La Performatividad y los Milenial

Lo transgresor ahora es ser conservador.” Los increibles 2
es artificio, la mentira necesaria que todos necesitamos para sobrevivir.” Adam Resucitado
– Ahora todo es distinto.
– Aún podemos tener pensamientos propios.” Leave no trace
Nuestras cicatrices tienen la virtud de recordarnos que el pasado fue real.” Dragón Rojo (Trilogía Hannibal)

    (Este escrito es en réplica a un vídeo en YouTube, pero que en la dirección de que no parezca un ataque personal, no lo enlazaré. Me resulta gracioso que se crean tan “performativos” y seguros, y después borren algunos comentarios que tan sólo van en la dirección de discrepar o puntualizar. Por cierto, no acepto estas clasificaciones, las dos del título o tal como las interpretó, pero la “uso” porque la persona del vídeo usaba una y otra. ¡Que manía con tratar de poner nombre a todo! No tomarse la vida muy en serio, o con humor, no tiene porqué tener un nombre: es simplemente vivir. Por lo demás este escrito tiene sentido con respecto al anterior, parece su segunda parte, pues trata el tema de los roles sociales, tema que no había tocado con anterioridad.)

    Imaginemos el siguiente experimento mental. Hago malabarismo tirando bolas en el aire, primero dos, después tres… cuatro. ¿Cuántas bolas puedo llegar a mantener? Compliquemos la cosa. En cada bola hay un genio o duende que a su vez tira bolas en el aire, que a su vez tiene de nuevo otros duendes que tiran bolas. Hemos creado un sistema autorreferencial, geométrico, infinito (a propósito de autorreferencial y un posible chiste: “¿Qué es un milenial?, alguien que habla de los milenials”). ¿Qué acto he hecho yo?, qué acto está directamente vinculado a mi malabarismo. ¿Todos, sólo los primeros? Yo puedo fallar, mi fallo se daría en las bolas que yo manejo. Si un fallo se da en el tercer nivel de duendes es un fallo “suyo” y sólo repercute hacia arriba de su referencialidad, no hacia abajo. Si yo dejo caer una bola soy el “agente” directo de la caída de ese duende y hacia arriba de esa referencialidad. Este acto, el de dejar caer la bola, es una intención, donde tiene que haber habido un deseo personal y por lo tanto de una identidad y una posible volición o acto libre de dejar caer la bola. Pero, ¿quién es el que ha deseado, quién el que ha hecho el “acto libre”?

   El posmodernismo, donde la performatividad es una de sus “hijas”, está en la cuerda floja de dos consecuencias de sus posturas y “credos”: no existe agente transfenoménico, ese que tiene un deseo, una identidad y “decide” en un acto libre, todo es acto; pero asumir tal cosa es asumir que no hay un agente en el cerebro, de tal manera que ¿todo es fenómeno?, una colección de actos, de conexiones cerebrales. O dicho de otra forma, todo el cerebro es una referencialidad al infinito de módulos que no “toman” una decisión, que no tiene una identidad y se “apasionan”, pasándose la “patata caliente” de unos módulos a otros otros, de tal manera que al final se haya generado una suma y sigue, como para que se haya dado una alta probabilidad de que una opción sea mejor que otra (algo así cree que es la científica Susan Greenfield). O sea, como si de una urna se tratara, que se fuera pasando de zona en zona del cerebro, y en donde cada módulo va metido su voto sobre su “opinión o decisión”, hasta que la situación y su premura abren esa urna y se hace un cuenteo de todas las posturas. Tal presunción, llevada al ejemplo de las bolas en el aire y los duendes, sería que no existe ese primer individuo que toma unas bolas y las lanza al aire. “Ellas” son la realidad y no hay manos tras de ese vuelo y tras de cada nuevo juego de bolas que genera cada bola. Esta es la presunción de fondo de la performatividad, los actos nos definen, accionar en el mundo es ser; mientras que lo performativo va más allá, pues en tanto que el habla es un acto, nos hacemos ser en el hablar, con el problema consiguiente que puesto que este habla puede ser un discurso, cada recoveco del discurso, abre nuevas posibilidades intencionales o de ser. El problema de este tipo de pensamiento o abstracción, ya llevado a lo social, sería que quién sería el culpable de cometer un crimen. Un sujeto humano es una “agente” social, que por su forma de accionar en el mundo lo altera, luego su acción sí tiene unas repercusiones sociales, luego de un modo u otro al final se “vuelve” en un agente, aunque tal “acción” la queramos haber evadido o restado del cerebro. En el acto criminal, en las leyes, de nuevo restituimos una intención o no, que proviene de un deseo o intención primera que a su vez tiene un agente que conoce, que comprende, que es consciente de ese deseo y lo deja hacer o lo acciona. Nos ponemos de frente al dilema del libro “el extranjero“, en la piel del personaje de la conocida obra de Camus, en una tarde calurosa en la que “su cuerpo” mató a alguien, y en donde ante el juez, buscando este un porqué, y preguntándoselo al “agente social” que tenía delante, al que se le presupone un agente interior, este no supo decir otra cosa que si lo mató fue porque “tenía mucho calor”. La respuesta más nihilista posible para un mundo de razón y de “agentes” sociales e intencionales.

    ¿Cómo es que no estamos cómodos ni con una postura ni con otra? Ni queremos tener un ente en el cerebro al que se le pueda llamar y que posea una identidad definida: ser un yo o carácter, ni queremos no tenerlo. Esa duda primera o posición indefinida y sin solucionar es por definición el posmodernismo. Si no hay agente puedo ser cualquier cosa, me “hago” al hacer -el habla según John L. Austin es otro modo de hacer- y toda definición que venga desde afuera, de los otros, me “mata”, me aliena, me constriñe, me roba esa “libertad” constructiva; pero tampoco estamos cómodos en pensar que el cerebro es simplemente una “colección” de fenómenos que son pura acción e inmediatez, bolas en el aire sin ningunas manos…, pues en definitiva ¿quién modula una oración larga?, elige tal adjetivo frente a otro, un superlativo que realza, o un verbo ante tres posibles…, ¿quién modula este escrito que parece emanar por sí solo?. Y sí, en el escrito podemos revisar y reescribir, pero según Derrida y el deconstructivismo, la escritura es la hija bastarda del habla. “Deseamos”, necesitamos comprender que somos un agente, pero que a la vez decide no tener entidad o identidad, y que se hace a cada momento, lo cual ya nos lleva a la paradoja de que sí existe realmente un agente o causa primera de toda acción, por lo menos en tanto que ese deseo de no tener identidad. Ese que lanza las primeras bolas en el juego de malabares. De otra manera, en cuestiones legales uno puede no ser el criminal, el que acuchilló, pero puede ser el autor en tanto que fue el que dio la orden o empujó a otro a cometer el crimen…, el que tiró la primera bola al aire. Esta dualidad en las creencias se ve representada ante el dilema de quién sufre un trastorno o enfermedad mental y quién hace un acto heroico o digno de mención. Por lo general cuando hay algo mal en nuestra conducta preferimos decir que es el cerebro el que nos está “funcionando mal”, el que tiene el daño, al igual que los problemas de la efectividad del filtraje de líquidos y de la orina es “culpa” de los riñones; pero por el contrario si algo es de alabanza es por esa entidad que somos dentro del cerebro. E aquí un ejemplo de esta idea: “haz una pausa para reconocer el hecho de que tu ansiedad está actuando, sin juzgarte a ti mismo por ello. Hay un tipo de poder que te llega con simplemente decirte a ti mismo: ‘así es como son las cosas, no son totalmente las mejores en este momento’. Tienes un ‘huésped’ indeseado (la ansiedad) en tu casa (el cerebro)”, (fuente). No deja de ser una versión menor de la dualidad demonio/Dios, en donde todo lo malo es del demonio/cerebro y todo lo bueno de Dios/yo. Paras ser lógicos y honestos o somos sólo cerebro y una “colección” de funciones, o tenemos un yo o agente “definido” tanto para lo bueno como para lo malo.

   En el mundo de las ideas nos dejamos llevar por cierto paradigma y tendemos a sobredimensionarlo, para finalmente dejarlo caer en un espacio “normalizado”.(1) Fijarse que en todo se siguen las reglas de la física, el equilibrio nunca existe, tan sólo una tendencia al equilibrio, un sube y baja de una posición central. De igual forma un descubrimiento se comporta como el tirar con ímpetu una pelota contra el suelo: rebotará con fuerza las primeras veces, para finalmente perder el trabajo que se ejerció sobre ella, en donde la energía se disipa y la pelota vuelve a un estado de reposo. Por otro lado la historia es cíclica: retoma ciertas ideas bajo otros aspectos renovados, con más datos científicos y fortalecidos por otras ciencias, para al final darnos cuenta que, quizás, allí no había realmente ninguna novedad. ¿Qué diferencia existe entre el sofismo y la performatividad en su núcleo?  Los sofistas eran un tipo de maestros de la filosofía griega que daban especial interés o protagonismo al discurso, a la retórica, a la palabra. ¿Resultado?, hoy sofisma quiere decir: “razón o argumento falso con apariencia de verdad” (RAE). Breve historia de tal hecho: “Sócrates” hoy encajaría perfectamente con alguien performativo y dentro de los deconstructivistas (polemizar contra todo el que se crea seguro de algo). Su saber era a través de mostrar las contradicciones de los otros, a través de los diálogos (cínico, si se piensa bien). Este modo de hacer, de operar en el mundo, fue puesto en “papel” por Platón, su discípulo, en sus obras, en donde su principal forma de filosofar eran los “diálogos”. Aristóteles asentó casi todas las bases de lo que entendemos hoy por filosofía. En la “decadencia” del periodo clásico, los sofistas se centraron más en la retórica que en la filosofía, en poner especial atención en saber llevar un discurso como para “ganar”, frente al saber y verdad que pudiera haber detrás, de fondo, en dichas estrategias del habla. ¿No pareciera que hoy en día estamos en esa misma época?, en donde el discurso, rodeado de un elaborada y estudiada pose de gestos y tono de voz, son lo más importante. A este proceso hemos llegado, en parte, por las ideas de la performatividad, que sobre todo sobresale en los políticos, los coach, los influencers y finalmente en los YouTuber, cada uno de ellos en una esfera y al final sobre una “clase social”, si puede seguir siendo legítimo tal concepto. ¡Que paradójico, y cínico, que nos moleste en los políticos y no en otros, y nos resulte positivo si esa es nuestra postura! Lo que quiero decir, es que si lo importante es ese aparecer, ¿por qué creemos que alguien puede ser más legítimo o auténtico que otro, si lo único que vemos en ambos casos es esa máscara del discurso o de su aparecer?

   Demos un paso atrás y tratemos de tomar un punto de vista más panorámico sobre todos estos temas. La performatividad es parte de la teoría del aprendizaje social, que viene a decir que si cierta persona no tiene un patrón sobre alguna cuestión, acciona en el mundo desde cero, de tal manera que ese primer patrón o forma de hacer le crea dicho patrón, que será, por lo general, su forma de operar ante dichos tipos de problemas en el futuro. ¿Cuál es el esquema de tal hecho?, que el humano se hace accionando en el mundo. O sea, que no parece haber unas manos -naturaleza, ser- que tiraran la primera bola al aire, pero una vez que la bola está en el aire se crea la “necesidad” de que exista unas manos que mantengan a la bola en el aire. Se sigue la premisa del existencialismo: hacer es Ser, que en John L. Austin, padre de la teoría performativa, se transforma en “decir es hacer”, y que al final podría ser tomado en lo performativo como “decir es Ser”. La teoría del aprendizaje social tiene su equivalente en el mundo de las emociones en la teoría de James Lange (teoría periférica), que viene a decir que si sonrío, se crea la emoción que es la base de tal gesto, y que es la felicidad o la alegría. La actual y arquetípica idea de que si uno se pone un bolígrafo o palo de forma trasversal en la boca, que obliga a los “músculos de la risa” a estar para arriba, ya se induce su estado emocional parejo. De igual forma esta teoría puede ser tomada como parte de una teoría aún más global llamada “cognición encarnada“, en donde el verbo encarnado, aquí, no es algo místico, sino simplemente es un sinónimo de corporizado, en tanto que cuerpo. Según este paradigma el cerebro, la cognición, es siempre y ante todo reducible a algo físico y relativo al cuerpo. Por ejemplo, el habla, no la abstracción que tenemos en mente sobre el lenguaje y es la que usamos todos los días, la cognición encarnada la reduce a sus posiciones musculares: boca, labios, lengua, cuerdas bocales y pulmones, de cada fonema y sus correlatos neuronales en el cerebro.

   Ahora desmontemos todo este andamiaje artificial a ver si se mantiene su construcción. En unos casos y otros la cuestión es en qué dirección fluye un comportamiento. La forma clásica es creer que es desde el cerebro, arriba, hacia el cuerpo, abajo. En las tres teorías expuestas es al revés, de abajo hacia arriba. Desde el cuerpo hacia el cerebro. Para ser realistas es de las dos formas, el caso es saber cuál es la vía “principal” y sacar conclusiones a partir de ahí. Lo que está en juego es si hay un Ser, si hay un agente, si hay una naturaleza, o sólo somos en tanto que hacer. Primero hay que poner las cosas en claro. Hay a ciertos pensadores que les “convenía” más que fuera de una forma que de otra. La performatividad y el giro performativo ha sido sustentado por personas como la teórica feminista Judith Butler, Derrida y Foucault, trio con la premisa de querer “derrocar” el concepto o los roles, según se analice, de hombre y mujer o del sexo binario. O sea, precursores de las teorías de género, que al final ha devenido en la teoría Queer. Bajo estos preceptos conviene que no haya naturaleza, que todo sea hacer. O sea, se acogieron a ideas o teorías que les “daban la razón”. No hacía falta llegar a esas ideas, a desechar la naturaleza por completo, pues hay explicaciones evolutivas para la homosexualidad, que de igual forma hubiera llevado a tal colectivo a ser “aceptados” y no a ser concebidos como una “aberración”, según la visión más radical y anterior sobre el concepto de qué era “natural”.

Performatividad y Milenials (Gráfica)

   Si nos remontamos a las primeras formas vivas estas eran simplemente hacer. Allí no había ser. No existían los sentidos, eran meras reacciones químicas, que son desde ese elemento que se acopla al exterior de lo vivo, hacia lo vivo, hacia su interior. Alimentarse o encontrar nutrientes o energía tienen esa dirección de abajo hacia arriba. Pero la evolución, la evolución del sistema nervioso, incluidos los sentidos, se basan en tener reglas establecidas. En un primer paso, si algo excedía de calor, el ser vivo se retiraba de esa fuente, en ese tipo de actos, reflejos, el cerebro no actúa, tan sólo el sistema nervioso, son de abajo hacia arriba. Pero a partir de poder dar varias respuestas posibles o de tener que evaluar situaciones más complejas se crearon las interneuronas, que son la base de la memoria y el aprendizaje, y dicha base crea una identidad. O sea, a un oso una flor no le “dice” nada, su ser, su esencia, es ignorarla, pero no así a una abeja. La naturaleza, o esencia de la abeja es que tiene comportamientos instintivos hacia la flor. La visión de la flor hace que su cerebro cree acciones en el mundo. De arriba hacia abajo: crear todos los procesos para que en su vuelo se dirija a la flor. En los animales sociales se crea una nueva dinámica o capa de abstracción. Se ve claramente en los suricatos, dividen tareas: unos cuidan la prole, otros recolectan comida, mientras otros están pendientes de los depredadores. Un aviso de estos últimos, a través de un sonido, sirve de “causa” para que el resto de suricatos corra y se esconda. En el proceso se les ha activado la amígdala, donde tal activación conlleva la emoción del miedo (alarma, en realidad, el hombre le ha puesto el nombre de miedo a esa “sensación” o emoción). No han visto a un depredador, pero un sonido de otro suricato ha hecho de “disparo” para el miedo. Quizás en este ejemplo la cuestión no quede muy clara. En animales gregarios, durante una estampida, nunca está en claro si hay un detonante directo para sentir miedo y correr. O sea una cebra que está distraída comiendo, de repente se percata que el resto corre y a ella se le activa la amígdala, el miedo, y se echa a correr. En situaciones como estas a veces no era por nada, sino por mero azar, quizás porque una cría se asustó, y se puso a correr por algo como un ratón, y el resto le siguió. Esta es la teoría de James Lange: se tiene miedo porque se corre. Una acción ha creado una emoción. Pero rápidamente nos damos cuenta de sus fallas. Es un tipo de reacción de abajo hacia arriba que no depende de la realidad, sino de una posible realidad. Si se afina bien, los neuróticos, que han terminado por ser una tipología humana, y una gran mayoría de trastornos, se basa en esta regla tendente al fallo, no basada en la realidad, sino en el error de no basarse en esta: en la rumiación, en las paranoias, ideas fijas, miedos infundados (fobias) y en el exceso del deseo de control (manías), etc., en donde la realidad no está o es ambigua. Lo que entra en juego en los animales sociales, al final, en las estampidas y estos tipos de actos, es la imitación, las neuronas espejos en los animales más complejos. Si alguien bosteza yo puedo no tener sueño, pero bostezo; varios bostezos consecutivos pueden hacer que me adormezca o me baje mi nivel arousal (nivel de vigilia o excitación), de nuevo el efecto de James Lange.

   Qué se concluye de este breve análisis. Aunque Sartre fuera existencialista y su bandera fuera la de “hacer es ser”, si se lee sus libros y sobre todo su ficción (teatro y novelas) su forma de analizar al hombre era más “determinista”, en el libro “el Ser y la nada” el para-sí, la libertad siempre está constreñida por el en-sí, por el carácter, el pasado, los otros, la situación y la condición de vida de esa persona. En la obra de teatro “El diablo y Dios” su protagonista trata de comportarse de forma opuesta a su carácter: cruel y determinante, pero al final se da cuenta que al “salirse de su papel” las cosas le van peor, no sólo a él sino al resto, por lo que “vuelve” a su naturaleza, a su “papel”. En un cerebro tan complejo como el humano, donde prima el aprendizaje y la neuroplasticidad, el proceso de abajo hacia arriba tiene cabida, pero sí hay una naturaleza humana, una genética, un código de patrones escritos. Bajo mi punto de vista las rayas hacen al tigre, o me atengo a la regla de la fábula de la rana y el escorpión: al final el escorpión muere ahogado por picar a la rana que le cruzaba el río, con la conclusión de que no podía evitar picarla, pues esa era su naturaleza. Esa naturaleza, además se ve reforzada por los roles sociales, roles que ya hemos visto en los suricatos. Una madre nunca puede dejar de ser madre. ¿Dónde está escrito qué es una madre?, en lo social o en la naturaleza. Es una mezcla de ambas cosas. La evolución es un sistema complejo con sus propias reglas, pero un sistema complejo, como lo es un animal social, tiene sus propias reglas. Las reglas sociales humanas se han “escrito” durante cientos de milenios. Se hace casi indistinguible qué es naturaleza y qué es sociedad, porque al final lo social repercute en la naturaleza. El siglo XX, con la performatividad, ha querido distanciarse de ciertos roles, de ciertos arquetipos, pero ¿ha sido para bien o para mal? La mujer ha “roto” con lo arquetípico femenino, de la maternidad, etc. El hombre se ha tenido que adaptar y ha suavizado (a desgana diría yo) sus roles. Todo estamento, desde el poder, a cualquier tipo de liderazgo, hasta conceptos como los de proletario o de trabajador, han suavizado sus posiciones o roles a otros más adaptados a la nueva dirección global. Lo dicho arriba, todo movimiento social tiene un primer impulso fuerte, sólo con el tiempo vuelve a su equilibrio inercial. Como ya dijera en el escrito anterior, sí tenemos un Ser, que es nuestro carácter, en el cual también incluyo los “daños” o beneficios de los primeros años de vida, como lo es y lo que hace el apego: el tipo de contacto y trato con nuestro cuidador, que suele ser la madre, y en un segundo plano el padre (o sus ausencias). Decía Sócrates que: “para un hombre que preserve su integridad, ningún daño real a largo plazo puede superarse“, y usa el verbo “puede” en vez de “debe” -que es el que el cerebro “espera” en ese contexto- por su “inevitabilidad”. Se dice que el psicoanálisis saca a flote los daños, otra cosa muy distinta es llegar a una cura o catarsis (síntesis, integración). En un caso u otro: una persona también es sus cicatrices. Pienso que hay varias generaciones, los milenials y la generación Z, que son “víctimas” o  “ensayos” de esta percepción “nueva” o alterada de la naturaleza humana y los roles. Es posible que ese “experimento” pierda su credibilidad o puede que se incremente. No lo sé. Tampoco sé si es para bien o para mal. Demasiados factores a tener en cuenta. Un artista es dimensionalmente, en tanto que ser, más cercano a los milenials, que a los roles y arquetipos de “siempre”. Son seres liminales, que en su esencia tratan de escapar de toda esencia, de todo lo dado. Están “creados” para ser rotura, por ser divergentes, para buscar nuevos posibles caminos, ante situaciones complejas. Son una “necesidad” evolutiva…, pero que toda la sociedad al completo tengan esas mismas “armas” y maneras de proceder me parece, cuanto menos, peligroso y desequilibrador.

