Un Porqué Evolutivo de la Identidad (un Cierre Autopoiético y la Lucha Eterna)

La pura y simple verdad es raramente pura y nunca es simple.” Orcar Wilde
La manera de ser feliz es retirarse de la vida pública en comunidades privadas de personas afines.” Epicuro
La lealtad al grupo, el sacrificio por él, el odio y el desprecio por los forasteros, la hermandad interna, la crueldad hacia fuera…, todos crecen juntos.” William G. Sumner
El único modo realista de cambio político es orgánico, no revolucionario.” Edmund Burke

    Estoy releyendo “el maestro y el emisario” de Iain McGilchrist. A decir verdad leyendo el libro, pues en su momento sólo leí la primera parte, que se centra en las diferencias de los hemisferios cerebrales, que era lo que me interesaba en ese momento. Por lo demás intuía cómo iba a desarrollar el libro, en su defensa del ahora, a partir de la Illustración, denostado hemisferio derecho, el de las emociones y el pensamiento rápido y mágico. El más propio como metafórico. Al final en McGilchrist encontré los mismos planteamientos que yo ya haya dicho a lo largo de los escritos: el cerebro como metafórico. A veces me desaliento al encontrarme que otros ya han escrito lo que yo creo como una idea original, pero al final me digo que por lo menos tengo “aliados” en mis luchas y propuestas. (1) En otro caso me he encontrado con el libro “mimesis y otredad” de Michael Taussig (pendiente de leer), que me imagino también ira por varias rutas que yo he trazado en mis escritos sobre la imitación, la identidad y la otredad, como a no imitar. El presente escrito lidia con dos aclaraciones o problemas irresolutos del libro. De nuevo me veo en la necesidad de seguir escribiendo para despejar dudas y para solucionar potenciales contradicciones. El primer tema es el de la identidad. El cómo “abrazamos” la identidad patria o religiosa como propia, pues al parecer puede haber un porqué evolutivo. En el segundo tema trato de explicar la aparente contradicción de moverme entre dos posturas contrarias: una que aboga por la razón, la información y el dato puro, frente a otra postura que aboga por el “alma” humana, su espíritu metafórico y mágico. Voy al primero.

   La teoría evolutiva clásica tenía sus flaquezas que poco a poco se han ido resolviendo, en nuevas revisiones, pero sigue habiendo cuestiones sin resolver. Es débil pensar que dada una especie que ha apostado por un tipo de estrategia evolutiva, esta “funcione” o perdure, dado de lo cambiante del medio-ambiente, como es el caso del clima, con épocas de grandes sequías y de grandes glaciaciones. Tienen que darse otros mecanismos más sutiles, que “lean” mejor o más “finamente” una situación dada. La epigenética en parte resuelve este tema. Una madre que no tenga una alimentación equilibrada, provocará cambios genéticos en su nonato como para que este se “acomode” a un medio que va a ser hostil o pobre en alimentos (idea en contra el veganismo y otras dietas desequilibradas). Pero crea cambios en el cuerpo, no en el comportamiento. El dilema sigue sin estar resuelto. Para paliar con esta debilidad, el efecto Baldwin, ya propuesto a finales del siglo IXX, viene a decir que dada una situación, el sistema, una especie dada, tiende a seleccionar el comportamiento más adecuado para sobrevivir. Es una variable de la importancia de la selección sexual, en donde los “iguales”, con ciertas características en sus comportamientos, se “buscan” como para que sea el comportamiento que se vaya a pasar a la descendencia. La rápida tolerancia a la lactosa en Europa puede explicarse bajo este efecto. De nuevo la fuerte repercusión de las hembras en su selección de machos, que también sale a relucir en el “efecto materno“. Sobre este último remarco esto que nos dice la Wikipedia:

Los cambios fenotípicos que surgen de los efectos adaptativos de la madre son el resultado de que la madre perciba que cierto aspecto del entorno puede disminuir la supervivencia de su descendencia. Al detectar una señal, la madre “transmite” información a la descendencia en desarrollo y, por lo tanto, induce efectos adaptativos de la madre. Esto tiende a provocar que la descendencia tenga una mejor forma física porque están “preparados” para el entorno que es probable que experimenten. Estas señales pueden incluir respuestas a depredadores, hábitat, alta densidad de población y disponibilidad de alimentos.”

 Hay que poner especial atención a su contrario, al efecto paterno:

En contraste, un efecto paterno es cuando un fenotipo resulta del genotipo del padre, en lugar del genotipo del individuo. Los genes responsables de estos efectos son componentes de los espermatozoides que están involucrados en la fertilización y el desarrollo temprano. Un ejemplo de un gen de efecto paterno es el ms(3) furtivo en Drosophila. Los machos con un alelo mutante de este gen producen espermatozoides que pueden fertilizar un óvulo, pero los huevos con inseminación furtiva no se desarrollan normalmente. Sin embargo, las mujeres con esta mutación producen huevos que experimentan un desarrollo normal cuando se fertilizan.”

O…

En el ratón de madera ( Apodemus sylvaticus ), los agregados de los espermatozoides forman trenes móviles, algunos de los espermatozoides experimentan reacciones acrosómicas prematuras que se correlacionan con una mejor movilidad de los trenes móviles hacia el óvulo femenino para la fertilización. Se cree que esta asociación se produce como resultado de un “efecto de barba verde” en el que los espermatozoides realizan un acto altruista selectivo por parentesco después de identificar la similitud genética con los espermatozoides circundantes.”

   De nuevo la importancia de las hembras a la hora de poderse quedar o no embarazadas de cierto tipo de apuesta masculina, dependiendo del entorno. ¿Cómo tales “sutilezas” y “genialidades” evolutivas pueden ser reducidas bajo ideas feministas?, imposible. Las “luchas” evolutivas están implementadas ya en los genes, esto se nos dice del conflicto intragenómico:

Los genes autosómicos generalmente tienen el mismo modo de transmisión en las especies que se reproducen sexualmente debido a la equidad de la segregación mendeliana , pero pueden surgir conflictos entre los alelos de los genes autosómicos cuando un alelo hace trampa durante la gametogénesis (distorsión de la segregación) o elimina los embriones que no la contienen (efectos maternos letales). Un alelo también puede convertir directamente su alelo rival en una copia de sí mismo (endonucleasas homing). Finalmente, los elementos genéticos móviles evitan completamente la segregación mendeliana, pudiendo insertar nuevas copias de sí mismos en nuevas posiciones en el genoma (transposones).”

   Es de suponer que estos genes “crean” un tipo de comportamiento u otro: más “procaz” o menos, y más fiel o menos. Las etiquetas las pone el humano, la evolución no sabe de tales etiquetas. Tampoco el prefrontal -conciencia, razón- “sabe” de tales “estratagemas”, y cada mujer -o generación de ellas-  las justifica como quiere y puede, dada la situación. El efecto materno, el efecto Baldwin y la epigenética tienen fronteras conceptuales que quizás no tiene ningún sentido. Los tres nos dicen o hablan de la importancia de no atenerse de forma maquinal y cerrada sobre la información del ADN, y tener más en cuenta lo ambiental, como para adaptarse de una forma más acertada a los cambios climáticos, y por ello del hábitat. No voy a detenerme a explicar el efecto Baldwin, para ello remito a la Wikipedia o a otros escritos, en el presente artículo voy a extrapolar ideas sobre tal efecto, que muy bien puede explicar las identidades y otras cuestiones que ya he tratado como la limerencia y la autopoiesis. Si tal como promulgaba James Mark Baldwin, una especie ha de “prestar atención” a posibles cambios en el ecosistema como para propiciar en unas pocas generaciones unos cambios o una “tendencia”, ese comportamiento o adaptación marcada por lo evolutivo, puede ser la base por la cual en el momento que dos grupos de humanos se separaban geográficamente hablando, al final se distanciaran tanto en lo fenotípico, como en lo genotípico. ¿Lo extrapolo de forma incorrecta?, decía Kant que “los conceptos sin intuiciones son ciegos“. Algo tiene que explicar nuestra tendencia a abrazar las identidades (patria, religión), como para hacerlas propias.

   No me voy a explayarme mucho más en este tema, la hipótesis es sencilla y elegante, si acaso a extrapolar ideas. Ese principio o efecto es “acertado” en lo evolutivo, pero como en el humano se ha dado una singularidad en el concepto de la cultura -de crear sociedades a partir de los saberes que se pasan de generación en generación- tal efecto se ha sobredimensionado, yendo en contra de la propia especie, por el hecho que esas identidades nos hacen “creer” que otro humano de otra identidad no es humano, es inferior, o cuanto menos alguien de quien sospechar. En otro lenguaje: los animales sociales están “creados” para desdibujar la frontera entre el yo y el nosotros; somos yos extendidos en tanto que los entramados emocionales que creamos con otros yos: amor. Pero el efecto Baldwin ha creado una barrera fantasmagórica pero impenetrable entre el “nosotros” y el “ellos”. Un humano que nazca y viva unos veinte años en un mismo lugar crea una “querencia” hacia esa identidad. Esta diferenciación comienza, y es de gran importancia, con el lenguaje. La hipótesis de Sapir-Whorf o de la relatividad del lenguaje “… sostiene que la estructura de un lenguaje afecta la visión del mundo o la cognición de sus hablantes”. Pero tal idea me parece que construye la casa por el tejado, y por lo demás me parece desacertada, por el hecho que una persona bilingüe podría crear un trastorno disociativo (personalidad múltiple), puesto que el bilingüismo opera a modo de interruptor, donde o se piensa con un lenguaje o con otro y raramente se mezclan como lenguaje interior. Si un lenguaje crease una re-estructuración cerebral, la persona bilingüe crearía dos estructuras o identidades bien diferenciadas, más cuanto más diferentes fuese los lenguajes; no hay datos de que sea así. Lo que ocurre, más bien, es que una sociedad o cultura dada (lugar/época) tiene unas estructuras, paradigmas, ideologías y religiones que se definen por el “espíritu de la época” (Zeitgeist), Mainstream (corriente principal del pensamiento) o cualquier otro concepto afín; que a su vez construye, se realiza, se proyecta o se erige a través de un lenguaje, en donde se da más importancia a unos conceptos, palabras y lenguajes que a otros. Pongamos como ejemplo el concepto Kami, del sintoísmo, la religión japonesa, cualquier occidental la “cribará” bajo los conceptos cristianos, con lo que nunca “alcanzará” o comprenderá con exactitud dicho concepto. Lo que tampoco quiere decir que no tenga un equivalente emocional en el cerebro occidental. “Kami se refiere particularmente al poder de los fenómenos que inspiran un sentido de asombro y admiración en el espectador (lo sagrado)” (fuente Wikipedia), en tanto que aquí fenómeno se refiere a la naturaleza. La filosofía tiene esa misma raíz de asombro ante lo natural. El asombro parte de la raíz que algo te impacte, de algo que no es esperado, que el cerebro no prevé, en donde si no es de forma negativa, la risa o sonrisa es la emoción que emerge ante tal impacto de ese algo nuevo que el cerebro en ese instante no sabe “encajar” (en inglés el término “wonder“, que es el más cercano al español de asombro, quiere decir a la vez maravilla, que sería similar a lo que nosotros conocemos como estado maravillado, en desuso por parecer cursi: una prueba de lo cambiante y el cómo repercute lo cultural). De forma más subliminal crea admiración, que cribada puede reducirse a “algo a tener en cuenta o a recordar”. Ocurre con los magos, siempre crean ese estado de asombro (maravillado). Lo produce una canción cuando se escucha por primera vez (su impronta), igualmente la poesía, como cuando se escucha: “los hijos que no tuvimos se esconden en las cloacas” (Aute), es chocante ese nombrar algo no existente, pues por ese hecho el cerebro trata de crear una representación de algo inexistente: sin forma, sin contenido. Palabras o dardos lanzados sobre una realidad no extensiva. En una segunda lectura se puede entender que hace referencia a los abortos. Si se comprende pierde su halo “mágico”, de lo que se deduce que ese estado permanece mientras dura la sensación de no ser comprendido, como así ocurre con los trucos de los magos. Patrón que es la base de la espiritualidad y la fe, en tanto que duda. Puede que tal estado nazca de un proceso ante que algo te impacte y se active el sistema de ataque/huida, que genera alguna suelta de endorfinas si el cerebro se percata que no se corre peligro. En un primer momento evolutivo a modo de retroalimentación que neutralizaba el estado de alarma; más tarde se volvió una emoción por sí misma. Este efecto es universal, como se puede ver en las reacciones a los magos. Otra cuestión es las variantes e interpretaciones que haga cada cultura y qué quieran dejar dentro de ese rango o no. La cultura occidental es más binaria, de separar bien y mal. Igualmente Kami puede ser la capacidad de captar los sistemas complejos, que parecen tener patrones, intenciones y finalidades, que es la forma más abstracta de lo que se puede considerar como vivo. Cualquier mamífero capta como “vivo” un peluche que tenga mecanismos de movimiento. Recordemos que la cultura occidental, no hebraica, tenía a las fuerzas de la naturaleza como entidades. En ese sentido el sintoísmo y el kami se pueden tomar como animistas (que todo es susceptible de tener vida, la religión más antigua en la evolución humana). En realidad todos los humanos lo somos: damos credibilidad a que los robot’s cortocircuito o R2-D2 tengan conciencia, vida, pero la persona occidental al salir del cine se “escapa” de esa “ilusión” por sus convicciones ideológicas (religión, conocimientos, cultura…) El animismo se revela fácilmente en hechos como el de ver una representación de ventriloquismo, el cerebro mira los gestos de la boca del muñeco y asocia la voz a esos gestos. Insufla vida al muñeco porque “habla”, aunque el prefrontal nos diga otra cosa. Como ya he dicho muchas veces, el cerebro tiene unas premisas o conceptos incrustados que no sabemos o podemos reducir bajo las palabras (o cuanto menos ofrecen mucha resistencia y son tendentes a las interpretaciones); cada cultura las interpreta a su manera, pero en el fondo son universales, pues están escritas en el ADN, al igual que un ave tiene “incrustado” en su genética que es capaz de evitar el efecto de la gravedad, con el vuelo, y nosotros no. En la época actual esos conceptos son “cambio climático”, globalización, lenguaje de igualdad para los sexos, defensa de los animales, etc. Esa totalidad de un lenguaje, que es la esencia de ese momento histórico, de una cultura dada, es la que construye el cerebro de una persona. Pero donde hay que poner énfasis es en las diferencias entre los idiomas, que al ser arcaicos arrastran el espíritu de una nación o el equivalente de su carácter. Esa “impronta lingüística” ‘incrusta’ o marca a fuego ciertas disposiciones que se “añaden” a la personalidad o identidad de una persona como para que al final este entramado sea parte constitutiva de ella misma. Bajo mi punto de vista viene de algo más básico y esencial como el aprendizaje a través de la imitación, que venía dado por aquello que los propios padres o la familia extendida enseñaban a sus hijos. La palabra idioma proviene de lo propio (ídios), de lo característico o distintivo de una cultura dada. El lenguaje está creado para comunicarse, pero también tiene la potencialidad de ocultar. Eso se ve sobre todo en el lenguaje de signo, donde respondemos a alguien, en alusión a un tercero, pero a la vez hacemos un guiño u otro gesto para denotar que es falso o de hay que interpretar lo dicho. Todo idioma, que puede comenzar como argot, se creó para que no lo pudiera entender la otredad, un potencial enemigo. Es por lo tanto, otro engranaje de la autopoiésis, pues trata de anclar al niño a la información adquirida dentro de una familia con los mismos genes (como símil, una actualización del sistema, pues igualmente cuando instalamos un nuevo sistema este es susceptible que baje nuevas actualizaciones), que más tarde, en la prehistoria, sería la tribu o el clan, para al final -por medio de las ciudades-estado- terminasen por ser eso que hoy conocemos y llamamos como países o patrias. Si bien en su “nacimiento” tenía ese claro y básico componente, hoy en día ya es algo más difuso. Se crean subculturas con distintos lenguajes y modismos para adherirnos a ciertas identidades. En cada edad se “usa” un tipo de lenguaje, o jerga, que trata de poner fronteras con otras edades, sobre todo durante la adolescencia y la juventud. Lo mismo para las etnias dentro de una misma nación, o ciudad, o para un colectivo u otro. De una manera u otra el lenguaje “vertebra” ese génesis identitario, en la medida que dicha estructura se ha de compartir y “forma” la propia estructura cerebral de cada individuo, como para que al final emerja de ese todo el sentimiento patrio, y en otro caso el espíritu de una época. De esta forma al estar fuera de su lugar de nacimiento -sobre todo a partir del lenguaje-, le hace a uno estar “fuera” de su identidad, situación que le puede llevar al síndrome de Ulises: ajeno y en una posición inferior a los de ese lugar que le han acogido, pero al fin y al cabo lugar al que no “pertenece”. Es tan intensa la sensación de no pertenencia, de exclusión, de falta de identidad, que tal situación es un factor desencadenante de la esquizofrenia, ante la bajada de la dopamina, según nos relata David Eaglamn en su libro “incógnito”, la probabilidad de padecerla se incrementa cuanto más diferente se sea con respecto a los rasgos fenótipicos del lugar en el que se habita. Hay que fijarse que dos países pueden compartir el mismo idioma, pero su uso y modismo ha cambiado por medio de los condicionantes genéticos, que pueden predisponer a dar más relevancia a ciertos conceptos, maneras de pensar y emociones sobre otros, de tal manera que esas diferenciaciones igualmente tienen la potencialidad de dividir. Ahí está, sin ir más lejos, la lizas y odios entre latinoamericanos y españoles en Internet. Sobre todo a la hora de querer o no ver una película traducida en “latino” o en castellano. La identidad nacional nace y emerge de manera rápida, a veces a partir de pequeñas diferencias y de hechos fortuitos. Ahí está el caso de las dos “Coreas”, el sur ya no reconoce como propios a lo del norte cuando estos buscan refugio político, quedándose, en la mayoría de los casos, marginados; otro caso son las dos “Alemanias”. Las personas del norte tiene una mentalidad minimalista, sencilla, sumisa y no pretenciosa, implementada por el régimen comunista; mientras que los coreanos del sur tiene la actual mentalidad del sueño americano: consumista y basada en la lucha por lo logros y los bienes (signos de estatus), y el orgullo y el narcisismo.

   Otra conclusión a la que lleva tal efecto es que da aún más sentido al concepto de limerencia tal como lo he trazado yo. Uno está “programado” para buscar lo igual a sí mismo, a su tipo de comportamiento y forma de ver el mundo. De nuevo sale a relucir la tendencia a lo autopoiético, a lo autorreplicador. En muchos casos eso no es por un fenotipo, como el color de la piel,  sino por alguien que tenga mi misma forma de amar a la naturaleza, por ejemplo; pues lo que establece el efecto Baldwin es buscar procrear con aquellos que tengan los mismos comportamientos, para que sean lo que se hereden en la descendencias y las siguientes generaciones. O visto en casos concretos y de la actualidad: una feminista no se casará con un machista, o alguien amante de los animales tratará de no unirse con alguien que le gusten las corridas de toros. Prevalece el comportamiento sobre otros “mandatos” del ADN (en realidad al final tal efecto está escrito en él), y de otros tipos de creencias, como la posible libertad y elección individual. Algo que emerge, de estas ideas y que ha de ser clave para entender al ser humano, es que la evolución predispone al cerebro de cada individuo -con todo su ego, voluntad de poder, fuerza y empeño y durante toda su vida-, como si fuese el baluarte exclusivo, único y último de una tipología; como si todo el peso evolutivo para que su apuesta se mantuviese dependiese exclusivamente de él. Creándose de forma más persistente la idea de mantenerse autopoiético, autorreferencial, y buscando en lo social aquello que se asemeje más a él mismo, como para al final encontrar una pareja con la que replicar su propia apuesta. Por lo que nos dice la ciencia, los jóvenes son los más “llamados” a crear grupos de iguales -las actuales tribus urbanas-, que es donde se da un mayor arraigo y un mayor nivel de pertenencia (juventudes Hitlerianas, por ejemplo). ¿Y que edad es mejor a nivel evolutivo para tener pareja e hijos que la juventud?, (¡hoy ya no, claro!). O dicho de forma más clara y reduccionista, teniendo en cuenta todas estas reglas, el efecto Baldwin es otra vuelta de rosca del determinismo.

