Códice y Trucos Para Comprender los Sesgos Cognitivos

(El presente trabajo no es mío. Es mérito y es el esfuerzo de Buster Benson y es simplemente la traducción de la página sobre los sesgos cognitivos -hecha por Google y revisada; esto tiene su cuestión: si alguien no es un buen redactor, ¿hay que ser fiel a sus errores semánticos o corregírselos?, he optado por corregir, para que sea más claro, sobre todo teniendo en cuenta que Google es peor traductor ante las “malas” redacciones. Aviso que no soy bueno para las frases hechas. He puesto entre paréntesis alternativas de traducción, los nombres de los sesgos los he retocado un poco, pero es complicado- Mi trabajo, por tanto, tan sólo ha consistido en revisar la traducción, así como hacer que los enlaces lleven a las traducciones de las entradas de la Wikipedia, de nuevo hechos por Google, y ya sin retocar.)

Hoja de trucos de sesgo cognitivo

Porque pensar es difícil.

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http://chainsawsuit.com/comic/2014/09/16/on-research/

Lo que cuenta la tira cómica:
Viñeta 1: He escuchado la retórica de ambos lados … es tiempo de hacer mi propia investigación sobre la verdad real (tautología).
Viñeta 2: Literalmente el primer enlace que concuerda con lo que ya crees. Apoya completamente su punto de vista sin desafiarlo de ninguna manera.
Viñeta 3: ¡Me ha tocado el gordo! (En España el premio más importante)

   He pasado muchos años buscando referencias en la lista de Wikipedia de sesgos cognitivos, cada vez que tengo el presentimiento de que cierto tipo de pensamiento es un sesgo oficial, pero no puedo recordar el nombre o los detalles. Ha sido una referencia invaluable para ayudarme a identificar los defectos ocultos en mi propio pensamiento. Mi investigación ha tratado de ser tanto comprensiva (¿completa?) como sucinta (breve).

   Sin embargo, honestamente, la página de Wikipedia tiende a ser un verdadero enredo. A pesar de tratar de absorber la información de esta página muchas veces, a lo largo de los años, muy poco termina por memorizarse. A menudo exploro la lista y siento que no soy capaz de encontrar el sesgo que busco, y luego rápidamente olvido lo que he aprendido. Creo que esto tiene que ver cómo la página ha evolucionado físicamente durante años. Hoy en día, agrupa 175 sesgos (188 nombres) en categorías vagas (sesgos de toma de decisiones, prejuicios sociales, errores de memoria, etc.) que realmente no me parecen mutuamente excluyentes para mí, y luego los enumera alfabéticamente dentro de las categorías. Hay duplicados abundantes, y muchos sesgos similares con diferentes nombres, dispersos seguramente.

   Me he tomado algún tiempo durante las últimas cuatro semanas (estoy en vacaciones por paternidad) para tratar de absorberla más profundamente y entender dicha lista, tratando de llegar a una estructura organizativa más simple y clara al ubicar estos sesgos. Leer profundamente acerca de varios sesgos ha dado a mi cerebro algo sobre lo que rumiar, mientras intento dormir a Louie.

   Comencé con la lista en bruto de los 175 sesgos y las he colocado en una hoja de cálculo, luego hice un primer repaso eliminando los duplicados y agrupando sesgos similares (como efecto bizarro y efecto humor) o sesgos complementarios (como sesgo de optimismo y sesgo de pesimismo). La lista se redujo a cerca de unas 20 tendencias de estratégicas exclusivas que usamos por razones muy específicas.

   Hice varios intentos diferentes para intentar agrupar estos 20, o así, a un nivel más alto, y finalmente llegué al agruparlos bajo el punto de vista de qué problema mental general estaban tratando de resolver dichos sesgos. Cada sesgo cognitivo está ahí por una razón – principalmente para ahorrar tiempo o energía del cerebro-. Si se analizan por el problema que está tratando de resolver, se hace mucho más fácil entender por qué existen, porqué son útiles y qué compensaciones -y los errores mentales resultantes- introducen.

Cuatro problemas que nos influyen en los sesgos:

   La sobrecarga de información, la falta de significado, la necesidad de actuar con rapidez, y la forma de saber lo que necesita ser recordado para más tarde.

Problema 1: Demasiada información.

   Hay demasiada información en el mundo, no tenemos más remedio que filtrar casi todo. Nuestro cerebro utiliza unos cuantos trucos simples para seleccionar los bits de información que sean más probables que vayan a ser útiles de alguna manera.

Problema 2: No hay suficiente información (significado).

   El mundo es muy confuso, y terminamos viendo sólo una pequeña porción de él, pero necesitamos tener (encontrar) algún sentido de ello para poder sobrevivir. Una vez que llega el flujo reducido de información, conectamos los puntos, rellenamos los huecos con cosas que ya pensamos (sabemos) que conocemos y actualizamos nuestros modelos mentales del mundo.

Problema 3: Necesidad de actuar rápido.

   Estamos limitados por el tiempo y la información, y sin embargo no podemos dejar que nos paralice. Sin la capacidad de actuar rápidamente ante la incertidumbre seguramente habríamos perecido como una especie hace mucho tiempo. Con cada pieza de nueva información, necesitamos hacer lo mejor posible, para evaluar nuestra capacidad de afectar a la situación, aplicarla a las decisiones, simular el futuro para predecir lo que podría suceder a continuación, y de otra manera actuar en nuestra nueva visión.

Problema 4: ¿Qué debemos recordar?

   Hay demasiada información en el universo. Sólo podemos darnos el lujo de conservar alrededor de los bits (información) que probablemente resultarán útiles en el futuro. Necesitamos hacer apuestas y compromisos constantes en torno a lo que tratamos de recordar y lo que olvidamos. Por ejemplo, preferimos generalizaciones sobre especificaciones porque ocupan menos espacio (mental). Cuando hay un montón de detalles irreducibles, elegimos (preferimos) algunos artículos sobresalientes para el ahorro, descartando el resto. Lo que ahorramos en este proceso es lo más probable que sirva para informar a otros de los filtros relacionados (de lo que se deduce que es un filtro previo), como “la sobrecarga de información” del problema 1, así como informar lo que le ha de “interesar” a la mente durante los procesos mencionados en el problema 2, sobre cómo rellenar la información incompleta. Es un todo auto-reforzante.

¡Genial!, ¿cómo se supone que debo recordar todo esto?

No es necesario. Pero puedes empezar recordando estos cuatro problemas gigantescos, con los que nuestros cerebros en evolución han lidiado durante los últimos millones de años (y tal vez poner en favoritos esta página, si quieres referenciarte ocasionalmente a algún sesgo exacto que buscas):

  1. La sobrecarga de información es una mierda, por lo que filtramos agresivamente. El ruido se convierte en señal.
  2. La falta de significado es confuso, así que llenamos las lagunas. La señal se convierte en una historia (relato).
  3. Necesidad de actuar rápido para no perder nuestra oportunidad, así que hay que ir a las conclusiones. Las historias se convierten en decisiones.
  4. Esto no es cada vez más fácil (esto es cada vez es más difícil -esto es en sí un sesgo: tendemos a comprender mejor una frase afirmativa, que otra que contenga negaciones y dobles negaciones), así que tratamos de recordar los bits (la información, los pedacitos) más importantes. Las decisiones forman nuestros modelos mentales del mundo.

   Con el fin de evitar ahogarse en la sobrecarga de información , nuestros cerebros necesitan desnatar y filtrar cantidades insanas de información y rápidamente, casi sin esfuerzo, decidir qué pocas cosas en ese “chorro de información” son realmente importantes y llamarlas (¿mantenerlas?).

   Con el fin de construir significado a partir de los bits y piezas de información que vienen a nuestra atención, tenemos que rellenar las lagunas, y el mapa de todo, con respecto a nuestros modelos mentales ya existentes. Mientras tanto, también debemos asegurarnos de que todo se mantenga relativamente estable y lo más preciso posible.

   Para actuar con rapidez, nuestros cerebros necesitan tomar decisiones de una fracción de segundo que podrían afectar nuestras posibilidades de supervivencia, seguridad o éxito, y así estar seguros de que podemos hacer que las cosas sucedan (tenemos el control sobres las acciones previstas).

   Y para seguir haciendo todo esto tan eficientemente como sea posible, nuestros cerebros necesitan recordar los pedacitos más importantes y útiles de la nueva información e informar a los otros sistemas para que puedan adaptarse y mejorar con el tiempo, pero no más que eso.

¡Suena bastante útil! Entonces, ¿cuál es la desventaja? (porqué son sesgos)

   Además de los cuatro problemas, sería útil recordar estas cuatro verdades sobre cómo nuestras soluciones a estos problemas tienen sus propias contrariedades:

  • No lo vemos (conceptualizamos) todo. Parte de la información que filtramos podría ser realmente útil e importante.
  • Nuestra búsqueda de significado puede conjeturar ilusiones (falsedades). A veces imaginamos detalles que fueron rellenados por nuestras suposiciones, y construimos significado e historias que no estaban realmente allí.
  • Las decisiones rápidas pueden ser seriamente defectuosas. Algunas de las reacciones rápidas y las decisiones que tomamos son injustas, egoístas y contraproducentes.
  • Nuestra memoria refuerza los errores. Algunas de las cosas que recordamos para más tarde hace que todos los sistemas anteriores sean más sesgados y más perjudiciales (prejudiciales) para nuestros procesos de pensamiento.

   Al mantener los cuatro problemas con el mundo, y las cuatro consecuencias de la estrategia de nuestro cerebro para resolverlos, la heurística de la disponibilidad (y, específicamente, el fenómeno Baader-Meinhof) asegurará que observamos nuestros sesgos con más frecuencia. Si visita esta página para refrescar su mente, de vez en cuando, el efecto de espaciamiento ayudará a subrayar algunos de estos patrones de pensamiento para que nuestro punto ciego de sesgo y realismo ingenuo se mantengan en jaque.

   Nada podemos hacer para que los cuatro problemas desaparezcan (hasta que tengamos una manera de expandir el poder computacional y el almacenamiento de memoria de nuestras mentes, como para que coincida con el universo), pero si aceptamos que estamos permanentemente sesgados, y que hay margen para mejorar, el sesgo de confirmación continuará ayudándonos a encontrar evidencia que apoyen todo estos planteamientos, lo cual finalmente nos llevará a una mejor comprensión de nosotros mismos. (y del ser humano, yo añadiría)

“Desde que aprendí (supe) sobre el sesgo de confirmación, ¡sigo viéndolos (los veo) por todas partes!”

   Los sesgos cognitivos son sólo herramientas, útiles en contextos adecuados, dañinas en otros. Son las únicas herramientas que tenemos, e incluso son muy buenas en lo que están destinadas a hacer. Podríamos, igualmente, familiarizarnos con ellas e incluso apreciar que al menos tenemos cierta capacidad de procesar el universo, con nuestros (diminutos y) misteriosos cerebros.


   Otro usuario,John Manoogian III, creó la gráfica que está en la cabecera. En este enlace puedes descargar una versión grande de dicho gráfico. Ir a la página de origen para más referencias y posibles actualizaciones.

Descargar gráfica original, en español y archivo PDF con enlaces a los sesgos en español. Por favor, mantener las autorías.

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Lo que Es y lo que (a)Parece XXXVII – ¿El Fin de la Postmodernidad y el Nihilismo?

 “El futuro del colectivo vive en el presente de los individuos agobiados por sus problemas, que representan los órganos de ese colectivo.” E. Neumann

   Final de ciclo. En este escrito termino la serie de artículos “lo que es y lo que (a)parece”, que no sé si podría ser calificado de ensayo o sólo de caos. En el presente artículo he de tratar de sintetizar demasiados conceptos e ideas. No sé si lo lograré. En la medida que es un pastiche, puede que no sea “elegante”.

   En el escrito “Acotando el postmodernismo” decía: “de los tres puntos o sumandos de lo que es el postmodernismo, al único -que inevitablemente no es volver al pensamiento mágico y los dioses, ni devolver la legitimidad al líder-, le falta una vuelta de rosca y es el de comprender y el aceptar que sí tenemos una naturaleza. Que el humano ha de asumirse como lo que es y construir a partir de estas taras y bondades”. De eso se trata este artículo, en aquel decía que no parecía haber un más allá del postmodernismo, que era en definitiva el tan pronosticado “fin de la historia” (en realidad del metarrelato, Lyotard) y que de haber una salida era volviendo a reconsiderar alguno de los puntos que daban la suma total fatídica. A lo largo de los días he pensado y repensado el tema. La conclusión final es que ni retomando el tema del hombre, para iluminarlo bajo una nueva luz, se cambia nada. Que no hay ninguna salida o un más allá. Hemos llegado al máximo humano de sus posibilidades (narrativas y no descriptivas) y lo que hay es lo que queda. De cualquier forma he de mostrar ese “giro de tuerca”, anunciado, para que se tenga en cuenta.

   Antes he de aclarar cosas de los dos escritos anteriores. Cuando digo “muerte del yo” me refiero al yo que en descripciones de capítulos atrás era tratado como el yo (conciencia) y el yo ampliado, en el lenguaje de Antonio Damasio. El proto-yo queda sin tocar. La auto identidad, en base de los sentidos más básicos y nucleares, como la propiocepción, quedan intactos. Que el yo es un constructo, basado en el pensamiento mágico y que tiene sus propias estructuras en el cerebro, dan cuenta cuatro enfermedades o trastornos. El más relevante, sin duda, es el síndrome de Cotard: “también llamado delirio de negación o delirio nihilista, es una enfermedad mental relacionada con la hipocondría. El afectado por el síndrome de Cotard cree estar muerto (tanto figurada como literalmente), estar sufriendo la putrefacción de los órganos o simplemente no existir; en algunos casos el paciente se cree incapaz de morir” (Fuente Wikipedia). ¿Qué muere?, sin duda la idea de que la persona en una individualidad en el mundo, algo tangible en lo social. El yo (el nuclear y el ampliado) es un constructo social, que es en la medida que es nuestra imagen ante los demás (proto conciencia, conciencia y ampliada se perfilan como un círculo en donde los extremos, quizás, tengan que ver más entre sí que estos con el yo). La sociedad al completo es el espejo, o allí donde se produce la retroalimentación, un devolver la imagen, que al final uno mismo asume como propia. Si desaparece el espejo, uno no existe o tiende a difuminarse o desaparecer. En este tipo de trastorno el pensamiento mágico “asume” que si no se existe para los otros uno ha de estar muerto. Para Sartre el humano lo es mediado por las emociones, donde “el paso hacia la emoción es una modificación total del «ser-en-el-mundo» según las leyes muy particulares de la magia” (“mageicidad” en mi lenguaje, para ponerla como una cualidad “-idad”, del cerebro y humana), teniendo en cuenta que “la teoría psicológica de la emoción presupone una descripción previa de la afectividad en tanto que ésta constituye el ser de la realidad-humana; es decir, en tanto que resulta constitutivo para nuestra realidad-humana el ser realidad-humana afectiva”(1). Todo síndrome hipocondriaco es una toma de conciencia de uno mismo consigo mismo y con el mundo, pero en la medida que las emociones (o conciencia emocionada) son las reglas para ese saber, y puesto que saber siempre es en tanto que emocionado, es por este hecho que toda toma de conciencia -tética- es en tanto que emocionada y por tanto mágica o deviene en pensamiento mágico. Ese yo, yo ante otros yos, se perfila, como bien dice Anil Seth, en un tipo de delirio, pero en la medida que es asumido como una seña de identidad del ser humano, lo normalizamos. Es, así, parte de nuestra identidad como especie. Dado lo larga de esta explicación, que al final ha recurrido a ser más explícita, sólo nombro las otras tres agrupaciones de trastornos, si bien he de decir que me vendrán muy bien para ciertas elucidaciones posteriores: 1. desorden dismórfico del cuerpo y desorden de identidad sobre la integridad corporal. En estos dos tipos de trastornos la conciencia de sí no asume ni siquiera lo que es el proto-yo, pues “siente” que ciertas partes del cuerpo o fisionomía no le pertenecen, llegando al extremo de querer amputarlas (o no se identifica con ellas, como los humanos transgénero). 2. “El síndrome de Capgras​ o ilusión de Sosias es un trastorno neuropsiquiátrico que afecta a la capacidad de identificación del paciente. Este cree que una persona, generalmente un familiar, es reemplazado por un impostor idéntico a esa persona (fuente Wikipedia). Este tipo de trastorno diferencia entre el cuerpo y la identidad de los familiares, y les crea una “disonancia”  tal que creen que no se corresponden, cuando la primera “evidencia racional” debería de ser la del cuerpo de ese familiar como su principal fuente de su identidad. 3. crisis de identidad, trastorno de despersonalización y trastorno de identidad disociativo, donde este último puede ser transitorio en lo que se llama “fuga disociativa“. El primero el más leve de todos los presentados, es aquel en el que uno se da cuenta de que algo en el exterior nos cuestiona, tanto que se tiende a pasar por dicho estado, en donde nos planteamos todas nuestras maneras de aparecer y ser en sociedad. El de despersonalización muestra muy claramente esa distancia o desapego de sí sobre uno mismo, uno de sus rasgos son las experiencias fuera del cuerpo. El disociativo es el de las personalidades múltiples, síndrome polémico, que viene a decir que se crean varias instancias o creencias sobre la identidad propia, y donde estas entran en liza y se niegan; a tener en cuenta es “estado de fuga“, por el cual el cerebro pasa por un estado temporal de amnesia, en donde se pierde incluso la personalidad, pudiéndose “adaptarse” a tomar una nueva identidad como propia; puede durar días o incluso años. (2)

   Lo que “demuestran” todos estos trastornos es lo que viniera a decir Sartre, nos dice Anil Seth y digo yo. Si el yo fuera un “ente” real y tan relevante, ubicado en una sola parte del cerebro, o fuera aquello a lo que llamamos alma, este no se dañaría de forma fraccionaria, o estaría de forma íntegra y plena o se dañaría y dejaría de estar, sin embargo como es un componente en el que “trabajan” distintas partes del cerebro, dependiendo de qué se dañe, quedara “tocado” en una parte o “funcionalidad” u en otra. La mayoría de los trastornos apuntados arriba no son físicos, sino psicosomáticos, que lo que quiere decir tal cosa, en resumidas cuentas, es que lo que está alterado es la conciencia que tiene uno de sí mismo (o del otro), esa que integra el todo cerebral como una identidad diferenciada por y para sí mismo y para los otros. En definitiva, en unos y otros casos, queda dañado en alguna proporción el proto-yo, el yo y el yo ampliado, la mayoría de las veces los dos últimos. En algunos casos estos trastornos se producen después de daños cerebrales (tumores, accidentes), lo que apunta a que ese yo es el delirio (Anil Seth), o los modos extraños de la “confabulación” o pensamiento mágico (mageicidad) del cerebro al crear su propia idea de sí mismo, y siempre con una finalidad o funcionalidad, que no es otra que la de crear ese ente ante el mundo que tiene capacidades y propiedades para tener control del mundo. Es por lo tanto delusión (concepto o imagen sin verdadera realidad, DRAE) de sí mismo, que se valida en lo evolutivo en tanto que “funciona”  y “sirve” para sobrevivir, restando ansiedad y miedo (o añadiendo optimismo, si se quiere).

   Un punto y aparte es un pequeño respiro, he añadido este otro como subterfugio. Entro en tema.

   Aunque mis escritos “escapan”, en la medida de lo posible, de la filosofía y su lenguaje, no deja de ser cierto que de una manera u otra “caigo” en ser parte de una corriente filosófica u otra, y mis conceptos e ideas son parte de este o aquel lenguaje de la filosofía, pero tratando de no ser reducidos a las “cárceles” de dichos conceptos, y a la vez con la idea de ser más claro en un lenguaje más llano y en la medida de lo posible más científico y conciso. Pero llegados a este escrito he de asumir que parte de mi forma de pensar cae en el espectro del concepto de dialéctica negativa de Theodor Adorno. No creo en el progreso, la vida es una sucesión de hechos sin relación o narrabilidad, etc. Bajo esa idea tendría que haber leído el libro de dicho autor, pero la verdad es que lo he intentado y se me hizo insoportable. Sí he leído, sin embargo, “La jerga de la autenticidad” que apunta en la misma dirección, sin recargarla demasiado del típico lenguaje “árido” de ciertas filosofías o filósofos. De cualquier forma la idea central de la dialéctica negativa es simple: no existe tal cosa como tesis, antitesis y síntesis, que es la idea o concepto base y la que ha “construido” el pensamiento occidental, al heredar tal concepto de Platón. “Necesito” del concepto de la dialéctica negativa para que tengan sentido las ideas del presente escrito. Los conceptos, así, son prostitutos a los que ni siquiera hay que pagar, puro sadismo del hombre sobre lo abstracto, reificación.

   Estaría bien, que para una mayor comprensión del presente escrito, se le leyese el de “Sistemas cerrados y abiertos” y los cercanos a este. Como predije esta perorata no está siendo nada elegante.

