Deconstruyendo el Deseo Sexual I

La vida es un asunto desagradable: he decidido pasarla reflexionando sobre ella.” Schopenhauer
Se necesita más coraje para escudriñar los rincones oscuros de tu propia alma que para luchar en un campo de batalla.” W. B. Yeats
Tomar contacto con Juan de Hierro implica la disposición a sumergirse en la psique masculina y aceptar lo que allí abajo haya de oscuro, incluida la oscuridad nutricia.” Robert Bly
Buenafuente “-…en lo sexual el humano es tan solo una animal con muchas capas.” Pepe Colubi “-Sí, pero hay una capa muy importante y maravillosa: la del morbo.”

   (Vivo aislado, y no estoy al tanto de redes sociales, las uso a mi manera, sin entrar en sus dinámicas. Es una postura de semi-desconexión tecnológica. No veo ni me entero de virales, de conceptos actuales, de movimientos, de hashtag; cuando uso algún concepto es que me he tenido que informar. No conocía el concepto de MGTOW, “hombres que siguen su propio camino”, lo puedo parecer, pero en principio “huyo” de las identidades y los encasillamientos, pero me imagino que me catalogarán dentro de este colectivo. En mi postura ataco tanto al hombre como a la mujer, pero más a las segundas en sus radicalismos del feminismo de la tercera ola, que pienso que son las que han empezado todo esta guerra de identidades, no ya de genero; ser de un sexo y otro no es ninguna vacuna contra poder ser gilipollas, mem@, ignorante, cretin@, etc.  No sé, cada vez la panorámica está peor. Todo indica que vamos en la dirección de lo que apunto en el último párrafo.)

   Me he dado cuenta que hacía falta este escrito entre el anterior y el final, pues además en los precedentes hablo del concepto de la previsión del premio, sin haberlo explicado. Si añado tanto enlace en los escritos es en la dirección de hacer que las personas investiguen más profundamente, pero a decir verdad nada de lo que he encontrado sobre la previsión del premio y sobre el deseo, explican de forma clara sus tramas. En esa dirección va este escrito, aclarar y profundizar en temas. Como en el anterior escrito, avisar que contiene lenguaje explícito y malsonante, que puede herir sensibilidades, que por lo demás trataré de la forma más educada y “sensible” con la que me sea posible.

    A veces he usado el símil de que falta un libro sobre la vida y el ser humano, que nos deberían de dar a los pocos años, en donde te hicieran comprender todo lo referente a la vida y al humano, así como el uso de las palabras y los conceptos con respectos a estos. Lo llamo el libro faltante de la vida. Se me antoja que de repente llegasen unos extraterrestres, que no tuviesen ni cuerpo -para complicar aún más las cosas, no porque crea en tal idea-, como para ser muy ajenos a todo lo que un humano pueda sentir, percibir y concebir. En realidad la cuestión no está muy alejada de la situación actual. Esos “alienígenas” son las mujeres, o más concretamente, cierto colectivo u ola del feminismo, pues de repente es como si no “entendiesen” nada, y quisieran comprenderlo, analizándolo, y poniendo todo patas arriba, como para crear una nueva teoría humana. Siendo así se confirma que son de otro planeta, de venus. En ese “estudio”, además, ignoran la opinión del hombre, aunque les incumba y les incluya. En esta dirección me acuso de sólo analizar el actual tema desde la visión del hombre, pues parto de lo que yo siento y sé de otros hombres, pues son temas de los que solemos hablar en cuanto hay un poco de confianza. Pero esta visión desde sólo uno de los dos lados me “conviene”, para tratar de hacer ver cómo es el hombre medio, en la medida que la mujer sepa de las estructuras que del escrito se deducirán. Le toca después al feminismo o a cada mujer buscar y analizar cuánto hay de similar y distinto, y de esa forma sacar conclusiones sobre los dos sexos en sus diferencias y similitudes, con respecto a los temas aquí tratados. Bajo mi punto de vista, y por deducciones a priori de los comportamientos de los dos sexos, no somos iguales, sino las mujeres no incurrirían en ciertos comportamientos que crean malestar mental en el cerebro de los hombres. Es muy posible que al tratar ciertos temas, de forma directa y sin tapujos, dé un poco de asco y grima, pero igualmente es necesario, ya que eso que expongo suele ser general, y son los argumentos que pudieran aducir los padres para pedir “moderación” a las hijas ante ciertas cuestiones, pero que por falta de tiempo o de capacidad expresiva no lo hacen. Y de cualquier forma: ¿quién quiere que se le mire con asco o grima?, ningún padre le hablará a su hija con los términos que yo lo hago aquí. Posiblemente la mujer que lo lea saldrá airada, pero de nuevo me remito, al igual que la dirección que tomé en el anterior escrito, que hay que tratar las cosas conflictivas, aún por los inconvenientes que pueda generar. Decir en mi defensa que no soy como aquí pueda aparecer, me pongo en la piel del hombre medio para tratar de aclarar temas conflictivos y aparentemente irresolutos de la actualidad. Por lo demás no solucionaré nada, soy consciente que son luchas quijotescas. La sociedad tiene sus propias directrices, y en muchos casos son irreversibles. De ahí la idea conceptual de fondo del mito de la caja de Pandora, el de su irreversibilidad.

    En esa dirección trato de buscar o seguir el rastro al deseo, en donde con un escueto: “movimiento afectivo hacia algo que se apetece”, sale del paso el diccionario de la Real Academia.  La Wikipedia española tampoco dice mucho más. Mientras que la inglesa, se detiene más que en analizarla, en decir lo que no es. En realidad mi deconstrucción va a ser sobre el deseo sexual, pero primeramente me detendré en el deseo en su estructura básica. De esta manera la Wikipedia rápidamente “succiona” otras palabras y conceptos que en muchos casos se usan como sinónimos, como es querer, necesidad y motivación; algo más alejado está el concepto de anhelo. Se cuela ahí un concepto clave: necesidad. Según nos dicen en la Wikipedia, los psicólogos no lo clasifican entre las emociones en tanto que su estructura es la necesidad. Una célula no desea el oxígeno, necesita oxígeno. En otro escrito he hecho ver esta estructura, que viene de la dialéctica y que yo la he estudiado a través de Sartre, una dialéctica muy revisada. Para no caer en el complejo lenguaje de la filosofía lo simplificaré. La fórmula del hidróxido es HO, la molécula más común de la interacción del hidrógeno y el oxígeno es el agua, H2O, o sea, estoy creando una metáfora no verlo desde la rigurosidad científica, que al hidróxido le “falta” un átomo de hidrógeno. Así sale la triada: lo faltante, el existente o ser (hueco, vacío), y lo fallido que es el estado que tiene que ser completado cuando al ser se le suma lo faltante. De esta manera nos lo hace ver Sartre, toda repetición en otras palabras ayudan a clarificar: “una carencia supone una trinidad: aquello que falta, o lo faltante; aquel que está falto de aquello que falta, o el existente; y una totalidad que ha sido disgregada por la falta y que sería restaurada por la síntesis de lo faltante y el existente: que es lo fallido“. En el ejemplo que he puesto lo fallido es el agua, que ocurre cuando una molécula más de oxígeno, que es lo que faltaba o faltante, se une al existente, que en este caso es el hidróxido. En otro ejemplo, si escribo perha, no quiere decir nada, es un existente, está ahí ante nosotros, lo faltante es una letra, en este caso la “c”, y lo fallido, o acto por lo cual el todo cobra una nueva dimensión, es la unión del existente con lo faltante, dando las suma de “percha”.

    Está claro que el hidróxido no es un “existente” que “busque” ser agua, luego aquí no se sigue la regla del concepto de “deseo”, en su sentido más abstracto. La química orgánica, sin embargo, sí sigue esa regla del “deseo”, y esa estructura del existente, lo faltante y lo fallido, puesto que toda molécula compleja orgánica siempre necesita de algo faltante para mantener su estructura y permanecer como orgánica o viva. A ese acto, ya en los animales complejos, se le llama alimentación. Pero igualmente hay un “hambre” de oxígeno, de luz, de agua, de cierta temperatura, de sexo para la replicación, etc. Cuando un organismo a cualquier nivel, ya sea una molécula orgánica, una bacteria o el propio hombre, tiene suplida toda necesidad, está en estado homeostático, equilibrado. No tiene faltantes. Con esto llegamos al hombre. ¿Qué es realmente necesario y qué no? Está claro que la comida y el agua. El cuerpo mantiene cierto equilibrio si por un tiempo no hay luz, o se autorregula para suplir estados excesivos de calor y frío. En los animales complejos, lo sexuales, además se añade el plus del sexo (como reproducción). En este caso un individuo opera a modo de una célula en un gran organismo, esa célula puede no tener sexo, pero está claro que para que sobreviva el humano, como entidad corpórea, hace falta el sexo. Es una necesidad en ese cuerpo mayor que es la especie. Queda despejar porqué Sartre lo llama “lo fallido“, en vez de “lo completado” como debería de ser, como es lo que nos parece. La conciencia humana es una capa más de abstracción en el juego evolutivo. Tiene que llenarse por sí misma, los estados carenciales, en el hombre, lo son en dos direcciones, en tanto que deseo en sí y en tanto que tener conciencia de deseo. Para Sartre, y por medio de la fenomenología, la conciencia es siempre “conciencia de…“, donde la importancia está en el “de“, hacia lo que apunta, por ejemplo “conciencia de” querer comer, de hambre. En el momento en que el hambre se sacia esa “conciencia de” se cierra, luego muere, pero es un acto vacío -fallido- que no aniquila la “conciencia de“, que ha de ser llenada con otro faltante. O dicho de otra forma, no logra llegar a un estado homeostático, porque la “conciencia de“, tener conciencia en definitiva, es como un estómago que no puede ser llenado, que eternamente ha de buscar un faltante, ante dicha sensación de vacío o constante acto fallido. O en una mejor imagen y metáfora: es una boca que mastica, pero que en cuanto traga ha de ser llenada con otro bocado, así una y otra vez de forma infinita. La masticación es la totalidad, el bocado que aún no está en la boca lo faltante: es un eterno  acto fallido porque al tragar muere como tal acto. Nos gusta la noche, y dormir, porque la “conciencia de” desaparece.

    Hasta aquí todo claro y sencillo. Ahora se empiezan a complicar las cosas. La vida creó sensores para detectar lo faltante: la luz, la salinidad, nutrientes. Y además creó modos de moverse hacia ellos, cilios, flagelos, hasta llegar a las extremidades. En el proceso creó células nerviosas que unían esa detención de lo faltante (comida, luz), con el poder operar los movimientos para dirigirse hacia ellos. En esa dirección hay dos sistemas básicos de células nerviosas: las sensoras y las motoras. Este sistema es básico: si X, entonces Y. Si se detecta luz, dirigirse a ella. El sistema reflejo del cuerpo funciona con esta regla básica: te dan un golpe con un martillito en la rodilla y la pierna sale disparada hacia adelante. Pero ¿y si metemos una variable?, un predador por medio, hay que crear una mayor complejidad. En ese proceso se crearon las interneuronas, que están entremedias de las sensoras y las motoras, para crear respuestas complejas como: si X, pero Y, entonces Z, si no-Y, entonces Z1. Si hay luz y no hay depredador, ir a la luz, pero si lo hay evadirlo, y después dirigirse a la luz. Como resultado de cientos y cientos de posibles variables de este tipo, se crearon más y más interneuronas, en lo que se llaman ganglios nerviosos, en donde un animal podía tener varios localizados en distintas partes; para al final centralizar todos esos procesos en una centralita, o sistema nervioso central o cerebro.

    Ya estamos más cerca de comprender lo que buscamos. Hay que tener en cuenta que todo sigue esa regla básica del “deseo”, en tanto que necesidad, de buscar lo faltante, para completar el Ser o el ciclo de ese existente. Aquí sale una regla. Para el ADN, y por lo tanto para cada parte del cuerpo, con sus propias funciones, todo son mini-programas. De momento vamos a ignorar el yo, esa entidad que parece que está a los mandos de todo el cuerpo. Un mini-programa o función es el respirar. Los pulmones ignoran qué hacen y para qué, siguen “órdenes” y una rutina implementada en una función, en su mini-programa. En estados de desmayos u otros de inconsciencia los pulmones siguen ejecutando su función, su mini-programación. En otro lado ya he dicho que el mal tiene la primacía en la vida. Todo animal al ser necesidad de algo externo “sufre” ante lo faltante, puesto que si no lo suple se debilita y muere. Dada esta situación la vida “creó” “sensores” internos que auto-analizaban su estado actual. Algo así como mirar el estado de la batería del móvil y que este nos avise cuando está bajo. Ante esas situaciones se crearon estados carentes que a la larga tomaron el rasgo de mostrarse como de dolor. Estamos en el juego evolutivo, toda vida que no lo regulase moría sin más y no se reproducía su apuesta. Aquella vida que incorporase más sensores a nivel interno era una mejor apuesta evolutiva. O sea, que aquella que detectaba más sensiblemente estados de carencia como de dolor, regulaba más los equilibrios, o estados homeostáticos, era la que tuvo más éxito. El dolor es la primera sensación de la vida, y la más básica y fundamental. He apuntado en otro lado que el placer seguramente “nació” como ausencia de todo dolor, en el cerebro humano esto tiene sentido, y ante ese evento fortuito, la evolución, tendió a crear estados de placer como una segunda contramedida a escapar del dolor. Nos producen placer cosas básicas como el estómago lleno, la saciedad de agua, e incluso el defecar. En el estómago vemos ese nacimiento del placer. La serotonina es un neurotransmisor inhibidor, que “acalla” o activa el estado de saciedad, que inhibe la sensación de vacío, de hambre. Más tarde este neurotransmisor formó parte del cerebro, para hacer las mismas funciones: inhibir estados de alarma, de ruido, de los neuro-receptores de dolor (nociceptores), pensamientos negativos, etc. La evolución recurre mucho a este tipo de cosas, de dar varios usos a un mismo “elemento” , o darle otras “utilidades” para las que no estaban pensadas en un principio: es una “chatarrilla”, trastea con los “elementos” y piezas sueltas de otros aparatos, del garaje.