    Así nos lo hace ver igualmente el concepto del “determinismo nominativo“, basado en un primer efecto encontrado llamado de letra del nombre de pila, por el cual los nombres y los números que hagan referencia a uno mismo, como el nombre, el mes y la fecha de nacimiento hará que el cerebro tenga predisposición -o “querencia” en España-, por las personas, las palabras, ciudades y nombres de calles que sean iguales o que empiecen por la primera letra del nombre o los apellidos. De esta forma alguien llamado Dennis, puede terminar por ser dentista, viviendo en Denver y/o con una pareja llamada Dennise, en un ejemplo de sus autores. El determinismo nominativo es un concepto que forma parte del llamado “egotismo implícito“, o sea no consciente o inconsciente, pues los autores de los estudios han comprobado que tales efectos no los llegan a conocer las personas, y por otro lado se han descartado sesgos como el de “mero efecto de exposición” (efecto de preferencia por lo que nos es familiar) o el “mero efecto de propiedad” (valorar positivamente lo igual a los bienes propios). La vida y la evolución cada vez se nos presenta más extraña y compleja. Si quieres agradar a una persona lleva simplemente una camiseta que tenga el día de su nacimiento y de forma automática su cerebro inconsciente creará empatía hacia ti. Como yo no soy científico, y siguiendo en mi línea de crear abstracciones y generalizaciones, de nuevo tanto el egotismo implícito como el determinismo nominativo han de formar parte de la autopoiesis, de la tendencia implícita del ADN a buscar y reafirmarse en su propia identidad (teoría del gen egoísta) y la predisposición hacia lo limerente ante su carencia o falta. Así lo sostienen de alguna manera algunos autores, y que por lo tanto tenga que ver con el efecto Baldwin y la genética, ya que en muchos casos los apellidos, tienen que ver con propiedades relevantes o profesiones de los ancestros (más en los apellidos ingleses), que son los que se tratan de preservar. Por otro lado el egotismo implícito confirma tres de mis premisas: 1. que la propia impronta o daños de los primeros años, los dependientes de los padres (cuidadores por extensión), son los que más repercuten en el nivel egótico y de la autoestima implícita; 2. que es más central y vital el carácter o ego que el yo y la personalidad (lo performativo, como uno se desenvuelve en el mundo), y 3. que la voluntad ha de nacer de lo más central y primitivo de lo humano, de lo más “animal” y básico, de su tallo cerebral y ganglios basales, de su auto-afirmación y deseo de auto-preservación, y no de la voluntad “dirigida” desde la conciencia y el prefrontal, que en realidad no es “conducida” por uno mismo, sino por una “conducción” compartida con las reglas y las normas sociales, en tanto que exigencias y que en la mayoría de los casos no nos son propias. Si uno no posee voluntad de vivir, si no se tiene de forma positiva ese egotismo implícito, poco va ha poder luchar en (y por) la vida. La teoría del egotismo implícito ha sacado a la luz que no es lo mismo lo que uno cree de forma verbal y explícita, papel que lo lleva a cabo el prefrontal y el interprete del hemisferio izquierdo o sistema ejecutivo o conciencia, y la imagen que el cerebro nuclear tiene de sí mismo. O dicho de otra forma: uno puede presentarse y creer que es optimista, y que se quiere y acepta a sí mismo, cuando en realidad el cerebro es pesimista, y se rechaza o no se termina por aceptar. El lenguaje, a través de la comprensión (insight, saber que sabe) es un punto importante de inflexión en dicha construcción: si se produce un daño psicológico en los primeros años, cuando aún no se tiene el lenguaje para manejarlo, este daño va a formar parte de ese ego nuclear, pues seguramente hará cambios epigenéticos (expresión genética). Si tal cosa sucede la persona con el ego (implícito) dañado no tendrá o será menos tendente a que se revele el “efecto de letra del nombre”, la preferencia por las ciudades o nombres de otras personas que empiecen por la primera letra de su propio nombre (no creo que se pueda universalizar tal idea: alguien llamado Gertrudis no creo que tenga tal efecto, pero no sé si en lo implícito repercuta un nombre “feo”, no he encontrado tal información, ¿se siente uno menos significante si tiene un apellido muy común sobre otro que no lo es?). Se dan varias explicaciones para el efecto de letra del nombre, pero voy a proponer una muy distinta de todas. La impronta opera en todo, como por ejemplo en que la primera forma de satisfacción sexual, que no tiene porqué ser genital, ni tampoco en la pubertad, sino antes, determina la preferencia sexual o el fetiche de cada persona. En el aprendizaje del habla se da el mismo factor, de la impronta, a través de escuchar el propio nombre. Por otro lado hay que tener en cuenta que el aprendizaje pasa por etapas, desde el balbuceo se llega a la repetición de vocales y consonantes, las redes neuronales recurren a la repetición para mejorar la pronunciación, al igual que lo hacen los gimnastas. Por esta tendencia a la iteración tanto mamá, papá y bebé, son repeticiones de una sola consonante o fonema que igualmente se da en tata (hermana), bubu (abuelo), que se extiende a cosas habituales como caca y pipí; “lenguaje” al que se terminan por adaptar los padres y hacen el mismo tipo de reducciones como mama (amamantar), ñañá (comer), mimí (dormir) y me imagino que palabras tan asentadas en la sociedad como bebe (beber) puedan tener esos orígenes impuestos por el lenguaje de los hijos de pocos años. De esa manera se crea una identificación directa entre la primera letra (sílaba, fonema) del propio nombre con la propia identidad. El efecto de la primera letra, a modo de la primera sílaba, se da incluso en los animales de compañía, basta decir el primer fonema de sus nombres con sonoridad -excepto si son vocales, pienso- para que estos atiendan. Me parece más verosímil y sencilla esta propuesta que cualquiera de las otras expuestas en la Wikipedia. Todo lo antedicho se une a dos de mis hipótesis principales, expuestas ya en mi primer libro: 1. alguien con daños en la niñez será “activado” como preconciente, tendente desde ese momento a usar más el lado izquierdo del cerebro o razón, para salvaguardar su lado emotivo dañado; tendente por lo tanto al realismo depresivo (hemisferio izquierdo) y menos influenciado por el pensamiento mágico (hemisferio derecho); y 2. se “activará” una especie de antítesis de lo autopoietico, por lo cual ya no “amará” o buscará su replicación o aquello que sea su igual (¿buscan a sus opuestos, a aquellos que menos representen su propia apuesta?). En el lenguaje freudiano queda activado el impulso de muerte, frente al de eros. Lo crucial y la diferencia entre implícito y explícito queda expuesto en el hecho de que no todos los suicidios son premeditados, “elaborados” a nivel de conciencia; en muchos casos la pasividad ante un coche que se abalanza sobre uno y al que no se esquiva, u otros tipos de accidentes mortales similares, dejan salir ese lado implícito del egotismo negativo que no apuesta por lo autopoiético y la autopreservación. En muchos casos a eso que llamamos héroe, puede que sólo sean unos tipos de individuos que tienen “activado” el impulso de muerte, o dicho de otra forma: sin miedo a morir. Se sacrifican como un último acto de auto-afirmarse, y de paso que lo validen, sacrificándose por alguien que sí es autopoiético y que desea vivir. La serie de películas “arma letal” mostraban esa tendencia suicida. Después de unos padres que han de proteger a sus hijos, no hay otra cosa más peligrosa que alguien que no tenga miedo a la muerte. En otro lado ya he dicho que el origen más ancestral de la palabra héroe es “salvaje”, pero no tal como se pueda entender en la dualidad salvaje/civilizado, sino en tanto que salvajada, como acto “loco”, en donde tanto la razón como la auto-preservación se dejan de lado. Un concepto cercano e intermedio entre las dos palabras, héroe y salvaje, es el concepto de bravo o bravura. Cruelmente alguien bipolar tiene las dos tendencias de forma extralimitadas: eros y tánatos luchando en un mismo alma. Quien los ame tienen que adaptarse a subir a sus cielos y bajar a sus infiernos… a veces en un mismo día, en una misma hora, de un minuto a otro. Ellos piensan que la forma más directa de llegar a los infiernos es llegar al cielo, y desde allí dejarse caer en picado. En algunos casos, quizás de forma universal, esas luchas denotan las lizas de los dos hemisferios del cerebro, y siempre dependiendo de las situaciones en la vida, pues es sabido que el hemisferio derecho es más pesimista y trabaja con las emociones negativas (miedo, ansiedad), mientras que el izquierdo le “frena” en su optimismo y trabajando con las emociones positivas. “… Los dos hemisferios tienen voluntades que pueden no estar siempre en armonía”, nos recuerda Iain McGilchrist.

   Reconozco que el “determinismo semántico” pueda ser una extralimitación a tales conceptos. Estoy por asegurar que afecta menos a los alfas y los betas, y que tenga que ver con la mimesis, la tendencia a la replicación y la iteración mas propia de los omega (no-alfas). Pero la suma de todas las hipótesis, teorías y efectos que he ido recopilando, a lo largo de los últimos escritos, tienen que significar y tener de fondo algún tipo de patrón de la evolución y la vida. Esta regla es la invariancia, lo teleonómico, ya analizada en capítulos atrás. En la evolución se dan tres principales reglas selectivas: la estabilizadora, la direccional y la disruptiva. La estabilizadora “es un tipo de selección natural en la que la media de la población se estabiliza en un valor de rasgo fenotípico (señal externa, color de ojos por ejemplo) no particularmente extremoSe piensa que este es el mecanismo de acción más común para la selección natural porque la mayoría de los rasgos no parecen cambiar drásticamente con el tiempo“, fuente Wikipedia; o “por lo tanto, corresponde a las criaturas sexuales evitar parejas que tengan características raras o inusuales (koinofilia). (…) las poblaciones sexuales eliminan rápidamente características fenotípicas raras o periféricas, canalizando así toda la apariencia externaUna vez que una población se ha vuelto tan homogénea en apariencia como es típico de la mayoría de las especies, sus miembros evitarán el apareamiento con miembros de otras poblaciones que se vean diferentes a ellos. Por lo tanto, evitar que las parejas muestren características fenotípicas raras e inusuales conduce inevitablemente al aislamiento reproductivo, uno de los distintivos de la especiación“, citado en el artículo sobre la especiación, o el porqué y cómo la evolución tiende a mantener especies diferenciadas y no se da más variabilidad, convienen leer el artículo al completo, pues es de interés. La selección estabilizadora conlleva la selección negativa, en donde lo más extremo (koinofiliatiene menos probabilidades de reproducirse y mantenerse en el juego evolutivo, (los solitarios en los animales sociales, por ejemplo). Personajes como “Eduardo manostijeras” o Frankenstein son metáforas sobre el rechazo de la sociedad ante lo extraño, liminal y ajeno. En un lenguaje sencillo la selección estabilizadora sería como decir: “si funciona para qué cambiarlo”. Se busca lo igual o lo que nos es familiar, al emparejarnos o buscar amistades o grupos, por esta tendencia estabilizadora o teleonómica, de tal manera que tiendan a mantenerse las identidades, como para preservarlas. Lo complejo es determinar qué es o no es identidad a nivel genético o ya en lo humano, pues en nuestro caso, y por el efecto Baldwin, nos emparejamos con aquellos similares en los ideales, actitudes y comportamientos. Estoy por asegurar que en periodos de crisis la sociedad tiende a la selección negativa, a buscar más la identidad propia, teleonómica o estabilizadora y a preservarla; buscando como chivos expiatorios lo más extraño o ajeno a la propia identidad, y por lo tanto rechazando la otredad. Esta tendencia estabilizadora de la evolución, preservando una identidad, es a lo que se puede llamar autopoiesis, y es por lo que la limerencia actúa cuando encontramos a alguien con el que sentimos que somos iguales (alma gemela, media naranja). En muchos casos tengo ciertas intuiciones que no sé si tienen un equivalente en algún estudio científico y mucho menos qué nombre le puedan haber dado. Al final he encontrado uno de esos nombres y estudios en donde muy bien se resume muchas de las distintas ideas que he ido acoplando al concepto de lo autopoiético y la limerencia: la atracción interpersonal. Confirma muchas de mis intuiciones y da referencias a los estudios llevados a cabo, entre ellos que alguien anti-poiético, aquel que tiene un egotismo implícito negativo, concepto importante que se ha de tener en cuenta pues explica aquellos tipos de comportamientos y actitudes contrarias a la autopoiesis: tienden a buscar relaciones con personas que no sean similares a ellos mismos e incluso contrarias (la lectura rápida de tal idea es que si se busca a alguien igual a uno mismo se tiene autoestima implícita, pero si se busca lo opuesto puede que no se tenga; no tiene porqué ser universal y para todos los casos). Para no repetir, y como no tiene ningún desperdicio remito a la entrada de la Wikipedia (la primera de la lista). De paso añado aquí todos los enlaces interesantes a partir de dicho artículo (entrecomillado sobre textos de la Wikipedia, entre paréntesis míos):

    • Atracción interpersonal – “puede verse como una fuerza que actúa entre dos personas que tiende a unirlas y resistir su separación”. (El equivalente al español, del refrán citado en el artículo, de “birds of a feather flock together” es “dios los cría y ellos se juntan”).
    • Propincuidadpuede significar proximidad física, un parentesco entre personas, o una similitud en la naturaleza entre las cosas”. (¡bonito ‘palabro’!, creo que a este concepto se reduce mucho de lo que yo expongo sobre lo limerente, la esencialidad, lo metafórico, la similitud y lo auto-replicante o iterativo;  significado de la palabra).
    • Mero efecto de exposiciónfenómeno psicológico por el cual las personas tienden a desarrollar una preferencia por las cosas simplemente porque están familiarizadas con ellas”.
    • Hipótesis coincidente o de emparejamiento“afirma que las personas tienen más probabilidades de formarse y tener éxito en una relación comprometida con alguien que es igualmente deseable socialmente”, (recuerda o parece depender del efecto Baldwin).
    • Ley de atracción “la atracción hacia una persona está relacionada positivamente con la proporción de ‘similitud de actitud’ asociada con esa persona”, (esta ley, en boga, me parece menos confiable o cuanto menos la han extrapolado de forma incorrecta en los libros de auto-ayuda).
    • Emparejamiento Selectivo “es un patrón de apareamiento y una forma de selección sexual en la que los individuos con fenotipos similares se aparean entre sí con mayor frecuencia de lo que se esperaría bajo un patrón de apareamiento aleatorio“, (esta regla evolutiva, dependiente del principio de Hardy-Weinberg, explica porqué alguien de color se casa con alguien de su mismo tono de piel, sin que por ello se tenga que tomar por racismo, o sea es una regla implícita, racismo es si se tiene esa convicción de forma explícita, por cuestiones racionalizadas).
    • Homogamia“es el matrimonio entre individuos que, de alguna manera culturalmente importante, son similares entre sí”.
  • Vinculación humana – “La mayoría de las veces ocurre entre familiares o amigos, pero también puede desarrollarse entre grupos, como equipos deportivos y cuando las personas pasan tiempo juntos“.

    Conclusiones previas: ¿No da la sensación que por muy inteligentes que nos creamos no escapamos de las reglas evolutivas?, ¿no se supone que si se comprenden unas reglas, y estas son fallidas, se habría de tener la capacidad de cambiarlas? Pero lo que yo digo es un camino ya recorrido dentro de muchas mentes y a lo largo de la historia. Las “conclusiones” de la dictadura de los genes ha llevado a los conceptos de Darwinismo social, a distintas tendencias eugenésicas (“limpieza” génica) y a las ideas erradas de la superioridad de las razas. ¿Qué camino nos queda?, se supone que si se da una sociedad próspera y basada en la igualdad y la equidad se tiende a la apertura, no se cierra hacia la selección selectiva, pero tal situación no parece llegar a suceder. Estamos “condenados” a las crisis porque el sistema complejo humano es binario y va de la estabilidad a la crisis de forma constante. La globalización no parece haber ayudado, más bien parece ser más tendente al desequilibrio, pues la sociedad humana es más susceptible de caer en el efecto mariposa, de la teoría del caos, en donde un pequeño cambio en algún lugar remoto del planeta crea cambios en cadena en la economía y la política de los países. Es un grado superior de complejidad al cual nuestros cerebros y nuestro ADN, con las reglas expuestas, no puede hallar un estado equilibrado y de comprensión (insight) de nuestras posibilidades o sus imposibilidades. El sistema actual nos lleva hacia la corporatocracia (¿corporocracia? – corporatocracy), se favorece y emergen las grandes compañías como casi los únicos poderes fácticos reales, que incluso tienen la capacidad de alterar las políticas de los países o la de manipular a organismos como la ONU o la OMS en sus políticas e inversiones. En otros casos la manipulación se hace más fácil y ladina por medio de las redes sociales, y más directamente por medio de Whatsapp, como se ha podido ver en la elección de Trump o más recientemente en la elecciones de Brasil (2018). Y si no aceptamos esa nueva ruta de camino, ¿qué nos queda?: dar un paso atrás, renunciar a la globalización, pues nos viene “demasiado grande” para nuestros límites cerebrales. Bajo mi punto de vista, sin caer en errores  previos, hay que volver a reconsiderar las reglas evolutivas. Si se enseña con cautela aprenderíamos que cuando el humano se empezó a expandir por el planeta y se aisló, creó diferencias fenotípicas, y en algunos casos genotípicas, por todas estas tendencias, patrones y reglas evolutivas. La globalización ha de ser una oportunidad de “romper” con aquellas diferenciaciones externas. Lo que no ayuda nada son las políticas de las fronteras, y que ciertas enseñanzas en algunos países o regiones (Cataluña) den mucha importancia a la identidad patria. Tampoco ayuda las actuales tendencias a las islas identitarias; el que los inmigrantes se aíslen en barrios y se creen conceptos de género u otros como afroamericano, pues son nuevas formas de fronteras.  Algunas hormigas han llegado a súper-sociedades eusociales al no poner fronteras entre distintos hormigueros, sus reinas, antes exclusivamente dependientes de sus hijas para crear un hormiguero, ahora pueden ir hasta una nueva zona y crear un hormiguero a partir de otras hormigas con las que no están emparentadas, lo mismo para cualquier otra hormiga. David Attenborough asegura que son como las sociedades humanas, yo no lo creo así: nos han superado (2). Hoy en día un humano del “tercer mundo” no puede ir a cualquier lugar del planeta, un ciudadano de segunda tiene muy pocas oportunidades de llegar a ser de “primera”, tenemos fronteras mentales y geográficas por todos los lados. Hay unos topes invisibles pero reales de límites factuales y conceptuales. ¿No podemos superar, en “gobierno”, a una simple hormiga? De una manera u otra es cuestión del grado de complejidad. En el humano todo es demasiado complejo, partiendo de que el ego por el que hemos sido “construidos” por la evolución no aceptaría ser una mera hormiga: crea insania y pérdida del sentido de la vida, como han demostrado las sociedades comunistas; y acabando con que nuestro límite cerebral es para “manejar” sobre unas 148 personas (que a mí me parecen muchas y pienso que está sobre las 20) dentro de un “nosotros”, que es el límite de las antiguas tribus, que partían del concepto de familia extendida. Según Robin Dunbar el cociente de encefalización viene dado por “la proporción del tamaño de la corteza cerebral con respecto al resto del cerebro (pues) aumenta en función del tamaño del grupo social“, nos recuerda Michael C. Corballis en su libro “la mente recursiva”. Nuestro cerebro ha llegado a su límite dado el ancho del cuello uterino, y si se supone que tenemos ese límite de pensar y tener a X número reducido dentro de un “nosotros”, entonces siempre vamos a favorecer a la familia extendida, a los amigos y a los compañeros de trabajo más cercanos. Dentro de ese “nosotros extendido” estará más cerca alguien de nuestro género, nuestra ideología, clase social… etc., que conlleva dejar a otros, a la otredad, a lo distinto fuera de la reducida idea de lo que es y no es identidad. De unas maneras u otras, en lo fisiológico y bajo las reglas evolutivas, son fronteras y determinismos que no parece que podamos traspasar.

     Una última reflexión, que se entenderá mejor dentro del segundo tema. El concepto de humanismo y humanidad son del lado izquierdo del cerebro. El lado derecho no “siente” y conceptualiza tal entidad abstracta, pues sólo sabe de identidad individual, de lo familiar, de lo fenotípico, y está reglada bajo el concepto de “la distancia del lloro de un bebé”, lo cercano, lo observable y tangible…, “una multitud no hace compañía, sus caras son sólo una colección de rostros“, nos recuerda Francis Bacon. Es el lado derecho el que “creó” el refrán de “ojos que no ven…”


Segundo tema. La máquina contra el espíritu.

   Voy a ser sintético, pues tales temas serían muy extensos. La filosofía en toda su extensión habla sobre dicho tema, y la ciencia actual no escapa de tal dilema. Remito al extenso libro de “el maestro y el emisario” de Iain McGilchrist para un examen más pormenorizado, que igualmente está dualizado en Nietzsche en los mitos sobre Apolo (razón, pensar la vida) y Dionisio (emoción, vivir la vida). Lo que sale a relucir en mis escritos, e igualmente en mi anterior libro, en sus contradicciones por apostar por la razón maquinal o por el “alma” -ese intangible o no medible de lo humano-, es una lucha en el mundo de las ideas que viene de antiguo. Quizás esta lucha no es más que la “liza” entre los dos hemisferios del cerebro. El izquierdo que es palabra y razón, frente al derecho que es principalmente emoción y pensamiento mágico. Michael S. Gazzaniga -al que nombrase en el escrito anterior– y otros, afirman que el hemisferio derecho es “tonto”. La ciencia en la actualidad pone en duda la teoría del trastorno de las personalidades múltiples, o trastorno disociativo, como es del gusto llamarlo a nivel de la ciencia actual. Bajo mi punto de vista tiene sentido en cuanto esa división sea dual, por la cuestión de los dos hemisferios y por lo distintos que son. Se da el caso entres personas a las que se les ha cortado el cuerpo calloso, por el cual se comunica los dos lados, de en un mismo acto besar a la mujer, a la vez -estas personas biseccionadas- las empujan para atrás. En otros casos un lado se trata de poner un tipo de ropa y el otro se la quita. Tienen distintas tendencias, gustos… y al final comportamientos. A veces “quieren” tener un trabajo o afición distintos. Se suele decir que hay humanos del lado izquierdo y del derecho. Las disonancias cognitivas y los conflictos emocionales en muchos casos son por lo dispares que son un lado y otro en unos temas y otros. Se supone que los artistas tenemos predominancia del hemisferio derecho, pero en mi caso escribo mucho y es sobre temas científicos, o cuanto menos que requieren del lado izquierdo. Por eso mis idas y venidas. Se supone que la razón debería de “ganar”, pero de fondo esta guerra no va sobre la “verdad”, sino de algo más profundo y complejo. Bajo mi punto de vista por un lado va la materia y por otro lo que emerge de esa materia. En mi lenguaje entre la materia y el mundo de los conceptos, similar al mundo de las Ideas de Platón. Como la diferencia que hay entre ver a un humano andar -algo que se ve y se sigue con los ojos-, y esa otra que no se ve, y que es que por donde pasa su calor ha creado una pequeña entropía de la temperatura. De nuevo el eterno problema de lidiar con dos “realidades”. Platón llamó a esa otra dimensión el mundo de las Ideas, de las esencias. Desde aquel lejano entonces, o se es dualista o cualquier otra postura que no lo sea o la niegue. Yo soy puramente materialista. Sé que todo al final se reduce a lo físico, pero también sé que de esa materia al final, por su suma, por su complejidad, salen reglas o epifenómenos irreductibles a sus “átomos”, a sus individualidades. Independientemente de que la lengua y el olfato, neuronas, sean lo que me den un cierto olor o sabor, ahí se produce algo más que es irreductible. Es el mundo de las qualias.

   En ese sentido estoy de acuerdo con McGilchrist en que la sociedad actual, y la tendencia histórica humana, es hacia la primacía del lado izquierdo del cerebro, olvidando en el proceso el lado derecho. En muchos casos soy más materialista cuando me da al olfato que son posturas que tratan de mantener a Dios en el cielo, pues con algunos autores o personas esta dualidad “esconde” ese otro dilema de lo creado a nivel físico y a nivel espiritual. La actual creencia de ciertos teólogos es que la creación de Dios no terminó el sexto día, y que aún continúa. Por eso siempre que se oye a alguien hablar de estos temas se ha de partir de si es creyente o no, para evitar estas sospechas. Yo soy ateo, pero en tanto que tal, no “renunció” a que el humano no ha de ser reducido a la materia. Que somos algo más. Los dos últimos grandes pensadores, que trataron de mantener a Dios en su lugar, fueron Kant y Heidegger; todo filósofo creyente los tiene de base. Cuando leo a Heidegger y sus postulados, con su deseo de buscar algo en el pasado que perdimos, y que está diseminado y escondido en el lenguaje, me siento totalmente distanciado de sus neuronas espejo. Sale el efecto Baldwin  que me “habita” y lo niega como otredad, con la que no me puedo “casar”, pues las ideas las construimos con nuestros caracteres y nuestros comportamientos nucleares: mi cerebro no dedica ni una sola neurona a Dios, ninguna emoción sensación, ni nada similar.(3) Algo parecido  me pasa con McGilchrist, “sospecho” que trata de mantener a Dios.

