Bosquejo Para una Teoría de la Sociabilidad

Ser y Aparecer, y Acción-Reacción

“Para agradar a la gente tienes que ser otra persona.” en la serie Wayne
“Bonita paradoja: los medios de comunicación tratando un acto intolerante con una total y completa intolerancia.” en la película “Dragged across concrete”
“No hay necesidad de apresurarse. No hay necesidad de brillar. No es necesario ser nadie más que uno mismo.” Virginia Woolf

“Desde el punto de vista genético, los seres humanos de hoy somos cazadores-recolectores desplazados a través del tiempo a un mundo distintos de aquel para el que fuimos hechos.” Francisco Giner Abati

(En muchas situaciones soy un ser de la desmedida. En este escrito apenas a tocado el tema a tratar y me desembarazo de él para que deje de acuciarme. Queda pendiente de escribir una segunda parte.)

Preámbulo

Los límites cerebrales y lógicos siempre impiden que uses todos los conceptos existentes de una sola vez. Siempre se es proclive a ignorar alguno importante y elemental, mientras que por la forma de proceder del cebado usas uno de esos conceptos, a veces, de forma redundante y abusiva. Si existe el límite de siete ítems a manejar, ¿esos son como mucho los que se llegan a usar en un párrafo?, ¿un nuevo párrafo se abre en la medida de saltar a otro “paquete” de siete ítems?

Esta introducción viene al caso porque siempre “reducimos” los escritos a unos pocos términos o conceptos, en donde uno no sabe si quien lo escribe desconoce ciertos temas, los trata de ignorar por interés o es que simplemente no los ha tenido en cuenta por este límite cerebral. En tales casos al lector conocedor le puede crear dudas esas omisiones, si no en una primera lectura, en donde él mismo está bajo ese límite cerebral, sí más tarde cuando reflexione sobre el tema. En esa misma situación se encuentra ese escritor, a posteriori puede analizar las deficiencias, olvidos u omisiones de ciertas cuestiones, lo que le puede llevar a reescribir algunas partes o simplemente dejarlas tal cual están, pues ciertas intrusiones explicativas pueden romper con la estructura del escrito. O sea, ¿hasta qué medida se puede estar puntualizando e introduciendo explicaciones y explicaciones de dichas explicaciones en un escrito como para que siga siendo conexo y leíble?

Este es el caso del presente escrito. Algo delirante y confuso, porque lo he escrito a lo largo de semanas introduciendo casi sin fin aclaraciones, connotaciones, y nuevos párrafos y narrativas, en la dirección de tratar de no dejar nada fuera. Ha de leerse bajo esta idea, y a sabiendas que el autor sabe que puede ser una lectura algo tortuosa.

La Herencia Dual

Antes de entrar en tema he de tratar de posicionarme (o declarar mi postura) con respecto a la discusión de la influencia del ambiente o los genes. Alguna vez escuché de un científico que decía que sobre un 60% somos genética, pero los paradigmas que venimos usando provienen de los sistemas complejos. En ese caso aunque el 40% del resto sea ambiente, o dicho de otra forma, que la cultura tenga mucho que ver, entonces habría que volver a revisar las cifras, en tanto que la cultura es un sistema subsumido dentro del de los genes y por tanto dar una mayor capacidad a la genética. Esto nos dice la teoría de la herencia dual:

Cultura, en este contexto, se define como “comportamiento socialmente aprendido”, y “aprendizaje social” se define como copiar comportamientos observados en otros o adquirir comportamientos a través de la enseñanza de otros. La mayor parte del modelado realizado en el campo se basa en la primera dinámica (copia) aunque puede extenderse a la enseñanza. El aprendizaje social en su forma más simple implica la copia ciega de los comportamientos de un modelo (alguien observó el comportamiento), aunque también se entiende que tiene muchos sesgos potenciales, incluido el sesgo de éxito (copia de aquellos que se perciben que están mejor), el sesgo de estado (copia de aquellos con un estatus más alto), homofilia (copiando de los que más nos gustan), sesgo conformista (recoger desproporcionadamente los comportamientos que más personas están realizando), etc. Comprender el aprendizaje social es un sistema de replicación de patrones y comprender que hay diferentes tasas de supervivencia para diferentes variantes culturales aprendidas socialmente, esto establece, por definición, una estructura evolutiva: evolución cultural.”

  Cuando una cultura dada pronuncia alguna característica sobre otras a lo largo de las generaciones, por retroalimentación positiva, crea cambios a nivel de ADN. Ahí tenemos que en el lapsus entre que el humano salió de áfrica y el neolítico, la diferenciación de las culturas se pronunció como manifestarse en rasgos externos, fenotipos, que a la vez repercutieron en el comportamiento, que a su vez creaban cambios genéticos. Los humanos de ciertas regiones muy al norte se hicieron rubias y de ojos claros como adaptación a las horas y la calidad de la luz del sol, no así entre los inuit, que aún vivían más al norte, luego de alguna forma también influía la selección sexual, que en parte es cultural. A la vez el vivir en el frío, y por la regla biológica de Bergmann, les aumentó el tamaño del cuerpo, que más tarde los volvió los temidos vikingos. Cuando veo películas rusas no me deja de parecer extraño que no haya ninguna característica física clara, cuando se supone que parte de su origen es vikingo. Estos en sus incursiones hacían esclavos con los que se terminaban cruzando. Lo mismo que ocurría allí había estado sucediendo a lo largo de los milenios por todo el mundo. De esa manera algo cultural y exclusivo de lo humano, como lo es la esclavitud, repercutía en que las fuertes diferencias, que se habían creado durante el periodo de aislamiento, se volvieran a “suavizar”. Con todo, hoy en día rubio y de ojos claros es la seña de identidad de ciertas ideologías e ideas peligrosas, como la supremacía blanca y su “madre no biológica” el etnocentrismo, que aún alteran la tranquilidad en la cultura. Igualmente que creen polémicas y diatribas hoy esos rasgos fenotípicos, lo mismo habrá ocurrido a lo largo de la historia con los mismos u otros rasgos externos. Lo que quiero hacer notar es que incluso algo tan nimio como son los rasgos fenotípicos, que no dejan de ser variaciones y mecánicas del ADN, ha repercutido en lo cultural creando cambios y adaptando lo social a dichas variantes. En definitiva que lo cultural no está libre de lo genético y en tanto que es un subsistema dentro del primero siempre estará bajo su influjo, o dicho en cifras no es que la genética repercuta en un 60%, sino que el resto que es ambiental aún está bañado del influjo de la genética, luego la repercusión genética es aún mayor que ese 60%.

Todo esto viene al caso sobre las polémicas de los estereotipos, arquetipos y roles. El actual paradigma, en contra de lo genético y programado, es que un humano no nace, sino que se hace. Pero, ¿al 100%? ¿Quién sería el atrevido de afirmar tal despropósito?, y en caso que no haya nadie… ¿en qué proporción se puede “hacer”  un humano a sí mismo como para que todos consensuemos tal número? Y de no ser posible esa autoconstrucción, dónde está el límite, en esa misma persona o en lo social. En definitiva, se está creando una dinámica de la “sospecha” (en referencia a los filósofos de la sospecha de la segunda hola: Derrida, , los iniciadores de estos debates) en donde los individuos miran a las instituciones sociales (Estado, Leyes, políticas) como precursoras de esos límites (que en el caso de las feministas alegan que parten de una postura errada: el patriarcado), mientras que estas mismas se exculpan diciéndose libres de ponerlos y miran al individuo como que es el que se pone esos límites. En esa dirección y lenguajes, si en apariencia no hay límites y uno se puede hacer sin trabas (fabricar, construir), si no lo hace, porqué es… ¿porque no quiere? Toda esta trama es lo que conlleva de fondo el concepto del “sueño americano” y la meritocracia. Supuestamente los límites son los sueños, pero ¿soñar no lo hace un cerebro?, un cerebro en definitiva con unas estructuras y funciones que no son iguales en todas las personas. ¿Queremos realmente ser iguales o queremos ser distintos?, hablamos desde nuestras diferencias deseadas (soñadas) o las diferencias nos crean un discurso y en ese caso no es razón sino justificación, racionalización. Uniendo este párrafo con las conclusiones del anterior uno puede ser lo suficientemente racional como para decir: “¡vale!, un 60% es genético, pero tratemos de evitar que repercuta en el resto 40%, además contrarrestemos en la medida de lo posible la rigidez de ese 60%, tratemos de doblegar la naturaleza lo más posible, para que la sociedad sea lo más igualitaria posible”. ¿Se puede?

De fondo nos da miedo el lenguaje de los genetistas, pues toda diferencia probada, o condición genética, es un posible precursor o desencadenante de algún tipo de exclusión, ostracismo, xenofobia, o todos los posibles males en esas mismas direcciones de marcar las diferencias, y lo que es mejor y lo que es peor. Tenemos miedo del pasado, donde el holocausto judío es la medida, y hay detractores de la búsqueda en los genes y dar posibles explicaciones a todo por dicho saber, pero contradictoriamente, pues el humano puede ser muchas cosas pero nunca consecuente, por otro lado cada vez es más usual pedir que se secuencie el ADN para saber de nuestros orígenes. Es sabido que una gran mayoría de los síntomas más graves de ciertos trastornos se minimizan con fármacos. De esta manera se pueden leer una gran cantidad de escritos científicos en donde hablan y profundizan sobre los distintos neurotransmisores, neuropéptidos, receptores y demás partes de la “maquinaria” cerebral, adentrándose sin fin hasta la propia arquitectura de los genes, llegando incluso hasta su física, sin tomar en ningún momento contacto con la realidad, que es que sobre lo que están hablando es de personas concretas, con unas vidas concretas, enmarcadas en tal o cual contexto social. En definitiva, que hacen sus estudios como si hubiera que arreglar una máquina, ignorando por completo la conciencia de sí que tiene esa máquina, y en qué situación social vive. Ignoran los deseos o sueños de esa arquitectura química, que al estar perturbada, puede que no tenga tales “sueños” de forma objetiva.

Bajo mi punto de vista, ciertas apuestas evolutivas, o idiosincrasias de algunas personas, no manifestarían esos síntomas en tribus más cercanas a nuestros orígenes como especie, que lo que está “trastornado” es el ambiente o cultura, pero dado que no hay “fármacos” para la cultura (está la política, claro está, pero igualmente ignora la conciencia) lo más rápido y eficaz es usar esos medicamentos. Por otro lado ignoran que la evolución crea y maneja conceptos, y en esa medida, al ahondar tanto en el detalle, los pierden de vista. Pongamos el caso de un móvil. Es un todo, pero a la vez y a nivel técnico son varias partes como una cámara, un reproductor y un receptor de sonido, una pantalla, un acelerómetro, conexiones inalámbricas como el wifi, bluetooth… Cuando un fabricante quiere construir un móvil quita o pone unos componentes de mejor o peor calidad, o sea y para la forma de proceder de la evolución, quita o pone conceptos como totalidades. A la vez y a nivel más técnico y profundo esos componentes (conceptos) contienen chips, resistencias, potenciadores, estabilizadores, etc., y por otro lado dichos componentes se tienen que comunicar e interactuar entre sí con ciertas interfaces que a la vez tienen componentes. La dirección de la ciencia actual ha perdido la perspectiva de los conceptos (los componentes) y llegan tan profundo como para analizar la química de una resistencia y la pureza de su carbono o plomo, etc., olvidando o ignorando que al final con lo que trata la evolución es con conceptos. O sea, la maternidad es un concepto al que la evolución llegó, ¿cuánto se puede profundizar en su “mecánica” para saber cuándo “funciona” bien o “funciona” mal?, ¿tiene sentido tal pregunta? En esa dirección si el cerebro tiene funciones como la cognición, la memoria, la imaginación, las emociones…, ¿cuánto sentido tiene adentrarse en sus partes mínimas, ignorando que lo que construyen son funciones, que en realidad no están divididas e interactúan unas con otras? Uno no querría que alguien, sin un diagrama de un móvil -entregado por el fabricante-, lo tocase a nivel interno, y mucho menos sabiendo que sus únicos conocimientos, muy especializados, son sobre la fabricación de resistencias. En definitiva, que actualmente el humano se inmiscuye en el cerebro sin tener un plano de su “montaje”, y en muchos casos ponemos fe en las farmacéuticas, cuando esa rama de la ciencia en gran medida ignora las funciones y los conceptos generales de los sistemas complejos o los desconoce. Sí, estoy de acuerdo que hay que ir desentrañando la arquitectura, que la ciencia se tiene que permitir “trastear” a ciegas, pero recordemos no perder de vista el plan general.

