Palabras…

Una palabra no crea un sentimiento, un sentimiento intenta crear una palabra…
intento inútil que casi siempre termina en frustración.
Todo sentimiento busca su libertad, respirar, expandirse, explosionar en todo el universo…
las palabras son su cárcel.

Anuncios

Lo que Es y lo que (a)Parece XXXI – Contra el Pensamiento Positivo

   El capítulo lo podría haber titulado “pensamiento positivo”, atraería más lectores y no estaría mintiendo, pues trata de eso, pero para ser honesto desde el principio y que sirva de preámbulo, el título que tiene es el más correcto. Podría ser una segunda parte del anterior, pues lo remata, pero de nuevo es preferible el actual nombre, por ser más claro. Queda pendiente la segunda parte del anterior, en el que he de tratar sobre la disrupción evolutiva que es la razón. El presente escrito da ciertos indicios.

   Voy a tratar de desmontar ciertas conclusiones del llamado pensamiento positivo. Con ello no abogo por el pesimismo, sino por lo racional. Una postura intermedia que tenga que ver más con la razón. La cuestión es si al final esa razón ve las cosas “mal” o bien”, qué conclusiones saca del panorama actual.

   Antes que nada quiero hacer ver a que llamo patrón enquistado, pues recientemente en la serie de documentales “brain games” había un ejemplo claro sobre este tema. En la siguiente imagen, ¿cuántas figuras con protuberancias hay?

pretuberancias y crateres

   Se dirá que cuatro. La de arriba a la derecha, la que está bajo ella y las dos de abajo a la izquierda. El cerebro es una máquina de predecir, pero puesto que a lo largo de los milenios siempre da con las mismas predicciones, al final estas las mantiene en el ADN y nacemos con esos patrones o “verdades”. Es un proceso de ahorro, ya que el cerebro, in situ, ya no lo tendrá que predecir: el cerebro le dará una respuesta u operará con esa respuesta.

pretuberancias y crateres 2

   En esta otra imagen, ahora todas son protuberancias menos cuatro. ¡Es la misma imagen dada la vuelta! El cerebro, por milenios, la única luz que ha tenido ha sido la del sol, interpreta los topos como protuberancias cuando la luz viene de arriba, tal como lo iluminaría el sol. Por el contrario, a los cráteres, los iluminaría en la parte de abajo. Este es, quizás, el ejemplo más claro de un patrón enquistado, en este caso de la vista.

   Para el presente escrito me baso en uno de los mini documentales de brain games, por lo cual lo he subido para que se pueda tener de referencia. Haré mención a dos experimentos, los que están en los tiempos:

Juego 3: 6:30
Juego 5: 13:20

Documental “Pensamiento positivo

   Dicho capítulo se adhiere a la tendencia actual de los dones de la aptitud y el pensamiento positivo, propia de todo curso motivacional y los libros de autoayuda. Pero por y como la actual tendencia, no trata de sacar segundas conclusiones y ver en las falacias en las que cae. Es más, hace un sesgo optimista intencionado, para ocultar ciertas verdades y aspectos negativos. El juego tres consiste en mantener un buen rato una pose triste, deprimida y cabizbaja, frente a una segunda de otro sujeto que es su inversa: alegre, entusiasta, vivaz. Seguidamente les dan un dinero y les invitan a apostar a rojos y negros en una ruleta. El sujeto uno dirá que no, y el segundo que sí. El experimento está sesgado porque 1. no da los resultados finales y 2. el juego consiste en un 50% de probabilidades de ganar.

1. Si al final se comparan datos, donde los pesimistas y los optimistas sumaran ganancias y pérdidas, quedarían más o menos empates. Pongamos que son diez contra diez y sólo se les da 1 euro, para facilitar las sumas. Los pesimistas habrían ganado 10 euros, y puesto que los optimistas tienen una probabilidad de ganar del 50%, la mitad ganaría y la otra mitad perdería, por lo tanto, de nuevo, tendrían unos 10 euros, euro arriba u abajo.
2. Si en vez de a rojos o negros, hubieran jugado a la ruleta normal, donde las elecciones son rojos o negros, pares o nones, filas, columnas o un número en concreto, los resultados hubieran sido peor para los optimistas. Está claro que por orden general la banca siempre gana. Los casinos y todo lo que tenga que ver con las apuestas son un gran negocio para los dueños, no para los jugadores.

   ¿Porqué funciona ese efecto de la pose?, que igualmente se ha popularizado en ponerse un bolígrafo en la boca, que fuerza a que esta esté en la pose de la sonrisa. Porque el cerebro trabaja constantemente con la retroalimentación: me oigo hablar y cambio el tono o el volumen, dependiendo de la situación. Pero al final el cerebro se deja engañar o falsea los datos. Si tengo una suelta de dopamina o endorfinas, sonrío. Si sonrío es porque hay una suelta de estas sustancias, luego, por el efecto de la retroalimentación, si hago el gesto de la sonrisa y la mantengo el cerebro crea la suelta de esos neuromoduladores. O sea es un juego que va de arriba hacia abajo y a la inversa. Es la teoría periférica, de la que hace uso la psicología cognitiva. ¿Es esto útil, evolutivamente hablando?, sí y no. En una estampida un individuo ve un depredador y corre. Si se suman varios ante la idea de que hay un depredador, el primero tiene miedo y corre porque ha visto el depredador, el resto tiene miedo porque simplemente corren. Tengo miedo, corro, luego si corro tengo miedo, a nivel cerebral hay una suelta de adrenalina y cortisol. La estampida está bien como respuesta evolutiva, pero en el caso humano ya se han visto que son catastróficas. Se crea el pánico en una discoteca en llamas y se producen más muertes por aplastamientos que por las propias llamas. En un segundo caso, la tendencia actual de miedos, que crean trastornos mentales, que invaden el mundo, vienen dados por una sociedad del miedo, de “estampida interiorizada” en masa, ante el panorama mundial. El error, y lo negativo del sesgo optimista, es en ver en esto algo bueno y no lo contrario o a través de la razón. Es falso que una actitud o pose optimista y entusiasta esté bien, y sea beneficioso en el 100% de los casos y las personas. Yo lo equipararía a ponerse tiritas cuando lo que se tiene es un cáncer. Esas tiritas no te curan el cáncer, en ese caso no hacen nada. Imaginémonos las situación más penosa que pueda existir: una mujer presa, a la que se le esté torturando y esté siendo constantemente violada por todo el que pase cerca de su celda. Ninguna actitud de las propuestas de las autoayudas y mostradas arriba valen. En este caso sólo una puede servir de algo, vuelvo a esta al final. Recurro a otro caso más habitual, para que no se me diga que recurro a algo demasiado extremo. Normalmente alguien que esté siendo víctima de acoso (o un maltrato de género), trata de mantener una actitud normal, como que puede con ello. Cada mañana se levanta y sonríe, diciéndose que va a ser capaz de lidiar con todo lo que se le venga encima. La realidad es muy distinta, muchas de estas personas mantienen la pose hasta el último momento, que se terminan por suicidar, nadie ha sido capaz de notarles nada. Fijarse que en los refranes a veces dan con las soluciones más simples: “el que no llora no mama”, si no te quejas, si no muestras en tu pose y gestos por lo que estás pasando en tu interior, nadie va a hacer nada por ayudarte y sacarte de la situación en la que te encuentras.

   Veamos ahora el juego cinco, el de los abucheos o vítores ante la canasta de baloncesto. Lo que esconde es lo vulnerables que somos ante el criterio de las personas que tenemos alrededor. Nos puede el estado agéntico, la influencia del grupo… la mirada de los otros. Al final del experimento, una jugadora profesional, nos muestra que ha “entrenado” al cerebro para no escuchar esas voces, para no ser influenciada. ¿Cuál es la postura correcta?, la de dejarse influenciar o la que no. En el ejemplo de arriba, del acoso o el maltrato de género, deducimos que la actitud no es la que vale, que la pose no es la que ha de contar. No hay soluciones sencillas, y la mayoría de las deducciones de los libros de autoayuda y el pensamiento positivo se equivocan en sus precipitadas e inocentes conclusiones. Si toda la sociedad “funciona” por la pose de ir por la vida como si todo fuera bien, ¿qué fuerza sería esa contra un gobierno o un sistema injusto y nefasto? Lo que quiero decir es que el actual punto de vista de ir por la vida con la aptitud y el pensamiento positivo sólo beneficia a las grandes empresas y a los actuales gobiernos. Estamos en la aptitud y la pose del acosado y la víctima del maltrato de género, diciéndonos que todo va bien, que hemos de mantener una actitud positiva, cuando la realidad es que todo va mal y no tiene que ver para nada nuestra pose. Dicho de otra forma, ¿a quién le conviene que sonrías y tengas buena actitud?, a quién le funciona dicho engaño. A las multinacionales (empresas) y los gobiernos. “También somos responsables por nuestra obediencia” decía Hannah Arendt. Nos engañan haciéndonos creer que todo depende de nosotros mismos, que la pelota está en nuestro terreno, que la juguemos nosotros, pero sólo en nuestro campo, sobre nosotros mismos, que no tratemos de cambiar nada fuera de ese campo, en su terreno. Al final es el mismo juego macabro del torturador, y el abusador de género. Te hacen creer que te mereces la tortura, que tú eres la culpable de tus males, que sólo está en ti el salir de ese estado. Si hablas y aceptas en silencio lo que te digan y hagan, todo te irá mejor. La macabra y brutal idea de que ya que te violan disfruta.

   Del juego cinco, el de la jugadora profesional de baloncesto, se siguen otras conclusiones. Si como la jugadora hemos de ir por la vida sin escuchar nada de nuestro entorno… ¿eso no crea una sociedad sociópata? Un psicópata no diferencia bien y mal, el sociópata los diferencia y le dan igual sus acciones. Si se llega arriba, a una situación de poder, ha de ser porque no escuchas el malestar del resto de las personas, los abucheos silenciosos. La actual sociedad alienta a que luches sea como sea, que los medios y los que caigan por el camino no importen. Que seas un trepa, que te comportes como un macho alfa… en realidad como un sociópata. El actual sistema se mantiene por 1. porque los que están abajo han asumido su derrota, su victimismo: que son ellos con su actitud, lo que les hace estar en esa posición y 2. porque al aceptar el cambio de aptitud y hacia el pensamiento positivo sólo es posible bajo la macabra tendencia de comportarse con una aptitud que al final es la de un sociópata. Ninguno de los dos ven sus errores, han asumido el sistema como propio (estado agéntico), han aceptado todas sus propuestas sin usar la razón, sin tratar de llevar todo a sus últimos límites. No son unos víctimas y otros culpables; como dice la teoría de la psicología transaccional, son juegos en los que todos jugamos, los aceptamos al no tratar de decir que no queremos jugar, al aceptar una de las reglas, por la cual al final aceptas todas. Todos somos víctimas. Y lo más macabro es que no hay culpables directos. Nadie ha planeado el juego, nadie lo lleva a cabo, se mantiene por sí solo como cualquier otro sistema complejo… por su propia “lógica”.

   Para salir del juego hay que dar un paso atrás. Volver a una situación humana anterior. A decir verdad de ir hacia atrás volveríamos a un estado muy primitivo y primigenio. Hay que recuperar aquel primer estado. Pasamos, en la historia, una larga edad de aceptar y de asumir la esclavitud. Nunca hemos salido de ella, pues la actual sigue su macabra lógica. Los que están arriba se lo merecen, los de abajo, son calaña que están ahí por su actitud. Un sintecho se merece las sobras de las basuras porque él mismo es un despojo de la sociedad. Todos asumimos la lógica de este nuevo estado de esclavitud, en donde o eres un triunfador o un perdedor, un nuevo esclavista con aptitud sociópata o un nuevo tipo de esclavo que no “cuida” para nada su aptitud.

   Vuelvo arriba, a la imagen de las protuberancias y los cráteres; a los patrones enquistados y a la pose “correcta” ante el torturador y el violador. Sólo la razón es capaz de tomar un cambio, cuando se da cuenta que no hay protuberancias o cráteres, como le trata de hacer “ver” (entender) los patrones enquistados; que todo depende de nuestro punto de vista. La víctima de tortura está claro que no tiene ninguna salida que dependa de ella, está ella sola ante su mente y el macabro, tortuoso y doloroso estado del juego en el que le han metido. En esa situación sólo vale el orgullo, el “podrás violar mi cuerpo, penetrarlo, pero ni siquiera llegarás a rozar mi alma”. Poseerás mi cuerpo, pero mi mente quedará intacta. “Tu verdad” no la tocará, no la asumiré como propia. No entraré en la lógica de tu juego. No serás mi verdugo, pues mi alma no asumirá nunca un papel de víctima. Yo soy, independientemente del juego al que me sometas, y en el que me vea entrampado. Se me dirá que es de nuevo el papel silenciado de la víctima de acoso o de la violencia de género. No. Estos han asumido ser víctimas, han entrado en el juego. Mi propuesta es más sutil y radical. No hay juegos, todos son juegos situacionales, juegos en los que todos jugamos. Yo no soy sistema en cuanto ofrezco una lucha interna a no aceptar ningún juego que previamente no haya analizado hasta sus últimas consecuencias. Mi plan es luchar contra todo posible juego, contra todo silenciado, sacándolos a la luz de la razón, aquella que ha de ver todos los entramados, tanto los enquistados en el ADN, como los enquistados en la sociedad. Declararé y tendré en claro que nunca hemos dejado de jugar al juego de amos y esclavos, escaparé de toda situación en la que caiga en una de las dos posiciones. Nunca he aceptado ser líder, ser encargado, cuando me lo han propuesto. Tampoco en verme en situaciones demasiado esclavistas, que fueran contra mi dignidad y contra mi orgullo primero.

   Para Sartre todo se trataba de la libertad. Libertad, dignidad y orgullo (dignidad y orgullo como dos lados de un mismo juego de reflejos del espejo que es la realidad primera humana) son perífrasis, tautologías, formas de nombrar esa cualidad que nos hace ser seres vivos con ese ímpetu por la vida, esa voluntad de poder, ese estado iluminado, fuera del miedo. En la obra de teatro de Sartre “muertos sin sepultura“, se expone ese estado límite de torturados y víctimas. Al final, por medio del “suicidio” (aceptan el fusilamiento antes que hablar), las víctimas “vencen” por cuanto que no estaba entre los planes de sus verdugos. “Vencer o ser vencido, no hay otra alternativa. El vencedor será el amo y el vencido será el esclavo”, nos dice Max Stiner. El suicidio, así, es la forma suprema de libertad en una situación en la que ya no hay ningún otro escape, y en donde no quieres asumir la esclavitud como propia, pues te habrán inyectado de miedo, de baja autoestima, de culpabilidad. Decía Hannah Arendt que “en tiempo de Solón, la esclavitud había llegado a ser considerada peor que la muerte. Desde entonces “amor a la vida” y cobardía se identificaron con esclavitud. De este modo Platón podía creer que había demostrado la natural servidumbre de los esclavos por el hecho de que no habían preferido la muerte.” En definitiva que la única salida es la rebelde, la cínica, y en donde tu yo y tu razón están por encima de cualquier juego inventado por y para otros. Se cuenta que a Diógenes habiendo sido cogido como esclavo se le preguntó que para qué servía, y este contestó con un cínico: “para mandar”. Seguramente no porque quisiera gobernar a otros, sino porque su orgullo primero no aceptaba de ninguna orden, sino que estaba hecha para ser oída, para ser tenida en cuenta.

   En fin. No hemos de tener en cuenta el pensamiento positivo y esas reglas del cerebro, sin haberlas puesto en entredicho. Libertad quiere no sólo decir que te quieres libre, sino que quieres a todo otro humano libre. Que su orgullo no sea tocado. Si mi aptitud va contra tu libertad, no la quiero, he de cuestionarla. Si te aplasto con mi sonrisa, si el estar exultante hiere el orgullo del otro, no lo quiero. He llegado a la conclusión de que puesto que el panorama social se ha vuelto tan depredador, lo mejor es estar fuera de él. Que la mujer se vista de cierta forma me hiere (negar que hay una excitación mental en el hombre es ridículo, y ridículo igualmente hacernos los depredadores por sentir esa naturalidad, esa reacción física), porque no es porque ella lo haya querido, sino porque ha entrado dentro de cierta lógica macabra del sistema. La dejo estar, pero no la miro. Respeto su “libertad” (que no es tal, si se sigue la lógica de mi discurso), pero me salgo de su lenguaje, de su juego. Sin ningún hombre las mirase, si se negasen a entrar en sus juegos, ¿en qué quedaría este? No hay palabra (o acto comunicativo, como lo es la forma de vestir) dicha en sociedad que no entre dentro del macabro juego subyacente en el actual sistema, cual sistema complejo que impone sus propias reglas y leyes, su propio juego y lógica. ¿Es mejor callar? Yo hablo sólo para mí y para los que estén dispuestos en ese nuevo estado fuera de todo juego. No acepto halagos, ni seguidores, pues es de nuevo entrar en la lógica del sistema actual. Pan vende su orgullo primero, su honestidad, por un like, un “me gusta”, por seguidores, cayendo al final en lo políticamente correcto, y en donde el sistema y el juego no es “tocado” en nada de su núcleo.

   El cristianismo cayó en los mismos errores de un (su) sistema, al proclamar las virtudes, que había que denodadamente buscar individualmente, como hoy el optimismo, llegándose a un paraíso en la tierra. Tolkien, fiel seguidor de estas ideas, exaltaba las virtudes de los hobbits (el hombre llano y sencillo, provinciano), las cuales, de seguirlas todos, la vida sería mejor. Esto nos arenga en “El hobbit”, en boca de Gandalf el gris: “Saruman opina que sólo un gran poder puede contener el mal. Pero eso no es lo que yo he aprendido. He aprendido que son los detalles cotidianos, los gestos de la gente corriente los que mantienen el mal a raya. Los actos sencillos de amor.” En realidad esos actos cotidianos (virtudes) no sirven y no tocan para nada la estructura de amo y esclavos, como tampoco lo hace la actual arenga del pensamiento positivo: revisión de ideas viejas y mudadas, que nunca ha funcionado y servido para ninguna otra cosa que no sea el mantener el statu quo.

   Hay que ser irreverente, cínico, rebelde, para ser mínimamente humano. Hay que aceptarse conceptualmente como un sintecho, aunque uno te abrigue, (como lo fue Diógenes, el primer humano en nombrase como habitante del planeta, cosmopolita, fuera de todo concepto de patria, frontera y nación), aceptar esa condición de una vida autónoma (humana) fuera del sistema y del actual juego. Ese es mi orgullo, aunque a los ojos del sistema parezca y sea un perdedor.

Lo que Es y lo que (a)Parece XXX – Un Plan sin Plan

   (Raro título cacofónico y que si es escuchado por un extranjero seguramente crea que es una sola palabra que no conoce. Constantemente se producen extrañas coincidencias, que como soy racional no doy importancia. No todo lo que escribo lo publico, si  dudo lo dejo reposar, a veces me olvido de ellos. Por eso perdí las cuentas de los capítulos en WordPress, pues algunos seguían la numeración y no fueron publicados. Coincidencias, en uno de esos sin publicar hacía mención del tiempo que llevaba escribiendo, eché la vista atrás al primer escrito y ¡ole!, justo 8 años, ni un día más, ni uno menos.  Otro fue el reducir fe a confianza, a los pocos días lo leí en el libro “El hombre irracional”. En el presente escrito hay otro, lo escribí el domingo por la tarde, a esa misma hora en “Brain games” en RTVE2, hablaban sobre algo que yo estaba escribiendo, sobre el pesimismo defensivo y en qué beneficia, aunque no mencionan su nombre científico. Ese capítulo es muy importante, lo subiré para que permanezca, pues se sacan muchas conclusiones, en las que no se centra el programa, por ser meramente optimista y en boga a las ideas de las autoayudas. Este escrito dudaba de si publicarlo o no. Es uno en los que trato de construir el universo, hasta la llegada de la vida y de la conciencia. Son intentos de mostrar a la gente que no hace falta una mano divina para nada, que todo es azar. Ya he hecho varios intentos de este tipo. Pero me parecen fracasos, porque al final no parecen tocar la esencia mágica que produce la sensación de tener una conciencia. Son como lo efectos visuales, explicarlos no hace que el cerebro siga viéndolos. Como fuera, publico el presente escrito por ciertas analogías necesarias e importantes  para el siguiente escrito.)

