ya no podían ser dualizados y simplificados como buenos y malos, y como de personas buenas y malas. Lenguaje propio del relato que el cerebro de fondo maneja a expensas del prefrontal, de la razón. En los optimistas este proceso reflexivo no puede “operar”, dado que si empezamos a desnudar todos y cada uno de los conceptos humanos, de repente nos encontraremos con un humano conceptualmente “despellejado”, mientras que su “belleza” y ser reside sencillamente en su “piel”, en su aparecer no en sus entrañas (he ahí una explicación de la náusea al ver cuerpos destrozados, que no ocurre al ver animales con los que no convivimos). Nos encontramos entonces que el optimista “descubre” patrones que desnudan la realidad y que en teoría deberían de crear mecanismos cerebrales, pero que no parecen operar en él. ¿Por qué o qué mecanismos provocan esto? La evolución ha tenido que recurrir a este proceso, que a primera vista parece estúpido -no usar lo aprendido-, para “mantener” el cerebro humano “sano”, en definitiva para mantener viva a la propia especie humana. Lo que quiero decir es que una y otra vez, durante la evolución, el ser humano se ha encontrado con esos “muros” -muertes del relato- contra los que se golpeaba, pero por dos mecanismos implícitos en el juego evolutivo, no han prosperado como la apuesta mayoritaria. La cuestión es clara, por un lado el propio individuo se podría llegar a suicidar y de esta forma no reproducir su “apuesta” realista; y por otro lado, ya estando metidos de lleno en el juego social de ser aceptados -que de fondo se es aceptado o no por las estructuras mentales de los sesgos optimistas-, porque el negativismo o pesimismo están muy mal vistos, con lo cual este tipo de apuesta está abiertamente rechazada y excluida en cualquier ámbito social -fijarse sino en el actual concepto de persona tóxicas, una clara y dura “revisión” del pesimista-. Dicho así, la posición de sesgo optimista no es la más acertada, con respecto a la verdad, pero es la más útil o funcional para vivir, para la evolución.

  Dicen algunos que no existe algo así como un realista depresivo, que no es más que la propia defensa a la que recurren los depresivos. Yo no niego que exista un tipo de trastorno debido a los neurotransmisores, pero no reduciría a lo puramente químico ciertas condiciones humanas. Al igual que el lenguaje dio un salto cualitativo en lo evolutivo, que de ninguna manera se puede reducir a ninguna química o mecánica, el realismo depresivo, con ciertos patrones y mecanismos aprendidos y “funcionando”, no puede ser reducido a la serotonina, ni ningún otro neurotransmisor. Pienso más bien que la evolución mantiene tipologías para ciertas situaciones. Se ha comprobado que son las respuestas de los realistas depresivos las que mejor “funcionan” en ciertas situaciones, en donde las puramente optimistas fallan por faltarles realismo. Si todos los humanos diésemos las mismas respuestas (cortados por el mismo patrón, como se suele decir en otro contexto) y esta fuera la equivocada, es muy posible que la humanidad se hubiera extinguido. Posiblemente, en nuestra condición de manada, muchas hubieran perecido por el camino. Las respuestas alternativas nos deben de haber sacado de muchos aprietos, como para haber llegado hasta donde estamos. Tanto a nivel de pequeños grupos -personas perdidas en un bosque-, o a nivel social, como puedan ser las crisis profundas mundiales, de las culturas y de los paradigmas.

  Tampoco se puede reducir a realista depresivo toda respuesta -y apuesta humana- negativa o pesimista. En el ambiente hay demasiado ruido para saber qué es qué. Puede que a lo que se pueda llamar pesimista o negativo sea a un tipo de realista depresivo que no tiene muchas capacidades cognitivas, que aún actuando en él ciertos patrones su cerebro no ha sabido deducir de estos ciertas enseñanzas. Pero al igual que hay optimistas que son tontos de lo puro simplones que son. Eso no quiere decir que hay que ser “sabio” o tener cultura para ser un realista depresivo, la cosa no es así de evidente. La diferencia está en que hay ciertos tipos de cerebros que, por ejemplo, al encontrarse con el desamor, su cerebro de fondo ya ha calculado todas las preguntas y respuestas como para dar validez o no al amor. Y así con una y otras de las grandes palabras que definen lo humano: felicidad, inmortalidad, lealtad, amistad… Han creado patrones estructurales dentro del cerebro, como así ocurre con el de la “banalidad del mal”, que no quedan “bloqueados” como sí ocurre en los cerebros optimistas. Tampoco es cuestión de tener o no mala “suerte” en la vida, de tal manera que una mala vida haya generado un tipo de cerebro tendente a pronosticar que todo va a salir mal (que también puede ocurrir en algunos cerebros). El realismo depresivo consiste en que una vez que has desnudado algo, que has creado un mecanismo implícito o estructural en el cerebro, ya no lo puedes volver a vestir o “esconder”. No funciona el “engaño” propio del cerebro optimista, que se basa en olvidar y mantener todos los sesgos y patrones enquistados intactos, indiferentemente de la gravedad de las situaciones.

  Puede que no haya logrado, en este artículo, la finalidad de probar y sostener la existencia del realista depresivo. Pero lo que sí puedo hacer es hablar de su condición. Mi condición.

   Creo que fue Julian Baggini el que postuló que si se hiciera un diálogo, para ir al sentido último humano por medio de preguntas recursivas, donde cada respuesta se convierte en la siguiente pregunta, al final se llegaría a la respuesta de “para ser feliz”, que ya no debería de tener más preguntas, pues no debería de caber la pregunta de “¿para qué ser feliz?” Yo no termino hay mi preguntar, un realista depresivo no lo hace. Yo entiendo -y siento en mi condición de cuerpo sensitivo- el sentirme extasiado ante la belleza. Me entra un escalofrío ante el impacto de ciertos atardeceres, ante los ojos de una mujer bella, ante la madre que mece a su hijo. Pero todos esos “sentires”, esas plenitudes densas en los que todo mi ser desaparece ante ellos, son susceptibles de ser cuestionados. Ninguna de ellas, ninguna de esas inmensidades sensuales, niegan a mi conciencia, que las ve desde fuera como para saber que sólo son emociones para las que estoy programado. Mi finalidad en la vida no es la felicidad si esta me impide preguntar o cuestionar que puede haber otra pregunta detrás. Que ninguna pregunta cierra la serie de preguntas, que de esta forma se vuelven infinitas. Esta condición se vuelve en mí sino, puesto que en cada momento me nace la duda de la densidad de cada una de las emociones. En este nuevo estado no existe el puro instante, sino mediado por la conciencia que tengo de ese instante. Como un poner en entredicho de forma eterna a mis emociones. Vivenciar así la vida es hacer que siempre pase por el filtro de ponerlo en duda, de dejar todo en suspenso. Y si la vida es así, ¿no es acaso como hacer el amor no ya con un preservativo, sino con una armadura? Eso no impide que sea un acto sexual y sensual, pero la armadura pone una distancia conceptual que le resta densidad de ser.

   Toda esta condición puede ser genética y a veces se crea en una niñez dura, por traumas (el ser preconciente del que hablo en mi libro). En los dos casos casi toda respuesta, casi toda activación neural, pasa por el prefrontal con un tipo de filtraje de ciertos patrones aprendidos. O mejor, por un desaprendizaje de sesgos y patrones enquistados. A la larga y si se aprenden otros conceptos como puedan ser el de la “banalidad del mal”, o la “doble verdad” de Schopenhauer, se será ese ser que habrá desnudado a toda emoción de su quintaesencia, de su impermeabilidad, de su densidad de ser. Ese estado es un nuevo ser que no niega su sensualidad, emocionalidad, pero haciendo que no sean un fin en sí mismos. Una vez que no tienes esos sencillos placeres, que ya no son iguales… qué queda. Puedes llegar a un estado tal que ya no puedas comunicarte con nadie, pues nadie entenderá tu falta de “entendimiento” con lo humano. Que preferirás ni siquiera comunicarte, pues sólo vas a crear “sospechas”… o de tu locura, según algunos, o de tu depresión según el baremo de otros. Soy capaz de sentir, soy capaz de entender qué se siente sin filtros, pero los filtros son los que al final vencen en la lucha, pues es la forma de entenderme como honesto con las “verdades” a las que ha llegado mi cerebro. Entre la locura de sentir y la locura de saber la verdad, opté por la última. No es la mejor apuesta, no es la más práctica, pero por mis patrones entiendo que es la más honesta conmigo mismo dentro de la nueva entidad que soy.

   Ahí sale la eterna lucha de la autenticidad y sus contradicciones. Un “simplón” es auténtico en su simplicidad, un realista depresivo es auténtico en su doblez. Los optimistas, la apuesta mayoritaria, cree que ser autentico es no tener dobleces, pero sólo es bajo el punto de vista de sus sesgos. El ser humano es lo que es por su prefrontal, por su conciencia, por su dislocación con la realidad. Durante toda su historia la ha huido, como una condición que le inoculó de una maldición de la que no se puede librar. Recurrimos al relato, a las drogas, a los cuentos para acallarla, sin nunca lograrlo. Ella, la conciencia analizadora, fría, robótica, siempre sale a la luz, siempre hay que silenciarla, sea por el medio que sea. Para el realista depresivo esa distancia es la “verdad”. Vivir condenado a accionar en la vida con cierto alejamiento de las cosas es nuestra condición más humana. No “creo” en ninguna pasión porque sé que sólo es el núcleo accumbens el que “habla”. Sé que después habrá una muerte, una “petite mort” que me recordará que corra tras el siguiente deseo. Carrera infernal que no lleva a ningún lado. Este maleficio lo han deducido las religiones orientales, más sabias y profundas que las occidentales, pero sus respuestas tampoco me valen de nada. La única forma de salir del ciclo de los deseos es el aislamiento total, tal como los monjes tibetanos, pues al estar en medio de la vida es imposible no ir de deseo en deseo, pues todo el universo urde la trampa para que la realidad humana sea así.

    Si todo es susceptible de ponerse entre paréntesis, ¿qué es la realidad?, cuál su sentido. No hay sentido, no hay un porqué, ni un para qué. En todo ese trama de para nada, al final comprendes que el dolor y el mal tiene más peso y esencias que sus contrarios. El experimento contrario al de la espera del beso, nos dice que si nos auguran el tener algún tipo de dolor, este es mejor pasarlo ya, tal como lo escogieron a los que se les preguntó, y no esperar unos días, pues de nuevo su pronosticación y espera lo vuelve aún más doloroso. La espera del dolor “mata” o desactiva ese estado latente de la vía dopaminérgica. Todo placer es efímero, pero el dolor es consistente y pertinaz. Nada como un dolor de muelas para comprobarlo. ¿Qué hay en el lado contrario del dolor de muelas? La vida recurrió antes al dolor que al placer como sistema de enervación. El premio vino después…, de forma prolongada puede convertirse en dolor. Una risa mantenida es huera y al final crea agujetas. No hay ningún dolor que se convierta en placer a no ser que se recurra al masoquismo, que visto así debe de ser el culmen del optimismo. ¿Qué poner en el otro lado de la balanza como para que esta se equilibre si te secuestran junto a tu familia, violan ante ti a tu mujer y tu hija, las torturan y te torturan, y al final las matan y te matan? Recurrimos a “inventar” a los dioses y sus infiernos para tratar de equilibrar la balanza, para castigar a aquellos que nos hagan pasar por un infierno en la tierra: otro sesgo optimista que nos “impuso” la evolución.

    No tengo que pasar por esos infiernos, del párrafo anterior, para comprender que la vida es así de injusta. Es sólo una cuestión de honestidad con mi razón. Sé que lo más seguro es que nunca me pase nada de esos sucesos a mí, humano occidental, pero la idea sobre la que hay que quedarse es que ese nivel de comprensión cruda de la vida es la que siempre está presente en mí. Los otros dicen, los optimistas, que porqué pensar en esas cosas. Contesto lo mismo que George Leigh Mallory cuando se le preguntó el por qué subir al Everest: “Porque está ahí”. Pienso porque todas las preguntas y respuestas han de ser hechas, porque no preguntarme y no cuestionarme no entra dentro de mi ser, dentro de lo que soy como apuesta humana. Me pregunto porque sé que la mayoría de la humanidad no lo hace, y en mi condición de uno entre veinte humanos tengo que tener preguntas y respuestas alternativas. ¿Me crean dolor?, no lo sé, en ciertas ocasiones se llega a cierto grado de morbidez por esta condición, quizás porque el cerebro tiene que buscar mecanismos que me “ayuden” a vivir dentro de mi condición.

   La globalización no ha ayudado a nada en todo este proceso, más bien lo ha empeorado. En la condición de realista (quizás en ese estadio sin el conato de depresivo), un individuo cazador-recolector apenas si se limitaba a pensar en ideas o salidas alternativas a ciertas condiciones eventuales del grupo o manada. Pero con el conocimiento de lo humano como totalidad, todos los problemas del mundo inundan a este tipo de cerebros. De nada vale el típico “no cargues con todo el peso del mundo”, pues una y otra vez los medios de comunicación te los recuerdan. Por lo demás… una vez que los conoces ¿qué honestidad es posible si cierras los ojos a todo? Pero ahí no acaba el problema, no acaba más que empezar. Si pones en suspenso toda emoción, ¿por qué no poner en suspenso todo valor humano? Parte de los problemas del mundo son debidos a la superpoblación (por una parte debido al optimismo que propició el baby-boom y por otro por el papel que está haciendo la iglesia católica en países “subdesarrollados” al ponerse en contra de los preservativos y otros medios anticonceptivos) ¿Por qué no evaluar que no estaría mal que cierto número de humanos muriese? Nace así el pensamiento cínico, pues al final comprendes que todo lo que se haga no es más que poner tiritas a una puñalada mortal en el pecho. Lo que quiero decir es que el realismo te convierte en un nihilista, el cuál niega la legitimidad de toda entidad densa en el cerebro y en el mundo. El siguiente paso es la de convertirte en un cínico al comprender que nada tiene arreglo, en un mundo donde el optimismo pone impedimento a todos los cambios drásticos necesarios. He aquí la mayor sospecha que levantan los realistas depresivos. Al final no construimos nada, más bien quedamos revelados en personajes como el del Jocker en la película “El caballero oscuro“, no queremos nada, sólo queremos ver cómo arde el mundo. No queremos alcanzar al coche, tan sólo somos los perros que se limitan a perseguirlos. “Si tan mal la vida te parece… no te rebeles, ¡enloquece!”

   En definitiva, de ser totalmente honestos, ¿cómo volver a ser un “humano”? Querría haber nacido en una tribu de áfrica de cazadores-recolectores, y que mis conocimientos y límites fueran para la caza y la supervivencia. Pero en un mundo inundado de memes, en el nuevo mundo del treme ¿qué espacio me queda para vivir? Si me cuestiono como un simple ser que no le basta la felicidad y vivo en un mundo que quiere ser feliz, pero este no logra alcanzar la felicidad, ni comprende el por qué no llega a ella, pues ni siquiera sabe qué es eso a lo que llama felicidad… ¿qué mensaje honesto se les puede dar? Hombre era aquel que vivía en armonía en su hábitat y su manada. ¿Por qué pretender que ahora somos “más” humanos, bajo el apelativo de civilizados? Somos la suma de todos los memes. ¿De qué me sirve el meme Arte si en el loco proceso de crear más y más memes, se ha creado el meme de asesino en serie y del psicópata que es “mejor” cuanto más mate y más cruel sea? ¿De qué me sirve desear las nuevas tecnologías si por ellas se está desequilibrando aún más la distancia de ricos y pobres? ¿De qué me sirve la era de la Ilustración, de la razón, en un mundo que aún es más fanático religioso y/o nacionalista? ¿De qué me sirve la igualdad de la mujer si ha devenido a que todas son susceptibles de “comerciar” con su cuerpo y el sexo? La balanza no se equilibra, el mal pesa toneladas y el bien apenas unos kilos. Al salirnos de la naturaleza rompimos todo equilibrio. Había cierto equilibrio natural en nuestros ancestros, la diferenciación de hombre o mujer de ser algo era simplemente natural, como el león se pueda diferenciar de la leona. Con el nacimiento del meme sometimos a la mujer; hoy pretendemos que hay igualdad, que hemos conquistado algo, pero no hemos vuelto a nuestro estado inicial, sino a uno en el que el sexo es uno de los mayores mercados del mundo, sobre todo ahora en Internet. Así uno tras otros con todos los problemas, no se vuelve a un estado inicial y natural, sino cada vez más artificial y dislocado, nihilizante. No hay cura para la muerte del hombre, este murió cuando apostamos por la agricultura y las ciudades. Cualquier “arreglo” artificial tan sólo trae más y más artificialidad, más y más caos. El cerebro del realista depresivo comprende todo esto por simple intuición, como una sensación que constantemente le habita y que los mecanismos optimistas ya no son capaces de hacerlos callar…, ¡me voy a dormir un rato!

Anuncios

¿Correr para Permanecer en el Mismo Sitio?

“-Tu país debe ser algo lento –le indica la Reina Roja- Aquí tienes que correr a toda velocidad para poder permanecer en el mismo lugar.” en “Alicia a través del espejo”
Lo que es difícil en cambio es generar el ‘sin sentido’, dado que el esfuerzo por lograrlo produce sentido” Niklas Luhmann
Estamos inmersos en una carrera entre la educación y el desastre.” Neil Postman (parafraseado a Aldous Huxley y H.G. Wells)
Como dijo alguna vez un psiquiatra, ‘todos construimos castillos en el aire’, el problema surge cuando tratamos de vivir en ellos.” Neil Postman

 

    Breve introducción. Mis primeros escritos partían desde la filosofía y hacía incursiones en conceptos de la psicología y los sistemas complejos. Por puro azar, por atacar de forma más sistemática y con referencias a las feministas ideé el mapa mental en el programa “TheBrain” para optimizar el mantenimiento de los enlaces a recursos en Internet, a modo de bases de datos. Al final este sistema ha sido tan eficaz como para tener un panorama muy amplio (a vista de pájaro) de todas las ideas generadas en las últimas décadas en campos como las ciencias sociales, la filosofía, la evolución, las neurociencias y la teoría de sistemas. En esa dirección cada vez me he tenido que adentrar más y más en la sociología, cuando en realidad no es de mi interés, pues en principio mi motivación es entender el cerebro humano. Los últimos escritos son el fruto de dicho sistema y mapa mental, sin bien puede que haya perdido frescura e “inocencia”. La flecha intelectiva, por tanto, era desde unos planteamientos meramente fenomenológicos, de explorar mi acontecer mental, sin tener en cuenta casi nada de lo que decía la ciencia, a un final o ahora en donde “comparo” mis propias conclusiones con respecto al saber actual. Uno de esos casos es mi concepto de “pegajosidad neural”, que por lo que veo podría muy bien formar parte de la teoría del enactivismo o la cognición extendida, en tanto que el medio y el yo se “integran” o acoplan como una totalidad desde lo mental. Actualmente estoy leyendo “la sociedad de la sociedad” de Niklas Luhmann, el presente escrito nació, en parte, de tratar de buscar puntos de unión y diferencias entre mis teorías y las de este pensador, por parecerme muy similares, si bien ha quedado a un lado y sólo lo trato al principio. Si me interesé en él es por lo similar de nuestros pensamientos. Fue a través de sus escritos que conocí el concepto de autopoiesis, que es una de sus bases, si bien diferimos de sus usos. No me parece “cómodo” el concepto de autopoiesis, el propio Luhmann se separa de la acepción de Maturana y Varela, los cuales así lo hacen ver en las nuevas ediciones su libro “Autopoiesis: la auto-organización de lo vivo“. En mi caso lo revisaré muchas veces hasta que al final pueda encontrar uno que me pueda parecer más apropiado, pues no me termina de convencer. Igualmente me he tenido que remitir a dicho libro, de lectura cómoda y sencilla, para tener en cuenta el origen de tal concepto. Maturana y Varela lo aplicaron a un sistema muy restringido y se le está dando un uso inadecuado en muchos casos: “…la dinámica molecular de la autopoiesis ocurre, cuando tiene lugar, como un fenómeno espontáneo, en el que todos los procesos moleculares ocurren en una determinación estructural local sin ninguna referencia a la totalidad que constituyen“. Maturana y Varela “aceptan” que se use el concepto de autopoiesis a modo de metonimia, que es muy posible que sea como yo lo estoy utilizando. De cualquier forma en este escrito fundamentaré mis ideas bajo nuevas premisas que le darán más solidez, pues he encontrado cierto paralelismos entre algunas de sus ideas y las propias. Los autores del libro aducen que el concepto de “teleonomía es prescindible” por inadecuado. Pero es que el sentido y la finalidad emergen de forma rápida en todo sistema, aunque este no esté sustentado por una entelequia o una lógica. En esa dirección todo ser vivo crear funciones, como la respiración, donde tal concepto no tendría sentido sin el concepto teleonómico. En todo caso, como explican Maturana y Varela, en su propio lenguaje, son concepto que no existen en un “ente” autopoiético, sino que son dados por sistemas acoplados y desde el punto de vista de un observador. En unos casos y otros, se me hizo “obligatorio” saber más en profundidad lo que Luhmann dejó escrito. No lo he terminado de leer, por lo tanto el presente escrito será revisado una y otra vez mientras lo vaya leyendo, o al final de su (larga) lectura. Como soy obsesivo tengo que escribir, sino no lo hago me costará dormir y mantenerme dormido. O sea, que mis escritos son “purgas” conceptuales para mantener mi equilibrio mental, la homeostasis personal. Por otro lado abordo el tema de la retroalimentación positiva, ya que tal como la he venido plasmando, y por cómo se “expresa” o “funciona” en la naturaleza parece ser un error en los sistemas, y por lo tanto en lo evolutivo y en el cerebro humano (mente). Me di cuenta de esta falla. Busqué un porqué y la hallé hace tiempo, pero no sabía si incluirla en los escritos anteriores o tratar el tema por separado. De revisar los escritos alteraría sus “mensajes” o intenciones.  Era preferible  tratarlo por separado como una nueva conclusión o cierre de los temas ya tratados. Abordo ambos temas -las conclusiones de Luhmann: la autopoiesis aplicada a lo social y la retroalimentación positiva- de forma entrelazada.

   Si se quiere tener una idea general del pensamiento de Niklas Luhmann, lo mejor es recurrir a la entrada de la Wikipedia. Una cosa que me llamó la atención es que es bastante hermético y complejo de leer. Al parecer lo hizo a propósito, pues pensaba que si “simplificaba” sus postulados podrían ser reducidos a mínimos y por lo tanto malinterpretados. Me pregunto, entonces, si yo al tratar de ser llano no estaré siendo simplificado a ideas erradas. Eso me lleva a pensar en el estilo. ¿Es una premisa que para parecer profundo hay que usar un lenguaje complejo e incluso hermético? En esa falla han caído muchos de los escritores posmodernistas, con la consiguiente consecuencia de haber sido tildados en caer en “imposturas intelectuales” vacías de significado y contenido, entre dichas personas a la feminista Judith Butler. El propio estructuralismo es muy ambiguo. Se puede simplificar su idea a que tratan de simplificar los sistemas a sus estructuras, a su esqueleto. De igual forma que todo edificio es reducible a que parten de una estructura de columnas y vigas (esqueleto), todo sistema puede ser analizado bajo ese prisma. El problema es no perderse en esa abstracción en donde a veces se pierde todo contacto con la realidad. Si un concepto me ha parecido acertado del constructivismo es la máxima que dice que todo sistema, y por lo tanto la vida y lo social humano, es mecanicista y está determinado en su estructura. Pero hay que recordar que es la “piel”, su sensibilidad, su textura y los “usos” que le damos, lo que nos hace ser humanos. La paradoja de la abstracción y circularidad en el lenguaje posmoderno, y otras doctrinas parejas, se puede apreciar en esta página, que genera aleatoriamente un texto por medio de un programa informático o algoritmo -cada vez que se entra se genera uno nuevo- un escrito de “corte” posmodernista, con su consabida jerga y tendencia a la recursividad, la conexión aparentemente sorpresiva y azarosa de conceptos y la abstracción pura, que lo desliga de todo significado y realidad. No deja de ser curioso, pues… ¿no será uno de esos escritos aleatorios los que hallen cierta “verdad” sobre alguna realidad? Lo mismo ocurre con cualquiera de esos escritores o pensadores nominados como “impostores”, no deja de ser paradójico que quizás en sus jergas hallen “verdades” o estructuras de la realidad, o que a su vez sugieran ciertas ideas a sus lectores que al final lleven a cierta verdad o patrón de la naturaleza. Extrapolándolo a la genética y la evolución “funcionan” a modo de mutaciones, y como es sabido a veces una mutación es la que mejor se adapta a un medio, la que termina por “acertar”. Eso ya me lleva de lleno a los temas a tratar. A veces pienso que muchos pensadores hablan de lo mismo, sólo que cada uno pone énfasis en cierto concepto, como clave de su pensamiento, mientras que otros lo hacen en alguno distinto. Las claves en Luhmann son significado y comunicación, pero antes de entrar en este tema prefiero tocar la retroalimentación positiva, pues puede ser la que explique muchos de los conceptos de Luhmann y por lo tanto los míos.

   El concepto evolutivo que da “razón” de un porqué a la retroalimentación positiva es el de la cinta andadora (hipótesis de la reina roja), máquina e imagen que es la mejor que define la idea que se esconde tras dicho concepto. En cinta andadora el cuerpo hace todos los movimientos necesarios para andar o para correr, pero no se avanza: la persona permanece en el mismo sitio. En este sentido se explica la evolución. Para entenderlo es mejor un ejemplo. Una gacela y su depredador mantienen una “lucha” en la optimización de sus carreras. Si el depredador gana algo de velocidad, todas las gacelas más lentas serán cazadas, con lo que sobreviven y se reproducen aquellas que hayan hecho algún cambio a mejor en sus huidas. Esto puede ser por velocidad, por agilidad al driblar, o por ser más perfectivas a la hora de detectar al depredador. En resumen una gacela actual puede seguir siendo igual que una de hace trescientos mil años, sus restos esqueléticos fósiles pueden ser casi exactamente iguales, pero posiblemente la actual sea más ágil o rápida, aunque sea sólo en unos segundos. O sea, se hacen cambios para mantener el ratio de diferencia en velocidad con respecto a su depredador. Avanza, pero sin ganar nada con respecto el animal que le da caza, pues este también está “obligado” a su vez a mantener el mismo ritmo evolutivo. Esta es la idea central del concepto  de la cinta andadora aplicado a la evolución. Esto nos lleva de lleno a un cruce de ideas entre Luhmann y mis pensamientos. Este autor hace una de sus claves al concepto de significado. En mi lenguaje, por creer que va más en la dirección de la teoría de sistemas, esa clave sería información. ¿No son lo mismo?, la diferencia está en que Luhmann trataba sobre temas de sociología, en donde la información cambia su estructura. Como mis ideas parten de los de la superveniencia lo primero es la información. El ADN es información que una célula “lee” para operar o funcionar. No cabe la interpretación, que sería lo propio de un significado, tampoco es comunicación, la célula no le “dice” nada a su vez al ADN: es una “orden” que se ejecuta. ¿Cuándo una orden no hay que seguirla a rajatabla? (raja tabla, ¿tabla quebradiza?, me quedo perplejo con ciertas palabras) ¿Cuándo “introduce” la evolución el tener en cuenta la novedad o el cambio? Luhmann nos dice que “un sistema se define por un límite entre sí y su entorno, dividiéndolo de un exterior infinitamente complejo, o (coloquialmente) caótico” (fuente Wikipedia). En esa medida es “reducción de la complejidad”. Quizás esta idea sea la forma más sencilla de explicar la propia vida. De esta manera la vida es una tendencia a mantener un orden o ir contra de la segunda ley de la termodinámica durante X tiempo (edad promedio de vida del ser vivo). Ese límite a nivel de seres unicelulares es la pared celular, pero dicha pared no se dio desde el principio, luego es un segundo paso al proceso evolutivo. Dicha pared “marcó” una distancia o división no sólo con el medio, sino con otros seres vivos, incluso de su propia especie. Con esto llegamos a otra de las palabras claves de Luhmann, la diferenciación, que al parecer la heredó del pensamiento de Parsons. Yo llegué a esa misma idea bajo el término de otredad, pues es la otredad la que crea una identidad al connotar las diferencias existentes. En ese sentido identidad es la propiedad de un sistema a una de las maneras en la que “reduce la complejidad”, su forma de llevar esa máxima a cabo. ¿Dónde entra la novedad? Cuando el entorno cambia y necesariamente “se impone” una adaptación. A decir verdad, y para comprender la evolución, no es que el sistema -un animal, por ejemplo- se adapte al cambio, sino que en muchos casos es por algo tan sencillo como que sólo sobreviva lo que porta un cambio, como para que no muera o se extinga ante dicho medio. Con esto doy un salto narrativo desde los primeros seres vivos a la mente del hombre, que es lo que nos hace tan distintos a cualquier otro animal. En otros escritos ya he dicho que la evolución tuvo que apostar por hacer “cambios de última hora” (impronta genética, efecto materno, epigenético).  Si por un lado un ser vivo es aquella apuesta en particular que tiene unas premisas programadas para “reducir la complejidad”, por el principio de la retroalimentación positiva, explicada bajo la metáfora de la cinta andadora, “asume” que no ha de poner todas sus bazas al promedio de la especie. O sea, una ameba puede que no se diferencie de otra, e incluso un escarabajo pelotero de otro, pero en los animales más complejos hay diferencias de unos a otros. Es como si la evolución dejase de apostar todas sus bazas a una sola carta. La variación, por medio de la sexualidad, es esa apuesta múltiple a distintas cartas. Ahí es donde nace el concepto de “nuevo” o novedad. Si una gacela nace con una mutación en una molécula que sintetiza el gasto de energía muscular de forma más óptima, correrá más tiempo ante el depredador y sobrevivirá y se reproducirá con más éxito. Se da una primera “comunicación” cuando varios animales de un mismo orden se han de tomar como de la misma identidad, cuando la información que portan es con ciertas variaciones, cuando en realidad el “significado” en el comportamiento puede ser el mismo: en este caso huir del depredador.

    En los sistemas de la superveniencia la categoría de social nace del de vida, en donde lo social está supeditado a la comunicación de los individuos implicados para crear estrategias con fines comunes. Creemos una trama más de complejidad, pues la gacela ya no nos vale. Los búfalos africanos tienen estrategias para auto-protegerse y a la vez proteger a las crías. Una falla en tratar de seguir el rastro de la evolución es que las huellas fósiles no dejan ver cuándo se producen cambios sociales, por lo menos fuera de los humanos, pues nosotros dejábamos rastros en “artefactos” (fogatas) o utensilios. Es muy posible que ese comportamiento de los búfalos no haya existido siempre y que sea algo que ha ido evolucionando hasta llegar a la situación actual, en la que incluso llegan a atacar activamente a sus depredadores. De una manera u otra la identidad social es más que la identidad individual (concepto de emergencia), puesto que un búfalo de forma individual no puede mantener esas estrategias de ataque a los depredadores. Lo mismo ocurre con los lobos: individualmente apenas si pueden cazar presas pequeñas. Si están ante un gran animal retroceden; se “envalentonan” cuando están en manada. Dos comportamientos distintos en un mismo Ser o entidad dependiendo del entorno, dos formas distintas de “reducir la complejidad”, de homeostasis, en un mismo sistema nervioso. Esto implica un sistema nervioso que implemente la adaptabilidad al medio, a la situación y por lo tanto a lo que pueda ser distinto o nuevo.

   De una manera u otra lo que subyace de fondo es cuándo algo mantiene una información o identidad, y cuándo puede ser tan distinto como para que ya no sea la misma identidad en dos dimensiones: la social y la individual, que a la vez están implicadas. En lo individual el lobo es lobo tanto al amilanarse ante un gran animal cuando está solo, como cuando se “envalentona” estando en manada, ya veremos cómo interpretar esta regla en el humano. Pero, ¿cuándo un lobo es susceptible de ser atacado por otro lobo y cuándo no? Vayamos a otra especie más sencilla. Una hormiga tiene una huella química de su hormiguero, cuando dicha hormiga llega a otro hormiguero es “otredad”. No existe una regla general en la vida, cada orden y especie tienen sus propias reglas de dichas “marcas” de la identidad. Dichas reglas están “pactadas” y regladas en instintos. En órdenes, no comunicativas, del ADN. Más de una vez he sostenido que el humano no es el inteligente, no a modo activo, es la evolución la que le ha colocado en esa posición privilegiada, la que tiene los mecanismos “inteligentes”. En la medida en la que el humano incorpora muchos instintos o patrones de comportamiento corporizados, encarnados, cada uno maximizado en todo lo posible, es un buen exponente del proceso evolutivo de optimización, que en el caso humano es hacia la inteligencia. Pero el sentido de agencia, el yo reflexivo, el intérprete del hemisferio izquierdo o ese piloto que parece tener el mando del cerebro y el cuerpo, sin llegar a ser razón, es algo estúpido. A este módulo no le sorprende que un perro chihuahua reconozca como perro a un mastín, aunque se muestre asustadizo, que es muy posible que tenga que ver con el olor como las hormigas, pero el humano no reconoce como humano (incluso sin “alma”) a otras personas por meras apariencias externas como el color de la piel, o por ciertos modos de comportamientos o maneras de pensar bajo el concepto de creencias. En este escrito pretendo mostrar un porqué.

    Ya tengo todo los precedentes para adentrarme en los mecanismos que operan de fondo en estos juegos sobre las identidades, toca adentrarse en los detalles. Es muy posible que los primeros mecanismos, de “ver” el entorno, incorporados a un primer sistema nervioso, fueran los cronológicos. A cierta hora el sol tenía más fuerza y era óptimo estar cerca de la superficie marina. Ya en esta etapa y con dicho mecanismo, se daba algo por lo que al final sería la base de todo sistema vivo complejo, con un sistema nervioso centralizado, prever el medio. En un sistema informático se incorpora dichos sistemas, en muchos casos permanecen latentes. Una rutina abierta de un programa come recursos del sistema a la espera de una condición de “¿se da este caso?”. “Pregunta” que se hace una y otra vez cada vez que el núcleo no tiene ninguna otra función más relevante al que el sistema dé más prioridad. Es un sistema estúpido porque consume recursos y energía. Como regla general cuantos menos programas o utilidades residentes se estén ejecutando mejor. La vida no se puede permitir tal derroche, todos sus procesos y los que han evolucionado han sido porque eran los menos intrusivos, los que menos energía gastaban. Los microprocesadores están siguiendo esta misma regla básica, tratan de optimizar sus recursos con un menor gasto de energía. Hoy en día son más rápidos con un menor gasto de energía que los de hace una década. Cuando un sistema vivo llega a cierto grado de optimización de energía, y si este se apercibe que los recursos en el ambiente son óptimos, puede tender a incorporar un nivel más de complejidad, si en el proceso “gana” algo: retroalimentación positiva. Por esto el derroche de energía de la cola del pavo real, es óptima para ser seleccionada por las hembras.

   En el párrafo anterior ya se ha colado el concepto de prever en lo evolutivo. Dicho sistema es la base de retroalimentación del sistema nervioso en lo que se conoce como “codificación predictiva“. En el humano, en donde es que se da de forma más clara el aprendizaje o neuroplasticidad, es donde se ve más claro dicho mecanismo. Un bebé al principio no tiene los ojos abiertos o incluso aunque los tenga abiertos no ve. Su cerebro está programado para crear en primer lugar los circuitos motores. Hace movimientos esporádicos con sus extremidades en donde hay un primer aprendizaje motor por retroalimentación. Pero para que se vea más claro vayamos a la segunda fase: el “incorporar” la vista a dicho sistema. Hay un objeto delante y el cerebro crea aparentemente movimientos aleatorios para dirigir las manos, y la vista “verifica” lo acertado de dicho circuito neuronal de previsión, si falla no se crea la conexión de forma duradera y si acierta asienta dicho circuito en la memoria a largo plazo. La retroalimentación a este nivel es un circuito verificador al modo de “si X entonces Y, sino volver al principio de esta rutina” en donde el aprendizaje ocurre cuando se sale de dicha circularidad o rutina. ¿Parece un sistema estúpido y tonto por lo simple que es? Puede ser complejo entender dicho concepto de circularidad o retroalimentación, una imagen que ayuda a entender dicho sistema es lo que sucede cuando con un vehículo entramos en una rotonda, en donde si no nos hemos colocado en el carril correcto, cada vez que se llega a la salida deseada al “pre-tender” cogerla (lo inteligente del lenguaje -algunas veces-, en este ejemplo con el prefijo “pre” que nos hace “saber” del sistema pre-dictivo del cerebro), se puede llegar a dar el caso que  tengamos otro vehículo a nuestra derecha, lo que nos “obligará” a volver a dar otra vuelta a la rotonda. Optimizamos el sistema cuando el sistema “comprende” que si desde un primer momento se coloca en el carril adecuado será más óptimo salir de la circularidad… “los comportamientos particulares se explican mediante la apelación a una revisión de errores de predicción específicos de la modalidad, según se calculan mediante módulos cerebrales físicamente localizados y encapsulados, sin especificar una implementación computacional particular” (Fodor 1983). Un sistema vivo no complejo se atiene a unas cuantas rutinas ya aprendidas y asentadas, pero el cerebro humano es el mecanismo más complejo de la naturaleza, luego las cosas no son tan sencillas como el aprendizaje de unas pocas rutinas.

    Al predecir un sistema, cuanto menos información se “lea” del entorno más rápido será el sistema en actuar ante este. Por este hecho la evolución de la vista va desde lo sencillo a lo complejo. ¿Por qué ver tan sólo en blanco y negro?, es lo más óptimo si sólo tratas de captar el movimiento, pues en los contrastes de luces y sombras es donde más rápidamente se capta un cambio en el entorno. Dicho sistema sigue “incorporado” en nuestro cerebro y es el que opera en las situaciones de verdadero peligro que requieran una reacción lo más rápida posible. De hecho no vemos el mundo tal cual, por requerir demasiados procesos. Es el cerebro el que lo recrea en su interior, y en cada momento es un circuito el que busca posibles cambios, los cuales los incorpora a su representación cerebral. Es como el pasatiempo de buscar las diferencias entre dos imágenes, llevado a sus límites. Por este tipo de sistema es por lo que somos tendentes a la ceguera a los cambios, pues el cerebro se atiene a la información relevante y pasa por alto lo que no lo es, y por esto mismo al ver varias veces una película nos percatamos de cosas nuevas. Este efecto o sistema también es “culpable” de que las personas a lo lejos, sobre todo del otro sexo, nos parezcan bellas: el sesgo implícito optimista del cerebro está impelido a ver una posibilidad de emparejamiento y “reconstruye” los pocos datos que en ese momento tiene, hacia reconstruirla como “persona bella”, hacia la posibilidad. En todos los ejemplos sale a relucir que nuestra representación del mundo visual es tan costosa y compleja que hay un retardo cerebral: el cerebro siempre tiene una representación del mundo con unos milisegundos de retraso, y por lo tanto del mundo del “pasado”.

    En unos casos y otros, en lo visual, en lo táctil…, en todos sistema de entrada del estado presente, el sistema tiene sus circuitos de previsión y verificación de lo nuevo, en donde lo que queda patente es que el sistema nervioso es un componente que trata de detectar lo nuevo en el entorno. En un segundo proceso tiene que integrar todos los datos (zonas asociativas) y pasan a un tercer sistema de verificación más complejo, el asentado en el prefrontal, en la corteza cingulada anterior, que es en el sistema que yo me he detenido de forma profunda en mis escritos. Dicho sistema es el que nos crea la sensación de que hay un piloto al volante, el sentido de agencia (tener un agente al mando). Y dicho sistema no “decide”, puesto que a él llega todo ya integrado o “resuelto”, su papel es volver a verificar, o sea es de nuevo otra rotonda o circularidad en donde si dicho sistema no ve nada anómalo o nuevo lo deja “pasar” (sin procesar, sin crear un cambio) sin más.

    Pero todo esto ya lo he dicho y expuesto una y otra vez: vayamos a la “novedad”… el por qué la retroalimentación positiva. En casi todos los sistemas analizados se da una retroalimentación negativa, el sistema tiene que tender a la estabilidad del sistema, a la homeostasis: no gasta más que la energía necesaria en cada proceso. O dicho de otra forma: si desde el principio uno se coloca en el carril correcto, al entrar en una rotonda, no gasta gasolina de más. La rotonda deja en cierta forma de ser rotonda porque sólo vamos desde la entrada “A” a la salida “B” como si fuera una línea recta, como quien dice. Estos recursos automatizados son procesados sobre todo por el cerebelo, que tiene casi todas las rutas de a “A” a “B” de todos los circuitos motores: es a este al que se refiere la frase de “ir en piloto automático” cuando conducimos o en la mayoría del acontecer diario. Todo que hagamos con rutina queda procesado o tiene como circuito al cerebelo. De hecho el lenguaje es sobre todo motor, por lo que dicha parte del cerebro cada vez ha cogido un mayor protagonismo en las neurociencias. En las últimas décadas incluso se ha creado la hipótesis de que ha sido uno de los precursores de lo que el humano es hoy en día. El habla es otro caso de retroalimentación: necesitamos escuchar nuestra voz, lo que decimos. Es otro proceso que si funciona bien va de “A” a “B” sin problemas, pero que falla en cuanto la situación no es óptima. Un ejemplo es que haya griterío o mucho ruido en el ambiente, nuestros “pensamientos” o locución parecen volverse más torpes. Un ejemplo más claro es cuando nos tratamos de grabar con el ordenador y activamos a la vez escuchar lo grabado, el sonido de entrada del micrófono. Como el ordenador tiene un retardo en todo este proceso de grabar y reproducir, oímos por un lado nuestra propia voz y por otro lado esta misma reproducida por el ordenador con cierto retraso. ¿Resultado?, que de repente nuestra locución se frena por esa doble voz a la que el cerebro no está acostumbrado. Ocurría esto mismo en los antiguos teléfonos fijos, cuando nuestra voz se acoplaba y nos venía devuelta con retraso. En mi caso tengo afasia nominal. La teoría es que es un daño en el lóbulo temporal, que es la zona asociativa del habla y el oído, la que crea ese circuito de retroalimentación de hablado-escuchado. Pasé por una encefalitis (15 o 16 años) muy grave que pudo ser la causante de tal daño. Hoy en día, en mi caso, no tengo claro que sea por este motivo. Es muy posible que tenga que ver con el cerebelo. Este no es el que procesa el movimiento, el sistema motor, pero sí los sincroniza como para que no se produzcan retardos o efectos de “acople”, como así ocurre con el ordenador. O sea, la “magia” del sistema nervioso es que ha de sincronizar todos los datos, que cada cual ha sido sub-procesado en algún módulo o región, como para que no se produzca ningún efecto de retardo, en el segundo nivel del sistema asociativo y mucho menos en el tercer nivel de la integración de todos los procesos, dando como resultado la sensación de estar ahí, en este presente. En parte esta sincronización la lleva a cabo o forma parte el cerebelo. En cuanto algo se desincroniza el sistema “falla” o se ve alterado por completo.  Un caso que es ejemplar sobre este hecho es el trastorno de procesamiento sensorial, por el cual las áreas asociativas del cerebro no regulan y sincronizan los datos procesados por los distintos sentidos o módulos cerebrales; este trastorno puede ser una de las bases de las personas híperactivas, que muestran dificultad en el aprendizaje, y se baraja como idea a que sea parte del problema del autismo.

Hipótesis de la Doble Ruta para Leer

    Yo tengo dificultad con el habla, las palabras largas y con fonemas no tan propios del lenguaje español me resultan complicados. Ocurre con varios de mis hermanos y sobrinos, por lo que se descarta que sea un daño en mi caso, sino debido a algo heredado. Mi hipótesis es que hay un retardo, un acople, en la recuperación nominal puesto que no están bien establecidas o sincronizadas las formas motoras en el cerebelo de cómo crear dichos fonemas y por lo tanto ciertas palabras. No se puede recordar o recuperar de la memoria algo que no ha sucedido, del mismo modo no se puede recuperar o con dificultad algo que en el cerebelo no ha terminado de crear un patrón estable. En la metáfora del coche y la rotonda es como si se entrase en ellas sin haber prefijado cuál es el camino de “A” a “B”, y se diesen varias vueltas para salir de la rotonda, lo que da como resultado ese retardo en recuperar nombres, adjetivos y verbos, y se tenga que recurrir a perífrasis y otros recursos para recuperarlas por asociación. Me alargo en este ejemplo personal porque lo conozco bien y es muy representativo de esa sincronización como totalidad. En el cerebro, en cuanto algo falla en las primeras fases de los procesos, queda alterado algo tan esencial como el hablar y por lo tanto el leer y el escribir…,  y  al final el aprender, pues todos estos patrones parten de la base de la forma fonética y sincronizada del sistema motor (cuerdas bocales, respiración, lengua, mandíbula, labios, etc.) que están sincronizados por el cerebelo. En una metáfora, el cerebro es como una cadena de producción, en donde si una parte de la cadena se enlentece, repercute en la producción final con fallas o errores. Como cuando vemos una etiqueta torcida o un remache fuera de su sitio, o defectos similares. Para el caso, como la “producción” en el cerebro no se puede parar se ignoran los retardos y fallas en los procesos intermedios, con los consiguientes errores como el no haber comprendido lo escuchado o leído, o que el discurso se trabe, o se escojan los adjetivos o nombres de formas desacertadas, o se expresen palabras con errores fonéticos o en su formación. O sea que la afasia nominal puede ser un síntoma aún más de la dislexia, una gravedad más allá de esta, (ante tales papeles del cerebelo pensé si estaría implicado con la dislexia, e investigando encontré que sí). Un daño en el cerebelo no provoca el poder moverse o crear los movimientos, sino que estos sean más erráticos y que el cuerpo no recupere su estado homeostático de quietud, dando como resultado un permanecer con movimientos aleatorios y convulsos (ver vídeo de ejemplo). La emergencia de lo humano se dio con el habla, luego el cerebelo tuvo mucho que ver. Ya en otro lado apuntaba al hecho que el habla está ligado en la zona del manejo de la mano derecha. En un tiempo atrás, cuando aún estábamos en los árboles, la sincronización de esta parte motora era fundamental. Cuando bajamos de los árboles esa potencialidad se aplicó o uso para dar prioridad a lo que las manos podía hacer, como elaborar herramientas. En un segundo paso creamos un lenguaje de signos acompañados por sonidos (se puede ver esa etapa en los chimpancés con sus sonidos guturales rítmicos y repetitivos que acompañan a sus comportamientos sociales), para al final terminar por dar una mayor importancia al habla, que por retroalimentación cada vez se volvió más y más compleja.

Por si está bloqueado el vídeo… Ver en otro portal.
Ver vídeo de este mismo acto, pero de un seguidor a su líder.

   Vuelvo arriba, a establecer un para qué de la retroalimentación positiva, me he alargado en el párrafo anterior para establecer la importancia de la negativa, que es la tendente a los estados equilibrados u homeostáticos del sistema. De hecho cuando el humano crea máquinas todas siguen las reglas de la retroalimentación negativa. En cibernética, como estudio de los sistemas complejos, es donde… “la cibernética es aplicable cuando un sistema que se analiza incorpora un bucle de señalización cerrado, originalmente conocido como una relación “causal circular”, es decir, donde la acción del sistema genera algún cambio en su entorno y ese cambio se refleja en el sistema de alguna manera, (retroalimentación) que desencadena un cambio de sistema“, en esta dirección se llega a la “teoría del control perceptual“, la cual… “es un modelo de comportamiento basado en los principios de retroalimentación negativa, pero que difiere en aspectos importantes de la teoría del control de ingeniería. Los resultados de los experimentos TCP han demostrado que un organismo no controla su propio comportamiento, ni las variables ambientales externas, sino sus propias percepciones de esas variables. Las acciones no son controladas, son variadas para cancelar los efectos que las perturbaciones ambientales impredecibles tendrían en las percepciones controladas“. En este sentido tratan o son sistemas cerrados, tratando de “escapar” o controlar la entropía. ¿No encaja a un porqué el humano tiende al sesgo optimista? No importa la “verdad”, la realidad, el dato en bruto, importa en qué medida esa dura realidad impacte en el grado de felicidad, bienestar o equilibrio homeostático del “sistema”. El sesgo optimista es un mecanismo de retroalimentación negativa. En definitiva y en una de esas optimizaciones, todo el sistema crea rutas lo más cortas posibles que repercuten en el gasto de energía (automatismos), dichas rutas se activan sobre todo con el glutamato (el 90% de la activación neural) y la acetilcolina (neuronas motoras). A ese nivel (nivel 1) todo proceso se automatiza habiendo hallado las mejores rutas. En el aprendizaje, palabra que lleva implícita el concepto de novedad, en las zonas asociativas, la mayoría de la corteza cerebral anterior, se suele hacer uso de un sistema de recompensa, por medio de la dopamina. Hay que fijarse que en algo tan básico como montar en bicicleta entran módulos como la propiocepción (centro de gravedad, por ejemplo), el equilibrio, la visión y el sistema motor. Cada módulo entra en sus propias circularidades (con este tipo de palabras son con las que tengo problemas: el cerebro se queda dando vueltas en la rotonda de “larida”, sin saber si falta alguna vocal “larieda”, u otro fonema o sílaba o si son los correctos: la escribo mal porque soy incapaz de decirla y espero a que el corrector ortográfico me corrija), que a la vez han de sincronizarse con otros sistemas de zonas asociativas (nivel 2). A los efectos no nos percatamos de que haya varios niveles. El nivel 3, el verificador de novedad del prefrontal, es el que asume la autoría de todos los actos como una totalidad como se puede ver en este vídeo, en donde a un sujeto se le activa una región del cerebro para que sea el sistema motor de la mano izquierda el que haga un movimiento, cuando el resultado  final es que el “verificador” o intérprete del hemisferio izquierdo es el que se asume como el que ha hecho tal acto por “elección”. ¡E ahí la “magia” de la instantaneidad de todo el proceso del sentido de agencia!, por mucho que el científico insista y le diga al sujeto del experimento que ha sido por una estimulación magnética transcraneal, este no dudará, e incluso se empecinará, en que ha sido por su elección.

    La dopamina es el neurotransmisor más claro de un sistema de retroalimentación positiva. Es este sistema, cuando no “funciona” su freno, el que nos lleva a las obsesiones y las adicciones. En su modo de operar “normal” sirve de estímulo al prefrontal para dar sentido a aquello que es nuevo. La novedad suele ser estimulante, si no se padece alguna fobia o trastorno (que implique neofobia), y es más propia de cierta etapa o edad: la juventud. Un breve recorrido evolutivo que explicaría o da más sentido a la dopamina es la adrenalina. Si de lo que se trata la vida es de protegerla, cuando esta se ve en peligro el sistema no puede ser comedido, no puede o debe usar mecanismos de retroalimentación negativa. Se juega todas las bazas a una sola jugada y gasta toda la energía posible para huir o luchar. Más tarde el sistema “ideó”, por procesos de retroalimentación negativa, métodos como el camuflaje para volver a regular la situación a la más homeostática o equilibrada en el gasto de energía, recurriendo, claro está, a una retroalimentación positiva en lo evolutivo (cinta andadora) al crear el gasto para dicho camuflaje. Calamares y pulpos han optimizado al máximo dicho sistema por medio de cromatóforos, -de hecho toda su piel es “ojo”, pues cada una de sus células son sensores de luz-, sistema que el humano es incapaz de imitar por el momento, al igual que tampoco llegamos a una inteligencia artificial. Aquí vemos la ambigüedad y antropomórfico del concepto de inteligencia. La evolución ha hallado por medio de la retroalimentación, en su adaptabilidad, llegar a sistemas realmente complejos e inteligente sin que exista un agente que dirija esa “acción”, intención, ruta o finalidad. El humano no es más que otro de esos casos, en el cual la falsa percepción de agencia es otro sistema de control evolutivo, bajo el pretexto de crear una falsa sensación de control, pues de lo contrario el sistema se viene abajo y cae en los trastornos. Retomo el tema, que me desvío. Ya en lo humano la molécula que da más sentido a lo que realmente somos es la dopamina. El prefrontal y sus funciones requieren de mucha energía, por el principio de inercia económica trata de no ser usada. La dopamina, como gran premio, trata de paliar esa coyuntura. Por medio de la dopamina podemos mantener la atención centrada mucho más tiempo del que sería “recomendado” a nivel de gasto energético. Los actuales sistemas de juegos electrónicos (ordenadores, consolas, móviles) son una prueba de esta regla… con el consiguiente problema de la tendencia a la adicción.

Brain_metabolism_and_drug_addiction

    Ya tenemos todos los antecedentes, es hora de que las zonas asociativas enlacen las ideas. La primera conclusión es que el concepto de autopoiesis, como reconocen Maturana y Varela, no implementa fines o “intencionalidades” (propósitos, actitudes). Se basan en la retroalimentación negativa, en la medida que solo pretende ser un caso muy concreto de un sistema cerrado al que no le “afecte” o le altere el entorno y por lo tanto la entropía: “una célula persiste en virtud de su capacidad para crear y mantener un límite (superficie de la célula), a través del cual interactúa con el entorno, manteniendo así la integridad del límite. Es esta autopoiesis, o autocreación, la que permite al sistema limitar los posibles estados que visita, y así sobrevivir” (Varela et al. 1974) ¿Existe tal sistema realmente o es sólo un concepto o abstracción de una potencialidad?, cuando leí su libro quería ver en qué caso lo empleaban, y temía que llegasen a ser muy técnicos, pero ni una cosa ni la otra. Si la célula se basa a su vez en el ADN, y este le transfiere información (más abajo veremos el dilema información/comunicación), su identidad (forma de comportarse) transmuta a través de cambios epigenéticos, que son debidos a “lecturas” del entorno, de lo que está afuera de la célula. Esto ya implica potencialidades de varias identidades, donde para que se dé una tenga que “morir” otra, concepto que ya se sale fuera de lo autopoiético. Ahí está el meollo de tratar sobre qué o no es identidad y por lo tanto unidad, problema que heredan los siguientes sistemas o estructuras de la superveniencia. Hay cambios cerebrales, por daños o epigenéticos, que hacen que una persona parezca ser otra. Así, por ejemplo, se nace con la potencialidad de padecer esquizofrenia, en donde tal estado ya cambia la identidad de dicha persona. En otro lenguaje, en el filosófico, qué es forma y qué contenido; qué necesario y qué accidental o contingente. Parecen ser preguntas sin solución, o que no funcionan bajo la lógica boolena (dual: verdadero/falso, 0/1, identidad/otredad), sino que requiere de una lógica difusa o probabilista. Quizás sólo sea aplicable a la química orgánica o a un primer momento “ideal” de esa primera célula viva, la cual no “contemplaba”, no portaba, el concepto y la posibilidad del cambio epigenético. De hecho tal concepto se podría reducir a la distinción de un sistema que trata de ser cerrado y basado en la retroalimentación negativa, frente a otro que se las tiene que ver con el entorno y para ello hacer cambios a través de la retroalimentación positiva. La paradoja de esta primera conclusión es que el realismo depresivo tiene como fundamento un sistema que se “sabe” como entrópico, como no cerrado y al que no le vale el sesgo optimista, que es un sistema cerrado de retroalimentación negativa. De una manera u otra en cuanto la evolución “se echó a andar” emergieron los acoplamientos, en el lenguaje de los autores, en donde el sistema pareció volverse teleonómico (con fines e “intenciones”). O de otra forma, lo que emerge de cada pretensión de mantenerse como autopoiético, son las interacciones y “modificaciones” en dichos sistemas en donde nació el concepto de competencia de varias apuestas, dentro de un entorno, donde ambas no podían subsistir sin llegar a acuerdos de qué tipo de acople se trataba (indiferencia, simbiosis, cooperación). En cuanto se dio la depredación se acabó el estado estable basado en la retroalimentación negativa, puesto que entró en juego la cinta andadora de la evolución -de la retroalimentación positiva- para tratar de mantener la distancia de la presa con respecto al depredador. Igualmente el sexo (palabra que no usan en su libro, ahí hay algún tipo de represión, ¡es broma!) como modo de reproducción, según los autores es una “complicación”, cuestión que yo ya había “calculado”. Extraña elección de palabra -complicación-, quiero pensar que la usan en tanto que sinónima y familiar al concepto de complejidad.

    La segunda conclusión, el fundamento del presente escrito, es que el humano, en lo social e individual, es un “animal enfermo” en la medida que mantiene activo el sistema de retroalimentación positiva, sin que en muchos casos hiciera falta, pues ya no tenemos depredadores y tenemos un control bastante exhaustivo del medio. Lo que me lleva a la tercera conclusión, de un porqué, que hay que desmadejar más extensamente.

    Lo que llama la atención, al tener en cuenta que se siguen manteniendo humanos como cazadores-recolectores, es que el humano llegó a un estado homeostático con el medio, de equilibrio, en donde “actuaba” y se mantenía la retroalimentación negativa, de manera más autopoiética. Los humanos tribales cazadores-recolectores controlan incluso su índice de natalidad dependiendo de la abundancia, por medio de la retroalimentación negativa: menos alimentos, menos hijos. O sea, un sistema autopoiético se ve impelido a “funcionar” por medio de lo que el medio le da, por la abundancia o escasez de dicho medio. Por otro lado se sabe que casi todo animal inteligente lo es porque se vio sometido a presiones ambientales, en donde tiene que entrar en juego la retroalimentación positiva: ganar velocidad en la carrera, optimizar la caída en picado en un ave rapaz, etc. De hecho el humano aunque en un principio hacía herramientas, no creaba variaciones: se basaba en una que sabía que funcionaba y ese sistema lo mantuvo por cientos de milenios. Todo indica que fue el principio de la última era de glaciación la que nos “obligó” a meternos en una retroalimentación positiva (carrera contra un medio muy hostil) que aunque acabase nunca hemos abandonado. Se tuvo que salir de África y desde ese momento el freno de la retroalimentación positiva se fue al traste. Nadie ha apuntado (o yo no lo he encontrado) la posibilidad a que el cruce con los neandertales crease algún cambio en el sistema nervioso y/o el cerebro que fue el que terminó de “modelar” lo que somos ahora. Una tendencia al exceso a la creatividad, al exceso del mantenimiento de la retroalimentación positiva -por medio de la dopamina-, o el nacimiento de los individuos creativos (posiblemente los bipolares: que dualizaban quizás los extremos de las dos especies), que fueron los que terminaron por marcar el principio de la competencia en las culturas (hubo un primer cruce entre las dos especies antes de la “gran salida” de África). De hecho el humano no se comprende sin competir (y luchar) contra sí mismo. Nuestra especie se basa en competir contra otro humano, otro país, otra empresa, otra cultura, etc. Una regla evolutiva dice que una gacela no tiene que ser más rápida que su depredador, sino más rápida que otra de las gacelas, que será la seleccionada por el depredador. Igualmente el humano no tiene que ser el más “inteligente”, sino más inteligente que su vecino. Hasta aquí esta simple hipótesis que no por extenderla va a ser más clara, sencilla o más defendible. Queda averiguar sus conclusiones.

   Maturana y Valera me sorprendieron en ciertas de sus ideas, por ser cercanas a las mías. Yo siempre he puesto énfasis en la distinción entre individuo y sociedad. Argumento, en algunos de mis escritos, que el proceso histórico-evolutivo-cultural nos ha llevado a la situación actual donde la individuación se ve más marcada. Como una conclusión dada la lectura de las premisas. En esa dirección, de los autores del concepto de autopoiesis, lo social fue otra “complicación” de los sistemas autopoiéticos, puesto que se vieron impelidos a crear un nosotros, cuando el sistema es solo “yo”, como quien dice. En esa dirección Maturana y Varela nos dice: “la ontogenia y la evolución son fenómenos totalmente distintos, tanto en su operar como en sus consecuencias. En la ontogenia, como historia de la transformación de una unidad, la identidad de la unidad -cualquiera que sea el espacio en que exista- no se interrumpe jamás. En la evolución, como proceso de cambio histórico, hay una sucesión de identidades generadas por reproducción secuencial que forman una red histórica, y lo que varía (evoluciona) -el modelo organizativo de las unidades genera das sucesivamente- existe en un dominio diferente del de las unidades que lo encarnan“. Con estas conclusiones reformulo a qué hay que considerar como autopoiético dentro de mi línea de pensamientos. Maturana y Varela argumentan que se han de mantener en las ciencias positivas, y que ir más allá es entrar en la metafísica, cuestión que está fuera de su libro y sus pretensiones. Yo no tengo (me pongo) esos límites, soy más “filósofo” que científico. Bajo las premisas dadas la autopoiesis y el gen egoísta son una y la misma teoría bajo dos aspectos. Cada ente autopoiético “cree” o se fundamenta en tanto que unidad. Que existan “otros” es accidental o está fuera de su Ser, “esencia” y potencialidad. Cada ser autopoiético se toma como el… no sé qué adjetivo, o concepto dar. ¿Único, principal… elemental? De una manera u otra la identidad, en tanto que unidad, es la que fundamenta la esencia de ese ente autopoiético, pues como los propios Maturana y Varela dicen: “en un sistema viviente la pérdida de su autopoiesis es su desintegración como unidad y la pérdida de su identidad, vale decir, muerte“. En esa medida el que existan otras “unidades” es contingente (complicado) y queda fuera del rango de su Ser en tanto que unidad. Es de destacar que si lo que creó esa tendencia, el mantenimiento de la retroalimentación positiva, fue la presión ambiental, no todo humano fue igual de sensible a ese cambio. Por aquel entonces ya existiría la apuesta humana que hoy expone la baja inhibición latente. No todas las sensibilidades inciden en lo mismo, unas son emocionales, otras físicas, otras emotivas, cognitivas e incluso estéticas como queda expuesto en el síndrome de Stendhal, y de forma más extralimitada en el choque cultural que se manifiesta en el síndrome de París. Tales sensibilidades se manifiestan en trastornos, características o personalidades como “persona altamente sensible“, “baja tolerancia al estrés“, neuroticismo, y la llamada baja inhibición latente.  Fueron ellas las que primero sintieron la presión ambiental, las que llevaban la carga de ajustar el medio a sus sensibilidades, como para llegar a algún equilibrio. Unas tipologías y otras -dentro de este rango híper-sensible- se ven obligadas a tener que centrarse más en sí mismas, puesto que el resto de personas no las entienden, pues no sienten la misma presión ante un mismo medio y situación. En esa medida tienden a ser más individualistas, a buscar los porqués en su interior, puesto que el resto de personas “no ven nada” en el exterior como para tener que “ajustarse”. En esa dirección están impelidas a buscar el equilibrio en su interior, frente al resto de personas que se adaptan mejor al medio pero con el consiguiente “problema”, o dilema, de buscar su equilibrio en los social. Vemos así dos tendencias: alguien que se amolda fácilmente al medio, pero al que el medio a la vez  lo amolda a él. Son más miméticos, si se quiere pensar así, pues lo social son reflejos reflejados de lo que se ha de ser en lo social. El estímulo está afuera y su comportamiento lo adapta a los estímulos, con lo que su identidad es esa adaptación a los estímulos externos: es social, o más simplemente basa su ser en su Ser o identidad social. Esto nos dice la Wikipedia: “más bien, un ‘extravertido’ es simplemente alguien que actúa más extravertido con mayor frecuencia, lo que sugiere que la extraversión tiene más que ver con lo que uno ‘hace’ que con lo que uno ‘tiene’” y “(…) esto significa que los introvertidos ponen conscientemente más esfuerzo en presentar una versión más extravertida y socialmente deseable de sí mismos. De este modo, los individuos pueden regular y modificar el comportamiento en función de sus situaciones ambientales“. Por otro lado esos otros seres híper-sensibles, puesto que están inadaptados, se tienen de referencia a sí mismos. Son menos sociales, más solitarios, más autorreferenciales. Su referencia son ellos mismos. En otro lenguaje, y a grandes rasgos que habría que matizar, si algo está “actualizado” no tiene que depender de su posible potencialidad. El introvertido se sabe. En esa medida conoce sus límites y los tiene como referentes. Lo que es suele ser porque su potencial ya está expresado. Mientras que el ser social siempre “cree” que su potencial no está liberado y aún tiene que seguir buscando y “adaptando” -mimetizándo- su Ser a su hacer social (performatividad). Estas ideas vienen de antiguo, o estaban implícitas, en la idea Aristotélica de actus et potentia, en donde se diferencia “entelequia o entelechia”, en tanto que lo segundo es lo dado o completo, como energía expresada, y lo primero como ente que permanece en movimiento o de forma dinámica. Fijarse lo cercano de entelequia (reducido en la actualidad a “cosa irreal”), a la teoría del yo cristalizado, analizado capítulos atrás. Los extravertidos, por otro lado, son mas tendentes a depender de la imagen social, lo que les suele llevar a tener una auto-estima inflada, que les lleva más al sesgo de autoservicio o egoista, y al de auto-engaño: “se piensa que los individuos con mayor autoestima tienen más que proteger en su imagen de sí mismos y, por lo tanto, exhiben el sesgo egoísta con mayor frecuencia que aquellos individuos con menor autoestima“. Paradójicamente las personas centradas en sí mismas, en ese buscar interior, en esa individuación, pueden hallar su paz, como igualmente queda implícito en la teoría Aristotélica: “las investigaciones demuestran que cuando las personas viven vidas que son diferentes de su verdadera naturaleza y capacidades, es menos probable que sean felices que aquellas cuyas metas y vidas coinciden. Por ejemplo, alguien que tiene un potencial inherente para ser un gran artista o maestro puede que nunca se dé cuenta de su talento si su energía se centra en alcanzar las necesidades básicas de los humanos“, nos dicen en la Wikipedia. No dudo que personas como Buda portaban esa alta sensibilidad en alguna de sus variantes. Igualmente Einstein y otros grandes científicos, pensadores y artistas. Son seres más autopoiéticos, en la medida que son más autorreferenciales, más individuados, más autodeterminados y cerrados en sus mundos. Son esas personas a las que nombra Carl Rogers en su “teoría de la personalidad centrada en la persona”, que en el lenguaje común se referencian como neuróticas. Estado que ya no está catalogado como trastorno, sino como una tipología más dentro de los cincos rasgos de la personalidad. Fijarse que ese tenerse a sí mismo como referente puede ser tomado como narcisista, pero que como he hecho ver en el escrito “narcisismo e identidad”, no lo es en la misma medida que el narcisista social o performativo.(1) De una manera u otra, en otra dimensión y lenguaje, son personas introvertidas (diferente a ambiversión, entre los dos opuestos, que es donde pueden encajar los bipolares), divergentes, en tanto que no tratan de converger a la media social, y que son aquellas que en mi lenguaje denomino como preconcientes (por disposición genética y/o por un daño traumático en la niñez) y que están llamadas a hacer de retroalimentación negativa en el sistema, o son su dialéctica negativa, como trato de defender en el escrito “la dimensión social“. Las personas extrovertidas tienden a necesitar un mayor nivel de excitación del medio a nivel cortical, que bajo mi punto de vista es por el hecho que son más tendentes a la presión de la cinta andadora, que está estructuralmente acoplada a la sociedad humana, a la competición de las culturas, de la retroalimentación positiva, y por ello tienden a mantener el nivel de dopamina por encima de lo que sería “normal”. Así la Wikipedia no recuerda que: “la extraversión se ha relacionado con una mayor sensibilidad del sistema de dopamina mesolímbica a estímulos potencialmente gratificantes” y “un estudio encontró que los introvertidos tienen más flujo de sangre en los lóbulos frontales de su cerebro y en el tálamo anterior o frontal , que son áreas relacionadas con el procesamiento interno, como la planificación y la resolución de problemas. Los extravertidos tienen más flujo de sangre en la circunvolución cingulada anteriorlos lóbulos temporales y el tálamo posterior, que están involucrados en la experiencia sensorial y emocional. Conviene traer aquí el texto de la Wikipedia sobre la introversión, pues reúne los conceptos que yo trato de mostrar:

“La introversión es el estado de estar predominantemente interesado en el propio yo mental. Los introvertidos se perciben como más reservados o reflexivos. Algunos psicólogos populares han caracterizado a los introvertidos como personas cuya energía tiende a expandirse a través de la reflexión y disminuye durante la interacción. Esto es similar a la opinión de Jung, aunque se centró en la energía mental en lugar de la energía física. Pocas concepciones modernas hacen esta distinción.
Los introvertidos a menudo disfrutan de actividades solitarias como leer, escribir, usar computadoras, hacer caminatas o pescar. El artista, escritor, escultor, científico, ingeniero, compositor e inventor arquetípico es altamente introvertido. Es probable que un introvertido disfrute del tiempo que pasa solo y encuentre menos recompensa en el tiempo que pasa con grupos grandes de personas, aunque pueden disfrutar de las interacciones con amigos cercanos. La confianza suele ser un tema de importancia: una virtud de suma importancia para los introvertidos es elegir un compañero digno . Prefieren concentrarse en una sola actividad a la vez y les gusta observar situaciones antes de participar, especialmente en niños y adolescentes en desarrollo. Son más analíticos antes de hablar. Los introvertidos se ven fácilmente abrumados por la excesiva estimulación de las reuniones sociales y el compromiso, incluso algunos han definido la introversión en términos de una preferencia por un entorno externo tranquilo y de estimulación mínima.
Confundir introversión por timidez es un error común. La introversión es una preferencia, mientras que la timidez proviene de la angustia. Los introvertidos prefieren las actividades solitarias a las sociales, pero no necesariamente temen los encuentros sociales como lo hacen las personas tímidas. Susan Cain sostiene que la cultura occidental moderna juzga mal las capacidades de las personas introvertidas, lo que lleva a un desperdicio de talento, energía y felicidad. Caín describe cómo la sociedad está predispuesta en contra de los introvertidos, y eso, dado que a la gente se le enseña desde la infancia que ser sociable es ser feliz, la introversión ahora se considera ‘en algún lugar entre una decepción y una patología’. En contraste, Caín dice que la introversión no es un rasgo de ‘segunda clase’, sino que tanto los introvertidos como los extravertidos enriquecen a la sociedad.” 

   Bajo mi punto de vista, si todo individuo portase esta apuesta “sensible”, introyectada, individual, la sociedad sería más estable, pues pienso que ese mimetismo que trata de basarse en la media, en lo social, es lo que es más tendente a crear problemas sociales. Ese ser altamente moldeable a lo social “cambia de camisa” con tanta facilidad como para que la tendencia política actual en Europa sea la extrema derecha. Esa otra apuesta de los híper-sensibles, con su tendencia a la individuación, son más socialistas y se atienen a mantener esa idea como fija. Casi todo pensador o científico híper-sensible ha tendido a los conceptos humanistas, pese a que no les gustase la masa y el gregarismo. Por el contrario el extravertido tiende a amar lo social, pero como nos dice la Wikipedia: “(…) cierta evidencia sugiere que el rasgo de la extraversión también puede estar relacionado con el de la psicopatía“, y por ello igualmente la sociopatía. A mí nadie me ha podido “vender” nunca el capitalismo, nunca he entrado en la dinámica de tratar de vender nada que nadie quiere, siempre me he resistido al lenguaje comercial, que sobre todo se ve en los agentes inmobiliarios de los Estados Unidos. Aunque esto vaya en mi contra a la hora de poder encontrar o mantener un trabajo. Cuestiones que son lo comunes en los seres sociales. De nuevo estos son unas primeras conclusiones, a las que siguen otras.

   Hay una falla estructural en el párrafo anterior. De fondo estoy afirmando que “si todas las personas fueran como yo, el mundo sería mejor”. Un pensamiento pueril y egotista que todo intelectual tiene que tratar de evitar o no mostrar. Pero, ¿acaso no es eso a lo que se puede reducir todo?, y ¿acaso no es este hecho y pensamiento -que es universal- una demostración de la validez de la teoría del gen “egotista”? Validamos nuestra propia identidad (personalidad, pensamiento, emocionalidad, comportamiento, ideología, religión) como la más acertada, o más humana o la que hubiera de ser la prototípica. Lo hacen los corredores de bolsa, lo hacen los millonarios, los directivos, el trabajador medio, el piadoso, el humilde…; lo hizo Jesucristo, Buda, Immanuel Kant, Steve Jobs, John Lennon…; casi todo filósofo o pensador, o creador de una religión o secta; todo el que quiso reducir la vida a una máxima como “carpe diem”, “el humano es su voluntad de poder”, “visualiza tu futuro”, “el universo conspira para que realices tus sueños”…; todos excepto, paradojicamente, los cerebros dañados y/o con trastornos mentales, que se sienten “inválidados”.  De nuevo el dolor y la carencia total de orgullo como baremo de un patrón, pero bajo la regla de no querer ser universal… ¿o es imposible invalidar esa regla de oro de la evolución?, puesto que al universalizar el dolor y la carencia de orgullo ya gana, ya se impone como lo prominente, como lo “más” y el máximo exponente de una especie. ¿Qué queda como alternativa? Derrocar esa máxima evolutiva del gen egoista. Aceptarse como un ente eusocial. Ser una mera hormiga dentro de un sistema global igualitario y justo, en donde la competencia se haya transcendido; donde todos tengamos trabajo, comida y hogar. Me imagino que suena a comunismo o a la idea “original” de Jesucristo, pensamientos que ya han quedado atrás por inválidos para nuestro tipos de cerebros. Ninguna apuesta “vencerá” o se universalizará jamás, puesto que portamos distintas tipologías humanas que sólo pueden mantenerse en su juego evolutivo de ganar o perder. Sólo nos queda ese “juego” social de tratar de hallar una media “aceptable” para la mayoría. Sólo parece quedar la vacua democracia (teoría del fin de la historia) que no termina de satisfacer a nadie. Donde todos nos tenemos que sacrificar a la voz de una mayoría que no es la más racional, ni la más culta, ni la más inteligente, ni la más excelsa de lo humano, esa mayoría que hoy vota el socialismo y mañana votará a la extrema derecha…, pero que en definitiva es la mayoría.

    Para matenerse en el plano positivo, científico, la pega al gen egoísta (que yo prefiero llamar egotista) es que las expresiones de dichos genes, en algunos casos, son irrelevantes, pues es la suma o totalidad de todos los genes y sus interacciones la que se revela en un ser vivo. O sea que el gen es una parte mínima de un ADN en concreto que es el que crea, por ejemplo, un humano concreto. De nuevo el gen egoísta es una abstracción de un concepto mayor. Cada gen es un empaquetado mínimo que “lucha” dentro del ADN para ser expresado, -sí hay una lucha “evolutiva” dentro del ADN, donde cada gen se replica todas las veces que pueda (el mal llamado código basura) como para llegar a ser expresado en alguna de sus “posiciones”-, idea extensible al meme (el concepto que mantiene las redes socieles sobre qué es un meme es un(a) meme-z). Cada meme “lucha” por sí mismo para “sobrevivir”. Son paquetes de información. Otra cuestión del concepto de autopoiesis es que Maturana y Varela sustentan que no implican información. Que esta emerge en su dimensión histórica y desde el punto de vista de un observador. Lo que Maturana y Varela llaman acoplamientos: “cada vez que el comportamiento de una o más unidades es tal que hay un dominio en el que la conducta de cada una es función de la conducta de las demás, se dice que ellas están acopladas en ese dominio”, yo lo he venido llamando “capas de complejidad” (o de abstracción), de las que nacen o emergen conceptos. ¿Hay algún punto cero en donde no los hubiera?, pienso que no. En los sistemas complejos no-vivos (el clima por ejemplo) ya existían esos “acoplamientos” (estructuras, reglas, patrones, potencialidades…, interactuando), que son por los que se les puede catalogar dentro de dicho concepto, aunque puede que no estén dentro de los límites restringidos conceptualmente que son usados por sus autores. Bajo mi concepto, de las “capas de abstracción”, en cada capa se dan emergencias, en donde una segunda capa ha sumado dos emergencias de la capa anterior. Por ejemplo en el humano el habla y las culturas llevaron a una siguiente capa superior que es la escritura, como para mantener lo aprendido. Los humanos que no llegaron a esa capa de abstracción no pudieron “prosperar”, bajo los parámetros etnocentristas occidentales. En este sentido hay que ver o estructurar qué capas “nacieron” primero o están en la base (pendiente de hacer un gráfico de las capas de abstracción). La identidad nació en el momento que nació la otredad, contra la que se competía por unos recursos o finalidades. Otredad está unida a una segunda capa de identidad -o están en la misma capa- de la que nace la potencialidad de la competencia. Igualmente de la información emerge la comunicación en cuanto hay otro con distinta información.

    Con esto vuelvo al olvidado Luhmann y la identidad de las sociedades y los individuos. Si apunto a que no me gusta la sociología es por el hecho que trata al humano en tanto que social, como un agente social, olvidando que antes que social es individuo. El concepto de significado, por otro lado, no se puede entender sin la intención, que a su vez remite al modo que se expresa la información de una unidad o individuo. Esto nos lleva al problema de qué es o no es comunicación, otro de los conceptos clave de Luhmann. Yo entendería o reduciría la comunicación a una situación tal en donde emisor y receptor son intercambiables, y en donde a partir de dicha interacción uno o los dos pueden haber cambiado sus puntos de vista sobre su primera información, pero siempre dada la posibilidad o potencialidad para ese cambio en los dos lados del sistema. En ese sentido un cartel propagandístico no es comunicación, porque es un emisor que no cambia con respecto a lo que piense o pueda decir o sentir un receptor (un influencer es equiparable a un cartel propagandístico). Es tan sólo información (se me ocurre que el receptor, una persona, haga cambios al cartel, cosa que suele darse, las cosas se complican enseguida). Un meme entra dentro de esta reducción, puesto que ha de mantener su información. Si cambia ya no es el mismo meme, ha mutado, es otro. En ese sentido gana vigencia el concepto de gen egoísta (egotista), puesto que el ADN tiene la potencialidad epigenética de adaptarse a cambios con respecto al entorno (comunicación, por lo tanto), pero el gen “funciona” al modo de meme, si cambia muere, es otro. Recordemos que de lo que trata el presente libro es de la búsqueda del Ser, con respecto a su (a)parecer. Todo humano, así, es tanto su Ser como las potencialidades que están implementadas para hacer cambios a través de la epigenética en su ADN y las potencialidades que puedan no manifestarse, porque no se dan las condiciones en el entorno para ello. Por ejemplo alguien que no viva una guerra o un estallido de violencia social,  no sabrá si mataría o no, y como dijo Wittgenstein “de lo que no se sabe, es mejor no hablar (o callar)“, que igualmente el saber popular de milenios nos lo hace saber bajo el refrán: “nunca digas de este agua no beberé”. De nuevo la lógica boolena no funciona para definir a un ser humano y su identidad, pues puede ser una cosa y su contrario, por cambios epigéneticos, situacionales, o ambientales. A grandes rasgos yo diría que existen dos tipos de humanos: los alfa, que no tienden a cambiar pues nacen bajo ese “designio”, y si cambia de ser alfa muere (en el lenguaje popular son “erre que erre”, empecinados, cabezotas), y el resto de humanos, que mutan en lo social porque en ellos impera la comunicación y por ello la “mutación”. El alfa y el poder es lógica binaria: Ser o no-Ser, sólo información; y el resto de humanos lógica difusa y comunicación. No hay juicios de valor en dicho planteamiento: el primero mantiene su Ser, pero al no adaptarse al entorno es menos “inteligente”, y los segundos lo son en ese aspecto a cambio de no tener Ser (identidad definida). Bajo estas premisas ¿cómo abordar la sociología, y el dilema de la comunicación y el Ser que he planteado? El poder, que hereda la estructura de los alfa, no quiere cambiar, no quiere perder su identidad. No quiere comunicarse, quiere ordenar. En la medida que se llegó a las democracias el poder del Estado se hizo permeable, mutable, dejo de Ser poder o en menor rango. Dicho poder no lo abandonaron los humanos con grandes sumas de dinero, que son los que han provocado que el sistema esté tendiendo hacia la corporatocracia, al poder ladino pero contundente de las grandes corporaciones y compañías. O dicho más sencillamente y como contraargumento a lo que sostiene Luhmann,  la comunicación no existe en lo social en la medida que algunos estamentos no son permeables a cambiar sus posiciones en tanto que eso quiera decir perder el poder. En la estructura de interacciones con un otro, la comunicación está dentro de lo cooperativo o el altruismo, mientras que la estructura del alfa y el poder es egotista y  de despecho o rencor (la aptitud de “ni para ti ni para mí, a la basura”), en donde prefiere morir que dar, si por ello pierde poder. O de otra manera puede ceder algo de poder, si a la larga sabe que va a ser para ganar aún más. De una u otra forma siempre más poder, que es forjar aún más su identidad, y nunca menos.

