Lo que Es y lo que (a)Parece XXVII – El Eterno Femenino

   Hace falta un capítulo que resuma y saque conclusiones de los escritos anteriores.

   En mi “juego” de cambiar en el escrito de Sartre palabra “valor”, por la palabra “concepto”, en capítulos siguientes le di la razón a Sartre: el valor “atraviesa” el ser, de parte a parte, contaminándolo todo. Después he tratado, oblicuamente, el concepto de qualia, el cual da explicación de la capacidad que tiene el cerebro de crear conceptos intrínsecos (1) a cada persona, a partir de su ADN y sus propias vivencias. Todo es el mismo lenguaje disfrazado con otras palabras. Algo como la oxitocina, en el género de los mamíferos, “creó” una emergencia, algo que era más que la suma de sus partes: el amor. Los que creen en Dios no quieren, y le puede resultar incluso ofensivo, poner en el mismo nivel el amor de la madre humana al resto de los mamíferos, sobre todo si digo de una rata, por la carga negativa que tiene este animal. Me imagino que los amantes de los animales en general, y de las mascotas en particular, sí lo harán. Amor, bajo mi concepto, es qualia, pues si bien se puede considerar como un universal humano, cada cual lo siente o le da su propia carga, que lo convierte en qualia. A esa capacidad de conceptualizar el mundo desde lo subjetivo, desde lo mental e individual, pero con cargas del pensamiento mágico, lo he llamado almar. El concepto tiene tres dimensiones, 1. a nivel evolutivo ha creado patrones en el cerebro, a los que yo llamo patrones enquistados, que muy bien pueden ser, igualmente, parte de lo que Kant denominaba categorías o conocimientos a priori.  2. A nivel individual crea qualias, o una capacidad de almar el mundo, desde una vida en concreto. Y 3. dado que el lenguaje se creó para poder comunicar a las personas, se crearon conceptos que trataban de unificar los dos primeros criterios a tenor de la necesidad, la finalidad o la utilidad.

   En un principio, en su forma más rudimentaria, los tabús obedecían a la regla de que “comunicaban” conceptos enquistados, con la necesidad de crear una comunidad estable y reglada por lo común, ignorando las qualias. Cada humano “amoldaba” sus qualias a los tabús, pensando que toda salida o qualia particular, era una “perversión” o desvío de un concepto común o tabú. Estas reglas eran válidas, pues se fundaban en comunidades pequeñas, y se heredaban por cultura, casi a fuego durante decenas de milenios. Con la llegada de la ciudad entramos en el caos, el tabú ya no “funcionaba”, se juntaban distintas culturas que generaban más caos que orden. Para que las ciudades-estado “funcionasen” tenían que hacer que las qualias siguiesen sin tener valor. La tribus funcionaban en un “todos a una”, porque era una extensión del concepto de familia. Una familia amplia, donde estaban los abuelos, los tíos, etc. En la ciudades-estado, eso dejaba de tener validez. Bajo esta regla se crearon las grandes religiones, la unificación a credos, para que siguiese siendo válido el modo de operar de “todos a una”. Las grandes pirámides, y el Imperio Egipcio, es una prueba de esa regla, más tarde la Cultura Griega y después la Romana, en otros lugares del planeta sucedió otro tanto.

   Me detengo aquí para hacer ver algo de aquellas remotas tribus, regidas por el tabú. La madre es aquel ser donde el valor (dar un valor) carece de sentido. Una madre ama y cuida igual a cada uno de sus hijos. Este concepto es mucho más amplio de lo que se nos (a)parece. La maternidad mamífera, por lo general, excluye al macho. Ahí tenemos especies como la ballena, el elefante, los leones, o el orangután. Los tres primeros forman comunidades de hembras, en tanto que entre los leones hay un macho con un harén; la orangután vive aislada con un único hijo durante años, hasta que le ha enseñado todo lo que sabe. En muchas especies mamíferas, los machos, o forman harenes, o sólo están para en momento de la fecundación. En los humanos es distinto. No he encontrado ninguna teoría de cómo fue ese inicio, ese cambio hasta la situación actual. Pero de alguna forma el “motor” de ese cambio fue la hembra. Lo que quiero decir es que una de las bases humanas es esa naturaleza del concepto del amor. La hembra humana “creó” al humano en la medida de que ha ido “domesticando” al macho. La evolución tienes varios “motores”, uno de ellos es la elección de la hembra, la selección sexual. Se ve por doquier, el macho tiene que deslumbrar a la hembra como sea: por la belleza, por la fuerza, por la cornamenta, por el tamaño, etc. ¿Qué seleccionaba la hembra humana? No hay unicidad, no vale un solo criterio. En principio lo que selecciona es la capacidad de ser un “buen padre”, protector y que gaste su energía tanto en ella como en sus hijos. ¡Estoy buscando un origen!, que las feministas no se pongan en alarma. A diferencia de otros animales, el bebé humano nace sin capacidad para moverse por sí solo, y para hacer nada. Depende totalmente de un protector y cuidador. Si la madre tenía que tener al bebé en sus brazos, eso no le dejaba tiempo para buscar alimentos.

   Bajo mi punto de vista, la “creadora” de la humanidad fue la mujer… y siempre por algo tan sencillo y básico como la regla de la selección sexual. Con el devenir de los milenios ¿qué seleccionaba la mujer?, ya que un “macho” requería sobre sí demasiados factores: fuerza, ingenio, capacidad para proteger, fidelidad y constancia… ¡Demasiados elementos, había que simplificar. ¿Y si la hembra seleccionó la capacidad de “almar” al mundo?, de que ese individuo tuviese una fuerte capacidad de crear y “creer” en “sus” qualias como para que le hicieran ser un buen candidato. Vayamos por partes. Según mi criterio, qualia es un hecho emergente en la naturaleza, que puede darse fuera, en el mundo, o en lo mental. ¿Qué precede a qué?, sin lugar a duda lo externo. La evolución llega a estados emergentes de forma constante. Ahí tenemos a la belleza, en su concepción más abstracta. La naturaleza “ama” lo bello, lo busca y lo repite una y otra vez. Es un recurrente en todos los reinos de la vida, tanto en lo animal, como en lo vegetal. Este segundo es ciego, pero  bajo los ojos de los animales, las flores tuvieron que entrar en lo emergente de la belleza. Es qualia en el sentido de que cada especie le da una dimensión totalmente particular: la belleza, aún en sus generalidades, es un “proyecto” o visión única para cada especie según su concepto mental.

   A veces se ha dicho que sólo el humano crea y siente la belleza en su dimensión más abstracta. Pero hay especies que nos niegan como únicas, ahí está el pájaro jardinero. El apareamiento del macho consiste en crear una especie de pórtico, basado en la elipse, una de las formas más comunes y “bellas” de la naturaleza, “incluida” en las galaxias y las órbitas de los planetas, que además ha de coleccionar una gran cantidad de pequeños adornos, que han de dar una belleza general a todo el conjunto. “Alma” unos objetos inanimados en una nueva dimensión emergente que ha de ser captada por la “fina sutileza” de las hembras. Nada está al azar, unos recurren a muchos colores, otros a un sólo color; a objetos de varios tamaños, del mismo tamaño, etc. Cuando un observador humano le cambia algo de sitio, cuando llega el macho jardinero se ha dado cuenta del cambio y lo vuelve a poner en sus sitio. La hembra jardinera selecciona, por lo tanto, los “qualia” de ese individuo, que le “comunican” con los conceptos generales de la evolución, en cuanto a un emergente abstracto como es la belleza. La humana hizo otro tanto, en cuanto el humano llegó al lenguaje. Un hombre tenía que mostrar su capacidad de conectar con los qualias o conceptos universales externos, a través de algo tan abstracto como el lenguaje o mundo mental de sus propios qualias. Si no ¿por qué hoy en día gustan tanto los cantautores, los poetas y artistas en general?, por lo menos los primeros años, durante la edad pre-puber y adolescente, que se está más “contaminado” por los patrones enquistados. No es algo tangible, no a esa edad: se trata de captar un todo que otorgue a ese hombre de unicidad a la hora de tener y poseer unas qualias que le hagan ser una buena elección, bajo estos criterios abstractos, antiguos y enquistados. La mayoría de las veces captan las agudezas en el lenguaje, que son manifiestas, ahora, en los cómicos (el típico: “me hace reír” durante la juventud).

   Hay que quedarse con este patrón, en su concepción más abstracta, para entender el siguiente paso. Con la llegada de las ciudades-estado cayeron dos cosas. Primero la validez del tabú dentro de las tribus, que hay que entenderlo en un sentido más abstracto, en tanto que todo emergía desde los conceptos femeninos de selección sexual y en tanto que la base era el amor. Segundo en porqué “seleccionaba” la mujer. Está todo en un mismo pack. Bajo la expansión y proliferación de las ciudades-estado es donde nació el concepto de valor, de tener un valor, que curiosamente es homónima de valor o coraje. No estoy apostando por un cara y cruz, dos estados exclusos, seguramente el proceso fue lento, pero en la nueva situación se dejó atrás el concepto de familia amplia, para apostar por una casa, una familia. En esa nueva situación lo abstracto de la selección sexual fue cambiando, hasta tal punto que tanto el hombre como la mujer tenían que tratar de dar un valor externo a su elección de pareja. No ya el intrincado juego de qualias y amor en un todo que le precedía, sino dando de repente un cambio a todo el juego, hacia el mundo de los valores: tener un oficio, ser buen trabajador, etc.

   De esta manera, y bajo esta teoría, tiene razón Sartre en la cuestión del valor como centro de lo humano, pero también lo tengo yo, al poner el concepto-qualia-almar, dentro de la misma estructura. Una ha suplido a la otra, una ha excluido a la otra, porque tratan de ocupar el mismo espacio. El mundo social emana de esas primeras ciudades-estados, y con ello cambiaron todas las reglas del juego. Pero en el fondo, cada persona, siente que las cosas son (y tendrían que ser) más sencillas, y a la vez más profundas y abstractas (captables por la intuición, aquella que se comunica con aquel lenguaje que nos es emanente). Allí donde está el valor, mata todo lo que era ser humano, a su nivel más profundo y primigenio. Allí donde está el valor mata las abstracciones-conceptuales-qualias-almables que son indefinibles, pero distinguibles, como así las distinguen las hembras de las aves jardineros o las humanas. O están los valores evolutivos-humanos, o están los valores que han emergido de las nuevas sociedades, difícilmente casan. Se me dirá que ahí está el Arte con mayúscula. Si a alguien se le presentase un cuadro y no le gustase ¿cambiarían las cosas si le dijesen que es un Picasso? Una cosa era lo que el humano hacía con sus manos o su mente y otra muy distinta en lo que ha devenido en el mundo social, donde lo que manda es el valor. Si un afamado y pudiente compra un cuadro a un desconocido, de repente han cambiado las cosas (se saben muchos de estos casos). No por el distingo que tenga esa persona sobre la estética, sino por el dinero por el que ha valorado tal obra. El mundo del valor contravierte todo otro sentido.

   Los dos lenguajes están en liza, nunca han cejado de luchar y de negarse. La situación actual cambia las cosas. El arte está tratando de volver a su raíz, cualquiera es capaz de comunicar sus qualias, con las universales, en algún aspecto. Aun así sobrevive el Arte como clasista y elitista, aquel que sólo se mide por el dinero y el criterio de algún millonario o algún crítico; ¡estos han de justificar que han estudiado una carrera! Pero así como el arte vuelve a sus raíces, hoy más que nunca el humano se mide por su valor en el mundo. Yo no valgo nada porque estoy en el paro y en una edad que ya no tengo la pujanza, la entereza y la inocencia de la juventud. Da igual que toda la capacidad que ponía antes en el arte, mi naturaleza, la ponga ahora en pensar y escribir. Si con eso no gano dinero, si no trato de publicar, si no lucho por la fama… no cuenta para nada. No tiene valor. En el mundo no ganó el etnocentrismo europeo, antes sólo cristiano; ganaron las ideas del Protestantismo (dos últimos imperios: el Inglés y el Norteamericano), en donde lo central era el trabajo, el sudor y la constancia para tener y mantener unas riquezas. El mundo del puro valor, y sobre todo del valor de las pertenencias, de lo adquirido, lo ganado, y por lo tanto los signos de status (paradigma del actual iPhone y todo de Apple).

