Un Porqué Evolutivo de la Identidad (un Cierre Autopoiético y la Lucha Eterna)

La pura y simple verdad es raramente pura y nunca es simple.” Orcar Wilde
La manera de ser feliz es retirarse de la vida pública en comunidades privadas de personas afines.” Epicuro
La lealtad al grupo, el sacrificio por él, el odio y el desprecio por los forasteros, la hermandad interna, la crueldad hacia fuera…, todos crecen juntos.” William G. Sumner
El único modo realista de cambio político es orgánico, no revolucionario.” Edmund Burke

    Estoy releyendo “el maestro y el emisario” de Iain McGilchrist. A decir verdad leyendo el libro, pues en su momento sólo leí la primera parte, que se centra en las diferencias de los hemisferios cerebrales, que era lo que me interesaba en ese momento. Por lo demás intuía cómo iba a desarrollar el libro, en su defensa del ahora, a partir de la Illustración, denostado hemisferio derecho, el de las emociones y el pensamiento rápido y mágico. El más propio como metafórico. Al final en McGilchrist encontré los mismos planteamientos que yo ya haya dicho a lo largo de los escritos: el cerebro como metafórico. A veces me desaliento al encontrarme que otros ya han escrito lo que yo creo como una idea original, pero al final me digo que por lo menos tengo “aliados” en mis luchas y propuestas. En otro caso me he encontrado con el libro “mimesis y otredad” de Michael Taussig (pendiente de leer), que me imagino también ira por varias rutas que yo he trazado en mis escritos sobre la imitación, la identidad y la otredad, como a no imitar. El presente escrito lidia con dos aclaraciones o problemas irresolutos del libro. De nuevo me veo en la necesidad de seguir escribiendo para despejar dudas y para solucionar potenciales contradicciones. El primer tema es el de la identidad. El cómo “abrazamos” la identidad patria o religiosa como propia, pues al parecer puede haber un porqué evolutivo. En el segundo tema trato de explicar la aparente contradicción de moverme entre dos posturas contrarias: una que aboga por la razón, la información y el dato puro, frente a otra postura que aboga por el “alma” humana, su espíritu metafórico y mágico. Voy al primero.

   La teoría evolutiva clásica tenía sus flaquezas que poco a poco se han ido resolviendo, en nuevas revisiones, pero sigue habiendo cuestiones sin resolver. Es débil pensar que dada una especie que ha apostado por un tipo de estrategia evolutiva, esta “funcione” o perdure, dado de lo cambiante del medio-ambiente, como es el caso del clima, con épocas de grandes sequías y de grandes glaciaciones. Tienen que darse otros mecanismos más sutiles, que “lean” mejor o más “finamente” una situación dada. La epigenética en parte resuelve este tema. Una madre que no tenga una alimentación equilibrada, provocará cambios genéticos en su nonato como para que este se “acomode” a un medio que va a ser hostil o pobre en alimentos (idea en contra el veganismo y otras dietas desequilibradas). Pero crea cambios en el cuerpo, no en el comportamiento. El dilema sigue sin estar resuelto. Para paliar con esta debilidad, el efecto Baldwin, ya propuesto a finales del siglo IXX, viene a decir que dada una situación, el sistema, una especie dada, tiende a seleccionar el comportamiento más adecuado para sobrevivir. Es una variable de la importancia de la selección sexual, en donde los “iguales”, con ciertas características en sus comportamientos, se “buscan” como para que sea el comportamiento que se vaya a pasar a la descendencia. La rápida tolerancia a la lactosa en Europa puede explicarse bajo este efecto. De nuevo la fuerte repercusión de las hembras en su selección de machos, que también sale a relucir en el “efecto materno“. Sobre este último remarco esto que nos dice la Wikipedia:

Los cambios fenotípicos que surgen de los efectos adaptativos de la madre son el resultado de que la madre perciba que cierto aspecto del entorno puede disminuir la supervivencia de su descendencia. Al detectar una señal, la madre “transmite” información a la descendencia en desarrollo y, por lo tanto, induce efectos adaptativos de la madre. Esto tiende a provocar que la descendencia tenga una mejor forma física porque están “preparados” para el entorno que es probable que experimenten. Estas señales pueden incluir respuestas a depredadores, hábitat, alta densidad de población y disponibilidad de alimentos.”

 Hay que poner especial atención a su contrario, al efecto paterno:

En contraste, un efecto paterno es cuando un fenotipo resulta del genotipo del padre, en lugar del genotipo del individuo. Los genes responsables de estos efectos son componentes de los espermatozoides que están involucrados en la fertilización y el desarrollo temprano. Un ejemplo de un gen de efecto paterno es el ms(3) furtivo en Drosophila. Los machos con un alelo mutante de este gen producen espermatozoides que pueden fertilizar un óvulo, pero los huevos con inseminación furtiva no se desarrollan normalmente. Sin embargo, las mujeres con esta mutación producen huevos que experimentan un desarrollo normal cuando se fertilizan.”

O…

En el ratón de madera ( Apodemus sylvaticus ), los agregados de los espermatozoides forman trenes móviles, algunos de los espermatozoides experimentan reacciones acrosómicas prematuras que se correlacionan con una mejor movilidad de los trenes móviles hacia el óvulo femenino para la fertilización. Se cree que esta asociación se produce como resultado de un “efecto de barba verde” en el que los espermatozoides realizan un acto altruista selectivo por parentesco después de identificar la similitud genética con los espermatozoides circundantes.”

   De nuevo la importancia de las hembras a la hora de poderse quedar o no embarazadas de cierto tipo de apuesta masculina, dependiendo del entorno. ¿Cómo tales “sutilezas” y “genialidades” evolutivas pueden ser reducidas bajo ideas feministas?, imposible. Las “luchas” evolutivas están implementadas ya en los genes, esto se nos dice del conflicto intragenómico:

Los genes autosómicos generalmente tienen el mismo modo de transmisión en las especies que se reproducen sexualmente debido a la equidad de la segregación mendeliana , pero pueden surgir conflictos entre los alelos de los genes autosómicos cuando un alelo hace trampa durante la gametogénesis (distorsión de la segregación) o elimina los embriones que no la contienen (efectos maternos letales). Un alelo también puede convertir directamente su alelo rival en una copia de sí mismo (endonucleasas homing). Finalmente, los elementos genéticos móviles evitan completamente la segregación mendeliana, pudiendo insertar nuevas copias de sí mismos en nuevas posiciones en el genoma (transposones).”

   Es de suponer que estos genes “crean” un tipo de comportamiento u otro: más “procaz” o menos, y más fiel o menos. Las etiquetas las pone el humano, la evolución no sabe de tales etiquetas. Tampoco el prefrontal -conciencia, razón- “sabe” de tales “estratagemas”, y cada mujer -o generación de ellas-  las justifica como quiere y puede, dada la situación. El efecto materno, el efecto Baldwin y la epigenética tienen fronteras conceptuales que quizás no tiene ningún sentido. Los tres nos dicen o hablan de la importancia de no atenerse de forma maquinal y cerrada sobre la información del ADN, y tener más en cuenta lo ambiental, como para adaptarse de una forma más acertada a los cambios climáticos, y por ello del hábitat. No voy a detenerme a explicar el efecto Baldwin, para ello remito a la Wikipedia o a otros escritos, en el presente artículo voy a extrapolar ideas sobre tal efecto, que muy bien puede explicar las identidades y otras cuestiones que ya he tratado como la limerencia y la autopoiesis. Si tal como promulgaba James Mark Baldwin, una especie ha de “prestar atención” a posibles cambios en el ecosistema como para propiciar en unas pocas generaciones unos cambios o una “tendencia”, ese comportamiento o adaptación marcada por lo evolutivo, puede ser la base por la cual en el momento que dos grupos de humanos se separaban geográficamente hablando, al final se distanciaban tanto en lo fenotípico, como en lo genotípico. ¿Lo extrapolo de forma incorrecta?, decía Kant que “los conceptos sin intuiciones son ciegos“. Algo tiene que explicar nuestra tendencia a abrazar las identidades (patria, religión), como para hacerlas propias.

   No me voy a explayarme mucho más en este tema, la hipótesis es sencilla y elegante, si acaso a extrapolar ideas. Ese principio o efecto es “acertado” en lo evolutivo, pero como en el humano se ha dado una singularidad en el concepto de la cultura -de crear sociedades a partir de los saberes que se pasan de generación en generación- tal efecto se ha sobredimensionado, yendo en contra de la propia especie, por el hecho que esas identidades nos hacen “creer” que otro humano de otra identidad no es humano, es inferior, o cuanto menos alguien de quien sospechar. En otro lenguaje: los animales sociales están “creados” para desdibujar la frontera entre el yo y el nosotros; somos yos extendidos en tanto que los entramados emocionales que creamos con otros yos: amor. Pero el efecto Baldwin ha creado una barrera fantasmagórica pero impenetrable entre el “nosotros” y el “ellos”. Un humano que nazca y viva unos veinte años en un mismo lugar crea una “querencia” hacia esa identidad. Estar fuera de su lugar le hace estar fuera de su identidad, situación que puede llevar al síndrome de Ulises: ajeno y en una posición inferior a los de ese lugar que le han acogido, pero al fin y al cabo lugar al que no “pertenece”. Otra conclusión a la que lleva tal efecto es que da aún más sentido al concepto de limerencia tal como lo he trazado yo. Uno está “programado” para buscar lo igual a sí mismo, a su tipo de comportamiento y forma de ver el mundo. De nuevo sale a relucir la tendencia a lo autopoiético, a lo autorreplicador. En muchos casos eso no es por un fenotipo, como el color de la piel,  sino por alguien que tenga mi misma forma de amar a la naturaleza, por ejemplo; pues lo que establece el efecto Baldwin es buscar procrear con aquellos que tengan los mismos comportamientos, para que sean lo que se hereden en la descendencias y las siguientes generaciones. O visto en casos concretos y de la actualidad: una feminista no se casará con un machista, o alguien amante de los animales tratará de no unirse con alguien que le gusten las corridas de toros. Prevalece el comportamiento sobre otros “mandatos” del ADN (en realidad al final tal efecto está escrito en él), y de otros tipos de creencias, como la posible libertad y elección individual. O dicho más claramente, es otra vuelta de rosca del determinismo.

 Segundo tema. La máquina contra el espíritu.

   Voy a ser sintético, pues tales temas serían muy extensos. La filosofía en toda su extensión habla sobre dicho tema, y la ciencia actual no escapa de tal dilema. Remito al extenso libro de “el maestro y el emisario” de Iain McGilchrist para un examen más pormenorizado. Lo que sale a relucir en mis escritos, en sus contradicciones por apostar por la razón maquinal o por el “alma”: ese intangible o no medible de lo humano, es una lucha en el mundo de las ideas que viene de antiguo. Quizás esta lucha no es más que la “liza” entre los dos hemisferios del cerebro. El izquierdo que es palabra y razón, frente al derecho que es principalmente emoción y pensamiento mágico. Michael S. Gazzaniga -al que nombrase en el escrito anterior– y otros, afirman que el hemisferio derecho es “tonto”. La ciencia en la actualidad pone en duda la teoría del trastorno de las personalidades múltiples, o trastorno disociativo, como es del gusto llamarlo a nivel de la ciencia actual. Bajo mi punto de vista tiene sentido en cuanto esa división sea dual, por la cuestión de los dos hemisferios y por lo distintos que son. Se da el caso entres personas a las que se les ha cortado el cuerpo calloso, por el cual se comunica los dos lados, de en un mismo acto besar a la mujer, a la vez -estas personas biseccionadas- las empujan para atrás. En otros casos un lado se trata de poner un tipo de ropa y el otro se la quita. Tienen distintas tendencias, gustos… y al final comportamientos. A veces “quieren” tener un trabajo o afición distintos. Se suele decir que hay humanos del lado izquierdo y del derecho. Las disonancias cognitivas y los conflictos emocionales en muchos casos son por lo dispares que son un lado y otro en unos temas y otros. Se supone que los artistas tenemos predominancia del hemisferio derecho, pero en mi caso escribo mucho y es sobre temas científicos, o cuanto menos que requieren del lado izquierdo. Por eso mis idas y venidas. Se supone que la razón debería de “ganar”, pero de fondo esta guerra no va sobre la “verdad”, sino de algo más profundo y complejo. Bajo mi punto de vista por un lado va la materia y por otro lo que emerge de esa materia. En mi lenguaje entre la materia y el mundo de los conceptos, similar al mundo de las Ideas de Platón. Como la diferencia que hay entre ver a un humano andar -algo que se ve y se sigue con los ojos-, y esa otra que no se ve, y que es que por donde pasa su calor ha creado una pequeña entropía de la temperatura. De nuevo el eterno problema de lidiar con dos “realidades”. Platón llamó a esa otra dimensión el mundo de las Ideas, de las esencias. Desde aquel lejano entonces, o se es dualista o cualquier otra postura que no lo sea o la niegue. Yo soy puramente materialista. Sé que todo al final se reduce a lo físico, pero también sé que de esa materia al final, por su suma, por su complejidad, salen reglas o epifenómenos irreductibles a sus “átomos”, a sus individualidades. Independientemente de que la lengua y el olfato, neuronas, sean lo que me den un cierto olor o sabor, ahí se produce algo más que es irreductible. Es el mundo de las qualias.

   En ese sentido estoy de acuerdo con McGilchrist en que la sociedad actual, y la tendencia histórica humana, es hacia la primacía del lado izquierdo del cerebro, olvidando en el proceso el lado derecho. En muchos casos soy más materialista cuando me da al olfato que son posturas que tratan de mantener a Dios en el cielo, pues con algunos autores o personas esta dualidad “esconde” ese otro dilema de lo creado a nivel físico y a nivel espiritual. La actual creencia de ciertos teólogos es que la creación de Dios no terminó el sexto día, y que aún continúa. Por eso siempre que se oye a alguien hablar de estos temas se ha de partir de si es creyente o no, para evitar estas sospechas. Yo soy ateo, pero en tanto que tal, no “renunció” a que el humano no ha de ser reducido a la materia. Que somos algo más. Los dos últimos grandes pensadores, que trataron de mantener a Dios en su lugar, fueron Kant y Heidegger; todo filósofo creyente los tiene de base. Cuando leo a Heidegger y sus postulados, con su deseo de buscar algo en el pasado que perdimos, y que está diseminado y escondido en el lenguaje, me siento totalmente distanciado de sus neuronas espejo. Sale el efecto Baldwin  que me “habita” y lo niega como otredad, con la que no me puedo “casar”, pues las ideas las construimos con nuestros caracteres y nuestros comportamientos nucleares: mi cerebro no dedica ni una sola neurona a Dios, ninguna emoción sensación, ni nada similar. Algo parecido  me pasa con McGilchrist, “sospecho” que trata de mantener a Dios.

   Mis búsquedas a las raíces humanas son más mundanas. Radicalizo a que éramos cuerpo y eso es lo que prima o es lo nuclear que hay que buscar. Contra Heidegger, no creo que el humano tuviese algún primer momento perfecto que perdimos (paraíso perdido) que hay que buscar, aunque apuesto a que el humano (pre-patriótico, si se quiere decir así) fue más “feliz” en su naturaleza salvaje y “mágica”, más unido a su hemisferio derecho. Radicalizo -reduzco- el humano a que su base es la reproducción y la autopreservación, a partir de ahí se sigue construyendo. Cuando creo -o versiono- los conceptos de limerencia y lo autopoiético -el morbo y el rapto limerente entre ellos-, es para reducirnos a esos mínimos físicos, de esas primeras reglas. Claramente una posición muy distinta de alguien que buscase a Dios en esos primeros rastros. Por lo demás creo que vamos en mala dirección si reducimos al humano a su componente social y por ello predecible a nivel de estadísticas. Yo cada día me llevo sorpresas a la hora de navegar. Estos escritos están dentro de una de las redes -Blogger- pertenecientes a Google. A los pocos días google me da sugerencias en YouTube y su buscador, sobre temas que he escrito aquí. ¡Es maravilloso y terrorífico a la vez!, si eso nos lo “hiciera” una persona pondríamos tierra de por medio, lo tomaríamos como una persona obsesionada por uno, que puede llegar a ser peligrosa. Un posible acosador, que pudiera llegar a lo psicopático. Como lo hace una “máquina” se lo permitimos. Ahora mismo es complicado, sino imposible, vivir fuera del algoritmo. En mi caso, como explicación de porqué publico en Blogger, después de muchos años de escribir y publicar, es porque vi cerradas todas mis opciones. He subido el libro a tres sitios distintos, en tres momentos distintos, de Internet gratuitos, que al final cerraron esa opción (mi web principal ya me ha dado el aviso que dará de baja mi cuenta y desaparecerá). No tenía otra opción que escribir en un lugar en donde supiese que no me iba a volver a pasar. Estoy publicando en dos sitios (WordPress y Blogger) a la vez para evitar futuros problemas de que uno “caiga”.

   Con todo trato de dar la menos información personal posible en todas las redes sociales. Eso ha sido así desde el principio. Aun con todo chrome evalúa tu edad, posición social y tendencias sexuales y otras, simplemente por dónde navegues. Uso otro navegador, pero google es el mejor a la hora de buscar; con lo que de nuevo es cuestión de no tener demasiadas opciones. No pienso que haya una “mano invisible” maléfica en la dirección que están tomando las cosas, pero es claro que es de nuevo una tendencia a dar una mayor importancia a las propiedades del hemisferio izquierdo, en detrimento del lado derecho. Películas como Terminator o Matrix posiblemente sean un imposible, pero hay que poner ojo a las posiciones más leves de esos extremos, pues ya son distópicas y peligrosas. La guerra la va ganado el algoritmo, la inteligencia artificial, aunque esta aún no exista. El mundo de los negocios cada vez es más de los que tengan una mayor cantidad de datos y que vayan en la búsqueda de esas esencias sobre las que yo mismo escribo…, que suelen ser bastante carnales y banales. Llega a esas esencias y tendrás a unos consumidores fieles de por vida (Apple). La máquina, el algoritmo, no encuentra a Dios en esas esencias, encuentran nuestras necesidades y nuestros miedos. Unos y otros dependientes de cada cultura, de cada edad, y de cada sexo. Es contradictorio que yo busque esas esencias y vaya contra que el algoritmo las encuentre. La diferencia es que mi mentalidad es “hacker”, busco esas esencias para nuestro bien, mientras que el algoritmo lo hace para el bien de la élite de las jerarquías altas. ¿Y al final no es lo mismo?, de ser honesto así es. Si “destruyes” o radicalizas las esencias humanas da igual cuáles sean tus propósitos o intenciones. Lo que cuentan son las acciones. O sea, es igual que el que diga que el emperador está desnudo sea un niño o un algoritmo, el resultado es el mismo. Se ha desvelado una desnudez que debería de permanecer con su traje, aunque este en realidad no existiese. O sea, yo me “quejo” del feminismo porque al final en su lucha no sólo “destruye” al macho, sino al propio concepto de humano, y hago lo mismo en mis escritos. No hay justificación posible. Sé que yerro, pero como mi “naturaleza” es desnudar al mundo, verlo tal cual es, y puesto que el artista ha muerto en su condición de ver sólo lo estético, ahora he vuelto todo feo, fofo y lleno de arrugas e imperfecciones. Es un apostura cínica y nihilista, lo sé, y sé que puede que desde esa nueva visión ya no se pueda construir nada nunca más, pero no puedo evitar ver el mundo así y decírselo a los demás. Por lo demás cuento que serán pocos los que me “crean”: de nuevo el efecto Baldwin, sólo me creerán los que tengan mis mismas tendencias genéticas o mis mismas “cicatrices”, que no tienen por qué ser mis consanguíneos. La genética es muy compleja y difusa. Es la mezcla de varios genes, no directamente correlacionados, los que crean las diferencias fenotípica y genotípicas. Se sigue lo mismo en los rostros y en la música, de alguna forma encontramos similitudes de rostros, que se dé un aire, no porque tengan este o aquel rasgo iguales; a veces los hermanos o los hijos apenas si se parecen, pero de alguna forma en la suma de todas las partes sí hay algo común. Como si al sumar 5, 12 y 43, fuera igual que si sumásemos uno sesenta veces. Lo mismo con la música, vemos su “alma” y las captamos en otras canciones. De alguna manera la “suma” de ciertos genes, aunque en distinta disponibilidad y predominancia, dan en esas personas un “total”, que es lo que uno “lee” al mirarlos. “La similitud no es esencial para la semejanza“, nos dice Gombrich y Ernst Kris. Es a eso que llamamos tener una intuición sobre alguien al que acabamos de conocer. A veces esa conexión crea la limerencia de querer permanecer a su lado, a veces es sólo repudio y lo queremos lejos. De nuevo lo imperecedero y verdades sempiternas de los refranes: “Dios los cría y ellos se juntan”, donde Dios es el ADN y la limerencia tiende a encontrar a los iguales. De unas maneras u otras son cuestiones que son reductibles a reglas como las del efecto Baldwin o el efecto barba verde, pero que no por ello dejan de parecernos “mágicas”. Esto nos dice la teoría de la aptitud inclusiva :

“El efecto de barba verde es el acto de un gen (o varios genes estrechamente vinculados), que:

  1. Produce un fenotipo.
  2. Permite el reconocimiento de ese fenotipo en otros.
  3. Hace que el individuo trate de manera preferencial a otros individuos con el mismo gen.”

   En definitiva, y al final, que soy como todos, no por resumir las esencias a sus correlatos de las neuronas dejó de saborear el chocolate, o me quedo perplejo ante ciertos atardeceres. El problema de reducir el humano a sus datos no es que lo haga un ser humano, pues este al final no puede escapar de la magia emocional del hemisferio derecho. El problema es que lo hagan las máquinas, pues estas, de momento, no pueden restituir esa totalidad. De igual forma lo social no tiene realmente alma, está más cerca de la máquina que del individuo. Las corporaciones y los estados se alimentan de datos, pero después no restituyen el todo que es cada individuo, cada sabor, cada canción. En eso sí hay un verdadero peligro, pues además alimentan a las empresas, a las corporaciones y a las instituciones con las reglas “divorciadas” de la emoción, de lo humano, de lo irreductible. Piden a sus trabajadores, a los funcionarios, para que no “funcionen” como humanos, a no ser que en esa medida se obtenga un beneficio, predicha por algún algoritmo (la sonrisa de los asistentes de vuelo, de los camareros). En definitiva, no hace falta crear un robot o un sistema informático para que al final nos gobierne de forma fría y mecánica, eso ya lo estamos haciendo los propios humanos. Esa es la dirección de mis denuncias, de mis quejas, de mis reivindicaciones. Todos somos sistema, pues como en mi caso a la hora de dónde publicar, no hay otras opciones viables fuera del sistema. Por muy mínimo que creamos que sea nuestro impacto lo es, y es un suma y sigue en una guerra que va ganando el algoritmo. La máquina contra el espíritu. Ahora mismo están contabilizando nuestras emociones para dar el siguiente paso. Nos van poniendo una cadena imperceptible y liviana, que poco a poco va dejando el alma humana entre rejas. No hacen falta extremos como Terminator o Matrix, ya somos esclavos del algoritmo.

   Conclusiones finales sobre la lucha eterna de los dos hemisferios del cerebro. El hemisferio derecho es el que crea el nosotros, el izquierdo lo cuestiona y puede tender a la soledad, pero de igual forma este hemisferio es el único que puede aceptar a los otros, a ellos, a la otredad, a la alteridad, en un posible nosotros. El hemisferio derecho es el más propio para “contener” la mayoría de los sesgos adaptativos, o patrones enquistados en mi lenguaje. Entre esos sesgos están lo que muy bien puedan estar vinculados al efecto Baldwin, la busca de lo igual, de lo parejo, la tendencia del cerebro a auto-confirmarse, tendente a la autorreplicación, a abrazar sólo a su propia identidad y al nosotros, efectos en su conjunto a los que yo llamo como “pegajosidad neural”, y dependientes en muchos casos del cebado cerebral: un tipo de memoria que favorece las neuronas e ideas que se mantienen activas en ese momento, por cuestión de economía de la energía, y que pueden llevar a la tiranía de la pequeñas decisiones, pues al final se vuelven una marca de nuestra manera de comportarnos y de ser en el mundo (¿cuando se “decide” ser forofo de un equipo de fútbol, por ejemplo?):

   (Estos dos párrafos son parte de la traducción de la página original de Buster Benson sobre los sesgos cognitivos. A él hay que atribuirle todo el mérito y el esfuerzo.)

   En unos procesos u otros, individualizados, introducimos al nosotros, como un yo extendido (teoría de auto-categorización), como es el caso del pensamiento grupal (Groupthink), por el que nuestro cerebro tiende a la conformidad dentro del grupo, el cual lleva a la presión dentro del grupo, para limar y terminar de “ajustar” el pensamiento individual dentro de sus normas y maneras de pensar internas. Esta unidad crea el favorecimiento dentro del grupo y rechazo o exclusión de otros grupos, con la posible caída en el racismo y la alienación social. Estos tres sesgos, y otros similares a nivel grupal, como la cohesión grupal, por la que el individuo se termina sintiendo orgulloso de su pertenencia y que puede llevar al narcisismo grupal, y por lo tanto al patriotismo, están dentro de la tendencia “programada” del enmarcado, que de forma más general forma parte de la aptitud inclusiva de los seres humanos, que es la que crea la influencia social normativa y al final la sociedad, la sociedad de masas, el idiota útil y el comportamiento de rebaño, que en el lenguaje de Nietszche lleva al instinto o moral de manada, propia de los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial.

    Recomiendo leer el artículo en la Wikipedia sobre la “selección de grupos culturales“, pues no tiene ni una coma de desperdicio. Está de más que lo parafrasee o lo resuma. A tener en cuenta que una vez que uno se asume como social lo que manda o impera, en ese tipo de cerebro, son las normas sociales o a los grupos a los que pertenece. En el lenguaje que he venido usando de órdenes nucleares (abajo) y acciones (arriba), al entrar en la dinámica de grupo, ese abajo son las reglas del grupo que están estipuladas en dicho artículo de la Wikipedia. En soledad, al individualizarnos, se anula esa dinámica y el abajo, de nuevo, obedece a lo propio, y en ese caso a lo instintivo y el carácter. De esa forma es por lo que se suele decir que se puede llegar a producir un “lavado de cerebro” (“te han comido el coco”, en la jerga de España), en donde “evacuamos” nuestro yo, a favor del yo o identidad grupal, pues la “intención” nuclear, la que está más abajo, ha sido “entregada” al grupo o a su líder.

    Todas estas reglas, de reconocimiento de parentesco o del mismo tipo de información a transmitir (alelos) se encuentran en los propios genes y se manifiestan incluso entre las plantas. Esto nos dice la Wikipedia:

Incluso ciertas plantas pueden reconocer y responder a los lazos de parentesco. Usando un cohete marino, Susan Dudley en la Universidad McMaster , Canadá , comparó los patrones de crecimiento de plantas no relacionadas que comparten una maceta con plantas del mismo clon. Encontró que las plantas no relacionadas compitieron por los nutrientes del suelo mediante el crecimiento agresivo de las raíces. Esto no ocurrió con las plantas hermanas.”

    Por muy compleja que nos parezcan las relaciones sociales, y las “decisiones” que uno toma durante la vida, a grandes rasgos se dividen en cinco: cooperativas (ayuda o beneficio mutuo); altruistas (sacrificio hacia los otros o lo social); egoístas (beneficio propio), y de despecho o rencor (perjuicio del otro: el tirar un helado al suelo y “ni para ti, ni para mí” en la rabieta de un niño que no se sale con la suya);  engaño, tipo de acción que simula ser cualquiera de las otras, pero que implícitamente -en potencia- puede ser otra muy distinta: un padre puede pedir a un hijo algo como si fuese egoísta, cuando en realidad tiene el plan de beneficiar al hijo…, el engaño tiene muy mala prensa. Todas tienen un porqué y están en todos los niveles de la vida, y son estudiadas en la evolución social y puede ser llevada a algoritmos en la teoría de juegos evolutiva. Desde los propios genes, a especies tan simples como los seres unicelulares o tan alejados de lo humano como las plantas. Hay varías teorías en liza de cómo “funcionan” y operan, desde la eusocial, la selección de grupo, al reconocimento de parentesco o la inclusiva. Como siempre creo que la “verdad” se encuentra en posturas intermedias que pueden ser englobadas y comprendidas bajo la teoría de la unidad de selección. Si el reconocimiento -y luchas- se da a nivel de los propios genes, lo importante es la información génica. Esa información puede ser “reconocida” por el parentesco (consanguinidad) o por lo fenotípico (rasgos externos), pero de igual forma por la ambigüedad de lo inclusivo: de las maneras de pensar y de comportarse de los individuos. El parentesco no lo es todo, que es donde más se da el altruismo, pues ciertos parientes pueden tener un comportamiento muy alejado del habitual en la familia, idea que se describe con el concepto de la “oveja negra“. Por otro lado la otredad, y el nosotros y ellos, afecta igualmente en las familias, creándose lizas o separaciones internas. Un refrán define muy bien lo inclusivo: “el roce hace el cariño”: se crea el trato “familiar” con aquellos que tenemos contacto de forma frecuente, pero que además que no nos son muy disonantes. Sea como fuere, bajo mi punto de vista son luchas de cierto tipo de información (ver “visión de la evolución centrada en el gen” y el “conflicto Intragenomico“), en donde dicha información se encuentra en algo tan recóndito, y alejado de la razón y el prefrontal, o sistema ejecutivo y de elección, como los genes. O sea, que si uno quiere realmente buscar una “razón” o intención a cualquiera de sus actos, ha de pensar a qué gen estará “beneficiando” dicho acto, o dicho de otra forma, qué gen nos está dictando tal o cual comportamiento. En un ejemplo sencillo, si yo porto un gen hacia la individualidad, no es un tipo de apuesta que tenga muchas probabilidades de ganar a nivel genético, pues si permanezco solo no me reproduciré como para que se propague. Tiene mayor éxito el de la sociabilidad, está claro…., pues “como consecuencia de ser castigados, los no conformistas tendrán menos éxito que otros miembros del grupo. La transmisión sesgada del prestigio sugeriría que los comportamientos no conformistas, por lo tanto, no se propagarán a través de la población“, fuente Wikipedia ¿Y si el artista porta un gen solitario que “engaña” para en su apuesta hacerse vistoso sexualmente por su manera de ser o hacer?, así ya tiene algo más de éxito el gen individualista. Muchos de esos animales ingeniosos (vistos arriba o en el escrito anterior) que logran tener relaciones sexuales con las hembras a través de artimañas y engaños son animales solitarios. ¿Por qué la evolución mantiene esta apuesta?, primero porque se valida, y segundo porque en caso de algún cuello de botella, donde hay pocos individuos, este tipo de apuesta ya está preparada para vivir de forma aislada (seguramente no les ocurriese lo mismo que a los personajes vistos en películas como “náufrago” o “soy leyenda“, de crear trastornos debidos a la soledad en personas claramente sociales), y buscar impertérrita y alocadamente a las hembras que puedan quedar. Las hembras a su vez han de mantener ese tipo de apuesta, aceptándola cuando la encuentran, por el bien de la especie. De una manera u otra el humano crea divisiones, ideologías y paradigmas como el de patria o el feminismo, para sustentar unos tipos de genes u otros. Unas apuestas u otras. La mujer porta la tendencia a los mejores genes, pero eso puede ser en contra de ella misma cuando un macho alfa frustrado saca su ira, menos empática. ¿El feminismo es una ideología o movimiento que va contra ese gen? En realidad no lo tienen claro ni ellas mismas. Como idea abstracta de fondo está ahí, pero a nivel individual, cada mujer, no extrapola esa dimensión de su lucha, pues no está declarada de manera abierta, reglada en su manera de entender lo social o lo humano como un juego evolutivo. Se “seleccionan” parejas no violentas o abiertamente machistas, eso ya incide en esa dirección selectiva de rechazar un tipo de gen, pero recordemos que existe la apuesta del engaño, en donde los papeles externos no tienen porqué coincidir con los internos. Y recordemos que vivimos en una sociedad performativa: que sólo opera en su hacer, quedando “escondido” el ser, y en donde para colmo se está premiando a las personas más ambiciosas, seguras y con mucho amor propio: papeles demasiado similares a los del macho alfa. ¿Cómo distinguir alguien performativamente exitoso de un alfa?, y cómo saber si ese falso alfa no va a ser el que saque su ira narcisista en violencia. ¡La vida… tan compleja como confusa! En resumen a este párrafo: la información génica precede al acto social, pero queda oculto en una maraña de máscaras, ocultamientos y falta de claridad en determinar qué es lo humano. Lo performativo o hacer en lo social, que es la tendencia hacia la que ha apostado la humanidad, esconde o es tendente siempre al “engaño”, en tanto que el ser (el verdadero carácter) no sale a la luz, excepto cuando ya puede ser demasiado tarde, como es el caso de la violencia de género o las situaciones de crisis. “El hambre puede cambiar todo lo que cree uno de sí mismo”, nos dicen en “la vida de Pi“. El feminismo, y por extensión toda ideología hacia el bien, como el cristianismo o el humanismo, no pueden “resolver” dilemas que llevan miles de millones de años forjando la vida. La evolución llega a “macabros” equilibrios porque se han validado. Siempre existirán esas cinco tendencias mostradas arriba, en pugna. El altruismo no vence (el héroe lo es por su extrañeza), como tampoco puede vencer el individualismo, pues el que se sacrifica tiene menor descendencia que el que coopera. La misma regla para el egoísmo. La cooperación, de fondo, es cínica… y mediocre bajo el punto de vista del altruista, “te rasco si me rascas”, pero es la más extendida porque es la que se mantiene más tiempo viva y se reproduce con más éxito. Como apunte hacia lo individual, el prefrontal acertaría más en sus elecciones si: 1. se conoce a sí mismo, a esas reglas de sus genes, que portan un tipo de apuesta (ya sea para potenciarlas o para aminorarlas), y 2. si pone esa misma mirada en los otros y sus “verdaderas” intenciones.  En lo social el humano tiene el conflicto de lo individual y lo social. La mejor apuesta es la eusocial, pero en esa dirección se pierde parte del espíritu humano, que es arrogante y a de creer en la importancia de su papel, del papel individual (mito del héroe), que es el que crea sanidad mental. O sea, que aunque es mejor para la especie -y esa sea la tendencia que se pronuncia en el reduccionismo de las estadísticas y la teoría de juegos-, no lo es, en tanto que es tendente a crear trastornos mentales, y en tanto que se pierde el último sentido de la vida, pudiéndose llegar a las crisis de identidad y existenciales, al sabernos tan sólo meros engranajes de una gran máquina rutinaria y altamente burocratizada.

    Vuelvo al tema de arriba de los dos hemisferios. Por contraste el sentido de la vida, las motivaciones, su emocionalidad, su brillo, sólo están en el hemisferio derecho del cerebro. El hemisferio izquierdo, la razón, el juicio, la frialdad analítica del sistema ejecutivo, le “roba” un sentido que sólo el derecho puede recobrar. El nihilismo, el cinismo, es el lado izquierdo cerrado a oír al derecho. Pero de forma paradójica fue un cínico, Diogenes, el primero que se declaró “ciudadano del mundo”, cosmopolita, rechazando toda identidad patria. Quizás, como yo, porque rechazó una sociedad que sólo se movía por irracionalidades y la otredad como forma de constituir una identidad falseada en un nosotros que no incluía a todo humano.

   No hay que razonar la felicidad, crear un plan para serlo, apuntarse a cursos o seguir a voceadores (coach o influencers), tan sólo hay que dejar que aflore el lado derecho, acallando la razón. Ponerse en contacto con el alma humana, la entidad errante; recobrar el espíritu humano que murió cuando alguien decidió decir: “esta tierra es nuestra”, por la cual excluía de sus mentes y sus vidas al resto de la humanidad ajena a ese “nosotros”. Volvamos al clásico de la postura media de todas las cosas de Aristóteles: ni el fuego ni el hielo han de hacer al hombre: sólo el agua, la templanza (agua templada), los estados intermedios. En el lenguaje en el que me estoy moviendo: en un equilibrio de los dos hemisferios. Ni pura razón, ni pura emotividad. Esa manida idea usurpadora de la inteligencia emocional, que en realidad no es algo nuevo y lleva ahí de constante durante toda la historia de la filosofía. La razón o hemisferio izquierdo tiene que salvaguardarse de los sesgos del lado derecho, no abrazar islas identitarias, ideologías o patriotismos que desgranen y dividan a la humanidad (el feminismo está cayendo en esa categoría); y el “dejar” que el lado derecho sea algo “inocente”, emocional y “mágico”. ¡Creo que doy reglas que yo no voy a cumplir!, como Diógenes… o la sociedad es como tiene que ser, o yo soy el único miembro de mi propio grupo: un cínico.

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Narcisismo e Identidad

La conciencia es una enfermedad.” Unamuno.
Si la humanidad pierde alguna vez su narrador, habrá perdido también su infancia.El cielo sobre Berlín
Lo único que importa es la diferencia entre valores verdaderos y valores falsos.” Diogenes

    Se me hace necesario cerrar ciertos círculos abiertos desde casi el principio del libro. El tema va por dos frentes. La lectura del libro “el pasado de la mente” de Michael S. Gazzaniga, defensor de la psicología evolutiva (que realmente no va sobre el pasado); y ciertos vídeos y opinión general sobre la personalidad narcisista. En cierta forma es un remate o cierre de ideas de los escritos sobre la dimensión social e individual.  A ver si lo logro.

    Hay un dicho español (creo que lo es, no sé si es más global) que dice que “el que nace tonto, tonto muere”. O sea, que hay una corriente humana muy antigua tendente al determinismo, al hecho de que uno no cambia. El libro trata sobre “lo que es y lo que (a)parece“, la cuestión de esa “a” entre paréntesis es un poco para seguir la tradición filosófica. Una cosa es el Ser y otra su aparecer. Sin la “a” la frase sigue funcionando y sería de un uso más cotidiano. En estos escritos trato de definir Ser y aparecer, realidad y máscara…, quizás naturaleza y construcción social. En uno de los escritos ponía como ejemplo la bipolaridad. Un grupo musical que salga de gira puede caer en un estado similar al bipolar. En las noches de conciertos después saldrán de fiesta. Tienen una alta dosis de dopamina y adrenalina, y en los días siguientes el cuerpo y cerebro se trata de reponer, con lo que baja su nivel de excitación por debajo de la media. En realidad es una adaptación, pero el prefrontal, el ente que nos habita e interpreta los estados emocionales, podrá llegar falsamente a que es depresión. Este estado de los cantantes y grupos no es bipolaridad, pero se parece. Altas subidas y pronunciadas caídas. Siguiendo el símil de arriba y de abajo, de los escritos precedentes, es algo que sucede desde abajo, hacia arriba. Desde el comportamiento a hacia la química cerebral. El bipolar sin embargo es de arriba hacia abajo, desde su química y módulos cerebrales “alterados”, hacia el comportamiento. En definitiva: uno no se hace bipolar por estar casi permanentemente de fiesta. O como dice el refrán, el hábito no hace al monje.

    He visto vídeos sobre (contra) el narcisismo, la nueva tónica o meme de volverlos cercanos a lo psicopático, y tengo que pronunciarme sobre ello. Sostengo que el narcisismo es una seña de identidad de una tipología humana, los artistas, divergentes o los alfa, y yo he dicho o he usado el término de narcisismo para los artistas, pero hay que aclarar todo esto. Antiguamente no existía el concepto de trastorno mental. La personalidad extraña o excéntrica era parte de una idiosincrasia, de una tipología humana. En su origen griego quería decir: “temperamento peculiar, hábito del cuerpo”, fijarse que ya en esa época unían temperamento con lo más físico y heredado. Greek theatrical maskPor cierto, personalidad proviene de personaje, de las máscaras que se ponían en el teatro los actores, que exageraban los rasgos, para que pudieran ser bien interpretados al verlos desde lejos. O sea, idiosincrasia era una persona que se salía de lo “normal”. Esto tiene sentido a nivel evolutivo, en la típica campana estadística de Gauss, la mayoría de las personas están en ese centro, luego lo excéntrico es aquello fuera de esa distribución normal. Hoy no podemos hablar de la mayoría de los conceptos en su forma “limpia”, pues todos están bañados de la moralina cristiana de los últimos dos mil años. Narcisismo es parejo a vanidad, uno de los pecados capitales. Más tarde muchos de ellos pasaron a ser parte de los trastornos mentales, entre los que se encontraba la homosexualidad. La sociedad tiende a la normalización, a restar o a minimizar en la medida de lo posible lo excéntrico, lo áspero de los caracteres. Como he dicho en otros lados, pienso que muchos de esos trastornos obedecen a tipologías humanas, que quizás tenían una “función”, o guardaban algún sentido en lo evolutivo, pero que hoy en día están desubicados en los nuevos entornos sociales. Un grave error de la educación, la igualdad, y el concepto de neuroplasticidad, es que los colegios se trata a todos los niños por igual. ¿Es esto lo mejor? Bajo mi punto de vista no. Seríamos una sociedad más optima si tratásemos de averiguar si existen esas tipologías, y que cada tipología tuviese una enseñanza que pronunciase lo mejor de ellas, y tratase de acomodar de la mejor manera posible sus peores características. Por el contrario, en la sociedad, esas personalidades o idiosincrasias, son tratadas como personas normales, con el consiguiente sentimiento de inadaptación, de no terminar por comprender su lugar en el mundo. Otra paradoja más de la sociedad actual: hemos dado libertad a toda posible tendencia sexual, pero no así a esas personalidades excéntricas. Estamos ante un mundo como el plasmado en X-men, donde los mutantes han de silenciar sus “dones” o “males”, y en donde la sociedad trata de normalizarlos o anularlos.

     Recientemente me he encontrado con los escritos del neurólogo Michael S. Gazzaniga. En su libro “el pasado de la mente” se hace una pregunta retórica y afirma, pues es una de las bases de la psicología evolutiva, “para qué sirve el cerebro, ante esta interrogante, la respuesta más sencilla apunta al sexo. En otras palabras, el cerebro existe para tomar decisiones capaces de potenciar el éxito reproductivo”. Afirmación que yo he sostenido en todas mis arremetidas contra el feminismo, y que pudieron parecer en cada escrito como exagerado o fuera de lugar. Gazzaniga, por el tipo de escuela que sigue, dice que todo está programado en el cerebro, que es lo mismo que vengo a decir yo sobre el carácter y que este no muta. No hay tal neuroplasticidad, sino potencialidades que se aprovechan o que se quedan en desuso. Con todo hay cierta rigidez, cuestiones naturales o determinadas en nuestra especie, que son inamovibles. Llamo a que el libro sea leído, para seguir los ejemplos que expone, pues sería inútil y redundante que yo los repitiese aquí. En el escrito “cerrando el círculo sobre la autopoiesis”, exponía que el artista actual, cierta tipología que en parte encajaría con esa tipología reducida a los narcisistas, era un tipo de apuesta “planeada” para montar a todas las hembras posibles, a escondidas de los alfas, y por mostrarse sagaces o muy ocurrentes. Con el paso de cientos de  miles de años fue mutando, adaptando esa tipología a cada momento de la prehistoria. Más tarde esa tipología se han quedado en eso que conocemos como los artistas o los divergentes. Quizás la manifestación más clara relacionada con las mujeres, y siguiendo esa tendencia “tramposa” hacia ser muy reproductivos, fueran los antiguos trovadores y poetas, u hoy los tunos en España, que han dado el adjetivo de tunante: “pícaro, bribón, taimado” (RAE), de nuevo cargado de moralina. Hay que hacer un paréntesis. Todo análisis que esté pasando por la cabeza del lector está sesgado de moralina y de los paradigmas sociales actuales. Yo trato de analizar esa tipología como si fuésemos unos antropólogos extraterrestres que viniesen a la tierra. De lo que se trata es de saber si tal tipología es exitosa o no a la hora de reproducirse (replicarse). De paso saber si tiene alguna “función” a nivel evolutivo. Está claro que son exitosos. Hoy en día los cantantes, y cualquier tipo de persona creativa de éxito, tiene un alto nivel de “logros” en el sexo. Recordar el caso de Mick Jagger de 4000 mujeres. Un humano medio, y siendo optimistas, rondará la veintena, si sube de eso es que es algún tipo de artista o porque tiene algún tipo de “poder”. Sé que este lenguaje pone de los nervios a las feministas, pero es una realidad. Los datos y estadísticas están ahí. Mis amigas se “enrollaban” al salir de fiesta, con cierto tipos de chicos, que no tenían por qué ser la mejor persona o el más guapo, sino por el simple hecho que era un hándicap el conseguirlos. Como si al lograrlos ellas hubiesen subido de escalón. Ese escalón, hoy en día y durante la juventud, son los disc-jockeys de moda, los barman, algún famosete… Retomo el tema. Somos esos antropólogos de marte (el símil no es mío, es de Oliver Sacks, tiene un libro con ese título), y ya hemos visto que sí tienen éxito, queda por saber si hay un porqué, si la evolución tiene un “plan”. Ya he dicho en otros lugares que las hembras humanas tiene una doble tendencia: elegir un tipo de macho para que permanezca e “inviertan” su tiempo y energía en la descendencia, pero con la posibilidad de tener sexo con las apuestas como los alfas o los “artistas”, o sagaces o más ocurrentes. Fuerza e inteligencia. Una dualidad hacia la fidelidad y lealtad , frente a otra que apuesta por los mejores genes. En ese sentido el “artista” o esa apuesta evolutiva está “hecha” para ser un amante, no una pareja u esposo. O dicho más claramente, para follar con ellos, pero no para mantenerlos de pareja; para ser esa parte de la tendencia evolutiva de unos buenos genes. En esa condición el “artista” es tendente a estar sólo, y como ya he hecho ver, es tendente a la autopoiesis, a la autosuficiencia. Por otro lado hay que tener en cuenta que en lo humano no hay tipologías claramente diferenciadas, como se da entre las abejas, hay tendencias, una personalidad primaria que es la más relevante, frente a otra miriada de características; hay tantos tipos de artistas que reducirlos de una forma tan extrema ha sido tan sólo para hacerme entender.

    ¿Son tramposos?, a nivel evolutivo no. Las hembras saben (sabían) de “qué palo van”, “aceptan” esta tipología porque su ingenio para tener sexo, es un ingenio para infinidad de otras cosas, lo que les da una alta probabilidad de unos mejores genes para su descendencia. Esta tipología está muy extendida en el reino animal, quizás donde menos en las aves. Hay pulpos que se hacen pasar por una hembra para que el macho alfa no los ataque, y en cuanto este se descuida tienen sexo con la hembra. Side Blotched LizardUnos lagartos del desierto tienen una estrategia similar, los sexos se diferencian por ciertas manchas de un color, pero la apuesta “tramposa” tiene otra coloración. Gazzaniga en su libro expone otro ejemplo, se verá que su lenguaje es similar al mío (que puede ser tildado de manera errada como machista), pues los dos tenemos y  manejamos los conceptos de la psicología evolutiva. Transcribo para ahorrarme tener que parafrasear algo tan minucioso y largo:

Sirvan de ejemplo los hábitos espaciales del feo ratón de campo: aunque todos son de similar tamaño, se diferencian claramente por el modo como se aparean. El relato de su extravagante búsqueda de pareja ejemplifica cómo un impulso evolutivo hacia la poligamia conduce  a  la  diferenciación  de las habilidades espaciales de machos y hembras. Los machos polígamos hallan la ruta para  regresar de noche a su nido, pero las destrezas espaciales de las hembras (monógamas) son escasas. La diferencia estriba en  la  construcción  del  cerebro y en la cascada de  procesos  automáticos  que  allí se cumplen.
Esta observación se basa en un fenómeno bastante conocido: en ciertas tareas espaciales, el desempeño de los machos es mejor que el de las hembras. Esto vale para los seres humanos, las ratas y casi todo lo que hay entre unos y otras. Quienes la han estudiado aseveran que esta variedad cognitiva resulta de presiones darwinianas sobre la dinámica de la selección sexual. En general, las presiones de selección sexual no influyen, pero lo hacen cuando macho y hembra pueden potenciar el éxito reproductivo mediante conductas diferenciadas.
En el caso de los  ratones  de campo,  el asunto  se reduce a poligamia versus monogamia. La observación se ajustó a dos  clases  de  ratones:  el  de las praderas y el de boscaje. La inserción de minúsculos dispositivos telemétricos permitió medir cuán lejos del nido se aventura cada uno. El ratón de boscaje, que es monógamo,  permanece cerca de la madriguera, sin que se observe diferencia en la conducta de machos y hembras. A la inversa, los polígamos machos de las praderas recorren vastos espacios para encontrar más parejas  disponibles; las hembras no gastan energía y se  quedan  en casa. Concluido el período de celo, casi desaparece la diferencia entre machos y hembras.
Una vez establecida la desemejanza de género en las estrategias de apareamiento, se comprobó que la superior capacidad espacial del macho también se manifestaba en aprendizajes  tan  complejos como los de los laberintos de laboratorio. Lo que a primera vista parece una disparidad de destreza cognitiva solo es una habilidad surgida de las presiones selectivas destinadas a potenciar el éxito reproductivo.”

    Creo que no tengo que añadir más, hay muchos de estos ejemplos entre muchas especies. Las hembras se aparean con este tipo de apuestas sin que se sientan “seducidas” o “engañadas”, sino que al contrario los buscan y los esperan. Están “programadas” para esta doble elección, y esto debe de venir de muy lejos en la evolución, como para que esté en tantas especies. La sociedad actual, la evolución social y moral humana ha terminado por rechazar este tipo de apuesta de algunos tipos de hombres y forma de actuar de las mujeres, pero subsiste por muchas máscaras, convenciones y normas que le queramos poner. Quiero hacer mención al comportamiento astuto, solitario, unido a la nocturnidad del ratón de boscaje. Hoy en lo humano hay una clara división de humanos búhos y alondras, los que se sienten más despiertos por la noche, o a la primera hora de la mañana.  Por lo general los artistas son búhos. Voy a sugerir un relato, por si alguien lo quiere llevar a novela. Recientemente se ha descubierto que hubo otro homínido africano. No hay rastros fósiles, lo que lo hace aún más sugerente. Se ha descubierto en el ADN de los africanos. Se me antoja que quizás ellos fueran de ese tipo nocturno y ladino a la hora de comportarse, eran más ingeniosos, pero no formaban poblados, si no que vivían aisladamente, sin ser por ello beligerantes con los suyos. Se llegaban por las noches hasta los poblados de los otros homínidos para aparearse furtívamente con sus mujeres, ya que estaban localizadas, mientras que las de su especie no. Esto ocurrió por cientos de generaciones. Hasta que en esos poblados, sus hombres, decidieron ir a por ellos hasta aniquilarlos, llevándolos a su extinción. De su “sangre”, de su apuesta, sólo quedaron sus hijos bastardos, lo cuales llevaron la “llama” (mito de Prometeo) de la creatividad y de lo que hoy conocemos como humano, a esos homínidos.

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Hay unas pinturas rupestres muy antiguas en medio del Sahara (parecen muy modernos el estilo de los grabados en piedra), se piensa que esa antigua civilización, a la llegada de esa gran sequía que convirtió el antiguo bosque en desierto, migraron hacia los valles del Nilo y fundaron los Imperios Egipcios. A veces me siento como no humano. Como que todo me es demasiado ajeno: no concuerdo con el concepto de lo social, ni con los de identidad, ni con la lealtad… ¿desarraigo, daños en la infancia?, mi intuición me dice que mi tipología tuvo un origen y un porqué en la profundidad de la prehistoria. Quizás sólo hable “mi” hemisferio derecho es su deseo de explicaciones “mágicas”, metafóricas y profundas. Desde que tengo memoria supe que: “la lealtad al grupo, el sacrificio por él, el odio y el desprecio por los forasteros, la hermandad interna, la crueldad hacia fuera…, todos crecen juntos“, como dijo William G. Sumner, de tal manera que de “cercenar” un componente negativo, tenía que hacerlo a la vez con todos, lo que llevaba inevitablemente a la soledad.

    Con eso llego a los vídeos y la actual opinión generalizada. Si he traído a colación los conceptos del Ser y el aparecer, es que hoy en día se da una tendencia generalizada hacia el narcisismo, pero la mayoría de las personas narcisistas no lo son por herencia, sino por el estado actual de la sociedad, son simplemente aparecer. Es la misma distancia de un alfa y un falso alfa. El “verdadero” alfa actúa como un padre hacia todos (por lo general), se sacrifica por su manada (concepto de héroe, concepto del mesías, Jesucristo), pero hay mucho falso alfa que tiende a apuestas y a acciones más egoístas o psicopáticas. Con todo el artista sigue sin ser el mejor esposo o la persona más social bajo las reglas de la “normalidad”, es vanidoso, egocentrista, tiende a acaparar la atención…, pero seguramente no sean tan “ruines” como los actuales narcisistas en su aparecer. Hay o se acepta un narcisismo positivo, pienso que ese es el que portan los artistas, más cercano al amor propio necesario para la autoestima (¡que lío de conceptos parejos, para algo tan simple como debe de ser el ego en su voluntad de vivir, que necesariamente implica validarse, auto-afirmarse!; quizás “voluntad de vivir”+auto-afirmarse=orgullo de sí o voluntad de poder). Pienso que esos vídeos y ciertas apreciaciones actuales vienen de esos narcisistas en su aparecer. La división entre ser y aparecer, entre la esencia y la máscara, y que diferencia entre las verdaderas esencias humanas y las impostadas (alfa, artista, frente a sus intrusores), quizás se resuma muy bien en esta fábula de Nietzsche, parafraseada por Iain McGilchrist (según he averiguado en discusiones de Internet, no es de Nietzsche, pero me limito a transcribirlo por si el autor tuviese algún documento que lo corroborase):

   “Había una vez un sabio maestro espiritual, que era el gobernante de un pequeño pero próspero dominio, y que era conocido por su devoción desinteresada a su pueblo. A medida que su pueblo floreció y creció en número, los límites de este pequeño dominio se extendió; y con ello la necesidad de confiar implícitamente a los emisarios que envió para garantizar la seguridad de sus partes cada vez más distantes. No era sólo que era imposible que él personalmente ordenara todo lo que necesitaba ser tratado: como sabiamente vio, necesitaba mantener su distancia y permanecer ignorante de tales preocupaciones. Así que nutrió y entrenó cuidadosamente a sus emisarios para poder confiar en ellos. Eventualmente, sin embargo, su visir más inteligente y ambicioso, el que más confió en hacer su trabajo, comenzó a verse a sí mismo como el maestro, y usó su posición para avanzar su propia riqueza e influencia. Vio la templanza y la paciencia de su amo como debilidad, no sabiduría, y en sus misiones en nombre del maestro, adoptó su manto como suyo – el emisario se depreciaba de su amo. Y así ocurrió que el maestro fue usurpado, el pueblo fue engañado, el dominio se convirtió en una tiranía; y eventualmente se derrumbó en ruinas.”

    Voy al segundo tema: el libro “el pasado de la mente”. Gazzaniga hace alusión a que el lado izquierdo del cerebro es ante todo un intérprete de la información o las resoluciones que le entrega el cerebro, de tal forma que en esa dimensión se crea el concepto de conciencia, yo o agente en el cerebro, como ya he mencionado a lo largo del escrito. ¿Diferencias?, a lo que él llama intérprete, yo lo he tratado a veces como un supervisor de errores, función que la lleva a cabo la corteza cingulada anterior. El concepto de supervisor yo lo adopté de Sartre. También lo he llamado “resolutor” en la medida que tiene que terminar por tomar una decisión que parece no resolverse en el cerebro automático. Pero de una forma u otra lo he tratado bajo el aspecto de que es una función, que no está centralizada en una zona, que trata de crear una narración de sí misma, a esta capacidad la he llamado narrabilidad. Gazzaniga dice lo mismo, en unos y otros lados: “en  nuestro  interior  se  desarrolla sin pausa una narración privada”, “la narración resultante nos permite creer que somos buenos, que gobernamos, que anhelamos ser mejores”, “a medida que desovillamos nuestra narración, apelando a magnos sucesos para definir el esquema de nuestros recuerdos, simplemente introducimos en el relato detalles que podrían haber sido parte de la experiencia”. Baste estos ejemplos, el libro está lleno de este tipo de referencias. En mi caso a veces se me hacía complicado entender qué quería decir con intérprete, pues en castellano es sinónimo del sustantivo actor, como a la vez del verbo interpretar, con la diferencia del acento. O sea, tiene que haber un nexo común e indiferenciado, ser un intérprete (actor) es hacer una interpretación (darle un sentido o intencionalidad) a algo real. El diccionario de la real academia en una de sus acepciones nos dice: “concebir, ordenar o expresar de un modo personal la realidad”. Expresar es llevarlo a la acción, que a la vez encaja con la performatividad.

   Gazzaniga al final viene a decir lo mismo que yo: que aunque ilusión, Es. Es una parte más del cerebro, y que al igual que una ilusión no por conocerla la dejamos de ver, no podemos dejar de creer que somos esa identidad. La idea con la que hay que quedarse es que esa falsa o fantasmagórica identidad o agente es bastante general entre los estudiosos del cerebro y algunos filósofos. Anil Seth dice que es una alucinación, Rudolfo Llinas que es un soñar despiertos, cercano a “la vida es sueño” de Calderón de la Barca, otros autores lo tratan como un epifenómeno, una ilusión o falsa sensación, sin ponerle ningún nombre o hacer grandes teorías de un porqué. Ya en el siglo XVII Hobbes dijo que “todos los procesos mentales consisten en movimientos de materia dentro del cráneo” y David Hume: “el yo, el sujeto viviente es una ficción”. Si tantos autores coinciden, tiene que ser por algo. Tal idea viene a ser como las teorías de la mecánica cuántica: un saber científico, que en la medida que es contraintuitivo, la mayoría de las personas no terminan por aceptar o comprender. Gazzaniga es especialista en  los cerebros divididos, le seguí el rastro por el vídeo que compartí en el anterior escrito. Los cerebros divididos son una prueba de esa falsa identidad en el lado izquierdo o dominante del cerebro. Otros casos, que igualmente analiza Gazzaniga en el libro, son los pacientes de negligencia hemisférica. Quizás el caso más relevante del libro sea el de una mujer que padece de paramnesia reduplicativa (creencia ilusoria de que un lugar o ubicación se ha duplicado), la cual, contra toda lógica por haberse desplazado para ir a visitar a Gazzaniga, no dejaba de afirmar que se encontraba en su propia casa. “Esta paciente cuenta con un intérprete perfectamente sano que intenta otorgar significado a lo que ella siente o hace. A causa de  la  lesión,  la  zona del cerebro que representa lugares es hiperactiva y transmite un mensaje erróneo  acerca  de su localización. El intérprete no es mejor que la información que recibe, y en esta  oportunidad está recibiendo noticias falsas. Con todo, debe cribar las preguntas y otorgar un sentido  al  resto  de la información evidente. El resultado es que genera multitud de historias imaginarias”. Es un caso extremo de justificación e interpretación que hace el “intérprete” ante la información errada que el entrega otro módulo del cerebro, “obliga” al intérprete a dar un sentido que el propio cerebro sabe que es falso. Como se puede ver en unos casos y otros, si este proceso se puede medio desconectar, o “funcionar” mal en algunas situaciones, es porque es un constructo entre otros del cerebro. Constructo que es “alimentado” por varios módulos, sin que esté localizado en un lugar en concreto, y en donde si uno de esos módulos falla, el sistema no se viene abajo -no es todo o nada, sino gradaciones-, pero sí es tendente al error. Para el caso son como las ruedas de más de los grandes camiones (redundancia autorreferencial cerebral), para que si sucediera que se produjera un pinchazo, el camión no perdiera la estabilidad como para volcar o descarrilarse. Yo no sostengo algo que yo haya creado, si bien le he dado más dimensionalidades que otros autores. Ese ente es una necesidad ontológica, sigue las premisas de los sistemas complejos, pues tiende a ser homeostático, autorreferencial y cuenta con la retroalimentación. Su principal presencia es dar sentido a lo que ve, a la realidad, para que el cerebro tenga la falsa sensación que tiene el control de la realidad (locus de control). En cuanto este sistema se viene abajo o se desestabiliza, se cae en la ansiedad o la depresión. En otros casos en estados de despersonalización, que pueden llevar a crisis de la personalidad o existenciales. Bajo todos estos aspectos parece un homeostato, no muy distinto del que pueda tener un aire acondicionado, por ejemplo.

   Remito a otros escritos, y a tenor de no repetirme, para ver las distintas hipótesis que sostenidas por mi sobre el yo y la conciencia:

  1. Lo teleológico.
  2. Lo que no es la conciencia.
  3. El espejo que quería ser pantalla.
  4. Sobre la conciencia como atención.
  5. La vida como instante.
  6. Sobre la conciencia como atención (Addendum).
  7. El director en la sombra.

   Otro tema que toca Gazzaniga es si el humano es o no inteligente. Al parecer igualmente hay una corriente que aboga por tenerlo como “estúpido”, como yo he sostenido en muchos casos. La defensa que hace Gazzaniga va en dos frentes: primero, por ser el más claro, es que si no lo fuese no tendría el “éxito” evolutivo que tiene; y el segundo teniendo en cuenta que bajo el aspecto por el que se le trata de “estúpido”, es por todo lo que falla en las pruebas “artificiales” de los test. Mi punto de vista es que hemos creado una sociedad totalmente artificial, en donde todos somos “analfabetos funcionales” en una medida u otra, el propio Gazzaniga reconoce no entender la mecánica cuántica. Lo que yo sostengo es que con la inteligencia “práctica”, que nos ha dado la evolución, no podemos crear una sociedad ni estable, ni generalizada para la felicidad o el bienestar. Se da por tanto una ineficacia, “inutilidad” e impotencia de la inteligencia. En esa medida hay una segunda inteligencia que emerge, la social, que es tan compleja y tan grande que nadie entiende por completo. Cada cual se puede especializar en un saber, pero con la premisa de ignorar y no comprender grandes temas. En ese sentido, si el cerebro humano apostó por el “intérprete”, fue para tratar de tener el control de los conflictos emocionales y sociales. En la mayoría de los casos hace su función, sin errar demasiado. En los casos que yerre tenderá a “creerse” su propia confabulación para restar la pérdida del control y su identidad o narración. Un caso que cuenta Gazzaniga en su libro, con el que me reí mucho, fue el de alguien que decía tener el cráneo de Hitler. Cuando se le dijo que era el de un niño, afirmó que era la calavera de cuando Hitler era niño. A lo que quiero llegar es que si bien el cerebro creó ese artificio evolutivo que es la conciencia, esto no puede ocurrir así en lo social. En lo social no hay un agente que mantenga el control, que verifique. Se puede pensar que este puede ser el papel de los intelectuales: verifican crasos errores en lo social, ese es mi argumento. Pero hoy por hoy ese papel se está perdiendo, está dejando de ser oído. Se oyen a los “voceadores”, a los YouTuber, a los influenciadores, que se basan más en la oratoria y sus capacidades de tener una buena voz y presencia para llegar a las masas. Máscara, exterior, que en muchos casos no tiene  interior. Antes de los medios de comunicación masivos lo que contaba era la letra, el autor y su presencia estaba ausente; hoy es lo más importante. Para resumir, que pierdo el hilo. El intérprete bajo mi punto de vista nació como último supervisor de los procesos cerebrales, buscando incoherencias, fallas, sesgos… en última instancia para unificar criterios (conflictos emocionales o sociales). Pero al final se fue más allá de sus cometidos, como para ser él mismo una fuente más de sesgos y errores de interpretación. Este módulo funcionaba para vivir con los problemas de la naturaleza para sobrevivir, pero cuando las sociedades se hicieron complejas con las grandes ciudades y nacimientos de los imperios y los reinos, su cometido se centró en todo lo “irreal” y complejo que pueda darse en las grandes ciudades, como para al final devenir en eso que conocemos hoy en día. Las sociedades se construyeron ya bajo las premisas de esa nueva dimensión de esa estructura, y que era la primacía de la identidad. Lo que para el cerebro era el yo, como narrabilidad de una identidad, para las grandes ciudades lo era el concepto de patria. Lo patrio es el “yo” o conciencia de una sociedad dada con sus mismas taras y sesgos (racismo, falsa superioridad, ombliguismo…) Con este último neologismo trato de poner un nombre al concepto individual de creernos el protagonista de nuestra propia película en lo individual, mientras que el resto de personas son actores secundarios o extras (Sonder en John Koenig); y ser el centro del mundo o el universo en las civilizaciones. En esta dimensión toda civilización cree o creyó ser el centro del mundo, así ha sido a lo largo de la historia y de la vida de las civilizaciones. Hoy ese centro es New York (EEUU).

   Volviendo al tema. La sociedad -la tan venerada y respetada civilización- ya nació con sesgos, que por lo demás nunca se han resuelto. El racismo, las banderas, las identidades nacionales, la otredad, la superioridad racial y demás secuelas de la misma raíz, siguen siendo uno de los temas más preocupantes de la actualidad. En épocas de crisis se pronuncian aún más. Entonces tenemos los equivalentes cerebrales de supervisor y yo identitario volcados en lo social. Los intelectuales y los científicos son los supervisores, en tanto que lo patrio es la identidad. En el escrito anterior ya decía que al final la conciencia deviene igualmente en disonancias cognitivas: lo mismo ocurre en lo social. Hay intelectuales que están fuera de toda identidad, pero por lo general no es así. Un caso evidente son los científicos o intelectuales que defienden la teoría creacionista, contra la evolutiva. Lo que se deduce, entonces, es que la sociedad no está creada para buscar el bien universal, aunque los intelectuales y científicos en su meollo más profundo lo pretendan. En la medida que la razón individual no puede ser puramente razón, la sociedad tampoco lo puede ser. Algunos regímenes que han pretendido serlo han acabado siendo verdaderas y horrorosas distopías (comunismos, dictaduras). De una manera u otra tanto el cerebro como la sociedad, nunca pueden llegar a una verdad universal, pues tal cosa no existe, pues todo sistema evolutivo sólo sigue una regla: lo adaptativo. ¿Cómo universalizar tal regla? Yo soy artista, mi regla no puede ser universal, en la medida que “gane” o predomine otra regla, posiblemente va a ser a costa de presionarme y constreñir partes de mi identidad, como he mostrado arriba. Lo mismo para la sociedad, los paradigmas de los Estados Unidos se propagan y vencen a costa de la identidades de otros pueblos y creencias, que se sienten oprimidas. Lo que trato de demostrar es que hay temas irresolutos. Ocurre tanto nivel cerebral, como social. La inteligencia humana no parece “servir” ni para una dimensión, ni para otra. Lo que suele entorpecer para ser una razón puramente analítica, son las emociones, pero a la vez es su única fuente “real” de una “verdad” o esencia humana. O para llegar a la última conclusión que se sigue de estas reglas: una posición “óptima” sería la de lograr desarrollar una inteligencia artificial que fuera la que nos guiara, pero con la problemática de que no tendría en cuenta nada de lo humano. Películas como “Terminator” o “Matrix” nos advierte que tal cosa no sería algo deseable, sino más bien peligroso para la existencia humana. Quizás como mejor se entienda dicho problema sea por los detalles. La película “yo robot”, basada en un relato de Asimow, nos pone ante el dilema de que una inteligencia artificial optase por salvar a un adulto, frente a un niño, cuando el coche se hundía en el río. ¿Dónde están escritas ciertas reglas?, como esta de salvar a un niño a toda costa, en el ADN, en lo más antiguo, en la esencia de lo que es el ser humano. Pero tales reglas, como las de patria o identidad, no son lógicas. Tienen su valor en tanto que los son para nuestra especie. Radicalizando este problema: o nos comportamos completamente como una inteligencia artificial fría, sin esas reglas asentadas en el ADN, o como humanos y somos erráticos. Hemos apostado por lo segundo. ¿Es lo más inteligente?, posiblemente no. En los dos casos va a haber dolor para algunos individuos, un sistema inteligente en tanto que probabilístico desechará ciertos tipos de humano o conductas. Las reglas humanas tienen las mismas taras, pero al fin y al cabo entre elegir un tipo de error (terror) u otro, preferimos los nuestros. Como punto final a estas cuestiones, en lo individual la mayoría de las personas se sienten perdidas de todos los conocimientos que ignoran o no entienden. No sabemos si el mundo es el mejor de los posibles, pero apostamos a que sí, a que hay especialistas en cada tema que contestan a las preguntas difíciles, y nos ponemos en sus manos y que lo harán lo mejor posible, pues así lo quiere creer nuestro propio intérprete o narrador, por el bien de no caer en pesimismos y cinismos, y de paso creer tener el control de nuestras vidas. Ahí radica una de las premisas más antiguas humanas: se supone que se tiene que confiar en los otros, pero como el engaño es una parte más de la naturaleza, de la que no estamos fuera, se creó una retroalimentación entre los engaños sutiles, y la sutileza de detectarlos. “Los lóbulos frontales no sólo nos enseñan a traicionar, sino a confiar“, dice Iain McGilchrist. Gastamos el mayor tiempo de energía cerebral social en este juego armamentístico: en confiar y tratar de que confíen en uno mismo. Si ya es complicado este juego con tus iguales, con los que son de distintas jerarquías aún son peor las cosas. La misma regla para la diferencia entre los sexos, y con la libertad sexual aún se ha caldeado más la situación. La corrupción política y de los poderosos actual nos deja en claro como es el humano en sociedad. De facto nadie sabe nada, de toda la extensión de un saber universal humano; no sabemos realmente cómo funciona el sistema, como tampoco lo sabe una hormiga, o lo sabe una neurona. No hay un plan maestro, no hay un agente mundial que ponga un orden, que dicte las reglas. Se siguen las premisas de los sistemas complejos: estos funcionan sin un agente real y único. Todas las hormigas en sus pequeñas funciones crean el hormiguero; todas las neuronas crean la sensación de un yo, de una identidad. Cada humano ha de crear la sensación de esa sociedad del bienestar y la humanidad. La base del neoliberalismo actual se basa en los conceptos de la “mano invisible” y el Laissez-faire (dejar hacer), que es la forma como tienen de actuar los sistemas complejos. ¿Dejar hacer?, si se expande el modelo americano, si ponemos una confianza ciega en ese paradigma, el mundo estaría avocado a la corporatocracia (Corporatocracy), un mundo donde habríamos puesto nuestra fe en lo números y lo estadístico, el el frío cálculo de la máquina…, apoyados por unos gobiernos adormecidos y altamente burocratizados. El colmo de esta dirección de la sociedad actual es que en China se esté creando la posibilidad de puntuar a los ciudadanos a través de sus redes sociales, para que sientan la presión del grupo. Como una nueva era en donde la letra escarlata (marcar a alguien visualmente sobre su “naturaleza”) ahora es digital. En realidad no hay nada más rebelde que el total anonimato. Por el contrario hoy en día al mayoría de las personas se vuelve muy visible, muy cuantificables, mensurable, muy tendentes a crear los algoritmos. Bajo mi punto de vista eso es ignorancia, a no ser que reconozcamos tal falla y la hayamos elegido. Mi teoría más extendida de la identidad, es que es en tanto que negación, en este caso somos cierto tipo de identidad, en tanto que negamos querer ser o comportarnos como una inteligencia artificial. Somos identidad en tanto que aceptamos y asumimos el “error” humano en toda ecuación, en tanto que aceptamos los límites de nuestro tipo de inteligencia, sesgada ya en sus premisas más nucleares. La democracia es esa falsa sensación de que tenemos el control, igual de falso que lo es para el cerebro ese agente que es la conciencia o yo. En un caso y otro, el último límite al que nuestro tipo de construcción puede llegar como el más óptimo. Si se quiere algo mejor, habría que destruir todos los pilares. Hacer una construcción desde cero.

   Siempre que estoy en las últimas líneas de un escrito, trato de pensar si me dejo algo en el tintero. Casi siempre queda algo (olvido) que al final escribo en días posteriores. Remato haciendo alusión a otra cosa externa, como lo han sido los vídeos sobre el narcisismo y el libro “el pasado de la mente”. En este caso en una película, la francesa “corporate” (corporación). Aunque sabemos que la inteligencia artificial es el límite al que no tenemos que llegar, las grandes empresas y los gobiernos están en manos de las estadísticas, y sus reglas para deducir “verdades”, o seudo-verdades generalizadas. La teoría de juegos ponen las reglas que se han de dictar en esas corporaciones, que a decir verdad tienen más de inteligencia artificial que de humanas. ¡Atención spoiler! La película francesa, de lo más acertado en lo desértico que se ha vuelto el cine de los últimos tiempos, nos pone en la piel de una directiva de personal de una corporación. Al poco de empezar la película se suicida uno de sus empleados, ante la presión a la que se ve sometido, y como un tipo de venganza hacia los que le han llevado hasta esa situación. La trama no nos deja ver, al principio, si en la protagonista vence la frialdad de la IA y la teoría de juegos, o lo humano. Si le puede el rol que tiene que hacer como ejecutiva, o si puede la naturaleza asentada en el ADN. Algunos diálogos son claves para hacernos ver que ella está situacionada en una postura, máscara, donde no está cómoda, donde los conflictos emocionales y las disonancias cognitivas no pueden mantener la sensación de control. La película no nos muestra dicho dilemas morales o éticos desde puntos de vista religiosos, Francia ha de apostar por ser el padre de la laicidad. Tiene de fondo el dilema de si una persona, una individualidad, bajo el prisma de una racionalidad egoísta, ha de sentirse primero humana, o tan sólo una fría máquina de gestión y de accionar en el mundo. Si puede lo corporativo/social, o si puede el individuo. Al final puede lo humano, la naturaleza, aunque en el proceso pierda su prestigio y ya no vuelva a ser contratada por ninguna otra corporación. Nos plantamos ante un nuevo tipo de heroína, aquella que va contra el sistema, y las tendencias actuales hacia lo frío y calculador del número, los algoritmos y lo estadístico. Pero sólo son batallas que en el tablero de la guerra apenas si se ven o se dejan oír. Pequeñas anécdotas para contar a dos o tres amigos; nada saldrá en la prensa, nada transcenderá. El sistema corporativo y el número seguirán impasiblemente su marchas. Cambia más el hecho que cinco usuarios compren un nuevo móvil (mantenimiento del nivel de consumo) y se creen diez nuevos YouTuber (personas que entran en el sistema y que al crear nuevos contenidos elevan la primacía de Google), que lo anecdótico de esa persona que ha sentido “escrúpulos”, como lo es la protagonista de la película.