    En el escrito “Posverdad y percepción de Coúrum” veíamos que los animales individuales, de forma rápida, crearon una comunicación simple a través de la química, de la que son herederas las hormigas. Esas primeras comunicaciones eran para sincronizar procesos, acciones y funciones, que a la larga son la base de las propias células dentro de un animal multicelular o metazoo. Las células nerviosas y al final las neuronas heredan en capas de abstracciones las reglas y los conceptos de esas bases comunicativas basadas en las sincronías de ritmos. De hecho cuando el cerebro trabaja en sus circularidades, lo hace con ritmos sincronizados, en donde si tales ritmos se pierden los procesos se vienen al traste.  La esquizofrenia, en su base, es un retardo en la percepción del soliloquio interior, de tal manera que dicha voz no es tomada como propia (apostaría que el trastorno de miembro ajeno tiene que ver con algo similar). De hecho se apunta a que el sentido de agencia se da en la circularidad del proceso a nivel de todas las capas: “una propuesta influyente sostiene que nuestro sentido consciente de agencia depende de la comparación de los estados reales y esperados. En este sentido, Chris Frith y otros (Frith 2012, 1987; Frith y Done 1989; Synofzik et al. 2008) argumentaron que el sentido de agencia depende de la interacción de dos comparadores de avance, uno comparando los estados deseados y predichos para generar un sentimiento de control, y otro que compara estados predichos y estimados para generar autoascripción“, (¡bonito palabro!, reducible a autoconciencia). Como soy muy gráfico, yo veo tal concepto a que es como si al entrar en una rotonda esta tuviera varios espejos (redondeados para ampliar y amplificar la visión) que reflejan la imagen del espejo anterior, de tal forma que cuando uno mira el espejo que tiene más cerca delante, viese su propio automóvil desde atrás, y uno se dijese… “¡ah, pero si soy yo!” y desde ese momento en vez de conducir con la vista puesta a lo que hay delante, lo hiciera a través de los espejos y desde atrás, como un agente externo al coche (la típica cámara desde atrás del coche de los videojuegos que es la más cómoda para manejarlos). Con la salvedad que el coche es un tesla, y que casi siempre va en automático, cuando el “piloto” cree que no es así.

Processing HierarchyAuto-modelo de subjetividad

    Una de las premisas que emergen una y otra vez en lo evolutivo es la información dentro de una identidad. Se mantiene una especie y género preservando una identidad. Esta premisa queda ampliamente explicada en el escrito anterior. En el presente he tratado de mostrar que el humano se ha creado en la base de una retroalimentación positiva en donde la otredad dentro de la propia especie: la otra persona, la otra familia, la otra cultura, el otro idioma, el otro país, el otro sexo… es la que ha exponenciado nuestro crecimiento social-histórico-cultural. Algunas nos vienen dadas al nacer (fácticas), otras las “elegimos” durante la vida. Cuando nos adscribimos (la he usado porque me gustó lo bien que quedaba arriba) a una identidad cultural, o asumimos bajo las que nacemos, renegamos en un alto grado de nuestra individualidad, que está más cercana del concepto de la autopoiesis, de las estructuras de nuestro propio cerebro para llegar al equilibrio, con sus mecanismo de retroalimentación negativa. De otra forma la vida humana deja pocas opciones más: tienes que formar parte de sociedades -de identidades- si quieres vivir medianamente bien (sin contactos es más complicado encontrar trabajo, por ejemplo). Dichas identidades son máscaras, identidades asumidas, impostadas; la única identidad “real” es la individual. Ni siquiera la familiar es “real”, aunque sea la que más validez tenga. Una gran mayoría de familias se terminan por desintegrar -artimaña para evitar la cacofonía- cuando sus integrantes maduran, puesto que con la edad la identidad personal ha crecido tanto, se ha diferenciado tanto del resto, que apenas si existen ya puntos de unión con el resto de la familia y los humanos. La fuerza de la familia es la maternidad, las mujeres, que tienen moléculas (estrógeno, oxitocina, prolactina) más tendentes a crear uniones y empatía, pero el posmodernismo y el feminismo las están “volviendo” individuales al hacerlas relegar de esas condiciones “naturales”. Sin la mujer seguramente no se hubiera dado la sociedad humana, si se acaba con ese arquetipo no sé qué ocurrirá, aunque ya se notan sus efectos. Mis hermanas son las que más luchan contra la desintegración familiar, pero igualmente al final les puede el orgullo individual.

    Voy a ir finalizando, que este escrito está siendo demasiado largo. Retomo el tema de las identidades. Lo que el humano sea lo es en lo bueno y lo malo. No por ser cobarde, neurótico, nervioso, etc., se es más o menos humano; incluso un psicópata es un “hijo” de la humanidad, pues en una sociedad estable (sana) seguramente no se rebelaría su lado más negativo. Ha de primar la neurodiversidad. ¿Se es más humano “si se tira del carro”?, ¿y si es un error mantenerse en la retroalimentación positiva?, que es lo que expresa de fondo tal concepto. Somos entes individualizados, en donde tal entidad es la primera antes que la social. El “ideal” o normalización de lo que es o ha de ser el humano se da en lo social, por “exigencias del guion”, del contrato social. A mí me gustaría pensar que uno puede relegar su individualidad por el bien común, pero tal cuestión… ¿tiene sentido si la sociedad no es justa e igualitaria? Porqué voy a cercenar partes de mi identidad si al final es para que pateen mi dignidad. No quiero que me roben, que haya delincuentes, pero en muchos casos son individuos, que nacieron en el rincón más recóndito, mugriento y sin salidas del laberinto social, y que tratan de preservar su dignidad en una sociedad injusta. Recordando aquella frase icónica de “tú haces que quiera ser mejor persona”, a la sociedad de hoy en día sólo se le podría decir: “tú haces que quiera ser peor persona”. Voy a tratar de asentar una paradoja, la que ha de llamarse la “paradoja del esquizofrénico”. Por lo que se sabe todo inmigrante es susceptible de caer en el “síndrome de Ulises“, en donde la sensación a que debes algo a la sociedad que te acoge, el estrés de no parecer cumplir con esa alta exigencia, y otros factores estresantes como mantener la cabeza gacha y el racismo, hacen que esas personas pierdan todo sentido de identidad, incluso la personal. Por lo que nos dicen los últimos estudios son un colectivo muy tendente a la esquizofrenia. Paradójicamente cuando no se puede tener una identidad social, de pertenencia al lugar en el que te encuentras, se puede llegar a perder la identidad propia (despersonalización). En ese estado el cerebro parece perder su sincronicidad, su fluidez, en donde esta es muy posiblemente que sea debido a una pérdida de la percepción de cuórum, de no poderse “sincronizar” con el resto de las personas de su entorno. La exclusión de cualquier tipo crea esa rotura síncrona de forma externa que al final se vuelve interna. En esa desincronización interna el esquizofrénico cree que su voz interna no es la suya. Volverse ajeno al otro, a un nosotros, vuelve al propio individuo tendente a volverse ajeno a sí mismo, pierde la auto-referencialidad, que es una de las bases de una identidad autopoiética. Bajo la premisa de Maturana y Valera, esa muerte de identidad es en sí misma una muerte física. ¿La esquizofrenia es un suicidio simbólico, transferido, interiorizado? En otra lectura, la sociedad te “exige” que relegues tu identidad a la social, para al final abandonarte a tu suerte en un mundo que ni es igualitario, ni justo, y donde al final pierdes hasta el poderte identificar con tu propia voz interior…, aquella que habría de ser tu única voz e identidad. ¿Cabe mayor mal? En lo personal prefiero morir a manos de un psicópata (una apuesta individual no aceptada), que morir esquizofrénico. Una muerte física a otra espiritual. Morir rebelde a que pisoteen mi dignidad.

    No tiene sentido que la humanidad permanezca eternamente pisando el acelerador del progreso. Hemos de olvidarnos de competir contra otros hombres. Evitar que las culturas y sociedades se basen en sus luchas contra otras. Deberíamos centrarnos en crear una sociedad justa e igualitaria en donde la media de los sueldos y los bienes fuesen lo más parejos posibles. Donde todo humano tuviese como realidad una vivienda y un trabajo, y no como un posible desdibujado y brumoso futuro. Tenemos los medios y las tecnologías para que tal sociedad sea universal. Basta centrarse en ese fin dejando de pisar el pedal del acelerador. Tenemos que dejar atrás la sensación de precariedad que nos provocó la última era de glaciación, que nos metió en una eterna retroalimentación positiva que nunca hemos abandonado. Hoy tenemos abundancia, pero no es repartida de forma equitativa. ¿Acaso todos los avisos que nos está dando la naturaleza no nos sirven de aviso para hacernos ver que no podemos seguir con esta misma dinámica? Podemos crear una sociedad cerrada, autopoiética, basada en la retroalimentación negativa, en la dirección de crear una sociedad igualitaria y justa, en donde uno no tenga que apostar entre su individualidad y su ser social, porque crea a los dos como parte de una misma unidad. Si lo hacemos habremos demostrado que hemos luchado contra nuestras estructuras, como para podernos calificar realmente de inteligentes…, mientras tanto yo seguiré empeñado en pensar que somos un animal estúpido.

 

La Dimensión Individual

    He analizado la dimensión social, toca la individual, la que implica al cerebro. Tengo la teoría de que cuanto más se alargue uno en explicar algo, más susceptible es para que pueda ser falso o cuanto menos que sea más cuestionable. Se sabe y se pilla al mentiroso porque da unas explicaciones que no se le pide: “excusatio non petita, accusatio manifesta” (excusación no pedida, acusación manifiesta). La paradoja es que toda tesis obliga a alargar verdades cortas y sencillas, en la mente de que las expone, pues no sabe el nivel de conocimientos del lector. Espero que la dimensión individual sea más corta, pues ya tengo todos los precedentes.

    Es paradójico que el humano nazca con los ojos cerrados cuando es su principal sentido. Pero también manifiesta una ontogenia epistemológica y ontológica, pues se necesita la vista para actuar y mover un cuerpo -un ente- por el mundo. Una vez que el cerebro ha creado un mapa propioceptivo (interior), sobre todo de los movimientos, sobre su identidad corporizada, abre los ojos para “ajustar” ese primer mapa a la realidad. La novedad es la base de todo conocimiento. El cerebro crea mapas internos, y los va corrigiendo y ampliando según va conociendo cosas nuevas. Hay una teoría del conocimiento que se llama holográfica, que tiene como base esta forma de operar del cerebro. Este siempre tiene una representación mental del mundo, de la realidad. Hay que recordar que en cuanto se atiene a lo dado, en la representación mental, eso implica ahorro de energía. Lo nuevo siempre es un gasto de energía, pues supone redibujar y ajustar el mapa interno. “Si un organismo está dotado de la creencia de que maximizará la evidencia de su existencia, entonces actuará de manera consistente con esa creencia. En otras palabras, si la supervivencia es sinónimo de minimizar la sorpresa, es decir, maximizar la evidencia o la auto-evidencia, luego se deduce que la única creencia previa que un agente puede tener en cuenta es que se comportará para minimizar la sorpresa“, (Hohwy 2016). A esa potencialidad entre atenerse al mapa interior o ser sensible a los cambios se le llama “inhibición latente“. La media humana tiende a no buscar o encontrar cambios. Se atiene a mapas representacionales “pobres” o “mediocres”. No estoy haciendo juicios de valor, pero me imagino que es imposible escapar de ellos. Ya he dicho muchas veces que la evolución tiene como media, en una especie, la mediocridad. ¿Si no porqué nos llamarían la atención los casos que se salen de la mediocridad, como los genios y los héroes? Cuando una persona es más sensible a los cambios, creativa, abierta mentalmente o inteligente es porque suele tener una “baja inhibición latente” (ver en el mismo artículo la sección correspondiente). Pienso que ese fue el cambio que nos creó como humanos. Ese cambio que bajo mi opinión se dio por el mestizaje con los neandertales y otros homínidos de Eurasia. Por regla general el mestizaje es bueno en lo evolutivo. Emergen nuevos cambios y potencialidades, se crea una posible nueva capa de complejidad o abstracción.

    En otro lado decía y reducía la inteligencia a la latencia de detectar lo nuevo y acoplarlo dentro del mapa mental. Ahora ya tengo la idea más madurada. La baja inhibición latente, conlleva a ser más sensible a que algo no está dentro de un patrón…, que pueda ser algo que necesita un nuevo patrón, una nueva regla y conclusión. Voy a atacar el tema por otro lado. En otro lado ya he hecho ver la dirección de la información: de arriba hacia abajo, y de abajo hacia arriba (ver sección “Neurociencias y psicología” en dicho artículo). Ese arriba es el mapa interior, el abajo los hechos en bruto. Por norma general, en una latencia inhibitoria normal, el cerebro “encaja” todo abajo o sensación bajo el mapa de arriba, que ya tiene. Lo nuevo es aquello de abajo que de ninguna forma “encaja” dentro del mapa mental u holográfico. De esta manera alguien con baja latencia inhibitoria capta más cosas nuevas que la media y está constantemente redibujando su mapa interior, lo que ya implica el tener un mapa representacional más amplio y por extensión ajustado a la realidad o inteligente. Se deducen más reglas de esta sencilla base. La forma más “normal” o universal de razonamiento es la deducción. De las generalidades se deducen individualidades: 1. todos los hombres son mortales, 2. Sócrates es un hombre, 3. luego se deduce que Sócrates es mortal. De esta manera las generalizaciones (patrones, arquetipos, estereotipos), son la forma más económica que tiene el cerebro de crear una representación del mundo, de “encajar” a los individuos dentro de grupos o conceptos mayores. Este patrón deductivo, junto al de “prueba y error”, no suele requerir del prefrontal. De facto (por “prueba y error” si tal cosa se puede decir en este caso) el sistema tiene que todo hombre muere como para deducir que Sócrates morirá. Construye generalizaciones a partir de la repetición de lo validado, de aquello que ha sido cribado una y otra vez en el “prueba y error”. Todo el cerebro, en tanto que cognitivo y representacional, recrea el mundo a partir de dichos patrones. Es por un lado el modo más económico de gasto de energía (el más propenso a la inhibición latente) y por otro son los más fiables. Son los más “validados” por la evolución, como quien dice, sus “reglas de oro”. Una baja inhibición sin embargo ve cosas nuevas por todos los lados, de tal forma que las generalizaciones dejan de “funcionar”. Se encuentra con una representación interior del mundo que tiene demasiadas individualidades, “entidades” mentales, que no encajan dentro de ninguna de las generalidades. Piezas sobrantes de un gran puzle. Recordemos que cada zona cerebral que se dedica y procesa a un sentido lo hace bajo sus propias reglas. Algunas reglas ya están implementadas a nivel del ADN, puesto que nacemos “sabiendo” de la gravedad, de la resistencia y dureza de los cuerpos, y otras leyes físicas. En esa dirección el cerebro nace con unas valencias y son distintas entre los sexos. Suavidad (que no daña) es un muñeco de peluche. El hombre no tiende a lo suave sino a lo rígido y duro. ¿Dualidad?: suavidad/dureza, mujer/hombre, amor/guerra. Las crías hembras de los chimpancés tienen una mayor preferencia por los muñecos de peluche frente a un camión, no es algo aprendido y que sea social. Recordar que no soy dual; hay hombres “suaves” y mujeres “duras”; es una gradación de esas dos valencias, pero la evolución tiende a la generalización de lo más válido (estándar) y eso nos da las generalidades de los sexos. Vuelvo a las reglas de cada módulo sensorial. Si algo se sale de sus generalidades, lo cataloga como “extraño” o nuevo y se lo pasa a las zonas asociativas del cerebro para ver si en ellas sí existe un patrón o categorización para dicha sensación o percepción. Por el mismo proceso si no “encaja” es llevado al prefrontal, el sistema más costoso a nivel de gasto energético. En el prefrontal está, entre otros módulos, el sistema ejecutivo, que cuenta con la memoria de trabajo y la atención. Es a este módulo al que se le llama volición, o razón, el que está preparado para lo especular y por el que creemos que somos dicha entidad. Identidad que, por lo general en el pensamiento occidental,  está unido a la capacidad volitiva. La que re-elige, la que tiene la  capacidad de cuestionar lo dado por las otras partes del cerebro. Por extensión es a lo que se llama “sentido común”, que como dice el refrán es el menos común de los sentidos. Cuanto más extraño y prioritario sea algo nuevo, necesitará de un mayor foco de atención o concentración… un mayor gasto de energía, con la consiguiente resta a otros procesos corporales y por ello con la consabida tendencia al agotamiento. Este mapa es el esencial que maneja las teorías cognitivas, pero yo las estoy analizando desde la inhibición latente, demos un paso atrás.

Terminología Argujmental Usada en Lógica

   Alguien con una baja inhibición latente es más susceptible de tener individualidades que no encajan en su mapa mental, en generalidades. Dicho de otra forma es a alguien al que no le “funciona” la deducción como regla para hallar reglas, pero que a la vez es un tipo de persona que no se conforma a que eso sea así. O sea, no toda persona con baja inhibición latente es inteligente, pero tiene dicha potencialidad. El individuo, con dicho rasgo, está dentro del colectivo denominado como “personas altamente sensibles” que en este caso lo son a los estímulos sensoriales. Son más sensibles al frío, al calor, al dolor, etc. Otro nivel distinto es el cognitivo, aunque este segundo me imagino que implica al primero. O sea, la persona altamente sensible tiene la baja inhibición a nivel de la propiocepción (como la piel, lo térmico) y los sentidos (exceso de luz, de ruido). Pero a las personas de la baja inhibición latente a los que me refiero se basan en los módulos asociativos. Vamos a ver si lo puedes ser tú. Fíjate en esta frase: “no es lo mismo hacer acero, o hacer oes, que hacer operaciones“. Ahora repítela varias veces en voz alta. ¿Has notado algo extraño, lo has identificado?, en las tres frases se oye un mismo patrón: “acero”, “h(acer-o)es” y “h(acer-o)peraciones”. Una inhibición latente “normal” no detecta este tipo de cosas, pues se podría distraer del mensaje central o importante en la comunicación. Se supone que el módulo significativo o intencional ha de estar por encima del sonoro, pero en una persona con baja inhibición latente no ocurre así. ¿No se parece a ciertas formas de proceder del autismo de alto funcionamiento? En este caso puede que la haya detectado incluso personas que no tengan una baja inhibición latente, pues yo he forzado al sistema cerebral a que busque. Se tiene tal rasgo si se detectan dichos patrones sin que nadie te diga nada. Una conclusión rápida es que se parece demasiado al desorden hiperactivo y déficit de atención. Alguien que se distrae con cualquier cosa con facilidad. En mi caso si detecto algún “extraño” me pierdo el trama de un diálogo, de una lectura o de una película. Alguien que tenga una baja inhibición latente tiene que forzar más al prefrontal para mantener la atención. O de otra forma tiene que bajar los estímulos al mínimo. En mi casa estoy totalmente encerrado, sin la luz de la calle y tengo que estar sin ningún ruido externo; esto es propio de las personas altamente sensibles. En mis escritos se ve lo fácil que es que me distraiga mientras escribo con ciertas palabras o uniones que se dan en las frases. Revisando podría restar ciertas cosas y apreciaciones, pero las dejo estar para dar cuenta de cómo soy.

    He vuelto a perder el hilo. Estamos con esas cosas -artefactos- que no encajan dentro de las generalidades. Si se quiere saber si encajan dentro de algún patrón la deducción no vale. Hay que recurrir a la inducción, a tratar de averiguar si varios de esos “extraños” encajan dentro de una posible nueva categoría, patrón o regla que hay que crear para tal fin. Pero tal mecanismo no lo hace el cerebro: se lleva a cabo por medio del prefrontal, de la razón, lo que conlleva su consiguiente gasto y agotamiento, pero que de nuevo implica un extra para la inteligencia. Como mucho el cerebro, por sí solo, crea inferencias bayesianas, probabilísticas, o un tipo de inducción llamada abductiva, que es lo que pudiera llamarse intuición, y se hacen sobre todo en las zonas asociativas, cuando son cogniciones, pero en donde las abductivas han de ser verificadas, y tratadas de nuevo por la razón, para ver si son consistentes. En la dirección de partir desde arriba hacia abajo, de la representación mental, el cerebro tiende a ser predictivo, tratando de adelantar o suplir el retardo que conlleva procesar la información sensorial a través de la codificación predictiva. En su correlato emocional/predictivo se llama “teoría de la emoción construida“. El propio Luhmann se hace eco de dicho saber cuando nos dice que “desde la perspectiva de la función, la cognición no significa copiar o representar dentro del sistema lo que está dado en el entorno; más bien, lo que la cognición procura es producir redundancias que le ahorren al sistema reelaborar información“. Es por este hecho que las frases se pueden terminar con unos puntos suspensivos: “al que al buen árbol se arrima…“. Esta predictibilidad es tendente al error y conlleva varios sesgos cognitivos, pero se va ajustando con los años. Dichos sistemas igualmente están implementados en los módulos sensoriales. Es por la inferencia bayesiana que calculamos las trayectorias de los objetos en el aire, y lo hace a sabiendas de si es una pelota, un bumerán o una bola de hierro. Este proceso demuestra que tenemos una representación mental del mundo, pues a quién no le ha pasado el tratar de levantar algo que cree que es muy pesado y lo hace con una fuerza excesiva, cuando al final es liviano y se ve como un idiota en esos movimientos abruptos y excesivos. Igualmente para los “pasos en falso”, concepto tan sólido en lo cognitivo que lo extrapolamos a nuestras relaciones con otras personas: crear expectativas en falso, ingenuidad.

   De unos modos y otros el cerebro siempre se las tiene que haber con tener una representación lo más exacta del mundo. Y de una manera u otra siempre “contiene” esos “artefactos” que no se atienen a reglas o generalidades. A esto yo lo llamo “preguntas abiertas”, pues esperan ser contestadas, resueltas. Por lo general si uno es feliz se “olvida” de dichas preguntas, o mejor dicho el sistema cerebral las ignora. Pues la máxima del cerebro es el ahorro de energía y la finalidad del cerebro es ese estado feliz u homeostático. Quien es feliz nada quiere cambiar. Por eso encaja que sea el dolor y la necesidad, las situaciones negativas, las que sean más creativas. El dolor de una herida se mantiene para recordarte que no tienes que hacer excesos con esa parte del cuerpo. La sociedad y la esencia humana están heridas. Sólo nos percatamos de la herida cuando esta nos ha alcanzado y nos está afectando o formamos parte de ella. La cinta andadora de la sociedad, donde apenas si queda algún resquicio de tiempo para la reflexión, se encarga de hacer que no nos demos cuenta que esa es la realidad…, como de igual modo la liberación en el cuerpo de la adrenalina en el torrente sanguíneo, durante los momentos en los que la vida está en juego, nos anestesia de la fatiga y el dolor. Un mundo feliz sería un mundo aborregado, lo que no deja de ser paradójico. En un proceso y vida “normal” el cerebro va ajustando su mapa mental, con su consiguiente ahorro de energía, de tal manera que al llegar a la madurez es cuando ha llegado a su modo más óptimo de conocimiento del mundo y de ahorro de energía. Una cosa y la otra son lo mismo. De lo que se trata es de haber llegado a tal mundo representacional interior, que ya no se “detecte” nada como nuevo y no se recurra al abajo (sentidos, realidad) para saber de este, pues todo será procesado en ese mundo holográfico interior, donde ahora todo “encaja”. En otro ejemplo más claro y representativo. Los elefantes en manada -en realidad son hembras, no aceptan al macho más que de bebé-, la elefanta de más edad es la que tiene un mayor conocimiento de dónde hay agua y alimento, en cada momento del año. Ha creado un mapa mental de su hábitat, de tal forma que se atiene a ese mapa. No busca al azar. No existe la novedad, sólo representación mental. El cerebro humano es igual pero en todos los rangos cognitivos, entre los que se incluyen las relaciones humanas: “en casa de viejo no faltará un buen consejo” o “buey viejo mal tira, pero bien guía”. Películas de quedarse atrapado en un bucle temporal, como “al filo del mañana“, dan buena cuenta de esta forma de proceder del cerebro: en cada nuevo ciclo del bucle mantiene los datos de los anteriores, con lo que parte de dichas premisas o mapa mental -desde arriba hacia abajo-, para buscar nuevas soluciones. Así es el cerebro fallar hasta acertar en un eterno prueba y error, que va acabando al llegar a la edad madura. Por el contrario las personas con una baja inhibición latente nunca tienen un mapa finalizado, siempre se atienen a tratar de dar respuestas a las “preguntas abiertas”. En otro lenguaje se nos tacha de neuróticos, perfeccionistas u obsesivos. A mi edad ya todas esas denominaciones me importan una mierda, la verdad. En esa medida decía arriba que porqué he de cercenar partes de mi identidad. Cuando se llega a cierta edad ya nada es malo, ya no existe el “pecado” o la culpa; si uno se ha terminado por asumir ya no hay posibilidad para la exclusión social, que antes que nada es introyectada como “válida” o verdad por el propio cerebro dentro de su mapa mental, y ahí es cuando nace el “error” que lleva al trastorno mental. “Si a viejo quieres llegar, las cargas has de soltar”. En el lenguaje de Maturana y Varela:  “la variación de una organización autopoiética a través de la autorreproducción sólo puede surgir durante la autopoiesis como modificación de una organización autopoiética preexistente y operante; luego, la variación puede surgir solamente de perturbaciones que requieren nuevas complicaciones homeostáticas para mantener constante la autopoiesis. La historia de los sistemas autopoiéticos conectados autorreproductivamente, sólo puede ser una historia de continua complicación de la autopoiesis“. En definitiva, que lo que ha de prevalecer es la propia identidad a toda costa. Esta regla se aprende tarde, pues son mecanismos cerebrales que están determinados por las edades humanas. La juventud es falta de identidad, su búsqueda, a tratar de adaptarse a otras, porque así está programado en el ADN, pues ha de crear una “nueva tribu”, una nueva familia; al igual que el tener un mapa representacional lo más fiel posible con la edad, pues por norma y en la prehistoria tales personas tenían menos posibilidades para acceder a los recursos y por lo tanto debían de ser más ahorradores de la energía interior. De cualquier forma esa aparente “indeterminación” de los jóvenes da una sensación más vívida del mundo, pues si todo es novedad el neurotransmisor que está en juego es la dopamina. La juventud es más vitalista (ya sé que es un pensamiento obvio). El mundo y la novedad -menor riego de dopamina- se acaba cuando formas una familia. Se entenderá así la coyuntura de la sociedad actual de negarse a crecer, de querer permanecer joven, indeterminada y “narcisista”. De cualquier forma eso no quiere decir que sea porque sean en su generalidad individuos tendentes a la baja inhibición latente. Se da este hecho porque estamos en una sociedad en permanente cambio y con novedades, que “obliga” a cada cerebro a reconstruir su mapa mental de forma constante. O sea, es un estado social, no individual. La baja inhibición latente se da en la mente social, por mantenerse dentro de la retroalimentación positiva, por no definirse de forma conclusiva dentro de un marco o sistema cerrado de autorreferencialidad a nivel global, y ser tan sólo la dinámica de muchas identidades.

   Resumamos para ir al siguiente desarrollo mental. El cerebro está programado para crear un mundo interior representacional bajo la clave de ahorrar energía y en la interacción con este. Los estados negativos o de dolor hacen que estén más latentes las “preguntas abiertas”. Ese estado, en su modo desordenado, es a lo que se llama rumiación o mente errante, el pensar en mil cosas y en ninguna, sin llegar nunca a soluciones. Esta rumiación o estado latente lo lleva a cabo la llamada “red de modo predeterminado“. Es un proceso sobre todo llevado a cabo por el hemisferio derecho (no dominante); mientras que la “red de tareas positiva“, en el izquierdo, trata de frenarla. Pero puesto que dicho hemisferio es más propio para ciertos procesos de alto coste energético, está irrigado por la dopamina, con el consiguiente problema de las adicciones. O sea, en el cerebro y en lo humano es aquello de “Guatemala a Guatepeor”. Es en este sentido que puedo afirmar que el humano es un animal enfermo. El humano es ese ser con pequeñas islas de estabilidad en medio de un inmenso mar de tormentas y tempestades. Es de todo menos autopoiético, pues va del aburrimiento a la ansiedad (dualidad Schopenhaueriana) de la búsqueda del placer (o salida del aburrimiento) fallando en la mayoría de las veces en relaciones frustrantes que le llevan o a la culpa o al dolor, con el consiguiente estado de rumiación. ¿Alguna salida? Hay un estado que se llama fluido o de estar en la zona, que se puede llamar pensamiento o conciencia fluida. Entenderlo es fácil, puesto que ya tengo todas las premisas previas. El pensamiento fluido es cuando el cerebro tiene una representación tan bien procesada y asentada como para trabajar sin tener que recurrir a las zonas altas del cerebro, al prefrontal. En ese estado el prefrontal hace exclusivamente el papel para el que fue creado, como verificador que todo va bien. Quizás no se entienda esto, usaré el ejemplo que pongo en otros casos: el trato de madre (o cuidador) con el niño en crecimiento. Al principio la madre (es incómodo neutralizar el género, lo siento) “no es persona”, todo su tiempo y energía lo dedica al niño. Con el paso de los meses tan sólo le echa un ojo de vez en cuando y le reprende cuando va a hacer algo malo. El resultado final es que la madre puede dedicar su tiempo y energía a sí misma. De vez en cuando mira al hijo y vuelve a lo suyo. Si el niño le reclama se “activa”. El resultado es que al principio es una “esclava”, mientras que al final sólo es un “agente” supervisor de alto grado, en la dualidad hijo/supervisor. Lo mismo para el prefrontal, en el estado fluido no es que esté anulado, pero solo es una pieza más del todo. En la metáfora de la rotonda es como si esta fuera muy grande y el prefrontal fuera un semáforo que se activase sólo si hubiera demasiado tráfico, que en el caso del cerebro sería flujo de información nueva a revisar. En su estado fluido no genera mucho más gasto porque casi nunca trae el foco -atención sostenida- sobre lo que ella aporta al flujo. Hay que percatarse que estar en la zona es similar a la hipofrontalidad transitoria, en donde de nuevo el flujo de sangre al prefrontal disminuye, en este caso por lo general por el exceso de trabajo físico-muscular (carreras de resistencia por ejemplo). En ambos casos lo importante es “evitar” la rumiación y el trabajo de la red de modo predeterminado, por ser incómoda y desasosegadora (¡atención al “sasose” de la palabrita!), hasta poder llegar a ser asfixiante.

    Este es el estado perfecto de todo deportista, o artista, como lo pueda ser un pianista. Donde se crea un estado fluido en tanto que cerebro y medio (piano) son unidad. En biomusicología llaman a este estado de “arrastre“. Pongo la atención sobre lo musical, pues de entender bien al cerebro, ese estado fluido es uno en el cual todo mantiene un ritmo y una melodía en su estado perfecto o más elevado. Si cada módulo o procesado mental tiene sus propias circularidades, sería un estado como el que se podría dar en una gran ciudad con muchas rotondas y tráfico, y en donde todo fluye sin que en ningún momento se produzca atascos o retenciones. Todo va desde “A” a “B” sin ninguna interrupción, aun habiendo tenido que pasar por múltiples rotondas. Ese estado es el que tiene un mono cuando juguetea saltando de rama en rama, o las cabras montesas en las escarpadas laderas, por pura diversión. En realidad sería en el que deberíamos de haber permanecido y perdimos. Ese es el “hogar”, bajo mis conceptos, del cerebro humano. Cualquier deportista, sobre todo los de riesgo, recuperan ese estado. ¿La pega?, todo tiene que tener una pega. En realidad no hay diferencia, en la actualidad, entre adicción y ese estado fluido. Una persona puede estar en la zona, en ese estado fluido, jugando con el ordenador, una consola o el móvil. La catalogación de “bueno” o “malo” es social. Todo deportista de riesgo, o pianista, busca volver a estar en ese estado. “Necesitan” esos estados, pero si lo hace una persona por un juego está “mal”. Se “justifica” si es un jugador profesional y gana dinero en ello.

   Resumiendo y finalizando. El humano cada vez tiene que dar más uso al prefrontal en situaciones no motivadas que son tomadas como trabajosas y onerosas. Cada vez generamos más caos y complejidad, por lo cual es más complicado crear un mapa interior terminado, situación por la cual la sociedad, las empresas, premian y se alimentan de las mentes jóvenes (las que están por hacer, indeterminadas). Eso lleva a la totalidad de la sociedad a mantenerse en esa edad mental, pues como lleva implícito no terminar de crear una representación internalizada, lleva a la falta de madurez mental que busca eternamente la novedad, pero con sus consiguientes problemas de la tendencia a los trastornos, pues en definitiva es un constante gasto de energía en un sistema que en realidad no está “programado” para que sea operacional y funcionalmente así, sino para acabar por terminar de hacer un uso de energía excesivo. No por el hecho de volverse inactivo, sino por el hecho de que ha logrado optimizar o “rutinizar” todo proceso dentro de ese mapa interior, en donde ya no hace un uso excesivo de las funciones del prefrontal o las zonas asociativas. Seguramente el Alzheimer, de fondo, sea un exponente de esta trama. Todas las potencialidades de nuestros cerebros ya estaban allí cuando éramos simples monos en los árboles. La evolución consistió en dar otras funciones a esas potencialidades. La música es tan especial porque el cerebro es un sistema de ritmos y melodías. La alegría tiene una tonadilla y la tristeza otra, en las que tiene que vez la velocidad de la “canción” interior.  El estado fluido yo lo siento como una de esas canciones épicas orquestadas. Todo artista sabe de ese estado fluido, pues según la hipótesis del cazador contra el agricultor, ciertos tipos de mentes, entre las que están las del artista o cualquiera que sea creativo, es la del cazador, el cual se mantenía en un estado de fluidez cuando estaba de caza. El agricultor por el contrario requería hacer cálculos y previsiones anuales, en trabajos rutinarios y repetitivos: se acabó la fluidez. Como cazadores recolectores a ese estado se llegaba con la edad, habiendo aprendido todos los “trucos”. En la actualidad cada vez se da menos o se da en situaciones proclives a ser tomadas como adicciones. Tal división humana, de las mentes cazadoras o las agricultoras, es muy posible que sea detectable en los test de la demora de la gratificación. La típica de proponer a los niños de “un dulce ahora o varios dentro de cinco minutos”.

   La capacidad de crear estrategias para la demora se debe al sistema ejecutivo, al auto-control, dentro del prefrontal y requiere de mucha energía. Los estudios dicen que aquellos que pasen la prueba de la demora serán personas más prósperas, pero por contra se argumenta que suelen ser más rígidas mentalmente y menos felices (bajo mi punto de vista son mentalidades más de rapiña, pero no puedo verificar si tal cosa es así, no tengo contacto con ese tipo de personas, puede que sólo sea un estereotipo; todo cerebro crea estrategias, el problema es crear estratagemas, pues estas son más fríamente calculadas -mentes maquiavélicas-). Los artistas son impulsivos y por lo tanto por norma “malos” para dicho test de la demora de premio, por eso se suele decir de ellos que “son pobres hasta para pedir”. Muchos grandes pintores apenas si vendían sus pinturas lo justo para ir tirando en su día a día, como así lo hacen los cazadores-recolectores. En otros casos esos ritmos y fluidez se daban en lo social, se crea un ritmo en la manada donde cada miembro es un agente pasivo de dicha “canción”. Como cuando los pingüinos fluyen en un gran círculo para mantener el calor, o como cuando las aves o los peces se aúnan en bandadas o cardúmenes. Una sociedad tal como lo es la actual, donde impera la injusticia y la desigualdad, no puede crear unidad, no puede crear fluidez, armonía. Es un cacofónico ruido de fondo que tan sólo incomoda al flujo de los individuos que la componen. En esa situación la única forma de llegar al estado fluido es aislándote de la sociedad, de su ruido, sus males y complejidad. O sea, se proyecta sobre lo social el mecanismo de la inhibición latente, en donde quien no lo haga es o bien porque él mismo tiene ese rasgo de baja latencia, o porque al final venza el ruido de lo social. A los primeros, si “reclaman” que todo está mal, se les tildará de pesimistas; los segundos, ante la falta de costumbre hacia ese estado, crearan trastornos mentales. Los cuales se están volviendo epidémicos.

    Retomando el final de la primera parte del escrito, hoy en día podríamos vivir bien todos. Haría falta un reseteo total del sistema. Abajo las jerarquías y los desniveles tan pronunciados de acumulación de bienes. Decirnos que ya no hace falta mantener el estado de alarma, de la retroalimentación positiva, del “loco” progreso. En una sociedad armónica uno podría hallar más fácilmente sus estados fluidos, llegar a una madurez estable. Por el contrario todo es ir a distintos ritmos, ni siquiera acompasados, o tratando de crear un contrapunto. Sistema en el cual donde aquellas personas más sensibles y quebradizas, que han heredado la baja inhibición latente, son las primeras víctimas en caer. ¿Es culpa de los jóvenes que traten de equilibrarse mentalmente dejándose puestos los auriculares para escuchar su música y centrándose en sus juegos? Tan sólo buscan encontrar su propio ritmo, su estado fluido, dentro de tanto ruido, de tanta complejidad, de tanta injusticia y desigualdad.

 

Las conclusiones de las conclusiones

    Esta mañana me he despertado con lo que voy a decir a continuación. ¿De quién es el mérito?, desde luego no del prefrontal o conciencia o ese pretendido piloto al que llamamos yo o sentido de agencia.(2) Viene al caso estos argumentos porque trato de buscar a ese agente que me “da” mi identidad o que busca soluciones, esa llamada inteligencia humana. En inteligencia artificial se dan dos paradigmas para su búsqueda: un sistema central como el que ha ganado a los mayores jugadores humanos de ajedrez,  el Go o el Jeopardy. Otra son los minibot, o mente enjambre, donde cada uno aporta una perspectiva al conjunto. En los dos casos subyace una misma regla: parten de una finalidad. De un problema a solucionar. Se sigue así que la finalidad implica intención, pues uno y otro concepto son la misma cosa. Indistintamente que a un alpinista se le pregunte por su finalidad o por su intención, contestará que “llegar al punto más alto de la montaña”. Una regla del lenguaje es su recursividad: propósito, intención, finalidad, sentido, significado, causa, causalidad, plan… son dardos que dan en el mismo punto de la diana. Todos tienen la misma carga significativa. Dicha carga es a lo que se le puede llamar una identidad, que sigue la lógica binaria de ser o no-ser. Si añado la palabra destino, esta no termina de encajar con el grupo anterior (o quizás sí en algunas mentes), ya no porta la misma identidad. Todos nos damos cuenta de qué palabras son sinónimas a otras y cuales son fronterizas, en las cuales la identidad empieza a variar. Fijarse que aquí ya salen dos reglas. ¿Quién se da cuenta?, no lo hacemos a nivel reflexivo, lo hace el cerebro en distintos módulos, al modo de los minibot. Por otro lado se deduce que el cerebro “sabe” qué es identidad, cuando somos capaces de expresarlo a nivel reflexivo.

   El concepto de Maturana y Varela de autopoiesis es una conclusión de una escena de una larga película. Conclusión que poco dice de la película como totalidad. En realidad desechan lo único acertado: lo teleonómico de Jacques Monod, aunque revisable. En mi escrito “limerencia y autopoiesis” buscaba un origen del porqué escribo. En este caso hay que hacerlo sobre el escrito de Maturana y Varela. Fijarse que dos frases atrás he usado la palabra origen y en ese caso el mensaje lleva implícita que lo que quería buscar era la intención, sin nombrar dicha palabra o concepto. Cuando ocurre algo así se dice que hay un mensaje implícito, en contexto o tácito, que de nuevo nos lleva a intención, significado o identidad: lo que se quería decir. Las ciencias cognitivas se están enfocando cada vez más en esta dirección en la medida que implica un cerebro que trabaja por sí solo y que es el que tiene los mecanismos inteligentes por mera evolución.

Contexto e Implícito

   Si prefiero identidad sobre intención o significado es porque es más cercano a nuestra mente, en el sentido de que el concepto de yo o mi vecino del quinto derecha hablan de una misma cosa: de una identidad. Yo tengo muchas intenciones o significados a lo largo de la vida, pero todos las reconocen bajo mi identidad, para bien o para mal. Pero también uso identidad por la dualidad identidad/otredad (en tanto que Ser/No-Ser), cosa que no está tan claro con los conceptos de intención o significado, pues estos pueden ser múltiples. Así se dice “Pedro padece una esquizofrenia”, accidental, no identidad, por la salvedad que sea un conocido, por ser de nuestra identidad; mientras que de alguien ajeno o desconocido decimos “menganito es un esquizofrénico”. En este ejemplo vemos esa dualidad identidad/otredad que cambia todo el contexto y el significado. O sea, identidad es a lo que todo ese juego de palabras y sinónimos remite, y se tenga como patrón en el cerebro seguramente. De igual forma se puede apreciar que uso el concepto de identidad, por extensión, en lo verbal, que se vuelven así en entidades. Una frase mantiene su identidad si mantiene su significado e intención, que en este caso son distintos (alguien puede tener una intención y ser malinterpretado al expresarse mal, porque su expresión adquiere otro significado y al final otra aparente intención), varía una de los dos y ya tiene otra identidad, a veces por cambiar tan sólo una palabra, o en un escrito incluir o excluir una coma, donde posiblemente cambiará su identidad. En otro lenguaje mantiene o varía su esencia: esa es la base de lo que es un meme. Vuelvo arriba, ¿cuál era la intención en el libro sobre la autopoiesis? Yo detecto un ataque al concepto de la teleonomía, por un lado, y por otro -o más de fondo-, a atacar el dar un sentido o destino último a la existencia, cuestión que yo comparto. Pero pienso que yerran en los medios para alcanzar ese fin, puesto que bajo mi punto de vista, y como he puesto arriba, no pueden “atacar” o catalogar una película por sólo una de sus escenas, y cuando es distinto teleonómico que teleológico.

tabla_periodica-color

   Lo dicho arriba ha sido un prolegómeno. Lo que sigue ha sido la “respuesta” con la que me levantado, y seguidamente llegaré a ciertas conclusiones, ya reflexionadas. El concepto “rancio” filosófico de potencialidad parece indestructible. No es un concepto que quepa manejar en las ciencias positivas, pero se las tienen que haber constantemente con él. Está implícito en la energía potencial y el potencial químico, por ejemplo. Un átomo tiene en su “esencia” tres componentes: protón, neutrón y electrón; reducibles a dos: núcleo y electrones. Cada átomo estable de la naturaleza tiene una “identidad” que son los que se muestran en la tabla periódica como elementos. Los electrones varían entre aquellos átomos que tienen la capacidad de crear enlaces, pero son sus núcleos los que le definen o dan identidad, por el número de protones, y donde el número variable de neutrones crean distintos isótopos del mismo elemento. ¿Son reducciones o esquemas para que sean manejables por medio de la mente de un observador?, que es la propuesta de Maturana y Varela. Es cierto que este esquema es reduccionista, y que después hay que tener en cuenta las partículas y por ello la cuántica. Pero ¿podemos negar que haya cierta longitud de onda electromagnética, a la que llamamos color amarillo, y que aunque hubiera varios observadores o tengan distintos nombres se refieran a la misma longitud de onda? Es más, que dicha longitud de onda tenga unas propiedades y no otras al interactuar con otros componentes de la realidad, donde dado cierta cantidad de esos otros “acoplados” siempre va a dar el mismo resultado. Esas potencialidades -y estados estables- en lo atómico es a lo que llamamos helio, hidrógeno, etc. Un nombre, una identidad, que a su vez implican unas potencialidades. Algunos átomos son inertes, no interactúan con otros. Esos otros átomos son los que tiene la propiedad de crear moléculas estables. Definir un momento cero, como hacen Maturana y Valera para una primera célula o ente autopoiético, en donde todo es algo externo o acoplamientos, es como tratarlo de hacer con una partícula. La realidad existe porque la identidad de cada partícula a la vez implica unas potencialidades con el resto de partículas. No hay un afuera o un adentro, pues tal idea sí que es una abstracción que no “habla” de la realidad.

    Una molécula llega a un equilibrio químico que se define como “…el estado en el que tanto los reactivos como los productos están presentes en concentraciones que ya no tienen tendencia a cambiar con el tiempo, por lo que no hay un cambio observable en las propiedades del sistema“, (fuente Wikipedia). De lo que se trata es de saber en qué momento algo mantiene un equilibrio lo suficientemente estable como para que se le pueda nombrar, y por ello “adquiera” una identidad definible en la realidad, como para además interactuar dentro de esta. Lo mismo con la base de la vida a través de “sus” potencialidades: los aminoácidos que llevaron a los péptidos y de estos a los polipéptidos, como es el ADN. Los sistemas no es que lleven implícito la homeostasis, la retroalimentación negativa (el equilibrio), es que si a algo se le puede llamar o darle una identidad es porque es estable, independientemente del tiempo que lo sea. La vida, como sistema homeostático o autopoiético, se puede dar en un planeta dadas una condiciones, y si las condiciones  de este planeta cambian drásticamente la vida desaparece. Lo mismo para una reacción química o para un átomo. O visto de otra forma (deductivamente): buscamos vida allí donde sabemos que se “reúnan” ciertas condiciones; es igual que a eso se le llamen “acoples”. Todo son sinónimos para referirnos a una misma cosa: interacciones. ¿Entre qué?, entidades, en su acepción más amplia o abstracta, que en ese sentido se pueden nombrar como esencias que implican unas potencialidades. En lo humano: cierra a un chico y una chica en una casa (gran hermano) y tarde o temprano tendrán sexo. En resumen no es “legítimo” aislar algo de la realidad y no contar con un porqué y un cómo, pues estos están implícitos como potencialidades dentro del sistema y son parte de su definición o Ser. El ADN implica información de un estado equilibrado de un polipéptido que “regula” esa “máquina” que es una célula. Información que es la potencialidad de crear distintos componentes químicos estables, como las proteínas, que a la vez implican una “función”, que como hemos visto es reducible a intención o finalidad y por lo tanto a una identidad. Maturana y Varela no pueden achacar de prescindible al concepto de lo teleonómico sin que a la vez valga lo mismo para el concepto de autopoiesis. Si buscamos los irreductibles, como el concepto de autopoiesis pretende ser, nos quedaríamos en nuestra conceptualización del mundo como meras partículas (atomismo).

   La segunda conclusión con la que me desperté. La división de alfa y no-alfa, y sus distintas “esencias” y reducciones como lógica binaria o difusa parece caprichosa, traída por los pelos y encajada burdamente. ¿Lo es? Lo teleonómico, o identidad de una especie, es aquello dado en un momento histórico de su evolución que es el que más tiene la capacidad de portar todo aquello que le da su identidad. Su prototipo más óptimo. Dicho ente es el alfa: los mejores genes. Lo que se preserva en la evolución es esa apuesta: ese que vence sobre el resto como para reproducirse. En cada momento evolutivo puede ser una potencialidad u otra. Si en algún momento humano lo pudo ser la fuerza, al final está yendo hacia la inteligencia. La clave es la idea de lo más prominente de una apuesta o potencialidad, en donde se da ese Ser o no-Ser. O sea, en la evolución en un momento ese Ser lo era el más fuerte y ahora ya no. Alfa es un concepto abstracto que se refiere a lo más prominente de una potencialidad evolutiva -identidad estable- como para que se reproduzca con más éxito. El resto de los de esa especie pueden ser o potenciales alfas, que están en el mismo nivel, y esa otra gran cantidad -remanente- de los que no podrán tener esa condición. ¿Quién dijo que la vida tuviera que ser justa o “bonita”?, no lo es. Los no-alfas se adaptan ser “satélites” del alfa. ¿Algún ejemplo que no valide esta regla? Hasta Jesucristo se hacía lavar los pies y todo giraba en torno a Él. Yo ni siquiera quiero ser YouTuber y tener seguidores, y apenas si me leen unas pocas personas, por más profundo que pueda ser a la hora de “desnudar” la verdad. Si alguien no se erige o no trata de ser alfa, de ser un sol sobre el que rota el resto de humanos, alguien a quien imitar y seguir…, no cuenta, es de facto un satélite. La lógica que se deduce es “tonta” de lo rayana y simple que es. Los no-alfas tratan de llegar a la posición de alfa por seguir los pasos de los alfa, como siendo la forma prominente y equilibrada de la especie. Que dicho en otro lenguaje, tratan de llegar a su propio equilibrio e identidad a través de la imitación del líder (hoy incluso de los influencers), en la medida que en esa dirección crean coherencia grupal, y puesto que en esta dirección preservan la especiación (características relevantes de la especie), a través del efecto Baldwin, de seleccionar los comportamientos deseados de lo que habría de ser lo humano. En un ascenso hacia arriba esto remite a la replicación, como así lo hace el ADN, en la medida que es un estado equilibrado de una identidad con el medio, que a la vez remite a la reacción química equilibrada, y esta a la reacciones físicas que crean átomos estables, que a su vez pueden remitir a la conservación de energía, que es la base de la materia y el universo. Se mantiene la estructura de arriba hacia abajo de la superveniencia. YouTube está lleno de vídeos que buscan y proponen ese fin: cómo ser la persona más influyente, la más emprendedora, la más elegante, la más seductor(a)… La clave es la palabra “más”. ¿A qué he reducido yo la apuesta alfa sino a más? Más -sobre los aspectos positivos- siempre está ligado a poder a ser lo más prominente de lo humano. O se está en el podio o no se está, luego a ese nivel es un estado binario de Ser o no-Ser.

   Conclusiones de estas dos conclusiones previas. Que se dé la teleonomía no implica una teleología. El universo no tiene una intencionalidad o significado último, como así lo quiere creer la teoría antrópica, donde una inteligencia autoconsciente es “necesaria” en el universo. No es una única flecha, con una sola dirección o destino último: la inteligencia y autoconciencia humana. Son múltiples flechas lanzadas al azar que dan en distintas dianas. Cada estado y cada sistema puede llegar a equilibrios, pero en sí mismo no quieren decir nada ni están “conducidos” para llegar a un siguiente paso. Son hechos fortuitos, azarosos. Los constantes equilibrios de los subsistemas pueden llevar a tal grado de equilibrio como para al final llegar a un ente vivo dotado de inteligencia y autoconciencia como el humano, pero esa no es la finalidad del universo. Es tan solo un sistema de suma de equilibrios, que por lo complejo que es tiende a ser (seguramente) poco probable e inestable. Al igual que lo son ciertos átomos, que son muy inestables y no se mantienen, o ciertas reacciones químicas, o que un planeta llegue a tener una atmósfera, y que además sea propicia para la vida.  El humano, como sapiens sólo lleva en el juego de la vida unos trescientos mil años. Fue el doble de tiempo el de los neandertales. Los dinosaurios duraron y “reinaron” sobre la tierra 135 millones de años. Por otro lado ¿qué es lo humano?, la pega al concepto de lo teleonómico, que es por lo que es revisable, es que la única constante es la deriva. La identidad constantemente muta. En cada momento es legítimo hablar de “una” identidad. En cada momento evolutivo una identidad tiene unas prominencias -alfas en los sistemas animales sociales más complejos- que la definen, y durante cierto tiempo eso “define” su identidad en tanto que intención, significado o finalidad. Pero puede variar y de hecho varía. Es “estúpido” que yo quiera definir la identidad humana como una que ha muerto, que ha quedado atrás en el tiempo. Este concepto es anti-deriva, idealista, utópico. La tendencia de la vida, a grandes rasgos, es mantener una identidad. Dicha regla la hereda la vida de la química orgánica, al llegar al estado equilibrado de una reacción química, que a su vez remite a la estabilidad de los átomos y estos a eso que los compone como protones y neutrones… Pero la regla de mantener la identidad llega al final a la “estúpida” lógica de que mi identidad es la forma en la que se expresa “mi” ADN, que es único y crea esta que es mi propia identidad. Cada humano se erige en lo más prominente de la especie, cuestión que se revela en el concepto de “Sonder” de John Koenig (ser el actor principal y el resto son secundarios y extras), y el delirio o síndrome del show de Truman. Limerencia es el estado de buscar un otro que sea mi identidad. Tal ser no existe, luego mi “cometido” o fin -de esa tendencia a mantener mi identidad- es buscar alguien lo más parecido a mí. En los social se busca a todo aquel que porte o se manifieste lo más cercano a mi propia identidad. Formamos grupos sociales -o nacemos en ellos- en la medida que buscamos los que más se acerquen a esa identidad. Todo eso se ha mostrado en el capítulo “un porqué evolutivo de la identidad“.

Mapa de radiación de fondo de microondas

     ¿A qué se resume lo que quiero decir?  Lo que es “pernicioso” en lo humano es buscar orden, simetría y belleza -y por ende intenciones y finalidades últimas que engloben todas- bajo esas azarosas variaciones. Si se analiza el mapa del inicio del universo no tiene orden. Fue el caos el que creó las posibilidades para que las partículas se unieran. Si se hubieran distribuido ordenadamente, con una distancia regular y simétrica entre ellas, no hubieran interactuado. Al igual, por burdo que sea el ejemplo, que si todo humano viviese en una pequeña parcela sin buscar a los otros, pues se extinguirían. Una distancia más corta entre varias partículas hizo que se creasen “grumos” como para que empezasen a operar las leyes físicas. Puede que en lo concreto esta reducción tenga fallas científicas, pero hemos de quedarnos con el contexto, con lo tácito: no fue el orden el que creó la “realidad”. En la medida que todo sistema lleva implícito un equilibrio, esa regla existe en el cerebro y tendemos a buscar su igual: lo equilibrado, lo bello, lo simétrico. Es un sesgo ontogénico. La sociedad humana actual es una prueba de todo ello, de que el sistema no tiende hacia el orden y lo armónico. ¿Qué líder sería a imitar? Qué sería hoy lo prominente humano, lo que la evolución podría propagar como lo más excelso de nuestra especie o como alfa. Desde luego, por lo que más sobresale en los medios de comunicación, no la inteligencia, ni la bondad o el valor. Yo diría que lo tramposo, la mentalidad rapiña. Estamos debilitando y corrompiendo la esencia de nuestra especie, en la medida que ya no entra en juego lo evolutivo/animal, sino lo evolutivo/social, donde las premisas o valores de una sociedad dada son las que marcan las pautas, y en donde hoy impera la ideología depredadora, superficial, egotista, narcisista y tramposa del neoliberalismo (ver la entereza, inteligencia y magnanimidad de un chimpancé alfa en este documental). En la sociedad ya no hay belleza, sólo ruido, caos y “fealdad”. Si a ti te parece que Steve Jobs entra dentro de ese rango de líder a seguir, a mí y a otros no. Mi identidad es lo contraria a la suya, pues la suya se basa en lo elitista, en desear el poder y la mía no, que pretende ser más humanista, y desprecia el poder y esa tendencia a lo “mejor”. Mi apuesta ama el tipo de organización de las hormigas: quiero ser una simple hormiga que tenga un hormiguero al que volver por la noche, como el resto de mis iguales. La sociedad moderna es la más bipolar de todas las que se puedan haber dado en la evolución humana. No hay ningún camino, ninguna apuesta, dirección o identidad: todo esta polarizado, dualizado. Puede que nuestra sensación de desagrado -de fondo- sea porque nuestro cerebro detecta esa falta de identidad humana. Esa imposibilidad a unificar todos esos ADN’s a una identidad, sintiéndonos excluidos de algún orden que habría de dar una identidad “fija” y estable. Padecemos despersonalización filogenética…, óntica. No estamos orgullosos de ser humanos, como demuestran las feministas, los veganos, los ecologistas y toda ideología que pretende transcender lo que somos ahora. Aún todo intento o aparente avance, el “ruido” de esa negación y su imposibilidad permanece de fondo, pues toda aparente “mejora” implica nuevos problemas, y nuevas tensiones y divisiones. Es seguro que esa sensación, cerrados en sus dimensiones locales, no existía entre aquellas primeras agrupaciones de humanos que fueron nuestros ancestros. La globalización, finalmente, implica verse al espejo, y no para bien, sino para verse “feo”. Quien mínimamente vea los documentales de la 2 (canal del Estado alternativo dedicado a la cultura en España) verá todo el panorama mundial. Y si en el mundo árabe puede sobresalir la ablación del clítoris y otros tipos de violencia y desigualdad sexista, el lado opuesto de la balanza es Estados Unidos, posiblemente el país con mayor tasa de personas sin-techo, y en donde prima tanto el valor del dinero, que el médico no está tanto preocupado por la salud de sus pacientes, como el hecho de cometer algún fallo en el trato como para ser llevado a los juzgados, o en donde imperan las leyes para “sacar los delincuentes de las calles”, en vez de plantearse si es su tipo de política social la que crea la delincuencia. ¿Qué posición intermedia puede haber entre esas dos?, ¿la hay, es posible? En esos mismos documentales se dibuja un futuro en donde las multinacionales han comprado las tierras fértiles de los países en desarrollo. Que África alcanzará la superpoblación de China e India con su consiguiente carga ambiental. En donde China podrá coger la posición actual estadounidense de superpotencia, pero,  ¿a qué coste?, producir mucho y salarios bajos. Donde la Unión Europea es posible que haya fracasado. Las crecientes e imparables migraciones, con sus consiguientes getos de acogida… Un suma y sigue que no parece acabar. Es posible que dentro de cien o doscientos años se haya llegado a algún tipo de estabilidad, pero mientras tanto las generaciones bisagra entre esos dos estados sufrirán las consecuencias. ¿Lo mejor es no ser alarmista y dejar de ver los documentales? Esa es la actualidad. Cerrar los ojos, vivir la propia vida y mañana ya se verá, esa es la máxima social. De una u otra forma hemos acelerado la cinta andadora y lo mejor es no ver el velocímetro, seguir corriendo y acelerar nuestra propia marcha. ¿El problema de fondo a esta apuesta?, que seguimos con la mentalidad local, cuando ahora los problemas son globales. El actuar lo mejor posible en el entorno más cercano no es una fórmula válida, si el mayor poder de hacer cambios está en las corporaciones, y en donde el mayor esfuerzo a nivel individual es borrado de un plumazo por cualquier leve movimiento de esos “grandes monstruos”. No es una metáfora: ¿cuántas personas reciclando o no generando daños al medio ambiente hacen falta para contrarrestar el daño que provoca un carguero transatlántico de contenedores comerciales? Tampoco la culpa está fuera de nosotros en esto, traen nuestro nuevo vehículo, ordenador o móvil. En otro caso el exceso de turismo, generado por los bajos precios de las grandes compañías, traen consigo la alta polución de los aviones. Hemos de asumir que la reunión de pequeños peces que devoran al pez grande es tan sólo una falacia más del sesgo optimista. Los bancos de peces confunden a los depredadores, pero estos nunca se mueren de hambre y siempre permanecen en la parte superior de la cadena alimenticia. Con esto tampoco apunto al derrotismo, al “para qué hacer algo, si siempre va a ser lo mismo”. La “tragedia” de la cinta andadora, de la hipótesis de la reina roja, de la evolución, es que si eres una presa también tienes que andar sobre ella. Mis escritos son mi “lucha”, mi correr para permanecer en el mismo sitio. Escritos sólo “válidos” para los que portan mi mismo tipo de apuesta. Me hablo a mí en tanto que hablo a los que son igual que yo: lo propio de la identidad y lo autorreferencial.

    En resumidas cuentas, todo poder, lo alfa, hace “su papel”. Nadie que llegue a algún tipo de poder renuncia a este de forma voluntaria, o si lo hizo no es relevante, pues no es un comportamiento a imitar, como lo demuestra la sociedad moderna. Jesucristo posiblemente aborrecía el poder, pero al final el catolicismo se basó en el poder, pues sus premisas no “funcionaron” o tuvieron la oportunidad de replicarse frente a las del poder. Vale y sobresale lo que más se reproduce, una regla que es evolutiva, no humana. Nosotros nos atenemos a esa regla porque es imposible invalidarla. Por la misma regla un cerebro humano inteligente no lo suele ser por ese pretendido piloto o yo reflexivo. Eso es pretender armonía donde no la hay. Si he llegado a estas conclusiones es porque estaban todos los componentes en el cerebro, como “átomos”, que crean variaciones y reacciones por sí mismas como para llegar a “estados estables”, en donde todos encajen (o parecen encajar). El cerebro sólo es un recipiente, al modo de una placa de Petri, al igual que en ciertas condiciones emergen en una cultura ciertos artefacto tecnológico o descubrimientos científicos. Sólo hay que dejar los componentes por sí sólo para que estos “reaccionen” entre ellos creando nuevos estados emergentes. Los programadores de la inteligencia artificial para el juego del Go, no saben por qué gana, ni como procede en cada momento. Una vez creado o haya emergido un sistema complejo no es predecible. Lo mismo vale para un planeta que para un cerebro: puede darse la vida (las ideas) si se dan las condiciones y se tienen las potencialidades. ¿Qué yo tengo algo dado en el ADN?, es accidental, no tengo ningún mérito, soy un agente pasivo en lo evolutivo. Pensar lo contrario sería como darse méritos cuando de espaldas tiras un balón, por primera vez, y lo encestas. ¿Qué hay algo que me hace “meter” en mi cerebro esos componentes reactivos? La necesidad, que es un estado de un faltante que busca completarse (ver capítulo “limerencia y autopoiesis” para entender esto). ¿Soy yo el que mantengo ese estado? Mis allegados en el fondo creen que me mantengo de forma voluntaria en el “dolor” por algún tipo de trastorno. ¿Y si es el propio cerebro el que ha visto ese estado como el “mejor” para definir su identidad?, que es el que le lleva a profundizar más y más en el saber. ¿Yo soy mi cerebro?, sí, pero mi yo reflexivo en ningún momento ha elegido esa apuesta sobre otras. Se manifiesta porque es la expresión de mi ADN. En el escrito “deconstruyendo el deseo sexual II” hay una gráfica de la periodicidad de mis escritos y el presente y anterior “encaja” en el pico de finales de noviembre. En realidad es muy posible que sea una época en la que el cuerpo se ha terminado de adaptar al cambio de clima, como para que el cerebro tenga una “pausa” estable. ¿Que puedo cambiar mi “identidad” y mi “sino”? ¿No se supone que uno ha de mantener su identidad? Recordemos que no hay que buscar la simetricidad, lo bello, lo bueno. Ese concepto es sesgo ontogénico. En definitiva: el dolor me define, me da mi identidad, porque mi apuesta evolutiva es no dar nada por sentado, y puesto que el que es feliz nada quiere cambiar de su estado. Es un estado alfa, con sus consiguientes estados fluidos: si se llega a ese estado se quiere permanecer en él, aunque haya un dolor remanente de fondo. Nací con la baja inhibición latente y siendo una persona altamente sensible, que mi hija ha heredado. Todo lo demás -de mi identidad- se sigue de esta simple regla. De nuevo estas ideas llevan a lo relevante y “revelante” del gen egoísta. Seguramente esos dos aspectos más prominentes de mi identidad sean reducibles a un sólo gen o su variante alterada, que es el que se manifiesta como principal tanto en mí como en mi hija. Como si no le “valiese” con estar y formar parte del ADN, sino que trata de imponerse durante una vida, como para repercutir y tomar el protagonismo en unas conductas y “elecciones” de toda una genealogía. De fondo “quiere” ser el que “venza” como apuesta evolutivo/humana, sólo así -con ese telón de fondo de uno o unos pocos genes diferenciados- se explica la tendencia expansiva de los imperios, que nacieron desde un solo o unos pocos emperadores de una misma línea génica. Quieren ser lo universal, lo prominente y lo que se ha de tomar como lo humano, lo prominente de una especie. En la película “Jonathan” 2018, se apunta o se puede extrapolar una idea muy curiosa. Se presenta a un personaje que padece de personalidad múltiple (trastorno de identidad disociativo), pero su doctora propone que es un hermano gemelo en su cerebro. ¿Y si la disociación de identidades son dos apuestas de dos genes que se expresan para ser las prominentes en el comportamiento a partir de un cambio epigenético, por un cambio o trauma ambiental, y bajo los planteamientos que he hecho arriba? De nuevo decir que primero fue mi idea, y como estaba ahí la semilla y se mantuvo el cebado cerebral, cuando vi la película mi cerebro me orientó o me planteó esa posibilidad.

   Que un neuro-normal cuestione el mantenerme con ese eco de dolor, o incluso lo rechace, es porque da un tipo de valencias o valor a la realidad desde los sesgos ontológicos que he mostrado, y puesto que son otredad con respecto a su identidad, dado que ha de “defender” y tratar de propagar -que sea la que se valide- su propia apuesta. No hay nada válido, no hay nada inválido, todos son estados meta-estables que se mantendrán durante X tiempo, mientras se den las condiciones. ¿Qué la humanidad tiene que buscar la justicia a través de la igualdad? Igualdad y poder no encajan, como ácido y alcalino son dos opuestos. La sociedad, el humano, se reduce a tratar de encajar esos contrarios: nunca lo ha encontrado y nunca lo hará. Tampoco está claro que pudiéramos ser como las hormigas (como ha demostrado lo fallido de los regímenes comunistas), la identidad de nuestro cerebro nos lo impide. O existe el poder o la igualdad, nunca juntos, o siempre en liza y moviendo sus fronteras. El humano se define por esa imposibilidad: a eso es a lo que se puede reducir nuestra identidad. Somos un animal frustrado y enfermo, consciente de su frustración, pero que no reconoce su enfermedad. Este hecho es fácilmente demostrable por la simple lógica de que cualquier animal cuando está saciado en lo básico, simplemente duerme. El humano no. La sociedad reniega de las personas que mantienen dicha apuesta. ¿Para eso ha servido la autoconciencia en el universo?, para crear una mentalidad enferma, inyectada de la retroalimentación positiva sin freno y fuera de lo natural. Es seguro que en otro planeta exista una especie autoconsciente y eusocial, como las hormigas, pero seguramente sus vidas nos sean tan “divertidas” como las nuestras. Donde se dé de forma más pronunciada el caos es donde se da más la posibilidad para la sorpresa, para lo distinto, para lo nuevo. Esa “sorpresa” en la vida puede ser para lo trágico, pero igualmente para lo cómico y divertido. No sé si esa supuestas mentes alienígenas autoconscientes y eusociales se divertirían tanto, como nosotros, con unos simples vídeos de gatitos. Final vitalista en la dirección de Camus: lo que nos hace miserables es a la vez lo que nos hace especiales. No es simétrico, es caótico.


(1) No me gustan las interrupciones de las notas, pero no hay forma de incluir el siguiente texto sin romper la continuidad del escrito. Son unas últimas valoraciones y conclusiones a la teoría performativa o del yo o cognición encarnada (relativa al cuerpo). Esa que afirma que la pose del cuerpo y gestos de la cara, y sus estados, crean las emociones y actitudes parejas en el cerebro, en donde su viral es ponerse un bolígrafo vertical en la boca para forzar la sonrisa.  Imaginarse que se está en el funeral del propio padre, compungido y lleno de dolor, y alguien te sugiere que te pongas el susodicho bolígrafo en la boca…, ¡suena a desatino! En esa misma dirección no creo que los trabajadores de servicios, cara al público, que están “obligados” a sonreír, parece que sean más felices que la media, más bien al contrario. Primero por la obligación y segundo por el desgaste mental que produce el contacto con extraños. Por otro lado pienso que parece un quedarse a medio camino de una conclusión. A una posición intermedia hacia otra. Se puede llegar a un estado mental donde el cerebro se “desprenda” del cuerpo, donde la pose o el gesto ya no cuentan ante la firmeza de dicho estado. Así nos lo hacen ver las religiones orientales o las personas occidentales que han tendido hacia los caminos espirituales o más interiorizados.
(2) Días después se me ocurrió la idea abstracta de hacer un relato corto con la trama y el nombre de “la O que quería ser una S”, esa noche dormí con muy poca calidad. Me despertaba con algunas ideas o subtramas, y me levante temprano porque ya no podía conciliar el sueño. Pienso que esos despertares son debido a que se llama a las capacidades del prefrontal, módulo que es el que más a de permanecer totalmente pasivo e inactivado cuando se duerme. Esto demuestra que el cerebro es una máquina de resolución de problemas. Introduces los datos y el cerebro por sí sólo trata de resolverlos. Pero también marca la diferencia de unos tipos de cerebros u otros. No sé si hay un calificativo en la ciencia para esta manera de proceder, que no es exactamente baja inhibición latente. Las personas piensan que soy muy sensible y me desvelo por problemas de la vida, pero hechos como el aquí expuesto demuestran que no es exactamente eso, aunque está claro que si implica más módulos cerebrales, como los emocionales y en donde entra en juego la impotencia, el miedo o la ansiedad el cerebro absorbe más procesos y energía, con el consiguiente problema para dormir. Por otro lado no sé porqué hay que enorgullecerse cuando se dice “a mí nada me quita el sueño”, pues a mí me lo quita, pero como se ve por el ejemplo aquí mostrado, no implica debilidad. Es otra cosa, es una cualidad o potencialidad que si se le da buen uso puede ser buena. Es seguro que todo gran científico, inventor, escritor o artista tiene el mismo esquema presentado aquí: su dormir era de poca calidad en cuanto trataban de resolver o llegar a una meta o solución.


    La primera parte de este escrito me ha llevado tres días, cuando en verano sólo me hubiera llevado uno. Permanezco a unos diez grados en casa y la energía la gasta el cuerpo el tratar de mantener el calor interior. Con lo que me agoto mentalmente más rápido. No me quejo, hago ver cómo funciona el cuerpo. En verano es más fácil llegar al pensamiento fluido cuando escribo. De cualquier forma prefiero este estado invernal más tranquilo, a la “locura” emocional del verano. No deja de ser paradójico que tenga más frío que un humano de la prehistoria, pues estos mantenían hogueras encendidas todo el día. Yo ni puedo encender fuegos, ni mantener una calefacción. Por otro lado las ideas de todo el libro se resumen en esta breve reseña de la idea de un nuevo hombre“El concepto del Filósofo Friedrich Nietzsche de Übermensch (‘Overman’) sería la de un hombre nuevo que sería un líder como ejemplo para la humanidad, a través de una existencialista voluntad de poder que es vitalista e irracionalista dentro de la naturaleza. Nietzsche desarrolló el concepto en respuesta a su visión de la mentalidad de rebaño inherente del cristianismo, y el vacío en el significado existencial que se realiza con la muerte de Dios . El Übermensch emerge como el nuevo significado de la Tierra, un individuo que repudia las normas y se supera a sí mismo y es el maestro que controla sus impulsos y pasiones.” Si bien ahora esa mentalidad de rebaño es por el capitalismo y el consumo, las pantallas y las redes sociales. Igualmente cada vez se me hace más insostenible mantener el mapa mental. Cuanto más entradas mas posibles enlacen entre ellos…, me meto en una retroalimentación positiva, con el consiguiente gasto mental y la pérdida de control (ese estado en definitiva es una tendencia a la ansiedad, pues esta nace de la pérdida de control en cualquier situación). Compartiré un último y dejaré el proyecto. Por otro lado me “obligo” a leer los artículos más relevantes y tengo pendientes más de cien. “Fusionar” ideas cruzadas cada vez me cuesta más.

Un Porqué Evolutivo de la Identidad (un Cierre Autopoiético y la Lucha Eterna)

La pura y simple verdad es raramente pura y nunca es simple.” Orcar Wilde
La manera de ser feliz es retirarse de la vida pública en comunidades privadas de personas afines.” Epicuro
La lealtad al grupo, el sacrificio por él, el odio y el desprecio por los forasteros, la hermandad interna, la crueldad hacia fuera…, todos crecen juntos.” William G. Sumner
El único modo realista de cambio político es orgánico, no revolucionario.” Edmund Burke

    Estoy releyendo “el maestro y el emisario” de Iain McGilchrist. A decir verdad leyendo el libro, pues en su momento sólo leí la primera parte, que se centra en las diferencias de los hemisferios cerebrales, que era lo que me interesaba en ese momento. Por lo demás intuía cómo iba a desarrollar el libro, en su defensa del ahora, a partir de la Illustración, denostado hemisferio derecho, el de las emociones y el pensamiento rápido y mágico. El más propio como metafórico. Al final en McGilchrist encontré los mismos planteamientos que yo ya haya dicho a lo largo de los escritos: el cerebro como metafórico. A veces me desaliento al encontrarme que otros ya han escrito lo que yo creo como una idea original, pero al final me digo que por lo menos tengo “aliados” en mis luchas y propuestas. (1) En otro caso me he encontrado con el libro “mimesis y otredad” de Michael Taussig (pendiente de leer), que me imagino también ira por varias rutas que yo he trazado en mis escritos sobre la imitación, la identidad y la otredad, como a no imitar. El presente escrito lidia con dos aclaraciones o problemas irresolutos del libro. De nuevo me veo en la necesidad de seguir escribiendo para despejar dudas y para solucionar potenciales contradicciones. El primer tema es el de la identidad. El cómo “abrazamos” la identidad patria o religiosa como propia, pues al parecer puede haber un porqué evolutivo. En el segundo tema trato de explicar la aparente contradicción de moverme entre dos posturas contrarias: una que aboga por la razón, la información y el dato puro, frente a otra postura que aboga por el “alma” humana, su espíritu metafórico y mágico. Voy al primero.

   La teoría evolutiva clásica tenía sus flaquezas que poco a poco se han ido resolviendo, en nuevas revisiones, pero sigue habiendo cuestiones sin resolver. Es débil pensar que dada una especie que ha apostado por un tipo de estrategia evolutiva, esta “funcione” o perdure, dado de lo cambiante del medio-ambiente, como es el caso del clima, con épocas de grandes sequías y de grandes glaciaciones. Tienen que darse otros mecanismos más sutiles, que “lean” mejor o más “finamente” una situación dada. La epigenética en parte resuelve este tema. Una madre que no tenga una alimentación equilibrada, provocará cambios genéticos en su nonato como para que este se “acomode” a un medio que va a ser hostil o pobre en alimentos (idea en contra el veganismo y otras dietas desequilibradas). Pero crea cambios en el cuerpo, no en el comportamiento. El dilema sigue sin estar resuelto. Para paliar con esta debilidad, el efecto Baldwin, ya propuesto a finales del siglo IXX, viene a decir que dada una situación, el sistema, una especie dada, tiende a seleccionar el comportamiento más adecuado para sobrevivir. Es una variable de la importancia de la selección sexual, en donde los “iguales”, con ciertas características en sus comportamientos, se “buscan” como para que sea el comportamiento que se vaya a pasar a la descendencia. La rápida tolerancia a la lactosa en Europa puede explicarse bajo este efecto. De nuevo la fuerte repercusión de las hembras en su selección de machos, que también sale a relucir en el “efecto materno“. Sobre este último remarco esto que nos dice la Wikipedia:

Los cambios fenotípicos que surgen de los efectos adaptativos de la madre son el resultado de que la madre perciba que cierto aspecto del entorno puede disminuir la supervivencia de su descendencia. Al detectar una señal, la madre “transmite” información a la descendencia en desarrollo y, por lo tanto, induce efectos adaptativos de la madre. Esto tiende a provocar que la descendencia tenga una mejor forma física porque están “preparados” para el entorno que es probable que experimenten. Estas señales pueden incluir respuestas a depredadores, hábitat, alta densidad de población y disponibilidad de alimentos.”

 Hay que poner especial atención a su contrario, al efecto paterno:

En contraste, un efecto paterno es cuando un fenotipo resulta del genotipo del padre, en lugar del genotipo del individuo. Los genes responsables de estos efectos son componentes de los espermatozoides que están involucrados en la fertilización y el desarrollo temprano. Un ejemplo de un gen de efecto paterno es el ms(3) furtivo en Drosophila. Los machos con un alelo mutante de este gen producen espermatozoides que pueden fertilizar un óvulo, pero los huevos con inseminación furtiva no se desarrollan normalmente. Sin embargo, las mujeres con esta mutación producen huevos que experimentan un desarrollo normal cuando se fertilizan.”

O…

En el ratón de madera ( Apodemus sylvaticus ), los agregados de los espermatozoides forman trenes móviles, algunos de los espermatozoides experimentan reacciones acrosómicas prematuras que se correlacionan con una mejor movilidad de los trenes móviles hacia el óvulo femenino para la fertilización. Se cree que esta asociación se produce como resultado de un “efecto de barba verde” en el que los espermatozoides realizan un acto altruista selectivo por parentesco después de identificar la similitud genética con los espermatozoides circundantes.”

   De nuevo la importancia de las hembras a la hora de poderse quedar o no embarazadas de cierto tipo de apuesta masculina, dependiendo del entorno. ¿Cómo tales “sutilezas” y “genialidades” evolutivas pueden ser reducidas bajo ideas feministas?, imposible. Las “luchas” evolutivas están implementadas ya en los genes, esto se nos dice del conflicto intragenómico:

Los genes autosómicos generalmente tienen el mismo modo de transmisión en las especies que se reproducen sexualmente debido a la equidad de la segregación mendeliana , pero pueden surgir conflictos entre los alelos de los genes autosómicos cuando un alelo hace trampa durante la gametogénesis (distorsión de la segregación) o elimina los embriones que no la contienen (efectos maternos letales). Un alelo también puede convertir directamente su alelo rival en una copia de sí mismo (endonucleasas homing). Finalmente, los elementos genéticos móviles evitan completamente la segregación mendeliana, pudiendo insertar nuevas copias de sí mismos en nuevas posiciones en el genoma (transposones).”

   Es de suponer que estos genes “crean” un tipo de comportamiento u otro: más “procaz” o menos, y más fiel o menos. Las etiquetas las pone el humano, la evolución no sabe de tales etiquetas. Tampoco el prefrontal -conciencia, razón- “sabe” de tales “estratagemas”, y cada mujer -o generación de ellas-  las justifica como quiere y puede, dada la situación. El efecto materno, el efecto Baldwin y la epigenética tienen fronteras conceptuales que quizás no tiene ningún sentido. Los tres nos dicen o hablan de la importancia de no atenerse de forma maquinal y cerrada sobre la información del ADN, y tener más en cuenta lo ambiental, como para adaptarse de una forma más acertada a los cambios climáticos, y por ello del hábitat. No voy a detenerme a explicar el efecto Baldwin, para ello remito a la Wikipedia o a otros escritos, en el presente artículo voy a extrapolar ideas sobre tal efecto, que muy bien puede explicar las identidades y otras cuestiones que ya he tratado como la limerencia y la autopoiesis. Si tal como promulgaba James Mark Baldwin, una especie ha de “prestar atención” a posibles cambios en el ecosistema como para propiciar en unas pocas generaciones unos cambios o una “tendencia”, ese comportamiento o adaptación marcada por lo evolutivo, puede ser la base por la cual en el momento que dos grupos de humanos se separaban geográficamente hablando, al final se distanciaran tanto en lo fenotípico, como en lo genotípico. ¿Lo extrapolo de forma incorrecta?, decía Kant que “los conceptos sin intuiciones son ciegos“. Algo tiene que explicar nuestra tendencia a abrazar las identidades (patria, religión), como para hacerlas propias.