   ¿Y qué fue de la mujer?, ella “inventó” la humanidad, pero perdió sus capacidades “electivas”, al devenir el mundo del valor. Me gustaría creer que el feminismo querría conseguir aquella vieja gloria, pero algunos lenguajes feministas no quieren que se les “simplifique” a madres y a maternales. Son, antes que cualquier otra cosa, personas, ese concepto social tan frío, racional y utilitaristas… desalmado; en mi caso prefiero el concepto de humano, pues el de hombre cada vez tiene más cargas negativas. ¿En qué se queda el mundo si restamos todo de lo que nació el humano, y que era el amor y la capacidad de almar el universo? “Sin la mujer el mundo es pura prosa” que dijera Ruben Dario, pues muere lo almado, y el mundo se queda en el valor como único absoluto. Por el poder de la oxitocina, que al final también tiene ciertas funciones en el hombre, el “macho” es menos agresivo, más compasivo y a la vez más estable para con su pareja. Si el amor pierde su fuerza, si la mujer no lo defiende por encima de cualquier otro valor, si no lo hace sobre todo suyo, como su signo central, entonces peor nos irá a la humanidad. Si de repente la mujer hace de su cuerpo no el bastión de un qualia-almado, sino que lo degrada a carne, entonces el hombre sólo lo querrá para consumir ese bien, como un objeto, con un valor: mejor cuanto más joven y bello, trampa en la que sólo la mujer se está metiendo en su ceguera y claridad de propósitos. La mujer habrá perdido la guerra, pues fue ella la que en un principio le dio esa capacidad sólo disfrutable y dirigida a un cerebro almado que debía de ser el macho individualizado.

 


(1) Algunos teóricos dicen de las qualias que son “no-conceptualizables”, puesto que muchas de ellas ni siquiera tienen un nombre. Es como decir que no existía el átomo por el hecho de no conocerlo y por ello no tener nombre. Si se dice “rojez”, como ejemplo claro de qualia, es por su aspecto conceptual de todos los rojos y todas sus “dimensiones” (tono, brillo, matiz…) dentro de una apreciación mental e individual. Como digo más abajo, hay tres aspectos de la capacidad de conceptualizar, pero tal capacidad está implícita dentro de toda qualia, pues son una y la misma cosa, bajo distintos aspectos, pues son sinónimas.

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Lo que Es y lo que (a)Parece XXVI – De vuelta(s) con la Libertad

(Tema complicado y abstruso. Lo cojo, no avanzo, lo abandono… lo retomo, releo, amplio investigación a más conceptos… sin salidas, lo dejo, lo repienso bajo otros puntos de vista… Al final optó por una salida tosca, agresiva y por la tangente.)

   El presente escrito se “debe” al encuentro conceptual de la “teoría del espacio global de trabajo” que parecía hacer eco a lo que yo aludía, a que reducir el proceso mental como memoria de trabajo, a corto plazo y a largo plazo no parecía explicar todas las formas de operar del cerebro. Compartiendo con dicha teoría lo que yo traté de exponer en el escrito  “el núcleo de lo humano“. Desde este artículo llegué a “la conciencia artificial” y a partir de ahí al caos de ir de enlace en enlace sin fin. Por lo tanto esta no es más que una vuelta de tuerca sobre la libertad y la conciencia, ahora bajo otras perspectivas y a tenor de las conclusiones de los últimos escritos.

   Cuando se empezó a generalizar la informática, en cierta revista especializada decían que los juegos, aquellos primeros juegos como el ping-pong, se basaban en parámetros semi-aleatorios. Ya por aquel entonces pensé en este concepto. Claro, no existe la aleatoriedad “pura” en informática, ya que toda variable empieza por tener un valor concreto, si no se asigna tal valor se produce un error en el programa. Darse cuenta de tal concepto y su profundidad, ¿existe algo en la naturaleza realmente aleatorio? Todo es acción-reacción, siempre hay algo dado, algo de lo que se parte, un punto cero al que se le suman factores. Es la teoría del caos, el aleteo de la mariposa como inicio de un desencadenante. Siendo así, en teoría la libertad “pura” debería de ser aquella en donde ningún factor altera el resultado o el final de dicha decisión, pero de hecho no es así. Si la aleatoriedad no existe como tal, entonces la libertad sólo pude ser igualmente seudo-libertad.

Una vez le preguntaron a William James si creía en la libre elección y dijo. “¡Por supuesto!, qué otra opción tengo” Citado en al serie “Chance”.

   Vamos de nuevo al eterno recurso del asno de Buridán. Cómo es el experimento, ¿tenía los ojos vendados y se los destaparon?, ¿se dio la vuelta?, ¿entró en una habitáculo donde se encontró con los dos montones de heno? Fijarse que seguramente que dependiendo de una forma u otra “elegirá” o irá hacia uno de los montones o al otro. Pongamos que se da la vuelta, si gira hacia la derecha, irá seguramente hacia el primero que le entre por el rabillo de ojo, que será el izquierdo en su nueva posición. Ahora vayamos al cerebro humano. Una de las facultades que se le presuponen a la conciencia o prefrontal (sistema ejecutivo) es el de poder hacer cosas a voluntad. Si quiero ahora levanto mi mano y toco el techo, en teoría lo he decidido, ¿o no? ¿En realidad no ocurre lo mismo que el caso de afamado asno? Siempre se “opta” por algo que ya tiene previamente cebado las neuronas, y siguiendo los parámetros de los distintos sesgos. Hay un truco, que suelen usar los magos, que se basa en el sesgo de anclaje. Lo que “ve” el prefrontal y la conciencia, lo que cicla en su revisar el mundo, es tan sólo aquello sobre lo que se pone atención, que en el caso de la vista apenas ocupa el tamaño de la uña del pulgar, límite dado por la parte más sensible la retina, la fóvea (los angloparlantes usan de sinónimo a atención, fovear, muy acertado). El resto de la imagen la sigue procesando el cerebro en background, pero no se es consciente de ella. Los magos dicen o ponen, por ejemplo, un número alrededor de donde esté el sujeto del experimento, de tal forma que cuando se le pide que digan un número, en donde en teoría entra en juego la libertad de elección, y que el mago tiene escrito en un papel que muestra al final, casi al 100% suelen decir ese que el sesgo de anclaje ha “visto” y en donde se ha activado (cebado) las neuronas implicadas. ¡No hay magia en la forma de trabajar el cerebro!, si se le conoce es muy predecible. En el día a día la libertad está comprometida, es seudo-libertad. Se ha comprobado que al prefrontal llega con retardo la elección, pues esta ya se ha hecho dentro de los parámetros circunscritos a la “programación” del cerebro. De esta forma, cuando un neurocientífico dice al sujeto del experimento: “haga un movimiento a su elección”, el cerebro en backgroung es el que lo “hace”, siguiendo el cebado y sus distintos sesgos. Cuando el prefrontal parece dar la orden a la mano, esta “elección” ya era pasado en el cerebro en background. De lo que sí es capaz el prefrontal, es que si en soledad se razona algo, y se analiza sus porqués y sus contras, puede “optar” por elegir algo distinto de ese tipo de “programación”. Aún con todo, somos seres sociales y nacemos constreñidos en un mundo de normas y convenciones, que de nuevo deviene en seudo-libertad, de tal manera que siempre hay ahí algo dado, que suma su peso en toda elección. Bajo esta premisa la libertad “pura” sería aquella que contradijese la programación. La personalidad rebelde que va contra todo lo dado, pero de nuevo, ¿no “obedece” a la programación de ser rebelde?

   Todo esto viene a colación por tratar de delimitar la conciencia y sus pretendidos “dones” o facultades. Es un debate muy de actualidad, y este viene dado sobre todo por las consideraciones que suelen hacer los que creen que se puede llegar a la inteligencia artificial. Los que apuestan que la IA es posible, dicen que se puede llegar a una conciencia artificial y proponen teorías o límites a las consideraciones que se tiene hoy en día sobre qué es ser humano, qué es la conciencia y qué es en ello, la libertad. Como ya he dicho en otro lado, bajo mi punto de vista, los defensores más acérrimos de un “algo” humano que no es programable, en el fondo creen en Dios y que ese “algo” nos ha sido dado por este. Ese “algo” nos diferencia tanto de cualquier animal, como de cualquier maquina posible a la que se le trate de dar una IA. Yo soy fisicalista, todo es programación, todo obedece a un algo dado, a una premisas y constructos del cerebro y por lo tanto del ADN. Y si la naturaleza de forma ciega y contando con las bases que todos conocemos físico-químicas, ha llegado hasta lo que es el hombre, este ha de poder llegar a volverlo a hacer, podrá a volver a recrear una conciencia y una IA.

   La discusión en parte viene por los filósofos contra los neurocientíficos y autores de las ciencias computacionales, si bien hay filósofos que sí creen en la posible IA y científicos que no. No sé si la defensa a ultranza de los filósofos ha venido dada por el teórico intrusismo de los científicos a la hora de tratar de decir y definir qué es ser humano, qué conciencia y qué libertad. Estos se ven “acorralados” a quedarse fuera del juego de los debates y se “agarran” a conceptos y a campos que creen “suyos”. Una de las bases de la defensa contra la IA es el concepto de qualia, que son los epifenómenos no reductibles a sus correlatos físicos y por los cuales toda experiencia mental es única dentro de cada cerebro. Es a lo que yo he llamado alma, bajo ciertas premisas. Cada persona tiene una experiencia única e incomunicable de un dolor en concreto o de la rojez de cierta manzana. Ese correlato neuronal, esos epifenómenos, no son en teoría “transferibles” a una máquina, y por lo tanto no se puede llegar a la IA, tal como la humana.

   Bajo mi punto de  vista se puede ser fisicalista y creer en las qualias. Estas son reducibles a estados emergentes, de los sistemas complejos, en donde las suma crea algo nuevo, que no existía hasta ese momento. Sin un correlato físico no se dan ciertas qualias: alguien con daltonismo no puede saber de la rojez. En el fondo, por sospecha personal, por lo que abogan es por un alma-agente, que tiene unas experiencias o estado ajenas o no reducibles a “su” fisicalidad. La conciencia como puro habitáculo frente a sí, a su inmediatez y las “percepciones” que “hace” de la realidad. La música me emociona, crea unos correlatos físicos: ligera enervación y activación sensora, que en algunos casos activa a la motora, activación de la dopamina, etc. Pero la música no es reducible a esta, sino a la “percepción” que tiene la conciencia sobre cómo nos emociona y lo que le “añade”. Para decirlo más claro, y bajo la visión de la película: “Eyes Wide Shut“, de Stanley Kubrick, en boca de Nicole Kidman al final: “¡follemos!”, harta de las elucubraciones “almadas” de la vida occidental. Hay un distingo sutil e invisible entre hacer el amor y follar. La emoción física de la música es follar y se le llama sensación en bruto o cruda (cuantitativo, medible por medios mecánicos como el encefalograma), la apreciación y la entrada en juego de la conciencia, es hacer el amor y se le llama sensación “cocinada” (cualitativo, no medible, no transmitible). En todo esto hay fallas por todos los lados. Pienso que muchas de las qualias son puro pensamiento mágico. Una de ellas, sobre la que he hablado en otros momentos, es el proceso por el cual el cerebro en background, cuando es llevado allí donde ya no conoce, “inventa”, entra en otro estado contrario a la razón. La sorpresa conceptual, aquello que vemos hacer a los magos y que nos arranca una risa de estupefacción por imposible, es ese estado al que se llega fuera de la razón, en el núcleo del pensamiento mágico. El propio Kubrick lo resumió en la siguiente frase: “Hay algo en la personalidad humana que se resiente a las cosas claras, e inversamente, algo que atrae a los rompecabezas, a los enigmas y a las alegorías”. De nuevo aquí vemos que el prefrontal no es razón “pura”, como ya viéramos en otro ejemplo del escrito anterior, pues en ciertos estados se “alía” con el pensamiento mágico. En el día a día no “debemos” de ser razón, el prefrontal, en su ciclado de revisar lo que vive, se “empapa” de la realidad mágica de las qualias, sin enjuiciarlas. ¡Pobre de aquel que lo haga, pues se le tachará de cínico y separado de lo humano!, se le pondrá bajo sospecha por el hecho de que las personas se sentirán desalmadas bajos sus miradas.