   Remato. Si en el escrito “la dimensión individual” decía que apostaba por la soledad, frente a ser una apuesta tramposa, una de esas causas es el ser artista y por lo tanto tendente a lo narcisista; hay otras trampas que soy y que no quiero que se pronuncien en sociedad. En soledad no se tiene espejos, los otros, y no ves tu imagen, o cuanto menos no tienes que estar constantemente ocultándola o poniéndole restricciones (mascaras); tampoco, para bien o para mal, se da gasto neural de buscar confianza y confiar en los otros. En uno de esos vídeos decían que los narcisistas son un espejo que no te devuelven la imagen. ¿Acaso los que no son artistas entienden o saben escuchar a los artistas? Ningún cuadro o cualquier otro tipo de arte realmente lo entiende mas que el propio artista. Yo siento que cuando hablo de mis temas igualmente no tengo un espejo delante, al final las personas se ausentan de sus cuerpos, se ponen a pensar en sus cosas. Por otro lado dicen de los narcisistas que ponen como culpable a los otros, que siempre son las víctimas. Quizás los narcisistas en su aparecer, no los artistas o divergentes y quizás artistas o divergentes que nadie ha sabido sacarles ese lado creativo y divergente, como sucede en la actualidad en el sistema educativo. Aunque habrá artistas igualmente ruines y gilipollas, pues en la mezcla de caracteres y tipologías hay de todo. Nuestro problema es que vemos más a matrix que otras personas. Somos idiosincrasias que desde que nacimos estamos fuera de la caverna, y nadie entiende la visión que plasmamos. Yo rápidamente me sentí identificado con que el sentido de agencia en el cerebro era falso. A mis quince años tuve una experiencia que me marcó como que todo era máscara, y desde entonces no me ha abandonado. Nadie quiere compartir esa visión. Los artistas sabemos qué es máscara a la menor. Somos más sensibles a cualquier pequeña señal fisiológica de disonancia en los otros, de sus máscaras. Mi hija lo ha heredado y me las detectaba a los cinco o seis años, cuando el resto de las personas no las veían. Puede que nuestra forma de ver el mundo, con cada persona o pareja con la que nos topamos, lo vean como una carga excesiva en donde a ello/as las ponemos como los errados de forma constante. Quizás es que vemos más allá o somos demasiado sensibles a los errores y contradicciones dentro de un esquema más general de la matrix. Nuestro principal módulo es el supervisor, el resolutor de problemas, el intérprete en el lenguaje de Gazzaniga. Somos un tipo de apuesta, y como toda apuesta carga con sus contradicciones y lados negativos.


  Descargar nueva revisión del mapa mental sobre la superveniencia (filosofía, sociología, psicología). Cómo usarlo (ir al final del escrito). En el mapa me encuentro con los límites cerebrales y la tendencia a la parsimonia. Al principio había pocos conceptos que manejaba y mantenía en memoria, de tal manera que me era fácil enlazarlos. Ahora mismo ya he perdido el control (más de mil conceptos, que están conectados por más de cinco mil enlaces), ya no me es tan fácil ni cómodo enlazar conceptos. Busco conceptos que contengan el mismo nombre y después verifico si tienen que ver. Pongo ideas antónimas, pues en definitiva el mundo y el cerebro es dual. En muchos casos es rutinario y me termina por aburrir, me desmotiva; empiezo a comprender que no tengo el control. Por otro lado tengo el navegador de Internet lleno de pestañas de temas pendientes de leer, y realmente empieza a agobiar demasiado: no puedo pretender leer todo, y si dejo de leerlos me quedo con la sensación de poderme perder algo realmente importante. He encontrado una gran cantidad de conceptos sobre ideas que yo he tratado. Todo parece tener un nombre, o alguna teoría. También me estoy encontrando con mucha redundancia: conceptos que son muy iguales, o lo mismo. O juego de lucha (evolutivo) entre varios nombres de varios autores sobre una misma idea o concepto. No he puesto muchos enlaces. Es un proceso muy cansino, lo hago otro día. En los dos últimos escritos no sabía que títulos ponerles. En el anterior he errado, pues “un afuera de matrix”, es un tema redundante, que me deja muy abajo en la búsqueda de Google, tampoco es que me deje llevar por lo sonoro o lo propagandismo; el título presente es soso y no “dice” nada, lo quería haber llamado “cómo narices llamo llamo a este escrito”, porque realmente no sabía.
Bajar libro, borro enlace en unos días, por cuestiones de copyright y las nuevas leyes europeas. Tampoco tengo claro si final tendré que borrar escritos en donde pongo textos de libros, o seccionarlos.

¿Un Afuera de Matrix?

El mundo ya no está “presente” para nosotros, sino “representado”, un mundo virtual, una copia que existe en forma conceptual en la mente.” Iain McGilchrist
La sociedad es como un organismo que vive por sí solo, no una máquina que pueda construirse y modificarse a voluntad.” Edmund Burke

   El anterior escrito, a simple vista, aparece con contradicciones de base. El presente trata de subsanar esas debilidades y de paso dar por zanjado todo el tema sobre las identidades, y qué se puede entender como un agente y dónde reside la intencionalidad.

   He de decir que el concepto de arriba y abajo, que he perfilado en el escrito anterior sobre el cerebro, es bastante borroso, o no tan claro como lo he mostrado allí. Vayamos al caso de la estampida. Si veo un felino hecho a correr. Hay un estímulo que ha activado la amígdala y en los animales gregarios su activación quiere decir “echa a correr”. O miedo, en la medida que se activa una vía en donde se dispara un comportamiento automático y menos reflexivo, ya que en la carrera quizás haya crías caídas en el suelo que los animales pisotearán. No hay mucha diferencia entre el hombre y esos animales gregarios, el humano que se ve en situaciones límites, como el incendio en una discoteca, actúa igual. Volviendo al animal gregario, se activa de la misma forma la amígdala si se ve correr a toda la manada: es la misma vía, la instintiva. En otros casos la división no es tan clara como el tallo cerebral y ganglios basales (arriba en el proceso de ejecución o toma de control) y corteza cerebral (abajo). El cerebro en caso de peligro activa la respuesta automática o instintiva. Si vamos por un bosque en soledad, un movimiento cercano de algo desconocido, va a hacer que nos sobresaltemos, después el tallo cerebral y ganglios basales pasan el control a la corteza cerebral, para que por medio de la razón, analicemos qué era eso que nos ha sobresaltado. Aquí vemos que no hay tal agente en el cerebro, o no es algo centralizado. El tallo cerebral y ganglios basales toman el control en un primer momento, y después lo toma el sistema ejecutivo del prefrontal. Si fuera el caso que en esa situación hubiera sido un padre o una madre con un hijo muy pequeño, el primer “gesto” sería el de proteger al hijo, en vez de a sí mismo. En ese caso el tallo cerebral habría actuado pareado con el cerebro medio, el cerebro mamífero, para proteger a la descendencia. Pero seguramente la primera activación se da en el tallo y rápidamente deja el control al cerebro medio. También hay que tener en claro que todo sucede demasiado rápido, apenas unos segundos; a nivel de conciencia creemos que todo el acto ocurre desde el prefrontal, o a eso que llamamos un yo, y que creemos que es el agente cerebral “principal”, que esa “generosidad y amor” hacia el hijo la hemos “elegido”, cuando es casi una reacción puramente mecánica o automática. Lo que realmente ocurre es que en el humano todas las capas están más “entremezcladas” y su unión no son escalones, sino procesos muy vinculados. Por otro lado hay que tener en cuenta que a eso que hemos llamado “cerebro mamífero” (sistema límbico), no lo es tanto, puesto que una gran cantidad de reptiles y la mayoría de las aves tienen el mismo comportamiento de protección hacia sus crías. Y digo entremezclado, pues un comportamiento básico o instintivo no siempre implica de forma exclusiva a la parte más antigua del cerebro.

  Otro hecho, que refuta lo que decía el anterior escrito, es que los aprendizajes mecánicos son de abajo hacia arriba. Un tenista, o cualquier otro deporte complejo y rápido, es un aprendizaje “eterno” de mini-ejecuciones de pequeños cambios de fuerza y posición de músculos y articulaciones. Al final ese proceso, de abajo hacia arriba, ha creado una mecánica que casi actúa por sí sola en los partidos. Es ahí donde la frase de “la guerra de las galaxias” tiene sentido: hay que dejarse llevar o dejar actuar al sistema mecánico, a la “fuerza”, que ha creado una heurística o una inferencia bayesiana (aprendizaje intermedio entre cómo son las reglas de la física -gravedad, fuerza, curvatura de los proyectiles- y lo probabilístico -saber de cómo se va a comportar uno u otro contrincante en un caso u otro-. Lo mismo se puede decir del virtuosismo de tocar un instrumento musical: ha sido un aprendizaje muscular, mecánico.

   ¿Dónde está entonces el quiz de la cuestión?, la diferencia, la clave que yo trato de mostrar. A eso que llamamos agente en el cerebro nace sobre todo en la corteza cerebral. Bajo mi punto de vista es la autoconciencia en tanto que su principal herramienta es la palabra, un sistema simbólico complejo. A ese proceso que hemos visto arriba de pasar el mando desde el tallo cerebral y los ganglios basales, al sistema límbico o a la corteza cerebral, se le puede denominar como un cambio de a dónde ponemos o volcamos la atención o centramos la energía, seguramente con un mayor riego de sangre y de oxígeno (recursos limitados del sistema). Hay que hacer mención especial a la teoría que propone que la memoria de trabajo no es más que la activación o mantenimiento del foco sobre partes de la memoria a largo plazo. Esto nos dice la Wikipedia:

     “Anders Ericsson y Walter Kintsch introdujeron la noción de “memoria de trabajo a largo plazo”, que definen como un conjunto de “estructuras de recuperación” en la memoria a largo plazo que permiten un acceso perfecto a la información relevante para las tareas diarias. De esta manera, las partes de la memoria a largo plazo funcionan efectivamente como memoria de trabajo. En una línea similar, Cowan no considera la memoria de trabajo como un sistema separado de la memoria a largo plazo. Las representaciones en la memoria de trabajo son un subconjunto de representaciones en la memoria a largo plazo. La memoria de trabajo está organizada en dos niveles integrados. El primero consiste en representaciones de memoria a largo plazo que se activan. Puede haber muchos de estos, teóricamente no hay límite para la activación de representaciones en la memoria a largo plazo. El segundo nivel se llama el foco de atención. Se considera que el enfoque tiene una capacidad limitada y admite hasta cuatro de las representaciones activadas.”

    Visto así la memoria de trabajo es un cambio de foco y es este foco el que crea la ilusión de un agente. Esto dijo Carl Jung: “la llamada unidad de la conciencia es una ilusión … nos gusta pensar que somos uno pero que no lo somos”. El símil más idóneo sería una linterna y dónde dirige su luz. Otro lo sería el ordenador. El foco lo tiene el programa con el que se trabaja, pero se lo “roba” el antivirus si detecta algo peligroso en el sistema, o el propio sistema en ciertas situaciones. Se nota cuando se está escribiendo y de repente se sigue tecleando, pero en ningún lugar, porque el foco ya está en otro lado. Si se tiene varias pantallas y varios programas abiertos, saber dónde está el foco a veces se hace complicado. Ante una situación de alarma se acelera el corazón para que haya más energía (sangre y oxígeno) al cerebro y al cuerpo en general, pero el cerebro tiene programado dónde está el foco o el mayor riego de sangre en cada momento. En un estado de alarma la corteza cerebral pierde el foco, y esta se encuentra en el tallo cerebral y los ganglios basales. Por lo general la alarma, en la vida actual, no actúa, luego casi siempre está en la corteza cerebral, y por norma general permanece siempre activa, luego nos da esa fuerte sensación de su protagonismo. De un agente cerebral. Es aquí, en esta región y seudo-agente, donde sí se puede aplicar el proceso de abajo hacia arriba, pero paradójicamente casi siempre para mal, como veremos. El prefrontal o la corteza cerebral en general “interpreta” mal las señales que vienen de arriba, o cuanto menos no las sabe “leer” (ver vídeo al respecto). En muchos casos la fuente de esas lecturas son las emociones, el sistema límbico. O sea, está claro que una reacción instintiva es “correcta”, en el sentido de que conviene no cuestionarla. La evolución mantiene ese sistema porque es muy efectivo. Si no lo tuviésemos no saltaríamos a la calzada ante un coche que no hemos visto y nos pita. Pero en el sistema límbico hay un nudo evolutivo de rutas que se cruzan y llegan a rotondas, en donde las “intenciones” o el foco se pierde en varias rutas a la vez. O sea, si tenemos en claro que un agente inicial en el sistema, a nivel evolutivo, era ese foco, al llegar al sistema límbico este, en muchos casos, se divide en varios agentes o rutas de ese foco. Normalmente ante la falta de focalidad, al final, se le entrega al prefrontal, a la razón, para por medio del juicio “decidir” una salida, pero las cosas nunca están claras. Ese proceso de varios caminos, en donde uno de ellos no termina por tomar el foco, es a lo que se llama conflicto emocional. Donde se da una lucha en donde ninguna zona gana al tratar de llevarse el foco, la intención o la decisión. En un caso sencillo, estamos en un comedor universitario y tenemos que elegir entre dos postres que nos gustan. O en un caso más complejo, y de un desarrollo más largo, cuando amamos a alguien y sabemos que la única forma de que sea feliz es dejándola. Si somos honestos no tenemos la sensación y ni sabemos de esas rutas divididas. No sabemos que una ruta ha ido al prefrontal medial, vía unión tempoparietal, o cualquier otra ruta. Lo que “sabemos” o sentimos es ese conflicto emocional, esa entrega del foco al prefrontal, al sistema ejecutivo, a la razón. Dado que la vida social humana es muy compleja y solemos estar de constante con disonancias y conflictos, de pérdidas de foco, donde la decisión no es clara, el sistema ejecutivo ha ido agrandándose y tomando cada vez más relevancia en el ser humano. Para resumir y abreviar: si el tallo cerebral y los ganglios basales son el sistema 1, el sistema límbico el 2 y el prefrontal el 3, en la vida diaria, en sociedad, todo que se pueda solucionar en el nivel 1 ya no recurrirá a los otros niveles; si no lo soluciona le pasa el foco al nivel 2 y si este no lo soluciona se lo pasa el nivel 3. Normalmente vivimos en automático: en procesos de los dos primeros niveles. Cuando conducimos, cuando trabajamos en algo que suela ser monótono, y cuando estamos con personas que vemos todos los días. El nivel 3 se activa de tres maneras: 1. cuando se da una situación nueva que es compleja, 2. cuando se da un conflicto no resuelto en el nivel dos, 3. cuando estamos solos y aburridos o necesitamos pensar en algo. Este tercer estado es importante y crucial para entender por qué creemos que ese es el agente del cerebro, que ese es nuestro yo. A eso que he llamado foco se le puede llamar conciencia. Si retiro la mano cuando por el rabillo del ojo veo que alguien me la va a golpear, es que hay una conciencia que “sabe” dónde está la mano y actúa sin que en ese proceso entre en juego la corteza cerebral. No llega a ser un acto puramente reflejo, pero sí instintivo, donde el cerebro tiene su propia respuesta, “elección” o “intención”, programada. Y digo elección e intención porque no todos los cerebros actuarán igual. Depende del carácter de cada uno. En una situación en caliente si alguien nos da un tortazo, ese sistema puede responder con un tortazo de vuelta a quien nos lo ha dado, pero no es universal. Por eso la ley diferencia y castiga de forma distinta un acto por impulso o llevado por la situación (sin intención según la jerga judicial), de otro en donde puede haber entrado la corteza cerebral y la razón (con intención). En el caso de los padres que protegen a sus hijos como primer acto, tampoco es universal. Hay una película que polemiza con tal situación, un padre ante una avalancha se salva a sí mismo antes que a su familia (Fuerza mayor, 2015). A partir de ese acto su familia le cuestiona. La evolución mantiene distintas apuestas siempre que se validen. Ese padre podrá ser rechazado, pero ya ha tenido descendencia que puede cargar con ese tipo de elección. El papel crucial de las mujeres en la evolución ha sido la de “detectar” esa sutilezas antes de tener hijos. La trampa de los hombres la de “ocultar” ciertas dobleces o posturas falseadas. La violación o el sexo forzado es un tipo de apuesta evolutiva que mantiene apuestas tramposas. La mujer de hoy en día no debería de seguir el embarazo de una violación (la apuesta cristiana y pro-vida no siempre es la mejor). Va en ambas direcciones: también hay apuestas tramposas en las mujeres. Pero por lo general, a nivel evolutivo, ese peso lo han tenido las mujeres, pues podían ser abandonadas con lo hijos, con el consiguiente “gasto” de energía y tiempo sólo para ella. Las hembras del reino animal son híper-selectivas, lo que ha reforzado su nivel de intuición a la hora de “elegir”.

  Retomo el tema, que me desvío. En el nivel 1 están reglas como la de la autopreservación, y la autorreplicación (vivir y reproducirse). Ahí estarán asentadas las tendencias limerentes hacia lo autopoiético. En el nivel 2 está el animal social que nos habita. Hay dos apuestas o modos de operar principales: alfas o no alfas (un beta es un potencial alfa, está en el mismo nivel). La apuesta alfa es hacia la no imitación, mientras que la de los no alfa, omegas, es hacia la imitación. En el humano al final las cosas no son tan sencillas. Sobre todo en la dirección que va la historia, donde ningún alfa nos parece “legítimo”. De una manera u otra en este segundo nivel las rutas que toman las resoluciones ya no suelen ir por un solo camino. Deslegitimar a un líder no quiere decir ser alfa. Simplemente que se es un omega sin líder. El cerebro se queda en el limbo entre no tener líder y no ser totalmente autónomo. Llevando tal dilema a través del paradigma de la estigmergia, es como si un camino de hormigas se bifurcase en dos, en donde ambos tienen la misma cantidad de señal química: ¿dónde irá una hormiga al encontrarse ante tal “dilema”? Un omega con líder seguirá al líder (camino estigmérgico más trazado), pero en su ausencia tiene que “elegir” por sí mismo. De facto ahora mismo es casi indistinguible quién es alfa o no, porque todos actuamos como si fuésemos alfas, pues en cada encuentro con alguien desconocido tendemos a “mostrarnos” como alfas, pues ese es el paradigma actual. Tenemos aquí una primera división de cinco tipos de humanos: 1. alfa que sabe que es alfa, 2. alfa que no lo sabe, 3. omega que sabe que es omega, 4. omega que se oculta que es omega, 5. omega que se cree alfa o la situación lo pone como alfa. Cuando yo digo que lo importante es el nivel 1 y los más bajos del nivel dos (el sistema límbico es demasiado complejo como para ser una sola unidad, por eso no tiene mucho sentido hablar de niveles, pero hace falta “nombrarlos” y clasificarlos para poder entendernos), ese carácter, o ego (en mi lenguaje, no el freudiano; ego profundo como lo puesto al yo del prefrontal), es que a no ser que se den situaciones límite no sale a relucir quien es alfa u omega. La vida humana es tan compleja, tan superficial, tan máscara, que uno casi nunca se enfrentará a ese dilema. Que se dé una situación límite tampoco resuelve el tema, puede que la persona que “tomase las riendas” sólo fuese el que más sabía ante tal situación, o que fuese el omega más “fuerte” mentalmente (en el reino de los ciegos el tuerto es el rey, fijarse en la sabiduría de los refranes, me desgasto en explicaciones y un refrán ya tiene la “solución” o “verdad”). Puede que a la mayoría de las personas estas afirmaciones le parezcan excesivas, pero ¿cómo entender el comportamiento de los alemanes en los años previos y durante la Segunda Guerra Mundial? En situaciones límites como las guerras se extreman las esencias, lo fáctico, la condición de cada carácter. Sobresale que la máxima humana es la de la conformidad, el ser omega. ¿Se creen que no se comportarían igual de estar en la misma situación?, ese tipo de creencias son en las “quiere creer” ese falso yo, por el bien de tener una buena imagen de sí mismo. La mayoría de personas no nos enfrentaremos a nuestra “verdadera” naturaleza en la vida, en un mundo neblinosamente edulcorado y blando. Se dice que la vida pone a cada persona en su sitio, pero realmente no es así: el mundo de máscara pone a cada mascara dentro del propio orden que tiene esta mascarada, esta matrix.


    Conviene aclarar algo más todos estos aspectos sobre el foco de atención y extrapolarlo a otros lenguajes.  De uso común se habla de inconsciente, y subconsciente, para diferenciarlos de la atención y ese saber que se sabe que es la conciencia o consciencia. En primer lugar hay que tener en cuenta que la corteza cerebral tiene dos hemisferios. En los animales que hacen uso de las patas delanteras o brazos, siempre hay una preferencia hacia uno de los brazos, por orden general es como en los humanos: son diestros. Cuando nació el lenguaje hizo uso del lado izquierdo del cerebro, que maneja el lado derecho. Se cree que fue porque primero tuvo que haber un lenguaje no verbal, a través de las manos. Gestos tan comunes como indicar (dedo índice, indica), que alguien se vaya, gesto hacia afuera, o que venga, hacia adentro. Estos gestos eran llevados a cabo por el brazo derecho. Cuando “llegó” el lenguaje cada palabra era un “sinónimo” de un gesto del brazo, con lo que si ese proceso lo hacía el hemisferio izquierdo (brazo derecho), entonces por economía energética las palabras se “gestionaban” junto a esos gestos. Aún hoy cuando queremos dar énfasis sobre “ven” o “vete”, los acompañamos con los gestos. Se ha comprobado que inmovilizar los brazos entorpece la fluidez del habla ligeramente. Este proceso hizo que el hemisferio derecho se especializase en la tarea del habla. Con el paso de cientos de miles de años los hemisferios crearon o se especializaron en distintos procesos. En términos generales el lado derecho es más flexible y tiene una atención más amplia, y el hemisferio izquierdo es más focalizador y tendente a la comprensión. En ese sentido se puede afirmar que a eso que llamamos subconsciente es principalmente el lado derecho del cerebro, mientras que el consciente es el lado izquierdo. Conviene diferenciar distintos tipos de atención, así como palabras y conceptos que parecen ser sinónimos o familiares, pero que no lo son. Al escribir tengo la atención focalizada, que es sinónimo de centrarse, atención centralizada o concentrarse, papel que lo lleva a cabo el lado izquierdo del cerebro, que es donde están principalmente las funciones ejecutivas. Conciencia, atención y sistema ejecutivo son una misma cosa expresadas en distintos lenguajes, pues el sistema ejecutivo es sobre todo una forma de tratar con la atención: es un sistema de atención supervisora, concepto este último que yo he utilizado una y otra vez. Aquí nos encontramos con el nudo gordiano sobre el sentido de agencia, y que exista un agente en el cerebro o yo. ¿Qué hace el cerebro y cómo para que esto ocurra? De sentido común creemos que nosotros mismos hemos puesto la atención y la mantenemos. Pero sería como la paradoja del barón de Munchausen, que se sacó a sí mismo de un pozo tirando para arriba de su coleta. O sea, que si la atención o concentración no puede llamarse a sí misma, eso nos lleva a otro agente que le llama -como cuando nosotros pedimos a alguien para que nos preste atención-, pero por el mismo problema y paradoja del barón de Munchausen: a la vez remitiría a otro agente que le llama y así hacia el infinito. No hay tal agente, es la situación la que crea tal agente o estado concentrado, el que hace la llamada. En un ejemplo claro, un maestro o un conferenciante nos pide silencio y que le prestemos atención. En otro caso, si estamos leyendo y por el rabillo del ojo vemos que nos han lanzado algo, la atención o foco va hacia tratar de detener ese objeto. Igualmente es extrapolable a la informática. En este momento el microprocesador gestiona (centra sus procesos) en lo que estoy escribiendo. Si se diese el caso que el antivirus encontrase un virus, perdería el foco y se pondría en la ventana emergente del aviso. Igualmente una noticia o un meme de turno acapararían la atención de los procesos sociales. Volviendo a los dos lados del cerebro. Si el izquierdo acapara la atención, el hemisferio derecho sigue “procesando” el mundo en su visión amplia y flexible. Esta aparente “doblez” es por lo que podemos poner la atención en varias cosas o ser multitarea (atención dividida, igualmente extrapolable a la informática, que aparentemente trabaja en varios procesos a la vez), pero no existe tal cosa. Es tan sólo los dos hemisferios cerebrales con sus dos modos tan distintos de atender al mundo. El foco -o forma de procesar la información con el hemisferio izquierdo- siempre va estar en uno de los dos procesos, con lo cual el proceso no llega a ser óptimo. Por distintos estudios llevados a cabo se ha comprobado que el desempeño es peor durante la atención dividida. Por ese hecho se ha prohibido el poner la atención en el móvil mientras se conduce. Provoca más accidentes esa tara de la atención. De nuevo sobresale en este acto el ego de creer que somos mejores, que tenemos el control y lo hacemos mejor que la media. En informática hay dos conceptos que pueden aclarar todo esto. Trabajar en paralelo o en forma serial, viene de cuando el puerto paralelo y el serie eran para el ratón o la impresora. El serie manda los datos por un solo túnel, para tener una imagen más visual, mientras que el paralelo tenía varios túneles. El cerebro, en tanto que foco, o atención focalizada (concentrada), en realidad es serial, pero simulando ser paralelo. En ese caso es como si hubiera dos túneles, pero sólo por uno de ellos pasase información a la vez. El resultado va a ser el mismo: un solo flujo de información. Fijarse en palabras como centrado o concentrado. Si tengo una linterna y dividiese su potencia por dos, su iluminación sería menor en cada división. La cuestión es dónde va a mandar más energía (sangre, oxígeno) el sistema circulatorio, en un sistema que maneja una energía limitada (la energía del cerebro es como la de una bombilla de 60 Vatios). La concentración requiere de mucha energía, por eso nos fatigamos, y llegamos al estrés o al agotamiento del ego. El cerebro hace micro-pausas, en donde baja el flujo, que es medible por la capacidad de mantener la atención. Las mujeres parecen llevar ventaja en este aspecto, quizás por la atención excesiva requerida por los bebés durante los primeros meses (llevar ese proceso al juego evolutivo de cientos de miles de años de selección de las mejores madres, las que lograrían que ese niño llegase a adulto, como para portar ese cambio hasta la siguiente generación, no quedarse a cómo ha de ser en la actualidad, donde el padre tiene que compartir esa tarea). Ante este déficit, cuando se está en clase hay pequeñas lagunas, donde se puede perder el discurso de los profesores, una vez que se pierde es complicado volver a cogerlo. Si esto mismo se lleva a cabo mientras se estudia, resolverlo es fácil, volvemos al párrafo en donde nos perdimos. A esta forma de operar del foco se le llama “eje de selectividad de la atención”. Es deficiente o funciona de otra manera en personas bipolares y las hiperactivas con deficiencia en la atención (bajo mi punto de vista son un tipo de apuesta que dan más prioridad a la manera de trabajar del hemisferio derecho: mirada flexible y amplia; divergente, frente a lo convergente de la concentración). Otra forma de medir la atención es por su eje de intensidad. Cuando conducimos casi todo lo hacemos de forma automática, la atención o nivel de energía del foco baja (cambio atencional). En el símil de la linterna es como si a esta se le pudiese graduar la intensidad de la iluminación. En ese sentido se divide en cuatro grados: sostenida (capacidad de tiempo para mantenerla), alerta, vigilante y focalizada o concentrada. La de alerta es más instintiva, mientras que la vigilante puede entenderse como un sucedáneo de esta primera, y en donde entra en juego el hemisferio izquierdo, sin ser una forma tan intensa como durante la concentración. De una manera u otra es similar a la división que yo hiciera arriba. El foco puede estar en tres estados y zonas. 1. Alerta (estado de peligro), en donde el foco está en el tallo cerebral y los ganglios basales, 2. el hemisferio derecho mantiene una atención amplia sostenida sobre todo lo periférico y fuera de foco (yo la llamo atención de fondo o background), y 3. la focalizada o que llamamos por lo común poner atención -o concentración- que es cuando damos ese proceso al hemisferio izquierdo, el de la palabra, el de las funciones ejecutivas (concepto que en su conjunto global y simplificándolo lo llamamos por lo común voluntad; antiguamente los profesores nos decían “pon voluntad en escuchar”). Tal mapa sigue siendo tan sólo aproximado y orientativo, lo hace la razón en su deseo de “controlar” el mundo. La evolución ha sabido jugar su papel, ya que desde el tallo cerebral tiene dos vías para llevar  la información a la corteza cerebral. Tiene acceso directo al prefrontal -atención focalizada-, y una segunda ruta al cerebro medio o sistema límbico. La primera para que el prefrontal analice el mundo bajo sus parámetros “racionales” y más objetivos, y que tienda a ser más efectivo. La segunda ruta pasa por las emociones y las experiencias previas. El síndrome de estrés postraumático cierra la primera ruta, de tal forma que el paciente no es capaz de aminorar o frenar, a través del sistema ejecutivo, las emociones. Lo mismo, pero en distinto grado en las fobias y las manías. Gana la segunda ruta y el prefrontal es “incapaz” de inhibir el sistema emocional. En unos y otros casos vemos que en este modo de operar, una de las funciones más antiguas del prefrontal, era la de inhibir y frenar las señales emocionales. Por ese motivo la razón está asociada a la frialdad y alejada del “corazón”. Una pequeña intrusión en el discurso; escribí al principio esa frase anterior de esta otra forma: “por esta razón está asociada a la frialdad…”, pues mi cerebro uso “razón” bajo sus dos significados, colapsados en una sola palabra: “sentido” y módulo para razonar, ¡las cosas de la economía cerebral y sus paradojas!, esto lo hace el cerebro derecho, que es más metafórico, amplio y flexible. La razón evita esto, lo supervisa y lo trata como error, porque así lo dictan las normas gramaticales que están dictadas en lo social. Extrapolar este hecho a otros, no ya a nivel cognitivo, sino incluso emocionales o morales. En algún lugar del cerebro, seguramente del hemisferio derecho, todo el saber, fuera de la palabra, está colapsado y encapsulado en apenas unos centímetros cúbicos del cerebro, a ese “lugar” debe de ir la intuición para dar respuestas. Fin de la intrusión. Pequeño resumen de este párrafo. El humano lo es por este módulo focalizador, en donde además su herramienta es la palabra. Esta es “categorizadora”, clasificadora, da orden al mundo a través de poner nombre a las cosas. Es a este módulo o capacidad al que llamamos agente. En principio estaba creado para verificar la información entrante, para que “decidiese” si era peligrosa o no. Para mantener la alarma o acallarla. Con el tiempo fue tomando otros papeles. Al final se tomó a sí mismo como un ente que habitaba el cerebro. La teoría bicameral nos dice que ese proceso fue lento, que al principio era como una voz o ser que nos hablaba en el interior (Dios, en la actualidad esa mente bicameral opera en los delirios, paranoias, cuando se llega a creer que alguien habla en el cerebro, como ser ajeno). Con el tiempo algunos humanos se diferenciaron y tomaron esa aparente otredad en el cerebro, como identidad, esta tendencia es la que “venció” a nivel evolutivo. Esa identidad creó el concepto de autoimagen, de autoconcepto y por lo tanto de agente en el cerebro, que a partir de entonces adquiría es estatus de yo. Yo que por lo demás heredaba todas las premisas de la vida: auto-preservarse y replicarse. Se creó la defensa del yo y todos sus entramados, que al final devinieron en sesgos y errores a la hora de hacer de “razón”. Tres últimos apuntes. 1. La atención plena (mindfulness), trata de hacer que el foco no se pierda, a la vez que trata de “restaurar” esa vía de control del prefrontal frente al “rapto” de la vía emocional, como es el caso de estrés postraumático; pero en el proceso podemos perder los “puntos de vista” del hemisferio derecho y se llega al agotamiento del ego. No hay fórmulas mágicas para vivir. 2. La “teoría de la restauración de la atención” nos dice que se puede tener un mayor foco, o recuperarlo, después de estar en la naturaleza o ver fotografías sobre ella; lo que demuestra que el cerebro “ansía” su estado primitivo y natural de unión con lo natural. 3. ¿Y dónde queda la intención en este juego de malabares del foco? Intención es sinónimo de sentido, origen con una finalidad o razón. El caso de los trastornos nos muestra la deficiencia de tal concepto. El cerebro no puede querer o poner como finalidad “funcionar mal”, como es el caso del estrés postraumático, las fobias y las manías. La finalidad se “pierde” por el camino. Sartre decía que la emoción es una respuesta -solución- “mágica” sobre la realidad. El pensamiento mágico es parte del lado derecho del cerebro. Piénsese por ejemplo en el protagonista de la película “Náufrago“, no basta con tener un rostro delante que haga compañía, al final le hablaba en el interior y era como una persona querida de la cual se hizo doloroso separarse. Un desmayo, o un desvanecimiento, nos evade del mundo de forma “mágica”. Es una regla primitiva y universal en casi todos los animales complejos. El niño se tapa los ojos y creé que los adultos ya no le ven. El cerebro casi siempre recurre a transferencias sobre dichas intenciones básicas. Llamamos intención, o la hemos reducido, simplemente a los parámetros de esa atención focalizada: cuando el cerebro deja en manos del prefrontal -o atención focalizada- qué hacer, y este enjuicia o tiene entre manos el sistema de valores prefijados por lo social o por el instinto moral. En realidad la intención ,o sentido último, se pierde en distintas rutas del cerebro y el prefrontal -razón- casi nunca sabe del verdadero sentido o intención. Valga como ejemplo que los hombres ayudamos más a las mujeres guapas, pero que si nos pidiesen una razón para ello, divagaríamos es justificaciones, cuando seguramente lo que está más en la raíz sea que queremos tener sexo con ella. El porno radicaliza toda intención entre hombre y mujer al sexo. Nunca me ha gustado el sentido simplista y mundano que se le da al concepto de intención. Eso me convierte de facto en un cínico. Como el cerebro al ser social rechaza esta postura, todos se acomodan a esa regla simplista y vacía de la intención en matrix.


   Volviendo arriba. La división de alfas y omegas es básica, pero es la primera bifurcación en el foco. Un omega ante una situación límite se pondrá en manos del alfa. Se ve en los hijos, en los primeros años son totalmente omegas, dependientes de las acciones de los padres (excepto casos de alfas indomables). Para el caso del omega la situación ya no es individual, es social, y ante esta situación el foco, y por ello la elección y la intención, lo toma el alfa, pues lo social, como el cerebro, es un sistema complejo con agentes: en el cerebros lo son las neuronas y en lo social las personas. A partir de esa primera bifurcación ya no sé seguirle el rastro al foco en el cerebro. Sigue las rutas de nuestra evolución cerebral, por eso el núcleo es esa división de alfa y omegas, es lo más antiguo. La madre se vuelve alfa (agente, foco) siempre para su hijo, por eso su respuesta será la de salvaguardar al hijo, antes de mirar al alfa de la manada. Lo mismo para el padre, pero quizás en un menor grado. Es más antigua la unión de madre e hijo que el de la paternidad del macho.

    Como no sé de esas otras rutas voy a la última. Por ingeniería inversa, quizás, se pueda seguir el rastro de todo lo intermedio. Vuelvo a tema de por qué el prefrontal ha tomado un papel tan importante. Bajo mi punto de vista, puesto que a nivel evolutivo el sistema ejecutivo fue tomando cada vez más relevancia, por el hecho que el sistema límbico se encontraba una y otra vez con atolladeros insalvables, entonces este sistema adquirió protagonismo. El nivel dos es el nivel social, casi siempre hay demasiados parámetros a tener en cuenta. Los papeles de alfa y omega se desdibujaron, pero no así el nivel jerárquico. Una de las principales premisas del sistema límbico es ganar y mantenerse en el nivel jerárquico más alto posible. Quizás aquí hubiera esa segunda bifurcación: querer o no tener un alto nivel jerárquico. Quizás ahí se empezó a distanciar mujer y hombre. La mujer está preparada para ser altamente colaborativa y comprensiva, así ha de ser con los hijos. No es de la misma forma con los hombres, que son más competitivos, son más tendentes a querer tener el mayor grado dentro de lo jerárquico. Como fuera. Lo que se deduce de estas reglas es que el prefrontal, era relevante y partía de lo jerárquico, pero en tanto que tomando el asunto desde fuera, resolviendo problemas del segundo nivel y creando hipótesis de lo que podría ser a partir de tomar una posición u otra, de tal manera que era autorreferencial. O sea, que a eso que hemos llamado foco, y que es esa tal conciencia en donde tal cosa era en tanto que lo que se traía entre manos (soluciones rápidas para cada momento: salvarse a sí mismo, salvar al hijo, seguir al líder…), en el caso de que esa zona fuera el prefrontal lo era en tanto que trabajando tan sólo con posibilidades, cerrándose sobre sí, dejando fuera la realidad, imaginándola. En ese caso el contenido de la conciencia es la propia conciencia, los problemas a nivel abstracto, desligados de la realidad (posibles futuros y posibilidades a partir de que uno haga una u otra cosa, etc.) Un segundo nivel de esta conciencia cerrada sobre sí, era el tomarse a sí misma dentro de ese contenido; a través de este nivel se llega al autoconcepto, a la autoimagen. En un eterno juego, a este nivel y a lo largo de cientos de milenios, uno creaba ideas de cómo sería uno mismo si tal o cual cosa sucediese, de tal manera que se creó una narrabilidad de uno mismo, de un yo en definitiva. De verse a sí mismo dentro de unos posibles escenarios y de ser así como actuar en cada uno. Hay un nacimiento en la prehistoria de ese yo, pero igualmente hay un nacimiento en cada bebé. El niño está “programado” para imitar, para aprender lo cultural, el humano es sobre todo cultura, información que pasa de generación en generación. Cuando un bebé mira a un adulto lo ve como un ente, como una totalidad con una intención (ser con finalidades) hacia el mundo, cuando todos sabemos de adultos que somos sobre todo duda o ausencia de certeza. De una manera u otra el niño imita totalidades, densidades de ser que aparentan no carecer de totalidad. Está programado incluso para imitar gestos que no están relacionados directamente con la acción. Si el adulto cada vez que coge el biberón se agachase, el niño creería que ese agacharse forma parte de esa totalidad del acto de coger el biberón. En ese aspecto el niño va aflorando a Ser en tanto que imitación y por lo tanto en tanto que densidad de Ser. “Gesto” que después es parte constitutiva de la conciencia, de estar atento al mundo y ser en tanto que acción. De cualquier forma ahí está la raíz, pero aún no aflora el yo. Este “nace” cuando el cerebro es capaz de “deshacerse” de parte de lo imitativo, cuando introduce su propia creatividad, como para crear memoria autobiográfica. O sea, los primeros dos años su cerebro es algo así como panteísta, él es unidad con los adultos, pues al ser totalmente imitación su ser es la atención e intención de esos adultos con los que ha creado la impronta. O dicho de otra forma, la “intención” de su cerebro está relegada por completo a sus neuronas espejo, pero al ser estas tan sólo en tanto que activadas desde los adultos, el “yo” de ese bebé es por completo el de los adultos, que cual dioses se les aparece como densos de ser, sin fisuras, sin la duda o la falta de certeza por medio. Como de yo carece la imagen que una persona refleja en un espejo, que es el mejor símil para tal situación. Quizás sea esa densidad de Ser la que después se “añora” ya de adulto, de la que está falto el para-sí, y en la que este se quiere volver a “cegar”; esa en la que el niño era en tanto que pura imitación, o ser espejado o puramente imitativo de una aparente densidad de ser. Quizás por eso las personas estén deseosas de pertenecer a grupos, y seguir personas a las que imitar: para anular esa doblez en que consiste la distancia entre el mundo y el yo, distancia que está habitada por la duda, por la falta de densidad, por la falta de certeza. Bajo mi punto de vista ese es el yo o agente que creemos que somos: ese ente que se cuenta historias sobre sí mismo y que no es otra cosa que autorreferencialidad. Para el caso y lo que quiero mostrar es que es una realidad falsa. Porque en muchos casos la intención o elección las hacen el nivel 1 o el 2, o las dos en conjunto. El nivel 3, durante la evolución humana, no tenía tanto peso, la ha ido ganando a lo largo de los milenios y se ha pronunciado hoy más, puesto que los medios que hemos creado cada vez son más autorreferenciales. Me desplazo de lenguaje para que se entienda mejor. El momento actual, con los medios con los que nos movemos y las pantallas, son sobre todo elementos tendentes a que ese nivel 3 se vuelva aún más autorreferencial, que para el caso es que se haya vuelto más cerrado sobre sí mismo y por lo tanto más narcisista y egotista. Ha cobrado aún más protagonismo en el cerebro. Eso no quiere decir que de repente sea el gran constructor de la vida cerebral, sino simplemente que nos hemos quedado aún más en esa superficie, en ese espejo ante el espejo. En la pura narrabilidad, en la pura “teatralidad” de la vida, en donde ya no hay distancia entre el Ser y representar un “papel”. ¿O no?

   Pirámide_de_Maslow.La pirámide de las necesidades de Maslow sigue este proceso que yo he perfilado: las necesidades fisiológicas o primarias están abajo y las de la autorrealización arriba. Pienso que es un concepto errado. Es así en todo animal, pero bajo mi punto de vista, en el humano la situación varió. La autoimagen, el prefrontal, el nivel 3, ha adquirido tanta importancia que ha de estar en el nivel más bajo de la pirámide. ¿Cómo sino entender que alguien haga huelga de hambre y se deje morir si no es teniendo en cuenta esto que trato de demostrar? Sale a relucir una y otra vez. En la obra teatral de Sartre “muertos sin sepultura”, los presos franceses de los nazis quieren “ganar” y no confesar ante sus torturas, a costa de perder la vida. Su último pensamiento, antes de ser fusilados, es que habían vencido. Su muerte era una victoria con la que los nazis tendrían que sobrevivir. La vida imita al arte, ahí están los catalanes queriendo ganar, independientemente que haya alguna razón, o que sea para mejor o para peor. Ganar aunque se muera en el proceso.

    Queda tratar de averiguar cuanto es de funcional este sistema y si conlleva alguna “verdad”. En el ejemplo que puse en el escrito anterior de: “haz una pausa para reconocer el hecho de que tu ansiedad está actuando, sin juzgarte a ti mismo por ello. Hay un tipo de poder que te llega con simplemente decirte a ti mismo: ‘así es como son las cosas, no son totalmente las mejores en este momento’. Tienes un ‘huésped’ indeseado (la ansiedad) en tu casa (el cerebro)”, (fuente). Se refería a los cambios emocionales de las estaciones. Y sí tiene razón, esos cambios no son “reales”, no hay una “razón” para la ansiedad o la tendencia a la depresión durante los cambios estacionales, son tan sólo adaptaciones que está haciendo el cuerpo que afectan a la química del cerebro. ¿Pero quién crea el problema?, lo crea el nivel 3 que se autointerroga ante un estado que no reconoce, o del que no sabe deducir una “causa y efecto”, y que ante una falta de respuesta se autoengaña. O sea, que el nivel 3 se aviene y trata de solucionar un problema que el mismo crea. O dicho de otra forma, un animal más primario no se crea este tipo de dilemas, un lagarto ante un cambio estacional no “cree” tener un problema y se va a un psicólogo para que le saque de dudas, o sale de fiesta y tiende a enmascarar ese estado con drogas más o menos duras. Sólo el nivel 3 del humano cae en este tipo de errores, quizás los perros, y otros animales que puedan tener el mismo nivel de la conciencia (cuervos, delfines, loros…), pero no así el resto de animales. En otros casos el prefrontal entorpece al comportamiento del cuerpo: como un tenista dude entre dos acciones malogrará el golpe, dando ventaja al adversario. Igualmente se ha descubierto que si se bloquea el prefrontal izquierdo, con electromagnetismo transcraneal, el lado derecho encuentra soluciones que el prefrontal, bajo las premisas de sus juicios y razón, no encuentra. Extendiendo aún más todas estas ideas, las necesidades que se ha creado este nivel han vuelto aún más compleja la vida y la resolución de los problemas. Al crearse ese ente o agente que contiene una narrabilidad, una autoimagen, esto ha vuelto más compleja toda la realidad, toda posible solución, pues ahora el cerebro está impelido a que la realidad encaje con las historias que el cerebro se cuente a sí mismo, con su identidad. La razón deja de ser razón si está depositada en el mismo lugar que tiene la premisa de que la realidad se tiene que ajustar a la propia imagen. En ese proceso ya no razonamos, sino que racionalizamos, justificamos. A partir de esta idea se da un efecto dominó. Este tercer escalón era un resolutor de problemas o dilemas del segundo nivel, pero ahora el mismo crea problemas similares: ir contra la propia autoimagen o atenerse a que está errada, crea disonancia ahora a nivel cognitivo. En esa medida se crea el autoengaño, la mala fe Sartriana, por la cual uno no ve sus propios errores; este módulo está constreñido a mantener su identidad. O sea que si el primer módulo preservaba la vida, el segundo preservaba la vida de otros por delante de la nuestra (sacrificio de la madre, del líder o el héroe), el tercero preserva algo tan abstracto como la identidad, la imagen que tiene uno de sí mismo, su propia narración. En el primer nivel se atiene a lo natural más primitivo, en el segundo a lo social, en el tercero… ¿a qué?, a un irrealidad, a un fantasma en la maquinaria.

   Creo que ahora está más claro el mapa que trato de mostrar. Cierto que el mapa no es el territorio, pero hacen falta los mapas para buscar soluciones a ciertos problemas. Las tres divisiones o escalones que he mostrado siguen sin ser el territorio. Un omega -estado del nivel dos- es más tendente a lo imitativo, lo que hace que sea más tendente a ser patriótico o a unirse a un grupo o incluso a una secta, que afecta a su identidad del nivel tres. El pensamiento de grupoel sesgo de autoridad y el sesgo de favoritismo grupal afectará más a ese tipo de personas que a los alfa. Los omega crearan más racionalizaciones, más justificaciones, más autoengaño y mala fe en la medida que al crear ciertos tipos de identidades estarán más alejados de las reglas básicas que tenga un alfa. Son más sugestionables y por ello autosugestionables como para ser más tendentes a crease trastornos mentales. A crear conflictos internos, y hacia lo externo (adaptaciones), por los cuales el cerebro sólo es capaz de adaptarse creando dichos trastornos, o formas de manifestarse dichas contradicciones y luchas internas. Consecuencia, conclusión: el nivel 3 está aún más alejado de la realidad que cualquier otro módulo, bajo la insignia de crease una identidad, de ser un yo, pues tiende a crear una realidad falseada del mundo. Por otro lado es el único, por paradójico que parezca, que es capaz de reparar sus propios estropicios. Cuando hablo del insight, de la autocomprensión, me refiero a que este módulo se tiene que desprender, de esa otra de sus capacidades, para crear una autoimagen, pues esta autoimagen al final distorsiona las potencialidades de dicho módulo. No se tiene que tomar en serio (reírse de sí misma), tiene que cuestionarse de forma constante. No voy a decir que he encontrado una solución, pues esta regla en vacío no sirve de nada. La autoconciencia, en tanto que razón, tiene la capacidad de analizar la realidad de forma fría y distante. Tiene la capacidad de ser un proceso de abajo hacia arriba, ya que si una y otra vez uno “destapa” cuándo uno de sus procesos es un sesgo o una racionalización, en vez de una razón, al final crea el “hábito” de razonar de forma “correcta”. Es como un juego de músculos y articulaciones, que hay que desarrollar para al final ser un buen tenista. Pero… ¿se puede hacer tal cosa?, ¿qué se gana y qué se pierde? Desde esa razón, sin “máscaras”, uno ve toda su posible acción o racionalización como posibles posturas erradas, cuestión que es complicado de hacer, si no cae en la cuenta de que quizás haya otra motivación más debajo en todo el proceso. A la vez ese proceso lo va a hacer con los otros… ¿no es una visión cínica del mundo? ¿Qué es el humano sino su máscara? Ese juego al que todos jugamos con la condición de que nadie diga que es un juego (Diógenes, Hobbes, Schopenhauer, Nietzsche… el niño en el cuento de “el traje nuevo del emperador“). En esa nueva condición, de repente todo es una matriz, en donde uno ha tomado la pastilla roja. ¿Es eso posible o es otro autoengaño? Ahora, esta diatriba, se ha vuelto un nuevo paradigma. Las feministas creen haber tomado la pastilla roja; se cree incluso que las hermanas Wachowski crearon este concepto bajo las premisas de cuestionar al mundo binario del género. En realidad es tan antiguo como la humanidad. Ya estaba implícito en la caverna de Platón. Este se preguntaba si esa persona que había salido de la caverna se podría comunicar con los que permanecían en ella. El síndrome de Casandra nos dice lo mismo, alguien a quien los dioses la castigaron con ver el futuro, pero que a la vez la castigaron para que nadie la creyese.

   Conclusiones finales. La performatividad bien tomada puede ser esa conciencia que se desprende de “papeles”, de roles, de identidades. Pero ya hemos visto en el escrito anterior que por el bien de la humanidad algunos roles no se tienen que cuestionar, e igualmente hemos de tener en cuenta que el núcleo no es modificable. ¿Y qué es cuestionable o cambiable y qué no?, cada identidad, sea más real o menos real, va a dar su opinión. El feminismo nos dice una cosa, la Iglesia y la necesidad de Dios nos dice otra. ¿Son sesgadas o no lo son? Las nuevas generaciones hacen creernos que se saben reír de sí mismos, pero es otra pantomima, es tan sólo un juego mimético (meme-tico) de mentalidades omega, que siguieron a un primer alfa. Por lo demás se ríen de cosas superficiales, y no llegan al tuétano de sus “esencias”, y no con el afán de llegar a alguna catarsis, o posición mejorada. Una vez que hemos creado un juegos de espejos, a cuál disparar para que al final quede sólo la realidad (escena de La dama de Shanghái), ¿hay algo fuera del juego de espejos? De hecho la realidad actual se puede explicar bajo el paradigma de que hemos de mantener la narrabilidad del mundo, y que el posmodernismo, en la medida que ha ido quitando máscaras, está nihilizando la realidad social; está creando el mundo y la sociedad actual. A nivel individual, personal, ni siquiera es posible. O estás fuera de la sociedad y te salvas de hacer papeles y caer en roles, o estás dentro e inevitablemente las situaciones te van a meter dentro de los juegos sociales. Esa es a la conclusión que llega una y otra vez Sartre en sus obras; en “el Diablo y el Dios” el protagonista se atiene a hacer de “malo”. Se tarda en comprender, pero al final te das cuenta que no hay nada fuera de los reflejos sociales. No importa que hoy derrumbemos este o aquel, no se hace para vivir con la verdad, sino para levantar nuevos espejos (máscaras, convenciones, reglas). En algunas ocasiones creando más y más distancia con respecto al primer nivel. La performatividad mal entendida, si pretende que no hay naturaleza, crea un espejismo aún mayor. Una identidad del tercer nivel con más pretensiones de ser Dios, de ser todopoderosa. En soledad yo puedo quedarme con el primer y el tercer nivel, pero en cuanto tengo que relacionarme ya entro de lleno en el segundo nivel. Ni siquiera la cosa cambia de si fuese el caso que viviese con alguien que tuviese mi misma forma de comprender el mundo. Dos cuerpos siempre verán el mundo desde una posición distinta, desde dos ángulos distintos. Esas diferencias acumulativas les crearán identidades, y por ello conflictos, como así les sucede a los gemelos. Vivir es hacerlo en el mundo de las sensaciones, las emociones, las pasiones, que al final nublarán cualquier mente por muy racional que se crea… ¿Qué hay detrás del humano?, más y más humano. ¿Qué detrás del espejismo que es la realidad?, más espejismo. No hay nada fuera de matrix; Neo al salir de matrix entro en otro tipo de matriz. ¿Qué hay fuera de las identidades que uno se construye?, el carácter, un ente casi tan frío y mecánico como el propio cuerpo. Allí no reside un autenticidad, aunque sí una “verdad”: que somos reacciones al medio, complejos ante un medio complejo, pero al fin y al cabo reacciones fisiológicas. Del otro lado la razón, que si uno trata de ajustarse a sus parámetros, esta tiende a parecerse más a una computadora que a un alma. Algunos filósofos o pensadores, creerán haber encontrado el pináculo de la autenticidad, de desenmascaramiento, como lo puedo parecer yo aquí, pero yo soy más humilde y realista. Sé que aquí no hay nada, puro espejismo que quizás pueda ser útil en algún momento de la vida y para algunos, pero que no sirve ni para vivir, ni para construir felicidad; ni en el individuo, ni en lo social.


El largo párrafo entre dos líneas horizontales lo añadí el día 11. Hay redundancia con los siguientes párrafos, pues no revisé el conjunto. Algún día lo arreglo.

Cerebro Dividido y Justificación.

    Pienso que este vídeo es bastante elocuente sobre todo lo postulado en este escrito. Es el cerebro el que trabaja por sí mismo. El prefrontal, como “conciencia de” crea la ilusión de un agente o yo. Pero este desconoce todo del cerebro. En tanto que está constituido para crear una narrativa de sí mismo, cuando no sabe algo lo racionaliza. Pero creo que quizás la más simple prueba de ese hecho es que el prefrontal no “decide” olvidar esto o aquello. Cada acción en el mundo “crea” un mini-programa en el cerebro (unas conexiones dentríticas), en donde uno de sus encabezados tiene la premisa de que ha de quedar resuelto. Que no cree dolor, que no vaya contra el autoconcepto de uno mismo, que no vaya contra la homeostasis, que no cree conflictos emocionales, ni disonancias cognitivas. Si dicho mini-programa no haya una solución, el cerebro ha de tener la premisa de “olvidar”; que el módulo de evocar un recuerdo no tenga acceso a dicho “archivo”; en otros casos distorsiona el recuerdo para encaje con la narrativa de uno mismo.

La Performatividad y los Milenial

Lo transgresor ahora es ser conservador.” Los increibles 2
es artificio, la mentira necesaria que todos necesitamos para sobrevivir.” Adam Resucitado
– Ahora todo es distinto.
– Aún podemos tener pensamientos propios.” Leave no trace

    (Este escrito es en réplica a un vídeo en YouTube, pero que en la dirección de que no parezca un ataque personal, no lo enlazaré. Me resulta gracioso que se crean tan “performativos” y seguros, y después borren algunos comentarios que tan sólo van en la dirección de discrepar o puntualizar. Por cierto, no acepto estas clasificaciones, las dos del título o tal como las interpretó, pero la “uso” porque la persona del vídeo usaba una y otra. ¡Que manía con tratar de poner nombre a todo! No tomarse la vida muy en serio, o con humor, no tiene porqué tener un nombre: es simplemente vivir. Por lo demás este escrito tiene sentido con respecto al anterior, parece su segunda parte, pues trata el tema de los roles sociales, tema que no había tocado con anterioridad.)

    Imaginemos el siguiente experimento mental. Hago malabarismo tirando bolas en el aire, primero dos, después tres… cuatro. ¿Cuántas bolas puedo llegar a mantener? Compliquemos la cosa. En cada bola hay un genio o duende que a su vez tira bolas en el aire, que a su vez tiene de nuevo otros duendes que tiran bolas. Hemos creado un sistema autorreferencial, geométrico, infinito (a propósito de autorreferencial y un posible chiste: “¿Qué es un milenial?, alguien que habla de los milenials”). ¿Qué acto he hecho yo?, qué acto está directamente vinculado a mi malabarismo. ¿Todos, sólo los primeros? Yo puedo fallar, mi fallo se daría en las bolas que yo manejo. Si un fallo se da en el tercer nivel de duendes es un fallo “suyo” y sólo repercute hacia arriba de su referencialidad, no hacia abajo. Si yo dejo caer una bola soy el “agente” directo de la caída de ese duende y hacia arriba de esa referencialidad. Este acto, el de dejar caer la bola, es una intención, donde tiene que haber habido un deseo personal y por lo tanto de una identidad y una posible volición o acto libre de dejar caer la bola. Pero, ¿quién es el que ha deseado, quién el que ha hecho el “acto libre”?

   El posmodernismo, donde la performatividad es una de sus “hijas”, está en la cuerda floja de dos consecuencias de sus posturas y “credos”: no existe agente transfenoménico, ese que tiene un deseo, una identidad y “decide” en un acto libre, todo es acto; pero asumir tal cosa es asumir que no hay un agente en el cerebro, de tal manera que ¿todo es fenómeno?, una colección de actos, de conexiones cerebrales. O dicho de otra forma, todo el cerebro es una referencialidad al infinito de módulos que no “toman” una decisión, que no tiene una identidad y se “apasionan”, pasándose la “patata caliente” de unos módulos a otros otros, de tal manera que al final se haya generado una suma y sigue, como para que se haya dado una alta probabilidad de que una opción sea mejor que otra (algo así cree que es la científica Susan Greenfield). O sea, como si de una urna se tratara, que se fuera pasando de zona en zona del cerebro, y en donde cada módulo va metido su voto sobre su “opinión o decisión”, hasta que la situación y su premura abren esa urna y se hace un cuenteo de todas las posturas. Tal presunción, llevada al ejemplo de las bolas en el aire y los duendes, sería que no existe ese primer individuo que toma unas bolas y las lanza al aire. “Ellas” son la realidad y no hay manos tras de ese vuelo y tras de cada nuevo juego de bolas que genera cada bola. Esta es la presunción de fondo de la performatividad, los actos nos definen, accionar en el mundo es ser; mientras que lo performativo va más allá, pues en tanto que el habla es un acto, nos hacemos ser en el hablar, con el problema consiguiente que puesto que este habla puede ser un discurso, cada recoveco del discurso, abre nuevas posibilidades intencionales o de ser. El problema de este tipo de pensamiento o abstracción, ya llevado a lo social, sería que quién sería el culpable de cometer un crimen. Un sujeto humano es una “agente” social, que por su forma de accionar en el mundo lo altera, luego su acción sí tiene unas repercusiones sociales, luego de un modo u otro al final se “vuelve” en un agente, aunque tal “acción” la queramos haber evadido o restado del cerebro. En el acto criminal, en las leyes, de nuevo restituimos una intención o no, que proviene de un deseo o intención primera que a su vez tiene un agente que conoce, que comprende, que es consciente de ese deseo y lo deja hacer o lo acciona. Nos ponemos de frente al dilema del libro “el extranjero“, en la piel del personaje de la conocida obra de Camus, en una tarde calurosa en la que “su cuerpo” mató a alguien, y en donde ante el juez, buscando este un porqué, y preguntándoselo al “agente social” que tenía delante, al que se le presupone un agente interior, este no supo decir otra cosa que si lo mató fue porque “tenía mucho calor”. La respuesta más nihilista posible para un mundo de razón y de “agentes” sociales e intencionales.

    ¿Cómo es que no estamos cómodos ni con una postura ni con otra? Ni queremos tener un ente en el cerebro al que se le pueda llamar y que posea una identidad definida: ser un yo o carácter, ni queremos no tenerlo. Esa duda primera o posición indefinida y sin solucionar es por definición el posmodernismo. Si no hay agente puedo ser cualquier cosa, me “hago” al hacer -el habla según John L. Austin es otro modo de hacer- y toda definición que venga desde afuera, de los otros, me “mata”, me aliena, me constriñe, me roba esa “libertad” constructiva; pero tampoco estamos cómodos en pensar que el cerebro es simplemente una “colección” de fenómenos que son pura acción e inmediatez, bolas en el aire sin ningunas manos…, pues en definitiva ¿quién modula una oración larga?, elige tal adjetivo frente a otro, un superlativo que realza, o un verbo ante tres posibles…, ¿quién modula este escrito que parece emanar por sí solo?. Y sí, en el escrito podemos revisar y reescribir, pero según Derrida y el deconstructivismo, la escritura es la hija bastarda del habla. “Deseamos”, necesitamos comprender que somos un agente, pero que a la vez decide no tener entidad o identidad, y que se hace a cada momento, lo cual ya nos lleva a la paradoja de que sí existe realmente un agente o causa primera de toda acción, por lo menos en tanto que ese deseo de no tener identidad. Ese que lanza las primeras bolas en el juego de malabares. De otra manera, en cuestiones legales uno puede no ser el criminal, el que acuchilló, pero puede ser el autor en tanto que fue el que dio la orden o empujó a otro a cometer el crimen…, el que tiró la primera bola al aire. Esta dualidad en las creencias se ve representada ante el dilema de quién sufre un trastorno o enfermedad mental y quién hace un acto heroico o digno de mención. Por lo general cuando hay algo mal en nuestra conducta preferimos decir que es el cerebro el que nos está “funcionando mal”, el que tiene el daño, al igual que los problemas de la efectividad del filtraje de líquidos y de la orina es “culpa” de los riñones; pero por el contrario si algo es de alabanza es por esa entidad que somos dentro del cerebro. E aquí un ejemplo de esta idea: “haz una pausa para reconocer el hecho de que tu ansiedad está actuando, sin juzgarte a ti mismo por ello. Hay un tipo de poder que te llega con simplemente decirte a ti mismo: ‘así es como son las cosas, no son totalmente las mejores en este momento’. Tienes un ‘huésped’ indeseado (la ansiedad) en tu casa (el cerebro)”, (fuente). No deja de ser una versión menor de la dualidad demonio/Dios, en donde todo lo malo es del demonio/cerebro y todo lo bueno de Dios/yo. Paras ser lógicos y honestos o somos sólo cerebro y una “colección” de funciones, o tenemos un yo o agente “definido” tanto para lo bueno como para lo malo.

   En el mundo de las ideas nos dejamos llevar por cierto paradigma y tendemos a sobredimensionarlo, para finalmente dejarlo caer en un espacio “normalizado”.(1) Fijarse que en todo se siguen las reglas de la física, el equilibrio nunca existe, tan sólo una tendencia al equilibrio, un sube y baja de una posición central. De igual forma un descubrimiento se comporta como el tirar con ímpetu una pelota contra el suelo: rebotará con fuerza las primeras veces, para finalmente perder el trabajo que se ejerció sobre ella, en donde la energía se disipa y la pelota vuelve a un estado de reposo. Por otro lado la historia es cíclica: retoma ciertas ideas bajo otros aspectos renovados, con más datos científicos y fortalecidos por otras ciencias, para al final darnos cuenta que, quizás, allí no había realmente ninguna novedad. ¿Qué diferencia existe entre el sofismo y la performatividad en su núcleo?  Los sofistas eran un tipo de maestros de la filosofía griega que daban especial interés o protagonismo al discurso, a la retórica, a la palabra. ¿Resultado?, hoy sofisma quiere decir: “razón o argumento falso con apariencia de verdad” (RAE). Breve historia de tal hecho: “Sócrates” hoy encajaría perfectamente con alguien performativo y dentro de los deconstructivistas (polemizar contra todo el que se crea seguro de algo). Su saber era a través de mostrar las contradicciones de los otros, a través de los diálogos (cínico, si se piensa bien). Este modo de hacer, de operar en el mundo, fue puesto en “papel” por Platón, su discípulo, en sus obras, en donde su principal forma de filosofar eran los “diálogos”. Aristóteles asentó casi todas las bases de lo que entendemos hoy por filosofía. En la “decadencia” del periodo clásico, los sofistas se centraron más en la retórica que en la filosofía, en poner especial atención en saber llevar un discurso como para “ganar”, frente al saber y verdad que pudiera haber detrás, de fondo, en dichas estrategias del habla. ¿No pareciera que hoy en día estamos en esa misma época?, en donde el discurso, rodeado de un elaborada y estudiada pose de gestos y tono de voz, son lo más importante. A este proceso hemos llegado, en parte, por las ideas de la performatividad, que sobre todo sobresale en los políticos, los coach, los influencers y finalmente en los YouTuber, cada uno de ellos en una esfera y al final sobre una “clase social”, si puede seguir siendo legítimo tal concepto. ¡Que paradójico, y cínico, que nos moleste en los políticos y no en otros, y nos resulte positivo si esa es nuestra postura! Lo que quiero decir, es que si lo importante es ese aparecer, ¿por qué creemos que alguien puede ser más legítimo o auténtico que otro, si lo único que vemos en ambos casos es esa máscara del discurso o de su aparecer?

   Demos un paso atrás y tratemos de tomar un punto de vista más panorámico sobre todos estos temas. La performatividad es parte de la teoría del aprendizaje social, que viene a decir que si cierta persona no tiene un patrón sobre alguna cuestión, acciona en el mundo desde cero, de tal manera que ese primer patrón o forma de hacer le crea dicho patrón, que será, por lo general, su forma de operar ante dichos tipos de problemas en el futuro. ¿Cuál es el esquema de tal hecho?, que el humano se hace accionando en el mundo. O sea, que no parece haber unas manos -naturaleza, ser- que tiraran la primera bola al aire, pero una vez que la bola está en el aire se crea la “necesidad” de que exista unas manos que mantengan a la bola en el aire. Se sigue la premisa del existencialismo: hacer es Ser, que en John L. Austin, padre de la teoría performativa, se transforma en “decir es hacer”, y que al final podría ser tomado en lo performativo como “decir es Ser”. La teoría del aprendizaje social tiene su equivalente en el mundo de las emociones en la teoría de James Lange (teoría periférica), que viene a decir que si sonrío, se crea la emoción que es la base de tal gesto, y que es la felicidad o la alegría. La actual y arquetípica idea de que si uno se pone un bolígrafo o palo de forma trasversal en la boca, que obliga a los “músculos de la risa” a estar para arriba, ya se induce su estado emocional parejo. De igual forma esta teoría puede ser tomada como parte de una teoría aún más global llamada “cognición encarnada“, en donde el verbo encarnado, aquí, no es algo místico, sino simplemente es un sinónimo de corporizado, en tanto que cuerpo. Según este paradigma el cerebro, la cognición, es siempre y ante todo reducible a algo físico y relativo al cuerpo. Por ejemplo, el habla, no la abstracción que tenemos en mente sobre el lenguaje y es la que usamos todos los días, la cognición encarnada la reduce a sus posiciones musculares: boca, labios, lengua, cuerdas bocales y pulmones, de cada fonema y sus correlatos neuronales en el cerebro.

   Ahora desmontemos todo este andamiaje artificial a ver si se mantiene su construcción. En unos casos y otros la cuestión es en qué dirección fluye un comportamiento. La forma clásica es creer que es desde el cerebro, arriba, hacia el cuerpo, abajo. En las tres teorías expuestas es al revés, de abajo hacia arriba. Desde el cuerpo hacia el cerebro. Para ser realistas es de las dos formas, el caso es saber cuál es la vía “principal” y sacar conclusiones a partir de ahí. Lo que está en juego es si hay un Ser, si hay un agente, si hay una naturaleza, o sólo somos en tanto que hacer. Primero hay que poner las cosas en claro. Hay a ciertos pensadores que les “convenía” más que fuera de una forma que de otra. La performatividad y el giro performativo ha sido sustentado por personas como la teórica feminista Judith Butler, Derrida y Foucault, trio con la premisa de querer “derrocar” el concepto o los roles, según se analice, de hombre y mujer o del sexo binario. O sea, precursores de las teorías de género, que al final ha devenido en la teoría Queer. Bajo estos preceptos conviene que no haya naturaleza, que todo sea hacer. O sea, se acogieron a ideas o teorías que les “daban la razón”. No hacía falta llegar a esas ideas, a desechar la naturaleza por completo, pues hay explicaciones evolutivas para la homosexualidad, que de igual forma hubiera llevado a tal colectivo a ser “aceptados” y no a ser concebidos como una “aberración”, según la visión más radical y anterior sobre el concepto de qué era “natural”.

Performatividad y Milenials (Gráfica)

   Si nos remontamos a las primeras formas vivas estas eran simplemente hacer. Allí no había ser. No existían los sentidos, eran meras reacciones químicas, que son desde ese elemento que se acopla al exterior de lo vivo, hacia lo vivo, hacia su interior. Alimentarse o encontrar nutrientes o energía tienen esa dirección de abajo hacia arriba. Pero la evolución, la evolución del sistema nervioso, incluidos los sentidos, se basan en tener reglas establecidas. En un primer paso, si algo excedía de calor, el ser vivo se retiraba de esa fuente, en ese tipo de actos, reflejos, el cerebro no actúa, tan sólo el sistema nervioso, son de abajo hacia arriba. Pero a partir de poder dar varias respuestas posibles o de tener que evaluar situaciones más complejas se crearon las interneuronas, que son la base de la memoria y el aprendizaje, y dicha base crea una identidad. O sea, a un oso una flor no le “dice” nada, su ser, su esencia, es ignorarla, pero no así a una abeja. La naturaleza, o esencia de la abeja es que tiene comportamientos instintivos hacia la flor. La visión de la flor hace que su cerebro cree acciones en el mundo. De arriba hacia abajo: crear todos los procesos para que en su vuelo se dirija a la flor. En los animales sociales se crea una nueva dinámica o capa de abstracción. Se ve claramente en los suricatos, dividen tareas: unos cuidan la prole, otros recolectan comida, mientras otros están pendientes de los depredadores. Un aviso de estos últimos, a través de un sonido, sirve de “causa” para que el resto de suricatos corra y se esconda. En el proceso se les ha activado la amígdala, donde tal activación conlleva la emoción del miedo (alarma, en realidad, el hombre le ha puesto el nombre de miedo a esa “sensación” o emoción). No han visto a un depredador, pero un sonido de otro suricato ha hecho de “disparo” para el miedo. Quizás en este ejemplo la cuestión no quede muy clara. En animales gregarios, durante una estampida, nunca está en claro si hay un detonante directo para sentir miedo y correr. O sea una cebra que está distraída comiendo, de repente se percata que el resto corre y a ella se le activa la amígdala, el miedo, y se echa a correr. En situaciones como estas a veces no era por nada, sino por mero azar, quizás porque una cría se asustó, y se puso a correr por algo como un ratón, y el resto le siguió. Esta es la teoría de James Lange: se tiene miedo porque se corre. Una acción ha creado una emoción. Pero rápidamente nos damos cuenta de sus fallas. Es un tipo de reacción de abajo hacia arriba que no depende de la realidad, sino de una posible realidad. Si se afina bien, los neuróticos, que han terminado por ser una tipología humana, y una gran mayoría de trastornos, se basa en esta regla tendente al fallo, no basada en la realidad, sino en el error de no basarse en esta: en la rumiación, en las paranoias, ideas fijas, miedos infundados (fobias) y en el exceso del deseo de control (manías), etc., en donde la realidad no está o es ambigua. Lo que entra en juego en los animales sociales, al final, en las estampidas y estos tipos de actos, es la imitación, las neuronas espejos en los animales más complejos. Si alguien bosteza yo puedo no tener sueño, pero bostezo; varios bostezos consecutivos pueden hacer que me adormezca o me baje mi nivel arousal (nivel de vigilia o excitación), de nuevo el efecto de James Lange.

   Qué se concluye de este breve análisis. Aunque Sartre fuera existencialista y su bandera fuera la de “hacer es ser”, si se lee sus libros y sobre todo su ficción (teatro y novelas) su forma de analizar al hombre era más “determinista”, en el libro “el Ser y la nada” el para-sí, la libertad siempre está constreñida por el en-sí, por el carácter, el pasado, los otros, la situación y la condición de vida de esa persona. En la obra de teatro “El diablo y Dios” su protagonista trata de comportarse de forma opuesta a su carácter: cruel y determinante, pero al final se da cuenta que al “salirse de su papel” las cosas le van peor, no sólo a él sino al resto, por lo que “vuelve” a su naturaleza, a su “papel”. En un cerebro tan complejo como el humano, donde prima el aprendizaje y la neuroplasticidad, el proceso de abajo hacia arriba tiene cabida, pero sí hay una naturaleza humana, una genética, un código de patrones escritos. Bajo mi punto de vista las rayas hacen al tigre, o me atengo a la regla de la fábula de la rana y el escorpión: al final el escorpión muere ahogado por picar a la rana que le cruzaba el río, con la conclusión de que no podía evitar picarla, pues esa era su naturaleza. Esa naturaleza, además se ve reforzada por los roles sociales, roles que ya hemos visto en los suricatos. Una madre nunca puede dejar de ser madre. ¿Dónde está escrito qué es una madre?, en lo social o en la naturaleza. Es una mezcla de ambas cosas. La evolución es un sistema complejo con sus propias reglas, pero un sistema complejo, como lo es un animal social, tiene sus propias reglas. Las reglas sociales humanas se han “escrito” durante cientos de milenios. Se hace casi indistinguible qué es naturaleza y qué es sociedad, porque al final lo social repercute en la naturaleza. El siglo XX, con la performatividad, ha querido distanciarse de ciertos roles, de ciertos arquetipos, pero ¿ha sido para bien o para mal? La mujer ha “roto” con lo arquetípico femenino, de la maternidad, etc. El hombre se ha tenido que adaptar y ha suavizado (a desgana diría yo) sus roles. Todo estamento, desde el poder, a cualquier tipo de liderazgo, hasta conceptos como los de proletario o de trabajador, han suavizado sus posiciones o roles a otros más adaptados a la nueva dirección global. Lo dicho arriba, todo movimiento social tiene un primer impulso fuerte, sólo con el tiempo vuelve a su equilibrio inercial. Como ya dijera en el escrito anterior, sí tenemos un Ser, que es nuestro carácter, en el cual también incluyo los “daños” o beneficios de los primeros años de vida, como lo es y lo que hace el apego: el tipo de contacto y trato con nuestro cuidador, que suele ser la madre, y en un segundo plano el padre (o sus ausencias). Decía Sócrates que: “para un hombre que preserve su integridad, ningún daño real a largo plazo puede superarse“, y usa el verbo “puede” en vez de “debe” -que es el que el cerebro “espera” en ese contexto- por su “inevitabilidad”. Se dice que el psicoanálisis saca a flote los daños, otra cosa muy distinta es llegar a una cura o catarsis (síntesis, integración). En un caso u otro: una persona también es sus cicatrices. Pienso que hay varias generaciones, los milenials y la generación Z, que son “víctimas” o  “ensayos” de esta percepción “nueva” o alterada de la naturaleza humana y los roles. Es posible que ese “experimento” pierda su credibilidad o puede que se incremente. No lo sé. Tampoco sé si es para bien o para mal. Demasiados factores a tener en cuenta. Un artista es dimensionalmente, en tanto que ser, más cercano a los milenials, que a los roles y arquetipos de “siempre”. Son seres liminales, que en su esencia tratan de escapar de toda esencia, de todo lo dado. Están “creados” para ser rotura, por ser divergentes, para buscar nuevos posibles caminos, ante situaciones complejas. Son una “necesidad” evolutiva…, pero que toda la sociedad al completo tengan esas mismas “armas” y maneras de proceder me parece, cuanto menos, peligroso y desequilibrador.