   Pequeño resumen de los antecedentes de escritos anteriores. El humano no es lo inteligente, es la evolución la que tiene las estructuras de eso que llamamos “inteligencia”, en la medida que en su eterno prueba y error, da con “resultados” válidos para la supervivencia. El humano es tan sólo un caso concreto de esa manifestación o concepto general. Off topic: barajo la posibilidad que inteligencia sea la capacidad de “crear” una respuesta a partir de la “nada”, la inventiva, los momentos eureka, aunque claro, nada nace de la nada. El cerebro se reajusta constantemente, baraja cartas de forma eterna, luego a veces da con algo que en apariencia es nuevo. Pero esto igualmente se da en la naturaleza, en los procesos evolutivos. End off topic. La evolución es una abstracción de cómo funciona crear vida válida para su fin: sobrevivir (vida y sobrevivir es una tautología), y donde la reproducción y sexualidad son caminos o apuestas de ese “fin”. La vida parte de reglas físico-químicas, en donde de igual forma, de forma azarosa, pero dentro de las reglas de las fuerzas físicas, en concreto el electromagnetismo, se crean moléculas complejas estables. Ciertos elementos no son “realmente” estables. En la tabla periódica hay elementos que no existen en la naturaleza, y esperan ser descubiertos. Dichos elementos se han tratado de recrear en el laboratorio, pero no permanecen estables, se vuelven a disgregar. En todo este procesos mentales, de formas de concebir todo, entran dos conceptos, o parecen estar implícitos, en “su” naturaleza y estructuras: el de un principio y el de una finalidad. Tales conceptos son meramente humanos y ocurren en su lenguaje, por la forma en el que este está construido, que a la vez le vienen de ciertos constructos del cerebro. O sea nuestro lenguaje tiene estos límites cerebrales (patrones enquistados, en mi lenguaje). Este está creado para ver causa y efecto en todo, y en poner la causa como principio y el efecto como la finalidad. Fijémonos sino en frases como: la manzana es verde. A todo objeto se le vincula una de sus “propiedades” con el verbo ser. Los griegos se volvieron monomaniacos con esta “partícula copulativa” (que lo debió de ser al principio) y se creó la ontología como el estudio del Ser, monomanía que ha arrastrado la sociedad occidental hasta hace unas décadas. Sólo hay existentes, ese Ser, con mayúsculas, está de más. Ese seudo-problema no se da en otras culturas. Cada cultura es como una personalidad con sus taras, obsesiones y manías. Otro lenguaje, en otro posible mundo, con seres que hayan creado un lenguaje complejo, quizás, no tengan estas fallas. Como nos basamos en los elementos moleculares estables, ¿nuestro lenguaje tiene las reglas de estos elementos?, estabilidad, patrones. ¿Un lenguaje de los elementos no estables daría otro “lenguaje”?, caótico, inestable. Espero que no traten de extrapolar estupideces de estos conceptos, me muevo en un plano meramente abstracto, que puede que ni siquiera sean lógicos y que sin duda no tienen sentido en lo físico: esa moléculas inestables lo serán en todo el universo.

   Proceso de todo. Al principio estaba el mundo subatómico cuántico que inmediatamente “creó” por “afinidades” partículas, las cuales por las leyes físicas crearon moléculas. El hidrógeno primero. La gravedad, y quizás otras fuerzas como la materia y la energía oscura, hicieron que se agruparan y colapsaran en la creación de las primeras estrellas: dentro de ellas se crearon nuevas moléculas como el helio. En la muerte de esas primeras estrellas, durante la energía de sus explosiones, se crearon otras moléculas como el hierro y el oxígeno. Uno de esas moléculas fue el carbono, el cuarto elemento más abundante del universo, juntos a tres de los nombrados anteriormente: hidrógeno, helio y oxígeno. El carbono tiene una capacidad alotrópica enorme. Dependiendo de las condiciones físicas se crean distintas estructuraciones moleculares del carbono446px-Eight_Allotropes_of_Carbon, como para crear el carbón, el diamante y el grafito (alotropía). Esa capacidad de ordenación estructural del carbono es la base de todo ser vivo. La piel o toda estructura de cualquier órgano del cuerpo, se vale de estas propiedades del carbono. La vida es la recombinación de moléculas orgánicas con un grupo de aminas de hidrógeno y un grupo carboxiloaminas. Carbono e hidrógeno, en definitiva. No hay finalidad, es puro proceso recombinatorio a partir de unas simples leyes físicas. ¿Por qué no empeñamos en buscar un porqué y una finalidad al humano, al cerebro, a la conciencia?

Entro en el tema.

   Durante todos mis escritos me he centrado demasiado en los neurotransmisores, pero son guantes de boxeador, golpean crean los “empujes”, pero no tienen la finura de los dedos para “manipular” el entorno. Entorno que requiere la mayor complejidad y delicadeza de los dedos de una mano. O sea me había detenido en el motor de combustión, en los pistones, pero había dejado de lado el proceso químico de liberación de energía dentro de la gasolina. ¡Bueno, me dejo de metáforas! El cerebro es el explorador del entorno, de lo exterior, del cuerpo, al centralizar todos los sensores. O sea, es como la ventana por la que el cuerpo mira y analiza el exterior, para adaptarse. Las finalidades de ese cuerpo son las de sobrevivir y reproducirse. Para ello se vale de dos procesos o directrices: el ADN y el sistema endocrino. El ADN tiene la “programación” general, mientras que el sistema endocrino tiene el programado de cuándo y cómo ha de hacer las cosas el cuerpo. Ha cierta edad se activan las glándulas sexuales (testículos, ovarios), que producen cambios en cadena para “mover” al cuerpo hacia la reproducción. Entre esos cambios están los del comportamiento, que inciden en una “nuevas” reglas cerebrales para moverse con unos nuevos fines. Para ese fin en el cerebro hay dos glándulas del sistema endocrino, la pineal y la pituitaria, que activan a su vez moléculas complejas, hormonas y neuropéptidos, que modifican nuestro cerebro y por lo tanto nuestra mente y comportamiento. Las emociones, el mundo emocional, nacen de estos principios.

   A extrarradio de estas reglas que están en todos los mamíferos, nació la palabra y con esta la razón (la razón como “molécula” extraña y compleja del universo). La razón parece tener “otros” fines, pretende ser un fin en sí mismo. O sea, que si bien la emocionalidad, de base, puede tener como fin el que los humanos permanezcan en contacto, para al final reproducirse, la razón tan sólo tiene como finalidad el ser coherente con sus propias reglas. De esta forma una persona se puede aislar, puede ignorar todas los impulsos del ADN y el sistema endocrino, y vivir sin reproducirse y si así lo “desea” (razona) acabar consigo mismo, suicidándose. Nos encontramos, entonces, con que la razón parece escapar de las reglas tanto evolutivas, como de la vida, en su modo más perverso: soledad y suicidio. Por medio de la soledad niega la reproducción, con su auto-aniquilamiento niega la vida. ¿O no? Me estoy moviendo en el terreno de las qualias, en el terreno de la verdad individual como absoluta.

   Volvamos al cerebro. La evolución tenía que modular lo deseable y lo indeseable. Buscar la luz, huir de la luz excesiva.  Lo hizo a través del placer y el dolor. Buscamos el contacto humano, y eso está premiado, y huimos del aislamiento que crea dolor. Pero las cosas no son tan sencillas. Otro humano nos puede crear dolor, y el aislamiento puede crear paz. Una simple acción: un humano nos atemoriza y nos cobijamos o escondemos en los más profundo de la cueva para protegernos, como si se tratase de un oso, un depredador. Siguen operando las reglas evolutivas a través de escoger el placer y huir del dolor.

   En los procesos que he simplificado arriba se ve una gradación hacia la complejidad. Las partículas tienen sus “propias” reglas, pero una vez que forman una molécula como el hidrógeno, “obedecen” a las reglas implícitas de esta molécula, las cuales no niegan las reglas de las partículas. El protio, el isótopo más común del hidrógeno (mal nombre, pues es compuesto: literalmente lo que produce agua; debería de tener un nombre más “nuclear”, de unidad), en el cual un electrón gravita alrededor de un único protón (estoy ignorando el mundo subatómico, pues entrar en lo cuántico en enredar el tema). En realidad aunque el hidrógeno es el más abundante en el universo, en la tierra es casi inexistente, ya que siempre está enlazado con el oxígeno, en las proporción de dos a uno, para formar el agua. Toda vida necesita de un medio líquido, que en el caso de la tierra es el agua, pues como he dicho arriba la química orgánica, se basa en los aminoácidos (hidrógeno y carbono, líquido y materia, si se quiere). La vida creó sensores, los sensores llevaron a la centralización del sistema nervioso y este a las emociones. La razón en una disrupción en este proceso. Hasta la razón se seguía una “línea argumentativa”, al llegar a esta muere para emerger en algo nuevo. Pudo haber un primer momento en donde razón seguía obedeciendo a las máximas de la vida y se supone que un humano “normal” sigue en esas premisas, pero he ahí de repente en algunos humanos parece obedecer a otras reglas.

   Con el “nacimiento” de la conciencia, en tanto que “habladora” y en donde se produce la retroalimentación de hablar y escucharse uno así mismo, el prefrontal, una parte de este, se siente de dos modos: como locutor y escuchador, y en ese juego de espejos se produce la conciencia de sí, como ente en sí mismo, como un modo de ser que llamamos conciencia: conocer que se conoce. Ente al que llamamos yo, ahora, y que en la antigüedad llamaban alma. Como he dicho en otro escrito al final este ente emergente crea sus propios fines, los de autoconstruirse, el de autocrear una identidad, identidad que inevitablemente está siempre ante el otro. En la medida en que el otro es el campo de pruebas de nuestra identidad. Nos modulamos a través, de nuevo, por medio del prueba y error, tiendo a los otros como los “detectores” de nuestros errores. Si el otro nos aprueba o reprueba, adoptamos un comportamiento o lo rechazamos. En definitiva el otro es nuestro espejo. Interiorizamos al otro y lo social a través de lo que llamamos conciencia moral. Este medio camino, del humano “normalizado” (modularizado en lo social), coincide con los fines evolutivos, pero no explica a todo del ser humano, todo lo que implica por un lado el cerebro y por otro esta tendencia a crear un yo o auto-identidad.

   El placer o el dolor no son tan fácilmente reductibles al núcleo accumbens, y por ello la dopamina, o a los nociceptores (receptores del dolor). El lenguaje de la ciencia está creado para compartimentar las cosas, pero a veces estas reducciones son más prácticas que reales. El cuerpo (el ADN) crea moléculas complejas, en unos casos las llamamos hormonas, en otras proteínas y en otra neurotransmisores o neuromoduladores (se compartimentan por sus principios y fines, de nuevo). Algo como la oxitocina es una hormona, pero a la vez es un neuromodulador. Está molécula es un péptido. Se llama así a un tipo de moléculas cortas, que además tienen la capacidad de unir varias para crear moléculas más complejas. Al estar vinculadas, en muchos de los casos, al sistema endocrino, son “programadores” o moduladores de comportamientos internos y al final externos. La conciencia, así, y por lo tanto la razón, tiene las reglas implícitas de estos neuropéptidos que modulan las vías de los principales neurotransmisores. Me atrevo a decir que la orexina, que nombrase en escritos anteriores, que es un neuropéptido que está implicado en el nivel de viveza y del placer, es a aquello a lo que llamamos, de forma reductiva, como motivación. Baja dosis de orexina, baja motivación y a la inversa. Aquí vemos la complejidad del cerebro y su ordenación a la vez de abajo a arriba y de arriba hacia abajo. Vivir en un tipo de vida, de sociedad o época, puede hacer que un individuo se mueva por la vida con una baja motivación, lo que modula la orexina, pero a la vez o bien por deficiencias alimentarias, o por algo que se tome que lo altere, el nivel de orexina se desploma, con lo cual se tiene la sensación de una baja motivación, de disforia, de anhedonia. Las drogas alteran su equilibrio, las sensaciones y vivencias muy extremas y fuertes la alteran. Recordemos el paradigma que representa la película del “El cazador“, uno de los componentes del grupo ya sólo podía jugar a la ruleta rusa para “sentirse vivo”, la experiencia más fuerte e intensa que se pueda vivir: estar constantemente a un paso de la muerte. En la película “Speed” (1994), nos hacen ver que las relaciones de pareja basadas en un experiencia extrema no suelen durar, pues se basan en una relación y sensación superintensa que nunca podrán volver a recuperar.

   Péptidos importantes como por “ejemplo, la oxitocina y la vasopresina tienen efectos sorprendentes y específicos sobre los comportamientos sociales, incluyendo el comportamiento maternal y vinculación de las parejas” (fuente Wikipedia). Otros pépticos importantes son los opioides, entre las que se encuentras las encefalinas, las endorfinas y las dinorfinas. Unas nos provocan la sensación de dolor, de ahogo, de angustia…; otras las de placer y recompensa; mientras que las terceras hacen el papel de analgésicos o de reducción de las sensaciones negativas o de dolor. Se supone que todo este sistema estaba “creado” para la búsqueda del placer y huir del dolor, pero dada la complejidad del cerebro al final las cosas no son tan sencillas. La verdad individual, el mentalés solitario, las qualias buscan que el mundo (verdad) coincida consigo mismo (pegajosidad neural), en la medida que no existe tal coincidencia se produce un choque. El cerebro es un órgano de búsqueda de equilibrio, da igual qué tipo de equilibrio. En lo humano ese equilibrio introduce dos factores nuevos con respecto a otro animales: 1. que la verdad individual, mentalés solitario o qualias no estén muy desequilibradas con el resto de humanos, y 2. dado que la conciencia es básicamente un supervisor, detector de errores o choques emocionales (disonancia cognitiva) y en ese proceso tratar de autoconstruir una autoimagen, un yo, sin disonancias; esta se sigue de la primera, son un todo o una misma estructura en dos planos. A nivel de un ejemplo claro: un individuo puede sentir placer cuando alguien le produce dolor, ¿es dolor o es placer?, ¿se activan las endorfinas o las encefalinas?, en realidad las dos, pero el cerebro se ha “equilibrado” de tal manera como para que ese dolor controlado sea placer; fijarse que aquí nos movemos en dos planos, el ejemplo es conceptual, de cómo opera en la vida, y en el cerebro: en una extraña suelta y activación de encefalinas (dolor) y endorfinas (placer), mediadas por dinorfinas, que amortiguan o sedan el dolor: un fino equilibrio de las tres. Todo este sistema hiperquilibrado le ha dado un tipo de identidad, unas qualias, al individuo que esté en este rango, pero que hace que no coincidan con lo que es la norma (lo más general) en lo humano. El choque, o disonancia cognitiva, se produce ante el encontronazo de parecer y sentirse como que está fuera de lo humano. Un niño siente su propia sexualidad que es homosexual, de repente se da cuenta que en la cultura en la que ha nacido rechaza lo que él siente. Hasta hace unas décadas eso se interiorizaba y acallaba, provocando dolor en las personas que pasaban por este hecho. Alan Turing, uno de los padres de la informática, se terminó por suicidar, por no saber equilibrar ese choque. Hoy en día se sigue el camino hacia una normalización de todas esta peculiaridades sexuales, como para que no les creen traumas en sus cerebros.

   Pero no todo choque es reducible a algo tan evidente como lo dos ejemplos de arriba. Cada persona es una adaptación a ese exterior que es el mundo, el cerebro crea sus equilibrios, los choques pueden venir de cualquier lado. Muchos de los ahora llamados trastornos psiquiátricos son en realidad raros equilibrios. Una persona puede haberse equilibrado en la melancolía. En qué medida la llamada depresión es el mal en sí mismo o es esa mala sensación del llamado depresivo el de una simple persona melancólica que siente que no es aceptado por la sociedad. Un obsesivo compulsivo se ha equilibrado en la repeticiones, se produce un choque cuando el resto del mundo se ríe o burla de él, o en la actual sociedad del “tiempo es oro” ven sus procesos como acciones no productivas, sino lo contrario: improductivas y que le perjudican en su vida normal y laboral. En definitiva ¿por qué vamos en camino de normalizar la diversidad sexual (que antes se trataban como trastornos mentales) y no otros tipos de adaptaciones cerebrales? Recordemos que no queda claro que un trastorno lo sea por sí mismo, sino que quizás venga dado porque estas personas se sientan rechazados, como en su momento lo fueron (lo son) los homosexuales o los masoquistas.

   En los dos escritos anteriores hablaba del orgullo como el equilibrio alejado del miedo (ahí tememos sin ir más lejos el orgullo gay, en cuyo núcleo tienen este concepto). Cuando nos rechazan o no nos aceptan atacan a ese núcleo. Atacan a ese yo nuclear, activándonos el miedo, la respuesta de huida. Si una persona es por sí misma melancólica puede hallar el equilibrio en ese estado, estado al que yo llamo de dulce melancolía, pero si una y otra vez te alientan a que seas alegre, que salgas, que hagas las cosas con más gente, que vayas a sitios multitudinarios, que bailes… que en definitiva seas “normal”, según su criterio, entonces están atacando a tu núcleo, tu esencia, a tu alma. Creando ese choque que he mencionado en el anterior párrafo. Vayamos a un ejemplo más claro, pues quizás la interacción de melancolía y depresión no sea muy preciso o no en todos los casos. Hay un concepto en psiquiatría que se llama “pesimismo defensivo“. Alguien con este concepto, con este mecanismo y por lo tanto forma de ser, es aquel que hace “uso” del pesimismo para equilibrar la ansiedad. Se pone en lo peor, porque de esa forma si ocurre ya está preparado para el golpe; y nunca mejor dicho, no es lo mismo que te prepares para un puñetazo en el estómago, pues te han avisado, a que te lo den de forma desprevenida. Hoy en día se hace un uso abusivo de “persona tóxica”, colectivo en el que puede encajar el que recurre (es) al pesimismo defensivo. Siendo así, esta persona se siente rechazada al sentirse atacada en su núcleo y se le activa el modo de pánico, el miedo; matándole, en el proceso, el alma. Hay más ejemplos, hay cientos de recursos en los que el cerebro se equilibra y que son rechazados en sociedad, otro es la indefensión aprendida. Entre ellos también están los que sí son aceptados, como el “optimismo aprendido“. A nivel de pura razón (como lo “juzgaría” una máquina o un robot) tanto la indefensión como el optimismo aprendidos pueden ser negativos. El optimismo aprendido puede estar en esas personas que llamamos cándidas, muy inocentes, pero como estas no son “malas” para los propósitos de lo social, entonces se les acepta como “normales” (la película “Wilson” con Woody Harrelson, muestra este tipo de personalidad). Aquí sale una regla: las adaptaciones cerebrales individuales no tienen que perjudicar al bien común, al bien de la comunidad. Hemos creado una regla universal invisible por la cual todo lo que se salga de la norma y pueda ser negativa para la sociedad, ha de ser rechazada (hasta hace poco la homosexualidad estaba en ese grupo). Hace mucho tiempo la melancolía no estaba directamente rechazada, había una unión entre ese estado y volverse chamán. Hoy no existe el melancólico, existe el depresivo. O sea “movemos” los conceptos de lugar y al final le ponemos la etiqueta de negativo a capricho, no por ningún dictado de lo evolutivo o de la vida, sino por puras convenciones sociales. A nivel evolutivo el pesimismo defensivo puede llevar a una persona a sobrevivir, pues al ponerse en lo peor ya está pensando en las soluciones posibles de ese nuevo nivel; diferente al optimista aprendido, que al no prever nada, al final, en una de esas, ya no tendrá salidas para sobrevivir. En las películas de miedo suelen sobrevivir los pesimistas defensivos, el optimista aprendido va al servicio (o al sótano o a la cocina) él solo y es el primero que muere. Hoy en día al sociedad al completo se comporta bajo la premisa del optimismo aprendido, cerramos los ojos a que las cosas se van a poner mal, si no hacemos, ya, los cambios para revertir la superpoblación o el cambio climático. O sea, al final las reglas que el humano medio cree positivas en el fondo son negativas. Tenemos mal conceptualizado todo. Con esto no voy a caer el error de “despreciar” el optimismo, y lo que viven y se equilibran en este patrón, pero como digo en otros escritos, las dos posturas, los dos tipos de humanos son necesarios para lo social. Si sobrevive una y otra apuesta es que la evolución los ha validado, tienen una razón de ser, tiene una “funcionalidad” en lo social humano. El problema hoy en día es que el pesimista y el melancólico han pasado a ser unos “indeseables”, un error que no debería ser aceptado, algo contra lo que toda persona ha de luchar, como en su momento un homosexual tenía que luchar contra su condición. No hemos entendido el “chiste”, seguimos sin comprender todo el entramado de cómo opera la evolución, de cómo funciona el cerebro.

