Lo que Es y lo que (a)Parece XXXIII – La Vida Como Instante

   Cierto día, mientras estaba viendo una serie, de repente me sobrevino la sensación de una disonancia cognitiva, de que algo no encajaba en la acción. El cerebro de la protagonista se me presentaba limitada a resolver un problema, independientemente de su identidad, de su yo. Esa disonancia quizás ocurrió porque los personajes ficticios tienen fallas, fallas en su conceptualización, por parte de sus creadores. Era como si no me encajasen esos planteamientos con el yo del personaje ficticio. Pero el efecto secundario de todo esto fue el hecho de ver al cerebro trabajar no como un yo, sino como una máquina de resolver problemas aislados. ¿Somos sólo un cerebro que resuelve constante y únicamente problemas? ¿El yo es eso que los otros dicen que somos por la forma en la que los resolvemos?, y a la vez ¿nosotros tenemos una autoimagen (un yo) por la continuidad que tenemos a la hora de resolver problemas? Si es así ¿qué ocurriría si no hubiera continuidad? Rápidamente me vino a la cabeza la película “Memento(1), en donde su personaje principal no tiene la propiedad cerebral de crear memoria a largo plazo.

   Al día siguiente vi la película, observándola bajo esa nueva perspectiva. Buscaba señales de que el cerebro fuera una simple “máquina” de resolver problemas. Sin el yo todo encajaba con ese descubrimiento. Memento MoriAl principio de la película (en la película al final, pues está montada al revés. Yo la he vuelto a montar en su línea temporal correcta),(2) el protagonista se hace con el coche y el traje de la persona que ha asesinado. Más adelante le preguntan qué cómo tiene ese coche y traje, y su cerebro, que en realidad no tiene la contestación, resuelve la pregunta con la hipótesis de que como su profesión era la de vendedor de seguros, habría cobrado un buen seguro por el asesinato de su mujer. El cerebro racionaliza, no razona, ante la falta de información, ¿no es lo que hacemos a diario en una gran cantidad de hechos?

   En otro artículo dije que el humano se ve compelido, obligado, a ser coherente, que esa era la clave o el núcleo del yo. Una vez que se sigue una línea argumentativa sobre algo, raramente se da marcha atrás, se cambia de idea o se reconoce que se estaba equivocado. Y así sucede en Memento, teniendo eso como base, el protagonista se “programa” para al final llevar algo a cabo: asesinar a Teddy, el policía que le manipula para matar a delincuentes libres. Simplemente lo hace sembrando la semilla de la duda de su yo futuro, al escribir sobre la foto de Teddy: “no te crea sus mentiras”, y apuntando su matrícula de coche para que se lo tatúen. De alguna forma sabe que esos eslabones sueltos harán que al final el cerebro resuelva de una forma muy concreta todo el puzle. La magia de la película, de esta concepción, es que su yo futuro sentirá que ha matado al asesino de su mujer, zanjando para siempre cualquier posible remordimiento. El argumento del personaje de la película estriba en entender que Leonard, el protagonista, quiere seguir teniendo un yo, un yo con propósitos e intenciones. Nos lo hace saber cuando nos dice: “¿crees que sólo quiero resolver otro rompecabezas? En definitiva, no quiere ser un simple resolutor de problemas, cosa más parecida a una máquina que a un ser humano. Para que el humano sea, ha de tener un yo, ha de ser un tejedor de su propia y coherente narración, narración que se guarda en la memoria autobiográfica. Lo que quiere decirnos en esa en apariencia enigmática frase, es en definitiva, que su alma no ha cambiado, que tan sólo se ha “adaptado” a unas ciertas, nuevas y extrañas circunstancias.

   De repente tenía ese esquema del cerebro, como resolutor de problemas, y analizaba todo lo que veía o hacía para ver si encajaban en ese patrón. Enseguida llegué a una conclusión, a partir de ver un documental sobre animales y a partir de ciertas premisas de la película Memento: el yo es una construcción de la memoria autobiográfica, bajo la premisa de recordar a los individuos que pasan por tu vida. Hay que recordar quien te hizo daño, quien te hizo bien, a quien le debes un favor, a quien se lo puedes pedir, etc. Si nos encontramos con alguien que nos hizo daño de repente cambiamos nuestro comportamiento, estamos más atentos, no nos relajamos, permanecemos con la mosca tras de la oreja. Si alguien nos hizo algo bueno, en seguida el cerebro le sonríe, y está pensando en algún modo de hacerle algún bien. Todo esto ocurre con todo animal social, no así con los que no lo son. O sea, que el yo es una conclusión lógica a la que llegó la evolución y que compartimos con todo animal social, en mayor o menor medida, y cuya función es la de recordar qué personalidad o comportamiento hemos de adoptar, dependiendo del medio o las circunstancias que son el grupo de individuos con los que convivimos. O dicho de otra forma, de nuevo es un simple resolutor de problemas, pero en este caso en la adaptación a los sucesos de nuestro pasado con respecto a cada persona presente. ¿Quién no ha sentido disonancia cognitiva al presentar el novio/a a sus padres? Con el novio/a tenemos una complicidad sexual, complicidad en la que no queremos que piensen nuestros padres. Ante ellos tomamos la apariencia de asexuales: así es como nos han visto durante toda la infancia y parte de la adolescencia. No somos un yo, somos muchos yos que recuerdan cómo es cada uno de esos yos con cada una de las personas. El resolutor de problemas está antes del yo, este segundo estamento del cerebro está supeditado al primero. Por esto el yo como constructo está obligado a ser coherente, porque dicha coherencia es la resolución a una pregunta primigenia de quien soy yo, que el cerebro de cada instante se ve obligado a “contestar” o resolver, y con lo que ya cuenta de sí misma en su memoria autobiográfica y con ser coherente a  la “línea argumental” de esta.

   No todo es constructo. A eso le llamamos personalidad, pero nacemos con un carácter (nervioso, tranquilo, colérico, sensible, etc.). Nuestra personalidad la construimos a partir de ese cruce de un carácter dentro de una sociedad dada. Un psicópata no se siente raro en medio de una época de permanentes guerras, en donde todos matan; se siente extraño en una sociedad como la actual, donde la mayoría de las personas son incluso incapaces de matar un animal, aunque sólo sea para comérselo. Esta hipótesis, de un resolutor de problemas que se aviene a crear varios yos a través de la memoria autobiográfica, igualmente valida una gran mayoría de trastornos de la personalidad, entre ellos claramente el disociativo (personalidad múltiple), así como la crisis de identidad. Este problema, clave en la adolescencia, viene a la menor, dependiendo de las personas. Cuando pasamos por una rotura traumática, en donde nosotros hemos salido peor parados, pasamos por una crisis de identidad. Se cuestiona todo: quienes somos, porque creemos en lo que creemos, porque nos han rechazado, etc. La siguiente vez, en el siguiente amor, somos más cautos, más precavidos. El cerebro, como resolutor de problemas del aquí y ahora, cambia de estrategias: ser más contenido o más directo, ser más sincero u ocultar ciertas cosas, etc.

   En toda esta forma de plantear las cosas, el constructo que es el yo, la identidad, en donde lo que cuenta es la sociabilidad, nos topamos con la soledad. En soledad el yo se desmorona, tiende a difuminarse, a desaparecer. Es un constructo que el cerebro “no necesita”, una energía desaprovechada. Pero no solamente una energía, también una química que ya no tiene sentido, que queda “inutilizada”. Este desequilibrio químico da como resultado a que la soledad cree distintos tipos de trastornos, manías y demás ensueños perdidos de la caja de Pandora. La estructura cerebral humana guarda un frágil equilibrio, en donde el otro siempre ha de existir y es a partir de este que creamos un yo, y una memoria autobiográfica. Es más, una de las premisas de la conciencia es ese yo, esa identidad o creación coherente de una narración de la propia vida, sin esta base la conciencia es como una mesa a la que le faltase una pata: cojea y ha de sustentarse, de crear un equilibrio de otra forma. La ciencia, a través de distintos experimentos, han comprobado que la memoria autobiográfica se empieza a construir a partir del nacimiento de la conciencia de sí, cuando el niño es capaz de reconocer que el que está ante el espejo es él mismo, cosa que no ocurre hasta los 24 meses. Es por esto que no tenemos recuerdos de esos primeros años, no teníamos un yo como para crear memoria autobiográfica. O sea, el proceso es crear una conciencia de sí, que a la vez ya nos pone como agentes activos ante la vida y los otros, como un yo o individualidad distintiva. Con esta lógica subyacente el cerebro en soledad, y en un entorno monótono y sin cambios, como pueda ser una celda de la Edad Media para forzar la situación, se derrumbará, pues al no crear memoria autobiográfica es incapaz de sustentar a la propia conciencia de sí, y al desdibujarse esos márgenes la cordura se viene abajo. Se empiezan a escuchar voces interiores como exteriores y ajenas; el cerebro se vuelve maniaco a rutinas, que si se rompen crean una gran ansiedad; los esporádicos contactos con la sociedad son disfóricos, anormales, como nos muestra la película “Beatriz at dinner” 2017; la amígdala unida al hipocampo y el córtex cingulado anterior se obsesiona o cicla en recuerdos negativos, como buscando un porqué que explique el cómo se llegó a esta situación actual (concepto de pregunta abierta).

   ¿Y qué sucede con Leonard?, el protagonista de Memento, ¿por qué no llega a la locura? Está claro que el factor más importante de la insania mental es la memoria autobiográfica. Si se encapsula el cerebro a no guardar recuerdos, a vivir constantemente el presente, no se crea el ciclado de amígdala, hipocampo y córtex cingulado (CPFm, por las siglas en inglés estandarizadas), eje de la conciencia en su eterno verificar todo, en la medida que se pierde la unión entre el hipocampo y el hipotálamo, ya que lo que se daña con este tipo de deterioro, llamado amnesia anterógrada, es el fórnix, que une el hipocampo y el hipotálamo. De esta manera el hipocampo, vía amígdala (miedo), no parece tener “control” sobre el hipotálamo como para que haga una suelta de neurohormonas que propicien las encefalinas: ese típico dolor mental tan intenso y extraño que todo humano evita cual lepra (confundido o reducido a tener mala conciencia por el cristianismo por haber cometido pecados). Los que padecen amnesia anterógrada pueden parecer, entonces, bobalicones felices, como se deduce de la película “50 primeras citas“, pero no es así (que de nuevo por casualidad la pusieron ayer en la televisión, cualquier otro pensaría que Dios le habla). El eje CPFm cerrado sobre sí mismo, en el presente, hace que la persona se pueda frustrar a la menor, que se active en definitiva la amígdala en su respuesta de ataque o huida, que en la mayoría de los casos en realidad son de salidas airadas, de ira (en la película “50 primeras citas”, en el momento que la protagonista se despierta junto Adam Sandler, sin entender nada). Así se nos muestra en la película “Casada con un extraño” (Ten man who lost himself, 2005), basada en un caso real sobre un jugador de futbol americano. La película, desde la perspectiva de la mujer, nos muestra a esta frustrada por los constantes cambios de humor de su marido, al que siente como un extraño. El caso más famoso es el de Clive Wearing, pues sale en varios documentales. Presenta esa doble faceta de persona alegre y directa, y que a la vez se puede frustrar con facilidad. El núcleo CPFm cerrado sobre sí no es capaz de comunicarse con otras estructuras que regulen sus emociones más básicas. No parece darse un control de las emociones, esa tan deseada en la inteligencia emocional.