   Puede que haya ido demasiado rápido en las conclusiones del último párrafo, para quien lo haya entendido que se salte el presente. Todo animal social porta “dos naturalezas”, dos potencialidades que posiblemente sean activadas a nivel de epigenética: ser social, ser individual. Esta doblez la portan más los machos pues por lo general el concepto de grupo social es a partir de las hembras y sus crías (hermanas, tías). Suelen ser los machos los que tengan que irse de su propio grupo, o bien para crear uno nuevo, o para unirse a otro que lo acepte. En ese estado liminal (existencia provisional) se tienen que valer por sí mismos. El humano porta esa dualidad. En la dimensión solitaria, como ya he descrito en otro lugar, uno se desprende de las emociones, que son básicamente para “funcionar” en grupo. No hay activación de neuronas espejo, no hay imitación (por lo menos antes de los medios de comunicación masivos, entre los que incluyo la televisión). Cuando se cuestionan los roles, cuando cuestionamos nuestra dimensión social, cuando no queremos ser reducidos a nuestra identidad de nación, o de sexo, o de nuestro trabajo, de nuestra edad, o de nuestra posición social, etc. -en un ejemplo si digo rubia, guapa y de padres ricos, todo cerebro ya se ha creado una idea de ese tipo de personalidad, de un estereotipo de mujer-, entonces estamos “renegando” de nuestra dimensión social, quedándonos en ese proceso tan sólo con el carácter y los procesos más altos del cerebro: el sistema evaluativo/ejecutivo. Esta es en la posición en la que se encuentra, en la actualidad, la sociedad del primer mundo, por lo general, puesto que la performatividad puso en jaque qué era ser mujer y por ello madre, y qué ser hombre y poder, y en donde el poderoso ya no ha de ser concebido como el explotador, puesto que todos somos susceptibles de llegar a tal posición. Bajo mi punto de vista rebelde, de artista, esa posición está bien: nunca me ha gustado que me definan, el artista es rotura, mi “alma” o esencia quiere lo mismo para los demás. Las definiciones son barrotes en la potencialidad del ser. Todo humano tiene esta misma premisa: sentir que su papel social le ahoga. En la antigüedad ese ahogo se desataba en las fiestas, sobre todo durante el carnaval, pues en el fondo son una rotura contra todo papel social, un quitarse las “máscaras”. Pero lo que hace a una sociedad, lo que hace que sea parte de su naturaleza, en su dimensión social, son esos roles. Lo vemos en los suricatos, o en las abejas: la evolución ha “creado” posiciones preestablecidas para una función, para un fin, para el bien común. Si en la dirección de tratar de romper moldes o roles, a nivel individual y por deseo de cada persona, todo se difumina, entonces los roles de padres pasan por el mismo proceso. Los milenials son un “prueba y error” de una posición en donde el “papel” de los padres se ha desdibujado. Ya no tienen que ser tan rígidos, tienen que comportarse casi como amigos, no como “entes” autoritarios. En esa medida se ha roto con algo que llevaba operando desde hacía milenios. A la fuerza era parte de nuestra naturaleza, aunque fuera en la dimensión social. Se supone que un hijo crea un apego hacia la madre, de un estado totalmente protegido, que el padre amortiguaba por su dureza y rigidez, como para que sirviese de adaptación a lo hostil que es vivir en sociedad. Llegado un momento el individuo por sí mismo busca la rotura tanto del apego, como de la fuerte autoridad del padre. Salta del nido, se vuelve independiente. Lo que se está averiguando, sobre todo con las últimas generaciones y ante esa rotura de roles, es la pérdida tanto del apego como de la autoridad: el niño tiende hacia una personalidad con distintos tipos de trastornos, y entre ellos el narcisista. El apego es diádico, de dos, a falta de madre ese papel lo puede hacer el padre, pero por lo general “encaja” mejor la mujer, pues tiene la química hormonal para ello. La nueva situación en la que la madre trabaja, en alguna medida manda al traste la concentración y el tiempo de la madre para mantener un apego seguro, que equilibre la emocionalidad del niño, como para que cuando sea adulto no sea demasiado miedoso o ansioso, por ejemplo. ¿Es esta nueva actualidad la que ha “creado” la llamada generación “copo de nieve“?, la que es más susceptible a padecer la baja tolerancia al estrés y la frustración. Por otro lado los nuevos cambios de roles y las nuevas situaciones son más tendentes a crear trastornos de apego, como ansiosos-ambivalentes, ansiosos-evitativos o desorganizados, lo que manda al traste la maduración emocional y social del adulto. En la cultura occidental se está promoviendo un alto grado de diálogo y casi la total ausencia de una fuerte y rígida autoridad (padre ausente, o puesta en duda de su papel rector), lo que es susceptible de crear un tipo de personalidad con una seguridad totalmente disonante e irreal: narcisista, pues la madre sólo alagará al hijo, y después este saldrá a un mundo, con esta falsa seguridad, en donde nadie la aplaudirá nada: la adaptación cerebral le llevará a pensar que él está acertado y que lo que está equivocado es el resto del mundo. Este tipo de personalidad es el que sale a relucir en programas como “gran hermano” y otros reality show, u ahora en los YouTuber: falsas seguridades que se caen a la menor. De una manera u otra la “caída” de los roles ha creado el panorama actual, en donde cada vez hay un mayor grado de inadaptación social. He aquí la lista de la repercusión en los hijos, ante esta caída o puesta en suspensión de los roles, proporcionada por la Wikipedia:

   “Los hijos de familias disfuncionales, ya sea en el momento, o a medida que crecen, también pueden:

  • No tener la habilidad de ser juguetones, o infantiles, y pueden “crecer demasiado rápido”; a la inversa, pueden crecer demasiado lentamente o estar en un modo mixto (por ejemplo, comportarse bien, pero no ser capaces de cuidarse solos).
  • Tienen problemas de salud mental de moderados a graves, que incluyen depresión, ansiedad, y pensamientos suicidas .
  • Tienden a convertirse en adictos al tabaco, el alcohol o las drogas , especialmente si los padres o amigos han hecho lo mismo.
  • Intimidan o acosan a otros, o son una víctima fácil de ellos (posiblemente tomando un papel doble en diferentes situaciones).
  • Estar en negación con respecto a la gravedad de la situación de la familia.
  • Tienen sentimientos encontrados de amor-odio hacia ciertos miembros de la familia.
  • Convertirse en un delincuente sexual, posiblemente incluyendo pedofilia.
  • Tiene dificultad para formar relaciones saludables dentro de su grupo de compañeros (generalmente debido a la timidez o un trastorno de la personalidad ).
  • Pasan una cantidad excesiva de tiempo solo viendo la televisión, jugando videojuegos, navegando en Internet, escuchando música y otras actividades que carecen de interacción social en persona.
  • Se sienten enojados, ansiosos, deprimidos, aislados de los demás, o no son dignos de ser amados.
  • Tener un trastorno del habla (relacionado con el abuso emocional).
  • Desconfía de otros o incluso puede que tenga paranoia.
  • Convertirse en un delincuente juvenil y que recurra a una vida delictiva (con o sin abandonar la escuela), y posiblemente también se convierta en miembro de una pandilla .
  • La lucha académica en la escuela o el rendimiento académico disminuye inesperadamente.
  • Tiene baja autoestima o una pobre imagen de sí mismo, con dificultad para expresar emociones.
  • Rebelde contra la autoridad de los padres o, a la inversa, defiende los valores de su familia frente a la presión de los compañeros, o incluso trata de adoptar un “terreno intermedio” imposible que no complace a nadie.
  • Piensan solo en sí mismos para compensar la diferencia de su infancia (ya que aún están aprendiendo el equilibrio del amor propio ).
  • Tienen poca autodisciplina cuando los padres no están presentes, como gastos compulsivos, postergar demasiado las fechas límite, etc. (consecuencias familiares desconocidas, incipientes y aparentemente laxas o evitables vs. consecuencias paternas conocidas, concretas y rígidamente impuestas).
  • Encuentra un cónyuge o pareja (a menudo abusivo) a una edad temprana o huye de su hogar .
  • Quedarse embarazada o ser madre de hijos ilegítimos .
  • Corre el riesgo de convertirse en pobre o sin hogar, incluso si la familia ya es de por sí rica o de clase media.
  • Vive un estilo de vida solitario, sin cónyuge, pareja, hijos o amigos.
  • Tener comportamientos autodestructivos o potencialmente autolesionantes.
  • Tienden a unirse a un culto para encontrar la aceptación que nunca tuvieron en casa, o como mínimo, tienen creencias filosóficas/religiosas diferentes de las que les enseñaron anteriormente.
  • Se esfuerzan (como adultos jóvenes) por vivir lejos de los familiares en particular o de la familia en general, posiblemente pasando mucho más tiempo con la familia extendida .
  • Perpetúan comportamientos disfuncionales en otras relaciones (especialmente con sus propios hijos).”

  ¡No impacta tal lista! Aquí vemos qué se gana y que se pierde con la complejidad de la vida. Más complejo no quiere decir precisamente mejor, que puede ser, quiere decir más posibilidades para que algo salga mal. “Crear” un humano es gratis, pero hacerlo un adulto con madurez emocional es costoso y muy complicado. Se dan tantas variables, que es más por azar que por su búsqueda, pues no depende de una sola persona o de ambos padres, sino de una multitud de factores que uno ni siquiera llega a vislumbrar en cada momento del crecimiento de ese ser humano. Además, a la complejidad del cerebro humano, en la evolución histórica, hemos ido creando más complejidad en el medio donde este crece. En una pequeña tribu de cazadores recolectores apenas si se dan unos pocos factores de variables. En las sociedades modernas, en las grandes ciudades, y sobre todo ahora con Internet y los móviles, todo es más caótico, imprevisible y tendente a que se pueda perder el control de la vida y la educación de tu propio hijo. Las probabilidades son tantas, y el tema tan actual, que la lista de películas sobre las familias disfuncionales es enorme. Por lo demás, en lo social, ¿qué se pierde por el camino de poner en jaque a los roles?, primero la madurez, el niño llega a la adultez con una emotividad no madura, se incrementa y generaliza el complejo de Peter Pan; lo segundo, a un nivel más ontológico, se tiende hacia seres humanos “performativos”, que reniegan de su carácter, de conocerse en profundidad, resultándoles incómodo ese carácter que a veces les sale en lo social. No voy a decir que alguna vez existió una paternidad sin taras. Eso quedó demasiado atrás en lo humano, existe en las tribus de cazadores recolectores de la actualidad, pero desde que el humano apostó por los grandes asentamientos la tendencia ha sido hacia el desequilibrio. Las nuevas sociedades son cada vez más caóticas, más tendentes al “ruido; lugares cada vez menos propicios para los apegos seguros. No voy a echar toda la culpa a las nuevas sociedades, la vida es demasiado aleatoria y dura: muerte de uno o los dos padres, padres crueles, madres demasiado protectoras, familias con demasiados hijos (numerosas)… Y tampoco voy a decir que sólo es un humano “correcto” aquel que es maduro emocionalmente; los trastornos, ciertos tipos de personalidades y la ausencia o dureza de uno de los padres crean humanos excepcionales, quizás más tendentes a la genialidad en su liminalidad que una persona “normal” (Mozart y su padre). Otra cosa muy distinta a considerar es si este nuevo tipo de sociedad crea estabilidad o felicidad, tanto a nivel individual como social. La generalidad de la humanidad, vinculada a las pantallas, las redes sociales y la tendencia del individuo hacia lo autopoiético, es hacia la rotura del tejido social, a la puesta en duda del mundo emocional, tanto el propio como el de los demás, lo que lleva a una sociedad de seres liminales, cínicos y nihilistas…, aunque ellos en su máscara de sanidad no lo quieran reconocer. Ya saldrá en la vejez.

   Conclusiones. Sí hay una naturaleza humana, en esta naturaleza se incluyen los roles sociales. Uno nace risueño, taciturno, iracundo, pertinaz, etc., y está más o menos preparado para ser madre, o “jefe”, o artista, u orador, etc. Suele haber una correspondencia entre lo que se es y lo que se hace, ¿quién cree que alguien con algún tipo de poder pueda ser una persona cándida o ingenua?, a no ser que ese poder lo haya heredado, y aún esto: para mantenerse en el poder se tiene que carecer de esas condiciones, de ese carácter. A no ser que sea un títere que lo mantiene ahí alguien en la sombra, como fue el caso de Juana de Arco. Algunos llegan a saber y asumir sus condicionantes, mientras que otros, la mayoría, nunca lo harán. La evolución social va a la par de lo evolutivo/adaptativo de la especie. La teoría sobre la adaptación social, la teoría de James Lange y la performatividad sólo dan con verdades a medias, que hay que tomarlas con ciertas reservas. Bajo mi punto de vista somos seres duales, y esa intersepción se puede resumir a la frase de Sartre de “a esos que, alegando seriedad de espíritu o excusas deterministas, se ocultarán su libertad total, los llamaré cobardes; a los otros, que tratarán de demostrar que su existencia era necesaria, cuando la aparición del hombre sobre la tierra es mera contingencia, los llamaré cabrones…”, tiene que haber un término medio, no hay que tomarse a uno mismo y a su identidad muy en serio, ni ser tan sólo un arlequín que cree carecer de identidad y es tan sólo la máscara que se ponga ese día. ¿Y dónde queda la intención?, y una posible autenticidad. No hay un sólo lugar de esta, no hay tal autenticidad. El ego, el carácter más profundo, lo instintivo, tiene una “intención”, lo mamífero o emocional tiene otra, y lo racional una tercera. Los roles están en los dos últimos escalones, en lo emocional/social. La intención “nace” y sube esos tres peldaños, y dependiendo de la situación y el carácter de la persona, se “expresará” un escalón o intención, u otro. ¡Claro!, hay una primacía del núcleo, si queremos que nos amen o nos validen, esto tiene que provenir del tuétano, de lo más profundo; lugar, concepto u órgano que en el lenguaje occidental hemos llamado corazón. Ahí reside el tipo de amor de la madre, y llamamos lealtad -sin fisuras, sin dudas- a ese tipo de relación con aquellos otros que no son nuestra madre. Queremos de la misma manera ese tipo de amor profundo y que nace de las entrañas en la pareja, porque sabemos que nos va a ser leal. Igualmente llamamos auténtico a aquel que no tiene peldaños, que su intención primera no sube por escalones y sale “libre y salvaje”, pero como ya dijera en el escrito anterior, hemos creado las reglas y las convenciones sociales ante el “peligro” que ese estado indómito nos pueda ser amenazante o dañino. Los escalones son y están porque se han dado en lo evolutivo/social. La paradoja, lo que se aprende con la edad, es que en muchos casos tanta emotividad, por parte del otro, es susceptible de conllevar al pensamiento sesgado, a lo obsesivo, a lo dogmático y por ello tendente a podernos hacer daño. Se restituye el “credo” en los roles, y el papel de lo racional o tercer escalón en las relaciones. Damos la razón a lo institucionalizado, al pacto social; ponemos en duda la intención del primer escalón, y llegados a cierta edad incluso del segundo escalón. Por algo se le llama la edad de la razón. Cuando algo hiere suele ser porque da en el “hueso” que es la naturaleza, el carácter de uno -que en el caso de los narcisistas se se manifiesta como “ira y herida narcisista“-, ese que no muta, en donde las heridas ya son cicatrices imposibles de disimular. Decía Platón que “el único daño que puede llegar a una persona es el daño al alma“. Tatúate lo que quieras una cicatriz, pero siempre estará ahí. Yo soy mis daños de la infancia, no se superan, se convive con ellos, por medio del “insight“, porque ignorarlos por completo puede fortalecerlos (ley del esfuerzo transformado), y si se puede se les ignora en la medida de lo posible, no por cobardía, sino porque no hay que “hacer leña del árbol caído”, o caer en el victimismo. En definitiva, que ponerte un bolígrafo en la boca para forzar la risa y que el sistema opere de abajo hacia arriba funciona, pero eso no es realmente la felicidad. La felicidad se encuentra en las motivaciones, y estas nacen del núcleo, de la base de la construcción, del ego, del carácter. En otro caso, las actuales películas hollywodienses caen totalmente en lo performativo y están vacías de alma: todo es hacer, no hay nada de Ser, nada de contenido o profundo en sus diálogos o tramas… ¿quién las puede “amar” realmente? Por otro lado el cine “indie”, en su recóndito ataque a los estereotipos y arquetipos, parece caer en el nihilismo y en representar al yo cristalizado y a las relaciones como líquidas. De una manera u otra el cine representa muy bien la actual crisis de todos estos lenguajes de la posmodernidad, y de una manera y otra las personas no se sienten satisfechos con este nuevo cine que invisibiliza todo aquello que creíamos como propio de la naturaleza humana.

   Hace poco me encontré que el inglés tiene dos palabras para voluntad, una de ellas proveniente del latín, como la nuestra, pero después tienen “will“, que sólo está en las lenguas germanas, como lo es el inglés. “Will” es algo entre medias de querencia (curiosamente este concepto no tiene equivalente en inglés, y usan el español), disposición o determinación, potencia, y de ahí poder y por extensión virilidad, más cercano a deseo o impulso que a razón. También más cercano a motivación que la palabra voluntad de las lenguas latinas; esto se acerca a mi idea que propone a la motivación como base de una voluntad más profunda y que esta asentada en los ganglios basales, encima de tallo cerebral, las zonas más antigua del cerebro. El concepto de “voluntad de poder” (Wille zur macht), de Nietzsche proviene de esta acepción de las lenguas germanas. De una manera u otra en ese núcleo que es el carácter está la “verdadera” voluntad, pues de la voluntad latina proviene volición o acto de elegir, que ya es razón; de esta manera tener voluntad para trabajar es elegir trabajar, manteniendo enérgicamente esa elección. Como sea, que me alargo. De lo que se trata es de trabajar con el propio carácter, fortalecer sus pilares, muros y columnas. Desde arriba hacia abajo, y no quedarse en lo externo, en enlucir las paredes y pintarlas. Lo performativo puede reducirse a la acción, a ejecutar actos. En definitiva al hacer, no realmente al Ser. El hacer modifica el cuerpo, el “alma” (núcleo), con sus daños y potencialidades en muchos casos nunca afloradas, permanece inmutable. Si algo se rebela, es que ya estaba allí, en el “alma”. La cirugía estética, no es estática. La situación social actual es el contacto a distancia, en redes, a través de fotografías y vídeos, en donde es muy importante la primera impresión, eso ha llevado a lo humano al puro aparecer, al exterior. Las nuevas generaciones son víctimas y a la vez verdugos para que se mantenga tal estado del protagonismo de la superficie. Es muy posible que las ideas que presento aquí, sean más cercanas a las de Nietzsche. La razón es duda, el carácter es esa voluntad de poder, cercana a la fuerza vital. ¿Cuántas madres no habrán tenido momentos de querer tirar la toalla?, esa duda nace de la razón; Desde el instinto, de la voluntad “animal”, desde ese núcleo de su carácter, es de donde al final sacan las fuerzas para continuar. Esta misma idea, la que estoy plasmando aquí, y que es posible que fuera la de Nietzsche, es la que se deduce sobre “la fuerza” de la saga de “la guerra de las galaxias”. La monserga que siempre se oye es: “déjate llevar por tu instinto”, en donde tal cosa quiere decir que no analice la situación desde la razón o prefrontal, sino que deje salir ese algo interior y más profundo.

