Lo que Es y lo que (a)Parece XXXVIII – Epílogo I – La Dimensión Social

El mundo puede ser un caos, pero no carece totalmente de orden.”
Samuel Huntington
Las personas no son más que seres humanos que se han puesto la máscara que se ha ido pasando en Europa a lo largo de las últimas generaciones, y que han acabado asumiendo que era su propia cara.” John N. Gray
“- ¿Con qué propósito nos creamos a nosotros mismos?
– …para los otros.” en la película “Tau”

 

   El (causi)libro o temática definido como “Lo que es y lo que (a)parece” empieza a asemejarse a uno de los típicos libros deconstructivistas de Derrida. De repente me di cuenta de que todo el esfuerzo, que era crear una narrativa de unos escritos aleatorios y que estaban definidos como un ir a la deriva, podía ser un trabajo inútil y que por lo demás al cercenar partes podía perder “frescura”. Esta reflexión me enfrenta a otro hecho. Bien podía haber argumentado (¿o justificado?) que ese ir contra todo, como lo hago en mis escritos al destapar las máscaras de lo que se pretende Ser, era deconstrucción. Pero pienso que el deconstructivismo es simple y llanamente uno de los lados de la dialéctica negativa, como hago ver en el escrito “¿El fin de la postmodernidad y el nihilismo?“. En ese mismo lado está Foucault y ese arremeter contra todo. He preferido mantenerme como persona con ciertos problemas que trata de averiguar los porqués, sin por ello adscribidme a ningún movimiento o técnica. ¿En qué medida ese tipo de autores no son de los denominados por mí como preconscientes?, aquellos que tienen el “destino” de ser el lado negativo de la lucha dicotómica de la realidad humana. El “plan y destino” de la evolución dentro de unos parámetros de un tipo de sistema complejo. En los sistemas complejos se hace uso del concepto de retroalimentación. Este puede ser positivo o negativo, que haga crecer al sistema o que lo frene. En el cerebro, por ejemplo, hay neuromoduladores y vías que son activadoras: retroalimentación positiva, y hay vías y neuromoduladores desactivadores: retroalimentación negativa. Si veo un alimento se activa la vía positiva para llegar al alimento. Si el miedo (ansiedad, estrés) va creciendo en exceso, se modula la vía negativa para frenar ese estado. Lo mismo ocurre con el cuerpo, existen los dos modos de retroalimentación. Por esta misma regla el sistema complejo que es la sociedad humana tiene vías, agentes, o nodos que hacen esas dos funciones de la retroalimentación.

   De revisar todos los escritos, y de los que me vengan a la mente, el capítulo del tema de la normalidad como enfermedad social, llamado “Alfa, dioses y héroes“, debería de ser revisado para quitar todo lo referente al pueblo hebreo, pues aunque lo que postula lo vi en un documental, si se revisa aquí y allá, en lo que concuerdan los historiadores es que no tuvieron porqué existir tales personajes y hechos, sino que se basan en mitos y recreaciones de memoria sobre acontecimientos generales. Por otro lado, el capítulo “Un plan sin plan” debería ser enfocado bajo la perspectiva de los sistemas complejos. Esto es, lo que digo allí no es más que el sistema complejo al que pertenecemos haciendo sus “estragos”, cumpliendo sus premisas. Una de las cosas a tener en cuenta es que la individualidad no cuenta. Que las verdades emergen de la realidad, en forma de memes, de conceptos, y hay quien de repente los “lee”, todo para llegar a una nueva idea o a una conclusión que se sigue de esa lectura. A esa lectura, en muchos casos, llegan varios autores a la vez. En mi caso es curioso las similitudes con Jacques Monod y su libro “El azar y la necesidad”. En el escrito “¿Qué es nihilismo?” arremeto ante los autores y personas que tratan de una manera u otra el “mantener” a Dios en el cielo. Lo hago con el recurso de “la música de las esferas”. ¡Leyendo a Monod me encuentro que él hizo lo mismo y con el mismo recurso!: “Universo sordo a su música, indiferente a sus esperanzas, a sus sufrimientos y a sus crímenes”. Atacando de fondo el mismo concepto escondido: “todas las demás concepciones que se han propuesto explícitamente para dar cuenta de la extrañeza de los seres vivos, o que están implícitamente envueltas por ideologías religiosas como por la mayoría de los principales sistemas filosóficos, asumen la hipótesis opuesta: a saber, esa invariancia está protegida, es una ontogenia dirigida, evolución orientada por un principio teleonómico inicial, del cual todos los fenómenos son manifestaciones” y “la naturaleza no tiene ninguna intención ni objetivo”. Hay que hacer mención especial, por ser otra casualidad y un concepto recurrente, sobre la “intención paradójica” de Milton H. Erickson y  Victor Frankl, al ser la inversa de un concepto que yo he mencionado en otros lugares que se llama “ley del esfuerzo trasformado” (escuela de Nancy, principios del siglo pasado). La cual, esta segunda, dice que toda la energía que use el cerebro para evitar algo, no hace más que reforzarlo, sumando las fuerzas de la atención, la voluntad y la intención. Un ejemplo es fijarte que vas directo a una piedra, con la bicicleta, y todo intento de rehuirla te lleva a “tragártela”; otro más común es tratar de no mirar algo que nos llama la atención, y que la mirada vaya una y otra vez a eso a eludir. La intención paradójica hace uso de ese hecho para evitar esa energía extra que proporciona la ley del esfuerzo trasformado, de tal manera que si uno no ofrece resistencia y además lo hace de forma intencionada, al final logra lo deseado: logra salvar la piedra, dejar de mirar, tartamudear, etc. Con otro autor que coincido mucho, es con Adler y su complejo de inferioridad, aunque en la actualidad se prefiere usar el concepto de baja autoestima. En una gran mayoría de mis escritos se pueden deducir sus ideas, que por lo demás yo no he leído en profundidad. En unos casos y otros, entonces, no es que la hermenéutica sea un método de análisis de la realidad que ha creado el humano. Es un mecanismo que existe y se da dentro del sistema emergente que es la cultura, y por lo tanto de los sistemas complejos. Es un modo que tiene la evolución para “leer” qué sucede en un momento dado, para, por retroalimentación, modular la situación de ese momento a través de esos agentes que yo denomino preconcientes, que bien pueden ser esos igualmente denominados como divergentes. Pero claro, que si uno es consciente de él, dicho sistema, de la hermenéutica, tiene una ventaja, pues lo instrumentaliza, lo usa. Fijarse que deconstrucción y hermenéutica, o mismamente la filosofía, es una “lectura” en profundidad de la realidad. Un hacerse preguntas incómodas o en apariencia inútiles y en algunos casos harto evidentes (tautológicas), no por fijarse o en el árbol o en el bosque, que también, sino por pensar en sus raíces, la savia que les recorre, la forma de las hojas y su intrincado esqueleto. En los sistemas complejos vivos es muy importante la información, base de toda retroalimentación. Precisamente su base, el ADN, es eso mismo: información, y esta para el fin de preservar su invariancia. Las células nerviosas tienen el fin de modular entre una información y un comportamiento. El cerebro mismo tiene ese sentido y finalidad. Siguiendo la misma lógica la evolución ha creado una tipología humana que es el equivalente de una célula nerviosa, y en su agrupación un cerebro (intelectuales, científicos, artistas), dentro del cuerpo o sistema complejo al que pertenece: la sociedad.

   Y he aquí una de las conclusiones, entonces. La superveniencia no se detiene en la emergencia de los grupos sociales, que se derivan de la vida, y esta de las moléculas, y estas de los átomos y esta de las partículas. Otro emergente es la mente humana (conciencia, a través de la palabra) y a partir de esta la cultura. En la muerte o caída del alfa y los reyes, como hago ver en mis escritos, este espacio no podía quedar vació (horror vacui) y lo “cogieron” los conceptos. Hay que recordar las conclusiones a las que fui llegando. La evolución, los sistemas complejos, se van adaptando (por retroalimentación) a las situaciones nuevas. La evolución (a partir de ahora si hablo de evolución hay que pensarla a la vez como regla de los sistemas complejos) fue creando conceptos abstractos. Que un animal multicelular llegue a una situación en la que crea órganos para una función, es debido a esa capacidad nueva de crear conceptos abstractos complejos. Los pulmones como órgano para llevar oxígeno a todas las células es un ejemplo. A su vez el cerebro fue creando atajos o patrones de comportamiento, que igualmente se pueden tomar como conceptos o patrones de comportamiento. Un ejemplo es la deducción y otro la aritmética básica. Aquí de nuevo nos encontramos con los problemas del lenguaje. Yo los he denominado conceptos, y podría haber usado el término de meme. Pero pienso que el meme es un hijo bastardo, y ya en lo cultural, de los conceptos cerebrales. A nivel de evolución esos patrones que se asientan en el cerebro son conceptos, porque no tienen una deriva tan rápida y fugaz, como se da en los propios memes. Se anclan en el cerebro y permanecen ahí. Por el principio de la invariancia, una vez que un sistema vivo toma una vía ontogénica la mantiene siempre que se reproduzca (adaptación). Nosotros, los homos sapiens, somos la reproducción, los descendientes, los herederos, de esos patrones o conceptos que nos hicieron ser. Esa es nuestra naturaleza, nuestro ser, ese que hay que delimitar del aparecer.

   Retomo el tema del que surge estas premisas. Al morir el alfa y los reyes, ese papel lo tomaron los conceptos, ahora vueltos paradigmas. El actual paradigma es el del neoliberalismo, que se banaliza bajo el concepto del sueño americano. Si lo que toma el lugar del alfa, el rey o el líder es un concepto abstracto, eso quiere decir que las multinacionales, o este o aquel hombre de esas multinacionales, no son los “culpables” de la situación actual. Tan sólo son los exponentes del cumplimiento de esa regla. Rellenan esa realidad “pronosticada” o que da sentido al paradigma, son sus agentes, sus nodos. Pero llegar a esta conclusión es, quizás, haber ido demasiado rápido, hay que detenerse en el proceso. Con la conciencia, y de esta la cultura, nació una capacidad del cerebro: la neuroplasticidad. Por lo que se sabe, antes de llegar a sapiens se hacían igualmente herramientas, pero eran modelos que se mantuvieron por cientos de milenios. No debía de ser muy distinto a la capacidad para que un ave haga un nido. Pero de repente hubo un cambio bastante brusco, en donde las herramientas empezaron a tomar muchas formas y funciones. Es de suponer que ese salto emergente (singularidad) fue el de hacia la neuroplasticidad, por medio de poder comunicar a los otros los conocimientos, por medio de la cultura. Aquí se dio una retroalimentación positiva, donde cuanto más rica era la cultura, más se enriquecía el cerebro individual y a la inversa. Los conceptos, en esta fase, ya no están a nivel del individuo, de su cerebro particular, sino que pasan a una nueva dimensión donde se pueden contrastar criterios y puntos de vistas. Los conceptos pasaron a ser memes. Meme y cultura es una y la misma cosa, una misma forma de hablar de lo mismo. Todo lo que se pueda decir de lo que es un meme es aplicable al concepto de cultura. Patria es un concepto especial, de la auto-referencia de un meme (autorreplicación de una identidad o cultura que se transmite y por ello invariancia), que se mantiene porque tiene mucho “éxito”.

   Y he aquí, por estas deducciones, una piedra angular clave para entender mi pensamiento. Cuando un humano individual acepta pasiva o activamente un paradigma hace que este se mantenga. Pero los paradigmas no son algo grabado en fuego. Son una forma especial de meme que se mantienen porque se replican, porque tienen éxito en su reproducción (sigo de fondo con el lenguaje de los sistemas complejos: auto-referencia, retroalimentación, replicación…, hay que leer entre líneas). Si está el actual y no otro, es porque el resto no se adaptó, no se replicó con éxito. Y de igual forma no puede desaparecer si no hay otro que trate de ocupar su hábitat, su “nicho ecológico” social y cultural. En ese sentido los preconcientes, que son aquellas personas que han pasado por una infancia o vida dura, han sido “activados”, se les ha creado un cambio epigenético (en la expresión de los genes), que los lleva de por vida a cuestionar todo lo dado. En definitiva, a cuestionar el paradigma actual que les ha llevado a su situación. Son en ese sentido la negación del paradigma actual (mainstream, corriente principal, en otro lenguaje, Zeitgeist, espíritu de la época, en otro)[1], o dicho en el lenguaje de Theodor Adorno, son la dialéctica negativa. Los preconcientes (divergentes) son la parte activa de la negación del paradigma actual, los que no lo asumen, los que lo niegan… sus “rebeldes” y sus suicidas.

   Queda por hacer una somera genealogía de cómo el paradigma, o meme a este nivel, llegó a ocupar el espacio del alfa o el líder. La evolución pronto “comprendió” que no había que volcar toda su baza en la testosterona (la fuerza). Si lo que emerge en el mundo de las ideas, de los conceptos (información o patrón bien probado), es que estos tienen un gran protagonismo, entonces de lo que se trata no es de que haya un alfa o líder, sino que haya alguien que sea el defensor, el faro, de esa idea o paradigma. El alfa por la simple fuerza fue algo que quedó muy atrás. En los chimpancés, y los animales sociales de cerebros complejos, es importante la política, las estrategias de pactos y estar bien relacionado. Por esa misma fase pasamos nosotros. Al nacer las palabras y las culturas, eso se reflejó en las reglas implícitas de la tribu: sus tabús. A la larga estas devinieron en las religiones y sus leyes o mandamientos. Daba igual quien fuera el Papa o los reyes, emperadores particulares que lo sustentaran, lo importante eran las ideas subyacentes y que se mantenían, posiblemente por la ley de la invariancia. Si una religión perdía esa invariancia se escindía en dos religiones distintas, las cuales tenían que competir por el “nicho cultural” de las naciones (Guerra de los Treinta Años, como ejemplo de la lucha entre protestantismo y catolicismo). Con las revoluciones las religiones perdieron su poder, pero ese concepto subyacente de una abstracción o meme, que era la que mantenía la cohesión, se mantuvo como regla del sistema complejo que son las sociedades humanas. En ese devenir se llegó al actual neoliberalismo. Hay que tener en cuenta el cruce de conceptos: patria y religión pueden ir a la par o divergir: la adaptación al anglicanismo en Inglaterra o el protestantismo en Alemania y otros países. Pero de una forma u otra suelen ir a la par. Siempre ha sido conflictivo el mantenimiento de dos religiones en una misma patria. Una de ellas, la que esté en minoría y sus seguidores o etnia o cultura, corren peligro. Es como una lucha territorial: no puede haber dos alfas en un mismo territorio, igualmente no puede haber dos manadas. Puesto que un paradigma toma el lugar del alfa, tiene sus mismas tramas de supremacía, lucha por el poder y ganar territorios (que igualmente han heredado las Marcas de las multinacionales). Quizás por esta regla la democracia ha fracasado estrepitosamente, porque los opuestos no pueden ser tan distintos como para convivir en un mismo paradigma (patria/ideología), cuestión por lo cual se tiende hacia el centro, hacia la indiferencia de las identidades, a parecer ser iguales. Izquierda y derecha ya nos son diferentes en cualidad, si no en cantidad de tender a un lado u otro de un centro o identidad.

   Queda por rematar el tema de la identidad. Seguía un discurso, pero a través de la lectura de “El azar y la necesidad” de Jacques Monod, y el principio de la invariancia aplicado a lo biológico, parece que hay un substrato del porqué se necesita una identidad a nivel ontogénico. Es una regla que el cerebro, y la conciencia, grabados en el ADN, hereda de las reglas evolutivas, que a su vez lo heredan de la química orgánica. Este principio viene de uno de los conceptos de los sistemas complejos, que es el de la auto-organización, y que es aplicable tanto para crear la cristalización en los minerales, las moléculas complejas, como los aminoácidos, un nicho ecológico o una especie. Una especie es un equilibrio en un ecosistema, habiendo llegado a esa hemostasis, “fija” su esencia, su identidad. Con todo nada está claro en lo humano. Una especie llega a su “hueco” en el mundo, a su “parcela” esencial dentro de un nicho ecológico, como una bola que rota en un cono invertido para al final terminar “acomodándose” en el fondo, ya sin movimiento. Llega a su “hogar”, a su destino, a su ser, a su esencia; pero el humano es una especie sin “hogar”, echada de la naturaleza, rompiendo el equilibrio de todo ecosistema, comportándose como una plaga. Fijarse en lo tentador que es que ese hogar sea el cielo, Dios y lo espiritual. El hogar no es una vivienda, en mi lenguaje, el hogar es un estado, sensación, emoción, que te hace sentir que has llegado a una situación placentera de paz. Como recuperación de la esencia que se es, del alma. Nadie mejor representante del concepto de “sin-hogar” que el artista, espíritu del antiguo chamán devenido en creador, su esencia es no poseer nada, su alma la de tratar de atrapar lo efímero del segundo, de cada sensación, de cada respirar… Sin conseguirlo trata de emular el alma del mundo -de lo real-, en sus creaciones, pues este sí tiene un hogar, como queriendo plasmar aquella “verdad” de poseer una habitáculo y un espacio que les son propios a su esencia. Captar el hogar de cada cosa es captar “su” verdad, su alma. Parte de esta realidad la transcribió Stefan Zweig en su libro “La lucha contra el demonio”, cuyo extracto dejé escrito en otro de mis libros y lo he dejado en un gráfico en Twitter. Si estamos dentro del sistema emergente que es la conciencia, y de este al meme y la cultura, entonces el resultante es que “su identidad” -en realidad no-identidad- es la neuroplasticidad, “aceptando” la cultura y el tiempo en el que nace, como parte de lo que habría de ser una identidad. En realidad la invariancia termina por ser el carácter, que es la expresión de ciertos genes y todos los rasgos de comportamiento -viscerales, instintivos-, que nos une y aún nos liga a lo animal, a lo primate, a lo mamífero, a lo reptil. Cosas como el instinto de supervivencia o de la reproducción (comida, refugio y reprodución). Todo lo demás es aparecer o máscara… apósito. “Alimenta” al animal y serás feliz (retroalimentación negativa, tendencia al equilibrio homeostasis, ser); “alimenta” a la máscara, con un móvil nuevo por ejemplo (retroalimentación positiva, tener), y sólo “alimentarás” a ese humano insatisfecho y sin hogar. Hemos dañado nuestra esencia y pareciera que ya no la podemos recuperar. La ciudades no unen almas, sino soledades; Internet no es comunicación, son imágenes y soliloquios en los que cualquiera puede entrometerse o hacer de voayeur; la aldea global parte de un concepto acertado -aldea que es más sugerente que ciudad-, pero mal aplicado con respecto a lo que es en realidad. Internet no puede ser un hogar, un lugar para encontrar la paz o la felicidad, sólo se haya desasosiego ante tantas voces y almas desconectadas. El único cambio no permutable de nuestra naturaleza es la creatividad, el arte, pues no todos tenemos esa otra condición que es la necesidad de lo espiritual (revisable). Haya tu artista interior y encontrará el camino al hogar. Volviendo arriba, como a la vez -como lo que “hace” al meme y la cultura- es la palabra, entonces al nacer en una patria y con una lengua, somos esa cultura en la medida que dicha cultura, que deviene en patria, sigue de igual forma el principio de la invariancia. Nada más terrorífico que ser apátrida, un humano sin lugar en el mundo. Un suicida, en última instancia, es un humano que siente que nada es su “hogar”. En la medida que “mi” invariancia individual coincida “bien” con la invariancia de mi patria no hay “divorcio”, pero en la medida que no haya coincidencias, o bien habrá rebeldía o bien sumisión, dependiendo del carácter de la persona; de una u otra forma es un humano sin un “hogar real”, proclive a los trastornos y las enfermedades mentales. O sea, yo no me siento español. No soy social, ni me gusta estar rodeado de mucha gente, ni me gusta la fiesta y estar en la calle. Mi carácter encaja más en Suecia: encerrado en mi propio mundo interior y con mis cosas, mis hobbies y mis libros. Pero por lo demás en la medida que se nace en un país y dada nuestra neuroplasticidad el cerebro se “construye” con los constructos, memes y narrativa, de ese país. Hay que hacer hermenéutica aquí. En lo que más se nota es en cosas marginales como el humor, y a la vez en cómo este construye la narrativa y la narrabilidad ese país (“El Quijote” o “La vida de lazarillo de Tormes“, este segundo como manifestación de la picaresca -palabra/concepto “muy español”, casi intraducible- propia de la identidad española de una época dada). A cada humano se le hace más “cercano” ver su propio cine, con su propia narrativa, mitos y su propio humor. Eso no excluye que pueda gustar además otros tipos de humor y narrativas, por ser más “invariantes” con respectos al propio carácter de uno. En mi caso me gusta el humor absurdo de los británicos. De aquí sale otra regla dentro del sistema complejo que son las sociedades: hay que conquistar las otras culturas “inoculándoles” de la propia narrativa, de los propios paradigmas. Así nos lo hace ver Frederic Martel en su libro “Cultura Mainstream”. En ese sentido Estados Unidos ha “invadido” (virus, cáncer) el resto del mundo con su sueño americano y con su lenguaje hollywoodense. En la medida que consumimos su cultura, introyectamos a esta como una parte de nuestra identidad -proliferación y éxito en la replicación de un meme-. Es más, a la larga el cine y el humor de cada país, adopta sus mismos patrones y esquemas, de tal manera que la propia cultura desaparece o se diluyen en esa remezcla o refrito de identidades. Pan son las células que hacen posible esa inoculación, pues se recrea más en adaptarse a los paradigmas de éxito o más extendidos, sin cuestionarlos, sin ver sus posibles peligros. Los preconcientes, en este caso, son los anticuerpos, el sistema defensivo.

   Jacques Monod se pone del lado de Parménides, de Platón, al decir y sustentar el mundo de las esencias, de lo permanente, por el principio de la invariancia. Yo sigo sin tenerlo claro, aun este principio. En la introducción de mi libro “la imposibilidad de la razón” decía que la evolución es como hacer un puré. ¿En qué momento de ese batido pasa de ser patata, zanahoria y puerros a ser puré? ¿En qué momento el homo sapiens pasó a ser sapiens? La invariancia no se puede entender si no se acepta a la vez una deriva, una proliferación de mutaciones en cientos de humanos, de las cuales en alguna de ellas pueda estar el futuro hacia el “siguiente” humano. Seguimos a la deriva, siempre está la deriva. Por lo demás si nuestra invariancia es la neuroplasticidad, es una invariancia hacia la no-naturaleza, hacia un ser que es su nada, su hacer. Nuestra naturaleza es no tener naturaleza, (ver vídeo sobre el gateo en los bebés) siendo esta reducida a lo más básico, y siempre y cuando quede suspendido el prefrontal, esencial en la neuroplasticidad, ya sea por lo emergente o por saturación, perjuicio o daño de dicha zona. Por otro lado, puesto que lo cultural tomó ese papel rector de lo adaptativo humano, el asentamiento se validó como mejor apuesta frente al nomadeo. Bajo esa regla la cultura “obliga” a cada cerebro a asumir como de su propia identidad ese deseo hacia el asentamiento. Pero la evolución no descarta ninguna de las apuestas alternativas, siempre que se repliquen. Los nómadas, la mentalidad de no asentarse, sigue en algunos cerebros que se sienten disonantes con permanecer en un solo lugar y crear un hogar, pues eso es lo que les dicta la cultura en la que nacen. Eso no quiere decir que sean felices. En el fondo de “su” invariancia, sienten que esa no es su forma de comprender el mundo y la vida. O sea, puede que la invariancia permanezca, que existan dos humanos en liza, cada uno con su invariancia, pero eso no da como suma total una sola invariancia en lo humano. Lo mismo se puede decir de otras características. Bajo mi punto de vista puede haber cuatro apuestas o invariancias. El sapiens se cruzó con tres tipos de homínidos en Eurasia y Oceanía. ¿No puede haber cuatros tendencias principales?, cuatro invariancias. Que por lo demás no son reductibles a donde nazcas, pues los genes se han mezclado. Es muy posible que el neandertal fuese más tendente a lo rutinario, a lo sabido; no tenía el “veneno” de “no quedar saciado nunca”, de querer saber qué hay tras de esa montaña o al cruzar aquel río, o atravesar aquel tupido bosque, que es propio del homo sapiens (neofilia, sistema adrenalítico sin freno, que desoye la retroalimentación negativa). De esta forma esos dos conceptos -o invariancias- se heredan en el actual humano, dando dos tendencias que no pueden casar nunca y están condenadas a luchar por el mismo nicho ecológico cultural, y de permanencia en el ADN y por lo tanto en la evolución. Nos definimos por esa sed nunca saciada del sapiens, pero es esa misma característica la que nos crea una constante insatisfacción por la que nunca podemos/podremos ser felices. Esa “insaciedad” es por la que estamos saturando el sistema y a su paso destruyendo la tierra, que posiblemente nos lleve a nuestra propia aniquilación.

   Con todo, tampoco tengo claro si sustentar la idea de la disparidad entre los nómadas y los sedentarios. En otro lugar decía que el humano pronto aprendió a calcular los ciclos rítmicos de las estaciones. Lo que le forzó a pensar en el tiempo de una forma más extendida. La narrabilidad se exponenció en esta larga visión del futuro. Pero el nómada también es aquel que va de lugar en lugar con una meta clara. No es un errante, es alguien que se traza metas, y por lo tanto tampoco escapa de la narrabilidad, de sus tipos de finalidades y dialécticas. Quizás ese estado idealizado simplemente fuera uno anterior, cuando el humano vivía en los bosques y con muchos frutos, tal como viven las tribus de la amazonia en la actualidad. Por el contrario, hay una “posición” humana que sí escapa del tiempo y el espacio. Sin darme cuenta la he descrito en los últimos capítulos al pasar yo por ese estado. Es la de estar perdido de uno mismo: la despersonalización. Por esos casuales Viktor Frankl en su libro “El hombre en busca de sentido”, al describir en la situación en la que se encontraban los judíos en los campos de concentración, hace uso del concepto de “existencia provisional”, que es aquella en la que no se tiene ningún plan o meta, pues no parece depender de uno mismo. Es un término o concepto que no ha terminado de cuajar, si bien es equiparable al término sociológico de liminal, de encontrarse entre dos fronteras o estados de cosas. En estado suspendido. Ese concepto tiene su propia analogía en la etología. Cuando un animal abandona, o es echado, de su manada pasa por ese mismo estado. Es una existencia provisional y liminal, en donde si este no termina de encontrar su lugar, puede llegar a morir. Todo el comportamiento queda alterado, el funcionamiento de su cerebro opera de otra forma. Si se prolonga ese estado, se pueden dar cambios epigenéticos, que provoca que cambie a comportamientos a más arriesgados y en definitiva liminales. Por eso el humano sospecha de las personas solitarias. ¿En qué medida la sociedad actual “empuja” al individuo a una constante existencia provisional, y es lo que notamos y llamamos como crisis existencial y por extensión de identidad?

   En el escrito “Una Aproximación a la Identidad“, dentro del tema “la Normalidad como Enfermedad Social” he dejado descrito el cómo el circuito de ipseidad, en el que intervienen el córtex cingulado anterior, el hipocampo y las amígdalas, crea la narrabilidad. Por otro lado la unión temporoparietal derecha evalúa a los otros, en primer lugar creando la teoría de la mente, y en segundo juzgando las acciones morales del resto de humanos. Mi hipótesis es que estos dos módulos crean dos partes de la identidad. Quizás esta no sea posible reducirla a estos dos módulos, pero sí es muy probable que lleven la principal “carga” o protagonismo en su creación y sostenimiento. El circuito de ipseidad integra la totalidad, pues en su narrabilidad tiene que integrar el otro módulo, pero la unión temporoparietal derecha tiene su propia forma de trabajar y sus porqués. Es en este módulo donde se integran partes de la identidad tan nucleares como la ideología, la religión y la nacionalidad. Veamos cómo.

   En mi juventud creaba amistades con personas que, como yo, pensaran las cosas en profundidad. Algunas de ellas estudiantes de filosofía. Cada encuentro no solía empezar con un hola, sino con alguna contraargumentación de algo dejado en el aire el día anterior. Eso suponía que nuestros cerebros habían estado trabajando en ideas durante esas noches y mañanas. Cierto día le dije, a uno de esos amigos, que el ser no existía. Que no había esencias, siguiendo a Heráclito, que lo que nos define es lo que no somos: que somos aquello que queda al negar lo que no somos, al modo de la sentencia de Sherlock Holmes en “cuando todo aquello que es imposible ha sido eliminado, lo que quede, por muy improbable que parezca, es la verdad”. Mi amigo, evidentemente, tomo esta propuesta con sarcasmos: “!Sí claro, no somos una lombriz, una mesa, un planeta, un electrón… y así hasta el infinito!”. No recuerdo qué argumentaba por aquel entonces, pero nunca he abandonado tal idea. Hoy puedo dar una teoría sobre esta afirmación. Hemos de recordar que el verificador de identidad, el córtex cingulado anterior, está ligado con el hipocampo que es memoria biográfica, y este a su vez es el que crea unas coordenadas 3D del mundo. Casi todo nuestro lenguaje se perfila con este estar en unas coordenadas en el espacio, el propio verbo estar, de las lenguas latinas, es un ejemplo: “estoy bien”, estar es a la vez ocupar un lugar en el mundo, como un definir propiedades de mi ser (estados, emociones…) en el mundo. A lo largo de los escritos, para definir el estado de despersonalización, hacía mención de los hitos: estar perdido de uno mismo es como encontrarse en un paisaje donde no tenemos hitos. Lo explico más detalladamente y mejor. Si me muevo por una sierra, un hito es una montaña con cierta característica que me sirve de parámetro para saber que me muevo de este a oeste al mantenerla a mi derecha, por ejemplo. Los hitos no son las metas, son puntos referenciales, no las propias metas (a veces sí). Tienen en este sentido la negación de ser, o sea se definen como la negación de la meta. Todo referencial es en tanto que no es la meta. Las culturas nacieron con esta misma propiedad. Uno no ve su propia nariz, uno no encuentra en sí mismo su referencial social, su hito. Los hitos son las otras culturas. Me referencio por lo que no soy con respecto a esas otras culturas. O sea, mi cultura es en tanto que es lo que no coincide con las otras culturas. Pero en esa medida necesito de esos referenciales, de esos hitos. Pongamos que otra tribu hace unos platos en forma de media esfera, entonces me percato (la toma de conciencia es siempre una retroalimentación en la que “algo” se altera en el cerebro), que hasta ese momento no lo había hecho, que en mi tribu los hacemos más planos y con cierta elevación sólo en los bordes. Antes de ver el plato de la otra tribu no tenía un referente, no me percataba que mi modo de hacer platos era “único”. El niño, el pensamiento infantil del que partimos, piensa que tal como ve y siente él mismo, es como lo ve y siente el resto de la humanidad, es panmental (¡neologismo al canto!). En ese estado de cosas el niño no ha creado identidad y aún no es capaz de crear memoria autobiográfica, por eso no recordamos cosas de los primeros años. En un momento dado empieza a desarrollar la teoría de la mente, vía  unión temporoparietal derecha, creando la posibilidad de pensar en las intenciones, maneras de pensar y emociones del otro. Al “divorciarse” de esa apreciación panmental, al concebir a los otros como no iguales, como negación que no son lo mismo que yo, es cuando el cerebro crea memoria autobiográfica.

   Creemos otro nivel de complejidad en la trama. Una tribu hace un plato distinto al mío, pero otra lo hace igual que yo; crearemos una mayor empatía con estos últimos. Cuando los microorganismos tomaron una individualidad, a través de crear la pared celular, establecieron que era lo no-yo. Pero esas fronteras no son tan claras. Tomemos el momento actual. La flora bacteriana de nuestro cuerpo no es yo, pero vivimos en simbiosis con ella. En el “trato” hemos “pactado” la no agresividad, pero nunca está claro, pues según se va averiguando, en ciertas condiciones, dichas bacterias nos pueden llegar a atacar, como para crearnos trastornos y enfermedades (incluso cáncer). O sea, esa tribu tiene mi “simpatía” pero no es yo. No es mi cultura. Es de nuevo otra capa de abstracción pues, aunque haga los platos como yo, hace un tipo de vaso distinto al mío.

   Concluyamos sobre dicho tema: si soy en tanto lo que no soy, entonces eso nada dice de mi identidad, sino en tanto que la existencia de lo otro, de la otredad, como no siendo del otro grupo o como la otra persona. Aquí entra en juego una nueva dimensión. Si el otro hace algo en el que yo no tenga un referente, puedo llegar a crear un referente a partir de ese referencial de eso que no es parte de mi identidad del otro. Me explico. La identidad, vista así, es pura máscara, y la recreamos y la potenciamos con tal de mantener los referenciales. Recordar que lo referencial, los hitos, no son las metas, no son ser, son en tanto que no son ser, son negación. El pueblo hebreo fue invadido por los pueblos del mar. Se tuvieron que refugiar y habitar en lo alto de las montañas, tal terreno no es propiamente habitable, y por no serlo los pueblos del mar no los querían, eran ese lugar que al darles igual podían permitir que el pueblo hebreo lo habitase. En ese estado de cosas, en ese medio, los hebreos no podían criar cerdos y sí cabras. Los hebreos se referenciaron con respecto a sus invasores, contra los fariseos, a sí mismos, como los que no comían cerdo, pues los fariseos basaban la cría de ganado sobre todo en este animal. A lo largo del tiempo eso se volvió parte de su identidad: no comer cerdo. Volviéndola metarrelato, mito y tabú: cultura. Hay más ejemplos a lo largo de la historia. Las tribus germanas crearon algo que hoy pudiéramos denominar pantalones. Los Romanos hacían uso de las tecnologías de las tribus a las que conquistaban con facilidad. Su espada corta, que incidió en un tipo de lucha y estrategia militar Romana, la adoptaron de la península Ibérica. No adoptaron el “pantalón” germano porque era una propiedad e identidad de algo que era otredad, que no podía ser parte de su identidad, pues los germanos resistieron largo tiempo sus embates, lo que les “obligó” a crear unas fronteras (pared celular) con estos. En otra dimensión, el “nombre”, la prefijación de una característica propia, esta tan delante de nosotros, como la nariz, que en realidad nosotros mismos no la vemos. Son los otros, la negación, los no-yo, los que al final las nombran y las definen. El nombre, primero de íberos (pertenecientes al río Ebro, río con el que se topaban los invasores), y después de Hispania, nos la “dieron” otros pueblos. La falta de identidad, en este caso de la península ibérica y en otro de los pueblos que habitaban la actual Francia, hizo que no luchasen como unidad, siendo más proclives a ser invadidas por un “concepto” más fuerte y con una identidad más definida como era la del Imperio Romano. Esto no quiere decir que la identidad exista o existiera sin ser vista, en todo caso lo que quiere decir es que ante esa falta de identidad va a ser más susceptible de ser invadida. En definitiva, que si lo que cuenta es una lucha o adaptación más exitosa ante un mismo medio por el cual dos “identidades” compiten, la que esté mejor “definida” en tanto que medios y metas, es la que vencerá. En esa medida la identidad -la máscara- la hemos de asumir no como propia, como esencia o ser, sino como un apósito que nos pueda dar una posible ventaja evolutiva.

   Si se me ha seguido hasta aquí, se comprenderá que la identidad no es real, que sólo lo es en la medida que es una “pared celular” (o la membrana plasmática) que trata de la frontera de lo que no es yo, de lo que no es lo otro. Nos somos, somos en tanto atribución. Siendo así necesitamos constantemente de lo no-yo, para saber dónde está la pared celular, mis límites. No es una realidad interna que surja desde un núcleo, ser o esencia, sino que es en tanto que los límites de lo que “soy” con respecto a lo que no-soy. O dicho de otra forma, la identidad, son las fronteras o límites con respecto a lo que no soy. Cualquiera ha pasado por la experiencia de encontrarse en una habitación placenteramente y que de repente entre alguien al que odiamos visceralmente. La diferencia del humano, con respecto a su análogo de la célula y su pared, es que el humano no se percata de sus “límites”, no es consciente de esos límites, de esas fronteras, hasta que la otredad ocupa su mismo espacio, entra en su “panorámica”. Hasta que esa persona no entró en la habitación mi ser, mi límite, no existía, mi ser estaba “desparramado” por toda la habitación, yo y ese lugar éramos un todo; pero en cuanto entró ese otro al que odio, mi yo se volvió a su concha, a su cuerpo, a los límites de su piel. La habitación dejó de ser parte de mi “ser expandido”. O visto bajo otra analogía: si estoy en mi casa no tiene sentido la desnudez, me “vuelvo” (siento) desnudo cuando alguien entra de forma inesperada y aparezco así ante sus ojos, como visto desde su otredad. Esa es la parábola de la desnudez de Adán y Eva; estos eran “panmentales” y tomaron conciencia de sí por el conocimiento de lo que no eran, Adán no era mujer, Eva no era hombre. Esta estructura es la que trató de definir Sartre y está expresada en su aparente galimatías de frase de que el para-sí (conciencia) es “ser que no es lo que es y que es lo que no es”. No es su identidad, es nada. Pero este trama o estructura de ser en tanto que no ser, no tiene que aparecer, no tengo que ser consciente de ella. O sea, el hebreo no puede negar la legitimidad de no comer cerdo, de que tal regla o paradigma no sea parte de su identidad, que en realidad la creó por el odio que sentía por los invasores, por los fariseos, por lo no-yo, por lo otro. “Todo el mundo debería intentar ser actor, meta ciertamente elevada, ya que el objetivo de toda religión y de todo saber es convertirnos en actores”, nos dice Gurdjieff, extralimitando esta idea al máximo. En ese sentido tenemos que creer que somos esa identidad, que somos en definitiva ese ser que queda al restarnos de la otredad; o como bien lo dijo Sartre: “un ser-que-no-es-lo-que-es y que-es-lo-que-no-es que elige, como ideal de ser, el ser-lo-que-no-es y el no-ser-lo-que-es”. Frente a la posibilidad de ser ese vacío de identidad, de carecer de esta, es preferible la identidad, aunque esta no sea “real”. Es la facticidad del para-sí, de la identidad: es máscara, pero al asumirla como lo propio, o negación de no ser como lo ajeno, la volvemos finalmente piel.

   Lo dicho en los párrafos precedentes lo “confirman” distintas teorías. “En psicología social, la teoría de la peculiaridad sostiene que las personas se definen por lo que las hace diferentes de otras en un contexto particular: «…nos comprendemos a partir de las características que nos distinguen de los demás seres humanos, especialmente de la gente de nuestro medio social habitual (…) una mujer psicóloga en compañía de una docena de mujeres que trabajan en otras ocupaciones piensa en sí misma como psicóloga; cuando se encuentra con una docena de psicólogos varones, piensa en sí misma como mujer». Las personas definen su identidad por lo que no son. A medida que el incremento de las comunicaciones, el comercio y los viajes multiplican las interacciones entre civilizaciones, la gente va concediendo cada vez más importancia a su identidad desde el punto de vista de la civilización. Dos europeos, uno alemán y otro francés, en mutua interacción se reconocerán como alemán y francés. Dos europeos, uno alemán y el otro francés, y dos árabes, uno saudí y el otro egipcio, en interacción se definirán como europeos y árabes. (…) desde la sociología, la teoría de la mundialización o globalización llega a una conclusión semejante: «en un mundo cada vez más universalizado —caracterizado por grados históricamente excepcionales de interdependencia en el ámbito de las civilizaciones y de las sociedades, entre otras cosas, así como por una conciencia generalizada de ello— hay una exacerbación de la autoconciencia civilizacional, societal y étnica»”, citado por Samuel P. Huntington.[2] He aquí otros dos autores que dicen lo mismo con ciertas variaciones y que “demuestra” lo que ya dijera de que las “verdades” emergen en lo social y hay muchos autores que las “leen” a la vez:

“…un pasaje del libro Laws of form (Leyes de la forma), del lógico y cibernético inglés Spencer Brown. El mundo —afirma S. Brown— parece estar creado de manera que pueda verse a sí mismo: «Sin embargo, para conseguir esto, el mundo tiene que dividirse primero; concretamente, en un estado que ve y en otro que es visto. En ese estado cortado, amputado, lo que él ve es sólo en parte él mismo. Podemos suponer que el mundo se corresponde consigo mismo (es decir, que es indistinguible de sí mismo), pero que en todo intento de verse a sí mismo, el mundo tiene que proceder distinguiéndose de sí mismo y, en consecuencia, falseándose a sí mismo”. Citado por Paul Watzlawick en “El sinsentido del sentido y el sentido del sinsentido”.

Nosotros, los observadores nos distinguimos precisamente mediante la diferenciación de aquello que aparentemente no somos, es decir, mediante (el resto d)el mundo.” Francisco Varela

Sin los otros no hay un sí mismo, sin ambigüedad no hay identidad.” Bude Heinz

Cuando explicamos qué es una determinada cosa, ayuda ser claro acerca de qué no es esa cosa.” Damasio

   Siempre nos solemos presentar por lo diferente, por lo que los otros no son -a no ser que de lo que se trate sea el encajar, de ser aceptado-. El término de cristiano, por el que estos se autorreferenciaron, fue una conclusión de la “lógica” de la teoría de la peculiaridad: en una sociedad judía los seguidores de las ideas de Jesús tenían/debían que nombrarse por lo que les hacía distintos: seguidores de Cristo. El sociólogo Robert K. Merton creó el concepto de “grupo de referencia” al analizar ese comportamiento por el cual un grupo, cultura o etnia se referencia con respecto a otro. En otra teoría, la egosintónica de Freud, se nos dice que el cerebro capta aquello que es distinto a nuestras creencias nucleares (ego) y lo postulamos en otredad (egodistónico), formulamos nuestro ego por aquello que nos produce “egodistonía”. De esta manera, y a partir del lenguaje, con frases como “no seas como las chicas” o “eso es cosa de hombres” -de nuevo por aquello que no se era, por lo otro-, es claro que el hombre y la mujer cada vez se distanciaron más y más -independientemente de otros factores- hasta llegar al momento actual, donde este lenguaje -y paradigma- está siendo poco a poco rechazado. En otro plano creamos un marco conceptual[3] (narrabilidad, en realidad) a partir de aquello que no entra en dicho marco. Dicho marco conceptual crea nuestro paradigma, pero a la vez si hay ya un paradigma existente, reajustamos ciertos parámetros individuales para que “encajen” en dicho marco conceptual, porque una premisa fundamental en el humano es la de encajar, la de la pertenencia, la de formar parte de un grupo, como extensión del concepto de familia. Este marco, y en general las creencias y las ideologías, provocan “ceguera mental“, puesto que vemos los errores en los paradigmas y creencias que nos son ajenos, pero nos somos capaces de ver los errores en los que cae nuestro paradigma o creencia actual (identidad). Por ejemplo, desde el inicio del cristianismo se planteó si la “existencia” de un Padre y un Hijo podía seguir siendo concebido como monoteísmo: el arrianismo para solventar el dilema apostaba que Jesús fue creado por Dios y estaba subordinado a Él. La identidad católica tan sólo es una apuesta entre otras que dan un tipo de respuesta a este dilema, que no es nada lógica: nada más complicado como enseñar a un niño que Dios es Uno y Trino. Durante la conquista por parte de los españoles en América, para tratar de determinar si un indígena tenía alma o sólo debía ser un esclavo, se les preguntaban si entendían que Dios era Uno y Trino -incomprensible por pura lógica-, pues la falta de una respuesta positiva beneficiaba a los poseedores de esos esclavos. El que un paradigma “gane” sobre otro lleva implícitas las mismas reglas que las evolutivas en la dimensión cultural. El catolicismo al final “venció”, con respecto a otros paradigmas de diferencias sutiles, porque fue amparado por el poder del Imperio Romano. Un gran “invento” de San Pablo, el “verdadero fundador” del paradigma llamado cristianismo, fue la creación del concepto de herejía, por el cual cualquier “desviación” o interpretación del credo era salirse del paradigma, del dogma, y era algo que estaba prohibido y por lo que se podía ser excomulgado (similar a la expulsión de la familia o la manada, y el caer en una “existencia provisional”, con una posible despersonalización). Lo “creó” sobre todo para “aniquilar” a los arrianos, cosa que no terminó de conseguir, pues siempre se han mantenido de fondo a lo largo de la historia. Con los conceptos de herejía y del dogma -otros ejemplos de cómo la palabras cambian el mundo- el cristianismo creó una verdadera jaula de hierro. Por todas las reglas subyacentes, una vez que el individuo asume una identidad ya no ve las contradicciones que conllevan dicha asunción del paradigma: lo que es máscara para el niño termina por ser parte de la “piel” del adulto.

   Ya vimos que la unión temporoparietal derecha es en tanto que juzga lo que no es mi forma de ver y proceder en el mundo; la otredad, lo no-yo. Crea una teoría de la mente del otro, pero en tanto que lo referencia con respecto a lo propio. Como lo ajeno. Esto no sólo opera en grandes temas como la ética y las diferencias entre las culturas; opera incluso en nimiedades como la manera de fregar los platos. Si veo al otro fregarlos de otra manera demasiado disonante a mi manera de fregarlos, la unión temporoparietal derecha verificada por el córtex cingulado anterior, lo encontrará como disonante o “erróneo”. De este patrón de comportamiento, y ya con la edad, integra todo lo de la cultura propia como parte de la identidad: religión, cultura, idioma, nacionalidad e ideología. Todas estas reglas obedecen al principio de la homeostasis: a la tendencia al equilibrio que deviene a un equilibrio reflexivo, donde las contradicciones no han de existir, y donde la narrabilidad, aquella construcción narrativa que hacemos de nosotros mismos, ha de ser sólida y sin disonancias cognitivas. Cualquier “error”, cualquier contradicción crea caos, crea tendencia hacia la nada, a la pérdida de la identidad y finalmente lleva a la crisis existencial.  El principio teleonómico, por tanto, es un principio de la vida, del animal, de lo cultural humano. Como nos hace ver Samuel P. Huntington: “resultaría ingenuo pensar que un gran número de causas diferentes hayan producido hechos simultáneos y semejantes en la mayoría de las partes del mundo. Un fenómeno universal exige una explicación universal”. Todo animal ha de tener un sustrato que le “marque” una ruta a seguir, en donde medios y fines definen su “esencia”. La neuroplasticidad es nada, en tanto que es una pizarra limpia. Pero la neuroplasticidad no es tal, tan sólo lo es en las capacidades abstractas del prefrontal, de la conciencia en vacío. En la razón computacional en la que puede llegar operar un humano (en la ciencia, por ejemplo). Pero tal neuroplasticidad está llena de sesgos, premisas y funciones que le marcan su forma de trabajar. En esa medida creamos una identidad porque es una premisa de la vida de la que no nos podemos librar. Así nos lo hace ver igualmente Samuel P. Huntington:

La gente no vive sólo con la razón. No puede calcular y actuar racionalmente persiguiendo su propio interés hasta que define su yo. La política de interés presupone la identidad. En tiempos de cambio social rápido, las identidades establecidas se disuelven, el yo tiene que definirse de nuevo y se deben crear nuevas identidades. Las cuestiones de identidad priman sobre las cuestiones de interés. La gente se enfrenta a la necesidad de dar una respuesta concreta a estas preguntas: ¿quién soy yo? ¿a dónde pertenezco? La religión proporciona respuestas convincentes, y los grupos religiosos ofrecen pequeñas comunidades sociales que reemplazan a aquellas otras pérdidas durante la urbanización. Todas las religiones, como dijo Hassan Al-Turabi, ofrecen «a la gente un sentimiento de identidad y una dirección en la vida». En este proceso, además, vuelven a descubrir identidades históricas, o crean otras nuevas. Sean cuales sean las metas universalistas que puedan tener, las religiones dotan a la gente de identidad estableciendo una distinción básica entre creyentes y no creyentes, entre un grupo exclusivista superior y un grupo exterior diferente e inferior.”

   Es momento de tomar un descanso mental, para aquellos que traten de buscar una pausa en la lectura, pues aún queda el recorrido de tratar de averiguar porqué todo esto es así. Sus génesis y sus posibles correlatos cerebrales. Vamos a ello.

   En el escrito sobre la identidad ponía como central en el cerebro el córtex cingulado anterior, el verificador de errores. A lo largo de los escritos lo he tratado bajo distintos aspectos, llegando a la conclusión de que este circuito, en el que están implicados el hipocampo y la amígdala, es al que Sartre llamó como circuito de ipseidad. Lo principal de este circuito es que es como una rotonda, por el que pasa una gran cantidad de calles (circuitos), ya que todo proceso ha de ser verificado, a excepción de que el cerebro opere de forma reactiva ante algún peligro o algo urgente, que en ese caso es instintivo y visceral. Hemos visto que el circuito de ipseidad es el que podemos llamar de autoconciencia, y que además es el que principalmente crea una narración de la propia historia: “somos narradores incesantes de relatos acerca de casi todos los aspectos de nuestra vida”, nos dice el afamado neurólogo Antonio Damasio; concepto al que he denominado con el nombre de narrabilidad. Este circuito no es propiamente el yo (conciencia de sí), ya que el principal módulo cerebral que trabaja sobre este concepto es la precuña (precuneus), si bien hay que tener en cuenta que el yo no es un instrumento o zona en el cerebro, sino un todo orquestado. PrecuneusLa precuña está constantemente activada, y gasta sobre el 35% de la energía del cerebro. Esto da razón a que el cerebro necesita gastar mucha energía en mantener una imagen de sí, en crear un relato de sí coherente y sólido, creando en el proceso una historia e identidad de uno mismo que “encaje” con la situación en la que se desenvuelve en ese momento. Es tan sutil que en cuanto detecta algún argumento endeble, contradictorio o que nos pueda dejar en mal lugar, “revisa” y trabaja en cómo solucionarlo. La realidad no es lo que está fuera de nosotros, no hay un afuera de lo humano en la medida que todo es procesado por el cerebro. Cuando el cerebro recupera una información no es como sucede al abrir un archivo en el ordenador, que al cerrarlo queda intacto, tal como estaba. Al recuperar una memoria se entreteje con las emociones y el hilo narrativo de ese momento, de tal manera que ya ha quedado alterada. Todo en el cerebro es reconstrucción, tanto de la realidad, como la del propio pasado y, en estos procesos, una reconstrucción constante de nosotros mismos, tratando de no perder la coherencia, lo teleonómico. “…el hipocampo no parece ser el “almacén” de la memoria. Más bien, puede funcionar más como una estación de retransmisión. La investigación sugiere que es a través del hipocampo que se involucra a la memoria a corto plazo en el proceso de consolidación (la transferencia a un almacenamiento a largo plazo). Los recuerdos se transfieren desde el hipocampo a la neocorteza lateral más amplia a través de la corteza entorrinal”, fuente Wikipedia. Se puede decir, de forma muy generalizada, que “locura” es todo ese estado donde uno pierde el hilo conductor de estas reconstrucciones. Unas veces en lo externo (paranoias, esquizofrenias), otras veces en cualquier tipo de pérdida o trastorno de identidad.

   Otra zona que hemos analizado ha sido la unión temporoparietal derecha,  en donde se llega a la teoría de la mente: a tratar de averiguar qué piensan o qué intenciones tienen los otros en sus actos. En esa medida esta estructura analiza el comportamiento moral del otro. Es en el que se inicia la posibilidad para el cotilleo, el “arma” de defensa y contraataque más común de la humanidad. El mayor tiempo de diálogo en la sociedad es sobre esto: hablar con personas afines sobre lo que hacen y dicen otros que no nos son tan afines o del que nos convenga saber o estar al tanto para tener una “estrategia” definida hacia ella. telencfalo-1-4-728Todas estas estructuras o módulos están conectados al circuito de Papez, la principal y más rápida vía en el sistema límbico, conectado a su vez con el giro cingulado, vía entre la precuña y las regiones frontales. Un inciso, me imagino que recuerdas la división de la corteza cerebral en cuatro lóbulos: frontal, parietal, temporal y occipital. Pues bien, hay un lóbulo más, llamado ínsula, que es una estructura que permanece debajo del lóbulo frontal, parietal y temporal, como su “corazón”. Es a este al que se puede llamar o catalogar como el portador de la “inteligencia emocional”, aquel que ha de “hilar fino” para desenvolverse de forma “correcta” en sociedad.

   Así llegamos a que la evolución ha creado conceptos y funciones que implican a varias zonas del cerebro para llevar a cabo su trabajo. Unos de esos conceptos, sistemas o funciones es al que se le llama “red de modo predeterminado“. Esta forma de trabajar del cerebro se da cuando no tenemos puesta la atención en nada y el cerebro sin más “divaga” (mente errante) en sus propios procesos, como es el caso de cuando paseamos. Así nos lo hace ver la Wikipedia:

 Se sabe que la red de modo predeterminado está involucrada en muchas funciones aparentemente diferentes:
Es la base neurológica del yo:

  • Información autobiográfica: recuerdos, recopilación de eventos y hechos sobre uno mismo.
  • Autorreferencia: refiriéndose a los rasgos y descripciones de uno mismo.
  • Emoción de uno mismo: reflexionar sobre el propio estado emocional.

Pensando en los demás:

  • Teoría de la mente: pensar en los pensamientos de los demás y lo que podrían o no podrían saber.
  • Emociones de otros: comprender las emociones de otras personas y empatizar con sus sentimientos.
  • Razonamiento moral: determinar el resultado justo e injusto de una acción.
  • Evaluaciones sociales: juicios de actitud buenos y malos sobre conceptos sociales.
  • Categorías sociales: Reflexionando sobre las características sociales importantes y el estado de un grupo.

Recordando el pasado y pensando en el futuro:

  • Recordando el pasado: Recordando eventos que sucedieron en el pasado.
  • Imaginando el futuro: imaginando eventos que podrían suceder en el futuro (que por lo que se sabe lo hace a partir de las imágenes y vivencias del pasado).
  • Memoria episódica: memoria detallada relacionada con eventos específicos en el tiempo.
  • Comprensión de historias: comprender y recordar una narrativa.”

   Esta región o modo predeterminado también se conoce como de “tarea negativa“, frente a la positiva, e implica más al hemisferio derecho. Se sabe que este circuito está más activo en las personas depresivas y ansiosas por el efecto de la rumiación. Esto es: “centrarse” o caer en un círculo cerrado (como físicamente lo es) de pensamientos intrusivos. Cuando me he centrado en el circuito detector de errores, en realidad, al parecer, estaba haciendo mención a este circuito o red. Recordemos que el córtex cingulado anterior está constantemente verificando posibles errores de cualquier tipo. La red de modo predeterminado trabaja con distintos sectores o regiones, o como hemos descrito arriba con varias funciones y sistemas. En la medida que estemos en modo de red predeterminado, el cerebro “regurgitará” todo aquello que en mi lenguaje he llamado “preguntas abiertas”, o sea temas sin resolver o que se resolvieron de forma “errónea” (sean o no morales, Ramachandran dice del hemisferio derecho que es “un detector de anomalías” ). Con la edad, con todas las vivencias que llevamos de carga, es casi imposible que el modo de red predeterminado no se “ancle” en cosas del pasado que no nos gusten, en personas con las que convivimos que nos dan problemas, o una situación social sin aparente salida. Matthew Killingsworth creó una aplicación para iPhone en donde de forma aleatoria preguntaba a los usuarios su grado de felicidad y qué estaban haciendo en ese momento. La gente eran menos feliz cuando sus mentes estaban vagando que cuando estaban ocupados de cualquier otra manera. La distracción mental, la pérdida de atención, también puede conducir a estados de ánimo negativos. Los participantes del experimento de la aplicación informaron deambular más por la mente (mente errante) cuando estaban aburridos, estresados o eran infelices. “La mente errante es causa de que las personas sean infelices”, sentencia Killingsworth a partir de los resultados de su experimento. Sea como fuere si no se sale de este circuito, si no interrumpimos su función, es muy posible que caigamos en uno o más trastornos, desde la depresión a distintos tipos de crisis, pasando por el de identidad.

   Frente a la tarea negativa o circuito de red predeterminada, que ocupa sobre el 47% del tiempo de una persona, está la tarea positiva, con el lado izquierdo (el predominante como lo que nos hace más sapiens) implicando más la atención y a las tareas que impliquen a esta. Así si nos “distraemos”, si ponemos la atención en algo, aunque sea algo tan banal como ver una película o una conversación, la red predeterminada pierde la “atención” o foco de lo central en el cerebro y se deja por lo tanto de “rumiar”. En “realidad” no es así, este circuito procesa en background, cuando aquello que nos “distrae” no nos gusta demasiado, no nos “centra” o secuestra la atención al cien por cien. Por eso ante dolores psicológicos intensos, como el que provoca la pérdida de un ser querido, ninguna distracción “funciona”.

   Ahora hay que tejer todo lo expuesto arriba. Cualquier animal inteligente, y los que lo son menos, tienen ese circuito de red predeterminado. En estos casos lo que hace este circuito es tratar de conectar memorias similares y parejas para hallar posibles soluciones nuevas a sucesos del pasado que fueron “erróneos” o poco óptimos, por si estos dilemas/problemas se vuelven a presentar, tratar de darles una mejor salida. La cuestión de que los dos lados del cerebro sean diferentes es porque da ciertas ventajas. En las aves el hemisferio izquierdo puede centrarse en diferenciar el grano del trigo de los granos de tierra en el suelo, mientras que el derecho “vigila” si algún depredador se acerca. En esa diferenciación el derecho se tiene que “ocupar” de una “mirada amplia” del mundo, mientras el izquierdo se centra en algo más detallado. Con esta “pequeña” diferencia la evolución creó cambios en el diseño de los dos hemisferios:  “así como diferente en el tamaño y la forma de un número de áreas definidas del cerebro, los hemisferios difieren en el número de neuronas, tamaño neuronal (el tamaño de las células nerviosas individuales), y el grado de ramificación dendrítica (el número de procesos conectivos vinculados hacia fuera por cada célula nerviosa) dentro de áreas asimétricas. Hay mayor solapamiento dendrítico en las columnas corticales en el hemisferio derecho, que se ha postulado como un mecanismo para una mayor interconectividad en comparación con la izquierda. La proporción de materia gris a blanca también difiere. El hallazgo de que hay más materia blanca en el hemisferio derecho, facilitando la transferencia entre regiones, también refleja su atención a la imagen global, donde el hemisferio izquierdo prioriza la comunicación local, la transferencia de información dentro de regiones” y “el hemisferio derecho tiene un mayor grado de mielinización, facilitando la transferencia rápida de información entre la corteza y los centros existentes por debajo de esta, y una mayor conectividad en general.”[4] El hemisferio derecho es más holístico, generalizador, buscando soluciones a problemas nuevos, y las relaciones posibles entre todo, igualmente más sensible a buscar patrones o sus roturas: lo nuevo. De hecho, según se va comprendiendo el funcionamiento del cerebro y como nos dice Iain McGilchrist, el lado derecho del cerebro es (era) el maestro, mientras que el izquierdo es su emisario. Pero en el humano todo este “esquema” sencillo se fue al traste. El cerebro crea(ba) sus propios conceptos que implican problemas y sus soluciones más optimas en su mentalés (lenguaje no de palabras), pero el lenguaje pone nombres a las cosas, las nomina, sin dar exactamente con el concepto “original” referencial. Es más, crea nuevos problemas porque ponemos nombres a “cosas” (en su acepción más general) que en realidad “no existen” o que al final creamos por existir tal nombre. ¿”Fallamos” si perdemos la fe en Dios?, eso no le ocurre a un humano que vive en una sociedad en la que Dios no está en su lenguaje, o más claramente a un niño salvaje. En otro plano más banal: ¿un animal, por ejemplo, un chimpancé, es condescendiente con otro? El diccionario de la real academia nos dice que condescender es: “acomodarse por bondad al gusto y voluntad de alguien”. Su etimología proviene de descender, ponerse a la misma altura, por estar en otra más alta. En la actualidad, con una sociedad muy individualista y egocentrista, ser condescendiente es horrible, un “pecado mortal” que el otro no va a tolerar. Bajo el prisma del catolicismo de la Edad Media, y teniendo en cuenta que la base del cristianismo es la compasión, no tendría el mismo sentido, quizás no se usaría.[5] En la película “regreso al futuro” Doc se asombra de la expresión y reiteración de “¡qué fuerte!” que Marty usa una y otra vez, sin entender por qué y su “real” sentido, pues era 1955. En otro ejemplo más claro Tiffany Watt Smith nos dice que: “Hoy en día, ensalzamos la felicidad. Suponemos que la felicidad nos hará mejores trabajadores, mejores padres y mejores parejas; suponemos que nos hará vivir más tiempo. En el siglo XVI, se pensaba que era la tristeza la que ocasionaba todo esto. Incluso hay libros de autoayuda de esa época que alentaban al lector a caer en la tristeza a través de una lista de motivos para desanimarse.”

    El lenguaje tendría que haber encontrado el mismo lenguaje del cerebro, pero por el contrario lo ha enredado todo. Ha creado una capa más de complejidad en el sistema, que ahora se enfrenta a nuevos problemas. El humano, cuando rumia, cuando está en el modo de red predeterminado, lo hace con palabras.[6] Recordemos que el hemisferio derecho trabaja de fondo en todo los posibles “problemas” pendientes, para conectar con distintas áreas y pasados, y encontrar soluciones nuevas. ¿Lo puede hacer realmente con las palabras? En un animal estos procesos se hacían con el mentalés, y sobre todo con imágenes o con aquel sentido que sea el principal en el animal (¿el mentalés del perro son los olores?). Otro dato a tener en cuenta, que es deducible si se lee arriba los procesos que hace la red predeterminada, es que el hemisferio derecho se ocupa sobre todo de lo social y de uno mismo (su imagen) en lo social. Hagamos una pequeña analogía en dos tiempos. La red predeterminada en un lobo puede “procesar” su “actuación” ante el macho alfa a la hora de cuestionarlo al tratar de ser primero en comer la presa y que no le salió bien la jugada, pues se “amilanó” y retrocedió. Este proceso es como una operación aritmética sencilla de suma o resta: fácil de procesar. El hemisferio derecho evalúa cuán válida ha sido la actuación, la fortaleza y seguridad del alfa, y puede deducir que ha sido menos firme que una anterior vez. Deducción: el alfa va perdiendo seguridad, la siguiente vez puede que le venza si arraigo una mayor seguridad en mis acciones. Por el contrario, en el humano, por medio de la palabra, nos encontramos con varios problemas. 1. La sociedad occidental, de arraigo cristiano, donde lo que prima es la creencia en la bondad innata humana, no se concibe al mundo como un terreno de competición y de lucha por el poder. Tal reducción queda anulada por el paradigma bajo el que estamos. 2. Como lo que media en el trato humano es la educación, todo acto de poder está camuflado o bañado de buenas palabras, sin que casi nunca esté claro que el otro haya ejercido poder o sólo sea una apreciación personal errada. 3. hay que constantemente tratar de delimitar las palabras tratando de captar las intenciones del otro y las propias, de nuevo como todo es máscara, todo es interpretación. Toda palabra puede ser en un nivel lato, o puede ser exacta, como de nuevo lo que entra en juego es la interpretación, puede ser sólo una visión subjetiva errada, puede que incluso “usase” esa palabra por desconocer otra más exacta. Ante este panorama cuando la red predeterminada trata de volver la situación a una operación aritmética sencilla no es capaz. Como dice Iain McGilchrist: “es precisamente su precisión y definitoria lo que hace que el habla sea inadecuada para expresar lo que es demasiado complejo, cambiante y ambiguo.” Seguramente el hemisferio derecho “lee” la realidad en su mentalés, las verdaderas intenciones en la desnudez del mundo. Es a eso que llamamos tener una intuición. Pero como ahora lo que se maneja son las palabras, el hemisferio derecho vuelve el problema en una ecuación compleja donde trata y se agota en buscar el verdadero sentido de las palabras y estas con respecto a las acciones y estas con respecto a las posibles reales intenciones de las otras personas.