   En mis escritos insisto mucho en plasmar una “genealogía de la realidad” para concienciarnos en qué parte del universo -realidad- nos encontramos. Constantemente recurro a ir de arriba hacia abajo, o a la inversa, de cómo ha sido que el humano esté aquí. Uno de esos escrito fue el de “El yo como ego“, en donde saqué a colación el concepto de superveniencia en filosofía. Este viene a decir que el universo se compone de varios sistemas, unos basados en los anteriores, en donde se siguen dos reglas: 1. un sistema es algo más que la suma de los sistemas anteriores, y 2. un sistema superior no puede alterar ni modificar el inferior. A nivel general esta división es como sigue: 1. elementos y partículas subatómicas, 2. átomos, 3. moléculas, 4. células, 5. seres vivos, 6. grupos sociales. Levels_of_existenceYo añadiría otras dos: 7. mente y 8. meme. Eso fue hace casi dos años, ahora cambiaría de orden los dos últimos y serían más bien 7. concepto y 8. conciencia y un último aún por definir. ¿Por qué? A lo largo de los últimos escritos he llegado a la conclusión que la evolución ha creado patrones que es lo que ahora llamamos conceptos: camuflaje, belleza… El cerebro “trabaja” o tiene implícitos dichos conceptos (“las intuiciones sin conceptos son ciegas” del sujeto transcendental de Kant). Con el nacimiento de la palabra nace el concepto de conciencia de sí, de saber que se sabe, por la particularidad de que en el hablar uno mismo se escucha, creándose un circuito en el cerebro en tanto que conocer y “reconocerse” en lo conocido (¿espejo auditivo?), en donde las dos partes no hablan de otra cosa que de sí, que del ente que habla y se conoce hablando por el hecho de oírse, de conocerse. Este patrón se interiorizó con la autoconciencia. Estos dos procesos no tuvieron porqué darse a la vez, el segundo pudo darse después de cientos o miles de años. La teoría bicameral y hechos tan paradójicos como los niños que se “inventan” un amigo invisible, nos dicen que cuando el hombre tuvo ese efecto, del habla interiorizada, en un primer momento no concibió a este hecho como algo de su propio cerebro o ser, sino bajo el influjo del pensamiento mágico, pues pensó o sintió que alguien le hablaba desde “fuera” a él (Dios, un Ángel, las musas…), en su cabeza. Este efecto, de pensar que otro le habla, se sigue dando hoy entre los esquizofrénicos.

   En el trascurso de mis escritos “hice hablar” a Sartre y su concepto de valor (precio). El valor es un concepto que emergió en el ser humano al devenir la palabra y en tanto que este es un animal social. La metáfora del morder de la manzana del árbol del conocimiento o del bien y del mal, explica muy bien ese proceso. Adán y Eva no se sabían que estaban desnudos hasta morder el fruto de dicho árbol. No tenían conciencia de saberse desnudos, no poseían conciencia de sí. Esa manzana fue la palabra. Con la palabra se produjo una rotura entre el objeto y el signo, que lo tienen otros animales, pero que en el hombre esta es a la vez posibilidad de comunicar al otro ese objeto sin que este esté presente. Sea como fuere con la palabra el mundo de los valores entró en juego en el universo, ahora en una nueva capa emergente de la superveniencia. Recordar lo que nos dice esta regla. La vida, la evolución, no explica el valor. El valor no existe en la vida. Existe en la nueva emergencia(3) que era el hombre en tanto que conciencia, en tanto que palabra, y en tanto que conciencia de sí. O dicho en un ejemplo: un león no asesina a una gacela o a una camada de leones que no es la suya: es la “ley” de la naturaleza, pero un hombre sí asesina a otro hombre, luego se han “cambiado la reglas”, entramos dentro de otro sistema. Introducimos los conceptos duales de bien y mal, correcto e incorrecto, acierto y error.

   En mi libro “La imposibilidad de la razón” hacía ver que la narrabilidad es un patrón enquistado, de esos conceptos que la evolución dejó ahí asentado como un esquema por el cual pensar la realidad. Se ve sobre todo al contar una historia, que fue durante miles de miles de años nuestra forma elemental de la narrativa. Está tiene un inicio, un trama y un desenlace. Tal esquema lo ha heredado la literatura, el teatro, el cine… nos gustan las trilogías en la literatura y en el cine, pues es una dialéctica anidada, que crea una dialéctica “perfecta”. Si nos damos cuenta tiene la misma estructura de la dialéctica. El desenlace es la síntesis por la cual aquello que era lo protagonista ha cambiado de “identidad”. En los ritos de paso o en el monomito del héroe, se sigue este mismo proceso con más o menos puntos intermedios, tramas o antitesis. Mi pregunta, y la cuestión del presente escrito, es ¿existe tal cosa, tal estructura?, habla de algo real y existente en la naturaleza o el universo. En definitiva: ¿existe la dialéctica? Podemos pensar en mil y una cosas que nos dicen que no: alguien con pelo (tesis), y alguien calvo (antitesis) no tienen ninguna síntesis. Una nueva germinación no es una síntesis de nacer, crecer y echar fruto. Es un nuevo estado que empieza desde cero. Menos aún se sigue de cualquier proceso cósmico, la muerte de una estrella no tiene ningún significado, no es tesis, antitesis o síntesis de nada.  Al universo se le puede dar un inicio, un desarrollo y un fin, pero sin nada fuera de esa estructura, sin síntesis. La narrabilidad no es más que un sesgo entre otros del cerebro, de esos que la evolución creó para “dar sentido” a la vida, restando miedo y ansiedad. Un esquema de la narrabilidad, que resta miedo y ansiedad, se da al hecho de la muerte: se vive, se muere y hay una síntesis a este proceso que es otra vida o renacer.

   Tenemos por otro lado que quien mira a través de la ventana, no ve la ventana. Pero el cerebro “sabe” que existe y que la tiene que ignorar. En este proceso sí se da una dialéctica: desear ver el exterior (tesis), ventana (antitesis), ver a través de la ventana (síntesis). Lo que quiero decir es que es muy posible que el cerebro trabaje a nivel interno de forma dialéctica con ciertos de sus patrones o constructos. Si recordamos la superveniencia entenderemos que no porque la dialéctica se mueva en uno de los planos de las emergencias se tiene porqué seguir esta misma regla hacia abajo: no tiene porqué operar ni en la vida, ni en los grupos sociales, ni en las moléculas, etc. Si sacamos de aquí una conclusión, ¿qué otras se pueden deducir sobre la condición humana y sobre la conciencia?

   Este escrito va estar lleno de parches, a los que no puedo dar continuidad, narrabilidad. Viene una nueva disrupción a tenor de que me es necesario introducir otro concepto.

   Con el trastorno de estrés postraumático, entra en juego un circuito del cerebro que tenemos todos. El córtex cingulado anterior en una parte del prefrontal, del pensar, de la conciencia, muy relevante por cuanto es un sistema detector de errores. Todo proceso pasa una y otra vez por esta zona, hasta que este no detecta ningún error y “deja pasar” al proceso. En dicho proceso entran en juego dos áreas más. El hipocampo, o memoria autobiográfica, para compararlos a procesos anteriores, y la amígdala, que procesa o es un indexador de las emociones de esos recuerdos. En el TEPT el cerebro se cicla en los recuerdos del pasado que fueron traumáticos, los cuales el córtex cingulado anterior da como “error” por la alta carga de miedo, estrés o ansiedad y los vuelve a “reenviar” para volver a ser procesados. No me he dado cuenta hasta hace unos días en que concuerda con el circuito de ipseidad (mismidad) de Sartre: “La reflexión, pues, capta la temporalidad en tanto que ésta se revela como el modo de ser único e incomparable de una ipseidad, es decir, como historicidad”. Dicho más claramente, el córtex cingulado anterior, la conciencia y la conciencia de sí o ciclado de retroalimentación, en donde se sabe conocer, sin error que detectar (sin emociones), se apercibe como memoria autobiográfica, como siendo su pasado. Pero la percibe como “objeto”, no como parte de sí misma; sin las emociones “logra” distanciarse de este módulo como fuera de él. Ve el pasado como desde fuera. Se ve, así, a la propia identidad, que es uno en tanto que su pasado, como algo externo, proceso que se capta como ese tener conciencia de sí, pues como nos dice Sartre el circuito de ipseidad no es el ego, no es yo. Si hilamos más fría y distanciadamente, se puede llegar a la conclusión que la conciencia de sí, sin ningún contenido apremiante, se toma como un todo u objeto de sí mismo en tanto que vacío o nada, y es a este proceso al que podemos llamar razón. Se entiende por razón el poder analizar las cosas fuera de la emotividad. Vemos así que este circuito es cierta forma de trabajar del cerebro, y vemos muy bien que nos puede valer el concepto de circuito de ipseidad de Sartre para nombrarlo.

   Nueva disrupción o salto argumental, hay que tener paciencia, lleva a algo al final.

   El ADN es un libro de instrucciones de “A, luego B”; de tener programados ciertos ajustes que se “sabe” que se repiten una y otra vez a lo largo de las generaciones y de las interacciones con el medio. A tal edad y si la joven llega a cierto peso, propiciar la primera menstruación. Pero este sistema es “ciego” a las condiciones externas. Para nos ser tan ciego, para “leer” mejor el medio, se valió de los cambios epigenéticos. Con este sistema activa y desactiva grupos de genes que se tratan de “adaptar” mejor al medio.

¡Otro giro!

   En el escrito anterior introducía el concepto de pulsión. Esta viene de lo sexual. Llegada a cierta edad se activa dicha pulsión como el doble deseo de ser autónomo que implicaba la búsqueda de pareja y la reproducción. En el lenguaje freudiano esta pulsión era representada por el dios Eros, que tiene como opuesto a thanatos o pulsión de muerte, término introducido por su discípulo Wilhelm Stekel, para referirse a un conjunto de hechos estudiados por Freud. Darse cuenta que el contrario del placer debería de ser el dolor, pero a partir de las vivencias de Freud durante la Primera Guerra Mundial, y de los soldados con síndrome postraumático, como otros estudios en sus pacientes clínicos, cambió dicho concepto por el de muerte, por cuanto el cerebro se “cerraba” (ciclaba) a esas situaciones de dolor y trauma que restaba todo pulsión de vida, negándola. Pues bien. En la mayoría de los casos, lo que ocurre de fondo en estos daños mentales, es que se producen cambios epigenéticos, de tal manera que estas personas quedan “secuestradas” en un nuevo estado, en donde la pulsión es de muerte o el contrario a de eros y vida. La química cerebral, el “balance” de neuromoduladores, parecen “funcionar” bajo otras reglas, finalidades y parámetros. ¿Cuáles son estos y por qué o para qué? ¿Son los pesimistas parte de este nuevo “ejército”?

   En mi libro “la imposibilidad de la razón” analizo un tipo de persona al que he llamado preconciente, que es ese tipo de persona que estoy revelando aquí. Llamo con dicho término sobre todo a aquellas personas que han tenido que madurar antes de tiempo. Que han tenido que activar la conciencia en tanto que razón, antes de la edad que se espera en cualquier humano. Encaja con esa chabacana idea de cuando a alguien se le dice que es un “espíritu viejo”, por el modo en que analizan la realidad. A la mediana edad se le llama “la edad de la razón”, pues bien, estos individuos los son ya en los primeros años de la niñez o la adolescencia. Pero no todo es tan fácilmente reductible. No todo preconciente es “pura razón”. Dependiendo de su genética se manifiestan de distintos modos. Entre ellos he incluido a los nerds (aislados por su físico y comportamiento), a los solitarios, a los rebeldes, a los artistas y a ciertos cómicos, pero también a los psicópatas. De una manera u otra ocurre por dos posibles hechos, que tienen el mismo origen, que es un  cambio epigenético. Si durante la infancia se padece un fuerte trauma, o se vive sin padres o en familias disfuncionales, se puede dar este cambio epigenético. Si el padre ha pasado por un trauma que le haya provocado un cambio epigenético, es muy posible que ese cambio lo hereden los hijos a través del espermatozoide que los engendra. En la madre las cosas aún son peores, mientras que en el padre solo pasa a la siguiente generación, si el cambio epigenético lo porta la madre lo heredan sus hijas y nietas, pues al nacer las niñas ya llevan los óvulos que les vienen dados por la madre, con lo cual sus hijas lo heredarán. La forma de vivir (como por ejemplo el estar sometido a un persistente estrés (descargar archivo), que en el humano puede venir de la conciencia de ser víctima de la injusticia social), la clase social, y el medio ambiente repercuten en la epigenética: hay una fuerte relación entre una dieta pobre y la depresión.

   Esta teoría encaja con lo que vemos de la vida. Se nace o se crece pesimista; raramente uno se vuelve pesimista, a no ser que pase por un síndrome postraumático. Una gran mayoría de filósofos son pesimistas o más negativos que otros en todos sus escritos: Nietzsche (con su voluntad de poder se quería dar fuerza primero a sí mismo), Schopenhauer, Kierkegaard, Cioran, el propio Theodor Adorno, o el primer Sartre. De Sartre y de otros se aprende que igual que se pueden activar cambios epigenéticos que activen la pulsión de muerte, se pueden desactivar por el fuerte éxito o estados prolongados de estabilidad y felicidad. Fácilmente se deduce que quien nace o desarrolla la pulsión de muerte siente la conciencia de sí como una carga, como un error; mientras que los que no tienen tal condición, los que viven bajo la pulsión de Eros, sienten y portan la conciencia como algo positivo. A cada cual con sus qualias. Sus “Verdades” nos son transmitibles para los otros, para los que no son de su misma “raza”. En la actualidad, y hacia donde vamos, es hacia la familia disfuncional, en donde se da un terreno más propicio para desencadenar traumas y cambios epigenéticos, generando a su vez más pesadumbre y pesimismo generalizado en la sociedad.

   Si echamos un ojo a la tabla de la superveniencia, vemos que este cambio, el epigenético, está dentro del “grupo” de los animales sociales, pues otros animales sociales de cerebros complejos igualmente generan traumas. ¿La evolución es tan ciega y pérfida como para generar algo que en realidad es negativo y contra intuitivo con respecto lo que se entiende por evolución? ¿o tiene algún plan? Si he de apostar por algo, ese cambio epigenético alienta al animal a un “todo o nada”. A ser más “salvajes” en sus posibles conductas o a morir en el empeño. Si esa apuesta hay que representarla a una imagen, es como cuando se está acorralado por un depredador y este animal se tira a por el depredador, o se defiende tan fieramente, que aunque herido, termina por poder huir. Otra conclusión a esta regla es que este opera distinto si se es una especie depredadora o una especie no depredadora. A los depredadores les “funciona” mejor ese “todo o nada”, puesto que o bien en soledad les va a hacer que sean más fieros, el caso de los leones o los lobos, o en grupo van o a tender a ser dominantes, o a aceptar una posición media o baja en la jerarquía. Resumiéndolo así, el cambio epigenético es una apuesta evolutiva a luchar o a morir, mediado por la pulsión de muerte, que aunque de muerte, antes es pulsión.

   En el humano se añaden tres capas más. Aparte de que somos un grupo social, tenemos conciencia por la cual tomamos “contacto” con los conceptos asentados durante la evolución en el cerebro. Creamos un nuevo nivel de grupo social, mediado por los conceptos, por las palabras, por los paradigmas, por la religiones… por el mundo de las ideas. Así si en el individuo dañado, entre los animales, es tan sólo ese “o todo o nada”, en lo humano tal concepto cobra otras nuevas dimensiones. Una de ellas es que el “pesimista”, que yo llamaría realista depresivo, pero lo dejaremos estar, ya no es un “porque sí” o pura pulsión de muerte, lo que “mata”, contra lo que lucha en la estructura de lo humano. Es la antitesis o dialéctica negativa del optimista o contra la pulsión de vida o eros. Puesto que en lo social y en el cerebro se crean muchos tipos de conceptos o patrones, esa dialéctica negativa de la pulsión de muerte se manifiesta de varias formas. Una de ellas es a través de “crear” a las personas altamente sensibles, las cuales al tener una mayor activación de las neuronas espejo, les hace tender a ser más conciliadoras. Por otro lado, como lo que se activa en este cambio epigenético es un mayor protagonismo del córtex cingulado anterior, hay un segundo grupo que tiende a la reflexión y al perfeccionismo, que se manifiesta en la llamada mentalidad divergente de los científicos y los artistas. El lado negativo de este cambio epigenético son los rebeldes, los que muestran una patología de personalidad límite y los psicópatas. Finalmente ese lado oscuro y pesimista crea un tipo de humorista, que tiende al humor negro y reivindicativo. El autismo, sobre todo el de los de alto funcionamiento, parece ser una vuelta de rosca de la evolución en apostar por la mente fría y puramente racional, frente a lo mágico e irracional de la emoción.

   En lo que me quiero detener es en esa dialéctica negativa de la pulsión de muerte. Bajo el punto de vista de un realismo depresivo lo “errado” es el optimismo. La evolución se ha valido de cientos de sesgos para “dulcificar” la realidad, que no dejan de ser formas erradas para la razón. Si el realismo depresivo “sirve” de algo es para hacer ver cuándo se equivoca en algo la pulsión de vida. O sea, se la llama pesimista desde la distancia del optimista, pero en realidad tiene un mayor contacto con la razón, puesto que su módulo principal cerebral es el detector de errores, que trabaja de una forma más afinada y crítica. Esto se hace evidente en todas las formas de expresión de la pulsión de muerte: el perfeccionismo del artista, la bondad y el sacrificio del conciliador, la frialdad del psicópata, la profundidad y capacidad para la abstracción del científico, y la sagacidad del humorista. Mientras que el optimista, la pulsión de vida, es pura acción en la vida, el pesimista es un meditar antes de actuar, aunque en ese proceso se pierda inmediatez y se gane distancia con el mundo. A destacar, entre las apuestas de la pulsión de muerte, se encuentra el autosacrificio. En los animales depredadores, en sus crías, si se da escasez estas atacan a sus hermanos más débiles y tienen ventaja de que haya menos bocas que alimentar, o incluso se las comen. El animal más cercano al humano es el chimpancé, este es algo depredador, caza monos; eso mismo se supone de nuestro mismo pasado, pues descendemos de omnívoros que añadieron la carne a su dieta, frente a otros homínidos no carnívoros que se extinguieron (mala noticia para los veganos). En esa coyuntura el humano se ha visto una y otra vez en cuellos de botella y dificultades en donde se tendía al canibalismo, ya sea de vivos o de muertos. Como somos una especie de pensamiento mágico, de espiritualidad, concebimos y recargamos al sacrificio y al canibalismo de componentes mágicos. El “éxito” y calado de la historia de Jesucristo proviene de su sacrificio, de su dar la vida por nosotros. En el “rito” de tomar la hostia, se produce una encarnación -acción de volverse (en)carne- simbólica de Cristo, por la cual nos alimentamos de su carne y de su espíritu o esencia. Hasta fechas tan cercanas como la Segunda Guerra Mundial ha habido canibalismo, sigue presente en nuestros cerebros, se volverán a dar en cuanto haya hambrunas mundiales. Se da igualmente como un tipo de trastorno, que se perfila en el carismático Hannibal Lecter, el caníbal de la literatura y el cine.

   Ya tengo todo perfilado. Aquí viene mi tesis.

   De mis escritos se deduce que el postmodernismo, más vital, y su hijo “caníbal” que es el nihilismo, pulsión de muerte, son una “conclusión” lógica de la historia. No claramente una dialéctica platónica, por la que apostó el hegelianismo y el marxismo y que devino en el materialismo dialéctico, si no tan sólo uno de esos pasos de la negación de un estado a otro y de este a otro, de una dialéctica negativa. Es un fin, de un trayecto en donde el metarrelato, el pensamiento mágico y el vitalismo han agotado todas sus posibilidades de subsistir. Ha habido unos siglos en los que Dios ha “luchado” contra la técnica, contra su sentencia de muerte, pero al final esta segunda ha vencido. Los millennials, eternamente móvil en mano, -como hijos del postmodernismo- son la herencia hedonista de un vitalismo ahora ya vacío. No necesitan fines últimos, no necesitan relatos, no necesitan un destino, un trascender. Viven encadenados en un aquí y ahora que les llene sus vacíos espirituales. No necesitan alma, no necesitan espiritualidad, la carne ya les ha de valer. Se entregan y se vacían en cada una de sus experiencias, las cuales cada vez han de ser más locas y extremas (nuevo tipo de cine de fiestas locas). Frente a este vació de lo vital ya sólo queda como posibilidad la pulsión de muerte en una de sus formas: la razón.

   En el corazón no visto del libro “La imposibilidad de la razón”, mi idea primigenia era la de optar por la razón lo más libre posible de las emociones. Pero mis propias conclusiones durante su redacción, y la lectura de la “Dialéctica de la Ilustración“, de Adorno junto a Horkheimer en aquella época, me hicieron creer que era un error. Mis propias conclusiones fueron que el Estado era un ser frío y sin emociones, el cual nos estaba llevando a la situación actual. Las de la Dialéctica de la Ilustración eran que la frialdad de la razón dieron como resultado el Nazismo y el holocausto judío. Una idea y otra me hicieron cambiar de opinión y que era un error apostar por la razón. Hoy sin embargo vuelvo a retomar mi idea central de aquellos años.