En otro ejemplo, y siento si redundo pero este va a ser más claro, todo este escrito intenta desentrañar tan sólo un concepto general, que a su vez se divide en partes -que son secciones- que explican ciertos detalles o conceptos, y a su vez están divididos en párrafos y estos en frases, que de nuevo tienen sus propias cargas conceptuales, y en donde toda esta estructura tienen como unidades básicas las palabras (ladrillos). Si se elige un adjetivo frente a otro es con un fin. Lo que no se puede hacer al leer un escrito es tratar de analizar si hay algún mensaje implícito en que haya tal cantidad de S frentes a D, o el por qué el sonido S tiene esta grafía y no otra. Si se hiciera tal cosa claramente diríamos que hemos perdido el rumbo o sentido de lo que ha de ser un escrito y su interpretación. A lo que quiero llegar es que toda frase tiene una carga significativa, es un signo que apunta a un significante, a una metáfora que un humano hace de la realidad; la evolución al “hablar” con sus signos, su ADN, proteínas, neurotransmisores, receptores, no quiere que miremos los signos, si no sus significantes, su metáfora. Las compañías farmacéuticas, en definitiva industria química, han de analizar, y ello conlleva los ladrillos básicos, pero como se puede ver por los efectos secundarios de los medicamentos, han olvidado o ignoran los conceptos generales de las estructuras. En un ejemplo, cierto fármaco que me recetaron como relajante muscular, repercutía en la memoria de trabajo. En mi caso prefiero tener un dolor muscular que perder memoria de trabajo. No se compensa. Tampoco sé si los cambios con respecto a la función de la memoria de trabajo pueden llegar a ser de larga duración o permanentes. Seguramente ni la farmacéutica lo sepa.

Entonces, y tratando de concluir, ¿cuál es mi punto de vista? Cada vez que me tengo que cortar las uñas me pregunto por qué crecen tan rápido, cuando están producidas por la queratina y es el mismo compuesto que el pelo, y cada vez tengo menos pelo. Qué sentido tiene la calvicie… ¿como señal honesta?, marcar la edad de esa persona para que sea menos atractivo reproducirse con él, puesto que puede conllevar un mayor riesgo de producirse una peor descendencia. ¿Y las uñas?, puede tener sentido alargar algo más la vida con unas buenas uñas, que tendrían más utilidad en la prehistoria, pues los ancianos hacían un gran papel en lo social (cuidar a los nietos, transmitir los conocimientos). Todos los sentidos o porqués de lo que somos ahora están en los genes. Lo que los genes no previeron es que el humano crease unas estructuras sociales tan complejas, como para que al final -y en teoría- tuviesen la capacidad de cuestionar a los propios genes. Mi mensaje, el concepto que trato de transmitir en mis escritos, es que el sentido de lo que es el humano, el porqué de cada una de sus “funciones” o comportamientos, está en los genes. Con sentido no quiere decir lógico, razonable, moral o la “verdad”, simplemente quiere decir que es aquello que tiene la carga evolutiva de un cómo, un porqué y una finalidad. La cultura, que es la que ha avanzado de manera acelerada, “distorsiona” esas visiones simples. Pongo dos casos. 1. “para aquellas hembras con experiencia sexual previa, la estimulación con anfetaminas ocurre más rápido que para las vírgenes. No existe un estudio sobre el equivalente masculino, porque los estudios están destinados a explicar por qué las mujeres experimentan adicción antes que los hombres”, (fuente Wikipedia). 2. “La subdivisión central del núcleo del lecho de la estría terminal (BSTc) tiene dimorfismo sexual. En promedio, el BSTc es dos veces mayor en hombres que en mujeres y contiene el doble de neuronas de somatostatina.  Se encontró que una muestra de seis mujeres trans, post mortem, tratadas con TRH a largo plazo (de hombre a mujer) tenía un número típico de células femeninas en el BSTc, mientras que un hombre trans (mujer a hombre) ) se encontró que tenía un número típico masculino. Los autores (W. Chung, G. De Vries, Dick Swaab ) también examinaron sujetos con trastornos relacionados con las hormonas y no encontraron ningún patrón entre esos trastornos y el BSTc, mientras que el transexual de hombre a mujer no tratado solo tenía un número de células típico de las mujeres. Llegaron a la conclusión de que el BSTc proporciona evidencia de una base neurobiológica de la identidad de género y propusieron que se determinó antes del nacimiento”. Sin tratar de explicar el primer caso, pues sería muy largo, el segundo se ocupa sobre una estructura del cerebro, la stria terminalis, que comunica la amígdala con otra parte del cerebro, que “se cree que actúa como un sitio de retransmisión dentro del eje hipotalámico-pituitario-adrenal y regula su actividad en respuesta al estrés agudo (…) correlaciona la ansiedad en respuesta al monitoreo de amenazas”. Si se supone que el macho ha sido el que por cientos de milenios cazaba presas grandes, dicha estructura tendría que cambiar con respecto a la mujer. La evolución templó al hombre para lidiar mejor con el miedo. ¿Eso quiere decir que estoy afirmando que la mujer es más cobarde?, no. Simplemente quiere decir que hombres y mujeres están estructurados de forma distinta. A la templanza se puede llegar por otros caminos, como la educación y el aprendizaje (adiestramiento). Esto de nuevo nos lleva a las cifras, y la repercusión del ADN y el ambiente.

¿Por qué hoy en día sale tanto hombre llorando en películas, reality shows y documentales?, el hombre era así y lo social le llevó a que “los hombres no lloran”; no es que me preocupe especialmente, tan sólo uso este ejemplo como un caso entre otros posibles. Qué podrían decir los genes o la evolución. Yo no lo sé, pero volviendo al principio del escrito, que a veces ignoramos cosas porque no las tenemos presentes…, ¿en qué medida las moléculas que está creando el humano, que tienen una estructura similar a los estrógenos, no estará repercutiendo en el comportamientos de los hombres? Lo que en parte hace a un hombre “macho” o a una mujer “hembra” es el equilibrio en la cantidad de andrógenos y estrógenos, si en el medio ambiente hay moléculas que actúan como estrógenos, de repente el equilibrio se rompe, y ya no están tan claras las cosas. En otro descubrimiento de la ciencia, se ha averiguado que la grasa al filtrar la testosterona la convierte en estrógenos. O sea, que el estrógeno, y por ellos las moléculas sintéticas que hay en el ambiente a la vez, son obesógenos en donde una vez que cierto hombre llega a cierto peso convierte su testosterona en estrógeno. Se ha creado un sistema de retroalimentación positiva, donde cuantas más moléculas obesógenas haya en el ambiente creará hombres más obesos y por ellos menos masculinizados. Y de vuelta a la pregunta: ¿por qué llora hoy más el hombre?, ahora, en vista de este somero análisis, la respuesta es ya más complicada. No estoy posicionándome, tan sólo trato de arrojar luz al tema y tratar de mostrar que ninguna deducción es sencilla. El llanto, a través de las lágrimas, y según una deducción de las neurociencias evolutivas, sirven para desprenderse de cortisol, la molécula del estrés. No tiene por qué tener una función distinta para cada sexo y por ello conllevar algún dimorfismo. Pero la lógica cotidiana nos hace deducir que el hombre suele tratar de liberar su estrés con la ira o el sexo, le basta con dar un puñetazo a un mueble o alguna acción similar, que cualquier otro tipo de “estrategia”. Otro factor a tener en cuenta es lo mal visto que está hoy en día mostrar algún signo de agresividad por parte del hombre -de nuevo la autodomesticación siguiendo su “hoja de ruta”-. ¿Es programado o es ambiental?, no lo sé. Este mecanismo es arcaico, y proviene de la respuesta de lucha o huida. Si el macho humano llegó a enfrentarse con animales que eran físicamente superiores a ellos, se debió a que ante ese mecanismo tenía que responder con la lucha, con hacer que los andrógenos se estructurasen para dar un mayor vigor ante el enfrentamiento, en definitiva para la ira. ¿Qué otra cosa sino este mecanismo ancestral mata hoy a la mujer en la violencia de género? Por encima de este mecanismo está el sistema ejecutivo, de control, que es sobre todo inhibitorio, pero lo que creo que queda claro es que ante un estado ofuscado o de estrés el macho tenderá a la violencia y no al lloro, como medida de liberar su estrés, lo que no quiere decir que no tenga al lloro como mecanismo, pero seguramente como secundario.

Con esto vuelvo al tema central de estas pesquisas. El feminismo no puede argumentar que todo es una construcción social, cuando el hombre mata de forma violenta y mayoritaria sobre la mujer. ¿Esta disposición es social, es una construcción?, ¿cómo si está tan rechazado? Si un transexual ” nace” y le “colocan” en la sexualidad “equivocada” internamente “siente” que es femenino o masculino, según el caso. Si no existiese el concepto “natural” de lo femenino y lo masculino, la feminidad y la masculinidad, cual diana o concepto evolutivo, ¿a qué tendría que “apuntar” un trans cuando siente que ese sexo que la sociedad dice que es, no es su sexo? Los dos sexos existen y aunque hombre y mujer son de una misma especie, a nivel más profundo cada uno de los sexos ha evolucionado en dos direcciones distintas, hombre y mujer coevolucionan, compiten a nivel de ADN, haciendo que la mujer trate de hacer que el hombre sea más femenino y el hombre a la inversa. Hay varias teorías que dicen que la homosexualidad masculina la determina la mujer, pero claro, no conscientemente sino por “designios” de la evolución (tema a desarrollar, para más adelante, leer de momento sobre la teoría del orden los hermanos). Esto nos dice la Wikipedia:

La retención de tales alelos antagónicos en una población también podría explicarse en términos de aumento en la aptitud neta de la línea materna, por ejemplo, el locus para la orientación sexual masculina en humanos se identificó en regiones subteloméricas de cromosomas X después de estudios realizados en 114 familias de hombres homosexuales. Se descubrió que la orientación hacia personas del mismo sexo era más alta en tíos maternos y primos varones de los sujetos homosexuales. Un modelo evolutivo explicó este hallazgo en términos de aumento de la fertilidad de las hembras en las líneas maternas, lo que se suma a la ganancia neta de aptitud física.

El concepto de actitud física (fitness) usado arriba proviene de la biologías y: “es la representación cuantitativa de la selección natural y sexual dentro de la biología evolutiva . Se puede definir con respecto a un genotipo o a un fenotipo en un entorno dado. En cualquier caso, describe el éxito reproductivo individual y es igual a la contribución promedio al conjunto de genes de la próxima generación hecha por individuos del genotipo o fenotipo especificado. La aptitud de un genotipo se manifiesta a través de su fenotipo, que también se ve afectado por el entorno del desarrollo.” En definitiva, la “verdad” ha de estar entremedias de lo que pretenden las industrias farmacéuticas y las feministas. Ni somos meramente química, ni somos tan sólo construcción, así se llega a que el paradigma más sostenido en la actualidad sea el de la herencia dual. Lo que no me agrada del feminismo de la última década es que es como alguien que trata de corregirte un fallo ortográfico, sin ni siquiera haber tratado de entender el mensaje. El feminismo de la cuarta generación -el de las redes sociales, en donde toda opinión vale-, sin haber comprendido la metáfora que es la vida y la evolución, se fija tan sólo en la grafía del escrito. Acepto la feminista que ha entendido el chiste y no se ríe o tiene su propia interpretación, pero no acepto el feminismo que en ningún momento puso la intención de entender el chiste.

