Leyendo los Viejos Arcanos

   Lo que sigue, quizás excepto el primer párrafo y por su explicación, no pretenden ser la “Verdad”, tan sólo leer viejos símbolos. Ni siquiera recurriendo a otras lecturas, que ya implicarían saber y no intuición. Se basa, por lo tanto en intuiciones propias, que quizás con el tiempo, y al ser revisadas, tenga que cambiar. Leo cartas, arcanos, no por un aprendizaje pormenorizado, sino dejando salir lo que me diga la parte más profunda del cerebro, y aunque en ciertos momentos me parezcan contraintuitivas.

   La vida es un sistema adaptativo. El humano, en tanto que cuerpo (dejando de lado de momento el prefrontal, la razón), está dentro de ese sistema. Adaptativo quiere decir una lectura somera de la realidad para vivir en cierta armonía con ella. Todo ave no busca el vuelo perfecto (Juan Salvador gaviota, la novela, como prefrontal, sí lo hacía), lo que busca es el camino más directo entre lo que tiene en ese momento: cierto tipo de ala, la densidad del aire de allí donde vive, así como las condiciones ambientales en las que se tiene que alimentar o cazar (ecosistema). El vuelo, así, y en los reptiles, nació de forma casual, en donde ciertas plumas que se habían creado para ser vistosas para las hembras, ofrecían cierta resistencia al aire al saltar desde una rama a otra rama o hacia el suelo. Lo que se espera de un humano es que se adapte a cada situación. No adaptarse es ser rígido y es estar menos vivo. Ser dogmático es igualmente un signo de rigidez. Lo que continua por lo tanto no trata de buscar una verdad, sino adaptar la razón al pensamiento mágico, del cual procede este segundo. Recordemos que todo cerebro es una representación simbólica del mundo. Un animal se hace el muerto ante un depredador, sin saber qué es la muerte, tan sólo representándola en su cuerpo, a través de la total quietud. Es un instinto. Uno de esos aves concretos quizás nunca haya visto a otro ave muerta. La muerte está dentro de sus signos, de sus conceptos grabados en el ADN, como primitivas. El cerebro, así, es un sistema simbólico entre ciertas primitivas muy antiguas y primarias, como la muerte, y la lectura que ese cerebro concreto -de ese ave- haga de la realidad. Dos lados, dos realidades. La primera adaptada (escrita) por miles de millones de años, y la segunda la adaptación a un entorno concreto y posiblemente nuevo. Lo viejo y lo nuevo, lo rígido y lo más adaptable (neuroplasticidad). Lo segundo queda supeditado a lo primero en tanto que en casos de extrema urgencia se recurre a lo más rápido, y la respuesta más validada por cientos de miles de años: lo reflejo, lo instintivo, los arcanos, los arquetipos, las primitivas. El humano, evolutivamente hablando, nace desde el pensamiento mágico a las palabras, donde las segundas, al final o en la actualidad, son la razón, en lenguajes tan estructurados y rígidos como los de la lógica y su hija la matemática, o a la inversa, pues se supone que el universo son números y es lo único que parece rígido e impermutable, frente a todo sistema adaptativo o vida.