   Puede que haya ido demasiado rápido en las conclusiones del último párrafo, para quien lo haya entendido que se salte el presente. Todo animal social porta “dos naturalezas”, dos potencialidades que posiblemente sean activadas a nivel de epigenética: ser social, ser individual. Esta doblez la portan más los machos pues por lo general el concepto de grupo social es a partir de las hembras y sus crías (hermanas, tías). Suelen ser los machos los que tengan que irse de su propio grupo, o bien para crear uno nuevo, o para unirse a otro que lo acepte. En ese estado liminal (existencia provisional) se tienen que valer por sí mismos. El humano porta esa dualidad. En la dimensión solitaria, como ya he descrito en otro lugar, uno se desprende de las emociones, que son básicamente para “funcionar” en grupo. No hay activación de neuronas espejo, no hay imitación (por lo menos antes de los medios de comunicación masivos, entre los que incluyo la televisión). Cuando se cuestionan los roles, cuando cuestionamos nuestra dimensión social, cuando no queremos ser reducidos a nuestra identidad de nación, o de sexo, o de nuestro trabajo, de nuestra edad, o de nuestra posición social, etc. -en un ejemplo si digo rubia, guapa y de padres ricos, todo cerebro ya se ha creado una idea de ese tipo de personalidad, de un estereotipo de mujer-, entonces estamos “renegando” de nuestra dimensión social, quedándonos en ese proceso tan sólo con el carácter y los procesos más altos del cerebro: el sistema evaluativo/ejecutivo. Esta es en la posición en la que se encuentra, en la actualidad, la sociedad del primer mundo, por lo general, puesto que la performatividad puso en jaque qué era ser mujer y por ello madre, y qué ser hombre y poder, y en donde el poderoso ya no ha de ser concebido como el explotador, puesto que todos somos susceptibles de llegar a tal posición. Bajo mi punto de vista rebelde, de artista, esa posición está bien: nunca me ha gustado que me definan, el artista es rotura, mi “alma” o esencia quiere lo mismo para los demás. Las definiciones son barrotes en la potencialidad del ser. Todo humano tiene esta misma premisa: sentir que su papel social le ahoga. En la antigüedad ese ahogo se desataba en las fiestas, sobre todo durante el carnaval, pues en el fondo son una rotura contra todo papel social, un quitarse las “máscaras”. Pero lo que hace a una sociedad, lo que hace que sea parte de su naturaleza, en su dimensión social, son esos roles. Lo vemos en los suricatos, o en las abejas: la evolución ha “creado” posiciones preestablecidas para una función, para un fin, para el bien común. Si en la dirección de tratar de romper moldes o roles, a nivel individual y por deseo de cada persona, todo se difumina, entonces los roles de padres pasan por el mismo proceso. Los milenials son un “prueba y error” de una posición en donde el “papel” de los padres se ha desdibujado. Ya no tienen que ser tan rígidos, tienen que comportarse casi como amigos, no como “entes” autoritarios. En esa medida se ha roto con algo que llevaba operando desde hacía milenios. A la fuerza era parte de nuestra naturaleza, aunque fuera en la dimensión social. Se supone que un hijo crea un apego hacia la madre, de un estado totalmente protegido, que el padre amortiguaba por su dureza y rigidez, como para que sirviese de adaptación a lo hostil que es vivir en sociedad. Llegado un momento el individuo por sí mismo busca la rotura tanto del apego, como de la fuerte autoridad del padre. Salta del nido, se vuelve independiente. Lo que se está averiguando, sobre todo con las últimas generaciones y ante esa rotura de roles, es la pérdida tanto del apego como de la autoridad: el niño tiende hacia una personalidad con distintos tipos de trastornos, y entre ellos el narcisista. El apego es diádico, de dos, a falta de madre ese papel lo puede hacer el padre, pero por lo general “encaja” mejor la mujer, pues tiene la química hormonal para ello. La nueva situación en la que la madre trabaja, en alguna medida manda al traste la concentración y el tiempo de la madre para mantener un apego seguro, que equilibre la emocionalidad del niño, como para que cuando sea adulto no sea demasiado miedoso o ansioso, por ejemplo. Los nuevos cambios de roles y las nuevas situaciones son más tendentes a crear trastornos de apego, como ansiosos-ambivalentes, ansiosos-evitativos o desorganizados, lo que manda al traste la maduración emocional y social del adulto. En la cultura occidental se está promoviendo un alto grado de diálogo y casi la total ausencia de una fuerte y rígida autoridad (padre ausente, o puesta en duda de su papel rector), lo que es susceptible de crear un tipo de personalidad con una seguridad totalmente disonante e irreal: narcisista, pues la madre sólo alagará al hijo, y después este saldrá a un mundo, con esta falsa seguridad, en donde nadie la aplaudirá nada: la adaptación cerebral le llevará a pensar que él está acertado y que lo que está equivocado es el resto del mundo. Este tipo de personalidad es el que sale a relucir en programas como “gran hermano” y otros reality show, u ahora en los YouTuber: falsas seguridades que se caen a la menor. De una manera u otra la “caída” de los roles ha creado el panorama actual, en donde cada vez hay un mayor grado de inadaptación social. He aquí la lista de la repercusión en los hijos, ante esta caída o puesta en suspensión de los roles, proporcionada por la Wikipedia:

   “Los hijos de familias disfuncionales, ya sea en el momento, o a medida que crecen, también pueden:

  • No tener la habilidad de ser juguetones, o infantiles, y pueden “crecer demasiado rápido”; a la inversa, pueden crecer demasiado lentamente o estar en un modo mixto (por ejemplo, comportarse bien, pero no ser capaces de cuidarse solos).
  • Tienen problemas de salud mental de moderados a graves, que incluyen depresión, ansiedad, y pensamientos suicidas .
  • Tienden a convertirse en adictos al tabaco, el alcohol o las drogas , especialmente si los padres o amigos han hecho lo mismo.
  • Intimidan o acosan a otros, o son una víctima fácil de ellos (posiblemente tomando un papel doble en diferentes situaciones).
  • Estar en negación con respecto a la gravedad de la situación de la familia.
  • Tienen sentimientos encontrados de amor-odio hacia ciertos miembros de la familia.
  • Convertirse en un delincuente sexual, posiblemente incluyendo pedofilia.
  • Tiene dificultad para formar relaciones saludables dentro de su grupo de compañeros (generalmente debido a la timidez o un trastorno de la personalidad ).
  • Pasan una cantidad excesiva de tiempo solo viendo la televisión, jugando videojuegos, navegando en Internet, escuchando música y otras actividades que carecen de interacción social en persona.
  • Se sienten enojados, ansiosos, deprimidos, aislados de los demás, o no son dignos de ser amados.
  • Tener un trastorno del habla (relacionado con el abuso emocional).
  • Desconfía de otros o incluso puede que tenga paranoia.
  • Convertirse en un delincuente juvenil y que recurra a una vida delictiva (con o sin abandonar la escuela), y posiblemente también se convierta en miembro de una pandilla .
  • La lucha académica en la escuela o el rendimiento académico disminuye inesperadamente.
  • Tiene baja autoestima o una pobre imagen de sí mismo, con dificultad para expresar emociones.
  • Rebelde contra la autoridad de los padres o, a la inversa, defiende los valores de su familia frente a la presión de los compañeros, o incluso trata de adoptar un “terreno intermedio” imposible que no complace a nadie.
  • Piensan solo en sí mismos para compensar la diferencia de su infancia (ya que aún están aprendiendo el equilibrio del amor propio ).
  • Tienen poca autodisciplina cuando los padres no están presentes, como gastos compulsivos, postergar demasiado las fechas límite, etc. (consecuencias familiares desconocidas, incipientes y aparentemente laxas o evitables vs. consecuencias paternas conocidas, concretas y rígidamente impuestas).
  • Encuentra un cónyuge o pareja (a menudo abusivo) a una edad temprana o huye de su hogar .
  • Quedarse embarazada o ser madre de hijos ilegítimos .
  • Corre el riesgo de convertirse en pobre o sin hogar, incluso si la familia ya es de por sí rica o de clase media.
  • Vive un estilo de vida solitario, sin cónyuge, pareja, hijos o amigos.
  • Tener comportamientos autodestructivos o potencialmente autolesionantes.
  • Tienden a unirse a un culto para encontrar la aceptación que nunca tuvieron en casa, o como mínimo, tienen creencias filosóficas/religiosas diferentes de las que les enseñaron anteriormente.
  • Se esfuerzan (como adultos jóvenes) por vivir lejos de los familiares en particular o de la familia en general, posiblemente pasando mucho más tiempo con la familia extendida .
  • Perpetúan comportamientos disfuncionales en otras relaciones (especialmente con sus propios hijos).”

  ¡No impacta tal lista! Aquí vemos qué se gana y que se pierde con la complejidad de la vida. Más complejo no quiere decir precisamente mejor, que puede ser, quiere decir más posibilidades para que algo salga mal. “Crear” un humano es gratis, pero hacerlo un adulto con madurez emocional es costoso y muy complicado. Se dan tantas variables, que es más por azar que por su búsqueda, pues no depende de una sola persona o de ambos padres, sino de una multitud de factores que uno ni siquiera llega a vislumbrar en cada momento del crecimiento de ese ser humano. Además, a la complejidad del cerebro humano, en la evolución histórica, hemos ido creando más complejidad en el medio donde este crece. En una pequeña tribu de cazadores recolectores apenas si se dan unos pocos factores de variables. En las sociedades modernas, en las grandes ciudades, y sobre todo ahora con Internet y los móviles, todo es más caótico, imprevisible y tendente a que se pueda perder el control de la vida y la educación de tu propio hijo. Las probabilidades son tantas, y el tema tan actual, que la lista de películas sobre las familias disfuncionales es enorme. Por lo demás, en lo social, ¿qué se pierde por el camino de poner en jaque a los roles?, primero la madurez, el niño llega a la adultez con una emotividad no madura, se incrementa y generaliza el complejo de Peter Pan; lo segundo, a un nivel más ontológico, se tiende hacia seres humanos “performativos”, que reniegan de su carácter, de conocerse en profundidad, resultándoles incómodo ese carácter que a veces les sale en lo social. No voy a decir que alguna vez existió una paternidad sin taras. Eso quedó demasiado atrás en lo humano, existe en las tribus de cazadores recolectores de la actualidad, pero desde que el humano apostó por los grandes asentamientos la tendencia ha sido hacia el desequilibrio. Las nuevas sociedades son cada vez más caóticas, más tendentes al “ruido; lugares cada vez menos propicios para los apegos seguros. No voy a echar toda la culpa a las nuevas sociedades, la vida es demasiado aleatoria y dura: muerte de uno o los dos padres, padres crueles, madres demasiado protectoras, familias con demasiados hijos (numerosas)… Y tampoco voy a decir que sólo es un humano “correcto” aquel que es maduro emocionalmente; los trastornos, ciertos tipos de personalidades y la ausencia o dureza de uno de los padres crean humanos excepcionales, quizás más tendentes a la genialidad en su liminalidad que una persona “normal” (Mozart y su padre). Otra cosa muy distinta a considerar es si este nuevo tipo de sociedad crea estabilidad o felicidad, tanto a nivel individual como social. La generalidad de la humanidad, vinculada a las pantallas, las redes sociales y la tendencia del individuo hacia lo autopoiético, es hacia la rotura del tejido social, a la puesta en duda del mundo emocional, tanto el propio como el de los demás, lo que lleva a una sociedad de seres liminales, cínicos y nihilistas…, aunque ellos en su máscara de sanidad no lo quieran reconocer. Ya saldrá en la vejez.

   Conclusiones. Sí hay una naturaleza humana, en esta naturaleza se incluyen los roles sociales. Uno nace risueño, taciturno, iracundo, pertinaz, etc., y está más o menos preparado para ser madre, o “jefe”, o artista, u orador, etc. Suele haber una correspondencia entre lo que se es y lo que se hace, ¿quién cree que alguien con algún tipo de poder pueda ser una persona cándida o ingenua?, a no ser que ese poder lo haya heredado, y aún esto: para mantenerse en el poder se tiene que carecer de esas condiciones, de ese carácter. A no ser que sea un títere que lo mantiene ahí alguien en la sombra, como fue el caso de Juana de Arco. Algunos llegan a saber y asumir sus condicionantes, mientras que otros, la mayoría, nunca lo harán. La evolución social va a la par de lo evolutivo/adaptativo de la especie. La teoría sobre la adaptación social, la teoría de James Lange y la performatividad sólo dan con verdades a medias, que hay que tomarlas con ciertas reservas. Bajo mi punto de vista somos seres duales, y esa intersepción se puede resumir a la frase de Sartre de “a esos que, alegando seriedad de espíritu o excusas deterministas, se ocultarán su libertad total, los llamaré cobardes; a los otros, que tratarán de demostrar que su existencia era necesaria, cuando la aparición del hombre sobre la tierra es mera contingencia, los llamaré cabrones…”, tiene que haber un término medio, no hay que tomarse a uno mismo y a su identidad muy en serio, ni ser tan sólo un arlequín que cree carecer de identidad y es tan sólo la máscara que se ponga ese día. ¿Y dónde queda la intención?, y una posible autenticidad. No hay un sólo lugar de esta, no hay tal autenticidad. El ego, el carácter más profundo, lo instintivo, tiene una “intención”, lo mamífero o emocional tiene otra, y lo racional una tercera. Los roles están en los dos últimos escalones, en lo emocional/social. La intención “nace” y sube esos tres peldaños, y dependiendo de la situación y el carácter de la persona, se “expresará” un escalón o intención, u otro. ¡Claro!, hay una primacía del núcleo, si queremos que nos amen o nos validen, esto tiene que provenir del tuétano, de lo más profundo; lugar, concepto u órgano que en el lenguaje occidental hemos llamado corazón. Ahí reside el tipo de amor de la madre, y llamamos lealtad -sin fisuras, sin dudas- a ese tipo de relación con aquellos otros que no son nuestra madre. Queremos de la misma manera ese tipo de amor profundo y que nace de las entrañas en la pareja, porque sabemos que nos va a ser leal. Igualmente llamamos auténtico a aquel que no tiene peldaños, que su intención primera no sube por escalones y sale “libre y salvaje”, pero como ya dijera en el escrito anterior, hemos creado las reglas y las convenciones sociales ante el “peligro” que ese estado indómito nos pueda ser amenazante o dañino. Los escalones son y están porque se han dado en lo evolutivo/social. La paradoja, lo que se aprende con la edad, es que en muchos casos tanta emotividad, por parte del otro, es susceptible de conllevar al pensamiento sesgado, a lo obsesivo, a lo dogmático y por ello tendente a podernos hacer daño. Se restituye el “credo” en los roles, y el papel de lo racional o tercer escalón en las relaciones. Damos la razón a lo institucionalizado, al pacto social; ponemos en duda la intención del primer escalón, y llegados a cierta edad incluso del segundo escalón. Por algo se le llama la edad de la razón. Cuando algo hiere suele ser porque da en el “hueso” que es la naturaleza, el carácter de uno -que en el caso de los narcisistas se se manifiesta como “ira y herida narcisista“-, ese que no muta, en donde las heridas ya son cicatrices imposibles de disimular. Decía Platón que “el único daño que puede llegar a una persona es el daño al alma“. Tatúate lo que quieras una cicatriz, pero siempre estará ahí. Yo soy mis daños de la infancia, no se superan, se convive con ellos, por medio del “insight“, porque ignorarlos por completo puede fortalecerlos (ley del esfuerzo transformado), y si se puede se les ignora en la medida de lo posible, no por cobardía, sino porque no hay que “hacer leña del árbol caído”, o caer en el victimismo. En definitiva, que ponerte un bolígrafo en la boca para forzar la risa y que el sistema opere de abajo hacia arriba funciona, pero eso no es realmente la felicidad. La felicidad se encuentra en las motivaciones, y estas nacen del núcleo, de la base de la construcción, del ego, del carácter. Hace poco me encontré que el inglés tiene dos palabras para voluntad, una de ellas proveniente del latín, como la nuestra, pero después tienen “will“, que sólo está en las lenguas germanas, como lo es el inglés. “Will” es algo entre medias de querencia (curiosamente este concepto no tiene equivalente en inglés, y usan el español), disposición o determinación, potencia, y de ahí poder y por extensión virilidad, más cercano a deseo o impulso que a razón. También más cercano a motivación que la palabra voluntad de las lenguas latinas; esto se acerca a mi idea que propone a la motivación como base de una voluntad más profunda y que esta asentada en los ganglios basales, encima de tallo cerebral, las zonas más antigua del cerebro. El concepto de “voluntad de poder” (Wille zur macht), de Nietzsche proviene de esta acepción de las lenguas germanas. De una manera u otra en ese núcleo que es el carácter está la “verdadera” voluntad, pues de la voluntad latina proviene volición o acto de elegir, que ya es razón; de esta manera tener voluntad para trabajar es elegir trabajar, manteniendo enérgicamente esa elección. Como sea, que me alargo. De lo que se trata es de trabajar con el propio carácter, fortalecer sus pilares, muros y columnas. Desde arriba hacia abajo, y no quedarse en lo externo, en enlucir las paredes y pintarlas. Lo performativo puede reducirse a la acción, a ejecutar actos. En definitiva al hacer, no realmente al Ser. El hacer modifica el cuerpo, el “alma” (núcleo), con sus daños y potencialidades en muchos casos nunca afloradas, permanece inmutable. Si algo se rebela, es que ya estaba allí, en el “alma”. La cirugía estética, no es estática. La situación social actual es el contacto a distancia, en redes, a través de fotografías y vídeos, en donde es muy importante la primera impresión, eso ha llevado a lo humano al puro aparecer, al exterior. Las nuevas generaciones son víctimas y a la vez verdugos para que se mantenga tal estado del protagonismo de la superficie. Es muy posible que las ideas que presento aquí, sean más cercanas a las de Nietzsche. La razón es duda, el carácter es esa voluntad de poder, cercana a la fuerza vital. ¿Cuántas madres no habrán tenido momentos de querer tirar la toalla?, esa duda nace de la razón; Desde el instinto, de la voluntad “animal”, desde ese núcleo de su carácter, es de donde al final sacan las fuerzas para continuar. Esta misma idea, la que estoy plasmando aquí, y que es posible que fuera la de Nietzsche, es la que se deduce sobre “la fuerza” de la saga de “la guerra de las galaxias”. La monserga que siempre se oye es: “déjate llevar por tu instinto”, en donde tal cosa quiere decir que no analice la situación desde la razón o prefrontal, sino que deje salir ese algo interior y más profundo.

   Tampoco hay que dividir a los humanos a una infinidad de géneros. Siempre suele haber una preferencia principal, que es el equivalente a carácter o naturaleza, si después se tienen otras secundarias no es tan relevante como para asignarles un nuevo nombre, pues los nombres serían infinitos. Si mi preferencia principal son las mujeres, sé que ante dos opciones cogeré esta. Si después podría estar con un hermafrodita o un transexual femenino, por este orden, es lo de menos. No voy a reivindicar un género o definición para mí. Hay conceptos que sólo se dan durante la juventud y es posible que no signifiquen nada. Un ejemplo sobre el hecho que la evolución tiene sus planes es que con la madurez uno se vuelve más conservador. No es por elección, es el plan maestro de la evolución, de la autorregulación, de la tendencia al equilibrio homeostático de los sistemas complejos. Y sí milenials: os convertiréis en vuestros padres, con algunas alteraciones, pero caeréis en los tan temidos roles que tanto os parecen molestar en los otros hoy. Los adultos tienen que “servir” de freno a los jóvenes. La tendencia debería de ser que a mayor velocidad y potencia de la juventud, como hoy en día ocurre, mayor debería de ser el freno, pero la generación anterior ya era de por sí narcisista, y en muchos casos arrastrarán por siempre el complejo de Peter Pan (me incluyo), con lo cual no hacen de freno, sino que se suman a las fuerzas de las nuevas generaciones. No me puedo imaginar que si hoy ya la cosa es realmente extraña, cómo será con la generación de los hijos de los milenials. Hoy vivimos en la decadencia de la sólo-máscara, artificial, fría, ni contacto piel a piel, de una nueva época sofista, en donde lo más importante es lo performativo, la máscara que uno haya decidido adoptar para impactar o ganar dinero, el discurso, que el ser y el hacer… ¡ya sé, decir es hacer y hacer es ser!, pero no es naturaleza, es máscara. El “ser operativo (que es conmensurable) o desaparecer” de Lyotard.


(1) De forma tímida aquí y en otro escrito, comparo la evolución de los sistemas en valles y montañas, al final encontré que existe el concepto de paisajes adaptativos. Esto me “da la razón” en otro aspecto. Lo hombres, con respecto a la mujeres, tendemos a usar nuestras capacidades espaciales, de orientación tridimencional, para pensar en abstracciones, pues estuvimos mucho más tiempo, durante las cazas y las exploraciones, moviéndonos por la naturaleza.


Descargar revisión del mapa mental sobre la Superveniencia, creado con TheBrain, contiene etiqueta “performativo” sobre los temas a tener en cuanta para este escrito. Revisar en “Cerrando el círculo sobre la autopoiesis” para instalar.

El Yo Cristalizado

Todo lo excelente es tan difícil, como inusual.” Spinoza
La verdadera felicidad es no saber quién eres.” Maniac

   Un concepto nuevo que me he encontrado, en mi eterno divagar por la Wikipedia, ha sido el del “yo cristalizado“… ¿qué es?, es legítimo o es otra vuelta de rosca del posmodernismo. El concepto nace de la incapacidad de poder definir qué es identidad. Cada ciencia le da una definición, está es tratada de forma muy distinta en la sociología que en la psicología o en la filosofía, y dentro de la psicología cada escuela da su propia visión. El conexionismo nos dirá una cosa, la psicología evolutiva otra, la cognitiva una distinta, el psicoanálisis se distancia del resto, y así sin fin. El propio constructivismo tiene su propia noción de identidad. A nivel de calle ocurre otro tanto, y lo que más sobresale es el hecho de hablar de autenticidad y máscara, de yo real, frente a un yo falso. Yo mismo hago esta distinción, si bien no la he formalizado muy extensamente. Bajo mi punto de vista nacemos con un temperamento o carácter, ese sería el real, y posteriormente la sociedad (momento histórico y lugar de nacimiento), las vivencias y uno mismo “reconstruye” ese temperamento creando una personalidad. Pero la personalidad, bajo mi punto de vista, es como un corsé que tiene como premisa mantener a raya lo liminal de uno mismo, similar al concepto de máscara de personaje. Una premisa (base, forma, esencia) humana, y la de cualquier animal social, es la de ser aceptado. Uno ha de limar las asperezas de su temperamento para encajar en aquello que es lo aceptado en lo social. Es contradictorio, y falso, el lenguaje de la calle cuando se dice que uno ha  de “ser uno mismo”, pues ¿quién quiere que un psicópata o un pedófilo sea él mismo? El “sé tú mismo”, el neblinoso y escurridizo concepto de autenticidad,  es una “verdad” que funciona por lo general, pero que falla y no se puede tener como norma general. En ese sentido las normas y las convenciones sociales, la educación, lima esos posibles comportamientos y actitudes (partes del carácter) que van en contra de dichas normas y convenciones. El carácter sale en las situaciones de crisis, de supervivencia, en donde las normas sociales han quedado rotas o tienen fisuras. No llegamos a conocer a alguien hasta que no se llega a una de esas situaciones de crisis. Antes de esa situación vemos su personalidad, su carácter encorsetado o enmascarado.

  En ese sentido hay que diferenciar dos tipos de máscaras: 1. esa que he mostrado en el párrafo anterior y que es de desear en lo social, y que se define en la película “mejor imposible”, en la arquetípica frase de “tú haces que quiera ser mejor persona”; 2. aquella otra que intencionadamente usamos para engañar y obtener un beneficio propio y egoísta. Por lo general cuando la gente habla de yo real y yo falso se refiere a esta segunda opción. ¿No es todo demasiado confuso?, ¿cómo distinguir lo primero de lo segundo?, pues llegado el caso que se dé una crisis saldrá el yo real, que como puede tender a sobrevivir y auto-preservarse, va a ir en contra de los otros, de tal manera que puede ser considerado egoísta, y con la consecuencia de que lo vamos a tratar de falso en su anterior postura o pose. Eso es lo que suele suceder en los conflictos de pareja, y por eso se suelen odiar cuando se separan, posición que por lo general no se suele restituir. Es como si una vez que se hubiera “descubierto” ese ser real, ya fuese imposible aceptarlo cuando se pone esa máscara que hemos de ponernos, según las conclusiones del párrafo anterior. Lo que se concluye es que sólo aceptamos a aquellas personas que por su tipo de carácter dulce, suave y “bueno”, no tienden durante las crisis a ser egoístas, pues en definitiva no es aquello que son. “Amamos” las almas cándidas y buenas por naturaleza, la niñez por extensión, que por lo demás son una minoría, pues no es la mejor apuesta evolutiva. Desarrollemos esto brevemente: si estas personas durante las crisis pueden ser más proclives al sacrificio, es más probable que mueran y no se reproduzcan, luego su tipo de apuesta no es la que va a ser la más general en lo evolutivo/humano, se mantiene en una baja proporción. Primera conclusión: lo evolutivo humano tiende a lo “vulgar”, no a lo excelso, a las posiciones algo tramposas, pero no lo suficiente como para ser rechazados en sociedad.

    A veces damos algo tan por sentado, que no lo vemos. Realmente no entendemos qué es y qué quiere decir sociedad. Como ya dijera en el escrito “Limerencia y autopoiesis“, en cuanto se dio la primera mutación en los primero seres vivos, se dio la dualidad identidad y otredad. En la vida hay cuatro tipos de divisiones con lo otro: 1. indiferente, una cebra y un ratón de la sabana tienen este tipo de relación; 2. simbiosis (mutualismo), por medio del cual dos especies “cooperan” de alguna forma, en donde la acción del uno (egoísta) beneficia al otro; 3. identidad, es en esta donde nace el concepto de sociedad, en donde una misma identidad conlleva la cooperación; 4. otredad, como la que se suelde dar entre depredador y presa. La identidad no implica sociabilidad, es un nuevo grado que emergió del de identidad tendente a la cooperación para el “bien común“. En esa medida es una postura “superior” (no mejor, sino más compleja) entre la otredad que es el individualismo, una parte de los depredadores son solitarios, individualistas; y la simbiosis, la cooperación egoísta, pero que beneficia a las dos partes. Cualquier animal social tiene los dos tipos de apuestas, y “elige” la cooperativa o la egoísta en situaciones de crisis dependiendo de su genética, en definitiva de su carácter. Hay madres -del reino animal- que se sacrificarán por su descendencia ante un depredador, y otras que no. Incluso en una misma especie se dan las dos tendencias. La evolución no “usa” la ética o ninguna “razón” o lógica, valida aquello que sobrevive. Si la madre se sacrifica puede que esa cría tenga esa misma apuesta evolutiva, pero también puede que ninguna otra hembra la acoja, de tal manera que muera y no tenga descendencia. Cuanto más complejo sea un cerebro en el reino animal, barajará más posibilidades. Animales como los elefantes o los primates pueden “adoptar” a esas crías huérfanas, luego la apuesta de sus madres se mantienen.

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    Creemos otra capa de abstracción o complejidad a todo el asunto. La vida, en su definición más elemental, es traspaso de información, autorreplicación. Con el sexo la replicación dejaba de ser autorreplicación a favor de tener más información, por la combinación de los genes de los dos padres. La información entre dos entidades se llama comunicación. Los animales simbióticos tienen un “lenguaje” para comunicarse, tan complejo como el que pueda ser el de las flores para sus insectos y aves polinizadoras. Y lenguaje y comunicación hace falta igualmente entre los animales sociales. A lo que quiero llegar es que las convenciones y las normas humanas hacen ese papel de comunicación -de pegamento- con la finalidad de llegar a estados simbióticos o cooperativos, que de nuevo nos lleva a la conclusión del primer párrafo: que la máscara o ser educados es “necesario” en lo social. ¿Por qué no nos satisface nada de nada esta conclusión?, a mí no desde luego. He tendido a la soledad, al individualismo, pero es una apuesta arriesgada, más proclive a ser fallida. Volviendo a las premisas halladas, que me pierdo: 1. la información fluye en lo social, las convenciones sociales cambian de país a país, y de década a década; 2. uno ha de leer ese flujo de información para “adaptar” su carácter a esos nuevos datos; 3. hay distintos medios en donde uno se proyecta: unas y otras redes sociales, el trabajo, con la familia, con los hijos, con las amistades…; 4. se “adapta” a ese nuevo flujo y en cada uno de los fluidos. A ese todo de leer información y adaptarse, en un mundo tan cambiante, de tal manera que no se pueda hablar de yo real, frente a un yo falso, es a lo que ahora se llama “yo cristalizado“. Tal concepto se me parece al de la película “la cosa“, en donde encuentran un “algo” tan extraño y fuera de todo posible concepto familiar, que no les queda otro remedio que llamarlo “cosa”, objeto indefinido. Esto es, como no podemos definir qué es identidad, y como no podemos definirla sin dualizarla en un yo real, frente al yo falso, pues seríamos proclives de entrar en ese mismo rango o etiqueta, entonces salimos del paso llamándolo “yo cristalizado”. Bajo el punto de vista de este concepto es cristalizado, porque al igual que un cristal crea caras o facetas que al estar dirigidas en distintas direcciones, reflejan distintos aspectos de la realidad, siendo este -el cristal– la suma de todas sus facetas y reflejos. Es curioso que se haya usado este símil, pues yo ya lo había utilizado alguna vez. Por otro lado tiene la curiosidad de denotar que el cristal es trasparente, no es en tanto que realidad, tan sólo es en la medida que refleja algo, cuestión que yo he defendido una y otra vez al decir que uno es en tanto que negación, en tanto que siendo aquello que no es. El cristal no es lo que refleja, pero los reflejos facetados son los que nos hacen ver que es, que está ahí, pues si no tuviese la capacidad de reflejar y fuese totalmente transparente, no se vería.

    No quiero alargarme, creo que la idea está clara. Una última reflexión (que viene de reflejo) es que si uno es la suma de esas caras, y es en tanto que la lectura de lo que es la sociedad, aquí nos encontramos con la paradoja que la sociedad es la suma de todo los reflejos de los yos cristalizados, pero que a la vez es esa imagen global de la sociedad la única que es capaz de leer y reflejar cada yo. Hay claramente una retroalimentación. Yo en soledad no reflejo nada (¡bueno, sí, en estos escritos!), pero el resto de humanos son lectura y escritura de lo que es o ha de ser la sociedad. Está claro que en todos estos patrones juegan los mismos que en la evolución y por lo tanto en todo sistema complejo. Cuando a través del sexo se perdió la autorreplicación, la evolución creó la mímesis como un tipo de sucedáneo de esta.

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   Aquello que no era instinto, (escrito en el ADN, como lo es el carácter) tenía que ser a través de la imitación; que de groso modo es la lectura del grupo para adaptarse a una media o norma social. Todo bebé es pura imitación durante sus primeros años. El humano es más imitativo que otros animales, esto nos dice la Wikipedia: “en un estudio que comparó niños humanos y chimpancés jóvenes, se demostró que, cuando se les da una demostración sobre cómo recuperar una recompensa de una caja, los chimpancés copian el comportamiento relevante, mientras ignoran el comportamiento irrelevante, para resolver la tarea. Mientras tanto, los niños humanos imitarán fielmente el comportamiento relevante e irrelevante para resolver la misma tarea”. ¿Porqué?, si se supone que la curiosidad humana es aperturista y debería ser menos imitativa. Es muy posible que sea por el lenguaje, este no deja de ser al final mas que movimiento muscular y por lo tanto imitación. Más teniendo en cuenta que es posible que provenga de un lenguaje de las manos y los gestos. En ese remoto tiempo habría que ser muy preciso a la hora de saber crear los movimientos para nombrar algunas cosas, con respecto a otras. Ahí tenemos en la actualidad a la hora de traducir una canción de otra lengua. En las entonaciones, y con la música tapando las palabras, a veces se nos hace indistinguible qué dice el cantante, a veces dudamos entre dos o tres palabras posibles, pues al ser poéticas no son tan contextuales. Por otro lado, nada más complicado que hacer ciertos fonemas de ciertos lenguajes siendo adultos, esa dificultad de aprenderlos (imitarlos), como la “rr” española, crea los acentos de los hablantes de otras lenguas. El lenguaje es muy cerrado, hay que imitarlo, reproducirlo, a la perfección. De alguna manera la evolución en ese aspecto fue un todo o nada, si había que imitar a la perfección unos gestos como lo eran los del lenguaje, ese aspecto promovió que la imitación “perfecta” o total era la que se implementase en nuestra especie. Algo como los bostezos o las risas nos son contagiosas porque antes que cualquier otra cosas somos seres miméticos. Fijarse que norma y normal tienen el mismo origen. Ser una persona normal es ser una persona que sigue las normas. O dicho de otra manera, que es más mimético, que está más preparado para “leer” lo ambiental, a los otros, y adaptarse o moldearse a esa normalización. Esa “adaptación” mimética de la lectura de lo más “escrito”, a la información más redundante y por lo tanto más tendente a ser lo autorreplicador, es lo que en los sistemas complejos evolutivos se llama estigmergia (stigmergy). Safari_antsEl ejemplo más claro son los caminos trazados por las hormigas, donde cuanto más hormigas vayan por un mismo camino dejan una mayor marca química de lectura para el resto de las hormigas. ¿Cuál es nuestro equivalente a esa marca química?, el meme (mímesis). Aunque sea un nombre y concepto nuevo es algo, que como hemos visto, estaba “previsto” dentro de los patrones de los sistemas complejos. Los memes que han sobrevivido a lo largo de la historia son los que ahora llamamos refranes y frases hechas; y de otro modo las convenciones más inmutables y permanentes que se transmiten por educación en una cultura, como saludar y despedirse, no mirar descaradamente a una persona, etc.

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   Última reflexión. ¿Dónde queda la libertad dentro de este juego de espejos?, dónde la razón, la lógica y la “verdad”. Al parecer lo más importante es lo social: uno no elige el bien, elige aquello que está estipulado que es el bien en una sociedad dada; hoy se pone de moda (otra forma de llamar al meme) la defensa de los animales domésticos, cosa impensable hace cinco siglos, pues eran nuestro principal “elemento” de generar energía. Si hoy decimos que lo importante es el individuo y que si mira por sí mismo eso repercutirá en el bien común (egoísmo racional), que es la esencia del neoliberalismo, del capitalismo, eso es lo que reflejarán esos yos cristalizados que son las personas en sociedad. Pero ¿realmente ese paradigma es “verdad” y lo más “lógico”?; lo que quiero decir es que si todos somos tan sólo reflejos, entonces si de repente la normalización, el estándar o el paradigma actual yerra, todos erramos, todos reflejamos una sociedad del malestar. ¿No debería la evolución social auto-organizarse, en tanto que sistema complejo?, ¿”corregirse” hacia una media estándar más “correcta”? Un sistema complejo es tendente a poseer un alto grado de desequilibrio, de estar por debajo o por encima de su fase, sin que este permute a un nuevo estado. O sea, la media de temperatura ambiental, que en estas fechas fluctúa a 12 grados por la noche y 32 por el día, la suple nuestro cuerpo en su tendencia al equilibrio, a la homeostasis, hacia los 37 grados internos. Lo social es igual, es otro sistema complejo que tiene sus propios mecanismos tendentes a la estabilidad. Lo peor es que en el cuerpo, en estados extremos de bajas temperaturas, deja de llevar sangre a las zonas que son más tendentes a que se pierda la temperatura interna: los dedos, las narices, las orejas, con las consiguientes muertes de esos apéndices. Conclusión, que hay un alto número de humanos que son como esos apéndices: prescindibles por el “bien” del sistema. ¿Cuántas partes (número de humanos) de lo social son prescindibles como para poner en riesgo el paradigma actual?, ese es el frío cálculo que hace cualquier sistema complejo evolutivo, ese es el cálculo que en algún lugar no legible y comunicable hace el paradigma actual. ¿Realmente creemos que el paradigma actual es el mejor?, ¿no está nuestro cerebro y sistema social lo suficientemente preparado o ser lo suficientemente inteligente para crear un sistema mejor?, ¿un sistema en donde nadie sea “nariz” o “dedos”?, prescindibles. ¿O será que nunca podremos llegar a “gobernar” ningún sistema complejo, por no tener esa capacidad mental…?, decía Edmund Burke que “la sociedad es tan grande y compleja que una sola mente no puede contenerla y entenderla“…, y de ser así, ¿realmente podemos autoproclamarnos libres, o somos simples engranajes de sistemas que no por comprenderlos los podemos manejar?

   Sea como sea yo sólo sé una cosa: que soy una mierda de célula de la oreja, como le sucede a un gran número de humanos, que a la menor en la que la estabilidad caiga, morirá.

 


   Actualizado mapa mental sobre la “superveniencia”, en el cual añadí una nueva etiqueta “sincronización”, del que parte este escrito (me podría haber extendido, pero he preferido ser corto y conciso); y nuevo mapa mental sobre los sistemas complejos; mapa mental más sencillo y mejor estructurado, basado en el que tengo vinculado en mi escrito sobre los sistemas complejos, en donde se puede bajar la gráfica que está de fondo en este. Si se han hecho cambios personales en el primero, que ya compartí, cambiarle de nombre antes de importar este nuevo, para mantener las dos versiones, sino puede que sobrescriba uno a otro. Hacer una copia de seguridad del vuestro, de haber hecho cambios, por si acaso. Ir a escrito anterior para bajar programa y leer instrucciones (ese otro enlace del escrito anterior lo borraré en unos días).

Cerrando el Círculo Sobre la Autopoiesis

Un verdadero decir es, el deseo no tiene descanso, es infinito en sí mismo, sin fin, y como uno lo llama: un estante perpetuo o un molino de caballos.” Robert Burton”
No me gusta la gente, sólo me gusto yo mismo.” Charles Bukowski
Los hombres más fuertes son los más solitarios.” Ibsen
No han faltado quienes han acentuado el carácter estrictamente social de la conciencia moral, o su carácter estrictamente natural (marxismo, darwinismo ético) o quienes han intentado “desenmascarar” la conciencia moral como una traición a la “vida” (Nietzsche).” Ferrater Mora

 

   En este escrito voy a tratar de llegar a unas conclusiones finales sobre la autopoiesis y otros temas afines de los últimos escritos. Ayer vi (19/09/2018) la película “Cézanne y yo“, donde ese “yo” es Émile Zola. Hay varios trasfondos en la película: la amistad con una persona difícil, Zola lucha, pero al final se rinde; la falta de éxito en vida de un artista…, y el sexo como fondo del arte. Dos escritos atrás, en “deconstruyendo el Deseo II – Limerencia” hablaba de la relación del artista como ese ser limerente que sublima dicho efecto sobre su arte. Puede que a muchas personas les resultasen excesivas mis afirmaciones, pero “Cézanne y yo” muestra más o menos las mismas ideas: el cómo el sexo siempre está de fondo durante la creación…, ¿y qué es concebir un hijo sino crear? El artista ha sublimado esa capacidad hacia otra dimensión. Tratando de crear una hipótesis, bajo los conceptos manejados en la psicología evolutiva, yo diría que el artista se “creó” de la siguiente manera. En algún momento de la prehistoria la hembra humana sólo tenía un celo, que sería en primavera, quizás por este hecho la  mujer de hoy en día cae en una ligera depresión, y son más tendentes al suicidio, durante esas fechas, una especie de “alteración” que el cerebro moderno no sabe interpretar. Cambia la arousal (nivel de excitación -general, uso la palabra arousal porque en España excitación se lleva a lo sexual, cuando aquí lo que quiero decir es un estado homeostático más alto) y el prefrontal, la conciencia, la rumiación, siente ese cambio con incomodidad (ver vídeo relacionado, de la interpretación de la excitación). En la prehistoria siempre había carencia de hembras, se secuestraban de otras tribus, y en las guerras se les mantenían vivas, para ser llevadas a los poblados de los vencedores. Eso se ha mantenido hasta hace relativamente poco, sobre los siglos quince o dieciséis; o sea, las mujeres eran un “bien” escaso. En algún momento de la prehistoria se “creó” un tipo de humano que se comportaba como el ratón marsupial: trataba de “montar” a toda hembra posible a través no de la fuerza, que era propia del alfa, sino del ingenio. En ese proceso la evolución creó un sistema de retroalimentación: cuanto más se reproducía este tipo de apuesta, más “afinaba” este tipo de humano sus cualidades. Pienso que la bipolaridad está relacionada con esta mutación o cambio. Un área principal en el humano es el área de Brodmann 9, que se encuentra en el prefrontal medial (en el surco que divide los dos hemisferios y hacia el temporal); esto nos dice la Wikipedia:

El área está involucrada en la memoria a corto plazo, evaluando lo reciente, reemplazando respuestas automáticas, fluidez verbal, detección de errores, atención verbal auditiva, inferir la intención de otros, inferir deducción de imágenes espaciales, razonamiento inductivo, atribuir intención, atención sostenida implicada en contar una serie de estímulos auditivos, y niveles más bajos de consumo de energía en individuos que sufren de trastorno bipolar . 
El área que se encuentra en el hemisferio izquierdo es al menos parcialmente responsable de la empatía, modismos, procesamiento de escenas emocionales agradables y desagradables, autocríticas y atención a las emociones negativas.
      En el hemisferio derecho, la región participa en atribuir la intención, teoría de la mente, suprimir la tristeza, memoria de trabajo, memoria espacial, reconocimiento, recordar, reconocer las emociones de los demás, planificación, cálculo, procesamiento semántico y perceptual de los olores, religiosidad, y atención a las emociones positivas.”

    Uno no puede hacer otra cosa que quedarse asombrado ante tantos procesos en una misma región. Pareciera que el ser humano estuviera “condesado” en esa región. Hay que aclarar algo, yo creo en la teoría de la modularidad del cerebro. Por ejemplo, el temporal izquierdo (por lo general) une visión y palabra, por estar unido al occipital que trabaja sobre la visión. Esta zona nombra lo que ve, y un nombre lo asocia a un objeto y a la inversa. Otra cuestión curiosa de esta área o función es que diferencia entre lo natural y lo artificial, ya que si se daña cierta área, el individuo no reconocerá o les sabrá dar nombre, en fotos, a objetos artificiales (pendiente de subir vídeo). En ese aspecto hay que tener en cuenta que hay partes del cerebro que se dedican a ser “rotondas” dentro de esos módulos, de tal manera que su “función” consiste en integrar distintos tipos de información. Se les llama zonas asociativas, casi todo el córtex cerebral es asociativo, cada zona se especializa en asociar procesos de los módulos cercanos. Los módulos están en las regiones más internas. El área de Brodmann es una de esas zonas asociativas, el área 10 por detrás de la 9, que es una desconocida, se cree que le “sirve” como memoria intermedia a sus procesos y “análisis”. Si se daña una zona o módulo, o circuito del cerebro, como pueda ser el de la evocación, por ejemplo, dicha información ya no llegará al área de Brodmann 9, no la “procesará”, habrá una deficiencia en su “suma total” al evaluar algo. En esta área se integra un todo, a lo que se le pueda llamar un yo, y un hacer, pensar o sentir en el mundo a partir de lo aprendido. En esa medida es como un “creador de algoritmos”: si una zona está dañada o alterada creará una variable distinta -o le faltará- en dicho algoritmo, como para dar un resultado final distinto. En definitiva, es el que nos hace sentir, hacer o decir una cosa distinta de otra persona, ante unos mismos hechos o datos. Aquí vemos la dificultad de una inteligencia artificial: todo proceso inferencial está mediado por distintas partes del cerebro, que van a cambiar los números de esa ecuación, como para dar como resultado una acción distinta de un humano a otro. Un ejemplo, que me viene bien para mostrar que la “diferencia” o no identidad -racismos y otros tipos de otredades-,  es una “función” más entre otras, y que está asentada en esta zona del cerebro, pues cuando alguien está frente a otro ser humano, el córtex prefrontal medial (MPFC) se activa, cuando no ocurre de esta misma manera cuando se tiene frente a sí a otro humano que se le siente como ajeno o diferente (no humano). Hay que ver tal concepto como el que se pueda extrapolar sobre creer en un Dios. A un ateo no se le activan ciertas regiones ante la palabra Dios o sus Imágenes, frente a otras personas a las que sí. Alguien muy religioso, por ejemplo una monja, siente la presencia de Dios, “proceso” o “función” que no tiene un ateo. Bajo este aspecto hay tres tipos de personas: 1. las que sienten la presencia de un Dios, 2. las que son religiosas por la educación -cultura-, y 3. las ateas. Las segundas tienen ciertos otros módulos del cerebro muy activas: la de la unidad con el grupo, o la de seguir las tradiciones o las ideas paternas, pero realmente no “sienten” a Dios. Con la identidad y la diferencia es igual: se activa más con los familiares, y cuanto más alejado sea una persona de este rango, menos se activará esta región. La gradación podría ser así (no exhaustiva): 1. familiares, 2. de la misma tribu con los mismos fenotipos -etnia, rasgos externos, 3. de la misma cultura o patria -orígenes-, 4, del mismo sexo, 5. de la misma lengua.

    Volviendo al artista, si ojeamos de nuevo lo dicho por la Wikipedia, nos dice que el área de Brodmann, en los bipolares, necesita de menos energía (menor consumo). Eso quiere decir que está más activa, en estas personas, que en la media humana, y de forma más permanente. No todo artista es bipolar, pero sí hay una alta correspondencia. Yo me referiré a los artistas que los son por tener el área de Brodmann más activa de lo normal. Hay artistas que los son porque lo han vuelto su “labor”, o por tradición. Muchas capacidades de esta área hacen que se tenga una mayor fluidez asociativa con lo verbal, auditivo y lo visual, de tal manera que son más tendentes a dar más “brillo” a todos esos procesos; que es lo que se asocia con los escritores, los músicos y los pintores/escultores. Antes de que “existiese” el arte ese “brillo” o activación constante de esta área, daría a esas personas una mayor capacidad de ver o sentir, y por tanto inferir, unas respuestas más rápidas, ingeniosas y locuaces. Quizás el ejemplo más claro sea el papel de Leonardo DiCaprio en la película “Titanic”, era artista y a la vez supo sacar ventaja en cada situación durante la crisis del hundimiento del barco. O sea, lo que quiero decir es que el arte fue algo posterior a unas mentes que tenían esa ventaja en el área de Brodmann 9, como para ser más ingeniosos y sagaces, y según mi hipótesis eso era en la dirección de montar a las más hembras posibles durante su época de celo, en primavera. Por eso la bipolaridad: ese desgaste excesivo en una época, para después caer en un periodo recesivo, interpretado como de depresión. En la gráfica que mostré de mis bajadas y subidas, se ve esa tendencia excesiva a partir de la primavera. La primera quincena de julio llega a su límite y después hay una caída repentina, seguramente porque las hembras humanas salían de su celo primaveral o ya estaban embarazadas. A la larga, durante la evolución, ese “brillo” les hacía ser más “despiertos” a sensaciones, y conclusiones, a los que los otros no “llegaban”; lo que les hizo propicios en un primer momento para ser los chamanes, y más tarde los artistas o las mentes divergentes. Soy de los que piensan que tras cada trastorno cerebral -no enfermedades- hay un porqué evolutivo; adaptaciones evolutivas que están inadaptadas en el “lenguaje” -paradigma- actual de la forma de entender al humano en su hacer y sentir. En esa misma dirección la depresión tiene sus explicaciones evolutivas, pero en cada caso hay un trasfondo evolutivo distinto; se “activa” por distintos módulos cerebrales y cada módulo que la activa tiene su “propio porqué”.

    Con el paso del tiempo el artista ya no vinculaba directamente ese estado con la “monta” sexual, tendió a sublimarla, encontrando por el camino que el arte, la creatividad, era un fin en sí mismo: que le procuraba estabilidad, y cierto grado de autosuficiencia y felicidad, con lo que ese proceso le fue llevando hacia lo autopoiético: el de sentirse pleno en sí mismo. En esa medida, en el artista o los bipolares, el córtex prefrontal medial se activa menos que con respecto a otras personas al estar frente a otros humanos, que para el caso quiere decir que se vuelven en algo así como un sociópata, sin las cargas excesivamente negativas de dicho aspecto de la personalidad. Sienten empatía, se les activa las neuronas espejo, pero es como si sintiesen que todas las personas les fueran ajenas -diferentes a su identidad, sólo entienden a otro artista, y a veces ni eso-. Resultado: sólo se aman a sí mismos, como declaraba abiertamente Charles Bukowski en este vídeo, y si aman a alguien puede ser de forma muy obsesiva (“sobrevivir a Picasso” como ejemplo), pues “trasladan” hacia esa persona su capacidad obsesiva hacia sus obras, como si dicha persona se tuviese que “acomodar” a los “criterios” de lo que habría de ser una de dichas “obras”. ¿Por qué me detengo tanto en todo esto?, porque al ser artista y haberme centrado en los últimos diez años a pensar en lo humano, me da la capacidad a autoanalizar todos mis estados, emociones, sensaciones y actos (nunca me he revelado talentoso en nada, porque lo termino por abandonar y no profundizo como para especializarme, pero sé que tengo “alma” de artista; sólo me importa esa sensación, no los “resultados” en obras o el éxito). Me hago entender para mis allegados y por si algún teórico, que claramente analice el problema desde fuera, puedan valerle de algo todas estas reflexiones. En esta dirección hay diferencia de este escrito con respecto a los “creados” entre mayo y mediados de agosto. Aquellos eran más impulsivos, me veía “obligado” a escribir, a crear -puede que fueran más “delirantes”-; el presente es más reflexivo y frío, fuera de ese impulso limerente y obsesivo hacia la creación. Al igual que les pasa a la mayoría de los bipolares, como al Cézanne retratado en la película mencionada, la frustración lleva a la ira, lo que quiere decir, con respecto a la violencia de género y el incremento en época estival, es que es muy posible que haya bastante bipolar no diagnosticado entre esos hombres. Mis “caídas” a mediados de julio suele ser un quebranto que se desfogan en ira. Rematar diciendo que pienso que la unión del artista con el ordenador le puede “encender” más en su lado maníaco, pero de igual forma puede amortiguarle la caída en la depresión, ya que ese nuevo estado simbiótico de hombre máquina, le hace levantarse cada mañana para volver a conectarse consigo mismo a través de la máquina, mirándose a su nuevo espejo, sintiendo que es autopoiético. Esa es mi apreciación personal.

   Con estas conclusiones, y sus explicaciones, la sociabilidad es susceptible de ser analizada de igual forma, por la “modularidad” del cerebro. Una cosa es que yo sea un “animal” social, y que todo habla interno “venga” -tenga su origen- de imaginar hablar con alguien, y otra cosa muy distinta es en lo que ha acabado dicho módulo. Ese proceso es a lo que se le llama autoconciencia: esto es, que la “conciencia de” no tenga a otro objeto distinto que a sí misma. La autoconciencia tiene bastante de las estructuras de lo autopoiético: es autorreferencial, autocreativa, autoreproductora… se puede llegar a tratar de cerrar sobre sí misma; esto es, la rumiación tiene la característica de alejarse de la realidad, exagerando o minimizando -caricaturizando, metaforizando- dicha realidad; imaginando “versiones” del mundo que pueden estar muy alejadas de la realidad. Parece ser que la autoconciencia tiende a ser autopoiética, y este es uno de los peligros de dicha capacidad. De ahí expresiones como “pisa tierra” o “baja de tu mundo”, pues una vez que dicho módulo se cierra sobre sí, la realidad parece ya no contar. De una manera u otra parece ser que lo autopoiético es un referente en el cerebro, que sale a relucir una y otra vez de distintas formas, en el individuo y en lo social. Con esto llegamos al momento actual. Lo central en el universo, en los sistemas complejos, es la retroalimentación. La autoconciencia sobre sí, que ya de por sí puede ser un problema, agrava su tendencia, hoy en día, al haberla puesto delante de ordenadores, móviles y Tablet (pantallas, para reducir). Uno mismo como autoconciencia, yo por ejemplo, no ve la pantalla como una otredad, sino como una extensión de la autoconciencia, como una referencialidad externa o espejada de la autoconciencia. En el ordenador (por lo general en la sociedad el móvil) tengo de forma extendida mis estructuras, sobre todo de muchas de las vistas en el área de Brodmann 9, espejadas como para que puedan ser mejor ordenadas, entendidas y estructuradas. Ya somos humanos máquinas, pues las pantallas no son algo externo y ajeno, sino un proceso extendido del cerebro. Así nos lo hace ver el “efecto Google“, que viene a decir que el cerebro olvida lo que sabe que es facilmente accesible a través de una búsqueda en Google. Se libera de sobrecargar su propia memoria, optimiza sus recursos dependiendo del ordenador e Internet. Esto conlleva a otro problema: la tendencia hacia el narcisismo, que en realidad si se entiende bien es hacia lo autopoiético. O sea, no es que me “maraville” de mí en tanto que yo, ego, o cuerpo, sino en tanto que me cierro sobre dicha imagen y ya no necesito o quiero otra. O dicho de otra forma: es de nuevo la capacidad propia de la autoconciencia, de no tener otro referente que a sí misma, pero de forma externa. Como en todo entra en juego la retroalimentación, cuanto más miro o proyecto mi Ser hacia la pantalla, cuanto más la personalizo, cuanto más vuelco todos mis modos de ser, más se vuelve esa pantalla en parte intrínseca de mi ser y más se cierra dicha propiedad sobre sí misma. Se vuelve más inmersiva, narcisista, egotista y por lo tanto tendente a lo autopoiético. En esta nueva dimensión, el otro se vuelve aún más otro, ajeno a esa dualidad ya indiscernible de autoconciencia y pantalla. Si esa tendencia ya de por sí un peligro en el artista, hoy con esta nueva posibilidad de las pantallas, se intensifica aún más.

   So pena de poder “estropear” lo bien que iba el escrito, voy a hacer unas de mis incursiones a lo “sucio”; saltárselo aquellos que sean más puristas. Si se ha entendido el párrafo anterior, y por si no se ha entendido, veamos cómo actúa estas abstracciones conceptuales con el porno, en esta nueva forma de entender lo autopoiético. La media occidental es tener dos pantallas para el ordenador o uno muy grande. Cuando se ve porno no es para ver un vídeo y de forma lineal en el tiempo: los llevamos a las escenas que más morbo nos provoquen. Pero ahí no acaba la cosa: abrimos varios reproductores de vídeo o instancias del navegador, para ver varias escenas a la vez en distintos momentos cada instancia, distribuyéndolas entre las dos pantallas. ¿Qué está pasando realmente aquí?, que estamos siendo autocreativos, autorreferenciales con respecto a aquellos momentos claves que más nos “encienden”. O dicho de otra forma, autopoiéticos con respecto a nuestros deseos, cerrándonos sobre nosotros mismos. En esta nueva dimensión, ¿en qué encaja la libertad del otro al que satisfacer?, en nada, nos puede llenar más esa “construcción” autopoiética de nuestros deseos, que nosotros no llegamos a conocer de forma consciente. Es el deseo (entreverado de instinto) el que construye esa “quimera”, de forma autopoiética, para satisfacerse a sí mismo, sin ningún otro referente que a sí mismo y a aquello que le causa morbo y placer. Un concepto que he aprendido hace poco, y que he intercalado en los escritos previos, es el de el “estímulo supranormal” (prefiero este prefijo al de súper-, pues este segundo lleva a equívocos), que viene a decir que el cerebro prefiere lo supranormal, lo exagerado de algo, que lo normal, aunque lo primero no sea natural y no conlleve a la procreación; es algo que está en todo animal complejo. Para que se entienda en un ejemplo: la hembra del escarabajo dorado de Australia, evolutivamente ha cambiado su exterior a un caparazón dorado para llamar más la atención sobre sí a los machos, para llamarlos a la procreación. Beetles & Beer BottlesPero se da la paradoja que si un macho de escarabajo dorado ve una botella de cerveza marrón bajo el sol, este va hacia la botella, en vez de hacia las hembras, pues la botella brilla más. En ese sentido el porno se ha vuelto en un condicionante supranormal, pues como hemos visto, nosotros “creamos” nuestra propia secuencia en varios visores de vídeos, como para volverlos no ya sólo supra, sino supra-supranormal. Lo ya dicho, ¿cómo el consorte, o la “persona de turno” con la que se tiene sexo, puede igualar eso?, imposible. Cada vez va a haber más disfunción eréctil o problemas de excitación en las mujeres, una vez que se ha llegado a ese nuevo estado. El único remedio: no ver nada de nada de porno, o muy ocasionalmente. Pero el problema, tal como lo he analizado aquí, es mucho más profundo y esencial como para reducirlo a una mera adicción al porno. Volviendo al estímulo supranormal, este hecho me da la razón en muchas de mis líneas argumentales. El cerebro es esencialista, metaforizante, maneja conceptos a priori o asentados en el cerebro. Lo dorado lo es para el escarabajo de Australia, como para nosotros lo es el morbo, tal como lo he venido definiendo en los escritos anteriores. Tenemos idealizaciones de la maternidad, de la infancia, de todo y cada una de las cuestiones humanas. El deseo tiene su propio lenguaje, indiferente de lo que crea y quiera el prefrontal y la conciencia, que se expresa en los condicionantes de la educación ciudadana. El porno ha “desatado” esas potencialidades o esencias que ya no se pueden volver a encerrar. O sea, que una vez que un individuo “recrea” esa potencialidad sexual ante el ordenador, ya es imposible que no lo tenga como referente, ante situaciones normales de pareja. En este párrafo hemos visto un ejemplo de la autorreferencialidad y lo autocreador, se puede extrapolar a casi cualquier situación social. Lo que queda en claro es que el individuo está tendiendo a lo autopoiético, y que la pantalla es ese referente que hace de retroalimentación como para que eso sea posible. Sólo entendiéndolo así se puede comprender esa adicción a las pantallas, que cada vez nos distancia más del resto de los seres humanos. YouTube se ha vuelto, quizás, en lo más limerente y tendente al estímulo supranormal, que además incide hacia lo autopoiético, pues en esta plataforma uno puede contestar casi todas sus dudas, sin recurrir a personas externas. Para casi toda pregunta que uno pueda hacerse, sobre cualquier tema, hay algún vídeo creado que va a poder “aplacar” la pregunta. Uno puede profundizar todo  lo que quiera, hasta que al final lo pueda entender. De nuevo la tendencia hacia lo autopoiético. Recuerdo que al principio de la informática, esta era un punto de reunión, de unión de personas. Alguien compraba un juego, alguien lo pirateaba, y a través del contacto personal, de conocer gente, de estar bien comunicada, podías estar el día de cada novedad. Con Internet eso se acabó. Ahora todos somos simples vehículos de los deseos y los fines de cada individuo, de cada ser tendente a lo autopoiético. Todos somos meros medios, los fines están tan sólo dentro de cada uno.

   Trato de tocar todos los temas sobre los que he estado pensando estos últimos días, no todos siguen la misma dirección. El siguiente trata de lidiar con la paradoja de los seguidores de los YouTuber. Si digo que se tiende hacia lo autopoiético, ¿cómo encaja con seguir y por ello “depender” de alguien?, estando pendientes de lo que publiquen. Una tara de mi hipótesis es que no encaja con todos los humanos. Al igual que el deísmo se dividía en tres tipologías, las sociabilidad o el individualismo tiene varias tipologías. La situación actual ha vuelto aún más autopoiéticos a los artistas o a los alfa, pero no a los omega (que no son ni alfas, ni betas). La limerencia en los omegas no es la autopoiesis, sino la total vinculación hacia alguien autopoiético, los héroes, los líderes. En otra dimensión, su estímulo supranormal es ese acato y seguimiento del líder, héroe o ente autopoiético, siendo los youtuber esos estímulos supranormales que les “sacia de su sed”. Por mucho que le dé vueltas no entiendo esa situación, sera por el ombliguismo de los artistas. Ni entiendo a los seguidores, ni entiendo que los YouTuber quieran seguidores (y que crean que se “merezcan” algo como eso, a no ser que sean unos meros cínicos y realmente sólo les interese el ganar dinero). En el fondo sólo se quiere tener la sensación de pertenencia, de estar “conectado” en lo social, con personas, y ahora ese medio son las redes. ¡Pero está bien, nuevos tiempos nuevos lenguajes y nuevos tipos de ídolos!, todo tiene que ir a la par. Otra cosa sería verlo a través de lo que se llama la erótica del poder o la “fama”, las subidas de dopamina, y  que una vez que se siente ya no se quiera prescindir de dicha sensación. De cualquier forma nunca he entendido a un líder: que se crea tan “algo” y con ciertas cualidades como para cambiar el mundo. Se le cambia la máscara, pero el mundo, la naturaleza humana, no cambia. Los Youtuber, o cualquier tipo de persona con poder o fama, al final se vuelven en aquello que quieren sus usuarios, seguidores o votantes, es un proceso de retroalimentación, en donde por ensayo y error van entrando por lo que más votan, por lo más comprado o por lo más visionado. Devienen en máscaras de sí mismos, en postureos y en lo políticamente correcto. Por lo que se sabe Bukowski tuvo la oportunidad de “volverse un hombre de bien”, de permanecer contratado por el servicio postal, pero renegó y prefirió su vida de siempre de miseria, libertad y fidelidad a sí mismo. Con esto vuelvo a uno de mis postulados. La autoconciencia, la autorrefencialidad, es el sino de nuestra época. ¿Qué quiero decir y qué implica realmente? No esa algo nuevo, viene de siempre y hoy se ha potenciado. El humano no se puede librar de la sensación de que en el cerebro hay una agente. Eso es a lo que llamamos yo, lo que “sentimos” que somos. En realidad es un juego de espejos, que al volverse sobre sí se vuelve en eso que llamamos autoconciencia, que además tiene como timón, como forma de autorreferenciarse, a las palabras, tan pobres y tan poderosas a la vez. Si algo tiene un nombre existe, aunque detrás pueda no haber nada real. La conciencia, así, es ilimitadamente creadora, aunque sólo sea de espejismos, falsas creencias o paranoias. Con todo, aunque esa apreciación de un agente en el cerebro sólo sea un espejismo, Es. De esta forma todo tiene dos realidades posibles: lo que es y lo que creemos o queremos que sea. Que algo no tenga distancia o que la haya. Que lo sepamos tácitamente, o que sepamos que lo sabemos. Para un creyente, así, no puede haber distancia hacia su credo. No tiene que creer creer, dualidad que ya estaría habitada por la posible duda, solamente tiene que creer. Eso es la fe. La conciencia, así, es distancia, es cínica, es duda. Si siento, pongo en duda lo que siento, de esa forma de manera racional, en lo social, por educación, rechazamos lo instintivo. Lo hacemos constantemente: estamos en una web cam y nos excita una chica con pantalón short, y salimos a la calle, vemos una chica así y no la “vemos”. La distancia es la conciencia, que pone en entredicho todo su “contenido” y por lo tanto sus propios deseos, instintos o emociones. ¿Realmente es así o es lo que queremos creer?, bajo mi punto de vista es lo que queremos creer. Como ya he hecho ver más de una vez, algo esencial en el cerebro es tratar de creer que se tiene el control. Mientras tengas el control de algo, apartarás al miedo o al pánico, pero como lo pierdas estos te “poseerán” (como ya dijera pánico, viene de dios Pan, ser que nos poseía y nos privaba de la razón, vinculado a lo sexual y el miedo al de ser violadas de las mujeres, concepto que más tarde se tomó como el de posesión demoníaca). Ningún omega se aceptará como omega, o como seguidor, su ego le hará creer que sigue a tal o cual persona por tal o cual “razón”, nunca porque sea un mero seguidor omega. Racionalizará, no razonará sobre tal cuestión, al igual que un creyente no puede razonar sobre su fe y su credo (leer filosofía para saber el final de esta “guerra” entre creer y razón, y cómo Dios, por mucho que se haya querido y necesitado a lo largo de la historia del pensamiento, nunca ha logrado ocupar el mismo lugar que la razón).

   Para distinguir esa “sutil” distancia de saber y saber que se sabe, hay que tener en cuenta que cualquier paciente o trastorno o enfermedad mental distingue entre los que sí se da ese “insight” y los que no. En un ejemplo claro cualquier alcohólico negará serlo, la cura pasa por reconocerlo, de ahí que la primera frase de presentación en sus reuniones, en las películas americanas, sea: “soy ‘tal’ y soy alcohólico”. Lo mismo para un obsesivo-compulsivo o alguien con síndrome de Diógenes, suelen negar serlo, la cura primero empieza con que reconozcan serlo. En la película “Una mente maravillosa”, John Nash tiene que reconocer que tiene problemas mentales. Al saber que lo que ve no es real lo sigue viendo, pero ya no cobra importancia, le dan igual esas presencias a su lado. Esto es, en unos casos y otros, hay que “obligar” a la autoconciencia a que sí ha de saberse “padeciendo” tal o cual “mal”. En este mismo camino se encuentra la discusión moderna sobre la libertad. Se ha descubierto que el cerebro decide por sí sólo y la conciencia (saber que se sabe) tarda unos segundos en pronunciarse en la decisión. Claramente opera en background (de fondo), pero eh ahí que la conciencia tiene esa “decisión” y la  puede revocar o confirmar… ¿o de nuevo se sigue el mismo proceso y su consiguiente retardo, y eternamente la autoconciencia va a la zaga?, es una recursión al infinito. De una manera u otra el cerebro en su conjunto cuenta con más “herramientas” y datos que los que pueda tener la autoconciencia, de ahí el dicho de “déjate llevar por tu instinto” o el corazón, y que se repite con aire más místico en la saga de la guerra de las galaxias, con la frase “deja que la fuerza te guíe”. Volviendo al autoreconocimiento, en esa misma medida un omega seguidor si quisiese luchar contra ello, primero lo tendría que reconocer, pero eso sería una terapia a lo social/humano que nunca sucederá. Ante la típica pregunta de si alguien se cree “pastor, lobo u oveja”, sólo una persona me dijo ser oveja, y puede que creyese ser un lobo que me engañaba. El problema no es tan fácil, para llegar a una “verdad” uno tiene que librarse de todo condicionante, y para ello averiguar qué es o no es un condicionante, como para que esté alterando la autodeterminación, la libre voluntad; cuestión imposible para la mayoría de los tipos de cerebros o vidas. La sociedad así deviene en una “mayoría silenciosa“, en el pluralismo ignorante, en una conformidad silenciosa, en el pensamiento grupal; que yerran “sus tiros” y preocupaciones en temas marginales como los derechos de los animales, y demás cuestiones provenientes de la “new age“. La mayoría de “oradores” centran el asunto en el individuo, en la autorrealización, en la autosuperación, etc., forma parte del mismo dilema de la actualidad, desviar la atención sobre el problema central, tendiendo hacia lo individual, hacia lo autopoiético, hacia la total autonomía, cuando el verdadero problema es lo social. Hemos dado el tema por zanjado: lo social no está en nuestras manos, y desviamos nuestra atención en nuestro yo y temas que sí creemos poder cambiar; los nuevos voceadores transpiran humo que todo oyente está dispuesto a respirar como su nuevo aire; así nos lo hace ver Baudrillard en su libro: “En la sombra de las mayorías silenciosas, o el final de lo social”. Por lo demás da igual que la sociedad “escuche” a líderes o ideólogos, o pensamientos como los aquí escritos: la dirección de ese pensamiento no cambiará hasta que no tengan la barriga vacía desde hace días, hasta que los problemas sean demasiado reales. La masa es estómago, mientras esté lleno nada dirá, al igual que este órgano tan sólo ruge en su vacío; y la masa nunca lo es uno, por los mecanismos de autodefensa de la autoimagen y del cerebro en general que tiene como base su pretendido individualismo y unicidad. Además, la paradoja de la capacidad, que es la autoconciencia, es que lleva implícita la duda, donde cada objeto mental ha de ponerse en duda como para no poder caer en errores. ¿Es el humano capaz de vivir eternamente con la duda de todo?, ¿es sano?, ¿no lleva al cinismo? Esa es la situación en la que nos encontramos hoy en día, si te pones a dudar, ¿en qué creer?, y… ¿tiene sentido creer en algo? La evolución, con las trampas, mala fe y los sesgos mentales, ya ha “resuelto” tal dilema. La propia identidad, el autoconcepto, la autoimagen, se basa en una creencia de nosotros mismos, en la creencia de la potestad de ese agente en el cerebro. Si nos fijamos arriba sobre lo que nos dice la Wikipedia, sobre el área de Brodmann 9, el autoconcepto está en el lado izquierdo y el concepto de los otros en el derecho: uno nunca es otredad, el otro nunca es mi identidad. El área de Brodmann 9 está vinculada a la precuña, lugar que parece ser el más indicado para que sea eso que llamamos autoconciencia; de alguna forma el área 9 se nombra como negación -juicio evaluativo de los otros-, de lo que no es, y a partir de la información que le proporcione la unión temporoparietal (cercana a la precuña), del que ha de tomar nota la precuña en su conciencia de sí, como para crearse un autoconcepto. La regla evolutiva sería: se puede dudar de todo, pero no de uno mismo. Hemos de creer en ese agente y que es agente es el que “gobierna” el cerebro y que ese agente es un yo, tan real como la nariz que tenemos delante de los ojos, aunque no la veamos. Nos contamos un cuento de lo que somos nosotros mismos, del que no tenemos que dudar, ante el miedo de perder el control, de que el pánico nos posea. Tiene que haber un capitán que lleve el timón. En realidad es otro engaño más que sostiene nuestra cordura, del que es tan imposible deshacerse, como la presencia de un Dios para un creyente.

   Cierro. Sólo algunas personas se libran de todas esas trampas: los artistas y los alfa están más cerca de ese proceso; quizás también sean las personas más cínicas y “peligrosas”. Los tres cerebros: el reptiliano, el mamífero y el humano, aunque reduccionista, se siguen validando bajo ciertos criterios. El cerebro mamífero es el que más cargado de trampas y sesgos está. Todo lo emocional es dudoso. Dos y dos siempre serán cuatro, pues es un proceso de la corteza cerebral, pero el cómo dividir una tarta redonda en 20 porciones siempre estará sesgado por quién la corte y sus tipos de emociones, y la familiaridad de las personas con las que repartir (el que parte, reparte y se lleva la mejor parte). En soledad, donde no se despliega el cerebro mamífero, pues es sobre todo social, sólo se quedan los lados más radicales: los instintos y lo racional (se ven en mis escritos, por eso lo hago saber: conviviendo desaparece esa dualidad tan extrema y cínica, y no por ello es “falsedad”, el concepto de falso es muy curioso tal como lo utiliza la sociedad). Son los dos aspectos más “reales” del cerebro: los instintos conllevan las reglas más básicas de la vida para permanecer vivo, nadie se puede suicidar simplemente dejando de respirar; por otro la razón es aquella que puede estar más cerca de saber de algún tipo de verdad basada en hechos. Lo emotivo crea una lógica borrosa, donde es imposible llegar a verdades universales y crear unidad social, “sirve” para vivir en sociedad; un mecanismo creado para manejar lo que él mismo crea: confusión y caos. Readaptaciones sin límites, infinitas, de unas personas con otras personas para crear un cerebro social, en donde al final el individuo es tan solo una neurona prescindible. Pero esta dualidad, de instinto y razón, crea una situación peligrosa si se tiende hacia lo psicopático. Hannibal Lecter, prototipo psicópata, era tan sólo razón e instintos. Las emociones de los demás eran algo con lo que podía jugar, como si fueran piezas de un lego, sin poner en peligro sus emociones, de las que carecía. Situación que se ve de forma más trivial en la adicción al sexo, o la tendencia a la obesidad para compensar la ansiedad ante la soledad y los posibles rechazos sociales. De una manera u otra es una tendencia que se va generalizando. Como las ciencias nos dicen que dudemos del cerebro, y de lo que creemos saber (Brain Games), la tendencia será la de poner a la conciencia como dudando de todo; y estando en sociedad de lo primero que se duda no es de uno mismo, pues la fe en uno mismo ha de ser lo más “sagrado”: en esa dirección se duda de los otros, de sus intenciones, de sus posibles autoengaños. Estamos más preparados para ver los errores de los otros, que los propios, a tenor de salvaguardar nuestra autoimagen, nuestra propia narración, nuestro yo: la legitimidad de nuestro agente en el cerebro. Paso a paso eso nos lleva a cuestionar todo, a ser tan sólo esa autoconciencia que ha de saber que sabe, que se ha de librar todo posible sesgo. Y de seguir ese proceso, entonces eso llevará a la sociedad al completo al dilema del solitario: a ser esos dos lados liminales de uno mismo: sólo instintos y sólo corteza cerebral y razón, el resto será ese otro lado siempre tendente al error de las emociones del cerebro del mamífero -cada vez se duda más, por ejemplo, del enamorado, si uno mismo no lo está-, y los juego sociales que ahora nos parecen tan reales, pero que en definitiva sólo son eso: juegos y máscaras. Habremos matado por siempre al humano.


