Breve Historia de la Condición Humana

Nuestro cerebro ha evolucionado para reconocer como  propio lo cercano y como ajeno lo lejano”
Fernando Moya
Cuando se habla de evolución y selección, no estamos  hablando de rasgos individuales, sino de un paquete, que la selección acepta o rechaza. Genes, caracteres anatómicos, procesos fisiológicos, moléculas, son componentes que van todos enlazados. Con lo cual, si cambia una cosa, otras  cambiarán como consecuencias secundarias.”
Emiliano Bruner
Nos estamos volviendo serios, y déjame decirte que ese es el siguiente paso para ser aburridos”
Joseph Addison
Desde el punto de vista genético, los seres humanos de hoy somos cazadores-recolectores desplazados a través del tiempo, a un mundo distintos de aquel para el que fuimos hechos.” Francisco Giner Abati, antropólogo.

    Este es un subcapítulo dentro de “el sentido está en las primitivas“, dentro del libro “Primitivas, inclusividad y reacción” y segunda parte del “nacimiento de la identidad narrativa“, donde se había dejado temas pendientes.

   ¿Qué estoy haciendo al dividir capítulos en subcapítulos y estos en varias partes?, me adapto a la situación actual de la sociedad, donde las personas son reacias a ocupar mucho tiempo y su atención en un escrito muy largo. En su momento no me ocupaba de esta problemática, pues tenía una página web mantenida por el gestor de contenidos Joomla, que lleva implícito ser indexada por los motores de búsqueda. Ignoraba a las personas y la situación actual, y me limitaba a escribir. Tenía más visitas en esa situación, que en la actual de escribir en Blog’s, que no te posicionan en los buscadores. También hay que tener en cuenta que la anterior generación era de ordenador y la actual es de móvil, que dado que se mueven por app’s estas han filtrado todo los procesos hacia sí mismas, ignorando el resto de modos de interactuar en Internet. Se puede apreciar en que casi cualquier vídeo de YouTube tiene una gran cantidad de comentarios y respuestas a comentarios (conversaciones que se van por la tangente), aunque el autor del vídeo ya no se implique en ellos, mientras que si se llega a un blog casi no los tiene o son menores. A la vez todos estos procesos han llevado al concepto de pantalla y la captura de la atención de los usuarios, que cada vez es más corta. Recurrí a hacer algo de publicidad, pero tampoco quiero entrar en la dinámica de las redes sociales, con lo cual casi no tengo visitas. ¿Qué muestra este ejemplo?, que toda ruta alternativa de crear contenidos se están cerrando y ahora casi sólo quedan la redes sociales. Una autovía que te “obligan” a usar si quieres tener algún movimiento. Por mi forma de ser y pensar no es esa la dirección que yo vaya a usar. Prefiero ser un peatón, y mantenerme al margen. Todas estas “decisiones” que he tenido que tomar están enmarcadas dentro de la situación actual de sobrecarga informativa, falsas noticias y el tender a las noticias o los títulos sensacionalistas en la dirección de atraer la atención. Este largo ejemplo viene al caso para hacer ver que eso no es un proceder humano, es generalista de la vida, y la dirección humana a la previsibilidad, que es sobre lo que trata el presente escrito de fondo, se enmarca dentro de una estructura más amplia por capas.

   La máxima de la vida es el oportunismo, el buscar la más mínima oportunidad para hacerse un hueco en un hábitat, o en una manada. A la vez puede venir dado por el “horror vacui“, a que la propia materia y la energía parezcan ocupar los espacios vacíos (el calor de un café no se queda en él: se va repartiendo en su entorno hasta desaparecer), y que a la vez la conglomeración sea propicia para crear moléculas complejas, como para que al final llevasen a la vida. Se parte de una ausencia de intención de la materia, de ciertas leyes físicas, hasta llevar a la optimización de un hábitat por ciertas reglas provenientes de los límites de energía de dicha zona, creando en su proceso cerebros que asienten esas reglas en el ADN y los instintos, hasta terminar por llegar a la intención porque la vida ha “comprendido” (el proceso evolutivo de prueba y error lo ha hecho) que si todo es azar y conviene “leer” con más rigurosidad ese medio, se necesita de un cerebro que no sea tan rígido como lo son los instintos, y por ello llegue al aprendizaje durante una vida, que requiera neuroplasticidad, pero a la vez “entendiendo” que eso creará un nuevo sistema competitivo por la energía, en donde el más inteligente o animal más neuroplástico u oportunista individual será el que más ventaja tendrá sobre el resto. Esto a la vez implica que una especie no tiene que competir sólo contra otras especies, sino que tiene que crear una competición interna, con unas nuevas reglas, que por un lado no acaben con la propia especie en sus luchas internas, pero que tiendan a optimizarlas. En esa medida las competiciones por acceder a tener sexo entre los machos -o por la territoriedad– no tienen que acabar en la muerte, o se tiene que evitar en lo posible. Lo que al final llevó a la metáfora conceptual de “hacer la pantomima” de mostrarse contumaz y enérgico en dichas luchas, sin por ello perder la vida. Esa metáfora creó el juego de la infancia como forma de aprendizaje para esa edad adulta, y eso llevó al final a que el juego crease un lenguaje inclusivo, en donde quien no jugaba a sus reglas -o las conociese- no era parte del juego y al no ser parte del juego no lo era de esa familia o grupo. Las crías del mundo animal complejo, en su impertérrita curiosidad de tratar de comprobar quién juega o no, tantea cualquier objeto que se mueva o pueda ser movido y a otras especies, con el peligro de poder morir si se equivocan y tienen “mala suerte”. Delimitan quiénes son parte de su grupo y juegan su mismo juego. De la misma forma tantean sobre los de su misma especie para ver con quién pueden jugar y están interesados en jugar, y si lo hacen “saben” que son parte de su mismo grupo inclusivo, que ha sido aceptado.