   Otra pega evidente de todas estas premisas es que es clasista y etnocentrista en muchos casos. Siempre se ha hecho una diferenciación de los salvaje y lo “civilizado”, como si los primeros no tuvieran capacidades para las qualias y sólo fuera propio de los “civilizados” y ciertas clases (recordemos que para el “blanco”, el negro no era humano, sino un animal: “cómo Dios puede crear algo del color negro como humano”, racionalizaban y aún hoy algunos lo hacen). Todo este lenguaje, claro por lo políticamente correcto, ya no está en los diálogos que se mantienen sobre todos estos temas, dando por sentado que qualias es indiferente a la cultura y a las razas. Nada más lejos, la cantidad y la “calidad” de las qualias viene dado por la cultura, pues según mi punto de vista, lo que subyace bajo todo esto, es la capacidad del cerebro hacia el multisigno. Esto es, la capacidad de añadir capas de abstracción a cierto objeto en el mundo. Hace poco, en una serie, “desviados”, añadí algo más al concepto de quijotesco, (qualia, algunos teóricos dicen que qualia y concepto son equiparables), con la frase: “¡Alcanzar la normalidad es quijotesco!”, por la contraposición y la lucha interna entre normalidad y quijotesco. Puesto que las culturas occidentales han añadido tantas capas significativas a cualquier objeto, al final toda esa suma es la que da o no cierta “inmensidad” e inconmensurabilidad a cualquier significante como para llamarlo qualia. Ahí tenemos como ejemplo el arte moderno. Por lo común Pan no lo concibe como arte, y en muchos casos ni le da ninguna dimensión estética, lo “desalma” de todo significado, no le crea qualia, no lo ve como “cocinado”, sino sólo como formas inconexas y “crudas” (independientemente de que cada color o forma tenga “su” qualia). Sin cierta educación, clasista, no es posible crear qualia del arte moderno. Puede quien diga que no he entendido lo que es qualia, es que tampoco tiene una definición precisa, no está bien delimitado. Hay defensores que dicen unas cosas, mientras otras se las niegan, remito al siguiente escrito donde se analizan todas estas contradicciones e imposibilidades de llegar a unos puntos en común. Se ha vuelto un concepto imposible de delimitar, sobre todo si uno de sus principios es que por su propia naturaleza no se tendría porqué explicar, puesto que lo haría cuantificable, determinado. Las abstracciones a las que las redujo Daniel Dennett no son suficientes:

  1. inefables; esto es, no pueden ser comunicados o aprendidos por otros medios diferentes a la experiencia directa.
  2. intrínsecos; esto es, son propiedades no relacionales, que no cambian dependiendo de la relación de la experiencia con otras cosas.
  3. privados; esto es, todas las comparaciones interpersonales de los qualia son sistemáticamente imposibles.
  4. directamente o inmediatamente aprehensibles en la conciencia esto es, la experiencia de un quale es saber que uno experimenta un quale, y saber todo ello es saber acerca del quale.

   Son confusos y poco claros los puntos dos y cuatro. Ya que el saber popular “cree” saber que la experiencia del color es universal, y que por lo demás (punto tres) es comunicable. ¡Claro que es distinto lo que cree a lo que es!, en todo mis escritos siempre he hablado de la imposibilidad de la comunicación y del poder compartir las experiencias mentales, ya que estamos “encerrados” en habitáculos conceptuales individualizados. El concepto de intrínseco y que no cambia con respecto a otras cosas, también es confuso, sino piénsese en los traumas por cosas comunes como el rojo, como nos muestra la película de Bruce Willis “el color de la noche“, en donde al ver un suicidio le cambió la forma de ver (quale) el rojo, por la sangre. El concepto cuatro hace referencia a la propiedad de la conciencia como ser que sabe saber, pero bajo mi punto de vista un quale (singular) ha de nacer aún más profundo en el cerebro que este módulo “moderno” al que llamamos conciencia, pues en definitiva, bajo mi punto de vista, siempre están supeditados a partir de propiedades físicas. Si dos personas no sienten el mismo frío, primero viene dado por ciertas disposiciones del cuerpo para tener o no tener resistencia al frío. O en el ejemplo que he puesto en otro escrito, un cambio en el ADN del oso panda hizo que ya no tuviera gusto, quale, por la carne y el pescado.

   Los defensores de las qualias dicen que no tienen que ver con la apreciación emocional (otros sí), no entiendo de qué otra forma puede ser neural, si no tiene un correlato emocional, puesto que el cerebro humano es puramente emocional. Si se habla en su sentido más abstracto caemos inevitablemente en el idealismo platónico. Pues retorciendo aún más las cosas el “lenguaje” de los quale hace una distinción entre el lenguaje intencional y el proposicional o actitud proposicional, las distinciones emocionales son actitudes proposicionales (en frases como: “S cree que su helado es frío”, y “S teme que su helado es frío”), mientras que los quale son intencionales (intención en el sentido fenomenológico, “ser conciencia de”, no en su sentido común; de nuevo no todos están de acuerdo sobre estos puntos). ¿No huele todo esto a chamusquina? Los filósofos hacen distinciones que de no ser aceptadas no se pueden comprender. Se parece mucho a una fe, si crees en Dios se tiene un lenguaje, que les “habla” de todas sus extensiones y propiedades en sus cerebros, y si no crees, todo su lenguaje se viene abajo y carece de sentido. O lo tomas o lo dejas, no hay medias tintas. El propio Daniel Dennet en “la mente explicada”, nos habla de sus sospechas: “…el asunto filosófico de los qualia, (es) un tormentoso lío de experimentos mentales, jergas, juegos de palabras, alusiones a presuntas refutaciones, resultados «recibidos» que deberían ser devueltos al remitente y toda una serie de vías muertas y circunloquios cada vez más barrocos y extravagantes.”

   Las cosas son más sencillas. Somos un todo que no es coherente y homogéneo. La conciencia es aquella que está mediada por las reglas de la convivencia, pues es un factor más a revisar, que es su naturaleza, y en esa medida es máscara, pero el cerebro en background no tiene por qué estar de acuerdo con esa máscara (sobre todo hoy en día donde la mente posmoderna nos hace cuestionar todo relato e institución como ilegítimos). Las propiedades llamadas qualia no están más cerca o más lejos de la conciencia, si acaso lejos, ya que tienen que ver más con el pensamiento mágico, pues es este el que le da ciertas estructuras que no son definibles a toda vivencia humana. No podemos dividir el cerebro entre conciencia y no cognoscente, pues la conciencia no es tan conocimiento, y no es tan razón como se pudiera pensar. La división de conciencia y no conciencia, y todos los problemas implicados, es una división creada “artificialmente” a partir de la muerte del tabú y la entrada en juego de las leyes y las convivencia en las grandes ciudades, y por lo tanto es sobre todo etnocentrista. Un humano cazador-recolector, en base de unas reglas sencillas de tabús, no crea tal dualidad (no son máscara en la medida que todo su cerebro, tanto prefrontal como en background, son tabú y fe o confianza en ellos), sin distinciones complejas como las que nos dan los filósofos. Una teoría sobre el ser humano tiene que ser válida tanto para un niño salvaje, como para una tribu de cazadores recolectores, o si se prefiere para el humano antes del neolítico, así como para la sociedad actual. En muchos casos las explicaciones, teorías y paradigmas actuales sólo parten de explicar la humanidad a partir de lo que es desde el neolítico.

   Así, en ese estado, de reducir las cosas a sus mínimos, muchos animales tienen conciencia y tienen seguramente qualia; en algún nivel igualmente “eligen” (1), siempre teniendo en cuenta el concepto de seudo-libertad, que he descrito arriba. Yo veo libertad, tal como la entendemos en los humanos, en muchos animales. Ahí tenemos como ejemplo el documental “la llegada del lobo negro“.(2) En un momento dado, al final de su gloria de llegar a macho alfa, viendo que sus fuerzas por su edad flaquean, de repente se aleja de la manada. Al parecer es un comportamiento típico entre ellos, alejarse y quedarse solo para morir. ¿No nos recuerda esto a lo que hacían ciertas tribus humanas?, ¿y no nos recuerda ese alejarse de la manada en su punto culminante de victorias, al suicidio en la serie “Morir de pie“, donde un cómico al creer haber llegado a su mejor logro decide morir? Qualia, piedra angular de la filosofía de la mente, se me presenta vacía, en tanto que no explica nada, y sólo se enreda  en el lenguaje conceptual, sin llegar a casi ningún punto en común. Si cada persona es un todo inconmensurable e incomunicable eso se “debe” al principio del gen egoísta, que crea un cerebro cuya pegajosidad neural le valida como único, y atrae todo el mundo o realidad hacia sí mismo y esta validez o pegajosidad. Me parece mejor concepto dar alma a las cosas, enredarlas y conexionarlas a nivel puramente individual. En primer lugar por la unicidad de su ADN, y segundo de sus vivencias. A esa postre hace falta el verbo almar, cada persona alma el mundo desde sí mismo, desde su pegajosidad concreta y particular. Almar el mundo se hace a partir de un cerebro puramente emocional y en cuyo núcleo siempre está el pensamiento mágico y todos los sesgos humanos. Libra a un cerebro de esa capacidad y se vuelve nihilista, cínico… desalma el mundo. Le “roba” todo su sentido mágico. Hacer el amor es hacer el acto sexual a la mente de un otro, almado. Cocinado, por sus capacidades de almar el mundo a la vez. Follar es hacer el acto sexual a un cuerpo, desalmarlo, objetarlo. Cuando dejamos de amar ya no vemos al otro almado, lo vemos crudo, puros datos predecibles, rutinarios, pues han perdido su magia. Damos alma a las cosas y de repente ese alma se pierde. El concepto de qualia falla, si algo no puede dejar de serlo, si el cerebro en algunos estados no entra dentro de esa capacidad de perder qualias. Pues no se puede reducir las qualias a aquellos “datos” procesados meramente por los sentidos, sino a todo proceso mental que toma algo externo y lo conexiona dentro de un todo dentro de sí. Un 5 es dato, no es qualia, pero bajo ciertas tipografías y según como se diga o se escriba o dibuje, es qualia, objeto almado. La felicidad, así, consiste en primer lugar en estar enamorado de sí mismo. No es narcisismo, es por el hecho de darnos alma y no vernos como puros datos crudos. Al igual que con el resto de las personas, podemos desenamorarnos de nosotros mismos. Nos desalmamos, dejamos de vernos cocinados, para vernos como datos crudos a controlar, medir, cuantificar y cambiar. Odiamos el estado actual del mundo, porque nos cuantifican, nos enumeran, nos desalman. Por dentro no importa, las qualias carecen de importancia. Las tribus nunca pierden el alma, y su capacidad de almar al mundo y a los de su tribu y cultura. Una familia unida igual. La postmodernidad ha perdido o ha dejado de creer en almar el mundo como base de la condición humana, pues en el lenguaje emergente de las ciencias se evita toda conexionabilidad de las palabras como metáforas o poesía de la realidad. Ven y analizan el mundo crudo, no cocinado. Delimitan toda palabra y concepto para que sea unívoco y denso, que no fluctúe y navegue dentro del pensamiento mágico, sino sólo dentro de la razón.