   No me voy a explayarme mucho más en este tema, la hipótesis es sencilla y elegante, si acaso a extrapolar ideas. Ese principio o efecto es “acertado” en lo evolutivo, pero como en el humano se ha dado una singularidad en el concepto de la cultura -de crear sociedades a partir de los saberes que se pasan de generación en generación- tal efecto se ha sobredimensionado, yendo en contra de la propia especie, por el hecho que esas identidades nos hacen “creer” que otro humano de otra identidad no es humano, es inferior, o cuanto menos alguien de quien sospechar. En otro lenguaje: los animales sociales están “creados” para desdibujar la frontera entre el yo y el nosotros; somos yos extendidos en tanto que los entramados emocionales que creamos con otros yos: amor. Pero el efecto Baldwin ha creado una barrera fantasmagórica pero impenetrable entre el “nosotros” y el “ellos”. Un humano que nazca y viva unos veinte años en un mismo lugar crea una “querencia” hacia esa identidad. Esta diferenciación comienza, y es de gran importancia, con el lenguaje. La hipótesis de Sapir-Whorf o de la relatividad del lenguaje “… sostiene que la estructura de un lenguaje afecta la visión del mundo o la cognición de sus hablantes”. Pero tal idea me parece que construye la casa por el tejado. Una sociedad o cultura dada (lugar/época) tiene unas estructuras, paradigmas, ideologías y religiones que se definen por el “espíritu de la época” (Zeitgeist), Mainstream (corriente principal del pensamiento) o cualquier otro concepto afín; que a su vez construye, se realiza, se proyecta o se erige a través de un lenguaje, en donde se da más importancia a unos conceptos, palabras y lenguajes que a otros. Pongamos como ejemplo el concepto Kami, del sintoísmo, la religión japonesa, cualquier occidental la “cribará” bajo los conceptos cristianos, con lo que nunca “alcanzará” o comprenderá con exactitud dicho concepto. Lo que tampoco quiere decir que no tenga un equivalente emocional en el cerebro occidental. “Kami se refiere particularmente al poder de los fenómenos que inspiran un sentido de asombro y admiración en el espectador (lo sagrado)” (fuente Wikipedia), en tanto que aquí fenómeno se refiere a la naturaleza. La filosofía tiene esa misma raíz de asombro ante lo natural. El asombro parte de la raíz que algo te impacte, de algo que no es esperado, que el cerebro no prevé, en donde si no es de forma negativa, la risa o sonrisa es la emoción que emerge ante tal impacto de ese algo nuevo que el cerebro en ese instante no sabe “encajar” (en inglés el término “wonder“, que es el más cercano al español de asombro, quiere decir a la vez maravilla, que sería similar a lo que nosotros conocemos como estado maravillado, en desuso por parecer cursi: una prueba de lo cambiante y el cómo repercute lo cultural). De forma más subliminal crea admiración, que cribada puede reducirse a “algo a tener en cuenta o a recordar”. Ocurre con los magos, siempre crean ese estado de asombro (maravillado). Lo produce una canción cuando se escucha por primera vez (su impronta), igualmente la poesía, como cuando se escucha: “los hijos que no tuvimos se esconden en las cloacas” (Aute), es chocante ese nombrar algo no existente, pues por ese hecho el cerebro trata de crear una representación de algo inexistente: sin forma, sin contenido. Palabras o dardos lanzados sobre una realidad no extensiva. En una segunda lectura se puede entender que hace referencia a los abortos. Si se comprende pierde su halo “mágico”, de lo que se deduce que ese estado permanece mientras dura la sensación de no ser comprendido, como así ocurre con los trucos de los magos. Patrón que es la base de la espiritualidad y la fe, en tanto que duda. Puede que tal estado nazca de un proceso ante que algo te impacte y se active el sistema de ataque/huida, que genera alguna suelta de endorfinas si el cerebro se percata que no se corre peligro. En un primer momento evolutivo a modo de retroalimentación que neutralizaba el estado de alarma; más tarde se volvió una emoción por sí misma. Este efecto es universal, como se puede ver en las reacciones a los magos. Otra cuestión es las variantes e interpretaciones que haga cada cultura y qué quieran dejar dentro de ese rango o no. La cultura occidental es más binaria, de separar bien y mal. Igualmente Kami puede ser la capacidad de captar los sistemas complejos, que parecen tener patrones, intenciones y finalidades, que es la forma más abstracta de lo que se puede considerar como vivo. Cualquier mamífero capta como “vivo” un peluche que tenga mecanismos de movimiento. Recordemos que la cultura occidental, no hebraica, tenía a las fuerzas de la naturaleza como entidades. En ese sentido el sintoísmo y el kami se pueden tomar como animistas (que todo es susceptible de tener vida, la religión más antigua en la evolución humana). En realidad todos los humanos lo somos: damos credibilidad a que los robot’s cortocircuito o R2-D2 tengan conciencia, vida, pero la persona occidental al salir del cine se “escapa” de esa “ilusión” por sus convicciones ideológicas (religión, conocimientos, cultura…) Como ya he dicho muchas veces, el cerebro tiene unas premisas o conceptos incrustados que no sabemos o podemos reducir bajo las palabras (o cuanto menos ofrecen mucha resistencia y son tendentes a las interpretaciones); cada cultura las interpreta a su manera, pero en el fondo son universales, pues están escritas en el ADN, al igual que un ave tiene “incrustado” en su genética que es capaz de evitar el efecto de la gravedad, con el vuelo, y nosotros no. En la época actual esos conceptos son “cambio climático”, globalización, lenguaje de igualdad para los sexos, defensa de los animales, etc. Esa totalidad de un lenguaje, que es la esencia de ese momento histórico, de una cultura dada, es la que construye el cerebro de una persona. Pero donde hay que poner énfasis es en las diferencias entre los idiomas, que al ser arcaicos arrastran el espíritu de una nación o el equivalente de su carácter. Esa “impronta lingüística” ‘incrusta’ o marca a fuego ciertas disposiciones que se “añaden” a la personalidad o identidad de una persona como para que al final este entramado sea parte constitutiva de ella misma. Bajo mi punto de vista viene de algo más básico y esencial como el aprendizaje a través de la imitación, que venía dado por aquello que los propios padres o la familia extendida enseñaban a sus hijos. La palabra idioma proviene de lo propio (ídios), de lo característico o distintivo de una cultura dada. El lenguaje está creado para comunicarse, pero también tiene la potencialidad de ocultar. Eso se ve sobre todo en el lenguaje de signo, donde respondemos a alguien, en alusión a un tercero, pero a la vez hacemos un guiño u otro gesto para denotar que es falso o de hay que interpretar lo dicho. Todo idioma, que puede comenzar como argot, se creó para que no lo pudiera entender la otredad, un potencial enemigo. Es por lo tanto, otro engranaje de la autopoiésis, pues trata de anclar al niño a la información adquirida dentro de una familia con los mismos genes (como símil, una actualización del sistema, pues igualmente cuando instalamos un nuevo sistema este es susceptible que baje nuevas actualizaciones), que más tarde, en la prehistoria, sería la tribu o el clan, para al final -por medio de las ciudades-estado- terminasen por ser eso que hoy conocemos y llamamos como países o patrias. Si bien en su “nacimiento” tenía ese claro y básico componente, hoy en día ya es algo más difuso. Se crean subculturas con distintos lenguajes y modismos para adherirnos a ciertas identidades. En cada edad se “usa” un tipo de lenguaje, o jerga, que trata de poner fronteras con otras edades, sobre todo durante la adolescencia y la juventud. Lo mismo para las etnias dentro de una misma nación, o ciudad, o para un colectivo u otro. De una manera u otra el lenguaje “vertebra” ese génesis identitario, en la medida que dicha estructura se ha de compartir y “forma” la propia estructura cerebral de cada individuo, como para que al final emerja de ese todo el sentimiento patrio, y en otro caso el espíritu de una época. De esta forma al estar fuera de su lugar de nacimiento -sobre todo a partir del lenguaje-, le hace a uno estar “fuera” de su identidad, situación que le puede llevar al síndrome de Ulises: ajeno y en una posición inferior a los de ese lugar que le han acogido, pero al fin y al cabo lugar al que no “pertenece”. Es tan intensa la sensación de no pertenencia, de exclusión, de falta de identidad, que tal situación es un factor desencadenante de la esquizofrenia, ante la bajada de la dopamina, según nos relata David Eaglamn en su libro “incógnito”, la probabilidad de padecerla se incrementa cuanto más diferente se sea con respecto a los rasgos fenótipicos del lugar en el que se habita. Hay que fijarse que dos países pueden compartir el mismo idioma, pero su uso y modismo ha cambiado por medio de los condicionantes genéticos, que pueden predisponer a dar más relevancia a ciertos conceptos, maneras de pensar y emociones sobre otros, de tal manera que esas diferenciaciones igualmente tienen la potencialidad de dividir. Ahí está, sin ir más lejos, la lizas y odios entre latinoamericanos y españoles en Internet. Sobre todo a la hora de querer o no ver una película traducida en “latino” o en castellano. La identidad nacional nace y emerge de manera rápida, a veces a partir de pequeñas diferencias y de hechos fortuitos. Ahí está el caso de las dos “Coreas”, el sur ya no reconoce como propios a lo del norte cuando estos buscan refugio político, quedándose, en la mayoría de los casos, marginados; otro caso son las dos “Alemanias”. Las personas del norte tiene una mentalidad minimalista, sencilla, sumisa y no pretenciosa, implementada por el régimen comunista; mientras que los coreanos del sur tiene la actual mentalidad del sueño americano: consumista y basada en la lucha por lo logros y los bienes (signos de estatus), y el orgullo y el narcisismo.

   Otra conclusión a la que lleva tal efecto es que da aún más sentido al concepto de limerencia tal como lo he trazado yo. Uno está “programado” para buscar lo igual a sí mismo, a su tipo de comportamiento y forma de ver el mundo. De nuevo sale a relucir la tendencia a lo autopoiético, a lo autorreplicador. En muchos casos eso no es por un fenotipo, como el color de la piel,  sino por alguien que tenga mi misma forma de amar a la naturaleza, por ejemplo; pues lo que establece el efecto Baldwin es buscar procrear con aquellos que tengan los mismos comportamientos, para que sean lo que se hereden en la descendencias y las siguientes generaciones. O visto en casos concretos y de la actualidad: una feminista no se casará con un machista, o alguien amante de los animales tratará de no unirse con alguien que le gusten las corridas de toros. Prevalece el comportamiento sobre otros “mandatos” del ADN (en realidad al final tal efecto está escrito en él), y de otros tipos de creencias, como la posible libertad y elección individual. Algo que emerge, de estas ideas y que ha de ser clave para entender al ser humano, es que la evolución predispone al cerebro de cada individuo -con todo su ego, voluntad de poder, fuerza y empeño y durante toda su vida-, como si fuese el baluarte exclusivo, único y último de una tipología; como si todo el peso evolutivo para que su apuesta se mantuviese dependiese exclusivamente de él. Creándose de forma más persistente la idea de mantenerse autopoiético, autorreferencial, y buscando en lo social aquello que se asemeje más a él mismo, como para al final encontrar una pareja con la que replicar su propia apuesta. Por lo que nos dice la ciencia, los jóvenes son los más “llamados” a crear grupos de iguales -las actuales tribus urbanas-, que es donde se da un mayor arraigo y un mayor nivel de pertenencia (juventudes Hitlerianas, por ejemplo). ¿Y que edad es mejor a nivel evolutivo para tener pareja e hijos que la juventud?, (¡hoy ya no, claro!). O dicho de forma más clara y reduccionista, teniendo en cuenta todas estas reglas, el efecto Baldwin es otra vuelta de rosca del determinismo.

    Así nos lo hace ver igualmente el concepto del “determinismo nominativo“, basado en un primer efecto encontrado llamado de letra del nombre de pila, por el cual los nombres y los números que hagan referencia a uno mismo, como el nombre, el mes y la fecha de nacimiento hará que el cerebro tenga predisposición -o “querencia” en España-, por las personas, las palabras, ciudades y nombres de calles que sean iguales o que empiecen por la primera letra del nombre o los apellidos. De esta forma alguien llamado Dennis, puede terminar por ser dentista, viviendo en Denver y/o con una pareja llamada Dennise, en un ejemplo de sus autores. El determinismo nominativo es un concepto que forma parte del llamado “egotismo implícito“, o sea no consciente o inconsciente, pues los autores de los estudios han comprobado que tales efectos no los llegan a conocer las personas, y por otro lado se han descartado sesgos como el de “mero efecto de exposición” (efecto de preferencia por lo que nos es familiar) o el “mero efecto de propiedad” (valorar positivamente lo igual a los bienes propios). La vida y la evolución cada vez se nos presenta más extraña y compleja. Si quieres agradar a una persona lleva simplemente una camiseta que tenga el día de su nacimiento y de forma automática su cerebro inconsciente creará empatía hacia ti. Como yo no soy científico, y siguiendo en mi línea de crear abstracciones y generalizaciones, de nuevo tanto el egotismo implícito como el determinismo nominativo han de formar parte de la autopoiesis, de la tendencia implícita del ADN a buscar y reafirmarse en su propia identidad (teoría del gen egoísta) y la predisposición hacia lo limerente ante su carencia o falta. Así lo sostienen de alguna manera algunos autores, y que por lo tanto tenga que ver con el efecto Baldwin y la genética, ya que en muchos casos los apellidos, tienen que ver con propiedades relevantes o profesiones de los ancestros (más en los apellidos ingleses), que son los que se tratan de preservar. Por otro lado el egotismo implícito confirma tres de mis premisas: 1. que la propia impronta o daños de los primeros años, los dependientes de los padres (cuidadores por extensión), son los que más repercuten en el nivel egótico y de la autoestima implícita; 2. que es más central y vital el carácter o ego que el yo y la personalidad (lo performativo, como uno se desenvuelve en el mundo), y 3. que la voluntad ha de nacer de lo más central y primitivo de lo humano, de lo más “animal” y básico, de su tallo cerebral y ganglios basales, de su auto-afirmación y deseo de auto-preservación, y no de la voluntad “dirigida” desde la conciencia y el prefrontal, que en realidad no es “conducida” por uno mismo, sino por una “conducción” compartida con las reglas y las normas sociales, en tanto que exigencias y que en la mayoría de los casos no nos son propias. Si uno no posee voluntad de vivir, si no se tiene de forma positiva ese egotismo implícito, poco va ha poder luchar en (y por) la vida. La teoría del egotismo implícito ha sacado a la luz que no es lo mismo lo que uno cree de forma verbal y explícita, papel que lo lleva a cabo el prefrontal y el interprete del hemisferio izquierdo o sistema ejecutivo o conciencia, y la imagen que el cerebro nuclear tiene de sí mismo. O dicho de otra forma: uno puede presentarse y creer que es optimista, y que se quiere y acepta a sí mismo, cuando en realidad el cerebro es pesimista, y se rechaza o no se termina por aceptar. El lenguaje, a través de la comprensión (insight, saber que sabe) es un punto importante de inflexión en dicha construcción: si se produce un daño psicológico en los primeros años, cuando aún no se tiene el lenguaje para manejarlo, este daño va a formar parte de ese ego nuclear, pues seguramente hará cambios epigenéticos (expresión genética). Si tal cosa sucede la persona con el ego (implícito) dañado no tendrá o será menos tendente a que se revele el “efecto de letra del nombre”, la preferencia por las ciudades o nombres de otras personas que empiecen por la primera letra de su propio nombre (no creo que se pueda universalizar tal idea: alguien llamado Gertrudis no creo que tenga tal efecto, pero no sé si en lo implícito repercuta un nombre “feo”, no he encontrado tal información, ¿se siente uno menos significante si tiene un apellido muy común sobre otro que no lo es?). Se dan varias explicaciones para el efecto de letra del nombre, pero voy a proponer una muy distinta de todas. La impronta opera en todo, como por ejemplo en que la primera forma de satisfacción sexual, que no tiene porqué ser genital, ni tampoco en la pubertad, sino antes, determina la preferencia sexual o el fetiche de cada persona. En el aprendizaje del habla se da el mismo factor, de la impronta, a través de escuchar el propio nombre. Por otro lado hay que tener en cuenta que el aprendizaje pasa por etapas, desde el balbuceo se llega a la repetición de vocales y consonantes, las redes neuronales recurren a la repetición para mejorar la pronunciación, al igual que lo hacen los gimnastas. Por esta tendencia a la iteración tanto mamá, papá y bebé, son repeticiones de una sola consonante o fonema que igualmente se da en tata (hermana), bubu (abuelo), que se extiende a cosas habituales como caca y pipí; “lenguaje” al que se terminan por adaptar los padres y hacen el mismo tipo de reducciones como mama (amamantar), ñañá (comer), mimí (dormir) y me imagino que palabras tan asentadas en la sociedad como bebe (beber) puedan tener esos orígenes impuestos por el lenguaje de los hijos de pocos años. De esa manera se crea una identificación directa entre la primera letra (sílaba, fonema) del propio nombre con la propia identidad. El efecto de la primera letra, a modo de la primera sílaba, se da incluso en los animales de compañía, basta decir el primer fonema de sus nombres con sonoridad -excepto si son vocales, pienso- para que estos atiendan. Me parece más verosímil y sencilla esta propuesta que cualquiera de las otras expuestas en la Wikipedia. Todo lo antedicho se une a dos de mis hipótesis principales, expuestas ya en mi primer libro: 1. alguien con daños en la niñez será “activado” como preconciente, tendente desde ese momento a usar más el lado izquierdo del cerebro o razón, para salvaguardar su lado emotivo dañado; tendente por lo tanto al realismo depresivo (hemisferio izquierdo) y menos influenciado por el pensamiento mágico (hemisferio derecho); y 2. se “activará” una especie de antítesis de lo autopoietico, por lo cual ya no “amará” o buscará su replicación o aquello que sea su igual (¿buscan a sus opuestos, a aquellos que menos representen su propia apuesta?). En el lenguaje freudiano queda activado el impulso de muerte, frente al de eros. Lo crucial y la diferencia entre implícito y explícito queda expuesto en el hecho de que no todos los suicidios son premeditados, “elaborados” a nivel de conciencia; en muchos casos la pasividad ante un coche que se abalanza sobre uno y al que no se esquiva, u otros tipos de accidentes mortales similares, dejan salir ese lado implícito del egotismo negativo que no apuesta por lo autopoiético y la autopreservación. En muchos casos a eso que llamamos héroe, puede que sólo sean unos tipos de individuos que tienen “activado” el impulso de muerte, o dicho de otra forma: sin miedo a morir. Se sacrifican como un último acto de auto-afirmarse, y de paso que lo validen, sacrificándose por alguien que sí es autopoiético y que desea vivir. La serie de películas “arma letal” mostraban esa tendencia suicida. Después de unos padres que han de proteger a sus hijos, no hay otra cosa más peligrosa que alguien que no tenga miedo a la muerte. En otro lado ya he dicho que el origen más ancestral de la palabra héroe es “salvaje”, pero no tal como se pueda entender en la dualidad salvaje/civilizado, sino en tanto que salvajada, como acto “loco”, en donde tanto la razón como la auto-preservación se dejan de lado. Un concepto cercano e intermedio entre las dos palabras, héroe y salvaje, es el concepto de bravo o bravura. Cruelmente alguien bipolar tiene las dos tendencias de forma extralimitadas: eros y tánatos luchando en un mismo alma. Quien los ame tienen que adaptarse a subir a sus cielos y bajar a sus infiernos… a veces en un mismo día, en una misma hora, de un minuto a otro. Ellos piensan que la forma más directa de llegar a los infiernos es llegar al cielo, y desde allí dejarse caer en picado. En algunos casos, quizás de forma universal, esas luchas denotan las lizas de los dos hemisferios del cerebro, y siempre dependiendo de las situaciones en la vida, pues es sabido que el hemisferio derecho es más pesimista y trabaja con las emociones negativas (miedo, ansiedad), mientras que el izquierdo le “frena” en su optimismo y trabajando con las emociones positivas. “… Los dos hemisferios tienen voluntades que pueden no estar siempre en armonía”, nos recuerda Iain McGilchrist.

   Reconozco que el “determinismo semántico” pueda ser una extralimitación a tales conceptos. Estoy por asegurar que afecta menos a los alfas y los betas, y que tenga que ver con la mimesis, la tendencia a la replicación y la iteración mas propia de los omega (no-alfas). Pero la suma de todas las hipótesis, teorías y efectos que he ido recopilando, a lo largo de los últimos escritos, tienen que significar y tener de fondo algún tipo de patrón de la evolución y la vida. Esta regla es la invariancia, lo teleonómico, ya analizada en capítulos atrás. En la evolución se dan tres principales reglas selectivas: la estabilizadora, la direccional y la disruptiva. La estabilizadora “es un tipo de selección natural en la que la media de la población se estabiliza en un valor de rasgo fenotípico (señal externa, color de ojos por ejemplo) no particularmente extremoSe piensa que este es el mecanismo de acción más común para la selección natural porque la mayoría de los rasgos no parecen cambiar drásticamente con el tiempo“, fuente Wikipedia; o “por lo tanto, corresponde a las criaturas sexuales evitar parejas que tengan características raras o inusuales (koinofilia). (…) las poblaciones sexuales eliminan rápidamente características fenotípicas raras o periféricas, canalizando así toda la apariencia externaUna vez que una población se ha vuelto tan homogénea en apariencia como es típico de la mayoría de las especies, sus miembros evitarán el apareamiento con miembros de otras poblaciones que se vean diferentes a ellos. Por lo tanto, evitar que las parejas muestren características fenotípicas raras e inusuales conduce inevitablemente al aislamiento reproductivo, uno de los distintivos de la especiación“, citado en el artículo sobre la especiación, o el porqué y cómo la evolución tiende a mantener especies diferenciadas y no se da más variabilidad, convienen leer el artículo al completo, pues es de interés. La selección estabilizadora conlleva la selección negativa, en donde lo más extremo (koinofiliatiene menos probabilidades de reproducirse y mantenerse en el juego evolutivo, (los solitarios en los animales sociales, por ejemplo). Personajes como “Eduardo manostijeras” o Frankenstein son metáforas sobre el rechazo de la sociedad ante lo extraño, liminal y ajeno. En un lenguaje sencillo la selección estabilizadora sería como decir: “si funciona para qué cambiarlo”. Se busca lo igual o lo que nos es familiar, al emparejarnos o buscar amistades o grupos, por esta tendencia estabilizadora o teleonómica, de tal manera que tiendan a mantenerse las identidades, como para preservarlas. Lo complejo es determinar qué es o no es identidad a nivel genético o ya en lo humano, pues en nuestro caso, y por el efecto Baldwin, nos emparejamos con aquellos similares en los ideales, actitudes y comportamientos. Estoy por asegurar que en periodos de crisis la sociedad tiende a la selección negativa, a buscar más la identidad propia, teleonómica o estabilizadora y a preservarla; buscando como chivos expiatorios lo más extraño o ajeno a la propia identidad, y por lo tanto rechazando la otredad. Esta tendencia estabilizadora de la evolución, preservando una identidad, es a lo que se puede llamar autopoiesis, y es por lo que la limerencia actúa cuando encontramos a alguien con el que sentimos que somos iguales (alma gemela, media naranja). En muchos casos tengo ciertas intuiciones que no sé si tienen un equivalente en algún estudio científico y mucho menos qué nombre le puedan haber dado. Al final he encontrado uno de esos nombres y estudios en donde muy bien se resume muchas de las distintas ideas que he ido acoplando al concepto de lo autopoiético y la limerencia: la atracción interpersonal. Confirma muchas de mis intuiciones y da referencias a los estudios llevados a cabo, entre ellos que alguien anti-poiético, aquel que tiene un egotismo implícito negativo, concepto importante que se ha de tener en cuenta pues explica aquellos tipos de comportamientos y actitudes contrarias a la autopoiesis: tienden a buscar relaciones con personas que no sean similares a ellos mismos e incluso contrarias (la lectura rápida de tal idea es que si se busca a alguien igual a uno mismo se tiene autoestima implícita, pero si se busca lo opuesto puede que no se tenga; no tiene porqué ser universal y para todos los casos). Para no repetir, y como no tiene ningún desperdicio remito a la entrada de la Wikipedia (la primera de la lista). De paso añado aquí todos los enlaces interesantes a partir de dicho artículo (entrecomillado sobre textos de la Wikipedia, entre paréntesis míos):

    • Atracción interpersonal – “puede verse como una fuerza que actúa entre dos personas que tiende a unirlas y resistir su separación”. (El equivalente al español, del refrán citado en el artículo, de “birds of a feather flock together” es “dios los cría y ellos se juntan”).
    • Propincuidadpuede significar proximidad física, un parentesco entre personas, o una similitud en la naturaleza entre las cosas”. (¡bonito ‘palabro’!, creo que a este concepto se reduce mucho de lo que yo expongo sobre lo limerente, la esencialidad, lo metafórico, la similitud y lo auto-replicante o iterativo;  significado de la palabra).
    • Mero efecto de exposiciónfenómeno psicológico por el cual las personas tienden a desarrollar una preferencia por las cosas simplemente porque están familiarizadas con ellas”.
    • Hipótesis coincidente o de emparejamiento“afirma que las personas tienen más probabilidades de formarse y tener éxito en una relación comprometida con alguien que es igualmente deseable socialmente”, (recuerda o parece depender del efecto Baldwin).
    • Ley de atracción “la atracción hacia una persona está relacionada positivamente con la proporción de ‘similitud de actitud’ asociada con esa persona”, (esta ley, en boga, me parece menos confiable o cuanto menos la han extrapolado de forma incorrecta en los libros de auto-ayuda).
    • Emparejamiento Selectivo “es un patrón de apareamiento y una forma de selección sexual en la que los individuos con fenotipos similares se aparean entre sí con mayor frecuencia de lo que se esperaría bajo un patrón de apareamiento aleatorio“, (esta regla evolutiva, dependiente del principio de Hardy-Weinberg, explica porqué alguien de color se casa con alguien de su mismo tono de piel, sin que por ello se tenga que tomar por racismo, o sea es una regla implícita, racismo es si se tiene esa convicción de forma explícita, por cuestiones racionalizadas).
    • Homogamia“es el matrimonio entre individuos que, de alguna manera culturalmente importante, son similares entre sí”.
  • Vinculación humana – “La mayoría de las veces ocurre entre familiares o amigos, pero también puede desarrollarse entre grupos, como equipos deportivos y cuando las personas pasan tiempo juntos“.

    Conclusiones previas: ¿No da la sensación que por muy inteligentes que nos creamos no escapamos de las reglas evolutivas?, ¿no se supone que si se comprenden unas reglas, y estas son fallidas, se habría de tener la capacidad de cambiarlas? Pero lo que yo digo es un camino ya recorrido dentro de muchas mentes y a lo largo de la historia. Las “conclusiones” de la dictadura de los genes ha llevado a los conceptos de Darwinismo social, a distintas tendencias eugenésicas (“limpieza” génica) y a las ideas erradas de la superioridad de las razas. ¿Qué camino nos queda?, se supone que si se da una sociedad próspera y basada en la igualdad y la equidad se tiende a la apertura, no se cierra hacia la selección selectiva, pero tal situación no parece llegar a suceder. Estamos “condenados” a las crisis porque el sistema complejo humano es binario y va de la estabilidad a la crisis de forma constante. La globalización no parece haber ayudado, más bien parece ser más tendente al desequilibrio, pues la sociedad humana es más susceptible de caer en el efecto mariposa, de la teoría del caos, en donde un pequeño cambio en algún lugar remoto del planeta crea cambios en cadena en la economía y la política de los países. Es un grado superior de complejidad al cual nuestros cerebros y nuestro ADN, con las reglas expuestas, no puede hallar un estado equilibrado y de comprensión (insight) de nuestras posibilidades o sus imposibilidades. El sistema actual nos lleva hacia la corporatocracia (¿corporocracia? – corporatocracy), se favorece y emergen las grandes compañías como casi los únicos poderes fácticos reales, que incluso tienen la capacidad de alterar las políticas de los países o la de manipular a organismos como la ONU o la OMS en sus políticas e inversiones. En otros casos la manipulación se hace más fácil y ladina por medio de las redes sociales, y más directamente por medio de Whatsapp, como se ha podido ver en la elección de Trump o más recientemente en la elecciones de Brasil (2018). Y si no aceptamos esa nueva ruta de camino, ¿qué nos queda?: dar un paso atrás, renunciar a la globalización, pues nos viene “demasiado grande” para nuestros límites cerebrales. Bajo mi punto de vista, sin caer en errores  previos, hay que volver a reconsiderar las reglas evolutivas. Si se enseña con cautela aprenderíamos que cuando el humano se empezó a expandir por el planeta y se aisló, creó diferencias fenotípicas, y en algunos casos genotípicas, por todas estas tendencias, patrones y reglas evolutivas. La globalización ha de ser una oportunidad de “romper” con aquellas diferenciaciones externas. Lo que no ayuda nada son las políticas de las fronteras, y que ciertas enseñanzas en algunos países o regiones (Cataluña) den mucha importancia a la identidad patria. Tampoco ayuda las actuales tendencias a las islas identitarias; el que los inmigrantes se aíslen en barrios y se creen conceptos de género u otros como afroamericano, pues son nuevas formas de fronteras.  Algunas hormigas han llegado a súper-sociedades eusociales al no poner fronteras entre distintos hormigueros, sus reinas, antes exclusivamente dependientes de sus hijas para crear un hormiguero, ahora pueden ir hasta una nueva zona y crear un hormiguero a partir de otras hormigas con las que no están emparentadas, lo mismo para cualquier otra hormiga. David Attenborough asegura que son como las sociedades humanas, yo no lo creo así: nos han superado (2). Hoy en día un humano del “tercer mundo” no puede ir a cualquier lugar del planeta, un ciudadano de segunda tiene muy pocas oportunidades de llegar a ser de “primera”, tenemos fronteras mentales y geográficas por todos los lados. Hay unos topes invisibles pero reales de límites factuales y conceptuales. ¿No podemos superar, en “gobierno”, a una simple hormiga? De una manera u otra es cuestión del grado de complejidad. En el humano todo es demasiado complejo, partiendo de que el ego por el que hemos sido “construidos” por la evolución no aceptaría ser una mera hormiga: crea insania y pérdida del sentido de la vida, como han demostrado las sociedades comunistas; y acabando con que nuestro límite cerebral es para “manejar” sobre unas 148 personas (que a mí me parecen muchas y pienso que está sobre las 20) dentro de un “nosotros”, que es el límite de las antiguas tribus, que partían del concepto de familia extendida. Según Robin Dunbar el cociente de encefalización viene dado por “la proporción del tamaño de la corteza cerebral con respecto al resto del cerebro (pues) aumenta en función del tamaño del grupo social“, nos recuerda Michael C. Corballis en su libro “la mente recursiva”. Nuestro cerebro ha llegado a su límite dado el ancho del cuello uterino, y si se supone que tenemos ese límite de pensar y tener a X número reducido dentro de un “nosotros”, entonces siempre vamos a favorecer a la familia extendida, a los amigos y a los compañeros de trabajo más cercanos. Dentro de ese “nosotros extendido” estará más cerca alguien de nuestro género, nuestra ideología, clase social… etc., que conlleva dejar a otros, a la otredad, a lo distinto fuera de la reducida idea de lo que es y no es identidad. De unas maneras u otras, en lo fisiológico y bajo las reglas evolutivas, son fronteras y determinismos que no parece que podamos traspasar.

     Una última reflexión, que se entenderá mejor dentro del segundo tema. El concepto de humanismo y humanidad son del lado izquierdo del cerebro. El lado derecho no “siente” y conceptualiza tal entidad abstracta, pues sólo sabe de identidad individual, de lo familiar, de lo fenotípico, y está reglada bajo el concepto de “la distancia del lloro de un bebé”, lo cercano, lo observable y tangible…, “una multitud no hace compañía, sus caras son sólo una colección de rostros“, nos recuerda Francis Bacon. Es el lado derecho el que “creó” el refrán de “ojos que no ven…”


Segundo tema. La máquina contra el espíritu.

   Voy a ser sintético, pues tales temas serían muy extensos. La filosofía en toda su extensión habla sobre dicho tema, y la ciencia actual no escapa de tal dilema. Remito al extenso libro de “el maestro y el emisario” de Iain McGilchrist para un examen más pormenorizado, que igualmente está dualizado en Nietzsche en los mitos sobre Apolo (razón, pensar la vida) y Dionisio (emoción, vivir la vida). Lo que sale a relucir en mis escritos, he igualmente en mi anterior libro, en sus contradicciones por apostar por la razón maquinal o por el “alma” -ese intangible o no medible de lo humano-, es una lucha en el mundo de las ideas que viene de antiguo. Quizás esta lucha no es más que la “liza” entre los dos hemisferios del cerebro. El izquierdo que es palabra y razón, frente al derecho que es principalmente emoción y pensamiento mágico. Michael S. Gazzaniga -al que nombrase en el escrito anterior– y otros, afirman que el hemisferio derecho es “tonto”. La ciencia en la actualidad pone en duda la teoría del trastorno de las personalidades múltiples, o trastorno disociativo, como es del gusto llamarlo a nivel de la ciencia actual. Bajo mi punto de vista tiene sentido en cuanto esa división sea dual, por la cuestión de los dos hemisferios y por lo distintos que son. Se da el caso entres personas a las que se les ha cortado el cuerpo calloso, por el cual se comunica los dos lados, de en un mismo acto besar a la mujer, a la vez -estas personas biseccionadas- las empujan para atrás. En otros casos un lado se trata de poner un tipo de ropa y el otro se la quita. Tienen distintas tendencias, gustos… y al final comportamientos. A veces “quieren” tener un trabajo o afición distintos. Se suele decir que hay humanos del lado izquierdo y del derecho. Las disonancias cognitivas y los conflictos emocionales en muchos casos son por lo dispares que son un lado y otro en unos temas y otros. Se supone que los artistas tenemos predominancia del hemisferio derecho, pero en mi caso escribo mucho y es sobre temas científicos, o cuanto menos que requieren del lado izquierdo. Por eso mis idas y venidas. Se supone que la razón debería de “ganar”, pero de fondo esta guerra no va sobre la “verdad”, sino de algo más profundo y complejo. Bajo mi punto de vista por un lado va la materia y por otro lo que emerge de esa materia. En mi lenguaje entre la materia y el mundo de los conceptos, similar al mundo de las Ideas de Platón. Como la diferencia que hay entre ver a un humano andar -algo que se ve y se sigue con los ojos-, y esa otra que no se ve, y que es que por donde pasa su calor ha creado una pequeña entropía de la temperatura. De nuevo el eterno problema de lidiar con dos “realidades”. Platón llamó a esa otra dimensión el mundo de las Ideas, de las esencias. Desde aquel lejano entonces, o se es dualista o cualquier otra postura que no lo sea o la niegue. Yo soy puramente materialista. Sé que todo al final se reduce a lo físico, pero también sé que de esa materia al final, por su suma, por su complejidad, salen reglas o epifenómenos irreductibles a sus “átomos”, a sus individualidades. Independientemente de que la lengua y el olfato, neuronas, sean lo que me den un cierto olor o sabor, ahí se produce algo más que es irreductible. Es el mundo de las qualias.

   En ese sentido estoy de acuerdo con McGilchrist en que la sociedad actual, y la tendencia histórica humana, es hacia la primacía del lado izquierdo del cerebro, olvidando en el proceso el lado derecho. En muchos casos soy más materialista cuando me da al olfato que son posturas que tratan de mantener a Dios en el cielo, pues con algunos autores o personas esta dualidad “esconde” ese otro dilema de lo creado a nivel físico y a nivel espiritual. La actual creencia de ciertos teólogos es que la creación de Dios no terminó el sexto día, y que aún continúa. Por eso siempre que se oye a alguien hablar de estos temas se ha de partir de si es creyente o no, para evitar estas sospechas. Yo soy ateo, pero en tanto que tal, no “renunció” a que el humano no ha de ser reducido a la materia. Que somos algo más. Los dos últimos grandes pensadores, que trataron de mantener a Dios en su lugar, fueron Kant y Heidegger; todo filósofo creyente los tiene de base. Cuando leo a Heidegger y sus postulados, con su deseo de buscar algo en el pasado que perdimos, y que está diseminado y escondido en el lenguaje, me siento totalmente distanciado de sus neuronas espejo. Sale el efecto Baldwin  que me “habita” y lo niega como otredad, con la que no me puedo “casar”, pues las ideas las construimos con nuestros caracteres y nuestros comportamientos nucleares: mi cerebro no dedica ni una sola neurona a Dios, ninguna emoción sensación, ni nada similar.(3) Algo parecido  me pasa con McGilchrist, “sospecho” que trata de mantener a Dios.

   Mis búsquedas a las raíces humanas son más mundanas. Radicalizo a que éramos cuerpo y eso es lo que prima o es lo nuclear que hay que buscar. Contra Heidegger, no creo que el humano tuviese algún primer momento perfecto que perdimos (paraíso perdido) que hay que buscar, aunque apuesto a que el humano (pre-patriótico, si se quiere decir así) fue más “feliz” en su naturaleza salvaje y “mágica”, más unido a su hemisferio derecho. Radicalizo -reduzco- el humano a que su base es la reproducción y la autopreservación, a partir de ahí se sigue construyendo. Cuando creo -o versiono- los conceptos de limerencia y lo autopoiético -el morbo y el rapto limerente entre ellos-, es para reducirnos a esos mínimos físicos, de esas primeras reglas. Claramente una posición muy distinta de alguien que buscase a Dios en esos primeros rastros. Por lo demás creo que vamos en mala dirección si reducimos al humano a su componente social y por ello predecible a nivel de estadísticas. Yo cada día me llevo sorpresas a la hora de navegar. Estos escritos están dentro de una de las redes -Blogger- pertenecientes a Google. A los pocos días google me da sugerencias en YouTube y su buscador, sobre temas que he escrito aquí. ¡Es maravilloso y terrorífico a la vez!, si eso nos lo “hiciera” una persona pondríamos tierra de por medio, lo tomaríamos como una persona obsesionada por uno, que puede llegar a ser peligrosa. Un posible acosador, que pudiera llegar a lo psicopático. Como lo hace una “máquina” se lo permitimos. Ahora mismo es complicado, sino imposible, vivir fuera del algoritmo. En mi caso, como explicación de porqué publico en Blogger, después de muchos años de escribir y publicar, es porque vi cerradas todas mis opciones. He subido el libro a tres sitios distintos, en tres momentos distintos, de Internet gratuitos, que al final cerraron esa opción (mi web principal ya me ha dado el aviso que dará de baja mi cuenta y desaparecerá). No tenía otra opción que escribir en un lugar en donde supiese que no me iba a volver a pasar. Estoy publicando en dos sitios (WordPress y Blogger) a la vez para evitar futuros problemas de que uno “caiga”.

   Con todo trato de dar la menos información personal posible en todas las redes sociales. Eso ha sido así desde el principio. Aun con todo chrome evalúa tu edad, posición social y tendencias sexuales y otras, simplemente por dónde navegues. Uso otro navegador, pero google es el mejor a la hora de buscar; con lo que de nuevo es cuestión de no tener demasiadas opciones. No pienso que haya una “mano invisible” maléfica en la dirección que están tomando las cosas, pero es claro que es de nuevo una tendencia a dar una mayor importancia a las propiedades del hemisferio izquierdo, en detrimento del lado derecho. Películas como Terminator o Matrix posiblemente sean un imposible, pero hay que poner ojo a las posiciones más leves de esos extremos, pues ya son distópicas y peligrosas. La guerra la va ganado el algoritmo, la inteligencia artificial, aunque esta aún no exista. El mundo de los negocios cada vez es más de los que tengan una mayor cantidad de datos y que vayan en la búsqueda de esas esencias sobre las que yo mismo escribo…, que suelen ser bastante carnales y banales. Llega a esas esencias y tendrás a unos consumidores fieles de por vida (Apple). La máquina, el algoritmo, no encuentra a Dios en esas esencias, encuentran nuestras necesidades y nuestros miedos. Unos y otros dependientes de cada cultura, de cada edad, y de cada sexo. Es contradictorio que yo busque esas esencias y vaya contra que el algoritmo las encuentre. La diferencia es que mi mentalidad es “hacker”, busco esas esencias para nuestro bien, mientras que el algoritmo lo hace para el bien de la élite de las jerarquías altas. ¿Y al final no es lo mismo?, de ser honesto así es. Si “destruyes” o radicalizas las esencias humanas da igual cuáles sean tus propósitos o intenciones. Lo que cuentan son las acciones. O sea, es igual que el que diga que el emperador está desnudo sea un niño o un algoritmo, el resultado es el mismo. Se ha desvelado una desnudez que debería de permanecer con su traje, aunque este en realidad no existiese. O sea, yo me “quejo” del feminismo porque al final en su lucha no sólo “destruye” al macho, sino al propio concepto de humano, y hago lo mismo en mis escritos. No hay justificación posible. Sé que yerro, pero como mi “naturaleza” es desnudar al mundo, verlo tal cual es, y puesto que el artista ha muerto en su condición de ver sólo lo estético, ahora he vuelto todo feo, fofo y lleno de arrugas e imperfecciones. Es un apostura cínica y nihilista, lo sé, y sé que puede que desde esa nueva visión ya no se pueda construir nada nunca más, pero no puedo evitar ver el mundo así y decírselo a los demás. Por lo demás cuento que serán pocos los que me “crean”: de nuevo el efecto Baldwin, sólo me creerán los que tengan mis mismas tendencias genéticas o mis mismas “cicatrices”, que no tienen por qué ser mis consanguíneos. La genética es muy compleja y difusa. Es la mezcla de varios genes, no directamente correlacionados, los que crean las diferencias fenotípica y genotípicas. Se sigue lo mismo en los rostros y en la música, de alguna forma encontramos similitudes de rostros, que se dé un aire, no porque tengan este o aquel rasgo iguales; a veces los hermanos o los hijos apenas si se parecen, pero de alguna forma en la suma de todas las partes sí hay algo común. Como si al sumar 5, 12 y 43, fuera igual que si sumásemos uno sesenta veces. Lo mismo con la música, vemos su “alma” y las captamos en otras canciones. De alguna manera la “suma” de ciertos genes, aunque en distinta disponibilidad y predominancia, dan en esas personas un “total”, que es lo que uno “lee” al mirarlos. “La similitud no es esencial para la semejanza“, nos dice Gombrich y Ernst Kris. Es a eso que llamamos tener una intuición sobre alguien al que acabamos de conocer. A veces esa conexión crea la limerencia de querer permanecer a su lado, a veces es sólo repudio y lo queremos lejos. De nuevo lo imperecedero y verdades sempiternas de los refranes: “Dios los cría y ellos se juntan”, donde Dios es el ADN y la limerencia tiende a encontrar a los iguales. Bajo mi punto de vista, bajo la ambigüedad que he propuesto, el humano europeo de la prehistoria se sintió unido al lobo, pues sus modos de caza y de comportamientos eran similares. Si no qué explica que no se haya adoptado al chimpancé como animal de compañía. Los primeros lobos adoptados no tendrían ninguna función útil, eran lobos que llamarían a los lobos y tendrían la querencia de volver con los suyos. Sólo se les adoptó por sentirlos como “hermanos”; los lobos igualmente han adoptado a humanos. ¡Más fácil!, todos reconocemos una cara de “buena persona” en infinidad de rostros con cientos y miles de variaciones; igualmente de “pícaro”, responsable, y otra infinidad de rasgos. No aseguro que sea así, pues lo social y la vivencias lo cambian todo, pero esa es la potencialidad de los genes creando tipologías reconocibles, que seguramente sean los núcleos de esas personas expresados o no. De unas maneras u otras son cuestiones que son reductibles a reglas como las del efecto Baldwin o el efecto barba verde, pero que no por ello dejan de parecernos “mágicas”. Esto nos dice la teoría de la aptitud inclusiva :

“El efecto de barba verde es el acto de un gen (o varios genes estrechamente vinculados), que:

  1. Produce un fenotipo.
  2. Permite el reconocimiento de ese fenotipo en otros.
  3. Hace que el individuo trate de manera preferencial a otros individuos con el mismo gen.”

   En definitiva, y al final, que soy como todos, no por resumir las esencias a sus correlatos de las neuronas dejó de saborear el chocolate, o me quedo perplejo ante ciertos atardeceres. El problema de reducir el humano a sus datos no es que lo haga un ser humano, pues este al final no puede escapar de la magia emocional del hemisferio derecho. El problema es que lo hagan las máquinas, pues estas, de momento, no pueden restituir esa totalidad. De igual forma lo social no tiene realmente alma, está más cerca de la máquina que del individuo. Las corporaciones y los estados se alimentan de datos, pero después no restituyen el todo que es cada individuo, cada sabor, cada canción. En eso sí hay un verdadero peligro, pues además alimentan a las empresas, a las corporaciones y a las instituciones con las reglas “divorciadas” de la emoción, de lo humano, de lo irreductible. Piden a sus trabajadores, a los funcionarios, para que no “funcionen” como humanos, a no ser que en esa medida se obtenga un beneficio, predicha por algún algoritmo (la sonrisa de los asistentes de vuelo, de los camareros). En definitiva, no hace falta crear un robot o un sistema informático para que al final nos gobierne de forma fría y mecánica, eso ya lo estamos haciendo los propios humanos. Esa es la dirección de mis denuncias, de mis quejas, de mis reivindicaciones. Todos somos sistema, pues como en mi caso a la hora de dónde publicar, no hay otras opciones viables fuera del sistema. Por muy mínimo que creamos que sea nuestro impacto lo es, y es un suma y sigue en una guerra que va ganando el algoritmo. La máquina contra el espíritu. Ahora mismo están contabilizando nuestras emociones para dar el siguiente paso. Nos van poniendo una cadena imperceptible y liviana, que poco a poco va dejando el alma humana entre rejas. No hacen falta extremos como Terminator o Matrix, ya somos esclavos del algoritmo.

   Conclusiones finales sobre la lucha eterna de los dos hemisferios del cerebro. El hemisferio derecho es el que crea el nosotros, el izquierdo lo cuestiona y puede tender a la soledad, pero de igual forma este hemisferio es el único que puede aceptar a los otros, a ellos, a la otredad, a la alteridad, en un posible nosotros. El hemisferio derecho es el más propio para “contener” la mayoría de los sesgos adaptativos, o patrones enquistados en mi lenguaje. Entre esos sesgos están lo que muy bien puedan estar vinculados al efecto Baldwin, la busca de lo igual, de lo parejo, la tendencia del cerebro a auto-confirmarse, tendente a la autorreplicación, a abrazar sólo a su propia identidad y al nosotros, efectos en su conjunto a los que yo llamo como “pegajosidad neural”, y dependientes en muchos casos del cebado cerebral: un tipo de memoria que favorece las neuronas e ideas que se mantienen activas en ese momento, por cuestión de economía de la energía, y que pueden llevar a la tiranía de la pequeñas decisiones, pues al final se vuelven una marca de nuestra manera de comportarnos y de ser en el mundo (¿cuando se “decide” ser forofo de un equipo de fútbol, por ejemplo?):

   (Estos dos párrafos son parte de la traducción de la página original de Buster Benson sobre los sesgos cognitivos. A él hay que atribuirle todo el mérito y el esfuerzo.)

   En unos procesos u otros, individualizados, introducimos al nosotros, como un yo extendido (teoría de auto-categorización), como es el caso del pensamiento grupal (Groupthink), por el que nuestro cerebro tiende a la conformidad dentro del grupo, el cual lleva a la presión dentro del grupo, para limar y terminar de “ajustar” el pensamiento individual dentro de sus normas y maneras de pensar internas. Esta unidad crea el favorecimiento dentro del grupo y rechazo o exclusión de otros grupos, con la posible caída en el racismo y la alienación social. Estos tres sesgos, y otros similares a nivel grupal, como la cohesión grupal, por la que el individuo se termina sintiendo orgulloso de su pertenencia y que puede llevar al narcisismo grupal, y por lo tanto al patriotismo, están dentro de la tendencia “programada” del enmarcado, que de forma más general forma parte de la aptitud inclusiva de los seres humanos, que es la que crea la influencia social normativa y al final la sociedad, la sociedad de masas, el idiota útil y el comportamiento de rebaño, que en el lenguaje de Nietszche lleva al instinto o moral de manada, propia de los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial.

    Recomiendo leer el artículo en la Wikipedia sobre la “selección de grupos culturales“, pues no tiene ni una coma de desperdicio. Está de más que lo parafrasee o lo resuma. A tener en cuenta que una vez que uno se asume como social lo que manda o impera, en ese tipo de cerebro, son las normas sociales o a los grupos a los que pertenece. En el lenguaje que he venido usando de órdenes nucleares (abajo) y acciones (arriba), al entrar en la dinámica de grupo, ese abajo son las reglas del grupo que están estipuladas en dicho artículo de la Wikipedia. En soledad, al individualizarnos, se anula esa dinámica y el abajo, de nuevo, obedece a lo propio, y en ese caso a lo instintivo y el carácter. Por lo antedicho al principio del párrafo es por lo que se suele decir que se puede llegar a producir un “lavado de cerebro” (“te han comido el coco”, en la jerga de España), en donde “evacuamos” nuestro yo, a favor del yo o identidad grupal, pues la “intención” nuclear, la que está más abajo, ha sido “entregada” al grupo o a su líder. Por norma general la derecha tiende a lo social, a los grupos, a la cohesión; y la izquierda a la individuación.

    Todas estas reglas, de reconocimiento de parentesco o del mismo tipo de información a transmitir (alelos) se encuentran en los propios genes y se manifiestan incluso entre las plantas. Esto nos dice la Wikipedia:

Incluso ciertas plantas pueden reconocer y responder a los lazos de parentesco. Usando un cohete marino, Susan Dudley en la Universidad McMaster , Canadá , comparó los patrones de crecimiento de plantas no relacionadas que comparten una maceta con plantas del mismo clon. Encontró que las plantas no relacionadas compitieron por los nutrientes del suelo mediante el crecimiento agresivo de las raíces. Esto no ocurrió con las plantas hermanas.”

    Por muy compleja que nos parezcan las relaciones sociales, y las “decisiones” que uno toma durante la vida, a grandes rasgos se dividen en cinco: cooperativas (ayuda o beneficio mutuo); altruistas (sacrificio hacia los otros o lo social); egoístas (beneficio propio), y de despecho o rencor (perjuicio del otro: el tirar un helado al suelo y “ni para ti, ni para mí” en la rabieta de un niño que no se sale con la suya);  engaño, tipo de acción que simula ser cualquiera de las otras, pero que implícitamente -en potencia- puede ser otra muy distinta: un padre puede pedir a un hijo algo como si fuese egoísta, cuando en realidad tiene el plan de beneficiar al hijo…, el engaño tiene muy mala prensa. Todas tienen un porqué y están en todos los niveles de la vida, y son estudiadas en la evolución social y puede ser llevada a algoritmos en la teoría de juegos evolutiva. Desde los propios genes, a especies tan simples como los seres unicelulares o tan alejados de lo humano como las plantas. Hay varías teorías en liza de cómo “funcionan” y operan, desde la eusocial, la selección de grupo, al reconocimento de parentesco o la inclusiva. Como siempre creo que la “verdad” se encuentra en posturas intermedias que pueden ser englobadas y comprendidas bajo la teoría de la unidad de selección. Si el reconocimiento -y luchas- se da a nivel de los propios genes, lo importante es la información génica. Esa información puede ser “reconocida” por el parentesco (consanguinidad) o por lo fenotípico (rasgos externos), pero de igual forma por la ambigüedad de lo inclusivo: de las maneras de pensar y de comportarse de los individuos. El parentesco no lo es todo, que es donde más se da el altruismo, pues ciertos parientes pueden tener un comportamiento muy alejado del habitual en la familia, idea que se describe con el concepto de la “oveja negra“. Por otro lado la otredad, y el nosotros y ellos, afecta igualmente en las familias, creándose lizas o separaciones internas. Un refrán define muy bien lo inclusivo: “el roce hace el cariño”: se crea el trato “familiar” con aquellos que tenemos contacto de forma frecuente, pero que además que no nos son muy disonantes. Sea como fuere, bajo mi punto de vista son luchas de cierto tipo de información (ver “visión de la evolución centrada en el gen” y el “conflicto Intragenomico“), en donde dicha información se encuentra en algo tan recóndito, y alejado de la razón y el prefrontal, o sistema ejecutivo y de elección, como los genes. O sea, que si uno quiere realmente buscar una “razón” o intención a cualquiera de sus actos, ha de pensar a qué gen estará “beneficiando” dicho acto, o dicho de otra forma, qué gen nos está dictando tal o cual comportamiento. En un ejemplo sencillo, si yo porto un gen hacia la individualidad, no es un tipo de apuesta que tenga muchas probabilidades de ganar a nivel genético, pues si permanezco solo no me reproduciré como para que se propague. Tiene mayor éxito el de la sociabilidad, está claro…., pues “como consecuencia de ser castigados, los no conformistas tendrán menos éxito que otros miembros del grupo. La transmisión sesgada del prestigio sugeriría que los comportamientos no conformistas, por lo tanto, no se propagarán a través de la población“, fuente Wikipedia ¿Y si el artista porta un gen solitario que “engaña” para en su apuesta hacerse vistoso sexualmente por su manera de ser o hacer?, así ya tiene algo más de éxito el gen individualista. Muchos de esos animales ingeniosos (vistos arriba o en el escrito anterior) que logran tener relaciones sexuales con las hembras a través de artimañas y engaños son animales solitarios. ¿Por qué la evolución mantiene esta apuesta?, primero porque se valida, y segundo porque en caso de algún cuello de botella, donde hay pocos individuos, este tipo de apuesta ya está preparada para vivir de forma aislada (seguramente no les ocurriese lo mismo que a los personajes vistos en películas como “náufrago” o “soy leyenda“, de crear trastornos debidos a la soledad en personas claramente sociales), y buscar impertérrita y alocadamente a las hembras que puedan quedar. Las hembras a su vez han de mantener ese tipo de apuesta, aceptándola cuando la encuentran, por el bien de la especie. De una manera u otra el humano crea divisiones, ideologías y paradigmas como el de patria o el feminismo, para sustentar unos tipos de genes u otros. Unas apuestas u otras. La mujer porta la tendencia a los mejores genes, pero eso puede ser en contra de ella misma cuando un macho alfa frustrado saca su ira, menos empática. ¿El feminismo es una ideología o movimiento que va contra ese gen? En realidad no lo tienen claro ni ellas mismas. Como idea abstracta de fondo está ahí, pero a nivel individual, cada mujer, no extrapola esa dimensión de su lucha, pues no está declarada de manera abierta, reglada en su manera de entender lo social o lo humano como un juego evolutivo. Se “seleccionan” parejas no violentas o abiertamente machistas, eso ya incide en esa dirección selectiva de rechazar un tipo de gen, pero recordemos que existe la apuesta del engaño, en donde los papeles externos no tienen porqué coincidir con los internos. Y recordemos que vivimos en una sociedad performativa: que sólo opera en su hacer, quedando “escondido” el ser, y en donde para colmo se está premiando a las personas más ambiciosas, seguras y con mucho amor propio: papeles demasiado similares a los del macho alfa. ¿Cómo distinguir alguien performativamente exitoso de un alfa?, y cómo saber si ese falso alfa no va a ser el que saque su ira narcisista en violencia. ¡La vida… tan compleja como confusa! En resumen a este párrafo: la información génica precede al acto social, pero queda oculto en una maraña de máscaras, ocultamientos y falta de claridad en determinar qué es lo humano. Lo performativo o hacer en lo social, que es la tendencia hacia la que ha apostado la humanidad, esconde o es tendente siempre al “engaño”, en tanto que el ser (el verdadero carácter) no sale a la luz, excepto cuando ya puede ser demasiado tarde, como es el caso de la violencia de género o las situaciones de crisis. “El hambre puede cambiar todo lo que cree uno de sí mismo”, nos dicen en “la vida de Pi“. En otros casos se “asoma” en eso que en lo común se llama intención, cuando a alguien le decimos que “no es lo que dices, sino cómo lo dices”, o “no es lo que haces sino cómo lo haces”. El feminismo, y por extensión toda ideología hacia el bien, como el cristianismo o el humanismo, no pueden “resolver” dilemas que llevan miles de millones de años forjando la vida. La evolución llega a “macabros” equilibrios porque se han validado. Siempre existirán esas cinco tendencias mostradas arriba, en pugna. El altruismo no vence (el héroe lo es por su extrañeza), como tampoco puede vencer el individualismo, pues el que se sacrifica tiene menor descendencia que el que coopera. La misma regla para el egoísmo. La cooperación, de fondo, es cínica… y mediocre bajo el punto de vista del altruista, “te rasco si me rascas”, pero es la más extendida porque es la que se mantiene más tiempo viva y se reproduce con más éxito. Como apunte hacia lo individual, el prefrontal acertaría más en sus elecciones si: 1. se conoce a sí mismo, a esas reglas de sus genes, que portan un tipo de apuesta (ya sea para potenciarlas o para aminorarlas), y 2. si pone esa misma mirada en los otros y sus “verdaderas” intenciones.  En lo social el humano tiene el conflicto de lo individual y lo social. La mejor apuesta es la eusocial, pero en esa dirección se pierde parte del espíritu humano, que es arrogante y a de creer en la importancia de su papel, del papel individual (mito del héroe), que es el que crea sanidad mental. O sea, que aunque es mejor para la especie -y esa sea la tendencia que se pronuncia en el reduccionismo de las estadísticas y la teoría de juegos-, no lo es, en tanto que es tendente a crear trastornos mentales, y en tanto que se pierde el último sentido de la vida, pudiéndose llegar a las crisis de identidad y existenciales, al sabernos tan sólo meros engranajes de una gran máquina rutinaria y altamente burocratizada.

    Vuelvo al tema de arriba de los dos hemisferios. Por contraste el sentido de la vida, las motivaciones, su emocionalidad, su brillo, sólo están en el hemisferio derecho del cerebro. El hemisferio izquierdo, la razón, el juicio, la frialdad analítica del sistema ejecutivo, le “roba” un sentido que sólo el derecho puede recobrar. El nihilismo, el cinismo, es el lado izquierdo cerrado a oír al derecho. Pero de forma paradójica fue un cínico, Diogenes, el primero que se declaró “ciudadano del mundo”, cosmopolita, rechazando toda identidad patria. Quizás, como yo, porque rechazó una sociedad que sólo se movía por irracionalidades y la otredad como forma de constituir una identidad falseada en un nosotros que no incluía a todo humano. Puede que una seña de identidad de los milenials, y generación posterior, es que tienen más unidos los dos hemisferios, pues es sabido que la música en estéreo de los auriculares, sobre todo aquella que lanza un sonido de un oído a otro, hacen que estén más comunicados, como para que no se creen sistemas de defensas de los daños emocionales y traumas. De ser así la tecnología, de nuevo, pasa a formar parte de nuestra evolución, en la medida que crea cambios en las maneras de trabajar del cerebro. Aunque no haya insight (saber que se sabe), el cerebro habitúa a esa persona a usar los auriculares para “auto-repararse”, como una nueva manera de neuromodulación. Dicen que en la senectud, en la edad de la razón, el humano se hace más sincero, se deja de ambages y circunloquios, va directo a lo que hay que decir. si la vejez es la conclusión de una vida, ¿se termina uno de quitar todas las máscaras y de paso quitárselas al resto de humanos?, ¿se vuelve uno cínico? Por contraste a la vez se es más alegre e infantil. Los extremos, niñez y últimos años, se tocan, “a la vejez viruela”. Quizás esa edad sea la más cercana a aquella otra de la prehistoria en donde el humano no tenía tantas máscaras y el humor era su seña de identidad: ese ha de ser el espíritu humano perdido y recobrado; ya en ese momento, en el que el rostro remarcado por todas sus líneas de expresiones labradas hasta la muerte, no puede esconder lo que ese humano es, y en donde carece de sentido toda máscara, gesto superficial y performativo. Los ancianos terminan por aceptarse como son, y ya no tienen que rendir cuentas al sistema. Ahí emerge de nuevo el espíritu humano, aunque sea sólo por unos años.

   No hay que razonar la felicidad, crear un plan para serlo, apuntarse a cursos o seguir a voceadores (coach o influencers), tan sólo hay que dejar que aflore el lado derecho, acallando la razón. Ponerse en contacto con el alma humana, la entidad errante; recobrar el espíritu humano que murió cuando alguien decidió decir: “esta tierra es nuestra”, por la cual excluía de sus mentes y sus vidas al resto de la humanidad ajena a ese “nosotros”. Volvamos al clásico de la postura media de todas las cosas de Aristóteles: ni el fuego ni el hielo han de hacer al hombre: sólo el agua, la templanza (agua templada), los estados intermedios. En el lenguaje en el que me estoy moviendo: en un equilibrio de los dos hemisferios. Ni pura razón, ni pura emotividad. Esa manida idea usurpadora de la inteligencia emocional, que en realidad no es algo nuevo y lleva ahí de constante durante toda la historia de la filosofía. Si en otros escritos hacía diferencias entre el ego y el carácter (estructuras más básicas e instintivas del cerebro), frente al yo y la personalidad (sobre todo corteza cerebral y prefrontal), puedo asegurar que no hay una regla universal para nadie o para una sociedad dada, pero cabría pensar que la personalidad, o esa máscara que nos construimos como un yo, es dar alguna oportunidad a posibles herencias e improntas desastrosas. Lo que quiero decir es que no puedo cerrarme a sentenciar a alguien por su genética, pues sería otro modo de crear identidad y otredad a través de lo elitista de poseer unos buenos genes y una buena infancia. En la película mencionada de “fuerza mayor“, en donde un padre sale corriendo ante una avalancha de nieve dejando a su familia atrás, el protagonista decía: “soy víctima de  mi propio instinto“. El prefrontal, el intérprete del hemisferio izquierdo, “evalúa”, verifica, posibles “errores” de lo dado por la genética y trata de posicionarse de una manera más idónea con respecto a la sociedad y las personas con las que convive. Si se “adapta” a una sociedad errada mal, pero si lo hace con respecto a… La verdad es que no tengo la forma de acabar esa frase sin poder llegar a ser deshonesto, pues realmente no lo sé… ¿al espíritu humano, al altruismo frente a lo cooperativo? De una manera u otra somos humanos por el “intérprete del hemisferio izquierdo“, ese que a partir de la retroalimentación con lo social trata de limar lo más extremo o disonante de uno mismo, de sus instintos o disposiciones del ADN, para con el resto de las personas. Por otro lado la razón o hemisferio izquierdo tiene que salvaguardarse de los sesgos del lado derecho, no abrazar islas identitarias, ideologías o patriotismos que desgranen y dividan a la humanidad (el feminismo está cayendo en esa categoría); y el “dejar” que el lado derecho sea algo “inocente”, emocional y “mágico”. ¡Creo que doy reglas que yo no voy a cumplir!, como Diógenes… o la sociedad es como tiene que ser, o yo soy el único miembro de mi propio grupo: un cínico.


(1) Al haber finalizado su libro veo tantos paralelismos, entre Iain McGilchrist y yo, que no me deja de parecer extraño. Habla de los problemas a los que lleva la autorreferencialidad, como yo lo haya hecho en los últimos escritos. En mi caso llegué a esas posiciones a partir de la limerencia, concepto al que llegué yendo de un enlace a otro en el navegador de Internet…, y que a su vez al final me llevó a la autopoiesis (que él no nombra), donde tal concepto tiene como base lo autorreferencial. Igualmente habla de la importancia de la imitación en la evolución, concepto central en mis últimos artículos. Por otro lado habla del papel de los artistas, como tipología que está llamada a mantener y hacer ver el papel del hemisferio derecho a la hora de desvelar una realidad que el hemisferio izquierdo es incapaz de “ver”. De una manera u otra lo que ya he dicho otras veces. No hay realmente “descubrimientos”, o una persona no tiene realmente el mérito de llegar a una verdad. Esas “verdades” planean, emergen, sobre el saber de una época y todos o algunos leen ese saber; en algunos casos uniendo varias ideas como para crear una novedad. El paralelismo entre yo y Iain McGilchrist es una prueba de ese concepto.
(2) No me gustan las notas, pues interrumpen una lectura, pero igualmente añadir un texto posteriormente suele romper la linealidad y continuidad de un escrito, pues son “parches” que no “nacieron” de la narrabilidad mental de la escritura de ese momento. ¿En qué me baso para afirmar tal cosa como que los animales eusociales (hormigas, abejas) nos han “ganado”? Estoy en “paro” y en una edad complicada como para que me vuelvan a contratar (problema mundial). Las hormigas trabajan todas y tienen un techo al que volver: “todas a una”. El humano se basa en la meritocracia, en el Darwinismo social. Es ridículo y estúpido que el INEM lo único que haga es “prepararte” para hacer un buen currículo y a saber llevar una entrevista, y cuestiones similares. En cualquier caso, en un símil, el problema es que te preparan para una carrera de cien metros, en donde sólo uno de los cientos de corredores comerá del plato que se encuentra al final (puesto de trabajo); el resto se queda sin comer hasta la siguiente carrera. Por otro lado es que ni siquiera es equiparable a la mentalidad “noble” del depredador, sino de las aves de rapiña y carroñeras. Los cambios de posiciones sociales, en la mayoría de los casos, se dan en situaciones convulsas del sistema, como en casos de hambrunas, sequías, guerras, pandemias, etc., en donde los que salen mejor parados son las mentalidades más tramposas y de rapiña. Esa situación se mantiene hasta la siguiente crisis. A este patrón se puede reducir nuestra “civilización”, el oportunismo es una constante en la evolución y la sociedad humana actual ha llevado al extremo tal máxima. En otros  casos, como el de FaceBook, de nuevo se demuestra que es “rapiña”, pues sus artes para mantenerse en candelero no son nada nobles, morales u honestas. Otro ejemplo son las constructoras y especuladores alrededor de la crisis de las viviendas. Lo que más demanda la sociedad son las ingenierías, pero la enseñanza no va destinada a crear ingenieros. Son fallos del concepto “laissez-faire” (dejar que el sistema se autorregule) de la ideología neoliberal, pues realmente el sistema no funciona hacia esa dirección de que haya más ingenieros, sobre todo en países no tan “rapiñadores” como sí lo son los Estados Unidos. En países como España impera la enseñanza pública, y al ser mediocre no alienta a los alumnos hacia las ingenierías. La elección mas recurrente son letras o humanidades: futuros parados. Hoy en día los gobiernos, no tendentes a las corporatocracias (países del bloque G7), poco pueden hacer para alentar la creación de puestos de trabajo. En países como en España se crean muchas pequeñas y medianas empresas de servicios, que dada la crisis se mantienen apenas un año o dos como media. De nuevo en esa situación los que salen mejor parados son los especuladores de los locales y las constructoras; a esos autónomos todo el dinero se les va en acondicionar el local y lo peor, su alquiler. Si el gobierno simplemente interviniese en el precio de los locales, esas empresas tendrían más oportunidades, como no lo hace depende de cada propietario, y suelen tener mentalidad de rapiña porque prefieren no alquilar y bajar el precio que lo contrario; en el esquema de comportamientos de reciprocidad, no son colaborativos, mucho menos altruistas, son egoístas y con despecho, puesto que con sus locales optan al “ni para ti ni para mi”, al preferir no ganar que bajar el precio.  En esa dirección los puestos de trabajo más deseados son los del Estado o los de los gobiernos de las autonomías (funcionario), que suelen ser para toda la vida. Es una nueva clase social, pero ¿no sería más justo que tales puestos de trabajo fueran rotatorios?, en el símil de la carrera y plato de comida, que cada día comiese uno, no los más “aventajados” en algo, sistema claramente Darwiniano. ¡En fin! que todas las hormigas trabajan, y todas comen y tienen un “techo” caliente al que volver y dormir: el humano no, va por clases, por ventajas y desventajas, y demás sistemas darwinianos, que por lo demás suelen ser injustos (como mucho colaborativos, pero nunca basados en el altruismo -los humanos que peor salen parados de tal situación y mentalidad-, que sería lo de desear en lo humano), pues se basan en lo carroñero, en ser lo más legalmente tramposo que se pueda. En otro caso si de lo que se trata es de llegar a ser parte del G7, tiene que ser por el mismo concepto: aceptar ser “animales carroñeros” que llegan a esas posiciones por posturas poco honestas y morales, o más llanamente con mentalidades tramposas como las de poner las fábricas en países en desarrollo donde los sueldos son muy bajos y son en unas condiciones deplorables, o en otros casos explotando los recursos naturales de esos países, a cambio de unas míseras migajas de sus ganancias.
(3) Que haya miles de millones de personas que como yo no tienen ninguna sensación, emoción o neurona dedicada a Dios o lo espiritual prueba una de dos cosas: 1. que el Dios hebraico no existe, pues ¿cómo o porqué haría algo así?, o 2. que de existir un Dios de nuevo no habría de ser el hebraico, un Dios de bondad infinita, pues ¿cómo una bondad infinita haría a una persona que no lo sintiese, si con ello daría sentido a su vida y la existencia?

Narcisismo e Identidad

La conciencia es una enfermedad.” Unamuno.
Si la humanidad pierde alguna vez su narrador, habrá perdido también su infancia.El cielo sobre Berlín
Lo único que importa es la diferencia entre valores verdaderos y valores falsos.” Diogenes

    Se me hace necesario cerrar ciertos círculos abiertos desde casi el principio del libro. El tema va por dos frentes. La lectura del libro “el pasado de la mente” de Michael S. Gazzaniga, defensor de la psicología evolutiva (que realmente no va sobre el pasado); y ciertos vídeos y opinión general sobre la personalidad narcisista. En cierta forma es un remate o cierre de ideas de los escritos sobre la dimensión social e individual.  A ver si lo logro.

    Hay un dicho español (creo que lo es, no sé si es más global) que dice que “el que nace tonto, tonto muere”, o el más magnánimo, pero igual de fatalista de: “el poeta nace, no se hace”. O sea, que hay una corriente humana muy antigua tendente al determinismo, al hecho de que uno no cambia. El libro trata sobre “lo que es y lo que (a)parece“, la cuestión de esa “a” entre paréntesis es un poco para seguir la tradición filosófica. Una cosa es el Ser y otra su aparecer. Sin la “a” la frase sigue funcionando y sería de un uso más cotidiano. En estos escritos trato de definir Ser y aparecer, realidad y máscara…, quizás naturaleza y construcción social. En uno de los escritos ponía como ejemplo la bipolaridad. Un grupo musical que salga de gira puede caer en un estado similar al bipolar. En las noches de conciertos después saldrán de fiesta. Tienen una alta dosis de dopamina y adrenalina, y en los días siguientes el cuerpo y cerebro se trata de reponer, con lo que baja su nivel de excitación por debajo de la media. En realidad es una adaptación, pero el prefrontal, el ente que nos habita e interpreta los estados emocionales, podrá llegar falsamente a que es depresión. Este estado de los cantantes y grupos no es bipolaridad, pero se parece. Altas subidas y pronunciadas caídas. Siguiendo el símil de arriba y de abajo, de los escritos precedentes, es algo que sucede desde abajo, hacia arriba. Desde el comportamiento a hacia la química cerebral. El bipolar sin embargo es de arriba hacia abajo, desde su química y módulos cerebrales “alterados”, hacia el comportamiento. En definitiva: uno no se hace bipolar por estar casi permanentemente de fiesta. O como dice el refrán, el hábito no hace al monje.

    He visto vídeos sobre (contra) el narcisismo, la nueva tónica o meme de volverlos cercanos a lo psicopático, y tengo que pronunciarme sobre ello. Sostengo que el narcisismo es una seña de identidad de una tipología humana, los artistas, divergentes o los alfa, y yo he dicho o he usado el término de narcisismo para los artistas, pero hay que aclarar todo esto. Antiguamente no existía el concepto de trastorno mental. La personalidad extraña o excéntrica era parte de una idiosincrasia, de una tipología humana. En su origen griego quería decir: “temperamento peculiar, hábito del cuerpo”, fijarse que ya en esa época unían temperamento con lo más físico y heredado. Greek theatrical maskPor cierto, personalidad proviene de personaje, de las máscaras que se ponían en el teatro los actores, que exageraban los rasgos, para que pudieran ser bien interpretados al verlos desde lejos. O sea, idiosincrasia era una persona que se salía de lo “normal”. Esto tiene sentido a nivel evolutivo, en la típica campana estadística de Gauss, la mayoría de las personas están en ese centro, luego lo excéntrico es aquello fuera de esa distribución normal. Hoy no podemos hablar de la mayoría de los conceptos en su forma “limpia”, pues todos están bañados de la moralina cristiana de los últimos dos mil años. Narcisismo es parejo a vanidad, uno de los pecados capitales. Más tarde muchos de ellos pasaron a ser parte de los trastornos mentales, entre los que se encontraba la homosexualidad. La sociedad tiende a la normalización, a restar o a minimizar en la medida de lo posible lo excéntrico, lo áspero de los caracteres. Como he dicho en otros lados, pienso que muchos de esos trastornos obedecen a tipologías humanas, que quizás tenían una “función”, o guardaban algún sentido en lo evolutivo, pero que hoy en día están desubicados en los nuevos entornos sociales. Un grave error de la educación, la igualdad, y el concepto de neuroplasticidad, es que los colegios se trata a todos los niños por igual. ¿Es esto lo mejor? Bajo mi punto de vista no. Seríamos una sociedad más optima si tratásemos de averiguar si existen esas tipologías, y que cada tipología tuviese una enseñanza que pronunciase lo mejor de ellas, y tratase de acomodar de la mejor manera posible sus peores características. Por el contrario, en la sociedad, esas personalidades o idiosincrasias, son tratadas como personas normales, con el consiguiente sentimiento de inadaptación, de no terminar por comprender su lugar en el mundo. Otra paradoja más de la sociedad actual: hemos dado libertad a toda posible tendencia sexual, pero no así a esas personalidades excéntricas. Estamos ante un mundo como el plasmado en X-men, donde los mutantes han de silenciar sus “dones” o “males”, y en donde la sociedad trata de normalizarlos o anularlos.

     Recientemente me he encontrado con los escritos del neurólogo Michael S. Gazzaniga. En su libro “el pasado de la mente” se hace una pregunta retórica y afirma, pues es una de las bases de la psicología evolutiva, “para qué sirve el cerebro, ante esta interrogante, la respuesta más sencilla apunta al sexo. En otras palabras, el cerebro existe para tomar decisiones capaces de potenciar el éxito reproductivo”. Afirmación que yo he sostenido en todas mis arremetidas contra el feminismo, y que pudieron parecer en cada escrito como exagerado o fuera de lugar. Gazzaniga, por el tipo de escuela que sigue, dice que todo está programado en el cerebro, que es lo mismo que vengo a decir yo sobre el carácter y que este no muta. No hay tal neuroplasticidad, sino potencialidades que se aprovechan o que se quedan en desuso. Con todo hay cierta rigidez, cuestiones naturales o determinadas en nuestra especie, que son inamovibles. Llamo a que el libro sea leído, para seguir los ejemplos que expone, pues sería inútil y redundante que yo los repitiese aquí. En el escrito “cerrando el círculo sobre la autopoiesis”, exponía que el artista actual, cierta tipología que en parte encajaría con esa tipología reducida a los narcisistas, era un tipo de apuesta “planeada” para montar a todas las hembras posibles, a escondidas de los alfas, y por mostrarse sagaces o muy ocurrentes. Con el paso de cientos de  miles de años fue mutando, adaptando esa tipología a cada momento de la prehistoria. Más tarde esa tipología se han quedado en eso que conocemos como los artistas o los divergentes. Quizás la manifestación más clara relacionada con las mujeres, y siguiendo esa tendencia “tramposa” hacia ser muy reproductivos, fueran los antiguos trovadores y poetas, u hoy los tunos en España, que han dado el adjetivo de tunante: “pícaro, bribón, taimado” (RAE), de nuevo cargado de moralina. Hay que hacer un paréntesis. Todo análisis que esté pasando por la cabeza del lector está sesgado de moralina y de los paradigmas sociales actuales. Yo trato de analizar esa tipología como si fuésemos unos antropólogos extraterrestres que viniesen a la tierra. De lo que se trata es de saber si tal tipología es exitosa o no a la hora de reproducirse (replicarse). De paso saber si tiene alguna “función” a nivel evolutivo. Está claro que son exitosos. Hoy en día los cantantes, y cualquier tipo de persona creativa de éxito, tiene un alto nivel de “logros” en el sexo. Recordar el caso de Mick Jagger de 4000 mujeres. Un humano medio, y siendo optimistas, rondará la veintena, si sube de eso es que es algún tipo de artista o porque tiene algún tipo de “poder”. Sé que este lenguaje pone de los nervios a las feministas, pero es una realidad. Los datos y estadísticas están ahí. Mis amigas se “enrollaban” al salir de fiesta, con cierto tipos de chicos, que no tenían por qué ser la mejor persona o el más guapo, sino por el simple hecho que era un hándicap el conseguirlos. Como si al lograrlos ellas hubiesen subido de escalón. Ese escalón, hoy en día y durante la juventud, son los disc-jockeys de moda, los barman, algún famosete… Retomo el tema. Somos esos antropólogos de marte (el símil no es mío, es de Oliver Sacks, tiene un libro con ese título), y ya hemos visto que sí tienen éxito, queda por saber si hay un porqué, si la evolución tiene un “plan”. Ya he dicho en otros lugares que las hembras humanas tiene una doble tendencia: elegir un tipo de macho para que permanezca e “inviertan” su tiempo y energía en la descendencia, pero con la posibilidad de tener sexo con las apuestas como los alfas o los “artistas”, o sagaces o más ocurrentes. Fuerza e inteligencia. Una dualidad hacia la fidelidad y lealtad , frente a otra que apuesta por los mejores genes. En ese sentido el “artista” o esa apuesta evolutiva está “hecha” para ser un amante, no una pareja u esposo. O dicho más claramente, para follar con ellos, pero no para mantenerlos de pareja; para ser esa parte de la tendencia evolutiva de unos buenos genes. En esa condición el “artista” es tendente a estar sólo, y como ya he hecho ver, es tendente a la autopoiesis, a la autosuficiencia. Por otro lado hay que tener en cuenta que en lo humano no hay tipologías claramente diferenciadas, como se da entre las abejas, hay tendencias, una personalidad primaria que es la más relevante, frente a otra miriada de características; hay tantos tipos de artistas que reducirlos de una forma tan extrema ha sido tan sólo para hacerme entender.

    ¿Son tramposos?, a nivel evolutivo no. Las hembras saben (sabían) de “qué palo van”, “aceptan” esta tipología porque su ingenio para tener sexo, es un ingenio para infinidad de otras cosas, lo que les da una alta probabilidad de unos mejores genes para su descendencia. Esta tipología está muy extendida en el reino animal, quizás donde menos en las aves. Hay pulpos que se hacen pasar por una hembra para que el macho alfa no los ataque, y en cuanto este se descuida tienen sexo con la hembra. Side Blotched LizardUnos lagartos del desierto tienen una estrategia similar, los sexos se diferencian por ciertas manchas de un color, pero la apuesta “tramposa” tiene otra coloración. Gazzaniga en su libro expone otro ejemplo, se verá que su lenguaje es similar al mío (que puede ser tildado de manera errada como machista), pues los dos tenemos y  manejamos los conceptos de la psicología evolutiva. Transcribo para ahorrarme tener que parafrasear algo tan minucioso y largo:

Sirvan de ejemplo los hábitos espaciales del feo ratón de campo: aunque todos son de similar tamaño, se diferencian claramente por el modo como se aparean. El relato de su extravagante búsqueda de pareja ejemplifica cómo un impulso evolutivo hacia la poligamia conduce  a  la  diferenciación  de las habilidades espaciales de machos y hembras. Los machos polígamos hallan la ruta para  regresar de noche a su nido, pero las destrezas espaciales de las hembras (monógamas) son escasas. La diferencia estriba en  la  construcción  del  cerebro y en la cascada de  procesos  automáticos  que  allí se cumplen.
Esta observación se basa en un fenómeno bastante conocido: en ciertas tareas espaciales, el desempeño de los machos es mejor que el de las hembras. Esto vale para los seres humanos, las ratas y casi todo lo que hay entre unos y otras. Quienes la han estudiado aseveran que esta variedad cognitiva resulta de presiones darwinianas sobre la dinámica de la selección sexual. En general, las presiones de selección sexual no influyen, pero lo hacen cuando macho y hembra pueden potenciar el éxito reproductivo mediante conductas diferenciadas.
En el caso de los  ratones  de campo,  el asunto  se reduce a poligamia versus monogamia. La observación se ajustó a dos  clases  de  ratones:  el  de las praderas y el de boscaje. La inserción de minúsculos dispositivos telemétricos permitió medir cuán lejos del nido se aventura cada uno. El ratón de boscaje, que es monógamo,  permanece cerca de la madriguera, sin que se observe diferencia en la conducta de machos y hembras. A la inversa, los polígamos machos de las praderas recorren vastos espacios para encontrar más parejas  disponibles; las hembras no gastan energía y se  quedan  en casa. Concluido el período de celo, casi desaparece la diferencia entre machos y hembras.
Una vez establecida la desemejanza de género en las estrategias de apareamiento, se comprobó que la superior capacidad espacial del macho también se manifestaba en aprendizajes  tan  complejos como los de los laberintos de laboratorio. Lo que a primera vista parece una disparidad de destreza cognitiva solo es una habilidad surgida de las presiones selectivas destinadas a potenciar el éxito reproductivo.”