   Como vemos, el yo, la identidad, la conciencia y la conciencia de sí, ese todo que en sanidad y armonía crea eso que pudiéramos llamar alma, se daña demasiado fácilmente. Pero no es el mostrar esa fragilidad, que también, la meta de este escrito. A lo que quiero llegar es a la importancia de los otros, de la convivencia, como para crear y mantener ese equilibrio; pero no en un sentido positivo, como consejo para mantener el contacto con lo social y evitar la soledad, sino en lo negativo: a lo que esta estructura nos “encajona” como para que no nos deje realmente el ser libres. En un universo ideal sólo existiría yo y el resto sería un ensueño que yo manejaría al antojo de mi libertad y mi imaginación. Soñar, ¿no es eso lo que hace el cerebro al dormir?, usamos el mismo término para conseguir las propias metas, nuestros sueños. Seríamos un dios dentro de esa fantasía donde nada nos estaría limitado. Seríamos un simple resolutor de “aquís y ahoras”, un eterno presente, en donde todo sería reducible a una simple y pura libertad: el poder de dios, de no depender más que de su simple deseo, de su simple motivación (lo negativo de esta idea, que repercute a lo que han de creer los creyentes, es que Dios no es tan libre, pues está obligado a “pertenecernos”, a estar “pendiente” de su obra, del propio pasado de su obra y de Sus acciones en ella, ¿tiene remordimientos, se desaprueba, se arrepiente?, si es así al crear al hombre ¿se volvió “humano”, con sus mismas fallas y límites?). Por el contrario nos vemos constreñidos a nacer en una época, un país, un idioma, en ese todo social que hemos de aceptar aunque no nos guste. Uno no puede aislarse de la sociedad sin poder caer en este o aquel trastorno o enfermedad mental. En la estructura que hemos analizado, la conciencia de si nace paralela a la memoria autobiográfica. La conciencia encerrada, sin posibilidad de crear memoria vivencial se degrada. No soy tan libre si he de atenerme a ciertas reglas que me imponen las estructuras del cerebro, como para mantener una sanidad mental. Ni siquiera es lícito el predicar dicha frase, pues si soy un yo, lo soy con los límites de sus constructos. Tal planteamiento tan sólo es una paradoja pensable, pero carente de fundamento, de viabilidad. Se supone que la razón es una estructura del prefrontal, su Ser lógico, de serlo, sólo tendría que procesar datos. Pero por el contrario la razón aislada (el ejemplo del preso medieval) degenera en la insania(3) mental. El prefrontal y la razón están constreñidos a las estructuras que lo sustentan, en una lógica emocional, desde los constructos que mantienen un yo y una conciencia, y esta limitada a vivir en esta sociedad y en esta época. Está, en definitiva, encarcelada en sus estructuras y a lo social.

   ¿Quién es realmente el rebelde? El que comprende estos límites. No hace falta haberlos expuesto como lo he hecho yo aquí. El rebelde intuye que la realidad es así de cabrona, fútil, de inane y de fatal. Hay otra dimensión, así, de Prometeo. Promeo el fuego de la libertadLa cuestión no es escapar tanto del mandato de los dioses, regalándonos la libertad como así lo hizo el susodicho, como escapar de la propia naturaleza, de las estructuras de la evolución en el cerebro. Si quiero ser realmente libre, lo he de ser porque no quiero que las emociones afecten a mis juicios; si “me” quiero libre no habría de caer en ningún trastorno por llevar tal o cual tipo de vida; si quiero mi libertad esta no tiene que estar constreñida a mantener un contacto social para mantenerme sano. Amargamente el humano ha reducido este todo conceptual al “vive el momento”, que no lo explica. Lo que mi libertad “pura” reclama es ser sólo razón, elegir hasta el último parámetro de mi ser, de ser una individualidad no en tanto que “empaquetada” en una manada. Quiero ser un yo sin ningún condicionante. Un resolutor de problemas en un eterno presente. Un yo puro de libertad…, ¿pero acaso eso no es ser Dios? (4)


(1) El guion de Christopher Nolan está basado en un relato llamado Memento mori (en latín, “Recuerda que vas a morir”). Fuente Wikipedia.
(2) Hay una inconsistencia que queda rara y que por lo tanto está mal en la película original, pero que tuvieron que resolver. La primera escena larga de la vida real hace mención a algo de la historia en blanco y negro de la que no te enteras hasta el final. Ese fragmento queda sin entender al principio, tal como la he montado yo.
(3) La real academia no acepta insanidad (sí el inglés: insanity) y hay que recurrir a insania, y en este caso con su artículo. Hago ver esto para hacer notar el cómo constriñe las propias normas sociales al propio lenguaje, a veces de forma poco inteligente. No hay lógica, no razón, sólo racionalidad. Insanidad mental “funcionaba” en la frase.
(4) ¿Veis lo que sucede en los escritos (y/o en mi cabeza)? Se mezclan ideas y conceptos que al final crean nuevos. Si al soñar somos eso que quizás el cerebro anhele ser, ese ser rebelde sin ninguna atadura y constricción, entonces ese ser que el cerebro sueña ser es Ser Dios. Quizás al soñarse ser Dios es cuando realmente se desestresa de lo “impura” que es en sí la existencia humana. ¡Ya veo que los creyentes van a sacar su propias conclusiones de todo esto!: anhelamos ser/estar dentro de la gloria de Dios o algo similar.

Off topic. Este artículo lleva en mi mente antes del bloqueo actual. Llevo más de nueve horas escribiéndolo. Más porque he tenido que buscar referencias. Tengo conceptos, ideas y cosas concretas mentales de los que olvido los nombres, como la película de 2005 (olvidaos de buscarla, era de televisión), o el nombre de Clive Wearing. Al buscar genero un pequeño gran caos en el navegador, con más de treinta páginas abiertas. Tanto trabajo para al final tener sólo unos pocos lectores, cuando cualquier “chuminada” de YouTube tiene miles o cientos de miles.

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La Era de la Insensatez

   Hay cuatro niveles de decir algo: 1. científico, 2. pensador o ensayista, 3. poeta o literato y 4. en la cotidianidad. Sólo al primero se le exige rigurosidad. El segundo tiene la necesidad moral de ser veraz y no sesgado, pero no tiene porqué serlo: no hay verificación; les puede funcionar el sesgo de autoridad, la gente les “cree” de buena fe. A los terceros, al usar la ambigüedad, no se les exige nada; en muchos casos cada cual los “entiende” desde una perspectiva personal. En ese rango entran los filósofos, como Nietzsche, al escribir de forma oscura, como lo son los aforismos. En el cuarto plano, se puede decir cualquier cosa, teniendo en cuenta que los otros, los más cercanos, son sus censores directos, pues al burlarse de este, en ese proceso lo dejan en evidencia y lo ponen en ridículo. Siendo así, al parecer, sólo los primeros y los cuartos han de tratar de ser veraces. Hoy en día Nietzsche no hubiera escrito lo que escribió. Los pensadores y los ensayistas se ven constreñidos a un margen demasiado reducido, entre expresar una simple y humilde opinión, -en la actualidad hay un exceso de opinión pública que sólo genera caos: ya nadie escucha a nadie, se ha perdido la legitimidad-, y todo lo que lleva adelantado y profundizado la ciencia. A estas alturas, donde todo son opiniones y ninguna cuenta realmente, casi es preferible que por mi parte vuelva al arte, donde sólo está el espacio libre de mi alma para expresarse. El librepensador parece morir acorralado, porque el resto de márgenes le han dejado sin espacio para respirar, para existir… para escribir.

   Con esto quiero decir que me está empezando a frustrar el escribir. Voy totalmente contracorriente. La mayoría de las personas que tienen acceso a Internet lo hacen desde un móvil, no quieren realmente leer, prefieren ver vídeos. El vídeo más visitado, de los que pongo para mostrar algo de mis escritos, ha sido uno de un tortazo en “Gran hermano”; puro morbo, eso mueve a Pan. Al final lo he retirado, no me gustaban las trifurcas que se montaban entre los que opinaban algo sobre el tema.

   Analizo si caigo en errores, en sesgos. Seguramente. ¿Es posible no caer en alguno? (estoy haciendo un mapa mental sobre estos, lo compartiré cuando lo termine). ¿Caigo en el sesgo denominado “cinismo ingenuo“? (dice en lo básico: yo no estoy sesgado, lo están los otros al no darme la razón, lo hacen porque sus intenciones y acciones son de sesgo egocentrista, en realidad se parece y es la forma de actuar de la personalidad antisocial). Pero, ¿acaso no todo pensador que tenga una propuesta que no está en la media reconocida de su época lo puede pa(d)(r)ecer?, y por otro lado, ¿cómo puede avanzar el conocimiento si alguien tiene una propuesta tan distinta a las existentes que inevitablemente le van a tachar de este sesgo o él mismo tenga miedo de caer en él? Si todo divergente por miedo a caer en dicho sesgo -se lo parecería a sus coetaneos-, no fueran contracorriente, entonces las ciencias, las religiones y el mundo del pensamiento se hubieran estancado hace milenios.

   Recojo cuatro ideas de escritos anteriores. 1. la evolución crea patrones de modos de procesar la información en el cerebro, esos patrones son es sí mismos lo que hoy denominamos conceptos. 2. El cerebro en su emergencia crea eso que llamamos alma, o de forma más fría: mente, el núcleo de esa totalidad es la motivación. En otros tiempos lo llamarían deseos, ligados a su vez a lo que entendemos hoy por pasión. 3. Cuando se creó la palabra esta se “percató” de la existencia de los conceptos, estaban en sus “entrañas”. No dio con sus “verdades”, las interpretó con el poco conocimiento que el humano tenía en ese momento sobre sí y sobre el mundo (no sabían de la existencia del cerebro, para ellos aún era sólo alma, y esta de forma mucho más “borrosa” que la propuesta en mis escritos). 4. Divinizó a la propia palabra (si algo no tenía nombre no existía, se tenía miedo de dar el propio nombre, pues sólo con este podían tener control sobre ti, la palabra tenía un vínculo más directo que ahora con la realidad, los judíos no saben el nombre de Dios, sólo lo pueden saber unos pocos). En esa medida se dio una corriente que cayó en el error de buscar el sentido de las palabras, en vez de buscar el sentido de los conceptos implementados en el cerebro, que fueron los que dieron forma a las palabras, que por otro lado estaban mal “acomodadas” o fusionadas. Uno de esos últimos errores es la programación neurolengüística. Un concepto de ejemplo es la deducción. El humano se da cuenta que todo es causa y efecto, es un patrón que la evolución ha mantenido en su cerebro, luego la deducción es el método por el cual el cerebro (mente, alma) trabaja sobre esa realidad del mundo. Se supone que hasta la Grecia clásica no se acotó, para ser lo que ahora entendemos. Miles de años antes no concebían la muerte. La vida tenía que ser la causa de algo después de la muerte. Los vegetales muestran ese ciclo eterno de muerte y vida, igualmente el sol y la luna, y las estaciones. En el humano, centro de todo, no podía ser menos y distinto.

   Otro caso, que ya he tratado una y otra vez, es la diferencia entre la voluntad y la motivación. Un error de sesgo humano es la falsa deducción de que el resto de los demás cerebros “funcionan” igual al de uno mismo (sesgo egocentrista, todo niño pasa por esa fase, y recordemos que las edades de un humano son las edades por las que ha pasado el humano en su evolución). Así si yo tengo un tipo de motivación, creo que al resto de humanos también les tiene que mover la misma motivación. O sea que si yo subo una montaña por gusto, por motivación, creo que el resto de los humanos han de tener tal gusto. La “voluntad”, o mejor su carencia, se creó como concepto ante el hecho de que los alfas imponían sus motivaciones y creencias sobre el resto. Si en los otros no era igual, entonces es que no tenían algo que deberían de tener. Puesto que si uno no tiene motivación, lo hace por puro esfuerzo, entonces se llega a la falsa creencia que si alguien no hace algo o no desea hacerlo es por falta de voluntad. En vez de lo más evidente que es la falta de motivación (recordemos: deseo, en aquellos tiempos). La humanidad se ha reglado por esta falla por milenios y aún seguimos bajo la misma idea, bajo la misma “dictadura” de un error. El cristianismo le debe mucho a Santo Tomas de Aquino (será de allí), este normalizó y sacralizó ese principio por el cual la voluntad es la que hace al buen cristiano. El cristiano por voluntad no se deja arrastrar por los deseos carnales. De esta forma se duda de la motivación, como un foco de los deseos carnales, de aquello que antes era el origen de los pecados. Se regla qué es deseo y qué voluntad, y que la segunda es la que ha de mandar sobre lo primero.

   Voy a un caso más actual. En realidad es por lo que me ha avenido la actual crisis, por un documental sobre ciertas creencias feministas: “Code, depurar la diferencia de género“. Las feministas de la tercera ola dicen que somos iguales (o por lo menos en el documental), que si hay diferencias es porque están establecidas en lo social, no en el ADN o los cerebros. Les doy la razón en algo sobre la igualdad: en que las mujeres son igual de estúpidas que el hombre, cuestión en la que ellas -al parecer- han dejado de creer, pues sólo validan como “verdad” sobre el género lo que salga de boca de otra mujer.(1) Eso es síntoma de sectarismo: ninguna verdad puede venir de afuera del grupo. Siento si pueda parecer que caigo en lo irracional, pero odiar al que te odia sin razón es odiar con una buena razón. ¿Para cuando una auto-crítica?, un revaluar los postulados. Yo veo todo más fácil bajo mis sencillas reglas. Una mujer sí puede ser informática (que sobre esa cuestión va el documental) o lo que se proponga. En inteligencia, en competición, podemos ser iguales. Pero el caso es si les motiva la informática o si hacen esa carrera por pura voluntad. El documental está lleno de sesgos. Pensé en editarlo y puntualizar allí donde viese fallas, pero es largo e iría contra el copyright en otra dimensión más peligrosa. Está ocurriendo de forma general que se hacen documentales, en donde porque salgan personas con estudios, cualquier título vale, se supone que han de saber de neurociencias o de psicología evolutiva y un sinfín de temas. A ese sesgo se le llama “sesgo de autoridad“. Porque Einstein crease sus grandes teorías físicas, no de repente es un sabio en todo, al que hay que tener en cuenta en cualquier otra materia. En otro documental encontré que decían que los genes no hacen a la persona. !Entré en shock!, me levanté de la cama y busqué información sobre sus afirmaciones (en inglés) y no encontré nada. Son sólo unos pocos que decidieron crear ese documental. Cada día hay una noticia nueva de haber encontrado un gen causante de tal o cual cosa, o de que los manipulan y obtengan ciertos resultados. Carecían de sentido sus afirmaciones.