   Queda por delimitar si será posible las qualias en los sistemas electrónicos, en la IA. Se supone que dos aires acondicionados, con un chip programado, siempre funcionarán igual. ¿Cómo dos robot’s a los que se les implemente IA crearían qualias si una de sus premisas es que son incomunicables y no se dan igual en otro cerebro?, en este caso electrónico. Por otro lado está el escoyo de la conciencia. No basta que un ordenador te de datos, sepa, tiene que saber que sabe. Saberse distinto de ese hacer  concreto de un acto computacional. Todo se andará. Bajo mi punto de vista las ciencias computacionales, en su hacer, irán solventando las distintas cuestiones. “El movimiento se demuestra andando”, que dice el refrán popular. En cualquier caso una IA tiene que tener un sistema de recompensa y dolor, como para que pueda tener la capacidad de “emocionar” todo dato. Otra cuestión es si dos cerebros con IA querrían “crear” o tener qualias, pues eso les impediría comunicarse plenamente. También si le interesaría volver tan abstracto un concepto como para que al final fuera inservible, como ocurre al almar, al crear el cerebro qualias (hay mucho pesimismo y realismo depresivo en el concepto de qualia, si se entiende bien). Pero también hay que ver la inevitabilidad en todo este proceso. Si dos IA están creadas de formas distintas y se les inculca a una la cultura occidental y a otra la oriental… ¿se podrían poner de acuerdo?, ¿no habrían creado qualias en el proceso?


 

(1) Esto queda explicado en esta larga sentencia de Sartre: “con todo, la condición necesaria y suficiente para que una conciencia cognoscente sea conocimiento de su objeto es que sea conciencia de sí misma como siendo ese conocimiento (apunte personal: me parce una tautología). Es una condición necesaria: si mi conciencia no fuera conciencia de ser conciencia de mesa, sería conciencia de esa mesa sin tener conciencia de serlo, o, si se prefiere, una conciencia ignorante de sí misma, una conciencia inconsciente, lo que es absurdo”, bajo este prisma la mayoría de los cerebros de los mamíferos tiene conciencia, tienen qualia y tiene (seudo-)libertad; es más en super-organismos como las termitas las hormigas y las abejas, esa propiedad no está individualizada, sino que en tanto que es ese todo como si fuera unidad. Otro párrafo importante en Sartre es: “¿no será que no hay que introducir la ley del par (cognoscente-conocido) en la conciencia? La conciencia de sí no es dualidad. Tiene que ser, si hemos de evitar la regresión al infinito, relación inmediata y no cognitiva de ella consigo misma (…) toda conciencia posicional de objeto es a la vez conciencia no posicional de sí misma”, esto es: la evolución accidentalmente creó un yo o identidad frente al mundo objetado por un sistema nervioso, que ponía a todo conocimiento como algo que ese yo “sostenía” en su mente o sistema nervioso, puesto que ser de otra forma, de ser sólo un cognoscente en vacío, caería en saber que se sabe, que sabe sabiendo que se sabe…, y así sin final, recursividad al infinito. El yo era como el “tope”  en las vías muertas. No remitía a un más allá. Se remitía a sí mismo como cognoscente, como (seudo-)agente.
(2) Para ser honesto hay dos documentales similares sobre “lobo negro”, en uno de ellos dice que salió a patrullar y no volvió, muriendo, quizás, en una reyerta contra otra manda. La versión vinculada, sobre otro lobo, es más abierta y de donde saqué la conclusión escrita aquí. Aunque quizás el cerebro, “envolvió” en un relato más “romántico”, dicha partida, tal como la describo. ¡Uno no puede escapar de la pegajosidad neural!

Enlacen leídos y referentes al tema:

https://en.wikipedia.org/wiki/Global_Workspace_Theory
https://en.wikipedia.org/wiki/Cognitive_model
https://en.wikipedia.org/wiki/Cognitive_map
https://en.wikipedia.org/wiki/Artificial_consciousness
https://en.wikipedia.org/wiki/Neural_correlates_of_consciousness
https://en.wikipedia.org/wiki/Qualia
https://es.wikipedia.org/wiki/Qualia
https://en.wikipedia.org/wiki/Propositional_attitude
https://es.wikipedia.org/wiki/Filosofía_de_la_mente
https://en.wikipedia.org/wiki/Philosophical_zombie
https://en.wikipedia.org/wiki/Subjective_character_of_experience
https://en.wikipedia.org/wiki/Inverted_spectrum
https://en.wikipedia.org/wiki/Explanatory_gap
https://en.wikipedia.org/wiki/Hard_problem_of_consciousness
https://en.wikipedia.org/wiki/Knowledge_argument
https://en.wikipedia.org/wiki/Intuition_pump
https://en.wikipedia.org/wiki/Common_Lisp
https://en.wikipedia.org/wiki/Hygienic_macro
https://en.wikipedia.org/wiki/Cognitive_architecture
https://en.wikipedia.org/wiki/Recurrent_neural_network
Piaget – The A Not B Error (Sensorimotor Stage)
https://en.wikipedia.org/wiki/Embodied_cognition
https://en.wikipedia.org/wiki/Situated
https://en.wikipedia.org/wiki/Computational-representational_understanding_of_mind
http://cogsci.uwaterloo.ca/courses/Phil256/glossary.html
https://en.wikipedia.org/wiki/Bridge_locus
https://en.wikipedia.org/wiki/Operationalization
https://en.wikipedia.org/wiki/Multiple_drafts_model
https://en.wikipedia.org/wiki/Memory-prediction_framework
https://en.wikipedia.org/wiki/Modal_logic
https://en.wikipedia.org/wiki/Hopfield_network
https://en.wikipedia.org/wiki/Intentionality
https://plato.stanford.edu/entries/intentionality/
https://plato.stanford.edu/entries/qualia/

 

Lo que Es y lo que (a)Parece XXV – Un Porqué del Dolor del Mundo

   Resulta que tenía ahí porqués, uniendo distintos conceptos, pero no los había sabido ver. Lo que ha terminado de darme la explicación es la noticia de que la introspección genera malestar por lo general, pues sin ese dato sólo contaba con mi propia experiencia, que quizás no sea la más adecuada para sacar conclusiones o generalidades.

   ¡Es simplemente porque la “naturaleza” del prefrontal es la de revisar!, el tener como núcleo la capacidad de comportarse como un control de errores. Fijaros en la tontería. La religión, sobre todo la judeo-cristiana (puede que sea general, de todas las religiones del mundo, sin ser su fundamento) se basa en el sentimiento de culpa. La cosa funciona así. Te dicen que eres “culpable” de algo, haces uso del prefrontal o conciencia y te das cuenta que esta tiene una carga negativa, que no puedes explicar, pero que te genera una mala sensación. ¿Resultado?, que tiene que ser cierto que eres culpable de algo. A esa culpa en vació, sin que parezca que haya un algo concreto de la propia experiencia individual, se le llamó en el legado judeo-cristiano “pecado original“. Veamos el porqué de esto.

   Remito a distintos de mis escritos, que explican más detalladamente todo el proceso, por no repetirme demasiado. Aquí sólo resumiré todos los conceptos a unir. El cerebro son capas de abstracción, de complejidad en los análisis. Un animal no muy complejo tiene un sistema nervioso sensitivo y otro motor. A tal sensación le sigue una reacción motora. Así se inició el periplo de crear órganos sensores. En un principio los animales sólo “necesitaban” saber si estaban cerca del calor o la luminosidad del sol, cerca de la superficie del agua. Se tenían unos sensores de la luminiscencia, y se activaba al sistema motor para dirigir al animal allí. En un desarrollo lento, pero progresivo al final se llegó a los ojos. Son mecanismos de acción reacción. De estimulación (sistema nervioso sensor) y de reacción (sistema nervioso motor). Como apunté en el escrito anterior, un nivel de complejidad fue la de que hubiera células nerviosas de puente entre estos dos sistemas, para no tener una sola respuesta, si no varias posibles dependiendo de la situación. Son las interneuronas. Al final este sistema que todavía no era central, “obligo” a crearlo, hasta llegar a lo que hoy conocemos como cerebro. Un nivel de abstracción, en animales muy complejos, fue la capacidad de “insertar” en el sistema un control de errores. Las interneuronas dan varias vías de activación como para crear varias acciones distintas, pero sigue siendo un sistema “mecánico”, algo como lo que ocurre con un termostato de un aire acondicionado. Si X temperatura fría, entonces activar calor; si X temperatura caliente, activar frío. Hoy sabemos que es muy distinto la temperatura con respecto a la “sensación térmica”, darse cuenta que este concepto es bastante nuevo, al humano le cuesta llegar a cosas tan simples como esta. La sensación térmica tiene que ver con más cosas que con la temperatura, como el movimiento del aire, y la humedad. Un aire acondicionado moderno tiene implementados estos sensores: se le han añadido capas de abstracción, primero analizan la temperatura, y en un segundo proceso analizan la humedad. Pero sigue siendo un sistema mecánico, su algoritmo no es muy complejo.

   En esa necesidad de ir creando complejidad, abstracción del análisis de los problemas, se creó un sistema de detención de errores: ese es el papel del prefrontal por defecto. Es a esa capacidad de tener una perspectiva general de un problema a lo que se puede reducir a eso que llamamos conciencia. Se ha creado en el proceso una especularidad, un espacio en el cerebro que no es el problema, sino que lo “ve”, en el que se crea una doblez, en tanto que no está imbuido en los entresijos del problema, sino que sólo lo contiene. En esa medida la conciencia sólo es “conciencia de”, conciencia de un dolor, conciencia de una emoción propia, conciencia de tener que focalizar la atención a esto y no a aquello. Y fue así, en la medida que había sido creada para dar un último “visto bueno” a una “elección”. En el escrito anterior ya he dicho que el cerebro sopesa un problema y es un tipo de consenso, donde distintas partes del cerebro que evalúan, entran en juego, dando como “solución” aquella que tiene una mayor activación (puntuación, mayor consenso), que viene dado por que ha “funcionado” otras veces, y eso ha creado un mayor o más profundo cauce a unas neuronas y sus conexiones. Este sistema sigue siendo, si se quiere, bastante mecánico, ya que depende de vivencias y acciones que han funcionado en el pasado o por lo menos que se han evaluado como posibles y “buenas” u óptimas. Un sistema de control es una mejor apuesta en la medida que reevalúa si es una buena elección, con ciertos parámetros más lógicos y con menos tendencia a los sesgos. El prefrontal tiene un tipo de neuronas, en huso, que son muy rápidas, lo que hace que su análisis o dar el visto bueno, se suela hacer sin alterar la velocidad. La corteza cerebral, donde se encuentran las interneuronas y sus conexiones a otras neuronas locales, están diseñadas por capas. Son como puertas lógicas, en las primeras capas, se supone, han de estar la lógica primaria (Y) y (O), si llueve (Y) voy a salir, entonces llevo el paraguas, (O) no salgo. En subsiguientes capas la lógica se ha de volver más compleja, incluyendo la negación, y otras conectivas lógicas. Cuando nos cuesta centrarnos en un problema complejo, tenemos que “obligar” a usar más cantidad de capas, lo cual genera un mayor gasto energético, con lo cual tendemos a ofuscarnos, ponernos nerviosos y nos es más fácil perder el hilo. Tira, la siempre perenne ley del mínimo esfuerzo, hacia atrás, creando malestar. La concentración está “castigada” en el cerebro, es una constante, se compensa con la motivación, por eso no nos gustan las tareas arduas que nos piden en clase o en los trabajos, pero es fácil que sí usemos esa profundidad en ciertos juegos y entretenimientos. Si nos damos cuenta todo este sistema del cerebro se puede parecer al de una fábrica o una oficina. El prefrontal o conciencia es el director general, el cual firma o da el visto bueno a los proyectos. La diferencia es que la conciencia no firma nada. Deniega, si no deniega es como dar el visto bueno: la acción sigue adelante. Por eso su comportamiento es más parecido a un control de errores.