   El precedente párrafo es un breve resumen del capítulo sobre el juego del presente libro, para tener en cuenta ciertos conceptos que he venido manejando, pero ahora hay que avanzar. Vuelvo a lo mismo del principio. ¿Qué tiene éxito ahora, cuando han emergido las redes sociales? En YouTube el tener una buena voz y fluido verbal, la buena imagen, tener conocimientos sobre un tema, algo de desparpajo y humor, y buena apariencia física. Quien sume todo llega a ser un YouTuber de éxito. Resta componentes y se restará prominencia. Pero sobre lo que quiero poner la atención es que se dio un nuevo medio (hábitat, para el caso) y fue el oportunismo el que operó en todo ello. Hay que descargar las posibles connotaciones negativas de tal concepto, lo uso bajo el prisma de la ciencia, de la etología, del comportamiento animal. Si es así ahora, ¿por qué habría de ser distinto en otras épocas de la larga evolución humana? La ciencia a veces se cierra en ciertas teorías, invalidando otras, cuando si se tiene en cuenta el concepto de oportunismo, todas pueden ser válidas. Cuando sólo ocupábamos la sabana africana, de donde surgió nuestra especie, tal ancestro sería un grupo pequeño y homogéneo, y las oportunidades serían pocas. Después se dieron varios grupos de homínidos, que emergerían de ese estado previo al moverse a distintas zonas y alejarse en el espacio y el tiempo, con lo cual al final y al encontrarse esos distintos grupos compitieron entre ellos y contra el resto de los animales de su propio hábitat. Lo curioso es que en África, al final, sólo sobrevivió uno, que debió de ser el más oportunista. De ese grupo, algunos de ellos salieron de África y crearon o llegaron a las dos subespecies euroasiáticas de neandertales y denisovanos. Pero con la llegada del sapiens y por competencia por los hábitat, se validó o se mantuvo la especie más oportunista, que es la que somos hoy.

    En otro lado he dicho que por la regla de la invarianza las especies tratan de mantener su identidad. Es una extraña y poco comprendida regla de la evolución. La especiación, por medio de la selección estabilizadora, “frena” los cambios aleatorios que llevarían a más especies de las que hoy conocemos, seguramente porque de no existir tal freno eso podría llevar a que una especie al final no podría reproducirse, cuando al aislarse y al llegar a un cuello de botella en cierto hábitat, no encontrara con quién reproducirse en otra zona. O sea, toda especie que no tuviese esa regla fue más susceptible para la extinción, y las que tuviesen esa regla es la que se ha mantenido viva en la tierra. Es muy posible que durante la explosión cámbrica aún no existiese la regla de la especiación y ello llevó, en parte, a la posterior extinción de la mayoría de todas esas variaciones de animales. Lo convulso de los cambios climáticos y demás catástrofes naturales del planeta “ayudaron” a crear la regla de la especiación. Por esa misma regla el homo sapiens, al salir de África, se pudo reproducir con los neandertales y los denisovanos, con la ventaja que “adoptaron” su sistema inmune y se pudieron adaptar mejor a los distintos hábitat, y además porque se quiera o no, el sapiens debió de aprender de las técnicas de caza y otros procedimientos culturales de los habitantes del continente euroasiático. Pero saco a colación la regla de la especiación porque el cerebro lo tiene como base para tratar de atenerse a una identidad, que en el caso humano es la identidad con el grupo o la cultura. En un grupo cultural hay dos fuerzas en lucha, la que les lleva a la coalición y aquella otra que hace que sea inevitable la rotura. En muchos casos los humanos se separarían por tratar de ocupar dos zonas distintas, pero en otros casos por las diferencias internas del grupo, por que les harían comprender que no podían convivir juntas. Muy posiblemente el grupo de humano que se fue de África se debió a una escisión, en donde el grupo dividido apostó en desplazarse hacia el norte, atravesando el difícil desierto del Sáhara. Quizás llevaban la llama de la rotura, de la escisión, frente a lo cohesivo de las tribus que permanecieron de África (otra opción sería que la hibridación con Neandertales y Denisovanos produjera una especie con tendencia hacia la segregación transgresora, más competitiva y agresiva ante la escasez). En lo genético se dan cuellos de botella, hay más variaciones genéticas en África que el resto del mundo, por el hecho que sólo un grupo pequeño de humanos (que no tuvo que ser en una sola oleada, sino varias en distintas épocas), con unas variaciones genéticas concretas, y que es la que ha heredado el humano del resto del mundo. Lo cohesivo de África, e igualmente la abundancia de alimento de la zona ecuatorial, les mantuvo sin necesidad de crear grandes cambios a lo largo de los milenios, de mantener la cohesión en los grupos como la regla más fundamental.