    Con esto ya hemos avanzado mucho. Tenemos un sistema de dolor y un sistema de placer: castigo y premio. El cerebro se dedica a buscar el placer y a huir del dolor (excepto en ciertos rangos y personas como los masoquistas). Aquí se empiezan a poner interesantes las cosas: qué es más “importante”: ¿la búsqueda del placer u obtenerlo? Responder a esta pregunta no es sencillo. En la vida más elemental está claro que obtener lo buscado, pero en los animales complejos, los conceptos se empiezan a desdibujar. A mayor complejidad, mayor abstracción de los conceptos básicos. Más se “pierden” las reglas esenciales y elementales. Si se pasa por una hambruna, un humano se come incluso una rata cruda, las hojas de un libro si no queremos ser tan asquerosos. Pero en la vida diaria comemos sin tener precisamente hambre, porque “algo nos entra por los ojos”, por hacer vida social, porque nos ponen delante un alimento que nunca habíamos probado, etc. En ese libro faltante de la vida, habría que numerar los factores de las capas de abstracción humana, de los cálculos, o las variables que usan y cómo las usan, las interneuronas, que además ahora, han formado funciones y especializaciones en el cerebro. Recordemos que todo son mini-programas. ¿Tiene que ser el cerebro como un todo coherente?, en todos sus mini-programas, en realidad no. Es una exigencia que viene dada por dos cosas: por la autoimagen, y por la imagen que tengan los otros de uno mismo. Aquí se empiezan a colar factores de esas abstracciones: lo social. Que por lo demás se deduce una segunda, la autoimagen depende de lo social. En casa “barremos bajo la alfombra”, como quien dice, nos permitimos ciertas cosas que “reprimimos” en lo social. De esto sale otro dato: lo que mostramos a los otros es máscara. Las convenciones sociales y de etiqueta son normativas para “funcionar” en sociedad. En casa te puedes comer un plato de sopa sorbiéndolo o bebiéndolo directamente del plato, como haría un perro. ¡Quién no se permita y haga estas cosas no es realmente libre, pues tiene a lo social como eterna cadena de sus procesos mentales!, esta es la verdadera medida de si una persona es alfa o no-alfa…, ¡aunque también es un “detector” de las apuestas tramposas! (Después de un mes de escribir lo presente, me encontré que el Rey Sol –Luis XIV– comía con las manos para demostrar que estaba por encima de los demás).

    Retomo: ¿cuáles son esas capas de abstracción?, no quiero ser sistemático, recurro a sintetizar. Primera abstracción que nos interesa: en los océanos y en la prehistoria el sistema de reproducción es por lo general muy básico, el macho suelta el esperma, y a esperar que hubiera suerte… Este sistema lo siguieron manteniendo las plantas. Cuando los primeros saurios salieron a tierra se tuvieron que “inventar” el sexo tal como lo solemos concebir, por no haber un medio fluido como es el mar. Se necesitaba que hubiera un contacto directo de los dos sexos, con un aparato masculino (largo, eyector) y uno femenino (cubículo, receptor); en definitiva, que desde ese momento los dos sexos se tenían que buscar, creándose esa mutua dependencia y necesidad. Segunda abstracción: el humano es social, lo hemos notado por lo dicho arriba: que los otros permanecen como vigilantes ubicuos de nuestras conductas, los hemos interiorizado. Tercera abstracción: toda sociedad establece unas reglas de convivencia. Las dos últimas no son la misma, pues una opera en el cerebro, y la segunda en lo social, aunque pueden tomarse como un todo en dos partes. Las pongo en dos porque una cosa es lo que uno desee en su cerebro (lo que el cerebro “a su bola” desee en realidad) y otra muy distinta lo que tenga estipulado la sociedad. En la medida que el cerebro tenga un deseo, en la que la sociedad oponga una resistencia se llega al concepto de lo prohibido. Concepto de alta cuña y antigüedad en lo humano. Cuarta abstracción: nuestro sistema social es jerárquico, que será analizado más adelante por su importancia.

    Doy un salto recursivo en el discurso para ir al grano y tratar de ganar tiempo (párrafos). A la pregunta de si es más importante la búsqueda que conseguir el premio, al parecer en los animales no complejos es lo segundo, pero en animales como el hombre lo primero. ¿Porqué? En un experimento realizado por Wolfram Schultz (neurocientífico, descargas estudio en inglés), estaba monitorizando el cerebro de un mono. La activación del sistema dopaminérgico se disparó ante la idea de conseguir una fruta, pero se desactivó cuando la consiguió. Este fenómeno es debido a la previsión del premio (ver vídeo). El cual alienta a las zonas implicadas para que se esfuercen para conseguirlo. Analicemos más despacio este proceso. El placer, en un primer momento, tenía la función de premiar un trabajo bien realizado: haber llenado el estómago, beber, defecar…, pero más tarde se creó un sistema complejo, en todo este desarrollo, cuyo principal neurotransmisor es la dopamina, y cuyo principal centro es el núcleo accumbens, este sistema, ya en lo cerebral, tenía el mismo patrón: premiar con placer lo bien hecho. Pero si se piensa bien hay un vacío y falla en esta narración evolutiva, pues se creaba dolor en la ausencia del premio; con lo que alcanzar la meta era oneroso, doloroso y no placentero. Un mejor sistema era crear la expectativa del premio que igualmente generase placer, o sea que se activase el mismo neurotransmisor. Además a la larga este neurotransmisor hacía que las zonas implicadas trabajasen de forma más fluida, profunda y aguda. En concreto la zona, en el humano, que activa la previsión del premio es la corteza orbitofrontal, que como el nombre indica forma parte del prefrontal, la zona del cerebro con las capacidades consideradas más propiamente como humanas en tanto que pensamientos complejos, como son la organización, el pensamiento inductivo y la razón, la lógica y el sistema previsor, el volitivo y el ejecutivo. En este caso la zona orbitofrontal es la que introduce los conceptos de premio y castigo en todo proceso de la llamada razón; es la que tiene el ligando con las emociones en tanto que evaluadas por sus fines emocionales de dolor y placer, o castigo y premio. Esta zona no se dedica solamente a esta función, pero es para lo que nos interesa aquí. La previsión del premio suele activarse tanto por cosas nimias como cuando se nos ocurre un buen tuit, o como cuando estamos a punto de acabar una tarea que nos ha llevado horas, como para cosas más importantes como cuando un gran científico da con algo clave para la ciencia, nos toca un gran premio en la lotería, o nos dicen que vamos a ser padres. En todos estos casos no son premios en sí mismos, son anuncios o previsiones de premio, de algo a venir, pero puesto que hay una suelta de dopamina son tomados como tales. Ese entusiasmo ligero o no tan ligero de fondo, es la dopamina “regando”  la corteza orbitofrontal. Si se entrecierra los ojos, para desdibujar sus “formas angulosas”, los detalles, es la que tiene el perfil para encajar en eso que de común se conoce como esperanza, y que a la vez puede ser tomada como motivación. “Los estudios han demostrado que las ratas que tenían su área tegmental ventral y el núcleo accumbens destruido no pierden sus capacidades de aprendizaje, sino que carecen de la motivación para trabajar por una recompensa”, Iain McGilchrist. O sea, trabajando con otras zonas ese estado puede permanecer de fondo (motivación), como para alentarnos en la lucha, agudizando los sentidos y el cerebro, pero en su esencia -en su origen más básico-, es un ligero subidón, que permanece poco rato. Cuando actúa como motivación se aplica la típica imagen de las emociones como montaña rusa, pues cada vez que recordamos eso esperado se da esa suelta de dopamina, que baja en cuanto nos centramos en otra cosa. En algunas personas, esa constante sensación de subidas y bajadas, les crea desazón y ansiedad. Ningún humano es impasible ante la espera: el cerebro está de todo menos equilibrado, “el que espera se desespera”, reza el refrán, o “el limbo es un infierno”, afirman en la serie “lodge 49“, donde el limbo es un espacio intermedio de espera, que por lo demás es el estado más común en la vida, un eterno estado entre varios estados, como cuando dejamos una relación de pareja. La retórica es vieja, ya la he hecho ver otras veces en los escritos, para Schopenhauer vamos del sufrimiento del deseo, que es vacío o carencia, al tedio de haberlo conseguido. Ya en lo sexual, en los hombres, los franceses llaman la pequeña muerte (la petite mort), el haber orgasmado, pues se produce un total vacío, un pequeño estado de anhedonia. ¿Que porqué sólo es en los hombres?, si se acepta que la previsión del premio es una suelta de dopamina que da un ligero bienestar, en las hembras del reino animal, y antes de que existiese el orgasmo, se da esa previsión de premio ante el hecho de que van a ser madres. Y si se acepta igualmente que todo en el cerebro son mini-programas, la mujer actual, aunque a nivel reflexivo sabe que el acto sexual no está vinculado a la fecundación, de igual forma se le activa ese mini-programa de la previsión del premio. De estas reglas, unida a que en los machos, del reino animal, es más antiguo el orgasmo, se puede deducir esa tendencia a que a las mujeres, teniendo a la vez en cuenta que son más empáticas, les pueda satisfacer el mero hecho de gustar y dar placer, frente a la actitud del hombre, menos empática o egoísta. Una especie significativa, sobre ese efecto de la “pequeña muerte”, son los gatos: la gata cuando termina se pone a dar vueltas y a saltar, mientras el macho se deja caer a un lado con esa actitud de “pequeña muerte”. Para el macho desaparece tanto la previsión del premio como el premio mismo; en él es: “¡he cumplido!”, pues recordemos que por orden general los machos desaparecen y no vuelven a saber de esa descendencia…, excepto en las manadas, que ahí empezó a cambiar la dinámica. La película existencialista “El graduado” nos muestra esta trama de la vida como lucha por perseguir un fin, que desaparece en cuanto se ha conseguido lo deseado…, el revelador final nos hace reflexionar sobre lo inane de toda lucha, y lo nada transcendente de la meta en sí. Mientras permanece la lucha el sistema de previsión de premio se mantiene activo, nos motiva, nos mueve a un fin; desaparecido este se desactiva dicho circuito y la activación de la dopamina, con todos sus “dones”.

    Ya tengo todos los datos para analizar el deseo. En realidad, y esta es la propuesta de este escrito, el deseo humano “funciona” en tanto que morbo. Aquí hay que detenerse en tratar de analizar y deconstruir brevemente esta palabra/concepto. Como venimos de sociedades muy religiosas, la palabra morbo se ha mantenido sinónima de insania. Esto nos dice el diccionario de la Real Academia:

  1. m. enfermedad (alteración de la salud).
  2. m. Interés malsano por personas o cosas.
  3. m. Atracción hacia acontecimientos desagradables.
    Tener morbo algo:
    loc. verb. Producir morbo (interés malsano).

    En psicología tiene los mismos tintes. Sólo he encontrado un sitio web donde dicho concepto está más “neutralizado”, que es el que pienso que usan las personas de común:

Desde el punto de vista psicológico, el morbo es la tendencia interior que sienten los seres humanos en algunos momentos hacia la realización, fantasía o pensamiento de alguna acción que está acompañada de algún aspecto prohibido o que es considerado como un tabú. Conviene puntualizar que sentir morbo por una situación determinada no significa materializar esa vivencia en la práctica a modo de causa y efecto. Es decir, es positivo diferenciar entre el plano de la teoría y el obrar”. Vía “Definicion ABC“, ir a la página para más detalles.

    Pero con todo tampoco me satisface. Nos encontramos entonces que ni la palabra deseo, ni la de morbo explican o encajan muy bien con el comportamiento de la previsión del premio, la dopamina, y la forma de actuar de la corteza orbitofrontal, en tanto que su contenido sea lo sexual; si bien me decanto por la de morbo, pues el deseo es más llano, como muestra la frase: deseo que llueva. Por otro lado al decir previsión de premio se cuela la palabra previsión, que como tal se puede extrapolar a comportamiento razonado/sopesado de algo por venir. Expectativa, que es la que usa la lengua inglesa, tampoco me convence. En realidad esa previsión de premio es esporádica, rápida, fugaz. “Las respuestas físicas de las neuronas dopaminérgicas son observadas cuando se presenta una recompensa inesperada.” (fuente Wikipedia) Sólo más tarde, por la interacción con otras zonas del cerebro, se puede volver previsión, motivación o esperanza, pero en su estado puro, o más crudo, es distinto, pues tiene que ver con lo inesperado, lo que te coge por sorpresa, la novedad (neofilia), lo que te secuestra el ánimo y todo el cuerpo por unas décimas de segundo de forma súbita, y sin que intervenga en ese momento lo volitivo. Por otro lado cuando hablamos de la realización de comer, beber o el sexo, estamos llamando a algo instintivo, o sea, que la previsión en esta dirección del premio está ligada a las zonas y estructuras más antiguas y básicas del cerebro. Ocurre en casos como cuando un olor, por asociación de un recuerdo, nos hace pensar de forma íntima con nuestra pareja, o en sucesos más simples como el pasar por delante de un escaparate lleno de pasteles, en un momento que estamos bajos de carbohidratos. De hecho la dopamina está en las partes más internas del cerebro, como el área tegmental ventral, la sustancia negra y el hipotálamo, el cual la usa como hormona. Dopamine_PathwaysEn estos casos su activación no está promediada sobre todo por lo que llamaríamos razón o atención. Más bien se suele activar en primer lugar por la vista periférica, aquella que no es procesada por la atención, el sistema volitivo, sino por el sistema central y más “primitivo” del cerebro. Es más tarde que hace llamada a la atención, a través de mandar dopamina a la corteza orbitofrontal y la función de la previsión de premio. Por este hecho tiene esta doble naturaleza de primitivo y a la vez de atención que pueda ser llamada morbo, pues se crea una disonancia cognitiva, entre lo que desea nuestro “cerebro reptiliano” (instintos básicos), y lo que el prefrontal se quiera “permitir” para mirar, imaginar o hacer. Pero vamos a ponernos en contexto, que quizás no se sepa a qué tipo de actos son a los que me refiero. Estás en la mesa de una terraza hablando animosamente con tus amigos, y de repente por el rabillo del ojo ves que una chica se agacha, haciendo que se pronuncie el escote. Se ha activado la previsión de premio o esta zona o vía de la corteza orbitofrontal, y esta, como ya es en sí parte del prefrontal, hace uso de la atención dirigida, de lo volitivo, para llevar la mirada al escote. Es morbo en la medida de que hacerlo descaradamente va contra las convenciones sociales, y como tal es un acto “prohibido”. Por otro lado habría que analizarlo junto al concepto del estímulo supranormal, concepto que nos dice que tendemos a dejarnos llevar por aquello que está en una medida excesiva o agrandada, exagerada. Este concepto nos viene de la vida, lo tienen otros animales. Un tipo de escarabajo macho tiende a querer aparearse con las botellas de transparencia marrón porque les son más estimulantes que las propias escarabajos. El cerebro trabaja con esencias, y estas en muchos casos están sobre-dimensionadas en ciertos aspectos, como es el caso de las venus durante la historia humana, donde se ignora los rasgos de la cara, e incluso los brazos, y sólo son importantes los atributos sexuales, como los pechos, las nalgas o la vagina. 255px-Venus_von_Willendorf_01En muchos casos prohibido e inviable/inaccesible activan el mismo mecanismo, aunque en menor grado; si se es un 2 y se tiene ante si a un 8, tener algo con esa persona es irrealizable, que para el caso es algo parecido a prohibitivo. De ahí la expresión de “tiene un precio prohibitivo”. La vida está llena de deseos inviables. Inviable y prohibido suman puntos: el morbo de los actores/actrices o cantantes como ejemplo. Para comprender mejor lo inaccesible voy a poner un ejemplo personal fuera de los sexual: en España por mi nivel económico no me puedo permitir comprar jamón serrano, como mucho una o dos veces al año, pero tampoco pienso mucho en ello; ¡estando en Ecuador de repente pensé en el jamón y se me hizo más deseable que estando en España!, no había forma de comprarlo y de hacerlo era muy, muy caro. Otro hecho es que belleza no está unido a morbo, alguien muy bello se puede “exceder” tanto en estar cerca de lo perfecto que no generará morbo, mientras hay otros cuerpos y caras más alejados de la belleza que sí lo tienen. La evolución ahí juega un extraño “juego de manos”, pues no puede “crear” personas puramente generadoras de morbo, dado que esas personas tendrían éxito en lo sexual, pero no en lo social, donde podrían ser rechazadas; así que pone rasgos aquí y allá en distintas personas; como los ojos semi-cerrados, cercanos a como son durante el orgasmo, en la modelo, escritora y actriz Cara Delevingne, rasgos que las mujeres pueden llegar a realzar con los maquillajes, (es indiferente del sexo, Christopher Lambert tenía un algo primitivo y morboso en los ojos). Aunque nacemos con un rostro, a lo largo de la vida el cerebro, fuera de la razón y la atención, se percata de qué gestos y micro-gestos son más “premiados” (mirados, buena cara) y tiende a pronunciar dichos gestos, lo que repercute ligeramente en su fisionomía, con el problema añadido de que a la larga crea arrugas de expresión. Lo mismo que he dicho para la cara es aplicable para el cuerpo, por lo menos en las mujeres y para atributos como los pechos: no los más perfectos son los que provocan más morbo. Si para algo a “servido” el porno es para darnos cuenta en lo imaginativa que es la evolución en cuanto a tamaños formas y colores, de los tres componentes del pecho. Lo que de nuevo nos lleva a que es un dimorfismo sexual; todos los hombros o rodillas son mas o menos iguales, no así el pecho, que casi son tan distintos como las caras; o sea, se busca tener una “arquitectura” única del pecho para llamar sobre sí la atención a las posibles parejas. Lo mismo para la vagina, son casi tan variantes como las huellas digitales. Creo que el hombre es más “soso”, su pene no tiene tantos componentes para las variaciones, pero aviso que lo analizo desde mi heterosexualidad. Como se ve el concepto de morbo tampoco es tan “insano”, es algo común en lo humano. He puesto como ejemplo una mujer y un escote, pues como hombre no sé qué puede disparar eso mismo en las mujeres.