   El humano es ese que ha pasado por un evolución en donde lo principal era sobrevivir. A tal propósito se valió de mil y un sesgos. Dichos sesgos están en lo nuclear de los inicios de la civilización, con la fe en los emperadores, las religiones y el patriotismo. Se basan en conceptos tan primitivos como el seguir al macho alfa, el pensamiento mágico y la territorialidad. Si bien ha “funcionado” en alguna medida, también es verdad que ha generado más violencia, injusticia, dolor y destrucción que sus contrarios. La Ilustración nació bajo el concepto de ir derribando todo lo que tuviésemos de “primitivo”, pero no se ha llegado a lo humano, sino tan sólo a lo políticamente correcto. No a la verdad o búsqueda de la identidad humana, sino a la máscara del contrato social. No al humanismo como un estado exultante de lo humano, sino a un humanismo de andar por casa, y como premio de consolación. La falta de concreción de un camino, y ese estado falseado, no nos está llevando a nada. La Ilustración, el humanismo, no parecen funcionar como nuevo relato. En realidad porque no han comprendido qué significa ser humano y qué manada. La manada se basa en la distancia del lloro de un niño: si llora hay que ir a ver qué le pasa. No oímos y sentimos el lloro de un niño del otro lado del planeta. No es posible extender el concepto de manada a la globalización. Si así lo creemos nos estamos engañando y no entendiendo lo que nos dicen los “signos”. Preferimos cuidar a un perro o un gato, que apadrinar a un niño que no “sentimos” en la piel de nuestros sentidos más inmediatos. ¿No es esto suficiente prueba? Las personas, ante una crisis cada vez más profunda y extendida, vuelven internamente al estado anterior del metarrelato, a las creencias, a las ideologías, al populismo heredero de concepto del macho alfa (ahí tenemos el seguimiento de personas como “esquizofrenia natural“, como ejemplo en las redes, o a cantantes como Lady Gaga en la música). Pero es una postura que no funciona, porque este cambio en teoría es de puertas para adentro, en la interioridad, mientras que el humano lo es en tanto que la comunión con el grupo. El líder da luz mientras te “ilumina”, mientras te enfoca con su “linterna” conceptual, pero dicha luz se “apaga” en cuanto este no está presente. Un concierto multitudinario o un evento deportivo igualmente multitudinario, no calman la sed de sentirse unidad con la manada. Lo calma por unas horas, pero al volver a casa se retorna al vacío (soledad de alma). Una ciudad no es una gran manada. Una ciudad es el cruzarte una y otra vez con personas de otras manadas, con otredad. Se sale a la calle, a la carretera y a los espacios comunes, con una ansiedad previa de que puedes perder los nervios a la menor, con cualquier extraño. Se nota sobre todo en los supermercados y las carreteras.

   Frente al loco vitalismo del optimismo, de Dionisos…, Apolo, la razón, la pulsión de muerte, siempre ha frenado esa pulsión “loca” de Eros. “La razón obra con lentitud, y con tantas miras, sobre tantos principios, que a cada momento se adormece o extravía. La pasión obra en un instante”, Pascal. Nietzsche era la dialéctica negativa de Hegel, Adorno de Heidegger. Nietzsche erró el tiro con su voluntad de poder que era Eros, Dionisos y creó una nueva dirección hacia la destrucción, hacia la falta de freno: el nacismo y Heidegger (defensor del nacismo) fueron sus hijos bastardos. He recordado la película del caso real sobre Barry Levinson “The wizard of lies” y su estafa Ponzi piramidal; él siempre deseó ser frenado, detenido, descubierto (otro caso es el de  William Randolph Hearst , plasmado en la película “Ciudadano Kane“, el cual se metió en la dirección de acumular y acumular sin límites bienes, los cuales permanecieron sin abrir en grandes almacenes, entre ellos un monumento español reducido a sus bloques). He ahí la patología de la pulsión de vida, de Eros, cuando es vehículo sin freno. Sin su dialéctica negativa, crece y crece porque su signo es el “más y más”. Es excrecencia en donde esa exacerbación va en contra del propio sistema que lo sostiene. En el impulso de muerte no tiene sentido el “más y más”: no tiene sentido ser el “más” humilde, pues va contra su propio concepto. La humanidad al completo, el optimismo ciego, al negar a su contrario, al quitarle validez ha creado el monstruo que la humanidad es ahora, esa carrera empezó con la denominada idea del progreso y la civilización. Quizás hubo algún equilibrio entre ambos mientras el metarrelato seguía vivo, a lo largo de la historia y antes de la anunciación de la muerte de Dios. Hoy el freno ya no vale. El trastorno se ha vuelto norma en un mundo donde ni la manada ni la espiritualidad son lo que tenían que ser. En el nuevo signos de cosas, por un lado está el postmodernismo y su contrario, ahora, es un aspecto de sí mismo aún más negativo: el nihilismo. La razón tiene que prevalecer, ahora y ya, como momento de un frenado en seco. Bajo mi lectura de la historia, como preconciente, creo que el “sistema” humano “funcionaba” mientras esta se mantuvo errabundo y en manada. Pues todo guardaba el orden para el que la evolución había creado todos sus mecanismos cerebrales. El preconciente en aquella época era el chamán, la mano derecha del líder, el artista, el que se sacrificaba. No había un daño generalizado, la pulsión de muerte quedaba como una parte integrante de la manada. Más en el momento de abandonar esa forma de vida y apostar por la ganadería, la agricultura y el asentamiento, el humano como tal sentenció su futuro, hacia su fatalidad, pues la técnica, al principio rudimentaria, terminaría(ra) por matar todo cuanto era parte de aquel humano errante y en manada. En aquel inicio hay más lecturas que la simple, fallida y llana del progreso. La civilización se estructuró con la misma “arcilla”, con la misma mentalidad y las mismas herramientas mentales que el estado que le precedía. Craso error. Si en humano de manada seguía al líder, ahora en ese estado en progreso se convirtió en idolatría. Si el líder tenía ciertos privilegios propios de alguien de mayor tamaño que requería de más comida, de repente el líder se encaminó hacia los signos de status, en donde la riqueza era lo único que le llevaba a alcanzar aquella oscura meta. Mientras en su etapa errabunda la territorialidad no tenía tanto peso, ahora se tendió a la creación de imperios, donde la conquista era una premisa. Donde antes era un laborar en comunidad, de repente aparece el trabajo… tan oneroso y letal que se tuvo que apostar por la esclavitud. Había muerto, por tanto, ese precario equilibrio (con frenos, si se quiere) en las que las partes negativas de los sesgos cerebrales permanecían adormecidas y retenidas, para devenir así en un desequilibrio tan grande, en donde lo que nacía ahora era la constante sensación del desequilibrio jerárquico… en definitiva de la muerte del equilibrio y la justicia. ¿Os imagináis el ser nómadas de aquella época y que de repente te dijeran, aquí y allá, que por allí no podías pasar, porque ahora pertenecían a alguien? Hoy lo tenemos tan asumido, que ya nadie se lo cuestiona y sorprende (yo sí, como apuntaré al final). En su sentido más profundo somos descendientes de una apuesta hacia la injusticia. Nunca más la hemos vuelto a reponer. Toda la historia humana se puede analizar bajo el prisma de los intentos por volver a restituir aquella justicia primera. Nunca se ha conseguido. Ahora, con la muerte del metarrelato, aún se han vuelto peor las situaciones. Las diferencias entre ricos y pobres, entre países ricos y pobres nunca ha sido tan grande. ¡Que diferencia el ahora, de magnates invisibles de infinito poder, y el ver una serie como “Vikings” -u otras de ese estilo- en donde el rey aún andaba entre sus ciudadanos…, y que gran diferencia de ese paso con respecto a las tribus de cazadores-recolectores que aún quedan!

   Hoy más que nunca es necesario la voz de la pulsión de muerte, de los agoreros, del segundo proceso de la dialéctica negativa. Necesitamos reconocer nuestros “pecados”, todos los fallos que hemos cometido en el pasado desde esa primera germinación intencionada del trigo, y encaminar el futuro a restituir aquella justicia primera antes de las situaciones posteriores. La razón ha de prevalecer. Se dice que la IA (inteligencia artificial) no es posible en una máquina no sintiente, ¿y qué es sino el Estado? Este es un ente abstracto que en sí mismo se parece más a una máquina que a un ser humano. Pero prefiero la justicia fría de la máquina, que las argucias del poder y demás sesgos negativos asentados en el cerebro humano. No quiero la limosna de los hombres y las organizaciones bondadosas, prefiero que el Estado, por el sólo hecho de ser ciudadano, y en tanto que el “culpable” de la escasez del trabajo no soy yo, y sí este tiene parte de la culpa, equilibre la justicia y me proporcione un dinero para sobrevivir con dignidad. Si no hay trabajo para todos, hay que sumar racionalmente todas las horas de trabajo y dividirlas por todos los potenciales trabajadores. No que haya que luchar contra otro ser humano por un mísero trabajo considerándolo en el proceso otredad. No quiero luchar, no quiero otredad con mi vecino, quiero ser un igual entre iguales, un ciudadano entre ciudadanos. Recuper el alma de lo que ha de ser una comunidad, una manada.

   En fin, lo que propongo es reconocer que el humano era “válido” para su estado en tanto que manada. Su situación y su cerebro eran unidad… era para lo que había evolucionado. Ese equilibrio se perdió en cuanto perdió su condición de cazador-recolector y nómada; en cuanto se apostó por los asentamientos basados en el “esto es mío”, sin que el resto tuviera la oportunidad de decir “esta boca es mía”. Se ha de desechar y educar en el saber de todos los sesgos y neutralizarlos lo más posible. Donde hubo una educación ética esta ha de ser sustituida por ese nuevo camino donde aquel primitivo humano quede “desnudo” de cualquier pretendida grandiosidad, que en la actualidad a mí se me presenta constantemente como fatalidad, como pura banalidad y vacuidad. La situación actual es la lógica de lo que el humano es, no hay culpables externos. Si Dios murió, también lo hizo el diablo. Si es posible el mal es porque es parte de nuestra naturaleza, de nuestros constructos sin frenos. No hay que volver atrás, a una vida sencilla, basta poner como meta la justicia. Basta con que el Estado vuelva a recuperar el poder, que ahora mismo ya lo ha perdido, y controlar para que el rico no supere cierta riqueza, y controlar que no haya pobreza. Hay que tender hacia la clase media. La educación y el resto de instituciones no tienen que caer en manos privadas. En definitiva que la razón es la que ha de tomar el poder y es esta la que tiene que gobernar. Si esta triunfa ya no harían falta organizaciones de ayudas humanitarias…

   Rápidamente me dan ganas de callar. Ya la “queja” (antes llamada reivindicación) no tiene sentido, el freno ya sólo deviene en nihilismo, pues la pulsión de muerte ha comprendido que todo es cuestión de sistemas complejos, donde estos están condenados a seguir sus nuevas reglas. Este nuevo sistema, el actual, tiene dos “protagonistas” o dos voces o actores. De un lado están las multinacionales, y de otro la masa, Pan. Los extremos se tocan. Interactúan entre ellos ignorando el resto de agentes. Pan, la masa no intelectiva, la pulsión de vida en tanto que tal y bajo el fatídico “más y más”, no cuestiona a las multinacionales, sólo quiere vivir, expandirse. Integra a estas como partes de su identidad: la comunidad iPhone, Microsoft, Samsung, etc. No acepta o tiene entre sus parámetros el autosacrificio, sólo es excrecencia. Esa masa es la fuerza que los partidos tienen para ganar: el poder (Estado y multinacionales) las “escuchan” y sintoniza con sus voces. Baste un ejemplo para entender este nuevo trama de los dos opuestos. Una cosa es el feminismo intelectual, y otra muy distinta la interpretación de la masa, del total de las mujeres, sobre esos conceptos. Al igual que son muy distintos los “mansajes” de la ciencia sobre el principio de incertidumbre, la relatividad y el gato de Schrodinger, que la interpretación y las sandeces en las que lo convierten la masa. El político “escucha” a la masa, pues le interesa sus votos, de tal forma que lo que se vuelve en lo políticamente correcto, lo que se generaliza en los social, no es la idea de las feministas intelectuales, sino la interpretación o versión vulgarizada de dichos conceptos. Tenemos así, que el feminismo asentado, y ya legitimado por las leyes, es aquel que quizás no tenga que ver nada con lo que pensaron esas feministas de base e intelectuales. Hoy en día esas fuerzas de la masa, son sobre todo las redes sociales, se les teme (primavera árabe, por ejemplo, o la “llamada” para ir contra el PP en España en las elecciones del 2004) y no les queda otro remedio que escucharlas. En las redes sociales se crea una realidad paralela, que en muchos casos no “sienten” (ven) los ciudadanos de a pie menos “conectados”. En la redes sociales hay una guerra de la mujer contra el hombre, a la que el hombre al final ha contestado, llegando a la total irracionalidad del “conflicto”. Ese conflicto virtual “se vuelve calle” cuando esa guerra es llevada a cualquier terreno de la sociedad, de las vidas, de los espacio reales. Tenemos así ese nuevo sistema complejo de poder y estupidez, donde el intelectual, el vocero, el pensamiento negativo y de freno, ya no es, ni quiere, ser escuchado. Bajo las nuevas reglas de este sistema, se crean conceptos como el de “persona tóxica”, concepto en el que perfectamente encajaría Nietzsche. Al igual que hay una guerra de la mujer y el macho, hay una guerra abierta y declarada entre optimistas y “pesimistas”. Se crean conceptos vacuos, herederos de la templanza cristiana, y el de “la verdad está en el medio de los contrarios” de Aristóteles, ahora llamado inteligencia emocional. A la idea natural de sobrevivir, propia y connatural de la pulsión de vida, ahora la llamamos resilencia. ¿Quién está creando este nuevo “diccionario”? Tanto las multinacionales que las divulgan, con su poder sobre los medios de comunicación, como la masa que no lo cuestiona. Para plasmar en una imagen a lo que hemos llegado, a esto que trato de mostrar, es como si el macho alfa de una manada de chimpancés, se aliase con los más flojos y “tontos”. Ganarían algo ambos, está claro, pero ya no habría una verdadera dialéctica negativa, sino simple y pura dictadura del macho alfa alentado por la debilidad. Se supone que en la manada están los machos beta, el conciliador, también el mano derecha del alfa, que son la dialéctica negativa de las fuerzas generadas. ¿Acaso no es eso lo que estamos notando en lo que ahora llamamos una democracia fallida? A partir de la apuesta por la “civilización”, de la salida del anterior estado, empezó a germinar ese constructo de los dos opuestos: poder y masa, que hoy ha tomado por fin su verdadero cariz. La dialéctica como narrativa (héroe, Dios…) como el juego de tesis, antitesis y síntesis, era el “cuento” que relató el poder y sus intelectuales (secuaces), a la masa infantilizada y estos se creyeron. Al poder no le interesa la muerte de Dios, su más importante relato, pues es aquel que sustenta todo metarrelato. De esta manera se le disfraza (a lo largo de la historia) de una y mil formas: la música de las esferas, el Ser de la ontología… hoy en día en lo pan- (en tanto que prefijo) idealizado del concepto humanidad y su hija que es la globalización.

   Otro signo de esta época son los científicos, como bien nos dice Kaczynski en su libro “La sociedad industrial y su futuro“. En su sublimación de pulsión, se vuelcan en sus investigaciones, sin pensar en las consecuencias. Se supone que si se investiga en alargar la vida o la inmortalidad, después se pondrían sobre la mesa “ética”, la cuestión de qué hacer con ese saber. Eso es no haber entendido al humano y a la historia. Si se descubre tal cosa, no la retendremos, no se impondrá el sentido común o la moral, ni la lógica, seguiremos ese camino, pues ya hemos dado el paso en esa dirección. De otra manera, más fatídica, harían uso de ella los multimillonarios con sus consiguientes posibles distopías. La globalización ha creado nuevas paradojas, que más que soluciones han creado nuevos problemas. Si se ve el documental “Sobrecargados“, que trata sobre el transporte marítimos de mega-buques, veremos que es de nuevo el ir en esa dirección de validar a las multinacionales y los millonarios, y la nueva lógica del poder aliado con la estupidez, con la masa devenida en consumista.

  Ya callo. La metáfora habla de signos, pero quedan transmutados bajo nuevas condiciones (ideologías, religiones, paradigmas). Eso es lo que siempre han sido los conceptos (patrones) cerebrales: prostitutas de usar y tirar, que nadie se molesta en entenderlas en profundidad. Quisiera creer que la razón bien entendida fuera un nuevo camino, pero no será así. Que tuviese un nuevo protagonismo en lo humano, pero por mi último párrafo se deduce que en realidad es su contrario el que triunfa: la estupidez. ¿Por qué? Porque se está haciendo callar al intelectual o ya no se le quiere oír. Porque es más fácil ver un vídeo de YouTube que leer y entender este escrito. Porque lo accidental o fáctico que es el móvil “obliga” a Pan a sólo “consumir” aquello que tenga una App, que sea fácil de usar y que sea la más usada: sea Twitter, Facebook o YouTube. Porque es fácil parecer inteligente ante la masa en un medio como YouTube. Porque el “troleo” puntero en una crítica mínima hacia alguien sesudo activa el sistema dopaminérgico de recompensa de las personas “trolls“. La masa ha asumido la muerte del metarrelato y le da igual, eso es el postmodernismo. Llegados a ese extremo la dialéctica negativa, al ser empujada más a su lado negativo y ya sin freno de sí misma, se vuelve nihilismo puro y radical. Negación de todo, negación de la negación de todo, que es lo que es el postmodernismo.

“Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que primero hablaban solo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Ellos eran silenciados rápidamente y ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel. Es la invasión de los idiotas”. Umberto Eco

   Quiero terminar con una radicalidad. En otro lado escribí que qué significaba nacer en un país, si nada te pertenece realmente. No te dan un lugar y un espacio: tienes que luchar por él, lucha en la que no todos creen o sienten como propia, en su modo de entender el mundo. Yo me considero un heredero espiritual del nómada, del errabundo. De aquel que se tuvo que quedar quieto, que ya no podía andar, porque todos los espacios pertenecían a alguien que había dicho “esto es mío”. Me reivindico como una especie, la original humana, en peligro de extinción. ¿No tengo derecho a ser llevado a un parque natural, como cualquier otro animal, para poder sobrevivir? A aquellos que nunca aceptaron el “esto es mío”, que no quieren luchar por una pertenencia, se les tendría que otorgar un gran espacio natural donde vivir en armonía en la naturaleza. Ya sé, una utopía, pero romántica y con mucho sentido.


(1) “Un bosquejo de la emociones”, Jean Paul Sartre.
(2) En la trastornos y las enfermedades mentales repercute mucho una buena genética, que repercute en la “calidad” y la buena funcionalidad de las células o neuronas gliales, pues estas son la que dan el soporte del cuidado y el mantenimiento de la limpieza (de los desechos, que suele darse al dormir, de ahí la importancia del sueño) de la metabolización del cerebro.
(3) Un ejemplo que muestra qué es emergencia es la poesía. Cuando se dio el habla inevitablemente el humano se percató de la cacofonía (que poco coco come, -cada vez que lo pronuncio me entra la risa-). Eso que en literatura nos dicen tenemos que evitar. Pero a la vez el humano la usó para el canto y más tarde para la poesía. Una vez que este “sistema” emerge tiene sus propias reglas. Nace del habla, se asienta como un tipo de literatura, pero en el proceso se ha creado una nueva capa de reglas, pero reglas que no forman parte de los sistemas de los que emergió.

   Enlace complementarios sobre los cambios epigenéticos y trastornos, desórdenes y enfermedades mentales:


(Este es mi último escrito que publico, pues me mantengo en no entrar en la lógica del sistema. Que no se quiere tener en cuenta el otro lado de la pulsión, de la dialéctica negativa: sea. El paso del siglo XX al XXI es un proceso donde el intelectual -el verdadero, no los nuevos trabajadores del “nuevo diccionario” como Coelho-, han terminado por aceptar el callarse o el ser ignorados. En breve iré pasando todo los escritos de “lo que es y lo que (a)parece” a este blog, y al final lo convertiré en un PDF que compartiré libremente.)

Lo que Es y lo que (a)Parece XXXVI – Sobre la Edad (Un Acercamiento al Dilema de la Identidad) II

   Ayer, cuando escribí el anterior artículo, estaba cansado. El cuerpo es un equilibrio, donde la memoria trabaja peor por el cansancio… facticidades. Me dejé cosas en el tintero, algunas a posta, pues todo escrito sigue unos trazos que el buen escritor ha de saber interpretar, y en donde no tiene que romper adonde le llevan tales trazos… de nuevo facticidad.

   Un inciso. Iba a poner esto que sigue en una nota, pero en muchos casos no se leen o se dejan para el final (facticidad). Como es parte necesaria para entender el presente escrito, y mi línea argumental, lo incluyo aquí. En filosofía facticidad es el carácter contingente -que pueden ser o no ser- de algunos hechos. Contrario a necesarios, aquellos que sólo tiene la condición de tener (hacerse) ser. Un ejemplo, una manzana mientras se mantiene en su árbol crece: necesario en filosofía, sigue su naturaleza si se quiere, es el “plan” de ser manzana en un árbol. Un día de una fuerte tormenta y viento la puede hacer caer sin haber madurado: accidente, contingente, facticidad. Si bien yo uso el concepto facticidad en el sentido existencialista de Sartre. Una facticidad se “convierte” en una nueva línea fatídica. Una vez que la manzana cae no puede volver al árbol, puede ser recogida y llevada a una casa, a la espera de que madure y ser comida, o puede simplemente pudrirse. Se da por lo tanto una atenerse a una nueva situación, algo así como una maldición o algo fatídico. La vida natural de un animal es necesaria, sigue su “rutina”, todo que le pueda suceder sucede necesariamente, incluso ser cazado, si es un animal es presa en su condición (gacela en una sabana de África). La facticidad no ocurre. Sí, si por ejemplo una cría queda abandonada porque su madre ha muerto. En el humano casi todo es facticidad, pues lo único necesario es que crezca, madure, se reproduzca y muera. Hemos alterado tanto la naturaleza, pasado por tantos accidentes, contingencias, a las que llamamos cultura, que somos esa manzana caída que ya sigue otro tipo de “suerte”. La historia es nuestra naturaleza, como decía Octavio Paz. Mismamente algo crucial como la niñez, que se supone (necesario) que siempre es el estar largo tiempo con los padres, ya no es así. O se es adoptado, o sin padre, o sin madre, con un padrastro, madrasta… En la época Victoriana se les abandonaba en las calles a su suerte o eran llevados a orfanatos. La niñez humana ha pasado a ser en la mayoría de los casos contingente, facticidad. Se vuelve una condición fatídica, bajo mi punto de vista, porque esa niñez ya está truncada, todo su yo se construirá a partir de esta raíz, y esa persona ya no será “normal”. Aunque, de nuevo por contingencias, puede que sí.

