Desencriptando el Futuro (Sobre Ted Kaczynski)

   Este escrito es necesario. Me veo obligado a escribirlo y publicarlo, como se verá más adelante.

   En el anterior escrito exponía las diferencias de tener o no tener memoria autobiográfica, esa que constituye el pilar del yo. Sin posibilidad de crear recuerdos, el cerebro se vuelve, casi, un simple resolutor de problemas, de aquí y ahoras. Es más “feliz”, sin el bagaje de su pasado. Quería aclarar que no hacen falta haber tenido grandes traumas y haber cometido grandes errores en el pasado, como para que esto sea así. Mismamente en el recuerdo de haberte levantado durante una semana, o más, sin ninguna motivación, ya se desencadena esa “resta” de felicidad, pues esa suma y sigue negativa te hace plantearte las cosas (conciencia de sí) al recordar que llevas X tiempo en esa situación. En otro ejemplo, si has tenido un disgusto con un compañero de trabajo, o con el jefe, ese mismo día vas con peor ánimo a trabajar. Leonard, el protagonista de la película “Memento”, no tendría esos problemas.

   En otros lugares de mis escritos decía que gran parte del motivo de la infelicidad humana viene dado por esa capacidad de predecir el futuro a partir del pasado. Cada vez tenemos un más largo tiempo en consideración. Como cazadores-recolectores vivíamos al día. Nos comportábamos como simples resolutores de aquí y ahoras. Con la entrada en juego de las cosechas poníamos “vista” en medio año o más de previsión de cosechas. Hoy en día, con préstamos, hipotecas, finalización de estudios, carreras o proyectos, planes de jubilación y demás, ponemos nuestra mente en un nuevo rango de tiempo, en donde es fácil caer en la fatalidad de la infelicidad, al ver que no cumplimos con ciertas “esperanzas” previstas o esperadas de la media humana. La previsión de futuro se hace a partir de tener un pasado. Cada día nos recordamos que tenemos que cumplir con ciertas prioridades que no dejan de ser otra cosa que pasado (una nota en el escritorio, un recordatorio en el calendario…). El cerebro construye lo imaginado, el futuro, con imágenes del pasado. Las personas incapaces de crear recuerdos son incapaces de imaginar el futuro, porque les faltan esos ladrillos sobre los que se construyen esas imágenes. Viven en un permanente “aquí y ahora” que les hace ser más “felices”. El eterno primer encuentro de Clive Wearing, dañado para no mantener la memoria más que por unos minutos, con su mujer. En un ejemplo sencillo: alguien puede coger el metro cada día, a cierta hora. A lo largo del tiempo sabe predecir los tiempos, cuanto se puede atrasar en cada proceso de la mañana. Al final se vuelve pura rutina, donde el cerebro revisa el reloj para ir calculando cómo va su media. Para alguien que no guarde recuerdos no es así, cada día tiene que resolver esa mañana y coger el metro, como algo nuevo. Ni siquiera sabe cómo coger el metro, qué estación coger y cómo llegar a ella. Aquí vemos pros y contras. La larga previsión crea infelicidad, pero el puro “aquí y ahora” crea la ansiedad o el nerviosismo típicos de la novedad (activación de la amígdala que puede desencadenar ira o miedo) día a día ante cualquier problema. No hay soluciones directas o mejores en la evolución, ni en el cerebro.

   ¡Spoiler, hago mención a una serie actual, aún no terminada! La serie “Sinner” nos muestra otro estado paradójico del cerebro, donde este ha reprimido un recuerdo, pero que es lo suficientemente intenso y presente como para que asesine sin que dicha persona sepa (como conciencia y conciencia de sí) realmente porqué lo ha hecho. La escena del asesinato es una de las más crudas, impactantes y abruptas que yo haya visto nunca en películas o series. Se produce un choque cognitivo al ver tal acto espontaneo, salvaje y “natural” del cerebro “respondiendo” y actuando en “su” resolver un presente, un aquí y ahora, de forma tan extraña y fuera de la norma social. Hay que tener en cuenta que no tengo pensamiento mágico, las típicas películas de miedo de fantasmas y demás me dejan frío. Por el contrario me aterroriza la realidad, las películas realistas. Aquí vemos que el pensamiento mágico se “escuda” con los imposibles (fantasmas, seres sobrenaturales), el tener miedo de la realidad. Normalmente las personas de pensamiento mágico no sentirán ningún miedo con la escena criminal de “Sinner”. Para Sartre, para el existencialismo, no hay nada más terrorífico que estar al lado de alguien que tiene un cuchillo, aunque sea en una situación cotidiana y banal. Quien entienda esto ha entendido realmente la libertad. Así no lo hace saber la película “I am not a serial Killer“: “El miedo tiene algo extraño. La gente tiene miedo de las cosas, pero no tienen miedo de sus acciones.”