   Tampoco hay que dividir a los humanos a una infinidad de géneros. Siempre suele haber una preferencia principal, que es el equivalente a carácter o naturaleza, si después se tienen otras secundarias no es tan relevante como para asignarles un nuevo nombre, pues los nombres serían infinitos. Si mi preferencia principal son las mujeres, sé que ante dos opciones cogeré esta. Si después podría estar con un hermafrodita o un transexual femenino, por este orden, es lo de menos. No voy a reivindicar un género o definición para mí. Hay conceptos que sólo se dan durante la juventud y es posible que no signifiquen nada. Un ejemplo sobre el hecho que la evolución tiene sus planes es que con la madurez uno se vuelve más conservador. No es por elección, es el plan maestro de la evolución, de la autorregulación, de la tendencia al equilibrio homeostático de los sistemas complejos. Y sí milenials: os convertiréis en vuestros padres, con algunas alteraciones, pero caeréis en los tan temidos roles que tanto os parecen molestar en los otros hoy. Los adultos tienen que “servir” de freno a los jóvenes. La tendencia debería de ser que a mayor velocidad y potencia de la juventud, como hoy en día ocurre, mayor debería de ser el freno, pero la generación anterior ya era de por sí narcisista, y en muchos casos arrastrarán por siempre el complejo de Peter Pan (me incluyo), con lo cual no hacen de freno, sino que se suman a las fuerzas de las nuevas generaciones. No me puedo imaginar que si hoy ya la cosa es realmente extraña, cómo será con la generación de los hijos de los milenials. Hoy vivimos en la decadencia de la sólo-máscara, artificial, fría, ni contacto piel a piel, de una nueva época sofista, en donde lo más importante es lo performativo, la máscara que uno haya decidido adoptar para impactar o ganar dinero, el discurso, que el ser y el hacer… ¡ya sé, decir es hacer y hacer es ser!, pero no es naturaleza, es máscara. El “ser operativo (que es conmensurable) o desaparecer” de Lyotard.


(1) De forma tímida aquí y en otro escrito, comparo la evolución de los sistemas en valles y montañas, al final encontré que existe el concepto de paisajes adaptativos. Esto me “da la razón” en otro aspecto. Lo hombres, con respecto a la mujeres, tendemos a usar nuestras capacidades espaciales, de orientación tridimencional, para pensar en abstracciones, pues estuvimos mucho más tiempo, durante las cazas y las exploraciones, moviéndonos por la naturaleza.


Descargar revisión del mapa mental sobre la Superveniencia, creado con TheBrain, contiene etiqueta “performativo” sobre los temas a tener en cuanta para este escrito. Revisar en “Cerrando el círculo sobre la autopoiesis” para instalar.

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El Yo Cristalizado

Todo lo excelente es tan difícil, como inusual.” Spinoza
La verdadera felicidad es no saber quién eres.” Maniac
El logro final de la razón es reconocer que hay infinidad de cosas que lo superan.” Pascal
Existe tanta diferencia entre nosotros y nosotros como entre nosotros y los demás.” Michel de Montaigne

   Un concepto nuevo que me he encontrado, en mi eterno divagar por la Wikipedia, ha sido el del “yo cristalizado“… ¿qué es?, es legítimo o es otra vuelta de rosca del posmodernismo. El concepto nace de la incapacidad de poder definir qué es identidad. Cada ciencia le da una definición, está es tratada de forma muy distinta en la sociología que en la psicología o en la filosofía, y dentro de la psicología cada escuela da su propia visión. El conexionismo nos dirá una cosa, la psicología evolutiva otra, la cognitiva una distinta, el psicoanálisis se distancia del resto, y así sin fin. El propio constructivismo tiene su propia noción de identidad. Esta neblinosidad del ser ya nos lo hacía ver Marcel Proust cuando nos recuerda que “…ni siquiera desde el punto de vista de las cosas más insignificantes de la vida somos los hombres un todo materialmente constituido, idéntico para todos, y del que cualquiera puede enterarse como de un pliego de condiciones o de un testamento; no, nuestra personalidad social es una creación del pensamiento de los demás. Y hasta ese acto tan sencillo que llamamos “ver a una persona conocida” es, en parte, un acto intelectual“. A nivel de calle, en los social, ocurre otro tanto, y lo que más sobresale es el hecho de hablar de autenticidad y máscara, de yo real, frente a un yo falso. Yo mismo hago esta distinción, si bien no la he formalizado muy extensamente. Bajo mi punto de vista nacemos con un temperamento o carácter, ese sería el real, y posteriormente la sociedad (momento histórico y lugar de nacimiento), las vivencias y uno mismo “reconstruye” ese temperamento creando una personalidad. Pero la personalidad, bajo mi punto de vista, es como un corsé que tiene como premisa mantener a raya lo liminal de uno mismo, similar al concepto de máscara de personaje. Una premisa (base, forma, esencia) humana, y la de cualquier animal social, es la de ser aceptado. Uno ha de limar las asperezas de su temperamento para encajar en aquello que es lo aceptado en lo social. Es contradictorio, y falso, el lenguaje de la calle cuando se dice que uno ha  de “ser uno mismo”, pues ¿quién quiere que un psicópata o un pedófilo sea él mismo? El “sé tú mismo”, el neblinoso y escurridizo concepto de autenticidad,  es una “verdad” que funciona por lo general, pero que falla y no se puede tener como norma general. En ese sentido las normas y las convenciones sociales, la educación, lima esos posibles comportamientos y actitudes (partes del carácter) que van en contra de dichas normas y convenciones. El carácter sale en las situaciones de crisis, de supervivencia, en donde las normas sociales han quedado rotas o tienen fisuras. No llegamos a conocer a alguien hasta que no se llega a una de esas situaciones de crisis. Antes de esa situación vemos su personalidad, su carácter encorsetado o enmascarado.

  En ese sentido hay que diferenciar dos tipos de máscaras: 1. esa que he mostrado en el párrafo anterior y que es de desear en lo social, y que se define en la película “mejor imposible”, en la arquetípica frase de “tú haces que quiera ser mejor persona”; 2. aquella otra que intencionadamente usamos para engañar y obtener un beneficio propio y egoísta. Por lo general cuando la gente habla de yo real y yo falso se refiere a esta segunda opción. ¿No es todo demasiado confuso?, ¿cómo distinguir lo primero de lo segundo?, pues llegado el caso que se dé una crisis saldrá el yo real, que como puede tender a sobrevivir y auto-preservarse, va a ir en contra de los otros, de tal manera que puede ser considerado egoísta, y con la consecuencia de que lo vamos a tratar de falso en su anterior postura o pose. Eso es lo que suele suceder en los conflictos de pareja, y por eso se suelen odiar cuando se separan, posición que por lo general no se suele restituir. Es como si una vez que se hubiera “descubierto” ese ser real, ya fuese imposible aceptarlo cuando se pone esa máscara que hemos de ponernos, según las conclusiones del párrafo anterior. Lo que se concluye es que sólo aceptamos a aquellas personas que por su tipo de carácter dulce, suave y “bueno”, no tienden durante las crisis a ser egoístas, pues en definitiva no es aquello que son. “Amamos” las almas cándidas y buenas por naturaleza, la niñez por extensión, que por lo demás son una minoría, pues no es la mejor apuesta evolutiva. Desarrollemos esto brevemente: si estas personas durante las crisis pueden ser más proclives al sacrificio, es más probable que mueran y no se reproduzcan, luego su tipo de apuesta no es la que va a ser la más general en lo evolutivo/humano, se mantiene en una baja proporción. Primera conclusión: lo evolutivo humano tiende a lo “vulgar”, no a lo excelso, a las posiciones algo tramposas, pero no lo suficiente como para ser rechazados en sociedad.

    A veces damos algo tan por sentado, que no lo vemos. Realmente no entendemos qué es y qué quiere decir sociedad. Como ya dijera en el escrito “Limerencia y autopoiesis“, en cuanto se dio la primera mutación en los primero seres vivos, se dio la dualidad identidad y otredad. En la vida hay cuatro tipos de divisiones con lo otro: 1. indiferente, una cebra y un ratón de la sabana tienen este tipo de relación; 2. simbiosis (mutualismo), por medio del cual dos especies “cooperan” de alguna forma, en donde la acción del uno (egoísta) beneficia al otro; 3. identidad, es en esta donde nace el concepto de sociedad, en donde una misma identidad conlleva la cooperación; 4. otredad, como la que se suelde dar entre depredador y presa. La identidad no implica sociabilidad, es un nuevo grado que emergió del de identidad tendente a la cooperación para el “bien común“. En esa medida es una postura “superior” (no mejor, sino más compleja) entre la otredad que es el individualismo, una parte de los depredadores son solitarios, individualistas; y la simbiosis, la cooperación egoísta, pero que beneficia a las dos partes. Cualquier animal social tiene los dos tipos de apuestas, y “elige” la cooperativa o la egoísta en situaciones de crisis dependiendo de su genética, en definitiva de su carácter. Hay madres -del reino animal- que se sacrificarán por su descendencia ante un depredador, y otras que no. Incluso en una misma especie se dan las dos tendencias. La evolución no “usa” la ética o ninguna “razón” o lógica, valida aquello que sobrevive. Si la madre se sacrifica puede que esa cría tenga esa misma apuesta evolutiva, pero también puede que ninguna otra hembra la acoja, de tal manera que muera y no tenga descendencia. Cuanto más complejo sea un cerebro en el reino animal, barajará más posibilidades. Animales como los elefantes o los primates pueden “adoptar” a esas crías huérfanas, luego la apuesta de sus madres se mantienen.

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    Creemos otra capa de abstracción o complejidad a todo el asunto. La vida, en su definición más elemental, es traspaso de información, autorreplicación. Con el sexo la replicación dejaba de ser autorreplicación a favor de tener más información, por la combinación de los genes de los dos padres. La información entre dos entidades se llama comunicación. Los animales simbióticos tienen un “lenguaje” para comunicarse, tan complejo como el que pueda ser el de las flores para sus insectos y aves polinizadoras. Y lenguaje y comunicación hace falta igualmente entre los animales sociales. A lo que quiero llegar es que las convenciones y las normas humanas hacen ese papel de comunicación -de pegamento- con la finalidad de llegar a estados simbióticos o cooperativos, que de nuevo nos lleva a la conclusión del primer párrafo: que la máscara o ser educados es “necesario” en lo social. ¿Por qué no nos satisface nada de nada esta conclusión?, a mí no desde luego. He tendido a la soledad, al individualismo, pero es una apuesta arriesgada, más proclive a ser fallida. Volviendo a las premisas halladas, que me pierdo: 1. la información fluye en lo social, las convenciones sociales cambian de país a país, y de década a década; 2. uno ha de leer ese flujo de información para “adaptar” su carácter a esos nuevos datos; 3. hay distintos medios en donde uno se proyecta: unas y otras redes sociales, el trabajo, con la familia, con los hijos, con las amistades…; 4. se “adapta” a ese nuevo flujo y en cada uno de los fluidos. A ese todo de leer información y adaptarse, en un mundo tan cambiante, de tal manera que no se pueda hablar de yo real, frente a un yo falso, es a lo que ahora se llama “yo cristalizado“. Tal concepto se me parece al de la película “la cosa“, en donde encuentran un “algo” tan extraño y fuera de todo posible concepto familiar, que no les queda otro remedio que llamarlo “cosa”, objeto indefinido. Esto es, como no podemos definir qué es identidad, y como no podemos definirla sin dualizarla en un yo real, frente al yo falso, pues seríamos proclives de entrar en ese mismo rango o etiqueta, entonces salimos del paso llamándolo “yo cristalizado”. Bajo el punto de vista de este concepto es cristalizado, porque al igual que un cristal crea caras o facetas que al estar dirigidas en distintas direcciones, reflejan distintos aspectos de la realidad, siendo este -el cristal– la suma de todas sus facetas y reflejos. Es curioso que se haya usado este símil, pues yo ya lo había utilizado alguna vez. Por otro lado tiene la curiosidad de denotar que el cristal es trasparente, no es en tanto que realidad, tan sólo es en la medida que refleja algo, cuestión que yo he defendido una y otra vez al decir que uno es en tanto que negación, en tanto que siendo aquello que no es. El cristal no es lo que refleja, pero los reflejos facetados son los que nos hacen ver que es, que está ahí, pues si no tuviese la capacidad de reflejar y fuese totalmente transparente, no se vería.

    No quiero alargarme, creo que la idea está clara. Una última reflexión (que viene de reflejo) es que si uno es la suma de esas caras, y es en tanto que la lectura de lo que es la sociedad, aquí nos encontramos con la paradoja que la sociedad es la suma de todo los reflejos de los yos cristalizados, pero que a la vez es esa imagen global de la sociedad la única que es capaz de leer y reflejar cada yo. Hay claramente una retroalimentación. Yo en soledad no reflejo nada (¡bueno, sí, en estos escritos!), pero el resto de humanos son lectura y escritura de lo que es o ha de ser la sociedad. Está claro que en todos estos patrones juegan los mismos que en la evolución y por lo tanto en todo sistema complejo. Cuando a través del sexo se perdió la autorreplicación, la evolución creó la mímesis como un tipo de sucedáneo de esta.

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   Aquello que no era instinto, (escrito en el ADN, como lo es el carácter) tenía que ser a través de la imitación; que de groso modo es la lectura del grupo para adaptarse a una media o norma social. Todo bebé es pura imitación durante sus primeros años. El humano es más imitativo que otros animales, esto nos dice la Wikipedia: “en un estudio que comparó niños humanos y chimpancés jóvenes, se demostró que, cuando se les da una demostración sobre cómo recuperar una recompensa de una caja, los chimpancés copian el comportamiento relevante, mientras ignoran el comportamiento irrelevante, para resolver la tarea. Mientras tanto, los niños humanos imitarán fielmente el comportamiento relevante e irrelevante para resolver la misma tarea”. ¿Porqué?, si se supone que la curiosidad humana es aperturista y debería ser menos imitativa. Es muy posible que sea por el lenguaje, este no deja de ser al final mas que movimiento muscular y por lo tanto imitación. Más teniendo en cuenta que es posible que provenga de un lenguaje de las manos y los gestos. En ese remoto tiempo habría que ser muy preciso a la hora de saber crear los movimientos para nombrar algunas cosas, con respecto a otras. Ahí tenemos en la actualidad a la hora de traducir una canción de otra lengua. En las entonaciones, y con la música tapando las palabras, a veces se nos hace indistinguible qué dice el cantante, a veces dudamos entre dos o tres palabras posibles, pues al ser poéticas no son tan contextuales. Por otro lado, nada más complicado que hacer ciertos fonemas de ciertos lenguajes siendo adultos, esa dificultad de aprenderlos (imitarlos), como la “rr” española, crea los acentos de los hablantes de otras lenguas. El lenguaje es muy cerrado, hay que imitarlo, reproducirlo, a la perfección. De alguna manera la evolución en ese aspecto fue un todo o nada, si había que imitar a la perfección unos gestos como lo eran los del lenguaje, ese aspecto promovió que la imitación “perfecta” o total era la que se implementase en nuestra especie. Algo como los bostezos o las risas nos son contagiosas porque antes que cualquier otra cosas somos seres miméticos. Fijarse que norma y normal tienen el mismo origen. Ser una persona normal es ser una persona que sigue las normas. O dicho de otra manera, que es más mimético, que está más preparado para “leer” lo ambiental, a los otros, y adaptarse o moldearse a esa normalización. Esa “adaptación” mimética de la lectura de lo más “escrito”, a la información más redundante y por lo tanto más tendente a ser lo autorreplicador, es lo que en los sistemas complejos evolutivos se llama estigmergia (stigmergy). Safari_antsEl ejemplo más claro son los caminos trazados por las hormigas, donde cuanto más hormigas vayan por un mismo camino dejan una mayor marca química de lectura para el resto de las hormigas. ¿Cuál es nuestro equivalente a esa marca química?, el meme (mímesis). Aunque sea un nombre y concepto nuevo es algo, que como hemos visto, estaba “previsto” dentro de los patrones de los sistemas complejos. Los memes que han sobrevivido a lo largo de la historia son los que ahora llamamos refranes y frases hechas; y de otro modo las convenciones más inmutables y permanentes que se transmiten por educación en una cultura, como saludar y despedirse, no mirar descaradamente a una persona, etc.

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   Última reflexión. ¿Dónde queda la libertad dentro de este juego de espejos?, dónde la razón, la lógica y la “verdad”. Al parecer lo más importante es lo social: uno no elige el bien, elige aquello que está estipulado que es el bien en una sociedad dada; hoy se pone de moda (otra forma de llamar al meme) la defensa de los animales domésticos, cosa impensable hace cinco siglos, pues eran nuestro principal “elemento” de generar energía. Si hoy decimos que lo importante es el individuo y que si mira por sí mismo eso repercutirá en el bien común (egoísmo racional), que es la esencia del neoliberalismo, del capitalismo, eso es lo que reflejarán esos yos cristalizados que son las personas en sociedad. Pero ¿realmente ese paradigma es “verdad” y lo más “lógico”?; lo que quiero decir es que si todos somos tan sólo reflejos, entonces si de repente la normalización, el estándar o el paradigma actual yerra, todos erramos, todos reflejamos una sociedad del malestar. ¿No debería la evolución social auto-organizarse, en tanto que sistema complejo?, ¿”corregirse” hacia una media estándar más “correcta”? Un sistema complejo es tendente a poseer un alto grado de desequilibrio, de estar por debajo o por encima de su fase, sin que este permute a un nuevo estado. O sea, la media de temperatura ambiental, que en estas fechas fluctúa a 12 grados por la noche y 32 por el día, la suple nuestro cuerpo en su tendencia al equilibrio, a la homeostasis, hacia los 37 grados internos. Lo social es igual, es otro sistema complejo que tiene sus propios mecanismos tendentes a la estabilidad. Lo peor es que el cuerpo, en estados extremos de bajas temperaturas, deja de llevar sangre a las zonas que son más tendentes a que se pierda la temperatura interna: los dedos, las narices, las orejas, con las consiguientes muertes de esos apéndices. Conclusión, que hay un alto número de humanos que son como esos apéndices: prescindibles por el “bien” del sistema. ¿Cuántas partes (número de humanos) de lo social son prescindibles como para poner en riesgo el paradigma actual?, ese es el frío cálculo que hace cualquier sistema complejo evolutivo, ese es el cálculo que en algún lugar no legible y comunicable hace el paradigma actual. ¿Realmente creemos que el paradigma actual es el mejor?, ¿no está nuestro cerebro y sistema social lo suficientemente preparado o ser lo suficientemente inteligente para crear un sistema mejor?, ¿un sistema en donde nadie sea “nariz” o “dedos”?, prescindibles. ¿O será que nunca podremos llegar a “gobernar” ningún sistema complejo, por no tener esa capacidad mental…?, decía Edmund Burke que “la sociedad es tan grande y compleja que una sola mente no puede contenerla y entenderla“…, y de ser así, ¿realmente podemos autoproclamarnos libres, o somos simples engranajes de sistemas que no por comprenderlos los podemos manejar?

   Sea como sea yo sólo sé una cosa: que soy una mierda de célula de la oreja, como le sucede a un gran número de humanos, que a la menor en la que la estabilidad caiga, morirá.


   Actualizado mapa mental sobre la “superveniencia”, en el cual añadí una nueva etiqueta “sincronización”, del que parte este escrito (me podría haber extendido, pero he preferido ser corto y conciso); y nuevo mapa mental sobre los sistemas complejos; mapa mental más sencillo y mejor estructurado, basado en el que tengo vinculado en mi escrito sobre los sistemas complejos, en donde se puede bajar la gráfica que está de fondo en este. Si se han hecho cambios personales en el primero, que ya compartí, cambiarle de nombre antes de importar este nuevo, para mantener las dos versiones, sino puede que sobrescriba uno a otro. Hacer una copia de seguridad del vuestro, de haber hecho cambios, por si acaso. Ir a escrito anterior para bajar programa y leer instrucciones (ese otro enlace del escrito anterior lo borraré en unos días).