   Mi tesis, que puede que no esté claro en el anterior escrito, es que el yo es pensamiento mágico, pues es un constructo que ha creado la evolución para que el cerebro trabaje con la idea de que en este hay un agente que es el que lleva las riendas tanto del cerebro y el cuerpo, como de la vida de ese individuo. Este subterfugio pretende aliviar la ansiedad que es vivir en un mundo de caos, de azar, que ese ente es el que tiene el control de todo. La vida es un estado controlado, de forma momentánea, del caos. “Construye” algo que en teoría estaba llamado a seguir el segundo principio de la termodinámica. Si uno hecha un terrón de azúcar en leche caliente, enseguida entra en juego esta ley y sus moléculas se disgregan. No hay ningún momento en el cual por azar se vuelvan a agrupar para volver a formar el terrón. En la muerte vemos el cómo actúa la segunda ley de la termodinámica sin el “componente” que es la vida, en fin, que nacemos del polvo (frase para el chiste fácil en España) y volvemos al polvo (que en realidad debería decirse tierra, la palabra hombre y humano vienen de humus, tierra). Vida y control es una tautología, una misma forma de hablar de una misma cosa. Pero el caos es inevitable. Todo animal vive sin tener conciencia de esta ley, de esta regla del universo. El humano es sobre todo conciencia, saber que sabe. Como la conciencia no nació de un día para otro, se supone que evolucionó y junto a esta evolución nació el saberse en un mundo de caos. Por un proceso lento y seguramente de miles de miles de años la evolución hacía su juego. Un individuo que fuera consciente de estar en medio del caos viviría con una constante ansiedad (hoy tenemos este tipo de personalidad en hipocondriacos y fóbicos), esa ansiedad le llevaría a ser taimado y tener una menor pulsión, luego era muy posible que no se reprodujera, que las hembras no le seleccionaran, luego lo que se reproducía eran aquellos individuos en los cuales el cerebro creara nuevos mecanismos para “ocultar” esa verdad. Por lo menos en los primeros cientos de miles de años, en una condición más cercana a la animal que a la humana. Tiempo suficiente para que la evolución reglara a esas nuevas adaptaciones como parte de nuestra naturaleza.

   La regla que he planteado en el escrito anterior no está grabada a fuego, no es necesaria. Las generaciones actuales de jóvenes se toman menos seriamente a sí mismas (por lo general, tampoco es regla y depende de la cultura donde se nazca). Se ríen más de sí mismas. Pero una segunda lectura es que no terminan de madurar, de pasar a esa segunda fase de rotura total con los padres, pues viven más tiempo con estos y no terminan por abandonar el nido. Por otro lado la madurez, en la mayoría de los casos, no es esa disgregación del yo, como apuntaba en el escrito anterior, sino una rigidez del yo. Pero esto no destruye mi tesis, sino que la confirma. Esa rigidez se debe a que el yo es menos maleable (la neuroplasticidad se va perdiendo con la edad), por un lado ya que esa persona termina por aceptar ese estar situacionado en un mundo que ya sabe cómo es, y este ya no tiene fuerza para luchar contra la mirada de los otros y dicha situación. Tampoco siempre es una derrota, que es lo que se deduce del punto anterior: en muchos casos acepta de buena gana su situación en el mundo, pues es la que le gusta, la que desea. No hay naturaleza, no hay rigidez, no hay reglas escritas a fuego, por las cuales sacar conclusiones morales válidas para todos. Cada cual sabe en lo más íntimo si su vida es una derrota o una victoria.

   Me voy a valer de dos series para desmadejar estas ideas… por lo tanto spoiler. El primer spoiler es un destripado total, saltarlo los que quieran ver la serie. “American Vandal” sigue la investigación de una gamberrada: alguien ha dibujado penes sobre los coches de los profesores con pintura en spray. Todo el trama se desmadeja en tratar de demostrar que el inculpado es inocente. En todo instituto hay una persona que es la más gamberra. Sobre esa persona es en el que uno piensa en cuanto se descubre un nuevo acto vandálico, a así ocurre en la serie, todos implican a esta persona. Todas las pruebas aparentemente apuntan en esa dirección. La serie cuestiona en qué medida esa persona es gamberra por sí misma o lo es porque es lo que los demás esperan de él. También cuestiona el que uno, su cerebro, distorsione incluso lo que ve para que coincida con lo que él quiere creer. No desentraño el final, lo iba a hacer pero fácticamente no me ha sido necesario (estoy haciendo un uso excesivo de necesario y fáctico, para que se vea como se usa y aplica: una pequeña lección para iniciados).

   La segunda serie es “Mr. Mercedes“. En esta serie se nos perfila el típico psicópata con una relación compleja sado-masoquista, e incluso incestuosa, con su madre (no acta para morales sensibles). El personaje ha creado una total dependencia de su madre, de tal manera que en el capítulo seis, en donde la madre intenta tomar las riendas de su vida, tratando de dejar la bebida, provocan que este se ponga muy ansioso, pues esta ha desaparecido a primera hora de la mañana y no coge ninguna de sus llamadas. Al final el hijo “obliga” o le hace ver a su madre que es mejor que beba alcohol, por su bien, cuando su intención es mantenerla en el mismo estado de siempre y a su disposición; la escena final de ese episodio es una imagen del hijo psicópata celebrando su victoria a expensas de la sanidad de su progenitora.

Fin Spoiler

   ¿En qué medida “creamos” nuestra vida con estos tipos de dependencias?, ¿realmente se es autónomo alguna vez? En otras películas vemos como uno de los cónyuges usa el provocar el embarazo para atar a la otra persona a una situación (“Revolutionary road” y otras, esta es especialmente esclarecedora sobre todo este proceso). O en otra el hacer que se case para verse más comprometido con el trabajo (Pactar con el diablo). ¿La sociedad al completo no está creada como trampa?, ¿acaso la propia evolución no nos pone esas trampas? La belleza es una trampa, la usa para la procreación y para que nos “atrapen” los encantos de los hijos. Es una máxima en el mundo animal complejo la belleza de los retoños, de facciones más redondeadas, y ojos y labios más grandes. El encanto y la labia son trampas… el buen porte, los labios carnosos, el mentón cuadrado y prominente de los hombres, los ojos que eternamente parecen entrecerrados… ¿qué no es una trampa? ¿La vida es aceptar esas trampas o ponerse en sobre aviso con ellas? No hay ninguna verdad en ninguna de las elecciones, ni tampoco son verdades para toda la vida. En una época renegamos de las trampas, y en otras las aceptamos como buenas. Todo es qualia, contingencia y facticidad. Somos cerebros que se adaptan a cada recoveco de la vida, como el mapa al terreno en la metáfora usada por Foucault en “Las palabras y las cosas”. Somos cerebros en los que antes del yo está el resolutor de problemas. Si una solución es válida para explicar mi aquí y ahora, es válida per se. Lo que “obliga” a reconsidera y reconstruir ese yo (la autoimagen y esta ante los demás, con nuevas explicaciones) ante tal aceptación y adaptación.

   Descubrimos así una nueva faceta del yo: es a la vez cornamenta y cola de pavo real u ornamento. Cornamenta primero, pues lo negativo siempre es más prioritario en la evolución (primero sobrevivir que procrear). Es un “aparato” o parapeto de defensa, primero, como ya hemos descubierto, sobre el caos exterior, parapeto en cuanto trampa creada por el cerebro/evolución para hacernos creer que tenemos el control. Segundo en cuanto cornamenta ante el otro. Entramos de lleno en lo que ha de ser una autonomía, una libertad. Si no marco mi terreno, si no me muestro fuerte, estoy a la disposición del otro, al igual que le pasa a la madre en la serie Mr. Mercedes. La cornamenta en la naturaleza (por lo general) no sirve para atacar o para matar, sino como aparato visual disuasorio a tener en cuanta. Uno modula (adapta) su yo dependiendo de la situación. De igual a igual no hacer nada, ante una cornamenta enorme bajar la cabeza en cuanto se nos muestre agresiva, ante una cornamenta pequeña depende de la “moral”  de cada uno y la situación del momento (la soberbia de algunas personas nos vuelve “pasivo-agresivos” contra ellos: el caso de Yoli en GH18, que ha sido nominada por este hecho, siento si a alguien le molesta que recurra a GH, se aprende mucho de este reality, y se puede recurrir a él para poner ejemplos claros y a la vista de todos). Lo segundo es que el yo es ornamento. Nada más estrafalario que los “ornamentos” de los yos de los jóvenes.  Sobre todo en la actualidad, donde los padres ya han perdido la legitimidad de ser tenidos en cuenta, hoy más que nunca no son escuchados, estos además se han “rendido” (factico) ante la idea generalizada en la posmodernidad de que han de ser unos padres tolerantes y “postmodernos”. En GH 18 vemos uno (o dos) de esos ornamentos tan, tan estrafalarios que internamente no nos queda otra que reírnos a carcajadas por dentro, pero que por lo políticamente correcto no lo hacemos hacia afuera. Una cosa es tener cierta originalidad en el yo, la liminalidad es una regla en la evolución, y otra muy distinta es serlo sólo en el aparecer. Todas estas reglas o conceptos nos son inventos del humano: algunos animales avisan que son venenosos en lo exterior, y otros falsean esos comportamientos y exteriores, cuando en realidad no lo son. En definitiva que en algunos casos el exterior es un aviso del interior, pero en la mayoría de ellos tan sólo es pura extravagancia y aparecer. ¡En la actualidad estamos perdiendo la sensatez, el guardar el equilibrio!

   Otra de las cosas que me faltaba decir, en el escrito anterior, era que esa “muerte del yo” no es un estado de cero o uno (a veces sí, como nos muestran las películas “Un día de furia” o “El Sr. Wakefield“), es un proceso en desarrollo. Se va descubriendo esa falta de legitimidad del yo en contradicciones insalvables, en adaptaciones en donde es más clara la explicación, racionalización, que el hecho en sí. Por otro lado a lo largo de la vida se va aceptando que el azar y el caos tienen mucho que ver. Que la vida es pura facticidad, puro caos. El cerebro comprende que el engaño no se puede mantener ante tan claras evidencias. Se comprende, en fin, lo que nos dicen en la serie “New girl”, donde alguien afirma: “siempre digo que las cosas pasan por una razón, y esa razón es el azar”. Eso no quiere decir que no se pueda tener algo de control, que las elecciones no cuenten. Quiere decir que somos como esa manzana caída que piensa u actúa a partir siempre de las cambiantes situaciones accidentales (contingentes) o azarosas. De nada sirve decir que un yo controla toda la acción, pues eso sería como decir que el azar no existe, cuestión que no es pensable ni para un ser como Dios, el cual no hizo otra cosa que irse adaptando a los aconteceres de sus criaturas (comes la manzana luego esto; pecas, luego diluvio; pacto luego no más diluvios; os traigo a Jesus, lo sacrificio y cambio el pacto…) Somos, así, “caña pensante” como nos decía Pascal, o bambú que se adapta a los fuertes vientos, como nos dicen las religiones orientales. Las frases tales como “soy una persona que se ha hecho a sí misma”, son pura cornamenta (se creen superiores, soberbia) y es puro ornamento. ¡Pero funciona como autoengaño!, tanto que la sociedad actual la tiene como uno de sus mantras y es una de las causas de la actual situación de seres puramente soberbios en su aparecer, que muy posiblemente no serán de acero, como quieren creer y hacernos creer, sino que estarán hechos de simple y blanduzca mantequilla.

   Creo que ya no me dejo nada en el tintero, y en tal caso reescribiré este artículo, pues al ser menos lírico que el anterior, deja más opciones de ser “tocado”. De lo que nos habla Carrey, o yo mismo en mis escritos, es de cierto estado en donde uno por fin comprende y asume que es esa caña pensante. Que el yo es un constructo cerebral/evolutivo y social: comprende que librarse de él es una liberación. Comprende que ha comprendido este hecho, pues de eso se trata la conciencia de si en su nivel más abstracto y primitivo. No en saberse ser y creerse un yo, si no saberse como puro saber que se sabe, donde ya no hay contenido, sino simple y llanamente adaptación. Somos seres “obligados” por las circunstancias, yo me he visto “obligado” a escribir esta segunda parte. Dije que sólo iba a escribir un artículo más y van más de cinco, las circunstancias me “obligan”. Esta mañana me he visto obligado a ponerme música, pues en la calle hay una máquina que está arrancando el asfalto y ese ruido es potente, penetrante e insoportable. La cuestión que plantea Jim Carrey, al final de la entrevista, es que sigue siendo un ser, pues en nuestra facticidad nos hemos de comprometer con nuestras circunstancias (hecho al que llegó Sartre en su compromiso). El caso es si una vez aceptas esta “verdad” la amas y la abrazas como “buena”, o simplemente la sientes como una cadena y por lo tanto una condena. Sólo es posible la felicidad si amas tus cadenas, si amas tu vida, si amas tu situación… si amas tu facticidad. Esa es la apuesta más general, el rebelde nunca lo hará o siempre se lo cuestionará. El protagonista de “El Sr Wakefield” al final vuelve a casa, sin saber la suerte que le espera. Por el contrario el protagonista de “Un día de furia” “elige” su fin, cansado de luchar contra todo, en un mundo en donde todo es facticidad y caos.


Otra entrevista de Jim Carrey similar. No hay que estar al 100% de acuerdo con él (estoy empezando a pensar si tiene un maestro oriental).

 

 

Lo que Es y lo que (a)Parece XXXVI – Sobre la Edad (Un Acercamiento al Dilema de la Identidad)

  “Cordura viene de cuerda y la cuerda de atadura, no confundas las palabras con una cuerda que como bien sabes solo sirven para atar y colgar.” Don Juan en los infiernos

   Mis escritos siguen varias líneas argumentales que en muchos casos se cruzan y ni siquiera se miran. Voy a tirar de uno de esos hilos argumentales para ver adónde va.

   Hago un breve resumen, a modo de lo que hacen las series sobre los capítulos anteriores. La ciencia (o ciertos científicos) nos dicen que el cerebro tiene su propio lenguaje, que no es la palabra: a ese lenguaje se le ha llamado mentalés. Por otro lado yo he llegado a la deducción a que la evolución ha creado patrones cerebrales (patrones enquistados) que están entre los que más tarde el hombre ha denominado conceptos (aclarar que no todo concepto tiene este “nacimiento”). Kant hizo un gran trabajo al describir una gran cantidad de esas estructuras. Si bien se limitó a quedarse con las cognitivas (más tarde las morales), en cómo conoce el cerebro el mundo y los límites de ese conocer. El psicoanálisis “descubrió” otras, más “truculentas”, si bien cayó en bastantes errores en sus interpretaciones. En la actualidad las neurociencias nos hablan de otras, casi todas bajo el aspecto de sesgos. Dando un giro a la continuidad del escrito, el hombre llegó a la palabra y cayó en el error de dar más importancia a estas que las propias estructuras de donde nacían, su fuente, el cerebro. La evolución, en su ceguera, “juega” en equilibrar el peso que es el ser consciente uno mismo del dolor, de la injusticia y la propia muerte. Para ello crea otros mecanismos y estructuras del cerebro como la espiritualidad y el pensamiento mágico. En esa misma dirección crea el espejismo de identidad a la persona en tanto poseedor de un yo, o homúnculo que es el que tiene el control tanto de su cuerpo y comportamiento, como de su vida. ¿Es todo este mecanismo parte o “restos” del pensamiento mágico?, esta es la pregunta que trataré de contestar en este escrito.

   Pensamiento mágico y cultura forman una unidad. Nada dice al macho(1) humano cuando es adulto, quizás es algo distinto en la mujer, aunque de igual forma la primera menstruación tampoco quiere decir que ya sea fértil y por lo tanto mujer adulta. Todas las culturas antiguas coinciden en los ritos de paso, aquellos por los cuales una persona pasa desde una “identidad” a otra. Aquí vemos que la identidad individual está ligada a ciertas cuestiones sociales. Uno mismo no decide que es adulto, lo “decide” la sociedad bajo sus normas y parámetros. Hoy en día las cosas no han cambiado. Está determinado por ley cuando se es adulto. Entre aquel paso primitivo y el actual por ley, estuvo el cristianismo, por cuanto la confirmación era el sustituto del rito de paso de joven a adulto. En la naturaleza existe igualmente ese paso: saltar del nido, abandonar la manada(2), etc. O sea que muy posiblemente el humano creara los ritos de paso como sustitución a aquellas reglas naturales, que ya no eran tan visibles pues los hijos se mantenían en la tribu. En la naturaleza el “abandonar el nido” quiere decir que ese ser ya es autónomo, que ya se tiene que valer por sí solo. En lo humano, entre las tribus, no necesariamente quiere decir lo mismo, pues en la tribu elaboraban, cazan y recogen frutos todos para todos. Entonces, ¿qué quería decir y para qué?, con qué finalidad. ¿No sería como para activar algún mecanismo cerebral?, como el activar un interruptor por el cual desde ese momento todo hubiera cambiado. ¿Qué cambia(ba)? Cuando se hacía este rito de paso uno se sentía orgulloso, más grande, pleno, ese día su rostro irradiaba felicidad.

   Yo propongo que el cambio es (era) hacia una autonomía de la propia identidad. Mientras que en el estado anterior uno se sentía como parte de la identidad de la madre, como una extensión larga del seguir unido por el cordón umbilical a la madre. En el momento de ese rito se producía la rotura de dicho cordón fantasma, se volvía a nacer ahora ya con la propia identidad. En España, en alguna región, este nuevo nacimiento se lleva a cabo haciendo pasar al joven entre el tronco de un árbol, al que se le ha cortado en lo vertical, a modo de vagina, para al final volver a unir esas dos mitades, como para que no se pueda volver a cruzar. Si se analiza a su nivel más llano, lógico, el humano ha sustituido en lo cultural algo que tendría que ocurrir en lo natural. Aún hoy seguimos usando el concepto de salir o saltar del nido a nivel coloquial.

   ¿Hay una química cerebral que cambia en este proceso?, algún rastro físico. Un ave, una vez que salta del nido, “quiere-ama-busca” sus propios fines. Tiene que darse algún cambio físico para que esto sea así. Quizás la auto-identidad adquiere otros nuevos tintes, pero ¿bajo qué parámetros? En la naturaleza en cuanto uno es autónomo ya lo es para formar pareja y/o para procrear. Nace por tanto la pulsión de crear descendencia, una nueva vida. Entre los cazadores-recolectores primitivos sería igual a lo natural, pero hoy las cosas ya han cambiado. Hace mucho tiempo que son distintas. No se puede entender al humano si no tratamos de reducirlo a su naturaleza, no se puede entender la actualidad si no comprendemos que todo obedece a algo, que tiene algún origen básico y sencillo. A ese impulso como ser autónomo al que se llega a cierta edad, que no tiene otra “funcionalidad” que el de la reproducción, le llamaré pulsión. Dicho concepto es el que utiliza el psicoanálisis, si bien yo lo utilizaré quitando casi todo posible “bagaje” de esta doctrina, coincidiendo con esta en algunos puntos. El humano no “vive” esa pulsión como una necesidad de tener sexo (algunos sí y sobre todo a cierta edad), la siente como una fuerza impulsora que le alienta a hacer algo, a permanecer en movimiento, a un estado permanente de inquietud. Ese impulso es al que se le puede llamar pasión, “voluntad de poder” en Nietzsche, “proceso de poder” en Ted Kaczynski, “voluntad de vivir” (ciega) en Schopenhauer y simple voluntad en Heidegger. Prefiero el simple concepto de pulsión, pues se ve libre de palabras y conceptos confusos tales como voluntad y poder. Sea como fuere, unos y otros, aunque con distingos conceptuales, pienso que hablaban de lo mismo. El lenguaje (cultura) siempre está poniendo o dando una palabra a algo en el cerebro, a algo que está ahí asentado. Fijarse que dependiendo de cómo se interprete ese impulso vital (vitalismo), que no deja de ser más que un instinto como apunta el psicoanálisis, puede ser llevado de aquí para allá, como para crear unas posturas, conceptos y doctrinas muy distintas. El humano es así: conceptualiza y le da unas dimensiones ideológicas a ciertos patrones que son en realidad muy sencillos. Complican lo sencillo, para dar razón a sus teorías, a sus filosofías. Pienso que la más acertada de todas, la más honesta, es la visión de Ted Kaczynski, quizás porque coincide más con mis puntos de vista.

   He dicho que el humano no siente de forma consciente esa vitalidad como puramente sexual, que la siente como un simple empuje o vitalidad que le hace sentirse vivo, despierto, ávido de novedad, de deseo de buscar. A esa totalidad de comportamientos la llamaré sublimación. De nuevo me acojo a un término del psicoanálisis. ¡No me voy a poner inventar términos cuando ya existen cercanos a los de mis ideas! Ted Kaczynski lo llama “actividades sustitutorias”. ¿Es reducible el humano a que toda su vida sea una pulsión sublimada? Según el psicoanálisis sí. Se cuenta que a la mayoría de los deportistas profesionales se le pide no tener sexo unos días antes de los eventos importantes. Otros dicen que tienen sexo la noche anterior y les va mejor. ¿Hay algo intangible ahí que no tiene porque ser cuantificable en análisis médicos y que no sea reducible a una bajada de la testosterona en el hombre? La filosofía tántrica tiene como una parte de su forma de entender el sexo la no eyaculación. Quien sea adicto al sexo, o haya hecho un uso excesivo alguna vez, nota una gran bajada en el ánimo (ánima, alma), algo similar a un estado deprimido. Por otro lado está el llamado periodo refractario (el período de tiempo desde un orgasmo hasta que se vuelve a sentir excitación) que cambia con la edad. En todos estos ejemplos hay que tener en cuenta la cuestión psicológica. Si se tiene sexo es un acto de afirmación evolutivo, a que eres válido, a que estás aceptado por alguien: se valida tu pulsión. Mientras que si no se tiene, uno se puede sentir un parias, le baja el ánimo y la pulsión varía: se puede tender a la ira (la típica frase de cuando los amigos -o enemigos- te dicen que te hace falta “echar un polvo”). Tener contacto sensual y sexual con tu propia pareja hace que cambie la química cerebral, más oxitocina, que repercute en las vías activadoras del cerebro como la dopaminérgica. Yo no sé qué pensar, es un tema complejo con demasiadas variables, pero seguiré mi desarrollo.