   Trato de establecer que la escasez es la que “obliga” a un individuo o a una especie a que se propicie más el oportunismo. Cuando el humano llegó a otras zonas ecuatoriales -o ricas en alimentos- se mantuvieron bajo la regla de la cohesión, de no luchar y no tratar de romper el grupo, manteniéndose con sus reglas y un mismo lenguaje, que ya a esas alturas de la evolución tenían que ver con las palabras y los tabús. Con todas estas premisas retomo en donde había dejado el tema anterior. La temporalidad en el cerebro humano. La forma más común de gobierno de las tribus existentes es la falta de un jefe o autoridad (acéfalas). O sea, que la humanidad se mantuvo con las reglas de la inversión de la dominancia, que bajo mi punto de vista obedece a la regla de la vida hacia la autodeterminación, a que nadie tenga el “control” sobre tu propia vida. En la dirección de mantener el grupo, los tabús o reglas culturales, y no una persona, eran las que ponían los límites a las que se tenían que atener los individuos. Se llegó al concepto de tabú en la medida que un individuo tenía que tener en cuenta de tal forma los límites de cohesión del grupo, como para interiorizarlos a nivel cerebral e individual. El tabú era la frontera de la propia identidad grupal, de su propio lenguaje interno, e interiorizado en cada individuo. Un límite invisible como igualmente lo es el de la especiación, pero igual de fuerte y consistente.

    Detengámonos en el tabú, pero dando un largo rodeo. Cuando se dio la capacidad hacia la neuroplasticidad, hacia el aprendizaje, se volvió a caer en el peligro de que los individuos se distanciasen tanto como para tener unos comportamientos totalmente distintos. En la lectura de este párrafo hay que tener siempre presente el concepto de especiación, el mantenimiento de la identidad de una especie. Entre la total plasticidad y el comportamiento prefijado que son los instintos se dan los patrones de comportamiento, que en muchos casos hay que aprenderlos durante la vida. El saltarín colilargo en Costa Rica, el ave de más edad y experiencia enseña a un joven la técnica de bailar, pues el protocolo de cortejo de la hembra requiere que sean dos los que lleven el baile a cabo en total sincronía. Al final la hembra sólo se aparea con el maestro, pero en ese proceso el aprendiz ha pasado a la siguiente etapa: escoger su propio aprendiz para volver a empezar el mismo rito; entre el primer proceso de aprender y el siguiente de enseñar se pueden llegar a sumar diez años de ensayos. Un patrón de comportamiento, en tanto que se repite dentro de una especie, y entre los grupos y los individuos, es sinónimo de rito. Se puede decir así que un rito trata de suplir un instinto dentro de una especie con neuroplasticidad, en donde en etología y sociología es llamado y estudiado con el concepto de ritualización. Esto nos dice la teoría estructural de la ritualización en la Wikipedia:

Cuatro factores juegan un papel esencial en la reproducción estructural que involucra a los RSP -por su siglas en inglés- Incluyen repetitividad, prominencia, homologación y recursos. La repetitividad implica la frecuencia con la que se realiza un RSP. La prominencia involucra el grado en que se percibe que un RSP es central para un acto, secuencia de acción o conjunto de actos interrelacionados. La homologación implica una similitud entre los diferentes RSP. Los recursos son materiales necesarios para participar en los RSP que están disponibles para los actores. Cuanto mayor sea la disponibilidad de recursos, más probable es que un actor participe en un RSP.”

   A un ojo avizor le saltará a la atención mental que los ritos son un tema serio con respecto al juego que se da durante el aprendizaje de la infancia. Así, por ejemplo, los rituales litúrgicos requieren solemnidad, ¡recordar que no hay que reírse en la iglesia y durante las misas! Parte del éxito del cristianismo proviene de sus orígenes judíos, y su acatamiento a los ritos: en esa dirección el catolicismo se afianzó sobre todo en la alta transcendencia y seriedad de sus ritos litúrgicos (off topic: una de las frases más repetidas de Jesucristo es “haced esto en conmemoración mía”, de ser cierto que era hijo de Dios y que tal Ser exista, entonces Su “deseo” era el mantenimiento de las ritualizaciones). También hay que recordar que el actual modo de vida es sobre todo de origen anglosajón y por lo tanto Protestante, y en donde tal dirección del cristianismo optó por desacralizar los ritos litúrgicos. Bajo las perspectivas, arriba indicadas, llegar a la adultez implica dejar el juego como proceso mental para aceptar la ritualización. En muchos casos ese proceso ocurre con algún rito de paso o de iniciación, proceso por el cual se deja de ser niño. ¿Por qué me detengo en todo esto?, porque el cerebro humano al ser el más neuroplástico de todos los animales “necesita” imponerse de forma más contundente los ritos que tengan que implicar la pertenencia a un grupo, a un género o a una edad. En esa dirección los tabús en la prehistoria y en las tribus son normas que no pueden ser trasgredidas de ninguna de las maneras, o dicho de otra manera: eran las más serias…, y aunque sea redundante decirlo, era aquel tipo de rito o práctica donde no cabía el juego y por ello la risa. Cualquier trasgresión implicaba ser castigado, matado o expulsado de la tribu. Huelga decir que un tipo concreto de ritos y tabús marcan a qué tribu o grupo perteneces. Luego, al igual que la especialización lo hace a través de los patrones prefijados en el ADN y los instintos, los ritos, tabús, costumbres, convenciones y normas son las que dan a un individuo parte de su identidad, ya sea la étnica, la tribal, cultural, grupal, de género o la nacional.