   Este sistema lo tiene una gran mayoría de animales complejos, o se supone. La diferencia del ser humano, con respecto al resto, es que con la entrada en juego de un sistema complejo de lenguaje, todo este proceso cambió. Con el lenguaje podemos imaginar que hablamos, y a esa función es a lo que llamamos pensar o tomar conciencia. Ahí está lo que se me colaba, de lo que no me había percatado. Qué hace un sistema de control de errores si se analiza a sí mismo: sigue funcionando como lo que es, como sistema de detector de errores. Espejo delante de un espejo, es incapaz de no ser otra cosas que lo que es: un detector de errores, con lo cual cuando se hace una introspección, cuando uno se pone a pensar en sus cosas, en su vida… en sí mismo, en definitiva, se “concentra” o se percata más de todo aquello que está mal, pues no puede escapar de que para eso está hecho: para revisar los posibles errores, para detectar lo que está mal. De esa forma entra en bucle, o es reflejo reflejado sobre sí. Si analizo mi pasado, ese día en concreto, o una reunión, festejo o encuentro, va pasando escena por escena, momento por momento, y se detiene allí donde se ha fallado, donde algo se hizo mal o hay una sensación de algo que no termina de encajar. !Es simplemente porque es su naturaleza! Percibe el “error” y no lo deja pasar, se detiene en él, devuelve el proceso como “no válido” al cerebro en background, este se pone a dar “soluciones” o “salidas”, pero el pasado pasado está, no hay cambios. El cerebro da posibles otras salidas que podían haber sido, que quizás hubieran sido más válidas; las envía al prefrontal, pero este no puede hacer ningún cambio, sino sólo generar o concentrarse en él, como ya dado, irresoluto, generando estrés al sistema y ansiedad. Activando en el cerebro nociceptores (receptores del dolor). El típico entumecimiento y dolor psíquico y mental, que puede llegar a ser más intenso que un dolor físico, ya que a diferencia del dolor físico, este no está sostenido por ninguna otra cosa que esa entrada en bucle del prefrontal, uno mismo, del que no se tiene salida, a no ser el dejar de pensar en ello. En otro lado puse de ejemplo la película “Algo en común” (Garden State, 2004). Toda la entrada en ciclo cerrado, trauma, del protagonista había sido por algo tan accidental como una puerta del lavavajillas que cerraba mal, y en la cual tropezó la madre, resultado por el cual se quedó paralítica.

   Aquí voy a echar mano de otro concepto que he usado una y otra vez. La “ley del esfuerzo transformado“, esto es, cuanto más nos concentremos en escapar de algo, más energía estaremos poniendo en ese hecho, por lo cual es más fácil que se auto-cumpla. En el anterior escrito, al final, me percaté que viene a ser por ese mecanismo que explicaba de la forma de trabajar del cerebro: el cebado. Un típico ejemplo que siempre pongo, para que se entienda, es el efecto de ver una piedra en el camino, cuando estoy aprendiendo a montar en bicicleta, y que por más esfuerzo que haga para evitar la piedra, al final me la “trago”. Tiene sentido bajo el concepto de cebado, o sea la ley del esfuerzo transformado no es un concepto vago y abstracto que no obedezca a una forma de operar del cerebro. Cuando veo la piedra, el cerebro baraja la posibilidad de tropezar con ella, o sea activa las neuronas motoras implicadas en ese proceso. Aquí ahora entra en juego el prefrontal, este se percata y “niega” esa activación: activa inhibidores de potenciación, pero el sistema motor tiene prefijado ya un cebado de ciertas neuronas, con lo que parece que todos los músculos se moviesen para ir hacia la piedra. De nuevo vuelve la acción al prefrontal, y este se centra en esa imagen de la bicicleta chocando, con lo cual más que desactivar, hace que se mantenga el cebado, ahora también porque el prefrontal sirve de espejo a la acción. Al final se termina por chocar con la piedra. De igual forma, cuando hacemos introspección, se entra en el mismo ciclo, se sigue la misma regla, se cumple la ley del esfuerzo trasformado: cuanto más “lucho” por quitar esa mala sensación, más neuronas se activan y más se crea el cebado de las neuronas implicadas. En su fatiga de reactivación generan y activan la noradrenalina, que es un sistema de alarma, con lo cual se entra en esa sensación de estado ansioso, agrandado con la impotencia de no poder salir de él. Si parece extraño y que sea algo que me “saco del sombrero”, piénsese sino en lo que le ocurre a un tartamudo: es el prefrontal ciclado en un proceso para evitar la ley del esfuerzo transformado (de cebado cerebral), y no haciendo otra cosa que potenciarlo. Esta es la base de la timidez, igualmente el prefrontal en su caída irremediable en la ley del esfuerzo transformado. Todo este sistema funciona por retroalimentación, base del prefrontal (pensamiento que se piensa o que se sabe pensado, conciencia de sí, espejo delante de un espejo), si me ruborizo y/o tiemblo, me percato, tomo conciencia de estos procesos físicos, el prefrontal detecta un error, del que no tiene control y entra en ciclo, retroalimentando las neuronas implicadas, cebadas o activadas. Por lo general no se frenan: se potencian.

   Para terminar de completar el panorama hemos de tener en cuenta dos factores más: la “pregunta abierta” (1) y el estado de “insinosis“. Ambos conceptos personales, no buscarlos en internet. “Pregunta abierta” se refiere a la cuestión de que el cerebro se centra en los problemas no solucionados. Se quedan enquistados en el cerebro, como preguntas a las que no se han respondido. Es como pedir a tu pareja que si se quiere casar contigo, y esta no te responde: estarás pendiente de la respuesta día y noche. Todo aquello que se ha quedado como “pregunta abierta”, queda como tema pendiente en el cerebro. Los sueños son posibles contestaciones a un nivel simbólico. Pero no por ello te dan “soluciones”, sólo son posibilidades barajadas. Bajo este aspecto es por lo que se dice que el cerebro siempre está haciendo “simulaciones” de la realidad, es una máquina de predictiva. Con insinosis me refiero a esas veces que el prefrontal ha detectado algo mal, en una acción del día a día (en su constante revisar y supervisar todo), pero que dado que la vida requiere ir a su ritmo, la dejamos sin haberla concluido, sin haberla cerrado, creando en el proceso una mala sensación de fondo. Insinosis es un estado de preguntas abiertas, que en su condición de esperar una respuesta, nos generan una mala sensación, en muchos casos a sabiendas de que no se podrán responder o resolver. ¿Me centro en lo negativo?, es que el cerebro trabaja así. No hay una “voz de alarma” en el cuerpo cuando todo está bien. Hay “voces de alarma” para el dolor, para el hambre, para la sed, cuando te orinas o tienes necesidad de hacer aguas mayores, etc. Todo lo que esté mal genera un malestar, una pregunta abierta a nivel físico. Fijarse que no hay nada que hacer cuando algo te ha picado y crea una sensación permanente de ser rascado, no tiene solución, y aun así el picor persiste. Lo mismo con el dolor en muchos casos: ya sabes que se ha producido una rotura, por ejemplo de una pierna y que no puedes andar, el cuerpo se podría “ahorrar” el dolor constante, pero no lo hace. De igual forma el prefrontal como sistema de detención de errores, debería de poder obviar aquello que no puede cambiar, pero no lo hace. En cuanto uno se queda solo y hace un poco de introspección se “vuelcan” sobre el prefrontal todos las preguntas abiertas y los estados de insinosis, generando irremediablemente una mala sensación, simplemente por el hecho de que es un sistema de detención de errores delante de sí mismo, no devolviendo otra cosa que los propios errores una y otra vez.

   No quiero alargarme. Daros cuenta que, posiblemente, haya dado con algo clave y no por ello se ha producido una catarsis, y ni el deseo de hacerme de oro con algún posible libro de autoayuda. Saber de todos estos mecanismos no suele servir de nada, al igual que no sirve de nada conocer que te ha picado un mosquito y te ha inyectado un irritante cutáneo. El picor es el picor. La naturaleza del “picor” mental obedece a la misma facticidad, a la misma fatídica naturaleza. Como he dicho arriba, la tenemos todos y nunca se ha encontrado una “solución”. Como la tenemos todos nos encajaron ideas como la del pecado original. El rezo cristiano o los mantras funcionan, porque evitas pensar, evitas entrar en la introspección, evitas poner el espejo sobre el espejo, evitas que el prefrontal se ponga a sí mismo como revisador de errores ante un revisador de errores. Ciclo de sólo revisar y caer inevitablemente en las preguntas abiertas y los estados de insinosis. Ciclo de pensar y repensar una y mil veces lo mismo sin salida. La mayoría de las veces solo es un espejo delante de un espejo, de un detector de errores centrado en detectar errores: no hay salida posible si eso es pasado y no puede ser cambiado. El humano evita en la medida de lo posible la introspección, aunque en el proceso tenga que recurrir a las drogas, como lo hemos hecho durante toda su historia. Vivimos deprisa, tratamos de no estar solos, para evitar que el prefrontal no tenga otra cosa de que ocuparse, que no sea en las preguntas abiertas y los estados de insinosis. A veces es inevitable. Las religiones orientales siempre se centraron más en este problema, que en cualquier otro, como meta de encontrar la paz y la felicidad. Sus enseñanzas consisten en tener control en los propios pensamientos, en saberlos acallar, en no pensar y tener la capacidad de dejar la mente en blanco. La meditación como control de las entradas en ciclos cerrados del prefrontal. Hoy en día a esa salida oriental la llaman conciencia plena. Sea como fuere, yo no lucho contra nada de esto. Lo dejo estar. Fue un accidente de la evolución, y en mi caso me sirve para llegar a conclusiones como las del presente escrito. Hay que dejar rumiar al cerebro en su perdición, para que de vez en cuando te “regale” algún acierto. Mi sistema sólo consiste en tratar de controlar la insinosis. Si sabes que existe, la “aplacas”. Si en cada situación sabes captar que ahí ha habido una mala sensación, y no dejas que se “acumule”, como no siendo consciente de ella. La insinosis se “alimenta” de estados acumulados de los que ni siquiera has tomado consciencia, se alimenta de esa inconsciencia. Pero en ese proceso he creado un prefrontal supervigilante, que muy pocas veces vive el momento sin doblez, si mirarse mirando lo sentido, lo vivido. Ese es el estado de los preconcientes, su maldición.

(Hay unos paréntesis en donde hace falta un adjetivo que no “recupero” de mi cerebro… mi afasia nominal. Después de casi una semana “encontré” el concepto: máquina predictiva. Dejo este texto como ejemplo de cómo trabaja el cerebro, o por lo menos el mío.)


(1) Con cierto distingo, John Koenig ha llamado a este fenómeno “lachesism“. La aparente inevitabilidad de caer en el desastre, cuando estás ante él. También expresado bajo otro aspecto, de que lo que nos da miedo al estar ante un abismo no es a caer, sino a desear caer, a tirarnos; que quizás tenga que ver algo con la frase de Nietzsche de “cuando miras largo tiempo al abismo, el abismo también termina mirando dentro de ti”, o sea, “tropezamos” con esa naturaleza cíclica del prefrontal, que no sabe salir de los problemas y al final es él el que los causa. En una vuelta de tuerca a la frase del maestro nihilista, yo le digo al abismo: te miro para obligarte a que me mires.

 

Lo que Es y lo que (a)Parece XXIV – El Alma de Mundo

   Este escrito es una segunda parte de “lo que no es la conciencia“, ampliando ideas y profundizando.

