¡Mierda de Humanos!

Caminamos hacia la sociedad literal, en una sociedad literal
no hay margen para la comedia.
Quequé
Ninguna ideología está hecha únicamente de argumentos
puramente lógicos.
Pierre-François Moreau
Ya sabemos lo que somos, somos lo que sabemos.Hegel


(Cada vez tengo más texto donde he perdido referencias o los nombres y secuelas similares. Es la edad y mi memoria, ¡lo siento! No encuentro la referencia a la que hice alusión en el escrito anterior, por más que he buscado. Imagen de la cabecera en alusión de aquello del “camino estrecho”, que en mi caso es el margen que nos da la evolución para hallar un camino hacia el equilibrio de la especie y al individuo.)


Hoy me he despertado con una respuesta sencilla (que aparentemente tenía que haber sido evidente), que incumbe ciertos temas de los escritos atrás (e incluso temas “viejos”), y que sobre todo tiene que ver con cierta “torpeza” intelectual del escrito anterior, donde en este ya estaba algo más perfilada mi teoría general. Es posible que en otras mentes ya estuviera claro, a mí me ha costado llegar a esa sencilla regla.

Me refiero a la no paridad entre tesis y antítesis, con respecto a retroalimentación positiva y negativa, cuando en el primer caso se busca llegar a la ntesis, y en el segundo caso a la homeostasis. Si se nace con una baja inhibición latente, esa persona tiene que recurrir a vivir en sitios con una baja excitabilidad, con mucho silencio, habitaciones zen, y colores apagados, o sea, recurre a que el medio tienda a la retroalimentación negativa, para que como síntesis haya un equilibrio entre, 1. tesis naturaleza sensible, 2. medio con baja alteridad, y como para 3. llegar como síntesis a un estado homeostático adecuado a tal sensibilidad. Kant debía de tener tal condición, la baja inhibición latente (pero también puede darse por otros casos, como que tuviese un autismo de alto funcionamiento), pues tendió a la soledad y llegó a odiar la música, porque cualquier sonido le “alteraba el ánimo”, y si no podía silenciar aquello que le molestaba, se cambiaba de domicilio. En un caso por un coro ensayando en una iglesia cercana a diario, en otro por el gallo del vecino y en otro caso por los ladridos de los perros. Un ejemplo contrario es la hiperactividad, igualmente tales personas tienen que vivir en un medio lo más neutro de estímulos posible, como para que las síntesis sea posible, pudiendo llegar al equilibrio. El siguiente paso a esto es definir unas pautas de comportamiento por ello “morales” —palabra secuestrada que ahora se asocia a patriarcado y ha llegado a cobrar cierta “mala prensa”—, a partir de esta simple idea.

Desde la Ilustración, que entró en juego la puesta en duda de la Iglesia y las religiones, a favor de la razón, muchos filósofos trataron de buscar una ética acorde a esta nueva premisa, terminando de cuestionar la poca “cordura” que ya les pudiera quedar a las morales de las grandes religiones. Me refiero a que es posible que el humano llegase a esa síntesis “moral”, o sea de las costumbres, en la época en la que vivían simplemente como cazadores-recolectores, cada tribu con las suyas propias, pero con cierto nexo en común (que es el que mostraré), reglas que dejaron de ser válidas, en cuanto se llegó al neolítico y a las grandes ciudades. Un primer inicio a la rotura del tejido social, a favor del individualismo.

La “moral” de hoy en día la inició Adam Smith, tratando de encajar dos aparentes evidencias: el egoísmo que nos procura el instinto de supervivencia, y la empatía. No hay forma de solventar tal dislate, no por medio de creer en que sean dones que nos haya podido dar un Dios, a no ser que sea un demiurgo, y nos cargue con contradicciones porque eso le hace “gracia” o no nos quiera poner las cosas “fáciles” (si este escrito tuviera que ser un libro, ahondaría en otras bases morales nacidas durante el siglo IXX, pero no es el caso). La resolución de Adam Smith, homeostática y por ello a modo de síntesis, es que el hábito puede hacer que una persona egoísta tienda a ser empática (simpática en aquella época), donde si bien al principio lo hará de forma forzada, al final —por hábito— lo volverá parte de su “naturaleza” (se incorporará en su cerebro). Adam Smith, además, fue el padre del liberalismo económico, con lo que a la larga su moral se ha diluido y ha quedado —de su idea principal y dual— el lado egoísta del humano, pues es el que triunfa, al entrar en “guerra” con cualquier otro opositor, que no recurra al arma que es el egoísmo. Hoy, bajo el neoliberalismo, las grandes fortunas sólo se centran en ese lado egoísta de su naturaleza humana, sin tratar, en la mayoría de los casos, de compensarla de ninguna manera.