   Mis búsquedas a las raíces humanas son más mundanas. Radicalizo a que éramos cuerpo y eso es lo que prima o es lo nuclear que hay que buscar. Contra Heidegger, no creo que el humano tuviese algún primer momento perfecto que perdimos (paraíso perdido) que hay que buscar, aunque apuesto a que el humano (pre-patriótico, si se quiere decir así) fue más “feliz” en su naturaleza salvaje y “mágica”, más unido a su hemisferio derecho. Radicalizo -reduzco- el humano a que su base es la reproducción y la autopreservación, a partir de ahí se sigue construyendo. Cuando creo -o versiono- los conceptos de limerencia y lo autopoiético -el morbo y el rapto limerente entre ellos-, es para reducirnos a esos mínimos físicos, de esas primeras reglas. Claramente una posición muy distinta de alguien que buscase a Dios en esos primeros rastros. Por lo demás creo que vamos en mala dirección si reducimos al humano a su componente social y por ello predecible a nivel de estadísticas. Yo cada día me llevo sorpresas a la hora de navegar. Estos escritos están dentro de una de las redes -Blogger- pertenecientes a Google. A los pocos días google me da sugerencias en YouTube y su buscador, sobre temas que he escrito aquí. ¡Es maravilloso y terrorífico a la vez!, si eso nos lo “hiciera” una persona pondríamos tierra de por medio, lo tomaríamos como una persona obsesionada por uno, que puede llegar a ser peligrosa. Un posible acosador, que pudiera llegar a lo psicopático. Como lo hace una “máquina” se lo permitimos. Ahora mismo es complicado, sino imposible, vivir fuera del algoritmo. En mi caso, como explicación de porqué publico en Blogger, después de muchos años de escribir y publicar, es porque vi cerradas todas mis opciones. He subido el libro a tres sitios distintos, en tres momentos distintos, de Internet gratuitos, que al final cerraron esa opción (mi web principal ya me ha dado el aviso que dará de baja mi cuenta y desaparecerá). No tenía otra opción que escribir en un lugar en donde supiese que no me iba a volver a pasar. Estoy publicando en dos sitios (WordPress y Blogger) a la vez para evitar futuros problemas de que uno “caiga”.

   Con todo trato de dar la menos información personal posible en todas las redes sociales. Eso ha sido así desde el principio. Aun con todo chrome evalúa tu edad, posición social y tendencias sexuales y otras, simplemente por dónde navegues. Uso otro navegador, pero google es el mejor a la hora de buscar; con lo que de nuevo es cuestión de no tener demasiadas opciones. No pienso que haya una “mano invisible” maléfica en la dirección que están tomando las cosas, pero es claro que es de nuevo una tendencia a dar una mayor importancia a las propiedades del hemisferio izquierdo, en detrimento del lado derecho. Películas como Terminator o Matrix posiblemente sean un imposible, pero hay que poner ojo a las posiciones más leves de esos extremos, pues ya son distópicas y peligrosas. La guerra la va ganado el algoritmo, la inteligencia artificial, aunque esta aún no exista. El mundo de los negocios cada vez es más de los que tengan una mayor cantidad de datos y que vayan en la búsqueda de esas esencias sobre las que yo mismo escribo…, que suelen ser bastante carnales y banales. Llega a esas esencias y tendrás a unos consumidores fieles de por vida (Apple). La máquina, el algoritmo, no encuentra a Dios en esas esencias, encuentran nuestras necesidades y nuestros miedos. Unos y otros dependientes de cada cultura, de cada edad, y de cada sexo. Es contradictorio que yo busque esas esencias y vaya contra que el algoritmo las encuentre. La diferencia es que mi mentalidad es “hacker”, busco esas esencias para nuestro bien, mientras que el algoritmo lo hace para el bien de la élite de las jerarquías altas. ¿Y al final no es lo mismo?, de ser honesto así es. Si “destruyes” o radicalizas las esencias humanas da igual cuáles sean tus propósitos o intenciones. Lo que cuentan son las acciones. O sea, es igual que el que diga que el emperador está desnudo sea un niño o un algoritmo, el resultado es el mismo. Se ha desvelado una desnudez que debería de permanecer con su traje, aunque este en realidad no existiese. O sea, yo me “quejo” del feminismo porque al final en su lucha no sólo “destruye” al macho, sino al propio concepto de humano, y hago lo mismo en mis escritos. No hay justificación posible. Sé que yerro, pero como mi “naturaleza” es desnudar al mundo, verlo tal cual es, y puesto que el artista ha muerto en su condición de ver sólo lo estético, ahora he vuelto todo feo, fofo y lleno de arrugas e imperfecciones. Es un apostura cínica y nihilista, lo sé, y sé que puede que desde esa nueva visión ya no se pueda construir nada nunca más, pero no puedo evitar ver el mundo así y decírselo a los demás. Por lo demás cuento que serán pocos los que me “crean”: de nuevo el efecto Baldwin, sólo me creerán los que tengan mis mismas tendencias genéticas o mis mismas “cicatrices”, que no tienen por qué ser mis consanguíneos. La genética es muy compleja y difusa. Es la mezcla de varios genes, no directamente correlacionados, los que crean las diferencias fenotípica y genotípicas. Se sigue lo mismo en los rostros y en la música, de alguna forma encontramos similitudes de rostros, que se dé un aire, no porque tengan este o aquel rasgo iguales; a veces los hermanos o los hijos apenas si se parecen, pero de alguna forma en la suma de todas las partes sí hay algo común. Como si al sumar 5, 12 y 43, fuera igual que si sumásemos uno sesenta veces. Lo mismo con la música, vemos su “alma” y las captamos en otras canciones. De alguna manera la “suma” de ciertos genes, aunque en distinta disponibilidad y predominancia, dan en esas personas un “total”, que es lo que uno “lee” al mirarlos. “La similitud no es esencial para la semejanza“, nos dice Gombrich y Ernst Kris. Es a eso que llamamos tener una intuición sobre alguien al que acabamos de conocer. A veces esa conexión crea la limerencia de querer permanecer a su lado, a veces es sólo repudio y lo queremos lejos. De nuevo lo imperecedero y verdades sempiternas de los refranes: “Dios los cría y ellos se juntan”, donde Dios es el ADN y la limerencia tiende a encontrar a los iguales. Bajo mi punto de vista, bajo la ambigüedad que he propuesto, el humano europeo de la prehistoria se sintió unido al lobo, pues sus modos de caza y de comportamientos eran similares. Si no qué explica que no se haya adoptado al chimpancé como animal de compañía. Los primeros lobos adoptados no tendrían ninguna función útil, eran lobos que llamarían a los lobos y tendrían la querencia de volver con los suyos. Sólo se les adoptó por sentirlos como “hermanos”; los lobos igualmente han adoptado a humanos. ¡Más fácil!, todos reconocemos una cara de “buena persona” en infinidad de rostros con cientos y miles de variaciones; igualmente de “pícaro”, responsable, y otra infinidad de rasgos. No aseguro que sea así, pues lo social y la vivencias lo cambian todo, pero esa es la potencialidad de los genes creando tipologías reconocibles, que seguramente sean los núcleos de esas personas expresados o no. De unas maneras u otras son cuestiones que son reductibles a reglas como las del efecto Baldwin o el efecto barba verde, pero que no por ello dejan de parecernos “mágicas”. Esto nos dice la teoría de la aptitud inclusiva :

“El efecto de barba verde es el acto de un gen (o varios genes estrechamente vinculados), que:

  1. Produce un fenotipo.
  2. Permite el reconocimiento de ese fenotipo en otros.
  3. Hace que el individuo trate de manera preferencial a otros individuos con el mismo gen.”

   En definitiva, y al final, que soy como todos, no por resumir las esencias a sus correlatos de las neuronas dejó de saborear el chocolate, o me quedo perplejo ante ciertos atardeceres. El problema de reducir el humano a sus datos no es que lo haga un ser humano, pues este al final no puede escapar de la magia emocional del hemisferio derecho. El problema es que lo hagan las máquinas, pues estas, de momento, no pueden restituir esa totalidad. De igual forma lo social no tiene realmente alma, está más cerca de la máquina que del individuo. Las corporaciones y los estados se alimentan de datos, pero después no restituyen el todo que es cada individuo, cada sabor, cada canción. En eso sí hay un verdadero peligro, pues además alimentan a las empresas, a las corporaciones y a las instituciones con las reglas “divorciadas” de la emoción, de lo humano, de lo irreductible. Piden a sus trabajadores, a los funcionarios, para que no “funcionen” como humanos, a no ser que en esa medida se obtenga un beneficio, predicha por algún algoritmo (la sonrisa de los asistentes de vuelo, de los camareros). En definitiva, no hace falta crear un robot o un sistema informático para que al final nos gobierne de forma fría y mecánica, eso ya lo estamos haciendo los propios humanos. Esa es la dirección de mis denuncias, de mis quejas, de mis reivindicaciones. Todos somos sistema, pues como en mi caso a la hora de dónde publicar, no hay otras opciones viables fuera del sistema. Por muy mínimo que creamos que sea nuestro impacto lo es, y es un suma y sigue en una guerra que va ganando el algoritmo. La máquina contra el espíritu. Ahora mismo están contabilizando nuestras emociones para dar el siguiente paso. Nos van poniendo una cadena imperceptible y liviana, que poco a poco va dejando el alma humana entre rejas. No hacen falta extremos como Terminator o Matrix, ya somos esclavos del algoritmo.

   Conclusiones finales sobre la lucha eterna de los dos hemisferios del cerebro. El hemisferio derecho es el que crea el nosotros, el izquierdo lo cuestiona y puede tender a la soledad, pero de igual forma este hemisferio es el único que puede aceptar a los otros, a ellos, a la otredad, a la alteridad, en un posible nosotros. El hemisferio derecho es el más propio para “contener” la mayoría de los sesgos adaptativos, o patrones enquistados en mi lenguaje. Entre esos sesgos están lo que muy bien puedan estar vinculados al efecto Baldwin, la busca de lo igual, de lo parejo, la tendencia del cerebro a auto-confirmarse, tendente a la autorreplicación, a abrazar sólo a su propia identidad y al nosotros, efectos en su conjunto a los que yo llamo como “pegajosidad neural”, y dependientes en muchos casos del cebado cerebral: un tipo de memoria que favorece las neuronas e ideas que se mantienen activas en ese momento, por cuestión de economía de la energía, y que pueden llevar a la tiranía de la pequeñas decisiones, pues al final se vuelven una marca de nuestra manera de comportarnos y de ser en el mundo (¿cuando se “decide” ser forofo de un equipo de fútbol, por ejemplo?):

   (Estos dos párrafos son parte de la traducción de la página original de Buster Benson sobre los sesgos cognitivos. A él hay que atribuirle todo el mérito y el esfuerzo.)

   En unos procesos u otros, individualizados, introducimos al nosotros, como un yo extendido (teoría de auto-categorización), como es el caso del pensamiento grupal (Groupthink), por el que nuestro cerebro tiende a la conformidad dentro del grupo, el cual lleva a la presión dentro del grupo, para limar y terminar de “ajustar” el pensamiento individual dentro de sus normas y maneras de pensar internas. Esta unidad crea el favorecimiento dentro del grupo y rechazo o exclusión de otros grupos, con la posible caída en el racismo y la alienación social. Estos tres sesgos, y otros similares a nivel grupal, como la cohesión grupal, por la que el individuo se termina sintiendo orgulloso de su pertenencia y que puede llevar al narcisismo grupal, y por lo tanto al patriotismo, están dentro de la tendencia “programada” del enmarcado, que de forma más general forma parte de la aptitud inclusiva de los seres humanos, que es la que crea la influencia social normativa y al final la sociedad, la sociedad de masas, el idiota útil y el comportamiento de rebaño, que en el lenguaje de Nietszche lleva al instinto o moral de manada, propia de los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial.

    Recomiendo leer el artículo en la Wikipedia sobre la “selección de grupos culturales“, pues no tiene ni una coma de desperdicio. Está de más que lo parafrasee o lo resuma. A tener en cuenta que una vez que uno se asume como social lo que manda o impera, en ese tipo de cerebro, son las normas sociales o a los grupos a los que pertenece. En el lenguaje que he venido usando de órdenes nucleares (abajo) y acciones (arriba), al entrar en la dinámica de grupo, ese abajo son las reglas del grupo que están estipuladas en dicho artículo de la Wikipedia. En soledad, al individualizarnos, se anula esa dinámica y el abajo, de nuevo, obedece a lo propio, y en ese caso a lo instintivo y el carácter. Por lo antedicho al principio del párrafo es por lo que se suele decir que se puede llegar a producir un “lavado de cerebro” (“te han comido el coco”, en la jerga de España), en donde “evacuamos” nuestro yo, a favor del yo o identidad grupal, pues la “intención” nuclear, la que está más abajo, ha sido “entregada” al grupo o a su líder. Por norma general la derecha tiende a lo social, a los grupos, a la cohesión; y la izquierda a la individuación.

    Todas estas reglas, de reconocimiento de parentesco o del mismo tipo de información a transmitir (alelos) se encuentran en los propios genes y se manifiestan incluso entre las plantas. Esto nos dice la Wikipedia:

Incluso ciertas plantas pueden reconocer y responder a los lazos de parentesco. Usando un cohete marino, Susan Dudley en la Universidad McMaster , Canadá , comparó los patrones de crecimiento de plantas no relacionadas que comparten una maceta con plantas del mismo clon. Encontró que las plantas no relacionadas compitieron por los nutrientes del suelo mediante el crecimiento agresivo de las raíces. Esto no ocurrió con las plantas hermanas.”

    Por muy compleja que nos parezcan las relaciones sociales, y las “decisiones” que uno toma durante la vida, a grandes rasgos se dividen en cinco: cooperativas (ayuda o beneficio mutuo); altruistas (sacrificio hacia los otros o lo social); egoístas (beneficio propio), y de despecho o rencor (perjuicio del otro: el tirar un helado al suelo y “ni para ti, ni para mí” en la rabieta de un niño que no se sale con la suya);  engaño, tipo de acción que simula ser cualquiera de las otras, pero que implícitamente -en potencia- puede ser otra muy distinta: un padre puede pedir a un hijo algo como si fuese egoísta, cuando en realidad tiene el plan de beneficiar al hijo…, el engaño tiene muy mala prensa. Todas tienen un porqué y están en todos los niveles de la vida, y son estudiadas en la evolución social y puede ser llevada a algoritmos en la teoría de juegos evolutiva. Desde los propios genes, a especies tan simples como los seres unicelulares o tan alejados de lo humano como las plantas. Hay varías teorías en liza de cómo “funcionan” y operan, desde la eusocial, la selección de grupo, al reconocimento de parentesco o la inclusiva. Como siempre creo que la “verdad” se encuentra en posturas intermedias que pueden ser englobadas y comprendidas bajo la teoría de la unidad de selección. Si el reconocimiento -y luchas- se da a nivel de los propios genes, lo importante es la información génica. Esa información puede ser “reconocida” por el parentesco (consanguinidad) o por lo fenotípico (rasgos externos), pero de igual forma por la ambigüedad de lo inclusivo: de las maneras de pensar y de comportarse de los individuos. El parentesco no lo es todo, que es donde más se da el altruismo, pues ciertos parientes pueden tener un comportamiento muy alejado del habitual en la familia, idea que se describe con el concepto de la “oveja negra“. Por otro lado la otredad, y el nosotros y ellos, afecta igualmente en las familias, creándose lizas o separaciones internas. Un refrán define muy bien lo inclusivo: “el roce hace el cariño”: se crea el trato “familiar” con aquellos que tenemos contacto de forma frecuente, pero que además que no nos son muy disonantes. Sea como fuere, bajo mi punto de vista son luchas de cierto tipo de información (ver “visión de la evolución centrada en el gen” y el “conflicto Intragenomico“), en donde dicha información se encuentra en algo tan recóndito, y alejado de la razón y el prefrontal, o sistema ejecutivo y de elección, como los genes. O sea, que si uno quiere realmente buscar una “razón” o intención a cualquiera de sus actos, ha de pensar a qué gen estará “beneficiando” dicho acto, o dicho de otra forma, qué gen nos está dictando tal o cual comportamiento. En un ejemplo sencillo, si yo porto un gen hacia la individualidad, no es un tipo de apuesta que tenga muchas probabilidades de ganar a nivel genético, pues si permanezco solo no me reproduciré como para que se propague. Tiene mayor éxito el de la sociabilidad, está claro…., pues “como consecuencia de ser castigados, los no conformistas tendrán menos éxito que otros miembros del grupo. La transmisión sesgada del prestigio sugeriría que los comportamientos no conformistas, por lo tanto, no se propagarán a través de la población“, fuente Wikipedia ¿Y si el artista porta un gen solitario que “engaña” para en su apuesta hacerse vistoso sexualmente por su manera de ser o hacer?, así ya tiene algo más de éxito el gen individualista. Muchos de esos animales ingeniosos (vistos arriba o en el escrito anterior) que logran tener relaciones sexuales con las hembras a través de artimañas y engaños son animales solitarios. ¿Por qué la evolución mantiene esta apuesta?, primero porque se valida, y segundo porque en caso de algún cuello de botella, donde hay pocos individuos, este tipo de apuesta ya está preparada para vivir de forma aislada (seguramente no les ocurriese lo mismo que a los personajes vistos en películas como “náufrago” o “soy leyenda“, de crear trastornos debidos a la soledad en personas claramente sociales), y buscar impertérrita y alocadamente a las hembras que puedan quedar. Las hembras a su vez han de mantener ese tipo de apuesta, aceptándola cuando la encuentran, por el bien de la especie. De una manera u otra el humano crea divisiones, ideologías y paradigmas como el de patria o el feminismo, para sustentar unos tipos de genes u otros. Unas apuestas u otras. La mujer porta la tendencia a los mejores genes, pero eso puede ser en contra de ella misma cuando un macho alfa frustrado saca su ira, menos empática. ¿El feminismo es una ideología o movimiento que va contra ese gen? En realidad no lo tienen claro ni ellas mismas. Como idea abstracta de fondo está ahí, pero a nivel individual, cada mujer, no extrapola esa dimensión de su lucha, pues no está declarada de manera abierta, reglada en su manera de entender lo social o lo humano como un juego evolutivo. Se “seleccionan” parejas no violentas o abiertamente machistas, eso ya incide en esa dirección selectiva de rechazar un tipo de gen, pero recordemos que existe la apuesta del engaño, en donde los papeles externos no tienen porqué coincidir con los internos. Y recordemos que vivimos en una sociedad performativa: que sólo opera en su hacer, quedando “escondido” el ser, y en donde para colmo se está premiando a las personas más ambiciosas, seguras y con mucho amor propio: papeles demasiado similares a los del macho alfa. ¿Cómo distinguir alguien performativamente exitoso de un alfa?, y cómo saber si ese falso alfa no va a ser el que saque su ira narcisista en violencia. ¡La vida… tan compleja como confusa! En resumen a este párrafo: la información génica precede al acto social, pero queda oculto en una maraña de máscaras, ocultamientos y falta de claridad en determinar qué es lo humano. Lo performativo o hacer en lo social, que es la tendencia hacia la que ha apostado la humanidad, esconde o es tendente siempre al “engaño”, en tanto que el ser (el verdadero carácter) no sale a la luz, excepto cuando ya puede ser demasiado tarde, como es el caso de la violencia de género o las situaciones de crisis. “El hambre puede cambiar todo lo que cree uno de sí mismo”, nos dicen en “la vida de Pi“. En otros casos se “asoma” en eso que en lo común se llama intención, cuando a alguien le decimos que “no es lo que dices, sino cómo lo dices”, o “no es lo que haces sino cómo lo haces”. El feminismo, y por extensión toda ideología hacia el bien, como el cristianismo o el humanismo, no pueden “resolver” dilemas que llevan miles de millones de años forjando la vida. La evolución llega a “macabros” equilibrios porque se han validado. Siempre existirán esas cinco tendencias mostradas arriba, en pugna. El altruismo no vence (el héroe lo es por su extrañeza), como tampoco puede vencer el individualismo, pues el que se sacrifica tiene menor descendencia que el que coopera. La misma regla para el egoísmo. La cooperación, de fondo, es cínica… y mediocre bajo el punto de vista del altruista, “te rasco si me rascas”, pero es la más extendida porque es la que se mantiene más tiempo viva y se reproduce con más éxito. Como apunte hacia lo individual, el prefrontal acertaría más en sus elecciones si: 1. se conoce a sí mismo, a esas reglas de sus genes, que portan un tipo de apuesta (ya sea para potenciarlas o para aminorarlas), y 2. si pone esa misma mirada en los otros y sus “verdaderas” intenciones.  En lo social el humano tiene el conflicto de lo individual y lo social. La mejor apuesta es la eusocial, pero en esa dirección se pierde parte del espíritu humano, que es arrogante y a de creer en la importancia de su papel, del papel individual (mito del héroe), que es el que crea sanidad mental. O sea, que aunque es mejor para la especie -y esa sea la tendencia que se pronuncia en el reduccionismo de las estadísticas y la teoría de juegos-, no lo es, en tanto que es tendente a crear trastornos mentales, y en tanto que se pierde el último sentido de la vida, pudiéndose llegar a las crisis de identidad y existenciales, al sabernos tan sólo meros engranajes de una gran máquina rutinaria y altamente burocratizada.