formas alométricas del carbono

    Vayamos aún más lejos en esta abstracción, para englobarla a nivel más físico y químico. La vida se basa en el carbono, que en sus distintas manifestaciones alotrópicas crea patrones regulares y simétricos. En un nivel superior, cuando la vida emergió lo hizo repitiendo la simetricidad del carbono y creando patrones iterativos para elaborar partes complejas del ser vivo. Este rasgo se ha ido repitiendo a lo largo de la evolución. Por otro lado hay que recordar la aleatoriedad, y los procesos estocásticos, donde ciertos errores dentro de las iteraciones pueden crear malformaciones en los patrones, que pueden llevar a una nueva subespecie y que en definitiva al final pueden llevar, por distintos procesos, a una nueva especie. Lo que me interesa hacer ver es que todo tiene un origen y un porqué. Cuando hoy nos saludamos dándonos la mano estamos siguiendo una convención que es un patrón del comportamiento, que forma parte del proceso de ritualización de la vida, que son un sustituto de los instintos en cerebros adaptados para el aprendizaje, que estaban englobados dentro de las reglas de la especiación, que a la vez tiene que ver con la tendencia de la vida hacia la iteración y la creación de patrones, que proviene de la química del carbono y de la física de la regla del octeto.

Formas Iterativas de la Vida

    Para cerrar este tema he de llamar la atención de que el baile es un proceso intermedio entre los serio y la diversión, un medio paso entre el rito y el juego. Si para el humano tiene tanta importancia este acto es por su alto contenido simbólico, pues si bien hemos de ser una especie basada en reglas y normas, que tienden a la seriedad, por otro lado hay que tener en cuenta que somos una especie infantilizada -recordemos que el estadio infantil es creativo y reglado por la dopamina, por el principio del placer-, que ha tratado de mantener el juego como parte de su idiosincrasia, y en esa dirección el baile suple las dos direcciones: la ritualización y la diversión.

    Retomo el tema de arriba sobre los orígenes humanos. Por lo general en Eurasia no se daba la abundancia, sino todo lo contrario. En esa dirección lo propicio no era el tabú y las normas, sino el oportunismo, el permanente cambio. Volvamos al tema de porqué yo divido capítulos. Lo que está claro es que estoy analizando y calculando cómo “funcionarán” mis escritos en Internet. Estoy adelantándome a los acontecimientos, haciendo previsiones de futuro. Esta es la función que nos hace humanos, y que más usamos en tiempos de escasez (hoy escasez de tiempo y atención). Todo humano que tuviese esta capacidad tenía más probabilidades de sobrevivir y reproducirse, frente a los que no la tuviesen. En esa dirección es el tipo de humano que prosperó en las difíciles condiciones del Eurasia. Pongamos más atención en este proceso a nivel de cerebro. Por un lado hace uso del prefrontal, que es una parte relativamente nueva y que tiene un gran gasto de energía, y por otro lado está que si uno se cierra en ese módulo puede tender a concebir que toda previsión es huera, que carece de validez y llegar a la ansiedad, a la angustia y al pesimismo. En esa dirección la evolución tenía que validar que se hiciese uso de tal capacidad, pero no en exceso. Sigue en su prueba y error, porque en realidad es una situación que sobre todo tiene su prominencia en los últimos seis o diez mil años, un lapsus o mero aliento en la evolución, con lo cual aún no se ha “validado” o promediado ninguna apuesta concreta. En ese proceso hoy en día hay infinidad de apuestas que están en una lucha evolutiva invisible, por lo desapercibida que llega a ser. Hay personas que no nacen con esa capacidad de analizar en profundidad un tema, por el alto gasto energético, que en su condición genética no tienen, por otro lado otras personas nacen siendo más impulsivos, analizando las acciones a posteriori, -si es que lo llegan a hacer-. A todo esto se une la capacidad de una persona para tratar de mantener la cohesión y no destacar, o la contraria de sobresalir; de tender al respeto a las normas y por ello a la normalización, o el contrario de querer salir de las normas y la normalización. En definitiva, que los cerebros humanos ya no parecen hablar un mismo lenguaje, que una vez que está activado la propensión al oportunismo, que a la vez implica romper con la cohesión, el humano entonces ya no juega a un solo juego, sino a muchos a la vez. Cada humano ya no se identifica con lo familiar que era la raíz de un mismo juego, sino con aquellos que tengan que ver más con su propia distinción entre cohesión y oportunidad, en un mundo con cientos y miles de variaciones que hacen que sea imposible encontrar a alguien que juegue a tu mismo juego (misma disposición cerebral).