   Volviendo a ese instinto de hacerse el muerto, Sartre ponía al desmayo humano (no de problemas físicos) como un atavismo proveniente de aquel otro arcano de hacerse el muerto. Para Sartre las emociones eran una interpretación/representación mágica de la realidad. Toda lógica de ese aspecto mágico, como lo hace la psicología o las ciencias cognitivas, son desde la razón, y llegados al caso, a través de los promedios, como generalidades, que se hayan por los estudios estadísticos. Pero las emociones son un punto intermedio de las lecturas de las primitivas y la razón, luego en esa medida son subjetivos y muy individualizados. Es aquí donde nace el concepto de qualia, por el cual los promedios y las estadísticas, como saber, fallan, pues todo individuo es un caso muy concreto, una mutación si se quiere, de ese cruce de dos lados muy opuestos. Cada humano y en cada momento, es un estado emergente, y por lo tanto único, provenientes de ciertas circunstancias de dicho momento, “analizadas” desde las primitivas, que crean dos caminos: el primero que promueve una emoción, y una segunda senda en donde el prefrontal toma una somera lectura de ese momento y “añade” algo más al estado emocional. Toda emoción “pura”, arcaica o primaria, como se ha catalogado a la ira, al miedo, a la sorpresa, al asco y la alegría, al final se vuelven sentimientos por el cruce de varios de ellos y por la propia interpretación que haya hecho el prefrontal. Así cuando alguien habla de amor, es “su” amor y de nadie más, y de nada vale la ciencia, los promedios o ninguna otra verdad. Es un estado emergente de un individuo concreto, en un momento concreto de su vida, de una vida muy concreta. ¿El mentalés de Fodor se alimenta de ese cruce entre las emociones y la semántica de las palabras? (recordar el sándwich de  tres panes y dos lonchas de queso entre ellas, de otro de mis escritos), frente al emocionalés, que son las pasiones o cruce entre las primitivas y las emociones. El sexo, así, es pasión como ese cruce entre el instinto de reproducción (primitiva) y las emociones, entre las que se encuentran la ternura y la empatía. A veces se badea o balancea y sólo es pasión y sólo sexo, y otras va hacia el otro extremo y emerge desde los sentimientos más “nobles” que nacen del amor. Dividir el cerebro siempre es traicionar lo concreto que es todo estado emergente. Aunque yo fuerce las divisiones y ponga fronteras, estas no existen, y todo acto sexual se mueve de un lado a otro entre la pasión y lo más tierno que es el amor. En la pornografía, toda esa magia o pensamiento mágico, que es todo individuo como puro estado emergente, muere. El lado mental o espiritual desaparece cuando sólo se queda o se ve al cuerpo.

baraja-espaola1   Un hecho curioso de las cartas y los juegos españoles como el tute, basados en las antiguas cartas del tarot, es que el tres es el segundo valor más alto después del uno o as. Está claro que debe de haber heredado ciertos conceptos cristianos: unidad y trinidad, y el uno y trino del Catolicismo. De ser honestos estos signos vienen de más antiguo. Para que los años cuadrasen con los ciclos de la luna, al final de un ciclo o año había tres días que pendían en la nada, en donde no se estaba ni en el año lunar viejo ni en el nuevo. En tal fecha la tierra parecía quedar suspendida en una constelación: la de la cruz. constelacion-de-la-cruz-del-surTal fiesta es la que se conoce en la actualidad como nochevieja, que hoy queda tan sólo entre dos días o una sola noche. Igualmente y repitiendo el número tres, uno de esos signos de la luna, es “esconderse” durante tres noches, al igual que los tres días en los que Cristo permaneció muerto. Aquí se ve que los signos, los arcanos, que han heredado la premisa de lo adaptativo, no tratan de ser racionales, pues la luna a la vez representaba la maternidad. O quizás sea por eso: que de la hembra sale el hijo, y madre e hijo sean dos partes que una vez fueron unidad: la luna. La propia cruz está formada por dos unidades, donde lo ternario es el cruce o superposición de los dos primeros. La cruz simboliza al hijo, a Cristo, luego, y siguiendo las divisiones humanas en tres edades de otros de mis escritos, los dos palos son el adulto y el padre (genérico, no sexualizado). El padre se superpone al adulto para crear al hijo. De hecho la constelación de la cruz, es muy posible, que en la antigüedad o la prehistoria representase al hombre y no a la cruz. Al hombre se le puede representar, y distinguir de casi todo el resto de animales, por su verticalidad: caminar a dos pies, y horizontalidad: su laborar con las manos. ¿Quiso dar eso a entender DaVinci al crear la imagen del Vitruvio, en donde una de sus posiciones era en cruz? Por cierto, sabiendo la condición humana y su impertérrito optimismo, nunca me encajó que el año comenzase en invierno. Averiguando en Google encontré que antes comenzaba en primavera, lo más lógico, el despertar de la naturaleza, de la madre tierra, pero un emperador Romano, y viendo que no podía cambiar la ley que decía que las incursiones guerreras empezaban con el año, lo que sí pudo cambiar fue que el año empezase al comenzar el invierno, para así iniciar una conquista en esas fechas. Y de nuevo las paradojas, hoy en día ya no lo podemos cambiar, porque el sistema humano social se ha vuelto tan complejo, que no hay forma, ni ley, ni país que pueda cambiar algo tan esencial. El humano se anquilosa en sus cadenas… perdón, quise decir reglas.