Ser y Aparecer I

A veces me pregunto por qué me mantengo más o menos estable estando sólo, y al final hallé la respuesta en mis búsquedas y lecturas por la Wikipedia: se debe al concepto de autoeficacia (vuelvo a ello más adelante, sólo abro boca). En el mapa mental que estoy creando (descargar, ir a mi Canal de YouTube para saber más) hice un apartado con respecto a todo término que implicase a la propia persona o al propio cerebro, en donde cada concepto suele empezar por el prefijo auto-, es una de las categorías con más entradas, con algo más de cien. Haber deducido que el concepto clave y contestación a mi pregunta sea la autoeficacia es cuanto menos sagaz. A la vez esta contestación me remitía a la pregunta el porqué del intelectual. Suelen ser seres solitarios, pero a la vez en muchos casos son los precursores de cambios sociales. Sin Marx, quizás, no hubiera habido una revolución Rusa, lo mismo con los intelectuales de la revolución francesa o la estadounidense (y porqué las tonterías de la Real Academia de que Estados Unidos sea separado y estadounidense junto o porqué boca se escribe con b y vocal, que proviene de boca, se escribe con v, y porqué hojear -que viene de ojo- tiene h…); o sea, que la evolución crea una tipología de solitarios, que en realidad por medio de la autoeficacia los mantiene estables, y tienen como finalidad ninguna otra cosa que la propia sociedad. La “solución” evolutiva es tan extraña como lo sería que para llegar a la salud se usase un veneno, pues para “mejorar” o conceptualizar lo social crea individualidades, seres solitarios o entes que viven en los márgenes o fuera de lo social. Ciertos científicos apuntan a que la evolución social humana tiende hacia lo eusocial, como lo son las hormigas o las abejas. Entre estas dos especies se crean claras estructuras en donde cada individuo ha de tomar un rol -zángano, obrera, reina…- que es lo que será para toda la vida. ¿No parece que vayamos hacia lo mismo? Una gran mayoría de estudios sobre los tipos de personalidad apenas sin nos dividen en unas pocas tipologías, en donde si se da más diversidad es porque no hay estados puros y se mezclas varias de dichas bases para crear una mayor diversidad. En el animal eusocial la hembra es la que manda sobre la genética. De estar llegando nosotros hacia el mismo camino no es por medio de la mujer (aunque habría que reflexionar sobre ello), sino a través de la evolución social y en la medida que el Estado (en su momento el rey o el emperador) hace el papel de esa “reina” hembra que regula las distintas bases y reglas. ¿Por qué parece inamovible que haya jerarquías? La hembra reina no controla su hormiguero o panal, tan sólo es una más dentro de esos “designios” de los números en la evolución. ¿No está ocurriendo lo mismo en lo evolutivo-social dentro de lo humano? Cierto estudio nos dice que derecha e izquierda se suceden por ciclos, en donde no importa el voto individual, pues los ciclos se mantienen. Resumiendo. El intelectual, cualquier rebelde individualista, nace en una baja proporción porque son los faros que arrojan luz sobre lo social, y en donde el resto de las personas son sus “repetidores”, sus replicadores, cual gen egoísta que trata de mantenerse en el ADN creando todas las posibles copias de sí mismo repartidas por toda la doble hélice, como para que en alguna rama evolutiva -en lo social: ideología, paradigma, religión-  dicho gen se exprese, se “valide”.

Todo ello me lleva a una de mis premisas, que es muy cuestionable e igualmente complicada de asimilar. En mis búsquedas a veces tengo que leer ensayos científicos muy técnicos (no me entero ni de la mitad, pero leo en la espera de tratar de deducir o sacar algo en claro), que suelen cargar con la premisa de que toda anomalía en el funcionamiento de los neurotransmisores, y sus precursores que son los genes, son “errores” que la ciencia y la medicina han de solucionar. Claro, si se piensa en el Alzheimer o en la depresión mayor, no se pueden analizar tales estados como en “aciertos”, pero mi premisa es que la evolución, como yo, tiene “preguntas” que trata de contestar en sus eternos “prueba y error“. Lo que quiero decir es que la evolución maneja conceptos, y tantea cómo ser más “eficaz” para que ese concepto se valide. Lo cuestionable es cómo puede manejar un concepto o una pregunta sin que previamente exista una posible respuesta, y todo ello aderezado a que la evolución no es “un cerebro” o agente que tenga que estar buscando la contestación a preguntas, pues toda pregunta requiere un cogito… ese de Descartes de “pienso, luego soy”. Alguien creyente puede deducir que ese cogito es Dios y que es Él el que “se hace preguntas con semilla de respuestas”, pero los ateos, y los que piensan en la evolución sin ningún agente, simplemente se plantean que los propios mecanismos implicados crean un sistema con unas reglas, que a la vez implicarán unas premisas (funciones). O sea, que cuando en el sistema -en la evolución- se crea un “problema” es este el “propio agente” que busca una solución, al modo que al juntar dos componentes químicos se crea una reacción y posiblemente un enlace o una nueva molécula (con unas propiedades, capacidad para interactuar y crear otras más complejas, etc.) Lo que la ciencia estudia son los casos en los cuales la evolución “ha hallado” una respuesta o solución, mientras que toda “pregunta” que no tuvo respuesta ya no está a la vista, no “evolucionó” o no permaneció en la existencia, se extinguió hace ya tiempo. Eso me devuelve al caso del Alzheimer u otras enfermedades o trastornos similares. Mi forma de ver la evolución es que es una pregunta que aún se está cuestionando, solo que le hemos “pillado” en plena “faena”, y aún no sabe si tiene una respuesta, o sólo es un camino errado de sus preguntas que no “le” llevarán a (la) nada.

El presente escrito “quiere” tratar el tema que reza el subtítulo, que en un principio sólo era su mitad: acción frente a reacción. Tiene sus semillas de respuestas, pero de momento quedan veladas. La cuestión es que estoy dando un largo rodeo o escribiendo un preámbulo, que a primera vista no parece que tenga que ver nada con el tema, pero al igual que la evolución, todo tiene en principio un porqué, pues en mi mente, o en el sistema que es un cerebro, toda posible “respuesta” habría de partir de cuál es en realidad la pregunta que habría que hacer, y que de haber una posible buena respuesta, tendría que ser a partir de hacer las preguntas adecuadas. Tampoco descarto las mutaciones, el papel del azar. Muchas “soluciones” a las que llega la ciencia, como el caso de la penicilina, son por mero azar, cuando ni siquiera existía una pregunta previa. De cualquier manera, la cuestión que implica un sistema, en este caso la ciencia humana, es que una vez que se llega a una respuesta, y aunque haya sido por azar, eso a la vez lleva a hacerse las preguntas del porqué ese resultado y no otro, o sea, que al final se revierte el planteamiento y la “pregunta” vuelve al lugar que le corresponde, que es el inicio de toda “respuesta”. En definitiva, que al igual que el científico, la evolución “cuestiona” porqué ha “funcionado” algo que se dio por azar, y a partir de esa “respuesta” se hace las preguntas adecuadas para optimizar el sistema (o enredarlo o volverlo más complejo), o cuanto menos para poner esas premisas como una de las cartas a barajar de la maza que es la evolución, y por ello de sus entresijos.

En ese sentido el actual título implican dos temas porque uno de ellos fue una “mutación”, respuesta o momento insight (“descubrimiento” y comprensión instantánea, sin pregunta previa), que me hizo analizar todo el tema desde otra perspectiva. No es que no lo hubiera tratado y fuera nuevo, pues es uno de los recurrentes de mis escritos: el ser y el aparecer, pero no lo había analizado bajo ese nuevo punto de vista que me plasmó dicha intuición. A la vez eso me llevó a nuevas preguntas o quizás a una posible solución a un tema que siempre he tratado como un dilema: el porqué de un doble sistema de aprendizaje: dolor/placer, cuando sólo con el dolor y su ausencia debería de haber valido para aprender. Sé que de momento todo parece confuso, pero recordar que estoy tratando de ser narrativo, creando expectativa. En concreto, y antes de saber el ángulo desde el que analicé el problema del ser y el aparecer, y dado que quizás su “solución” sea sencilla, me voy a centrar en la consecuencia, en la medida que tal respuesta me llevó a hacerme las preguntas adecuadas. La pregunta fue el cómo nació la sociabilidad, que a la vez nacía de la pregunta de por qué el placer, y más concretamente por qué la dopamina. En definitiva, que a partir del primer insight tuve una segunda intuición, que fue que quizás el placer nació a partir de la sociabilidad. Mi “conclusión” fue que si bien por mero azar la agrupación de peces beneficiaba a dicha especie, la evolución al tener “frente a sí” una solución se hizo las preguntas de porqué y cómo “mejorarlo”. En ese caso uso la dopamina como fuente de placer para alentar a que los peces fueran sociales. O sea, uso la dopamina como reforzador del aprendizaje social. Ya he dado las respuestas, ahora queda plantear o presentar mi “pequeña” investigación.

Tenía frente a mí que el placer surgió como necesidad evolutiva para asentar la sociabilidad, ¿cómo buscar en Internet un posible porqué si quizás nadie se ha hecho esa pregunta y por lo tanto no hay una respuesta en la Red? No sabía cuánto tenía que retroceder en el tiempo evolutivo para encontrar la respuesta. Sabía que el sistema dopaminérgico está asentado en las partes más antiguas del cerebro, luego siempre estuvo ahí, en la vida en la tierra, lo que no sabía es si era tan antiguo como para que también estuviese en el mar. Pregunté en el Google académico: “peces, dopamina” (las “mejores” búsquedas hay que reducirlas a sus mínimos, no se puede -o deben- poner frases complejas como “¿tienen los peces sistema dopaminérgico?”, pues quizás no salga ningún resultado, o sólo alguno de peces o sistema dopaminérgico, pero ningún enlace de los dos temas a la vez). La “respuesta” me llevó por donde no quería o por unos derroteros muy peregrinos. Al parecer la inflaclase de peces que son los teleósteos tienen un sistema en la retina, y sustentado por la dopamina, que regula sus ciclos de noche y día. Parecía un camino cerrado, si bien me pregunté si ese no sería el nacimiento de tal neurotransmisor. La evolución crea una molécula para un uso concreto y más tarde le da un uso más extensivo. Ese es el caso de la oxitocina, una hormona para propiciar la dilatación durante el parto, que más tarde es la denominada “molécula del amor”, de los lazos de las uniones duraderas entre personas. Volviendo a la dopamina y ese posible inicio, si se abstrae tal como “lo pudo haber hecho” la evolución, es que era una molécula que controlaba un comportamiento, luego ¿por qué no “usarla” para controlar otros comportamientos? Es más, la dopamina en la retina de los teleósteos sincroniza sus ritmos o comportamientos con respecto a los ciclos de noche y día. Por otro lado la evolución ya tenía el concepto de inducción, de percepción de cuórum, en un pasado tan remoto como el de las bacterias, luego sólo tenía que extrapolarla para la nueva situación: inducir el agrupamiento en banco de peces, en definitiva a que se sincronizasen para que se comportasen como un solo individuo. Esa búsqueda seudo-fallida me llevaba a que tenía que refinar aún más la pregunta. Una cuestión que llama la atención de los peces es su tendencia a formar bancos o cardúmenes. Cierta vez, en un documental, me enteré que ciertos peces tienen un sensor a lo largo del cuerpo, paralelo a la espina dorsal (en ese momento no sabía el nombre de tal propiedad, que después averigüé: sistema de línea lateral), por el cual captan la presencia de los peces que están a su alrededor. Esa “sensación” era lo que tenía que buscar, y así puse “Sense spine fish, shoals dopamine” en el buscador académico, lo cual me llevó a los temas que quería encontrar. Bajé y leí “Using zebrafish to unravel the genetics of complex brain disorders” de Robert Gerlai (descargar traducción automática y otros ensayos referenciados). Al parecer están usando los peces cebra para análisis genéticos porque son fáciles y baratos de mantener, y en tanto que pueden hacer análisis sobre una gran cantidad de ellos, en menos espacio y con un coste menor que con ratas; con el añadido de que al ser un ancestro más lejano se puede rastrear mejor el origen de ciertos genes y fenotipos, y en la dirección de poder desentrañar la genética del Alzheimer, y otros trastornos como la depresión, la esquizofrenia o la ansiedad. Después de unas tortuosas y largas páginas de preámbulos, llegué a donde yo quería.