Cara Delevingne

    Aquí toca aclarar algo. Bajo mi forma de ver la historia y la condición humana, en el momento que nació la conciencia, nació la rotura simbólica con la sociedad, que se está manifestando sobre todo ahora. Con la conciencia nació ese eterno vació, ese acto fallido que es existir. Pero en ese tomar conciencia o saber que se sabe, nació a la vez ese cuestionar todo, un porqué la conciencia no se llenaba nunca. La sociedad, como ente abstracto o tipo de sistema complejo con su propia dinámica, ha querido dar un porqué a los individuos, y ese porqué siempre ha sido espiritual y religioso. La respuesta no estaba en este mundo, sino fuera de él, en otra “dimensión” que no era la realidad, la vida. La caída de la fe, por siempre, ha consistido -en lo básico- en cuestionar que esa no era la respuesta. Para el existencialismo ateo, como el de Sartre o Camus, y bajo las palabras de Sartre, el hombre es una “pasión inútil”, un intento de llenar algo que no puede ser llenado. Pero además remite a que en la sociedad no está la respuesta. Que si el hombre es, lo es en tanto que ese vacío, que se manifiesta como una eterna pregunta de “ahora qué”; es en definitiva una libertad -interrogación eterna- ante el mundo. Dardo que apunta a una diana inexistente. Siendo así, el lugar más lejano del planeta es uno mismo, pues nunca nos llegamos a alcanzar, a completarnos en nuestro recorrido circular, es ese lugar inexplorado, y no hollado por ningún pie; el símbolo del uróboros como reflexión de lo que supone nuestra condena, (aunque sería más adecuada la imagen del gato que se persigue la cola, pues nunca la alcanza, y persigue algo suyo viéndolo como extraño o ajeno, pero hay que atenerse a la simbología tradicional). Ante ese estado el humano se analiza ante lo social y ve la distancia de sus qualias, de sus formas de sentir únicas, en donde en muchos casos se tiene que “guardar” esas qualias para sí, porque posiblemente no serían aceptadas. La sociedad, así, es aquello que me ofrece una resistencia a mi libertad, en tanto que se me aparece como lo que me niega, la que me prohíbe, la que me hace esperar, la que ofrece una resistencia. Si se entiende bien este trama, toda identidad social es fallida, y sobre todo el feminismo. No es el hombre individual el que le niega, el que le coarta la libertad, el que no le deja expresarse o expansionar su ser. Es el humano en tanto que sociedad. Pero en ese mismo dilema se encuentra el propio hombre. ¿Que esa resistencia es más patriarcal?, puede, pero la esencia del conflicto no está ahí. Bajo el punto de vista del hombre no es por lo patriarcal, pues la principal negadora de muchos de los deseos del hombre es la mujer. Que tampoco, pues siempre estaría el conflicto del deseo de otros hombres a la propia pareja, a la madre, hermanas o a las hijas. El macho humano es un bonobo frustrado, si se quiere ver así, pero con el conflicto absurdo de que el resto de los otros machos no han de ser iguales. Puesto que el humano es un hambre en vacío, cuando al final la mujer vea suplida su lucha, se verá de nuevo ante el vacío y la sociedad como resistencia. El humano es soledad con su vacío, y ante la resistencia y el conflicto que es ser individual en una especie que es social. ¡No hay más! Ante ese hecho todo es susceptible de tener el sello de “prohibido”, porque ante todo la sociedad, como ente o sistema complejo con sus propias dinámicas, ha tenido que lidiar con el problema de crear unas reglas que puedan valer para todos. Si todo hombre, y es sólo un ejemplo por venir al caso, quiere “montar” a toda otra hembra, y por un lado está el conflicto de la libertad de esas mujeres concretas con sus propias libertades, y por otro lado está que otros hombres no van a querer que tenga sexo con ciertas mujeres, entonces todo deseo sexual está atravesado por el conflicto entre mi libertad y lo que la sociedad ha establecido como normas para que no se dé el conflicto. El tapar los genitales en las tribus primigenias, o en su metáfora de que Adán y Eva se vieran desnudos, se manifiesta el nacimiento de ese conflicto de mi libertad y mis deseos, ante otras libertades y deseos. En definitiva que la sociedad es normativa -establecimiento de normas-, y al serlo lleva implícito el poner barreras a mi libertad y por lo tanto lo prohibido. Toda salida de esa normativa se consideró tabú, en un primer momento bajo los cánones religiosos, y morbosos en un segundo momento bajo los cánones de una pretendida sanidad mental. Hoy en día tabú y morboso son sinónimos. A nivel histórico entremedias de esas dos posturas estaba el pecado, que aún hoy persiste. La sociedad es ese padre censor de Freud, cuando en realidad, y para el existencialismo, lo es cualquier otra libertad. Traspasar lo prohibido, así, se nos presenta como dejar libre nuestra libertad, que se expanda nuestro ser. Fijarse que en esa dimensión, del cruce de los deseos y la libertad, se usa el concepto de libertino, que a su vez remite a licencioso. Lo que ayer era libertino, hoy es normalidad, para ambos sexos. Pero recordar siempre que, como dijera Sartre, es una “pasión inútil”, pues el Ser, al ser “conciencia de”, es siempre una libertad en la nada y para la nada. Una pregunta que nunca se responde. O dicho de otra forma, salir libre de la cárcel, o cualquier otro tipo de encierro, como el patriarcado, no realiza el acto fallido que es en sí la libertad. Pues cada acto, cada segundo, está contaminado de un deseo que muere, para ser llenado de otro deseo. En esa dinámica ha entrado el feminismo, porque aunque va consiguiendo metas, “nota” ese eterno vacío por llenar y crea nuevos interrogantes, que de nuevo cuando en apariencia se han contestado, remiten nuevamente a otras preguntas y así de forma eterna. En esa dirección se detienen en detalles como si por ejemplo a la mitología griega habría que “censurarla” por contener demasiadas violaciones, si los piropos son tolerables, si es machismo el cómo gradúan los aires acondicionados teniendo sólo en cuenta al hombre, y si el lenguaje no es inclusivo, y un sin fin de cosas nimias de este estilo. No hay tal “saciedad”, no van ha terminar, pues esa es la condición de la conciencia humana y de nuestro paradójico Ser en tanto que libertad, o deseo, ante el tragicómico y espectral vacío, de nuestra condición existencial. Remato este párrafo con algo que puede ser polémico. Recordar que todo son mini-programas en el cerebro. La evolución no descarta nada. Los mini-programas más antiguos tienen más peso y de estos parten otras programaciones más complejas. Despeja las “rutinas” (lenguaje programación) de esos mini-programas antiguos y encontrarás respuestas para los nuevos. El macho del reino animal quiere montar a toda hembra con la que se encuentre; esa es la esencia de la masculinidad: esparcir su semilla. En principio parece una meta clara. ¿Qué quiere la hembra del reino animal? No tiene el mismo fin, está claro. La procreación, pero la ligó a tener que cooperar con el macho por el coste de la crianza, y que este partía de unas “rutinas” básicas. En ese proceso se creó en la mujer un mini-programa, de mucho éxito y que nos ha llevado hasta la actualidad, que era llevar al hombre hacia la monogamia. La evolución/mujer se valió de “armas” como la oxitocina y la prolactina, la primera para unirles a ella, la segunda para unirles a la progenie. Pero a la vez en la mujer permanece ese deseo de buscar los mejores genes, que no siempre están ligados a la mejor pareja. Es el eterno “qué quieren las mujeres” y “no hay quien las entienda”; de ser claro no lo parecen saber ni ellas, por ser sus metas más complejas. Dilema que hoy además se ve sobre-dimensionado, pues la mujer cuestiona tanto la monogamia, como la maternidad, dejando entrar en el proceso el éxito personal, en un mundo materialista, jerárquico y de poder, que además para volver aún más compleja la situación, introduce un nuevo concepto, de tintes “hippies”, como es el de la autorrealización. Lo que quiero decir con esto es que el Ser del macho es más “básico” que el de la hembra. En el hombre se daba por hecho que tenía que ser exitoso, y si lo era tenía pareja. Y si tenía el suficiente éxito se podía permitir varias mujeres (caso Jean Paul Getty, retratado en la serie “Trust“), pues al poder nada lo constriñe, ni siquiera la Iglesia en su momento (Enrique VIII, como ejemplo). La mujer es esa “pasión inútil” de Sartre elevada a su potencia. Tanto que ya hay cuatro olas del feminismo, además de un posfeminismo, feminismo posmoderno y un sin fin de otras menores divisiones y definiciones (ir a lista de temas feministas en la Wikipedia). El feminismo así deviene en un supermercado, que dependiendo de cómo se es y cómo se esté actuando en ese modo en la vida, se “coge” de sus estanterías los conceptos e ideas que mejor encajan a esa identidad temporal. Los únicos artículos fijos de la lista son: igualdad de derechos, lucha contra la violación y contra la violencia a la mujer. Si fuera un producto que se tuviera que presentar a unos inversores, sería imposible de vender por su indefinición y contradicciones. Pero además, ¿qué quiere restablecer/cuestionar realmente el feminismo?, si la mujer deviene a ser como el hombre (igualdad), deviene en la injusticia, en un patri/matriarcado puramente jerárquico, que en realidad siempre ha estado, pero con un protagonismo femenino menor. Tampoco puede parecer querer lo que le dice ese mini-programa primigenio/evolutivo de hacer que el hombre termine de aceptar la monogamia, porque ni siquiera ella lo ha llegado a ser nunca. Y si al final queda la autorrealización ¿realmente en qué consiste?, ¿en qué juego de malabares de poder querer ser madre, ser exitosa en un mundo materialista, y realizarse como persona?, (recomendable ver la película “fuga“). Lo dicho arriba “pasión inútil”, potenciado en un mundo de multilenguajes y multisignos, que además ha dejado al macho más perdido que nunca. (El “destino” viene en mi ayuda: la películathe female brain“, basada en el libro de la neurosiquiatra Louann Brizendine, (descargar libro), y dirigida igualmente por una mujer, invierte quién es la “víctima conceptual” en la actualidad, del juego hombre/mujer de forma humorista, espero que sea un giro en la dirección que había tomado el cine, de claro corte feminista errado al no tener en cuenta las neurociencias, como yo lo he hecho ver una y otra vez). Es como si el macho se hubiera dejado llevar de la mano en la evolución hacia la monogamia, que es lo que quería/necesitaba la mujer (repito lo ya dicho en otros lados: es una rareza entre los mamíferos, sólo el 3%, frente al 90% en las aves, la máxima en el macho mamífero es desaparecer después de montar a la hembra), y ahora de repente nos dijeran que se han aburrido/cansado de este juego y nos dejaran de lado: “¡sabes qué!, ya no te necesito, ya lo puedo hacer yo sola.” Si antes era complicado saber qué quería la mujer, hoy es ya un imposible. Todos los hombres sensibles, los más preparados/programados para la monogamia, son los que peor han salido parados con estas nuevas reglas (no-reglas, en realidad). Nos metimos todos en un laberinto, cuya llave y mapa hace ya tiempo se han perdido. Lo que resta decir es que todo conflicto de hombres y mujeres está atravesado por el sexo, inevitablemente, por muy “civilizados” y fuera de la naturaleza que nos creamos, en un mundo de negocios, tratos y comercio. En la actualidad, y ante la fantasmagórica liberación sexual, que demostró que las mujeres no quieren ser como las bonobo -hacen un “intento” en la juventud, pero les frustra: te encuentras con las personas, en donde la base de las relaciones humanas es el conflicto; “es una polla pegada a un gilipollas”, según expresión de una amiga-, y en donde se puso en jaque las reglas tanto sociales como las evolutivas, las cosas no han ido a mejor, sino a peor. No es la mujer la que está perdida, y busca y busca; estamos perdidos los dos sexos. Porque no es ni liberación sexual, ni es “prohibición” normativa como estaba antes. Lo único que ha exponenciado la mujer con la liberación es uno de esos mini-programas asentados en su cerebro y su ADN, y que es exhibir y/o adornar sus atributos sexuales (incluyendo los  actuales tatoos y piercing), con el conflicto subyacente de que es algo que se pierde en pocos años (conflicto retratado a la perfección en la película “Tully“), y en donde la mujer compite contra la propia mujer para llevar esa exhibición cada vez más al límite. Esa guerra la gana siempre la juventud, y siempre se lleva a un paso más allá en cada generación, como muestra la foto de más abajo. En ese juego los distintos lenguajes, sobre todos estos temas, dividen hoy más que nunca a las propias mujeres, con varias olas del feminismo y sus luchas ideológicas, que a decir verdad no las dividen ni siquiera en tres olas, sino que cada mujer hace una interpretación unívoca y personal del concepto de feminismo. En estas luchas intestinas y multiplicidad de lenguajes, sólo ellas se pueden llamar “zorras”. Ahora no hay normas, cada persona y cada pareja se ha de tratar de crear las suyas propias, o si se quiere: se ha perdido el norte. En definitiva, que las relaciones entre los hombres y las mujeres está desnortada; una parte de la violencia de género viene dada por este caos o pérdida de univocidad de estas “nuevas normas”. Los homosexuales, ahora mismo, se han vuelto islas de tranquilidad, en ese mar tumultuoso y embravecido. Si la evolución juega sus cartas, y si el hombre y la mujer no terminan su eterna guerra, a la larga será la tónica dominante. En esa dirección los sexos tenderán a un centro andrógino, con el paso de los milenios, en donde la sexualidad será a elección, pues ya están definidas sus bases en conceptos como neutro, género fluido, no binario, sin género, queer o tercer sexo.