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   ¿Cómo encaja todo esto con las divisiones cerebrales de primitivas, emociones y palabras? Recordemos que las primitivas tienen las “órdenes” de terminar de formar a un humano. Este nace “aun no siendo un humano”, y con el paso de los meses y los años termina por serlo, al llegar a la edad adulta, después de la mielinización del prefrontal. Siguiendo esta “lógica” o estructura, el hijo son las primitivas y el prefrontal el adulto. Entonces, ¿el padre son las emociones?, parece contraintuitivo o que no sigue una lógica estructural, pues las emociones están ahí antes que el prefrontal y la razón. ¿Por qué tendría que ser así?, cuáles son las pistas que me han llevado a esta idea. En un tuit decía que cómo se puede ser un niño y un cínico a la vez… eso fue lo que me llevó a los actuales planteamientos. El prefrontal es razón. En mi lenguaje, y comparándolo a los ordenadores, el prefrontal es una unidad multipropósito (como lo es un microprocesador). Esto es: no tiene otra estructura que la lógica, no está impelida por ningún otro proceso sesgado, emocional o primitiva. Que tenga esa capacidad no quiere decir que “funcione” con esa capacidad, como demostramos todos los humanos en el día a día. Su capacidad queda expuesta si uno se aísla del mundo y trata de pensar desde esa unidad multipropósito. En ese estado uno analiza el mundo desde fuera de las emociones, y la rigidez que imponen los sesgos enraizados en las primitivas. Es en ese estado que se puede denominar razón. A la filosofía se le achaca su alejamiento de lo humano, sobre todo de lo emocional. Una lectura somera podría concluir que la filosofía la han desarrollado los hombres y querían “escapar” de lo emocional, que está representado por las mujeres (Almudena Hernando, 2012), pero nada más alejado de la realidad. Todo filósofo, sobre todo aquel que tienda a aislarse (Wittgenstein, Nietzsche…),  “puentea” las emociones, pues estas surgen sobre todo del contacto social, de tal manera que las deja de lado. En esta unidad, y de trabajar tal como debería, todos somos más o menos iguales, puesto que hay humanos que tienen una mayor capacidad para llegar a ese estado aislado, frente a otros, y puesto que esta “unidad” depende de la energía y capacidades, como la memoria a corto plazo y la concentración. En esta unidad -en su abstracción- no hay sexos, ni razas, ni ningún otro distingo. Pero si esto puede parecer una “virtud” en realidad no lo es, puesto que lo que nos une a otro seres humanos son los estados emocionales y las primitivas. O si se quiere, las lecturas de esos dos lados que al unirse o ser mediados por esa unidad multipropósito, nos vuelve seres con qualias, seres con sentimientos. Hay que fijarse que todos nacemos con las mismas primitivas, o con diferencias, como la de los sexos o géneros, y todos compartimos las emociones básicas, pero lo que nos hace único son los sentimientos. Ese medio camino entre las emociones y el prefrontal. Los sentimientos raramente se pueden compartir y por ello es complicado, sino imposible, hallar a un “igual”. Son lo que nos hacen únicos, indeterminados y por ello lo que nos crea como entes autodeterminados. En definitiva en seres únicos o adultos. En dicho estado, y de ser coherente tal “módulo” o capacidad y de forma aislada, tendería a mantenerse desvinculado y autodeterminado, pues como dedujo Sartre, el otro es siempre aquel en donde mi indeterminación se vuelve un ente concreto u objeto: en donde se vuelve a perder la autodeterminación. Como la vida es una trampa que funciona a la perfección, uno no puede ser -o poner a prueba su autodeterminación- que con otros seres humanos, luego tiene que vivir en sociedad. Dado lo vertiginoso y complicado de la vida, ese núcleo tan frágil que es la autodeterminación o vida de los sentimientos, aquella borrosa frontera entre las palabras y las emociones básicas, se diluye en nada cuando en el día a día tiene que formar parte de grupos, y en donde al crear identificaciones, creamos una identidad propia, en donde o perdemos parte de nuestra propia identidad nuclear -esa borrosa frontera-, o perdemos capacidad para ser parte del grupo. O sea, de forma constante nos “vendemos” -enmascaramos- o nos tratamos de mantener íntegros, lucha imposible de equilibrar, con lo cual al final la vida “vence” al crear identidades grupales. En realidad no es una “traición” propiamente dicha, puesto que al nacer lo hacemos en un momento concreto de la historia y dentro de una cultura, que van a dar un “regusto” de fondo a todos nuestros sentimientos. Explico esto, por si no ha quedado claro. Se supone que mi unicidad lo es en tanto que sentimientos, pero estos no pueden escapar, por ejemplo, que nazca en Viena y bajo el influjo de unos padres que aman la música clásica. Mis sentimientos musicales estarán “atravesados” por el gusto de los Austriacos hacia la música clásica, al igual que una tribu de cazadores recolectores lo estará por la música tribal. Por eso decía que las fronteras en el cerebro no existen, y son meras abstracciones que sólo nos sirven para “comprendernos” o analizarnos.