Hasta aquí se me podrá “dar la razón”, en mayor o menor medida. Ahora, al meterme en temas más espinosos, puede que ya no (para el que no los quiera leer los pondré en texto granate y se los puede saltar). No trato de ir a la época victoriana y su tipo de moralidad, me ocupo de esto en la dirección de hacer ver cuál es la posible causa de nuestra situación actual, que va más allá de lo meramente sexual, pero irremediablemente lo incluye, y que puede que sea el ejemplo más claro. Recurro a la “teoría de la coalición cosmética” (en la Wikipedia), si bien no creo tanto en ella, pero en tanto que sí creo en lo que tiene de trasfondo. En las tribus de cazadores-recolectores las mujeres tienden a reírse y tomar el pelo de los hombres que se creen mejor que la media. En cuanto un hombre alardea en exceso de su caza y sus dotes para ella, las mujeres le rebajan los ánimos por medio de reírse de tales alardes. Es de suponer, entonces, que el hombre hiciera otro tanto con respecto a las mujeres que se jactasen de su belleza (no es machismo reducir los dos sexos a tales tendencias o roles, pues por aquel entonces era lo natural: el dimorfismo sexual implicaba que el hombre tendiese a la fuerza, y la mujer a la belleza, aunque hubiera mujeres fuertes, o hombre bellos, no es la norma de la especie, aún hoy en día, como media, el hombre tiene un tercio de mayor masa corporal —altura y ancho— que la mujer). Tenemos así que la sociedad se estabilizaba, llegaba a un estado homeostático, rebajando a las personas muy bellas, inteligentes, ingeniosas, muy fuertes, etc. ¿Por qué?, por ser el único medio por el que una sociedad pudiera llegar a la igualdad, y que por ello perdiese su estabilidad. La regla principal era ser acéfala, que nadie mandase sobre nadie, cualquier desequilibrio hacia arriba llevaría a que esa persona ejerciese un poder sobre el resto. La fuerza no es la única forma de poder, aunque el feminismo quiera haberlo llevado por ese camino (interesadamente, claro, todo en la vida es política, como decía Aristóteles). La belleza, la inteligencia y el ingenio son otras formas de poder. Es muy posible que por aquella época no se ensalzase a las personas bellas, e incluso que se les “bajase los humos”, a través de hacerles pensar en partes de su cuerpo que fueran feas. De ahí a lo escatológico hay un paso. Aun hoy en día se recurre a la idea de que todos cagamos y nos tiramos pedos. De fondo, en tal idea tan sencilla, emerge la vergüenza como el mejor medio de rebajar a los que quisieran ponerse por encima del resto. Aún hoy en día “funciona” (o funcionaba hasta hace unas décadas) el recurso de la vergüenza como el principal “motor moral”, intentando estabilizar a una media a la sociedad, por lo menos a nivel de calle. A la vez este comportamiento debería de implicar su contrario: tratar de subir el ánimo a los que no fueran “favorecidos por la fortuna” en belleza, inteligencia, fuerza o belleza.