Media de la Evolución en la Mujer, en Modas y Estilos, a Través de las Edades

    Aquí entramos de lleno en el tema. ¿Por qué interviene en lo prohibido?, porque si recordamos este sistema mantiene la carga de la dopamina, que es gratificante, en tanto que no consigue la meta, en tanto que se mantiene como deseo irrealizable. Lo prohibido mantiene ese estado porque es algo que no te puedes o debes permitir, ya sea a nivel interno, por convicciones éticas (¿o estéticas?), o a nivel externo: por las reglas estipuladas en lo social. Es por lo tanto un premio por sí mismo, sin que necesite nada más. O sea, la estructura del Ser era esa triada del Ser como una carencia, como habitado por un vacío, lo faltante, que es aquello que completa el vacío del Ser, y lo fallido, el cierre de los dos estados; pero en el morbo el Ser se “realiza” en sí mismo, es pleno, puesto que la estructura de la previsión del premio no es alcanzarlo. De hecho “moriría” si lo alcanzase, como mostraba el experimento de Wolfram Schultz. Este estado paradójico del Ser “funciona” porque lo que está en juego es el placer, si lo que estuviese en juego fuera el dolor, el Ser “huiría” para completarse, para aniquilar lo que le hace ser Ser en vacío: el dolor. El dolor busca aniquilarse, tiene esa estructura de la que viene esa triada del Ser, que nos viene de la química orgánica que busca lo faltante, para llegar al estado de equilibrio u homeostático a través de la retroalimentación negativa y por ello mantener la vida. Si nos damos cuenta, sale la estructura hallada por Freud, de contraponer muerte y placer. El placer no busca aniquilarse, sino mantenerse; es retroalimentación positiva y esta no busca la estabilidad, el estado homeostático, si no que “huye” de este. Por esta paradoja es por lo que es posible las adicciones. Cualquier animal cae en adicciones ante drogas naturales, pero no llegan a la gravedad de las del ser humano, porque lo que prima en la naturaleza es la escasez. Por esto mismo no llegan a la obesidad. Cuando a los animales se les pone ante situaciones como las humanas, de abundancia, de lo artificial como las drogas sintéticas, caen en las adicciones enfermizas y preocupantes como las que se dan en los humanos, como para llegar a darse placer hasta la muerte. En otros casos, los animales en cautividad o los domésticos, sí llegan a la obesidad, incluso a la morbosa.

    Se puede pensar que ahí ya ha entrado ese lado llamado insano que se le achaca al morbo, pero sólo es así cuando es llevado a extremos. Por lo general, que es el uso que yo estoy dando aquí, es cotidiano y constante. Lo importante es quedarse con la estructura; 1. algo que activa la previsión de premio, la corteza orbitofrontal, la suelta de dopamina; 2. que además tiene implicado lo prohibido; 3. y que tiene que ver con la activación de los instintos. Analicemos más detalles de la vida, para ver cómo encaja esta teoría. No hay nada como el primer beso, como el primer contacto piel a piel con la persona amada, nada como la primera vez cuando sus partes genitales entran en contacto. No existe lo prohibido en sí mismo, sino en tanto que velado, desestructurado en una de sus partes: la novedad, lo inesperado, y teniendo en cuenta que se tiene frente a sí a una libertad, que en cualquier momento puede decidir dejar el “juego”. La negación permanece latente en esa primera vez o las primeras veces, por las dos partes. Se escurre aquí uno de los temas candentes y problemáticos de la actualidad, el consentimiento mutuo. Sobre este tema hay que hacer ver que la liberación sexual tenía sus taras. No somos iguales: en casi todo hombre es: “¡sí, sí, sí!”, y en la mujer no es de esta misma manera, este “malentendido” es lo que nos ha llevado a la situación actual. Esa falsa idea de libertad, donde el hombre lo analiza desde su siempre “sí” y esperaban que con la liberación sexual las mujeres iban a ser igual. Retomo el tema…, pero, ¿no parece que en la trama de ese juego que describo, permanece latente algún ápice de lo prohibido?, de lo que puede ser y no ser a la vez. Se supone que ese sentimiento ha de ser mutuo, o así lo creemos los hombres, que el deseo sexual de la primera vez mantiene esa premisa del morbo. ¿Sería igual de mágico si lo restásemos por completo? Bajo mi punto de vista es una trama con la que juegan las dos partes. Si falla, tal como lo denuncian las mujeres en la actualidad, es que algunos hombres, y solo algunos, no aceptan cuando ella finalmente niega querer seguir “jugando”. Quizás en la actualidad esa “lectura” de las señales que niegan, se hayan perturbado por la visión de tanto porno; donde la mujer es siempre asertiva, excepto en las simulaciones de forzamientos y violaciones, que dicho sea de paso deberían de prohibirse.

    Sigo analizando el deseo. A la larga la relación sexual de las parejas decae, porque decae la novedad y queda zanjado el tema de lo prohibido, aunque permanezcan remanentes de deseos no cumplidos, que “soñamos” que puedan realizarse la siguiente vez. El morbo se basa en la previsión del premio, y este mecanismo está estrechamente vinculado a la novedad y lo prohibido. Las dos cosas se pierden con los años. Muere en definitiva esa trama del deseo como atravesado, de parte a parte, por el morbo, y muere por los dos lados; luego en la mujer también opera esa dimensión de atravesar umbrales, la novedad y el morbo. Se ha comprobado que el nivel de activación de  la dopamina baja en las relaciones largas, pues esta se basa sobre todo en la novedad, y esta se pierde ante lo rutinario. La evolución suple esto a través de la oxitocina en las parejas, para crear eso que llamamos lazos de amor. Como consejo a las parejas, procurar que la desnudez no sea cotidiana, que se quede sólo para los momentos pasionales. Pero, ¿muere la pasión? No en todo está el morbo, existe igualmente lo intangible, que es primo hermano del morbo, pues comparte de sangre la novedad, que igualmente puede llamarse sensualidad. Me refiero con este concepto al hecho que en cada momento de la vida cada humano es nuevo, ha cambiado, he igualmente ocurre con la pareja. Lo intangible es el cómo el pecho se desliza, se aplasta, se mueve, queda apretujado, coge tal o cual forma dependiendo de la posición y el ángulo de visión; cómo cierta luz da un tono de piel, y cierta ausencia de luz vuelve el sexo más primitivo, y cómo el cuerpo se curva y adquiere cierto contraste de luces y sombras… Eso, dura mucho tiempo, o puede durar toda la vida. Es intangible porque el cerebro no lo puede imaginar todo, y es novedad cuando se le presenta de repente, activando ese ciclo de dopamina, previsión de premio y corteza orbitofrontal, haciéndolo deseable, y quedando en muchos casos como prohibido, pues se puede dar en lugares públicos, (de ahí nace la parafilia de hacer el amor en lugares públicos, en donde igualmente interviene de pleno lo prohibido, y por otro lado entra en juego el exhibicionismo en tanto que rebeldía contra el sistema y sus reglas). El porno japonés tiene lo intangible como su base y juegan más con el morbo al recrear ideas absurdas pero sugerentes, como el ir a un bar a “consumir” penes que salen de las paredes y los asientos. El porno de consumo interior mantiene más esta idea de lo intangible y el morbo, y está censurado, que en parte igualmente mantiene el morbo, pues mantiene medio escondido todo lo genital para que trabaje la imaginación y no sea sólo carne. Pero hacen un porno más “vendible” para el gusto occidental, por “contagio” del que se hace en Estados Unidos. El porno de este país está cayendo el decadencia, y pienso que es un signo de esa tendencia en todos los ámbitos. Ya no hay imaginación, se tiende a lo extremo, a la mera carne sin nada para la imaginación o lo intangible.

    Otra dimensión más trivial del deseo es que tiene un ritmo en crescendo, no puedes llegar hasta cierto umbral y volver atrás, pues se rompe el ritmo. Esto es por el hecho que he mostrado una y otra vez que dice que el acto sexual es retroalimentación positiva. La cuestión hay que verla como una gráfica estadística, con una línea central, que sería la posición equilibrada u homeostática, y en donde al estar en la parte de abajo el sistema quiere volver al centro, pero que de forma paradójica no ocurre eso mismo con las posiciones de arriba. Los estados positivos buscan crecer sin límites, no tratan de bajar a la línea central. Lo digo una y otra vez porque es clave para comprender al humano tanto en lo individual, como en lo social. También hay que recordar que es una regla en todos los sistemas, la retroalimentación positiva es una tendencia al caos, donde crece la entropía y llama a más entropía. Un incendio sigue esa dirección de alimentarse más y más sin límites, sumando sobre sí todo lo que sea consumible. Por este hecho el acto sexual es pasión y la pasión se suele representar como fuego. Si el fuego llega primero a una zona de poco material decrece, y si al final llega a una zona desértica pierde su fuerza y muere. El porno a través de los años sigue esta lógica del crescendo. El crescendo en el hombre y la mujer es igual, como norma, pero con la problemática que no van a la misma velocidad y empiezan de forma desfasada. Ya sé que digo cosas evidentes, pero lo hago en la dirección de tratar de mostrar la dinámica de los sistemas complejos, de sus retroalimentaciones y sus porqués, y que cualquier acto humano es en sí mismo un pequeño sistema complejo, en donde entran en juegos las reglas de estos. Este crescendo es del que se alientan las adicciones, y si hay más estudios científicos sobre la previsión del premio, la dopamina, la corteza orbitofrontal y el núcleo accumbens, es por tratar de encontrar las claves de cómo opera este mecanismo, como para poder llegar a erradicar las adicciones en lo social humano.

    Para entender mejor esta estructura del morbo hay que ampliar algo más el abanico de sus posibilidades. Puesto que el humano es capas de abstracción, el morbo, de origen carnal, se “viste” de otras cualidades más espirituales, que son un crescendo según el humano crea más sofisticación en sus sociedades y según van pasando los milenios. Un cerebro actual está rodeado de símbolos, de signos; unos nuevos, otros antiguos y arquetípicos, y unos terceros que son los últimos “bañados” con novedades. Así se llega a que yo, y como ejemplo, el otro día fuera por la calle, y me cruzase con una chica que se iba riendo ella sola, y no con una risa comedida y “censurada”, por no hacer esa extrañeza en público… era una sonrisa expansiva, que crecía, que tenía pequeñas caídas, y bruscas y armónicas sonoridades. La chica era bella, joven, se reía sola, no le importaba su entorno…, ¿hay algo más seductor que un espíritu libre? Algo se enciende en mi interior, que no siempre tiene que tener una paridad con lo meramente sexual, , visto en su superficie, pero que se acerca claramente al morbo, a querer “entrar” en el alma de esa persona, a conocerla. Si se llega al núcleo de esas sensaciones seguramente tengan que ver con lo carnal, pues si hubiera sido un hombre le faltaría algo a esa totalidad. Sentiría empatía, pero no llegaría realmente a lo más profundo y penetrante, como lo que se dio siendo una chica joven (de unos 25 años). Voy a mostrar otro caso visual y que sólo podría funcionar con aquellas personas que tengan a las mujeres dentro de sus preferencias sexuales. Se trata sobre el  vídeo de un concierto en Praga sobre el tema “Time” de Hans Zimmer (hay que abrir el vídeo en otra ventana, para entender lo que sigue). La música, es una capa más de abstracción, en este caso sobre una melodía melancólica, en donde las notas largas del piano de su principio, “obligan” al corazón a bajar su ritmo y por ello el emocional; la melodía es un crescendo…, como en crescendo son los actos sexuales.(1) Pronto sobresale una mujer de la semi-oscuridad, de nuevo un signo de sensualidad anclado a lo más visceral; mira al pianista y después sus movimientos son lentos…, está dejando que entre la canción en su cuerpo. Al poco hace que emerja el sonido de su bajo. Este instrumento es la unión entre lo melódico y lo rítmico, alma y cuerpo…, en este caso el único ritmo; y seguidamente entra la melodía más espiritual de un chelo, con su voz baja, tocado nuevamente por una mujer, ahora mas sensual, para al final llegar al instrumento que yo considero más unido a los sentimientos más sublimes, que es el violín. Como interludio de todos estos instrumentos, una guitarra eléctrica interrumpe ese fondo sonoro, tocada por un hombre, que “cubre” parcialmente el resto de las voces… Ese todo emergente tan sensual, tiene de fondo la pulsión humana, la sublimación. En donde lo subyacente es ese ser como auto-replicador universal, la vida, con sus patrones, sus ritmos, su belleza, que quedó excindido en dos sexos y que en su totalidad, ahora, trata de conciliar los faltantes, multiplicado en signos y capas de abstracción en lo humano. El Arte y la música como lo más excelso de esa unión de lo auto-replicante, de la replicación (repetición) con variantes, como lo es la vida y la evolución, de una suma incesante de elementos, componentes, y de signos, como lo ha de ser todo aquello a lo que pueda ser llamado vida. Queda mal usar aquí la palabra morbo, parecería que fuese rebajada la experiencia; la etiqueta a usar sería la de sensualidad, sofisticación y placer por las artes. Si se es honesto y se piensa bien, ponerle un nombre u otro parece más bien caer en elitismos. Alguien sin cultura, se quedará en los detalles sobresalientes, las mujeres de rasgos orientales, mientras que alguien de clase alta y buena educación se quedará en la belleza de la música. Esa persona “inculta”, de clase baja, aunque ya no se quiera usar esa etiqueta, aunque tenga ese emergente más “chabacano” hacia lo carnal, no podrá evitar y escapar de que todo el “envoltorio” sume más sensualidad a la escena. Igualmente, alguien más “refinado” no podrá librarse de la sensualidad de las instrumentistas. Quizás ni siquiera exista realmente esa distancia, que una mirada y otra no sean mas que los dos lados de una misma moneda. Por intromisión, pero viniendo al caso, ¿soy al único al que los movimientos y gestos de hip hop y el rap, sobre todo de la cara, le parecen anti-morbo? Espero que se entienda en su justa medida todo lo planteado aquí: antes que espíritu, el humano es cuerpo. Para que un instrumentista llegue a la perfección ha de entrenar a la mecánica de su cuerpo, para que al final este sea la expresión vívida de sus emociones. Tal capacidad no es posible sin la motivación, donde tal ha de estar supeditada a todos esos momentos de previsión de premios, esparcidos a lo largo de su vida, en infinitos momentos. Cuando todas esas realidades se asumen como un todo se puede llegar a la capacidad creativa, a hacer de creador de novedad, de replicador. El resumen es que posiblemente si lo viese un eunuco de nacimiento le faltaría algo de emoción o sustancia a ese todo. Ni siquiera hay que llevar los planteamientos a esos extremos. Una gran mayoría de trastornos mentales, como la depresión, y la despersonalización, conllevan anhedonia, la arousal cae en picado; fijarse que la palabra vulgarizada de arousal es excitación, que yo no he usado porque tiene la doble vertiente como estado excitado mental o físico, como por ejemplo sentirse excitado por salir al escenario, y excitación sexual; ante la confusión por lo normal se usa emocionado en el primer caso, excitación viene del latín “excitatio”, y quiere decir poner algo en movimiento, sacarlo de su reposo. De nuevo tal proceso se inicia en una de las partes más antiguas del cerebro, en su tallo, en la formación reticular y mueve tanto el deseo sexual, la atención, como la motivación, pues implica la activación del sistema de activación reticular ascendente. En esas estados de baja arousal se siente la realidad como si el cuerpo estuviera tras de una campana de cristal: nada te toca, todo suena como si estuvieras bajo muchas mantas, los colores se vuelven desvaídos…, se cae en un estado comfortablemente entumecido. Un problema de la ausencia del sexo, a tener en cuenta al pensar en los Incel, es la sensación de no pertenencia, a sentirse rechazado, aunque la razón luche contra este sentimiento; que conlleva a la tendencia a caer en depresiones, crisis personales, existenciales y de identidad. De nuevo la cuestión de los mini-programas: no sexo=humano o existencia fallida. Todo trastorno, de los mencionados, comporta a que las personas afectadas no puedan percibir la canción de arriba tal como yo la he descrito. La sexualidad atraviesa todo lo humano, queramos o no. De nuevo me remito a que he usado este ejemplo por ser hombre, una mujer hubiera usado otro que le fuera más cercano a sus tendencias sexuales. Ya que en este párrafo hablo del elitismo: ¿el porno es el nuevo circo Romano para la masa, para la clase media y baja?, algo para mantenernos entretenidos, y silenciados. Dejo la pregunta en el aire.