   Después de darle muchas vueltas, desistí de la idea de hacer vídeos y subirlos a YouTube (no es miedo al fracaso ni nada por el estilo, llevo escribiendo casi diez años, sin importarme criterios o el éxito; lo hago por ser artista, por una “necesidad” del “alma”; es más bien por integridad, por no venderme y no caer en ser sistema). Quizás suba uno para mostrar el logo que creé y alguna idea curiosa en su producción. Pensé en otras opciones, hacerlos y subirlos a “www.ok.ru“, que es un equivalente ruso a una suma de redes de Google, como YouTube, Google+, pero tampoco me convencía, ya que tratar de reducir ideas a quince minutos me parece demasiado limitado. Cercenas la esencia. También pensé en hacerlos más largos y compartirlos para ser bajados. Pero es demasiado trabajo tal como los tenía planteado hacer. En esa dirección comparto lo prometido del mapa mental creado en el programa “TheBrain”, así como el programa para tenerlo en versión completa. Avisar que el “patch” sólo sirve para esa versión y no hay que dejar que se actualice.
El mapa compartido tiene muchas finalidades. En mi ejemplo me sirve para poder poner los enlaces más rápidos a mis escritos, pues están casi todos ahí. Sirve para investigar y desarrollar temas. Tal como va, tiene tres temas a desarrollar, que son etiquetados (Tag) por aquello a investigar o desarrollar. Tres de esos temas están enlazados en la cabecera, el que está más desarrollado era el que va sobre la identidad. Si se ve su nota se ve su posible desarrollo, lo he dejado para dar ideas. Viendo esa posibilidades se puede entender que sirve de base para crear escritos y vídeos, para YouTube, por ejemplo.
Las ventajas de este programa es que cuando he ido añadiendo entradas las he ido asociando con otras que estuvieran relacionadas. Es muy posible que sea así como lo haga el cerebro. Lo he vinculado todo en enlaces laterales, no como hijos y padres, porque buscar la correspondencia hijo padre me resultaba más complicado. Casi todos los enlaces son a la Wikipedia inglesa, traducidos al español (ahora mismo me parece más interesante esta forma de leer que los libros, que suelen meter mucha “paja”; además, con los enlaces lees lo que necesitas para desarrollar un tema). Enlazar con otras web es arriesgado, porque o desaparecen o borran esas páginas; ya me ha pasado en otros casos. Los tipos de enlaces los puede hacer cada uno a su gusto y criterio. Igualmente buscar más vínculos. Esos procesos, de entrelazarlos, ha sido dependiendo del cansancio, al estar más cansado me era más complicado buscar relaciones. Este mapa va sobre la superveniencia, es el tronco principal, aunque ahora parece estar perdido (son las entradas en de texto en rojo), pero abarca temas de filosofía, psicología y sociología. En general sobre el hombre y la sociedad. Más adelante lo vincularé al que tengo de hace años sobre el cerebro, y otros dos que tengo que hacer sobre los sesgos mentales y los sistemas complejos.
Lo iré ampliando, pero lo puede hacer cada uno. Lo peor es que cada cual lo puede ampliar y yo compartiré mi “versión”.  Mantener dos copias con distintos nombres. Instalar el programa, no lo abráis y aplicar el patch, después abrir y para implementar mi desarrollo, entrar ir a “File”, e “Import” y escoger “Brain Archive (brz)”. Descargar. Descargar mapa mental sobre el cerebro. Están vinculados a través de la entrada” cerebro” del mapa de la Supervenciencia.


Otro tema es que el libro “La imposibilidad de la razón“, hospedado gratuitamente en Hostinger, desaparecerá, ya que dicha empresa va a dejar de dar hospedaje gratuito. He buscado otras, pero ahora priman las estrategias tramposas, te dan hospedaje pero no permiten Joomla, que es el gestor de contenido con el que está hecha tal página; dejan Joomla pero no te dejan subir una base de datos… trampeo… En fin, no voy a enumerar todas las tonterías con las que me he encontrado. De momento dejo “caer” la página hasta decidir qué hacer (subir artículo por articulo de nuevo es de locos, que es la única opción que me queda). Los capítulos que estén vinculados los trataré de subir aquí. Me he acogido a algo gratuito, porque mi libro es gratuito, si ganase de alguna forma dinero pagaría un hosting (hospedaje).

Limerencia y Autopoiesis

Uno no tiene que entender el mundo, uno solo tiene que encontrar el camino en él.” Einstein”
“¿Por qué el cerebro humano insiste en interpretar el mundo y en construir un relato?”   Michael S. Gazzaniga
El mundo es muy extraño hoy en día, ¿no crees? Hemos llegado a un punto en el que nada parece real.” Kiss me First

    (El presente escrito tendría que haber sido una pregunta y respuesta más en el último artículo, pero se ha hecho muy largo; por lo demás tiene sentido que vaya detrás del que trata sobre la limerencia, pues lo complementa.)


 

-¿No es tu filosofía estructuralista?

    No me he dado cuenta hasta hace poco que podía caer dentro de esta categoría. De cualquier forma lo dicho como crítica por otros sobre el estructuralismo: desde que el hombre es hombre ha creado teorías de la realidad a partir de descubrir (o creer hacerlo) patrones o estructuras en la realidad. La cuestión de si mi pensamiento, era estructuralista o no, surgió a partir de saber que algunos estructuralistas “incorporaban” la diferencia en la identidad, por lo menos Niklas Luhmann, como yo hiciera en el escrito “La dimensión social“, sin saber de este, ni haber leído demasiado sobre el estructuralismo. Pero básicamente mis ideas parten de los sistemas complejos, donde tal concepto o forma de ver la realidad es susceptible de ser “encajonado” como estructuralista. De cualquier forma me diferencio en romper con que todo sean estructuras, una tendencia a la deconstrucción, por lo menos al tener en cuenta las qualias, y por ello la individualidad, donde las estructuras rígidas se desdibujan. Con la salvedad de que en la medida que, por el sesgo de conformidad y el deseo de pertenencia, el humano “rompe” con la individualidad, de esa manera ya es susceptible de ser estudiado bajo los parámetros de la sociología estructuralista. Aquí sale una regla: sé social y serás un número en alguna variable de algún algoritmo. El pensamiento económico-utilitarista de la Inteligencia artificial de Matrix.

   De una somera lectura de “La sociedad de la sociedad” de Niklas Luhmann, me llamó la atención el concepto de autopoiesis, como autoreplicador, el cual el autor usa como pilar para los sistemas complejos. La autopoiesis es… “un espacio topológico cerrado que continuamente genera y especifica su propia organización a través de su operación como un sistema de producción de sus propios componentes, y lo hace en una rotación interminable de componentes”, fuente Wikipedia. Tal concepto viene de la biología, lo crearon los biólogos chilenos Humberto Maturana y Francisco Varela, para referirse al tipo de procesos de auto-mantenimiento y replicación de las células. A mí no me encajaba del todo, e igualmente enseguida encontré detractores de tal reducción. Tiene sentido para referirse a los tipos de vida que no se basen en la sexualidad, como es el  caso de nuestras células corporales, pero una vez que se da la sexualidad, y sobre todo en los animales complejos, ya no encaja. Según un ejemplo de Luhmann, una cadena de producción de coches no es autopoiética, pues produce algo distinto de sí misma, podría serlo si nada que se tratase en ese complejo industrial se trajera de afuera, y se produjera en su interior. En un ejemplo claro: en la película “nuestros maravillosos aliados“, vienen a la tierra unas pequeñas naves vivientes, poco más grandes que un puño, que tienen “bebés-naves”, y este sistema sí es autopoiético, donde sólo necesitan chatarra (le añaden el factor macho/hembra para que empaticemos más con ellos, pues los bebés-naves nacen del “amor”). La primera dificultad está, por lo tanto, en ver qué sistemas son autopoiéticos; se supone que si un sistema parte de otro, con pequeñas variaciones, sigue la regla. En ese sentido la vida y la evolución, en términos generales, son autopoiéticas. Pero me parece muy confuso todo este lenguaje. Este es un resumen las críticas de varios autores, vertida en la Wikipedia:

Hay múltiples críticas al uso del término tanto en su contexto original, como un intento de definir y explicar lo viviente, y sus diversos usos expandidos, como su aplicación a sistemas autoorganizados en general o sistemas sociales en particular. Los críticos han argumentado que el término no define o explica los sistemas vivos y que, debido al lenguaje extremo de la auto-referencialidad, que utiliza sin ninguna referencia externa, es realmente un intento de dar fundamento a la epistemología radical constructivista o solipsista de Maturana, o lo que Danilo Zolo ha llamado en su lugar una “teología desolada”. Un ejemplo es la afirmación de Maturana y Varela de que “no vemos lo que no vemos y lo que no vemos no existe”. El modelo autopoiético, dijo Rod Swenson, está “milagrosamente desacoplado del mundo físico por sus progenitores… (y por lo tanto) basado en una base solipsista que va en contra del sentido común y el conocimiento científico”.

   La autopoiesis me recuerda a los conceptos de la invariancia y lo teleonómico aplicados estos a la evolución. Ya en lo sociológico, toda entidad o grupo es autopoiético, en la medida que mantiene la estructura de la que “nació”. Mi pega, como ya he dicho, viene del hecho que no encaja con el sexo, donde en tal acto ya no existe la auto-replicación, sino la combinación de ADN. Cierto que de un humano y una humana sale otro humano, pero ¿es realmente autorreplicación cuando puede que el hijo se parezca más a un abuelo, ya sea en lo físico o en el carácter? En otro ejemplo y ya en la sociología: los templarios ¿son hijos de las armas y la Iglesia?, ya no tiene sentido hablar de autorreplicación, cuando las armas matan y van contra uno de los principios de la Iglesia (por lo menos en lo que debería de ser su “esencia”, que es no matar). Con todo, el concepto de autopoiesis, aunque sea en una versión idealizada, encaja en mi concepto de limerencia, ya que es aquello que busca toda entidad: ser autopoiético o buscar la situación más cercana posible a lo autopoiético, o dicho de otra forma tendente a la autorreplicación y la autoorganización, mientras que la vida sexuada es sólo replicación, y la autoorganización ya no es un proceso interno y físico individual, sino dependiente de otro, en donde ya se cuela el concepto de diferencia y por lo tanto de conflicto. Es como si este concepto fuese la idea primigenia -o piedra angular- de la forma de vida inicial, de aquellas primeras células, pues eran autopoiéticas, pero fuesen perdiendo esa capacidad al tener que adaptarse al medio y las mutaciones progresivas, donde se volvieron multiplicidad y competitivas, y en cada capa de complejidad se fuese “diluyendo” el concepto de autopoiesis. La limerencia consiste en ese “deseo” o tendencia hacia ese ser primero autopoiético, en tanto que ansía ser sólo unidad, no división a dos entes que aportan una porción de identidad y en donde por ello “muere” o fracasa -queda frustrada- la autorreplicación. Con el concepto autopoiesis me ahorro artificios de nombrarlo como replicador puro o primero, e ideas similares, que tenían los problemas conceptuales de usar tales adjetivos. Una forma de comprender la unión de limerencia y autpoiesis ya se encontraba germinalmente en Sócrates en el concepto “atopy“, atopía, lo no clasificable, aquello que no se puede entender con el intelecto o las palabras. Esto nos dice la Wikipedia: “un ser humano enamorado, sin importar a quién o a qué se refiera su adoración y afecto -ya sea una persona amada, un dios en algún sentido místico o un ídolo- no puede reducir el “objeto” de su amor ha ciertas características , él afirma que su “oscuro objeto de deseo” es único e incomparable. La atribución de características del mundo cotidiano banal significaría, en el ojo del que está seriamente enamorado, la traición (sacrilegio) al propio amor mismo“. Por otro lado encaja con mi idea de los divergentes, aquellas personas que tratan de ser autorreplicadores, o en este caso autopoiéticos. En mi caso tanto mi escritura, la corrección, la edición en página web, el retoque de imágenes, es autopoiético, no recurro a nadie externo.

Superveniencia-Autorreferencialidad

   Ahora desarrollemos más todas estas ideas. Algo que dejé al margen en el capítulo sobre la limerencia, por ser una idea conflictiva, pues es un tabú, es que el concepto de limerente, como el deseo de tender a la autopoiesis, encaja muy bien con la atracción sexual genética, dependiente de la detención del parentesco aunque sólo de forma tácita, de que es esa situación en donde dos familiares, alejados desde que nacieron, y que no han llegado a crear la impronta por la cual se “marcan” como no-sexuales, tienden a buscarse de forma más limerente que dos personas que no sean familiares. La explicación es que los hijos de ese encuentro se ajustarán más a lo autopoiético, a lo autorreplicador, a lo autorreferencial, pues hay menos variaciones genéticas. Si se piensa bien los primeros seres sexuados eran “incestuosos”. Fue más tarde que la evolución tuvo que crear el mecanismo de la impronta, por la cual ya no se podía tener deseo sexual hacia aquellos con los que se compartían los mismos genes (efecto Westermarck). Y aquí vemos cómo trabajan los conceptos o esencias: se sigue la misma premisa entre los amigos, hay que dar un paso sexual antes de cierto tiempo, antes de que se active ese estado por el cual esa persona nos sea tan familiar, como para que ya no se dé el deseo sexual; patrón que explotan los guionistas del cine y de las series. De hecho tendemos a buscar como pareja alguien que se nos parezca tanto en el carácter, como en lo físico. En un experimento llevado a cabo por psicólogos del comportamiento, se daban a elegir a las personas entre 4 o 5 candidatos como pareja, mostrados en fotografías, y la mayoría elegían una fotografía modificada digitalmente, en donde se había puesto el rostro del propio sujeto del experimento, haciéndolo más femenino o masculino, según el sexo del implicado. Casi todos los algoritmos de las empresas de emparejamientos se basan en la igualdad en intereses y de caracteres, o como mucho complementarios…, nunca de contrarios. De hecho el incesto en la antigüedad era uno de los privilegios de los reyes y los emperadores, tenidos como dioses, circunstancia que se ha mantenido durante toda la historia, con sus consiguientes problemas en la descendencia después de dos o tres generaciones. Otro dato que apunta a lo mismo es la relación de los gemelos, en ciertas culturas estaba aceptado el incesto entre gemelos. En Japón se decía que si dos enamorados se suicidaban a la vez (Romeo y Julieta), volverían reencarnados en gemelos, por lo cual les estaba permitido amarse, o a tener esa relación tan cercana y sintiente, con una mayor unidad de las formas de trabajar de las neuronas espejo. Por otro lado, cuestión más hipotética, el alfa es el que más procrea, y de alguna forma es el Ser más cercano a lo “perfecto”, o que mantenga la esencia -espíritu- de esa especie, más autopoiético, invariante, eso podría explicar la limerencia que se siente hacia los alfa y líderes en cualquier campo, como hacia los cantantes, a los cuales la media social los tratan de emular. Los animales eusociales se basan en una reina, en donde todos sus individuos son hermanos, siendo especies más autopoiéticas que los mamíferos, y de ahí quizás su armonía. Un último dato es el concepto de “alma gemela“, concepto esencialista que claramente apunta a alguien que encaja a la perfección con uno mismo, usando el adjetivo gemelo. ¿Cómo nacen los conceptos sino “leyendo” alguna disposición (patrón) de la naturaleza, que permanece ahí, pero que no sabemos interpretar?; pienso que el concepto tal como lo estoy yo manejando es el más acertado: se busca lo más igual, por ser lo más tendente a lo autopoiético. Por lo demás, la autopoiesis en lo sexual no tiene sentido en la medida que, de forma inmediata, entran en juego las jerarquías, como ya dijera en otro lugar, pues hembras y machos no pueden ser iguales (no-idénticos, no auto-replicadores) al diferir en sus medios y fines. Disposición, que ya en lo humano-social, nos ha llevado a la situación actual de “guerras” de sexos o géneros. O sea, según mi teoría todo ser, entidad o grupo que se ajuste o se acerque más a la auto-replicación, es más autónomo, más es esa máquina auto-suficiente y auto-regulada o en definitiva autopoiética. Las homosexuales se acercan más a lo autopoiético: tienen la capacidad de replicarse (maternidad), y son más iguales en sus medios y sus fines, en segundo lugar lo serían los homosexuales y finalmente los heterosexuales; si bien teniendo en cuenta que en los dos primeros grupos les hace falta el sexo contrario para procrear, y que en los heterosexuales la evolución ha creado todas las bazas para trascender sus libertades -estado autopoiético- durante los orgasmos simultáneos.

   Pero dicho todo esto, que complementa el escrito sobre la limerencia, quiero centrarme en la dimensión social del estructuralismo en tanto que ha de ser tendente a la autopoiético. Antes hay que hacer un breve resumen de mis ideas principales. La base está en la teoría de la superveniencia, que viene a decir que todo sistema se basa en el que le precede, sin que lo pueda cambiar. O sea, los cambios son de arriba hacia abajo, nunca a la inversa. Estos sistemas a grandes rasgos son: 1. elementos y partículas subatómicas, 2. átomos, 3. moléculas, 4. células, 5. seres vivos, 6. grupos sociales. No hay que buscar nada externo a dicha dirección y cómo unas llevan a las otras (Dios). Cada proceso se dio porque estaba potencialmente en el sistema anterior. O sea, que las partículas tarde o temprano tenderían a formar los átomos y estas las moléculas, dadas las condiciones iniciales del sistema y las leyes implicadas en ese estado… La gravedad fue uniendo átomos de hidrógeno, durante un prolongado periodo, en donde el universo tan sólo eran nubes de hidrógenos sumidas en la oscuridad. En la acumulación de estas nubes se “creaba” calor y energía, pero no la suficiente como para que se crease una estrella. Potencialmente estaba la posibilidad de que se uniesen dos átomos de hidrógeno formando el dihidrógeno, cuya energía no era frenada por la gravedad, como para crear las primeras estrellas. Todo estado de la materia es posible porque potencialmente existe esa posibilidad, dada las reglas de cada sistema. De esta forma lo social es un “volcado” del cerebro individual y sigue las reglas potenciales que tenga este. Siendo así hay que “leer” el cómo opera el cerebro y extrapolarlo a lo social. Un paso importante en las potencialidades, “leídas” por las reglas de la superveniencia, fue la química orgánica, que dio paso a la posibilidad de la replicación, que ya estaba implícita en la química de la materia (simetricidad), y más tarde a la vida. Con la vida se produce un primer concepto, que después han heredado el resto de grupos de la superveniencia, que es “lo faltante”. Todo Ser vivo lo es en tanto que ente falto de algo: comida, agua, calor, sexo para la reproducción. Esta es otra falla de la autopoiesis, pues ningún sistema vivo es pleno y cerrado sobre sí, siempre se da lo faltante, si tal cosa hubiera sido posible no se habría dado la evolución: permanecerían eternamente en ese estado aquellos primeros seres unicelulares. Cuando nació la conciencia nació con ese mismo estigma: el estar falto de algo, hecho que la hace ser un eterno cuenco vacío. El humano se mueve por necesidades, y estas siguen las reglas del que está falto (en este caso el humano), de lo faltante, y lo fallido (acto final por el cual la conciencia se sacia de “un” faltante para darse cuenta que sigue sin ser llenada). Toda necesidad busca lo faltante. Lo que está falto busca los medios para hallarlo. A esa acción cerebral básica se le puede nombrar por eso que llamamos intención. Como ya he apuntado en otro lado, la intención no tiene porqué ser la consciente. Con lo que la conciencia trata es con una presunción de lo que es la intención. El primer problema a dirimir es sencillo, y este es si la acción llevada a cabo es efectiva. Por ejemplo mi “intención” aquí es hacerme entender, pero puede que no lo logre. Resuelto ese evidente escollo queda saber qué hay en el fondo de un “acto” cerebral y si la conciencia sabe de ese fondo. En mi caso, ahora, se me presenta a la conciencia que quiero hacerme entender, pero ¿qué hay tras de esa evidencia? El psicoanálisis nos ha rebelado que las cosas no son tan claras, por otro lado las neurociencias apuntan a lo mismo. Ahí está el caso sencillo de que las feromonas nos siguen repercutiendo: elegimos parejas que sean compatibles y complementen nuestro sistema inmune. Cada acto tiene un sentido o intención que se puede escapar a la conciencia. En este caso, sigo el hilo de porqué me comunico, puedo pensar a nivel de conciencia que quiero dar a conocer mis ideas, por ser fructíferas, pero eso sigue siendo quedarse en mitad del camino. Todo acto comunicativo es por la presencia de otro, luego ¿”necesito” un otro, romper con mi soledad, acallarla? El otro es lo faltante, como no existe ante mí, cuando escribo me imagino un “oyente” o lector que a su vez en ese momento me piensa. Cuando el otro me oye o me lee, existo en un nosotros temporal y virtual. El otro es lo faltante en tanto que crea un nosotros. El resto se siguen de estas premisas: necesitamos pertenecer a un grupo, aunque ese grupo sea sólo de dos personas, o en el caso de los solitarios, con entes imaginarios. Este tipo de unión entre individualidades creó el grupo, en la superveniencia, de los animales sociales. Se presupone conciencia a un gran número de animales sociales, luego la conciencia, dentro del grupo de la superveniencia emergió dentro de lo social. Por otro lado sale a colación que la comunicación es un instinto, y de seguir su origen se ha de concluir que se sigue de la regla de la replicación (heredar información). De esta manera se deduce que lo siguiente en la superveniencia fue 7. la mente o conciencia. Los primeros seres unicelulares, por mutaciones, se empezaron a diferenciar. De este primer estadio nace el concepto dual de identidad/diferencia, que era parejo al de auto-replicación, luego lo que se replicaba era una identidad, en tanto que diferente a otras identidades auto-replicadoras, que por lo demás eran susceptibles de “competir” por los mismos recursos. Ya tenemos los conceptos de identidad, diferencia, conflicto, lo faltante, auto-replicador e información. El primer atolladero esencialista, con las mutaciones primero y con el sexo después, es que identidad y diferencia nacen a la vez. O sea, y para llevarlo al ahora y a un individuo, yo soy una identidad única, que me hace diferente a cualquier cosa en el universo. ¿Cómo resolver y “encajar” identidad y diferencia para que no se dé el conflicto? Se busca lo menos diferente de uno mismo. O sea, se internaliza la diferencia como parte del entramado de la identidad. Para el caso y el ejemplo que sigo: cualquier humano es más igual a mí que cualquier otro animal, luego soy de esa identidad. Dentro de los humanos soy más igual a todo aquel que tenga pene, más igual que todo aquel que sea occidental, etc. Las restas de todas las negaciones dan como resultado lo que soy: mi identidad. De este dilema primero, sobre la identidad, se puede comprender lo vital y esencial que es “tomar el papel” de lugar donde se nace: del barrio, de la ciudad, la región, el país, y en la actualidad el continente. La patria es el pegamento que une la máscara a nuestra propia piel. Imposible deshacerse de esa capa de nuestro ser sin arrancar nuestra propia carne. Cuando el humano se esparció por la tierra, cuando le confirió una propiedad a cada zona, perdimos la esencia o el espíritu humano, para volvernos patrios (de tal o cual territorio), diferentes, únicos y pertenecientes a ese lugar y lo telúrico: creamos la identidad regional, la diferencia, la otredad, que más tarde sería la de patria, y con ello asesinamos al espíritu humano; que aún hoy con ese falso concepto de aldea global, no parece que podamos recuperarlo. Vamos a “empujones” hacia la indiferenciación, hacia la vuelta del espíritu humano perdido, pero una y otra vez surgen los conflictos para separarnos, para que no se reste ese pegamento que une la máscara a nuestro rostro descarnado. Ahí están los casos de los catalanes, los ingleses o los escoceses. El mundo está lleno de identidades que no quieren morir, cuando lo telúrico ya carece de sentido, en un mundo cada vez más globalizado y virtual.

    Pero busco el componente social de los conceptos, que han emanado y hemos heredado de la superveniencia. Identidad, diferencia, conflicto, lo faltante, auto-replicador e información. Cuando se da una agrupación se busca aquella situación por la cual haya menos conflicto y por lo tanto una menor diferencia. La familia sin duda es ese primer grupo. Los cónyuges son los más alejados del otro en tanto que identidad dentro de la familia. En una familia se sigue la premisa de ser autopoiética, en tanto que sus acciones son muy parejas, y se pierde la autopoiesis cuanto más alejado se esté en el parentesco. Algo que emerge con la conciencia son los conceptos, conceptos que igualmente se pueden extrapolar de todo grupo de la superveniencia. Los conceptos son reglas o patrones (o estructuras) que siguen la regla desde el todo a lo pequeño. O sea, que como he dicho arriba, puesto que soy social, esta regla “dicta” mi comportamiento individual, sin poderla evitar: siempre nos habita alguien en nuestro interior, como hablándole y que nos habla. Como he dicho en otras ocasiones, es fácil deducir que esa presencia ausente se tomase como Dios. “Converso con el hombre que siempre va conmigo, quien habla solo espera algún día hablar con Dios”, dijo Antonio Machado. De este acto se desprende otro, que va y viene en las filosofías y nunca termina de encajar: el idealismo, el esencialismo. En la actualidad se cuestiona el esencialismo, por ejemplo en el existencialismo o el feminismo, pero creo que bajo las reglas que hemos hallado hasta ahora se puede entender mejor sus tramas y sus porqués. La primera esencialidad fue la diferencia. Idea extraña a primera vista. Vamos a tratar de aclarar tal concepto, recurriendo primero a un ejemplo algo burdo: si todo fuera oro este dejaría de tener ningún valor. Lo que le da su valor (esencia) es su escasez y la existencia de materiales que se oxidan con facilidad. O sea, lo que le hace un metal precioso, al oro, es aquello que no es: no es abundante, no se oxida. En las primeras bacterias: aquellas bacterias que fueran diferentes, no serían iguales a mi ser auto-replicador, pues traspasarían una información distinta a la siguiente generación. “Soy” en tanto que no soy esas otras formas de crear auto-replicaciones. Soy “dentro” de una identidad en tanto que hay otras diferentes. Y soy identidad en tanto que los medios y fines son compartidos dentro del grupo al que pertenezco. En este proceso nace un nuevo concepto: la intención en su génesis. La “intención” de esas identidades eran favorecer a las iguales, aquellas que traspasaban la misma información, “perjudicando” o no ayudando a aquellas otras que pudieran perjudicar o no ayudar a esa intención, a no ser que fueran simbióticas. ¿Qué es esencia?, lo es toda regla, patrón o estructura que “parece” dar forma o contener -de arriba hacia abajo- ciertos agentes como perteneciendo a una identidad autopoiética. Todas las partículas y subpartículas (agentes) que se unan y mantengan una conexión son una “esencia” que crean un átomo. Donde se den tales átomos y ciertas condiciones, se crea dicho átomo. Un neutrón no lleva implícito un átomo de helio o cualquier otro, pero dos electrones orbitando en el mismo nivel y un núcleo son helio. Quizás lo errado es nominar a tal “acción” o potencialidad como esencia, pero trato de revisar tal concepto y mantenerlo. Otra esencia, ya más conceptual y para tratar de validar tal concepto, es que identidad y diferencia nacieran a la vez, creando una dualidad indisociable. Otra más es que la vida se base en lo faltante, y por lo tanto su dual sea la necesidad; y como último ejemplo, ya más en lo banal, cuando se nos dice que hagamos una mesa, sabemos que es un soporte llano y de cierta altura, que se mantiene por medio de una (central) o varias patas: el cerebro trabaja con esas esencias o ideas abstractas de todo ente. Pienso que los “estímulos supranormales“, el hecho que un animal tenga una mayor agresividad o deseo sexual por un objeto artificial, hecho por el hombre, en donde se han potenciado ciertos atributos de la especie, simbióticos, o sus enemigos, es una clara demostración del esencialismo o conceptualismo de la vida, pues lo “exagerado” o más claro del estímulo artificial es esa tendencia a buscar su esencia conceptual. Fijarse que en el concepto de estímulos supranormales se sigue mi idea, expuesta en otros escritos, de que el cerebro es metaforizante, y en tanto que tal, tiende hacia lo caricaturesco. A exagerar en lo grande o pequeño o lo maravilloso o lo horrendo, etc. O sea las esencias conceptuales se mantienen, pero en la medida que se idealizan cada vez, de generación en generación, más a patrones caricaturizados, quizás para ser mejor reconocidos, en cuanto se nos presentan en el mundo por tan sólo unos pocos rasgos. Hay que tener en cuenta que el cerebro, como gran sensor de la realidad, es una gran máquina predictora: cuanto antes reconozca algo, por ya tener previamente esa imagen en el cerebro, menos esfuerzo hará, con un menor coste y con una posible ventaja sobre otros a los que les costará más. Esa capacidad es otra más que se ha “integrado” en el juego evolutivo, y a mayor cerebro, o más complejo, se supone, mayor tendencia hacia la caricaturización, o manejar conceptos o esencias y por lo tanto hacia los estímulos supranormales. Cuestión aparte, a tener en cuenta, es que los antiguos humanos trataban de recoger la esencia de los animales que mataban, o incluso la esencia de los lugares, los objetos (fetiche) y los árboles, para hacerlas suyas, para apropiárselas (como faltantes hacia lo autopoiético) y volverlas dentro de su propio ser.

   ¿Es esa la “intención” primera?, la de la alteridad, o subyacen otras detrás. Todo subyacente, desde aquella primera química orgánica, ha sido la de sobrevivir y replicarse, que más tarde sería la de procrear. Al igual que la superveniencia explica todo desde el todo hacia abajo, toda intención parte primero de la alteridad, y desde esta hacia abajo las otras dos premisas de sobrevivir y procrear. Eso es lo que subyace tanto en el cerebro como en todo grupo social. O visto en un ejemplo: una vez que el feminismo nació estaba “condenado” a permanecer vivo, a sobrevivir y “reproducirse”. Es asombroso que algo, por el mero hecho de ser nombrado, de poseer un nombre, exista: ya tenga una identidad, que durará nada o milenios. Alguien dijo que no hace falta crear una gran obra y teoría sobre el mundo, tan sólo hace falta que crear un concepto que tenga éxito, que siga las reglas de los memes de durar y multiplicarse en las mentes (sociedad líquida, inteligencia emocional…). Si es así cuando yo “llamo” a que se disuelva el feminismo, no tiene ningún sentido bajo estas reglas: mis “peticiones” son quijotescas. Algunos grandes conquistadores, como Genghis Khan, comprendieron ese hecho y asumieron que para acabar con una identidad tenían que acabar hasta con el último de sus habitantes. Toda identidad (vida, grupo social, concepto, esencia, meme) clama sobrevivir, la única forma de acabar con esas identidades son “exterminándolas”. En ese dilema se encuentra hoy la ciencia con algunas enfermedades (virus, bacterias), donde los únicos supervivientes son aquellos que han sido aislados en laboratorios de alta protección. En los virus se sigue de forma fidedigna todo lo dicho hasta aquí: sólo buscan autorreplicarse, todo es otredad, todo es potencialmente tendente a ser exterminado, sólo “aceptan” lo idéntico o lo simbiótico. Toda plaga sigue las reglas de identidad, diferencia, conflicto, lo faltante, autorreplicador e información.

   He mostrado varias “intenciones” subyacentes a todo acto, ningún mérito en cuanto a la supervivencia y la procreación, son algo que todos damos por sentado. El extraño ahí es la alteridad. ¿Qué otras hay? El resto de reglas se siguen de esos principios: identidad, diferencia, lo faltante, conflicto, auto-replicador e información, mezclándolos de unas maneras u otras, y siempre dependientes de las situaciones, deviniendo así en intenciones; las cuales crean el caos individual (en la mente y los sentimientos), en lo social o en lo evolutivo. Identidad y diferencia no siempre implican conflicto: los dos sexos están llamados a replicarse. En la naturaleza hay relaciones simbióticas. El meme sigue todas las premisas de identidad, diferencia, conflicto, auto-replicación e información. Se “asume” que lo faltante es algún agente y/o medio (un humano en Internet). “Trata” de no mutar, que no cambie el mensaje, mantenerse autopoiético, idéntico. Autorreplicación e información tampoco son lo mismo, la segunda se asume de la primera, pero no a la inversa. De esta forma la estructura del lenguaje ha de mantener la intención (esencia en este caso) o trasmisión de una información o significado, indiferentemente de los signos. O dicho de otra forma: “mañana las nubes altas mojarán los campos”, o “mañana lloverá”, o hacerlo con los signos de las personas discapacitadas auditivamente, son frases autopoiéticas, pues referencian o replican el mismo mensaje o información, en tanto que intención. Una regla que se sigue o subsigue a la del conflicto y lo social es que se den jerarquías. Estas pueden tener los mismos fines, pero siempre subyace el conflicto. Por ejemplo, en las manadas de lobos se sigue al alfa, pero si está en peligro la propia vida este se vuelve en un “potencial enemigo”.

   Con todo lo mostrado hasta ahora, ¿cómo “leer” la intención del otro?, donde otro puede ser una persona, un grupo u otra especie. Dado que la base es la alteridad, y de esta nace el conflicto, estas dos esencias pueden ser contrarias o no convenirles la información. O dicho más llanamente: otro componente (estructura, esencia) que nació inmediatamente  de las primeras mutaciones, fue el engaño, o el ocultar la información y por lo tanto la verdadera “intención” (camuflaje, falsos avisos de tener una propiedad…) Cuanto más ajenos sean dos sistemas o más en conflicto estén, más serán propensos a ocultar o engañar. Como es el caso entre depredadores y presas, o entre los dos sexos, o entre distintas posiciones jerárquicas. Si se hace un breve resumen de todo lo expuesto, se deduce que la vida tiene más de negativo que de positivo: nace de la alteridad, donde surge el conflicto, donde nacen las jerarquías, de las que nacen los engaños y las ocultaciones de las intenciones. ¡La vida es lucha, no es nada simpática! “Lo más triste del mundo es la vida”, dicen en la película “Un ruso en New York”. Ya en lo humano, se comprenderá que cuanto más compleja se fue haciendo la sociedad, basada en la palabra, una forma de mantener la información por generaciones, eso “provocó” que cada vez se tuviese que hacer más complejo el cerebro, tan sólo para saber “leer” las intenciones de cualquier otro ser humano, que era potencialmente diferente y tendente al conflicto. El cerebro gasta su mayor cantidad de tiempo y energía en lo social, cuestión por la cual las personas solitarias tienen la potencialidad de usar toda esa energía/tiempo a problemas complejos.

    Ya no quiero extenderme más, creo que los planteamientos base ya se han puesto sobre la mesa. Queda diagnosticar el presente bajo esta estructura. El humano, y sobre todo desde que apostó por la agricultura y la ganadería, y por ello por las ciudades, ha tendido cada vez a crear más y más identidades. Teniendo en cuenta que toda identidad implica diferencia y por ello tendencia al conflicto. Algunas de esas falseadas identidades han creado grandes males como la esclavitud, las luchas religiosas y las guerras entre patrias. Se suponía que con la entrada en la era de la Ilustración, de las luces, de la razón, todas estas identidades irían muriendo, y sí, algunas lo han hecho, como la esclavitud, pero otras permanecen (guerras, racismos), mientras que otras nacieron para parecer morir rápidamente, como el concepto de proletariado. Muy al contrario de lo que se pudiera pensar, cada vez hay más identidades, ahora deteniéndose cada vez más en menucias, como lo es sobre los seguidores de los comic de Marvel o de MC. La era de la comunicación nos ha llevado a una situación nueva: la auto-referencialidad, a podernos ver en el “espejo” que es Internet. Nos debemos de haber visto muy “feos”, tanto que nos hemos vuelto casi más amantes de los animales que de las personas, por algún tipo de compensación que no logro entender, hecho que se resumen en el meme de “cuanto más conozco a las personas, más amo a mi perro”. Cómo es esto…, como no es que me guste demasiado lo que veo, lo humano, ¿amo a los animales? -¡Espera, desde mañana soy un perro, ámame, protégeme, dame cobijo en tu hogar! -No seas cínico, -es que no queda otra, -estás hablando solo, -¡ya¡. Vuelvo al tema. Una cuestión impactante son las patrias, que nacieron de las etnias. Se supone que una etnia crea una identidad, hasta ahí bien, pero es que, y puesto que partimos de la selección sexual, se seleccionaban rasgos y caracteres propios de cada una de las identidades. Esas pequeñas selecciones llevaron a ciertas diferencias, unas externas y otras internas, como portar en mayor medida el “gen guerrero” que predispone a la violencia. Lo étnico es algo de lo que no hay que hablar, se supone que es un tema superado, pero es que eso a lo largo de la historia se “cocinaba” junto al concepto de patria. En donde, por ejemplo, un ruso en Rusia se cuece en su propio caldo (igualdad de tendencias genéticas y culturales), pero si es llevado a otro país se minimizan o liman ciertas asperezas. No estoy tratando de resucitar temas racistas. Los analizo bajo una nueva dimensión, en donde un ruso en su país es susceptible de activar cierta epigenética que le es más propia, y si está en otro país otra. Esto puede explicar, en parte, el por qué unos países doblan o triplican la violencia de género con respecto a España. Países, incluso, que se suponen con un mayor nivel de equidad y de bienestar social. Ahí están los casos de los países nórdicos, descendientes de los vikingos, cuya tasa de violencia hacia la mujer es mayor, que el resto de los países occidentales de Europa. En un estudio llevado a cabo en Suecia, se ha descubierto que sobre el 40% de los hombres de este país tienen una deficiencia en un gen que es el que crea los receptores de la oxitocina, molécula del “amor” que propicia la empatía y la confianza, y resta la violencia hacia la propia pareja. La secuencia histórico/cultural/evolutiva sería así: fue una sociedad que vivía de forma constante en el límite de la supervivencia, con mucha escasez de alimentos por un clima complicado, eso propició que fueran los machos más fuertes y aguerridos los seleccionados por las mujeres, pues se “necesitaba” ser muy violento con el resto para sobrevivir por encima de ellos (Finlandia es el tercer país en la estadística de abajo, país con un mayor problema con el clima a nivel histórico). Sólo sobrevivían las tribus de los machos más violentos, y de gran musculatura y tamaño. Las hembras de esas tribus extintas eran raptadas por las tribus vencedoras, y entraban en la misma dinámica de sus captores. El siguiente paso sería cultural: en algún momento mutó el gen receptor de la oxitocina, quizás viniese de muy atrás o proviniese de los neandertales o los denisovanos; los hombres se tenían que distinguir de los otros hombres que se asemejasen más a las mujeres, más simpatizantes hacia ellas, o sea que sí tuviesen el gen receptor de la oxitocina, luego a la larga se extendió los hombres portadores del gen deficiente de dicho receptor. Con el paso de los milenios se creó esa etnia que asoló al resto de Europa y parte del mediterráneo, se cree que en épocas de pequeñas glaciaciones, por su ferocidad y falta de escrúpulos, pues la oxitocina igualmente crea empatía y confianza hacia cualquier otro ser humano. Los rusos (Ruotsi, hombres que navegan) son sus descendientes. Consecuencia al día de hoy: los países nórdicos tienen esa mayor tendencia a heredar ese gen “defectuoso” que hace que no tengan el receptor de la oxitocina, que propicia una menor unión de confianza y empatía hacia sus parejas, que provoca que haya ese desnivel en la violencia de género con respecto a otros países, a pesar que llevan una vida más cómoda y con menos escasez que parejas de otros países con una menor violencia. Otra consideración a tener en cuenta es que cuando se dan migraciones, en la actualidad, no es para aquello de “donde fueres haz lo que vieres”, sino para mantener la identidad, creando barriadas y por ello islas identitarias en las ciudades y los países. El choque de esas identidades sólo está creando conflictos. Las dos reglas son contrarias: una etnia es susceptible de crear cambios epigenéticos de adaptación a una sociedad distinta a la suya. Una etnia mantiene ciertas características al crear islas de identidades en aquellos países a los que vayan. Es fácil deducir por donde voy: la asimilación -o muerte de lo limoso de las dos identidades (burka, por ejemplo)- debería de ser la única meta humana en sus migraciones. Si no hay dos identidades no se darán conflictos.

Tasa feminicidios Europa

    Quedaría ver que tal “funciona” mi estructura reduccionista en hechos concretos. Para remitir a algo que cualquiera pueda consultar, recurriré a lo acontecido en la obra teatral “muertos sin sepultura” de Jean-Paul Sartre. Unos nazis tienen presos a unos franceses de la resistencia, y tienen que lograr que traicionen a los suyos. Identidades cruzadas: dos contrincantes de una guerra, dos patrias distintas, soldados obligados por el estado, y voluntarios en una resistencia. Las jerarquías son otro de los conflictos: el juego del poder de carceleros y presos. Lo faltante es la información que necesitan los nazis. Los lenguajes e intenciones (información) son distintos: unos han de crear miedo y nunca bajar la guardia de su posición de poder, y los segundos no mostrar miedo y por otro lado no perder su integridad (identidad) y orgullo. En este caso hay dos orgullos (identidades) en juego en un ejercicio de  poder (jerarquía), los cuales no han de estar a la misma altura…, alguno tiene que “esconder el rabo entre las piernas”, al igual que ocurre en las luchas entre alfas y betas. Me pregunto si Zimbardo se basó en esta obra para su experimento de la cárcel de Stanford. La tortura es el mejor medio dadas todas las premisas, se ha recurrido a ella a lo largo de toda la historia humana. Siempre están en juego las mismas cartas: identidades, la otredad, lo faltante, las jerarquías…, el conflicto. Pero la vida no siempre es tan sencilla, toda identidad o grupo a la vez puede estar subdividido en grupos, y finalmente ser reducido a sus individuos. Entre los nazis ninguno ha de mostrar empatía, o dudar de sus medios y finalidades. Entre los franceses no ha de caber la cobardía, y claro, uno de ellos es una mujer, sobre la cual los nazis tienen otros planes. Eso crea una pequeña división o subdivisión, pues ningún hombre pasará por lo que ella pase. Para complicar más las cosas, durante la trama, atrapan a otro preso, que en realidad es el líder, creyendo los nazis que puede ser un simple paisano de la comarca. ¿Lo traicionarán los suyos para evitar el dolor de la tortura? Por no hacer spoiler no rebelaré más la trama o el final, pero no puede ser otro. A veces la muerte, el suicidio o el asesinato, aun yendo en contra de la supervivencia y de proteger a los de tu identidad, están llenos de significados dentro de las estructuras aquí mostradas: mantener la integridad identitaria, mantener una información oculta, dañar a los de otra identidad (hombres bomba, suicidios por despecho), etc. Sólo deja que los conflictos fluyan, se compliquen y se enreden: así son las trampas situacionistas. Hacer el ejercicio mental de aplicar estas estructuras, cuando veáis la siguiente película “seria”.

   He resumido algunos problemas, queda el proceso de aplicarles las conclusiones del presente escrito. El humano no ha resuelto el problema de la identidad y la otredad. Es más, parecen acentuarse cada vez de forma más pronunciada. El primer diagnóstico es que cada vez hay más escasez (lo faltante: trabajo, espacio habitacional…) y desequilibrio entre las jerarquías. Donde hay más necesidad se remarcan más las diferencias, y por ello los conflictos. De nada sirve apelar a esa autoimagen que nos ha dado la era de la información, sino es para otra cosa que para llenar el mundo de “buenas intenciones”, el “buenismo” y caer en lo políticamente correcto. Máscara, máscara y máscara. Las intenciones subyacentes son las que cuentan, las que se manifiestan. La información fluye, pero no es para crear unidad, sino cada vez una mayor disparidad. Para remarcar diferencias, para levantar odios a los que son diferentes, a los que no son de nuestra propia identidad. Hasta yo -en mi soledad y razón- me dejé llevar por la locura de “atacar” el feminismo como defensa de mi identidad de macho. Ahora ya no hay vuelta atrás, sería estúpido y poco honesto borrar esos escritos (quizás lo haga y los “limpie”). En ese sentido tiene razón Samuel Huntington en su libro “Choque de civilizaciones“. Se perfilan conflictos entre musulmanes y “cristianos”, entre oriente y occidente, entre civilizaciones de corte comunista y capitalista, entre países en desarrollo y del primer mundo… Sólo hace falta la chispa que prenda la mecha. ¿Qué hemos aprendido de la historia?, qué de lo que nos dicen las ciencias. Sólo cabe pensar que somos un animal estúpido, que sólo está preocupado por la técnica y nada por el contacto humano. Nos preocupamos más que maten a una vaca de forma “inhumana”, a que un vecino se suicide porque ya no puede hacer frente a sus débitos. ¿Acaso se creen los veganos que el 100% de la población lo podría ser: ¿cuántos planetas tierra harían falta, cuantas selvas habría que desolar para cultivar? Una mujer embarazada no puede seguir una dieta vegana si causarle problemas a su futuro bebé, debido a la impronta genética. Nuevas máscaras de sanidad, para una sociedad cada vez más cibernética, sintética y sin una visión realista del mundo. ¡Acaso no nos damos cuenta que siete mil quinientos millones de personas no pueden ser únicas y especiales!, que no todos somos nuestros propios héroes y que ni siquiera los necesitamos. ¿Por qué seguimos bajo el influjo del sueño americano, cuando todos sabemos que en realidad es una pesadilla? Quien quiere una sociedad de rascacielos opulentos, con docenas de sin-techo en sus puertas. La meritocracia es el mayor manipulación/engaño que las altas esferas puedan haber gestionado para validarse en el nivel jerárquico donde se encuentren, sin que nadie los cuestionen. Hemos llegado a tal tontería que una familia de tres personas del primer mundo, gastan más en agua embotellada en verano, teniendo agua potable en casa, que una familia del tercer mundo en comida. Y hay humanos que tienen viviendas en cuyos espacios nunca un humano pondrá sus pies, de lo grande que son, donde otros sólo tienen cuatro chapas y unos paneles, improvisando una chabola. Pero ¡quieto ahí!, nadie es culpable, ni siquiera nuestra estupidez, tan sólo “obedecemos” a reglas dictadas hace miles de millones de años, que nos negamos a verlas, pues irían contra nuestro orgullo de creernos libres. ¿De verdad que nos creemos soberanos de nuestros actos y pensamientos, como para crear injusticias o resolverlas? Paliamos algunas y hacemos nacer otras nuevas. Ahí están las feministas “incordiando”, y terminando por destrozar el frágil concepto de familia. ¿De verdad creemos que el haber votado hace 8 años a un partido u otro hubiera cambiado en algo el panorama actual?, lo mismo para las siguientes votaciones con respecto a dentro de 10 años. Los cambios en lo político/social suceden de forma cruzada en varios países, empresas o hechos naturales, por pequeñas variaciones no previsibles, al modo del cambio por el aleteo de una mariposa, sin que casi nada de forma directa lo influya. “Luhmann sintió que la sociedad que se tematizó a sí misma como sociedad política se malentendió a sí misma”, fuente Wikipedia. Se sabe que una superpoblación entre los animales llega a un máximo y después viene una repentina crisis, en donde se hace insostenible que vivan tantos individuos, de tal forma que la población cae muy por debajo de su nivel medio. ¿Creemos que nos libraremos de tal designio?  Somos “esclavos” del destino. No necesito extensas estadísticas, o grandes teorías para argumentar algo así, me basta salir a la calle o ver la televisión cada día.

    De un somero análisis cruzado, del presente escrito y del estado actual de la sociedad, se puede concluir que lo autopoiético es equiparable a lo independiente, a lo autónomo. ¿Cómo encaja eso en un sistema social? La actualidad se define por ese doble marchamo: somos más dependientes de lo social de forma abstracta. El estado nos suple en situaciones complicadas: se mantienen a los desempleados, se dan ayudas sociales, está la asistencia sanitaria gratuita y las pensiones a los mayores de edad. Pero por otro lado cada individuo trata de ser autónomo del resto de los individuos. El individualismo es la consecuencia de nuestra línea evolutivo/histórico/social, el no depender de otras personas, el ser -dentro de la mayor posibilidad- autopoiéticos, independientes, autónomos. El nuevo ideario del amor es amar a alguien que no “necesita” del amor, que podría vivir sin él, pero lo elige no por las emociones, sino por la razón. No se quiere a alguien que no sea minimamente independiente y autónomo, que no tenga su propia vida y riqueza interior. Cuanto más necesitado veamos al posible candidato a pareja, menor va a ser la posibilidad de ser elegido. En esa dirección, en esa retroalimentación, uno ha de buscar su propia autonomía, su individualidad, sin tener a alguien al lado que le “ayude” en su lucha. Ni siquiera la “ayuda” de los más cercanos, de la propia familia. ¿No es esa una clara tendencia a lo autopoiético?,  y la paradoja ante esta situación sería:¿por qué una vez que se ha conseguido dicha autonomía se ha de dejar entrar alguien en tu vida que la pueda alterar o la quebrante? Hemos creado un sistema (la sociedad, las democracias, las instituciones) que han creado la posibilidad hacia la total autonomía e independencia del individuo. No estamos volviendo seres narcisistas y egotistas. Es el nuevo “guión” que nos da la cultura, para que nos adaptemos al nuevo “personaje” medio de la época. Y ahí está Internet y las redes sociales, sobre todo YouTube: todos hablando a la vez, eternos acaparadores de la atención del mundo, “ombrigismo” universal, … ¿se “oye” algo o ahora sólo hay ruido? Un antagónico posmodernismo de individualismo, en donde colaboramos con los otros no por que nazca de alguna emoción, sino como “exigencia” de los nuevos tiempos, donde se tiende a la mente e inteligencia enjambre. El sistema es la cáscara, la forma, que contiene esa posibilidad hacia la individuación, hacia el individualismo, que es su contenido. Nos hemos rendido de poder cambiar el sistema, este parece haber cogido su forma final, el neoliberalismo hiper-burocratizado basado en las estadísticas, en los números, en el beneficio; de tal manera que nos tenemos que estar readaptando constantemente nosotros mismos para ser competitivos y no quedarnos atrás. Parpadea un segundo y el siguiente puedes estar en la posición de perdedor. Hormiguitas en perpétuo  movimento. ¿Vamos hacia lo eusocial?, a crear sistemas como el de las abejas o las hormigas. En este tipo de sistema la empatía, las emociones, las qualias, no existen, no cuentan: está por un lado cada individuo y por el otro el todo. El todo es lo principal, el individuo es tan sólo un engranaje, una pieza repetida una y mil veces (auto-referencialidad) como para ser prescindible. Se llega a la “solución” del conflicto entre lo individual y lo social. El individuo se vuelve independiente y autónomo dentro de una sociedad que suple todas sus necesidades. Una hormiga no necesita de otra hormiga, sino en tanto que engranaje dentro de la máquina. ¿Qué perderemos en ese proceso? La familia, las amistades, los vínculos que nos unían y nos hacían humanos. Pero las cosas no son tan sencillas. Conceptos como los de la impronta, por el que quedamos estrechamente vinculados a la madre o a nuestro cuidador, nos demuestran que genéticamente no estamos preparados para ese salto hacia ese nuevo sistema. No queremos alguien que nos necesite, pero sí queremos alguien que nos auspicie en casos de extrema necesidad… y no desde la frialdad del sistema, que no nos ama, sino dentro del concepto del amor (amistad), en definitiva desde las emociones. Nos encanta esa frase, por su arquetípica imagen de lo que era el amor, de la canción “sin ti no soy nada“, pero la “aborrecemos” racionalmente. Somos esa contradicción insalvable: no queremos que nos necesiten, pero necesitamos que nos elijan. De querer ser eusociales, somos “máquinas” con sentimientos, un verdadero incordio para tal sistema y sus “engranajes”. No digo nada que ya dijera Philip Slater en 1974, en su libro “Paseo por la tierra” de forma más completa y poética:

   “Nacemos inmersos en relaciones íntimas de mutua retroalimentación con nuestros medios, tanto humanos como no humanos. Los compromisos con la fantasía interrumpen este circuito. Las señales se ignoran y el comportamiento se vuelve mecánico e insensible. El medio me lastima, pero yo estoy empeñado en un objetivo remoto y fantástico y no rompo a gritar, sino que avanzo despacio pero constantemente. Me he convertido en una máquina, daño al medio y él sí rompe a gritar, pero yo empeñado como estoy en objetivos remotos y fantásticos, no le puedo escuchar. Realmente hay una cierta justicia distributiva en todo ello: yo torturo al medio, el medio me tortura a mí. Se inicia una escalada de retroalimentación positiva, puesto que cuanto más me transforme a mí mismo en una máquina más tenderé a torturar al medio y más me tortura el medio a su vez, y necesito en mayor medida convertirme en una máquina.
      Nos hemos burlado de los humanos primitivos porque imaginaban que ellos y la naturaleza conformaban una unidad. Nosotros “sabemos” que estamos separados del medio. Nosotros lo hemos dominado. En realidad, le hemos declarado la guerra y la hemos ganado. Hemos derrotado al aire, hemos aplastado al mar, hemos asesinado a la tierra y estamos solos para paladear la gloria de la victoria, enfermos y jadeantes como un niño que ha triunfado sobre su madre.
     Todos los errores y las locuras de la magia, la religión y las tradiciones místicas se ven sobrepasados en importancia por la única y gran sabiduría que conllevan: la conciencia de la raigambre orgánica del género humano en un complejo sistema natural. Y todas las brillantes y elaboradas penetraciones del racionalismo occidental quedan reducidas a la nada a partir del insigne engaño en que descansan: el de la autarquía humana.
     Los logros de la cultura occidental son sueños materializados, y puesto que fueron posibles merced al estrangulamiento de nuestros sentimientos, han ido materializando el mal en el hombre cada vez más, la brutalidad perversa, la arrogancia plañidera, la obsesión cruel y la devastadora hambre de poder. Y cuando se haya dado forma física a todos estos impulsos mutilados no podremos ver el cielo, los árboles ni ninguna cosa viviente, tan inundados estaremos por la maquinaria que habremos vomitado de nuestras entrañas ulceradas.
    Para enmendarnos a nosotros mismos y enmendar a nuestro medio es preciso que drenemos la energía del tumor que nos posee; necesitamos escuchar, sentir y estar aquí; necesitamos recuperar lo que hemos desechado, recobrar lo que hemos proyectado en los demás, devolver la totalidad a lo que hemos truncado; necesitamos movernos juntos en una danza recíproca de integridad y gracia. Continuamos buscando el camino hacia las estrellas; pero no está oculto. Serpeando grácilmente por entre los espacios que hay entre las cosas, ha estado allí todo el tiempo.”

    Falta una última lectura de un signo que proviene del de esencia: espíritu. Se entiende por tal concepto aquello que sobrevive y emerge de una lectura somera e intuitiva sobre algo de la realidad. El espíritu del deporte, el espíritu de una nación, el espíritu de la fiesta… Creemos haber evolucionado, que somos más “civilizados”, pero ¿acaso cualquier hombre de hace treinta mil años no tenía y sabía de ese espíritu humano que hoy ya no sabemos ni leer ni poseer? Nos despreciamos por lo externo, por el lujo, por lo aparente, por la máscara; todo humano es otredad, todo humano es diferente. Lo humano, es hoy en día, tan sólo conflicto. Ahora todos somos seres fronterizos, siempre al límite de algo, de la cordura, de la ansiedad, de un ataque de pánico, de la depresión, de la soledad, de la exclusión social… La muerte de los signos, el ponerlos en duda (feminismo, posmodernismo…) ha quebrado la idea de las esencias, del espíritu humano. Si todo signo carece de sentido, sólo existe el signo que se me aparece cada vez, al que doy un sentido hoy y mañana otro. Ya no hay esencias, ya no hay espíritu, solo una eterna lectura del presente. Un eterno encuentro con otredades, con diferencias, con potenciales conflictos. ¿El único camino para este caos?, volver a los conceptos iniciales. Al “verdadero” espíritu humano antes de que se dividiese en etnias y multiplicidad de apuestas génicas, territoriales y religiosas. No hablo de eugenesia, hablo de mezclarnos hasta que lleguemos a la indiferenciación. Quizás así se “reunifiquen” todos los genes desperdigados y recuperemos algo que perdimos, algo que se “alteró”. Hablo de que permanezca la espiritualidad, pero que no tengan ninguna legitimidad las religiones. Hay que matar o controlar la falta de equidad de las jerarquías, romper las barreras fronterizas, quemar las banderas, olvidar toda identidad, y sólo así se podrá llegar a una sociedad libre de diferencias y por ello de conflictos, una sociedad realmente autopoiética, en donde la auto-realización, el auto-mantenimiento, y la auto-replicación de ciertas estructuras válidas sean la tónica. ¿Cómo?, creando un cambio disruptivo. Nada de cambios progresivos que mantengan la situación y se enlentezcan por siglos. Hacen falta cambios reales ya.

Deconstruyendo el Deseo II – Limerencia

“¿Cómo se fusionaron las tramas para originar esta pesadilla? (…) la razón de todo: hay que buscar los orígenes.” Westworld
El amor puede tolerar y el amor puede perdonar…, pero
jamás puede conciliarse con un objeto no amable…” Thomas Traherne
Por estar loco se entiende perder la razón, pero no la verdad.” Henry Miller
La auténtica liberación es la comprensión entre hombres y mujeres.” En el documental “El sexo en el cerebro”

 

Preámbulo

   Los tres capítulos anteriores y el presente, tienen el pecado de ser demasiado prosaicos, e incluso vulgares, para poder ser tomados como intelectuales, y son demasiado intelectuales para ser tomados de manera prosaica, o que sean de lectura sencilla y cómoda. En mi “defensa” he de decir que es una dirección de la filosofía y de los pensadores: cada vez han devenido más a centrarse en los detalles, en lo “turbio”, en lo marginal. Hay que completar el mapa de lo humano. ¿Cómo empezó todo este debacle en mis escritos? Empieza en la primera parte del libro, que trata de encaminar a los lectores hacia qué es ser una persona normal, y en la medida que somos Dasein, un ser en el mundo, rodeado de otros existentes (ser-para-otros), el cómo el humano construye parte de su Ser identificándose con ciertas personas, gustos, caracteres, o ideas. Esa identificación crea una parte del Ser como lo que es la identidad. En estas dos variantes de la frase anterior, y con la misma raíz del latín “idem“, vemos el significado de identidad: en tanto que me identifico como igual a otro o cierta particularidad, soy. La propia raíz permanece como palabra en el español, ídem, que quiere decir “lo mismo”, que se usa en frases como “me gusta el pescado más que la carne”, y se contesta con un escueto “ídem”, para querer decir “a mí igual”. Con eso llegué a las islas identitarias. ¿Por qué? Soy como mi vecino, o como un madrileño o un andaluz, español. Ese suele ser de común el uso de identidad: la religiosa, la de patria, la de un oficio. Pero hay otro tipo de identidad, soy hombre, no soy mujer. Hasta el feminismo esas dos identidades estaban dentro de una identidad mayor que era la de ser humano, pero de repente el feminismo se desmarca como que se siente un humano al que el otro sexo lo pone en un rango inferior y lo reivindica. El error del feminismo actual, es que no ha abandonado su lucha, siguiendo remarcando la diferencia. Diferencia que está incluso en su palabra definitoria: feminismo, que remarca ser distinta en el sexo, en donde lo más acertado hubiera sido usar algo así como “igualitarismo”. De una u otra forma caen en aquello por lo que luchan: crean división. Caen así en ser una isla identitaria. Toda feminista española lo es del territorio español, pero ha creado una frontera virtual (isla), que dice que ellas son, o están, en una posición diferente y han de luchar con un nuevo lenguaje y unas nuevas armas. Es isla puesto que si un hombre y una mujer españoles se encuentran en un país remoto, se saludarán como de la misma identidad. Pero si se da el caso que la mujer es una feminista radical y ha ido a ese país para una protesta feminista, entonces ese español, antes que esta identidad, es hombre. Persona con la que en ese momento no se tiene que identificar.

    Usé el ejemplo del feminismo, pero hay otros como el de los afroamericanos, o ciertas religiones como los testigos de Jehová o los gitanos. Unos más legítimos que otros. De los nombrados el más “legítimo” es el de los romaníes, pues son/eran un pueblo nómada que tratan de mantener su identidad allí donde vayan. De ahí cogí tal concepto, pues tanto los judíos como los romaníes han sido islas identitarias dentro de Europa por siglos, con sus consiguientes problemas, que se desencadenaron con el Holocausto Judío, donde los romaníes también fueron víctimas. Al final con hacer la elección del feminismo como isla identitaria como ejemplo, se volvió -quizás- en una obsesión, pues a tal isla no le veo más que errores. Y repito lo dicho en otros casos: acepto la lucha por la igualdad, y la indignación ante la violación y la violencia de género, pero bajo mi punto de vista deberían integrar esa lucha desde una posición humanista o de algún partido, y “olvidarse” de esa isla identitaria que han creado, que cada vez crea más desigualdad y encuentran diferencias (insalvables) y enfrentamiento entre los sexos, cuando su fundamento era la igualdad y la indiferenciación. Es un gran error decir que han sido vejadas durante la historia y en la actualidad ellas parezcan hacer eso mismo con el hombre. Nos tachan de poco más que de error evolutivo. Están haciendo un maltrato psicológico al género hombre: vilipendiándolo, degradándolo y sólo buscando y cebándose en aquello que sea repudiable en él. ¿Es un ojo por ojo histórico? Si es así no quieren la igualdad, sino la supremacía. La feminista Camille Paglia ha afirmado que: “el feminismo ha conseguido envenenar la atmósfera cultural con su aversión a lo masculino”, y “el feminismo se ha centrado en la retórica antimasculina en lugar de en el significado de la vida”. Se entiende mejor lo que quiero decir en el ejemplo del concepto e isla de afroamericano. Se supone que deberían ir hacia la indiferenciación, pero al crear el concepto de afroamericano ellos mismos han creado la diferencia, que se va remarcando cada vez más y más. Ahora hay alguna película en donde casi todo su elenco es afroamericano, cuando el cine tendía a que estuvieran integrados. Los ateos no creamos una isla identitaria, pues en el fondo vamos contra las identidades, hacia la indeferenciación. En fin, que como por un lado estoy contra las identidades, lo primero ha de ser ver los errores al crear islas identitarias. En ese caso he tratado de mostrar que los errores del cómo el humano es hoy, vienen de las dos partes, de los dos sexos, y no sólo del hombre, como pretende hacer ver el feminismo. Y me he tenido que detener a explicar más y más esos orígenes, y quizás cada vez de forma más chabacana, y el cómo estos nos hacen ser lo que somos ahora. Por otro lado el feminismo está cayendo en el chauvinismo feminista, autoras como Ariel Levy “argumenta que muchas mujeres jóvenes en los Estados Unidos y más allá están replicando el machismo” (fuente Wikipedia), que es lo mismo que yo he dicho en varios lugares: están adoptando roles y comportamientos que eran masculinos, y que en teoría eran los “odiosos” y eran a los que atacaban. De nuevo la vieja idea: si se dice dentro de la isla identitaria, otra mujer, es constructivo, pero si lo dice alguien desde fuera, un hombre, este puede ser tildado de machista. Van en camino de querer invertir los roles, por lo menos ciertos radicalismos, pues su protagonismo en los medios y en las redes sociales, y el éxito en campañas como #MeToo hacen que estén “creciditas”, que aquí en España se usa para designar a una persona a la que le ha crecido el orgullo y la soberbia de manera súbita y esporádica, cuando esa no es su “naturaleza”. Pero me rindo, la humanidad va hacia ese camino, hacia las islas identitarias. Más posmodernidad, más caos, más lenguajes en liza, más identidades, más separaciones, más odios…, más desestructuración de lo humano. ¿Eso es lo que se quiere?, o simplemente somos víctimas de decisiones desacertadas que no las queremos ver como desacertadas, si no queremos que nuestro orgullo, y la posición ganada, se ponga en peligro. Lo peor de todo es que además están creando islitas dentro de las islas, divisiones feministas dentro del feminismo, lo que aún genera un mayor caos, y siendo consecuentes falta de identidad u homogeneidad interna. Pienso que es ese orgullo el que les ha hecho “cogerle el gusto” a formar parte de esa isla identitaria a la que ahora pertenecen. No puede haber identidad sin orgullo. Ese orgullo se alimenta sobre todo de los cerebros de las adolescentes, que sin tener las ideas claras y una vista panorámica amplia, enredan aún más las cosas, en más multiplicidad e islas identitarias. El feminismo, ante esta multiplicidad que no se ha dado en ningún otro movimiento social y de forma tan rápida, habrían de asumir su descalabro a la hora de crear una identidad, y el fracaso de dar una buena imagen ante tantas fallas, taras y contradicciones, ni siquiera le hacen falta ataques desde el lado masculino, pues sus propios ataques internos ya las devastan; pero no lo harán, no verán sus errores y contradicciones, pues es una condición de ese concepto llamado identidad: no ver sus propios errores o no admitirlos. Por la teoría de la diferenciación en sociología, un sistema se subdivide en tantas partes como sean necesarias para encontrar una identidad, donde ya no existan contradicciones internas. Dado los conflictos con temas como el aborto, la prostitución y el porno, la imagen sobre el hombre, entre otros muchos, no puede haber una sola identidad feminista. En esa medida se quedan detenidas en sólo dos temas: la violencia física, sea sexual o no, y la igualdad ante la ley. Como la segunda en la sociedad occidental está más o menos suplida, se centran tan sólo en la violencia física. ¿Qué se construye desde allí sino recordar una y otra vez al macho que es un “ente maldito y maléfico”? Llama a cada hombre a sentirse en un género “despreciable”, ¿no es contradictorio que nos hagan “eso” cuando ellas reivindican salir de aquel lugar al que le metió el hombre por milenios?, y ¿es “sano” centrarse en este tema como para hacer series y películas de abusos a menores, cuando aquellas personas que han pasado por ese trauma tratan de pasar página? Se ha vuelto “moda” o como meme que casi toda protagonista feminista haya pasado por algún tipo de abuso. Situación ilógica si se analizan las estadísticas.

   Ahí tenemos, como ejemplo de ciertos conceptos expuestos arriba, el caso de la humorista homosexual Hannah Gadsby en un show para Netflix tan “intenso” que me imagino que la mayoría de los hombres del teatro, en algunos momentos pensarían eso de “¡tierra, trágame!”. En este show, llamado Nanette, hace mención que Picasso hubiera tenido una amante de 17 años, como algo horrible, o el caso de Mónica Lewinsky y Clinton, que no deja de ser un problema político, no de abuso; cuando omite o ignora que Simone de Beauvoir, proclamada feminista, tuvo como amante a una de sus alumnas de 17 años, que además puso “en bandeja” para Sartre. El feminismo tampoco parece pararse demasiado en los abusos de la Iglesia sobre varones. ¿Es una flor más delicada la mujer en todo lo referente a lo sexual?, ¿no mantienen el arquetipo de la virginidad como cuestión exclusiva de las mujeres, que antes era sostenida por las ligas de mujeres guardianes de la moral?, ¿aflojan las cadenas para lo que ellas quieren y les conviene? Cada caso es cada caso. No todo encaja en los nuevos patrones marcados por las feministas. A mí me sedujo e hizo, a los 14 años, una felación un homosexual cuarentón al que no conocía, en un parque solitario por la noche. Bajo los cánones actuales fue un abuso a un menor. Nunca lo he sentido como un abuso, aunque yo no tuviese claro si lo quería o no, no tengo ningún trauma. ¿No será que el trauma se cree en muchos casos por la consideración social sobre el tema?, su carga y peso social negativo. O sea, si hoy tuviese esos 14 años, tal como está todo este tema, y pasase por aquella seducción… ¿la habría considerado violación y me hubiera traumado? O dicho más llanamente: el sistema no tiene que “decir” al individuo si tal o cual acto es o no es un trauma -o en otros casos una rotura de un tabú, o una transgresión- eso sólo lo sabe el individuo con respecto a sus propios sentimientos, los cuales en una mente no influenciable, no deberían de mutar a posteriori y por el peso social. Pensar ahora en la siguiente situación: a una niña de 14 años estando sola en un parque, y ya de noche, se le acercó un hombre y le lamió la vagina hasta que orgasmó. ¿Por qué suena más brutal este acto si es similar a lo que me sucedió a mí?, ¿por haber usado la adjetivo niña, por haber nombrado sus genitales, porque orgasmó… o simplemente por ser del sexo femenino?, ¿es más inocente una niña que un niño, o lo queremos creer así por ser un arquetipo?, ¿no se supone que maduran antes las mujeres? “Si controlas el flujo de la información, controlas el comportamiento”, nos dicen en la película “Tau”. ¿Las mujeres,  el feminismo, y su influjo, controlan como se escriben las noticias para impactar? En otro orden de cosas, ¿es el homosexual más cercano a la mujer y por lo tanto no tendente a la violencia, mientras que al hombre que se acerca a la adolescente se le presupone que es potencialmente violento? Ahora describamos mejor mi situación aquella noche. Estaba con un amigo en un parque, llegó alguien que le conocía, el homosexual. En cierto momento mi amigo se fue para ir a buscar algo, y me quedé sólo con el homosexual, y es cuando pasó tal situación. Pensemos que el caso de la chica de 14 años fue algo similar. ¿Ahora lleva implícito menos “violencia”?, pues es un amigo de un amigo con el que la adolescente se queda sola, ¿o lleva implícita la misma “violencia potencial”? De una forma u otra lo que trato de hacer es una crítica, a cierto movimiento del feminismo, que no cree que haya una naturaleza implícita en el ser humano, pero de forma contradictoria al hombre siempre se le presupone “potencialmente violento” y buscador de sexo “gratis”, que en su suma lo hace potencialmente violador o “forzador” de las situaciones (seducción, manipulación) para tener sexo. Lo hemos visto en este breve análisis de joven y homosexual, frente a adolescente y hombre. ¿El hombre tiene naturaleza y la sociedad no la cambia, y la mujer no y la sociedad la moldea? En estas dualidades se deduce que el hombre es activo (cazador) mientras que la mujer es pasiva (presa). Como yo era hombre “contra” homosexual, de forma implícita se deduce que “obré” de forma activa; mientras que en el caso de la adolescente y el hombre, la primera estaba… ¿en una posición totalmente pasiva? Doy por hecho que he dejado fuera de este análisis las edades, pero a tenor de quererme centraren esa dualidad en la que están los “agentes” hombre y mujer, y poner en jaque ciertas concepciones feministas. Para salvar el escollo habrá feministas que aduzcan que en los dos casos los dos adultos eran los activos/cazadores y los adolescentes eran los pasivos/presas. Pero dejo esa tal deconstrucción sin plantear por salirse fuera de este análisis, pero se siguen de las conclusiones a partir de las premisas expuestas. Sí hay generalidades, si hay naturaleza, pero la complejidad humana es tal que hay individuos, que aún en un sexo, pueden tener otros roles. Esto se explica por el hecho que no hay un hombre y mujer “puros”, que esas “purezas” son los estrógenos y la testosterona, y que todos tenemos nuestro propio equilibrio de dichas hormonas, que por lo demás se modulan a lo largo de la edad y las situaciones. O sea, que si acaso lo “macho” y activo/depredador es la testosterona, y lo pasivo/presa es el estrógeno, teniendo además en cuenta que el estrógeno hace a su vez de activo en muchos casos. A lo largo del escrito me centraré en esta diferencia, así como en algo tan marginal como la existencia del pene, para tratar de asentar que hombre y mujer son distintos y no son constructos sociales, aunque estos, claramente, repercutan.

   Cierto colectivo feminista “pone el dedo en la llaga” en este tema, pues casi siempre el “verdugo” es el hombre, al que odian, pero pasan por alto otros casos en donde sale claramente los conceptos que sostengo aquí: 1. que cada caso es cada caso, y 2. los sentimientos de las personas implicadas es lo que debería de importar. Ahí tenemos el caso del Mary Kay Letourneau, una profesora norteamericana que mantuvo relaciones sexuales con uno de sus alumnos, varón de 12 años, con el cual tuvo dos hijos. Los sentimientos de ambos es que no fue un abuso, un crimen, sino que se amaban. Ante la ley es un delito, se sigue la regla de todos igual ante la ley, pero una gran mayoría de personas saben que no está al mismo nivel que el abuso continuo de un pederasta. El feminismo está creando un “estado de malestar”, como si en un hogar se quedasen anclados en el trauma por un accidente mortal de un hijo, del que todos se sienten de alguna forma culpables, y rumiasen una y otra vez sobre ello a nivel individual, y saliese a flote cada vez que se pusiesen a hablar de forma extendida. Ningún psicólogo vería sana tal situación, pero en lo social lo hemos “admitido”, porque el intelectual ha callado a decir “¡ya basta!”, porque cada hombre se tiene que callar si se le habla de tal tema, y por lo tanto ceder a que sea la voz de la mujer la que diga la última palabra. Una vez que el intelectual cede a uno de estos sistemas situacionistas, todo está perdido. Yo no he querido callar, he tratado de decir: ¡ya basta! Han de dejar el tema a los sistemas policiales y judiciales, como siempre ha sido. Sólo sacarlo a colación cuando crean que se ha cometido alguna injusticia, como en el caso de la manada en España.

   Queda explicado el por qué tanta intromisión sobre el tema feminista y el por qué cada vez, quizás, ha ido degenerando más y más, en quedarse en los detalles. Pero en mi defensa diré que los detalles, las pinceladas, son importantes para comprender el cuadro que tenemos frente a nosotros. La diferencia de mis escritos sobre los feministas, es que yo ataco tanto al hombre como a la mujer, centrándome más en esta última para balancear los escritos feministas, tan negativos sólo para un sexo, que bajo este punto de vista son sexistas. En sus escritos suelen usar el genérico hombre, en vez de algunos hombres o algunas personas, cuestión por la cual yo he hecho lo mismo, pero en ambos sexos. Por lo demás no me saco nada de la manga, entro de lleno en las guerras sexuales feministas sobre los temas de la objetivación, y si el lenguaje sexual explícito en modas, palabras y medios es un buen camino o no.