   Como somos seres de lenguaje nos “conectamos” con el otro con ese medio, pero más que servir de herramienta para entendernos, parece que está hecho para no entendernos; ¿Cuántas peleas y discusiones no se darían si las personas implicadas se supieran expresar bien, tuvieran un vocabulario muy extenso y estuvieran bien conectadas con sus emociones? De ahí la metáfora de la Biblia de los muchos lenguajes. No hacen falta muchos idiomas para llegar a la incomprensión. Por la teoría de las qualias (percepción subjetiva del mundo) cada cerebro es único… y si se es una persona compleja aún más complicado concordar con alguien. Es más, cuanto más compleja se vuelve la sociedad, más compleja y única se vuelve una persona. En la prehistoria era fácil acordar y concordar con otro individuo, todos tenían unos conocimientos claros y prístinos sobre las pocas cosas que sabían y manejaban. En las últimas décadas las distancias mentales entre dos personas, por la complejidad de la sociedad actual, se han vuelto más abismales y demenciales. Pongo un ejemplo sencillo sobre este crecimiento exponencial hacia el caos. Cuando en España sólo había dos cadenas de televisión, que en realidad era sólo una, pues la segunda era demasiado alternativa, todos veíamos las mismas series y películas, por lo cual las comentabas y tenías ese punto en común durante las conversaciones. En un segundo paso había más cantidad, pero poca calidad, con lo cual seguía habiendo bastante concordancia. El panorama actual es que es casi imposible tener series que se sigan en común con el resto de las personas. Hay tal cantidad de series, cadenas y alternativas para ver series, que lo que vea una persona y siga casi le hace aún más única.

   Recapitulando. En cierta forma es como si al ser animales estos “asumieran” la identidad propia, que es la implícita en el ADN, mientras que con la cultura primero y la palabra después, de repente nos diésemos cuenta que aquello que era identidad “programada” y prefijada por el ADN ya no tuviera validez. Un gran danés reconoce como de su identidad a un Chihuahua. El humano al principio, en su “inocencia”, tenía esta misma premisa: reconoció como homínido al neandertal y se “aparearon” con ellos, y llamó “hombre de la selva” al orangután (literalmente quiere decir eso) por serle similar. Más tarde ya no reconocía como de su especie a otros humanos por algo tan simple como el color de la piel. A lo que quiero llegar es que un animal no puede tener pérdida de identidad: es lo que es. No hay medias tintas ni posturas intermedias y confusas. Cuando la cultura humana se sofisticó, por medio del lenguaje, “nació” la conciencia de sí en tanto que conciencia ampliada. Conciencia que sabe que sabe. El conocimiento que un perro tiene de ser perro es sin distancia. Con la conciencia de saber que se sabe se produce un juego de espejos, donde la palabra, como soliloquio interior, crea en ese proceso un aparente navegador dentro de la cabeza, como lo era Kōji Kabuto del gigantesco robot Manzinger Z. Manzinger Z es una entidad y Kōji era otra, que crean una unidad mientras están (accionan) juntos, pero que cambia en cuanto el piloto sale del gran robot, pues este queda inerte y muerto. Caímos de lleno en el dilema de la dualidad, de la cual aún no tenemos una respuesta, ni una salida. El humano dejó de ser unidad para pasar a ser algo que tenía un cuerpo. Con este divorcio se creó una primera pérdida de identidad que es ya una enfermedad congénita y crónica. Heredamos esa dualidad, y cada cual ha de encontrar su propia “solución”. En definitiva, hemos de dar identidad a ese “operador” en el cerebro, distinta a la más elemental y básica que sería la de concebirnos como el animal humano.

   Cada niño ha de pasar por todo ese proceso de darse una identidad, que se supone que acaba sobre los 22/24 años, cuando nos hacemos adultos y asumimos “un” rol en la sociedad. “Perdonamos” a los adolescentes de sus actos pues sabemos que aún están perfilando su identidad. Pero las cosas no son tan sencillas. Uno nace en una cultura u otra, con una clase social u otra, etc. No es realmente una pizarra en blanco, sino una que ya tiene reasignado ciertos roles y paradigmas. ¿Todo es cuestión de si luchamos o no contra dichos roles? No hay un lenguaje claro. Todo es confusión y caos. En la España del siglo XV o asumías que eras católico o podías ser expulsado si te planteabas ser judío o musulmán. ¡Cuidado con ser ateo o de alguna creencia “extraña”, que podías ser quemado por hereje! Hoy ese rol ya no es tan estricto. Pero, claro, cada época marca qué es “herejía” y qué no: esa es una facticidad insalvable. Hoy en día vivimos bajo el paradigma del neoliberalismo, que cual religión marca qué es y qué no es “herejía”. No se puede ser un “triste”, te tienes que agotar en ser alegre y positivo. Tú eres tu propia marca, te has de vender lo mejor posible. La no-venta te excluye de los puestos de trabajo, de lo social y caes en la total exclusión del sistema. Caes inevitablemente en lo marginal, en la exclusión, en la soledad… en la “existencia provisional” de Viktor Frankl.

   En conclusión. El humano es en tanto que el descubrimiento de su “desnudez” (mito de Adán y Eva), de que no tiene en apariencia identidad, que es en tanto la mirada del otro. Con el mito, la Eva desnuda ante Adán y a la inversa, se percataron que eran lo que les hacía diferentes del otro, eran lo-no-otro. Eva con pechos, grandes caderas y la “ausencia” de pene (mito de la envidia de pene que aún perdura), y Adán su alto y robusto cuerpo y su pene. Cubrieron su desnudez porque no se aceptaban como distintos, tenían y ansiaban volver a ser unidad. En realidad ansiaban la unidad densa y sin fisuras por la que cualquier otro animal es lo que es, sin ninguna doblez o dualidad. Lo básico en lo humano es la familia, la tribu era una extensión o familia extendida. Cada familia heredaba ciertos rasgos comunes que los “unía” y los comunicaba como unidad. Otra tribu/familia era lo que no era yo, lo que no era de nuestra identidad. Las culturas comunes primero (hacer un plato de una misma manera, por ejemplo) y las religiones después, se crearon para unificar varias tribus, y para aceptarse en convivencia. En este devenir la identidad no era (no podía ser) ya algo que saliese de lo más profundo que era la subjetividad que representan las qualias, la unicidad que implica la mezcla de dos ADN´S. No era el ego, no el carácter. Devino en aquello que se “debía” ser para formar parte del grupo, para ser aceptado. En realidad ante el miedo de ser rechazado y por ello expulsado, pues por aquel entonces significaba la muerte, como ocurre hoy entre los lobos. Cualquier pensamiento individual liminal de cuestionar esa identidad grupal el cerebro lo tenía que rechazar. En este negar la individualidad y aceptar la identidad grupal, creamos eso que hoy llamamos identidad. Esta realidad truncada, en la que uno ha de asumirse o no como “hereje”, es una tara nuclear en la red de modo predeterminada y es por esto que devino en negativa. Nuestro “pecado original”. La red predeterminada ha de “luchar” desde esta negatividad, desde esta lucha primigenia entre lo que es mi carácter y mi ego, y la identidad que la sociedad me “dice” que he de ser. Pero ¿cómo asumir una identidad grupal cuando la sociedad está en crisis y esto puede ser un signo que dice que el paradigma actual ha de estar “errado”? Es por esta cuestión que toda crisis social produce una crisis individual, una posible crisis de personalidad o existencial, por la cual, en algunos casos, volvemos a viejas “fórmulas” para revisarlas. Durante las crisis profundas la humanidad se vuelve más fundamentalista, trata de volver a sus orígenes en busca de respuestas.

   ¿Dónde quiero llegar? En mis escritos he atacado una y otra vez lo identitario, sin que parezca que pueda haber una verdadera propuesta y definición de mi “ataque”. Una cuestión es defender tu ego, que puede implicar una defensa del color de tu piel, y otra muy distinta es “abrazar” un concepto como el de “afroamericano” en donde este marco implica entrar por un umbral en donde o lo aceptas al 100% o quedas fuera, y de aceptarlo puede que traiciones a tu ego. Este concepto, que puede ser confuso y extraño, es expuesto en la serie “Here and now” -por “suerte” para mí-, en donde el personaje de Jerrika Hinton pasa por este proceso desde lo individual a otro en la que se encuentra sumergida de lleno dentro del lenguaje identitario de los afroamericano; “lugar” que no le resulta cómodo y le crea demasiadas complicaciones y situaciones paradójicas. Nos perdemos entre las luchas individuales, y las de las ideologías y las identidades. ¿Que es mejor luchar en grupo?, ¿no nos damos cuenta que las identidades son la mayor lacra heredada por el humano? En esta pequeña génesis y cronología he tratado de mostrar los cómo y los porqués.  Sería erróneo y contradictorio hacer de esta teoría de nuevo una ideología que hay que abrazar o si no eres un hereje. Mi discurso tan sólo es el canto de un rebelde que no pretende sentar cátedra. Es un porqué soy como soy y me comporto como lo hago, un tratar de definir ese poso que es mi esencia, mi unicidad.

Nuevo descanso y cambio metal.

   El “modelo de personalidad hipostático” nos presenta, en una de sus metáforas, como las arquetípicas muñecas Matryoshka, en donde al levantar una muñeca te encuentras con otra muñeca, sin llegar nunca al núcleo. El núcleo, después de llegar a la última muñeca, es la nada: dentro de ella (no) hay nada. En un juego de espejos sin fin, si se trata de saber qué quiere decir el concepto de hipóstasis, al final no parece llevarnos igualmente a nada:

“(del griego, hypóstasis, sustancia) Literalmente, lo que está debajo; en la práctica, el sedimento, pero no es utilizada en la filosofía griega clásica como equivalente a sustancia, para la cual Aristóteles reserva la palabra ousía y, para el sustrato, la de hypokéimenon. Para los autores neoplatónicos, sin embargo, es sinónimo de ousía, mientras que en las controversias cristianas sobre la Trinidad, los padres de la Iglesia distinguen entre ousía, sustancia o naturaleza, e hipóstasis, persona; el concilio de Constantinopla definió la identidad de sustancia (ousía) y la distinción de personas (hypóstasis) en la Trinidad. El occidente cristiano prefirió, en este asunto, los términos persona y naturaleza. Hipóstasis tiene en la actualidad un sentido metafórico y hasta peyorativo, sobre todo en su derivado «hipostasiar», en el sentido de dar personalidad o sustancialidad a algo que sólo puede tenerla en sentido impropio.” Diccionario de filosofía Herder.

   Tal galimatías y búsqueda a través de los siglos, de nuevo, deviene en nada; en farsa, tal como se usa hoy en día: “consideración de lo abstracto o irreal como algo real”, RAE. Pero si leemos entre líneas nos podríamos quedar con el concepto de sedimento, el poso que hay al fondo, que sin duda es el ego, el carácter, nuestra unicidad, lo que nos hace únicos. Aquello que nos define como individuales, frente a cada personalidad e identidad que “mostramos” en cada situación, persona y personas. La identidad es un substrato vacío, puesto que siempre nos hemos de mover con sutileza dentro de varias “identidades”. Con los amigos somos más “machos” y con la pareja más “femeninos”; inflexibles y seguros con los empleados, y sensible y dúctiles con los hijos más pequeños. Es la narración contada una y otra vez a lo largo de la historia que ha terminado por crear ese proceso al que yo he llamado como narrabilidad, la capacidad y esencia en “perfilarnos” dentro de una trama de una narración en donde uno mismo es el protagonista (“sonder” en el lenguaje de John Koenig).

   Algo que dejé en el aire en una nota al pie de página de uno de los escritos es si el posthumano, ese ser pronosticado por Nietzsche, ¿debería de ser tomado como alguien que no crea en los metarrelatos?, que deje de “creer” en que su propia vida tenga que tener una narrabilidad y al final en ese proceso rechace toda posible identidad. Que cuestione a la propia conciencia de sí en su papel de tejer una historia (narración) de su propia vida. En muchas terapias se usa la desdramatización, el hacer otros papeles opuestos al que uno “asume” cada día. En otras tendencias y ramas de la psicología se estudia la vida como dentro de una trama, en donde uno mismo hace un papel. En la medida de conocer el papel que se está haciendo hay que crear los mecanismos para salir de ese papel (psicología transicional). A mi todo eso me suena a lo mismo que digo yo. No hay identidad. Aparte del carácter (su invariante, el ego en Sartre, frente al yo) todo son máscaras que adoptamos, que aceptamos. Uno puede, incluso, cuestionar su identidad patria. Solemos decir a la gente que se ría de sí misma, que no se tome muy en serio nada. No nos suelen gustar las personas que “dramatizan” demasiado. Pero ¿cómo encajar esta idea y tendencias con lo escrito arriba de la necesidad de la identidad? La evolución ha creado al cerebro para que entreteja una identidad, pues no “soporta” la nada. Todo animal es su teleonomía, pero ¿y si parte de ese ser teleonómico, de esa esencia, sea el crear ese constructo de una identidad para no caer en los trastornos de la ausencia de identidad? Quizás pueda haber una postura intermedia en donde ni la identidad nos “esclavice”, ni en donde nos podamos desprender del todo de ella. Puede que en los ritos de la prehistoria estén las claves. Durante los carnavales pasamos por una dramatización/desdramatización de nuestra identidad, pero a coste de volver a nuestro “papel” en los días siguientes. Tanto las terapias como los carnavales tienen la misma premisa. Se da un divorcio, pero con el “pacto” de volver a restituir la identidad, ahora quizás con una nueva sensación o bajo un nuevo prisma. Bajo esta perspectiva, y bajo esta interpretación del posthombre (que no superhombre, como mal han traducido), ¿Nietzsche se equivocaba? Sin referentes, sin hitos, sin otredad, el hipotálamo no es capaz de crear memoria autobiográfica, no crea conexiones neuronales, se anquilosa y enferma, pues se ha de construir con unas coordenadas y otredades que creen una identidad, y en el proceso una narrabilidad. Siempre hay que tratar de hacer un tercer grado a las palabras. Error viene de la raíz errar, caminar sin rumbo, estar perdido. De nuevo las analogías a los espacios visuales, de la naturaleza, de nuestra época de nómadas. Nuestra naturaleza se basa en un error, porque al entrar por el camino de la identidad sólo erramos. Perdimos el rumbo, las metas básicas que cualquier otro animal tiene sin ningún esfuerzo. Perdimos la naturaleza o esta se quedó como substrato, esencia, ego, y ante su ausencia la identidad realmente no la suplía. Dice Peter Kingsley que “lo que falta es más poderoso que lo que tenemos delante de los ojos. Todos lo sabemos. El único problema es que la ausencia es demasiado difícil de soportar, de manera que en nuestra desesperación, inventamos cosas para echarlas de menos. Todas son sucedáneos temporales. El mundo nos llena de sucedáneos e intenta convencernos de que nada falta, pero nada tiene la capacidad de llenar el vacío que sentimos en nuestro interior, de manera que tenemos que ir sustituyendo y modificando lo que inventamos mientras nuestro vacío proyecta su sombra sobre nuestra vida.” De nuevo un tercer grado a las palabras: logos en griego no sólo quiere decir «significación» o «sentido», sino también «espíritu». Ante el vacío con el que nos encontramos con el nacimiento de la conciencia, de ese saber que se sabe, nos empeñamos que si lo que existía ahora, en ese nuevo vacío, era la palabra, entonces esa palabra era lo que éramos, nuestro espíritu, era nuestra nueva esencia, nuestro nuevo significado y sentido. Pero hoy por hoy podemos decir, después de milenios interrogando a la propia palabra, que la palabra está vacía. Que tras de ella (no) hay nada. En las conversaciones entre Kreuzer y Victor Frankl nos encontramos con el siguiente sustrato:

Kreuzer: Podríamos pensar aquí en el Fausto de Goethe, cuando el protagonista intenta sustituir la frase bíblica «En el principio era la Palabra» con «En el principio era el Sentido», hasta dejarla finalmente como «En el principio era la Acción». Esta transposición sería completamente innecesaria, porque «En el principio era el Sentido» y «En el principio era la Acción» significan lo mismo.
Frankl: Se podría decir: «En el principio era el Sentido, y el Sentido era la Acción». No respondemos a la vida con palabras, sino con acciones. Eso sí, acciones de las que nos hacemos responsables.
Kreuzer: (…) El mundo no es un espejismo. Como dice la frase, si no tenemos más remedio que vivir en la sala de espejos de los engaños, sólo tenemos que colocar bien estos espejos. Si tenemos los espejos bien dirigidos hacia nosotros, de manera que nos sintamos a gusto en nuestro entorno comunicativo, nos podremos dar por satisfechos.”

   El animal es sólo acción. Su ser es ser en acción: “recojo polen y produzco miel, luego soy una abeja”. En el humano la acción ha desaparecido, su poso es “pienso, luego existo”, en tanto que ese pensar y la propia herramienta que usa para comunicar esa esencia es la palabra.

   ¿Hay un rumbo en este escrito?, tiene narrabilidad o sólo es una colección de saberes. Hay que acabarlo. Ha de tener una moraleja, alguna enseñanza. El humano en tanto que individuo, aquel sapiens que dio el primer paso hacia el sapiens sapiens, era tan sólo un individuo. Un animal social no sabe que es un animal social. Se vive como individuo. Ante el dilema de tener que defender o no, si se da un ataque por el color de la piel, y por qué unirse para forma esa entelequia que es ser afroamericano… las respuestas al dilema es sencilla. Si no hubiera una “supremacía blanca”, si la cultura occidental no se hubiera cimentado con ideologías erradas, si el humano en ningún momento hubiera tenido que crear una identidad en comparación con lo que no era, si en aquel primer momento de sentir el vacío de la nada se hubiera tenido el valor de vivir en ese vació, sin tener que tener la necesidad de “vestirse” con el ropaje bastardo que es la identidad grupal, cultural, religiosa o ideológica, entonces nadie, ningún individuo se metería contra el color de mi piel, no habría necesidad de ninguna defensa. Todos seríamos simplemente individuos en acción, individuos en la lucha de sobrevivir, en la indiferenciada naturaleza de sentirnos como un animal entre otros, siendo tan sólo en acción. Un mundo lleno de individuos que no conocerían las fronteras, ni las banderas, ni los idiomas, ni las religiones, ni las ideologías y ni las culturas. Tendríamos que no haber “aliviado” el dolor del vacío con un apósito, con una máscara, masacrando la historia con palabras vacías. Yo vomito saberes de palabras entrelazadas por puro azar y vacías cada mañana. Tendríamos que haber comprendido que no existía una dualidad, que aquello que hablaba en la cabeza no era un ente distinto del cuerpo, que era el cuerpo hablando consigo mismo. El hemisferio derecho haciendo lo mismo de siempre, pero en un nuevo rol, con una nueva herramienta. Pero las cosas no fueron así. Era imposible, tan imposible como pedir a un recién nacido que se comporte como un adulto.

   Ahora somos adultos. El final del siglo XX y este en el que nos encontramos, parece ser el fin del humano tal como lo conocíamos. El sapiens sapiens muere para dar nacimiento a un ser nuevo. La crisis que sentimos ahora es la misma que aquella ancestral que sintió el primer humano que “creó” la conciencia habladora. Con la diferencia de que hoy en día ya hemos agotado todos los cuentos, todos los metarrelatos, y sabemos que tenemos que tomar cartas en el asunto. Estamos en el fin de la historia (humana), en las cenizas de la posmodernidad, de su nihilismo, en el individualismo depredador “implantado/exigido” por el neoliberalismo, y tenemos que reaccionar. ¿Es posible?, ¿hay una historia al final de los metarrelatos? Los profetas han muerto. Yo nada puedo saber, pero bajo mi punto de vista y sabiendo de la fuerza de los anclajes que son las necesidades de la evolución, me temo que no tendremos el valor para hacer nacer a ese nuevo humano, ese posthumano que Nietzsche pronosticó.

   Hoy en día ya no sea acepta el concepto de raza. Se ha sustituido por el de etnia, que implica tanto un origen como una cultura común. La pregunta es: ¿cómo por el simple hecho de nacer en una época dada y en una etnia concreta puede ser un humano tan distinto de otro? Cómo un mismo “aparato neuronal”, un cerebro, puede ser algo tan disonante como un Vándalo de la época de la caída del Imperio Romano, que mataba de un tajo todo lo que se pusiese por medio; una cristiana que se dejaba matar en un circo Romano y abandonar a su hijo recién nacido antes que renegar de su religión; un miembro del ku klux klan del siglo IXX; y un “pijo” (primera acepción) vegano de la actualidad. Cómo un musulmán integrista convirtiéndose en bomba humana; un inquisidor de la España del siglo XVI. Como, en fin, algo tan distinto como una persona de una casta superior en la India, o un ruandés de una etnia matando a los de la otra durante el genocidio de Ruanda, y como un Alemán durante “la noche de los cristales rotos“, o un multimillonario de la actualidad. Creamos “humanos” distintos por una ideología, por una religión, por un concepto… por meras palabras. “Creamos” identidades hechas para matar, para dejarse matar, para aceptar la injusticia, para crear injusticia, para creer en las diferencias insalvables, para crear un divorcio irrompible con el otro: con el de otra casta, clase, etnia, país, ciudad, región, barrio, puerta de otro piso. Ante el inevitable vacío de la nada o falta de identidad humana, ante su neuroplasticidad, creamos una identidad que era aquello que no eran los otros. En ese proceso se coló el concepto inevitable de lo-otro, de la otredad, de que todos somos distintos, de que todo es susceptible de ser tu enemigo, de romper tu pared celular, de infestar y matar tu propia identidad. ¿Cuál realmente si el ente del cerebro debería ser su nada? Destrozamos -invadimos, asesinamos, pisoteamos, encarcelamos…- máscaras para que no destrocen la nuestra propia. ¿Puede haber algún juego más banal, macabro, fatuo e infantil?

   Yo me declaro fuera de este juego. Si la identidad es lo humano, me declaro no humano. Me declaro posthumano.


  [1]  Conciencia colectiva. En “La división de las labores”, Durkheim argumentó que en las sociedades tradicionales primitivas (aquellas basadas en relaciones de clanes, familias o tribus), la religión totémica desempeñaba un papel importante en la unión de miembros mediante la creación de una conciencia común (conciencia colectiva en el original francés)
[2] Samuel P. Huntington, “El choque de civilizaciones”. Este autor, profesor de Francis Fukuyama, el cual es conocido por su escrito “El fin de la historia y el último hombre“, escribió este enorme y profundo libro para rebatir a su alumno. Bajo mi punto de vista no lo hace, pues sí hay una disrupción histórica en el momento actual, en donde lo que está en juego es el concepto de humano tal como se venía usando. La sociedad sueca, presentada en el documental “La teoría sueca del amor”, es una muestra de esta realidad por venir. Por otro lado son debatibles ciertas de sus propuestas, como el decir que la cultura como contagio no cuenta.
[3] Es muy acertado usar el concepto de marco. En el cerebro hay un fuerte comportamiento anclado en su forma de trabajar. El efecto marco (umbral), a partir del efecto puerta, explica por qué al salir de una habitación a otra olvidamos a lo que íbamos. El cerebro es sobre todo visual y asociativo (hemisferio derecho), al salir a ese nuevo espacio es como si el cerebro pasase de página y leyese esa nueva página, con sus propios dilemas y problemas, olvidando casi por completo la página anterior. En otro caso es como ver una segunda película: nuevos personajes, nueva trama y cambio de drama a comedia, por ejemplo. El efecto umbral ocurre tan rápido que se manifiesta incluso con el ordenador. En cuanto se abre otro programa u otra página de Internet, el cerebro conmuta a un nuevo estado y “olvidamos” el proceso anterior. Marco (de puerta, de umbral) además es aquella disposición del cerebro por la cual al ir de una persona a otra “recreamos” una nueva identidad hacia esa otra. Salgo del despacho del director y me trato de mostrar seguro, pero sin caer en lo soberbio, y al salir me encuentro con un compañero con el que siempre salgo de fiesta: nuevo referencial, nuevo marco, “nueva” identidad.
[4] Iain McGilchrist – The Master and His Emissary. The Divided Brain and the Making of the Western World Curiosamente este autor, en este libro argumenta que “el cerebro es –de hecho ha de serlo– una metáfora del mundo.”, similar a lo que yo aduje de que el alma, de ser algo, es la capacidad metáforizante del cerebro.
[5] (buscar condescender en el diccionario histórico español, poner la búsqueda y pulsar el botón de “Concordancia”).
[6] No es cierto que el lenguaje este laterizado, o sea que esté exclusivamente en el lado izquierdo del cerebro (por lo general), como nos hacer ver el Iain McGilchrist en su libro “The master and his emissary”, por el momento el libro más completo y actual sobre el tema.

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Adendum – Posverdad y Percepción de Cuórum

 El origen de los sentimientos es la vida en la cuerda floja haciendo equilibrios entre la prosperidad y la muerte. “ Damasio
Las vidas pueden sostenerse en cualquier frase, pronunciada, impronunciada, impronunciable.” Emilio González Martínez
El ser humano es lo que quisiera ser, no lo que acaba siendo.” Herman Casciari
Ser es música.” Henry Miller

   A diferencia de otros escritos, en donde empiezo con más o menos largos preámbulos, este lo voy a empezar con una metáfora que va directamente al núcleo del tema. Imaginarse un copo de nieve ya incrustado en el suelo, con miles de otros millones de copos de nieve, en una ladera de una montaña. Este habla de su unicidad, de cómo es único en sus formas y multiplicidades de brazos que se expanden uno a partir de otros, creando una armonía única e irrepetible, y el cómo cierto grosor en una de sus aspas hace que se reflecte el sol dando un colorido arco iris a todo su “cuerpo”. Junto a él hay otros millones de copos maravillados por eso que les hace únicos. Es unas horas más tarde del mediodía y el sol, ese día, sin unas nubes que le impidan llegar al suelo, calientan las capas más externas del manto de nieve. En una brecha del desértico blanco, en donde la nieve está menos compactada, el calor llega a una capa más cristalizada, menos unida en sus ramificaciones con la capa inferior. De repente, lo que antes era un copo de nieve, pierde cohesión con los copos de nieves vecinos y genera una ligera rotura que debido a la alta inclinación, de en donde se encuentra en la ladera, hace que se deslice hacia abajo. Ese primer movimiento (efecto mariposa) genera un movimiento en todos los copos vecinos en la misma dirección, de tal manera que va generando una masa cada vez más pesada y grande. Como resultado de ese pequeño cambio y en cadena, se produce un alud que ahora ya sin freno, se desliza pendiente abajo con una fuerza irrefrenable, brutal y desbocada. Imaginarse ahora el copo de nieve “protagonista”, a ese al que le presté una voz. Nuestro copo ahora explica su nueva condición individual a partir de ese nuevo estado. Cabalga junto a miles de millones de otros copos, pero con la suficiente osadía, fortaleza y soltura como para mantener su integridad física. En el movimiento se siente algo así como feliz, como con una meta que él puede calcular y dirigir con inteligencia, osadía y valentía.

   Entro en el preámbulo. En el anterior escrito tenía que haber incluido parte de los conceptos que se volcarán en este, pero al final se me hizo imposible incluirlo sin sobrecargar en exceso el discurso. Fijarse que por mucho que quiera romper con las estructuras narrativas me veo una y otra vez constreñido a mantenerlas. Y fijarse en mi “osadía” en tal intento con respecto al copo de nieve en la metáfora anterior. Creo ser, por delante de todo, una individualidad, pero no soy más que un copo de nieve, ora manteniendo las fuerzas cohesivas en la ladera de la montaña, ora como parte del alud que me arrastra. O sea hay fuerzas que no son parte de mí, sino a la inversa, que yo soy puramente un diminuto e insignificante copo de nieve dentro de unas fuerzas que en muchos casos no comprendo. Si el cerebro es inteligente en tanto que metáfora y esta lo es en tanto que es una narración mínima del mundo, toda metáfora concreta forma parte de una “fuerza” mayor, que incluye todas las metáforas individuales dentro de un orden mayor: la metáfora como constructora de narrabilidad para crear un alma individualizada, con el añadido de crearle la sensación de ser única y soberana. La soberbia no es un pecado, es parte de la identidad del ser humano…, pero no adelantar conclusiones, queda una vuelta de rosca a este planteamiento.

   Con todo, el escrito anterior, ha perdido posiblemente su narrabilidad. Al ir añadiendo frases y  párrafos muy posteriormente, he hecho roturas en la linealidad del texto, con lo que pierde uniformidad, “textura” y cohesión.  El tema central, posiblemente, se ha diluido y extraviado entre tanta interrupción sobre el feminismo. Tendría que volverlo a leer de un tirón para tratar de ver si mantiene su narrabilidad, pero la verdad es que no me da ganas de leerlo ni a mí: demasiado largo y farragoso. Voy a tratar que este sea limpio y mantenga la narrabilidad constructiva de “yo cerebro” (en contra de la frase herrada de “mi cerebro”) y para ello trataré que sea del tirón, pues dejar el escrito para posteriores horas o días, rompe con la narrabilidad estructural. Los dos escritos anteriores los he estado escribiendo por meses, con muchos lapsus de tiempo en los cuales no escribía nada.

   Las dos partes del epílogo están llenos de cortas o largas referencias a otros libros. Puede que no sea muy legítimo e incluso sé que va contra las leyes de los derechos del autor, pero por un lado lo hago para que se vea que no son mis devaneos y por otro porque me ahorro la redacción de ciertos conceptos e ideas que pueden resultar complicado explicarlas para mí, con dislexia en la lectura y la escritura y con afasia nominal (problema en la recuperación de los sustantivos y nombres, debido posiblemente a una encefalitis atípica durante mi adolescencia). Por otro lado no “respeto” los derechos de autor porque no comulgo con sus presuposiciones. He hecho ver una y otra vez que somos sistemas complejos en donde uno de sus parámetros es la concurrencia, esto es: el llegar a las mismas conclusiones o soluciones por varios medios o rutas. Ninguna idea “pertenece” a un humano, pertenece a la humanidad. Ni siquiera es que todo humano cabalga a hombros de gigantes, en el sentido que esos gigantes son grandes pensadores y al ponernos sobre sus hombros vemos desde una altura mayor que la de ellos, pues se suma su altura y la nuestra. Esos grandes pensadores en muchos casos fueron inspirados por cosas mínimas, por vecinos, por la lectura de un artículo en un periódico, que a la vez puede remitir a la vida o suceso de una sola persona o un grupo, etcétera. La vida se basa en un solo concepto: la replicación, la vida compleja es la replicación con variaciones. ¿No se sigue el mismo concepto básico ahora en lo cultural y el saber? Todos son/somos meros replicaciones/replicadores que suman unas pequeñas variaciones a todo lo dado. Adelanto así una idea que había quedado pendiente en el escrito, sobre qué es inteligencia. En los escritos afirmo que el humano no es lo inteligente, que lo que es inteligente es la evolución, en sus dos ramas: en el devenir de las especies, y en tanto que estos generan sistemas complejos. La humanidad, o un humano en concreto, es una manifestación de esa inteligencia, con mayor o menor grado. A su vez dejé en el aire el que inteligencia, en lo humano, pudiera ser la captación de la novedad para crear una idea que cambiaba algo el panorama del saber. Bajo estos dos puntos de vista puedo afirmar que inteligencia es la capacidad que tienen ciertos cerebros para cuando les llega una información nueva, tener la capacidad de saberla encajar dentro de su propio saber. O dicho en una metáfora: imaginarse que el cerebro de una persona inteligente sea un enorme archivador, con cientos o miles de cajetines, que a su vez están dentro de otros grandes cajones, susceptibles de estar dentro de otros mayores. Con tal imagen quiero hacer ver que es un sistema bien ordenado y codificado. Cuando a ese sistema llega una nueva “ficha”, este sabe rápidamente, de forma intuitiva, en qué casillero va dicho dato, encajándolo en ese todo ordenado. A la vez tiene la capacidad de darse cuenta que ese nuevo dato le “obliga” a reestructurar parte de su sistemas de archivado, creando una nueva sección, catalogada ahora con un nuevo concepto o ítem. Por desgracia la mayoría de las personas no tienen esos grandes archivadores, y esa capacidad para ordenar ese gran todo. Viven agregando datos a un archivador sin ningún orden y ninguna lógica. Esta imagen también es equiparable a las grandes bibliotecas. Tal rama ha ido incorporando saber a la hora de ordenar libros. En una biblioteca pequeña los libros se pueden ordenar de forma alfabética por el primer apellido del autor, el segundo y el nombre. Más tarde se ordenaría, presupongo, por dos grandes bloques: humanidades y ciencia, y dentro de cada bloque otros subgrupos.

   En ese tipo de “inteligencia” de un humano concreto ocurre algo que no es único de la inteligencia, sino que es parte de los sistemas complejos. La rotura de la mera suma de partes para llegar a un nuevo tipo de orden o paradigma. En los sistemas complejos a ese concepto se le llama singularidad, o emergencia, en donde el total no es igual a la suma de sus partes. O sea se llega a un nuevo estado que ahora es susceptible de obedecer a unas nuevas reglas. O dicho de otra forma, se ha creado una nueva dinámica o sistema, con sus propios agentes, atractores, tendencia a la entropía, homeostasis y retroalimentaciones. Uno de esos casos es la vida. De repente por una acumulación aleatoria de factores se creó un tipo de química que era la orgánica, que se basaba en su capacidad para la replicación, al principio se creó el ARN y más tarde  se creó una nueva singularidad al llegar al ADN. Todo grado nuevo en la vida es una singularidad en donde entran en juegos nuevas formas de “ordenar datos” dentro de un nuevo todo. Como he dicho en otros escritos, toda novedad  “hereda” ciertos parámetros o constructos del sistema anterior, y no lo puede “violar”: es lo que trata de explicar la teoría de la superveniencia. Una mente humana “normal” no puede crear un “archivador” correcto si no comprende esta estructura del universo, de los sistemas complejos. Mi esfuerzo, el esfuerzo del presente libro es el tratar de divulgar ese conocimiento, independientemente que a partir de estos yo cree mis propias teorías y llegue a cierto tipos de conclusiones, que puedan estar o no erradas.

   Unas de mis conclusiones, a partir de tratar de encajar dos ideas aparentemente opuestas, el humano como individuo, como portador de qualia, de unos alelos concretos, replicador individualizado, y al humano como sociedad; decía que todo humano tiene esta doble tendencia. Con eso quería decir que el ADN porta esas dos direcciones, como dos hojas de rutas o protocolos bien diferenciados. Por medio de la epigenética, el ADN es capaz de “adaptar” su comportamiento -y con ello el de la  persona- dependiendo de la situación de ese individuo en el mundo, hacia más individual, o hacia más social. Tal idea al final he visto que tiene sentido, que se da incluso entre las bacterias, según he ido leyendo el libro de Damasio de “el extraño orden de las cosas.” A tenor de seguir en mi línea de replicar lo escrito por otros, transcribo aquí lo que se nos dice en este libro (se trata de un pequeño resumen que está contenido en distintas partes del libro).

   Cuando un organismo vivo se comporta de manera inteligente y logra sobrevivir en un entorno social, suponemos que ese comportamiento es el resultado de la previsión, la deliberación y la complejidad de un sistema nervioso. Sin embargo, ahora es evidente que tales comportamientos pudieron haber surgido ya en un organismo tan simple como una única célula, a saber, en una bacteria, en los primeros tiempos de la biosfera. «Extraño» se me antoja un término incluso demasiado cauteloso para describir esta realidad.”
(…)
Organismos unicelulares muy sencillos utilizaban moléculas químicas para sentir y responder, en otras palabras, para detectar determinadas condiciones en el entorno, incluida la presencia de otros organismos, y para decidir sobre las acciones necesarias para organizar y mantenerse con vida en un entorno social determinado. Se sabe que las bacterias que crecen en terreno fértil, rico en los nutrientes necesarios para su desarrollo, pueden permitirse vivir una vida relativamente independiente; en cambio, las bacterias que viven en sustratos en los que los nutrientes son escasos se agrupan en colonias. Las bacterias pueden sentir o percibir la cantidad de miembros que forman su grupo y, de una manera que no implica pensamiento, evaluar su fuerza como tal grupo e iniciar o no, en función de ello, una batalla para defender su territorio. Pueden asimismo alinearse físicamente para formar una barrera y secretar moléculas que formen un fino velo, una película que protege al conjunto y que probablemente desempeñe a su vez un papel importante en la resistencia de las bacterias frente a la acción de los antibióticos.
(…)

Este logro es tan extraordinario que puede inducirnos a relacionarlo con capacidades como los sentimientos, la consciencia y la deliberación razonada, pero las bacterias no poseen ninguna de estas capacidades, sino que disponen, más bien, de unos potentes antecedentes de esas capacidades.”
(…)
Las bacterias crean una dinámica social compleja, aunque carente de pensamiento, durante la cual pueden cooperar con otras bacterias, genómicamente emparentadas o no. Si se observa su existencia carente de pensamiento, puede decirse incluso que adoptan lo que solo puede denominarse como una especie de «actitud moral». Los miembros más próximos de un grupo social —la «familia», por así decirlo— se reconocen mutuamente gracias a las moléculas superficiales que producen o a los productos químicos que segregan, que a su vez están relacionados con sus genomas individuales. Pero los grupos de bacterias tienen que habérselas con los factores adversos de su entorno y a menudo tienen que competir con otros grupos con el fin de obtener recursos o imponerse en un territorio. Por tanto, el éxito de un grupo depende de la cooperación entre sus miembros. Lo que puede llegar a ocurrir durante este esfuerzo colectivo es fascinante. Cuando las bacterias detectan «desertores» en su grupo, es decir, miembros que no colaboran suficientemente en la defensa del grupo, los evitan, aunque estén emparentados genómicamente y por lo tanto formen parte de su familia. De este modo, las bacterias no cooperarán con otras bacterias emparentadas con ellas que no lleven a cabo su trabajo dentro del grupo y que, por tanto, no colaboren para lograr los objetivos del grupo; en otras palabras, desprecian a los traidores que no cooperan. Esto es así porque, al fin y al cabo, esas bacterias tramposas tienen acceso —al menos durante un tiempo— a unos recursos energéticos y a una defensa que el resto del grupo logra a un coste elevado. La variedad de «conductas» bacterianas posibles es notable.”

   Si vemos lo estructural de las bacterias, podemos deducir que el humano sigue las mismas reglas y que no ha hecho falta ni un gran cerebro, ni una gran cultura (acumulación de saber por milenios) para crear esas reglas de un sistema complejo. Lo que nosotros vemos como propio del humano no es más que una manifestación compleja y ampliada de conceptos que ya estaban como base en sistemas tan básicos y elementales como las bacterias. Lo que yo dijera de esa doble tendencia hacia lo individual o lo social asentado en el ADN, es un patrón que nos viene desde ese origen tan remoto. En otro caso paradójico, la abejas aceptan la migración si tienen abundancia de alimento, esto es, aceptan a miembros que no son de su colmena, que recordemos son todas hermanas. Pero si hay escasez de alimento entran en juego las guerreras y no las dejan entrar en la colmena. ¿No es demasiado igual a lo humano? ¿Qué nos hace realmente humanos si no escapamos de los comportamientos de las abejas o las bacterias?, esa única diferencia es que el humano lo sabe, tiene conciencia de este saber, de esta estructura de la vida, mientras que otros animales no. Pero ¿de qué nos vale este saber si no lo “usamos”, si no le damos una utilidad que “escape”, que nos haga salir, de esa estructura primigenia?, ¿es un saber inútil?

   Sobre lo que quería hablar en el anterior escrito y que no pude incluir, es el cómo una sociedad (animal social) llega a un punto crítico en la suma de individuos como para convertirse en otra cosa. A lo que me refiero se puede entender en uno de sus modos de manifestarse: las bandadas de animales voladores (insectos, aves y murciélagos) o en los cardúmenes de peces (de nuevo concurrencia, repetición de patrones en distintos y alejados órdenes de animales). El humano no era una especie “preparada” o “pensada” para crear ese “efecto masa“; es una especie de manada de grupos pequeños de como mucho doscientos miembros (durante la prehistoria), en donde no se puede dar esa condición. Una bandada o cardumen pierde su homogeneidad, su dinámica, en cuanto el número de sus miembros llega a cierto número pequeño de individuos. Con la masificación de humanos en grandes ciudades y estos en grandes eventos, el humano llega a ese estado de masa crítica por el cual pasa a ese nuevo estado de “bandada”. De una emergencia en el sistema que ahora obedece a unas nuevas reglas. Unos nuevos descubrimientos han revelado que en esas masificaciones los animales funcionan igual que los fluidos. Así cuando los pingüinos de la Antártida se agrupan para conservar el calor, un pequeño movimiento de uno de los pingüinos produce un gran cambio en cadena. Esos cambios no obedecen exclusivamente a necesidades como la de mantener el calor con respecto a la dirección del viento, un cambio tan aleatorio, como que un solo pingüino se sienta incómodo y trate de acomodarse, provoca uno de sus movimientos de tipo fluido.

   En las bandadas ocurre otro tanto. Mi idea, esa idea que capté como nueva, era que llegado a ese punto, ese “calor” grupal debía de aportar algún grado de satisfacción (alegría, felicidad, activación de dopamina o endorfinas) a cada miembro, lo que era un “componente” más (agente) en ese estado que influenciaba en dicho sistema. O dicho llanamente, que cada ave goza de ese flujo, con lo que eso provoca que quiera permanecer en él, y que se sume a esa danza que ni siquiera pueden ver en su conjunto, o sea que no gozan de sus formas fantasmagóricas bellas, tal como las vemos los humanos, pues están dentro de ellas. Esta idea como nueva para mí, dejó de serla, pues el novelista argentino Hernan Casciari ya lo mencionaba en “charlas con mi hemisferio derecho”, libro con el que me encontré de casualidad al tratar de ahondar más en las conclusiones de Iain McGilchrist en su libro “The Master and His Emissary” (el maestro y su emisario), que trata sobre las diferencias hemisféricas del cerebro humano. De nuevo concurrencia.

   Faltaba dar “cuerpo” a esta nueva idea, un cómo y un posible porqué. De nuevo por casualidad el libro de Damasio me dio la respuesta. Para mí ni siquiera era una nueva idea, ya que la leí cierta vez en el pasado, pero me imagino que “yo cerebro” no estaba “preparado” para “digerir” esa información, como para que fuese parte de un todo. Damasio nos la hace ver, en las ideas plasmadas en sus párrafos de arriba, pues hace uso de un concepto que se llama la “percepción de cuórum” (quorum sensing). Esto nos dice la Wikipedia:

  “En biología , la detección de quórum es un sistema de estímulos y respuestas correlacionadas con la densidad de población . Como un ejemplo, la detección de quórum (QC) permite a las bacterias restringir la expresión de genes específicos a las altas densidades de células en las que los fenotipos resultantes serán más beneficiosos. Muchas especies de bacterias utilizan la detección de quórum para coordinar la expresión génica de acuerdo con la densidad de su población local. De manera similar, algunos insectos sociales usan la detección de quórum para determinar dónde anidar.”

   O dicho de forma resumida, el ADN está programado para detectar la densidad de población y adaptar su comportamiento y el animal y su sociedad, con respecto a esa densidad. Lo extraño -y mi hipótesis- es que las bandadas y cardúmenes hacen uso de ese substrato primigenio para crear algo nuevo, para entrar en una dinámica nueva de un nuevo sistema complejo, en donde se ha sumado algo nuevo. Las bacterias no tienen sistema de recompensa y castigo. En las bandadas y cardúmenes ese sistema se añade a ese sustrato de la detención de cuórum, para crear un estado en donde el individuo busca y trata de permanecer dentro de la bandada por la mera recompensa del sistema de premio, ya sea por endorfinas o por la dopamina. La idea general es que los cardúmenes o las bandadas se den por un beneficio mutuo, ya sea para la caza o para la defensa. Mi conjetura es que además se incorpora a esa finalidad un “agregado”, no esperado y nuevo que aporta una nueva finalidad. El gozo individual de permanecer y ser parte de ese nuevo sistema o todo. Otras de mis ideas es que los sistemas de placer/dolor y otros “heredan” estructuras antiguas, de tal forma que son sus pilares. El habla “heredó” las habilidades del moverse por las ramas entre los árboles (misma zona cerebral), o el hombre y la mujer heredan aquello de la infidelidad física o la emocional. Cuando un ave o un murciélago se une a una manada, la estructura de la detención de cuórum, se suma en tanto que base que hace que se incremente la sensación de placer. O sea que cuando la evolución hace que un animal se “reencuentre” con viejas estructuras, estas se suman con la sensación de ser algo nuclear en su ser, parte de su alma, en tanto que esencia, de lo que es la vida. Mientras que la rotura con esos núcleos primigenios crean dolor, malestar y en el humano pérdida de identidad, que puede devenir en vacío existencial o depresión. En resumidas cuentas, el cómo se estructure el ADN, en un estado epigenético u otro, de alguna forma, a ese nivel, es más coincidente con estructuras o posicionamiento y expresión del ADN que implican un estado “más acertado” o “menos acertado” de esas esencias primeras que han de ser la vida, con lo que se manifiestan, ya en lo humano y en lo social, como estados de malestar o de placer, acertados o incorrectos. Fijarse que Damasio extrapola a las bacterias una “aptitud moral”, y lo extrapola a que ciertas bacterias son “tramposas”, concepto este último que yo he usado en mis escritos al referirme a “las apuestas tramposas“.

   Con estas bases llegamos a lo que debería de ser este adendum, que es sobre la posverdad. La primera vez que leí el término lo llevé a mi lenguaje y forma de ver el mundo. Bajo mi punto de vista el cerebro humano, que lo hereda de la vida y esta de la química, es una máquina teleológica. Esto es, construye las tramas con finales prefijados. La vida se explica por la replicación, luego la finalidad humana, en su sentido más sencillo y básico, es la reproducción. Cuando se entra en la adolescencia, el humano en su cultura, “cree” o siente que su finalidad es el encontrar pareja, pero la “verdadera” finalidad es la de reproducirse. Todo el constructo del adolescente tiene esa finalidad teleológica, dictada por esa finalidad. El humano construye una narrabilidad, se construye como individuo -como identidad-, con una historia, dentro de ese final. Cada final apunta desde su fin cada historia. O sea, que el final es el que cierra el círculo de cada trama o historia. O dicho de otro modo: el cerebro en realidad es como los libros. La historia ya está desplegada en sus páginas, tan solo fluye por las palabras, las frases y los capítulos. Bajo este aspecto cuando se llega a ese final, posverdad, verdad final, cada historia del libro cobra un nuevo sentido. En la película “el sexto sentido” el final trastoca todo el trama, al que ahora hay que darle un nuevo sentido. Esto es a lo que se puede llamar lo teleológico. Veámoslo desplegado en un ejemplo. El humano “explica” la historia buscando un sentido y finalidad a todo. Así si se lee la historia del cristianismo “encajamos” a que todo tenía un sentido cuya finalidad era que el cristianismo triunfase y se expandiese. Cada acto, cada agente, cada pensamiento, vivencias y pensamientos de cada uno de los santos y patriarcas tenían la “finalidad” de que el cristianismo triunfase. En ese sentido es posverdad, pues hay un sustrato desde el final que es el que alumbra y encamina todo. Pero al leer sobre posverdad me encontré con que se refería a otro concepto. A un nuevo estado de las sociedad en donde la verdad ha devenido en otra cosa, en un estado nuevo después de ese otro estado de la anterior que era de la verdad. Una verdad falseada, si se quiere, dadas las nuevas condiciones de “llegar a la verdad”, a través de los nuevos y masificados medios comunicación y sobre todo de las redes sociales.

   En realidad, como dice Iñaki Gabilondo, nada ha cambiado. Posverdad es la misma “verdad” de siempre, siempre alterada y adulterada; escribimos la historia hacia atrás, desde sus finales, y estas visiones suelen ser dadas por los vencedores; sólo que ahora con Internet y las redes sociales de fondo. Mi aportación al tema es tratar de desentrañar una base a todo este tema. Un cómo, un por qué y un para qué. Una mente individual está construida como máquina teleológica, y bajo estas premisas crea estructuras en el cerebro (las crea la evolución de los sistemas complejos, en este caso en lo evolutivo a través del ADN) que concuerden con estas estructuras. O sea construye la realidad -la recrea- para darse la “razón”, para mantener intacto su sentido y su finalidad. Esta regla se sigue en la frase de “para unas manos que son martillos, todo son puntas”. Hay varios sesgos cognitivos que denuncian esta condición (falla) del cerebro, como el sesgo de confirmación: confirmamos en nuestras investigaciones nuestras propias creencias, o el sesgo post-compra, por el cual una vez que has hecho la compra confirmas que es la mejor elección, con tal de no crear disonancia cognitiva o duda que malogre la elección. Lo que tiene de fondo todos estos constructos es que uno ha de validarse como ente individual que se ha de replicar. De esta forma todo el universo es una “explicación” al propio ser individual, a su propia replicación como la más válida entre todas las posibles. Puede parecer exagerado tal pretensión y que cada uno lleve implícita esta regla tan exacerbada en su potencialidad, pero sólo así se puede entender que para un cristiano todo, hasta la última mota de polvo interestelar, tenga un propósito y sentido dentro de los planes de Dios, de sus creencias.

   En el fondo es el mismo mensaje que la teoría del “gen egoísta“, que quizás sería mejor describir como egotista: “sentimiento exagerado de la propia personalidad”, del propio ser, o esencia, de su propia apuesta como replicadora universal. Cada animal se tiene que autoafirmar como la mejor de las apuestas evolutivas, pues pensar lo contrario sería no haber entendido el juego evolutivo. Un perro que se negase como perro, no se reproduciría, no querría que hubiese otra copia errada de ser perro: se tiraría por el primer barranco que se encontrase. En ese sentido todo animal es una apuesta teleonómica, que ha de mantener su identidad, que implica un porque, un cómo y un para qué o finalidad. Si esto es así, si la vida tiene esta premisa, cada acto, cada sentimiento y pensamiento han de seguir esta misma regla. Cada humano ha de auto-confirmarse (validarse) en cada uno de sus actos. Construye su identidad con la premisa teleológica de una totalidad que se va desplegando. Como una posverdad que explica cada acto, al igual que un libro tiene esa misma estructura que se despliega. Es feliz en la medida que se mantiene fiel a esta regla primigenia; es nada, es ausencia de ser, es un “ente encogido”, enclaustrado en su negación, deprimido, en la medida que la niega. Como en el caso del perro buscará el cumplimiento de esa negación a través del suicidio. Apostar por vivir o suicidarse, así, son el ADN desplegándose en su multiplicidad de adaptaciones válidas, o el ADN negándose a crear cambios epigenéticos que no son válidos y nieguen sus reglas y principios nucleares.

   Con esto llegamos a la posverdad en la era de la información y las redes sociales, que en realidad es infoxicación. Hemos visto en los escritos que el humano es un acto propiamente fallido de la evolución, pues conlleva ese saber que sabe, que en apariencia no tiene sentido, pues no lo “usa” de forma plena. Lo hemos visto en ejemplos como el de la migración de las abejas o los comportamientos de las bacterias. El comportamiento humano no parece variar con respecto a estas por el mero hecho de saber. La conciencia de sí, en tanto saber que se sabe, tiene la capacidad, además, de cuestionar lo que el humano es en tanto que identidad. Si pongo en cuestión lo que soy, lo que ahora soy es en tanto que cuestiono lo que soy. Soy en tanto que libertad, y en tanto que libre he de elegirme ser lo que soy, frente a una posible naturaleza ciega, como la que plantea “el gen egotista”. Se cierra en un circuito de ipseidad (red de modo predeterminado), que o bien sale de ese circuito afirmándose como identidad legítima (auto-engañándose, mala fe), o bien se queda en ese circuito, que deviene, como hemos visto, en el síntoma del auto-desorden, propio como para poder caer en la esquizofrenia.

   Ante esta situación sólo parece haber una salida, apostar por una identidad, algo que mantenga la estructura por lo que la vida es vida y el ADN es lo que es: un ente auto-replicador. En esa medida el humano, y ya en lo social, crea identidades postizas, falsas, que tiene dos finalidades: 1. conservar la preservación de la identidad, 2. formar parte de otra identidad mayor que son los grupos. Toda apuesta identitaria nace bajo estas taras y defectos, y no suplen en nada el parámetro teleonómico del ADN y teleológico del cerebro, pero “funcionan” en tanto suplen su carencia, con lo que todo humano se auto-programa para ser aceptado en los grupos (identidades religiosas, ideológicas y de género) y desplegar desde esos grupos su individualidad, sus propios puntos de vista replicadores, e ignorando que cualquier opinión, por vaga que sea, puede generar un efecto de bola nieve de finales imprevistos.

   Si se me ha seguido hasta aquí, todos son posiciones falseadas que están “obligadas” a preservar la isla identitaria a la que pertenecen, y ponen todo su empeño y armas para que sea así, pues de lo contrario, todo ataque a su isla es al fin y al cabo un ataque a su propia identidad, y por ello a su propia apuesta de vida y en última instancia a sí mismo como vida. Toda variación externa humana, o rasgos fenotípicos, son variaciones en alelos, y esas variaciones han creado las islas identitarias de las razas y más tarde de las culturas y las religiones de los países (orgullo patrio). Bajo esa perspectiva pierden de vista los fines mayores, que son la preservación de la propia identidad humana como especie, que está enclavada en unas dimensiones y un panorama mayor que el mero defender la propia isla identitaria. Lo que quiero decir es que en la desmedida de crear una identidad pierden de vista lo teleonómico propio del humano, como si una especie se bifurcase en dos. Como si fuésemos por ejemplo gorilas y chimpancés que ya no pueden ser otra cosa que enemigos. La posverdad actual, bajo esta premisa, es la verdad de siempre, -la historia en tanto escrita por los vencedores, verdad teleológica condenada a auto-confirmarse-, solo que ahora aquellas luchas identitarias no son por las fronteras, por las banderas o las religiones sino por cosas tan nimias como el género. Las feministas “re-construyen” la historia bajo la perspectiva de haber sido “dominadas” por el macho, por el patriarcado. Quien niegue esta realidad está contra ellas y son parte del patriarcado. Todo acto humano se re-evalúa bajo esta nueva visión teleológica. Lo que antes era galanteo ahora se llama acoso (y esto no excluye que lo pueda haber), ponerse atractiva ahora es sólo manifestar su individualidad, etc. Las madres ahora ven aceptables casi cualquier comportamiento en sus hijas, con tal de no renegar de sus creencias feministas. San Fermin nueva mujer¿Qué madre puede estar orgullosa que el acto de la adolescente de la foto adjunta la pueda hacer su hija?, que madre puede estarlo de que su hija gane dinero exhibiéndose en webcam sexuales, sobre todo cuando no es para sobrevivir, si no para mantener su alto nivel de vida con un iPhone, conexión a datos de alta velocidad, etc. Se acusa al macho de doble moral, que se queja de este nuevo estado de las cosas y que lo consuma. Al macho le vale con su imaginación, pero mientras tanto se “aprovechará” de los “errores” de las adolescentes, pues este es el sino de ser macho. Las adolescentes, se quiera o no, al final con la madurez, renegarán de lo que han hecho y lo tratarán de ocultar. No me imagino a una abuela enseñando a su nieta, como buen ejemplo, sus vídeos de cuando tenía 19 años en webcam sexuales (aunque todo puede ser). La regla moral más válida sería: “haz sólo aquello de lo que estuvieses orgulloso/a de enseñar y compartir con tus nietos”. No quiero ir por esa dirección y redundar en ejemplos, para no volver a perder el rumbo de la narrabilidad del presente escrito.

   Quedan varios interrogantes y tramas sin cerrar. Bajo mi punto de vista el humano logró, a través de la danza y la música, en su estado como tribus, llegar a ese estado de percepción de cuórum, sin necesidad de llegar a un número alto de integrantes del grupo. Al bailar a un mismo ritmo, se sincronizan los corazones, que a la vez sincronizan sus osciladores biológicos, que a la vez repercute en la cadencia del cerebro, en sus pensamientos y habla, y al final en el canto y sus emociones. El actual estilo de “rock stoner” actualiza aquel tipo de música hipnótica, y que a diferencia de la psicodélica, es marcadamente más rítmica; a destacar el grupo Heilung que ha ido un paso más allá al retomar aún más esas raíces. Es muy posible que la danza y la música repercutiese en su evolución hacia la colaboración, además que fuese muy posiblemente la música la que creó o aceleró el lenguaje. Las ciudades primero y los eventos de conglomeración después, incrementaron esa sensación. En gran parte la percepción de cuórum interviene en la creación de las identidades, sobre todo durante las manifestaciones. Asombra ver el parecido entre los pingüinos de la Antártida y lo que sucede en La Meca. Parece que cierta parte de la humanidad es más feliz cuanto más se imbrique en esos estados: estadios deportivos, discotecas, conciertos, etc. (momento rave en Matrix) Se prefiere bajar a ver el fútbol a bares que en la soledad del hogar; al gritar un gol en unidad con tu comunidad, con tu identidad, se incrementa el estado de felicidad. Yo lo he sentido, pero siempre he renegado de ese sentimiento, no voy a eventos multitudinarios, y no es por fobia social, sino por mera elección de renegar de ese estado, pues cual droga, da una falsa sensación de pertenencia, es ilegítima, pues en realidad el mundo es injusto y lleno de desigualdades, luchas y jerarquías. Ese sentimiento sólo fue legítimo durante nuestros primeros pasos como humanos, cuando pertenecíamos a tribus cuya base era la familia extendida. Quizás el humano al unirse en conciertos y eventos multitudinarios quiera recuperar esa emoción primigenia, pero de nuevo no es más que otro tipo de máscara, no de realidad. Añoramos un pasado que quizás nunca fue, pues en nuestra cabeza todo es siempre más poético.

   Vuelvo y cierro con el ejemplo del copo de nieve. Decía que pareciera que la soberbia es su signo, el signo de la individualidad, el signo con el que nos preña la evolución, que se incrementa en los mamíferos y sobre todo en el humano, pues su niñez lo es en tanto que acaparadora de la atención de la madre, de los adultos y por lo tanto del mundo: la mínima conciencia del niño lo es en tanto que siendo y sintiéndose como el ombligo del universo. Somos animales acaparadores de atención, y por lo tanto capturadores del resto de las libertades. Pero ¿se puede mantener esta soberbia a través de lo que vamos conociendo, en parte expuesto en este escrito?, ¿estos saberes nos claman para que seamos humildes? En el caso del copo de nieve forma parte de varias estructuras físicas o sistemas en donde la individualidad no cuenta, es un mero ente en el manto de nieve y es un mero engranaje cuando se produce el alud, pues lo que vence son esas fuerzas mayores. En el caso del humano, si se sigue lo dicho en el presente escrito, se “nos está diciendo” que somos meras motas de polvo dentro de grandes estructuras que ya estaban prefijadas desde el principio de la vida. La conciencia no es el mayor logro de la evolución; sí lo es el hecho que por mera casualidad, que fue “como lanzar un dado y sacar un 1, un millón de veces seguidas”, nos dice Jerry Linenger, hecho fortuito que para que sucediese posiblemente tuvieron que pasar unos dos mil millones de años, donde un microbio, que se iba a alimentar de otro, no lo “ingiriese” y terminarse por formar parte de ese microbio, a través de la endosimbiosis seriada, como para formar un nuevo orden de seres vivos, los eucariotas, y cuyo microbio “ingerido”, la mitocondria, es la que da la energía a ese nuevo organismo por medio del oxígeno. Toda la vida compleja que el humano pueda imaginar, desde la hierba, o un árbol, o una flor, o el coral, a una medusa, a un atún, a una serpiente o a un perro, es descendiente de esa rara casualidad, y entre ellos el hombre y su conciencia. Por esa rara casualidad de ese microbio que no “ingirió” ese otro y trabajasen en común (el animal le protege y “centraliza” las funciones con su núcleo donde se encuentra el ADN, el vegetal le da la energía), como para al final ser unidad, los científicos saben que sí debe de existir vida microbiana en otros planetas, pero que sea algo mucho más remoto que exista vida más compleja. La conciencia no es un todo o nada, que se tiene o no se tiene, hay otros animales que comparten con el humano ciertas de sus propiedades. Si el humano se extinguiese, quizás otro simio tomaría “su puesto” después de unos cientos de miles de años. La conciencia a través de su saber que sabe no nos ha hecho más sabios, si por sabiduría se entiende haber puesto en práctica ese saber con unos fines mayores y más prácticos e igualitarios para todos, para la especie.