  Para ampliar aún más el abanico de las posibilidades del morbo, hay que ir a otras estructuras colindantes. La película española “Tesis” nos habla del morbo de ver un accidente o algo desagradable a la vista. ¿A qué instinto llama esto?, me imagino que al de la agresividad, que cada vez se da más por descartado que es parte de lo humano. En ciertas personas otro morbo lo da la antropofagia, que también es otro recurrente humano, comer partes de la otra persona o por completo. De forma extraña ahí esta esa frase en español, cuando somos invadidos por una acto pasional súbito y decimos: “¡ay Dios, te comería!”. Se ha dado algún caso de canibalismo por amor, de sólo querer comerse a la persona amada. La mayoría de los cuellos de botella, por los que ha pasado el ser humano, se sobrepasaron por recurrir a la antropofagia, y cuando no había otras tribus, se recurría a comer a familiares o amigos. En el miedo en general y en las películas de terror en particular, vemos la misma forma de proceder del deseo sexual, pero esta vez con la ancestral emoción del miedo. En la películas de terror no se alientan tanto del impacto, como del suspense de lo que está por venir. Hay que tener en cuenta algo muy importante, el principal sentido humano es la vista, tiene dedicado sobre un tercio del cerebro, e implica a tres lóbulos: occipital, temporal y parietal. Con todo la visión es una acción muy compleja, y por ello el cerebro recurre a la memoria para reconstruir por completo una imagen, es por este hecho que a veces algo lo interpretamos por otra cosa, a primera vista. A esta particularidad igualmente recurre el cine de terror, como cuando por ejemplo va apareciendo una sombra proyectada sobre la pared, y en un principio parece algo terrorífico y grande, y después es algo tan trivial como un perro. O como cuando se entreabre los ojos en el dormitorio y el gancho de una percha en la pared nos parece una gran araña. La respuesta a este hecho, nos dice la psicología evolutiva, es que es mejor presuponer lo peor, pues te puede salvar la vida. De una forma u otra lo que hay que tener en cuenta es que la imagen que se nos presenta en el mundo no está tal cual representada en el cerebro, sino que este reconstruye parte de la imagen con lo que ya conoce o con la imaginación. A mayor imaginación, mayor capacidad para el terror, e igualmente para lo sexual. Hay distintos autores que nos han hecho ver esta relación, como Hemingway en la frase: “la cobardía, a diferencia del pánico, es casi siempre sencillamente una falta de habilidad para suspender el funcionamiento de la imaginación”, y “donde no hay imaginación, no hay horror”, de Arthur Conan Doyle. En esta medida podemos comprender que algunos síntomas de algunos trastornos mentales vienen propiciados por ese exceso de imaginación, como son las neurosis y los estados paranoicos y psicóticos. Algo limítrofe a este tema, Sartre decía que el que realmente sabe de la esencia de la libertad, debería tener miedo cuando alguien en una situación trivial, como al estar cocinando, tenga un cuchillo en la mano. Este tipo de libertad, “caótica” es la que se explora en la novela “En los sótanos del Vaticano”  de André Gide. Lo mismo ocurre, con la imaginación y la reconstrucción cerebral, cuando vamos por la calle y vemos a lo lejos, junto a otros muchos rostros, el de alguien que nos parece familiar. El cerebro “proyecta”, sobre esos pocos datos, la imagen de la persona conocida, como si pusiésemos una segunda capa sobre la realidad con una fotografía idealizada de esa persona, y según se va acercando esa persona por la calle, vamos verificando si lo es o no lo es. El sexo es tan antiguo y visceral como el miedo, el cerebro hace lo mismo con este tema: reconstruye con los datos que ya posee, con la memoria y en otros casos con la imaginación. Ha mayor experiencia sexual, mayor capacidad para reconstruir lo faltante. Y hoy en día, con el porno y la sexualidad por todos los lados, se tiene una experiencia y una memoria mayor sobre este tema, que en cualquier otro periodo de la historia. Bajo este aspecto las púberes, por lo menos hasta hace unas décadas y por lo general, no tenían ese nivel de experiencia, con lo que no se daban cuenta que una gran parte de los humanos adultos la “ven” más desnudas de lo que ellas creen. Para paliar esa tara las madres les deberían de “corregir”, pero lo ya dicho otras veces: el feminismo ha alterado esa enseñanza milenaria, creen erróneamente que es el cerebro del macho el que tiene que cambiar, cuando es algo esencial y nuclear en la forma de trabajar del cerebro que nunca se va a cambiar. Es posible que las mujeres no “comprendan” esta capacidad del cerebro del hombre, por el hecho que la dedicación a la memoria visual, y por lo tanto la recreativa o imaginativa, sea menor en la mujer, donde en ellas está más pronunciado el sentido del oído, por haberse especializado sobre todo a lo social en el escuchar y el hablar, ahí si tienen una mayor recreación e imaginación, y suelen saber mejor las intenciones de las palabras. Ahí sí llegan a lo “mórbido” en su exceso de imaginar o tratar de predecir las intenciones en las palabras de los otros. Las mujeres siempre se asombran de lo que podemos llegar a imaginar. Los celos, y la falta de paridad en este tema entre hombres y mujeres, es otro hecho revelador sobre la excesiva imaginación del hombre. Por otro lado hay que tener en cuenta que el humano es un animal creativo. La imaginación -capacidad para recrear cosas no existentes- forma parte esencial del cerebro: tener esperanza es imaginar un mundo o situación mejor que la actual. Básicamente el cerebro puede desnudar a las personas por la calle, cuanta más información se tenga, más partes descubiertas, más fácil se le hará esta “operación”. Es el prefrontal el que censura esa capacidad, pero no siempre lo logra, pues a veces la realidad se vuelve demasiado “evidente”. De una u otra manera la forma más común del morbo es la sexual. La película “instinto básico” recurre a la perfección a esta banalización, que yo propongo para morbo, cuando Sharon Stone cambia de pierna a cruzar y deja unos segundos ver el hueco de su corto vestido. Es una imagen icónica que ha dejado huella en lo humano, por dejar en claro ese juego del deseo sexual, que en definitiva es morbo. Otro caso fue el de la cantante italiana Sabrina, a la que se le salió el pecho en medio de su actuación, era casi imperceptible, había que poner el vídeo a cámara lenta para verlo, pero armó un gran revuelo. Este mismo esquema se ha seguido a lo largo de los años con otras actrices, cantantes y famosas.

El Cerebro Rellena lo Faltante_2

    ¡Atención, en este párrafo posiblemente voy a ponerme grimoso y puedo llegar a dar asco!, es necesario, hay que llevar las ideas del presente escrito a los conceptos cotidianos, que crean tantas luchas de género. Mi forma de ver no es exclusiva, es general, pero el hombre lo oculta por ser políticamente correcto. Vuelvo arriba, a hablar con esos seres alienígenas que han venido a la tierra a entender nuestra manera de actuar. Y les hablo a las mujeres que de repente han dejado de creer en esos lenguajes arcanos, y se comportan como marcianos que quieren entender o ya no parecen comprender nada, y nos preguntan a los hombres que qué miramos. La desnudez cruda, la que se ve en las playas nudistas, la que ve un médico, no despiertan un especial morbo (deseo). En las web cam sexuales, los chicos están casi de forma permanente “de capa caída”, porque ven la desnudez de manera cruda: han perdido el morbo, la previsión de premio, pues lo tienen delante de forma constante. En las playas es lo mismo, excepto las partes genitales o sexuales, pues está mal mirarlas fijamente y mantienen el tabú. Todo que sea insinuación, que sea “puede que vea un pezón”, o “le he visto las braguitas cuando se ha agachado”, despiertan más lo instintivo que algo directo. Hay ciertas partes claramente sexuales, los pechos, los genitales, y el trasero. O por lo menos en “teoría”, pues las actuales modas parecen “desbaratar” esta idea básica, sobre todo con las nalgas. Imaginar la siguiente situación: una chica “trabaja” en una sex cam y va con un pantalón short, pues deja ver parcialmente el trasero, lo que le da una carga sexual; la llaman por una urgencia, se calza y sale a la calle así…  ¿de repente deja de ser lo mismo? Según la lógica más simple A no puede ser a la vez no-A (principio de no contradicción). Se supone que el prefrontal, en lo social, tiene que tener un interruptor, pero no así en el cerebro y para definir qué es o no sexual. O sea, es pura convención, y una convención es una regla, máscara, prohibición… no realidad. Se nota sobre todo en  que los shorts no tienen que mostrar las nalgas en pantalones para chicas de 12 o 14 años, como si la “barrera” o ritual de paso para tal cuestión fuera la de los 16-18 años, aunque esta “regla” cambia de año en año, dada la confusión entre el lenguaje y los conceptos ofuscados por el feminismo y las modas. De una manera u otra, para el cerebro es algo que causa morbo y deseo, si se ve parcialmente y está prohibido, pues crea previsión de premio. Mostrar la línea del trasero, como se hace en la actualidad con los pantalones shorts, es como ponernos una diana (por sus curvas concéntricas), para indicarnos dónde hay que mirar. Redundo en este tema porque se podría concebir los actuales shorts como escotes de las nalgas, pero es que no es así, el escote del pecho lo es en tanto que oculta la aureola, pero la línea divisoria de la nalga y la pierna es casi lo más sensual de dicha parte anatómica, sobre todo para alguien con experiencia en el sexo, por un lado porque esa línea marca la forma de la nalga (manzana, pera…), y por otro lado porque en ese pliegue está, quizás, la piel más suave y de una textura única, pues no se da en ninguna otra parte del cuerpo. Textura en los dedos que el cerebro recupera cuando ve dicha división en la calle en un todo, junto a la previsión de premio. ¿Que si es un fetiche mío?, probar. Percatarse que lo antojica del cerebro -en sus deseos caprichosos- queda reducido al refrán español: “si culo veo, culo quiero”, que nos habla de ese deseo irrefrenable, por el mero hecho de que nos entre por los ojos. Todo escote que sea lo bastante bajo como para mostrar las formas de los pechos, nos están invitando a imaginarnos el resto. Fijarse cómo funciona el morbo, las nalgas desnudas en las playas son una parte muscular al final de la pierna, en algunas chicas algo más musculadas, el glúteo, pero déjala medio ver con el short y se vuelve morbo. Lo mismo con los pechos. O sea es o todo o nada, el “casi”, lo medio-escondido/ medio-mostrado es lo que genera el morbo. Tomar conciencia del morbo no sirve de nada (por ejemplo con el: “¡no voy a mirar, no voy a mirar…!”), pues está al mismo nivel que el miedo, en donde si nos dicen que nos van a a asustar, realmente no nos previene del susto final, más bien lo retroalimenta, hace que se pronuncie más, pues actúa la ley del esfuerzo transformado (se crea miedo al miedo, pues toda energía usada para evitar algo, se suma a la energía principal). Así nos lo hace ver la película “Tesis“, ante el morbo de tratar de evitar no mirar el macabro accidente de un suicidio en el metro. ¡Me asombra el caos de la actualidad, en donde se “escandalizan” con ciertos lenguajes, que se usen palabras como culo, pene o pecho, como lo estoy haciendo aquí, pero van de ciertas formas en la calle! Me recuerda al concepto de Dios, que para los judíos tenía que estar siempre presente, pero no se le podía nombrar. Parafraseando/tergiversando al poeta: “el culo no es culo porque lo ves, es culo porque lo nombres”, lo que no deja de ser cuanto menos curioso.