Al parecer hay un mayor nivel de aprendizaje en pruebas de laberintos, que en el lenguaje humano puede denominarse como motivado, cuando el pez quiere unirse a los otros peces, frente a situaciones en las que está solo. Los guupys (peces, y ya en la lectura de otro artículo de la Wikipedia) tienen comportamientos sociales tan familiares a los humanos, como que están más tranquilos nadando con los “suyos”, que si por el contrario nadan con “extraños”,  situación en la que se muestran ansiosos o menos relajados. Su bienestar está reglado a que se sienten mejor con extraños que solos, y mejor con sus “afines” que con extraños. ¿No es demasiado similar a lo humano? Remito a leer el ensayo, pero mis conclusiones, y bajo la pregunta que me guiaba, es que los peces de cardúmenes nacen bajo la premisa de mantenerse en grupo, de buscar el grupo y tratar de estar en una posición lo más resguardada posible en el centro. Eso requiere de un aprendizaje (memoria), que es reforzado o mantenido a través de la dopamina. Ese aprendizaje implica algún tipo de placer, al llevar parejo que “estoy haciendo las cosas bien”. Es aprendizaje en la medida que estar en el centro del cardumen es una meta de todos, pero que lógicamente no todos pueden lograr, y se requiere de mucha práctica para llegar o acercarse a esa meta, y es social en la medida que un solo individuo no puede crear un cardumen, y en donde dicho agrupamiento implica unas dinámicas, en donde el todo es más que cada una de las partes. No he “probado” que el placer naciese como “dispositivo” o ardid evolutivo para potenciar o crear el concepto de lo social, pero todo parece indicar que así fue, y además teniendo en cuanta que es anterior a los cordados -rama de la que provienen los peces y más tarde los humanos-, y se “usaba” como neurotransmisor dentro de los sentidos, y entre ellos dos tan antiguos como el olfato, que no deja de ser simplemente la captación de moléculas en el medio, y la vista. En un principio la sociabilidad no implicaba altruismo, cooperación, o ningún otro concepto similar. Ni siquiera estaría ahí la dopamina, en esos primeros momentos, para potenciar el aprendizaje ni la sociabilidad, ni nada parecido. La “teoría del rebaño de peces egoístas” nos dice que en un principio operaba simplemente un comportamiento económico, que los depredadores matarían a los peces solitarios, y que el resto -empujados por todos los depredadores- se terminarían por agrupar (como cuando con una bayeta vamos agrupando las migas en la mesa). Aquellos peces que estuviesen en el centro, o que aprendiesen esa táctica, fueron los que más sobrevivieron y se reprodujeron, que a la larga sería el comportamiento heredado. Para llegar a ese paso la evolución tuvo que “usar” algo de lo que ya disponía para alentar a los peces: la dopamina que era sincronizadora de comportamientos con respecto a la lectura del medio, que la convirtió para que se volviera en placentera, al buscar el agrupamiento y la sincronización con el resto de peces, y en tanto que se buscaba el centro del banco. Todos estos procesos, al ser dinámicos, no pueden ser instintivos, sino que hay que aprenderlos durante la vida, de hecho es una parte del proceso de maduración de los peces alevines, cuando en muchos casos al llegar a adultos van a ser solitarios; la ciencia llama a este comportamiento de esa edad: escolarización. Lo que sí se tiene como instintivo, y alentado por la nueva forma de proceder de la dopamina, era el buscar estar en grupo. A la larga dicha molécula fue la base del aprendizaje (crear patrones de memoria optimizados por el placer) y de la sociabilidad, que más tarde implicarían la colaboración y el altruismo.

Uniendo puntos, ¿cómo la evolución llega al altruismo sin saber de él? Si se desgrana el concepto se subdivide en otros conceptos como fueron 1. el comportamiento egoísta de tratar de estar en el centro de un banco de peces, que llevo a 2. la sociabilidad, que implicaba en su conjunto 3. la colaboración, que al unirse más tarde a la tendencia de propiciar a la propia descendencia llevó al sacrificio y 4. al altruismo (reconocimiento de parentesco debido a un cuidado más dedicado de la descendencia, que de nuevo implicaba muchos costes: a mayor costes, más circuitos, funciones y neurotransmisores implicados). La evolución no sabía del altruismo, pero cuando surge un problema se hace preguntas con semilla de respuesta, en donde el propio problema ya tiene implicado de alguna forma la solución. Lo que digo no implica ningún tipo de cuestión esotérica. La respuesta para fabricar un coche es prepararlos para que el chasis sea en cierta forma flexible y amortigüe el choque, y no como se hicieron al principio: basados en la rigidez. Luego el diseño y la fabricación de un vehículo que va a tener una velocidad elevada y dado que los choques son inevitables, es la flexibilidad del chasis: pregunta con semilla de respuesta. Al igual que el humano con el tiempo se da cuenta de sus errores y rectifica, lo mismo hace la evolución, pero el único agente “pensante” en la evolución son los números y la optimización económica a lo largo del tiempo.

Algo que parece ignorarse a nivel general es que una vez que la evolución da con un “concepto” lo usa una y otra vez, en cuanto se da el problema sobre el que ya ha “pensado”. O sea, si el ADN humano es tan grande es que es un libro de instrucciones de todos los pasos que ha seguido la evolución hasta llegar a nosotros. Al “crear” un humano no se lee todo el libro, pero si se diese el caso que el humano llegase hasta algún atolladero o cuello de botella evolutivo, la evolución recurriría a buscar alguna solución dentro del propio libro, de las soluciones “que usó” en algún otro momento evolutivo, dentro de esa rama genética. El individualismo fue lo primero: está dentro de nosotros, pero ahora somos un animal social, luego no hace uso del individualismo. Con todo hace uso de la tendencia al individualismo sólo en algunas personas y para fines sociales: su herramienta es la autoeficacia, cercano al concepto de autodeterminación y de autopoiesis. Cuando se habla de la masa social es equivalente a hablar de un banco de peces, que seguramente la evolución ya tenía como “concepto”, pues entre las bacterias y las células ya existía la percepción de cuórum. Cuando el humano ve un cardumen de peces lo asemeja a una danza; seguramente si un pez tuviera una conciencia compleja pensaría que el humano cuando baila está tratando de crear un cardumen, sobre todo en las conglomeraciones “Rave“, o las olas en los estadios. Es muy posible que los primeros vertebrados que saliesen del mar a la tierra no fueran grupales, sino individuales (piénsese en la tortuga por ejemplo) y más adelante la evolución volvió a usar el concepto de agrupamiento o sociabilidad -si es que ese fuera el caso de esa especie y que algún ancestro lejano ya hubiera tenido tal comportamiento-, cuando de nuevo en este nuevo ecosistema se diese la depredación. De alguna forma todo humano quiere estar “cobijado” en la cálida sensación que es estar en masa (no los solitarios que rehúyen de tal situación, pues no les crea esa sensación de cobijo, sino de ahogo). Este comportamiento sobre todo sale a relucir en los actuales mega-conciertos, solo que ahora ese centro es estar lo más cerca del escenario.

Voy a tratar de unir estas ideas con escritos y conceptos anteriores. Un trastorno humano relativamente nuevo, en tanto que detectado como distinto a cómo se podría concebir con anterioridad, es el espectro autista. Según una teoría los que parecen este trastorno carecen o tienen dañado la detección de agencia. Escritos atrás hablé de las etapas del desarrollo de un niño, una de esas etapas consiste en tratar de discernir qué tiene o no tiene agente. O sea, que tiene ciertas propiedades autónomas para que sea una vida. Animal proviene de animado, a la vez alma proviene de ánima (animado). Cuando la ciencia hace uso del término agente, a grandes rasgos y excepto en algunos casos, se refiere como un ente vivo autodeterminado y con fines. Tal rasgo es una primitiva con la que nacemos y según la ciencia tal capacidad en el humano es hiperactiva, y en esa dirección creó a los dioses. Un niño tiene que discernir qué tiene agencia o no, pues aunque el juguete de un coche se mueva por un pequeño motor, al final el niño deduce que no se mueve por sí mismo, ni con un fin. En cierto momento de la infancia el niño autista ya no pone atención a las personas, de alguna forma les resta capacidad de agencia. A lo que quiero llegar es que quizás este rasgo sea una forma límite de la evolución para crear una individualidad. Una cantidad importante de los trastornos tienen que ver con la dopamina o alguno de sus receptores. De alguna manera al dañarse este sistema se daña lo que en su tiempo sería la percepción de cuórum, de pertenencia a un grupo, la tendencia hacia la afinidad; lo que a grandes rasgos se calificaría como empatía, sustentado por las neuronas espejo, y que hoy en día gusta de ser llamada la inteligencia emocional (según un meme o moda). Según he repetido muchas veces los preconcientes no suelen saber bailar, o no les gusta en especial, como si sintiesen que no se tuvieran que unir al cardumen. En pruebas con peces se les ha inhibido o dañado su línea lateral y eso no ha impedido que se unan al grupo, pero lo que sí hacen es que no se acercan tanto, mantienen algo más la distancia. ¿Qué se daña realmente?, ¿la “emoción” positiva (premio) de la cercanía?, es como un: “me mantengo cerca por que es mi deber, mi propensión e instinto, pero tal estado no me reporta placer”.

En otro escrito asocié psicopatía y autismo. ¿Quién más desunido de lo humano que un psicópata? La empatía es un rasgo evolutivo propio de los animales más complejos. El autista carece de la conexión necesaria para reconocer las emociones de las otras personas, pero en la misma medida carece de una construcción del yo social y por ello del orgullo, el egotismo y la arrogancia propias del psicópata. ¿De qué fuentes evolutivas beben ambas propiedades? Por un lado está la capa de la detección de agencia, por otro la percepción de cuórum, y por último de cooperación y altruismo, previo paso por la conciencia de sí y de luchar contra las reglas del gen egoísta. Los rasgos de la cooperación y el altruismos surgieron cuando la reproducción se valió de la maternidad: del cuidado durante un tiempo de la progenie indefensa. En animales más complejos, al ir aumentando el tiempo de aprendizaje de la descendencia, se requería una mayor dedicación, con lo cual la evolución se valió de ciertos neuropéptidos para crear un mayor vínculo con los hijos, y por extensión creció la capacidad empática y altruista. Hay que hacer notar que mientras la maternidad lleva millones de años (qué fue antes a nivel evolutivo: la sociabilidad o la maternidad, si lo segundo entonces las hembras ya tendrían una experiencia previa similar, y su química -hormonal, cerebral- ya estaba más preparada para esa nueva situación, -se me ocurre si lo social nació de los pequeños bancos de peces de hijos de la misma madre que tenían que permanecer cerca de ella: otro giro de la “historia”-), la paternidad es más nueva, sobre todo en los mamíferos, y mucho más reciente entre los primates, rama de la que descendemos. Tanto la psicopatía como el autismo son más propios de los hombres. En psicopatía aunque en el siglo pasado estaba claro, y había un mayor porcentaje de hombres, las últimas décadas, ya sea por la “interferencia” del feminismo o ya sea porque los estudios se han llevado a cabo sobre todo en Estados Unidos, una sociedad “rota”, se tienden a igualar, si bien se manifiestan de distintas formas. 