   ¡Y qué hago yo, sino lo mismo! La finalidad de mis escritos eran la de entenderme. Sigo una línea muy personal. Soy honesto, me contradigo, dejo ver mis cambios. En los últimos escritos he dejado ver el cómo llegaba a ciertas conclusiones. No por vanidad, sino por el hecho de mostrar el cómo trabaja el cerebro, aunque sólo sea el mío, ¡y no porque sea una genialidad!, sino por el contrario: se basa en obsesiones y en la pegajosidad neural, las cuales anclan toda noticia que les den la razón (ya he tratado cómo sucede esto, a través del concepto de cebado cerebral). En mis “investigaciones” he ido profundizando y profundizando más. Una cosa es quedarse es el plano metafísico, como Nietzsche, y otro entrar en ciencias. Mis escritos se están volviendo demasiado tipo “difusión de la ciencia”, estoy de más, pues no era mi meta. No he sabido quedarme en el plano de mero ensayista o pensador, porque en esta época no es “lo que toca”. Cualquiera puede encontrar esa información en Internet, cada cual ha de ser su propio investigador en sus temas preferidos. Por lo demás me repito mucho. Casi todo son repeticiones de unas pocas ideas, si bien voy añadiendo capas de abstracción y profundidad por nuevos descubrimientos que vienen de la ciencia. En lo tocante de cómo trabaja el cerebro, postulo ideas, pero no soy científico como para hacerlo, no lo debería de hacer. En realidad me valen para mí, para formar esa idea global que quería buscar… pero al final puedo caer en “imposturas intelectuales“.(2) Hay demasiada opinión en el panorama actual, yo puedo haber profundizado más que una gran mayoría de gente, pero no deja de ser otra cosa que opinión. Se necesitan divulgadores de la ciencia, que aclaren y simplifiquen ideas. La serie de documentales “redes” hacían ese papel muy bien, puede que yo sólo sea uno de sus “productos”.

   Creo que voy a escribir para mí sólo. Para seguirme el rastro, pues se me olvidan la mayoría de mis deducciones. Escribiré dos o tres últimos artículos sobre eso que llamamos motivación y la razón, pues están pendientes para cerrar el ciclo de esos escritos. ¡Todos son palabras erradas!, es complicado separar motivación y voluntad, pues la primera tira de la segunda como recurso. A nivel del cerebro se necesita otro lenguaje que aún está por llegar. Hay tres niveles humanos en este aspecto. 1. Los autistas de alto rendimiento, de los llamados “genios idiotas”, “aprenden” sin querer, porque el cerebro “los” hace así; son monotemáticos y obsesivos, pero al ser una pasión sin freno y “conductor” (aclararé esto en mis siguientes escritos), no encajan exactamente en eso que se llama pasión humana, tener pasión o motivación por algo. 2. Una persona motivada, en una clase, está más atento y receptor al profesor, no pierde la atención, esta se mantiene por sí sola. Algo parecido a ver una buena película. Aquí entra en juego eso que hemos visto en otros escritos sobre los sádicos. Mantener la atención lleva un coste energético, el cerebro se fatiga, pero las endorfinas palían ese mal, y por otro lado las dinorfinas disminuyen el cansancio (estoy investigando la unión de estos componentes con la orexina, pero todo se vuelve más complejo y profundo: entran en juego más partes del cerebro, con sus propios “comportamientos”, neurotransmisores y funciones). 3. Por voluntad alguien puede estar prestando atención, su concentración no decae, pero sí existe fatiga. No entra en juego esa química de contrarrestar el dolor. Es lo mismo que la diferencia de subir una montaña por motivación o por obligación. El segundo va a sentir y cargar peor el cansancio. Se puede ejercitar la voluntad, pero la motivación (como juego químico) está o no está. Aun así, hay que puntualizar que alguien que empiece por voluntad en algo, al final puede que se implique tanto como para que le motive o a la inversa: la motivación al ver el exceso de esfuerzo muere. Todos nos damos cuenta de esas “verdades”, no he descubierto nada. Ahora se ponen a enredar más las cosas y a perder la perspectiva de todo, simplemente por llevarse la razón, porque no les gusta lo que se deduce, como les sucede a las feministas. Las diferencias de los cerebros está en la motivación, que recordemos viene de la palabra “mover”. El qué mueve a cada uno, qué lo hace levantarse por las mañanas. No hacen falta más explicaciones.

   ¿Desde cuándo nos hemos vuelto unas simples hormigas como para que todos seamos iguales? Si pensamos que todo humano es distinto de cualquier otro ser humano, ¿porqué pensar que mujer y hombre son iguales? ¿Todo humano es capad de matar?,(3) sí, es probable. Pero también es cierto que algunos lo hacen con más “facilidad” que otros. ¿Todos podemos ser iguales de inteligentes, o de musculados, u músicos, o matemáticos?, no. La diferencia es la tónica dominante de la reproducción sexual, de la evolución. La última serie de escritos tienen el título de “lo que es y lo que (a)parece”. ¿Qué diferencia hay de subir una montaña si se hace por voluntad o por motivación? Ninguna. El humano tiene interés y analiza tan sólo los resultados (regla de la evolución, sesgo). Dan el mismo resultado final: haber logrado la meta, luego son lo mismo en su apariencia. Pero ese tipo de forma de proceder deja una gran cantidad de detalles sin analizar, realmente no se descubre una “verdad”, sino que por lo contrario queda oculta. En lo deportivo, además del entrenamiento físico, se hace un gran hincapié en el entrenamiento psicológico: el deportista tiene que estar principalmente motivado, sin esta, todo el entrenamiento puede fallar. Si una mujer y un hombre tienen las mismas potencialidades para un deporte, la diferencia para ser medallista o no puede estar en la motivación. Parece que el humano sólo llega a ciertas conclusiones cuando en el proceso se obtienen beneficios. ¿Por qué no deducir lo mismo para las diferencias de género?, ¿por qué caer en lo políticamente correcto?

   En fin, que cada vez hay menos sensatez. Todo se ha vuelto un circo de debates y luchas de contrarios, en definitiva de opiniones, sobre los temas más variopintos y banales. El feminismo revisa todo el lenguaje, creando una neolengua a su medida y sin “consultar” o tener en cuenta la opinión del hombre. Ya no tienen sentido, o ha cambiado, términos y conceptos como los de seducción, protector, igual, morbo, sensualidad y un largo etcétera. O puede que el circo siempre haya estado ahí, recordar que yo defiendo que el humano no es inteligente. Para cerrar el escrito dejo una muestra de una de esas estupideces. En iTunes se puede comprar la canción de John Cage, titulada 3’34”, que es su duración.(4) Se puede escuchar una muestra: hazlo. ¡No está mal tu ordenador, móvil, o altavoces!, son tres minutos y treinta y cuatro segundos de silencio. ¡Cómprala, es un silencio de John Cage!

 


(1) El feminismo habla de empoderarse, como si no hubiera hombres con baja autoestima o el llamado complejo de inferioridad de Adler. Cuando he puesto esta frase de “la mujer es igual de estúpida que el hombre”, estoy seguro que muchas mujeres sólo leen “la mujer es estúpida”, cuestión que demuestra su baja autoestima, lo mismo para los hombres. El problema de la autoestima, y que otro superior o igual o incluso inferior, te la dañe para ponerse por encima, es humano, no sólo de género. Lo hacen hermanos contra hermanos, padres contra hijos, hijos contra padres, entre amigos, y cómo no: jefes contra empleados. Reducir ese problema al género, es mirar la realidad con un microscopio. Todo es problema del concepto de las jerarquías, que se da en todos los ámbitos.
(2) El caso Sokal hace referencia a que tal científico y escritor publicó algo bastante atrevido, para inmediatamente decir que sólo era un experimento de lo que él denomina como “impostura intelectual”. Al final hizo un libro sobre el tema. Leer el resumen del anterior enlace para entenderlo.
(3) Este en un ejemplo de sensatez, lo que dice la mujer del vídeo puede ir contra el macho, pero es así por nuestra condición, por la testosterona.
(4) La cuestión de esta obra es que John Cage salía al escenario, levantaba la tapa del piano y se quedaba en silencio durante tres minutos, y treinta y cuatro segundos. “Regalaba” al oyente de ese tiempo de silencio, en un mundo cada vez más lleno de ruido. Por otro lado, si duraba ese tiempo quizás era porque mentalmente estaba tocando una canción de esa duración, para calcular bien el tiempo.

La Guerra Evolutivo-Sexual

   El presente escrito no es una apología a la violencia de género. No trata de justificar la violencia, ningún tipo de violencia está bien. Antes que cualquier otra cosa el humano ha de ser racional, pero en la medida que eso depende de la educación, el principal esfuerzo de las feministas debería ser el apoyar todo movimiento de izquierdas. Por lo tanto tan sólo trato de ver las cosas en su justa medida, pues ahora mismo cualquier hombre es presuntamente culpable por el simple hecho de ser hombre, a ojos de ciertas ideologías feministas radicales.

   Si se analiza el comportamiento de los osos del documental, es posible que la mujer se identifique con la hembra y el hombre con el macho. La mujer pensará que el oso macho se equivoca en su brutalidad, en su deseo de dominio… etc. El hombre defenderá al oso macho: su acción beligerante tiene un fin, mientras le parecerá poco noble el papel de la hembra, al tratar de abandonarlo a la menor de cambio, después de todo sus esfuerzos. Más aun viendo todo lo que ha sufrido y está sufriendo, está totalmente demacrado y lleno de heridas. Por otro lado la hembra se va con la “carga” de mantener por sí sola a la prole de ese que le deja a su suerte.

   ¿Por qué juzgar? No hay buenos y malos. ¡Es la vida, es la complejidad de la sexualidad, son las diferenciaciones provocadas por el dimorfismo sexual! ¿Quién fue el que inicio este macabro juego?, la hembra al ser selectiva o el macho al querer perpetuar sus genes. Es indiferente la respuesta, es una dinámica a dos. Una dinámica que llevó miles de miles de años hasta llegar a este estado actual. Una dinámica que creó las diferencias corporales y mentales en todos los mamíferos de los dos sexos. El humano no sale de esa regla. Sus cerebros siguen siendo los mismos (tanto de la mujer como el del hombre), por mucho que los “maquillemos” con cultura.

   Lo que quiero decir es que las cosas no son tan sencillas a como las simplifican las feministas. También la hembra es la “culpable” de haber “creado” al macho que es el hombre hoy. Durante toda la evolución “seleccionó” su alta carga de testosterona, su alta carga muscular y de fuerza. Visto así, el hombre, un hombre particular, es una simple “víctima” de ese largo juego evolutivo. Al igual que la mujer también “carga” con errores en sus comportamientos, por cuestionables. No por machismo, porque lo opine el “macho”, sino porque es así. Si lo analizase alguien ajeno, un robot, una inteligencia de otro planeta, nos diría que los dos nos equivocamos en ciertos comportamientos. Que los dos somos injustos. Las feministas quieren hacer creer que sólo el macho es el culpable. Yo, como hombre razonable, no “echo la pelota fuera de mi terreno”, no le echo la culpa a la mujer. Pienso que los dos nos equivocamos, es nuestro “juego”. Los dos somos “víctimas” de ese juego evolutivo.

https://www.ok.ru/video/346748029458

¿Qué Sentido Tendría que la Vida Tuviese Sentido?

   ¡Atención! El siguiente escrito puede contradecir muchas de las líneas argumentativas que están en mis escritos.