   (Con todo lo largo del escrito, ni he empezado a tocar el tema al que iban mis pensamientos. Cuestión por la cual termino el presente aquí, y lo dejo para una segunda parte.)

 

Breviario de Incertidumbres

   Los escritos los he vuelto muy densos y largos, voy a quitar algo de carga. Cada breviario podría haber sido un artículo por sí solo, pero quizás valgan más y sean más entendibles en su forma reducida. Un problema humano es que crea conceptos abstractos, pero ¿son inteligibles o reducibles a algo? Trataré de desmigajar algunos conceptos abstractos a sus mínimos.

El concepto de país

   ¿Qué quiere decir ser español?, o francés o ecuatoriano. ¿Se supone que soy copropietario del territorio español? Puedo andar por sus calles, por sus parques, por su naturaleza, con toda la libertad, pero de igual forma lo puede hacer un turista. No soy ni propietario, ni copropietario de nada. Se supone que si quieres algo lo has de comprar. Eso sí, si “atacan” al territorio, tú que no tienes nada tuyo, lo defenderás con tu sangre igual que uno que tenga muchas propiedades. Tampoco tengo total libertad de andar por el territorio. Hay una gran parte de naturaleza vallada, con alambres de espinos, con muros, con verjas que no se pueden traspasar. Estás desorientado en un monte, quieres ir del punto A al punto B y de repente te encuentras con una propiedad privada, que te hará rodearla, pudiéndote desorientar más. La sierra de Béjar en Salamanca es, casi, en su totalidad de propietarios, que se supone que por “amabilidad”, o que sé yo, te dejan andar por ella. No es mi sierra: se me concede el poder andarla. No me la he ganado, no es mía (ni de todos) al ser español, alguien ha decidido, que como al fin y al cabo no te puedes llevar nada de valor, la puedes transitar.

   Si soy español y no tengo familia, y a cierta edad ya nadie me quiere contratar, ¿quién se fijará en mí como para que no delinca, me vuelva un sintecho o me suicide? Existe el concepto de “madre patria”, cada vez más en desuso, pero no existe tal madre. No existe el cuidado, nadie te presta atención. Nadie hará nada por ti. Eso sí, si delinques te darán en “propiedad” un pequeño habitáculo, con su propio servicio y su ducha. También te alimentarán y estarán pendientes de ti. ¿No pueden dar ese pequeño habitáculo a cada persona sin necesidad de que delinca?

   Una madre te quiere digno, orgulloso, libre. La nacionalidad te humilla, te mata el orgullo al obligarte a pedir migajas, y no te quiere tan libre, sino “controlado” a nivel burocrático, sobre qué tienes, qué cobras, qué haces, cómo lo haces.

    Soy un ser libre, eso siento en mi interior, la nación me humilla dentro de unas normas que yo no he elegido, que yo no quiero. Libertades que se asumen que no has de pedir. Cualquier animal en la naturaleza es libre, nosotros estamos encarcelados en un país, en el concepto abstracto y absurdo de nación y fronteras, que al final sólo tienen sentido para los que tienen grandes bienes y mucho territorio.

La jaula de oro

   Un preso está encerrado entre cuatro paredes. Sabe lo que es la libertad, sabe qué le constriñe. Pero aquel que está fuera de esas cuatro paredes ¿es realmente libre? La mayor condena es el concepto de los bienes. Todo humano ha de perseguir bienes: un domicilio, un trabajo, un automóvil… Para alcanzar eso hay que trabajar y trabajar. Es igual el nivel de dureza y esfuerzo: trabaja, trabaja, trabaja. Al final, tras de mucho esfuerzo pareces tener algo: “tienes” un piso que estás pagando, está amueblado, tienes un coche y tienes todos esos artículos que siempre has querido: una televisión muy grande, un móvil, un ordenador… Pero todo se deteriora, se estropea, queda caduco. La vivienda, que ni siquiera es tuya, sino del banco, exige sus “tributos”: pagas luz, agua, gas, comunidad de propietarios, catastro… El automóvil igualmente tiene sus tasas e impuestos. Es más, para mantener tu puesto de trabajo, tu empresa no produce bienes duraderos, sino muy perecederos y poco resistentes. Bonito, con un buen diseño, pero ese diseño no tiene en cuenta qué partes son más sensibles a roturas o desgastes, como para reforzarlas. Estamos bajo la macabra lógica de obsolescencia programada, en donde si el usuario final -tú, nosotros, todos-, no compramos de forma constante, se pierden puestos de trabajo.

hombre-encarcelado-en-jaula-de-oro-16028397

   Es eso libertad o ¿un nuevo tipo de cárcel? Vivimos en una cárcel de barrotes de oro, que como es “bonita” no la vemos como cárcel. No digo nada que no se haya dicho ya. La biblia en la que se ha convertido “el club de la lucha” ya nos lo avisaba: “tú no posees las cosas, las cosas te poseen a ti”. Por lo demás, poco más que decir que no esté en susodicha película. Bajo mi punto de vista es más libre el preso, porque por lo menos es consciente y sabe en qué consisten sus barrotes, sabe de qué se tiene que librar. Nosotros, los que estamos en la jaula de oro, no somos capaces de ver esa cárcel y ¡ay, como algún día te des cuenta! Eso suele pasar cuando de repente te quedas sin trabajo, y pasas un largo periodo sin encontrar otro. De repente el banco se pone pesado con los vencimientos de los pagos, de repente se empiezan a romper cosas que ni puedes reparar, porque ya no las reparan, ni puedes meterte en comprarte algo nuevo. Creías tener algo y todo era humo. La mayor trampa de esta cárcel es que sigue el mismo esquema que el de la esclavitud. Los que tienen grandes cantidades de bienes, mantienen esa cárcel de barrotes de oro, para que trabajes para ellos y además lo hagas sumisa y placenteramente. Ellos no suelen caer en tu misma trampa. Si ellos pasan por un bache, el banco les dará más dinero para salir de ese bache. Si la banca está en la posibilidad de caer al completo, el Estado les sacará del bache, como ya ha ocurrido.

   No reivindico un comunismo, no reivindico nada. Solo que me desagrada que pan no se dé cuenta o ignore que vive en una cárcel, aunque esa cárcel tenga los barrotes de oro. No hay peor preso que el que no sabe de su condición, pues no luchará para cambiar nada. Lo asumirá y vivirá en esa amarga verdad.

 

¿Es psicológico?

   Los libros de autoayuda insisten en que uno mismo puede hurgar en sus interioridades, cual manos que se meten en los entresijos sangrientos y grasosos de sus sesos, para que este “funcione” bien. Si funciona mal es tu culpa. ¿Culpa de quien, si no hemos logrado saber qué es conciencia y que es un yo? La cuestión es como si uno mismo tirase con una de sus manos de la otra mano para sacarse de un pozo (se recurre, por analogía, al barón Munchausen, el cual se sacó a sí mismo de un pozo tirando de su cabello para arriba).

engordarelabandono

   La psicología y la psiquiatría trata no sobre el ser humano, sino de este cuando “funciona mal” y necesita “orientación” o una mano ajena que le saque del pozo. Pero este concepto es macabro. Una gran mayoría de trastornos y enfermedades mentales viene producidas por el llamado síndrome de abandono. Un niño aislado, desde que nace, en un orfanato, al no tener el amor directo de sus padres o unos cuidadores que los sustituyan (teoría del apego), tiene tal deterioro cerebral que ya nunca será una persona “normal”. El síndrome de abandono no está en ningún manual de psiquiatría, ni como trastorno, ni como nada. ¡No aparece!, lo que a la psiquiatría le interesa es “curarte”, tratarte, pero no el cómo has llegado a eso, ni cortar de raíz esa condición en lo social, como para que no cree individuos “insanos”. O sea, la sociedad ignora las raíces de los problemas, cómo nacen, para ocuparse más adelante el cómo tratarlos. Se crea una especie de obsolescencia programada de los individuos, en donde tarde o temprano esos “males” se manifestarán y tendrán que ser tratados, con el alto coste que suelen producir, y el dolor para el individuo y sus allegados.

   El problema no está circunscrito al síndrome de abandono. La enseñanza es otro precursor de lo que va a ser el adulto. Sin enseñanza o una enseñanza mediocre, mediada por las capacidades adquisitivas de los padres, el adulto será de una manera u otra. Una época de crisis, sin escolaridad, dará como resultado una sociedad con una alta tasa de delincuencia.

   Por otro lado, nos ponemos a “arreglar” el motor del automóvil sabiendo poco o nada de su mecánica y sistema eléctrico. Cada cerebro es único, cada vida es única, no valen extrapolar reglas y modos de funcionamiento. Un medicamento y una dosis viene bien a un paciente, y a otro lo deja peor. La química cerebral es tan delicada, es tal su equilibrio, que todo medicamento para el cerebro es capaz de crear grandes daños. Algunos tranquilizantes pueden llevar a la depresión e incluso al suicidio. La mayoría de los medicamentos no saben cómo funcionan, pero como funcional (se puede leer la aceptación de esta verdad, buscando algún componente en la Wikipedia), pues los dejan estar. Los antidepresivos, basados en la recaptación de la serotonina, cumplen con esta regla. La serotonina no parece ser la principal deficiencia para ser la precursora de la depresión, pero como sus medicamentos funcionan, ¡pues vale! Pero, ¿qué cambios hacen?, alteran otras cosas, alteran ese fino equilibrio del cerebro. No importa, cuando se manifieste otro desequilibrio en el paciente, ya se recurrirá a otras drogas. Estados Unidos es un ejemplo de ese laboratorio perverso en el que consiste la psiquiatría. Te dan unos medicamentos, otros que contrarresten sus efectos negativos, y otros que equilibren el efecto en los riñones o el hígado. Michael Jackson es un ejemplo de ese proceso. Le mataron el “alma”, su ser primigenio, al trastocar toda la química de su cerebro, para al final matarlo.

   En mi caso, uno reciente, me encontraba mal, y no sabía qué era. Estaba por ir al médico, pero sin saber definirle qué me pasaba. A ciegas, la seguridad social del Estado, te receta sin hacerte demasiadas analíticas (para ahorrar costes). Finalmente, por mi cuenta, encontré un componente del cerebro, la orexina, que era la que parece alterada (interviene en el sistema de excitación y de alerta, pero igualmente en lo que pudiéramos llamar felicidad: sentir con viveza las cosas, no tener anhedonia. Si te sientes como aletargado, que te cuenta concentrarte y nada parece producirte placer, puede ser debido a este componente). Este neuropéptido, que tiene una vía y controla funciones importantes del cerebro, lo tengo descontrolado por un relajante muscular recetado, que en realidad era un tranquilizante, que seguramente ha alterado su regulación. Ahora no me queda otra: dejar que el sistema se equilibre por sí sólo. Nunca se sabe cuánto tiempo durará ese tránsito, pueden ser semanas, meses o más de un año. Mientras tanto a aguantar el estado en el que me encuentro.

   El equilibrio cerebral está regulado por el miedo y que no tengas tocado tu orgullo, a ese que he llamado como vital en el escrito anterior. La sociedad actual te mantiene en el miedo y hace que pierdas tu orgullo al estar pidiendo ayuda, ya sea a personas o al Estado. Una vez que se “toca” esa raíz de lo humano, es complicado volverlo a su sitio, que quede intacto, como inalterado. Eso nos dice el síndrome de abandono y seguimos sin querer verlo. La humanidad no debería de tener hijos si no está segura que va a tener una buena vida. Si no le va a procurar la falta de miedo y el mantenimiento de su orgullo intacto. Pues lo único que estamos haciendo, con esta despreocupación, con esta dejadez, es que la humanidad al completo esté enfermando. Ponemos medios para la adopción de un hijo, pero ninguno en qué y cómo se tiene hijos. De nuevo todo el peso está en el Estado. O hace que los hijos no vivan en el miedo y manteniéndoles en una sociedad justa, igualitaria y segura; o que de otra forma evite que se tenga hijos. Lo demás es jugar a la ruleta rusa…, jugar con la vida de “sus” hijos.

Lo inamovible

   En el escrito anterior llegué a una conclusión que aún tengo que meditar más despacio. Apuntaba que los mecanismos cerebrales se proyectaban en lo social, siguiendo estos segundos las directrices y las reglas de los primeros. O sea, la sociedad al completo es un cerebro humano a gran escala. Lo deduje por el hecho de que la ley del esfuerzo transformado, una forma de ciclado del cerebro que centra sus esfuerzos en lo que se quiere evitar y en lo que al final cae, se sigue de misma forma en lo social. De igual forma ese proceso que ocurre en el síndrome de abandono en un niño, ocurre en lo social. Una clase social baja (me da vergüenza incluso escribir tal concepto, como si fuera la mayor palabrota que se pueda llegar a decir sobre algo sagrado), es como un niño con este síndrome, el cual ya nunca levantará cabeza de su condición. No digo que las barreras sean infranqueables, sino que son tales sus resistencias, que es como el efecto de pasar la barrera del sonido. Si alguien llega a cierta situación de penurias, ya no se puede vestir bien, ni puede cuidar su integridad física: estará demacrado, con problemas en su dentadura, no tendrá unos vienes mínimos, como un teléfono… ¿Cómo en esa condición va a presentarse a un trabajo? Parece que está condenado a ser un sintecho. Las fronteras se han marcado.

   De la misma forma un millonario, si pasa por una dificultad, pide un préstamo y no le ponen ninguna pega, parece haber una barrera de la que no cae hacia abajo. Lo cual le mantiene en su posición privilegiada por siempre y siempre para mejor.

   Eso tiene su analogía cerebral. O te puede el miedo o te puede el orgullo primigenio, es complicado traspasar esa barrera. Un adulto que haya pasado por el síndrome de abandono, está marcado para siempre por el miedo. No tiene forma de agarrarse a algún tipo de orgullo, porque es inexistente. Cómo mucho le queda la violencia (o la rebeldía) para hacerse respetar, para que emerja el miedo, haciendo que dicho miedo lo tengan los que se pongan ante él. Seguimos sin terminar de comprender que somos ADN más lo vivido. Y seguimos sin comprender que ciertas vivencias producen cambios epigenéticos, alteran el ADN. Dichos cambios no son tan fáciles de “revocarlos”, de volver a hacer que se “anulen” para que vuelvan a su estado primero, pues esos cambios son en cadena. Un depresivo, que lo puede ser toda la vida, por haber pasado por abandonos, estrés o traumas en su niñez, es más proclive a tener caries, a padecer diabetes y a la larga cáncer y Alzheimer. Son cambios en cadena, de efecto dominó. O se mantiene de constante una química que mantenga el sistema parasimpático, de la sanidad, la cordura y el orgullo intacto; o se mantiene otra química del miedo, donde el sistema simpático no procura sanidad y sí trastornos y enfermedades.

Combinando ideas

   ¿Qué es ser español? De un país. Este debería de ser como una madre que cuida y no abandona a ninguno de sus hijos, dando de comer a todos, y haciendo que ninguno tenga más que otros, como para que no traspasen esas barreras en donde o eres y tienes una química de vencedor, dominado por ese orgullo innato humano, al cual todos tenemos derecho por el simple hecho de nacer; o tienes una química de perdedor y dominado por el miedo, y una química que al final va a ser mortal. Tal madre no sería humana. Una sociedad que no persiga algo tan evidente como lo aquí planteado, no es humana, tan sólo es una sociedad depredadora, donde o matas y te vuelves un homicida conceptual -sociópata-, o te vuelves una presa y un incordio para los planes de tal sociedad. Esa es la lógica rayana de los vencedores: que tiene que haber vencidos, que tiene que haber presas, que tiene que haber perdedores, ante los cuales sentirse con ese sentimiento exacerbado del orgullo. Orgullo que en realidad estaba ahí para hacernos iguales. No para usarlo como arma contra otros humanos, que es como se “utiliza” hoy en día, sino que estaba para sentirnos humanos, en la medida de ser un igual entre los otros hermanos, cuidados por el ojo atento de una madre.

Gorila y gatito

   La sociedad humana se ha vuelto menos justa que cualquier otra especie de mamíferos, donde estos son capaces de incluso de cuidar de los bebés de otras especies. ¿Sociedad humana, frente a lo salvaje?, ¡me parece un chiste!, una abstracción sin ningún sentido. Un chiste de ricos, contados para los ricos, para acallar sus conciencias.

 

Lo que Es y lo que (a)Parece XXIX – Verdad y Orgullo

   Voy a hacer un breve recorrido por la serie de artículos englobados bajo el título de “lo que es y lo que (a)parece” y mis pensamientos. Al parecer empezó con esta idea que está en el primero:

   “Empiezo una serie de artículos que tratan sobre lo que el título reza. En la serie anterior definía al ser humano como un ser camaleónico, pero ¿hasta qué punto lo es y cuanto tiene que ver su naturaleza? En el fondo trato de llegar a alguna conclusión sobre uno de los actuales paradigmas psicológicos y de la autoayuda, la tan manida frase de que “todo depende de la aptitud”. No tengo una respuesta, tan sólo indago y pongo las contradicciones sobre la “mesa”, para que cada cual saque sus propias conclusiones.”

   Por otro lado es complicado separarlo de los escritos anteriores: siempre pienso a partir de las “preguntas abiertas” que inevitablemente quedan en esa condición en los escritos. Trato temas, recurro a conceptos e ideas, pero no los explico, porque no vienen al caso. Después me siento en la “obligación” de tratarlas, en parte porque como el cerebro es fermentación, trabaja sobre aquellas cuestiones que dejan dudas o “preguntas abiertas”.

   Todos los artículos de esta serie querían llegar a la explicación de lo que es la aptitud, si bien al final traté de terminarlos con unas conclusiones. Las que llevan como título “la verdad individual como absoluta”. Esos dos escritos tenían que haber sido terminados con un tercero que tenía que haber sido más lírico, menos sesudo, más desde una perspectiva personal. Pero ya no tengo la capacidad para crear ese tipo de escritura, el poeta parece haber muerto, frente a este otro que ahora soy. A partir de ahí fui a la deriva, si bien parece que al final se pueden unir todos los puntos, en una racionalización a posteriori. Este “viaje” no estaba programado, más al parecer me ha llevado a buen puerto. En “la verdad individual como absoluta”, hablaba de la verdad individual o mentalés solitario, y después me encontré con el concepto de qualia. Una cosa y otra son la misma bajo distintas perspectivas. De esa forma me dejé llevar por ese camino hasta llegar al concepto de alma y almar el mundo. De nuevo por encuentros fortuitos, llegué al libro “El hombre irracional” de William Barrett y a partir de ahí me encontré que el existencialismo, en su raíz, parte de la idea de las verdades individuales, de lo concreto, de la individualización, que se resume en la frase de kierkegaard de “debo encontrar una verdad que sea verdad para mí”. En este mismo libro, además, averigüé porqué yo no había llegado a esta conclusión. Al parecer Sartre es el único existencialista que no “habla” de la verdad, y mucho menos bajo el punto de vista de sus predecesores. Como mi especialidad siempre ha sido Sartre, me quedé fuera de esa propuesta (he buscado cómo trataba la verdad Sartre y sí lo hizo, con lo cual Barrett se equivocó en su análisis, se tratarán sus ideas durante este escrito). De forma rara yo llegué por mí mismo a las mismas conclusiones de Kierkegaard, quizás vía Nietzsche, al que he leído más. Sea como fuere ahora tengo más “herramientas” para tratar sobre todo este asunto desde una mejor posición.