“Diferencias entre sexos:

La investigación sobre psicopatía se ha realizado principalmente en hombres y el PCL-R (lista de verificación de la psicopatía) se desarrolló utilizando principalmente muestras criminales masculinas, lo que plantea la cuestión de qué tan bien se aplican los resultados a las mujeres. Los hombres obtienen puntajes más altos que las mujeres tanto en PCL-R como en PPI (inventario de la personalidad psicopática) y en sus dos escalas principales. Las diferencias tienden a ser algo mayores en la escala interpersonal-afectiva que en la escala antisocial. La mayoría de los estudios, pero no todos, han encontrado una estructura de factores ampliamente similar para hombres y mujeres.

Muchas asociaciones con otros rasgos de personalidad son similares, aunque en un estudio el factor antisocial estaba más fuertemente relacionado con la impulsividad en los hombres y más fuertemente relacionado con la apertura a la experiencia en las mujeres. Se ha sugerido que la psicopatía en los hombres se manifiesta más como un patrón antisocial , mientras que en las mujeres se manifiesta más como un patrón histriónico. Los estudios sobre esto han mostrado resultados mixtos. Los puntajes de PCL-R pueden ser algo menos predictivos de violencia y reincidencia en las mujeres. Por otro lado, la psicopatía puede tener una relación más fuerte con el suicidio y posiblemente internalizar los síntomas en las mujeres. Una sugerencia es que la psicopatía se manifiesta más como conductas externalizadoras en los hombres y más como conductas internalizadoras en las mujeres. 

Los estudios también han encontrado que las mujeres en prisión obtienen puntajes significativamente más bajos en psicopatía que los hombres, y un estudio informó que solo el 11 por ciento de las mujeres violentas en prisión cumplían los criterios de psicopatía en comparación con el 31 por ciento de los hombres violentos. Otros estudios también han señalado que las mujeres psicópatas altas son raras en entornos forenses.”

Conviene aclarar lo que yo considero un caos en el uso de los términos psiquiátricos. ¿Qué es una paella?, ¿la que se hace en la zona del levante español?, si se cambia un ingrediente lo sigue siendo, ¿y dos o tres?, cuándo deja de ser una paella. Preferiría un análisis a partir de qué funciones, partes y neurotransmisores cerebrales están alterados, como es en la medicina, pero no es así. ¿Un delincuente sin escrúpulos es un psicópata?, y una persona antisocial… en qué grado, lo es un el personaje de la serie Wayne, ¿o sólo es un joven rebelde con una infancia truncada? Un psicópata de “guante blanco” es un sociópata, pero… ¿es lo mismo?

Fuente Wikipedia
(Ya entiendo porqué no me gusta ser vendedor ni ser mediático 😉)

A nivel evolutivo, ¿qué sentido tienen? Según la psicología evolutiva “se sugiere que algunos rasgos asociados con la psicopatía, como la sexualidad temprana, promiscua, adúltera y coercitiva, pueden aumentar el éxito reproductivo. Robert Hare ha declarado que muchos machos psicópatas tienen un patrón de apareamiento y abandono rápido de las mujeres, y por lo tanto tienen una alta tasa de fertilidad, lo que resulta en niños que pueden heredar una predisposición a la psicopatía.” Según la psicología evolutiva sólo tiene sentido hablar de psicopatía con respecto al hombre; otra teoría dice que es un tipo de personalidad parasitaria, de la cual no se puede, por lo tanto, excluir a la mujer. Por otro lado hay que tener en cuenta el concepto de spandrel (tímpano, creo que no conviene traducirlo) en biología evolutiva: “es una característica fenotípica que es un subproducto de la evolución de alguna otra característica, más que un producto directo de la selección adaptativa. Es decir, es un rasgo que no es particularmente ventajoso tener, aunque se conserva porque no es particularmente dañino tenerlo”.  Si se considera esta última información, nos encontramos con la paradoja que quizás en los social no haya nada más detestable que la psicopatía, pero la evolución tiene su propia “opinión”. De nuevo la genética “manda” sobre lo social. Una última consideración es hacer la diferencia entre sexo y género. Una mujer masculinizada -con dominancia de andrógenos- seguramente sí será más proclive a ser psicópata.

Aileen Wuornos, fue una asesina en serie estadounidense con claro rasgos masculinos, tenía un fuerte y pronunciado mentón que es un signo de una fuerte carga de testosterona. Qué se deduce de todo esto. Que seguramente es distinto una psicopatía en una mujer (sexo) que en un hombre y que posiblemente habría que usar unos conceptos distintos. ¿Hay hombres homosexuales feminizados (pasivos) psicópatas?, lo dudo (la paradoja de que hoy un homosexual masculino sea más femenino que una mujer feminista). Por otro lado, y según vengo manejando mis ideas, no es lo mismo una mujer que no haya sido madre, que una que sí lo haya sido. Si como hemos visto en otro escrito, la mujer al quedarse embarazada tiene una poda neuronal, tal idea es susceptible de ser extrapolada a que la mujer tiene “dos estados”; sin haber tenido hijos puede que su comportamiento sea más “universal”, mientras que al ser madre queda “activada” para otro tipo de cerebro y de Ser. O dicho en este contexto, una mujer puede llegar a ser de rasgos más psicopáticos cuando no ha sido madre, cuando no ha pasado por esa poda durante el embarazo. Por otro lado hay que tener en cuenta que dicha poda se puede revertir.

Tamara MacLeod
is the pseudonym of a freelance writer, sex worker and activist based in England.

Lo que trato de hacer ver es que hay ciertos trastornos mentales prevalentes hacia uno de los sexos, y que estos vienen dados por las “funciones” o conceptos que “tocan” dichos desórdenes. La esquizofrenia, la hiperactividad y el trastorno de personalidad antisocial son igualmente prevalentes entre los hombres. En la mujer lleva más tiempo el concepto de reciprocidad, puesto que la maternidad lo implicaba. La oxitocina, la hormona del amor, era de la mujer y ahora está en los dos sexos, y el principal neuropéptido que repercute en la inhibición de la dopamina en el padre (ser menos violento y más empático), la prolactina, igualmente era una hormona femenina para activar la leche durante la lactancia: “los niveles elevados de prolactina disminuyen los niveles de hormonas sexuales: estrógeno en las mujeres (que tiene el papel de la testosterona en ellas) y testosterona en los hombres (…) La hormona contrarresta el efecto de la dopamina (?)”, (¿sustituye el placer por lo social, más amplio, por lo familiar, más reducido?, para favorecer lo segundo frente a lo primero). Así tenemos que según la teoría de la coevolución de los sexos, la mujer ha ido “transladando” componentes que le eran propios al sexo masculino, y en la dirección de auto-domesticar la especie. Tampoco hay que ignorar que si la coevolución de la mujer hacia el hombre ha ido en una dirección: la auto-domesticación; lo mismo ocurrirá del hombre hacia la mujer… que quizás lo más masculinizado de ciertas mujeres sea una selección de ciertos hombres (en la dirección de buscar lo igual, pero en otro sexo: complementariedad). Si nos fijamos -y sin ir más lejos y técnicos, pues no hay estudios de todo-, en los comic japoneses se perfilan dos mujeres contrapuestas: una de cuerpo pequeño, rasgos aniñados, inocente y muy femenina en su carácter (Lolita), frente otro prototipo de mujer corpulenta y grandes pechos, cuya personalidad es muy dominante. A esas dos tipologías les siguen sus propias tendencias sexuales: la primera sumisa y masoquista, y la segunda sádica. Los arquetipos de la niña y la madre. La cultura oriental parece haber sido más bipolar y haber ido en dos direcciones opuestas, pues los rasgos neoténicos (aniñados, cuerpos más pequeños) son más propios en países orientales, mientras que occidente no parece haber sido tan dicotómica de forma tan marcada.

Para simplificar todo lo escrito arriba, el hombre tiene una mayor predisposición hacia la individualidad, y en tanto que la dopamina fue un neurotransmisor “ideado” en primer lugar para la sociabilidad, quizás la evolución siempre ha conllevado la contradicción que implica la testosterona, individualista y agresiva, y la dopamina como reguladora de placer ante lo social, como se deduce en la actualidad en la violencia de género y el gamberrismo, también más propio del hombre. Es más posible que se dañe este mecanismo en el hombre que con respecto a la mujer, pues en definitiva trata de crear personas tendentes a la individualidad, o crea tipos de personas que no terminan de perfilarse hacia una sola dirección (bipolar), creando los distintos trastornos del comportamiento y por ello del cerebro, o a la inversa: del cerebro hacia los comportamientos. El autismo es un caso paradigmático, puesto que si es cierto lo que he sugerido arriba, la evolución está tanteando qué ocurre si ya ni siquiera se tiene que detectar la agencia en la realidad. Ese “sistema” es de los más antiguos, pues lo tiene la mayoría de animales, y en ese caso la evolución está tratando de “prescindir” totalmente del pensamiento mágico, pues un autista ve las cosas como son y no como las interpreta la sociedad, sesgada con el pensamiento mágico, la narrabilidad (identidad narrativa), y la detección de agencia. Si es cierto que se está incrementando el número de niños con autismo, ¿no será dada la dirección que está tomando la sociedad cada vez más instrumentalizada y fría, y un feminismo que está tratando de “renegar” de la feminidad (y la maternidad) como rasgos positivos de lo social? O sea, que no es realmente un trastorno, sino adaptaciones que está tanteando la coevolución de los dos sexos y la epigenética, en unas situaciones sociales (ambientales) que están cambiando demasiado rápidamente. En definitiva lo que postula la coevolución dual: que es social y biológica.