   A lo que yo llamo “preguntas abiertas”, que el cerebro mantiene ahí, trabajando con ellas, tiene como fin a que a veces este te suelta una respuesta. El acierto de Twitter es que esas respuestas son cortas. O sea el cerebro no te suelta de repente la “crítica de la razón pura” de Kant, “suelta” sentencias, abreviaciones. En el caso del poeta un verso, en los de los músicos un estribillo, en los pensadores una sentencia, en los escritores una conversación de personajes, que es en sí misma un microrrelato, en los científicos un concepto englobador (la manzana de Newton, por ejemplo). Así que de repente, esta mañana, me vino a la cabeza (soy cabeza, ¡eh, sé que te ha venido a la mente!, no soy cabezón) la sentencia de: ¿qué sentido tendría que la vida, lo humano, tuviese sentido? Inmediatamente lo quise escribir en Facebook (dejé de usar Twitter bajo “sus” términos), pero me pareció que estaría bien desarrollarlo.

   Si de repente doy sentido a esa frase, qué sentido tienen mis escritos, en donde digo que todo va mal porque nada tiene sentido. O sea si te quejas de algo es porque preferirías que fuera lo contrario. Si de repente arremeto contra un sentido, cualquier sentido, ya no sé en qué puedo fundamentar lo que escribo. Estos devaneos empezaron con la lectura de una persona oriental interpretando a Sartre, traducido al inglés y de este al castellano; juego de espejos, en donde ya no sabes qué es real. Esta es la traducción, con ciertas licencias, pues no es fácilmente traducible al pasar por cinco “traducciones”: del mentalés de la persona a su idioma, de este al inglés, de este al castellano, y finalmente a mi propio mentalés y de este a “mi” castellano:

   “Lev Tolstoi dijo una vez: “Cada persona tiene un corazón de rey, la gente no tiene que depender de la Iglesia, ni mediar con los sacerdotes vinculados con Dios para entrar en el cielo.” Haciendo que Sartre usase las palabras de Tolstoi se convertirían en: “cada persona tiene un corazón de Dios, este Dios es él mismo. Solitarios e indefensos en este mundo, sólo ellos son sus propios salvadores… Dios no existe.” Por lo tanto, tenemos el valor de la “libre elección”, como cierre, pesimista, alma sufriente en su vuelo, de los que hemos elegido ese vuelo como el “reino ideal del cielo”. Me encanta Sartre. Me encanta la obra de Sartre.”

   Para ir directamente al tema, de cómo lo quiero decir yo cerebro (en vez de “mí cerebro”, pues soy eso y no es mí posesión, resulta raro cambiar el lenguaje, la frase parece mal construida, pero lo hemos de hacer), si de repente dijeran que hay evidencias irrefutables de que Dios existe, a mí me daría igual. Ese es el meollo de la libertad a la que se refería Sartre. Si de repente Dios está ahí y soy libre, eso no quiere decir nada para mi libertad. Esta sigue intacta. Su Presencia no cambia mi vida. Es más, le escupiría si pudiese, no por haberlo considerado un “mal padre”, sino porque no lo quiero ahí. Al escupirle le renegaría, pues es antes mi libertad que cualquier pretendido predicamento que este tratase de imponerme.

   Ahora mismo, mientras escribo, me doy cuenta que esto ya ha sido planteado. En el libro de “Niebla” de Unamuno, el personaje al final se encuentra con el escritor. Quiere entender todo, encontrar el sentido de su vida, de su condición, de su sufrir. El libro está claro. El autor es el que pone la voz al personaje y aunque este hace amagos de decirse libre, Unamuno le dice que él sale de su puño y letra, que no hay tal libertad. Personaje y autor se meten en una refriega de amenazas, en donde el personaje decide suicidarse para probar su libertad, pero Unamuno decide matarlo para demostrarle su poder.

   Pero, ¿mi relación, del hombre, con Dios sería igual? O somos libres o no lo somos, y esta seudolibertad es solo una “treta” de Dios para hacernos creer que tenemos opciones. Si soy libre le escupo, hago todo a la inversa de como Él lo pretenda, y que me dé el infierno si quiere. Pero habré tenido poder sobre Él al no aceptar su reglas, al preferir mi libertad por encima de cualquier mandato. Sea como fuere, en el lenguaje humano entendemos que si un líder aniquila (deporta, encarcela, mata) a sus contrarios, es un déspota, un dictador, ¿habría de ser distinto en Dios?

   Pongamos todo esto en el contexto diario, en una sociedad libre. A una persona no le puedes decir: te dejo ser libre. Uno no puede dar esa concesión a nadie. Toda persona es libre. La actual crisis de las relaciones humanas vienen dadas por esta trama, se da en cada generación cuando el hijo toma su libertad y a de renegar de sus padres. Yo no le puedo decir a mi pareja: “no te pongas esa minifalda”, “si sales de fiesta llega a tal hora casa”, “no vayas a ese viaje con tus amigas”, etc., al final me va a mandar a la mierda. Es recíproco y no sólo del hombre a la mujer. Las relaciones se han vuelto imposibles porque lo que está en juego es eso mismo que estaría en juego de existir Dios: la libertad. No se “escogen” amigos, eso es una falacia, una conceptualización errada. Al final las personas que quedan a tu lado son aquellas que son tan iguales a ti en sus criterios, que son un tú exterior, en otra versión. O sea, que una pareja dure es porque al final yo no le tengo que decir esto o aquello, sobre tal o cual cosa, porque ella misma tiene ese mismo punto de vista, y a la inversa. Al coincidir no se ponen cadenas a sus libertades, se expresa como es, que coincide con sus mismas expresiones ante el mundo. Puede haber ciertas divergencias, pero pueden ser menores. En ese sentido es como si Dios quisiese que fuésemos criaturas con sus mismos puntos de vista de las cosas, que fuésemos libres, pero que nuestras elecciones coincidiesen con sus mismos criterios. Pero ¿crearía Dios seres que no fuesen más que sus réplicas?, ¿tendría sentido?, ¿sería realmente libertad?, ¿seríamos criaturas o espejos de su narcisismo?

   Pero la libertad, de ser, es en tanto que parte de un individuo que es único. Hay personas similares, personas que llegan a unos mismos criterios, pero finalmente siempre sale a relucir la libertad última. Si Unamuno mata al final a su personaje es que este no era para nada libre, porque el poder de Unamuno estaba por encima de este y lo podía ejercer en cualquier momento. Yo no puedo estar en una relación en donde el otro se cree superior a mí y que me está dando la concesión de creerme igual a él (paternalismo). O soy igual, en donde siempre está en juego la propia libertad en sí, o alguien tiene poder sobre el otro y ya no existe tal libertad. O dicho más llanamente: solo hay libertad entre iguales. O Dios es mi igual o mi libertad no tiene sentido, y si mi libertad tiene sentido, entonces Dios me ha de dar igual, pues no lo he de tener como por encima o que pueda tener poder sobre mí, ni que este haga valer tal poder, que no lo habría de tener para ser realmente iguales.

   En otro ámbito. Muchos jefes tratan de ser tus amigos. Yo nunca he entrado en ese juego. O es mi jefe o es mi amigo, las dos cosas son imposibles. Si él tiene el poder de decirme que haga tal cosa en vez de como yo la hago; si en ese trato hay un dinero por medio, por el cual a ciertas horas establecidas tiene poder sobre mí; si en última instancia me puede despedir y tener esa forma de perturbar mi vida… lo siento, no somos iguales, te has marcado como por encima de mí, por encima de mis libertades y eso no es amistad. Fijarse que las actuales empresas, y en los manuales de liderazgo, viene este tema. En la actualidad nos tratan de engañar con que nosotros contamos, que somos un eslabón de la cadena  y todo eslabón construye esa cadena. Falso. Es tan sólo el mismo juego de la dinámica perversa que existiría de existir Dios. Si Dios quiere que elijamos sus dictámenes y ya nos somos sus hijos si nos salimos de ellos, es que en realidad quiere libertades disminuidas, esclavos de sus ideas y convicciones, simples réplicas suyas, pero sin poder. Si yo hago, por subterfugios y largas conversiones de días y días y años, que al final mi pareja haga algo que le digo yo, a eso lo llamamos manipulación. ¿En Dios o en una empresa o en el sistema sería distinto?

   Creo que está claro lo que quiero decir y no necesito redundar más sobre el tema. No tendría sentido que el mundo tuviese sentido. O sea, que todo fuera un porqué y un para qué. Que fuese el “diseño” y el plan de un Dios. Si soy libre, para mí no vale como sentido, porque la libertad es antes que cualquier sentido (¡cuidado!, la libertad en sí misma no es un sentido, no seamos unos incautos). Es una inversión conceptual. El humano es el único animal para el que el sentido biológico no es su sentido. La libertad es así de puñetera. La libertad es la obligación de crear un sentido al mundo, no un sentido social, que al final te restaría libertad, como así creyó o quiso creer Sartre. La libertad es libertad porque carece de sentido. No es que la realidad o la existencia carezca de sentido, como nos decía Sartre en “la náusea”, es que la libertad es esa capacidad por la cual todo tiene que estar incausado, pues es esa su esencia, su trampa, su maldita condición. Para que la libertad tenga sentido nada ha de forzarla, nada la ha de encadenar, ni siquiera a sí misma como sentido. Se ve a sí misma como carente de sentido y esa es su condena, su fatalidad.

   En medio de todo esto, en su meollo, está la palabra. El multisigno. Un animal (los naturales, en los domesticados se ha alterado esa condición) vive bajo las reglas de sobrevivir y reproducirse. Cada cosa tiene una limitación conceptual: una abeja lo es porque una flor, el polen, el panal y su estructura jerárquica es solo eso y nada más. En el humano las cosas ya no están tan claras. Nada es realmente significativo. Nada significa nada. La imagen añadida a la cabecera representa eso. El árbol parece crear un interrogación, significar algo, pero es puro azar. El humano, el cerebro, le da una nueva dimensión que no está ahí, le da un sentido, porque es ese el el signo de las neuronas humanas. Al poner la palabra entre el objeto y los determinantes del cerebro (de la evolución) mi cerebro individual “elige” las palabras y los sentidos de esas palabras y signos. O sea, me da el tendero una sandía y yo decido tratar de botarla en el suelo, como si fuese una pelota; tengo una falda y decido cortarla a minifalda y a jirones y me la pongo en el torso. ¿Qué límites tienen los signos? El arte, algo muy humano, dicen que el corazón de lo humano, lo es porque no tiene límites. Pero una vez que este rompe todas sus cadenas, ¿sigue siendo arte o es implemente la libertad de cualquier individuo no constreñido a los límites de los signos? Hay dos caminos en lo humano, la aceptación de las cadenas o la libertad donde un signo o palabra no están nada limitadas. El artista actual ya no quiere al Dios público, al Dios dinero, o el Dios que son los críticos (o no lo debería de hacer), quiere su absoluta libertad de manipular el medio, los signos, para que todo sea arte. Arte así es el sentido único que cada persona da al mundo y a los signos. Arte, libertad e individualidad son unidad y un todo… Luego cada humano se erige a sí mismo en un Dios al poner su propia libertad como su medio y su fin. Es como una conclusión lógica del propio entramado que implica el comprender realmente la libertad. Una vez que te “enfrentas” a sus entresijos, sólo quedan dos caminos: o aceptar su “condena”, el estamos condenados a ser libres de Sartre, o aceptar renegar de algo de libertad. O dicho de otra forma: en un momento dado la libertad ha de “elegir” no ser tan libre, autodestruyéndose o traicionándose. Sartre eligió el compromiso, puso su libertad en juego. Bajo mi punto de vista se traicionó, o traicionó a sus propias conclusiones. Se puede llegar a la conclusión de que Sartre es el último intelectual realmente comprometido, después de él, estos parecen haber llegado a la conclusión de que no tienen que hablar al público (sermonear), que se tienen que callar. Los intelectuales que le “hicieron callar”, entre ellos Foucault, sólo lo fueron desde la pluma. La siguiente generación ya ni siquiera eso.

   Se puede ver la historia humana como un camino hacia esa conclusión, hacia ese aparentemente fatídico “destino”. El macho alfa era el libre y el resto obedecían. “Elegían” poner su libertad en manos de otro. La mujer dio un cambio a este sistema cuando cada macho “tenía” una hembra, escapando así, a su vez, del dominio de un sólo macho. Pero el sistema no cambió, se mantuvieron las jerarquías. Como el criterio o libertad del líder era falible, ese poder recayó en algo externo como un Dios. En un primer momento Dios y líder eran uno. Cuando este sistema cayó pusieron a los dioses fuera de lo humano, en el cielo en el cristianismo, como “jefes” supremos, a los que igualmente había que obedecer. Los mandatarios en la tierra eran sus portavoces. Con las revoluciones cayó tanto la capacidad de esos portavoces, como los propios dioses. Llegamos a las democracias laicas. El posmodernismo se puede reducir a la caída de la legitimidad de que alguien mande sobre alguien, que haya que tener “respeto” a un algo superior, ya sea un presidente o un gobierno. La libertad en su concepción de derechos se planta como un primer paso de la libertad individual incontestable. Las minorías reivindican sus individualidades, el respeto por sus elecciones, por sus qualias. Esa minorías se fraccionan en más minorías, más detallistas a ciertas particularidades. El fin de este camino es la reivindicación de que cada individuo es único y su libertad es la única que cuenta. La historia humana es la tensión del juego evolutivo que vanamente tira hacia dos lados contradictorios: lo individual y lo social. La evolución en lo social crea constructos en el cerebro para seguir al líder, creer en el destino y creer en dioses, porque son las únicas formas de aglutinar todas esas individuales, de sujetarlas, creando una urdimbre en lo humano con ellas.