   Un problema en el mundo de las ideas occidentales, es que parece haber dos vías para tratarlas: la filosófica y fuera de ella. Ni Kierkegaard, ni Nietzsche fueron filósofos, luego no se vieron circunscritos a “sus” lenguajes. De los existencialistas, entre ellos Sartre, se ha dicho que estaban más cerca de la literatura, que de la filosofía, con lo cual a veces los “filósofos” no lo tienen muy en cuenta. Con esto volvemos a la guerra infinita entre razón y lo que está fuera de su esfera. Pienso que si la filosofía está muriendo es por su rigidez. Parece que si no se hace un uso exacto de su terminología no eres filósofo o no haces filosofía. Eso remite a que hayas estudiado su historia y por ello el desarrollo de su propio lenguaje. Yo estuve leyendo mucho de filosofía, pero me terminó por aburrir, me imagino que como a la mayoría de las personas. De esta forma los denominados pensadores me eran más accesibles y “entretenidos”…, de nuevo igual que a la mayoría. Se dice que Heidegger fue el último gran filósofo, pues en sus escritos trató de ser fiel a la tradición y el lenguaje filosófico. Pienso que la mayoría de las diatribas filosóficas están de más y su lenguaje es caduco. ¿Es primero el Ser o el existir?, bajo las ciencias actuales está el ADN que puede ser tomado como Ser, como lo dado, pero después está la importancia del medio: el existir. Ahora incluso vamos más lejos, el medio hace cambios en el ADN, epigenéticos, de tal forma que hay una constante interacción.

   Mis conclusiones, por mis propias vías y en muchos casos por mi propio lenguaje, me han llevado a pensar que cada cual tiene su propia verdad, dictada por su ADN y sus propias experiencias. Otra cosa es qué hagas con esa verdad. Un alfa no adapta “su” verdad a la verdad social, mientras que los no alfas tienden a uniformarse, tratando de coincidir con lo social: es la conformidad de grupo. Un alfa o es un líder o es un rebelde. Pueden darse de un orden de uno a diez o uno a  veinte, no está claro. Lo que quiere decir que si conoces a veinte personas, posiblemente sólo conozcas a un “verdadero” alfa o rebelde (ni siquiera todo jefe lo es. Si un jefe no-alfa “detecta” un posible empleado alfa, no lo contratará). La sociedad actual se guía bajo la premisa de que todo humano puede ser o se puede sentir alfa, lo que bajo mi punto de vista está errado, tanto en sus premisas como a lo que eso conlleva. Puesto que en realidad no es así, se crea un tipo de sociedad donde son las multinacionales las que nos hacen sentir así, ya sea por productos (premisa del libro “Rebelarse vende” de Joseph Heath y Andrew Potter) o por los mensajes en las películas, en los libros de autoayuda, en los concursos y en los reality shows. En contrapartida, y quizás debido a esto el que ser rebelde venda, el Estado nos hace sentir pequeños y miserables en un sistema que ya no entendemos, ni en lo político, ni en lo económico. En otras palabras, se sigue la misma premisa Romana del “pan y circo” para tener aplacada a la masa, si bien ahora el papel de circo lo dan las multinacionales. Hasta aquí las premisas a tener en cuenta en el desarrollo del presente escrito.

   Pienso que el concepto de alfa va muriendo. No es nuevo, viene de lejos. Cuando el humano salió de su estadio animal, al trabajar con herramientas, se dio la especialización. Cada cual tenía unas habilidades, o mejor, su ADN estaba más acorde para esas necesidades y finalidades. Eso quería decir, que el última instancia, cada cual era líder en su terreno. Por otro lado está el hecho de establecerse en parejas, que cada cual tuviese “su” hombre o “su” mujer. Ese estadio has sido muy largo, de unos 300.000 años, según la última datación, y es el que ha formado nuestro cerebro. En ese estadio se pronunciaron las individualidades, las qualias, y en ese estado nació el humano tal como debería de ser concebido. Algo propio del ser humano es su orgullo. De nuevo todo es una cuestión semántica, que para “liberarla” de su carga moral (cristiana-negativa, como ya nos hiciera ver Nietzsche), voy a desmadejar. Me refiero con orgullo a la capacidad de sentirse uno a gusto dentro de su propia piel, de no sentirse superior o inferior, sino simplemente como un humano “válido”.  Me refiero a una carga hormonal y de neurotransmisores en donde todas las acciones están orientadas a hacerte sentirte como “válido”, como en prototipo de lo que ha de ser el humano. Inevitablemente esa “emoción” tiene connotaciones de poder y son vitalistas. Ya sabemos cómo Nietzsche llamó a este sentimiento, si bien hay que neutralizarlo. Bajo mi punto de vista todo animal evolucionado tiene esa apreciación de sí. Es vitalista y puro empuje en la vida, pura fuerza, puro orgullo, pura voluntad de poder. De nuevo, pues ya he dado esta misma idea en otro escrito, nos equivocamos y es al revés de como la humanidad lo concibe. El humano es quizás el único animal que lo puede perder.  ¿Cómo?

   Cuando se habla de perder esa capacidad es cuando un animal sabe que es vencido por algo o por alguien. Todo animal, cuando no es un depredador, mantiene el sistema de alerta (voluntad de poder), para contratacar, para sobrevivir. Pero como dicen en la tercera temporada de la serie Fargo: “llegado el momento, la comida sabe que es comida”. Darse cuenta que he dicho sistema de alerta. El humano en muchos casos reduce este sistema al miedo, y ahí está la clave, cómo concibe la conciencia a esa alerta. Este sistema dispara adrenalina y cortisol. Se activa el sistema simpático, dando prioridad a ciertos procesos sobre otros, que nos predisponen con una energía extra, ya sea para luchar o para huir, (el personaje de comic Hulk se basa en esta energía extra, contenida a nivel muscular y desatada en esos momentos). Pero el humano, a través de las capacidades del prefrontal, creo la verificación, el revisar los estados, creando en el proceso una retroalimentación en el sistema. Esto ya lo vio Sartre: “sin duda, se dirá; pero hay un círculo. Pues ¿no es necesario que contemos de hecho para que podamos tener conciencia de contar? Es verdad. Empero, no hay círculo; o, si se quiere, la naturaleza misma de la conciencia es existir «en círculo». Lo cual puede expresarse en estos términos: toda existencia consciente existe como conciencia de existir”. En el escrito “correlatos cerebrales de mis teorías” doy cuenta de esas zonas, de ese circuito cerrado. Hay una unión muy retroalimentada entre el hipocampo, que es la memoria biográfica, la amígdala, que es ese sistema de alerta, que codifica las sensaciones negativas como las que conocemos como miedo, y córtex cingulado anterior, con neuronas en huso de doble proyección. En el día a día la situación sería así: se hace uso del córtex cingulado anterior como sistema de errores o verificador, si todo va bien, si no hay “errores” devuelve el control a otras partes del cerebro. Si detecta un “error” lleva el “tema” a la corteza orbitofrontal, en donde se procesa la información con las propiedades de esta zona: más con lo que pudiéramos llamar lógica o razón, en donde el sistema ejecutivo hace uso de la atención y los actos llamados voluntarios o controlados. Procesada la “información” la devuelve al circuito previo del control de errores, de nuevo verifica y de nuevo o devuelve el control a otra parte del cerebro o la vuelve a llevar a la zona orbitofrontal, hasta que la “operación” salga  “airosa”. Claramente en todo este proceso entra muy en juego las vivencias pasadas, vía hipocampo. Si algo nos creó un gran daño, psicológico o físico, se tiene más en cuenta, activando más aún este sistema de alarma, que fácilmente ahora se puede llamar miedo.

   Si digo que en el humano este factor es distinto, es porque este sistema es la raíz principal de la mayoría de los trastornos mentales. Y si esto es así entonces una de las esencias humanas es algo tan negativo como el miedo. Lo que quiero decir es que si bien el sistema de verificar las cosas es lo que nos hizo más inteligentes que otras especies, a la vez este mismo sistema, por su “naturaleza”, es el que nos puede llevar a una gran mayoría de trastornos, cuya base siempre es el miedo. El más claro es el trastorno de estrés postraumático, en donde el miedo, anclado en un estado de pánico del pasado, hace que todo lo asociemos a aquella situación. Todo ruido, destello, sentirnos apretujados entre la multitud, etc., son proclives a llevarnos a aquella misma situación del pasado; dejándonos ciclados en ese circuito de hipocampo, amígdala y córtex cingulado anterior. Hasta aquí repito lo que ya he dicho otras veces, quizás de forma más centrada y unificada: ahora vayamos a la propuesta del presente escrito.

   La humanidad se ha visto abocada, a nivel social, a “derrotar” aquel orgullo primero, que nos hacía humanos, llevándonos por el contrario hacia el animal miedoso, que es la otra cara de la moneda de nuestra esencia, a partir de dos vías: la Ley y la razón. Alguna vez, quizás, hubo un equilibrio entre tabú y orgullo individual. El primero no “atacaba” el segundo. En los individuos de tribus de cazadores-recolectores yo capto ese orgullo innato inquebrantable, esa voluntad de poder, ese estado “iluminado“. 289Es posible que en periodos de crisis, donde reina el miedo, y donde se impone la posibilidad de haber roto algún tabú, este se quiebre. La duda que tengo es cómo opera esta rotura y si ahora es mayor que hace 200.000 años, por ejemplo. De lo que no hay duda es que ese quebranto empezó a ser parte de nuestra alma, hasta llegar a ser lo que es ahora. Nietzsche acertó en su genealogía de la moral al afirmar que la tradición judeo-cristiana se basa en el miedo, en la falta, en el pecado. Haciendo del “quebranto” del orgullo la base de su identidad, a través de la humildad, de la obediencia. Pero todo tiene que ser un “para qué”, tiene que tener una utilidad. Sin duda que quebrantar el orgullo innato humano les viene bien a los que detentan el poder. Eso viene de lejos. El macho alfa tenía que hacerse obedecer a través del miedo, por medio de sus constantes salidas iracundas y violentas, ya sea contra otros o contra el entorno. Hoy en día, ya en una sociedad laica, el quebranto sigue operando, ya que hemos creado una sociedad atravesada por el valor, donde si no eres un ganador, inevitable y lógicamente has de ser un perdedor. El miedo es la moneda de cambio de la actual sociedad, pues en la medida que no seas un triunfador, ya has perdido, ya puedes tener activo el circuito cerebral cerrado del miedo.

   Pero, ¿porque he puesto a la razón como parte del mismo problema? Las ciudades-estado se basaban en guardar el orden. Cuando las reglas del tabú ya no eran suficiente tuvieron que echar mano de la razón. De lo que se trataba era de hacer reglas que se valiesen para la mayoría, creando conceptos cada vez más y más abstractos, que de paso ignoraban lo concreto de cada individuo y cada situación, llegando a una situación en donde la realidad abstracta ya no tiene que ver con ninguna realidad primera, concreta o lógica. Lo vemos hoy en día, por ejemplo, ante el juez, ante la justicia. En la película “Te puede pasar a ti“, Bridge Fonda trata de explicar al juez que ella no ha hecho uso de las tarjetas de crédito, por las cuales está embargada, que ha sido su marido, del que está separado. El juez argumenta no por lo lógico o justo, sino por las leyes: “si aún está casada con él son igualmente sus deudas”. La película española “Ira” (2017) es una férrea y cínica crítica de la justicia. ¿Se comete un crimen y es más grave por la noche?, ¿se puede cometer un crimen medido, a sabiendas de agravantes y atenuantes para cumplir una pena lo más corta posible? Hagamos una rotura en el discurso, que además se me va por derroteros no planeados, para entender cómo ha sucedido y se ha llegado a todo esto.

   Si cogemos cualquier palabra o concepto humano, es susceptible de tener mil caras. Cada cultura, cada individuo las “usa a su medida”. Igualmente puede tener un uso en una frase y otro distinto en otra. Los propios sentimientos cambian a lo largo de la historia. Antes no era propio del hombre el llorar, hoy es cotidiano. Dios, el Dios cristiano, ha tenido mil rostros, mil caracteres, dependiendo del filósofo, orden religiosa o monjes y las épocas de la historia. Las religiones se fraccionan debido a estas peculiaridades. Esta es una propiedad de las qualias, de las verdades individuales. Si las qualias fueran las que se manifestasen por siempre no habría sociedad humana. Detengámonos en algo concreto (por interferencia cerebral cada vez que uso esta palabra pienso en el cemento, por el inglés; esta interferencia en el discurso tiene mucho sentido: explica lo caótico del cerebro). Detengámonos en cuando el humano creó las primeras herramientas. Cada cual podía hacer su versión o revisión de una punta de flecha, pero por el juego evolutivo de prueba y error, unas funcionaban mejor que otras. Una vez hallada la más óptima se enseñaba a hacer esta. Este concepto es razón, en tanto que una verdad subjetiva se “validaba” como más óptima. Este proceso, una y otra vez, durante miles de años, construyó nuestro cerebro, en una doble tendencia hacia las qualias y verdades individuales, y las externas o en apariencia verdades objetivas. En la medida que “vencían” una y otra vez las externas, lo objetivo, nos centramos en lo real externo como que era la verdad. La historia humana es un proceso o flecha en esa dirección. En otro ejemplo, al apostar por las cosechas, o que nos acomodásemos a ellas (yo no creo en la elección humana a ese nivel, se entra en laberintos de los que al final no salimos o por el coste o porque ya no sabemos salir), había que tener en cuenta los ciclos de las estaciones de la naturaleza, sus patrones. Cuanto más los comprendiésemos más libres nos veíamos de fallar. En esa medida la verdad se volvió algo externo al humano: era una propiedad de la realidad exterior, de lo que era real. Una curiosidad de esta última palabra es que designe a lo regio, y por otro a la verdad exterior. Si bien no tienen una raíz común. Real como regio y rey provienen de la palabra indoeuropea “derecha” (reg-), la parte más fuerte del cuerpo, la que te salva o mejor usamos, al tener más fuerza; concepto del cual viene el Derecho (penal, civil), derivado de correcto, como ley, que al final si se une a la verdad externa, pues la ley busca la verdad de los hechos. Se me antoja que rey o emperador era aquel que decía saber la verdad o era poseedor de la verdad externa. En esa medida era el real legislador, el que tenía el poder de mediar sobre los conflictos irreconciliables de los ciudadanos (recordemos los juicios de Salomón, hasta no hace demasiado seguían teniendo ese papel. En las series “Juego de tronos” o Vikings” vemos esas propiedades de los mandatarios). De igual forma los emperadores parecían tener el “secreto” de los ciclos de las estaciones (antiguo Egipto, por ejemplo). Saber que además lo extralimitaban a que estaba en ellos el poder de dirigirlos. Hacían el papel de mago de Oz, haciendo creer al ciudadano que tenían poderes sobrehumanos. Las caídas de los imperios centroamericanos, de la antigüedad, demuestran que a la larga los ciudadanos linchaban a esos reyes, y destruían sus templos, pues demostraban no tener ningún control sobre lo externo. Sea como fuere ahí parece haber una unión estrecha entre poder y verdad que está en el inconsciente colectivo. Cuando buscamos un líder, cuando elegimos un presidente, creemos que ellos puedan tener un tipo de conexión con la verdad, que es la que hace falta para guiarnos y llevar a buen puerto un proyecto o un país.

   Paralelo a todo esto, los Griegos crearon el concepto de razón, e igualmente crearon la democracia. Ya no había que mantener lo regio, por pretender heredar ciertos dones, sino que había que atenerse a la elección de la mayoría. Sentaron unas bases, que a la larga las “olvidamos”, para sólo irlas recuperando poco a poco. Con razón, en el sentido filosófico griego, se quería llegar a una propiedad humana por la cual la mente ya no era subjetiva, sino que trataba de saber de todo lo real externo y adaptar esa subjetividad a esa realidad externa. Se pusieron así las bases de las ciencias. No voy a hacer un desarrollo exhaustivo de todos estos procesos y los distintos paradigmas, tendencias y creencias para lidiar con esta nueva situación (de las que hay miles de libros). Me acomodo a ir al final de la historia, al momento actual. En realidad nunca ha terminado de “vencer” la razón, si bien en mundo actual es principalmente un hijo directo y legítimo de ella. Paralelo a este reinado, hay disidentes, revolucionarios, que critican esta postura y tratan de reivindicar una postura anterior, a partir de hacer una crítica contra la razón. Quizás la crítica más sistemática esté en el libro “Dialéctica de la Ilustración” de  Theodor Adorno y Max Horkheimer, en donde se llega a la conclusión de que el nacismo y el holocausto judío fueron una conclusión lógica de la razón, ahora instrumentalizada. Por otro lado Los Románticos primero y los existencialistas después, atacaron a la razón pues ignoraba todo aquello que en extrarradio había quedado de lo que es lo humano: los sentimientos, el dolor, la angustia, lo irracional, la muerte… etc.

   Independientemente de toda crítica sistemática de voceros, filósofos e ideólogos, cualquier humano se da cuenta que la situación a la que hemos llegado no es la correcta. Que en busca de las leyes “perfectas” o ecuánimes, hemos llegado a una aparente distopía, en donde ya no parecen tener que ver nada la lógica y la razón. De nuevo emergen los poderosos, que tienen más medios para conocer las leyes como para “doblegarlas” a su favor. Un factor a tener en cuenta son los costes de los juicios, aquel que tenga más dinero podrá alargar todo lo que quiera un juicio, hasta que el que tenga menos dinero ya no se pueda permitir seguir en el “juego”. Un primer paso fue el que la verdad individual no tenía que ver nada, que solo era fragmentaria y podía estar equivocada, hasta ahí bien. Lo que contaba era la verdad externa, los hechos, pero es que ahora esos hechos de nuevo ya no parecen contar para nada. Lo mismo se sigue de la economía, de la política y de las acciones sociales. El sistema se ha vuelto tan complejo que ya nadie lo entiende por completo (¡Nos echamos encima más problemas de los que ordenaron los dioses!, dicen en la serie Chance): tiene sus propias reglas que ya no tienen que ver ni con las verdades individuales, ni con las verdades de la realidad o exteriores. El sistema nos ha engullido, y en el proceso ha masticado y tragado tanto a la verdad individual como a la verdad externa. Ahora hay otra verdad y es la que constituye ese sistema complejo, que es una verdad instrumentalizada, en donde lo que cuenta son los datos, las cantidades, lo medible.