   Tenemos entonces que en los primeros años de juventud hay un cambio general, que repercute en algo intangible a lo que llamamos pulsión. Ese cambio “mueve” a la persona a tomar autonomía, que en el caso del ser humano está unido a la conciencia de sí, a la construcción de una identidad, de un yo. Edificamos el yo bajo esta premisa, bajo esta pulsión. En otros escritos he dicho que esa ubicuidad que es el prefrontal ciclado en una constante retroalimentación (hablo y me escucho, hago algo manual y veo mis manos), es el que se pone como “imperativo” en el ser coherente. El construir un yo o identidad bajo la premisa de la coherencia. A la vez esto no viene de la nada, sino a que el circuito de amígdala, unida al hipocampo y el córtex cingulado (verificador de errores), está ligado o tiene en su propio circuito a la memoria autobiográfica (hipocampo), que a la vez tiene ahí siempre vigilante a la amígdala (huida/ataque miedo/ira). No hay nada que ponga más en alerta, lo sonroje o le despierte la ira, a un adolescente, que el que le descubras en alguna incoherencia. A esa edad la auto-identidad está o se tiene como algo sacrosanto, algo que nadie tiene que “tocar” o cuestionar. Si dejas en evidencia a un adolescente es como si lo dejases desnudo, quizás peor. Bajo estas premisas el acosador escolar empieza por “descubrir” quien es más sensible a este tipo de desnudamiento, que suelen ser los más solitarios, los frikis y los menos agraciados.

   Doy un salto argumental para que se entienda mejor por dónde va mi teoría. Yo estoy en la mediana edad, muchos de los planteamientos que he hecho en escritos atrás, eran a partir de lo que ocurre a esta edad. De lo que me ocurre a mí. Se tiene peor memoria como para “llevar las cuentas” de si se es coherente o no. En mi caso, al estar solo, ni siquiera tengo la sensación de que exista un yo. ¡Claro, está la autoconciencia!, pero esta sin las acciones del día a día, ante los otros, no “construye” memoria autobiográfica, con lo cual, ese maldito circuito de amígdala unida al hipocampo y el córtex cingulado se recrea en el pasado, en buscar las incoherencias allí, ¡como si a estas alturas pudiera hacer algo, que inutilidad! Sin crear nuevas vivencias el cerebro se vuelve un puro resolutor de aquí y ahoras. Ese era el sentido último del enigmático capítulo “la vida como instante“. Yo, sin presente de vivencias, a esta edad, tenía la sensación de no tener un yo, ese “gran yo” del que tanto se habla, quedándose el cerebro reducido -ese circuito que crea un auto-relato-, a un yo creador de coherencia a partir, tan sólo, de las vivencias del día a día, a ser en definitiva un simple resolutor de aquí y ahoras.

   En vano podría encontrar coherencia a mi vivencia, de explicársela a nadie, sin que simplemente me tildasen de loco, de desnortado. Pero un amigo, sin querer, no lo sé, me mandó un artículo sobre el “nuevo” Jim Carrey. Transcribo aquí dicho artículo, pues el original puede que tarde o temprano se pierda de Internet:

Nada tiene que ver el que fue con el que es. El caricato que hizo de la muestra bandera y de la impostura, una forma de vida se descubre en un documental recién presentado completamente vacío de sí mismo, anuncia que nunca volvería a actuar y se muestra tan lúcido que se diría perfectamente incomprensible. “Somos un conjunto de tetraedros programados con ideas de ti mismo”, dice:

Hay tantas posibilidades de fracasar haciendo algo que odias como dedicándote a lo que te gusta”, con esta frase, cuenta Jim Carrey (Ontario, Canadá, 1962) que empezó todo. Podría haber sido un saxofonista más o menos frustrado como su padre y haber dedicado la vida entera a ser el cuñado más divertido de la familia. Pero no, se empeñó en ser el rey de la comedia, el emperador de los cuñados. Y así hasta alcanzar los 10 millones de dólares que se impuso como meta y marca de agua de que lo había conseguido. Ocurrió en 1994 cuando, con pocos meses de diferencia, estrenó La máscara, Ace Ventura y Dos tontos muy tontos. Ahora todo ha cambiado. Carrey reniega de su pasado de caricato, de sus ambiciones y hasta del mundo. Carrey no quiere ser Carrey. Lo cuenta en Jim & Andy: the great beyond, un documental que recupera buena parte del material de backstage de Man on the moon, de Milos Forman. En la película, que fue presentada en Venecia y ahora recala en Toronto, aparece exactamente igual que en las entrevistas que concede: como un hombre renacido y vaciado de sí mismo. Quizá hasta perdido. La cinta, firmada por Chris Smith y producida por Spike Jonze, recrea y analiza con una larga entrevista el proceso de transformación, eso fue, de Carrey en el cómico Andy Kaufman al que dio vida en el biopic citado. Durante todo lo que duró la producción, Carrey fue Kaufman. Y lo fue hasta la misma náusea. Ahora, es otro. 

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Entrevistador – ¿Por qué si está tan cansado del faranduleo y los focos aceptó hacer la película?
Carrey – Siempre he querido que esta experiencia pudiera verse. Es una película que trata de la identidad. Fue una versión extrema de alejarme de mí mismo y ser algo totalmente diferente. Y, al hacerlo, te preguntas: “¿Cuál es ese tú-mismo?”. Desde entonces ha sido un viaje de pequeños despertares. No es que no me sienta unido a nada, todavía hay cosas esenciales en mi vida, pero ya no quiero hacer cine o arte.
– Ser uno mismo, sea esto lo que sea, ¿lo considera una carga? ¿Cómo definiría el momento de liberación?
– Ha sido una evolución. Al mirar atrás veo que no estaría donde estoy ahora, o donde no estoy [se ríe] si no me hubiera dejado llevar como hice en “Man on the moon”. Una película es una oportunidad maravillosa para ser otra persona y darse cuenta de que ninguno de los dos, persona o personaje, es real.
– Me pierdo. ¿Quién es el real, el auténtico, el Carrey que conocimos en el cine en los 90 o el de ahora?
– Durante mucho tiempo he tenido la impresión de ser un personaje que me ha estado interpretando. Siempre, de alguna manera, somos actores de nosotros mismos.
– Quién es usted ahora? ¿Quiénes somos nosotros?
– Somos un conjunto de tetraedros que están programados con ideas de ti mismo.
– Cuando dice que un personaje le interpretó, ¿entiende que ese personaje acabó por tomar el control porque se hizo tan conocido que se convirtió en una propiedad pública?
– Sí, creo que muy al principio el ego se puso a los mandos y se dio cuenta de algo. “Oh, vaya”, me dije, “soy gracioso como mi padre. La gente dice que soy especial”. A todo el mundo le gusta que le acaricien el lomo y le digan que es especial. Pero ahora ya no necesito eso.
– En un momento del documental dice algo así como: “Este lugar al que todos nos dirigimos, el vacío…”
– No tiene puto sentido. Lo que quiero decir es que una vez que como individuo me quito de en medio, no queda nada más que todo. Y esa sensación de totalidad, sin juicios, ni bueno ni malo, es un lugar liberador.
– En otro momento dice que antes tenía una necesidad de aprobación. Tanto era así que de pequeño vivía como un alivio que le mandaran a su habitación para estar solo.
– Todo lo que creamos es para otra persona. No creamos nada para nosotros mismos. Haces una escultura o escribes un artículo y lo haces para que otros piensen que tienes puntos de vista interesantes, que eres original. En parte creo que la soledad de mi habitación era como si estuviera en mi laboratorio.
– ¿Sigue queriendo interpretar?
– Ahora me encanta el silencio, la tranquilidad. Tengo que decir que la pintura y la escultura son muy importantes para mí porque se trata de plasmar una idea que pasa del éter al lienzo y no hay nadie en medio. Nadie te dice: “Eso no lo puedes hacer”. O: “No va a gustarle a ciertos sectores del público” o “¿Cómo vamos a vender esto?”. Es algo muy puro.
– Cambiemos de tema, la película también reflexiona sobre la comedia y su límite. Pienso en los ataques terroristas a Charlie Hebdo…
– Nunca me he sentido limitado. En la época de Andy, el movimiento feminista tenía mucha fuerza y él pulsaba botones que eran políticamente muy incorrectos. Y lo hacía porque pensaba: “En este pequeño circo en el que estamos, quiero que dejéis de tomaros en serio incluso aquello que más valoráis, incluso vuestros miedos”.
– Por lo que dice, se diría que Andy sigue ahí dentro.
– No lo sé. Quizá.
– Queda algo de Jim Carrey en Jim Carrey?
– Sí, claro. Hay que admitir que a lo que estamos mirando es a una realidad virtual. Nada de esto es real, no es más que la consciencia bailando para sí misma. Estamos aquí para hacernos compañía los unos a los otros y hacernos la vida más interesante. Es la consciencia la que dice: “Tengo todos estos dedos, ¿qué puedo hacer con ellos? Puedo hacer esto, esto, esto…”. Imagina serlo todo, en todo el espacio y el tiempo, y lo jodidamente aburrido que sería eso. Algo tienes que hacer, ¿no? Así que me sumerjo en eso que llamamos realidad. Es muy convincente la realidad. Cuando alguien de tu familia sufre, cuando parece que nuestra civilización está en riesgo… me siento tan impelido como cualquier otra persona a jugar mi papel y estar en el lado correcto. Pero nada es real.
– ¿Cómo le gustaría que le recordaran?
Me da igual. Lo único que importa es esto. Esto, ahora mismo.

   Como vemos es un tema por el que otra persona en la mediana edad ha pasado en su radicalidad, otros habrán sentido ciertos destellos” y habrán renegado de lo que estos le decían. La diferencia entre Carrey y yo es que en mi caso yo soy un teórico del cerebro; con una gran capacidad de introspección y una fuerte pasión por el estudio de las neurociencias. Mis conclusiones “descubren” mejor la trama que subyace en su interior.

   Se llega así a la teoría que quiero presentar. El yo, al igual que cualquier otra fuerza de la naturaleza, está “preñado” de la segunda ley de la termodinámica, de la entropía, del caos. La vida humana es pulsión, energía, fuerza, vitalidad. Esa fuerza, bajo las premisas de la evolución, los constructos del cerebro y la cultura, crean una emergencia, que es el yo. Esa estructura que tiene como base la retroalimentación, lo autobiográfico y la coherencia. Al igual que la sexualidad decae con la edad, esa “emergencia” de crear coherencia va decayendo con los años, en parte porque la memoria va siendo cada vez peor. Al final, en algunos antes y en otros después, y al igual que le sucederá al universo entrópico, el yo se disgrega y tiende desaparecer. Se vuelve fragmentado, espaciado, con muchos posibles yos, y según la “lectura” que haga uno mismo sobre sí. Terminamos no siendo, sino interpretándonos (dando suposiciones sobre lo que uno es), leyéndonos como lectores ajenos “…un conjunto de tetraedros que están programados con ideas de (uno) mismo”.

   Ya están todas las cartas boca arriba, pero queda un trama peliagudo sin tratar. Si somos un ser social y dentro de una época y cultura, ¿qué yo construimos en esos primeros años de juventud? Nuestros padres y personas más allegadas esperan algo de nosotros. No construimos un yo desde cero, lo hacemos a partir de esas construcciones sociales ya preestablecidas, ya preconcebidas…, ya asumidas como esperadas, en la mayoría de los casos de clichés, de estereotipos. En muchos casos imitamos o a uno de los padres o a algún ídolo. Jim Carrey nos confiesa, en su nuevo documental, su necesidad de aprobación cuando era niño; tanto que prefería estar sólo. ¿Nos autoconstruimos o construimos en nosotros lo que los otros esperan que seamos?, hay diferencias entre esos dos yo, ¿coinciden? Cada humano pasa por ese trama, que para cada uno es distinto. Qué se decida o decida la situación, nos prefijará la vida durante esos años de “construcción” de un yo. Creemos habernos construido, pero en realidad la mayoría de las veces no han modelado. Si alguien te deja o se enfada rectificas, si alguien permanece a tu lado o te halaga caes en ese “papel”. En fin, no insisto, creo que ya se entiende lo que quiero decir. Añadir que el lenguaje de una cultura, su ideología dominante, también nos construye: nos normalizamos para agradar, para no ser rechazados, para ser “aprobados”. En la medida que uno se rija bajo esa regla mantiene el sistema, aunque este sea un fracaso. En definitiva, el sistema crea al individuo y el individuo confirma al sistema con su aptitud: de nuevo un juego de retroalimentación, que como en el caso del tartamudo, es para mal, para hacer que la tartamudez y el sistema sea cada vez peor.

   ¿Conclusiones? No hay conclusiones, ¿creéis que por saber que las cosas son como las explico se va a poder cambiar algo? El joven sigue su signo y el adulto el suyo. Impedidos a entenderse pues sus pulsiones y modo de entender el mundo está gobernados por las “verdades” de su edades. La cordura es cuerda, como ponía al principio, sujeción. El yo del joven es pensamiento mágico en tanto que es un extraño cruce entre crear coherencia (relato) y huir de la ansiedad del caos, así como de seguir los constructos sociales heredados de los ancestros…, de nuevo relato. El sistema, lo social  y la construcción de un yo caminan en la misma cuerda (cordura) floja. Se tambalea el sistema, lo social, se tambalea uno…, pero mientras se mantenga uno en pie, y nadie corte la cuerda, todo irá “bien”.

   Finalizo diciendo, con Jim carrey, que la caída del ego, del yo, no es una perdida, sino una liberación. Uno está bien solo pues ya no tiene que construir artificios, fachadas y pintar paredes para que estén presentables. La soledad es el calor de la caverna, regodeándose ante la idea de que las sombras, lo íntimo, lo más nuclear humano, esa falta de color que confunde, es la que realmente “habla” de su silueta, de su verdadera esencia. Somos animales, complejos, pero animales. Todo los artificios que hemos construido no han logrado embellecer al animal, no lo han abrigado, no le han saciado. Simplemente lo han ocultado para que nadie lo vea. ¿Tan feo era?, no lo creo. Jim Carrey ha llegado a ese estado que yo llamo de iluminado, donde la luz sale de su interior -en su arte en solitario-, como él mismo nos dice.

En fin que… ¡viva el caos, viva la incoherencia, viva la caída del yo y abajo las cuerdas (corduras) que nos atan!

> Segunda parte.


(1) Uso macho ante el inconveniente de usar la palabra hombre, pues se usa para designar a la especie y puede confundir. En esto tienen razón las feministas.
(2) Entre los mamíferos más complejos no es un proceso muy rígido, como en las aves. La madre leona “decide” cuando echar a sus hijos machos, dependiendo si está en celo y si hay un macho alfa en la manada.

Lo que Es y lo que (a)Parece XXXV – ¿Qué es Nihilismo?

En sus peores momentos, la vida humana no es algo trágico, sino carente de significado. El alma está rota, pero la vida prosigue. Cuando la voluntad falla, cae la máscara de la tragedia. Sólo queda el sufrimiento.” John N. Gray

   El valor en el universo lo pone el humano. En lo natural no existe la dicotomía bien/mal (el maniqueísmo, más bien habría que decir). Pero como el valor lo pone el humano, o lo coge “prestado” o nace a partir de su propia experiencia, en ese universo sin valores, entonces es “legítimo” el concepto de “error”, bajo los parámetros que propone el protagonista (de la serie “True Detective“, primera temporada). Pero he de aceptar que es tan legítima una postura en esa dirección, como la contraria: una optimista; pues si el valor lo pone el humano cada cual lo hará a partir de sus “qualias” que son la que le “determinan” el mundo de “sus” valores. ¿Existen los valores a partir del concepto de verdad?, ya se sabe la concepción platónico/aristotélica de bien, belleza, verdad como unidad de uno de los lados, y de ser así, ¿qué verdad? ¿un humano feo es menos humano?, ¿lo es quien miente o el que no es bueno? No hay, pues, ninguna verdad transcendental, sino tan sólo una “humana”, antropocéntrica. ¿Existe tal verdad transfenoménica?, fuera del ente concreto que es el humano. Los que aman la música o cualquier Arte, que es una línea argumentativa que se deduce de algunas opiniones de este “debate”, abogan que sí. Pero, ¿que es esa “armonía de las esferas” (mundo ordenado por los números, por las matemáticas)?, y de Ser ¿tienen que ver con lo bueno? Voy a permitirme un salto argumentativo, pues la línea que seguía hasta aquí ya se sabe y es sobre la que se ha escrito una y otra vez a lo largo de la historia del pensamiento. ¿Qué es la libertad?, qué la individualidad. ¿Cada ente en lo natural o es “copia exacta” o es mutación? Cuanto más complejos sean los genes, mayor cantidad de “caos”, con una mayor línea de posibilidades. Al final las directrices de una especie lo “sujetan” a parecerse a otro de su especie. O sea, que un león al “comportarse” como un león es un león como cualquier otro. Una oveja de otra oveja. En lo social ese hecho se da de forma exponencial, ya que no sólo es la “naturaleza” del comportamiento la que te “sujeta”, sino la pura existencia con los otros.

   En definitiva, que una especie social “sujeta” la individualidad” a unas normas que son las más comunes. Pero en lo humano ¿cuál es la naturaleza y cuál lo social? Somos una especie que de repente perdió el “rumbo”, el ancla si se quiere, su eje central sobre el que tenía que rotar bajo el “peso” de una “sujeción”. Cada momento, época, nación y cultura “crea” o dicta unas generalidades de lo que ha de ser el humano, tanto a su nivel conceptual de una posible naturaleza, como de una forma en que las normas sociales le “sujetan”. Pero esa rotura con el “pivote”, con su eje, va en dos direcciones: si lo es en lo social, de igual forma lo es en lo individual. Una primera división humana podría ser aquella en la cual un humano tiene como “pivote” lo social o su individualidad. El primero está más “sujeto” (no siento sujeto ¡atención al doble sentido!). Mientras que el segundo no lo está. Un sujeto así, se suele decir, está desnortado, ha perdido sus coordenadas. Pero ese sujeto de repente se da cuenta que “todo el universo conspira” en su contra (retruque cínico a Coelho). Si todo es reducible a esa letanía de la “música de las esferas”, léase belleza, que se puede expresar a través del arte como tal, y él es ese ente concreto o libertad (que una y otra cosa es la misma) entonces tiene dos caminos: 1. “leer” o interpretar que su camino es seguir esa “esfericidad” del universo, que le dicta consecuentemente “lo bello”, luego la verdad, luego el bien; pero que por una macabra lógica se encuentra que la única forma de ser libre es 2. llevando la contraria a ese designio, encontrándose que para que un individuo haga valer (dar valor en el mundo) su individualidad -que es reducida a su libertad-, es negando, haciendo oídos sordos a la “música de las esferas”. Nos encontramos, entonces, que el individuo es en tanto que rebeldía, en tanto que negación.

   Hasta ahí una lectura simple que se podría hacer desde la “música de las esferas”, llamémosle racionalidad u orden, echando la culpa a estos individuos discordantes de todos los males del mundo. Hay una segunda lectura. La ciencia nos dice que hubo un breve instante, inmediatamente después del big bang, en donde una armonía de quietud, de “perfección” reinaba en ese universo primigenio. Pero seguidamente un pequeño desequilibrio -implícito- mandó todo al traste, de tal manera que las partículas empezaron a agruparse formando el primer átomo, el hidrógeno y a partir de la agrupación de estos se crearon las primeras estrellas. Siento la brevedad y las licencias que me pueda haber tomado, pero lo que quiero decir, lo que nos dice la ciencia (verdad), es que el “caos” o la falta de orden (desorden) es la que “realmente” creó el universo tal cual lo conocemos. Desde ese primer momento todo tiende al caos (segundo principio de la termodinámica), todo tiende a disgregarse, a separarse y por ello a que las fuerzas “agregadoras” las fuerzas físicas o interacciones fundamentales (fuerzas nucleares, electromagnéticas, débiles -interacciones de decaimiento- y de la gravedad) vayan perdiendo “nitidez” o fuerza. El final del universo serán las grandes distancias, donde estas fuerzas ya no serán tales.