   Las identidades tendrían que morir para romper con esos ciclos que nos imponen las reglas evolutivas. Por el contrario creamos más identidades y desunión en cada vez detalles menores. Todo cerebro es potencialidad, que crea varías tendencias en el mundo, varias teorías: se auto-confirma cuando se cumple una de esas direcciones o teorías, lo mismo da una que otra. ¡Cabe mayor farsa! Digo blanco y digo negro, sale blanco y una inmensa alegría me llena: “¡acerté, soy el mejor!”. Posverdad como falseadora de los libros vacíos de la nada que es el mero azar. El cristianismo no triunfó, no se cerró el libro, no llegó a un final. A la larga ira desapareciendo, fracasará en su visión teleológica y le resultará insoportablemente fútil su existencia. Somos meros anclajes evolutivos en el devenir de la vida, en el devenir del universo. Más evolución no quiere decir mejor, cada sistema que sobrevive es tan válido como cualquier otro. Cuanto más complejo sea un sistema mayor son las probabilidades de que falle y se extinga. Los grandes supervivientes son las bacterias, el resto de animales son sólo “válidos” dentro de cierto margen de situación en la que se encuentre el planeta, que es siempre temporal. La inteligencia y un cerebro más complejo no significan más felicidad: hayamos felicidad no en las qualias (individualidad), sino al reencontrarnos con estructuras tan viejas como la percepción de cuórum. Animales como la ascidia nacen con neuronas para poderse mover y anclarse a una roca, para al final alimentarse de ese mini-cerebro porque ya no lo necesita. Si yo lo pudiera hacer lo haría. Reniego de mi cerebro si este está lleno de patrones enquistados y sesgos en una única dirección: coincidir con lo que me dice la dictatorial vida. Reniego de él si es más proclive al dolor que a la felicidad. Reniego de él si en una sociedad compleja humana, este sólo es tendente a crear trastornos y enfermedades mentales, en una sociedad que además te dice que a esa condición has llegado sólo por tu culpa. Reniego si Pan sólo le interesa la verdad, en tanto que posverdad, pues eso le hace creer llegar a la felicidad, ignorando toda posible verdad que nos vaya descubriendo la ciencia, si eso va en contra de su soberbia nuclear.

   Ya sé, voy contracorriente, pero de nuevo es por algo tan dictatorial como que soy dialéctica negativa, retroalimentación negativa dentro de un sistema complejo. Es falso que el artista en mí muera, tan sólo vuelco su potencialidad en otra faceta como en estos escritos; uno nunca escapa de su sino. Algunos preconscientes apuntan hacia la humildad, como contramedida de la soberbia, “mato” al artista para ser humilde. Es muy posible que a aquello que yo he llamado preconcientes o dialéctica negativa, porten el gen individualista, un gen de animal/depredador solitario, como ya predijera Hesse en su lobo estepario, animal que caza en soledad, frente al gregario en el que se convierte la sociedad en los actos multitudinarios y bajo los efectos del cuórum. El solitario siente felicidad en su aislamiento, en sentir y apreciar su individualidad (narciso condenado a mirarse en sus aguas), y el gregario felicidad en su pertenencia al crear identidades, grupos y masificarse. Al final no reniego para afirmar una nueva verdad, sino para confirmar una verdad vieja: que mientras estás vivo, mantienes tu sino, mantienes las estructuras de la vida en su eterno replicar. La muerte, o la total soledad, son los únicos que niegan la vida, los que en definitiva te sacan de su lógica estructural “esclavista”.

(Concurrencia en los lenguajes y los mensajes con “Esquizofenia natural”: La humanidad secreta; “el síndrome hybris” es por el efecto de la retroelimentación positiva de la testosterona, del poder.)

Adendum – Micro-Historia de las Diferencias de Género – Un Viaje a Abilene

«-¿Crees que habría sido mejor si le hubiese dicho la verdad?
-Es mejor no decir ciertas cosas. Es mejor que las personas se lleven bien», en la serie “Friends”
«De las dos preguntas fundamentales, de dónde venimos y hacia dónde vamos, yo no sé nada; pero se me hace que estamos llegando tardísimo.» Vázquez Montalbán

   Antes que nada avisar que el siguiente escrito contiene lenguaje explícito que puede resultar obsceno o de mal gusto. La duda es la constante que tengo en el cerebro sobre si publicarlo o no. De hacerlo no quiere decir que esté al cien por cien convencido. Puede generar malestar con mis personas cercanas, que me pueden catalogar de esto o aquello. Pero con el pensamiento contrario de lo dicho en la frase arriba mencionada, de la serie “Friends”, he de tratar de ser fiel a la verdad. Recordar que inteligencia, como he dicho en el escrito anterior, es tener un buen sistema de archivado, o sea una buena forma de detectar patrones que quizás otros no vean. En ese sentido que me fije en ciertos patrones no quiere decir que esté especialmente obsesionados por ellos o me impliquen. Si lo publico será porque hace falta un diálogo más franco y abierto sobre el tema. Me crearé antipatías en hombres y mujeres, pues no es un escrito ni feminista, ni desde la postura contraria, sino lo más imparcial posible. De nuevo hago hincapié en que mis finalidades son contra las identidades, que como en España uno de los temas más candentes es el de género, es sobre el que presto más atención. En algún escrito he tratado el tema catalán. Pero en ese he llegado a la conclusión de “que sea lo que Dios quiera”, pues en definitiva quizás defender en demasía la no independencia sea otra forma identitaria de patria. La lucha de género, por otro lado, genera problemas constantes, que me repercuten en mi vida y a la hora de “tomar decisiones”. En muchos casos extralimito mis posturas y puntos de vista, pues al salir en la calle esos “problemas” o dilemas parecen desaparecer. Es así porque en Internet, en donde todo funciona por lo viral (éxito evolutivo de acaparar titulares y propagarse), el caldo de lo actual tiene otros tintes y derroteros. En otros casos esas posturas extremas son al considerar a la sociedad norteamericana (a veces la sueca o la japonesa), pero bajo el punto de vista que es el referente al cual tarde o temprano otras culturas llegarán. En ese sentido hay que tener en cuenta de hacia dónde va y hacia dónde no hay que llegar, y como tal hay que avisar de qué es lo que pasa allí, para poner sobre aviso al resto de las culturas en cuanto alguien detecte que seguimos sus pasos. La pornografía ha sido uno de esos casos.

    Se supone que el anterior escrito tenía que ser el último. Pero la paradoja Abilene es el mejor ejemplo para explicar muchas de mis líneas argumentales. Desperdiciar esa oportunidad para atar cabos parece incongruente. De esa manera me veo metido de lleno en una de las típicas trampas de la vida. Uno ni siquiera es libre de elegir en las trampas en las que va a caer. Cuando digo trampas de la vida me refiero a que todo sistema complejo tiene unos mecanismos, con relés, engranajes e interruptores, a modo de agentes de su dinámica. Cuando sin querer activas un interruptor, nunca sabes con exactitud (que no es un ex de la actitud, sino su eterna pareja, jeje), qué mecanismos se van a desencadenar. La paradoja del efecto mariposa, un pequeño cambio es susceptible de crear grandes cambios en cadena. Se supone que el humano es libre y que en algún momento puede parar el mecanismo que ha desencadenado. Este escrito trata sobre esta idea básica. Con esto quiero “demostrar” varios de mis pilares: la evolución llega a posturas más “correctas” en su eterna prueba y error. Correcta no porque sea la mejor, sino porque dadas unas premisas o bases de las que parte ese sistema, y como la base de la evolución es el llegar a estados de equilibrio, homeostáticos, llegará a algún equilibrio que sea el “mejor” (equilibrado) para todas las partes implicadas en ese sistema. Un caso ejemplar es un nicho ecológico. Ahora sabemos que basta un pequeño cambio para que se vaya al traste. Cuando el humano ha introducido cierto pez en un río o lago para más tarde pescarlo, al final eso ha cambiado el equilibrio en el que se encontraba ese sistema. Todo humano y toda isla identitaria debería comprender que no es capaz de predecir qué cambios creará una de sus posturas y acciones. ¿Por eso apuesto por la quietud o por la inercia?, no, en mi postura meramente cínica tan sólo quiero mostrar que el humano no es “dueño” de sus actos, no es dueño de nada. El humano “domina” los sistemas simples: un interruptor enciende una luz (conoce los materiales conductores, la electricidad, etc.); pero no es capaz de “dominar” los sistemas complejos. Esa luz genera un calor, que genera entropía en la temperatura de la sala. En el caso de un ordenador en verano, es tal el calor acumulado, la entropía, que es complicado regularle la temperatura, por muchos ventiladores y disipadores que pongas dentro (nuevas entropías). A la vez esa habitación está en una casa de un edificio en una gran ciudad. Toda esa suma de entropía, junto al calor de los motores de los vehículos y el calor de los propios humanos, crea un efecto isla termal dentro de la ciudad, un microclima, que repercute en la presión y el movimiento del aire de alrededor de esta.

   En mi caso, que pasa a diario en todo los cerebros, la sola idea de poder hacer el escrito ya me ha metido en una dinámica cerebral. Ya no puedo dejar de pensar en el tema. Se debe al cebado, a la predisposición del cerebro a trabajar a partir de que ciertos circuitos estén pre-activados. Se trata de una simple cuestión “económica”, si ciertos grupos de neuronas se activan y crean un circuito (que para nosotros es una idea), este tiene un efecto de retención de la energía, como cuando al apagar una luz aún tarda unos milisegundos en mitigar su luz; o mejor: los actuales televisores y monitores, si les cortas la corriente el piloto de encendido se mantiene hasta un minuto emitiendo luz. Así es como funciona la memoria de trabajo y a corto plazo; por este efecto (defecto) repetimos una palabra una y otra vez al hablar y al escribir. Como el cerebro está creado para resolver problemas, y como es tendente a la “pegajosidad”, el cerebro activa circuitos en cadena relacionados a ese circuito ya cebado. En definitiva, analiza todas sus potencialidades y posibilidades, buscando (conexionándose) con todo aquello que le dé la “razón”, que confirme (sesgo de confirmación) la validez de dicho circuito (idea), siempre y cuando el verificador de errores no encuentre contradicciones. Esos circuitos cebados tienen como valencia (valor) las emociones, si es el caso que confirme las ideas que ese cerebro defiende (su identidad, su propia apuesta, ADN) entonces esa valencia está sostenida por la dopamina y el núcleo accumbens, por la previsión del premio. Sembrar una idea ya es, por lo tanto, generar un micro-sistema complejo con sus reglas. “Crear” un tipo de trampa de la vida, pues no parece que puedas escapar de ella. En mi caso tenía que “elegir” entre ser fiel a que el anterior escrito era el último: ser coherente, o terminar por zanjar temas que me “dan la razón”, que validan mi identidad, que son mis ideas. Mi identidad de artista es la que propicia la obsesión para la creación, la que promueve una dinámica energética en el cerebro, que cual huracán, al final arrastra el cerebro en una sola dirección.

   En parte el tema surgió por algo sencillo, por una pregunta: ¿quién “decidió” que hubiera libertad sexual? (¿de dónde nacen esas preguntas ciegas y sin voluntad, ni agente?, es tentador pensar en las musas o los dioses, que fue como dejaron zanjado el tema en la antigüedad; afirma John N. Gray que el ateo está mas cerca de cristianismo que del politeísmo, por su “amor” y “obsesión” por la verdad), lo mismo vale para quién decidió apostar por la “civilización”, en vez de mantenerse como cazadores-recolectores, o cualquier otro paso en el “desarrollo” humano. Si elijo el trama sobre la libertad sexual es porque me es más fácil explicar el tema en ejemplos, y porque va en la dirección de la de mostrar partes de las “imposturas” feministas. Y vuelvo a la pregunta de arriba. En realidad nadie decidió nada. El humano como totalidad no la ha elegido, nunca ha habido un referéndum, el tema se ha zanjado de forma aleatoria. Es un claro ejemplo de la paradoja de Abilene: sitio al que todos van y nadie quería ir, y van por que los otros van, creyendo que el resto quería ir. Aviso que voy a ciegas, resulta que la entrada en la Wikipedia española sobre la “revolución sexual” es de las más largas con las que me he encontrado, y realmente no me apetece leerla ahora. En parte porque mis postulados no entran o no tienen cabida dentro de esa visión histórica, pues parto de los conceptos de los sistemas, sus juegos evolutivos y de la paradoja de Abilene; en definitiva, trato de crear una abstracción del tema con premisas filosóficas y antropológicas, (pregunta sembrada de respuestas; pregunta tramposa en realidad) que está fuera de un análisis histórico meramente dicho.

   De lo primero que hay que partir es de un origen antropológico. En muchos casos he puesto el ejemplo de las hembras chimpancés, que hacen “uso” del sexo para tener algún beneficio. Lo más fácil para una feminista radical es llamarme machista al pensar que al poner unos planteamientos patriarcales morales, estoy llamando a la chimpancé “puta”. No. Es un hecho, un dato, que cualquier etólogo y persona lo puede confirmar. Ese tipo de acto, de sexo por regalos, se da incluso entre las aves, como el abejaruco. Si se acepta que los chimpancés son nuestros parientes más cercanos, se ha de aceptar que la humanidad puede tener unos comportamientos similares. Los etólogos y antropólogos que se interesan por saber los orígenes de los humanos, ponen especial interés en estos primates. Pero claro, son un antecedente, no una confirmación de nada. Otro antecedente es que el orgasmo es propiamente de los machos. La entidad femenina tiene como fin procrear, ella porta el óvulo; la finalidad del macho no está tan clara que sea la de procrear, si no la de tener el acto sexual con todas las hembras con las que le sea posible, para ello la evolución se ha valido del orgasmo; pues de esa forma persigue sin descanso ese fin, llegando a generar lo que pudiera llamarse “comportamiento obsesivo”. El macho de los ratones marsupiales de Australia gastan toda su energía en fecundar a todas las hembras posibles, y al final mueren agotados; se dan en otras especies. “Los chimpancés machos pueden pasar una semana sin comida si hay una hembra en celo y están sexualmente interesados ​​en ella. La comida es secundaria al sexo. (…) por supuesto tenemos una explicación para esto, es que el sexo conduce a la reproducción, y el éxito reproductivo es la medida de la evolución”, Frans de Waal. La gran mayoría de los machos del reino animal ya no vuelve a saber nada ni de esa hembra, ni de su descendencia. Por otro lado la hembra tiene un número limitado de óvulos (nace con ellos), y la gestación y la crianza tienen un alto coste de energía y tiempo (donde tiempo es la suma prolongada de coste energético). El macho tiene una recompensa rápida y desaparece. Su coste es el acceder al sexo, que en muchos casos es por medio de luchar con otros machos. De forma nefasta este tipo de comportamiento relaciona sexo y agresividad en un todo, mediado por la testosterona, anabolizantes y vías del cerebro. La mujer tiene testosterona, pero existe un grupo de células del hipotálamo llamado INAH3 (núcleo intersticial del hipotálamo anterior número 3) que está más desarrollado en los cerebros masculinos y que es responsable de la recaptación de testosterona, luego no opera igual en el cerebro femenino que en el masculino. El macho ha de defender que sólo él pueda copular, a la vez ha de vigilar que la hembra no copule con otro macho, como vemos en este pequeño vídeo sobre un oso polar. Esto es debido a que los mamíferos provienen de un ancestro común cuyo embarazo es de tipo superfecundación, donde las hembras que tienen camadas de varias crías, estas pueden ser de varios padres. En este caso la estrategia de las hembras es tener sexo con varios machos, para tener una mayor variedad genética en su descendencia. Más tarde algunos animales, como es el caso de los simios, de los que formamos familia, sólo tenían una cría, pues necesitaba un mayor cuidado, pero en muchos casos -tanto machos como hembras- siguieron manteniendo esas mismas pautas ancestrales. En el caso de la hembra para asegurarse que se quedaba embarazada, si no era por uno por otro. Por extraño que parezca, en la mujer que tenga un embarazo de gemelos dicigóticos, estos pueden ser de dos padres distintos. Este arcaico y básico comportamiento de cuidar que sólo él la pueda fecundar, en la doble vertiente de la lucha con otros machos, y vigilar que la hembra no se aparee con otros, se revela en el hombre en eso que, ya en la sociedad humana, se llama ser posesivo por extrapolación de ese cuidado ha que no se acerquen otros machos (recelo de los otros), y celos de la pareja ante la “duda” que quiera tener relaciones con otros hombres (recelo hacia ella; atención a la familia de palabras: estar en celo, recelo, celos, poner celo -cuidado-, y celador, unos vienen de calor -acaloramiento y por extensión acercarse a la ira- y otros de cuidado, pero me imagino que han de tener un mismo origen). Hay que aclarar todos estos datos. Cuando en un documental, escrito o libro dicen que la hembra o el macho tiene tal o cual comportamiento, hay que entender que es su instinto hacerlo, o dicho de otra forma más correcta: que ese patrón se ha mantenido en el ADN, porque es el que más se ha replicado por ser el que más se ha validado. En la mujer  también se da el componente posesivo y de celos, ya que al provenir del tipo de embarazo de un sólo hijo, era por que necesitaba más tiempo de atención. Hecho por el cual la mujer tiene miedo de quedarse abandonada o que otra mujer se acerque al hombre, y en donde en la prehistoria y en la antigüedad eso podía significar la muerte del hijo y de ella misma. Sé que en lo humano no opera lo meramente instintivo, e igualmente sé que ahora se pone en duda si el humano sigue en un proceso evolutivo o por medio de su modo de sociedad, está puede no “tener las riendas”. Con respecto a lo primero voy a usar una metáfora. Un camino lo hace un animal al usarlo una y otra vez; así fueron los primeros caminos de tierra humanos, por que la hierva allí no crecía. Cuando llegó el automóvil se asfaltaron esos caminos, si bien no todos, por cuestión de hacer un trazado más recto. En la actualidad se hacen autovías y se dejan esas carreteras como secundarias. Imaginar que cortan la autovía: se recurriría a la carretera secundaria. Si de igual forma se cortase la secundaria, habría que recurrir al camino más antiguo sólo de tierra. Lo mismo ocurre con el cerebro. Las emociones muy fuertes de ira, o la embriaguez, o la propia testosterona, la urgencia, o en otros casos lo identitario, pueden bloquear el prefrontal, que es la voluntad y el juicio; pueden igualmente bloquear las vías del sistema límbico, donde están las emociones de los mamíferos y humanas, y pueden finalmente recurrir a las vías más antiguas del cerebro. Sobre si se mantiene el juego evolutivo: todas las diferencias étnicas se han creado en los últimos 50 u 80 mil años. Los habitantes del Himalaya han cambiado el cómo la sangre transporta el oxígeno y cómo el cuerpo usa la energía. Ciertas etnias de Oceanía tienen un mayor control de la respiración y el oxígeno al sumergirse y durar más tiempo bajo el agua (buceo en apnea).

   Hago un inciso aquí para crear una hipótesis. Una prueba que demuestra que la evolución “lleva las cuentas”, como para crear estados equilibrados u homeostáticos, incluso de las cuestiones más extrañas y propiamente culturales (no naturales) que pueda haber, es que como media nacen 105 niñas frente a 100 niños. La proporción “perfecta” u óptima a nivel evolutivo sería 100:100 (1:1). ¿Por qué no es así? Los hombres tienen más probabilidades de morir en accidentes y guerras, dada su natural tendencia a correr más riesgos, y en donde la testosterona promueve más a la adrenalina y esta es la que incita a llevar todo a los extremos para ser el mejor. La adrenalina es el neurotransmisor natural más tendente a la retroalimentación positiva, donde una vez que has llegado a un nivel de riesgo, has de subir ese nivel para recibir su consiguiente carga. No hace falta recurrir a ejemplos de deportes o situaciones extremas; esa tendencia se ven en cosas mínimas como que un hombre se suba a la silla del ordenador, que es con ruedas, para alcanzar algo alto. El número más alto de accidentes, y por lo tanto de muertes, es entre los hombres. Esto es lo que explica ese desequilibrio en el número más elevado de hombres que de mujeres, la evolución “sabe” de esta tendencia, y al final por estas muertes la proporción se queda en 101 hombre por cada 100 mujeres, bastante equilibrado. Es muy probable que la evolución no tuviera tanto esto en cuenta, la propensión a los accidentes bajo riesgos, como que además tuviese que luchar contra otros machos para tener sexo. Pero esta es la inclinación en periodos de paz. En periodos de guerra las cifras aún son peor (ver artículo sobre “apretón matrimonial“). Imaginarse el estado de Alemania después de la segunda guerra mundial, en donde la mayor población de hombres era o de menores de edad, o de ancianos. Según un estudio conjunto de Michael Kvasnicka y Dirk Bethmann sobre la población Bávara de la posguerra, la tendencia es que haya un mayor número de relaciones sexuales fuera del matrimonio, ante este desequilibrio de los dos sexos. “Un exceso de oferta de mujeres, por ejemplo, aumenta las oportunidades de apareamiento externas disponibles para los hombres y aumenta la competencia intra-femenina”, nos dicen. No estoy analizando este hecho bajo ningún prisma moral, sino a nivel evolutivo. Lo que quiero “demostrar” es que el factor evolutivo juega sus bazas a su manera, independientemente de lo que crean esos individuos de sus actos (que crean que lo hacen por elección), su moral y la moral de la religión del lugar donde ocurra. Lo que demuestran los estudios es que la moral se “relaja” y ya no importan tanto las luchas de género dentro de sus lenguajes, en el sentido de pensar que un tipo de conducta sea sexista o no, patriarcal bajo los baremos feministas actuales, o no. Si hay escasez de hombres hay más mujeres teniendo más sexo con menos hombres, simplemente por cuestiones “prácticas” y evolutivas, donde seguramente se creen cambios epigenéticos en ambos sexos para tener esa tendencia más aperturista o liberal. El caso es que la evolución juega sus bazas para que no descienda alarmantemente la población. De forma racional esos habitantes Bávaros sabían que la humanidad no se iba a extinguir, pero en cada población se crea un pequeño sistema complejo que es el que sale a colación. O sea, y en otro ejemplo, a mí me da igual que en Alaska pueda haber puestos de trabajo, lo que para mí cuenta es que en Salamanca, al no tener industria, eso afecta a la dinámica que se crea entre sus habitantes: nivel de estrés, tendencia al derrotismo o la depresión, competencia por el trabajo entre los trabajadores, abuso de los jefes, sueldos bajos, etc. O para resumir, la evolución es ciega, se guía por la dinámica de una población dada en donde se crea un “pequeño” sistema complejo con sus propias reglas para llegar a un equilibrio. En el caso Bávaro ese sistema complejo tenía que equilibrar o tender a esa proporción de 100 hombres por cada 100 mujeres, en donde la mujer y el hombre son dos “agentes”, y en donde la principal carga es para la mujer que tiene que tener un alto acceso al sexo como para repoblar la población hasta que esta se iguale o equilibre. No cuenta la libertad, no cuentan las convicciones, ni la moral. Cuenta el “deseo” o tendencia de todo sistema a llegar a los equilibrios homeostáticos designados por la evolución, en una población dada. En un ejemplo de esa tendencia al equilibrio más claro: si en un ecosistema hay muchos conejos eso llevará a que pueda haber más depredadores: crecerá el número de depredadores. Esa alta tasa de caza bajará el número de presas, lo que hará que haya una crisis entre ese alto número de depredadores, los cuales competirán entre ellos hasta morir (en las luchas o de hambre), y que se reduzca su número hasta llegar a un equilibrio. Un ecosistema (sistema complejo) es un equilibrio (homeostasis) de todos sus agentes.

 Como el macho ha estado en guerras por siempre, esos desequilibrios siempre han existido. Otro factor a tener en cuenta es que durante la prehistoria, en Eurasia, los hombres salían a cazar grandes presas, con una alta tasa de muertes durante estas cazas. Todos estos factores fueron los que posiblemente llevaron a la mujer a invertir los roles. En casi todos los animales los machos son los que tienen la carga de “engalanarse” y de tener atributos dismórficos (cornamentas, colmillos, musculatura, mayor tamaño, belleza en el plumaje, en el cuerpo o el canto) para competir entre ellos, para a su vez ser seleccionados por las hembras. En el caso humano es a la inversa y no es por nada patriarcal, sino por ese desequilibrio entre el número de hombres y mujeres. Al final por estos desajustes ha tenido que ser la mujer la que se haya tenido que “adornarse” y tener ciertos rasgos dismórficos, como los pechos abultados (otras hembras no tienen pechos en épocas fuera de la crianza), rasgos aniñados o más suaves (neotenia) y una mayor cabellera (en el caso del león o los gelada la tienen los machos). Estos cambios de los roles fue lo que llevó, aparte de la posibilidad de ser abandonada, a que la mujer sí fuera posesiva y celosa en la misma proporción al hombre. Si bien en este esas disposiciones le pueden llevar a equilibrar la balanza por medio de la fuerza, tal como se manifiesta en la violencia de género. En la actualidad hay un repunte hacia el hombre engalanado, trabajar la musculatura, y la tendencia hipster…, por el hecho del nuevo estado de cosas, donde la liberación sexual a remarcado el hecho de que es la mujer la que selecciona. Pero no para bien, bajo mi punto de vista, pues sólo es una tendencia hacia la máscara, el exterior y la apariencia; pero que manifiesta claramente el juego evolutivo, ya que si se tiene la disposición y el dinero de trabajar la musculatura y el exterior en barbas, cabello y ropa cara, es un signo de estatus y de macho a ser seleccionado.

   Cierro esta dirección del escrito con varios experimentos mentales. Hay un test en psicología en donde al sujeto se le pide que elija de entre varios personajes, cuáles elegiría para entrar en refugio un nuclear y así salvar a la humanidad. Imagina que hay que elegir entre una mujer liberal y una mujer mojigata y puritana. Creo que se entiende lo que quiero decir, no redundo: para el bien de repoblar el mundo es preferible la primera. Ahora un segundo experimento mental. Imaginar tener que vivir la noche de “la purga”, esa de la película en la cual se es libre para matar a quien se quiera y de forma bestial y arbitraria. Un hombre con una alta carga de testosterona puede ser además ese que tiene una mayor tendencia a la violencia, a la ira, pues ante situaciones de lucha/paralizarse/fuga, tiende a la lucha. Es de “gatillo fácil“. En ese estado el cuerpo hace un uso más rápido de la energía anabólica contenida en los músculos, para los casos de extrema emergencia, en donde se corre el peligro de perder la vida. Pues ante esa situación preferiría tenerlo de amigo en la misma casa. Ante este dilema ha estado la mujer a lo largo de la evolución: es preferible este tipo de hombre ante situaciones de extremo peligro. El riesgo es que esa tendencia al “gatillo fácil” sea dirigida hacia ella. En épocas de paz es “mejor” el hombre poco violento, en épocas de crisis y guerras los que tengan esa alta carga de testosterona (teoría del pluralismo estratégico). De hecho son los que suelen sobrevivir en las guerras y reproducirse, pues además los más sensibles son más proclives a trastornos mentales debidos a los traumas de las guerras, lo que le llevará a la inestabilidad social y de nuevo a que no sean seleccionados como parejas. Esa doble tendencia de la mujer se manifiesta cada mes, pues cuando está en el periodo alto de la ovulación tiende al hombre con rasgos más masculinizados, -la mandíbula inferior prominente y cuadrada es el rasgo más notorio-, y tiende al hombre más sensible y proclive a la personalidad pusilánime, fuera de ese ciclo. Lo que quiero decir con todo esto es que las cosas no son tan fáciles. Si el humano por ingeniería genética pudiera “librarse” de la violencia, puede que eso no fuese mejor para la especie. Además “en el país de los ciegos el tuerto es el rey”, siempre habría unos que emergiesen como los más agresivos. Son “atributos” con los que la evolución juega dentro de sus juegos y sistemas complejos. En cuanto se creó la posibilidad hacia la depredación se creó esa tendencia a la “agresividad” y que se mantuviese esa apuesta como la más exitosa en ciertas situaciones cercanas a la extinción. A veces pienso que hacen falta las guerras para que el humano tenga una visión más realista del mundo y el valor de la vida. Las guerras ponen todas las cosas en su sitio. Salen a la vista todas las estructuras que permanecían ocultas, bajo máscaras. Toda feminista seguramente revisaría y variaría sus puntos de vista durante una guerra.

   La lógica que se desprende en números, de la baja cantidad de óvulos y el tiempo de  embarazo por un  lado, y el número de los espermatozoides y el coste por parte del hombre en la procreación por otro, es demencial. Imaginemos que una hembra tiene 50 machos, y 50 hembras un macho. En cualquier caso la hembra, la humana como ejemplo, tendrá un solo hijo al año, mientras que el hombre puede tener hasta 50 hijos. En la suma de tres años tendría 150 y la mujer como mucho 4. Según pruebas cromosómicas la población descendiente de Genghis khan es de unos 16 millones de hombres en 2003, que fue cuando se hizo tal estudio. No se puede decir lo mismo de ninguna mujer, por la regla tan desigual que he mostrado. Esta matemática simple de los números provoca que los genes masculinos exitosos se repliquen una mayor cantidad de veces y que sean estos los que se mantengan en el juego evolutivo, como demuestra la promiscuidad de Genghis khan. Puesto que el coste/beneficio siempre sale desfavorable para las hembras, “los éxitos reproductivos de los varones a menudo se ven limitados por el acceso a las parejas, mientras que los éxitos reproductivos de las hembras suelen estar limitados por el acceso a los recursos”, se nos dicen en la Wikipedia, no es lo mismo el sexo para las hembras que para los machos. La evolución tenía que ponderar este desequilibrio, que a la vez lo hace con respecto a la latitud del planeta con respecto a la disponibilidad del alimento. Hay sólo ciertos periodos en los que la hembra se puede quedar embarazada, para ello creó el celo. Pero es una regulación, o mecanismo, que sólo vale para la hembra, en el macho no hacía falta tal regulación, ya que si no hay óvulo y celo, de nada vale el semen. El coste del macho a nivel energético es que en el momento del celo sólo van a tener ventaja los más dotados, los seleccionados por las hembras como portadores de los mejores genes. Dado el coste para la hembra ha de “elegir bien”, o dicho de forma correcta: lo óptimo para que una descendencia en el juego evolutivo sea la que impere y procree más, es que porten las mejores cualidades de esa especie. Como la lucha se da entre machos para acceder al sexo, se entra en una dinámica de la selección de ciertos rasgos del macho, que evolutivamente hablando van a ser, los que en un juego más rápido de selección, van a tener unas grandes diferencias dismórficas con respecto a las hembras. Aquí vemos un desequilibrio: la hembra al ser la selectiva es la que en ese proceso “crea” el tipo de macho de su especie en un primer momento. Una vez que hay una gran diferencia dismórfica, el macho, al ser el alfa, se crea un harén, en donde las hembras ya no tienen elección, como es el caso de los elefantes marinos, los leones o los gorilas. ¿Cómo equilibrar está balanza tan desfavorable, en donde la hembra pierde todo el control? Sin duda la monogamia es el mejor camino. Si la hembra elige un solo macho y todos tienen sexo, no se da esa fuerte tendencia a que el macho tenga tal ventaja dismórfica, a partir de su propia competencia, como para llegar al estado de los harenes. Con esto llegamos al caso de las hembras chimpancés y ese comportamiento que ya he descrito otras veces. Tienen sexo cuando no están en celo con cualquiera que le aporte algo, y selecciona con quien aparearse al estarlo. En definitiva pone dos metas al sexo bien diferenciadas y bajo sus directrices y reglas, supeditadas a los juegos evolutivos (la hembra que no entra en esos juegos, tiene menos opciones para alimentarse, más opciones de morir o tener peor salud y apariencia física, y por lo tanto es menos tendente a procrear y tener descendencia y validar su apuesta). Equilibra lo suficiente como para no llegar al estado de los harenes, pero sigue propiciando que haya algo de dimorfismo, como actualmente se ve, pues la media de la mujer es sobre un tercio menor en masa corporal (altura y ancho) que con respecto al hombre. Como regla generalizada, que la mujer y el feminismo no conceptualiza, ellas seleccionan a hombres de mayor masa que ellas. Algunas series de humor juegan con esa regla y muestran como gracioso que una mujer lleve del brazo a un hombre más bajo que ella. Fijarse aquí en cómo el lenguaje se amolda. Quien tiene mayor tamaño es el que lleva al otro. Como cuando se carga a un bebé. En el baile el hombre es el que lleva a la mujer. ¿Es patriarcado o es mera regla física de que una masa mayor tiene una mayor potencialidad de energía? Un río arrastra (lleva) el agua de una charca, nunca es al revés.

   Según se ha comprobado, esa doble vertiente del “uso” del sexo, “obedece” en las hembras chimpancés, a que es una manera más de selección. A todo esto, como antecedente, hay que agregar que la hembra humana sí tiene orgasmos.  En el momento que la hembra humana no mostraba sus estados de celos de forma externa, y dado que cambió sus ciclos a mensuales, y que posiblemente tenía sexo con varios machos, el orgasmo propiciaba que sí se quedase embarazada, ya que se producen unas convulsiones en el cuello del útero que propician que el semen llegue al óvulo. O sea, el orgasmo era el que seleccionaba al macho reproductor. Ocurre otro tanto entre otros primates y animales de manada, o sea entre aquellas hembras que se salen del rango de los harenes con un macho dominante, según va comprobando la ciencia. De nuevo el juego evolutivo con sus trampas/diferencias. De cualquier forma dado el origen y las finalidades de los dos sexos y sus orgasmos, la “secuela” que hemos heredado es que el macho llega a él de forma rápida, mientras que en la mujer no es igual. En la mujer interviene su voluntad e intención y en el hombre es una mecánica dependiente de un aparato casi puramente mecánico. Es como la diferencia de un ordenador, que sería en la mujer, y el arranque por medio de una manivela de los primeros coches en el hombre. Para las prostitutas entregar su cuerpo es un acto vacío, como “evacuarse” de su cuerpo; lo que no “entregan” son sus orgasmos. Cuando una prostituta busca el orgasmo, está peor mirada por sus compañeras. Me baso en declaraciones directas. Eso quiere decir que se tienen que “entregar” (voluntad) para llegar a orgasmar, y ese acto es concebido a algo así como la entrega del “alma”. Sobre la cuestión de la diferenciaras de los tiempos para llegar al orgasmo, se baraja la idea de que las hembras tenían que estar pendientes del entorno, del ataque de los depredadores, donde la hembra tenía la desventaja de ser cazada, por su dimorfismo al ser menos fuerte y por estar bajo el macho. En el caso de la mujer no tiene la desventaja del coste de la erección y el consiguiente periodo refractario entre dos cópulas, al igual que no es claramente visible si ha orgasmado o no, mientras que el semen es la evidencia en el macho. De una manera u otra son unas extrañas ventajas/desventajas evolutivas que se mantienen ahí, sin un sentido claro, pero que crean unas diferencias sexuales claras de poder y de ocultaciones, tendentes al conflicto y a la falta de igualdad como para que haya un entendimiento pleno entre los dos sexos.

   Una feminista radical dirá que ahora nada de lo antedicho tiene importancia, porque existen los sistemas anticonceptivos, de tal manera que ahora el sexo ya no implica otra cosa que el sexo como mera satisfacción, que ya no existe el coste. Una mujer experimentada es más proclive a controlar los orgasmos y esto ya tampoco es una tara, o no va dirigido al mero acto de la concepción. Con esto de nuevo volvemos a la pregunta de quién “decidió” que hubiera libertad sexual. El feminismo puede decir que tuvo que ver en tal decisión, que puesto que ya no estaba ese juego coste/beneficio, ya no quería ser tenida en cuenta bajo los parámetros patriarcales moralistas. Es lo que cantaba la cultura hippie y el mayo del 68, en donde sus voces eran las de la juventud. En realidad las cosas no fueron así de sencillas y no midieron en qué repercutía tal “decisión”. Una cosa es lo que uno haga con su cuerpo, que eso era lo que perseguía la liberación sexual, y otra muy distinta lo que tenía que regular la ley para proteger o a menores o evitar la prostitución con su consiguiente posible trata de blancas. En el primer caso la ley se ha mantenido tal cual, pero en el segundo caso ha ido variando (adaptación/evolución) según ha ido progresando la tecnología. La serie “The Deuce” trata sobre los inicios del porno y nos muestra esos entresijos iniciales. El porno fue avanzando por ciertos vacíos de la ley, a la cual no le daba tiempo a planificar y legislar lo rápido que avanzaba todo. Las leyes están regladas por legislaturas de partidos, que en muchos casos se tenían que ocupar de temas más importantes, y donde los partidos de derecha e izquierdas tenían unas prioridades u otras muy distintas. Esa lentitud no iba a la par de los adelantos tecnológicos, y de los juegos evolutivos y sistemas complejos que operaban en esos procesos. Un ejemplo de este juego fue que se crearon varios sistemas de reproductores de vídeo, Betacam, VHS y otro que era minoritario y fue el primero que se “extinguió”. Técnicamente era mejor el Beta, se le podía dar la vuelta, grababa más tiempo, era más pequeño y tenía menos problemas de quedarse enganchado. Al final ganó el sistema VHS en parte porque las multinacionales que los fabricaban permitieron que se usase como soporte para las películas pornográficas, mientras que en Beta no se permitió o de forma tardía, cuando VHS ya se había impuesto y ganado (se dice que puede ser leyenda urbana). Dada la expansión de la pornografía, el cine se volvió menos “puritano” y se adaptó a la nueva situación, si bien teniendo en cuenta que ante la perspectiva de que las películas pudieran ser calificadas para mayores de edad, y perder con ello espectadores y dinero, se han mantenido al margen del sexo, excepto algunas películas de las llamadas de culto. Aquí vemos que en todo entra en juego el coste/beneficio, ventaja/desventaja que es de lo que se trata básicamente la evolución. Con la llegada de Internet, y en la última década con la alta velocidad, en el porno se han pronunciado cada vez más estas tendencias de “economía” evolutiva. ¿Qué implica todo esto? Poder hacer uso del propio cuerpo es parte de la liberación sexual. Cada mujer es libre de decidir qué hacer con él. Era de suponer que una mayor libertad sexual hubiera frenado o disminuido la prostitución o cualquier otra manera de usar el cuerpo para fines sexuales, más mujeres teniendo sexo con más hombres…, “si el nuevo orden funcionara como pretendían sus arquitectos revolucionarios, el sexo estaría distribuido más justamente de lo que es hoy” nos dice Ross Douthat, pero en realidad no ha sido así. ¿Porqué?

  Los sistemas complejos se crean a partir de pequeñas diferencias de pequeñas ventajas/desventajas. Una vez que una lluvia orada una pequeña reguera porque el terreno era más débil al tener menos piedras o su tierra era menos arcillosa, crea al final la cuenca de un río. Una pequeña falta de simetría en las partículas al inicio del Big bang creó el universo que hoy conocemos. El macho está “creado” para tener sexo por la búsqueda de la satisfacción, en la mujer fue posterior y no es igual, necesita ciertas condiciones que no necesita el macho. Sigue existiendo el coste de no llegar al orgasmo por la desigualdad de los tiempos y las condiciones. Por otro lado el sistema sexual masculino es retroalimentación positiva, en donde llegado a cierto grado de estímulo, la siguiente vez necesita un estímulo mayor. Puede parecer que sigue siendo un concepto machista, que no se ajusta a la realidad, pero ¿cómo sino entender a los extremos a los que está llegando el porno? ¿Cómo entender que el 80% de los adictos al sexo sean hombres? La pornografía, y sobre todo en Internet, es un campo donde muy bien se puede analizar el cómo operan los sistemas dinámicos en sus juegos evolutivos. Me voy a detenerme a analizar las “sexcam”. La teoría en principio tiene buena pinta. Se gana dinero por sexo, pero no se tiene contacto con nadie, en donde ni siquiera, en muchos casos, ves al otro. A simple vista parece tener ventajas con respecto a la prostitución. Si nos remontamos a sus principios estas empresas empezaron a partir de filiales del porno. Era lo mismo, pero a distancia: si se quería sexo había que pagar. Lo/as modelos (no es prostitución según los cánones, luego nos son prostituto/as), estaban delante, se podía charlar con ello/as, pero para que se desnudasen o hicieran algo sexual se les tenía que pagar, momento en el cual se entraba en privado. En la prostitución hay que ser lo más explícito/a posible, quien más “descarado/a” y sexual sea a simple vista, más probabilidad tendrá de “ganarse” al cliente. En las web-cam sexuales este juego evolutivo era aún más descarado, de tal manera que alguno/as mostraban partes sexuales sin entrar en privado. Se dice que la necesidad es la madre de todas las ciencias. Es una conclusión lógica evolutiva que demuestra muy bien lo “maléfico” de sus juegos. Aquello/as modelos más necesitados, de países más pobres marcaban los límites. No hacían web-cam sexuales para comprarse el último modelo de iPhone, sino para dar de comer, en la mayoría de los casos, a sus hijos o padres. Pero además entraba en juego otro factor, claramente evolutivo, en donde las valencias se ponían sobre el tablero en meros números. Se automatizaron las páginas web para que se analizasen qué chico/a tenía más éxito, de tal manera que apareciera en los primeros puestos de la primera página. Nunca un juego evolutivo había sido más rápido; al poco tiempo lo/as modelos no solo mostraban partes sexuales, sino que hacían juegos sexuales de forma gratuita, sin llegar a los privados. Al final, tal como está ahora, es que se hace todo delante de todos, paguen o no, y hay que ser lo más explícito y rápido posible para mantener el rango de posicionamiento en los primeros puestos de la primera página; se gana dinero digital por un sistema parecido a lo que ocurre con las estríper, en donde los clientes van echando monedas para que muestre o haga más cosas. Es elección del modelo sólo mostrarse, para más tarde hacer cosas sexuales sólo en privado, pero en este nuevo juego predatorio esta estrategia gana poco dinero. Una vez que lo/as modelos se ponen por igual en lo que se hace delante de las web-cam sexuales, entran en juego otros factores: quien es más guapo/a, más obsceno/a, más joven o más mayor, según gustos, entrar o no en lo depravado, etc. Como nueva lógica ahora cuanto más joven y guapa sea, más se posicionará en los primeros puestos. Otro dato que he dado en otros textos es que en la mujer se dan más rasgos neoténicos, rostros aniñados. El juego evolutivo es aún más complejo que sólo la cara. Hay cuerpos neoténicos que permanecen poco desarrollados e incluso vaginas neoténicas. Sin estudios científicos -ya no quieren meterse en este terreno de diferencias étnicas y menos además sexuales-, y dada la proliferación de lo que un hombre medio puede ver por Internet, se llega a conclusiones como que hay ciertas etnias que mantienen más y en donde son más preponderantes esos rasgos neoténicos, etnias que están sobre todo en el Asia más occidental y Oceanía (y no, no me engaño, esos sitios controlan la edad; hay mujeres orientales de 40 años que bien pueden pasar por tener 25 años o menos). Lo que lleva a ciertas “especializaciones” del porno étnico por la media que dan unas diferencias de los cuerpos y sus formas de hacer (más pasivas o activas, por ejemplo): latino, asiático, europeo, norteamericano, ruso, ébano (eufemismo de negro). El hombre no está a las alturas en estos juegos en las web-cam sexuales No hay muchas parejas porque en el hombre las erecciones van y vienen a su antojo, y si orgasma tiene que descansar. Varios orgasmos los dejan fuera del juego. La mujer se puede mantener por horas sin ningún cansancio, y ninguna muestra de agotamiento de ningún tipo: siempre preparada.

Ejemplo de Modelos Femeninos en SexCam

   Consecuencias. Ahora más que nunca se ha hecho claro el juego armamentístico de la mujer contra la propia mujer o contra el hombre. Nunca se había llevado más al extremo de objetar el cuerpo humano a lo meramente físico. Se revelan las diferencias de los hombres y las mujeres. Se revelan los “verdaderos” fines de los hombres (la mera satisfacción) y se revela que el macho es pura retroalimentación positiva. Cada vez quiere más, cual adicto, y hay que estar rompiendo las barreras una y otra vez para satisfacerlo. La pornografía entró igualmente en sus propias trampas. En las primeras películas aún había algo de trama, se hacía porno de época o futuristas con sus consiguientes costes. Pero con la llegada de Internet, los usuarios empezaron a cortar las escenas para volverlas en archivos más pequeños y fáciles de distribuir. La industria del porno se adaptó a esta tendencia al hacer escenas cada vez más cortas, de 20 a 30 minutos. Todo tenía que suceder más rápido, sin casi preámbulos.

   En muchos casos he tratado de hacer ver este juego, y siempre he usado la película “9 semanas y media” como ejemplo, fue una película profeta de lo que estaba por venir. La trama es que Mickey Rourke metía a Kim Basinger cada vez en un juego más liminal y salvaje en lo sexual, hasta que Kim Basinger termina por decir basta y lo deja (Cincuenta sombras de Grey no es novedad, a mí me parece una copia, pero llevada a lo sado/maso pijo). Lo mismo ha sucedido con el macho y la liberación sexual a través del porno: cada vez pedimos más de las mujeres y lo peor/mejor es que ya no hay nada ni nadie que diga basta. Porque recordemos qué es la retroalimentación positiva, se cierra en un efecto de bola de nieve en donde a cada paso aumenta su masa, generando más arrastre, energía y potencia. ¿Sigue siendo la mujer ama y dueña de sus decisiones y su cuerpo o lo son esas fuerzas que ella ya no puede negar ni controlar? ¿Decide ella depilarse completamente el vello púbico o lo ha decidido el hombre al “imponerlo” como moda en esos juegos evolutivos dentro del porno? En un documental sobre la pedofilia mostraban a pedófilos juegos 3D con infantes y adolescentes para evaluarlos. No mostraban nada de ese juego pues decían que no se sabe los desencadenantes de la pedofilia. ¿Desencadena o esconden los genitales depilados la tendencia a la pedofilia? Según otro documental la edad que busca el hombre en Internet son los 13 años, y según otro documental todo macho es efebófilo (Are all men pedophiles), les gustan las adolescentes, pero como vivimos en unas sociedad en la que eso está penado, han de ocultar sus deseos. Propiamente la psicología y la psiquiatría no tratan la efebofilia como patología o trastorno, siempre y cuando no repercuta en su vida o en la de otras personas. Tiene sentido a nivel biológico, pues ya están formadas para ser madres; sólo en el último siglo se ha penado globalmente. Un error más de las web cam sexuales, de sus modelos, es juguetear y usar el concepto de “lolita“. También llamado “efecto lolita” (1), a partir del libro de la feminista Meenakshi Gigi Durham y más extensamente como porno pseudo-niñez, y “efecto infantilización” (1) (2) (3) (4) (5) Sobre todo esto hay que tener en cuenta que no hay estudios científicos, por cuestiones morales, puesto que como no se sabe cómo se “activa” la pedofilia, no se puede poner a adultos, y mucho menos a menores, como “conejillos de indias” por la posibilidad de crearles esa condición. Tampoco hay estadísticas puesto que lo penado es la pederastia, que es llegar al abuso sexual de menores, aunque cae en el mismo orden consumir porno infantil, pues se propicia. Sobre la pederastia según distintas estadísticas está subiendo (1) (2) (3), pero se desconoce si es porque hay una mayor eficacia en localizar y/o capturar a los pederastas, o porque se está incrementando. Los distintos autora/es de libros, mayormente feministas, hablan desde el sentido común, que de una forma u otra puede reducirse a opinión. ¿Qué habría de decir el sentido común?, si yo fuera una mujer y al poco de conocer un hombre me pidiese que mi vistiese de lolita, bajo el sentido común dejaría a ese hombre. Qué quiere, ¿una mujer madura o la infantilización de la mujer?; si además tuviese una hija me crearía la duda y el temor sobre cuáles son sus verdaderas tendencias sexuales. Lo que quiero decir es que si a nivel personal se tiene un punto de vista, ¿porqué no extrapolar ese sentido común a los medios de comunicación y sobre todo Internet, el porno y las web cam sexuales, puesto que es un medio público descontrolado al que cualquiera puede acceder? Al fin y al cabo, ¿a qué feminista le puede interesar que se infantilice a la mujer o que a las niñas, pre-adolescentes o adolescentes se les sexualice? ¿Hay que normalizar algo como la imagen de abajo?, ¿no crea disonancia cognitiva?, como que algo no nos encaja moralmente.

Riko Yukino 134cm   Una prostituta puede acceder a los caprichos de un cliente y vestirse de colegiala, el juego se queda ahí, en esa habitación y entre esas dos personas.Dra. Harleen Quinzel Pero al hacer de lolita en un espacio público eso quiere decir que cualquiera puede verlo, incluso niños de 12 años o así, pues los padres no vigilan y no conocen los programas de control parental (que se pueden saltar de cualquier forma, desde la Web de porno o desde los usuarios). Una regla del cerebro es que como este se inicie en el sexo, al modo de impronta y que no tiene porque ser genital ni tampoco a una edad sexual, sino una más temprana, esa va a ser su preferencia y fetiche sexual de por vida. Es por esto que que se crean fetiches tan extraños como el olor de los pies. Al entrar en una web cam sexual a esa persona le puede gustar la modelo por su físico, su cara, o su personalidad (que también ocurre), pero se topa que hace uso del concepto de lolita, al hacerse la inocente, la prepúber o púber, al jugar con ositos de peluche, en los gestos, poses, las coletitas, morritos y pucheros, los corazoncitos y chupándose el dedo al modo aniñado, (que ahora por cuestionas de no quitarse el pintalabios se ha llevado más abajo; chuparse el dedo es un signo de inocencia, en España se dice “¿tú qué te crees que me chupo el dedo?”, negando ser inocente), todo ello acompañado con cierta ropa, como un pijama de niña, o los trajes de colegialas, vestimenta rosa, (un error más de algunas feministas, como la chica de la foto, es creer que Dra. Harleen Quinzel, de la película “Escuadrón suicida” es una heroína, cuando en realidad porta todo aquello que el hombre recrearía en su busca de una Lolita y es un concepto errado de lo que ha de ser una mujer madura deseada). El cerebro tiene tres formas de crear memoria, uno de ellos es el condicionamiento clásico, el del perro y la campana de Pavlov, que es asociativo, donde se une estímulo y premio. En el clásico experimento de Pavlov se hacía sonar una campana cada vez que se le daba comida a un perro, lo mismo hubiera sido que ese algo fuera visual, como una luz roja o una camisa negra. El hecho es que opera sobre todo en lo instintivo, agua, comida, sexo… cualquier otro placer, aunque también en lo negativo como la evitación del dolor o el malestar, y en donde si el premio siempre tiene como parte de su obtención algo que entra al mismo tiempo por los sentidos, una y otra vez, estos objetos más tarde despertarán por sí solos, por transferencia pavloviana-instrumental, ese deseo asociado. “Los animales machos pueden excitarse sexualmente al visitar un lugar donde se les ha permitido tener relaciones sexuales antes, o al ver un estímulo previamente asociado con la actividad sexual, como una vagina artificial. (…) La motivación principal de este comportamiento es el condicionamiento pavloviano“, (fuente Wikipedia). Nos condicionamos a nosotros mismos de forma constante, por ejemplo cuando al hacer un esfuerzo nos premiamos con algo, como un dulce (en este caso es una variante, es un condicionamiento operante). El porno y las web cam sexuales son condicionamientos clásico, pues se han creado categorías y uno ve, una y otra vez, aquello que le excita más, cuestión por la que se pronuncia el condicionamiento y la parafilia, pues el sexo es adictivo, o sea, es retroalimentación positiva, que para sintetizar es que: “en los sistemas la realimentación es la que define el equilibrio que pueden darse. Por ejemplo con la realimentación positiva, difícilmente se logran puntos de equilibrio estable”, fuente Wikipedia. Antes de la liberación sexual eso no ocurría, puesto que no se tenía o veía tanto sexo como hoy en día, como para crear condicionamientos. Si al entrar a ver esa chica, sin buscar precisamente lo lolita, uno se siente excitado, la próxima vez que vea estímulos similares se va a excitar. Sobre todo con una respuesta tan instintiva como la sexual. O sea, que irá por la calle y el cerebro se pondrá en alarma a ver a colegialas, o púberes y prepuber en su inocencia y sus gestos. Si es así, ese comportamiento de las cámaras web sexuales, ¿están propiciando y activando la pedofilia en los hombres? Algunas chicas, ya mayores de edad, hacen un juego de lolitas para llamar la atención, o cuando se acercan a los hombres. Hay que volver a recordar algo, el cerebro es metaforizante. Una cosa es una pre-púber o púber y otra muy distinta una lolita. En el concepto de lolita se ha caricaturizado todo aquello que es de desear de una chica de esas edades. Se ha “escogido” todos los elementos: tipo de personalidad, gestos, poses, y tipo de peinados y vestimentas para crear eso que se conoce como lolita. Puesto que el concepto de lolita se ha establecido a través del condicionamiento clásico, el peligro está en que el cerebro extrapolará ese concepto en las pocas poses, elementos, gestos, prendas o peinados de las chicas “reales” de la calle, recuperando en el proceso el todo de su memoria. Posiblemente el concepto de lolita se ha implementado en el imaginario humano de tal forma que casi cualquier mujer occidental de la actualidad sabe “representarlo”. Por último aclarar que no es lo mismo la pedofilia, gusto por las púberes, que la pederastia, llevar a cabo ese deseo a través del abuso de menores. Yo he usado el primero, para el segundo hacen falta más “componentes” que los expuestos aquí. Ninguna mujer madura debería ceder a infantilizarse y hacer de lolita, y mucho menos en espacios públicos como en Internet. En la medida que las mujeres acepten infantilizarse y jugar a los roles de lolitas han entrado en el juego de los “culpables”, y posiblemente hayan incentivado ir a algunos hombres y adolescentes en esa dirección. La mujer también es enemiga de la mujer en cuanto no esté bien informada y haga uso de conceptos que no terminan de comprender o de los que no se han documentado. ¿Feminismo?, cuando se quiere y como se quiere, de nuevo no saber medir las dimensiones de las cosas, por no analizarlas, o echar la culpa exclusivamente a los hombres, cuando como vemos y lo analizamos, no es así. Ningún gesto o signo es gratuito, sobretodo teniendo en cuenta que el lenguaje de los gestos y la mímica es el principal en lo humano, y que por lo demás es más antiguo y por lo tanto más instintivo. Tendría que ser algo a regular, igual que el porno que simula violaciones o incestos. Si el macho es retroalimentación positiva y ya ha explorado todos los “juegos” legales, ¿tenderá en esa retroalimentación ciega hacia lo ilegal? Lo oriental, que recordemos es más neoténico, mantienen más el aspecto de adolescentes aunque sean mayores de edad, se divide en subsecciones: Tailandia, Filipinas, Corea, Japón, China… Japón es el que más uso hace del porno “lolitas”, que después lo llevan al Hentai. De forma paradójica censuran el porno, pero son los que más juegan con los límites. El macho “rasca y rasca” para llegar a la frontera de la legalidad. La Web profunda y el total anonimato se va expandiendo cada vez más para compartir más y más cosas extremas fuera de la vista de las leyes. Se van creando nuevos tipos de web-cam, no ya sexuales, sino para que los usuarios se pongan en contacto entre ellos, o creen sus propias web-cam; en la mayoría de los casos por medio de los móviles. Los padres no tienen control y entran pre-adolescentes y adolescentes, y por ingeniería social se les hace que se desnuden y hagan cosas delante de la cámara -cosa que les puede parecer “normal” porque ya han visto porno o web-cam sexuales-, que inmediatamente son grabadas, compartidas o vendidas a pedófilos. Cada vez hay más fotos y vídeos amateur que en muchos casos han sido filmados cuando los implicados en cuestión eran pareja. Se filman vídeos de forma escondida, por las posibilidades que dan los móviles, en playas nudistas. De nuevo vacíos legales. México se ha adelantado a poner por ley como ilegal la distribución de fotos o vídeos sin permiso de la persona implicada.

   En esto salimos del entorno de Internet y llegamos a la calle, a la sociedad. Si un hombre consume mucho porno, con el alto nivel de la calidad de las modelos… ¿qué ocurre cuando va a las discotecas? Busca el mismo nivel, aunque él no lo esté. Como no accede a ese nivel se siente frustrado, como perdedor. La mujer “normal” se siente repudiada, como que no está a un nivel que exige la sociedad/hombre actual. El canon de ser una mujer “atractiva” es entre los 18 a los 22 y con un alto grado de belleza, pues es lo alcanzable y el canon a través de Internet, bajo los algoritmos de las web-cam sexuales. Las modas se adaptan para llegar a esos niveles. Sobre todo las fotos compartidas en redes sociales, en donde las poses y los estilos de ropa son casi indistinguibles de las que se usan por las modelos de las web-cam sexuales (ranking de modelos más sensuales).

Fotos en Redes Sociales_p

   La mujer cree que es la que selecciona esa moda, pero no es otra cosa que ese nivel armamentístico en el que se ha llegado a través de las nuevas modas y tendencias propiciadas y potenciadas por el nivel en Internet. Hay que mantenerse dentro de ese nuevo y desastroso canon. En cuanto cumplas los 25 ya eres una “vieja”. En ese juego las feministas creen que defienden su propia postura, cuando en realidad se han adaptado silenciosamente a situaciones en las que hoy más que nunca la mujer es un mero objeto sexual, un objeto dentro de esas páginas en Internet manejadas por algoritmos que extralimitan el coste/beneficio, ventaja/desventaja y en donde ellas sólo son sus números y variables.

Media de la Evolución en la Mujer, en Modas y Estilos, a Través de las EdadesNo sé años, pero son calculables. De poner a hombres ante esas máquinas que siguen la mirada, ¿adónde irían?

   Antes el macho tenía que competir por alcanzar el sexo, en ese proceso entró en una selección, y en donde el que era el más cooperativo y en armonía con la sexualidad de la mujer, era el más seleccionado. Con la tendencia a más prostitución, y más porno en Internet y con los nuevos juegos 3D-porno, cada vez el macho se adaptará menos a la mujer. Podrá seleccionar a la mujer a su gusto y en privado, sobre todo en los nuevos juegos 3D virtuales y con gafas que están por venir, y no a la inversa y en lo público. Más adelante, además, nos esperan los robot sexuales. ¿Cuándo se dará cuenta la mujer o reconocerá que no podemos ser iguales en lo sexual? No podemos serlo porque se parte de “maquinarias” distintas, no por condicionantes sociales o culturales. Al hombre no hay que darle todo lo que pide, pues pedirá más y más como un niño antojica al que le dan rabietas en cuanto le niegas lo más mínimo. En lo privado no creo que haya muchas penetraciones anales. Sigue imperando el criterio privado de la selección femenina, y el decir no y hasta este límite, a la que el hombre se tiene que adaptar. “El hombre propone, la mujer dispone”, reza el dicho. Hay que defender la libertad sexual propia, cada uno que haga lo que quiera y como quiera con su cuerpo, siempre que no perjudique o altere a nadie, pero diferenciándolo de la libertad sexual pública, aquella que se puede corromper, tal como ha ocurrido, como para a su vez pervertir y modificar la sexualidad privada, y la moda y las tendencias de la sociedad. Nunca ha habido una fórmula correcta, es una cuerda floja entre libertad y sin límites, que siempre ha marcado la mujer en lo individual. Quizás en lo social esa fórmula sea que haya prostitución legal a domicilio particular y controlada. Se debería legislar que toda página porno sólo sea accesible a mayores de 18 años, con algún tipo de verificación electrónica. Hoy en día sólo sale un cartel que te pregunta si eres mayor de 18 años… ¡es ridículo!, que menor va a dar a NO al sexo gratis. No creo que el porno nos haya hecho ganar ni un ápice, ni en libertad, ni en dignidad, ni en humanidad. No ha perdido sólo la mujer, sino también al hombre que ahora está más perdido que nunca, y por lo tanto el que realmente ha perdido ha sido la humanidad, la humanidad que es de desear y que tenemos que buscar. No quisiera que mis nietos/as tuviesen la oportunidad de mostrarse como objetos sexuales públicamente. Cuanto más se normalice y se quiera banalizar lo sexual y los órganos sexuales como “normales”, más posible será llegar a esa distopía. La mujer tiene que aceptar ciertos límites, pues como trato de mostrar en el escrito, para el hombre no existen esos límites. Hay que seguir manteniendo ciertos órganos con cierta aura de tabú. Era la única manera de mantener en la jaula al animal que puede llegar a ser el macho, que hoy campa a sus anchas incordiando e incomodando a todas las mujeres, ese que “soltó” sin querer la libertad sexual y el feminismo. Si se viaja en el tiempo, por estudios y documentales sobre el tema, las comunas hippies terminaron en distopías, pues al final las mujeres sólo seleccionaban a los machos por los rangos jerárquicos, y caían en el tipo de manada de prototipo harén (gurú o líder sectario), donde un macho era el que acaparaba la mayoría de las mujeres. El caso de Charles Manson es el arquetípico: tres de sus mujeres se vieron “aborregadas” de tal modo que terminaron por perder su propia autonomía e identidad. Cuando Manson, durante el juicio, se cortó el pelo, ellas hicieron lo mismo para mostrar su sumisión. En general la “opinión” de la juventud no debería de mover nada o casi nada en lo humano, pues al final esas mismas personas, cambian en cuanto han llegado a los 28 o los 30 años. Si es así ¿la liberación sexual la creo la juventud bajo sus parámetros temporales errados o tendentes a ser cuestionados por ellos mismos, pocos años después? La creó un “error”. Fotos como la que puse en el escrito anterior no favorecen a nadie, ni a la libertad de la mujer, ni a la humanidad. No hay ninguna foto de ese tipo en donde el protagonista sea un hombre con los genitales fuera, mientras todas las mujeres de su alrededor los tratan de tocar. Para bien o para mal los pechos femeninos se sexualizaron. En esta otra foto de San Fermín… ¿son o no un objeto sexual del que la mujer hace uso? (¡atención a dónde van todos los ojos de los hombres!). ¿Tiene que aceptarse que esto suceda en espacios públicos donde hay niños y niñas?

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   Hoy en día los documentalistas que van a tribus de cazadores recolectores tratan de no sacar pechos. La hipocresía y perversión de la verdad es tal, que en ciertas tribus del amazonas o África, las mujeres van con sujetador, pero si les pagan los documentalistas se los quitan para hacer la filmación.