    Creo que no tengo que añadir más, hay muchos de estos ejemplos entre muchas especies. Las hembras se aparean con este tipo de apuestas sin que se sientan “seducidas” o “engañadas”, sino que al contrario los buscan y los esperan. Están “programadas” para esta doble elección, y esto debe de venir de muy lejos en la evolución, como para que esté en tantas especies. La sociedad actual, la evolución social y moral humana ha terminado por rechazar este tipo de apuesta de algunos tipos de hombres y forma de actuar de las mujeres, pero subsiste por muchas máscaras, convenciones y normas que le queramos poner. Quiero hacer mención al comportamiento astuto, solitario, unido a la nocturnidad del ratón de boscaje. Hoy en lo humano hay una clara división de humanos búhos y alondras, los que se sienten más despiertos por la noche, o a la primera hora de la mañana.  Por lo general los artistas son búhos. Voy a sugerir un relato, por si alguien lo quiere llevar a novela. Recientemente se ha descubierto que hubo otro homínido africano. No hay rastros fósiles, lo que lo hace aún más sugerente. Se ha descubierto en el ADN de los africanos. Se me antoja que quizás ellos fueran de ese tipo nocturno y ladino a la hora de comportarse, eran más ingeniosos, pero no formaban poblados, si no que vivían aisladamente, sin ser por ello beligerantes con los suyos. Se llegaban por las noches hasta los poblados de los otros homínidos para aparearse furtívamente con sus mujeres, ya que estaban localizadas, mientras que las de su especie no. Esto ocurrió por cientos de generaciones. Hasta que en esos poblados, sus hombres, decidieron ir a por ellos hasta aniquilarlos, llevándolos a su extinción. De su “sangre”, de su apuesta, sólo quedaron sus hijos bastardos, lo cuales llevaron la “llama” (mito de Prometeo) de la creatividad y de lo que hoy conocemos como humano, a esos homínidos.

Sleeping_Antelope_Tin_Taghirt

Hay unas pinturas rupestres muy antiguas en medio del Sahara (parecen muy modernos el estilo de los grabados en piedra), se piensa que esa antigua civilización, a la llegada de esa gran sequía que convirtió el antiguo bosque en desierto, migraron hacia los valles del Nilo y fundaron los Imperios Egipcios. A veces me siento como no humano. Como que todo me es demasiado ajeno: no concuerdo con el concepto de lo social, ni con los de identidad, ni con la lealtad… ¿desarraigo, daños en la infancia?, mi intuición me dice que mi tipología tuvo un origen y un porqué en la profundidad de la prehistoria. Quizás sólo hable “mi” hemisferio derecho es su deseo de explicaciones “mágicas”, metafóricas y profundas. Desde que tengo memoria supe que: “la lealtad al grupo, el sacrificio por él, el odio y el desprecio por los forasteros, la hermandad interna, la crueldad hacia fuera…, todos crecen juntos“, como dijo William G. Sumner, de tal manera que de “cercenar” un componente negativo, tenía que hacerlo a la vez con todos, lo que llevaba inevitablemente a la soledad.

    Con eso llego a los vídeos y la actual opinión generalizada. Si he traído a colación los conceptos del Ser y el aparecer, es que hoy en día se da una tendencia generalizada hacia el narcisismo, pero la mayoría de las personas narcisistas no lo son por herencia, sino por el estado actual de la sociedad, son simplemente aparecer. Es la misma distancia de un alfa y un falso alfa. El “verdadero” alfa actúa como un padre hacia todos (por lo general), se sacrifica por su manada (concepto de héroe, concepto del mesías, Jesucristo), pero hay mucho falso alfa que tiende a apuestas y a acciones más egoístas o psicopáticas. Con todo el artista sigue sin ser el mejor esposo o la persona más social bajo las reglas de la “normalidad”, es vanidoso, egocentrista, tiende a acaparar la atención…, pero seguramente no sean tan “ruines” como los actuales narcisistas en su aparecer. Hay o se acepta un narcisismo positivo, pienso que ese es el que portan los artistas, más cercano al amor propio necesario para la autoestima (¡que lío de conceptos parejos, para algo tan simple como debe de ser el ego en su voluntad de vivir, que necesariamente implica validarse, auto-afirmarse!; quizás “voluntad de vivir”+auto-afirmarse=orgullo de sí o voluntad de poder). El narcisismo del artista es en definitiva el mirar a su obra como si se mirase a sí mismo (su espejo), pero eso le empuja y le hace obsesionarse con ella como para mejorarla de forma infinita, cuestión que no siempre es para mejor. Los marchantes y empresarios del arte (a veces el consorte), le tienen que poner límites a ese “mirarse el ombligo”. Yo, sin nadie que me limite, estoy pensando en estos escritos y mejorándolos hasta que el estrés me vence, hasta que me saturo tanto que tengo que rendirme y abandonarlos. Pienso que esos vídeos y ciertas apreciaciones actuales vienen de esos narcisistas en su aparecer. La división entre ser y aparecer, entre la esencia y la máscara, y que diferencia entre las verdaderas esencias humanas y las impostadas (alfa, artista, frente a sus intrusores), quizás se resuma muy bien en esta fábula de Nietzsche, parafraseada por Iain McGilchrist (según he averiguado en discusiones de Internet, no es de Nietzsche, pero me limito a transcribirlo por si el autor tuviese algún documento que lo corroborase):

   “Había una vez un sabio maestro espiritual, que era el gobernante de un pequeño pero próspero dominio, y que era conocido por su devoción desinteresada a su pueblo. A medida que su pueblo floreció y creció en número, los límites de este pequeño dominio se extendió; y con ello la necesidad de confiar implícitamente a los emisarios que envió para garantizar la seguridad de sus partes cada vez más distantes. No era sólo que era imposible que él personalmente ordenara todo lo que necesitaba ser tratado: como sabiamente vio, necesitaba mantener su distancia y permanecer ignorante de tales preocupaciones. Así que nutrió y entrenó cuidadosamente a sus emisarios para poder confiar en ellos. Eventualmente, sin embargo, su visir más inteligente y ambicioso, el que más confió en hacer su trabajo, comenzó a verse a sí mismo como el maestro, y usó su posición para avanzar su propia riqueza e influencia. Vio la templanza y la paciencia de su amo como debilidad, no sabiduría, y en sus misiones en nombre del maestro, adoptó su manto como suyo – el emisario se depreciaba de su amo. Y así ocurrió que el maestro fue usurpado, el pueblo fue engañado, el dominio se convirtió en una tiranía; y eventualmente se derrumbó en ruinas.”

    Voy al segundo tema: el libro “el pasado de la mente”. Gazzaniga hace alusión a que el lado izquierdo del cerebro es ante todo un intérprete de la información o las resoluciones que le entrega el cerebro, de tal forma que en esa dimensión se crea el concepto de conciencia, yo o agente en el cerebro, como ya he mencionado a lo largo del escrito. ¿Diferencias?, a lo que él llama intérprete, yo lo he tratado a veces como un supervisor de errores, función que la lleva a cabo la corteza cingulada anterior. El concepto de supervisor yo lo adopté del de verificador en lo moral de Sartre. También lo he llamado “resolutor” en la medida que tiene que terminar por tomar una decisión que parece no resolverse en el cerebro automático. Pero de una forma u otra lo he tratado bajo el aspecto de que es una función, que no está centralizada en una zona, que trata de crear una narración de sí misma, a esta capacidad la he llamado narrabilidad. Gazzaniga dice lo mismo, en unos y otros lados: “en  nuestro  interior  se  desarrolla sin pausa una narración privada”, “la narración resultante nos permite creer que somos buenos, que gobernamos, que anhelamos ser mejores”, “a medida que desovillamos nuestra narración, apelando a magnos sucesos para definir el esquema de nuestros recuerdos, simplemente introducimos en el relato detalles que podrían haber sido parte de la experiencia”. Baste estos ejemplos, el libro está lleno de este tipo de referencias. En mi caso a veces se me hacía complicado entender qué quería decir con intérprete, pues en castellano es sinónimo del sustantivo actor, como a la vez del verbo interpretar, con la diferencia del acento. O sea, tiene que haber un nexo común e indiferenciado, ser un intérprete (actor) es hacer una interpretación (darle un sentido o intencionalidad) a algo real. El diccionario de la real academia en una de sus acepciones nos dice: “concebir, ordenar o expresar de un modo personal la realidad”. Expresar es llevarlo a la acción, que a la vez encaja con la performatividad.

   Gazzaniga al final viene a decir lo mismo que yo: que aunque ilusión, Es. Es una parte más del cerebro, y que al igual que una ilusión no por conocerla la dejamos de ver, no podemos dejar de creer que somos esa identidad. La idea con la que hay que quedarse es que esa falsa o fantasmagórica identidad o agente es bastante general entre los estudiosos del cerebro y algunos filósofos. Anil Seth dice que es una alucinación, Rudolfo Llinas que es un soñar despiertos, cercano a “la vida es sueño” de Calderón de la Barca, otros autores lo tratan como un epifenómeno, una ilusión o falsa sensación, sin ponerle ningún nombre o hacer grandes teorías de un porqué. Ya en el siglo XVII Hobbes dijo que “todos los procesos mentales consisten en movimientos de materia dentro del cráneo” y David Hume: “el yo, el sujeto viviente es una ficción”. Si tantos autores coinciden, tiene que ser por algo. Tal idea viene a ser como las teorías de la mecánica cuántica: un saber científico, que en la medida que es contraintuitivo, la mayoría de las personas no terminan por aceptar o comprender. Gazzaniga es especialista en  los cerebros divididos, le seguí el rastro por el vídeo que compartí en el anterior escrito. Los cerebros divididos son una prueba de esa falsa identidad en el lado izquierdo o dominante del cerebro. Otros casos, que igualmente analiza Gazzaniga en el libro, son los pacientes de negligencia hemisférica. Quizás el caso más relevante del libro sea el de una mujer que padece de paramnesia reduplicativa (creencia ilusoria de que un lugar o ubicación se ha duplicado), la cual, contra toda lógica por haberse desplazado para ir a visitar a Gazzaniga, no dejaba de afirmar que se encontraba en su propia casa. “Esta paciente cuenta con un intérprete perfectamente sano que intenta otorgar significado a lo que ella siente o hace. A causa de  la  lesión,  la  zona del cerebro que representa lugares es hiperactiva y transmite un mensaje erróneo  acerca  de su localización. El intérprete no es mejor que la información que recibe, y en esta  oportunidad está recibiendo noticias falsas. Con todo, debe cribar las preguntas y otorgar un sentido  al  resto  de la información evidente. El resultado es que genera multitud de historias imaginarias”. Es un caso extremo de justificación e interpretación que hace el “intérprete” ante la información errada que el entrega otro módulo del cerebro, “obliga” al intérprete a dar un sentido que el propio cerebro sabe que es falso. Quizás David Eagleman, en su libro “Incógnito”, sea un mejor reduccionista de las ideas de Gazzaniga cuando parafraseándolo nos dice: “el hemisferio izquierdo actúa como «intérprete», observando las acciones y el comportamiento del cuerpo y asignando una narrativa coherente a esos sucesos. Y el hemisferio izquierdo actúa así incluso en cerebros normales e intactos. Los programas ocultos impulsan las acciones, y el hemisferio izquierdo crea la justificación”. Como se puede ver en unos casos y otros, si este proceso se puede medio desconectar, o “funcionar” mal en algunas situaciones, es porque es un constructo entre otros del cerebro. Constructo que es “alimentado” por varios módulos, sin que esté localizado en un lugar en concreto, y en donde si uno de esos módulos falla, el sistema no se viene abajo -no es todo o nada, sino gradaciones-, pero sí es tendente al error. Para el caso son como las ruedas de más de los grandes camiones (redundancia autorreferencial cerebral), para que si sucediera que se produjera un pinchazo, el camión no perdiera la estabilidad como para volcar o descarrilarse, idea que está contemplada en la teoría de la reserva cognitiva. Yo no sostengo algo que yo haya creado, si bien le he dado más dimensionalidades que otros autores. Ese ente es una necesidad ontológica, sigue las premisas de los sistemas complejos, pues tiende a ser homeostático, autorreferencial y cuenta con la retroalimentación. Su principal presencia es dar sentido a lo que ve, a la realidad, para que el cerebro tenga la falsa sensación que tiene el control de la realidad (locus de control). En cuanto este sistema se viene abajo o se desestabiliza, se cae en la ansiedad o la depresión. En otros casos en estados de despersonalización, que pueden llevar a crisis de la personalidad o existenciales. Bajo todos estos aspectos parece un homeostato, no muy distinto del que pueda tener un aire acondicionado, por ejemplo.

   Remito a otros escritos, y a tenor de no repetirme, para ver las distintas hipótesis que sostenidas por mi sobre el yo y la conciencia:

  1. Lo teleológico.
  2. Lo que no es la conciencia.
  3. El espejo que quería ser pantalla.
  4. Sobre la conciencia como atención.
  5. La vida como instante.
  6. Sobre la conciencia como atención (Addendum).
  7. El director en la sombra.

   Otro tema que toca Gazzaniga es si el humano es o no inteligente. Al parecer igualmente hay una corriente que aboga por tenerlo como “estúpido”, como yo he sostenido en muchos casos. La defensa que hace Gazzaniga va en dos frentes: primero, por ser el más claro, es que si no lo fuese no tendría el “éxito” evolutivo que tiene; y el segundo teniendo en cuenta que bajo el aspecto por el que se le trata de “estúpido”, es por todo lo que falla en las pruebas “artificiales” de los test. Mi punto de vista es que hemos creado una sociedad totalmente artificial, en donde todos somos “analfabetos funcionales” en una medida u otra, el propio Gazzaniga reconoce no entender la mecánica cuántica. Lo que yo sostengo es que con la inteligencia “práctica”, que nos ha dado la evolución, no podemos crear una sociedad ni estable, ni generalizada para la felicidad o el bienestar. Se da por tanto una ineficacia, “inutilidad” e impotencia de la inteligencia. En esa medida hay una segunda inteligencia que emerge, la social, que es tan compleja y tan grande que nadie entiende por completo. Cada cual se puede especializar en un saber, pero con la premisa de ignorar y no comprender grandes temas. En ese sentido, si el cerebro humano apostó por el “intérprete”, fue para tratar de tener el control de los conflictos emocionales y sociales. En la mayoría de los casos hace su función, sin errar demasiado. En los casos que yerre tenderá a “creerse” su propia confabulación para restar la pérdida del control y su identidad o narración. Un caso que cuenta Gazzaniga en su libro, con el que me reí mucho, fue el de alguien que decía tener el cráneo de Hitler. Cuando se le dijo que era el de un niño, afirmó que era la calavera de cuando Hitler era niño. A lo que quiero llegar es que si bien el cerebro creó ese artificio evolutivo que es la conciencia, esto no puede ocurrir así en lo social. En lo social no hay un agente que mantenga el control, que verifique. Se puede pensar que este puede ser el papel de los intelectuales: verifican crasos errores en lo social, ese es mi argumento. Pero hoy por hoy ese papel se está perdiendo, está dejando de ser oído. Se oyen a los “voceadores”, a los YouTuber, a los influenciadores, que se basan más en la oratoria y sus capacidades de tener una buena voz y presencia para llegar a las masas. Máscara, exterior, que en muchos casos no tiene  interior. Antes de los medios de comunicación masivos lo que contaba era la letra, el autor y su presencia estaba ausente; hoy es lo más importante. Para resumir, que pierdo el hilo. El intérprete bajo mi punto de vista nació como último supervisor de los procesos cerebrales, buscando incoherencias, fallas, sesgos… en última instancia para unificar criterios (conflictos emocionales o sociales). Pero al final se fue más allá de sus cometidos, como para ser él mismo una fuente más de sesgos y errores de interpretación. Este módulo funcionaba para vivir con los problemas de la naturaleza para sobrevivir, pero cuando las sociedades se hicieron complejas con las grandes ciudades y nacimientos de los imperios y los reinos, su cometido se centró en todo lo “irreal” y complejo que pueda darse en las grandes ciudades, como para al final devenir en eso que conocemos hoy en día. Las sociedades se construyeron ya bajo las premisas de esa nueva dimensión de esa estructura, y que era la primacía de la identidad. Lo que para el cerebro era el yo, como narrabilidad de una identidad, para las grandes ciudades lo era el concepto de patria. Lo patrio es el “yo” o conciencia de una sociedad dada con sus mismas taras y sesgos (racismo, falsa superioridad, ombliguismo…) Con este último neologismo trato de poner un nombre al concepto individual de creernos el protagonista de nuestra propia película en lo individual, mientras que el resto de personas son actores secundarios o extras (Sonder en John Koenig); y ser el centro del mundo o el universo en las civilizaciones. En esta dimensión toda civilización cree o creyó ser el centro del mundo, así ha sido a lo largo de la historia y de la vida de las civilizaciones. Hoy ese centro es New York (EEUU).

   Volviendo al tema. La sociedad -la tan venerada y respetada civilización- ya nació con sesgos, que por lo demás nunca se han resuelto. El racismo, las banderas, las identidades nacionales, la otredad, la superioridad racial y demás secuelas de la misma raíz, siguen siendo uno de los temas más preocupantes de la actualidad. En épocas de crisis se pronuncian aún más. Entonces tenemos los equivalentes cerebrales de supervisor y yo identitario volcados en lo social. Los intelectuales y los científicos son los supervisores, en tanto que lo patrio es la identidad. En el escrito anterior ya decía que al final la conciencia deviene igualmente en disonancias cognitivas: lo mismo ocurre en lo social. Hay intelectuales que están fuera de toda identidad, pero por lo general no es así. Un caso evidente son los científicos o intelectuales que defienden la teoría creacionista, contra la evolutiva. Lo que se deduce, entonces, es que la sociedad no está creada para buscar el bien universal, aunque los intelectuales y científicos en su meollo más profundo lo pretendan. En la medida que la razón individual no puede ser puramente razón, la sociedad tampoco lo puede ser. Algunos regímenes que han pretendido serlo han acabado siendo verdaderas y horrorosas distopías (comunismos, dictaduras). De una manera u otra tanto el cerebro como la sociedad, nunca pueden llegar a una verdad universal, pues tal cosa no existe, pues todo sistema evolutivo sólo sigue una regla: lo adaptativo. ¿Cómo universalizar tal regla? Yo soy artista, mi regla no puede ser universal, en la medida que “gane” o predomine otra regla, posiblemente va a ser a costa de presionarme y constreñir partes de mi identidad, como he mostrado arriba. Lo mismo para la sociedad, los paradigmas de los Estados Unidos se propagan y vencen a costa de la identidades de otros pueblos y creencias, que se sienten oprimidas. Lo que trato de demostrar es que hay temas irresolutos. Ocurre tanto nivel cerebral, como social. La inteligencia humana no parece “servir” ni para una dimensión, ni para otra. Lo que suele entorpecer para ser una razón puramente analítica, son las emociones, pero a la vez es su única fuente “real” de una “verdad” o esencia humana. O para llegar a la última conclusión que se sigue de estas reglas: una posición “óptima” sería la de lograr desarrollar una inteligencia artificial que fuera la que nos guiara, pero con la problemática de que no tendría en cuenta nada de lo humano. Películas como “Terminator” o “Matrix” nos advierte que tal cosa no sería algo deseable, sino más bien peligroso para la existencia humana. Quizás como mejor se entienda dicho problema sea por los detalles. La película “yo robot”, basada en un relato de Asimow, nos pone ante el dilema de que una inteligencia artificial optase por salvar a un adulto, frente a un niño, cuando el coche se hundía en el río. ¿Dónde están escritas ciertas reglas?, como esta de salvar a un niño a toda costa, en el ADN, en lo más antiguo, en la esencia de lo que es el ser humano. Pero tales reglas, como las de patria o identidad, no son lógicas. Tienen su valor en tanto que los son para nuestra especie. Radicalizando este problema: o nos comportamos completamente como una inteligencia artificial fría, sin esas reglas asentadas en el ADN, o como humanos y somos erráticos. Hemos apostado por lo segundo. ¿Es lo más inteligente?, posiblemente no. En los dos casos va a haber dolor para algunos individuos, un sistema inteligente en tanto que probabilístico desechará ciertos tipos de humano o conductas. Las reglas humanas tienen las mismas taras, pero al fin y al cabo entre elegir un tipo de error (terror) u otro, preferimos los nuestros. Como punto final a estas cuestiones, en lo individual la mayoría de las personas se sienten perdidas de todos los conocimientos que ignoran o no entienden. No sabemos si el mundo es el mejor de los posibles, pero apostamos a que sí, a que hay especialistas en cada tema que contestan a las preguntas difíciles, y nos ponemos en sus manos y que lo harán lo mejor posible, pues así lo quiere creer nuestro propio intérprete o narrador, por el bien de no caer en pesimismos y cinismos, y de paso creer tener el control de nuestras vidas. Ahí radica una de las premisas más antiguas humanas: se supone que se tiene que confiar en los otros, pero como el engaño es una parte más de la naturaleza, de la que no estamos fuera, se creó una retroalimentación entre los engaños sutiles, y la sutileza de detectarlos. “Los lóbulos frontales no sólo nos enseñan a traicionar, sino a confiar“, dice Iain McGilchrist. Gastamos el mayor tiempo de energía cerebral social en este juego armamentístico: en confiar y tratar de que confíen en uno mismo. Si ya es complicado este juego con tus iguales, con los que son de distintas jerarquías aún son peor las cosas. La misma regla para la diferencia entre los sexos, y con la libertad sexual aún se ha caldeado más la situación. La corrupción política y de los poderosos actual nos deja en claro como es el humano en sociedad. De facto nadie sabe nada, de toda la extensión de un saber universal humano; no sabemos realmente cómo funciona el sistema, como tampoco lo sabe una hormiga, o lo sabe una neurona. No hay un plan maestro, no hay un agente mundial que ponga un orden, que dicte las reglas. Se siguen las premisas de los sistemas complejos: estos funcionan sin un agente real y único. Todas las hormigas en sus pequeñas funciones crean el hormiguero; todas las neuronas crean la sensación de un yo, de una identidad. Cada humano ha de crear la sensación de esa sociedad del bienestar y la humanidad. La base del neoliberalismo actual se basa en los conceptos de la “mano invisible” y el Laissez-faire (dejar hacer), que es la forma como tienen de actuar los sistemas complejos. ¿Dejar hacer?, si se expande el modelo americano, si ponemos una confianza ciega en ese paradigma, el mundo estaría avocado a la corporatocracia (Corporatocracy), un mundo donde habríamos puesto nuestra fe en lo números y lo estadístico, el el frío cálculo de la máquina…, apoyados por unos gobiernos adormecidos y altamente burocratizados. El colmo de esta dirección de la sociedad actual es que en China se esté creando la posibilidad de puntuar a los ciudadanos a través de sus redes sociales, para que sientan la presión del grupo. Como una nueva era en donde la letra escarlata (marcar a alguien visualmente sobre su “naturaleza”) ahora es digital. En realidad no hay nada más rebelde que el total anonimato. Por el contrario hoy en día al mayoría de las personas se vuelve muy visible, muy cuantificables, mensurable, muy tendentes a crear los algoritmos. Bajo mi punto de vista eso es ignorancia, a no ser que reconozcamos tal falla y la hayamos elegido. Mi teoría más extendida de la identidad, es que es en tanto que negación, en este caso somos cierto tipo de identidad, en tanto que negamos querer ser o comportarnos como una inteligencia artificial. Somos identidad en tanto que aceptamos y asumimos el “error” humano en toda ecuación, en tanto que aceptamos los límites de nuestro tipo de inteligencia, sesgada ya en sus premisas más nucleares. La democracia es esa falsa sensación de que tenemos el control, igual de falso que lo es para el cerebro ese agente que es la conciencia o yo. En un caso y otro, el último límite al que nuestro tipo de construcción puede llegar como el más óptimo. Si se quiere algo mejor, habría que destruir todos los pilares. Hacer una construcción desde cero.

   Siempre que estoy en las últimas líneas de un escrito, trato de pensar si me dejo algo en el tintero. Casi siempre queda algo (olvido) que al final escribo en días posteriores. Remato haciendo alusión a otra cosa externa, como lo han sido los vídeos sobre el narcisismo y el libro “el pasado de la mente”. En este caso en una película, la francesa “corporate” (corporación). Aunque sabemos que la inteligencia artificial es el límite al que no tenemos que llegar, las grandes empresas y los gobiernos están en manos de las estadísticas, y sus reglas para deducir “verdades”, o seudo-verdades generalizadas. La teoría de juegos ponen las reglas que se han de dictar en esas corporaciones, que a decir verdad tienen más de inteligencia artificial que de humanas. ¡Atención spoiler! La película francesa, de lo más acertado en lo desértico que se ha vuelto el cine de los últimos tiempos, nos pone en la piel de una directiva de personal de una corporación. Al poco de empezar la película se suicida uno de sus empleados, ante la presión a la que se ve sometido, y como un tipo de venganza hacia los que le han llevado hasta esa situación. La trama no nos deja ver, al principio, si en la protagonista vence la frialdad de la IA y la teoría de juegos, o lo humano. Si le puede el rol que tiene que hacer como ejecutiva, o si puede la naturaleza asentada en el ADN. Algunos diálogos son claves para hacernos ver que ella está situacionada en una postura, máscara, donde no está cómoda, donde los conflictos emocionales y las disonancias cognitivas no pueden mantener la sensación de control. La película no nos muestra dicho dilemas morales o éticos desde puntos de vista religiosos, Francia ha de apostar por ser el padre de la laicidad. Tiene de fondo el dilema de si una persona, una individualidad, bajo el prisma de una racionalidad egoísta, ha de sentirse primero humana, o tan sólo una fría máquina de gestión y de accionar en el mundo. Si puede lo corporativo/social, o si puede el individuo. Al final puede lo humano, la naturaleza, aunque en el proceso pierda su prestigio y ya no vuelva a ser contratada por ninguna otra corporación. Nos plantamos ante un nuevo tipo de heroína, aquella que va contra el sistema, y las tendencias actuales hacia lo frío y calculador del número, los algoritmos y lo estadístico. Pero sólo son batallas que en el tablero de la guerra apenas si se ven o se dejan oír. Pequeñas anécdotas para contar a dos o tres amigos; nada saldrá en la prensa, nada transcenderá. El sistema corporativo y el número seguirán impasiblemente su marchas. Cambia más el hecho que cinco usuarios compren un nuevo móvil (mantenimiento del nivel de consumo) y se creen diez nuevos YouTuber (personas que entran en el sistema y que al crear nuevos contenidos elevan la primacía de Google), que lo anecdótico de esa persona que ha sentido “escrúpulos”, como lo es la protagonista de la película.

   Remato. Si en el escrito “la dimensión individual” decía que apostaba por la soledad, frente a ser una apuesta tramposa, una de esas causas es el ser artista y por lo tanto tendente a lo narcisista; hay otras trampas que soy y que no quiero que se pronuncien en sociedad. En soledad no se tiene espejos, los otros, y no ves tu imagen, o cuanto menos no tienes que estar constantemente ocultándola o poniéndole restricciones (mascaras); tampoco, para bien o para mal, se da gasto neural de buscar confianza y confiar en los otros. En uno de esos vídeos decían que los narcisistas son un espejo que no te devuelven la imagen. ¿Acaso los que no son artistas entienden o saben escuchar a los artistas? Ningún cuadro o cualquier otro tipo de arte realmente lo entiende mas que el propio artista. Yo siento que cuando hablo de mis temas igualmente no tengo un espejo delante, al final las personas se ausentan de sus cuerpos, se ponen a pensar en sus cosas. Por otro lado dicen de los narcisistas que ponen como culpable a los otros, que siempre son las víctimas. Quizás los narcisistas en su aparecer, no los artistas o divergentes y quizás artistas o divergentes que nadie ha sabido sacarles ese lado creativo y divergente, como sucede en la actualidad en el sistema educativo. Aunque habrá artistas igualmente ruines y gilipollas, pues en la mezcla de caracteres y tipologías hay de todo. Nuestro problema es que vemos más a matrix que otras personas. Somos idiosincrasias que desde que nacimos estamos fuera de la caverna, y nadie entiende la visión que plasmamos. Yo rápidamente me sentí identificado con que el sentido de agencia en el cerebro era falso. A mis quince años tuve una experiencia que me marcó como que todo era máscara, y desde entonces no me ha abandonado. Nadie quiere compartir esa visión. Los artistas sabemos qué es máscara a la menor. Somos más sensibles a cualquier pequeña señal fisiológica de disonancia en los otros, de sus máscaras. Mi hija lo ha heredado y me las detectaba a los cinco o seis años, cuando el resto de las personas no las veían. Puede que nuestra forma de ver el mundo, con cada persona o pareja con la que nos topamos, lo vean como una carga excesiva en donde a ello/as las ponemos como los errados de forma constante. Quizás es que vemos más allá o somos demasiado sensibles a los errores y contradicciones dentro de un esquema más general de la matrix. Nuestro principal módulo es el supervisor, el resolutor de problemas, el intérprete en el lenguaje de Gazzaniga. Somos un tipo de apuesta, y como toda apuesta carga con sus contradicciones y lados negativos.


  Descargar nueva revisión del mapa mental sobre la superveniencia (filosofía, sociología, psicología). Cómo usarlo (ir al final del escrito). En el mapa me encuentro con los límites cerebrales y la tendencia a la parsimonia. Al principio había pocos conceptos que manejaba y mantenía en memoria, de tal manera que me era fácil enlazarlos. Ahora mismo ya he perdido el control (más de mil conceptos, que están conectados por más de cinco mil enlaces), ya no me es tan fácil ni cómodo enlazar conceptos. Busco conceptos que contengan el mismo nombre y después verifico si tienen que ver. Pongo ideas antónimas, pues en definitiva el mundo y el cerebro es dual. En muchos casos es rutinario y me termina por aburrir, me desmotiva; empiezo a comprender que no tengo el control. Por otro lado tengo el navegador de Internet lleno de pestañas de temas pendientes de leer, y realmente empieza a agobiar demasiado: no puedo pretender leer todo, y si dejo de leerlos me quedo con la sensación de poderme perder algo realmente importante. He encontrado una gran cantidad de conceptos sobre ideas que yo he tratado. Todo parece tener un nombre, o alguna teoría. También me estoy encontrando con mucha redundancia: conceptos que son muy iguales, o lo mismo. O juego de lucha (evolutivo) entre varios nombres de varios autores sobre una misma idea o concepto. No he puesto muchos enlaces. Es un proceso muy cansino, lo hago otro día. En los dos últimos escritos no sabía que títulos ponerles. En el anterior he errado, pues “un afuera de matrix”, es un tema redundante, que me deja muy abajo en la búsqueda de Google, tampoco es que me deje llevar por lo sonoro o lo propagandismo; el título presente es soso y no “dice” nada, lo quería haber llamado “cómo narices llamo llamo a este escrito”, porque realmente no sabía.
Bajar libro, borro enlace en unos días, por cuestiones de copyright y las nuevas leyes europeas. Tampoco tengo claro si final tendré que borrar escritos en donde pongo textos de libros, o seccionarlos.

¿Un Afuera de Matrix?

El mundo ya no está “presente” para nosotros, sino “representado”, un mundo virtual, una copia que existe en forma conceptual en la mente.” Iain McGilchrist
La sociedad es como un organismo que vive por sí solo, no una máquina que pueda construirse y modificarse a voluntad.” Edmund Burke

   El anterior escrito, a simple vista, aparece con contradicciones de base. El presente trata de subsanar esas debilidades y de paso dar por zanjado todo el tema sobre las identidades, y qué se puede entender como un agente y dónde reside la intencionalidad.

   He de decir que el concepto de arriba y abajo, que he perfilado en el escrito anterior sobre el cerebro, es bastante borroso, o no tan claro como lo he mostrado allí. Vayamos al caso de la estampida. Si veo un felino hecho a correr. Hay un estímulo que ha activado la amígdala y en los animales gregarios su activación quiere decir “echa a correr”. O miedo, en la medida que se activa una vía en donde se dispara un comportamiento automático y menos reflexivo, ya que en la carrera quizás haya crías caídas en el suelo que los animales pisotearán. No hay mucha diferencia entre el hombre y esos animales gregarios, el humano que se ve en situaciones límites, como el incendio en una discoteca, actúa igual. Volviendo al animal gregario, se activa de la misma forma la amígdala si se ve correr a toda la manada: es la misma vía, la instintiva. En otros casos la división no es tan clara como el tallo cerebral y ganglios basales (arriba en el proceso de ejecución o toma de control) y corteza cerebral (abajo). El cerebro en caso de peligro activa la respuesta automática o instintiva. Si vamos por un bosque en soledad, un movimiento cercano de algo desconocido, va a hacer que nos sobresaltemos, después el tallo cerebral y ganglios basales pasan el control a la corteza cerebral, para que por medio de la razón, analicemos qué era eso que nos ha sobresaltado. Aquí vemos que no hay tal agente en el cerebro, o no es algo centralizado. El tallo cerebral y ganglios basales toman el control en un primer momento, y después lo toma el sistema ejecutivo del prefrontal. Si fuera el caso que en esa situación hubiera sido un padre o una madre con un hijo muy pequeño, el primer “gesto” sería el de proteger al hijo, en vez de a sí mismo. En ese caso el tallo cerebral habría actuado pareado con el cerebro medio, el cerebro mamífero, para proteger a la descendencia. Pero seguramente la primera activación se da en el tallo y rápidamente deja el control al cerebro medio. También hay que tener en claro que todo sucede demasiado rápido, apenas unos segundos; a nivel de conciencia creemos que todo el acto ocurre desde el prefrontal, o a eso que llamamos un yo, y que creemos que es el agente cerebral “principal”, que esa “generosidad y amor” hacia el hijo la hemos “elegido”, cuando es casi una reacción puramente mecánica o automática. Lo que realmente ocurre es que en el humano todas las capas están más “entremezcladas” y su unión no son escalones, sino procesos muy vinculados. Por otro lado hay que tener en cuenta que a eso que hemos llamado “cerebro mamífero” (sistema límbico), no lo es tanto, puesto que una gran cantidad de reptiles y la mayoría de las aves tienen el mismo comportamiento de protección hacia sus crías. Y digo entremezclado, pues un comportamiento básico o instintivo no siempre implica de forma exclusiva a la parte más antigua del cerebro.

  Otro hecho, que refuta lo que decía el anterior escrito, es que los aprendizajes mecánicos son de abajo hacia arriba. Un tenista, o cualquier otro deporte complejo y rápido, es un aprendizaje “eterno” de mini-ejecuciones de pequeños cambios de fuerza y posición de músculos y articulaciones. Al final ese proceso, de abajo hacia arriba, ha creado una mecánica que casi actúa por sí sola en los partidos. Es ahí donde la frase de “la guerra de las galaxias” tiene sentido: hay que dejarse llevar o dejar actuar al sistema mecánico, a la “fuerza”, que ha creado una heurística o una inferencia bayesiana (aprendizaje intermedio entre cómo son las reglas de la física -gravedad, fuerza, curvatura de los proyectiles- y lo probabilístico -saber de cómo se va a comportar uno u otro contrincante en un caso u otro-. Lo mismo se puede decir del virtuosismo de tocar un instrumento musical: ha sido un aprendizaje muscular, mecánico.

   ¿Dónde está entonces el quiz de la cuestión?, la diferencia, la clave que yo trato de mostrar. A eso que llamamos agente en el cerebro nace sobre todo en la corteza cerebral. Bajo mi punto de vista es la autoconciencia en tanto que su principal herramienta es la palabra, un sistema simbólico complejo. A ese proceso que hemos visto arriba de pasar el mando desde el tallo cerebral y los ganglios basales, al sistema límbico o a la corteza cerebral, se le puede denominar como un cambio de a dónde ponemos o volcamos la atención o centramos la energía, seguramente con un mayor riego de sangre y de oxígeno (recursos limitados del sistema). Hay que hacer mención especial a la teoría que propone que la memoria de trabajo no es más que la activación o mantenimiento del foco sobre partes de la memoria a largo plazo. Esto nos dice la Wikipedia:

     “Anders Ericsson y Walter Kintsch introdujeron la noción de “memoria de trabajo a largo plazo”, que definen como un conjunto de “estructuras de recuperación” en la memoria a largo plazo que permiten un acceso perfecto a la información relevante para las tareas diarias. De esta manera, las partes de la memoria a largo plazo funcionan efectivamente como memoria de trabajo. En una línea similar, Cowan no considera la memoria de trabajo como un sistema separado de la memoria a largo plazo. Las representaciones en la memoria de trabajo son un subconjunto de representaciones en la memoria a largo plazo. La memoria de trabajo está organizada en dos niveles integrados. El primero consiste en representaciones de memoria a largo plazo que se activan. Puede haber muchos de estos, teóricamente no hay límite para la activación de representaciones en la memoria a largo plazo. El segundo nivel se llama el foco de atención. Se considera que el enfoque tiene una capacidad limitada y admite hasta cuatro de las representaciones activadas.” (…)

   “Existe cierta evidencia de que el rendimiento óptimo de la memoria de trabajo se relaciona con la capacidad neuronal para centrar la atención en la información relevante para la tarea e ignorar las distracciones,  y que la mejora relacionada con la práctica en la memoria de trabajo se debe al aumento de estas habilidades. Una línea de investigación sugiere un vínculo entre las capacidades de memoria de trabajo de una persona y su capacidad para controlar la orientación de la atención a los estímulos en el entorno. Tal control permite a las personas atender información importante para sus objetivos actuales e ignorar los estímulos irrelevantes de los objetivos que tienden a captar su atención debido a su prominencia sensorial (como una sirena de ambulancia). Se supone que la dirección de la atención de acuerdo con sus objetivos se basa en señales “de arriba hacia abajo” de la corteza prefrontal (PFC) que sesgan el procesamiento en las áreas corticales posteriores. Se asume que la captura de atención por estímulos salientes está dirigida por señales “de abajo hacia arriba” de las estructuras subcorticales y las cortezas sensoriales primarias. La capacidad de anular la captura de atención “de abajo hacia arriba” difiere entre los individuos, y se ha encontrado que esta diferencia se correlaciona con su desempeño en una prueba de memoria de trabajo para información visual. Sin embargo, otro estudio no encontró correlación entre la capacidad de anular la captura de atención y las medidas de capacidad de memoria de trabajo más general.”

Modelo de la Memoria de Trabajo de Baddeley y Hitch's

    Visto así la memoria de trabajo es un cambio de foco y es este foco el que crea la ilusión de un agente. Un ejemplo claro de esta forma de trabajar del cerebro, en tanto que foco, son las típicas imágenes en donde el sistema se centra en una o en otra cosa, siendo imposible ver las dos a la vez, como es el caso de está gráfica que o se ve la H y el 4 grandes, o se focaliza la atención en la letra o número que lo compone (E y 8), y se deja de ver a los primeros. En este caso el hemisferio derecho, que no es el supervisor o focalizador y que tiene una mirada más amplia del mundo, mantiene o trabaja con las dos posibilidades, pero en tanto que no las trata como datos alfanuméricos (el lenguaje se encuentra normalmente en la izquierda), sino como una simple imagen. En un lenguaje filosófico, el hemisferio derecho ve la forma, el “espíritu”, lo totalizante, mientras que el hemisferio izquierdo, que es analítico, ve el contenido, los atómico, lo particular.

Iain McGilchrist - The Master and His Emissary [2012][A]7

   Esto dijo Carl Jung: “la llamada unidad de la conciencia es una ilusión … nos gusta pensar que somos uno pero que no lo somos”. El símil más idóneo, para tal proceso, sería una linterna y dónde dirige su luz. Otro lo sería el ordenador. El foco lo tiene el programa con el que se trabaja, pero se lo “roba” el antivirus si detecta algo peligroso en el sistema, o el propio sistema en ciertas situaciones. Se nota cuando se está escribiendo y de repente se sigue tecleando, pero en ningún lugar, porque el foco ya está en otro lado. Si se tiene varias pantallas y varios programas abiertos, saber dónde está el foco a veces se hace complicado. Ante una situación de alarma se acelera el corazón para que haya más energía (sangre y oxígeno) al cerebro y al cuerpo en general, pero el cerebro tiene programado dónde está el foco o el mayor riego de sangre en cada momento. En un estado de alarma la corteza cerebral pierde el foco, y esta se encuentra en el tallo cerebral y los ganglios basales. Por lo general la alarma, en la vida actual, no actúa, luego casi siempre está en la corteza cerebral, y por norma general permanece siempre activa, luego nos da esa fuerte sensación de su protagonismo. De un agente cerebral. Es aquí, en esta región y seudo-agente, donde sí se puede aplicar el proceso de abajo hacia arriba, pero paradójicamente casi siempre para mal, como veremos. El prefrontal o la corteza cerebral en general “interpreta” mal las señales que vienen de arriba, o cuanto menos no las sabe “leer” (ver vídeo al respecto). En muchos casos la fuente de esas lecturas son las emociones, el sistema límbico. O sea, está claro que una reacción instintiva es “correcta”, en el sentido de que conviene no cuestionarla. La evolución mantiene ese sistema porque es muy efectivo. Si no lo tuviésemos no saltaríamos a la calzada ante un coche que no hemos visto y nos pita. Pero en el sistema límbico hay un nudo evolutivo de rutas que se cruzan y llegan a rotondas, en donde las “intenciones” o el foco se pierde en varias rutas a la vez. O sea, si tenemos en claro que un agente inicial en el sistema, a nivel evolutivo, era ese foco, al llegar al sistema límbico este, en muchos casos, se divide en varios agentes o rutas de ese foco. Normalmente ante la falta de focalidad, al final, se le entrega al prefrontal, a la razón, para por medio del juicio “decidir” una salida, pero las cosas nunca están claras. Ese proceso de varios caminos, en donde uno de ellos no termina por tomar el foco, es a lo que se llama conflicto emocional. Donde se da una lucha en donde ninguna zona gana al tratar de llevarse el foco, la intención o la decisión. En un caso sencillo, estamos en un comedor universitario y tenemos que elegir entre dos postres que nos gustan. O en un caso más complejo, y de un desarrollo más largo, cuando amamos a alguien y sabemos que la única forma de que sea feliz es dejándola. Si somos honestos no tenemos la sensación y ni sabemos de esas rutas divididas. No sabemos que una ruta ha ido al prefrontal medial, vía unión tempoparietal, o cualquier otra ruta. Lo que “sabemos” o sentimos es ese conflicto emocional, esa entrega del foco al prefrontal, al sistema ejecutivo, a la razón. Dado que la vida social humana es muy compleja y solemos estar de constante con disonancias y conflictos, de pérdidas de foco, donde la decisión no es clara, el sistema ejecutivo ha ido agrandándose y tomando cada vez más relevancia en el ser humano. Para resumir y abreviar: si el tallo cerebral y los ganglios basales son el sistema 1, el sistema límbico el 2 y el prefrontal el 3, en la vida diaria, en sociedad, todo que se pueda solucionar en el nivel 1 ya no recurrirá a los otros niveles; si no lo soluciona le pasa el foco al nivel 2 y si este no lo soluciona se lo pasa el nivel 3. Normalmente vivimos en automático: en procesos de los dos primeros niveles. Cuando conducimos, cuando trabajamos en algo que suela ser monótono, y cuando estamos con personas que vemos todos los días. El nivel 3 se activa de tres maneras: 1. cuando se da una situación nueva que es compleja, 2. cuando se da un conflicto no resuelto en el nivel dos, 3. cuando estamos solos y aburridos o necesitamos pensar en algo. Este tercer estado es importante y crucial para entender por qué creemos que ese es el agente del cerebro, que ese es nuestro yo. A eso que he llamado foco se le puede llamar conciencia. Si retiro la mano cuando por el rabillo del ojo veo que alguien me la va a golpear, es que hay una conciencia que “sabe” dónde está la mano y actúa sin que en ese proceso entre en juego la corteza cerebral. No llega a ser un acto puramente reflejo, pero sí instintivo, donde el cerebro tiene su propia respuesta, “elección” o “intención”, programada. Y digo elección e intención porque no todos los cerebros actuarán igual. Depende del carácter de cada uno. En una situación en caliente si alguien nos da un tortazo, ese sistema puede responder con un tortazo de vuelta a quien nos lo ha dado, pero no es universal. Por eso la ley diferencia y castiga de forma distinta un acto por impulso o llevado por la situación (sin intención según la jerga judicial), de otro en donde puede haber entrado la corteza cerebral y la razón (con intención). En el caso de los padres que protegen a sus hijos como primer acto, tampoco es universal. Hay una película que polemiza con tal situación, un padre ante una avalancha se salva a sí mismo antes que a su familia (Fuerza mayor, 2015). A partir de ese acto su familia le cuestiona. La evolución mantiene distintas apuestas siempre que se validen. Ese padre podrá ser rechazado, pero ya ha tenido descendencia que puede cargar con ese tipo de elección. El papel crucial de las mujeres en la evolución ha sido la de “detectar” esa sutilezas antes de tener hijos. La trampa de los hombres la de “ocultar” ciertas dobleces o posturas falseadas. La violación o el sexo forzado es un tipo de apuesta evolutiva que mantiene apuestas tramposas. La mujer de hoy en día no debería de seguir el embarazo de una violación (la apuesta cristiana y pro-vida no siempre es la mejor). Va en ambas direcciones: también hay apuestas tramposas en las mujeres. Pero por lo general, a nivel evolutivo, ese peso lo han tenido las mujeres, pues podían ser abandonadas con lo hijos, con el consiguiente “gasto” de energía y tiempo sólo para ella. Las hembras del reino animal son híper-selectivas, lo que ha reforzado su nivel de intuición a la hora de “elegir”.

  Retomo el tema, que me desvío. En el nivel 1 están reglas como la de la autopreservación, y la autorreplicación (vivir y reproducirse). Ahí estarán asentadas las tendencias limerentes hacia lo autopoiético. En el nivel 2 está el animal social que nos habita. Hay dos apuestas o modos de operar principales: alfas o no alfas (un beta es un potencial alfa, está en el mismo nivel). La apuesta alfa es hacia la no imitación, mientras que la de los no alfa, omegas, es hacia la imitación. En el humano al final las cosas no son tan sencillas. Sobre todo en la dirección que va la historia, donde ningún alfa nos parece “legítimo”. De una manera u otra en este segundo nivel las rutas que toman las resoluciones ya no suelen ir por un solo camino. Deslegitimar a un líder no quiere decir ser alfa. Simplemente que se es un omega sin líder. El cerebro se queda en el limbo entre no tener líder y no ser totalmente autónomo. Llevando tal dilema a través del paradigma de la estigmergia, es como si un camino de hormigas se bifurcase en dos, en donde ambos tienen la misma cantidad de señal química: ¿dónde irá una hormiga al encontrarse ante tal “dilema”? Un omega con líder seguirá al líder (camino estigmérgico más trazado), pero en su ausencia tiene que “elegir” por sí mismo. De facto ahora mismo es casi indistinguible quién es alfa o no, porque todos actuamos como si fuésemos alfas, pues en cada encuentro con alguien desconocido tendemos a “mostrarnos” como alfas, pues ese es el paradigma actual. Tenemos aquí una primera división de cinco tipos de humanos: 1. alfa que sabe que es alfa, 2. alfa que no lo sabe, 3. omega que sabe que es omega, 4. omega que se oculta que es omega, 5. omega que se cree alfa o la situación lo pone como alfa. Cuando yo digo que lo importante es el nivel 1 y los más bajos del nivel dos (el sistema límbico es demasiado complejo como para ser una sola unidad, por eso no tiene mucho sentido hablar de niveles, pero hace falta “nombrarlos” y clasificarlos para poder entendernos), ese carácter, o ego (en mi lenguaje, no el freudiano; ego profundo como lo puesto al yo del prefrontal), es que a no ser que se den situaciones límite no sale a relucir quien es alfa u omega. La vida humana es tan compleja, tan superficial, tan máscara, que uno casi nunca se enfrentará a ese dilema. Que se dé una situación límite tampoco resuelve el tema, puede que la persona que “tomase las riendas” sólo fuese el que más sabía ante tal situación, o que fuese el omega más “fuerte” mentalmente (en el reino de los ciegos el tuerto es el rey, fijarse en la sabiduría de los refranes, me desgasto en explicaciones y un refrán ya tiene la “solución” o “verdad”). Puede que a la mayoría de las personas estas afirmaciones le parezcan excesivas, pero ¿cómo entender el comportamiento de los alemanes en los años previos y durante la Segunda Guerra Mundial? En situaciones límites como las guerras se extreman las esencias, lo fáctico, la condición de cada carácter. Sobresale que la máxima humana es la de la conformidad, el ser omega. ¿Se creen que no se comportarían igual de estar en la misma situación?, ese tipo de creencias son en las “quiere creer” ese falso yo, por el bien de tener una buena imagen de sí mismo. La mayoría de personas no nos enfrentaremos a nuestra “verdadera” naturaleza en la vida, en un mundo neblinosamente edulcorado y blando. Se dice que la vida pone a cada persona en su sitio, pero realmente no es así: el mundo de máscara pone a cada mascara dentro del propio orden que tiene esta mascarada, esta matrix.


    Conviene aclarar algo más todos estos aspectos sobre el foco de atención y extrapolarlo a otros lenguajes.  De uso común se habla de inconsciente, y subconsciente, para diferenciarlos de la atención y ese saber que se sabe que es la conciencia o consciencia. En primer lugar hay que tener en cuenta que la corteza cerebral tiene dos hemisferios. En los animales que hacen uso de las patas delanteras (las ratas, por ejemplo) o brazos, siempre hay una preferencia hacia uno de los brazos, por orden general es como en los humanos: son diestros. Cuando nació el lenguaje hizo uso del lado izquierdo del cerebro, que maneja el lado derecho. Se cree que fue porque primero tuvo que haber un lenguaje no verbal, a través de las manos. Gestos tan comunes como indicar (dedo índice, indica), que alguien se vaya, gesto hacia afuera, o que venga, hacia adentro. Estos gestos eran llevados a cabo por el brazo derecho. Cuando “llegó” el lenguaje cada palabra era un “sinónimo” de un gesto del brazo, con lo que si ese proceso lo hacía el hemisferio izquierdo (brazo derecho), entonces por economía energética las palabras se “gestionaban” junto a esos gestos. Aún hoy cuando queremos dar énfasis sobre “ven” o “vete”, los acompañamos con los gestos. Se ha comprobado que inmovilizar los brazos entorpece la fluidez del habla ligeramente. Este proceso hizo que el hemisferio derecho se especializase en la tarea del habla. Con el paso de cientos de miles de años los hemisferios crearon o se especializaron en distintos procesos. En términos generales el lado derecho es más flexible y tiene una atención más amplia, y el hemisferio izquierdo es más focalizador y tendente a la comprensión. En ese sentido se puede afirmar que a eso que llamamos subconsciente es principalmente el lado derecho del cerebro, mientras que el consciente es el lado izquierdo. Conviene diferenciar distintos tipos de atención, así como palabras y conceptos que parecen ser sinónimos o familiares, pero que no lo son. Al escribir tengo la atención focalizada, que es sinónimo de centrarse, atención centralizada o concentrarse, papel que lo lleva a cabo el lado izquierdo del cerebro, que es donde están principalmente las funciones ejecutivas. Conciencia, atención y sistema ejecutivo son una misma cosa expresadas en distintos lenguajes, pues el sistema ejecutivo es sobre todo una forma de tratar con la atención: es un sistema de atención supervisora, concepto este último que yo he utilizado una y otra vez. Aquí nos encontramos con el nudo gordiano sobre el sentido de agencia, y que exista un agente en el cerebro o yo. ¿Qué hace el cerebro y cómo para que esto ocurra? De sentido común creemos que nosotros mismos hemos puesto la atención y la mantenemos. Pero sería como la paradoja del barón de Munchausen, que se sacó a sí mismo de un pozo tirando para arriba de su coleta. O sea, que si la atención o concentración no puede llamarse a sí misma, eso nos lleva a otro agente que le llama -como cuando nosotros pedimos a alguien para que nos preste atención-, pero por el mismo problema y paradoja del barón de Munchausen: a la vez remitiría a otro agente que le llama y así hacia el infinito.

600px-Infinite_regress_of_homunculus

   No hay tal agente, es la situación la que crea tal agente o estado concentrado, el que hace la llamada. En un ejemplo claro, un maestro o un conferenciante nos pide silencio y que le prestemos atención. En otro caso, si estamos leyendo y por el rabillo del ojo vemos que nos han lanzado algo, la atención o foco va hacia tratar de detener ese objeto. Igualmente es extrapolable a la informática. En este momento el microprocesador gestiona (centra sus procesos) en lo que estoy escribiendo. Si se diese el caso que el antivirus encontrase un virus, perdería el foco y se pondría en la ventana emergente del aviso. Igualmente una noticia o un meme de turno acapararían la atención de los procesos sociales. Volviendo a los dos lados del cerebro. Si el izquierdo acapara la atención, el hemisferio derecho sigue “procesando” el mundo en su visión amplia y flexible. Esta aparente “doblez” es por lo que podemos poner la atención en varias cosas o ser multitarea (atención dividida, igualmente extrapolable a la informática, que aparentemente trabaja en varios procesos a la vez), pero no existe tal cosa. Es tan sólo los dos hemisferios cerebrales con sus dos modos tan distintos de atender al mundo. El foco -o forma de procesar la información con el hemisferio izquierdo- siempre va estar en uno de los dos procesos, con lo cual el proceso no llega a ser óptimo. Por distintos estudios llevados a cabo se ha comprobado que el desempeño es peor durante la atención dividida. Por ese hecho se ha prohibido el poner la atención en el móvil mientras se conduce. Provoca más accidentes esa tara de la atención. De nuevo sobresale en este acto el ego de creer que somos mejores, que tenemos el control y lo hacemos mejor que la media. En informática hay dos conceptos que pueden aclarar todo esto. Trabajar en paralelo o en forma serial, viene de cuando el puerto paralelo y el serie eran para el ratón o la impresora. El serie manda los datos por un solo túnel, para tener una imagen más visual, mientras que el paralelo tenía varios túneles. El cerebro, en tanto que foco, o atención focalizada (concentrada), en realidad es serial, pero simulando ser paralelo. En ese caso es como si hubiera dos túneles, pero sólo por uno de ellos pasase información a la vez. El resultado va a ser el mismo: un solo flujo de información. Fijarse en palabras como centrado o concentrado. Si tengo una linterna y dividiese su potencia por dos, su iluminación sería menor en cada división. La cuestión es dónde va a mandar más energía (sangre, oxígeno) el sistema circulatorio, en un sistema que maneja una energía limitada (la energía del cerebro es como la de una bombilla de 60 Vatios). La hipótesis de la hipofrontalidad transitoria argumenta que todo estado alterado de la conciencia, como lo es la meditación, es dado por un corte en el riego sanguíneo al prefrontal. ¿Sabes esa sensación de euforia cuando se corre?, el sistema está mandando menos sangre al prefrontal porque mantener el equilibrio en la carrera consume muchos recursos. Se gasta en la atención visio/espacial. ¿No es paradójico que haya que cortar el riego sanguíneo al prefrontal para sentir esa alegría natural?, como ya he dicho en otros escritos (1) (2), la rumiación -el proceso del prefrontal cerrado sobre sí-  resta felicidad. Por otro lado la concentración requiere de mucha energía, por eso nos fatigamos, y llegamos al estrés o al agotamiento del ego. El cerebro hace micro-pausas, en donde baja el flujo, que es medible por la capacidad de mantener la atención. Las mujeres parecen llevar ventaja en este aspecto, quizás por la atención excesiva requerida por los bebés durante los primeros meses (llevar ese proceso al juego evolutivo de cientos de miles de años de selección de las mejores madres, las que lograrían que ese niño llegase a adulto, como para portar ese cambio hasta la siguiente generación, no quedarse a cómo ha de ser en la actualidad, donde el padre tiene que compartir esa tarea). Ante este déficit, cuando se está en clase hay pequeñas lagunas, donde se puede perder el discurso de los profesores, una vez que se pierde es complicado volver a cogerlo. Si esto mismo se lleva a cabo mientras se estudia, resolverlo es fácil, volvemos al párrafo en donde nos perdimos. A esta forma de operar del foco se le llama “eje de selectividad de la atención”. Es deficiente o funciona de otra manera en personas bipolares y las hiperactivas con deficiencia en la atención (bajo mi punto de vista son un tipo de apuesta que dan más prioridad a la manera de trabajar del hemisferio derecho: mirada flexible y amplia; divergente, frente a lo convergente de la concentración). Otra forma de medir la atención es por su eje de intensidad. Cuando conducimos casi todo lo hacemos de forma automática, la atención o nivel de energía del foco baja (cambio atencional). En el símil de la linterna es como si a esta se le pudiese graduar la intensidad de la iluminación. En ese sentido se divide en cuatro grados: sostenida (capacidad de tiempo para mantenerla), alerta, vigilante y focalizada o concentrada. La de alerta es más instintiva, mientras que la vigilante puede entenderse como un sucedáneo de esta primera, y en donde entra en juego el hemisferio izquierdo, sin ser una forma tan intensa como durante la concentración. De una manera u otra es similar a la división que yo hiciera arriba. El foco puede estar en tres estados y zonas. 1. Alerta (estado de peligro), en donde el foco está en el tallo cerebral y los ganglios basales, 2. el hemisferio derecho mantiene una atención amplia sostenida sobre todo lo periférico y fuera de foco (yo la llamo atención de fondo o background), y 3. la focalizada o que llamamos por lo común poner atención -o concentración- que es cuando damos ese proceso al hemisferio izquierdo, el de la palabra, el de las funciones ejecutivas (concepto que en su conjunto global y simplificándolo lo llamamos por lo común voluntad; antiguamente los profesores nos decían “pon voluntad en escuchar”). Tal mapa sigue siendo tan sólo aproximado y orientativo, lo hace la razón en su deseo de “controlar” el mundo. La evolución ha sabido jugar su papel, ya que desde el tallo cerebral tiene dos vías para llevar  la información a la corteza cerebral. Tiene acceso directo al prefrontal -atención focalizada-, y una segunda ruta al cerebro medio o sistema límbico. La primera para que el prefrontal analice el mundo bajo sus parámetros “racionales” y más objetivos, y que tienda a ser más efectivo. La segunda ruta pasa por las emociones y las experiencias previas. El síndrome de estrés postraumático cierra la primera ruta, de tal forma que el paciente no es capaz de aminorar o frenar, a través del sistema ejecutivo, las emociones. Lo mismo, pero en distinto grado en las fobias y las manías. Gana la segunda ruta y el prefrontal es “incapaz” de inhibir el sistema emocional. En unos y otros casos vemos que en este modo de operar, una de las funciones más antiguas del prefrontal, era la de inhibir y frenar las señales emocionales. Por ese motivo la razón está asociada a la frialdad y alejada del “corazón”. Una pequeña intrusión en el discurso; escribí al principio esa frase anterior de esta otra forma: “por esta razón está asociada a la frialdad…”, pues mi cerebro uso “razón” bajo sus dos significados, colapsados en una sola palabra: “sentido” y módulo para razonar, ¡las cosas de la economía cerebral y sus paradojas!, esto lo hace el cerebro derecho, que es más metafórico, amplio y flexible. La razón evita esto, lo supervisa y lo trata como error, porque así lo dictan las normas gramaticales que están dictadas en lo social. Extrapolar este hecho a otros, no ya a nivel cognitivo, sino incluso emocionales o morales. En algún lugar del cerebro, seguramente del hemisferio derecho, todo el saber, fuera de la palabra, está colapsado y encapsulado en apenas unos centímetros cúbicos del cerebro, a ese “lugar” debe de ir la intuición para dar respuestas. Fin de la intrusión. Pequeño resumen de este párrafo. El humano lo es por este módulo focalizador, en donde además su herramienta es la palabra. Esta es “categorizadora”, clasificadora, da orden al mundo a través de poner nombre a las cosas. Es a este módulo o capacidad al que llamamos agente. En principio estaba creado para verificar la información entrante, para que “decidiese” si era peligrosa o no. Para mantener la alarma o acallarla. Con el tiempo fue tomando otros papeles. Al final se tomó a sí mismo como un ente que habitaba el cerebro. La teoría bicameral nos dice que ese proceso fue lento, que al principio era como una voz o ser que nos hablaba en el interior (Dios, en la actualidad esa mente bicameral opera en los delirios, paranoias, cuando se llega a creer que alguien habla en el cerebro, como ser ajeno). Con el tiempo algunos humanos se diferenciaron y tomaron esa aparente otredad en el cerebro, como identidad, esta tendencia es la que “venció” a nivel evolutivo. Esa identidad creó el concepto de autoimagen, de autoconcepto y por lo tanto de agente en el cerebro, que a partir de entonces adquiría es estatus de yo. Yo que por lo demás heredaba todas las premisas de la vida: auto-preservarse y replicarse. Se creó la defensa del yo y todos sus entramados, que al final devinieron en sesgos y errores a la hora de hacer de “razón”. Tres últimos apuntes. 1. La atención plena (mindfulness), trata de hacer que el foco no se pierda, a la vez que trata de “restaurar” esa vía de control del prefrontal frente al “rapto” de la vía emocional, como es el caso de estrés postraumático; pero en el proceso podemos perder los “puntos de vista” del hemisferio derecho y se llega al agotamiento del ego. No hay fórmulas mágicas para vivir. 2. La “teoría de la restauración de la atención” nos dice que se puede tener un mayor foco, o recuperarlo, después de estar en la naturaleza o ver fotografías sobre ella; lo que demuestra que el cerebro “ansía” su estado primitivo y natural de unión con lo natural. 3. ¿Y dónde queda la intención en este juego de malabares del foco? Intención es sinónimo de sentido, origen con una finalidad o razón. El caso de los trastornos nos muestra la deficiencia de tal concepto. El cerebro no puede querer o poner como finalidad “funcionar mal”, como es el caso del estrés postraumático, las fobias y las manías. La finalidad se “pierde” por el camino. Sartre decía que la emoción es una respuesta -solución- “mágica” sobre la realidad. El pensamiento mágico es parte del lado derecho del cerebro. Piénsese por ejemplo en el protagonista de la película “Náufrago“, no basta con tener un rostro delante que haga compañía, al final le hablaba en el interior y era como una persona querida de la cual se hizo doloroso separarse. Un desmayo, o un desvanecimiento, nos evade del mundo de forma “mágica”. Es una regla primitiva y universal en casi todos los animales complejos. El niño se tapa los ojos y creé que los adultos ya no le ven. El cerebro casi siempre recurre a transferencias sobre dichas intenciones básicas. Llamamos intención, o la hemos reducido, simplemente a los parámetros de esa atención focalizada: cuando el cerebro deja en manos del prefrontal -o atención focalizada- qué hacer, y este enjuicia o tiene entre manos el sistema de valores prefijados por lo social o por el instinto moral. En realidad la intención ,o sentido último, se pierde en distintas rutas del cerebro y el prefrontal -razón- casi nunca sabe del verdadero sentido o intención. Valga como ejemplo que los hombres ayudamos más a las mujeres guapas, pero que si nos pidiesen una razón para ello, divagaríamos en justificaciones, cuando seguramente lo que está más en la raíz sea que queremos tener sexo con ellas. El porno radicaliza toda intención entre hombre y mujer al sexo. Nunca me ha gustado el sentido simplista y mundano que se le da al concepto de intención. Eso me convierte de facto en un cínico. Como el cerebro al ser social rechaza esta postura, todos se acomodan a esa regla simplista y vacía de la intención en matrix.

    Este pequeño recorrido bien puede ser un breviario sobre la “teoría del procesamiento dual“, en donde posiblemente el llamado “Sistema 1” sea eso llamado subsconsciente o hemisferio derecho, y el “Sistema 2” es lo consciente o hemisferio izquierdo. He aquí la tabla que nos facilita la Wikipedia:

Sistema 1 Sistema 2
Razonamiento inconsciente Razonamiento consciente
En su mayoría involuntario Mayormente voluntario
En su mayoría vinculado a las emociones (“sentimiento visceral”) Sobre todo desapegado de las emociones.
Implícito Explícito
Automático Revisado
Bajo esfuerzo Alto esfuerzo
Gran capacidad Pequeña capacidad
Rápido Lento
Proceso predeterminado (suprimido por el Sistema 2, concentración intensa) Inhibidor (suprimido por la mente despejadora, meditación)
Asociación (A↔B, A igual B) Implicación (A → B, A entonces B) (1)
Contextualizado Abstracción
Dominio específico Dominio-general
Más subjetivo, basado en valores Más objetivo, basado en hechos/reglas
Evolutivamente viejo Evolutivamente reciente
No verbal Vinculado al idioma
Incluye reconocimiento, percepción, orientación. Incluye regla siguiente, comparaciones, pesaje de opciones.
Cognición-Modular Inteligencia fluida
Independiente de la memoria de trabajo Limitado por la capacidad de la memoria de trabajo
Intuitivo, creativo Lógica, racional (1)
Metafórico, figurativo Literal, exacto
Mas cualitativo Mas cuantitativo
Diseño artístico, estético. Científico, matemático, técnico, formal (1)
Imaginativo Realista
Soñador Trabajando
Insightful ( momentos Aha! ), Radical Metódico, incremental
Paralelo, Simultáneo, No lineal. Serial, Secuencial, Lineal
De arriba a abajo, holístico, cuadro grande De abajo hacia arriba, Eemental, Orientado a los detalles.
Abierto, Adaptable Cerrado, rígido
Integrativo y Separativo Selectivo, Discriminativo
Meta-reflexivo Iterativo, recursivo
Genera (construye y descompone) patrones, conceptos e ideas. Manipula y utiliza patrones, conceptos e ideas.
Funciona a través de múltiples niveles de abstracción. Funciona dentro de un solo nivel de abstracción en un momento dado.
Sintético ( Bloom’s ) Analítico (Bloom’s) (1)
Intuición ( Myers-Briggs ) Pensamiento (Myers-Briggs) (1)
Genio Pericia
“Cerebro derecho”, “pensamiento lateral “Cerebro izquierdo”, “pensamiento vertical
Red de modo predeterminado Red de tareas positivas
Conexionismo ( ciencia cognitiva ) Computacionalismo (ciencia cognitiva)
Difícil de medir con pruebas. (2) Medido imperfectamente por pruebas de inteligencia. (2)
La capacidad neurológica es en gran parte fija, pero se puede practicar para utilizar mejor esa capacidad. La capacidad neurológica (CI) es en gran parte fija, pero puede estudiarse y ejercitarse para utilizar mejor esa capacidad.
Deficiente en el autismo , posiblemente anormal en el síndrome de Asperger Deficiente en discapacidad intelectual (retraso mental)
Interrumpido por lesión cerebral, enfermedad mental y varias drogas. Puede ser mejorado por ciertas drogas. (En casos muy raros, el sistema 1 puede mejorarse con una lesión cerebral debido a una inhibición neural reducida).
Lo siguiente requiere que los sistemas 1 y 2 trabajen en concierto: juicio, evaluación (Bloom), planificación, pensamiento crítico, pensamiento estratégico, pensamiento sistemático, diseño técnico.
(1) El desarrollo de estas habilidades (que componen el pensamiento analítico) más allá de un nivel muy rudimentario requiere estudio y ejercicio.
(2) Nota personal. En otro escrito decía que si los test para hallar la diferencias entre los sexos no “ven” las diferencias es que fallan, pues las neurociencias sí encuentran diferencias. Este hecho, de la dificultad de hacer test al hemisferio derecho, es la prueba. Como “procesadores multipropósito”, hemisferio izquierdo, hombre y mujer podemos ser iguales, pero no en el hemisferio derecho. 

   Volviendo arriba. La división de alfas y omegas es básica, pero es la primera bifurcación en el foco. Un omega ante una situación límite se pondrá en manos del alfa. Se ve en los hijos, en los primeros años son totalmente omegas, dependientes de las acciones de los padres (excepto casos de alfas indomables). Para el caso del omega la situación ya no es individual, es social, y ante esta situación el foco, y por ello la elección y la intención, lo toma el alfa, pues lo social, como el cerebro, es un sistema complejo con agentes: en el cerebros lo son las neuronas y en lo social las personas. Saber si se es omega o no sale ne infinidad de cosas diarias, pero no sabemos deducir que es por esta cuestión: el efecto fiesta de cóctel, situación en la cual uno oye su nombre entre la multitud, al parecer es más propio de las personas de bajo estado en la jerarquía, como si estuviesen pendiente de ser llamados por lo líderes. A partir de esa primera bifurcación ya no sé seguirle el rastro al foco en el cerebro. Sigue las rutas de nuestra evolución cerebral, por eso el núcleo es esa división de alfa y omegas, es lo más antiguo. La madre se vuelve alfa (agente, foco) siempre para su hijo, por eso su respuesta será la de salvaguardar al hijo, antes de mirar al alfa de la manada. Lo mismo para el padre, pero quizás en un menor grado. Es más antigua la unión de madre e hijo que el de la paternidad del macho.

Hipotesis de la Hipofrontalidad Transitoria

    Como no sé de esas otras rutas voy a la última. Por ingeniería inversa, quizás, se pueda seguir el rastro de todo lo intermedio. Vuelvo a tema de por qué el prefrontal ha tomado un papel tan importante. Bajo mi punto de vista, puesto que a nivel evolutivo el sistema ejecutivo fue tomando cada vez más relevancia, por el hecho que el sistema límbico se encontraba una y otra vez con atolladeros insalvables, entonces este sistema adquirió protagonismo. El nivel dos es el nivel social, casi siempre hay demasiados parámetros a tener en cuenta. Los papeles de alfa y omega se desdibujaron, pero no así el nivel jerárquico. Una de las principales premisas del sistema límbico es ganar y mantenerse en el nivel jerárquico más alto posible. Quizás aquí hubiera esa segunda bifurcación: querer o no tener un alto nivel jerárquico. Quizás ahí se empezó a distanciar mujer y hombre. La mujer está preparada para ser altamente colaborativa y comprensiva, así ha de ser con los hijos. No es de la misma forma con los hombres, que son más competitivos, son más tendentes a querer tener el mayor grado dentro de lo jerárquico. Como fuera. Lo que se deduce de estas reglas es que el prefrontal, era relevante y partía de lo jerárquico, pero en tanto que tomando el asunto desde fuera, resolviendo problemas del segundo nivel y creando hipótesis de lo que podría ser a partir de tomar una posición u otra, de tal manera que era autorreferencial. O sea, que a eso que hemos llamado foco, y que es esa tal conciencia en donde tal cosa era en tanto que lo que se traía entre manos (soluciones rápidas para cada momento: salvarse a sí mismo, salvar al hijo, seguir al líder…), en el caso de que esa zona fuera el prefrontal lo era en tanto que trabajando tan sólo con posibilidades, cerrándose sobre sí, dejando fuera la realidad, imaginándola. En ese caso el contenido de la conciencia es la propia conciencia, los problemas a nivel abstracto, desligados de la realidad (posibles futuros y posibilidades a partir de que uno haga una u otra cosa, etc.) Un segundo nivel de esta conciencia cerrada sobre sí, era el tomarse a sí misma dentro de ese contenido; a través de este nivel se llega al autoconcepto, a la autoimagen. En un eterno juego, a este nivel y a lo largo de cientos de milenios, uno creaba ideas de cómo sería uno mismo si tal o cual cosa sucediese, de tal manera que se creó una narrabilidad de uno mismo, de un yo en definitiva. De verse a sí mismo dentro de unos posibles escenarios y de ser así como actuar en cada uno. Hay un nacimiento en la prehistoria de ese yo, pero igualmente hay un nacimiento en cada bebé. El niño está “programado” para imitar, para aprender lo cultural, el humano es sobre todo cultura, información que pasa de generación en generación. Cuando un bebé mira a un adulto lo ve como un ente, como una totalidad con una intención (ser con finalidades) hacia el mundo, cuando todos sabemos de adultos que somos sobre todo duda o ausencia de certeza. De una manera u otra el niño imita totalidades, densidades de ser que aparentan no carecer de totalidad. Está programado incluso para imitar gestos que no están relacionados directamente con la acción. Si el adulto cada vez que coge el biberón se agachase, el niño creería que ese agacharse forma parte de esa totalidad del acto de coger el biberón. En ese aspecto el niño va aflorando a Ser en tanto que imitación y por lo tanto en tanto que densidad de Ser. “Gesto” que después es parte constitutiva de la conciencia, de estar atento al mundo y ser en tanto que acción. “Hay evidencia de que la imitación recíproca juega un papel constitutivo en el desarrollo temprano de un sentido implícito del yo como agente social”, nos dicen en la Wikipedia. De esta manera el yo individual “nace” de la existencia de uno mismo dentro de la especularidad de las neuronas espejo, en donde el otro es a la vez el espejo de mis acciones y de mi Ser en el mundo. De cualquier forma ahí está la raíz, pero aún no aflora el yo. Este “nace” cuando el cerebro es capaz de “deshacerse” de parte de lo imitativo, cuando introduce su propia creatividad, como para crear memoria autobiográfica. O sea, los primeros dos años su cerebro es algo así como panteísta, él es unidad con los adultos, pues al ser totalmente imitación su ser es la atención e intención de esos adultos con los que ha creado la impronta. O dicho de otra forma, la “intención” de su cerebro está relegada por completo a sus neuronas espejo, pero al ser estas tan sólo en tanto que activadas desde los adultos, el “yo” de ese bebé es por completo el de los adultos, que cual dioses se les aparece como densos de ser, sin fisuras, sin la duda o la falta de certeza por medio. Como de yo carece la imagen que una persona refleja en un espejo, que es el mejor símil para tal situación. Quizás sea esa densidad de Ser la que después se “añora” ya de adulto, de la que está falto el para-sí, y en la que este se quiere volver a “cegar”; esa en la que el niño era en tanto que pura imitación, o ser espejado o puramente imitativo de una aparente densidad de ser. Quizás por eso las personas estén deseosas de pertenecer a grupos, y seguir personas a las que imitar: para anular esa doblez en que consiste la distancia entre el mundo y el yo, distancia que está habitada por la duda, por la falta de densidad, por la falta de certeza. Bajo mi punto de vista ese es el yo o agente que creemos que somos: ese ente que se cuenta historias sobre sí mismo y que no es otra cosa que autorreferencialidad. Para el caso y lo que quiero mostrar es que es una realidad falsa. Porque en muchos casos la intención o elección las hacen el nivel 1 o el 2, o las dos en conjunto. El nivel 3, durante la evolución humana, no tenía tanto peso, la ha ido ganando a lo largo de los milenios y se ha pronunciado hoy más, puesto que los medios que hemos creado cada vez son más autorreferenciales. Me desplazo de lenguaje para que se entienda mejor. El momento actual, con los medios con los que nos movemos y las pantallas, son sobre todo elementos tendentes a que ese nivel 3 se vuelva aún más autorreferencial, que para el caso es que se haya vuelto más cerrado sobre sí mismo y por lo tanto más narcisista y egotista. Ha cobrado aún más protagonismo en el cerebro. Eso no quiere decir que de repente sea el gran constructor de la vida cerebral, sino simplemente que nos hemos quedado aún más en esa superficie, en ese espejo ante el espejo. En la pura narrabilidad, en la pura “teatralidad” de la vida, en donde ya no hay distancia entre el Ser y representar un “papel”. ¿O no?

   Pirámide_de_Maslow.La pirámide de las necesidades de Maslow sigue este proceso que yo he perfilado: las necesidades fisiológicas o primarias están abajo y las de la autorrealización arriba. Pienso que es un concepto errado. Es así en todo animal, pero bajo mi punto de vista, en el humano la situación varió. La autoimagen, el prefrontal, el nivel 3, ha adquirido tanta importancia que ha de estar en el nivel más bajo de la pirámide. ¿Cómo sino entender que alguien haga huelga de hambre y se deje morir si no es teniendo en cuenta esto que trato de demostrar? Sale a relucir una y otra vez. En la obra teatral de Sartre “muertos sin sepultura”, los presos franceses de los nazis quieren “ganar” y no confesar ante sus torturas, a costa de perder la vida. Su último pensamiento, antes de ser fusilados, es que habían vencido. Su muerte era una victoria con la que los nazis tendrían que sobrevivir. La vida imita al arte, ahí están los catalanes queriendo ganar, independientemente que haya alguna razón, o que sea para mejor o para peor. Ganar aunque se muera en el proceso.

    Queda tratar de averiguar cuanto es de funcional este sistema y si conlleva alguna “verdad”. En el ejemplo que puse en el escrito anterior de: “haz una pausa para reconocer el hecho de que tu ansiedad está actuando, sin juzgarte a ti mismo por ello. Hay un tipo de poder que te llega con simplemente decirte a ti mismo: ‘así es como son las cosas, no son totalmente las mejores en este momento’. Tienes un ‘huésped’ indeseado (la ansiedad) en tu casa (el cerebro)”, (fuente). Se refería a los cambios emocionales de las estaciones. Y sí tiene razón, esos cambios no son “reales”, no hay una “razón” para la ansiedad o la tendencia a la depresión durante los cambios estacionales, son tan sólo adaptaciones que está haciendo el cuerpo que afectan a la química del cerebro. ¿Pero quién crea el problema?, lo crea el nivel 3 que se autointerroga ante un estado que no reconoce, o del que no sabe deducir una “causa y efecto”, y que ante una falta de respuesta se autoengaña. O sea, que el nivel 3 se aviene y trata de solucionar un problema que el mismo crea. O dicho de otra forma, un animal más primario no se crea este tipo de dilemas, un lagarto ante un cambio estacional no “cree” tener un problema y se va a un psicólogo para que le saque de dudas, o sale de fiesta y tiende a enmascarar ese estado con drogas más o menos duras. Sólo el nivel 3 del humano cae en este tipo de errores, quizás los perros, y otros animales que puedan tener el mismo nivel de la conciencia (cuervos, delfines, loros…), pero no así el resto de animales. En otros casos el prefrontal entorpece al comportamiento del cuerpo: como un tenista dude entre dos acciones malogrará el golpe, dando ventaja al adversario. Igualmente se ha descubierto que si se bloquea el prefrontal izquierdo, con electromagnetismo transcraneal, el lado derecho encuentra soluciones que el prefrontal, bajo las premisas de sus juicios y razón, no encuentra. Extendiendo aún más todas estas ideas, las necesidades que se ha creado este nivel han vuelto aún más compleja la vida y la resolución de los problemas. Al crearse ese ente o agente que contiene una narrabilidad, una autoimagen, esto ha vuelto más compleja toda la realidad, toda posible solución, pues ahora el cerebro está impelido a que la realidad encaje con las historias que el cerebro se cuente a sí mismo, con su identidad. La razón deja de ser razón si está depositada en el mismo lugar que tiene la premisa de que la realidad se tiene que ajustar a la propia imagen. En ese proceso ya no razonamos, sino que racionalizamos, justificamos. A partir de esta idea se da un efecto dominó. Este tercer escalón era un resolutor de problemas o dilemas del segundo nivel, pero ahora el mismo crea problemas similares: ir contra la propia autoimagen o atenerse a que está errada, crea disonancia ahora a nivel cognitivo. En esa medida se crea el autoengaño, la mala fe Sartriana, por la cual uno no ve sus propios errores; este módulo está constreñido a mantener su identidad. O sea que si el primer módulo preservaba la vida, el segundo preservaba la vida de otros por delante de la nuestra (sacrificio de la madre, del líder o el héroe), el tercero preserva algo tan abstracto como la identidad, la imagen que tiene uno de sí mismo, su propia narración. En el primer nivel se atiene a lo natural más primitivo, en el segundo a lo social, en el tercero… ¿a qué?, a un irrealidad, a un fantasma en la maquinaria.

   Creo que ahora está más claro el mapa que trato de mostrar. Cierto que el mapa no es el territorio, pero hacen falta los mapas para buscar soluciones a ciertos problemas. Las tres divisiones o escalones que he mostrado siguen sin ser el territorio. Un omega -estado del nivel dos- es más tendente a lo imitativo, lo que hace que sea más tendente a ser patriótico o a unirse a un grupo o incluso a una secta, que afecta a su identidad del nivel tres. El pensamiento de grupoel sesgo de autoridad y el sesgo de favoritismo grupal afectará más a ese tipo de personas que a los alfa. Los omega crearan más racionalizaciones, más justificaciones, más autoengaño y mala fe en la medida que al crear ciertos tipos de identidades estarán más alejados de las reglas básicas que tenga un alfa. Son más sugestionables y por ello autosugestionables como para ser más tendentes a crease trastornos mentales. A crear conflictos internos, y hacia lo externo (adaptaciones), por los cuales el cerebro sólo es capaz de adaptarse creando dichos trastornos, o formas de manifestarse dichas contradicciones y luchas internas. Consecuencia, conclusión: el nivel 3 está aún más alejado de la realidad que cualquier otro módulo, bajo la insignia de crease una identidad, de ser un yo, pues tiende a crear una realidad falseada del mundo. Por otro lado es el único, por paradójico que parezca, que es capaz de reparar sus propios estropicios. Cuando hablo del insight, de la autocomprensión, me refiero a que este módulo se tiene que desprender, de esa otra de sus capacidades, para crear una autoimagen, pues esta autoimagen al final distorsiona las potencialidades de dicho módulo. No se tiene que tomar en serio (reírse de sí misma), tiene que cuestionarse de forma constante. No voy a decir que he encontrado una solución, pues esta regla en vacío no sirve de nada. La autoconciencia, en tanto que razón, tiene la capacidad de analizar la realidad de forma fría y distante. Tiene la capacidad de ser un proceso de abajo hacia arriba, ya que si una y otra vez uno “destapa” cuándo uno de sus procesos es un sesgo o una racionalización, en vez de una razón, al final crea el “hábito” de razonar de forma “correcta”. Es como un juego de músculos y articulaciones, que hay que desarrollar para al final ser un buen tenista. Pero… ¿se puede hacer tal cosa?, ¿qué se gana y qué se pierde? Desde esa razón, sin “máscaras”, uno ve toda su posible acción o racionalización como posibles posturas erradas, cuestión que es complicado de hacer, si no cae en la cuenta de que quizás haya otra motivación más debajo en todo el proceso. A la vez ese proceso lo va a hacer con los otros… ¿no es una visión cínica del mundo? ¿Qué es el humano sino su máscara? Ese juego al que todos jugamos con la condición de que nadie diga que es un juego (Diógenes, Hobbes, Schopenhauer, Nietzsche… el niño en el cuento de “el traje nuevo del emperador“). En esa nueva condición, de repente todo es una matriz, en donde uno ha tomado la pastilla roja. ¿Es eso posible o es otro autoengaño? Ahora, esta diatriba, se ha vuelto un nuevo paradigma. Las feministas creen haber tomado la pastilla roja; se cree incluso que las hermanas Wachowski crearon este concepto bajo las premisas de cuestionar al mundo binario del género. En realidad es tan antiguo como la humanidad. Ya estaba implícito en la caverna de Platón. Este se preguntaba si esa persona que había salido de la caverna se podría comunicar con los que permanecían en ella. El síndrome de Casandra nos dice lo mismo, alguien a quien los dioses la castigaron con ver el futuro, pero que a la vez la castigaron para que nadie la creyese.