Cerrando el Círculo Sobre la Autopoiesis

Un verdadero decir es, el deseo no tiene descanso, es infinito en sí mismo, sin fin, y como uno lo llama: un estante perpetuo o un molino de caballos.” Robert Burton”
No me gusta la gente, sólo me gusto yo mismo.” Charles Bukowski
Los hombres más fuertes son los más solitarios.” Ibsen
No han faltado quienes han acentuado el carácter estrictamente social de la conciencia moral, o su carácter estrictamente natural (marxismo, darwinismo ético) o quienes han intentado “desenmascarar” la conciencia moral como una traición a la “vida” (Nietzsche).” Ferrater Mora

   En este escrito voy a tratar de llegar a unas conclusiones finales sobre la autopoiesis y otros temas afines de los últimos escritos. Ayer vi (19/09/2018) la película “Cézanne y yo“, donde ese “yo” es Émile Zola. Hay varios trasfondos en la película: la amistad con una persona difícil, Zola lucha, pero al final se rinde; la falta de éxito en vida de un artista…, y el sexo como fondo del arte. Dos escritos atrás, en “deconstruyendo el Deseo II – Limerencia” hablaba de la relación del artista como ese ser limerente que sublima dicho efecto sobre su arte. Puede que a muchas personas les resultasen excesivas mis afirmaciones, pero “Cézanne y yo” muestra más o menos las mismas ideas: el cómo el sexo siempre está de fondo durante la creación…, ¿y qué es concebir un hijo sino crear? El artista ha sublimado esa capacidad hacia otra dimensión. Tratando de crear una hipótesis, bajo los conceptos manejados en la psicología evolutiva, yo diría que el artista se “creó” de la siguiente manera. En algún momento de la prehistoria la hembra humana sólo tenía un celo, que sería en primavera, quizás por este hecho la  mujer de hoy en día cae en una ligera depresión, y son más tendentes al suicidio, durante esas fechas, una especie de “alteración” que el cerebro moderno no sabe interpretar. Cambia la arousal (nivel de excitación -general, uso la palabra arousal porque en España excitación se lleva a lo sexual, cuando aquí lo que quiero decir es un estado homeostático más alto) y el prefrontal, la conciencia, la rumiación, siente ese cambio con incomodidad (ver vídeo relacionado, de la interpretación de la excitación). En la prehistoria siempre había carencia de hembras, se secuestraban de otras tribus, y en las guerras se les mantenían vivas, para ser llevadas a los poblados de los vencedores. Eso se ha mantenido hasta hace relativamente poco, sobre los siglos quince o dieciséis; o sea, las mujeres eran un “bien” escaso. En algún momento de la prehistoria se “creó” un tipo de humano que se comportaba como el ratón marsupial: trataba de “montar” a toda hembra posible a través no de la fuerza, que era propia del alfa, sino del ingenio. En ese proceso la evolución creó un sistema de retroalimentación: cuanto más se reproducía este tipo de apuesta, más “afinaba” este tipo de humano sus cualidades. Pienso que la bipolaridad está relacionada con esta mutación o cambio. Un área principal en el humano es el área de Brodmann 9, que se encuentra en el prefrontal medial (en el surco que divide los dos hemisferios y hacia el temporal); esto nos dice la Wikipedia:

El área está involucrada en la memoria a corto plazo, evaluando lo reciente, reemplazando respuestas automáticas, fluidez verbal, detección de errores, atención verbal auditiva, inferir la intención de otros, inferir deducción de imágenes espaciales, razonamiento inductivo, atribuir intención, atención sostenida implicada en contar una serie de estímulos auditivos, y niveles más bajos de consumo de energía en individuos que sufren de trastorno bipolar . 
El área que se encuentra en el hemisferio izquierdo es al menos parcialmente responsable de la empatía, modismos, procesamiento de escenas emocionales agradables y desagradables, autocríticas y atención a las emociones negativas.
      En el hemisferio derecho, la región participa en atribuir la intención, teoría de la mente, suprimir la tristeza, memoria de trabajo, memoria espacial, reconocimiento, recordar, reconocer las emociones de los demás, planificación, cálculo, procesamiento semántico y perceptual de los olores, religiosidad, y atención a las emociones positivas.”

    Uno no puede hacer otra cosa que quedarse asombrado ante tantos procesos en una misma región. Pareciera que el ser humano estuviera “condesado” en esa región. Hay que aclarar algo, yo creo en la teoría de la modularidad del cerebro. Por ejemplo, el temporal izquierdo (por lo general) une visión y palabra, por estar unido al occipital que trabaja sobre la visión. Esta zona nombra lo que ve, y un nombre lo asocia a un objeto y a la inversa. Otra cuestión curiosa de esta área o función es que diferencia entre lo natural y lo artificial, ya que si se daña cierta área, el individuo no reconocerá o les sabrá dar nombre, en fotos, a objetos artificiales (pendiente de subir vídeo). En ese aspecto hay que tener en cuenta que hay partes del cerebro que se dedican a ser “rotondas” dentro de esos módulos, de tal manera que su “función” consiste en integrar distintos tipos de información. Se les llama zonas asociativas, casi todo el córtex cerebral es asociativo, cada zona se especializa en asociar procesos de los módulos cercanos. Los módulos están en las regiones más internas. El área de Brodmann es una de esas zonas asociativas, el área 10 por detrás de la 9, que es una desconocida, se cree que le “sirve” como memoria intermedia a sus procesos y “análisis”. Si se daña una zona o módulo, o circuito del cerebro, como pueda ser el de la evocación, por ejemplo, dicha información ya no llegará al área de Brodmann 9, no la “procesará”, habrá una deficiencia en su “suma total” al evaluar algo. En esta área se integra un todo, a lo que se le pueda llamar un yo, y un hacer, pensar o sentir en el mundo a partir de lo aprendido. En esa medida es como un “creador de algoritmos”: si una zona está dañada o alterada creará una variable distinta -o le faltará- en dicho algoritmo, como para dar un resultado final distinto. En definitiva, es el que nos hace sentir, hacer o decir una cosa distinta de otra persona, ante unos mismos hechos o datos. Aquí vemos la dificultad de una inteligencia artificial: todo proceso inferencial está mediado por distintas partes del cerebro, que van a cambiar los números de esa ecuación, como para dar como resultado una acción distinta de un humano a otro. Un ejemplo, que me viene bien para mostrar que la “diferencia” o no identidad -racismos y otros tipos de otredades-,  es una “función” más entre otras, y que está asentada en esta zona del cerebro, pues cuando alguien está frente a otro ser humano, el córtex prefrontal medial (MPFC) se activa, cuando no ocurre de esta misma manera cuando se tiene frente a sí a otro humano que se le siente como ajeno o diferente (no humano). Hay que ver tal concepto como el que se pueda extrapolar sobre creer en un Dios. A un ateo no se le activan ciertas regiones ante la palabra Dios o sus Imágenes, frente a otras personas a las que sí. Alguien muy religioso, por ejemplo una monja, siente la presencia de Dios, “proceso” o “función” que no tiene un ateo. Bajo este aspecto hay tres tipos de personas: 1. las que sienten la presencia de un Dios, 2. las que son religiosas por la educación -cultura-, y 3. las ateas. Las segundas tienen ciertos otros módulos del cerebro muy activas: la de la unidad con el grupo, o la de seguir las tradiciones o las ideas paternas, pero realmente no “sienten” a Dios. Con la identidad y la diferencia es igual: se activa más con los familiares, y cuanto más alejado sea una persona de este rango, menos se activará esta región. La gradación podría ser así (no exhaustiva): 1. familiares, 2. de la misma tribu con los mismos fenotipos -etnia, rasgos externos, 3. de la misma cultura o patria -orígenes-, 4, del mismo sexo, 5. de la misma lengua.

    Volviendo al artista, si ojeamos de nuevo lo dicho por la Wikipedia, nos dice que el área de Brodmann, en los bipolares, necesita de menos energía (menor consumo). Eso quiere decir que está más activa, en estas personas, que en la media humana, y de forma más permanente. No todo artista es bipolar, pero sí hay una alta correspondencia: “la tendencia a la esquizofrenia o al trastorno bipolar puede ser un elemento subyacente a la creatividad artística”, nos recuerda Michael C. Corballis en su libro “la mente recursiva”. Yo me referiré a los artistas que los son por tener el área de Brodmann más activa de lo normal. Hay artistas que los son porque lo han vuelto su “labor”, o por tradición. Muchas capacidades de esta área hacen que se tenga una mayor fluidez asociativa con lo verbal, auditivo y lo visual, de tal manera que son más tendentes a dar más “brillo” a todos esos procesos; que es lo que se asocia con los escritores, los músicos y los pintores/escultores. Antes de que “existiese” el arte ese “brillo” o activación constante de esta área, daría a esas personas una mayor capacidad de ver o sentir, y por tanto inferir, unas respuestas más rápidas, ingeniosas y locuaces. Quizás el ejemplo más claro sea el papel de Leonardo DiCaprio en la película “Titanic”, era artista y a la vez supo sacar ventaja en cada situación durante la crisis del hundimiento del barco. O sea, lo que quiero decir es que el arte fue algo posterior a unas mentes que tenían esa ventaja en el área de Brodmann 9, como para ser más ingeniosos y sagaces, y según mi hipótesis eso era en la dirección de montar a las más hembras posibles durante su época de celo, en primavera. Por eso la bipolaridad: ese desgaste excesivo en una época, para después caer en un periodo recesivo, interpretado como de depresión. En la gráfica que mostré de mis bajadas y subidas, se ve esa tendencia excesiva a partir de la primavera. La primera quincena de julio llega a su límite y después hay una caída repentina, seguramente porque las hembras humanas salían de su celo primaveral o ya estaban embarazadas. A la larga, durante la evolución, ese “brillo” les hacía ser más “despiertos” a sensaciones, y conclusiones, a los que los otros no “llegaban”; lo que les hizo propicios en un primer momento para ser los chamanes, y más tarde los artistas o las mentes divergentes. Soy de los que piensan que tras cada trastorno cerebral -no enfermedades- hay un porqué evolutivo; adaptaciones evolutivas que están inadaptadas en el “lenguaje” -paradigma- actual de la forma de entender al humano en su hacer y sentir (ver concepto de neurodiversidad). En esa misma dirección la depresión tiene sus explicaciones evolutivas, pero en cada caso hay un trasfondo evolutivo distinto; se “activa” por distintos módulos cerebrales y cada módulo que la activa tiene su “propio porqué”.

    Con el paso del tiempo el artista ya no vinculaba directamente ese estado con la “monta” sexual, tendió a sublimarla, encontrando por el camino que el arte, la creatividad, era un fin en sí mismo: que le procuraba estabilidad, y cierto grado de autosuficiencia y felicidad, con lo que ese proceso le fue llevando hacia lo autopoiético: el de sentirse pleno en sí mismo. “Kant creía que todo ser racional era un fin en sí mismo“, nos recuerda Anthony Storr. En esa medida, en el artista o los bipolares, el córtex prefrontal medial se activa menos que con respecto a otras personas al estar frente a otros humanos, que para el caso quiere decir que se vuelven en algo así como un sociópata, sin las cargas excesivamente negativas de dicho aspecto de la personalidad. Sienten empatía, se les activa las neuronas espejo, pero es como si sintiesen que todas las personas les fueran ajenas -diferentes a su identidad, sólo entienden a otro artista, y a veces ni eso-. Resultado: sólo se aman a sí mismos, como declaraba abiertamente Charles Bukowski en este vídeo, y si aman a alguien puede ser de forma muy obsesiva (“sobrevivir a Picasso” como ejemplo), pues “trasladan” hacia esa persona su capacidad obsesiva hacia sus obras, como si dicha persona se tuviese que “acomodar” a los “criterios” de lo que habría de ser una de dichas “obras”. ¿Por qué me detengo tanto en todo esto?, porque al ser artista y haberme centrado en los últimos diez años a pensar en lo humano, me da la capacidad a autoanalizar todos mis estados, emociones, sensaciones y actos (nunca me he revelado talentoso en nada, porque lo termino por abandonar y no profundizo como para especializarme, pero sé que tengo “alma” de artista; sólo me importa esa sensación, no los “resultados” en obras o el éxito). Me hago entender para mis allegados y por si algún teórico, que claramente analice el problema desde fuera, puedan valerle de algo todas estas reflexiones. En esta dirección hay diferencia de este escrito con respecto a los “creados” entre mayo y mediados de agosto. Aquellos eran más impulsivos, me veía “obligado” a escribir, a crear -puede que fueran más “delirantes”-; el presente es más reflexivo y frío, fuera de ese impulso limerente y obsesivo hacia la creación. Al igual que les pasa a la mayoría de los bipolares, como al Cézanne retratado en la película mencionada, la frustración lleva a la ira, lo que quiere decir, con respecto a la violencia de género y el incremento en época estival, es que es muy posible que haya bastante bipolar no diagnosticado entre esos hombres. Mis “caídas” a mediados de julio suele ser un quebranto que se desfogan en ira. Rematar diciendo que pienso que la unión del artista con el ordenador le puede “encender” más en su lado maníaco, pero de igual forma puede amortiguarle la caída en la depresión, ya que ese nuevo estado simbiótico de hombre máquina, le hace levantarse cada mañana para volver a conectarse consigo mismo a través de la máquina, mirándose a su nuevo espejo, sintiendo que es autopoiético. Esa es mi apreciación personal.

   Con estas conclusiones, y sus explicaciones, la sociabilidad es susceptible de ser analizada de igual forma, por la “modularidad” del cerebro. Una cosa es que yo sea un “animal” social, y que todo habla interno “venga” -tenga su origen- de imaginar hablar con alguien, y otra cosa muy distinta es en lo que ha acabado dicho módulo. Ese proceso es a lo que se le llama autoconciencia: esto es, que la “conciencia de” no tenga a otro objeto distinto que a sí misma. La autoconciencia tiene bastante de las estructuras de lo autopoiético: es autorreferencial, autocreativa, autoreproductora… se puede llegar a tratar de cerrar sobre sí misma; esto es, la rumiación tiene la característica de alejarse de la realidad, exagerando o minimizando -caricaturizando, metaforizando- dicha realidad; imaginando “versiones” del mundo que pueden estar muy alejadas de la realidad. Parece ser que la autoconciencia tiende a ser autopoiética, y este es uno de los peligros de dicha capacidad. De ahí expresiones como “pisa tierra” o “baja de tu mundo”, pues una vez que dicho módulo se cierra sobre sí, la realidad parece ya no contar. De una manera u otra parece ser que lo autopoiético es un referente en el cerebro, que sale a relucir una y otra vez de distintas formas, en el individuo y en lo social. Con esto llegamos al momento actual. Lo central en el universo, en los sistemas complejos, es la retroalimentación. La autoconciencia sobre sí, que ya de por sí puede ser un problema, agrava su tendencia, hoy en día, al haberla puesto delante de ordenadores, móviles y Tablet (pantallas, para reducir). Uno mismo como autoconciencia, yo por ejemplo, no ve la pantalla como una otredad, sino como una extensión de la autoconciencia, como una referencialidad externa o espejada de la autoconciencia. En el ordenador (por lo general en la sociedad el móvil) tengo de forma extendida mis estructuras, sobre todo de muchas de las vistas en el área de Brodmann 9, espejadas como para que puedan ser mejor ordenadas, entendidas y estructuradas. Ya somos humanos máquinas, pues las pantallas no son algo externo y ajeno, sino un proceso extendido del cerebro. Así nos lo hace ver el “efecto Google“, que viene a decir que el cerebro olvida lo que sabe que es facilmente accesible a través de una búsqueda en Google. Se libera de sobrecargar su propia memoria, optimiza sus recursos dependiendo del ordenador e Internet. Esto conlleva a otro problema: la tendencia hacia el narcisismo, que en realidad si se entiende bien es hacia lo autopoiético. O sea, no es que me “maraville” de mí en tanto que yo, ego, o cuerpo, sino en tanto que me cierro sobre dicha imagen y ya no necesito o quiero otra. O dicho de otra forma: es de nuevo la capacidad propia de la autoconciencia, de no tener otro referente que a sí misma, pero de forma externa. Como en todo entra en juego la retroalimentación, cuanto más miro o proyecto mi Ser hacia la pantalla, cuanto más la personalizo, cuanto más vuelco todos mis modos de ser, más se vuelve esa pantalla en parte intrínseca de mi ser y más se cierra dicha propiedad sobre sí misma. Se vuelve más inmersiva, narcisista, egotista y por lo tanto tendente a lo autopoiético. En esta nueva dimensión, el otro se vuelve aún más otro, ajeno a esa dualidad ya indiscernible de autoconciencia y pantalla. Si esa tendencia ya de por sí un peligro en el artista, hoy con esta nueva posibilidad de las pantallas, se intensifica aún más.

   So pena de poder “estropear” lo bien que iba el escrito, voy a hacer unas de mis incursiones a lo “sucio”; saltárselo aquellos que sean más puristas. Si se ha entendido el párrafo anterior, y por si no se ha entendido, veamos cómo actúa estas abstracciones conceptuales con el porno, en esta nueva forma de entender lo autopoiético. La media occidental es tener dos pantallas para el ordenador o uno muy grande. Cuando se ve porno no es para ver un vídeo y de forma lineal en el tiempo: los llevamos a las escenas que más morbo nos provoquen. Pero ahí no acaba la cosa: abrimos varios reproductores de vídeo o instancias del navegador, para ver varias escenas a la vez en distintos momentos cada instancia, distribuyéndolas entre las dos pantallas. ¿Qué está pasando realmente aquí?, que estamos siendo autocreativos, autorreferenciales con respecto a aquellos momentos claves que más nos “encienden”. O dicho de otra forma, autopoiéticos con respecto a nuestros deseos, cerrándonos sobre nosotros mismos. En esta nueva dimensión, ¿en qué encaja la libertad del otro al que satisfacer?, en nada, nos puede llenar más esa “construcción” autopoiética de nuestros deseos, que nosotros no llegamos a conocer de forma consciente. Es el deseo (entreverado de instinto) el que construye esa “quimera”, de forma autopoiética, para satisfacerse a sí mismo, sin ningún otro referente que a sí mismo y a aquello que le causa morbo y placer. Un concepto que he aprendido hace poco, y que he intercalado en los escritos previos, es el de el “estímulo supranormal” (prefiero este prefijo al de súper-, pues este segundo lleva a equívocos), que viene a decir que el cerebro prefiere lo supranormal, lo exagerado de algo, que lo normal, aunque lo primero no sea natural y no conlleve a la procreación; es algo que está en todo animal complejo. Para que se entienda en un ejemplo: la hembra del escarabajo dorado de Australia, evolutivamente ha cambiado su exterior a un caparazón dorado para llamar más la atención sobre sí a los machos, para llamarlos a la procreación. Beetles & Beer BottlesPero se da la paradoja que si un macho de escarabajo dorado ve una botella de cerveza marrón bajo el sol, este va hacia la botella, en vez de hacia las hembras, pues la botella brilla más. En ese sentido el porno se ha vuelto en un condicionante supranormal, pues como hemos visto, nosotros “creamos” nuestra propia secuencia en varios visores de vídeos, como para volverlos no ya sólo supra, sino supra-supranormal. Lo ya dicho, ¿cómo el consorte, o la “persona de turno” con la que se tiene sexo, puede igualar eso?, imposible. Cada vez va a haber más disfunción eréctil o problemas de excitación en las mujeres, una vez que se ha llegado a ese nuevo estado. El único remedio: no ver nada de nada de porno, o muy ocasionalmente. Pero el problema, tal como lo he analizado aquí, es mucho más profundo y esencial como para reducirlo a una mera adicción al porno. Volviendo al estímulo supranormal, este hecho me da la razón en muchas de mis líneas argumentales. El cerebro es esencialista, metaforizante, maneja conceptos a priori o asentados en el cerebro. Lo dorado lo es para el escarabajo de Australia, como para nosotros lo es el morbo, tal como lo he venido definiendo en los escritos anteriores. Tenemos idealizaciones de la maternidad, de la infancia, de todo y cada una de las cuestiones humanas. El deseo tiene su propio lenguaje, indiferente de lo que crea y quiera el prefrontal y la conciencia, que se expresa en los condicionantes de la educación ciudadana. El porno ha “desatado” esas potencialidades o esencias que ya no se pueden volver a encerrar. O sea, que una vez que un individuo “recrea” esa potencialidad sexual ante el ordenador, ya es imposible que no lo tenga como referente, ante situaciones normales de pareja. En este párrafo hemos visto un ejemplo de la autorreferencialidad y lo autocreador, se puede extrapolar a casi cualquier situación social. Lo que queda en claro es que el individuo está tendiendo a lo autopoiético, y que la pantalla es ese referente que hace de retroalimentación como para que eso sea posible. Sólo entendiéndolo así se puede comprender esa adicción a las pantallas, que cada vez nos distancia más del resto de los seres humanos. YouTube se ha vuelto, quizás, en lo más limerente y tendente al estímulo supranormal, que además incide hacia lo autopoiético, pues en esta plataforma uno puede contestar casi todas sus dudas, sin recurrir a personas externas. Para casi toda pregunta que uno pueda hacerse, sobre cualquier tema, hay algún vídeo creado que va a poder “aplacar” la pregunta. Uno puede profundizar todo  lo que quiera, hasta que al final lo pueda entender. De nuevo la tendencia hacia lo autopoiético. Recuerdo que al principio de la informática, esta era un punto de reunión, de unión de personas. Alguien compraba un juego, alguien lo pirateaba, y a través del contacto personal, de conocer gente, de estar bien comunicada, podías estar el día de cada novedad. Con Internet eso se acabó. Ahora todos somos simples vehículos de los deseos y los fines de cada individuo, de cada ser tendente a lo autopoiético. Todos somos meros medios, los fines están tan sólo dentro de cada uno.