   Conclusiones. En algunos casos las llamadas feminazis tienen alguna razón: no se depilan, van al estilo Punk, etc. Escapan, así, de las modas, pues argumentan que estas están sexualizadas y “dirigidas” por modelos sexuales patriarcales. Es cierto que no hay que juzgar a una mujer por el número de sus relaciones sexuales: en eso el lenguaje se tiene que normalizar y olvidar palabras/conceptos como los de puta. De cualquier forma, bajo mi punto de vista, no es meramente un concepto de género. Se llama puto/a a todo aquello que es tramposo, de corte egoísta y beneficiario para sólo una de las partes. De ahí frases/concepto como “puta vida”, que encaja a la perfección a lo que yo he tratado de explicar en los últimos escritos. En ese sentido hay putos amigos, trabajos, situaciones (lo he pasado putas), puto hombre o mujer, etc. ¿Moral patriarcal y por esa pauta enseñar en las manifestaciones los pechos o desnudos?, me parece contradictorio. Lo que la desnudez, o la semi-desnudez o el insinuar signifique y active es tan visceral como lo es el propio pene, que tiene su propia “inteligencia” y tiene casi una total independencia del cerebro. A la contra del eslogan de las mujeres “nosotras parimos, nosotras decidimos”, y en el ámbito de este tema, el eslogan del macho sería “nosotros tenemos erecciones, nosotros no decidimos”. En el humano además se añade las vías en el cerebro por la posible previsión del premio. La testosterona repercute más en el cerebro masculino que en el femenino, pues en él tiene unas vías para que activen ciertos comportamientos que van atrapando cada vez más y más recursos del cerebro, y en donde unas de esas vías es cerrar las zonas prefrontales, que son las que tienen los sistemas ejecutivos y voluntarios, propios de la llamada razón. ¿Cómo sino entender ciertas violaciones, en hombres que no son propiamente violadores?, en el sentido que la mayoría de los violadores sólo se excitan con los actos violentos y de poder. Un macho no manda qué es o no es sexual, y como tal tampoco la mujer. Lo mandan esas vías primarias, lo mandan las hormonas y los cerebros masculinos. Los anunciantes de televisión llegaron a la conclusión de no poner nada directamente sexual ( a no ser que sea para ello), pues al final los hombres se cerraban tanto que no veían la marca. ¿Caminos?, ¿prohibir el porno y las web-cam sexuales? No creo que haya forma de revertir los cambios. Hicimos una viaje a Abilene del que ya no hay vuelta.

   El humano poco o nada controla. No a los sistemas complejos, que son tan dinámicos y cambiantes, que en cuanto los analiza, las conclusiones ya no valen porque el sistema ha cambiado. Sino fijarse en la previsión del tiempo o de la bolsa. Parece aplicarse la ley de la cuántica en donde lo analizado cambia por el mero hecho de ser analizado. La mujer, de querer cambiar algo, primero tiene que ponerse de acuerdo en qué quieren cambiar. Eso sí, tratar de cambiar algo sin haberlo entendido es igual que meter a un elefante con los ojos vendados en una cacharrería, sólo va a producir destrozos. Creo haber sido imparcial, aunque eso quizás nunca sea alcanzable. Yo consumo sexo por Internet, sí, pero me puedo pasar meses sin mirarlo a voluntad. Los que tienen predominio del hemisferio derecho tienen menos probabilidades de caer en adicciones, que es más propio del lado izquierdo cuando se cierra en una retroalimentación positiva, sin un hemisferio derecho que lo frene. Hubiera preferido no tener ninguna opción, de que no existiese y que no estuviera tan a mano, pero si se entra no se sale, además hay que tener en cuenta que el concepto de “gratis” tiene unas grandes autovías en el cerebro. Por otro lado porque en muchos casos no ya es sexo, sino ver la belleza y la juventud en todas sus potencialidades, pues queramos o no es para lo que están programados nuestros cerebros: para captar la belleza en su más alto grado, en su zenit, y eso queramos o no, sólo tiene un pequeño rango de edad. Cuando una modelo mira fijamente a la cámara, el cerebro queda totalmente engañado a que esa mirada va dirigida a él; la química de una mirada directa, entre sexos opuestos, es de un tipo de “magia” de la que nadie puede escapar. Aquí de nuevo vemos los “designios” evolutivos. La mirada de un hombre a otro hombre, y de una mujer a otra mujer, heterosexuales, es de conflicto, entre los hombres es un signo de reto, de posible agresividad, cuestión por la cual hay que evitarla. Sólo la mirada con fines de crear una relación, sean heterosexuales u homosexuales, y siempre que sea entre pares -pues de no serlo igualmente puede ser tomada como “agresiva”-, similitud de belleza, jerarquía, a veces y por desgracia de raza…, tiene esa carga “mágica”, de suelta de endorfinas y dopamina. La captación de la belleza, bajo mi punto de vista, es un instinto, tan básico como la sonrisa. Tanto uno como otro se manifiestan en los bebés de pocos días. Puedo controlar qué hacer a nivel intelectivo: no mirar, pero no qué siento y cuanto me ha de atrapar, al igual que no controlo cuando algo me provoca una risa. La fábula de Ulises y el canto de las sirenas nos habla de esa capacidad de la razón, como para pedir a sus compañeros de viaje que se taponasen los oídos y le atasen al mastín del barco, para no lanzarse al agua al escucharlas, donde moriría ahogado, por saber que era imposible resistirse al hechizo de sus cantos. El mundo de la emoción es un reino donde la razón nunca entra. Igualmente tengo esta forma de hacer en la Red bajo mis nuevos puntos de vista, a modo totalmente voyeur, en donde nada altero y donde, al contrario, al entrar de cualquier forma en el espacio de otra persona, aunque sea sólo con la mirada, ya es una forma de alterarla y un tipo de “violación”: en la calle voy con la mirada al suelo; si por la noche me voy a cruzar con chicas, en calles solitarias, me cambio a la otra acera para no alterar nada.

   En definitiva; es de nuevo uno de esos caminos que la humanidad no ha elegido y no ha acertado al mantenerse en él. Lo hace porque ha creado un nuevo sistema, con sus propias reglas, del que ya no puede escapar. Recordar: la vida es una trampa que funciona a la perfección.

¡Espero no caer en más trampas…!

   (A quien de todas las formas le pueda haber parecido insultante por reduccionista le invito a ver el documental “Sex appeal“, para que se termine por dar cuenta el importante factor que tiene aún los “lenguajes” evolutivos básicos.)


 – Segundo viaje al Ebilene –

   No sabía la existencia de los Incel (célibes involuntarios), si hubiera sido así varios de mis diatribas sobre el feminismo hubieran sido distintas, pues tendría un fuerte apoyo a mis ideas. Si como yo he hecho ver, pues es lo que dice la ciencia, la mujer es la selectora del macho, la negadora, entonces hay un grupo de machos que no tienen acceso al sexo. Ese grupo es el que ha creado el concepto de Incel, en donde una de sus premisas es “si no eres feo no eres incel“, y la máxima de Sartre: “el infierno son los otros”, ellos lo han transformado en el lema: “la fealdad es el infierno”; los cuales han formado comunidades en foros como reddit, y en cuyos foros llegaron a decir que tenían derecho al sexo, aunque fuera por medio de las violaciones. Reddit ante esa dirección, ha cerrado sus canales por incitación a la violencia. Ahí no acaba la cosa, ahora se han creado “héroes” Incel, que antes de suicidarse por sentirse fracasados acometen asesinatos multitudinarios, como son el caso de Elliot Rodger, que “mató a seis personas e hirió a otras catorce antes de suicidarse en Isla Vista, California”; o el último caso de “Alek Minassian mató a diez personas e hirió a otras catorce en un ataque con camionetas en Toronto, Canadá, antes de ser arrestado”. Remito a la artículo de “Incel” en la Wikipedia para no tratar de alargarme, que por lo demás va a ser más clara y concisa que yo. Si bien los Incel dicen que cambiaron el artículo publicado en 2010, para retratarlos con una peor imagen.

   No apoyo tal grupo en su radicalismo. Pero es un claro ejemplo de contraataque a los movimientos feministas, en la medida que la tercera ola se está volviendo muy radical en lo que dice y lo que hace. Ya había dicho que no se podía apagar el fuego con fuego. Lo que ha ocurrido es que se han avivado más las posturas extremas de los dos “bandos” en liza. En cierto escrito decía que el feminismo terminaría por crear aquello que predice. O sea, feminismo radical + liberación sexual fallida (que refleja aún más la selectividad femenina) = grupo radical Incel. El problema estriba en que en la calle el feminismo es el de los derechos, pero como lo viral es lo que dice y lo que hace el feminismo de la tercera ola, ese es el que toma el protagonismo de lo que se manifiesta, falsamente, como feminismo en las redes sociales e Internet. La dirección de mi escrito era la de mostrar que la copulación forzada -en lo humano violación-, es bastante general en el reino animal. Bajo el prisma de entender la humana, pero cualquier idea en esa dirección podría ser tomada como incitación y/o “justificación”, y puede ser verdad. Hubiera querido mostrar el “origen del mal”, pero puede llevar a equívocos. Si bien tengo que decir que en el humano la violación tomo una segunda vertiente, que era la de causar el terror. En todos los enfrentamientos o guerras de culturas o países o tribus se usa la violación como arma de terror. Los alemanes al entrar en Rusia violaban a toda mujer que se encontraban por el camino. Los rusos le devolvieron el mal con creces al entrar en Alemania. Hasta 240.000  mujeres de entre 8 a 80 años, según Wikipedia. 860.000 mujeres y niñas después de la guerra, en Alemania, causada por los “buenos” soldados aliados. Sexo por una simple chocolatina. ¿Quien puede sentirse orgulloso de ser humano antes estas cifras y hechos?

   En el concepto de la “copulación forzada” o coercitiva, en definitiva en la ciencia y la etología, está la explicación del “abuso sexual” de la manada, en Pamplona, que sí es violación bajo su perspectiva, pues la “aceptación” forma parte de tal acto. Esto dice la Wikipedia:

   A veces, las hembras optan por no luchar y simplemente aceptar los apareamientos forzosos. Esto puede suceder cuando deciden que el costo de resistencia sería mayor que el costo de apareamiento. Usan la sumisión para evitar más hostigamiento o agresión, que podría terminar en muerte o lesión. Esto se ve a menudo en especies de primates, como los chimpancés y los babuinos hamadryas.”

   No queremos vernos como animales. La víctima de Pamplona recurrió a esa programación en el ADN de las mujeres para evitar su posible muerte. Así fue en casi todos esos casos de la II Guerra Mundial o cualquier otro conflicto armado. La mujer “asume” esa estrategia para la que le ha “programado” la evolución. No lo queremos analizar bajo esta mirada, y al final las leyes se adaptan a lenguajes errados. En realidad somos “animales” maquillados de “civilización”, en donde además ese ocultamiento va en nuestra contra, por posturas, convenciones y modas que hacen que no nos demos cuenta de esa realidad hasta que ya es demasiado tarde.

Para quien quien quiera investigar o seguir informándose, dejo enlaces que tenía preparados:

   ¡En fin!, no es más que otro viaje a Abilene. El humano siembra pero realmente no sabe cuáles van a ser los frutos. Va a ciegas por mucho que diga y pretenda. En muchos casos se aplica aquello de “es peor el remedio que la enfermedad”. Si antes se violaba y no había una ideología, ni un grupo detrás, ahora los hay. Si su consigna se propaga asesinarán antes de suicidarse para que su voz se oiga. De nuevo una creación de una identidad de fondo, una nueva frontera humana, una nueva bandera, un suma y sigue en la separación y la desintegración de lo humano.


 Después de tres meses del presente escrito encontré este artículo científico que valida mucho de lo afirmado aquí: “Pornografía y adicción, los estímulos supranormales considerados en el contexto de la neuroplasticidad”.


Todas las fotos usadas en este escrito están publicadas en sitios de Internet abiertos. Según una sentencia reciente usar una fotografía publicada abiertamente en Internet, puede ser utilizada por otra persona, siempre y cuando no la altere.

   La foto de cabecera es de Rahman Hak-Hagir (mantuve su autoría al poner su nombre). Mis cabeceras tiene sentido con respecto a los textos. En el anterior era la de un Quijote ante sus molinos de viento, pues la empresa humana es quijotesca. Creemos saber lo que vemos y cómo atacarlo (controlarlo) pero en realidad no es así. La de este escrito representa lo que ya dijera en los anteriores escritos: en la soledad se pierden todas la identidades, se llega a esencia humana en cuanto a forma, explicado además, en una gráfica de un escrito anterior. En este caso es lo que aparece en la fotografía de Rahman Hak-Hagir, se reconoce que son formas humanas, pero no se sabe de sus identidades, si son mujeres u hombres, las etnias o sus religiones a partir de estas.

Lo que Es y lo que (a)Parece – Epílogo II – La Dimensión Individual

Ya he visto toda la verdad que soy capaz de soportar.”
“Mucha gente tiende a ignorar sus narrativas.”
Westworld
Tengo palabras que deberían gritarse en un desierto, donde nadie pudiera oírlas.”
“Macbeth”, Shakespeare
El camino desde la nada tiene que estar pavimentado con cadáveres.”
Bude Heinz
En las cosas profundas e importantes estamos terriblemente solos.” 
Rainer Maria Rilke

 

Preámbulo.
   En este artículo hablo sobre temas complicados y aparatosos sobre el feminismo y las diferenciaciones entre los sexos. No quería complicarme e implicarme tanto, pero bajo mi punto de vista es en España, donde quizás hay menos racismo que en otros países -o por lo menos no tan encarnizado-, una posición clave para entender las implicaciones de una identidad, de una isla identitaria. Quise “censurarme”, quitar todo ese tema, pero lo había entrelazado todo demasiado como para hacerlo.

   He ido añadiendo frases y notas al texto, y he enredado la cuestión sobre el feminismo, de tal manera que cada vez era más proclive a ser malinterpretado. Retiré el escrito ante ese caos. Ayer de casualidad vi la película “al filo del mañana”, que tiene como base el reiniciar el día, para tratar de llegar al final deseado. Quizás eso me ha “motivado” a hacer esta introducción, a “reiniciar” el escrito a partir de todas sus taras. Se podrían sacar las conclusiones de todos los datos expuestos, pero sé que en cuanto un dato se interprete de forma negativa, eso va a predisponer a que el cerebro a partir de ese momento trabaje con esa premisa, pues el cerebro está construido con el cebado, con la pre-activación de un circuito, de tal manera que es el que está más disponible para ser usado. Siendo así me veo “obligado” a explicar mi postura en términos generalistas sobre el feminismo y el humano, ya que tampoco es cuestión de remitir a cada paso de la redacción a otros escritos en donde expongo ciertas ideas, que a su vez remitirían a otros tantos. Tengo una visión fatalista de lo humano que tiene dos vertientes. 1. El humano en los social es un sistema complejo, que parte de unas premisas 1A) los constructos de su cerebro, predispuestos en el ADN, 1B) el cómo esos constructos son la base de cómo se crea el sistema complejo al que pertenece. 2. Todo cambio que trate de hacer el humano crea cambios en cadena, que vuelve más complejo el sistema, con lo que es más susceptible de generar más caos. La mayoría de las personas no terminan de comprender la evolución, en parte porque viene dado por que es dar un vuelco a la forma de trabajar del cerebro, con sus premisas y sesgos, entre los que se encuentra a que es en tanto que es una “máquina teleológica“: estructura la realidad desde metas, desde finales, con unas “narrativas”, y segundo porque falla el sistema y la educación a la hora de explicarlo (ver vídeo de la extraña evolución de un parásito). Yo, si fuera parte de ese sistema de educación, recurriría a la informática, para mostrar varios modelos informáticos evolutivos. En estos programas se parten de las reglas evolutivas y se crean unos agentes o mini-bots para ver cómo se desarrolla el sistema. Cualquier pequeña ventaja/desventaja de un agente empieza a generar grandes cambios en los sistemas evolutivos. Los sistemas sociales (siendo reduccionista y por su contraposición) son de dos tipos: gregarios, o de manadas. En el primero no hay un líder, no se genera tal entidad o agente, en los segundos sí. Un sistema gregario puede ser concebido como más democrático y justo, pero es más “estúpido” ya que no se aúnan hacia un fin común, un ejemplo de estas desventajas es que es proclive a las caóticas estampidas, que pueden causar daños a los individuos. Todos los animales inteligentes provienen del tipo social de manadas, donde prima el poder y las jerarquías. Si el sistema tiene que estar más “dirigido” a fines se crea el concepto de líder, una cabeza sobresaliente, que la evolución predispone con los mejores genes, que es el que pone las metas. Como ya he dicho muchas veces, un sistema con varios líderes (en una frase contradictoria) o democrática no sería óptimo, pues una “decisión” dividida crea división en la manada, y una democrática crea retardo a la hora de tomar una decisión. De cualquier forma una democrática no es posible sin un lenguaje complejo, y ese paso lleva a un nuevo grado de complejidad de ese tipo de manada. En resumen el humano es un sistema social de manada que parte del concepto de líder, de “dar” ventaja a un agente para que sea la cabeza “unidireccional” del sistema. La testosterona no es simplemente una hormona individual, está relegada a ser parte de ese sistema. El macho alfa tiene más testosterona y eso hace que la testosterona del grupo disminuya para que el concepto de macho alfa se mantenga. Todos los depredadores, bajo esta premisa, crean estrategias de caza a partir del macho alfa como el planificador de dicha estrategia. Cada agente o individuo está pendiente de lo que hace el macho alfa para cambiar su comportamiento de caza en cada momento. En ese caso el alfa opera como el sistema central o cerebro, por lo cual tiene una mayor agilidad mental, más adaptativa e inteligente. En animales como los chimpancés o los lobos, ya más cercanos al humano, esas estrategias además se usan para ganar un nuevo territorio o para mantener el propio. ¿No nos damos cuenta de que el humano sigue esas mismas reglas? Hay una estructura jerárquica, las manadas relegan la mayor cantidad de testosterona a un líder, pero optimizando que hay unos betas que lo pueden llegar a sustituir, si no fuese así, si todas las bazas fueran para el alfa, si este muriese por enfermedad o por accidente, la manada (sistema) se vendría abajo. Primeras conclusiones, todo sistema basado en el de manada se basa en dar prioridad a una hormona, que es la que causa unos cambios en cadena en el individuo, que la porta en más cantidad. ¿Qué el patriarcado es “incorrecto” por injusto?, no es “culpa” del macho, tan sólo hereda un sistema. Un individuo macho que herede una alta dosis de testosterona es una “víctima” de su ADN. Que sea el macho el que porte ese poder es aleatorio, hay sociedades como la de los suricatos, las jacanas de Panamá o el de las hienas (ver vídeo de un claro ejemplo del papel de la testosterona) en donde ese poder “injusto” (según la concepción humanista y por extensión feminista), lo portan las hembras. Los etólogos y antropólogos estudian a los bonobos como paradigma que pareciera contradecir estas reglas, pero lo que están descubriendo es que es una sociedad igualmente injusta (las crías recurren igualmente al “acoso” para ganar posición jerárquica), y en donde las hembras sí parecen igualmente no elegir a los machos más colaboradores y “buenos”, sino que igualmente seleccionan a los que hacen un uso más abusivo e injusto del poder. En este caso es matriarcal, pero mantienen su poder al tratar de portar los genes más proclives para abusar del poder, aunque sea de forma subrepticia y bajo la pretendida apariencia de que todo se arregla con sexo.

   Aunque creamos que el humano ha “superado” su condición animal, en realidad no es así. El humano es neuroplasticidad, pero a la vez nace con unas premisas, estructuras y reglas que parecen inamovibles y fijas.  En el escrito expongo y sostengo varias de esas reglas, como el caso del apego, por el cual si un apego no es el “correcto” va a crear cambios en cadena que son los que van a marcar de por vida al individuo. Otra regla es el margen para los aprendizajes: el lenguaje se adquiere a cierta edad, si por alguna causa se sobrepasa esa edad sin haber adquirido un lenguaje (niños ferales), después es casi imposible hacerlo. Todo el libro en general y el presente escrito en particular, muestra como yo a partir de un apego evasivo, he “creado” un tipo de personalidad (trastorno de la personalidad esquizoide o evasiva) que es el que ha trazado toda mi vida en cada uno de mis actos y “elecciones”. Aunque el humano quiera dar explicaciones a sus vivencias, a sus vidas en definitiva, con conceptos culturales/sociales, estos no tienen por qué ser válidos, en realidad y siendo honestos no “funcionan” ni para explicar a una persona, ni para explicar a la sociedad en general. “Analizar la comprensión actual de un término no revela la naturaleza de su referente, sólo lo que la gente cree sobre ese referente”, Paul E. Griffiths. Sueños recurrentes humanos como el que se caen los dientes, denotan que el cerebro es en tanto que todo, una metáfora en donde las estructuras conceptuales más antiguas y primitivas son las que crean cada acto, emoción y pensamiento. En la prehistoria quien perdiese los dientes perdía, en un tiempo muy lejano posiblemente su vida, y más tarde perdía por completo su autonomía, al no poderse alimentarse por sí solo. En la prehistoria los allegados masticaban los alimentos y se lo pasaban de boca a boca o bien a los bebés o bien a los ancianos o a quien perdiese la dentadura. Ese hecho creó a posteriori el beso, acto clave del concepto del “amor”. Otro caso es la estructura del yo, que es sobre todo el propio pasado. Como he mostrado en los escritos, el hipocampo, que es sobre todo memoria autobiográfica, era en su origen una estructura que era la que guardaba una información tridimensional al moverse por la naturaleza, un mapa interiorizado del movimiento. Cuando más tarde ha “servido” para ser memoria autobiográfica lo ha hecho a partir de esta estructura original, de tal manera que más tarde el lenguaje nos muestra que se construye con esta metáfora y regla esencial. Uno se siente perdido cuando está triste, la esperanza es algo que está delante, como el tratar de llegar al otro lado de las montañas y poderte encontrar con un valle. Una gran parte del lenguaje son recursos que hacen mención a ese andar por un paisaje. Caminamos por la vida; no tenemos que mirar atrás para referirnos a dejar algo en el pasado; los sueños son mirar el cielo y su gran e hipnótica belleza, y con la tristeza echamos la cabeza abajo y miramos errabundos el suelo (errabundo: sin rumbo y que a la vez proviene de errar, equivocarse), dualidad de la cual más tarde creamos el concepto de cielo e infierno, etc.

Mapa de la Felicidad_1

   La segunda premisa es que todo cambio es ciego. ¿Realmente vamos hacia adelante y hay progreso? Yo, con móvil, con un ordenador de última generación y teniendo acceso de banda ancha a Internet, pudiendo ver cualquier serie o película en una gran televisión, etcétera, no creo ser más feliz que un individuo de una tribu de cazadores recolectores. El humano occidental trabaja y lo hace de forma dura y por muchas horas. El cazador recolector labora, y apenas si le lleva tres o cuatro horas al día, en una labor que no es onerosa o mentalmente denigrante. Ha mantenido la base humana de la familia. El occidental cada vez está más lejos de ese concepto. El cazador recolector no tiene trastornos y enfermedades mentales, el occidental a cada paso que da crea nuevos trastornos.(1) ¿La cuestión no es tan sencilla como la de mantener los lazos de amor de familia? La sociedad occidental está rompiendo esa estructura básica, a cada paso que da más va matando ese concepto y más lejos está de ella. El feminismo va en esa dirección. ¿Qué trata de restituir? El patriarcado no es una “injusticia” del macho, era una estructura que emergió del concepto de poder, concepto que proviene del de pertenecer al concepto de manada, que proviene a su vez de una hormona. Si el poder lo tuviese la mujer igualmente no sería justa, ¿quizás más justa que la patriarcal?, posiblemente sí, puesto que la mujer tiene la oxitocina, hormona que en un principio era la que servía para iniciar el parto y promover la lactancia, para más tarde servir para crear todo lazo de “amor”, como lo es el apego entre madre e hijo, y más tarde entre el hombre y la mujer. Pero en la medida que se hiciesen con el “poder”, tendría que ser por aumentar la testosterona o los estrógenos que hacen el papel de la testosterona en el hombre. En un caso u otro se cambiaría la naturaleza de la maternidad, en su dimensión generalista de amor expansivo, tal como se ha entendido hasta ahora. ¿Hacia qué?, quien sabe. Es un cambio en cadena que una vez que se tiende hacia él, es imprevisible. Entre tanto pasaremos por un largo estadio de dos estados, en donde se generará un gran desorden. O sea, todo sistema tiende a llegar a un estado homeostático, pero cuando el sistema cambia algún parámetro entra en una entropía exponencial en donde el caos es el que más se manifiesta. Como imagen bien puede valer el choque de dos galaxias. Dos galaxias mantienen cierto orden, su choque, de miles o millones de años, sólo crean caos entre esos dos momentos. Lo que quiero decir es que a lo que finalmente pueda llegar ese nuevo sistema humano no es “medible”, ni pensable, ni predecible por ningún humano. El feminismo ha errado al pensar que tiene el control sobre todos los cambios que se producirán. El humano en general ha errado al pensar que al apostar por la “civilización” (la agricultura, la ganadería y las grandes ciudades) era mejor para un individuo en particular o la sociedad en general.

   Bajo mi punto de vista amor y poder son dos fuerzas que se generan del concepto de manada, al modo de dos retroalimentaciones que se crean en este tipo de sistema complejo. El poder es retroalimentación positiva, tiende al desorden y al caos (luchas, guerras, muertes, crisis…), mientras que el amor es la retroalimentación negativa que tiende a frenar esas fuerzas destructoras y caóticas. Desde siempre se ha sabido y usado esa dualidad, sobre todo en las religiones y sus dioses. A todo dios masculino se le oponía -y tenía una contraposición en- una diosa femenina (sol/luna apolo/venus…). El monoteísmo acababa con esa dualidad, pero en el cristianismo Jesucristo hacía de ese lado del amor (Dios Padre=poder, Dios hijo=amor), en donde Jesucristo era en simbiosis con su madre y en donde el parto/nacimiento es la clave para entender esta dualidad. María es esa metáfora/concepto remanente de fondo en sus relatos y biografía. La hembra humana, y sus fuerzas, han hecho que el macho “eligiera” auto-domesticarse, para estar a su lado. La oxitocina y la prolactina (hormonas propiamente femeninas), en el hombre casado o con pareja, hacen que sea más tranquilo, menos violento y que no se manifiesten en demasía las capacidades de la testosterona y el poder. Si el feminismo quiere detentar el poder por igual, ¿no se desequilibran las fuerzas, los contrarios? Esto es, si el sistema llegó a una homeostasis en la lucha de dos contrarios en sus retroalimentaciones positivas y negativas, ¿qué ocurre si de repente el sistema pierde las capacidades de la retroalimentación negativa? O dicho en una metáfora: ¿el feminismo quiere apagar el fuego con fuego? Si en el empoderamiento -y hay que poner atención a que tal concepto tiene como raíz el de poder-, la mujer pierde de vista que su papel en el sistema es en tanto que retroalimentación negativa, amor, entonces devenimos a un mundo donde el único lenguaje será el del poder, retroalimentación positiva sin freno. No gana la mujer, evolutivamente hablando habría “tirado la toalla”; pierde porque “olvida” que su “verdadero poder” es el amor. Pierde porque relega por completo las capacidades cohesivas provenientes de la familia, principal “motor” del concepto de manada, y principal “motor” que creó la humanidad tal como la teníamos entendida hasta la actualidad, pues dos fuerzas que luchan con el mismo lenguaje de poder sólo pueden crear luchas y violencia, como va demostrando el panorama actual (el porno -quizás como mal ejemplo- donde cada vez es más aberrante, mecánico y bestial). No genera menos violencia al sistema (en este caso de género). No genera “control” de las capacidades negativas de la testosterona, pues el hombre solo, si mujer, sin matrimonio, se aventurará en una nueva odisea en donde no producirá oxitocina y prolactina que erradique el papel nefasto de la testosterona. Se “asalvajará”, si se quiere decir y simplificar así. Sin la mujer el hombre es pura energía caótica, propiciada por la testosterona; la oxitocina y la prolactina, propia de la mujer, redirige y estabiliza esa tendencia al caos; ella misma puede ser tendente al caos si no encuentra pareja, pues la trampa evolutiva es que mujer y hombre están condenados a entenderse, para reproducirse, pues esa es la finalidad de la vida. ¿No será, entonces, que quizás el neoliberalismo brutal al que estamos llegando sea la total manifestación del poder sobre cualquier otro concepto que lo pudiera frenar? Cuando Margaret Thatcher o Angela Merkel han estado en el poder no ha sido para dar un “toque de amor o femenino”, de freno o de tendencias de izquierdas o humanistas e igualitarias al sistema, más bien al contrario. En fin, lo ya apuntado arriba, todo cambio en el sistema sin haber entendido la “metáfora” del mundo, sin partir de unos conocimientos exactos de los juegos evolutivos, y cómo estos crean sistemas complejos equilibrados por las retroalimentaciones positivas y negativas (en donde negativo no es igual a malo o inferior, si se me ha seguido el hilo), en donde lo que tiene que primar es mantenerse y buscar un equilibrio homeostático, sólo deviene en una rotura del sistema en donde hasta arribar a otro nuevo sistema, si es que se llega, sólo será por pasar por un largo periodo de desequilibrio, entropía y caos, como predice el choque de dos galaxias. Si el feminismo comprendiese o partiese de estas reglas su empoderamiento debería ser a través de más amor, ¿por qué pensar que la frase “el amor es poderoso”, cantada una y mil veces, es sólo una frase bonita y sin sentido? Hoy en día las manifestaciones feministas cada vez son más radicales, brutales y violentas. Parecen odiar lo “macho”… ¿y se vuelven eso que odian? Los lenguajes duales y metafóricos del mundo siempre han contrapuesto el agua al fuego, donde el agua está “movida” por la luna en sus mareas, y son los sentimientos y las emociones calmadas y tranquilas las que apagan las capacidades devastadoras de los fuegos. Con todo el fuego tiene su lado positivo, y las fuertes mareas igualmente son violentas, en ese lenguaje metafórico que siempre ha sabido de la homeostasis y el equilibrio de las fuerzas contrarias. Está de más seguir esta línea argumental, pues el feminismo más radical sólo verá lenguaje machista y tendente a mantener el estatus quo. (Descargar libro sobre la homeostasis)

   Si vamos hacia algo es a que cada vez habrá más trastornos y enfermedades mentales, pues el cerebro no es capaz de reajustar sus premisas estructurales a los cambios de una sociedad cada vez más compleja y caótica. Si la base estructural de la construcción de un yo es el hipocampo, este ha perdido las coordenadas de cómo estructurar un yo en un mundo oscuro, extenso y sin puntos reales de referencia. Yo, y me imagino que es general, me siento perdido porque no comprendo nada de la estructura social, la actual realidad, el actual mapa social. No comprendo como algo tan estúpido como Facebook gane tantos adeptos, y tantos recursos sociales y tanto dinero. No comprendo que si lo único que vale para realmente sobrevivir como es la alimentación, la comida sea tan barata como para que a los agricultores y ganaderos le cueste tanto mantener sus “negocios”. Las multinacionales gastan millones en su procesado, distribución y comercialización, pero en muchos casos no invierten en el proceso más sucio, imprevisible y duro que es la ganadería y la agricultura, que lo dejan en manos de pequeños o medianos empresarios. No comprendo cómo si un tomate lo vende a unos céntimos un agricultor, al final un chef haga una gelatina y la venda a 20 o 30 euros. No comprendo que un banco no te cobre comisiones si tienes una nómina y si eres un parado sí. No comprendo que en la bolsa con un simple chasquido de dedos se ganan millones, mientras el 80% de los agricultores del mundo aún labran sus tierras con sus propias manos para ganar unas migajas. Altera mi razón comprobar que cada tres meses se rompan los auriculares, por su simple uso, pues me doy cuenta que producimos objetos que están programados para fallar, para acabar en la basura, pues igualmente los preparan para no poder ser reparados. No comprendo un sistema de enseñanza que gaste tiempo en hacerte diferenciar entre la b y la v, cuando habría una gran cantidad de cosas más necesarias para aprender. No comprendo que ahora sea nepotismo el mirar por la propia familia y que una empresa tenga como norma no contratar a familiares. O sea, entiendo los porqués y su instrumentalización, pero no comprendo cómo eso va a ser bueno para el concepto nuclear y primigenio de la familia. En fin no voy a alargar este relicario. Cada paso hacia la actualidad ha ido generando caos y más caos. Es imposible equilibrar la balanza. Llegar a un estado homeostático de equilibrio, en un sistema eternamente cambiante y cada vez con más agentes creando cambios en su lucha individual/evolutiva. La pérdida de identidad, de sentido, sólo genera caos en el cerebro, en lo individual, ya no hay ningún atractor que nos sujete en unas coordenadas. El hipocampo se desintegra en sus capacidades estructurantes. “Nos contamos una historia para poder vivir nuestra propia historia, sin darnos cuenta que se trata de una historia” (Jeanne Siaud-Facchin), pero si perdemos la capacidad de crear una estructura a nuestra historia personal, una narrabilidad, no somos capaces de mantener estable al cerebro, cae en la depresión, cae en la ansiedad. Le puede, en definitiva, su miedo ancestral al caos, al miedo de perder el control, de sentirse perdido, sin origen y sin rumbo.

   Con esto llego a la encrucijada de los temas feministas. Son terribles las violaciones y los homicidios o asesinatos de género, pero ¿realmente cree el feminismo que los puede erradicar? Siempre se ha sabido que el “amor” era una de las primeras causas de violencia que pueden llevar a la muerte violenta. Casi todo homicidio o asesinato lo comete un familiar o persona cercana a la víctima, no sólo los de la violencia de genero propio de la pareja, sino otros tantos como los parricidios, los fratricidios, los filicidios, etc. ¿Se puede cambiar esta realidad? Cuantas más emociones generen, el contacto de dos personas, más enredado y compleja se vuelven sus relaciones (trampas situacionistas y existenciales). Cuantos más emociones más susceptibles son las relaciones humanas en caer en dinámicas que en apariencia no eran potenciales en esos cerebros individuales. Y finalmente cuanto más emociones haya, mayor daño crea una rotura, engaño, etc., que crean a su vez unas respuestas más básicas e instintivas. Para que un cerebro no llegue a un estado totalmente irracional se necesita tener una infancia lo más equilibrada posible, “aderezada” con una gran educación. Lo primero que falla es el sistema, pues no crea ni una cosa ni la otra. Las “nuevas normas” sociales, en donde hay cada vez menos estabilidad en el concepto de matrimonio y se da cada vez más familias monoparentales, no parecen ir en buena dirección. Una sociedad cada vez más injusta y desigual, con la desintegración de la clase media, cada vez tiene un peor y desigual sistema de enseñanza. La carencia de creencias fundamentales religiosas han roto todas las barreras mentales que antes eran impensables traspasar. Si se carece de esta regla se supone que algo lo debería de suplir, pero no parece que sea así, pues además se está ignorando o desechando a la filosofía en particular y a las humanidades en general. Hemos devenido en un sistema en donde “apáñatelas como tú puedas” es la máxima. ¿Por qué detenerse y concentrarse en la violencia de género cuando lo que hace falta es un equilibrio social? La mayor cantidad de muertes violentas, mayor de la generada por los accidentes de tráfico o por los homicidios/asesinatos de género, son por suicidio, ¿alguna voz, estamento o red social habla de esta realidad? Esa es mi queja, esa es la queja de muchos hombres, ese empecinamiento en centrarse en un tema y de paso crear el concepto tan dañino en lo personal y reduccionista como el de machista, solo equiparable en la historia al de negrata o judío. O sea, han creado el feminismo, se han cerrado en una ideología, y en el proceso han creado una isla identitaria que genera más caos que orden. Se supone que la oxitocina y los estrógenos, son generadores de orden, de unidad, de unión entre otredades, tanto a nivel del cerebro (los estrógenos en general reparan daños cerebrales, son tendentes a la retroalimentación negativa, a la homeostasis: “el estrógeno se considera que juega un papel importante en la salud mental de las mujeres“, fuente Wikipedia); como en lo social, al crear el concepto de maternidad y por extensión de familia. Por el  contrario el feminismo no va en esa dirección, se comportan bajo las premisas de la testosterona, la cual es desestructurante y a la larga crea daños en el cerebro y en el cuerpo. Si lo que crea más violencia son las emociones fuertes, y dado que el hombre es más proclive de llegar a lo irracional, entonces por deducción, a la conclusión a la que ha llegado una línea de animales como las elefantas o las orangutanes, es que es mejor mantener al margen al macho. En esa misma senda, el humano, tiende a lo que predice el documental “la teoría sueca del amor” (descargar). Ningún movimiento generado por el feminismo nos ha llevado a más equilibrio estructural en lo social. El feminismo debería de basarse tan sólo en las igualdades sociales ante la ley de los dos sexos, todo lo demás no es más que generación de caos en el sistema. La libertad sexual no ha generado un nuevo orden, sino más caos, desestructuración y desigualdades. Hay más suicidios en una sociedad cada vez más desestructurada, caótica e injusta; ¿se podría deducir que el feminismo promueve esas causas, pues ha promovido sin quererlo la muerte de la familia tal como estaba concebida hasta ahora? Quién sabe, “es que nadie se da cuenta que los debates generalmente fallan por lo que se pregunta, y no por lo que se responde”, nos dice acertadamente Herman Casciari. Si faltan las preguntas adecuadas, las respuestas se falsean y son fallidas. De lo que se trata, la pregunta, no es de si se acepta o no las violaciones o la violencia de género, sino que de construir una sociedad con la menor violencia posible, de qué forma hemos de construir esa sociedad. La respuesta es social y de izquierdas, no sólo feminista. Se ha de acabar con el paradigma actual, con todas la reglas erradas del neoliberalismo. En la medida que todas las fuerzas del feminismo vayan en una dirección, la propia, están ignorando el resto de los problemas. Problemas en donde sí están las verdaderas preguntas que hay que hacer.

   Bajo estos puntos de vista, esos problemas aledaños, aberrantes y sangrantes de la violencia de género y las violaciones, las han de resolver mujer a mujer. Yo no me voy a un barrio dudoso solo y por la noche. Ni siquiera iría paralelo o me dirigiría hacia un grupo de hombres ebrios y que están armando escándalo en la calle y por la noche. Yo no trataría de ser amigo de alguien que tiene constantemente arranques violentos, pues podría caer en su dinámica. En cuanto en una pareja se pierde el respeto deja de ser pareja, hay que dejarla atrás. Vale más la sabiduría ancestral que las nuevas y pretendidas normas. El sentido común es el que debería de prevalecer. Cualquier “consejo” que pueda dar puede voltearse para parecer machista. En círculos de redes sociales feministas prima el decir que si un hombre te da un tortazo, hay que arrearle una patada en los huevos, que no se quedarían calladas y sin hacer nada. ¿Desde cuándo la respuesta a la violencia es más violencia?, ¿es que los padres ya no saben educar o no les vale de nada? Hemos olvidado el papel del padre, sus consejos y sus puntos de vista por machistas. Sólo un hombre sabe a lo básico e instintivo que pueda llegar otro hombre, sin ese punto de vista la educación cojea, flaquea. En fin hemos roto la antigua estructura, y las antiguas reglas, y en ese proceso sólo se va a generar caos y desorden. Mis ideas no son conservadoras y/o de derechas, y de mantener las “viejas” estructuras, tampoco hay que ser reduccionistas. Mis conclusiones son fatalistas y cínicas. El humano bajo las premisas de su ADN nunca crearán un orden perfecto y justo. Eso sí, a las “conclusiones” a las que llega la evolución son más tendentes a crear homeostasis, equilibrio, porque en eso consiste la evolución. Romper esas reglas, y sobre todo a ciegas, es sólo generar caos y más caos, sin viso de llegar a algún orden “correcto” y más justo. Bajo mi punto de vista hubiera preferido haber nacido en una tribu de cazadores recolectores, o en cualquier momento de la prehistoria, aunque hubiera sido siendo mujer, que haber nacido en la sociedad actual occidental. Seguro que hubiera sido más feliz, pues en definitiva: ¿no habría de ser esa la verdadera finalidad del ser humano?

   Por último, y en la dirección de aclarar cuestiones, sé que no es uno de mis escritos más pulcros: demasiados incisos, interrupciones y perderme por las ramas, pero como era el último (quizás haga un adendum sobre el concepto de posverdad) tenía que dejar expuestas hasta las ideas más lejanas al tema, con tal de dejarla escritas.

   Para el que haya seguido un orden en las publicaciones e historia del escrito durante varios días, su estructura tiene un sentido, por el contrario el haber añadido un escrito sobre las luchas sexuales en una larga anotación, y este y nuevo alargado preámbulo sobre el feminismo, sólo lo ha vuelto más farragoso y más caótico. A tenor de la dirección que ha tomado, debería de dividir el escrito en dos capítulos, uno sobre el feminismo y otro con el tema que quería tratar. Pero siendo radical y deconstructivista prefiero dejarlo tal cual está. Igualmente debería de corregir el escrito central a partir de este preámbulo, para no reiterar y caer en un caos, pero lo mantengo tal cual, para que se entienda el porque de esta larga “intromisión” en otro tema distinto del deseado. Por lo demás aconsejo, sin embargo, tomarlo como dos lecturas independientes. Si este escrito es largo, no lo es nada con respecto a todos los apuntes e ideas que estaban al margen y en mi cabeza. En ese sentido aunque finalizado, es susceptible de que lo repase y le añada o corrija ideas o vínculos, frases o párrafos enteros, en posteriores días.

(1) De interés es conocer el nuevo “síndrome de la resignación“, “una condición que se cree que solo se ha dado entre niños y adolescentes refugiados en Suecia.” El cual ocurre “después de que los pequeños se enteran que sus familias serán deportadas a sus países de origen. El síndrome de resignación vuelve a los pacientes pasivos, inmóviles, mudos, incapaces de comer y beber, incontinentes e indiferentes al estímulo físico”, y es equiparable a “estar muerto en vida”. Es posible que pueda ser un nuevo tipo de trastorno de conversión (anteriormente llamado histeria). ¿Se generalizará en el futuro cuando se den grandes migraciones ante la superpoblación? Da tema para una novela, suena a futuro distópico y terrorífico.


 La Dimensión Individual

   El anterior escrito lo acabé con tres sentencias grandilocuentes: “yo me declaro fuera de este juego. Si la identidad es lo humano, me declaro no humano. Me declaro posthumano”. ¡Es imposible escapar del metarrelato! Lo que dije allí es una memez; una floritura en el tono bobalicón y de mercadotecnia de la época actual. Por lo demás contradictorio. Primero porque de crear una nueva ideología o paradigma, lo posthumano, ya creo la división de un grupo, o isla identitaria. Y segundo porque si crease una ideología o un nuevo paradigma sobre lo que ha de ser el humano, iría contra mis propias ideas y deseos. Pensar que esta o tal otra ideología o paradigma está fuera de lo humano y lo supera sería demasiado soberbio; de nuevo se caería en el mismo lenguaje de sentirse superior del resto de humanos, de invalidar a lo otro para validar lo propio. Es lo mismo que la paradoja de creerse libre de racismos y xenofobias, quien así lo diga -la cultura (religión, ideología, paradigma)-, que lo afirme ya se pone por encima de aquellos otros que no pueden librarse de tal sesgo, con lo cual anula su propio postulado, al rechazar subrepticiamente a los que sí tienen este sesgo y sentirse superior a ellos. Las feministas han caído en este error, pues parece que ellas no tienen la culpa de nada, que el patriarcado sólo tiene un lado, y siendo inocentes el único culpable es el macho, sobre el que se sienten en superioridad moral. Recurriendo a una imagen, y ante la frase de Jesucristo de “Quien esté libre de pecado que tire la primera piedra”, todas las  mujeres empezaron a tirar piedras a todos los hombres, incluso a Jesús, pues es un signo claro del patriarcado. ¡Por cierto, nunca he llegado a averiguar si Jesucristo se lió a tirar piedras o no! Si la vida se basa en unas premisas y unas reglas “tramposas” y falseadas (poder, sesgos, artimañas, desigualdades, ocultamientos, ignorancia…), difícilmente se puede crear en ella un juego sin trampas, ni sufrimientos. El humano no se puede superar, no de su propia mano y con las “herramientas” de la evolución. Somos una especie social y en toda especie social entran en juegos las jerarquías y el poder. Toda “conquista” es un juego de poder en donde una vez que se entra en la dinámica de poseer un poder se considera pérdida cualquier ventaja que obtenga el otro. Vuelvo a esto más adelante.

   En la primera parte del epílogo hago un recorrido completo sobre el cerebro y los sistemas complejos (el propio cerebro como sistema complejo) en los que nos encontramos inmersos. En este toca dar una dimensión individual y personal. Recuerdo que cuando creí acabar el presente libro, al tratar el tema de la actitud en el capítulo dieciocho, esperé un tiempo para finalizar con un punto de vista más personal y emotivo, sin que este último capítulo terminase por llegar. Ahora entiendo la dificultad, después de los subsiguientes desarrollos de los distintos temas tratados tras ese capítulo sobre la actitud. No es posible acabar como pretendía. Inevitablemente hago, en los escritos, un análisis de la vida en donde ya no es lícito ni honesto pretender alguna verdad emotivo/individual/poética. Por el contrario me veo remitido a la razón “pura”, si tal cosa es posible, excluyendo toda posible emoción para llegar a una conclusión, a un epílogo desde esos límites.

   La vida es un sistema complejo no-lineal, todo lo que “construye” dicho sistema sigue esa misma regla. La vida puede ser reducida a la homeostasis (equilibrio) y esta a la retroalimentación, que como hemos visto puede ser positiva y negativa. Detengámonos un momento en este proceso tan importante y vital, pues aunque lo he mencionado aquí y allá, nunca lo he tratado. En este caso en un ejemplo de los dos tipos de retroalimentación extraído del libro de Iain McGilchrist,- “The master and his emissary” (entre paréntesis añadidos hechos por mí, a partir de lo que nos dice el propio autor en el libro, y entre corchetes mis propias ideas para tener una visión más general).

   “Por la ‘pegajosidad’ (1) del hemisferio izquierdo, su tendencia a recurrir a lo que le es familiar, tiende a reforzar lo que ya está haciendo. Hay una reflexividad en el proceso, como si estuviera atrapado en una sala de espejos: no descubre más que lo que ya sabe, y no hace más que lo que ya está haciendo [esto es, se autoconfirma, mantiene su identidad, este lado es en donde se crea más el proceso de la narrabilidad]. El hemisferio derecho por el contrario, al tener una imagen más completa, y tomar una perspectiva más amplia, que es una de sus características, incluye tanto su propio hemisferio como el de la izquierda, tiene una inclinación más recíproca y es más probable que abrace otro punto de vista. Una forma de pensar en esto es en términos de sistemas de retroalimentación. La mayoría de los sistemas biológicos buscan la homeostasis: si se mueven demasiado lejos del equilibrio, se estabilizan por auto-corrección. Esto es ‘retroalimentación negativa’, el ejemplo más conocido es el funcionamiento de un termostato: si la temperatura tiende a caer constantemente, el termostato dispara el sistema de calefacción que actuará para devolver la temperatura al nivel deseado. Sin embargo, los sistemas pueden llegar a ser inestables y entrar en una situación en la que se obtiene una ‘retroalimentación positiva’; en otras palabras, un movimiento en una dirección, en lugar de producir un movimiento en la dirección opuesta, sirve para promover movimientos adicionales en la misma dirección, incurriendo en un efecto de bola de nieve. El hemisferio derecho, en ese caso, es capaz de liberarnos a través de retroalimentación negativa [esto es: hace de freno del izquierdo]. El hemisferio izquierdo tiende hacia la retroalimentación positiva, y podemos atascarnos (en este hemisferio tiene mayor importancia y protagonismo la dopamina). Esto no difiere a la diferencia entre el bebedor normal y el adicto. Después de un cierto punto, el bebedor normal comienza a sentirse peor con otro trago (retroalimentación negativa: tendencia a la homeostasis, al equilibrio). Lo que hace a un adicto es la falta de un ‘interruptor de apagado’ (apagado por medio del hemisferio derecho; el cuerpo calloso, que es lo que une los dos hemisferios, es sobre todo inhibidor) con lo que al tomar otro trago sólo hace más probable el siguiente, y el siguiente trago a otro más. Y, curiosamente, las lesiones de los sistemas límbico-frontales, principalmente en el hemisferio derecho, se asocian con comportamientos adictivos [se carece de freno]. Los jugadores patológicos, por ejemplo, tienen déficits frontales que son principalmente del lado derecho; por el contrario, en los adictos a la cocaína, en otro ejemplo, estimular la corteza prefrontal derecha reduce el deseo de cocaína. Pues la negación [término en la psicología de negar la propia adicción], una especialidad del hemisferio izquierdo, es típica de la adicción.”

   Lo que nos menciona Iain McGilchrist de la estimulación es por ondas electromagnéticas; si se sabe la localización de una función una onda electromagnética débil estimula su tarea, mientras que una muy fuerte la anula o la entorpece. Un clásico es pedir a un sujeto que lea un párrafo y sobre estimular el área de broca, lo que hace imposible la lectura. Otro clásico es sobre estimular el área motora para hacer que se muevan los dedos o la mano. Por otro lado, el hemisferio derecho del cerebro está especializado en la recepción de las áreas del dolor físico y por extensión se ocupa del dolor y el sufrimiento, con lo que es más proclive a lo que se pudiera llamar ser pesimista o negativo. En ese caso el lado izquierdo, que es sobre todo el de la planificación y operar en lo ejecutivo, pues es sobre todo foco y atención, anula o frena los estados de rumiación del lado derecho. El sueño REM se asocia con este hemisferio, más pesadillas y sueños negativos, mientras que fuera del sueño REM, en el que igualmente se sueña, es dedicado al lado izquierdo. El dicho de “levantarse con mal pie” viene a propósito de si se interrumpe el sueño durante una etapa REM o no, si es así uno se despierta en pleno proceso de los estados de malestar, de los que se ocupa el lado derecho del cerebro, que recordemos maneja el lado izquierdo del cuerpo. Aquí hay una diferencia entre el cerebro masculino y el femenino. Por distintos experimentos se ha comprobado que el hombre tiende más a la distracción, a que entre en juego el lado izquierdo del cerebro para frenar la rumiación, mientras que las mujeres no lo hacen, cuestión por la cual son más propensas a la depresión. ¿Esto es por cultura o por algo evolutivo? De nuevo otro paréntesis en el escrito, con lo cual estoy en una pausa dentro de otra, para aclarar esto, pues en definitiva el libro es sobre lo que es y lo que parece, sobre ser y aparecer, genética y cultura. El hemisferio derecho tiene como uno de sus principales neurotransmisores a la adrenalina. Igualmente se ve más afectado por la testosterona. Durante cientos de miles de años los hombres se han especializado en la caza de fieras y animales de grandes dimensiones, que por otro lado requerían de un mayor control de la localización al moverse por grandes áreas, mientras que la mujer se mantuvo en un área cercana a la aldea para tener cuidado de los hijos. Eso creó unas grandes diferencias en la función o especialización de los dos lados del cerebro. El macho era más proclive a recibir o infringirse grandes heridas, cuestión por la cual tuvo que hacer un mayor uso de la distracción para evadirse del dolor. Por otro lado el dolor psicológico, que es por extensión del físico, en muchos casos vienen dados por lo social: injusticias, engaños, sentirse defraudado, exclusión, soledad, etc. A quién le repercute más una mentira o la ocultación, la sensación de sentirse engañado/a ¿al hombre o a la mujer? La psicología evolutiva, unida a la económica, nos dice que si un hombre cría a un hijo que no es suyo es un gasto de energía demasiado grande por unos genes que no son suyos. Los depredadores, como los leones, matan a las crías de otros machos. Hago ver este hecho porque parece extraño el cómo los genes sí repercuten en el comportamiento y por lo tanto en las funciones y las actuaciones del cerebro. Esto es: que un hombre crie a un hijo que no es suyo no es el mero hecho de connotaciones humanas, sociales y culturales. Lo que prima es el juego de los genes y el gasto innecesario de energía: el juego evolutivo. No es un juego macabro del macho, sino de aquel que detente el poder. En especies matriarcales, como los suricatos, esa “maldad” la sustentan las hembras alfa, que por ejemplo no dejan que hembras que no sean sus propias hijas tengan descendencia o se apareen. También hay que recordar a las hienas; otros casos son los nepotismos de las abejas, las hormigas y las rata topo, en definitiva de los animales eusociales. Otro aspecto “negativo” a tener en cuenta en la hembra humana es la ocultación de los estados de celo. Entre los chimpancés las hembras pueden tener sexo con cualquier macho del que puedan obtener algún favor o beneficio, fuera de la época de celo, pero cuando realmente lo están se tratan de aparear tan sólo con el macho alfa o los betas, para así escalar en la jerarquía social. La hembra humana, que se supone posiblemente heredera de este de los chimpancés, llevó más allá este doble rasero al “esconder” cualquier muestra de estar en época de celo. En la hembra chimpancé hay un agrandamiento de las partes genitales que saltan a la vista. Estos juegos de ocultamientos, engaños y “verdaderas” intenciones la ha de estar “leyendo” constantemente el hombre. Las normas (tabús primero y más tarde mandamientos religiosos o laicos) se hicieron necesarias para saber en qué “posición” se encontraba una pareja. Hoy de nuevo todo ha vuelto al principio. En la película sueca “The square” (hay que recordar o haber visto el documental “la teoría sueca del amor” para entender los porqués) se nos presenta una escena donde dos amantes entran en liza en quien tira el preservativo lleno de esperma, y en donde se ve este juego de apariencias y verdades. El protagonista teme que ella haga uso de su esperma para preñarse. Ella juega con su mente en cuanto detecta su “miedo”. Por contrapeso  a estos “miedos” y problemas para el hombre, la mujer, ya en lo humano y en la antigüedad no ya ahora, corría el peligro de quedarse embarazada por alguien de bajo rango y que apenas obtuviese recursos o que no quisiera hacerse cargo o ayudase en la crianza. En la antigüedad eso podía significar la muerte de la cría, por lo que se pasaba por un embarazo y su consiguiente gasto de tiempo y energía de forma innecesaria, y una posible muerte de la propia madre, pues si en el empeño de gastar energía en la cría se daba una época de carestía, esa escasez además podía poner en peligro su propia vida. Esto nos dice la Wikipedia (ir al artículo para leer la referencia de los estudios):

   “La investigación propone que las mujeres han desarrollado mecanismos psicológicos específicamente diseñados para motivar conductas o estrategias de evitación de violaciones. Esto se debe a que la violación plantea costos severos para la mujer, como embarazo, daño físico, lesión o muerte, abandono de la relación y agotamiento de la autoestima. El mayor costo para la mujer es la elusión de su elección de pareja, que amenaza el éxito reproductivo, lo que resulta en la posesión de adaptaciones en respuesta. La evidencia sugiere que varios rasgos específicos de mujeres han evolucionado para reducir los riesgos asociados con la violación. La hipótesis de la protección del cuerpo propone que la evitación de la violación determina las preferencias de la pareja para los hombres físicos o dominantes. Las mujeres también pueden formar grupos con hombres y mujeres como una alianza de protección contra posibles violadores. El dolor psicológico experimentado después de la violación también se identifica como un proceso de adaptación diseñado para centrar a la mujer en las circunstancias sociales que rodean la violación para la prevención futura.
  La evidencia de esto como una adaptación se puede ver en mujeres en edad reproductiva que experimentan más dolor psicológico después de la violación debido a un mayor riesgo de concepción. La investigación también sugiere que las mujeres en la fase fértil de su ciclo menstrual realizan menos conductas de riesgo que podrían potencialmente generar el riesgo de violación. La capacidad de las mujeres para resistir la violación también cambia en relación con su ciclo menstrual; las hembras en la fase fértil muestran un aumento en la fuerza de la empuñadura cuando se las coloca en un escenario sexualmente coercitivo y amenazante. La susceptibilidad a los signos de la coerción masculina también se identifica como mejor en las mujeres fértiles.”

    Con el nacimiento de las grandes ciudades y religiones, a esos problemas, además, se añadieron el de ser madre y sin esposo, y por ello ser repudiada y marginada por la comunidad. Con estos antecedentes llegamos a la época actual. El engaño y el ocultamiento, en las relaciones de pareja, siempre tienen ese juego de la prehistoria asentados como base, el resto son palabras mal usadas e inadecuadas en el contexto, ampliadas o vueltas más complejas en los “nuevos juegos” sociales y culturales. “Es precisamente su precisión y definitoriedad lo que hace que el habla sea inadecuada para expresar lo que es demasiado complejo, cambiante y ambiguo”, nos recuerda Iain McGilchrist. La mujer corría un peligro físico en los engaños, doble si se tiene en cuenta el dolor de la muerte de su hijo, mientras que el hombre podía vivir engañado de por vida y no por ello dejar de ser feliz (como así ocurre, y que por lo que se sabe sólo se da en el 1% de los padres; quizás en otras épocas con un menor control de la natalidad las cifras fueran más altas). Siendo así, y unido a las otras características vistas arriba, es por todo esto que la mujer pueda llevar peor los engaños amorosos (de puertas para adentro), haciéndolas más proclives a la depresión (¿miedo atávico?). Mientras que el hombre tratará de solventar en la acción su engaño, dando como balance que pueda hacer más uso de su fuerza física para resarcirse (¿agresión atávica?). Estas diferencias cerebrales, que pueden reducirse como a ser engañados en lo físico o en lo mental/emocional, son notorias ante el hecho consabido y analizado por estadísticas de que el hombre teme más la infidelidad física (miedo a criar a un hijo de otro sin saberlo), mientras que la mujer teme más la infidelidad emocional, que el hombre se enamore de otra mujer y quedar por ello “abandonada”. Sólo ahora, con la total emancipación de la mujer, y donde ya no existe tanto peligro ni para ella, ni para sus hijos, el juego está cambiando. El macho “odia”, en el fondo, este nuevo desequilibrio (o equilibrio, según cada sexo), esta pérdida de “poder”, en  el cual la evolución social y cultural le han puesto, pues ahora parece sólo perder él. El hombre, de generación a generación, pasa a ser poco más que el donante de esperma, cada vez hay más familias monoparentales, de las cuales la gran mayoría son de madres (monomarentales según el feminismo, pero es un término que no está aceptado por lo general); pues, como una de las desventajas, un hombre soltero no puede tener hijos y le es demasiado complicado -por no decir imposible- adoptar (¿sexismo?).

   Cierro uno de los paréntesis y vuelvo al anterior: a las diferencias de los dos lados del cerebro. Lo que Iain McGilchrist nos quiere decir es que es el lado izquierdo del cerebro el que es más propio para caer o entrar en un proceso de efecto bola de nieve, porque hace uso de la retroalimentación positiva. No lo he terminado de leer, pero a lo que nos lleva esta primera y sencilla conclusión es que el ser humano, la cultura occidental -el etnocentrismo-, entró en un proceso de retroalimentación positiva que nunca ha sido frenado. Un proceso en donde o la sociedad avanza, o sino tenemos la sensación que vamos hacia atrás, que retrocedemos (hipótesis de la reina roja extrapolado a lo social humano). Al igual que un adicto ha de subir sus dosis para no perder la intensidad de sus sensaciones. Una tribu de cazadores-recolectores no ha caído en esa retroalimentación positiva, propia de los estados maniáticos o de los obsesivos o los adictos. Se mantienen como lo que habría de ser un humano, en donde los dos lados del cerebro aún tenían ese juego armónico de frenarse para no caer en excesos. Desde su punto de vista el “occidental” está enfermo, alienado, loco; sólo así se puede entender la frase de Pascal de: “los hombres están tan necesariamente locos, que no estarlo equivaldría a otra forma de locura.” Lo que no nos dice Tiffany Watt Smith, en su conferencia en TED, es que si en la Edad Media se recurría a la tristeza era por el hecho de que el lado izquierdo no “entrase en barrena” en algunas de sus obsesiones o manías (un modo de epicureísmo). Había, en definitiva, que frenar los estados de exceso de alegría, porque son los más proclives a llevarnos a los excesos, a los “pecados” según la mentalidad de la Edad Media. ¿Quién no se ha vuelto alguna vez demasiado confiado y ha dicho o hecho algo durante esos excesos de alegría de los cuales al final se ha arrepentido? Ese proceso de los excesos -de la retroalimentación positiva- los asume el cerebro con la edad. La juventud es ese estado sin freno -no está mielinizado el prefrontal, el freno del lado derecho- y eso le lleva a excesos, a demasiados errores, por un estado demasiado inocente y en donde el “todo irá bien” (que ni siquiera puede ser reducido al concepto de esperanza) -en el que no entra en juego la retroalimentación negativa del hemisferio derecho-, es el que crea ese efecto bola de nieve de retroalimentación positiva. La madurez y la vejez es “la edad de la razón”, porque ha entrado al final el lado derecho “racional” para frenar los excesos del izquierdo… quizás en demasía.