   El caos ha creado un “momento” en el que es posible todos los “momentos” que conocemos -entre ellos la vida-, y en donde aún podemos oír la “música de las esferas”, que nos son otra cosa que esas cuatro fuerzas mientras aún son “fuerzas”, pero constreñidas al segundo principio de la termodinámica (entropía). La vida es un “momento” en el cual ciertas propiedades de ciertos elementos, sobre todo del carbono, “mantienen” estructurado o “sujetado” el caos y sólo por ciertos años, pues todos sabemos qué es la vejez y la muerte. Pero en un universo y mundo siempre cambiante una sola apuesta de vida sería demasiado débil, demasiado proclive y contra la propia idea de todo como cambiante. La vida cambia para adaptarse a los cambios (para ir en su corriente), vida y cambio es una tautología. La vida (evolución, adaptación, cambio) “llega” así a los cerebros complejos, aquellos que son más capaces de “leer” los cambios repentinos, como para adaptarse más rápidamente. Uno de esos cambios fue el ser humano. Si de lo que se trataba era lo de “leer” los cambios, entra en juego la “lectura”, la comunicación entre un cerebro y lo que le “dice” (conocer) el medio. El humano siendo social, llegó a un lenguaje comunicativo entre la propia especie (lo tiene de forma rudimentaria una gran mayoría de animales complejos), pues le fue una ventaja poder comunicar a otros ciertas “lecturas” que sólo uno podía haber visto o experimentado como para comunicársela a los otros. Para que tal lenguaje fuera posible se crearon normas sobre a qué se referían al comunicar algo. En definitiva, que había que poner nombre a todo y que todos estuviesen de acuerdo en cómo llamar a “eso”. Un primer problema que surge en todo esto es qué es lo humano. Dado que la premisa de la identidad, de la definición de un ente, es la de igualdad e igualdad es tener unos mismos fines. Los fines de otro grupo humano (al principio basado en lo consanguíneo) y bajo las reglas naturales de la territorialidad, no eran los mismos que los de mi mismo grupo, luego era otredad o no identidad. En Salamanca para ir a Zamora o a Valladolid se parte de un mismo punto, ahora una glorieta. De igual forma hemos construido lo humano bajo aquel primer punto: el de identidad cultural, el de territorialidad, para terminar en destinos muy distantes. Por este punto hemos heredado lo que somos ahora. Uno asume su propia identidad a partir de su propio lenguaje, su propia cultura y sus propios límites o fronteras.

   Si “realmente” escuchásemos la “música de las esferas”, al orden, a la razón en definitiva, no existirían lenguajes, no existirían culturas, no existirían fronteras. ¿O no? ¿qué pasaría si no existiesen fronteras? ¿No se irían la mayoría de las personas a los lugares más “benéficos”, con mejor temperatura, más productivos, con más oportunidades? ¿No colapsaría, en fin, este sistema en un caos? O bien tendríamos que apostar por un sistema que controlase todas estas nuevas posibilidades o bien dejar las fronteras tal como están. Si fuera así, quién estaría llamado a ir a esos lugares y dado que sólo podría ser un número limitado de personas. Bajo qué reglas, las democráticas, las de sorteos. ¿Y si por azar va a una ciudad próspera un número muy elevado de personas de “moral dudosa”, ¿la corrompería o cambiaría a esos ciudadanos a ser más morales? ¿Aceptarían de buena gana los ciudadanos a extraños de otras culturas y lenguajes?, ¿Habría que aniquilar el concepto de cultura y lenguaje, y unificarlos? Demasiadas variables, demasiada complejidad, demasiada entropía. Ningún cerebro humano es capaz de manejar y “saber” al 100% cómo pueda ser ese nuevo estado de cosas a través de la pura razón.

   Cada país tiene su cultura que es una forma de “leer” el mundo. A veces parece caprichoso, pero la mayoría de la veces es algo más telúrico (subterráneo, profundo, nuclear). Los países latinos (en Europa) los son por tener en común varias cosas: el clima, el contacto con el mediterráneo (el internet de la antigüedad), una misma latitud que les “proporciona” una misma forma de entender cómo son las estaciones. Al Imperio Romano le “interesaban” sobre todo esas regiones (de esa latitud), pues comprendían mejor el cómo sacar provecho de ellas a nivel de agricultura y ganadería. Ese aparente “accidente” dio como proceso que casi todos los países latinos compartan una misma “ramificación” de una lengua: el latín. O sea, que hay cierto “orden” es ese caos. Lo que quiero decir es que la historia es a la vez un remover las aguas (enturbiarlas), pero de igual forma a que al final estas vuelvan a la tranquilidad, a la claridad. Hoy la Europa occidental parece más calmada que nunca. Ha logrado “entender” que son más las cosas que les unen que les separan. Han logrado “leer” una unidad o única identidad. Con esto no quiero decir y apuesto a que la historia pondrá a cada cosa en su sitio, en un orden. A que la música de las esferas al final será la que se impondrá. Ahí tenemos el caso del Brexit en Europa, o de Cataluña en España. Es fácil pensar que en tiempos de paz siempre reinará la paz, pero recordemos que lo que prima es la entropía. ¿Qué factores entrópicos son los que perturban al humano (su paz)?: la escasez. La territorialidad no está en juego mientras que cada grupo permanezca en su lugar. Se pone en juego cuando en una región se da escasez de recursos, por la cual haya que llegarse hasta otra región. En fin, y para acortar, lo que entra en juego es el nivel de justicia. Si yo me muero de hambre, mientras tú vives en la abundancia, no te tendré como un igual, sino como alguien que acapara recursos de forma innecesaria. Eres, por lo tanto, otredad en la medida que tú no me consideras un igual, que no pueda comer de tu comida en abundancia. Pero, ¿a cuántos territorios puede uno permitir dejar entrar en el suyo como para que al final no pasen ellos mismos por la escasez?

   ¿Qué es el humano? Un ser que ha interiorizado que no puede haber igualdad. En la medida que es muy posible que esa igualdad sea la de morir todos de hambre o ante la escasez. Ha interiorizado, de igual forma, que siempre ha habido saqueadores. La agricultura y ganadería se dio en una latitud del planeta que era propicia para ello, requería de mucho trabajo y sacrificio. Las tribus del norte (de Eurasia), en muchos casos en periodos de cambios climáticos y por lo tanto de penurias, se llegaban (invasiones bárbaras) hasta los imperios y los reinos de dicha latitud próspera para llevarse el “sudor de su frente”. Lo telúrico de estas regiones más al norte (en aquella época) eran las del saqueo y las del trabajo más duro y con más esfuerzo (más voluntarioso). Eso ha llevado a “mentalidades” más de trabajo y en donde ha de poder el rigor de la voluntad, como la alemana, y han mantenido siempre bajo sospecha a otras como a la rusa, descendientes de los vikingos, más saqueadoras o “buscavidas”. Puede que mi análisis parezca reduccionista, e incluso racista, pero lo hago en pos de la brevedad. World_War_II_Casualties2-esIncluso en una edad tan cercana como es la Segunda Guerra Mundial, la Europa occidental sospechaba y tenía en esa concepción a Rusia, a la cual dejaron que tomara la delantera en la invasión de Alemania, por estar menos reglada a las normas (a la “razón”: “vigilada” o controlada por la opinión pública, política y de los medios de comunicación) de la guerra (ataques más fieros y sin tener en cuenta las pérdidas y el coste en vidas humanas, la URSS fue la que mayor pérdida de vidas -no proporcionales- tuvo durante dicha guerra de soldados. Aquí sí pudo darse una “conspiración” -inhumana y cínica- de los dirigentes aliados para que esto fuera así, cuyo fin fue el de ganar bajo cualquier medio).

   Qué tenemos hasta ahora. Que siempre hay cierto peligro ante el hecho de que un grupo o país se “relaje” sobre su concepto de cultura y territorialidad. Que hay ciertas épocas de escasez en donde se da un flujo de movimiento de personas en busca de oportunidades o escapar de la escasez. En la antigüedad se recurría al saqueo, hoy a la emigración.  Todo país ha de estar midiendo en qué medida se puede caer en una pérdida de identidad (la cultura de tus padres, de tus ancestros), y si va mantener el equilibrio y no caer en la escasez y la injusticia en su territorio. ¿La pérdida de identidad es realmente un “peligro”? Si Europa va siendo cada vez más agnóstica o atea y a la vez el flujo de musulmanes es cada vez mayor, teniendo en cuenta que esta religión es menos laica, a la larga, dentro de cien años o más la religión mayoritaria de Europa podría ser la musulmana. ¿Le interesa al europeo actual ser minoritario o querer eso para sus hijos?, ¿le interesa al norteamericano inglés serlo con respecto a los latinoamericanos y el castellano? Toda minoría en un país es la que corre el peligro de ser absorbida e incluso de ser llevada a su genocidio. Nos lo recuerda una y otra vez la historia, esta está llena de ejemplo de genocidios. Europa ha luchado por la laicidad, ¿porqué querría poner tal idea en peligro?, por esto “no acepta” de buena gana el burka. En definitiva, es imposible llegar a la pura racionalidad de lo humano, en tanto que hay que pasar por una pérdida de identidad y la tranquilidad que te pueda dar la territorialidad que mantienes hasta ese momento. No hay espacio para la música de las esferas, para la racionalidad. Mantenemos la “irracionalidad” porque en ello les va la vida a aquellos que en un momento dado tiene cierta ventaja o prosperidad. Les interesa mantener su statu quo.

   Hay una segunda lectura en todo esto. ¿En qué queda la individualidad?, tan sólo he hablado de cultura, país: de una identidad que nos viene dada por accidente, por dónde se nace. En otros escritos he hablado de las qualias. Por más que me parezca a mis hermanos no soy igual que ninguno de ellos. Hay la misma igualdad genética de padres a hijos que entre hermanos, pero bajo reglas no medidas y al parecer cuantificables, por cierto rasgo o carácter, nos parecemos más sólo a cierto hermano o uno de los padres. Es más, por azar mis genes pueden ser más iguales a algún otro del planeta que incluso a los de mi padre o madre. Aunque en teoría genéticamente tenga el 50% de los genes de los padres y sólo un 25% de uno de los abuelos, de forma no medible me puedo parecer más a uno de los abuelos que a uno de mis padres (algunos rasgos se saltan generaciones). Pero se da otro factor a añadir al caos y este es lo cultural y la multiplicidad de las “lenguas” (informática, amantes de comic, ideológicas, religiosas, veganos, etc.). O sea que independientemente que cada país tenga su propia identidad, hay identidades cruzadas entre todas las culturas. Como resultado de esto cada humano es un “mutante” de lo que es el ser humano. Cada humano “interpreta” en sí lo que ha de ser el ser humano. Cada humano “quiere”, en lo más profundo de su alma, de su ser, que el resto de humanos sean iguales a él. ¿Está tras de esto la teoría del gen egoísta?, posiblemente. He deducido a lo largo de los escritos que el cerebro crea estructuras de comportamiento y de forma de ver el mundo, que es a lo que hoy llamamos conceptos (extensible a meme). Esto no solo en lo humano, sino en toda la vida. Conceptos como los de parásito, camuflaje o belleza son conceptos concurrentes, que se dan en distintas especies divergentes, entre mamíferos y reptiles, entre una araña y un pájaro. En los comportamientos humanos también se dan dichos conceptos que parecen tener su “propio interés” para sobrevivir, para propagarse. Una persona humilde quisiera que toda otra persona fuera humilde, la actual legitimidad del capitalismo es un concepto o se puede reducir a una apuesta genética en donde hay que luchar por ser el mejor. Ciertas personas nacen sin este “gen”, sin que este predomine. Yo nunca he querido ser el mejor en nada, no en la medida que eso significase ganar. Siempre he huido de la competición, porque no quiero que haya legitimidad en el perder y ganar. Este concepto es bastante general: parecen querer, esta tipología, un mundo de igualdad, no jerárquico. De nuevo vuelvo a lo telúrico. Nos viene del concepto de macho alfa y no alfas. Si bien a lo largo de la historia se dio un tipo de concepto de “conciliador”, alguien que tiene la capacidad de mandar, pero la “usa” para luchar por la igualdad (¿Jesucristo, Buda, Gandhi, Mandela?). ¿Qué se deducen de estas ideas? Que al parecer la evolución, siendo el humano social, busca un equilibrio en las reglas hacia ese fin mayor. No nacemos al azar, y tampoco por los genes de los padres, pues de ser así todo hijo nacido de un alfa nacería con muchas probabilidades de ser alfa. De ser así los hermanos lucharían entre sí hasta sólo quedar uno: mala apuesta evolutiva. La evolución parece llevar las reglas de cuantos alfas tienen que haber, cuantos no alfas y cuantos conciliadores: parece buscar un equilibrio en el grupo, en lo social, ignora al individuo.

   Ahora ya tengo perfilado todo el panorama sobre la condición humana. Hay reglas implícitas en lo social que parecen imposibles de ser vueltas a pura racionalidad, a la musicalidad de las esferas. La justicia mundial nunca se dará. ¿Europa es un ejemplo de a lo que se puede llegar o sólo es un espejismo de equilibrio temporal? A esta facticidad en la que me veo atrapado como individuo en los social, he de añadir lo fáctico de mi propia naturaleza individual. Cuando soy consciente de estos dos factores me veo “constreñido” en un mundo con reglas en las que yo (razón) no tengo por qué coincidir para nada. ¡Claro que es posible la felicidad! Más cuanto más coincida mi propia apuesta individual (conceptual-genética) al país y cultura con la que he nacido y siempre y cuando se dé la abundancia. Si nazco en la Norteamérica cristiana, con unos padres ricos y con un buen porte, agraciado físicamente, todo va a ser un “camino de rosas”. Coincido con la religión, el lenguaje y la mentalidad mayoritaria, vivo en la abundancia y bajo los “genes capitalistas”, que ya justifican mi posición de vencedor. Pero, ¿qué pasa con ese ser que ni siquiera será consciente de su condición, y ni siquiera de si tendría o no capacidad de luchar, pues muere de hambre a los pocos meses en un país tercermundista?

   Entendiendo bien lo que he querido decir hasta ahora, en donde la vida es lucha, es caos, ¿cómo ser consciente de esta condición humana y ser feliz? O una de dos: o sólo piensas en ti mismo y dejas de “cargar con el mundo a tus hombros” para ser mínimamente feliz (como te aconsejaría la familia, los amigos o un psicólogo) o eres los suficientemente valiente o loco como para cargar con estas “verdades” y como para odiar al ser humano y su condición en el universo. Descubrimos, así, la verdadera esencia del nihilismo. No es que no crea en el bien y el mal, cosa que le acercaría más a la sicopatía que a una convicción. Es que sabe que no hay nada dictado desde el cielo, desde el orden, o desde la música de las esferas. Sabe, en definitiva, que el hombre va “mudando” su moral según el tiempo que le haya tocado vivir (recordad que el humano quería estar presente en ejecuciones y circos Romanos). Sabe además que no hay progreso, que tal concepto carece de sentido: tienen menos trastornos mentales los cazadores-recolectores que el ciudadano de los países ricos; hoy más que nunca se nos está yendo de las manos toda nuestra tecnología: estamos llenando de sustancias el medio que nos provocan cánceres y otros males. Habrá habido multitud de humanos que habrán vivido felices en una sociedad que durante toda su vida nunca entró en ninguna crisis o escasez, pero la regla general humana, de ser consciente de toda la historia humana, es la de ser puramente caos y agentes de destrucción. Hoy te doy la mano (pacto entre personas, grupos, entre naciones), mañana quizás te mate. Siempre han existido (y siempre existirán) las jerarquías, pues el parámetro de la evolución es poner antes las reglas del grupo que a las individuales. Se nace alfa o beta o conciliador o ninguna de estas y por lo tanto sólo masa informe (extraño y a estudiar que tal palabra quiera decir a la vez sin forma y descripción, comunicación), y uno se “aguanta” con ella, por mucho que la sociedad actual se empeñe en que has de luchar… luchar para qué, ¿para ser un sociópata, para “colaborar” en crear más caos e inhumanidad en el panorama actual?

   Se es un nihilista “consecuente” (realismo depresivo) cuando se comprende que no es una cuestión de si el nivel sobre uno mismo de justicia está equilibrado, eso es casi por puro azar. Se es nihilista porque se sabe que nunca se podrá llegar a una justicia planetaria, a una justicia de persona por persona. Se es nihilista, en fin, porque la evolución en lo humano ha validado igualmente las “apuestas tramposas”, las parasitarias, las mentirosas, las camufladas, las usurpadoras, las asesinas… Se es nihilista porque es imposible amar a todo lo humano. Todo amor no ama más que a su igual, a su identidad, pues de otra forma habría que amar a Hitler o a tu posible vecino psicópata, o al asesino, o al violador y al pederasta. Ni siquiera se puede amar a esa masa indiferenciada que se deja conducir con la promesa de escuchar la “música de las esferas”, aquí y allá en forma de arte o cualquier momento de felicidad. La igualdad es imposible en un mundo de bellos y feos, de inteligentes y tontos, de fuertes y de débiles, de gordos y esbeltos. En definitiva de diferencias. Las jerarquías se dan en todos los ámbitos. El aire de superioridad, de sentirse por encima de la media, es un sesgo comprobado en el cerebro humano, otra cuestión es que sea real o tan sólo un espejismo. El elitismo es la norma, no la excepción, es un sucedáneo de las jerarquías.

   Cuando me levanto cada mañana tomo conciencia de mi espacio, del momento que me ha tocado vivir, a través de pequeños rastros, de una conversación, de una vivencia, de algo visto en los medios, del día anterior. En el cerebro todo está encadenado de forma sucesiva, tiras de un hilo y se desmadeja todo el “jersey”: el peso del mundo cae sobre esta pequeña conciencia. Sé que estoy en algún plano de injusticia sobre mí y sobre el que ni siquiera quiero luchar, pues supone entrar a luchar con las armas del sistema (de la sociedad). A la vez sé (tomo conciencia) que no soy justo, pero de igual forma sé que todos son batallas imposibles, pues median de nuevos las armas y los valores de este momento de la historia, cuyas mentalidades no puedo comprender, ni me pueden comprender. La incomprensión es la moneda de cambio del caos, de la complejidad a la que va el ser humano. ¿Es o no es un error tener ese sentimiento de inmensa soledad de no poder solucionar nada y tener que atenerse a las reglas de ese medio camino entre la música de las esferas y el caos?, ¿es o no es un error el ser conciencia de todas estas reglas de la condición humana y la evolución?, jugando al azar sus juegos macabros donde la individualidad no cuenta, pero de la que has de tener una conciencia de que no cuentas.
– ¡Ah, yo hago todo lo que está en mi medio para contar, para hacer el bien!
– Ah, lo siento no has entendido mi mensaje. No eres de mis iguales. Pero me alegro que tengas la capacidad de ser feliz auto engañándote o de no saber lo suficiente de la historia humana y de lo que nos dicen las ciencias.
– ¿Te crees superior a mí?
– ¿Te crees inferior a mí?
..y así sigue y sigue la conversación condenada a repetirse en los mismos tramos, en la mismas taras y en las mismas falacias e incongruencias. La comunicación (racionalidad) no existe, pues una cosa es entender y otra muy distinta comprender. Como somos qualias, seres sintientes, sólo hay comprensión desde lo igual. Sólo la mujer que ha pasado por un parto comprende a otra que lo ha pasado, y todas esas pequeñas “verdades” que se nos dicen desde la postmodernidad, desde su inevitable nihilismo. Advertir que un nihilista no tiene “culpa” de cómo es(tá) el mundo, al igual que alguien que no crea en el cambio climático no lo es de este, pues los que no creen están en minoría y ni siquiera tienen el poder…, ¡exceptuando en la actualidad Donald Trump, que paradojas humanas siempre existirán!

Lo que Es y lo que (a)Parece XXXIV – Acotando el Postmodernismo

   No es el último capítulo. Me veo en la necesidad de escribir este previo, sobre todo por la confusión que existe sobre tal concepto.

   El postmodernismo no es una postura “elegida”. No es algo a lo que un pensador o la cultura occidental, sobre todo la europea, haya querido llegar. Es una inevitabilidad. Algo que por la suma de ciertos factores se llega a esta de forma “matemática”. En mis últimos escritos se deducen dos cosas, cierta facticidad de la palabra, que inevitablemente conlleva a cierta encadenación temporal de sucesos, como de destino. He afirmado que cada nación o cultura “avanza” o traza una parábola, de la cual al final llega a una cúspide y de allí a una caída (¿apuesto entonces por una historia materialista, mecánica?). Un pensador si hace una lectura sucinta de su tiempo llega a unas conclusiones. Varios pensadores sin contacto llegan a esas mismas ideas. ¿Por qué? Imaginemos que las palabras o conceptos son números. Si todos son unos, y haces sumas puedes llegar a cualquier resultado, paras cuando “aceptes” el resultado de esa suma (¿para que coincida con tu número esperado?). Pero la realidad es distinta, te dicen: existe el 1, el 5 y el 7, sea como sea que sumes llegas a 13 (el orden de los factores no altera el resultado). Entonces el problema es que existan ese 1, 5 y 7, ¿no será posible que el uno no sea 1 sino 2?, o cualquier otro artificio de este tipo. Puede, lo argumentas, pero otro te dice que si 1 es 2, el 5 es un 4, con lo que al final vuelves al 13.