   Uno de los conceptos más aceptados del modo de trabajar del cerebro es el de que es como una junta de accionistas o de empresa, donde se da una “votación” y donde “gana” la “elección” más votada. Este proceso ocurre en background. La analogía está bien,  pero tienes sus pegas o hay que entender este proceso. Una de las taras del lenguaje, y de nuestro cerebro, es el de conferir un agente a toda acción. Por ejemplo, cuando hablamos de evolución, pareciera que es un ente o agente que tiene unos propósitos y unas finalidades (los creyentes tienen la idea de que es parte del plan de Dios). Yo constantemente “banalizo” el cómo opera la evolución, para tratar de “desmontar” esa idea de agente, pero como casi con todo patrón que tiene el cerebro, no por conocer su entramado, este desaparece y deja de tener efecto. Ahí tenemos la pareidolia, la capacidad que tenemos de ver patrones de rostros en todo. No por saber de este patrón se “desbarata” dicho mecanismo. Persiste, se mantiene, a expensas de que haya insight (saber que se sabe).  Por cierto, los reconocedores de caras de las máquinas, de la inteligencia artificial, caen en el mismo efecto de la pareidolia, ya que “creen” ver el rostro de los chihuahua, en esas galletas y magdalenas que tienen trozos de chocolate.

   Una mejor analogía que explique la forma de trabajar del cerebro, sería la de la cuenca de los ríos. Esta forma al río, puesto que “gana” a otras posibles cuencas que podrían ser el río. En otro ejemplo y otro fluir: la sangre fluye en mayor cantidad por las arterias más anchas, en algunas que son estrechas y confluyen a unas mayores, se producen ciertos “atascos” o frenos, cuando varias de estas arterias menores coinciden en un mismo lugar. Otro caso son los atascos de tráfico, si hay varias señales de stop, en varias carreteras que entran en la ciudad, en la segunda carretera se producirá un mayor atasco, puesto que todo posible hueco lo aprovecharan los de la primera carretera con un stop. En el cerebro se da el mismo proceso: hay equivalentes a cuencas o autovías, carreteras secundarias que confluyen a una principal, y que son meras carreteras o arterias secundarias. Como lo que suele primar en la vida es la acción rápida, aquella acción que va por la autovía, la cuenca o la arteria principal, va a ser la que sea la acción a seguir. En este caso, los sesgos y los memes son esas cuencas, arterias o autovías, que suelen llevar la delantera para llegar a ser la acción final.

   Pongamos un caso sencillo. Las muletillas. Funcionan en tanto que obedecen a sesgos y en cuanto obedecen a memes. Antes que nada, reducir por comodidad al meme como una “verdad” aceptada de forma mayoritaria, y que por lo tanto cae en el sesgo o patrón de encajar, de conformidad con el grupo. Hay muletillas sociales, el “vale” castellano como muletilla o abreviación de “estoy de acuerdo o/y está bien” (el ok internacional), y muletillas individuales. La segundas las hay de dos formas, aquellas que son propias de la persona, casi como una señal de identidad y la que se dan sin querer en una conversación o en un escrito. La mayoría de las conversaciones humanas no son nada loables. Se cae en muletillas o reiteraciones de forma constante y monótona. Los buenos guiones o libros tienen que verse libres de estas “decadencias” del lenguaje popular, lo cual en realidad no es “natural”. Sea como fuere. Lo que cuenta es que en el cerebro hay una función llamada de cebado. Aquí hay que hacer un paréntesis. Somos una especie de aprendizaje cultural, de aprender de nuestros padres y mayores. A tal propósito “se crearon” las neuronas espejo, aquellas que hacen que uno haga mentalmente el mismo proceso que el otro, que lo que ve. Eso quiere decir que se activan las mismas neuronas motoras que aquellas que se activan en la persona a la que miramos (1). El caso más típico es el echarnos para atrás en las películas de miedo, pues es lo que esperamos que haga el protagonista (quería haber puesto el/la protagonista, a veces lo hago, para no caer en sexismos, pero es incómodo escribir y leer con tanta interrupciones: que lo comprendan las féminas, es otra “cuenca” mental y social). A la larga, y durante la evolución, al final el cerebro “optó”  por trabajar de esta forma por defecto. Cuando quiere hacer algo, antes ha activado esas mismas neuronas, con lo que ese “trayecto” o “cuenca” neuronal es el que más fácilmente será la acción por venir. Tiene además un segundo efecto secundario: puesto que esa vía está activa, es a la que se recurre de nuevo si se da el caso. Por eso se da la reiteración en el habla y la escritura. En la escritura se puede corregir, pero no así en el habla, a no ser que el otro nos lo haga ver, cosa que no se suele hacer, por no parecer “borde”.

   El cebado es el proceso por el cual un buen jugador de tenis al final lo llega a ser. El cerebro está constantemente recurriendo a cebados, de tal forma que todo el proceso de posicionarse para esperar la pelota, ir hasta ella, colocarse y golpearla, han sido previamente “ensayados” por las neuronas implicadas, de tal manera que al final la acción fluye como muy natural y rápida. En todos estos procesos del tenista, y en otros tipos de procesos humanos, el prefrontal o conciencia tiene que estar lo menos presente posible. Este mecanismo, y este restar la acción del prefrontal o conciencia, es base de una gran mayoría de enseñanzas orientales, no así de las occidentales. Para las enseñanzas orientales no hay que tratar de que una flecha dé en el blanco, hay que imaginar a la flecha dando en el blanco (taoísmo o ciertas frases de Bruce Lee, cogidas de estas enseñanzas). Se supone que de esa forma se crea el cebado, o activación de las neuronas implicadas, para llevar a cabo tal propósito.

   Si todo en el cerebro son cuencas, vías o arterias que fluyen, cuáles son y hacia dónde fluyen. Cerebro y memoria son una y la misma cosa. Todo en el cerebro es memoria. Vías activadas, frente a otras posibles vías que rompieron sus enlaces. Hay que recordar que el inicio temporal-evolutivo de las terminaciones nerviosas vienen dadas por dos funciones básicas: la motora y la sensora, de salida y de entrada. Un instinto o acto reflejo es aquel que recurre a este circuito simple: se da una reacción sensora y se activa un mecanismo motor. Como el que ocurre cuando se nos da un golpe a la rodilla, en el típico recurso cinematográfico de visitar al médico, que en muchos casos no viene a cuento. Este mecanismo sencillo y efectivo no es muy eficaz, y acorde a ciertas situaciones. En ese proceso entraron las interneuronas (neuronas entremedias), que son a lo que se puede llamar memoria, y que interconectan sensoras y motoras, para crear reglas para su activación. Estas son las que aprenden, que no es tal. Los primeros meses de los bebés son un buen ejemplo de cómo funciona este mecanismo. Esa aparente aleatoriedad, de su constante mover brazos y piernas, obedece a un instinto que lo que en realidad está haciendo es conectar neuronas sensoras con neuronas motoras, a través de validar rutas o vías de conexiones de las interneuronas. Al nacer se hace con una gran cantidad de interneuronas, que “mueren” al “ganar” unas sobre otras. Cuando al niño se le ponen cosas llamativas delante (neuronas sensoras de los ojos, del oído en el caso que sea un sonajero, por ejemplo), el cerebro trata de alcanzar ese objeto con las manos (neuronas motoras), en ese momento las interneuronas “compiten” entre ellas a “acertar” cuál es la “ruta” de activación de todos los músculos y articulaciones que entran en juego: los del hombro, el antebrazo, la mano, y los dedos, todas esas posibles vías entran en juego, pero a la larga sólo una de ellas es el “camino correcto”, proceso por el cual esas neuronas y sus conexiones sobreviven frente a las otras que mueren. Lo mismo ocurre con el habla: el bebé oye palabras, y balbucea para tratar de imitarlo. Este proceso es más lento y largo, que el de los músculos y articulaciones, pues además entran en juego más partes del cerebro, y es más nuevo y menos “necesario”. Aquí vemos la importancia de la retroalimentación, el bebé aprende porque a la vez se escucha. En un niño sordo queda por lo tanto cerrada esta vía y no aprende. Hoy en día uno de los primeros análisis que se hace a un bebé es de si es sordo o no, pues cuanto antes se detecte antes se pondrán los medios para paliar esta deficiencia en la falta de la retroalimentación sensorial.

   Off topic: El bebé humano nace con posibilidades de ser un genio, por la potencialidad de esa gran cantidad de neuronas. Por ejemplo todos nacemos con oído absoluto, la capacidad de reconocer cuál es cada nota. Pero al final mueren, junto a todas sus potencialidades. Se ha descubierto que muchas de las dendritas de las neuronas, las terminaciones que crean conexiones entre ellas, tienen un tóxico, un veneno, degenerativo, para que estas no se “alarguen” a crear nuevas conexiones. Pero a la par de este descubrimiento se ha averiguado el porqué. En ratones a los que se les ha inhibido esta toxina, a la larga caen en la degeneración neuronal precoz, propio del mal de Alzheimer. O sea que es una “optimización” evolutiva, puesto que de vivir todas esa gran cantidad de neuronas y conexiones, sería negativo para la especie al llegar de forma prematura a la degeneración cerebral.

   Entonces tenemos que el cerebro es sobre todo esas interconexiones, que se han creado por retroalimentación, por prueba y error. Ojala que las cosas fuera así de sencillas. El cerebro, o las conexiones cerebrales, no siempre mueren o quedan anuladas una vez “probada” su ineficacia. Aquí hay una gradación: está claro que en cuanto a los movimientos del cuerpo, y cómo mantener el equilibrio por ejemplo, las neuronas crean unas conexiones que se vuelven como unas autovías: anchas y de un fluir rápido. Pero en los comportamientos complejos y sociales las cosas ya no son tan claras. Ciertos comportamientos son “válidos” en ciertos casos, frente a otros que no lo son. Todo es una gran zona gris, en ese espectro. No nos comportamos igual con los padres que con los amigos. No tenemos un mismo lenguaje con la madre o la hermana que con otras mujeres. En el ideario del lenguaje y la mentalidad machista, todas la mujeres son una putas, menos la madre y las hermanas.

   Bajo esta perspectiva, ¿qué módulos del cerebro “compiten”?, cual carreteras secundarias que llevan a una autovía, para llegar a ser acción. Uno de los módulos principales es el del análisis “moral” o de ser o no conveniente en lo social. Otro de ellos es el de la memoria autobiográfica, las propias vivencias. Puesto que el módulo “ético” está mayormente construido en y por lo social, nos solemos comportar de forma distinta cuando estamos solos que con gente, cuando estamos con gente conocida que con desconocidos. Aquí hay un distingo, que crea una vía o forma de conectarse de varios módulos. Alguien creyente coincidirá más en sus comportamiento social y en soledad, puesto que se sentirá siempre observado por Dios. Para este tipo de persona no existe la soledad como tal. Aquí vemos la importancia de este otro módulo, el de una presencia constante divina, pues “evita” esa duplicidad en la forma del comportamiento. Fijarse también que en todo este trama entra en juego la propia conciencia de sí, la duplicidad o coherencia. La conciencia de sí trata de crear unidad, una identidad de sí, una individualidad. Si se tienen dos comportamientos que pueden ser opuestos, el social y el individual, eso no crea coherencia, sino contradicción y por lo tanto falta de unidad y por lo tanto de identidad. Las personas que tienen un Dios “mirándolas” no crean esa duplicidad, de comportamientos en sociedad y en soledad, luego es “mejor” evolutivamente hablando, para crear coherencia de identidad y por lo tanto paz mental. Pero este módulo, es un artificio que ha creado el cerebro y la evolución para evitar ansiedad y por lo tanto malestar, y que por lo demás, si tengo que opinar, está en plena retirada. Cada vez se hereda menos, parece ser menos válido, por alguna cuestión moderna, como para que se valide en lo evolutivo.