   Conclusiones finales. La performatividad bien tomada puede ser esa conciencia que se desprende de “papeles”, de roles, de identidades. Pero ya hemos visto en el escrito anterior que por el bien de la humanidad algunos roles no se tienen que cuestionar, e igualmente hemos de tener en cuenta que el núcleo no es modificable. ¿Y qué es cuestionable o cambiable y qué no?, cada identidad, sea más real o menos real, va a dar su opinión. El feminismo nos dice una cosa, la Iglesia y la necesidad de Dios nos dice otra. ¿Son sesgadas o no lo son? Las nuevas generaciones hacen creernos que se saben reír de sí mismos, pero es otra pantomima, es tan sólo un juego mimético (meme-tico) de mentalidades omega, que siguieron a un primer alfa. Por lo demás se ríen de cosas superficiales, y no llegan al tuétano de sus “esencias”, y no con el afán de llegar a alguna catarsis, o posición mejorada. Una vez que hemos creado un juegos de espejos, a cuál disparar para que al final quede sólo la realidad (escena de La dama de Shanghái), ¿hay algo fuera del juego de espejos? De hecho la realidad actual se puede explicar bajo el paradigma de que hemos de mantener la narrabilidad del mundo, y que el posmodernismo, en la medida que ha ido quitando máscaras, está nihilizando la realidad social; está creando el mundo y la sociedad actual. A nivel individual, personal, ni siquiera es posible. O estás fuera de la sociedad y te salvas de hacer papeles y caer en roles, o estás dentro e inevitablemente las situaciones te van a meter dentro de los juegos sociales. Esa es a la conclusión que llega una y otra vez Sartre en sus obras; en “el Diablo y el Dios” el protagonista se atiene a hacer de “malo”. Se tarda en comprender, pero al final te das cuenta que no hay nada fuera de los reflejos sociales. No importa que hoy derrumbemos este o aquel, no se hace para vivir con la verdad, sino para levantar nuevos espejos (máscaras, convenciones, reglas). En algunas ocasiones creando más y más distancia con respecto al primer nivel. La performatividad mal entendida, si pretende que no hay naturaleza, crea un espejismo aún mayor. Una identidad del tercer nivel con más pretensiones de ser Dios, de ser todopoderosa. En soledad yo puedo quedarme con el primer y el tercer nivel, pero en cuanto tengo que relacionarme ya entro de lleno en el segundo nivel. Ni siquiera la cosa cambia de si fuese el caso que viviese con alguien que tuviese mi misma forma de comprender el mundo. Dos cuerpos siempre verán el mundo desde una posición distinta, desde dos ángulos distintos. Esas diferencias acumulativas les crearán identidades, y por ello conflictos, como así les sucede a los gemelos. Vivir es hacerlo en el mundo de las sensaciones, las emociones, las pasiones, que al final nublarán cualquier mente por muy racional que se crea… ¿Qué hay detrás del humano?, más y más humano. ¿Qué detrás del espejismo que es la realidad?, más espejismo. No hay nada fuera de matrix; Neo al salir de matrix entro en otro tipo de matriz. ¿Qué hay fuera de las identidades que uno se construye?, el carácter, un ente casi tan frío y mecánico como el propio cuerpo. Allí no reside un autenticidad, aunque sí una “verdad”: que somos reacciones al medio, complejos ante un medio complejo, pero al fin y al cabo reacciones fisiológicas. Del otro lado la razón, que si uno trata de ajustarse a sus parámetros, esta tiende a parecerse más a una computadora que a un alma. Algunos filósofos o pensadores, creerán haber encontrado el pináculo de la autenticidad, de desenmascaramiento, como lo puedo parecer yo aquí, pero yo soy más humilde y realista. Sé que aquí no hay nada, puro espejismo que quizás pueda ser útil en algún momento de la vida y para algunos, pero que no sirve ni para vivir, ni para construir felicidad; ni en el individuo, ni en lo social.


El largo párrafo entre dos líneas horizontales lo añadí el día 11. Hay redundancia con los siguientes párrafos, pues no revisé el conjunto. Algún día lo arreglo.

Cerebro Dividido y Justificación.

    Pienso que este vídeo es bastante elocuente sobre todo lo postulado en este escrito. Es el cerebro el que trabaja por sí mismo. El prefrontal, como “conciencia de” crea la ilusión de un agente o yo. Pero este desconoce todo del cerebro. En tanto que está constituido para crear una narrativa de sí mismo, cuando no sabe algo lo racionaliza. Pero creo que quizás la más simple prueba de ese hecho es que el prefrontal no “decide” olvidar esto o aquello. Cada acción en el mundo “crea” un mini-programa en el cerebro (unas conexiones dentríticas), en donde uno de sus encabezados tiene la premisa de que ha de quedar resuelto. Que no cree dolor, que no vaya contra el autoconcepto de uno mismo, que no vaya contra la homeostasis, que no cree conflictos emocionales, ni disonancias cognitivas. Si dicho mini-programa no haya una solución, el cerebro ha de tener la premisa de “olvidar”; que el módulo de evocar un recuerdo no tenga acceso a dicho “archivo”; en otros casos distorsiona el recuerdo para encaje con la narrativa de uno mismo.

La Performatividad y los Milenial

Lo transgresor ahora es ser conservador.” Los increibles 2
es artificio, la mentira necesaria que todos necesitamos para sobrevivir.” Adam Resucitado
– Ahora todo es distinto.
– Aún podemos tener pensamientos propios.” Leave no trace
Nuestras cicatrices tienen la virtud de recordarnos que el pasado fue real.” Dragón Rojo (Trilogía Hannibal)

    (Este escrito es en réplica a un vídeo en YouTube, pero que en la dirección de que no parezca un ataque personal, no lo enlazaré. Me resulta gracioso que se crean tan “performativos” y seguros, y después borren algunos comentarios que tan sólo van en la dirección de discrepar o puntualizar. Por cierto, no acepto estas clasificaciones, las dos del título o tal como las interpretó, pero la “uso” porque la persona del vídeo usaba una y otra. ¡Que manía con tratar de poner nombre a todo! No tomarse la vida muy en serio, o con humor, no tiene porqué tener un nombre: es simplemente vivir. Por lo demás este escrito tiene sentido con respecto al anterior, parece su segunda parte, pues trata el tema de los roles sociales, tema que no había tocado con anterioridad.)

    Imaginemos el siguiente experimento mental. Hago malabarismo tirando bolas en el aire, primero dos, después tres… cuatro. ¿Cuántas bolas puedo llegar a mantener? Compliquemos la cosa. En cada bola hay un genio o duende que a su vez tira bolas en el aire, que a su vez tiene de nuevo otros duendes que tiran bolas. Hemos creado un sistema autorreferencial, geométrico, infinito (a propósito de autorreferencial y un posible chiste: “¿Qué es un milenial?, alguien que habla de los milenials”). ¿Qué acto he hecho yo?, qué acto está directamente vinculado a mi malabarismo. ¿Todos, sólo los primeros? Yo puedo fallar, mi fallo se daría en las bolas que yo manejo. Si un fallo se da en el tercer nivel de duendes es un fallo “suyo” y sólo repercute hacia arriba de su referencialidad, no hacia abajo. Si yo dejo caer una bola soy el “agente” directo de la caída de ese duende y hacia arriba de esa referencialidad. Este acto, el de dejar caer la bola, es una intención, donde tiene que haber habido un deseo personal y por lo tanto de una identidad y una posible volición o acto libre de dejar caer la bola. Pero, ¿quién es el que ha deseado, quién el que ha hecho el “acto libre”?

   El posmodernismo, donde la performatividad es una de sus “hijas”, está en la cuerda floja de dos consecuencias de sus posturas y “credos”: no existe agente transfenoménico, ese que tiene un deseo, una identidad y “decide” en un acto libre, todo es acto; pero asumir tal cosa es asumir que no hay un agente en el cerebro, de tal manera que ¿todo es fenómeno?, una colección de actos, de conexiones cerebrales. O dicho de otra forma, todo el cerebro es una referencialidad al infinito de módulos que no “toman” una decisión, que no tiene una identidad y se “apasionan”, pasándose la “patata caliente” de unos módulos a otros otros, de tal manera que al final se haya generado una suma y sigue, como para que se haya dado una alta probabilidad de que una opción sea mejor que otra (algo así cree que es la científica Susan Greenfield). O sea, como si de una urna se tratara, que se fuera pasando de zona en zona del cerebro, y en donde cada módulo va metido su voto sobre su “opinión o decisión”, hasta que la situación y su premura abren esa urna y se hace un cuenteo de todas las posturas. Tal presunción, llevada al ejemplo de las bolas en el aire y los duendes, sería que no existe ese primer individuo que toma unas bolas y las lanza al aire. “Ellas” son la realidad y no hay manos tras de ese vuelo y tras de cada nuevo juego de bolas que genera cada bola. Esta es la presunción de fondo de la performatividad, los actos nos definen, accionar en el mundo es ser; mientras que lo performativo va más allá, pues en tanto que el habla es un acto, nos hacemos ser en el hablar, con el problema consiguiente que puesto que este habla puede ser un discurso, cada recoveco del discurso, abre nuevas posibilidades intencionales o de ser. El problema de este tipo de pensamiento o abstracción, ya llevado a lo social, sería que quién sería el culpable de cometer un crimen. Un sujeto humano es una “agente” social, que por su forma de accionar en el mundo lo altera, luego su acción sí tiene unas repercusiones sociales, luego de un modo u otro al final se “vuelve” en un agente, aunque tal “acción” la queramos haber evadido o restado del cerebro. En el acto criminal, en las leyes, de nuevo restituimos una intención o no, que proviene de un deseo o intención primera que a su vez tiene un agente que conoce, que comprende, que es consciente de ese deseo y lo deja hacer o lo acciona. Nos ponemos de frente al dilema del libro “el extranjero“, en la piel del personaje de la conocida obra de Camus, en una tarde calurosa en la que “su cuerpo” mató a alguien, y en donde ante el juez, buscando este un porqué, y preguntándoselo al “agente social” que tenía delante, al que se le presupone un agente interior, este no supo decir otra cosa que si lo mató fue porque “tenía mucho calor”. La respuesta más nihilista posible para un mundo de razón y de “agentes” sociales e intencionales.

    ¿Cómo es que no estamos cómodos ni con una postura ni con otra? Ni queremos tener un ente en el cerebro al que se le pueda llamar y que posea una identidad definida: ser un yo o carácter, ni queremos no tenerlo. Esa duda primera o posición indefinida y sin solucionar es por definición el posmodernismo. Si no hay agente puedo ser cualquier cosa, me “hago” al hacer -el habla según John L. Austin es otro modo de hacer- y toda definición que venga desde afuera, de los otros, me “mata”, me aliena, me constriñe, me roba esa “libertad” constructiva; pero tampoco estamos cómodos en pensar que el cerebro es simplemente una “colección” de fenómenos que son pura acción e inmediatez, bolas en el aire sin ningunas manos…, pues en definitiva ¿quién modula una oración larga?, elige tal adjetivo frente a otro, un superlativo que realza, o un verbo ante tres posibles…, ¿quién modula este escrito que parece emanar por sí solo?. Y sí, en el escrito podemos revisar y reescribir, pero según Derrida y el deconstructivismo, la escritura es la hija bastarda del habla. “Deseamos”, necesitamos comprender que somos un agente, pero que a la vez decide no tener entidad o identidad, y que se hace a cada momento, lo cual ya nos lleva a la paradoja de que sí existe realmente un agente o causa primera de toda acción, por lo menos en tanto que ese deseo de no tener identidad. Ese que lanza las primeras bolas en el juego de malabares. De otra manera, en cuestiones legales uno puede no ser el criminal, el que acuchilló, pero puede ser el autor en tanto que fue el que dio la orden o empujó a otro a cometer el crimen…, el que tiró la primera bola al aire. Esta dualidad en las creencias se ve representada ante el dilema de quién sufre un trastorno o enfermedad mental y quién hace un acto heroico o digno de mención. Por lo general cuando hay algo mal en nuestra conducta preferimos decir que es el cerebro el que nos está “funcionando mal”, el que tiene el daño, al igual que los problemas de la efectividad del filtraje de líquidos y de la orina es “culpa” de los riñones; pero por el contrario si algo es de alabanza es por esa entidad que somos dentro del cerebro. E aquí un ejemplo de esta idea: “haz una pausa para reconocer el hecho de que tu ansiedad está actuando, sin juzgarte a ti mismo por ello. Hay un tipo de poder que te llega con simplemente decirte a ti mismo: ‘así es como son las cosas, no son totalmente las mejores en este momento’. Tienes un ‘huésped’ indeseado (la ansiedad) en tu casa (el cerebro)”, (fuente). No deja de ser una versión menor de la dualidad demonio/Dios, en donde todo lo malo es del demonio/cerebro y todo lo bueno de Dios/yo. Paras ser lógicos y honestos o somos sólo cerebro y una “colección” de funciones, o tenemos un yo o agente “definido” tanto para lo bueno como para lo malo.

   En el mundo de las ideas nos dejamos llevar por cierto paradigma y tendemos a sobredimensionarlo, para finalmente dejarlo caer en un espacio “normalizado”.(1) Fijarse que en todo se siguen las reglas de la física, el equilibrio nunca existe, tan sólo una tendencia al equilibrio, un sube y baja de una posición central. De igual forma un descubrimiento se comporta como el tirar con ímpetu una pelota contra el suelo: rebotará con fuerza las primeras veces, para finalmente perder el trabajo que se ejerció sobre ella, en donde la energía se disipa y la pelota vuelve a un estado de reposo. Por otro lado la historia es cíclica: retoma ciertas ideas bajo otros aspectos renovados, con más datos científicos y fortalecidos por otras ciencias, para al final darnos cuenta que, quizás, allí no había realmente ninguna novedad. ¿Qué diferencia existe entre el sofismo y la performatividad en su núcleo?  Los sofistas eran un tipo de maestros de la filosofía griega que daban especial interés o protagonismo al discurso, a la retórica, a la palabra. ¿Resultado?, hoy sofisma quiere decir: “razón o argumento falso con apariencia de verdad” (RAE). Breve historia de tal hecho: “Sócrates” hoy encajaría perfectamente con alguien performativo y dentro de los deconstructivistas (polemizar contra todo el que se crea seguro de algo). Su saber era a través de mostrar las contradicciones de los otros, a través de los diálogos (cínico, si se piensa bien). Este modo de hacer, de operar en el mundo, fue puesto en “papel” por Platón, su discípulo, en sus obras, en donde su principal forma de filosofar eran los “diálogos”. Aristóteles asentó casi todas las bases de lo que entendemos hoy por filosofía. En la “decadencia” del periodo clásico, los sofistas se centraron más en la retórica que en la filosofía, en poner especial atención en saber llevar un discurso como para “ganar”, frente al saber y verdad que pudiera haber detrás, de fondo, en dichas estrategias del habla. ¿No pareciera que hoy en día estamos en esa misma época?, en donde el discurso, rodeado de un elaborada y estudiada pose de gestos y tono de voz, son lo más importante. A este proceso hemos llegado, en parte, por las ideas de la performatividad, que sobre todo sobresale en los políticos, los coach, los influencers y finalmente en los YouTuber, cada uno de ellos en una esfera y al final sobre una “clase social”, si puede seguir siendo legítimo tal concepto. ¡Que paradójico, y cínico, que nos moleste en los políticos y no en otros, y nos resulte positivo si esa es nuestra postura! Lo que quiero decir, es que si lo importante es ese aparecer, ¿por qué creemos que alguien puede ser más legítimo o auténtico que otro, si lo único que vemos en ambos casos es esa máscara del discurso o de su aparecer?

   Demos un paso atrás y tratemos de tomar un punto de vista más panorámico sobre todos estos temas. La performatividad es parte de la teoría del aprendizaje social, que viene a decir que si cierta persona no tiene un patrón sobre alguna cuestión, acciona en el mundo desde cero, de tal manera que ese primer patrón o forma de hacer le crea dicho patrón, que será, por lo general, su forma de operar ante dichos tipos de problemas en el futuro. ¿Cuál es el esquema de tal hecho?, que el humano se hace accionando en el mundo. O sea, que no parece haber unas manos -naturaleza, ser- que tiraran la primera bola al aire, pero una vez que la bola está en el aire se crea la “necesidad” de que exista unas manos que mantengan a la bola en el aire. Se sigue la premisa del existencialismo: hacer es Ser, que en John L. Austin, padre de la teoría performativa, se transforma en “decir es hacer”, y que al final podría ser tomado en lo performativo como “decir es Ser”. La teoría del aprendizaje social tiene su equivalente en el mundo de las emociones en la teoría de James Lange (teoría periférica), que viene a decir que si sonrío, se crea la emoción que es la base de tal gesto, y que es la felicidad o la alegría. La actual y arquetípica idea de que si uno se pone un bolígrafo o palo de forma trasversal en la boca, que obliga a los “músculos de la risa” a estar para arriba, ya se induce su estado emocional parejo. De igual forma esta teoría puede ser tomada como parte de una teoría aún más global llamada “cognición encarnada“, en donde el verbo encarnado, aquí, no es algo místico, sino simplemente es un sinónimo de corporizado, en tanto que cuerpo. Según este paradigma el cerebro, la cognición, es siempre y ante todo reducible a algo físico y relativo al cuerpo. Por ejemplo, el habla, no la abstracción que tenemos en mente sobre el lenguaje y es la que usamos todos los días, la cognición encarnada la reduce a sus posiciones musculares: boca, labios, lengua, cuerdas bocales y pulmones, de cada fonema y sus correlatos neuronales en el cerebro.

   Ahora desmontemos todo este andamiaje artificial a ver si se mantiene su construcción. En unos casos y otros la cuestión es en qué dirección fluye un comportamiento. La forma clásica es creer que es desde el cerebro, arriba, hacia el cuerpo, abajo. En las tres teorías expuestas es al revés, de abajo hacia arriba. Desde el cuerpo hacia el cerebro. Para ser realistas es de las dos formas, el caso es saber cuál es la vía “principal” y sacar conclusiones a partir de ahí. Lo que está en juego es si hay un Ser, si hay un agente, si hay una naturaleza, o sólo somos en tanto que hacer. Primero hay que poner las cosas en claro. Hay a ciertos pensadores que les “convenía” más que fuera de una forma que de otra. La performatividad y el giro performativo ha sido sustentado por personas como la teórica feminista Judith Butler, Derrida y Foucault, trio con la premisa de querer “derrocar” el concepto o los roles, según se analice, de hombre y mujer o del sexo binario. O sea, precursores de las teorías de género, que al final ha devenido en la teoría Queer. Bajo estos preceptos conviene que no haya naturaleza, que todo sea hacer. O sea, se acogieron a ideas o teorías que les “daban la razón”. No hacía falta llegar a esas ideas, a desechar la naturaleza por completo, pues hay explicaciones evolutivas para la homosexualidad, que de igual forma hubiera llevado a tal colectivo a ser “aceptados” y no a ser concebidos como una “aberración”, según la visión más radical y anterior sobre el concepto de qué era “natural”.

Performatividad y Milenials (Gráfica)

   Si nos remontamos a las primeras formas vivas estas eran simplemente hacer. Allí no había ser. No existían los sentidos, eran meras reacciones químicas, que son desde ese elemento que se acopla al exterior de lo vivo, hacia lo vivo, hacia su interior. Alimentarse o encontrar nutrientes o energía tienen esa dirección de abajo hacia arriba. Pero la evolución, la evolución del sistema nervioso, incluidos los sentidos, se basan en tener reglas establecidas. En un primer paso, si algo excedía de calor, el ser vivo se retiraba de esa fuente, en ese tipo de actos, reflejos, el cerebro no actúa, tan sólo el sistema nervioso, son de abajo hacia arriba. Pero a partir de poder dar varias respuestas posibles o de tener que evaluar situaciones más complejas se crearon las interneuronas, que son la base de la memoria y el aprendizaje, y dicha base crea una identidad. O sea, a un oso una flor no le “dice” nada, su ser, su esencia, es ignorarla, pero no así a una abeja. La naturaleza, o esencia de la abeja es que tiene comportamientos instintivos hacia la flor. La visión de la flor hace que su cerebro cree acciones en el mundo. De arriba hacia abajo: crear todos los procesos para que en su vuelo se dirija a la flor. En los animales sociales se crea una nueva dinámica o capa de abstracción. Se ve claramente en los suricatos, dividen tareas: unos cuidan la prole, otros recolectan comida, mientras otros están pendientes de los depredadores. Un aviso de estos últimos, a través de un sonido, sirve de “causa” para que el resto de suricatos corra y se esconda. En el proceso se les ha activado la amígdala, donde tal activación conlleva la emoción del miedo (alarma, en realidad, el hombre le ha puesto el nombre de miedo a esa “sensación” o emoción). No han visto a un depredador, pero un sonido de otro suricato ha hecho de “disparo” para el miedo. Quizás en este ejemplo la cuestión no quede muy clara. En animales gregarios, durante una estampida, nunca está en claro si hay un detonante directo para sentir miedo y correr. O sea una cebra que está distraída comiendo, de repente se percata que el resto corre y a ella se le activa la amígdala, el miedo, y se echa a correr. En situaciones como estas a veces no era por nada, sino por mero azar, quizás porque una cría se asustó, y se puso a correr por algo como un ratón, y el resto le siguió. Esta es la teoría de James Lange: se tiene miedo porque se corre. Una acción ha creado una emoción. Pero rápidamente nos damos cuenta de sus fallas. Es un tipo de reacción de abajo hacia arriba que no depende de la realidad, sino de una posible realidad. Si se afina bien, los neuróticos, que han terminado por ser una tipología humana, y una gran mayoría de trastornos, se basa en esta regla tendente al fallo, no basada en la realidad, sino en el error de no basarse en esta: en la rumiación, en las paranoias, ideas fijas, miedos infundados (fobias) y en el exceso del deseo de control (manías), etc., en donde la realidad no está o es ambigua. Lo que entra en juego en los animales sociales, al final, en las estampidas y estos tipos de actos, es la imitación, las neuronas espejos en los animales más complejos. Si alguien bosteza yo puedo no tener sueño, pero bostezo; varios bostezos consecutivos pueden hacer que me adormezca o me baje mi nivel arousal (nivel de vigilia o excitación), de nuevo el efecto de James Lange.

   Qué se concluye de este breve análisis. Aunque Sartre fuera existencialista y su bandera fuera la de “hacer es ser”, si se lee sus libros y sobre todo su ficción (teatro y novelas) su forma de analizar al hombre era más “determinista”, en el libro “el Ser y la nada” el para-sí, la libertad siempre está constreñida por el en-sí, por el carácter, el pasado, los otros, la situación y la condición de vida de esa persona. En la obra de teatro “El diablo y Dios” su protagonista trata de comportarse de forma opuesta a su carácter: cruel y determinante, pero al final se da cuenta que al “salirse de su papel” las cosas le van peor, no sólo a él sino al resto, por lo que “vuelve” a su naturaleza, a su “papel”. En un cerebro tan complejo como el humano, donde prima el aprendizaje y la neuroplasticidad, el proceso de abajo hacia arriba tiene cabida, pero sí hay una naturaleza humana, una genética, un código de patrones escritos. Bajo mi punto de vista las rayas hacen al tigre, o me atengo a la regla de la fábula de la rana y el escorpión: al final el escorpión muere ahogado por picar a la rana que le cruzaba el río, con la conclusión de que no podía evitar picarla, pues esa era su naturaleza. Esa naturaleza, además se ve reforzada por los roles sociales, roles que ya hemos visto en los suricatos. Una madre nunca puede dejar de ser madre. ¿Dónde está escrito qué es una madre?, en lo social o en la naturaleza. Es una mezcla de ambas cosas. La evolución es un sistema complejo con sus propias reglas, pero un sistema complejo, como lo es un animal social, tiene sus propias reglas. Las reglas sociales humanas se han “escrito” durante cientos de milenios. Se hace casi indistinguible qué es naturaleza y qué es sociedad, porque al final lo social repercute en la naturaleza. El siglo XX, con la performatividad, ha querido distanciarse de ciertos roles, de ciertos arquetipos, pero ¿ha sido para bien o para mal? La mujer ha “roto” con lo arquetípico femenino, de la maternidad, etc. El hombre se ha tenido que adaptar y ha suavizado (a desgana diría yo) sus roles. Todo estamento, desde el poder, a cualquier tipo de liderazgo, hasta conceptos como los de proletario o de trabajador, han suavizado sus posiciones o roles a otros más adaptados a la nueva dirección global. Lo dicho arriba, todo movimiento social tiene un primer impulso fuerte, sólo con el tiempo vuelve a su equilibrio inercial. Como ya dijera en el escrito anterior, sí tenemos un Ser, que es nuestro carácter, en el cual también incluyo los “daños” o beneficios de los primeros años de vida, como lo es y lo que hace el apego: el tipo de contacto y trato con nuestro cuidador, que suele ser la madre, y en un segundo plano el padre (o sus ausencias). Decía Sócrates que: “para un hombre que preserve su integridad, ningún daño real a largo plazo puede superarse“, y usa el verbo “puede” en vez de “debe” -que es el que el cerebro “espera” en ese contexto- por su “inevitabilidad”. Se dice que el psicoanálisis saca a flote los daños, otra cosa muy distinta es llegar a una cura o catarsis (síntesis, integración). En un caso u otro: una persona también es sus cicatrices. Pienso que hay varias generaciones, los milenials y la generación Z, que son “víctimas” o  “ensayos” de esta percepción “nueva” o alterada de la naturaleza humana y los roles. Es posible que ese “experimento” pierda su credibilidad o puede que se incremente. No lo sé. Tampoco sé si es para bien o para mal. Demasiados factores a tener en cuenta. Un artista es dimensionalmente, en tanto que ser, más cercano a los milenials, que a los roles y arquetipos de “siempre”. Son seres liminales, que en su esencia tratan de escapar de toda esencia, de todo lo dado. Están “creados” para ser rotura, por ser divergentes, para buscar nuevos posibles caminos, ante situaciones complejas. Son una “necesidad” evolutiva…, pero que toda la sociedad al completo tengan esas mismas “armas” y maneras de proceder me parece, cuanto menos, peligroso y desequilibrador.

   Puede que haya ido demasiado rápido en las conclusiones del último párrafo, para quien lo haya entendido que se salte el presente. Todo animal social porta “dos naturalezas”, dos potencialidades que posiblemente sean activadas a nivel de epigenética: ser social, ser individual. Esta doblez la portan más los machos pues por lo general el concepto de grupo social es a partir de las hembras y sus crías (hermanas, tías). Suelen ser los machos los que tengan que irse de su propio grupo, o bien para crear uno nuevo, o para unirse a otro que lo acepte. En ese estado liminal (existencia provisional) se tienen que valer por sí mismos. El humano porta esa dualidad. En la dimensión solitaria, como ya he descrito en otro lugar, uno se desprende de las emociones, que son básicamente para “funcionar” en grupo. No hay activación de neuronas espejo, no hay imitación (por lo menos antes de los medios de comunicación masivos, entre los que incluyo la televisión). Cuando se cuestionan los roles, cuando cuestionamos nuestra dimensión social, cuando no queremos ser reducidos a nuestra identidad de nación, o de sexo, o de nuestro trabajo, de nuestra edad, o de nuestra posición social, etc. -en un ejemplo si digo rubia, guapa y de padres ricos, todo cerebro ya se ha creado una idea de ese tipo de personalidad, de un estereotipo de mujer-, entonces estamos “renegando” de nuestra dimensión social, quedándonos en ese proceso tan sólo con el carácter y los procesos más altos del cerebro: el sistema evaluativo/ejecutivo. Esta es en la posición en la que se encuentra, en la actualidad, la sociedad del primer mundo, por lo general, puesto que la performatividad puso en jaque qué era ser mujer y por ello madre, y qué ser hombre y poder, y en donde el poderoso ya no ha de ser concebido como el explotador, puesto que todos somos susceptibles de llegar a tal posición. Bajo mi punto de vista rebelde, de artista, esa posición está bien: nunca me ha gustado que me definan, el artista es rotura, mi “alma” o esencia quiere lo mismo para los demás. Las definiciones son barrotes en la potencialidad del ser. Todo humano tiene esta misma premisa: sentir que su papel social le ahoga. En la antigüedad ese ahogo se desataba en las fiestas, sobre todo durante el carnaval, pues en el fondo son una rotura contra todo papel social, un quitarse las “máscaras”. Pero lo que hace a una sociedad, lo que hace que sea parte de su naturaleza, en su dimensión social, son esos roles. Lo vemos en los suricatos, o en las abejas: la evolución ha “creado” posiciones preestablecidas para una función, para un fin, para el bien común. Si en la dirección de tratar de romper moldes o roles, a nivel individual y por deseo de cada persona, todo se difumina, entonces los roles de padres pasan por el mismo proceso. Los milenials son un “prueba y error” de una posición en donde el “papel” de los padres se ha desdibujado. Ya no tienen que ser tan rígidos, tienen que comportarse casi como amigos, no como “entes” autoritarios. En esa medida se ha roto con algo que llevaba operando desde hacía milenios. A la fuerza era parte de nuestra naturaleza, aunque fuera en la dimensión social. Se supone que un hijo crea un apego hacia la madre, de un estado totalmente protegido, que el padre amortiguaba por su dureza y rigidez, como para que sirviese de adaptación a lo hostil que es vivir en sociedad. Llegado un momento el individuo por sí mismo busca la rotura tanto del apego, como de la fuerte autoridad del padre. Salta del nido, se vuelve independiente. Lo que se está averiguando, sobre todo con las últimas generaciones y ante esa rotura de roles, es la pérdida tanto del apego como de la autoridad: el niño tiende hacia una personalidad con distintos tipos de trastornos, y entre ellos el narcisista. El apego es diádico, de dos, a falta de madre ese papel lo puede hacer el padre, pero por lo general “encaja” mejor la mujer, pues tiene la química hormonal para ello. La nueva situación en la que la madre trabaja, en alguna medida manda al traste la concentración y el tiempo de la madre para mantener un apego seguro, que equilibre la emocionalidad del niño, como para que cuando sea adulto no sea demasiado miedoso o ansioso, por ejemplo. ¿Es esta nueva actualidad la que ha “creado” la llamada generación “copo de nieve“?, la que es más susceptible a padecer la baja tolerancia al estrés y la frustración. Por otro lado los nuevos cambios de roles y las nuevas situaciones son más tendentes a crear trastornos de apego, como ansiosos-ambivalentes, ansiosos-evitativos o desorganizados, lo que manda al traste la maduración emocional y social del adulto. En la cultura occidental se está promoviendo un alto grado de diálogo y casi la total ausencia de una fuerte y rígida autoridad (padre ausente, o puesta en duda de su papel rector), lo que es susceptible de crear un tipo de personalidad con una seguridad totalmente disonante e irreal: narcisista, pues la madre sólo alagará al hijo, y después este saldrá a un mundo, con esta falsa seguridad, en donde nadie la aplaudirá nada: la adaptación cerebral le llevará a pensar que él está acertado y que lo que está equivocado es el resto del mundo. Este tipo de personalidad es el que sale a relucir en programas como “gran hermano” y otros reality show, u ahora en los YouTuber: falsas seguridades que se caen a la menor. De una manera u otra la “caída” de los roles ha creado el panorama actual, en donde cada vez hay un mayor grado de inadaptación social. He aquí la lista de la repercusión en los hijos, ante esta caída o puesta en suspensión de los roles, proporcionada por la Wikipedia:

   “Los hijos de familias disfuncionales, ya sea en el momento, o a medida que crecen, también pueden:

  • No tener la habilidad de ser juguetones, o infantiles, y pueden “crecer demasiado rápido”; a la inversa, pueden crecer demasiado lentamente o estar en un modo mixto (por ejemplo, comportarse bien, pero no ser capaces de cuidarse solos).
  • Tienen problemas de salud mental de moderados a graves, que incluyen depresión, ansiedad, y pensamientos suicidas .
  • Tienden a convertirse en adictos al tabaco, el alcohol o las drogas , especialmente si los padres o amigos han hecho lo mismo.
  • Intimidan o acosan a otros, o son una víctima fácil de ellos (posiblemente tomando un papel doble en diferentes situaciones).
  • Estar en negación con respecto a la gravedad de la situación de la familia.
  • Tienen sentimientos encontrados de amor-odio hacia ciertos miembros de la familia.
  • Convertirse en un delincuente sexual, posiblemente incluyendo pedofilia.
  • Tiene dificultad para formar relaciones saludables dentro de su grupo de compañeros (generalmente debido a la timidez o un trastorno de la personalidad ).
  • Pasan una cantidad excesiva de tiempo solo viendo la televisión, jugando videojuegos, navegando en Internet, escuchando música y otras actividades que carecen de interacción social en persona.
  • Se sienten enojados, ansiosos, deprimidos, aislados de los demás, o no son dignos de ser amados.
  • Tener un trastorno del habla (relacionado con el abuso emocional).
  • Desconfía de otros o incluso puede que tenga paranoia.
  • Convertirse en un delincuente juvenil y que recurra a una vida delictiva (con o sin abandonar la escuela), y posiblemente también se convierta en miembro de una pandilla .
  • La lucha académica en la escuela o el rendimiento académico disminuye inesperadamente.
  • Tiene baja autoestima o una pobre imagen de sí mismo, con dificultad para expresar emociones.
  • Rebelde contra la autoridad de los padres o, a la inversa, defiende los valores de su familia frente a la presión de los compañeros, o incluso trata de adoptar un “terreno intermedio” imposible que no complace a nadie.
  • Piensan solo en sí mismos para compensar la diferencia de su infancia (ya que aún están aprendiendo el equilibrio del amor propio ).
  • Tienen poca autodisciplina cuando los padres no están presentes, como gastos compulsivos, postergar demasiado las fechas límite, etc. (consecuencias familiares desconocidas, incipientes y aparentemente laxas o evitables vs. consecuencias paternas conocidas, concretas y rígidamente impuestas).
  • Encuentra un cónyuge o pareja (a menudo abusivo) a una edad temprana o huye de su hogar .
  • Quedarse embarazada o ser madre de hijos ilegítimos .
  • Corre el riesgo de convertirse en pobre o sin hogar, incluso si la familia ya es de por sí rica o de clase media.
  • Vive un estilo de vida solitario, sin cónyuge, pareja, hijos o amigos.
  • Tener comportamientos autodestructivos o potencialmente autolesionantes.
  • Tienden a unirse a un culto para encontrar la aceptación que nunca tuvieron en casa, o como mínimo, tienen creencias filosóficas/religiosas diferentes de las que les enseñaron anteriormente.
  • Se esfuerzan (como adultos jóvenes) por vivir lejos de los familiares en particular o de la familia en general, posiblemente pasando mucho más tiempo con la familia extendida .
  • Perpetúan comportamientos disfuncionales en otras relaciones (especialmente con sus propios hijos).”

  ¡No impacta tal lista! Aquí vemos qué se gana y que se pierde con la complejidad de la vida. Más complejo no quiere decir precisamente mejor, que puede ser, quiere decir más posibilidades para que algo salga mal. “Crear” un humano es gratis, pero hacerlo un adulto con madurez emocional es costoso y muy complicado. Se dan tantas variables, que es más por azar que por su búsqueda, pues no depende de una sola persona o de ambos padres, sino de una multitud de factores que uno ni siquiera llega a vislumbrar en cada momento del crecimiento de ese ser humano. Además, a la complejidad del cerebro humano, en la evolución histórica, hemos ido creando más complejidad en el medio donde este crece. En una pequeña tribu de cazadores recolectores apenas si se dan unos pocos factores de variables. En las sociedades modernas, en las grandes ciudades, y sobre todo ahora con Internet y los móviles, todo es más caótico, imprevisible y tendente a que se pueda perder el control de la vida y la educación de tu propio hijo. Las probabilidades son tantas, y el tema tan actual, que la lista de películas sobre las familias disfuncionales es enorme. Por lo demás, en lo social, ¿qué se pierde por el camino de poner en jaque a los roles?, primero la madurez, el niño llega a la adultez con una emotividad no madura, se incrementa y generaliza el complejo de Peter Pan; lo segundo, a un nivel más ontológico, se tiende hacia seres humanos “performativos”, que reniegan de su carácter, de conocerse en profundidad, resultándoles incómodo ese carácter que a veces les sale en lo social. No voy a decir que alguna vez existió una paternidad sin taras. Eso quedó demasiado atrás en lo humano, existe en las tribus de cazadores recolectores de la actualidad, pero desde que el humano apostó por los grandes asentamientos la tendencia ha sido hacia el desequilibrio. Las nuevas sociedades son cada vez más caóticas, más tendentes al “ruido; lugares cada vez menos propicios para los apegos seguros. No voy a echar toda la culpa a las nuevas sociedades, la vida es demasiado aleatoria y dura: muerte de uno o los dos padres, padres crueles, madres demasiado protectoras, familias con demasiados hijos (numerosas)… Y tampoco voy a decir que sólo es un humano “correcto” aquel que es maduro emocionalmente; los trastornos, ciertos tipos de personalidades y la ausencia o dureza de uno de los padres crean humanos excepcionales, quizás más tendentes a la genialidad en su liminalidad que una persona “normal” (Mozart y su padre). Otra cosa muy distinta a considerar es si este nuevo tipo de sociedad crea estabilidad o felicidad, tanto a nivel individual como social. La generalidad de la humanidad, vinculada a las pantallas, las redes sociales y la tendencia del individuo hacia lo autopoiético, es hacia la rotura del tejido social, a la puesta en duda del mundo emocional, tanto el propio como el de los demás, lo que lleva a una sociedad de seres liminales, cínicos y nihilistas…, aunque ellos en su máscara de sanidad no lo quieran reconocer. Ya saldrá en la vejez.

   Conclusiones. Sí hay una naturaleza humana, en esta naturaleza se incluyen los roles sociales. Uno nace risueño, taciturno, iracundo, pertinaz, etc., y está más o menos preparado para ser madre, o “jefe”, o artista, u orador, etc. Suele haber una correspondencia entre lo que se es y lo que se hace, ¿quién cree que alguien con algún tipo de poder pueda ser una persona cándida o ingenua?, a no ser que ese poder lo haya heredado, y aún esto: para mantenerse en el poder se tiene que carecer de esas condiciones, de ese carácter. A no ser que sea un títere que lo mantiene ahí alguien en la sombra, como fue el caso de Juana de Arco. Algunos llegan a saber y asumir sus condicionantes, mientras que otros, la mayoría, nunca lo harán. La evolución social va a la par de lo evolutivo/adaptativo de la especie. La teoría sobre la adaptación social, la teoría de James Lange y la performatividad sólo dan con verdades a medias, que hay que tomarlas con ciertas reservas. Bajo mi punto de vista somos seres duales, y esa intersepción se puede resumir a la frase de Sartre de “a esos que, alegando seriedad de espíritu o excusas deterministas, se ocultarán su libertad total, los llamaré cobardes; a los otros, que tratarán de demostrar que su existencia era necesaria, cuando la aparición del hombre sobre la tierra es mera contingencia, los llamaré cabrones…”, tiene que haber un término medio, no hay que tomarse a uno mismo y a su identidad muy en serio, ni ser tan sólo un arlequín que cree carecer de identidad y es tan sólo la máscara que se ponga ese día. ¿Y dónde queda la intención?, y una posible autenticidad. No hay un sólo lugar de esta, no hay tal autenticidad. El ego, el carácter más profundo, lo instintivo, tiene una “intención”, lo mamífero o emocional tiene otra, y lo racional una tercera. Los roles están en los dos últimos escalones, en lo emocional/social. La intención “nace” y sube esos tres peldaños, y dependiendo de la situación y el carácter de la persona, se “expresará” un escalón o intención, u otro. ¡Claro!, hay una primacía del núcleo, si queremos que nos amen o nos validen, esto tiene que provenir del tuétano, de lo más profundo; lugar, concepto u órgano que en el lenguaje occidental hemos llamado corazón. Ahí reside el tipo de amor de la madre, y llamamos lealtad -sin fisuras, sin dudas- a ese tipo de relación con aquellos otros que no son nuestra madre. Queremos de la misma manera ese tipo de amor profundo y que nace de las entrañas en la pareja, porque sabemos que nos va a ser leal. Igualmente llamamos auténtico a aquel que no tiene peldaños, que su intención primera no sube por escalones y sale “libre y salvaje”, pero como ya dijera en el escrito anterior, hemos creado las reglas y las convenciones sociales ante el “peligro” que ese estado indómito nos pueda ser amenazante o dañino. Los escalones son y están porque se han dado en lo evolutivo/social. La paradoja, lo que se aprende con la edad, es que en muchos casos tanta emotividad, por parte del otro, es susceptible de conllevar al pensamiento sesgado, a lo obsesivo, a lo dogmático y por ello tendente a podernos hacer daño. Se restituye el “credo” en los roles, y el papel de lo racional o tercer escalón en las relaciones. Damos la razón a lo institucionalizado, al pacto social; ponemos en duda la intención del primer escalón, y llegados a cierta edad incluso del segundo escalón. Por algo se le llama la edad de la razón. Cuando algo hiere suele ser porque da en el “hueso” que es la naturaleza, el carácter de uno -que en el caso de los narcisistas se se manifiesta como “ira y herida narcisista“-, ese que no muta, en donde las heridas ya son cicatrices imposibles de disimular. Decía Platón que “el único daño que puede llegar a una persona es el daño al alma“. Tatúate lo que quieras una cicatriz, pero siempre estará ahí. Yo soy mis daños de la infancia, no se superan, se convive con ellos, por medio del “insight“, porque ignorarlos por completo puede fortalecerlos (ley del esfuerzo transformado), y si se puede se les ignora en la medida de lo posible, no por cobardía, sino porque no hay que “hacer leña del árbol caído”, o caer en el victimismo. En definitiva, que ponerte un bolígrafo en la boca para forzar la risa y que el sistema opere de abajo hacia arriba funciona, pero eso no es realmente la felicidad. La felicidad se encuentra en las motivaciones, y estas nacen del núcleo, de la base de la construcción, del ego, del carácter. En otro caso, las actuales películas hollywodienses caen totalmente en lo performativo y están vacías de alma: todo es hacer, no hay nada de Ser, nada de contenido o profundo en sus diálogos o tramas… ¿quién las puede “amar” realmente? Por otro lado el cine “indie”, en su recóndito ataque a los estereotipos y arquetipos, parece caer en el nihilismo y en representar al yo cristalizado y a las relaciones como líquidas. De una manera u otra el cine representa muy bien la actual crisis de todos estos lenguajes de la posmodernidad, y de una manera y otra las personas no se sienten satisfechos con este nuevo cine que invisibiliza todo aquello que creíamos como propio de la naturaleza humana.

   Hace poco me encontré que el inglés tiene dos palabras para voluntad, una de ellas proveniente del latín, como la nuestra, pero después tienen “will“, que sólo está en las lenguas germanas, como lo es el inglés. “Will” es algo entre medias de querencia (curiosamente este concepto no tiene equivalente en inglés, y usan el español), disposición o determinación, potencia, y de ahí poder y por extensión virilidad, más cercano a deseo o impulso que a razón. También más cercano a motivación que la palabra voluntad de las lenguas latinas; esto se acerca a mi idea que propone a la motivación como base de una voluntad más profunda y que esta asentada en los ganglios basales, encima de tallo cerebral, las zonas más antigua del cerebro. El concepto de “voluntad de poder” (Wille zur macht), de Nietzsche proviene de esta acepción de las lenguas germanas. De una manera u otra en ese núcleo que es el carácter está la “verdadera” voluntad, pues de la voluntad latina proviene volición o acto de elegir, que ya es razón; de esta manera tener voluntad para trabajar es elegir trabajar, manteniendo enérgicamente esa elección. Como sea, que me alargo. De lo que se trata es de trabajar con el propio carácter, fortalecer sus pilares, muros y columnas. Desde arriba hacia abajo, y no quedarse en lo externo, en enlucir las paredes y pintarlas. Lo performativo puede reducirse a la acción, a ejecutar actos. En definitiva al hacer, no realmente al Ser. El hacer modifica el cuerpo, el “alma” (núcleo), con sus daños y potencialidades en muchos casos nunca afloradas, permanece inmutable. Si algo se rebela, es que ya estaba allí, en el “alma”. La cirugía estética, no es estática. La situación social actual es el contacto a distancia, en redes, a través de fotografías y vídeos, en donde es muy importante la primera impresión, eso ha llevado a lo humano al puro aparecer, al exterior. Las nuevas generaciones son víctimas y a la vez verdugos para que se mantenga tal estado del protagonismo de la superficie. Es muy posible que las ideas que presento aquí, sean más cercanas a las de Nietzsche. La razón es duda, el carácter es esa voluntad de poder, cercana a la fuerza vital. ¿Cuántas madres no habrán tenido momentos de querer tirar la toalla?, esa duda nace de la razón; Desde el instinto, de la voluntad “animal”, desde ese núcleo de su carácter, es de donde al final sacan las fuerzas para continuar. Esta misma idea, la que estoy plasmando aquí, y que es posible que fuera la de Nietzsche, es la que se deduce sobre “la fuerza” de la saga de “la guerra de las galaxias”. La monserga que siempre se oye es: “déjate llevar por tu instinto”, en donde tal cosa quiere decir que no analice la situación desde la razón o prefrontal, sino que deje salir ese algo interior y más profundo.

   Tampoco hay que dividir a los humanos a una infinidad de géneros. Siempre suele haber una preferencia principal, que es el equivalente a carácter o naturaleza, si después se tienen otras secundarias no es tan relevante como para asignarles un nuevo nombre, pues los nombres serían infinitos. Si mi preferencia principal son las mujeres, sé que ante dos opciones cogeré esta. Si después podría estar con un hermafrodita o un transexual femenino, por este orden, es lo de menos. No voy a reivindicar un género o definición para mí. Hay conceptos que sólo se dan durante la juventud y es posible que no signifiquen nada. Un ejemplo sobre el hecho que la evolución tiene sus planes es que con la madurez uno se vuelve más conservador. No es por elección, es el plan maestro de la evolución, de la autorregulación, de la tendencia al equilibrio homeostático de los sistemas complejos. Y sí milenials: os convertiréis en vuestros padres, con algunas alteraciones, pero caeréis en los tan temidos roles que tanto os parecen molestar en los otros hoy. Los adultos tienen que “servir” de freno a los jóvenes. La tendencia debería de ser que a mayor velocidad y potencia de la juventud, como hoy en día ocurre, mayor debería de ser el freno, pero la generación anterior ya era de por sí narcisista, y en muchos casos arrastrarán por siempre el complejo de Peter Pan (me incluyo), con lo cual no hacen de freno, sino que se suman a las fuerzas de las nuevas generaciones. No me puedo imaginar que si hoy ya la cosa es realmente extraña, cómo será con la generación de los hijos de los milenials. Hoy vivimos en la decadencia de la sólo-máscara, artificial, fría, ni contacto piel a piel, de una nueva época sofista, en donde lo más importante es lo performativo, la máscara que uno haya decidido adoptar para impactar o ganar dinero, el discurso, que el ser y el hacer… ¡ya sé, decir es hacer y hacer es ser!, pero no es naturaleza, es máscara. El “ser operativo (que es conmensurable) o desaparecer” de Lyotard.


(1) De forma tímida aquí y en otro escrito, comparo la evolución de los sistemas en valles y montañas, al final encontré que existe el concepto de paisajes adaptativos. Esto me “da la razón” en otro aspecto. Lo hombres, con respecto a la mujeres, tendemos a usar nuestras capacidades espaciales, de orientación tridimencional, para pensar en abstracciones, pues estuvimos mucho más tiempo, durante las cazas y las exploraciones, moviéndonos por la naturaleza.


Descargar revisión del mapa mental sobre la Superveniencia, creado con TheBrain, contiene etiqueta “performativo” sobre los temas a tener en cuanta para este escrito. Revisar en “Cerrando el círculo sobre la autopoiesis” para instalar.

El Yo Cristalizado

Todo lo excelente es tan difícil, como inusual.” Spinoza
La verdadera felicidad es no saber quién eres.” Maniac
El logro final de la razón es reconocer que hay infinidad de cosas que lo superan.” Pascal
Existe tanta diferencia entre nosotros y nosotros como entre nosotros y los demás.” Michel de Montaigne

   Un concepto nuevo que me he encontrado, en mi eterno divagar por la Wikipedia, ha sido el del “yo cristalizado“… ¿qué es?, es legítimo o es otra vuelta de rosca del posmodernismo. El concepto nace de la incapacidad de poder definir qué es identidad. Cada ciencia le da una definición, está es tratada de forma muy distinta en la sociología que en la psicología o en la filosofía, y dentro de la psicología cada escuela da su propia visión. El conexionismo nos dirá una cosa, la psicología evolutiva otra, la cognitiva una distinta, el psicoanálisis se distancia del resto, y así sin fin. El propio constructivismo tiene su propia noción de identidad. Esta neblinosidad del ser ya nos lo hacía ver Marcel Proust cuando nos recuerda que “…ni siquiera desde el punto de vista de las cosas más insignificantes de la vida somos los hombres un todo materialmente constituido, idéntico para todos, y del que cualquiera puede enterarse como de un pliego de condiciones o de un testamento; no, nuestra personalidad social es una creación del pensamiento de los demás. Y hasta ese acto tan sencillo que llamamos “ver a una persona conocida” es, en parte, un acto intelectual“. A nivel de calle, en los social, ocurre otro tanto, y lo que más sobresale es el hecho de hablar de autenticidad y máscara, de yo real, frente a un yo falso. Yo mismo hago esta distinción, si bien no la he formalizado muy extensamente. Bajo mi punto de vista nacemos con un temperamento o carácter, ese sería el real, y posteriormente la sociedad (momento histórico y lugar de nacimiento), las vivencias y uno mismo “reconstruye” ese temperamento creando una personalidad. Pero la personalidad, bajo mi punto de vista, es como un corsé que tiene como premisa mantener a raya lo liminal de uno mismo, similar al concepto de máscara de personaje. Una premisa (base, forma, esencia) humana, y la de cualquier animal social, es la de ser aceptado. Uno ha de limar las asperezas de su temperamento para encajar en aquello que es lo aceptado en lo social. Es contradictorio, y falso, el lenguaje de la calle cuando se dice que uno ha  de “ser uno mismo”, pues ¿quién quiere que un psicópata o un pedófilo sea él mismo? El “sé tú mismo”, el neblinoso y escurridizo concepto de autenticidad,  es una “verdad” que funciona por lo general, pero que falla y no se puede tener como norma general. En ese sentido las normas y las convenciones sociales, la educación, lima esos posibles comportamientos y actitudes (partes del carácter) que van en contra de dichas normas y convenciones. El carácter sale en las situaciones de crisis, de supervivencia, en donde las normas sociales han quedado rotas o tienen fisuras. No llegamos a conocer a alguien hasta que no se llega a una de esas situaciones de crisis. Antes de esa situación vemos su personalidad, su carácter encorsetado o enmascarado.

  En ese sentido hay que diferenciar dos tipos de máscaras: 1. esa que he mostrado en el párrafo anterior y que es de desear en lo social, y que se define en la película “mejor imposible”, en la arquetípica frase de “tú haces que quiera ser mejor persona”; 2. aquella otra que intencionadamente usamos para engañar y obtener un beneficio propio y egoísta. Por lo general cuando la gente habla de yo real y yo falso se refiere a esta segunda opción. ¿No es todo demasiado confuso?, ¿cómo distinguir lo primero de lo segundo?, pues llegado el caso que se dé una crisis saldrá el yo real, que como puede tender a sobrevivir y auto-preservarse, va a ir en contra de los otros, de tal manera que puede ser considerado egoísta, y con la consecuencia de que lo vamos a tratar de falso en su anterior postura o pose. Eso es lo que suele suceder en los conflictos de pareja, y por eso se suelen odiar cuando se separan, posición que por lo general no se suele restituir. Es como si una vez que se hubiera “descubierto” ese ser real, ya fuese imposible aceptarlo cuando se pone esa máscara que hemos de ponernos, según las conclusiones del párrafo anterior. Lo que se concluye es que sólo aceptamos a aquellas personas que por su tipo de carácter dulce, suave y “bueno”, no tienden durante las crisis a ser egoístas, pues en definitiva no es aquello que son. “Amamos” las almas cándidas y buenas por naturaleza, la niñez por extensión, que por lo demás son una minoría, pues no es la mejor apuesta evolutiva. Desarrollemos esto brevemente: si estas personas durante las crisis pueden ser más proclives al sacrificio, es más probable que mueran y no se reproduzcan, luego su tipo de apuesta no es la que va a ser la más general en lo evolutivo/humano, se mantiene en una baja proporción. Primera conclusión: lo evolutivo humano tiende a lo “vulgar”, no a lo excelso, a las posiciones algo tramposas, pero no lo suficiente como para ser rechazados en sociedad.

    A veces damos algo tan por sentado, que no lo vemos. Realmente no entendemos qué es y qué quiere decir sociedad. Como ya dijera en el escrito “Limerencia y autopoiesis“, en cuanto se dio la primera mutación en los primero seres vivos, se dio la dualidad identidad y otredad. En la vida hay cuatro tipos de divisiones con lo otro: 1. indiferente, una cebra y un ratón de la sabana tienen este tipo de relación; 2. simbiosis (mutualismo), por medio del cual dos especies “cooperan” de alguna forma, en donde la acción del uno (egoísta) beneficia al otro; 3. identidad, es en esta donde nace el concepto de sociedad, en donde una misma identidad conlleva la cooperación; 4. otredad, como la que se suelde dar entre depredador y presa. La identidad no implica sociabilidad, es un nuevo grado que emergió del de identidad tendente a la cooperación para el “bien común“. En esa medida es una postura “superior” (no mejor, sino más compleja) entre la otredad que es el individualismo, una parte de los depredadores son solitarios, individualistas; y la simbiosis, la cooperación egoísta, pero que beneficia a las dos partes. Cualquier animal social tiene los dos tipos de apuestas, y “elige” la cooperativa o la egoísta en situaciones de crisis dependiendo de su genética, en definitiva de su carácter. Hay madres -del reino animal- que se sacrificarán por su descendencia ante un depredador, y otras que no. Incluso en una misma especie se dan las dos tendencias. La evolución no “usa” la ética o ninguna “razón” o lógica, valida aquello que sobrevive. Si la madre se sacrifica puede que esa cría tenga esa misma apuesta evolutiva, pero también puede que ninguna otra hembra la acoja, de tal manera que muera y no tenga descendencia. Cuanto más complejo sea un cerebro en el reino animal, barajará más posibilidades. Animales como los elefantes o los primates pueden “adoptar” a esas crías huérfanas, luego la apuesta de sus madres se mantienen.

Abeja-tomando-miel-de-una-flor-4

    Creemos otra capa de abstracción o complejidad a todo el asunto. La vida, en su definición más elemental, es traspaso de información, autorreplicación. Con el sexo la replicación dejaba de ser autorreplicación a favor de tener más información, por la combinación de los genes de los dos padres. La información entre dos entidades se llama comunicación. Los animales simbióticos tienen un “lenguaje” para comunicarse, tan complejo como el que pueda ser el de las flores para sus insectos y aves polinizadoras. Y lenguaje y comunicación hace falta igualmente entre los animales sociales. A lo que quiero llegar es que las convenciones y las normas humanas hacen ese papel de comunicación -de pegamento- con la finalidad de llegar a estados simbióticos o cooperativos, que de nuevo nos lleva a la conclusión del primer párrafo: que la máscara o ser educados es “necesario” en lo social. ¿Por qué no nos satisface nada de nada esta conclusión?, a mí no desde luego. He tendido a la soledad, al individualismo, pero es una apuesta arriesgada, más proclive a ser fallida. Volviendo a las premisas halladas, que me pierdo: 1. la información fluye en lo social, las convenciones sociales cambian de país a país, y de década a década; 2. uno ha de leer ese flujo de información para “adaptar” su carácter a esos nuevos datos; 3. hay distintos medios en donde uno se proyecta: unas y otras redes sociales, el trabajo, con la familia, con los hijos, con las amistades…; 4. se “adapta” a ese nuevo flujo y en cada uno de los fluidos. A ese todo de leer información y adaptarse, en un mundo tan cambiante, de tal manera que no se pueda hablar de yo real, frente a un yo falso, es a lo que ahora se llama “yo cristalizado“. Tal concepto se me parece al de la película “la cosa“, en donde encuentran un “algo” tan extraño y fuera de todo posible concepto familiar, que no les queda otro remedio que llamarlo “cosa”, objeto indefinido. Esto es, como no podemos definir qué es identidad, y como no podemos definirla sin dualizarla en un yo real, frente al yo falso, pues seríamos proclives de entrar en ese mismo rango o etiqueta, entonces salimos del paso llamándolo “yo cristalizado”. Bajo el punto de vista de este concepto es cristalizado, porque al igual que un cristal crea caras o facetas que al estar dirigidas en distintas direcciones, reflejan distintos aspectos de la realidad, siendo este -el cristal– la suma de todas sus facetas y reflejos. Es curioso que se haya usado este símil, pues yo ya lo había utilizado alguna vez. Por otro lado tiene la curiosidad de denotar que el cristal es trasparente, no es en tanto que realidad, tan sólo es en la medida que refleja algo, cuestión que yo he defendido una y otra vez al decir que uno es en tanto que negación, en tanto que siendo aquello que no es. El cristal no es lo que refleja, pero los reflejos facetados son los que nos hacen ver que es, que está ahí, pues si no tuviese la capacidad de reflejar y fuese totalmente transparente, no se vería.

    No quiero alargarme, creo que la idea está clara. Una última reflexión (que viene de reflejo) es que si uno es la suma de esas caras, y es en tanto que la lectura de lo que es la sociedad, aquí nos encontramos con la paradoja que la sociedad es la suma de todo los reflejos de los yos cristalizados, pero que a la vez es esa imagen global de la sociedad la única que es capaz de leer y reflejar cada yo. Hay claramente una retroalimentación. Yo en soledad no reflejo nada (¡bueno, sí, en estos escritos!), pero el resto de humanos son lectura y escritura de lo que es o ha de ser la sociedad. Está claro que en todos estos patrones juegan los mismos que en la evolución y por lo tanto en todo sistema complejo. Cuando a través del sexo se perdió la autorreplicación, la evolución creó la mímesis como un tipo de sucedáneo de esta.

640px-Makak_neonatal_imitation

   Aquello que no era instinto, (escrito en el ADN, como lo es el carácter) tenía que ser a través de la imitación; que de groso modo es la lectura del grupo para adaptarse a una media o norma social. Todo bebé es pura imitación durante sus primeros años. El humano es más imitativo que otros animales, esto nos dice la Wikipedia: “en un estudio que comparó niños humanos y chimpancés jóvenes, se demostró que, cuando se les da una demostración sobre cómo recuperar una recompensa de una caja, los chimpancés copian el comportamiento relevante, mientras ignoran el comportamiento irrelevante, para resolver la tarea. Mientras tanto, los niños humanos imitarán fielmente el comportamiento relevante e irrelevante para resolver la misma tarea”. ¿Porqué?, si se supone que la curiosidad humana es aperturista y debería ser menos imitativa. Es muy posible que sea por el lenguaje, este no deja de ser al final mas que movimiento muscular y por lo tanto imitación. Más teniendo en cuenta que es posible que provenga de un lenguaje de las manos y los gestos. En ese remoto tiempo habría que ser muy preciso a la hora de saber crear los movimientos para nombrar algunas cosas, con respecto a otras. Ahí tenemos en la actualidad a la hora de traducir una canción de otra lengua. En las entonaciones, y con la música tapando las palabras, a veces se nos hace indistinguible qué dice el cantante, a veces dudamos entre dos o tres palabras posibles, pues al ser poéticas no son tan contextuales. Por otro lado, nada más complicado que hacer ciertos fonemas de ciertos lenguajes siendo adultos, esa dificultad de aprenderlos (imitarlos), como la “rr” española, crea los acentos de los hablantes de otras lenguas. El lenguaje es muy cerrado, hay que imitarlo, reproducirlo, a la perfección. De alguna manera la evolución en ese aspecto fue un todo o nada, si había que imitar a la perfección unos gestos como lo eran los del lenguaje, ese aspecto promovió que la imitación “perfecta” o total era la que se implementase en nuestra especie. Algo como los bostezos o las risas nos son contagiosas porque antes que cualquier otra cosas somos seres miméticos. Fijarse que norma y normal tienen el mismo origen. Ser una persona normal es ser una persona que sigue las normas. O dicho de otra manera, que es más mimético, que está más preparado para “leer” lo ambiental, a los otros, y adaptarse o moldearse a esa normalización. Esa “adaptación” mimética de la lectura de lo más “escrito”, a la información más redundante y por lo tanto más tendente a ser lo autorreplicador, es lo que en los sistemas complejos evolutivos se llama estigmergia (stigmergy). Safari_antsEl ejemplo más claro son los caminos trazados por las hormigas, donde cuanto más hormigas vayan por un mismo camino dejan una mayor marca química de lectura para el resto de las hormigas. ¿Cuál es nuestro equivalente a esa marca química?, el meme (mímesis). Aunque sea un nombre y concepto nuevo es algo, que como hemos visto, estaba “previsto” dentro de los patrones de los sistemas complejos. Los memes que han sobrevivido a lo largo de la historia son los que ahora llamamos refranes y frases hechas; y de otro modo las convenciones más inmutables y permanentes que se transmiten por educación en una cultura, como saludar y despedirse, no mirar descaradamente a una persona, etc.

Multitud_Metro

   Última reflexión. ¿Dónde queda la libertad dentro de este juego de espejos?, dónde la razón, la lógica y la “verdad”. Al parecer lo más importante es lo social: uno no elige el bien, elige aquello que está estipulado que es el bien en una sociedad dada; hoy se pone de moda (otra forma de llamar al meme) la defensa de los animales domésticos, cosa impensable hace cinco siglos, pues eran nuestro principal “elemento” de generar energía. Si hoy decimos que lo importante es el individuo y que si mira por sí mismo eso repercutirá en el bien común (egoísmo racional), que es la esencia del neoliberalismo, del capitalismo, eso es lo que reflejarán esos yos cristalizados que son las personas en sociedad. Pero ¿realmente ese paradigma es “verdad” y lo más “lógico”?; lo que quiero decir es que si todos somos tan sólo reflejos, entonces si de repente la normalización, el estándar o el paradigma actual yerra, todos erramos, todos reflejamos una sociedad del malestar. ¿No debería la evolución social auto-organizarse, en tanto que sistema complejo?, ¿”corregirse” hacia una media estándar más “correcta”? Un sistema complejo es tendente a poseer un alto grado de desequilibrio, de estar por debajo o por encima de su fase, sin que este permute a un nuevo estado. O sea, la media de temperatura ambiental, que en estas fechas fluctúa a 12 grados por la noche y 32 por el día, la suple nuestro cuerpo en su tendencia al equilibrio, a la homeostasis, hacia los 37 grados internos. Lo social es igual, es otro sistema complejo que tiene sus propios mecanismos tendentes a la estabilidad. Lo peor es que el cuerpo, en estados extremos de bajas temperaturas, deja de llevar sangre a las zonas que son más tendentes a que se pierda la temperatura interna: los dedos, las narices, las orejas, con las consiguientes muertes de esos apéndices. Conclusión, que hay un alto número de humanos que son como esos apéndices: prescindibles por el “bien” del sistema. ¿Cuántas partes (número de humanos) de lo social son prescindibles como para poner en riesgo el paradigma actual?, ese es el frío cálculo que hace cualquier sistema complejo evolutivo, ese es el cálculo que en algún lugar no legible y comunicable hace el paradigma actual. ¿Realmente creemos que el paradigma actual es el mejor?, ¿no está nuestro cerebro y sistema social lo suficientemente preparado o ser lo suficientemente inteligente para crear un sistema mejor?, ¿un sistema en donde nadie sea “nariz” o “dedos”?, prescindibles. ¿O será que nunca podremos llegar a “gobernar” ningún sistema complejo, por no tener esa capacidad mental…?, decía Edmund Burke que “la sociedad es tan grande y compleja que una sola mente no puede contenerla y entenderla“…, y de ser así, ¿realmente podemos autoproclamarnos libres, o somos simples engranajes de sistemas que no por comprenderlos los podemos manejar?

   Sea como sea yo sólo sé una cosa: que soy una mierda de célula de la oreja, como le sucede a un gran número de humanos, que a la menor en la que la estabilidad caiga, morirá.


   Actualizado mapa mental sobre la “superveniencia”, en el cual añadí una nueva etiqueta “sincronización”, del que parte este escrito (me podría haber extendido, pero he preferido ser corto y conciso); y nuevo mapa mental sobre los sistemas complejos; mapa mental más sencillo y mejor estructurado, basado en el que tengo vinculado en mi escrito sobre los sistemas complejos, en donde se puede bajar la gráfica que está de fondo en este. Si se han hecho cambios personales en el primero, que ya compartí, cambiarle de nombre antes de importar este nuevo, para mantener las dos versiones, sino puede que sobrescriba uno a otro. Hacer una copia de seguridad del vuestro, de haber hecho cambios, por si acaso. Ir a escrito anterior para bajar programa y leer instrucciones (ese otro enlace del escrito anterior lo borraré en unos días).

Cerrando el Círculo Sobre la Autopoiesis

Un verdadero decir es, el deseo no tiene descanso, es infinito en sí mismo, sin fin, y como uno lo llama: un estante perpetuo o un molino de caballos.” Robert Burton”
No me gusta la gente, sólo me gusto yo mismo.” Charles Bukowski
Los hombres más fuertes son los más solitarios.” Ibsen
No han faltado quienes han acentuado el carácter estrictamente social de la conciencia moral, o su carácter estrictamente natural (marxismo, darwinismo ético) o quienes han intentado “desenmascarar” la conciencia moral como una traición a la “vida” (Nietzsche).” Ferrater Mora

   En este escrito voy a tratar de llegar a unas conclusiones finales sobre la autopoiesis y otros temas afines de los últimos escritos. Ayer vi (19/09/2018) la película “Cézanne y yo“, donde ese “yo” es Émile Zola. Hay varios trasfondos en la película: la amistad con una persona difícil, Zola lucha, pero al final se rinde; la falta de éxito en vida de un artista…, y el sexo como fondo del arte. Dos escritos atrás, en “deconstruyendo el Deseo II – Limerencia” hablaba de la relación del artista como ese ser limerente que sublima dicho efecto sobre su arte. Puede que a muchas personas les resultasen excesivas mis afirmaciones, pero “Cézanne y yo” muestra más o menos las mismas ideas: el cómo el sexo siempre está de fondo durante la creación…, ¿y qué es concebir un hijo sino crear? El artista ha sublimado esa capacidad hacia otra dimensión. Tratando de crear una hipótesis, bajo los conceptos manejados en la psicología evolutiva, yo diría que el artista se “creó” de la siguiente manera. En algún momento de la prehistoria la hembra humana sólo tenía un celo, que sería en primavera, quizás por este hecho la  mujer de hoy en día cae en una ligera depresión, y son más tendentes al suicidio, durante esas fechas, una especie de “alteración” que el cerebro moderno no sabe interpretar. Cambia la arousal (nivel de excitación -general, uso la palabra arousal porque en España excitación se lleva a lo sexual, cuando aquí lo que quiero decir es un estado homeostático más alto) y el prefrontal, la conciencia, la rumiación, siente ese cambio con incomodidad (ver vídeo relacionado, de la interpretación de la excitación). En la prehistoria siempre había carencia de hembras, se secuestraban de otras tribus, y en las guerras se les mantenían vivas, para ser llevadas a los poblados de los vencedores. Eso se ha mantenido hasta hace relativamente poco, sobre los siglos quince o dieciséis; o sea, las mujeres eran un “bien” escaso. En algún momento de la prehistoria se “creó” un tipo de humano que se comportaba como el ratón marsupial: trataba de “montar” a toda hembra posible a través no de la fuerza, que era propia del alfa, sino del ingenio. En ese proceso la evolución creó un sistema de retroalimentación: cuanto más se reproducía este tipo de apuesta, más “afinaba” este tipo de humano sus cualidades. Pienso que la bipolaridad está relacionada con esta mutación o cambio. Un área principal en el humano es el área de Brodmann 9, que se encuentra en el prefrontal medial (en el surco que divide los dos hemisferios y hacia el temporal); esto nos dice la Wikipedia:

El área está involucrada en la memoria a corto plazo, evaluando lo reciente, reemplazando respuestas automáticas, fluidez verbal, detección de errores, atención verbal auditiva, inferir la intención de otros, inferir deducción de imágenes espaciales, razonamiento inductivo, atribuir intención, atención sostenida implicada en contar una serie de estímulos auditivos, y niveles más bajos de consumo de energía en individuos que sufren de trastorno bipolar . 
El área que se encuentra en el hemisferio izquierdo es al menos parcialmente responsable de la empatía, modismos, procesamiento de escenas emocionales agradables y desagradables, autocríticas y atención a las emociones negativas.
      En el hemisferio derecho, la región participa en atribuir la intención, teoría de la mente, suprimir la tristeza, memoria de trabajo, memoria espacial, reconocimiento, recordar, reconocer las emociones de los demás, planificación, cálculo, procesamiento semántico y perceptual de los olores, religiosidad, y atención a las emociones positivas.”

    Uno no puede hacer otra cosa que quedarse asombrado ante tantos procesos en una misma región. Pareciera que el ser humano estuviera “condesado” en esa región. Hay que aclarar algo, yo creo en la teoría de la modularidad del cerebro. Por ejemplo, el temporal izquierdo (por lo general) une visión y palabra, por estar unido al occipital que trabaja sobre la visión. Esta zona nombra lo que ve, y un nombre lo asocia a un objeto y a la inversa. Otra cuestión curiosa de esta área o función es que diferencia entre lo natural y lo artificial, ya que si se daña cierta área, el individuo no reconocerá o les sabrá dar nombre, en fotos, a objetos artificiales (pendiente de subir vídeo). En ese aspecto hay que tener en cuenta que hay partes del cerebro que se dedican a ser “rotondas” dentro de esos módulos, de tal manera que su “función” consiste en integrar distintos tipos de información. Se les llama zonas asociativas, casi todo el córtex cerebral es asociativo, cada zona se especializa en asociar procesos de los módulos cercanos. Los módulos están en las regiones más internas. El área de Brodmann es una de esas zonas asociativas, el área 10 por detrás de la 9, que es una desconocida, se cree que le “sirve” como memoria intermedia a sus procesos y “análisis”. Si se daña una zona o módulo, o circuito del cerebro, como pueda ser el de la evocación, por ejemplo, dicha información ya no llegará al área de Brodmann 9, no la “procesará”, habrá una deficiencia en su “suma total” al evaluar algo. En esta área se integra un todo, a lo que se le pueda llamar un yo, y un hacer, pensar o sentir en el mundo a partir de lo aprendido. En esa medida es como un “creador de algoritmos”: si una zona está dañada o alterada creará una variable distinta -o le faltará- en dicho algoritmo, como para dar un resultado final distinto. En definitiva, es el que nos hace sentir, hacer o decir una cosa distinta de otra persona, ante unos mismos hechos o datos. Aquí vemos la dificultad de una inteligencia artificial: todo proceso inferencial está mediado por distintas partes del cerebro, que van a cambiar los números de esa ecuación, como para dar como resultado una acción distinta de un humano a otro. Un ejemplo, que me viene bien para mostrar que la “diferencia” o no identidad -racismos y otros tipos de otredades-,  es una “función” más entre otras, y que está asentada en esta zona del cerebro, pues cuando alguien está frente a otro ser humano, el córtex prefrontal medial (MPFC) se activa, cuando no ocurre de esta misma manera cuando se tiene frente a sí a otro humano que se le siente como ajeno o diferente (no humano). Hay que ver tal concepto como el que se pueda extrapolar sobre creer en un Dios. A un ateo no se le activan ciertas regiones ante la palabra Dios o sus Imágenes, frente a otras personas a las que sí. Alguien muy religioso, por ejemplo una monja, siente la presencia de Dios, “proceso” o “función” que no tiene un ateo. Bajo este aspecto hay tres tipos de personas: 1. las que sienten la presencia de un Dios, 2. las que son religiosas por la educación -cultura-, y 3. las ateas. Las segundas tienen ciertos otros módulos del cerebro muy activas: la de la unidad con el grupo, o la de seguir las tradiciones o las ideas paternas, pero realmente no “sienten” a Dios. Con la identidad y la diferencia es igual: se activa más con los familiares, y cuanto más alejado sea una persona de este rango, menos se activará esta región. La gradación podría ser así (no exhaustiva): 1. familiares, 2. de la misma tribu con los mismos fenotipos -etnia, rasgos externos, 3. de la misma cultura o patria -orígenes-, 4, del mismo sexo, 5. de la misma lengua.

    Volviendo al artista, si ojeamos de nuevo lo dicho por la Wikipedia, nos dice que el área de Brodmann, en los bipolares, necesita de menos energía (menor consumo). Eso quiere decir que está más activa, en estas personas, que en la media humana, y de forma más permanente. No todo artista es bipolar, pero sí hay una alta correspondencia: “la tendencia a la esquizofrenia o al trastorno bipolar puede ser un elemento subyacente a la creatividad artística”, nos recuerda Michael C. Corballis en su libro “la mente recursiva”. Yo me referiré a los artistas que los son por tener el área de Brodmann más activa de lo normal. Hay artistas que los son porque lo han vuelto su “labor”, o por tradición. Muchas capacidades de esta área hacen que se tenga una mayor fluidez asociativa con lo verbal, auditivo y lo visual, de tal manera que son más tendentes a dar más “brillo” a todos esos procesos; que es lo que se asocia con los escritores, los músicos y los pintores/escultores. Antes de que “existiese” el arte ese “brillo” o activación constante de esta área, daría a esas personas una mayor capacidad de ver o sentir, y por tanto inferir, unas respuestas más rápidas, ingeniosas y locuaces. Quizás el ejemplo más claro sea el papel de Leonardo DiCaprio en la película “Titanic”, era artista y a la vez supo sacar ventaja en cada situación durante la crisis del hundimiento del barco. O sea, lo que quiero decir es que el arte fue algo posterior a unas mentes que tenían esa ventaja en el área de Brodmann 9, como para ser más ingeniosos y sagaces, y según mi hipótesis eso era en la dirección de montar a las más hembras posibles durante su época de celo, en primavera. Por eso la bipolaridad: ese desgaste excesivo en una época, para después caer en un periodo recesivo, interpretado como de depresión. En la gráfica que mostré de mis bajadas y subidas, se ve esa tendencia excesiva a partir de la primavera. La primera quincena de julio llega a su límite y después hay una caída repentina, seguramente porque las hembras humanas salían de su celo primaveral o ya estaban embarazadas. A la larga, durante la evolución, ese “brillo” les hacía ser más “despiertos” a sensaciones, y conclusiones, a los que los otros no “llegaban”; lo que les hizo propicios en un primer momento para ser los chamanes, y más tarde los artistas o las mentes divergentes. Soy de los que piensan que tras cada trastorno cerebral -no enfermedades- hay un porqué evolutivo; adaptaciones evolutivas que están inadaptadas en el “lenguaje” -paradigma- actual de la forma de entender al humano en su hacer y sentir (ver concepto de neurodiversidad). En esa misma dirección la depresión tiene sus explicaciones evolutivas, pero en cada caso hay un trasfondo evolutivo distinto; se “activa” por distintos módulos cerebrales y cada módulo que la activa tiene su “propio porqué”.

    Con el paso del tiempo el artista ya no vinculaba directamente ese estado con la “monta” sexual, tendió a sublimarla, encontrando por el camino que el arte, la creatividad, era un fin en sí mismo: que le procuraba estabilidad, y cierto grado de autosuficiencia y felicidad, con lo que ese proceso le fue llevando hacia lo autopoiético: el de sentirse pleno en sí mismo. En esa medida, en el artista o los bipolares, el córtex prefrontal medial se activa menos que con respecto a otras personas al estar frente a otros humanos, que para el caso quiere decir que se vuelven en algo así como un sociópata, sin las cargas excesivamente negativas de dicho aspecto de la personalidad. Sienten empatía, se les activa las neuronas espejo, pero es como si sintiesen que todas las personas les fueran ajenas -diferentes a su identidad, sólo entienden a otro artista, y a veces ni eso-. Resultado: sólo se aman a sí mismos, como declaraba abiertamente Charles Bukowski en este vídeo, y si aman a alguien puede ser de forma muy obsesiva (“sobrevivir a Picasso” como ejemplo), pues “trasladan” hacia esa persona su capacidad obsesiva hacia sus obras, como si dicha persona se tuviese que “acomodar” a los “criterios” de lo que habría de ser una de dichas “obras”. ¿Por qué me detengo tanto en todo esto?, porque al ser artista y haberme centrado en los últimos diez años a pensar en lo humano, me da la capacidad a autoanalizar todos mis estados, emociones, sensaciones y actos (nunca me he revelado talentoso en nada, porque lo termino por abandonar y no profundizo como para especializarme, pero sé que tengo “alma” de artista; sólo me importa esa sensación, no los “resultados” en obras o el éxito). Me hago entender para mis allegados y por si algún teórico, que claramente analice el problema desde fuera, puedan valerle de algo todas estas reflexiones. En esta dirección hay diferencia de este escrito con respecto a los “creados” entre mayo y mediados de agosto. Aquellos eran más impulsivos, me veía “obligado” a escribir, a crear -puede que fueran más “delirantes”-; el presente es más reflexivo y frío, fuera de ese impulso limerente y obsesivo hacia la creación. Al igual que les pasa a la mayoría de los bipolares, como al Cézanne retratado en la película mencionada, la frustración lleva a la ira, lo que quiere decir, con respecto a la violencia de género y el incremento en época estival, es que es muy posible que haya bastante bipolar no diagnosticado entre esos hombres. Mis “caídas” a mediados de julio suele ser un quebranto que se desfogan en ira. Rematar diciendo que pienso que la unión del artista con el ordenador le puede “encender” más en su lado maníaco, pero de igual forma puede amortiguarle la caída en la depresión, ya que ese nuevo estado simbiótico de hombre máquina, le hace levantarse cada mañana para volver a conectarse consigo mismo a través de la máquina, mirándose a su nuevo espejo, sintiendo que es autopoiético. Esa es mi apreciación personal.