   Durante la serie vemos cómo la protagonista da varias “razones” sobre tal proceder, siendo algunas de ellas falsas, racionalidades; manteniendo la intriga del espectador. Se entra de lleno en las teorías del psicoanálisis, del ello con sus propias tramas, finalidades y estructuras. Nunca me han convencido estas teorías. Si ya es complicado “creer” y sostener, a nivel estructural de cómo trabaja el cerebro, en un yo, más complicado se hace el creer en varios yos, con sus propias estructuras y finalidades. La cuestión es más sencilla, la estructura de lo que llamamos conciencia de sí o yo, es un estado extraño y falseado de lo que realmente es el cerebro. Una cuestión es la imagen que creamos tener sobre nosotros mismos y otra muy distinta la que somos (yo y super-yo en el lenguaje del psicoanálisis). Esa estructura de la conciencia se basa en la razón, y justifica y racionaliza lo que uno es. Por otro lado está la propia estructura del cerebro, la “real”, esa que se puede dividir conceptualmente en yo y ello, pero teniendo en cuenta que el ello no se “crea” en una mente “sana” y sin experiencias traumáticas. Luego a eso que se le llama ello es tan sólo el cerebro creando mecanismos de olvido (bloqueo, en realidad) a procesos que crearon un gran trauma en el pasado. Esos “mecanismos” de olvido no tienen porqué ser tan nucleares como para crear por sí mismos dobles o triples tendencias o personalidades hacia el exterior. A veces son cosas triviales que no crean ninguna “doblez”. Una de mis exparejas me recordó, al final de nuestra relación, que nuestro primer beso fue con lengua y más sexual que el que yo recordaba, que era sin lengua y más romántico. Durante la relación ella nunca me quitó esa idea, porque de alguna forma le gustaba más mi “versión” o no quería defraudar a “mi” memoria. Creo saber porqué falseé ese recuerdo y es importante a la hora de tener en cuenta del cómo el cerebro crea memoria y por lo tanto un yo. Ese primer beso pasional me lo dio ella a mí: mi cerebro “trabajó” en ese acto de forma pasiva. El segundo beso, días después, lo di yo. Puede que el cerebro recuerde más los actos activos y en donde intervienen las propias elecciones (los actos de libertad), que los actos pasivos en donde en un primer momento la elección de uno mismo no entra en juego. En definitiva ha de llevar una “estadística” de los resultados de sus elecciones, para tenerlas en cuenta en situaciones similares. Las pasivas cuentan en la medida en el cómo actuamos al cobrar conciencia de la situación y a hacer entrar en juego las elecciones, pero no es una acción, es más bien una reacción. Las elecciones reactivas parecen tener un menor peso en la memoria (o distinto), pues no se suelen repetir o uno no es parte activa de esa situación, sino pasiva. Mientras que, por ejemplo, el cómo tratar de ligar, pura acción, se basa en un constante prueba y error del que conviene “llevar” las cuentas y las estadísticas. En fin, cada uno recuerda su propia acción de un hecho, eso implica que cada uno lo recuerda a su manera. Así se dice que siempre, al menos, “hay dos versiones de cada suceso”. No hay distorsiones, tan sólo qualias y esta propiedad del cerebro para ser y recordar en tanto que accionando.