    Vuelvo al tema de arriba de los dos hemisferios. Por contraste el sentido de la vida, las motivaciones, su emocionalidad, su brillo, sólo están en el hemisferio derecho del cerebro. El hemisferio izquierdo, la razón, el juicio, la frialdad analítica del sistema ejecutivo, le “roba” un sentido que sólo el derecho puede recobrar. El nihilismo, el cinismo, es el lado izquierdo cerrado a oír al derecho. Pero de forma paradójica fue un cínico, Diogenes, el primero que se declaró “ciudadano del mundo”, cosmopolita, rechazando toda identidad patria. Quizás, como yo, porque rechazó una sociedad que sólo se movía por irracionalidades y la otredad como forma de constituir una identidad falseada en un nosotros que no incluía a todo humano. Puede que una seña de identidad de los milenials, y generación posterior, es que tienen más unidos los dos hemisferios, pues es sabido que la música en estéreo de los auriculares, sobre todo aquella que lanza un sonido de un oído a otro, hacen que estén más comunicados, como para que no se creen sistemas de defensas de los daños emocionales y traumas. De ser así la tecnología, de nuevo, pasa a formar parte de nuestra evolución, en la medida que crea cambios en las maneras de trabajar del cerebro. Aunque no haya insight (saber que se sabe), el cerebro habitúa a esa persona a usar los auriculares para “auto-repararse”, como una nueva manera de neuromodulación. Dicen que en la senectud, en la edad de la razón, el humano se hace más sincero, se deja de ambages y circunloquios, va directo a lo que hay que decir. si la vejez es la conclusión de una vida, ¿se termina uno de quitar todas las máscaras y de paso quitárselas al resto de humanos?, ¿se vuelve uno cínico? Por contraste a la vez se es más alegre e infantil. Los extremos, niñez y últimos años, se tocan, “a la vejez viruela”. Quizás esa edad sea la más cercana a aquella otra de la prehistoria en donde el humano no tenía tantas máscaras y el humor era su seña de identidad: ese ha de ser el espíritu humano perdido y recobrado; ya en ese momento, en el que el rostro remarcado por todas sus líneas de expresiones labradas hasta la muerte, no puede esconder lo que ese humano es, y en donde carece de sentido toda máscara, gesto superficial y performativo. Los ancianos terminan por aceptarse como son, y ya no tienen que rendir cuentas al sistema. Ahí emerge de nuevo el espíritu humano, aunque sea sólo por unos años.

   No hay que razonar la felicidad, crear un plan para serlo, apuntarse a cursos o seguir a voceadores (coach o influencers), tan sólo hay que dejar que aflore el lado derecho, acallando la razón. Ponerse en contacto con el alma humana, la entidad errante; recobrar el espíritu humano que murió cuando alguien decidió decir: “esta tierra es nuestra”, por la cual excluía de sus mentes y sus vidas al resto de la humanidad ajena a ese “nosotros”. Volvamos al clásico de la postura media de todas las cosas de Aristóteles: ni el fuego ni el hielo han de hacer al hombre: sólo el agua, la templanza (agua templada), los estados intermedios. En el lenguaje en el que me estoy moviendo: en un equilibrio de los dos hemisferios. Ni pura razón, ni pura emotividad. Esa manida idea usurpadora de la inteligencia emocional, que en realidad no es algo nuevo y lleva ahí de constante durante toda la historia de la filosofía. Si en otros escritos hacía diferencias entre el ego y el carácter (estructuras más básicas e instintivas del cerebro), frente al yo y la personalidad (sobre todo corteza cerebral y prefrontal), puedo asegurar que no hay una regla universal para nadie o para una sociedad dada, pero cabría pensar que la personalidad, o esa máscara que nos construimos como un yo, es dar alguna oportunidad a posibles herencias e improntas desastrosas. Lo que quiero decir es que no puedo cerrarme a sentenciar a alguien por su genética, pues sería otro modo de crear identidad y otredad a través de lo elitista de poseer unos buenos genes y una buena infancia. En la película mencionada de “fuerza mayor“, en donde un padre sale corriendo ante una avalancha de nieve dejando a su familia atrás, el protagonista decía: “soy víctima de  mi propio instinto“. El prefrontal, el intérprete del hemisferio izquierdo, “evalúa”, verifica, posibles “errores” de lo dado por la genética y trata de posicionarse de una manera más idónea con respecto a la sociedad y las personas con las que convive. Si se “adapta” a una sociedad errada mal, pero si lo hace con respecto a… La verdad es que no tengo la forma de acabar esa frase sin poder llegar a ser deshonesto, pues realmente no lo sé… ¿al espíritu humano, al altruismo frente a lo cooperativo? De una manera u otra somos humanos por el “intérprete del hemisferio izquierdo“, ese que a partir de la retroalimentación con lo social trata de limar lo más extremo o disonante de uno mismo, de sus instintos o disposiciones del ADN, para con el resto de las personas. Por otro lado la razón o hemisferio izquierdo tiene que salvaguardarse de los sesgos del lado derecho, no abrazar islas identitarias, ideologías o patriotismos que desgranen y dividan a la humanidad (el feminismo está cayendo en esa categoría); y el “dejar” que el lado derecho sea algo “inocente”, emocional y “mágico”. ¡Creo que doy reglas que yo no voy a cumplir!, como Diógenes… o la sociedad es como tiene que ser, o yo soy el único miembro de mi propio grupo: un cínico.


(1) Al haber finalizado su libro veo tantos paralelismos, entre Iain McGilchrist y yo, que no me deja de parecer extraño. Habla de los problemas a los que lleva la autorreferencialidad, como yo lo haya hecho en los últimos escritos. En mi caso llegué a esas posiciones a partir de la limerencia, concepto al que llegué yendo de un enlace a otro en el navegador de Internet…, y que a su vez al final me llevó a la autopoiesis (que él no nombra), donde tal concepto tiene como base lo autorreferencial. Igualmente habla de la importancia de la imitación en la evolución, concepto central en mis últimos artículos. Por otro lado habla del papel de los artistas, como tipología que está llamada a mantener y hacer ver el papel del hemisferio derecho a la hora de desvelar una realidad que el hemisferio izquierdo es incapaz de “ver”. De una manera u otra lo que ya he dicho otras veces. No hay realmente “descubrimientos”, o una persona no tiene realmente el mérito de llegar a una verdad. Esas “verdades” planean, emergen, sobre el saber de una época y todos o algunos leen ese saber; en algunos casos uniendo varias ideas como para crear una novedad. El paralelismo entre yo y Iain McGilchrist es una prueba de ese concepto.
(2) No me gustan las notas, pues interrumpen una lectura, pero igualmente añadir un texto posteriormente suele romper la linealidad y continuidad de un escrito, pues son “parches” que no “nacieron” de la narrabilidad mental de la escritura de ese momento. ¿En qué me baso para afirmar tal cosa como que los animales eusociales (hormigas, abejas) nos han “ganado”? Estoy en “paro” y en una edad complicada como para que me vuelvan a contratar (problema mundial). Las hormigas trabajan todas y tienen un techo al que volver: “todas a una”. El humano se basa en la meritocracia, en el Darwinismo social. Es ridículo y estúpido que el INEM lo único que haga es “prepararte” para hacer un buen currículo y a saber llevar una entrevista, y cuestiones similares. En cualquier caso, en un símil, el problema es que te preparan para una carrera de cien metros, en donde sólo uno de los cientos de corredores comerá del plato que se encuentra al final (puesto de trabajo); el resto se queda sin comer hasta la siguiente carrera. Por otro lado es que ni siquiera es equiparable a la mentalidad “noble” del depredador, sino de las aves de rapiña y carroñeras. Los cambios de posiciones sociales, en la mayoría de los casos, se dan en situaciones convulsas del sistema, como en casos de hambrunas, sequías, guerras, pandemias, etc., en donde los que salen mejor parados son las mentalidades más tramposas y de rapiña. Esa situación se mantiene hasta la siguiente crisis. A este patrón se puede reducir nuestra “civilización”, el oportunismo es una constante en la evolución y la sociedad humana actual ha llevado al extremo tal máxima. En otros  casos, como el de FaceBook, de nuevo se demuestra que es “rapiña”, pues sus artes para mantenerse en candelero no son nada nobles, morales u honestas. Otro ejemplo son las constructoras y especuladores alrededor de la crisis de las viviendas. Lo que más demanda la sociedad son las ingenierías, pero la enseñanza no va destinada a crear ingenieros. Son fallos del concepto “laissez-faire” (dejar que el sistema se autorregule) de la ideología neoliberal, pues realmente el sistema no funciona hacia esa dirección de que haya más ingenieros, sobre todo en países no tan “rapiñadores” como sí lo son los Estados Unidos. En países como España impera la enseñanza pública, y al ser mediocre no alienta a los alumnos hacia las ingenierías. La elección mas recurrente son letras o humanidades: futuros parados. Hoy en día los gobiernos, no tendentes a las corporatocracias (países del bloque G7), poco pueden hacer para alentar la creación de puestos de trabajo. En países como en España se crean muchas pequeñas y medianas empresas de servicios, que dada la crisis se mantienen apenas un año o dos como media. De nuevo en esa situación los que salen mejor parados son los especuladores de los locales y las constructoras; a esos autónomos todo el dinero se les va en acondicionar el local y lo peor, su alquiler. Si el gobierno simplemente interviniese en el precio de los locales, esas empresas tendrían más oportunidades, como no lo hace depende de cada propietario, y suelen tener mentalidad de rapiña porque prefieren no alquilar y bajar el precio que lo contrario; en el esquema de comportamientos de reciprocidad, no son colaborativos, mucho menos altruistas, son egoístas y con despecho, puesto que con sus locales optan al “ni para ti ni para mi”, al preferir no ganar que bajar el precio.  En esa dirección los puestos de trabajo más deseados son los del Estado o los de los gobiernos de las autonomías (funcionario), que suelen ser para toda la vida. Es una nueva clase social, pero ¿no sería más justo que tales puestos de trabajo fueran rotatorios?, en el símil de la carrera y plato de comida, que cada día comiese uno, no los más “aventajados” en algo, sistema claramente Darwiniano. ¡En fin! que todas las hormigas trabajan, y todas comen y tienen un “techo” caliente al que volver y dormir: el humano no, va por clases, por ventajas y desventajas, y demás sistemas darwinianos, que por lo demás suelen ser injustos (como mucho colaborativos, pero nunca basados en el altruismo -los humanos que peor salen parados de tal situación y mentalidad-, que sería lo de desear en lo humano), pues se basan en lo carroñero, en ser lo más legalmente tramposo que se pueda. En otro caso si de lo que se trata es de llegar a ser parte del G7, tiene que ser por el mismo concepto: aceptar ser “animales carroñeros” que llegan a esas posiciones por posturas poco honestas y morales, o más llanamente con mentalidades tramposas como las de poner las fábricas en países en desarrollo donde los sueldos son muy bajos y son en unas condiciones deplorables, o en otros casos explotando los recursos naturales de esos países, a cambio de unas míseras migajas de sus ganancias.
(3) Que haya miles de millones de personas que como yo no tienen ninguna sensación, emoción o neurona dedicada a Dios o lo espiritual prueba una de dos cosas: 1. que el Dios hebraico no existe, pues ¿cómo o porqué haría algo así?, o 2. que de existir un Dios de nuevo no habría de ser el hebraico, un Dios de bondad infinita, pues ¿cómo una bondad infinita haría a una persona que no lo sintiese, si con ello daría sentido a su vida y la existencia?

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Narcisismo e Identidad

La conciencia es una enfermedad.” Unamuno.
Si la humanidad pierde alguna vez su narrador, habrá perdido también su infancia.El cielo sobre Berlín
Lo único que importa es la diferencia entre valores verdaderos y valores falsos.” Diogenes

    Se me hace necesario cerrar ciertos círculos abiertos desde casi el principio del libro. El tema va por dos frentes. La lectura del libro “el pasado de la mente” de Michael S. Gazzaniga, defensor de la psicología evolutiva (que realmente no va sobre el pasado); y ciertos vídeos y opinión general sobre la personalidad narcisista. En cierta forma es un remate o cierre de ideas de los escritos sobre la dimensión social e individual.  A ver si lo logro.

    Hay un dicho español (creo que lo es, no sé si es más global) que dice que “el que nace tonto, tonto muere”, o el más magnánimo, pero igual de fatalista de: “el poeta nace, no se hace”. O sea, que hay una corriente humana muy antigua tendente al determinismo, al hecho de que uno no cambia. El libro trata sobre “lo que es y lo que (a)parece“, la cuestión de esa “a” entre paréntesis es un poco para seguir la tradición filosófica. Una cosa es el Ser y otra su aparecer. Sin la “a” la frase sigue funcionando y sería de un uso más cotidiano. En estos escritos trato de definir Ser y aparecer, realidad y máscara…, quizás naturaleza y construcción social. En uno de los escritos ponía como ejemplo la bipolaridad. Un grupo musical que salga de gira puede caer en un estado similar al bipolar. En las noches de conciertos después saldrán de fiesta. Tienen una alta dosis de dopamina y adrenalina, y en los días siguientes el cuerpo y cerebro se trata de reponer, con lo que baja su nivel de excitación por debajo de la media. En realidad es una adaptación, pero el prefrontal, el ente que nos habita e interpreta los estados emocionales, podrá llegar falsamente a que es depresión. Este estado de los cantantes y grupos no es bipolaridad, pero se parece. Altas subidas y pronunciadas caídas. Siguiendo el símil de arriba y de abajo, de los escritos precedentes, es algo que sucede desde abajo, hacia arriba. Desde el comportamiento a hacia la química cerebral. El bipolar sin embargo es de arriba hacia abajo, desde su química y módulos cerebrales “alterados”, hacia el comportamiento. En definitiva: uno no se hace bipolar por estar casi permanentemente de fiesta. O como dice el refrán, el hábito no hace al monje.

    He visto vídeos sobre (contra) el narcisismo, la nueva tónica o meme de volverlos cercanos a lo psicopático, y tengo que pronunciarme sobre ello. Sostengo que el narcisismo es una seña de identidad de una tipología humana, los artistas, divergentes o los alfa, y yo he dicho o he usado el término de narcisismo para los artistas, pero hay que aclarar todo esto. Antiguamente no existía el concepto de trastorno mental. La personalidad extraña o excéntrica era parte de una idiosincrasia, de una tipología humana. En su origen griego quería decir: “temperamento peculiar, hábito del cuerpo”, fijarse que ya en esa época unían temperamento con lo más físico y heredado. Greek theatrical maskPor cierto, personalidad proviene de personaje, de las máscaras que se ponían en el teatro los actores, que exageraban los rasgos, para que pudieran ser bien interpretados al verlos desde lejos. O sea, idiosincrasia era una persona que se salía de lo “normal”. Esto tiene sentido a nivel evolutivo, en la típica campana estadística de Gauss, la mayoría de las personas están en ese centro, luego lo excéntrico es aquello fuera de esa distribución normal. Hoy no podemos hablar de la mayoría de los conceptos en su forma “limpia”, pues todos están bañados de la moralina cristiana de los últimos dos mil años. Narcisismo es parejo a vanidad, uno de los pecados capitales. Más tarde muchos de ellos pasaron a ser parte de los trastornos mentales, entre los que se encontraba la homosexualidad. La sociedad tiende a la normalización, a restar o a minimizar en la medida de lo posible lo excéntrico, lo áspero de los caracteres. Como he dicho en otros lados, pienso que muchos de esos trastornos obedecen a tipologías humanas, que quizás tenían una “función”, o guardaban algún sentido en lo evolutivo, pero que hoy en día están desubicados en los nuevos entornos sociales. Un grave error de la educación, la igualdad, y el concepto de neuroplasticidad, es que los colegios se trata a todos los niños por igual. ¿Es esto lo mejor? Bajo mi punto de vista no. Seríamos una sociedad más optima si tratásemos de averiguar si existen esas tipologías, y que cada tipología tuviese una enseñanza que pronunciase lo mejor de ellas, y tratase de acomodar de la mejor manera posible sus peores características. Por el contrario, en la sociedad, esas personalidades o idiosincrasias, son tratadas como personas normales, con el consiguiente sentimiento de inadaptación, de no terminar por comprender su lugar en el mundo. Otra paradoja más de la sociedad actual: hemos dado libertad a toda posible tendencia sexual, pero no así a esas personalidades excéntricas. Estamos ante un mundo como el plasmado en X-men, donde los mutantes han de silenciar sus “dones” o “males”, y en donde la sociedad trata de normalizarlos o anularlos.

     Recientemente me he encontrado con los escritos del neurólogo Michael S. Gazzaniga. En su libro “el pasado de la mente” se hace una pregunta retórica y afirma, pues es una de las bases de la psicología evolutiva, “para qué sirve el cerebro, ante esta interrogante, la respuesta más sencilla apunta al sexo. En otras palabras, el cerebro existe para tomar decisiones capaces de potenciar el éxito reproductivo”. Afirmación que yo he sostenido en todas mis arremetidas contra el feminismo, y que pudieron parecer en cada escrito como exagerado o fuera de lugar. Gazzaniga, por el tipo de escuela que sigue, dice que todo está programado en el cerebro, que es lo mismo que vengo a decir yo sobre el carácter y que este no muta. No hay tal neuroplasticidad, sino potencialidades que se aprovechan o que se quedan en desuso. Con todo hay cierta rigidez, cuestiones naturales o determinadas en nuestra especie, que son inamovibles. Llamo a que el libro sea leído, para seguir los ejemplos que expone, pues sería inútil y redundante que yo los repitiese aquí. En el escrito “cerrando el círculo sobre la autopoiesis”, exponía que el artista actual, cierta tipología que en parte encajaría con esa tipología reducida a los narcisistas, era un tipo de apuesta “planeada” para montar a todas las hembras posibles, a escondidas de los alfas, y por mostrarse sagaces o muy ocurrentes. Con el paso de cientos de  miles de años fue mutando, adaptando esa tipología a cada momento de la prehistoria. Más tarde esa tipología se han quedado en eso que conocemos como los artistas o los divergentes. Quizás la manifestación más clara relacionada con las mujeres, y siguiendo esa tendencia “tramposa” hacia ser muy reproductivos, fueran los antiguos trovadores y poetas, u hoy los tunos en España, que han dado el adjetivo de tunante: “pícaro, bribón, taimado” (RAE), de nuevo cargado de moralina. Hay que hacer un paréntesis. Todo análisis que esté pasando por la cabeza del lector está sesgado de moralina y de los paradigmas sociales actuales. Yo trato de analizar esa tipología como si fuésemos unos antropólogos extraterrestres que viniesen a la tierra. De lo que se trata es de saber si tal tipología es exitosa o no a la hora de reproducirse (replicarse). De paso saber si tiene alguna “función” a nivel evolutivo. Está claro que son exitosos. Hoy en día los cantantes, y cualquier tipo de persona creativa de éxito, tiene un alto nivel de “logros” en el sexo. Recordar el caso de Mick Jagger de 4000 mujeres. Un humano medio, y siendo optimistas, rondará la veintena, si sube de eso es que es algún tipo de artista o porque tiene algún tipo de “poder”. Sé que este lenguaje pone de los nervios a las feministas, pero es una realidad. Los datos y estadísticas están ahí. Mis amigas se “enrollaban” al salir de fiesta, con cierto tipos de chicos, que no tenían por qué ser la mejor persona o el más guapo, sino por el simple hecho que era un hándicap el conseguirlos. Como si al lograrlos ellas hubiesen subido de escalón. Ese escalón, hoy en día y durante la juventud, son los disc-jockeys de moda, los barman, algún famosete… Retomo el tema. Somos esos antropólogos de marte (el símil no es mío, es de Oliver Sacks, tiene un libro con ese título), y ya hemos visto que sí tienen éxito, queda por saber si hay un porqué, si la evolución tiene un “plan”. Ya he dicho en otros lugares que las hembras humanas tiene una doble tendencia: elegir un tipo de macho para que permanezca e “inviertan” su tiempo y energía en la descendencia, pero con la posibilidad de tener sexo con las apuestas como los alfas o los “artistas”, o sagaces o más ocurrentes. Fuerza e inteligencia. Una dualidad hacia la fidelidad y lealtad , frente a otra que apuesta por los mejores genes. En ese sentido el “artista” o esa apuesta evolutiva está “hecha” para ser un amante, no una pareja u esposo. O dicho más claramente, para follar con ellos, pero no para mantenerlos de pareja; para ser esa parte de la tendencia evolutiva de unos buenos genes. En esa condición el “artista” es tendente a estar sólo, y como ya he hecho ver, es tendente a la autopoiesis, a la autosuficiencia. Por otro lado hay que tener en cuenta que en lo humano no hay tipologías claramente diferenciadas, como se da entre las abejas, hay tendencias, una personalidad primaria que es la más relevante, frente a otra miriada de características; hay tantos tipos de artistas que reducirlos de una forma tan extrema ha sido tan sólo para hacerme entender.

    ¿Son tramposos?, a nivel evolutivo no. Las hembras saben (sabían) de “qué palo van”, “aceptan” esta tipología porque su ingenio para tener sexo, es un ingenio para infinidad de otras cosas, lo que les da una alta probabilidad de unos mejores genes para su descendencia. Esta tipología está muy extendida en el reino animal, quizás donde menos en las aves. Hay pulpos que se hacen pasar por una hembra para que el macho alfa no los ataque, y en cuanto este se descuida tienen sexo con la hembra. Side Blotched LizardUnos lagartos del desierto tienen una estrategia similar, los sexos se diferencian por ciertas manchas de un color, pero la apuesta “tramposa” tiene otra coloración. Gazzaniga en su libro expone otro ejemplo, se verá que su lenguaje es similar al mío (que puede ser tildado de manera errada como machista), pues los dos tenemos y  manejamos los conceptos de la psicología evolutiva. Transcribo para ahorrarme tener que parafrasear algo tan minucioso y largo:

Sirvan de ejemplo los hábitos espaciales del feo ratón de campo: aunque todos son de similar tamaño, se diferencian claramente por el modo como se aparean. El relato de su extravagante búsqueda de pareja ejemplifica cómo un impulso evolutivo hacia la poligamia conduce  a  la  diferenciación  de las habilidades espaciales de machos y hembras. Los machos polígamos hallan la ruta para  regresar de noche a su nido, pero las destrezas espaciales de las hembras (monógamas) son escasas. La diferencia estriba en  la  construcción  del  cerebro y en la cascada de  procesos  automáticos  que  allí se cumplen.
Esta observación se basa en un fenómeno bastante conocido: en ciertas tareas espaciales, el desempeño de los machos es mejor que el de las hembras. Esto vale para los seres humanos, las ratas y casi todo lo que hay entre unos y otras. Quienes la han estudiado aseveran que esta variedad cognitiva resulta de presiones darwinianas sobre la dinámica de la selección sexual. En general, las presiones de selección sexual no influyen, pero lo hacen cuando macho y hembra pueden potenciar el éxito reproductivo mediante conductas diferenciadas.
En el caso de los  ratones  de campo,  el asunto  se reduce a poligamia versus monogamia. La observación se ajustó a dos  clases  de  ratones:  el  de las praderas y el de boscaje. La inserción de minúsculos dispositivos telemétricos permitió medir cuán lejos del nido se aventura cada uno. El ratón de boscaje, que es monógamo,  permanece cerca de la madriguera, sin que se observe diferencia en la conducta de machos y hembras. A la inversa, los polígamos machos de las praderas recorren vastos espacios para encontrar más parejas  disponibles; las hembras no gastan energía y se  quedan  en casa. Concluido el período de celo, casi desaparece la diferencia entre machos y hembras.
Una vez establecida la desemejanza de género en las estrategias de apareamiento, se comprobó que la superior capacidad espacial del macho también se manifestaba en aprendizajes  tan  complejos como los de los laberintos de laboratorio. Lo que a primera vista parece una disparidad de destreza cognitiva solo es una habilidad surgida de las presiones selectivas destinadas a potenciar el éxito reproductivo.”