   Donde mejor se ven las reglas o patrones del cerebro es en el habla. ¿Por qué “elegimos” un sustantivo, adjetivo o verbo frente a otros? En muchos casos tienen que ver ciertas reglas de la forma que tiene el cerebro de “indexar” las palabras en su memoria semántica. Aquí de nuevo hago un inciso. Las palabras también tienen su economía y sus estructuras. Cuando se pronuncia una sílaba, es más fácil ir a una posición “cercana” de los músculos implicados a otra que pueda ser opuesta a nivel de gesto muscular (por ejemplo: perorata, se “resbala” en la boca, frente a palabras nuevas como desoxirribonucleico). Ciertas palabras y en ciertas bocas, por la contracción repentina de los músculos, pueden hacer que uno se muerda los labios o la lengua. Por esta economía llegamos a lo melódico, a la suavidad de la sonoridad de la mayoría de las palabras (hay lenguajes que son excepción, como el alemán, ciertas lenguas sólo se comprenden en tanto que se mantienen, porque son la que dan una identidad por tradición). Algunos lingüistas han propuesto que nuestro lenguaje debió de nacer de algún tipo de comunicación cantada o más rítmica, y de ahí que nos sea más fácil memorizar refranes y canciones, que frases largas carentes de ese componente melódico. De hecho a los refranes se les trueca para que ganen en sonoridad y las reglas y estructuras del lenguaje, que para que obedezcan a las reglas gramaticales, como el de “si en marzo mayea, en mayo marcea”. Hace apenas unas décadas las reglas de multiplicar se enseñaban con una melodía detrás, se memorizaban mejor, pero el sistema tenía la pega de que se tenía que recurrir a ir al principio de la melodía, para llegar adónde se quería llegar. Los anuncios con tonadillas repetitivas y fáciles, son los que mejor recordamos. ¿Quién no tiene ahí, cierto anuncio que le viene a la cabeza una y otra vez, sin aparente sentido y como una maldición?

   Entre esas reglas de las palabras, y su economía, están las de la polisemia (mismas palabras para varios significados), y la homonimia (palabras que se escriben o se pronuncian igual o casi igual). En el lenguaje se sigue la misma regla del cebado o primado, ciertas palabras las “escogeremos” porque una anterior en la frase es similar fonéticamente o conceptualmente, con lo cual ya están activas ciertas neuronas implicadas y el coste energético es menor que el activar neuronas nuevas. Bajo esta regla de primado y mínimo esfuerzo, podemos unir fácilmente palanca con paladar, o contraseña con reseña. Estás reglas al final son las que mejor “funcionan” para crear canciones, poesías o un buen guion, pues en definitiva el escritor “conecta” con la forma que tiene el cerebro del lector de trabajar.

   Ya tengo todo los antecedentes, que me interesaban, explicados como para ir a lo que reza el título. Para partir desde el principio de lo que quiero decir, el alma del mundo es la capacidad o estructura que tiene el cerebro de coincidir consigo mismo al hacer o al pensar, de tal manera que se dé la “razón”  a sí mismo. Es que el cerebro funcione o se sintonice con sus propias capacidades estructurales, las cuales les vienen dadas por evolución. O dicho más en sintonía con su propio sentido: es la capacidad que tiene el cerebro de crear y creer que todo el universo tiene una estructura mágico-simbólica. La finalidad del cerebro no era la de buscar la verdad, sino la de encontrar unas estructuras en el mundo que saciasen y acallasen su ansiedad. Lo digo de distintas formas, para que de esta manera alguna de ellas conecte con alguna estructura de algún lector. En realidad mis tentativas de explicarlo pueden ser fallidas, pues no hablo con ese lenguaje simbólico que el cerebro espera, sino más bien tratando de encadenarlos a los parámetros de la razón, el prefrontal y la ciencia. Ese lenguaje “conector” está en frases como: “cuando deseas algo, todo el universo conspira para ayudarte a conseguirlo”, de Coelho.(2) Si se trata de explicar matas su significado, al igual que ocurriría con la gran mayoría de las canciones o las poesías. Lo que el cerebro “quiere” y “busca” es la paz interior, la no contradicción; escapa de las disonancias cognitivas, de los sentimientos encontrados e inarmónicos. Para ello huye de todo aquello que tenga “cuerpo” de caos, y crea armonías allí en donde en apariencia no las hay ni remotamente. En definitiva: huye de la ansiedad, pues en definitiva esta es tener activada la vía noradrenalérgica, que puede mantener activo el sistema nervioso simpático, y por ello el estado de alerta que es malo para la salud.

   Bajo mi punto de vista, y puesto que uno de los mecanismos centrales es el cebado, el cerebro busca “confirmar” sus propios puntos de vista. Hay que verlo como un juego evolutivo neural. Si un patrón, vía o cauce en el cerebro ha de tener éxito, ha de mantenerse, tiene que ser venciendo al resto. ¿Qué cauce vecino puede vencer al Gran cañón?, una vez creado, toda gota de agua terminará en sus cauces. Esa capacidad, en todo su conjunto, del cebado cerebral, de la carrera armamentista, en que consiste tratar de permanecer como vías principales unas conexiones neuronales, de ser la mejor opción para la acción en la vida, se pueden resumir bajo el concepto de pegajosidad neural. Ciertas vías neuronales luchan por tener razón, por ganar prioridad, por ser un cauce principal, de tal forma que están al acecho de todo aquello que capten del mundo que les dé la razón, que las valide. De nuevo no hay que ver aquí a un agente. Todo funciona por el cebado, si unas neuronas está previamente activadas, son las que tendrán más posibilidades de crear disparos neuronales sobre otras neuronas. Luego si están previamente activas, en el momento que capten algo en el mundo que las “mencione”, reactivarán su disparo neuronal, se mantendrá su cebado. Todo el cerebro “conspira” en ese juego, una gran multitud de sesgos se siguen de este principio. Como el efecto Forer, por el cual creemos que algo tan ambiguo como lo que dice un horóscopo está hablando precisamente de nosotros. Así uno y otros sesgos, como el de confirmación, el efecto ancla, la memoria asociativa, el sesgo de autoservicio y otros tantos. Todo el cerebro, en esa lucha cognitiva neural de vías, de tratar de auto confirmarse en el exterior, está ávida de aquellos estímulos que alimenten sus vías. De esta forma si a ese núcleo, del pensamiento mágico, se le une la pegajosidad neural, nos encontramos que el ser humano construye todo el universo desde su núcleo, desde su ego o ser único, desde su inmanencia, desde su pensamiento, su conciencia, desde su “alma”; volviendo “alma”, o pegajosidad, o fuerte deseo de conectividad, a todo lo externo. Pegajosidad neural, en este sentido, es una propiedad o un elemento, del pensamiento mágico.

   El cerebro, la evolución, creó estructuras “sintonizantes” con la carencia de ansiedad. Esas estructuras estaban ligadas a una forma de ver el mundo, en donde se parecía entender todo, sin explicarlo. Lo que quiero decir, en un ejemplo, es que todos sentimos paz con una apreciación ambigua, abstracta y mágica (¿platónica?) de lo que es el amor, y a la vez, por el contrario, sentimos vacío y angustia con su falta. Dicha ambigüedad era la que alimentaba esa paz interior. La vida consiste en perder esa ambigüedad o mantenerla, creyéndosela, viviéndola. El lenguaje era perfecto en su ambigüedad, en su pluralidad de sentidos, en sus estructuras mágicas. Cuando alguien te habla no necesitas “deconstruir” cada palabra, cada frase: captas una idea general que de alguna forma conecte contigo, con alguna parte muy íntima, que parece no circunscrita a nada físico. En el mundo occidental a ese algo inmanente se le suele llamar corazón y alma. O mejor, el alma hablando a través del corazón. Otras veces dicen que sale o aparece en la mirada. En otras culturas ese algo está en el estómago, en su parte más baja, allí a donde a veces se siente un hormigueo o un pinchazo (las mariposas aleteando de los enamorados). De nuevo es poner palabras y colocarlos en zonas del cuerpo, cuando en realidad clama por ser algo impalpable, ilocalizable e inconmensurable. Alma es la capacidad de volver mágico (metaforizante), o con sentido, una estructura o realidad que posiblemente carece de ella. Es esa capacidad, en tanto que estructura formalizadora, a la que se le puede dar tal o cual contenido concreto, no es otra cosa. El continente, no tal o cual contenido, que le pueda dar una u otra religión o ideología. Pero me muevo en la ciencia. A esa capacidad la llamo singularidad, en tanto que al darse esa suma de factores “creó” un tipo de ser, que es lo que es el ser humano, donde su todo no puede ser explicado por sus partes. Esa estructura es optimista, en tanto que cree y espera sin tener nada concreto; es infantil, en tanto que se mantiene en posturas que están fuera de la razón, como le ocurre a los infantes y sus cuentos; es pegajosa, en tanto que conecta cosas que en teoría no tienen ninguna conexión; es amor, en tanto que su base es cuidar y proteger. Ese todo como sentimiento latente, inconmensurable e ilocalizable se puede reducir al concepto de confianza.

   Fijarse que confianza tiene como raíz, y núcleo de la palabra, el concepto de fe (con-fe-hacia-algo/alguien) (3). A decir  verdad, por deducción, pienso que fe provenga de confianza y no al revés, ya que antes de ser, o llegar a ser, un concepto tan abstracto como el de fe, estaría la confianza hacia alguien o algo. En primer lugar, diría yo, hacia la madre. ¿Quién duda que su madre tenga alguna doblez que le confiera algo de malignidad a sus actos? Sabemos, o mejor sentimos, de esa forma ambigua y abstracta, que la madre es fuente de confianza. Esa misma confianza  la proyectábamos en nuestros líderes. Con el paso del tiempo a nuestras raíces, a nuestra cultura y por extensión a nuestras religiones y dioses. La fe cristiana no se puede entender sin esta raíz que es la confianza. La madre te dice puedes hacer tal o cual cosa, báñate en esa agua, come eso o aquello, y sabes que no vas a correr peligro. Esa misma confianza la volcamos en los líderes. Este reglaba el poblado o la ciudad-estado bajo ciertas leyes que eran para nuestro bien. Lo mismo se sigue de una religión o un dios. En esa medida la regla, para el alma humana, para su capacidad cohesionadora ligante y optimista, tenía que ser la confianza. Tenía que tener confianza en lo por venir, en las estaciones, en las lluvias o el calor cuando fuesen necesarios. Confianza en salir de cada trance y camino truncado. Confianza como llave que era capaz de abrir cualquier puerta. Que era la llave por la cual siempre vivíamos en paz en nuestro interior independientemente de que el exterior nos fuera adverso.

   Pero demos un paso atrás. Hay que entender ciertas estructuras de la evolución, para ver cómo encaja el “crear” algo como lo que estoy exponiendo. Todo animal es una máquina de supervivencia, la evolución se vale de abstracciones para validar una apuesta (una de ellas es el camuflaje, concepto abstracto realmente complejo). Esto es, se crea el placer sexual para empujarnos a buscarlo, y para contrarrestar la ley del mínimo esfuerzo. De la misma forma no basta con que se tenga que comer para sobrevivir, se crea el gusto para que nos resulte placentero, para ello se vale de muchos medios. Una de las primeras medidas es el sabor en la boca. Evolutivamente hablando hubiera sido suficiente con detectores de cosas amargas, para evitar venenos. Pero las cosas no son así, cada animal tiene sensores en la lengua, que le despiertan el deseo de comer aquello para lo que está “hecho”, para su dieta, y activan los centros del placer y las vías dopaminérgicas, que son activas (crean potencial para la acción, frente a desactivadores como la serotonina). Hay animales omnívoros, que comen de todo, entre los que nos encontramos. Sin duda la mejor apuesta, los osos igualmente los son, a excepción del panda, que ya sólo come bambú. Al parecer tiene una mutación en el gen TAS1R1 por la cual ya no detecta los sabores umami (sabroso: mantecoso y salado), propio sobre todo de las carnes y los pescados, siendo así, aunque su estómago pueda estar preparado para digerir carne, no la come, no la busca… ¡porque no le encuentra el gusto, gusto para el que está “programado”! O sea que hay una codificación en los genes que nos predisponen a comer carne o no, ligada al gusto, ligado a lo que digiere el estómago y que necesita el cuerpo, pero a la vez una mutación manda al traste esta cadena, poniendo todo patas arriba y haciendo que las cosas “funcionen” a la inversa, que sea el gusto el que mande. El gusto entra dentro de lo emergente, en la medida de que al final crea una estructura que puede ir contra un concepto de una de sus sumas o porqués, en contra de la supervivencia, que es la estructura que lo “creó”. El oso panda ya no quiere comer carne, aunque eso le mate y le pueda llevar a la extinción. Igualmente el hombre puede negarse  a comer, ya sea por cuestiones de gusto o por cuestiones de cultura, religiosas o políticas.