    Si el short no deja ver la línea del glúteo está bien. ¿Quiere eso decir que la mujer tiene que ir como monjas?, no, sois libres, pero si esta es la naturaleza del deseo y del cerebro, no incordiéis con que no tenemos que mirar o nos llaméis machistas por ese simple hecho. En el cerebro del hombre invoca (en-boca) lo que he descrito en el párrafo anterior; si se sabe de la teoría de la gestalt se comprenderá que son “rutinas” que el cerebro lleva a cabo por sí sólo, sin que intervenga el prefrontal. Es un acto reflejo, otra cosa es mantener la mirada. Como he dicho arriba hay que tener en cuenta que el cerebro funciona por la “ley del esfuerzo trasformado”, (este concepto y otros aledaños se explican en “la dimensión social“), que dice que todo esfuerzo que se haga para evitar un deseo o acción hace que esa resistencia se sume al pensamiento, deseo o la acción (no pienses en gatos hace que se piense en gatos). Como en el ejemplo de que veamos un pastel y tratemos de evitar comerlo, y tratemos incluso de no mirarlo, pero este nos “llama” primero para mirarlo, y al final para comerlo. La resistencia se ha sumado al deseo, por lo que ha crecido en intensidad; lo mismo con todo morbo, con toda vista de algo esporádico, de una chica que camina con shorts paralela a nosotros. Uniendo conceptos, con las ideas de arriba, en donde hay que diferenciar los lenguajes de la sensualidad sofisticada y la ramplona, la moda actual es lo segundo, llama a lo más básico. Que no se espere otra respuesta verbal que la del mismo calibre. Para recurrir a una imagen, es como haber olvidado el violín, y volver a producir sonidos dando golpes al tronco de un árbol caído y hueco. Fijarse que en las películas y las series, cuando han de elegir cómo vestirse ellas sí usan el “vas muy evidente” o “es un lenguaje muy directo”. Al madurar la mujer suele ir sensual de modo sofisticado en ciertas situaciones especiales. Nada que “atacar” ahí, lo sofisticado está bien, no llama a lo meramente carnal. Es una bella, refinada y dulce melodía. Con la poca tela de la moda de verano no hay posibilidad, ni para la sofisticación, ni para la elegancia. Es lo que se ve, o lo que no se ve y muestra. Como se puede deducir, yo estoy modulando mi lenguaje para un caso y otro. Prefiero lo sofisticado, me mata lo meramente carnal, y no merece otro lenguaje que el que he usado…, tanto en este escrito como en otros. Por otro lado es estúpido argumentar que es porque se va más fresca, está demostrado que cuanto más pegada esté una prenda, más calor da. En realidad el thawb es la prenda más fresca, no pegada, de color blanco y que te tapa contra los rayos solares. No es una sugerencia, es sólo mostrar qué es realmente ir fresca, por algo lo adoptaron en los países desérticos. En este juego sale a relucir una de las palabras más conflictivas: provocar. Me evado de tal discusión. Pienso que todo es un error en la conceptualización de las palabras. Recordar que yo he apuntado una y otra vez que los conceptos ya estaban ahí y que el humano los ha vuelto palabras, pero al hacerlo ha “contaminado” o trasformado al concepto en sí. El juego en sí es que tanto mujer como hombre siempre han jugado al mismo juego, que es el juego del deseo devenido en morbo. Que de repente la mujer se desmarque diciendo que no saben de qué juego se está hablando me parece insultante para la inteligencia humana. Es como si de repente todas las mujeres se tomasen a sí mismas como “lolitas”, que tienen ciertos atributos sexualizados, pero que por su corta edad y estado inocente, no supiesen que los están “usando”. Para hacer aún más demencial el juego, nos dicen que los “enfermos” somos los hombres, y que tenemos que ser vigilados o coartarnos sobre qué pensamos y cómo lo pensamos. Volviendo a la mujer feminista de la tercera ola, en ese gran hermano, predicho por George Orwell, que constantemente está presente, tratando incluso de llegar a vigilar y controlar el pensamiento de los hombres. Qué quiere realmente la mujer…, ¿asexualizar la vida? ¿hacer una conversión del deseo según sus parámetros y convenciones? Una de las primeras feministas rompió con un hacha la “Venus del espejo” de Velázquez. ¿Ya no hay que considerar al desnudo como bello? Es algo que está en el ADN: ¿habría que modificar el ADN para que no fuese así? ¿Hay que reescribir la historia humana para asexualizarla?, ¿y la prehistoria?, esa que tanto omiten e ignoran las feministas. Es más “terrorífico” el porno que la historia del Arte, por muy patriarcal que este último sea. El porno es ese rabajamiento de lo humano a sus instintos más básicos: sólo llama a un lenguaje, sin “ropaje” cultural, sin capas de abstracción, sin ninguna máscara. ¡Nadie como Boudrillard para denunciar esa carnalización amplificada y banal! ¿Por qué quejarse que el macho es ese en donde su lenguaje es meramente carnal, si existe el porno? Mientras haya porno, no hay culpa vinculada a un sólo sexo. O hacemos que todo sea sofisticación, en donde no habría cabida para el porno actual, o aceptamos el lenguaje alienante que pueda llegar a usar el hombre…, no hay medias tintas. Estoy por asegurar que el porno le horrorizaría hasta a un neandertal, de llegarlo a ver. El Arte está atravesado de sofisticación, de capas de abstracción, de lo humano. Todo está atravesado por la pulsión, y siempre habrá dos visiones, como hay dos sexos. Vida y pulsión son unidad.

    Si se ha entendido bien lo mostrado en este escrito, la mujer, ante su “nueva” actitud, provoca aún más aquello que quiere evitar, puesto que si un componente principal de la trama del deseo es lo prohibido, entonces si lo prohíben con más intensidad y rigurosidad, aún están “señalando” más y de forma más clara qué es lo que da aún ahora más morbo. En este nuevo paisaje humano en donde la mujer hoy más que nunca es más carnal, pero no tiene que ser nada mirada; y que es aquello que es de desear, y que al ser proscrito va a activar aún más claramente ese ciclo de la dopamina y la corteza orbitofrontal. Cuanta más prohibición más deseo y más retroalimentación positiva. “La moralidad adquiere una importancia capital, pero al mismo tiempo no es coherente, ya que entonces imperaba la doble moral. Por eso cuanto más estricta sea la moral más habituales serán los lapsus morales, porque la ley crea la transgresión: no hay nada más atractivo como lo prohibido”, August Ruhs, o “detrás de cada tabú hay un deseo, y detrás de cada deseo hay una transgresión”, nos dice el teólogo Juan José Tamayo parafraseando a Freud. Aquí hay que detenerse a analizar todo esto a través del concepto de pecado o cuanto menos de lo ético. Si entra en juego lo prohibido: ¿deberíamos ir desnudos y no tener tabús?, a lo primero no, por cuestiones de higiene y de clima, luego es algo descartado. Por lo demás las tribus, nuestros ancestros, rápidamente pusieron los genitales como tabú, en tanto que se podía mirar a los de otras parejas. De hecho el mandamiento en las tablas de Moisés a este respecto es: “no codiciarás la mujer de tu prójimo”. El conflicto en sí no es el deseo, sino desear a la pareja de otro, cuestión en la que la biblia es descaradamente sexista. Para que no existiera lo prohibido deberíamos comportarnos como los bonobos. En realidad es el sueño de todo hombre, como muestran las películas porno, pero esa apuesta es femenina, y la humana no “tomó” esa opción, sino la de mantener las jerarquías, pues igualmente beneficiaba a las hembras alfa; y que puesto que ellas son las que ponen las normas de la aceptación/negación, dejan en desventaja -en ese juego-  al hombre, como denuncian los Incel (célibes no por elección); pues si se piensa en todos los datos a tener en cuenta, es algo lógico. Cuestión que sí es cuantificable, y puede ser verificado si se hace algún programa que simule ese juego evolutivo.

   Hay que analizar brevemente en cómo se crea un Incel. El sexo es un instinto, sale a flote a la menor y llama a estados primarios, al igual que si se tiene hambre se recurre al canibalismo. Quien crea que está fuera de esa regla que piense en la maquiavélica “cárcel” que planearon los gobernantes rusos, en 1933, al encerrar a presos en una isla de un gran río (tragedia de Nazino), en donde no había nada que comer: se terminaron por comer unos a otros. Los guardias sólo estaban en las orillas, para dispararles si se trataban de escapar. “Cualquier acto que cualquier ser humano haya hecho alguna vez, por horrible que sea, es posible llevarlo a cabo por cualquiera de nosotros bajo las presiones situacionales correctas o incorrectas … Ese conocimiento no excusa el mal, sino que lo democratiza, comparte su culpa entre los participantes ordinarios, en lugar de demonizarlo”, nos dice Zimbardo. Es fácil deducir, a priori, qué haría cada uno, pero igualmente es fácil equivocarse. ¿Qué haría una madre embarazada que por hambre abortaría, o una madre lactante, o unos padres con hijos que les esperan? La evolución humana tiene esa doble vertiente: o sobrevivían las sociedades más cooperativas, o los individuos que llegaban a los límites más crueles y e individualistas. Los presos en la isla podrían haberse unido para planificar su estancia, o una posible fuga, pero el primero que mató a otro para comérselo, tendría más fuerzas para dominar la situación. En las familias o comunidades pequeñas, como las tribus, se tiende a la cooperación, pero con las ciudades ya no hay ese tipo de cohesión. Las ciudades e Internet han roto el tejido de lo humano, basado en la empatía, lo visual y el contacto directo. No hay respuestas fáciles y sencillas, y que además tengan que ser morales, a las complejidades situacionistas de la vida. Esa doble apuesta persiste entre los humanos de hoy en día: las hemos heredado. El macho es parte de programas más básicos, que son llamados cuanto menos éxito social se tenga, pues en el aislamiento, en las injusticias, uno se vuelve individualista. O sea, que el estar excluido del juego social, con sus reglas elitistas, el cerebro ya no ve mujeres, personas en definitiva, ve sexo que ofrece una alta resistencia a sus deseos, sean estos carnales o no. Como no tiene contactos con mujeres, no llega a normalizar qué es una mujer, que tras ese cuerpo hay un alma, una persona. Las mujeres de su misma esfera están en la misma posición, y en muchos casos llevan sus frustraciones (y odio reprimido) al feminismo.  La obesidad morbosa “desagrada” tanto a hombres como a mujeres, lo mismo con la fealdad o cualquier otro “desequilibrio” estético, o en la personalidad o la inteligencia. En esa radicalización y tendencia incel y feminismo son lo mismo. Este odio, en un sexo y otro, sólo tiene de origen en que el sistema humano es jerárquico, y que el azar de cómo nazca uno es injusto. ¿Habría que politizar o crear ideologías sobre algo tan “natural”, como lo injusto que es el azar?, complicado, puesto que por mucho que se legisle, otra cuestión será el cómo opera en el cerebro y lo social: se cae eternamente en la máscara, y lo políticamente correcto. El perpetuo problema que no terminamos de comprender: los mini-programas más antiguos, viscerales e instintivos, son los que tienen más peso y vías en el cerebro, los más “secuestradores” e intrusivos de nuestras capacidades mentales; el prefrontal los censura y/o los frena, pero el prefrontal requiere de un tiempo y energía (carga cognitiva), que no siempre están disponibles ante ciertas situaciones. Pon a hombres en un aula y que tengan que prestar atención a lecciones, mientras varias modelos strippers vagan por allí y no asimilarán nada: el sexo es demasiado secuestrador y absorbente (vídeo ejemplo, fijarse que en cuanto la actriz se pone en plan “seductor” ya acapara la atención). En el hombre la cuestión, de cómo concebir al otro sexo, se ha potenciado aún más con el porno, pues reduce a la mujer a un mero objeto sexual. Hecho del que no es solamente culpable el hombre, cualquier mujer que ceda a hacer esos papeles es cómplice. Un solitario, sin éxito social, es lo que más encaja en los perfiles policíacos, cuando se buscan agresores sexuales. Un incel es ese límite en donde moralmente no cae en el delito sexual, pero tiene esa pulsión sexual reprimida…, es alguien que bajo ciertas condiciones reclama que su estado es injusto, en un mundo que ha devenido a sólo llamar a sus instintos más básicos, con la propagación del porno y lo sexual en todos los medios y en la calle. Es un nuevo tipo de víctima en un nuevo mundo casi sin reglas o normalizaciones sociales. Rompe el precario equilibrio en el que estaba el sistema y sólo se llegará al caos, sobre todo con lo confuso que es la liberación sexual y el porno, y la nueva y paradójica situación de la mujer. Todo joven hoy en día cae en estas tendencias y confusiones, han aceptado más la homosexualidad que el conflicto y algunas de las reivindicaciones de las mujeres. Lo que quiero decir, que lo he enredado demasiado, es que un soltero sin sexo y que tenga todo lo demás suplido en la vida, se comportará con el sexo en la actualidad como lo haría un hambriento que estuviera en un comedor de autoservicio, a sabiendas que esa comida es inalcanzable; manifestándose ese deseo con avidez y desmesura, no bajo los cánones de una persona saciada de comida. Ese estado es un juego dual del exceso de sexo en lo social, y ausencia de sexo en lo individual. Como dice el refrán: “dime de qué te quejas y te diré de qué careces”. Hoy los Incel, reprimen y expulsan a los más radicales; no es fácil, ni siquiera, crearse una cuenta.