Ahora, volvamos al presente. La máxima de hoy en día es tratar de favorecer aquello que nos ha dado la naturaleza, sacarle partido. Volvamos al caso de esa mujer que fue al estudio del programa “La resistencia” con un suéter de rejilla muy abierta y sin sujetador. En lo que “pecaba” no era en la lascivia, sino en la soberbia. Si se es bella, en teoría, tal persona tendría que tender a la elegancia, “rebajando” su belleza natural a una media. La chica con mayor belleza con la que he salido, ha sido una que era “modesta” en su forma de vestirse. Era escultora. Inteligentemente sus padres la educaron para que la belleza no fuera su “arma” —ventaja— principal. Por el contrario hoy se viste a las niñas de forma demasiado sexual, sobre todo en programas de búsqueda de “genios” y talentos, donde además se les hacen coreografías que claramente son bailes sexuales como el reguetón (casos, de cualquier forma, que se han denunciado). Llevemos tal regla a la inteligencia. Una gran mayoría de personas que han sobresalido por sus descubrimientos, su saber o su inteligencia, fueron humildes. Rebajaban así ese “poder” ante los otros. ¿Qué regla sale en todos los casos y que era la que estaba en los cazadores-recolectores o nuestra prehistoria?, sino que a partir de una tesis, que podía ser el nacer con elementos que pudieran dar algún tipo de poder a tal persona, o por el contrario que se naciese con alguna tara, eran contrarrestados por medio de una antítesis (humildad y valorando a los que no tuvieran ningún “poder natural”), para llegar a una síntesis como persona, en donde se regulasen las dos fuerzas contrarias en juego. La finalidad, a la vez, es que nadie sobresaliese sobre nadie en la tribu, para mantener la paz y el equilibrio en lo social. Tal equilibrio se quebró cuando se salió de África, y sobre todo con la ganadería y la agricultura, pues quedó en suspenso tal pacto tácito, en donde aquel o aquellos que tuviesen más poder o propiedades, empezaron a dictar sus propias reglas y por ello una moral que “justificase” los desniveles sociales. El punto culminante de tal quiebra fue el protestantismo, al desligar poder llegar al cielo no por las acciones en vida, sino simplemente por la fe (el Protestantismo beneficiaba a los comerciantes, luego ¿por qué no convertirse?), en donde Adam Smith terminó de sentenciar la dirección que tomarían nuestras sociedades, “justificando” el egoísmo  y por ello el egotismo (con otros pensadores coetáneos como Malthus, o las propias ideas pretéritas y pesimistas de Hobbes), y en tanto que su moral hacia el equilibrio de las dos fuerzas en juego (egoísmo/simpatía) no caló, y puesto que al apostar por lo racional desde la Ilustración, implicaba dejar a hacer a la naturaleza (laissez-faire), y en donde en ese caso siempre ganará todo aquello que tenga poder y sea egoísta (puse oboísta, y resulta que existe: el que toca el oboe, jeje).

Vuelvo al momento presente. La cuestión —y si se entiende bien el problema y tal como lo he planteado aquí— no es que esté “mal” la situación de las grandes multinacionales y los pocos multimillonarios o fortunas que estén detrás. Esa persona que fue ejerciendo su poder siendo bella y mostrando sus pechos al programa de “la resistencia” es igualmente “culpable”, aunque su “daño” sea nimio o aparentemente ninguno, según el feminismo. Lo que está demostrando el porno y las cam-girl (boy) es que nacer con belleza y centrarse en ese “poder” desequilibra la balanza humana sobre la belleza (¿son cam-girl por ganar dinero —muchos de los casos de las mujeres en países en desarrollo— o lo son por lucirse —mujeres del primer mundo—?). Casi toda persona se sentirá fea bajo lo que vemos bajo este nuevo estándar, creando desajustes en cadena a nivel social, donde los más desventajados en todos los rangos es muy posible que caigan en distintos trastornos, y entre ellos el más “típico”, que es la depresión o la infravaloración de uno mismo (“no valgo para nada”). La evolución está “ideada” a que nuestra vida no fuera muy larga, con lo que ponía todas las bazas de belleza, fuerza, ingenio e inteligencia en la juventud, entre los catorce y veintidós años, momento en el cual todas esas “armas” empiezan a decaer poco a poco, pero inexorablemente, en ímpetu y efectividad. Siendo así, las chicas de esas edades remarcan más sus “encantos”, a tenor de la permisividad de sus madres, y de los padres que se tienen que callar ante el feminismo, y cuando la ley dice que no tienen que ser deseadas por nadie fuera del propio rango de su edad. La efebofilia (distinto a pedofilia, pero que ahora lo han indiferenciado) es algo “natural”, en la medida que a cierta edad ya se puede ser madre, muchas tradiciones marcan esa edad con ritos de paso —la presentación en sociedad, o el Bat Mitzvah judío, como ejemplos—, y es a una edad por debajo de la actual mayoría de edad. De forma natural si un hombre o mujer, de cierta edad elevada, tiene alguna opción de volver a ser padre o madre, es con un joven. Este recurso se ha utilizado a lo largo de la historia, sobre todo entre los reyes y la clase alta y con fortuna, pues necesitaban herederos. A nivel natural tales leyes sobre la mayoría de edad no tienen sentido, pero una vez fuera de la naturaleza es a lo único que tenemos que “respetar” (es en lo que ha quedado la moral: a su negatividad, a poder hacer aquello que no está prohibido por la ley).