   Otra conclusión, sobre este papel de la retroalimentación, es que el lado izquierdo tiene que jugar “su papel” al saber frenar los estados de rumiación o estados negativos en los que puede entrar el lado derecho. O sea que la dualidad no es tan sencilla como para poner a uno en el papel del “malo de la película” y al otro en el del “bueno”. El derecho frena el optimismo ciego del izquierdo y este del pesimismo sin fondo en el que puede caer el derecho. La atención plena (mindfullness), que nace de las ideas budistas, se basan -en parte- en que los dos lados prefrontales del cerebro mantengan “vigilados” el otro lado del hemisferio, en mantenerse uno a otro a raya. Ante este estado de cosas se puede entender el trastorno bipolar. En la posición maniaca el hemisferio derecho se queda mudo y el izquierdo entra de lleno en un efecto de bola de nieve. En el estado depresivo el cansancio o agotamiento del ego del lado izquierdo provoca que el lado derecho del cerebro sea ahora el que no tenga ni timón, ni freno. Con esto llegamos a pequeños remates al escrito anterior: hay “soluciones” al “dilema” de la red de modo predeterminado -la cual es proclive de llevarnos a la infelicidad y a la depresión- , como la técnica de la atención plena (mindfulness) u otras por el estilo de corte oriental. Desde siempre se ha “sabido” que hay que escapar de la “mente ociosa”, como se llamaba antes al concepto de mente errante, la cual era el camino del diablo -“la mente ociosa es el patio de recreo del diablo”, dice el dicho- y del pecado según las religiones y muchas culturas, lo que consecuentemente lleva a la idea de que hay que permanecer laborioso. Ahí tenemos un abuso y perversión de los conocimientos, que ha sido -a lo largo de la historia- y sigue siendo un recurso que se utiliza para manipular. Nada más fácil para hacer trabajar a las personas, que hacer pensar que el diablo/mal nos acecha durante la mente errante (ociosidad), y que por lo tanto el trabajo -por seudo deducción- ha de ser un designio de Dios. De esta forma religión y poder se aliaron bajo este concepto para hacer que la gente tratase de “amar” el trabajo, aunque este fuese duro y oneroso. Pero hay que tener en cuenta que lo opuesto, el mantenimiento de la atención, y el pensamiento positivo o hemisferio izquierdo, provoca “agotamiento del ego” (en español sería idóneo el término egotamiento, por su cercanía con agotamiento, aquí vemos cómo trabaja el cerebro en su capacidad de unir palabras y conceptos), que es debido a que dicho proceso es similar a una batería, la cual se agota en cuanto se hace un exceso de su uso, como nos ocurre con los móviles. Por otro lado ocupar el tiempo y el cerebro no es una vía “real” para la felicidad. Es como ir dejando que la casa se ensucie y que se acumulen quehaceres -ropa sin planchar, platos sin lavar, ropa sucia, etc.- no prestando atención al hogar. Llegará un momento que el cerebro no lo pueda ignorar, entrando de nuevo en crisis porque la mente errante, el hemisferio derecho, se percate por el rabillo del ojo -visión periférica-, de cómo se encuentra realmente la casa. La mente ocupada no nos libra a que el cerebro tenga que tener unas metas y unas motivaciones en la vida. Simplemente “escapa” de estos planteamientos, los cuales nos acecharán de una forma aún más apremiante, en cuanto paremos un rato, o descansemos un día. También es similar al mecanismo del cerebro por el cual por medio de la adrenalina no nos demos cuenta de las heridas, ante una caída desde un pequeño precipicio, y anteponga primero una salida de ese lugar y de algún posible peligro inmediato. En cuanto el hemisferio derecho, que es más “influenciable” por la adrenalina, pierda este neurotransmisor, se ocupará del dolor, pues igualmente este lado del cerebro es más sensible y está más vinculado a este. En definitiva, trabajar -por estar ocupado o trabajando- no hace más feliz, la felicidad la da trabajar en aquello que nos motive y que nos supla la autorrealización, al igual que estar con una pareja que en realidad no nos es compatible y realmente no nos gusta, no es amor.

   Bajo los puntos de vista, analizados en los párrafos previos, ahora se puede entender mejor lo que quería decir en el capítulo “¿El Fin de la Postmodernidad y el Nihilismo?“. La dialéctica negativa, los preconcientes, -como retroalimentación negativa del sistema social-, están dominados por el hemisferio derecho del cerebro, donde el dolor psíquico y la rumiación son más pronunciados. Bajo ese aspecto han hecho uso del lado izquierdo más que nada para frenar esa dominancia. Preconciente es aquel humano que ha hecho un uso excesivo, y adelantado en la edad (en la niñez o pre-adolescencia), de las capacidades del lado izquierdo (razón, previsor, sistema ejecutivo), como contramedida al dolor en los que se ciega el hemisferio derecho. Son personalidades “dirigidas hacia adentro” en contraposición a las “dirigidas hacia afuera” en la división de David Riesman. Esa estructura se extrapola en los social, pero de forma invertida, pues ellos hacen de freno a todo aquello que les pueda dañar, a que se pronuncie y se manifiesten todo los excesos del hemisferio izquierdo en lo social, y de esta manera operan como freno desde su predominante lado derecho, pero bajo los principios de usar el lado izquierdo no en sus excesos, sino como lo que ha de ser: regulador de los excesos, manías y obsesiones en los que entra el lado derecho y que puedan llevar al dolor. En ese caso, ese todo ahora como una sola unidad estructural, es el que proyectan en la sociedad. Su premisa es tratar de “controlar” el dolor, y ven a la sociedad como un hemisferio izquierdo descontrolado, en una retroalimentación positiva que ha caído en el efecto bola de nieve, dominado por la dopamina, el placer, cegada en el optimismo y la búsqueda desenfrenada de la felicidad, que cual adicto al juego o a las drogas ha perdido el control.

    Todo esto concuerda con una teoría sobre la depresión, (¡una más!, hay otra curiosa que sugiere que es la respuesta a inflamaciones, para que el individuo se aísle, por si son bacterias que pueda transmitir, y para curar más rápido, posiblemente todas tienen parte de razón); vuelvo, que ha sido una intromisión muy larga. Una teoría sobre la depresión sugiere que bajo ese estado se entra en lo que se llama rumiación analítica. Transcribo lo que dice la Wikipedia y me ahorro redactar:

Esta hipótesis sugiere que la depresión es una adaptación que hace que el individuo afectado concentre su atención y se centre en un problema complejo para analizarlo y resolverlo.
Una manera en que la depresión aumenta el enfoque del individuo en un problema es induciendo a la rumiación. La depresión activa la corteza prefrontal ventrolateral izquierda, lo que aumenta el control de la atención y mantiene la información relacionada con el problema en un “estado activo y accesible” denominado memoria de trabajo. Como resultado, se ha demostrado que las personas deprimidas rumian, reflexionando sobre las razones de sus problemas actuales. Los sentimientos de arrepentimiento asociados con la depresión también hacen que las personas reflexionen y analicen los eventos pasados ​​para determinar por qué sucedieron y cómo podrían haberse prevenido.
Del mismo modo, la tendencia de la rumiación en sí misma, según algunos psicólogos cognitivos, aumenta la probabilidad del inicio de la depresión.
Otra manera en que la depresión aumenta la capacidad de un individuo para concentrarse en un problema es reduciendo la distracción del problema. Por ejemplo, la anhedonia, que a menudo se asocia con la depresión, disminuye el deseo del individuo de participar en actividades que brindan recompensas a corto plazo y, en cambio, le permite concentrarse en objetivos a largo plazo. Además, los “cambios psicomotores”, como la soledad, la disminución del apetito y el insomnio también reducen las distracciones. Por ejemplo, el insomnio permite que el análisis consciente del problema se mantenga evitando que el sueño interrumpa tales procesos. Del mismo modo, la soledad, la falta de actividad física y la falta de apetito eliminan las fuentes de distracción, como las interacciones sociales, la navegación por el entorno y la “actividad oral”, que interrumpen el procesamiento de los estímulos.”
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   Lado izquierdo del cerebro, de la razón, concentración en encajar y clasificar patrones, anhedonia, centrarse en el todo en vez en el aquí y ahora, tendencia al aislamiento, insomnio, encajarlo a crear teorías universales: de hecho se dice que Darwin pasó por este proceso; todo encaja en mis teorías sobre los preconcientes, y como que son la parte cerebral del sistema social, al profundizar en temas que el resto de humanos evaden. El mejor ejemplo de esa teoría soy yo, pues he llegado a ella sin tener carreras y por mí mismo, por deducciones. (Descargar estudio sobre dicha hipótesis en inglés)

   Por último, y como anécdota, el lado derecho del cerebro es más “inocente”, honesto y “sincero”…, menos “tramposo”, si se quiere (exceptuando las propias trampas asentadas en el cerebro como sesgos y patrones enquistados, como autoengaños nucleares del sistema). Según nos hace ver Iain McGilchrist, las madres suelen coger a los bebés y los echan en la cuna para poder ver en ellos el lado izquierdo del rostro, pues es donde mejor se puede ver su “verdadero” estado, si puede tener algún dolor o le sucede algo anormal. Si se sigue esta premisa, igualmente ha de ser en los adultos. Hay ciertos micro-gestos que son más detectables en el lado izquierdo. Tanto por las diferencias de los gestos, como por los rasgos de expresión en los dos lados de la cara, se pueden detectar dobles tendencias o conflictos en las personas (gesto de boca torcida o sonrisa más pronunciada en un lado; hay que tener cuidado con generalizar: ciertos daños en uno de los lados del cerebro dan diferencias en los gestos, ya sea por golpes en la niñez, una encefalitis o haber pasado por un ictus, a veces simplemente se hereda), igualmente se puede apreciar qué lado es el dominante o si “van a la par”, sin conflictos o dobleces. El típico decir y hacer el gesto de cuando el otro nos inquiere, cuando en realidad y en el fondo no lo sentimos o pensamos como lo exteriorizamos, se “lee” mejor en el lado izquierdo, que es el que maneja el lado derecho del cerebro. El que lo “lee” tiene el mismo “problema” de si ese gesto lo ve con el ojo derecho o el izquierdo, pues lo puede interpretar de una manera u otra. Un dato a tener en cuenta, con respecto a esta cuestión, es que aunque cada lado del cerebro se ha especializado en ciertas funciones, toma el “mando” aquel lado del cerebro al que llega la información, ya sea de forma auditiva, táctil o visual, aunque no sea su “especialidad”, ya que es más óptimo esta manera de proceder que pasar la información al otro lado del cerebro. Con esto cierro todos los paréntesis abiertos y voy al tema que ocupa el presente escrito, terminar diciendo que aunque hay un lenguaje ancestral en los gestos, hay otros que son culturales y de una época dada. Y nuevamente en ese juego de engaños y ocultamientos entre los dos sexos, la mujer tiene un mayor control de sus gestos, así como usa un mayor repertorio de estos, sobre todo los propios de una cultura y época, en los cuales entra en juego el tratar de ser más “encantador(a)” o cordial o simplemente más sociable (aparecer más que ser), que por lo general la mujer lo es más que el hombre. En la actualidad, las redes sociales y los medios visuales han incrementado más este rasgo de los gestos de moda, ese juego del aparecer, ocultando los gestos “reales” como demasiado reveladores y casi “primitivos”. Los concursos, los reality shows, en muchos casos, tratan de buscar y premiar a aquellas personas que se “libren” de este puro aparecer, que sean más inocentes y “naturales” (como es el caso de Amaia en “Operación triunfo” de 2018), pero si se analiza bien esa no esa la realidad: se premia a aquellas personas que son los suficientemente inocentes como para no saber, ni percatarse, que no hay otra cosa que la máscara, que creen que su máscara es su ser.

   Las feministas, y cualquier otro grupo que haya sido tomado como “inferior” o “dominado” a lo largo de la historia, hablan de la violencia de género o étnica, hablan de la violación ya sea física o de derechos, pero ¿es posible otro estado de cosas? Todo en la vida es “violación”, la diferencia, de unos tipos u otros, está en el grado. “Para Hegel la historia comienza cuando dos seres humanos se trenzan en una batalla hasta la muerte por el reconocimiento. Esto es, que demuestran que están dispuestos a arriesgar sus vidas no por la ganancia material, sino por el reconocimiento intersubjetivo de su dignidad por otra conciencia”, nos recuerda Fukuyama en uno de sus libros sobre el “fin de la historia”. Trato de llegar al alma de la vida. Todo contacto con otra persona es una violación, en tanto que por medio de la retroalimentación, “alteras” (alienas, en otro lenguaje) su “naturaleza”. A lo largo de los escritos hemos visto que los sistemas vivos más complejos se “adaptaron” a un sistema duplicado de retroalimentación. El dolor -retroalimentación negativa- podría haber sido un sistema lo suficientemente válido como para no hacer falta el placer. Un sistema con esta sola directriz ya es vida y ya es suficiente compleja como para adaptarse al medio. Si este tipo de sistema analiza como dolor la falta de alimento, o de luz o de calor, ese huir del dolor ya es suficiente para que tienda al alimento, a la luz o al calor. Pero aquí se coló un segundo estado, un nuevo nivel de complejidad, ¿la ausencia de dolor es en sí placer? al nivel de las moléculas dentro de ese ente vivo puede que no, pero en los sistemas complejos vivos enseguida emergió la proto-conciencia, la propia percepción de sí y el medio como dos entidades diferenciadas, y la percepción de su propio estado actual como conocimiento no tético. De esa forma esa proto-conciencia “percibía” la ausencia de dolor como placer. De ahí a que se crease un doble sistema o complejidad para crear moléculas del placer hay sólo un grado perceptual. Ese primer paso, o desviación en el camino evolutivo, de las moléculas y la retroalimentación hacia otro camino en donde hubiera un “premio” o placer por “alcanzar metas” -retroalimentación positiva-, fue el que creó toda la complejidad de la vida. Pero el proceso o complejidad no acabó ahí. Se creó un premio para la procreación, para la defecación, para el estómago lleno, etc. En el ser humano, y otros animales, se añadió otra capa de abstracción cuando se “creó” (de la cercanía semántica entre creer y crear) la capacidad de la previsión del premio, como un premio en sí mismo. Esto es, la sola idea de la alimentación ya activa el núcleo accumbens (del placer) por una vía distinta en el cerebro, la típica salivación ante la idea de comer. En esa medida la sola idea de poder alcanzar las metas ya da de por sí placer. Darse cuenta, entonces, que la esperanza es ese sistema en plena acción. Uno puede poner todas sus metas como lejanas y vivir con ese difuso placer de lo que está por venir. Sólo así se entiende que la esperanza, como “objeto” dentro de la caja de Pandora, tenga ese doble filo de negativa y positiva. Aquel que se limite a vivir de la esperanza no tratará de alcanzar las metas, le bastará ese difuso placer de lo venidero, condenado a postergar y procrastinar el “debe”, encadenado a un eterno “mañana alcanzaré mis metas”; idea que se ve reflejada en el dicho japonés de “es mejor viajar cargado de esperanzas que llegar al punto de destino”.

   Pero volvamos a la sentencia de que todo es violación. El cerebro humano está ávido de retroalimentación positiva, de que le validen, de ser premiado. Una sonrisa ajena es una retroalimentación positiva, que nos dice que lo que la ha propiciado es “bueno”. Fijarse que esto tiene dos lecturas. La humana es la que todo el mundo ve: somos animales sociales que interactuamos con nuestro medio social a través de medios comunicativos, como lo es la sonrisa. Otra forma de analizarlo es a nivel de precursores de una química cerebral u otra. El dolor o el placer son sistemas de retroalimentación negativos y positivos, en donde de lo que se trata es de crear o no enlaces neuronales. De crear memoria y por lo tanto de crear yo. Yo soy, antes que cualquier otra pretendida entidad fantasmagórica extracerebral, mi pasado, “se vive hacia delante y se comprende hacia atrás”, Kierkegaard. No es legítimo que hable del dolor de muelas si tengo mi boca sana y siempre ha sido así. Toda “verdad” humana lo es porque es o ha sido ante todo una emoción, porque está ligada a un dolor o un placer de cualquier grado. Si es así, todo contacto con el otro que me cree una emoción está tratando de “cambiarme”. De nuevo las dos lecturas: la humana y la de los neurotransmisores. Al vivir aceptamos las reglas de la vida sin cuestionarlas, porque de hacerlo eso sólo hará que ponernos en una posición fuera de la vida, sus reglas y su juego. Ni siquiera es posible esa posición, de un afuera, sin un verdadero esfuerzo. Pero para entender todo mejor vayamos a ejemplos directos.

   Hay un cierto lenguaje común y universal en la vida sobre la belleza. Todos los bebés de los mamíferos y las aves tienen rostros redondeados, con ojos grandes, expresivos y llenos de vida e “inocencia”. La visión de la belleza nos crea placer, retroalimentación positiva, que nos “mueve” a mirarla, buscarla, y a seguirla y perseguirla. Con todo hay una belleza cerrada a cada animal, y dentro de lo humano, dentro de cada cultura. Uno no parece poder escapar de una sonrisa de una persona bella. La emoción nos embarga, nos desarma, nos secuestra, tiende a anular cualquier otra mirada que no sea la emocionada. “La belleza es maravillosa, pero no si se paga al precio de la inmoralidad”, nos dice John N. Gray. Pero he ahí que el lado izquierdo, la razón, puede querer escapar de ese secuestro. Bajo el punto de vista de la razón, como bajo el punto de vista de una futura inteligencia artificial (IA), la belleza es una trampa, como cualquier otro tipo de trampa dentro de la naturaleza. Quien “sucumbe” a los encantos de la belleza es alimentado por una retroalimentación positiva que hace que todas sus defensas, agresividades o precauciones se vengan abajo. O dicho de otra forma: la belleza “programa” (manipula) a tu cerebro para comportarse de cierta forma.

   Sé que me repito, que siempre uso el ejemplo de la belleza: es que es el más claro, pero lo mismo vale para tener labia, magnetismo, simpatía, carisma, encanto y un largo etcétera. En el caso que hemos analizado arriba, el de la inocencia o incluso el de la bondad: ¿acaso no puede ser a la vez -evolutiva y culturalmente hablando- igualmente un “arma”? Recordemos que este libro trata de hallar la diferencia entre lo que es y lo que aparece. Y también recordemos que hemos deducido que la evolución crea subsistemas, como lo son las funciones, las cuales están cargadas de un porqué y un para qué. Los pulmones tienen la función de crear la respiración. Los pulmones están cargados de sentido por su funcionalidad. Las funciones animales son un subsistema de la vida, que por lo demás son tendentes a crear emergencias, nuevos estados que hacen que esa vida “cobre” un nuevo “sentido” o “finalidad”. Otro subsistema son los conceptos, que “nacieron” de la misma masa o entresijo que las funciones. La belleza tiene una funcionalidad -como lo demás de la pequeña lista de arriba-, que a su vez viene dado por la instrumentalización de la procreación, y que a su vez está sustentado por el placer, en los animales más complejos.

   Hago un inciso en mi discurso. ¿Qué es ser y qué aparecer, si todo tiende a la complejidad de tal manera que el aparecer se vuelve ser? Decía E. L. Doctorow que el conflicto define al humano. En realidad la vida, desde que hubo depredador y presa, e incluso diferenciación de las finalidades por el sexo, es conflicto. Cuando el cerebro -como abstracción evolutiva- llega a cierto nivel de complejidad crea el concepto de injusticia. Y sí, en negativo, porque lo que crea tal concepto es la ausencia de justicia, de tal manera que crea un estado cerebral, pues no hay un estado emocional/cerebral para la justicia a nivel animal básico. “Hacer lo que debemos no merece elogio, porque es nuestro deber”, decía San Agustín. La respuesta cerebral para la injusticia es la ira, que es sólo una palabra humana para la respuesta de la amígdala en su activación de la adrenalina y un sistema agresivo. Tal respuesta se puede analizar en una gran cantidad de animales como los delfines, los primates, los elefantes y demás cerebros complejos. Por lo tanto la evolución llega de forma concurrente a un mismo concepto por distintas vías, no siendo un valor intrínseco de cada una de las especies(3). Esto es, en el humano la evolución ha llegado a ciertos conceptos o emergencias concurrentes, sin que este tenga que haber tenido un papel “protagonista” en llegar a donde ha llegado; siendo la única especie en donde se ha dado cierta cantidad de dichas emergencias o concurrencias… por puro azar. ¿Es la ira el ser de la sensación de injusticia?, su estado más “puro”, el ser implícito en dicho concepto, frente a cualquier otro aparecer. Recordemos que el humano ha puesto palabras a los conceptos ya existentes, que por lo demás no tienen por qué haber “dado en el clavo”. La ira está relegada al concepto de conflicto, puesto que proviene de un sistema más antiguo como es el de “ataque o huida”. Pero el concepto de injusticia emerge en los animales sociales “inteligentes”. Puesto que el individuo está relegado a una posición en lo social, y toda posición se “mueve” en el tiempo, dentro de este sistema emergió el concepto de los status y por lo tanto de los rangos, y de todo esto el juego político. Político en su sentido más llano, expresado en la onceaba acepción del diccionario de la Real Academia: “Arte o traza (plan) con que se conduce un asunto o se emplean los medios para alcanzar un fin determinado.” La injusticia, así, en lo evolutivo/social, emerge en realidad de la capacidad de captar no como injusto las diferencias entre dos status distintos, como el que se da entre el alfa y los no alfa, sino como la capacidad de captar que lo que es para otro de tu mismo estatus ha de ser igual para ti. El humano aunque en sus leyes, las de los últimos siglos, trate de igualar todos los raseros, en sus leyes y disposiciones, en realidad nunca ha escapado de ese estado donde nos “medimos” tan solo con nuestros “iguales” en el estatus. Siendo así casi nadie ve (debería de ver) como injusto las diferencias sociales, pues en definitiva si lo que prima es el actual sistema de recompensa según tus disposiciones, que emerge del paradigma del neoliberalismo y bajo el lema del “sueño americano”, entonces toda diferencia social es “justa” bajo este prisma. Si yo estudio para obtener una carrera y finalmente tener un sueldo con respecto a ese saber y carrera, entonces asumo que tengo que cobrar más que los que no tienen y han pasado por todas estas disposiciones, esfuerzos y gastos. Si asumo que es así he de asumir que si no “llego” a ese estado es porque estoy en otro nivel y por lo tanto asumo que los que sí lo consiguieron cobren más que yo. Lo mismo vale para cualquier otra desventaja evolutiva, aunque en otro plano: más inteligencia, más belleza, más fuerza, más “voluntariedad”, etc. Bajo esta regla no hemos “avanzado” con respecto al resto de animales. No nos hemos librado del conflicto, de la dualidad ventaja/desventaja, de los distintos niveles de estatus, y por lo tanto nunca podremos llegar a un estado de justicia o de librarnos de la sensación de injusticia, con su consiguiente carga de agresividad. Otro discurso paralelo, el que clama el vitalismo, sería decir que aceptar la vida es aceptar el conflicto, igualmente propio de ciertas religiones orientales -frente a su opuesta occidental la judeo-cristiana-musulmana-, que aceptan la dualidad y por lo tanto el “mal” como parte de la vida.

   ¡Bien!, he desnudado la realidad y la he vuelto a vestir. ¿Qué es ser y que aparecer en todo este juego?, ¿aceptar la multiplicidad de los lenguajes?, ¿su simplificación hacia el bien y la igualdad? Si el humano de los últimos siglos, si el lenguaje de la “razón”, es el tratar de hacernos ver que todos somos iguales, ese hecho no se ha consumado, pero a lo que sí ha llevado tal afirmación, su consecuencia, es el arribar a una nueva lógica en la que cualquier persona tenga la capacidad de sentir injusticia en cualquier nivel, porque ya no quiere entender ese otro lenguaje que era el del conflicto, el juego de la ventaja/desventaja y el del concepto soterrado de los estatus. Fijarse que es el león alfa (o el chimpancé y cualquier otra especie animal con este juego de roles) el que tiene la potestad de generar violencia contra el resto y matar a los que no se les sometían. La violencia de género en el humano rompe este paradigma o disposición natural, pues hacia la nueva disposición humana hacia la que tendimos era a que todo macho era potencialmente el rey de su propio hogar (“mi casa, mi castillo”). En todo este “otro” lenguaje de la falsa igualdad o justicia versus injusticia, nace un nuevo tipo de héroe, pues aquel otro que luchó contra bestias y seres mitológicos ya no se sostiene, y tan sólo ha quedado para hacer grandes producciones hollywoodienses. El nuevo héroe, aquel que desoye todo y trata de superar su condición, en teoría “inferior”, para llegar a lo más alto. Este tipo de héroe es el representado en películas como “Armas de mujer”, “Erin Brockovich”, “En busca de la felicidad”, “Billy Elliot”… o la arquetípica serie de “Rocky”. Fijarse que en muchos casos su título hace referencia al nombre del “héroe”, pues una condición de este nuevo tipo de héroe es el resaltar la lucha individual, que se quiera o no de nuevo nos remite a algo tan viejo y propio de la cultura occidental como la voluntad, base del cristianismo a partir de santo Tomas de Aquino. ¿Y no será que quizás sea que este nuevo concepto del héroe sea el que mantiene el estatus quo? Dice Paul Tabori en su libro “Historia de la estupidez humana”, que “¿Y qué decir de la estupidez de la idolización del héroe? Es el fundamento de todos los gobiernos totalitarios.”(4) Ningún “engaño” más ladino que el pensar que cualquiera puede llegar a lo más alto. Y ninguno más malvado. En un podio hay espacio para los tres medallistas, el resto se queda fuera/bajo el podio. Ganar implica que hay perdedores, asumir que la desigualdad, que la injusticia, que el conflicto, es una regla de la vida. De nuevo la misma máxima: si asumo que puedo ser ganador, he de asumir que puedo llegar a ser un perdedor. “Si no puede haber fracaso, tampoco el éxito vale nada” o  “en una sociedad meritocrática, el reverso del ascenso social es el descenso social”, nos dice Bude Heinz. Pan, bajo esta regla, la que “esconde” el concepto del sueño americano, asume el mundo y la vida sin, en muchos casos, tratar de cambiar nada y ni siquiera sentirse alterado de que las cosas sean así. Pan se conforma con abrigar la idea de que algún día puede que llegue a ser algo, siempre con la consigna de las reglas de la esperanza: de mantenerse en ella, sin nunca alcanzar aquella meta que ha de llevar implícita. El leer o visionar los relatos de los nuevos héroes ya les parece llenar. Bajo estos parámetros queda suplida la aparente contradicción del presente párrafo: ahora todos vemos desigualdad por todos los lados, pero bajo la idea del nuevo héroe y el pensar que es un destino al que cualquiera puede llegar, acallamos nuestra sed de injusticia bajo la macabra sombra que proyecta esa esperanza, y el visionar y leer historias sobre dicho tipo de héroes. Fijarse que el esquema del antiguo héroe y del presente es el mismo. El antiguo héroe luchaba contra -en teoría o primera vista- lo imposible de vencer: ya fueran fuerzas del averno, contra los dioses o sus disposiciones, o monstruos o grandes fieras. El actual héroe lucha contra el sistema, contra la burocracia, contra los poderes fácticos… Lo que subyace en el fondo es el miedo al caos, a la nada. A no tener el control de la vida, y de las cosas. Todo monstruo, dios o “enemigo” natural -y actualmente el sistema, la burocracia y los poderes fácticos-, en tanto que son fuerzas no aprehensibles por la razón -léase nuestro cerebro limitado-, nos superan, nos constriñen a que somos simples marionetas del azar y el caos. Si en la prehistoria hicimos dioses a todo acto brutal de la naturaleza fue porque eso nos daba la esperanza de poner a esos dioses a nuestro favor, ya fuese rezándolos o tratando de ganárnoslos; engañándolos en sus propios juegos, como bien demuestra la mitología griega. Esos dioses “funcionaban” como un mejor concepto, que el actual saber de la ciencia en donde todo es fortuito, con la fatídica conclusión de que “si te toca te tocó”.(5) Las actuales ideas conspiranoides simplificadoras (contra-científicas) suplen esa idealización de que todo se puede comprender, pues en definitiva si se comprende se puede llegar a cambiar (leer sobre el concepto de “locus de control” y la “ilusión del control“).

   Los conceptos expuestos, conflicto/injusticia, encajan con el de libertad en Sartre. Para este pensador la libertad es en tanto que conflicto. En tanto que mi libertad sólo puede darse mientras no haya un otro que la trastoque, que la altere, que la aliene. Dos libertades solo pueden ser en tanto que mediadas por el conflicto. Puedo tener una canción favorita, pero si me la pone alguien que no me cae bien, o con quien en ese momento me siento mal, porque hayamos discutido o me haya defraudado o engañado, entonces se vuelve una canción detestable; “el infierno son los otros”, sentencia Sartre. Las malas sensaciones que nos generan los otros, lo son en tanto que alienan mi espacio, mi libertad, alterando toda emoción a otra en donde la sola presencia del otro es un grillete de toda sensación que, de otra forma, tendría que ser buena. En cuanto entra el jefe por la puerta, se crean unos barrotes invisibles a mis posibilidades de hacer, decir o sentir. Quizás como mejor se revela lo que quiero decir aquí, es el hecho de tener mascotas. ¿Por qué no podemos acoger en nuestra casa a un sin-techo como si fuera una mascota?, y que no sea reducida dicha experiencia a poder ser tomada como equiparable a tomar un esclavo. Una mascota no nos cuestiona, no pone en entredicho nuestras elecciones, somos su macho alfa. El sin-techo es una libertad frente a la nuestra, que ha de ser tomada dentro de los valores sociales. Como no se ajusta a los valores sociales, pues ha salido de ellos, cuestiona subrepticiamente nuestra forma de vida, a la vez que nosotros cuestionamos la suya. Está ante mi en tanto que conflicto, en tanto libertad (forma de hacer y entender la vida) que no es como mi libertad. Seguro que los amantes de mascotas cuestionan todo lo dicho aquí, ya tengo otros posibles enemigos, -hay que analizar su abstracción-, esas libertades frente a frente. Al final no vamos a aceptar que el sin-techo no trabaje, que lo mantengamos, nos parecerá un vago y una sanguijuela; pero sí hacemos eso mismo por una mascota, ¿por qué no aceptar a poner al sin-techo en el mismo plano? De fondo es porque está ese conflicto de lo humano que es una libertad frente a otra. Exigimos de las otras libertades que estén en nuestro mismo nivel de negociación, de qué es la libertad en tanto que conflicto con lo social como negadora de libertad. Que las dos libertades confrontadas estén lo más niveladas y ajustadas en todos los rangos posibles. O dicho más llanamente: si yo trabajo y sufro, tú trabajas y sufres; así nuestras libertades están bajo el mismo rasero, pues de lo contrario tu libertad está por encima de la mía. Condenados a supeditar a no ser supeditados. Los únicos a los que aceptamos en ese rango son a los hijos y a padres ya demasiado mayores. Antes del feminismo, a la mujer. Yo nunca sentí que mi madre estuviera o se sintiera oprimida, era feliz haciendo su labor de madre. Son bastante obtusas ciertas reivindicaciones del feminismo. Si yo fuera una mujer de la época de mi madre, podría querer realizarme en una meta que me motivase, pero ¿por trabajar? En casa se labora, haces las cosas a tu ritmo, a tu gusto, está por encima de todo tu libertad. Pero trabajar consiste en someterte a un jefe y un horario, en donde tu libertad es lo último. Lo dicho, mi madre era feliz, a ella era a la que iba el dinero y era ella la que lo administraba. Yo sería “amo de casa” si por ello no tuviese que trabajar. En un mundo perfecto se empezaría a dar la renta básica universal al padre que se quede en casa para cuidar a sus hijos. Pero hay que buscar el sustrato biológico y dentro de la teoría de sistemas. Recordemos que lo principal es la homeostasis, la tendencia al estado equilibrado del sistema. Un animal, la vida, no suele tender al exceso del placer, de lo excelso. De cualquier forma la vida/evolución ha buscado los mecanismos para que esto no sea así. Los excesos también son “castigados” con dolor: comer o beber demasiado provoca dolor estomacal, el ejercicio ligero está premiado, pero no el exceso, donde se da el dolor y la fatiga, etc. Una tendencia constante en donde se da la injusticia provoca estrés, ansiedad y depresión. Se da el conflicto/injusticia en cuanto el otro quiere un recurso que quiero yo, o en la medida que el otro va a “usarme” como medio para un fin solo suyo. La belleza por tanto tiene unas premisas en donde tiene unas ventajas por las cuales “usa” mi tendencia evolutivo/cerebral de contemplarla/placer, por las cuales el individuo que las posee puede usarlas para sus propios fines, siendo yo solamente su medio. Se dice que nada en la naturaleza es gratis, que todo tiene un coste. La flor no crea el néctar para nada, ni los árboles sus frutos. Se supone que todo animal social crea un estado (equilibrio) por el cual el dolor individual no ha de ser mayor que los beneficios que le reporten ese estado social. Fuera de eso entra en juego un constante proceso cerebral en donde sólo se da la retroalimentación negativa, la evitación del dolor y del miedo, en donde el cerebro cae en un constante estado no de crecimiento en sus conexiones neuronales, sino de una constante pérdida de dichas conexiones… una disminución del ser, del yo, de sus capacidades cerebrales, de sus capacidades para vivir homeostáticamente y en ese proceso sobrevivir.

   Pero no es el fin de este escrito decir algo que ya he dicho una y mil veces, de unas formas u otras. En mis escritos hay varias líneas argumentativas, unas que defienden y denuncian las desigualdades en lo social y sus porqués, y otra línea que es la nihilista y rebelde. En el anterior capítulo ya he mostrado la línea social, en este toca el lado rebelde y nihilista.

   Comprendo la naturaleza y el beneficio de la tendencia a lo social, sobre todo frente la depredación. Pero ¿el humano ha mantenido aquel equilibrio que debería de haber entre sacrificio/placer ante los social o lo ha roto tanto que ya no puede llegar a ningún equilibrio posible? (leer sobre “la teoría de distintividad óptima“). La injusticia y la crueldad es la máxima humana, no ya tan sólo el conflicto…, o quizás sea que simplemente donde hay conflicto nunca podrá haber una justicia universal, sino una eterna lucha. Por el principio de la superveniencia hemos heredado el conflicto de la propia vida, mientras que en ciertas especies ha emergido el concepto de “amor”, que no es más que la extensión -mal interpretada- de la ligazón que la evolución se ha visto “obligada” a crear entre la madre y su cría. Cualquier otro “amor”: en la pareja, de amistad, e incluso entre hermanos, son tan sólo versiones pervertidas y falseadas de ese “plan maestro” de la evolución. El humano cree haber llegado a otro estadio, en donde ese amor (materno, cristianismo, compasión, caridad) se pretende universal, pero las pruebas nos dicen que es una falsedad. Hacemos el gesto de ser humanos -(a)parecer-, “retenemos” lo animal con miles de millones de leyes, acuerdos, contratos tácitos…, pero una y otra vez surge el conflicto, las luchas, las reglas de la propia vida, de nuestra condición animal. Pero si lo malo fuera lo “animal” sería un daño “mínimo” e incluso con cierto halo de ser justo, pues su fin es el mantenimiento de las leyes naturales. Por el contrario, el humano ha creado lo identitario -para rellenar el vacío de su ser, como he tratado de mostrar en el escrito anterior-, y lo llevamos arrastrando durante toda nuestra historia y donde solo hemos creado un legado de horrores, calamidades y miserias. “!El miedo al vacío, que se activa desde la nada, forma parte de la ambivalencia existencial del carácter guiado desde fuera, el cual se orienta en función de las expectativas que tienen los demás y al mismo tiempo teme las pretensiones de los otros”, nos dice Bude Heinz. Decía el narrador del documental ‘El cerebro de Caín’ que: “hay muchas especies animales agresivas, pero la violencia salvaje es atributo exclusivo del ser humano”.  Ante este estado de cosas ¿una individualidad puede sentir algún tipo de orgullo por ser humano?, ¿qué camino queda?, ¿alguna elección posible?

   Lo humano es la razón, el hemisferio izquierdo previsor y ejecutor: el máximo de la pretensión de la vida para generar orden; en un mundo en realidad emocional… en un mundo por lo tanto caótico. La bien hilada trama de la película “Interstellar”, hasta su caída en lo incongruente, nos plantea unos diálogos muy inteligentes que introducen el grado de valor de las interacciones humanas tal como estarían programadas en un ordenador o una inteligencia artificial. El protagonista pregunta a la IA que a qué nivel de humor o sinceridad está programado y los baja o los sube. Entre los dos protagonistas extienden, en su trato y sus diálogos, este mismo paradigma. Somos humanos en la medida que la razón cree -y quiere- tener el control sobre esos niveles: con tal amigo o familiar soy yo al 100% y con tales otros me reservo y bajo mi confianza al 5%, o procesos similares para cualquier acto, emoción o intelección. Pero la realidad es otra. Tampoco es algo tan sencillo como que a veces se nos “escape” el animal y otra permanezca el humano, como nos lo hace ver Herman Hesse en el tractac de “el lobo estepario“. 1, Cada humano viene “programado de serie” con ciertos parámetros, y 2, la sociedad donde se desarrolla, primero, y 3, la situación en la que se vea envuelto en cada momento, segundo, cambiarán esos parámetros para “ajustarlos” al medio. Recordemos que somos esos seres que no tenemos naturaleza, que somos flexibles, que somos sobre todo neuroplasticidad, pero las premisas de nuestra “programación” tienen por fuerza ese devenir en donde hay una gradación de esos tres estados. “Con la debida inspiración, cualquiera puede asumir una identidad porque el cerebro es hábil, puede reordenarse en un instante. Puede que lleve estampada una personalidad, pero deja que las neuronas empiecen a dispararse y ya verás”, nos dice E. L. Doctorow, y “la conducta humana es contextual, dependiendo de las circunstancias nos vemos motivados (obligados) a hacer casi cualquier cosa”, nos recuerdan en la serie “Instinct”, o esa es la “verdad” tácita dentro de la psicología del interaccionismo simbólico: “es un marco de referencia para comprender mejor cómo las personas interactúan entre sí para crear mundos simbólicos y, a cambio, cómo estos mundos moldean los comportamientos individuales” (Fuente Wikipedia). Se sabe que cualquiera puede “matar” de forma accidental (proceso 3), pero la programación hace que sólo unos pocos lo hagan de forma predeterminada (programado, proceso 1). Las guerras y conflictos similares, nos demuestran que matamos por ideologías, religiones, por nuestra patria, etc. (proceso 2). Siendo así, cuando se habla de naturaleza, ¿a qué nos estamos refiriendo?, y a qué cuando hablamos de humanos. ¿En qué parte de esa gradación se “pervierte” lo pretendido como humano? La cosa se complica aún más. Se dice que es de sabios cambiar, ser flexibles, adaptarse, pero se dice que uno mismo es auténtico, con su ser que no tiene dobleces y máscaras, que es como se muestra. En realidad nos engañamos al crear y creer en tales lenguajes. De otro lado sale la cuestión de la libertad, nos decimos libres y que tal concepto no puede estar empañado por una naturaleza fija (1), una identidad (2), ni nos marca una situación (3), pero si algo se aprende a lo largo de la vida (y de la lectura de la historia) es que poco o nada hay de esa pretendida libertad. Somos puro azar y pura adaptación a nuestro medio (Inglaterra y España, como ejemplo, estaban en una eterna guerra, hasta que Napoleón les dio un enemigo común por el que unir sus fuerzas y ayudarse), pues vivir consiste en “bañarse” de las reglas implícitas de la vida, sin parecer poder escapar de sus facticidades y de las situaciones.

   ¿Y cómo es la vida?, de nuevo asentar que la base es el conflicto, pero teniendo en cuenta, además, que el ser humano es el ser más cambiante y variable de todos los animales. Primero porque somos neuroplasticidad, y segundo porque cada vez creamos una sociedad más compleja y exponencial en donde esa neuroplasticidad crea miles de millones de potencialidades, de subjetividades, de individuales. A mayor variación mayor nivel de conflicto. Los animales eusociales son todos clones (en la saga “Star war” se crean clones para crear un ejército disciplinado, cualquier ejército trata de hacer lo mismo pero por ingeniería social y psicológica). O sea, que para crear una sociedad compleja han reducido una de las variables, que es el de las individualidades. Funciona, por dicha reducción. El humano pretende (en realidad no, sino que se ha visto abocado a ello) a crear una sociedad hipercompleja, en un mundo cada vez más individualizado. Aquí sale otro de los pretendidos paradigmas humanos: la tolerancia. Otra máscara falsa cuya goma es tan débil y flexible que se cae a cada momento. En esto nos situamos entonces en este medio que es el humano y decimos (pretendemos reducir) que es social aquel que se adapta a este medio y es neurótico -o cualquier otro trastorno de la personalidad como el esquizoide o de evitación-, aquel que no se adapte a este medio. Cinismo_IlustradoPara complicar más las cosas -y contradecir lo anterior- creamos lenguajes para llamar “ovejas” a todo aquel que se adapte a este caos sin rechistar ni pensar, que se hacen latentes en frases como: “cuando encuentres que estás del lado de la mayoría, es hora de hacer una pausa y reflexionar” de Mark Twain o “hay quienes pierden la mente por completo para ser alma: locos. Hay quienes pierden el alma por completo para ser mente: intelectuales. Hay quienes pierden ambos para ser: aceptados” de Bukowski. ¿Se supone, entonces, que lo humano sea un juego de malabares de todas esas contradicciones, en donde ha de ser cada uno el que encuentre ese equilibrio, el cual no está escrito y reducido en ningún lugar? Las religiones hace ya tiempo que perdieron el hilo de la historia, como para tratar de guiar nada. Los metarrelatos, ya sea en libros, películas o series, son todo sugerencias, no hay ninguna “directriz maestra”. Ahora como nada vale, vale todo. Cualquier adaptación que no incumpla las leyes, y no pueda ser etiquetado de trastorno (a veces sí, que las modas son muy “antojicas”), o de caer en lo “ovejuno” es válido.

   ¿No nos damos cuenta que es ese alto grado de variabilidad el que crea la potencialidad para el conflicto? Steven Pinker nos sale ahora, en una conferencia de TED, diciéndonos que el progreso existe, que cada vez hay menos guerras, menos muertes violentas, menor nivel de hambrunas, de pobreza, menos enfermedades, etc., -ignorando a propósito, claro, la primera mitad del siglo XX, pues sino no le saldrían las cuentas-,(6) entonces ¿por qué reina una idea general de que todo está fatal? Porqué parece que todo el mundo está sumido en una crisis de personalidad, de identidad o existencial. Son los valores: la caída de las grandes instituciones (familia, arte, cultura, nación…), la caída en definitiva de la falta de la legitimidad de los metarrelatos (Dios, amor, bondad, amistad, lealtad, fe, esperanza). A lo largo de los escritos llegué al concepto de las qualias, aquella apreciación, intelección y emocionalidad de cada detalle del mundo que hace cada cerebro y que nos hace únicos. Cada humano es una “verdad” en sí misma, que por lo demás es incomunicable e intransferible. Nada más imposible que dos humanos se comuniquen, que conecten. Puede que ocurra de forma esporádica en un “aquí y ahora” (y de ahí la nueva veneración a este concepto), por un juego químico donde las condiciones lo hacen propicio. Pero al igual que hay elementos en la tabla periódica que no existen por ser tan inestables, esa reacción metaestable entre dos seres humanos pronto se acaba, se vuelve a desintegrar en dos unidades. Lo que se deduce de la historia es que cuanto más nos acerquemos al momento actual menos duran las ideologías, las religiones, y los paradigmas. Es como si la historia fuera un tornado y el humano hubiera ido desde los bordes o límites de ese tornado a su ojo o centro. Cada vez su movimiento es mayor, más violento, más desintegrador, haciendo que todo aquello que mantenía unido a todas las unidades, que son los humanos, se dividiesen hasta llegar a sus mínimos, aquello que ya no se puede dividir, el individuo, pues en definitiva eso quiere decir tal concepto: lo indivisible. Es por este panorama, ante este devenir al que nos hemos visto sumidos, en donde la tolerancia se ha vuelto el concepto clave que aún trata de “pegar” aquello que es en sí mismo “antiadherente”.

   Me toca tratar de hacer ver que aunque en lo social parece haber progreso, porque no es así en lo individual. ¿Tengo que tratar de explicar porque vivir es tan complicado?, ¿no tiene cada cual esa respuesta?  Hay que unir dos principios planteados en mis escritos. El primero ya lo he dejado ver en los párrafos precedentes: la individualidad, la unicidad, el humano como qualia. El segundo está descrito en el artículo precedente: es por la falta de identidad. Somos ser en vacío, con una estructura básica mínima, que se ha de construir una identidad mientras vive. Somos un eterno conflicto de 1. hacer que el resto del mundo encaje con nuestra unicidad, mientras a la vez 2. tratamos de encajar en conceptos ya preexistentes. “Lo que yo pienso que tú piensas de mí repercute de vuelta sobre lo que yo pienso sobre mí mismo, y lo que yo pienso sobre mí mismo influye a su vez sobre el modo como actúo en presencia tuya. Esto influye por su parte sobre el modo como tú te percibes a ti mismo, e influye sobre el modo como tú actúas en presencia mía, etc.” nos dice Ronald D. Laing. Curiosamente en épocas de fuerza y bonanza individual tendemos a la primera postura, mientras que en épocas de “vacas flacas” y crisis personales tratamos de encajar en identidades sociales (segunda postura). Si se está con un yo muy fuerte, a la vez puedes querer tratar de ganar “adeptos” o seguidores a tus causas, a tus identidades, mientras que si estás con un yo debilitado puedes desligarte de una identidad (ideología, religión…) para unirte a otra. En ese estado de cosas, cuando uno se encuentra con otra persona, tiene que tratar de evaluar su estado actual y readaptase según esa posición “leída”, a la vez que “lee” la situación actual del otro. De unas formas y otras cada encuentro está mediado por el conflicto. Se supone que no lo has de leer como de conflicto, ¡eso es demasiado pesimista y cínico!, pero en el fondo es así. Cada encuentro con otra persona es una violación, una convulsión de los espacios individuales, una alteración que cual leyes electromagnéticas, alteran el espacio físico y los cuerpos cercanos. Puede parecer una idea demasiado “salvaje”, pero si no fuese así, cómo encajar la degradación del trato interpersonal entre lo fácil que es hacer amigos siendo niños y lo complicado y precavido que se vuelve en la madurez. El adulto tiene una mirada más fidedigna de la realidad que el niño…, todos envidiamos y glorificamos esos primeros años, y por extensión la niñez, porque deseamos e idealizamos esa inocencia que ya nunca podremos recuperar. En muchos casos, todo el esfuerzo de los adultos educadores -en las sociedades occidentales, no así en las tribales-, se encamina a tratar de hacer que el niño mantenga esa inocencia el mayor tiempo posible.

   Por último hay que comprender que, como ya lo he dicho muchas veces, la vida es una trampa que funciona a la perfección. Como tenemos ese “toque” de neuroplasticidad nos adaptamos a las situaciones de forma tan precisa y concisa que al final nos vemos atrapados en ellas. La sociología del interaccionismo simbólico nos dice que al asumir un papel, terminamos por hacer ese papel, como nos hace ver Bude Heinz en su libro “la sociedad del miedo”. O dicho de otra forma, una vez que una situación y las personas implicadas en ella, nos “sitúa” (posiciona, coloca) en el papel de líder -o de malos, o de justicieros, o cualquier otro papel- ya no podemos dejar de ser líderes (obra de teatro “el diablo y Dios” de Sartre ). Es aquello de “¡porqué me toca hacer de malo a mí!”, que usan una y otra vez los guionistas para reflejar el papel y los conflictos de los padres en las series o películas (¡atención al sexismo de “ya verás cuando se lo diga a tu padre”, de otras épocas!). Sartre se especializó en este concepto de la vida como trampa (situacionada, fáctica); en su obra teatral “a puerta cerrada” nos hace ver ese laberinto cerrado en que se vuelven algunas relaciones, en donde dos personas están condenadas a tratar de convencerse de la validez de sus actos con respecto a la imagen que tienen de sí (narrabilidad), dado que somos nada, y en donde ni uno mismo puede parecer estar seguro de sus acciones, de sus porqués y sus intrincadas marañas. Al igual que necesitamos del otro para crear una identidad y esta es aquello-que-todo-lo-otro-no-es, necesitamos ver (sentir) el perdón en los ojos, las palabras y los actos de los otros para poderlos interiorizar o que nos (lo) definan, pues parece ser que donde no hay una identidad no puede haber un aceptar los propios actos, aceptarse y por ello asumirse. La vida es allí donde mi ser se aparece como valiente o como cobarde, y siempre bajo la mirada (y los valores) del otro y de una sociedad dada. Pero ¿qué valores si todos carecemos de ser y por ello en teoría de valores? Si carecemos de identidad -o está es mínima y se nos escapa-, entonces ¿carecemos igualmente de valores? Recordemos la genealogía: genes, cultura, situación. Sí hay unos valores propios, pero a veces los “sacrificamos” -o los perdemos de vista- en aras de la identidad de nuestra cultura o ideología, o de la situación. En fin, está de más que trate de explicar lo evidente, decía Rousseau que todos los hombres nacen libres, pero en todas partes se hallan encadenados. Todo el teatro de Sartre es el reflejo de ese conflicto latente y el verse situacionado, por mucho que uno se trate de mantener al margen. En cada momento llega a mí una película y un libro que al final es lo que mejor lo explica, que no es otra cosa que la “pegajosidad neural”, que en su base es memoria dependiente del contexto, o el sesgo de confirmación o de la validación, que está ávida de capturar (atrapar) respuestas a las “preguntas abiertas” en el cerebro. La película sueca “The square” nos introduce en una atmósfera de constante malestar, de casi dos horas y media de duración. Nos muestra una razón sitiada, la del protagonista, el cual por más que trata de hacer las cosas bien no crea más que caos y problemas a su alrededor; en donde cada situación es un agónico suceso en los cuales una o una multitud de personas se ven de repente “violadas” por lo conflictivo y la dureza de cada situación. A destacar la escena en donde se pone en jaque a nuestros miedos atávicos, a lo salvaje y sus instintos, durante la performance de un actor haciendo de homínido primitivo, que se sale de sus límites. Otra película que nos muestra esta telaraña que es la vida, ahora en la pareja, es “Revolutionary Road” (ejemplo), donde además vemos otro de los conflictos entre los sexos, pues uno y otro sexo pueden hacer uso del embarazo para forzar que el otro se mantenga a su lado. Quizás el film que mejor retrata el verse situacionado, al estilo de teatro sartriano, es “al límite de la verdad“, donde por un malentendido típico de las ciudades y las prisas, lleva a sus dos personajes a un ataque mutuo sin freno que se sale completamente de lo racional. Y por último, a destacar la película “La mano invisible“, la cual nos muestra este aspecto de la maraña en la que se vuelve la vida, en este caso en el mundo laboral. La vida nos coacciona, nos aliena en “papeles” que no parecen tener que ver con nosotros mismos. “Creo que la mayoría de los hombres dedican sus vidas a la dominación no porque realmente lo encuentren agradable, sino porque no pueden evitarlo”, llegó a afirmar William Moulton Marston, y “soy carnal cuando veo mujeres bellas” nos dicen en la película “Knight of Cups” (¡atención en caer en sexismos, puede haberlo dicho una homosexual!). Bajo esta perspectiva de la vida, el macho humano se ve “sometido” a hacer un papel que quizás nunca quiso, ni previó, del que ni siquiera tenía esa potencialidad (genes violentos, sexualidad exacerbada). “Cualquier acto que cualquier ser humano haya hecho alguna vez, por horrible que sea, es posible llevarlo a cabo por cualquiera de nosotros bajo las presiones situacionales correctas o incorrectas … Ese conocimiento no excusa el mal, sino que lo democratiza, comparte su culpa entre los participantes ordinarios, en lugar de demonizarlo”, Zimbardo. “Todo es justo cuando el amor es la guerra”, dijo Mitchell Heisman, en una revisión del dicho “en la guerra y en el amor todo vale”. Los “juegos” de macho-hembra, aquellos alentados por unas “pequeñas” diferencias cerebrales, en las funciones y actos y en el cuerpo, nos hacen víctimas a todos, a partir de que la sociedad, la cultura y las identidades remarcan más las diferencias.

   Hago un pequeño inciso aquí para desarrollar uno de los temas del libro que han quedado en el aire y que no está muy desarrollado. El alma, la mente, lo es en tanto que metaforizante, que igualmente podría haber dicho tropo. El cerebro necesita “simplificar” el mundo, reducirlo a mínimos. Si cada aspecto del mundo se tratara de forma individual todo serían datos inconexos. Como ejemplo, puede haber sobre unos dieciséis millones de tonos de color. No podemos tener un nombre para cada tono; al igual que unas neuronas que los procesen. Decimos rojo claro u oscuro, como metáfora de claro, iluminado, luz, día y oscuro, oscuridad, noche. En otros casos les ponemos nombres por la similitud con algo de la naturaleza: color salmón, a-naranja-do, color fresa, etc. Un psicólogo puede analizar el cómo el cerebro de un paciente ha enlazado conceptos a través del juego asociativo de palabras, y de esta forma llegar a traumas o daños reprimidos. En unos casos u otros hay que ver la utilidad de este tipo de procesos. El cerebro ha de crear esas conexiones al modo de los mapas conceptuales y/o semánticos (ejemplo). De otra forma, nombramos (reducimos) a las personas por ciertas características: el gordo, el bajito, el gafotas, etc.  En ese aspecto el cerebro crea retratos del mundo, al modo de las caricaturas, forzando los rasgos claves, unas veces empequeñeciéndolos y otras agrandándolos. En el teatro y el cine existe el drama, la comedia, la tragicomedia, de amor, el terror, la ciencia ficción, que son caricaturizaciones de la realidad. La vida nunca es tan dramática, ni cómica…, todas se perfilan como exageradas, en donde además minimiza la posición contraria, la comedia tiene que minimizar el drama, al igual que lo hace un dibujante de caricaturas al exagerar hacia lo grande y pequeño sus retratos. La suma total de la realidad, en el cerebro, en el relato, es una metáfora “forzada” de ciertos rasgos del mundo, de una etnia o cultura o de una persona. Este aspecto del mundo lo hace el hemisferio derecho, pues trata de buscar totalidades, reducciones de todo dato nuevo acoplándolo a los datos ya existentes en el cerebro. Es a este hemisferio al que se le puede llamar el “ojo del alma“, concepto de uso y tradición en filosofía. Bajo ese aspecto y por el contrario, el hemisferio izquierdo (razón), solo “ve” el mundo como puros datos inconexos, siendo así la información ha de estar “viajando” de un hemisferio al otro para terminar de integrarla en un todo: “algunas investigaciones muy sutiles de David McNeill, entre otros, confirman que el pensamiento se origina en el hemisferio derecho, se procesa para la expresión en el habla del hemisferio izquierdo y el significado se integra nuevamente en el derecho (que solo entiende el significado general de una expresión compleja, teniendo todo en cuenta)” nos dice Iain McGilchrist. Cualquier daño en la integración de los dos lados, o del lado derecho, o una predominancia del izquierdo, puede hacer que veamos en mundo en sus partes, no comprendiendo el mensaje (metáfora) del mundo. Se puede decir, así, que el hemisferio derecho es aquel que ve las formas de los objetos (bajo el concepto de la tradición filosófica), mientras que el izquierdo ve el contenido. El mundo humano, en tanto que conceptual, en donde reinan los paradigmas como estructura o forma, para analizar el todo, es de predominancia en tanto que hemisferio derecho (ver gráfica de “contenido y forma” de abajo). Vemos lo individual desde las totalidades, desde las estructuras conceptuales y holísticas que maneja el lado derecho. Los autistas de esta forma, no comprenden el doble sentido de las palabras y las acciones porque su hemisferio izquierdo no “recurre” al derecho para integrarles la metáfora, su totalidad. Los preconcientes a tenor de trabajar mucho con el lado izquierdo, no suelen ver la integridad de sus rostros, y se suelen ver “feos” en la medida que se detienen en los detalles y fracciones del rostro, analizando que la nariz es demasiado grande, el tipo de arco extraño que hacen las cejas y cosas similares. La sociedad al completo, como cultura, hace ese mismo papel estructurante a lo largo de la historia o en una época dada, pues en definitiva esa visión general se construye a partir de las propiedades de cada uno de los cerebros y su sumas a través de los memes, las modas, las ideologías y los paradigmas y en definitiva desde las metáforas, en tanto que las formas de grandes rasgos, del mundo. Y lo peor de todo es que al final la sociedad, y por ello cada persona, adapta su propia imagen a esas caricaturas, a esos rasgos marcados. ¿Que un/a dibujante crea un personaje de mujer con forma de avispa?, el siguiente paso es que un modisto/a lo lleve a la moda y que cada mujer “adopte” como propio esa visión del cuerpo de la mujer. Dónde está el “culpable” en todo este proceso: ¿en el/la dibujante, el modisto/a, la cultura predominantemente masculina y el reducir a la mujer a su belleza, o en la propia mujer al asumir esta reglas y cultura? Que el feminismo de repente ponga de cabeza de turco a cada hombre es como echar la culpa a la mujer por adaptarse a esa moda de cuerpo de avispa. El “verdadero culpable” es la capacidad metaforizante del cerebro y en definitiva una estructura nuclear humana. Como partimos de la neuroplasticidad, de la nada de ser, adoptamos roles sociales que son por un lado la sobredimensión de la realidad y por otro sus mínimos. Por la necesidad de encajar, o impelidos por las circunstancias, o por vernos situacionados en el mundo, adoptamos papeles que realmente podemos no ser, y de los que parece no podemos escapar. En el caso que nos toca, el propio feminismo ha caído inevitablemente en ese mismo proceso de caricaturización de sí mismo y sus luchas, el cual cada mujer adopta. No debería de existir las identidades, esas simplificaciones de la realidad, pues sólo existen miles de millones de tonos de color que nuestros cerebros no son capaces de procesar. Cada mujer ha de luchar en su propia vida, con su propia situación, desde la unicidad que es su propia persona y desde la unicidad que es con todo hombre con el que se encuentre (independientemente de la lucha por la igualdad ante la ley, en donde sí es legítima su unión). Al crearse esa caricaturización de lo femenino, esto ha “obligado” al hombre a caricaturizarse a sí mismo a la vez, lo que fuerza el retrato del panorama actual de la sociedad, donde los jóvenes parecen ser más machistas que los de hace unas décadas…, quizás porque el macho nunca quiere perder sus guerras y el feminismo -tan marcado en España- les hiere y les ha “metido” en sus batallas.(7) Llevemos el mismo argumento a otro plano. ¿Yo soy un “blanquito”?, ¿tú, mujer blanca feminista, lo eres?, ¿porqué de repente si no tenías conciencia de ser de una etnia te “obligan” a ser etnia? A considerar el tema. Yo no soy el “blanco” que esclavizó en épocas pasadas, ni pertenezco a la policía blanca americana de “fácil gatillo” para la gente de color. De repente he de asumirme como blanco y que al pertenecer a esa etnia soy “culpable” de todo lo que haya echo cualquier blanco contra otras razas a lo largo de toda la historia humana, o de las cosas que sucedan en la actualidad. Una “isla identitaria” obliga a todo lo que esté fuera de su isla a formar parte de lo otro, su contrario, de aquello que es “dudoso” y a lo que hay que poner bajo sospecha. Todas las etnias no blancas, en apariencias unidas (de color, indios, latinos, etc.), han creado el concepto de “blanquito” o de “pálido”, para nombrar a aquellos que los han oprimido y le han “obligado” a tener esa identidad de no-blanco, de no pertenecer a lo que se denomina sociedad occidental y etnocentrista. O sea, caen en aquello de lo que tratan de escapar, la desintegración de lo humano en identidades diferenciadas, lo cual es contradictorio. Vuelvo a esto al final en las conclusiones, pero antes voy a recurrir a una metáfora -puesto que es el lenguaje del cerebro-, la paradoja de Abilene , que explica muy bien todo lo que quiero decir:

Una calurosa tarde en Coleman, una familia compuesta por suegros y un matrimonio están jugando al dominó cómodamente a la sombra de un pórtico. Cuando el suegro propone hacer un viaje a Abilene, ciudad situada a 80 km., la mujer dice: «parece una gran idea», pese a tener reservas porque el viaje sería caluroso y largo, pensando que sus preferencias no comulgarían con las del resto del grupo. Su marido dice: «a mí me parece bien. Sólo espero que tu mamá tenga ganas de ir.» La suegra después dice: «¡por supuesto que quiero ir. Hace mucho que no voy a Abilene!».
El viaje es caluroso, polvoriento y largo. Cuando llegan a una cafetería la comida es igualmente pesadumbrosa, y vuelven agotados después de cuatro horas. Uno de ellos, con mala intención, dice: «¿fue un gran viaje, no?». La suegra responde que, de hecho, hubiera preferido quedarse en casa, pero decidió seguirlos sólo porque los otros tres estaban muy entusiasmados. El marido dice: «no me sorprende tu respuesta. Yo sólo solo acepté para satisfacer al resto de ustedes». La mujer dice: «…y yo sólo fui para que estuviesen felices. Tendría que estar loca para desear salir con el calor que hacía». El suegro después refiere que lo había sugerido únicamente porque le pareció que los demás podrían estar aburridos.
El grupo se queda perplejo por haber decidido hacer en común un viaje que nadie entre ellos quería hacer. Cada cual hubiera preferido estar sentado cómodamente, pero no lo admitieron entonces, cuando todavía tenían tiempo para disfrutar de la tarde.”

   El problema de fondo de todo lo tratado es la distancia entre el yo y el nosotros. Cuando se “crea” un nosotros fácilmente se cae en el pensamiento grupal y de conformidad, en el cual perdemos parte de nuestra propia identidad. Un grupo no es la suma de sus unidades. Somos, todo lo es, sistemas complejos que crean singularidades, estados emergentes, en donde se crean unas nuevas realidades, con unas nuevas lógicas, funciones y directrices. El concepto base del “nosotros” es el “te necesito”, pues ese es el núcleo del orden de los mamíferos, donde las crías necesitan la leche materna primero, y en mamíferos de manada a la madre en tanto que cuidadora de las primeras etapas, después. En teoría el adulto debería “saltar del nido”, pero los animales sociales aún tienen que depender del “te necesito” como pegamento del “nosotros”.  Toda relación humana es un conflicto en tanto que ese “te necesito” ha de emanar de todas las partes implicadas, pues si sólo sale de una de ellas se crea dependencia y una o unas libertades se quedan atrapadas en esas otras que no tienen implícito ese “te necesito”. El conflicto esencial de lo humano es que nace de la paradoja del “necesito que me necesites”, en donde tal concepto ha de permanecer invisible y sin ser declarado, bajo el peligro que el “nosotros” muera y desaparezca ante la dominación y la dependencia o sumisión. En pareja, quien primero diga “te amo” corre ese riesgo de volverse vulnerable, pone su libertad en peligro. El humano en su esencia, para lo que está “programado”, es para vivir en manada, en familias extendidas en donde lo que prima es tener una misma genética y unos vínculos de sangre, que se manifiestan con unos mismos medios y finalidades. El “te necesito” y el “te amo” quedan implícitos en ese “nosotros” de sangre. La rivalidad es mínima en ese estado de cosas. Pero la humanidad, cual viaje a Abilene, se asentó en grandes ciudades en donde esa esencia se perdía. La crisis actual de la familia viene desde ese origen, pues a la larga cada matrimonio tenía que tener su propia vivienda (el casado casa quiere), lo que fue acabando progresivamente con el concepto de familia extendida. Una familia sí es legítimamente un nosotros, una ciudad o cualquier otra identidad creada a partir de las ciudades estado y más tarde países, etnias y religiones son aparecer y máscara.  Con todo no quiero caer en idealismos. Nunca ha habido una “postura correcta”, óptima; todo animal social tiene su propia estrategia al respecto. La monogamia no tiene mucho éxito entre los mamíferos, un 3% con respecto al 90% de las aves. Las dos reglas más extendidas entre estos es o la de los harenes de un solo macho (tendencia al macho alfa), o los agrupamientos de hembras manteniendo al margen a los machos. En un caso u otro se destaca el conflicto de las finalidades -y estructuras mentales- de los dos sexos. ¿Cómo se resolvió en lo humano? La familia extendida tiene el “problema” de las nueras, y los yernos, personas que no comparten lazos sanguíneos más que con sus simientes (extraño que haya dos palabras para lo “mismo”, cuando suegro/as es sólo una; nuera proviene del indoeuropeo “la que amamanta”, pero no he encontrado el porqué de yerno, más que lo que nos dice la real academia: marido de la hija). Por lo general era la mujer, la nuera, la que se unía a la tribu o la familia extendida. Que cada cual deduzca lo que crea de un porqué, pero tiene tintes de ser por algo tan simple como la posible y eterna rivalidad de los machos.