Un signo más de esta teoría del sistema dopaminérgico dañado es la inhibición previa al pulso (PPI) o prepulso. En otro lugar he hecho mención a la baja inhibición latente. Demasiados conceptos científicos juntos. Empecemos por el principio. En el sistema humano, como todo sistema complejo dinámico, interactúan dos tipos de retroalimentaciones, la positiva y la negativa, o la activadora y la inhibidora. Los neurotransmisores, así como ciertas hormonas o partes del cerebro, pueden ser activadores o inhibidores. El sistema busca un estado estable, homeostático, entre esas dos fuerzas. Si los sentidos percibieran todo lo que existe en el mundo, todo lo que es susceptible de enervarlos, de activarlos, el cerebro se saturaría de estímulos. En esa condición el sistema nervioso tiene un mecanismo que inhibe la mayoría de los estímulos, sobre todo los familiares y los no alarmantes o que no conlleven algún tipo de peligro. Este mecanismo se llama inhibición latente. La serotonina es inhibidora, bajo mi punto de vista anula el “ruido” de fondo, y es parte de ese mecanismo de inhibición (se “traduce” como precursora de la felicidad, por el hecho de reducir el ruido, la ansiedad -estado enervado-), mientras que la dopamina es activadora. Hay personas que tienen “dañado” o alterado el sistema inhibidor, son las personas denominadas como “altamente sensibles“, aquellos que hace unos siglos se le nominaba como de nervios sensibles o “delicados”. La ciencia, en su tendencia a tratar de medir todo, ha encontrado a través de los encefalogramas ,y sobre los potencial relacionados con un evento (ERP), que en las experiencias de sobresalto, por lo normal, se da un prepulso o estimulación previa que amortigua el sobresalto o susto. En una gran cantidad de trastornos, como los estados maniacos (entre los que se encuentran uno de los lados de los bipolares), la hiperactividad, la esquizofrenia y el autismo se ha encontrado que se carece -o está dañado- este sistema prepulso. Su ausencia hace que dichas personas tengan un sistema nervioso más activo o menos inhibido, lo que ha de llevar a que el sistema homeostático trate de regularse por otros mecanismos. Ya se ha dicho en otras ocasiones que el aprendizaje es por medio de la dopamina (premio), o el cortisol o estado de alarma o miedo, luego si se tiene más activo el sistema del miedo (más antiguo a nivel evolutivo) de alguna forma se desactiva o es menos efectivo el del premio, el basado en la dopamina. Esto encaja a que dichas personas sean más pesimistas, recuerden y centren más sus vidas y comportamientos con respecto a las experiencias negativas o de dolor, pues en definitiva el cerebro trata de aprender sobre todo por el sistema básico de castigo o dolor, anulando o relegando de alguna forma el sistema dopaminérgico, que puede que esté dañado. Tanto el autismo como la esquizofrenia son “sistemas” en donde el estado de sobresalto, alarma o de miedo, toman el control de sus cerebros; en esa condición la dopamina los sobre estimula, de tal manera que lo más homeostático es tratar de anular o regular la función de la dopamina. También cabe el mecanismo contrario, pues la cuestión no es tan clara como la he perfilado arriba. Si resulta que está dañado el sistema de la dopamina, por algún cambio genético o epigenético, el cerebro se las tiene que haber que ha de aprender con el mecanismo restante: el del miedo o el estado de alarma o enervado (sobreexcitado). Eso es lo que viene a decir la teoría de la baja excitación (arousal), que por ejemplo un hiperactivo tiene que interactuar más con la realidad para tener la misma dosis de dopamina que una persona media. En un ejemplo personal que transcribo abajo, yo suelo usar la adrenalina para estimular la aparente ausencia de la función de la dopamina. En los siguientes días después de haberme puesto físicamente en “peligro” mi sistema está más estable (más feliz, si se quiere decir así). De esta manera se puede decir que los amantes al riesgo puede que sean de este tipo de personas, con el sistema dopaminérgico dañado y una baja excitabilidad, que los lleva a “sustituir” la dopamina por la adrenalina. Sé que hay una aparente contradicción entre la baja inhibición latente y la teoría de la baja excitación, pero de fondo y en los dos casos el sistema dañado es el de la dopamina, que se manifiesta bajo el defectuoso sistema de la inhibición previa al pulso (PPI). Puede que este sistema dañado en la mujer o las personas con alta carga de estrógenos dé como resultado las personas altamente sensibles (prevalente en las mujeres), y en los hombres, o alta carga de andrógenos, dé como resultado los amantes al riesgo. Los poetas románticos del siglo XIX, aquellas personas de nervios delicados, eran de tendencia femenina, o menos masculinizada. Yo parezco ir de un espectro a otro, de la alta excitabilidad (para luchar contra la baja excitación, que se suele manifestar en anhedonia), a la baja inhibición latente o estado maniaco. Quizás de fondo un bipolar sea eso: un sistema equilibrado de lo masculino y lo femenino que se dualiza en dos estados y dos respuestas distintas y opuestas, como un sistema dual que no se estabiliza en ninguno de sus dos lados, pues en definitiva lo masculino y lo femenino son dos “mecanismos” distintos que la evolución nunca previó que armonizasen, (como ya algún otro dijo: “pienso mientras escribo”; estas conclusiones las he de comprobar si ya han sido analizadas por la ciencia). Con todo, la evolución guarda algún tipo de equilibrio conceptual; mi hija ha heredado mis condiciones, pero somos lo inverso el uno con respecto del otro, o lo complementario: yo soy masculino con cierta sensibilidad femenina, mientras que mi hija es femenina con cierta “arrogancia” (¿rudeza?) e impulsividad masculina; el equilibrio es aparente, pues yo soy más amante al riesgo, mientras que ella siempre lucha por ganar cuando yo no. Esa “arrogancia” femenina cada vez se manifiesta más entre las mujeres, e igualmente entre los hombres mi condición; otra cuestión a tener en cuenta de porqué llora más hoy en día los hombres. Hay que recordar que los cambios epigenéticos se heredan por tres generaciones; en ese caso y en la actualidad puede llegar a ser, por retroalimentación positiva, un estado “epidémico”. Tampoco se puede descartar, por las últimas conclusiones, que la evolución esté tratando de igualar los dos sexos hacia un centro, quizás por su coevolución con lo social, sí fuera así el feminismo “lee” el estado actual y saca conclusiones precipitadas, sin tener en cuenta análisis más profundos, como lo está tratando de ser el presente escrito.

Esa aparente igualación al centro es solo un tanteo que quizás tenga que ver más con la evolución social que con la biológica, y en cierta medida sea fallida. Si se analiza la gráfica de abajo del todo y a su derecha, el hombre es instinto y razón, reptil individualista y razón; esta visión la comparte igualmente -aunque en otro lenguaje- la antropóloga feminista Almudena Hernando, y además lo puede corroborar el hecho de que en el hombre los procesos cognitivos los lleva a cabo sobre todo el hemisferio izquierdo, adaptado para ser usado como cálculo, el llamado intérprete del hemisferio izquierdo de Michael S. Gazzaniga, mientras que en la mujer estos mismos procesos están menos centralizados, o están menos localizados, y son llevados a cabo por los dos hemisferios.

Si en el hombre se da una prevalencia hacia la psicopatía -frío cálculo, hipercontrol y “animal”- es dado a esta tendencia al puenteo de las emociones, puenteo que quizás quede bien reflejado en la serie Wayne, en donde su personaje principal llama a su “Conan el bárbaro” para que accione en la vida; mientras que la mujer al nacer para la maternidad es empatía, cooperación y emoción. Bajo mi punto de vista el hombre, a lo largo de su evolución homínida, necesitó hacer un uso más extensivo de las funciones ejecutivas del cerebro (no excluyo otras posibilidades, pero ahora me interesa centrarme más en esta teoría), en la dirección de frenar su violencia innata. Una persona violenta suele tener poco control de la ira (subcontrolada) y suele venir dado por alguna disfuncionalidad ejecutiva, alguna disfunción de las estructuras del prefrontal (ir a estudio sobre el tema). A ese estado se llega por una buena educación dentro de una familia estable, si algo falla durante alguna parte de su desarrollo, hasta llegar a ser adulto, tales estructuras no se terminarán de formar.

Tipologías de maltratadores de mujeres
(en un hospital psiquiátrico penitenciario)

Las mujeres a las que hago mención suelen ser algo arrogantes o agresivas en lo verbal, pero no así en lo físico, puede que contra objetos, pero no contra la vida. Para que se me entienda, y esperando que no se ofendan por la analogía, son “perro ladrador poco mordedor”. Su  prefrontal no tiene que entrar tanto en juego a la hora de la agresividad, puesto que su condición sexual de mujer: empática y protectora de la vida, ya las inhibe para hacer daño físico al prójimo. Incluso cuando se suicidan no suele ser de forma demasiado agresiva contra su cuerpo. En el hombre sin embargo no es así, están más comunicados con lo instintivo, y lo que les hace de freno es el prefrontal o sistema ejecutivo. Daña esta zona en un hombre, como así ocurrió en el famoso caso de Phineas Gage,  y tendrás una persona agresiva, imprevisible, inestable y peligrosa. Lo mismo, quizás, se pueda decir de un hombre más sensible, quizás no sepa regular su emotividad, pues no tiene los “mecanismos” necesarios. En ambos casos, quizás, no se herede el “paquete completo”, y ante dicho déficit el cerebro no termine de operar bien. Siguiendo el ejemplo del móvil, es como si se pusiera la cámara, pero en la carcasa no se pusiese la apertura con su correspondiente cristal, o como si este estuviese en la carcasa, pero tras él no hubiera una cámara. En definitiva, no puede haber una igualación al centro, pues mientras que las mujeres están más ligadas a las emociones, la contraparte que es el hombre lo está a los instintos. Es posible que todo estado intermedio sean los proclives a los trastornos mentales. Identidades difusas, en definitiva. Aún esta afirmación no niego que en parte sea una condición social (ni se termina de aceptar una mujer “ruda”, ni un hombre “sensible”), pues al no ser las “posiciones” aceptadas en lo social se pueden llegar a sentir excluidas, y dicha exclusión puede que sea el relé que “active” su estado liminal.

Vuelvo arriba sobre la inhibición previa al pulso (PPI) ya para terminar este análisis sobre el sistema dopaminérgico dañado. La segunda parte, menos o nada conocida, sobre los experimentos de Pávlov sobre la salivación del perro tras tocar la campana, era que tal estado desaparecía con el tiempo, si seguidamente de tocar la campana no llegaba comida. A tal proceso, en psicología, se llama extinción, en tanto que dicho patrón de comportamiento, y por ellos memoria, desaparecen. Lo que se ha comprobado es que las personas con los trastornos que voy tratando en el escrito, y que igualmente tiene desactivado o dañado el sistema prepulso, no les parece “funcionar” la extinción. No se les amortigua o anula un patrón aprendido a través del miedo o un estado de alarma. Tras de esta carencia se encuentra el ejemplo más claro como así lo es el síndrome de estrés postraumático. De nuevo volvemos al concepto del pesimismo. Una persona con la inhibición previa al pulso dañada o desactivada, y sin el mecanismo de la extinción, tiende a recordar o no olvidar aquello que le ha dañado en el pasado. ¿No es alusivo todo esto a la forma que suelen tener los animales de recordar el miedo o el dolor? Un animal no parece capaz de desaprender cuando algo le ha hecho daño. En el caso del perro de Pávlov, condicionamiento clásico, tal asociación no se produjo por el sistema de castigo o dolor, en el que interviene la amígdala, era un condicionamiento del sistema dopaminérgico, el del premio. La extinción seguramente está más ligada al sistema del premio que al del castigo, y ya en un humano una persona promedio -sin el prepulso desactivado-, el sistema del premio seguramente tenderá a regular y potenciar la extinción igualmente al sistema del castigo, compensando lo negativo por lo positivo. No parece ser así con las personas con el prepulso dañado, pues no parece terminar de adaptarse o a desaprender sus miedos o aquello que les hizo daño. De nuevo en este mecanismo podemos hallar trazas del papel del prefrontal. La cognición tiende a ayudar a minimizar los daños, racionalizándolos, pero si tal zona es disfuncional deja de hacer ese papel. Con esto volvemos a la gráfica y el uso del prefrontal en el hombre con respecto a la mujer. Con un mayor tiempo y tendencia a tener que enfrentarse a las fieras o los animales peligrosos, el hombre hizo un uso más extensivo del prefrontal para racionalizar sus miedos, para potenciar ese mecanismo de la extinción. Nos encontramos con dos situaciones o marcos distintos. El prefrontal como inhibidor de la agresividad y este mismo como inhibidor del miedo. El segundo mecanismo lo ha de tener tanto la mujer como el hombre, pero fue este último el que quizás le tuvo que dar más uso. Arriba ya hemos visto que distintas partes del cerebro, como la subdivisión central del núcleo del lecho de la estría terminal, están más desarrolladas en los hombres. Cuando se habla de una función en el cerebro hay que tener en cuenta que si bien hay una parte que es la principal y por ello la orquestadora, dicha función está distribuida por todo el cerebro. O sea, que si bien el prefrontal hace de sistema ejecutivo, previsor en el tiempo e ideado para planificar, e igualmente para inhibir procesos instintivos o básicos, esta función está distribuida por todo el cerebro, y en el caso del control del miedo la subdivisión central del núcleo del lecho de la estría terminal forma parte del hombre y algo menos en la mujer. ¿Es un arquetipo o estereotipo que la mujer se asuste más o es instintivo?, es una construcción social o es “real”. Lo que suele ocurrir con las ideologías es que si bien tratan de decirse libres de “idealismos” o esencialismos, lo suelen ser cuando se les designa con ciertos fallos, pero no hacen el mismo “feo” cuando se les hace un alago. Al feminismo le “gusta” el esencialismo cuando se dice que su sexo es menos agresivo -o está implícito cuando dicen que el macho es agresivo y mata-, pero no así cuando se les dice que tienen tal o cual “defecto” (denominar algo como defecto o virtud sí suele ser una construcción social). Dejemos que hable la ciencia sobre este caso, en concreto de la amígdala (ir al artículo donde direcciona a los estudios publicados sobre el tema):

La amígdala es una de las regiones cerebrales mejor entendidas con respecto a las diferencias entre los sexos . La amígdala es más grande en los machos que en las hembras en niños de 7 a 11 años, en humanos adultos, y en ratas adultas.