   Del sistema actual capitalista sólo se deduce una cosa clara: quien tenga más poder, parece tener más razón. Bajo esta simple regla hemos creado un sistema predatorio, un sistema en el que hay que estar siempre en alerta… en el que el conjunto de ciclado amígdala, hipocampo y córtex cingulado anterior, está siempre activado. O dicho de otro modo, estamos constantemente sumergidos en el miedo. Tenemos miedo de todo: de no estar a la altura en una reunión, de parecer idiotas, de si vamos vestidos adecuadamente, de ser etiquetados de persona normal (que antes era lo deseable), si el currículo no es lo bastante extenso… El sistema de alarma está constantemente encendido, activado. A nivel coloquial se le llama estrés, pero a un nivel más mundano es tener activado la noradrenalina, que está estrechamente ligada a sentirnos atacados, a poder perder nuestra integridad, a perder el control, a caer en el caos… en definitiva a situaciones y emociones propias del miedo. Si todo es una guerra de todos contra todos, a lo primero que se ataca es a la integridad del otro, a su núcleo, a sus verdades mentales, a sus qualias (gustos, tendencias, creencias). En la medida que no se quiere luchar desde esa soledad, uno trata de encajar, de amoldarse a las reglas del grupo, a la sociedad, a las reglas de la conformidad. Proceso por el cual, repetida una y otra vez, millones de millones de veces, han creado pasivamente a la sociedad en la que nos encontramos. Fijarse que aquí parece funcionar la ley del esfuerzo transformado a nivel social. Recordemos: “no pienses en manzanas” hace que pienses en ellas. Si toda nuestra energía se centra en el sistema y sus reglas, esa energía potencia el mantenimiento del sistema. El acoso (bullying) sigue esta regla de la ley del esfuerzo transformado. Este concepto y hecho siempre ha existido, pero se ha incrementado en las últimas décadas, pues coge fuerza y se alimenta al ser tratado por todos los medios de comunicación. Recordemos la ley del esfuerzo transformado, se da un cebado en las neuronas, el sistema de errores cerebral los sobrealimenta, lo ceba más, pues es pura retroalimentación, de tal forma que al final se “cumple” aquello pensado, pues las neuronas de esa acción son las que están más activas. En ese mismo sentido, si las conexiones de los medios de comunicación hacen el papel de las neuronas, cuanto más se propague una idea o concepto más fuerza cogerá, como para que se cumpla. Seguimos sin comprender que publicitar y hablar de algo hace que se cumpla. Las madres, por sentido común, no hacen caso cuando sus hijos dicen una palabrota, lo ignoran. Ni los premian ni los castigan, hacer como si no hubiera pasado es la única forma de no caer en la ley del esfuerzo transformado. Porque sí, incluso el castigo ceba el sistema, ya que el hijo puede recurrir a la palabrota cuando quiera molestar a la madre, y por extensión a alguien.

   A estas alturas ya me he perdido y alejado demasiado de mi propósito principal. Lo que quiero decir, en resumidas cuentas, es que hemos perdido ese orgullo genuino y puro de nuestros ancestros. Hemos ido creando un sistema cada vez más y más complejo que sólo genera dolor, impotencia, trauma y miedo. Las enfermedades y los trastornos mentales -que al final crean enfermedades físicas- son nuestra nueva plaga, la peste de nuestra era. Atacan de lleno el orgullo humano de simplemente ser, de simplemente existir. Recordemos que es una moneda, o cae en una posición, la de ese orgullo, iluminado o voluntad de poder o cae del lado del miedo. En la medida de no rebelarse, de que el individuo no se ponga como centro del mundo, de que no se agarre a ese orgullo… el sistema vence, gana el miedo. Darse cuenta que no estoy promulgando ser un sociópata. Esto lo crea el sistema por sí solo con la actual perspectiva de sus patrones. Lo que propongo es una resistencia pasiva de no entrar en la dinámica del sistema, de luchar desde las verdades individuales, de cuestionar todo y no dar nada por sentado, con lo que puedas caer en alguna conformidad de grupo y que a la vez con ello se mantenga el sistema. Como digo en otros escritos, uno no es un yo, ha interiorizado al otro, sobre todo al otro que era consanguíneo. Relación que se basaba en la confianza. Esa lucha que propongo no es una lucha inútil desde la pura individualidad e irracionalidad, puesto que esta individualidad, y sus qualias, están transidas de la existencia del concepto de humano, en su medida más pura y simple basada en la confianza, y por ello en el amor, pues parte de la madre y su dar de forma desinteresada.

   Hemos de luchar en cada batalla en la que nos meta el sistema con la individualidad y el orgullo como escudo. Hemos de ver al sistema no como algo que hay que terminar de comprender, como para al final navegar con tranquilidad en sus aguas (fallo interpretativo en el que caen la mayoría de las autoayudas). Ese es el error de los que están en el poder o detentan algún tipo de poder: la falsa creencia de que ellos son los que llevan el mando de su barco, cuando en realidad al entrar en el sistema, este ha vencido y al igual que ahora tiene la sensación que lo dominan, en cualquier momento serán despedidos con furia de su corriente, sin ni siquiera percatarse el cómo ha sucedido eso. No es un superhombre aquel que lucha con las reglas del sistema y termina cabalgando a sus lomos, del dragón si se quiere (el oriental, que es distinto que el occidental), sino aquel que se vuelve resistente al sistema como para que no toque en nada su orgullo primigenio de ser, de existir, de sentirse humano. Ataca al dragón en su pasividad para tratar de matarlo, pues sabe que este se alimenta de la ley del esfuerzo transformado, se alimenta de las energías de los que luchan contra él. Hay que seguir la firme convención de la madre, que al ignorar los desmanes del hijo, el decir palabrotas por ejemplo, le debilita ese circuito de la retroalimentación, ese ciclado que fortalece ese sistema.

“Por supuesto, en nuestro tiempo, en que los hombres tienden cada vez más a ser fragmentos humanos miserables, el hombre completo, si tal existiera, probablemente se distinguiría dolorosamente del resto, pero podría muy bien ocurrir que no fuera una criatura de genio o de poderes extraordinarios.” William Barrett

   Yo por mi parte confieso que el sistema me vence, me vence porque no soy capaz de recuperar ese orgullo primigenio y sólo me queda la derrota del miedo. Sé que soy rebelde, pero la rebeldía, quizás, solo alimente al sistema al darles la oportunidad de crear leyes que nos mantengan contenidos (ley mordaza en España, por ejemplo). Quizás sea cuestión de una educación errada, o quizás de no tener en cuenta esta verdad planteada aquí, verdad que hace apenas unos meses que voy encauzando hacia una teoría. O quizás de nuevo sólo sea un callejón sin salida. No hay forma de vencer al sistema, una vez creado ya sólo queda su camino, y quizás sólo su lenguaje y por ello caer en lo sociópata para tratar de tener poder. Me gustaría creer que la única esperanza, de que el único camino que queda, sea el de tratar de educar a los hijos, a las nuevas generaciones, bajo la premisa de que nadie, nunca, les toque ese orgullo primero, salvaje y primigenio. Bajo la premisa de que no les venza el miedo, y en esa pasividad, que el sistema vaya perdiendo “adeptos”. “Neuronas” captadas en ese cebado social, que hace que se pronuncie como sistema por defecto. Pero soy pesimista. La sociedad sigue las reglas de la evolución, si hay quienes luchan desde la individualidad, frente a los que tienen poder, entonces gana el juego evolutivo y ganarán los del poder. Si es así de nuevo la única alternativa es la del rebelde, pero ahora bajo otro signo. No luches, no te resistas, trata de mantener tu orgullo de ser, tu estado iluminado, tu voluntad de poder…, simplemente trata de que no te gane el miedo, pues eso ya es una victoria contra el sistema, no porque lo derroques, no porque lo puedas matar, sino porque a ti nunca te llegará a tocar.

    Todo lo que dice este escrito… seguramente no valga más que esta metáfora que lo resume:

   El hombre no debería de ser grande por estar a un paso de la cima y darlo. El hombre es grande si al estar en esa situación, de dar ese último paso, no lo da, pues ha terminado por comprender que tan sólo es un gesto que no dice nada de él, como individuo, de su alma, de su ser; sino que esa acción tan sólo lo define como dentro de una sociedad que le obliga a dar ese último paso, a hacer ese último gesto, como si todo fuera a cambiar. Ha dejado de creer en lo que viene de afuera, para finalmente creer sólo en sí mismo, en su propia verdad.

  Finalizo con ciertos escritos de Sartre, pues no he sabido “dialogar” con él, como para entrecruzarlos entre mis ideas, que al final han ido por otros derroteros. La conciencia, base del hombre y la razón, es reflejo reflejado, luego “el reflejo le hace no ser el reflejante; se trata aquí de un ser que se nihiliza en su ser y que procura en vano fundirse consigo mismo como sí.” Ese reflejo nos crea esa sensación de un yo, pero en tanto que yo, nos individualiza del resto del mundo.  “En una palabra, la conciencia es un ser concreto y sui generis no una relación abstracta e injustificable de identidad”. Por otro lado están los poderes fácticos, nacemos en una época y en un país y bajo una lengua. “…Saber hablar una lengua no es tener un conocimiento abstracto y puro de la lengua tal como la definen los diccionarios y las gramáticas académicas: es hacerla nuestra a través de las deformaciones y las selecciones provinciales, profesionales, familiares. Así, puede decirse que la realidad de nuestra pertenencia a lo humano es nuestra nacionalidad, y que la realidad de nuestra nacionalidad es nuestra pertenencia a la familia, a la región, a la profesión, etc.” Ese componente humano de adaptación hace que el sistema coja autonomía, que cobre identidad y tome forma en el mundo. Bajo esta premisa llegamos a la razón, a las verdades consensuadas, pues “sin especie humana no hay verdad, es cierto: no quedaría sino una pululación irracional y contingente de elecciones individuales a las cuales no podría asignarse ley alguna. Si algo como una verdad capaz de unificar las elecciones individuales, existe, sólo la especie humana puede dárnosla. Pero, si bien la especie es la verdad del individuo, no puede ser algo dado en el individuo sin contradicción profunda.” Esto es, Sartre no termina si de justificar y dar fuerza a la verdad individual, ni la ataca. Se queda a medio camino, reconociéndola pero como “injustificada”. Me quedo con Kierkegaard al decir que “he de buscar una verdad que sea verdad para mí”, pues como dice Sartre las capacidades de esa psique, de esa conciencia es la de “ser creado y poseedor” del mundo, en el sentido de que el mundo real, al ser puros datos, es tan sólo cuantificable, es una hembra, pasiva y receptora, que sólo cobra sentido con las capacidades del macho de poseerla para “tenerla”. La posee para fecundarla de su sentido.(1) El sentido que le demos es como será el mundo: hoy distopía sociópata… mañana ¡quién sabe!


(1) Metáfora quizás no muy feliz en los tiempos actuales. No es mía, tan sólo parafraseo a William Barrett, pues según este autor, el en-sí de Sartre, pasivo, muerto, es hembra, frente al para-sí que es macho.

Lo que Es y lo que (a)Parece XXVIII – La Guerra Infinita

  Recientemente me encontré que quieren hallar una explicación para la conciencia a través de la cuántica. Me parece demencial. Puede que las enzimas puedan hacer uso del túnel cuántico, pero de ahí a poner sus “propiedades” como la base a una teoría de la conciencia me parece extralimitar sus “capacidades”. La evolución “trabaja” a partir de la física del tamaño medio, no de lo micro o lo macro. Pensar lo contrario es como si yo al ver que van a atropellar a alguien, en vez de empujarlo, para quitarlo del medio, le hiciera un gesto para que el otro tratase de comprender lo que se le viene encima. La primera es una acción directa, que no requiere que me comunique con el otro y que este lo interprete bien, y que a la vez al final le dé tiempo a reaccionar. Evolucionamos por la eficacia de los “empujones”, de las acciones directas que median en las reacciones fisicoquímicas, independientemente que ciertas reacciones puedan hacer uso de ciertas propiedades cuánticas. En definitiva, estas no son las protagonistas, si no, y si acaso, un extra, un figurante.

   Todo esto ocurre porque no terminamos de comprender todo el lenguaje actual de las ciencias, ni sus conclusiones. La conciencia es un epifenómeno. El calor lo es, no existe, no tiene un Ser per se, es un efecto dada unas condiciones fisicoquímicas. La evolución crea concepciones abstractas que no se siguen de cada una de las premisas analizadas por separado. La respiración es un todo en el que interviene una gran cantidad de abstracciones, en donde ninguna de las partes es la central y todas hacen una función aislada que no “comprenden” las anteriores o las posteriores. Sí, si no tenemos pulmones ya no puede haber tal función, pero también se “bloquea” si nos tapan la boca y la nariz, si nos metemos bajo el agua o si salimos al espacio. Igualmente su finalidad no está en sí misma, remite a otra función: que cada célula reciba oxígeno, y para ello entra en juego la función circulatoria y por ello el corazón. La evolución llega a abstracciones sin intención: se las “encuentra” por el camino. No pensó o desarrolló crear la belleza, tampoco la respiración o el sistema circulatorio: trabaja dando palos de ciego y validando lo que “funciona”, al final por superposición de procesos se llegan estados complejos, a abstracciones conceptuales. Estas sólo existen para seres vivos que hacen “uso” de tales conceptos, pero una ameba o una bacteria no saben de tales conceptos. La mejor forma de comprender la conciencia, lo que implica y su nudo, es a través del concepto de belleza. Tanto en la belleza como en la conciencia se produce el mismo efecto que en las figuras multiestables (o biestables) en donde el cerebro tiene que mirar (enfocar sus procesos) a la figura o al fondo, y no es capaz de ver las dos cosas a la vez o tomar una sola de las vías; como es el caso del jarrón de Rubin. El cerebro es razón y emoción. En el aspecto de ser principalmente emoción crea qualias y es ahí donde siente (ver con las emociones) la belleza. Si lo analiza con la razón sigue manteniendo conceptos de lo que es la belleza, como que algo sea perfectamente simétrico, pero ya no lo siente. Pero en los cánones de bellezas siempre hay algo implícito de la propia especie. De esa forma el que el humano busque lo simétrico es dado a que pertenecemos al género de los cordados, animales simétricos de dos lados, separados o unidos por una corda, o espina dorsal. Los primeros seres vivos no tenían esta simetría, la esponja de mar sigue igual a lo que era ese inicio, si bien algunas de sus especies han tendido a cierta apuestas más geométricas. El efecto de la pareidolia (ver rostros en casi todo)Pareidolia, viene dado por una parte del cerebro que tiene, entre uno de sus cánones, el concepto de los dos lados simétricos. El ser humano, al final, a través de la ciencia, es capaz de ver casi todos los tipos de “bellezas”, tan abstractos como la de los números, pero esto viene dado porque “residualmente” somos seres sintientes, seres emocionales. O sea, somos primero emoción y después razón, la razón siempre suele estar mediada por la emoción. Por esta misma regla no podemos dejar de ver (sentir) a la conciencia, de almar al humano, al mundo, y por esto mismo damos propiedad de intención a casi todo en el mundo, pues nuestro cerebro es eso: intención. El cerebro “trabaja” y ordena el mundo con y por sus propias reglas constructivas. Sólo en la ciencia más pura tienen que tratar de salir de esa regla, y no siempre lo consigue, pues incluso en la matemática más abstracta siempre se tiende a mantener el “orden” y buscar su finalidad, y su belleza. Posiblemente si una esponja de mar llegase a hacer matemática pura seguiría otros caminos y buscaría o encontraría otros patrones.

   Veamos esta foto EXCLUSIVE: Megan Fox named the world's sexiest woman by an annual online poll - these pictures show why(lo siento por las féminas, construyo “mi” teoría a partir de mis qualias que son masculinas). Sólo el macho humano hormonado capta o siente las neblinosas y densas inmensidades de lo que contiene esta foto. Un bebé, indiferentemente del sexo, capta lo simétrico, los rasgos suavizados y “amables” que procuran a las hembras humanas la neotenia, el mantener rasgos infantilizados: ojos grandes y expresivos, rasgos suaves, redondez. Un macho adulto le añade otros componentes: sensualidad, labios anchos y carnosos, ciertos rasgos, como los ojos, de “chica traviesa”, etc. Las qualias han cambiado. Por un lado se mantienen ciertas “directrices” evolutivas (primarias, propia de los cordados como lo simétrico, y un segundo añadido mamífero: carácter “dulce”, de “buena”), pero se añaden otras en las que intervienen los andrógenos, para dar una mayor intensidad a ciertos rasgos frente a otros, ahora sexualizados. Como vemos son capas de abstracción, donde la suma hace el todo. Si le restamos el componente sexual, como la pueda ver otra mujer heterosexual, aún permanece una parte de la belleza intacta. Pongamos el caso que construimos una inteligencia artificial, a la que no se le haya incorporado ninguno de estos factores. Sólo la de reconocer que sea humano, frente a que no lo sea. Lo único que hará será analizar datos. Los datos que nos hacen diferentes con respecto a otros animales que nos sean parecidos anatómicamente. Tendrá un patrón o un algoritmo para reconocer al humano. Para esta inteligencia estará en el mismo nivel Megan Fox que cualquier otro humano, como un hombre: dos ojos, una nariz, una boca, etc. No analizará si su cara tiene rasgos de persona agresiva, o amable, si tiene belleza o no, si es alegre o tristona. El humano es incapaz de ver como lo hace este robot. La razón nunca se desprende de sus “concepciones”, de los patrones que capta el cerebro en todas sus regiones. En definitiva, siempre alma aquello que ve a través de las emociones, de los patrones que le ha procurado la evolución. Como mucho puede hacer el esfuerzo de hacerlo. En eso consiste básicamente el “humano civilizado”: en tratar de hacer que el aspecto (color, sexo, rasgos de etnia) del otro no le influyan, que sea visto a través de la razón. Trata de ver como lo haría el robot… ¿se puede? En realidad no. Nos comportamos como un líquido biestable, como el del experimento Briggs Rauscher, muy rápido, en donde, como en el jarrón de Rubin, cambiamos de una posición a otra de forma constante. Es más, nos pueden las reglas primigenias, puesto que al final lo que manda es el puro y duro sobrevivir y reproducirse. En un experimento en donde se presentan doce rostros, en una tabla de cuatro columnas, se le pide a la gente que busque tres personas sonrientes; en otra serie que busque tristes, y en una tercera serie que busque rostros de enfado, (agresivos). Al parecer el cerebro encuentra siempre antes los de la tercera serie, los rostros de enfado. Como lo importante es sobrevivir, detectamos antes el enfado, pues en ello nos puede ir la vida. De la misma forma la vista periférica te hace prestar atención más rápido a las personas atractivas, y te pone en sobre aviso cuando lo que entra, por el rabillo del ojo, es alguien de una etnia o cultura que en esa época y país están “mal vistos”; igualmente cuando ve algo disonante, como ir andrajoso, sucio o condiciones similares.

   ¿Eso qué quiere decir?, con respecto a extrapolar esa misma conclusión sobre la belleza, ahora a la conciencia. Que ocurre lo mismo. Somos incapaces de ver al cerebro humano como un objeto que crea un epifenómeno al que llamamos conciencia. Una y otra vez nuestra concepción vuelve a la “periferia”, vuelve a que es un ente, un ser en sí mismo. O sea, el “engaño” es tan real, el epifenómeno es tan tangible, como lo es en sí mismo el calor, del que retiramos la mano en cuanto sentimos que es excesivo.

   Mi creencia es que habrá algún momento en el cual un programa simule todas las conexiones cerebrales de una persona en concreto, como para que tengan las mismas reacciones en unas mismas circunstancias. Tan iguales que en una misma situación puedan decir o usar la misma frase, o hacer el mismo gesto. Aun llegados a ese caso, no nos podremos desprender de la sensación de que somos una conciencia, que somos una mente, que no puede ser reducida a una materia. Al igual que no nos podemos desprender el ver rostros casi en cualquier cosa.

   Con esta larga introducción entro al tema del título. Actualmente estoy leyendo “El hombre irracional” de William Barrett. En este libro, el autor, hace un recorrido en la historia del existencialismo. Cuando se hace uso del concepto irracional se toma en su sentido lato: como carente de razón, ir contra lo racional, y si se quiere como loco. Pero en realidad debe de ser tomado como no circunscrito a la razón. Quizás debería de haber usado la palabra arracional (fuera de la esfera de lo racional), aunque no exista bajo el criterio de la RAE (real academia española), ¡ay, las luchas con el lenguaje! Barret analiza la evolución de las ideas, de la filosofía, como una lucha de contrarios. Ya en mi libro “La imposibilidad de la razón” apuntaba sobre esa lucha, pues estaba influenciado de las ideas de Nietzsche (lo dionisíaco y lo apolínio). Hubo un primer momento, de esta lucha, donde la contraposición era entre la fe y la razón, a través de nuestras raíces judeo-helénicas, para al final, con la llegada de la Ilustración, ser entre la razón y la emoción. O sea, en mis últimos escritos estaba mostrando esa eterna lucha de contrarios, pero ahora bajo el doble aspecto de las qualias o la capacidad de almar del cerebro, y la razón o una futura inteligencia artificial.