    Creo que no tengo que añadir más, hay muchos de estos ejemplos entre muchas especies. Las hembras se aparean con este tipo de apuestas sin que se sientan “seducidas” o “engañadas”, sino que al contrario los buscan y los esperan. Están “programadas” para esta doble elección, y esto debe de venir de muy lejos en la evolución, como para que esté en tantas especies. La sociedad actual, la evolución social y moral humana ha terminado por rechazar este tipo de apuesta de algunos tipos de hombres y forma de actuar de las mujeres, pero subsiste por muchas máscaras, convenciones y normas que le queramos poner. Quiero hacer mención al comportamiento astuto, solitario, unido a la nocturnidad del ratón de boscaje. Hoy en lo humano hay una clara división de humanos búhos y alondras, los que se sienten más despiertos por la noche, o a la primera hora de la mañana.  Por lo general los artistas son búhos. Voy a sugerir un relato, por si alguien lo quiere llevar a novela. Recientemente se ha descubierto que hubo otro homínido africano. No hay rastros fósiles, lo que lo hace aún más sugerente. Se ha descubierto en el ADN de los africanos. Se me antoja que quizás ellos fueran de ese tipo nocturno y ladino a la hora de comportarse, eran más ingeniosos, pero no formaban poblados, si no que vivían aisladamente, sin ser por ello beligerantes con los suyos. Se llegaban por las noches hasta los poblados de los otros homínidos para aparearse furtívamente con sus mujeres, ya que estaban localizadas, mientras que las de su especie no. Esto ocurrió por cientos de generaciones. Hasta que en esos poblados, sus hombres, decidieron ir a por ellos hasta aniquilarlos, llevándolos a su extinción. De su “sangre”, de su apuesta, sólo quedaron sus hijos bastardos, lo cuales llevaron la “llama” (mito de Prometeo) de la creatividad y de lo que hoy conocemos como humano, a esos homínidos.

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Hay unas pinturas rupestres muy antiguas en medio del Sahara (parecen muy modernos el estilo de los grabados en piedra), se piensa que esa antigua civilización, a la llegada de esa gran sequía que convirtió el antiguo bosque en desierto, migraron hacia los valles del Nilo y fundaron los Imperios Egipcios. A veces me siento como no humano. Como que todo me es demasiado ajeno: no concuerdo con el concepto de lo social, ni con los de identidad, ni con la lealtad… ¿desarraigo, daños en la infancia?, mi intuición me dice que mi tipología tuvo un origen y un porqué en la profundidad de la prehistoria. Quizás sólo hable “mi” hemisferio derecho es su deseo de explicaciones “mágicas”, metafóricas y profundas. Desde que tengo memoria supe que: “la lealtad al grupo, el sacrificio por él, el odio y el desprecio por los forasteros, la hermandad interna, la crueldad hacia fuera…, todos crecen juntos“, como dijo William G. Sumner, de tal manera que de “cercenar” un componente negativo, tenía que hacerlo a la vez con todos, lo que llevaba inevitablemente a la soledad.

    Con eso llego a los vídeos y la actual opinión generalizada. Si he traído a colación los conceptos del Ser y el aparecer, es que hoy en día se da una tendencia generalizada hacia el narcisismo, pero la mayoría de las personas narcisistas no lo son por herencia, sino por el estado actual de la sociedad, son simplemente aparecer. Es la misma distancia de un alfa y un falso alfa. El “verdadero” alfa actúa como un padre hacia todos (por lo general), se sacrifica por su manada (concepto de héroe, concepto del mesías, Jesucristo), pero hay mucho falso alfa que tiende a apuestas y a acciones más egoístas o psicopáticas. Con todo el artista sigue sin ser el mejor esposo o la persona más social bajo las reglas de la “normalidad”, es vanidoso, egocentrista, tiende a acaparar la atención…, pero seguramente no sean tan “ruines” como los actuales narcisistas en su aparecer. Hay o se acepta un narcisismo positivo, pienso que ese es el que portan los artistas, más cercano al amor propio necesario para la autoestima (¡que lío de conceptos parejos, para algo tan simple como debe de ser el ego en su voluntad de vivir, que necesariamente implica validarse, auto-afirmarse!; quizás “voluntad de vivir”+auto-afirmarse=orgullo de sí o voluntad de poder). El narcisismo del artista es en definitiva el mirar a su obra como si se mirase a sí mismo (su espejo), pero eso le empuja y le hace obsesionarse con ella como para mejorarla de forma infinita, cuestión que no siempre es para mejor. Los marchantes y empresarios del arte (a veces el consorte), le tienen que poner límites a ese “mirarse el ombligo”. Yo, sin nadie que me limite, estoy pensando en estos escritos y mejorándolos hasta que el estrés me vence, hasta que me saturo tanto que tengo que rendirme y abandonarlos. Pienso que esos vídeos y ciertas apreciaciones actuales vienen de esos narcisistas en su aparecer. La división entre ser y aparecer, entre la esencia y la máscara, y que diferencia entre las verdaderas esencias humanas y las impostadas (alfa, artista, frente a sus intrusores), quizás se resuma muy bien en esta fábula de Nietzsche, parafraseada por Iain McGilchrist (según he averiguado en discusiones de Internet, no es de Nietzsche, pero me limito a transcribirlo por si el autor tuviese algún documento que lo corroborase):

   “Había una vez un sabio maestro espiritual, que era el gobernante de un pequeño pero próspero dominio, y que era conocido por su devoción desinteresada a su pueblo. A medida que su pueblo floreció y creció en número, los límites de este pequeño dominio se extendió; y con ello la necesidad de confiar implícitamente a los emisarios que envió para garantizar la seguridad de sus partes cada vez más distantes. No era sólo que era imposible que él personalmente ordenara todo lo que necesitaba ser tratado: como sabiamente vio, necesitaba mantener su distancia y permanecer ignorante de tales preocupaciones. Así que nutrió y entrenó cuidadosamente a sus emisarios para poder confiar en ellos. Eventualmente, sin embargo, su visir más inteligente y ambicioso, el que más confió en hacer su trabajo, comenzó a verse a sí mismo como el maestro, y usó su posición para avanzar su propia riqueza e influencia. Vio la templanza y la paciencia de su amo como debilidad, no sabiduría, y en sus misiones en nombre del maestro, adoptó su manto como suyo – el emisario se depreciaba de su amo. Y así ocurrió que el maestro fue usurpado, el pueblo fue engañado, el dominio se convirtió en una tiranía; y eventualmente se derrumbó en ruinas.”

    Voy al segundo tema: el libro “el pasado de la mente”. Gazzaniga hace alusión a que el lado izquierdo del cerebro es ante todo un intérprete de la información o las resoluciones que le entrega el cerebro, de tal forma que en esa dimensión se crea el concepto de conciencia, yo o agente en el cerebro, como ya he mencionado a lo largo del escrito. ¿Diferencias?, a lo que él llama intérprete, yo lo he tratado a veces como un supervisor de errores, función que la lleva a cabo la corteza cingulada anterior. El concepto de supervisor yo lo adopté del de verificador en lo moral de Sartre. También lo he llamado “resolutor” en la medida que tiene que terminar por tomar una decisión que parece no resolverse en el cerebro automático. Pero de una forma u otra lo he tratado bajo el aspecto de que es una función, que no está centralizada en una zona, que trata de crear una narración de sí misma, a esta capacidad la he llamado narrabilidad. Gazzaniga dice lo mismo, en unos y otros lados: “en  nuestro  interior  se  desarrolla sin pausa una narración privada”, “la narración resultante nos permite creer que somos buenos, que gobernamos, que anhelamos ser mejores”, “a medida que desovillamos nuestra narración, apelando a magnos sucesos para definir el esquema de nuestros recuerdos, simplemente introducimos en el relato detalles que podrían haber sido parte de la experiencia”. Baste estos ejemplos, el libro está lleno de este tipo de referencias. En mi caso a veces se me hacía complicado entender qué quería decir con intérprete, pues en castellano es sinónimo del sustantivo actor, como a la vez del verbo interpretar, con la diferencia del acento. O sea, tiene que haber un nexo común e indiferenciado, ser un intérprete (actor) es hacer una interpretación (darle un sentido o intencionalidad) a algo real. El diccionario de la real academia en una de sus acepciones nos dice: “concebir, ordenar o expresar de un modo personal la realidad”. Expresar es llevarlo a la acción, que a la vez encaja con la performatividad.

   Gazzaniga al final viene a decir lo mismo que yo: que aunque ilusión, Es. Es una parte más del cerebro, y que al igual que una ilusión no por conocerla la dejamos de ver, no podemos dejar de creer que somos esa identidad. La idea con la que hay que quedarse es que esa falsa o fantasmagórica identidad o agente es bastante general entre los estudiosos del cerebro y algunos filósofos. Anil Seth dice que es una alucinación, Rudolfo Llinas que es un soñar despiertos, cercano a “la vida es sueño” de Calderón de la Barca, otros autores lo tratan como un epifenómeno, una ilusión o falsa sensación, sin ponerle ningún nombre o hacer grandes teorías de un porqué. Ya en el siglo XVII Hobbes dijo que “todos los procesos mentales consisten en movimientos de materia dentro del cráneo” y David Hume: “el yo, el sujeto viviente es una ficción”. Si tantos autores coinciden, tiene que ser por algo. Tal idea viene a ser como las teorías de la mecánica cuántica: un saber científico, que en la medida que es contraintuitivo, la mayoría de las personas no terminan por aceptar o comprender. Gazzaniga es especialista en  los cerebros divididos, le seguí el rastro por el vídeo que compartí en el anterior escrito. Los cerebros divididos son una prueba de esa falsa identidad en el lado izquierdo o dominante del cerebro. Otros casos, que igualmente analiza Gazzaniga en el libro, son los pacientes de negligencia hemisférica. Quizás el caso más relevante del libro sea el de una mujer que padece de paramnesia reduplicativa (creencia ilusoria de que un lugar o ubicación se ha duplicado), la cual, contra toda lógica por haberse desplazado para ir a visitar a Gazzaniga, no dejaba de afirmar que se encontraba en su propia casa. “Esta paciente cuenta con un intérprete perfectamente sano que intenta otorgar significado a lo que ella siente o hace. A causa de  la  lesión,  la  zona del cerebro que representa lugares es hiperactiva y transmite un mensaje erróneo  acerca  de su localización. El intérprete no es mejor que la información que recibe, y en esta  oportunidad está recibiendo noticias falsas. Con todo, debe cribar las preguntas y otorgar un sentido  al  resto  de la información evidente. El resultado es que genera multitud de historias imaginarias”. Es un caso extremo de justificación e interpretación que hace el “intérprete” ante la información errada que el entrega otro módulo del cerebro, “obliga” al intérprete a dar un sentido que el propio cerebro sabe que es falso. Quizás David Eagleman, en su libro “Incógnito”, sea un mejor reduccionista de las ideas de Gazzaniga cuando parafraseándolo nos dice: “el hemisferio izquierdo actúa como «intérprete», observando las acciones y el comportamiento del cuerpo y asignando una narrativa coherente a esos sucesos. Y el hemisferio izquierdo actúa así incluso en cerebros normales e intactos. Los programas ocultos impulsan las acciones, y el hemisferio izquierdo crea la justificación”. Como se puede ver en unos casos y otros, si este proceso se puede medio desconectar, o “funcionar” mal en algunas situaciones, es porque es un constructo entre otros del cerebro. Constructo que es “alimentado” por varios módulos, sin que esté localizado en un lugar en concreto, y en donde si uno de esos módulos falla, el sistema no se viene abajo -no es todo o nada, sino gradaciones-, pero sí es tendente al error. Para el caso son como las ruedas de más de los grandes camiones (redundancia autorreferencial cerebral), para que si sucediera que se produjera un pinchazo, el camión no perdiera la estabilidad como para volcar o descarrilarse, idea que está contemplada en la teoría de la reserva cognitiva. Yo no sostengo algo que yo haya creado, si bien le he dado más dimensionalidades que otros autores. Ese ente es una necesidad ontológica, sigue las premisas de los sistemas complejos, pues tiende a ser homeostático, autorreferencial y cuenta con la retroalimentación. Su principal presencia es dar sentido a lo que ve, a la realidad, para que el cerebro tenga la falsa sensación que tiene el control de la realidad (locus de control). En cuanto este sistema se viene abajo o se desestabiliza, se cae en la ansiedad o la depresión. En otros casos en estados de despersonalización, que pueden llevar a crisis de la personalidad o existenciales. Bajo todos estos aspectos parece un homeostato, no muy distinto del que pueda tener un aire acondicionado, por ejemplo.

   Remito a otros escritos, y a tenor de no repetirme, para ver las distintas hipótesis que sostenidas por mi sobre el yo y la conciencia:

  1. Lo teleológico.
  2. Lo que no es la conciencia.
  3. El espejo que quería ser pantalla.
  4. Sobre la conciencia como atención.
  5. La vida como instante.
  6. Sobre la conciencia como atención (Addendum).
  7. El director en la sombra.

   Otro tema que toca Gazzaniga es si el humano es o no inteligente. Al parecer igualmente hay una corriente que aboga por tenerlo como “estúpido”, como yo he sostenido en muchos casos. La defensa que hace Gazzaniga va en dos frentes: primero, por ser el más claro, es que si no lo fuese no tendría el “éxito” evolutivo que tiene; y el segundo teniendo en cuenta que bajo el aspecto por el que se le trata de “estúpido”, es por todo lo que falla en las pruebas “artificiales” de los test. Mi punto de vista es que hemos creado una sociedad totalmente artificial, en donde todos somos “analfabetos funcionales” en una medida u otra, el propio Gazzaniga reconoce no entender la mecánica cuántica. Lo que yo sostengo es que con la inteligencia “práctica”, que nos ha dado la evolución, no podemos crear una sociedad ni estable, ni generalizada para la felicidad o el bienestar. Se da por tanto una ineficacia, “inutilidad” e impotencia de la inteligencia. En esa medida hay una segunda inteligencia que emerge, la social, que es tan compleja y tan grande que nadie entiende por completo. Cada cual se puede especializar en un saber, pero con la premisa de ignorar y no comprender grandes temas. En ese sentido, si el cerebro humano apostó por el “intérprete”, fue para tratar de tener el control de los conflictos emocionales y sociales. En la mayoría de los casos hace su función, sin errar demasiado. En los casos que yerre tenderá a “creerse” su propia confabulación para restar la pérdida del control y su identidad o narración. Un caso que cuenta Gazzaniga en su libro, con el que me reí mucho, fue el de alguien que decía tener el cráneo de Hitler. Cuando se le dijo que era el de un niño, afirmó que era la calavera de cuando Hitler era niño. A lo que quiero llegar es que si bien el cerebro creó ese artificio evolutivo que es la conciencia, esto no puede ocurrir así en lo social. En lo social no hay un agente que mantenga el control, que verifique. Se puede pensar que este puede ser el papel de los intelectuales: verifican crasos errores en lo social, ese es mi argumento. Pero hoy por hoy ese papel se está perdiendo, está dejando de ser oído. Se oyen a los “voceadores”, a los YouTuber, a los influenciadores, que se basan más en la oratoria y sus capacidades de tener una buena voz y presencia para llegar a las masas. Máscara, exterior, que en muchos casos no tiene  interior. Antes de los medios de comunicación masivos lo que contaba era la letra, el autor y su presencia estaba ausente; hoy es lo más importante. Para resumir, que pierdo el hilo. El intérprete bajo mi punto de vista nació como último supervisor de los procesos cerebrales, buscando incoherencias, fallas, sesgos… en última instancia para unificar criterios (conflictos emocionales o sociales). Pero al final se fue más allá de sus cometidos, como para ser él mismo una fuente más de sesgos y errores de interpretación. Este módulo funcionaba para vivir con los problemas de la naturaleza para sobrevivir, pero cuando las sociedades se hicieron complejas con las grandes ciudades y nacimientos de los imperios y los reinos, su cometido se centró en todo lo “irreal” y complejo que pueda darse en las grandes ciudades, como para al final devenir en eso que conocemos hoy en día. Las sociedades se construyeron ya bajo las premisas de esa nueva dimensión de esa estructura, y que era la primacía de la identidad. Lo que para el cerebro era el yo, como narrabilidad de una identidad, para las grandes ciudades lo era el concepto de patria. Lo patrio es el “yo” o conciencia de una sociedad dada con sus mismas taras y sesgos (racismo, falsa superioridad, ombliguismo…) Con este último neologismo trato de poner un nombre al concepto individual de creernos el protagonista de nuestra propia película en lo individual, mientras que el resto de personas son actores secundarios o extras (Sonder en John Koenig); y ser el centro del mundo o el universo en las civilizaciones. En esta dimensión toda civilización cree o creyó ser el centro del mundo, así ha sido a lo largo de la historia y de la vida de las civilizaciones. Hoy ese centro es New York (EEUU).

   Volviendo al tema. La sociedad -la tan venerada y respetada civilización- ya nació con sesgos, que por lo demás nunca se han resuelto. El racismo, las banderas, las identidades nacionales, la otredad, la superioridad racial y demás secuelas de la misma raíz, siguen siendo uno de los temas más preocupantes de la actualidad. En épocas de crisis se pronuncian aún más. Entonces tenemos los equivalentes cerebrales de supervisor y yo identitario volcados en lo social. Los intelectuales y los científicos son los supervisores, en tanto que lo patrio es la identidad. En el escrito anterior ya decía que al final la conciencia deviene igualmente en disonancias cognitivas: lo mismo ocurre en lo social. Hay intelectuales que están fuera de toda identidad, pero por lo general no es así. Un caso evidente son los científicos o intelectuales que defienden la teoría creacionista, contra la evolutiva. Lo que se deduce, entonces, es que la sociedad no está creada para buscar el bien universal, aunque los intelectuales y científicos en su meollo más profundo lo pretendan. En la medida que la razón individual no puede ser puramente razón, la sociedad tampoco lo puede ser. Algunos regímenes que han pretendido serlo han acabado siendo verdaderas y horrorosas distopías (comunismos, dictaduras). De una manera u otra tanto el cerebro como la sociedad, nunca pueden llegar a una verdad universal, pues tal cosa no existe, pues todo sistema evolutivo sólo sigue una regla: lo adaptativo. ¿Cómo universalizar tal regla? Yo soy artista, mi regla no puede ser universal, en la medida que “gane” o predomine otra regla, posiblemente va a ser a costa de presionarme y constreñir partes de mi identidad, como he mostrado arriba. Lo mismo para la sociedad, los paradigmas de los Estados Unidos se propagan y vencen a costa de la identidades de otros pueblos y creencias, que se sienten oprimidas. Lo que trato de demostrar es que hay temas irresolutos. Ocurre tanto nivel cerebral, como social. La inteligencia humana no parece “servir” ni para una dimensión, ni para otra. Lo que suele entorpecer para ser una razón puramente analítica, son las emociones, pero a la vez es su única fuente “real” de una “verdad” o esencia humana. O para llegar a la última conclusión que se sigue de estas reglas: una posición “óptima” sería la de lograr desarrollar una inteligencia artificial que fuera la que nos guiara, pero con la problemática de que no tendría en cuenta nada de lo humano. Películas como “Terminator” o “Matrix” nos advierte que tal cosa no sería algo deseable, sino más bien peligroso para la existencia humana. Quizás como mejor se entienda dicho problema sea por los detalles. La película “yo robot”, basada en un relato de Asimow, nos pone ante el dilema de que una inteligencia artificial optase por salvar a un adulto, frente a un niño, cuando el coche se hundía en el río. ¿Dónde están escritas ciertas reglas?, como esta de salvar a un niño a toda costa, en el ADN, en lo más antiguo, en la esencia de lo que es el ser humano. Pero tales reglas, como las de patria o identidad, no son lógicas. Tienen su valor en tanto que los son para nuestra especie. Radicalizando este problema: o nos comportamos completamente como una inteligencia artificial fría, sin esas reglas asentadas en el ADN, o como humanos y somos erráticos. Hemos apostado por lo segundo. ¿Es lo más inteligente?, posiblemente no. En los dos casos va a haber dolor para algunos individuos, un sistema inteligente en tanto que probabilístico desechará ciertos tipos de humano o conductas. Las reglas humanas tienen las mismas taras, pero al fin y al cabo entre elegir un tipo de error (terror) u otro, preferimos los nuestros. Como punto final a estas cuestiones, en lo individual la mayoría de las personas se sienten perdidas de todos los conocimientos que ignoran o no entienden. No sabemos si el mundo es el mejor de los posibles, pero apostamos a que sí, a que hay especialistas en cada tema que contestan a las preguntas difíciles, y nos ponemos en sus manos y que lo harán lo mejor posible, pues así lo quiere creer nuestro propio intérprete o narrador, por el bien de no caer en pesimismos y cinismos, y de paso creer tener el control de nuestras vidas. Ahí radica una de las premisas más antiguas humanas: se supone que se tiene que confiar en los otros, pero como el engaño es una parte más de la naturaleza, de la que no estamos fuera, se creó una retroalimentación entre los engaños sutiles, y la sutileza de detectarlos. “Los lóbulos frontales no sólo nos enseñan a traicionar, sino a confiar“, dice Iain McGilchrist. Gastamos el mayor tiempo de energía cerebral social en este juego armamentístico: en confiar y tratar de que confíen en uno mismo. Si ya es complicado este juego con tus iguales, con los que son de distintas jerarquías aún son peor las cosas. La misma regla para la diferencia entre los sexos, y con la libertad sexual aún se ha caldeado más la situación. La corrupción política y de los poderosos actual nos deja en claro como es el humano en sociedad. De facto nadie sabe nada, de toda la extensión de un saber universal humano; no sabemos realmente cómo funciona el sistema, como tampoco lo sabe una hormiga, o lo sabe una neurona. No hay un plan maestro, no hay un agente mundial que ponga un orden, que dicte las reglas. Se siguen las premisas de los sistemas complejos: estos funcionan sin un agente real y único. Todas las hormigas en sus pequeñas funciones crean el hormiguero; todas las neuronas crean la sensación de un yo, de una identidad. Cada humano ha de crear la sensación de esa sociedad del bienestar y la humanidad. La base del neoliberalismo actual se basa en los conceptos de la “mano invisible” y el Laissez-faire (dejar hacer), que es la forma como tienen de actuar los sistemas complejos. ¿Dejar hacer?, si se expande el modelo americano, si ponemos una confianza ciega en ese paradigma, el mundo estaría avocado a la corporatocracia (Corporatocracy), un mundo donde habríamos puesto nuestra fe en lo números y lo estadístico, el el frío cálculo de la máquina…, apoyados por unos gobiernos adormecidos y altamente burocratizados. El colmo de esta dirección de la sociedad actual es que en China se esté creando la posibilidad de puntuar a los ciudadanos a través de sus redes sociales, para que sientan la presión del grupo. Como una nueva era en donde la letra escarlata (marcar a alguien visualmente sobre su “naturaleza”) ahora es digital. En realidad no hay nada más rebelde que el total anonimato. Por el contrario hoy en día al mayoría de las personas se vuelve muy visible, muy cuantificables, mensurable, muy tendentes a crear los algoritmos. Bajo mi punto de vista eso es ignorancia, a no ser que reconozcamos tal falla y la hayamos elegido. Mi teoría más extendida de la identidad, es que es en tanto que negación, en este caso somos cierto tipo de identidad, en tanto que negamos querer ser o comportarnos como una inteligencia artificial. Somos identidad en tanto que aceptamos y asumimos el “error” humano en toda ecuación, en tanto que aceptamos los límites de nuestro tipo de inteligencia, sesgada ya en sus premisas más nucleares. La democracia es esa falsa sensación de que tenemos el control, igual de falso que lo es para el cerebro ese agente que es la conciencia o yo. En un caso y otro, el último límite al que nuestro tipo de construcción puede llegar como el más óptimo. Si se quiere algo mejor, habría que destruir todos los pilares. Hacer una construcción desde cero.