   Con estas conclusiones, y sus explicaciones, la sociabilidad es susceptible de ser analizada de igual forma, por la “modularidad” del cerebro. Una cosa es que yo sea un “animal” social, y que todo habla interno “venga” -tenga su origen- de imaginar hablar con alguien, y otra cosa muy distinta es en lo que ha acabado dicho módulo. Ese proceso es a lo que se le llama autoconciencia: esto es, que la “conciencia de” no tenga a otro objeto distinto que a sí misma. La autoconciencia tiene bastante de las estructuras de lo autopoiético: es autorreferencial, autocreativa, autoreproductora… se puede llegar a tratar de cerrar sobre sí misma; esto es, la rumiación tiene la característica de alejarse de la realidad, exagerando o minimizando -caricaturizando, metaforizando- dicha realidad; imaginando “versiones” del mundo que pueden estar muy alejadas de la realidad. Parece ser que la autoconciencia tiende a ser autopoiética, y este es uno de los peligros de dicha capacidad. De ahí expresiones como “pisa tierra” o “baja de tu mundo”, pues una vez que dicho módulo se cierra sobre sí, la realidad parece ya no contar. De una manera u otra parece ser que lo autopoiético es un referente en el cerebro, que sale a relucir una y otra vez de distintas formas, en el individuo y en lo social. Con esto llegamos al momento actual. Lo central en el universo, en los sistemas complejos, es la retroalimentación. La autoconciencia sobre sí, que ya de por sí puede ser un problema, agrava su tendencia, hoy en día, al haberla puesto delante de ordenadores, móviles y Tablet (pantallas, para reducir). Uno mismo como autoconciencia, yo por ejemplo, no ve la pantalla como una otredad, sino como una extensión de la autoconciencia, como una referencialidad externa o espejada de la autoconciencia. En el ordenador (por lo general en la sociedad el móvil) tengo de forma extendida mis estructuras, sobre todo de muchas de las vistas en el área de Brodmann 9, espejadas como para que puedan ser mejor ordenadas, entendidas y estructuradas. Ya somos humanos máquinas, pues las pantallas no son algo externo y ajeno, sino un proceso extendido del cerebro. Así nos lo hace ver el “efecto Google“, que viene a decir que el cerebro olvida lo que sabe que es facilmente accesible a través de una búsqueda en Google. Se libera de sobrecargar su propia memoria, optimiza sus recursos dependiendo del ordenador e Internet. Esto conlleva a otro problema: la tendencia hacia el narcisismo, que en realidad si se entiende bien es hacia lo autopoiético. O sea, no es que me “maraville” de mí en tanto que yo, ego, o cuerpo, sino en tanto que me cierro sobre dicha imagen y ya no necesito o quiero otra. O dicho de otra forma: es de nuevo la capacidad propia de la autoconciencia, de no tener otro referente que a sí misma, pero de forma externa. Como en todo entra en juego la retroalimentación, cuanto más miro o proyecto mi Ser hacia la pantalla, cuanto más la personalizo, cuanto más vuelco todos mis modos de ser, más se vuelve esa pantalla en parte intrínseca de mi ser y más se cierra dicha propiedad sobre sí misma. Se vuelve más inmersiva, narcisista, egotista y por lo tanto tendente a lo autopoiético. En esta nueva dimensión, el otro se vuelve aún más otro, ajeno a esa dualidad ya indiscernible de autoconciencia y pantalla. Si esa tendencia ya de por sí un peligro en el artista, hoy con esta nueva posibilidad de las pantallas, se intensifica aún más.

   So pena de poder “estropear” lo bien que iba el escrito, voy a hacer unas de mis incursiones a lo “sucio”; saltárselo aquellos que sean más puristas. Si se ha entendido el párrafo anterior, y por si no se ha entendido, veamos cómo actúa estas abstracciones conceptuales con el porno, en esta nueva forma de entender lo autopoiético. La media occidental es tener dos pantallas para el ordenador o uno muy grande. Cuando se ve porno no es para ver un vídeo y de forma lineal en el tiempo: los llevamos a las escenas que más morbo nos provoquen. Pero ahí no acaba la cosa: abrimos varios reproductores de vídeo o instancias del navegador, para ver varias escenas a la vez en distintos momentos cada instancia, distribuyéndolas entre las dos pantallas. ¿Qué está pasando realmente aquí?, que estamos siendo autocreativos, autorreferenciales con respecto a aquellos momentos claves que más nos “encienden”. O dicho de otra forma, autopoiéticos con respecto a nuestros deseos, cerrándonos sobre nosotros mismos. En esta nueva dimensión, ¿en qué encaja la libertad del otro al que satisfacer?, en nada, nos puede llenar más esa “construcción” autopoiética de nuestros deseos, que nosotros no llegamos a conocer de forma consciente. Es el deseo (entreverado de instinto) el que construye esa “quimera”, de forma autopoiética, para satisfacerse a sí mismo, sin ningún otro referente que a sí mismo y a aquello que le causa morbo y placer. Un concepto que he aprendido hace poco, y que he intercalado en los escritos previos, es el de el “estímulo supranormal” (prefiero este prefijo al de súper-, pues este segundo lleva a equívocos), que viene a decir que el cerebro prefiere lo supranormal, lo exagerado de algo, que lo normal, aunque lo primero no sea natural y no conlleve a la procreación; es algo que está en todo animal complejo. Para que se entienda en un ejemplo: la hembra del escarabajo dorado de Australia, evolutivamente ha cambiado su exterior a un caparazón dorado para llamar más la atención sobre sí a los machos, para llamarlos a la procreación. Beetles & Beer BottlesPero se da la paradoja que si un macho de escarabajo dorado ve una botella de cerveza marrón bajo el sol, este va hacia la botella, en vez de hacia las hembras, pues la botella brilla más. En ese sentido el porno se ha vuelto en un condicionante supranormal, pues como hemos visto, nosotros “creamos” nuestra propia secuencia en varios visores de vídeos, como para volverlos no ya sólo supra, sino supra-supranormal. Lo ya dicho, ¿cómo el consorte, o la “persona de turno” con la que se tiene sexo, puede igualar eso?, imposible. Cada vez va a haber más disfunción eréctil o problemas de excitación en las mujeres, una vez que se ha llegado a ese nuevo estado. El único remedio: no ver nada de nada de porno, o muy ocasionalmente. Pero el problema, tal como lo he analizado aquí, es mucho más profundo y esencial como para reducirlo a una mera adicción al porno. Volviendo al estímulo supranormal, este hecho me da la razón en muchas de mis líneas argumentales. El cerebro es esencialista, metaforizante, maneja conceptos a priori o asentados en el cerebro. Lo dorado lo es para el escarabajo de Australia, como para nosotros lo es el morbo, tal como lo he venido definiendo en los escritos anteriores. Tenemos idealizaciones de la maternidad, de la infancia, de todo y cada una de las cuestiones humanas. El deseo tiene su propio lenguaje, indiferente de lo que crea y quiera el prefrontal y la conciencia, que se expresa en los condicionantes de la educación ciudadana. El porno ha “desatado” esas potencialidades o esencias que ya no se pueden volver a encerrar. O sea, que una vez que un individuo “recrea” esa potencialidad sexual ante el ordenador, ya es imposible que no lo tenga como referente, ante situaciones normales de pareja. En este párrafo hemos visto un ejemplo de la autorreferencialidad y lo autocreador, se puede extrapolar a casi cualquier situación social. Lo que queda en claro es que el individuo está tendiendo a lo autopoiético, y que la pantalla es ese referente que hace de retroalimentación como para que eso sea posible. Sólo entendiéndolo así se puede comprender esa adicción a las pantallas, que cada vez nos distancia más del resto de los seres humanos. YouTube se ha vuelto, quizás, en lo más limerente y tendente al estímulo supranormal, que además incide hacia lo autopoiético, pues en esta plataforma uno puede contestar casi todas sus dudas, sin recurrir a personas externas. Para casi toda pregunta que uno pueda hacerse, sobre cualquier tema, hay algún vídeo creado que va a poder “aplacar” la pregunta. Uno puede profundizar todo  lo que quiera, hasta que al final lo pueda entender. De nuevo la tendencia hacia lo autopoiético. Recuerdo que al principio de la informática, esta era un punto de reunión, de unión de personas. Alguien compraba un juego, alguien lo pirateaba, y a través del contacto personal, de conocer gente, de estar bien comunicada, podías estar el día de cada novedad. Con Internet eso se acabó. Ahora todos somos simples vehículos de los deseos y los fines de cada individuo, de cada ser tendente a lo autopoiético. Todos somos meros medios, los fines están tan sólo dentro de cada uno.

   Trato de tocar todos los temas sobre los que he estado pensando estos últimos días, no todos siguen la misma dirección. El siguiente trata de lidiar con la paradoja de los seguidores de los YouTuber. Si digo que se tiende hacia lo autopoiético, ¿cómo encaja con seguir y por ello “depender” de alguien?, estando pendientes de lo que publiquen. Una tara de mi hipótesis es que no encaja con todos los humanos. Al igual que el deísmo se dividía en tres tipologías, las sociabilidad o el individualismo tiene varias tipologías. La situación actual ha vuelto aún más autopoiéticos a los artistas o a los alfa, pero no a los omega (que no son ni alfas, ni betas). La limerencia en los omegas no es la autopoiesis, sino la total vinculación hacia alguien autopoiético, los héroes, los líderes. En otra dimensión, su estímulo supranormal es ese acato y seguimiento del líder, héroe o ente autopoiético, siendo los youtuber esos estímulos supranormales que les “sacia de su sed”. Por mucho que le dé vueltas no entiendo esa situación, sera por el ombliguismo de los artistas. Ni entiendo a los seguidores, ni entiendo que los YouTuber quieran seguidores (y que crean que se “merezcan” algo como eso, a no ser que sean unos meros cínicos y realmente sólo les interese el ganar dinero). En el fondo sólo se quiere tener la sensación de pertenencia, de estar “conectado” en lo social, con personas, y ahora ese medio son las redes. ¡Pero está bien, nuevos tiempos nuevos lenguajes y nuevos tipos de ídolos!, todo tiene que ir a la par. Otra cosa sería verlo a través de lo que se llama la erótica del poder o la “fama”, las subidas de dopamina, y  que una vez que se siente ya no se quiera prescindir de dicha sensación. De cualquier forma nunca he entendido a un líder: que se crea tan “algo” y con ciertas cualidades como para cambiar el mundo. Se le cambia la máscara, pero el mundo, la naturaleza humana, no cambia. Los Youtuber, o cualquier tipo de persona con poder o fama, al final se vuelven en aquello que quieren sus usuarios, seguidores o votantes, es un proceso de retroalimentación, en donde por ensayo y error van entrando por lo que más votan, por lo más comprado o por lo más visionado. Devienen en máscaras de sí mismos, en postureos y en lo políticamente correcto. Por lo que se sabe Bukowski tuvo la oportunidad de “volverse un hombre de bien”, de permanecer contratado por el servicio postal, pero renegó y prefirió su vida de siempre de miseria, libertad y fidelidad a sí mismo. Con esto vuelvo a uno de mis postulados. La autoconciencia, la autorrefencialidad, es el sino de nuestra época. ¿Qué quiero decir y qué implica realmente? No esa algo nuevo, viene de siempre y hoy se ha potenciado. El humano no se puede librar de la sensación de que en el cerebro hay una agente. Eso es a lo que llamamos yo, lo que “sentimos” que somos. En realidad es un juego de espejos, que al volverse sobre sí se vuelve en eso que llamamos autoconciencia, que además tiene como timón, como forma de autorreferenciarse, a las palabras, tan pobres y tan poderosas a la vez. Si algo tiene un nombre existe, aunque detrás pueda no haber nada real. La conciencia, así, es ilimitadamente creadora, aunque sólo sea de espejismos, falsas creencias o paranoias. Con todo, aunque esa apreciación de un agente en el cerebro sólo sea un espejismo, Es. De esta forma todo tiene dos realidades posibles: lo que es y lo que creemos o queremos que sea. Que algo no tenga distancia o que la haya. Que lo sepamos tácitamente, o que sepamos que lo sabemos. Para un creyente, así, no puede haber distancia hacia su credo. No tiene que creer creer, dualidad que ya estaría habitada por la posible duda, solamente tiene que creer. Eso es la fe. La conciencia, así, es distancia, es cínica, es duda. Si siento, pongo en duda lo que siento, de esa forma de manera racional, en lo social, por educación, rechazamos lo instintivo. Lo hacemos constantemente: estamos en una web cam y nos excita una chica con pantalón short, y salimos a la calle, vemos una chica así y no la “vemos”. La distancia es la conciencia, que pone en entredicho todo su “contenido” y por lo tanto sus propios deseos, instintos o emociones. ¿Realmente es así o es lo que queremos creer?, bajo mi punto de vista es lo que queremos creer. Como ya he hecho ver más de una vez, algo esencial en el cerebro es tratar de creer que se tiene el control. Mientras tengas el control de algo, apartarás al miedo o al pánico, pero como lo pierdas estos te “poseerán” (como ya dijera pánico, viene de dios Pan, ser que nos poseía y nos privaba de la razón, vinculado a lo sexual y el miedo al de ser violadas de las mujeres, concepto que más tarde se tomó como el de posesión demoníaca). Ningún omega se aceptará como omega, o como seguidor, su ego le hará creer que sigue a tal o cual persona por tal o cual “razón”, nunca porque sea un mero seguidor omega. Racionalizará, no razonará sobre tal cuestión, al igual que un creyente no puede razonar sobre su fe y su credo (leer filosofía para saber el final de esta “guerra” entre creer y razón, y cómo Dios, por mucho que se haya querido y necesitado a lo largo de la historia del pensamiento, nunca ha logrado ocupar el mismo lugar que la razón).

   Para distinguir esa “sutil” distancia de saber y saber que se sabe, hay que tener en cuenta que cualquier paciente o trastorno o enfermedad mental distingue entre los que sí se da ese “insight” y los que no. En un ejemplo claro cualquier alcohólico negará serlo, la cura pasa por reconocerlo, de ahí que la primera frase de presentación en sus reuniones, en las películas americanas, sea: “soy ‘tal’ y soy alcohólico”. Lo mismo para un obsesivo-compulsivo o alguien con síndrome de Diógenes, suelen negar serlo, la cura primero empieza con que reconozcan serlo. En la película “Una mente maravillosa”, John Nash tiene que reconocer que tiene problemas mentales. Al saber que lo que ve no es real lo sigue viendo, pero ya no cobra importancia, le dan igual esas presencias a su lado. Esto es, en unos casos y otros, hay que “obligar” a la autoconciencia a que sí ha de saberse “padeciendo” tal o cual “mal”. En este mismo camino se encuentra la discusión moderna sobre la libertad. Se ha descubierto que el cerebro decide por sí sólo y la conciencia (saber que se sabe) tarda unos segundos en pronunciarse en la decisión. Claramente opera en background (de fondo), pero eh ahí que la conciencia tiene esa “decisión” y la  puede revocar o confirmar… ¿o de nuevo se sigue el mismo proceso y su consiguiente retardo, y eternamente la autoconciencia va a la zaga?, es una recursión al infinito. De una manera u otra el cerebro en su conjunto cuenta con más “herramientas” y datos que los que pueda tener la autoconciencia, de ahí el dicho de “déjate llevar por tu instinto” o el corazón, y que se repite con aire más místico en la saga de la guerra de las galaxias, con la frase “deja que la fuerza te guíe”. Volviendo al autoreconocimiento, en esa misma medida un omega seguidor si quisiese luchar contra ello, primero lo tendría que reconocer, pero eso sería una terapia a lo social/humano que nunca sucederá. Ante la típica pregunta de si alguien se cree “pastor, lobo u oveja”, sólo una persona me dijo ser oveja, y puede que creyese ser un lobo que me engañaba. El problema no es tan fácil, para llegar a una “verdad” uno tiene que librarse de todo condicionante, y para ello averiguar qué es o no es un condicionante, como para que esté alterando la autodeterminación, la libre voluntad; cuestión imposible para la mayoría de los tipos de cerebros o vidas. La sociedad así deviene en una “mayoría silenciosa“, en el pluralismo ignorante, en una conformidad silenciosa, en el pensamiento grupal; que yerran “sus tiros” y preocupaciones en temas marginales como los derechos de los animales, y demás cuestiones provenientes de la “new age“. La mayoría de “oradores” centran el asunto en el individuo, en la autorrealización, en la autosuperación, etc., forma parte del mismo dilema de la actualidad, desviar la atención sobre el problema central, tendiendo hacia lo individual, hacia lo autopoiético, hacia la total autonomía, cuando el verdadero problema es lo social. Hemos dado el tema por zanjado: lo social no está en nuestras manos, y desviamos nuestra atención en nuestro yo y temas que sí creemos poder cambiar; los nuevos voceadores transpiran humo que todo oyente está dispuesto a respirar como su nuevo aire; así nos lo hace ver Baudrillard en su libro: “En la sombra de las mayorías silenciosas, o el final de lo social”. Por lo demás da igual que la sociedad “escuche” a líderes o ideólogos, o pensamientos como los aquí escritos: la dirección de ese pensamiento no cambiará hasta que no tengan la barriga vacía desde hace días, hasta que los problemas sean demasiado reales. La masa es estómago, mientras esté lleno nada dirá, al igual que este órgano tan sólo ruge en su vacío; y la masa nunca lo es uno, por los mecanismos de autodefensa de la autoimagen y del cerebro en general que tiene como base su pretendido individualismo y unicidad. Además, la paradoja de la capacidad, que es la autoconciencia, es que lleva implícita la duda, donde cada objeto mental ha de ponerse en duda como para no poder caer en errores. ¿Es el humano capaz de vivir eternamente con la duda de todo?, ¿es sano?, ¿no lleva al cinismo? Esa es la situación en la que nos encontramos hoy en día, si te pones a dudar, ¿en qué creer?, y… ¿tiene sentido creer en algo? La evolución, con las trampas, mala fe y los sesgos mentales, ya ha “resuelto” tal dilema. La propia identidad, el autoconcepto, la autoimagen, se basa en una creencia de nosotros mismos, en la creencia de la potestad de ese agente en el cerebro. Si nos fijamos arriba sobre lo que nos dice la Wikipedia, sobre el área de Brodmann 9, el autoconcepto está en el lado izquierdo y el concepto de los otros en el derecho: uno nunca es otredad, el otro nunca es mi identidad. El área de Brodmann 9 está vinculada a la precuña, lugar que parece ser el más indicado para que sea eso que llamamos autoconciencia; de alguna forma el área 9 se nombra como negación -juicio evaluativo de los otros-, de lo que no es, y a partir de la información que le proporcione la unión temporoparietal (cercana a la precuña), del que ha de tomar nota la precuña en su conciencia de sí, como para crearse un autoconcepto. La regla evolutiva sería: se puede dudar de todo, pero no de uno mismo. Hemos de creer en ese agente y que es agente es el que “gobierna” el cerebro y que ese agente es un yo, tan real como la nariz que tenemos delante de los ojos, aunque no la veamos. Nos contamos un cuento de lo que somos nosotros mismos, del que no tenemos que dudar, ante el miedo de perder el control, de que el pánico nos posea. Tiene que haber un capitán que lleve el timón. En realidad es otro engaño más que sostiene nuestra cordura, del que es tan imposible deshacerse, como la presencia de un Dios para un creyente.

   Cierro. Sólo algunas personas se libran de todas esas trampas: los artistas y los alfa están más cerca de ese proceso; quizás también sean las personas más cínicas y “peligrosas”. Los tres cerebros: el reptiliano, el mamífero y el humano, aunque reduccionista, se siguen validando bajo ciertos criterios. El cerebro mamífero es el que más cargado de trampas y sesgos está. Todo lo emocional es dudoso. Dos y dos siempre serán cuatro, pues es un proceso de la corteza cerebral, pero el cómo dividir una tarta redonda en 20 porciones siempre estará sesgado por quién la corte y sus tipos de emociones, y la familiaridad de las personas con las que repartir (el que parte, reparte y se lleva la mejor parte). En soledad, donde no se despliega el cerebro mamífero, pues es sobre todo social, sólo se quedan los lados más radicales: los instintos y lo racional (se ven en mis escritos, por eso lo hago saber: conviviendo desaparece esa dualidad tan extrema y cínica, y no por ello es “falsedad”, el concepto de falso es muy curioso tal como lo utiliza la sociedad). Son los dos aspectos más “reales” del cerebro: los instintos conllevan las reglas más básicas de la vida para permanecer vivo, nadie se puede suicidar simplemente dejando de respirar; por otro la razón es aquella que puede estar más cerca de saber de algún tipo de verdad basada en hechos. Lo emotivo crea una lógica borrosa, donde es imposible llegar a verdades universales y crear unidad social, “sirve” para vivir en sociedad; un mecanismo creado para manejar lo que él mismo crea: confusión y caos. Readaptaciones sin límites, infinitas, de unas personas con otras personas para crear un cerebro social, en donde al final el individuo es tan solo una neurona prescindible. Pero esta dualidad, de instinto y razón, crea una situación peligrosa si se tiende hacia lo psicopático. Hannibal Lecter, prototipo psicópata, era tan sólo razón e instintos. Las emociones de los demás eran algo con lo que podía jugar, como si fueran piezas de un lego, sin poner en peligro sus emociones, de las que carecía. Situación que se ve de forma más trivial en la adicción al sexo, o la tendencia a la obesidad para compensar la ansiedad ante la soledad y los posibles rechazos sociales. De una manera u otra es una tendencia que se va generalizando. Como las ciencias nos dicen que dudemos del cerebro, y de lo que creemos saber (Brain Games), la tendencia será la de poner a la conciencia como dudando de todo; y estando en sociedad de lo primero que se duda no es de uno mismo, pues la fe en uno mismo ha de ser lo más “sagrado”: en esa dirección se duda de los otros, de sus intenciones, de sus posibles autoengaños. Estamos más preparados para ver los errores de los otros, que los propios, a tenor de salvaguardar nuestra autoimagen, nuestra propia narración, nuestro yo: la legitimidad de nuestro agente en el cerebro. Paso a paso eso nos lleva a cuestionar todo, a ser tan sólo esa autoconciencia que ha de saber que sabe, que se ha de librar todo posible sesgo. Y de seguir ese proceso, entonces eso llevará a la sociedad al completo al dilema del solitario: a ser esos dos lados liminales de uno mismo: sólo instintos y sólo corteza cerebral y razón, el resto será ese otro lado siempre tendente al error de las emociones del cerebro del mamífero -cada vez se duda más, por ejemplo, del enamorado, si uno mismo no lo está-, y los juego sociales que ahora nos parecen tan reales, pero que en definitiva sólo son eso: juegos y máscaras. Habremos matado por siempre al humano.


   Después de darle muchas vueltas, desistí de la idea de hacer vídeos y subirlos a YouTube, no es miedo al fracaso ni nada por el estilo, llevo escribiendo casi diez años, sin importarme criterios o el éxito; lo hago por ser artista, por una “necesidad” del “alma”; es más bien por integridad, por no venderme y no caer en ser sistema; fijarse que no me limito a escribir los artículos y los abandono, los estoy mejorando cada día añadiendo mas enlaces, nuevas aclaraciones o datos, y nuevos párrafos, cosa que no se puede hacer en YouTube; por otro lado hago este “trabajo” sabiendo que han accedido a mi escrito apenas una viente o treinta personas, que tampoco quiere decir que lo hayan llegado a leer. En definitiva el narcisismo de los artistas puede parecer negativo, pero ese “mirarse al ombligo” nos vuelve obsesivos con nuestras obras, y no por la opinión de los demás, sino por la propia, la narcisista. Quizás suba uno para mostrar el logo que creé y alguna idea curiosa en su producción. Pensé en otras opciones, hacerlos y subirlos a “www.ok.ru“, que es un equivalente ruso a una suma de redes de Google, como YouTube, Google+, pero tampoco me convencía, ya que tratar de reducir ideas a quince minutos me parece demasiado limitado. Cercenas la esencia. También pensé en hacerlos más largos y compartirlos para ser bajados. Pero es demasiado trabajo tal como los tenía planteado hacer. En esa dirección comparto lo prometido del mapa mental creado en el programa “TheBrain”, así como el programa para tenerlo en versión completa. Avisar que el “patch” sólo sirve para esa versión y no hay que dejar que se actualice.
El mapa compartido tiene muchas finalidades. En mi ejemplo me sirve para poder poner los enlaces más rápidos a mis escritos, pues están casi todos ahí. Sirve para investigar y desarrollar temas. Tal como va, tiene tres temas a desarrollar, que son etiquetados (Tag) por aquello a investigar o desarrollar. Tres de esos temas están enlazados en la cabecera, el que está más desarrollado era el que va sobre la identidad. Si se ve su nota se ve su posible desarrollo, lo he dejado para dar ideas. Viendo esa posibilidades se puede entender que sirve de base para crear escritos y vídeos, para YouTube, por ejemplo.
Las ventajas de este programa es que cuando he ido añadiendo entradas las he ido asociando con otras que estuvieran relacionadas. Es muy posible que sea así como lo haga el cerebro. Lo he vinculado todo en enlaces laterales, no como hijos y padres, porque buscar la correspondencia hijo padre me resultaba más complicado. Casi todos los enlaces son a la Wikipedia inglesa, traducidos al español (ahora mismo me parece más interesante esta forma de leer que los libros, que suelen meter mucha “paja”; además, con los enlaces lees lo que necesitas para desarrollar un tema). Enlazar con otras web es arriesgado, porque o desaparecen o borran esas páginas; ya me ha pasado en otros casos. Los tipos de enlaces los puede hacer cada uno a su gusto y criterio. Igualmente buscar más vínculos. Esos procesos, de entrelazarlos, ha sido dependiendo del cansancio, al estar más cansado me era más complicado buscar relaciones. Este mapa va sobre la superveniencia, es el tronco principal, aunque ahora parece estar perdido (son las entradas en de texto en rojo), pero abarca temas de filosofía, psicología y sociología. En general sobre el hombre y la sociedad. Más adelante lo vincularé al que tengo de hace años sobre el cerebro, y otros dos que tengo que hacer sobre los sesgos mentales y los sistemas complejos.
Lo iré ampliando, pero lo puede hacer cada uno. Lo peor es que cada cual lo puede ampliar y yo compartiré mi “versión”.  Mantener dos copias con distintos nombres. Instalar el programa, no lo abráis y aplicar el patch, después abrir y para implementar mi desarrollo, entrar ir a “File”, e “Import” y escoger “Brain Archive (brz)”. Descargar. Descargar mapa mental sobre el cerebro. Están vinculados a través de la entrada” cerebro” del mapa de la Supervenciencia.


Otro tema es que el libro “La imposibilidad de la razón“, hospedado gratuitamente en Hostinger, desaparecerá, ya que dicha empresa va a dejar de dar hospedaje gratuito. He buscado otras, pero ahora priman las estrategias tramposas, te dan hospedaje pero no permiten Joomla, que es el gestor de contenido con el que está hecha tal página; dejan Joomla pero no te dejan subir una base de datos… trampeo… En fin, no voy a enumerar todas las tonterías con las que me he encontrado. De momento dejo “caer” la página hasta decidir qué hacer (subir artículo por articulo de nuevo es de locos, que es la única opción que me queda). Los capítulos que estén vinculados los trataré de subir aquí. Me he acogido a algo gratuito, porque mi libro es gratuito, si ganase de alguna forma dinero pagaría un hosting (hospedaje).

Limerencia y Autopoiesis

Uno no tiene que entender el mundo, uno solo tiene que encontrar el camino en él.” Einstein”
“¿Por qué el cerebro humano insiste en interpretar el mundo y en construir un relato?”   Michael S. Gazzaniga
El mundo es muy extraño hoy en día, ¿no crees? Hemos llegado a un punto en el que nada parece real.” Kiss me First

    (El presente escrito tendría que haber sido una pregunta y respuesta más en el último artículo, pero se ha hecho muy largo; por lo demás tiene sentido que vaya detrás del que trata sobre la limerencia, pues lo complementa.)


-¿No es tu filosofía estructuralista?

    No me he dado cuenta hasta hace poco que podía caer dentro de esta categoría. De cualquier forma lo dicho como crítica por otros sobre el estructuralismo: desde que el hombre es hombre ha creado teorías de la realidad a partir de descubrir (o creer hacerlo) patrones o estructuras en la realidad. La cuestión de si mi pensamiento, era estructuralista o no, surgió a partir de saber que algunos estructuralistas “incorporaban” la diferencia en la identidad, por lo menos Niklas Luhmann, como yo hiciera en el escrito “La dimensión social“, sin saber de este, ni haber leído demasiado sobre el estructuralismo. Pero básicamente mis ideas parten de los sistemas complejos, donde tal concepto o forma de ver la realidad es susceptible de ser “encajonado” como estructuralista. De cualquier forma me diferencio en romper con que todo sean estructuras, una tendencia a la deconstrucción, por lo menos al tener en cuenta las qualias, y por ello la individualidad, donde las estructuras rígidas se desdibujan. Con la salvedad de que en la medida que, por el sesgo de conformidad y el deseo de pertenencia, el humano “rompe” con la individualidad, de esa manera ya es susceptible de ser estudiado bajo los parámetros de la sociología estructuralista. Aquí sale una regla: sé social y serás un número en alguna variable de algún algoritmo. El pensamiento económico-utilitarista de la Inteligencia artificial de Matrix.

   De una somera lectura de “La sociedad de la sociedad” de Niklas Luhmann, me llamó la atención el concepto de autopoiesis, como autoreplicador, el cual el autor usa como pilar para los sistemas complejos. La autopoiesis es… “un espacio topológico cerrado que continuamente genera y especifica su propia organización a través de su operación como un sistema de producción de sus propios componentes, y lo hace en una rotación interminable de componentes”, fuente Wikipedia. Tal concepto viene de la biología, lo crearon los biólogos chilenos Humberto Maturana y Francisco Varela, para referirse al tipo de procesos de auto-mantenimiento y replicación de las células. A mí no me encajaba del todo, e igualmente enseguida encontré detractores de tal reducción. Tiene sentido para referirse a los tipos de vida que no se basen en la sexualidad, como es el  caso de nuestras células corporales, pero una vez que se da la sexualidad, y sobre todo en los animales complejos, ya no encaja. Según un ejemplo de Luhmann, una cadena de producción de coches no es autopoiética, pues produce algo distinto de sí misma, podría serlo si nada que se tratase en ese complejo industrial se trajera de afuera, y se produjera en su interior. En un ejemplo claro: en la película “nuestros maravillosos aliados“, vienen a la tierra unas pequeñas naves vivientes, poco más grandes que un puño, que tienen “bebés-naves”, y este sistema sí es autopoiético, donde sólo necesitan chatarra (le añaden el factor macho/hembra para que empaticemos más con ellos, pues los bebés-naves nacen del “amor”). La primera dificultad está, por lo tanto, en ver qué sistemas son autopoiéticos; se supone que si un sistema parte de otro, con pequeñas variaciones, sigue la regla. En ese sentido la vida y la evolución, en términos generales, son autopoiéticas. Pero me parece muy confuso todo este lenguaje. Este es un resumen las críticas de varios autores, vertida en la Wikipedia:

Hay múltiples críticas al uso del término tanto en su contexto original, como un intento de definir y explicar lo viviente, y sus diversos usos expandidos, como su aplicación a sistemas autoorganizados en general o sistemas sociales en particular. Los críticos han argumentado que el término no define o explica los sistemas vivos y que, debido al lenguaje extremo de la auto-referencialidad, que utiliza sin ninguna referencia externa, es realmente un intento de dar fundamento a la epistemología radical constructivista o solipsista de Maturana, o lo que Danilo Zolo ha llamado en su lugar una “teología desolada”. Un ejemplo es la afirmación de Maturana y Varela de que “no vemos lo que no vemos y lo que no vemos no existe”. El modelo autopoiético, dijo Rod Swenson, está “milagrosamente desacoplado del mundo físico por sus progenitores… (y por lo tanto) basado en una base solipsista que va en contra del sentido común y el conocimiento científico”.

   La autopoiesis me recuerda a los conceptos de la invariancia y lo teleonómico aplicados estos a la evolución. Ya en lo sociológico, toda entidad o grupo es autopoiético, en la medida que mantiene la estructura de la que “nació”. Mi pega, como ya he dicho, viene del hecho que no encaja con el sexo, donde en tal acto ya no existe la auto-replicación, sino la combinación de ADN. Cierto que de un humano y una humana sale otro humano, pero ¿es realmente autorreplicación cuando puede que el hijo se parezca más a un abuelo, ya sea en lo físico o en el carácter? En otro ejemplo y ya en la sociología: los templarios ¿son hijos de las armas y la Iglesia?, ya no tiene sentido hablar de autorreplicación, cuando las armas matan y van contra uno de los principios de la Iglesia (por lo menos en lo que debería de ser su “esencia”, que es no matar). Con todo, el concepto de autopoiesis, aunque sea en una versión idealizada, encaja en mi concepto de limerencia, ya que es aquello que busca toda entidad: ser autopoiético o buscar la situación más cercana posible a lo autopoiético, o dicho de otra forma tendente a la autorreplicación y la autoorganización, mientras que la vida sexuada es sólo replicación, y la autoorganización ya no es un proceso interno y físico individual, sino dependiente de otro, en donde ya se cuela el concepto de diferencia y por lo tanto de conflicto. Es como si este concepto fuese la idea primigenia -o piedra angular- de la forma de vida inicial, de aquellas primeras células, pues eran autopoiéticas, pero fuesen perdiendo esa capacidad al tener que adaptarse al medio y las mutaciones progresivas, donde se volvieron multiplicidad y competitivas, y en cada capa de complejidad se fuese “diluyendo” el concepto de autopoiesis. La limerencia consiste en ese “deseo” o tendencia hacia ese ser primero autopoiético, en tanto que ansía ser sólo unidad, no división a dos entes que aportan una porción de identidad y en donde por ello “muere” o fracasa -queda frustrada- la autorreplicación. Con el concepto autopoiesis me ahorro artificios de nombrarlo como replicador puro o primero, e ideas similares, que tenían los problemas conceptuales de usar tales adjetivos. Una forma de comprender la unión de limerencia y autpoiesis ya se encontraba germinalmente en Sócrates en el concepto “atopy“, atopía, lo no clasificable, aquello que no se puede entender con el intelecto o las palabras. Esto nos dice la Wikipedia: “un ser humano enamorado, sin importar a quién o a qué se refiera su adoración y afecto -ya sea una persona amada, un dios en algún sentido místico o un ídolo- no puede reducir el “objeto” de su amor ha ciertas características , él afirma que su “oscuro objeto de deseo” es único e incomparable. La atribución de características del mundo cotidiano banal significaría, en el ojo del que está seriamente enamorado, la traición (sacrilegio) al propio amor mismo“. Por otro lado encaja con mi idea de los divergentes, aquellas personas que tratan de ser autorreplicadores, o en este caso autopoiéticos. En mi caso tanto mi escritura, la corrección, la edición en página web, el retoque de imágenes, es autopoiético, no recurro a nadie externo.

Superveniencia-Autorreferencialidad

   Ahora desarrollemos más todas estas ideas. Algo que dejé al margen en el capítulo sobre la limerencia, por ser una idea conflictiva, pues es un tabú, es que el concepto de limerente, como el deseo de tender a la autopoiesis, encaja muy bien con la atracción sexual genética, dependiente de la detención del parentesco aunque sólo de forma tácita, de que es esa situación en donde dos familiares, alejados desde que nacieron, y que no han llegado a crear la impronta por la cual se “marcan” como no-sexuales, tienden a buscarse de forma más limerente que dos personas que no sean familiares. La explicación es que los hijos de ese encuentro se ajustarán más a lo autopoiético, a lo autorreplicador, a lo autorreferencial, pues hay menos variaciones genéticas. Si se piensa bien los primeros seres sexuados eran “incestuosos”. Fue más tarde que la evolución tuvo que crear el mecanismo de la impronta, por la cual ya no se podía tener deseo sexual hacia aquellos con los que se compartían los mismos genes (efecto Westermarck). Y aquí vemos cómo trabajan los conceptos o esencias: se sigue la misma premisa entre los amigos, hay que dar un paso sexual antes de cierto tiempo, antes de que se active ese estado por el cual esa persona nos sea tan familiar, como para que ya no se dé el deseo sexual; patrón que explotan los guionistas del cine y de las series. De hecho tendemos a buscar como pareja alguien que se nos parezca tanto en el carácter, como en lo físico (ver vídeo relaccionado). En un experimento llevado a cabo por psicólogos del comportamiento, se daban a elegir a las personas entre 4 o 5 candidatos como pareja, mostrados en fotografías, y la mayoría elegían una fotografía modificada digitalmente, en donde se había puesto el rostro del propio sujeto del experimento, haciéndolo más femenino o masculino, según el sexo del implicado. Casi todos los algoritmos de las empresas de emparejamientos se basan en la igualdad en intereses y de caracteres, o como mucho complementarios…, nunca de contrarios. De hecho el incesto en la antigüedad era uno de los privilegios de los reyes y los emperadores, tenidos como dioses, circunstancia que se ha mantenido durante toda la historia, con sus consiguientes problemas en la descendencia después de dos o tres generaciones. Otro dato que apunta a lo mismo es la relación de los gemelos, en ciertas culturas estaba aceptado el incesto entre gemelos. En Japón se decía que si dos enamorados se suicidaban a la vez (Romeo y Julieta), volverían reencarnados en gemelos, por lo cual les estaba permitido amarse, o a tener esa relación tan cercana y sintiente, con una mayor unidad de las formas de trabajar de las neuronas espejo. Por otro lado, cuestión más hipotética, el alfa es el que más procrea, y de alguna forma es el Ser más cercano a lo “perfecto”, o que mantenga la esencia -espíritu- de esa especie, más autopoiético, invariante, eso podría explicar la limerencia que se siente hacia los alfa y líderes en cualquier campo, como hacia los cantantes, a los cuales la media social los tratan de emular. Los animales eusociales se basan en una reina, en donde todos sus individuos son hermanos, siendo especies más autopoiéticas que los mamíferos, y de ahí quizás su armonía. Un último dato es el concepto de “alma gemela“, concepto esencialista que claramente apunta a alguien que encaja a la perfección con uno mismo, usando el adjetivo gemelo. ¿Cómo nacen los conceptos sino “leyendo” alguna disposición (patrón) de la naturaleza, que permanece ahí, pero que no sabemos interpretar?; pienso que el concepto tal como lo estoy yo manejando es el más acertado: se busca lo más igual, por ser lo más tendente a lo autopoiético. Por lo demás, la autopoiesis en lo sexual no tiene sentido en la medida que, de forma inmediata, entran en juego las jerarquías, como ya dijera en otro lugar, pues hembras y machos no pueden ser iguales (no-idénticos, no auto-replicadores) al diferir en sus medios y fines. Disposición, que ya en lo humano-social, nos ha llevado a la situación actual de “guerras” de sexos o géneros. O sea, según mi teoría todo ser, entidad o grupo que se ajuste o se acerque más a la auto-replicación, es más autónomo, más es esa máquina auto-suficiente y auto-regulada o en definitiva autopoiética. Las homosexuales se acercan más a lo autopoiético: tienen la capacidad de replicarse (maternidad), y son más iguales en sus medios y sus fines, en segundo lugar lo serían los homosexuales y finalmente los heterosexuales; si bien teniendo en cuenta que en los dos primeros grupos les hace falta el sexo contrario para procrear, y que en los heterosexuales la evolución ha creado todas las bazas para trascender sus libertades -estado autopoiético- durante los orgasmos simultáneos.

   Pero dicho todo esto, que complementa el escrito sobre la limerencia, quiero centrarme en la dimensión social del estructuralismo en tanto que ha de ser tendente a la autopoiético. Antes hay que hacer un breve resumen de mis ideas principales. La base está en la teoría de la superveniencia, que viene a decir que todo sistema se basa en el que le precede, sin que lo pueda cambiar. O sea, los cambios son de arriba hacia abajo, nunca a la inversa. Estos sistemas a grandes rasgos son: 1. elementos y partículas subatómicas, 2. átomos, 3. moléculas, 4. células, 5. seres vivos, 6. grupos sociales. No hay que buscar nada externo a dicha dirección y cómo unas llevan a las otras (Dios). Cada proceso se dio porque estaba potencialmente en el sistema anterior. O sea, que las partículas tarde o temprano tenderían a formar los átomos y estas las moléculas, dadas las condiciones iniciales del sistema y las leyes implicadas en ese estado… La gravedad fue uniendo átomos de hidrógeno, durante un prolongado periodo, en donde el universo tan sólo eran nubes de hidrógenos sumidas en la oscuridad. En la acumulación de estas nubes se “creaba” calor y energía, pero no la suficiente como para que se crease una estrella. Potencialmente estaba la posibilidad de que se uniesen dos átomos de hidrógeno formando el dihidrógeno, cuya energía no era frenada por la gravedad, como para crear las primeras estrellas. Todo estado de la materia es posible porque potencialmente existe esa posibilidad, dada las reglas de cada sistema. De esta forma lo social es un “volcado” del cerebro individual y sigue las reglas potenciales que tenga este. Siendo así hay que “leer” el cómo opera el cerebro y extrapolarlo a lo social. Un paso importante en las potencialidades, “leídas” por las reglas de la superveniencia, fue la química orgánica, que dio paso a la posibilidad de la replicación, que ya estaba implícita en la química de la materia (simetricidad), y más tarde a la vida. Con la vida se produce un primer concepto, que después han heredado el resto de grupos de la superveniencia, que es “lo faltante”. Todo Ser vivo lo es en tanto que ente falto de algo: comida, agua, calor, sexo para la reproducción. Esta es otra falla de la autopoiesis, pues ningún sistema vivo es pleno y cerrado sobre sí, siempre se da lo faltante, si tal cosa hubiera sido posible no se habría dado la evolución: permanecerían eternamente en ese estado aquellos primeros seres unicelulares. Cuando nació la conciencia nació con ese mismo estigma: el estar falto de algo, hecho que la hace ser un eterno cuenco vacío. El humano se mueve por necesidades, y estas siguen las reglas del que está falto (en este caso el humano), de lo faltante, y lo fallido (acto final por el cual la conciencia se sacia de “un” faltante para darse cuenta que sigue sin ser llenada). Toda necesidad busca lo faltante. Lo que está falto busca los medios para hallarlo. A esa acción cerebral básica se le puede nombrar por eso que llamamos intención. Como ya he apuntado en otro lado, la intención no tiene porqué ser la consciente. Con lo que la conciencia trata es con una presunción de lo que es la intención. El primer problema a dirimir es sencillo, y este es si la acción llevada a cabo es efectiva. Por ejemplo mi “intención” aquí es hacerme entender, pero puede que no lo logre. Resuelto ese evidente escollo queda saber qué hay en el fondo de un “acto” cerebral y si la conciencia sabe de ese fondo. En mi caso, ahora, se me presenta a la conciencia que quiero hacerme entender, pero ¿qué hay tras de esa evidencia? El psicoanálisis nos ha rebelado que las cosas no son tan claras, por otro lado las neurociencias apuntan a lo mismo. Ahí está el caso sencillo de que las feromonas nos siguen repercutiendo: elegimos parejas que sean compatibles y complementen nuestro sistema inmune. Cada acto tiene un sentido o intención que se puede escapar a la conciencia. En este caso, sigo el hilo de porqué me comunico, puedo pensar a nivel de conciencia que quiero dar a conocer mis ideas, por ser fructíferas, pero eso sigue siendo quedarse en mitad del camino. Todo acto comunicativo es por la presencia de otro, luego ¿”necesito” un otro, romper con mi soledad, acallarla? El otro es lo faltante, como no existe ante mí, cuando escribo me imagino un “oyente” o lector que a su vez en ese momento me piensa. Cuando el otro me oye o me lee, existo en un nosotros temporal y virtual. El otro es lo faltante en tanto que crea un nosotros. El resto se siguen de estas premisas: necesitamos pertenecer a un grupo, aunque ese grupo sea sólo de dos personas, o en el caso de los solitarios, con entes imaginarios. Este tipo de unión entre individualidades creó el grupo, en la superveniencia, de los animales sociales. Se presupone conciencia a un gran número de animales sociales, luego la conciencia, dentro del grupo de la superveniencia emergió dentro de lo social. Por otro lado sale a colación que la comunicación es un instinto, y de seguir su origen se ha de concluir que se sigue de la regla de la replicación (heredar información). De esta manera se deduce que lo siguiente en la superveniencia fue 7. la mente o conciencia. Los primeros seres unicelulares, por mutaciones, se empezaron a diferenciar. De este primer estadio nace el concepto dual de identidad/diferencia, que era parejo al de auto-replicación, luego lo que se replicaba era una identidad, en tanto que diferente a otras identidades auto-replicadoras, que por lo demás eran susceptibles de “competir” por los mismos recursos. Ya tenemos los conceptos de identidad, diferencia, conflicto, lo faltante, auto-replicador e información. El primer atolladero esencialista, con las mutaciones primero y con el sexo después, es que identidad y diferencia nacen a la vez. O sea, y para llevarlo al ahora y a un individuo, yo soy una identidad única, que me hace diferente a cualquier cosa en el universo. ¿Cómo resolver y “encajar” identidad y diferencia para que no se dé el conflicto? Se busca lo menos diferente de uno mismo. O sea, se internaliza la diferencia como parte del entramado de la identidad. Para el caso y el ejemplo que sigo: cualquier humano es más igual a mí que cualquier otro animal, luego soy de esa identidad. Dentro de los humanos soy más igual a todo aquel que tenga pene, más igual que todo aquel que sea occidental, etc. Las restas de todas las negaciones dan como resultado lo que soy: mi identidad. De este dilema primero, sobre la identidad, se puede comprender lo vital y esencial que es “tomar el papel” de lugar donde se nace: del barrio, de la ciudad, la región, el país, y en la actualidad el continente. La patria es el pegamento que une la máscara a nuestra propia piel. Imposible deshacerse de esa capa de nuestro ser sin arrancar nuestra propia carne. Cuando el humano se esparció por la tierra, cuando le confirió una propiedad a cada zona, perdimos la esencia o el espíritu humano, para volvernos patrios (de tal o cual territorio), diferentes, únicos y pertenecientes a ese lugar y lo telúrico: creamos la identidad regional, la diferencia, la otredad, que más tarde sería la de patria, y con ello asesinamos al espíritu humano; que aún hoy con ese falso concepto de aldea global, no parece que podamos recuperarlo. Vamos a “empujones” hacia la indiferenciación, hacia la vuelta del espíritu humano perdido, pero una y otra vez surgen los conflictos para separarnos, para que no se reste ese pegamento que une la máscara a nuestro rostro descarnado. Ahí están los casos de los catalanes, los ingleses o los escoceses. El mundo está lleno de identidades que no quieren morir, cuando lo telúrico ya carece de sentido, en un mundo cada vez más globalizado y virtual.

    Pero busco el componente social de los conceptos, que han emanado y hemos heredado de la superveniencia. Identidad, diferencia, conflicto, lo faltante, auto-replicador e información. Cuando se da una agrupación se busca aquella situación por la cual haya menos conflicto y por lo tanto una menor diferencia. La familia sin duda es ese primer grupo. Los cónyuges son los más alejados del otro en tanto que identidad dentro de la familia. En una familia se sigue la premisa de ser autopoiética, en tanto que sus acciones son muy parejas, y se pierde la autopoiesis cuanto más alejado se esté en el parentesco. Algo que emerge con la conciencia son los conceptos, conceptos que igualmente se pueden extrapolar de todo grupo de la superveniencia. Los conceptos son reglas o patrones (o estructuras) que siguen la regla desde el todo a lo pequeño. O sea, que como he dicho arriba, puesto que soy social, esta regla “dicta” mi comportamiento individual, sin poderla evitar: siempre nos habita alguien en nuestro interior, como hablándole y que nos habla. Como he dicho en otras ocasiones, es fácil deducir que esa presencia ausente se tomase como Dios. “Converso con el hombre que siempre va conmigo, quien habla solo espera algún día hablar con Dios”, dijo Antonio Machado. De este acto se desprende otro, que va y viene en las filosofías y nunca termina de encajar: el idealismo, el esencialismo. En la actualidad se cuestiona el esencialismo, por ejemplo en el existencialismo o el feminismo, pero creo que bajo las reglas que hemos hallado hasta ahora se puede entender mejor sus tramas y sus porqués. La primera esencialidad fue la diferencia. Idea extraña a primera vista. Vamos a tratar de aclarar tal concepto, recurriendo primero a un ejemplo algo burdo: si todo fuera oro este dejaría de tener ningún valor. Lo que le da su valor (esencia) es su escasez y la existencia de materiales que se oxidan con facilidad. O sea, lo que le hace un metal precioso, al oro, es aquello que no es: no es abundante, no se oxida. Por esta paradoja se da la pérdida de identidad y otros trastornos similares, como nos recuerda Sartre en la frase: “un Ser es frágil si lleva en su ser una posibilidad definida de no-ser”. En una película que vi hace unos días uno de sus protagonistas afirmaba: “por qué será…, sé quien son todos menos yo.”; nos asombra que alguien asegure tal idea, cuando nosotros sí sabemos definir a esa persona. Es por que la identidad nos la prefija los otros, los no-yo, en tanto que negación de lo que no son ellos mismos, como ocurre con el oro.(1) En las primeras bacterias: aquellas bacterias que fueran diferentes, no serían iguales a mi ser auto-replicador, pues traspasarían una información distinta a la siguiente generación. “Soy” en tanto que no soy esas otras formas de crear auto-replicaciones. Soy “dentro” de una identidad en tanto que hay otras diferentes. Y soy identidad en tanto que los medios y fines son compartidos dentro del grupo al que pertenezco. En este proceso nace un nuevo concepto: la intención en su génesis. La “intención” de esas identidades eran favorecer a las iguales, aquellas que traspasaban la misma información, “perjudicando” o no ayudando a aquellas otras que pudieran perjudicar o no ayudar a esa intención, a no ser que fueran simbióticas. ¿Qué es esencia?, lo es toda regla, patrón o estructura que “parece” dar forma o contener -de arriba hacia abajo- ciertos agentes como perteneciendo a una identidad autopoiética. Todas las partículas y subpartículas (agentes) que se unan y mantengan una conexión son una “esencia” que crean un átomo. Donde se den tales átomos y ciertas condiciones, se crea dicho átomo. Un neutrón no lleva implícito un átomo de helio o cualquier otro, pero dos electrones orbitando en el mismo nivel y un núcleo son helio. Quizás lo errado es nominar a tal “acción” o potencialidad como esencia, pero trato de revisar tal concepto y mantenerlo. Otra esencia, ya más conceptual y para tratar de validar tal concepto, es que identidad y diferencia nacieran a la vez, creando una dualidad indisociable. Otra más es que la vida se base en lo faltante, y por lo tanto su dual sea la necesidad; y como último ejemplo, ya más en lo banal, cuando se nos dice que hagamos una mesa, sabemos que es un soporte llano y de cierta altura, que se mantiene por medio de una (central) o varias patas: el cerebro trabaja con esas esencias o ideas abstractas de todo ente. Pienso que los “estímulos supranormales“, el hecho que un animal tenga una mayor agresividad o deseo sexual por un objeto artificial, hecho por el hombre, en donde se han potenciado ciertos atributos de la especie, simbióticos, o sus enemigos, es una clara demostración del esencialismo o conceptualismo de la vida, pues lo “exagerado” o más claro del estímulo artificial es esa tendencia a buscar su esencia conceptual. Fijarse que en el concepto de estímulos supranormales se sigue mi idea, expuesta en otros escritos, de que el cerebro es metaforizante, y en tanto que tal, tiende hacia lo caricaturesco. A exagerar en lo grande o pequeño o lo maravilloso o lo horrendo, etc. O sea las esencias conceptuales se mantienen, pero en la medida que se idealizan cada vez, de generación en generación, más a patrones caricaturizados, quizás para ser mejor reconocidos, en cuanto se nos presentan en el mundo por tan sólo unos pocos rasgos. Hay que tener en cuenta que el cerebro, como gran sensor de la realidad, es una gran máquina predictora: cuanto antes reconozca algo, por ya tener previamente esa imagen en el cerebro, menos esfuerzo hará, con un menor coste y con una posible ventaja sobre otros a los que les costará más. Esa capacidad es otra más que se ha “integrado” en el juego evolutivo, y a mayor cerebro, o más complejo, se supone, mayor tendencia hacia la caricaturización, o manejar conceptos o esencias y por lo tanto hacia los estímulos supranormales. Cuestión aparte, a tener en cuenta, es que los antiguos humanos trataban de recoger la esencia de los animales que mataban, o incluso la esencia de los lugares, los objetos (fetiche) y los árboles, para hacerlas suyas, para apropiárselas (como faltantes hacia lo autopoiético) y volverlas dentro de su propio ser.

   ¿Es esa la “intención” primera?, la de la alteridad, o subyacen otras detrás. Todo subyacente, desde aquella primera química orgánica, ha sido la de sobrevivir y replicarse, que más tarde sería la de procrear. Al igual que la superveniencia explica todo desde el todo hacia abajo, toda intención parte primero de la alteridad, y desde esta hacia abajo las otras dos premisas de sobrevivir y procrear. Eso es lo que subyace tanto en el cerebro como en todo grupo social. O visto en un ejemplo: una vez que el feminismo nació estaba “condenado” a permanecer vivo, a sobrevivir y “reproducirse”. Es asombroso que algo, por el mero hecho de ser nombrado, de poseer un nombre, exista: ya tenga una identidad, que durará nada o milenios. Alguien dijo que no hace falta crear una gran obra y teoría sobre el mundo, tan sólo hace falta que crear un concepto que tenga éxito, que siga las reglas de los memes de durar y multiplicarse en las mentes (sociedad líquida, inteligencia emocional…). Si es así cuando yo “llamo” a que se disuelva el feminismo, no tiene ningún sentido bajo estas reglas: mis “peticiones” son quijotescas. Algunos grandes conquistadores, como Genghis Khan, comprendieron ese hecho y asumieron que para acabar con una identidad tenían que acabar hasta con el último de sus habitantes. Toda identidad (vida, grupo social, concepto, esencia, meme) clama sobrevivir, la única forma de acabar con esas identidades son “exterminándolas”. En ese dilema se encuentra hoy la ciencia con algunas enfermedades (virus, bacterias), donde los únicos supervivientes son aquellos que han sido aislados en laboratorios de alta protección. En los virus se sigue de forma fidedigna todo lo dicho hasta aquí: sólo buscan autorreplicarse, todo es otredad, todo es potencialmente tendente a ser exterminado, sólo “aceptan” lo idéntico o lo simbiótico. Toda plaga sigue las reglas de identidad, diferencia, conflicto, lo faltante, autorreplicador e información.

   He mostrado varias “intenciones” subyacentes a todo acto, ningún mérito en cuanto a la supervivencia y la procreación, son algo que todos damos por sentado. El extraño ahí es la alteridad. ¿Qué otras hay? El resto de reglas se siguen de esos principios: identidad, diferencia, lo faltante, conflicto, auto-replicador e información, mezclándolos de unas maneras u otras, y siempre dependientes de las situaciones, deviniendo así en intenciones; las cuales crean el caos individual (en la mente y los sentimientos), en lo social o en lo evolutivo. Identidad y diferencia no siempre implican conflicto: los dos sexos están llamados a replicarse. En la naturaleza hay relaciones simbióticas. El meme sigue todas las premisas de identidad, diferencia, conflicto, auto-replicación e información. Se “asume” que lo faltante es algún agente y/o medio (un humano en Internet). “Trata” de no mutar, que no cambie el mensaje, mantenerse autopoiético, idéntico. Autorreplicación e información tampoco son lo mismo, la segunda se asume de la primera, pero no a la inversa. De esta forma la estructura del lenguaje ha de mantener la intención (esencia en este caso) o trasmisión de una información o significado, indiferentemente de los signos. O dicho de otra forma: “mañana las nubes altas mojarán los campos”, o “mañana lloverá”, o hacerlo con los signos de las personas discapacitadas auditivamente, son frases autopoiéticas, pues referencian o replican el mismo mensaje o información, en tanto que intención. Una regla que se sigue o subsigue a la del conflicto y lo social es que se den jerarquías. Estas pueden tener los mismos fines, pero siempre subyace el conflicto. Por ejemplo, en las manadas de lobos se sigue al alfa, pero si está en peligro la propia vida este se vuelve en un “potencial enemigo”.

   Con todo lo mostrado hasta ahora, ¿cómo “leer” la intención del otro?, donde otro puede ser una persona, un grupo u otra especie. Dado que la base es la alteridad, y de esta nace el conflicto, estas dos esencias pueden ser contrarias o no convenirles la información. O dicho más llanamente: otro componente (estructura, esencia) que nació inmediatamente  de las primeras mutaciones, fue el engaño, o el ocultar la información y por lo tanto la verdadera “intención” (camuflaje, falsos avisos de tener una propiedad…) Cuanto más ajenos sean dos sistemas o más en conflicto estén, más serán propensos a ocultar o engañar. Como es el caso entre depredadores y presas, o entre los dos sexos, o entre distintas posiciones jerárquicas. Si se hace un breve resumen de todo lo expuesto, se deduce que la vida tiene más de negativo que de positivo: nace de la alteridad, donde surge el conflicto, donde nacen las jerarquías, de las que nacen los engaños y las ocultaciones de las intenciones. ¡La vida es lucha, no es nada simpática! “Lo más triste del mundo es la vida”, dicen en la película “Un ruso en New York”. Ya en lo humano, se comprenderá que cuanto más compleja se fue haciendo la sociedad, basada en la palabra, una forma de mantener la información por generaciones, eso “provocó” que cada vez se tuviese que hacer más complejo el cerebro, tan sólo para saber “leer” las intenciones de cualquier otro ser humano, que era potencialmente diferente y tendente al conflicto. El cerebro gasta su mayor cantidad de tiempo y energía en lo social, cuestión por la cual las personas solitarias tienen la potencialidad de usar toda esa energía/tiempo a problemas complejos.

    Ya no quiero extenderme más, creo que los planteamientos base ya se han puesto sobre la mesa. Queda diagnosticar el presente bajo esta estructura. El humano, y sobre todo desde que apostó por la agricultura y la ganadería, y por ello por las ciudades, ha tendido cada vez a crear más y más identidades. Teniendo en cuenta que toda identidad implica diferencia y por ello tendencia al conflicto. Algunas de esas falseadas identidades han creado grandes males como la esclavitud, las luchas religiosas y las guerras entre patrias. Se suponía que con la entrada en la era de la Ilustración, de las luces, de la razón, todas estas identidades irían muriendo, y sí, algunas lo han hecho, como la esclavitud, pero otras permanecen (guerras, racismos), mientras que otras nacieron para parecer morir rápidamente, como el concepto de proletariado. Muy al contrario de lo que se pudiera pensar, cada vez hay más identidades, ahora deteniéndose cada vez más en menucias, como lo es sobre los seguidores de los comic de Marvel o de MC. La era de la comunicación nos ha llevado a una situación nueva: la auto-referencialidad, a podernos ver en el “espejo” que es Internet. Nos debemos de haber visto muy “feos”, tanto que nos hemos vuelto casi más amantes de los animales que de las personas, por algún tipo de compensación que no logro entender, hecho que se resumen en el meme de “cuanto más conozco a las personas, más amo a mi perro”. Cómo es esto…, como no es que me guste demasiado lo que veo, lo humano, ¿amo a los animales? -¡Espera, desde mañana soy un perro, ámame, protégeme, dame cobijo en tu hogar! -No seas cínico, -es que no queda otra, -estás hablando solo, -¡ya¡. Vuelvo al tema. Una cuestión impactante son las patrias, que nacieron de las etnias. Se supone que una etnia crea una identidad, hasta ahí bien, pero es que, y puesto que partimos de la selección sexual, se seleccionaban rasgos y caracteres propios de cada una de las identidades. Esas pequeñas selecciones llevaron a ciertas diferencias, unas externas y otras internas, como portar en mayor medida el “gen guerrero” que predispone a la violencia. Lo étnico es algo de lo que no hay que hablar, se supone que es un tema superado, pero es que eso a lo largo de la historia se “cocinaba” junto al concepto de patria. En donde, por ejemplo, un ruso en Rusia se cuece en su propio caldo (igualdad de tendencias genéticas y culturales), pero si es llevado a otro país se minimizan o liman ciertas asperezas. No estoy tratando de resucitar temas racistas. Los analizo bajo una nueva dimensión, en donde un ruso en su país es susceptible de activar cierta epigenética que le es más propia, y si está en otro país otra. Esto puede explicar, en parte, el por qué unos países doblan o triplican la violencia de género con respecto a España. Países, incluso, que se suponen con un mayor nivel de equidad y de bienestar social. Ahí están los casos de los países nórdicos, descendientes de los vikingos, cuya tasa de violencia hacia la mujer es mayor, que el resto de los países occidentales de Europa. En un estudio llevado a cabo en Suecia, se ha descubierto que sobre el 40% de los hombres de este país tienen una deficiencia en un gen que es el que crea los receptores de la oxitocina, molécula del “amor” que propicia la empatía y la confianza, y resta la violencia hacia la propia pareja. La secuencia histórico/cultural/evolutiva sería así: fue una sociedad que vivía de forma constante en el límite de la supervivencia, con mucha escasez de alimentos por un clima complicado, eso propició que fueran los machos más fuertes y aguerridos los seleccionados por las mujeres, pues se “necesitaba” ser muy violento con el resto para sobrevivir por encima de ellos (Finlandia es el tercer país en la estadística de abajo, país con un mayor problema con el clima a nivel histórico). Sólo sobrevivían las tribus de los machos más violentos, y de gran musculatura y tamaño. Las hembras de esas tribus extintas eran raptadas por las tribus vencedoras, y entraban en la misma dinámica de sus captores. El siguiente paso sería cultural: en algún momento mutó el gen receptor de la oxitocina, quizás viniese de muy atrás o proviniese de los neandertales o los denisovanos; los hombres se tenían que distinguir de los otros hombres que se asemejasen más a las mujeres, más simpatizantes hacia ellas, o sea que sí tuviesen el gen receptor de la oxitocina, luego a la larga se extendió los hombres portadores del gen deficiente de dicho receptor. Con el paso de los milenios se creó esa etnia que asoló al resto de Europa y parte del mediterráneo, se cree que en épocas de pequeñas glaciaciones, por su ferocidad y falta de escrúpulos, pues la oxitocina igualmente crea empatía y confianza hacia cualquier otro ser humano. Los rusos (Ruotsi, hombres que navegan) son sus descendientes. Consecuencia al día de hoy: los países nórdicos tienen esa mayor tendencia a heredar ese gen “defectuoso” que hace que no tengan el receptor de la oxitocina, que propicia una menor unión de confianza y empatía hacia sus parejas, que provoca que haya ese desnivel en la violencia de género con respecto a otros países, a pesar que llevan una vida más cómoda y con menos escasez que parejas de otros países con una menor violencia. Otra consideración a tener en cuenta es que cuando se dan migraciones, en la actualidad, no es para aquello de “donde fueres haz lo que vieres”, sino para mantener la identidad, creando barriadas y por ello islas identitarias en las ciudades y los países. El choque de esas identidades sólo está creando conflictos. Las dos reglas son contrarias: una etnia es susceptible de crear cambios epigenéticos de adaptación a una sociedad distinta a la suya. Una etnia mantiene ciertas características al crear islas de identidades en aquellos países a los que vayan. Es fácil deducir por donde voy: la asimilación -o muerte de lo limoso de las dos identidades (burka, por ejemplo)- debería de ser la única meta humana en sus migraciones. Si no hay dos identidades no se darán conflictos.

Tasa feminicidios Europa

    Quedaría ver que tal “funciona” mi estructura reduccionista en hechos concretos. Para remitir a algo que cualquiera pueda consultar, recurriré a lo acontecido en la obra teatral “muertos sin sepultura” de Jean-Paul Sartre. Unos nazis tienen presos a unos franceses de la resistencia, y tienen que lograr que traicionen a los suyos. Identidades cruzadas: dos contrincantes de una guerra, dos patrias distintas, soldados obligados por el estado, y voluntarios en una resistencia. Las jerarquías son otro de los conflictos: el juego del poder de carceleros y presos. Lo faltante es la información que necesitan los nazis. Los lenguajes e intenciones (información) son distintos: unos han de crear miedo y nunca bajar la guardia de su posición de poder, y los segundos no mostrar miedo y por otro lado no perder su integridad (identidad) y orgullo. En este caso hay dos orgullos (identidades) en juego en un ejercicio de  poder (jerarquía), los cuales no han de estar a la misma altura…, alguno tiene que “esconder el rabo entre las piernas”, al igual que ocurre en las luchas entre alfas y betas. Me pregunto si Zimbardo se basó en esta obra para su experimento de la cárcel de Stanford. La tortura es el mejor medio dadas todas las premisas, se ha recurrido a ella a lo largo de toda la historia humana. Siempre están en juego las mismas cartas: identidades, la otredad, lo faltante, las jerarquías…, el conflicto. Pero la vida no siempre es tan sencilla, toda identidad o grupo a la vez puede estar subdividido en grupos, y finalmente ser reducido a sus individuos. Entre los nazis ninguno ha de mostrar empatía, o dudar de sus medios y finalidades. Entre los franceses no ha de caber la cobardía, y claro, uno de ellos es una mujer, sobre la cual los nazis tienen otros planes. Eso crea una pequeña división o subdivisión, pues ningún hombre pasará por lo que ella pase. Para complicar más las cosas, durante la trama, atrapan a otro preso, que en realidad es el líder, creyendo los nazis que puede ser un simple paisano de la comarca. ¿Lo traicionarán los suyos para evitar el dolor de la tortura? Por no hacer spoiler no rebelaré más la trama o el final, pero no puede ser otro. A veces la muerte, el suicidio o el asesinato, aun yendo en contra de la supervivencia y de proteger a los de tu identidad, están llenos de significados dentro de las estructuras aquí mostradas: mantener la integridad identitaria, mantener una información oculta, dañar a los de otra identidad (hombres bomba, suicidios por despecho), etc. Sólo deja que los conflictos fluyan, se compliquen y se enreden: así son las trampas situacionistas. Hacer el ejercicio mental de aplicar estas estructuras, cuando veáis la siguiente película “seria”.

   He resumido algunos problemas, queda el proceso de aplicarles las conclusiones del presente escrito. El humano no ha resuelto el problema de la identidad y la otredad. Es más, parecen acentuarse cada vez de forma más pronunciada. El primer diagnóstico es que cada vez hay más escasez (lo faltante: trabajo, espacio habitacional…) y desequilibrio entre las jerarquías. Donde hay más necesidad se remarcan más las diferencias, y por ello los conflictos. De nada sirve apelar a esa autoimagen que nos ha dado la era de la información, sino es para otra cosa que para llenar el mundo de “buenas intenciones”, el “buenismo” y caer en lo políticamente correcto. Máscara, máscara y máscara. Las intenciones subyacentes son las que cuentan, las que se manifiestan. La información fluye, pero no es para crear unidad, sino cada vez una mayor disparidad. Para remarcar diferencias, para levantar odios a los que son diferentes, a los que no son de nuestra propia identidad. Hasta yo -en mi soledad y razón- me dejé llevar por la locura de “atacar” el feminismo como defensa de mi identidad de macho. Ahora ya no hay vuelta atrás, sería estúpido y poco honesto borrar esos escritos (quizás lo haga y los “limpie”). En ese sentido tiene razón Samuel Huntington en su libro “Choque de civilizaciones“. Se perfilan conflictos entre musulmanes y “cristianos”, entre oriente y occidente, entre civilizaciones de corte comunista y capitalista, entre países en desarrollo y del primer mundo… Sólo hace falta la chispa que prenda la mecha. ¿Qué hemos aprendido de la historia?, qué de lo que nos dicen las ciencias. Sólo cabe pensar que somos un animal estúpido, que sólo está preocupado por la técnica y nada por el contacto humano. Nos preocupamos más que maten a una vaca de forma “inhumana”, a que un vecino se suicide porque ya no puede hacer frente a sus débitos. ¿Acaso se creen los veganos que el 100% de la población lo podría ser: ¿cuántos planetas tierra harían falta, cuantas selvas habría que desolar para cultivar? (2) Una mujer embarazada no puede seguir una dieta vegana si causarle problemas a su futuro bebé, debido a la impronta genética. Nuevas máscaras de sanidad, para una sociedad cada vez más cibernética, sintética y sin una visión realista del mundo. ¡Acaso no nos damos cuenta que siete mil quinientos millones de personas no pueden ser únicas y especiales!, que no todos somos nuestros propios héroes y que ni siquiera los necesitamos. ¿Por qué seguimos bajo el influjo del sueño americano, cuando todos sabemos que en realidad es una pesadilla? Quien quiere una sociedad de rascacielos opulentos, con docenas de sin-techo en sus puertas. La meritocracia es el mayor manipulación/engaño que las altas esferas puedan haber gestionado para validarse en el nivel jerárquico donde se encuentren, sin que nadie los cuestionen. Hemos llegado a tal tontería que una familia de tres personas del primer mundo, gastan más en agua embotellada en verano, teniendo agua potable en casa, que una familia del tercer mundo en comida. Y hay humanos que tienen viviendas en cuyos espacios nunca un humano pondrá sus pies, de lo grande que son, donde otros sólo tienen cuatro chapas y unos paneles, improvisando una chabola. Pero ¡quieto ahí!, nadie es culpable, ni siquiera nuestra estupidez, tan sólo “obedecemos” a reglas dictadas hace miles de millones de años, que nos negamos a verlas, pues irían contra nuestro orgullo de creernos libres. ¿De verdad que nos creemos soberanos de nuestros actos y pensamientos, como para crear injusticias o resolverlas? Paliamos algunas y hacemos nacer otras nuevas. Ahí están las feministas “incordiando”, y terminando por destrozar el frágil concepto de familia. ¿De verdad creemos que el haber votado hace 8 años a un partido u otro hubiera cambiado en algo el panorama actual?, lo mismo para las siguientes votaciones con respecto a dentro de 10 años. Los cambios en lo político/social suceden de forma cruzada en varios países, empresas o hechos naturales, por pequeñas variaciones no previsibles, al modo del cambio por el aleteo de una mariposa, sin que casi nada de forma directa lo influya. “Luhmann sintió que la sociedad que se tematizó a sí misma como sociedad política se malentendió a sí misma”, fuente Wikipedia. Se sabe que una superpoblación entre los animales llega a un máximo y después viene una repentina crisis, en donde se hace insostenible que vivan tantos individuos, de tal forma que la población cae muy por debajo de su nivel medio. ¿Creemos que nos libraremos de tal designio?  Somos “esclavos” del destino. No necesito extensas estadísticas, o grandes teorías para argumentar algo así, me basta salir a la calle o ver la televisión cada día.

    De un somero análisis cruzado, del presente escrito y del estado actual de la sociedad, se puede concluir que lo autopoiético es equiparable a lo independiente, a lo autónomo. ¿Cómo encaja eso en un sistema social? La actualidad se define por ese doble marchamo: somos más dependientes de lo social de forma abstracta. El estado nos suple en situaciones complicadas: se mantienen a los desempleados, se dan ayudas sociales, está la asistencia sanitaria gratuita y las pensiones a los mayores de edad. Pero por otro lado cada individuo trata de ser autónomo del resto de los individuos. El individualismo es la consecuencia de nuestra línea evolutivo/histórico/social, el no depender de otras personas, el ser -dentro de la mayor posibilidad- autopoiéticos, independientes, autónomos. El nuevo ideario del amor es amar a alguien que no “necesita” del amor, que podría vivir sin él, pero lo elige no por las emociones, sino por la razón. No se quiere a alguien que no sea minimamente independiente y autónomo, que no tenga su propia vida y riqueza interior. Cuanto más necesitado veamos al posible candidato a pareja, menor va a ser la posibilidad de ser elegido. En esa dirección, en esa retroalimentación, uno ha de buscar su propia autonomía, su individualidad, sin tener a alguien al lado que le “ayude” en su lucha. Ni siquiera la “ayuda” de los más cercanos, de la propia familia. ¿No es esa una clara tendencia a lo autopoiético?,  y la paradoja ante esta situación sería:¿por qué una vez que se ha conseguido dicha autonomía se ha de dejar entrar alguien en tu vida que la pueda alterar o la quebrante? Hemos creado un sistema (la sociedad, las democracias, las instituciones) que han creado la posibilidad hacia la total autonomía e independencia del individuo. No estamos volviendo seres narcisistas y egotistas. Es el nuevo “guión” que nos da la cultura, para que nos adaptemos al nuevo “personaje” medio de la época. Y ahí está Internet y las redes sociales, sobre todo YouTube: todos hablando a la vez, eternos acaparadores de la atención del mundo, “ombrigismo” universal, … ¿se “oye” algo o ahora sólo hay ruido? Un antagónico posmodernismo de individualismo, en donde colaboramos con los otros no por que nazca de alguna emoción, sino como “exigencia” de los nuevos tiempos, donde se tiende a la mente e inteligencia enjambre. El sistema es la cáscara, la forma, que contiene esa posibilidad hacia la individuación, hacia el individualismo, que es su contenido. Nos hemos rendido de poder cambiar el sistema, este parece haber cogido su forma final, el neoliberalismo hiper-burocratizado basado en las estadísticas, en los números, en el beneficio; de tal manera que nos tenemos que estar readaptando constantemente nosotros mismos para ser competitivos y no quedarnos atrás. Parpadea un segundo y el siguiente puedes estar en la posición de perdedor. Hormiguitas en perpétuo  movimento. ¿Vamos hacia lo eusocial?, a crear sistemas como el de las abejas o las hormigas. En este tipo de sistema la empatía, las emociones, las qualias, no existen, no cuentan: está por un lado cada individuo y por el otro el todo. El todo es lo principal, el individuo es tan sólo un engranaje, una pieza repetida una y mil veces (auto-referencialidad) como para ser prescindible. Se llega a la “solución” del conflicto entre lo individual y lo social. El individuo se vuelve independiente y autónomo dentro de una sociedad que suple todas sus necesidades. Una hormiga no necesita de otra hormiga, sino en tanto que engranaje dentro de la máquina. ¿Qué perderemos en ese proceso? La familia, las amistades, los vínculos que nos unían y nos hacían humanos. Pero las cosas no son tan sencillas. Conceptos como los de la impronta, por el que quedamos estrechamente vinculados a la madre o a nuestro cuidador, nos demuestran que genéticamente no estamos preparados para ese salto hacia ese nuevo sistema. No queremos alguien que nos necesite, pero sí queremos alguien que nos auspicie en casos de extrema necesidad… y no desde la frialdad del sistema, que no nos ama, sino dentro del concepto del amor (amistad), en definitiva desde las emociones. Nos encanta esa frase, por su arquetípica imagen de lo que era el amor, de la canción “sin ti no soy nada“, pero la “aborrecemos” racionalmente. Somos esa contradicción insalvable: no queremos que nos necesiten, pero necesitamos que nos elijan. De querer ser eusociales, somos “máquinas” con sentimientos, un verdadero incordio para tal sistema y sus “engranajes”. No digo nada que ya dijera Philip Slater en 1974, en su libro “Paseo por la tierra” de forma más completa y poética:

   “Nacemos inmersos en relaciones íntimas de mutua retroalimentación con nuestros medios, tanto humanos como no humanos. Los compromisos con la fantasía interrumpen este circuito. Las señales se ignoran y el comportamiento se vuelve mecánico e insensible. El medio me lastima, pero yo estoy empeñado en un objetivo remoto y fantástico y no rompo a gritar, sino que avanzo despacio pero constantemente. Me he convertido en una máquina, daño al medio y él sí rompe a gritar, pero yo empeñado como estoy en objetivos remotos y fantásticos, no le puedo escuchar. Realmente hay una cierta justicia distributiva en todo ello: yo torturo al medio, el medio me tortura a mí. Se inicia una escalada de retroalimentación positiva, puesto que cuanto más me transforme a mí mismo en una máquina más tenderé a torturar al medio y más me tortura el medio a su vez, y necesito en mayor medida convertirme en una máquina.
      Nos hemos burlado de los humanos primitivos porque imaginaban que ellos y la naturaleza conformaban una unidad. Nosotros “sabemos” que estamos separados del medio. Nosotros lo hemos dominado. En realidad, le hemos declarado la guerra y la hemos ganado. Hemos derrotado al aire, hemos aplastado al mar, hemos asesinado a la tierra y estamos solos para paladear la gloria de la victoria, enfermos y jadeantes como un niño que ha triunfado sobre su madre.
     Todos los errores y las locuras de la magia, la religión y las tradiciones místicas se ven sobrepasados en importancia por la única y gran sabiduría que conllevan: la conciencia de la raigambre orgánica del género humano en un complejo sistema natural. Y todas las brillantes y elaboradas penetraciones del racionalismo occidental quedan reducidas a la nada a partir del insigne engaño en que descansan: el de la autarquía humana.
     Los logros de la cultura occidental son sueños materializados, y puesto que fueron posibles merced al estrangulamiento de nuestros sentimientos, han ido materializando el mal en el hombre cada vez más, la brutalidad perversa, la arrogancia plañidera, la obsesión cruel y la devastadora hambre de poder. Y cuando se haya dado forma física a todos estos impulsos mutilados no podremos ver el cielo, los árboles ni ninguna cosa viviente, tan inundados estaremos por la maquinaria que habremos vomitado de nuestras entrañas ulceradas.
    Para enmendarnos a nosotros mismos y enmendar a nuestro medio es preciso que drenemos la energía del tumor que nos posee; necesitamos escuchar, sentir y estar aquí; necesitamos recuperar lo que hemos desechado, recobrar lo que hemos proyectado en los demás, devolver la totalidad a lo que hemos truncado; necesitamos movernos juntos en una danza recíproca de integridad y gracia. Continuamos buscando el camino hacia las estrellas; pero no está oculto. Serpeando grácilmente por entre los espacios que hay entre las cosas, ha estado allí todo el tiempo.”

    Falta una última lectura de un signo que proviene del de esencia: espíritu. Se entiende por tal concepto aquello que sobrevive y emerge de una lectura somera e intuitiva sobre algo de la realidad. El espíritu del deporte, el espíritu de una nación, el espíritu de la fiesta… Creemos haber evolucionado, que somos más “civilizados”, pero ¿acaso cualquier hombre de hace treinta mil años no tenía y sabía de ese espíritu humano que hoy ya no sabemos ni leer ni poseer? Nos despreciamos por lo externo, por el lujo, por lo aparente, por la máscara; todo humano es otredad, todo humano es diferente. Lo humano, es hoy en día, tan sólo conflicto. Ahora todos somos seres fronterizos, siempre al límite de algo, de la cordura, de la ansiedad, de un ataque de pánico, de la depresión, de la soledad, de la exclusión social… La muerte de los signos, el ponerlos en duda (feminismo, posmodernismo…) ha quebrado la idea de las esencias, del espíritu humano. Si todo signo carece de sentido, sólo existe el signo que se me aparece cada vez, al que doy un sentido hoy y mañana otro. Ya no hay esencias, ya no hay espíritu, solo una eterna lectura del presente. Un eterno encuentro con otredades, con diferencias, con potenciales conflictos. ¿El único camino para este caos?, volver a los conceptos iniciales. Al “verdadero” espíritu humano antes de que se dividiese en etnias y multiplicidad de apuestas génicas, territoriales y religiosas. No hablo de eugenesia, hablo de mezclarnos hasta que lleguemos a la indiferenciación. Quizás así se “reunifiquen” todos los genes desperdigados y recuperemos algo que perdimos, algo que se “alteró”. Hablo de que permanezca la espiritualidad, pero que no tengan ninguna legitimidad las religiones. Hay que matar o controlar la falta de equidad de las jerarquías, romper las barreras fronterizas, quemar las banderas, olvidar toda identidad, y sólo así se podrá llegar a una sociedad libre de diferencias y por ello de conflictos, una sociedad realmente autopoiética, en donde la auto-realización, el auto-mantenimiento, y la auto-replicación de ciertas estructuras válidas sean la tónica. ¿Cómo?, creando un cambio disruptivo. Nada de cambios progresivos que mantengan la situación y se enlentezcan por siglos. Hacen falta cambios reales ya.