   Toca giro conceptual en el escrito. En todo el entramado que he expuesto, el prefrontal “sobra”, está de más en un tratar de posicionarse frente a esa entelequia que por comodidad hemos llamado alma, que es meramente el agente activo del pensamiento mágico. Pero recordemos que el prefrontal tiene dos modos de trabajar. En el día a día hace un simple papel de supervisor final, no “interrumpe” el flujo o modo de “trabajar” del cerebro. Es más, como es un simple supervisor y por esta “operación” amplifica “señales” (retroalimentación, espejo reflejado en otro espejo), al final tiene la “capacidad” de “falsificar” sensaciones. Lo que quiero decir es que en ese plano, es una parte más del “alma”, puesto que la “oye” y le da la “razón” o le da sentido, sin cuestionarla. Para que se entienda lo que digo es mejor poner algún ejemplo. Todos sabemos que cuando estamos contentos, o muy satisfechos, es cuando somos más vulnerables a decir cosas que no deberíamos. Lo típico de las cosas que se dicen durante el sexo. En ese plano el prefrontal supervisa, y como lo que tiene de contenido, en su “conciencia de”, es bueno, amplifica la señal de lo bueno. Recordar: si me enfado o siento ira por otro, me enfado por enfadarme. En este caso lo que se amplifica es el buen estado, que confiere confianza y falta de miedo, y que a la vez premiamos a eso que nos da ese estado, que es otro; decimos cosas en esa situación que cohesionan con ese momento, con lo cual podemos llegar a decir cosas de las que más tarde ya no nos sentiremos tan seguros por haberlas dicho. Reza un refrán en español que “mucho prometer antes de meter, y una vez metido nada de lo prometido”, que da la razón a este tipo de comportamiento del prefrontal.

   Sea como fuere, el “habitáculo” de la razón no es “tan razón” en todos los casos. En el día a día es otra estructura más que tiene la capacidad de llevarnos a errores. Lo que llamamos o entendemos por razón es a la capacidad de crear un circuito cerrado dentro de este sistema, donde de lo que se ocupa esa “conciencia de” no es de otra cosa que sí misma, en cierto problema o cuestión, y bajo ciertas reglas lógicas que no todo el mundo aprende o aplica por igual, y siempre y cuando se tenga insight de todos los posibles sesgos en los que dicho sistema pueda caer. ¡Algo realmente extraño y singular que sólo se da a veces y en ciertas personas!

   Si se entienden todas las implicaciones que he dado, se puede fácilmente diagnosticar el presente. Desde la Ilustración se ha querido poner a la razón como la piedra angular del ser humano. Por el contrario lo humano, su alma, es todo menos razón. Somos esa especie, con esa esencia de pensamiento mágico, que vivía en su día a día creando cohesión en el mundo, entendiéndolo en su ignorancia, bajo el efecto embriagador de ese efecto que le producía sentirse “tontamente” feliz en un mundo sencillo y mágico. Creó una teoría del mundo a lo inverso, donde el centro era él, y el resto estaba creado a partir de este y para él. Ese es un límite cerebral y conceptual humano, no se puede pensar en el no-ser, no me puedo pensar como que pude no existir, como que pude ser otra cosa distinta a la que soy en mi carácter, o como de otra nacionalidad u otra lengua. Soy, siempre se parte de esa facticidad, y al sentirme ser, mi modo de pensar y de creer son parte de ese ser que soy. De la misma forma, con el mismo límite, el ser humano no se podía concebir como no-siendo, no podía pensar en un mundo donde no existiese el humano. Luego si era, y bajo su forma de pensar desde su ego, su “conciencia de”, entonces él era el centro del mundo. Una gran mayoría de tribus se concebían a sí mismas y a su lugar en el mundo como el centro del mundo, de la creación. Es la base de casi todas las creencias culturales (incluido nacionalismos) y las religiosas. Cada religión es la elegida, la única, el centro de las demás, pues no deja de ser más que un efecto secundario de ese no poderse concebir como no-siendo, o fuera de la conciencia de sí.

   Con la entrada en juego de la razón y la ciencia el lenguaje está cambiando, ya no basta con esa sensación de creer que entiendes el mundo, ahora vemos los “detalles” del mundo y en ese proceso cada vez se queda más arrinconado el pensamiento mágico, el alma del mundo que he mostrado. Se crea una contraposición donde las dos “verdades” se excluyen. O eres razón o eres pensamiento mágico, cualquier postura intermedia sólo es no querer abandonar el pensamiento mágico, es negar las evidencias. Ese estado era posible en su inocencia, en su ocultamiento, en su no ponerse a juicio, pero al igual que la inocencia no se recupera cuando se pierde, el estado anterior ya no se vuelve a recuperar una vez que la razón a entrado cual elefante en una cacharrería, en el habitáculo de lo mágico, para destrozarlo. Uno no puede volver a creer en Santa Claus, una vez que deja de hacerlo. Finalmente se pone en jaque a la confianza tácita, del alma del mundo, en la vida. Ya no puedo tener confianza en nada, no en ese sentido que he mostrado arriba. Ahora sabemos que el amor es la oxitocina, que incluso madres de animales que nos son tan despreciables como la rata, crean ese tipo de ligazón unido a esa molécula. Resta de ella a una rata y ya no tendrá ese comportamiento, réstaselo a una humana y las cosas cambiarán. Tendrá que ser madre por convicciones, por razón, por lo cultural, por lo moral, pero ya no en ese estado inmanente que le proporcionaba esa hormona. ¿Quién es el inocente que cree en líderes hoy en día? ¿Quién en ideologías? El postmodernismo es posible, porque es un paso más en ese proceso, en donde la razón ya no puede “dejar” volver al cerebro a su estado “natural”, en donde reinaba la confianza en “nada” y en todo. Ahora “entendemos” el universo y hemos invertido la pirámide, el hombre es lo último, no por importante, sino por lo minúsculo de su importancia dentro de su gran inmensidad y la inmensidad del tiempo. No es ya que nos imaginemos pequeños frente a la grandiosidad del Gran cañón del Colorado, como nos hacen ver en la película “grand Canyon“, y por ello tengamos que minimizar nuestro dolor. A la inversa, esa gran inmensidad de espacio y tiempo me hacen tan despreciable (sin precio) que en realidad eso sólo puede incrementar mi dolor, incrementar mi realismo depresivo. Ese dolor de sufrir por y para nada. Sin sentido, sin finalidad, sin otra cosa detrás que la nada en la que caeremos al morir. Yo habré coleccionado canciones, sido ese que ha visto y leído tal y cuales libros y películas, con tal y cual orden, como para que al final me hayan creado un saber posiblemente únicos, como para crear una teoría del mundo que nadie compartirá por completo y sin fisuras conmigo. Ese todo que soy morirá cuando yo muera. Todo ese esfuerzo habrá sido en vano. Borrarán y formatearán mi ordenador con la rapidez y facilidad del rayo. En un segundo quedaré fulminado, nadando en esa nada que nadie entiende. La fama y la trascendencia son banalidades vacías para tratar de amortiguar la sensación de la nada en la que caemos al morir, al dejar de existir. Sólo se es mientras se es, concepto extraño, singular y sencillo, que pocas personas entienden en toda su dimensión.

   No es que haya muerto Dios, como gritaba el Zaratustra de Nietzsche, hemos (estamos) matando el alma del ser humano, esa es la que le mantenía en pie; sin esta Dios se vuelve a la nada de la que nació. Sin esa inocencia, en cuyo núcleo estaba la confianza ciega a la vida y su sentido, en las personas, en las instituciones, el humano se tiene que reinventar, pero ¿cómo si ya no hay un depositario al que le debamos algo?, ahora todo está permitido, siempre que lo esté por ley. Puesto que el poder tiene más cercanía y connivencia con la ley, este es el que dicta las reglas del nuevo juego mundial. Hemos vendido nuestra alma, nuestra confianza, a ninguna otra cosa que no sea a la realidad del dinero, de las ganancias, de lo visual, de los signos de status. En definitiva de lo primigenio y más básico de las jerarquías; no ya porque les tengamos confianza a los líderes, como en otros tiempos, sino porque simple y llanamente nos han ganado la batalla, y ya no hay ningún otro lenguaje o constructo humano que dé la vuelta a esta nueva situación. En un juego metafórico, se puede concluir, que hemos vendido nuestra alma al diablo, que en este caso es sólo la razón, en su más inmensa soledad y vacío. Espejo reflejado en un espejo, sin ninguna imagen real que lo sustente. El humano abandonado a su suerte, en su más tremenda soledad y dolor existencial, en un universo de miles de millones de mundos, y en un momento del universo que sólo será una fracción despreciable e insignificante del tiempo.

(Falta de poner algún enlace y alguna gráfica, pendiente de hacer.)


(1) Los estudios que utilizan fMRI han demostrado que la corteza prefrontal medial (mPFC), específicamente la anterior medial prefrontal cortex (AMPFC), puede modular el comportamiento mimetismo. Los neurocientíficos están sugiriendo que la actividad influencias cebado social y procesamiento en el AMPFC, y que esta área de la corteza prefrontal modula la respuesta y el comportamiento mimetismo. Fuente Wikipedia
(2) Esta frase sólo cobra sentido si universo es simplemente un sinónimo de tu vida, tu entorno, y dado la capacidad que yo llamo de “pegajosidad neural” del cerebro, o sesgos que inciden a que el cerebro busque o se obsesione en causas y fines que le auto-confirmen. O lo hagan con respecto a lo que uno espera y desea. Cuando uno se enamora por primera vez, cree ver a su enamorado/a por todos los lados. En otro modo de decirlo y bajo otro punto de vista menos positivo, es como la frase de “cuando tu única herramienta es un martillo, todo te parece un clavos”.
(3) Nota añadida el 9 de julio. A raíz de incorporar el concepto de nausea, el cual busqué en la Wikipedia, me encontré con una referencia al libro de William Barrett, “El hombre irracional” que trataba sobre el existencialismo, haciendo una recorrido por su historia. En la página 88, Barrett hace referencia a esto mismo que digo yo: que confianza debe de preceder a fe. Dejo aquí transcrito que no copié esta idea de ese libro, es tan solo un concurrencia que entre pensadores (cosa que ya digo en el escrito anterior a este: las ideas están en el ambiente, como caldo de cultivo, durante una época dada, o mientras se maneje un paradigma, en este caso el existencialismo, de hecho mi fluir me está llevando a tener muchos paralelismos con Kierkegaard, excepto que soy una vuelta de rosca, pues no parto de su cristianismo). Por lo demás cuando yo lo pensé me parecía harto evidente, como para que no se le ocurriese a cualquiera. Por lo demás llevó la idea más allá, al vincularlo a la madre. Así fue como se me ocurrió, traté de reducir a una palabra que no fuera amor, la relación de la madre y el hijo. Esa palabra fue confianza, y al pensar en ella, quintando prefijo y sufijo, quedaba la raíz fe.

(4) La imagen de cabecera es uno de mis cuadros. Mis enredos mentales llevados a cuadros. Como artista es complicado perder el pensamiento mágico, el arte está ligado a él. Aún con todo esa capacidad de cohesionar, y crear esa armonía y complejidad, es de hace años. Ahora ya no sé si lograría hacer algo así. Mi “alma” se muere con mi senti(r)do del mundo. No he vuelto casi a pintar. Si he incluido este cuadro, en este tema, es como representante de esa capacidad de conexionar del cerebro, de crear alma, creando una realidad en su conjunto que es armoniosa; “explicando” a la vez algo de mundo: todo es complejidad, pero el alma humana es capaz de crear una realidad externa, de ese caos, que se nos aparece como armónica y bella. Crea “melodías”, del ruido del mundo.