   Trato de tocar todos los temas sobre los que he estado pensando estos últimos días, no todos siguen la misma dirección. El siguiente trata de lidiar con la paradoja de los seguidores de los YouTuber. Si digo que se tiende hacia lo autopoiético, ¿cómo encaja con seguir y por ello “depender” de alguien?, estando pendientes de lo que publiquen. Una tara de mi hipótesis es que no encaja con todos los humanos. Al igual que el deísmo se dividía en tres tipologías, las sociabilidad o el individualismo tiene varias tipologías. La situación actual ha vuelto aún más autopoiéticos a los artistas o a los alfa, pero no a los omega (que no son ni alfas, ni betas). La limerencia en los omegas no es la autopoiesis, sino la total vinculación hacia alguien autopoiético, los héroes, los líderes. En otra dimensión, su estímulo supranormal es ese acato y seguimiento del líder, héroe o ente autopoiético, siendo los youtuber esos estímulos supranormales que les “sacia de su sed”. Por mucho que le dé vueltas no entiendo esa situación, sera por el ombliguismo de los artistas. Ni entiendo a los seguidores, ni entiendo que los YouTuber quieran seguidores (y que crean que se “merezcan” algo como eso, a no ser que sean unos meros cínicos y realmente sólo les interese el ganar dinero). En el fondo sólo se quiere tener la sensación de pertenencia, de estar “conectado” en lo social, con personas, y ahora ese medio son las redes. ¡Pero está bien, nuevos tiempos nuevos lenguajes y nuevos tipos de ídolos!, todo tiene que ir a la par. Otra cosa sería verlo a través de lo que se llama la erótica del poder o la “fama”, las subidas de dopamina, y  que una vez que se siente ya no se quiera prescindir de dicha sensación. De cualquier forma nunca he entendido a un líder: que se crea tan “algo” y con ciertas cualidades como para cambiar el mundo. Se le cambia la máscara, pero el mundo, la naturaleza humana, no cambia. Los Youtuber, o cualquier tipo de persona con poder o fama, al final se vuelven en aquello que quieren sus usuarios, seguidores o votantes, es un proceso de retroalimentación, en donde por ensayo y error van entrando por lo que más votan, por lo más comprado o por lo más visionado. Devienen en máscaras de sí mismos, en postureos y en lo políticamente correcto. Por lo que se sabe Bukowski tuvo la oportunidad de “volverse un hombre de bien”, de permanecer contratado por el servicio postal, pero renegó y prefirió su vida de siempre de miseria, libertad y fidelidad a sí mismo. Con esto vuelvo a uno de mis postulados. La autoconciencia, la autorrefencialidad, es el sino de nuestra época. ¿Qué quiero decir y qué implica realmente? No esa algo nuevo, viene de siempre y hoy se ha potenciado. El humano no se puede librar de la sensación de que en el cerebro hay una agente. Eso es a lo que llamamos yo, lo que “sentimos” que somos. En realidad es un juego de espejos, que al volverse sobre sí se vuelve en eso que llamamos autoconciencia, que además tiene como timón, como forma de autorreferenciarse, a las palabras, tan pobres y tan poderosas a la vez. Si algo tiene un nombre existe, aunque detrás pueda no haber nada real. La conciencia, así, es ilimitadamente creadora, aunque sólo sea de espejismos, falsas creencias o paranoias. Con todo, aunque esa apreciación de un agente en el cerebro sólo sea un espejismo, Es. De esta forma todo tiene dos realidades posibles: lo que es y lo que creemos o queremos que sea. Que algo no tenga distancia o que la haya. Que lo sepamos tácitamente, o que sepamos que lo sabemos. Para un creyente, así, no puede haber distancia hacia su credo. No tiene que creer creer, dualidad que ya estaría habitada por la posible duda, solamente tiene que creer. Eso es la fe. La conciencia, así, es distancia, es cínica, es duda. Si siento, pongo en duda lo que siento, de esa forma de manera racional, en lo social, por educación, rechazamos lo instintivo. Lo hacemos constantemente: estamos en una web cam y nos excita una chica con pantalón short, y salimos a la calle, vemos una chica así y no la “vemos”. La distancia es la conciencia, que pone en entredicho todo su “contenido” y por lo tanto sus propios deseos, instintos o emociones. ¿Realmente es así o es lo que queremos creer?, bajo mi punto de vista es lo que queremos creer. Como ya he hecho ver más de una vez, algo esencial en el cerebro es tratar de creer que se tiene el control. Mientras tengas el control de algo, apartarás al miedo o al pánico, pero como lo pierdas estos te “poseerán” (como ya dijera pánico, viene de dios Pan, ser que nos poseía y nos privaba de la razón, vinculado a lo sexual y el miedo al de ser violadas de las mujeres, concepto que más tarde se tomó como el de posesión demoníaca). Ningún omega se aceptará como omega, o como seguidor, su ego le hará creer que sigue a tal o cual persona por tal o cual “razón”, nunca porque sea un mero seguidor omega. Racionalizará, no razonará sobre tal cuestión, al igual que un creyente no puede razonar sobre su fe y su credo (leer filosofía para saber el final de esta “guerra” entre creer y razón, y cómo Dios, por mucho que se haya querido y necesitado a lo largo de la historia del pensamiento, nunca ha logrado ocupar el mismo lugar que la razón).

   Para distinguir esa “sutil” distancia de saber y saber que se sabe, hay que tener en cuenta que cualquier paciente o trastorno o enfermedad mental distingue entre los que sí se da ese “insight” y los que no. En un ejemplo claro cualquier alcohólico negará serlo, la cura pasa por reconocerlo, de ahí que la primera frase de presentación en sus reuniones, en las películas americanas, sea: “soy ‘tal’ y soy alcohólico”. Lo mismo para un obsesivo-compulsivo o alguien con síndrome de Diógenes, suelen negar serlo, la cura primero empieza con que reconozcan serlo. En la película “Una mente maravillosa”, John Nash tiene que reconocer que tiene problemas mentales. Al saber que lo que ve no es real lo sigue viendo, pero ya no cobra importancia, le dan igual esas presencias a su lado. Esto es, en unos casos y otros, hay que “obligar” a la autoconciencia a que sí ha de saberse “padeciendo” tal o cual “mal”. En este mismo camino se encuentra la discusión moderna sobre la libertad. Se ha descubierto que el cerebro decide por sí sólo y la conciencia (saber que se sabe) tarda unos segundos en pronunciarse en la decisión. Claramente opera en background (de fondo), pero eh ahí que la conciencia tiene esa “decisión” y la  puede revocar o confirmar… ¿o de nuevo se sigue el mismo proceso y su consiguiente retardo, y eternamente la autoconciencia va a la zaga?, es una recursión al infinito. De una manera u otra el cerebro en su conjunto cuenta con más “herramientas” y datos que los que pueda tener la autoconciencia, de ahí el dicho de “déjate llevar por tu instinto” o el corazón, y que se repite con aire más místico en la saga de la guerra de las galaxias, con la frase “deja que la fuerza te guíe”. Volviendo al autoreconocimiento, en esa misma medida un omega seguidor si quisiese luchar contra ello, primero lo tendría que reconocer, pero eso sería una terapia a lo social/humano que nunca sucederá. Ante la típica pregunta de si alguien se cree “pastor, lobo u oveja”, sólo una persona me dijo ser oveja, y puede que creyese ser un lobo que me engañaba. El problema no es tan fácil, para llegar a una “verdad” uno tiene que librarse de todo condicionante, y para ello averiguar qué es o no es un condicionante, como para que esté alterando la autodeterminación, la libre voluntad; cuestión imposible para la mayoría de los tipos de cerebros o vidas. La sociedad así deviene en una “mayoría silenciosa“, en el pluralismo ignorante, en una conformidad silenciosa, en el pensamiento grupal; que yerran “sus tiros” y preocupaciones en temas marginales como los derechos de los animales, y demás cuestiones provenientes de la “new age“. La mayoría de “oradores” centran el asunto en el individuo, en la autorrealización, en la autosuperación, etc., forma parte del mismo dilema de la actualidad, desviar la atención sobre el problema central, tendiendo hacia lo individual, hacia lo autopoiético, hacia la total autonomía, cuando el verdadero problema es lo social. Hemos dado el tema por zanjado: lo social no está en nuestras manos, y desviamos nuestra atención en nuestro yo y temas que sí creemos poder cambiar; los nuevos voceadores transpiran humo que todo oyente está dispuesto a respirar como su nuevo aire; así nos lo hace ver Baudrillard en su libro: “En la sombra de las mayorías silenciosas, o el final de lo social”. Por lo demás da igual que la sociedad “escuche” a líderes o ideólogos, o pensamientos como los aquí escritos: la dirección de ese pensamiento no cambiará hasta que no tengan la barriga vacía desde hace días, hasta que los problemas sean demasiado reales. La masa es estómago, mientras esté lleno nada dirá, al igual que este órgano tan sólo ruge en su vacío; y la masa nunca lo es uno, por los mecanismos de autodefensa de la autoimagen y del cerebro en general que tiene como base su pretendido individualismo y unicidad. Además, la paradoja de la capacidad, que es la autoconciencia, es que lleva implícita la duda, donde cada objeto mental ha de ponerse en duda como para no poder caer en errores. ¿Es el humano capaz de vivir eternamente con la duda de todo?, ¿es sano?, ¿no lleva al cinismo? Esa es la situación en la que nos encontramos hoy en día, si te pones a dudar, ¿en qué creer?, y… ¿tiene sentido creer en algo? La evolución, con las trampas, mala fe y los sesgos mentales, ya ha “resuelto” tal dilema. La propia identidad, el autoconcepto, la autoimagen, se basa en una creencia de nosotros mismos, en la creencia de la potestad de ese agente en el cerebro. Si nos fijamos arriba sobre lo que nos dice la Wikipedia, sobre el área de Brodmann 9, el autoconcepto está en el lado izquierdo y el concepto de los otros en el derecho: uno nunca es otredad, el otro nunca es mi identidad. El área de Brodmann 9 está vinculada a la precuña, lugar que parece ser el más indicado para que sea eso que llamamos autoconciencia; de alguna forma el área 9 se nombra como negación -juicio evaluativo de los otros-, de lo que no es, y a partir de la información que le proporcione la unión temporoparietal (cercana a la precuña), del que ha de tomar nota la precuña en su conciencia de sí, como para crearse un autoconcepto. La regla evolutiva sería: se puede dudar de todo, pero no de uno mismo. Hemos de creer en ese agente y que es agente es el que “gobierna” el cerebro y que ese agente es un yo, tan real como la nariz que tenemos delante de los ojos, aunque no la veamos. Nos contamos un cuento de lo que somos nosotros mismos, del que no tenemos que dudar, ante el miedo de perder el control, de que el pánico nos posea. Tiene que haber un capitán que lleve el timón. En realidad es otro engaño más que sostiene nuestra cordura, del que es tan imposible deshacerse, como la presencia de un Dios para un creyente.

   Cierro. Sólo algunas personas se libran de todas esas trampas: los artistas y los alfa están más cerca de ese proceso; quizás también sean las personas más cínicas y “peligrosas”. Los tres cerebros: el reptiliano, el mamífero y el humano, aunque reduccionista, se siguen validando bajo ciertos criterios. El cerebro mamífero es el que más cargado de trampas y sesgos está. Todo lo emocional es dudoso. Dos y dos siempre serán cuatro, pues es un proceso de la corteza cerebral, pero el cómo dividir una tarta redonda en 20 porciones siempre estará sesgado por quién la corte y sus tipos de emociones, y la familiaridad de las personas con las que repartir (el que parte, reparte y se lleva la mejor parte). En soledad, donde no se despliega el cerebro mamífero, pues es sobre todo social, sólo se quedan los lados más radicales: los instintos y lo racional (se ven en mis escritos, por eso lo hago saber: conviviendo desaparece esa dualidad tan extrema y cínica, y no por ello es “falsedad”, el concepto de falso es muy curioso tal como lo utiliza la sociedad). Son los dos aspectos más “reales” del cerebro: los instintos conllevan las reglas más básicas de la vida para permanecer vivo, nadie se puede suicidar simplemente dejando de respirar; por otro la razón es aquella que puede estar más cerca de saber de algún tipo de verdad basada en hechos. Lo emotivo crea una lógica borrosa, donde es imposible llegar a verdades universales y crear unidad social, “sirve” para vivir en sociedad; un mecanismo creado para manejar lo que él mismo crea: confusión y caos. Readaptaciones sin límites, infinitas, de unas personas con otras personas para crear un cerebro social, en donde al final el individuo es tan solo una neurona prescindible. Pero esta dualidad, de instinto y razón, crea una situación peligrosa si se tiende hacia lo psicopático. Hannibal Lecter, prototipo psicópata, era tan sólo razón e instintos. Las emociones de los demás eran algo con lo que podía jugar, como si fueran piezas de un lego, sin poner en peligro sus emociones, de las que carecía. Situación que se ve de forma más trivial en la adicción al sexo, o la tendencia a la obesidad para compensar la ansiedad ante la soledad y los posibles rechazos sociales. De una manera u otra es una tendencia que se va generalizando. Como las ciencias nos dicen que dudemos del cerebro, y de lo que creemos saber (Brain Games), la tendencia será la de poner a la conciencia como dudando de todo; y estando en sociedad de lo primero que se duda no es de uno mismo, pues la fe en uno mismo ha de ser lo más “sagrado”: en esa dirección se duda de los otros, de sus intenciones, de sus posibles autoengaños. Estamos más preparados para ver los errores de los otros, que los propios, a tenor de salvaguardar nuestra autoimagen, nuestra propia narración, nuestro yo: la legitimidad de nuestro agente en el cerebro. Paso a paso eso nos lleva a cuestionar todo, a ser tan sólo esa autoconciencia que ha de saber que sabe, que se ha de librar todo posible sesgo. Y de seguir ese proceso, entonces eso llevará a la sociedad al completo al dilema del solitario: a ser esos dos lados liminales de uno mismo: sólo instintos y sólo corteza cerebral y razón, el resto será ese otro lado siempre tendente al error de las emociones del cerebro del mamífero -cada vez se duda más, por ejemplo, del enamorado, si uno mismo no lo está-, y los juego sociales que ahora nos parecen tan reales, pero que en definitiva sólo son eso: juegos y máscaras. Habremos matado por siempre al humano.


   Después de darle muchas vueltas, desistí de la idea de hacer vídeos y subirlos a YouTube, no es miedo al fracaso ni nada por el estilo, llevo escribiendo casi diez años, sin importarme criterios o el éxito; lo hago por ser artista, por una “necesidad” del “alma”; es más bien por integridad, por no venderme y no caer en ser sistema; fijarse que no me limito a escribir los artículos y los abandono, los estoy mejorando cada día añadiendo mas enlaces, nuevas aclaraciones o datos, y nuevos párrafos, cosa que no se puede hacer en YouTube; por otro lado hago este “trabajo” sabiendo que han accedido a mi escrito apenas una viente o treinta personas, que tampoco quiere decir que lo hayan llegado a leer. En definitiva el narcisismo de los artistas puede parecer negativo, pero ese “mirarse al ombligo” nos vuelve obsesivos con nuestras obras, y no por la opinión de los demás, sino por la propia, la narcisista. Quizás suba uno para mostrar el logo que creé y alguna idea curiosa en su producción. Pensé en otras opciones, hacerlos y subirlos a “www.ok.ru“, que es un equivalente ruso a una suma de redes de Google, como YouTube, Google+, pero tampoco me convencía, ya que tratar de reducir ideas a quince minutos me parece demasiado limitado. Cercenas la esencia. También pensé en hacerlos más largos y compartirlos para ser bajados. Pero es demasiado trabajo tal como los tenía planteado hacer. En esa dirección comparto lo prometido del mapa mental creado en el programa “TheBrain”, así como el programa para tenerlo en versión completa. Avisar que el “patch” sólo sirve para esa versión y no hay que dejar que se actualice.
El mapa compartido tiene muchas finalidades. En mi ejemplo me sirve para poder poner los enlaces más rápidos a mis escritos, pues están casi todos ahí. Sirve para investigar y desarrollar temas. Tal como va, tiene tres temas a desarrollar, que son etiquetados (Tag) por aquello a investigar o desarrollar. Tres de esos temas están enlazados en la cabecera, el que está más desarrollado era el que va sobre la identidad. Si se ve su nota se ve su posible desarrollo, lo he dejado para dar ideas. Viendo esa posibilidades se puede entender que sirve de base para crear escritos y vídeos, para YouTube, por ejemplo.
Las ventajas de este programa es que cuando he ido añadiendo entradas las he ido asociando con otras que estuvieran relacionadas. Es muy posible que sea así como lo haga el cerebro. Lo he vinculado todo en enlaces laterales, no como hijos y padres, porque buscar la correspondencia hijo padre me resultaba más complicado. Casi todos los enlaces son a la Wikipedia inglesa, traducidos al español (ahora mismo me parece más interesante esta forma de leer que los libros, que suelen meter mucha “paja”; además, con los enlaces lees lo que necesitas para desarrollar un tema). Enlazar con otras web es arriesgado, porque o desaparecen o borran esas páginas; ya me ha pasado en otros casos. Los tipos de enlaces los puede hacer cada uno a su gusto y criterio. Igualmente buscar más vínculos. Esos procesos, de entrelazarlos, ha sido dependiendo del cansancio, al estar más cansado me era más complicado buscar relaciones. Este mapa va sobre la superveniencia, es el tronco principal, aunque ahora parece estar perdido (son las entradas de texto en rojo), pero abarca temas de filosofía, psicología y sociología. En general sobre el hombre y la sociedad. Más adelante lo vincularé al que tengo de hace años sobre el cerebro, y otros dos que tengo que hacer sobre los sesgos mentales y los sistemas complejos.
Lo iré ampliando, pero lo puede hacer cada uno. Lo peor es que cada cual lo puede ampliar y yo compartiré mi “versión”.  Mantener dos copias con distintos nombres. Instalar el programa, no lo abráis y aplicar el patch, después abrir y para implementar mi desarrollo, entrar ir a “File”, e “Import” y escoger “Brain Archive (brz)”. Descargar. Descargar mapa mental sobre el cerebro. Están vinculados a través de la entrada” cerebro” del mapa de la Supervenciencia.


Otro tema es que el libro “La imposibilidad de la razón“, hospedado gratuitamente en Hostinger, desaparecerá, ya que dicha empresa va a dejar de dar hospedaje gratuito. He buscado otras, pero ahora priman las estrategias tramposas, te dan hospedaje pero no permiten Joomla, que es el gestor de contenido con el que está hecha tal página; dejan Joomla pero no te dejan subir una base de datos… trampeo… En fin, no voy a enumerar todas las tonterías con las que me he encontrado. De momento dejo “caer” la página hasta decidir qué hacer (subir artículo por articulo de nuevo es de locos, que es la única opción que me queda). Los capítulos que estén vinculados los trataré de subir aquí. Me he acogido a algo gratuito, porque mi libro es gratuito, si ganase de alguna forma dinero pagaría un hosting (hospedaje).

Limerencia y Autopoiesis

 

Uno no tiene que entender el mundo, uno solo tiene que encontrar el camino en él.” Einstein”
“¿Por qué el cerebro humano insiste en interpretar el mundo y en construir un relato?”   Michael S. Gazzaniga
El mundo es muy extraño hoy en día, ¿no crees? Hemos llegado a un punto en el que nada parece real.” Kiss me First

    (El presente escrito tendría que haber sido una pregunta y respuesta más en el último artículo, pero se ha hecho muy largo; por lo demás tiene sentido que vaya detrás del que trata sobre la limerencia, pues lo complementa.)


-¿No es tu filosofía estructuralista?

    No me he dado cuenta hasta hace poco que podía caer dentro de esta categoría. De cualquier forma lo dicho como crítica por otros sobre el estructuralismo: desde que el hombre es hombre ha creado teorías de la realidad a partir de descubrir (o creer hacerlo) patrones o estructuras en la realidad. La cuestión de si mi pensamiento, era estructuralista o no, surgió a partir de saber que algunos estructuralistas “incorporaban” la diferencia en la identidad, por lo menos Niklas Luhmann, como yo hiciera en el escrito “La dimensión social“, sin saber de este, ni haber leído demasiado sobre el estructuralismo. Pero básicamente mis ideas parten de los sistemas complejos, donde tal concepto o forma de ver la realidad es susceptible de ser “encajonado” como estructuralista. De cualquier forma me diferencio en romper con que todo sean estructuras, una tendencia a la deconstrucción, por lo menos al tener en cuenta las qualias, y por ello la individualidad, donde las estructuras rígidas se desdibujan. Con la salvedad de que en la medida que, por el sesgo de conformidad y el deseo de pertenencia, el humano “rompe” con la individualidad, de esa manera ya es susceptible de ser estudiado bajo los parámetros de la sociología estructuralista. Aquí sale una regla: sé social y serás un número en alguna variable de algún algoritmo. El pensamiento económico-utilitarista de la Inteligencia artificial de Matrix.