   Me he planteado “extirpar” todos esos capítulos, pero están demasiados unidos a lo nuclear del libro. Hay que ver las formas, el bosque, antes que el contenido, los árboles. “Un viaje a Abilene” trata de mostrar de fondo el cómo la humanidad llega a posiciones que nadie quiere o ha decidido sobre ellas, pero que al final se normalizan: es un ataque directo al concepto de progreso. “Deconstruyendo el deseo sexual I ” se centra en la previsión del premio, algo que había dejado fuera del libro y era importante, y además añade la idea de que el hombre igualmente es “agredido sexualmente”,  ante cierto tipo de formas de vestir en la calle. En “Verdad y feminismo” trato por un lado de mostrar que la necesidad de unirse al grupo -sesgo de conformidad y otros-, viene de algo nuclear de la vida, que es la replicación, y que al unirnos a grupos replicamos sus estructuras, que en un caso especial en el humano son las palabras (eslóganes, principios, reglas…) de tal manera que damos forma a los memes, a las ideologías, a las identidades sociales; en ese proceso y de paso trato de desmitificar al meme y el valor de la opinión general. Meme no es igual a verdad, meme es sólo igual a éxito, siendo así se debería de llamar “memú” (contracción de meme y menú), pues se siguen memes a la carta; en “Conclusiones finales” remato la validez o no de la mayoría. En el presente investigo o ahondo en algo analizado someramente en “Deconstruyendo el deseo sexual I”, y como tal será su segunda parte, al tratar sobre la limerencia, y sigo ahondando en el hombre como víctima en las actuales calles e Internet muy sexuados. Mencionar, por si no es evidente, que los dos escritos sobre el deseo sexual parten de estudios de los sistemas complejos, sobre etología, neurociencias y otras ramas científicas, con el plus de tratarlo dentro de una dimensión filosófica, al intentar buscarles unas raíces ontológicas. Bajo mi punto de vista la evolución “juega” con conceptos, o llega a ellos de forma emergente, por las cartas en juego, pues se producen de forma concurrente una y otra vez en distintos órdenes de especies; como por ejemplo la monogamia. Hay que concebir tal cuestión bajo el principio de que todo sistema tiende a su equilibrio, u homeostasis. Para entenderlo con una imagen, hay que ver el proceso evolutivo como caminando por un continente; a veces cae en depresiones (barrancos, precipicios, hondonadas) y otras veces tiene que escalar montañas: los conceptos son los valles que encuentra en ese caminar, donde hay más posibilidades de mantener la vida o cierta especie. Visto así la monogamia es un valle al que llegan varias órdenes de animales, que les hace propicio, para sobrevivir, asentarse allí. El cerebro, como sistema complejo, hereda parte de esos procesos, y a otros llega por el mismo juego de vagar por un terreno de depresiones, valles y montañas, en donde por comodidad (beneficio evolutivo: el optimismo antes que el realismo, por ejemplo) se queda en los valles. Mis escritos van encaminados a encontrar esos conceptos. En esa dirección, en el documental adjunto (abajo), sale a relucir que hembras y machos caen en dos tipos de roles, y son intercambiables, dependiendo de quien tenga el papel de cuidar a la siguiente generación, que no siempre es la hembra, y el que tiene la función de buscar el acto sexual, que lleva implicado la agresividad, por la tensión de esa búsqueda y competir contra otros, y “contra” aquel/la que va a ser su pareja. La conclusión ontológica es que tales roles son contingentes, y como tal deberían de ser analizados y tratados de distinta forma en la sociedad. Algo así como si el macho dijese a las feministas, “¡eh, perdóname la vida, ese es el papel que me ha tocado jugar!”, o exculpación evolutiva; no ha nivel de individuo, que si acomete un delito ha de ser perseguido por la ley, pero sí a nivel de especie, pues cierto movimiento feminista va contra el macho, y por ello sin darse cuenta contra la propia especie. En esa dirección sale como herramienta la epistemología, en donde he usado el método fenomenológico, bajo las directrices y el mundo conceptual de Sartre, que puesto que uno tal filosofía y método con la ciencia cae dentro de la fenomenografía. Procedimiento muy distinto de la mera “opinión” que emerge en Internet, y sobre todo en las redes sociales y las feministas, en donde todo ha sido reducido a dos o tres conceptos como el de machismo y patriarcado; como se puede deducir de reivindicaciones como las del #tetazo, (por cierto, vídeos de este tipo de manifestaciones terminan siendo manipulados, entremezclándolos con sexo explícito y subidos a sitios porno; ante acciones básicas respuestas básicas). Feministas como Camille Paglia afirman que el patriarcado en occidente ya no existe. Sólo espero que algún científico haga estudios de los cambios del cerebro masculino al ir por las calles muy sexuadas, para terminar de mostrar qué ocurre allí y si ha de ser “normal” esa “imposición” de las mujeres. Sería necesario hacer el análisis a solteros “empedernidos”, a personas de tipo Incel, que lleven un tiempo largo, de meses u años, sin sexo, pues es distinto con respecto a personas con pareja. Las feministas piden libertad y no tienen en cuenta que la libertad tiene dos sexos (y multitud de géneros). Las convenciones sociales tenían esa premisa, pero las mujeres están balanceando esas convenciones hacia su lado. Las premisas de mis “ataques”, al decir y mostrar lo expuesto en mis escritos, no son el odio, o el revanchismo, sino el tratar de mostrar que a la posición actual hemos llegado como consecuencia de los dos sexos, y que antes de posibles cambios sociales, en las grandes ciudades, que apenas llevan unos 8.000 años, son cambios, que vienen a nivel evolutivo de cientos de miles de años o incluso millones, y en donde la hembra humana tiene más o menos la misma “culpa”, pues provenimos de la selección sexual, y es la hembra y la evolución los que han dado “forma” al macho que existe hoy. Los dos escritos sobre el deseo sexual, que en realidad se centran sobre lo que ocurre en los espacios públicos, tratan de hacer ver a la mujer el qué sucede en los cerebros de los hombres, en la dirección de poder crear algo de empatía y que se nos comprenda.

    Siento no poder hacer el escrito teniendo en cuenta todo los géneros, o sólo desde la mirada de hombre cisgénero, pero sería harto complicado hacerlo de otra forma, que por lo demás no sabría exponer, por no ser lo propio. De cualquier manera, si las mujeres son iguales a los hombres en todo lo que estoy describiendo, que no lo sé, las homosexuales femeninas o las del tercer sexo o fluido, me deberían de entender.

    Un último punto a tener en cuenta, es que no puedo afirmar que las bases humanas sean las jerarquías y creerme libre de ellas. Soy elitista en lo intelectual. Mis escritos no están dirigidos a todos. Tan sólo converso con los pensadores del pasado, del presente, y los pensadores por llegar, que son los que comprenderán y tendrán la paciencia de leer en profundidad todo lo que aquí escribo. Lo que quiero decir, al fin y al cabo, es que esta o aquella persona, feminista o no, posiblemente no me entenderá y en realidad no me importa, si es que me lee, pues mis escritos son largos, lo que me importa a mí es mi lucha por ahondar y profundizar en los temas…, el otro sólo es un “espectador” de esta lucha.


Limerencia

    Antes de entrar en tema he de adelantar varios conceptos. Se cree que de origen todos los sentidos estaban unidos. En la actualidad ciertas personas tienen uno o varios sentidos unidos. A esto se le llama sinestesia, se huelen o saborean colores; los números y/o las palabras se asocian igualmente a colores, u olores, etc. Cuando creé el concepto de “pegajosidad neural” era bajo una apreciación sinestésica, en donde el cerebro no está estático en el cráneo, sino que es como un ente viscoso, que cual babosa sale al mundo y lo toca/huele/oye/saborea con sus tentáculos. Una analogía puede ser la del blandiblú, que se esparce y lo rellena todo. Pero la mejor imagen de mi forma de verlo, quizás, sea la alimentación de las estrellas de mar, que sacan sus estómagos para alimentarse. Sacan afuera algo interno y hacia la otredad, para procesarlo como interno o hacer esa otredad parte de su Ser. Con esto quiero decir que aunque físicamente esa “digestión” en el cerebro sea interna, virtualmente, para el cerebro, es como salir de su espacio y rellenar con sus tentáculos la realidad. Al mirar tocamos, palpamos, en ese proceder del cerebro, en donde la distancia ente lo mirado y el cerebro es nula. Forman un todo, unidad. Cuando el cerebro ha evolucionado ha ido incorporando comprensiones de este tipo, y las ha interiorizado en información genética. A ese tipo de información lo llamo conceptos. En realidad al tratar de examinarlos los traiciono porque son indescriptibles. Hay cientos de estos conceptos, algunos encajan bien con las palabras que le hemos puesto, otros son de un tipo de casamiento que resultan ser unos fiascos. No hay ninguna palabra que los pueda describir. En ese proceso se recurre a los tropos, y sobre todo a las metáforas, que en algunos casos devienen en la poesía, los dichos, y las sentencias. Aún con todo algunos se resisten a encajar a cualquier descripción. Estoy DeshilachadoEncaja más decir: “me siento deshilachado”, que decir “tengo un temporal trastorno de despersonalización y algo de depresión”. Lo que quiero decir, al fin y al cabo, es que las palabras son burdas herramientas para describir las emociones y las sensaciones, y que estas siempre ofrecen una resistencia a ser encajonadas, clasificadas. Hay que saber conectar con ese mundo simbólico. El logo de Apple “funciona” visualmente mejor que el de Windows, por que tiene curvas, que son más orgánicas y naturales, frente a los cuadrados de una ventana, que ni siquiera llaman a lo tecnológico, una gran falla de Microsoft, que se nos aparece como despersonalizado y sin alma. Las ciencias, como la psiquiatría y la psicología, caen en esos errores reduccionistas, al tratar de encajonar esos conceptos y funciones del cerebro en patrones universales. La música se puede reducir a matemáticas, a números, pero no lo que se siente y lo que produce en el cerebro al oírla; en cada individuo, y en cada momento, una misma canción es distinta para cada individuo: esos son las qualias. La angustia filosófica, no la psiquiátrica, define una de esa sensaciones del “ruido de fondo” en el cerebro de lo que somos, en tanto que nos percibimos como eternos vacíos que no pueden ser llenados. Aunque cada autor a lo largo de la historia del pensamiento le ha dado distintas connotaciones. Se me ocurre esa otra que Sartre definió como la “náusea”, que yo a mi vez he recogido y le he dado otra dimensión en el escrito: “Desalmar el mundo: la náusea“. En unos y otros casos el cerebro maneja ciertas emociones o sensaciones que no tienen una descripción clara, pero que seguramente sí son claros para este, en algún nivel, que no es el de la conciencia. Esta, así, trata con “objetos” y emociones que no sabe manejar, ni sabe cuantificar. Llevando tal idea a una analogía actual: el sistema operativo “sabe” qué produce un error, por ejemplo que de repente no se tenga el control para activar o desactivar el sistema de seguridad. Nos salta un código de error, pero después le “dices” al sistema que lo repare o buscas en Internet posibles soluciones y nada parece cambiar. El problema es que las interfaces con las que el sistema interactúa con el usuario, no tienen implementadas todas las resoluciones a todos los errores. El equivalente humano de esa interface “fallida” es el prefrontal y las palabras. En esa medida un filósofo o pensador ha de buscar esos conceptos nucleares y tratarlos de desentrañar, y llegados el caso ponerles un nombre. Y digo estos tipos de personas de pensamiento más abstractos, porque la ciencia parece encontrar ahí una barrera que no puede traspasar. Si se ha de atener a aquello que sea medible, no puede llegar a medir aquello que ni siquiera tiene una palabra o una definición clara. No puede encontrar lo que no busca, aunque a veces sí, como es el caso de las neuronas espejo, que se encontraron por casualidad.

   Yo he tratado de definir el deseo sexual como morbo, y lo he mostrado como atravesado por la prohibición. ¿Existe el deseo sexual sin devenir en morbo como transido de prohibición?, no. Quizás la masturbación, pero todo deseo sexual siempre apunta a un otro, que tiene una libertad con la que nos topamos y tiene la capacidad de negar, y por lo tanto prohibir. El morbo no tiene una medida universal, lo que para una cultura lo es cierta cosa, para otra no lo es. Lo que lo es para un individuo para otro no lo es. Falla en su contenido, a lo que apunta, a lo faltante o deseado, pero no en la estructura: la prohibición, el conflicto de dos libertades, de yo y otredad. En el anterior escrito, y casi al final, aunque el tema esté en medio del escrito, pues lo intercalé, saqué a la luz la limerencia, por extrapolación conceptual más cercana a uno de esos conceptos del cerebro que son complicados de definir y ser encajados y clasificados. El “deseo”, o regla de toda vida, lo es por ser auto-replicadora, y en tanto que al crear dos sexos creó una capa de abstracción a dicho concepto nuclear. La vida busca replicarse, pero al haber dos sexos, en los casos que se dé, eso ha de pasar primero por unir esos dos sexos en el acto sexual. A ese deseo o pulsión primera es a lo que se puede llamar limerencia. Pero aunque su finalidad y origen sean claros, la limerencia es un concepto que “contamina” la manera de trabajar del cerebro de forma general. En la arquitectura de grandes bóvedas todo puede ser grandioso, y de grandes dimensiones y formas, pero casi toda esa grandiosidad se basa en algo pequeño, que es la clave. Schwendi_Annakapelle_Chor_Gewölbe_Schlussstein_LammLa pieza central de los arcos, tanto de las paredes, de las puertas, como techos. Quita esa pieza del arco y sus paredes, o de los arcos del techo, y se caerá toda la construcción. Lo mismo para esta pulsión de la vida hacia el sexo (ver vídeo) y su unificación, que ahora llamaré limerencia. En la vida antes que la búsqueda de lo faltante, la comida, está la replicación, si te replicas y después mueres se mantiene una copia, pero si te alimentas y no te replicas, en la muerte no quedará ninguna copia. Esto se ve sobre todo en los machos, donde anteponen el sexo a la alimentación o incluso al instinto de supervivencia, como se deduce del macho de la mantis religiosa. Lo mismo se puede decir del enamorado: pierde el apetito, tiene incapacidad para concentrarse, y seguir una película, etc. Su cerebro sólo busca su “objeto” amado. El artista es sublimación (capa de abstracción) de la auto-replicación, autopoiesis. El investigador científico igual. Limerencia, que proviene de “lime-romance”, se puede traducir como lo rasposo -lima- o doloroso de buscar la unión con lo amado, en los romances. La intensidad de buscar el acto auto-replicador es igual de “limoso” , irritante, para el artista, el investigador o el enamorado. Para el artista es su obra, que nace de una fecundación virtual, de una idea primera y sencilla, un germen o semilla, que va germinando y creciendo. Para el investigador igual. Es tentador dejar “colar” a Dios en la ecuación, como el Creador o replicador por excelencia. En los dos casos, en el artista y el investigador, vemos que lo femenino está integrado en sus almas, son hermafroditas virtuales que se fecundan a sí mismos. En otros casos requieren de musas, de algo externo. Un artista sin inspiración se comporta más o menos igual que un enamorado que no es correspondido: con desesperación, con dolor, con un vacío o hambre que ninguna otra cosa lo puede aplacar. En los dos casos vemos o se extrapola un lenguaje similar al sexual: perseguir lo amado, fecundar, engendrar. Hasta aquí lo dicho en el otro escrito, pero quizás mejor explicado. Vayamos a las consecuencias, los porqués y las finalidades.

    Pensando en este tema se me ocurrió si Sartre había tratado la sexualidad, y sí; con lo que tuve que leer lo que este decía y descubrí que se acerca a lo que yo había encontrado y medio perfilado en el escrito anterior. A modo de adelanto dejo este resumen que se ha hecho en la Wikipedia inglesa:

  “Sartre explica que “la mirada” es la base del deseo sexual, declarando que no existe una motivación biológica para el sexo. En cambio, la “doble encarnación recíproca” es una forma de conciencia mutua que Sartre considera que es el corazón de la experiencia sexual. Esto implica el reconocimiento mutuo de la subjetividad de algún tipo, como describe Sartre: “Me hago carne para impulsar al Otro a darse cuenta de sí misma y de mí, en su propia carne. Mi caricia hace que mi carne nazca para mí en la medida en que es para la otra carne, que la hace nacer como carne.

   Incluso en el sexo (quizás especialmente en el sexo), los hombres y las mujeres están obsesionados por un estado en el que la conciencia y el ser corporal estarían en perfecta armonía, con el deseo satisfecho. Tal estado, sin embargo, nunca puede ser. Tratamos de llevar la conciencia del amado a la superficie de su cuerpo mediante el uso de actos mágicos realizados, gestos (besos, deseos, etc.), pero en el momento del orgasmo la ilusión se termina y volvemos a nosotros mismos, tal como se termina cuando el esquiador llega al pie de la montaña, o cuando la mercancía que una vez deseamos pierde su brillo al comprarla. Se dará, para Sartre, ese momento de finalización porque “el hombre es una pasión inútil”, que trata de ser ens causa sui (ser causa de sí mismo), ese Dios de la prueba ontológica“.

   Sartre distingue cualidades de estados. Una cualidad, por ejemplo, es ser ambicioso, pero el odio, los celos o el deseo sexual son estados. Se puede llevar al lenguaje de Ser y hacer: hago actos por los cuales muestro ambiciones, pero el odio forma parte del Ser. O en otro lenguaje lo necesario (Ser) y lo contingente (tener o hacer). La naranja es del color que nombra (necesario), pero está pocha (contingente); cuando no es del color naranja está inmadura (contingente). No ha llegado a su Ser. Este lenguaje tiene muchas taras, y causa problemas para nombrar al Ser y definirlo, por eso Sartre sale del paso usando otro lenguaje, que igualmente tiene sus problemas. Ser y estar en el Inglés son una y la misma cosa en la mayoría de los casos (soy aquí, para decir estoy aquí, los traductores no dejan ver esa sutilezas), lo que puede que lleve a un porqué de la manera de ser de los hablantes de las lenguas germanas como lo es el inglés, y que sea una clave de su forma de ver y actuar en el mundo. El castellano hereda esa dualidad del latín, del ser y estar, que a la vez lo heredó de la filosofía griega. Para escapar de todo este lenguaje es mejor llevarlo a cómo la evolución ha ido añadiendo capas de construcción o abstracción. Está claro que el deseo sexual está en las capas más bajas. En esas capas esas pulsiones son necesidades, como necesidad es saciar el hambre. Cuando el humano llegó a la creatividad tenía al deseo como base de esa productividad artística. Cuando se llegó al concepto de amor romántico, ya existía primero en otros animales como la tendencia a buscar al otro sexo para llegar a la monogamia. Aún hoy vemos como románticos ciertos comportamientos de las aves para con sus parejas. En algunos casos, en el amor cortés de la Edad Media, incluso se tenía como una de sus premisas el no llegar a los actos físicos, el no llegar a la “piel”, a lo carnal. En otros, como el amor y la devoción a Dios, ese objeto y su medio desaparecen totalmente, quedando sólo la estructura limerente, como amor no correspondido o en vacío, como es el caso de Santa Teresa de Jesús.

    Sartre, como ya hiciera ver yo en el escrito anterior, analiza el deseo sexual desde el conflicto de dos libertades. Mi ser-para-otro lo es en la medida que interiorizo la imagen que tiene el otro de mí. Este ser-para-otro, que había olvidado del lenguaje de Sartre, es lo que yo trato como identidad. Es la imagen interiorizada de cómo me ve el otro. Mi identidad no es el ego, no es mi carácter, es esa capa de lo social que se define por lo que no-soy, en tanto que ese no-ser es en la medida que me identifique o no con identidades de los otros. No-soy religioso, luego soy ateo. Ateo no es ego, no es parte de mi carácter, es identidad. Soy macho de la especie homo sapiens, patriarcado es identidad en la medida que un otro ha prefijado ese concepto como parte de una identidad en la que puede caer el macho humano. Feminista es identidad, mujer es Ser, aunque algunas, erróneamente, crean que feminismo es parte de su Ser, deseo sublimado en conceptos como el de empoderamiento, creyendo anular de paso el concepto de sumisión, cuando en realidad es parte de la esencia humana, puesto que provenimos de las jerarquías de las manadas. Sartre disecciona algo que no debería poder ser diseccionado, esos imposibles de nombrar que he dicho arriba. Me refiero al hecho de dos libertades frente a frente. La disección de Sartre es: 1. trato de que mi libertad “examine” la libertad del otro, 2. trato de captar su libertad, 3. en el intento de captar la libertad, el otro se me aparece como objeto, 4. ya no puedo ser una libertad que maneje otra libertad, pues ahora es cosa, objeto, 5, a la vez el otro “juega” con las mismas cartas que yo. El acto ha fracasado, puesto que no intento manejar un objeto, sino una libertad (ya sé, enseguida viene a la cabeza la seducción y la manipulación como medio para hacerlo, dejamos esta dimensión aparcada, de momento, por no venir al caso). Sartre llama indiferencia al acto por el cual este hecho de dos libertades, frente a frente, no se da, puesto que no tengo “interés”, deseo o finalidades hacia ese otro, y lo trata como “ceguera”, pues es como si no estuviera. En ese proceso el otro adquiere importancia en la medida que se sale de esa ceguera, si me inoportuna, o lo deseo, etc. Para Sartre y como yo dijera el acto sexual es clave para el conflicto de dos libertades: “mi tentativa original para apoderarme de la libre subjetividad del Otro a través de su objetividad-para-mi es el deseo sexual“, y ante este hecho se pregunta: “¿la sexualidad es un accidente contingente vinculado con nuestra naturaleza fisiológica o es una estructura necesaria del ser-para-sí-para-otro?“. Si soy hombre (voy a ignorar todo los problemas de géneros al dar tal afirmación, por comodidad), eso quiere decir que estoy en el mundo ante otros que no son mi sexo. Luego el sexo emerge como forma consustancial de todo encuentro, en donde además y esto es clave, el otro y yo salimos de la indiferencia, para entrar en otro plano, en donde lo que primero que surge es el conflicto ya expuesto arriba, como base de esa salida de la indiferencia. Sartre es el primer filósofo que corporiza el Ser. Heidegger vuelve al Ser en ente, en hombres, pero Sartre va más allá haciendo que el cuerpo sea aquello por lo que hay entes, a través de su concepto de la mirada, y del conflicto de esas miradas con dos libertades. Puesto que bajo mi definición totalizamos la identidad a través de la negación, el pene me diferencia de ciertos otros, que no lo tienen. Las niñas criadas con muchas libertades junto a sus hermanos, y fuera de toda connotación moral o sexual, descubren el pene de estos y se buscan el “suyo”. A la vez el hermano trata de entender esa carencia y qué hay en su lugar. Esa diferencia siempre está presente de forma constante en nuestros cerebros, en nuestra percepción de nosotros mismos como con pene o con vagina. Eso es lo que nos hace ver Sartre, diciéndonos que Heidegger lo ignoró. En los lenguajes de arriba es Ser, no tener, -en el sentido de que soy pene, en vez de tener pene-; es necesario, no contingente; es estado, no característica.

    El siguiente paso de Sartre consiste en definir el “objeto” del deseo. Lo voy a entrelazar con mi concepto de morbo y con un lenguaje más actualizado; queda claro que todo entrecomillado son textos de Sartre. Cuando yo veo una particularidad, por ejemplo un escote, no lo veo como tal, lo veo en tanto que abstracción, como parte de un cuerpo y este a la vez como la parte de una otredad con una libertad. La mirada “… no se dirige a una suma de elementos fisiológicos sino a una forma total; mejor aún: a una forma en situación. La actitud hace mucho para provocar el deseo. (…) Un cuerpo viviente como totalidad orgánica en situación con la conciencia en su horizonte: ése es el objeto al cual se dirige el deseo“. Dentro del lenguaje de lo que he definido como morbo, todo fragmento sexual del mundo me remite a una situación, en donde hay dos libertades y en donde mi libertad se encuentra en el conflicto de dejarse llevar por aquello deseado, y en la medida que mi deseo ni ha de ser visto, ni formar parte de ser objetado por la libertad del otro, a tenor de quedar atrapado en ella. Lo que entra en juego es mantener la libertad del otro intacta, a la vez que ha de quedar la mía, pero en tanto que todo está atravesado por lo sexual, donde este queda entreverado: ni totalmente visto y explícito, ni totalmente velado o no implícito. Todo humano, en esta dimensión es voyeur y a la vez exhibicionista. Está claro que ambos sexos tienen las dos dimensiones, pero por la finalidad y la “maquinaria” tan distintas de cada sexo, cada uno de esos dos modos se pronuncian más en un sexo que otro. En el escrito anterior decía que el placer busca mantenerse (retroalimentación positiva), mientras el dolor es huida (retroalimentación negativa); Sartre también se percató de ese hecho y por ello de lo implícito de la doble tendencia de la retroalimentación: “la facticidad de la conciencia del dolor, por ejemplo, es una facticidad descubierta en una huida perpetua. No ocurre lo mismo con la facticidad del deseo. El hombre que desea existe su cuerpo de una manera particular, y con ello se sitúa en un nivel particular de existencia. En efecto, nadie negará que el deseo es algo más que gana, gana clara y translúcida que apunta a través de nuestro cuerpo a cierto objeto. El deseo se define como turbación“. Hay que pensar que Sartre habla como si se diera el caso de dos personas que van a tener sexo. Lo que Sartre define como turbación, o “conciencia empastada” (prefrontal que recibe menor riego sanguíneo), es esa previsión del premio sexual al que yo llamo morbo, que son dos de sus dimensiones y son dependientes de la situación. Está claro que si voy por la calle no me he de mostrar turbado, sí nos lo permitimos ya dentro del acto sexual y es una parte clave del juego.

Lo Mirado

    Todos mis análisis previos han sido desde la posición del que mira, pero hay que detenerse brevemente en la posición mirada. El concepto de mirada de Sartre es clave para entender esta dimensión del Dasein, del ser-ahí, o arrojado en el mundo de Heidegger. Según Sartre soy cuerpo en tanto que este existe para la mirada de los otros. Me puedo evadir de mi cuerpo en soledad, en ciertos estados de semi-inconsciencia como los de la meditación, pero en cuanto un otro entra en la habitación habito mi cuerpo, este se vuelve presente. A nivel más científico, uno de los sentidos más antiguos es el de la propiocepción, la percepción de nuestro propio cuerpo. Me detengo en la percepción externa y de la posición, pues está la interna (movimientos estomacales), la del calor, la del dolor… En un mundo de depredadores y presas convenía saber dónde estaba cada parte del cuerpo para no ser mordido. No es cuestión que te estén comiendo y uno ni siquiera lo sepa. Si uno está echado en el sofá viendo una película, el cerebro “sabe” dónde está y la posición de la mano derecha. También es conveniente por si viene algo arrojadizo hacia uno mismo, para darle un manotazo. Cada posición el cerebro lo trata como un estado cero, desde el cual actuar a hacer tal o cual movimiento a partir de ese estado cero. Cuando estamos en un espacio público existimos como cuerpo, o sea, se existe en tanto que mi propiocepción está referenciado a otros cuerpos, de no ser así nos iríamos chocando por la calle con todos. El otro no es nunca un objeto entre otros, en un momento dado me puede dar igual rozarme con un toldo que está bajo, pero no así rozarme con una persona. Las convenciones sociales nos marcan unos límites. En definitiva, mi cuerpo siempre está referenciado a otros humanos, con sus correspondientes libertades, que los convierte en no-objetos. El otro está siempre contaminando mi cerebro en público de forma abstracta, en tanto que existe como mirada no directa, pero en algún nivel presente. Es deducible, y muy posible, que esta percepción de una mirada que me-existe de forma constante, pero que no está presente, se tomase como la mirada de Dios. Vuelvo al concepto de indiferencia de Sartre, el punto cero de mi presencia en el mundo ante los otros. Mi cuerpo siempre es sexuado, puesto que el otro sexo es esa posibilidad por la que mi cuerpo sale de la indiferencia. Hay unos límites a esta concepción. Los niños no la tienen. Hay una larga frontera de adaptación para que esto ocurra, que es durante la pre y adolescencia. Los primeros signos pueden resultar molestos. Un cuerpo sexuado que no se sabe sexuado es eso que se denomina con el concepto de “lolita“, o de forma más amplia y ya en la adultez como “alma cándida”. Pero volvamos a la edad sexuada. No existe algo así como salir a la calle no sabiendo el nivel de sexualidad que uno porta, como nos quiere hacer creer el feminismo, pues caerían en ser almas cándidas o lolitas. Rapto LimerenteEl propio cuerpo siempre está presente, y en las mujeres esta sensación es más vívida. Sale a relucir en ese constante recolocarse el flequillo, el cabello, etc. Igualmente cuando se va con una ropa más “comprometida” tienen una mayor percepción si alguna postura va a dejar algo al descubierto. Imposible que una mujer no sepa que pueda tomar una posición similar a la de la imagen adjunta y no comprenda toda su dimensionalidad. En definitiva, están constantemente referenciándose con respecto a su ropa y su sexualidad. Sólo hay que poner atención a los programas de televisión, en donde si se va con minifalda, o una camiseta amplia y con escote que se desliza mucho, los están recolocando de forma constante, y por magia femenina (de la propiocepción en realidad, que al ser memoria muscular tiene una gran cantidad de neuronas para trabajar en ese proceso, el cerebelo se dedica sobre todo a esta memoria muscular) saben sentarse en casi cualquier tipo de asiento, por muy posmoderno y extraño que sea, como para no dejar ver la entrepierna. En unos y otros casos todo sigue la siguiente estructura: 1. soy un cuerpo ante la mirada de otros, 2. mi cuerpo es sexuado en cuanto existe alguien del otro sexo,  3. me referencio, o tomo conciencia, con respecto a mi cuerpo a partir de estas dos premisas.

   Hay que detenerse en el tercer proceso. El hambre Es, mi cuerpo puede necesitar comida, y hace rugir al estómago y darme esa sensación de vacío, pero quizás estoy centrado en escribir y eso ocupa toda “mi” atención (atención y conciencia son una misma cosa, como he hecho ver en otros escritos). Otra interrupción, el lenguaje es un desastre: no es mi atención, pues no es tener, posesión, como tener en la mano una naranja, sino Ser. Soy atención, es estado del Ser, o mejor una de las formas en las que el Ser se manifiesta en el mundo. Tener y hacer son contingentes, características o modos en los que el Ser obra, acciona, en el mundo. Retomo el tema de la conciencia. Si de repente dejo de escribir, la conciencia que siempre es “conciencia de”, deja de ser conciencia-de-escribir para de repente percatarse del estómago y ser conciencia-de-hambre. O dicho de otro modo, hay dos niveles de existencia, uno en el que la conciencia no existe en un proceso dado y otra en la que sí. Con esto vuelvo arriba, el cerebro siempre se puede saber sexuado en lugares públicos donde haya personas del otro sexo, como hemos visto arriba, pero puede que se dé que no se sea consciente de serlo, conciencia de sensualidad o de ser sexy. Eso sale a relucir en las veces que las mujeres se despistan y dejan ver partes que no se deberían de ver.

    Ahora tenemos añadida una nueva dimensión al acto del morbo. La mujer sí sabe, a nivel ontológico y propioceptivo, como creo que ha quedado demostrado arriba, de su sexualidad o posición, ropa y poses sexuadas, pero no siempre es consciente de ellas. Los hombres nos damos cuenta cuando son conscientes de nuestras miradas y cuando no. Aunque la mujer vaya mirando al móvil por la calle, la vista periférica siempre tiene presente el alrededor, para no chocarse y en tanto que cuerpo sexuado en un medio público, pero por nuestros límites cognitivos no siempre el cerebro es consciente del cuerpo, de su sensualidad. Las feministas llaman a esta falla temporal para aducir sus argumentos, pero como vemos tan sólo es una “verdad parcial” de toda la realidad. Si la mujer se “distrae”, de repente puede “sentir” una mirada directa explícita de un hombre, y le puede llegar a molestar dependiendo de si está a su mismo nivel de belleza o superior, o proviene de alguien de un nivel “inferior”. A esta segunda mirada, de sus estados distraídos que además provenga de alguien que no sea su igual -mirada jeráquica-, la llama mirada indeseada y patriarcal, y en algunos casos machista. No creo que la conciba igual si de repente a ese que descubre mirándola sea Adam Levine. El humano es una animal oportunista -en esto no hay géneros- el cerebro del macho está preparado para captar esas distracciones. Esos casos en los que algo sexual se “asoma” a la mirada periférica, y activa la previsión del premio y la atención. Son “instantes robados”, por su similitud con los “retratos robados“. Se cuela aquí otro concepto a tener en cuenta y que lo puede salvar de ser trivial; en estas situaciones, al igual que con los retratos no preparados o robados, se puede llegar a captar mejor el “alma” de una persona, no su pose, su máscara, que siempre está contaminada por la conciencia de sí. Por otro lado la mujer tampoco puede querer ser atrapada a “jugar” a seducir, ni “declarar” que su vestimenta tenga tal o cual intención, como ya he hecho ver arriba, pues igualmente puede quedar objetada por el hombre. Uniendo todo lo dicho, con la mirada y la libertad, el morbo está contaminado de prohibido en la medida que mi mirada no ha de ser atrapada a la vez por la persona mirada. En la medida que lo sea queda objetada dentro del mundo de los valores de esa persona, que en la actualidad si es de una feminista muy radical, quedará objetada -fijada, catalogada- como patriarcal o machista. Fijarse cómo todo depende del momento histórico: ese tipo de mirada hace 200 años podría ser catalogada de lasciva y pecaminosa, hoy con el feminismo ha cambiado. ¿Por qué poner etiquetas y validar históricamente a algo que es más intemporal y básico? Todo el reino animal sexuado se basa en mirar y ser mirado. A este juego a dos bandas, del mirado y lo que es mirado y el que mira y lo que mira, voy a llamarlo “rapto limerente”, por la tradición de raptos, en algunos casos ambiguos y enigmáticos en sus sentidos, de la mitología griega. Zeus regaló a Europa, cuando la raptó por engaños, un  “Lélape (un perro que nunca soltaba a su presa)” que bien podría ser una metáfora sobre ese juego en donde el hombre puede quedar mordido -prendado, enamorado, obsesionado, estado limerente-, a partir de encontrase casualmente con aquella que será su amada o su objeto de deseo. “Rapto limerente” que paradójicamente, y quiera el lenguaje feminista o no, ha podido ser por medio de la mirada, que en muchos casos nacen de ese objeto sensualizado que el cerebro del hombre capta por la vista periférica, y en uno de esos estados distraídos de la mujer que deja ver algo más. ¡Ya sé!, se parece al flechazo de cupido de toda la vida. Pero no es ni este que está más vinculado a lo espiritual y romántico, ni el mero “calentón” pasajero; es quedarse atrapado por lo físico a una persona o a un objeto. Puede ser atracción física hacia una persona, pero también a una parte del cuerpo o a un objeto. Pues por ejemplo en la actualidad un individuo puede quedar atrapado por los pantalones shorts (ver vídeo de ejemplo), que a la vez se queda atrapado a una parte del cuerpo (la película “Josie” es un caso de rapto limerente, donde un hombre maduro y desmotivado se queda raptado por una chica joven y bella, cambiando su modo de vida), que a la vez crea una moda en lo mirado, y una tendencia sexual de los que miran, que al final es llevado dentro de Internet como meme o viral en fotografías, vídeos, llegando a repercutir en el porno…, como perro que no suelta a su presa. Trato de unir conceptos, que se dan en el plano individual y social, y asociarlos a los de limerencia, pues tienen su mismo núcleo. Es rapto porque es un secuestro de los procesos mentales o sociales a partir de personas, objetos, partes del cuerpo o elementos puntuales que van atrayendo hacia sí recursos de un sistema u otro, del cerebro o lo social. La palabra rapto me “persiguió” durante los escritos sobre el deseo sexual. Permanecía ahí y saltaba de vez en cuando al prefrontal; como que tenía que pensar en ello, quizás porque Sartre lo nombraba. No fue así, comprendiendo que el cerebro me decía que pudiera formar parte del morbo, pues eso que entra por la vista periférica rapta los recursos del cerebro, que a la vez si es sobre algo puntual en la sociedad rapta a muchos individuos. Si diferencia del meme en que no nace de un pensamiento, sino de un instinto, de forma subliminal y pulsional.

Rapto Limerente

    Una pequeña pausa. Mantengo lo escrito sobre el rapto limerente, a tenor de ser deconstructivista, en este caso deconstrucción literaria, y de tratar de hacer ver cómo el cerebro hila o perfila ideas, pero lo he de replantear. Decía arriba que el cerebro tiene patrones o conceptos de los que no tenemos palabras. Este es un ejemplo claro de un concepto y cómo este trata de “hablar” a la conciencia, cuando se le sigue el rastro. El cerebro, en ese lenguaje de conceptos abstractos, habla mentalés (palabra que designa el lenguaje del cerebro en no-palabras). No hay una interface que traduzca el mentalés a palabras, o a la inversa. Pero el cerebro se “obsesiona” o lanza señas a la conciencia cuando está cerca de algo. La razón en ese caso tiene que saber interpretar qué quiere decir el cerebro. Me recuerda la trama de la novela/película “Johnny cogió su fusil“, en donde un paciente dañado por heridas de guerra está paralítico, pero es consciente, y no puede hacérselo ver a sus médicos (síndrome de enclaustramiento). De forma constante he usado el concepto de que el cerebro sea secuestrado por tal o cual cosa interna o externa. Ya estaba presente en el escrito “la dimensión individual“. En otro caso, en la primera parte sobre el deseo sexual, hablo de lo molesto que es para mí el ir por la calle y que el cerebro, por la previsión de premio, por esa vía dopaminérgica, me secuestre o interrumpa los procesos mentales, de tal forma que la conciencia se empaste, como dice Sartre, cuando veo chicas con pantalones shorts. Yo lo capto como molesto por dos cuestiones, 1. porque me activen los instintos “sin mi permiso”, y 2. que tal proceso nuble mi hilo de pensamiento, proceso que es llevado por el prefrontal, que en este caso se le corta el riego sanguíneo para “centrar” los procesos mentales en esa llamada instintiva. ¡Eso es rapto limerente!, ese “agarrarte”, ese estado limoso, apremiante, para llevarte donde tú no quieres, pues mi razón a sido secuestrada, como secuestrada está la razón del enamorado, pero en donde en este caso es por algo tan primitivo como lo sexual. O sea es el prefrontal “hablando” en mentalés, “quejándose”, pues no admite que se le deje de llevar sangre, que de repente pierda el control de la situación, que de repente se nuble o se empasten sus procesos. Para tratar de hallar alguna similitud, es como cuando teniendo mucha hambre, se come en exceso y de repente nos entra somnolencia: el estómago compite contra el cerebro en el gasto de recursos, los dos necesitan muchos recursos de sangre, temperatura y oxígeno. La evolución ha propiciado para que “venza” el estómago, y ante esa bajada de los recursos en el cerebro, provoca que nos entre sueño. El prefrontal se ve incapaz de hilar pensamientos, de concentrarse, y ni siquiera de seguir la trama de algo en la televisión o de una conversación. Se nos caen los párpados, y finalmente nos rendimos a la evidencia que nos tenemos que echar la siesta. Para ser justos, es muy posible que lo que siente la mujer al ser mirada sexualmente, sea de la misma forma un “rapto limerente”, ya que igualmente cuando ella está distraída o abstraída de ser un cuerpo entre otros cuerpos, al ver la mirada del macho sobre su cuerpo, caiga en la cuenta que lo es, de tal manera que su prefrontal pasa por el mismo proceso, de verse como un cuerpo objetado y sexuado que la conciencia no quiere aceptar, por ser en algún grado “violada” (mirada no deseada). Son dos tipos de raptos limerentes dependiendo si se es mirado o si se mira, si te “secuestran” la mirada, o si te secuestran como mirada (por dar como más general estas diferencias de género de mirar y mirado, por ser más cómodo para redactar: doy por hecho que sobre el hombre también “cae” ese tipo de mirada). Pero tales hechos, que en ese inicio son individuales e instantáneos, devienen en dos procesos sociales o más extensos. 1. En el plano del que mira se crea una obsesión sobre aquello que le ha secuestrado. De tal manera, y puesto que el deseo sexual es retroalimentación positiva y efecto bola de nieve, que se obsesione por el objeto de deseo, que puede ser hacia la persona (atracción física), a una parte anatómica o a la prenda (fetichismo, fijarse que cercanía de conceptos con quedarse prenda-do). En este plano es interesante traer a colación la película “objeto de seducción“, donde una persona con discapacidad auditiva se obsesiona con una estatuilla, de un busto, pues dice que le “habla”, lo que llama a que las obsesiones tienen más planos que los meramente sexuales, aunque puede que sean sublimaciones de estos. 2. por el lado mirado nos salimos del estado limerente, ya que opera entre las personas que son observadas mientras son conscientes de ser sexuadas o sensuales, donde la conciencia está presente, y en donde no se produce el “rapto limerente”, por no estar abstraídos y distraídos de su cuerpo. En este segundo caso se hace mas uso de esa prenda (gesto, pose, actitud) por ser atrayente, que al final puede devenir en una moda -o meme- social. El segundo es como tal rapto limerente, en tanto que hace un secuestro de lo social, como sistema complejo, que es llevado por un camino o tendencia, pues “provoca” raptos limerentes a los individuos, en tanto que secuestrados por las miradas y secuestrados como mirados. Volviendo al caso de los shorts -por ser el más actual caso de rapto limerente-, se ha vuelto moda, o objeto deseado y obsesivo por los que miran. Siendo así las personas que hacen vídeos con cámaras ocultas “siguen” y graban a chicas en la calle con shorts para subirlos a Internet.(1) Esto lleva a que lo usen modelos en sus bailes eróticos (grupos femeninos de k-pop y j-pop, por ejemplo) y chicas de sex cam; que al final terminan en páginas oficiales porno, donde además se imitan los vídeos amateurs de grabar a chicas por la calle, pero esta vez con actrices porno y con “finales más felices”: se ha propagado en el sistema el rapto limerente. El feminismo en este caso cae en una contradicción, pues lo que denuncia es el rapto limerente individual, pero por otro lado propicia el rapto limerente social, al seguir modas y memes, y en ese proceso crear tendencias. Es decir, y para ser más claros, es el lado exhibicionista el que tiene toda la carga de crear el rapto limerente en lo social, puesto que si no hubiera nada que ver, no habría miradores a los que se les provocase los raptos limerentes, ni miradas de rapto limerentes sobre los mirados. Es indiscutible, si no que se lo digan a una anciana de 90 años, a ver si se acuerda cuándo fue la última vez que sintió un rapto limerente. Seguro que los echa de menos, (esa es otra contradicción de la que seguro se puede hacer una ecuación: a mayor edad, más deseo de volver a recuperar el rapto limerente: esta regla es para los dos sexos). Con todo, y puesto que yo reivindico no querer tener raptos limerentes en la calle por prendas, ellas tienen el mismo derecho a reivindicar no tener esos mismos raptos limerentes. Otro punto de vista, más vitalista, sería pensar que forman parte de la vida. Que yo tengo que sobrellevar ese hecho, ese rapto, y sea yo el que se tiene que adaptar, pero entonces ellas también tendrían que tomar la misma actitud y aceptar la mirada de los hombres, siempre y cuando estas se atengan a las convenciones sociales.

Narciso

    Aquí hay que fijarse en un dato muy importante que puede que explique la condición sexuada humana. En el reino animal la “carga” de los dimorfismos sexuales la llevan los machos (cuernos, plumajes bellos, colores, fuerza…), que a la vez están más lejos de ser los replicadores. Pero ¡en el humano esa “carga” la lleva la replicadora!, creo que no se da en otra especie animal. Implicaciones. Los dimorfismos del macho tienen la finalidad de ser los seleccionados por las replicadoras; en ese caso algunos los tienen sólo en épocas de celo: las cornamentas de los cérvidos muy al norte. Pero ¿y si el dimorfismo lo “carga” la replicadora…?, ¿narcisismo?, querer esa propiedad por sí misma, indiferenciada de la existencia del macho. A nivel ontológico parece ser así, pero dado que somos Dasein, existentes en el mundo, el otro sexo “repercute” en ese mirarse al espejo, paseándose delante de él, interrumpiendo ese juego de espejos (imagen extrapolada en la bruja del cuento de Blancanieves, en donde además la voz en off del espejo en el cuento es la de un hombre). En esa medida el macho se convierte en parte del espejo. La mujer pide opinión a otra mujer en su salir a la calle (dimorfismo introyectado hacia un sólo sexo: narciso), pero e ahí que el macho sale al paso y la mira o no la mira: da valor a su existencia en el mundo como ornamentada. Esa mirada, como ya he demostrado, no tiene porqué ser directa, u observada de forma consciente. Se vuelve omnipresente en el cerebro: el otro sexo infesta mi presencia en tanto que cuerpo en el mundo. Sartre lo analiza a través de una de sus claves: la vergüenza, que es un recurso constante en el cine de humor. Alguien le hace ver a uno de los personajes que está haciendo el ridículo, porque se le ve un moco, o porque se le ha quedado papel higiénico atrapado en el pantalón, etc. La vergüenza es un arma: nada mejor para “bajar los humos” a alguien que hacerle caer en la vergüenza. Nada más victorioso para los poco agraciados que una modelo se caiga en el escenario. Volviendo al dilema. En la mujer se da una nueva dimensión del rapto limerente. La mujer se pone bella para sí misma (el icónico deseo de ser el centro de todas las miradas durante su boda, que las damas de honor no han de eclipsar…, en las películas americanas han de vestir todas iguales y con colores chirriantes; ¿caigo en cánones reducionistas?, ¿no será que estos “funcionan” porque encontraron patrones que se mantienen?). El macho rompe con esa dimensión ontológica de su condición al “verle” bella. Hace que esa belleza ya no sea para sí misma, sino que la infesta desde su mirada, que en la mayoría de los casos está sexuada. Hay una doble lucha: 1. por un lado le gustaría que su belleza tuviera valor por sí misma y para sí misma, 2. al existir el mundo de los valores del macho ese valor que lleva como germen ser en sí mismo, intrínseco, deviene en mundanizarse, en ser valor en un mundo de hombres. De esta forma el rapto limerente es violación, primero, por la mera existencia del hombre (de esta apreciación se puede extrapolar cierto lenguaje radical feminista), y dos, que estos la puedan captar en ciertos momentos distraídos o abstraídos en donde ella no pone “vigilancia”, o ha bajado la guardia, de esa belleza, y además vea en el macho una mirada casi exclusivamente sexuada. Esa “desnudez cruda”, de un cuerpo entre otros cuerpos, ante la mirada del otro, tiene el germen de la vergüenza, al crear cierta disonancia cognitiva, por no saber qué ha visto esa mirada, que ahora no puede interrogar, y que le ha “robado” algo que le “pertenecía” y que se podrá “quedar” con ello para “su uso” y si quiere para siempre, como una fotografía mental que ella nunca podrá “revelar”. La temática de fondo de estos últimos pensamientos me recuerdan a la canción de mecano de “maquillaje” (y con eso no quiero reducirlo a maquillada, mirada sí deseada, como en la canción), donde la mujer sólo quiere ser mirada cuando ella lo quiere (y por quien quiere…), que de ser así no dejaría de ser arbitrario y caprichoso, pues el hombre nos sabe cuáles son esos momentos, (ni quienes sí). No me imagino un mundo en el que el feminismo lograse sus metas y los hombres ni las mirasen, ni las piropeasen, y ni siquiera las tratasen de “ligar”. Dos universos separados por un muro invisible. Siempre hay que llevar los pensamientos al absurdo, para ver cómo “funcionan”. ¡Aunque ya podríamos poner algunos mecanismos en marcha!, los hombres irían por un lado de la acera y las mujeres por el otro, y se podrían hacer discotecas que sólo fueran para mujeres. No sé si se darán cuenta, pero ir por la calle como si no existiesen para los hombres, viene a ser lo mismo que ponerse un burka virtual (busqué más tarde este concepto y ya lo han usado antes que yo: concurrencia de ideas, pues es clara su lógica… otra incongruencia más con la que tiene que lidiar el feminismo; otro evidente es que se opongan a que ciertas empresas “obliguen” llevar uniformes con escotes y minifaldas, pero después digan que en la calle no “significan” nada). Fuera de sarcasmos… para acabar este párrafo vuelvo a esa anciana de 90 años. Con la madurez se alcanza a amar al espíritu humano, como con un cuerpo que ahora le sobra. ¿Rendición o un nuevo estado más elevado? Da lo mismo. Con la edad el cuerpo es una cáscara que ahora ya nadie ve, y que allí, en lo más recóndito, esconde un alma. Es distinto el feminismo de las mujeres maduras, que el de las núbiles y jóvenes bajo esta condición. Han terminado por ignorar el cuerpo, ignorando de paso su lenguaje y sus trampas. Si se llega a ese estado se sobrevive el resto de la vida como alma. Crece, brilla y emerge alrededor de ese cuerpo que se marchita. Esa madurez debería de ser el signo humano. “Al final te das cuenta que la belleza no importa”, nos dicen en la serie “Kiss Me First“. La moralina cristiana del cuento de Blancanieves es que aunque la protagonista era más bella, nunca le dio importancia. Centrarnos en el cuerpo nos rebaja a sus condiciones animales, con los lenguajes y “patrones” que trato de mostrar aquí. Lo que quiero decir es que en la madurez y la vejez la lucha de los sexos dan igual: importa el alma humana que emerge indistintamente del sexo. El único espacio público termina por ser la propia alma, soledad con sus propias qualias. Con la edad sólo se busca conectar con otras almas. Esa verdad siempre ha estado latente ahí, las respuestas nos siempre son las más cómodas, sobretodo cuando contradicen nuestra identidad, y dicha verdad la rompió la liberación sexual al llenar la calle con “carne” desalmada. Pues el rapto limerente, antes que cualquier otra cosa, es “carnalizarnos”, objetarnos, alienarnos, matarnos ese alma atravesada por una libertad…, tanto al mirado, como al que mira.

El Orgullo Como Estado Iluminado Inquebrantable

   El Artista

   Una implicación más, también muy transcendental, sobre el cambio de sexo del dimorfismo, es que los artistas masculinos sobre compensan esa carencia en su arte. Es más, “necesitan” cierto nivel de limerencia, dolor, con el otro sexo, para crear, pues su arte, su creatividad, su fecundación es sublimación, ya sea por la ausencia o pérdida de lo amado, o por falta de sexo (un ejemplo claro son todas las canciones de desamor de los hombres, como el caso de U2 y su mítica canción “With or without you“, escrita después del divorcio de Bono. Aunque sean universales, hay diferencias de sexo, pues hay cantantes femeninas, con este tipo de canciones, que son más escuchadas por las mujeres, aunque tampoco tengo claro si es otro signo de cómo el feminismo tiende a la diferenciación, incluso en los gustos). De alguna forma la pulsión de su virilidad en los hombres, que siempre implica limerencia, es llevada al arte (¿la década de los 80 tenían tras de sí algún tipo de alta limerencia y sublimación, por no haber aún cuajado la libertad sexual y estar latente?, ¿en la última década no hay creatividad por un exceso de porno y masturbación…?, creatividad “evacuada” en los pañuelos de papel). Cuanta más tensión viril, mayor sublimación, y cuanto más joven mayor ha de ser, por eso las mejores canciones de los cantantes y grupos están en sus primeros álbumes; después pueden ganar maestría, pero han perdido el brillo, la originalidad y la innovación. En unos lados y otros, de Internet y documentales, me encuentro con el dilema de si es mejor o peor tener relaciones sexuales antes de grandes eventos o para ser creativo. Creo que yerran en sus premisas y conclusiones, quizás hacía falta el concepto de limerencia. El acto sexual aumenta la testosterona, lo que es bueno, pero pienso que la clave está en aumentar la limerencia, el estar lejos del “objeto” limerente; o sea, no hacer el amor, y además ni siquiera tocarlo o verlo. Cuanto más tiempo en meses o años más aumenta la limerencia y la creatividad. Uno puede masturbarse y eso aumenta la testosterona, pero sin el objeto limerente no hay suelta de oxitocina, que es lo que baja la limerencia. Igualmente funciona estar jugando con los genitales, amagos de masturbación, mientras se estudia o crea, esto hace que se mantenga activado el circuito de la previsión de premio, si bien no hay que insistir mucho como para que se cierre el riego de sangre al prefrontal, pero cuidado con las personas que tengan inclinación hacia las adicciones. En mi caso al llevar años sin actos sexuales la limerencia está en sus niveles más altos, pero es “peligroso” por que hay una mayor tendencia a la criticidad, al caos y al trastorno; sobre todo los actos obsesivos, la ansiedad, los neuróticos y las paranoias. Creo que aquí se aplica lo mismo que el dicho de “el hambre agudiza el ingenio”, pero en lo sexual. Por otro lado la limerencia aumenta si son actos sexuales cortos con una persona distinta cada vez, pues es como estar en pleno periodo de copular las más veces posibles, que nos puede venir de la época en la que sólo habría un sólo celo al año. Aquí se aplica lo mismo que los amagos de masturbación, actos sexuales que no se finalizan, aumentan la limerencia.  Es decir que un cerebro masculino limerente es un equivalente a una erección que se produce a nivel de la alta excitación de las neuronas, que en ese momento más que en ninguno, crea conexiones neuronales, y en definitiva conceptos, palabras, sensaciones y signos, para crear algo nuevo. Mantenerse en “lucha” con su obra es mantenerse erecto. Su arte, ya acabado, es la sublimación de una eyaculación, tras la cual puede venir un periodo reflactario, o tendencia a los síntomas de la depresión. No en vano se asocia a los artistas con el trastorno bipolar: el estado maníaco “… es considerado como un período «artístico» del desorden, que se caracteriza por una gran cantidad de ideas, un pensamiento extremadamente ingenioso, y un incremento en la energía” (fuente Wikipedia). Excepto si excede cierto grado, en donde se puede llegar a un estado similar al que ocurre en los “límites de los vórtices entrópicos”,(3) y sólo se manifiesta como dolor, ansiedad o frustración. Siguiendo esta simbología, yo he de permanecer escribiendo -manteniendo la erección, limerente hacia esa abstracción que es la mujer-, pues sé qué viene después, si dejo de escribir. O dicho de otra forma, la creatividad del macho a nivel evolutivo, era esa sobre compensación a ese hecho de perder partes del protagonismo del dimorfismo sexual.


Opcional de Leer  

 Viendo el gráfico de estadística de mis escritos, es “evidente” que escribo como sublimación ante la falta de sexo; he podido hacer el gráfico, ya que escribo en “OneNote” y pone fechas. El gráfico, abajo expuesto, me viene bien para “demostrar” que la libertad no es tanta, que hay “determinantes” de los que uno no puede escapar, que si uno analiza su vida hay patrones que emergen. Pensamos que hemos decidido hacer tal acción, desde nuestra libertad, pero en realidad es algo que “empuja” desde lo más elemental del cerebro (hormonas, neurorreguladores, instintos, “reglas” del ADN…), los cuales desconocemos. Por otro lado sale a relucir la carga del sexo en la sociedad, pues este “entreteje” casi todas las tramas de nuestras vidas, nuestras acciones y nuestros pensamientos de modo sublimado. Si se hiciera lo mismo con otros artistas saldrían patrones similares; desconozco si ya lo han hecho. Me encaja a la perfección cada bajada y subida según cada época del año, me conozco bien. Pero sí me ha sorprendido el alto pico de julio, pensaba que iba a ser una joroba de subida y bajada más suave durante todo el verano. Esa bajada extrema, de la segunda quincena, suele ser una rotura de la presión tan alta, un “ya no puedo más”, que suele darse como un estado más caótico, la retroalimentación positiva llega a su curva máxima de permanencia en el orden; lo que conlleva a la irritabilidad, por dormir poco, el exceso de calor y el imperioso sexo, en unas calles muy sexuadas (mi control es no salir, no ver; todo estos son apreciaciones desde un celibato forzado por las circunstancias, de hace años, lo que me hace entender a los Incel), ahora ya estoy vacío, ya no hay creación de ideas, sólo queda perfilar los escritos. Hay estudios que dicen que se dan más suicidios de hombres en julio, pero he buscado el estudio en mi ordenador y no lo encuentro, y otros que he hallado en Internet dan otras medias, pues parecen estar relacionados por los países y sus latitudes con respecto al calor. Tampoco sería ético buscar el que “me daba la razón”. Al parecer también aumenta la violencia de género, pero no hallan motivos. ¿Porqué no relacionan libido -alta carga de testosterona- y por ello tendencia a la irritabilidad y el calor? Si he encontrado estudios con respecto a unir suicidio y libido, y en el hombre sí hay esa relación. Faltan estudios multidisciplinares que unan los conceptos de los sistemas complejos, las neurociencias, sexualidad y la psicología evolutiva. La clave es entender al cerebro masculino como un sistema de retroalimentación positiva tendente a la criticidad.

Estadísticas de Escritos

Feminicidios Comparativa

    En esta última gráfica, hay una segunda curva de datos de feminicidios íntimos (parejas, color más claro) de los años comprendidos entre 2010 y 2016 en España. Sé las deficiencias de cómo he hecho la comparación, y que no están pareados en las alturas correctas (y otros datos estadísticos a tener en cuenta), pero llama la atención el pico de los meses de verano y como van a la par en la caída de las siguientes quincenas, y el pico de la segunda quincena de noviembre. La cuestión del pico en verano, no es tanto la unión de la testosterona y el calor, en sus capacidades para hacer que se esté irritable, sino el hecho que la testosterona tiene picos óptimos donde aúna todas las capacidades cerebrales y corporales para centrarse u obsesionarse en algo; que en mi caso como soy creativo se “expresa” en escribir o pintar que si fuera por el calor me lo dificultaría, mientras que en alguien con problemas con la pareja, dichos picos, se centrarán u obsesionaran en los conflictos, en donde sí se sumaría la irritación por el calor. Como he explicado arriba, en la segunda quincena de julio se produce una rotura de ese estado, como una burbuja de jabón y agua que de repente estallara. En ese nuevo estado ya no hay capacidades mentales para centrarse (u obsesionarse), ya se duerme algo más, pues el cerebro rumia menos, y se hace de forma más dispersa, sin centrarse en una cosa concreta en lo mental. En el artículo del ABC argumentan que es porque es época de vacaciones y pasan más tiempo juntos, pero en la gráfica hay una caída en la segunda quincena de julio y se mantiene en agosto, que son también meses de vacaciones, y es una caída y mantenimiento muy igual a la mía. Otros datos a tener en cuenta es que mientras que en mi caso la bajada, de la arousal en diciembre, es de no actividad creativa; es una tendencia algo depresiva, lo que puede conllevar a la crisis de feminicidios de navidad, pues en definitiva hay una situación familiar (o la separación) que crea tensiones. También hay que tener en cuenta que en los feminicidios las tensiones son de dos personas. Las mujeres tienen crisis en marzo, pues se suicidan más en esas fechas, lo que explicaría la subidas de marzo, que en mi caso al estar sólo no tienen ninguna incidencia; algo similar ocurre en la primera quincena de octubre, en mí hay una bajada, y en feminicidios un alto pico inverso. Lo que trato de mostrar es que es la testosterona y la libido del hombre la que principalmente repercute en los homicidios. Por lo demás, lo ya dicho, sé que sólo lo he hecho con una comparativa a partir de un sólo individuo -yo-, pero si se analiza a través de las bajadas de las libidos (o nivel de testosterona) de los hombres, que esos datos seguramente estén en algún lado, se verá una correlación. También se necesitarían más años en la estadística de feminicidios, sólo encontré una tabla de esos años, que por comodidad la puse a quincenas, pues la mía estaba hecha así.

    Si la violencia doméstica tiene relación con los ciclos de la testosterona, el feminismo se “equivoca” al centrarse en “proteger” a la mujer, pues si el foco se centrase sobre el hombre, con terapias que redirigiesen su ira y talleres ocupacionales, donde direccionase y sublimase las etapas altas de la testosterona, seguramente sería un procedimiento más acertado.

Fin de lo opcional


 

Creatividad y tipos de cerebros

  Hay diferencias entre el hombre y la mujer en sus creatividades a partir de la líbido y la sublimación. Está claro que yo como hombre no puedo saber si es igual, si tienen ese alto componente sexual sublimado. Trato de determinar diferencias entre los sexos, por el mero hecho de la presencia tan evidente e insoslayable que es para el hombre su pene erecto, pues es una manifestación clara en nosotros del estado de la libido cerebral y hormonal, y dado que su “omni-presencia”, en tanto que toma de conciencia, hace de retroalimentación positiva en el cuerpo y el cerebro. En un documental decían que las mujeres no son conscientes de las erecciones del clítoris en su día a día, cuando sí se producen; ya que se han hecho experimentos en donde se les ponía sensores y no acertaban a saber cuando lo estaban (ver vídeo sobre dicho experimento); esto implicaría que el cerebro femenino inhibe las respuestas físicas, “obedeciendo” sólo a las cognitivas, guiadas por el prefrontal, que hace de filtro (descargar documento sobre la investigación). En la mujer se da de forma más común el trastorno de deseo sexual hipoactivo, que está relacionado con la baja cantidad de testosterona, la cual suele ser la que se receta para paliar dicho trastorno, lo que demuestra la alta relación de libido y la hormona sexual masculina. Bajo esta idea no sé si realmente lo explicado arriba, de hacer amagos de masturbarse para activar la previsión de premio y así estudiar mejor o estar más creativa, “funcionará” en la mujer. En las web cam y el porno simulan todo lo que quieren masturbaciones, pero es casi como si se tocaran las narices. Tienen que poner intención, “deshabilitar” el filtro de “no-sexuado”, y bajo estas premisas no parece que tal método pueda funcionar en las mujeres, pero tampoco puedo afirmar que no. Muy distinto del hombre, donde nuestra libido, sublimada o no, es la que “conduce” nuestra vida. Pienso que en la mujer impera más el método y la organización de los pensamientos (Madame Curie como ejemplo), por el simple hecho que lo explicado en el hombre es retroalimentación positiva, y en la mujer, su sistema hormonal, tiende a la retroalimentación negativa (auto-organizativa). Puede que en su alto periodo de fecundación haya un equivalente hacia la retroalimentación positiva, pero se pierde en unos días (se manifiesta más en las mujeres con el  trastorno disfórico premenstrual), esa disforia la llevan muchos hombres durante todo el verano. No estoy buscando qué “máquina” intelectiva de los dos sexos es mejor, tan sólo trato de mostrar que son distintas. En la primera época de competición entre Apple y Microsoft se diferenciaban en sus microprocesadores, el primero tenía un Motorola, instrucciones más cortas, pero más rápido, y el segundo Intel, instrucciones más largas, pero algo más lento. Hacían lo mismo: eran máquinas multi-propósito, pero una y otra tenían ciertas ventajas y desventajas dependiendo de los programas. El hombre y la mujer en esos son iguales, son dos máquinas en donde las funciones del prefrontal son multi-propósito, son igual de inteligentes, solo que el cómo el cerebro “resuelve” los problemas, es por distintos caminos, rutas o formas. La ventaja del macho, en su visión espacio-temporal (sí, le uno la temporalidad a la ecuación, está explicado en otros escritos), le hace trabajar y extrapolar estas rutinas en problemas abstractos de forma más óptima, pero tiene desventaja en unir conceptos y palabras, lo que le causa problemas en lo comunicacional, y en “traducir” su saber en palabras. He puesto dos ejemplos típicos, por ser los más conocidos, pero hay otros. En el hombre la dimensión sexual, por su retroalimentación positiva, es un añadido, que por lo demás no siempre opera, sólo en algunos tipos de cerebros, con el consecuente problema de ser más tendentes a las enfermedades y los trastornos mentales, por “jugar” demasiado tiempo en sus límites (casos como David Helfgott representado en la película “Shine“, o John F. Nash representado en “una mente maravillosa“, o Jackson Pollock en la película “Pollock, la vida de un creador” o el propio Vincent van Gogh). Las neurociencias encuentran diferencias por todos los lados, solo que los test no “resuelven” los porqués de esas diferencias, puesto que los test sobre los sexos dan más o menos los mismos resultados. Las diferencias se ven en el día a día, en la vida, que es para lo que se hicieron los cerebros, los test son abstracciones de problemas, que en muchos casos no tienen que ver nada con la vida. De hecho alguien muy inteligente puede dar peores resultados que alguien menos inteligente que lleve años haciendo test, si el primero nunca ha hecho ninguno. Me imagino por ejemplo a Alejandro Magno, ante varias series de test, seguramente cualquier opositor que lleve años le ganará. El cerebro de dicho Emperador lo era ante el campo de batalla, en lo político, en cada terreno y ante cada problema. De cualquier forma el cerebro humano cuenta con el prefrontal, que es como el equivalente de un microprocesador multi-propósito y es este el que mide los test, pues es este el que da los resultados, independientemente que llame a otras partes del cerebro, pues este es el que al final revisa (conciencia de). Cuando en el día a día no siempre es así. O dicho de otra forma: la arquitectura del microprocesador Motorola e Intel eran distintas, pero si se les “pedía” que hicieran una gráfica a partir de una ecuación daban el mismo resultado. No fallan lo que encuentran las neurociencias, fallan los test a la hora de dar testimonio de esas diferencias, porque sólo se detienen en los resultados. Como un todo, esas dos “máquinas” muestran sus diferencias en sus motivaciones. En los test, ante una hoja, abstraído, en donde se llega a un estado de autoconciencia, donde la propia conciencia es la que ocupa la conciencia, el proceso va desde el prefrontal hacia adentro, mientras que en la vida es a la inversa: las soluciones saltan al prefrontal desde dentro, como intuiciones y corazonadas. Está claro que una esencia de la naturaleza es la ley del mínimo esfuerzo, yo soy horrible en la interacción humana, que es un tipo de inteligencia, pero tampoco me motiva. Me motiva dejar que mi cerebro divague en conceptos abstractos, pues yo siento como si me moviera por un terreno, del cual cada vez tengo más detalles. Hay ciertas cosas que están arriba, algo pendiente está a la izquierda, busco y profundizo hacia la derecha, eso me hace dar vueltas, pero siempre avanzando. Finalmente “trazo” esos mapas en estos escritos que me llevan horas, por mis problemas con el lenguaje. Igualmente cuando escribo tengo un mapa mental de los últimos escritos -seis, ocho- y si tengo que añadir o corregir un texto o párrafo, a veces por el simple hecho de cambiar un adjetivo, sé dónde está. En muchos casos entre más de quinientas páginas, y paradójicamente no tengo una buena memoria a corto plazo, apenas de cuatro o cinco item. Posiblemente me “muevo” por los escritos como lo haría en la naturaleza, teniendo referenciales, en donde todo está en una especie de plano, y donde tal capítulo es como un bosque, diferente de otro con un terreno más accidentado. Hay barrancos, nudos en las tramas que he de revisar. A veces me fijo en algo marginal que he escrito, y que tiene la potencialidad de crear nuevas ideas. Se que al escribir tengo un plan, pero en muchos casos esas potencialidades, que emanan del encuentro de las palabras y los conceptos, me llevan por nuevos caminos. Cuando estoy en la naturaleza hago lo mismo: la mayoría de las veces no tengo metas, improviso sobre la marcha. Me detengo en encontrar detalles de tal árbol o roca, y cierto “algo” que se insinúa en el horizonte me hace cambiar de ruta. Siempre hay que mirar atrás, siempre hay que tener puntos referenciales. El cerebro cada vez tiene más detalles del terreno, plano, cambios de tipo de vegetación, si un riachuelo es el mismo que encontré cientos de metros más arriba, de los que yo no siempre soy consciente. Llevar todo ese saber a la conciencia es un proceso que no todos llevamos a cabo. A mí sí me motiva. O sea y al fin y al cabo, que cada humano tiene unas motivaciones, y por orden general, por las diferencias de los cerebros de hombre y mujer, unos y otras tienen distintas motivaciones, o cosas que les va a costar más o menos. Yo me muestro torpe y estúpido en muchas situaciones y juegos, y por más que he tratado de entrenar la memoria a corto plazo -años- no ha servido de nada. Hay ciertos límites para cambiar la estructura cerebral, no todo es neuroplasticidad. En experimentos con ratones se “intercambiaron” las funciones de varias partes del cerebro: nunca llegaron a ser igual de hábiles que las zonas “nativas”. Se tiende hacia lo que cuesta menos (tiempo y energía), pues ese menos define nuestro tipo de cerebro por lo que le es fácil, pero esa regla no impide que un cerebro de un sexo u otro lleguen a lo mismo si luchan por ello. ¿A qué se puede resumir todo lo anterior?, se hacen esfuerzos académicos para que los dos tipos de cerebros sexuales trabajen igual, pero ¿no sería más óptimo sacar el mejor partido de cada tipo de cerebro? En el deporte se procede así, incluso en el mismo sexo, si alguien es bueno para salto con pértiga, ¿por qué hacer que sea un buen velocista si quizás nunca llegue a acercarse a los más motivados y más preparados para ello?

    En una dimensión más banal, hay que tener en cuenta que el macho en el reino animal busca meramente el sexo, a la replicadora, en donde esta es “menos bella” o es más “normal”, por carecer de dimorfismos de ese tipo. Malurus-cyaneusUna hembra ave suele ser de color pardo, para camuflarse de los depredadores, frente a los machos que tienen grandes plumas coloridas. En este caso a la mera búsqueda sexual del macho masculino se añade el plus de buscar la belleza. Lo que ha provocado que esa tendencia y dimorfismos sexuales se incrementasen a lo largo de la evolución y más tarde en lo social. Teniendo en cuenta este nuevo dato, el rapto en el macho humano es más intenso, que el que se pueda dar en otros animales, puesto que está ese otro componente de la mujer como belleza sexuada. Es muy posible que la unión de estos dos hechos, 1. la sobre compensación hacia lo creativo, y 2. la belleza sexuada de la mujer que le creaba ese constante prurito en el “alma”, a modo de  limerencia “soportable; repercutiese a que ciertos machos, en la actualidad llamados divergentes, “se” mantuviesen activos como retroalimentación positiva, hecho que ha “movido” el mundo y que nos ha llevado a la actualidad.(4) Hay que deconstruir este hecho, ese inicio. La evolución “juega” con los conceptos, como cartas que no deja de entremezclar. Si la replicadora era ahora la belleza, esta necesitaba saber la intensidad y la profundidad de lo que aquello significaba. Ya no le valía ser seleccionada como portadora de los mejores genes por el alfa, que no lograba apreciar en profundidad sus signos. Necesitaba un nuevo tipo de mirada del hombre, y esa tenía que  ser la del artista, ese que en su anterior “papel” era el chamán, ese ser que conectaba con las esencias del mundo, con esos arcanos que la naturaleza le susurraba. Estamos ante un encuentro extraño y altamente simbólico de la historia humana, del devenir de la especie, del nacimiento de nuevos conceptos cerebrales. El artista se volvió en ese otro “dios”, al nivel del alfa, en donde su orgullo tenía esa misma capacidad del líder, de no dudar de sí mismo (orgullo narcisista, pues nacía de la “adquisición” de las propiedades del auto-replicador), por entender que su arte era incontestable e incuestionable. La replicadora tenía como espejo a un auto-replicador, alguien que se fecundaba a sí mismo por ningún otro germen que el dolor de lo faltante. Ante tal hecho ese faltante no podía ser otro que la belleza de la replicadora. Hay que detenerse a pensar, en profundidad, en toda la simbología que entraña tal encuentro. Espejo y rostro, auto-replicador fecundado, no con la vida, sino con la pequeña muerte que provoca la limerencia de no poder asir aquella belleza que tenía que haber sido, por derecho natural, para el macho, para sí mismo. Al hacer de espejo de la replicadora le “robaba”, por breves momentos, aquello que tenía que haber sido suyo, en donde el artista se quedaba embebido, arrobado (que proviene de robar y por lo tanto de raptar) y embobado mirándola, pudiendo incluso llevarle a caer en el síndrome de Stendhal. A la vez la replicadora odiaba ese acto, ese hurto de sus esencias, pero que indistintamente a este conflicto, lo “necesitaba” en algún nivel profundo de su ser. Doble juego que quizás sea el que subyace en esa icónica imagen de drácula mordiendo en el cuello de una dama, y en donde mordedura y entrega forman una unidad. Esa lucha, que empezó en algún momento del pasado, y del que es manifestación la Venus of Brassempouy, datada en 25.000 años de antigüedad, permanece aún hoy en día y es uno de los dilemas a los que se enfrenta la mujer y el feminismo. Para bien o para mal la replicadora tiene una extraña complicidad, que no es meramente externa, sino simbólica y ontológica, con el artista. Caminan por sus vidas, se encuentran sin buscarse, y crean esos momentos simbióticos, en donde la limerencia es de un nivel más metafísico, y tal encuentro deja su rastro en el Arte. Hacer mención especial a la película “la bella mentirosa“, por ser la que mejor ha sabido retratar tal encuentro.

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    La Mirada Homosexual

    Un último apunte para cerrar el tema del rapto. Si la mujer de repente capta que la que le hecha ese tipo de mirada es una mujer, ya sea homosexual, del tercer sexo o género fluido… ¿se sentiría igual de molesta, de limosa, de raptada? No lo sé, y no lo puedo averiguar. El primer problema viene dado a que no se capte como de deseo, pues no se sabe la tendencia sexual de esa desconocida, y por defecto, para bien o para mal, es que sea tomada como heterosexual. Y el tema de los piropos -otro problema pequeño burgués feminista, que además yo nunca he visto al ir por las calles o lugares públicos, ¡y ya tengo años!, no sé si será por la ciudad o el barrio en el que me muevo, o se refieren a los halagos-, aunque improbable, pero no por ello imposible, ¿molestaría igual que la que piropease fuera una mujer? Habría que preguntar a muchas mujeres para tratar de hallar una media. Por intuición, todo apunta a que no. El tema es complicado de analizar, puesto que el feminismo ha alterado aquello a estudiar, como ya he apuntado en otras ocasiones. Si se hace ahora esta pregunta, toda mujer se va a poner a la defensiva, a que en algún lado de la pregunta hay alguna encerrona. Si hay algún sociólogo leyéndome sería interesante hacer ese experimento en la calle, que una mujer piropease a otras y después preguntarlas cómo lo han sentido. Mi intuición es que el rapto limerente de la mujer “carga” de fondo con el miedo atávico a la violación, como una amenaza latente soterrada; que como ya he dicho, es a la vez miedo a dos cosas: miedo a la muerte por agresión, y miedo a un embarazo indeseado, que en la prehistoria igualmente podría significar la muerte. De ser así, ¿sentirían de fondo un temor/odio a todo hombre de baja jerarquía?, eso explicaría el sentimiento de los Incel; que por lo demás, sin en miedo a la violación, sería igual de jerárquico en los hombres sobre las mujeres. Este presentimiento, de creer que esa mirada de una homosexual realmente no les molesta, se basa en el hecho de que otra mujer no las puede violar o generar violencia para ese fin.(2) Por otro lado, el tema sobre las miradas o los piropos sobre nosotros, no los tenemos como “problemas”, nos son indiferentes… de nuevo repetir que yo no he presenciado ningún piropo. Pero si fuera así, entonces de nuevo, es jerárquico, el alfa no viola (quizás pueda darse alguna excepción), ahí está el caso de Mick Jagger de 4000 mujeres; lo hacen sobre todo los de las posiciones más bajas. Dicen en la serie “Dietland” que “toda mujer teme morir a manos de un hombre” (todo asesinato es primeramente simbólico, mata aquello de lo que es signo), pero no sé el origen de tal afirmación y no hay forma de buscarlo en Internet, pues sólo salen casos concretos de los diarios de todo el mundo y no el origen de tal frase. Creo que el libro no es tan tajante y se refiere a que a las mujeres se les educa para que teman a los hombres, a la oscuridad y los sitios solitarios: la triada para que ocurra la violación o la agresión sexual.