Moda por contagio de comportamiento.

No quiero extenderme más, pues sería yendo a problemas concretos de los que la gente prefiere no tratar. Todas las épocas tienen sus propios tabús, eso no cambia en lo humano. Sólo haré ver que hay chicas de 22 años que pueden tener la apariencia física y anatómica (genitalmente y en pechos) de una púber de 16 años, mientras que una de 16 años puede aparentar tener, en su desarrollo, una edad de la veintena. Las reglas de la razón, mediadas en la ley de la mayoría de edad, no tienen sentido. De hacer unas reglas ajustadas a cómo lo pueda entender nuestros instintos (el pene por ser vulgar y simplista), esas chicas mayores de edad, con un desarrollo de una chica de 16, no deberían de hacer porno o poder ser cam-girl. Todo esto tiene que ver con el condicionamiento clásico y el transferencia pavloviana-instrumental (ver vídeo de arriba): si un pene se excita con una chica de 22 años con apariencia de 16, después no se le puede “decir” que no lo haga con una chica de 16, con apariencia de 22; para colmo la pubertad se está adelantando en las chicas occidentales, lo que baja aún más tales edades. Leí una vez que en Australia no dejan hacer porno a las mujeres con muy poco pecho, pero en su momento no lo verifiqué y no sé si sería un Fake (sigue pululando tal noticia, luego algo debía de tener detrás), por lo demás tiene sentido bajo lo que sabe la ciencia sobre estos temas, y que he tratado de exponer aquí de forma somera. La quiebra del sistema se hace latente, cuando tendemos a la globalización y por medio de Internet algunos países son más lasos a la hora de entender, o de llevar a cabo, lo que debería de ser una regla moral conveniente a nivel general. Como los países orientales suelen tener como media más mujeres con tal disparidad entre la edad y la apariencia física, los comerciantes e industriales (ya, a mí también me resulta raro el concepto de “industria del sexo“) se “aprovechan” o toman como ventaja sobre el resto de porno del mundo, el explotar ese lado y ganar dinero (para colmo de males, como varón en dicho porno, suelen escoger a personas de tamaño muy grandes, para que sea más evidente la disparidad). Mientras tanto, en teoría, sube la pedofilia, cuando en realidad en muchos casos es efebofilia (hay que hacer distinción además entre desear y llevar a cabo tales deseos, tema confuso si se lleva al medio que es Internet, pues propicia el porno en esa dirección, la infantilización, o incluso peor: el porno infantil), y cuando no se tratan tales asuntos en profundidad (ni medianamente, pues son tabú), y bajo leyes que deberían de ser internacionales.

Actriz japonesa, mayor de edad, ¡claro!, si no sería delito. Nada de pecho y nalgas, cara infantil. Estaba “obligado” a poner esta imagen, por que sino no se entiende a qué me refiero.

¿Por qué oriento la regla que he mostrado arriba, tan elegante y sencilla, al sexo?, para hacer ver que el feminismo, en su dar “palos al agua”, está cambiando reglas que eran milenarias (si no entiendes algo, no lo desmontes sin saber si lo vas a dejar igual o por el contrario lo vas a “estropear”), y en donde la liberación sexual también va a propiciar que cada vez sean más manifiestas las parafilias, que unas veces son inofensivas, pero otras no tanto. Antes toda persona con una parafilia buscaba a un igual o lo suplía, si podía y era legal, en la prostitución (algunas denuncias de agresiones sexuales son de personas a las que se les ha hecho sexo anal, sin que su par —de una noche o de varias, pero en todo caso sexo casual— lo hubiera autorizado, porque en definitiva tal acción y tendencia se ha “normalizado” en el porno; siendo un “frío racionalista” esto ocurre por mera estadística: cuanto más sexo esporádico mayor probabilidad de dar con alguien con alguna parafilia peligrosa, luego la cautela femenina tenía su posible razón de ser; esto lo saben las prostitutas). Ahora todas las parafilias salen a la luz a través de Internet, donde además y por medio del “etiquetado”, normalizamos o incluso contagiamos ciertas parafilias (no sé cómo se ha puesto de moda poner caras raras y con los ojos bizcos entre las cam-girl y las redes sociales: es un caso claro de contagio y mimetismo social, pero sólo es una cosa más entre otras que pueden ser más extremas, uno de esos casos es arrimar las partes íntimas sobre las mujeres en lugares como el metro o los autobuses, obligando en algunos países a que haya vagones sólo para mujeres). ¿Estoy haciendo uso del pánico moral o es la nueva realidad, que por habitual la hemos normalizado? (leer sobre “normalidad progresiva“, aquello de echar un cangrejo en una olla de agua fría e ir subiendo la temperatura poco a poco, pues es lo que ha ocurrido en todo esto).