  Con todo, el módulo de la razón, como razón aislada de todo lo concreto, puede desprenderse de ese gusto hacia la música clásica. Esta capacidad del prefrontal de renegar de todo lo dado, que en realidad debería llamarse razón (la libertad de Sartre), el humano medio -y en el lenguaje coloquial- se llama cinismo (amargura en el fondo). En la mediana edad (la edad de la razón en lo coloquial), que es aquella a la que se llega a sobre los cuarenta y cinco años, al final la razón, ese ente que tiene como parte de su núcleo la autodeterminación, se “cansa” de tratar de encontrar a un igual, o dicho de otra forma, termina por comprender que es único… que está solo en el mundo, y que todo posible intento de crear unidades o agrupaciones con otros humanos son vanos esfuerzos, que por lo demás son fallidos (fallo del que se reniega a tenor de mantenerse cuerdo o por miedo a la soledad). O dicho más llanamente: en la mediana edad, y de ser honestos, todos somos cínicos, pero ya sea por costumbre, por mantener la máscara, o por no traicionar a los que tienes cerca, no se termina de asumir o de dejar salir a ese ente cínico atravesado por el principio de querer ser un ente autodeterminado. O dicho de forma más larga, se tratan de ignorar a las emociones, a las básicas, mientras que por otro lado no se puede renegar de las primitivas, luego con el paso de los años el anciano representa muy bien ese papel de esa dualidad de los dos extremos como niño y como cínico. No hace falta decir que toda persona que viva aislada pasa por ese mismo proceso de forma prematura, puesto que las emociones, aquellas que son la ligazón comunicacional en la especie social que somos, quedan aminoradas o anuladas, y el prefrontal, ahora como rumiación, se queda frente a las primitivas, pues dicha estructura no se puede obviar, pues son los pilares o armazón del cerebro. Un psicópata, así, es aquel al que se le ha atrofiado la amígdala, que es el núcleo cerebral de las emociones básicas, de tal forma que pierde la capacidad de empatizar con el dolor de otras personas. Demás está decir que la soledad no crea psicópatas, pero estructuralmente, son “igual” que ellos. La diferencia es que el psicópata se ha “divorciado”, como mecanismo de defensa y por lo tanto sin su “intención”, de las emociones por algún fuerte trauma de la niñez (a veces heredado o una mezcla de las dos condiciones). Tanto el anciano, el solitario, como el psicópata comparten que son un prefrontal frente a unas primitivas. Obviando, o habiendo dejado de lado, el paso intermedio que son las emociones universales, fuente de muchos de los sesgos y tendentes a crear uniones con otros seres humanos. “Necesitadas”, por lo tanto, de la capacidad y la fe para crear vínculos humanos.