De Vuelta con la Limerencia

    Hay que detenerse en la lectura de Sartre. Si yo soy repetición, Sartre es repetición de repetición de repetición. Hay que estar pendiente cuándo introduce alguna novedad a la “trama”, que amplíe información o aclare algo. “El Ser y la Nada”, aunque incluye la temporalidad, es un libro que analiza constantemente el “aquí y ahora” del Ser del para-sí, de ese proceso por el cual el para-sí, libertad, se va desmadejando y construyendo. Y lo hace deteniéndose en la mirada, en donde nace la corporeidad, y a partir de este cuerpo la vergüenza, el deseo sexual, el amor, etc. Su transcendente, su salir de ese eterno “aquí y ahora” es Dios, en la medida que el para-sí ansía un estado que siempre se le escapa. Para Sartre todo para-sí quiere ser fundamento y corazón de un en-sí, no ser esa nada que se construye a cada paso. A esa totalidad dada sin fisuras construida desde el principio y hasta el final que no es alterada, pero que “contiene” un para-sí, una libertad, Sartre lo llama Dios. El problema es que existe el otro que con su libertad me niega esa posibilidad. El conflicto del otro lo es en la medida que me entregue su libertad, no objetándolo, no alienándolo de su dimensión transcendente, de un ser “habitado” y constituido igualmente con una libertad. En contra de lo que opinan las feministas de forma reduccionista (después vuelvo a esto). Si puedo llegar a Ser, con esa plenitud faltante, lo ha de ser a partir que el otro me constituya desde su libertad, desde su mirada como esa totalidad constituida con una libertad. Saliéndome de este plano ontológico, y como ya lo he analizado en otro lugar, ese ser es el líder, el héroe, el alfa, donde este se nos da como una totalidad inquebrantable en donde no cabe la duda. “Dudar es de humanos”, reza la máxima, aquello que no duda ha de estar en un plano distinto. Ha de ser ese para-sí que tiene como fundamento la solidez de un en-sí, en donde la libertad tan sólo “desarrolla”, enhila, esa densidad. En este sentido es por lo que es legítimo poner en el mismo plano al héroe y a los dioses, o a los primeros como semi-Dioses, como se ha hecho a lo largo de la historia. Dios se extrapoló de los héroes y los alfas, y no al revés, bajo mi punto de vista. O sea, si se analiza a través de la evolución, el alfa era la constante, ese a seguir, ese que si faltaba la manada se desintegraba. Toda manada y su poder, con respeto a otras y por la territorialidad, emanaba de las capacidades del alfa (que no tenía por qué ser el macho, entre los lobos igualmente lo es la hembra, pero es más complicado que llegue a ese estatus, por cuestión de que la medida de llegar a serlo es la fuerza). Sólo más tarde, cuando se avanzó en el lenguaje, se podrían a esos héroes o alfas en los cielos.

    Avancemos. ¿Qué busco?, que a estas alturas puede haberse perdido el hilo. Trato de poner al replicador como idea central, en donde para Sartre este era el constituirse como Dios, o Ser que sólo es causa de sí, dilema heredado de la cultura occidental. El problema de su filosofía viene de aquí. En que los lectores acepten esta idea tan extraña, que no les encaja si se analizan a sí mismos. En afirmar que cada humano, en su Ser, quiere ser Dios. Suena a extralimitar las ideas. Sobre todo teniendo en cuenta que no existe algo así como Dios. Bajo mi punto de vista se quiere algo más banal, como el liderazgo, en donde en tal situación la gente te entrega su libertad, pero a la vez tampoco puede reducirse a esto. Si se sigue la regla que todo se construye a partir de un primer ladrillo, ha de analizarse y seguir la pista de ese primer ladrillo. Esa pieza o clave es el llegar a ser el auto-replicador puro, no escindido en dos sexos, nuestro vacío o limerencia es volver a ese estado inicial. En esa medida buscamos eternamente a una pareja para llenar ese vacío, esa falla de ser causa de sí, en donde el otro tiene que elegir entregarme su libertad, a la vez que yo hago lo mismo: entregando nuestras libertades a un proyecto, a una unión. Pero todo esto pasa dentro de una especie en donde lo que prima son las jerarquías y por lo tanto los conflictos de sus libertades. Ese Ser que es sólo causa de sí mismo (ens causa sui) ha de ser aquel que esté fuera de ese conflicto de las jerarquías y el conflicto de las libertades. Aquel auto-replicador que carecía de un faltante para dividirse en dos (clonarse, bipartición), aquellos primeros seres unicelulares y bacterias que llenaban los océanos primigenios. Es más, la diferenciación a dos sexos, fue ese primer “conflicto”, y nacimiento de lo jerárquico, por el hecho de los distintos medios y finalidades de estos dos sexos. Ese conflicto “nace” o crea el estado limerente, puesto que es aquel escollo a solucionar para llegar a ese estado previo sin dos sexos, en donde todo encuentro humano con el otro sexo es el conflicto de esos medios y finalidades que se expresan en sus libertades. Así se cumple la regla que predice Sartre al afirmar que el deseo no está unido a lo biológico, pues es un concepto, dado que la limerencia -deseo de unir dos entes separados, en dos sexos, a un sólo ente o replicador-, es una parte ontológica del ser humano. Con este previo a tener en cuenta, partimos con que la base humana es la indiferencia, por lo tanto hay que salir de la indiferencia, que alguien se fije en ti, para llegar a ese posible proyecto en común, a esa salida de este “ruido de fondo” de sentirse sólo, que es no tener pareja: ese estado limerente previo a toda limerencia concreta. Hay que volver a ser más prosaicos. En una manada gregaria, de ovejas por ejemplo, cada cual va a lo suyo, lo que emerge es esa indiferencia total. En las manadas en donde se da el alfa todo cambia, puesto que lo que cuenta es subir escaleras o bajarlas: las jerarquías. En ese sentido la base es el conflicto, la no-indiferencia. O puedo ser indiferente sobre los que están en los escalones de abajo y no indiferente de los que están en los escalones de arriba. Medirme con alguien de cinco escalones de abajo es bajarme a su escalón. Hacerlo con alguien cinco escalones arriba es promocionarme. La libertad se pone en juego ante estas complicadas estrategias. Pero toda esta temática está en este capítulo que trata de analizar la sexualidad. ¿Por qué es central el sexo entre los animales que se basan en las jerarquías? (a veces me veo estúpido explicando cosas tan elementales, pero es que parece que las hayamos olvidado o que las queramos ignorar, como hace el feminismo). Porque los alfas machos y hembras tienen unos privilegios con respecto a sus posiciones. Igualmente tener sexo con los alfas es poder subir escalones en la jerarquía. ¿Por qué sino esa obsesión humana de poder alcanzar a actores, actrices, cantantes, modelos y demás personas de alto rango?, que dicho sea de paso es más propio de las mujeres, y remarca su tendencia hacia la élite y lo jerárquico; ¿por qué tanto miedo de llegar a ser tomado como un “perdedor/a”? Hagamos un balance con lo que tenemos hasta ahora. Hay tres vacíos: 1. todo para-sí quiere tener densidad de en-sí, este nunca puede ser suplido, pues es una facticidad del Ser de la conciencia, en tanto que eterno buscador de lo faltante. En la vida ese faltante puede ser el alimento o el sexo, pero ese faltante de la conciencia es el siguiente segundo, que al alcanzarlo tiene otro por venir. Es la libertad desplegándose en el tiempo, la apreciación de la libertad en el tiempo, como construyéndose. 2. Uno de esos faltantes es un otro para el sexo, para la replicación, en tanto que en un principio no existía tal división y se busca ese Ser-unidad que tiene la capacidad para la replicación, en donde dos libertades se entregan en un proyecto común; esta falta produce el estado limerente. 3. Dado que todo otro es en tanto que conflicto, en donde la libertad está en juego, el líder o alfa es aquel que porta las mejores capacidades para ser un ser compacto, donde sus acciones no contienen la duda. La evolución le porta con las mejores cualidades para que tal posibilidad se cumpla. Es el estado más similar a ese ser-en-sí que tiene como fundamento al ser-para-si. Es ese ser al que se le entrega “más fácilmente” la libertad. Lo demás se sigue de estas premisas. Se busca la ausencia de limerencia, se suple el segundo punto, y el estado más perfecto para que esto sea posible es emparejándose con un alfa, se suple el tercero en tanto que uno se pone a su mismo nivel. Con pareja y de líder es el estado más alejado de la limerencia (erótica del poder o síndrome hybris). Creo que queda zanjado el tema de la importancia del sexo y sus porqués. Y creo que resulta evidente el problema de los Incel (¿perdedores, nacidos con “malos” genes?), pues están en el estado más limerente posible, ya que ni pueden alcanzar tener pareja, ni pueden alcanzar a los alfa. ¿Tiene importancia cómo se vista uno y quien te mire o no, bajo estos planteamientos? Mejor un líder que un perdedor. La mirada de un perdedor está muy cercana a ser un rapto limerente, un tipo de violación, pues el estado más alejado y “perfecto” es junto a un líder como pareja, que de paso “nos resuelva” la limerencia. Por descontado que el artista o cualquier otro tipo de creativo divergente, puede escapar de todos estos planteamientos, pues es un tipo de líder y al ser auto-replicador escapa de la limerencia hacia el otro sexo, si así lo desea. Por otro lado hay que tener en cuenta que dada la evolución humana, el concepto de alfa se ha vuelto difuso. Cualquier persona que sea segura, creativa, empática, asertiva y decidida, características de alfa empático, es susceptible de ser seleccionada como pareja, y de portar ese todo deseado en el estado limerente. Vuelvo a mi búsqueda o investigación. A trivializar toda esta estructura en el contexto diario.

Creatividad y Símbolo Atávico

     Algo que sale a colación entre la idea del morbo y la búsqueda del replicador universal o puro, y que se me había pasado por alto hasta que no he descubierto el segundo, es que el morbo está atravesado por la creatividad, que recordemos es una forma en donde se manifiesta la replicación, pues todo acto creativo es hacer “nacer” algo que no existía, crear, es traer algo al mundo, que emerge desde la imaginación, de una imaginación que está transida de la idea de auto-replicarse. Si por algo se caracteriza el humano es por la creatividad: es una de nuestras esencias. Lo humano no puede explicarse sin la creatividad: desde las artes, hasta las ciencias, pasando por las técnicas. Cuando veo algo que me da morbo, algo que se insinúa, algo que se ve y se oculta a medias, está llamando a mi imaginación, a mi creatividad, para re-crear lo faltante…, que en el fondo puede ser reducido a la capacidad que tiene la vida para replicarse. Recordemos, del capítulo anterior, que la vida, como abstracción, puede reducirse a la trinidad del existente, lo faltante y lo fallido. Cuando mi cerebro haya en la naturaleza algo con la misma estructura, está impelido a hacer lo mismo que hace la vida, buscar lo faltante, para crear el estado completo. Hay otra dimensión más en este proceso. Puesto que entra en juego la imaginación, el cerebro en definitiva, y todo el cerebro son signos y conceptos atávicos, primitivos y que no están definidos en palabras, sino como cargas mentales llenas de un sentido profundo que la conciencia y las palabras no logran alcanzar y verbalizar, y que cada uno de estos tienen una carga emocional y en algunos casos de morbo, o deseo sexual que conlleven prohibición o tabú; cuando imaginamos algo sexual, a partir de lo que nos entre por la vista, el cerebro puede hacer llamadas o estar asociado a estos signos con una alta carga morbosa, lo cual incrementa el morbo y la excitación. Decía Heráclito que “una conexión oculta es más fuerte que una obvia”. Esto puede parecer similar a las teorías del psicoanálisis, pero yo le agregaría una diferencia profunda. En un ejemplo proveniente de Freud, no es que se desee a la propia madre, sino que el cerebro crea una abstracción del concepto madre, que tiene una carga simbólica de tabú y se “añade” al deseo. Un ejemplo de esto es el concepto y porno MILF, no es tanto que cierta mujer madura tenga una carga sensual o sexual, sino que lleve implícito que es una madre, en donde tal concepto cerebral está unido al tabú y lo prohibido y crea una mayor excitación. No es sublimar a la propia madre, esa persona real de carne y hueso y con una personalidad. Es el puro signo de madre en su abstracción y ambigüedad. Al modo de las ideas platónicas. Cuando alguien nos dice mesa, no pensamos en una mesa concreta, el cerebro tiene una abstracción de lo que es mesa, que no son palabras, que está en el cerebro como mentalés, con su propio lenguaje cargado de qué, para qué y cómo, y un sinfín de emociones y recuerdos. El imaginario colectivo sólo es vientre, y nada de cerebro; engulle, pero no procesa. Hace falta ese procesado: ese análisis y “limpieza” de lo simbólico, en esa dirección van ciertas de mis deconstrucciones. El concepto de madre es un ejemplo claro y es igual de “borroso”, en tanto que arquetipo, en este caso con un añadido “libidinal”, pues tiene agregada una carga de prohibido que se suma a toda situación sensual o sexual o en definitiva de morbo o excitación. Por esto se propaga y hay un porno sobre el incesto. No son incestos reales, pero crean y hacen llamadas a esas cargas de signos y conceptos cerebrales atávicos, que incrementan la excitación y el morbo. El que dichos conceptos tengan dicha carga prohibida no es nuevo, ni social; se debe a que en los cuellos de botella, en donde la supervivencia de la especie se ponía en peligro, se tendía a “recurrir” a la endogamia. Ha venido ocurriendo hasta hace relativamente muy poco; cuanto mayor se aísle un grupo en una zona remota del planeta, más tiende a esta práctica. Aquí hay que apuntar algo que ya dijera en otro escrito (un viaje a Abilene): en la adicción al sexo se crean umbrales, que una vez que crean habituación han de llamar a situaciones o novedosas o que traspasen prohibiciones. O dicho más llanamente: cuando el porno “normal” ya no excita, se recurre a vídeos más extremos y que contengan simulaciones de incestos y violaciones, o la seudo-infantilización.

Deseo Sexual

    En este ejemplo del gráfico, el cerebro ni siquiera analiza lo faltante, va de lleno al Ser como totalidad. A la conciencia ya nos llega como lleno de sentido. Luego es un proceso que el cerebro hace sin supervisión, y lo hace con estructuras muy antiguas. Lo que quiero decir, por si no es evidente, es que no intervienen facultades como la razón, la voluntad, la atención, o la intención. Si en la selva veo unas manchas negras muy geométricas, aunque el resto del cuerpo esté oculto porque su color es similar al de la hierba seca o el terreno, deduzco que es una pantera. Actúa quizás más en las personas más imaginativas y creativas, pues “ven” cosas que el resto de humanos no ven. Siempre se ha unido artista a sexualidad. El cerebro es totalizante, metaforizante, siempre rellena lo falto. Y más en algo tan instintivo y básico como el sexo. El morbo, así, cobra una nueva dimensión que ya no es tan banal como el simple disfrute de la vista. Está llamando a una estructura antigua, en una doble vertiente, en tanto que instintiva, y en tanto que replicadora, haciendo de una suma de componentes que incrementan su capacidad secuestradora de los procesos mentales. El morbo deja de serlo cuando no llama a la imaginación, cuando deja de existir tal componente. De ahí la frase de “deja poco para la imaginación”, pues puede llegar a restar todo el morbo.

WGGdOii

   De Vuelta con la Limerencia II

   El resto de conclusiones se siguen de todas las reglas arriba expuestas. Otra cosa que había ignorado es que la prohibición no sólo nos vienen de las convenciones sociales. Es muy posible que el origen de estas convenciones vengan de las jerarquías. Al líder, a los antiguos emperadora\es, no se les podía mirar a la cara. Aún se mantiene en muchas culturas y protocolos. Sólo le estaba permitido hacerlo a sus iguales. No es distinto de lo que hacen los animales. Por el contrario, siempre hay que dar muestras de sumisión, posiciones más bajas, agachar la cabeza, las orejas o el rabo, etc. Cuando una persona que es un 2 mira a alguien que es un 10 no le está permitido, tiene ese mismo rango de prohibición. No es algo que esté establecido en lo social, pero es algo que tenemos interiorizado en el ADN y se manifiesta en comportamientos del cerebro y de nuestros cuerpos. La vida, fuera de la indiferencia, sexuada y atravesada por las jerarquías, es siempre un juego de exhibicionismo o seducción, y de voyerismo y manipulación. Recordemos que la vida es transmisión de información, todo en el humano es transmisión y lectura de información. Ninguna pose, ninguna elección de ropa, está fuera de este juego. Si elijo una ropa y unas poses frente a otras, estoy dando un tipo de información y no otra. Estoy marcando en definitiva mi estatus, mi jerarquía. Salir a la calle de una manera frente a otra, es querer mantenerse indiferente, o salir de la indiferencia. El ser un 8 en vez de un 5. ¡Si el vestir es indiferente invito al que lo afirme salir en pijama!  Si por el ropaje y los modos de operar subo dos escalones eso que gano para alcanzar a un 10. Esto me recuerda el estribillo de “antes muerta que sencilla“. En definitiva, y como nos dice Sartre: “seducir es asumir enteramente y como un riesgo que hay que correr mi objetidad para otro; es ponerme bajo su mirada y hacerme mirar por él; es correr el peligro de ser-visto para tomar un nuevo punto de partida y apropiarme del otro en y por mi objetidad“, y “en la seducción el lenguaje no apunta a dar a conocer, sino a hacer experimentar“, en tanto que recreación de lo faltante, y en tanto que esa llamada a la imaginación o acto creativo del otro transida por el morbo. Sartre nos dice que la seducción no es un fin en sí mismo, ni un lenguaje que se remita a sí, sino a otras estructuras, a otros lenguajes. Esas estructuras son las arriba mostradas del conflicto, en donde lo que está en juego es atrapar la libertad del otro, sin que la nuestra entre en juego, o bien donde las dos libertades se entreguen mutuamente. En la seducción “atrapo” al otro, mi libertad queda en apariencia intacta, pero si se me descubre como jugando a seductor, quedo objetado a la vez en el juego. El juego y el equilibrio de la seducción consiste en jugarlo aparentando que no se juega a él. Esta regla no se aprende sino con la edad y después de muchos “prueba y error”. Lo que entra en liza es “quien ligó a quien”, quien puso su libertad en juego, o se arriesgó a que estuviera en peligro. La posición pasiva es la que aparece como menos culpable si al final todo sale mal. Las típicas reprimendas y echarse las cosas en cara cuando el amor fracasa, en donde el que inició el idilio es el más culpable o por haber enredado y no cumplir, o por crearse unas expectativas que en realidad no estaban correspondidas en el otro. También se aprende con la edad, y por prueba y error, que como uno se muestre con un lenguaje explícito llama a su igual del lado contrario, por lo que a la larga se tiende a la sofisticación y la elegancia si se quiere salir de ese escalafón. ¿Por qué las madres no hacen ver a sus hijas ese proceso?, en parte porque el argot feminista ha “enturbiado” ese lenguaje ancestral, y en parte porque han perdido el control de su papel rector, ante el peso que tiene la juventud en el panorama actual y sobre todo en las redes sociales. Las dos cosas van de la mano: el feminismo “protagonizado” por la juventud en las redes sociales quieren dictar sus reglas, y justifican su “lucir palmito” bajo supuestas reglas feministas y contra el patriarcado. Tratan de controlar un problema que ellas mismas crean. Por otro lado siempre hay que mostrar cierta resistencia; quien no juegue a este juego pierde: lo inaprensible, lo inconquistable, mantiene ese constante efecto de novedad que tanto seduce. El feminismo sale al paso diciéndonos que no existe tal juego y de esa forma la única libertad atrapada, o que entra en contexto, es la del macho que entra en su nuevo, perverso y ladino juego, al que además dicen que no juegan. Sigue la misma estructura de arriba: seducir haciéndonos creer que esas no son las cartas sobre la mesa. Saliéndose de la ecuación, nos hacen creer que ellas no juegan a ese juego, y que si nosotros lo vemos bajo esos ojos es que somos unos machistas, y que por lo tanto es una interpretación errónea desde la mirada patriarcal. Por otro lado esa posición pasiva descrita arriba, por lo general siempre la ha tomado la mujer, de nuevo nada de patriarcado: era una ventaja para la mujer, un tipo de poder como se ha mostrado arriba. Un lenguaje no se crea si no hay por lo menos dos entes que lo hablen. El juego de la seducción, que siempre implica la mirada del otro, es universal en la vida y lo han jugado los dos sexos. La cola del pavo real, que luce el macho, no tiene otro sentido que la de lucirse y a su vez ser vista. La seducción y la mirada es un lenguaje donde esos dos interlocutores son los dos sexos. ¿Cómo llegar a pensar que el humano escapa de esa regla universal?

   Ahora cambio de plano, a otro más transcendente. La finalidad del sexo no es el disfrute, eso sólo es su medio, su finalidad es la reproducción. Aunque el humano lo ignore, aunque recree su creatividad en los juegos sexuales. Sartre nos dice: “el sí, al no poder ni proponer su supresión como su fin supremo ni elegir como objetivo último un acto particular, es pura y simplemente deseo de un objeto trascendente“, que recordemos que para Sartre es constituirse en Dios, pero yo trato de revisarlo. El para-sí es perpetuo vacío, una interrogación atrapada en el eterno “aquí y ahora”. Si lograse alcanzar esa meta de ser a la vez ser para-sí y en-sí, quizás ese vacío desapareciese. Hay pocos estados donde esa estructura transmuta, desaparece. Uno de esos estados es el orgasmo. Visto así tal acto tiene dos dimensiones, el puramente lúdico de su placer, y otra que es transcendental, y es ese Ser-para-sí, que por fin logra su meta de transcenderse en en-sí, sin que desaparezca el para-sí. Pero aquí hay una falla. La masturbación igualmente logra esa finalidad, ¿qué falta? Para Sartre esa totalidad sólo puede ser en tanto que un otro está en medio. Puesto que mi ser se me aparece como cuerpo, y este lo es frente a la mirada de los otros, mi totalidad no queda cerrada si a la vez no entra en juego la libertad del otro: “así, como reacción al fracaso del tercer ék-stasis, el para-sí quiere identificarse con la libertad ajena como fundamento de su ser-en-sí. Ser prójimo para sí mismo (…) es el valor primero de las relaciones con el prójimo; esto significa que mi ser-para-otro es infestado por la indicación de un ser-absoluto que sería sí-mismo en tanto que otro y otro en tanto que sí mismo, y que, dándose libremente como otro su ser-sí-mismo y como sí-mismo su ser-otro, sería el propio ser de la prueba ontológica, es decir, Dios“. En mi lenguaje: el alfa, o todo acto de héroe, es aquel en donde la duda no aparece, donde la densidad de mis acciones alcanzan su mayor nivel de presentarse como compactas. Por otro lado, al líder se le entrega la libertad, te conviertes en uno con él, en tanto que sus acciones son las que hay que mimetizar (neuronas espejo). Una heroicidad lo es por el hecho que el que la acomete hace la acción sin que intervenga ni el miedo, ni la duda: es pura acción, densidad de Ser. Para aparecer como alfa o héroe -o como ente denso en sus acciones-, el para-sí, que es eterna duda o vacío, o crear distancia con las cosas al dejar “caer” la nada sobre el mundo, ha de desaparecer. “No puedes dudar, si hay algo peor que ser incompetente o malvado, es ser indeciso”, dicen en la película “Purasangre“. En definitiva: el Ser del para-sí es eternamente nada, que construye un puente mientras camina (avanza) por él. Pero aquí se da de nuevo otra falla. Si alcanzo el orgasmo, sin que el otro lo haya alcanzado, de nuevo no se logra ese “tercer ék-stasis”, puesto que el otro me toma como objeto al haber fracasado en el proyecto de integrarlo en su libertad, en tanto que le he convertido en el objeto de mi deseo. O dicho más llanamente y para no redundar: no puede darse esa desaparición de los dos para-sí, en tanto que han de cumplir con la regla del tercer ék-stasis, en tanto que el orgasmo no sea simultaneo. En ese estado se cumplen todas las reglas: la libertad del otro queda integrada, pero a la vez me es entregada, mientras yo a la vez hago lo mismo. En ese estado, los para-sís de los dos amantes, quedan anulados en una totalidad en donde la acción tiene la densidad del en-sí, pero donde sobrevive el para-sí como “testigo” o conciencia del orgasmo mutuo.

    Fijarse que evolución y estructura ontológica coinciden. Para la evolución el orgasmo mutuo es el punto en el cual el embarazo tiene la mayor posibilidad para que este se dé; pues el orgasmo femenino crea convulsiones en la cérvix que “absorbe” el semen hacia arriba y le ayuda en su ascenso. A la vez este acto propicia la monogamia, pues para llegar a ese orgasmo mutuo les puede llevar mucho tiempo a la pareja, y mucho conocimiento y comunicación. Al vincularlos en el plano ontológico, ese en el cual el para-sí se desvanece y en donde es posible el tercer ék-stasis, y la supervivencia de dos libertades que ni se han objetado, y que además se han entregado mutuamente, pueden tender a querer repetir la experiencia una y otra vez. Siempre se ha dicho que la cama resuelve los problemas de las parejas. Creo que en la actualidad cada vez es más complicado o sólo cubre problemas. En definitiva y para dar legitimidad a mi propuesta: el orgasmo es ese estado donde dos entes, dos sexos desaparecen, y hace desaparecer el conflicto primigenio de todo contacto humano, para que emerja un estado que tiene la finalidad de la reproducción, en definitiva de la replicación. Cuando dos humanos orgasman a la vez, ese estado es el más cercano a ese otro donde no existían dos sexos, y sólo existía la vida o esa entidad como auto-replicadora. Ese estado original y primero por el cual la vida llegó a ser vida, que es la replicación. Cuando una pareja termina por ser pareja, el hombre pierde parte de sus características: le baja el nivel de la testosterona, y la oxitocina, propia de la mujer, le inunda. Finalmente cuando se tienen hijos, la prolactina, para crear los vínculos con ellos, le baja de nuevo la agresividad y la testosterona. Al unir estos dos procesos, nos encontramos que el hombre se vuelve más “femenino”, más empático, más cercano a las estructuras propias de la feminidad, en definitiva del replicador inicial y asexuado.

     Hagamos el ejercicio mental de poner esta trama en un rebobinado rápido hacia atrás. Una pareja vive felizmente criando a sus hijos, en donde estos se han terminado de fusionar en una entrega mutua de sus libertades al otro. Se ama a la pareja como se ama al hijo: sin límites, entregándose por completo. “El sueño del amante es identificarse con el objeto amado manteniéndole a su vez su individualidad: que el otro sea yo, sin dejar de ser otro“. Cada acción de la pareja no nos resulta disonante. No nos provocan “vergüenza ajena”. Sus acciones y elecciones coinciden plenamente con las nuestras o son muy parejas. El orgasmo al unísono, como el que dio origen a sus hijos, es ese momento que les hace reencontrarse o conectar con ese estado por el cual es posible la unidad en uno mismo, anulación del para-sí, de la conciencia distanciada del cuerpo, a la vez que integra al otro, el cual vive el mismo estado, en esa fusión o enviscamiento de dos cuerpos y almas fundidos en unidad. Estado que es el más cercano a aquel primigenio de un replicador puro. Previamente a llegar a ese estado se han enamorado. De nuevo una trampa de la evolución programada para impeler a que se llegue a esa fusión. El enamoramiento es un estado limerente en el cual el prefrontal queda “noqueado” y toda la química cerebral está “programada” para buscar, unirse y hacer que  permanezcan esos dos lados que han de terminar por ser sólo uno. Antes de ese enamoramiento, se ha “entrado” en la vida sexuada, en el juego de la seducción y la mirada, en un eterno “prueba y error”, en donde siempre estaba en juego en qué medida el nivel de entrega era igual por las dos partes, y en qué medida nuestra libertad no quedaba atrapada en una libertad que no era entregada. Con esto enlazo con algo pendiente de arriba. Bajo mi punto de vista la pareja humana busca a un igual. Yo no quiero una dominante, ni una sumisa. Pienso que es la postura más universal. Y no hay que poner una mirada patriarcal a tal hecho. De cualquier forma hay apuestas evolutivas que tienden a la sumisión o al dominio, pero no son tantas; el caso es que se encuentren entre ellas y lo lleven bien. El conflicto viene cuando a una persona le baja la autoestima, que puede ser temporal, y ya no se siente como un igual, sino inferior. O a la inversa, que crezca la autoestima y se produzca un desnivel con su pareja. En algunos casos ante estas situaciones se puede crear una sobre compensación propia, más agresiva, o manipuladora, que haga bajar la autoestima de la otra persona para nivelar. Por otro lado está la cuestión a cómo responda la pareja ante la baja o la alza de tu autoestima, y tú a la vez sobre las mismas cuestiones con respecto a ella. Todas estas tramas, con todas sus posibilidades y ramificaciones, no decantan a una tipología del comportamiento de un sexo u otro. Se dan tantas variables y posibilidades que es imposible analizarlas sin terminar por ser reduccionistas. El feminismo está cayendo en reduccionismos, y por otro lado dada su existencia, “perturba” en su análisis a los componentes analizados. A la menor la mujer se puede poner a la defensiva y tender a agarrarse a argumentos feministas, cuando no siempre son aplicables. Cada caso es cada caso. Somos infinidades de individualidades con sus propias qualias. Cada pareja es un mundo. Por el lado del hombre no hay defensa posible, desde que existe el feminismo es el presunto culpable de toda trama que vaya mal. Puede que por estadística haya más problemáticas con los hombres, pero hay que tener una visión más global y abstracta. El macho en la vida está más lejos de la condición de replicante, se nace femenino y a los meses se “activa” ser masculino. El macho no tiene la premisa de replicarse -sólo en los artistas y los investigadores se da esa condición-, sino de buscar a las “replicadoras”. La naturaleza está llena de los ejemplos de sus “desmanes” por buscar a las hembras y aparearse. Ahora que se ha repoblado de lobos Europa, se les hace seguimientos. Algunos lobos errantes machos han llegado a recorrer hasta 2000 kilómetros, para encontrar una hembra con la que emparejarse. Pensar en todas las dificultades naturales: ríos, montañas, heladas, conseguir comida en una Europa cada vez menos natural; sumado a las humanas: cruzar autopistas, bordear ciudades. Limerencia, deseo de buscar la replicación, de ser uno con el replicador: eso explica ese prurito que emerge del fondo de nuestro ADN, que nos empuja a ese tipo de odiseas y extravagancias en la vida…, esa es nuestra principal fuerza y virtud, y a la vez nuestra mayor debilidad y “pecado”.

   Resumiendo. Somos seres limerentes, seres que eternamente están condenados a buscar la unión con el otro sexo (género), a sufrir en su busca y por mantenerlo, a ser felices cuando lo encontramos. A buscar al replicador, a recrear al replicador, en ese culmen que es el orgasmo. Banalizamos tal acto, lo doblegamos a que sólo sea placer, nos volvemos adictos a su final, lo buscamos individualmente, en pareja, en grupos, le damos mil formas y cientos de posiciones, pero en el fondo esconde esa sencilla y profunda esencia, que tiene esa doble vertiente de unir dos almas, y de crearnos una breve paz, de apenas unos segundos, en nuestra hambrienta alma corroída por la nada.

 


(1) Puesto que el morbo está transido de prohibición, eso siempre implica que ocurre ante otra libertad que nos pueda cuestionar, si se ve un vídeo de una chica por la calle con shorts no da tanto morbo como cuando se ve una chica así en la calle. Se puede mantener algo si se sabe que es un vídeo poco legítimo, por estar grabado con una cámara oculta, o si se está en un sitio comprometido en donde alguien nos pueda pillar, pero pierde intensidad. Estar ante un otro, es estar ante un para-sí (libertad), mientras el vídeo es en-sí, ya ha pasado, lo que igualmente resta morbo. Está claro que donde la libertad no está en juego no hay rapto limerente, excepto en el rapto social, donde todas las libertades han sido objetadas por tal rapto (influencia de las modas). No pongo enlaces para no dar publicidad ni sobre el porno, ni sobre sitios poco legítimos.
(2) Nota para una película sobre esta temática de fondo. El film tendría que recrear la atmósfera oscura de “Seven”, cámara en mano, o “metraje encontrado”. En los periódicos sale el caso de una nueva víctima de violación y asesinato. El autor aparece en cada escena para ver trabajar a los policías. Se enamora de la detective y la empieza a acosar. Sobre la mitad de la historia logra secuestrarla, y bajo máscaras y una voz distorsionada la viola y la “usa” a su antojo. Final tipo “el sexto sentido”, era una psicópata homosexual que usaba un pene anatómicamente realista.
(3) Pienso que si todo en el universo y la vida son sistemas complejos, y estos son abstracciones de los sistemas naturales, han de “obedecer” a las mismas reglas y estructuras. La naturaleza “ama” las espirales logarítmicas (forma de las galaxias, en ciertas plantas, en las caracolas). Un vórtice es una espiral logarítmica que se estudia en la dinámica de fluidos, donde fluido no se refiere sólo a los líquidos, sino a toda “masa” dúctil compuesta de muchas partículas, como las nubes, el humo y el agua (medio viscoso). Así si previamente se ha dado vueltas al café con azúcar y seguidamente se echa unas gotas de leche, se producen vórtices. Lo mismo cuando un ala de un avión, ante ciertas circunstancias, topa con una nube o con humo. En esas situaciones se generan fuerzas centrífugas y centrípetas, a las que se le añade la resistencia de ese medio. Se llama remolino del vórtice entrópico (llevado a lo cómico) a los límites de esas espirales que se encuentran con la resistencia del medio o con otros vórtices. Es entrópico o caótico dado que a cada segundo se produce una interacción nueva, donde se rompe con la dinámica del vórtice y es impredecible la posición de las partículas, y dejan de obedecer a un orden o patrón. Aplicado al cerebro del artista, en tanto que libido y sublimación, su estado “obedece” a las leyes de los vórtices, puesto que cuanto más espesa sea la viscosidad, tenga más partículas, más sólidamente creará esa fuerza que “mueva” todos los datos de su cerebro (signos, sentimientos, símbolos, emociones, palabras, sensaciones, conceptos…), dentro de ese vórtice para crear estructuras regulares (nuevas ideas y creaciones). Como la energía nunca es infinita, y siempre termina por vencer la segunda ley de la termodinámica, al final las resistencias en los límites, en los bordes, donde hay menos partículas y viscosidad, “provoca” la entropía de los límites del vórtice, haciendo que progresivamente se deshaga el vórtice por completo. El calor del verano, las “órdenes” de las hormonas del sistema endocrino, un medio fuertemente sexuado, aderezado a dormir poco, que hace que no haya “borrados” totales del cerebro (pienso que es parte de esta dinámica: evitar dormir mucho para que permanezcan las uniones meta-estables entre las neuronas -memoria a medio plazo-, estados obsesivos) son ese medio viscoso, fluido, en donde la libido hace del componente que crea el vórtice, pues es retroalimentación positiva (no-disipativa) que es la que genera la fuerza dentro del sistema: para crear el vórtice. Al final esa fuerza o vórtice cae súbitamente ante el agotamiento físico, la suma de horas sin dormir y días en los que de repente hace mucho calor: se entra en su estado entrópico. No suele volver a darse en meses, pues ya no vuelven a crearse las mismas fuerzas, ahora disipadas y sin viscosidad. Desde luego que en el cerebro no pueden crearse vórtices, será un crecimiento/decrecimiento logarítmico, pero de alguna forma yo como lo siento y lo visualizo, a lo largo del año, es con esa forma, pues el alto pico de julio es como esa punta de lanza incisiva tal como ocurre en el centro de los vórtices. Mi sensación es de espiral, que va perfilando cada vez más ciertas ideas, uniendo distintos conceptos y puntos que tratado: de forma obsesiva, recursiva y centrada, como una visión cada vez más “afilada”; mientras que en los “bordes” van quedando ideas desechadas, más viejas, o que no están pareadas con el resto. De alguna forma el cerebro tiende a “aparejarse” a esa forma virtual del vórtice: no con algo físico o partículas, sino con los signos, emociones y demás “átomos” procesales del cerebro. Hay que tener en cuenta lo que ya dijera arriba sobre la sinestesia, la mezcla de los sentidos, pues yo llevo a lo visual, a formas y colores, ciertas abstracciones conceptuales, idea que igualmente se aprecia en mis pinturas.  La caída de ese estado suele ser brusca, en eso no coincide con lo que hace un vórtice, pero es como si de nuevo pasase un avión en la dirección contraria deshaciendo el vórtice. Quizás se sigan estas premisas en los social, no en vano se suele decir “espiral de violencia”, para ciertos actos reivindicativos y de manifestaciones, en ese caso los individuos son esas partículas que se suman al crecimiento logarítmico. Si en la mujer no es igual la libido, que yo diría que no, que su ser nuclear no es el sexo, sino la procreación, pues se nota en que pueden prostituirse y evadirse del acto sexual totalmente, no puede generarse esta estructura libidinal o forma de pensar tendente a la “genialidad”, o la “criticidad auto-organizada“, será de otra forma más metódica y/o profunda, pero le faltará esa “chispa de locura”. Esto no es sólo en el hombre, en la vida suele ser el macho el que llevé la evolución un paso más allá, los que produzcan distintos cambios para “impresionar” en los cortejos, que producen cambios evolutivos. Se cree que las plumas fueron en principio un dimorfismo sexual para llamar a atención a las hembras, en dinosaurios que protegían su piel con algo así como el plumón, y crearon las plumas en las extremidades delanteras para hacer bailes, como se ven hoy en la actualidad en algunas aves, más tarde servirían para volar. Otro caso, y yo lo considero “hermano” artista, es el pájaro jardinero macho (capulineros), que recoge distintos frutos, hojas o basura humana, para crear obras de arte sobre el suelo para impactar a la hembra. Se han descubierto dos nuevos casos curiosos, el primero es el ave manaquín delicioso, que ha llevado más allá el crear sonidos y los produce con las alas, cuando lo habitual en las aves sea el canto. Este mismo proceder, que se crea por fricción, se dan en los saltamontes y grillos, y ahí está el maniquín que recrea eso mismo ahora en las aves; es un caso de concurrencia evolutiva, que dos especies lleguen a unas mismas formas de proceder. Un último caso es una araña, que ha simulado como un tipo de hoja al final de algunas de sus patas para hacer una especie de juego de gato y el ratón con la hembra, para que no lo coma. La mayoría de este tipo de extrañezas, y llevar más allá a la evolución, la crean los machos en su deseo de conquistar a las hembras. Otro caso ejemplar es la creación de los nidos por parte de los machos, para ser seleccionados por las hembras, como en el caso de pájaro tejedor, unos de los nidos más elaborados de la naturaleza. La mujer humana puede llegar al mismo saber o inteligencia que el hombre, pero por distintos medios, no por la libido. El fondo de esta idea la sostiene igualmente Helena Cronin; quien dice que en la típica campana estadística sobre la inteligencia, hay más mujeres en la media, pero menos en los dos extremos: genialidad o estupidez. Las feministas la han atacado, pues argumentan que no demuestra una realidad biológica, sino social. Pero para que la afirmación sobre la cuestión de los “avances” evolutivos disruptivos las suelen dar los machos, no sea que la dice un hombre, ahí está la polémica feminista Camille Paglia que ha llegado a asegurar que: “sin el hombre, la mujer nunca hubiera salido de la cueva”; yo no sería tan radical en tal afirmación, pero el hecho que el hombre tuviese que competir una y otra vez en ingeniosidad o arte para conquistar a las mujeres, es el que iría dando “empujones” evolutivos hacia el humano que somos hoy en día.

Vortices de Leche sobre Café
(4) Bajo mi punto de vista no para mejor, pues soy anarco-primitivista. No sé… el artista tiene de musa una abstracción de la mujer, pero cuanto más me han hecho pensar en ellas, cuanto más he llevado el retrato al hiperrealismo en estos escritos, más decepcionante ha sido y más ha ido muriendo esa sensación que debería de haber permanecido como mágica. Yo las mato simbólicamente, y ellas me arrastran en su caída al precipicio. Cada vez tengo menos pilares para sostener mi alma sobre la tierra. Vas quitando velos y más velos, y cada vez es todo más crudo, más real, más deviene el humano a ser ese mero animal lleno de máscaras y palabras vacías. A destacar que en la película “la bella mentirosa“, la única que ve la obra acabada, y que la detesta por haberla “descubierto”, es la modelo. Pienso que la liberación sexual, y a partir del feminismo de la tercera ola, no han hecho otra cosa que confirmar los tópicos sobre los dos bandos. ¿Rebajar dichos tópicos a sus mínimos?, el macho quiere “follar” con todas y las hembras lo hacen por interés. Lo que ya se sabe de cualquier otro animal. El problema del feminismo, y del humano medio, es que no les gusta las “respuestas” que dan la etología comparativa o la psicología evolutiva sobre el por qué de la violencia masculina y demás “taras” del ser humano, pero tampoco parecen creer que provengan de las injusticias y desigualdades sociales, pues de ser así deberían de luchar en esa dirección: dentro de los partidos y contra las desigualdades y las injusticias. Lo único que explica toda la temática es la unión de los dos factores, sino ¿qué otras posibilidades hay?, que somos hijos del demonio. Se nos dice que tenemos un tres y que se ha llegado a tal cifra sumando números enteros positivos, sólo puede ser sumando tres unos, o un dos y un uno. ¿Qué más queda? No parecen admitir que sean cuestiones evolutivas, pues en esas respuestas el sexo femenino tampoco sale bien parado (descargar documental enlazado al final). Y si todo es evolutivo/social, ¿cuál de las dos posturas es más “noble”?, esta pregunta es lo que esconde de fondo los debates de género. Como no hay ninguna respuesta válida, como suele ocurrir en las discusiones de pareja, entonces se recurre a sacar todos los trapos sucios del otro. En eso ganan las mujeres, por las violaciones y la violencia y homicidio/asesinato de género. Ahí se han quedado agarradas, por ser su mejor demostración de estar en el “mejor” género. La “queja” masculina sólo puede ser ambigua, “es un no sé qué, que no puedo definir”, que tiene de fondo el ser más ladinas a la hora de llevarse las cosas a su terreno, que se abrevia a manipuladoras cuando se dan tensiones con otras personas, o cuando las parejas se acaban. La mujer despechada: violencia no física en definitiva; lo manipulador es el extremo de la mujer, mientras que el hombre se extrema en violencia, y puesto que no tenían otra, pues no podían competir con la fuerza muscular; idiosincrasia representada en el papel del personaje femenino en la película “Perdida” o igualmente de “Revolutionary Road“. Decía el humorista Robin Williams que “una mujer no haría una bomba nuclear para matar, haría una bomba que te hiciera pasar un mal rato”.  El otro “pero” es que su inteligencia es menos abstracta, o más concreta y que busca lo práctico, como lo han dicho distintos hombres a lo largo de la historia. Encajan por lo general más en la tipología de Isaiah Berlin de los zorros, frente a los de alta abstracción que son los erizos. Seguro que el primero que dijo “Dios proveerá” era un hombre, a lo que su mujer le replico con “¡bueno!, pero vete a cultivar el huerto”, que se ha quedado en el refrán de “a Dios rogando y con el mazo dando”. Esta dualidad achacada a las mujeres es ambigua, porque la política -que se basa en la apariencia, la simulación y la manipulación ladina-,  en la que en realidad se basa lo humano, es lo primero, y lo segundo -esa tendencia a lo práctico- da lo mismo, pues cada vez vamos más hacia un mundo del saber útil o no abstracto. Habrá más hombres que me entiendan en mis abstracciones más profundas, que ataca a los dos sexos. Lo siento, pero no he visto ninguna mujer que comprenda todo el trasfondo que muestro aquí, y no por que lo diga yo, sino porque es lo deducible si se profundiza y se abstraen porqués y consecuencias. Dicen en la serie “lodge 49” que “Internet es un matadero, (donde todos) somos los carniceros y los cerdos”. Sacamos lo peor de los dos sexos de la especie: manipulación y agresividad. No se da cuenta el feminismo que están generando más aquello por lo que empezaron su “lucha”, que debería ser la indiferenciación y la tolerancia; que cada tuit y manifestación que excluya o se detenga en algo particular del hombre va en la misma dirección de crear diferencia, lucha y conflicto. Y no, no es porque tengan al macho contra las cuerdas. Casi todo tuit feminista es sólo opinión, que como está cargado de una intención, que no es el de mostrar una “verdad”, es susceptible de ser propagandista. Ese mecanismo que movió a las masas para odiar a los “negros” y para odiar a los judíos. Pero esto mismo, como que sólo he encontrado tres pensadores en mi vida de mi mismo nivel, y los tres eran hombres, cuando ha habido más mujeres en mi vida que hombres. ¡Ya sé: un caso no hace una estadística! Por otro lado no caigo en capaticismos, en pensar que esa capacidad de abstracción sea relevante o mejor para algo, siempre he dicho que es una “cruz” y que por lo demás es un tipo de saber que es “incómodo” para lograr ser feliz: la mujer está más preparada y es más “válida” para la vida. El hombre al tender más a la retroalimentación positiva es más tendente al caos, a su auto-destrucción, pues en definitiva es lo “sobrante” del acto replicador, pero a la vez a la “criticidad auto-organizada“, generadora de grandes cambios e ideasLa mayoría de las mujeres lo reducirán a que soy misógino. La feminista Camille Paglia, sí tiene esa capacidad de abstracción, ha sabido ver y reconocer los errores del feminismo joven. Pero todo son generalidades, siempre he dicho que hombre y mujer son los dos extremos del máximo en el que se manifiestan las hormonas sexuales, y entremedias están la mayoría de los humanos. Yo tengo una alta carga de estrógenos, de niño y hasta casi los 14 años me confundían con una chica, por mi rostro afeminado, en cuanto tenía el pelo un poco largo. También se nota en lo emocional y en que mis gustos sexuales son ambiguos, y por lo demás en que en todos los escritos he tratado de ser conciliador, pero ha sido un imposible y me he terminado por rendir, pues cada vez que entro en Twitter, veo la tendencias de tuit’s de las feministas y las mujeres, y me hieren en mi orgullo y mi inteligencia, al igual que les ocurrirá a todos los hombres. Decían en la serie Preacher, a propósito de otra cosa, que: “no nos odian, se odian a sí mismos”, que quizás sea aplicable aquí y al género, sublimamos el odio hacia nuestro propio género con el odio hacia el otro. El otro sexo es “testigo” de nuestros errores, luego si nos odiamos en eso que ven, los odiamos por el mero hecho de verlo. Pensamiento muy Sartriano. Por eso quizás el tercer sexo y ciertas feministas homosexuales odian a las heterosexuales. Si es así, es igual de “legítimo” que el hombre odie lo más femenino de la mujer, y por ello no se le tendría que tachar de misógino. Odia ciertas características humanas que se pronuncian más sobre todo en ciertas mujeres. Lo mismo les ocurrirá a las mujeres, como yo odio lo más macho, irracional y brutal del hombre, pero sobre todo odio la estupidez, y creo que ha quedado demostrado que en ese rango incluyo tanto al hombre como a la mujer. No creo que el humano sea inteligente, en tanto que sabio, y en tanto que esa capacidad sea la de ser “usada” para crear felicidad. En teoría lo debería de portar más la mujer, pero las últimas décadas me han hecho creer que no es así. Las mujeres latinas sí portan esa llama, quizás por estar menos infectadas por el etnocentrismo y la posmodernidad (de lo que yo pueda conocer por hablar el mismo idioma). La artimaña del feminismo radical es no dejar ver ese odio a lo heterosexual femenino, “usando” a todas las mujeres en sus luchas (los enemigos de mis enemigos son mis amigos), cuando la extrapolación de tal artimaña en lo masculino no la puede “usar” el hombre. Siendo así, era mejor no haber removido la mierda. Las feministas aún no se dan cuenta y siguen haciéndolo (¿menor capacidad abstracta?); haciendo que cada vez vaya a haber más hombres que remuevan en el retrete femenino. La meta sería dejar asentar las aguas y hacer como siempre se ha hecho: ignorar nuestra naturaleza más ruin y centrarse en lo mejor de lo humano. Bajo mi punto de vista, que he tratado de demostrar en los distintos escritos, la liberación sexual y el feminismo de la tercera ola, han hecho que se pronuncien más los extremos de lo femenino (exhibición de sus atributos sexuales, uso de su cuerpo por beneficio, por elitismo, ¿no?, hoy se reivindica no ser molestada por la mirada de extraños en espacios públicos -que no creo que sean honestas en este punto u otros similares: depende de quien mire y cómo-, pero si se “trabaja” en una sex cam sí se quiere ser mirada, pues reporta dinero) y lo masculino (violencia en general y sexual en particular, buscar “follar” con todas las mujeres). Que sólo me detengo en lo más negativo, que quizás sólo sea la apuesta de una minoría, ¿y qué hace el feminismo sino esto mismo? En un análisis de la población mundial, a partir del “Estudio Dunedin“, llevado a cabo a una población durante toda su vida, emergieron 5 tipologías humanas:

1. Bien adaptados: 40%, persona media.
2. Reservados: 15%, poco sociables, tímidos.
3. Inhibidos. 7%, tipo hikikomori.
4. Subcontrolados: 10%, violentos, tendencia al crimen, gen guerrero, (leer).
5. Seguros de sí mismos: 28%, amantes de las emociones y el riesgo. Adrenalina.

Son ese 10% de los llamados subcontrolados, los que suelen cometer agresiones, violaciones, robos, y demás tipos de delitos; nunca bajará esa tasa, son los “planes” perversos de la evolución, pues es una tipología que “funciona” en las situaciones de violencia y de guerras. “Arregla” la sociedad para que no se activen los genes que les llevan en esa dirección y se solucionarán parte de los problemas. Esto dice la Wikipedia:

   “En los humanos, se ha encontrado una asociación entre el alelo 2R de la región VNTR del gen y un aumento en la probabilidad de cometer delitos o violencia graves. Se ha encontrado una conexión entre la versión 3R del gen MAO-A y varios tipos de comportamiento antisocial : los niños maltratados con genes que causan altos niveles de MAO-A tenían menos probabilidades de desarrollar un comportamiento antisocial. Los alelos de baja actividad MAO-A que son abrumadoramente el alelo 3R en combinación con abuso experimentado durante la infancia resultó en un mayor riesgo de comportamiento agresivo como adulto,  y los hombres con la baja actividad del alelo MAOA eran genéticamente más vulnerables, incluso a la disciplina punitiva como un predictor de comportamiento antisocial. Los niveles altos de testosterona, el tabaquismo materno durante el embarazo, el bajo nivel de vida material, el abandono escolar y el bajo índice de inteligencia del comportamiento predecible se asocian con los hombres con alelos de baja actividad. La variante alelo de 3 repeticiones de baja actividad del gen MAOA también se ha encontrado frecuentemente en hombres que se unen a pandillas.  Según un gran metaanálisis en 2014, el alelo 3R tuvo un pequeño efecto principal sobre la agresión y el comportamiento antisocial, incluso en ausencia de otros factores de interacción.”   

   “Cuando se enfrentan a la exclusión social o el ostracismo, los individuos con el gen MAOA de baja actividad mostraron niveles de agresión más altos que los individuos con el gen MAOA de alta actividad. El MAO-A de baja actividad podría predecir significativamente el comportamiento agresivo en una situación de provocación alta, pero estuvo menos asociado con la agresión en una situación de provocación baja. Los individuos con la variante de baja actividad del gen MAOA tenían la misma probabilidad que los participantes con la variante de actividad alta de tomar represalias cuando la pérdida era pequeña. Sin embargo, eran más propensos a tomar represalias y con mayor fuerza cuando la pérdida era grande.”

     ¿Qué “culpa” tiene un hombre, pues es sobre todo en los hombres, si nace con una genética y la sociedad no lo inserta de forma correcta?, acaso no es también una “víctima” del sistema. Si a una mujer cualquiera se le alterase la genética para tener la versión MAO-A de baja actividad; se le modificase los receptores de núcleo sexualmente dimórfico, para inhibir menos las respuestas físicas; se le inyectase testosterona para masculinizarla, y se le pusiese en un ambiente negativo (existencia situacionada), sin trabajo y con una relación de pareja inadecuada, se crearían las circunstancias “perfectas” para ser una homicida casi al 100%. En este vídeo de ejemplo, el “acosador sexual” es una hembra hormonada para comportarse como un macho, sobre un macho alterado para comportarse como una hembra. Tampoco hay que reducir todo a ese 10%, hay otros casos y causas. El caso de la manada, en España, se puede explicar porque uno de ellos fuera dominante y era el que tenía esa tendencia: después se dio la cuestión de seguir al líder, y tratar de no desencajar en el grupo, por la dinámica de grupo, la conformidad y el sesgo grupal. Deberían de darse clases de los sesgos cognitivos y cómo evitarlos, que podrían ir junto a las de ética, pues están relacionados. En una sociedad tan caótica y compleja cada vez es más complicado que impere la equidad y una buena educación, en donde además tiene que haber unos padres con un entorno muy equilibrado, y esto último cada vez va peor. La violencia de género nunca va a ser cero. Pero como cero tampoco lo será las muertes a padres, hijos, hermanos y resto de familiares y no por ello se odia a cada uno de estos estamentos. Es sólo que donde hay más emociones y posiciones situacionistas en juego, se pueden dar más casos de violencia desatada y homicidios. Todo esto lo dejo en esta nota, pues desbarajustaría el propósito del presente escrito, que es buscar aquello que ha de ser lo mejor del ser humano. Conclusión provisional: el ADN está infestado de sueños que la realidad y los años van matando; son conceptos que crean trampas cognitivas, pero también que crean Ser, modos de operar en el mundo, como es el caso de los artistas, que dicho sea de paso no necesitan crear para serlo, es una tipología. El momento más cercano a esos sueños intactos son la niñez, o la prehistoria humana. La situación actual es esa en donde las civilizaciones y los individuos coinciden en el culmen de estar matando todos esos sueños, y en donde ya sólo queda la realidad: que éramos simples ensoñaciones grabadas en nuestros ADN’S. El humano ha muerto y ya sólo existe el homo rapiens, que en los social además se manifiesta en las posturas biológicas más extremas de los dos sexos. Todos estos “movimientos” del feminismo enaltecido, violento y que sólo provoca lizas y odios, se están dando, quizás, en el peor momento de la historia, pues ahora más que nunca se necesitaría la capacidad cohesiva, empática y conciliadora de las mujeres, esa que sí saben dar a sus hijos, y debería de ser la que proyectasen en las sociedades. Por cierto, esta nota se debería llamar: “las mujeres que odiaban a los hombres, aquellas otras que se unieron a su coro sin saber sus intenciones, y los hombres que se vieron “obligados” a odiar a esas mujeres”, en esa dirección iba la segunda cita de la cabecera.

Ataque feminista III

   Esta nota la he añadido al final y viene a cuento de soliviantarme por ciertos tuit’s feministas, tras los cuales decidí dejar las redes sociales definitivamente, pues generan odio y malestar. Si me lo generan a mí, que soy una persona muy tranquila, no me imagino en otros hombres, con una mayor cantidad de testosterona y un cerebro menos dominado por el prefrontal y la razón. “A veces hay que ser borde o hacerte daño”, nos dicen en la serie “Sharp Objects”. Qué quiere el feminismo: ¿un humano que construya un pensamiento como el expuesto en el escrito o un macho que escriba esta larga nota de “desprecio”?, que construya, o que destruya. Cuál es el “grito” del feminismo actual: “¡respeta que no te respete!”. ¿Qué sentido tiene un movimiento en donde cualquier persona puede decir la “burrada” que se le pase por la mente y decir que lo hace por ser feminista? Debería dejar de ser un movimiento y ser una organización con filiadas, como lo hacen los partidos, con cierto control sobre la legitimidad y fiabilidad de estas personas, que tendrían que estar bien informadas antes de hacer o decir algo en espacios públicos. Lo dicho: generan aquello contra lo que luchan, sólo cabe pensar que es violencia manipuladora o imbecilidad. Desde luego no son nada conciliadoras, que es lo que se esperaría de su lucha y sus reivindicaciones.


(Si nos fijamos en la foto del escote, si se amplía, se verá que ha sido manipulada -por mí-, tiene un brazo “cortado”, el de la derecha, pues si se sigue su trayecto debería de volver a verse debajo del pecho. Lo quité. ¡Así de absorbente es el sexo, que el cerebro ya no se fija en detalles tan extraños como ese! — El tema no se ha agotado, pero no voy a seguir escribiendo sobre ello. Temas como el narcisismo, el voyerismo o el exhibicionismo, se translucen de los dos escritos, igualmente los porqués de las tendencias a generar violencia sexual, y la efebofilia, todo se lee entrelineas, y son tendencias sobredimensionadas y distorsionadas de esa dualidad de mirar y ser mirado.


Ver documental “Descargar “Evolution – Why Sex? (¿Por qué hay Sexos?)” Prefiero la traducción en plural, en singular es ambiguo. – Descargar.
2.  01 – El Sexo del Cerebro (Diferencias De Género en el Cerebro)
Temas tratados:
a. Cómo crean diferencias las hormonas sexuales.
b. Determinar que es más biológico que ambiental.
c. Trastorno disfórico premenstrual.
d. Síndrome de Turner.
e. Teoría de la homosexualidad con respecto a estrés de la madre durante el parto.
f. Hiperplasia Suprarrenal Congénita ( CAH ), mujeres masculinizadas.
g. Influencia medicamento Dietilestilbestrol (DES).
h. Núcleo sexualmente dimófico (SDN).
2.  02 – El Sexo del Cerebro (Diferencias De Género en el Cerebro)
Temas tratados:
a. Diferencia en los temperamentos.
b. Diferencia en el lenguaje, tiene mejor margen las mujeres.
c. Diferencias visual y tridimensionalidad.
d. Las mujeres son más bilaterales en el lenguaje.
e. El hombre es mejor para la lógica matemática (abstracción).
f. La mujer trabaja más el cerebro en estados de reposo y trabaja como totalidad para solucionar problemas.
g. El hombre busca el liderazgo, la mujer la cohesión social.
h. Eso le lleva más a la conformidad, pero puede ser tomado como sensibilidad o flexibilidad grupal.
i. A la mujer le preocupa más la vergüenza.

Frases clave del documental:
La diferencia no es lo contrario de la igualdad. Igualdad significa la misma oportunidad para hacer lo que queremos, la diferencia significa que podemos no querer hacer las mismas cosas.”
La auténtica liberación es la comprensión entre hombres y mujeres.”

Si se quieren descargar, copiar URL teniendo abierto JDownloader o usar “Internet Download Manager (IDM).

Verdad y Feminismo

Soy un cerebro. El resto de mi cuerpo es un mero apéndice” Sherlock Holmes

  (Iba a escribir una idea básica entre medias del escrito anterior, pero al final se fue haciendo tan largo que sería demasiado intrusivo en el mensaje del escrito.)

    Voy a enlazar, en este capítulo, la intuición de la vida sexuada como la búsqueda de unir los dos sexos en uno, el replicador universal, con el capítulo “posverdad y percepción de cuórum“, y a qué ideas y conclusiones nos llevan. Ese escrito es uno de los que menos he tocado, porque es importante en su sencilla idea, que no ha de quedar oculta con mucho texto. De paso en el presente resumo y simplifico conceptos de otros capítulos, que siempre viene bien. Lo que subyace en las bandadas de aves, o de los insectos y los cardúmenes…, en la danza humana, es el acto de repetir, que en definitiva tiene como clave la replicación. Cuando una ave se une a una bandada viene desde su individualidad, en donde sus movimientos eran únicos en sus finalidades, para al unirse romper con esa estructura individualizada; y repite, o se mueve, dependiendo de las aves que forman sus coordenadas, de lo que van a ser sus movimientos en ese todo. En definitiva: repite o replica lo que hacen otras aves, que a la vez lo hacen con respecto a otras, etc. Pierde su individualidad a favor de la repetición, de la unidad del grupo…,  a favor del replicador como abstracción que emerge en la bandada. Lo mismo hace el humano cuando entra en una discoteca y se une al baile, sólo que en el humano de la actualidad esa idea original está pervertida o perdida (tendencia a la individualidad), pues cada uno hace su propio baile y se quiere lucir por sí mismo. Las concentraciones Rave o los conciertos se acercan más a esa idea primigenia, que estaba en los humanos de la prehistoria o en las actuales tribus de cazadores-recolectores. Crear una unidad a través de la repetición (cada vez que use repetición hay que extrapolar a replicación), aunar ritmos, aunar el latido del corazón, unificar emociones a través de la empatía. Las tradiciones -base principal de las identidades-, se mantienen por ciclos, por liturgias, ritos; que al repetirlos te unes a todo el pasado, a tus ancestros, a tu identidad, a tu sangre, a los orígenes y al final a un teórico origen humano. “Haced esto en conmemoración mía”, dejó dicho Jesucristo. ¿Qué tiene de origen tal idea? Ya en lo complejo de los animales sociales, el perder la individualidad para “recuperarse” como unidad, sentirse como una misma especie con un mismo replicador común, la permanencia de lo teleonómico, la invariancia de su especie. De más antiguo proviene de la iteración (repetición) y la recursividad, base de la química orgánica y sobre todo del carbono, que por su tendencia a crear estructuras geométricamente estables e iterantes son la mejor apuesta para crear los materiales de la vida. Es el segundo material en abundancia en el cuerpo humano, después del oxígeno por formar este parte del agua que somos. Esto no se manifiesta en los animales a nivel visual macro (si acaso en las ramificaciones de los pulmones), por provenir casi todos de los cordados, dos lados mas o menos simétricos, pero sí en animales del mar (estrellas de mar) y las plantas; donde en estos últimos todo son repeticiones con variantes de un mismo patrón. perfect-geometric-patterns-in-natureLa música y el baile son repeticiones con variaciones. En los humanos hay personas que han perdido la capacidad de poder saber llevar los ritmos, de bailar, suelen ser más individualistas, pero hay que tomar tal idea con discreción, en muchos casos son grandes ideólogos y humanistas. Vuelvo a la pregunta, qué subyace bajo la idea de volverse unidad. La información. El ADN, es transcripción de información, lo que se repite es la información. La vida es buscar la forma de replicarse, de mantener la información, su estructura “intacta”. Las primeras replicaciones serían fortuitas, se llegó al ARN y más tarde al ADN como la manera de replicar más elaborada y perfecta. En los primeros replicadores lo importante era la replicación en sí. En el ADN actual además está “incorporado” la posibilidad de adaptar ligeramente esas replicaciones al ambiente. Se hace a través de cambios epigenéticos en tres momentos de la vida. El primero en el útero (impronta genética), el ADN “lee” la alimentación de la madre y su nivel de tranquilidad/estrés para readaptar el ADN. Si “lee” que hay poco alimento y es deficiente “comprende” que hay escasez y prepara a la futura persona para adaptarse a una dieta hipocalórica. El segundo cambio, quizás el más importante en lo humano, es la adaptación a un lenguaje y cultura dada. Hay un margen de hasta cierta edad para que eso ocurra, fuera de ese margen o si no se ha establecido de forma “correcta” esa persona tenderá a la individualidad, a ser menos empática. Uno de esos momentos es por medio de la impronta maternal: el crear un lazo estrecho con su cuidador/a, que es hormonal, a través de la oxitocina: vital para crear un humano empático. El tercer cambio es en la pubertad, donde se está estableciendo cuanto se puede crecer, la sexualidad  y otros distintos cambios. Hay una teoría que dice que lo que se pese a esa edad, en proporción altura y peso, es el baremo que mantendrá el cuerpo (ADN) para el resto de la vida. Un adolescente con sobrepeso u obeso se mantendrá con sobrepeso de por vida, o le costará horrores mantener el peso adecuado.

    Si se acepta lo dicho en el párrafo anterior y se establece que lo importante es la información por un lado, y la repetición o replicación por otro, se entenderá la importancia de los memes, lo viral y las modas. Se puede llegar a la conclusión, además, que los memes (ver vídeo de meme, tendencia e “influencer” entre chimpancés) son el equivalente del “baile” en un medio donde sólo existe la información, como es Internet. Cuando uno repite un viral, o un meme, se está uniendo al “baile” para sentirse unidad en el grupo, en la especie. Crea percepción cuórum: unificarse a través de una información. Lo mismo con las modas. No voy a profundizar más, que cada cual una en un todo esta información y a su manera. ¿Qué es lo importante en un viral?, la información en sí (posible “verdad”) o unirse al baile. ¿Qué lo es para el ADN?, puede que el ADN más complejo cada vez haya perdido más y más aquella idea original del replicador “puro”, porque tenía que estar “leyendo” el medio y hacer cambios en consecuencia. Parece haber dos extremos para “interpretar” la información: 1. la replicación pura, que mantenía más la invariancia, y 2. la lectura constante del medio, que pierde el contacto con la replicación pura. Entre medias de esos dos puntos se llegó a la percepción cuórum, como medida de “comunicación” de unos individuos a otros; por este proceso se tendió a crear la convergencia de los individuos en cardúmenes y bandadas, para unirles y recuperar la unidad, su invariancia, su pertenencia a una  especie, (se me viene a la mente el aullido a coro de los lobos). Con la palabra, en el humano, se llegó al límite de la “perfección” de compartir información, y en ese intercambio de información fueron surgiendo las ciencias para leer mejor el medio. La cultura, que devino en las naciones, las ideologías y las religiones, son una posición intermedia entre la era de la ciencia, que no de la información, y aquel primer estado en donde el “baile” lo era para crear unidad en las tribus. Las malas noticias creo que ya salen a colación. Las ciencias hayan dos “verdades”: somos invariancia, pertenecemos a una misma especie que nos dice que todas las identidades de banderas, ideologías y religiones son posturas falseadas. Pero la ciencia también “descubre” las qualias, que nos dice que cada humano es único. Cuando repetimos virales sin verificarlos, sólo se quiere “bailar”, quieren mantener una identidad. Sólo algunas personas más individualizadas no lo hacen y buscan contrastar la información. Quién es más “culpable” de la situación actual, ¿los que quieren unirse al “baile”, sentirse dentro de una identidad o especie, o los individualistas que no bailan, pero buscan la verdad? Los primeros crean unidad, pero a través de lo susceptible de ser falso, o inane, y los segundos rompen la unidad, pero buscan la verdad, por dura y cruda que esta sea.

    Lo que más me interesa, ahora, es hacer ver que hay lecturas más profundas de la realidad que las que se nos aparecen a primera vista. Me pueden decir: “mira ese chalado, reduce todo lo humano a querer ser replicadores puros, y dice que la mujer está más cerca de ese estado”. Pero tampoco las cosas son tan sencillas como seguir el rastro de los virales. De hecho afirmo que Internet cada vez se aleja más de la “verdad”. Quizás el único remanente de “verdad” sea la Wikipedia (es a la que más recurro), pues es saber universal. Si alguien llega y pone algo en duda lo hace saber; si puede amplía la información, o pone enlaces para ser verificados, pues se ha ampliado o se han hecho estudios nuevos. ¿Qué hay después de eso? Fuentes de prensa, y revistas científicas, las segundas suelen ser de pago, luego esa información no se propaga. Los primeros no tienen periodistas científicos o especializados, si acaso en política y economía. Los científicos suelen apostar por querer “comer”, por vender sus investigaciones, lo que nos lleva de nuevo a información restringida. El resto es repetición de repeticiones, en un profuso Internet de gestores de contenidos, que abrevian la información a mínimos de uno o dos párrafos, en donde en muchos casos la “verdadera” información se pierde o se pervierte. O dicho de otra forma, se simplifican en virales y memes…, que recordemos que tiene esa doble vertiente de “bailar” o información, y que no tienen por qué coincidir. De hecho afirmo que el feminismo, en internet, es un viral del primer tipo, de querer unirse al baile. Hay dos realidades, 1. lo que una mujer puede reivindicar en su propia vida como feminista, como el derecho a ganar el mismo sueldo, a poder ocupar un puesto de trabajo, o no ser violentada por el hombre…, y 2. ese ente abstracto que emana de lo viral que es “informe” (sin forma), y en donde puede que ninguna mujer esté al 100% de acuerdo, pero que cada una lo repite en virales manteniendo su totalidad, por sistema, por bailar. Si muchas mujeres averiguasen lo que llegan a decir algunas feministas, se espantarían, pero como cierta información no llega a ser viral, no se da el caso. El #MeToo me parece lo más contra la ley y los derechos básicos que nos dan las constituciones, que puede haber en las sociedades libres. Que alguien acuse a alguien de forma pública, sin haber puesto por medio las leyes es demencial, pues en principio se debería de seguir la regla de guardar la identidad del presunto culpable. Todos somos inocentes hasta que se demuestre lo contrario. Se rompe con esa regla elemental del derecho. En lo humano se sigue las reglas simplificadas en los refranes, como el de: “cuando el río suena, agua lleva” y “maté un perro y me llamaron mataperros”. El primero nos dice lo que ya digo aquí, lo que ahora es lo viral o el meme, antes lo era el chismorreo. Implanta un bulo para que corra como chismorreo y puede que al final se averigüe que era falso, pero el daño ya se habrá hecho, la gente se quedará “con la mosca tras la oreja”, dudará por siempre si no habría algo de verdad.  Y el segundo refrán dice lo que igualmente nos dice la ciencia, que la excepción no hace una regla. Feministas como Margaret Atwood critican el “yo también”. Ha primado lo viral, el unirse al baile; se han dejado de lado los derechos constitucionales.

    Con esto hay que detenerse en el meme. La teoría de Richard Dawkins sobre los memes, es que es igualmente información, pues proviene de la extrapolación del juego evolutivo del ADN, y que es un juego en el que sobreviven los de más éxito. Pero partimos de errores de base. Cuando un ecosistema se transforma, o nace, llegan a ellos distintos animales y se da esa lucha para establecer un equilibrio. Pero todo estado previo a ese equilibrio final es por medio de desajustes. O sea, puede proliferar de forma invasiva una bacteria hasta que llega otra que sea su depredadora y haga decrecer su número o dominancia. En algunos casos no ocurre así y se crean nuevas “revisiones” de “viejas” informaciones o apuestas. En el caso de Sudamérica se han dado muchas y variadas aves con una gran proliferación de colores llamativos, porque carecían de aves depredadoras. Se podían exhibir sin correr peligro. O dicho de otra forma: la evolución no busca la “verdad”, la información a ese nivel no es “verdad”. Lo es en la medida que haya un nuevo equilibrio y crea una “nueva verdad”. O dicho más llanamente, y como Monod dice y yo he mantenido siempre: todo es azar. La evolución por dicha palabra, y la idea que se tiene de la evolución están erradas porque no es una verdad, en tanto que lo que sobrevive ha “encontrado la verdad“. Son adaptaciones ambientales, o verdades a medias. Una teoría general humana ha de deducir sus generalidades, sus patrones, pero se ha pervertido por siempre por tratar de mantener a que el humano era la “verdad más excelsa”, el culmen de la evolución; cuando claramente no es así. O sea, que la teoría que se propaga como lo que es la evolución está “infestada” de antropomorfismo. A lo que nos toca. Un meme no es verdad porque se propague; simplemente haya un nicho ecológico idóneo para su propagación y tiene éxito en su propagación durante X tiempo. Nada más. El feminismo como ente in-forme del medio que es Internet, con las taras que he mostrado sobre este medio, es un nicho -de este momento- que hace que sea propicio que se propague un tipo de meme y no otro. No descubren “verdades”: tienen éxito. Internet y el feminismo es ese medio nuevo, o que ha cambiado, como para que se creen desequilibrios de partes de sus componentes, y en donde lo que prima es que no se ha llegado a un equilibrio del sistema, como para que se pronuncie la forma “final” de ese juego evolutivo, que está en un simple proceso de transición. Parte de este éxito es que el hombre no está entrando en tratar de mitigar esa propagación, sino que por el contrario o por miedo, o por apoyo ante mostrar lo más degradante del daño a la mujer, como es la violación y el homicidio/asesinato de género, clama las simpatía de este. Es un juego evolutivo desequilibrado, espontáneo y esporádico, que tarde o temprano se equilibrará. Sólo que la evolución es lenta en reestablecer los abruptos picos y allanar esos picos en valles.

    Termino esta línea argumental volviendo a lo que llevó a ella. La evolución no busca verdades. La propagación de información no es propagación de la verdad. Es propagación de una verdad, una para cada especie, para cada invariancia, para cada identidad. Inevitablemente la única constante perdurable en todas es la replicación. Decir lo contrario es como un puñetazo cognitivo que nos deja noqueada la intuición. Algunos sectores feministas van directamente contra el hombre: todos somos potenciales violadores, somos potenciales agresores, y potenciales homicidas. Afirmar algo tan contundente es ir contra la invariancia a la que pertenece el ser humano, pues sin el macho la hembra no se podría replicar. Desaparecería el ser humano. La vida no busca la verdad, no existe esa unión platónica de unir lo bello, lo bueno y la verdad, en un todo que emerge como una ética universal humana. Somos una especie que es “fea” moralmente. Puede que el macho no sea lo mejor del reino animal, puedo, incluso, llegar a afirmar que nos “ganan” en eticidad paterna y de pareja la mayoría de los machos de las aves. Pero igualmente es verdad que la hembra humana tampoco es el culmen ni de la eticidad, ni de la sabiduría, ni de nada. Puede que de lo único por lo que sea excelsa sea por su maternidad. Esa de la que algunas mujeres reniegan. Hecho que tampoco es por evolución, si no un juego entre lo evolutivo y lo cultural. En otras épocas se “mataban” más bebés no deseados, o se les abandonaba. ¿Y de dónde nace esa cultura sino del juego evolutivo/cultural de los dos sexos? Lo que quiero decir es que las feministas sólo están sacando los “trapos sucios” del macho humano, ignorando todo lo que pueda tener de “bueno” este, e ignorando todo lo que pueda tener de “malo” la mujer.