   El mundo se fracciona en individualidades, ese es nuestro nuevo signo. Fijarse que yo estoy reivindicando una rotura total sin ser demasiado consciente en algunos de los escritos, (mientras otros parecen tirar hacia el sentido contrario). Al indagar en las qualias, no hay casi signos que nos unan. Las multinacionales (cual extrañas nuevas religiones) y el Estado, buscan la uniformidad, Pan las acepta para igualarse a ciertas tribus, para mantener el statu quo, las jerarquías, como siempre han hecho. Las ideologías son esas pócimas invisibles, que tienen como propósito el unir a todos en un orden, bajo unas reglas: Pan es su ingrediente principal, condimento que tiene las propiedades y las reglas de encajar, de seguir al líder y la conformidad. Pero hay tantas multinacionales, y son tantas las posibles elecciones individuales, que de ninguna forma puede crease una cohesión. O sea son como los últimos intentos vanos de “encarrilarnos”, cuando en realidad lo único que se está consiguiendo es que cada vez las personas sean más conscientes de que son irreductibles, que son únicas.

En conversaciones con Dios, hemos decidido dejarnos en paz.

   En fin, que con la frase que “me” ha escupido el cerebro esta mañana de: “qué sentido tendría que la vida tuviese sentido”, nos hemos de atener a que ni Dios ni nada puede poner un sentido último para el humano. Si Dios se nos apareciese y hablase con cada uno de nosotros, yo le diría que sus causas y sus fines no tiene que ver nada conmigo, que no tienen sentido para mí. No quiero ser una abeja en un gran panal, soy en tanto que mi ADN y mis experiencias me hacen único, y en tanto que mi libertad lo es al tener cada uno de los signos entrelazados de una forma muy concreta en mi cerebro. El universo humano es multisigno y yo soy una forma única de interpretar (unir) esa dimensión infinita. Nadie compartirá conmigo la forma de sentir el azul, de sentir mis dedos penetrando en la densa pechuga del pollo para llevarme ese trozo a la boca, de sentir esa primera gota de lluvia fría que anuncia el otoño, de mirar a la montaña y quererme postrarme ante ella porque la siento como un dios… (la poética de la película “Amelie” con los “le gusta” y los “no le gusta”). La libertad es el único existente, que “dicta” su fatídico “destino” de ser en tanto que no es sentido. En tanto que cada humano ha de buscar el suyo propio, no el de otro, no el de esta o aquella religión, no el de este o tal otro partido o ideología. Cada humano es su propio sentido. A mí a veces me ha tentado el acercarme a los anarquistas, pues tienen bastante en común a mis ideas, pero ¿aceptaría toda y cada una de sus directrices?, no creo. No en la medida que no coincidiesen con las mías propias. Solo yo soy el juez y el sentenciado de mis propios juicios, ninguna regla que no sea yo la voy a aceptar como propia. El hombre es la medida del universo, sí, pero solo de forma individualizada. Si me readapto a cualquier cosa me traiciono. No es estupidez. Siempre se ha apelado a lo estúpido cuando alguien sigue su propio dictamen, sí bajo la razón, pero no en cuanto a sus qualias. Cuando “sermoneo” o caigo en moralinas al final siento disonancias cognitivas, como que me traiciono.(2) “Por fiel que uno quiera ser, nunca deja de traicionar la singularidad del otro a quien se dirige”, decía Derrida. Ya no soporto la mayoría de las series americanas, por cuanto son sermones que los visten de comedias. Me gusta el tipo de valores de la serie “Vikings“, pues ese valor primero es la libertad y su respeto, Ragnar Lodbrok (líder vikingo) respeta incluso a los que le odian y le quieren matar (¿acaso no tuvo esta misma actitud Dios con con lucifer?, no lo aniquiló, le dejó ser y hacer). Si alguien es lo bastante cabezón como para morir por una de sus cabezonerías, ¿quién es nadie para decirle nada? Sin Dios, sin sentido último, cada cual es su propio sentido, su propio Dios, su propio “validador”. Los psiquiatras son los últimos y más nuevos moralizadores. Hoy en día hay que confesar que tienes un trastorno de personalidad, como en su momento se confesaba en público tus pecados, y en público tenías que renegar de tu homosexualidad. Bajo mi punto de vista todo trastorno es una adaptación de un cerebro al medio en el que estamos. La enfermedad es el medio: el cerebro se adapta. No tiene sentido tratar de “curar” esas adaptaciones si no se cambia el medio. Si esa persona se siente bien consigo misma déjalo estar, pues en definitiva… ¿se siente mal por su adaptación o porque ese trastorno está rechazado en lo social?, como hace siglos lo fueron los pecados y más tarde la homosexualidad.

   No hay cura para el humano. Cuanto más dispar sea el signo más individualidades incomunicadas habrá. En la antigüedad los bailes rituales, en la noche, se hacían porque de esa forma los corazones se sincronizaban. De igual forma sus mentes. Los grandes eventos de la actualidad, incluso el ir al cine, hacen lo mismo (sincronización de onda cerebral). Pero hoy en día cada vez hay más distancia de unos a otros. El cine decae, frente al cine en casa, a las experiencias en soledad. Por la palabra haces que el otro se sincronice contigo, pero hoy todos los mensaje son a distancia (email, WhatsApp, tuits…) que no logran esa sincronía, pues se leen horas más tarde, días más tarde.

   Se puede pensar que fuera de toda regla, si lo que impera es la libertad, que entonces se llega a la anarquía, al caos. No tiene porqués ser así. Cada uno siguiendo sus propios dictámenes no tiene porqué asesinar. Si se respeta la libertad propia como lo más “sagrado”, tratarás por todo los medios de no repercutir y “tocar” la de los demás. Eso que está bien, por ese lado, puede ser negativo si llegas a un punto en el cual ya no quieres entrar en la “curva” del otro. No mirarle, no tocarle, no hablarle. Todo puede llegar a parecer una violación. Si se llega a esa conclusión, llegamos a la total desintegración de lo humano, de la urdimbre que debimos ser, y de la que escapamos inconscientemente en cuanto decidimos meter una grano de trigo bajo la tierra. En cuanto “decidimos” pasar de cazadores-recolectores a lo que somos hoy. Ese fue ¿nuestro progreso o nuestra maldición?


(1) Y si un primer “pensador”, en los inicios del lenguaje, en realidad hubiera dicho: “la palabra es Dios”, en el sentido del poder que tienen estas, pues son las que nos han dado la libertad tal cual la entendemos, y más tarde otra cultura hiciera una mala tradición y la dejase en “Dios es palabra”, y de ahí a lo de “al principio fue el verbo” (ocurre igualmente en las traducciones entre el inglés y el castellano). Es la palabra la que “crea” el orden en el caos al dar sentido, causas y fines a todo. Un orden, que fuera de lo científico de aquellos inicios, era mágico y creador, tal como lo ha de ser un Dios; la palabra determinó (ordenó implícitamente) que pusiéramos nombres a todos los animales, plantas y demás cosas del mundo, tal como dice la biblia. “No todos pueden aceptar esta palabra —dijo Jesús—. Solo aquellos que reciben la ayuda de Dios “, ¿de la palabra?, alguien que les inicie en las palabras. En los inicios al cábala estudiaban las palabras (su origen, su significado), secuela que siempre ha permanecido de una manera u otra en religiones y órdenes místicas, o no tan místicas. La hermenéutica (literaria, filosófica, religiosa) sigue el mismo signo. Lo importante no soy yo en los escritos, por ejemplo, sino los significados finales. Toda palabra, toda frase, todo escrito “esconde”, guarda, un significado que puede que no sea el más evidente. El lenguaje es metaforizante, hay que captar en él lo que el mentalés de esa persona quería decir (¿intención, alma?, alma es igualmente sinónimo de lo nuclear, de la esencia). Aquello que quizás ni yo soy consciente de trasmitir en todo el conjunto. Recordar que yo dije que alma es metáfora, la captación de los significados finales y sus causas. “Lo relevante en la mentira no es nunca su contenido, sino la finalidad del mentiroso”, decía el deconstructor de Heidegger, Jacques Derrida. Hay una tradición de pensadores que dicen que ellos no hablan las palabras, sino que estas hablan a través de ellos. “No somos nosotros los que hablamos, sino que el habla (sprache) nos habla”, decía el hermenéutico Heidegger; Gadamer a su vez dijo: “El Ser que puede ser comprendido es lenguaje”; en otra autora, la de “La voz humana”, Anne Karpf, nos dice: “Hablo por mi boca, pero en algún sentido, lo que en realidad pasa es que mi cultura habla a través de mí.” Sartre repudiaba a las palabras, pues eran de otros… “estas habían sido mil veces masticadas y pasadas por otras bocas”, y no le pertenecían. En última instancia, como apuntaba Derrida, si lo importante es la intención, el alma del otro, entonces la palabra es la que la oculta y la que la vuelve visible. Una mentira igualmente la devela, solo que hay que buscar la causa de la mentira, su alma (núcleo, esencia). Si la palabra falsea, Dios no es la palabra, sino su alma. Dios es la intención o esencia de cada uno expresándose, haciéndose Ser, en el mundo.
(2) Cuando yo “arengo” sobre ciertas cosas, lo hago no por ir contra esta o aquella otra libertad o persona. Lo hago en la medida que esta ha abrazado una ideología, una moda y ha dejado de prestar atención a su libertad primera. La mujer es menos mujer si es feminista que si sigue sus propios instintos y su propia libertad. Aquella primera mujer que no quiso “pertenecer” al macho alfa y se unió a un supuesto “perdedor” porque era el que le amaba y la respetaba como una igual. ¿De repente hay que dejarse vello en el sobaco y teñirlo de verde?, como hace cierta facción feminista. Hazlo si tu individualidad te lo “dice”, pero no por estar en cierta ideología. Yo no soy comunista, pero me gustaría la igualdad humana. No puedo imponer a un rico que no quiera ser rico, pero me gustaría que toda la humanidad abrazase esa idea. Imposibles porque somos unas cuantas apuestas evolutivas que se han vuelto multi-apuestas por el tipo de sociedad que hemos creado.

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1. Esta escena cada vez es más frecuente. Las medicaciones psiquiátricas “entumecen” al alma de las personas, haciendo que tengan sensación de pérdidas de personalidad, de su identidad.
2. La locura de buscar significado a todo, en tono de humor.

Lo que Es y lo que (a)Parece XXXII – Acotando el Concepto de Alma

   Lo voy a decir desde el principio, para que sirva de línea argumentativa en el escrito. Esas personas que son frías, distantes y calculadoras, analizadas en el escrito anterior, en el fondo son consideradas y se les tratan como sin alma. Eso nos parecen los psicópatas. Así se les suelen retratar en una gran cantidad de películas.

   En los últimos escritos he tratado de buscar y llegar a irreductibles. Usé el concepto de alma como esa capacidad que tiene el cerebro de cohesionar todo lo exterior en un mundo interior. En ese sentido es un concepto o esencia del cerebro en una persona en concreto. Hay un ejercicio que queda por hacer en lo humano. Si se reuniese toda frase que conllevase un mismo adjetivo, sustantivo o verbo, se podría deducir qué es lo que quiere decir. Cuál es su “esencia” para lo humano, en su nivel más global. He intentado en vano hacerlo de la palabra/concepto alma. En muchos casos se usa como sinónimo de persona: “en el concierto se dieron cita cuatro mil almas”; en otras es sinónimo de vida: “le arrancó el alma del cuerpo”; en otras de esencia: “el alma de una nación”. De esa forma no me apartaba demasiado de lo que pone en el diccionario de la Real Academia. Allí vienen todas las posibles acepciones (No hago un copy y paste, pues es muy largo, leerlo, es muy revelador).