   Después de este largo rodeo vuelvo a la pregunta de arriba y su respuesta. Las emociones, o lado intermedio entre la razón y las primitivas, representan al padre, en la triada hijo, adulto y padre, puesto que los padres pierden la capacidad para la autodeterminación y por ello quedan “atrapados” en lo emocional. Un padre, el “macho tradicional”, se tiene que hacer valer por su capacidad para llegar al enfado o incluso a la ira. Estado que el niño ha de temer. Tal estado viene dado por la fragilidad que la testosterona provoca sobre el equilibrio emocional del hombre, que tiene con tal comportamiento la capacidad de liberar su estrés interior, a través de esa emoción básica. Por otro lado la madre (tradicional) es la protectora o aquel ente que sólo es emoción, en tanto que “resguarda” al hijo tanto del padre, como de ese mismo lado “agresivo” o duro de la sociedad. Este comportamiento repetido por milenios entre los mamíferos, no igual en las aves, al final crearon dos primitivas o arquetipos asentadas en el ADN: el padre y la madre. Hay que recordar que la vida es un sistema adaptativo, no busca verdades, no busca tampoco virtudes o el “bien”. Si el humano tiene dichas primitivas y arquetipos es dado a que “funcionan” (se adaptan) bien, puesto que la propia vida humana es esa dualidad entre lo tierno y lo duro, entre el amor y su ausencia (ya sea en la indiferencia o en el odio). Si al hijo se le educa sólo desde el amor, sin dureza, no estará preparado para la vida: será demasiado blando y sensible (hijo de mamá); y si por el contrario se le educa sólo desde la más cruel de las durezas se “creará” un potencial psicópata o delincuente. La homeostasis, o tendencia al equilibrio de todo sistema complejo, se sigue en esta regla de los dos arquetipos: la madre y el padre. Idea que ya perfiló Aristóteles y la media de oro al decir que la virtud está o es el equilibrio entre sus opuestos. Ni imprudente, ni cobarde, sino su punto medio; ni engreído, ni sin amor así mismo… La evolución ha llegado a la “conclusión” que hace falta el padre y la madre arquetípicos para que el humano llegue de forma equilibrada a la madurez. Tal estructura están como primitivas cerebrales. Tampoco hace falta que el arquetipo de padre sea el macho y la hembra la madre. El caso es equilibrar esa balanza. Quita uno de los dos lados, o desequilibra la balanza, o que los arquetipos no estén claros, para que el humano no madure de forma “correcta”, que no llegue a la madurez, para que se vuelva un cínico antes de tiempo, o para que se quede en su fase infantil de por vida. Hay tantas posibilidades, pequeñas variaciones y desequilibrios (azar/variables) en esas dos disposiciones y disparidades, como humanos hay en la tierra.

   Cierro con conclusiones. Las primitivas son lo mismo que lo que llamamos arquetipos en su forma más rudimentaria. La razón se las tiene que haber con que no puede escapar de los roles. El policía “bueno” y el “malo”, durante los interrogatorios, son roles que dos individuos tienen que mantener, pero que en el fondo llaman a los arquetipos de padre (dureza) y madre (protección). Tales roles “funcionan” porque todo individuo busca el amor, la validación del amor, y “huye” del desprecio, de la indiferencia y del odio. Tales roles no “funcionan” con un psicópata o alguien muy racional y por ello con una clara marca de su autodeterminación y validación interna. Un político, o cualquier personaje público, se atiene a roles y siempre son cambiantes, puesto que se tiene que adaptar a cada circunstancia. Ora es amable y cercano, y de repente parece distante y duro. Obedece a roles, a máscaras, que vienen bien en cada uno de los casos en los que habrán de ser “usados”. Entremedias de los arquetipos (primitivas, sistema reticular) y los roles (razón, prefrontal), están los estereotipos, “inundados” dentro del mundo de las emociones (memoria individual y emociones, hipocampo y amígdala).