    Sin tratar de ser exhaustivo he sacado cuatro factores que crean variaciones humanas. En mi caso tenía la tendencia de ser espontáneo, que es lo mismo que decir impulsivo; una de las formas de llegar a preconcientes es comprobar que la espontaneidad no es “válida” en la sociedad actual, y como contramedida ser más racional de lo debido para contrapesar, lo que me ha hecho ser “expontáneo” 😉. En esa dirección tengo las dos tendencias, una “natural” y otra adaptada. Por otro lado no trato de ganar, creo más en el concepto del juego -que vengo manejando-, de no competición, de no querer ganar, o cuanto menos no ser un mal ganador. La suma es que no lucho por propósitos, porque aunque podría prever posiciones futuras, hacer planes, mi tendencia “natural” es la de vivir el momento de forma espontánea y no tratar de ganar posiciones. Cuando he estado en posiciones estables las he sentido como una cárcel, pues te aplastan en una rutina que siento que encierran mi cerebro en la lasitud y el aburrimento, o sea que tampoco es que tenga porque desear ni siquiera un trabajo estable, como “exigen” las circunstancias y la sociedad actual (provengo de la mentalidad de los 80, en donde si no te gustaba un trabajo te cambiabas a otro: ahora ya no se puede). La cuestión no es tan fácil como “adaptarse o morir”, y/o que todo humano sienta esa “muerte” en un trabajo. Hay una teoría sobre la baja producción de la dopamina que predice que ciertos tipos de humanos se tienen que sobre-estimular para sentir lo mismo que una persona “normal” o promediada; tal estructura se cree que está detrás de las personas con déficit de atención e hiperactividad, que siento que debo de “padecer”. Tiendo al desencanto, al aburrimiento, a sobre-estimularme, pues en mi estado “normal” me siento como muerto. Pongo mi caso para tratar de mostrar que toda reducción es imposible; que la normalización social siempre discrimina ciertas tipologías humanas. Que todo humano es una mezcla de su genética, con su construcción durante la infancia y la situación en la que vive, y cuantas más variables entren en juego más tipos de humanos y lenguajes se darán. Aun así se puede deducir a grandes rasgos que el que no quiere mandar, y en las sociedades actuales, va ser mandado. Una postura fuera de ese rango es el rebelde, que puede que llegue por ese camino a la delincuencia. En definitiva, que al nacer el humano está impelido a adaptar su genética al momento social.

   Pero he dado un salto a la actualidad sin explicar en realidad nada sobre los cambios sociales y cerebrales del pasado. En la zona ecuatorial es donde más vida hay. En todo momento puede haber árboles frutales, tubérculos o raíces de los que alimentarse. Cuando se salió de dicha zona se perdió esa abundancia. Fuera del ecuador, y cuanto más al norte, más se depende de las estaciones del año. En esa dirección el humano tuvo que adaptarse a prever dichas estaciones y guardar reservas o pensar en algún tipo de estrategia para sobrevivir a los duros inviernos. No creo que tenga que redundar demasiado en el tema, creo que el cuento de la cigarra y la hormiga, u otros de ese tipo nos dicen que el humano ya no debería de vivir simplemente al día, sino prever con cada vez una mayor capacidad de antelación lo que ocurrrirá después de un tiempo, ya fuera unos meses, y al pensar en sus hijos, en años.

   De nuevo otro largo inciso. En la actualidad convivimos humanos tribales de cazadores-recolectores y el típico urbanita que nada sabe de la naturaleza. ¿Caben dos posturas tan opuestas para un solo tipo de cerebro?, un urbanita moriría en la sabana africana (cuando a veces veo de pasada un tramo de “supervivencia al desnudo” me dan lástima y siento vergüenza ajena de lo torpes -y engreídos- que son), y un cazador no sería capaz de vivir y a adaptarse a la vida de una gran ciudad; estoy seguro que si se pudiera traer a un humano de la prehistoria a la actualidad permanecería en un estado constante de ataques de pánico, y terminaría en pocos días con ansiedad, si no con un trastorno de estrés postraumático. Hemos de volver al concepto de caos y orden. Por decirlo de alguna manera la vida es de formas curvas mientras que el humano actual es cuadriculado. Sólo hace falta pensar en la diferencia de un bosque y un parque o jardín. En el bosque se sigue la máxima del horror vacui, cada centímetro tratara de ser ocupado por una planta, mientras que el humano tiende a colocar los árboles o arbustos con cierta distancia, y no deja que salgan ramas en las partes bajas, “obligando” al árbol a crecer hacia arriba. El humano tribal y primitivo aceptaba el caos y convivía en sus hábitat sin cambiarlo demasiado, el actual no. Las religiones antiguas, y muchas de las que hoy subsisten no dividían de manera maniquea el bien y el mal, la propia mitología griega va en esa misma dirección. Muchos animales tienden a usar una de sus patas o manos de forma preferencial y suele ser la derecha. En el humano no es distinto. Eso llevó a que el lenguaje se asentara en el lado de la mano preferente, por ser la que más usaba. Según proponen muchos científicos e infinidad de teorías, el hemisferio izquierdo (que controla el lado derecho) es el que trata de poner orden al mundo y es el cuadriculado, mientras que el derecho se mantiene bajo las premisas de aceptar el caos, el azar y lo sinuosamente curvo de la vida. Un humano que se desarrolle aislado en un bosque o selva, como así ha sucedido con los distintos casos de niños ferales, no desarrollarán las capacidades del hemisferio izquierdo, incluso se adaptarán a vivir a cuatro patas. Una persona analfabeta, sin especial desarrollo de las “habilidades” del hemisferio izquierdo, es capaz de reconocer una persona en una fotografía que esté girada, mientras que una persona cultivada (ajardinada) no. Los niños son capaces de resolver ciertos problemas visuales de forma más rápida y eficiente que el adulto.