(1) Esta “falta”, mella o carencia de densidad en el Ser o identidad es a lo que Sartre llamaba facticidad del para-sí, de esa manera el Ser siempre está infectado de la nada: “esta contingencia perpetuamente evanescente del en-sí, que infesta al para-sí y lo liga al ser-en-sí sin dejarse captar nunca, es lo que llamaremos la facticidad del para-sí. Esta facticidad es lo que permite decir que él es, existe, aunque no podamos nunca realizarla y la captemos siempre a través del para-sí. Señalábamos anteriormente que no podemos ser nada sin jugar a serlo“, (El Ser y la nada). En donde el para-sí es el constante hacernos a partir del en-sí, pasado, carácter, traumas… En un lenguaje más moderno, somos neuroplasticidad y a la vez una red neuronal que ya tiene unos patrones o engramas (memorias) que nos definen. En cada segundo la “neuroplasticidad”, el intérprete del hemisferio izquierdo o conciencia, tiene ese doble dilema de crear Ser (nuevos patrones emocionales y de comportamiento), o tener en cuenta los patrones existentes. Se “debate” o tiene como fáctico el “sostener” lo que ya es o crear un nuevo patrón. “Los objetos son lo que son, el hombre no es lo que es, es lo que no es”, nos recuerda Sartre, si bien yo apostillaría que es aplicable a todo animal de cerebro complejo. “Su facticidad es en la medida que trata de ser coherente con lo que ya es, pero a la vez “sabiendo” que ese Ser o identidad no tiene la bastante solidez y densidad como para que no pueda ser “cambiado“. Es esa nada y Ser a la vez, luego esa es la facticidad con la que se “encuentra” el para-sí en cada momento. Explicación para tratar de comprender de manera más sencilla el aparente galimatías de su conocida frase de que “el para-sí es lo que no es y no es lo que es“. Termino la nota retomando una parte de la primera cita de Sartre y que será aclaratoria, pues habrá que tenerlo como referente para los capítulos (el yo cristalizado y la performatividad y los milenial): “Señalábamos anteriormente que no podemos ser nada sin jugar a serlo”. Porqué usa el verbo jugar. Para Sartre la facticidad suele “apostar” a lo seguro, a basarse en el en-si; dentro de este -del en-sí- también se encuentra lo social y el otro, con sus constructos, estereotipos y arquetipos. En la dimensión del Ser para-el-otro. Para Sartre “nos actuamos”, tendemos a representar nuestro papel, lo que se espera de nosotros. Ese “juego”, actuación, o performatividad no es el Ser, lo es en la medida que se “elige” Ser, pero en tanto que “bracea” en la nada… nada en la nada. En esa dirección terminamos por ser aquello que los otros esperan de nosotros mismos, que se resume muy bien en la frase de Charles Cooley que nos dice que: “no soy quien crees que soy; no soy quien creo que soy; soy quien creo que piensas que soy“. Juegos de espejos peligroso en donde el Ser se “funda” en creencias de creencias: lo que uno cree sobre lo que los otros creen, como nos lo hace ver el propio Cooley en el concepto de “espejo de sí mismo“. Adelantar que ese es el ser performativo o cristalizado (máscara en un lenguaje más clásico), más propio de los omegas -no alfas y betas-, y distinto del ego o carácter, que se “funda” en tanto que normativo y tendente a la imitación o siguiendo el meme, de ese otro Ser que bajo mi punto de vista permanece bajo toda esta acción, hacer o (a)parecer. Lo social “funciona” en la medida que prima la imitación (meme) y el mantenimiento de normas y constructos por medio de los omegas, que son la media en lo social. La individuación rompería esa estructura, en esa medida esa nueva estructura se basaría en el nihilismo, en el dejar de creer y apostar por lo dado dentro de lo performativo.
(2) Voy a aclarar mi postura a tal debate. Soy amante de los animales, luego lo que argumentaré es a modo de hacer de “abogado del diablo“. Cuando los he tenido me desvivía por ellos. Las gatas me esperaban para parir y que les ayudase durante el parto. Hoy en día ni siquiera me parece bien tener un “animal de compañía”, pues no concibo que una vida (y su bienestar) pueda estar en mis manos: antepongo la libertad de cualquier ser vivo. Hay que analizar todo de forma más generalizada. El actual problema que denuncian los veganos es el maltrato industrializado e “inhumano” que se hace a los animales, pero ¿de dónde viene el problema? Primero de la superpoblación y segundo del capitalismo. Ya en otro lado he dicho que donde realmente se gana dinero, en la ganadería y la agricultura, es en su distribución, manufacturado y venta. Las multinacionales no quieren tener que ver nada con la cría de ganado: demasiado “sucio” y poco controlado. Se atienen a comprar la “mercancía” y distribuirla, manufacturarla y ponerla a la venta. Se basan en la oferta y la demanda, de tal manera que quien venda más barato es al que más compran. En esa medida la presión recae totalmente en el ganadero, que ha de criar la mayor cantidad de ganado al menor coste posible. Con este sistema se ha llegado a la situación actual. ¿Queremos hamburguesas baratas?, eso es a costa de que el ganadero caiga en la masificación del ganado. Antes de la era industrial apenas si se comía carne, dado su coste. La “culpa” no es del ganadero, sino de la superpoblación, el sistema capitalista de las grandes corporaciones y la tendencia de la sociedad a comer fuera de casa, que es donde más carne se come, pues ya que sales no vas a comer lo que comes todos los días. Por otro lado detesto las “modas” y que ciertas personas se hagan veganas por seguir modas. Por último el veganismo no se podría universalizar, como han apuntado en algún documental, pues ¿quien mantendría a las vacas o a los cerdos?, ¿se extinguirían o habría que dejarlos que volvieran a la naturaleza? Si se “soltase” al ganado, sin que hubiese depredadores, sería perjudicial para la vegetación, como ya se ha comprobado con los elefantes. El veganismo se sustenta en ciertos vídeos que muestran las crueles imágenes del momento de la matanza, pero sobre esto último hay que tener en cuenta que morir a manos de un depredador tampoco es mejor. Los documentalista sobre naturaleza no suelen mostrar la crueldad y dureza de algunas muertes, donde el animal en muchos casos es comido cuando aún permanece vivo. Omiten esas muertes o metrajes porque el humano no quiere verlos. Si se liberase a los animales domésticos (cerdos, vacuno, ovino, gallina…) habría que equilibrar los ecosistemas con depredadores. Morirían de maneras crueles de igual forma. Por otro lado, ¿quien les daría esos terrenos?, desde luego los ganaderos no cederían de buena gana sus fincas. ¿Habría que crear nuevos parques naturales? Sin ningún control y depredadores acabarían con los pastos e impedirían que creciesen nuevos árboles y arbustos al alimentarse de sus brotes. Al meter depredadores, osos y lobos, a esos lugares no podría acceder el humano sin correr peligro. Los veganos ignoran tantos datos que asusta. Sobre el 80% de la agricultura mundial aún se hace por medio de la fuerza muscular, ya sea la de los animales o los hombres. ¿Habría que quitar a los animales para que dejaran de ser de carga y dejar que ese trabajo lo hiciera el humano? El caso de los asnos y burros en las sociedades más avanzadas demuestran que el hombre si no da una utilidad a un animal lo lleva a la extinción. En otros casos se usan para el turismo ecológico, que según las sensibilidades tampoco es algo digno. Todo esto nos lleva a la paradoja que en muchos casos no es que queramos que mueran o no de forma cruel, sino que no queremos que esos que dan esa forma cruel de muerte sea el propio hombre, luego en algunos casos es una cuestión de auto-imagen. Tenemos la mentalidad Disneyzada (aniñada, inocente) de la naturaleza, cuando esta es cruel y dura. O resumiendo, ya hemos roto todo el ciclo natural y los hábitat y no podemos “reponerlos” sin caer en nuevos errores. Finalizar diciendo que vivo en Salamanca, la mayor productora de ganado vacuno de España. Sobre un 70% del terreno no es cultivable (montaña, o suelos rocosos) y se deja para el ganado. La cultura milenaria creó la Dehesa, en donde la interacción árbol, animal y hombre ha creado un equilibrio o hábitat. Son amplias zonas en donde se esparcen con regularidad árboles, dejando muchos claros para la hierba y el ganado. Se crean charcas artificiales que son usadas por las aves migratorias. Cuando salen brotes de árboles el humano determina si los tiene que proteger para que no sean comido por el ganado y mantener la regularidad y densidad de los árboles. El equivalente de la ciudad son los parques y jardines. En ganado (cerdo, bobino y vacuno) vive en amplias zonas. En algunos casos se les deja libres durante casi todo el año. En la zona sur, en Béjar, las manadas suben y bajan la montaña dependiendo del forraje. Se basan en manadas matriarcales, donde las más ancianas recuerdan y marcan las rutas. Soy senderista y me las encuentro de constante por la montaña, con su aparente torpeza uno se asombra con la naturalidad que llegan a ciertas zonas escarpadas. En algunos casos están tan poco habituadas a ver a humanos que pueden llegar a atacarte. O para resumir: viven muy bien. Finalizar diciendo que el humano es lo que es porque se alimentó de animales. La grasa del tuétano de los huesos y las grasas del pescado y sus huevas, propició que el cerebro aumentase de tamaño. En su momento había otros homínidos y estos eran herbívoros, y se extinguieron ante nosotros, ante la apuesta omnívora. Por otro lado, como apunto en el escrito, habría que priorizar los problemas, y el trato al ganado, por lo menos en España (excluyendo los toros), no me parece lo más grave de lo social. Me parecen problemáticas de mentalidades “pequeño” burguesas que simplemente se suben al carro de las modas.

 

Deconstruyendo el Deseo II – Limerencia

“¿Cómo se fusionaron las tramas para originar esta pesadilla? (…) la razón de todo: hay que buscar los orígenes.” Westworld
El amor puede tolerar y el amor puede perdonar…, pero
jamás puede conciliarse con un objeto no amable…” Thomas Traherne
Por estar loco se entiende perder la razón, pero no la verdad.” Henry Miller
La auténtica liberación es la comprensión entre hombres y mujeres.” En el documental “El sexo en el cerebro”

 

Preámbulo

   Los tres capítulos anteriores y el presente, tienen el pecado de ser demasiado prosaicos, e incluso vulgares, para poder ser tomados como intelectuales, y son demasiado intelectuales para ser tomados de manera prosaica, o que sean de lectura sencilla y cómoda. En mi “defensa” he de decir que es una dirección de la filosofía y de los pensadores: cada vez han devenido más a centrarse en los detalles, en lo “turbio”, en lo marginal. Hay que completar el mapa de lo humano. ¿Cómo empezó todo este debacle en mis escritos? Empieza en la primera parte del libro, que trata de encaminar a los lectores hacia qué es ser una persona normal, y en la medida que somos Dasein, un ser en el mundo, rodeado de otros existentes (ser-para-otros), el cómo el humano construye parte de su Ser identificándose con ciertas personas, gustos, caracteres, o ideas. Esa identificación crea una parte del Ser como lo que es la identidad. En estas dos variantes de la frase anterior, y con la misma raíz del latín “idem“, vemos el significado de identidad: en tanto que me identifico como igual a otro o cierta particularidad, soy. La propia raíz permanece como palabra en el español, ídem, que quiere decir “lo mismo”, que se usa en frases como “me gusta el pescado más que la carne”, y se contesta con un escueto “ídem”, para querer decir “a mí igual”. Con eso llegué a las islas identitarias. ¿Por qué? Soy como mi vecino, o como un madrileño o un andaluz, español. Ese suele ser de común el uso de identidad: la religiosa, la de patria, la de un oficio. Pero hay otro tipo de identidad, soy hombre, no soy mujer. Hasta el feminismo esas dos identidades estaban dentro de una identidad mayor que era la de ser humano, pero de repente el feminismo se desmarca como que se siente un humano al que el otro sexo lo pone en un rango inferior y lo reivindica. El error del feminismo actual, es que no ha abandonado su lucha, siguiendo remarcando la diferencia. Diferencia que está incluso en su palabra definitoria: feminismo, que remarca ser distinta en el sexo, en donde lo más acertado hubiera sido usar algo así como “igualitarismo”. De una u otra forma caen en aquello por lo que luchan: crean división. Caen así en ser una isla identitaria. Toda feminista española lo es del territorio español, pero ha creado una frontera virtual (isla), que dice que ellas son, o están, en una posición diferente y han de luchar con un nuevo lenguaje y unas nuevas armas. Es isla puesto que si un hombre y una mujer españoles se encuentran en un país remoto, se saludarán como de la misma identidad. Pero si se da el caso que la mujer es una feminista radical y ha ido a ese país para una protesta feminista, entonces ese español, antes que esta identidad, es hombre. Persona con la que en ese momento no se tiene que identificar.

    Usé el ejemplo del feminismo, pero hay otros como el de los afroamericanos, o ciertas religiones como los testigos de Jehová o los gitanos. Unos más legítimos que otros. De los nombrados el más “legítimo” es el de los romaníes, pues son/eran un pueblo nómada que tratan de mantener su identidad allí donde vayan. De ahí cogí tal concepto, pues tanto los judíos como los romaníes han sido islas identitarias dentro de Europa por siglos, con sus consiguientes problemas, que se desencadenaron con el Holocausto Judío, donde los romaníes también fueron víctimas. Al final con hacer la elección del feminismo como isla identitaria como ejemplo, se volvió -quizás- en una obsesión, pues a tal isla no le veo más que errores. Y repito lo dicho en otros casos: acepto la lucha por la igualdad, y la indignación ante la violación y la violencia de género, pero bajo mi punto de vista deberían integrar esa lucha desde una posición humanista o de algún partido, y “olvidarse” de esa isla identitaria que han creado, que cada vez crea más desigualdad y encuentran diferencias (insalvables) y enfrentamiento entre los sexos, cuando su fundamento era la igualdad y la indiferenciación. Es un gran error decir que han sido vejadas durante la historia y en la actualidad ellas parezcan hacer eso mismo con el hombre. Nos tachan de poco más que de error evolutivo. Están haciendo un maltrato psicológico al género hombre: vilipendiándolo, degradándolo y sólo buscando y cebándose en aquello que sea repudiable en él. ¿Es un ojo por ojo histórico? Si es así no quieren la igualdad, sino la supremacía. La feminista Camille Paglia ha afirmado que: “el feminismo ha conseguido envenenar la atmósfera cultural con su aversión a lo masculino”, y “el feminismo se ha centrado en la retórica antimasculina en lugar de en el significado de la vida”. Se entiende mejor lo que quiero decir en el ejemplo del concepto e isla de afroamericano. Se supone que deberían ir hacia la indiferenciación, pero al crear el concepto de afroamericano ellos mismos han creado la diferencia, que se va remarcando cada vez más y más. Ahora hay alguna película en donde casi todo su elenco es afroamericano, cuando el cine tendía a que estuvieran integrados. Los ateos no creamos una isla identitaria, pues en el fondo vamos contra las identidades, hacia la indeferenciación. En fin, que como por un lado estoy contra las identidades, lo primero ha de ser ver los errores al crear islas identitarias. En ese caso he tratado de mostrar que los errores del cómo el humano es hoy, vienen de las dos partes, de los dos sexos, y no sólo del hombre, como pretende hacer ver el feminismo. Y me he tenido que detener a explicar más y más esos orígenes, y quizás cada vez de forma más chabacana, y el cómo estos nos hacen ser lo que somos ahora. Por otro lado el feminismo está cayendo en el chauvinismo feminista, autoras como Ariel Levy “argumenta que muchas mujeres jóvenes en los Estados Unidos y más allá están replicando el machismo” (fuente Wikipedia), que es lo mismo que yo he dicho en varios lugares: están adoptando roles y comportamientos que eran masculinos, y que en teoría eran los “odiosos” y eran a los que atacaban. De nuevo la vieja idea: si se dice dentro de la isla identitaria, otra mujer, es constructivo, pero si lo dice alguien desde fuera, un hombre, este puede ser tildado de machista. Van en camino de querer invertir los roles, por lo menos ciertos radicalismos, pues su protagonismo en los medios y en las redes sociales, y el éxito en campañas como #MeToo hacen que estén “creciditas”, que aquí en España se usa para designar a una persona a la que le ha crecido el orgullo y la soberbia de manera súbita y esporádica, cuando esa no es su “naturaleza”. Pero me rindo, la humanidad va hacia ese camino, hacia las islas identitarias. Más posmodernidad, más caos, más lenguajes en liza, más identidades, más separaciones, más odios…, más desestructuración de lo humano. ¿Eso es lo que se quiere?, o simplemente somos víctimas de decisiones desacertadas que no las queremos ver como desacertadas, si no queremos que nuestro orgullo, y la posición ganada, se ponga en peligro. Lo peor de todo es que además están creando islitas dentro de las islas, divisiones feministas dentro del feminismo, lo que aún genera un mayor caos, y siendo consecuentes falta de identidad u homogeneidad interna. Pienso que es ese orgullo el que les ha hecho “cogerle el gusto” a formar parte de esa isla identitaria a la que ahora pertenecen. No puede haber identidad sin orgullo. Ese orgullo se alimenta sobre todo de los cerebros de las adolescentes, que sin tener las ideas claras y una vista panorámica amplia, enredan aún más las cosas, en más multiplicidad e islas identitarias. El feminismo, ante esta multiplicidad que no se ha dado en ningún otro movimiento social y de forma tan rápida, habrían de asumir su descalabro a la hora de crear una identidad, y el fracaso de dar una buena imagen ante tantas fallas, taras y contradicciones, ni siquiera le hacen falta ataques desde el lado masculino, pues sus propios ataques internos ya las devastan; pero no lo harán, no verán sus errores y contradicciones, pues es una condición de ese concepto llamado identidad: no ver sus propios errores o no admitirlos. Por la teoría de la diferenciación en sociología, un sistema se subdivide en tantas partes como sean necesarias para encontrar una identidad, donde ya no existan contradicciones internas. Dado los conflictos con temas como el aborto, la prostitución y el porno, la imagen sobre el hombre, entre otros muchos, no puede haber una sola identidad feminista. En esa medida se quedan detenidas en sólo dos temas: la violencia física, sea sexual o no, y la igualdad ante la ley. Como la segunda en la sociedad occidental está más o menos suplida, se centran tan sólo en la violencia física. ¿Qué se construye desde allí sino recordar una y otra vez al macho que es un “ente maldito y maléfico”? Llama a cada hombre a sentirse en un género “despreciable”, ¿no es contradictorio que nos hagan “eso” cuando ellas reivindican salir de aquel lugar al que le metió el hombre por milenios?, y ¿es “sano” centrarse en este tema como para hacer series y películas de abusos a menores, cuando aquellas personas que han pasado por ese trauma tratan de pasar página? Se ha vuelto “moda” o como meme que casi toda protagonista feminista haya pasado por algún tipo de abuso. Situación ilógica si se analizan las estadísticas.

   Ahí tenemos, como ejemplo de ciertos conceptos expuestos arriba, el caso de la humorista homosexual Hannah Gadsby en un show para Netflix tan “intenso” que me imagino que la mayoría de los hombres del teatro, en algunos momentos pensarían eso de “¡tierra, trágame!”. En este show, llamado Nanette, hace mención que Picasso hubiera tenido una amante de 17 años, como algo horrible, o el caso de Mónica Lewinsky y Clinton, que no deja de ser un problema político, no de abuso; cuando omite o ignora que Simone de Beauvoir, proclamada feminista, tuvo como amante a una de sus alumnas de 17 años, que además puso “en bandeja” para Sartre. El feminismo tampoco parece pararse demasiado en los abusos de la Iglesia sobre varones. ¿Es una flor más delicada la mujer en todo lo referente a lo sexual?, ¿no mantienen el arquetipo de la virginidad como cuestión exclusiva de las mujeres, que antes era sostenida por las ligas de mujeres guardianes de la moral?, ¿aflojan las cadenas para lo que ellas quieren y les conviene? Cada caso es cada caso. No todo encaja en los nuevos patrones marcados por las feministas. A mí me sedujo e hizo, a los 14 años, una felación un homosexual cuarentón al que no conocía, en un parque solitario por la noche. Bajo los cánones actuales fue un abuso a un menor. Nunca lo he sentido como un abuso, aunque yo no tuviese claro si lo quería o no, no tengo ningún trauma. ¿No será que el trauma se cree en muchos casos por la consideración social sobre el tema?, su carga y peso social negativo. O sea, si hoy tuviese esos 14 años, tal como está todo este tema, y pasase por aquella seducción… ¿la habría considerado violación y me hubiera traumado? O dicho más llanamente: el sistema no tiene que “decir” al individuo si tal o cual acto es o no es un trauma -o en otros casos una rotura de un tabú, o una transgresión- eso sólo lo sabe el individuo con respecto a sus propios sentimientos, los cuales en una mente no influenciable, no deberían de mutar a posteriori y por el peso social. Pensar ahora en la siguiente situación: a una niña de 14 años estando sola en un parque, y ya de noche, se le acercó un hombre y le lamió la vagina hasta que orgasmó. ¿Por qué suena más brutal este acto si es similar a lo que me sucedió a mí?, ¿por haber usado la adjetivo niña, por haber nombrado sus genitales, porque orgasmó… o simplemente por ser del sexo femenino?, ¿es más inocente una niña que un niño, o lo queremos creer así por ser un arquetipo?, ¿no se supone que maduran antes las mujeres? “Si controlas el flujo de la información, controlas el comportamiento”, nos dicen en la película “Tau”. ¿Las mujeres,  el feminismo, y su influjo, controlan como se escriben las noticias para impactar? En otro orden de cosas, ¿es el homosexual más cercano a la mujer y por lo tanto no tendente a la violencia, mientras que al hombre que se acerca a la adolescente se le presupone que es potencialmente violento? Ahora describamos mejor mi situación aquella noche. Estaba con un amigo en un parque, llegó alguien que le conocía, el homosexual. En cierto momento mi amigo se fue para ir a buscar algo, y me quedé sólo con el homosexual, y es cuando pasó tal situación. Pensemos que el caso de la chica de 14 años fue algo similar. ¿Ahora lleva implícito menos “violencia”?, pues es un amigo de un amigo con el que la adolescente se queda sola, ¿o lleva implícita la misma “violencia potencial”? De una forma u otra lo que trato de hacer es una crítica, a cierto movimiento del feminismo, que no cree que haya una naturaleza implícita en el ser humano, pero de forma contradictoria al hombre siempre se le presupone “potencialmente violento” y buscador de sexo “gratis”, que en su suma lo hace potencialmente violador o “forzador” de las situaciones (seducción, manipulación) para tener sexo. Lo hemos visto en este breve análisis de joven y homosexual, frente a adolescente y hombre. ¿El hombre tiene naturaleza y la sociedad no la cambia, y la mujer no y la sociedad la moldea? En estas dualidades se deduce que el hombre es activo (cazador) mientras que la mujer es pasiva (presa). Como yo era hombre “contra” homosexual, de forma implícita se deduce que “obré” de forma activa; mientras que en el caso de la adolescente y el hombre, la primera estaba… ¿en una posición totalmente pasiva? Doy por hecho que he dejado fuera de este análisis las edades, pero a tenor de quererme centraren esa dualidad en la que están los “agentes” hombre y mujer, y poner en jaque ciertas concepciones feministas. Para salvar el escollo habrá feministas que aduzcan que en los dos casos los dos adultos eran los activos/cazadores y los adolescentes eran los pasivos/presas. Pero dejo esa tal deconstrucción sin plantear por salirse fuera de este análisis, pero se siguen de las conclusiones a partir de las premisas expuestas. Sí hay generalidades, si hay naturaleza, pero la complejidad humana es tal que hay individuos, que aún en un sexo, pueden tener otros roles. Esto se explica por el hecho que no hay un hombre y mujer “puros”, que esas “purezas” son los estrógenos y la testosterona, y que todos tenemos nuestro propio equilibrio de dichas hormonas, que por lo demás se modulan a lo largo de la edad y las situaciones. O sea, que si acaso lo “macho” y activo/depredador es la testosterona, y lo pasivo/presa es el estrógeno, teniendo además en cuenta que el estrógeno hace a su vez de activo en muchos casos. A lo largo del escrito me centraré en esta diferencia, así como en algo tan marginal como la existencia del pene, para tratar de asentar que hombre y mujer son distintos y no son constructos sociales, aunque estos, claramente, repercutan.

   Cierto colectivo feminista “pone el dedo en la llaga” en este tema, pues casi siempre el “verdugo” es el hombre, al que odian, pero pasan por alto otros casos en donde sale claramente los conceptos que sostengo aquí: 1. que cada caso es cada caso, y 2. los sentimientos de las personas implicadas es lo que debería de importar. Ahí tenemos el caso del Mary Kay Letourneau, una profesora norteamericana que mantuvo relaciones sexuales con uno de sus alumnos, varón de 12 años, con el cual tuvo dos hijos. Los sentimientos de ambos es que no fue un abuso, un crimen, sino que se amaban. Ante la ley es un delito, se sigue la regla de todos igual ante la ley, pero una gran mayoría de personas saben que no está al mismo nivel que el abuso continuo de un pederasta. El feminismo está creando un “estado de malestar”, como si en un hogar se quedasen anclados en el trauma por un accidente mortal de un hijo, del que todos se sienten de alguna forma culpables, y rumiasen una y otra vez sobre ello a nivel individual, y saliese a flote cada vez que se pusiesen a hablar de forma extendida. Ningún psicólogo vería sana tal situación, pero en lo social lo hemos “admitido”, porque el intelectual ha callado a decir “¡ya basta!”, porque cada hombre se tiene que callar si se le habla de tal tema, y por lo tanto ceder a que sea la voz de la mujer la que diga la última palabra. Una vez que el intelectual cede a uno de estos sistemas situacionistas, todo está perdido. Yo no he querido callar, he tratado de decir: ¡ya basta! Han de dejar el tema a los sistemas policiales y judiciales, como siempre ha sido. Sólo sacarlo a colación cuando crean que se ha cometido alguna injusticia, como en el caso de la manada en España.

   Queda explicado el por qué tanta intromisión sobre el tema feminista y el por qué cada vez, quizás, ha ido degenerando más y más, en quedarse en los detalles. Pero en mi defensa diré que los detalles, las pinceladas, son importantes para comprender el cuadro que tenemos frente a nosotros. La diferencia de mis escritos sobre los feministas, es que yo ataco tanto al hombre como a la mujer, centrándome más en esta última para balancear los escritos feministas, tan negativos sólo para un sexo, que bajo este punto de vista son sexistas. En sus escritos suelen usar el genérico hombre, en vez de algunos hombres o algunas personas, cuestión por la cual yo he hecho lo mismo, pero en ambos sexos. Por lo demás no me saco nada de la manga, entro de lleno en las guerras sexuales feministas sobre los temas de la objetivación, y si el lenguaje sexual explícito en modas, palabras y medios es un buen camino o no.

   Me he planteado “extirpar” todos esos capítulos, pero están demasiados unidos a lo nuclear del libro. Hay que ver las formas, el bosque, antes que el contenido, los árboles. “Un viaje a Abilene” trata de mostrar de fondo el cómo la humanidad llega a posiciones que nadie quiere o ha decidido sobre ellas, pero que al final se normalizan: es un ataque directo al concepto de progreso. “Deconstruyendo el deseo sexual I ” se centra en la previsión del premio, algo que había dejado fuera del libro y era importante, y además añade la idea de que el hombre igualmente es “agredido sexualmente”,  ante cierto tipo de formas de vestir en la calle. En “Verdad y feminismo” trato por un lado de mostrar que la necesidad de unirse al grupo -sesgo de conformidad y otros-, viene de algo nuclear de la vida, que es la replicación, y que al unirnos a grupos replicamos sus estructuras, que en un caso especial en el humano son las palabras (eslóganes, principios, reglas…) de tal manera que damos forma a los memes, a las ideologías, a las identidades sociales; en ese proceso y de paso trato de desmitificar al meme y el valor de la opinión general. Meme no es igual a verdad, meme es sólo igual a éxito, siendo así se debería de llamar “memú” (contracción de meme y menú), pues se siguen memes a la carta; en “Conclusiones finales” remato la validez o no de la mayoría. En el presente investigo o ahondo en algo analizado someramente en “Deconstruyendo el deseo sexual I”, y como tal será su segunda parte, al tratar sobre la limerencia, y sigo ahondando en el hombre como víctima en las actuales calles e Internet muy sexuados. Mencionar, por si no es evidente, que los dos escritos sobre el deseo sexual parten de estudios de los sistemas complejos, sobre etología, neurociencias y otras ramas científicas, con el plus de tratarlo dentro de una dimensión filosófica, al intentar buscarles unas raíces ontológicas. Bajo mi punto de vista la evolución “juega” con conceptos, o llega a ellos de forma emergente, por las cartas en juego, pues se producen de forma concurrente una y otra vez en distintos órdenes de especies; como por ejemplo la monogamia. Hay que concebir tal cuestión bajo el principio de que todo sistema tiende a su equilibrio, u homeostasis. Para entenderlo con una imagen, hay que ver el proceso evolutivo como caminando por un continente; a veces cae en depresiones (barrancos, precipicios, hondonadas) y otras veces tiene que escalar montañas: los conceptos son los valles que encuentra en ese caminar, donde hay más posibilidades de mantener la vida o cierta especie. Visto así la monogamia es un valle al que llegan varias órdenes de animales, que les hace propicio, para sobrevivir, asentarse allí. El cerebro, como sistema complejo, hereda parte de esos procesos, y a otros llega por el mismo juego de vagar por un terreno de depresiones, valles y montañas, en donde por comodidad (beneficio evolutivo: el optimismo antes que el realismo, por ejemplo) se queda en los valles. Mis escritos van encaminados a encontrar esos conceptos. En esa dirección, en el documental adjunto (abajo), sale a relucir que hembras y machos caen en dos tipos de roles, y son intercambiables, dependiendo de quien tenga el papel de cuidar a la siguiente generación, que no siempre es la hembra, y el que tiene la función de buscar el acto sexual, que lleva implicado la agresividad, por la tensión de esa búsqueda y competir contra otros, y “contra” aquel/la que va a ser su pareja. La conclusión ontológica es que tales roles son contingentes, y como tal deberían de ser analizados y tratados de distinta forma en la sociedad. Algo así como si el macho dijese a las feministas, “¡eh, perdóname la vida, ese es el papel que me ha tocado jugar!”, o exculpación evolutiva; no ha nivel de individuo, que si acomete un delito ha de ser perseguido por la ley, pero sí a nivel de especie, pues cierto movimiento feminista va contra el macho, y por ello sin darse cuenta contra la propia especie. En esa dirección sale como herramienta la epistemología, en donde he usado el método fenomenológico, bajo las directrices y el mundo conceptual de Sartre, que puesto que uno tal filosofía y método con la ciencia cae dentro de la fenomenografía. Procedimiento muy distinto de la mera “opinión” que emerge en Internet, y sobre todo en las redes sociales y las feministas, en donde todo ha sido reducido a dos o tres conceptos como el de machismo y patriarcado; como se puede deducir de reivindicaciones como las del #tetazo, (por cierto, vídeos de este tipo de manifestaciones terminan siendo manipulados, entremezclándolos con sexo explícito y subidos a sitios porno; ante acciones básicas respuestas básicas). Feministas como Camille Paglia afirman que el patriarcado en occidente ya no existe. Sólo espero que algún científico haga estudios de los cambios del cerebro masculino al ir por las calles muy sexuadas, para terminar de mostrar qué ocurre allí y si ha de ser “normal” esa “imposición” de las mujeres. Sería necesario hacer el análisis a solteros “empedernidos”, a personas de tipo Incel, que lleven un tiempo largo, de meses u años, sin sexo, pues es distinto con respecto a personas con pareja. Las feministas piden libertad y no tienen en cuenta que la libertad tiene dos sexos (y multitud de géneros). Las convenciones sociales tenían esa premisa, pero las mujeres están balanceando esas convenciones hacia su lado. Las premisas de mis “ataques”, al decir y mostrar lo expuesto en mis escritos, no son el odio, o el revanchismo, sino el tratar de mostrar que a la posición actual hemos llegado como consecuencia de los dos sexos, y que antes de posibles cambios sociales, en las grandes ciudades, que apenas llevan unos 8.000 años, son cambios, que vienen a nivel evolutivo de cientos de miles de años o incluso millones, y en donde la hembra humana tiene más o menos la misma “culpa”, pues provenimos de la selección sexual, y es la hembra y la evolución los que han dado “forma” al macho que existe hoy. Los dos escritos sobre el deseo sexual, que en realidad se centran sobre lo que ocurre en los espacios públicos, tratan de hacer ver a la mujer el qué sucede en los cerebros de los hombres, en la dirección de poder crear algo de empatía y que se nos comprenda.

    Siento no poder hacer el escrito teniendo en cuenta todo los géneros, o sólo desde la mirada de hombre cisgénero, pero sería harto complicado hacerlo de otra forma, que por lo demás no sabría exponer, por no ser lo propio. De cualquier manera, si las mujeres son iguales a los hombres en todo lo que estoy describiendo, que no lo sé, las homosexuales femeninas o las del tercer sexo o fluido, me deberían de entender.

    Un último punto a tener en cuenta, es que no puedo afirmar que las bases humanas sean las jerarquías y creerme libre de ellas. Soy elitista en lo intelectual. Mis escritos no están dirigidos a todos. Tan sólo converso con los pensadores del pasado, del presente, y los pensadores por llegar, que son los que comprenderán y tendrán la paciencia de leer en profundidad todo lo que aquí escribo. Lo que quiero decir, al fin y al cabo, es que esta o aquella persona, feminista o no, posiblemente no me entenderá y en realidad no me importa, si es que me lee, pues mis escritos son largos, lo que me importa a mí es mi lucha por ahondar y profundizar en los temas…, el otro sólo es un “espectador” de esta lucha.


Limerencia

    Antes de entrar en tema he de adelantar varios conceptos. Se cree que de origen todos los sentidos estaban unidos. En la actualidad ciertas personas tienen uno o varios sentidos unidos. A esto se le llama sinestesia, se huelen o saborean colores; los números y/o las palabras se asocian igualmente a colores, u olores, etc. Cuando creé el concepto de “pegajosidad neural” era bajo una apreciación sinestésica, en donde el cerebro no está estático en el cráneo, sino que es como un ente viscoso, que cual babosa sale al mundo y lo toca/huele/oye/saborea con sus tentáculos. Una analogía puede ser la del blandiblú, que se esparce y lo rellena todo. Pero la mejor imagen de mi forma de verlo, quizás, sea la alimentación de las estrellas de mar, que sacan sus estómagos para alimentarse. Sacan afuera algo interno y hacia la otredad, para procesarlo como interno o hacer esa otredad parte de su Ser. Con esto quiero decir que aunque físicamente esa “digestión” en el cerebro sea interna, virtualmente, para el cerebro, es como salir de su espacio y rellenar con sus tentáculos la realidad. Al mirar tocamos, palpamos, en ese proceder del cerebro, en donde la distancia ente lo mirado y el cerebro es nula. Forman un todo, unidad. Cuando el cerebro ha evolucionado ha ido incorporando comprensiones de este tipo, y las ha interiorizado en información genética. A ese tipo de información lo llamo conceptos. En realidad al tratar de examinarlos los traiciono porque son indescriptibles. Hay cientos de estos conceptos, algunos encajan bien con las palabras que le hemos puesto, otros son de un tipo de casamiento que resultan ser unos fiascos. No hay ninguna palabra que los pueda describir. En ese proceso se recurre a los tropos, y sobre todo a las metáforas, que en algunos casos devienen en la poesía, los dichos, y las sentencias. Aún con todo algunos se resisten a encajar a cualquier descripción. Estoy DeshilachadoEncaja más decir: “me siento deshilachado”, que decir “tengo un temporal trastorno de despersonalización y algo de depresión”. Lo que quiero decir, al fin y al cabo, es que las palabras son burdas herramientas para describir las emociones y las sensaciones, y que estas siempre ofrecen una resistencia a ser encajonadas, clasificadas. Hay que saber conectar con ese mundo simbólico. El logo de Apple “funciona” visualmente mejor que el de Windows, por que tiene curvas, que son más orgánicas y naturales, frente a los cuadrados de una ventana, que ni siquiera llaman a lo tecnológico, una gran falla de Microsoft, que se nos aparece como despersonalizado y sin alma. Las ciencias, como la psiquiatría y la psicología, caen en esos errores reduccionistas, al tratar de encajonar esos conceptos y funciones del cerebro en patrones universales. La música se puede reducir a matemáticas, a números, pero no lo que se siente y lo que produce en el cerebro al oírla; en cada individuo, y en cada momento, una misma canción es distinta para cada individuo: esos son las qualias. La angustia filosófica, no la psiquiátrica, define una de esa sensaciones del “ruido de fondo” en el cerebro de lo que somos, en tanto que nos percibimos como eternos vacíos que no pueden ser llenados. Aunque cada autor a lo largo de la historia del pensamiento le ha dado distintas connotaciones. Se me ocurre esa otra que Sartre definió como la “náusea”, que yo a mi vez he recogido y le he dado otra dimensión en el escrito: “Desalmar el mundo: la náusea“. En unos y otros casos el cerebro maneja ciertas emociones o sensaciones que no tienen una descripción clara, pero que seguramente sí son claros para este, en algún nivel, que no es el de la conciencia. Esta, así, trata con “objetos” y emociones que no sabe manejar, ni sabe cuantificar. Llevando tal idea a una analogía actual: el sistema operativo “sabe” qué produce un error, por ejemplo que de repente no se tenga el control para activar o desactivar el sistema de seguridad. Nos salta un código de error, pero después le “dices” al sistema que lo repare o buscas en Internet posibles soluciones y nada parece cambiar. El problema es que las interfaces con las que el sistema interactúa con el usuario, no tienen implementadas todas las resoluciones a todos los errores. El equivalente humano de esa interface “fallida” es el prefrontal y las palabras. En esa medida un filósofo o pensador ha de buscar esos conceptos nucleares y tratarlos de desentrañar, y llegados el caso ponerles un nombre. Y digo estos tipos de personas de pensamiento más abstractos, porque la ciencia parece encontrar ahí una barrera que no puede traspasar. Si se ha de atener a aquello que sea medible, no puede llegar a medir aquello que ni siquiera tiene una palabra o una definición clara. No puede encontrar lo que no busca, aunque a veces sí, como es el caso de las neuronas espejo, que se encontraron por casualidad.

   Yo he tratado de definir el deseo sexual como morbo, y lo he mostrado como atravesado por la prohibición. ¿Existe el deseo sexual sin devenir en morbo como transido de prohibición?, no. Quizás la masturbación, pero todo deseo sexual siempre apunta a un otro, que tiene una libertad con la que nos topamos y tiene la capacidad de negar, y por lo tanto prohibir. El morbo no tiene una medida universal, lo que para una cultura lo es cierta cosa, para otra no lo es. Lo que lo es para un individuo para otro no lo es. Falla en su contenido, a lo que apunta, a lo faltante o deseado, pero no en la estructura: la prohibición, el conflicto de dos libertades, de yo y otredad. En el anterior escrito, y casi al final, aunque el tema esté en medio del escrito, pues lo intercalé, saqué a la luz la limerencia, por extrapolación conceptual más cercana a uno de esos conceptos del cerebro que son complicados de definir y ser encajados y clasificados. El “deseo”, o regla de toda vida, lo es por ser auto-replicadora, y en tanto que al crear dos sexos creó una capa de abstracción a dicho concepto nuclear. La vida busca replicarse, pero al haber dos sexos, en los casos que se dé, eso ha de pasar primero por unir esos dos sexos en el acto sexual. A ese deseo o pulsión primera es a lo que se puede llamar limerencia. Pero aunque su finalidad y origen sean claros, la limerencia es un concepto que “contamina” la manera de trabajar del cerebro de forma general. En la arquitectura de grandes bóvedas todo puede ser grandioso, y de grandes dimensiones y formas, pero casi toda esa grandiosidad se basa en algo pequeño, que es la clave. Schwendi_Annakapelle_Chor_Gewölbe_Schlussstein_LammLa pieza central de los arcos, tanto de las paredes, de las puertas, como techos. Quita esa pieza del arco y sus paredes, o de los arcos del techo, y se caerá toda la construcción. Lo mismo para esta pulsión de la vida hacia el sexo (ver vídeo) y su unificación, que ahora llamaré limerencia. En la vida antes que la búsqueda de lo faltante, la comida, está la replicación, si te replicas y después mueres se mantiene una copia, pero si te alimentas y no te replicas, en la muerte no quedará ninguna copia. Esto se ve sobre todo en los machos, donde anteponen el sexo a la alimentación o incluso al instinto de supervivencia, como se deduce del macho de la mantis religiosa. Lo mismo se puede decir del enamorado: pierde el apetito, tiene incapacidad para concentrarse, y seguir una película, etc. Su cerebro sólo busca su “objeto” amado. El artista es sublimación (capa de abstracción) de la auto-replicación, autopoiesis. El investigador científico igual. Limerencia, que proviene de “lime-romance”, se puede traducir como lo rasposo -lima- o doloroso de buscar la unión con lo amado, en los romances. La intensidad de buscar el acto auto-replicador es igual de “limoso” , irritante, para el artista, el investigador o el enamorado. Para el artista es su obra, que nace de una fecundación virtual, de una idea primera y sencilla, un germen o semilla, que va germinando y creciendo. Para el investigador igual. Es tentador dejar “colar” a Dios en la ecuación, como el Creador o replicador por excelencia. En los dos casos, en el artista y el investigador, vemos que lo femenino está integrado en sus almas, son hermafroditas virtuales que se fecundan a sí mismos. En otros casos requieren de musas, de algo externo. Un artista sin inspiración se comporta más o menos igual que un enamorado que no es correspondido: con desesperación, con dolor, con un vacío o hambre que ninguna otra cosa lo puede aplacar. En los dos casos vemos o se extrapola un lenguaje similar al sexual: perseguir lo amado, fecundar, engendrar. Hasta aquí lo dicho en el otro escrito, pero quizás mejor explicado. Vayamos a las consecuencias, los porqués y las finalidades.

    Pensando en este tema se me ocurrió si Sartre había tratado la sexualidad, y sí; con lo que tuve que leer lo que este decía y descubrí que se acerca a lo que yo había encontrado y medio perfilado en el escrito anterior. A modo de adelanto dejo este resumen que se ha hecho en la Wikipedia inglesa:

  “Sartre explica que “la mirada” es la base del deseo sexual, declarando que no existe una motivación biológica para el sexo. En cambio, la “doble encarnación recíproca” es una forma de conciencia mutua que Sartre considera que es el corazón de la experiencia sexual. Esto implica el reconocimiento mutuo de la subjetividad de algún tipo, como describe Sartre: “Me hago carne para impulsar al Otro a darse cuenta de sí misma y de mí, en su propia carne. Mi caricia hace que mi carne nazca para mí en la medida en que es para la otra carne, que la hace nacer como carne.

   Incluso en el sexo (quizás especialmente en el sexo), los hombres y las mujeres están obsesionados por un estado en el que la conciencia y el ser corporal estarían en perfecta armonía, con el deseo satisfecho. Tal estado, sin embargo, nunca puede ser. Tratamos de llevar la conciencia del amado a la superficie de su cuerpo mediante el uso de actos mágicos realizados, gestos (besos, deseos, etc.), pero en el momento del orgasmo la ilusión se termina y volvemos a nosotros mismos, tal como se termina cuando el esquiador llega al pie de la montaña, o cuando la mercancía que una vez deseamos pierde su brillo al comprarla. Se dará, para Sartre, ese momento de finalización porque “el hombre es una pasión inútil”, que trata de ser ens causa sui (ser causa de sí mismo), ese Dios de la prueba ontológica“.

   Sartre distingue cualidades de estados. Una cualidad, por ejemplo, es ser ambicioso, pero el odio, los celos o el deseo sexual son estados. Se puede llevar al lenguaje de Ser y hacer: hago actos por los cuales muestro ambiciones, pero el odio forma parte del Ser. O en otro lenguaje lo necesario (Ser) y lo contingente (tener o hacer). La naranja es del color que nombra (necesario), pero está pocha (contingente); cuando no es del color naranja está inmadura (contingente). No ha llegado a su Ser. Este lenguaje tiene muchas taras, y causa problemas para nombrar al Ser y definirlo, por eso Sartre sale del paso usando otro lenguaje, que igualmente tiene sus problemas. Ser y estar en el Inglés son una y la misma cosa en la mayoría de los casos (soy aquí, para decir estoy aquí, los traductores no dejan ver esa sutilezas), lo que puede que lleve a un porqué de la manera de ser de los hablantes de las lenguas germanas como lo es el inglés, y que sea una clave de su forma de ver y actuar en el mundo. El castellano hereda esa dualidad del latín, del ser y estar, que a la vez lo heredó de la filosofía griega. Para escapar de todo este lenguaje es mejor llevarlo a cómo la evolución ha ido añadiendo capas de construcción o abstracción. Está claro que el deseo sexual está en las capas más bajas. En esas capas esas pulsiones son necesidades, como necesidad es saciar el hambre. Cuando el humano llegó a la creatividad tenía al deseo como base de esa productividad artística. Cuando se llegó al concepto de amor romántico, ya existía primero en otros animales como la tendencia a buscar al otro sexo para llegar a la monogamia. Aún hoy vemos como románticos ciertos comportamientos de las aves para con sus parejas. En algunos casos, en el amor cortés de la Edad Media, incluso se tenía como una de sus premisas el no llegar a los actos físicos, el no llegar a la “piel”, a lo carnal. En otros, como el amor y la devoción a Dios, ese objeto y su medio desaparecen totalmente, quedando sólo la estructura limerente, como amor no correspondido o en vacío, como es el caso de Santa Teresa de Jesús.

    Sartre, como ya hiciera ver yo en el escrito anterior, analiza el deseo sexual desde el conflicto de dos libertades. Mi ser-para-otro lo es en la medida que interiorizo la imagen que tiene el otro de mí. Este ser-para-otro, que había olvidado del lenguaje de Sartre, es lo que yo trato como identidad. Es la imagen interiorizada de cómo me ve el otro. Mi identidad no es el ego, no es mi carácter, es esa capa de lo social que se define por lo que no-soy, en tanto que ese no-ser es en la medida que me identifique o no con identidades de los otros. No-soy religioso, luego soy ateo. Ateo no es ego, no es parte de mi carácter, es identidad. Soy macho de la especie homo sapiens, patriarcado es identidad en la medida que un otro ha prefijado ese concepto como parte de una identidad en la que puede caer el macho humano. Feminista es identidad, mujer es Ser, aunque algunas, erróneamente, crean que feminismo es parte de su Ser, deseo sublimado en conceptos como el de empoderamiento, creyendo anular de paso el concepto de sumisión, cuando en realidad es parte de la esencia humana, puesto que provenimos de las jerarquías de las manadas. Sartre disecciona algo que no debería poder ser diseccionado, esos imposibles de nombrar que he dicho arriba. Me refiero al hecho de dos libertades frente a frente. La disección de Sartre es: 1. trato de que mi libertad “examine” la libertad del otro, 2. trato de captar su libertad, 3. en el intento de captar la libertad, el otro se me aparece como objeto, 4. ya no puedo ser una libertad que maneje otra libertad, pues ahora es cosa, objeto, 5, a la vez el otro “juega” con las mismas cartas que yo. El acto ha fracasado, puesto que no intento manejar un objeto, sino una libertad (ya sé, enseguida viene a la cabeza la seducción y la manipulación como medio para hacerlo, dejamos esta dimensión aparcada, de momento, por no venir al caso). Sartre llama indiferencia al acto por el cual este hecho de dos libertades, frente a frente, no se da, puesto que no tengo “interés”, deseo o finalidades hacia ese otro, y lo trata como “ceguera”, pues es como si no estuviera. En ese proceso el otro adquiere importancia en la medida que se sale de esa ceguera, si me inoportuna, o lo deseo, etc. Para Sartre y como yo dijera el acto sexual es clave para el conflicto de dos libertades: “mi tentativa original para apoderarme de la libre subjetividad del Otro a través de su objetividad-para-mi es el deseo sexual“, y ante este hecho se pregunta: “¿la sexualidad es un accidente contingente vinculado con nuestra naturaleza fisiológica o es una estructura necesaria del ser-para-sí-para-otro?“. Si soy hombre (voy a ignorar todo los problemas de géneros al dar tal afirmación, por comodidad), eso quiere decir que estoy en el mundo ante otros que no son mi sexo. Luego el sexo emerge como forma consustancial de todo encuentro, en donde además y esto es clave, el otro y yo salimos de la indiferencia, para entrar en otro plano, en donde lo que primero que surge es el conflicto ya expuesto arriba, como base de esa salida de la indiferencia. Sartre es el primer filósofo que corporiza el Ser. Heidegger vuelve al Ser en ente, en hombres, pero Sartre va más allá haciendo que el cuerpo sea aquello por lo que hay entes, a través de su concepto de la mirada, y del conflicto de esas miradas con dos libertades. Puesto que bajo mi definición totalizamos la identidad a través de la negación, el pene me diferencia de ciertos otros, que no lo tienen. Las niñas criadas con muchas libertades junto a sus hermanos, y fuera de toda connotación moral o sexual, descubren el pene de estos y se buscan el “suyo”. A la vez el hermano trata de entender esa carencia y qué hay en su lugar. Esa diferencia siempre está presente de forma constante en nuestros cerebros, en nuestra percepción de nosotros mismos como con pene o con vagina. Eso es lo que nos hace ver Sartre, diciéndonos que Heidegger lo ignoró. En los lenguajes de arriba es Ser, no tener, -en el sentido de que soy pene, en vez de tener pene-; es necesario, no contingente; es estado, no característica.

    El siguiente paso de Sartre consiste en definir el “objeto” del deseo. Lo voy a entrelazar con mi concepto de morbo y con un lenguaje más actualizado; queda claro que todo entrecomillado son textos de Sartre. Cuando yo veo una particularidad, por ejemplo un escote, no lo veo como tal, lo veo en tanto que abstracción, como parte de un cuerpo y este a la vez como la parte de una otredad con una libertad. La mirada “… no se dirige a una suma de elementos fisiológicos sino a una forma total; mejor aún: a una forma en situación. La actitud hace mucho para provocar el deseo. (…) Un cuerpo viviente como totalidad orgánica en situación con la conciencia en su horizonte: ése es el objeto al cual se dirige el deseo“. Dentro del lenguaje de lo que he definido como morbo, todo fragmento sexual del mundo me remite a una situación, en donde hay dos libertades y en donde mi libertad se encuentra en el conflicto de dejarse llevar por aquello deseado, y en la medida que mi deseo ni ha de ser visto, ni formar parte de ser objetado por la libertad del otro, a tenor de quedar atrapado en ella. Lo que entra en juego es mantener la libertad del otro intacta, a la vez que ha de quedar la mía, pero en tanto que todo está atravesado por lo sexual, donde este queda entreverado: ni totalmente visto y explícito, ni totalmente velado o no implícito. Todo humano, en esta dimensión es voyeur y a la vez exhibicionista. Está claro que ambos sexos tienen las dos dimensiones, pero por la finalidad y la “maquinaria” tan distintas de cada sexo, cada uno de esos dos modos se pronuncian más en un sexo que otro. En el escrito anterior decía que el placer busca mantenerse (retroalimentación positiva), mientras el dolor es huida (retroalimentación negativa); Sartre también se percató de ese hecho y por ello de lo implícito de la doble tendencia de la retroalimentación: “la facticidad de la conciencia del dolor, por ejemplo, es una facticidad descubierta en una huida perpetua. No ocurre lo mismo con la facticidad del deseo. El hombre que desea existe su cuerpo de una manera particular, y con ello se sitúa en un nivel particular de existencia. En efecto, nadie negará que el deseo es algo más que gana, gana clara y translúcida que apunta a través de nuestro cuerpo a cierto objeto. El deseo se define como turbación“. Hay que pensar que Sartre habla como si se diera el caso de dos personas que van a tener sexo. Lo que Sartre define como turbación, o “conciencia empastada” (prefrontal que recibe menor riego sanguíneo), es esa previsión del premio sexual al que yo llamo morbo, que son dos de sus dimensiones y son dependientes de la situación. Está claro que si voy por la calle no me he de mostrar turbado, sí nos lo permitimos ya dentro del acto sexual y es una parte clave del juego.

Lo Mirado

    Todos mis análisis previos han sido desde la posición del que mira, pero hay que detenerse brevemente en la posición mirada. El concepto de mirada de Sartre es clave para entender esta dimensión del Dasein, del ser-ahí, o arrojado en el mundo de Heidegger. Según Sartre soy cuerpo en tanto que este existe para la mirada de los otros. Me puedo evadir de mi cuerpo en soledad, en ciertos estados de semi-inconsciencia como los de la meditación, pero en cuanto un otro entra en la habitación habito mi cuerpo, este se vuelve presente. A nivel más científico, uno de los sentidos más antiguos es el de la propiocepción, la percepción de nuestro propio cuerpo. Me detengo en la percepción externa y de la posición, pues está la interna (movimientos estomacales), la del calor, la del dolor… En un mundo de depredadores y presas convenía saber dónde estaba cada parte del cuerpo para no ser mordido. No es cuestión que te estén comiendo y uno ni siquiera lo sepa. Si uno está echado en el sofá viendo una película, el cerebro “sabe” dónde está y la posición de la mano derecha. También es conveniente por si viene algo arrojadizo hacia uno mismo, para darle un manotazo. Cada posición el cerebro lo trata como un estado cero, desde el cual actuar a hacer tal o cual movimiento a partir de ese estado cero. Cuando estamos en un espacio público existimos como cuerpo, o sea, se existe en tanto que mi propiocepción está referenciado a otros cuerpos, de no ser así nos iríamos chocando por la calle con todos. El otro no es nunca un objeto entre otros, en un momento dado me puede dar igual rozarme con un toldo que está bajo, pero no así rozarme con una persona. Las convenciones sociales nos marcan unos límites. En definitiva, mi cuerpo siempre está referenciado a otros humanos, con sus correspondientes libertades, que los convierte en no-objetos. El otro está siempre contaminando mi cerebro en público de forma abstracta, en tanto que existe como mirada no directa, pero en algún nivel presente. Es deducible, y muy posible, que esta percepción de una mirada que me-existe de forma constante, pero que no está presente, se tomase como la mirada de Dios. Vuelvo al concepto de indiferencia de Sartre, el punto cero de mi presencia en el mundo ante los otros. Mi cuerpo siempre es sexuado, puesto que el otro sexo es esa posibilidad por la que mi cuerpo sale de la indiferencia. Hay unos límites a esta concepción. Los niños no la tienen. Hay una larga frontera de adaptación para que esto ocurra, que es durante la pre y adolescencia. Los primeros signos pueden resultar molestos. Un cuerpo sexuado que no se sabe sexuado es eso que se denomina con el concepto de “lolita“, o de forma más amplia y ya en la adultez como “alma cándida”. Pero volvamos a la edad sexuada. No existe algo así como salir a la calle no sabiendo el nivel de sexualidad que uno porta, como nos quiere hacer creer el feminismo, pues caerían en ser almas cándidas o lolitas. Rapto LimerenteEl propio cuerpo siempre está presente, y en las mujeres esta sensación es más vívida. Sale a relucir en ese constante recolocarse el flequillo, el cabello, etc. Igualmente cuando se va con una ropa más “comprometida” tienen una mayor percepción si alguna postura va a dejar algo al descubierto. Imposible que una mujer no sepa que pueda tomar una posición similar a la de la imagen adjunta y no comprenda toda su dimensionalidad. En definitiva, están constantemente referenciándose con respecto a su ropa y su sexualidad. Sólo hay que poner atención a los programas de televisión, en donde si se va con minifalda, o una camiseta amplia y con escote que se desliza mucho, los están recolocando de forma constante, y por magia femenina (de la propiocepción en realidad, que al ser memoria muscular tiene una gran cantidad de neuronas para trabajar en ese proceso, el cerebelo se dedica sobre todo a esta memoria muscular) saben sentarse en casi cualquier tipo de asiento, por muy posmoderno y extraño que sea, como para no dejar ver la entrepierna. En unos y otros casos todo sigue la siguiente estructura: 1. soy un cuerpo ante la mirada de otros, 2. mi cuerpo es sexuado en cuanto existe alguien del otro sexo,  3. me referencio, o tomo conciencia, con respecto a mi cuerpo a partir de estas dos premisas.

   Hay que detenerse en el tercer proceso. El hambre Es, mi cuerpo puede necesitar comida, y hace rugir al estómago y darme esa sensación de vacío, pero quizás estoy centrado en escribir y eso ocupa toda “mi” atención (atención y conciencia son una misma cosa, como he hecho ver en otros escritos). Otra interrupción, el lenguaje es un desastre: no es mi atención, pues no es tener, posesión, como tener en la mano una naranja, sino Ser. Soy atención, es estado del Ser, o mejor una de las formas en las que el Ser se manifiesta en el mundo. Tener y hacer son contingentes, características o modos en los que el Ser obra, acciona, en el mundo. Retomo el tema de la conciencia. Si de repente dejo de escribir, la conciencia que siempre es “conciencia de”, deja de ser conciencia-de-escribir para de repente percatarse del estómago y ser conciencia-de-hambre. O dicho de otro modo, hay dos niveles de existencia, uno en el que la conciencia no existe en un proceso dado y otra en la que sí. Con esto vuelvo arriba, el cerebro siempre se puede saber sexuado en lugares públicos donde haya personas del otro sexo, como hemos visto arriba, pero puede que se dé que no se sea consciente de serlo, conciencia de sensualidad o de ser sexy. Eso sale a relucir en las veces que las mujeres se despistan y dejan ver partes que no se deberían de ver.

    Ahora tenemos añadida una nueva dimensión al acto del morbo. La mujer sí sabe, a nivel ontológico y propioceptivo, como creo que ha quedado demostrado arriba, de su sexualidad o posición, ropa y poses sexuadas, pero no siempre es consciente de ellas. Los hombres nos damos cuenta cuando son conscientes de nuestras miradas y cuando no. Aunque la mujer vaya mirando al móvil por la calle, la vista periférica siempre tiene presente el alrededor, para no chocarse y en tanto que cuerpo sexuado en un medio público, pero por nuestros límites cognitivos no siempre el cerebro es consciente del cuerpo, de su sensualidad. Las feministas llaman a esta falla temporal para aducir sus argumentos, pero como vemos tan sólo es una “verdad parcial” de toda la realidad. Si la mujer se “distrae”, de repente puede “sentir” una mirada directa explícita de un hombre, y le puede llegar a molestar dependiendo de si está a su mismo nivel de belleza o superior, o proviene de alguien de un nivel “inferior”. A esta segunda mirada, de sus estados distraídos que además provenga de alguien que no sea su igual -mirada jeráquica-, la llama mirada indeseada y patriarcal, y en algunos casos machista. No creo que la conciba igual si de repente a ese que descubre mirándola sea Adam Levine. El humano es una animal oportunista -en esto no hay géneros- el cerebro del macho está preparado para captar esas distracciones. Esos casos en los que algo sexual se “asoma” a la mirada periférica, y activa la previsión del premio y la atención. Son “instantes robados”, por su similitud con los “retratos robados“. Se cuela aquí otro concepto a tener en cuenta y que lo puede salvar de ser trivial; en estas situaciones, al igual que con los retratos no preparados o robados, se puede llegar a captar mejor el “alma” de una persona, no su pose, su máscara, que siempre está contaminada por la conciencia de sí. Por otro lado la mujer tampoco puede querer ser atrapada a “jugar” a seducir, ni “declarar” que su vestimenta tenga tal o cual intención, como ya he hecho ver arriba, pues igualmente puede quedar objetada por el hombre. Uniendo todo lo dicho, con la mirada y la libertad, el morbo está contaminado de prohibido en la medida que mi mirada no ha de ser atrapada a la vez por la persona mirada. En la medida que lo sea queda objetada dentro del mundo de los valores de esa persona, que en la actualidad si es de una feminista muy radical, quedará objetada -fijada, catalogada- como patriarcal o machista. Fijarse cómo todo depende del momento histórico: ese tipo de mirada hace 200 años podría ser catalogada de lasciva y pecaminosa, hoy con el feminismo ha cambiado. ¿Por qué poner etiquetas y validar históricamente a algo que es más intemporal y básico? Todo el reino animal sexuado se basa en mirar y ser mirado. A este juego a dos bandas, del mirado y lo que es mirado y el que mira y lo que mira, voy a llamarlo “rapto limerente”, por la tradición de raptos, en algunos casos ambiguos y enigmáticos en sus sentidos, de la mitología griega. Zeus regaló a Europa, cuando la raptó por engaños, un  “Lélape (un perro que nunca soltaba a su presa)” que bien podría ser una metáfora sobre ese juego en donde el hombre puede quedar mordido -prendado, enamorado, obsesionado, estado limerente-, a partir de encontrase casualmente con aquella que será su amada o su objeto de deseo. “Rapto limerente” que paradójicamente, y quiera el lenguaje feminista o no, ha podido ser por medio de la mirada, que en muchos casos nacen de ese objeto sensualizado que el cerebro del hombre capta por la vista periférica, y en uno de esos estados distraídos de la mujer que deja ver algo más. ¡Ya sé!, se parece al flechazo de cupido de toda la vida. Pero no es ni este que está más vinculado a lo espiritual y romántico, ni el mero “calentón” pasajero; es quedarse atrapado por lo físico a una persona o a un objeto. Puede ser atracción física hacia una persona, pero también a una parte del cuerpo o a un objeto. Pues por ejemplo en la actualidad un individuo puede quedar atrapado por los pantalones shorts (ver vídeo de ejemplo), que a la vez se queda atrapado a una parte del cuerpo (la película “Josie” es un caso de rapto limerente, donde un hombre maduro y desmotivado se queda raptado por una chica joven y bella, cambiando su modo de vida), que a la vez crea una moda en lo mirado, y una tendencia sexual de los que miran, que al final es llevado dentro de Internet como meme o viral en fotografías, vídeos, llegando a repercutir en el porno…, como perro que no suelta a su presa. Trato de unir conceptos, que se dan en el plano individual y social, y asociarlos a los de limerencia, pues tienen su mismo núcleo. Es rapto porque es un secuestro de los procesos mentales o sociales a partir de personas, objetos, partes del cuerpo o elementos puntuales que van atrayendo hacia sí recursos de un sistema u otro, del cerebro o lo social. La palabra rapto me “persiguió” durante los escritos sobre el deseo sexual. Permanecía ahí y saltaba de vez en cuando al prefrontal; como que tenía que pensar en ello, quizás porque Sartre lo nombraba. No fue así, comprendiendo que el cerebro me decía que pudiera formar parte del morbo, pues eso que entra por la vista periférica rapta los recursos del cerebro, que a la vez si es sobre algo puntual en la sociedad rapta a muchos individuos. Si diferencia del meme en que no nace de un pensamiento, sino de un instinto, de forma subliminal y pulsional.

Rapto Limerente

    Una pequeña pausa. Mantengo lo escrito sobre el rapto limerente, a tenor de ser deconstructivista, en este caso deconstrucción literaria, y de tratar de hacer ver cómo el cerebro hila o perfila ideas, pero lo he de replantear. Decía arriba que el cerebro tiene patrones o conceptos de los que no tenemos palabras. Este es un ejemplo claro de un concepto y cómo este trata de “hablar” a la conciencia, cuando se le sigue el rastro. El cerebro, en ese lenguaje de conceptos abstractos, habla mentalés (palabra que designa el lenguaje del cerebro en no-palabras). No hay una interface que traduzca el mentalés a palabras, o a la inversa. Pero el cerebro se “obsesiona” o lanza señas a la conciencia cuando está cerca de algo. La razón en ese caso tiene que saber interpretar qué quiere decir el cerebro. Me recuerda la trama de la novela/película “Johnny cogió su fusil“, en donde un paciente dañado por heridas de guerra está paralítico, pero es consciente, y no puede hacérselo ver a sus médicos (síndrome de enclaustramiento). De forma constante he usado el concepto de que el cerebro sea secuestrado por tal o cual cosa interna o externa. Ya estaba presente en el escrito “la dimensión individual“. En otro caso, en la primera parte sobre el deseo sexual, hablo de lo molesto que es para mí el ir por la calle y que el cerebro, por la previsión de premio, por esa vía dopaminérgica, me secuestre o interrumpa los procesos mentales, de tal forma que la conciencia se empaste, como dice Sartre, cuando veo chicas con pantalones shorts. Yo lo capto como molesto por dos cuestiones, 1. porque me activen los instintos “sin mi permiso”, y 2. que tal proceso nuble mi hilo de pensamiento, proceso que es llevado por el prefrontal, que en este caso se le corta el riego sanguíneo para “centrar” los procesos mentales en esa llamada instintiva. ¡Eso es rapto limerente!, ese “agarrarte”, ese estado limoso, apremiante, para llevarte donde tú no quieres, pues mi razón a sido secuestrada, como secuestrada está la razón del enamorado, pero en donde en este caso es por algo tan primitivo como lo sexual. O sea es el prefrontal “hablando” en mentalés, “quejándose”, pues no admite que se le deje de llevar sangre, que de repente pierda el control de la situación, que de repente se nuble o se empasten sus procesos. Para tratar de hallar alguna similitud, es como cuando teniendo mucha hambre, se come en exceso y de repente nos entra somnolencia: el estómago compite contra el cerebro en el gasto de recursos, los dos necesitan muchos recursos de sangre, temperatura y oxígeno. La evolución ha propiciado para que “venza” el estómago, y ante esa bajada de los recursos en el cerebro, provoca que nos entre sueño. El prefrontal se ve incapaz de hilar pensamientos, de concentrarse, y ni siquiera de seguir la trama de algo en la televisión o de una conversación. Se nos caen los párpados, y finalmente nos rendimos a la evidencia que nos tenemos que echar la siesta. Para ser justos, es muy posible que lo que siente la mujer al ser mirada sexualmente, sea de la misma forma un “rapto limerente”, ya que igualmente cuando ella está distraída o abstraída de ser un cuerpo entre otros cuerpos, al ver la mirada del macho sobre su cuerpo, caiga en la cuenta que lo es, de tal manera que su prefrontal pasa por el mismo proceso, de verse como un cuerpo objetado y sexuado que la conciencia no quiere aceptar, por ser en algún grado “violada” (mirada no deseada). Son dos tipos de raptos limerentes dependiendo si se es mirado o si se mira, si te “secuestran” la mirada, o si te secuestran como mirada (por dar como más general estas diferencias de género de mirar y mirado, por ser más cómodo para redactar: doy por hecho que sobre el hombre también “cae” ese tipo de mirada). Pero tales hechos, que en ese inicio son individuales e instantáneos, devienen en dos procesos sociales o más extensos. 1. En el plano del que mira se crea una obsesión sobre aquello que le ha secuestrado. De tal manera, y puesto que el deseo sexual es retroalimentación positiva y efecto bola de nieve, que se obsesione por el objeto de deseo, que puede ser hacia la persona (atracción física), a una parte anatómica o a la prenda (fetichismo, fijarse que cercanía de conceptos con quedarse prenda-do). En este plano es interesante traer a colación la película “objeto de seducción“, donde una persona con discapacidad auditiva se obsesiona con una estatuilla, de un busto, pues dice que le “habla”, lo que llama a que las obsesiones tienen más planos que los meramente sexuales, aunque puede que sean sublimaciones de estos. 2. por el lado mirado nos salimos del estado limerente, ya que opera entre las personas que son observadas mientras son conscientes de ser sexuadas o sensuales, donde la conciencia está presente, y en donde no se produce el “rapto limerente”, por no estar abstraídos y distraídos de su cuerpo. En este segundo caso se hace mas uso de esa prenda (gesto, pose, actitud) por ser atrayente, que al final puede devenir en una moda -o meme- social. El segundo es como tal rapto limerente, en tanto que hace un secuestro de lo social, como sistema complejo, que es llevado por un camino o tendencia, pues “provoca” raptos limerentes a los individuos, en tanto que secuestrados por las miradas y secuestrados como mirados. Volviendo al caso de los shorts -por ser el más actual caso de rapto limerente-, se ha vuelto moda, o objeto deseado y obsesivo por los que miran. Siendo así las personas que hacen vídeos con cámaras ocultas “siguen” y graban a chicas en la calle con shorts para subirlos a Internet.(1) Esto lleva a que lo usen modelos en sus bailes eróticos (grupos femeninos de k-pop y j-pop, por ejemplo) y chicas de sex cam; que al final terminan en páginas oficiales porno, donde además se imitan los vídeos amateurs de grabar a chicas por la calle, pero esta vez con actrices porno y con “finales más felices”: se ha propagado en el sistema el rapto limerente. El feminismo en este caso cae en una contradicción, pues lo que denuncia es el rapto limerente individual, pero por otro lado propicia el rapto limerente social, al seguir modas y memes, y en ese proceso crear tendencias. Es decir, y para ser más claros, es el lado exhibicionista el que tiene toda la carga de crear el rapto limerente en lo social, puesto que si no hubiera nada que ver, no habría miradores a los que se les provocase los raptos limerentes, ni miradas de rapto limerentes sobre los mirados. Es indiscutible, si no que se lo digan a una anciana de 90 años, a ver si se acuerda cuándo fue la última vez que sintió un rapto limerente. Seguro que los echa de menos, (esa es otra contradicción de la que seguro se puede hacer una ecuación: a mayor edad, más deseo de volver a recuperar el rapto limerente: esta regla es para los dos sexos). Con todo, y puesto que yo reivindico no querer tener raptos limerentes en la calle por prendas, ellas tienen el mismo derecho a reivindicar no tener esos mismos raptos limerentes. Otro punto de vista, más vitalista, sería pensar que forman parte de la vida. Que yo tengo que sobrellevar ese hecho, ese rapto, y sea yo el que se tiene que adaptar, pero entonces ellas también tendrían que tomar la misma actitud y aceptar la mirada de los hombres, siempre y cuando estas se atengan a las convenciones sociales.

Narciso

    Aquí hay que fijarse en un dato muy importante que puede que explique la condición sexuada humana. En el reino animal la “carga” de los dimorfismos sexuales la llevan los machos (cuernos, plumajes bellos, colores, fuerza…), que a la vez están más lejos de ser los replicadores. Pero ¡en el humano esa “carga” la lleva la replicadora!, creo que no se da en otra especie animal. Implicaciones. Los dimorfismos del macho tienen la finalidad de ser los seleccionados por las replicadoras; en ese caso algunos los tienen sólo en épocas de celo: las cornamentas de los cérvidos muy al norte. Pero ¿y si el dimorfismo lo “carga” la replicadora…?, ¿narcisismo?, querer esa propiedad por sí misma, indiferenciada de la existencia del macho. A nivel ontológico parece ser así, pero dado que somos Dasein, existentes en el mundo, el otro sexo “repercute” en ese mirarse al espejo, paseándose delante de él, interrumpiendo ese juego de espejos (imagen extrapolada en la bruja del cuento de Blancanieves, en donde además la voz en off del espejo en el cuento es la de un hombre). En esa medida el macho se convierte en parte del espejo. La mujer pide opinión a otra mujer en su salir a la calle (dimorfismo introyectado hacia un sólo sexo: narciso), pero e ahí que el macho sale al paso y la mira o no la mira: da valor a su existencia en el mundo como ornamentada. Esa mirada, como ya he demostrado, no tiene porqué ser directa, u observada de forma consciente. Se vuelve omnipresente en el cerebro: el otro sexo infesta mi presencia en tanto que cuerpo en el mundo. Sartre lo analiza a través de una de sus claves: la vergüenza, que es un recurso constante en el cine de humor. Alguien le hace ver a uno de los personajes que está haciendo el ridículo, porque se le ve un moco, o porque se le ha quedado papel higiénico atrapado en el pantalón, etc. La vergüenza es un arma: nada mejor para “bajar los humos” a alguien que hacerle caer en la vergüenza. Nada más victorioso para los poco agraciados que una modelo se caiga en el escenario. Volviendo al dilema. En la mujer se da una nueva dimensión del rapto limerente. La mujer se pone bella para sí misma (el icónico deseo de ser el centro de todas las miradas durante su boda, que las damas de honor no han de eclipsar…, en las películas americanas han de vestir todas iguales y con colores chirriantes; ¿caigo en cánones reducionistas?, ¿no será que estos “funcionan” porque encontraron patrones que se mantienen?). El macho rompe con esa dimensión ontológica de su condición al “verle” bella. Hace que esa belleza ya no sea para sí misma, sino que la infesta desde su mirada, que en la mayoría de los casos está sexuada. Hay una doble lucha: 1. por un lado le gustaría que su belleza tuviera valor por sí misma y para sí misma, 2. al existir el mundo de los valores del macho ese valor que lleva como germen ser en sí mismo, intrínseco, deviene en mundanizarse, en ser valor en un mundo de hombres. De esta forma el rapto limerente es violación, primero, por la mera existencia del hombre (de esta apreciación se puede extrapolar cierto lenguaje radical feminista), y dos, que estos la puedan captar en ciertos momentos distraídos o abstraídos en donde ella no pone “vigilancia”, o ha bajado la guardia, de esa belleza, y además vea en el macho una mirada casi exclusivamente sexuada. Esa “desnudez cruda”, de un cuerpo entre otros cuerpos, ante la mirada del otro, tiene el germen de la vergüenza, al crear cierta disonancia cognitiva, por no saber qué ha visto esa mirada, que ahora no puede interrogar, y que le ha “robado” algo que le “pertenecía” y que se podrá “quedar” con ello para “su uso” y si quiere para siempre, como una fotografía mental que ella nunca podrá “revelar”. La temática de fondo de estos últimos pensamientos me recuerdan a la canción de mecano de “maquillaje” (y con eso no quiero reducirlo a maquillada, mirada sí deseada, como en la canción), donde la mujer sólo quiere ser mirada cuando ella lo quiere (y por quien quiere…), que de ser así no dejaría de ser arbitrario y caprichoso, pues el hombre nos sabe cuáles son esos momentos, (ni quienes sí). No me imagino un mundo en el que el feminismo lograse sus metas y los hombres ni las mirasen, ni las piropeasen, y ni siquiera las tratasen de “ligar”. Dos universos separados por un muro invisible. Siempre hay que llevar los pensamientos al absurdo, para ver cómo “funcionan”. ¡Aunque ya podríamos poner algunos mecanismos en marcha!, los hombres irían por un lado de la acera y las mujeres por el otro, y se podrían hacer discotecas que sólo fueran para mujeres. No sé si se darán cuenta, pero ir por la calle como si no existiesen para los hombres, viene a ser lo mismo que ponerse un burka virtual (busqué más tarde este concepto y ya lo han usado antes que yo: concurrencia de ideas, pues es clara su lógica… otra incongruencia más con la que tiene que lidiar el feminismo; otro evidente es que se opongan a que ciertas empresas “obliguen” llevar uniformes con escotes y minifaldas, pero después digan que en la calle no “significan” nada). Fuera de sarcasmos… para acabar este párrafo vuelvo a esa anciana de 90 años. Con la madurez se alcanza a amar al espíritu humano, como con un cuerpo que ahora le sobra. ¿Rendición o un nuevo estado más elevado? Da lo mismo. Con la edad el cuerpo es una cáscara que ahora ya nadie ve, y que allí, en lo más recóndito, esconde un alma. Es distinto el feminismo de las mujeres maduras, que el de las núbiles y jóvenes bajo esta condición. Han terminado por ignorar el cuerpo, ignorando de paso su lenguaje y sus trampas. Si se llega a ese estado se sobrevive el resto de la vida como alma. Crece, brilla y emerge alrededor de ese cuerpo que se marchita. Esa madurez debería de ser el signo humano. “Al final te das cuenta que la belleza no importa”, nos dicen en la serie “Kiss Me First“. La moralina cristiana del cuento de Blancanieves es que aunque la protagonista era más bella, nunca le dio importancia. Centrarnos en el cuerpo nos rebaja a sus condiciones animales, con los lenguajes y “patrones” que trato de mostrar aquí. Lo que quiero decir es que en la madurez y la vejez la lucha de los sexos dan igual: importa el alma humana que emerge indistintamente del sexo. El único espacio público termina por ser la propia alma, soledad con sus propias qualias. Con la edad sólo se busca conectar con otras almas. Esa verdad siempre ha estado latente ahí, las respuestas nos siempre son las más cómodas, sobretodo cuando contradicen nuestra identidad, y dicha verdad la rompió la liberación sexual al llenar la calle con “carne” desalmada. Pues el rapto limerente, antes que cualquier otra cosa, es “carnalizarnos”, objetarnos, alienarnos, matarnos ese alma atravesada por una libertad…, tanto al mirado, como al que mira.

El Orgullo Como Estado Iluminado Inquebrantable

   El Artista

   Una implicación más, también muy transcendental, sobre el cambio de sexo del dimorfismo, es que los artistas masculinos sobre compensan esa carencia en su arte. Es más, “necesitan” cierto nivel de limerencia, dolor, con el otro sexo, para crear, pues su arte, su creatividad, su fecundación es sublimación, ya sea por la ausencia o pérdida de lo amado, o por falta de sexo (un ejemplo claro son todas las canciones de desamor de los hombres, como el caso de U2 y su mítica canción “With or without you“, escrita después del divorcio de Bono. Aunque sean universales, hay diferencias de sexo, pues hay cantantes femeninas, con este tipo de canciones, que son más escuchadas por las mujeres, aunque tampoco tengo claro si es otro signo de cómo el feminismo tiende a la diferenciación, incluso en los gustos). De alguna forma la pulsión de su virilidad en los hombres, que siempre implica limerencia, es llevada al arte (¿la década de los 80 tenían tras de sí algún tipo de alta limerencia y sublimación, por no haber aún cuajado la libertad sexual y estar latente?, ¿en la última década no hay creatividad por un exceso de porno y masturbación…?, creatividad “evacuada” en los pañuelos de papel). Cuanta más tensión viril, mayor sublimación, y cuanto más joven mayor ha de ser, por eso las mejores canciones de los cantantes y grupos están en sus primeros álbumes; después pueden ganar maestría, pero han perdido el brillo, la originalidad y la innovación. En unos lados y otros, de Internet y documentales, me encuentro con el dilema de si es mejor o peor tener relaciones sexuales antes de grandes eventos o para ser creativo. Creo que yerran en sus premisas y conclusiones, quizás hacía falta el concepto de limerencia. El acto sexual aumenta la testosterona, lo que es bueno, pero pienso que la clave está en aumentar la limerencia, el estar lejos del “objeto” limerente; o sea, no hacer el amor, y además ni siquiera tocarlo o verlo. Cuanto más tiempo en meses o años más aumenta la limerencia y la creatividad. Uno puede masturbarse y eso aumenta la testosterona, pero sin el objeto limerente no hay suelta de oxitocina, que es lo que baja la limerencia. Igualmente funciona estar jugando con los genitales, amagos de masturbación, mientras se estudia o crea, esto hace que se mantenga activado el circuito de la previsión de premio, si bien no hay que insistir mucho como para que se cierre el riego de sangre al prefrontal, pero cuidado con las personas que tengan inclinación hacia las adicciones. En mi caso al llevar años sin actos sexuales la limerencia está en sus niveles más altos, pero es “peligroso” por que hay una mayor tendencia a la criticidad, al caos y al trastorno; sobre todo los actos obsesivos, la ansiedad, los neuróticos y las paranoias. Creo que aquí se aplica lo mismo que el dicho de “el hambre agudiza el ingenio”, pero en lo sexual. Por otro lado la limerencia aumenta si son actos sexuales cortos con una persona distinta cada vez, pues es como estar en pleno periodo de copular las más veces posibles, que nos puede venir de la época en la que sólo habría un sólo celo al año. Aquí se aplica lo mismo que los amagos de masturbación, actos sexuales que no se finalizan, aumentan la limerencia.  Es decir que un cerebro masculino limerente es un equivalente a una erección que se produce a nivel de la alta excitación de las neuronas, que en ese momento más que en ninguno, crea conexiones neuronales, y en definitiva conceptos, palabras, sensaciones y signos, para crear algo nuevo. Mantenerse en “lucha” con su obra es mantenerse erecto. Su arte, ya acabado, es la sublimación de una eyaculación, tras la cual puede venir un periodo reflactario, o tendencia a los síntomas de la depresión. No en vano se asocia a los artistas con el trastorno bipolar: el estado maníaco “… es considerado como un período «artístico» del desorden, que se caracteriza por una gran cantidad de ideas, un pensamiento extremadamente ingenioso, y un incremento en la energía” (fuente Wikipedia). Excepto si excede cierto grado, en donde se puede llegar a un estado similar al que ocurre en los “límites de los vórtices entrópicos”,(3) y sólo se manifiesta como dolor, ansiedad o frustración. Siguiendo esta simbología, yo he de permanecer escribiendo -manteniendo la erección, limerente hacia esa abstracción que es la mujer-, pues sé qué viene después, si dejo de escribir. O dicho de otra forma, la creatividad del macho a nivel evolutivo, era esa sobre compensación a ese hecho de perder partes del protagonismo del dimorfismo sexual. ¿Es sexista?, es realidad. La propia  e icónica feminista Simone de Beauvoir afirmó: “hay mujeres que son alocadas y hay mujeres de talento: ninguna tiene esa locura del talento que se llama genio“. Por mi experiencia personal cuanto más “alocada” sea una mujer más interesante y creativa es. La bioquímica de la mujer la hace ser más estable por lo general, más con “los pies en el suelo”, esa estabilidad o equilibrio químico “resta” esa locura “requerida” para la genialidad. Es una frontera, una generalidad, pero eso no quiere decir que ciertas mujeres no la traspasen


Opcional de Leer  

 Viendo el gráfico de estadística de mis escritos, es “evidente” que escribo como sublimación ante la falta de sexo; he podido hacer el gráfico, ya que escribo en “OneNote” y pone fechas. El gráfico, abajo expuesto, me viene bien para “demostrar” que la libertad no es tanta, que hay “determinantes” de los que uno no puede escapar, que si uno analiza su vida hay patrones que emergen. Pensamos que hemos decidido hacer tal acción, desde nuestra libertad, pero en realidad es algo que “empuja” desde lo más elemental del cerebro (hormonas, neurorreguladores, instintos, “reglas” del ADN…), los cuales desconocemos. Por otro lado sale a relucir la carga del sexo en la sociedad, pues este “entreteje” casi todas las tramas de nuestras vidas, nuestras acciones y nuestros pensamientos de modo sublimado. Si se hiciera lo mismo con otros artistas saldrían patrones similares; desconozco si ya lo han hecho. Me encaja a la perfección cada bajada y subida según cada época del año, me conozco bien. Pero sí me ha sorprendido el alto pico de julio, pensaba que iba a ser una joroba de subida y bajada más suave durante todo el verano. Esa bajada extrema, de la segunda quincena, suele ser una rotura de la presión tan alta, un “ya no puedo más”, que suele darse como un estado más caótico, la retroalimentación positiva llega a su curva máxima de permanencia en el orden; lo que conlleva a la irritabilidad, por dormir poco, el exceso de calor y el imperioso sexo, en unas calles muy sexuadas (mi control es no salir, no ver; todo estos son apreciaciones desde un celibato forzado por las circunstancias, de hace años, lo que me hace entender a los Incel), ahora ya estoy vacío, ya no hay creación de ideas, sólo queda perfilar los escritos. Hay estudios que dicen que se dan más suicidios de hombres en julio, pero he buscado el estudio en mi ordenador y no lo encuentro, y otros que he hallado en Internet dan otras medias, pues parecen estar relacionados por los países y sus latitudes con respecto al calor. Tampoco sería ético buscar el que “me daba la razón”. Al parecer también aumenta la violencia de género, pero no hallan motivos. ¿Porqué no relacionan libido -alta carga de testosterona- y por ello tendencia a la irritabilidad y el calor? Si he encontrado estudios con respecto a unir suicidio y libido, y en el hombre sí hay esa relación. Faltan estudios multidisciplinares que unan los conceptos de los sistemas complejos, las neurociencias, sexualidad y la psicología evolutiva. La clave es entender al cerebro masculino como un sistema de retroalimentación positiva tendente a la criticidad.