   Siempre que estoy en las últimas líneas de un escrito, trato de pensar si me dejo algo en el tintero. Casi siempre queda algo (olvido) que al final escribo en días posteriores. Remato haciendo alusión a otra cosa externa, como lo han sido los vídeos sobre el narcisismo y el libro “el pasado de la mente”. En este caso en una película, la francesa “corporate” (corporación). Aunque sabemos que la inteligencia artificial es el límite al que no tenemos que llegar, las grandes empresas y los gobiernos están en manos de las estadísticas, y sus reglas para deducir “verdades”, o seudo-verdades generalizadas. La teoría de juegos ponen las reglas que se han de dictar en esas corporaciones, que a decir verdad tienen más de inteligencia artificial que de humanas. ¡Atención spoiler! La película francesa, de lo más acertado en lo desértico que se ha vuelto el cine de los últimos tiempos, nos pone en la piel de una directiva de personal de una corporación. Al poco de empezar la película se suicida uno de sus empleados, ante la presión a la que se ve sometido, y como un tipo de venganza hacia los que le han llevado hasta esa situación. La trama no nos deja ver, al principio, si en la protagonista vence la frialdad de la IA y la teoría de juegos, o lo humano. Si le puede el rol que tiene que hacer como ejecutiva, o si puede la naturaleza asentada en el ADN. Algunos diálogos son claves para hacernos ver que ella está situacionada en una postura, máscara, donde no está cómoda, donde los conflictos emocionales y las disonancias cognitivas no pueden mantener la sensación de control. La película no nos muestra dicho dilemas morales o éticos desde puntos de vista religiosos, Francia ha de apostar por ser el padre de la laicidad. Tiene de fondo el dilema de si una persona, una individualidad, bajo el prisma de una racionalidad egoísta, ha de sentirse primero humana, o tan sólo una fría máquina de gestión y de accionar en el mundo. Si puede lo corporativo/social, o si puede el individuo. Al final puede lo humano, la naturaleza, aunque en el proceso pierda su prestigio y ya no vuelva a ser contratada por ninguna otra corporación. Nos plantamos ante un nuevo tipo de heroína, aquella que va contra el sistema, y las tendencias actuales hacia lo frío y calculador del número, los algoritmos y lo estadístico. Pero sólo son batallas que en el tablero de la guerra apenas si se ven o se dejan oír. Pequeñas anécdotas para contar a dos o tres amigos; nada saldrá en la prensa, nada transcenderá. El sistema corporativo y el número seguirán impasiblemente su marchas. Cambia más el hecho que cinco usuarios compren un nuevo móvil (mantenimiento del nivel de consumo) y se creen diez nuevos YouTuber (personas que entran en el sistema y que al crear nuevos contenidos elevan la primacía de Google), que lo anecdótico de esa persona que ha sentido “escrúpulos”, como lo es la protagonista de la película.

   Remato. Si en el escrito “la dimensión individual” decía que apostaba por la soledad, frente a ser una apuesta tramposa, una de esas causas es el ser artista y por lo tanto tendente a lo narcisista; hay otras trampas que soy y que no quiero que se pronuncien en sociedad. En soledad no se tiene espejos, los otros, y no ves tu imagen, o cuanto menos no tienes que estar constantemente ocultándola o poniéndole restricciones (mascaras); tampoco, para bien o para mal, se da gasto neural de buscar confianza y confiar en los otros. En uno de esos vídeos decían que los narcisistas son un espejo que no te devuelven la imagen. ¿Acaso los que no son artistas entienden o saben escuchar a los artistas? Ningún cuadro o cualquier otro tipo de arte realmente lo entiende mas que el propio artista. Yo siento que cuando hablo de mis temas igualmente no tengo un espejo delante, al final las personas se ausentan de sus cuerpos, se ponen a pensar en sus cosas. Por otro lado dicen de los narcisistas que ponen como culpable a los otros, que siempre son las víctimas. Quizás los narcisistas en su aparecer, no los artistas o divergentes y quizás artistas o divergentes que nadie ha sabido sacarles ese lado creativo y divergente, como sucede en la actualidad en el sistema educativo. Aunque habrá artistas igualmente ruines y gilipollas, pues en la mezcla de caracteres y tipologías hay de todo. Nuestro problema es que vemos más a matrix que otras personas. Somos idiosincrasias que desde que nacimos estamos fuera de la caverna, y nadie entiende la visión que plasmamos. Yo rápidamente me sentí identificado con que el sentido de agencia en el cerebro era falso. A mis quince años tuve una experiencia que me marcó como que todo era máscara, y desde entonces no me ha abandonado. Nadie quiere compartir esa visión. Los artistas sabemos qué es máscara a la menor. Somos más sensibles a cualquier pequeña señal fisiológica de disonancia en los otros, de sus máscaras. Mi hija lo ha heredado y me las detectaba a los cinco o seis años, cuando el resto de las personas no las veían. Puede que nuestra forma de ver el mundo, con cada persona o pareja con la que nos topamos, lo vean como una carga excesiva en donde a ello/as las ponemos como los errados de forma constante. Quizás es que vemos más allá o somos demasiado sensibles a los errores y contradicciones dentro de un esquema más general de la matrix. Nuestro principal módulo es el supervisor, el resolutor de problemas, el intérprete en el lenguaje de Gazzaniga. Somos un tipo de apuesta, y como toda apuesta carga con sus contradicciones y lados negativos.


  Descargar nueva revisión del mapa mental sobre la superveniencia (filosofía, sociología, psicología). Cómo usarlo (ir al final del escrito). En el mapa me encuentro con los límites cerebrales y la tendencia a la parsimonia. Al principio había pocos conceptos que manejaba y mantenía en memoria, de tal manera que me era fácil enlazarlos. Ahora mismo ya he perdido el control (más de mil conceptos, que están conectados por más de cinco mil enlaces), ya no me es tan fácil ni cómodo enlazar conceptos. Busco conceptos que contengan el mismo nombre y después verifico si tienen que ver. Pongo ideas antónimas, pues en definitiva el mundo y el cerebro es dual. En muchos casos es rutinario y me termina por aburrir, me desmotiva; empiezo a comprender que no tengo el control. Por otro lado tengo el navegador de Internet lleno de pestañas de temas pendientes de leer, y realmente empieza a agobiar demasiado: no puedo pretender leer todo, y si dejo de leerlos me quedo con la sensación de poderme perder algo realmente importante. He encontrado una gran cantidad de conceptos sobre ideas que yo he tratado. Todo parece tener un nombre, o alguna teoría. También me estoy encontrando con mucha redundancia: conceptos que son muy iguales, o lo mismo. O juego de lucha (evolutivo) entre varios nombres de varios autores sobre una misma idea o concepto. No he puesto muchos enlaces. Es un proceso muy cansino, lo hago otro día. En los dos últimos escritos no sabía que títulos ponerles. En el anterior he errado, pues “un afuera de matrix”, es un tema redundante, que me deja muy abajo en la búsqueda de Google, tampoco es que me deje llevar por lo sonoro o lo propagandismo; el título presente es soso y no “dice” nada, lo quería haber llamado “cómo narices llamo llamo a este escrito”, porque realmente no sabía.
Bajar libro, borro enlace en unos días, por cuestiones de copyright y las nuevas leyes europeas. Tampoco tengo claro si final tendré que borrar escritos en donde pongo textos de libros, o seccionarlos.

¿Un Afuera de Matrix?

El mundo ya no está “presente” para nosotros, sino “representado”, un mundo virtual, una copia que existe en forma conceptual en la mente.” Iain McGilchrist
La sociedad es como un organismo que vive por sí solo, no una máquina que pueda construirse y modificarse a voluntad.” Edmund Burke

   El anterior escrito, a simple vista, aparece con contradicciones de base. El presente trata de subsanar esas debilidades y de paso dar por zanjado todo el tema sobre las identidades, y qué se puede entender como un agente y dónde reside la intencionalidad.

   He de decir que el concepto de arriba y abajo, que he perfilado en el escrito anterior sobre el cerebro, es bastante borroso, o no tan claro como lo he mostrado allí. Vayamos al caso de la estampida. Si veo un felino hecho a correr. Hay un estímulo que ha activado la amígdala y en los animales gregarios su activación quiere decir “echa a correr”. O miedo, en la medida que se activa una vía en donde se dispara un comportamiento automático y menos reflexivo, ya que en la carrera quizás haya crías caídas en el suelo que los animales pisotearán. No hay mucha diferencia entre el hombre y esos animales gregarios, el humano que se ve en situaciones límites, como el incendio en una discoteca, actúa igual. Volviendo al animal gregario, se activa de la misma forma la amígdala si se ve correr a toda la manada: es la misma vía, la instintiva. En otros casos la división no es tan clara como el tallo cerebral y ganglios basales (arriba en el proceso de ejecución o toma de control) y corteza cerebral (abajo). El cerebro en caso de peligro activa la respuesta automática o instintiva. Si vamos por un bosque en soledad, un movimiento cercano de algo desconocido, va a hacer que nos sobresaltemos, después el tallo cerebral y ganglios basales pasan el control a la corteza cerebral, para que por medio de la razón, analicemos qué era eso que nos ha sobresaltado. Aquí vemos que no hay tal agente en el cerebro, o no es algo centralizado. El tallo cerebral y ganglios basales toman el control en un primer momento, y después lo toma el sistema ejecutivo del prefrontal. Si fuera el caso que en esa situación hubiera sido un padre o una madre con un hijo muy pequeño, el primer “gesto” sería el de proteger al hijo, en vez de a sí mismo. En ese caso el tallo cerebral habría actuado pareado con el cerebro medio, el cerebro mamífero, para proteger a la descendencia. Pero seguramente la primera activación se da en el tallo y rápidamente deja el control al cerebro medio. También hay que tener en claro que todo sucede demasiado rápido, apenas unos segundos; a nivel de conciencia creemos que todo el acto ocurre desde el prefrontal, o a eso que llamamos un yo, y que creemos que es el agente cerebral “principal”, que esa “generosidad y amor” hacia el hijo la hemos “elegido”, cuando es casi una reacción puramente mecánica o automática. Lo que realmente ocurre es que en el humano todas las capas están más “entremezcladas” y su unión no son escalones, sino procesos muy vinculados. Por otro lado hay que tener en cuenta que a eso que hemos llamado “cerebro mamífero” (sistema límbico), no lo es tanto, puesto que una gran cantidad de reptiles y la mayoría de las aves tienen el mismo comportamiento de protección hacia sus crías. Y digo entremezclado, pues un comportamiento básico o instintivo no siempre implica de forma exclusiva a la parte más antigua del cerebro.

  Otro hecho, que refuta lo que decía el anterior escrito, es que los aprendizajes mecánicos son de abajo hacia arriba. Un tenista, o cualquier otro deporte complejo y rápido, es un aprendizaje “eterno” de mini-ejecuciones de pequeños cambios de fuerza y posición de músculos y articulaciones. Al final ese proceso, de abajo hacia arriba, ha creado una mecánica que casi actúa por sí sola en los partidos. Es ahí donde la frase de “la guerra de las galaxias” tiene sentido: hay que dejarse llevar o dejar actuar al sistema mecánico, a la “fuerza”, que ha creado una heurística o una inferencia bayesiana (aprendizaje intermedio entre cómo son las reglas de la física -gravedad, fuerza, curvatura de los proyectiles- y lo probabilístico -saber de cómo se va a comportar uno u otro contrincante en un caso u otro-. Lo mismo se puede decir del virtuosismo de tocar un instrumento musical: ha sido un aprendizaje muscular, mecánico.

   ¿Dónde está entonces el quiz de la cuestión?, la diferencia, la clave que yo trato de mostrar. A eso que llamamos agente en el cerebro nace sobre todo en la corteza cerebral. Bajo mi punto de vista es la autoconciencia en tanto que su principal herramienta es la palabra, un sistema simbólico complejo. A ese proceso que hemos visto arriba de pasar el mando desde el tallo cerebral y los ganglios basales, al sistema límbico o a la corteza cerebral, se le puede denominar como un cambio de a dónde ponemos o volcamos la atención o centramos la energía, seguramente con un mayor riego de sangre y de oxígeno (recursos limitados del sistema). Hay que hacer mención especial a la teoría que propone que la memoria de trabajo no es más que la activación o mantenimiento del foco sobre partes de la memoria a largo plazo. Esto nos dice la Wikipedia:

     “Anders Ericsson y Walter Kintsch introdujeron la noción de “memoria de trabajo a largo plazo”, que definen como un conjunto de “estructuras de recuperación” en la memoria a largo plazo que permiten un acceso perfecto a la información relevante para las tareas diarias. De esta manera, las partes de la memoria a largo plazo funcionan efectivamente como memoria de trabajo. En una línea similar, Cowan no considera la memoria de trabajo como un sistema separado de la memoria a largo plazo. Las representaciones en la memoria de trabajo son un subconjunto de representaciones en la memoria a largo plazo. La memoria de trabajo está organizada en dos niveles integrados. El primero consiste en representaciones de memoria a largo plazo que se activan. Puede haber muchos de estos, teóricamente no hay límite para la activación de representaciones en la memoria a largo plazo. El segundo nivel se llama el foco de atención. Se considera que el enfoque tiene una capacidad limitada y admite hasta cuatro de las representaciones activadas.” (…)

   “Existe cierta evidencia de que el rendimiento óptimo de la memoria de trabajo se relaciona con la capacidad neuronal para centrar la atención en la información relevante para la tarea e ignorar las distracciones,  y que la mejora relacionada con la práctica en la memoria de trabajo se debe al aumento de estas habilidades. Una línea de investigación sugiere un vínculo entre las capacidades de memoria de trabajo de una persona y su capacidad para controlar la orientación de la atención a los estímulos en el entorno. Tal control permite a las personas atender información importante para sus objetivos actuales e ignorar los estímulos irrelevantes de los objetivos que tienden a captar su atención debido a su prominencia sensorial (como una sirena de ambulancia). Se supone que la dirección de la atención de acuerdo con sus objetivos se basa en señales “de arriba hacia abajo” de la corteza prefrontal (PFC) que sesgan el procesamiento en las áreas corticales posteriores. Se asume que la captura de atención por estímulos salientes está dirigida por señales “de abajo hacia arriba” de las estructuras subcorticales y las cortezas sensoriales primarias. La capacidad de anular la captura de atención “de abajo hacia arriba” difiere entre los individuos, y se ha encontrado que esta diferencia se correlaciona con su desempeño en una prueba de memoria de trabajo para información visual. Sin embargo, otro estudio no encontró correlación entre la capacidad de anular la captura de atención y las medidas de capacidad de memoria de trabajo más general.”

Modelo de la Memoria de Trabajo de Baddeley y Hitch's

    Visto así la memoria de trabajo es un cambio de foco y es este foco el que crea la ilusión de un agente. Un ejemplo claro de esta forma de trabajar del cerebro, en tanto que foco, son las típicas imágenes en donde el sistema se centra en una o en otra cosa, siendo imposible ver las dos a la vez, como es el caso de está gráfica que o se ve la H y el 4 grandes, o se focaliza la atención en la letra o número que lo compone (E y 8), y se deja de ver a los primeros. En este caso el hemisferio derecho, que no es el supervisor o focalizador y que tiene una mirada más amplia del mundo, mantiene o trabaja con las dos posibilidades, pero en tanto que no las trata como datos alfanuméricos (el lenguaje se encuentra normalmente en la izquierda), sino como una simple imagen. En un lenguaje filosófico, el hemisferio derecho ve la forma, el “espíritu”, lo totalizante, mientras que el hemisferio izquierdo, que es analítico, ve el contenido, los atómico, lo particular.

Iain McGilchrist - The Master and His Emissary [2012][A]7

   Esto dijo Carl Jung: “la llamada unidad de la conciencia es una ilusión … nos gusta pensar que somos uno pero que no lo somos”. El símil más idóneo, para tal proceso, sería una linterna y dónde dirige su luz. Otro lo sería el ordenador. El foco lo tiene el programa con el que se trabaja, pero se lo “roba” el antivirus si detecta algo peligroso en el sistema, o el propio sistema en ciertas situaciones. Se nota cuando se está escribiendo y de repente se sigue tecleando, pero en ningún lugar, porque el foco ya está en otro lado. Si se tiene varias pantallas y varios programas abiertos, saber dónde está el foco a veces se hace complicado. Ante una situación de alarma se acelera el corazón para que haya más energía (sangre y oxígeno) al cerebro y al cuerpo en general, pero el cerebro tiene programado dónde está el foco o el mayor riego de sangre en cada momento. En un estado de alarma la corteza cerebral pierde el foco, y esta se encuentra en el tallo cerebral y los ganglios basales. Por lo general la alarma, en la vida actual, no actúa, luego casi siempre está en la corteza cerebral, y por norma general permanece siempre activa, luego nos da esa fuerte sensación de su protagonismo. De un agente cerebral. Es aquí, en esta región y seudo-agente, donde sí se puede aplicar el proceso de abajo hacia arriba, pero paradójicamente casi siempre para mal, como veremos. El prefrontal o la corteza cerebral en general “interpreta” mal las señales que vienen de arriba, o cuanto menos no las sabe “leer” (ver vídeo al respecto). En muchos casos la fuente de esas lecturas son las emociones, el sistema límbico. O sea, está claro que una reacción instintiva es “correcta”, en el sentido de que conviene no cuestionarla. La evolución mantiene ese sistema porque es muy efectivo. Si no lo tuviésemos no saltaríamos a la calzada ante un coche que no hemos visto y nos pita. Pero en el sistema límbico hay un nudo evolutivo de rutas que se cruzan y llegan a rotondas, en donde las “intenciones” o el foco se pierde en varias rutas a la vez. O sea, si tenemos en claro que un agente inicial en el sistema, a nivel evolutivo, era ese foco, al llegar al sistema límbico este, en muchos casos, se divide en varios agentes o rutas de ese foco. Normalmente ante la falta de focalidad, al final, se le entrega al prefrontal, a la razón, para por medio del juicio “decidir” una salida, pero las cosas nunca están claras. Ese proceso de varios caminos, en donde uno de ellos no termina por tomar el foco, es a lo que se llama conflicto emocional. Donde se da una lucha en donde ninguna zona gana al tratar de llevarse el foco, la intención o la decisión. En un caso sencillo, estamos en un comedor universitario y tenemos que elegir entre dos postres que nos gustan. O en un caso más complejo, y de un desarrollo más largo, cuando amamos a alguien y sabemos que la única forma de que sea feliz es dejándola. Si somos honestos no tenemos la sensación y ni sabemos de esas rutas divididas. No sabemos que una ruta ha ido al prefrontal medial, vía unión tempoparietal, o cualquier otra ruta. Lo que “sabemos” o sentimos es ese conflicto emocional, esa entrega del foco al prefrontal, al sistema ejecutivo, a la razón. Dado que la vida social humana es muy compleja y solemos estar de constante con disonancias y conflictos, de pérdidas de foco, donde la decisión no es clara, el sistema ejecutivo ha ido agrandándose y tomando cada vez más relevancia en el ser humano. Para resumir y abreviar: si el tallo cerebral y los ganglios basales son el sistema 1, el sistema límbico el 2 y el prefrontal el 3, en la vida diaria, en sociedad, todo que se pueda solucionar en el nivel 1 ya no recurrirá a los otros niveles; si no lo soluciona le pasa el foco al nivel 2 y si este no lo soluciona se lo pasa el nivel 3. Normalmente vivimos en automático: en procesos de los dos primeros niveles. Cuando conducimos, cuando trabajamos en algo que suela ser monótono, y cuando estamos con personas que vemos todos los días. El nivel 3 se activa de tres maneras: 1. cuando se da una situación nueva que es compleja, 2. cuando se da un conflicto no resuelto en el nivel dos, 3. cuando estamos solos y aburridos o necesitamos pensar en algo. Este tercer estado es importante y crucial para entender por qué creemos que ese es el agente del cerebro, que ese es nuestro yo. A eso que he llamado foco se le puede llamar conciencia. Si retiro la mano cuando por el rabillo del ojo veo que alguien me la va a golpear, es que hay una conciencia que “sabe” dónde está la mano y actúa sin que en ese proceso entre en juego la corteza cerebral. No llega a ser un acto puramente reflejo, pero sí instintivo, donde el cerebro tiene su propia respuesta, “elección” o “intención”, programada. Y digo elección e intención porque no todos los cerebros actuarán igual. Depende del carácter de cada uno. En una situación en caliente si alguien nos da un tortazo, ese sistema puede responder con un tortazo de vuelta a quien nos lo ha dado, pero no es universal. Por eso la ley diferencia y castiga de forma distinta un acto por impulso o llevado por la situación (sin intención según la jerga judicial), de otro en donde puede haber entrado la corteza cerebral y la razón (con intención). En el caso de los padres que protegen a sus hijos como primer acto, tampoco es universal. Hay una película que polemiza con tal situación, un padre ante una avalancha se salva a sí mismo antes que a su familia (Fuerza mayor, 2015). A partir de ese acto su familia le cuestiona. La evolución mantiene distintas apuestas siempre que se validen. Ese padre podrá ser rechazado, pero ya ha tenido descendencia que puede cargar con ese tipo de elección. El papel crucial de las mujeres en la evolución ha sido la de “detectar” esa sutilezas antes de tener hijos. La trampa de los hombres la de “ocultar” ciertas dobleces o posturas falseadas. La violación o el sexo forzado es un tipo de apuesta evolutiva que mantiene apuestas tramposas. La mujer de hoy en día no debería de seguir el embarazo de una violación (la apuesta cristiana y pro-vida no siempre es la mejor). Va en ambas direcciones: también hay apuestas tramposas en las mujeres. Pero por lo general, a nivel evolutivo, ese peso lo han tenido las mujeres, pues podían ser abandonadas con lo hijos, con el consiguiente “gasto” de energía y tiempo sólo para ella. Las hembras del reino animal son híper-selectivas, lo que ha reforzado su nivel de intuición a la hora de “elegir”.