   El existencialismo siguió el hilo conductor de los Románticos, frente a los racionalistas; de los nihilistas, frente al orden de la lógica y la razón. Si se analiza a nivel de la evolución se puede llegar a concluir que venimos de una especie en la que “vencía” el pensamiento mágico, para tender o ir a una en la que venza la razón. Toda nuestra historia, al final, puede que no sea más que un breve parpadeo de transición de un tipo de humano a otro, ¿o no? ¿Puede el humano desprenderse de su capacidad de almar al mundo?, de expeler su pensamiento mágico sobre la naturaleza. Hay una alta creencia en el alma, frente a una que va en caída de que exista Dios. En Alemania un 70% creen el alma, frente a un 49% que cree en un Dios, o un 40% que cree que exista algo después de la muerte (fuente revista “mente y cerebro” nº 78). Hay que tratar de entender la confusión en la que nos introduce el lenguaje. Es muy posible que ese 70% fuera mayor, si simplemente se les preguntase que si el humano tiene una esencia que no pueda ser reducida al cerebro. En ese caso posiblemente subiría muy cerca del cien por cien.

   Durante toda esta nueva línea de investigación, he llegado a libros y a autores como Max Weber, Immanuel Wallerstain en “Conocer el mundo, saber el mundo” y David Riesman en “La Muchedumbre Solitaria”. ¡Es la misma lucha, la misma guerra!, que el mundo occidental y el humano sigue desde sus inicios. Para búsquedas rápidas siempre recurro a la Wikipedia, casi siempre la inglesa por ser más completa. Con la búsqueda del concepto de Sartre de la náusea, busqué en la francesa, pues debería de ser más completa, ¡pero no!, ganaba la inglesa. A partir de ahí busque distintos conceptos en otros lenguajes y por tanto culturas. Me sorprendió encontrarme que había poco o nada de conceptos como el de razón, en los idiomas chino y japonés. E igualmente me choco, en ese devaneo de buscar sinónimos, que al usar el de mente, y buscarlo en la Wikipedia japonesa, me llevara a “corazón”. En un primer momento creí que había usado mal el traductor, pero al leer el artículo me di cuenta que para ellos era lo mismo, que no existía el concepto de mente, tal como lo concebimos en occidente. En “El hombre irracional” de Barrett, ya me chocó encontrarme que razón fue un “invento” de Platón, a partir del cual se crea y articula lo que llamamos pensamiento occidental. En otras culturas no crearon tal dicotomía, si bien no tengo claro si puedan estar bajo otros conceptos y palabras. En ese primer estadio hay una contraposición entre la Ley judía y la razón. Donde la razón era búsqueda, y por lo tanto duda, y en donde Ley era lo no cuestionable, lo rígido, lo establecido. Si se analiza así, razón se contraponía a Ley judía, que no dejaba de ser otra cosa que una “secuela” del antiguo concepto de tabú. Razón, así, tomaba ese papel en sus inicios que hoy podría ser tomado como irracional, al ir contra el concepto abstracto del ser humano. O sea, el tabú y por extensión la Ley judía, no tenían en cuenta al humano en concreto, a sus qualias, tomando en ese proceso al humano como entidad abstracta. La razón era duda, al ir contra esa rigidez, y devolver la capacidad al humano individual de cuestionar lo dado, las abstracciones. Hay que tener en cuenta que Platón sigue los pasos de Sócrates, y este no es racionalista, siendo considerado uno de los iniciadores del irracionalismo (arracionalismo).

   Un segundo paso fue Aristóteles (no estoy resumiendo el libro de Barrett, lo estoy llevando a mi lenguaje y mi terreno, y en ese proceso se sacan otras conclusiones). Este autor crea una fuerte teoría ética, en donde el bien está unido a lo bello, en un mundo que parece estar fuera del humano concreto (la intuición de esas reglas conceptuales-abstractas a las que llega por sí sola la evolución). De nuevo el humano vuelto abstracción. Esta unión de ciertas propiedades de la Ley judía y la razón, se “condensan” en San Pablo, el gran teórico de la filosofía cristiana, al cual se cree que pertenecen sobre el 80% de los escritos del Nuevo Testamento. San Pablo era un judío con educación Romana, que tardíamente se volvió cristiano. A mí me parece, San Pablo, una consecuencia lógica de hechos. No quería o podía ser congruente ni con las ideas judías, ni con la visión arracional de la Grecia clásica. Fue una revisión o pastiche entre Aristóteles y la Ley judía. Lo que podía encajar dentro de esa tendencia emergente que representaba el cristianismo. Finalmente, San Pablo, le dio forma, la constituyó de un cuerpo, filosofía, que previamente no tenía. Esa es la que se ha establecido por siglos y que terminó de coger su forma con Santo Tomas de Aquino (tomismo), su gran teórico.

   Cristianismo, así, es lo mismo que aristotélico. La base de sus ética son calcos. En Jesucristo se pueden sacar pocas conclusiones, poco más de ser bueno, de la bondad como el signo principal de lo humano. Ha eso hay que darle forma, sustentarlo, y Aristóteles lo hizo a través de la razón, antes que cualquier otro suceso o precursor. Si esa situación duró tanto, es que parecía un buen enlace, una buena boda, de dos conceptos que en un principio parecían contrarios. Fe y razón quedan entrelazados en un todo, en una concepción abstracta del ser humano, en donde conceptos como el bien, lo bello y razón parecían venir de fuera, universales, y por lo tanto dejaban a Dios en su sitio. En esa región ideal creada bajo esta perspectiva: el cielo.

   Pero la historia es hacerse, no quedarse anclada. Con el Renacimiento y el surgir o consolidación de las ciencias, de nuevo se pone en entredicho si fe y razón coinciden. Si todo no era un constructo mantenido con tiritas y parches. Con el paso de los siglos se creó un divorcio entre lo científico y todo aquello que no lo era, y en ese proceso entre la razón y lo que estaba fuera de la razón. El Romanticismo (sentimiento individual) primero, y después el existencialismo (lo irracional humano), pasando por posturas intermedias y autores claves como Kierkegaard y Nietzsche (Freud y el inconsciente entre ambos), de nuevo pusieron en jaque el concepto de racional, por tratar de simplificar o de reducir demasiado la dimensión de lo que es el ser humano. Pienso que el concepto de qualia toma aquí, en la actualidad, el protagonismo de todo el debate infinito del mundo de las ideas. La ciencia, la razón, toma al humano en tanto que abstracción. Como hay cosas que no pueden ser reducidas a datos, la estadística es aquella que deduce datos de esos irreductibles. En esa medida, de nuevo, volvemos a las abstracciones como concepto generador de conclusiones científicas. Qualia está en el espectro contrario de la abstracción. Bajo el concepto de qualia, lo humano es esta y aquella persona concreta que “crea”  un ser que no es reductible. Un ser totalmente concreto e individualizado, cuya percepción del mundo es única, no solo de los de ahora, sino de todo humano pasado y futuro.

   En ese recorrido que he hecho por autores, de repente me veía como un “nuevo” Kierkegaard en muchos aspectos, lo que me llevó a plantearme a que no hacía otra cosa que repetir ideas (también coincido con él en la ironía como “herramienta”, se nota en muchas de mis frases en Twitter o Facebook). En Max Weber encontré mi concepto del nuevo leviatán, en su concepto de “racionalidad material” (jaula de hierro). Si pensamos y reducimos al humano a su finalidad, a su funcionalidad, a su eficacia, construimos al humano desde la perspectiva de lo social, que ha de negar lo individual, volviéndolo un simple engranaje. Quizás no fue muy feliz mi selección del término “nuevo leviatán”, pues con tanta seudociencia y vuelta a ideas primitivo-mágicas, suena a teoría de una venida de satán. La selección del término fue el ver mis ideas como una revisión de las ideas de Hobbes.

   El problema de fondo, de todas estas luchas entre dualidades, las ha sentenciado el posmodernismo. Ya no somos ni fe, no podemos ser razón. Con la fe (confianza), creíamos en los grandes relatos, en el héroe, en el líder, en las grandes palabras, los grandes conceptos: amor, belleza, razón, fe, esperanza… Ahora, fuera de la confianza, con la razón como herramienta principal, hemos vuelto a la posición de salida. Hemos vuelto a Sócrates, a la postura que inició la arracionalidad, y de la que una de sus escuelas fue el cinismo. A la duda como única posible forma de concebir el mundo. Sócrates no decía tener saber, ser un sabio, un pensador o tener una filosofía; solamente tenía la “misión” de hacer ver a los otros sus errores, sus contradicciones. No hay grandes verdades, no están ahí afuera, no hay cielo, con un dios que tenga unas reglas bien establecidas. Las qualias, lo individual, es lo único válido. Kierkegaard puso las bases de esta conclusión, las bases de la postmodernidad, al decir: “debo encontrar una verdad que sea verdad para mí”. Si todo es qualia, si lo humano es en tanto que lo concreto, entonces sólo valen “mis” verdades, “verdades” que ni sé si realmente entenderán, y que ni siquiera tengo porqué compartir.

   Frente al individuo, frente a esas verdades concretas, están las leyes y las reglas sociales. El sistema, el nuevo leviatán, trata de hacer que el individuo se olvide de sí mismo, unificando ideas, tendencias, gustos. Usando en el proceso el sesgo de conformidad y la presión de grupo. Como sabe de esa naturaleza rebelde, de las individualidades, de las qualias, les hace creer que ese redil, por el que son llevados, ha sido su elección, haciendo que todo sea muy configurable y personalizable (cierto marca de coche, bicolor, puedes pedirlo a tu selección, de esos dos colores posibles). No es un complot, no hay directores en la sombra, conspiradores, es simple reajuste evolutivo-social, en el cual entramos todos sin percatarnos que lo estamos haciendo. El hombre no es el inteligente, lo son los procesos evolutivos en cualquiera de sus dimensiones: natural, neuronal, social. El humano es una simple marioneta de todos estos juegos, de todos los sistemas en los que se ve inmerso.

   Y ahí va la trampa: si en todo proceso somos marionetas… ¿hay alguna forma de salir?, algo no nos haga coger las riendas. De nuevo caemos en que la única herramienta es la razón. Si todo el universo conspira para que seas una pieza en el escenario, con miles de cuerdas invisibles que te manejan, ¿si conoces todas las cuerdas y sus posiciones puedes llegar a cortarlas? Pero esta no es una conclusión nueva, nos viene desde la Ilustración, que creía de buena fe (confianza), que la enseñanza y la cultura tendrían ese papel. Varios siglos más tarde vemos que lo arracional forma parte de nuestro ser. Que somos individuos con qualias, y que todo constructo de la razón sólo es eso, un ideal, un constructo que termina en lo social, en lo estadístico. En esa dimensión hemos creado las condiciones perfectas para que la sociedad sea Dr. Jekyll (-kill, asesino) y el individuo sea Mr. Hyde (hide, escondido). Somos en tanto que esa amalgama imposible de cuajar de individuo, almador del mundo, y razón que pone en duda esa capacidad: lucha interna que no puede llegar a producir paz, sino es a través de la mala fe, de autoengañarnos. En lo social: en la medida que la sociedad coincida con mi apuesta me vuelvo asesino (Je-kill) (sociedad sicopática de las multinacionales y sus trabajadores: banca, Wall Street) de lo Hyde, de los escondido, en las individualidades a las que considero perdedoras, y, de fondo, no humanas. En la medida que considero al sistema como al asesino de mi individualidad, me rebelo y no me dejo domeñar.

   No caigamos en el infantilismo de pensar que son dos fuerzas que, en su dialéctica, encuentran una salida en una tercera vía como consecución, como así sucede en la teoría del materialismo dialéctico. No, no hay conclusión, sólo guerra, una guerra infinita que sólo acabará o cuando muera la razón o cuando muera la emoción o capacidad de almar al mundo. Mientras tanto la obra (el ahora) termina como ya lo hiciera la de “A puerta cerrada” de Sartre, donde el diálogo lo es aquí entre la razón y la emoción, al ver que no se pueden matar, pues ya están muertos (murió cuando la razón y la palabra emergió, y mato al animal que era el hombre):

Razón: (…) Y estaremos juntos para siempre. (Ríe.)
Emoción: (Se echa a reír.) ¡Para siempre, Dios mío, qué cosa tan curiosa! ¡Para siempre!
Razón: (Ríe mirando a las dos.) ¡Para siempre! (Caen sentados, cada uno en su canapé. Un largo silencio. Dejan de reír y se miran. La razón se levanta.) Bueno, sigamos.
(Telón.)

   Volviendo a la imagen de Megan Fox. La evolución nos “almó”, creó el pensamiento mágico, nos llenó de trampas, para que simplemente vivamos, nos ceguemos de esa realidad mágica, y nos reproduzcamos. La mujer, la belleza, para el hombre, es sólo una trampa. Un tobogán en el que una vez que entras en su pendiente ya no existe libertad, sólo caída. Esa caída sigue un proceso: deseas hablarla, después tocarla; una vez que lo has hecho deseas su desnudez… seguidamente llegar a la consumación del sexo. Tras de eso el hombre tiene la “petite mort“, la pequeña muerte. Todo que se repite una y otra vez crea habituación en el cerebro, la falta de dopamina, la falta de conectividad, la anhedonia. Cuando se llega a ese estado la belleza parece perder toda esa vibración exultante que tenía en su distancia. Puede llegar a morir. Amanecer con Megan Fox todos los días termina por aburrir. Almamos y desalmamos al mundo de constante (la doble verdad dolorosa de Schopenhauer: el ansia al desear y el aburrimiento al alcanzarlo), con la única condición que sigamos en el juego, que sigamos buscando alicientes, novedades… que sigamos viviendo mientras seamos reproductivos. En la mediana edad, la evolución, ha concluido con su plan, y te abandona a tu suerte. A tu caída parabólica, y ya desalmada y regida por la razón que te termina por convertir en un cínico al que sólo le queda el orgullo de ser. A ese estado último, si se llega ileso (rara vez), es al que en oriente se le llama de iluminado.


(Sé que están mal numerados lo capítulos. Llevo las cuentas bien por mi lado. Seguramente cambie de sitio para publicar. Quizás a los Blog! de google, ya que wordpress, si no es de pago, no funciona nada bien para que Google te indexe. Es como si hubiera algo que lo bloquease en dicho sistema. La mierda del capitalismo, paga y funcionará la indexación en Google. No es que quiera a la multitud, pero tampoco quiero entrar por el aro de lo que dicten la grandes empresas, ni que me perjudiquen con su reglas estúpidas.)

Correlatos Cerebrales de mis Teorías

   Este escrito no trata de ser un artículo, o uno de mis pequeños ensayos. Me voy a limitar a poner enlaces y que cada cual lea y saque sus propias conclusiones.

   Hago uso de dos conceptos del cerebro: verificar (comprobar si es cierto) y detector de errores. Todo es semántica, es lo mismo bajo dos aspectos. El concepto de verificar, revisador, o supervisor no es mío, si bien me lo he apropiado, porque he profundizado más en él.  Es de Sartre y lo usó en un libro inacabado sobre una teoría de la moral, por tanto sobre ética, y que lo publicó su hija tras de su muerte. No está en digital, o no por lo menos “pirateado”. Si alguna vez me encuentro con ganas lo digitalizaré y lo compartiré. Lo siento no creo en los derechos de autor, o habría que revisar tal concepto. Un autor debería cobrar X dinero límite y una vez llegado a ese tope su obra debería de convertirse en libre. Las actuales leyes sólo benefician a las editoriales y las casas discográficas. Capitalismo puro y duro frente a la libertad cultural que debería de ser la finalidad de la sociedad.

   Pero Sartre hizo uso de un concepto que no tenía porqué coincidir con ninguna estructura cerebral, era un filósofo, no un neurólogo. Mi aporte es el haber unido el concepto de Sartre con las neurociencias. Un módulo o parte del cerebro, detector de errores existe. Te voy a activar esa parte del cerebro >>>>>>>>>>>>>><>>>>>> Seguro que te has dado cuenta que en esa serie hay una flecha que no sigue el patrón: te he activado el córtex cingulado anterior. Como no me quiero alargar, remito a la Wikipedia. Está dividida a su vez en dos partes, la dorsal y la ventral, que por un lado analiza lo emocional y por otro lo semántico o más lógico o racional. Como se apunta en el artículo de la Wikipedia, actúa como detector de errores y tiene un papel en la conciencia  Este sistema está muy comunicado, sobre todo con la corteza orbitofrontal,  del que forma un todo que es a lo que llamamos conciencia y en algunos modos de uso, razón.

   Recientemente se han descubierto unas neuronas de doble proyección, que unen la amígdala (la codificadora de las emociones y sobre todo del miedo), el hipocampo (memoria) y la córtex medial prefrontal medial, aunque en el artículo no especifica el área más concreta del prefrontal, ni tampoco explica a qué se refieren con doble proyección a nivel de su forma, o si sólo se refieren a que conecta esos dos módulos en un mismo activación o disparo neuronal, cuyo centro es el hipocampo, o sea, la memoria (la memoria hace “llamada” a su correlato emocional en la amígdala, y trata de hacer que el prefrontal busque una solución o que centre sus capacidades en esta memoria, en ese episodio). Lo que sí se deduce es a la importancia de este circuito, por haber creado esa doble proyección, única en el cerebro. Este sistema es al que he denomino con el concepto de ciclado o espejo que refleja un espejo, e interviene sobre todo en el estrés postraumático. Seguramente intervenga en todo proceso de cierre circuital, o de todo aquel en donde se produce una retroalimentación en ciclo o circular, como en el tartamudeo o en el trastorno obsesivo-convulsivo, y a nivel más de humano básico, en cualquier obsesión o que entre en juego el meditar uno sobre sí mismo (autoconciencia), también igualmente en la insinosis y en la ley del esfuerzo transformado, explicados en mi escrito “Un porqué del dolor del mundo“.

  Seguramente, este circuito tenga que ver en las personas denominadas como altamente sensibles (PAS), ya que esa potenciación de los sentidos, las emociones y los dolores, es muy posible que se deban al producirse una retroalimentación dentro de dicho circuito (bajar documental).

   La ciencia da datos. Mis escritos siguen una línea más especulativa, y tratan de dar una teoría o explicación a todos estos datos.

Lo que Es y lo que (a)Parece XXVIII – Desalmar al Mundo, la Náusea

   El presente escrito contiene demasiados puntos a unir; me hace falta mucho “pegamento”, mucha pegajosidad neural.

   Un preliminar: sé que vadeo demasiado entre posturas opuestas, ora parece que digo algo, más tarde parezco defender la postura contraria. Soy anarco-primitivista. Bajo mi forma de pensar y sentir nunca debimos de abandonar la tribu, dejarla atrás. Por otro lado sé que la única salida posible es hacia la razón, una que aún sigue sin explorar; aquella que podría venir cuando nos “enfrentemos” a nuestros alter ego, que serán la máquinas con inteligencia artificial (IA). Lo que me desagrada sobre manera es este estar entre dos aguas. Ni se puede ser totalmente “irracional” o salvaje o con unos principios básicos y tabús de las tribus, ni hay nada de “razón” en el mundo. Hay o habría soluciones para todo si se tomasen vías totalmente racionales…, pero las tememos por parecernos inhumanas y Orwelianas. O sea es hipócrita y deshonesto que la gente se muera de hambre, que se suicide, cuando hay soluciones que aunque también producen muertes, por lo menos son porque las habríamos “escogido” y medido. Nos da horror elegirnos inhumanos, preferimos que suceda accidentalmente, lo cual no nos salva de caer en el mismo término. Eso tiene el nombre de mala fe, en la terminología sartriana. Ahí tenemos sin ir más lejos la superpoblación. Se habla de desertización, de demasiado ganado pastando, de demasiado suelo súper-explotado y de monocultivos, cuando todo obedece a un mismo problema: somos demasiada cantidad de humanos. Controla la superpoblación y todo vendrá por sí solo, ya no se requerirá tanto ganado, ni tantos terrenos, etc. Otra es que no tiene sentido que alguien nunca trabaje y otros tengan un trabajo fijo de por vida. Si no hay trabajo para todos, tendrían que turnarse para que de vez en cuando la gente estuviera en las dos situaciones: parado y trabajando. O nos divertimos todos o lloramos todos, el resto es retórica ilógica que mantiene al humano bajo la injusticia, bajo argumentos que ni son darwinistas, ni son nada, sino azarosidad de dónde se nace y de dónde encajen tus genes en una cultura dada. ¿Que una cultura y época propicia tus genes?, bien por ti, ¿qué no?, a fastidiarse.