Estadísticas de Escritos

Feminicidios Comparativa

    En esta última gráfica, hay una segunda curva de datos de feminicidios íntimos (parejas, color más claro) de los años comprendidos entre 2010 y 2016 en España. Sé las deficiencias de cómo he hecho la comparación, y que no están pareados en las alturas correctas (y otros datos estadísticos a tener en cuenta), pero llama la atención el pico de los meses de verano y como van a la par en la caída de las siguientes quincenas, y el pico de la segunda quincena de noviembre. La cuestión del pico en verano, no es tanto la unión de la testosterona y el calor, en sus capacidades para hacer que se esté irritable, sino el hecho que la testosterona tiene picos óptimos donde aúna todas las capacidades cerebrales y corporales para centrarse u obsesionarse en algo; que en mi caso como soy creativo se “expresa” en escribir o pintar que si fuera por el calor me lo dificultaría, mientras que en alguien con problemas con la pareja, dichos picos, se centrarán u obsesionaran en los conflictos, en donde sí se sumaría la irritación por el calor. Como he explicado arriba, en la segunda quincena de julio se produce una rotura de ese estado, como una burbuja de jabón y agua que de repente estallara. En ese nuevo estado ya no hay capacidades mentales para centrarse (u obsesionarse), ya se duerme algo más, pues el cerebro rumia menos, y se hace de forma más dispersa, sin centrarse en una cosa concreta en lo mental. En el artículo del ABC argumentan que es porque es época de vacaciones y pasan más tiempo juntos, pero en la gráfica hay una caída en la segunda quincena de julio y se mantiene en agosto, que son también meses de vacaciones, y es una caída y mantenimiento muy igual a la mía. Otros datos a tener en cuenta es que mientras que en mi caso la bajada, de la arousal en diciembre, es de no actividad creativa; es una tendencia algo depresiva, lo que puede conllevar a la crisis de feminicidios de navidad, pues en definitiva hay una situación familiar (o la separación) que crea tensiones. También hay que tener en cuenta que en los feminicidios las tensiones son de dos personas. Las mujeres tienen crisis en marzo, pues se suicidan más en esas fechas, lo que explicaría la subidas de marzo, que en mi caso al estar sólo no tienen ninguna incidencia; algo similar ocurre en la primera quincena de octubre, en mí hay una bajada, y en feminicidios un alto pico inverso. Lo que trato de mostrar es que es la testosterona y la libido del hombre la que principalmente repercute en los homicidios. Por lo demás, lo ya dicho, sé que sólo lo he hecho con una comparativa a partir de un sólo individuo -yo-, pero si se analiza a través de las bajadas de las libidos (o nivel de testosterona) de los hombres, que esos datos seguramente estén en algún lado, se verá una correlación. También se necesitarían más años en la estadística de feminicidios, sólo encontré una tabla de esos años, que por comodidad la puse a quincenas, pues la mía estaba hecha así.

    Si la violencia doméstica tiene relación con los ciclos de la testosterona, el feminismo se “equivoca” al centrarse en “proteger” a la mujer, pues si el foco se centrase sobre el hombre, con terapias que redirigiesen su ira y talleres ocupacionales, donde direccionase y sublimase las etapas altas de la testosterona, seguramente sería un procedimiento más acertado.

Fin de lo opcional


 

Creatividad y tipos de cerebros

  Hay diferencias entre el hombre y la mujer en sus creatividades a partir de la líbido y la sublimación. Está claro que yo como hombre no puedo saber si es igual, si tienen ese alto componente sexual sublimado. Trato de determinar diferencias entre los sexos, por el mero hecho de la presencia tan evidente e insoslayable que es para el hombre su pene erecto, pues es una manifestación clara en nosotros del estado de la libido cerebral y hormonal, y dado que su “omni-presencia”, en tanto que toma de conciencia, hace de retroalimentación positiva en el cuerpo y el cerebro. En un documental decían que las mujeres no son conscientes de las erecciones del clítoris en su día a día, cuando sí se producen; ya que se han hecho experimentos en donde se les ponía sensores y no acertaban a saber cuando lo estaban (ver vídeo sobre dicho experimento); esto implicaría que el cerebro femenino inhibe las respuestas físicas, “obedeciendo” sólo a las cognitivas, guiadas por el prefrontal, que hace de filtro (descargar documento sobre la investigación). En la mujer se da de forma más común el trastorno de deseo sexual hipoactivo, que está relacionado con la baja cantidad de testosterona, la cual suele ser la que se receta para paliar dicho trastorno, lo que demuestra la alta relación de libido y la hormona sexual masculina. Bajo esta idea no sé si realmente lo explicado arriba, de hacer amagos de masturbarse para activar la previsión de premio y así estudiar mejor o estar más creativa, “funcionará” en la mujer. En las web cam y el porno simulan todo lo que quieren masturbaciones, pero es casi como si se tocaran las narices. Tienen que poner intención, “deshabilitar” el filtro de “no-sexuado”, y bajo estas premisas no parece que tal método pueda funcionar en las mujeres, pero tampoco puedo afirmar que no. Muy distinto del hombre, donde nuestra libido, sublimada o no, es la que “conduce” nuestra vida. Pienso que en la mujer impera más el método y la organización de los pensamientos (Madame Curie como ejemplo), por el simple hecho que lo explicado en el hombre es retroalimentación positiva, y en la mujer, su sistema hormonal, tiende a la retroalimentación negativa (auto-organizativa). Puede que en su alto periodo de fecundación haya un equivalente hacia la retroalimentación positiva, pero se pierde en unos días (se manifiesta más en las mujeres con el  trastorno disfórico premenstrual), esa disforia la llevan muchos hombres durante todo el verano. No estoy buscando qué “máquina” intelectiva de los dos sexos es mejor, tan sólo trato de mostrar que son distintas. En la primera época de competición entre Apple y Microsoft se diferenciaban en sus microprocesadores, el primero tenía un Motorola, instrucciones más cortas, pero más rápido, y el segundo Intel, instrucciones más largas, pero algo más lento. Hacían lo mismo: eran máquinas multi-propósito, pero una y otra tenían ciertas ventajas y desventajas dependiendo de los programas. El hombre y la mujer en esos son iguales, son dos máquinas en donde las funciones del prefrontal son multi-propósito, son igual de inteligentes, solo que el cómo el cerebro “resuelve” los problemas, es por distintos caminos, rutas o formas. La ventaja del macho, en su visión espacio-temporal (sí, le uno la temporalidad a la ecuación, está explicado en otros escritos), le hace trabajar y extrapolar estas rutinas en problemas abstractos de forma más óptima, pero tiene desventaja en unir conceptos y palabras, lo que le causa problemas en lo comunicacional, y en “traducir” su saber en palabras. He puesto dos ejemplos típicos, por ser los más conocidos, pero hay otros. En el hombre la dimensión sexual, por su retroalimentación positiva, es un añadido, que por lo demás no siempre opera, sólo en algunos tipos de cerebros, con el consecuente problema de ser más tendentes a las enfermedades y los trastornos mentales, por “jugar” demasiado tiempo en sus límites (casos como David Helfgott representado en la película “Shine“, o John F. Nash representado en “una mente maravillosa“, o Jackson Pollock en la película “Pollock, la vida de un creador” o el propio Vincent van Gogh). Las neurociencias encuentran diferencias por todos los lados, solo que los test no “resuelven” los porqués de esas diferencias, puesto que los test sobre los sexos dan más o menos los mismos resultados. Las diferencias se ven en el día a día, en la vida, que es para lo que se hicieron los cerebros, los test son abstracciones de problemas, que en muchos casos no tienen que ver nada con la vida. De hecho alguien muy inteligente puede dar peores resultados que alguien menos inteligente que lleve años haciendo test, si el primero nunca ha hecho ninguno. Me imagino por ejemplo a Alejandro Magno, ante varias series de test, seguramente cualquier opositor que lleve años le ganará. El cerebro de dicho Emperador lo era ante el campo de batalla, en lo político, en cada terreno y ante cada problema. De cualquier forma el cerebro humano cuenta con el prefrontal, que es como el equivalente de un microprocesador multi-propósito y es este el que mide los test, pues es este el que da los resultados, independientemente que llame a otras partes del cerebro, pues este es el que al final revisa (conciencia de). Cuando en el día a día no siempre es así. O dicho de otra forma: la arquitectura del microprocesador Motorola e Intel eran distintas, pero si se les “pedía” que hicieran una gráfica a partir de una ecuación daban el mismo resultado. No fallan lo que encuentran las neurociencias, fallan los test a la hora de dar testimonio de esas diferencias, porque sólo se detienen en los resultados. Como un todo, esas dos “máquinas” muestran sus diferencias en sus motivaciones. En los test, ante una hoja, abstraído, en donde se llega a un estado de autoconciencia, donde la propia conciencia es la que ocupa la conciencia, el proceso va desde el prefrontal hacia adentro, mientras que en la vida es a la inversa: las soluciones saltan al prefrontal desde dentro, como intuiciones y corazonadas. Está claro que una esencia de la naturaleza es la ley del mínimo esfuerzo, yo soy horrible en la interacción humana, que es un tipo de inteligencia, pero tampoco me motiva. Me motiva dejar que mi cerebro divague en conceptos abstractos, pues yo siento como si me moviera por un terreno, del cual cada vez tengo más detalles. Hay ciertas cosas que están arriba, algo pendiente está a la izquierda, busco y profundizo hacia la derecha, eso me hace dar vueltas, pero siempre avanzando. Finalmente “trazo” esos mapas en estos escritos que me llevan horas, por mis problemas con el lenguaje. Igualmente cuando escribo tengo un mapa mental de los últimos escritos -seis, ocho- y si tengo que añadir o corregir un texto o párrafo, a veces por el simple hecho de cambiar un adjetivo, sé dónde está. En muchos casos entre más de quinientas páginas, y paradójicamente no tengo una buena memoria a corto plazo (memoria de trabajo), apenas de cuatro o cinco item. Posiblemente me “muevo” por los escritos como lo haría en la naturaleza, teniendo referenciales, en donde todo está en una especie de plano, y donde tal capítulo es como un bosque, diferente de otro con un terreno más accidentado. Hay barrancos, nudos en las tramas que he de revisar. A veces me fijo en algo marginal que he escrito, y que tiene la potencialidad de crear nuevas ideas. Se que al escribir tengo un plan, pero en muchos casos esas potencialidades, que emanan del encuentro de las palabras y los conceptos, me llevan por nuevos caminos. Cuando estoy en la naturaleza hago lo mismo: la mayoría de las veces no tengo metas, improviso sobre la marcha. Me detengo en encontrar detalles de tal árbol o roca, y cierto “algo” que se insinúa en el horizonte me hace cambiar de ruta. Siempre hay que mirar atrás, siempre hay que tener puntos referenciales. El cerebro cada vez tiene más detalles del terreno, plano, cambios de tipo de vegetación, si un riachuelo es el mismo que encontré cientos de metros más arriba, de los que yo no siempre soy consciente. Llevar todo ese saber a la conciencia es un proceso que no todos llevamos a cabo. A mí sí me motiva. O sea y al fin y al cabo, que cada humano tiene unas motivaciones, y por orden general, por las diferencias de los cerebros de hombre y mujer, unos y otras tienen distintas motivaciones, o cosas que les va a costar más o menos. Yo me muestro torpe y estúpido en muchas situaciones y juegos, y por más que he tratado de entrenar la memoria a corto plazo -años- no ha servido de nada. Los últimos estudios afirman que no hay realmente un impacto consistente en el tiempo del entrenamiento de la memoria de trabajo, sube en ese momento pero vuelve a su media pasadas unas semanas. Por otro lado se ha comprobado que el estrés de los entrenamientos, que se resume a calor en el cerebro algo que trata de evitar el sistema, provoca falta de neurogénesis en el hipocampo, con lo que a la larga es perjudicial. Bajo mi punto de vista las personas con déficit de atención y bipolares son un tipo de apuesta que se centra en la rapidez para el cambio de atención, apoyados por la memoria a medio plazo, frente a la retención, apuesta válida para la acción, pero no en el mundo actual de educación en donde se prioriza la atención en las clases. Hay ciertos límites para cambiar la estructura cerebral, no todo es neuroplasticidad. En experimentos con ratones se “intercambiaron” las funciones de varias partes del cerebro: nunca llegaron a ser igual de hábiles que las zonas “nativas”. Se tiende hacia lo que cuesta menos (tiempo y energía), pues ese menos define nuestro tipo de cerebro por lo que le es fácil, pero esa regla no impide que un cerebro de un sexo u otro lleguen a lo mismo si luchan por ello. ¿A qué se puede resumir todo lo anterior?, se hacen esfuerzos académicos para que los dos tipos de cerebros sexuales trabajen igual, pero ¿no sería más óptimo sacar el mejor partido de cada tipo de cerebro? En el deporte se procede así, incluso en el mismo sexo, si alguien es bueno para salto con pértiga, ¿por qué hacer que sea un buen velocista si quizás nunca llegue a acercarse a los más motivados y más preparados para ello?

    En una dimensión más banal, hay que tener en cuenta que el macho en el reino animal busca meramente el sexo, a la replicadora, en donde esta es “menos bella” o es más “normal”, por carecer de dimorfismos de ese tipo. Malurus-cyaneusUna hembra ave suele ser de color pardo, para camuflarse de los depredadores, frente a los machos que tienen grandes plumas coloridas. En este caso a la mera búsqueda sexual del macho masculino se añade el plus de buscar la belleza. Lo que ha provocado que esa tendencia y dimorfismos sexuales se incrementasen a lo largo de la evolución y más tarde en lo social. Teniendo en cuenta este nuevo dato, el rapto en el macho humano es más intenso, que el que se pueda dar en otros animales, puesto que está ese otro componente de la mujer como belleza sexuada. Es muy posible que la unión de estos dos hechos, 1. la sobre compensación hacia lo creativo, y 2. la belleza sexuada de la mujer que le creaba ese constante prurito en el “alma”, a modo de  limerencia “soportable; repercutiese a que ciertos machos, en la actualidad llamados divergentes, “se” mantuviesen activos como retroalimentación positiva, hecho que ha “movido” el mundo y que nos ha llevado a la actualidad.(4) Hay que deconstruir este hecho, ese inicio. La evolución “juega” con los conceptos, como cartas que no deja de entremezclar. Si la replicadora era ahora la belleza, esta necesitaba saber la intensidad y la profundidad de lo que aquello significaba. Ya no le valía ser seleccionada como portadora de los mejores genes por el alfa, que no lograba apreciar en profundidad sus signos. Necesitaba un nuevo tipo de mirada del hombre, y esa tenía que  ser la del artista, ese que en su anterior “papel” era el chamán, ese ser que conectaba con las esencias del mundo, con esos arcanos que la naturaleza le susurraba. Estamos ante un encuentro extraño y altamente simbólico de la historia humana, del devenir de la especie, del nacimiento de nuevos conceptos cerebrales. El artista se volvió en ese otro “dios”, al nivel del alfa, en donde su orgullo tenía esa misma capacidad del líder, de no dudar de sí mismo (orgullo narcisista, pues nacía de la “adquisición” de las propiedades del auto-replicador), por entender que su arte era incontestable e incuestionable. La replicadora tenía como espejo a un auto-replicador, alguien que se fecundaba a sí mismo por ningún otro germen que el dolor de lo faltante. Ante tal hecho ese faltante no podía ser otro que la belleza de la replicadora. Hay que detenerse a pensar, en profundidad, en toda la simbología que entraña tal encuentro. Espejo y rostro, auto-replicador fecundado, no con la vida, sino con la pequeña muerte que provoca la limerencia de no poder asir aquella belleza que tenía que haber sido, por derecho natural, para el macho, para sí mismo. Al hacer de espejo de la replicadora le “robaba”, por breves momentos, aquello que tenía que haber sido suyo, en donde el artista se quedaba embebido, arrobado (que proviene de robar y por lo tanto de raptar) y embobado mirándola, pudiendo incluso llevarle a caer en el síndrome de Stendhal. A la vez la replicadora odiaba ese acto, ese hurto de sus esencias, pero que indistintamente a este conflicto, lo “necesitaba” en algún nivel profundo de su ser. Doble juego que quizás sea el que subyace en esa icónica imagen de drácula mordiendo en el cuello de una dama, y en donde mordedura y entrega forman una unidad. Esa lucha, que empezó en algún momento del pasado, y del que es manifestación la Venus of Brassempouy, datada en 25.000 años de antigüedad, permanece aún hoy en día y es uno de los dilemas a los que se enfrenta la mujer y el feminismo. Para bien o para mal la replicadora tiene una extraña complicidad, que no es meramente externa, sino simbólica y ontológica, con el artista. Caminan por sus vidas, se encuentran sin buscarse, y crean esos momentos simbióticos, en donde la limerencia es de un nivel más metafísico, y tal encuentro deja su rastro en el Arte. Hacer mención especial a la película “la bella mentirosa“, por ser la que mejor ha sabido retratar tal encuentro.

20e3b4029931f8d1494a881b2b3776b5--landes-france-human-faces

    La Mirada Homosexual

    Un último apunte para cerrar el tema del rapto. Si la mujer de repente capta que la que le hecha ese tipo de mirada es una mujer, ya sea homosexual, del tercer sexo o género fluido… ¿se sentiría igual de molesta, de limosa, de raptada? No lo sé, y no lo puedo averiguar. El primer problema viene dado a que no se capte como de deseo, pues no se sabe la tendencia sexual de esa desconocida, y por defecto, para bien o para mal, es que sea tomada como heterosexual. Y el tema de los piropos -otro problema pequeño burgués feminista, que además yo nunca he visto al ir por las calles o lugares públicos, ¡y ya tengo años!, no sé si será por la ciudad o el barrio en el que me muevo, o se refieren a los halagos-, aunque improbable, pero no por ello imposible, ¿molestaría igual que la que piropease fuera una mujer? Habría que preguntar a muchas mujeres para tratar de hallar una media. Por intuición, todo apunta a que no. El tema es complicado de analizar, puesto que el feminismo ha alterado aquello a estudiar, como ya he apuntado en otras ocasiones. Si se hace ahora esta pregunta, toda mujer se va a poner a la defensiva, a que en algún lado de la pregunta hay alguna encerrona. Si hay algún sociólogo leyéndome sería interesante hacer ese experimento en la calle, que una mujer piropease a otras y después preguntarlas cómo lo han sentido. Mi intuición es que el rapto limerente de la mujer “carga” de fondo con el miedo atávico a la violación, como una amenaza latente soterrada; que como ya he dicho, es a la vez miedo a dos cosas: miedo a la muerte por agresión, y miedo a un embarazo indeseado, que en la prehistoria igualmente podría significar la muerte. De ser así, ¿sentirían de fondo un temor/odio a todo hombre de baja jerarquía?, eso explicaría el sentimiento de los Incel; que por lo demás, sin en miedo a la violación, sería igual de jerárquico en los hombres sobre las mujeres. Este presentimiento, de creer que esa mirada de una homosexual realmente no les molesta, se basa en el hecho de que otra mujer no las puede violar o generar violencia para ese fin.(2) Por otro lado, el tema sobre las miradas o los piropos sobre nosotros, no los tenemos como “problemas”, nos son indiferentes… de nuevo repetir que yo no he presenciado ningún piropo. Pero si fuera así, entonces de nuevo, es jerárquico, el alfa no viola (quizás pueda darse alguna excepción), ahí está el caso de Mick Jagger de 4000 mujeres; lo hacen sobre todo los de las posiciones más bajas. Dicen en la serie “Dietland” que “toda mujer teme morir a manos de un hombre” (todo asesinato es primeramente simbólico, mata aquello de lo que es signo), pero no sé el origen de tal afirmación y no hay forma de buscarlo en Internet, pues sólo salen casos concretos de los diarios de todo el mundo y no el origen de tal frase. Creo que el libro no es tan tajante y se refiere a que a las mujeres se les educa para que teman a los hombres, a la oscuridad y los sitios solitarios: la triada para que ocurra la violación o la agresión sexual.

De Vuelta con la Limerencia

    Hay que detenerse en la lectura de Sartre. Si yo soy repetición, Sartre es repetición de repetición de repetición. Hay que estar pendiente cuándo introduce alguna novedad a la “trama”, que amplíe información o aclare algo. “El Ser y la Nada”, aunque incluye la temporalidad, es un libro que analiza constantemente el “aquí y ahora” del Ser del para-sí, de ese proceso por el cual el para-sí, libertad, se va desmadejando y construyendo. Y lo hace deteniéndose en la mirada, en donde nace la corporeidad, y a partir de este cuerpo la vergüenza, el deseo sexual, el amor, etc. Su transcendente, su salir de ese eterno “aquí y ahora” es Dios, en la medida que el para-sí ansía un estado que siempre se le escapa. Para Sartre todo para-sí quiere ser fundamento y corazón de un en-sí, no ser esa nada que se construye a cada paso. A esa totalidad dada sin fisuras construida desde el principio y hasta el final que no es alterada, pero que “contiene” un para-sí, una libertad, Sartre lo llama Dios. El problema es que existe el otro que con su libertad me niega esa posibilidad. El conflicto del otro lo es en la medida que me entregue su libertad, no objetándolo, no alienándolo de su dimensión transcendente, de un ser “habitado” y constituido igualmente con una libertad. En contra de lo que opinan las feministas de forma reduccionista (después vuelvo a esto). Si puedo llegar a Ser, con esa plenitud faltante, lo ha de ser a partir que el otro me constituya desde su libertad, desde su mirada como esa totalidad constituida con una libertad. Saliéndome de este plano ontológico, y como ya lo he analizado en otro lugar, ese ser es el líder, el héroe, el alfa, donde este se nos da como una totalidad inquebrantable en donde no cabe la duda. “Dudar es de humanos”, reza la máxima, aquello que no duda ha de estar en un plano distinto. Ha de ser ese para-sí que tiene como fundamento la solidez de un en-sí, en donde la libertad tan sólo “desarrolla”, enhila, esa densidad. En este sentido es por lo que es legítimo poner en el mismo plano al héroe y a los dioses, o a los primeros como semi-Dioses, como se ha hecho a lo largo de la historia. Dios se extrapoló de los héroes y los alfas, y no al revés, bajo mi punto de vista. O sea, si se analiza a través de la evolución, el alfa era la constante, ese a seguir, ese que si faltaba la manada se desintegraba. Toda manada y su poder, con respeto a otras y por la territorialidad, emanaba de las capacidades del alfa (que no tenía por qué ser el macho, entre los lobos igualmente lo es la hembra, pero es más complicado que llegue a ese estatus, por cuestión de que la medida de llegar a serlo es la fuerza). Sólo más tarde, cuando se avanzó en el lenguaje, se podrían a esos héroes o alfas en los cielos.

    Avancemos. ¿Qué busco?, que a estas alturas puede haberse perdido el hilo. Trato de poner al replicador como idea central, en donde para Sartre este era el constituirse como Dios, o Ser que sólo es causa de sí, dilema heredado de la cultura occidental. El problema de su filosofía viene de aquí. En que los lectores acepten esta idea tan extraña, que no les encaja si se analizan a sí mismos. En afirmar que cada humano, en su Ser, quiere ser Dios. Suena a extralimitar las ideas. Sobre todo teniendo en cuenta que no existe algo así como Dios. Bajo mi punto de vista se quiere algo más banal, como el liderazgo, en donde en tal situación la gente te entrega su libertad, pero a la vez tampoco puede reducirse a esto. Si se sigue la regla que todo se construye a partir de un primer ladrillo, ha de analizarse y seguir la pista de ese primer ladrillo. Esa pieza o clave es el llegar a ser el auto-replicador puro, no escindido en dos sexos, nuestro vacío o limerencia es volver a ese estado inicial. En esa medida buscamos eternamente a una pareja para llenar ese vacío, esa falla de ser causa de sí, en donde el otro tiene que elegir entregarme su libertad, a la vez que yo hago lo mismo: entregando nuestras libertades a un proyecto, a una unión. Pero todo esto pasa dentro de una especie en donde lo que prima son las jerarquías y por lo tanto los conflictos de sus libertades. Ese Ser que es sólo causa de sí mismo (ens causa sui) ha de ser aquel que esté fuera de ese conflicto de las jerarquías y el conflicto de las libertades. Aquel auto-replicador que carecía de un faltante para dividirse en dos (clonarse, bipartición), aquellos primeros seres unicelulares y bacterias que llenaban los océanos primigenios. Es más, la diferenciación a dos sexos, fue ese primer “conflicto”, y nacimiento de lo jerárquico, por el hecho de los distintos medios y finalidades de estos dos sexos. Ese conflicto “nace” o crea el estado limerente, puesto que es aquel escollo a solucionar para llegar a ese estado previo sin dos sexos, en donde todo encuentro humano con el otro sexo es el conflicto de esos medios y finalidades que se expresan en sus libertades. Así se cumple la regla que predice Sartre al afirmar que el deseo no está unido a lo biológico, pues es un concepto, dado que la limerencia -deseo de unir dos entes separados, en dos sexos, a un sólo ente o replicador-, es una parte ontológica del ser humano. Con este previo a tener en cuenta, partimos con que la base humana es la indiferencia, por lo tanto hay que salir de la indiferencia, que alguien se fije en ti, para llegar a ese posible proyecto en común, a esa salida de este “ruido de fondo” de sentirse sólo, que es no tener pareja: ese estado limerente previo a toda limerencia concreta. Hay que volver a ser más prosaicos. En una manada gregaria, de ovejas por ejemplo, cada cual va a lo suyo, lo que emerge es esa indiferencia total. En las manadas en donde se da el alfa todo cambia, puesto que lo que cuenta es subir escaleras o bajarlas: las jerarquías. En ese sentido la base es el conflicto, la no-indiferencia. O puedo ser indiferente sobre los que están en los escalones de abajo y no indiferente de los que están en los escalones de arriba. Medirme con alguien de cinco escalones de abajo es bajarme a su escalón. Hacerlo con alguien cinco escalones arriba es promocionarme. La libertad se pone en juego ante estas complicadas estrategias. Pero toda esta temática está en este capítulo que trata de analizar la sexualidad. ¿Por qué es central el sexo entre los animales que se basan en las jerarquías? (a veces me veo estúpido explicando cosas tan elementales, pero es que parece que las hayamos olvidado o que las queramos ignorar, como hace el feminismo). Porque los alfas machos y hembras tienen unos privilegios con respecto a sus posiciones. Igualmente tener sexo con los alfas es poder subir escalones en la jerarquía. ¿Por qué sino esa obsesión humana de poder alcanzar a actores, actrices, cantantes, modelos y demás personas de alto rango?, que dicho sea de paso es más propio de las mujeres, y remarca su tendencia hacia la élite y lo jerárquico; ¿por qué tanto miedo de llegar a ser tomado como un “perdedor/a”? Hagamos un balance con lo que tenemos hasta ahora. Hay tres vacíos: 1. todo para-sí quiere tener densidad de en-sí, este nunca puede ser suplido, pues es una facticidad del Ser de la conciencia, en tanto que eterno buscador de lo faltante. En la vida ese faltante puede ser el alimento o el sexo, pero ese faltante de la conciencia es el siguiente segundo, que al alcanzarlo tiene otro por venir. Es la libertad desplegándose en el tiempo, la apreciación de la libertad en el tiempo, como construyéndose. 2. Uno de esos faltantes es un otro para el sexo, para la replicación, en tanto que en un principio no existía tal división y se busca ese Ser-unidad que tiene la capacidad para la replicación, en donde dos libertades se entregan en un proyecto común; esta falta produce el estado limerente. 3. Dado que todo otro es en tanto que conflicto, en donde la libertad está en juego, el líder o alfa es aquel que porta las mejores capacidades para ser un ser compacto, donde sus acciones no contienen la duda. La evolución le porta con las mejores cualidades para que tal posibilidad se cumpla. Es el estado más similar a ese ser-en-sí que tiene como fundamento al ser-para-si. Es ese ser al que se le entrega “más fácilmente” la libertad. Lo demás se sigue de estas premisas. Se busca la ausencia de limerencia, se suple el segundo punto, y el estado más perfecto para que esto sea posible es emparejándose con un alfa, se suple el tercero en tanto que uno se pone a su mismo nivel. Con pareja y de líder es el estado más alejado de la limerencia (erótica del poder o síndrome hybris). Creo que queda zanjado el tema de la importancia del sexo y sus porqués. Y creo que resulta evidente el problema de los Incel (¿perdedores, nacidos con “malos” genes?), pues están en el estado más limerente posible, ya que ni pueden alcanzar tener pareja, ni pueden alcanzar a los alfa. ¿Tiene importancia cómo se vista uno y quien te mire o no, bajo estos planteamientos? Mejor un líder que un perdedor. La mirada de un perdedor está muy cercana a ser un rapto limerente, un tipo de violación, pues el estado más alejado y “perfecto” es junto a un líder como pareja, que de paso “nos resuelva” la limerencia. Por descontado que el artista o cualquier otro tipo de creativo divergente, puede escapar de todos estos planteamientos, pues es un tipo de líder y al ser auto-replicador escapa de la limerencia hacia el otro sexo, si así lo desea. Por otro lado hay que tener en cuenta que dada la evolución humana, el concepto de alfa se ha vuelto difuso. Cualquier persona que sea segura, creativa, empática, asertiva y decidida, características de alfa empático, es susceptible de ser seleccionada como pareja, y de portar ese todo deseado en el estado limerente. Vuelvo a mi búsqueda o investigación. A trivializar toda esta estructura en el contexto diario.

Creatividad y Símbolo Atávico

     Algo que sale a colación entre la idea del morbo y la búsqueda del replicador universal o puro, y que se me había pasado por alto hasta que no he descubierto el segundo, es que el morbo está atravesado por la creatividad, que recordemos es una forma en donde se manifiesta la replicación, pues todo acto creativo es hacer “nacer” algo que no existía, crear, es traer algo al mundo, que emerge desde la imaginación, de una imaginación que está transida de la idea de auto-replicarse. Si por algo se caracteriza el humano es por la creatividad: es una de nuestras esencias. Lo humano no puede explicarse sin la creatividad: desde las artes, hasta las ciencias, pasando por las técnicas. Cuando veo algo que me da morbo, algo que se insinúa, algo que se ve y se oculta a medias, está llamando a mi imaginación, a mi creatividad, para re-crear lo faltante…, que en el fondo puede ser reducido a la capacidad que tiene la vida para replicarse. Recordemos, del capítulo anterior, que la vida, como abstracción, puede reducirse a la trinidad del existente, lo faltante y lo fallido. Cuando mi cerebro haya en la naturaleza algo con la misma estructura, está impelido a hacer lo mismo que hace la vida, buscar lo faltante, para crear el estado completo. Hay otra dimensión más en este proceso. Puesto que entra en juego la imaginación, el cerebro en definitiva, y todo el cerebro son signos y conceptos atávicos, primitivos y que no están definidos en palabras, sino como cargas mentales llenas de un sentido profundo que la conciencia y las palabras no logran alcanzar y verbalizar, y que cada uno de estos tienen una carga emocional y en algunos casos de morbo, o deseo sexual que conlleven prohibición o tabú; cuando imaginamos algo sexual, a partir de lo que nos entre por la vista, el cerebro puede hacer llamadas o estar asociado a estos signos con una alta carga morbosa, lo cual incrementa el morbo y la excitación. Decía Heráclito que “una conexión oculta es más fuerte que una obvia”. Esto puede parecer similar a las teorías del psicoanálisis, pero yo le agregaría una diferencia profunda. En un ejemplo proveniente de Freud, no es que se desee a la propia madre, sino que el cerebro crea una abstracción del concepto madre, que tiene una carga simbólica de tabú y se “añade” al deseo. Un ejemplo de esto es el concepto y porno MILF, no es tanto que cierta mujer madura tenga una carga sensual o sexual, sino que lleve implícito que es una madre, en donde tal concepto cerebral está unido al tabú y lo prohibido y crea una mayor excitación. No es sublimar a la propia madre, esa persona real de carne y hueso y con una personalidad. Es el puro signo de madre en su abstracción y ambigüedad. Al modo de las ideas platónicas. Cuando alguien nos dice mesa, no pensamos en una mesa concreta, el cerebro tiene una abstracción de lo que es mesa, que no son palabras, que está en el cerebro como mentalés, con su propio lenguaje cargado de qué, para qué y cómo, y un sinfín de emociones y recuerdos. El imaginario colectivo sólo es vientre, y nada de cerebro; engulle, pero no procesa. Hace falta ese procesado: ese análisis y “limpieza” de lo simbólico, en esa dirección van ciertas de mis deconstrucciones. El concepto de madre es un ejemplo claro y es igual de “borroso”, en tanto que arquetipo, en este caso con un añadido “libidinal”, pues tiene agregada una carga de prohibido que se suma a toda situación sensual o sexual o en definitiva de morbo o excitación. Por esto se propaga y hay un porno sobre el incesto. No son incestos reales, pero crean y hacen llamadas a esas cargas de signos y conceptos cerebrales atávicos, que incrementan la excitación y el morbo. El que dichos conceptos tengan dicha carga prohibida no es nuevo, ni social; se debe a que en los cuellos de botella, en donde la supervivencia de la especie se ponía en peligro, se tendía a “recurrir” a la endogamia. Ha venido ocurriendo hasta hace relativamente muy poco; cuanto mayor se aísle un grupo en una zona remota del planeta, más tiende a esta práctica. Aquí hay que apuntar algo que ya dijera en otro escrito (un viaje a Abilene): en la adicción al sexo se crean umbrales, que una vez que crean habituación han de llamar a situaciones o novedosas o que traspasen prohibiciones. O dicho más llanamente: cuando el porno “normal” ya no excita, se recurre a vídeos más extremos y que contengan simulaciones de incestos y violaciones, o la seudo-infantilización.

Deseo Sexual

    En este ejemplo del gráfico, el cerebro ni siquiera analiza lo faltante, va de lleno al Ser como totalidad. A la conciencia ya nos llega como lleno de sentido. Luego es un proceso que el cerebro hace sin supervisión, y lo hace con estructuras muy antiguas. Lo que quiero decir, por si no es evidente, es que no intervienen facultades como la razón, la voluntad, la atención, o la intención. Si en la selva veo unas manchas negras muy geométricas, aunque el resto del cuerpo esté oculto porque su color es similar al de la hierba seca o el terreno, deduzco que es una pantera. Actúa quizás más en las personas más imaginativas y creativas, pues “ven” cosas que el resto de humanos no ven. Siempre se ha unido artista a sexualidad. El cerebro es totalizante, metaforizante, siempre rellena lo falto. Y más en algo tan instintivo y básico como el sexo. El morbo, así, cobra una nueva dimensión que ya no es tan banal como el simple disfrute de la vista. Está llamando a una estructura antigua, en una doble vertiente, en tanto que instintiva, y en tanto que replicadora, haciendo de una suma de componentes que incrementan su capacidad secuestradora de los procesos mentales. El morbo deja de serlo cuando no llama a la imaginación, cuando deja de existir tal componente. De ahí la frase de “deja poco para la imaginación”, pues puede llegar a restar todo el morbo.

WGGdOii

   De Vuelta con la Limerencia II

   El resto de conclusiones se siguen de todas las reglas arriba expuestas. Otra cosa que había ignorado es que la prohibición no sólo nos vienen de las convenciones sociales. Es muy posible que el origen de estas convenciones vengan de las jerarquías. Al líder, a los antiguos emperadora\es, no se les podía mirar a la cara. Aún se mantiene en muchas culturas y protocolos. Sólo le estaba permitido hacerlo a sus iguales. No es distinto de lo que hacen los animales. Por el contrario, siempre hay que dar muestras de sumisión, posiciones más bajas, agachar la cabeza, las orejas o el rabo, etc. Cuando una persona que es un 2 mira a alguien que es un 10 no le está permitido, tiene ese mismo rango de prohibición. No es algo que esté establecido en lo social, pero es algo que tenemos interiorizado en el ADN y se manifiesta en comportamientos del cerebro y de nuestros cuerpos. La vida, fuera de la indiferencia, sexuada y atravesada por las jerarquías, es siempre un juego de exhibicionismo o seducción, y de voyerismo y manipulación. Recordemos que la vida es transmisión de información, todo en el humano es transmisión y lectura de información. Ninguna pose, ninguna elección de ropa, está fuera de este juego. Si elijo una ropa y unas poses frente a otras, estoy dando un tipo de información y no otra. Estoy marcando en definitiva mi estatus, mi jerarquía. Salir a la calle de una manera frente a otra, es querer mantenerse indiferente, o salir de la indiferencia. El ser un 8 en vez de un 5. ¡Si el vestir es indiferente invito al que lo afirme salir en pijama!  Si por el ropaje y los modos de operar subo dos escalones eso que gano para alcanzar a un 10. Esto me recuerda el estribillo de “antes muerta que sencilla“. En definitiva, y como nos dice Sartre: “seducir es asumir enteramente y como un riesgo que hay que correr mi objetidad para otro; es ponerme bajo su mirada y hacerme mirar por él; es correr el peligro de ser-visto para tomar un nuevo punto de partida y apropiarme del otro en y por mi objetidad“, y “en la seducción el lenguaje no apunta a dar a conocer, sino a hacer experimentar“, en tanto que recreación de lo faltante, y en tanto que esa llamada a la imaginación o acto creativo del otro transida por el morbo. Sartre nos dice que la seducción no es un fin en sí mismo, ni un lenguaje que se remita a sí, sino a otras estructuras, a otros lenguajes. Esas estructuras son las arriba mostradas del conflicto, en donde lo que está en juego es atrapar la libertad del otro, sin que la nuestra entre en juego, o bien donde las dos libertades se entreguen mutuamente. En la seducción “atrapo” al otro, mi libertad queda en apariencia intacta, pero si se me descubre como jugando a seductor, quedo objetado a la vez en el juego. El juego y el equilibrio de la seducción consiste en jugarlo aparentando que no se juega a él. Esta regla no se aprende sino con la edad y después de muchos “prueba y error”. Lo que entra en liza es “quien ligó a quien”, quien puso su libertad en juego, o se arriesgó a que estuviera en peligro. La posición pasiva es la que aparece como menos culpable si al final todo sale mal. Las típicas reprimendas y echarse las cosas en cara cuando el amor fracasa, en donde el que inició el idilio es el más culpable o por haber enredado y no cumplir, o por crearse unas expectativas que en realidad no estaban correspondidas en el otro. También se aprende con la edad, y por prueba y error, que como uno se muestre con un lenguaje explícito llama a su igual del lado contrario, por lo que a la larga se tiende a la sofisticación y la elegancia si se quiere salir de ese escalafón. ¿Por qué las madres no hacen ver a sus hijas ese proceso?, en parte porque el argot feminista ha “enturbiado” ese lenguaje ancestral, y en parte porque han perdido el control de su papel rector, ante el peso que tiene la juventud en el panorama actual y sobre todo en las redes sociales. Las dos cosas van de la mano: el feminismo “protagonizado” por la juventud en las redes sociales quieren dictar sus reglas, y justifican su “lucir palmito” bajo supuestas reglas feministas y contra el patriarcado. Tratan de controlar un problema que ellas mismas crean. Por otro lado siempre hay que mostrar cierta resistencia; quien no juegue a este juego pierde: lo inaprensible, lo inconquistable, mantiene ese constante efecto de novedad que tanto seduce. El feminismo sale al paso diciéndonos que no existe tal juego y de esa forma la única libertad atrapada, o que entra en contexto, es la del macho que entra en su nuevo, perverso y ladino juego, al que además dicen que no juegan. Sigue la misma estructura de arriba: seducir haciéndonos creer que esas no son las cartas sobre la mesa. Saliéndose de la ecuación, nos hacen creer que ellas no juegan a ese juego, y que si nosotros lo vemos bajo esos ojos es que somos unos machistas, y que por lo tanto es una interpretación errónea desde la mirada patriarcal. Por otro lado esa posición pasiva descrita arriba, por lo general siempre la ha tomado la mujer, de nuevo nada de patriarcado: era una ventaja para la mujer, un tipo de poder como se ha mostrado arriba. Un lenguaje no se crea si no hay por lo menos dos entes que lo hablen. El juego de la seducción, que siempre implica la mirada del otro, es universal en la vida y lo han jugado los dos sexos. La cola del pavo real, que luce el macho, no tiene otro sentido que la de lucirse y a su vez ser vista. La seducción y la mirada es un lenguaje donde esos dos interlocutores son los dos sexos. ¿Cómo llegar a pensar que el humano escapa de esa regla universal?

   Ahora cambio de plano, a otro más transcendente. La finalidad del sexo no es el disfrute, eso sólo es su medio, su finalidad es la reproducción. Aunque el humano lo ignore, aunque recree su creatividad en los juegos sexuales. Sartre nos dice: “el sí, al no poder ni proponer su supresión como su fin supremo ni elegir como objetivo último un acto particular, es pura y simplemente deseo de un objeto trascendente“, que recordemos que para Sartre es constituirse en Dios, pero yo trato de revisarlo. El para-sí es perpetuo vacío, una interrogación atrapada en el eterno “aquí y ahora”. Si lograse alcanzar esa meta de ser a la vez ser para-sí y en-sí, quizás ese vacío desapareciese. Hay pocos estados donde esa estructura transmuta, desaparece. Uno de esos estados es el orgasmo. Visto así tal acto tiene dos dimensiones, el puramente lúdico de su placer, y otra que es transcendental, y es ese Ser-para-sí, que por fin logra su meta de transcenderse en en-sí, sin que desaparezca el para-sí. Pero aquí hay una falla. La masturbación igualmente logra esa finalidad, ¿qué falta? Para Sartre esa totalidad sólo puede ser en tanto que un otro está en medio. Puesto que mi ser se me aparece como cuerpo, y este lo es frente a la mirada de los otros, mi totalidad no queda cerrada si a la vez no entra en juego la libertad del otro: “así, como reacción al fracaso del tercer ék-stasis, el para-sí quiere identificarse con la libertad ajena como fundamento de su ser-en-sí. Ser prójimo para sí mismo (…) es el valor primero de las relaciones con el prójimo; esto significa que mi ser-para-otro es infestado por la indicación de un ser-absoluto que sería sí-mismo en tanto que otro y otro en tanto que sí mismo, y que, dándose libremente como otro su ser-sí-mismo y como sí-mismo su ser-otro, sería el propio ser de la prueba ontológica, es decir, Dios“. En mi lenguaje: el alfa, o todo acto de héroe, es aquel en donde la duda no aparece, donde la densidad de mis acciones alcanzan su mayor nivel de presentarse como compactas. Por otro lado, al líder se le entrega la libertad, te conviertes en uno con él, en tanto que sus acciones son las que hay que mimetizar (neuronas espejo). Una heroicidad lo es por el hecho que el que la acomete hace la acción sin que intervenga ni el miedo, ni la duda: es pura acción, densidad de Ser. Para aparecer como alfa o héroe -o como ente denso en sus acciones-, el para-sí, que es eterna duda o vacío, o crear distancia con las cosas al dejar “caer” la nada sobre el mundo, ha de desaparecer. “No puedes dudar, si hay algo peor que ser incompetente o malvado, es ser indeciso”, dicen en la película “Purasangre“. En definitiva: el Ser del para-sí es eternamente nada, que construye un puente mientras camina (avanza) por él. Pero aquí se da de nuevo otra falla. Si alcanzo el orgasmo, sin que el otro lo haya alcanzado, de nuevo no se logra ese “tercer ék-stasis”, puesto que el otro me toma como objeto al haber fracasado en el proyecto de integrarlo en su libertad, en tanto que le he convertido en el objeto de mi deseo. O dicho más llanamente y para no redundar: no puede darse esa desaparición de los dos para-sí, en tanto que han de cumplir con la regla del tercer ék-stasis, en tanto que el orgasmo no sea simultaneo. En ese estado se cumplen todas las reglas: la libertad del otro queda integrada, pero a la vez me es entregada, mientras yo a la vez hago lo mismo. En ese estado, los para-sís de los dos amantes, quedan anulados en una totalidad en donde la acción tiene la densidad del en-sí, pero donde sobrevive el para-sí como “testigo” o conciencia del orgasmo mutuo.

    Fijarse que evolución y estructura ontológica coinciden. Para la evolución el orgasmo mutuo es el punto en el cual el embarazo tiene la mayor posibilidad para que este se dé; pues el orgasmo femenino crea convulsiones en la cérvix que “absorbe” el semen hacia arriba y le ayuda en su ascenso. A la vez este acto propicia la monogamia, pues para llegar a ese orgasmo mutuo les puede llevar mucho tiempo a la pareja, y mucho conocimiento y comunicación. Al vincularlos en el plano ontológico, ese en el cual el para-sí se desvanece y en donde es posible el tercer ék-stasis, y la supervivencia de dos libertades que ni se han objetado, y que además se han entregado mutuamente, pueden tender a querer repetir la experiencia una y otra vez. Siempre se ha dicho que la cama resuelve los problemas de las parejas. Creo que en la actualidad cada vez es más complicado o sólo cubre problemas. En definitiva y para dar legitimidad a mi propuesta: el orgasmo es ese estado donde dos entes, dos sexos desaparecen, y hace desaparecer el conflicto primigenio de todo contacto humano, para que emerja un estado que tiene la finalidad de la reproducción, en definitiva de la replicación. Cuando dos humanos orgasman a la vez, ese estado es el más cercano a ese otro donde no existían dos sexos, y sólo existía la vida o esa entidad como auto-replicadora. Ese estado original y primero por el cual la vida llegó a ser vida, que es la replicación. Cuando una pareja termina por ser pareja, el hombre pierde parte de sus características: le baja el nivel de la testosterona, y la oxitocina, propia de la mujer, le inunda. Finalmente cuando se tienen hijos, la prolactina, para crear los vínculos con ellos, le baja de nuevo la agresividad y la testosterona. Al unir estos dos procesos, nos encontramos que el hombre se vuelve más “femenino”, más empático, más cercano a las estructuras propias de la feminidad, en definitiva del replicador inicial y asexuado.

     Hagamos el ejercicio mental de poner esta trama en un rebobinado rápido hacia atrás. Una pareja vive felizmente criando a sus hijos, en donde estos se han terminado de fusionar en una entrega mutua de sus libertades al otro. Se ama a la pareja como se ama al hijo: sin límites, entregándose por completo. “El sueño del amante es identificarse con el objeto amado manteniéndole a su vez su individualidad: que el otro sea yo, sin dejar de ser otro” o “en el amor uno más uno es igual a uno”, ambas de frases de Sartre. Cada acción de la pareja no nos resulta disonante. No nos provocan “vergüenza ajena”. Sus acciones y elecciones coinciden plenamente con las nuestras o son muy parejas. El orgasmo al unísono, como el que dio origen a sus hijos, es ese momento que les hace reencontrarse o conectar con ese estado por el cual es posible la unidad en uno mismo, anulación del para-sí, de la conciencia distanciada del cuerpo, a la vez que integra al otro, el cual vive el mismo estado, en esa fusión o enviscamiento de dos cuerpos y almas fundidos en unidad. Estado que es el más cercano a aquel primigenio de un replicador puro. Previamente a llegar a ese estado se han enamorado. De nuevo una trampa de la evolución programada para impeler a que se llegue a esa fusión. El enamoramiento es un estado limerente en el cual el prefrontal queda “noqueado” y toda la química cerebral está “programada” para buscar, unirse y hacer que  permanezcan esos dos lados que han de terminar por ser sólo uno. Antes de ese enamoramiento, se ha “entrado” en la vida sexuada, en el juego de la seducción y la mirada, en un eterno “prueba y error”, en donde siempre estaba en juego en qué medida el nivel de entrega era igual por las dos partes, y en qué medida nuestra libertad no quedaba atrapada en una libertad que no era entregada. Con esto enlazo con algo pendiente de arriba. Bajo mi punto de vista la pareja humana busca a un igual. Yo no quiero una dominante, ni una sumisa. Pienso que es la postura más universal. Y no hay que poner una mirada patriarcal a tal hecho. De cualquier forma hay apuestas evolutivas que tienden a la sumisión o al dominio, pero no son tantas; el caso es que se encuentren entre ellas y lo lleven bien. El conflicto viene cuando a una persona le baja la autoestima, que puede ser temporal, y ya no se siente como un igual, sino inferior. O a la inversa, que crezca la autoestima y se produzca un desnivel con su pareja. En algunos casos ante estas situaciones se puede crear una sobre compensación propia, más agresiva, o manipuladora, que haga bajar la autoestima de la otra persona para nivelar. Por otro lado está la cuestión a cómo responda la pareja ante la baja o la alza de tu autoestima, y tú a la vez sobre las mismas cuestiones con respecto a ella. Todas estas tramas, con todas sus posibilidades y ramificaciones, no decantan a una tipología del comportamiento de un sexo u otro. Se dan tantas variables y posibilidades que es imposible analizarlas sin terminar por ser reduccionistas. El feminismo está cayendo en reduccionismos, y por otro lado dada su existencia, “perturba” en su análisis a los componentes analizados. A la menor la mujer se puede poner a la defensiva y tender a agarrarse a argumentos feministas, cuando no siempre son aplicables. Cada caso es cada caso. Somos infinidades de individualidades con sus propias qualias. Cada pareja es un mundo. Por el lado del hombre no hay defensa posible, desde que existe el feminismo es el presunto culpable de toda trama que vaya mal. Puede que por estadística haya más problemáticas con los hombres, pero hay que tener una visión más global y abstracta. El macho en la vida está más lejos de la condición de replicante, se nace femenino y a los meses se “activa” ser masculino. El macho no tiene la premisa de replicarse -sólo en los artistas y los investigadores se da esa condición-, sino de buscar a las “replicadoras”. La naturaleza está llena de los ejemplos de sus “desmanes” por buscar a las hembras y aparearse. Ahora que se ha repoblado de lobos Europa, se les hace seguimientos. Algunos lobos errantes machos han llegado a recorrer hasta 2000 kilómetros, para encontrar una hembra con la que emparejarse. Pensar en todas las dificultades naturales: ríos, montañas, heladas, conseguir comida en una Europa cada vez menos natural; sumado a las humanas: cruzar autopistas, bordear ciudades. Limerencia, deseo de buscar la replicación, de ser uno con el replicador: eso explica ese prurito que emerge del fondo de nuestro ADN, que nos empuja a ese tipo de odiseas y extravagancias en la vida…, esa es nuestra principal fuerza y virtud, y a la vez nuestra mayor debilidad y “pecado”.

   Resumiendo. Somos seres limerentes, seres que eternamente están condenados a buscar la unión con el otro sexo (género), a sufrir en su busca y por mantenerlo, a ser felices cuando lo encontramos. A buscar al replicador, a recrear al replicador, en ese culmen que es el orgasmo. Banalizamos tal acto, lo doblegamos a que sólo sea placer, nos volvemos adictos a su final, lo buscamos individualmente, en pareja, en grupos, le damos mil formas y cientos de posiciones, pero en el fondo esconde esa sencilla y profunda esencia, que tiene esa doble vertiente de unir dos almas, y de crearnos una breve paz, de apenas unos segundos, en nuestra hambrienta alma corroída por la nada.

 


(1) Puesto que el morbo está transido de prohibición, eso siempre implica que ocurre ante otra libertad que nos pueda cuestionar, si se ve un vídeo de una chica por la calle con shorts no da tanto morbo como cuando se ve una chica así en la calle. Se puede mantener algo si se sabe que es un vídeo poco legítimo, por estar grabado con una cámara oculta, o si se está en un sitio comprometido en donde alguien nos pueda pillar, pero pierde intensidad. Estar ante un otro, es estar ante un para-sí (libertad), mientras el vídeo es en-sí, ya ha pasado, lo que igualmente resta morbo. Está claro que donde la libertad no está en juego no hay rapto limerente, excepto en el rapto social, donde todas las libertades han sido objetadas por tal rapto (influencia de las modas). No pongo enlaces para no dar publicidad ni sobre el porno, ni sobre sitios poco legítimos.
(2) Nota para una película sobre esta temática de fondo. El film tendría que recrear la atmósfera oscura de “Seven”, cámara en mano, o “metraje encontrado”. En los periódicos sale el caso de una nueva víctima de violación y asesinato. El autor aparece en cada escena para ver trabajar a los policías. Se enamora de la detective y la empieza a acosar. Sobre la mitad de la historia logra secuestrarla, y bajo máscaras y una voz distorsionada la viola y la “usa” a su antojo. Final tipo “el sexto sentido”, era una psicópata homosexual que usaba un pene anatómicamente realista.
(3) Pienso que si todo en el universo y la vida son sistemas complejos, y estos son abstracciones de los sistemas naturales, han de “obedecer” a las mismas reglas y estructuras. La naturaleza “ama” las espirales logarítmicas (forma de las galaxias, en ciertas plantas, en las caracolas). Un vórtice es una espiral logarítmica que se estudia en la dinámica de fluidos, donde fluido no se refiere sólo a los líquidos, sino a toda “masa” dúctil compuesta de muchas partículas, como las nubes, el humo y el agua (medio viscoso). Así si previamente se ha dado vueltas al café con azúcar y seguidamente se echa unas gotas de leche, se producen vórtices. Lo mismo cuando un ala de un avión, ante ciertas circunstancias, topa con una nube o con humo. En esas situaciones se generan fuerzas centrífugas y centrípetas, a las que se le añade la resistencia de ese medio. Se llama remolino del vórtice entrópico (llevado a lo cómico) a los límites de esas espirales que se encuentran con la resistencia del medio o con otros vórtices. Es entrópico o caótico dado que a cada segundo se produce una interacción nueva, donde se rompe con la dinámica del vórtice y es impredecible la posición de las partículas, y dejan de obedecer a un orden o patrón. Aplicado al cerebro del artista, en tanto que libido y sublimación, su estado “obedece” a las leyes de los vórtices, puesto que cuanto más espesa sea la viscosidad, tenga más partículas, más sólidamente creará esa fuerza que “mueva” todos los datos de su cerebro (signos, sentimientos, símbolos, emociones, palabras, sensaciones, conceptos…), dentro de ese vórtice para crear estructuras regulares (nuevas ideas y creaciones). Como la energía nunca es infinita, y siempre termina por vencer la segunda ley de la termodinámica, al final las resistencias en los límites, en los bordes, donde hay menos partículas y viscosidad, “provoca” la entropía de los límites del vórtice, haciendo que progresivamente se deshaga el vórtice por completo. El calor del verano, las “órdenes” de las hormonas del sistema endocrino, un medio fuertemente sexuado, aderezado a dormir poco, que hace que no haya “borrados” totales del cerebro (pienso que es parte de esta dinámica: evitar dormir mucho para que permanezcan las uniones meta-estables entre las neuronas -memoria a medio plazo-, estados obsesivos) son ese medio viscoso, fluido, en donde la libido hace del componente que crea el vórtice, pues es retroalimentación positiva (no-disipativa) que es la que genera la fuerza dentro del sistema: para crear el vórtice. Al final esa fuerza o vórtice cae súbitamente ante el agotamiento físico, la suma de horas sin dormir y días en los que de repente hace mucho calor: se entra en su estado entrópico. No suele volver a darse en meses, pues ya no vuelven a crearse las mismas fuerzas, ahora disipadas y sin viscosidad. Desde luego que en el cerebro no pueden crearse vórtices, será un crecimiento/decrecimiento logarítmico, pero de alguna forma yo como lo siento y lo visualizo, a lo largo del año, es con esa forma, pues el alto pico de julio es como esa punta de lanza incisiva tal como ocurre en el centro de los vórtices. Mi sensación es de espiral, que va perfilando cada vez más ciertas ideas, uniendo distintos conceptos y puntos que tratado: de forma obsesiva, recursiva y centrada, como una visión cada vez más “afilada”; mientras que en los “bordes” van quedando ideas desechadas, más viejas, o que no están pareadas con el resto. De alguna forma el cerebro tiende a “aparejarse” a esa forma virtual del vórtice: no con algo físico o partículas, sino con los signos, emociones y demás “átomos” procesales del cerebro. Hay que tener en cuenta lo que ya dijera arriba sobre la sinestesia, la mezcla de los sentidos, pues yo llevo a lo visual, a formas y colores, ciertas abstracciones conceptuales, idea que igualmente se aprecia en mis pinturas.  La caída de ese estado suele ser brusca, en eso no coincide con lo que hace un vórtice, pero es como si de nuevo pasase un avión en la dirección contraria deshaciendo el vórtice. Quizás se sigan estas premisas en los social, no en vano se suele decir “espiral de violencia”, para ciertos actos reivindicativos y de manifestaciones, en ese caso los individuos son esas partículas que se suman al crecimiento logarítmico. Si en la mujer no es igual la libido, que yo diría que no, que su ser nuclear no es el sexo, sino la procreación, pues se nota en que pueden prostituirse y evadirse del acto sexual totalmente, no puede generarse esta estructura libidinal o forma de pensar tendente a la “genialidad”, o la “criticidad auto-organizada“, será de otra forma más metódica y/o profunda, pero le faltará esa “chispa de locura”. Esto no es sólo en el hombre, en la vida suele ser el macho el que llevé la evolución un paso más allá, los que produzcan distintos cambios para “impresionar” en los cortejos, que producen cambios evolutivos. Se cree que las plumas fueron en principio un dimorfismo sexual para llamar a atención a las hembras, en dinosaurios que protegían su piel con algo así como el plumón, y crearon las plumas en las extremidades delanteras para hacer bailes, como se ven hoy en la actualidad en algunas aves, más tarde servirían para volar. Otro caso, y yo lo considero “hermano” artista, es el pájaro jardinero macho (capulineros), que recoge distintos frutos, hojas o basura humana, para crear obras de arte sobre el suelo para impactar a la hembra. Se han descubierto dos nuevos casos curiosos, el primero es el ave manaquín delicioso, que ha llevado más allá el crear sonidos y los produce con las alas, cuando lo habitual en las aves sea el canto. Este mismo proceder, que se crea por fricción, se dan en los saltamontes y grillos, y ahí está el maniquín que recrea eso mismo ahora en las aves; es un caso de concurrencia evolutiva, que dos especies lleguen a unas mismas formas de proceder. Un último caso es una araña, que ha simulado como un tipo de hoja al final de algunas de sus patas para hacer una especie de juego de gato y el ratón con la hembra, para que no lo coma. La mayoría de este tipo de extrañezas, y llevar más allá a la evolución, la crean los machos en su deseo de conquistar a las hembras. Otro caso ejemplar es la creación de los nidos por parte de los machos, para ser seleccionados por las hembras, como en el caso de pájaro tejedor, unos de los nidos más elaborados de la naturaleza. La mujer humana puede llegar al mismo saber o inteligencia que el hombre, pero por distintos medios, no por la libido. El fondo de esta idea la sostiene igualmente Helena Cronin; quien dice que en la típica campana estadística sobre la inteligencia, hay más mujeres en la media, pero menos en los dos extremos: genialidad o estupidez. Las feministas la han atacado, pues argumentan que no demuestra una realidad biológica, sino social. Pero para que la afirmación sobre la cuestión de los “avances” evolutivos disruptivos las suelen dar los machos, no sea que la dice un hombre, ahí está la polémica feminista Camille Paglia que ha llegado a asegurar que: “sin el hombre, la mujer nunca hubiera salido de la cueva”; yo no sería tan radical en tal afirmación, pero el hecho que el hombre tuviese que competir una y otra vez en ingeniosidad o arte para conquistar a las mujeres, es el que iría dando “empujones” evolutivos hacia el humano que somos hoy en día.

Vortices de Leche sobre Café
(4) Bajo mi punto de vista no para mejor, pues soy anarco-primitivista. No sé… el artista tiene de musa una abstracción de la mujer, pero cuanto más me han hecho pensar en ellas, cuanto más he llevado el retrato al hiperrealismo en estos escritos, más decepcionante ha sido y más ha ido muriendo esa sensación que debería de haber permanecido como mágica. Yo las mato simbólicamente, y ellas me arrastran en su caída al precipicio. Cada vez tengo menos pilares para sostener mi alma sobre la tierra. Vas quitando velos y más velos, y cada vez es todo más crudo, más real, más deviene el humano a ser ese mero animal lleno de máscaras y palabras vacías. A destacar que en la película “la bella mentirosa“, la única que ve la obra acabada, y que la detesta por haberla “descubierto”, es la modelo. Pienso que la liberación sexual, y a partir del feminismo de la tercera ola, no han hecho otra cosa que confirmar los tópicos sobre los dos bandos. ¿Rebajar dichos tópicos a sus mínimos?, el macho quiere “follar” con todas y las hembras lo hacen por interés. Lo que ya se sabe de cualquier otro animal. El problema del feminismo, y del humano medio, es que no les gusta las “respuestas” que dan la etología comparativa o la psicología evolutiva sobre el por qué de la violencia masculina y demás “taras” del ser humano, pero tampoco parecen creer que provengan de las injusticias y desigualdades sociales, pues de ser así deberían de luchar en esa dirección: dentro de los partidos y contra las desigualdades y las injusticias. Lo único que explica toda la temática es la unión de los dos factores, sino ¿qué otras posibilidades hay?, que somos hijos del demonio. Se nos dice que tenemos un tres y que se ha llegado a tal cifra sumando números enteros positivos, sólo puede ser sumando tres unos, o un dos y un uno. ¿Qué más queda? No parecen admitir que sean cuestiones evolutivas, pues en esas respuestas el sexo femenino tampoco sale bien parado (descargar documental enlazado al final). Y si todo es evolutivo/social, ¿cuál de las dos posturas es más “noble”?, esta pregunta es lo que esconde de fondo los debates de género. Como no hay ninguna respuesta válida, como suele ocurrir en las discusiones de pareja, entonces se recurre a sacar todos los trapos sucios del otro. En eso ganan las mujeres, por las violaciones y la violencia y homicidio/asesinato de género. Ahí se han quedado agarradas, por ser su mejor demostración de estar en el “mejor” género. La “queja” masculina sólo puede ser ambigua, “es un no sé qué, que no puedo definir”, que tiene de fondo el ser más ladinas a la hora de llevarse las cosas a su terreno, que se abrevia a manipuladoras cuando se dan tensiones con otras personas, o cuando las parejas se acaban. La mujer despechada: violencia no física en definitiva; lo manipulador es el extremo de la mujer, mientras que el hombre se extrema en violencia, y puesto que no tenían otra, pues no podían competir con la fuerza muscular; idiosincrasia representada en el papel del personaje femenino en la película “Perdida” o igualmente de “Revolutionary Road“. Decía el humorista Robin Williams que “una mujer no haría una bomba nuclear para matar, haría una bomba que te hiciera pasar un mal rato”.  El otro “pero” es que su inteligencia es menos abstracta, o más concreta y que busca lo práctico, como lo han dicho distintos hombres a lo largo de la historia. Encajan por lo general más en la tipología de Isaiah Berlin de los zorros, frente a los de alta abstracción que son los erizos. Seguro que el primero que dijo “Dios proveerá” era un hombre, a lo que su mujer le replico con “¡bueno!, pero vete a cultivar el huerto”, que se ha quedado en el refrán de “a Dios rogando y con el mazo dando”. Esta dualidad achacada a las mujeres es ambigua, porque la política -que se basa en la apariencia, la simulación y la manipulación ladina-,  en la que en realidad se basa lo humano, es lo primero, y lo segundo -esa tendencia a lo práctico- da lo mismo, pues cada vez vamos más hacia un mundo del saber útil o no abstracto. Habrá más hombres que me entiendan en mis abstracciones más profundas, que ataca a los dos sexos. Lo siento, pero no he visto ninguna mujer que comprenda todo el trasfondo que muestro aquí, y no por que lo diga yo, sino porque es lo deducible si se profundiza y se abstraen porqués y consecuencias. Dicen en la serie “lodge 49” que “Internet es un matadero, (donde todos) somos los carniceros y los cerdos”. Sacamos lo peor de los dos sexos de la especie: manipulación y agresividad. No se da cuenta el feminismo que están generando más aquello por lo que empezaron su “lucha”, que debería ser la indiferenciación y la tolerancia; que cada tuit y manifestación que excluya o se detenga en algo particular del hombre va en la misma dirección de crear diferencia, lucha y conflicto. Y no, no es porque tengan al macho contra las cuerdas. Casi todo tuit feminista es sólo opinión, que como está cargado de una intención, que no es el de mostrar una “verdad”, es susceptible de ser propagandista. Ese mecanismo que movió a las masas para odiar a los “negros” y para odiar a los judíos. Pero esto mismo, como que sólo he encontrado tres pensadores en mi vida de mi mismo nivel, y los tres eran hombres, cuando ha habido más mujeres en mi vida que hombres. ¡Ya sé: un caso no hace una estadística! Por otro lado no caigo en capaticismos, en pensar que esa capacidad de abstracción sea relevante o mejor para algo, siempre he dicho que es una “cruz” y que por lo demás es un tipo de saber que es “incómodo” para lograr ser feliz: la mujer está más preparada y es más “válida” para la vida. El hombre al tender más a la retroalimentación positiva es más tendente al caos, a su auto-destrucción, pues en definitiva es lo “sobrante” del acto replicador, pero a la vez a la “criticidad auto-organizada“, generadora de grandes cambios e ideasLa mayoría de las mujeres lo reducirán a que soy misógino. La feminista Camille Paglia, sí tiene esa capacidad de abstracción, ha sabido ver y reconocer los errores del feminismo joven. Pero todo son generalidades, siempre he dicho que hombre y mujer son los dos extremos del máximo en el que se manifiestan las hormonas sexuales, y entremedias están la mayoría de los humanos. Yo tengo una alta carga de estrógenos, de niño y hasta casi los 14 años me confundían con una chica, por mi rostro afeminado, en cuanto tenía el pelo un poco largo. También se nota en lo emocional y en que mis gustos sexuales son ambiguos, y por lo demás en que en todos los escritos he tratado de ser conciliador, pero ha sido un imposible y me he terminado por rendir, pues cada vez que entro en Twitter, veo la tendencias de tuit’s de las feministas y las mujeres, y me hieren en mi orgullo y mi inteligencia, al igual que les ocurrirá a todos los hombres. Decían en la serie Preacher, a propósito de otra cosa, que: “no nos odian, se odian a sí mismos”, que quizás sea aplicable aquí y al género, sublimamos el odio hacia nuestro propio género con el odio hacia el otro. El otro sexo es “testigo” de nuestros errores, luego si nos odiamos en eso que ven, los odiamos por el mero hecho de verlo. Pensamiento muy Sartriano. Por eso quizás el tercer sexo y ciertas feministas homosexuales odian a las heterosexuales. Si es así, es igual de “legítimo” que el hombre odie lo más femenino de la mujer, y por ello no se le tendría que tachar de misógino. Odia ciertas características humanas que se pronuncian más sobre todo en ciertas mujeres. Lo mismo les ocurrirá a las mujeres, como yo odio lo más macho, irracional y brutal del hombre, pero sobre todo odio la estupidez, y creo que ha quedado demostrado que en ese rango incluyo tanto al hombre como a la mujer. No creo que el humano sea inteligente, en tanto que sabio, y en tanto que esa capacidad sea la de ser “usada” para crear felicidad. En teoría lo debería de portar más la mujer, pero las últimas décadas me han hecho creer que no es así. Las mujeres latinas sí portan esa llama, quizás por estar menos infectadas por el etnocentrismo y la posmodernidad (de lo que yo pueda conocer por hablar el mismo idioma). La artimaña del feminismo radical es no dejar ver ese odio a lo heterosexual femenino, “usando” a todas las mujeres en sus luchas (los enemigos de mis enemigos son mis amigos), cuando la extrapolación de tal artimaña en lo masculino no la puede “usar” el hombre. Siendo así, era mejor no haber removido la mierda. Las feministas aún no se dan cuenta y siguen haciéndolo (¿menor capacidad abstracta?); haciendo que cada vez vaya a haber más hombres que remuevan en el retrete femenino. La meta sería dejar asentar las aguas y hacer como siempre se ha hecho: ignorar nuestra naturaleza más ruin y centrarse en lo mejor de lo humano. Bajo mi punto de vista, que he tratado de demostrar en los distintos escritos, la liberación sexual y el feminismo de la tercera ola, han hecho que se pronuncien más los extremos de lo femenino (exhibición de sus atributos sexuales, uso de su cuerpo por beneficio, por elitismo, ¿no?, hoy se reivindica no ser molestada por la mirada de extraños en espacios públicos -que no creo que sean honestas en este punto u otros similares: depende de quien mire y cómo-, pero si se “trabaja” en una sex cam sí se quiere ser mirada, pues reporta dinero) y lo masculino (violencia en general y sexual en particular, buscar “follar” con todas las mujeres). Que sólo me detengo en lo más negativo, que quizás sólo sea la apuesta de una minoría, ¿y qué hace el feminismo sino esto mismo? En un análisis de la población mundial, a partir del “Estudio Dunedin“, llevado a cabo a una población durante toda su vida, emergieron 5 tipologías humanas:

1. Bien adaptados: 40%, persona media.
2. Reservados: 15%, poco sociables, tímidos.
3. Inhibidos. 7%, tipo hikikomori.
4. Subcontrolados: 10%, violentos, tendencia al crimen, gen guerrero, (leer).
5. Seguros de sí mismos: 28%, amantes de las emociones y el riesgo. Adrenalina.

Son ese 10% de los llamados subcontrolados, los que suelen cometer agresiones, violaciones, robos, y demás tipos de delitos; nunca bajará esa tasa, son los “planes” perversos de la evolución, pues es una tipología que “funciona” en las situaciones de violencia y de guerras. “Arregla” la sociedad para que no se activen los genes que les llevan en esa dirección y se solucionarán parte de los problemas. Esto dice la Wikipedia:

   “En los humanos, se ha encontrado una asociación entre el alelo 2R de la región VNTR del gen y un aumento en la probabilidad de cometer delitos o violencia graves. Se ha encontrado una conexión entre la versión 3R del gen MAO-A y varios tipos de comportamiento antisocial : los niños maltratados con genes que causan altos niveles de MAO-A tenían menos probabilidades de desarrollar un comportamiento antisocial. Los alelos de baja actividad MAO-A que son abrumadoramente el alelo 3R en combinación con abuso experimentado durante la infancia resultó en un mayor riesgo de comportamiento agresivo como adulto,  y los hombres con la baja actividad del alelo MAOA eran genéticamente más vulnerables, incluso a la disciplina punitiva como un predictor de comportamiento antisocial. Los niveles altos de testosterona, el tabaquismo materno durante el embarazo, el bajo nivel de vida material, el abandono escolar y el bajo índice de inteligencia del comportamiento predecible se asocian con los hombres con alelos de baja actividad. La variante alelo de 3 repeticiones de baja actividad del gen MAOA también se ha encontrado frecuentemente en hombres que se unen a pandillas.  Según un gran metaanálisis en 2014, el alelo 3R tuvo un pequeño efecto principal sobre la agresión y el comportamiento antisocial, incluso en ausencia de otros factores de interacción.”   

   “Cuando se enfrentan a la exclusión social o el ostracismo, los individuos con el gen MAOA de baja actividad mostraron niveles de agresión más altos que los individuos con el gen MAOA de alta actividad. El MAO-A de baja actividad podría predecir significativamente el comportamiento agresivo en una situación de provocación alta, pero estuvo menos asociado con la agresión en una situación de provocación baja. Los individuos con la variante de baja actividad del gen MAOA tenían la misma probabilidad que los participantes con la variante de actividad alta de tomar represalias cuando la pérdida era pequeña. Sin embargo, eran más propensos a tomar represalias y con mayor fuerza cuando la pérdida era grande.”

     ¿Qué “culpa” tiene un hombre, pues es sobre todo en los hombres, si nace con una genética y la sociedad no lo inserta de forma correcta?, acaso no es también una “víctima” del sistema. Si a una mujer cualquiera se le alterase la genética para tener la versión MAO-A de baja actividad; se le modificase los receptores de núcleo sexualmente dimórfico, para inhibir menos las respuestas físicas; se le inyectase testosterona para masculinizarla, y se le pusiese en un ambiente negativo (existencia situacionada), sin trabajo y con una relación de pareja inadecuada, se crearían las circunstancias “perfectas” para ser una homicida casi al 100%. En este vídeo de ejemplo, el “acosador sexual” es una hembra hormonada para comportarse como un macho, sobre un macho alterado para comportarse como una hembra. Tampoco hay que reducir todo a ese 10%, hay otros casos y causas. El caso de la manada, en España, se puede explicar porque uno de ellos fuera dominante y era el que tenía esa tendencia: después se dio la cuestión de seguir al líder, y tratar de no desencajar en el grupo, por la dinámica de grupo, la conformidad y el sesgo grupal. Deberían de darse clases de los sesgos cognitivos y cómo evitarlos, que podrían ir junto a las de ética, pues están relacionados. En una sociedad tan caótica y compleja cada vez es más complicado que impere la equidad y una buena educación, en donde además tiene que haber unos padres con un entorno muy equilibrado, y esto último cada vez va peor. La violencia de género nunca va a ser cero. Pero como cero tampoco lo será las muertes a padres, hijos, hermanos y resto de familiares y no por ello se odia a cada uno de estos estamentos. Es sólo que donde hay más emociones y posiciones situacionistas en juego, se pueden dar más casos de violencia desatada y homicidios. Todo esto lo dejo en esta nota, pues desbarajustaría el propósito del presente escrito, que es buscar aquello que ha de ser lo mejor del ser humano. Conclusión provisional: el ADN está infestado de sueños que la realidad y los años van matando; son conceptos que crean trampas cognitivas, pero también que crean Ser, modos de operar en el mundo, como es el caso de los artistas, que dicho sea de paso no necesitan crear para serlo, es una tipología. El momento más cercano a esos sueños intactos son la niñez, o la prehistoria humana. La situación actual es esa en donde las civilizaciones y los individuos coinciden en el culmen de estar matando todos esos sueños, y en donde ya sólo queda la realidad: que éramos simples ensoñaciones grabadas en nuestros ADN’S. El humano ha muerto y ya sólo existe el homo rapiens, que en los social además se manifiesta en las posturas biológicas más extremas de los dos sexos. Todos estos “movimientos” del feminismo enaltecido, violento y que sólo provoca lizas y odios, se están dando, quizás, en el peor momento de la historia, pues ahora más que nunca se necesitaría la capacidad cohesiva, empática y conciliadora de las mujeres, esa que sí saben dar a sus hijos, y debería de ser la que proyectasen en las sociedades. Por cierto, esta nota se debería llamar: “las mujeres que odiaban a los hombres, aquellas otras que se unieron a su coro sin saber sus intenciones, y los hombres que se vieron “obligados” a odiar a esas mujeres”, en esa dirección iba la segunda cita de la cabecera.

Ataque feminista III

   Esta nota la he añadido al final y viene a cuento de soliviantarme por ciertos tuit’s feministas, tras los cuales decidí dejar las redes sociales definitivamente, pues generan odio y malestar. Si me lo generan a mí, que soy una persona muy tranquila, no me imagino en otros hombres, con una mayor cantidad de testosterona y un cerebro menos dominado por el prefrontal y la razón. “A veces hay que ser borde o hacerte daño”, nos dicen en la serie “Sharp Objects”. Qué quiere el feminismo: ¿un humano que construya un pensamiento como el expuesto en el escrito o un macho que escriba esta larga nota de “desprecio”?, que construya, o que destruya. Cuál es el “grito” del feminismo actual: “¡respeta que no te respete!”. ¿Qué sentido tiene un movimiento en donde cualquier persona puede decir la “burrada” que se le pase por la mente y decir que lo hace por ser feminista? Debería dejar de ser un movimiento y ser una organización con filiadas, como lo hacen los partidos, con cierto control sobre la legitimidad y fiabilidad de estas personas, que tendrían que estar bien informadas antes de hacer o decir algo en espacios públicos. Lo dicho: generan aquello contra lo que luchan, sólo cabe pensar que es violencia manipuladora o imbecilidad. Desde luego no son nada conciliadoras, que es lo que se esperaría de su lucha y sus reivindicaciones.


(Si nos fijamos en la foto del escote, si se amplía, se verá que ha sido manipulada -por mí-, tiene un brazo “cortado”, el de la derecha, pues si se sigue su trayecto debería de volver a verse debajo del pecho. Lo quité. ¡Así de absorbente es el sexo, que el cerebro ya no se fija en detalles tan extraños como ese! — El tema no se ha agotado, pero no voy a seguir escribiendo sobre ello. Temas como el narcisismo, el voyerismo o el exhibicionismo, se translucen de los dos escritos, igualmente los porqués de las tendencias a generar violencia sexual, y la efebofilia, todo se lee entrelineas, y son tendencias sobredimensionadas y distorsionadas de esa dualidad de mirar y ser mirado.


Ver documental “Descargar “Evolution – Why Sex? (¿Por qué hay Sexos?)” Prefiero la traducción en plural, en singular es ambiguo. – Descargar.
2.  01 – El Sexo del Cerebro (Diferencias De Género en el Cerebro)
Temas tratados:
a. Cómo crean diferencias las hormonas sexuales.
b. Determinar que es más biológico que ambiental.
c. Trastorno disfórico premenstrual.
d. Síndrome de Turner.
e. Teoría de la homosexualidad con respecto a estrés de la madre durante el parto.
f. Hiperplasia Suprarrenal Congénita ( CAH ), mujeres masculinizadas.
g. Influencia medicamento Dietilestilbestrol (DES).
h. Núcleo sexualmente dimófico (SDN).
2.  02 – El Sexo del Cerebro (Diferencias De Género en el Cerebro)
Temas tratados:
a. Diferencia en los temperamentos.
b. Diferencia en el lenguaje, tiene mejor margen las mujeres.
c. Diferencias visual y tridimensionalidad.
d. Las mujeres son más bilaterales en el lenguaje.
e. El hombre es mejor para la lógica matemática (abstracción).
f. La mujer trabaja más el cerebro en estados de reposo y trabaja como totalidad para solucionar problemas.
g. El hombre busca el liderazgo, la mujer la cohesión social.
h. Eso le lleva más a la conformidad, pero puede ser tomado como sensibilidad o flexibilidad grupal.
i. A la mujer le preocupa más la vergüenza.

Frases clave del documental:
La diferencia no es lo contrario de la igualdad. Igualdad significa la misma oportunidad para hacer lo que queremos, la diferencia significa que podemos no querer hacer las mismas cosas.”
La auténtica liberación es la comprensión entre hombres y mujeres.”

Si se quieren descargar, copiar URL teniendo abierto JDownloader o usar “Internet Download Manager (IDM).