   He buscado en el diccionario Cambridge y es muy similar, quizás más completo el español. De igual forma he buscado en la Wikipedia japonesa y china y vienen a decir lo mismo. Se sacan varias conclusiones, el equiparar vida con alma, que era la postura de la Grecia clásica y que queda resumido en esta frase de Aristóteles: “lo que tiene alma se distingue de lo que no la tiene por el hecho de vivir”. Si bien el concepto que yo uso estaría más cercano a este, del mismo autor: “el alma es aquello por lo que vivimos, sentimos y pensamos”. Otro dato es que es algo intangible como nos da entender el gran filósofo griego: “todos o casi todos distinguen el alma por tres de sus atributos: el movimiento, la sensación y la incorporeidad”. Eso intangible, vía huir de la angustia que es ser nada al morir, creó el concepto de alma como componente que nos sobrevivía, que tenía una trascendencia. En ese punto no coinciden todas las culturas y religiones, así como menos en qué le ocurre a ese alma. El judaísmo, en el que se basa el cristianismo, no cree en el cielo.

   Hay que fijarse que en una de las acepciones (8 y 9) de la Real Academia (general de otras culturas), alma es cuando ponemos nuestro mayor empeño en algo, toda nuestra pasión o capacidades: “tienes que poner todo tu alma en ese trabajo”, “Pedro fue el alma de la fiesta”. En ese sentido alma parece tener una gradación de ser más o menos alma, que además en cierta forma se equipara a voluntad, a viveza, persistencia o todo adjetivo, verbo o sustantivo que se preste a ensalzar las propiedades humanas. De esa forma se llega a que cierta persona sea “pobre en alma”.

   Una última apreciación del concepto de alma es que está unido a los sentimientos, pero no a cualquiera, sino a los “buenos”, a los virtuosos. “Tiene un gran alma”, decimos si una persona es magnánima, bondadosa, etc. Así alma es sinónimo de corazón, y decimos que alguien no tiene alma, cuando no tiene corazón.

   El lenguaje humano, y ciertos conceptos, son demasiados resbalosos. Algo intangible ¿puede ser tangible a la vez?, cómo un alma, que en teoría es algo intangible, ocupa un espacio, como así se presupone de un fantasma. El humano se refiere con intangible, en muchos casos, por lo menos en lo mental, a lo que ahora llamamos qualias. Pongamos el caso del sabor, que es una buena analogía para tratar de buscar el irreductible de alma. Un sabor no existe, o bueno, no antes del exhaustivo estudio de la química. El cerebro analiza, interpreta, el exterior. Tanto el sabor como el olor eran dos factores necesarios de ese conocimiento. El cerebro “sabía” antes de la química que la propia conciencia, como saber que se sabe, del ser humano. A nivel molecular el humano es un montón de moléculas que interaccionan con unas moléculas del exterior. La lengua “sabe” qué es una carga positiva de electrones, puesto que cuando uno se pone un polo de una batería o pila en la lengua se produce esa reacción entre esos electrones y los protones que tengan las células de las papilas. Un ejemplo que se suele usar para entender la emergencia es el olor a amoniaco. Ni el hidrógeno (H) ni el nitrógeno (N) huelen a amoniaco (NH3): el olor a amoniaco es una propiedad emergente que sucede cuando se juntan estos componentes en cierta proporción. El cerebro “está hecho” para evitar todo olor penetrante, fuerte y maloliente. En cuanto estamos en presencia del amoniaco los ojos y los pulmones se irritan. El cerebro asocia (causa y efecto) ese olor como algo a evitar. De cualquier forma el humano es lo que es porque ha probado cosas que en principio no debería de intentar: alguien tuvo que ser el primero en ver una ostra y metérsela en la boca con todo su mal aspecto, parecido a un moco, y su fuerte olor. Los niños están más cercanos a unos principios más elementales con respecto a la alimentación: no comen brócoli, es muy amarga, y no les suele gustar el pescado, su olor es demasiado penetrante. A estas alturas creo que me he perdido en divagaciones.

   Lo que quiero decir es que hay varios niveles de intangible. Los sabores y los olores, las qualias y lo que hace el cerebro no es tan intangible, se usa este concepto en la medida que alguien no puede explicar a otro qué es y cómo es el olor a amoniaco, si nunca lo ha olido. Otro nivel de lo intangible son conceptos abstractos como el de quijotesco o sabiduría o cultura. El olor de amoniaco se puede “apresar”, medir, calcular, pues depende de este compuesto: mayor o menor cantidad dan un olor más o menos intenso. La sabiduría o lo quijotesco no, porque cada cultura y persona tiene un concepto de qué quieren decir, que en muchos casos pueden llegar a ser incluso opuestos.

   En otro escrito ya he dicho que una gran cantidad de personas creen en el concepto de alma, mientras que en realidad muchos de ellos son ateos. Si buscamos los reductibles de los conceptos de alma arriba expresados, se llega a una conclusión de qué se entiende por alma, si no se razona. Son las esencias no fácilmente definibles de una persona que le hacen ser única. Si se analiza mejor, por medio de la razón, en realidad muchas de esas cosas sí son definibles. Muchos de los gestos, e incluso de particularidades de la cara, son algo propio de una sola persona, o le da un giro a un gesto que lo hace propio por la propia física de su propio rostro. Quita el rostro a una persona y le restarás alma. Alguien con todo el rostro desfigurado o quemado (muy muy feo) es menos propenso a parecernos humano. Lamentable, pero cierto: los occidentales trataban como no humanas (y por lo tanto sin alma) a otras razas que “colonizaron”, por el color y la fealdad.(1) Así alma ¿es aquello que conlleva eso a lo que llamamos un carácter (heredado), más una personalidad (adaptación de los primero a ciertas vivencias), que la hacen tener un tipo muy concreto de qualias, como para que a la vez ese todo se expresa a través de su cuerpo y sobre todos través de su cara, sus gestos y su habla? Quizás a este cóctel aún le falta algo: la energía, la viveza, la emoción positiva. Una de las acepciones de alma tiene que ver con el estado de ánimo. Incluso esta palabra proviene de alma, del latín ánima (del que viene a la vez animación, animal… que provienen de movimiento, frente a los vegetales y las piedras, que no se mueven). A alguien decepcionado o triste se le cae el alma al suelo. Cuando a alguien se le rompe el corazón, se le rompe el alma o se la hacen trizas (alma es femenino, pero como empieza por “a” se le pone el artículo masculino). En ese sentido se suele decir que hay almas tristes. De hecho hay una relación muy larga y física de todo esto. En inglés, quizás más sabio o de otra raíz lingüística, cultural y forma de comprender el mundo, triste y azul tienen una unión (el estilo musical blues es eso: tristeza). Todo en la naturaleza tiene un porqué. El rojo es una honda de luz corta y cálida, el azul es una honda de luz larga y fría. El hielo, en grandes masas, produce ese azul tan profundo en los polos. Aumenta-el-hielo-azul-de-la-Antartida_pEl fuego es rojo. Alegría, energía y rojo, frente a triste, poca energía y azul (los comic suelen usar esa dicotomía de rojo y azul). Triste, apagado y con poca energía es estar dotado de poca alma o del alma en sus mínimos. No se suele decir que alegre sea lo contrario de alma triste, melancólica, o tener más alma. Pero sí hay una unión antigua con la ira. En la frase de “en tres partes se divide el alma humana: en mente (psique), en sabiduría y en ira” de Pitágoras de Samos vemos esa rareza. Ira proviene de airado (aire), por los aspavientos que se suelen hacer en ese estado. La ira es un estado exultante, pero que no es positivo. Hay una suelta de adrenalina que acelera el corazón y la respiración, que nos provee de una mayor energía de forma momentánea.

   Lo que quiero decir, en resumidas cuentas, es que si hay que deducir a qué se refiere el humano con alma, a nivel de todas las culturas, si se puede sacar y llegar a una conclusión, como así lo harían unos extraterrestres que tratasen de entendernos, llegarían a la conclusión que yo he venido diciendo en otros escritos y en el presente: alma es esa totalidad que es el carácter y la personalidad, que crean un tipo muy concreto de qualia (cerebro sintiente), que se manifiesta a través de su cuerpo (encanto). Un todo al que hay que sumarle el tipo de energía que desprende dicha persona. Esa energía en realidad es parte de eso que llamamos carácter (melancólico, iracundo, alegre), y que es un rasgo más de esa persona, pero a la que hay que añadir la energía situacional, en donde ese núcleo cambia, cambio que lo solemos tomar como temporal. Siendo así, todo esto tiene sus correlatos neuronales, sus neurotransmisores y sus vías cerebrales, por lo cual alma no es distinto de un olor o un sabor con respecto a sus componentes. El alma es en tanto que un humano está vivo. Eso no puede sobrevivir, sin un cuerpo. Al igual que no existe el olor amoniaco si no está presente el hidrógeno y el nitrato en cierta combinación de estos. El resto que nos digamos, son tan sólo cuentos que acallan nuestro terror a desaparecer, a la nada, a la muerte.

   Fijarse que yo, que soy ateo, podría haber buscado algún neologismo para tratar de definir mi teoría. Acoger el concepto de alma implicaba jugármela, pues podría llevar a malentendidos, opté por esta porque en el fondo de la cultura se deduce esto mismo que digo aquí, mientras son cada vez menos las personas que les dan otro sentido y que piensen que esta sea inmortal. El alma, como extracto de la individualidad expresándose, muere o cambia a lo largo de la vida. Ese tipo de personas frías y distantes, analizadas en el escrito anterior, son el “producto” de un tipo de sociedad. Tal tipología o alma no existe en una sociedad de cazadores-recolectores estable, donde el niño no solo es cuidado por la madre, sino por toda la tribu. Con una afectividad equilibrada, de una cultura basada en los lazos emocionales, no se “crea” un individuo que ponga una coraza entre él y el mundo, como para que se vuelva hiperracional, distante y calculador.

   Hoy, con tantos accidentes de tráfico y otros tipos, se producen cada vez más daños cerebrales, que vuelven otra a la persona. Como si se les trasplantase un alma distinta. Cambia algo, por pequeño que sea en el cerebro, y es muy posible que se empiecen a producir cambios en cascada. Una persona dulce, de repente es agresiva; alguien muy inteligente y sagaz, de repente se vuelve lento y torpe en sus pensamientos. Un tumor no diagnosticado puede producir genios temporales, como se muestra en la película de Phenomenon de John Travolta, o puede volver a la persona agresiva y homicida. Un fuerte golpe en la frente puede cambiar el área de las tomas de decisiones, volviendo a la persona o indecisa o impulsiva. La novela de Dr. Jekyll y Mr. Hyde se basa en el accidente de una persona de aquella época muy documentado y seguido por la prensa, una persona tranquila y juiciosa que dejó de serlo porque una barra de hierro le atravesó el prefrontal. La película “brain on Fire” nos muestra este proceso en donde un humano, un alma, se degrada hasta casi desaparecer (tiene tintes optimistas sesgados, pero se perdonan).

   Termino postulando que de todo el cerebro, de todo el comportamiento, hay uno que me parece clave, el núcleo del alma: la motivación. Darse cuenta que para muchas religiones esa piedra angular era y es la voluntad (la cristiana y sobre todo la protestante). Esta es una forma errada, maquiavélica casi diría, de interpretar la motivación. La madre cazadora-recolectora se “mueve” ante el hijo por motivación, la madre de hoy en día ya no está tan claro, entre el lenguaje errado feminista y la sociedad tal cual es hoy en día, están trastocando todo. Uno se come una fresa por motivación, por su sabor; hace una dieta por voluntad. La motivación es aquello en donde lo interno y lo externo coinciden: subo una montaña porque me gusta el riesgo, el esfuerzo. Si tu empresa te exige subirla lo haces por puro esfuerzo, por la voluntad. La enseñanza no “funciona”, en parte, porque tiene como herramienta la voluntad, no la motivación. Un alma va muriendo cuando pierde toda motivación (deseo de moverse, falta de ánima, de ánimo). Las autoayudas fallan porque llaman a tu voluntad.