   De una somera lectura de “La sociedad de la sociedad” de Niklas Luhmann, me llamó la atención el concepto de autopoiesis, como autoreplicador, el cual el autor usa como pilar para los sistemas complejos. La autopoiesis es… “un espacio topológico cerrado que continuamente genera y especifica su propia organización a través de su operación como un sistema de producción de sus propios componentes, y lo hace en una rotación interminable de componentes”, fuente Wikipedia. Tal concepto viene de la biología, lo crearon los biólogos chilenos Humberto Maturana y Francisco Varela, para referirse al tipo de procesos de auto-mantenimiento y replicación de las células. A mí no me encajaba del todo, e igualmente enseguida encontré detractores de tal reducción. Tiene sentido para referirse a los tipos de vida que no se basen en la sexualidad, como es el  caso de nuestras células corporales, pero una vez que se da la sexualidad, y sobre todo en los animales complejos, ya no encaja. Según un ejemplo de Luhmann, una cadena de producción de coches no es autopoiética, pues produce algo distinto de sí misma, podría serlo si nada que se tratase en ese complejo industrial se trajera de afuera, y se produjera en su interior. En un ejemplo claro: en la película “nuestros maravillosos aliados“, vienen a la tierra unas pequeñas naves vivientes, poco más grandes que un puño, que tienen “bebés-naves”, y este sistema sí es autopoiético, donde sólo necesitan chatarra (le añaden el factor macho/hembra para que empaticemos más con ellos, pues los bebés-naves nacen del “amor”). La primera dificultad está, por lo tanto, en ver qué sistemas son autopoiéticos; se supone que si un sistema parte de otro, con pequeñas variaciones, sigue la regla. En ese sentido la vida y la evolución, en términos generales, son autopoiéticas. Pero me parece muy confuso todo este lenguaje. Este es un resumen las críticas de varios autores, vertida en la Wikipedia:

Hay múltiples críticas al uso del término tanto en su contexto original, como un intento de definir y explicar lo viviente, y sus diversos usos expandidos, como su aplicación a sistemas autoorganizados en general o sistemas sociales en particular. Los críticos han argumentado que el término no define o explica los sistemas vivos y que, debido al lenguaje extremo de la auto-referencialidad, que utiliza sin ninguna referencia externa, es realmente un intento de dar fundamento a la epistemología radical constructivista o solipsista de Maturana, o lo que Danilo Zolo ha llamado en su lugar una “teología desolada”. Un ejemplo es la afirmación de Maturana y Varela de que “no vemos lo que no vemos y lo que no vemos no existe”. El modelo autopoiético, dijo Rod Swenson, está “milagrosamente desacoplado del mundo físico por sus progenitores… (y por lo tanto) basado en una base solipsista que va en contra del sentido común y el conocimiento científico”.

   La autopoiesis me recuerda a los conceptos de la invariancia y lo teleonómico aplicados estos a la evolución. Ya en lo sociológico, toda entidad o grupo es autopoiético, en la medida que mantiene la estructura de la que “nació”. Mi pega, como ya he dicho, viene del hecho que no encaja con el sexo, donde en tal acto ya no existe la auto-replicación, sino la combinación de ADN. Cierto que de un humano y una humana sale otro humano, pero ¿es realmente autorreplicación cuando puede que el hijo se parezca más a un abuelo, ya sea en lo físico o en el carácter? En otro ejemplo y ya en la sociología: los templarios ¿son hijos de las armas y la Iglesia?, ya no tiene sentido hablar de autorreplicación, cuando las armas matan y van contra uno de los principios de la Iglesia (por lo menos en lo que debería de ser su “esencia”, que es no matar). Con todo, el concepto de autopoiesis, aunque sea en una versión idealizada, encaja en mi concepto de limerencia, ya que es aquello que busca toda entidad: ser autopoiético o buscar la situación más cercana posible a lo autopoiético, o dicho de otra forma tendente a la autorreplicación y la autoorganización, mientras que la vida sexuada es sólo replicación, y la autoorganización ya no es un proceso interno y físico individual, sino dependiente de otro, en donde ya se cuela el concepto de diferencia y por lo tanto de conflicto. Es como si este concepto fuese la idea primigenia -o piedra angular- de la forma de vida inicial, de aquellas primeras células, pues eran autopoiéticas, pero fuesen perdiendo esa capacidad al tener que adaptarse al medio y las mutaciones progresivas, donde se volvieron multiplicidad y competitivas, y en cada capa de complejidad se fuese “diluyendo” el concepto de autopoiesis. La limerencia consiste en ese “deseo” o tendencia hacia ese ser primero autopoiético, en tanto que ansía ser sólo unidad, no división a dos entes que aportan una porción de identidad y en donde por ello “muere” o fracasa -queda frustrada- la autorreplicación. Con el concepto autopoiesis me ahorro artificios de nombrarlo como replicador puro o primero, e ideas similares, que tenían los problemas conceptuales de usar tales adjetivos. Una forma de comprender la unión de limerencia y autpoiesis ya se encontraba germinalmente en Sócrates en el concepto “atopy“, atopía, lo no clasificable, aquello que no se puede entender con el intelecto o las palabras. Esto nos dice la Wikipedia: “un ser humano enamorado, sin importar a quién o a qué se refiera su adoración y afecto -ya sea una persona amada, un dios en algún sentido místico o un ídolo- no puede reducir el “objeto” de su amor ha ciertas características , él afirma que su “oscuro objeto de deseo” es único e incomparable. La atribución de características del mundo cotidiano banal significaría, en el ojo del que está seriamente enamorado, la traición (sacrilegio) al propio amor mismo“. Por otro lado encaja con mi idea de los divergentes, aquellas personas que tratan de ser autorreplicadores, o en este caso autopoiéticos. En mi caso tanto mi escritura, la corrección, la edición en página web, el retoque de imágenes, es autopoiético, no recurro a nadie externo.

Superveniencia-Autorreferencialidad

   Ahora desarrollemos más todas estas ideas. Algo que dejé al margen en el capítulo sobre la limerencia, por ser una idea conflictiva, pues es un tabú, es que el concepto de limerente, como el deseo de tender a la autopoiesis, encaja muy bien con la atracción sexual genética, dependiente de la detención del parentesco aunque sólo de forma tácita, de que es esa situación en donde dos familiares, alejados desde que nacieron, y que no han llegado a crear la impronta por la cual se “marcan” como no-sexuales, tienden a buscarse de forma más limerente que dos personas que no sean familiares. La explicación es que los hijos de ese encuentro se ajustarán más a lo autopoiético, a lo autorreplicador, a lo autorreferencial, pues hay menos variaciones genéticas. Si se piensa bien los primeros seres sexuados eran “incestuosos”. Fue más tarde que la evolución tuvo que crear el mecanismo de la impronta, por la cual ya no se podía tener deseo sexual hacia aquellos con los que se compartían los mismos genes (efecto Westermarck). Y aquí vemos cómo trabajan los conceptos o esencias: se sigue la misma premisa entre los amigos, hay que dar un paso sexual antes de cierto tiempo, antes de que se active ese estado por el cual esa persona nos sea tan familiar, como para que ya no se dé el deseo sexual; patrón que explotan los guionistas del cine y de las series. De hecho tendemos a buscar como pareja alguien que se nos parezca tanto en el carácter, como en lo físico (ver vídeo relaccionado). En un experimento llevado a cabo por psicólogos del comportamiento, se daban a elegir a las personas entre 4 o 5 candidatos como pareja, mostrados en fotografías, y la mayoría elegían una fotografía modificada digitalmente, en donde se había puesto el rostro del propio sujeto del experimento, haciéndolo más femenino o masculino, según el sexo del implicado (Ver vídeo de ejemplo). Casi todos los algoritmos de las empresas de emparejamientos se basan en la igualdad en intereses y de caracteres, o como mucho complementarios…, nunca de contrarios. De hecho el incesto en la antigüedad era uno de los privilegios de los reyes y los emperadores, tenidos como dioses, circunstancia que se ha mantenido durante toda la historia, con sus consiguientes problemas en la descendencia después de dos o tres generaciones. Otro dato que apunta a lo mismo es la relación de los gemelos, en ciertas culturas estaba aceptado el incesto entre gemelos. En Japón se decía que si dos enamorados se suicidaban a la vez (a lo Romeo y Julieta), volverían reencarnados en gemelos, por lo cual les estaba permitido amarse, o a tener esa relación tan cercana y sintiente, con una mayor unidad de las formas de trabajar de las neuronas espejo. Las “gemelas silenciosas” (the silent twins) June y Jennifer Gibbons crearon un lenguaje sólo para ellas dos y no trataban de comunicarse con nadie más. No es un caso aislado ya que otros gemelos como Poto y Cabengo, de la misma forma, se inventaron un lenguaje privado, (sobre otro caso, el de “Sam y Ren McEntee, gemelos de 17 meses de edad”, mencionado en el artículo sobre la idioglosia, no he encontrado referencias). ¿Acaso no es el mismo proceso, aunque de una manera menor, que por el que pasan la mayoría de los enamorados y las parejas de larga duración?: a los segundos les basta una sola mirada para ponerse de acuerdo cuando tienen que tomar alguna postura concreta en alguna situación social.

   Por otro lado, cuestión más hipotética, el alfa es el que más procrea, y de alguna forma es el Ser más cercano a lo “perfecto”, o que mantenga la esencia -espíritu- de esa especie, más autopoiético, invariante, eso podría explicar la limerencia que se siente hacia los alfa y líderes en cualquier campo, como hacia los cantantes, a los cuales la media social los tratan de emular. Los animales eusociales se basan en una reina, en donde todos sus individuos son hermanos, siendo especies más autopoiéticas que los mamíferos, y de ahí quizás su armonía. Un último dato es el concepto de “alma gemela“, concepto esencialista que claramente apunta a alguien que encaja a la perfección con uno mismo, usando el adjetivo gemelo. ¿Cómo nacen los conceptos sino “leyendo” alguna disposición (patrón) de la naturaleza, que permanece ahí, pero que no sabemos interpretar?; pienso que el concepto tal como lo estoy yo manejando es el más acertado: se busca lo más igual, por ser lo más tendente a lo autopoiético. Por lo demás, la autopoiesis en lo sexual no tiene sentido en la medida que, de forma inmediata, entran en juego las jerarquías, como ya dijera en otro lugar, pues hembras y machos no pueden ser iguales (no-idénticos, no auto-replicadores) al diferir en sus medios y fines. Disposición, que ya en lo humano-social, nos ha llevado a la situación actual de “guerras” de sexos o géneros. O sea, según mi teoría todo ser, entidad o grupo que se ajuste o se acerque más a la auto-replicación, es más autónomo, más es esa máquina auto-suficiente y auto-regulada o en definitiva autopoiética. Las homosexuales se acercan más a lo autopoiético: tienen la capacidad de replicarse (maternidad), y son más iguales en sus medios y sus fines, en segundo lugar lo serían los homosexuales y finalmente los heterosexuales; si bien teniendo en cuenta que en los dos primeros grupos les hace falta el sexo contrario para procrear, y que en los heterosexuales la evolución ha creado todas las bazas para trascender sus libertades -estado autopoiético- durante los orgasmos simultáneos.

   Pero dicho todo esto, que complementa el escrito sobre la limerencia, quiero centrarme en la dimensión social del estructuralismo en tanto que ha de ser tendente a la autopoiético. Antes hay que hacer un breve resumen de mis ideas principales. La base está en la teoría de la superveniencia, que viene a decir que todo sistema se basa en el que le precede, sin que lo pueda cambiar. O sea, los cambios son de arriba hacia abajo, nunca a la inversa. Estos sistemas a grandes rasgos son: 1. elementos y partículas subatómicas, 2. átomos, 3. moléculas, 4. células, 5. seres vivos, 6. grupos sociales. No hay que buscar nada externo a dicha dirección y cómo unas llevan a las otras (Dios). Cada proceso se dio porque estaba potencialmente en el sistema anterior. O sea, que las partículas tarde o temprano tenderían a formar los átomos y estas las moléculas, dadas las condiciones iniciales del sistema y las leyes implicadas en ese estado… La gravedad fue uniendo átomos de hidrógeno, durante un prolongado periodo, en donde el universo tan sólo eran nubes de hidrógenos sumidas en la oscuridad. En la acumulación de estas nubes se “creaba” calor y energía, pero no la suficiente como para que se crease una estrella. Potencialmente estaba la posibilidad de que se uniesen dos átomos de hidrógeno formando el dihidrógeno, cuya energía no era frenada por la gravedad, como para crear las primeras estrellas. Todo estado de la materia es posible porque potencialmente existe esa posibilidad, dada las reglas de cada sistema. De esta forma lo social es un “volcado” del cerebro individual y sigue las reglas potenciales que tenga este. Siendo así hay que “leer” el cómo opera el cerebro y extrapolarlo a lo social. Un paso importante en las potencialidades, “leídas” por las reglas de la superveniencia, fue la química orgánica, que dio paso a la posibilidad de la replicación, que ya estaba implícita en la química de la materia (simetricidad), y más tarde a la vida. Con la vida se produce un primer concepto, que después han heredado el resto de grupos de la superveniencia, que es “lo faltante”. Todo Ser vivo lo es en tanto que ente falto de algo: comida, agua, calor, sexo para la reproducción. Esta es otra falla de la autopoiesis, pues ningún sistema vivo es pleno y cerrado sobre sí, siempre se da lo faltante, si tal cosa hubiera sido posible no se habría dado la evolución: permanecerían eternamente en ese estado aquellos primeros seres unicelulares. Cuando nació la conciencia nació con ese mismo estigma: el estar falto de algo, hecho que la hace ser un eterno cuenco vacío. El humano se mueve por necesidades, y estas siguen las reglas del que está falto (en este caso el humano), de lo faltante, y lo fallido (acto final por el cual la conciencia se sacia de “un” faltante para darse cuenta que sigue sin ser llenada). Toda necesidad busca lo faltante. Lo que está falto busca los medios para hallarlo. A esa acción cerebral básica se le puede nombrar por eso que llamamos intención. Como ya he apuntado en otro lado, la intención no tiene porqué ser la consciente. Con lo que la conciencia trata es con una presunción de lo que es la intención. El primer problema a dirimir es sencillo, y este es si la acción llevada a cabo es efectiva. Por ejemplo mi “intención” aquí es hacerme entender, pero puede que no lo logre. Resuelto ese evidente escollo queda saber qué hay en el fondo de un “acto” cerebral y si la conciencia sabe de ese fondo. En mi caso, ahora, se me presenta a la conciencia que quiero hacerme entender, pero ¿qué hay tras de esa evidencia? El psicoanálisis nos ha rebelado que las cosas no son tan claras, por otro lado las neurociencias apuntan a lo mismo. Ahí está el caso sencillo de que las feromonas nos siguen repercutiendo: elegimos parejas que sean compatibles y complementen nuestro sistema inmune. Cada acto tiene un sentido o intención que se puede escapar a la conciencia. En este caso, sigo el hilo de porqué me comunico, puedo pensar a nivel de conciencia que quiero dar a conocer mis ideas, por ser fructíferas, pero eso sigue siendo quedarse en mitad del camino. Todo acto comunicativo es por la presencia de otro, luego ¿”necesito” un otro, romper con mi soledad, acallarla? El otro es lo faltante, como no existe ante mí, cuando escribo me imagino un “oyente” o lector que a su vez en ese momento me piensa. Cuando el otro me oye o me lee, existo en un nosotros temporal y virtual. El otro es lo faltante en tanto que crea un nosotros. El resto se siguen de estas premisas: necesitamos pertenecer a un grupo, aunque ese grupo sea sólo de dos personas, o en el caso de los solitarios, con entes imaginarios. Este tipo de unión entre individualidades creó el grupo, en la superveniencia, de los animales sociales. Se presupone conciencia a un gran número de animales sociales, luego la conciencia, dentro del grupo de la superveniencia emergió dentro de lo social. Por otro lado sale a colación que la comunicación es un instinto, y de seguir su origen se ha de concluir que se sigue de la regla de la replicación (heredar información). De esta manera se deduce que lo siguiente en la superveniencia fue 7. la mente o conciencia. Los primeros seres unicelulares, por mutaciones, se empezaron a diferenciar. De este primer estadio nace el concepto dual de identidad/diferencia, que era parejo al de auto-replicación, luego lo que se replicaba era una identidad, en tanto que diferente a otras identidades auto-replicadoras, que por lo demás eran susceptibles de “competir” por los mismos recursos. Ya tenemos los conceptos de identidad, diferencia, conflicto, lo faltante, auto-replicador e información. El primer atolladero esencialista, con las mutaciones primero y con el sexo después, es que identidad y diferencia nacen a la vez. O sea, y para llevarlo al ahora y a un individuo, yo soy una identidad única, que me hace diferente a cualquier cosa en el universo. ¿Cómo resolver y “encajar” identidad y diferencia para que no se dé el conflicto? Se busca lo menos diferente de uno mismo. O sea, se internaliza la diferencia como parte del entramado de la identidad. Para el caso y el ejemplo que sigo: cualquier humano es más igual a mí que cualquier otro animal, luego soy de esa identidad. Dentro de los humanos soy más igual a todo aquel que tenga pene, más igual que todo aquel que sea occidental, etc. Las restas de todas las negaciones dan como resultado lo que soy: mi identidad. De este dilema primero, sobre la identidad, se puede comprender lo vital y esencial que es “tomar el papel” de lugar donde se nace: del barrio, de la ciudad, la región, el país, y en la actualidad el continente. La patria es el pegamento que une la máscara a nuestra propia piel. Imposible deshacerse de esa capa de nuestro ser sin arrancar nuestra propia carne. Cuando el humano se esparció por la tierra, cuando le confirió una propiedad a cada zona, perdimos la esencia o el espíritu humano, para volvernos patrios (de tal o cual territorio), diferentes, únicos y pertenecientes a ese lugar y lo telúrico: creamos la identidad regional, la diferencia, la otredad, que más tarde sería la de patria, y con ello asesinamos al espíritu humano; que aún hoy con ese falso concepto de aldea global, no parece que podamos recuperarlo. Vamos a “empujones” hacia la indiferenciación, hacia la vuelta del espíritu humano perdido, pero una y otra vez surgen los conflictos para separarnos, para que no se reste ese pegamento que une la máscara a nuestro rostro descarnado. Ahí están los casos de los catalanes, los ingleses o los escoceses. El mundo está lleno de identidades que no quieren morir, cuando lo telúrico ya carece de sentido, en un mundo cada vez más globalizado y virtual.