    Lo que quiero hacer ver es que es la palabra, y el alto desarrollo de esta capacidad, en la actualidad, la que vuelve el mundo “cuadriculado”, cuando el hemisferio derecho sigue viéndolo como siempre. Desde el neolítico hemos forzado al cerebro para las propiedades que emergen desde el lado izquierdo, y que trata de calcular todo y ponerlo bajo algún orden. Eso no quiere decir que el derecho no encuentre orden, la vida trata de poner orden al caos, de crear estructuras regulares, no es lo mismo una planta que una roca. Pero la propia vida está más apegada al desorden que a la regularidad en su conjunto, como se puede apreciar en un bosque. Aún esto tiene su complejidad, porque hoy hemos comprendido que todo caos en realidad son hábitat muy equilibrados. Lo que hemos comprendido hoy bajo la ciencia el humano primitivo y de las tribus de cazadores-recolectores, lo “saben” de forma implícita, aunque no lo puedan explicar.

   Como conclusión a lo dicho se sigue que el hemisferio izquierdo y la palabra es sólo una potencialidad que puede estar más o menos afinada y potenciada, pero no hace especial falta para sobrevivir. En una analogía, un ordenador de la actualidad lo puede usar un niño simplemente para jugar, o lo puede tener un científico para desarrollar sus complejas teorías sobre matemática o física. Lo mismo viene a ocurrir con las capacidades del prefrontal izquierdo: un occidental lo puede llevar hasta la matemática pura, pero un humano cazador-recolector apenas le dará uso. El problema de fondo del hemisferio izquierdo es que al final “obstruye” u obstaculiza la forma “natural” que debería de tener el cerebro para funcionar. Bajo mi punto de vista todo trastorno mental, que no sea especialmente físico, es debido a una falta de adaptación a la situación actual humana, porque hemos forzado el mundo para ser sólo vivido (analizado, sentido, comprendido) bajo las premisas cuadriculadas del hemisferio izquierdo. De hecho hay una propuesta que dice que los obsesivos-compulsivos tienen su raíz en quedarse anclados en las ritualizaciones como forma de frenar sus ansiedades, frente a un mundo que exige y nos impone orden. Se ha comprobado que los animales también se comportan con esta peculiaridad obsesiva compulsiva cuando en uno de sus rituales (patrones de comportamiento) se les resta algo que debería estar allí.

    No hay mucho más que decir. La vida está creada para tratar de sacar partido de las oportunidades. Cada humano y cultura, y a partir de salir de la zona ecuatorial y vivir en situaciones de escasez, ha tratado de tomar ventaja sobre su vecino, o sobre la cultura cercana. Eso llevó a una carrera armamentista, a un proceso de constante y desenfrenado retroalimentación positiva, a nivel de dar uso de las capacidades del hemisferio izquierdo para poner orden al mundo. Un caso conocido es la optimización de la agricultura que llevaban los Romanos a las regiones que conquistaban, y otro ejemplo es el orden en los ejércitos, que llegó a su máxima con ellos. El hemisferio izquierdo se concentra a buscar el orden natural, por ser el controlable, y trata de sacar provecho de sus hallazgos sobre sus vecinos. El que tenga un mayor control de algún medio tiene una ventaja sobre el resto, que lo capacitará para vencerlo o conquistarlo (o estar en un nivel superior de la jerarquía). En esa dirección el control temporal se volvió vital cuando llegamos a la agricultura, y cuándo más tarde había que enseñar ciertas artes a los hijos, que requerían cada vez más tiempo de aprendizaje. Las ritualizaciones cada vez tenían menos un sentido “espiritual” o mágico, y se mantuvieron aquellas que eran “útiles” para mantener el orden social. El tabú pasó a ser ley, que al principio era sobre todo moral y religioso, para al final quedarse en lo que tenemos hoy: meras leyes que ponen orden a la sociedad, con más y más reglas que tratan de controlar hasta lo más mínimo, para que sirvan de mediadoras cuando haya un conflicto entre dos humanos, y que no puedan resolver ellos mismos con palabras.