  Ese eje cerebral que he estado tratando en mis últimos escritos de amígdala, hipocampo y córtex cingulado anterior parece esconder grandes misterios. El hipocampo, núcleo en este eje, tiene una conexión muy ligada con el hipotálamo a través del fórnix. El hipotálamo es una glándula endocrina y a la vez es memoria. Suelta neurohormonas que crean cambios tanto a nivel corporal como en el comportamiento del cerebro. Una química del dolor, del miedo crea cambios. ¡Y no siempre a peor!, hay una relación entre el dolor y la curiosidad. Se da aquello de “el hambre agudiza el ingenio”. “Acostada en medio de la desdicha, el alma ve mucho”, decía Sófocles. Un optimista, o alguien que le vaya todo bien, no tiene porqué cambiar, entender o profundizar en nada. Sólo el que sufra, aquel que esté dañado, quiere cambiar algo. Un rico, ¿por qué querría cambiar el mundo?, un emigrante lo cuestiona todo, pone todo patas arriba. Alguien bello no cuestionará nada de la moda, de los altos estándares de la actualidad, lo hacen los que son menos agraciados. El hipocampo parece crear cambios en la amígdala y en la zona del córtex cingulado. Cambia sus formas de trabajar, que cambian su tamaño. Esa readaptación de zonas, tamaños y comportamientos crean trastornos de la personalidad como la esquizoide y la límite. Hay diferencias de tamaños y activaciones entre hombres y mujeres. Incluso se postula que este extraño equilibrio juega un papel importante en nuestro rol y preferencias sexuales. Ahí, en ese eje está el masoquista y el sádico, entre otras tantas filias y tendencias. En ese juego “la orexina, también llamada hipocretina, es un neuropéptido que regula la excitación, la vigilia y el apetito” (Fuente Wikipedia). Si uno está de “capa caída”, con una baja motivación o simplemente aburrido, este péptido está en juego. A veces basta que alguien nos haga reír para que el comportamiento del cerebro cambie y nos motivemos; para que la orexina trabaje en las sinapsis, las uniones cerebrales, y active a la dopamina, como para que nos movamos. A veces unos cuantos halagos de alguien a quien respetemos u amemos, o un sencillo abrazo, de nuevo hace actuar a la orexina que a su vez mueve a la oxitocina y esta a su vez a la dopamina.

   En este eje cerebral, y en la orexina, está el santo grial de las autoayudas. Pero no nos engañemos, no puedes decir que ves si hay una densa niebla. La motivación es un proceso de retroalimentación, en donde la información es procesada por el córtex cingulado anterior y este detecta errores. No me puedo motivar si el medio no retroalimenta esa motivación. A las personas muy racionales no les funcionan los engaños, porque ese detector y verificador que es el córtex cingulado anterior les funciona de forma tan fina y precisa que les dice que hay alguna disonancia cognitiva, alguna incongruencia, retroalimentación interrumpida en el exterior al captar gestos en los otros contradictorios. Si el córtex cingulado anterior no cierra el ciclo de la retroalimentación interior, el hipotálamo a través del hipocampo (cambios hormonales) y la amígdala (cambios en el miedo, a qué ha de ser tomado como agresivo o peligroso) no crean cambios. Se producen, en la mayoría de los casos, autoengaños (la mala fe sartriana), que a la larga hacen que esa autoestima falsa, se desmorone con facilidad a la menor, pues en definitiva sólo era humo. Por eso no vale de nada la teoría periférica, el sonreír por fuera para al final sonreír por dentro, pues es puro humo que en el cerebro racional, el córtex cingulado anterior, le dice que no es válido, que no le puede dar su visto bueno, cerrando el ciclo en el que está inmerso. Podemos ver toda la tarde series de risa, pero eso no hará ningún cambio a que tu hermano haya sido vilmente asesinado el día anterior, a que tu país esté entrando en una dictadura, o a que nada cambie para que no se produzca un cambio climático, a que cada vez haya más y más muros que dividen el mundo, y que el rico cada vez sea más rico y el pobre más pobre… Es mejor estar “loco”, que el alma se vuelva insana, que ser un loco insensible a todos los males del entorno. No basta con que te salves tú, como proponen las autoayudas, hay que salvar a la sociedad, pues es el medio donde se produce nuestra retroalimentación, y sólo así el propio ciclo interno se cierra por no hallar nada más que verificar.

   Resumo y sentencio. No es depresión, no estoy enfermo. Es falta de motivación en un mundo en donde cualquier movimiento alimenta al monstruo en el que se está convirtiendo la sociedad. “Los años arrugan la piel, pero renunciar al entusiasmo arruga el alma” dijo Albert Schweitzer. Es realismo depresivo porque el medio en donde me desenvuelvo no encaja en nada a una racionalidad de lo que debería ser el ser humano. Lo siento, mi córtex cingulado anterior no quiere dejar pasar esta sociedad como buena, salta en él, una y otra vez, el sistema de errores, de contradicciones, de locura general, de violencia y acoso complaciente de niños bien, de un lenguaje que cada vez tiene que ver menos con la realidad, de feministas que sólo crean un nuevo tipo de guerra de humanos contra humanos, de sumisión y conformidad de grupo, y aceptación de todo lo malo, aunque ya contemos con que fue ese el proceso por el que pasó el pueblo alemán con Hitler. Sí, puede que me volviese a los ojos de los demás frío, racional y distante, pero la razón tiene sentimientos que el corazón no siente. Tengo alma, quizás un alma más mecánica, pero alma en definitiva.(2)

(Pequeña recreación de despertarse y la orexina)


(1) En las razas se dan tres factores: 1. cuellos de botella, los australianos, tan característicos, son una prueba de ese proceso, fueron pocos los humanos que llegaron allí, esos pocos tendrían esas características y se heredaron. 2. Selección sexual. En los ojos de los orientales, esa bolsa de grasa en el párpado superior, era buena para las glaciaciones o zonas más heladas, pues protegían contra la ceguera que provoca el frío, pero después se volvió un rasgo que las personas seleccionaban en sus parejas. 3. factores medioambientales, el color o falta de color por la melanina y la protección contra el sol, más altura o menor por mejor adaptación a un medio, etc. Los tres interactúan unos con otros.
(2) Lecter y Dexter ¿son psicópatas? Una gran cantidad de humanos se han sentido identificados en sus “cacerías”. Sus “razones” son más válidas que una gran mayoría de emociones vanas humanas. El amor mata más que ninguna otra arma. ¿Expelemos en este nuevo tipo de “héroe” un humano por venir?

Lo que Es y lo que (a)Parece XXX – Un Plan sin Plan II

   Antes de entrar en tema quería aclarar toda esa mística del número de neuronas y los millones de millones de conexiones entre ellas. De nuevo el humano manipulando la información para vanagloriarse. Existe por un lado las vías de comunicación entre zonas del cerebro, que son los axones neuronales (materia blanca), y por otro lado las neuronas en la corteza cerebral (materia gris), interconectándose a nivel local. Las primeras son como las autovías de Europa, mientras que las segundas son las calles de una ciudad. Uno cuando viaja de Madrid a París, no tiene en cuenta las calles para salir y entrar en las dos capitales. Lo significativo es la ruta de las autovías. O dicho y visto de otra forma más directa: la mayor red es a nivel local (interconexiones), pero igualmente es una comunicación local, mientras que lo realmente significativo en el cerebro es la comunicación entre sus vías principales. Un pino puede tener miles de hojas en forma de aguja, pero su número no es significativo porque todas hacen lo mismo. Lo significativo es el entramado de sus ramas, como para que unas no quiten el sol a otras, y que lleven la energía entre raíces y la última hoja y a la inversa. En lo que está centrada la ciencia es en esa vías principales (de nuevo por casualidad, en un documental de hace una semana, hicieron mención sobre este tema: el nombre del proyecto científico es conectoma, se me había olvidado el nombre). Qué entradas y salidas tienen con otras zonas. Cómo se centraliza ese flujo. Como se mueve una información a partir de un solo estímulo. El primer paso para recrear un cerebro humano es a partir de “copiar” esta circuitería principal. Un tercio del cerebro se dedica al procesamiento visual, este se desgrana en cientos de referentes, como los matices, el contraste de luz y sombras, y a nivel muy local, si una línea que delimita un objeto es vertical, horizontal, oblicua… Las zonas se especializan en cosas muy concretas y abstractas que carecen de importancia para los conceptos que maneja el humano de a pie y que le mantienen vivo. Varias zonas visuales que analizan los contrastes “creen” ver una figura, como de una animal por ejemplo, esa información es llevada a las referencias guardadas del pasado para hallar similitudes, y deducen que puede ser un gato. Ese flujo está en constante cambio, ya sea porque uno mismo se está moviendo, porque cambian las luces (noche de luna llena nublada), o porque el objeto se mueve, o todo a la vez. Las zonas locales están constantemente reevaluando, y mandan cada evaluación a ser contrastada con lo que ya se conoce, etc. En todo este proceso hay mucho patrón enquistado, como en el ejemplo del escrito anterior, en donde esos procesos tienen el patrón de que la luz viene de arriba, porque por miles y miles de años ha sido así, por proceder del sol o la luna. En definitiva, que la circuitería no es tan compleja, como se ha descubierto recientemente y se puede ver en este gráfico.

Estructura Cerebral

   ¿Qué el humano tiene más conexiones que átomos hay en el universo? Esos átomos crean un universo con millones de planetas y posiblemente millones de formas de vida, entre las que se encuentra el propio humano. Su variabilidad es significativa. El cerebro humano crea un estructura que ni siquiera cumple la simple “misión” de poder hacer feliz al que la porta, demasiadas veces ni siquiera le mantienen vivo. Que me llamen lo que quieran, tóxico, negativo o pesimista, por defender posturas como esta, yo me veo realista. El humano no deja de contarse cuentos para evitar la verdad y el dolor de su insignificancia.

   En el anterior artículo de este mismo título, había dejado pendiente el explicar la disrupción en la que consiste la razón a nivel evolutivo. Todo en la evolución es causa y efecto, se encuentra en sus principales premisas: sobrevivir y reproducirse. Pero he ahí que la razón puede negarlas haciendo que un individuo se aísle y no se reproduzca, y que este se termine por suicidar. Esta disrupción se da a dos niveles: del individuo y de la sociedad. Primero me centraré en la del individuo, pues puede que sea el “motivo” o la causa del segundo. He hablado del pesimismo defensivo, esto es, que si te pones en lo peor, si así sucediese ya estarías preparado para lo que viniese. Hacía la analogía con estar preparado para un puñetazo o no. Al estar preparado creas tensión en tu cuerpo, y sobre todo en esa zona y el dolor es menor. Hay que analizar todo este proceso y cómo se llega a él, así como tratar de averiguar qué zonas del cerebro entran en juego.

   Tenemos esa zona del cerebro que se dedica a verificar y supervisar todo proceso mental, en busca de errores y contradicciones. Esta zona, analizada en el escrito “correlatos cerebrales de mis teorías“, implican tres zonas: las amígdalas, que sobre todo procesan el miedo, de lo que hay que huir o tener precaución, el hipocampo, que es memoria autobiográfica, y el córtex cingulado anterior. El núcleo (el núcleo humano), por lo tanto, de este sistema es el miedo. Se me puede tachar de pesimista, pero en parte es por culpa del lenguaje. Hemos reducido todo al concepto y la palabra miedo, cuando en realidad las cosas no son tan sencillas. Este sistema crea una activación mayor, como para hacer uso de la atención, en cosas como encender una cerilla, abrir la puerta de una sala desconocida, etc. Está claro que es más óptimo que pongas atención a encender una cerilla, para no quemarte, para no dejar caer la cerilla, etc., que no hacerlo. Todo esto no es miedo, tal cual en su concepción llana. Es puesta de atención (pre-caución, cuidado previo) a un proceso que lo requiere. Lo mismo ocurre si subo entre peñascos. Puede haber situaciones en las que mi vida esté en juego y en otras en las que sólo sea el no dejar caer un objeto delicado y valioso. En todo ese rango de cosas entra en juego este circuito de verificación, de supervisión (fijarse en el prefijo).

   En otro de mis escritos he tratado de hacer ver que este sistema no da el visto bueno a todo proceso, simplemente se activa cuando va algo mal. Puse la analogía con las madres, las cuales no están de constante diciéndonos “bien hecho” (quizás en los primeros años), se limitan a estar pendientes y hacernos ver cuándo hemos hecho algo mal. Dicho mecanismo tiene dos estados, como quien dice. En uno de ellos deja pasar la información y es por lo tanto una simple ruta del camino, y un segundo estado donde “detiene” la “información” y analiza que algo está mal. Sería algo así como una autovía en donde hay unos guardiaciviles, que dejan pasar a todos, menos a los que infrinjan alguna ley: exceso de velocidad, duda por el modo de conducir a que el conductor vaya ebrio… Ese modo de actuar de este circuito es bastante “inocente” en alguien optimista o al que le haya ido bien en la vida: deja pasar y sin supervisar todo o casi todo. De nuevo por esas rarezas de la casualidad echaron en la televisión un capítulo de “Brain games” que trataba sobre los estafadores. En este capítulo hacen referencia a esto mismo. Los estafadores tienen éxito porque el cerebro está preparado para “creer” en la “situaciones”, en la “información”. Si bien en el documental no dejan en claro este proceso en el cerebro. En realidad “funciona” como lo explico aquí. Esa zona “deja pasar” la información si no detecta nada “raro”, ninguna contradicción, ningún choque conceptual, ningún error… No es que “confíe”, es que simplemente no detecta nada. Si una persona con una alta dosis de alcohol en sangre, es buena conductora y está acostumbrada a beber, no hará ninguna acción extraña al ver y pasar al lado de un control de la guardia civil. Eso no quiere decir que la guardia civil sea inocente o incauta, es algo más trivial, “mecánico” y sencillo. Lo que quiero decir es que esta forma de haber creado este mecanismo, no nos tiene porque decir de si el humano es inocente o que confía en el resto de humanos, de forma directa. Se puede decir que tenemos un “error” de base en la construcción de dicho mecanismo, que hace que tengamos una tendencia.