   De nuevo spoiler, aunque en este caso puedo augurar que merece la pena saberlo, pues de otra forma quizás no se vea tal película, ya que es rara y muy, muy lenta y larga. Se trata de “El Sr. Wakefield” protagonizada por el entrañable actor de “Breaking Bad”. El trama nos relata, cual el Ulises de James Joyce, la paradójica vida llevada por su personaje a raíz de tomar una primera decisión de no entrar en casa esa noche y quedarse a dormir en el sobre-techo de la cochera. Una “decisión” lleva a otra, de tal manera que cada vez ve más ridículo entrar en casa sin más. Bajo mi punto de vista muestra muy bien lo que he venido diciendo en los últimos escritos: no hay un “gran” yo que sustente tu “papel” en el mundo, este se “desarrolla” por sí solo, como si estuviera prefijado en un escrito. En un momento dado de la película el protagonista nos cuenta el por qué se casó. Al igual que en su extraña y ridícula situación actual, simplemente se “dejo llevar”, las cosas se fueron encadenando por sí solas y al final simplemente estaba casado y metido en una rutina. Es cierto que hay días que parecen claves como para tomar una decisión, pero nuestro miedo a la libertad y el ser coherentes con nuestra propia trama y yo, hacen que sigamos adelantes en nuestra historia, como la postura más correcta. Por lo demás “El Sr Wakefield” es un canto a la libertad, a la rotura con la sociedad y al anarco-primitivismo. Todo eso ya dejo que cada uno lo descubra por sí solo. Mi vida ha sido un tipo de vida en donde en cuanto me encontraba en una de esa situaciones claves, apostaba por mi libertad. Esas decisiones explican mi vida y situación actual. A veces me emparanoió, hace una semana o así alguien, que aparentemente no conozco, me dejó un críptico: “Gracias por tu trabajo, esto me es familiar”, en el vídeo sobre el lobo estepario, en el cual se dice: “Jamás existió un hombre que tuviese un deseo tan profundo y apasionado por la libertad como Harry. Nunca se vendió por dinero, ni se entregó a una vida fácil, ni a las mujeres, ni a aquellos que tenían el poder, y había renunciado cientos de veces a la felicidad, a fin de mantener su felicidad. Pero en plena libertad Harry se dio cuenta que su libertad era inútil… ¡que estaba solo!” de Hermann Hesse.

Entro en tema. En mi constante buscar una serie “decente”, me encontré con “Manhant – Unabomber“, la dramatización de la historia de Ted Kaczynski. En ella hacían mención de su escrito “La sociedad industrial y su futuro“. No lo había leído. Me he confesado cercano al anarco-primitivismo, pero nunca tuve en cuanta a Kaczynski. Mi fuente fue John Zerzan. Apenas hay grandes y minuciosas obras sobre el tema, más bien lugares en Internet sobre dichos temas, y casi todos en inglés. Si aposté o simpatizo por esta cultura o pensamiento es por ciertas conclusiones a las que fui llegando, poco a poco, a lo largo de los años. A decir verdad no soy un anarco-primitivista “puro”, y ni siquiera un neoludista (oposición al desarrollo tecnológico). Más bien ataco a conceptos pueriles como el de progreso, humanismo y civilización, haciendo ver qué hemos perdido con respecto a nuestros orígenes y cómo somos con respecto a versiones disneylizadas del ser humano. Al fin y al cabo no creo en ninguna salida “válida”, el devenir humano siempre va estar lleno de incertidumbres y de dolor. La propia esencia humana, de una conciencia de sí, crea malestar, analizada fríamente. Es un estado perfecto cuando se regodea de su propia felicidad, pues en su juego de espejos se agranda tal efecto; pero de igual forma ocurre con el dolor, con el aburrimiento, la sensación de soledad, de vacío y demás estados negativos. La mera posibilidad que se dé ese lado negativo ya invalida una posible naturaleza “buena” de ese núcleo humano, con lo cual la balanza siempre cae en el lado negativo. O sea, si de lo que se trata es de ir subiendo una escalera de un pozo, pues el agua va subiendo, entonces no tiene porqué ser positivo ese estado. Si la felicidad consiste en ese subir esa escalera, tratando de escapar del agua, la felicidad está contaminada, pues no es una búsqueda, un camino, una meta o destino, sino una huida de algo que siempre nos proyecta su sombra. La conciencia de sí siempre está bajo su sombra, buscando la luz, pero si nunca alcanzarla. Tememos aburrirnos y creamos cambios de forma constante y eterna. El aburrimiento siempre nos persigue cual lóbrega noche negra. Toda religión parte del “engaño” de hacernos creer que es más importante la “luz” que la “sombra”. No es así, a lo largo de los escritos he querido mostrar una y otra vez que tiene un mayor peso la sombra. Una sonrisa mantenida crea dolor, un orgasmo es instantáneo, el dolor permanece y permanece, ya sea mental o físico, incluso cuando ya carece del sentido de que tenga que ser una simple señal de alarma, sobre que algo va mal. El dolor, en el humano, se vuelve crónico. No hay felicidad crónica. Con todo conviene ir tras la luz, no lo niego, pero no soy tan inocente como para pensar que la sombra no me acecha. ¿Es casual que Peter Pan no tuviese sombra? Era el eterno niño que sólo reía, que sólo se divertía. Es una utopía en la mente de un autor, la utopía inconsciente y siempre perenne del ser humano.