   Vuelvo a mi hoja de ruta. En la vida no hay otra cosa que conflicto, ¿queda algo fuera?, ¿alguna salida? Cuál es esa posible postura posthumana. La soledad. El tratar de no “violar” a nadie para que a la vez nadie viole tu espacio. Se puede analizar bajo esa apreciación negativa, pero tiene igualmente una apreciación positiva: si amas tu propia libertad, has de amar por igual y extensión la libertad del resto de individualidades. Pero tal “precepto” no es válido como regla, como generalidad, pues no se puede desestructurar la sociedad al completo en soledades. En realidad puede que sólo sea una postura personal, que ha tratado de darle un sentido “lógico” leyendo -interpretando- la realidad humana. O sea, que puede que todo mi trabajo sea tan sólo racionalización (justificación) y no sea nada de razón. Me “quedé” con Sartre porque me “encajaban” sus porqués a que la vida fuera conflicto y a la vez el cómo sustentaba esa realidad con una teoría fuerte sobre la libertad. Hice fetiche y mío el escrito de Baudrillard de “la eminencia gris“, aquella de seguir a un desconocido con la regla de que este no te descubra -visión voyeur de la vida-. Igualmente una de mis películas preferidas es la de “el efecto mariposa“, donde se llega a la conclusión que para no perjudicar (violar-alterar) de ninguna manera a alguien amado, es mejor ni siquiera haber entrado en su vida: “tú no puedes cambiar a lo demás sin destruir lo que eran”, llegan a afirmar. Otra de mis películas fetiche es “Bin Jip” (Hierro 3), film coreano en donde su personaje trata de ser invisible a todos, hasta perfeccionar una técnica con la que es incluso invisible estando con otra persona en la misma habitación. Es otra forma de la “sombra veneciana”. La frase que tengo de cabecera en Twitter igualmente es significativa: “los paraísos están hechos para perderlos”. “Reproduje” las predicciones de mis disposiciones genéticas y las facticidades a las que me predispusieron mis vivencias de la niñez. Un adulto se auto-confirma, confirma su genética y las “marcas” de la niñez en su adultez… macabramente mantiene su identidad nuclear hasta sus últimas consecuencias. Pero puede que esta tendencia personal sea la que poco a poco cobra vida y se esté expandiendo en lo social humano, como la única realidad “lógica” y viable para mantenerse vivo. Si se lee entrelineas, la cultura japonesa y sueca van en esa dirección. El resto de las etnias y países lentamente siguen sus pasos. Recordar cada cual (país, cultura, persona) sigue su propia curva elíptica, cada cual está en un tramo distinto de la curva, pero finalmente todas las curvas siguen su designio de llegar a lo más alto, para al final caer.

   Hoy cuando te despiden te dicen: te dejamos libre. Los amigos y familiares ya no están a tu lado para “escuchar tus mierdas”, para eso están los psicólogos. Cada cual ha de cargar con su propia cruz, y cargar con la de otro ya se nos hace demasiado pesada. La Muerte de la Filosofía_1La conciencia occidental ha llegado a su madurez y ha descubierto que sólo existe el individuo, sus qualias; más esa “utilidad” de vivir en sociedad para el beneficio general. Dos entidades imposibles de casar en un todo. El concepto del amor llegó a la máxima de la curva cuando se manifestó como “líquido“, fluctuante, en donde lo importante no era a lo que apuntaba, a la persona amada, sino en tanto que “trampa evolutiva” que te motivaba por un tiempo, pues cargaba de endorfinas el cerebro. Ya nadie trata de pedir consejos, ni los da, porque sabemos que aquello que decimos o nos dicen hablan más de uno mismo que sobre la realidad del otro (identificación proyectiva). Estamos condenados a ver el mundo desde nuestra propia perspectiva, desde nuestra curva, desde nuestra genética y nuestras propias vivencias, desde nuestras propias emociones…, desde nuestras qualias. Hacemos el regalo al otro de lo que nos gustaría a nosotros mismos, raramente sabemos leer la mente, las emociones y qualias del otro. Este párrafo podría ser infinito, un relicario de la lectura del momento actual en donde se ha llegado a la máxima de la curva y ya se hace inevitable la caída, pero creo que se entiende el mensaje general y no proseguiré en este devaneo de la lectura de signos.

   Si entrecerramos los ojos para ver las formas de la historia humana, la cual sobredimensionada en millones de datos y detalles se nos aparece borrosa, esta nos llevaba al actual presente. Todo sistema complejo carga con sus contradicciones y tarde o tempranos se han de manifestar. La ley de Murphy: si algo puede suceder terminará por ocurrir. No es materialismo histórico, es simple análisis del desarrollo de los sistemas complejos. En cuanto nació la conciencia, con la palabra, con la palabra sabiéndose palabra, sabiéndose conciencia de sí, la cual tenía la capacidad de voltear el espejo para terminar por poner espejo ante espejo, nació la capacidad de saberse único. Toda la historia humana ha sido el intento vano de cubrir con remedos esa realidad. Nietzsche ya dijo que “el individuo ha luchado siempre para no ser absorbido por la tribu. Si lo intentas, a menudo estarás solo, y a veces asustado. Pero ningún precio es demasiado alto por el privilegio de ser uno mismo”. De nuevo decir que la familia extendida era lo más cercano a tapar la individualidad, pero en esa apuesta por la ganadería y la agricultura, de la que nació el comercio y por ello la necesidad de las grandes ciudades, esa apuesta entró en crisis. Las religiones, y paralelo a ellas, los códigos de la educación, trataron de “frenar” o retener cada individualidad dentro de unos márgenes que no fueran molestos o que creasen conflictos en lo social. Cercenamos nuestra capacidades individuales, la sacrificamos, para el bien común, pues al fin y al cabo repercutían en uno mismo. “Yo no quiero soportar tus excentricidades, luego mis excentricidades han de quedar encapsuladas a su vez”. La “ética del pedo”, si no quiero oler los tuyos, he de reprimir los míos. ¿Para qué grandes teorías, y grandilocuentes palabras, si esta metáfora lo explica todo? Montamos una sociedad que reprimía al concepto de qualia, que reprimía e ignoraba la unicidad, lo puramente individual. En la sociedad actual todo está permitido, la individualidad se vuelve lo central, con tal que esta no dañe a lo social. Ahora casi sólo valen las leyes, todo lo que no sea una ley está permitido. Por lo demás la permisibilidad es total de puertas para adentro, pues el “por dentro no importa” (Americam Psycho), siempre y cuando no se manifieste en lo social. Esto no es de ahora, las viviendas individuales, frente a las comunales, marcaban esa barrera en donde diferenciábamos qué era lo individual y qué lo social. En casa nos desnudamos y nos ponemos cómodos, frente al “arreglarnos” al salir y aparecer ante los otros, en sociedad (las palabras nos delatan), “nada como estar en casa”, “bañándonos” en nuestras propias “aguas”, en nuestras propias qualias. De nuevo recurro a una metáfora/realidad que expone lo que quiero decir: en el comic anime, hentai y manga todo está permitido: pedofilia, incesto, violaciones… puesto que no se daña o perjudica a ninguna persona jurídica. Bajo el prisma de lo que sucede en la actualidad se puede comprender, a posteriori, el por qué “funcionaron” y nacieron las religiones. Para estas no había tal individualidad, no había diferencia entre lo exterior y lo interior. Una persona se tenía que “reprimir” a sí misma para ajustarse a un canon preestablecido por estas. En España es de los pocos sitios en el mundo que ponemos persianas a nuestras viviendas. Necesitamos no ser vistos en lo individual, pues viene de la época de la represión, mediada y fuertemente castigada por la Inquisición.(8) Cada país igualmente se pone una máscara por cierta situación de la historia, que al final la hace parte de su identidad. El nacimiento del Protestantismo se dio cuando España era un gran Imperio y como tal era el mayor representante, y por lo tanto protector, del catolicismo. La Iglesia siempre “usaba” a la nación o reino más poderoso para salvaguardar su identidad. En ese trance España tuvo que tratar de luchar y/o frenar la expansión del protestantismo. Como resultado creó la Inquisición y distintas medidas para que cada ciudadano no se saliese en ninguna medida de las reglas de ser un buen católico. Esa identidad se mantuvo en los siguientes siglos, y aún hoy se arrastra en conceptos como el habernos acostumbrado a las persianas. El franquismo fue un freno en la velocidad de la curva española, pues se volvieron a asentar las ideas más de derechas y religiosas. Esa diferencia, de la posición en la curva, aún es latente con respecto a otras naciones europeas.

   Todo preconciente extrema las posiciones de su presente. El concepto que yo tengo, mi posición en la vida, es una posición extrema de la lectura de la realidad. Y si eso me ha llevado a la soledad, a tratar de evitar todo contacto humano, qué he descubierto. El cerebro trata de buscar nuevos equilibrios a nuevas situaciones. En ese lapsus entra en crisis, pues se mantienen dos posturas que luchan por conquistar la acción y una nueva homeostasis. En realidad nunca termina esa lucha, pues nadie es una isla en sí mismo, siempre hay que salir al mundo e interactuar. Hay un largo periodo de despersonalización, de crisis de la personalidad y la identidad. Después se llega a un nuevo estado, en donde queda sólo lo nuclear, un yo mínimo. Uno de los síntomas de la esquizofrenia es el llamado como auto-desorden (Self-disorder), esto nos dice la Wikipedia:

Un autodesorden , también llamado trastorno de ipseidad, es un fenómeno psicológico de alteración o disminución del sentido de una persona de sí mismo mínimo (o básico). El sentido del yo mínimo se refiere al sentido básico de tener experiencias que son propias; no tiene propiedades, a diferencia del sentido más extenso de sí mismo, el yo narrativo, que se caracteriza por las reflexiones de la persona sobre sí mismo como persona, cosas que le gustan, su identidad y otros aspectos que son el resultado de la reflexión sobre uno mismo. (…) El yo mínimo ha sido comparado a una “llama que ilumina su entorno y por lo tanto a sí misma”. A diferencia del yo extendido, que se compone de propiedades como la identidad de la persona, la narración de la persona y otros aspectos que se pueden extraer de la reflexión, el yo mínimo no tiene propiedades, sino que se refiere a la ‘mismiedad’, ‘dadedad’ de la experiencia, que las experiencias son las de la persona que las tiene en la corriente de conciencia de esa persona. Estas experiencias que son parte del yo mínimo son normalmente ‘tácitas’ e implícitas, y no requieren reflexión por parte de la persona que experimenta saber que la experiencia es suya. El yo mínimo no puede ser más elaborado y, por lo general, uno no puede captarlo después de la reflexión. El yo mínimo va de la mano con la inmersión en el mundo social compartido, de modo que  ‘el mundo siempre está predestinado, es decir, tácitamente entendido como un fondo evidente de toda experiencia y significado’.”

   ¿Se “pasea” uno por una cuerda floja, en un precario equilibrio, que le puede llevar a la esquizofrenia? O es solo una similitud (aparecer) posible. Esa disposición personal me hizo pensar, por extrapolación, que es por el que ha debido de haber pasado todo ermitaño, que puede haber acabado como santón, aquel por el que tuvo que pasar Buda. Si es así, ¿”acertó” Buda en sus deducciones? Si se sabe de su historia se puede llegar a la conclusión que debido a una crisis personal sobre el estado del mundo, le llevó a buscar soluciones a estas. Como no las encontró, entró en una crisis personal (despersonalización) que le llevó a extremar aún más su soledad. Al final paso por ese estadio de un yo mínimo, y de ese estado llegó a sus conclusiones del desprendimiento del ego, de los deseos, etc. ¿Un mismo proceso puede llevar a la esquizofrenia o a un estado iluminado? Si fuera así, dónde está la diferencia, ¿en la actitud, en la perspectiva que tiene uno mismo de ese estado, o de algo físico como unos buenos genes? Por un proceso similar pasó Nietzsche, aunque con distintas consecuencias, pues se deduce que llegó a ese estado de auto-desorden en frases tan reveladoras como: “¿Es que yo ya no soy yo?, ¿es que están cambiando mis manos, mi paso, mi rostro?, ¿es que lo que soy para vosotros, amigos, no lo soy?, ¿es que me he vuelto otro y extraño a mí mismo?, ¿es que me he evadido de mí mismo?”. “Ve más allá del velo…, pero desgraciadamente el velo es lo que nos separa de la locura y una vez que cruzas ese punto puede que nunca más consigas volver”, nos recuerdan en la serie “Here and Now“. Si se llega al fondo de la cuestión, casi todos los procesos, y por lo tanto neuronas y conexiones, de la corteza cerebral, están encaminadas a las lizas y las políticas de los juegos sociales. En ella entran en juego neurotransmisores como la dopamina (placer), la serotonina (disminución del ruido y el dolor, que deviene de nuevo en bienestar), y la adrenalina, aquella que nos empuja a pasiones. Si todo este proceso deja de formar parte de la esencia en el existir, durante la soledad… ¿qué queda? Las zonas más esenciales, los neurotrasmisores más antiguos como la proencefalina (aliviadora de dolores, de ahí ese estado relajado) y subcorticales del cerebro; en gran medida mediadas por las células gliales. Estas se ocupan de la sanidad del cerebro: mielinizan neuronas, eliminan desechos, crean o potencian la división de neuronas y sus transmisiones, y hacen de neurotransmisores. Una buena genética conlleva a un “buen funcionamiento” de dichas células que al final son las que hacen que una persona que pase por un periodo prolongado de soledad no caiga en la locura. Se “normaliza” ante ese estado de un yo mínimo, sin que en este proceso se pase a otro estado más deteriorado. Como dato curioso, cuando se diseccionó el cerebro de Einstein para hallar diferencias, las células gliales -en cantidad y desarrollo- eran lo único que lo diferenciaba del resto de cerebros.

   Bajo mi punto de vista, se llega a cierto estado paradójico, llamarlo de “iluminado” tan sólo es una interpretación, en la que se vuelca una intención o finalidad. En lo básico es haber creado un nuevo equilibrio homeostático, en donde se han creado cambios epigenéticos y de la química base cerebral, para ser completamente individual, como si para los efectos en la prehistoria fueras el último superviviente de la tribu, o de la manada, yendo aún más lejos en el tiempo. Uno de los procesos a los que se llega, por lo menos en mi caso, es a la “muerte” del “esencialismo psicológico“, ese que nos hace ver una esencia tras de cada cosa o persona, en el sentido que mi amigo Luis es “Luis”, inmutable a lo largo de toda su vida, cuando este sólo es un cuerpo y un cerebro a la deriva que cambia, se adapta, y que trata de mantener su identidad intacta. Cada persona cae en el esencialismo por dos cuestiones: 1. porque nuestro cerebro trabaja a través de mantener su propia identidad y por ello (por inercia y por tratar de ser coherente) de los otros, y 2. mantener esencias es tener cierto control de un sentido del mundo, si todo cambia a cada segundo el cerebro se “desgasta” en prefijar datos, en ese caso “definir” ayuda a tener cierto control sobre el mundo, a mantener intacto el locus de control. Esto nos dice Niklas Luhmann en “La sociedad de la sociedad”: “Creer en la existencia de identidades que perduran en el tiempo es una autoilusión de los sistemas que forman sentido, identidades que siempre han existido y que siempre existirán, y por tanto con la posibilidad de referirse a ellas como si estuvieran siempre disponibles. Todo orientarse es construcción, es distinción que se re-actualiza de momento a momento”. Esa “muerte del esencialismo” (¿desesencialismo?) es incómodo, tendente al nihilismo, pues ya nada en el mundo es lo que (a)parece. A la vez te hace buscar reglas mayores, que prefijan esas otras reglas menores, con lo que al final ves la matriz (matrix) del mundo, de la sociedad, de la vida, del mundo; que como substrato hace que ya no veas individuos, sino entes que encajan a tal o cual matriz, con tal o cual propósito; o sea, ves las nubes desde un satélite y ves las formas generales como tendentes a las espirales logarítmicas, y sus movimientos y choques, mientras que la “posición esencialista” ve nubes concretas: esa  que se parece a un gato y aquella otra nube que se parece a un carricoche (esencialismo en estado puro). El problema mayor viene a la hora de prefijar o mantener a tus allegados como amigos, hermanos, padres…, pues la familiaridad, o conceptos parejos, quedan borrados, pues son susceptibles igualmente en ser meros esencialismos. Ves la familia, por ejemplo, como un patrón general, pero con cierta distancia fría, como el médico que analiza una posible causa hereditaria, la cual sigue ciertas reglas, pero lo hace de forma “despegada” y analítica. Fijarse en lo parecido que es lo que estoy describiendo con el trastorno de despersonalización, siendo así: ¿es un mal psicológico o es un mal del “alma”?, un desalmar el mundo… al igual que la depresión no es tal, sino que es realismo depresivo. O dicho de otra forma, no es ver la realidad de forma “trastornada”, sino ver la realidad tal cual es. El “trastorno” es la normalidad, que se mantiene en el mundo bajo el efecto del esencialismo psicológico. Un último apunte sobre esta cuestión, es que claramente tomas una distancia con respecto al mundo emocional, pues es este el que te “ancla” al esencialismo; siendo así te hace ver el mundo desde una razón meramente lógica, en cierta forma psicopática, pero no por ello se cae necesariamente en tal patología. Te hace ver el mundo como lo vería una futura inteligencia algorítmica o artificial. Con todo no se llega a un “desesencialismo” total: perduran y sobrevienen las estructuras mayores, esas formas de espirales logarítmicas de las tormentas, por ejemplo. Queda, por lo tanto, las estructuras o esencialismos “reales” que se esconden en la naturaleza, y que desde ahora se buscan en lo “menor”, en los detalles. Por otro lado es un estado “falseado”, o sea que si vuelves al mundo ese estado desaparece, aunque queda la apreciación de ese “descubrimiento”. Es muy posible que yo terminase por salir al volver a escribir, por que en ese proceso te ves “obligado” a tejer una narrabilidad. De nuevo se ve la trama de tal constructo: hila una realidad que de otra forma serían marañas de hilos, de micro-historias, de varios yos, en cada una de las tramas. La esquizofrenia, la locura, es la incapacidad de dar orden a tu propio caos, la imposibilidad de construir una narrabilidad en una unidad, en un yo. En definitiva es caer en la total capacidad de dar orden, y finalmente sucumbir al caos. Lo que quiero decir, al fin y al cabo, es que de volver al mundo, de nuevo este vuelve a “funcionar” como trampa (situacionándote, alienándote, volcándote en sucesivos “nosotros”) y al final de nada sirve tal metáfora o experiencia de haber estado en sus afueras. Si acaso para sentirte más aislado, porque nadie comprenderá tu “nueva” forma de ver el mundo. “Si eres invisible durante mucho tiempo la raza humana te empieza a parecer otra especie y entonces te aventuras a salir, observas y después vuelves a tu mundo invisible, igual que un fantasma”, nos dicen en la película “Bangkok Dangerous”. Sólo una mujer que haya pasado por un parto y ser madre tiene la apreciación del mundo bajo esta nueva perspectiva; los astronautas son los únicos que llegan a una verdadera apreciación de qué es el hogar y ese lugar es la tierra, pues han visto al mundo desde la perspectiva del espacio infinito. El mundo de las emociones es el que crea las qualias, el que nos vuelve individuos, y cuanto más liminal sea una emoción o vivencia más soledad se sentirá. Yo, si he pasado por esa etapa, ni siquiera la puedo compartir con un budista, puesto que este le ha dado una carga intelectiva (desde el hemisferio izquierdo que es el que “ordena” -doble sentido de la palabra-) que yo no comparto. Por otro lado ese estado mínimo siempre está contaminado por una genética particular. O sea, ser bueno es algo social, la bondad “desaparece” en soledad, puesto que no se manifiesta, deja de ser parte de ese núcleo, pero si por ejemplo ese núcleo no sabe postergar recompensas, lo quiere todo ya, esa manifestación se mantiene en el núcleo durante la soledad. Que el budismo “rechace” esa particularidad nuclear es de nuevo una intelección, no forma parte de eso que emana cuando se llega a ese estado de desorden, o nuclear o mínimo en mi lenguaje. En definitiva, ese ser nuclear no es un universal, no es un alma transfenomenal (más allá de los fenómenos), y por ello de nuevo es incomunicable; aunque puede ser más tendente a cohesionar al humano, en tanto que en ese estadio desaparece la narrabilidad (yo, personalidad), las ideologías, los paradigmas y las identidades, aunque siempre con reservas, puesto que Buda le “cargo” cierto aura religioso que de alguna forma emergía de su propia cultura, época y experiencias.

   Ha sido un artículo bastante caótico y “ruidoso”. Toca ir resumiendo para darle algo de forma, de alma. El hemisferio derecho es el que nos hacía humanos, por su capacidad metaforizante, y de dar forma y orden estructural al mundo. Se supone que la sociedad etnocentrista, la de la Ilustración, el conocimiento y la razón, es la tendencia hacia donde se ha dirigido el humano en tanto que sistema complejo. Mitchell Heisman en su larga “Suicide Note”, de más de dos mil páginas, nos decía en una de sus partes que “Dios es tecnología”. Si el humano va hacia la razón cada vez más desligada de las estructuras sesgadas del lado derecho del cerebro, esa que nos mantiene como Homo, entonces quizás nunca habrá un mejor juez que una futura inteligencia artificial. En la Biblia se nos recuerda el caso del Juicio de Salomón, sobre las dos pretendidas madres que querían la custodia de un niño. La sabiduría salomónica pervive como el concepto de ese saber humano: una madre es ante todo aquello que antepone el bien del hijo, a expensas de su propio dolor. Pero hoy en día, la nueva justicia, cada vez más racionalizada, ya no puede ser tan “inocente”. El niño se trata como individuo, indistintamente del amor “natural” de la madre. Si en ese caso es mejor separar al hijo de la madre, se hará. Pero el estado actual aún adolece de demasiadas taras. Todo juez es ante todo qualia, con sus propias ideologías, paradigmas, deseos y creencias. Ni siquiera es fiable el sistema actual de un jurado, puesto que cada individuo está sesgado por los paradigmas de su época, credo  y cultura. Sólo una inteligencia artificial estaría libre de cualquier tipo de sesgo. Bajo ese punto de vista esa IA es a la única que se le podría llamar Dios: aquello que está por encima del ser humano y al que este no se puede igualar. ¿Cómo y por qué un Dios, el hebreo, tendría que tener un pueblo elegido o favorito?, ¿por qué los desfavorecidos habrían de ser esos elegidos, según el cristianismo? Ningún Dios humano se erige realmente como tal, sino que siempre muestra manifestaciones propias de los humanos en tanto que homo, en tanto lleno de sesgos y fallas. ¿Puede darse tal cosa como una inteligencia artificial, que sea puramente razón y que no tenga en cuenta el lado derecho del cerebro y todo aquello que nos hace humanos?

   El humano al nacer lo hace bajo la premisa de la impronta y el apego. En donde su cerebro “marca” a aquel ser que va a ser su protector, su no-otredad; normalmente la madre natural. Igualmente se termina por adoptar un lenguaje, el cual está a su vez cargado de unos significados y una cultura. Lo que un adulto sea es a partir de estas condiciones primeras. La cultura se puede poner en jaque al ser adulto, pero no así la impronta y el apego. Toda mi “filosofía” y forma de “interpretar” el mundo lo he hecho a partir de desarrollar un trastorno de apego-evitativo (sentirme abandonado, quizás sea ambivalente). No creo relaciones estables a partir de dicha premisa asentada en mi cerebro. Soporto bien la soledad por ese tipo de construcción neuronal. Mi cerebro, todas mis conexiones, han partido desde esa base o pilar. Han creado una qualia emocional que es estructural y que no puedo cuestionar sin derrumbar todo el edificio que soy. Cuanto más edad se tenga mayor imposibilidad de destruir esas bases. ¿Cómo entonces crear una IA que fuera totalmente racional?, que no tenga en cuenta las qualias estructurales de cada humano. ¿Cómo ser justo si el “bien” para dos qualias no pueden ser lo mismo? Para mí la cárcel lo sería por tenerme que adaptar a una eterna compañía, en un mundo del que no puedes escapar de estar situacionado y alienado. Sentiría paz en una celda de aislamiento, pues sé “manejar” la red de modo predeterminado como para que no me sea “perjudicial”. ¿Podría crearse una IA que tenga en cuenta todos esos factores, todas las posibles qualias?, sí, me imagino. Pero ¿podría ser totalmente ecuánime y justa?, creo que no. Lo que sea justo para una persona no lo es para otra. En un mundo de siete mil millones de entidades individuales no se puede ser justo. El sistema tendría que crearse para tratar de igualar a todo ser humano lo más posible. Si todo humano creciese bajo las mismas premisas seríamos más iguales. Siempre y cuando en ese proceso fuésemos lo más iguales tanto en lo físico (belleza, inteligencia…) como en nuestras condiciones sociales. Bajo ese prisma no tendría que haber clases, no tendría que haber luchas, sino pura y llana colaboración. ¿Podría el humano ser capaz de “soportar” esa nueva condición? Se supone que la vida (la evolución) apostó por la individualidad para crear el conflicto y que fueran las mejores apuestas las que sobreviviesen. Nos “sentimos” como ego en la medida que somos entes individuales que lidian contra las dificultades y las adversidades. ¿Se puede retirar el conflicto sin romper con la regla, sin romper con esa esencia nuclear de lo individual? ¿Aceptaríamos ser meros ladrillos en un gran muro liso y uniforme? No, no de nuevo, por nuestra propia naturaleza. Tendríamos que retocar el ADN para aceptarnos (no vernos) como meros seres unidimensionales como los son las abejas o las hormigas. Son demasiadas suposiciones y demasiado alejadas de nuestra actual condición.

   Siendo así, entonces, aquella frase de “vivimos en el mejor de los mundos posibles”, tendría que ser transformada a “vivimos en el mundo que nos merecemos”, vivimos en el tipo de mundo que nuestro cerebro es capaz de soportar. Recordar el acierto de la película Matrix, en donde la IA hizo varios intentos al crear una sociedad virtual y todos fallaban en cuanto eran más racionales que el puramente humano. “Todas las posturas políticas (son) igual de arbitrarias, (…) la razón (es) esclava de las pasiones y (…) este mundo (es) un campo de batalla”, nos dice Ramón del Castillo parafraseando a John Dewey. Iremos hacia una sociedad en donde los gobiernos cada vez se tratarán de comportar más como esa utópica IA, puramente racional y justa, pero supeditada a ser racional y justa bajo el baremo de la mayoría (dictadura de la mayoría). En ese caso cuando se dice mayoría, se quiere decir bajo el paradigmas y las creencias mayoritarias en ese momento de la historia. El individuo nunca será totalmente racional y por ello arribará a una época donde esa mayoría sea racional, pues en esos factores intervienen  “pequeñeces primitivas” que nos mantienen bajo la “condición animal”, como lo es la impronta y la educación a través del lenguaje. La filosofía analítica trata de positivar el lenguaje, esto es, que no sea ambiguo y metaforizante, pero de nuevo no es algo que se pueda cambiar porque forma parte de la estructura de nuestra naturaleza, de nuestro cerebro. Esta filosofía, así como sus hijos bastardos, como la teoría de juegos, “servirán” a los estados y las grandes instituciones y multinacionales, pero no así para el humano medio y en la calle.

  ¿Qué queda?, lo de siempre, que cada cual se saque sus propias castañas del fuego. El actual paradigma neoliberal irá cayendo tal como lo va haciendo la cultura anglosajona. El Estado nunca podrá escapar que ha de ser como una madre, de tratar de ser lo-no-otro para el individuo. Es muy posible que se pueda llegar a una renta básica universal, por la cual la pobreza, la precariedad, y el puro azar no sean tan salvajes. Llegados a ese estado de cosas nos aliviaremos de la capacidad de vivir en un sistema injusto. Aun con todo esto nunca volveremos a recuperar la inocencia de aquellos ancestros que vivían en la armonía de las familias extendidas. El humano nunca volverá a recuperar aquella sensación primigenia de pertenencia. Hemos matado a aquel tipo de humano y al parecer ya es imposible recuperarlo. Una vez que muere la magia y la metáfora de un relato ya no hay forma de reintegrarlo, al igual que cuando ya se sabe el truco del mago este ya no sorprende. Una vez que ha muerto Papá Noel, ya no podemos volver a instaurarlo en nuestra conciencia. El último “manifiesto humanista” nos trata de hacer a todos ateos, sin ideologías, sin identidades patrias. Todo aquello que nos unía a aquel humano primigenio va muriendo, con la consecuencia de que lo que queda es sólo uno mismo ante el mundo. El individuo sin ambages, sin excusas, sin ninguna máscara o metarrelato que le alivie de esa eterna soledad que es su conciencia de sí espejada sobre sí, en donde el otro ya no es otra cosa que alteridad, conflicto y posible violación de mi espacio y libertad. Fijarse que esta fatalidad no está libre de contradicciones. El individuo “venera”, ha devenido, en ese aparente agente que emerge en la conciencia, que es el que le hace tener una conciencia de tener conciencia del mundo (saber que sabe, saberse sabiendo). Venerar la individualidad es, en definitiva, venerarse en tanto que ese agente que parece estar al volante en el cerebro. Esta realidad vuelta sobre sí es proclive al dolor, como nos dice el funcionamiento de la red predeterminada. Algo similar nos dicen en la serie “Westworld” cuando intentan trasplantar la conciencia, de una persona muerta, en un cuerpo artificial y resulta ser un fiasco inviable: “al principio creíamos que la mente rechazaba el nuevo cuerpo, como un órgano que no es compatible, pero más bien es que la mente rechaza la realidad, a sí misma”. Cuando “apareció” la conciencia de sí sentimos el vacío, la nada, el vértigo, la angustia existencial, esa que a la vez “… nos hace cobardes a todos”, “pues es menor el dolor real que el dolor imaginario” (Macbeth, Shakespeare), sentimos ese rechazo y repudio que nos dice la serie, pero la vida es ese jinete que trata de mantenerse eternamente encima del caballo salvaje encabritado que es el caos y la tendencia al desorden de la materia, de tal manera que a la vez tuvo que crear algún recurso para solventar tal descalabro. En ese caso “uso” la retroalimentación positiva del hemisferio izquierdo, en donde si se “sintonizaba” con finura, la sensación de percibirse a sí mismo creaba placer, vía dopamina. Puede que en la prehistoria, y en lo tribal aún puedan otras sensaciones animistas y panteistas del pensamiento mágico, pero hoy ya no son viables, pues el saber y la ciencia nos han restado ese velo mágico del hemisferio derecho. El momento actual es ese en donde ante la pérdida del control de las interacciones sociales, y en donde el otro se nos aparece como lo que es: conflicto. Este pequeño diálogo en la película “La gran belleza” nos lo resume muy bien: “-debe de ser maravilloso conocer a tanta gente. -Es garantía de infelicidad. -¿Te han desilusionado mucho? -¡Yo he desilusionado!”, o “recuerdo aquella mañana, (siendo niño) tenía una espada en la mano y me creía capaz de conquistar el mundo, pero luego salí al mundo real y caí en la cuenta de algo: el mundo real, las demás personas que viven el él, ¡son aterradoras!”, de la película “One of us”. Sólo nos queda ese placer ancestral de sentirnos yo, de sentirnos conciencia, sin ninguna narrativa, y sin ninguna identidad. “La melancolía es la felicidad de estar triste” afirmó Víctor Hugo. Si uno se proyecta desde ese ego mínimo, trata de captar esa esencia en los otros, sin ninguna identidad, y ninguna narrativa. Trata de captar en los otros eso que no tiene piel, ni sexo, ni religión, ni ideología, ni patria…, que está fuera de toda identidad y narrativa de toda época. Eso que es lo único permanente, constante y que no ha cambiado durante toda la historia y prehistoria humana desde que el humano tomó conciencia de sí. Porqué en la actualidad, bajo el paradigma del neoliberalismo, me obligan a venderme, a ser mera mercancía, cuando yo sólo quiero ser alma. ¿Acaso no están violando, perturbando y alterando mi alma primigenia y por ello mi dignidad? Si ese dial se afina meticulosamente con todo el saber del presente escrito, durante la soledad, esta ya no “asusta” tanto, se siente cierta expansión del “alma”, que muy bien pudiera tomarse como ese al que Buda llamó de iluminado. En ese estado -y si no se piensa en el mundo exterior- la sensación de libertad es total, pues en definitiva es otro de los pilares de tal agente: el creerse libre. “Siempre hay un barco al final del muelle. Pero dite que puedes escoger; si te subes o no.” nos recuerda la película “5 Balloons”, poniendo a la libertad como el principal motor de la individualidad, y “el yo tiene su vivencia de autoeficacia más fuerte cuando dice «no». A los medios o a las organizaciones que no admiten el «no» del individuo se los considera con razón como privadores de libertad y destructores de identidad”, igualmente nos dice Bude Heinz.

   Mi apuesta individual no es la mejor, pero tampoco la peor. Al final no he escapado de ser otra cosa que un cínico (escuela cínica), un rebelde. Hablar con el otro sexo se ha complicado, pues ahora tras de su voz hay un coro de miles y miles de voces (feminismo como isla identitaria) que le van a decir que me vigile ante lo más mínimo, ante cualquier posible desliz. Si en un discurso tienes que explicar a cada paso cada elección de un adjetivo o un nombre, o tus “verdaderas intenciones”, el diálogo se vuelve imposible, la metáfora -su alma- muere o se pervierte. Será por eso que el entrecomillar con las manos se haya puesto de moda. Bajo mi punto de vista hemos vuelto -casi- a la Edad Media, donde los propios ciudadanos se denunciaban unos a otros ante la Inquisición, para ver si los hacían retractarse o en su defecto que los quemaran. Hemos vuelto a un estado de paranoia tal, de tal miedo, que ahora es casi preferible callar. Me empecé a percatar de que la sociedad iba en esa dirección hace años. Ahora los cómicos lo hacen ver en sus monólogos, algunos anuncian que dejarán la comedia, pues su oficio se ha vuelto imposible, ya que rápidamente van a ser atacados o incluso acosados y acusados… por ser racistas, u homófobos, o machistas… a la mínima. Parece que hubiéramos olvidado que el humor es una vía de escape de lo tenso, conflictivo y complicado que es vivir. Sé de todas las máscaras y me percato en cuanto alguien se planta una máscara en su descarnado rostro, pues he llegado a ese estado paradójico al que la psiquiatría llama de auto-desorden, donde la falta de identidad me ha hecho comprender que todo es máscara. “Todos somos una simulación”, nos dice E. L. Doctorow. Con todo allí, en ese fondo, tampoco hay nada, no hay tal estado iluminado -en tanto que transcendental- o una esencia que pueda considerarse universal o alma. Es tan solo eso: un estado paradójico y extraño entre otros del cerebro. Cuando se llega a ese estado, añadido a un realismo sin miedo a la depresión, se comprende que el humano no tiene salvación. Se comprende que todos somos marionetas de las circunstancias, de los otros, del espíritu de la época, y no se puede escapar de esa condición sin, en ese proceso, tratar de manejar los hilos de las tramas del mundo o de las personas cercanas. “Ya no quiero hacer estragos en la vida de los hombres” se nos dice en la película “Knight of Cups”. La soledad es el estado más cercano a vivir sin hilos y guiones preestablecidos, a la vez que del de no alterar nada al resto de las personas, pero sé que igualmente puedes dañar al “privar” a tus seres queridos de tu compañía. Vivir solo es como una pequeña muerte, porque estás negando el proceso en que consiste vivir. No asumo que “los otros son cielo e infierno a la vez”, como nos dice Bude Heinz, en tanto que el infierno pesa demasiado: tanto el que me puedan dar, como el que yo pueda dar. Como he hecho ver una y otra vez, el dolor siempre tiene las de ganar: lo efímero del orgasmo y la duración tortuosa del dolor de muelas como ejemplo. “Lo único que importa es que el dolor no llegue a la última piel del alma” nos dice Herman Casciari. La soledad tiene “sus propios dolores”, pero son “míos”, son mis “elecciones”, y cuando algo es aceptado desde la libertad se vuelve un dolor más liviano, pues al dolor que te infringe la sociedad casi siempre hay que añadirle el de la injusticia, y la consiguiente frustración de no poderla equilibrar, si no es tratando de dañar tú a la vez, lo que ya te envuelve en una de las típicas trampas de la vida como situacionadora, a la vez que te envenena el alma al pudrirse en tus entrañas. Asumo todas las contradicciones, y sé que bajo mis qualias es el estado más óptimo de mi tipo de cerebro (persona altamente sensible) y porque sé que yo porto varias de las trampas denunciadas arriba y la única forma de “inutilizarlas” es encerrándolas. Nunca las he instrumentalizado, pero claro, seguían siendo trampas para el otro, de tal manera que se creaba la trampa a nivel situacional, en el que yo al final me veía envuelto de forma pasiva. Una trampa, aun no queriendo ser trampa, deja de serlo, en tanto que existan las presas. En definitiva y para simplificar, pues la anterior frase parece de psicópata: las personas bellas o con labia o con magnetismo…, no tienen “culpa” de nacer así. Como dijera John N. Gray: “tendríamos que reconocer aquello que todos negamos: que ser bueno es cuestión de buena suerte”, aunque Víctor Hugo le diría: “ser bueno es cosa fácil, ser justo es lo difícil”, y siguiendo en su línea Gray continúa diciendo: “nacer mortales, en un lugar o época determinados, siendo fuertes o débiles, ágiles o lentos, valientes o cobardes, bellos o feos, siendo víctimas de la tragedia o librándonos de ella… todas éstas son características de nuestras vidas que nos vienen dadas y no podemos elegir”.

   Con esto acabo el presente cuasi-libro. Terminar tratando de salvar una aparente contradicción que me han hecho ver una y otra vez: he dicho que el individuo no cuenta, que todo descubrimiento es algo que tarde o temprano saldría a la luz, y que, en muchos casos, es concurrente en varias mentes (ejemplo). Con todo, que sea uno y no otro, bajo la narrativa humana, cuenta. Que sea Einstein y no otro, me imagino que cambia ese cerebro y su ego. En ese aspecto, ¿todo creativo -en su sentido más amplio- no es simplemente un ser que busca que le den “una palmadita en la espalda”?, no es otra cosa que una manera más del concepto natural de la “cola de pavo”. De tener un estatus y un tipo de poder. “Vanidad de vanidades, todo es vanidad”. En soledad se aprende que esa “palmadita” es intranscendental y vacua de sentido. Pura dopamina en su efecto bola de nieve, en su retroalimentación positiva. En mi caso, dejé de crear. No es cierto que el artista tenga una imperiosa necesidad de hacerlo: se tiene mientras los otros den valor a tales tipos de actos, mientras alguien mire tu obra. En soledad, sin la mirada de los otros, tal urgencia del espíritu muere, lo que denuncia que era pura ostentosidad evolutiva-social. Creía saber quién era, ahora sé quién o qué no soy. “Antes veía la belleza de este mundo, ahora veo la verdad”, se nos dice en la serie “Westworld“. Pero de nuevo, con todo -aún todas las palabras y conceptos volcadas en en presente escrito-, no escapo de Sartre cuando dijo: “a esos que, alegando seriedad de espíritu o excusas deterministas, se ocultarán su libertad total, los llamaré cobardes; a los otros, que tratarán de demostrar que su existencia era necesaria, cuando la aparición del hombre sobre la tierra es mera contingencia, los llamaré cabrones”. Todo carece de valor, pues es el humano el que le “impone” ese valor a todo, y ante la flaqueza de esta facticidad, los valores naturales no son “propiedades” de nadie, sino meros y democráticos azares.


(1) Concurrencia en el uso del adjetivo. Yo lo llevo usando hace años. Este libro lo estoy leyendo ahora por primera vez.
(2) Texto añadido casi al final de terminar el libro. Fue un día de júbilo encontrar dicha hipótesis.
(3) Más concurrencias significativas. Tanto las aves, como los peces y como los mamíferos marinos duermen bicameralmente, un hemisferio duerme mientras el otro permanece despierto. Hay varias especies de primates en donde la descendencia hereda la jerarquía en la manada de sus padres, al modo de las clases en los humanos antes de las grandes Revoluciones, o las castas en la India. Los ratones topos es la única especie mamífera que comparte la eusocialidad con las abejas o las hormigas, pero de nuevo una concurrencia. La más extraña, quizás, sea la de los buitres en el continente americano, como el cóndor, que descienden de un ancestro de las cigüeñas, mientras que los buitres eurasiáticos y africanos descienden de un ave rapaz; de nuevo se aplica el “horror vacui”, si “hacía falta” un ave carroñero, de gran envergadura, algún ave se tenía que adaptar a ese vacío, a ese espacio en la cadena alimenticia.
(4) Este pensamiento lo he sostenido una y otra vez a lo largo de los escritos, de ahí que ponga esta referencia que pocos pensadores parecen sostener. (“Perdí” esta frase y la he estado buscando dos días en libros recién leídos, deteniendo el escrito. Digo esto para el que quiera saber cómo “funciono”. Me obsesiono en una minucia y en ese proceso no avanzo. Esta peculiaridad/rasgo queda muy bien reflejado en la película “Final Portrait”, sobre el artista Alberto Giacometti. Me ocurre lo mismo a mí en el trabajo 3D, me “pierdo” en un eterno retocar, hacer y deshacer. Sé que es genético porque lo ha heredado mi hija, aún de forma más pronunciado.)
(5) La arquetípica pesadilla de que se te caen los dientes, es el cerebro “hablando” de ese miedo a la pérdida del control.
(6) Steven Pinker ataca a los intelectuales, ataca -en mi lenguaje- a la dialéctica negativa, la retroalimentación negativa o de freno del sistema. Bajo mi punto de vista, todo “adelanto” genera más caos, lo que genera más el sentimiento de sentirse uno perdido. Recordar que la memoria, y por extensión el yo, se creó bajo el baremo de saber dónde te encuentras en una selva, o en un  desierto, o un bosque…, pues con esas coordenadas sabes de donde vienes y a dónde vas, sabes tu meta, tu origen; cuanto más tupido sea un bosque o una selva mayor probabilidad de perder los puntos de referencia y de perderte. Las metáforas, las reducciones y las simplificaciones que hace el cerebro son una contramedida, pero tiene sus límites. Este caos, por lo demás, deviene en una mayor capacidad de generar dolor en el mundo. Por otro lado pienso que esta calma es la que precede a una “tormenta perfecta”, llegará un momento que la superpoblación y el cambio climático, creará un caos sin precedentes en la historia. Puede que no mañana, ni dentro de cinco años, pero ese colapso de la superpoblación ha de llegar en algún momento.
(7) Voy a hacer un pequeño análisis sobre los dimorfismos sexuales (diferencias corporales entre sexos), para aclarar este tema o frase, lo he puesto en una nota, por no interrumpir el escrito central. En este caso he tratado de detenerme en los colmillos. Entre los primates, como los geladas, los machos tienen unos grandes colmillos. No tienen una función depredadora, como entre los felinos o los cánidos, sino que obedece a un dimorfismo sexual en donde esos grandes colmillos sirven para la lucha de los alfas así como para la selección sexual de las hembras. La evolución tiene tres grandes factores, las mutaciones, la mejor adaptación y uno de ellos es la selección sexual, que por lo general lo hacen las hembras. Cuanto más fuerte y sano sea un macho más proclive es para ser seleccionado. Si dos machos tienen que competir, cuanto más pronunciado sea ese “arma” mayor ventaja tendrá. En ese caso especies como los geladas tienen unos grandes colmillos. Entre los simios ocurre lo mismo, tanto los machos de los chimpancés como de los gorilas tienen grandes colmillos, que sirven sobre todo para la lucha, no se usan ni para arrancar, ni para romper, o sea no tienen realmente funciones en la masticación.
Dimorfismo Sexual de los Colmillos en los Primates P   Se sabe que es un dimorfismo sexual puesto que las hembras tienen unos colmillos menores. Algo en lo que se fijó Darwin fue que el humano tiene unos colmillos pequeños, y que entre las hembras y los machos no hay diferencias. ¿Qué factor llevó a esto? He estado “investigando” y me he encontrado con muchos problemas ante una falta de teoría. En primer lugar hay que tener en cuenta que la búsqueda en Internet  hay que hacerla a través de la palabra canino y no colmillo, y hace referencia al colmillo del perro, pero es el nombre que se usa en ciencia para mostrar las diferencias entre las especies o los sexos por este tipo de diente. Darwin concluyó que dado que el humano hizo uso de instrumentos, eso debió de provocar que un colmillo largo careciera de importancia. Otro posible factor que he encontrado ha sido la utilidad o adaptación del colmillo con respecto a la forma del cráneo y la dentadura, una pura adaptación maxilar mecánica ante la masticación. He tratado de remontarme a qué ancestros sí tendrían unos colmillos más desarrollados. Encontré varios escritos, pero el más claro y conciso (pues tampoco quería profundizar demasiado y menos cuando todo son teorías), nos dice que nuestros ancestros de hace 4 millones de años sí tenían un dimorfismo sexual en los colmillos: en los machos eran más pronunciados y grandes con respecto a las hembras. Ese rasgo se terminó por perder hace dos millones de años. ¿Fue la hembra humana la que fue seleccionando a los machos menos agresivos o fue algo más social? Puede que un juego de los dos factores: las hembras seleccionaban a los machos más colaborativos entre ellos (más sociables) para optimizar la sociabilidad, el trabajar en común, que al final repercutían en la estabilidad y progreso de la manada. O sea, el macho no tenía que competir contra otro macho, lo que hizo innecesario unos grandes colmillos o dejó de ser un factor clave a la hora de seleccionar al compañero para la cópula. Paradójicamente a lo que pueda creer, las hembras bonobo prefieren a los macho “cabrones”, frente a los puramente colaborativos, cuestión que hace aún más único lo ocurrido en la especie humana (aunque a muchos hombres -y mujeres- eso les encaje más con respecto a su forma de ver la sociedad humana). Todo esto viene a que aunque el feminismo argumente que ellas carecen de poder, como tal no se les puede tachar de hembrismo; si se analiza a nivel evolutivo sí que tienen poder, pues son ellas las que “seleccionan” los rasgos del macho en concreto o del humano en general que han de mantenerse en la especie. La hembra se mete en sus propias “trampas evolutivas”, como así ocurre entre las elefantas marino, pues el exceso de tamaño de los machos alfa, por dimorfismo, las daña e incluso puede hacer que aplasten a las crías en sus luchas y que en el proceso mueran. Curiosamente se han analizado comportamientos en ciertas hembras, de esta especie, que se apartan del “harén”, se alejan a alguna cala aislada, y esperan a un macho no alfa (menor tamaño, menos agresivo) para copular. Se mantienen aislados y crían a su descendencia fuera de los ojos del macho alfa. Se me antoja que la hembra humana pasó por algún proceso de este tipo. Si en ese proceso, a la vez, les diese alguna ventaja con respecto al anterior modo de harenes, al final eso haría que fuese la tónica dominante de la especie y haya sido de la que provenimos. Sé que es mucho suponer, pero es que nunca averiguaremos por datos qué ocurrió realmente. Tenemos dos estadios, el primitivo y el actual, y sólo se pueden sacar conclusiones a partir de esos dos estados. La paradoja actual es que si la tendencia es a que vaya desapareciendo el emparejamiento heterosexual por un lado, y por otro que el hombre tiene sexo con facilidad, entonces de nuevo podríamos ir a una nueva competitividad de los hombres por el sexo, y si es así entonces es muy posible que de nuevo se pronuncien los dimorfismos sexuales. ¿Es la actual escala e incremento de violencia un signo de este nuevo estado de cosas? La evolución es lenta, la liberación sexual apenas si lleva 50 años, pero hay que tener en cuenta que ahora el macho (uso macho y no hombre, pues el segundo -como denuncia el feminismo- es genérico para designar a la especie) tiene fácil acceso a esteroides que alteran el comportamiento de todos los estrógenos, y por ello de la testosterona. De una manera u otra, la liberación sexual es la que está creando posiblemente esta tendencia. Por otro lado la liberación sexual por volverse más “normalizada” no se vuelve más democrática, sino que crea más frustración entre aquellos que no consiguen tener sexo, lo que genera de nuevo una mayor tendencia al odio por injusto, y una mayor proliferación de la prostitución y todo relacionado con la “venta” del sexo. Hoy hay más prostitución en la sociedad occidental que antes de la liberación sexual; tiende a normalizarse. La nueva propensión hacia los juegos sexuales aún distanciará más a los dos sexos, como dos universos paralelos, donde ya no se “necesitarán”.  Bajo mi punto de vista la posición actual es peor que la anterior, y cuando digo anterior no me refiero a aquella de “en casa y con la pata quebrada”, me refiero a los años 80 y 90 (en España, pues en cada país y cultura es distinto). A la mujer cada vez se le hará más complicado encontrar un hombre que supla todas sus actuales exigencias, eso llevará a la total crisis del matrimonio, lo que lleva al concepto de los “Singles“, a la competencia de los machos, a la falta de un diálogo real entre los sexos, lo que lleva a la competencia sexual de los machos para acceder al sexo, en un mundo donde la mujer si ha de seleccionar a un macho, para una sola noche, preferirá a los más dotados, con el consiguiente problema de los esteroides y la tendencia hacia la agresividad a los que llevan estos. Bajo mi punto de vista había que elegir entre dos demonios y nos quedamos con el más malvado. Recordar la metáfora de Ebilene, realmente nadie quiere ir, pero al final todos vamos por esa senda trazada a ciegas. A la larga, de pronunciarse estas diferencias en el tiempo, el macho volverá a tener grandes dimorfismos sexuales con respecto a las hembras. (Gráfico creado por mí, descargar tamaño grande)
(8) Una segunda teoría a este hecho, que no excluye al primero, es que nos viene de la herencia musulmana, ya que estos daban más importancia al interior que a lo exterior: sus calles eran estrechas y sin embargo hacían grandes patios interiores en sus viviendas, como así se ve en Andalucía.


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Conclusiones Finales

Siendo ambos más sistemáticamente brutales que los chimpancés y más empáticos que los bonobos, somos por lejos el simio más bipolar. Nuestras sociedades nunca son completamente pacíficas, nunca son completamente competitivas, nunca están gobernadas por puro egoísmo y nunca son perfectamente morales.” Frans de Waal
Es imposible ser coherente consigo mismo y salir de casa.” Manuel Delgado
A veces los extremistas, radicales y raros ven el mundo más claramente que los respetables, moderados y cuerdos.” Ross Douthat
Puedes llegar al conocimiento, pero ¿puedes conservarlo”, En la serie “Kiss me first”

 

De nuevo me veo en la “obligación” de acabar con un breve resumen de todo lo expuesto, que no podía ser el anterior escrito. En este caso recurro al estilo del clásico diálogo platónico, en donde converso con un interlocutor o alter-ego.