  Retomo el tema, que me desvío. En el nivel 1 están reglas como la de la autopreservación, y la autorreplicación (vivir y reproducirse). Ahí estarán asentadas las tendencias limerentes hacia lo autopoiético. En el nivel 2 está el animal social que nos habita. Hay dos apuestas o modos de operar principales: alfas o no alfas (un beta es un potencial alfa, está en el mismo nivel). La apuesta alfa es hacia la no imitación, mientras que la de los no alfa, omegas, es hacia la imitación. En el humano al final las cosas no son tan sencillas. Sobre todo en la dirección que va la historia, donde ningún alfa nos parece “legítimo”. De una manera u otra en este segundo nivel las rutas que toman las resoluciones ya no suelen ir por un solo camino. Deslegitimar a un líder no quiere decir ser alfa. Simplemente que se es un omega sin líder. El cerebro se queda en el limbo entre no tener líder y no ser totalmente autónomo. Llevando tal dilema a través del paradigma de la estigmergia, es como si un camino de hormigas se bifurcase en dos, en donde ambos tienen la misma cantidad de señal química: ¿dónde irá una hormiga al encontrarse ante tal “dilema”? Un omega con líder seguirá al líder (camino estigmérgico más trazado), pero en su ausencia tiene que “elegir” por sí mismo. De facto ahora mismo es casi indistinguible quién es alfa o no, porque todos actuamos como si fuésemos alfas, pues en cada encuentro con alguien desconocido tendemos a “mostrarnos” como alfas, pues ese es el paradigma actual. Tenemos aquí una primera división de cinco tipos de humanos: 1. alfa que sabe que es alfa, 2. alfa que no lo sabe, 3. omega que sabe que es omega, 4. omega que se oculta que es omega, 5. omega que se cree alfa o la situación lo pone como alfa. Cuando yo digo que lo importante es el nivel 1 y los más bajos del nivel dos (el sistema límbico es demasiado complejo como para ser una sola unidad, por eso no tiene mucho sentido hablar de niveles, pero hace falta “nombrarlos” y clasificarlos para poder entendernos), ese carácter, o ego (en mi lenguaje, no el freudiano; ego profundo como lo puesto al yo del prefrontal), es que a no ser que se den situaciones límite no sale a relucir quien es alfa u omega. La vida humana es tan compleja, tan superficial, tan máscara, que uno casi nunca se enfrentará a ese dilema. Que se dé una situación límite tampoco resuelve el tema, puede que la persona que “tomase las riendas” sólo fuese el que más sabía ante tal situación, o que fuese el omega más “fuerte” mentalmente (en el reino de los ciegos el tuerto es el rey, fijarse en la sabiduría de los refranes, me desgasto en explicaciones y un refrán ya tiene la “solución” o “verdad”). Puede que a la mayoría de las personas estas afirmaciones le parezcan excesivas, pero ¿cómo entender el comportamiento de los alemanes en los años previos y durante la Segunda Guerra Mundial? En situaciones límites como las guerras se extreman las esencias, lo fáctico, la condición de cada carácter. Sobresale que la máxima humana es la de la conformidad, el ser omega. ¿Se creen que no se comportarían igual de estar en la misma situación?, ese tipo de creencias son en las “quiere creer” ese falso yo, por el bien de tener una buena imagen de sí mismo. La mayoría de personas no nos enfrentaremos a nuestra “verdadera” naturaleza en la vida, en un mundo neblinosamente edulcorado y blando. Se dice que la vida pone a cada persona en su sitio, pero realmente no es así: el mundo de máscara pone a cada mascara dentro del propio orden que tiene esta mascarada, esta matrix.


    Conviene aclarar algo más todos estos aspectos sobre el foco de atención y extrapolarlo a otros lenguajes.  De uso común se habla de inconsciente, y subconsciente, para diferenciarlos de la atención y ese saber que se sabe que es la conciencia o consciencia. En primer lugar hay que tener en cuenta que la corteza cerebral tiene dos hemisferios. En los animales que hacen uso de las patas delanteras (las ratas, por ejemplo) o brazos, siempre hay una preferencia hacia uno de los brazos, por orden general es como en los humanos: son diestros. Cuando nació el lenguaje hizo uso del lado izquierdo del cerebro, que maneja el lado derecho. Se cree que fue porque primero tuvo que haber un lenguaje no verbal, a través de las manos. Gestos tan comunes como indicar (dedo índice, indica), que alguien se vaya, gesto hacia afuera, o que venga, hacia adentro. Estos gestos eran llevados a cabo por el brazo derecho. Cuando “llegó” el lenguaje cada palabra era un “sinónimo” de un gesto del brazo, con lo que si ese proceso lo hacía el hemisferio izquierdo (brazo derecho), entonces por economía energética las palabras se “gestionaban” junto a esos gestos. Aún hoy cuando queremos dar énfasis sobre “ven” o “vete”, los acompañamos con los gestos. Se ha comprobado que inmovilizar los brazos entorpece la fluidez del habla ligeramente. Este proceso hizo que el hemisferio derecho se especializase en la tarea del habla. Con el paso de cientos de miles de años los hemisferios crearon o se especializaron en distintos procesos. En términos generales el lado derecho es más flexible y tiene una atención más amplia, y el hemisferio izquierdo es más focalizador y tendente a la comprensión. En ese sentido se puede afirmar que a eso que llamamos subconsciente es principalmente el lado derecho del cerebro, mientras que el consciente es el lado izquierdo. Conviene diferenciar distintos tipos de atención, así como palabras y conceptos que parecen ser sinónimos o familiares, pero que no lo son. Al escribir tengo la atención focalizada, que es sinónimo de centrarse, atención centralizada o concentrarse, papel que lo lleva a cabo el lado izquierdo del cerebro, que es donde están principalmente las funciones ejecutivas. Conciencia, atención y sistema ejecutivo son una misma cosa expresadas en distintos lenguajes, pues el sistema ejecutivo es sobre todo una forma de tratar con la atención: es un sistema de atención supervisora, concepto este último que yo he utilizado una y otra vez. Aquí nos encontramos con el nudo gordiano sobre el sentido de agencia, y que exista un agente en el cerebro o yo. ¿Qué hace el cerebro y cómo para que esto ocurra? De sentido común creemos que nosotros mismos hemos puesto la atención y la mantenemos. Pero sería como la paradoja del barón de Munchausen, que se sacó a sí mismo de un pozo tirando para arriba de su coleta. O sea, que si la atención o concentración no puede llamarse a sí misma, eso nos lleva a otro agente que le llama -como cuando nosotros pedimos a alguien para que nos preste atención-, pero por el mismo problema y paradoja del barón de Munchausen: a la vez remitiría a otro agente que le llama y así hacia el infinito.

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   No hay tal agente, es la situación la que crea tal agente o estado concentrado, el que hace la llamada. En un ejemplo claro, un maestro o un conferenciante nos pide silencio y que le prestemos atención. En otro caso, si estamos leyendo y por el rabillo del ojo vemos que nos han lanzado algo, la atención o foco va hacia tratar de detener ese objeto. Igualmente es extrapolable a la informática. En este momento el microprocesador gestiona (centra sus procesos) en lo que estoy escribiendo. Si se diese el caso que el antivirus encontrase un virus, perdería el foco y se pondría en la ventana emergente del aviso. Igualmente una noticia o un meme de turno acapararían la atención de los procesos sociales. Volviendo a los dos lados del cerebro. Si el izquierdo acapara la atención, el hemisferio derecho sigue “procesando” el mundo en su visión amplia y flexible. Esta aparente “doblez” es por lo que podemos poner la atención en varias cosas o ser multitarea (atención dividida, igualmente extrapolable a la informática, que aparentemente trabaja en varios procesos a la vez), pero no existe tal cosa. Es tan sólo los dos hemisferios cerebrales con sus dos modos tan distintos de atender al mundo. El foco -o forma de procesar la información con el hemisferio izquierdo- siempre va estar en uno de los dos procesos, con lo cual el proceso no llega a ser óptimo. Por distintos estudios llevados a cabo se ha comprobado que el desempeño es peor durante la atención dividida. Por ese hecho se ha prohibido el poner la atención en el móvil mientras se conduce. Provoca más accidentes esa tara de la atención. De nuevo sobresale en este acto el ego de creer que somos mejores, que tenemos el control y lo hacemos mejor que la media. En informática hay dos conceptos que pueden aclarar todo esto. Trabajar en paralelo o en forma serial, viene de cuando el puerto paralelo y el serie eran para el ratón o la impresora. El serie manda los datos por un solo túnel, para tener una imagen más visual, mientras que el paralelo tenía varios túneles. El cerebro, en tanto que foco, o atención focalizada (concentrada), en realidad es serial, pero simulando ser paralelo. En ese caso es como si hubiera dos túneles, pero sólo por uno de ellos pasase información a la vez. El resultado va a ser el mismo: un solo flujo de información. Fijarse en palabras como centrado o concentrado. Si tengo una linterna y dividiese su potencia por dos, su iluminación sería menor en cada división. La cuestión es dónde va a mandar más energía (sangre, oxígeno) el sistema circulatorio, en un sistema que maneja una energía limitada (la energía del cerebro es como la de una bombilla de 60 Vatios). La hipótesis de la hipofrontalidad transitoria argumenta que todo estado alterado de la conciencia, como lo es la meditación, es dado por un corte en el riego sanguíneo al prefrontal. ¿Sabes esa sensación de euforia cuando se corre?, el sistema está mandando menos sangre al prefrontal porque mantener el equilibrio en la carrera consume muchos recursos. Se gasta en la atención visio/espacial. ¿No es paradójico que haya que cortar el riego sanguíneo al prefrontal para sentir esa alegría natural?, como ya he dicho en otros escritos (1) (2), la rumiación -el proceso del prefrontal cerrado sobre sí-  resta felicidad. Por otro lado la concentración requiere de mucha energía, por eso nos fatigamos, y llegamos al estrés o al agotamiento del ego. El cerebro hace micro-pausas, en donde baja el flujo, que es medible por la capacidad de mantener la atención. Las mujeres parecen llevar ventaja en este aspecto, quizás por la atención excesiva requerida por los bebés durante los primeros meses (llevar ese proceso al juego evolutivo de cientos de miles de años de selección de las mejores madres, las que lograrían que ese niño llegase a adulto, como para portar ese cambio hasta la siguiente generación, no quedarse a cómo ha de ser en la actualidad, donde el padre tiene que compartir esa tarea). Ante este déficit, cuando se está en clase hay pequeñas lagunas, donde se puede perder el discurso de los profesores, una vez que se pierde es complicado volver a cogerlo. Si esto mismo se lleva a cabo mientras se estudia, resolverlo es fácil, volvemos al párrafo en donde nos perdimos. A esta forma de operar del foco se le llama “eje de selectividad de la atención”. Es deficiente o funciona de otra manera en personas bipolares y las hiperactivas con deficiencia en la atención (bajo mi punto de vista son un tipo de apuesta que dan más prioridad a la manera de trabajar del hemisferio derecho: mirada flexible y amplia; divergente, frente a lo convergente de la concentración). Otra forma de medir la atención es por su eje de intensidad. Cuando conducimos casi todo lo hacemos de forma automática, la atención o nivel de energía del foco baja (cambio atencional). En el símil de la linterna es como si a esta se le pudiese graduar la intensidad de la iluminación. En ese sentido se divide en cuatro grados: sostenida (capacidad de tiempo para mantenerla), alerta, vigilante y focalizada o concentrada. La de alerta es más instintiva, mientras que la vigilante puede entenderse como un sucedáneo de esta primera, y en donde entra en juego el hemisferio izquierdo, sin ser una forma tan intensa como durante la concentración. De una manera u otra es similar a la división que yo hiciera arriba. El foco puede estar en tres estados y zonas. 1. Alerta (estado de peligro), en donde el foco está en el tallo cerebral y los ganglios basales, 2. el hemisferio derecho mantiene una atención amplia sostenida sobre todo lo periférico y fuera de foco (yo la llamo atención de fondo o background), y 3. la focalizada o que llamamos por lo común poner atención -o concentración- que es cuando damos ese proceso al hemisferio izquierdo, el de la palabra, el de las funciones ejecutivas (concepto que en su conjunto global y simplificándolo lo llamamos por lo común voluntad; antiguamente los profesores nos decían “pon voluntad en escuchar”). Tal mapa sigue siendo tan sólo aproximado y orientativo, lo hace la razón en su deseo de “controlar” el mundo. La evolución ha sabido jugar su papel, ya que desde el tallo cerebral tiene dos vías para llevar  la información a la corteza cerebral. Tiene acceso directo al prefrontal -atención focalizada-, y una segunda ruta al cerebro medio o sistema límbico. La primera para que el prefrontal analice el mundo bajo sus parámetros “racionales” y más objetivos, y que tienda a ser más efectivo. La segunda ruta pasa por las emociones y las experiencias previas. El síndrome de estrés postraumático cierra la primera ruta, de tal forma que el paciente no es capaz de aminorar o frenar, a través del sistema ejecutivo, las emociones. Lo mismo, pero en distinto grado en las fobias y las manías. Gana la segunda ruta y el prefrontal es “incapaz” de inhibir el sistema emocional. En unos y otros casos vemos que en este modo de operar, una de las funciones más antiguas del prefrontal, era la de inhibir y frenar las señales emocionales. Por ese motivo la razón está asociada a la frialdad y alejada del “corazón”. Una pequeña intrusión en el discurso; escribí al principio esa frase anterior de esta otra forma: “por esta razón está asociada a la frialdad…”, pues mi cerebro uso “razón” bajo sus dos significados, colapsados en una sola palabra: “sentido” y módulo para razonar, ¡las cosas de la economía cerebral y sus paradojas!, esto lo hace el cerebro derecho, que es más metafórico, amplio y flexible. La razón evita esto, lo supervisa y lo trata como error, porque así lo dictan las normas gramaticales que están dictadas en lo social. Extrapolar este hecho a otros, no ya a nivel cognitivo, sino incluso emocionales o morales. En algún lugar del cerebro, seguramente del hemisferio derecho, todo el saber, fuera de la palabra, está colapsado y encapsulado en apenas unos centímetros cúbicos del cerebro, a ese “lugar” debe de ir la intuición para dar respuestas. Fin de la intrusión. Pequeño resumen de este párrafo. El humano lo es por este módulo focalizador, en donde además su herramienta es la palabra. Esta es “categorizadora”, clasificadora, da orden al mundo a través de poner nombre a las cosas. Es a este módulo o capacidad al que llamamos agente. En principio estaba creado para verificar la información entrante, para que “decidiese” si era peligrosa o no. Para mantener la alarma o acallarla. Con el tiempo fue tomando otros papeles. Al final se tomó a sí mismo como un ente que habitaba el cerebro. La teoría bicameral nos dice que ese proceso fue lento, que al principio era como una voz o ser que nos hablaba en el interior (Dios, en la actualidad esa mente bicameral opera en los delirios, paranoias, cuando se llega a creer que alguien habla en el cerebro, como ser ajeno). Con el tiempo algunos humanos se diferenciaron y tomaron esa aparente otredad en el cerebro, como identidad, esta tendencia es la que “venció” a nivel evolutivo. Esa identidad creó el concepto de autoimagen, de autoconcepto y por lo tanto de agente en el cerebro, que a partir de entonces adquiría es estatus de yo. Yo que por lo demás heredaba todas las premisas de la vida: auto-preservarse y replicarse. Se creó la defensa del yo y todos sus entramados, que al final devinieron en sesgos y errores a la hora de hacer de “razón”. Tres últimos apuntes. 1. La atención plena (mindfulness), trata de hacer que el foco no se pierda, a la vez que trata de “restaurar” esa vía de control del prefrontal frente al “rapto” de la vía emocional, como es el caso de estrés postraumático; pero en el proceso podemos perder los “puntos de vista” del hemisferio derecho y se llega al agotamiento del ego. No hay fórmulas mágicas para vivir. 2. La “teoría de la restauración de la atención” nos dice que se puede tener un mayor foco, o recuperarlo, después de estar en la naturaleza o ver fotografías sobre ella; lo que demuestra que el cerebro “ansía” su estado primitivo y natural de unión con lo natural. 3. ¿Y dónde queda la intención en este juego de malabares del foco? Intención es sinónimo de sentido, origen con una finalidad o razón. El caso de los trastornos nos muestra la deficiencia de tal concepto. El cerebro no puede querer o poner como finalidad “funcionar mal”, como es el caso del estrés postraumático, las fobias y las manías. La finalidad se “pierde” por el camino. Sartre decía que la emoción es una respuesta -solución- “mágica” sobre la realidad. El pensamiento mágico es parte del lado derecho del cerebro. Piénsese por ejemplo en el protagonista de la película “Náufrago“, no basta con tener un rostro delante que haga compañía, al final le hablaba en el interior y era como una persona querida de la cual se hizo doloroso separarse. Un desmayo, o un desvanecimiento, nos evade del mundo de forma “mágica”. Es una regla primitiva y universal en casi todos los animales complejos. El niño se tapa los ojos y creé que los adultos ya no le ven. El cerebro casi siempre recurre a transferencias sobre dichas intenciones básicas. Llamamos intención, o la hemos reducido, simplemente a los parámetros de esa atención focalizada: cuando el cerebro deja en manos del prefrontal -o atención focalizada- qué hacer, y este enjuicia o tiene entre manos el sistema de valores prefijados por lo social o por el instinto moral. En realidad la intención ,o sentido último, se pierde en distintas rutas del cerebro y el prefrontal -razón- casi nunca sabe del verdadero sentido o intención. Valga como ejemplo que los hombres ayudamos más a las mujeres guapas, pero que si nos pidiesen una razón para ello, divagaríamos en justificaciones, cuando seguramente lo que está más en la raíz sea que queremos tener sexo con ellas. El porno radicaliza toda intención entre hombre y mujer al sexo. Nunca me ha gustado el sentido simplista y mundano que se le da al concepto de intención. Eso me convierte de facto en un cínico. Como el cerebro al ser social rechaza esta postura, todos se acomodan a esa regla simplista y vacía de la intención en matrix.

    Este pequeño recorrido bien puede ser un breviario sobre la “teoría del procesamiento dual“, en donde posiblemente el llamado “Sistema 1” sea eso llamado subsconsciente o hemisferio derecho, y el “Sistema 2” es lo consciente o hemisferio izquierdo. He aquí la tabla que nos facilita la Wikipedia:

Sistema 1 Sistema 2
Razonamiento inconsciente Razonamiento consciente
En su mayoría involuntario Mayormente voluntario
En su mayoría vinculado a las emociones (“sentimiento visceral”) Sobre todo desapegado de las emociones.
Implícito Explícito
Automático Revisado
Bajo esfuerzo Alto esfuerzo
Gran capacidad Pequeña capacidad
Rápido Lento
Proceso predeterminado (suprimido por el Sistema 2, concentración intensa) Inhibidor (suprimido por la mente despejadora, meditación)
Asociación (A↔B, A igual B) Implicación (A → B, A entonces B) (1)
Contextualizado Abstracción
Dominio específico Dominio-general
Más subjetivo, basado en valores Más objetivo, basado en hechos/reglas
Evolutivamente viejo Evolutivamente reciente
No verbal Vinculado al idioma
Incluye reconocimiento, percepción, orientación. Incluye regla siguiente, comparaciones, pesaje de opciones.
Cognición-Modular Inteligencia fluida
Independiente de la memoria de trabajo Limitado por la capacidad de la memoria de trabajo
Intuitivo, creativo Lógica, racional (1)
Metafórico, figurativo Literal, exacto
Mas cualitativo Mas cuantitativo
Diseño artístico, estético. Científico, matemático, técnico, formal (1)
Imaginativo Realista
Soñador Trabajando
Insightful ( momentos Aha! ), Radical Metódico, incremental
Paralelo, Simultáneo, No lineal. Serial, Secuencial, Lineal
De arriba a abajo, holístico, cuadro grande De abajo hacia arriba, Eemental, Orientado a los detalles.
Abierto, Adaptable Cerrado, rígido
Integrativo y Separativo Selectivo, Discriminativo
Meta-reflexivo Iterativo, recursivo
Genera (construye y descompone) patrones, conceptos e ideas. Manipula y utiliza patrones, conceptos e ideas.
Funciona a través de múltiples niveles de abstracción. Funciona dentro de un solo nivel de abstracción en un momento dado.
Sintético ( Bloom’s ) Analítico (Bloom’s) (1)
Intuición ( Myers-Briggs ) Pensamiento (Myers-Briggs) (1)
Genio Pericia
“Cerebro derecho”, “pensamiento lateral “Cerebro izquierdo”, “pensamiento vertical
Red de modo predeterminado Red de tareas positivas
Conexionismo ( ciencia cognitiva ) Computacionalismo (ciencia cognitiva)
Difícil de medir con pruebas. (2) Medido imperfectamente por pruebas de inteligencia. (2)
La capacidad neurológica es en gran parte fija, pero se puede practicar para utilizar mejor esa capacidad. La capacidad neurológica (CI) es en gran parte fija, pero puede estudiarse y ejercitarse para utilizar mejor esa capacidad.
Deficiente en el autismo , posiblemente anormal en el síndrome de Asperger Deficiente en discapacidad intelectual (retraso mental)
Interrumpido por lesión cerebral, enfermedad mental y varias drogas. Puede ser mejorado por ciertas drogas. (En casos muy raros, el sistema 1 puede mejorarse con una lesión cerebral debido a una inhibición neural reducida).
Lo siguiente requiere que los sistemas 1 y 2 trabajen en concierto: juicio, evaluación (Bloom), planificación, pensamiento crítico, pensamiento estratégico, pensamiento sistemático, diseño técnico.
(1) El desarrollo de estas habilidades (que componen el pensamiento analítico) más allá de un nivel muy rudimentario requiere estudio y ejercicio.
(2) Nota personal. En otro escrito decía que si los test para hallar la diferencias entre los sexos no “ven” las diferencias es que fallan, pues las neurociencias sí encuentran diferencias. Este hecho, de la dificultad de hacer test al hemisferio derecho, es la prueba. Como “procesadores multipropósito”, hemisferio izquierdo, hombre y mujer podemos ser iguales, pero no en el hemisferio derecho. 