   Como fuere. Por lo que se hace necesario este escrito es por el alto paralelismo del escrito de Unabomber y mis escritos. Pareciera que me he limitado a parafrasearlo o incluso en copiarlo. En ese sentido he de decir, para que conste, que no lo había leído hasta hace unos días. En mi escrito “¿Los planes de Dios u otra cosa?“, apuntaba a la idea de que en cierta época fluyen las ideas, están latentes, y son varios los autores, concurrentemente, los que dicen más o menos lo mismo, sin haberse ni siquiera leído el uno al otro. Son las ideas las que fluyen y emergen por sí solas a lo largo del devenir humano, siendo este un mero transmisor o portavoz de esas ideas que van emergiendo en el caldo de cultivo que es la historia. El caso de Kaczynski y yo es uno de esos casos. Concordamos en que la sociedad actual crea sentimientos de inferioridad que a la vez crea depresión y otros trastornos. Kaczynski llama, a lo que yo llamo orgullo, “proceso de poder”, bajo el que una persona ha de resguardarse de la sociedad depredadora y dañina actual. Nos hace ver que de la importancia de infancia, de igual forma lo he hecho ver yo. Es complicado, sino imposible, enderezar un árbol que ha crecido torcido. Concordamos en minucias como en el odio, esto nos dice: “por ejemplo, se supone que no podemos odiar a nadie, sin embargo, casi todo el mundo odia a alguien alguna vez, bien se lo admita a sí mismo o no”. Yo dediqué un capítulo a dicho tema. Otra cuestión es lo que él denomina con el concepto de “sobresocialización” y yo, quizás erradamente, he tratado como el nuevo leviatán. En un caso u otro es la paradoja de que el sistema “necesita” cada vez controlar más y más su “entidad” a costa de la libertad individual. Hay un concepto que Kaczynski llama como “actividades sustitutorias” que yo iba a usar bajo el concepto de sublimación, de corte psicoanalítica, que al final no la he pasado a papel y sólo permanece en mi mente. Kaczynski abogaba por una revolución. Es más optimista que yo, pues yo pienso que nada cambiará, que siempre va a ser eso de “otros perros, pero con otros collares”. Si se hace una revolución sólo sería para “remover” todo y para nada más, para que los que están arriba caigan y no se “lo tengan tan creído” de que es por sus propios méritos y por nada de azar (un poco como el anarquismo del Joker, de Batman, que sólo quería ver arder el mundo, un simple “agente del caos“). Nunca se llegará a algo así como una “vida sencilla” o anarco-primitivismo. Seguimos nuestra propia historia social, porque igual que de manera individual, en grupo, tendemos a ser coherentes con cada paso que damos, aunque este paso sea en la dirección equivocada. De otra forma, ¿cómo un anarco-primitivismo va a tener ventaja en una revolución si su lucha es con hachas y lanzas, y va a ser contra balas y misiles?

   De cualquier manera muchas de las ideas, tanto de Kaczynski como mías, ya vienen de muy atrás. La idea de la importancia de la infancia ya la sostenía Alfred Adler, entre otros. Está de boga en la literatura, las series y el cine actual, el hacer hincapié y remarcar tal cuestión. Si yo cogí el concepto de leviatán, fue para seguir la tradición de Hobbes. Viene de antiguo el concepto de contrato social, por el cual anteponemos ciertas normas sociales a la propia libertad. Lo impactante, quizás, sea esa tan cercana similitud y paralelismos entre él y yo. Por lo demás está claro que mi acercamientos a todos esos temas son desde el cerebro, mientras que él lo hace desde lo social. Yo quería entenderme a mí mismo (como cerebro, como cosa) en el mundo; él, puede, que quiera tan sólo entender el mundo. Me impactó el punto 96, donde hace mención, por implicación, a mi actual crisis:

“96. En cuanto a nuestros derechos constitucionales, consideremos por ejemplo eso de la libertad de prensa. Ciertamente no queremos acabar con ese derecho: es una herramienta muy útil para limitar la concentración de poder político y para mantener a aquéllos que lo tienen en línea exponiendo públicamente cualquier mala conducta por su parte. Pero la libertad de prensa es de muy poca utilidad para el ciudadano medio como individualidad. Los medios de masas están en su mayor parte bajo el control de grandes organizaciones que están integradas en el sistema. Cualquiera que tenga un poco de dinero puede imprimir algo, o puede distribuirlo en Internet o de alguna otra manera, pero lo que tenga que decir será sumergido por el vasto volumen de material lanzado por los medios, por tanto, no tendrá un efecto práctico. Es por eso casi imposible para muchas personas y grupos pequeños el hacer un efecto en la sociedad con palabras. Tomémonos FC (Freedom Club, era como se camuflaba ante los medios Kaczynski, como perteneciendo a una grupo) como ejemplo. Si no hubiéramos hecho nada violento y hubiéramos presentado los presentes escritos a un editor, probablemente no hubieran sido aceptados. Si hubieran sido aceptados y publicados, probablemente no hubieran atraído muchos lectores, porque es más divertido ver el entretenimiento lanzado por los medios que leer un ensayo sobrio. Incluso si estos escritos hubieran tenido muchos lectores, la mayoría hubieran olvidado pronto lo que habían leído porque sus mentes habrían sido anegadas por la masa de material a que los medios las exponen. A fin de presentar nuestro mensaje ante el público con alguna oportunidad de crear una impresión duradera, tuvimos que matar gente.”

   Cuando vi el documental “Code: debug gender difference”, sobre la mujer y la informática, me di cuenta que todo lo que yo (u otro en mi caso) pudiera decir estaba de más. Que el volumen actual de “opiniones” es tal, que nadie se detiene por demasiado tiempo en nada. Que si hacen un documental, aunque este sea poco fidedigno y no cuente con científicos cualificados sobre el tema tratado, vale más que cualquier cosa limítrofe escrita en cualquier rincón perdido de Internet. Estamos en un mar tal de signos, de palabras, conceptos, paradigmas e ideas, que se ha formado la “tormenta perfecta” para crear ese caldo de cultivo que es la infoxicación. Se eleva, cual ola gigante, y barre toda la realidad y sentido común a su paso. Nada es relevante, nada permanece, nada es legítimo. Fijarse que Kaczynski en ese párrafo ya nos predecía en 1995, cuando Internet estaba aún en pañales, lo que estaba por venir: la actual situación de la proliferación de las redes sociales, donde cualquiera expone su propia opinión sobre cualquier cosa. Se predijo incluso a sí mismo, pues su propio escrito, viniendo de alguien que creó tal terror, se ha quedado perdido, sin que haya demasiada gente que lo haya leído o lo tenga en cuenta. Hay que leer ese escrito, no por sus grandes trazos, sus ideas principales, sino por todas aquellas pequeñas ideas que se esconden aquí y allá, y nos muestran un individuo profundo (sin profundizar, como nos recuerda una y otra vez) y con mucha sabiduría. Cosas como: “es bien sabido que la tasa de depresiones clínicas se ha incrementado enormemente en las décadas recientes. Creemos que esto es debido al colapso del proceso de poder”, autoestima, caída del orgullo personal, en mi lenguaje. Otros puntos interesantes en esta dirección son el 44 y el 59.

   A través de Kaczynski, de su escrito, he encontrado algo de ánimo para terminar el, posiblemente, último capítulo de la serie “lo que es y lo que (a)aparece”, pues en este autor, en algo que no está escrito, en algo que está latente en todo su escrito, me da la razón en aquello a lo que quiero llegar como conclusión. También a través de Kaczynski me he visto alentado a releer a Zurzan. En ese proceso encontré un escrito esencial, que se me había pasado por alto, de este autor: “La catástrofe del Postmodernismo“. Escrito que parece un caldo concentrado de aquello que se entiende con dicho concepto. Hay que diluirlo en tu mente para poder hacer una sopa comestible y digerible. ¡Increíble su capacidad de sintetizar y concentrar todo el proceso posmodernista en unos pocos párrafos! En ese escrito me encontré (o reencontré) con que para Derrida el lenguaje siempre es metáfora (para mí alma o qualia es metáfora) y que “nunca decimos lo que queremos decir, o nunca queremos decir lo que decimos”, como nos dice Zurzan, interpretando el atolladero en el que nos encontramos en la actualidad, donde si todo es texto, y este es interpretado, ya no hay ninguna legitimidad, verdad y finalidades últimas, sino puro devenir e interpretación. Fijarse que esta fantasmagoría y juego de espejos, que es la posmodernidad, se está aplicando a la propia ciencia. Esta nos da “datos puros”, y todos, cada organización, cada “isla identitaria“, cada paradigma y cada “escuela”, interpreta esos datos bajo sus propias “reglas” y principios, como para que le den la “razón”. Si todo se ha reducido a “llevarse el gato al agua”, el discurso pierde todo su sentido, y si es así (quizás) es mejor (más sabio) callar. Sólo “implicarse” (hablar) en casos muy concretos y claros, como nos dijo el último Foucault.