Además del tamaño, se han observado otras diferencias funcionales y estructurales entre las amígdalas masculinas y femeninas. La activación de la amígdala de los sujetos se observó al mirar una película de terror y estímulos subliminales. Los resultados del estudio mostraron una lateralización diferente de la amígdala en hombres y mujeres. La memoria mejorada para la película se relacionó con la actividad mejorada de la amígdala izquierda, pero no con la derecha en las mujeres, mientras que se relacionó con la actividad mejorada de la amígdala derecha, pero no con la izquierda en los hombres. Un estudio encontró evidencia de que, en promedio, las mujeres tienden a retener recuerdos más fuertes para los eventos emocionales que los hombres.

La amígdala correcta también está relacionada con la acción y con las emociones negativas, lo que puede ayudar a explicar por qué los hombres tienden a responder físicamente a estímulos estresantes emocionalmente. La amígdala izquierda permite recordar detalles, pero también produce más pensamiento en lugar de acción en respuesta a estímulos estresantes emocionalmente, lo que puede explicar la ausencia de respuesta física en las mujeres.”

Si tenemos en cuenta la historia humana, al final el homo sapiens al animal que más tenía que temer era a otro ser humano. En el caso de la mujer el miedo a la violación les ha llevado a temer al hombre, a la hipervigilancia. A lo largo de la historia humana un macho ha tendido a matar a otro macho, pero ha tendido a preservar a la mujer, ya fuera para ser secuestrada o para ser violada. Dos miedos ancestrales distintos, el miedo a la muerte y el miedo a la violación, crean funciones y adaptaciones distintas. Como ya dije en otro lugar, la palabra pánico proviene del dios Pan, del miedo que tenían las mujeres a ser arrebatadas, poseídas primero desde dentro, por la presencia en los bosques del macho cabrío (de donde proviene la imagen actual del demonio y por ello de la posesión demoníaca). Siguiendo esta lógica de dos mecanismos distintos del miedo, ¿qué ocurre si los mezclas en una misma persona?, si se crean individuos con rasgos entre el hombre y la mujer. ¿No llevará a estados cerebrales que no parezcan funcionar bien y que sean susceptibles a llevar a trastornos? En definitiva, que solemos ser quimeras entre dos tipos de cerebros que no parecen terminar de funcionar bien juntos. ¿Es posible que el miedo más difuso de la mujer -no una muerte directa, ya entreveo que no gustará el adjetivo elegido: poner alguno alternativo, leer entrelíneas-, lleve a estados hipervigilantes, a que todo pueda ser amenazante y no se pueda extinguir en los cerebros de los hombres, como así ocurre en la esquizofrenia y sus estados psicóticos y persecutorios? Vuelvo a repetir que la evolución tantea, mezcla cartas, y que sus finalidades a veces fallan, que no tienen por qué llevar a un final “feliz”, que recorre muchos caminos del laberinto que al final están cerrados. La posible igualación a un centro en el comportamiento entre los sexos puede que al final lleve a alguna salida o puede que no, y sólo dé como resultado lo que nos estamos encontrando en el siglo XX y XXI, a pandemias de trastornos mentales.

(Conclusiones previas. La determinación del sexo, y por ello la entrada en juego de la testosterona en el nonato, ocurre en dos momentos: la sexualidad física, como los rasgos externos -pene o vagina-, y la sexualidad cerebral. Por otro lado, mientras que el primer estado es como quien dice a cara o cruz y de una sola vez, por el contrario la determinación del sexo cerebral es por fases, en tanto que este tiene un desarrollo más largo y complejo de cada una de sus partes o funciones. Como estrógeno y testosterona forman parte de ese desarrollo, repercuten en qué zonas cerebrales o funciones serán más masculinas o femeninas. Bajo mi punto de vista una mujer no debería de trabajar desde el momento que sabe que está embarazada, ya que el estrés ambiental, físico o mental -ya sea interno de forzarlo en trabajos de mucha carga cognitiva, o ya sea por la presión externa del trabajo: jefes, imposiciones-, repercute en todos esos procesos de la creación de su cerebro y su determinación de un tipo de cerebro masculino o femenino. En definitiva con unos mecanismos  más probados por la evolución. Los “puristas” pueden pensar que trato de “curar” la homosexualidad: no, mi mensaje va dirigido hacia la idea de que los trastornos como la esquizofrenia, el desorden de personalidad antisocial o el autismo se “programan” en el embarazo por el efecto de la epigenética, de la impronta genética, y en donde se cree que entra en juego una alta carga de testosterona en cierta etapa del embarazo. Tampoco estoy en contra del autismo, ya que según sus “defensores” debería de estar fuera del manual de diagnóstico psiquiátrico y no ser tomado como un trastorno mental. Saco conclusiones a partir de lo que leo, y teniendo en cuenta que el autismo y la hiperactividad se están incrementando y puede ir parejo con la mujer trabajadora. Tampoco va en contra de que la mujer trabaje, solo que por lo delicado de tal estado, pienso que lo más aconsejable sería que no trabajase durante el embarazo. El estrés actual, de miedos difusos y de la alta carga cognitiva, no tienen equivalentes en la antigüedad o la prehistoria. El cansancio físico quizás, como cuando se daba la recogida de la cosecha, pero la carga cognitiva y el estrés mental quizás sea el estado más sensible, y que pueda repercutir en el desarrollo del cerebro de un bebé, pues hace que la madre mantenga su sistema simpático activo, situación nada aconsejable. La mujer “mimada” y super-protegida, que era el estado anterior al actual, era un signo de lo delicado de tal situación. Por otro lado no ignoro que ciertos estados no se den durante el embarazo, sino que se activen a lo largo de la niñez o la juventud, en definitiva en cerebros que aún están en desarrollo. De cualquier forma sigue estando, en un alto grado, en manos de los padres y de nuevo entra en juego el papel del matrimonio estable; cuestión cada vez más complicada y que el feminismo está desestabilizando aún más.)

Toca otro giro de tuerca. Tratar de unir ritualización, que ya se trató en el escrito anterior, y el autismo, en la dirección de seguir desentrañando los mecanismos evolutivos. Las personas con el espectro autista suelen recurrir a reproducir patrones de comportamientos repetitivos en la dirección de calmarse o restarse ansiedad. A tal patrón se le llama auto-estimulación (stimming en inglés). Es un comportamiento que está en el reino animal, ya que ciertos animales recurren a los movimientos estereotipados en la dirección de calmarse, sobre todo los encerrados en zoológicos o jaulas. Este sistema igualmente está relacionado con la dopamina. Una persona adicta a los juegos, sobre todo a las tragaperras, son personas que en primer lugar están recurriendo a este proceso de la auto-estimulación, pues se relajan en esa rutina repetitiva de las máquinas tragaperras. Igualmente este mismo mecanismo está detrás del trastorno impulsivo-compulsivo (o cualquier otra compulsión), pues recurren a movimientos estereotipados y repetitivos. Cualquier persona “normal” en situaciones de estrés o ansiedad tiende a hacer algún patrón repetitivo y estereotipado, en mi caso araño la punta de una uña con otra. ¿Qué hay tras todo esto? La capacidad de sentirse aceptado o rechazado del grupo -o puesto bajo el ojo clínico, como así sucede durante una entrevista-. La aceptación total es la que viene dada por la madre. En el roró de las madres se da ese mismo patrón repetitivo para tranquilizar y dormir a sus hijos. ¿Qué acto repetitivo es el primero?, la succión. En dicho proceso se estructuran y unen dos funciones tan dispares como lo son el acceso a la comida, con la ligazón con la madre a través de la oxitocina. Todo estado limerente que atente contra el sistema de vinculación humana, en donde medie dopamina y oxitocina, es susceptible de crear patrones estereotipados como sublimación de aquel estado primero y en la dirección de buscar el mismo estado homeostático o relajado. Aquí vemos de forma clara cómo la evolución en realidad trata con metáforas, con conceptos. Que no se trata de la química cerebral, sino de apuntar con los comportamientos a esas metáforas o conceptos que suplan dicho vacío. La estereotipia suple una metáfora que ha de ser el patrón deseado, que se metaforiza en los tic, en las adicciones, lo compulsivo y las manías. En definitivas en estimulaciones placenteras -autoestimulaciones-, a falta de estimulaciones que prevengan desde fuera, ya sea la madre u otro ser querido y cercano. O dicho de otra forma: sustituye unas ritualizaciones por otras (a falta de pan buenas son tortas). Parte de proceso de la autolimpieza que se procuran ciertos animales consiste en el auto-placer que tal proceso conlleva, en definitiva que lo que entra en juego es el sistema de recompensa, de la dopamina. Este parece ser el origen más lejano: todo mamífero parte de un ancestro común con pelo que requería de este proceso de autolimpieza, que provenía a la vez de la limpieza que le habían dado sus madres. Un comportamiento aprendido, un comportamiento social, un comportamiento repetitivo e individual. Cuando más tarde nuestros ancestros homínidos comunes crearon el desparasitado como estrategia de crear lazos sociales terminaron de darle la forma que conocemos en la actualidad. En su tiempo no ser desparasitado por nadie era igual a ser un parias, a ser rechazado por la sociedad, donde tal estado era susceptible de llevar a ese individuo al ostracismo, a la exclusión y por ello a la muerte. Cuando se nos cuestiona nos ponemos nerviosos y para suplir esa falta de estimulación ajena, que nos despiojen los otros, recurrimos a algún tipo de patrón repetitivo de autoestimuación que nos relaje.

Con esto vuelvo a los ritos, y por ello a los tabús, que han sido los que nos forjaron durante cientos de milenios. Lo que tendría que decir aquí, para rematar el escrito anterior, está tratado de forma clara, amplia y sencilla en el artículo de la Wikipedia sobre la ecología cognitiva de la religión (ecología aquí quiere decir adaptación genética al medio por medio de comportamientos), con lo cual remito a leerlo y me ahorro redundar, pues creo que yo no voy a ser más claro. Dejo este párrafo para da una idea general:

La investigación en psicología evolutiva sugiere que el cerebro es una red coordinada de módulos específicos de dominio que corresponden a varias adaptaciones que surgieron en nuestra historia evolutiva.] La mayoría afirma que la capacidad para los pensamientos religiosos no es una adaptación modular en sí misma, sino un subproducto evolutivo de múltiples mecanismos integrados que surgieron independientemente y están diseñados para diferentes funciones. Estos módulos se adoptaron para dar lugar a patrones de pensamiento religioso e incluyen la teoría de la mente , la psicología esencial y el dispositivo de detección de la agencia hiperactiva . Además, la transmisión cultural de estas ideas depende de que sean mínimamente intuitivas.”