Por el estímulo supranormal y dado que esta especie de escarabajos se orienta por el color, los machos se acercan a las botellas de marrón brillante.

La era moderna ha creado filosofías tan extremas e individualistas como las de Max Stirner (Don Max, como fue apodado por Marx, cuando se enemistó con él), la de Nietzsche y la de Ayn Rand. Conviene dar marcha atrás en el tiempo. Todo animal ha sido creado para sacar el máximo de potencial a aquello que le dé ventaja. El pavo real macho que tenga la cola más espléndida será el que se aparee y por ello la apuesta que sobrevivirá en las siguientes generaciones. ¿Por qué el humano en su puesta en juego de la vergüenza durante el largo periodo que permaneció en África y como cazador-recolector, cambio aquella disposición natural?, ¿se equivocaron? La regla evolutiva implica a un concepto que se da en casi todo el reino animal: el estímulo supranormal (lo prefiero a supernormal, que remite a los héroes como es el caso de supermán; el aumento de pecho o nalgas o el exceso de pronunciación de la musculatura llama a tal estímulo, pero no es sólo hacia arriba: los cuerpos pequeños en las actrices porno o muy delgados en las modelos son lo mismo). Toda hembra busca lo excelso en el macho. O sea, si la cola del pavo real se normalizara a un cierto tamaño y vistosidad, ahí se pararía tal juego evolutivo. Pero toda hembra busca a aquel macho en el que tal tamaño o vistosidad se haya aumentado en su generación. Bajo el estímulo supranormal se da, por tanto, una retroalimentación positiva que hace de acicate para tender a una “superación” o un grado más alto de una facultad de esa especie. El humano, entonces, cuando apostó por la vergüenza como control de tal “disposición”, ¿apostó por la mediocridad, por salirse de las reglas evolutivas?, ¿o no será el caso que bajo tal apuesta y elección se apostó para tratar de alcanzar la eusocialidad (modo de sociabilidad de las hormigas y las abejas)?, en donde lo importante era el grupo y no el individuo. En ese caso aquí podemos ver que nuestro fluir evolutivo ha querido tomar varios caminos (el individual y el eusocial), sin que ninguno haya “triunfado” sobre el otro. Creemos en el de ahora, porque es el “nuestro”, pero apenas si lleva en juego unos doce mil años, un tiempo relativamente corto con respecto al periodo anterior, que duró varios cientos de miles de años. Lo que queda en claro es que es muy posible que tal dualidad es la que se manifiesta en las políticas de la derecha y de la izquierda. El “fallo” de la izquierda, o por lo menos del comunismo, es querer “imponer” que todos tengamos que abrazar el alcanzar una media humana, cuando hay humanos que nacen con ventajas y su condición les hace luchar por su validación, y en tanto que es la regla evolutiva más universal. No basta que una nación o cultura llegue al comunismo y “suprima” o anule a aquellos que tienen esa tendencia evolutiva: la genética volverá a crear a tales individuos a lo largo de las generaciones, hasta que llegue un momento que se hagan con el poder…, luego, ¿no será todo por algo tan simple como que cada persona suprima —voluntariamente y por convicción— todo aquel tipo de poder que le pueda llevar a la soberbia y de creerse —o sentirse, que también se da mucha superioridad ilusoria: “oh, todos los tíos me miran!”, claro, se te ve medio pezón, jejeje— mejor que el resto de humanos? No ha de estar, por ello, en manos de lo político (camino que ha tomado el feminismo para ganar ventaja), sino de lo moral (de lo que escapa el feminismo radical). Buscar la síntesis de sus dos opuestos (la unidad de los opuestos de Schelling, quien dijo de Hegel que le usurpó sus ideas para llegar a su dialéctica). Siendo así, y durante la era de cazadores-recolectores, la mujer “ataba en corto” la soberbia del hombre, y el hombre la tendencia a centrarse en su belleza a la mujer. No era patriarcado (palabra secuestrada que tiene su origen natural), era una síntesis de los dos opuestos (hombre y mujer son dos opuestos “obligados” a alcanzar una síntesis: al ignorar este lenguaje y concebirnos como iguales, no se gana nada, como se está viendo, pues cada vez hay una guerra más abierta entre hombres y mujeres, que a la vez demuestra más nítidamente que somos contrarios). Tal equilibrio se rompió en el neolítico, y desde ese momento sí se balanceó hacia un patriarcado, pues una vez que se deja entrar en juego al poder, en ese “lenguaje”, tenía ventaja el hombre (hoy, y a partir de la liberación sexual, la mujer aventaja en lo sexual al hombre —victoria Pírrica por lo demás, pues hemos “perdido” todos—, cuando no sigue siendo claro —y aún han de seguir luchando— si lo hacen fuera de ese rango).