  • Entonces según la frase de Sartre que tú has mencionado de “a esos que, alegando seriedad de espíritu o excusas deterministas, se ocultarán su libertad total, los llamaré cobardes; a los otros, que tratarán de demostrar que su existencia era necesaria, cuando la aparición del hombre sobre la tierra es mera contingencia, los llamaré cabrones…”, tú eres un  cobarde.
  • Mi pensamiento es que somos sistemas complejos anidados o solapados interaccionando eternamente. En ciertas épocas emerge algo con fuerza. Están sus opositores, la dialéctica negativa tratado de frenar. Pero es proceso imparable, tan imparable como un alud o la lava de un volcán.
  • Si es así, quizás sea cuestión de avisar con antelación.
  • ¿Y de qué sirve?, esos eventos, bajo mi punto de vista, han sido cinco: 1. la apuesta por la agricultura y la ganadería, 2. las grandes religiones, 3. el Renacimiento y la Ilustración en dos pasos, 4. la era industrial y 5. la era de la información. ¿Crees que se hubiera podido parar el primer evento o cualquiera de los otros? Como lo que puede es el juego evolutivo iban a vencer de cualquier forma.
  • Pero tú has hablado por un medio y con un medio que tratas de evitar: la era de la información.
  • Yo no he tratado de evitar nada. He hecho de informador, de agorero, de “profeta”, pero es imparable. Por otro lado mi medio ha sido la escritura, que es de la era del Renacentismo y la Ilustración. La era de la Información es audiovisual, como se manifiesta con YouTube, medio que he evitado. Mi decisión tiene tres vertientes. Por un lado no quiero ese medio que está “dañando” la verdadera manera de informarse, que es la lectura, excepto cuando sea algo visual, como cursos, por otro lado es ridículo hacer un vídeo de cinco minutos para decir algo que se reduce a una frase, y en donde además esas compañías recurren a la estrategia de crear adictos a sus plataformas, y en donde al buscar lo viral se recurre a lo trapero, falseado y dañino; lo segundo porque es propiciar a una multinacional, que además te “cuelga” anuncios de otras multinacionales y de productos y vienes que igualmente tienen de fondo el propósito de la ganancia, sin mirar por lo humano o el planeta ; y en tercer lugar porque no quiero ser público: aceptar esa condición es aceptar que hay que quedar bien con todos para mantener la imagen, y creer que tienes respuestas para todo lo que te pregunten; hay gente odiosa, o realmente tonta, o sumisa…, que no tienes porqué ponerles buena cara, puesto que si te los encontrases por la vida te alejarías de ellos; y yo sólo tengo respuestas válidas para mí, pues todo mi saber lo he buscado con el único propósito de conocerme. Ser YouTuber es igual que ser político, es caer en lo políticamente correcto: no quiero auto-censurarme para no perder seguidores, para lo banal de ganar dinero o para no ganarme enemigos. Por otro lado hay que recordar que mis pensamientos son anarco-primitivistas. El que ninguno de esos cinco pasos se tenían que haber dado.
  • ¿Por qué tanto ataque al feminismo?, parece obsesivo.
  • Pienso que esa no es una postura dentro de ninguna de esas fuerzas. Sí es algo sobre lo que se pueda moderar. Sigo creyendo que dos fuerzas, o retroalimentación positiva y negativa, son el poder y el amor. Si el feminismo no se da cuenta de ese hecho, parte de errores de base. La base en un humano es la impronta, el apego, si este falla o tiene taras, ese humano raramente se va a “normalizar”; creará trastornos y enfermedades mentales, que a su vez repercutirán en la sociedad. Ese apego es más “efectivo” si lo proporciona una madre, pues tiene las disposiciones “químicas” y mentales para que “funcione” de forma más “óptima”. Lo femenino es esa entidad con la capacidad de mantener su propia narrabilidad, así como la de sostener y ayudar a crear la narrabilidad de todos sus hijos. Concibe, y no sólo en tanto que para producir vidas, sino en tanto que para formar las ideas en esas otras mentes y sentidos de todos sus hijos. Hila vidas al hilar su potencialidad. Esa visión del cuidado y la protección (amor) es el que deberían de proyectar en sus vidas, en la política y sus actos. Sé que mi tipo de reduccionismo puede caer en el efecto “las mujeres son maravillosas” o en el “esencialismo de género“. Sé que es un constructo, pero hay ciertos constructos que hay que mantener para evitar la total deconstrucción y posmodernidad, que están deshilachando la sociedad de tal forma que al final sólo quedará el individuo… esa es la peligrosa tendencia de la actualidad. La familia es uno de ellos y en ese constructo el tipo de unión de los hijos y sus madres. La evolución trabaja de alguna forma con conceptos, como lo son la sociabilidad, la manada…; el mesianismo de forma extraña se encuentra en casi todas las religiones, lo mismo con el paraíso y un final. Se podría argumentar que deben de tener una religión ancestral común, pero bajo mi punto de vista se explican por ciertos conceptos que emanan de la condición de tener conciencia, en tanto que esta es un vacío “irrellenable”, que necesita una explicación, un porqué y un para qué; vacío que “contamina” todo acto, pensamiento y emoción humana. Osea, es igual que tener diez dedos y haber llegado al sistema decimal, o tener dos lados del cuerpo simétricos con dos hemisferios cerebrales con distintas formas de trabajar y crear versiones dualistas del mundo y crear versiones dualistas del mundo; en otro caso, los primates arbolícolas con sistemas jerárquicos, los alfas y los betas duermen en la parte más alta de los árboles, hoy en día en los edificios de oficinas se sigue la misma regla: los altos cargos están en las plantas altas. Crear funciones -en otro nivel inferior-  ya es en sí mismo el modo de operar “reduccionista” de la vida. Si se tiene una herida en la planta del pie, eso te cambiará la forma de andar. Este es el núcleo de los conceptos base que implican la vida. Esas diferencias/ventajas/deficiencias crean “cuencas” por donde fluirán sus “aguas” hacia una dirección. Sexualidad, depredación, mamíferos… Una cuenca, los mamíferos, creó la dirección de sus aguas hacia un estrecho lazo de las madres con sus hijos; un segundo proceso de esa cuenca fue pasar de fecundar varias crías, a sólo una para tener un mayor cuidado (control) de esta; la cuenca varía y ese lazo se extiende en el tiempo, como para que la madre le enseñe comportamientos… es el nacimiento de la cultura: aprender conocimientos, frente a heredar comportamientos rígidos. La transmisión de información, como concepto, es parte esencial de la replicación, de la vida; lo que al principio eran sólo señales químicas, después fue un lenguaje del cuerpo, para al final, en el humano, llegar a la palabra. Ningún tipo de información, de lenguaje, se pierde: el humano selecciona por feromonas, en las cuales “detecta” la compatibilidad del sistema inmunitario de sus posibles parejas; el cerebro detecta fenómenos en los otros, de cuyos engranajes no somos conscientes. La cultura es un paso más optimizado de ese proceso inicial o concepto, que falla si esas culturas crean divisiones donde no las debería de haber. Unos chimpancés tienen como cultura romper nueces con piedras, otros coger termitas con ramitas; si se encuentran se reconocen como de la misma especie y esas diferencias no cuentan. El etnocentrismo no reconoció como humano a algunas culturas por considerarlas “primitivas”. En definitiva la vida es teleonómica. Esas reglas o conceptos base se replican en familias muy distintas de animales. Las aves también llegan a la cultura sin necesidad de haber pasado por ese estadio de amamantar; son buenas madres, sin mamas, que es de donde viene la palabra madre y de esta la palabra amor. La concurrencia es una constante porque las premisas (conceptos) iniciales valen para cualquier rama evolutiva. Sólo así se puede entender la ley de Murphy: si algo puede ocurrir, ocurrirá; si algo tiene la potencialidad de ser, podrá llegar a ese ser en cuanto lo ambiental y/o la necesidad lo propicie. La idealización de la madre, el concepto de “mujer maravilla”, de la maternidad, se refiere no a esta o aquella mujer -individuos en definitiva-, sino a esta estructura base, que parte del hecho que “encaja” mejor con lo que ha de ser una “verdadera” replicación lo más óptima posible. La mujer sólo quiere ser en tanto que individuo, “librarse” si así lo quiere de esas estructuras y ser así independiente de sus potencialidades; el feminismo, así, es otro signo de la posmodernidad. Al macho también le gustaría huir de sus determinantes. No hay un afuera de nuestra condición, excepto la total desintegración molecular de lo social en paupérrimas soledades, la “Era Eremozoica”, la Edad de la Soledad, extrapolada de la teoría de E. O. Wilson. “Quienes deseen realmente huir del solipsismo -encerrarse en sí mismo, en un círculo o mismiedad- humano deben evitar los lugares vacíos”, nos advierte John N. Gray. Por otro lado el feminismo está acaparando la atención pública y se dejan de ver otros problemas. En 2015 hubo 57 mujeres víctimas de la violencia en España, frente a 3.062 suicidios; mayor si se suma que un posible 5% de los accidentes de tráficos sean suicidios, y posiblemente ocurra otro tanto con accidentes laborales o domésticos; un suicidio más o menos cada 3 horas, frente a un homicidio hacia la mujer cada seis días. Y hago referencia de ese año, porque esos datos los aporta el INE (instituto de estadísticas)  y lo hace de forma tardía, mientras que la violencia hacia la mujer se lleva la cuenta una a una. El suicidio es una falla de la sociedad porque el INEM no hace un seguimiento de los parados de larga duración, los autónomos que fracasan no tienen ningún tipo de cobertura, los acosados en los colegios se sienten atemorizados de hablar de su problema, la seguridad social tiene poco o nada cubierta la salud mental. En muchos casos son suicidios de niños u adolescentes por culpa del acoso o el estrés escolar. ¿No es terrorífico que en 2013, 193 pre y adolescentes de 10 a 14 años se quitasen la vida?, 2 por cada tres días. Pensar en esas últimas horas y minutos, de inmenso dolor y soledad, de esos humanos que se iniciaban en la vida, enfrentándose a causar violencia asesina contra su propio cuerpo hasta llegar a la muerte. ¡Que ceguera tenemos! Nada se sabe de eso, no se tienen datos tan contrastados y claros como los homicidios y asesinatos a mujeres. Rara vez son noticia de primera plana. Quien piense que no hay un tipo de homicidio en el suicidio se equivoca, solo que no hay unas manos directas responsables de ese tipo de violencia. Un suicida habla con su acto, pero no se le escucha. Con eso no le quiero quitar importancia a los homicidios hacia la mujer, pero es un protagonismo excesivo con respecto a otros problemas más graves. Evita el paro, y se evitan homicidios. Muchos matrimonios en crisis no se pueden separar porque económicamente no lo pueden hacer: uno de ellos o los dos no disponen de dinero y/o trabajo. Esa fricción innecesaria evitaría muertes en un amor hace ya tiempo muerto, no sólo por homicidios, sino por suicidios. Se suicidan más hombres ante el fin del matrimonio que mujeres: ocho frente a una. En todo salen las diferencias entre los sexos, la mujer se suicida más en marzo, el hombre en julio. No hay un centro de asistencia, ni teléfono, en donde un hombre pueda ir si su nivel de estrés, frustración y agresividad sea alto, como para ayudarle a redirigir dicho estado, sin que por ello ya le puedan “encajonar” de posible homicida. Si no fuera porque no creo en lo conspiratorio, se podría llegar a pensar que la violencia de género la están usando los políticos como “cortina de humo”, pues de esa forma no se analizan los suicidios, de los que sí son culpables directos las políticas. Por otro lado nunca había habido tantas “heroínas”; es una postura falseada, exagerada. Recordar que yo he dicho que lo metaforizante cae inevitablemente en lo caricaturesco. En muchos casos algunas chicas, en las redes sociales, se aventuran a decir o a hacer algo por tratar de sobresalir, para poder llegar a ser una “heroína”, cuando el concepto de héroe es algo errado en lo humano, sobre todo al banalizarlo haciendo pensar a cualquier persona que lo puede llegar a ser, y por ello llegar a cometer “torpezas”. “¿Y si ahora lo revolucionario fuera ser totalmente normal?”, nos dicen atinadamente en la serie “Heathers”. El feminismo se tiene que equilibrar, evitar lo caricaturesco, el exabrupto. De nuevo me he alargado con respecto a otros temas, pero ha sido también en la dirección de explicar en qué me baso para sustentar mi hipótesis de los conceptos, por ser susceptible de poder parecer que caigo en reduccionismos. 
  • Tal como manejas la palabra “concepto” parece una impostura intelectual. Algo que te sacas de la chistera, cual mago, que no parece tener que ver nada con la ciencia.
  • No soy científico, tampoco filósofo en su definición exacta, soy un pensador. Pero trato de extraer en abstracciones más comprensibles los descubrimientos científicos. Cuando leo, en muchas ocasiones no entiendo la “metáfora”, busco otros enfoques o lecturas, las cuales sigo sin comprender. Durante el sueño o estados de distracción de repente “nace” una comprensión. El cerebro por su cuenta ha unido las tramas, para darme un “sentido” comprensible y unificado de las lecturas y las ideas. Cuando llego a esa comprensión “simplificada” trato de verificarla. Investigo en Internet a través de la búsqueda académica de Google. Un concepto, en su abstracción, es un gen: “una unidad de información” codificada en el ADN. Cada tipo de célula no lee todo el libro que es el ADN, lee lo que le corresponde para su subsistencia, que a la vez le “dicta” sus funciones o modos de operar. A la vez se une a sus células vecinas, como es en el caso de las células cardíacas. ¿Se da la “percepción de Cuórum” entre ellas o estoy extrapolando de forma incorrecta ese concepto y sólo hacen falta osciladores biológicos?, ¿los osciladores biológicos son los que tienen la capacidad de crear la “percepción de Cuórum” a niveles macro? Las arritmias, en algunos casos, son una falta de sincronización del ritmo de sus células, como si algunas hubieran perdido el compás. Se crea una parada cardíaca para “forzar” a empezar desde cero el ritmo, la sintonía, la “canción”. En los seres vivos hay osciladores biológicos que tratan de llevar un reloj interno. Ese reloj interno se sincroniza a la vez con los ciclos de día y noche, de las estaciones. Un cuerpo es un todo orquestado en donde esos osciladores biológicos son como un metrónomo o un director de orquesta. El ritmo del corazón varía a lo largo del día, orquestado por esos osciladores biológicos. En ese caso por medio del núcleo supraquiasmático del hipotálamo, el cual “se pone en hora” en la mañana al recibir el espectro de luz azul. Lo que quiero decir es que desde una célula cardíaca (lectura de una parte del ADN) a esos ciclos hay una distancia de las que se sigue una abstracción que no está “contenida” directamente en un gen, sino en la suma de varios. Evolución en algunos casos es la complejidad de un gen, pero en otros es qué hacen varios de esos genes para armonizarse como para crear una función compleja. De esta segunda forma de crear una armonía, se puede extrapolar que en su “funcionalidad” tienen dos direcciones: la propiamente interna (la respiración por ejemplo), y otra que es en tanto que conlleva un comportamiento externo, en el mundo. La primera es la que sustenta la segunda. O sea, si alguna variación interna en ese comportamiento (que puede ser una mutación) va a hacer que ese individuo muera, entonces no es válida, no se replica. Una vez que es válida a nivel interno, es proclive de crear comportamientos o abstracciones a partir de sus posibilidades o potencialidades a nivel del comportamiento de ese individuo en la especie. Todo esto se entiende mejor a través de un ejemplo. El gen FOXP2 es el que crea el canto de un ave, los mugidos de una vaca, el canto de una ballena, los chillidos de una rata y el habla del humano. “Noquea” ese gen y ninguno de esos animales tendrán esas capacidades o quedarán alteradas. Está relacionado a la vez con los pulmones. Si se piensa en ello es comprensible, ya que todo canto o habla necesita una sincronización de la función de los pulmones para la suelta y regulación del aire. En el habla se expele aire, si se está muy fatigado la voz baja muchos tonos y se enlentece. Pues bien, si a un ratón se le “añade” la copia humana del gen FOXP2, tiene una mayor riqueza y variabilidad en sus chillidos. Uno de los síntomas de los esquizofrénicos es una “atrofia” en su capacidad para comunicarse. Tiene un lenguaje más limitado, inarticulado, y confuso. Tienen una variante del gen FOXP2. Pero no es un daño exclusivo de este gen, sino de varios. El esquizofrénico es un fenotipo humano. ¿Por qué se mantiene? Una hipótesis es que es menos proclive al cáncer. Aquí vemos el juego evolutivo, un esquizofrénico puede ser muy errático en lo social humano, pero tiene una ventaja evolutiva. Se mantiene por lo tanto, pero en una baja tasa, en una de cada cien personas. La evolución no descarta nada. Y ahí se tiene el gen FOXP2 que en un principio sería simplemente para regular una función interna, la pulmonar, la de la respiración, que al final deviene en un modo de comunicación sonora (canto, aullidos) para al final, en el humano, promover un lenguaje tan complejo como es el de la palabra. Su genealogía así es: 1. regulación de la respiración; 2. sonidos involuntarios por un brusco cambio en la respiración, a nivel motor, que emitía un sonido, como cuando algo te asusta; 3. “percatarse” que si uno de tu especie hace ese sonido puede haber un peligro cerca: se ha creado una forma de servirse de una información generada por otro, se ha creado la comunicación; 4. se hace un uso más extensivo de esa facultad, con un mayor repertorio de sonidos: aullidos con frecuencias bajas y altas, largos o cortos, repeticiones…; 5. algunas especies llegan al canto como juego evolutivo de la selección de los machos por parte de las hembras: mejor cantor mejores genes; 6. en otra línea algunos animales hacen un uso de un sonido u otro para “referirse” a algo en el mundo: nominan, “dan nombre” a cosas del mundo; los suricatos y otros animales hacen un sonido para un depredador aéreo u otro de tierra, para optimizar el escape; 7. el humano hace un uso extensivo de este lenguaje, se cree que propiciado a través de lo melódico y rítmico, del canto, de lo musical. El paso importante en todo este proceso fue el de nominar hechos o cosas en el mundo. Se creó un concepto, que es el de la comunicación, transmitir una información entre los de una misma especie. Tiene un cómo, un por qué y un para qué. Esa totalidad está codificada en la variante FOXP2 del ser humano. Ese todo es a lo que se puede llamar un concepto implementado en el ADN. Más complejo si se tiene en cuenta que requiere de una gramática cuya base simple es “X -> Z” donde X es un sujeto, la conectiva es un verbo o acción en el mundo, y Z es un objeto en el mundo. O sea, “Pedro sujeta un cuchillo”, estando sólo dos sujetos es “-> Z”, “coge un cuchillo”, a la vez vemos que en la primera frase hay otro emergente, poder referirse a algo que no está presente, lo que conlleva a que el otro lo conozca con un mismos signo referente o nombre. Pero sobre todo la importancia del lenguaje son los verbos, que son la acción en el mundo y por ello indicar acciones a los otros. Durante la caza o la búsqueda de comida los sujetos y objetos se daban por sentados dentro de la acción, si se cazaba ya estaban implícitos. Si ha alguien se le tira una fruta, este la atrapa en el aire, como mucho para avisarle se le puede decir “coge”. Ello ha llevado que al cerebro le cueste más procesar los sustantivos, según se ha averiguado recientemente, pues el nominar es posterior a las acciones, a los verbos, que ya existían en el cerebro como conceptos, como era asir, coger, atrapar, etc. La teoría de la gramática generativa nos dice que todos venimos de serie con esas capacidades gramaticales. Cuando a los sordos en Nicaragua se los juntaron en centros, crearon su propio lenguaje de signos, sin conocimiento previo de este, con la estructura gramatical, pues este ya está de base en sus cerebros, codificada en el gen FOXP2. ¿Una persona arrítmica (que no sabe llevar el compás en el baile) tiene a la vez algún problema con el lenguaje (dislexia, peor fluidez, poca riqueza expresiva)? ¿Qué fue antes el baile o el canto? Las aves tienen esos dos caminos o apuestas como sistema de cortejo. Igualmente el baile tiene una “gramática”, y es acompasado. El corazón (gobernado por osciladores, que llevan su ritmo) y los pulmones se sincronizan, y llevan el compás del cuerpo y sus extremidades. De nuevo un todo en el que puede que tenga que ver el gen FOXP2. Se sabe que los Neandertales, tenían una copia algo más sencilla de este gen. Se cree que los “inventores” de algún tipo de flauta fueron estos. Llevaron la música no a lo rítmico, sino a lo melódico. ¿Eurasia ha sido más melódica que rítmica por haber heredado más su tipo de gen o una variante? ¿El rock fue el reencuentro del gen FOXP2 africano y europeo en Estados Unidos? Los genetistas dicen que los genes neandertales están distribuidos de manera uniforme por el planeta, pero no cuadra, debe de haber cuestiones no cuantificables. Ni los africanos, ni los asiáticos, ni los nativos americanos, tienen mucho vello corporal: es una característica sobre todo de los europeos y sus descendientes. Una última pregunta sobre el tema de los ritmos, si a una persona con problemas del habla se le enseña a bailar, ¿mejora su habla? Teniendo en cuenta toda esta complejidad de los genes, el “amor” está implementado en el humano como la relación que han de crear un recién nacido con su protector o cuidador. Esos “mecanismos” están sobre todo en las mujeres en hormonas como la oxitocina y la prolactina. A la vez el recién nacido “busca” ese lazo, si no lo crea puede llegar a morir, como se ha dado en casos de guarderías en países como Rusia o China. El “gen esquizofrénico” puede no expresarse, pero si no se crea un lazo fuerte, comunicativo y emocional equilibrado (amor), con otros seres humanos, aflora. El habla hace uso de ese lazo, pues interviene el gen FOXP2 en su expresión, en su potencialidad. En la “narrabilidad” como concepto interviene el gen FOXP2 como palabra e interviene el hipocampo, pues este tenía la función de crear mapas mentales del mundo, unidos al temporal: “hace x tiempo estábamos en la falda de aquella montaña, nos hace falta x tiempo para volver”. La narrabilidad es un situacionarse en un lugar en un tiempo dado. Eso crea una estructura narrativa, que al final crea una historia personal o yo. Como tiene la estructura de las funciones, hereda la funcionalidad del cómo, el para qué, y con qué fin. Estamos “contaminados” con esa estructura. La esquizofrenia es en última instancia, y como concepto o metáfora, “perderse de sí mismo”, perder la propia voz, perder la narrabilidad, perder la estructura del lenguaje, de las palabras tejiendo la trama de la historia personal para crear una identidad…., araña ciega que sigue tejiendo su tela, ahora de forma caótica y desordenada. Todo esto crea una dinámica o sistema complejo. Toda estructura social sigue la dinámica de las estructuras base de sus individuos, en donde son los individuos los que conforman esas células o agentes en el sistema. Puesto que en lo biológico emergen estructuras que son extrapolables a ser reducidas a conceptos, como lo es la comunicación, a nivel de la dinámica social emergen y son igualmente “necesarios” los conceptos. En otras etapas de la historia ese papel lo tenían las personas: el rey, el Papa, etc. Con la caída de estos agentes ese papel lo tomaron los conceptos abstractos: ideologías, paradigmas, Marcas, identidades…
  • ¿Entonces, retomado el hilo de arriba, si hay algunas cosas por las que luchar?, algunos frentes que aún necesitan pensadores y agentes que luchen.
  • Puede que sí. Pero bajo mi punto de vista vamos hacia convertirnos en una animal eusocial. En ese tipo de sociedad el individuo no cuenta. La proliferación de información ha hiper-conectado el sistema bajo unas nuevas reglas, en donde el juego evolutivo es de los algoritmos, de los números, de las estadísticas. Ahí tienes el tema feminista. El macho no tiene especial atención como entidad, pues no existe tal identidad, sino como negación. Siendo así si un algoritmo sabe que vende más una noticia feminista, esa es la noticia que se moverá de forma viral en el sistema.
  • Volviendo arriba, ¿entonces hay que crear esa identidad del macho?
  • No pienso que crear identidades sea lo correcto para nada. Crea divisiones artificiales, crea desunión, lucha, fricción, donde no las debería de haber. El feminismo sólo tiene sentido como lucha por la igualdad ante la ley, fuera de eso es identitario, ideológico, sectario.
  • Si se sigue tu discurso hay que luchar contra el algoritmo, contra la idea de caer en lo eusocial.
  • Entonces es no haber entendido la trama. La era de la información ha llegado para quedarse, porque vence a cualquier otra posibilidad en su juego evolutivo. Un desencadenante de este hecho es que sólo hay tiempo para consumir lo viral. Como tal, el tiempo de atención de las personas es uno de los agentes del sistema. Ha bajado el nivel de atención de la humanidad. Las películas se ven a medias, se dejan de leer los libros a las pocas páginas o capítulos, los escritos en Internet que sean largos… En esa medida hay una interacción para llegar a un estado de equilibrio, homeostático, de los dos agentes en juego: los propagadores de información y la atención de las personas. Cada vez hay más Web de multi-contenidos, con noticias que no tienen que sobrepasar los tres o cuatro párrafos; unas 150 palabras. YouTube se equilibra en sus 15 o 20 minutos de duración, al igual que las comedias de situación (como poco curioso que el tiempo estándar con una prostituta sean 20 minutos, ahí debe de haber un patrón escondido). La mayoría de mis escritos exceden esos tiempos.
  • ¿No debería ser una de las luchas?, esa caída en el tiempo de atención.
  • Lo preocupante no es esa bajada, sino más bien que ese hecho es debido a que las pantallas (móvil, tablet, ordenador) se han vuelto un nuevo tipo de adicción, según nuevos estudios, en donde los “me gusta”, el número de seguidores y cosas similares, crea una suelta de dopamina, la activación del núcleo accumbens, que es el circuito de la recompensa, pero también de la adicción. En el caso de las pantallas se han vuelto adicción, puesto que al dejarlas se crea algo de ansiedad, que en los niños se manifiesta como hiperactividad, y en donde dicha adicción vuelve frío cualquier otro tipo de estado, como el contacto humano. Hay que diferenciar a que la tecnología sea un medio o un fin. Yo uso el ordenador para leer libros, buscar información, escribir… un medio que sustituye, en muchos casos, las anteriores tecnologías de la era digital. Pero para una gran mayoría de personas el móvil es un fin en sí mismo: quieren tenerlo entre las manos y usarlo, sin que el fin esté claro, pues navegando van de enlace a enlace y no se detienen demasiado tiempo en ningún lugar, ya sea para leer un artículo, ver un vídeo largo, etc. Eso volvería invisible al móvil, pues se deja de usar para tenerlo “in-móvil”, no siendo ese móvil ese deseado fin en sí mismo, con el que tener ocupados los dedos y el cerebro de vínculo a vínculo; pues queramos o no toda adicción trata de negar los estados internos de rumiación, los eternos ciclos cerrados del cerebro en vacío. Yo me di cuenta al poco de usar de forma intensiva Twitter, y como en mí manda el hemisferio derecho, que frena al izquierdo en su tendencia a la retroalimentación positiva y por ello a la adicción, dejé de usarlo en los términos que la compañía de Twitter y sus usuarios exigían. Lo peor de todo es que esas grandes compañías de redes sociales se asesoran por neurocientíficos para averiguar como “enganchar” a la gente y de esa forma poderlos volver adictivos a sus plataformas. Este efecto, junto al hecho que ha bajado el tiempo de atención y que se está leyendo aún menos que antes, ha provocado que el nivel de inteligencia haya descendido desde 1975. (Bajar documento sobre la investigación en Inglés). Por lo demás, lo que manda es lo banal, no la lógica y la razón. La persona media ha de estar al tanto de todo como para mantener las conversaciones que se den en su medio, para no estar fuera de juego. Pero nadie quiere a alguien que acapare la atención con sus discursos, por su saber, durante un encuentro. Hay que entender que el progreso funciona bajo la siguiente regla: la juventud al ser rotura con sus padres acepta una innovación y la hace suya. La siguiente generación ya tiene implementada esa innovación y tiene que volver a “romper”. La madurez y la sensatez eran el freno de este mecanismo, que moderaba los cambios. Pero como las últimas innovaciones son muy complejas, son manejadas principalmente por esa generación “bisagra” en constante cambio, que la madura ya no tiene la capacidad mental de “absorberla”, ni asimilarla. Estamos en la era de la juventud, del permanente cambio, en donde el freno ya no existe, promovido además por la adicción a las redes sociales, y donde cada uno trata de mantenerse mental y físicamente joven, en esa “bisagra”, por exigencia de este paradigma. “La juventud no se termina… se abandona”, sentencian en la película “el club de los buenos infieles. Los medios, las políticas y las multinacionales potencian y se alimentan de ellos. Hemos devenido al concepto de juventud como dictadura, la juventud no debería ser la medida del humano. Con las sociedades ocurre otro tanto, a las naciones nuevas y fuertes les siguen el resto. Ahí está el caso del porno, se aceptó en Estados Unidos y ningún otro país quiso ser menos “adelantado” y “moderno”. Fijarse que los padres han perdido ante este dictador. Antes era: “¡no, es no!”, pero ahora los padres al negociar, “pierden” y caen en la dictadura de la juventud. Eso revela que la paternidad era/es una impostura, se alienta con cuentos y ocultaciones de la realidad; era/es dictatorial, pero bajo fines proteccionistas. Al negociar, al tratar de creer que el diálogo es posible, se desenmascara su metarrelato, que deviene en “mentiras”, en ocultaciones y en dobles intenciones. Como resultado la juventud “gana” y ya no tiene “censor” o protector de sus energías sin límites. Se vuelven en lo liminal del mundo, que absorbe toda la atención hacia ellos, pues son los que “dominan” y la voz principal de las redes sociales. 
  • ¿No se crean así dos humanidades? Los que están fuera de esos límites y los que caen en ellos.
  • Siempre ha sido así. Los intelectuales, los científicos, los especialistas, son el cerebro del sistema, pero el cuerpo es ante todo estómago, la primera red de neuronas en el reino animal se dio en el estómago, el cerebro entérico. La memoria se creó sobre todo para recordar los lugares más ricos en alimentos. Entre el estómago y el cerebro hay un gran vínculo a través del nervio vago; es este, por lo que se ha sabido a través de un reciente estudio, el que “usaba” al hipocampo, principal indexador o memoria, el que vinculó esta parte del cerebro para orientarse primero en el agua y después en tierra. El nervio vago, por la alimentación, crea neurogénesis, y una mayor conectividad entre las neuronas. Como ya he dicho en otro lado, el hipocampo es un núcleo muy importante en el cerebro, pues es el que referencia nuestro yo en la vida. Permanece quieto y que tu único mapa mental sea del salón al frigorífico, o como mucho al supermercado y estarás alentando el inicio de una depresión. Estoy por asegurar que las ciudades, y su forma de vida, es la que crea las epidemias de depresión y ansiedad. Yo “descubrí” esas propiedades por intuición, basándome en mis propias experiencias y viendo que tuve cierta tendencia hacia la depresión, en cierto momento. Hay que volver a la naturaleza o que sea el principal lugar para las vacaciones, ir a otra ciudad fuerza a crear nuevos mapas, pero la naturaleza también aporta al cuerpo el que se trabajen otros músculos, pues el movimiento o memoria muscular está unido a ese núcleo entre estómago e hipocampo. Por otro lado hay que salirse de los caminos, forzar o redescubrir la capacidad de orientación del cerebro; en ese caso, además, se hace uso de la amígdala y la adrenalina, que fuerzan la concentración, la alerta y el miedo para no perderse. Desoriéntate en el bosque para no perderte de ti mismo, sería el lema. De cualquier forma y con todo, siempre se había escuchado a los intelectuales, a los pensadores profundos. Si algún sentido tiene el denominar a la actualidad como la era de la posverdad, es que los intelectuales ya no cuentan: han muerto o están en el proceso. Se les desgrana en fragmentos consumibles y sólo valen en tanto que sean virales. Pero en ese proceso su voz o mensaje no es el que se transmite, queda oculto dentro de las entidades que forman el estómago, dentro del sistema, en este caso de las redes sociales. Twitter es el paradigma de esa realidad. Bajo los puntos de vista que he puesto sobre la memoria, sin los intelectuales y los pensadores perdemos el rumbo, perdemos nuestra capacidad de crear un mapa de lo humano, que por otro lado sólo nos lo dan las marcas y las multinacionales, forzando al cerebro no ha serlo en tanto que ser, sino en tanto que un mapa de las cosas: del tener.
  • Si se sigue tu discurso los intelectuales se tienen que adaptar o morir.
  • No hay tal adaptación. Como he hecho ver en uno de los escritos inteligencia es la capacidad de tener un gran archivador de todos los conocimientos posibles, bien ordenado. Esa capacidad la tienen pocas personas. El intelectual al pensar en profundidad o al escribir libros se enfrenta a sus contradicciones y dilemas: está obligado a encajar todo en los archivadores. Ni el sistema humano ni la evolución han tendido a crear esa tipología de persona. La Ilustración es una falacia. El sistema ha de ser sobre todo estómago. Sin capacidad de alimentarse un cerebro es inviable. Una gallina puede vivir sin cabeza, su cabeza muere. Los aforismos, tuits, y frases célebres son ese desgranamiento de la comida (saber), por parte del estómago: alimentan, tienen su función en ese eterno “aquí y ahora” de “la interface camaleónica, simuladora de inteligencia“.
  • Pero el cerebro siempre hace falta. Si estamos en la era de la información el saber es lo que cuenta.
  • Pero lo que cuenta es el estómago, en la posverdad, es el saber útil. La verdad banalizada. Cómo perder peso, cómo conquistar a otra persona, cómo manipular, cómo evitar la manipulación…, cerebros y memoria para las ciudades y sus formas de vida. Esos otros cerebros, los de los intelectuales, son para gestionar toda la información, detectar nuevos patrones emergentes y crear nuevas teorías a partir de ese nuevo todo. En humano vive metido en una nube, la siente la palpa, está rodeado de ella; el intelectual tiene vista satelital, y ve el movimiento y las formas de todas las nubes. Las dos vistas o modos de ser son incompatibles e incomunicables, en muchos casos. La vista general pierde el contacto, y el contacto pierde la vista general. Por lo demás en la tendencia hacia lo eusocial hay que colaborar dentro de colmenas de saber. Por otro lado el saber se degrada a que al final pueda ser útil. Muere la filosofía, la que estaba destinada a la sabiduría y de esta a la felicidad, a favor de la ciencia, que al final tiene una utilidad.
  • Si entiendo bien lo que quieres decir, ¿no se debería instaurar la filosofía?
  • Si me has entendido bien es un imposible. Como el mantenerse de cazador-recolector ante los agricultores-ganaderos. Cada vez hay menos tribus del primer tipo. Han tardado unos diez mil años en extinguirse, pero estamos ante su final. Lo mismo con la filosofía. Habrá retazos por un tiempo, pero al final morirá. Todo deviene en weblogs, en influencers, en saberes ya “masticados”, clasificados y digeribles. En definitiva en saber procesado, no en el “natural” propio del saber filosófico. La filosofía no viene en casi ninguna rama de clasificaciones u opciones de las redes, cuando quieres compartir algo. Yo mismo me he visto tentado a colaborar, pero seguramente tendría que ser más moderado en mis escritos, con lo que caería en lo “políticamente correcto”, que es la base de esta nueva etapa de la posverdad. Prefiero mantenerme a las afueras de la posverdad.
  • ¿Y qué sustituye a la “felicidad” filosófica?
  • Nada. Simplemente el sistema deviene en otro, en donde las reglas del juego y las finalidades han cambiado. Muy posiblemente felicidad sea un término ilegítimo. No hay una definición válida universal de tal concepto. Es palabra, metarrelato y este al final ha caído. Por eso yo he hecho énfasis en la homeostasis. En el equilibrio. Ha sido la ciencia la que ha aportado este concepto. El budismo se expande, diluido y menos dogmático, de nuevo bajo los puntos de vista de la ciencia, como en el caso de la atención plena (mindfulness). Pero hay que tener cuidado con esta tendencia, la de solucionar los problemas de los individuos, porque se corre el riesgo de convertirse en una panacea que “alivie” los problemas de ese otro cuerpo que es la sociedad. Me explico mejor, que lo he sintetizado demasiado. La sociedad es como un cuerpo, donde cada individuo es una célula. Si una célula se vuelve errática en su comportamiento se activa un mecanismo, la apoptosis, un suicidio programado, lo cual la mata. Eso es una medida contra los tumores y el cáncer, programada en el ADN a nivel evolutivo. ¿Se debería crear un fármaco que evitase ese comportamiento?, claramente no, porque es mejor esa muerte que lo que causa si se evita la apoptosis. Ahora cambiemos de escenario. No todas las células, en un momento dado, tienen la misma edad, elasticidad y resistencia. Si entrase un virus o una bacteria en el cuerpo, esta célula débil sería la primera en morir, pero en ese proceso crea un aviso para que entre en acción el sistema inmunológico. Algunos autores han mencionado que las personas débiles son esas células en lo social que ponen sobre aviso al cuerpo de lo social, así Viktor E. Frankl nos dice: “ante una situación anormal, la reacción anormal constituye una conducta normal”, o “el futuro del colectivo vive en el presente de los individuos agobiados por sus problemas, que representan los órganos de ese colectivo” de E. Neumann. También existe un refrán sobre lo mismo: “si las barbas de tu vecino vieres cortar, pon las tuyas a remojar”. Mi tesis es que no puedes silenciar esas “células” porque son las que nos indican que algo va mal. Por ejemplo, la acidez de estómago la gente la suele aliviar con protectores estomacales, pero en muchos casos son un aviso de que algo va mal, que hay una gastritis que puede acabar en cáncer porque la bacteria helicobacter pylori, que la tiene la mitad de la población, está atacando a la pared intestinal. O en otro caso, los analgésicos están bien para después de una operación muy invasiva, pero en otros casos alivian dolores que ocultan enfermedades, o si es el caso de dolores de cabeza, incluso de un posible tumor que esté haciendo mucha presión. La idea que quiero dar creo que ha quedado clara. Entonces, ¿en qué medida silenciar con terapias a los individuos que son ese aviso del sistema, como el mindfulness, y fármacos como los antidepresivos o los ansiolíticos, están ocultando que la sociedad está enferma? He visto conferencias de mindfulness y leído por encima algún libro, y caen en la tergiversación de algunos los hechos, con una clara tendencia a la manipulación. De cualquier forma como ya dijera en el capítulo de “la dimensión individual“, no existe la no-manipulación, la no alteración del espacio del otro, en tanto que una entidad está creada para “propagar” su propia información. Ahí está el verbo transitivo “alterar”,  volverse otro, perturbarse, trastornarse, inquietarse, enojarse, excitarse. Palabra fetiche de Baudrillard, “la constitución de nuestra identidad tiene lugar desde la alteridad, desde la mirada del otro que me objetiva, que me convierte en espectáculo”. El origen indoeuropeo es el más significativo: cambio mutuo, porque el que mira igualmente queda alterado por lo mirado. Un individuo es auto-replicación, dentro del lenguaje de los sistemas complejos, pues trata de universalizar su apuesta evolutiva, su información, y ante este el otro individuo es auto-organización, en donde esa otredad es tendente a alterar su espacio organizativo homeostático, que tiene que preservar, para lo cual crea una primera barrera de defensa: la alerta, la desconfianza. “Siempre espero lo peor de las personas, en honor al realismo”, nos dicen en el genial film “The party”. Yo he “alterado” una información de arriba, omitiendo un dato. Las autoridades no hablan de los suicidios porque de forma extraña se pueden volver epidémicos. ¿La histeria colectiva tiene que ver con la percepción de cuórum? Hay un extraño caso, a modo de ejemplo, en un convento de monjas: “una monja de un convento francés del siglo 15 inexplicablemente comenzó a maullar como un gato, conduciendo en breve a que las otras monjas en el convento también maullaran. Finalmente, todas las monjas maullaban juntas durante un cierto período todos los días, dejando a la comunidad circundante atónita. Esto no se detuvo hasta que la policía amenazó con azotar a las monjas”, fuente Wikipedia. ¿Lo viral es una forma de histeria? Cuando Goethe publicó “las penas del joven Werther” hubo una ola de suicidios. En otro caso, sacado como ejemplo de un curso de mindfulness, la resonancia magnética facilitó el ver con mayor precisión el interior del cuerpo; antes de la unificación de Alemania, en la Alemania Occidental se daban muchos casos de dolor de espalda, que no se daban en la Oriental, donde no estaba implementada la resonancia magnética. Cuando se unificaron, la parte oriental empezó a tener problemas de espalda. La explicación es que los diagnósticos de los traumatólogos repercutió a crear una ola o meme, en donde cualquier persona que tenía alguna leve dolencia de espalda se “contagió” de la idea de que podía ser algo grave. En unos y otros casos sale a relucir que todo se puede originar a partir de un sólo individuo y la sociedad se comporta como afectada por el “síndrome de dependencia ambiental“. Los bostezos o las risas son las formas más comunes de contagio. Hay contagio, incluso, a nivel de sociedades o culturas, y por lo tanto histórico. “Los mercados financieros se mueven por contagio e histeria” (John N. Gray). Cuando se dio la Revolución francesa, al poco le siguieron los pasos los Estados Unidos y Latinoamérica con sus independencias. Otro caso es el Luteranismo, que dio paso al Protestantismo. En el fondo es por el hecho de que nuestro cerebro sigue siendo y recurriendo a patrones como el de alfa y no-alfas, donde los no-alfas están pendientes del líder (síndrome Zelig) para seguir sus instrucciones para la caza. En el caso de las monjas muy posiblemente la primera en maullar era una hembra alfa; en el caso del dolor de espalda se concuerda con la voz de autoridad, que es el traumatólogo, apoyado por su “gran máquina” de la resonancia magnética. Por la voz de autoridad el efecto placebo, y a la inversa el de traumatizar, funciona en las personas que no son alfas. En otros casos, como el del contagioso bostezo, es por nuestra capacidad empática, cuestión que nos recuerda que somos animales sociales, dependientes del grupo y condicionados a seguir o al líder o a la mayoría. Hay que remarcar aquí que si estás con alguien que odias no se produce tal contagio, pues ya no lo consideras dentro del “nosotros”, sino otredad y se rompe la empatía, que a la vez remarca el hecho y tendencia actual hacia la desestructuración de la sociedad, en donde cada vez hay más identidades, injusticia y carencia de equidad, y por lo tanto más otredades y en consecuencia una tendencia de la pérdida del “nosotros”. Internet al no ser visual, al carecer los otros de cuerpo, al perder el “tacto de la mirada”, es desestructurante. Tanto en la identidades como en Internet se desestructura la percepción cuórum. Recordemos el comportamiento del cebado en el cerebro, hay una mayor predisposición a que una idea sea la más recurrente porque permanece pre-activada. Lo viral, el meme, el líder, la voz de autoridad, tienen el mismo “funcionamiento” pero en lo social, son ese estado pre-activado el cual es el preponderante para ser utilizado o recordado. De nuevo nos encontramos con lo concurrente entre sistemas: todo sistema que se base en otro, sigue sus mismas reglas o mantiene sus mismas funciones. A nivel evolutivo sigue la regla de que se valida (dar valor) porque se replica, y si es así entonces es válido para ser aplicado en el nuevo sistema emergente. Pero la evolución es ciega, no sabe por qué se replica y si es “inteligente” o “útil” tal replicación. A estas alturas he liado demasiado la madeja, vamos a tratar de ir desmadejando. La evolución es lenta, muy muy lenta. Se replican algunas cosas porque aún no se han perfilado como “no-mantenibles”. La conciencia humana, ese saber que se sabe, es una prueba de esto. Se sigue replicando, pero es el mayor causante de los trastornos mentales y sicosomáticos, los cuales el mindfulness trata de solucionar. La conciencia tiende a somatizar porque se cierra en sus círculos obsesivos y en donde todo intento de escapar de esa idea hace que se alimente aún más la idea: es un efecto bola de nieve, por retroalimentación positiva; es criticidad auto-organizativa, que tiende hacia un nuevo estado o cambio de fase. La conciencia así, es nuestro mayor bien, según los que creen en el progreso, pero a la vez nuestro mayor mal. En unos y otros casos, del comportamiento de las células, del cuerpo o del comportamiento individual o social, a la hora de transmitir una información, pues todos los procesos analizados forman parte de la teoría de la información, sale a relucir que en ciertas situaciones tal hecho o función opera bien y en otras mal. En el ejemplo del suicidio: si hay un aumento del número de suicidios eso quiere decir que algo va mal en el sistema, pero puede ser una ola de contagio, como con la obra de Goethe. ¿Cómo saber cuándo uno de estos procesos son del primer tipo o positivos y cuando del segundo tipo o negativos?, ¿cómo saber si un dolor es sicosomático u oculta algo? La respuesta, en este último caso, sería ir al médico, si todas las pruebas salen negativas es que debe de ser sicosomático. Pero las cosas no son tan sencillas. Cuando algo es sicosomático eso puede querer decir que ese cerebro está creando una señal, para avisar a la persona de que algo va mal, que a la vez es una señal para las personas de su entorno a las cuales hablará de su mal. Los bebés no siempre lloran, se muestran inquietos y emiten pequeños resoplidos. Crean comportamientos inusuales que las madres tienen que detectar. Al ser adulto una persona puede llegar a somatizar para que otras personas le presten atención. ¿Es eso negativo o positivo? En muchos casos los niños acosados en el colegio somatizan como para quedarse en casa y así tratar de no ir allí donde le van a dañar física o psicológicamente. En otros casos esas somatizaciones son de personas que están siendo “torturadas” sicológicamente, o por sus parejas, o sus hijos, o sus padres, o los jefes. De nuevo en todo esto se encuentran los dos lados. Hay personas que somatizan para llamar la atención sobre sí mismos, cuando en realidad no hay nada más detrás, incluso se auto-lesionan físicamente para estar cuidadas en los hospitales. Tira del hilo de lo que es la conciencia y te encontrarás con una gran mayoría de los problemas individuales y sociales. Con todo sigue sin poder resolverse el cómo saber cuándo es del tipo positivo o negativo. Todos estos problemas se pueden reducir a un mínimo, que es el nivel de resistencia al estrés y su contrario, o neologismo de la resiliencia. Se sabe que todo este sistema nace del de alarma, el de la activación del sistema simpático, para dar una energía, nivel de percepción y agilidad extra, ya sea para la lucha o la huida, ante un depredador o una situación de peligro. Si por el rabillo del ojo el cerebro interpreta que hay una serpiente, el cuerpo salta hacia atrás y después comprueba si realmente lo era, o era sólo una rama en el suelo. El primer comportamiento es el que se hereda, pues los que no tuvieron ese sobresalto pudieron ser mordidos y no sobrevivieron para que sus genes se propagasen. Según un dogma de la psicología actual y del mindfulness, ese sistema en muchos casos está de más y permanecemos en estado de alerta, eso es el estrés, en donde el sistema simpático es el que toma las riendas. Este sistema no se preocupa de reparar, que es el estado del sistema parasimpático: todo el tiempo y energía del cuerpo está dirigida a ese extra. Como resultante de esto se crean problemas cardiovasculares (infartos, arritmias) y otros problemas varios por el hecho de que el sistema inmunológico ya no está tan alerta: mayor tendencia a coger catarros y gripes, tendencia a crear úlceras estomacales, y un largo etcétera. Una persona con una baja tolerancia al estrés, al que se le active rápidamente la alarma, está en desventaja con respecto a otra que tenga una mayor tolerancia o resilencia. Un humano de hace 100.000 años no sería muy distinto de cualquiera de nosotros, pero seguramente sería calificado de tener una baja tolerancia al estrés. Según mi punto de vista a partir de las ciudades el nivel de tolerancia al estrés entró en un juego evolutivo, de tal manera que vamos hacia la tendencia de una mayor resistencia (resiliencia), por ser el más exitoso para propagarse. En los dos últimos siglos esa carrera evolutiva debería de haberse pronunciado, pero recordemos que la evolución es muy lenta. Doscientos años apenas si son cinco o seis generaciones, pues son unos veinte años para tener hijos y otros 20 años como para que esta persona forme parte del sistema de trabajo. El resultado es que ni la evolución, ni a los cerebros les da tiempo a hacer grandes cambios. ¿Resultado?, lo que vemos en la actualidad. El estrés como el mayor asesino, por un lado por sus nefastos efectos ya mencionados, y por otro por el hecho de que quien tenga una baja tolerancia se caerá antes del sistema y tenderá a la depresión, que al final le podrá llevar al suicidio. Japón es el caso paradigmático de esta conclusión. En primer lugar hay que entender algo fundamental de su cultura. Si en occidente, de tradición judeo-musulmana-cristiana, el eje es el pecado, en Japón sin embargo ese eje es la vergüenza. En otro lado apunté a esta como una de las bases de lo humano/social, aquella que descubrió Sartre en su análisis de la mirada. En occidente ese eje viró hacia el pecado, pero en el fondo, y fuera del dogma, cometer y ser descubierto en un pecado es quedar expuesto ante la mirada reprobatoria de los demás, de nuevo vergüenza. Toda vergüenza lleva en sus entrañas el poder ser echado de la manada, que en la prehistoria significaba la muerte, luego la vergüenza está preñada de miedo a la muerte. En 2016 se suicidaron 31,957 japoneses, unos 88 cada día. Imaginar estar en un evento y que de repente 88 personas se matasen, llega al día siguiente vas a otro evento y otros 88, y así día tras día durante todo el año; recurro a esta imagen porque los números estadísticos nos dejan fríos (¿la serie “The leftovers” no esconde esa posibilidad, junto la vergüenza de los supervivientes?). En Japón sí es un tema de preocupación nacional. También se dan muerte por exceso de trabajo (karoshi), entre 1000 y 2000 al año; en otros casos desaparecen: se cambian de ciudad y viven en algún lugar remoto y apartado donde nadie les encuentre, son los denominados como johatsu. Otro caso epidémico, a la altura de Japón, es Rusia, la pobreza es tal, en ciertas regiones, que las personas y las familias trabajan por tan sólo la comida y un techo, como una nueva era de esclavitud. En china se llegó a 350.000 en el 2015 y a nivel mundial el suicidio provocó 842,000 muertes en 2013, frente a 122.177 muertos en conflictos armados, en el mismo año, y frente a  437,000 homicidios en 2012, ¡no son  demenciales estas cifras!, si se suman las muertes en guerras y en homicidios no alcanzan a la de los suicidios, y en ningún medio sale tal información. A todos estos números de suicidas, además habría que sumarles las muertes por las drogodependencias, pues en la mayoría de los casos beben de la misma fuente: el fracaso personal en una sociedad demasiado exigente, no saber afrontar la dureza de la vida, quedarse de repente sin trabajo y solos, divorcios, etc. En Japón, que es donde quiero concentrarme, en el fondo las personas no aguantan la alta presión que les exige las empresas y en su agotamiento (y egotamiento) recurren al suicidio cuando son despedidos o ante la idea de no dar la talla y quedar en vergüenza ante sus allegados. Entonces, ¿hay baja tolerancia al estrés o es que hemos creado una sociedad demasiado estresante y llena de injusticias a la que las personas y la evolución no les ha dado tiempo a adaptarse? He tratado de buscar estadísticas que analicen un siglo entero, pero no las hay (o no hay forma de encontrarlas), que en cualquier caso no podrían ser tomadas en cuenta por las dos Grandes Guerras del siglo pasado. Aunque sí tenemos algún dato en la wikipedia: “las tasas de suicidio aumentaron en un 60% desde la década de 1960 hasta 2012. Durante el inicio de la actual crisis aumentó el número, después descendió algo, para en los últimos años volver a subir. Pero en el fondo la cosa va más allá. Si se supone que se está automatizando casi todo, y por lo tanto no hay una presión y esfuerzo físico, todo se ha vuelto en un juego de resistencia mental. El humano está más preparado para la presión y el estrés físico que para el cerebral, pues es el que más tiempo evolutivo copa, frente a la presión mental que apenas lleva unos milenios. En la actualidad las empresas tienen que extraer la materia prima, transportarla, manufacturarla, distribuirla y venderla lo más rápido posible. Todo es cuestión de logística, de trabajo mental, de organización, de sincronización…, de una maquinaria compleja de millones de relés y engranajes que ha de ser súper-precisa. Quien tenga ventaja en este juego es el que manda en el mercado. ¿No es eso un comportamiento propio de lo cancerígeno o lo vírico? ¿Cuánto creemos que podemos acelerar el mercado?, ¿cuánto creemos que va a durar esa carrera?, ¿cuánto la materia prima?, ¿cuánta presión tolerará el cerebro humano? ¿No nos damos cuenta que no podemos seguir en esa aceleración de la velocidad del mercado? Si se produce hay que consumirlo, hay que gastar, todo tiene que ser desechable y obsolescente para seguir el ritmo; la comida se puede tirar, es algo residual, pues más o menos su producción resiste la superexplotación, siempre y cuando el ganadero y el agricultor venda barato, a coste de reducir ganancias. La mayoría de ellos tienen que cerrar sus negocios por insostenibles. Ante esta lógica la gente de forma masiva llega a las ciudades, entrando en esa dinámica del mercado, que aún se vuelve más exigente y rápido. Los pueblos se abandonan, quedan allí los ancianos hasta que mueren estos y el pueblo queda totalmente desértico. Creo que ya se entiende mi lógica. Pero para que se comprenda mejor pensemos en un mundo utópico donde todos los países estuvieran al mismo nivel económico, de enseñanza, sanidad, etc. Pensemos en un mundo en donde todos los sueldos fueran equiparables e igualitarios. No habría pobreza. Se trabajaría apenas unas tres o cuatro horas al día y el resto del tiempo sería de ocio. La producción se habría bajado, con un menor nivel de presión y se harían los productos para durar. Se tendería hacia lo sostenible, en ciudades muy abiertas con muchos parques con una gran cantidad de árboles, y algo de fauna. Pensemos en una sociedad que se eduque para ser creativa, para comer y ser sana. Un mundo donde te pudieras jubilar a los 50 años… ¿Habría tanto estrés, trastornos mentales y somatización?, ¿seguiría haciendo falta el mindfulness? Lo que quiero decir es que tratamos de solucionar a las células sociales, cuando lo que hace falta es sanear todo el cuerpo y el “cerebro” del sistema, con principios, medios y fines adecuados a que sólo tenemos un planeta y una vida. Nadie aceptaría una sociedad como la plasmada en “Un mundo feliz“, donde se nos diese una pastilla de soma para sentirnos bien. Tampoco aceptaríamos un mundo donde se legalizase la marihuana y fuese esta la que bajase el nivel de estrés. ¿Por qué aceptar esa otra “pastilla” que es el mindfulness? Por lo demás como ya he dicho a lo largo del escrito, esos que sufren, esos que buscan simplemente alimentarse y sobrevivir, esos que son más sensibles a los estímulos, esos que son catalogados de una baja resiliencia… son ese aviso, ese freno a una sociedad que cada vez va a un ritmo más trepidante sin medir ninguna consecuencia. Forman parte del sistema complejo humano porque son la contraparte de la retroalimentación positiva. Cada suicida forma parte de una estadística que en algún momento se tendrá que tener en cuenta, como está sucediendo en Japón. En ese momento, cuando el número de suicidios sea demasiado elevado a nivel mundial como para ignorarlos, entonces tendrán que tomar cartas en el asunto y tratar de ajustar la sociedad al cerebro humano y no al revés, como ocurre ahora, donde hemos creado una sociedad monstruosa e insaciable que roba al pobre (expolios de las multinacionales en los países en desarrollo) para enriquecer aún más al rico, y donde el nivel de requisitos para con el individuo es tan alto que el fracaso es la tónica general. No hay que luchar para crecer uno mismo, esa es la mentalidad capitalista: “a mí me va bien, tú lucha como yo”, cuando para ello se han unido o forman parte de las multinacionales y los lenguajes de estas que tanto daño hacen. Eso es tener una mentalidad puramente depredadora, donde cualquiera que no tenga un mínimo de ventaja evolutiva está condenado a ser un perdedor, un parias, un sin-techo, un marginado solitario, donde puede llegar a delinquir para poder sobrevivir, y es el que más probabilidades tiene para caer en cualquier drogadicción. “Que se mueran los feos”, se dice en España al salir de fiesta, esa misma lógica pero ante cualquier otra inferioridad, como no ser muy inteligente, o tener labia, o ser un soso, etc. El humano es distinto, entre otras cosas y otras especies, porque empezó a cuidar de las personas enfermas, ancianas, y con minusvalías, o sin ventajas. El neoliberalismo tiende a acabar con esa propiedad, en donde incluso la sanidad se privatiza y es de pago. ¿Qué ocurre con el niño más feo, una inteligencia muy por debajo de la media y sin ninguna ventaja, que se ha quedado huérfano y donde nadie lo acoge en su hogar?, ¿hay que “sacrificarlo” como se hace con los perros que no se adoptan, por no ser válido bajo los cánones de la sociedad actual, pues no será un humano de “provecho”? El asco visceral que mostraba Patrick Bateman (Christian Bale), el protagonista de “American Psycho“, ante los pobres, o de menor belleza e inteligencia, o incluso elegancia, como paradigma de esa verdad que todos preferimos ignorar. Yo ahora mismo me iría a uno de esos pueblos abandonados y trataría de cultivar y tener un poco de ganado para sobrevivir. ¿De verdad se cree de justicia que de treinta días trabajados, veinte sean para pagar un maldito arrendamiento? Hay que volver a los pueblos y las vidas sencillas. “La realización personal no se encuentra en la vida diaria, sino huyendo de ella”, nos dice John N. Gray. Si todos consumiéramos como las sociedades y los ciudadanos más ricos necesitaríamos tres planetas como la tierra. Otro de los paradigmas del mindfulness, a modo de cierre de este tema y tratando de no alargarme, es saber evadirse de lo molesto, con el ejemplo de que una “mosca cojonera“, no te llegue a incordiar. Eso es un tipo de proceso de la memoria que es el de la habituación, pero sigue siendo un trabajo o “carga” para el cerebro porque recurre a los sistemas inhibidores. Este hecho sale a relucir cuando caemos enfermos, pues somos más sensibles a todo aquello que por lo general “ignoramos”, como es el ruido de las ciudades, sobre todo de su tráfico; por eso aquello de aconsejar reposo y aislamiento, y que haya clínicas de reposo. O algo más revelador: las últimas horas del día estamos más irritables, por el cansancio, porque el sistema inhibidor está llegando a sus limites. En el fondo todo es cuestión de cuánto de sensible sea una persona a una salida de la situación homeostática, a cómo sea de efectivo el sistema inhibidor a distintos niveles del cuerpo y el cerebro. No todos somos iguales, las personas altamente sensibles (PAS, sobre el 20% de las personas), se salen rápidamente de esos rangos equilibrados, su estado homeostático se ve alterado a la menor. A mí cualquier medicamento, o el dejarlo, me cambia el estado anímico, aunque sea un antibiótico, pues los cambios homeostáticos en el cuerpo y en el cerebro van en cadena. Claro, es menos carga cognitiva este segundo proceso que el primero, pero ¿cuanta injusticia alrededor de uno mismo se ha de ignorar sin llegar a ser un mero mentecato que no se está ajustando a la realidad? El mal existe, ignorarlo por completo por cualquier medio: las drogas, la ignorancia, el optimismo, o el mindfulness, es hacerle un favor para que se expanda más y cobre más fuerza. Sobre esto no tengo más que decir, pero en realidad no soluciono el dilema aquí planteado, y que trata de “sanar” el mindfulness, de cuándo un problema es real y cuando no. Cuando es un síntoma de algo o cuando es mera somatización. No se pueden sacar conclusiones generales, cada persona es un caso y cada caso en lo social hay que analizarlo por su cuenta. Yo tengo claro de si somatizo o no, si soporto algo de injusticia, soledad y malestar con tal de no entrar en el sistema y firmar sus reglas, premisas y fines equivocados; tengo claro que el dolor me hace real, que es parte de la vida, y hablo de esos dolores que te provocan tus propias elecciones, tu propio ser reivindicándose y manteniendo su dignidad. Sé que en la naturaleza no se manifiesta la baja tolerancia al estrés, puesto que soy tendente a arriesgarme, a no ir por los caminos marcados, y a ponerme en situaciones realmente peligrosas. La naturaleza saca lo que realmente uno es, las ciudades pervierten y enmascaran esa esencia con sus juegos tramposos. Uno ha de amar su propio dolor, cómo el Sísifo de Camus, aunque ha veces se manifieste con somatizaciones; muy distinto es el dolor que te provoca la injusticia y el resto del mundo, ese no lo eliges, se te “impone”, y tiene esa triple carga: ser dolor, injusticia e imposición venida de fuera que te coarta la libertad. Rendirte de tu propio dolor para, en la mayoría de los casos, terminar por firmar y aceptar los errados contratos sociales, que son los que mantienen al sistema. Si la lucha es imposible, es preferible el suicidio, ser ese número añadido a la estadística, que ceder y mantener el sistema. Si es así, es un suicidio anómico (Durkheim), pues en el fondo trata de regular al sistema para que no sea tan despiadado, duro y cruel. Bajo mi punto de vista el feminismo no de derechos es un meme viral que se ha contagiado en los social, como los maullidos de las monjas de la Edad Media. Repiten y repiten consignas sin saber el por qué o para qué, ni quien las comenzó y si ese mundo que plantean es el que quieren para sus futuros hijos. Llevando al absurdo y radicalismo el feminismo, nos dividiríamos en dos bandos, donde ya no nos reproduciríamos, pues el hombre no daría su esperma a la mujer, y la mujer no cedería su óvulo y su vientre. La humanidad se extinguiría, o como remedio se recurriría a guerras para capturar a productores de semen, y óvulos y úteros, (da tema para una novela). No hay que portar la bandera feminista y adaptarse a sus premisas, pues la mayoría de su radicalismo parte de las homosexuales, para quienes el hombre no cuenta para nada, excepto como donantes de semen, habría que abanderarse con un estandarte inexistente que sería el de la humanidad que es de desear. Una bandera humanista que luche contra cualquier injusticia: suicidios, acoso escolar, pobreza, segregación, cierre de fronteras, y entre ellos los derechos y los problemas de las mujeres, como la violación o la violencia de género.
  • ¿Entonces el nuevo filósofo es un científico que da una ética y sabiduría a partir del saber?
  • Me gustaría creer que es así. Pero la sociedad no está preparada para esa nueva situación. Les hablas de sistemas complejos, de estados emergentes, de retroalimentación y no entienden nada. Siguen con el lenguaje “antiguo”. Por lo demás todos estos conceptos insultan lo humano, al parecer ser muy deterministas. Insultan eso que tenemos como parte esencial de lo humano: la libertad.
  • ¿Y no es realmente determinismo?
  • El humano no puede evitar la “lógica” que siguen los sistemas. Pero sí tiene en su mano cambiar el comportamiento de los agentes como para que el sistema se equilibre de otra forma. Uno de esos casos es el feminismo, pero se tienen que dar cuenta ellas como para hacer ese cambio. No va a ser alguien desde fuera el que haga el cambio, pues dentro de la lógica de su sistema eso es ceder, haber perdido algo en la lucha. No hay que prohibir el porno o que la mujer haga lo que quiera con su cuerpo. Si ninguna lo hace no habrá porno. Un imposible, en un mundo en donde impera la necesidad. El primer paso es equilibrar para que no haya necesidad de hacerlo. En esa dirección se podría elevar a 25 años la edad en la que un joven puede hacer uso de su cuerpo para tener ganancias, puesto que la ciencia nos dice que es la edad en la que el cerebro termina por madurar (mielinizado del prefrontal), el documental “Hot Girls Wanted” muestra el arrepentimiento de chicas de 18 años, o pocos más, que se han metido en la industria del porno para al final dejarlo. Eso evitaría los “errores” de ciertas edades, en las que además es complicado encontrar un primer trabajo. En Estados Unidos la mayoría de edad es distinta a la edad para poder consumir o poderle vender alcohol, sería algo así. Todos son sistemas interaccionando con otros sistemas mayores, que son engullidos dentro de sus lógicas y reglas. Si un alud de nieve cae sobre una lengua de lava… ¿qué vence? El motor principal de nuestro sistema es el neoliberalismo. El resto son subsistemas que han de “obedecer” a sus reglas y lógica. Para la filosofía la búsqueda es el ser, para el sistema actual es el tener. El tener parece haber acallado al ser, pues desde hace casi un siglo ya no hay grandes reivindicaciones mundiales, excepto el equívoco y errático mayo del 68, como se dieron con la entrada de la Era Industrial. Estamos adormecidos con aparatitos electrónicos. Al igual que a un niño se le acalla de sus berrinches con juguetitos. Es nuestro nuevo circo.
  • En qué tema estás ocupado ahora. 
  • Algo que me tiene atónito, últimamente, es uno de los conceptos de los sistemas complejos. La “criticidad auto-organizada“. Un sistema complejo se equilibra por ciertos agentes, a ese tipo de agentes se les llama atractores. En la criticidad auto-organizada ese atractor es el punto crítico, el cual es una rotura de dicho sistema a otro distinto. Se supone que un sistema complejo lo es en la medida que trata de “evitar” esos puntos críticos o tendencia a los cambios de fase o de estados o de caos, creando un orden. Si la vida es neguentropía, negación de la entropía; es básicamente porque es retroalimentación negativa, en la medida que busca los estados equilibrados, homeostáticos. Cuando en el ambiente hay escasez (sol, alimento, agua, sexo…), el sistema recurre a la retroalimentación positiva, rompe el equilibrio ante el peligro de muerte y fuerza al sistema fuera de su equilibrio. Es en esas situaciones donde los sistemas evolutivos se quedan en jaque y han de innovarse o morir. Seguramente eso llevó al humano a lo que es hoy. Ese “juego” sigue operando, por ejemplo en la inteligencia, como se ve en la actualidad entre los monos capuchinos de Panamá, y grupos de chimpancés que se están quedando sin selva. Pero, ¿por qué el humano se comporta constantemente como si estuviese en esos límites o estados de escasez? La conciencia creó un vacío que nos da esa sensación de estar en un permanente estado de emergencia, es un vacío o pozo que por mucho que eches allí nunca se llena. Ese es realmente el mayor problema humano; no llegar a comprender que ha de frenar, que no está en un estado emergente, que ha de desactivar su eterno “hambre”, pues con lo que ya tiene puede llegar a un equilibrio. No se termina de dar cuenta que es un sistema tendente a la criticidad organizada, o a las eternas crisis, porque en los periodos de estabilidad quiere seguir creciendo y creciendo, no desconectando la alarma, no desactivando la retroalimentación positiva. En otro lado ya dije que este problema se debe a las jerarquías. Que los que están más arriba han de sentir cierta distancia de los segundos y estos de los terceros…; si crece el nivel de los que están más abajo, todas las posiciones se mueven hacia más arriba, hacia más ostentosidad y mayor nivel de riqueza, para mantener la distancia. La actualidad es una prueba de ello, con riquezas individuales que superan a las de muchos países…, y seguimos sin querer darnos cuenta. Nunca se llegará a la igualdad por esta estúpida y vana lógica del sistema, que se fundamenta en este dúo de la conciencia vacía y las jerarquías, y que nos viene de nuestra condición de animales de manada y del nacimiento de la palabra. Esto nos dice John N. Gray, “el trabajo necesario para liberar a la humanidad es ingente. De hecho, es ilimitado, ya que en el momento mismo en que se alcanza un determinado nivel de éxito, empieza a aflorar otro nuevo. Obviamente, no se trata más que de un espejismo”, y “(el progreso) simplemente, hizo posible que un mayor número de personas pudieran llevar vidas más pobres”. Gray ya nos hace ver que el aburrimiento es uno de esos motores que mantienen a la retroalimentación positiva activada, aunque no con estos términos, y entendiendo que por aburrimiento ha de comprenderse que se refiere a la conciencia espejada sobre sí, como eterno, patético e inútil vacío a llenar. Lo que trato de hacer ver es que siempre ha sido el mismo problema de fondo, que parcheamos con teóricas soluciones, que al final nos dan nuevos problemas y vuelta a empezar. Cualquier animal cuando no tiene que cazar, o cualquier otra cosa necesaria, simplemente se echa a dormir, señal que su sistema está equilibrado. Sin embargo el hombre toma esa postura en otro hombre como ociosidad, como posible signo de vagancia. “El progreso desprecia la ociosidad”, nos dice John N. Gray. Nos alentamos unos a otros a no frenar, a “tirar del carro”, a seguir adelante, a, en apariencia, ser un animal sin hogar, que eternamente ha de buscarlo. En realidad a vivir permanentemente como si estuviésemos en un eterno callejón sin salida y el tener que luchar por encontrala. Paradójicamente los sin-techo, al salir de esa carrera, o aquellos otros que abandonan las ciudades por los bosques o los pueblos, encuentran el “hogar” humano de la tranquilidad, del equilibrio, de no sentirse “empujados” por consignas del lenguaje de la retroalimentación positiva, de la predación. Es estúpido recurrir al midfulness, y otras corrientes filosóficas orientales, cuando en el fondo buscan ese equilibrio, que es el que se rompe en la cultura etnocentrista occidental, como pequeñas islas temporales en las que resguardarse. Lo que hay que cambiar es esa mentalidad proclive a los “estados de fuga“; encontrar un “hogar” o yo equilibrado en una sociedad planificada para ese fin. No necesitamos alargarnos la vida, no necesitamos más niños, no necesitamos la mayoría de las cosas. Lo único que habría que equilibrar es la equidad. O jugamos todos al juego de la miseria o ninguno; cualquier otra forma de jugar en la vida es hacerlo con trampas. Gray dice que los sistemas naturales tienen dispositivos para controlar el exceso de natalidad, pero no deduce que nosotros nos los saltamos de una manera u otra. No tenemos ningún freno. ¿Cuántas bolas creemos que podremos mantener en el aire en nuestro alocado y sin fin juego de malabares? Un exponente de criticidad auto-organizada es el alud. Otro que se pone como ejemplo es el ir echando arena creando el típico pináculo cónico. Llega un momento en el que un sólo grano más crea un desprendimiento, un mini-alud de arena. Hay varios sistemas que tienen este tipo de comportamiento, como es el caso de los mercados financieros, las estampidas, las epidemias, los incendios y los aludes. Igualmente hay una hipótesis crítica del cerebro que dice que se sigue la misma ley o regla a nivel neuronal. La teoría de la reina roja es otro ejemplo, en este caso extrapolado a lo evolutivo. Lo que dicen algunos teóricos es que si se sigue esa regla no es que los dinosaurios se extinguiesen por un meteorito, si no que este no era más que ese granito de arena que hizo que al final este sistema llegase a su criticidad auto-organizada, el cual ya estaba latente, al igual que está latente el alud o la resistencia máxima de los granos de arena en su forma cónica. Puede pensarse que un gran meteorito es una causa de mucho peso, pero los especialistas no se ponen de acuerdo en que tal fenómeno les llevase de forma instantánea a la extinción, pues deberían haber sobrevivido saurios de pequeño tamaño, al modo que lo hicieron los mamíferos. Si se sigue esa regla y esa teoría, se puede deducir que la posmodernidad y el nihilismo actual son esa tendencia hacia una criticidad auto-organizada del sistema humano, en donde los atractores, los agentes que mantenían el orden, caen, dejan de tener legitimidad y el único agente que permanece o queda es el caos o tendencia a ir a otro sistema o fase del sistema o estado. Si fuera así, bajo mi punto de vista, el papel femenino es vital pues es la atractora hacia un orden en su posición de hacer de retroalimentación negativa del sistema (ver la serie “Kiss Me First“, para ver ese papel cohesivo y reparador de una “verdadera” heroína). En la hipótesis de la reina roja el papel del macho es el crucial, puesto que tiene una mayor capacidad de reproducirse, tantas como espermatozoides, frente a un óvulo y un solo embarazo al año, como es el caso humano. Bajo esta lógica se reproducen más las modificaciones de los machos. A una gacela no le hace falta correr más que su depredador, le hace falta correr más que las otras gacelas. Eso se hereda sobre todo por parte de este desequilibrio dismórfico en el juego sexual de los machos. Se cree que la pluma, en los dinosaurios, “sirvió” en primer lugar como adorno, tal como lo vemos en la actualidad en los aves del paraíso y el pavo: dimorfismo sexual por el cual el macho con mejor y más cuidado plumaje era el seleccionado por las hembras. Más tarde se le dio la “funcionalidad” de ser un buen medio para crear las alas y volar. En esa dirección se piensa que la tendencia neoténica en el humano a mantener rostros aniñados, que entre uno de esos rasgos está la frente abultada, posibilitó que el prefrontal, que es lo que nos hace humanos, se pudiera expandir y crecer en funciones. En otro caso, una tendencia en esa dirección de los cambios en el macho crea las formas sociales de los harenes por la gran fuerza o tamaño que adquiere el macho con respecto a las hembras. La hembra “retiene” esa dirección del sistema al no copular con el macho alfa. Si en un sistema sólo hay retroalimentación positiva se rompe su equilibrio. Se tiende hacia un punto critico, hacia el caos como atractor. El sistema complejo humano es no-lineal y binario (ejemplo en los económico), va del orden al desorden. Las civilizaciones caen porque pierden sus atractores de orden: los líderes, las religiones, las ideologías. Estos dejan de tener validez, su capacidad cohesiva, de “pegamento”. En la antigüedad la muerte de un emperador o un rey podían significar la caída de sus ciudades estado. Por eso tomó tanta relevancia la línea sucesoria del rey y los linajes. ¿Es el momento actual una caída de la legitimidad de la democracia y sus líderes, y por extensión de la ideología neoliberal, una caída del imperio Estadounidense (anglosajón)?, ¿o es una tendencia hacia la criticidad auto-organizada? Bajo mi punto de vista lo segundo, puesto que están cayendo estamentos que no forman parte de una civilización concreta, sino del humano tal como lo era hasta ahora: cae el amor, la familia, la fe, la esperanza, la comunicación. El caos parece ser el nuevo atractor o la tendencia un punto crítico, donde de una manera u otra se llega a otro estado. En la actualidad ya nos somos ese todo cohesivo en la ladera de la montaña, sino meros granos de arena que caen en sus individualidades montaña abajo. Todo es revisable, habrá quien dirá que se crean nuevas formas de familias, de comunicación (redes sociales), pero son cambios tan bruscos que lo que entra en juego es el humano tal cual era. Si la infancia es tan esencial y nuclear para la personalidad adulta, dos padres en donde haya un equilibrio de amor y poder, o permisividad y censura, crean ese equilibrio necesario para “desarrollar” una persona madura, da igual que sean homosexuales, pero la tendencia es hacia la de un sólo padre, en donde este tiene que hacer los dos “papeles” y es demasiado confuso, pudiendo crear neurosis u otros trastornos mentales. “Somos lo que hacemos con lo que hicieron con nosotros”, Sartre. Si todo son individualidades el Estado está “obligado” a poner leyes para crear la cohesión. Si el Estado a la vez se vuelve muy racional y sistemático opera como lo hiciera una reina en una colmena. El humano deviene en ese proceso en un animal eusocial, donde lo individual no ha de contar. En otro caso el Estado no coge ese protagonismo o papel y lo toman las Marcas, las multinacionales, que es la situación en la que nos encontramos ahora. De una manera u otra la forma más idónea sería la de que fuera el Estado la que tomase el relevo, pues la actual no parece ser otra cosa que esa última fase de un sistema que por insostenible ha de devenir en la criticidad auto-organizada. “Spengler predijo que, hacia el año 2000, la civilización occidental entraría en el período de emergencia anterior a la muerte, cuya lucha requeriría el cesarismo, (omnipotencia
    extraconstitucional de la rama ejecutiva del gobierno central)”, fuente Wikipedia. Es complicado que suceda algo así, pero no deja de ser paradójico que Mark Zuckerberg pretenda que FaceBook sea esa plataforma que haga de cohesión y vigilancia de la equidad en el mundo, proclamándose así en ese César unificador.  Mark Zuckerberg nos dice: “necesitamos una ‘superestructura global‘ para avanzar en la humanidad”. ¿FaceBook es ese único indicio y remanente de ese predicho cesarismo de Spengler?
  • Trata de resumir tu defensa del anarco-primitivismo, pues creo que no se entiende.
  • No es anarco-primitivismo en sí mismo, sino la argumentación de que no existe progreso, tal como está concebido, y que el estado natural era mejor. Me detengo en argumentar cada afirmación. La retroalimentación positiva tiene la “función” de empujar al límite a un ser vivo cuando se pone en juego su supervivencia, o la de sus allegados más directos, o a nivel de especie cuando se encuentra en cuellos de botella o en peligro de extinción. ¡Claro, las segunda se sigue de la primera! Los animales más inteligentes suelen ser los que viven al límite, a los que les es complicado sobrevivir. Es claro que si me dan a elegir entre ahora y la Edad Media prefiero ahora. El progreso se sigue de la historia, pero porque la historia ha sido un constante meternos en cuellos de botella. Por ejemplo, las ciudades, o ahora con los aviones, son medios más tendentes a crear pandemias. En ese caso hay que resolverlos. Esquema: nos metemos en “líos”, hemos de buscar cómo salir del “lío”, creamos nuevos “líos” con esas soluciones. Resolver problemas -que es a lo que se puede resumir el progreso-, no es inteligencia, eso es algo dictado desde la evolución y lo tienen la mayoría de los animales. Ahí tienes el caso del pájaro carbonero, que ante la falta de alimento se ha metido en cuevas y se alimenta de los cerebros de los murciélagos. Mi argumento es que al principio vivíamos como cualquier otro animal, en un valle por usar una metáfora, pero de repente nos vimos acorralados y nos metimos en un desfiladero para huir. Eso fue cuando tendimos a “desfilar” por la agricultura y la ganadería, quizás venga de más atrás. Una vez dentro del desfiladero se da ese efecto de ir resolviendo los problemas que se dan dentro de ese medio tan claustrofóbico y problemático. Es muy posible que el concepto de paraíso sea más abstracto que aludir (de la cercanía en el cerebro con eludir) a un lugar concreto, y se refiera a aquel estado primero, antes de entrar en el “desfiladero”. Cada generación nace con la premisa de seguir adelante en el desfiladero, ya nos hemos adaptado a esa errónea lógica. Quién es más feliz ¿el lobo o el perro?, bajo mi punto de vista el lobo. El perro, sobre todo el doméstico de ciudad, tiene una vida fácil, pero facilidad no es felicidad; depender de otro para orinar, comer, saltar libremente… ese otro que es el humano y que se erige en su alfa. Claro, el lobo lucha por su territorio, mueren lobos. Se enfrentan a presas con grandes cornamentas, o masa muscular y pueden perder la vida. Si viene una pequeña era de frío de unos años, descenderá su número por falta de caza, y si se propaga una enfermedad igual. Si caen gravemente heridos morirán. Con esto quiero decir que tampoco idealizo o caigo en el concepto del “buen salvaje”. Yo por lo menos prefiero ese estado, aún su precariedad. Hoy ya no lo puedo elegir, no sabría sobrevivir en la naturaleza y esta ya no es tan “natural”; ni siquiera los parques naturales se acercan a lo que debería de ser. Pero ¿qué diferencia hay? Se ve en los perros, cada vez descubren más y más enfermedades mentales en estas mascotas; hasta hace un siglo y medio todavía tenían funciones como pastores, cazadores, e infinidades de utilidades en el medio natural, pero hoy viven sobre todo en las ciudades. Ahora un perro puede llegar a padecer trastorno obsesivo compulsivo, depresión, ansiedad, fobias y un sinfín de problemas mentales. Ese signo ya debería de justificar mi punto de vista. Al perder nuestra naturaleza no ha sido para arribar a otra. Sino simple y llanamente la hemos perdido, hemos perdido nuestro Ser, nuestra naturaleza. Mi segundo punto que se deriva del primero, es que cuando nació el lenguaje complejo nació la “conciencia de”, saber que se sabe sabiendo, eso creó un vacío en el Ser, que ahora ya no puede ser llenado. Se tiene momentos esporádicos en donde desaparece, por ejemplo en el orgasmo, pero inmediatamente vuelve a aparecer. Eso ya ha quedado explicado extensamente en el capítulo “deconstruyendo el deseo sexual“, no quiero repetirme. Pero quiero unirlo a dar una contestación del porqué siempre se dice eso de “tiempos pasados fueron mejores”. Ese vacío es un eterno aquí y ahora.., este segundo…, ya pasó…., este otro…., ya pasó… En el lenguaje de Sartre es para-sí (nada) que quiere ser en-sí (Ser), pero en tanto que una nada que nunca puede ser llenada. El pasado es en-sí, es denso. Si me pongo a recordar el día de ayer, recuerdo detenerme a mirar una mariposa. Lo mismo si recuerdo mi niñez: tiempos pasados. El recuerdo es totalidad, donde no traemos o recuperamos ese vacío de cada segundo. Como no se ven los cortes de los fotogramas de las películas que nos proyectan en el cine. Unido esto, obvio, a que la evolución ha optado por dar más prioridad a los buenos recuerdos. Ese estado es ese eterno vacío del ahora, de la instantaneidad siempre fugaz e inaprensible imposible de capturar, pero que siempre permanece. Ese estado emerge como náusea, como angustia, como melancolía, pues si tratas de atraparla, si volteas la conciencia hacia ese segundo que por su esencia siempre se nos escapa, nos constriñe a percibirnos como nada. No se puede analizar, pero nos habita, nos hace ser en tanto que nada. Esos estados llevan a la rumiación, a que el cerebro ante ese vacío traiga a la conciencia temas pendientes, errores, pues en definitiva tiene esa naturaleza de ser una resolutora de problemas, pero es en vano porque lo que trae son plenitudes, pasados, que no se pueden cambiar, o presentes que en muchos casos tienen la misma naturaleza. El caso es que el cerebro se cierra así en un circuito de ipsiedad, se cicla sobre sí, haciendo de caja de resonancia de los problemas y el dolor: retroalimentación positiva anclada en el dolor y el vacío. Quizás no se comprenda esa estructura que quiero mostrar, pero sólo hay que ser abiertos y honestos con esa sensación que tenemos todos de fondo de manera latente. La soledad nos resulta aterradora porque estamos solos ante esa estructura, sin escusas, sin parapetos…, enfrentados a mirarla de cara. Las celdas de aislamiento son de los peores castigos porque son un lugar en el cual no puedes escapar de ti mismo, de esa esencia. Ese vacío que se trató de explicar como la ausencia de Dios. La ociosidad y el diablo están asociados en el imaginario humano, en donde ese hueco que no es rellenado por Dios, es ocupado por su gran enemigo. Las religiones orientales fueron creadas para aprender a ignorar ese estado, esa esencia; los rezos, los tantras igual. Canturreamos en casa, ponemos la radio, la televisión, para acallar ese vacío. Pero hay que quedarse en la estructura: es irrellenable, genera malestar, es parte de la esencia de la conciencia, se ha vuelto como una parte de nuestra vacía naturaleza. En la actualidad es más acuciante. Tendemos dejarla aflorar a la menor, pensando que si estás viendo una película mediocre, quizás mejor podrías jugar con la consola. Se está con la consola, pero de nuevo esa nada emerge y nos hace pensar si no podríamos ponernos con el ordenador. En muchos casos se recurre a hacer varias cosas a la vez, para que se acalle, pero cada vez es más “pertinaz”. Volviendo arriba, la unión de esos dos hechos, de no tener naturaleza y de la conciencia como eterno buscador de respuestas, nos hace apercibirnos en una sociedad que la construye el hombre, no algo natural, sino una construcción con un por qué, un para qué y una finalidad. En la naturaleza todo es azar, si un lobo muere a manos de un oso, pues ya está, de ahí no sale ese hecho de concebir a la vida como injusta: es natural. Pero en la construcción humana se cuela una y otra vez esa intuición, puesto que somos consciencia, no escapamos de entenderla como una construcción que es injusta. De las leyes naturales no se puede deducir la justicia, si emerge en animales con inteligencia y sociedades más o menos complejas, pues el humano si de algo es el culmen dentro de esa dirección de la naturaleza, es de crear una sociedad compleja que nunca es justa y no tiene visos de que lo sea nunca. Entramos en la lógica de siempre: es más justa la de hoy que la de hace mil años, pero no más “justa” que las leyes naturales en donde no cabría tal análisis, y en donde además hay que sumar que el que crea injusticia es el hombre contra el propio hombre. ¿Cómo amar tu especie si vives en las más míseras de las condiciones de injusticia? ¿Cómo concebir que las grandes cadenas de comida rápida tengan reglado que se destruya la comida que sobra al cierre, cuando hay personas que pasan hambre en la ciudad?, que quizás mueran esa noche fría porque su cuerpo no tiene las suficientes calorías para sobrevivir. Es seguro que el neandertal que se encontró con el sapiens desubicado en un entorno que le era muy extraño, se mostrase hospitalario con este y le enseñase sus técnicas de caza. Esos humanos no permitirían que alguien muriese de hambre, si hubiera comida de sobra. Eh ahí otro mal insalvable: la distancia rompe el cómo opera la empatía, y nuestra sociedad actual se basa en la distancia. Todo está “lejos”, incluso tu vecino de al lado. Se llega a dos nefastas conclusiones: o la humanidad es estúpida o es cruel, o las dos cosas a la vez, aún peor. Hay viviendas y comida para que todos viviésemos bien. Dignamente. Pero no se hace. Eso me hace despreciar a la humanidad y me hace concebirla como estúpida y cruel. ¿Luchar para que cambie?, ¿y qué se ha hecho si no, durante unos diez mil años, y siempre se ha mantenido la misma estructura? Nos fijamos en los detalles, en el contenido, y no en la forma, en la estructura. Las jerarquías es el error de base, ese armazón. Y nunca cambiará, pues está grabado en nuestros genes y en cada uno de nuestros actos, sesgos y lenguajes. El deporte, por muy noble que sea, lleva implícito esa regla de ganar y perder. A todo esto hay que sumar algo más y a dos niveles. El 99% de la vida que ha existido alguna vez se ha extinguido, aquella que no lo ha hecho es por su simplicidad. Toda vida compleja es la más susceptible de extinguirse. El humano tiene dos niveles de complejidad: 1. el biológico y 2. el cultural. Por el segundo estamos llegando al techo cognitivo humano. Hemos vuelto la cultura tan compleja que crea desazón tratar de pensarla, pues todo lo que no se comprende hace que se active la pérdida de control, la ansiedad. Hemos creado un monstruo burocrático para gestionar toda esta complejidad. Cada vez que hay que enfrentarse a ese “monstruo” nos crea angustia y desazón, cada vez hay que recurrir a este de forma más constante por las cosas más nimias. El cerebro pone mecanismos, se auto-engaña a que lo comprende, pero es imposible. Un “sabio” como Leonardo da Vinci podía alcanzar a comprender todo el saber de su época. Hoy es imposible. Se recurre a las especializaciones, pero cada vez hay menos personas y cerebros que lleguen a ese techo. El humano medio tiende a las carreras universitarias de humanidades y letras, pues no dan la talla para las técnicas. ¿Hay que empezar antes a estudiar, estudiar más años, recurrir a drogas para subir el nivel de concentración y retención de la información? Ya no hay “sabios” que abarquen todo ese saber como para crear sistemas filosóficos sólidos, que eran nuestros referentes hasta hace un siglo. Sin ese referente el humano se “descerebra”, se desnorta, deja de ser un puré (compacto y más o menos sólido), para volverse una sopa de individualidades; creando en el proceso miles y miles de identidades nuevas más asimilables para el cerebro, pero creando desunión en lo humano. Llenamos el planeta de “islas identitarias”: feminismo multiplicado en docenas de ramas, incel, MGTOW… nuevos géneros como fluido, tercer sexo… Somos un animal complejo que está llegando al límite de una sociedad híper-compleja… Un ejemplo: ninguna feminista, creo, que sea capaz de sintetizar de forma breve y clara su evolución, cada una de sus ramas, las ideólogas de cada una de esas ramas y cada una de sus bases (ir a lista de temas feministas en la Wikipedia). Todo la sociedad se vuelve pastiche (Kenneth J. Gergen – El yo saturado), posmoderna, donde tal palabra en este sentido y aquí quiere decir “reducida a mínimos comprensibles”, los míos distintos a los tuyos (leer más al respecto). Ahí se tiene como ejemplo que por nuestro límite cognitivo, y por la suma de complejidad de la sociedad, y la tendencia a las adicciones para “taponar” ese eterno vacío que ha devenido a la adicción a las pantallas, al toqueteo constante del móvil, hemos bajado nuestro nivel de atención, repercutiendo en la memoria a corto plazo y de trabajo, que repercute a su vez en nuestra capacidad para aprender, asimilar y llegar a abarcar conocimientos abstractos. Un nuevo problema al que nos tenemos que enfrentar. Yo a veces me releo y me doy cuenta que había usado un concepto clave que ahora he olvidado. La capacidad de síntesis igualmente tiene un límite: el cerebro recurre a ignorar puntos a sintetizar. Con estas últimas conclusiones quiero decir que la historia no avanza en forma de hélice (rosca de tornillo), circular a una nueva altura. La complejidad se suma. Es más bien una espiral y seguramente logarítmica, porque la vida y los sistemas complejos suelen  “obedecer” a este tipo de espiral. En sus bordes las fuerzas centrífugas cada vez son mayores: con una mayor entropía, mayor tendencia a los trastornos mentales, en una sociedad híper-compleja. ¿Alarmismo?, hoy, en ese suma y sigue de complejidad, nos enfrentamos, entre otros problemas más, a un cambio climático, a migraciones masivas de humanos, y a la superpoblación, que por lógica no puede ser infinita, el propio David Attenborough a dado una voz de aviso a este respecto. ¿Y qué hace el humano?, investigar cómo alargar aún más la vida, como no perder ninguna y cómo incrementar el éxito de los embarazos. Progreso en definitiva para cada ciencia implicada, pero no se sigue las lógicas de las sumas, cada problema se analiza de forma individual, por cada una de las especializaciones, sin tener en cuenta que incrementamos la población, que generan más basura y gases de efecto invernadero, y que fuerza aún más las migraciones masivas. Sumemos o resumamos. Salimos de la naturaleza sin vuelta atrás; “efecto desfiladero”: eso que erróneamente se llama progreso y que no es más que ir resolviendo los problemas que vamos generando. Además se produce, en la mayoría de los casos, por la paradoja Abilene, y “funciona” por el sesgo optimista, que es el más general, donde somos asertivos ante los “errores”, y donde prima el convencernos unos a otros que todo va bien. Ahí tienes el caso del feminismo, en sus inicios fue un subproceso de la necesidad de mano de obra barata en la entrada de la Revolución Industrial. En muchos casos abandonamos procedimientos que funcionaban bien, en donde perderlos no tiene que ver nada con el progreso. Un caso es el nepotismo, es humano mirar por la familia, es una esencia humana. Pero en las sociedades se ha tenido que controlar el favorecer a los familiares, rompiendo con ese núcleo. Un animal, sin  el concepto de justicia, se atiene a favorecer a lo consanguínio; el humano perturba esa norma con leyes y desestructura la confianza el algo que llevamos en el ADN. El cerebro no se adapta a tal cosa, le crea disonancia moral. Otro ejemplo, antes los pueblos se auto-abastecían, más o menos. Cada habitante criaba ganado o tenía un huerto o un oficio, y entre ellos se intercambiaban cosas: huevos por leche, hacer una guadaña por un cerdo, etc. ¿Por qué se abandona ese proceder?, no sigue ninguna lógica. Hoy en día los pueblos mueren, porque no tienen medios para sobrevivir, o son poblaciones-dormitorios de las ciudades. Simplemente el humano se tira por lo fácil: tener un empleo e ir al supermercado. El humano ha recurrido una y otra vez a este proceso, hacia lo fácil. Los propios animales tienden a este proceder, acercándose a las ciudades y alimentándose de las basuras. La propia sociedad crea dificultades de dar un paso atrás: no puedes vender o intercambiar productos naturales si no han sido inspeccionados por sanidad, y si no tienes una licencia de autónomo. En el fondo, esa tendencia hacia lo fácil, es para mal, porque el cerebro estaba creado para luchar, para enfrentarse a la muerte, y ahora que no lo hace se “inventa” y se auto-crea miedos y fobias. Como no nos ponemos en peligro, ahora todo es susceptible de tener este “marchamo”. Nuestra naturaleza era ese enfrentarse, esa lucha eterna para sobrevivir; la facilidad, que parece un concepto clave para entender lo que quiero decir, es lo que nos ha restado nuestra verdadera naturaleza. Otra consecuencia, de esta tendencia a tender a lo fácil, es que no ponemos en manos de otros: el Estado, las multinacionales, las corporaciones, las marcas… En la prehistoria el humano era su propio “dueño”; predominaba la autonomía, hoy la dependencia, que nos lleva a la debilidad de la especie. Por lo demás la lucha en la sociedad no es un equivalente a la lucha en la naturaleza: un alpinista se va de la ciudad y se enfrenta a una montaña, en la que puede perder la vida, y esto le “sana” de la ciudad: mantiene su lado salvaje. Los miedos reales te dan la medida de lo que es el miedo, esa medida está distorsionada en las ciudades, en donde se crean fobias y ansiedades. En este proceso estamos debilitando la naturaleza humana. Héroe, según una línea del origen de tal concepto, proviene de salvaje, en diferencia a civilizado; los Romanos llamaron Celtas a los pueblos bárbaros, que quiere decir valientes. Algunos tratan de mantener ese espíritu, como los alpinistas, pero la mayoría ya no quiere ninguna dificultad , ni de la ciudad, ni de la naturaleza. Ahora entre los soldados se da cada vez más el trastorno de estrés postraumático, no creo que ocurriese hace dos mil quinientos años, en las Guerras Médicas, por ejemplo. Se unen dos cosas: antes las guerras tenían algo de control; tenían que ver con la fuerza, la valentía y la destreza, pero hoy en las guerras casi nada de eso tiene que ver, es puro azar, estar bajo una granada que cae, de una bala perdida, de la bomba de un dron. Por eso se crea ese trastorno: no hay control, casi todo es azar, y el cerebro entra en pánico ante la pérdida de este. Esa es otra clave para entender nuestro debilitamiento. El sistema actual es híper-complejo, con una burocracia que ha devenido en ser un monstruo, y estamos cada vez más “contaminados” de esa pérdida de control. No se pueden sacar reglas, todas cambian demasiado rápido. El cerebro no está concebido para esa falta de naturaleza: enferma mentalmente. Cada vez hay más personas altamente sensibles (en la actualidad sobre un 20%), porque cada vez hay más ruidos, más campos electromagnéticos a nuestro alrededor, más emisores de radio, un todo cacofónico con el que es imposible sintonizar…, cada vez más cosas bombardeando a un sistema que estaba creado para el silencio y la paz de la naturaleza: el sistema colapsa, se agota, ante la constante activación del sistema inhibidor del cerebro. Recurrimos a reproducir “ruidos blancos” o de la naturaleza vanamente, en nuestros móviles. Yo estoy rodeado de un parque, pero vienen cada día a podar, a regar, pasan máquinas limpiadoras…, creando más y más ruidos estridentes: no me beneficia, puede que a otros que no vivan cerca y se llegan a él por la tarde. ¿Y que tal vivir al lado de un contenedor de vidrios, con el constante caer de botellas que se rompen? Esa es la doble naturaleza de la actualidad: daña mientras trata de crear bien. Ese es el signo dual inevitable del progreso. Hemos devenido a un trastorno de despersonalización de la especie. Somos un animal enfermo. Según estudios recientes, esos cambios bruscos en el cerebro del homo sapiens, conllevaron a la vez que crease las enfermedades mentales, ya que el neandertal se separó de nosotros hace unos seiscientos mil años, y nos cruzamos con ellos, pero casi todas las enfermedades y trastornos del humano actual, están en los genes sapiens, no de los neandertales. Nos mantenemos como retroalimentación positiva activada de forma permanente, y eso lleva a distintas adicciones, como a las drogas, al sexo, a las máquinas recreativas y demás. Como igualmente enfermo estamos volviendo al perro. Le hicimos perder su naturaleza y no le hemos dado otra: ser un eterno sumiso al capricho de su amo no es una naturaleza, es habérsela robado sin darle nada a cambio. Ahí tienes al gato resistiendo, porque mantiene su orgullo natural de no doblegarse a una falseada naturaleza. Creamos una sociedad que siempre tiene como base la injusticia, ese esquema es perpetuo, no muta, no cambia; se permuta en otras formas más “civilizadas” de mantener a más pobres y de mantener en más personas la falta de equidad, pero la estructura permanece. Si por suerte o por luchar vives dentro de la sociedad “privilegiada”, aún se tiene la tara del vacío de Ser que es la conciencia. Se suele decir que los más privilegiados son los más “viciosos”; es por esto: la conciencia cuando ya no tiene que luchar por lo elemental se cicla aún más en percatarse de su vacío. De ahí las ideas comunes de que la riqueza no da la felicidad, y que no es más feliz el que más tiene, sino el que menos necesita. Los pobres pueden ser más felices si se tiene en cuenta que buscan comida para sobrevivir, que es más natural. Con todo, el vacío siempre está ahí, y en el pobre se da más la conciencia de la injusticia. Al concebirnos así nos reconocemos como animal atrapado, que es cruel y estúpido para sí mismo; en ese proceso uno no puede hacer otra cosa que: amar “su” animal y odiar a la sociedad. Ocurre en pocas personas, por lo general tiende a creerse que este nuevo estado, que no es estado sino situación, es nuestra nueva naturaleza. Esa visión, reconocerla, es catastrófica para el espíritu, no hay salida si se llega a ella. Con lo que de común preferimos ignorar todas esas conclusiones, y en el proceso mantenemos el estado de cosas tal como están, validándolas implícitamente. Seguimos, en definitiva, creyendo y manteniendo la idea de que el desfiladero es nuestro hábitat.
  • Unas últimas palabras a modo de conclusión del diálogo.
  • La felicidad del individuo y la tendencia a lo eusocial del sistema son como la lava y el alud de nieve. No hay equilibrio posible. Nuestros cerebros estaban “programados” para un tipo de felicidad en manada. Somos meros animales que se crean más y más necesidades, que no son las de simplemente sobrevivir. Toda esa simplicidad de antaño, de nuestra condición animal, se ha quebrado, el cerebro no se adapta a esos cambios, por mucho que se nos quiera decir que vence la neuroplasticidad. Vivimos en una etapa evolutiva en donde el cerebro tiene que adaptarse a los cambios, eso lleva miles de miles de años o incluso millones. Apenas llevamos unos diez mil años en ese proceso de adaptación en lo “civilizado”, un mero parpadeo en el juego evolutivo. En ese proceso se crean tipologías cerebrales que en muchos casos son estadios fallidos: son las llamadas enfermedades mentales y trastornos, que en muchas situaciones se vuelven epidémicas. “la salud mental es la mayor causa simple de miseria en la sociedad”, nos dice Richard Layard. Según Antonio Escohotado, y como conclusión en un estudio que le ha llevado diez años, plasmados en una trilogía, “los enemigos del comercio”, tenemos “nostalgia del amo y del siervo”.(1) Bajo mi punto de vista es haberse quedado en una estructura “nueva”, cuando hay una más antigua que lo explica mejor, que es la del alfa y los no-alfa. Cuando he dicho arriba que el cerebro es en tanto carencias, en parte es porque trata de buscar en la vida la estructura que nos anclaba en tanto que como especie de manada, aquella en la que estuvimos más del 90% de nuestro tiempo evolutivo. Tomamos libertades y las entregamos, pues esa es la estructura de la manada, de cualquier animal de manada. Hoy lo vemos de forma errada bajo el prisma de la dignidad y de la libertad, como una parte fundamental de esa dignidad. Un hijo hasta los 12 años o más, no se plantea que su madre le esté robando su libertad, que tenga una posición sumisa, en el lenguaje errado feminista, ni una madre se plantea que sea ama de su hijo. En la manada el alfa es la cabeza, y los no alfa sus miembros, no es servidumbre, es optimización evolutiva. Esto nos dice Frans de Waal, uno de los más relevantes primatólogos, precursor del uso del concepto de macho alfa: “¿Cuáles son las obligaciones (del chimpancé alfa)? Y aquí, para mí, se vuelve realmente interesante el tema, y se desvía mucho de la imagen típica del macho alfa. El macho alfa tiene dos tipos de obligaciones. Una es mantener la paz en el grupo. Llamamos a eso el rol de control, para controlar peleas en el grupo, y el segundo es ser el más empático, el confortador principal, básicamente, de la ‘nación’, por así decirlo. (…) Se vuelven imparciales. No apoyan a su madre ni a su mejor amigo. No, no, detienen las peleas, y son un apoyo para los desvalidos en general. Y esto los hace extremadamente populares en el grupo, porque brindan seguridad a los miembros de menor rango del grupo. Y así se vuelven imparciales”. El líder, en la antigüedad, iba a la cabeza de su ejército, aún hoy el capitán es el último en abandonar el barco. Una estrategia de las guerras de la antigüedad era atacar al líder, para “descabezar” el ejército; como el famoso ataque de Alejandro Magno a Darío III. El ejército sigue las instrucciones de los capitanes, de los líderes, sin ellos se pierden los cómo y las finalidades. Posteriormente se recurrió a los suboficiales, que mandaban grupos más pequeños, para paliar este “problema”. No tendría sentido que cada brazo o pierna tuviese un cerebro, cada cual actuaría según sus propias visiones y sus “conclusiones”. Así el concepto de mesías es aquel no que tiene la mentalidad de amo/esclavo, sino ese otro que se atiene a que es el cerebro o el corazón de un gran cuerpo, o que es como la madre con su hijo; por mantener esta estructura tuvo éxito el cristianismo. En la actualidad hemos devenido en la globalización, pero no hay nadie al mando, no hay cabeza rectora o ese cometido lo ha tomado la ONU, o de forma subrepticia, en su defecto, el presidente de los Estados Unidos, cuando nadie ha sido tomado en consideración para que esto sea así. Ante este vacío de poder, las multinacionales cogen un tipo de poder, que nada ni nadie les puede arrebatar. El patriarcado falla porque al devenir, a partir de las “civilizaciones”, a la base de amo/esclavo, olvida la vieja estructura, bajo la mentalidad de las apuestas tramposas que no son precisamente alfas genuinos. El problema humano se empezó a dar cuando había que mantener los linajes. Un padre alfa sabe cuando su hijo no es realmente alfa. Lo vemos en series como “Trust” y “Succesion“. Durante la historia se han puesto como reinas ha mujeres que tenían una mayor capacidad para hacer de líderes, frente a varones que no lo iban a ser. Así que nos encontramos con el momento actual. Todos somos libres, sí en tanto que no se rompa con el concepto de justicia, que no se tome a la fuerza mi libertad, pero soy libre de entregarla. O sea, falla en tanto que se cae en la mentalidad de la estructura amo/siervo. Se supone que la democracia suplirían los problemas, pero no se resuelven. Estados y líderes que duran 4 años sólo nos meten en un huracán, en donde unas veces los vientos nos llevan en una dirección, y de repente y bruscamente en la dirección contraria, deshaciendo el camino recorrido de la anterior ráfaga. No estoy apuntando a restaurar a lo reyes. Pero quizás sea hora de volver a las ideas originales de Platón. A las oligarquías, pero bajo Estados tecnócratas. Los ministerios y el poder judicial están ahí, y van y vienen sus jefes. Esos estamentos de personas con sus saberes especializados son suficientes, sin jefes que vengan y se vayan. Un presidente del gobierno sería otro tecnócrata con los suficientes conocimientos como para saber de todos esos ministerios, donde elegiría no a un político (apuesta claramente tramposa: seducción, promesas, labia…) para tal ministerio, si no a alguien especializado en el asunto de ese ministerio. Para llegar a esos puestos habría unas luchas internas, por méritos, como se dan en las Universidades o los propios ministerios o el poder judicial. Bajo mi punto de vista la democracia ha fallado. La dictadura de la mayoría es inmadura, sobre todo en los nuevos medios, Internet y la redes sociales. Tiene una mayor tendencia a la criticidad auto-organizada, porque las mareas que se crean en esos medios de forma tan rápida no son mensurables ni “lógicas”, ni tienen una dirección; es un sistema demasiado caótico, con demasiado ruido, donde las voces más estridentes no tienen porque ser las más razonables o sapientes. El especialista, los intelectuales son minoría. La masa empuja con una voz ciega, sin demasiado conocimiento, pues su mayor voz es el teléfono móvil, una voz que por su tamaño  y movilidad  no deja espacio para la investigación, la mesura, sino para lo espasmódico y lo abrupto. Su mentalidad es frugal, dura 20 minutos, y la marea se mueve en otra dirección. Una feminista media, como ejemplo, no sabe todo lo que mueve esa palabra o ideología, qué pensamientos profundos hay detrás, cuales son todas sus ideólogas, qué decía cada una. Se mueven por su forma fluctuante y siempre cambiante, bajo los dictámenes de la imprecisión de su forma. Su cuerpo es lo viral y creen tener una idea completa de ese estamento bajo todos esos momentos virales. Pero además bajo el sesgo de la confirmación y de ese límite de los 20 minutos de atención, donde no hay verdadera reflexión, sino puro aquí y ahora. No leerán críticas al feminismo, pues ni hay tiempo, ni confirman sus sesgos. Esa forma fluctuante degenera en “narciso mirándose en sus propias aguas”, lo otro, lo que cuestiona su “belleza formal” ante el espejo…, al final las convierte en la bruja del cuento de Blancanieves. Han de acabar con aquellas voces que les dicen que su “imagen” no es la más “bella” (correcta) para que sólo exista su imagen, su voz. El concepto “machista” es esa palabra hechizo que hace callar cualquier otra voz. Un grito tan estridente que ya no se oye ningún otro. Y ahí tienes que la democracia, los Estados, han de tener en cuenta esa voz, porque su voto tiene mucho peso. No porque tengan razón en todo lo que digan, sino por el peso de sus votos y el tiempo que ocupan en los medios virales, que se supone que ha de ser la voz de la mayoría, cuando no es así, sino en tanto que sesgo de confirmación, ahora expelido en lo neuronal de la Red. No es cierto que la voz de la mayoría tenga la verdad, que es el fundamento paradigmático de la democracia, y que sustenta Escohotado en su trilogía sobre el comercio. Sé de la existencia del hecho que si se presenta una caja o cesto con bolas y se pregunta a una gran cantidad de personas que cuantas hay, el número promedio de todas esas personas está cerca de esa cantidad. Aquí tenemos un ejemplo de seudo-verdad que se hace fácilmente viral en la Red, por ser seductora, y que en realidad está errada. Se ha tratado de aplicar esa extrañeza, o “inteligencia colectiva”, a la predicción de la bolsa del mercado, y falla estrepitosamente. Bajo mi punto de vista es extrapolable a nuestro saber de la mecánica newtoniana y a la cuántica. Si un brazo robotizado tira dos pelotas con dos fuerzas distintas y hay un grupo de personas que lo están viendo, y después se les dice que al brazo se le va a programar con una fuerza intermedia y que calculen dónde irá a parar la pelota, la media de todas las respuestas acertará. Pero no así dónde ira a parar una partícula lanzada, porque nuestros cerebros hacen uso de la mecánica newtoniana que crea un tipo de intuición y lógica, que es para la que está programado todo nuestro cuerpo y cerebro. Hay que diferenciar entre eventos clásicos, probabilidad de que salga un seis tirando X veces un dado, y sistemas complejos no-lineales. Los segundos no son predecibles pues no son lineales (no son mecánica newtoniana), cualquier pequeño cambio altera su naturaleza. Rara vez los favoritos de las copas de fútbol ganan, porque entran en juego la presión al propio equipo, y que el resto de contrincantes se hacen más fuertes ante ellos. Cualquier factor altera los resultados finales, ante cualquier previsión, por el sólo hecho de mencionarlos o que estén presentes como seudo-conocimientos ciertos datos. Si te dicen que una tarta está muy rica o que una película es muy muy buena afecta a los resultados, pues la previsión en el cerebro cambia la dinámica de este. Ahí está el “efecto CSI“, un jurado dictó una sentencia a favor del acusado, que se había declarado culpable por el asesinato de una persona, porque no había aparecido la cabeza, y en donde el jurado, influenciado por la serie de televisión CSI, dio demasiada relevancia a la falta de pruebas, como para dictaminar que no estaba probada su culpabilidad. ¡Una serie de ficción nos altera el juicio, altera la “verdad” en lo social!, cabe decir algo más. Como ya he hecho ver en otro lugar, si las leyes, los jueces y los jurados son falibles -por no decir inadecuados-, yo preferiría se juzgado por una futura inteligencia artificial, la cual sí sabrá sopesar todos los sesgos y todos los condicionantes humanos, además de las pruebas del crimen o la falta. El clima en la tierra es el mejor ejemplo de sistema complejo no lineal. Si hay 365 días y el sol irradia calor más o menos de forma constante, ¿porque tanto cambio de año en año? La mecánica newtoniana es aplicable a un ciclo de una lavadora. Apaga la lavadora, vuelve a encenderla en el mismo ciclo y hará el mismo proceso: llenará el tambor, calentará el agua, recogerá el jabón, hará un primer enjuague… Si la tierra al acabar el año en su rotación alrededor del sol, el ciclo se inicia, y sin embargo cada día y cada mes, en un lugar dado, es distinto al del año pasado, al anterior, y al año por venir. Ninguna mejor prueba que esta primavera del 2018, tan desconcertante en España. Se habla, desacertadamente, de poder manejar el tiempo climático. Es descabellado. Cualquier previsión sobre este sistema actual, al añadir una variable, ese cambio que quiera hacer el hombre, será otro sistema, con unos nuevos agentes, atractores, y roturas de su linealidad. Ni siquiera hay hoy un buen simulador del tiempo, cada simulador da unos resultados distintos, pues una pequeña variable, de algún decimal por ejemplo, crea cambios en cadena, de resultados muy distintos. ¿Porqué ningún simulador ha sido programado para extrapolar que una mayor masa de agua en los océanos costará más de ser calentada por el sol? Según últimas investigaciones la cinta transportadora del atlántico norte está en los niveles más bajos de los últimos mil años, ¿se manifiesta esto en este extraño y fresco verano del 2018? La política y los movimientos sociales son igual, la voz de la mayoría no tiene porque ser más legítima y dar con ninguna verdad, porque lo humano es un sistema complejo no-lineal. Un ejemplo es la elección de Donald Trump y otro el Brexit, la salida del Reino Unido de la Unión Europea, estoy seguro que si a la semana siguiente se hubiera hecho un nuevo referéndum hubiera salido otro resultado. Por lo demás el cerebro ni siquiera es bueno para comprender lo probabilístico. Si se tira cien veces una moneda la gente dirá que la media será que salga un lado u otro con una probabilidad del 50%. Pero en realidad la probabilidad para que salgan 50 caras y 50 cruces es tan sólo del 8%. Hay que ser lógicos, un individuo en muchos casos está tan dividido ante dos posturas que toda elección posible es una “victoria pírrica“. Como es el caso de “tirar la toalla” y dejar la pareja. Ahí se tiene, en un ejemplo de la aleatoriedad, cómo se inició la I Guerra Mundial: “una hora más tarde, cuando Francisco Fernando regresaba del ayuntamiento de Sarajevo en dirección a un hospital para visitar a los heridos por el atentado, la caravana se equivocó y giró hacia una calle donde, casualmente, se encontraba Gavrilo Príncipe. Al paso del coche del archiduque, Príncipe sacó su pistola, una FN Modelo 1910, y disparó y mató en el acto a Fernando y a su esposa Sofía”, (Fuente Wikipedia). ¿Un giro errado en un coche creó una gran guerra mundial? Otro caso es el terremoto de Lisboa de 1755, los Jesuitas culparon al pecado y afirmaron que era un  castigo de Dios, cuando la mayoría murieron en iglesias y catedrales, por ser las más vulnerables, y porque fue donde la gente se trató de refugiar para además rezar. El Marqués de Pombal, humanista que apoyaba la Ilustración, aprovechó esa desacertada postura de la religión para echarlos a los Jesuitas del país; lo sucedido en Portugal recorrió Europa y propició la entrada en la “era de la razón”, donde Dios ya no tenía que ver nada. Un último caso: Hitler no hubiera llegado al poder si no se hubiera dado el crac de 1929, él predijo que el sistema se vendría abajo, antes situaciones alarmantes la masa tiende a las medidas desesperadas. Eso es la impredecibilidad de los sistemas complejos no-lineales, el eterno viral del aleteo de la mariposa. No sabemos si mañana sucederá algo, que de repente nos haga salir de la crisis o que nos termine por hundir del todo. Pero como he dicho arriba se puede “controlar” algo el sistema, si se controla el “comportamiento” de sus agentes. Hoy en día ningún agente está haciendo lo que “debería” de hacer. Como es el caso de las mujeres que ya no tratan de ser cohesivas, o es el caso de lo que se espera de la juventud, que creasen voces de lucha y no adormilamiento y adición de sus mentes con juguetitos (redes sociales, móvil, consolas, juegos, Internet, ordenador…), o el caso de “ancianos”, que en este caso son las víctimas, pues su saber ya no tiene ninguna conexión con un presente siempre cambiante. Por el contrario de lo esperable, Internet, ante la falta del tacto, de ver a las personas de “carne y hueso”, está creando una sociedad más intolerante y “malvada”. El nivel de tolerancia y empatía ha descendido entre los jóvenes milenials, es fácil de deducir que en la soledad de la habitación, delante de la pantalla del móvil o el ordenador, uno se sienta alfa, pues no hay un alfa delante que te recuerde que no lo eres; en esa medida se comportan como falsos alfas, con sus nefastas manifestaciones de crueldad, egotismo y falta de empatía. Es preferible lo viral de un vídeo o de una opinión o contestación, a lo degradante y atacante a la dignidad en la que se ponen a sí mismo y a otros. En el caso de las mujeres ocurre otro tanto a otro nivel, se muestran muy procaces, abiertas sexualmente y mostrando sensualidad y semi-desnudez, pero después las tienes delante y en realidad no son así. Se creen identidades falseadas que después no corresponden con sus personalidades, porque en el silencio y la soledad de su hogar pueden sentirse cómodas, dándoles una falsa seguridad de qué hacen y cómo lo hacen. Los que sí están muy concentrados en sus medios y fines son las multinacionales: son los más eficientes y cambiantes del sistema, porque son los que más números de datos están acumulando, que emplean en algoritmos cada vez eficaces. La juventud es la que mejor acepta dar sus datos, la que más alimenta a ese “monstruo”, las que más crean esa masa uniforme dirigible. Hacen faltan más renegados de las redes. No dar ningún dato real, no usarlas bajos sus dictamines y reglas. Las App’s y ciertas plataformas tratan de vincularse con la cuenta de Facebook, que a su vez quieren vincularse con el número del móvil, dónde sí hay una persona real, con su DNI y domicilio. Eso tiene un nombre: control, aunque lo quieran perfilar como una ayuda a la seguridad del usuario. Hay que evitar esa vinculación a lo real. Los partidos políticos están perdidos entre esas dos estructuras y direcciones, con sus voces y poderes, errados y erráticos. Los partidos son barcos a la deriva. Lo que quiero decir, al fin y al cabo, es que somos estructuras cerebrales que vadean entre lo primitivo y lo social, dentro de sistemas complejos para los que nuestros cerebros no están programados de entender, manejar, ni predecir. Esas estructuras cerebrales humanas básicas las estamos volcando a ese otro cerebro que es Internet, sin comprender que se crean sistemas emergentes complejos no-lineales que nadie puede controlar. No los hemos creado bajo los dictámenes de lo que habría de ser una razón (control), sino bajo las mismas fallas, sesgos y patrones enquistados, que tienen nuestros propios “cerebros newtonianos”. Ignoramos y dejamos de lado las teorías de los sistemas complejos, esperando controlar el sistema en el siguiente paso, cuando en realidad sólo hacemos que crezca aún más su entropía, su caos. Ahí tenemos como ejemplo el porno en Internet, sólo potencia la retroalimentación positiva, aquella tendente a la criticidad auto-organizada. El feminismo aniñado, rebelde y de poco juicio o sensatez, que emerge en las redes propiciadas por los teléfonos móviles, crean una contraofensiva masculina en los Incel (célibes no voluntarios), que puesto que uno de los atributos de lo masculino es ser más tendente a la fuerza contenida en sus “músculos”, lo meramente físico, a lo agresivo, al caos, crea “héroes” que acometen asesinatos multitudinarios antes de suicidarse. Ahora ya no sólo es cuestión de dos fuerzas: hombre y mujer, ahora hay dos radicalidades, las feminazis, hijas bastardas del feminismo y los Incels, hijos bastardo de los derecho del hombre, que han creado un nuevo sistema complejo, con unas nuevas reglas, agentes y atractores, en donde uno de ellos es la violencia; cuanto más fuerza y agresividad acometa uno, más agresividad impelerá al sistema el contrario. La evolución ya sabe la respuesta de cual de los dos agentes es el que está mejor “programado” para generar violencia… sobran las palabras, los actos agresivos Incel son la contestación a esa pregunta. ¿Por qué, sino fuera así tal como lo describo, uno de nuestros miedos, que volcamos en un tipo de película, es la del experimento que se nos escapa de nuestro control? No hay que irse a grandes tragedias, los cambios ocurren cada día, tendemos a la criticidad auto-organizada, y aún no nos hemos dado cuenta. La vida es neguentropía, negación de la tendencia al caos, a la entropía, al desorden, pero el humano, en su modo de proceder, y sobre todo en los dos últimos siglos, “niega” la vida al crear más y más entropía y por ello tendencia al caos. Hemos dejado de ser homo sapiens para devenir en homo rapiens (violador del sistema, John N. Gray). Si se tiene en claro qué es la entropía y que la vida es en tanto que su freno, se deducirá que la retroalimentación negativa es la que hace principalmente ese papel, tiene el papel de “controlar” la tendencia al caos, la que tiende a través de la homeostasis a buscar los estados de equilibrio. Siendo la positiva la tendente a la rotura y más proclive a la entropía. En otros casos, ahí tienes la falla de FaceBook, que nos convierte en meros números estadísticos susceptibles de ser usados no para buenos fines, sino para las mentalidades tramposas (multinacionales, banca, entidades de seguros…); y ahí Twitter, que quiere llevar tu tiempo de atención a los 280 caracteres, en donde además se cae en la retroalimentación positiva del “me gusta”, que activa la dopamina y el núcleo acumbens, al modo que ocurre con los adictos. Y así tenemos que los partidos políticos están “obligados” a oír esas voces porque son los votos que les van a llevar a gobernar, y que además están “acotados” por los poderes fácticos que son las multinacionales, que tienen la lógica de las mentalidades tramposas, con sus propias reglas egotistas y avaras…, ya no sigo, ya se sabe a lo que nos lleva, a la actualidad. Pienso que el caso de Donald Trump (clara “apuesta tramposa”, hijo de un “verdadero” alfa) es ejemplar para entender lo que quiero decir. Se hizo viral por sus improperios, y salidas de tono y al final salió elegido… ¡magia!, no, la “lógica” de lo viral. Bajo esta perspectiva se cae en ideas conspiranoides, donde se llega a decir que a las multinacionales les interesa crear individualidades, “soledades”, para que no haya una voz única que luche contra ellas. Un individuo desestructurado que mire sólo por sí mismo. Eso ocurre simplemente en un sistema donde impera el tener, como es el paradigma neoliberal, y no el ser o el hacer, y en donde el individuo que quiere permanecer integrado en el sistema, no lo cuestiona. ¿Tienes iPhone?, eres sistema. “Ninguna gota cree que causó la inundación”, nos dicen en la película Mayhem (violencia), película de terror, pero igualmente crítica del sistema. No hace falta un cerebro, mente u organización para crear tal estructura, lo hace la lógica del propio juego del sistema complejo que hemos creado a ciegas. La democracia se ha vuelto bovina. “Gana sin convencer” como sistema, como nos dice Antonio Escohotado. Marea de vientos que van y vienen en direcciones opuestas. Se ha vuelto lo contrario o lo que debería de ser inteligencia. Somos un barco sin timón, y sin ni siquiera remos. Un cerebro de manada, donde el “verdadero” alfa no existe, se desintegra en sus miembros que buscan unirse a otras manadas. La mujer media “cree” que esa voz es la feminista porque es la que más se oye y más confirma los sesgos de su propio sexo y sus signos. El que más grita no es el que más razón tiene, pero si no se oye otra voz, ¿qué escuchar? En otros casos, ante esa carencia en lo terrenal, volvemos a mirar al cielo a la espera de ese alguien que tome el mando. Vuelven los integrismos y las religiones. El sistema va así a la criticidad auto-organizada, porque si ya no funcionan los atractores que deberían de ser los líderes y los ideales cohesivos (democracia, familia, amor, fe, esperanza, unidad); entonces el único atractor es el punto crítico, el cambio de fase. Esos cambios de fase, de caos, que en otras épocas fueron las rebeliones y las revoluciones hoy no devienen en estas, porque ya no hay voces alternativas fuertes, sino multiplicidades de voces desunidas en nuevas identidades y luchas como las de género. Devenimos en individualidades, en granos de arena en la duna, que caen en la ladera, sin nada que las cohesione. Mientras tanto cada individuo se las tiene que “apañar” por su cuenta para sobrevivir en su época. No hay nada más. No hay sabiduría posible, ninguna conclusión final a modo de moraleja de los cuentos. Lo viral vence (los miles de millones de consejos) porque de lo que se trata es de tener los saberes para sobrevivir en tu época; desde tu unicidad, y en el medio y la edad en la que vives en ese momento. En ese eterno “aquí y ahora”, que es tan catastrófico y aterrador, porque te deja con la sensación de ser libre, sin realmente llegar a serlo. No quiero mi libertad si sólo es para darme cuenta que no puedo ser feliz, en un sistema en el que eres un producto que se ha de saber vender, y que ha de saber vender productos programados para fallar o inútiles y que no dan la felicidad. Eso sí, al que “entregue” mi libertad que deje expresarse y luche conmigo por mi, o nuestra, felicidad. No soy alfa, no soy sumiso, soy humano.