Lo que sí haré es unir sus ideas con las mías. Un cardumen -banco de peces- forma unidad, es un estado emergente en donde el todo es más que cada una de sus unidades. El humano siempre ha tenido el problema de que su conciencia, que sus capacidades del prefrontal, sus qualias (gustos), lo individualizan. El sistema que es una especie -vista como una individualidad- ha de crear sus propios mecanismos que lo regulen a un estado homeostático. Lo que viene a decir la psicología evolutiva, el estudio de sistemas complejos y este escrito, es que la religiosidad es una forma que la evolución halló para estabilizar tanto a lo social, como ese estado emergente de la conciencia que individualizaba a una persona, como para hacerle no sentir en cierta medida ansiedad (limerencia) ante el hecho de sentirse fuera de esa unidad social, en el proceso de sentirse individual. Cuando nos unimos a una religión -la aceptamos plenamente- perdemos dicha sensación de individualidad, al sentirnos unidos a algo más grande y abarcador: nos sentimos partes de un todo, en definitiva aceptados o “pertenecientes” a esa comunidad. La evolución en el humano, tuvo que tomar ese camino hacia la religiosidad para restarle ansiedad. Un grupo humano de la prehistoria se prefijaba en unos rituales o costumbres que eran su seña de identidad, y en donde dichas señas creaban esa totalidad, al igual que en un cardumen un pez ya no es un ente individual, sino sumado a un sistema mayor con sus propias reglas, y en cierta forma su propia “conciencia”, en tanto que estado que seguía sus propias conductas y economía del comportamiento (ecología cognitiva). Si unimos la idea básica de la ecología cognitiva de la religión, con lo tratado en este escrito, y puesto que es común en muchos de los trastornos tender a algún tipo de estereotipia, de caer en patrones repetitivos, se deduce que el trasfondo es que son personas que de alguna forma se sienten desunidos o excluidos de lo social. La idea de Dios se ha unido, en distintos campos de la ciencia, con la teoría del apego. Cuando empezamos a perder la fuerte emoción que es el apego con la madre o el cuidador, la persona religiosa lo proyecta sobre Dios. Si un individuo no siente ese estado de pertenencia con nada, y en la prehistoria era su grupo y su dios (que eran unidad), su apego queda suspendido en el vacío. El caso es, ¿son activados para ser individualistas o es un “accidente”?, no creo que se pueda dar una respuesta taxativa a tal pregunta. Pienso que se dan los dos casos. De alguna forma el “antiguo” prototipo de macho alfa tenía que ser algo individualista, no ser un replicador, sino alguien que era al que replicar. En esa dirección tenía que tener una estructura -a nivel químico- cerebral algo distinta, en el sentido de que tendría que ser menos ritualista por tender a ser menos social. Eso encajaría con que la psicopatía no recurra a ningún acto de autoestimulación, como así sucede con otros trastornos. En otros casos, ya sea por herencia genética, un cambio epigenético o una niñez complicada y con traumas, la individualidad y la rotura se da por accidente, “programando” a esa persona para lidiar esa exclusión con el trastorno para el que sea tendente, que al fin y al cabo es un tipo extraño de comportamiento adaptativo y tiene su propia idiosincrasia. Finalizo esta sección volviendo a las personas con el espectro autista. Quizás no haya otro trastorno que muestre de forma más clara la dualidad humana que he tratado de mostrar aquí. Los autistas son -quizás- los cerebros más aislados de lo social que existan (se apunta a una deficiencia de la oxitocina), pero a la vez es donde se da una mayor necesidad para recurrir a la autoestimulación. Cerrados sobre sí mismos, sólo hayan consuelo con el mecanismo evolutivo que hace referencia a lo social de forma metafórica: la autoestimulación. Saben leer el signo, pero no saben su significado. ¿Acaso no nos pasa lo mismo de alguna forma a todos?, que leemos la grafía de la vida, pero ya no logramos entender su significado.

Unas últimas consideraciones. Como dije al principio sobre los límites cerebrales, todo este escrito apenas si se centra en unos pocos conceptos, ignorando o dejando de lado, por ejemplo, la identidad narrativa o qué es aparecer y ser, en toda esta trama. Doy por supuesto que el lector avispado sabe dónde va cada concepto e idea y cómo, aunque no los mencione ni una sola vez, de fondo sólo estoy hablando de esos temas. Por otro lado en cierta medida no he tocado el tema de los subtítulos, es lo que ha de venir ahora, si bien ser y aparecer está implícito en todo lo escrito hasta ahora. En los últimos escritos dejo preguntas en el aire que al final no contesto, ahí va otra: en el dilema de qué es construcción social, ¿no será que lo que es construcción es la situación actual?, en donde ignoramos todo lo natural para ser tan sólo lo que creemos construir. En definitiva, es una vuelta de rosca hacia la identidad narrativa, a la identidad que construye el prefrontal tratando de ignorar que sólo es la capa de pintura de una máquina muy compleja que lleva millones de años auto fabricándose. Nuestro actual ritualismo es dejar de ver que el emperador está desnudo, pues todos lo estamos y no queremos hacer dicha declaración ante el miedo que nos declaren igualmente desnudos.

Un Caso Personal (que ejemplifica todo este discurso)

Hace unas semanas, en una caminata de 18 kilómetros, subí dos precipicios, cuando llegué a casa no recordaba el primero, si había sido exitoso o no y cómo había sido. El cansancio repercutía en la memoria de trabajo en su papel de recuperación de la memoria a corto plazo (este lenguaje es confuso incluso para mí, pues no hay uniformidad entre los científicos a la hora de decidir si son dos tipos de memorias o dos maneras de llamar a lo mismo). Sí recordaba el segundo tramo, con más dificultades y en donde pasé más miedo al correr más riesgos. Subí hasta una plataforma, pero no se podía coronar la subida, pues había un alero que no podía salvar. Recorrí ese saliente hacia la derecha, en cierto momento tenía que bajar el desnivel de una roca, a modo de escalón, que no tenía ningún tipo de agarre, y en donde al final la plataforma era un voladizo de unos cuatro metros de caída hacia el agua. Daba vértigo, si resbalaba o cogía velocidad al bajar la roca podría irme al vacío. Me senté y descendí ese escalón culeando y tanteando con los pies. Seguí adelante, pero al final no había salida: había un precipicio de unos dos metros que sin cuerda no se podía bajar. Saltar no era una opción pues el terreno es de piedras de pizarras sueltas, en algunos casos afiladas, cubiertas de vegetación. Tuve que volver atrás y descender, cuando para alguien inexperto, como soy yo, es peor. Al final subí de ese “agujero” por un lugar más sencillo pero trabajoso.

A la mañana siguiente, ya descansado y en donde la noche había terminado de asentar las memorias, recordé la primera subida. Había salido a la caminata con diarrea, por el camino comí algo para tomar fuerzas, pero en mitad de esa primera subida me entraron unos retortijones fuertes y tuve que bajar para defecar, para al final tener que volver a subir. Sí logré mi meta, aun con sus dificultades.

Lo que trato de hacer ver es que una persona “normal” no hubiera salido a recorrer muchos kilómetros, y mucho menos escalar precipicios, por ser ecuánime con su condición física. Tampoco hubiera tratado de escalar habiendo visto que la diarrea persistía…, y mucho menos haberse enfrentado al segundo precipicio con un mayor nivel de problemas. Por otro lado está la cuestión de cómo operó el cerebro con la memoria de trabajo. Retuvo la segunda escalada por el miedo  implicado, pero no el éxito del primero. Uniendo las distintas ideas plasmadas en el escrito, se puede deducir que mi tipo de apuesta evolutiva es una en donde la dopamina (el premio de la primera subida) no había terminado de retener la información, que a la vez repercute en una memoria de trabajo “más pobre” o reducida. De lo que se puede extrapolar que el tipo de apuesta que soy no es que tenga el “fallo” con el tratamiento de la dopamina, sino que es una tipología -que al ser individualista- no tiene implementado tal sistema y en tanto que se creó sobre todo para lo social y para las personas sociables. A ser una tipología que aprende sobre todo con castigo/no-castigo, tiendo a no tener presente los éxitos, y eso lleva a lo que se entiende comúnmente por pesimista, que si se comprende lo que quiero decir y el ejemplo expuesto, es una categorización errónea, ya que de lo que se trata es que el cerebro no trabaja tanto con la dopamina como sistema para el aprendizaje. Por otro lado dado ese “vacío” de la emoción del premio (o en una proporción más baja o suavizada) esa tipología que represento tiende a correr más riesgos para sentir emociones profundas o intensas, con lo que es más proclive para correr riesgos, o para tomar la postura del típico “de perdido al río”. ¿En qué medida esta tipología no es la que tomaba los riesgos de cruzar una cordillera para encontrar un valle o el otro lado? Lo que quiero hacer ver es que han sido uno de los precursores de que la humanidad se expandiera por todo el planeta. En unas comunidades que siempre estaban al borde de la extinción no cabía la estabilidad homeostática, sólo quedaba la opción de hacer que permaneciesen en una constante retroalimentación positiva, haciendo que todo individuo que quisiese sobresalir, y sintiéndose algo aislado del grupo y por lo tanto más individualizado, tomase ese tipo de riesgos que nadie más moderado quería correr.

Esto me lleva a otras deducciones. Los científicos tienen que controlar las condiciones para analizar una situación, pero eso lleva a estudiar todo fuera de la acción “real” de los distintos neurotransmisores y tipologías de ciertos genes. Pienso que esa tipología, a la que me refiero, ni siquiera es una situación estable, sino que se activa en ciertas situaciones (no sé si a nivel epigenético o simplemente por alguna hormona). Cuando un lobo se separa de la manada para buscar una hembra u otra manada, se crea en el cerebro ese tipo de estado en donde la dopamina baja su función y sólo se queda el castigo (miedo) y el no premio. En esas condiciones ese lobo individualizado se “auto-programa” para correr más riesgos de los debidos (habría que capturar a esos lobos y hacer análisis de su química cerebral en dicha situación para ver si tiene sentido lo que digo). Lo que propongo coincide con el concepto de Viktor Frankl de “existencia provisional”. Cuando al final encuentra una manada su “química” vuelve a cambiar a su estado “normal”. Esto coincide con el hecho que la esquizofrenia se dé sobre todo en la juventud, pues es la edad en donde uno tiene que buscar su propia manada o su “hembra”, también tiene sentido con respecto a que la esquizofrenia sobre todo se dé entre los hombres, que son los que suelen que tener que coger el rol -a nivel de mayor tiempo filogenético- de buscar a su pareja o crear una nueva manada. En esa misma dirección, la juventud pasa más por un proceso de amar el riesgo y de que le gusten las películas de terror, es como si durante esa edad se pusiese en juego el sistema de recompensa de la dopamina, y quedase el restante: el del miedo y el riesgo. También encaja a que de forma generalizada se tenga más miedo de los solitarios, pues suelen ser los más liminales, los que tienen menos que perder para cometer riesgos o “salirse del camino” neuronormativo. En las sociedades actuales, en donde se está pronunciando cada vez más el aislamiento o la falta de conexión, ese estado se puede quedar “activado”, cuando en la naturaleza lo suyo es que se terminase por desactivar.

En definitiva, no es un “error genético”, sino algo programado en la evolución en tanto que estado liminal que se activa hasta que dicho individuo (o ser individualizado) crea un grupo en donde vuelve a “recuperar” su sociabilidad y por ello el papel de la dopamina. En mi caso ese “de perdidos al río” es la tónica de mi vida, siempre suelo tomar las “decisiones” menos “prácticas” o moderadas, lo que suelen calificarse como “locuras”, calificativo con el que me llamaban mis hermanos cuando era joven: “el locuras”.

Mi vida se divide en antes de ir a vivir a Béjar, un pueblo al lado de las montañas, y después. Mis veranos siempre han sido muy inestables, con mucha ansiedad, intranquilidad y desasosiego. Ya en Béjar en primavera y verano me daba largas caminatas subiendo y bajando la montaña, donde la tónica era no ir por caminos trazados, y en donde a la menor me extraviaba y me metía en apuros. En esos casos se activa el sistema de alarma, que principalmente hace uso de la adrenalina y el cortisol, pero siempre resolvía la situación. A partir de entonces yo tomaba el control de los veranos, ya no tenía esa misma sensación de “ahogo mental”. No sé si era por algo químico o simplemente porque al tener control de situaciones de “peligro” cambió mi perspectiva sobre mí, o es una suma de las dos cosas (y teniendo en cuenta que la cognición del control igualmente implica alguna química). ¿Por qué al humano le gusta las películas de terror?, o ciertas atracciones de los parques como la caída libre. ¿No será que su equilibrio químico y emocional dependa del estar lidiando con el miedo de las situaciones “reales”? Las situaciones sociales de angustia no generan miedo “real”, sino un miedo difuso pero constante sobre el que no se tiene el control -que nadie quiere reconocer de buena gana pues no quiere ser tildado de débil y tampoco que use ese conocimiento en su contra-, pues hemos creado una sociedad tan compleja que la emoción más clara suele ser la impotencia, la de estar luchando contra aparentes “molinos de viento”. Crean en definitiva impotencia aprendida.

Gráfica principal. Mapa sobre el cerebro humano según distintas teorías.
Anuncios