En resumen, se dan dos dialécticas, una interior y otra social. Las dos dialécticas tienen que ir a la par. No vale romper la dialéctica individual, sin que se dañe la vez la social, y a la inversa, que si la social esté dañada, impida o haga complicada que las personas puedan llegar a una dialéctica individual. Por eso en mi gráfica lo individual y lo social están dentro de una unidad superior. Hoy, ni está bien la dialéctica individual, ni la social…, ¿cuál de las dos “reparar” primero?, no podemos exigir que se arregle la social, sin a la vez pactar uno consigo mismo el no ir hacia la desmedida y el desequilibrio a nivel personal (la “avaricia” de los YouTuber, como ejemplo, que se han ido a vivir a Andorra o creen justo ganar lo que ganan, sobre el resto de los humanos). Si nadie viese animación Hentai sexual con niños o porno japones infantilizado, tal tendencia desaparecería; o del lado contrario: toda mujer con cuerpo infantilizado no debería hacer porno o ser cam-girl. En otro caso más banal: si en un alimento prefabricado pone “contiene azúcar” y lo consumimos, estamos diciendo “sí, pon azúcar a todos los alimentos para que sepan mejor”, a los fabricantes. O en otro, si se pone de moda cierta ropa que excede lo que uno cree que debería de enseñar al ir por la calle, no compres esa ropa. ¡Ya sé!, todo esto cae en “saco roto”. Todo seguirá igual, nada cambiará. Hemos entrado en una dinámica que sólo la puede detener un desastre natural o alguna guerra o crisis mundial y duradera. ¡No aprendemos!, somos una especie estúpida. Las guerras, como igualmente dijo Hegel, son un mal necesario para que lo humano vuelva a su estado más homeostático. Las tormentas antes de la calma.


Offtopic: a fecha de este escrito, y desde hace meses, o sea que no es algo muy puntual, no se pueden comprar tarjetas gráficas de alta gama, porque falta un componente —que lleva una “tierra rara” (nombre dado por su escasez)—, que es el que controla la temperatura de los microchip y la memoria, para además controlar los ventiladores. Además, las pocas tarjetas que van saliendo, las compran algunas empresas o usuarios, para hacer minería bitcoin (por un lado por culpa de la escasez y por otro lado por una tendencia global que en el fondo es egoísta, cuando en sus inicios el bitcoin trató de ser un camino menos egoísta y favorecedor con respecto al sistema actual). Lo digo por aquellas personas que aún piensen que el humano puede crecer ilimitadamente en un mundo de recursos limitados. Cabe pensar si la exploración de otros planetas, y su alto coste monetario, tienen de fondo la posible explotación minera del futuro, algo, que por lo demás, es una constante en muchas películas de ciencia ficción. Lo que nos llevó a América no fue el encontrarnos con otros humanos, hermanos, con los que hacía mucho habíamos perdido el contacto. Nos llevó el deseo de nuevas riquezas.