Creación de Pez Globo Japones (1)

    Primeras conclusiones. Arriba decía que el aprendizaje, la neuroplasticidad, tenía el peligro de la individuación, que iba contra la regla superior de la especiación. Para reglarlo hizo uso de los patrones de comportamiento. En cierta medida para el fin de la replicación, para la reproducción. Las hembras de alguna forma, en la abstracción de todas las formas complejas de la vida, son capaces de captar qué macho se atiene mejor a los patrones de comportamiento de dicha especie, para seleccionarlo para la procreación. En dicha abstracción y en los animales más complejos, y que mayor hagan uso del aprendizaje, eso ya no iba dirigido a seleccionar patrones de la especie, sino del grupo, de la cultura (efecto Baldwin). En el humano ese efecto se multiplicó y llegamos a Babel, a la Babel de la multiplicidad de las formas de entender la vida, las ritualizaciones y los juegos. Qué era serio y que no lo era. En cierta forma es como si la evolución perdiese su control, que si bien “quiso” mantener el principio de la especiación y puso varios medios para ese propósito, al final ya no le pudo poner freno en el humano. Si la ritualización fue el marchamo de las tribus en África, para mantenerlas estables en sus posiciones, en Eurasia, en donde primaba la escasez, dejó de tener cabida frente a la necesidad y los beneficios que conllevaban el oportunismo. La actualidad se puede diagnosticar como el momento más álgido de esa pérdida de control, y en donde lo que impera ahora es casi el total individualismo. En Estados democráticos, con la libertad como base, todo está permitido siempre que no vaya contra las propias leyes. El humano, en esa nueva disposición, cada vez oye menos al hemisferio derecho y se tiene que adaptar a su lado izquierdo, a lo promediado en la sociedad. No porque lo sienta, sino porque lo razona. Llegamos así a esa metáfora de la posmoderna película “el club de la lucha”, de la escena del avión y las porciones racionales de contacto humano. Ahora todo es susceptible de ser analizado por alguna regla, todo puede ser compendiado para hacer un libro útil de autoayuda… ahora todo está cuadriculado, y quien vea lo curvo y sinuoso del mundo es un inadaptado que terminará con algún trastorno mental. ¿Quieres mantenerte sano?, adáptate a la cuadrícula, a la matriz de la sociedad actual. ¿Se puede?

Espíritu de la Seriedad

   Conclusiones finales. Se analiza, por las premisas de este escrito, que la lucha de los contrarios de seriedad y humor (juego) es uno de los constructos humanos de base. Una cultura ponía como serio su credo, su mito fundacional, sus dioses, su lengua…, en donde muchas de esas reglas y credos se volvían tabú. Quien se riese o no mantuviese la seriedad de dicho núcleo, que en definitiva era la identidad tribal, era un sacrílego, alguien ajeno a dicha identidad que debía de ser expulsado. A nivel individual cada uno tiene sus “temas” serios y aquello que no lo es: aquello que se puede tomar como “juego”, con humor. Somos una especie jerárquica, luego el cerebro siempre tratará de tomar ventaja sobre el otro en cuanto se dé la ocasión. Si dos cerebros comparten qué es serio y qué humor no tendrán conflictos, pues se reirán y se pondrán serios ante las mismas cosas; pero en el momento que no sea así, uno de los cerebros se reirá sobre aquello que tiene como serio el otro cerebro, en la medida que quiera tomar alguna ventaja sobre él, ya sea para avergonzarlo o para “sacarlo de sus casillas”. Bajo esta premisa nació la vergüenza como sistema de controlar los grupos pequeños. Pero, ¿quién la sentía?, quien estuviera en minoría dentro de un grupo. O sea, las ritualizaciones humanas llevaron a lo moral -y en algunos casos al tabú-, en la medida que alguien del grupo era minoritario y tenía alguna peculiaridad sobre la que el resto del grupo se podía reír, mientras que para él era serio. Esto tiene su equivalente en la evolución: “la koinofilia es una hipótesis evolutiva que propone que durante la selección sexual, los animales buscan preferentemente parejas con un mínimo de características inusuales o mutantes, incluida la funcionalidad, la apariencia y el comportamiento”. Como se puede ver no es distinto en el humano, si bien se “usó” este principio para regular la estabilidad en las tribus, que más tarde sería llevado a las culturas y ahora en los grupos (o en las reglas a seguir en una red social). La diferencia humana sobre la koinofilia es que nosotros la dirigimos al concepto de exclusión y vergüenza, y usamos esta emoción básica (casi exclusivamente humana) para regular la estabilidad en los grupos.

    Lo demás se sigue de lo precedente. Uno se “cuadricula” a la sociedad en la que nace, y eso lo “sostiene” la identidad narrativa. Creer en la identidad narrativa es quizás el substrato que más se ha validado en lo evolutivo, en la medida que hay que tomarse dicha identidad en serio (como un tabú) o en su posición contraria: nadie tiene que reírse de la identidad narrativa del otro. Dicha identidad no es un constructo individual, sino la promediada como válida dentro de una sociedad dada. Respetar esa identidad es hacer respetar la tuya propia, pues es la que igualmente tienes. En la actualidad, en un mundo globalizado, esa identidad implica la permisividad de otras culturas (o modos de ser no ya tan promediados: minoritarios), pero si se comprende bien la construcción de la identidad narrativa, que se asienta en la identidad nacional, la cultural y la étnica, tal permisividad es un “parche” que en realidad es contrario a la propia idea de la identidad narrativa. Se cae así, inevitablemente, en lo políticamente correcto. Bajo mis ideas, los seres liminales, los divergentes, no creen de ninguna manera en dicha identidad, como en ningún otro tipo de identidad “creada” desde la capacidad de generar orden del hemisferio izquierdo. Esos tipos de seres son los que llevan la semilla de la individuación.