   Entendiendo esa base, ¿cuáles son esos números?, a nivel de conceptos. Para entenderlo hay que ir a cualquier otra posición de la historia distinta a la actual. Antes del momento actual había una legitimidad en el poder. En mis escritos nos encontramos que un problema constante de fondo es el de la libertad y aquello que está contra mí libertad. El problema desaparece si yo elijo poner mi libertad en alguien. Entonces puedo estar bajo un poder, pero en tanto que es una posición “elegida”. Ese poder siempre ha estado en entredicho, o sea el que alguien tenga la legitimidad tal como para que tú le entregues tu libertad, siempre ha estado en juego. E aquí una pequeña genealogía del mito fundacional ampliado:

   1. Provenimos de un especie de manada, donde existía el macho alfa. La legitimidad estaba sustentada en la medida que era la evolución la que había “creado” las reglas. Esa regla es una mayor cantidad de testosterona, que a su vez le hacía tener una mayor musculatura y una mayor capacidad intelectiva en aquel medio, que era el del riesgo, la valentía y la sagacidad. Nunca hemos abandonado esta regla, hoy en día la mayor cantidad de héroes siguen teniendo estos parámetros.
    2. Cuando el humano tendió a la sofisticación mental a partir de alterar y controlar el medio (instrumentalización), cogió mayor importancia el saber. Ese saber sobre todo lo tenían los más adultos, los ancianos (ocurre igual entre las elefantas, en saber más sendas y lugares con agua), que a la vez sobrevivirán (que a la vez tenían los principios de alfa del primer punto durante su juventud). Hoy en día la mayoría de los cazadores-recolectores que existen se basan en este tipo de “obediencia” a la autoridad (entrega de la propia libertad) que suele ser el más anciano.
   3. Con la entrada en juego de la agricultura y la ganadería -y por lo tanto las ciudades-, ese papel estaba en juego; pues no todos llegaban a tener conocimiento directo de quien tenía el poder. A nivel mundial nacieron las grandes religiones como una forma de sustentar a esas personas en el poder, ya que su legitimidad venía dada a que eran semidioses o dioses. Eran la parte terrenal -portavoces, mediadores- de sus creencias religiosas.
4. Con los reinos (países) entró en juego el rey, que no dejaba de seguir esa misma línea fundacional. Si bien con el cristianismo el poder se dividió en dos. El del Papa y el de cada rey. (Fijarse que Inglaterra se escindió del poder Papal con el anglicanismo, simplemente porque este no concedía permiso a los desmanes de Enrique VIII. Este “cinismo” ya es de por sí un primer acto postmodernista, por cuestionar la legitimidad y hacerse una legitimidad “a la medida”).
5. Las Revoluciones, las primeras democracias y el humanismo. Aquí viene una primera rotura de la legitimidad, el rey no es legítimo, es una simple persona y para demostrarlo lo decapitamos en público. Si bien se calló en el pueril error de poner en el lugar del rey a algo tan abstracto como el humanismo, con su igualdad, fraternidad y libertad.

«Quizás la historia universal es la historia de unas cuantas metáforas» Borges

   A la larga los conceptos democráticos fueron “fallando”. Nunca ha habido realmente una igualdad como para que se dé una fraternidad y se tenga una concepción de ser libre realmente. Bajo esta falla nacieron ideas como la comunista. Como la única apuesta válida a que se dé realmente aquello que se esperaba de la democracia. En “esos debates” nos hemos visto en el último siglo y medio, -guerras frías y “calientes” incluidas-;  dándose por finalizado tal “debate” por el “teórico” fracaso de las ideas y los planteamientos comunistas.

   El segundo “número” de la base conceptual es Dios y el mundo de las creencias. Poco tengo que decir o quiero alargarme sobre el tema, para no repetirme en exceso. “Dios ha muerto”. En mis escritos hago una excesiva “recursividad” en el tema de Dios y las religiones porque son importantes para entender el momento actual. Hay dos grandes  primeras “sombras” en la conciencia de sí: la muerte y la injusticia. La conciencia no acepta la muerte. Decía Freud que hay una especie de mecanismo cerebral por el cual uno no es capaz de pensar sobre su propia muerte. Si uno se imagina muerto, se imagina allí en su ataúd pensado en su nueva condición. Este mecanismo es complejo. Una vez que algo Es, es inconcebible su no-ser, su negación, pensar que los sucesos pudieron ser distintos.(1) Mi mejor ejemplo es “si yo no hubiera existido”. ¿Qué hubiera pasado si el siguiente hijo de mis padres, del hermano que está por encima de mí en edad, no hubiera sido concebido ese día, sino unos días después o un mes después? En unos días después el espermatozoide de mi padre, que hubiera llegado al óvulo, hubiera sido otro. ¿Ya no sería yo? Es ridículo pensar en esto, lo mismo que si hubiera sido un mes más tarde con otro óvulo. Yo no me puedo pensar más que existiendo, pues sin existir no existe el pensar y si existo se da algo así como una fatalidad, como un “no pudo ser de otra forma”. Le damos una dimensión mágica a tal encadenación, cuando es puro azar. Si la unión del espermatozoide de mi padre o el óvulo de mi madre hubieran sido otro, yo simplemente no existiría. Sería otro sobre el que es inútil pensar (lo mismo se puede decir en lo social y la historia).

   El segundo factor es el de injusticia. Uno puede haberse comportado lo mejor en la vida que esté en su mano, y de repente alguien te coge a ti y tu familia, y mata a tu mujer e hija después de haberlas violado y torturado delante de ti, para al final torturarte y matarte (así pasó en Ruanda). La conciencia de sí es sobre todo esa “sombra” por la cual “sabes” que la justicia -el equilibrio de lo que das y lo que recibes a cambio- no existe. Dios era necesario para restar esa sombra en el cerebro. Es una de las apuestas de las que la evolución se valió para paliar el dolor que es tener conciencia de sí, bajo la premisa de que no existe algo así como la justicia. Dios al final equilibra las cosas. El más allá, el cielo, el karma o como se le quiera llamar, “dispone” o restituye la justicia. Entonces si ponemos el sumando de que “Dios ha muerto”, nos encontramos de lleno que ni hay un más allá de la vida, y con que además, la justicia divina no existe. Todo lo que nos queda es esta única vida, con la sombra perenne de que morirás, y que sólo conseguirás la justicia que obtengas en la propia vida.

   El tercer factor de la situación actual es el de naturaleza versus cultura. Se “apoya” o sustenta en los dos anteriores. En la prehistoria uno asumía su cultura como parte de su naturaleza. Ponía su libertad en el líder, aceptándolo sin fisuras, y se sentía como un ser, fuera de lo natural, en la medida que algún Dios le había dado esa naturaleza que él era. Todo su universo encajaba: Dios (espiritualidad, religión), líder, él, eran un todo del cual uno era una parte. La naturaleza humana lo era en tanto que tenía algo de divina, y en tanto que este había dado un orden a la forma de mantener unas reglas, tabús y culturas. Hacían las cosas no porque las hubieran razonado, sino porque eran unas normas en el cerebro (naturaleza, virtud, verdad) que les reglaba el día a día sin pensar y sin la capacidad de ponerlas en entredicho (al tabú le siguió la dicotomía virtud/pecado). Aún hoy la gente siente, en lo más hondo de su corazón (o intuición), que es esto lo que hemos perdido. Ese orden de todo, en donde existía una jerarquía, y en donde uno era parte de ese todo. El estado agéntico, por el cual seguimos una cultura, un paradigma, ideología o a un líder, viene de esta regla asentada en el cerebro.

   Ya tenemos los tres números o conceptos que suman el fatídico número trece. Hoy en día Dios ya no está presente (la Iglesia no tiene poder, vivimos bajo estados laicos -los no laicos se ven como fracasos, como ocurre en la actualidad con los musulmanes). No damos legitimidad a ningún líder (ideología, política, religión) o no por demasiado tiempo. Ya no hablamos de naturaleza humana, sino de condición humana; esta nos dice que nos podemos (y debemos) “construir” a nosotros mismos con reglas como los estudios (cultura, aprendizaje), la voluntad y la aptitud (ni siquiera esto está claro, cierto postmodernismo simplemente acepta al humano con todas sus taras). Pareciera que copiara las palabras ya dichas por Guilles Lipovetsky: “ya ninguna ideología política entusiasma realmente a las masas. La sociedad posmoderna no tiene ídolos, ni tabúes, ni una imagen gloriosa de sí misma, ni un proyecto histórico movilizador. Estamos regidos por el vacío absoluto. La euforia ha dado paso a la ansiedad; el placer se alterna con la depresión”. Es igual que este o aquel grupo, sociedad o individuo crea o sustente a Dios; que crea o no en la legitimidad del liderazgo o que se siga creyendo en una espiritualidad, que siga manteniendo una “naturaleza especial” del ser humano. En el fondo, al “hoyo” o pozo al que caemos una y otra vez, es que ninguna fe, liderazgo o creencia sobre cierta naturaleza especial del ser humano se sostienen. Y fallan sobre todo porque lo que primero que yerra es la racionalidad de la justicia. Todos somos “víctimas” de un tipo de injusticia u otro, y sabemos que nada ni nadie la va a restituir, que ya no queremos eso de la “justicia divina”. Que lo que necesitamos y pedimos es una justicia ya… y si puede ser ahora mejor que para mañana.

   En mis escritos he tratado de hacer ver que el concepto de humanismo ha tratado de restaurar o de suplantar las ideas que teníamos antes, las ideas cristianas al fin y al cabo. Damos premios Nobel a todo aquel o aquello que trate de sustentar esa idea que queremos de la humanidad. Seguimos a líderes que nos parezcan lo más cercanos a ese concepto humanista posible: Gandhi, Mandela, Obama. Pero en el fondo nada aplaca la sensación de injusticia. Los líderes humanistas nos parecen de fondo más “postureo” que realidades. Sus principios apenas si se mantienen por unos años… Si arañas la superficie salen sus “trapos sucios” y sus contradicciones… sus “inhumanidades”. Ya no son mitos o semidioses, son hombres con sus taras y sus grandezas. O sea, hoy más que nunca vemos que todos son líderes de cartón, que tal cosa, un líder sin tacha, quizás no existe, y que por lo tanto nunca existió. Por lo demás ¿qué otra cosa nos queda que luchar por el humanismo? Yo, ni nadie, puede decir. “seamos inhumanos, nos irá mejor”. El concepto de humanidad, lo es en tanto que un contrapeso, es eso que nos queda, como un premio de consolación, que no apunta a nada más allá. Que no apunta a ninguna grandeza, espiritualidad, ni ninguna meta. Lo que quiero decir es que el concepto de humanismo se ha reducido no a hacer el bien y más excelso, si no a su contrario: procura no hacer el mal. ¿Porqué?, cómo puedo afirmar tal cosa. Por medio de los tabús uno podía matar y era el designio de un dios. La naturaleza humana permanecía, así, siendo buena. El mal estaba justificado en nombre de cualquier dios. Hoy en día ya no somos tan inocentes. A través de la historia comprendemos que la naturaleza humana es lo más maligno que existe y conozcamos en la naturaleza. De nada sirve justificar y decir que fue por esto o aquello. Somos “malos”, si Hitler existió, si los alemanes que le secundaron y los que no hicieron nada contra él, existieron; eso quiere decir que no hay nada en la naturaleza humana exultante y de llamado a la grandeza. De nuevo todo nos remite a la voluntad, al conocimiento y a la aptitud, pero nada a una naturaleza. Nuestra naturaleza es lo que tenemos que dominar, lo que tenemos que negar. Siendo así, lo humano, la metaidea de lo que ha de ser el humano, es ese premio de consolación… sólo es una pose, un (a)parecer, apariencia, una máscara, que “esconde” una “verdad incómoda”.

   Al igual que en las fases de crisis crece la espiritualidad, hoy en día crece más la metaidea de lo que ha de ser la humanidad. ¡A mí me parece insultante!, tanto por su falsedad, como por lo que esconde y niega. La serie de documentales “Nuestros orígenes” -que no va de esto, sino más bien de lo que pretenden que es “nuestra naturaleza”-, la dejé de ver porque me parecía increíble que todo lo “tintasen” con ese halo humanista positivo tan pueril y asqueroso. Hablan de los adelantos tecnológicos que se producen en las guerras, de nuestro afán por el poder y el dinero, pero ignorando o sólo nombrando de pasada los males de tales cosas. Ignoran el dolor de uno a uno de los humanos que perdieron a sus seres queridos, en cada una de esas batallas; del dolor que producen los que persiguen el poder (por ejemplo el -supuesto- asesinato de sus dos sobrinos, aún en la infancia, por parte de Ricardo III de Inglaterra para llegar al poder. Otro ejemplo claro es la esclavitud). Si el fin de los documentales fuera el cínico habrían dado con su cometido -el hombre en su ceguera y enfermedad mental logra cambios a veces a mejor-, pero no, se pretenden unos documentales humanistas.

   El postmodernismo es una conclusión lógica, una parte de la curva parabólica que traza la humanidad. Quizás en su punto más alto y antes de caer. No es algo a lo que yo, o tú,  Europa o la cultura quiera llegar. Es la inevitable conclusión a la que se llega una vez que nos enfrentamos a lo que realmente somos. Fijarse que no deja “títere en pie”. Cuando existía la legitimidad se podía hablar de Arte y otros conceptos con mayúscula como el de familia. Pero si nada es legítimo tampoco el Arte lo es. ¿Acaso el concepto de Arte no estaba sustentado por el etnocentrismo y la idea de ciertos humanos encumbrados de cierto halo especial? Si quitas que ciertas personas sean especiales, y quitas toda legitimidad a que alguien “comprenda” (el galerista, el crítico, el académico de Arte) en profundidad algo tan personal como los gustos, las qualias de la humanidad, ¿en que se queda este? El ciudadano de a pie hace mucho que dejó de creer en la modernidad. Para ellos lo que hace un gran pintor y lo que pueda hacer un niño no tienen diferencia. No hace mucho que se presentó al público unas obras de alguien con el nombre de Pierre Brassau, y los críticos la exaltaron. En realidad las había pintado un chimpancé. ¿Por qué diferenciar entre artesanía y Arte? ¿Arte es lo que un crítico o un “entendido” nombra o compra el rico y les da un status? the-girls-of-avignon-pablo-picasso-1907Picasso y otros, crearon su estilo a partir de una exposición en París sobre el Arte africano de las máscaras y los atuendos rituales (las caras de “las señoritas de Aviñon” imitan esa máscaras).

   Las feministas, las de la última oleada, cual elefante en una cacharrería, hacen el mismo papel o caen en el más puro postmodernismo, al renegar de todo lo que es o se consideraba que era la mujer. O sea, el postmodernismo es cual tornado, que cuanto más se le alimenta más energía y poder toma. Las feministas ya no quieren ser tomadas y reducidas a madres. La maternidad es un continuo en el imaginario humano. El primer feminismo fue aquel en el cual había diosas. No podía existir una religión sin que tuviese su lado creador, su lado femenino; sobre todo la luna con su ciclo de 28 días. El cristianismo proliferó porque al monoteísmo judío se unieron las creencias Romanas de mantener a una “diosa”, ahora bajo el nombre de la virgen María la-virgen-sobre-la-luna-creciente(fijarse que a la virgen se le suele representar encima de una media luna y con estrellas -conceptos que vienen de las religiones paganas-, algunas órdenes religiosas la ponían como principal: al final la Iglesia acabó con esas órdenes). Idea que no existe en el judaísmo, más patriarcal.

   No quería alargarme, quería hacer toda esta cuestión lo más resumida y clara posible para todos. Si se lee el postmodernismo, no queda muy claro qué quieren decir, porque es un lenguaje complejo con su propia terminología filosófica. Yo lo he “banalizado” en este escrito. No hay nada detrás. Es un atolladero, un punto y final. Muchos autores han tratado de salir del postmodernismo, pero sin ningún éxito. No hay forma de restituir la “verdad” e inocente edad del ser que teníamos el humano antes de ahora. Una vez que dejas de creer en papá Noel ya no hay forma de ir al anterior creencia. Si rompes una hoja, esta ya no vuelve a ser la misma ni con celo ni con pegamento. Se sigue entonces, que la humanidad al completo sigue su propia “vida”: pasó por una infancia, la prehistoria, dominada por el pensamiento mágico y credulidad ante la legitimidad de la autoridad; al igual que la juventud es la rotura con los padres, las revoluciones (entre ellas la industrial), fueron la entrada en esa edad de la humanidad; mientras que la posmodernidad es la llegada a la madurez de lo humano. Con la madurez se acabó el creer en cuentos, todo es más racional y frío. Se pierde el encanto, la gracia y la sencillez de la vida. No hay forma de volver a posturas anteriores sin caer en infantilismos, o ideas pueriles, en el pensamiento mágico y en creer en un solo lado benéfico y grandioso del amor. El amor también es dolor y sacrificio… eso es lo que se aprende de adulto.

   ¿Qué queda? Mis escritos no pueden ser del todo aceptados porque solo destruyo sin tratar de construir nada. Si todo es negrura y no presentas nada positivo nadie te quiere creer y seguir. Me he limitado a decir las cosas como son, sin edulcorarlas y sin caer en utopías fatales. Quien quiera puede encontrar realmente lo que quiero decir de fondo, que quizás no sean tan negativas, como pintan a simple vista. Algunos postmodernistas dicen que si esto es todo lo que hay, que se puede construir con lo que tenemos. Algunas personas se toman esta postura como la de asumir una fatalidad y la reniegan, otras personas saben que no queda otra. Yo soy de los que aceptan el postmodernismo, pero de los que  encuentran ciertas posibles “soluciones”. Pero seamos claros, nunca van a ser como volver a la dulzura, el encanto y la inocencia de nuestra infancia (anarco-primitivismo), pero son, en definitiva, soluciones realistas. De los tres puntos o sumandos de lo que es el postmodernismo, al único -que inevitablemente no es volver al pensamiento mágico y los dioses, ni devolver la legitimidad al líder-, le falta una vuelta de rosca y es el de comprender y el aceptar que sí tenemos una naturaleza. Que el humano ha de asumirse como lo que es y construir a partir de estas taras y bondades. Sobre esto ya hablo en el siguiente escrito.


(1) Aquí se da un concurrencia, quería hacer un escrito sobre este tema y Paul Auster ha estado en España recientemente para presentar su último libro “4 3 2 1”. Ahora me veo en la “obligación” a leerlo antes de escribir nada.

Desencriptando el Futuro (Sobre Ted Kaczynski)

   Este escrito es necesario. Me veo obligado a escribirlo y publicarlo, como se verá más adelante.

   En el anterior escrito exponía las diferencias de tener o no tener memoria autobiográfica, esa que constituye el pilar del yo. Sin posibilidad de crear recuerdos, el cerebro se vuelve, casi, un simple resolutor de problemas, de aquí y ahoras. Es más “feliz”, sin el bagaje de su pasado. Quería aclarar que no hacen falta haber tenido grandes traumas y haber cometido grandes errores en el pasado, como para que esto sea así. Mismamente en el recuerdo de haberte levantado durante una semana, o más, sin ninguna motivación, ya se desencadena esa “resta” de felicidad, pues esa suma y sigue negativa te hace plantearte las cosas (conciencia de sí) al recordar que llevas X tiempo en esa situación. En otro ejemplo, si has tenido un disgusto con un compañero de trabajo, o con el jefe, ese mismo día vas con peor ánimo a trabajar. Leonard, el protagonista de la película “Memento”, no tendría esos problemas.

   En otros lugares de mis escritos decía que gran parte del motivo de la infelicidad humana viene dado por esa capacidad de predecir el futuro a partir del pasado. Cada vez tenemos un más largo tiempo en consideración. Como cazadores-recolectores vivíamos al día. Nos comportábamos como simples resolutores de aquí y ahoras. Con la entrada en juego de las cosechas poníamos “vista” en medio año o más de previsión de cosechas. Hoy en día, con préstamos, hipotecas, finalización de estudios, carreras o proyectos, planes de jubilación y demás, ponemos nuestra mente en un nuevo rango de tiempo, en donde es fácil caer en la fatalidad de la infelicidad, al ver que no cumplimos con ciertas “esperanzas” previstas o esperadas de la media humana. La previsión de futuro se hace a partir de tener un pasado. Cada día nos recordamos que tenemos que cumplir con ciertas prioridades que no dejan de ser otra cosa que pasado (una nota en el escritorio, un recordatorio en el calendario…). El cerebro construye lo imaginado, el futuro, con imágenes del pasado. Las personas incapaces de crear recuerdos son incapaces de imaginar el futuro, porque les faltan esos ladrillos sobre los que se construyen esas imágenes. Viven en un permanente “aquí y ahora” que les hace ser más “felices”. El eterno primer encuentro de Clive Wearing, dañado para no mantener la memoria más que por unos minutos, con su mujer. En un ejemplo sencillo: alguien puede coger el metro cada día, a cierta hora. A lo largo del tiempo sabe predecir los tiempos, cuanto se puede atrasar en cada proceso de la mañana. Al final se vuelve pura rutina, donde el cerebro revisa el reloj para ir calculando cómo va su media. Para alguien que no guarde recuerdos no es así, cada día tiene que resolver esa mañana y coger el metro, como algo nuevo. Ni siquiera sabe cómo coger el metro, qué estación coger y cómo llegar a ella. Aquí vemos pros y contras. La larga previsión crea infelicidad, pero el puro “aquí y ahora” crea la ansiedad o el nerviosismo típicos de la novedad (activación de la amígdala que puede desencadenar ira o miedo) día a día ante cualquier problema. No hay soluciones directas o mejores en la evolución, ni en el cerebro.

   ¡Spoiler, hago mención a una serie actual, aún no terminada! La serie “Sinner” nos muestra otro estado paradójico del cerebro, donde este ha reprimido un recuerdo, pero que es lo suficientemente intenso y presente como para que asesine sin que dicha persona sepa (como conciencia y conciencia de sí) realmente porqué lo ha hecho. La escena del asesinato es una de las más crudas, impactantes y abruptas que yo haya visto nunca en películas o series. Se produce un choque cognitivo al ver tal acto espontaneo, salvaje y “natural” del cerebro “respondiendo” y actuando en “su” resolver un presente, un aquí y ahora, de forma tan extraña y fuera de la norma social. Hay que tener en cuenta que no tengo pensamiento mágico, las típicas películas de miedo de fantasmas y demás me dejan frío. Por el contrario me aterroriza la realidad, las películas realistas. Aquí vemos que el pensamiento mágico se “escuda” con los imposibles (fantasmas, seres sobrenaturales), el tener miedo de la realidad. Normalmente las personas de pensamiento mágico no sentirán ningún miedo con la escena criminal de “Sinner”. Para Sartre, para el existencialismo, no hay nada más terrorífico que estar al lado de alguien que tiene un cuchillo, aunque sea en una situación cotidiana y banal. Quien entienda esto ha entendido realmente la libertad. Así no lo hace saber la película “I am not a serial Killer“: “El miedo tiene algo extraño. La gente tiene miedo de las cosas, pero no tienen miedo de sus acciones.”