   ¿Diagnóstico del presente bajo estas reglas? La mujer, el feminismo, no quiere ser “reducida” a arquetipos o estereotipos. Busca ese ser autodeterminado, “libre” del “aparato” emocional, y libre por lo tanto de hacer o caer en hacer algún “papel” o representación en la vida. Propósito muy noble. Pero falla por cuanto ha de vivir en la vida, que recordemos que es una trampa. Sobre el 80% de las mujeres tienen hijos, luego al final tienen que “renegar” de su autodeterminación para hacer el rol de “protectora”, de cuidadora. ¿Lo puede hacer ella sola? Si se ha entendido bien la trama de la evolución y de este escrito, ella misma no puede (o debería) de hacer los dos papeles, puesto que un cerebro en desarrollo no puede entender o se puede equilibrar, si de la misma fuente o signo o individualidad proviene lo “bueno” y lo “malo”, el premio y el castigo, el dolor y el placer. Eso sólo puede “provocar” que ese humano llegue al cinismo antes de tiempo, pues verá con los mismos ojos de sospecha a todo humano que se le acerque: que será una fuente de dolor y placer. Esa es la verdad, esa es la realidad, esa es la vida de un preconciente, de un realista depresivo, pero ese estado no es el más saludable, ni para dicha persona, ni para la sociedad. Si todo el mundo se volviese cínico a la vez, la humanidad dejaría de tener sentido, todos dudando de todos y buscando el fin individual, frente al fin social. Quizás vayamos por ese camino, pero no es el deseable. Si por otro lado la madre -sin que exista un padre en su rol- sólo trata de dar amor, “creará” un humano “paralítico” emocionalmente, pues toda frustración o estrés por mínimo que sea, lo “derribará”.  Así lo parece demostrar la llamada “generación copo de nieve“, extensible igualmente a los milenials, sensibles a los más mínimos de los roces “dañinos” de la sociedad y los otros.

   Con esto llegamos al macho. ¿Alguna vez ha pensado el feminismo lo “duro” que es o haya podido ser hacer el arquetipo de macho para el hombre a lo largo de los milenios? Veo al antiguo “macho” en situaciones como los mineros representados en la serie “Chernóbil” (basada en hechos reales), donde saben que van a trabajar duro y morirán, pero aun así aceptan el trabajo sin rechistar. En unas décadas o decenios ese macho no existirá. Muchos de los males que el feminismo achaca al macho en realidad no deberían de ser hacia él, sino a las culturas y religiones nacidas a partir de los grandes asentamientos, como la judeo-cristiana-musulmana, que beben de la misma fuente. El arquetipo de macho y hembra provienen desde las etapas más primarias de los seres vivos, bajo el agua de los océanos. Y la que vemos más marcada en los humanos provienen de nuestras raíces mamíferas. Halla las “fallas” de casi cualquier comportamiento de machos y hembras mamíferos, y encontrarás las bases de los arquetipos de machos y hembras humanos. No es un camino que el macho humano marcó y quiso diferenciar o estructurar para “doblegar” a la hembra y por ello llegar al patriarcado…, ya provenía de más antiguo, de estados previos al humano. Está errado en lo social -por la falta de igualdades-, sí, pero sigue siendo válido como estructura dentro de la familia. En la actualidad la tendencia es que el arquetipo y el rol de padre esté desapareciendo. Todo hombre tiene que “pisar el freno” y no marcar su papel o arquetipo de padre dentro de la familia, con lo cual es igual que si tal arquetipo desapareciese y la madre tuviese que criar a los hijos por sí sola. La situación actual -en occidente- se parece más a una situación de dos madres o una madre tratando de hacer los dos roles, que la “antigua” y arquetípica de dos sexos, dos roles. Y volvemos a lo de arriba, y me ahorro de volver a explicarme. Tal estado de cosas no crea un adulto estable o realmente maduro. Hoy en día los hijos no se quieren ir del hogar paterno/materno. Frente a lo “blando” que resulta el hogar, ¿para qué o cómo salir a la dureza que resulta la propia vida y la sociedad? La sociedad actual se basa en el fuerte individualismo, puesto que en el fondo todo adolescente que llega a la adultez es un cínico en su núcleo, al que los mecanismos de defensa cerebrales oculta. El narcisismo es la marca de las nuevas generaciones, pues sus almas “reblandecidas” carecen de la dureza que le habría podido dar el rol de padre, que inevitablemente los volvería más modestos y sobrios. Si sólo se cría con amor, el alma se cree falsamente invencible y dura, cuando la realidad es totalmente la opuesta. No me puedo imaginar cómo serán estas nuevas generaciones cuando lleguen a la mediana edad. Va a ser una total pesadilla tanto a nivel individual, como social.