   Toca cuestionar este desfase del sexo, pues no trato de equiparar la necesidad de la comida con la del sexo. En primer lugar este desfase es por lo ya dicho en este escrito, la “conciencia de” no puede ser llenada, siempre va a buscar algún faltante. Suplida todas las necesidades, la que quede como relevante y apremiante ha de ser ese faltante (revisión de la conocida frase de Sherlock Holmes). De hecho la palabra deseo, “desidium”, proviene de permanecer sentado, estar ocioso, momento en el cual la “conciencia de”, frente a sí, frente al vacío, busca algún faltante. De “desidium” proviene “desiderare”: echar en falta, echar de menos, que de nuevo remite a lo faltante. En esto la conciencia, el miedo y el sistema inmunitario tienen las mismas formas de operar. Como los dos últimos siempre estuvieron activos en la prehistoria, ahora “quieren” o “creen” que han de permanecer igualmente activos, aunque sea “inventando” nuevos miedos o enemigos en el cuerpo. La mayoría de los trastornos y fobias mentales se basan en miedos infundados; igualmente entra en juego el excesivo deseo de control, en los estados obsesivos. En el caso del sistema inmunológico creando enfermedades autoinmunes. En todos estos componentes teníamos un nivel alto de ataques en la prehistoria, y ahora el cerebro y el cuerpo rellenan ese vacío con nuevos problemas, en muchos casos inexistentes. No sé porqué me complico tanto en ejemplos que pueden ser cuestionados, cuando hay una evidencia más clara. ¿Por qué nos crecen tan rápido las uñas?, porque la evolución hace uso de la queratina para eternamente hacer crecer las uñas, y no lo usa para reforzar el pelo y que se mantenga mejor durante más tiempo. Se supone que en la prehistoria haríamos mucho uso de las uñas, para escarbar en la arena, y otros cientos de utilidades. En ese proceso se desgastaban, luego había que optimizar su crecimiento rápido. Se supone que empezamos a usar herramientas hace unos 2,6 millones de años, en ese proceso se iría dejando de usar tanto las uñas, y ahí está que siguen “empeñadas” en crecer rápido, cuando ya no tienen tanto desgaste. Cada vez que te tengas que cortar las uñas recuerda lo que tarda la evolución en hacer cambios acordes a los tiempos. ¿Por qué aceptamos esta paradoja de un sistema del cuerpo y no lo aceptamos del cerebro, la conciencia y el sexo? (ver vídeo de lo que esconde estrechar las manos). Seguimos atrapados en la idea de un Dios y que somos almas que han de ser “gobernadas” desde lo moral y la voluntad, como designio divino. No es un trastorno o patología, ni siquiera un mal de la condición humana, es un alma que Dios ha dejado de habitar, para ser ocupada por el mal, por el diablo. De ahí unir ociosidad, deseo y diablo en el refrán: “cuando el diablo no tiene que hacer, con el rabo mata moscas”, o el de “la ociosidad es el patio de recreo del diablo”, que enlaza con el origen de la palabra deseo como ociosidad. Este pensamiento cargado de moralina no tiene por qué ser consciente, pero es el que nos da el cerebro sin pasar por la reflexión, al ser condicionados nuestros cerebros por las enseñanzas durante la niñez y leyéndola sucintamente (¡me acabo de enterar que es un verbo: suncitarse!) como “verdad” que emerge en lo social. Por lo demás damos demasiada importancia a la voluntad, cuando el verdadero escollo es la motivación. Voluntad es hacer algo que no te agrada, por exigencia personal o social; motivación es algo que te nace de tu propia naturaleza. Una y otra casi nunca van a la par. De nuevo los entresijos de la libertad y lo prohibido, entre las qualias y las normas sociales. Yo tengo claro que no soy mi voluntad, en tanto que esta es la interiorización de las normas sociales. La voluntad no es Dios o un poder divino dirigiendo nuestros pasos, es la sociedad como ente abstracto moviendo tus hilos de marioneta, haciéndote creer que tienes que tener un tipo de actitud en la vida, porque de lo contrario eres susceptible de ser un problema o un fracasado. Disfrazamos las cadenas de la sociedad de Dios. Esa es la primera y principal violación en el ser humano. No nacemos bajo el pecado, como nos ha hecho creer el cristianismo, por poseer una libertad; nacemos violados, porque rápidamente la sociedad nos normaliza. Nos resta todo aquello que vaya contra lo social. La moral viene de la ley, y no al revés. Si somos ese ser tendente o a lo individual o a lo social, si se activa lo individual se desactiva lo social. “(De)vi(ni)endo”, despertando, el Ser como violado. Atravesado por la injusticia. Es la sociedad la que tiene la obligación de no despertar, a través de la injusticia y de la desigualdad, a ese lobo que nos habita. Es un segundo acto de violación hacernos creer que es nuestra culpa que el lobo despierte, que tenemos poca voluntad. El concepto de voluntad, así, es ese pene violador que nos atraviesa de parte a parte, y que termina por ser un elemento más de nuestras carnes, de nuestra esencia… o eso nos hacen creer. Yo tengo claro que mi motivación me hace subir una montaña para nada, pero que no tengo voluntad para luchar contra la burocracia y el sistema, por que la voluntad no son mis “dientes”, es una dentadura postiza que se cae a la menor. Son los “dientes”, los que al final acometen actos como el canibalismo, la delincuencia o el asesinato, en donde ni siquiera lo nuclear, como lo cooperativo y la empatía, logran ser parte de uno mismo como perteneciendo a lo humano. En definitiva, hay pocos humanos que nazcan “malos”, esta nace de la radicalidad de no poder salir de la injusticia y la desigualdad, uno no es “culpable” porque esto se active, lo es la sociedad, como fue en el caso de la “tragedia de Nazino“, o el genocidio de Ruanda, u otros tantos. El humano es un condenado a muerte que no se puede acoger a la defensa de su naturaleza, ni puede llamar a testificar a nada celestial: ángel caído, ángel “mecanizado” en huesos, carnes y neuronas…, ángel carnalizado. Sé que mi cerebro se está radicalizando, pero hay ciertos cerebros que tan sólo tienden al suicidio bajo este signo. Algunos tipos de suicidas introyectan la ira en su acto final. Un segundo dato, a nivel etológico, es que la sexualidad está ligada al éxito social o a ser aceptado en la manada. Luego para el cerebro no-sexo es igual a ser un fracasado y/o no pertenecer a la manada. Y un tercer e importante dato es que ningún animal se masturba compulsivamente o tiende a la adicción sexual en la naturaleza. Sí ocurre entre los animales enjaulados, hacinados y en recintos. Lo que prueba que el humano se siente enjaulado en nuestra, erráticamente concebida como magnánima y venerada, sociedad basada en las ciudades, y a partir de la agricultura y la ganadería. En el macho es más antiguo y elemental el orgasmo, el placer sexual. Llega a él después, en muchos casos, de haber luchado contra otros machos. De una manera u otra después de competir o luchar contra resistencias. Luego es un premio al final de una situación estresante y dura. El orgasmo de esta manera termina con la tensión. La evolución ha unido, así, sexo y liberación de tensión. Puesto que es un mecanismo y vivimos en un mundo de tensión y estrés, el sexo se convierte en una manera de liberar tensión. ¿Resultado, conclusión?, somos una especie enjaulada, con mecanismos primitivos como el sexo por liberación de estrés y tensión, que por lo demás tenemos al sexo como el baremo de nuestro éxito social. Éxito que, en la prehistoria y en lo animal, lo tienen los alfa, luego éxito sexual igual a alfa, indistintamente del género. Resumiendo: mal, mal, mal…, tres fallos de tres, ¡humano suspendido! He tratado de averiguar si entre las chimpancés enjauladas se da la masturbación, pero no he encontrado ese dato. Por el perfil que he trazado el sexo encaja a ser más disfuncional en el hombre: por ser un mecanismo en este más antiguo que en las hembras, y por la lucha para llegar al sexo; cuestiones ambas que están “programadas” en la testosterona, en la doble vertiente y unión de agresividad y sexo.  Pero vale, si la mujer quiere ser en eso igual de “averiada” que el hombre lo acepto. Fuera de ironías, con lo expuesto trato de mostrar las diferencias entre hombres y mujeres, buscando sus porqués y sus orígenes, en la dirección de hacer comprender que el hombre es “victima” de su condición. ¡Aviso!, hasta el final del párrafo voy a -principalmente- conjeturar. La vida, en su definición más llana y elemental, es replicación; esa estructura es más propia de la mujer, en tanto que cualquier tipo de replicador es lo que pueda llamarse femenino. El humano es concebido como femenino en sus primeras semanas, y sólo es unos meses más tarde que puede llegar a ser masculino. Puede que lo femenino no esté tan contaminado de ese vacío, de esa eterna “conciencia de”, de lo faltante, y por eso no terminan de comprender al hombre, porque puede que esa estructura sea en sí la procreación. ¿Reducir a la mujer al papel reproductor?, no, es un concepto más abstracto y filosófico. Profundizar. Si hubiera que reducir la vida a otra palabra, esa sería la de replicación. Puede que el vacío del hombre, su “la petite mort“, nuestro faltante, sea hallar al replicador, y seamos ese eterno vacío porque no lo podamos ser nosotros. ¿Cada acto sexual en el macho es un acto fallido?, sí, por eso está impelido a buscarlo eternamente, busca esa integración una y otra vez, pues siempre resulta ser fallido. Estoy fijando el Ser de la sexualidad, haciendo malabares filosóficas que corporizan al ente. El acto sexual, y el orgasmo -sobre todo cuando es al unísono-, concebido como el más cercano a esa unidad. ¿Porque desear la igualdad cuando puede que lo femenino sea más pleno?, más bien deberían sentir “lástima” y empatía por la condición fallida de ser hombre. La vida sexual puede simplemente consistir en esa falta, de ese acto fallido, de los dos sexos buscándose, en la medida que en su inicio un replicador era las dos cosas a su vez. La vida humana, al completo, es la sublimación y pulsión (despejadas de sus influencias freudianas), de ese acto original fallido. O extrapolando a partir de otro concepto: el humano es limerencia (deseo que puede llegar a lo obsesivo hacia la persona idealizada), no de otro humano, sino de una condición primera donde no existían dos sexos. Coincidiría de alguna forma con el vitalismo, o la voluntad de Schopenhauer, o la de Nietzsche, en donde en estos dos filósofos voluntad es un remanente de la fuerza y energía vital del mundo, de la vida, -fuerza ciega y voluntad insatisfecha, aspiración, deseo, dolor, tragedia para Schopenhauer; ímpetu y empuje vital para Niezsche-; pero les daría un sentido, un porqué y un origen, fuera de toda idea espiritual y religiosa, basado mera y exclusivamente en la comprensión de los sistemas complejos vivos y la base de la química orgánica en tanto que auto-replicadores. Más cercano a los planteamientos biologistas de H. Spencer, y el élan o fuerza vital de Bergson y Ralph Waldo Emerson. En todo acto humano “escondemos” la falla, el vacío; viviendo y actuando como si tal falla no existiese. Todo acto humano, en su núcleo, es la sublimación de tratar de llegar a ser un “replicador puro unificado”. Toda activación de la previsión del premio augura, está preñado, de una posibilidad a que el Ser se unifique, convirtiéndose en un en-si, Ser pleno, pues al no estar regado de negatividad de sí, por ser plena afirmación del deseo, se asume como totalidad, que por lo demás no está contagiado del para-si, de la sensación de vacío, pues en su intensidad lo niega. No digo nada que no haya dicho ya arriba, solo que tiene otros tintes: la retroalimentación positiva escapa de la homeostasis y sólo busca sostenerse. Es vitalista, rotura hacia adelante, lucha, no dejarse morir. Por eso el acto creativo, cualquier acto creativo, desde un simple tuit, pasando por inventar el iPhone, pintar un cuadro o crear una canción, hasta llegar a descubrir la radiación por Marie Curie o la relatividad por Einstein, son sublimaciones del acto creador por excelencia, que es el llegar a ser un replicador unificado, al que no le hace falta nada externo; el acto inicial y primigenio por lo que la vida es vida. Eso explicaría porque para mujeres y hombres como Steve Jobs y Madame Curie (Edison, Einstein, María Zambrano, Kant, Schopenhauer, Jane Goodall…) sus actos de investigación y creativos ya les eran para ellos suficientes. Todo creador se cierra en sí mismo como replicador puro. Si profundizamos sobre esta “intuición” podemos comprender la diferencia esencial del hombre y la mujer, y que no tiene que ver nada con lo patriarcal. La mujer está más cerca de ser replicadora, al poder tener hijos, cuestión por la cual ya se puede llegar a sentir plena. El hombre está mas alejado de ese plano existencial del Ser como replicador, es un replicador más fallido, más alejado de lo femenino, luego en él se tiene que dar de forma más exponencial la pulsión y la sublimación a través de los actos creativos. Esto coincide con las teorías de los sistemas complejos: en la mujer las hormonas principales son los estrógenos y la oxitocina, que son inhibidores, retroalimentación negativa que tiende a la homeostasis; en el hombre son la testosterona y la adrenalina, que son activadoras y tienden a la retroalimentación positiva, al desorden, al caos. Veamos el ejemplo más sencillo para entender la retroalimentación positiva: acerca un micrófono al altavoz por el que sale su sonido. Cuanto más alto suene, más alto recoge el sonido el micrófono, que a la vez eleva el volumen del altavoz…, no hay freno, no tiende a ningún equilibrio, crece y crece el volumen sin límite, hasta que se  rompe el sensor del micrófono, o hasta que se revienta el altavoz. Se suele decir que ciertas personas están embarazadas de sí mismas, la película “Steve Jobs” de 2015 es una muestra de ese proceso, donde para Jobs era más importante su empresa, su creación, que su hija. Otro caso es Charles Bukowski, quien llegó a decir que: “no me gusta la gente, sólo me gusto yo mismo“; igualmente afirmó que él nunca se sintió solo, (Vídeo) pues esa sensación de ser un auto-replicador ya llena al que posee tal condición. De común, por la falta de creatividad, de sublimación, el humano tiende a buscarlo en la pareja. Ya sé, se parece a la idea platónica del alma dividida. Puede que esa sea nuestra verdadera falta, para-sí que eternamente busca ser en-si, la división de un ente que debería ser sólo uno: un replicador. ¿Es la familia lo más parecido a esa unidad en lo social? De ser así, ese “hambre” y vacío eterno, lo crea o es una propiedad del sistema complejo al que pertenecemos. La familia como unidad, sería su atractor, su generador de equilibrio. La mujer es complejidad por tratar de “predecir” (intuir) cómo ha de ser esa familia, esa unidad integradora, al encontrarse con cada hombre, tratando de intuir si va a fallar. ¿Cómo selecciona la hembra?, parece magia. Ni siquiera está claro en el reino animal. Al alfa, sí; pero, ¿y entre dos candidatos alfa? Es mágico igualmente cómo un hombre pasa a ser de candidato a patético, ni siquiera la mujer sabe cómo “funciona” esto. Hay reglas y tramas evolutivas que parece que permanecerán por siempre como enigmas; independientemente de lo que se ha descubierto de las feromonas y la compatibilidad de los sistemas inmunes. ¿Busca la mejor familia posible?, en tanto que abstracción. De hecho la familia es esa integración. La humanidad sobrevive por sus hijos. En el hipotético caso que se diera lo que nos muestra la película “hijos de los hombres“, que no se pudiese procrear, la humanidad se suicidaría al unísono. Toda la humanidad buscando su precipicio particular, por el que tirar su vano cuerpo. Por mucho odio que pueda generar lo masculino a la mujer, no se puede -o debería de- llegar a odiar tanto como para despreciar nuestra condición dentro de una unidad que ha de ser lo humano. Ese odio visceral viene de esa otra que es la mujer que ama sólo a la mujer, y para las cuales el hombre, equivocadamente, es lo despreciable de su propio sexo. No soy homófobo, sí voy contra ese odio visceral que he notado en muchas homosexuales, que son las que principalmente están generando el panorama actual más radical de la lucha de las identidades. El contraveneno de ese odio, de esas homosexuales radicalizadas, llegará si alguna vez tienen un hijo y sea varón, y tengan que lidiar con lo que ha de pasar este por ser hombre.