(1) La estructura de este escrito, a modo de diálogo, no debería de incluir notas, pero el tema tratado por el libro de Antonio Escohotado, me “obliga” a hacerlo. En este libro se aplica aquello de “si lo que tienes por manos son martillos…”, pues al escoger la palabra comercio ya está “distorsionando” todo el discurso. En una entrevista dice de sí mismo y de ser escritor que es empresario, y comercia con su saber y su labor de escribir. Eso ya es de pleno entrar en la dinámica y el juego falaz de las palabras, qué deberían de remitir a un origen para escapar y diferenciar entre ser y aparecer. Yo escribo e investigo y no comercio ni gano dinero, ni busco hacerlo. Mi propósito está fuera del lenguaje capitalista. No hay comercio en mi hacer bajo el punto de vista de la estructura actual. El humano es creativo, artista, innovador. Por otro lado he hecho mención a la distancia entre el agricultor y el ganadero, y cómo se comercian sus productos. El comercio está mal cuando la mayor cantidad de dinero se basa en este (distribución, manufacturación, industrialización…) y deja de lado a esos verdaderos “creadores” de la base de la producción. La queja -me imagino-, de los ebonistas y los nazarenos, en el siglo I y siguiendo los principios de Jesucristo, seguramente se basaban en esa premisa. Si yo te vendo por un euro un kilo de tomates, que me ha llevado un trabajo y una inversión, y tú a quinientos metros, sin hacer nada, lo vendes por dos, ahí algo falla. Ahí radica lo ilegítimo del comercio. Ahí está como ejemplo claro el caso de “El loco de la colina“, programa radiofónico emblemático de España; los derechos de autor no pertenecen a su creador, Jesús Quintero, sino a la compañía de radio que lo emitía. En ese sentido no es cuestión de defender el “pobrismo”, como dice Escohotado, es cuestión de defenderse contra la injusticia. Quien tenga la mentalidad del comerciante tiene una mentalidad tramposa, es una apuesta tramposa. Ilegítima y no humana o de una humanidad pervertida. Un verdadero creativo no le añade un plus demasiado elevado a su obra, a su creación. Se dice del verdadero Artista que es pobre hasta para pedir. No me gusta Picasso, como persona, porque no “encaja” en esa realidad sencilla del Artista, así como ocurre con la mayoría del Arte actual. Y por lo tanto ya no puedo tener ni respeto ni consideración a su obra, pues está atravesada por lo puramente comercial y el beneficio. Un verdadero Artista trata de hacer la obra lo mejor posible. Si creas o reparas algo para que se rompa a los pocos meses; si lo haces por el simple hecho de ganar y no pones nada de alma en ese producto, eso son mentalidades tramposas. Dos humanos creativos pueden competir entre sí para ser los mejores: el mejor producto, la mejor obra, la mejor acción, ahí crece y es legítima la competitividad. Por otro lado Escohotado “falla” en premisas. Si desapareció la palabra comercio, durante cierta época de la historia, no quiere decir que no se comerciase. En parte ese hecho se debió a que la Iglesia acaparaba toda la producción y comercialización. Ese acaparamiento dañino, y de nuevo apuesta tramposa, fue en parte uno de los motivos del éxito del Protestantismo (siglo XVI): se quitaron a la Iglesia como monopolio de la producción y el comercio. En España eso no sucedió hasta el siglo XIX, si mi memoria no me falla. Por otro lado Escohotado hace un estudio de la historia como si hubiera un plan previo, la mano de un escritor o un fin teleológico, que se puede ir leyendo, cuando todo es azar y caos, y en donde los “protagonistas” de los hechos no tenían un conocimiento pleno de esa obra, ni ese plan. Todos somos hojarasca en plena ventisca, nadie tiene un “plan”, ni tiene un conocimiento exacto y pleno de su situación actual, como para además saber dónde va a ir a parar. La mentalidad tramposa es basarse en los éxitos para contar su propia historia. Todos cuentan los éxitos de Steve Jobs, pero no sus fracasos. Son lecturas sesgadas y teleológicas de la historia, con vistas a crear una leyenda, un relato falseado, un metarrelato. Por lo demás hubiera preferido un estudio estadístico de esas fluctuaciones y si esas estaban dentro de algún tipo de sistema complejo, con unos agentes, unos atractores, una posición homeostática del sistema, y sus retroalimentaciones. Pero sin querer emerge ese sistema y esas dos fuerzas o retroalimentaciones. Escohotado contrapone seguridad a libertad, la mentalidad antigua de Esparta (lo espartano) contra la de Grecia, el pobrismo contra el comercio, donde las primeras son las de freno y la tendencia a lo homeostático -negativa- y las segundas las de expansión y crecimiento sin límites -positiva- O sea, es igual el lenguaje o el paradigma por el cual se analice la historia: siempre es el mismo esquema. Hacerlo por el análisis del comercio como para defenderlo, tal como lo hace, contra ciertos “enemigos”, obedece al mismo plan de dos fuerzas o los dos tipos de retroalimentaciones. Escohotado apuesta por creer que existe el progreso. Creer en tal postulado es como pensar que un adicto que se sube de dosis para aplacar su deseo irrefrenable es lo acertado. “Las cosas han encontrado un medio de escapar a la dialéctica del sentido, que las aburría: consiste en prolíferar al infinito, potencializarse, insistir sobre su esencia, en una escalada a los extremos, en una obscenidad que les sirve ahora de finalidad inmanente y de razón insensata”, nos dice Baudrillard, y sin querer percatarse de la retroalimentación positiva; incluso en la frase de  Shakespeare de “la vida es un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y de furia, que no significa nada”, se aprecia este patrón y comportamiento la retroalimentación positiva aplicado a la existencia humana. Igualmente John N. Gray nos dice, por partida doble: “lo peor del progreso no es que sea una mera ilusión: lo peor es que es interminable”, y “progreso infinito… tedio infinito”, pues todo al final aburre y hay que sacar un nuevo aparatito o red social o forma de comunicarse, etc., sin que nada nos termine por satisfacer. El problema no está en las cosas, en el medio, afuera, sino en esa sed insaciable interior, esa es la que hay que tratar a fondo. Yo me declaro enemigo, si por comercio se defiende a las mentalidades tramposas, pues en el fondo son inhumanas al no partir de crear, sino de beneficiarse de esos creadores, y además hacerlo con malas artes. Si la historia tuviera que tener una finalidad esa sería la de tratar de llegar al humano que todos deseamos, donde la ciencia, el arte y el amor fueran sus baluartes. Saber y avanzar en ese saber, pero no mediado por el puro beneficio ciego y codicioso, tal como se está pronunciando en la actualidad. Arte de todos y por todos, y no ese elitista que sale en las primeras planas por batir un récord de venta. Amor y no pasión, pues quien ama lo hace al alma de otro que respira a través de cada uno de sus poros, y no pasión desenfrenada del cuerpo por el cuerpo, como se manifiesta en la pornografía. No soy tan inocente como para creer que el “alma” humana sea buena. El humano es corazón, pero también esfinter. Como en el resto de especies el ADN y la evolución mantienen las apuestas tramposas, se da incluso entre las bacterias, pero si hay que crear una sociedad ha de ser no premiándolas, como está ocurriendo en la actualidad. El neoliberalismo, el capitalismo, premia lo zafio, lo exultante y ciego, el simulacro y la hiperrealidad (baudrillard) frente al ser, la cangrena, la excrecencia, frente a la sanidad, lo obsceno frente a lo bello…, todo vale siempre y cuando no frene esa carrera loca en la que se metió la humanidad, de la cual al final olvidó el porque empezó a correr. Un drogadicto tan sólo buscaba la felicidad, eso mismo buscó el humano en sus inicios y ante la necesidad, y al final lo tramposo y adicto que hay en el alma humana venció. No creo que nadie quiera a las mentalidades tramposas, a los aprovechados, que las cosas se rompan, que te lo reparen mal, que te vendan algo inútil, que todo se base en la letra pequeña, que sea tan fácil darte de alta en algún servicio y tan complicado darte de baja, que se pongan voces femeninas dulces y de buenas personas para dar servicios deficientes, que el banco te preste un paraguas cuando no llueve y te lo pida cuando hay un chaparrón…, excepto ellos mismos, y creo que ni eso. En la actualidad sabemos que vivimos en una sociedad puramente tramposa, se ha perdido el “nosotros”, y la percepción de Cuórum“, y no tenemos ninguna capacidad para cambiarla. Aunque vivas medianamente bien, sabes que te vas a tropezar con trampas cada día; esa lucha inútil, del humano contra el humano, sube la sensación de injusticia generalizada, y en ese proceso los tramposos, la sociedad ciega cebada en lo trapacero, te “secuestran” la felicidad. ¿Por qué hemos dejado de creer en las utopías? Hay que ser objetivos con respecto a esto. Realmente no hay cambios disruptivos en lo humano. A posteriori, de forma desarcertada, se analizan así, pero si se analiza cada paso, el de la apuesta por la agricultura y la ganadería, o la Era Industrial, o la Ilustración, partían de caldos de cultivos lentos y progresivos hacia esos nuevos estados de cosas. Lo que quiero decir es que seguimos dinámicas y nos dejamos llevar por ellas. En ningún momento de la historia el humano se ha “sentado” a reflexionar y ha creado una teoría “completa” que habría de cambiar todo a fondo. Nos hemos ido encaminando a sistemas muy cerrados, lentos y burocratizados, que “sellan” y anulan todo posible cambio disruptivo. En la película “De la ley a la ley“, basada en la transición  española, centrada en Torcuato Fernández-Miranda, nos muestra el cómo Franco dejó a su muerte la incapacidad de crear una sociedad democrática, y donde sus “herederos” tenían que buscar alguna fisura que llevase a España a la democracia desde la ley. No se podía llegar a la democracia por disrupción, rotura, sino por transición, por cambio. Siempre ha sido así, en la antigüedad ese “corpus permanente” era la tradición, pero lentamente ha ido tendiendo hacia las disposiciones, leyes, constituciones y demás reglas escritas que forman un todo burocrático. Los golpes de Estado o las Revoluciones son ese cambio temporal sí disruptivo, pero siempre para volver a viejas “manías” o moldes. La estructura siempre permanece, basada en la lucha individual, que deviene en la meritocracia y las clases sociales, y por ello en la falta de empatía, de reciprocidad y de equidad. Por estos hechos es preferible que colapse el sistema que salir de la crisis, pues si lo segundo ocurriese saldrían fortalecidos todos los errores actuales; mientras que si se da un colapso hay alguna posibilidad a que el sistema se “resetee”. “No tiene sentido que la humanidad funcione mal deliberadamente”, nos dice la inteligencia artificial de la película “Upgrade“. Una verdadera utopía humana ha de ser un cambio tan radical como el que pasa una oruga para llegar al estado de mariposa. Hay que plantear un cambio profundo con un periodo de crisálida. De cualquier forma, eso nunca pasará, porque los que tienen el dinero tienen el poder y si les va bien a ellos, mejor no cambiar nada. ¿A qué esa cobardía?, si tan seguros están de su capacidad, de lo meritocrático y que nada tiene que ver el azar para amasar una fortuna, que la den toda a los más necesitados y que vuelvan a empezar desde cero. Pero el cambio tiene que ser universal, no por continentes, o norte y sur, alianzas de naciones o culturas, o estamentos como la ONU. Hay que concebir una humanidad equitativa; lógica dentro de un planeta de recursos finitos, y lógica con lo que se sabe que “pide” y quiere el cerebro, y en donde los pilares sean la empatía y la reciprocidad, que ha de devenir en una equidad real, hoy en día inexistente. O sea, son estructuras que tenemos, que fueron las que nos formaron como humanos, en aquellas pequeñas tribus de la prehistoria. Cualidades que quedaron cercenadas con las ciudades y la falta de contactos entre las personas, y que se potencia aún más con Internet. Se perdió, o se va perdiendo a pasos agigantados, la percepción cuórum, que es física, táctil, de piel con piel, de mirada con mirada. El capitalismo es totalmente lo opuesto a esa utopía: es ciega, no quiere “tocar”, implicarse, empatizar, pues se basa en la competencia, en ganar, en aniquilar al contrario. Mecanismos que son lo peor de la humanidad. Hay que hacer como la oruga. Hay que romper todas las leyes, todas las fronteras, todas las banderas, todas las constituciones, todas las alianzas…, todo ese emergente que ha convertido a la sociedad en un monstruo lento, terrorífico y burocratizado, que no contiene en su decálogo la empatía, y crear una nueva sociedad, ahora emergida como mariposa. ¡Cuanta alma perdida en los pasillos oscuros y tenebrosos de la burocracia!, como nos muestra la película “Where is Kyra?” Ninguna ley conlleva empatía, es fría estadística; lo burocrático es lo más alejado de la empatía que el humano haya podido crear. Eso sí demostraría que el humano tiene una libertad, un sistema ejecutivo que es capaz de hacer un cambio “real” en el mundo (evolución volitiva, E. O. Wilson); pues la actual forma de proceder sólo nos dice que somos hojarasca arrastrada por los vientos de la historia, por dinámicas de sistemas complejos, en donde nosotros no somos mas que sus marionetas, o sus engranajes. En definitiva, que el actual capitalismo es ese ente que permanece como oruga, que se arrastra por el suelo con paso lento pero seguro, al que nada ni nadie puede cambiar en su única dirección instintiva, y gobernada por fuerzas que son externas a ella.


Pareciera que “el mundo” conversara y pensara sobre mismo, al mismo tiempo. “Esquizofrenia natural”, igualmente añade la dualidad libertad/seguridad en su vídeo.