   Volviendo arriba. La división de alfas y omegas es básica, pero es la primera bifurcación en el foco. Un omega ante una situación límite se pondrá en manos del alfa. Se ve en los hijos, en los primeros años son totalmente omegas, dependientes de las acciones de los padres (excepto casos de alfas indomables). Para el caso del omega la situación ya no es individual, es social, y ante esta situación el foco, y por ello la elección y la intención, lo toma el alfa, pues lo social, como el cerebro, es un sistema complejo con agentes: en el cerebros lo son las neuronas y en lo social las personas. Saber si se es omega o no sale ne infinidad de cosas diarias, pero no sabemos deducir que es por esta cuestión: el efecto fiesta de cóctel, situación en la cual uno oye su nombre entre la multitud, al parecer es más propio de las personas de bajo estado en la jerarquía, como si estuviesen pendiente de ser llamados por lo líderes. A partir de esa primera bifurcación ya no sé seguirle el rastro al foco en el cerebro. Sigue las rutas de nuestra evolución cerebral, por eso el núcleo es esa división de alfa y omegas, es lo más antiguo. La madre se vuelve alfa (agente, foco) siempre para su hijo, por eso su respuesta será la de salvaguardar al hijo, antes de mirar al alfa de la manada. Lo mismo para el padre, pero quizás en un menor grado. Es más antigua la unión de madre e hijo que el de la paternidad del macho.

Hipotesis de la Hipofrontalidad Transitoria

    Como no sé de esas otras rutas voy a la última. Por ingeniería inversa, quizás, se pueda seguir el rastro de todo lo intermedio. Vuelvo a tema de por qué el prefrontal ha tomado un papel tan importante. Bajo mi punto de vista, puesto que a nivel evolutivo el sistema ejecutivo fue tomando cada vez más relevancia, por el hecho que el sistema límbico se encontraba una y otra vez con atolladeros insalvables, entonces este sistema adquirió protagonismo. El nivel dos es el nivel social, casi siempre hay demasiados parámetros a tener en cuenta. Los papeles de alfa y omega se desdibujaron, pero no así el nivel jerárquico. Una de las principales premisas del sistema límbico es ganar y mantenerse en el nivel jerárquico más alto posible. Quizás aquí hubiera esa segunda bifurcación: querer o no tener un alto nivel jerárquico. Quizás ahí se empezó a distanciar mujer y hombre. La mujer está preparada para ser altamente colaborativa y comprensiva, así ha de ser con los hijos. No es de la misma forma con los hombres, que son más competitivos, son más tendentes a querer tener el mayor grado dentro de lo jerárquico. Como fuera. Lo que se deduce de estas reglas es que el prefrontal, era relevante y partía de lo jerárquico, pero en tanto que tomando el asunto desde fuera, resolviendo problemas del segundo nivel y creando hipótesis de lo que podría ser a partir de tomar una posición u otra, de tal manera que era autorreferencial. O sea, que a eso que hemos llamado foco, y que es esa tal conciencia en donde tal cosa era en tanto que lo que se traía entre manos (soluciones rápidas para cada momento: salvarse a sí mismo, salvar al hijo, seguir al líder…), en el caso de que esa zona fuera el prefrontal lo era en tanto que trabajando tan sólo con posibilidades, cerrándose sobre sí, dejando fuera la realidad, imaginándola. En ese caso el contenido de la conciencia es la propia conciencia, los problemas a nivel abstracto, desligados de la realidad (posibles futuros y posibilidades a partir de que uno haga una u otra cosa, etc.) Un segundo nivel de esta conciencia cerrada sobre sí, era el tomarse a sí misma dentro de ese contenido; a través de este nivel se llega al autoconcepto, a la autoimagen. En un eterno juego, a este nivel y a lo largo de cientos de milenios, uno creaba ideas de cómo sería uno mismo si tal o cual cosa sucediese, de tal manera que se creó una narrabilidad de uno mismo, de un yo en definitiva. De verse a sí mismo dentro de unos posibles escenarios y de ser así como actuar en cada uno. Hay un nacimiento en la prehistoria de ese yo, pero igualmente hay un nacimiento en cada bebé. El niño está “programado” para imitar, para aprender lo cultural, el humano es sobre todo cultura, información que pasa de generación en generación. Cuando un bebé mira a un adulto lo ve como un ente, como una totalidad con una intención (ser con finalidades) hacia el mundo, cuando todos sabemos de adultos que somos sobre todo duda o ausencia de certeza. De una manera u otra el niño imita totalidades, densidades de ser que aparentan no carecer de totalidad. Está programado incluso para imitar gestos que no están relacionados directamente con la acción. Si el adulto cada vez que coge el biberón se agachase, el niño creería que ese agacharse forma parte de esa totalidad del acto de coger el biberón. En ese aspecto el niño va aflorando a Ser en tanto que imitación y por lo tanto en tanto que densidad de Ser. “Gesto” que después es parte constitutiva de la conciencia, de estar atento al mundo y ser en tanto que acción. “Hay evidencia de que la imitación recíproca juega un papel constitutivo en el desarrollo temprano de un sentido implícito del yo como agente social”, nos dicen en la Wikipedia. De esta manera el yo individual “nace” de la existencia de uno mismo dentro de la especularidad de las neuronas espejo, en donde el otro es a la vez el espejo de mis acciones y de mi Ser en el mundo. De cualquier forma ahí está la raíz, pero aún no aflora el yo. Este “nace” cuando el cerebro es capaz de “deshacerse” de parte de lo imitativo, cuando introduce su propia creatividad, como para crear memoria autobiográfica. O sea, los primeros dos años su cerebro es algo así como panteísta, él es unidad con los adultos, pues al ser totalmente imitación su ser es la atención e intención de esos adultos con los que ha creado la impronta. O dicho de otra forma, la “intención” de su cerebro está relegada por completo a sus neuronas espejo, pero al ser estas tan sólo en tanto que activadas desde los adultos, el “yo” de ese bebé es por completo el de los adultos, que cual dioses se les aparece como densos de ser, sin fisuras, sin la duda o la falta de certeza por medio. Como de yo carece la imagen que una persona refleja en un espejo, que es el mejor símil para tal situación. Quizás sea esa densidad de Ser la que después se “añora” ya de adulto, de la que está falto el para-sí, y en la que este se quiere volver a “cegar”; esa en la que el niño era en tanto que pura imitación, o ser espejado o puramente imitativo de una aparente densidad de ser. Quizás por eso las personas estén deseosas de pertenecer a grupos, y seguir personas a las que imitar: para anular esa doblez en que consiste la distancia entre el mundo y el yo, distancia que está habitada por la duda, por la falta de densidad, por la falta de certeza. Bajo mi punto de vista ese es el yo o agente que creemos que somos: ese ente que se cuenta historias sobre sí mismo y que no es otra cosa que autorreferencialidad. Para el caso y lo que quiero mostrar es que es una realidad falsa. Porque en muchos casos la intención o elección las hacen el nivel 1 o el 2, o las dos en conjunto. El nivel 3, durante la evolución humana, no tenía tanto peso, la ha ido ganando a lo largo de los milenios y se ha pronunciado hoy más, puesto que los medios que hemos creado cada vez son más autorreferenciales. Me desplazo de lenguaje para que se entienda mejor. El momento actual, con los medios con los que nos movemos y las pantallas, son sobre todo elementos tendentes a que ese nivel 3 se vuelva aún más autorreferencial, que para el caso es que se haya vuelto más cerrado sobre sí mismo y por lo tanto más narcisista y egotista. Ha cobrado aún más protagonismo en el cerebro. Eso no quiere decir que de repente sea el gran constructor de la vida cerebral, sino simplemente que nos hemos quedado aún más en esa superficie, en ese espejo ante el espejo. En la pura narrabilidad, en la pura “teatralidad” de la vida, en donde ya no hay distancia entre el Ser y representar un “papel”. ¿O no?

   Pirámide_de_Maslow.La pirámide de las necesidades de Maslow sigue este proceso que yo he perfilado: las necesidades fisiológicas o primarias están abajo y las de la autorrealización arriba. Pienso que es un concepto errado. Es así en todo animal, pero bajo mi punto de vista, en el humano la situación varió. La autoimagen, el prefrontal, el nivel 3, ha adquirido tanta importancia que ha de estar en el nivel más bajo de la pirámide. ¿Cómo sino entender que alguien haga huelga de hambre y se deje morir si no es teniendo en cuenta esto que trato de demostrar? Sale a relucir una y otra vez. En la obra teatral de Sartre “muertos sin sepultura”, los presos franceses de los nazis quieren “ganar” y no confesar ante sus torturas, a costa de perder la vida. Su último pensamiento, antes de ser fusilados, es que habían vencido. Su muerte era una victoria con la que los nazis tendrían que sobrevivir. La vida imita al arte, ahí están los catalanes queriendo ganar, independientemente que haya alguna razón, o que sea para mejor o para peor. Ganar aunque se muera en el proceso.

    Queda tratar de averiguar cuanto es de funcional este sistema y si conlleva alguna “verdad”. En el ejemplo que puse en el escrito anterior de: “haz una pausa para reconocer el hecho de que tu ansiedad está actuando, sin juzgarte a ti mismo por ello. Hay un tipo de poder que te llega con simplemente decirte a ti mismo: ‘así es como son las cosas, no son totalmente las mejores en este momento’. Tienes un ‘huésped’ indeseado (la ansiedad) en tu casa (el cerebro)”, (fuente). Se refería a los cambios emocionales de las estaciones. Y sí tiene razón, esos cambios no son “reales”, no hay una “razón” para la ansiedad o la tendencia a la depresión durante los cambios estacionales, son tan sólo adaptaciones que está haciendo el cuerpo que afectan a la química del cerebro. ¿Pero quién crea el problema?, lo crea el nivel 3 que se autointerroga ante un estado que no reconoce, o del que no sabe deducir una “causa y efecto”, y que ante una falta de respuesta se autoengaña. O sea, que el nivel 3 se aviene y trata de solucionar un problema que el mismo crea. O dicho de otra forma, un animal más primario no se crea este tipo de dilemas, un lagarto ante un cambio estacional no “cree” tener un problema y se va a un psicólogo para que le saque de dudas, o sale de fiesta y tiende a enmascarar ese estado con drogas más o menos duras. Sólo el nivel 3 del humano cae en este tipo de errores, quizás los perros, y otros animales que puedan tener el mismo nivel de la conciencia (cuervos, delfines, loros…), pero no así el resto de animales. En otros casos el prefrontal entorpece al comportamiento del cuerpo: como un tenista dude entre dos acciones malogrará el golpe, dando ventaja al adversario. Igualmente se ha descubierto que si se bloquea el prefrontal izquierdo, con electromagnetismo transcraneal, el lado derecho encuentra soluciones que el prefrontal, bajo las premisas de sus juicios y razón, no encuentra. Extendiendo aún más todas estas ideas, las necesidades que se ha creado este nivel han vuelto aún más compleja la vida y la resolución de los problemas. Al crearse ese ente o agente que contiene una narrabilidad, una autoimagen, esto ha vuelto más compleja toda la realidad, toda posible solución, pues ahora el cerebro está impelido a que la realidad encaje con las historias que el cerebro se cuente a sí mismo, con su identidad. La razón deja de ser razón si está depositada en el mismo lugar que tiene la premisa de que la realidad se tiene que ajustar a la propia imagen. En ese proceso ya no razonamos, sino que racionalizamos, justificamos. A partir de esta idea se da un efecto dominó. Este tercer escalón era un resolutor de problemas o dilemas del segundo nivel, pero ahora el mismo crea problemas similares: ir contra la propia autoimagen o atenerse a que está errada, crea disonancia ahora a nivel cognitivo. En esa medida se crea el autoengaño, la mala fe Sartriana, por la cual uno no ve sus propios errores; este módulo está constreñido a mantener su identidad. O sea que si el primer módulo preservaba la vida, el segundo preservaba la vida de otros por delante de la nuestra (sacrificio de la madre, del líder o el héroe), el tercero preserva algo tan abstracto como la identidad, la imagen que tiene uno de sí mismo, su propia narración. En el primer nivel se atiene a lo natural más primitivo, en el segundo a lo social, en el tercero… ¿a qué?, a un irrealidad, a un fantasma en la maquinaria.

   Creo que ahora está más claro el mapa que trato de mostrar. Cierto que el mapa no es el territorio, pero hacen falta los mapas para buscar soluciones a ciertos problemas. Las tres divisiones o escalones que he mostrado siguen sin ser el territorio. Un omega -estado del nivel dos- es más tendente a lo imitativo, lo que hace que sea más tendente a ser patriótico o a unirse a un grupo o incluso a una secta, que afecta a su identidad del nivel tres. El pensamiento de grupoel sesgo de autoridad y el sesgo de favoritismo grupal afectará más a ese tipo de personas que a los alfa. Los omega crearan más racionalizaciones, más justificaciones, más autoengaño y mala fe en la medida que al crear ciertos tipos de identidades estarán más alejados de las reglas básicas que tenga un alfa. Son más sugestionables y por ello autosugestionables como para ser más tendentes a crease trastornos mentales. A crear conflictos internos, y hacia lo externo (adaptaciones), por los cuales el cerebro sólo es capaz de adaptarse creando dichos trastornos, o formas de manifestarse dichas contradicciones y luchas internas. Consecuencia, conclusión: el nivel 3 está aún más alejado de la realidad que cualquier otro módulo, bajo la insignia de crease una identidad, de ser un yo, pues tiende a crear una realidad falseada del mundo. Por otro lado es el único, por paradójico que parezca, que es capaz de reparar sus propios estropicios. Cuando hablo del insight, de la autocomprensión, me refiero a que este módulo se tiene que desprender, de esa otra de sus capacidades, para crear una autoimagen, pues esta autoimagen al final distorsiona las potencialidades de dicho módulo. No se tiene que tomar en serio (reírse de sí misma), tiene que cuestionarse de forma constante. No voy a decir que he encontrado una solución, pues esta regla en vacío no sirve de nada. La autoconciencia, en tanto que razón, tiene la capacidad de analizar la realidad de forma fría y distante. Tiene la capacidad de ser un proceso de abajo hacia arriba, ya que si una y otra vez uno “destapa” cuándo uno de sus procesos es un sesgo o una racionalización, en vez de una razón, al final crea el “hábito” de razonar de forma “correcta”. Es como un juego de músculos y articulaciones, que hay que desarrollar para al final ser un buen tenista. Pero… ¿se puede hacer tal cosa?, ¿qué se gana y qué se pierde? Desde esa razón, sin “máscaras”, uno ve toda su posible acción o racionalización como posibles posturas erradas, cuestión que es complicado de hacer, si no cae en la cuenta de que quizás haya otra motivación más debajo en todo el proceso. A la vez ese proceso lo va a hacer con los otros… ¿no es una visión cínica del mundo? ¿Qué es el humano sino su máscara? Ese juego al que todos jugamos con la condición de que nadie diga que es un juego (Diógenes, Hobbes, Schopenhauer, Nietzsche… el niño en el cuento de “el traje nuevo del emperador“). En esa nueva condición, de repente todo es una matriz, en donde uno ha tomado la pastilla roja. ¿Es eso posible o es otro autoengaño? Ahora, esta diatriba, se ha vuelto un nuevo paradigma. Las feministas creen haber tomado la pastilla roja; se cree incluso que las hermanas Wachowski crearon este concepto bajo las premisas de cuestionar al mundo binario del género. En realidad es tan antiguo como la humanidad. Ya estaba implícito en la caverna de Platón. Este se preguntaba si esa persona que había salido de la caverna se podría comunicar con los que permanecían en ella. El síndrome de Casandra nos dice lo mismo, alguien a quien los dioses la castigaron con ver el futuro, pero que a la vez la castigaron para que nadie la creyese.

   Conclusiones finales. La performatividad bien tomada puede ser esa conciencia que se desprende de “papeles”, de roles, de identidades. Pero ya hemos visto en el escrito anterior que por el bien de la humanidad algunos roles no se tienen que cuestionar, e igualmente hemos de tener en cuenta que el núcleo no es modificable. ¿Y qué es cuestionable o cambiable y qué no?, cada identidad, sea más real o menos real, va a dar su opinión. El feminismo nos dice una cosa, la Iglesia y la necesidad de Dios nos dice otra. ¿Son sesgadas o no lo son? Las nuevas generaciones hacen creernos que se saben reír de sí mismos, pero es otra pantomima, es tan sólo un juego mimético (meme-tico) de mentalidades omega, que siguieron a un primer alfa. Por lo demás se ríen de cosas superficiales, y no llegan al tuétano de sus “esencias”, y no con el afán de llegar a alguna catarsis, o posición mejorada. Una vez que hemos creado un juegos de espejos, a cuál disparar para que al final quede sólo la realidad (escena de La dama de Shanghái), ¿hay algo fuera del juego de espejos? De hecho la realidad actual se puede explicar bajo el paradigma de que hemos de mantener la narrabilidad del mundo, y que el posmodernismo, en la medida que ha ido quitando máscaras, está nihilizando la realidad social; está creando el mundo y la sociedad actual. A nivel individual, personal, ni siquiera es posible. O estás fuera de la sociedad y te salvas de hacer papeles y caer en roles, o estás dentro e inevitablemente las situaciones te van a meter dentro de los juegos sociales. Esa es a la conclusión que llega una y otra vez Sartre en sus obras; en “el Diablo y el Dios” el protagonista se atiene a hacer de “malo”. Se tarda en comprender, pero al final te das cuenta que no hay nada fuera de los reflejos sociales. No importa que hoy derrumbemos este o aquel, no se hace para vivir con la verdad, sino para levantar nuevos espejos (máscaras, convenciones, reglas). En algunas ocasiones creando más y más distancia con respecto al primer nivel. La performatividad mal entendida, si pretende que no hay naturaleza, crea un espejismo aún mayor. Una identidad del tercer nivel con más pretensiones de ser Dios, de ser todopoderosa. En soledad yo puedo quedarme con el primer y el tercer nivel, pero en cuanto tengo que relacionarme ya entro de lleno en el segundo nivel. Ni siquiera la cosa cambia de si fuese el caso que viviese con alguien que tuviese mi misma forma de comprender el mundo. Dos cuerpos siempre verán el mundo desde una posición distinta, desde dos ángulos distintos. Esas diferencias acumulativas les crearán identidades, y por ello conflictos, como así les sucede a los gemelos. Vivir es hacerlo en el mundo de las sensaciones, las emociones, las pasiones, que al final nublarán cualquier mente por muy racional que se crea… ¿Qué hay detrás del humano?, más y más humano. ¿Qué detrás del espejismo que es la realidad?, más espejismo. No hay nada fuera de matrix; Neo al salir de matrix entro en otro tipo de matriz. ¿Qué hay fuera de las identidades que uno se construye?, el carácter, un ente casi tan frío y mecánico como el propio cuerpo. Allí no reside un autenticidad, aunque sí una “verdad”: que somos reacciones al medio, complejos ante un medio complejo, pero al fin y al cabo reacciones fisiológicas. Del otro lado la razón, que si uno trata de ajustarse a sus parámetros, esta tiende a parecerse más a una computadora que a un alma. Algunos filósofos o pensadores, creerán haber encontrado el pináculo de la autenticidad, de desenmascaramiento, como lo puedo parecer yo aquí, pero yo soy más humilde y realista. Sé que aquí no hay nada, puro espejismo que quizás pueda ser útil en algún momento de la vida y para algunos, pero que no sirve ni para vivir, ni para construir felicidad; ni en el individuo, ni en lo social.


El largo párrafo entre dos líneas horizontales lo añadí el día 11. Hay redundancia con los siguientes párrafos, pues no revisé el conjunto. Algún día lo arreglo.

Cerebro Dividido y Justificación.

    Pienso que este vídeo es bastante elocuente sobre todo lo postulado en este escrito. Es el cerebro el que trabaja por sí mismo. El prefrontal, como “conciencia de” crea la ilusión de un agente o yo. Pero este desconoce todo del cerebro. En tanto que está constituido para crear una narrativa de sí mismo, cuando no sabe algo lo racionaliza. Pero creo que quizás la más simple prueba de ese hecho es que el prefrontal no “decide” olvidar esto o aquello. Cada acción en el mundo “crea” un mini-programa en el cerebro (unas conexiones dentríticas), en donde uno de sus encabezados tiene la premisa de que ha de quedar resuelto. Que no cree dolor, que no vaya contra el autoconcepto de uno mismo, que no vaya contra la homeostasis, que no cree conflictos emocionales, ni disonancias cognitivas. Si dicho mini-programa no haya una solución, el cerebro ha de tener la premisa de “olvidar”; que el módulo de evocar un recuerdo no tenga acceso a dicho “archivo”; en otros casos distorsiona el recuerdo para encaje con la narrativa de uno mismo.