    Pero busco el componente social de los conceptos, que han emanado y hemos heredado de la superveniencia. Identidad, diferencia, conflicto, lo faltante, auto-replicador e información. Cuando se da una agrupación se busca aquella situación por la cual haya menos conflicto y por lo tanto una menor diferencia. La familia sin duda es ese primer grupo. Los cónyuges son los más alejados del otro en tanto que identidad dentro de la familia. En una familia se sigue la premisa de ser autopoiética, en tanto que sus acciones son muy parejas, y se pierde la autopoiesis cuanto más alejado se esté en el parentesco. Algo que emerge con la conciencia son los conceptos, conceptos que igualmente se pueden extrapolar de todo grupo de la superveniencia. Los conceptos son reglas o patrones (o estructuras) que siguen la regla desde el todo a lo pequeño. O sea, que como he dicho arriba, puesto que soy social, esta regla “dicta” mi comportamiento individual, sin poderla evitar: siempre nos habita alguien en nuestro interior, como hablándole y que nos habla. Como he dicho en otras ocasiones, es fácil deducir que esa presencia ausente se tomase como Dios. “Converso con el hombre que siempre va conmigo, quien habla solo espera algún día hablar con Dios”, dijo Antonio Machado. De este acto se desprende otro, que va y viene en las filosofías y nunca termina de encajar: el idealismo, el esencialismo. En la actualidad se cuestiona el esencialismo, por ejemplo en el existencialismo o el feminismo, pero creo que bajo las reglas que hemos hallado hasta ahora se puede entender mejor sus tramas y sus porqués. La primera esencialidad fue la diferencia. Idea extraña a primera vista. Vamos a tratar de aclarar tal concepto, recurriendo primero a un ejemplo algo burdo: si todo fuera oro este dejaría de tener ningún valor. Lo que le da su valor (esencia) es su escasez y la existencia de materiales que se oxidan con facilidad. O sea, lo que le hace un metal precioso, al oro, es aquello que no es: no es abundante, no se oxida. Por esta paradoja se da la pérdida de identidad y otros trastornos similares, como nos recuerda Sartre en la frase: “un Ser es frágil si lleva en su ser una posibilidad definida de no-ser”. En una película que vi hace unos días uno de sus protagonistas afirmaba: “por qué será…, sé quien son todos menos yo.”; nos asombra que alguien asegure tal idea, cuando nosotros sí sabemos definir a esa persona. Es por que la identidad nos la prefija los otros, los no-yo, en tanto que negación de lo que no son ellos mismos, como ocurre con el oro.(1) En las primeras bacterias: aquellas bacterias que fueran diferentes, no serían iguales a mi ser auto-replicador, pues traspasarían una información distinta a la siguiente generación. “Soy” en tanto que no soy esas otras formas de crear auto-replicaciones. Soy “dentro” de una identidad en tanto que hay otras diferentes. Y soy identidad en tanto que los medios y fines son compartidos dentro del grupo al que pertenezco. En este proceso nace un nuevo concepto: la intención en su génesis. La “intención” de esas identidades eran favorecer a las iguales, aquellas que traspasaban la misma información, “perjudicando” o no ayudando a aquellas otras que pudieran perjudicar o no ayudar a esa intención, a no ser que fueran simbióticas. ¿Qué es esencia?, lo es toda regla, patrón o estructura que “parece” dar forma o contener -de arriba hacia abajo- ciertos agentes como perteneciendo a una identidad autopoiética. Todas las partículas y subpartículas (agentes) que se unan y mantengan una conexión son una “esencia” que crean un átomo. Donde se den tales átomos y ciertas condiciones, se crea dicho átomo. Un neutrón no lleva implícito un átomo de helio o cualquier otro, pero dos electrones orbitando en el mismo nivel y un núcleo son helio. Quizás lo errado es nominar a tal “acción” o potencialidad como esencia, pero trato de revisar tal concepto y mantenerlo. Otra esencia, ya más conceptual y para tratar de validar tal concepto, es que identidad y diferencia nacieran a la vez, creando una dualidad indisociable. Otra más es que la vida se base en lo faltante, y por lo tanto su dual sea la necesidad; y como último ejemplo, ya más en lo banal, cuando se nos dice que hagamos una mesa, sabemos que es un soporte llano y de cierta altura, que se mantiene por medio de una (central) o varias patas: el cerebro trabaja con esas esencias o ideas abstractas de todo ente. Pienso que los “estímulos supranormales“, el hecho que un animal tenga una mayor agresividad o deseo sexual por un objeto artificial, hecho por el hombre, en donde se han potenciado ciertos atributos de la especie, simbióticos, o sus enemigos, es una clara demostración del esencialismo o conceptualismo de la vida, pues lo “exagerado” o más claro del estímulo artificial es esa tendencia a buscar su esencia conceptual. Fijarse que en el concepto de estímulos supranormales se sigue mi idea, expuesta en otros escritos, de que el cerebro es metaforizante, y en tanto que tal, tiende hacia lo caricaturesco. A exagerar en lo grande o pequeño o lo maravilloso o lo horrendo, etc. O sea las esencias conceptuales se mantienen, pero en la medida que se idealizan cada vez, de generación en generación, más a patrones caricaturizados, quizás para ser mejor reconocidos, en cuanto se nos presentan en el mundo por tan sólo unos pocos rasgos. Hay que tener en cuenta que el cerebro, como gran sensor de la realidad, es una gran máquina predictora: cuanto antes reconozca algo, por ya tener previamente esa imagen en el cerebro, menos esfuerzo hará, con un menor coste y con una posible ventaja sobre otros a los que les costará más. Esa capacidad es otra más que se ha “integrado” en el juego evolutivo, y a mayor cerebro, o más complejo, se supone, mayor tendencia hacia la caricaturización, o manejar conceptos o esencias y por lo tanto hacia los estímulos supranormales. Cuestión aparte, a tener en cuenta, es que los antiguos humanos trataban de recoger la esencia de los animales que mataban, o incluso la esencia de los lugares, los objetos (fetiche) y los árboles, para hacerlas suyas, para apropiárselas (como faltantes hacia lo autopoiético) y volverlas dentro de su propio ser.

   ¿Es esa la “intención” primera?, la de la alteridad, o subyacen otras detrás. Todo subyacente, desde aquella primera química orgánica, ha sido la de sobrevivir y replicarse, que más tarde sería la de procrear. Al igual que la superveniencia explica todo desde el todo hacia abajo, toda intención parte primero de la alteridad, y desde esta hacia abajo las otras dos premisas de sobrevivir y procrear. Eso es lo que subyace tanto en el cerebro como en todo grupo social. O visto en un ejemplo: una vez que el feminismo nació estaba “condenado” a permanecer vivo, a sobrevivir y “reproducirse”. Es asombroso que algo, por el mero hecho de ser nombrado, de poseer un nombre, exista: ya tenga una identidad, que durará nada o milenios. Alguien dijo que no hace falta crear una gran obra y teoría sobre el mundo, tan sólo hace falta que crear un concepto que tenga éxito, que siga las reglas de los memes de durar y multiplicarse en las mentes (sociedad líquida, inteligencia emocional…). Si es así cuando yo “llamo” a que se disuelva el feminismo, no tiene ningún sentido bajo estas reglas: mis “peticiones” son quijotescas. Algunos grandes conquistadores, como Genghis Khan, comprendieron ese hecho y asumieron que para acabar con una identidad tenían que acabar hasta con el último de sus habitantes. Toda identidad (vida, grupo social, concepto, esencia, meme) clama sobrevivir, la única forma de acabar con esas identidades son “exterminándolas”. En ese dilema se encuentra hoy la ciencia con algunas enfermedades (virus, bacterias), donde los únicos supervivientes son aquellos que han sido aislados en laboratorios de alta protección. En los virus se sigue de forma fidedigna todo lo dicho hasta aquí: sólo buscan autorreplicarse, todo es otredad, todo es potencialmente tendente a ser exterminado, sólo “aceptan” lo idéntico o lo simbiótico. Toda plaga sigue las reglas de identidad, diferencia, conflicto, lo faltante, autorreplicador e información.

   He mostrado varias “intenciones” subyacentes a todo acto, ningún mérito en cuanto a la supervivencia y la procreación, son algo que todos damos por sentado. El extraño ahí es la alteridad. ¿Qué otras hay? El resto de reglas se siguen de esos principios: identidad, diferencia, lo faltante, conflicto, auto-replicador e información, mezclándolos de unas maneras u otras, y siempre dependientes de las situaciones, deviniendo así en intenciones; las cuales crean el caos individual (en la mente y los sentimientos), en lo social o en lo evolutivo. Identidad y diferencia no siempre implican conflicto: los dos sexos están llamados a replicarse. En la naturaleza hay relaciones simbióticas. El meme sigue todas las premisas de identidad, diferencia, conflicto, auto-replicación e información. Se “asume” que lo faltante es algún agente y/o medio (un humano en Internet). “Trata” de no mutar, que no cambie el mensaje, mantenerse autopoiético, idéntico. Autorreplicación e información tampoco son lo mismo, la segunda se asume de la primera, pero no a la inversa. De esta forma la estructura del lenguaje ha de mantener la intención (esencia en este caso) o trasmisión de una información o significado, indiferentemente de los signos. O dicho de otra forma: “mañana las nubes altas mojarán los campos”, o “mañana lloverá”, o hacerlo con los signos de las personas discapacitadas auditivamente, son frases autopoiéticas, pues referencian o replican el mismo mensaje o información, en tanto que intención. Una regla que se sigue o subsigue a la del conflicto y lo social es que se den jerarquías. Estas pueden tener los mismos fines, pero siempre subyace el conflicto. Por ejemplo, en las manadas de lobos se sigue al alfa, pero si está en peligro la propia vida este se vuelve en un “potencial enemigo”.

   Con todo lo mostrado hasta ahora, ¿cómo “leer” la intención del otro?, donde otro puede ser una persona, un grupo u otra especie. Dado que la base es la alteridad, y de esta nace el conflicto, estas dos esencias pueden ser contrarias o no convenirles la información. O dicho más llanamente: otro componente (estructura, esencia) que nació inmediatamente  de las primeras mutaciones, fue el engaño, o el ocultar la información y por lo tanto la verdadera “intención” (camuflaje, falsos avisos de tener una propiedad…) Cuanto más ajenos sean dos sistemas o más en conflicto estén, más serán propensos a ocultar o engañar. Como es el caso entre depredadores y presas, o entre los dos sexos, o entre distintas posiciones jerárquicas. Si se hace un breve resumen de todo lo expuesto, se deduce que la vida tiene más de negativo que de positivo: nace de la alteridad, donde surge el conflicto, donde nacen las jerarquías, de las que nacen los engaños y las ocultaciones de las intenciones. ¡La vida es lucha, no es nada simpática! “Lo más triste del mundo es la vida”, dicen en la película “Un ruso en New York”. Ya en lo humano, se comprenderá que cuanto más compleja se fue haciendo la sociedad, basada en la palabra, una forma de mantener la información por generaciones, eso “provocó” que cada vez se tuviese que hacer más complejo el cerebro, tan sólo para saber “leer” las intenciones de cualquier otro ser humano, que era potencialmente diferente y tendente al conflicto. El cerebro gasta su mayor cantidad de tiempo y energía en lo social, cuestión por la cual las personas solitarias tienen la potencialidad de usar toda esa energía/tiempo a problemas complejos.

    Ya no quiero extenderme más, creo que los planteamientos base ya se han puesto sobre la mesa. Queda diagnosticar el presente bajo esta estructura. El humano, y sobre todo desde que apostó por la agricultura y la ganadería, y por ello por las ciudades, ha tendido cada vez a crear más y más identidades. Teniendo en cuenta que toda identidad implica diferencia y por ello tendencia al conflicto. Algunas de esas falseadas identidades han creado grandes males como la esclavitud, las luchas religiosas y las guerras entre patrias. Se suponía que con la entrada en la era de la Ilustración, de las luces, de la razón, todas estas identidades irían muriendo, y sí, algunas lo han hecho, como la esclavitud, pero otras permanecen (guerras, racismos), mientras que otras nacieron para parecer morir rápidamente, como el concepto de proletariado. Muy al contrario de lo que se pudiera pensar, cada vez hay más identidades, ahora deteniéndose cada vez más en menucias, como lo es sobre los seguidores de los comic de Marvel o de MC. La era de la comunicación nos ha llevado a una situación nueva: la auto-referencialidad, a podernos ver en el “espejo” que es Internet. Nos debemos de haber visto muy “feos”, tanto que nos hemos vuelto casi más amantes de los animales que de las personas, por algún tipo de compensación que no logro entender, hecho que se resumen en el meme de “cuanto más conozco a las personas, más amo a mi perro”. Cómo es esto…, como no es que me guste demasiado lo que veo, lo humano, ¿amo a los animales? -¡Espera, desde mañana soy un perro, ámame, protégeme, dame cobijo en tu hogar! -No seas cínico, -es que no queda otra, -estás hablando solo, -¡ya¡. Vuelvo al tema. Una cuestión impactante son las patrias, que nacieron de las etnias. Se supone que una etnia crea una identidad, hasta ahí bien, pero es que, y puesto que partimos de la selección sexual, se seleccionaban rasgos y caracteres propios de cada una de las identidades. Esas pequeñas selecciones llevaron a ciertas diferencias, unas externas y otras internas, como portar en mayor medida el “gen guerrero” que predispone a la violencia. Lo étnico es algo de lo que no hay que hablar, se supone que es un tema superado, pero es que eso a lo largo de la historia se “cocinaba” junto al concepto de patria. En donde, por ejemplo, un ruso en Rusia se cuece en su propio caldo (igualdad de tendencias genéticas y culturales), pero si es llevado a otro país se minimizan o liman ciertas asperezas. No estoy tratando de resucitar temas racistas. Los analizo bajo una nueva dimensión, en donde un ruso en su país es susceptible de activar cierta epigenética que le es más propia, y si está en otro país otra. Esto puede explicar, en parte, el por qué unos países doblan o triplican la violencia de género con respecto a España. Países, incluso, que se suponen con un mayor nivel de equidad y de bienestar social. Ahí están los casos de los países nórdicos, descendientes de los vikingos, cuya tasa de violencia hacia la mujer es mayor, que el resto de los países occidentales de Europa. En un estudio llevado a cabo en Suecia, se ha descubierto que sobre el 40% de los hombres de este país tienen una deficiencia en un gen que es el que crea los receptores de la oxitocina, molécula del “amor” que propicia la empatía y la confianza, y resta la violencia hacia la propia pareja. La secuencia histórico/cultural/evolutiva sería así: fue una sociedad que vivía de forma constante en el límite de la supervivencia, con mucha escasez de alimentos por un clima complicado, eso propició que fueran los machos más fuertes y aguerridos los seleccionados por las mujeres, pues se “necesitaba” ser muy violento con el resto para sobrevivir por encima de ellos (Finlandia es el tercer país en la estadística de abajo, país con un mayor problema con el clima a nivel histórico). Sólo sobrevivían las tribus de los machos más violentos, y de gran musculatura y tamaño. Las hembras de esas tribus extintas eran raptadas por las tribus vencedoras, y entraban en la misma dinámica de sus captores. El siguiente paso sería cultural: en algún momento mutó el gen receptor de la oxitocina, quizás viniese de muy atrás o proviniese de los neandertales o los denisovanos; los hombres se tenían que distinguir de los otros hombres que se asemejasen más a las mujeres, más simpatizantes hacia ellas, o sea que sí tuviesen el gen receptor de la oxitocina, luego a la larga se extendió los hombres portadores del gen deficiente de dicho receptor. Con el paso de los milenios se creó esa etnia que asoló al resto de Europa y parte del mediterráneo, se cree que en épocas de pequeñas glaciaciones, por su ferocidad y falta de escrúpulos, pues la oxitocina igualmente crea empatía y confianza hacia cualquier otro ser humano. Los rusos (Ruotsi, hombres que navegan) son sus descendientes. Consecuencia al día de hoy: los países nórdicos tienen esa mayor tendencia a heredar ese gen “defectuoso” que hace que no tengan el receptor de la oxitocina, que propicia una menor unión de confianza y empatía hacia sus parejas, que provoca que haya ese desnivel en la violencia de género con respecto a otros países, a pesar que llevan una vida más cómoda y con menos escasez que parejas de otros países con una menor violencia. Otra consideración a tener en cuenta es que cuando se dan migraciones, en la actualidad, no es para aquello de “donde fueres haz lo que vieres”, sino para mantener la identidad, creando barriadas y por ello islas identitarias en las ciudades y los países. El choque de esas identidades sólo está creando conflictos. Las dos reglas son contrarias: una etnia es susceptible de crear cambios epigenéticos de adaptación a una sociedad distinta a la suya. Una etnia mantiene ciertas características al crear islas de identidades en aquellos países a los que vayan. Es fácil deducir por donde voy: la asimilación -o muerte de lo limoso de las dos identidades (burka, por ejemplo)- debería de ser la única meta humana en sus migraciones. Si no hay dos identidades no se darán conflictos.

Tasa feminicidios Europa

    Quedaría ver que tal “funciona” mi estructura reduccionista en hechos concretos. Para remitir a algo que cualquiera pueda consultar, recurriré a lo acontecido en la obra teatral “muertos sin sepultura” de Jean-Paul Sartre. Unos nazis tienen presos a unos franceses de la resistencia, y tienen que lograr que traicionen a los suyos. Identidades cruzadas: dos contrincantes de una guerra, dos patrias distintas, soldados obligados por el estado, y voluntarios en una resistencia. Las jerarquías son otro de los conflictos: el juego del poder de carceleros y presos. Lo faltante es la información que necesitan los nazis. Los lenguajes e intenciones (información) son distintos: unos han de crear miedo y nunca bajar la guardia de su posición de poder, y los segundos no mostrar miedo y por otro lado no perder su integridad (identidad) y orgullo. En este caso hay dos orgullos (identidades) en juego en un ejercicio de  poder (jerarquía), los cuales no han de estar a la misma altura…, alguno tiene que “esconder el rabo entre las piernas”, al igual que ocurre en las luchas entre alfas y betas. Me pregunto si Zimbardo se basó en esta obra para su experimento de la cárcel de Stanford. La tortura es el mejor medio dadas todas las premisas, se ha recurrido a ella a lo largo de toda la historia humana. Siempre están en juego las mismas cartas: identidades, la otredad, lo faltante, las jerarquías…, el conflicto. Pero la vida no siempre es tan sencilla, toda identidad o grupo a la vez puede estar subdividido en grupos, y finalmente ser reducido a sus individuos. Entre los nazis ninguno ha de mostrar empatía, o dudar de sus medios y finalidades. Entre los franceses no ha de caber la cobardía, y claro, uno de ellos es una mujer, sobre la cual los nazis tienen otros planes. Eso crea una pequeña división o subdivisión, pues ningún hombre pasará por lo que ella pase. Para complicar más las cosas, durante la trama, atrapan a otro preso, que en realidad es el líder, creyendo los nazis que puede ser un simple paisano de la comarca. ¿Lo traicionarán los suyos para evitar el dolor de la tortura? Por no hacer spoiler no rebelaré más la trama o el final, pero no puede ser otro. A veces la muerte, el suicidio o el asesinato, aun yendo en contra de la supervivencia y de proteger a los de tu identidad, están llenos de significados dentro de las estructuras aquí mostradas: mantener la integridad identitaria, mantener una información oculta, dañar a los de otra identidad (hombres bomba, suicidios por despecho), etc. Sólo deja que los conflictos fluyan, se compliquen y se enreden: así son las trampas situacionistas. Hacer el ejercicio mental de aplicar estas estructuras, cuando veáis la siguiente película “seria”.

   He resumido algunos problemas, queda el proceso de aplicarles las conclusiones del presente escrito. El humano no ha resuelto el problema de la identidad y la otredad. Es más, parecen acentuarse cada vez de forma más pronunciada. El primer diagnóstico es que cada vez hay más escasez (lo faltante: trabajo, espacio habitacional…) y desequilibrio entre las jerarquías. Donde hay más necesidad se remarcan más las diferencias, y por ello los conflictos. De nada sirve apelar a esa autoimagen que nos ha dado la era de la información, sino es para otra cosa que para llenar el mundo de “buenas intenciones”, el “buenismo” y caer en lo políticamente correcto. Máscara, máscara y máscara. Las intenciones subyacentes son las que cuentan, las que se manifiestan. La información fluye, pero no es para crear unidad, sino cada vez una mayor disparidad. Para remarcar diferencias, para levantar odios a los que son diferentes, a los que no son de nuestra propia identidad. Hasta yo -en mi soledad y razón- me dejé llevar por la locura de “atacar” el feminismo como defensa de mi identidad de macho. Ahora ya no hay vuelta atrás, sería estúpido y poco honesto borrar esos escritos (quizás lo haga y los “limpie”). En ese sentido tiene razón Samuel Huntington en su libro “Choque de civilizaciones“. Se perfilan conflictos entre musulmanes y “cristianos”, entre oriente y occidente, entre civilizaciones de corte comunista y capitalista, entre países en desarrollo y del primer mundo… Sólo hace falta la chispa que prenda la mecha. ¿Qué hemos aprendido de la historia?, qué de lo que nos dicen las ciencias. Sólo cabe pensar que somos un animal estúpido, que sólo está preocupado por la técnica y nada por el contacto humano. Nos preocupamos más que maten a una vaca de forma “inhumana”, a que un vecino se suicide porque ya no puede hacer frente a sus débitos. ¿Acaso se creen los veganos que el 100% de la población lo podría ser: ¿cuántos planetas tierra harían falta, cuantas selvas habría que desolar para cultivar? (2) Una mujer embarazada no puede seguir una dieta vegana si causarle problemas a su futuro bebé, debido a la impronta genética. Nuevas máscaras de sanidad, para una sociedad cada vez más cibernética, sintética y sin una visión realista del mundo. ¡Acaso no nos damos cuenta que siete mil quinientos millones de personas no pueden ser únicas y especiales!, que no todos somos nuestros propios héroes y que ni siquiera los necesitamos. ¿Por qué seguimos bajo el influjo del sueño americano, cuando todos sabemos que en realidad es una pesadilla? Quien quiere una sociedad de rascacielos opulentos, con docenas de sin-techo en sus puertas. La meritocracia es el mayor manipulación/engaño que las altas esferas puedan haber gestionado para validarse en el nivel jerárquico donde se encuentren, sin que nadie los cuestionen. Hemos llegado a tal tontería que una familia de tres personas del primer mundo, gastan más en agua embotellada en verano, teniendo agua potable en casa, que una familia del tercer mundo en comida. Y hay humanos que tienen viviendas en cuyos espacios nunca un humano pondrá sus pies, de lo grande que son, donde otros sólo tienen cuatro chapas y unos paneles, improvisando una chabola. Pero ¡quieto ahí!, nadie es culpable, ni siquiera nuestra estupidez, tan sólo “obedecemos” a reglas dictadas hace miles de millones de años, que nos negamos a verlas, pues irían contra nuestro orgullo de creernos libres. ¿De verdad que nos creemos soberanos de nuestros actos y pensamientos, como para crear injusticias o resolverlas? Paliamos algunas y hacemos nacer otras nuevas. Ahí están las feministas “incordiando”, y terminando por destrozar el frágil concepto de familia. ¿De verdad creemos que el haber votado hace 8 años a un partido u otro hubiera cambiado en algo el panorama actual?, lo mismo para las siguientes votaciones con respecto a dentro de 10 años. Los cambios en lo político/social suceden de forma cruzada en varios países, empresas o hechos naturales, por pequeñas variaciones no previsibles, al modo del cambio por el aleteo de una mariposa, sin que casi nada de forma directa lo influya. “Luhmann sintió que la sociedad que se tematizó a sí misma como sociedad política se malentendió a sí misma”, fuente Wikipedia. Se sabe que una superpoblación entre los animales llega a un máximo y después viene una repentina crisis, en donde se hace insostenible que vivan tantos individuos, de tal forma que la población cae muy por debajo de su nivel medio. ¿Creemos que nos libraremos de tal designio?  Somos “esclavos” del destino. No necesito extensas estadísticas, o grandes teorías para argumentar algo así, me basta salir a la calle o ver la televisión cada día.