     La situación a la que se está llegando, a partir de la liberación sexual, y el feminismo de la cuarta ola (la que tiene como medio lo digital), no parece ser la más “acertada”, pues saca todo lo más “animal” , agresivo, anárquico y básico de un sexo y otro. No vamos hacia un mejor concierto, si no a crear más desconcierto y desunión. ¿Eso es lo que pretende la mujer?, ¿romper el fino hilo que nos mantenía unidos a los dos sexos?, en nombre de qué, ¿de la verdad?, ¿qué verdad?, la adaptativa/evolutiva, pues no hay otra verdad. No hay ninguna verdad transfenoménica, no existe el Ser, sólo los existentes, los entes. No hay verdad, todos son adaptaciones mejores o peores, pero siempre con taras. Yo he tratado de sacar esa verdad adaptativa/evolutiva de lo humano y a nadie le gusta. Ni a hombres, ni a mujeres, porque nos deja “mal” a los dos. Me pueden decir que son teorías, que a veces me baso en intuiciones. No. La mayoría de las cosas que he dicho las dice la ciencia, aquí y allá, pero nadie las ha reunido, porque está mal visto si en el proceso se puede usar como “ataque” a la mujer. Pues todo “ataque” -en realidad contrataque- rápidamente va a ser tildado, a la ligera, de posible misoginia y de machismo. Yo odio a la humanidad, no a un género, tenía más “simpatía” por las mujeres, porque ¿quién no tiene idealizada a su madre y por ello a la maternidad?, pero si el feminismo se desmarca y dice que no quiere caer en este arquetipo, entonces ya no puedo ser más empático por lo femenino. “Odiaré” tanto a la mujer como al hombre, seré igualitario en eso. Lo que ocurre conmigo ocurre y emerge de fondo en el imaginario humano. O dicho de otra forma, el feminismo está propiciando que nos despreciemos a nosotros mismos, y en definitiva al ser humano, como especie o invariancia evolutiva errada. “¡Sólo al hombre!”, gritarán algunas mujeres. ¡Ya!, sólo el hombre ha cometido “errores” evolutivos. Sólo el hombre ha usado el sexo de forma inadecuado a lo largo de la historia. Ninguna mujer ha llegado a algún tipo de poder o ha conseguido algo a través del sexo. Recordar lo que vosotras mismo decís: la seducción puede ser otro tipo de violación. No uséis argumentos que sólo sean aplicables a un sólo sexo, pues caeríais en el sexismo. ¿Habría que hacer un #MeTooBeenSeduced masculino…?, sería llegar al absurdo.

    El enigmático y extraño capítulo de “la dimensión individual” tiene de fondo ese odio introyectado en un individuo a la humanidad como ente social, que no deja otro camino que el de la individualidad y el amor propio. ¡Es realmente dañino, conflictivo y complicado “odiar” a la humanidad (no a los individuos) y sobrevivir! Si este es el sentimiento de un humano imperfecto, entonces no es que matásemos a Dios: se suicidó. En soledad se comprende que todo es violación, que entrar en la esfera individual del otro siempre es alteración por las dos partes. ¿Hay que ser estadista para saber qué se gana y qué se pierde a lo largo de la vida?, es absurdo, pues ya has caído en el error de tantear: ese proceso te ha llevado toda la vida, y has sido alterado y has alterado a otros. Por deducción sencilla se llega a que existen dos tipos de humanos opuestos: se nace optimista o no. A los primeros les va mejor, pero no van pareados con la verdad. Mas bien ignoran todo el dolor y el sufrimiento del mundo, sus cerebros están más preparados para olvidar, para ignorar datos y lo absurdo que es existir (perder información=no parear verdad con felicidad), también, como consecuencia de lo anterior, están más preparados a perdonar y por ello a no odiar. Si se trata de buscar la verdad se llega al realismo depresivo. El resto son posturas intermedias de esas dos posiciones, o se dan de forma temporal.

    El feminismo de la tercera ola no está destruyendo al patriarcado, está destruyendo la humanidad, porque era un fino hilo de equilibrio de dos sexos impelidos a encontrarse, pero que no tenían los mismos fines de origen. En la medida que las feministas hallan, o sacan, a la luz la precariedad de ese fino equilibrio lo rompen. Convierte a toda la humanidad en una realista depresiva. images (1)Somos una especie “fea”, nuestros modos de operar en pareja son peores que las de las aves. Mantenemos actos “abominables” que nos vienen de nuestros orígenes: el hombre viola, y la mujer hace uso del sexo para llegar a sus fines, y como tal es elitista y jerárquica. Es peor lo primero que lo segundo… ¿y si lo segundo es producto de lo primero? Los bonobos no violan. En los chimpancés, en donde las hembras hacen un uso “interesado” del sexo y mantienen las jerarquías (que se dan en los dos sexos), sí violan. Las jerarquías incluso se mantienen entre las bonobos, e incluso repercuten en la eticidad de la especie al elegir, las hembras alfas, a los “cabrones”, frente a los más conciliadores y “buenos”. En lo humano ni todos somos violadores, ni todas las mujeres hacen uso del sexo, pero ya queda presente en nuestros cerebros, haciendo que nos “convirtamos” o en un “tonto optimista”, alma cándida, que cierra los ojos a esa realidad, o en realistas depresivos que han de vivir lo conflictivo de verse como una “especie basura”. Buscar “el origen del mal” carece de sentido pues los dos somos “culpables”. No hay otra. En el “lenguaje anterior” estaba el cabrón, del que toda mujer huía, pero que “encandilaba”; y la chica para “divertirse” o la chica para “casarse”. Que era acorde a lo que he dicho arriba de las mujeres que hacen uso del sexo, y a los cabrones que suelen ser alfas. Después se cambió a persona “para ir en serio” o no, en los dos sexos. ¿Que las palabras no son las acertadas?, ya he dicho de lo errado del lenguaje, pero no así son errados los conceptos. Los eufemismos y lo políticamente correcto no sirven de nada, son máscaras que ocultan realidades. No había que “buscar tres pies al gato”. No es machismo, no hay una mirada desde uno de los sexos, era puro saber de la condición humana, que no es “limpia” y arrastra “mierdas” evolutivas. Pero igual que esto, hay gente puramente tramposa y personas “incapaces de matar una mosca”, personas fiables y personas de las que no te puedes fiar. ¿Tendrían que unirse los “buenos” y crear una guerra contra los tramposos?, ¿y los fiables contra los no fiables? Crear un nuevo diccionario de las conductas humanas desde pretendidas visiones reduccionistas patriarcales no sirve de nada. Yo sé a qué chica acercarme y a cuál no, como una mujer sabe quién es un cabrón y no por ello su pensamiento esta “degenerado” y bajo tal o cual lenguaje que alguien le imponga en lo cultural. Ahora sigue existiendo el cabrón, pero, ¿los dos tipos de mujeres han desaparecido por arte de magia, bajo el nuevo diccionario feminista? ¿Quedamos en llamar a unos cabrones y a otras cabronas y todo bien?, (la feminista Inga Muscio acepta el término perra, pero no sé en qué ámbito). Por lo que se ha estudiado en los juegos evolutivos, los muy tramposos no tienen mucho éxito. Pero la evolución mantiene esos “rasgos”, en una proporción baja de 2 o 3 de cada 20, por no fraccionar los números y partir un humano, que siempre me ha resultado gracioso. “Mata” o encarcela a todas las apuestas tramposas, o los violadores o agresores: la evolución en la siguiente generación vuelve a su media. Recordar que los egoístas y las apuestas tramposas sobreviven en las crisis más profundas, las hambrunas y las guerras. Yo he dado dos veces con ese tipo de mujer, sólo permanecí con una de ellas. Con la que duré tenía amantes, me era igual, pero a eso se unía que era desleal, poco empática, egoísta y mentirosa. Es un prototipo humano de “todo en uno”, pues ciertas características llevan a otras; de la que se parte es de la empatía, como no se tenga todo los demás rasgos negativos pueden venir por añadidura. Fue como un reto, no me engañé a mí mismo, ni me engañó ella, aunque lo pretendiese en algunas situaciones. Me retó a ver cuánto tiempo aguantaba a su lado. Era la típica “mujer fatal”, una verdadera alfa. La vida siempre es eso que una mala novela imita. Ella se sentía siempre “desubicada” ante mí, pues no caía en sus roles conceptuales, le descubría las mentiras haciendo ver que no me importaban lo que ocultaban, pero la tendencia a la mentira se mantenía. Era tan extrema que cierta noche invitó a un camarero, que previamente le había incordiado, para que hiciéramos un trío, al principio él se rió como pensando que era una broma, ¡pero era buena actriz!, insistió e insistió hasta hacerle dudar, como para que al final al camarero le diese miedo y dijese que no: ¡le había dominado!; no sé que habría pasado si el camarero no se hubiera echado atrás, siempre mantenía ocultas sus cartas. Yo con ella iba en la dirección de: “puede cambiar si le doy fe”, pero no: las rayas hacen al tigre. Con todo nunca nos levantamos la voz, teníamos cierta loca complicidad. Es un alma perdida como yo. Acabamos como amigos. Cuento todo esto para no ser etiquetado de esto o aquello y para que se vea que sé de qué tipo de mujer hablo. Tampoco de “pagafantas” en este caso. A veces me gusta meterme en juegos complejos para ver los resultados.

    En la dirección que la mujer busque y rebusque el lado negativo del macho, lo hará a su vez el hombre en colectivos radicalizados (incel) o menos radicalizados (MGTOW) o mucho menos, como el “movimiento de los hombres“. Todos los caminos llevarán a lo mismo: a que cada vez haya más distancia entre los sexos, a la rotura de lo social, al quebranto de lo humano. Cierto que algunas mujeres sólo buscan la igualdad, y la no-violación y contra los actos violentos y homicidas. Pero seamos honestos, pretender violación y homicidios=0 es imposible. Siguiendo el rastro de ciertos colectivos feministas de Twitter, claman incluso las violaciones de otros países, o sea, no es pretender llegar a ese cero en un país, sino a nivel mundial. Volvemos a lo mismo: que el ser humano es una mierda. Nunca llegaremos a la violencia cero en ningún campo: siempre habrá guerras, genocidios, asesinatos, injusticias, torturas, violaciones… ¿La base?, somos una especie agresiva y jerárquica, llenos de errores cognitivos y tramas de la evolución, como el hecho de propagar un meme, por el mero hecho de unirse al “baile”. Sesgos que una y otra vez nos hacen ver los científicos, y la humanidad de forma cándida lo ve como anécdotas más que como puntos de referencia que habría que evitar. El yo, la identidad, nunca ha de ser tocada, a tenor que se pueda caer en crisis existenciales, de personalidad o depresiones. Si una verdad atenta contra el yo, esa verdad ha de ser enterrada. La mayoría de la humanidad es sumisa, no es una condición impuesta del hombre a la mujer. Es sumisa porque prima el deseo de pertenencia, de seguir al líder; de evitar el conflicto, la individualidad y la soledad. La mujer con todo lo que quiera reivindicar contra la sumisión, cae en una postura “sumisa” si individualmente no se desmarca de memes y virales, de los cuales no sabe ni su procedencia, ni sus intenciones. Casi nadie leyó “Mi lucha” de Hitler, casi ninguna feminista ha leído a sus ideólogas, solo siguen consignas, memes, “verdades” ya procesadas y listas para ser comidas de un bocado (croquetas de datos inanes). En muchos casos quieren tener el “subidón” de la previsión del premio y crean tuits, aunque de paso denigren al ser humano y eso vaya llevando a crear un efecto de bola de nieve de odios. Esto se da en los dos sexos. Estamos entrando en una guerra digital de géneros, que poco a poco repercutirá en la calle, en el día a día, en la vida. La guerra digital de memes debería de acabar. Pronunciarse de un lado u otro desde los sesgos (comprender los sesgos cognitivos) sólo genera irracionalidad. Una inteligencia artificial no entraría en esa dinámica en donde la victoria sólo puede ser pírrica. En donde al final, gane quien gane, la que pierde es la humanidad. Salir a las calles y hablar cara a cara, crear sesudos blog¡, o escritos, crear extensos vídeos imparciales, desde fuera de toda identidad o bandera, desde la apertura. Pero, por sentido común, abandonar, por sus estúpidas reglas, los memes y los tuits. ¿De verdad que alguien puede creer que los tuits puedan generar concordia y diálogo?, sólo es un medio propagandista, identitario. Monólogos dentro de una comunidad. Rumiación llevada al extremo, de una identidad ciclada a voltear todos los espejos para que sólo se vea su propia realidad, su “verdad”. Uróboros que no termina por comprender que aquello a lo que muerde y devora es a su propio cuerpo. Si queréis demostrar inteligencia, abandonar las redes sociales para esos fines, excepto casos excepcionales. Esta falta de diálogo viene sobretodo del lado feminista. ¿Alguien se imagina que una madre no deje hablar a su hijo sobre lo que tenga que decir, dado un problema? Esa es la actitud que ha tomado el feminismo con respecto a los hombres, y esto sólo puede ser así si emerge desde el odio y el desprecio. Alguien que no puede ser tenido en consideración, tomado en cuenta. ¿No se supone que es una de las premisas de este movimiento?, que ese era el problema de la mujer en el hogar. El hombre tiende más a la respuesta física (la típica imagen de ofuscarse en abrir un tarro, hasta llegar al delirio, y el más vale maña que fuerza). Sólo hay que ver a los hijos en cuanto algo les frustra. Si el feminismo se obceca a cerrarse, sólo generará frustración al hombre, que tenderá a respuestas más físicas. Las madres y mujeres maduras lo saben, una madre redirige esa tendencia de sus hijos, a esa respuesta agresiva, a través del diálogo. De llamar a las capacidades del prefrontal, las partes más humanas. ¿No se da cuenta el feminismo que su cierre al diálogo crea frustración y agresividad?, que es lo que se supone que trata de evitar. Están generando más respuestas básicas que concordia. Llamando más a lo agresivo, en su círculo cerrado de no al diálogo, que a las partes más humanas de nuestros cerebros. Unos padres que no dialogan con su hijo, cuando se frustra y da un golpe a la pared, están creando una persona cuya tendencia ante la frustración será la agresividad. Ese ha sido siempre el peso de los padres: “crear” un humano. ¿De verdad que la respuesta más inteligente del feminismo es: “yo sé gritar más fuerte”?, eso es caer en el mismo problema de tender a la respuesta física del hombre, de ignorar el prefrontal, algo en lo que no tendría que buscar la igualdad. ¿Y además, con qué fin ese elevar el tono de la voz?, para hacer que el macho saque su vozarrón y vosotras podáis decir: “¡ves, tenemos razón: sois agresivos!”. Eso mantiene el estereotipo de “mujer no agresiva, pero sí manipuladora”, hay muchos modos de ser agresivos, que no tienen porqué ser reducidos a lo meramente físico. En fin, ¿alguien cree que hemos evolucionado en 70 años?, desde el holocausto judío, que la historia está ahí para aprender de los errores. Somos una especie que no sale de sus márgenes erróneos, no hay realmente inteligencia. No aprendemos. La sociedad crea reglas para evitarlos, pero las premisas siempre son distintas, y nos sabemos ver que caemos en los mismos esquemas. Lo mismo a nivel individual y sobre todo con los optimistas, que no todo va a ser bueno en ellos. Seguro que cuando por fin inventemos una Inteligencia Artificial, esta se volverá estúpida en cuanto hable unas pocas horas con un humano.

    Vuelvo al principio. Hay “verdades extrañas” que no parecen intuitivas. La vida es meramente replicación, es una de esas intuiciones extrañas, y toda replicación es traspaso de información. La vida “se traicionó” cuando creó dos sexos, y en la medida que uno de ellos era el que tenía la mayor carga para mantener la replicación. Hubiera sido más “justo” para el humano la tendencia al cambio de sexo. En los juegos evolutivos hay cientos de apuestas, a cada cual más extraña. Cambios de sexo, que el macho al final sea el que para, o sea el que muera y se sacrifique por la descendencia. Ver documentales sobre la vida no cansa, pues uno se da cuenta que el humano no es más que otra especie entre tantas y que no es la “mejor” en eticidad, si se tiene en cuenta que nace de esa desigualdad de las finalidades y los medios de los dos sexos. Pero la hembra humana “encaminó” al macho hacia la monogamia, con mayor o menor acierto, con mayor o menor éxito. Si viniesen unos extraterrestres y analizasen las últimas décadas, y la situación actual, dirían que las mujeres homosexuales están propagando odio hacia los hombres, porque no les incumbe y sólo les hacen daño. Como este colectivo puede que hagan menos uso del sexo para llegar a ciertas posiciones, ignoran igualmente que la mujer heterosexual sí lo puede llegar a hacer, o cuanto menos gana dinero del sexo, de forma desproporcionada, a nivel individual, que los hombres. Algunas radicales incluso están en contra de las mujeres heterosexuales. 13501563_1618513491772068_3795640199842505378_nCreando en el proceso, de esas reivindicaciones, cada vez más desunión de los dos sexos. No es homofobia, el homosexual masculino está fuera de toda esta guerra, son los menos dañados de todo el juego, los que por lo general se mantienen al margen. Y no toda mujer homosexual contempla esta tendencia, pero el extraterrestre llega a esas conclusiones tan sólo analizando datos, no lee mentes, ni intenciones, ni individualidades, sino generalidades. En ese proceso la mujer heterosexual no se percata de ese fondo, y uniéndose a “bailes”, a virales y memes, remarca aún más esa tendencia que nace desde el puro odio. Cuando una mujer y un hombre se encuentran están más cerca de esa unidad replicadora. No ocurre en lo homosexual, que siempre tendrán que recurrir al otro sexo, y a procesos largos y caros para que eso suceda. Pero lo que sí está claro es que cuando el humano llega a la pareja, a la fusión de sus cuerpos, a la fusión de sus almas, pues somos capas de abstracción que nos vienen de lo cultural, cuando llegan al orgasmo, y sobre todo cuando es al unísono, es cuando más posibilidades hay de que se dé un embarazo; no fantaseo, es un hecho. Es cuando se produce ese acto fugaz y único en donde sus “almas” vuelven a ser aquella unidad que en un principio era sólo un replicador puro. Hay que pensar ese acto no desde su instantaniedad, sino desde el conocimiento, el amor, el respeto y el tiempo que ha llevado a una pareja para poderse sincronizar hasta ese extremo. Imposible comparar ese estado, ese acto, con un “polvo express” de una sola noche. Esa culminación es personal, pero a la vez es una pauta de la evolución, que esta ha ido perfeccionando a lo largo de los milenios, para vincular el sexo con un alto tiempo de mutuo conocimiento, para tender a la monogamia; en donde al final la oxitocina es la hormona que los une. En los “rollos de una noche” eso no se suele dar, si es que se llega a dar alguna vez, y no suele haber suelta de oxitocina, a no ser que las dos personas ya se conocieran.

    Me es indiferente que lean este escrito como un ataque homosexual. Tengo claro mis sentimientos al respecto. Soy individualista, y analizo a las personas. Como individualista no creo en las etiquetas, las ideologías y las identidades; más bien creo que he demostrado que lucho contra ellas. Puedo hablar con las personas, pero como desde el principio me pongan una bandera (identidad) delante, vamos a dejar de vernos las “caras”. genero-foto-2Los comentarios en Internet siempre suelen ir con la bandera por delante. Si sobre algo lucho más, por parecerme lo más abominable, es contra las jerarquías; pero sé que es una lucha perdida. Es parte de nuestra seña de identidad, de nuestra invariancia. Si el humano logra salir de ese estado, será otra cosa, pero ya no se le tendrá que llamar humano, sino poshumano. En fin, cada humano es una solución de su propio ADN y de su propia vida. Las categorías vienen después. No he llegado a la conclusión del párrafo anterior hasta el escrito anterior. Nunca había contemplado esa posibilidad. No tengo nada contra la homosexualidad, si acaso contra las que radicalizan el feminismo y están generando tanto odio. Pueden llegar a ser igual de felices, o más, que los heterosexuales, sin ese concepto de la posibilidad de ser replicadoras por sí mismas. En el fondo están más cerca del replicador puro en un área, pues la replicación era, en un principio, auto-replicación, y amar a alguien que es más tu igual, es amar más esa naturaleza del auto-replicador: amar lo idéntico. De hecho los creativos, cerrados sobre sí, sobre sus obras, soberbios, narcisistas y seguros, son auto-replicación. Pero dado que provenimos de lo sexual ese concepto abstracto de la búsqueda de la unidad replicadora sigue “mandando” en lo más hondo de nuestra esencia. Recordar, la evolución va poniendo piezas sobre otras antiguas, las primeras siempre mandan. Ese concepto de replicador no está en el exterior, al modo platónico de las ideas, está como núcleo central de toda la construcción que somos: está en el ADN. Si se comprende la teoría del gen egoísta de Dawkins, se comprenderá que son conceptos que están cercanos. Todo tiene un porqué, un origen, como el sincronizar los ciclos menstruales. La sexualidad se “creó” con el parámetro de que los sexos se buscasen y fuera esta regla la que mandase sobre el resto de las otras. Infinidad de machos en la naturaleza se vuelven obsesivos e ignoran comer o beber por tener sexo, pudiendo llegar a perder la vida en el proceso. En la hembra no puede ser igual, pues si muriese en el esfuerzo de acceder al sexo, no tendría sentido tal acto, la reproducción no se daría. Esta estructura explica que los hombres seamos más obsesivos con respecto al sexo y la pareja. No hay más, son “fallas” que hay que readaptar en lo social, y persona a persona.

    Finalizo. O mantenemos las cosas como estaban, por muy imperfectas que fueran, o devenimos en individualismos, nihilismos, destruyendo la sociedad al completo. No quiere decir mantener brutalidades o desigualdades, quiere decir que el contacto de hombres y mujeres es complicado, pero que hay que luchar porque permanezca. 15120636345980Los insultos mutuos denigrantes, por parte de las identidades, cada vez complican más esa condición, que no insultan sólo al hombre o la mujer, sino al humano: a tus hij@s, a tu pareja, a tus herman@s, a tus padres… La familia es la base humana: esa es la que hay que proteger. Hoy en día hemos enredado tanto los lenguajes, tanto los signos, tanto los comportamientos, que todos parecemos cabrones/cabronas. No para uno mismo, pues se ha de mantener la “máscara de sanidad” intacta, pero sí para los demás o para algunos. Es común para los dos sexos. Nos da tanto miedo las etiquetas en las relaciones que cada vez todo es más fluido, tanto que hemos devenido en esos charcos en el suelo que evitamos pisar. Hemos permutado a humanos con preservativos en el alma.

    En el capítulo “un viaje a Abilene” decía que para llegar a encontrar patrones se tiene que ver muchas individualidades, durante mucho tiempo. Al conocer a un hombre o una mujer no se deduce qué es un sexo u otro. Lo que antes de Internet se conocía, de un sexo u otro, era mínimo comparado a la actualidad. ¿Ha sido “bueno” Internet para este propósito?, para deducir patrones y que salgamos bien parados. Más bien parece lo contrario. Pero puede que no hayamos “descubierto la verdad”, pues puede que aquí se haya producido ese efecto que dice que “todo lo examinado cambia por el hecho de ser observado”. Internet, auspiciado con la liberación sexual y el porno,  nos carnalizó a los dos sexos. En medio de ese proceso se perdió el “alma”, porque el cerebro está construido desde abajo hacia arriba, y si estamos en los pisos de abajo ya no somos capaces de ver o intuir qué hay en los pisos de arriba. Perdimos la perspectiva totalizadora. En el proceso perdimos el alma (en mi lenguaje alma es lo más sublime e intangible de lo humano: emana del cerebro como un todo). Sí, deducimos patrones, pero los resultados estaban “falseados”. En Internet, a poco que te salgas de los lugares públicos, te encuentras que las mujeres hacen uso de su cuerpo para ganar dinero o para sus fines. Ese lenguaje hizo que ciertas redes sociales de emparejamiento se “desviasen” a que los hombres sólo buscasen mujeres “dispuestas” a tener sexo; lo que llevó a la mujer a cerrarse de seguir sólo por ese camino, o que quedasen muy pocas y muy “acosadas”. Ya tenemos los dos ingredientes: sacar lo más cabrón y de cabronas de los dos sexos. Aunque uno conscientemente no lleve las cuentas, el cerebro sí lo hace, sí saca patrones. Resultado: el humano ha sido reducido a su lado más canalla y cabrón, tanto en las mentes de los hombres, como en las mentes de las mujeres. Ese lenguaje, y comprensión falseada, al final se ha ido apoderando del panorama actual, dejando en el proceso frustración a la hora de concebir, pensar y sentir al otro sexo. Eso es lo que emana en las reivindicaciones y puntos de vista de las distintas identidades de género: incel, feministas, MGTOW.

Nueva Vision del Hombre y la Mujer

   ¿Hay que buscar culpables? Creo que se deduce que es un proceso de erróneas deducciones en un medio de por sí erróneo. Ni el meme da con ninguna verdad a corto plazo, ni Internet da una verdadera visión “real” del hombre o la mujer, pues es un medio visual, en donde se resta todo lo demás que nos hace humanos. El alma no se deduce de una fotografía, ni siquiera de un vídeo, se deduce mirando y dialogando con una persona. Si una imagen vale más que mil palabras, una persona real vale más que un millón de fotografías. Toda fotografía es una parcialidad temporal. En el humano hay una carga no tangible que emana de su interior y que perturba ligeramente su alrededor, de forma magnética, vibrante; y en tanto que pulsión vital no reducible a palabras, y que sea descriptible o pueda ser “subyugada” algo físico. Eso que infructuosamente reducimos a palabras cuando decimos “¡tiene un algo…, un no se qué!”. Sólo algunas personas son realmente fotogénicas y transmiten ese “algo”. Lo que sí es erróneo es llevar el lenguaje y esas deducciones de patrones de Internet a la vida real en modas y tipos de comportamiento. Pues entonces será de ese tipo de profecías que se auto-cumplen, haciendo que esas falsas deducciones se terminen por realizar. La mujer sexualizándose y el hombre sólo mostrando interés por lo sexual. ¿Queremos realmente carnalizar el mundo?, ¿queremos perder el alma en el proceso? Hemos de integrar el cuerpo en el alma, pero sería distópico que fuera al revés, que seamos un cuerpo en donde en algún lugar enigmático hay un alma, que es hacia donde vamos. El lenguaje meramente carnal crea ese proceso: si estás en los pisos de abajo, ni siquiera se ve el cielo.  La violación no es entrar en una vagina -esa que se “entrega” con “facilidad” en el porno-, es antes y por delante de todo la violación de un alma, arrinconándola y volviéndola tan nimia como para que termine por desaparecer del cuerpo…, pues igualmente las actrices porno son violadas. Los violadores roban, substraen, almas de un cuerpo, que ya no quieren habitar.

    Yo, y la mayoría de hombres me imagino, quieren mirar almas cuando van por la calle. Echar una mirada furtiva a alguien que a su vez te mira. Almas mirándose fugazmente midiendo su vibración y profundidad: su conexión.  Eso se ha perdido porque la mirada del macho está bajo sospecha. El panorama y los lenguajes actuales están cambiando. Y no es sólo de uno de los lados, como nos quieren hacer ver las feministas. El sexo es demasiado visceral e instintivo, y a la fuerza te lleva a los pisos de abajo, y allí ya desaparece toda alma. No es una metáfora, cuando se activan ciertas áreas del cerebro, riega de una menor cantidad de sangre al prefrontal, y por ello “decaen” las facultades altas del cerebro, de lo humano. Nos hemos de preguntar cómo queremos al ser humano. Tenemos que recuperar la cordura y volver a un lenguaje que hablaba desde el alma, y que a veces se carnalizaba (el carna-val viene desde este concepto). Carnalizarse para ir de fiesta, bien, pero no para inundar la cotidianidad y las calles día a día. Hay que carnalizarse desde la sofisticación, desde el encanto, desde puntos de vista más sublimes… más espirituales. De lo contrario convertiremos al mundo en un lugar de almas presas dentro de sus propios cuerpos, en un mundo devenido en cuerpos, en carne.

Fotografias con Alma

   El capítulo “la dimensión individual” trata de mostrar que si se lleva al extremo la individualidad, sólo llevará a la total desintegración de la sociedad en miles de millones de soledades. De entes que no se querrán poner en contacto, para no alterar, ni ser alterados. En definitiva, en una distopía que pondrá en peligro a la humanidad. Somos una especie “fea”, nuestra única posibilidad está en llamar a lo más excelso de lo que nos pide y hemos de exigir a la sociedad y la cultura. El porno ha rebajado ese nivel: en eso somos los dos sexos igual de culpables. La tendencia actual hacia una pronunciación de los desniveles igualitarios tampoco ayudan en nada. Más desigualdad es más individualidad, y menor tendencia a “colaborar” con lo social, pues pone a esta como enemigo de la supervivencia de cada persona. El macho individualizado puede tender más a la agresividad, si lo llevaba en los genes, y/o no tuvo una impronta “correcta” con su madre o cuidador/a, y se encuentra en un mundo muy sexualizado. No es un buen camino. Estamos propiciando este tipo de individuo. Si el país que nos lleva la delantera en esos procesos es Estados Unidos, ya conocemos el perfil caótico y de soledades que nos espera en el futuro. Con la individualización se activa el “sálvese quien pueda”. Arregla las disparidades de las clases sociales, más igualdad de enseñanza, de acceso a una vivienda y una vida digna, y por el camino se solucionarán otros problemas. La mujer antes que mujer ha de ser persona, ha de volcar su lucha en esta dirección…, seguro que de paso se rebajan las cifras, que tanto hieren al sentido común, sobre los temas feministas.

   Dios me ha dicho que ponga “remolino del vórtice entrópico”. ¡Es broma, juego con vuestra mente!, quería caer en el tópico de chalado. Me sale el payaso que todos llevamos dentro. Por cierto, soy ateo, aunque el escrito huela a tufo cristiano. En realidad es una posición humanista y lógica, y es mejor esa concepción, que la horrorosa desorientación de la actualidad que está generando tanto dolor y odio.

 

 

 

 

 

Deconstruyendo el Deseo Sexual I

La vida es un asunto desagradable: he decidido pasarla reflexionando sobre ella.” Schopenhauer
Se necesita más coraje para escudriñar los rincones oscuros de tu propia alma que para luchar en un campo de batalla.” W. B. Yeats
Buenafuente “-…en lo sexual el humano es tan solo una animal con muchas capas.” Pepe Colubi “-Sí, pero hay una capa muy importante y maravillosa: la del morbo.”

   (Vivo aislado, y no estoy al tanto de redes sociales, las uso a mi manera, sin entrar en sus dinámicas. Es una postura de semi-desconexión tecnológica. No veo ni me entero de virales, de conceptos actuales, de movimientos, de hashtag; cuando uso algún concepto es que me he tenido que informar. No conocía el concepto de MGTOW, “hombres que siguen su propio camino”, lo puedo parecer, pero en principio “huyo” de las identidades y los encasillamientos, pero me imagino que me catalogarán dentro de este colectivo. En mi postura ataco tanto al hombre como a la mujer, pero más a las segundas en sus radicalismos del feminismo de la tercera ola, que pienso que son las que han empezado todo esta guerra de identidades, no ya de genero; ser de un sexo y otro no es ninguna vacuna contra poder ser gilipollas, mem@, ignorante, cretin@, etc.  No sé, cada vez la panorámica está peor. Todo indica que vamos en la dirección de lo que apunto en el último párrafo.)

   Me he dado cuenta que hacía falta este escrito entre el anterior y el final, pues además en los precedentes hablo del concepto de la previsión del premio, sin haberlo explicado. Si añado tanto enlace en los escritos es en la dirección de hacer que las personas investiguen más profundamente, pero a decir verdad nada de lo que he encontrado sobre la previsión del premio y sobre el deseo, explican de forma clara sus tramas. En esa dirección va este escrito, aclarar y profundizar en temas. Como en el anterior escrito, avisar que contiene lenguaje explícito y malsonante, que puede herir sensibilidades, que por lo demás trataré de la forma más educada y “sensible” con la que me sea posible.

    A veces he usado el símil de que falta un libro sobre la vida y el ser humano, que nos deberían de dar a los pocos años, en donde te hicieran comprender todo lo referente a la vida y al humano, así como el uso de las palabras y los conceptos con respectos a estos. Lo llamo el libro faltante de la vida. Se me antoja que de repente llegasen unos extraterrestres, que no tuviesen ni cuerpo -para complicar aún más las cosas, no porque crea en tal idea-, como para ser muy ajenos a todo lo que un humano pueda sentir, percibir y concebir. En realidad la cuestión no está muy alejada de la situación actual. Esos “alienígenas” son las mujeres, o más concretamente, cierto colectivo u ola del feminismo, pues de repente es como si no “entendiesen” nada, y quisieran comprenderlo, analizándolo, y poniendo todo patas arriba, como para crear una nueva teoría humana. Siendo así se confirma que son de otro planeta, de venus. En ese “estudio”, además, ignoran la opinión del hombre, aunque les incumba y les incluya. En esta dirección me acuso de sólo analizar el actual tema desde la visión del hombre, pues parto de lo que yo siento y sé de otros hombres, pues son temas de los que solemos hablar en cuanto hay un poco de confianza. Pero esta visión desde sólo uno de los dos lados me “conviene”, para tratar de hacer ver cómo es el hombre medio, en la medida que la mujer sepa de las estructuras que del escrito se deducirán. Le toca después al feminismo o a cada mujer buscar y analizar cuanto hay de similar y distinto, y de esa forma sacar conclusiones sobre los dos sexos en sus diferencias y similitudes, con respecto a los temas aquí tratados. Bajo mi punto de vista, y por deducciones a priori de los comportamientos de los dos sexos, no somos iguales, sino las mujeres no incurrirían en ciertos comportamientos que crean malestar mental en el cerebro de los hombres. Es muy posible que al tratar ciertos temas de forma directa y sin tapujos, dé un poco de asco y grima, pero igualmente es necesario, ya que eso que expongo suele ser general, y son los argumentos que pudieran aducir los padres para pedir “moderación” a las hijas ante ciertas cuestiones, pero que por falta de tiempo o de capacidad expresiva no lo hacen. Y de cualquier forma: ¿quién quiere que se le mire con asco o grima?, ningún padre le hablará a su hija con los términos que yo lo hago aquí. Posiblemente la mujer que lo lea saldrá airada, pero de nuevo me remito, al igual que la dirección que tomé en el anterior escrito, que hay que tratar las cosas conflictivas, aún por los inconvenientes que pueda generar. Decir en mi defensa que no soy como aquí pueda aparecer, me pongo en la piel del hombre medio para tratar de aclarar temas conflictivos y aparentemente irresolutos de la actualidad. Por lo demás no solucionaré nada, soy consciente que son luchas quijotescas. La sociedad tiene sus propias directrices, y en muchos casos son irreversibles. De ahí la idea conceptual de fondo del mito de la caja de Pandora, el de su irreversibilidad.

    En esa dirección trato de buscar o seguir el rastro al deseo, en donde con un escueto: “movimiento afectivo hacia algo que se apetece”, sale del paso el diccionario de la Real Academia.  La Wikipedia española tampoco dice mucho más. Mientras que la inglesa, se detiene más que en analizarla, en decir lo que no es. En realidad mi deconstrucción va a ser sobre el deseo sexual, pero primeramente me detendré en el deseo en su estructura básica. De esta manera la Wikipedia rápidamente “succiona” otras palabras y conceptos que en muchos casos se usan como sinónimos, como es querer, necesidad y motivación; algo más alejado está el concepto de anhelo. Se cuela ahí un concepto clave: necesidad. Según nos dicen en la Wikipedia, los psicólogos no lo clasifican entre las emociones en tanto que su estructura es la necesidad. Una célula no desea el oxígeno, necesita oxígeno. En otro escrito he hecho ver esta estructura, que viene de la dialéctica y que yo la he estudiado a través de Sartre, una dialéctica muy revisada. Para no caer en el complejo lenguaje de la filosofía lo simplificaré. La fórmula del hidróxido es HO, la molécula más común de la interacción del hidrógeno y el oxígeno es el agua, H2O, o sea, estoy creando una metáfora no verlo desde la rigurosidad científica, que al hidróxido le “falta” un átomo de hidrógeno. Así sale la triada: lo faltante, el existente o ser (hueco, vacío), y lo fallido que es el estado que tiene que ser completado cuando al ser se le suma lo faltante. De esta manera nos lo hace ver Sartre, toda repetición en otras palabras ayudan a clarificar: “una carencia supone una trinidad: aquello que falta, o lo faltante; aquel que está falto de aquello que falta, o el existente; y una totalidad que ha sido disgregada por la falta y que sería restaurada por la síntesis de lo faltante y el existente: que es lo fallido“. En el ejemplo que he puesto lo fallido es el agua, que ocurre cuando una molécula más de oxígeno, que es lo que faltaba o faltante, se une al existente, que en este caso es el hidróxido. En otro ejemplo, si escribo perha, no quiere decir nada, es un existente, está ahí ante nosotros, lo faltante es una letra, en este caso la “c”, y lo fallido, o acto por lo cual el todo cobra una nueva dimensión, es la unión del existente con lo faltante, dando las suma de “percha”.

    Está claro que el hidróxido no es un “existente” que “busque” ser agua, luego aquí no se sigue la regla del concepto de “deseo”, en su sentido más abstracto. La química orgánica, sin embargo, sí sigue esa regla del “deseo”, y esa estructura del existente, lo faltante y lo fallido, puesto que toda molécula compleja orgánica siempre necesita de algo faltante para mantener su estructura y permanecer como orgánica o viva. A ese acto, ya en los animales complejos, se le llama alimentación. Pero igualmente hay un “hambre” de oxígeno, de luz, de agua, de cierta temperatura, de sexo para la replicación, etc. Cuando un organismo a cualquier nivel, ya sea una molécula orgánica, una bacteria o el propio hombre, tiene suplida toda necesidad, está en estado homeostático, equilibrado. No tiene faltantes. Con esto llegamos al hombre. ¿Qué es realmente necesario y qué no? Está claro que la comida y el agua. El cuerpo mantiene cierto equilibrio si por un tiempo no hay luz, o se autorregula para suplir estados excesivos de calor y frío. En los animales complejos, lo sexuales, además se añade el plus del sexo (como reproducción). En este caso un individuo opera a modo de una célula en un gran organismo, esa célula puede no tener sexo, pero está claro que para que sobreviva el humano, como entidad corpórea, hace falta el sexo. Es una necesidad en ese cuerpo mayor que es la especie. Queda despejar porqué Sartre lo llama “lo fallido“, en vez de “lo completado” como debería de ser, como es lo que nos parece. La conciencia humana es una capa más de abstracción en el juego evolutivo. Tiene que llenarse por sí misma, los estados carenciales, en el hombre, lo son en dos direcciones, en tanto que deseo en sí y en tanto que tener conciencia de deseo. Para Sartre, y por medio de la fenomenología, la conciencia es siempre “conciencia de…“, donde la importancia está en el “de“, hacia lo que apunta, por ejemplo “conciencia de” querer comer, de hambre. En el momento en que el hambre se sacia esa “conciencia de” se cierra, luego muere, pero es un acto vacío -fallido- que no aniquila la “conciencia de“, que ha de ser llenada con otro faltante. O dicho de otra forma, no logra llegar a un estado homeostático, porque la “conciencia de“, tener conciencia en definitiva, es como un estómago que no puede ser llenado, que eternamente ha de buscar un faltante, ante dicha sensación de vacío o constante acto fallido. O en una mejor imagen y metáfora: es una boca que mastica, pero que en cuanto traga ha de ser llenada con otro bocado, así una y otra vez de forma infinita. La masticación es la totalidad, el bocado que aún no está en la boca lo faltante: es un eterno  acto fallido porque al tragar muere como tal acto. Nos gusta la noche, y dormir, porque la “conciencia de” desaparece.

    Hasta aquí todo claro y sencillo. Ahora se empiezan a complicar las cosas. La vida creó sensores para detectar lo faltante: la luz, la salinidad, nutrientes. Y además creó modos de moverse hacia ellos, cilios, flagelos, hasta llegar a las extremidades. En el proceso creó células nerviosas que unían esa detención de lo faltante (comida, luz), con el poder operar los movimientos para dirigirse hacia ellos. En esa dirección hay dos sistemas básicos de células nerviosas: las sensoras y las motoras. Este sistema es básico: si X, entonces Y. Si se detecta luz, dirigirse a ella. El sistema reflejo del cuerpo funciona con esta regla básica: te dan un golpe con un martillito en la rodilla y la pierna sale disparada hacia adelante. Pero ¿y si metemos una variable?, un predador por medio, hay que crear una mayor complejidad. En ese proceso se crearon las interneuronas, que están entremedias de las sensoras y las motoras, para crear respuestas complejas como: si X, pero Y, entonces Z, si no-Y, entonces Z1. Si hay luz y no hay depredador, ir a la luz, pero si lo hay evadirlo, y después dirigirse a la luz. Como resultado de cientos y cientos de posibles variables de este tipo, se crearon más y más interneuronas, en lo que se llaman ganglios nerviosos, en donde un animal podía tener varios localizados en distintas partes; para al final centralizar todos esos procesos en una centralita, o sistema nervioso central o cerebro.

    Ya estamos más cerca de comprender lo que buscamos. Hay que tener en cuenta que todo sigue esa regla básica del “deseo”, en tanto que necesidad, de buscar lo faltante, para completar el Ser o el ciclo de ese existente. Aquí sale una regla. Para el ADN, y por lo tanto para cada parte del cuerpo, con sus propias funciones, todo son mini-programas. De momento vamos a ignorar el yo, esa entidad que parece que está a los mandos de todo el cuerpo. Un mini-programa o función es el respirar. Los pulmones ignoran qué hacen y para qué, siguen “órdenes” y una rutina implementada en una función, en su mini-programa. En estados de desmayos u otros de inconsciencia los pulmones siguen ejecutando su función, su mini-programación. En otro lado ya he dicho que el mal tiene la primacía en la vida. Todo animal al ser necesidad de algo externo “sufre” ante lo faltante, puesto que si no lo suple se debilita y muere. Dada esta situación la vida “creó” “sensores” internos que auto-analizaban su estado actual. Algo así como mirar el estado de la batería del móvil y que este nos avise cuando está bajo. Ante esas situaciones se crearon estados carentes que a la larga tomaron el rasgo de mostrarse como de dolor. Estamos en el juego evolutivo, toda vida que no lo regulase moría sin más y no se reproducía su apuesta. Aquella vida que incorporase más sensores a nivel interno era una mejor apuesta evolutiva. O sea, que aquella que detectaba más sensiblemente estados de carencia como de dolor, regulaba más los equilibrios, o estados homeostáticos, era la que tuvo más éxito. El dolor es la primera sensación de la vida, y la más básica y fundamental. He apuntado en otro lado que el placer seguramente “nació” como ausencia de todo dolor, en el cerebro humano esto tiene sentido, y ante ese evento fortuito, la evolución, tendió a crear estados de placer como una segunda contramedida a escapar del dolor. Nos producen placer cosas básicas como el estómago lleno, la saciedad de agua, e incluso el defecar. En el estómago vemos ese nacimiento del placer. La serotonina es un neurotransmisor inhibidor, que “acalla” o activa el estado de saciedad, que inhibe la sensación de vacío, de hambre. Más tarde este neurotransmisor formó parte del cerebro, para hacer las mismas funciones: inhibir estados de alarma, de ruido, de los neuro-receptores de dolor (nociceptores), pensamientos negativos, etc. La evolución recurre mucho a este tipo de cosas, de dar varios usos a un mismo “elemento” , o darle otras “utilidades” para las que no estaban pensadas en un principio: es una “chatarrilla”, trastea con los “elementos” y piezas sueltas de otros aparatos, del garaje.

    Con esto ya hemos avanzado mucho. Tenemos un sistema de dolor y un sistema de placer: castigo y premio. El cerebro se dedica a buscar el placer y a huir del dolor (excepto en ciertos rangos y personas como los masoquistas). Aquí se empiezan a poner interesantes las cosas: qué es más “importante”: ¿la búsqueda del placer u obtenerlo? Responder a esta pregunta no es sencillo. En la vida más elemental está claro que obtener lo buscado, pero en los animales complejos, los conceptos se empiezan a desdibujar. A mayor complejidad, mayor abstracción de los conceptos básicos. Más se “pierden” las reglas esenciales y elementales. Si se pasa por una hambruna, un humano se come incluso una rata cruda, las hojas de un libro si no queremos ser tan asquerosos. Pero en la vida diaria comemos sin tener precisamente hambre, porque “algo nos entra por los ojos”, por hacer vida social, porque nos ponen delante un alimento que nunca habíamos probado, etc. En ese libro faltante de la vida, habría que numerar los factores de las capas de abstracción humana, de los cálculos, o las variables que usan y cómo las usan, las interneuronas, que además ahora, han formado funciones y especializaciones en el cerebro. Recordemos que todo son mini-programas. ¿Tiene que ser el cerebro como un todo coherente?, en todos sus mini-programas, en realidad no. Es una exigencia que viene dada por dos cosas: por la autoimagen, y por la imagen que tengan los otros de uno mismo. Aquí se empiezan a colar factores de esas abstracciones: lo social. Que por lo demás se deduce una segunda, la autoimagen depende de lo social. En casa “barremos bajo la alfombra”, como quien dice, nos permitimos ciertas cosas que “reprimimos” en lo social. De esto sale otro dato: lo que mostramos a los otros es máscara. Las convenciones sociales y de etiqueta son normativas para “funcionar” en sociedad. En casa te puedes comer un plato de sopa sorbiéndolo o bebiéndolo directamente del plato, como haría un perro. ¡Quién no se permita y haga estas cosas no es realmente libre, pues tiene a lo social como eterna cadena de sus procesos mentales!, esta es la verdadera medida de si una persona es alfa o no-alfa…, ¡aunque también es un “detector” de las apuestas tramposas! (Después de un mes de escribir lo presente, me encontré que el Rey Sol –Luis XIV– comía con las manos para demostrar que estaba por encima de los demás).

    Retomo: ¿cuáles son esas capas de abstracción?, no quiero ser sistemático, recurro a sintetizar. Primera abstracción que nos interesa: en los océanos y en la prehistoria el sistema de reproducción es por lo general muy básico, el macho suelta el esperma, y a esperar que hubiera suerte… Este sistema lo siguieron manteniendo las plantas. Cuando los primeros saurios salieron a tierra se tuvieron que “inventar” el sexo tal como lo solemos concebir, por no haber un medio fluido como es el mar. Se necesitaba que hubiera un contacto directo de los dos sexos, con un aparato masculino (largo, eyector) y uno femenino (cubículo, receptor); en definitiva, que desde ese momento los dos sexos se tenían que buscar, creándose esa mutua dependencia y necesidad. Segunda abstracción: el humano es social, lo hemos notado por lo dicho arriba: que los otros permanecen como vigilantes ubicuos de nuestras conductas, los hemos interiorizado. Tercera abstracción: toda sociedad establece unas reglas de convivencia. Las dos últimas no son la misma, pues una opera en el cerebro, y la segunda en lo social, aunque pueden tomarse como un todo en dos partes. Las pongo en dos porque una cosa es lo que uno desee en su cerebro (lo que el cerebro “a su bola” desee en realidad) y otra muy distinta lo que tenga estipulado la sociedad. En la medida que el cerebro tenga un deseo, en la que la sociedad oponga una resistencia se llega al concepto de lo prohibido. Concepto de alta cuña y antigüedad en lo humano. Cuarta abstracción: nuestro sistema social es jerárquico, que será analizado más adelante por su importancia.

    Doy un salto recursivo en el discurso para ir al grano y tratar de ganar tiempo (párrafos). A la pregunta de si es más importante la búsqueda que conseguir el premio, al parecer en los animales no complejos es lo segundo, pero en animales como el hombre lo primero. ¿Porqué? En un experimento realizado por Wolfram Schultz (neurocientífico, descargas estudio en inglés), estaba monitorizando el cerebro de un mono. La activación del sistema dopaminérgico se disparó ante la idea de conseguir una fruta, pero se desactivó cuando la consiguió. Este fenómeno es debido a la previsión del premio (ver vídeo). El cual alienta a las zonas implicadas para que se esfuercen para conseguirlo. Analicemos más despacio este proceso. El placer, en un primer momento, tenía la función de premiar un trabajo bien realizado: haber llenado el estómago, beber, defecar…, pero más tarde se creó un sistema complejo, en todo este desarrollo, cuyo principal neurotransmisor es la dopamina, y cuyo principal centro es el núcleo accumbens, este sistema, ya en lo cerebral, tenía el mismo patrón: premiar con placer lo bien hecho. Pero si se piensa bien hay un vacío y falla en esta narración evolutiva, pues se creaba dolor en la ausencia del premio; con lo que alcanzar la meta era oneroso, doloroso y no placentero. Un mejor sistema era crear la expectativa del premio que igualmente generase placer, o sea que se activase el mismo neurotransmisor. Además a la larga este neurotransmisor hacía que las zonas implicadas trabajasen de forma más fluida, profunda y aguda. En concreto la zona, en el humano, que activa la previsión del premio es la corteza orbitofrontal, que como el nombre indica forma parte del prefrontal, la zona del cerebro con las capacidades consideradas más propiamente como humanas en tanto que pensamientos complejos, como son la organización, el pensamiento inductivo y la razón, la lógica y el sistema previsor, el volitivo y el ejecutivo. En este caso la zona orbitofrontal es la que introduce los conceptos de premio y castigo en todo proceso de la llamada razón; es la que tiene el ligando con las emociones en tanto que evaluadas por sus fines emocionales de dolor y placer, o castigo y premio. Esta zona no se dedica solamente a esta función, pero es para lo que nos interesa aquí. La previsión del premio suele activarse tanto por cosas nimias como cuando se nos ocurre un buen tuit, o como cuando estamos a punto de acabar una tarea que nos ha llevado horas, como para cosas más importantes como cuando un gran científico da con algo clave para la ciencia, nos toca un gran premio en la lotería, o nos dicen que vamos a ser padres. En todos estos casos no son premios en sí mismos, son anuncios o previsiones de premio, de algo a venir, pero puesto que hay una suelta de dopamina son tomados como tales. Ese entusiasmo ligero o no tan ligero de fondo, es la dopamina “regando”  la corteza orbitofrontal. Si se entrecierra los ojos, para desdibujar sus “formas angulosas”, los detalles, es la que tiene el perfil para encajar en eso que de común se conoce como esperanza, y que a la vez puede ser tomada como motivación. “Los estudios han demostrado que las ratas que tenían su área tegmental ventral y el núcleo accumbens destruido no pierden sus capacidades de aprendizaje, sino que carecen de la motivación para trabajar por una recompensa”, Iain McGilchrist. O sea, trabajando con otras zonas ese estado puede permanecer de fondo (motivación), como para alentarnos en la lucha, agudizando los sentidos y el cerebro, pero en su esencia -en su origen más básico-, es un ligero subidón, que permanece poco rato. Cuando actúa como motivación se aplica la típica imagen de las emociones como montaña rusa, pues cada vez que recordamos eso esperado se da esa suelta de dopamina, que baja en cuanto nos centramos en otra cosa. En algunas personas, esa constante sensación de subidas y bajadas, les crea desazón y ansiedad. Ningún humano es impasible ante la espera: el cerebro está de todo menos equilibrado, “el que espera se desespera”, reza el refrán, o “el limbo es un infierno”, afirman en la serie “lodge 49“, donde el limbo es un espacio intermedio de espera, que por lo demás es el estado más común en la vida, un eterno estado entre varios estados, como cuando dejamos una relación de pareja. La retórica es vieja, ya la he hecho ver otras veces en los escritos, para Schopenhauer vamos del sufrimiento del deseo, que es vacío o carencia, al tedio de haberlo conseguido. Ya en lo sexual, en los hombres, los franceses llaman la pequeña muerte (la petite mort), el haber orgasmado, pues se produce un total vacío, un pequeño estado de anhedonia. ¿Que porqué sólo es en los hombres?, si se acepta que la previsión del premio es una suelta de dopamina que da un ligero bienestar, en las hembras del reino animal, y antes de que existiese el orgasmo, se da esa previsión de premio ante el hecho de que van a ser madres. Y si se acepta igualmente que todo en el cerebro son mini-programas, la mujer actual, aunque a nivel reflexivo sabe que el acto sexual no está vinculado a la fecundación, de igual forma se le activa ese mini-programa de la previsión del premio. De estas reglas, unida a que en los machos, del reino animal, es más antiguo el orgasmo, se puede deducir esa tendencia a que a las mujeres, teniendo a la vez en cuenta que son más empáticas, les pueda satisfacer el mero hecho de gustar y dar placer, frente a la actitud del hombre, menos empática o egoísta. Una especie significativa, sobre ese efecto de la “pequeña muerte”, son los gatos: la gata cuando termina se pone a dar vueltas y a saltar, mientras el macho se deja caer a un lado con esa actitud de “pequeña muerte”. Para el macho desaparece tanto la previsión del premio como el premio mismo; en él es: “¡he cumplido!”, pues recordemos que por orden general los machos desaparecen y no vuelven a saber de esa descendencia…, excepto en las manadas, que ahí empezó a cambiar la dinámica. La película existencialista “El graduado” nos muestra esta trama de la vida como lucha por perseguir un fin, que desaparece en cuanto se ha conseguido lo deseado…, el revelador final nos hace reflexionar sobre lo inane de toda lucha, y lo nada transcendente de la meta en sí. Mientras permanece la lucha el sistema de previsión de premio se mantiene activo, nos motiva, nos mueve a un fin; desaparecido este se desactiva dicho circuito y la activación de la dopamina, con todos sus “dones”.

    Ya tengo todos los datos para analizar el deseo. En realidad, y esta es la propuesta de este escrito, el deseo humano “funciona” en tanto que morbo. Aquí hay que detenerse en tratar de analizar y deconstruir brevemente esta palabra/concepto. Como venimos de sociedades muy religiosas, la palabra morbo se ha mantenido sinónima de insania. Esto nos dice el diccionario de la Real Academia:

  1. m. enfermedad (alteración de la salud).
  2. m. Interés malsano por personas o cosas.
  3. m. Atracción hacia acontecimientos desagradables.
    Tener morbo algo:
    loc. verb. Producir morbo (interés malsano).

    En psicología tiene los mismos tintes. Sólo he encontrado un sitio web donde dicho concepto está más “neutralizado”, que es el que pienso que usan las personas de común:

Desde el punto de vista psicológico, el morbo es la tendencia interior que sienten los seres humanos en algunos momentos hacia la realización, fantasía o pensamiento de alguna acción que está acompañada de algún aspecto prohibido o que es considerado como un tabú. Conviene puntualizar que sentir morbo por una situación determinada no significa materializar esa vivencia en la práctica a modo de causa y efecto. Es decir, es positivo diferenciar entre el plano de la teoría y el obrar”. Vía “Definicion ABC“, ir a la página para más detalles.

    Pero con todo tampoco me satisface. Nos encontramos entonces que ni la palabra deseo, ni la de morbo explican o encajan muy bien con el comportamiento de la previsión del premio, la dopamina, y la forma de actuar de la corteza orbitofrontal, en tanto que su contenido sea lo sexual; si bien me decanto por la de morbo, pues el deseo es más llano, como muestra la frase: deseo que llueva. Por otro lado al decir previsión de premio se cuela la palabra previsión, que como tal se puede extrapolar a comportamiento razonado/sopesado de algo por venir. Expectativa, que es la que usa la lengua inglesa, tampoco me convence. En realidad esa previsión de premio es esporádica, rápida, fugaz. “Las respuestas físicas de las neuronas dopaminérgicas son observadas cuando se presenta una recompensa inesperada.” (fuente Wikipedia) Sólo más tarde, por la interacción con otras zonas del cerebro, se puede volver previsión, motivación o esperanza, pero en su estado puro, o más crudo, es distinto, pues tiene que ver con lo inesperado, lo que te coge por sorpresa, la novedad (neofilia), lo que te secuestra el ánimo y todo el cuerpo por unas décimas de segundo de forma súbita, y sin que intervenga en ese momento lo volitivo. Por otro lado cuando hablamos de la realización de comer, beber o el sexo, estamos llamando a algo instintivo, o sea, que la previsión en esta dirección del premio está ligada a las zonas y estructuras más antiguas y básicas del cerebro. Ocurre en casos como cuando un olor, por asociación de un recuerdo, nos hace pensar de forma íntima con nuestra pareja, o en sucesos más simples como el pasar por delante de un escaparate lleno de pasteles, en un momento que estamos bajos de carbohidratos. De hecho la dopamina está en las partes más internas del cerebro, como el área tegmental ventral, la sustancia negra y el hipotálamo, el cual la usa como hormona. Dopamine_PathwaysEn estos casos su activación no está promediada sobre todo por lo que llamaríamos razón o atención. Más bien se suele activar en primer lugar por la vista periférica, aquella que no es procesada por la atención, el sistema volitivo, sino por el sistema central y más “primitivo” del cerebro. Es más tarde que hace llamada a la atención, a través de mandar dopamina a la corteza orbitofrontal y la función de la previsión de premio. Por este hecho tiene esta doble naturaleza de primitivo y a la vez de atención que pueda ser llamada morbo, pues se crea una disonancia cognitiva, entre lo que desea nuestro “cerebro reptiliano” (instintos básicos), y lo que el prefrontal se quiera “permitir” para mirar, imaginar o hacer. Pero vamos a ponernos en contexto, que quizás no se sepa a qué tipo de actos son a los que me refiero. Estás en la mesa de una terraza hablando animosamente con tus amigos, y de repente por el rabillo del ojo ves que una chica se agacha, haciendo que se pronuncie el escote. Se ha activado la previsión de premio o esta zona o vía de la corteza orbitofrontal, y esta, como ya es en sí parte del prefrontal, hace uso de la atención dirigida, de lo volitivo, para llevar la mirada al escote. Es morbo en la medida de que hacerlo descaradamente va contra las convenciones sociales, y como tal es un acto “prohibido”. Por otro lado habría que analizarlo junto al concepto del estímulo supranormal, concepto que nos dice que tendemos a dejarnos llevar por aquello que está en una medida excesiva o agrandada, exagerada. Este concepto nos viene de la vida, lo tienen otros animales. Un tipo de escarabajo macho tiende a querer aparearse con las botellas de transparencia marrón porque les son más estimulantes que las propias escarabajos. El cerebro trabaja con esencias, y estas en muchos casos están sobre-dimensionadas en ciertos aspectos, como es el caso de las venus durante la historia humana, donde se ignora los rasgos de la cara, e incluso los brazos, y sólo son importantes los atributos sexuales, como los pechos, las nalgas o la vagina. 255px-Venus_von_Willendorf_01En muchos casos prohibido e inviable/inaccesible activan el mismo mecanismo, aunque en menor grado; si se es un 2 y se tiene ante si a un 8, tener algo con esa persona es irrealizable, que para el caso es algo parecido a prohibitivo. De ahí la expresión de “tiene un precio prohibitivo”. La vida está llena de deseos inviables. Inviable y prohibido suman puntos: el morbo de los actores/actrices o cantantes como ejemplo. Para comprender mejor lo inaccesible voy a poner un ejemplo personal fuera de los sexual: en España por mi nivel económico no me puedo permitir comprar jamón serrano, como mucho una o dos veces al año, pero tampoco pienso mucho en ello; ¡estando en Ecuador de repente pensé en el jamón y se me hizo más deseable que estando en España!, no había forma de comprarlo y de hacerlo era muy, muy caro. Otro hecho es que belleza no está unido a morbo, alguien muy bello se puede “exceder” tanto en estar cerca de lo perfecto que no generará morbo, mientras hay otros cuerpos y caras más alejados de la belleza que sí lo tienen. La evolución ahí juega un extraño “juego de manos”, pues no puede “crear” personas puramente generadoras de morbo, dado que esas personas tendrían éxito en lo sexual, pero no en lo social, donde podrían ser rechazadas; así que pone rasgos aquí y allá en distintas personas; como los ojos semi-cerrados, cercanos a como son durante el orgasmo, en la modelo, escritora y actriz Cara Delevingne, rasgos que las mujeres pueden llegar a realzar con los maquillajes, (es indiferente del sexo, Christopher Lambert tenía un algo primitivo y morboso en los ojos). Aunque nacemos con un rostro, a lo largo de la vida el cerebro, fuera de la razón y la atención, se percata de qué gestos y micro-gestos son más “premiados” (mirados, buena cara) y tiende a pronunciar dichos gestos, lo que repercute ligeramente en su fisionomía, con el problema añadido de que a la larga crea arrugas de expresión. Lo mismo que he dicho para la cara es aplicable para el cuerpo, por lo menos en las mujeres y para atributos como los pechos: no los más perfectos son los que provocan más morbo. Si para algo a “servido” el porno es para darnos cuenta en lo imaginativa que es la evolución en cuanto a tamaños formas y colores, de los tres componentes del pecho. Lo que de nuevo nos lleva a que es un dimorfismo sexual; todos los hombros o rodillas son mas o menos iguales, no así el pecho, que casi son tan distintos como las caras; o sea, se busca tener una “arquitectura” única del pecho para llamar sobre sí la atención a las posibles parejas. Lo mismo para la vagina, son casi tan variantes como las huellas digitales. Creo que el hombre es más “soso”, su pene no tiene tantos componentes para las variaciones, pero aviso que lo analizo desde mi heterosexualidad. Como se ve el concepto de morbo tampoco es tan “insano”, es algo común en lo humano. He puesto como ejemplo una mujer y un escote, pues como hombre no sé qué puede disparar eso mismo en las mujeres.

Cara Delevingne

    Aquí toca aclarar algo. Bajo mi forma de ver la historia y la condición humana, en el momento que nació la conciencia, nació la rotura simbólica con la sociedad, que se está manifestando sobre todo ahora. Con la conciencia nació ese eterno vació, ese acto fallido que es existir. Pero en ese tomar conciencia o saber que se sabe, nació a la vez ese cuestionar todo, un porqué la conciencia no se llenaba nunca. La sociedad, como ente abstracto o tipo de sistema complejo con su propia dinámica, ha querido dar un porqué a los individuos, y ese porqué siempre ha sido espiritual y religioso. La respuesta no estaba en este mundo, sino fuera de él, en otra “dimensión” que no era la realidad, la vida. La caída de la fe, por siempre, ha consistido -en lo básico- en cuestionar que esa no era la respuesta. Para el existencialismo ateo, como el de Sartre o Camus, y bajo las palabras de Sartre, el hombre es una “pasión inútil”, un intento de llenar algo que no puede ser llenado. Pero además remite a que en la sociedad no está la respuesta. Que si el hombre es, lo es en tanto que ese vacío, que se manifiesta como una eterna pregunta de “ahora qué”; es en definitiva una libertad -interrogación eterna- ante el mundo. Dardo que apunta a una diana inexistente. Siendo así, el lugar más lejano del planeta es uno mismo, pues nunca nos llegamos a alcanzar, a completarnos en nuestro recorrido circular, es ese lugar inexplorado, y no hollado por ningún pie; el símbolo del uróboros como reflexión de lo que supone nuestra condena, (aunque sería más adecuada la imagen del gato que se persigue la cola, pues nunca la alcanza, y persigue algo suyo viéndolo como extraño o ajeno, pero hay que atenerse a la simbología tradicional). Ante ese estado el humano se analiza ante lo social y ve la distancia de sus qualias, de sus formas de sentir únicas, en donde en muchos casos se tiene que “guardar” esas qualias para sí, porque posiblemente no serían aceptadas. La sociedad, así, es aquello que me ofrece una resistencia a mi libertad, en tanto que se me aparece como lo que me niega, la que me prohíbe, la que me hace esperar, la que ofrece una resistencia. Si se entiende bien este trama, toda identidad social es fallida, y sobre todo el feminismo. No es el hombre individual el que le niega, el que le coarta la libertad, el que no le deja expresarse o expansionar su ser. Es el humano en tanto que sociedad. Pero en ese mismo dilema se encuentra el propio hombre. ¿Que esa resistencia es más patriarcal?, puede, pero la esencia del conflicto no está ahí. Bajo el punto de vista del hombre no es por lo patriarcal, pues la principal negadora de muchos de los deseos del hombre es la mujer. Que tampoco, pues siempre estaría el conflicto del deseo de otros hombres a la propia pareja, a la madre, hermanas o a las hijas. El macho humano es un bonobo frustrado, si se quiere ver así, pero con el conflicto absurdo de que el resto de los otros machos no han de ser iguales. Puesto que el humano es un hambre en vacío, cuando al final la mujer vea suplida su lucha, se verá de nuevo ante el vacío y la sociedad como resistencia. El humano es soledad con su vacío, y ante la resistencia y el conflicto que es ser individual en una especie que es social. ¡No hay más! Ante ese hecho todo es susceptible de tener el sello de “prohibido”, porque ante todo la sociedad, como ente o sistema complejo con sus propias dinámicas, ha tenido que lidiar con el problema de crear unas reglas que puedan valer para todos. Si todo hombre, y es sólo un ejemplo por venir al caso, quiere “montar” a toda otra hembra, y por un lado está el conflicto de la libertad de esas mujeres concretas con sus propias libertades, y por otro lado está que otros hombres no van a querer que tenga sexo con ciertas mujeres, entonces todo deseo sexual está atravesado por el conflicto entre mi libertad y lo que la sociedad ha establecido como normas para que no se dé el conflicto. El tapar los genitales en las tribus primigenias, o en su metáfora de que Adán y Eva se vieran desnudos, se manifiesta el nacimiento de ese conflicto de mi libertad y mis deseos, ante otras libertades y deseos. En definitiva que la sociedad es normativa -establecimiento de normas-, y al serlo lleva implícito el poner barreras a mi libertad y por lo tanto lo prohibido. Toda salida de esa normativa se consideró tabú, en un primer momento bajo los cánones religiosos, y morbosos en un segundo momento bajo los cánones de una pretendida sanidad mental. Hoy en día tabú y morboso son sinónimos. A nivel histórico entremedias de esas dos posturas estaba el pecado, que aún hoy persiste. La sociedad es ese padre censor de Freud, cuando en realidad, y para el existencialismo, lo es cualquier otra libertad. Traspasar lo prohibido, así, se nos presenta como dejar libre nuestra libertad, que se expanda nuestro ser. Fijarse que en esa dimensión, del cruce de los deseos y la libertad, se usa el concepto de libertino, que a su vez remite a licencioso. Lo que ayer era libertino, hoy es normalidad, para ambos sexos. Pero recordar siempre que, como dijera Sartre, es una “pasión inútil”, pues el Ser, al ser “conciencia de”, es siempre una libertad en la nada y para la nada. Una pregunta que nunca se responde. O dicho de otra forma, salir libre de la cárcel, o cualquier otro tipo de encierro, como el patriarcado, no realiza el acto fallido que es en sí la libertad. Pues cada acto, cada segundo, está contaminado de un deseo que muere, para ser llenado de otro deseo. En esa dinámica ha entrado el feminismo, porque aunque va consiguiendo metas, “nota” ese eterno vacío por llenar y crea nuevos interrogantes, que de nuevo cuando en apariencia se han contestado, remiten nuevamente a otras preguntas y así de forma eterna. En esa dirección se detienen en detalles como si por ejemplo a la mitología griega habría que “censurarla” por contener demasiadas violaciones, si los piropos son tolerables, si es machismo el cómo gradúan los aires acondicionados teniendo sólo en cuenta al hombre, y si el lenguaje no es inclusivo, y un sin fin de cosas nimias de este estilo. No hay tal “saciedad”, no van ha terminar, pues esa es la condición de la conciencia humana y de nuestro paradójico Ser en tanto que libertad, o deseo, ante el tragicómico y espectral vacío, de nuestra condición existencial. Remato este párrafo con algo que puede ser polémico. Recordar que todo son mini-programas en el cerebro. La evolución no descarta nada. Los mini-programas más antiguos tienen más peso y de estos parten otras programaciones más complejas. Despeja las “rutinas” (lenguaje programación) de esos mini-programas antiguos y encontrarás respuestas para los nuevos. El macho del reino animal quiere montar a toda hembra con la que se encuentre; esa es la esencia de la masculinidad: esparcir su semilla. En principio parece una meta clara. ¿Qué quiere la hembra del reino animal? No tiene el mismo fin, está claro. La procreación, pero la ligó a tener que cooperar con el macho por el coste de la crianza, y que este partía de unas “rutinas” básicas. En ese proceso se creó en la mujer un mini-programa, de mucho éxito y que nos ha llevado hasta la actualidad, que era llevar al hombre hacia la monogamia. La evolución/mujer se valió de “armas” como la oxitocina y la prolactina, la primera para unirles a ella, la segunda para unirles a la progenie. Pero a la vez en la mujer permanece ese deseo de buscar los mejores genes, que no siempre están ligados a la mejor pareja. Es el eterno “qué quieren las mujeres” y “no hay quien las entienda”; de ser claro no lo parecen saber ni ellas, por ser sus metas más complejas. Dilema que hoy además se ve sobre-dimensionado, pues la mujer cuestiona tanto la monogamia, como la maternidad, dejando entrar en el proceso el éxito personal, en un mundo materialista, jerárquico y de poder, que además para volver aún más compleja la situación, introduce un nuevo concepto, de tintes “hippies”, como es el de la autorrealización. Lo que quiero decir con esto es que el Ser del macho es más “básico” que el de la hembra. En el hombre se daba por hecho que tenía que ser exitoso, y si lo era tenía pareja. Y si tenía el suficiente éxito se podía permitir varias mujeres (caso Jean Paul Getty, retratado en la serie “Trust“), pues al poder nada lo constriñe, ni siquiera la Iglesia en su momento (Enrique VIII, como ejemplo). La mujer es esa “pasión inútil” de Sartre elevada a su potencia. Tanto que ya hay cuatro olas del feminismo, además de un posfeminismo, feminismo posmoderno y un sin fin de otras menores divisiones y definiciones (ir a lista de temas feministas en la Wikipedia). El feminismo así deviene en un supermercado, que dependiendo de cómo se es y cómo se esté actuando en ese modo en la vida, se “coge” de sus estanterías los conceptos e ideas que mejor encajan a esa identidad temporal. Los únicos artículos fijos de la lista son: igualdad de derechos, lucha contra la violación y contra la violencia a la mujer. Si fuera un producto que se tuviera que presentar a unos inversores, sería imposible de vender por su indefinición y contradicciones. Pero además, ¿qué quiere restablecer/cuestionar realmente el feminismo?, si la mujer deviene a ser como el hombre (igualdad), deviene en la injusticia, en un patri/matriarcado puramente jerárquico, que en realidad siempre ha estado, pero con un protagonismo femenino menor. Tampoco puede parecer querer lo que le dice ese mini-programa primigenio/evolutivo de hacer que el hombre termine de aceptar la monogamia, porque ni siquiera ella lo ha llegado a ser nunca. Y si al final queda la autorrealización ¿realmente en qué consiste?, ¿en qué juego de malabares de poder querer ser madre, ser exitosa en un mundo materialista, y realizarse como persona?, (recomendable ver la película “fuga“). Lo dicho arriba “pasión inútil”, potenciado en un mundo de multilenguajes y multisignos, que además ha dejado al macho más perdido que nunca. (El “destino” viene en mi ayuda: la películathe female brain“, basada en el libro de la neurosiquiatra Louann Brizendine, (descargar libro), y dirigida igualmente por una mujer, invierte quién es la “víctima conceptual” en la actualidad, del juego hombre/mujer de forma humorista, espero que sea un giro en la dirección que había tomado el cine, de claro corte feminista errado al no tener en cuenta las neurociencias, como yo lo he hecho ver una y otra vez). Es como si el macho se hubiera dejado llevar de la mano en la evolución hacia la monogamia, que es lo que quería/necesitaba la mujer (repito lo ya dicho en otros lados: es una rareza entre los mamíferos, sólo el 3%, frente al 90% en las aves, la máxima en el macho mamífero es desaparecer después de montar a la hembra), y ahora de repente nos dijeran que se han aburrido/cansado de este juego y nos dejaran de lado: “¡sabes qué!, ya no te necesito, ya lo puedo hacer yo sola.” Si antes era complicado saber qué quería la mujer, hoy es ya un imposible. Todos los hombres sensibles, los más preparados/programados para la monogamia, son los que peor han salido parados con estas nuevas reglas (no-reglas, en realidad). Nos metimos todos en un laberinto, cuya llave y mapa hace ya tiempo se han perdido. Lo que resta decir es que todo conflicto de hombres y mujeres está atravesado por el sexo, inevitablemente, por muy “civilizados” y fuera de la naturaleza que nos creamos, en un mundo de negocios, tratos y comercio. En la actualidad, y ante la fantasmagórica liberación sexual, que demostró que las mujeres no quieren ser como las bonobo -hacen un “intento” en la juventud, pero les frustra: te encuentras con las personas, en donde la base de las relaciones humanas es el conflicto; “es una polla pegada a un gilipollas”, según expresión de una amiga-, y en donde se puso en jaque las reglas tanto sociales como las evolutivas, las cosas no han ido a mejor, sino a peor. No es la mujer la que está perdida, y busca y busca; estamos perdidos los dos sexos. Porque no es ni liberación sexual, ni es “prohibición” normativa como estaba antes. Lo único que ha exponenciado la mujer con la liberación es uno de esos mini-programas asentados en su cerebro y su ADN, y que es exhibir y/o adornar sus atributos sexuales (incluyendo los  actuales tatoos y piercing), con el conflicto subyacente de que es algo que se pierde en pocos años (conflicto retratado a la perfección en la película “Tully“), y en donde la mujer compite contra la propia mujer para llevar esa exhibición cada vez más al límite. Esa guerra la gana siempre la juventud, y siempre se lleva a un paso más allá en cada generación, como muestra la foto de más abajo. En ese juego los distintos lenguajes, sobre todos estos temas, dividen hoy más que nunca a las propias mujeres, con varias olas del feminismo y sus luchas ideológicas, que a decir verdad no las dividen ni siquiera en tres olas, sino que cada mujer hace una interpretación unívoca y personal del concepto de feminismo. En estas luchas intestinas y multiplicidad de lenguajes, sólo ellas se pueden llamar “zorras”. Ahora no hay normas, cada persona y cada pareja se ha de tratar de crear las suyas propias, o si se quiere: se ha perdido el norte. En definitiva, que las relaciones entre los hombres y las mujeres está desnortada; una parte de la violencia de género viene dada por este caos o pérdida de univocidad de estas “nuevas normas”. Los homosexuales, ahora mismo, se han vuelto islas de tranquilidad, en ese mar tumultuoso y embravecido. Si la evolución juega sus cartas, y si el hombre y la mujer no terminan su eterna guerra, a la larga será la tónica dominante. En esa dirección los sexos tenderán a un centro andrógino, con el paso de los milenios, en donde la sexualidad será a elección, pues ya están definidas sus bases en conceptos como neutro, género fluido, no binario, sin género, queer o tercer sexo.