   ¿Ataco demasiado al feminismo? Para bien o para mal siempre se han dado el maltrato de género y las violaciones. Está claro que no es lo deseable y que su lucha es noble. Pero mientras que esos son males “eternos” que quizás nunca desaparecerán, el nuevo estado de cosas desde el feminismo y el cuestionamiento del “macho”, sí es algo nuevo que se podría evitar o cuanto menos sobre lo que poner atención y ver si va a ser para bien o para mal. Los “nuevos padres”, las nuevas familias, no parecen tratar con hijos, sino con amigos. Papel extraño y ambiguo donde los haya, pues pierden el respeto y la autoridad, y una vez que no se tiene es complicado recuperarlo sin que de nuevo se produzcan fallas y traumas en el desarrollo de ese cerebro. Un adulto maduro termina por comprender -por el uso de la razón- el porqué de los roles o arquetipos que hacían su madre y padre, pero en la actualidad y bajo las extrañas nuevas reglas, ahora se sigue teniendo respeto por el arquetipo o rol de madre, pero no ya igual por el del padre. O ha sido demasiado blando o demasiado duro, pero no parece que las nuevas generaciones “asimilen” con la misma gratitud y bondad el papel del padre como el de la madre. O sea, en el fondo mantenemos uno de los roles y lo “amamos y respetamos” y odiamos el segundo. ¿El lenguaje feminista no debería de ser el de acabar con todo arquetipo o rol?, más bien parece que su único propósito – de forma explícita o implícita-, haya sido la de acabar con el rol del macho, del padre. No será que ahora el “débil” sea el macho que ya no sabe cuál es su papel en toda esta nueva trama… que se sienta perdido y sin ninguna autoridad. Y no será que sea ese sentimiento del “nuevo” hombre el que esté repercutiendo en que este sea más errático en sus comportamientos y sin ninguna meta aparente, más que en muchos casos la pura y simple búsqueda del éxito, la competitividad y el sexo. Quita a un humano de todos los “cuentos”, de todos los “metarrelatos”, y tendrás una simple marioneta. Un cuerpo descarnado -cual carne reblandecida por una alta radiación-, sin ninguna posibilidad de ponerse ninguna máscara nunca más, ante el dolor de sentir tal dureza sobre su sensible piel.

   Lo que ya he dicho en otro lugar: la auto-demesticación del macho vino propiciada por la mujer (piénsese en ello: muy al principio el macho se mantendría al margen de la crianza, tal como lo hace casi la totalidad de los mamíferos, y la madre educaba al varón durante años a su gusto, de tal manera que lo fue dulcificando, pacificándolo, haciéndolo más cercano al espíritu femenino, hasta que estuvo preparado para la monogamia; nadie lucha por esa aparente encerrona a la que nos “sometió” la mujer; no fue una acción premeditada, claro, pero como tampoco la ha sido el patriarcado), y hoy en día nos dan la patada y nos dicen que ni les “servimos”, y ni nos quieren bajo los aspectos que son propios de nuestras primitivas sexuadas. Ni quieren al antiguo “macho” duro y pétreo en su rol o arquetipo, ni quieren al hombre reblandecido actual (narcisista, infantil y egotista) bajo sus propios parámetros o los parámetros de las nuevas sociedades. Familias desestructuradas, o sin el arquetipo del padre, crearán cada vez más hombres confusos y sin un rol o arquetipo al que poder acogerse…. ¿Qué futuro o papel le queda al hombre?, ¿cuál a la humanidad? En la actualidad, después de milenios, hemos creado una sociedad más preparada para el cerebro de la mujer, que para el cerebro del hombre. Como ya dijera aquella película extraña y profética de los años setenta: “Adiós al macho“, este muere dentro de una sociedad para la que ni está preparado, ni le quiere.

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