   Por otro lado pudiera parecer que sermoneo, como si yo estuviera a salvo y fuera de todo “pecado” o culpa. Ni mucho menos. Sé de todas mis taras y fallos del pasado. Decir lo que está mal de mundo no me excluye de mis explicaciones. Por ejemplo, me quejo de elitismos, y yo mismo soy un elitista de mierda. No soy capaz de amar a la humanidad, no a Pan.

   Seguimos pensando que si algo no está en nuestro presente y urgente foco de atención, no tenemos porqué actuar. Dejamos que la vida nos arrastre: nos da miedo la libertad. Por otro lado está el sentido de la responsabilidad. Generar una muerte nos da pánico, sin darnos cuenta que la no-acción las genera y que en algunos casos una muerte vale más que cientos. Todas estas ideas están en el dilema, y sus variantes, del tranvía o a veces cambiado al del tren. Si estás cerca de un cambio de vías y en una de las vías hay cinco personas, que serán arrolladas por el tren, y otra de las vías una sola persona, ¿qué harías? Cambiarías el tren de vía para que atropellases sólo a una frente a cinco. La mayoría de las personas dicen que sí, que cambiarían de vía al tren. Pero, ¿y si  tuvieras que arrojar a una persona delante del tren para que se parase, antes de arroyar a las cinco que hay más adelante? La mayoría de la gente no lo haría. Parece un asesinato, cuando en el primer caso no lo parecía. A mí se me ocurre otro: Casandra y Hitler. Casandra es un personaje de la mitología griega que fue castigada y condenada por los dioses a ver el futuro, pero a la vez que nadie la creyese. Imaginemos a Casandra en el año 1910, un día cualquiera, fortuitamente, se encuentra con Hitler, antes de las dos guerras, antes de cualquier suceso, cuando aún era un pintor que quería entrar en la Academias de bellas Artes. Al rozarse con él de repente tiene la visión de todos los horrores que va a provocar durante la Segunda Guerra Mundial. ¿Qué ha de hacer?, ¿matarlo?, no tiene otra opción, nadie le va a creer sobre lo que Hitler llegará a ser, como para tomar otras medidas. ¿Se puede, por lo tanto, llegar a la idea inocente que no tiene que haber ninguna muerte, que nadie ha de creerse con la capacidad de matar a otro ser humano?, que uno nunca ha de mancharse sus manos de sangre humana. En ese caso Casandra, de no hacer nada, sería copartícipe, cómplice, de los crímenes de Hitler. ¿Acaso no lo sería Dios, de existir?, ¿no lo es de todos los crímenes que sabe que sucedieron, suceden y sucederán? ¿No es el autor, puesto que lo comete una de sus creaciones? Las cosas son así de sencillas: no hay forma de que no haya muertes humanas provocadas por otros humanos. Si aceptamos esta realidad, como así le ocurriría a Casandra, todos somos cómplices y culpables, porque no podemos evitar nada. Somos responsables de todo, por el simple hecho de vivir, de aceptar la vida y sus “reglas” o facticidades. Todo esto tiene que ver y está relacionado, de forma indirecta con el presente escrito, y sacaré conclusiones al final.

   Con el concepto (verbo) de almar parece que he “encontrado” y simplificado el mundo. Quizás he simplificado demasiado, no lo sé. Si una idea, por infantil que parezca, “funciona”, ¿por qué volverlo todo más complejo?, ¿por qué “buscar tres pies al gato”? Lo que vengo a decir, de fondo, es que una gran mayoría de animales con cerebros complejos “alman” al mundo, en su simplificación. La diferencia del humano con respecto a ellos, es que nosotros, por las capacidades del prefrontal, de la palabra, somos “capaces” de perder esa capacidad que en realidad es muy natural y consecuencia de la emergencia en los sistemas complejos y por lo tanto la evolución. O sea, es al revés de como siempre se ha creído que era, no somos los únicos con “alma”, o esa capacidad de “almar”, sino que somos la criatura, en la cual, esa propiedad se puede llegar a perder, ya sea a nivel individual o social. Vayamos por partes.

   Pensando sobre todo esto, de repente pensé en el concepto de náusea en Sartre. En un primer momento, por intuición o por pegajosidad neural temprana, la asocié a que era un ejemplo claro de qualia, pero después, desarrollando el tema conscientemente, me di cuenta que era lo inverso. La náusea es la predisposición que tiene el humano de perder la capacidad de almar al mundo, y por lo tanto así mismo y a la propia condición del ser humano. Voy demasiado deprisa, para el que no conozca la obra de Sartre. “La náusea” es la novela más valorada de Sartre, aquella por la cual se hizo famoso como para que la sociedad le prestara atención. En dicha novela trata de “mundanizar” conceptos complejos filosóficos, pues una de las metas de Sartre siempre fue el de tratar de acercar al ciudadano medio a los temas filosóficos, que fueran más accesible, a todo el público, a través de novelas, el teatro y el cine. Algunos autores coetáneos, entre ellos Camus, dijeron que no lo logró, que ciertos temas no podían o eran capaces de romper esa barrera ente razón o pensamiento complejo abstracto y pensamiento cotidiano. Es cierto que el concepto de náusea, una abstracción, no terminó de alcanzar su meta, pues si bien tuvo su momento, que se convirtió en un meme de éxito en su época, al final ha quedado relegado a uno entre otros fracasos de Sartre de “vulgarizar” ciertas ideas complejas.

   Pero quizás no era su momento, y quizás náusea no era el sustantivo adecuado (aunque también es un verbo en desuso). La novela, Sartre, la quería haber titulado melancolía (Melancholia, cambiada a petición del editor), concepto más acertado, por estar ligada indirectamente al concepto de angustia, muy propio del existencialismo, sobre todo de uno de sus predecesores: Kierkegaard. ¿Por qué “eligió” Sartre, entonces, tal concepto? Esto viene dado por un tránsito, o paso de ecuador, entre el estado “normal” humano, de almar al mundo, al de su pérdida. En tratar de explicar esa primera sensación o caída del sentido del mundo. No voy a detenerme demasiado en la novela, me la tendría que volver a leer y no me apetece releer, frente a leer cosas nuevas. Tampoco es demasiado importante el trama. Lo central es el proceso por el cual una persona “normal” empieza a tener atisbos de ese desalmar al mundo, hasta llegar un momento en el que pasa ese umbral o puerta. En el humano es importante los ritos de paso, un pasar un umbral o puerta en donde al traspasarla se llega a una situación nueva y distinta. Muchos de los umbrales que se pasan, consisten en la diferencia que existe entre saber, y saber que se sabe. O sea, entre que el cerebro en background trabaje con unos datos o saber, y que el prefrontal tome conciencia de ese saber, “emoción” o sensación. Es como un cambio de sistema operativo, o en el hombre de paradigma. En este caso este proceso es crucial, puesto que además lo implica, implica el papel del prefrontal en el cerebro, en su saber que sabe o que es consciente de un saber. Este tránsito nos lo anuncia Sartre ya en las primeras páginas: “Algo me ha sucedido, no puedo seguir dudándolo. Vino como una enfermedad, no como una certeza ordinaria, o una evidencia. Se instaló solapadamente poco a poco; yo me sentí algo raro, algo molesto, nada más. Una vez en su sitio, aquello no se movió…”, y “se ha producido un cambio durante estas últimas semanas. ¿Pero dónde? Es un cambio abstracto que no se apoya en nada. ¿Soy yo quien ha cambiado? Si no soy yo, entonces es este cuarto, esta ciudad, esta naturaleza; hay que elegir.” El proceso es lento pero inexorable. Empezó dudando de lo que veía, de cómo sentían las personas lo que sentían: “Es raro que un hombre sólo tenga ganas de reír”, para al final dudar de todo y de sí mismo. El momento culminante se produce un miércoles (para saber el día habría que ir contando los días a partir de la primeras fechas de los escritos, Sartre se acomodó a no llevar las cuentas, me imagino, yo tampoco tengo ganas), a las seis de la tarde, pues en la novela usa el recurso de “manuscrito o diario encontrado” (igual al de cine de “metraje encontrado”). Todo ocurre al encontrase sentado en un parque, frente a un castaño:

   “…he comprendido todo lo que me sucedió desde el mes de enero. La Náusea no me ha abandonado y no creo que me abandone tan pronto; pero ya no la soporto, ya no es una enfermedad ni un acceso pasajero: soy yo.
Bueno, hace un rato estaba yo en el Jardín público. La raíz del castaño se hundía en la tierra, justo debajo de mi banco. Yo ya no recordaba que era una raíz. Las palabras se habían desvanecido, y con ellas la significación de las cosas, sus modos de empleo, las débiles marcas que los hombres han trazado en su superficie. Estaba sentado, un poco encorvado, baja la cabeza, solo frente a aquella masa negra y nudosa, enteramente bruta y que me daba miedo. Y entonces tuve esa iluminación.”

   No voy a transcribir todo el relato, pues es preferible que se lea la novela al completo. Tan sólo voy a tratar de resumir con qué se encontró Roquentin, el personaje del escrito, y por lo tanto lo que nos quiere decir Sartre. El humano y la conciencia, es aquel(la) por la cual el sentido viene al mundo. En cualquier otro animal todo se reduce a sobrevivir y a reproducirse. La capacidad de almar al mundo, le viene a estos, desde fuera. Como ya dijera en el escrito anterior, en la evolución emergen conceptos como el de belleza (también funciones a nivel interno, como la respiración). Cada especie es un caso concreto de belleza que no conoce el concepto abstracto de belleza. Un ave puede hacer que esa belleza sea sonora, a través de cantos, y otra a través de su plumaje. Cuando un pájaro jardinero crea una de sus obras, no sabe de la belleza, actúa por instinto, pero dado que este se lo marca sus ADN individual, crea su propia versión individual de la belleza. Tampoco las hembras saben saber. Captan esa belleza y “escogen” a unos machos frente a otros. La finalidad de la belleza, de todos estos ritos y comportamientos, obedece a la reproducción, a escoger los mejores genes. Un error humano, que predice una gran cantidad de errores cognitivos de cómo hemos interpretado al mundo, es el sesgo a posteriori, en una de sus connotaciones: predecimos hechos pasados bajo reglas presentes de lo que vemos en la actualidad. Lo más fácil es pensar es que si existe algo como la belleza en la naturaleza, alguien la concibió, puesto que la belleza creada en nuestras obras las creamos nosotros, nuestras mentes, nuestra intención. Ese algo era un Ser como Dios. La belleza, a la que llegó la evolución, se “crea” sólo por prueba y error, validándose aquello que se reproduce en más cantidad, haciendo que el resto de apuestas se extingan. En todos los casos el que porte belleza (canto, plumaje, colorido) no es algo azaroso, sino que obedece a dos conceptos: que tiene unos buenos genes, y que en ese momento no tiene ninguna enfermedad. Detengámonos en algo como el color rojo, tiene dos componentes. 1. Dicho color se genera en el pelaje o el plumaje por ciertos componentes que son “caros” de producir, (de hecho la pintura roja es la más cara de comprar en las tiendas de pintura, puesto que sus componentes son los más caros y raros de encontrar en la naturaleza). 2. El portar rojo es llamar sobre sí la atención, sobre todo de los depredadores, luego ese individuo tiene que tener fuerza y agilidad para escapar. Bajo el sesgo a posteriori no se concibe ese paso a paso en todo el proceso. Vemos un ave como el del paraíso, y no logramos reducir a que fue debido a un proceso largo y lento, de miles de miles de años, el que le ha llevado hasta lo que es. Falsamente deducimos que la belleza siempre estuvo allí, y que por lo tanto obedecía a la intención de un Creador.

   El humano, antes de la conciencia unida a la palabra, era como cualquier otro animal, se atenía a ciertos parámetros evolutivos, los cuales no se los planteaba. Los vivía en primera persona, de forma inmanente. Aún hoy en día se supone que hemos de vivir la vida de esa misma manera. Hemos de ser un todo con la acción, sin que se produzca ninguna fisura. Ser feliz, básicamente, consiste en esa inocencia. Eso lo seguimos viendo en los niños: ellos son uno y un todo con sus acciones. Sin fisuras, sin dobleces, con inocencia. Se supone que la evolución de un individuo sigue los pasos de los procesos evolutivos de una especie, filogenia, y se supone que igualmente la evolución del cerebro. En algún momento evolutivo éramos como los niños: unidad con la realidad. La conciencia y la palabra mandó este principio al traste. Ya no soy simplemente actuando en el mundo, sino viéndome actuar en el mundo (capacidad de re-visar, ver dos veces, del prefrontal) creándose un escisión entre la realidad  y “un” yo. Lo que nos descubre Sartre en “La náusea” es ese proceso llevado a sus límites. O sea, la mayoría de las personas, con la edad, llegan a ese otro estado. En la medida que no se detienen en él lo sobrepasan o lo saben sobrellevar, pero se puede dar el caso en que uno se detenga en ese proceso, de tal manera que las cosas ya nunca vuelvan a ser las mismas. ¿Y qué se descubre en última instancia? Se descubre en un primer momento en dos procesos en paralelo. La vida tal cual, sin preservativo, sin fisuras, y la vida en tanto que se le suspende todos sus sentidos. O sea, ¿qué ocurre si me (re)planteo la belleza?, ¿la reduces a sus mínimos, a su “utilidad”? La belleza en la naturaleza es útil. Es un baremo o un dato entre otros de los que maneja la evolución para que “funcione” la sexualidad como principio rector de “lo mejor como más acto”. Pero se supone que la belleza nos crea un estado o sensación que no debería de ser reducida a nada y mucho menos a datos o a una utilidad. La belleza y el arte como gratuito, tal como lo expresa la frase “el arte por el arte” (ars gratia artis), como fin en sí mismo. O sea, toda qualia puede estar impregnada de belleza en ese sentido abstracto. Si tengo una preferencia por un color es porque con ese color me identifico, porque me siento unido, pues me crea una sensación que me de alguna forma no definida me define, pero al que a la vez defino a través de mí. A la inversa con los colores que no nos gustan u odiamos. Ese color no es un color en el mundo, es un color que lo es en la medida que creo una conexión íntima y de “(co)pertenencia” con él. De alguna forma somos unidad. Pero todo esto son palabras, datos… lo que cuenta es la sensación, la emoción que se genera y que no debería de poder ser expresada o vuelta datos, que es lo que se le presupone a una qualia. Todo animal tiene qualia en ese sentido pleno, en tanto que su ser es inmanente con la acción y con la realidad, que lo es en la medida que está “impregnada” de la emoción o sensación percibida y vivida (vívida) por dicho animal individual, en concreto, sin abstracciones.

   Hay una larga escena en la náusea, en la que Sartre nos hace ver este divorcio. Roquentin se encuentra con Anny (una antigua amante) y esta le describe un momento romántico entre los dos:

   “-Pero lo que nunca supiste es que estaba sentada sobre unas ortigas; se me había levantado el vestido, tenía los muslos llenos de pinchazos y al menor movimiento, nuevos pinchazos. Bueno, allí no hubiera bastado el estoicismo. Tú no me turbabas nada, no sentía un deseo particular hacia tus labios; el beso que iba a darte era de una importancia mucho mayor, era un compromiso, un pacto. Entonces, ¿comprendes?, el dolor resultaba impertinente, no me era permitido pensar en mis muslos en un momento como aquél. No bastaba ocultar mi padecimiento; era preciso no padecerlo.
Me mira con orgullo, muy sorprendida aún por lo que hizo:
—Durante más de veinte minutos, todo el tiempo que insistías para conseguir ese beso que estaba decidida a darte, durante todo el tiempo en que me hice rogar —porque era preciso dártelo según los cánones— llegué a anestesiarme por completo. Dios sabe, sin embargo, que tengo la piel sensible: no sentí nada hasta que nos levantamos.
Es eso, exactamente eso. No hay aventuras, no hay momentos perfectos… hemos perdido las mismas ilusiones, hemos seguido los mismos caminos.”

   Esperamos de la vida, de las cosas, de las personas, de las emociones…. que sean densas, verdaderas, perfectas. Pero siempre se cuela el prefrontal que analiza y desmigaja todo a porciones, a rodajas, y les perturba la densidad de ser, de sentir de forma pura, pues se cuelan fragmentos  y porciones de otras realidades que las enturbian. Esperamos agua, pura, cristalina e insípida y la realidad siempre es beber agua con barro, turbia, con sabores irreconocibles e indefinibles.  Así en esa escena, que podía ser la primera escena de un amor para toda la vida, a través de un primer beso, de un primer compromiso (por lo menos en aquella época), se enturbia por la fuerte sensación de esa ortiga, de ese prurito, que se solapa durante toda la acción. El concepto es el mismo que muestra en el fragmento sobre el dolor, en “el Ser y la Nada”: “se sufre, y se sufre por no sufrir bastante. El sufrimiento del que hablamos no es jamás enteramente el que sentimos.” En la náusea, en el mismo diálogo, lo vuelve a decir:

   “-Eso es. Yo creía que el odio, el amor o la muerte bajaban sobre nosotros como las lenguas de fuego del Viernes Santo. Creía que era posible resplandecer de odio o de muerte. ¡Qué error! Sí, realmente, pensaba que existía “el Odio”, que venía a posarse en la gente y a elevarla sobre sí misma. Naturalmente, sólo existo yo, yo que odio, yo que amo, Y entonces soy siempre la misma cosa, una pasta que se estira, se estira… y es siempre tan igual que uno se pregunta cómo se le ha ocurrido a la gente inventar nombres, hacer distinciones.”

   No voy a repetir la naturaleza de dicha rotura, de dicho divorcio. Remito al escrito: “Acotando el concepto de valor en Sartre”. Si el mundo ya no tiene densidad para el hombre, esto es dado por la naturaleza del prefrontal, zona en la cual las acciones en el mundo se reflejan, y en donde en esa división entre lo pensado (sentido, vivenciado) y su reflejo se crea una duplicidad de toda realidad y en este proceso nos sentimos distanciado por (la) Nada. El libro de la náusea nos anuncia el nacimiento de esa rotura. Donde de repente la existencia pierde toda emoción, la desalmamos, y aparece llana, y como puros datos desestructurados. No es cierto que se tenga que sentir una náusea, si acaso un vértigo, náusea tan sólo es un recurso literario que quizás Sartre no debería haber usado. De sentir algo es un entumecimiento neural, mental. Como si repente dejásemos de sentir la realidad como emocionada, almada, y pasásemos  a apreciarla como carente de contenido, dejándonos fríos. En la jerga psiquiátrica se llama anhedonia, la incapacidad de sentir emociones placenteras, de mostrar interés por las cosas, por la propia vida, y que es uno de los síntomas de diversos trastornos y enfermedades como la depresión, la personalidad esquizoide o el mal de Alzheimer.

   Bajo mi visión, actual, de la forma de comprender el mundo, las cosas son más sencillas. El alma es el cerebro vibrando, tratando de conectar todo con todo y en ese proceso conectándose con todo. Ese proceso es lo que es el cerebro, es pura pegajosidad neural que trata de buscar conexión entre cada dato que recibe, para conexionarlo con todos los datos posibles ya existentes en el cerebro. Démonos cuenta que de reducir a un mínimo el comportamiento de las neuronas, ladrillos del cerebro, es el de conexionarse con otras neuronas o fortalecer las uniones ya existentes. El mundo no es algo que esté ahí fuera, es algo que el cerebro indexa una y otra vez, y con cada cosa nueva, que para permanecer “vivo”, para permanecer “recordado”, indexado, no lo hace de otra forma que conexionándolo con todas las neuronas u otras partes del cerebro lo más posible, aunque caiga en la redundancia de “datos”. El mundo, así, es una prolongación de mi cerebro, es mi cerebro volcado sobre el mundo, volviendo indiferente lo que es un afuera y un adentro. Bajo este aspecto es fácil deducir que todo animal ha de ser panteísta (en su versión más ambigua y sin el concepto de Dios: todo es unidad, todo es uno), y así lo fuimos nosotros hace ya tiempo. Mundo y mente son uno en la medida que el mundo sólo lo es mientras está siendo pensado (sentido, indexado) por una mente. Encerrado en una habitación, con un aislamiento completo de sonido y luz, el cerebro pierde esta conexión y literalmente se vuelve loco. Solemos pensar que el mundo deja de existir con la muerte, pero de hecho es a la inversa.