   Tenemos, en lo que llevo de escrito, el pesimismo defensivo y este mecanismo detector de errores o verificador. En realidad lo primero se “crea” al hacer un uso excesivo de este mecanismo detector de errores o verificador. En otro lado he hablado del síndrome de abandono en los bebés y niños, y de los traumas a edades tempranas. En todos estos tipos de casos se crea una persona con un mayor protagonismo de este circuito. Se activa a la menor, son menos cautos, este circuito analiza todo o casi todo, dando como resultado que dicha persona se vuelva más racional. Puede que parezca que he dado un salto conceptual de un primer estado a uno final. Creo que se entiende el proceso, aun así me detendré en él. Se llama conciencia a la capacidad de conocer que se conoce. Este circuito de amígdala, hipocampo y córtex cingulado anterior, es este circuito en donde se da un conocer que se conoce. Si una información fluye por el cerebro, no se da una conciencia ampliada, en el lenguaje de Damásio. En el ejemplo del gráfico de las prominencias y los cráteres, la información la procesa el patrón enquistado de la luz proveniente de arriba y da un resultado. pretuberancias y crateres 2El circuito verificador “deja pasar” la información. No hay conocer que se conoce de forma ampliada. Si de repente nos dijeran que nos fijemos mejor, que no es “correcta” nuestra contestación, entonces crearíamos una activación de este circuito, que activaría la atención, para tratar de detectar dónde está nuestro fallo, nuestro error.(1) Este circuito es un circuito cerrado, en donde la información se cicla, tratando de hallar en el hipocampo algún patrón o posible solución ya hallada en el pasado, de no ser así “la lleva” a la zona orbitofrontal, “especializada” en la lógica y los procesos deductivos. En cada ciclo a una posible solución, ya sea del pasado (del hipocampo), o de la deducción (zona orbitofrontal), pasa por este circuito y devuelve el error o deja “pasar” (fluye) la información como buena o respuesta candidata. Este proceso de supervisar y poner la atención en un tema es a lo que llamamos razón, luego los pesimistas defensivos hacen sobre todo uso de este mecanismo, que es la base de la razón.

   Hay que acotar qué se entiende por razón. De igual forma que miedo no es la mejor palabra para denominar ese supervisar o verificar del cerebro, tampoco lo es la palabra razón, para denominar tal o tales circuitos del cerebro. Lo que llamamos razón es una idealización de este circuito arriba nombrado. O sea, que por un lado está ese circuito, y por otro lado el concepto, de la cultura occidental, de lo que debería de ser ese proceso o razón. Ese circuito es falible, depende de premisas que pueden estar erradas. Si uno tiene unas experiencias previas que siempre daban un mismo resultado, eso no nos remite a una “verdad” sobre el mundo. Imaginemos el siguiente experimento: un hipotético dios bromista quiere jugar con tu mente, de tal forma que cada vez que das un paso te activa en el cerebro el sonido de una palmada. Pensarías (razonarías) que el dar pasos tiene ese sonido. En el momento que en cierta situación no oyeses esa palmada, se activaría este circuito verificador de búsqueda de errores, y buscarías una causación (causa y efecto). Estarías barajando ideas extrañas y nada “reales” de los porqués, pues partes de una premisa que en realidad es causa de ese dios jocoso y no de ninguna “lógica”. Durante toda la historia hemos dado “razones” a cosas que no eran “reales”. Se halló una “razón” compleja a cómo se movían los planetas, teniendo en cuenta que la tierra era el centro. Hoy en día seguimos igual, damos respuestas que no sabemos al 100% si son ciertas.

   De otra forma. La lógica pura y la filosofía analítica crean los “andamios” o estructuras conceptuales de lo que ha de ser la razón. Pero falla estrepitosamente en cuanto se aplica a la “realidad”, pues si lo que se “coloca” en una de las estructuras (o en varias) es falso o no real, las conclusiones son erróneas, aunque la estructura sea válida. En un ejemplo burdo: las alas sirven para volar, los dragones tienen alas, luego los dragones vuelan. La estructura lógica es la correcta, pero falla en muchas cosas: no todo tipo de alas sirven para volar (avestruz, gallinas) y no hay ninguna prueba de que los dragones existan. Siendo así hemos de redefinir a qué llamamos razón. Lo es en tanto su estructura, y punto. Cada humano parte de sus premisas y la mayoría de las premisas son sintientes, quialias. Somos humanos por las emociones, por ser seres sintientes, no por la razón “pura”. Todo animal complejo tiene esta misma construcción. La razón humana, ese constructo cerebral, es falible.

   Paralelo a esto la historia humana tiene relatos escondidos, estructuras sobre las que no hemos puesto nuestra atención o se han analizado de formas incorrectas. De forma soterrada pensamos que ser humano es tener empatía, sentir lo que el otro siente. Llamamos así humano al que se “sabe” poner en la piel del otro (los problemas del lenguaje, no es saber). Tratamos como menos humanos a los que no entran dentro de este patrón. Recordar que no estoy tratando de llegar a una idea racionalizada, sino al caldo de cultivo en lo social, a su inconsciente si se quiere. Nos “molestan” las personas analíticas, a las que calificamos de frías y maquinales. Algo sobre lo que hay que llamar la atención primero es que no existe tal división, no existe como tal. Cada humano es según sus qualias; en tu propia cultura se “barajan” ciertas qualias, y tu propia familia están más cerca de las tuyas, dictadas por el ADN. Alguien de otra cultura no “siente” ciertas cosas de la tuya y una persona con un ADN muy distinto del tuyo no “siente” ciertas cosas que puedan ser común en tu “sangre”, en tu familia. Los occidentales, de corte cristiano, no sienten o se ponen en la piel de otras religiones, como los musulmanes o las orientales. Y una persona adicto a la adrenalina no se puede poner en la piel de una persona sedentaria. Y a la inversa en ambos casos. En ese caso “creemos” que nosotros somos los “racionales” y que los otros están fuera de la razón, como así ha operado la cultura occidental autonombrada como “civilizada”, frente al resto que era “salvaje”. En estos casos equiparamos nuestras qualias como las premisas de la razón y lo ajeno como fuera de la razón. Con estos patrones, ¿cómo se llega después a lo mostrado arriba de equiparar razón con frialdad, si uno se supone razonable? Son contradicciones humanas que arrastramos de por vida, sin percatarnos que las llevamos a cuesta, (“¡un borriquito va a la fuente, lleva la carga y no la siente¡”, que decía la broma y canción infantil, cuando el otro nos ponía algo encima sin darnos cuenta).

   Se da así que lo otro o bien es lo irracional (salvaje) o la frialdad o exceso de razón. En ese sentido el humano es un estado medio de equilibrio entre razón y emoción. La figura de la cuadriga (conductor, razón, a un fin) llevada por los caballos (instintos, emociones, lo salvaje). Como se ve por esta figura de la antigua Grecia, la idea de la inteligencia emocional no es nada nuevo. Llegamos así a eso que calificamos como muy racional, calculador o frío… que en definitiva parece haberse pasado de rosca. Sin duda muchos de esos llamados pesimistas defensivos pueden caer en esa órbita, pues no se dejarán llevar por el momento, haciendo que todo sea analizado por este circuito de búsqueda de errores.

   Detengámonos en ese momento. En el nacimiento de esta persona. Si una y otra vez, a posteriori, uno se da cuenta que cae en situaciones de dolor, por haber sido muy “inocente”, por ese mecanismo por el cual este circuito deja pasar todo, como “bueno”; a la larga la amígdala, implicada en ese circuito, ya no dejará pasar tan fácilmente cualquier cosa, activando dicho circuito a la menor, siendo la amígdala (miedo, precaución) la promotora de dicha activación. Pongámonos en el caso de las estafas. Uno cae en las redes de los estafadores por “inocencia”, por no activar la precaución, la verificación, la supervisión. En el momento en el que uno cae en las manos de unos estafadores, la siguiente vez ya no será tan “inocente”: la amígdala y el hipocampo (pasado) se activaran para estar con “la mosca detrás de la oreja”, ante situaciones similares. Si bien esto es lo más general en el humano, cuanto antes en edad sean esos daños, o más traumáticos sean, más “crearan” ese tipo de persona que ya no es capaz de vivir los momentos sin filtrarlos, sin hacerlos pasar por este circuito que lleva implícita, a eso que llamamos, la razón. En cierta forma a aquellos que han tenido una infancia feliz y que sean unas personas exitosas (bellas por ejemplo), una sola acción no hace que se active este sistema. El optimista (llámese a los de infancias tranquilas o buenas y más o menos exitosas) olvidan haber caído una vez en la piedra y vuelven a caer en ella, sin que por ello se active por defecto este sistema. Cada acción parece nueva, sin que esté etiquetada (tag) por la amígdala como negativa, dolorosa, o de precaución; frente al pesimista defensivo, que una vez que ha hecho de este circuito “su” principal circuito, es este el que le define.

   No voy a crear una dicotomía exclusa. Hay mucha zona gris entre esos dos humanos extremos. Para que alguien llegue a eso que llamamos persona fría y racional, tienen que entrar muchos factores en juego. Esta persona ha de ser inteligente, de lo contrario daría una persona altamente supersticiosa. Los obsesivos compulsivos caen en esa esfera, tienen el mismo esquema de fondo, pero dan demasiada fe a creencias y compulsiones extrañas. Tiene que ser una persona muy analítica, que tenga capacidades cognitivas como para pasar mucho tiempo pensando las cosas de forma profunda y de forma aislada. No tiene que ser muy social, puesto que al serlo lo “neutralizaría”, ya que tendería a caer en ese estado intermedio de razón y emociones. Tampoco carece de emociones. Un psicópata, yo diría, es una macho/hembra alfa que ha pasado por ese pasado de abandonos y traumas, como para llegar a ser un “destructor” en su frialdad.(2) Un/a alfa tiene un menor tamaño de la amígdala que le hace no sentir empatía, por lo cual llega a ese proceso de dañar al otro. El racional-frío al que quiero llegar es alguien que “tiene” las emociones, pero que en realidad le “molestan” porque por un lado le hacen sufrir y por otro ya no las quiere “comprender”: ha dejado de tener confianza (fe) en ellas y de creer que sirvan para algo “útil”. Este tipo de humano es el que yo llamo disruptivo, en tanto que cuestiona todo lo humano, por haber dejado de tener fe en todo aquello que el resto de humanos dan como que son sus señas de identidad; analizándolo todo a través de la duda y la puesta en suspenso de toda emoción, pues ese estado le saca fuera de ese rango en donde la razón ha de ser razón emocionada en el humano. Cuestiona, en definitiva, la emoción.

   De nuevo no hay que caer en idealismos, en estados puros, todo es gris. No todo humano está bajo la misma cultura, el mismo tipo de enseñanza, las mismas vivencias y llegan al mismo nivel analítico como para llegar a las mismas conclusiones. Se manifiestan y son en un gran espectro de personalidades y caracteres. Lo que sí parece estar claro es que son una minoría, pueden darse de uno a diez o de uno a veinte. El reality show “gran hermano” siempre trata de meter un concursante con esta tipología; casi siempre sale a relucir de forma rápida, su “inteligencia” le hace vadear y saber jugar como para mantenerse el más tiempo posible en el juego, a veces no son detectados por los propios concursantes, alguno ha llegado a la final, pero nunca ganan, pues el humano medio prefiere a los más emotivos, por creerlos “más naturales” o “auténticos”… más humanos.

   Me he vuelto a alargar y no he tocado la dimensión social de la razón. Queda por lo tanto para un tercer escrito, donde seguiré perfilando ese humano que he mostrado aquí.


(1) La filosofías o religiones orientales se basan mucho en ese poner en duda todo. Poner en duda lo que ves, lo que sientes, lo que piensas.
(2) off Topic. Es casualidad que el cine se esté cebando en retratar a mujeres alfa/destructoras en películas como: “Follow”, “Iris” “Elle”, “Ex-machina”, “Savage Grace”, “Perdida”, ¿o es la venganza del macho ante el acorralamiento al que le está llevando el feminismo?