Huevo de mariposa niña celeste

   Bajo estas conclusiones, no hay ninguna simetría que ajuste o equilibre todas estas reglas. La evolución tendió a la especiación para que fuera posible la replicación de iguales. Dos especies que se distancien terminan por no poderse reproducir entre ellas. Cuando esta regla se “debilitó”, con el aprendizaje, la evolución validó los patrones de comportamiento. Como en el humano esos patrones eran endebles, por su multiplicidad, usaron la vergüenza para prefijar a los liminales dentro de un orden preestablecido. Al final eran expulsados y creaban sus propios grupos, pero siempre se daban las posturas liminales que disgregaban más y más a los grupos. Los Judíos “ajustaron” sus reglas y se acogieron, de otras religiones, a dividir el mundo en dos lados opuestos (maniqueísmo), de tal manera que todo lo liminal era parte del mal. El cristianismo optimizó todo lo proveniente de los judíos, como para crear una religión basada en las ritualizaciones y donde toda salida de la ritualización era no ya vergonzoso, sino pecado (sociedad de la culpa), “infestado” por el mal y carne del infierno. El protestantismo se “libró” de la “cárcel” de lo ritualizado -y ciertas otras coerciones del catolicismo-, y propició de nuevo lo liminal. Con el descubrimiento del nuevo mundo otra vez, como ya pasara al salir de África, el humano cribó lo más oportunista al nuevo mundo (más en el norte de corte protestante que el sur, que era católico y más ritualizado), y eso nos llevó al imperialismo cultural que emergió dentro de ese nuevo poder, que había conseguido ventaja sobe el resto de culturas, más cerradas o menos oportunistas.

    La simetría no es posible porque la identidad narrativa nos prefijaba, mientras que la total individualidad, el reírse uno de sí mismo y que la vergüenza ya no sea una moneda de cambio, nos lleva a la total dependencia del hemisferio izquierdo del cerebro, en donde ya no tiene que escuchar nada del lado opuesto, y en donde ni siquiera el constructo de la identidad narrativa, que era su propia creación, sirvan para regular ni la sociedad, ni a cada individuo. En esa dirección, si se tiende a librar a la identidad narrativa de toda otra identidad, como vacía y sin sentido, entonces se queda sólo dicha identidad ante sí, sin ninguna otra identidad a la que ajustarse y acomodarse. En ese vacío, dicha identidad no se tendrá más que a sí misma, cerrada sobre su propia realidad y sin tener que dar ninguna explicación a nada ni a nadie. Cerrada sobre sí, cual serpiente que se muerde la cola, él será el único sujeto en un mundo de objetos, u otros seres que ofrecerán una resistencia para dignificar su valor…, en definitiva se tenderá a lo individualizado y en esa dirección a lo sociopático. En un mundo así, y para aquel que tenga poder, su único límite serán las leyes, no ya las personas ahora carentes de alma. Si una ley no está de su lado intentará retorcerla a su conveniencia. ¿Acaso no es lo que está pasando ahora mismo con las corporaciones? Por ello, y por otro lado, no es que la libertad lleve al libertinaje, como siempre se ha temido, sino que el cerebro al haber evolucionado para adaptarse a lo curvo y sinuoso de la vida, no está preparado para la sociedad actual -donde sólo gobierna la ley-, la cual crea un mundo cuadriculado y en donde todo ha de estar previamente calculado y previsto. Quien no quiera “forzar” a su cerebro a esa cuadriculación, no es ya que no encaje, es que no tendrá capacidad para seguir viviendo, primero porque será proclive a algún trastorno mental, y segundo porque será catalogado con “mentalidad” de perdedor, por el simple hecho de no querer jugar al único juego que existe en la actualidad: el de la utilidad, el cálculo y la producción. En definitiva, muere la espontaneidad, muere ese ser que nos habita, ese niño que sólo quiere jugar, el lado derecho cada vez más arrinconado a no tener voz en el cerebro, ni en el mundo, en una sociedad que se está volviendo muy seria, y en donde el humor es igualmente algo a calcular.

   ¡A todo esto…!, si he afirmado que las hembras seleccionaban la ritualización en los machos, ¿qué puede seleccionar ahora la mujer? Yo no lo sé, ¿alguien cree saberlo?, ¿acaso la evolución ya no tiene cabida en lo humano?, o en realidad no ha cambiado el paradigma, pero los cambios son inapreciables, pues la evolución va lenta.


Páginas de las láminas dibujadas por Ernst Haeckel‘s para el libro “Kunstformen der Natur”, que muestran estructuras regulares y geométrica (iterativas) de la naturaleza:

La imagen del huevo de mariposa es National Geographic.

Anuncios