   Para que no sea un puro devaneo, sin nada de jugo, finalizo dejando un apunte sobre algo que he dejado ahí, entre lo escrito arriba, que tiene muchas implicaciones. Tengo la intuición de que son los actos libres los que nos crean esa sensación de orgullo o que Kaczynski engloba bajo el concepto de “proceso de poder” (que parece una forma light, edulcorada, de la voluntad de poder de Nietzsche). Kaczynski lo define mejor que yo al reducirlo al concepto de autonomía. Siendo autónomos, ejerciendo la propia libertad, crecemos. Y esto no es por otra cosa, a que es de esta forma en cómo se construye la memoria autobiográfica. La memoria (que recordemos que es la que crea memoria autobiográfica y por lo tanto yo) a nivel evolutivo sigue esta sucesión: 1. recordar grupo de movimientos esqueleto-musculares efectivos para la supervivencia, por este proceso pasa el bebé humano, que nace sin tener prefijado el uso de su cuerpo. 2. Crear el dolor como modulador que refuerza el recuerdo de aquello que hay que evitar, (en tribus de cazadores-recolectores dejan que los niños se hagan daño, eso es mejor que el simple :”¡NO!”, de los padres, pues estos no habrán aprendido a partir de evitar el dolor, sino de obedecer). 3. Crear el placer como modulador de refuerzo de aquello a desear. 4. Memoria puramente cognitiva, semántica, matemática. El último tipo de memoria se hace imposible si no la “ligamos” a una de los otros tipos de memorias. El “la letra con sangre entra” tenía razón, aunque no sea la mejor forma. Los tres primeros tipos de memorias implican a la propia persona accionando en el mundo. Actuando, ejerciendo su autonomía, su libertad. Hoy en día se enseña por repetición (reacción), no porque la persona actúe (lo “mueva”, lo sienta, le duela, le dé placer… le motive) sobre ese saber. Hay que volver el saber YO, con su misma esencia y consistencia de Ser y operar en el cerebro, acción en el mundo, y no simple reacción. En soledad casi no nos movemos, no movemos emociones, todo se vuelve distante y sobre lo que no actuamos: televisión, Internet… La memoria deja de operar como lo tiene que hacer. Olvidamos las cosas, se pierden conexiones entre neuronas, se olvidan las cosas pensadas fácilmente. En mi caso todo se vuelve desastroso, pues si trato de escribir me cuesta horrores mantener ideas, conceptos, significados, palabras. Hace unos días, paseando, me encontré con un árbol de un fruto seco. No recordaba el nombre de tal fruto, ni del árbol. Miraba en el suelo para encontrar uno de sus frutos, en alguna rama, y de ninguna forma me venía el nombre. De memoria hice como si tuviese uno de sus frutos en mis manos, y hacía la acción de abrirlo y comerlo. No recuperé el nombre, solo un día después: era un almendro. Aquí vemos que el cerebro trabaja con imágenes, que la palabra es un “añadido” posterior. Que lo que no solemos olvidar son las imágenes de las cosas. Damos clases sobre nombres, en la mayoría de los casos sin referencias a objetos, no siempre esto funciona bien para todos los cerebros. Recordemos que Einstein imaginaba sus abstracciones con objetos reales en casos concretos. Con todo no me quejo de mi situación, es mejor experimentar las cosas en la “propia piel” que aprenderlas en un manual. Estoy llegando a conclusiones en mi soledad que de otra forma, sin experimentarlas, no podría llegar. Hoy he “arrancado” una verdad al cerebro, a la evolución; eso hace que merezca la pena encontrarme en la situación en la que me encuentro. Al verme alumbrado de la luz del “conocimiento”, he restado algo de sombra, aunque sea sólo por un día o unas horas. Sé que este saber permanecerá por que ha sido a costa de dolor, y habiendo sentido el placer, aunque sea diminuto, de haberlo alcanzado, de haberlo conquistado (sublimación).


(Dejo un link para descargar una versión Word del escrito de Kaczynski, ya que yo corregí algunas cosas -ortografía y gramática del traductor- y es muy posible que otros quieran seguir corrigiendo otras que se me han pasado por alto.)

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