    De un somero análisis cruzado, del presente escrito y del estado actual de la sociedad, se puede concluir que lo autopoiético es equiparable a lo independiente, a lo autónomo. ¿Cómo encaja eso en un sistema social? La actualidad se define por ese doble marchamo: somos más dependientes de lo social de forma abstracta. El estado nos suple en situaciones complicadas: se mantienen a los desempleados, se dan ayudas sociales, está la asistencia sanitaria gratuita y las pensiones a los mayores de edad. Pero por otro lado cada individuo trata de ser autónomo del resto de los individuos. El individualismo es la consecuencia de nuestra línea evolutivo/histórico/social, el no depender de otras personas, el ser -dentro de la mayor posibilidad- autopoiéticos, independientes, autónomos. El nuevo ideario del amor es amar a alguien que no “necesita” del amor, que podría vivir sin él, pero lo elige no por las emociones, sino por la razón. No se quiere a alguien que no sea minimamente independiente y autónomo, que no tenga su propia vida y riqueza interior. Cuanto más necesitado veamos al posible candidato a pareja, menor va a ser la posibilidad de ser elegido. En esa dirección, en esa retroalimentación, uno ha de buscar su propia autonomía, su individualidad, sin tener a alguien al lado que le “ayude” en su lucha. Ni siquiera la “ayuda” de los más cercanos, de la propia familia. ¿No es esa una clara tendencia a lo autopoiético?,  y la paradoja ante esta situación sería:¿por qué una vez que se ha conseguido dicha autonomía se ha de dejar entrar alguien en tu vida que la pueda alterar o la quebrante? Hemos creado un sistema (la sociedad, las democracias, las instituciones) que han creado la posibilidad hacia la total autonomía e independencia del individuo. No estamos volviendo seres narcisistas y egotistas. Es el nuevo “guión” que nos da la cultura, para que nos adaptemos al nuevo “personaje” medio de la época. Y ahí está Internet y las redes sociales, sobre todo YouTube: todos hablando a la vez, eternos acaparadores de la atención del mundo, “ombrigismo” universal, … ¿se “oye” algo o ahora sólo hay ruido? Un antagónico posmodernismo de individualismo, en donde colaboramos con los otros no por que nazca de alguna emoción, sino como “exigencia” de los nuevos tiempos, donde se tiende a la mente e inteligencia enjambre. El sistema es la cáscara, la forma, que contiene esa posibilidad hacia la individuación, hacia el individualismo, que es su contenido. Nos hemos rendido de poder cambiar el sistema, este parece haber cogido su forma final, el neoliberalismo hiper-burocratizado basado en las estadísticas, en los números, en el beneficio; de tal manera que nos tenemos que estar readaptando constantemente nosotros mismos para ser competitivos y no quedarnos atrás. Parpadea un segundo y el siguiente puedes estar en la posición de perdedor. Hormiguitas en perpétuo  movimento. ¿Vamos hacia lo eusocial?, a crear sistemas como el de las abejas o las hormigas. En este tipo de sistema la empatía, las emociones, las qualias, no existen, no cuentan: está por un lado cada individuo y por el otro el todo. El todo es lo principal, el individuo es tan sólo un engranaje, una pieza repetida una y mil veces (auto-referencialidad) como para ser prescindible. Se llega a la “solución” del conflicto entre lo individual y lo social. El individuo se vuelve independiente y autónomo dentro de una sociedad que suple todas sus necesidades. Una hormiga no necesita de otra hormiga, sino en tanto que engranaje dentro de la máquina. ¿Qué perderemos en ese proceso? La familia, las amistades, los vínculos que nos unían y nos hacían humanos. Pero las cosas no son tan sencillas. Conceptos como los de la impronta, por el que quedamos estrechamente vinculados a la madre o a nuestro cuidador, nos demuestran que genéticamente no estamos preparados para ese salto hacia ese nuevo sistema. No queremos alguien que nos necesite, pero sí queremos alguien que nos auspicie en casos de extrema necesidad… y no desde la frialdad del sistema, que no nos ama, sino dentro del concepto del amor (amistad), en definitiva desde las emociones. Nos encanta esa frase, por su arquetípica imagen de lo que era el amor, de la canción “sin ti no soy nada“, pero la “aborrecemos” racionalmente. Somos esa contradicción insalvable: no queremos que nos necesiten, pero necesitamos que nos elijan. De querer ser eusociales, somos “máquinas” con sentimientos, un verdadero incordio para tal sistema y sus “engranajes”. No digo nada que ya dijera Philip Slater en 1974, en su libro “Paseo por la tierra” de forma más completa y poética:

   “Nacemos inmersos en relaciones íntimas de mutua retroalimentación con nuestros medios, tanto humanos como no humanos. Los compromisos con la fantasía interrumpen este circuito. Las señales se ignoran y el comportamiento se vuelve mecánico e insensible. El medio me lastima, pero yo estoy empeñado en un objetivo remoto y fantástico y no rompo a gritar, sino que avanzo despacio pero constantemente. Me he convertido en una máquina, daño al medio y él sí rompe a gritar, pero yo empeñado como estoy en objetivos remotos y fantásticos, no le puedo escuchar. Realmente hay una cierta justicia distributiva en todo ello: yo torturo al medio, el medio me tortura a mí. Se inicia una escalada de retroalimentación positiva, puesto que cuanto más me transforme a mí mismo en una máquina más tenderé a torturar al medio y más me tortura el medio a su vez, y necesito en mayor medida convertirme en una máquina.
      Nos hemos burlado de los humanos primitivos porque imaginaban que ellos y la naturaleza conformaban una unidad. Nosotros “sabemos” que estamos separados del medio. Nosotros lo hemos dominado. En realidad, le hemos declarado la guerra y la hemos ganado. Hemos derrotado al aire, hemos aplastado al mar, hemos asesinado a la tierra y estamos solos para paladear la gloria de la victoria, enfermos y jadeantes como un niño que ha triunfado sobre su madre.
     Todos los errores y las locuras de la magia, la religión y las tradiciones místicas se ven sobrepasados en importancia por la única y gran sabiduría que conllevan: la conciencia de la raigambre orgánica del género humano en un complejo sistema natural. Y todas las brillantes y elaboradas penetraciones del racionalismo occidental quedan reducidas a la nada a partir del insigne engaño en que descansan: el de la autarquía humana.
     Los logros de la cultura occidental son sueños materializados, y puesto que fueron posibles merced al estrangulamiento de nuestros sentimientos, han ido materializando el mal en el hombre cada vez más, la brutalidad perversa, la arrogancia plañidera, la obsesión cruel y la devastadora hambre de poder. Y cuando se haya dado forma física a todos estos impulsos mutilados no podremos ver el cielo, los árboles ni ninguna cosa viviente, tan inundados estaremos por la maquinaria que habremos vomitado de nuestras entrañas ulceradas.
    Para enmendarnos a nosotros mismos y enmendar a nuestro medio es preciso que drenemos la energía del tumor que nos posee; necesitamos escuchar, sentir y estar aquí; necesitamos recuperar lo que hemos desechado, recobrar lo que hemos proyectado en los demás, devolver la totalidad a lo que hemos truncado; necesitamos movernos juntos en una danza recíproca de integridad y gracia. Continuamos buscando el camino hacia las estrellas; pero no está oculto. Serpeando grácilmente por entre los espacios que hay entre las cosas, ha estado allí todo el tiempo.”

    Falta una última lectura de un signo que proviene del de esencia: espíritu. Se entiende por tal concepto aquello que sobrevive y emerge de una lectura somera e intuitiva sobre algo de la realidad. El espíritu del deporte, el espíritu de una nación, el espíritu de la fiesta… Creemos haber evolucionado, que somos más “civilizados”, pero ¿acaso cualquier hombre de hace treinta mil años no tenía y sabía de ese espíritu humano que hoy ya no sabemos ni leer ni poseer? Nos despreciamos por lo externo, por el lujo, por lo aparente, por la máscara; todo humano es otredad, todo humano es diferente. Lo humano, es hoy en día, tan sólo conflicto. Ahora todos somos seres fronterizos, siempre al límite de algo, de la cordura, de la ansiedad, de un ataque de pánico, de la depresión, de la soledad, de la exclusión social… La muerte de los signos, el ponerlos en duda (feminismo, posmodernismo…) ha quebrado la idea de las esencias, del espíritu humano. Si todo signo carece de sentido, sólo existe el signo que se me aparece cada vez, al que doy un sentido hoy y mañana otro. Ya no hay esencias, ya no hay espíritu, solo una eterna lectura del presente. Un eterno encuentro con otredades, con diferencias, con potenciales conflictos. ¿El único camino para este caos?, volver a los conceptos iniciales. Al “verdadero” espíritu humano antes de que se dividiese en etnias y multiplicidad de apuestas génicas, territoriales y religiosas. No hablo de eugenesia, hablo de mezclarnos hasta que lleguemos a la indiferenciación. Quizás así se “reunifiquen” todos los genes desperdigados y recuperemos algo que perdimos, algo que se “alteró”. Hablo de que permanezca la espiritualidad, pero que no tengan ninguna legitimidad las religiones. Hay que matar o controlar la falta de equidad de las jerarquías, romper las barreras fronterizas, quemar las banderas, olvidar toda identidad, y sólo así se podrá llegar a una sociedad libre de diferencias y por ello de conflictos, una sociedad realmente autopoiética, en donde la auto-realización, el auto-mantenimiento, y la auto-replicación de ciertas estructuras válidas sean la tónica. ¿Cómo?, creando un cambio disruptivo. Nada de cambios progresivos que mantengan la situación y se enlentezcan por siglos. Hacen falta cambios reales ya.


(1) Esta “falta”, mella o carencia de densidad en el Ser o identidad es a lo que Sartre llamaba facticidad del para-sí, de esa manera el Ser siempre está infectado de la nada: “esta contingencia perpetuamente evanescente del en-sí, que infesta al para-sí y lo liga al ser-en-sí sin dejarse captar nunca, es lo que llamaremos la facticidad del para-sí. Esta facticidad es lo que permite decir que él es, existe, aunque no podamos nunca realizarla y la captemos siempre a través del para-sí. Señalábamos anteriormente que no podemos ser nada sin jugar a serlo“, (El Ser y la nada). En donde el para-sí es el constante hacernos a partir del en-sí, pasado, carácter, traumas… En un lenguaje más moderno, somos neuroplasticidad y a la vez una red neuronal que ya tiene unos patrones o engramas (memorias) que nos definen. En cada segundo la “neuroplasticidad”, el intérprete del hemisferio izquierdo o conciencia, tiene ese doble dilema de crear Ser (nuevos patrones emocionales y de comportamiento), o tener en cuenta los patrones existentes. Se “debate” o tiene como fáctico el “sostener” lo que ya es o crear un nuevo patrón. “Los objetos son lo que son, el hombre no es lo que es, es lo que no es”, nos recuerda Sartre, si bien yo apostillaría que es aplicable a todo animal de cerebro complejo. “Su facticidad es en la medida que trata de ser coherente con lo que ya es, pero a la vez “sabiendo” que ese Ser o identidad no tiene la bastante solidez y densidad como para que no pueda ser “cambiado“. Es esa nada y Ser a la vez, luego esa es la facticidad con la que se “encuentra” el para-sí en cada momento. Explicación para tratar de comprender de manera más sencilla el aparente galimatías de su conocida frase de que “el para-sí es lo que no es y no es lo que es“. Termino la nota retomando una parte de la primera cita de Sartre y que será aclaratoria, pues habrá que tenerlo como referente para los capítulos (el yo cristalizado y la performatividad y los milenial): “Señalábamos anteriormente que no podemos ser nada sin jugar a serlo”. Porqué usa el verbo jugar. Para Sartre la facticidad suele “apostar” a lo seguro, a basarse en el en-si; dentro de este -del en-sí- también se encuentra lo social y el otro, con sus constructos, estereotipos y arquetipos. En la dimensión del Ser para-el-otro. Para Sartre “nos actuamos”, tendemos a representar nuestro papel, lo que se espera de nosotros. Ese “juego”, actuación, o performatividad no es el Ser, lo es en la medida que se “elige” Ser, pero en tanto que “bracea” en la nada… nada en la nada. En esa dirección terminamos por ser aquello que los otros esperan de nosotros mismos, que se resume muy bien en la frase de Charles Cooley que nos dice que: “no soy quien crees que soy; no soy quien creo que soy; soy quien creo que piensas que soy“. Juegos de espejos peligroso en donde el Ser se “funda” en creencias de creencias: lo que uno cree sobre lo que los otros creen, como nos lo hace ver el propio Cooley en el concepto de “espejo de sí mismo“. Adelantar que ese es el ser performativo o cristalizado (máscara en un lenguaje más clásico), más propio de los omegas -no alfas y betas-, y distinto del ego o carácter, que se “funda” en tanto que normativo y tendente a la imitación o siguiendo el meme, de ese otro Ser que bajo mi punto de vista permanece bajo toda esta acción, hacer o (a)parecer. Lo social “funciona” en la medida que prima la imitación (meme) y el mantenimiento de normas y constructos por medio de los omegas, que son la media en lo social. La individuación rompería esa estructura, en esa medida esa nueva estructura se basaría en el nihilismo, en el dejar de creer y apostar por lo dado dentro de lo performativo.
(2) Voy a aclarar mi postura a tal debate. Soy amante de los animales, luego lo que argumentaré es a modo de hacer de “abogado del diablo“. Cuando los he tenido me desvivía por ellos. Las gatas me esperaban para parir y que les ayudase durante el parto. Hoy en día ni siquiera me parece bien tener un “animal de compañía”, pues no concibo que una vida (y su bienestar) pueda estar en mis manos: antepongo la libertad de cualquier ser vivo. Hay que analizar todo de forma más generalizada. El actual problema que denuncian los veganos es el maltrato industrializado e “inhumano” que se hace a los animales, pero ¿de dónde viene el problema? Primero de la superpoblación y segundo del capitalismo. Ya en otro lado he dicho que donde realmente se gana dinero, en la ganadería y la agricultura, es en su distribución, manufacturado y venta. Las multinacionales no quieren tener que ver nada con la cría de ganado: demasiado “sucio” y poco controlado. Se atienen a comprar la “mercancía” y distribuirla, manufacturarla y ponerla a la venta. Se basan en la oferta y la demanda, de tal manera que quien venda más barato es al que más compran. En esa medida la presión recae totalmente en el ganadero, que ha de criar la mayor cantidad de ganado al menor coste posible. Con este sistema se ha llegado a la situación actual. ¿Queremos hamburguesas baratas?, eso es a costa de que el ganadero caiga en la masificación del ganado. Antes de la era industrial apenas si se comía carne, dado su coste. La “culpa” no es del ganadero, sino de la superpoblación, el sistema capitalista de las grandes corporaciones y la tendencia de la sociedad a comer fuera de casa, que es donde más carne se come, pues ya que sales no vas a comer lo que comes todos los días. Por otro lado detesto las “modas” y que ciertas personas se hagan veganas por seguir modas. Por último el veganismo no se podría universalizar, como han apuntado en algún documental, pues ¿quien mantendría a las vacas o a los cerdos?, ¿se extinguirían o habría que dejarlos que volvieran a la naturaleza? Si se “soltase” al ganado, sin que hubiese depredadores, sería perjudicial para la vegetación, como ya se ha comprobado con los elefantes. El veganismo se sustenta en ciertos vídeos que muestran las crueles imágenes del momento de la matanza, pero sobre esto último hay que tener en cuenta que morir a manos de un depredador tampoco es mejor. Los documentalista sobre naturaleza no suelen mostrar la crueldad y dureza de algunas muertes, donde el animal en muchos casos es comido cuando aún permanece vivo. Omiten esas muertes o metrajes porque el humano no quiere verlos. Si se liberase a los animales domésticos (cerdos, vacuno, ovino, gallina…) habría que equilibrar los ecosistemas con depredadores. Morirían de maneras crueles de igual forma. Por otro lado, ¿quien les daría esos terrenos?, desde luego los ganaderos no cederían de buena gana sus fincas. ¿Habría que crear nuevos parques naturales? Sin ningún control y depredadores acabarían con los pastos e impedirían que creciesen nuevos árboles y arbustos al alimentarse de sus brotes. Al meter depredadores, osos y lobos, a esos lugares no podría acceder el humano sin correr peligro. Los veganos ignoran tantos datos que asusta. Sobre el 80% de la agricultura mundial aún se hace por medio de la fuerza muscular, ya sea la de los animales o los hombres. ¿Habría que quitar a los animales para que dejaran de ser de carga y dejar que ese trabajo lo hiciera el humano? El caso de los asnos y burros en las sociedades más avanzadas demuestran que el hombre si no da una utilidad a un animal lo lleva a la extinción. En otros casos se usan para el turismo ecológico, que según las sensibilidades tampoco es algo digno. Todo esto nos lleva a la paradoja que en muchos casos no es que queramos que mueran o no de forma cruel, sino que no queremos que esos que dan esa forma cruel de muerte sea el propio hombre, luego en algunos casos es una cuestión de auto-imagen. Tenemos la mentalidad Disneyzada (aniñada, inocente) de la naturaleza, cuando esta es cruel y dura. O resumiendo, ya hemos roto todo el ciclo natural y los hábitat y no podemos “reponerlos” sin caer en nuevos errores. Finalizar diciendo que vivo en Salamanca, la mayor productora de ganado vacuno de España. Sobre un 70% del terreno no es cultivable (montaña, o suelos rocosos) y se deja para el ganado. La cultura milenaria creó la Dehesa, en donde la interacción árbol, animal y hombre ha creado un equilibrio o hábitat. Son amplias zonas en donde se esparcen con regularidad árboles, dejando muchos claros para la hierba y el ganado. Se crean charcas artificiales que son usadas por las aves migratorias. Cuando salen brotes de árboles el humano determina si los tiene que proteger para que no sean comido por el ganado y mantener la regularidad y densidad de los árboles. El equivalente de la ciudad son los parques y jardines. En ganado (cerdo, bobino y vacuno) vive en amplias zonas. En algunos casos se les deja libres durante casi todo el año. En la zona sur, en Béjar, las manadas suben y bajan la montaña dependiendo del forraje. Se basan en manadas matriarcales, donde las más ancianas recuerdan y marcan las rutas. Soy senderista y me las encuentro de constante por la montaña, con su aparente torpeza uno se asombra con la naturalidad que llegan a ciertas zonas escarpadas. En algunos casos están tan poco habituadas a ver a humanos que pueden llegar a atacarte. O para resumir: viven muy bien. Finalizar diciendo que el humano es lo que es porque se alimentó de animales. La grasa del tuétano de los huesos y las grasas del pescado y sus huevas (omega-3), propició que el cerebro aumentase de tamaño. En su momento había otros homínidos y estos eran herbívoros, y se extinguieron ante nosotros, ante la apuesta omnívora. Por otro lado, como apunto en el escrito, habría que priorizar los problemas, y el trato al ganado, por lo menos en España (excluyendo los toros), no me parece lo más grave de lo social. Imaginar la siguiente situación: se está de viaje por el norte de Irlanda, en sus abruptos acantilados, y de repente ves a un niño jugueteando con un cabritillo demasiado cerca del borde. Te acercas a ellos para avisar que se alejen del acantilado y de repente hay un desprendimiento de rocas que hacen que los dos se resbalen al abismo. ¿Qué hará tu cerebro instintivamente?, salvar al niño sin duda. ¿Por qué actuar de distinta forma en la vida de manera reflexiva? Con unos y otros casos expuestos me parecen problemáticas de mentalidades “pequeño” burguesas que simplemente se suben al carro de las modas.