   Durante la serie vemos cómo la protagonista da varias “razones” sobre tal proceder, siendo algunas de ellas falsas, racionalidades; manteniendo la intriga del espectador. Se entra de lleno en las teorías del psicoanálisis, del ello con sus propias tramas, finalidades y estructuras. Nunca me han convencido estas teorías. Si ya es complicado “creer” y sostener, a nivel estructural de cómo trabaja el cerebro, en un yo, más complicado se hace el creer en varios yos, con sus propias estructuras y finalidades. La cuestión es más sencilla, la estructura de lo que llamamos conciencia de sí o yo, es un estado extraño y falseado de lo que realmente es el cerebro. Una cuestión es la imagen que creamos tener sobre nosotros mismos y otra muy distinta la que somos (yo y super-yo en el lenguaje del psicoanálisis). Esa estructura de la conciencia se basa en la razón, y justifica y racionaliza lo que uno es. Por otro lado está la propia estructura del cerebro, la “real”, esa que se puede dividir conceptualmente en yo y ello, pero teniendo en cuenta que el ello no se “crea” en una mente “sana” y sin experiencias traumáticas. Luego a eso que se le llama ello es tan sólo el cerebro creando mecanismos de olvido (bloqueo, en realidad) a procesos que crearon un gran trauma en el pasado. Esos “mecanismos” de olvido no tienen porqué ser tan nucleares como para crear por sí mismos dobles o triples tendencias o personalidades hacia el exterior. A veces son cosas triviales que no crean ninguna “doblez”. Una de mis exparejas me recordó, al final de nuestra relación, que nuestro primer beso fue con lengua y más sexual que el que yo recordaba, que era sin lengua y más romántico. Durante la relación ella nunca me quitó esa idea, porque de alguna forma le gustaba más mi “versión” o no quería defraudar a “mi” memoria. Creo saber porqué falseé ese recuerdo y es importante a la hora de tener en cuenta del cómo el cerebro crea memoria y por lo tanto un yo. Ese primer beso pasional me lo dio ella a mí: mi cerebro “trabajó” en ese acto de forma pasiva. El segundo beso, días después, lo di yo. Puede que el cerebro recuerde más los actos activos y en donde intervienen las propias elecciones (los actos de libertad), que los actos pasivos en donde en un primer momento la elección de uno mismo no entra en juego. En definitiva ha de llevar una “estadística” de los resultados de sus elecciones, para tenerlas en cuenta en situaciones similares. Las pasivas cuentan en la medida en el cómo actuamos al cobrar conciencia de la situación y a hacer entrar en juego las elecciones, pero no es una acción, es más bien una reacción. Las elecciones reactivas parecen tener un menor peso en la memoria (o distinto), pues no se suelen repetir o uno no es parte activa de esa situación, sino pasiva. Mientras que, por ejemplo, el cómo tratar de ligar, pura acción, se basa en un constante prueba y error del que conviene “llevar” las cuentas y las estadísticas. En fin, cada uno recuerda su propia acción de un hecho, eso implica que cada uno lo recuerda a su manera. Así se dice que siempre, al menos, “hay dos versiones de cada suceso”. No hay distorsiones, tan sólo qualias y esta propiedad del cerebro para ser y recordar en tanto que accionando.

   De nuevo spoiler, aunque en este caso puedo augurar que merece la pena saberlo, pues de otra forma quizás no se vea tal película, ya que es rara y muy, muy lenta y larga. Se trata de “El Sr. Wakefield” protagonizada por el entrañable actor de “Breaking Bad”. El trama nos relata, cual el Ulises de James Joyce, la paradójica vida llevada por su personaje a raíz de tomar una primera decisión de no entrar en casa esa noche y quedarse a dormir en el sobre-techo de la cochera. Una “decisión” lleva a otra, de tal manera que cada vez ve más ridículo entrar en casa sin más. Bajo mi punto de vista muestra muy bien lo que he venido diciendo en los últimos escritos: no hay un “gran” yo que sustente tu “papel” en el mundo, este se “desarrolla” por sí solo, como si estuviera prefijado en un escrito. En un momento dado de la película el protagonista nos cuenta el por qué se casó. Al igual que en su extraña y ridícula situación actual, simplemente se “dejo llevar”, las cosas se fueron encadenando por sí solas y al final simplemente estaba casado y metido en una rutina. Es cierto que hay días que parecen claves como para tomar una decisión, pero nuestro miedo a la libertad y el ser coherentes con nuestra propia trama y yo, hacen que sigamos adelantes en nuestra historia, como la postura más correcta. Por lo demás “El Sr Wakefield” es un canto a la libertad, a la rotura con la sociedad y al anarco-primitivismo. Todo eso ya dejo que cada uno lo descubra por sí solo. Mi vida ha sido un tipo de vida en donde en cuanto me encontraba en una de esa situaciones claves, apostaba por mi libertad. Esas decisiones explican mi vida y situación actual. A veces me emparanoió, hace una semana o así alguien, que aparentemente no conozco, me dejó un críptico: “Gracias por tu trabajo, esto me es familiar”, en el vídeo sobre el lobo estepario, en el cual se dice: “Jamás existió un hombre que tuviese un deseo tan profundo y apasionado por la libertad como Harry. Nunca se vendió por dinero, ni se entregó a una vida fácil, ni a las mujeres, ni a aquellos que tenían el poder, y había renunciado cientos de veces a la felicidad, a fin de mantener su felicidad. Pero en plena libertad Harry se dio cuenta que su libertad era inútil… ¡que estaba solo!” de Hermann Hesse.

Entro en tema. En mi constante buscar una serie “decente”, me encontré con “Manhant – Unabomber“, la dramatización de la historia de Ted Kaczynski. En ella hacían mención de su escrito “La sociedad industrial y su futuro“. No lo había leído. Me he confesado cercano al anarco-primitivismo, pero nunca tuve en cuanta a Kaczynski. Mi fuente fue John Zerzan. Apenas hay grandes y minuciosas obras sobre el tema, más bien lugares en Internet sobre dichos temas, y casi todos en inglés. Si aposté o simpatizo por esta cultura o pensamiento es por ciertas conclusiones a las que fui llegando, poco a poco, a lo largo de los años. A decir verdad no soy un anarco-primitivista “puro”, y ni siquiera un neoludista (oposición al desarrollo tecnológico). Más bien ataco a conceptos pueriles como el de progreso, humanismo y civilización, haciendo ver qué hemos perdido con respecto a nuestros orígenes y cómo somos con respecto a versiones disneylizadas del ser humano. Al fin y al cabo no creo en ninguna salida “válida”, el devenir humano siempre va estar lleno de incertidumbres y de dolor. La propia esencia humana, de una conciencia de sí, crea malestar, analizada fríamente. Es un estado perfecto cuando se regodea de su propia felicidad, pues en su juego de espejos se agranda tal efecto; pero de igual forma ocurre con el dolor, con el aburrimiento, la sensación de soledad, de vacío y demás estados negativos. La mera posibilidad que se dé ese lado negativo ya invalida una posible naturaleza “buena” de ese núcleo humano, con lo cual la balanza siempre cae en el lado negativo. O sea, si de lo que se trata es de ir subiendo una escalera de un pozo, pues el agua va subiendo, entonces no tiene porqué ser positivo ese estado. Si la felicidad consiste en ese subir esa escalera, tratando de escapar del agua, la felicidad está contaminada, pues no es una búsqueda, un camino, una meta o destino, sino una huida de algo que siempre nos proyecta su sombra. La conciencia de sí siempre está bajo su sombra, buscando la luz, pero si nunca alcanzarla. Tememos aburrirnos y creamos cambios de forma constante y eterna. El aburrimiento siempre nos persigue cual lóbrega noche negra. Toda religión parte del “engaño” de hacernos creer que es más importante la “luz” que la “sombra”. No es así, a lo largo de los escritos he querido mostrar una y otra vez que tiene un mayor peso la sombra. Una sonrisa mantenida crea dolor, un orgasmo es instantáneo, el dolor permanece y permanece, ya sea mental o físico, incluso cuando ya carece del sentido de que tenga que ser una simple señal de alarma, sobre que algo va mal. El dolor, en el humano, se vuelve crónico. No hay felicidad crónica. Con todo conviene ir tras la luz, no lo niego, pero no soy tan inocente como para pensar que la sombra no me acecha. ¿Es casual que Peter Pan no tuviese sombra? Era el eterno niño que sólo reía, que sólo se divertía. Es una utopía en la mente de un autor, la utopía inconsciente y siempre perenne del ser humano.

   Como fuere. Por lo que se hace necesario este escrito es por el alto paralelismo del escrito de Unabomber y mis escritos. Pareciera que me he limitado a parafrasearlo o incluso en copiarlo. En ese sentido he de decir, para que conste, que no lo había leído hasta hace unos días. En mi escrito “¿Los planes de Dios u otra cosa?“, apuntaba a la idea de que en cierta época fluyen las ideas, están latentes, y son varios los autores, concurrentemente, los que dicen más o menos lo mismo, sin haberse ni siquiera leído el uno al otro. Son las ideas las que fluyen y emergen por sí solas a lo largo del devenir humano, siendo este un mero transmisor o portavoz de esas ideas que van emergiendo en el caldo de cultivo que es la historia. El caso de Kaczynski y yo es uno de esos casos. Concordamos en que la sociedad actual crea sentimientos de inferioridad que a la vez crea depresión y otros trastornos. Kaczynski llama, a lo que yo llamo orgullo, “proceso de poder”, bajo el que una persona ha de resguardarse de la sociedad depredadora y dañina actual. Nos hace ver que de la importancia de infancia, de igual forma lo he hecho ver yo. Es complicado, sino imposible, enderezar un árbol que ha crecido torcido. Concordamos en minucias como en el odio, esto nos dice: “por ejemplo, se supone que no podemos odiar a nadie, sin embargo, casi todo el mundo odia a alguien alguna vez, bien se lo admita a sí mismo o no”. Yo dediqué un capítulo a dicho tema. Otra cuestión es lo que él denomina con el concepto de “sobresocialización” y yo, quizás erradamente, he tratado como el nuevo leviatán. En un caso u otro es la paradoja de que el sistema “necesita” cada vez controlar más y más su “entidad” a costa de la libertad individual. Hay un concepto que Kaczynski llama como “actividades sustitutorias” que yo iba a usar bajo el concepto de sublimación, de corte psicoanalítica, que al final no la he pasado a papel y sólo permanece en mi mente. Kaczynski abogaba por una revolución. Es más optimista que yo, pues yo pienso que nada cambiará, que siempre va a ser eso de “otros perros, pero con otros collares”. Si se hace una revolución sólo sería para “remover” todo y para nada más, para que los que están arriba caigan y no se “lo tengan tan creído” de que es por sus propios méritos y por nada de azar (un poco como el anarquismo del Joker, de Batman, que sólo quería ver arder el mundo, un simple “agente del caos“). Nunca se llegará a algo así como una “vida sencilla” o anarco-primitivismo. Seguimos nuestra propia historia social, porque igual que de manera individual, en grupo, tendemos a ser coherentes con cada paso que damos, aunque este paso sea en la dirección equivocada. De otra forma, ¿cómo un anarco-primitivismo va a tener ventaja en una revolución si su lucha es con hachas y lanzas, y va a ser contra balas y misiles?

   De cualquier manera muchas de las ideas, tanto de Kaczynski como mías, ya vienen de muy atrás. La idea de la importancia de la infancia ya la sostenía Alfred Adler, entre otros. Está de boga en la literatura, las series y el cine actual, el hacer hincapié y remarcar tal cuestión. Si yo cogí el concepto de leviatán, fue para seguir la tradición de Hobbes. Viene de antiguo el concepto de contrato social, por el cual anteponemos ciertas normas sociales a la propia libertad. Lo impactante, quizás, sea esa tan cercana similitud y paralelismos entre él y yo. Por lo demás está claro que mi acercamientos a todos esos temas son desde el cerebro, mientras que él lo hace desde lo social. Yo quería entenderme a mí mismo (como cerebro, como cosa) en el mundo; él, puede, que quiera tan sólo entender el mundo. Me impactó el punto 96, donde hace mención, por implicación, a mi actual crisis:

“96. En cuanto a nuestros derechos constitucionales, consideremos por ejemplo eso de la libertad de prensa. Ciertamente no queremos acabar con ese derecho: es una herramienta muy útil para limitar la concentración de poder político y para mantener a aquéllos que lo tienen en línea exponiendo públicamente cualquier mala conducta por su parte. Pero la libertad de prensa es de muy poca utilidad para el ciudadano medio como individualidad. Los medios de masas están en su mayor parte bajo el control de grandes organizaciones que están integradas en el sistema. Cualquiera que tenga un poco de dinero puede imprimir algo, o puede distribuirlo en Internet o de alguna otra manera, pero lo que tenga que decir será sumergido por el vasto volumen de material lanzado por los medios, por tanto, no tendrá un efecto práctico. Es por eso casi imposible para muchas personas y grupos pequeños el hacer un efecto en la sociedad con palabras. Tomémonos FC (Freedom Club, era como se camuflaba ante los medios Kaczynski, como perteneciendo a una grupo) como ejemplo. Si no hubiéramos hecho nada violento y hubiéramos presentado los presentes escritos a un editor, probablemente no hubieran sido aceptados. Si hubieran sido aceptados y publicados, probablemente no hubieran atraído muchos lectores, porque es más divertido ver el entretenimiento lanzado por los medios que leer un ensayo sobrio. Incluso si estos escritos hubieran tenido muchos lectores, la mayoría hubieran olvidado pronto lo que habían leído porque sus mentes habrían sido anegadas por la masa de material a que los medios las exponen. A fin de presentar nuestro mensaje ante el público con alguna oportunidad de crear una impresión duradera, tuvimos que matar gente.”

   Cuando vi el documental “Code: debug gender difference”, sobre la mujer y la informática, me di cuenta que todo lo que yo (u otro en mi caso) pudiera decir estaba de más. Que el volumen actual de “opiniones” es tal, que nadie se detiene por demasiado tiempo en nada. Que si hacen un documental, aunque este sea poco fidedigno y no cuente con científicos cualificados sobre el tema tratado, vale más que cualquier cosa limítrofe escrita en cualquier rincón perdido de Internet. Estamos en un mar tal de signos, de palabras, conceptos, paradigmas e ideas, que se ha formado la “tormenta perfecta” para crear ese caldo de cultivo que es la infoxicación. Se eleva, cual ola gigante, y barre toda la realidad y sentido común a su paso. Nada es relevante, nada permanece, nada es legítimo. Fijarse que Kaczynski en ese párrafo ya nos predecía en 1995, cuando Internet estaba aún en pañales, lo que estaba por venir: la actual situación de la proliferación de las redes sociales, donde cualquiera expone su propia opinión sobre cualquier cosa. Se predijo incluso a sí mismo, pues su propio escrito, viniendo de alguien que creó tal terror, se ha quedado perdido, sin que haya demasiada gente que lo haya leído o lo tenga en cuenta. Hay que leer ese escrito, no por sus grandes trazos, sus ideas principales, sino por todas aquellas pequeñas ideas que se esconden aquí y allá, y nos muestran un individuo profundo (sin profundizar, como nos recuerda una y otra vez) y con mucha sabiduría. Cosas como: “es bien sabido que la tasa de depresiones clínicas se ha incrementado enormemente en las décadas recientes. Creemos que esto es debido al colapso del proceso de poder”, autoestima, caída del orgullo personal, en mi lenguaje. Otros puntos interesantes en esta dirección son el 44 y el 59.

   A través de Kaczynski, de su escrito, he encontrado algo de ánimo para terminar el, posiblemente, último capítulo de la serie “lo que es y lo que (a)aparece”, pues en este autor, en algo que no está escrito, en algo que está latente en todo su escrito, me da la razón en aquello a lo que quiero llegar como conclusión. También a través de Kaczynski me he visto alentado a releer a Zurzan. En ese proceso encontré un escrito esencial, que se me había pasado por alto, de este autor: “La catástrofe del Postmodernismo“. Escrito que parece un caldo concentrado de aquello que se entiende con dicho concepto. Hay que diluirlo en tu mente para poder hacer una sopa comestible y digerible. ¡Increíble su capacidad de sintetizar y concentrar todo el proceso posmodernista en unos pocos párrafos! En ese escrito me encontré (o reencontré) con que para Derrida el lenguaje siempre es metáfora (para mí alma o qualia es metáfora) y que “nunca decimos lo que queremos decir, o nunca queremos decir lo que decimos”, como nos dice Zurzan, interpretando el atolladero en el que nos encontramos en la actualidad, donde si todo es texto, y este es interpretado, ya no hay ninguna legitimidad, verdad y finalidades últimas, sino puro devenir e interpretación. Fijarse que esta fantasmagoría y juego de espejos, que es la posmodernidad, se está aplicando a la propia ciencia. Esta nos da “datos puros”, y todos, cada organización, cada “isla identitaria“, cada paradigma y cada “escuela”, interpreta esos datos bajo sus propias “reglas” y principios, como para que le den la “razón”. Si todo se ha reducido a “llevarse el gato al agua”, el discurso pierde todo su sentido, y si es así (quizás) es mejor (más sabio) callar. Sólo “implicarse” (hablar) en casos muy concretos y claros, como nos dijo el último Foucault.

   Para que no sea un puro devaneo, sin nada de jugo, finalizo dejando un apunte sobre algo que he dejado ahí, entre lo escrito arriba, que tiene muchas implicaciones. Tengo la intuición de que son los actos libres los que nos crean esa sensación de orgullo o que Kaczynski engloba bajo el concepto de “proceso de poder” (que parece una forma light, edulcorada, de la voluntad de poder de Nietzsche). Kaczynski lo define mejor que yo al reducirlo al concepto de autonomía. Siendo autónomos, ejerciendo la propia libertad, crecemos. Y esto no es por otra cosa, a que es de esta forma en cómo se construye la memoria autobiográfica. La memoria (que recordemos que es la que crea memoria autobiográfica y por lo tanto yo) a nivel evolutivo sigue esta sucesión: 1. recordar grupo de movimientos esqueleto-musculares efectivos para la supervivencia, por este proceso pasa el bebé humano, que nace sin tener prefijado el uso de su cuerpo. 2. Crear el dolor como modulador que refuerza el recuerdo de aquello que hay que evitar, (en tribus de cazadores-recolectores dejan que los niños se hagan daño, eso es mejor que el simple :”¡NO!”, de los padres, pues estos no habrán aprendido a partir de evitar el dolor, sino de obedecer). 3. Crear el placer como modulador de refuerzo de aquello a desear. 4. Memoria puramente cognitiva, semántica, matemática. El último tipo de memoria se hace imposible si no la “ligamos” a una de los otros tipos de memorias. El “la letra con sangre entra” tenía razón, aunque no sea la mejor forma. Los tres primeros tipos de memorias implican a la propia persona accionando en el mundo. Actuando, ejerciendo su autonomía, su libertad. Hoy en día se enseña por repetición (reacción), no porque la persona actúe (lo “mueva”, lo sienta, le duela, le dé placer… le motive) sobre ese saber. Hay que volver el saber YO, con su misma esencia y consistencia de Ser y operar en el cerebro, acción en el mundo, y no simple reacción. En soledad casi no nos movemos, no movemos emociones, todo se vuelve distante y sobre lo que no actuamos: televisión, Internet… La memoria deja de operar como lo tiene que hacer. Olvidamos las cosas, se pierden conexiones entre neuronas, se olvidan las cosas pensadas fácilmente. En mi caso todo se vuelve desastroso, pues si trato de escribir me cuesta horrores mantener ideas, conceptos, significados, palabras. Hace unos días, paseando, me encontré con un árbol de un fruto seco. No recordaba el nombre de tal fruto, ni del árbol. Miraba en el suelo para encontrar uno de sus frutos, en alguna rama, y de ninguna forma me venía el nombre. De memoria hice como si tuviese uno de sus frutos en mis manos, y hacía la acción de abrirlo y comerlo. No recuperé el nombre, solo un día después: era un almendro. Aquí vemos que el cerebro trabaja con imágenes, que la palabra es un “añadido” posterior. Que lo que no solemos olvidar son las imágenes de las cosas. Damos clases sobre nombres, en la mayoría de los casos sin referencias a objetos, no siempre esto funciona bien para todos los cerebros. Recordemos que Einstein imaginaba sus abstracciones con objetos reales en casos concretos. Con todo no me quejo de mi situación, es mejor experimentar las cosas en la “propia piel” que aprenderlas en un manual. Estoy llegando a conclusiones en mi soledad que de otra forma, sin experimentarlas, no podría llegar. Hoy he “arrancado” una verdad al cerebro, a la evolución; eso hace que merezca la pena encontrarme en la situación en la que me encuentro. Al verme alumbrado de la luz del “conocimiento”, he restado algo de sombra, aunque sea sólo por un día o unas horas. Sé que este saber permanecerá por que ha sido a costa de dolor, y habiendo sentido el placer, aunque sea diminuto, de haberlo alcanzado, de haberlo conquistado (sublimación).


(Dejo un link para descargar una versión Word del escrito de Kaczynski, ya que yo corregí algunas cosas -ortografía y gramática del traductor- y es muy posible que otros quieran seguir corrigiendo otras que se me han pasado por alto.)