Media de la Evolución en la Mujer, en Modas y Estilos, a Través de las Edades

    Aquí entramos de lleno en el tema. ¿Por qué interviene en lo prohibido?, porque si recordamos este sistema mantiene la carga de la dopamina, que es gratificante, en tanto que no consigue la meta, en tanto que se mantiene como deseo irrealizable. Lo prohibido mantiene ese estado porque es algo que no te puedes o debes permitir, ya sea a nivel interno, por convicciones éticas (¿o estéticas?), o a nivel externo: por las reglas estipuladas en lo social. Es por lo tanto un premio por sí mismo, sin que necesite nada más. O sea, la estructura del Ser era esa triada del Ser como una carencia, como habitado por un vacío, lo faltante, que es aquello que completa el vacío del Ser, y lo fallido, el cierre de los dos estados; pero en el morbo el Ser se “realiza” en sí mismo, es pleno, puesto que la estructura de la previsión del premio no es alcanzarlo. De hecho “moriría” si lo alcanzase, como mostraba el experimento de Wolfram Schultz. Este estado paradójico del Ser “funciona” porque lo que está en juego es el placer, si lo que estuviese en juego fuera el dolor, el Ser “huiría” para completarse, para aniquilar lo que le hace ser Ser en vacío: el dolor. El dolor busca aniquilarse, tiene esa estructura de la que viene esa triada del Ser, que nos viene de la química orgánica que busca lo faltante, para llegar al estado de equilibrio u homeostático a través de la retroalimentación negativa y por ello mantener la vida. Si nos damos cuenta, sale la estructura hallada por Freud, de contraponer muerte y placer. El placer no busca aniquilarse, sino mantenerse; es retroalimentación positiva y esta no busca la estabilidad, el estado homeostático, si no que “huye” de este. Por esta paradoja es por lo que es posible las adicciones. Cualquier animal cae en adicciones ante drogas naturales, pero no llegan a la gravedad de las del ser humano, porque lo que prima en la naturaleza es la escasez. Por esto mismo no llegan a la obesidad. Cuando a los animales se les pone ante situaciones como las humanas, de abundancia, de lo artificial como las drogas sintéticas, caen en las adicciones enfermizas y preocupantes como las que se dan en los humanos, como para llegar a darse placer hasta la muerte. En otros casos, los animales en cautividad o los domésticos, sí llegan a la obesidad, incluso a la morbosa.

    Se puede pensar que ahí ya ha entrado ese lado llamado insano que se le achaca al morbo, pero sólo es así cuando es llevado a extremos. Por lo general, que es el uso que yo estoy dando aquí, es cotidiano y constante. Lo importante es quedarse con la estructura; 1. algo que activa la previsión de premio, la corteza orbitofrontal, la suelta de dopamina; 2. que además tiene implicado lo prohibido; 3. y que tiene que ver con la activación de los instintos. Analicemos más detalles de la vida, para ver cómo encaja esta teoría. No hay nada como el primer beso, como el primer contacto piel a piel con la persona amada, nada como la primera vez cuando sus partes genitales entran en contacto. No existe lo prohibido en sí mismo, sino en tanto que velado, desestructurado en una de sus partes: la novedad, lo inesperado, y teniendo en cuenta que se tiene frente a sí a una libertad, que en cualquier momento puede decidir dejar el “juego”. La negación permanece latente en esa primera vez o las primeras veces, por las dos partes. Se escurre aquí uno de los temas candentes y problemáticos de la actualidad, el consentimiento mutuo. Sobre este tema hay que hacer ver que la liberación sexual tenía sus taras. No somos iguales: en casi todo hombre es: “¡sí, sí, sí!”, y en la mujer no es de esta misma manera, este “malentendido” es lo que nos ha llevado a la situación actual. Esa falsa idea de libertad, donde el hombre lo analiza desde su siempre “sí” y esperaban que con la liberación sexual las mujeres iban a ser igual. Retomo el tema…, pero, ¿no parece que en la trama de ese juego que describo, permanece latente algún ápice de lo prohibido?, de lo que puede ser y no ser a la vez. Se supone que ese sentimiento ha de ser mutuo, o así lo creemos los hombres, que el deseo sexual de la primera vez mantiene esa premisa del morbo. ¿Sería igual de mágico si lo restásemos por completo? Bajo mi punto de vista es una trama con la que juegan las dos partes. Si falla, tal como lo denuncian las mujeres en la actualidad, es que algunos hombres, y solo algunos, no aceptan cuando ella finalmente niega querer seguir “jugando”. Quizás en la actualidad esa “lectura” de las señales que niegan, se hayan perturbado por la visión de tanto porno; donde la mujer es siempre asertiva, excepto en las simulaciones de forzamientos y violaciones, que dicho sea de paso deberían de prohibirse.

    Sigo analizando el deseo. A la larga la relación sexual de las parejas decae, porque decae la novedad y queda zanjado el tema de lo prohibido, aunque permanezcan remanentes de deseos no cumplidos, que “soñamos” que puedan realizarse la siguiente vez. El morbo se basa en la previsión del premio, y este mecanismo está estrechamente vinculado a la novedad y lo prohibido. Las dos cosas se pierden con los años. Muere en definitiva esa trama del deseo como atravesado, de parte a parte, por el morbo, y muere por los dos lados; luego en la mujer también opera esa dimensión de atravesar umbrales, la novedad y el morbo. Se ha comprobado que el nivel de activación de  la dopamina baja en las relaciones largas, pues esta se basa sobre todo en la novedad, y esta se pierde ante lo rutinario. La evolución suple esto a través de la oxitocina en las parejas, para crear eso que llamamos lazos de amor. Como consejo a las parejas, procurar que la desnudez no sea cotidiana, que se quede sólo para los momentos pasionales. Pero, ¿muere la pasión? No en todo está el morbo, existe igualmente lo intangible, que es primo hermano del morbo, pues comparte de sangre la novedad, que igualmente puede llamarse sensualidad. Me refiero con este concepto al hecho que en cada momento de la vida cada humano es nuevo, ha cambiado, he igualmente ocurre con la pareja. Lo intangible es el cómo el pecho se desliza, se aplasta, se mueve, queda apretujado, coge tal o cual forma dependiendo de la posición y el ángulo de visión; cómo cierta luz da un tono de piel, y cierta ausencia de luz vuelve el sexo más primitivo, y cómo el cuerpo se curva y adquiere cierto contraste de luces y sombras… Eso, dura mucho tiempo, o puede durar toda la vida. Es intangible porque el cerebro no lo puede imaginar todo, y es novedad cuando se le presenta de repente, activando ese ciclo de dopamina, previsión de premio y corteza orbitofrontal, haciéndolo deseable, y quedando en muchos casos como prohibido, pues se puede dar en lugares públicos, (de ahí nace la parafilia de hacer el amor en lugares públicos, en donde igualmente interviene de pleno lo prohibido, y por otro lado entra en juego el exhibicionismo en tanto que rebeldía contra el sistema y sus reglas). El porno japonés tiene lo intangible como su base y juegan más con el morbo al recrear ideas absurdas pero sugerentes, como el ir a un bar a “consumir” penes que salen de las paredes y los asientos. El porno de consumo interior mantiene más esta idea de lo intangible y el morbo, y está censurado, que en parte igualmente mantiene el morbo, pues mantiene medio escondido todo lo genital para que trabaje la imaginación y no sea sólo carne. Pero hacen un porno más “vendible” para el gusto occidental, por “contagio” del que se hace en Estados Unidos. El porno de este país está cayendo el decadencia, y pienso que es un signo de esa tendencia en todos los ámbitos. Ya no hay imaginación, se tiende a lo extremo, a la mera carne sin nada para la imaginación o lo intangible.

    Otra dimensión más trivial del deseo es que tiene un ritmo en crescendo, no puedes llegar hasta cierto umbral y volver atrás, pues se rompe el ritmo. Esto es por el hecho que he mostrado una y otra vez que dice que el acto sexual es retroalimentación positiva. La cuestión hay que verla como una gráfica estadística, con una línea central, que sería la posición equilibrada u homeostática, y en donde al estar en la parte de abajo el sistema quiere volver al centro, pero que de forma paradójica no ocurre eso mismo con las posiciones de arriba. Los estados positivos buscan crecer sin límites, no tratan de bajar a la línea central. Lo digo una y otra vez porque es clave para comprender al humano tanto en lo individual, como en lo social. También hay que recordar que es una regla en todos los sistemas, la retroalimentación positiva es una tendencia al caos, donde crece la entropía y llama a más entropía. Un incendio sigue esa dirección de alimentarse más y más sin límites, sumando sobre sí todo lo que sea consumible. Por este hecho el acto sexual es pasión y la pasión se suele representar como fuego. Si el fuego llega primero a una zona de poco material decrece, y si al final llega a una zona desértica pierde su fuerza y muere. El porno a través de los años sigue esta lógica del crescendo. El crescendo en el hombre y la mujer es igual, como norma, pero con la problemática que no van a la misma velocidad y empiezan de forma desfasada. Ya sé que digo cosas evidentes, pero lo hago en la dirección de tratar de mostrar la dinámica de los sistemas complejos, de sus retroalimentaciones y sus porqués, y que cualquier acto humano es en sí mismo un pequeño sistema complejo, en donde entran en juegos las reglas de estos. Este crescendo es del que se alientan las adicciones, y si hay más estudios científicos sobre la previsión del premio, la dopamina, la corteza orbitofrontal y el núcleo accumbens, es por tratar de encontrar las claves de cómo opera este mecanismo, como para poder llegar a erradicar las adicciones en lo social humano.

    Para entender mejor esta estructura del morbo hay que ampliar algo más el abanico de sus posibilidades. Puesto que el humano es capas de abstracción, el morbo, de origen carnal, se “viste” de otras cualidades más espirituales, que son un crescendo según el humano crea más sofisticación en sus sociedades y según van pasando los milenios. Un cerebro actual está rodeado de símbolos, de signos; unos nuevos, otros antiguos y arquetípicos, y unos terceros que son los últimos “bañados” con novedades. Así se llega a que yo, y como ejemplo, el otro día fuera por la calle, y me cruzase con una chica que se iba riendo ella sola, y no con una risa comedida y “censurada”, por no hacer esa extrañeza en público… era una sonrisa expansiva, que crecía, que tenía pequeñas caídas, y bruscas y armónicas sonoridades. La chica era bella, joven, se reía sola, no le importaba su entorno…, ¿hay algo más seductor que un espíritu libre? Algo se enciende en mi interior, que no siempre tiene que tener una paridad con lo meramente sexual, , visto en su superficie, pero que se acerca claramente al morbo, a querer “entrar” en el alma de esa persona, a conocerla. Si se llega al núcleo de esas sensaciones seguramente tengan que ver con lo carnal, pues si hubiera sido un hombre le faltaría algo a esa totalidad. Sentiría empatía, pero no llegaría realmente a lo más profundo y penetrante, como lo que se dio siendo una chica joven (de unos 25 años). Voy a mostrar otro caso visual y que sólo podría funcionar con aquellas personas que tengan a las mujeres dentro de sus preferencias sexuales. Se trata sobre el  vídeo de un concierto en Praga sobre el tema “Time” de Hans Zimmer (hay que abrir el vídeo en otra ventana, para entender lo que sigue). La música, es una capa más de abstracción, en este caso sobre una melodía melancólica, en donde las notas largas del piano de su principio, “obligan” al corazón a bajar su ritmo y por ello el emocional; la melodía es un crescendo…, como en crescendo son los actos sexuales.(1) Pronto sobresale una mujer de la semi-oscuridad, de nuevo un signo de sensualidad anclado a lo más visceral; mira al pianista y después sus movimientos son lentos…, está dejando que entre la canción en su cuerpo. Al poco hace que emerja el sonido de su bajo. Este instrumento es la unión entre lo melódico y lo rítmico, alma y cuerpo…, en este caso el único ritmo; y seguidamente entra la melodía más espiritual de un chelo, con su voz baja, tocado nuevamente por una mujer, ahora mas sensual, para al final llegar al instrumento que yo considero más unido a los sentimientos más sublimes, que es el violín. Como interludio de todos estos instrumentos, una guitarra eléctrica interrumpe ese fondo sonoro, tocada por un hombre, que “cubre” parcialmente el resto de las voces… Ese todo emergente tan sensual, tiene de fondo la pulsión humana, la sublimación. En donde lo subyacente es ese ser como auto-replicador universal, la vida, con sus patrones, sus ritmos, su belleza, que quedó excindido en dos sexos y que en su totalidad, ahora, trata de conciliar los faltantes, multiplicado en signos y capas de abstracción en lo humano. El Arte y la música como lo más excelso de esa unión de lo auto-replicante, de la replicación (repetición) con variantes, como lo es la vida y la evolución, de una suma incesante de elementos, componentes, y de signos, como lo ha de ser todo aquello a lo que pueda ser llamado vida. Queda mal usar aquí la palabra morbo, parecería que fuese rebajada la experiencia; la etiqueta a usar sería la de sensualidad, sofisticación y placer por las artes. Si se es honesto y se piensa bien, ponerle un nombre u otro parece más bien caer en elitismos. Alguien sin cultura, se quedará en los detalles sobresalientes, las mujeres de rasgos orientales, mientras que alguien de clase alta y buena educación se quedará en la belleza de la música. Esa persona “inculta”, de clase baja, aunque ya no se quiera usar esa etiqueta, aunque tenga ese emergente más “chabacano” hacia lo carnal, no podrá evitar y escapar de que todo el “envoltorio” sume más sensualidad a la escena. Igualmente, alguien más “refinado” no podrá librarse de la sensualidad de las instrumentistas. Quizás ni siquiera exista realmente esa distancia, que una mirada y otra no sean mas que los dos lados de una misma moneda. Por intromisión, pero viniendo al caso, ¿soy al único al que los movimientos y gestos de hip hop y el rap, sobre todo de la cara, le parecen anti-morbo? Espero que se entienda en su justa medida todo lo planteado aquí: antes que espíritu, el humano es cuerpo. Para que un instrumentista llegue a la perfección ha de entrenar a la mecánica de su cuerpo, para que al final este sea la expresión vívida de sus emociones. Tal capacidad no es posible sin la motivación, donde tal ha de estar supeditada a todos esos momentos de previsión de premios, esparcidos a lo largo de su vida, en infinitos momentos. Cuando todas esas realidades se asumen como un todo se puede llegar a la capacidad creativa, a hacer de creador de novedad, de replicador. El resumen es que posiblemente si lo viese un eunuco de nacimiento le faltaría algo de emoción o sustancia a ese todo. Ni siquiera hay que llevar los planteamientos a esos extremos. Una gran mayoría de trastornos mentales, como la depresión, y la despersonalización, conllevan anhedonia, la arousal cae en picado; fijarse que la palabra vulgarizada de arousal es excitación, que yo no he usado porque tiene la doble vertiente como estado excitado mental o físico, como por ejemplo sentirse excitado por salir al escenario, y excitación sexual; ante la confusión por lo normal se usa emocionado en el primer caso, excitación viene del latín “excitatio”, y quiere decir poner algo en movimiento, sacarlo de su reposo. De nuevo tal proceso se inicia en una de las partes más antiguas del cerebro, en su tallo, en la formación reticular y mueve tanto el deseo sexual, la atención, como la motivación, pues implica la activación del sistema de activación reticular ascendente. En esas estados de baja arousal se siente la realidad como si el cuerpo estuviera tras de una campana de cristal: nada te toca, todo suena como si estuvieras bajo muchas mantas, los colores se vuelven desvaídos…, se cae en un estado comfortablemente entumecido. Un problema de la ausencia del sexo, a tener en cuenta al pensar en los Incel, es la sensación de no pertenencia, a sentirse rechazado, aunque la razón luche contra este sentimiento; que conlleva a la tendencia a caer en depresiones, crisis personales, existenciales y de identidad. De nuevo la cuestión de los mini-programas: no sexo=humano o existencia fallida. Todo trastorno, de los mencionados, comporta a que las personas afectadas no puedan percibir la canción de arriba tal como yo la he descrito. La sexualidad atraviesa todo lo humano, queramos o no. De nuevo me remito a que he usado este ejemplo por ser hombre, una mujer hubiera usado otro que le fuera más cercano a sus tendencias sexuales. Ya que en este párrafo hablo del elitismo: ¿el porno es el nuevo circo Romano para la masa, para la clase media y baja?, algo para mantenernos entretenidos, y silenciados. Dejo la pregunta en el aire.

  Para ampliar aún más el abanico de las posibilidades del morbo, hay que ir a otras estructuras colindantes. La película española “Tesis” nos habla del morbo de ver un accidente o algo desagradable a la vista. ¿A qué instinto llama esto?, me imagino que al de la agresividad, que cada vez se da más por descartado que es parte de lo humano. En ciertas personas otro morbo lo da la antropofagia, que también es otro recurrente humano, comer partes de la otra persona o por completo. De forma extraña ahí esta esa frase en español, cuando somos invadidos por una acto pasional súbito y decimos: “¡ay Dios, te comería!”. Se ha dado algún caso de canibalismo por amor, de sólo querer comerse a la persona amada. La mayoría de los cuellos de botella, por los que ha pasado el ser humano, se sobrepasaron por recurrir a la antropofagia, y cuando no había otras tribus, se recurría a comer a familiares o amigos. En el miedo en general y en las películas de terror en particular, vemos la misma forma de proceder del deseo sexual, pero esta vez con la ancestral emoción del miedo. En la películas de terror no se alientan tanto del impacto, como del suspense de lo que está por venir. Hay que tener en cuenta algo muy importante, el principal sentido humano es la vista, tiene dedicado sobre un tercio del cerebro, e implica a tres lóbulos: occipital, temporal y parietal. Con todo la visión es una acción muy compleja, y por ello el cerebro recurre a la memoria para reconstruir por completo una imagen, es por este hecho que a veces algo lo interpretamos por otra cosa, a primera vista. A esta particularidad igualmente recurre el cine de terror, como cuando por ejemplo va apareciendo una sombra proyectada sobre la pared, y en un principio parece algo terrorífico y grande, y después es algo tan trivial como un perro. O como cuando se entreabre los ojos en el dormitorio y el gancho de una percha en la pared nos parece una gran araña. La respuesta a este hecho, nos dice la psicología evolutiva, es que es mejor presuponer lo peor, pues te puede salvar la vida. De una forma u otra lo que hay que tener en cuenta es que la imagen que se nos presenta en el mundo no está tal cual representada en el cerebro, sino que este reconstruye parte de la imagen con lo que ya conoce o con la imaginación. A mayor imaginación, mayor capacidad para el terror, e igualmente para lo sexual. Hay distintos autores que nos han hecho ver esta relación, como Hemingway en la frase: “la cobardía, a diferencia del pánico, es casi siempre sencillamente una falta de habilidad para suspender el funcionamiento de la imaginación”, y “donde no hay imaginación, no hay horror”, de Arthur Conan Doyle. En esta medida podemos comprender que algunos síntomas de algunos trastornos mentales vienen propiciados por ese exceso de imaginación, como son las neurosis y los estados paranoicos y psicóticos. Algo limítrofe a este tema, Sartre decía que el que realmente sabe de la esencia de la libertad, debería tener miedo cuando alguien en una situación trivial, como al estar cocinando, tenga un cuchillo en la mano. Este tipo de libertad, “caótica” es la que se explora en la novela “En los sótanos del Vaticano”  de André Gide. Lo mismo ocurre, con la imaginación y la reconstrucción cerebral, cuando vamos por la calle y vemos a lo lejos, junto a otros muchos rostros, el de alguien que nos parece familiar. El cerebro “proyecta”, sobre esos pocos datos, la imagen de la persona conocida, como si pusiésemos una segunda capa sobre la realidad con una fotografía idealizada de esa persona, y según se va acercando esa persona por la calle, vamos verificando si lo es o no lo es. El sexo es tan antiguo y visceral como el miedo, el cerebro hace lo mismo con este tema: reconstruye con los datos que ya posee, con la memoria y en otros casos con la imaginación. Ha mayor experiencia sexual, mayor capacidad para reconstruir lo faltante. Y hoy en día, con el porno y la sexualidad por todos los lados, se tiene una experiencia y una memoria mayor sobre este tema, que en cualquier otro periodo de la historia. Bajo este aspecto las púberes, por lo menos hasta hace unas décadas y por lo general, no tenían ese nivel de experiencia, con lo que no se daban cuenta que una gran parte de los humanos adultos la “ven” más desnudas de lo que ellas creen. Para paliar esa tara las madres les deberían de “corregir”, pero lo ya dicho otras veces: el feminismo ha alterado esa enseñanza milenaria, creen erróneamente que es el cerebro del macho el que tiene que cambiar, cuando es algo esencial y nuclear en la forma de trabajar del cerebro que nunca se va a cambiar. Es posible que las mujeres no “comprendan” esta capacidad del cerebro del hombre, por el hecho que la dedicación a la memoria visual, y por lo tanto la recreativa o imaginativa, sea menor en la mujer, donde en ellas está más pronunciado el sentido del oído, por haberse especializado sobre todo a lo social en el escuchar y el hablar, ahí si tienen una mayor recreación e imaginación, y suelen saber mejor las intenciones de las palabras. Ahí sí llegan a lo “mórbido” en su exceso de imaginar o tratar de predecir las intenciones en las palabras de los otros. Las mujeres siempre se asombran de lo que podemos llegar a imaginar. Los celos, y la falta de paridad en este tema entre hombres y mujeres, es otro hecho revelador sobre la excesiva imaginación del hombre. Por otro lado hay que tener en cuenta que el humano es un animal creativo. La imaginación -capacidad para recrear cosas no existentes- forma parte esencial del cerebro: tener esperanza es imaginar un mundo o situación mejor que la actual. Básicamente el cerebro puede desnudar a las personas por la calle, cuanta más información se tenga, más partes descubiertas, más fácil se le hará esta “operación”. Es el prefrontal el que censura esa capacidad, pero no siempre lo logra, pues a veces la realidad se vuelve demasiado “evidente”. De una u otra manera la forma más común del morbo es la sexual. La película “instinto básico” recurre a la perfección a esta banalización, que yo propongo para morbo, cuando Sharon Stone cambia de pierna a cruzar y deja unos segundos ver el hueco de su corto vestido. Es una imagen icónica que ha dejado huella en lo humano, por dejar en claro ese juego del deseo sexual, que en definitiva es morbo. Otro caso fue el de la cantante italiana Sabrina, a la que se le salió el pecho en medio de su actuación, era casi imperceptible, había que poner el vídeo a cámara lenta para verlo, pero armó un gran revuelo. Este mismo esquema se ha seguido a lo largo de los años con otras actrices, cantantes y famosas.

El Cerebro Rellena lo Faltante_2

    ¡Atención, en este párrafo posiblemente voy a ponerme grimoso y puedo llegar a dar asco!, es necesario, hay que llevar las ideas del presente escrito a los conceptos cotidianos, que crean tantas luchas de género. Mi forma de ver no es exclusiva, es general, pero el hombre lo oculta por ser políticamente correcto. Vuelvo arriba, a hablar con esos seres alienígenas que han venido a la tierra a entender nuestra manera de actuar. Y les hablo a las mujeres que de repente han dejado de creer en esos lenguajes arcanos, y se comportan como marcianos que quieren entender o ya no parecen comprender nada, y nos preguntan a los hombres que qué miramos. La desnudez cruda, la que se ve en las playas nudistas, la que ve un médico, no despiertan un especial morbo (deseo). En las web cam sexuales, los chicos están casi de forma permanente “de capa caída”, porque ven la desnudez de manera cruda: han perdido el morbo, la previsión de premio, pues lo tienen delante de forma constante. En las playas es lo mismo, excepto las partes genitales o sexuales, pues está mal mirarlas fijamente y mantienen el tabú. Todo que sea insinuación, que sea “puede que vea un pezón”, o “le he visto las braguitas cuando se ha agachado”, despiertan más lo instintivo que algo directo. Hay ciertas partes claramente sexuales, los pechos, los genitales, y el trasero. O por lo menos en “teoría”, pues las actuales modas parecen “desbaratar” esta idea básica, sobre todo con las nalgas. Imaginar la siguiente situación: una chica “trabaja” en una sex cam y va con un pantalón short, pues deja ver parcialmente el trasero, lo que le da una carga sexual; la llaman por una urgencia, se calza y sale a la calle así…  ¿de repente deja de ser lo mismo? Según la lógica más simple A no puede ser a la vez no-A (principio de no contradicción). Se supone que el prefrontal, en lo social, tiene que tener un interruptor, pero no así en el cerebro y para definir qué es o no sexual. O sea, es pura convención, y una convención es una regla, máscara, prohibición… no realidad. Se nota sobre todo en  que los shorts no tienen que mostrar las nalgas en pantalones para chicas de 12 o 14 años, como si la “barrera” o ritual de paso para tal cuestión fuera la de los 16-18 años, aunque esta “regla” cambia de año en año, dada la confusión entre el lenguaje y los conceptos ofuscados por el feminismo y las modas. De una manera u otra, para el cerebro es algo que causa morbo y deseo, si se ve parcialmente y está prohibido, pues crea previsión de premio. Mostrar la línea del trasero, como se hace en la actualidad con los pantalones shorts, es como ponernos una diana (por sus curvas concéntricas), para indicarnos dónde hay que mirar. Redundo en este tema porque se podría concebir los actuales shorts como escotes de las nalgas, pero es que no es así, el escote del pecho lo es en tanto que oculta la aureola, pero la línea divisoria de la nalga y la pierna es casi lo más sensual de dicha parte anatómica, sobre todo para alguien con experiencia en el sexo, por un lado porque esa línea marca la forma de la nalga (manzana, pera…), y por otro lado porque en ese pliegue está, quizás, la piel más suave y de una textura única, pues no se da en ninguna otra parte del cuerpo. Textura en los dedos que el cerebro recupera cuando ve dicha división en la calle en un todo, junto a la previsión de premio. ¿Que si es un fetiche mío?, probar. Percatarse que lo antojica del cerebro -en sus deseos caprichosos- queda reducido al refrán español: “si culo veo, culo quiero”, que nos habla de ese deseo irrefrenable, por el mero hecho de que nos entre por los ojos. Todo escote que sea lo bastante bajo como para mostrar las formas de los pechos, nos están invitando a imaginarnos el resto. Fijarse cómo funciona el morbo, las nalgas desnudas en las playas son una parte muscular al final de la pierna, en algunas chicas algo más musculadas, el glúteo, pero déjala medio ver con el short y se vuelve morbo. Lo mismo con los pechos. O sea es o todo o nada, el “casi”, lo medio-escondido/ medio-mostrado es lo que genera el morbo. Tomar conciencia del morbo no sirve de nada (por ejemplo con el: “¡no voy a mirar, no voy a mirar…!”), pues está al mismo nivel que el miedo, en donde si nos dicen que nos van a a asustar, realmente no nos previene del susto final, más bien lo retroalimenta, hace que se pronuncie más, pues actúa la ley del esfuerzo transformado (se crea miedo al miedo, pues toda energía usada para evitar algo, se suma a la energía principal). Así nos lo hace ver la película “Tesis“, ante el morbo de tratar de evitar no mirar el macabro accidente de un suicidio en el metro. ¡Me asombra el caos de la actualidad, en donde se “escandalizan” con ciertos lenguajes, que se usen palabras como culo, pene o pecho, como lo estoy haciendo aquí, pero van de ciertas formas en la calle! Me recuerda al concepto de Dios, que para los judíos tenía que estar siempre presente, pero no se le podía nombrar. Parafraseando/tergiversando al poeta: “el culo no es culo porque lo ves, es culo porque lo nombres”, lo que no deja de ser cuanto menos curioso.

    Si el short no deja ver la línea del glúteo está bien. ¿Quiere eso decir que la mujer tiene que ir como monjas?, no, sois libres, pero si esta es la naturaleza del deseo y del cerebro, no incordiéis con que no tenemos que mirar o nos llaméis machistas por ese simple hecho. En el cerebro del hombre invoca (en-boca) lo que he descrito en el párrafo anterior; si se sabe de la teoría de la gestalt se comprenderá que son “rutinas” que el cerebro lleva a cabo por sí sólo, sin que intervenga el prefrontal. Es un acto reflejo, otra cosa es mantener la mirada. Como he dicho arriba hay que tener en cuenta que el cerebro funciona por la “ley del esfuerzo trasformado”, (este concepto y otros aledaños se explican en “la dimensión social“), que dice que todo esfuerzo que se haga para evitar un deseo o acción hace que esa resistencia se sume al pensamiento, deseo o la acción (no pienses en gatos hace que se piense en gatos). Como en el ejemplo de que veamos un pastel y tratemos de evitar comerlo, y tratemos incluso de no mirarlo, pero este nos “llama” primero para mirarlo, y al final para comerlo. La resistencia se ha sumado al deseo, por lo que ha crecido en intensidad; lo mismo con todo morbo, con toda vista de algo esporádico, de una chica que camina con shorts paralela a nosotros. Uniendo conceptos, con las ideas de arriba, en donde hay que diferenciar los lenguajes de la sensualidad sofisticada y la ramplona, la moda actual es lo segundo, llama a lo más básico. Que no se espere otra respuesta verbal que la del mismo calibre. Para recurrir a una imagen, es como haber olvidado el violín, y volver a producir sonidos dando golpes al tronco de un árbol caído y hueco. Fijarse que en las películas y las series, cuando han de elegir cómo vestirse ellas sí usan el “vas muy evidente” o “es un lenguaje muy directo”. Al madurar la mujer suele ir sensual de modo sofisticado en ciertas situaciones especiales. Nada que “atacar” ahí, lo sofisticado está bien, no llama a lo meramente carnal. Es una bella, refinada y dulce melodía. Con la poca tela de la moda de verano no hay posibilidad, ni para la sofisticación, ni para la elegancia. Es lo que se ve, o lo que no se ve y muestra. Como se puede deducir, yo estoy modulando mi lenguaje para un caso y otro. Prefiero lo sofisticado, me mata lo meramente carnal, y no merece otro lenguaje que el que he usado…, tanto en este escrito como en otros. Por otro lado es estúpido argumentar que es porque se va más fresca, está demostrado que cuanto más pegada esté una prenda, más calor da. En realidad el thawb es la prenda más fresca, no pegada, de color blanco y que te tapa contra los rayos solares. No es una sugerencia, es sólo mostrar qué es realmente ir fresca, por algo lo adoptaron en los países desérticos. En este juego sale a relucir una de las palabras más conflictivas: provocar. Me evado de tal discusión. Pienso que todo es un error en la conceptualización de las palabras. Recordar que yo he apuntado una y otra vez que los conceptos ya estaban ahí y que el humano los ha vuelto palabras, pero al hacerlo ha “contaminado” o trasformado al concepto en sí. El juego en sí es que tanto mujer como hombre siempre han jugado al mismo juego, que es el juego del deseo devenido en morbo. Que de repente la mujer se desmarque diciendo que no saben de qué juego se está hablando me parece insultante para la inteligencia humana. Es como si de repente todas las mujeres se tomasen a sí mismas como “lolitas”, que tienen ciertos atributos sexualizados, pero que por su corta edad y estado inocente, no supiesen que los están “usando”. Para hacer aún más demencial el juego, nos dicen que los “enfermos” somos los hombres, y que tenemos que ser vigilados o coartarnos sobre qué pensamos y cómo lo pensamos. Volviendo a la mujer feminista de la tercera ola, en ese gran hermano, predicho por George Orwell, que constantemente está presente, tratando incluso de llegar a vigilar y controlar el pensamiento de los hombres. Qué quiere realmente la mujer…, ¿asexualizar la vida? ¿hacer una conversión del deseo según sus parámetros y convenciones? Una de las primeras feministas rompió con un hacha la “Venus del espejo” de Velázquez. ¿Ya no hay que considerar al desnudo como bello? Es algo que está en el ADN: ¿habría que modificar el ADN para que no fuese así? ¿Hay que reescribir la historia humana para asexualizarla?, ¿y la prehistoria?, esa que tanto omiten e ignoran las feministas. Es más “terrorífico” el porno que la historia del Arte, por muy patriarcal que este último sea. El porno es ese rabajamiento de lo humano a sus instintos más básicos: sólo llama a un lenguaje, sin “ropaje” cultural, sin capas de abstracción, sin ninguna máscara. ¡Nadie como Boudrillard para denunciar esa carnalización amplificada y banal! ¿Por qué quejarse que el macho es ese en donde su lenguaje es meramente carnal, si existe el porno? Mientras haya porno, no hay culpa vinculada a un sólo sexo. O hacemos que todo sea sofisticación, en donde no habría cabida para el porno actual, o aceptamos el lenguaje alienante que pueda llegar a usar el hombre…, no hay medias tintas. Estoy por asegurar que el porno le horrorizaría hasta a un neandertal, de llegarlo a ver. El Arte está atravesado de sofisticación, de capas de abstracción, de lo humano. Todo está atravesado por la pulsión, y siempre habrá dos visiones, como hay dos sexos. Vida y pulsión son unidad.

    Si se ha entendido bien lo mostrado en este escrito, la mujer, ante su “nueva” actitud, provoca aún más aquello que quiere evitar, puesto que si un componente principal de la trama del deseo es lo prohibido, entonces si lo prohíben con más intensidad y rigurosidad, aún están “señalando” más y de forma más clara qué es lo que da aún ahora más morbo. En este nuevo paisaje humano en donde la mujer hoy más que nunca es más carnal, pero no tiene que ser nada mirada; y que es aquello que es de desear, y que al ser proscrito va a activar aún más claramente ese ciclo de la dopamina y la corteza orbitofrontal. Cuanta más prohibición más deseo y más retroalimentación positiva. “La moralidad adquiere una importancia capital, pero al mismo tiempo no es coherente, ya que entonces imperaba la doble moral. Por eso cuanto más estricta sea la moral más habituales serán los lapsus morales, porque la ley crea la transgresión: no hay nada más atractivo como lo prohibido”, August Ruhs, o “detrás de cada tabú hay un deseo, y detrás de cada deseo hay una transgresión”, nos dice el teólogo Juan José Tamayo parafraseando a Freud. Aquí hay que detenerse a analizar todo esto a través del concepto de pecado o cuanto menos de lo ético. Si entra en juego lo prohibido: ¿deberíamos ir desnudos y no tener tabús?, a lo primero no, por cuestiones de higiene y de clima, luego es algo descartado. Por lo demás las tribus, nuestros ancestros, rápidamente pusieron los genitales como tabú, en tanto que se podía mirar a los de otras parejas. De hecho el mandamiento en las tablas de Moisés a este respecto es: “no codiciarás la mujer de tu prójimo”. El conflicto en sí no es el deseo, sino desear a la pareja de otro, cuestión en la que la biblia es descaradamente sexista. Para que no existiera lo prohibido deberíamos comportarnos como los bonobos. En realidad es el sueño de todo hombre, como muestran las películas porno, pero esa apuesta es femenina, y la humana no “tomó” esa opción, sino la de mantener las jerarquías, pues igualmente beneficiaba a las hembras alfa; y que puesto que ellas son las que ponen las normas de la aceptación/negación, dejan en desventaja -en ese juego-  al hombre, como denuncian los Incel (célibes no por elección); pues si se piensa en todos los datos a tener en cuenta, es algo lógico. Cuestión que sí es cuantificable, y puede ser verificado si se hace algún programa que simule ese juego evolutivo.

   Hay que analizar brevemente en cómo se crea un Incel. El sexo es un instinto, sale a flote a la menor y llama a estados primarios, al igual que si se tiene hambre se recurre al canibalismo. Quien crea que está fuera de esa regla que piense en la maquiavélica “cárcel” que planearon los gobernantes rusos, en 1933, al encerrar a presos en una isla de un gran río (tragedia de Nazino), en donde no había nada que comer: se terminaron por comer unos a otros. Los guardias sólo estaban en las orillas, para dispararles si se trataban de escapar. “Cualquier acto que cualquier ser humano haya hecho alguna vez, por horrible que sea, es posible llevarlo a cabo por cualquiera de nosotros bajo las presiones situacionales correctas o incorrectas … Ese conocimiento no excusa el mal, sino que lo democratiza, comparte su culpa entre los participantes ordinarios, en lugar de demonizarlo”, nos dice Zimbardo. Es fácil deducir, a priori, qué haría cada uno, pero igualmente es fácil equivocarse. ¿Qué haría una madre embarazada que por hambre abortaría, o una madre lactante, o unos padres con hijos que les esperan? La evolución humana tiene esa doble vertiente: o sobrevivían las sociedades más cooperativas, o los individuos que llegaban a los límites más crueles y e individualistas. Los presos en la isla podrían haberse unido para planificar su estancia, o una posible fuga, pero el primero que mató a otro para comérselo, tendría más fuerzas para dominar la situación. En las familias o comunidades pequeñas, como las tribus, se tiende a la cooperación, pero con las ciudades ya no hay ese tipo de cohesión. Las ciudades e Internet han roto el tejido de lo humano, basado en la empatía, lo visual y el contacto directo. No hay respuestas fáciles y sencillas, y que además tengan que ser morales, a las complejidades situacionistas de la vida. Esa doble apuesta persiste entre los humanos de hoy en día: las hemos heredado. El macho es parte de programas más básicos, que son llamados cuanto menos éxito social se tenga, pues en el aislamiento, en las injusticias, uno se vuelve individualista. O sea, que el estar excluido del juego social, con sus reglas elitistas, el cerebro ya no ve mujeres, personas en definitiva, ve sexo que ofrece una alta resistencia a sus deseos, sean estos carnales o no. Como no tiene contactos con mujeres, no llega a normalizar qué es una mujer, que tras ese cuerpo hay un alma, una persona. Las mujeres de su misma esfera están en la misma posición, y en muchos casos llevan sus frustraciones (y odio reprimido) al feminismo.  La obesidad morbosa “desagrada” tanto a hombres como a mujeres, lo mismo con la fealdad o cualquier otro “desequilibrio” estético, o en la personalidad o la inteligencia. En esa radicalización y tendencia incel y feminismo son lo mismo. Este odio, en un sexo y otro, sólo tiene de origen en que el sistema humano es jerárquico, y que el azar de cómo nazca uno es injusto. ¿Habría que politizar o crear ideologías sobre algo tan “natural”, como lo injusto que es el azar?, complicado, puesto que por mucho que se legisle, otra cuestión será el cómo opera en el cerebro y lo social: se cae eternamente en la máscara, y lo políticamente correcto. El perpetuo problema que no terminamos de comprender: los mini-programas más antiguos, viscerales e instintivos, son los que tienen más peso y vías en el cerebro, los más “secuestradores” e intrusivos de nuestras capacidades mentales; el prefrontal los censura y/o los frena, pero el prefrontal requiere de un tiempo y energía (carga cognitiva), que no siempre están disponibles ante ciertas situaciones. Pon a hombres en un aula y que tengan que prestar atención a lecciones, mientras varias modelos strippers vagan por allí y no asimilarán nada: el sexo es demasiado secuestrador y absorbente (vídeo ejemplo, fijarse que en cuanto la actriz se pone en plan “seductor” ya acapara la atención). En el hombre la cuestión, de cómo concebir al otro sexo, se ha potenciado aún más con el porno, pues reduce a la mujer a un mero objeto sexual. Hecho del que no es solamente culpable el hombre, cualquier mujer que ceda a hacer esos papeles es cómplice. Un solitario, sin éxito social, es lo que más encaja en los perfiles policíacos, cuando se buscan agresores sexuales. Un incel es ese límite en donde moralmente no cae en el delito sexual, pero tiene esa pulsión sexual reprimida…, es alguien que bajo ciertas condiciones reclama que su estado es injusto, en un mundo que ha devenido a sólo llamar a sus instintos más básicos, con la propagación del porno y lo sexual en todos los medios y en la calle. Es un nuevo tipo de víctima en un nuevo mundo casi sin reglas o normalizaciones sociales. Rompe el precario equilibrio en el que estaba el sistema y sólo se llegará al caos, sobre todo con lo confuso que es la liberación sexual y el porno, y la nueva y paradójica situación de la mujer. Todo joven hoy en día cae en estas tendencias y confusiones, han aceptado más la homosexualidad que el conflicto y algunas de las reivindicaciones de las mujeres. Lo que quiero decir, que lo he enredado demasiado, es que un soltero sin sexo y que tenga todo lo demás suplido en la vida, se comportará con el sexo en la actualidad como lo haría un hambriento que estuviera en un comedor de autoservicio, a sabiendas que esa comida es inalcanzable; manifestándose ese deseo con avidez y desmesura, no bajo los cánones de una persona saciada de comida. Ese estado es un juego dual del exceso de sexo en lo social, y ausencia de sexo en lo individual. Como dice el refrán: “dime de qué te quejas y te diré de qué careces”. Hoy los Incel, reprimen y expulsan a los más radicales; no es fácil, ni siquiera, crearse una cuenta.

   Toca cuestionar este desfase del sexo, pues no trato de equiparar la necesidad de la comida con la del sexo. En primer lugar este desfase es por lo ya dicho en este escrito, la “conciencia de” no puede ser llenada, siempre va a buscar algún faltante. Suplida todas las necesidades, la que quede como relevante y apremiante ha de ser ese faltante (revisión de la conocida frase de Sherlock Holmes). De hecho la palabra deseo, “desidium”, proviene de permanecer sentado, estar ocioso, momento en el cual la “conciencia de”, frente a sí, frente al vacío, busca algún faltante. De “desidium” proviene “desiderare”: echar en falta, echar de menos, que de nuevo remite a lo faltante. En esto la conciencia, el miedo y el sistema inmunitario tienen las mismas formas de operar. Como los dos últimos siempre estuvieron activos en la prehistoria, ahora “quieren” o “creen” que han de permanecer igualmente activos, aunque sea “inventando” nuevos miedos o enemigos en el cuerpo. La mayoría de los trastornos y fobias mentales se basan en miedos infundados; igualmente entra en juego el excesivo deseo de control, en los estados obsesivos. En el caso del sistema inmunológico creando enfermedades autoinmunes. En todos estos componentes teníamos un nivel alto de ataques en la prehistoria, y ahora el cerebro y el cuerpo rellenan ese vacío con nuevos problemas, en muchos casos inexistentes. No sé porqué me complico tanto en ejemplos que pueden ser cuestionados, cuando hay una evidencia más clara. ¿Por qué nos crecen tan rápido las uñas?, porque la evolución hace uso de la queratina para eternamente hacer crecer las uñas, y no lo usa para reforzar el pelo y que se mantenga mejor durante más tiempo. Se supone que en la prehistoria haríamos mucho uso de las uñas, para escarbar en la arena, y otros cientos de utilidades. En ese proceso se desgastaban, luego había que optimizar su crecimiento rápido. Se supone que empezamos a usar herramientas hace unos 2,6 millones de años, en ese proceso se iría dejando de usar tanto las uñas, y ahí está que siguen “empeñadas” en crecer rápido, cuando ya no tienen tanto desgaste. Cada vez que te tengas que cortar las uñas recuerda lo que tarda la evolución en hacer cambios acordes a los tiempos. ¿Por qué aceptamos esta paradoja de un sistema del cuerpo y no lo aceptamos del cerebro, la conciencia y el sexo? (ver vídeo de lo que esconde estrechar las manos). Seguimos atrapados en la idea de un Dios y que somos almas que han de ser “gobernadas” desde lo moral y la voluntad, como designio divino. No es un trastorno o patología, ni siquiera un mal de la condición humana, es un alma que Dios ha dejado de habitar, para ser ocupada por el mal, por el diablo. De ahí unir ociosidad, deseo y diablo en el refrán: “cuando el diablo no tiene que hacer, con el rabo mata moscas”, o el de “la ociosidad es el patio de recreo del diablo”, que enlaza con el origen de la palabra deseo como ociosidad. Este pensamiento cargado de moralina no tiene por qué ser consciente, pero es el que nos da el cerebro sin pasar por la reflexión, al ser condicionados nuestros cerebros por las enseñanzas durante la niñez y leyéndola sucintamente (¡me acabo de enterar que es un verbo: suncitarse!) como “verdad” que emerge en lo social. Por lo demás damos demasiada importancia a la voluntad, cuando el verdadero escollo es la motivación. Voluntad es hacer algo que no te agrada, por exigencia personal o social; motivación es algo que te nace de tu propia naturaleza. Una y otra casi nunca van a la par. De nuevo los entresijos de la libertad y lo prohibido, entre las qualias y las normas sociales. Yo tengo claro que no soy mi voluntad, en tanto que esta es la interiorización de las normas sociales. La voluntad no es Dios o un poder divino dirigiendo nuestros pasos, es la sociedad como ente abstracto moviendo tus hilos de marioneta, haciéndote creer que tienes que tener un tipo de actitud en la vida, porque de lo contrario eres susceptible de ser un problema o un fracasado. Disfrazamos las cadenas de la sociedad de Dios. Esa es la primera y principal violación en el ser humano. No nacemos bajo el pecado, como nos ha hecho creer el cristianismo, por poseer una libertad; nacemos violados, porque rápidamente la sociedad nos normaliza. Nos resta todo aquello que vaya contra lo social. La moral viene de la ley, y no al revés. Si somos ese ser tendente o a lo individual o a lo social, si se activa lo individual se desactiva lo social. “(De)vi(ni)endo”, despertando, el Ser como violado. Atravesado por la injusticia. Es la sociedad la que tiene la obligación de no despertar, a través de la injusticia y de la desigualdad, a ese lobo que nos habita. Es un segundo acto de violación hacernos creer que es nuestra culpa que el lobo despierte, que tenemos poca voluntad. El concepto de voluntad, así, es ese pene violador que nos atraviesa de parte a parte, y que termina por ser un elemento más de nuestras carnes, de nuestra esencia… o eso nos hacen creer. Yo tengo claro que mi motivación me hace subir una montaña para nada, pero que no tengo voluntad para luchar contra la burocracia y el sistema, por que la voluntad no son mis “dientes”, es una dentadura postiza que se cae a la menor. Son los “dientes”, los que al final acometen actos como el canibalismo, la delincuencia o el asesinato, en donde ni siquiera lo nuclear, como lo cooperativo y la empatía, logran ser parte de uno mismo como perteneciendo a lo humano. En definitiva, hay pocos humanos que nazcan “malos”, esta nace de la radicalidad de no poder salir de la injusticia y la desigualdad, uno no es “culpable” porque esto se active, lo es la sociedad, como fue en el caso de la “tragedia de Nazino“, o el genocidio de Ruanda, u otros tantos. El humano es un condenado a muerte que no se puede acoger a la defensa de su naturaleza, ni puede llamar a testificar a nada celestial: ángel caído, ángel “mecanizado” en huesos, carnes y neuronas…, ángel carnalizado. Sé que mi cerebro se está radicalizando, pero hay ciertos cerebros que tan sólo tienden al suicidio bajo este signo. Algunos tipos de suicidas introyectan la ira en su acto final. Un segundo dato, a nivel etológico, es que la sexualidad está ligada al éxito social o a ser aceptado en la manada. Luego para el cerebro no-sexo es igual a ser un fracasado y/o no pertenecer a la manada. Y un tercer e importante dato es que ningún animal se masturba compulsivamente o tiende a la adicción sexual en la naturaleza. Sí ocurre entre los animales enjaulados, hacinados y en recintos. Lo que prueba que el humano se siente enjaulado en nuestra, erráticamente concebida como magnánima y venerada, sociedad basada en las ciudades, y a partir de la agricultura y la ganadería. En el macho es más antiguo y elemental el orgasmo, el placer sexual. Llega a él después, en muchos casos, de haber luchado contra otros machos. De una manera u otra después de competir o luchar contra resistencias. Luego es un premio al final de una situación estresante y dura. El orgasmo de esta manera termina con la tensión. La evolución ha unido, así, sexo y liberación de tensión. Puesto que es un mecanismo y vivimos en un mundo de tensión y estrés, el sexo se convierte en una manera de liberar tensión. ¿Resultado, conclusión?, somos una especie enjaulada, con mecanismos primitivos como el sexo por liberación de estrés y tensión, que por lo demás tenemos al sexo como el baremo de nuestro éxito social. Éxito que, en la prehistoria y en lo animal, lo tienen los alfa, luego éxito sexual igual a alfa, indistintamente del género. Resumiendo: mal, mal, mal…, tres fallos de tres, ¡humano suspendido! He tratado de averiguar si entre las chimpancés enjauladas se da la masturbación, pero no he encontrado ese dato. Por el perfil que he trazado el sexo encaja a ser más disfuncional en el hombre: por ser un mecanismo en este más antiguo que en las hembras, y por la lucha para llegar al sexo; cuestiones ambas que están “programadas” en la testosterona, en la doble vertiente y unión de agresividad y sexo.  Pero vale, si la mujer quiere ser en eso igual de “averiada” que el hombre lo acepto. Fuera de ironías, con lo expuesto trato de mostrar las diferencias entre hombres y mujeres, buscando sus porqués y sus orígenes, en la dirección de hacer comprender que el hombre es “victima” de su condición. ¡Aviso!, hasta el final del párrafo voy a -principalmente- conjeturar. La vida, en su definición más llana y elemental, es replicación; esa estructura es más propia de la mujer, en tanto que cualquier tipo de replicador es lo que pueda llamarse femenino. El humano es concebido como femenino en sus primeras semanas, y sólo es unos meses más tarde que puede llegar a ser masculino. Puede que lo femenino no esté tan contaminado de ese vacío, de esa eterna “conciencia de”, de lo faltante, y por eso no terminan de comprender al hombre, porque puede que esa estructura sea en sí la procreación. ¿Reducir a la mujer al papel reproductor?, no, es un concepto más abstracto y filosófico. Profundizar. Si hubiera que reducir la vida a otra palabra, esa sería la de replicación. Puede que el vacío del hombre, su “la petite mort“, nuestro faltante, sea hallar al replicador, y seamos ese eterno vacío porque no lo podamos ser nosotros. ¿Cada acto sexual en el macho es un acto fallido?, sí, por eso está impelido a buscarlo eternamente, busca esa integración una y otra vez, pues siempre resulta ser fallido. Estoy fijando el Ser de la sexualidad, haciendo malabares filosóficas que corporizan al ente. El acto sexual, y el orgasmo -sobre todo cuando es al unísono-, concebido como el más cercano a esa unidad. ¿Porque desear la igualdad cuando puede que lo femenino sea más pleno?, más bien deberían sentir “lástima” y empatía por la condición fallida de ser hombre. La vida sexual puede simplemente consistir en esa falta, de ese acto fallido, de los dos sexos buscándose, en la medida que en su inicio un replicador era las dos cosas a su vez. La vida humana, al completo, es la sublimación y pulsión (despejadas de sus influencias freudianas), de ese acto original fallido. O extrapolando a partir de otro concepto: el humano es limerencia (deseo que puede llegar a lo obsesivo hacia la persona idealizada), no de otro humano, sino de una condición primera donde no existían dos sexos. Coincidiría de alguna forma con el vitalismo, o la voluntad de Schopenhauer, o la de Nietzsche, en donde en estos dos filósofos voluntad es un remanente de la fuerza y energía vital del mundo, de la vida, -fuerza ciega y voluntad insatisfecha, aspiración, deseo, dolor, tragedia para Schopenhauer; ímpetu y empuje vital para Niezsche-; pero les daría un sentido, un porqué y un origen, fuera de toda idea espiritual y religiosa, basado mera y exclusivamente en la comprensión de los sistemas complejos vivos y la base de la química orgánica en tanto que auto-replicadores. Más cercano a los planteamientos biologistas de H. Spencer, y el élan o fuerza vital de Bergson y Ralph Waldo Emerson. En todo acto humano “escondemos” la falla, el vacío; viviendo y actuando como si tal falla no existiese. Todo acto humano, en su núcleo, es la sublimación de tratar de llegar a ser un “replicador puro unificado”. Toda activación de la previsión del premio augura, está preñado, de una posibilidad a que el Ser se unifique, convirtiéndose en un en-si, Ser pleno, pues al no estar regado de negatividad de sí, por ser plena afirmación del deseo, se asume como totalidad, que por lo demás no está contagiado del para-si, de la sensación de vacío, pues en su intensidad lo niega. No digo nada que no haya dicho ya arriba, solo que tiene otros tintes: la retroalimentación positiva escapa de la homeostasis y sólo busca sostenerse. Es vitalista, rotura hacia adelante, lucha, no dejarse morir. Por eso el acto creativo, cualquier acto creativo, desde un simple tuit, pasando por inventar el iPhone, pintar un cuadro o crear una canción, hasta llegar a descubrir la radiación por Marie Curie o la relatividad por Einstein, son sublimaciones del acto creador por excelencia, que es el llegar a ser un replicador unificado, al que no le hace falta nada externo; el acto inicial y primigenio por lo que la vida es vida. Eso explicaría porque para mujeres y hombres como Steve Jobs y Madame Curie (Edison, Einstein, María Zambrano, Kant, Schopenhauer, Jane Goodall…) sus actos de investigación y creativos ya les eran para ellos suficientes. Todo creador se cierra en sí mismo como replicador puro. Si profundizamos sobre esta “intuición” podemos comprender la diferencia esencial del hombre y la mujer, y que no tiene que ver nada con lo patriarcal. La mujer está más cerca de ser replicadora, al poder tener hijos, cuestión por la cual ya se puede llegar a sentir plena. El hombre está mas alejado de ese plano existencial del Ser como replicador, es un replicador más fallido, más alejado de lo femenino, luego en él se tiene que dar de forma más exponencial la pulsión y la sublimación a través de los actos creativos. Esto coincide con las teorías de los sistemas complejos: en la mujer las hormonas principales son los estrógenos y la oxitocina, que son inhibidores, retroalimentación negativa que tiende a la homeostasis; en el hombre son la testosterona y la adrenalina, que son activadoras y tienden a la retroalimentación positiva, al desorden, al caos. Veamos el ejemplo más sencillo para entender la retroalimentación positiva: acerca un micrófono al altavoz por el que sale su sonido. Cuanto más alto suene, más alto recoge el sonido el micrófono, que a la vez eleva el volumen del altavoz…, no hay freno, no tiende a ningún equilibrio, crece y crece el volumen sin límite, hasta que se  rompe el sensor del micrófono, o hasta que se revienta el altavoz. Se suele decir que ciertas personas están embarazadas de sí mismas, la película “Steve Jobs” de 2015 es una muestra de ese proceso, donde para Jobs era más importante su empresa, su creación, que su hija. Otro caso es Charles Bukowski, quien llegó a decir que: “no me gusta la gente, sólo me gusto yo mismo“; igualmente afirmó que él nunca se sintió solo, (Vídeo) pues esa sensación de ser un auto-replicador ya llena al que posee tal condición. De común, por la falta de creatividad, de sublimación, el humano tiende a buscarlo en la pareja. Ya sé, se parece a la idea platónica del alma dividida. Puede que esa sea nuestra verdadera falta, para-sí que eternamente busca ser en-si, la división de un ente que debería ser sólo uno: un replicador. ¿Es la familia lo más parecido a esa unidad en lo social? De ser así, ese “hambre” y vacío eterno, lo crea o es una propiedad del sistema complejo al que pertenecemos. La familia como unidad, sería su atractor, su generador de equilibrio. La mujer es complejidad por tratar de “predecir” (intuir) cómo ha de ser esa familia, esa unidad integradora, al encontrarse con cada hombre, tratando de intuir si va a fallar. ¿Cómo selecciona la hembra?, parece magia. Ni siquiera está claro en el reino animal. Al alfa, sí; pero, ¿y entre dos candidatos alfa? Es mágico igualmente cómo un hombre pasa a ser de candidato a patético, ni siquiera la mujer sabe cómo “funciona” esto. Hay reglas y tramas evolutivas que parece que permanecerán por siempre como enigmas; independientemente de lo que se ha descubierto de las feromonas y la compatibilidad de los sistemas inmunes. ¿Busca la mejor familia posible?, en tanto que abstracción. De hecho la familia es esa integración. La humanidad sobrevive por sus hijos. En el hipotético caso que se diera lo que nos muestra la película “hijos de los hombres“, que no se pudiese procrear, la humanidad se suicidaría al unísono. Toda la humanidad buscando su precipicio particular, por el que tirar su vano cuerpo. Por mucho odio que pueda generar lo masculino a la mujer, no se puede -o debería de- llegar a odiar tanto como para despreciar nuestra condición dentro de una unidad que ha de ser lo humano. Ese odio visceral viene de esa otra que es la mujer que ama sólo a la mujer, y para las cuales el hombre, equivocadamente, es lo despreciable de su propio sexo. No soy homófobo, sí voy contra ese odio visceral que he notado en muchas homosexuales, que son las que principalmente están generando el panorama actual más radical de la lucha de las identidades. El contraveneno de ese odio, de esas homosexuales radicalizadas, llegará si alguna vez tienen un hijo y sea varón, y tengan que lidiar con lo que ha de pasar este por ser hombre.

   Me es de interés transcribir aquí uno de los parágrafos de la Wikipedia, sobre la “reacción limerente”, dada su relevancia, y teniendo en cuenta que se ha de hacer el ejercicio mental a que no se refiere a una persona, aunque también, sino o bien al acto creativo, o a ese deseo de restablecer la falla que es todo acto, y que siempre conlleva el deseo de volver a ser unidad, no estar dividido en dos sexos; entre paréntesis y granate intrusiones mías:

   “La reacción limerente es una reacción compuesta, es decir, está compuesta de una serie de reacciones separadas. Estas reacciones ocurren solo cuando las percepciones erróneas se encuentran con la adversidad en el contexto de un romance (deseo de unidad)Tal vez debido a esta especificidad única, las reacciones limerentes se pueden cuantificar y predecir de manera única de acuerdo con el esquema que se describe a continuación.
     La participación aumenta si los obstáculos se imponen externamente o si se dudan de los sentimientos del objeto limerente (lejanía del acto creativo, falla de no encontrar amor correspondido, tendencia a la depresión y las crisis existenciales y de personalidad). Solo si el objeto limerente fuera revelado como altamente indeseable, la lima disminuye (acto creativo fallido, persona que nos defrauda, comprensión de que el vacío no se puede llenar, melancolía). La presencia de un cierto grado de duda hace que la intensidad de los sentimientos aumente aún más (efecto bola de nieve, la resistencia aumenta el deseo, pues nos aleja del estado deseado, atención lo que se acerca esto a los actos violentos). Se alcanza la etapa en la que la reacción es prácticamente imposible de desalojar (estado obsesivo, ya sea del creativo o en el amor, busca sin tregua del sentido de la vida en las crisis). Esta adversidad puede ser superficial o profunda, interna o externa, de modo que un individuo a veces puede generar una profunda adversidad donde no existe (frustración en todos los niveles que puede devenir en ira). También el “romance”, por así decirlo, no necesita estar presente de manera genuina para que ocurra una reacción limerente (prueba que no está vinculado directamente al amor, sino que es algo más esencial).
     El curso de la limerencia produce un patrón de pensamiento más intrusivo (estados de rumiación, que pueden acabar en analítica). Este patrón de pensamiento es un período expectante ya menudo alegre con el enfoque inicial en las admirables cualidades del objeto limerante: su cristalización. Luego, bajo condiciones apropiadas de esperanza e incertidumbre, la limerencia se intensifica aún más (adrenalina y dopamina luchando en el cerebro, entre el placer y el vacío nervioso de la espera).
     Con evidencia de reciprocidad ‘real o imaginaria’ del objeto limerente, se disfruta de un estado de placer extremo, incluso de euforia (el amor Divino de Santa Teresa de Jesús, como ejemplo). Los pensamientos se ocupan principalmente de considerar y reconsiderar lo que es atractivo en el objeto limerente, reproducir cualquier evento que pueda haber ocurrido hasta ahora con el objeto limerente, y apreciar las cualidades personales percibidas como que posiblemente hayan despertado interés en el objeto limerante. En la cristalización máxima, casi todos los pensamientos en vigilia giran alrededor del objeto limerante (reevaluación de si es real o es otro acto fallido). Después de este pico, los sentimientos finalmente disminuyen.
      Se prefieren las fantasías a prácticamente cualquier otra actividad, con la excepción de las actividades que se cree que ayudan a obtener el objeto limerente, y las actividades que implican realmente estar en presencia del objeto limerante (con el tiempo, con la edad, sabemos que nada puede saciar el vacío humano, nos conformamos con sus idealizaciones). La motivación para lograr una “relación” continúa intensificándose mientras exista una combinación adecuada de esperanza e incertidumbre (deseo en vacío, en estado suspendido).” (2)

   Volviendo arriba, ¿porqué aceptamos la importancia de la niñez para analizar los problemas de una persona adulta con trastornos u obsesiones mentales, pero no hacemos el mismo análisis al humano y en donde su niñez es toda su prehistoria?, un niño es como fuera su niñez, un humano es como fuera su prehistoria. Todo es susceptible de tener alguna explicación, buscando en sus orígenes. El león acepta a los adolescentes machos si sabe que son de su sangre. El macho humano no tiene realmente debilidad por los bebés, como lo tienen las mujeres, no les hacen carantoñas, ni parecen tener especial interés; pero sí por los suyos, pues esto se lo da la prolactina. Claro no todo se reduce a la química, los cría desde bebés, crea un tipo de lazo humano, pero no hay que ignorar ese parecido con el león y el papel de la prolactina. La mujer sí tienen ese gusto por todos los bebés, pues como los suricatos o las elefantas, vienen de un tipo de manadas en donde las hembras formaban guarderías para cuidar a todos los bebés, para colaborar y que así fuera una menor carga para la madre: “hoy por ti, mañana por mí”. Todos estos tipos de diferencias entre especies se estudian en la etología comparativa. Si fuésemos descendientes de bonobos seríamos una sociedad muy distinta. Castra a un macho en la niñez y ya no tendrá ninguno de esos síntomas/problemas. El macho es conflictivo en todo el reino animal, sobre todo en los mamíferos, sólo las bonobo, han logrado paliar esa dirección del macho haciendo que esté constantemente liberado en lo sexual. Se nota en sus caras, y no es antropomorfismo. El hombre además tiene el plus de esa deficiencia del Ser de la conciencia y que somos una especie enjaulada. La sentencia final es que sí hace falta el sexo, sea o no a través de la pareja, porque es uno de los baremos que tiene el cerebro para mantener alta la autoestima, el amor propio, el sentirse valorado y dentro de una comunidad. No es por puro placer, por vicio, es una parte integrante más que ayuda a forjar la autoimagen y la identidad. El “auto-sexo” a través del porno no alienta en nada esa imagen, sino más bien la destruye, pues es ver el sexo en otros que uno mismo no puede tener. Por el contrario puede incrementar la autoimagen de perdedor. Con la masturbación no hay suelta de oxitocina, con el sexo sí.

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   Bajo mi punto de vista todo estaba relativamente “bien” antes de la revolución sexual, que si se analiza esta fríamente, seguramente en la mente de los hombres estaría la premisa de “follar como los bonobos”, mientras que en la mente de la mujer estaba la de no ser llamada putas, por el simple hecho de tener sexo por el sexo. En un caso u otro mujeres y hombres no tenían en mente las mismas premisas y finalidades, como se va demostrando con los años, por la dirección que ha tomado el porno, y la situación actual en donde incluso ha adquirido tanta relevancia el pleno consentimiento de la mujer. Estaba bien, no quiere decir que estuviera a la perfección. Puesto que se parte de “maquinarias” distintas, de medios y finalidades distintas, sólo puede darse el conflicto; por ello las relaciones homosexuales son menos conflictivas que las heterosexuales. La evolución, y el paso de los milenios, habían dejado estos conflictos lo más estables posibles. Habían llegado a un estado más o menos homeostático. Con ello no apunto a temas como los de “la mujer en casa y la pata quebrada”, y otros asuntos conflictivos sobre las igualdades. Me refiero a ese juego equilibrado del morbo, donde lo social ponía ciertas reglas para los dos: “yo insinúo algo, pero tú a la vez no tienes que ser descarado, y sólo con el fin de llegar a mi alma, no a mis bragas”. Lo siento, imposible invertir el orden de los géneros como para ser “políticamente correcto”; acepto que una mujer invierta esa trama en lenguaje de mujer y lo transcribo aquí. Por la moda actual del hombre -y de siempre diría yo-, no parece que lo claramente sensual o sexual sea de atractivo para la mujer. Más bien se rechaza a los hombres que lo hacen. De nuevo acepto que me demuestren lo contrario. Las imágenes más icónicas de ese estado previo son las películas de los años treinta, cuarenta y cincuenta. Mostraban a “caballeros” y el acto sexual sólo lo era en tanto que dentro del amor, donde el hombre nunca traspasaba la barrera del consentimiento mutuo. Los finales de los años sesenta acabaron con esa regla. A partir de los 80, las películas hollywoodienses, nos mostraban a parejas que tenían relaciones sexuales en la primera cita, sin que intermediase el amor. Se acabó el “cuento”, el metarrelato, ahora ya no existe aquel lenguaje; en el nuevo sólo reina el desconcierto y las malas interpretaciones, según unas posturas muy concretas de hombres y mujeres, y en donde ya no se “entienden” y todo es susceptible de volverse conflictivo. “Rompimos” las reglas del juego y ahora ya nadie parece saber jugar aquel antiguo juego.

Incremento en la Violaciones

    Con esto quiero enlazar con el escrito anterior. La mirada del hombre incordia cuando no es entre pares, o cuando no es desde un posible respeto. Entra en juego lo jerárquico. Alguien guapa quiere ser mirada por sus iguales o superiores. El sexo estaba bien como estaba, antes de la revolución sexual, porque se mantenía discretamente morboso. Ante el porno, y puesto que la sexualidad es retroalimentación positiva, se ha roto aparentemente la barrera del morbo, puesto que siempre se espera algo más, pues en los vídeos porno así nos lo muestran, una y otra vez. Nos dibujan caricaturescamente que toda mujer quiere sexo por el sexo, a cualquier momento y de cualquier manera, cuando la realidad es muy otra. Cuestión que puede no ser conflictiva para una persona madura, pero que sí lo puede ser para un preadolescente que se inicia en el sexo a través de estas películas. Un caso concreto es el porno de “molestar”, tendencia creada por el porno japonés, en donde se hacen tocamientos sexuales a las mujeres en metros o autobuses. En muchos países se está dando este problema, de tal forma que se han tenido que crear vagones sólo para mujeres. El porno, por lo demás, ha movido los márgenes de lo prohibido. En esa dirección el actual promedio sería tomado hace cincuenta años como obsesivo, pero hoy se ha normalizado. ¿Cómo será dentro de 10 años? La retroalimentación positiva sexual, sin frenos, sin límites, está “creada” por la evolución para los machos. Ya hemos visto los casos de los ratones marsupiales, o de los propios chimpancés, otro caso es el celo del elefante: “el must es un periodo de los elefantes macho, caracterizado por un comportamiento altamente agresivo y acompañado por un gran aumento de hormonas reproductivas. Los niveles de testosterona en un elefante durante el must pueden ser hasta 60 veces mayores que fuera del período para el mismo individuo”, (fuente Wikipedia). A la hembra sólo le hace falta una “monta”, pero no sé de ningún caso, en el reino animal, en el que altere su estado hacia uno de retroalimentación positiva, excepto por el hecho que se vuelve receptiva al sexo durante el celo. En ese sentido el que más se está viendo alterado por el porno, por la salida de la normalidad que trajo la revolución sexual, es el macho… y de forma negativa. Mayor tendencia a la competencia entre machos, más agresividad, comportamientos más instintivos, tendencia a la adicción al sexo y al porno. Y por lo demás, en fin, se han revelado esos otros machos que no tienen vía al sexo, que al final han creado la comunidad Incel, los célibes por imposición de las reglas jerárquicas de las hembras.

    Si se entiende sin prejuicios los patrones del comportamiento del cerebro que he analizado aquí, se ha de entender que el “atacado” en la situación actual es el macho, que no puede ir tranquilamente por la calle, sobre todo en verano, sin que se activen estas rutas mostradas aquí. Es realmente hiriente ser hombre, no tener pareja y por lo tanto sexo, e ir por la calle con las modas actuales. El cerebro se satura de tratar de inhibir que los ojos no se te vayan donde en teoría no deberían. Internet te asalta a cada momento con alguna ventana emergente sexual (dirigida a los hombres), en cuanto te sales de los sitios “legales”. Lo que ocurre con el hombre, en verano por las calles, es como si te estuviesen dando golpes de manera constante e incisiva con el dedo índice sobre el brazo, y extrapolar esta molestia a golpecitos en el cerebro. Se llega al “agotamiento del ego” (egotamiento, “se refiere a la idea de que el autocontrol o la fuerza de voluntad se basa en un conjunto limitado de recursos mentales que pueden agotarse”, Fuente Wikipedia), ¡y además vuelves a casa con un calentón insoportable! Ante esa situación sólo nos queda mirar al suelo; y me pregunto si uno no tiene derecho de ir por la calle con la mirada hacia adelante. Por otro lado no deja de ser extraño, pues tal acto o es “hacer un feo”, o esa mirada al suelo ante alguien es una prueba de sumisión, de nuevo enredar el mapa humano de los signos y los significados. De cualquier forma, esa ha sido mi actitud, mi apuesta, miro al suelo y no existe la mujer, quizás porque son esos extraterrestres invisibles que están en la tierra para no ser vistos. Con todo lo que pueda decir, y ciento y un mil explicaciones lógicas que pueda dar, es una lucha perdida, porque de repente hemos dejado de entender cómo funciona el mundo, cómo la sexualidad humana, y nos hemos topado con esa mujer que dice ser marciana y no entender a los machos terrícolas. Una máxima humana es que no queremos que nuestros enemigos tengan razón. Bajo esta premisa Internet y las redes sociales se están alimentando de odio y más odio, porque realmente no escuchamos (leemos) a la otra parte. En la vida real no lo hacemos, pero en Internet sí. Constantemente me topo con argumentos pobres, de un lado y otro, porque se han vuelto más importantes los argumentos y las razones que la verdad. El evadir la pregunta o el dilema directo, contestando con otra pregunta y un dilema distinto. No queremos ser convencidos, ni en nombre de la verdad, ni en nombre del futuro de la humanidad, si eso supone traicionar nuestra identidad, nuestra ideología. Tan sólo puedo decir y pedir una última cosa: ¡sentido común!, pues parece que se haya perdido. El ir de cierta forma por la calle demuestran dos posibles cosas: 1. que para la mujer no es igual cómo se activa el morbo, o el sistema de previsión de premio ante el sexo si se quiere ser técnico, o 2. aunque sea igual que en el hombre no quieren empatizar si para nosotros es molesto. Y si es lo segundo: ¿porqué nos piden que empaticemos con ellas si ellas no lo hacen con nosotros?, tiene que haber reciprocidad. Las mujeres contra lo primero que deberían de unificar sus fuerzas es contra el porno, o cuanto menos el tendente a traspasar las reglas, como la violación, la violencia o el incesto. Ninguna mujer que se precie, y que precie el futuro humano, de sus hijos en definitiva, debería aceptar esos papeles. En la medida que los acepten, son cómplices del estado caótico de la actualidad. Podríamos probar dos décadas sin porno, a ver si “las cosas vuelven a sus sitio”. Pero, ya, es imposible. El porno ha sido la caja de pandora del siglo XX; los “males” ya no vuelven a la caja, es designio de los “dioses”, en donde dioses aquí se refiere a la imposibilidad que el humano de un paso atrás en su loco correr.

    No soy puritano, soy simplemente racional, y analizo todos los datos de la situación actual y cómo hemos llegado a la presente, a la que yo considero, distopía. ¿Recordareis lo dicho arriba de la reproducción en los mares?, por el paso que va el humano terminará haciendo lo mismo: el macho dejará su semilla en los bancos de esperma, y lo recogerán las hembras. ¡A la evolución de gusta hacer este tipo de bromas y juego de malabares!, ir adelante, no llegar a ningún sitio y volver al principio. Voy a tratar de acabar bien, con un mensaje optimista. Otro mini-programa en el cerebro es el abrazo en la pareja después del sexo. Sin tensión, sin deseo, un estado equilibrado con el que miras y sientes a la pareja como alma con un cuerpo ahora desexualizado. Ha de pensarse la relación del hombre y la mujer desde esta perspectiva y luchar porque perviva.


(1) No estoy reduciendo todo crescendo a lo sexual. Ocurre igual en los últimos tramos de escalar una montaña, salir de la noche al día: los amaneceres, y otros cientos de casos.
(2) En la Wikipedia española la traducción en limerencia y por lo tanto acto limerente, en la inglesa, cuando se usa el traductor de Google a veces lo traduce como limerante y otras como limerente. Debería ser limerancia, pues limerante se acerca más a rom-ance, que es de donde proviene. Ante la duda dejo el caos tal como está. Pues si cambio a limerante tendría que cambiar a limerancia, y ya se ha asentado ese error de base, y nos salen búsquedas en Google por este que debería ser el correcto.