   Cuando leí sobre las qualias, a las pocas semanas tuve la intuición de que habrían de tener que ver con un comportamiento antiguo del cerebro, del que aún quedaban residuos: la sinestesia, la capacidad, o el error si se quiere, del cerebro de conectar y relacionar las sensaciones de los sentidos. Hoy en día hay persona que tienen muy arraigado este tipo de propiedad, y de esta forma asocian colores con olores, o números con colores, música con formas (me sucede a mí, explica en parte mi arte). El lenguaje humano es en gran medida sinestésico, como cuando decimos: “este asunto me huele mal”, o “esa noticia es como una melodía para mis oídos”, o “cuando veo tantos números me mareo” (sentido del equilibrio). Se sospecha que en tiempos muy remotos, o en una escala evolutiva “inferior”, los sentidos estaban tratados por una misma parte del sistema nervioso, y poco a poco fue especializando zonas para cada uno de ellos. En ese proceso no dejó de ser importante la comunicación cercana de los sentidos, por lo cual siempre estaban activas estas vías entre ellos. Pero es más extensivo, ya que el miedo, que yo consideraría un sentido: el sentido de ponerse en tensión ante un posible peligro, igualmente entraba en juego, de tal manera que se asociaban colores con emociones. Por ejemplo hay una relación ancestral entre la noche y morir, puesto que muchos depredadores atacan en la oscuridad. La noche se asocia al negro y de ahí el rechazo que tenemos hacia este color. Cuando decimos que “hay algo oscuro en ti” estamos haciendo alusión, indirectamente, a aquella larga etapa del humano como cazadores-recolectores que vivieron atemorizados por las bestias de las noches. Una nueva teoría es la de la ideastesia, trata de “corregir” o de ampliar el concepto de sinestesia, ya que según su descripción, en muchos casos no tienen que ver los sentidos, sino el módulo semántico, o de la palabra. El caso de asociar números con colores es uno de los ejemplos, ya que los números o las propias palabras, no tienen que ver con los sentidos. Un caso evidente de ideastesia es uno de sus ejemplos más típicos: se le presenta a las personas un gráfico con dos figuras, una de ellas de formas redondeadas y otra con formas angulosas y picos, y se le pide que las asocien con los términos sin sentido de buba y kiki. Casi al 100%, para la gente, buba es la forma redondeada y kiki la angulosa. BoobaKikiEsto demuestra que el lenguaje debió de nacer de onomatopeyas, que debían de tener relación con la emergencia del mensaje, y se fue desarrollando a partir de ahí. En monos y simios hoy en día se ve este comportamiento. Para peligros muy directos usan la vocal i, que es más chirriante y apremiante, mientras que para peligros menos directos usan la vocal u. Se suele recurrir a repetirla una y otra vez, no en mantenerla sonando. Incluso de eso nos quedan huellas, pues muchas veces repetimos las cosas dos o tres veces (frase o palabra), como para darle más importancia a un asunto o a un concepto. Sea como fuere, tanto en la sinestesia como en la ideastesia, se siguen las misma reglas que yo defiendo, la capacidad de unir todo con todo, almarlos (a(r)marlos) o pegajosidad neural. Cada cerebro, diseñado primero por el ADN, y segundo por el entorno y lo que va conociendo, crea sus propias conexiones, que le crean sus propias e individuales qualias. Su propia unicidad de dar un alma al mundo, su propia y diferenciada alma.

   De nuevo, como ya hiciera con el amor, esta conectividad emoción-cerebral seguramente pueda ser reducida a una molécula, a un neurotransmisor, posiblemente a la dopamina. No logramos simplificar el mundo mental por no reducirlo a sus mínimos. Porque nos negamos a ser esa reducción. La dopamina “trabaja” por umbrales. Su umbral máximo, de forma natural, es el orgasmo. Pero todo esto se desbarata cuando se recurre a drogas. Quien haya probado la heroína, su umbral ya no podrá ser el orgasmo: “piensa en tu mejor orgasmo, multiplícalo por mil, y aún estarás lejos”, decía Renton en la mítica “Trainspotting”. El mecanismo se parece mucho al flotador de las cisternas de los inodoros. Si se abre para inspeccionarlo, hay un tornillo que hace que suba o baje el flotador, de tal manera que se va a llenar más o menos de agua la cisterna. De esta misma forma la mayoría de las drogas, e incluso de las emociones placenteras, crean habituación: se tiene que recurrir a mayores dosis para volver a sentir lo mismo que la primera vez. Si se recuerda de otros escritos anteriores, el cerebro, la neurona, operan bajo tres procesos 1. la habituación, por la cual dejamos de sentir como ruido el vivir cerca de un aeropuerto, por ejemplo; 2. el (maldito) condicionamiento clásico, por el cual asociamos cosas que no tienen porqué estar relacionadas (el condicionamiento de Pavlov del perro, la campana y la salivación), y 3. la sensibilización. Algo nuevo nos produce sensibilización, una emoción nueva, un análisis y capacidad de conexionarlo a un todo cerebral, de almarlo. Por lo tanto ese estado de anhedonia se asemeja un estado permanente de habituación, en donde los estímulos no nos crean ninguna capacidad de prestarles atención. El “todo se parece a la copia de una copia, de otra copia…” de anestesiado y entumecido protagonista de “El club de la lucha”. (1)

“En el centro de la enfermedad de la psiquis hay una enfermedad del espíritu.” William Barrett, parafraseando a Kierkegaard

   Vuelvo a la náusea. Lo que Sartre nos quiere mostrar, bajo mi lenguaje, es el mundo desalmado de las emociones, de la capacidad que tiene el cerebro para conexionar todo. De esta manera, sin su alma, el mundo se nos aparece como puros datos desintegrados, en donde la existencia, la vida, flota sobre ellos, sin tocarlos, sin palparlos. Se llega a un plano en donde se planea por encima de las cosas sin alcanzarlas y sin que te alcancen. En última instancia a lo que quiere llegar, es que si es el hombre el que da sentido al mundo, entonces si se pone en suspensión esta capacidad, todo el mundo, la vida, carece de sentido. Lo resume en la frase: “todo lo que existe nace sin razón, se prolonga por debilidad y muere por casualidad”, en la náusea, pero que a la vez hace referencia a una de sus reducciones existenciales: “¿por qué hay algo en vez de nada?”. Sartre es ateo, no se pregunta por un inicio y por un final de todo. Sin estas preguntas, la única válida, la que se hace el ateo, es esa que remite al absurdo de la existencia en sí al completo, del por qué hay algo en vez de nada.

   Lo que en última instancia nos plantea la náusea, el existencialismo, es ese vivir desconectado de la realidad, que puede ser reducido a anhedonia, a un neurotransmisor, pero que si se piensa bien está rodeado de una periferia que hay que tener muy en cuenta. Cuando el humano se encontró con las capacidades del prefrontal, se creó un desconexión con su inocencia primera, esa que hayamos en los niños, esa desconexión que se plasma en un acto como morder de la manzana del árbol del conocimiento. La conciencia es abismo, es rotura, es duplicidad, es lo opaco de lo transparentes que deberían de ser la emociones en sus estados puros. A ese estado siempre se le llamó melancolía, nacida de la angustia existencial, del prefrontal reduciendo el mundo a puros datos desestructurados. No puede ser, ni debería ser, reducido a lo que se conoce como depresión, si acaso a realismo depresivo. El humano era una conexión mágica con el mundo, del que su residuo es el pensamiento mágico, que se ve de forma original en los niños. El prefrontal, como razón, como revisor de todo y que por ello crea un divorcio con el mundo emocional, que lo cuestiona, es una rotura con todo ese mundo simbólico. Es por lo tanto una rotura simbólica con la realidad.(2) Puede tratarse la depresión clínica, pero eso no le devolverá al paciente un sentido del mundo. Si este muere, si se produce esta muerte simbólica del alma, raramente se recupera.

   Con esto retomo las cuestiones pendientes del principio del escrito. ¿Cómo salir de esa muerte del alma del mundo? Sartre, el existencialismo, el Sísifo de Camus, apuestan por salidas oblicuas. Para Sartre cada hombre no lo es en lo abstracto, sino en lo concreto.(3) Hay que afrontar los problemas de la sociedad y época en la que se han nacido, a través del compromiso. A eso se dedicó Sartre durante toda su vida. A vivir para acertar algunas veces, comprendiendo que se equivocaba en otras tantas. En el fondo por lo que más se le recuerda es por todo sus errores, como su apoyo a Mao y los desmanes de su dictadura. Bajo mi punto de vista, esa salida no me parece acorde a su forma de pensar y de sentir el mundo. Si el mundo es alma y este se puede desalmar, si se llega a un estado en el que cuestionas toda emoción, toda legitimidad de conexión con el exterior, entonces ya no eres inmanente con la realidad, sino un eterno observador que vive las cosas siempre ha distancia. Los niños viven el mundo en primera persona; los adultos, cuando les nace la conciencia (4) viven en dos planos la realidad. Si fuera de otra forma no sería posible ser actor: simular ser otra persona, en algunos casos opuesta a la propia. Pero las variables son infinitas, hay personas que nunca les puede el prefrontal y otras que hacen de esta parte del cerebro el protagonista de toda su “tragedia”. A veces uno es feliz porque nunca se lo ha planteado. La mayoría de las personas, si viven acomodadas y sin grandes problemas, nunca se encuentran con ese otro estado hasta que alguna tragedia les alcanza. De cualquier forma la vida sigue la traza de una parábola, con la edad pierde su fuerza de ascensión y poco a poco llega hasta un culmen desde el cual sólo queda la caída de la forma geométrica. La mayoría de las veces ese punto alto es el periodo de la crisis de la mediana edad. De forma extraña ahora se observa en Tom Cruise, el cual parece haber perdido, en sus últimos años y películas, ese brillo de inocencia y fuerza que antes tenía y se percibía con facilidad. Otro ejemplo claro, y español, es Paco León, el cual hace unos días publicó: “Días en los que levantar la cabeza de la almohada supone un esfuerzo titánico. Días en que cuesta seguir como si nada. Haciendo ver que todo va bien. Días en los que ni siquiera las orejitas de conejo te animan. espero que pase pronto”.

   Se sabe que el contacto con la naturaleza, con grandes paisajes, “devuelve” al cerebro a ese estado primigenio de comunicación con un todo. Paradójicamente el cerebro ha disminuido en tamaño sobre un 10% en los últimos 5.000 años. Ese es el coste de haber salido de la naturaleza, pues se requiere de más procesos y de más conectividad al ser un cazador-recolector. Antes luchábamos contra la naturaleza, contra los animales… hoy luchamos contra nosotros mismos, contra la burocracia, contra las retorcidas reglas del sistema. No las solemos entender, nos dejamos hacer por otros, por profesionales. Casi siempre salimos perdiendo, pues no depende de nuestro cerebro y nuestras habilidades, como sí sucedía en la prehistoria. Depende de muchos factores, entre ellos la motivación. A mí no me motiva luchar contra el sistema. No quiero entrar en su lógica. Me resulta frustrante y penoso… me siento un miserable (en su cuarta y quinta acepción: insignificante o sin importancia, desdichado, abatido o infeliz). Eso va matando el alma, la inocencia, la motivación. Sólo queda un lenguaje en el mundo: el capitalista, el del valor. El de tener más seguidores, más lectores, más y más de lo que sea.(5) No se puede ser no-capitalista y triunfar en la sociedad actual. Es una contradicción. Ni siquiera se puede vivir o sobrevivir, en la mayoría de los casos, si no es entrando y luchando bajo su lógica y sus reglas. Fortaleciendo y manteniendo al sistema, en el que no crees. Así avanza el hombre en la historia, alentando pasivamente posiciones equivocadas una y otra vez.(6) Una vez que entramos por una puerta, una vez que seguimos un pasillo del laberinto, ya no hay marcha atrás. Llegará un momento en el que se nos cerrarán todas las puertas y nos toparemos contra un muro que ya no se pueda derribar, encerrados en un callejón sin salida. Porque esa parábola que hace el individuo también es válida para la historia. Cada cultura, cada continente tiene una edad o está en algún lugar de esa parábola. Se habla de Europa, como el viejo continente. Lo mismo vale para su edad, y lugar en la parábola. En Europa es donde han nacido todos los nihilismos y conceptos de la postmodernidad. Nietzsche, y la muerte de Dios, el existencialismo y finalmente el postmodernismo. El fin de la historia, Sísifo enfrentado a su piedra, a su esfuerzo, sin ningún sentido último, sin motivación, sin finalidad. Hoy más que nunca cobra su ticket Sartre en su frase de “todo lo que existe nace sin razón, se prolonga por debilidad y muere por casualidad”. Fijarse que Norteamérica está en otra edad, que aunque nació de la misma parábola que Europa, siguió su propia curva, con resultados distintos; y fijarse que por ejemplo Sudamérica tiene un espíritu más joven y aún abriga esperanzas, aun viviendo en el mismo caldo del actual postmodernismo no se alimenta de las mismas ideas que España, aun compartiendo el idioma, por esta razón: están en distinta edad, en distinta parte de la parábola. Cada cultura, nación y continente tiene su propia parábola y está en una parte de la parábola distinta: más lejos o más cerca de esa fatal curva en la que al final sólo queda la caída.

   Uno de los libros existencialistas -o del que se apropiaron como “suyo”- más célebres es “¿Acaso no matan a los caballos?” de Horace McCoy, del que se hizo la película “Danzad, danzad, malditos”. Es una metáfora sobre el mundo humano, donde todo se reduce a ganar (simbolizado en los concursos de baile durante la gran depresión, en donde ganaba la última pareja que quedara en pie), perdiendo toda la energía en el proceso. ¿Y qué le ocurre a los que no ganaban?, terminan agotados, sin recompensa y sin fuerza ni motivación para volver a empezar una nueva odisea, un volver a subir la piedra en Sísifo. En el libro, y la película, a eso se enfrenta el protagonista, al final, cuando su pareja le pide que la mate… pues ¿acaso no se considera más humano matar al caballo que ya no puede volver a andar? Esa es la lógica a la que tiene que llegar el humano. Hay que reducir y llevar al absurdo todo, para tratar de extender el concepto de humano más allá del valor. O me das un valor por el simple hecho de ser humano, o si me consideras un perdedor, alguien que ya no quiere luchar contra el hombre y el sistema, y ni tiene fuerzas para ello, ten el valor de matarme. No tengas la mala fe que mostramos en la paradoja del tranvía. No me metas en la encerrona de que lo tenga que hacer yo mismo. En definitiva si el mundo no me a(l)ma, yo no lo puedo a(l)mar a mi vez… y si se muere en uno la capacidad de a(l)mar al mundo, ya no se es humano, se es otra cosa, pero no aquello que reconocemos y queremos como humano.


(1) Aunque reduzca ciertas propiedades del cerebro a un solo neurotransmisor, tengo en cuenta que estos siempre están interactuando con otros, a la vez que otros interactúan con él. El orgasmo es algo muy complejo en el que a la vez interviene la oxitocina. En el cerebro hay neurotransmisores activadores e inhibidores, la dopamina es del primer tipo. La depresión se trata a través de la recaptación de la serotonina, un inhibidor, pero no está claro que sea su neurotransmisor precursor. Quizás actúe en la medida que el individuo no se ancle en sus pensamientos mórbidos, dolorosos y negativos, los inhiba, y por lo tanto empiece a tener un mayor protagonismo la dopamina. Ahora se apunta a que el principal neurotransmisor que “provoca” la depresión es la acetilcolina, pues interviene en la creación de memoria, y en la recompensa. La nicotina “emula” las funciones que hace la acetilcolina en el cerebro. Todas las drogas suelen hacer esta misma “operación” al asemejarse químicamente a algún neurotransmisor. El sistema nervioso tiene receptores cannabinoides, en los que opera con facilidad el cannabis, la marihuana. ¡Somos química!
(2) Hay dos posibles “curas”, por medio de la sicología cognitiva, que es de una racionalización total. O la simbólica, por la que apuestan personas como Jodorowsky. En alguien racional no “funcionará” lo simbólico y a la inversa.
(3) En el escrito anterior decía que el humano trataba de romper la barrera de la individualización de las qualias a través de acordar un lenguaje común. Esa capacidad creo los conceptos abstractos, aquellos que reducían a puntos en común todas las qualias individuales. Lo concreto es tal o cual individuo con sus propias qualias. En la serie Veep hace un chiste de esta diferenciación: “No es acnés por estrés, es un grano que me ha salido por el estrés”; en otra serie “Schitts Creek” y de otra forma: “…tan sólo los solterones de más de 40 años y mi primo, que es solterón y de más de 40”. Es una señal del postmodernismo ese poner en jaque las abstracciones. Así Hemingway dijo: “Las palabras abstractas como gloria, honor, coraje o respeto eran obscenas al lado de los nombres concretos de las aldeas, o de los números de las calles, de los nombres de los ríos, de los números de los regimientos y de las fechas. En “El club de la lucha” sucede otro tanto cuando al morir uno de sus “afiliados” se volvió concreto y con un nombre propio. William Barrett nos recuerda que: “Estamos tan acostumbrados al hecho que lo olvidamos, o no advertimos que el hombre actual vive en un nivel de abstracción muy superior al que era propio del hombre de antaño.”
(4) Se reconecta el prefrontal con el resto del cerebro, mielinizando sus axones. Eso ocurre sobre los 18 años, y aún hay que esperar unos años para que el cerebro se adapte a esa nueva situación.
(5) Sé que voy contracorriente, soy un “autista” conceptual, escribo cosas pesimistas, abstrusas, complejas y largas, cuando lo que más se solicita y tiene éxito son vídeos en YouTube. Me resisto en entrar ahí. Aunque quizás lo haga en un proyecto que no puede ser de otra forma que con vídeos.
(6) Voy a tratar un tema sucio, lo siento, pero es el mejor y más claro ejemplo. La pornografía. ¿Alguien quería que llegase hasta donde está llegado?, quizás unos pocos, pero no creo que la mayoría. Hay brutalidad, fealdad, desgarros, abusos, violaciones y mil términos más que no quiero escribir para que no me indexe google con ellos. Ya no hay preliminares, ya no hay historia, narrativa, sólo sexo. Ya casi no se hace uso de la insinuación, de lo indirecto. Todo es claro y directo, rayano. En la pornografía oriental aún va quedando algo, pero se van dejando dominar por la pornografía occidental. Otro caso es las cámaras web, como en los sitios donde están hospedados los colocan por orden de más visitados, aquellas cámaras que sean más explicitas son las primeras, de esta manera han entrado en esa carrera, y ya muestran todo, sin que se pague nada, por el solo hecho de estar en los primeros puestos. De nuevo las reglas de la evolución y nada de la razón.
(7) El gráfico de cabecera hace referencia a Roger Waters, y su canción “comfortably numb“, incluida en The Wall, cuando aún estaba en Pink Floyd. Este autor ha pasado por todo ese proceso de desalmar al mundo: infancia dura, divorcios, entrar en las drogas… La canción describe ese estado de desconexión o trastorno de despersonalización. (Cambiado link del vídeo. No me gustaba la traducción y prefería la versión de la película. Llevo todo un día buscando un versión decente, que además no tuviese pegados los subtítulos. La traducción es mía, para traducir no hay que ser literal, sino tratar de entender qué quiere decir el autor. En muchos casos frases hechas y buscar su equivalente a nuestro idioma. Después el título, y estribillo, a veces lo traducen por adormecido, insensible y cosas similares, prefiero entumecido. No entiendo YouTube ni a tiros, encuentro muchas cosas que infringen el copyright, pero a mí casi siempre me bloquean las cosas. A ver si dura esta, sino pondré un enlace de descarga.)