   Me es de interés transcribir aquí uno de los parágrafos de la Wikipedia, sobre la “reacción limerente”, dada su relevancia, y teniendo en cuenta que se ha de hacer el ejercicio mental a que no se refiere a una persona, aunque también, sino o bien al acto creativo, o a ese deseo de restablecer la falla que es todo acto, y que siempre conlleva el deseo de volver a ser unidad, no estar dividido en dos sexos; entre paréntesis y granate intrusiones mías:

   “La reacción limerente es una reacción compuesta, es decir, está compuesta de una serie de reacciones separadas. Estas reacciones ocurren solo cuando las percepciones erróneas se encuentran con la adversidad en el contexto de un romance (deseo de unidad)Tal vez debido a esta especificidad única, las reacciones limerentes se pueden cuantificar y predecir de manera única de acuerdo con el esquema que se describe a continuación.
     La participación aumenta si los obstáculos se imponen externamente o si se dudan de los sentimientos del objeto limerente (lejanía del acto creativo, falla de no encontrar amor correspondido, tendencia a la depresión y las crisis existenciales y de personalidad). Solo si el objeto limerente fuera revelado como altamente indeseable, la lima disminuye (acto creativo fallido, persona que nos defrauda, comprensión de que el vacío no se puede llenar, melancolía). La presencia de un cierto grado de duda hace que la intensidad de los sentimientos aumente aún más (efecto bola de nieve, la resistencia aumenta el deseo, pues nos aleja del estado deseado, atención lo que se acerca esto a los actos violentos). Se alcanza la etapa en la que la reacción es prácticamente imposible de desalojar (estado obsesivo, ya sea del creativo o en el amor, busca sin tregua del sentido de la vida en las crisis). Esta adversidad puede ser superficial o profunda, interna o externa, de modo que un individuo a veces puede generar una profunda adversidad donde no existe (frustración en todos los niveles que puede devenir en ira). También el “romance”, por así decirlo, no necesita estar presente de manera genuina para que ocurra una reacción limerente (prueba que no está vinculado directamente al amor, sino que es algo más esencial).
     El curso de la limerencia produce un patrón de pensamiento más intrusivo (estados de rumiación, que pueden acabar en analítica). Este patrón de pensamiento es un período expectante ya menudo alegre con el enfoque inicial en las admirables cualidades del objeto limerante: su cristalización. Luego, bajo condiciones apropiadas de esperanza e incertidumbre, la limerencia se intensifica aún más (adrenalina y dopamina luchando en el cerebro, entre el placer y el vacío nervioso de la espera).
     Con evidencia de reciprocidad ‘real o imaginaria’ del objeto limerente, se disfruta de un estado de placer extremo, incluso de euforia (el amor Divino de Santa Teresa de Jesús, como ejemplo). Los pensamientos se ocupan principalmente de considerar y reconsiderar lo que es atractivo en el objeto limerente, reproducir cualquier evento que pueda haber ocurrido hasta ahora con el objeto limerente, y apreciar las cualidades personales percibidas como que posiblemente hayan despertado interés en el objeto limerante. En la cristalización máxima, casi todos los pensamientos en vigilia giran alrededor del objeto limerante (reevaluación de si es real o es otro acto fallido). Después de este pico, los sentimientos finalmente disminuyen.
      Se prefieren las fantasías a prácticamente cualquier otra actividad, con la excepción de las actividades que se cree que ayudan a obtener el objeto limerente, y las actividades que implican realmente estar en presencia del objeto limerante (con el tiempo, con la edad, sabemos que nada puede saciar el vacío humano, nos conformamos con sus idealizaciones). La motivación para lograr una “relación” continúa intensificándose mientras exista una combinación adecuada de esperanza e incertidumbre (deseo en vacío, en estado suspendido).” (2)

   Volviendo arriba, ¿porqué aceptamos la importancia de la niñez para analizar los problemas de una persona adulta con trastornos u obsesiones mentales, pero no hacemos el mismo análisis al humano y en donde su niñez es toda su prehistoria?, un niño es como fuera su niñez, un humano es como fuera su prehistoria. Todo es susceptible de tener alguna explicación, buscando en sus orígenes. El león acepta a los adolescentes machos si sabe que son de su sangre. El macho humano no tiene realmente debilidad por los bebés, como lo tienen las mujeres, no les hacen carantoñas, ni parecen tener especial interés; pero sí por los suyos, pues esto se lo da la prolactina. Claro no todo se reduce a la química, los cría desde bebés, crea un tipo de lazo humano, pero no hay que ignorar ese parecido con el león y el papel de la prolactina. La mujer sí tienen ese gusto por todos los bebés, pues como los suricatos o las elefantas, vienen de un tipo de manadas en donde las hembras formaban guarderías para cuidar a todos los bebés, para colaborar y que así fuera una menor carga para la madre: “hoy por ti, mañana por mí”. Todos estos tipos de diferencias entre especies se estudian en la etología comparativa. Si fuésemos descendientes de bonobos seríamos una sociedad muy distinta. Castra a un macho en la niñez y ya no tendrá ninguno de esos síntomas/problemas. El macho es conflictivo en todo el reino animal, sobre todo en los mamíferos, sólo las bonobo, han logrado paliar esa dirección del macho haciendo que esté constantemente liberado en lo sexual. Se nota en sus caras, y no es antropomorfismo. El hombre además tiene el plus de esa deficiencia del Ser de la conciencia y que somos una especie enjaulada. La sentencia final es que sí hace falta el sexo, sea o no a través de la pareja, porque es uno de los baremos que tiene el cerebro para mantener alta la autoestima, el amor propio, el sentirse valorado y dentro de una comunidad. No es por puro placer, por vicio, es una parte integrante más que ayuda a forjar la autoimagen y la identidad. El “auto-sexo” a través del porno no alienta en nada esa imagen, sino más bien la destruye, pues es ver el sexo en otros que uno mismo no puede tener. Por el contrario puede incrementar la autoimagen de perdedor. Con la masturbación no hay suelta de oxitocina, con el sexo sí.

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   Bajo mi punto de vista todo estaba relativamente “bien” antes de la revolución sexual, que si se analiza esta fríamente, seguramente en la mente de los hombres estaría la premisa de “follar como los bonobos”, mientras que en la mente de la mujer estaba la de no ser llamada putas, por el simple hecho de tener sexo por el sexo. En un caso u otro mujeres y hombres no tenían en mente las mismas premisas y finalidades, como se va demostrando con los años, por la dirección que ha tomado el porno, y la situación actual en donde incluso ha adquirido tanta relevancia el pleno consentimiento de la mujer. Estaba bien, no quiere decir que estuviera a la perfección. Puesto que se parte de “maquinarias” distintas, de medios y finalidades distintas, sólo puede darse el conflicto; por ello las relaciones homosexuales son menos conflictivas que las heterosexuales. La evolución, y el paso de los milenios, habían dejado estos conflictos lo más estables posibles. Habían llegado a un estado más o menos homeostático. Con ello no apunto a temas como los de “la mujer en casa y la pata quebrada”, y otros asuntos conflictivos sobre las igualdades. Me refiero a ese juego equilibrado del morbo, donde lo social ponía ciertas reglas para los dos: “yo insinúo algo, pero tú a la vez no tienes que ser descarado, y sólo con el fin de llegar a mi alma, no a mis bragas”. Lo siento, imposible invertir el orden de los géneros como para ser “políticamente correcto”; acepto que una mujer invierta esa trama en lenguaje de mujer y lo transcribo aquí. Por la moda actual del hombre -y de siempre diría yo-, no parece que lo claramente sensual o sexual sea de atractivo para la mujer. Más bien se rechaza a los hombres que lo hacen. De nuevo acepto que me demuestren lo contrario. Las imágenes más icónicas de ese estado previo son las películas de los años treinta, cuarenta y cincuenta. Mostraban a “caballeros” y el acto sexual sólo lo era en tanto que dentro del amor, donde el hombre nunca traspasaba la barrera del consentimiento mutuo. Los finales de los años sesenta acabaron con esa regla. A partir de los 80, las películas hollywoodienses, nos mostraban a parejas que tenían relaciones sexuales en la primera cita, sin que intermediase el amor. Se acabó el “cuento”, el metarrelato, ahora ya no existe aquel lenguaje; en el nuevo sólo reina el desconcierto y las malas interpretaciones, según unas posturas muy concretas de hombres y mujeres, y en donde ya no se “entienden” y todo es susceptible de volverse conflictivo. “Rompimos” las reglas del juego y ahora ya nadie parece saber jugar aquel antiguo juego.

Incremento en la Violaciones

    Con esto quiero enlazar con el escrito anterior. La mirada del hombre incordia cuando no es entre pares, o cuando no es desde un posible respeto. Entra en juego lo jerárquico. Alguien guapa quiere ser mirada por sus iguales o superiores. El sexo estaba bien como estaba, antes de la revolución sexual, porque se mantenía discretamente morboso. Ante el porno, y puesto que la sexualidad es retroalimentación positiva, se ha roto aparentemente la barrera del morbo, puesto que siempre se espera algo más, pues en los vídeos porno así nos lo muestran, una y otra vez. Nos dibujan caricaturescamente que toda mujer quiere sexo por el sexo, a cualquier momento y de cualquier manera, cuando la realidad es muy otra. Cuestión que puede no ser conflictiva para una persona madura, pero que sí lo puede ser para un preadolescente que se inicia en el sexo a través de estas películas. Un caso concreto es el porno de “molestar”, tendencia creada por el porno japonés, en donde se hacen tocamientos sexuales a las mujeres en metros o autobuses. En muchos países se está dando este problema, de tal forma que se han tenido que crear vagones sólo para mujeres. El porno, por lo demás, ha movido los márgenes de lo prohibido. En esa dirección el actual promedio sería tomado hace cincuenta años como obsesivo, pero hoy se ha normalizado. ¿Cómo será dentro de 10 años? La retroalimentación positiva sexual, sin frenos, sin límites, está “creada” por la evolución para los machos. Ya hemos visto los casos de los ratones marsupiales, o de los propios chimpancés, otro caso es el celo del elefante: “el must es un periodo de los elefantes macho, caracterizado por un comportamiento altamente agresivo y acompañado por un gran aumento de hormonas reproductivas. Los niveles de testosterona en un elefante durante el must pueden ser hasta 60 veces mayores que fuera del período para el mismo individuo”, (fuente Wikipedia). A la hembra sólo le hace falta una “monta”, pero no sé de ningún caso, en el reino animal, en el que altere su estado hacia uno de retroalimentación positiva, excepto por el hecho que se vuelve receptiva al sexo durante el celo. En ese sentido el que más se está viendo alterado por el porno, por la salida de la normalidad que trajo la revolución sexual, es el macho… y de forma negativa. Mayor tendencia a la competencia entre machos, más agresividad, comportamientos más instintivos, tendencia a la adicción al sexo y al porno. Y por lo demás, en fin, se han revelado esos otros machos que no tienen vía al sexo, que al final han creado la comunidad Incel, los célibes por imposición de las reglas jerárquicas de las hembras.

    Si se entiende sin prejuicios los patrones del comportamiento del cerebro que he analizado aquí, se ha de entender que el “atacado” en la situación actual es el macho, que no puede ir tranquilamente por la calle, sobre todo en verano, sin que se activen estas rutas mostradas aquí. Es realmente hiriente ser hombre, no tener pareja y por lo tanto sexo, e ir por la calle con las modas actuales. El cerebro se satura de tratar de inhibir que los ojos no se te vayan donde en teoría no deberían. Internet te asalta a cada momento con alguna ventana emergente sexual (dirigida a los hombres), en cuanto te sales de los sitios “legales”. Lo que ocurre con el hombre, en verano por las calles, es como si te estuviesen dando golpes de manera constante e incisiva con el dedo índice sobre el brazo, y extrapolar esta molestia a golpecitos en el cerebro. Se llega al “agotamiento del ego” (egotamiento, “se refiere a la idea de que el autocontrol o la fuerza de voluntad se basa en un conjunto limitado de recursos mentales que pueden agotarse”, Fuente Wikipedia), ¡y además vuelves a casa con un calentón insoportable! Ante esa situación sólo nos queda mirar al suelo; y me pregunto si uno no tiene derecho de ir por la calle con la mirada hacia adelante. Por otro lado no deja de ser extraño, pues tal acto o es “hacer un feo”, o esa mirada al suelo ante alguien es una prueba de sumisión, de nuevo enredar el mapa humano de los signos y los significados. De cualquier forma, esa ha sido mi actitud, mi apuesta, miro al suelo y no existe la mujer, quizás porque son esos extraterrestres invisibles que están en la tierra para no ser vistos. Con todo lo que pueda decir, y ciento y un mil explicaciones lógicas que pueda dar, es una lucha perdida, porque de repente hemos dejado de entender cómo funciona el mundo, cómo la sexualidad humana, y nos hemos topado con esa mujer que dice ser marciana y no entender a los machos terrícolas. Una máxima humana es que no queremos que nuestros enemigos tengan razón. Bajo esta premisa Internet y las redes sociales se están alimentando de odio y más odio, porque realmente no escuchamos (leemos) a la otra parte. En la vida real no lo hacemos, pero en Internet sí. Constantemente me topo con argumentos pobres, de un lado y otro, porque se han vuelto más importantes los argumentos y las razones que la verdad. El evadir la pregunta o el dilema directo, contestando con otra pregunta y un dilema distinto. No queremos ser convencidos, ni en nombre de la verdad, ni en nombre del futuro de la humanidad, si eso supone traicionar nuestra identidad, nuestra ideología. Tan sólo puedo decir y pedir una última cosa: ¡sentido común!, pues parece que se haya perdido. El ir de cierta forma por la calle demuestran dos posibles cosas: 1. que para la mujer no es igual cómo se activa el morbo, o el sistema de previsión de premio ante el sexo si se quiere ser técnico, o 2. aunque sea igual que en el hombre no quieren empatizar si para nosotros es molesto. Y si es lo segundo: ¿porqué nos piden que empaticemos con ellas si ellas no lo hacen con nosotros?, tiene que haber reciprocidad. Las mujeres contra lo primero que deberían de unificar sus fuerzas es contra el porno, o cuanto menos el tendente a traspasar las reglas, como la violación, la violencia o el incesto. Ninguna mujer que se precie, y que precie el futuro humano, de sus hijos en definitiva, debería aceptar esos papeles. En la medida que los acepten, son cómplices del estado caótico de la actualidad. Podríamos probar dos décadas sin porno, a ver si “las cosas vuelven a sus sitio”. Pero, ya, es imposible. El porno ha sido la caja de pandora del siglo XX; los “males” ya no vuelven a la caja, es designio de los “dioses”, en donde dioses aquí se refiere a la imposibilidad que el humano de un paso atrás en su loco correr.

    No soy puritano, soy simplemente racional, y analizo todos los datos de la situación actual y cómo hemos llegado a la presente, a la que yo considero, distopía. ¿Recordareis lo dicho arriba de la reproducción en los mares?, por el paso que va el humano terminará haciendo lo mismo: el macho dejará su semilla en los bancos de esperma, y lo recogerán las hembras. ¡A la evolución de gusta hacer este tipo de bromas y juego de malabares!, ir adelante, no llegar a ningún sitio y volver al principio. Voy a tratar de acabar bien, con un mensaje optimista. Otro mini-programa en el cerebro es el abrazo en la pareja después del sexo. Sin tensión, sin deseo, un estado equilibrado con el que miras y sientes a la pareja como alma con un cuerpo ahora desexualizado. Ha de pensarse la relación del hombre y la mujer desde esta perspectiva y luchar porque perviva.


(1) No estoy reduciendo todo crescendo a lo sexual. Ocurre igual en los últimos tramos de escalar una montaña, salir de la noche al día: los amaneceres, y otros cientos de casos.
(2) En la Wikipedia española la traducción en limerencia y por lo tanto acto limerente, en la inglesa, cuando se usa el traductor de Google a veces lo traduce como limerante y otras como limerente. Debería ser limerancia, pues limerante se acerca más a rom-ance, que es de donde proviene. Ante la duda dejo el caos tal como está. Pues si cambio a limerante tendría que cambiar a limerancia, y ya se ha asentado ese error de base, y nos salen búsquedas en Google por este que debería ser el correcto.

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Un comentario en “Deconstruyendo el Deseo Sexual I

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